¿Sigue siendo el Estado del bienestar un instrumento para un crecimiento económico más inclusivo?

Los dos objetivos deben ser la reducción de la desigualdad y la mayor creación de empleo en el sector de los servicios sociales públicos
Por  CARLOS OCHANDO CLARAMUNT (LA PARADOJA DE KALDOR)

Existe ya bastante evidencia teórica y empírica sobre los efectos positivos del gasto social sobre la eficiencia y el crecimiento económico. Citemos algunos.

En primer lugar, las políticas públicas corrigen fallos del mercado e internalizan efectos externos (positivos y negativos) que el intercambio libre del mercado no considera, lo que resulta muy positivo para la toma de decisiones económicas de los agentes privados.Por ejemplo, la intervención pública permite la corrección de las imperfecciones en el mercado de capitales. En presencia de mercados de capitales imperfectos, una mayor desigualdad impide o limita la inversión en capital humano (especialmente, en salud y educación) de quienes no superan un determinado umbral de ingresos, disminuyendo el capital humano agregado y con él la tasa de crecimiento económico y la productividad. La mayor equidad distributiva puede facilitar un mejor acceso al crédito y a la información de los hogares pobres, aumentando las oportunidades para que hagan inversiones productivas (Galor y Zeira, 1993).

Por otro lado, existen externalidades positivas del gasto público en bienes sociales o preferentes sobre la productividad y la movilidad de la fuerza de trabajo y esto es fundamental para incrementar la competitividad en los mercados internacionales e impulsar el desarrollo económico y el cambio tecnológico. Así mismo, la reducción de la pobreza y un mayor nivel de desarrollo humano (en términos de educación, salud y nutrición) eleva la productividad de la fuerza de trabajo y estimula el proceso de innovación en la economía.

No obstante, creemos que los actuales Estados del bienestar pueden contribuir a un crecimiento económico más inclusivo mediante la consecución de dos objetivos claves: la reducción de la desigualdad y la mayor creación de empleo en el sector de los servicios sociales públicos.

Estado del bienestar y desigualdad

Numerosos estudios teóricos y empíricos llegan a la conclusión de que la desigualdad en la distribución de la renta está negativamente correlacionada con la eficiencia económica y el crecimiento económico a largo plazo o, lo que es lo mismo, que una mejora en la distribución de la renta contribuye a favorecer positivamente la eficiencia económica y el crecimiento económico a largo plazo. Hasta el propio FMI ha llegado a aceptar que la desigualdad económica y el crecimiento insostenible son las caras de una misma moneda y que una reducción de la desigualdad tiene efectos positivos sobre el crecimiento económico (Berg y Ostry, 2011; Ostry, Berg y Tsangarides, 2014).En resumen, el Estado del bienestar no se mostraría tan disfuncional con el crecimiento económico como algunas corrientes de pensamiento económico liberal pretenden plantear. Y ¿por qué?

El argumento fundamental es que el Estado del bienestar puede generar efectos positivos sobre los incentivos económicos y el crecimiento económico (Bandrés, 2014). Explicaremos algunos argumentos que refuerzan esta tesis:

– Una mayor desigualdad aumenta la probabilidad de inestabilidad política y conflicto social, ampliando la incertidumbre sobre la garantía de los derechos de propiedad y la calidad de las instituciones, con los consiguientes efectos negativos sobre la inversión y el crecimiento económico. Por tanto, una mayor equidad permite una mayor estabilidad política y social del sistema democrático, condición previa para el crecimiento económico.

– Una mayor desigualdad genera una mayor demanda de políticas redistributivas que reducen la inversión y la tasa de crecimiento (“tesis de la redistribución endógena”). Una extrema desigualdad puede sesgar la política tributaria, o bien hacia planteamientos más populistas con lo que introduciría distorsiones y desincentivos que mermen el crecimiento económico (Alesina y Rodrik, 1994; Persson y Tabellini, 1994) o bien hacia los intereses de los grupos de mayor nivel de renta, lo cual también puede provocar un menor crecimiento económico.

