David Graeber: “El mercado financiero es el principal creador de trabajos de mierda”

Por Quino Petit

Es uno de los líderes intelectuales del pensamiento radical contemporáneo. Anarquista ‘indie’, hijo de un miembro de las Brigadas Internacionales, formó parte del movimiento Occupy Wall Street y hoy imparte clases de antropología en la London School of Economics. Mordaz e implacable con el papel de los economistas antes y durante la Gran Recesión, ha escrito una provocadora obra que desbarata la idealización que las sociedades occidentales otorgan al empleo

David Graeber, neoyorquino de 57 años, es un anarquista que da clases en la London School of Economics. Un antropólogo outsider que imparte conocimientos en el templo de estudio del capitalismo global. Un profesor exiliado a la fuerza en Londres, desde que más de una veintena de universidades de su país rechazasen su currículo después de una abrupta marcha de Yale tras salir en defensa de un alumno que trataba de organizar un sindicato de estudiantes. Un académico provocador que ha escrito en sus ratos libres obras tan peculiares como En deuda (Una historia alternativa de la economía) y La utopía de las normas (De la tecnología, la estupidez y los secretos placeres de la burocracia). Un tipo, en definitiva, que se define a sí mismo como un workaholic confeso y ahora publica en España, de nuevo con la editorial Ariel, uno de los títulos más estimulantes de la temporada: Trabajos de mierda.

La génesis del nuevo libro de Graeber parte de un artículo que publicó en una revista alternativa en 2013. Pronto se viralizó a través de las redes sociales, se tradujo a 13 lenguas en un par de semanas y catapultó su popularidad entre las élites del pensamiento radical. Aquella aproximación al fenómeno de los trabajos de mierda —no confundir con los oficios basura— que pueblan, según su versión, distintas latitudes del planeta ha acabado convirtiéndose en un entretenido libro de más de 400 páginas donde su autor afirma, entre otras provocaciones, que cerca de la mitad de los empleos actuales podrían eliminarse sin que nadie notase nada. ¿La razón? Son absolutamente innecesarios por su tendencia a la burocratización y managerización de las organizaciones. “Tras haber preguntado a gente de diversos ámbitos qué hacen realmente en su jornada laboral, te das cuenta de la gran cantidad de tiempo que pierden en tareas que no sirven para nada. Keynes tenía razón: la jornada de 15 horas semanales es y debería ya ser viable y, por supuesto, sostenible. Todos tendríamos una vida mejor”.

David Graeber, retratado en la London School of Economics
David Graeber, retratado en la London School of Economics MANUEL VÁZQUEZ

Adscrito a corrientes de militancia anticapitalistas como Occupy Wall Street, de la que ha sido uno de sus líderes intelectuales, no resulta extraño que Graeber haya venido recientemente a Liverpool, al norte de Reino Unido, para impartir doctrina en los debates en torno al futuro de la izquierda organizados por Momentum, movimiento decisivo en el impulso del líder laborista británico Jeremy Corbyn. Estos encuentros, donde Graeber ha dejado su impronta anarquista con estética de rockero indie,han coincidido en el espacio y en el tiempo con el congreso anual del Partido Laborista, donde ha sido noticia la insistencia de la ambigüedad de Corbyn respecto a la posibilidad de celebrar un segundo referéndum sobre el Brexit y su petición de elecciones anticipadas si el plan de la primera ministra, Theresa May, fracasa en las tirantes negociaciones con la Unión Europea.

Más allá de que el Brexit cristalice finalmente en su forma dura o blanda, David Graeber manifiesta dudas sobre si, en efecto, llegará a materializarse. “Unas elecciones podrían poner en la mesa de las conversaciones con Europa a Jeremy Corbyn. Y él podría decir: yo represento lo contrario a lo que no os gustaba de los tories en esta negociación. Empecemos de nuevo”. Interpretando a la perfección el papel de profesor distraído, recién levantado a media mañana y sin desayunar, elegantemente despeinado; vestido con americana oscura, chaleco verde, camisa blanca con varios botones desabrochados, pantalones marrones y zapatos a juego un tanto desvencijados, todo de segunda mano y con marcado acento británico —“vivo de alquiler muy cerca de Portobello Road y compro toda mi ropa allí”—, Graeber toma asiento en el bullicioso lobby del hotel de Liverpool donde ha pasado la noche antes de intervenir en las charlas sobre el futuro de la izquierda.

¿Así que el 50% de los trabajos que tenemos son una mierda?

No lo sé de manera exacta, pero lo que sugiero con esa cifra es la cantidad de empleados que piensan que lo que hacen no sirve para nada. Para escribir sobre este tema he hablado con diversos tipos de trabajadores. Apenas un 15% o un 20% aseguraban ser felices con su labor. Y un 37% aseguraban que lo que hacían no contribuye absolutamente a nada. Es algo que sucede en muchas organizaciones del mundo. Si una enfermera pasa la mayor parte de su tiempo rellenando formularios en lugar de atender a los pacientes, se está desnaturalizando su esencia. Y cuando esa persona es consciente de la situación es cuando yo aplico la definición de trabajo de mierda.

Usted clasifica los empleos como “no demasiado”, “altamente” y “totalmente” merdosos. Nadie está a salvo.

Eso es. Yo también lo padezco. Hay decenas de obligaciones y papeleo que tengo que realizar y que hace cinco años nadie necesitaba. Cuanto más personal administrativo hay en una universidad y mayores puestos de supervisión se crean en diferentes niveles, mayor es la cantidad de burocracia que se demanda entre departamentos y menor el tiempo para investigar, dar clases y enseñar.

¿Cuánta mierda tiene usted que soportar en su puesto?

Es difícil de medir. En mi caso, creo que mi oficio no está mal. Pero soy un workaholic. Trabajo todo el tiempo. Y en mis ratos libres escribo libros.

¿Tiene familia?

No. Mis padres y mi hermano, mi familia en Estados Unidos, murieron. Me gustaría formar una algún día.

¿Y qué hace un anarquista en la London School of Economics?

Hay que trabajar. Después de que no me renovaran el contrato en Yale, mandé mi currículo a más de una veintena de universidades de Estados Unidos. Pero no me quisieron. Así que me vine a Reino Unido. La London School of Economics es una institución peculiar. Hay departamentos que no tienen nada que ver entre sí.

¿Había antecedentes relacionados con el pensamiento anarquista en su familia?

Mi padre fue miembro de las Brigadas Internacionales. Combatió en España durante la Guerra Civil y vivió en Barcelona. A los 16, me regaló un ejemplar de Homenaje a Cataluña, de Orwell. La mayor parte de la gente no piensa que el anarquismo sea una mala idea, sino una locura. Pero una de las cosas que aprendí de él fue que estas ideas no son un disparate, y que las personas pueden conducirse a sí mismas.