– La reducción de la desigualdad aumenta la confianza y/o el capital social, aspectos nucleares del desarrollo y crecimiento económico. Autores como Sanz y Corrochano (2010) proponen la necesidad de incentivar la formación en capital social para potenciar los efectos económicos y sociales del Estado del bienestar. Apuntan que “el Estado de Bienestar tiene efectos dinamizadores positivos sobre el crecimiento económico cuando existe una fuerte presencia de capital social que, teóricamente, reduce el abuso de las prestaciones y permite sinergias que facilitan la reincorporación de los ciudadanos a la actividad social y económica productiva” (Sanz y Corrochano, 2010: 102).

¿Sigue siendo el Estado del bienestar un instrumento eficaz contra la desigualdad? Los Gráficos 1 y 2 parecen validar esta tesis. Los países con mayor gasto social obtienen mejores resultados en términos de reducción de la desigualdad y de tasa de pobreza.

Gráfico 1

 

Fuente: Elaboración propia a partir de Eurostat.

Gráfico2

Fuente: Elaboración propia a partir de Eurostat.

Estado del bienestar y empleo

A diferencia de autores liberales, pensamos que el Estado del bienestar no es la causa de las crisis económicas, sino que favorece -y no dificulta- las salidas sostenibles y sólidas a las mismas.

No es cierto que aquellos países que han desarrollado más extensamente el Estado del bienestar muestren peores resultados en términos económicos. Todo lo contrario. Los países con fuertes Estados del bienestar obtienen mejores resultados en términos de desempleo, crecimiento económico, inflación, productividad y competitividad. Lo cual no quiere decir que no tengan necesidad de reformar de forma periódica, dinámica e innovadora sus políticas sociales.

El Estado del bienestar puede ser un instrumento eficaz en la lucha contra el desempleo. Varios argumentos nos ayudan a comprender esta afirmación. El gasto social ayuda a mantener alto y estable el consumo y la demanda agregada interna, en la medida en que las prestaciones van dirigidas a grupos con alta propensión al gasto, lo que hace innegable el carácter anticíclico de las prestaciones sociales y sus consecuencias estabilizadoras sobre el ciclo económico. Por tanto, la expansión del gasto público y, en concreto, del gasto público social tiene un impacto positivo (directo e indirecto) en la creación de empleo (público y privado).

Por otro lado, el Estado del bienestar impulsa sectores y actividades económicas potencialmente creadoras de empleo (público y privado). Los servicios sociales y de atención personalizada (personas mayores, dependientes, menores, etc.) son sectores con un crecimiento potencial del empleo muy importante en los próximos años, sobre todo, en países como España, donde estos servicios sociales están claramente infradesarrollados. La potenciación de estos servicios sociales públicos, pilares centrales del Estado del bienestar, tendría un efecto claramente dinamizador sobre la economía y tendría dos efectos importantes sobre el empleo: a) directo, ya que representan un porcentaje importante del empleo creado en el sector de servicios y b) indirecto, ya que permiten aumentar la participación activa de las mujeres en el mercado de trabajo.

En cierta medida, el buen comportamiento del empleo que tienen otros países desarrollados de nuestro entorno se debe a una mayor extensión y cobertura de sus regímenes públicos de bienestar social, como se puede comprobar en el Gráfico 3.

Gráfico 3

 

Fuente: https://ctxt.es/es/20190529/Politica/26415/Carlos-Ochando-Claramunt-economia-Estado-social-bienestar.htm

El régimen de la opinión y la urgencia posteadora

Por Diego Valeriano

Opinar, carburar toda la noche la angustia de un comentario en tu publicación, llamar a los canales frente a cada injusticia, escribir en un pobre blog, contar los RT, wasapear a esa radio militante, subir una historia de Instagram de cada mínimo acontecimiento. Ser panelistas de la propia vida. Si este Facebook sigue así, todo posteo es político.

Militar como festejante. Estallar de alegría ante cualquier novedad, amar acríticamente, termear, recordar a la víctima según el victimario, postear contra el Fondo, ser taxativo tirado en el sillón. Rascar del fondo de la galería alguna foto para la ocasión: la de la jefa, una con Alberto, ante cada nieto, una con Estela del 2008 y cada 24 la foto de tu hija con los dedos en ‘V’ aunque ella ya ni quiera ir a la marcha. Entrar manija en la urgencia de la visibilidad.


Todo es opinable. Todo se expone en su obviedad, todo es excesivamente visible: el hater como tal, el cristinismo como cristinismo, las travas como travas, los intelectuales como intelectuales y el trotskismo como todo llanto. La manija de la visibilidad y la opinión es la que garpa. Visibilizar todo como consumo, como necesidad vital, como lo que nos da tranquilidad en medio de una vida que es horrible, como lo piola que ni calma nuestras frustraciones.


Hablar, pensar, escribir sobre otros, sobre cosas, sobre lo que pasa, decir que todo es político y no decir nada. Ir cambiando la foto de perfil según la coyuntura, usar el pañuelo verde en la mochila siendo un chabón de 40, no errarle ni una efeméride de lucha y memoria. Que todo entre en el régimen de la opinión, de la urgencia posteadora, de lo explicable, de lo que vale porque tiene likes.

¿Es necesario opinar tanto? ¿Hay que tener un timeline coherente? ¿Un muro combatiente? ¿Hay que pelear con la tía porque se ríe de que digas todes? ¿Ser visibles?

Mejor rajar del régimen de la opinión, volverse imperceptibles, no ser gato del algoritmo. Ideas que casi ni se esbozan para no ser manipuladas. Hacer por hacer, fabular el mundo entero sin salir a la pantalla. Construir constelaciones de afectos, segundear a quienes queremos. Acciones que no sean capturables, ni tengan respuesta. Hacer algo dulce y transformador que no se haga mercancía, cagar a piedrazos los patrulleros sin motivo y a pesar de tener la edad que tenemos. ¿Volverse invisibles? Construir estrategias de visibilización gedientas, absurdas, ATR, bien chetas. Mirar todo a través de un ojo perverso, peposo, atrevido. Un ojo que lo deforma todo, que lo desfonda todo. Que devuelve a la gilada como lo que es. Invisibilidad que invita a la pregunta sin respuesta, que deja una estela incomprensible y que, frente a cada opinión, tiene un sticker.

* Por Diego Valeriano para La tinta. Imagen: Steve Cutts

Las vicisitudes del Estado latinoamericano

Una conversación con Mabel Thwaites Rey, politóloga e investigadora
Por Jeffery R. Webber
Webber: Bueno, estamos acá en la oficina de Mabel Thwaites Rey, 2 de mayo en Buenos Aires. Para empezar ¿puedes describir tu formación política e intelectual, para los lectores que no la conocen?Thwaites Rey: Mi formación académica es… yo egresé de la Facultad de Derecho. Tengo el título de abogada que es mi título de base, pero rápidamente empecé a hacer posgrados y formarme en Ciencias Sociales y a dar clases en la carrera de Ciencias Políticas de la Universidad de Buenos Aires y me fui formando… tengo una maestría en Estudios Sociales de FLACSO (Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales), después tengo una maestría en administración pública de la Universidad de Buenos Aires y un doctorado en la Universidad de Buenos Aires en el área de Teoría del Estado. Mi formación más fuerte ha sido en el campo de teorías del Estado y también en el análisis de políticas públicas, ajuste estructural y economía política en ese sentido muy laxo y muy grande.

Tengo una formación marxista y eso significó que en algún momento de mi vida haya militado en formaciones partidarias, luego no, pero siempre vinculada a movimientos, y vinculada a movimientos en la universidad y fuera de la universidad con mayor simpatía más con que con otros a lo largo de mi trayectoria vital, pero siempre con un perfil que podría decirte de izquierda independiente, en un sentido no partidario y, en este caso, vinculado la Argentina lo partidario más fuerte de la izquierda ha quedado más ligado a los partidos trotskistas, que es una tradición a la que yo no pertenezco. Si bien tengo muchas afinidades y afecto por compañeros, no pertenezco a la tradición trotskista y sí me siento como más próxima a todo el movimiento autonomista con muchas críticas también a ciertas… creo que hacer un mix entre unas y otras, pero bueno es ese el encuadre político desde el cual escribo, desde el cual pienso y como estudiosa de la problemática estatal puedo decir que no soy estatista, pero sí entiendo la dimensión estatal y creo que, frente a cierta subestimación que tuvimos durante muchos años de discutir la problemática y el fenómeno estatal, siempre insisto en la necesidad de tomar en cuenta este animal político tan complejo que es el Estado.

Webber: Bueno, es un buen lugar empezar con el Estado. Teóricamente ¿cuál es tu posición, teóricamente en general, sobre el estado capitalista y en particular sobre las particularidades del Estado de América Latina?