Ahora que vive en Reino Unido, ¿cuántos trabajos de mierda cree que dejará el Brexit? No lo sé, pero será lo mejor que les ha pasado nunca a los abogados. Habrá que reescribirlo todo, concebir nuevas leyes aquí y en la Unión Europea para un nuevo escenario. Aunque tampoco sé si el Brexit llegará a materializarse. No creo que los toriestuvieran claro lo que estaban haciendo cuando lo plantearon, a pesar de que lo llevaran a cabo. Hay muchos precedentes en la historia de este tipo de catástrofes. Miremos de nuevo a la Primera Guerra Mundial: ninguno de los actores tenía intención de hacer lo que anunciaban, a pesar de que siguieran adelante y pasara lo que pasó.

¿Le parece comparable el Brexit con la Primera Guerra Mundial?

Es la mejor analogía posible. Un escenario que también está lleno de tratados que nadie entiende, en el que nadie esperaba que sucediera lo que está pasando. No creo que la gente llegue a pelearse como en la Primera Guerra Mundial, pero los resultados serán catastróficos. Surgirán nuevas obligaciones, legislaciones complejas…. Por eso, si un colectivo saldrá ganando con el Brexit serán los abogados.

¿Cómo valora el papel que instituciones capitales como la London School of Economics desempeñaron antes del referéndum del Brexit?

Es un problema: resulta molesto que nos señalen cuando la mayoría de los estudiantes de esta universidad son de fuera de Reino Unido. Es una institución internacional. Y una de las cosas que me asustaron con el anuncio del ­Brexit es que hay una parte de financiación europea. Quizá pudo haber cierta complacencia antes del referéndum, pero tampoco nadie pensaba que Donald Trump ganaría las elecciones en Estados Unidos. Desde un movimiento como Occupy Wall Street, contra la corrupción del sistema político, intentamos advertir de que la gente estaba harta.

¿Quizá movimientos como Occupy Wall Street ayudaron a impulsar la ira necesaria para acabar votando a Trump?

No creo que tengamos ese poder. La ira de esos votantes ya estaba ahí. Nosotros decíamos lo que ningún medio de comunicación ni miembros de la clase política manifestarían jamás, a pesar de que todos lo piensen. Todo el mundo está de acuerdo en la corrupción de los sistemas políticos. Si no se brindan soluciones constructivas, la gente apostará por medidas destructivas. De ahí el avance de Gobiernos populistas elegidos democráticamente. Y el aumento de suicidios, asesinatos y sobredosis en países como Estados Unidos.

¿Cuánto podrían haber ayudado los economistas a entender lo que estaba pasando antes de la caída de Leh­man Brothers hace 10 años y del estallido de la Gran Recesión?

A veces a la gente le gusta hablar mal de los economistas basándose en la estupidez. No creo que la estupidez sea el problema, sino la corrupción. Prácticamente cada economista que no formaba parte de la estructura institucional sabía lo que iba a pasar. Era obvio. Pero el papel de los economistas era negarlo, porque para eso les pagaban.

David Graeber: “El mercado financiero es el principal creador de trabajos de mierda”

Y el mercado financiero es, según usted, el paradigma de creación de trabajos de mierda.

Sí, ahí es donde todo empieza. Si te dedicas a extraer riqueza y redistribuirla, no hay ninguna motivación para ser eficiente; cuanto más ineficiente eres, más puedes retener.

¿Por qué cree que no parece posible cumplir la profecía de Keynes en torno a la jornada de 15 horas semanales?

Hay varias razones. Por ejemplo, políticamente siempre se ha dicho que tener más empleos es algo bueno. Nadie dice que tenemos demasiados en nuestra sociedad. Siempre se elogia el valor de las familias que trabajan duro. ¿Y qué pasa con las familias que lo hacen con moderada intensidad? ¿No se merecen nada? Siempre ha existido una presión política hacia la creación de empleo. ¿Eso es prosperidad? Depende de lo que cada uno entienda por ese concepto, sobre todo si se valora el tiempo libre.

Pero usted precisamente se declara adicto al trabajo.

Yo dedico mi tiempo libre a leer y escribir libros, pero ahí no estoy trabajando para nadie que no sea yo. Y también disfruto mi oficio… Hay algo perverso en eso, la verdad. Aunque también pienso que mi labor crea un valor social. He recibido muchas llamadas de estudiantes años después de haber sido alumnos míos para darme las gracias por lo que aprendieron conmigo. No sé si a los banqueros les pasa mucho.

Entre los componentes de un oficio de mierda usted localiza las reuniones innecesarias, interrupciones absurdas, tiempo dedicado al correo electrónico… Quizá el foco debería ponerse entonces en la nefasta organización interna en las empresas.

Sí. Muchas compañías están especializadas en crear mierda interna. Cualquier organización lo hace. Y ante la presión de crear más empleos, todas tienden a engrosar sus plantillas con puestos que no son tan necesarios y crean más niveles intermedios.

Usted centra el tiro en los abogados mercantiles, pero muchos de ellos no consideran que el suyo sea un trabajo de mierda. Y, por supuesto, adoran sus ingresos.

Sobre todo los que están en el top del ranking.

¿Cree que solo la avaricia es la motivación de los trabajos de mierda?

En el caso de los abogados mercantiles, sí. Y luego está la mafia, que emplea directamente al diablo. Pero hemos de ser justos. Tampoco podemos señalar a quien dice que no podría desempeñar una función que genere beneficios sociales y a la vez pagar el alquiler.

¿Nos engañaron en la escuela cuando decían que seríamos mejores si trabajábamos duro?

Absolutamente. Predomina esa idea de que no eres una buena persona a menos que trabajes más de lo que realmente quieres. Hay estudios sociológicos que centran la mayoría de los valores occidentales en el empleo, pero al mismo tiempo la mayoría de la gente odia lo que hace.

Lacayos. Esbirros. Parcheadores. Marca-casillas. Supervisores. Son algunas de las categorías que emplea para asegurar que en los países occidentales, más que el capitalismo, predomina una especie de feudalismo medieval con incontables jerarquías entre propietarios y servidores. Pero quizás estamos algo mejor que en el medievo.

Hay ventajas y desventajas. Entre estas últimas destacan altos niveles de vigilancia y supervisión: se elogian aquellos puestos que toman decisiones por otros. Siempre se pensó que solo la gente que fabrica vasos debería dirigir a los que fabrican vasos: eso generaba cierta autonomía. Pero hoy se tiende a creer lo contrario: solo los licenciados en las escuelas de negocios pueden dirigir a cualquiera. Si hablamos de las ventajas de nuestro tiempo, hay algunos elementos de democracia, avances científicos…

Una receta para cambiar lo que no funciona está para usted en la renta básica universal, garantizada de por vida a todo el mundo, de manera que cada cual podría dedicarse a la poesía o a ser cantantes de rock. Más allá de la viabilidad de la propuesta y de que todo el mundo tenga talento para ser poeta, quizá ni siquiera así muchos llegarían a ser felices.

Lo que está claro es que un alto porcentaje de los empleados consideran que lo que hacen a diario no sirve para nada. Otra cosa son los trabajos peligrosos o desagradables pero necesarios, que deberían estar mejor pagados. Y también están los oficios necesarios a secas. La gran mayoría de quienes consideran su labor innecesaria son infelices. No solo en Occidente. He recibido testimonios parecidos de muchas partes del planeta. Quizá habría que ayudar a replantearse el significado del dinero.

Y luego están los que aman lo que hacen, aunque lo consideren una porquería.

Solo el 6%, según los estudios que manejo, están satisfechos con su puesto a pesar de que no encuentran ningún propósito en lo que hacen.

¿Cree que están manipulados por el mercado? ¿O por el 1% que acapara la mayor parte de la riqueza?

No, probablemente odien a sus familias. O algo parecido. En serio: el capitalismo descarrilará más temprano que tarde. Sucederá en 30, 40 o 50 años. Y eso no quiere decir que vendrá algo mejor. Puede ser algo incluso peor.

¿Cree que la vida es una mierda?

La vida es lo contrario. Por eso es tan absurdo pasársela pretendiendo parecer ocupado. El dependiente de una tienda que está la mayor parte del tiempo reorganizando estanterías hasta que entre un cliente, por el mero hecho de que su jefe crea que está ocupado, está convirtiendo su trabajo en una mierda. Se trata de un ejemplo que se puede aplicar en cualquier otro ámbito. Estamos encerrados en un círculo vicioso. Pasamos tanto tiempo currando duro, o haciendo como que curramos duro, que no sabemos qué pasaría si dejáramos de hacerlo. Desde la perspectiva liberal siempre se ha dicho que eso generaría más crimen y más drogadictos, que la gente no sabría gestionar tanto tiempo libre. Muy bien, metamos a la gente en prisión durante ocho horas al día. Total, es el mismo efecto que consiguen los empleos innecesarios. Esa es una de las razones del aumento de las depresiones: va contra nuestra naturaleza convivir con la moral que impone pasarnos ocho horas trabajando continuamente con independencia de que haya algo que hacer o no.

Fuente: https://elpais.com/elpais/2018/10/10/eps/1539173321_857486.html

Bifo: “Nos volvemos brutales cuando no entendemos la relación entre la palabra y el cuerpo”

Conversamos con el filósofo Franco Berardi en el Bar de la Tribu. Las derechas actuales, un fascismo sin juventud y sin victoria, donde no hay nada que ganar. La sensibilidad como capacidad de entender la ambigüedad. El lenguaje sin afecto, causa de la precariedad. El general intellect encargado de desmantelar y repogramar la máquina global. El problema político de reactivar la conjunción erótica de cientos de millones de cuerpos cognitivos.
Fuente: http://lobosuelto.com/?p=22126

Richard Stallman: “Internet en China es una herramienta de vigilancia masiva al servicio de una tiranía total”

Entrevista a Richard Stallman

Por Rafael Sotelo

Líder del movimiento de software libre, Presidente de la Free Software Foundation, Creador del Proyecto GNU… Richard Stallman (Nueva York, 1953) es, sin duda, la referencia mundial en el ámbito del software libre.

Un experto con décadas de trabajo a sus espaldas que se ha convertido en la cabeza visible de un movimiento con millones de seguidores en todo el mundo, que parte de un cambio radical en la forma de entender  la creación y distribución de programas informáticos. Tal y como explican en la web de GNU: “los usuarios tienen la libertad de ejecutar, copiar, distribuir, estudiar, modificar y mejorar el software. Es decir, el software libre es una cuestión de libertad, no de precio”.

Richard Stallman será uno de los ponentes estrella del próximo Librecon 2018, que se celebrará el 21 y 22 de noviembre en el Palacio Euskalduna de Bilbao, donde hablará sobre las metas y la filosofía del movimiento del Software Libre. Aprovechando su presencia en Librecon, hemos hablado con él.

Entrevista a Richard Stallman

– ¿Por qué todavía hay tanta gente que desconoce qué puede ofrecerles el software libre?

Sólo puedo especular.

Especulo que esto se debe al poder financiero y publicitario de empresas como Apple, Microsoft, Google, Amazon y
otros. Ellos pagan para que los sistemas se configuren para presionar a las personas a abandonar su libertad y privacidad.

– ¿Se equilibrarán algún día las fuerzas entre el software libre y el propietario?

No quiero que se “equilibren”: quiero derrotar al software privativo y eliminarlo. El software privativo hace injusticia a sus usuarios, por lo tanto no debería existir.

– Hubo un momento en que las administraciones públicas de España pensaban que el software libre era una gran opción para ellos. Sin embargo, parece que esos días son historia ¿Qué papel deben asumir las instituciones públicas en el desarrollo del software libre?

Cada agencia pública existe para la gente y opera para la gente. En particular, hace su trabajo de computación para las personas. Por lo tanto tiene la responsabilidad, hacia la gente, de mantener el control total sobre ello. Eso implica usar solo software libre (de hecho, solo sus propias copias de software libre). Una agencia pública nunca debe dar el control a ningún tercero externo o privado sobre la computación que hace para la gente.

– IBM ha gastado 34.000 millones de dólares para comprar Red Hat. ¿Qué piensas sobre esta operación? ¿Qué impacto crees que puede tener para IBM y la industria en general?

No lo sé. IBM podría mejorar Red Hat o empeorar las cosas. A priori, espero que una gran empresa empeore las cosas en general, pero eso es sólo una conjetura.

– Eres un gran defensor de las libertades, y has hablado en más de una ocasión sobre la necesidad de defender la libertad de nuestra vida digital. ¿En qué punto estamos ahora? ¿Cuál es la mayor amenaza para esta libertad?

Creo que estamos al borde de la represión digital total. Viene principalmente de tres fuentes:

  • Software no libre, ya que pone al desarrollador en una posición de poder sobre los usuarios.
  • Vigilancia de conexiones y actividad en internet de personas.
  • Otros sistemas de vigilancia masiva, incluyendo cámaras en la calle que reconocen las placas de los coches y las caras de la gente ¿Pensabas que las leyes contra cubrirse la cara eran una amenaza a los derechos humanos solo para las mujeres musulmanas? Si es así, ¡piénsalo de nuevo!

¿Qué piensas de iniciativas como Sesame Credit en China? ¿Crees que podría extenderse a otras partes del mundo?

Es parte de la represión digital total que temo. Otros países están trabajando en el mismo sentido, aunque de una forma menos centralizada.

– Recientemente, el ex CEO de Google, Eric Schmidt, predijo que Internet se dividiría en dos grandes bloques, uno dominado por China y el otro por Estados Unidos. ¿Qué piensas acerca de esto?