Thwaites Rey: Bueno, lecturas… he seguido las lecturas clásicas sobre el Estado, tengo una formación gramsciana muy fuerte, trabajé mucho sobre la perspectiva teórica de Antonio Gramsci y plantear el Estado como el Estado ampliado, la idea del Estado como articulador de relaciones sociales, que es la deriva poulantziana que más me interesa. Y me gustó seguir más el segundo Poulantzas, más que el primero más estructural, aunque reconozco que el aporte de Poulantzas a la comprensión de la dinámica y la problemática estatal ha sido muy fundamental. Así que, tanto las derivas de Gramsci como las derivas poulantzianas son, me parece que las más fructíferas a mi modo de ver para analizar el encuadre del Estado.

Sí, también, las lecturas de la Escuela de la Derivación que me parece que son otros de los aportes importantes, lo que siguen resultando complejas son las búsquedas de conceptos intermedios que nos permitan entender categorías más específicas y procesos más concretos, es que lo que estamos siempre luchando con las teorías de la derivación y, ciertamente, lo que sí une a muchas de estas corrientes es la mirada del Estado como relación social y yo lo que le sumo y lo que aparece en otros trabajos míos que insisto mucho es la dimensión contradictoria de lo estatal, la dimensión insuperablemente contradictoria del formato estatal.

Entonces, eso creo, que hacer énfasis en lo contradictorio quiere decir que, aquellas instancias y aquellas instituciones que son producto de la lucha de clases, y que se plasman en aparatos específicos en el Estado como conquistas del proceso de lucha popular son, a la vez, los que pueden, simultáneamente, apaciguar la lucha, encauzarla y solidificar el capitalismo. Entonces todo el tiempo estamos corriendo por ese andarivel de pensar que toda conquista puede volverse en una forma de subordinación, pero eso no nos impide a que conquistemos, porque cuando luchamos y no hay conquista no estamos más liberados, sino que a veces estamos más frustrados, con los cual, poder analizar esa contradicción es algo central.

En ese sentido, coincido con algunos de los planteos que hace Álvaro García Linera al respecto, la idea del nudo… de los nudos de sutura que también plantea un O’Donnell, el O’Donnell de los años 80, es central… es decir, cómo lidiar con esta situación que nos plantea el desafío de la estructura estatal.

Webber: ¿Y las especificidades de América Latina?

Thwaites Rey: Y las especificidades de América Latina… hay otro libro que escribimos y que trabajamos, también, analizando qué es lo específico que tiene. La especificidad de América Latina tiene que ver con su constitución históricamente dependiente de la relación del capital a escala global. Entonces, lo que hay de específico es que las formaciones estatales latinoamericanas no pueden ser pensadas, no pueden ser analizadas sin su constitución como parte del proceso de expansión del capitalismo a escala global, desde la conquista en adelante. Están todas las discusiones sobre en qué momento… si América Latina fue feudal, fue capitalista, en qué momento, hay un montón de debates al respecto, pero lo que sí es imposible negar es que los formatos de constitución de los Estados periféricos tienen la característica de no poder tener la gobernanza plena de sus espacios de reproducción social, porque están atravesados por las lógicas de acumulación global. Y eso tiene un peso específico muy particular.

Nosotros discutimos mucho en los 90 con John Holloway, que es un amigo al que quiero mucho, y discutíamos con que, si bien es cierto que el capital… la idea de la circulación global del capital y la puja de los Estados nacionales por capturar porciones del capital y hacerlos productivos en los espacios territoriales, nacionales, es algo que atañe al conjunto de los espacios estatales territoriales nacionales. No es lo mismo las capacidades, las historias que tienen unos Estados nacionales que otros.

Entonces ahí aparece la dimensión específica para analizar el anclaje nacional que tiene una particularidad muy distintiva en América Latina. Es decir, plantear los nacionalismos en América Latina no es plantear «los nacionalismos» en general y, menos aún, los nacionalismos europeos. No se puede hacer una traslación directa, es decir, todo nacionalismo es malo… todo internacionalismo es por definición bueno, que lo es como internacionalismo, pero las luchas anticoloniales, las luchas de dominación, las luchas antiimperialistas tienen una especificidad y connotan a los Estados nacionales periféricos de una manera distinta. Yo creo que una de las especificidades de los Estados nacionales está allí.