Internet en China es una herramienta abierta de vigilancia masiva al servicio de una tiranía total. Internet en los Estados Unidos es también una herramienta de vigilancia masiva. Si queremos alguna diferencia significativa entre
Estados Unidos y China, debemos eliminar la vigilancia. No solo regularla, sino eliminarla.

– Imagina que pudiésemos viajar en el tiempo hasta 1985, el año del Manifiesto GNU. ¿Qué consejo le darías al Richard de esa época?

Crea un kernel monolítico.

– Hagamos un poco de futurología, ¿qué titular te gustaría leer dentro de un año en Marketing4eCommerce?

  • Las 10 webs más populares pueden ser utilizadas con Javascript deshabilitado, y soportan el pago anónimo vía GNU Taler 
  • Intel anuncia que los procesadores del futuro podrán funcionar sin activar la puerta trasera de su Management Engine.

Cuestionario rápido a Richard Stallman

– ¿Tienes cuenta en alguna red social?

Alguien configuró un bot que reenvía las publicaciones en stallman.org a Twitter.

– IOS, Android o …?

¡Absolutamente no! Esos son sistemas operativos no libres, así que no tendré ninguno en mi computadora. Tampoco tendré Windows, MacOS o ChromeOS. No ejecuto NINGÚN software no libre en mi computadora. Incluso el software de arranque es libre (uso LibreBoot). No cambiaré mi libertad y mi privacidad para tener una mayor comodidad.

– ¿Aplicación o web mobile? 

Ninguno. Básicamente, no puedo ejecutar ninguna aplicación, ya que requieren sistemas operativos no libres que me niego a utilizar. Y la mayoría de ellos no son libres.

Puedo mirar sitios web simples, pero los complejos envían software no libre al navegador del usuario de forma silenciosa. Este software está incluido en las propias páginas web. Ya que me niego a ejecutar software no libre, utilizo un navegador (IceCat) que incluye LibreJS. LibreJS detecta código JS no libre, y lo bloquea.

– ¿En qué comercio electrónico y cuánto tiempo hace de tu última compra online?¿Qué fue?

Hace unos 10 años, renovando el dominio stallman.org. Decidí que estaba bien usar una tarjeta de crédito para eso porque el dominio está a mi nombre. En ese momento, creo que no era necesario ejecutar ningún código JS no libre.

– ¿Último libro leído?

La onda cerebral, de Poul Anderson

– ¿Qué sitio web has encontrado últimamente que te ha sorprendido?

El ACM (Association for Computery Machinery) me envió una encuesta en su sitio web, y pude realmente responder a las preguntas. En el lado contrario, surveyMonkey requiere software no libre para algunos aspectos. Básicamente, siempre fallan.

– ¿Qué es lo que más te gusta hacer que no tiene nada que ver con lo digital?

Me encantaba hacer danza folclórica internacional hasta que una lesión me obligó a dejar de hacerlo.

– Construyamos una cadena mágica: ¿A quién crees que deberíamos entrevistar?

Sugiero entrevistar a Luís Falcón, desarrollador de GNU Health.

Fuente: https://marketing4ecommerce.net/richard-stallman-internet-en-china-es-una-herramienta-de-vigilancia-masiva-al-servicio-de-una-tirania-total/

Cathy O’Neil: «Los algoritmos nos juzgarán y evaluarán constantemente»

La autora de ‘Armas de destrucción matemática’ critica el poco rigor con el que se toman decisiones con la inteligencia artificial

Por Carmen Jané

Tu libro ‘Armas de destrucción matemática’ (Capitán Swing, 2017) dio la alerta global sobre el riesgo que suponían los sesgos en la inteligencia artificial y cómo podían generar resultados que fueran contra el interés general. Científica de datos por Harvard, con posgrado en el MIT, fue analista para empresas de finanzas y de compras antes de desencantarse e involucrarse con el movimiento Occupy Wall Street. Pasó por Barcelona para el festival Influencers 2018.

¿Pueden los algoritmos mejorar la vida de la gente?

Pueden ser escrutados y mejorados para ser mejores, en alguna definición de mejor. Pero ahora estamos en lo peor de ambos mundos: procesos que a la gente no le gusta con algoritmos en los que no se puede confiar. Creo que al menos podemos arreglar la segunda parte, ajustándolos a la ciencia.

¿Cómo hacemos que vuelvan a ser ciencia?

Tenemos que volver al método científico. Hacer pruebas y verificarlas. Estamos sustituyendo a gente por procesos que ni siquiera sabemos si son mejores porque hay muchos resultados inconsistentes. En selección de personal se aplican exámenes con preguntas ilegales sobre personalidad que dan muchos falsos positivos. Se está rechazando a gente que merece los empleos y se contrata a otra que no funciona. Para una compañía, eso es un problema. Amazon acaba de descubrir que tenía un algoritmo para contratar empleados que discriminaba a las mujeres porque había deducido que los programadores tenían que ser hombres. Poner a prueba los resultados es caro, y no se hace. Las empresas pretenden que hacen ciencia cuando lo que hacen es primar el dinero sobre la ciencia.

«Ahora estamos en lo peor de ambos mundos: procesos que no gustan con algoritmos en los que no se puede confiar»

En su libro cuenta cómo los algoritmos de Starbucks han deducido que es más barato que un empleado abra y cierre un local (closeopenning), lo que afecta la vida personal del trabajador, a quien se le cambia el horario constantemente y además se le organiza la jornada para que nunca llegue al mínimo de horas para ser fijo.

En EEUU los algoritmos se están usando para saltarse las leyes laborales y aumentar los beneficios empresariales. Y les resulta muy fácil aplicarlo para reducir el número de empleados que necesitan. Prefieren unos pocos dólares más a la calidad de vida de sus trabajadores.

Da también ejemplos de su influencia en créditos, seguros, valoración personal… ¿Qué le quedó por añadir?

Habría hablado de algoritmos en microfinanzas y en política, pero sobre todo me interesa cómo se están usando en la educación de los niños en EEUU, cómo se les vigila y se les puntúa. Soy madre de tres hijos, que hablaron tarde aunque son chicos brillantes. ¿Les hubieran descartado por el algoritmo? ¿Tengo que estar midiendo a un niño de cinco años para ver si puede ir al colegio adecuado? Es bastante estúpido.

¿Qué hacen exactamente?

Todavía no lo sabemos pero los chicos de Silicon Valley están haciendo cosas que no aplican a sus propios hijos sino a niños pobres. Están intentando reemplazar a los profesores con ordenadores. Presuponen que las discapacidades se tratan todas igual o que un niño pequeño puede estar horas y horas ante la pantalla. Las escuelas estadounidenses tienen una larga historia de experimentos fallidos y creo que este es otro. Pero habrá una generación de niños que no van a aprender nada porque se supone que lo van a hacer con el ordenador.

Hoy todas las universidades tienen campus virtuales y saben qué hacen sus alumnos.

Muchos temas en educación no pueden ser abordados desde la tecnología. Pero en vez de admitirlo, nos empeñamos en aplicar soluciones tecnológicas porque creemos que van a ser mejores. No aprendemos. Decimos que es ciencia de los datos, pero no es ciencia en absoluto.

¿Qué le parece el Reglamento Europeo de Protección de Datos?

Tim Cook, el CEO de Apple, dijo en Bruselas que EEUU debería copiarlo. EEUU y Europa tenemos problemas diferentes y el reglamento está pensado para los problemas europeos. En EEUU no tendría sentido porque los americanos siempre hemos tenido nuestros datos expuestos, se han vendido durante décadas, todos tenemos un perfil completo que muchas empresas comercializan. No tendría sentido preocuparse de repente por cómo se recopilan los datos, sino por cómo se están usando, cómo se están volviendo a analizar para otros fines. Aunque quites cualquier identificación sobre el género, han descubierto cómo saber si eres un hombre o una mujer por cómo escribes. No sabemos lo que pueden saber de nosotros, así que es difícil saber qué tenemos que proteger. Además, no tenemos privacidad ante el gobierno o ante la policía, o si te presentas a un trabajo no puedes evitar contestar ciertas preguntas. No es un tema de privacidad, sino de poder. Y los europeos se tienen que preocupar también por eso.

«No tiene sentido preocuparse por cómo se recopilan los datos sino por cómo se están usando para otros fines»

¿Sabemos quiénes tienen nuestros datos? ¿Son solo Google y Facebook?

No. Cualquier proceso burocrático de los próximos 10 años va a ser automatizado, así que las burocracias van a decidir si nos merecemos algo o no. Los algoritmos nos va a juzgar y evaluar constantemente.

¿Podría un gobierno nacionalizar Facebook, como se ha propuesto a veces?

Tardará mucho. Yo no confío en mi Gobierno, pero ¿quién lo hace? Igual los suecos. Creo que el futuro de las redes sociales para por comunidades más pequeñas y mejor controladas.

¿Cree que se ha despertado una conciencia sobre los peligros de los datos o se han quedado solo con ‘hay que salir de Facebook’?

Facebook está cometiendo errores muy graves y se está convirtiendo en sospechosa de querer arruinar la democracia, y eso es un asunto grave. No tenemos motivos para confiar en ellos, ni en ningún algoritmo, y estamos acumulando evidencias. Pero yo no quiero perder la confianza, quiero hacer las cosas mejor. Los algoritmos han de poder rendir cuentas.

Fuente: https://amp-elperiodico-com.cdn.ampproject.org/c/s/amp.elperiodico.com/es/ciencia/20181104/cathy-oneil-no-podemos-confiar-en-los-algoritmos-7125603

El puño escondido: cambio climático, capitalismo y ejército

El modelo capitalista y el militarismo –en particular el imperialismo de Estados Unidos– no son fuerzas paralelas, sino que están inextricablemente entrelazadas

Por Nick Buxton

Atribuirle el cambio climático al capitalismo no es precisamente el pensamiento predominante, pero también ha dejado de ser un tabú. La escritora y activista canadiense Naomi Klein ha contribuido a popularizar las razones, pero ahora esta idea está teniendo eco en círculos menos habituales. En agosto de 2018, un grupo de científicos finlandeses contratados por el secretario general de Naciones Unidasadvirtió de que el actual sistema económico no puede afrontar las múltiples crisis sociales y ecológicas que se están desarrollando. A comienzos de este año, el vicepresidente de la mayor gestora de fondos del mundo, BlackRock, admitió que ante el cambio climático “tenemos que cambiar el capitalismo. Eso es lo que realmente está en juego”.Es, sin duda, un avance positivo que cada vez más personas relacionen nuestro sistema económico con la destrucción ecológica. Se presta mucha menos atención, sin embargo, a los vínculos entre los aspectos medioambientales y el militarismo y la seguridad. Es una omisión sorprendente dado el poder que detentan los militares y la forma espectacular en que dicho poder ha aumentado en las últimas décadas. Si tenemos en cuenta que el cambio climático va a aumentar de forma radical la inestabilidad y la inseguridad, analizar el papel de los militares en un mundo afectado por el cambio climático adquiere aún mayor relevancia.

Porque mientras los políticos han demostrado ser incapaces de tomar las decisiones necesarias para detener el agravamiento del cambio climático, no han tenido dificultades en encontrar financiación para exigencias de “seguridad”. El gasto militar mundial ascendió a 1,74 billones de dólares (1,53 billones de euros) en 2017,equivalente a 230 dólares por cada habitante de la Tierra –y casi el doble de lo que se ha invertido desde el final de la Guerra Fría–. Los sucesos del 11 de septiembre en particular alimentaron una guerra universal contra el “terror” y una oleada de gastos militares prácticamente ilimitada. Y a medida que los gobiernos gastaban más, a su vez reforzaban el poder e influencia de las corporaciones militares (como Lockheed Martin en EE. UU. e Indra en España) que ahora ayudan a proyectar y redactar políticas en materia de seguridad en todo el mundo, lo cual les reporta mayores beneficios.

Naomi Klein ha llamado la atención sobre el “caso épico del momento histórico inoportuno de la revolución neoliberal mundial que ha alcanzado una lugar dominante justo cuando necesitábamos una regulación corporativa y una transición planificada hacia economías con bajas emisiones de carbono. Yo diría que un caso igualmente importante de momento inoportuno ha sido el descomunal crecimiento del complejo militar-defensivo-industrial justo cuando las repercusiones del cambio climático se han hecho cada vez más evidentes. Esto llevará con casi toda seguridad a que, en respuesta al cambio climático, los militares adquieran un papel aún más significativo –con consecuencias para todos nosotros–.

El puño escondido

Para comprender el poder de los militares hoy en día, es importante trascender los presupuestos en constante aumento y las guerras interminables (como la guerra en Afganistán, que lleva ya 17 años) para ver el consenso creado de que, para mantenernos a salvo, necesitamos cada vez más “seguridad” en todas partes. Hoy en día, las grandes empresas del sector armamentístico no solo venden armas, sino diversas soluciones en materia de “seguridad”, desde cámaras de videovigilancia en barrios urbanos a bases de datos biométricos para el almacenamiento de huellas dactilares y hasta sistemas de radares de alta tecnología en fronteras cada vez más militarizadas. Este mercado ha crecido de una forma desmesurada: un cálculo modesto sugiere que, en 2022, la industria de la seguridad nacional mundial valdrá 418.000 millones de dólares.