Webber: Y para contextualizar históricamente esta ola del progresismo y después su declive, podemos empezar con la coyuntura del fin de los años 90 y comienzos de los años 2000, ¿qué explica esta emergencia de muchos diferentes tipos de izquierda y movimientos sociales y, después, gobiernos progresistas?

Thwaites Rey: Yo tengo una perspectiva, en este sentido, de analizar el surgimiento de los movimientos de contestación, protesta, demandas populares, que se van acumulando a lo largo de la década de ajuste neoliberal. Los ajustes neoliberales tuvieron, también, particulares en cada uno de los espacios nacionales de la región. En cada país fue distinto, pero tienen en común la idea de privatizaciones más o menos. En la Argentina fue muy drástico el proceso de privatizaciones, desregulación, apertura económica, flexibilización laboral, una serie de elementos que tenían que ver con el consenso de Washington, que arrasaron nuestras economías y, sobre todo, la calidad de vida de los pueblos.

Esto generó en distintas expresiones, con mayor y menor radicalidad. En la mayoría de nuestros países existieron irrupción de luchas y de movimientos y de malestares que fueron, digamos, derivando en, hacia el fin del siglo, la emergencia de gobiernos que se hacían eco de estas demandas y, en mayor o menor medida, se oponían a las políticas neoliberales que los precedieron. Por eso decimos… se discutió mucho qué eran, si eran posneoliberales, la discusión si eran de izquierda, progresistas, cómo catalogar… «la ola rosa», los países más rojos, más rosas… pero lo que unifica, creo es que todos, mal o bien, impugnaron, disputaron en término más retóricos y algunos más en concreto, al neoliberalismo. Fueron todos gobiernos que se plantaron para decir: no al neoliberalismo, no queremos ser neoliberal, estamos en contra de las políticas de ajuste neoliberal.

Eso tiñe a todos los procesos, que algunos de ellos plasman en gobiernos, otros no… algunos se quedan… por eso digo, si uno analiza el proceso como un ciclo, en este ciclo podés incluir al México que en el 2006 pierde las elecciones por fraude López Obrador, entonces en ese momento también hubo un ciclo de auge de luchas que, sin embargo, no remata en un gobierno como los otros de ciclo.

Ese es un elemento, ¿no?, decir… el primer elemento es el origen, es el proceso de luchas.

Un elemento significativo es la llegada de Hugo Chávez al poder. La presencia de Hugo Chávez – gana las elecciones en el 98, asume en el 99, pero se radicaliza en el 2002 y plantea una mirada del socialismo del siglo 21 – y renueva y refuerza, tanto a favor como en contra, un montón de estos procesos. Eso con todas las diferencias que tienen el resto de cada uno de los Estados nacionales de la región con el caso venezolano… pero ese es un hito fundamental.

El otro elemento a tener en cuenta es dónde… cuándo… cómo… se despliega este ciclo. Este ciclo se despliega en un contexto internacional de aumento del precio los commodities, de una bonanza para los países exportadores que los englobó a todos. Es decir, todos los países se vieron beneficiados, más allá de los gobiernos que tuvieron y las formas de utilización de los recursos que hicieron, todos se vieron beneficiados por ingresos extraordinarios provenientes de sus artículos de exportación, sean alimentos o energía, minerales.

Eso no quiere decir que haya sido lo mismo -incluso con políticas sociales-, el caso de Perú, Chile o Colombia, que los casos de, netamente los ciclos de Brasil, Argentina, Uruguay, Ecuador, Bolivia y Venezuela. Incluso dentro de estos países las formas de hacerse de esa renta diferencial fueron distintas, porque también tenía que ver con qué tipo de producción es la que se exporta. No es lo mismo apropiar renta de cobre o del gas y nacionalizar esas… o ya eran nacionales esas producciones, que en el caso argentino que la renta fundamental viene de la tierra que es un recurso que está en manos privadas. Entonces, la discusión es cómo capturar esa renta diferencial, que por supuesto, trajo enormes conflictos y tensiones, que son las que vienen en la historia de la Argentina, históricamente, la tensión de cómo capturar la renta diferencial que viene del clima y del lugar geográfico donde están ubicadas esas tierras. Entonces, bueno, ese es el segundo componente.