Algunos de los nuevos gigantes de la seguridad participan de forma perversa tanto en la creación de inseguridad como en la provisión de soluciones a la misma. Un informe elaborado por el Transnational Institute en 2016, mostraba que tres de los fabricantes de armas europeos más importantes que venden al norte de África y Oriente Medio –Finmecannica, Thales y Airbus– también son algunos de los principales adjudicatarios de los contratos para militarizar las fronteras de la UE. En otras palabras, se benefician por partida doble –primero de alimentar las guerras que generan refugiados y después de proporcionar la tecnología e infraestructuras que impiden a los refugiados encontrar un lugar seguro–.

Por lo tanto, es artificial definir el militarismo como algo relacionado únicamente con las guerras en el extranjero, pues también concierne a las respuestas cada vez más militarizadas en el ámbito nacional –aquellas en un principio dirigidas a las comunidades marginadas (musulmanes, inmigrantes), después a los activistas, después a los trabajadores que prestan asistencia humanitaria y, en última instancia, a todo el mundo–. Esta militarización (y la correspondiente criminalización) avanza cada día en todo el mundo. En el Reino Unido, por ejemplo, un programa de vigilancia a gran escala señaló, en 2015, a 4.000 personas como extremistas potenciales, de los cuales, más de una tercera parte eran niños. En EE.UU., los manifestantes tanto de Black Lives Matter como de Standing Rock se han tenido que enfrentar a vehículos blindados a prueba de minas, así como a drones. En Honduras, más de 120 personas fueron asesinadas, entre 2010 y 2016, a manos de grupos paramilitares por oponerse a la explotación maderera, la minería y las represas.

El influyente abogado neoliberal y comentarista estadounidense Thomas Friedman explicó las razones de esta respuesta militarizada–y de un modo bastante más honesto de lo que cabría esperar–: “La mano invisible del mercado no puede funcionar sin un puño escondido. McDonald’s no puede prosperar sin McDonnell Douglas, el diseñador del F-15. Y el puño escondido que mantiene el mundo a salvo para que las tecnologías de Silicon Valley prosperen se llama el Ejército, las Fuerzas Aéreas, la Armada y los Marines de EE.UU.”. Dicho de otro modo, el capitalismo y el militarismo (en particular el imperialismo de EE.UU.) no son dos fuerzas paralelas, sino que están inextricablemente entrelazadas.

Lo que Friedman no señala, sin embargo, es que el puño escondido no solo está ahí fuera, en el “mundo”, sino que también está en casa.

La conexión entre el ejército y el petróleo

Los estrechos vínculos entre el capitalismo y el militarismo se pueden observar en el propio funcionamiento del ejército de EE.UU.. Hoy en día, desplegar la mayoría de los efectivos militares exige ingentes emisiones de gases de efecto invernadero, lo que significa que el Pentágono es el principal organismo consumidor de petróleo. Tan solo uno de sus aviones, el B-52 Stratocruiser, consume aproximadamente 12.620 litros a la hora, más o menos la misma cantidad de combustible que usa el conductor de un coche medio en siete años. A pesar de la enorme “huella” de carbono que dejan, en los países industrializados la contribución del sector militar ni siquiera se evalúa adecuadamente y está exento del Acuerdo de París estipulado por Naciones Unidas. Por supuesto, si sus emisiones fueran debidamente contabilizadas, estaríamos aún más lejos de cumplir el objetivo de mantener el aumento de la temperatura global por debajo de dos grados centígrados.

El papel que desempeñan las fuerzas armadas es aún más significativo si se tiene en cuenta para lo que son movilizadas –en particular la vasta infraestructura militar de EE.UU., formada por más de 800 bases con sus flotas navales y aéreas–. Está claro que se despliegan principalmente en regiones ricas en petróleo y recursos y cerca de rutas estratégicas de transporte marítimo que mantienen en funcionamiento nuestra economía globalizada. Y este enfoque no es un caso aislado de EE.UU.. El grupo de investigación Oil Change International calcula que hasta la mitad de todas guerras entre estados que ha habido desde 1973 han sido por el petróleo.

La violencia policial contra las poblaciones a menudo también está relacionada con la protección para hacer frente a la resistencia que se ofrece ante proyectos de combustibles fósiles, industrias e infraestructuras. Constatamos, una y otra vez, que los activistas medioambientalesse enfrentan a la violencia cuando desafían a las industrias extractivas. La organización de derechos humanos Global Witness observó en 2015 que cada semana son asesinadas tres personas por defender sus tierras, bosques y ríos en su lucha contra de las industrias extractivas.

Una confluencia catastrófica

El puño escondido del capitalismo no es un fenómeno nuevo –el poder económico siempre ha empleado la violencia para protegerse–, pero en las últimas décadas también se ha acelerado. Tras el 11 de septiembre, sin duda se produjo un impulso que legitimó un aumento descomunal del gasto militar y la violencia estatal. Sin embargo, también es probable que una crisis ecológica más generalizada haya avivado la respuesta militar.

El estudio del Centro de Resiliencia de Estocolmo muestra que existen nueve procesos ecológicos fundamentales que regulan la estabilidad y resiliencia de la tierra de la que dependemos. La humanidad ya ha traspasado los límites relativos a la pérdida de la diversidad biológica y a los cambios en los ciclos de los nutrientes (nitrógeno y fósforo), y está en una situación peligrosa en lo que respecta al cambio climático y al uso de la tierra.

Respaldado por una “carrera a la baja” corporativa -en la que las multinacionales buscan constantemente eliminar normas y costes que limiten los beneficios–, señala en particular a las industrias extractivas que chocan contra nuestros límites ecológicos y se establecen en los últimos territorios sin explotar. La gente se ve obligada a resistir, no solo para evitar la contaminación o la corrupción, sino para poder sobrevivir. Su firme resistencia se ha topado con una represión severa.

La “declaración de guerra” de Canadá contra sus naciones originarias

Hechos recientes ocurridos en Canadá nos muestran esta realidad de cerca. En 2013, la empresa energética Kinder Morgan anunció que construiría un oleoducto desde Alberta hasta la Columbia Británica directamente a través de una zona sensible desde el punto de vista medioambiental y a través de los territorios de más de 100 “Naciones Originarias”. El anuncio provocó una enorme oposición, hasta el punto de que la empresa finalmente anunció que abandonaba el proyecto debido a “riesgos legales”. Sin embargo, en lugar de retractarse de un proyecto petrolífero tóxico, el estado dobló su apuesta y en la práctica acabó nacionalizando el oleoducto.

Un caso judicial de agosto de 2018 declaró en favor de los manifestantes –donde se señalaba la falta de consultas constitucionales con la Naciones Originarias y la ausencia de un análisis medioambiental sobre el aumento del tráfico de petroleros en el mar de Salish. Es una demora importante, pero está claro que es poco probable que el estado canadiense, dominado por los intereses petroleros, se eche atrás –y, en última instancia, utilizará la fuerza para imponer el proyecto. Tal y como se ha hecho en innumerables proyectos de extracción de combustibles fósiles por todo el mundo.

Y los que se han enfrentado a la violencia creen que no les queda más remedio que resistir. Tal y como observó Kanahus Manuel, de Secwepemc Nation en Canadá: “Todo emana de la tierra. Si se destruye la tierra, nos destruimos a nosotros”. Es comprensible, por lo tanto, que ella, junto con una coalición de organizadores indígenas, calificara las acciones del gobierno canadiense de “declaración de guerra”. Kanahus prosigue: “Lo creemos literalmente. Llamarán a los militares. Es la pauta nacional emplear la criminalización, la acción civil y otras sanciones para reprimir la resistencia indígena a estas políticas mediante la aplicación del peso de la ley y el uso de las fuerzas policiales contra los individuos y comunidades indígenas”.

Una adaptación militarizada

A medida que los efectos del cambio climático se agravan cada vez más, es probable que aumente esta tendencia hacia una respuesta militarizada. Puede que Trump no crea en el cambio climático, pero su ejército sí, y ya está haciendo planes para abordar sus consecuencias. La velocidad del deshielo en el Ártico llevó este año a la Marina de EE.UU. a anunciar que está revisando su estrategia en la región con un probable aumento de buques armados y tropas. En mayo de 2018, Australia se sumó a la Unión Europea y EE.UU. para declarar el cambio climático una amenaza para la “seguridad” y advertir de los peligros de “la migración, la inestabilidad interna o los movimientos insurgentes dentro de los Estados… el terrorismo o los conflictos transfronterizos”, que necesitarían “gran variedad de respuestas en materia de Defensa”.

Cuando los ejércitos y las fuerzas de seguridad son las instituciones más fuertes y mejor financiadas de nuestra sociedad, no podemos sorprendernos de que se conviertan en las instituciones predeterminadas para afrontar los efectos del cambio climático.

Las respuestas mayoritarias de los Estados de EE.UU. y la UE a los refugiados es uno de los augurios más perturbadores de lo que podría parecerse a una adaptación climática militarizada. La respuesta predeterminada de las naciones ricas industrializadas a los refugiados no ha sido mostrar solidaridad o compasión, sino que, cada vez con más frecuencia, se hace todo lo posible por mantener a los refugiados fuera –ya sea militarizando las fronteras, apoyando a dictadores, manteniendo a los refugiados en campos de concentración o forzando a la gente a hacer viajes tan peligrosos que miles de personas mueren en el intento–. Es una abominable demostración de crueldad que, sin embargo, se está convirtiendo en la triste norma. Cuando sabemos que los efectos del cambio climático solo será un factor añadido a la presión para emigrar, el futuro se prevé funesto.

La verdad es que hemos normalizado la violencia por parte de los Estados. Ya no vemos las cámaras de videovigilancia en nuestras calles, las vallas de alambre de espino en nuestras fronteras, los blindajes de la policía, los refugiados en los campamentos porque ya no es algo inusual. Esta normalización significa que hay un creciente peligro de que las soluciones de defensa ante el cambio climático no sean solo esta respuesta predeterminada, sino que además sean prácticamente imperceptibles.

Romper con los parámetros de referencia

Deshacer este consenso en favor de la seguridad en vez de la solidaridad no será tarea fácil. Una herramienta que podría ayudar es el concepto de “cambiar los parámetros de referencia” puesto que puede ayudarnos a entender este proceso y puede darnos alguna pista de cómo deberíamos empezar a forjar otra vía. El ecologista Daniel Pauly se inventó este término para referirse a la forma en que los científicos especializados en pesca establecerían sus “normas” para mantener los caladeros en buen estado teniendo en cuenta el estado de agotamiento en que se los encontraron en lugar del estado intacto en que se hallaban originalmente. La mayoría de los científicos ya no recordaban los mares repletos de grandes peces porque habían aceptado el mar devastado como lo normal.

Sin embargo, en el mundo de la pesca, se ha dado respuesta a esto mediante el establecimiento de reservas marinas. Si se hace de la forma debida y se protege de las embarcaciones de arrastre (en lugar de los pescadores a pequeña escala), puede derivar en una recuperación espectacular de la fauna y hábitats marinos. Y lo que es más importante, sacan a la luz los peligros de la sobreexplotación de los mares y la posibilidad de adoptar un enfoque distinto.

Necesitamos un enfoque similar respecto a la seguridad –mediante la creación de ejemplos de enfoques alternativos a la militarización en el ámbito local y estatal–. Necesitamos demostrar que militarizando nuestra respuesta a los asuntos sociales y ecológicos, como el cambio climático, únicamente se agravará el impacto sobre los más vulnerables. Pero también necesitamos discutir y movilizarnos en contra de esta militarización de la sociedad en cualquiera de sus formas y demostrar la posibilidad de adoptar un enfoque distinto. Esto puede hacerse de muchas formas, desde sencillos planes de adaptación climática que prioricen la solidaridad en lugar de la seguridad –como los impulsados por el movimiento de las Comunidades en Transición– hasta la red de ciudades que ofrecen asilo a los refugiados –y hasta los manifestantes de Black Lives Matter que exigen que la policía rinda cuentas en EE.UU.–. Todos estos esfuerzos pueden empezar a ralentizar el imparable avance hacia la militarización de nuestro planeta. Los defensores del clima han empezado a frenar la maquinaria de los combustibles fósiles, y lo que necesitamos ahora es empezar a echar arenilla en los engranajes del complejo militar-industrial-defensivo.

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Nick Buxton es asesor de comunicaciones y colabora como redactor y coordinador de las comunidades de aprendizaje digital del TNI.

Traducción de Paloma Farré

Fuente: https://ctxt.es/es/20181024/Politica/22482/cambio-climatico-militarismo-imperialismo-naomi-klein-petroleo.htm

Carlos Taibo, ¿qué es ser anarquista y libertario hoy?

Por Rubén Caravaca Fernández

La editorial Catarata publicó hace unos meses ‘Los olvidados de los olvidados’, con textos de alguien con enorme prestigio en el análisis de ámbitos políticos en los márgenes, Carlos Taibo. Un recorrido muy pedagógico que permite plantear interesantes debates sobre el peso de siglo y medio de movimiento libertario y anarquista en España. Hemos hablado con el autor. “La Transición ha alimentado, en relación con ese mundo, tres discursos: el olvido, la demonización y el designio de subsumir a los anarquistas en el carro general de “los republicanos”. Creo que todo lo eso merecía una réplica”. De ahí este libro.

Con cierta asiduidad compartimos en estas páginas relatos y entrevistas relacionados con mundos, realidades e historias poco difundidas, no hay ningún motivo especial, exclusivamente romper con ciertos silencios que ignoran o manipulan la historia reciente. Necesidad, más que obligación, de visibilizar, divulgar parte de esas múltiples situaciones silenciadas y ocultas que han estado y están más presentes de lo que podamos pensar.