Y el tercer componente, que tiene como rasgo común la mayoría de estos procesos, es el papel que se le asigna al Estado, nuevamente, no porque el Estado no hubiera tenido un papel muy fuerte y central en la etapa neoliberal, lo tuvo, pero lo tuvo para reconducir los procesos para la captura de ese excedente a favor del capital y, en este caso, lo que empiezan a recuperar los Estados nacionales es capacidad de arbitraje entre las fracciones burguesas y capacidad de redistribución y de mediación entre clases dominantes y clases populares, o entre capital/trabajo… la capacidad de mediación, de colocarse como tercero escindido más fuerte.

Bueno ahí, siguiendo a René Zavaleta y un poco la recuperación que hace Luis Tapia, del momento estructural o del momento instrumental, hubo un momento más estructural, la posibilidad del que el Estado operara como bonapartista, podríamos decir en alguna otra tradición teórica, y pudiera mediar en esas relaciones. Esto es, son los tres elementos que nosotros destacamos sobre la totalidad del proceso. Con los problemas que cada uno de estos elementos tuvo.

En términos de luchas, lo que podemos plantear es que el alza y el auge del momento de lucha le fue seguido por un momento de mayor declive de lucha popular como tal. En esto hay muchas discusiones sobre el porqué del apaciguamiento de la movilización popular al interior de los procesos populares, o hubo movilizaciones desde arriba o planteadas desde los propios Estados.

Una corriente… Massimo Modonesi, mi amigo, que él plantea lo de «revolución pasiva» y «pasivización», asume la idea de que lo que producen los gobiernos es una captura, subsunción de la energía de los procesos populares, para reconducirlos en la recomposición burguesa. Entonces, son revoluciones pasivas, en el sentido progresivo porque hacen concesiones, pero mantienen la estructura.

Coincido en que pueden ser miradas desde así, siempre y cuando uno no tenga una mirada absolutamente, casi diría romántica, de un movimiento popular que siempre está en expansión y que fue aplastado y que quería seguir… cuando la realidad muestra varias cosas. En primer lugar, muestra que si bien nosotros decimos que el proceso… en la raíz del proceso, de este ciclo de impugnación al neoliberalismo en América Latina tiene que ver con las protestas, las demandas, las luchas populares de los años 90, no todos los procesos llegaron aupados y en andas de las luchas populares.

Salvo en el caso de Bolivia, que es el caso más claro de una consistente movilización popular que desemboca en el gobierno de Evo Morales, en la mayoría de los casos había mediaciones. En la Argentina la crisis fue en el 2001/2002, en el 2003 había habido la posibilidad… ya estaban reconducidas, bastante, las fuerzas políticas. En Ecuador pasó lo mismo es la Revolución Ciudadana, no es el movimiento Pachacuti el que está a la cabeza del proceso de la Revolución Ciudadana. En la propia Venezuela no es que hubiera un proceso de gran activación popular sino que es al revés luego, desde el Estado, se empieza a reactivar con lo cual la «pasivización» en el caso de venezolano es más compleja, es decir, más que «pasivizar» sobre todo en primera etapa, hubo un intento de activación. En los casos de, más aún, Brasil y Uruguay, mucho más… llegan dos coaliciones de centroizquierda que habían sido tremendamente combativas, pero que habían en algún momento, en el caso del PT muy claro, hecho alianzas políticas y morigerado su discurso público como para poder ganar. Entonces no vienen en andas de una gran ola que uno pueda decir, entonces hubo un proceso de «pasivización» consciente o de los dirigentes de contención.

El otro elemento para pensar esto es que no hay ninguna posibilidad de gobierno y de conducción sino se tratan de articular y calmar ciertas exacerbaciones de demandas y luchas. Y, además, no es lo mismo desde el gobierno intentar articular un montón de demandas que ser parte de un movimiento que tiene algunas y tiene las propias.

Entonces, eso es lo que estamos trabajando ahora.

Pero, ese es uno de los temas, el primer elemento. El segundo elemento tiene que ver con, dijimos, el proceso de que se expanda todo este ciclo… digamos, sostenido por un proceso de aumento de los ingresos de los países por el aumento de los commodities. Esto empieza a tener límites y, además, lo que produce es la paradoja de que profundiza los esquemas productivos anteriores. El extractivismo, y la monoproducción y la desindustrialización se van acrecentando por efecto de este proceso.