El mundo libertario sólo parece visibilizarse en páginas y medios vinculados al mismo, sin apenas percepciones fuera de él. Por ello, cuando conocemos textos y/o ediciones que pensamos son interesantes los relatamos contribuyendo a su difusión.

La editorial Catarata publicó antes del verano Los olvidados de los olvidados,con textos de Carlos Taibo e ilustraciones de Jacobo Pérez-Enciso. Un recorrido por siglo y medio de anarquismo en España. Un libro muy pedagógico que permite plantear debates muy interesantes sobre el peso del anarquismo español. Pérez-Enciso ha dibujado asiduamente en El País, El País Semanal o Vogue. Carlos Taibo es profesor de Ciencia Política de la Universidad Autónoma de Madrid, ha publicado una treintena de libros y sus textos son muy difundidos por la Red.

En vez de hacer una crítica de la publicación hemos preferido que Carlos nos cuente los pormenores de la misma, que repasa junto a temas desconocidos, otros controvertidos, tanto históricos como actuales.

¿Qué te movió a publicar ‘Los olvidados de los olvidados’?

La lectura de dos libros que pretendían explicar la guerra civil a los jóvenes me produjo cierto malestar. En esos textos, y como es de costumbre, el mundo anarquista era ninguneado. La Transición ha alimentado, en relación con ese mundo, tres discursos: el olvido, la demonización y el designio de subsumir a los anarquistas en el carro general de “los republicanos”. Creo que todo lo anterior merecía una réplica.

A estas alturas, el movimiento libertario ibérico todavía es desconocido, ignorado, silenciado y siempre manipulado. Comportamiento compartido por socialdemócratas, leninistas…, no solo por la derecha política. ¿Cuáles son los motivos principales?

El mundo libertario ha sido siempre incómodo, empeñado como está en cantar las verdades del barquero en lo que hace a la miseria de nuestra realidad política y económica. No hay, por lo demás, ninguna manera sensata de encajarlo dentro de la política al uso. Por eso las más de las veces no ha quedado más remedio que distorsionar su condición o, mejor aún, olvidar que existía.

Siglo y medio de anarquismo patrio que ha tenido mucha más relevancia de la reconocida. ¿Cuáles serían para ti los hitos más relevantes?

Acaso son la fundación de la CNT en 1910 y la revolución social desplegada durante los primeros meses de la guerra civil. Por detrás de esos hitos, y de otros muchos, hubo un movimiento que configuró lo que Chris Ealham describe como la cultura obrera y campesina más viva de la Europa anterior a la segunda guerra mundial.

¿Acontecimientos como los de Mayo del 37 en Barcelona marcaron un antes y un después en la historia del movimiento obrero nacional?

Permitieron, ciertamente, el definitivo arrinconamiento de todo lo que oliese a revolución social y abrieron el camino a lo que varias décadas después fue el sindicalismo de pacto que hoy padecemos. De por medio, hicieron evidente el fracaso general de la estrategia de colaboración con las instituciones republicanas postulada en los meses anteriores por la CNT-FAI.

¿Qué te viene a la cabeza cuando algunos todavía mantienen que el anarquismo, y los ‘poumitas’, eran aliados de Franco?

La afirmación retrata la indigencia mental de quien la formula. Pero creo que apenas hay nadie que se sirva decir hoy tonterías de ese calibre. Con la excepción, acaso, de un connotado dirigente de la socialdemocracia española.

Una historia también con contradicciones que, de alguna manera, también ha marcado, como por ejemplo ministros y alto cargos institucionales anarquistas, creación de partidos libertarios…

La contradicción mayor se hizo valer en julio de 1936, cuando anarquistas formados y con experiencia decidieron darle una oportunidad a los restos de una República que en modo alguno lo era de trabajadores. Entre tanto, y no sin paradoja, muchos de los militantes de base de la CNT, y en su caso de la UGT, se entregaron al desarrollo de una revolución social que demostró que para nada precisaban de empresarios, capataces y burócratas.

La CNT surge con mucha fuerza después de la muerte del general Franco. ¿Podemos afirmar que el Caso Scala (incendio provocado de la discoteca Scala de Barcelona en enero de 1978, en el que murieron cuatro trabajadores) fue una operación de Estado contra la CNT?

No cabe duda. Había que cortar de tajo el crecimiento de la CNT, y en general el del mundo libertario. Cierto es que las divisiones internas, y en muchos casos la incapacidad para adaptarse a un escenario cambiante, tampoco fueron precisamente de ayuda.

¿Por qué se asimila anarquismo con violencia?

Forma parte de la estrategia general de demonización y de la necesidad paralela de buscar enemigos que justifiquen el mantenimiento de un formidable aparato represivo. La tarea creadora del anarquismo entre nosotros –y también hablo del presente– apenas suscita, en cambio, atención.

Algunos mantenemos que buena parte de lo surgido en el 15M estuvo marcado por nuestro pasado libertario, que está más presente de lo que se cree. ¿Qué opinas?

Creo que es cierto en relación con determinadas manifestaciones del 15M, que en efecto buscaron el camino de la asamblea, de la autogestión y del rechazo orgulloso de los liderazgos. Por lo demás, el carácter hiperdescentralizado del movimiento engarza con una cultura política que, en este terreno y entre nosotros, bebe claramente de códigos libertarios.

Cuando el ‘común’ se transforma en poder, juego institucional…, ¿qué queda?

Queda la absorción, a menudo vergonzante, por el poder y sus reglas. No conozco ningún ejemplo que ilustre cómo desde las instituciones se ha respaldado de manera consistente y prolongada a espacios autónomos autogestionados y desmercantilizados. Cualquier espacio ganado por la autogestión es, por definición, un espacio perdido por las instituciones.

Como conversamos en la última Universidad de Verano del Campo de Cebada, ¿qué es ser libertario en el siglo XXI?

A mi entender, significa defender la autogestión, la desmercantilización, la despatriarcalización y la definitiva descolonización de nuestras sociedades, desde la conciencia de los retos que se derivan de un colapso que bien puede ser inminente.

¿Qué diferencias pueden existir entre libertarios, anarquistas, consejistas, autónomos, situacionistas…?

En muchos casos, las diferencias son anecdóticas. Prefiero prestar atención a la distinción que vinculo con los adjetivos “anarquista” y “libertario”. Si el primero remite, mal que bien, a una adhesión a determinados principios y conductas, el segundo bien puede dar cuenta de la condición de muchas personas que, espontáneamente, practican esos principios y desarrollan esas conductas sin necesidad de autoatribuirse la condición de anarquistas. Creo que en los países del Sur hay interesantísimos ejemplos de experiencias vinculadas con prácticas libertarias como las que se revelan, y son dos ejemplos entre muchos, en Chiapas y en Rojava.