En Brasil es muy fuerte, es decir hay un proceso en el que la participación industrial y la participación agrícola en estos años va descendiendo la participación industrial y va acrecentándose el porcentaje de la producción agrícola. La tendencia a la «sojización», el aumento de la tierra cultivada con la soja, con todos los conflictos que eso trae y la imposibilidad de producir alguna otra forma de producción más integrada y que tuviera en cuenta otros criterios, incluso los medioambientales. Esto es notable, que en el período se va a favor del ciclo, y bueno… vamos y seguimos capturando.

Lo que nos provoca, también aquí, una pregunta compleja porque a veces una cosa es la crítica de la descripción de lo que sucedió y la otra es entender si podría haber sido tan fácilmente de otra manera, porque qué relación de fuerzas tenés que plantear para desposeer materialmente a los sectores que son dueños, materialmente de estos sectores y en un encuadre internacional que te pide eso. Hay varias discusiones en ese sentido que todavía no terminan de saldarse y que, creo que como se salden tiene también que ver con la manera en que nos vamos a parar frente a otros ciclos, o adónde empujamos ciclos nuevamente de expansión de los intereses populares. Eso es un tema.

Lo que digo sí, entonces, es que este ciclo permitió capturas de ese excedente y redistribución a partir de ese excedente. Las políticas sociales, la profundización de las políticas sociales y en casos muy clave, como en la Argentina, pero no solo en la Argentina poner en el eje el consumo y el empleo fueron centrales. Es decir, después de décadas de aumento del desempleo, la desocupación, la pauperización, garantizar acceso a niveles de consumo para los sectores populares y niveles de empleo, es decir la capacidad de generación de empleo, fueron centrales. Entonces, por eso decimos que, Maristella Svampa dice que hubo un «pacto de los commodities «, es decir que el pacto fue seguir produciendo commodities . Nosotros consideramos que hay un pacto del sostén al consumo y el empleo, a como diera lugar. Que también es central, porque si creemos que el ciclo de los commodities no aplica a todo, porque los commodities estuvieron… porque no decimos todos los países que no ensayaron ningún proceso.

Esto es un elemento. Y el otro elemento a tener en cuente es que salvo los procesos que por el grado de descomposición política en el que llegaron requirieron o habilitaron la posibilidad de reformas constitucionales, como en Bolivia, Ecuador y Venezuela, en el resto no hubo un proceso de transformación de bases, de organización política. Y aún en los casos de Venezuela, Ecuador y Bolivia que tuvieron procesos de transformación constitucional, los formatos de representación política quedaron más o menos sin alterar.

La idea de la base es la representación política democrático representativa, con elecciones periódicas no cambió. Con lo que tiene de bueno en cuanto a la posibilidad de consulta popular constante, pero lo que tiene de malo al clausurar otras instancias que pudieran dar una estabilidad mayor al proceso de transformación. Porque los modelos de elecciones liberales democráticos más clásicos tienen la urgencia de demostrar resultados muy inmediatos para poder ganar elecciones, lo que conspira también con ciertos procesos de transformación e, incluso, transformaciones de derecha… la derecha que pide tiempo, ahora están pidiendo tiempo y sí… tenés que ir a elecciones y tenés que ganar las elecciones en función de lo que entregás.

Entonces, es cierto que, también, cuando se critica la no profundización de proceso de transformación estructural y seguir usando la renta de los recursos del ciclo de bonanza es que también, si no redistribuís perdés apoyo político, si perdés apoyo político no ganás y no seguís. Entonces, ese es un tema central: cómo hacés para producir procesos de transformación que requirieron una sustracción mayor de ese excedente para destinarlo a otra política de largo plazo, cuando hay demandas muy inmediatas, muy acuciantes y exigentes para satisfacer.

Entonces, decía… el proceso de transformación genera una tensión constante donde en cada país sea distinto los cuellos de botella en cuanto a la estructura económica productiva, que no permite ampliarse en la medida en que no se toquen tampoco las bases materiales de sustentación, y cómo construís esas bases materiales, entonces uno podría decir, bueno, por qué no se pudieron construir bases de apoyo popular más fuertes, por qué no se pudieron hacer. Uno de los ejes que nosotros explicamos en este artículo y que seguimos trabajando es la dimensión de consumo estructurante a escala global, es decir el consumo y la forma de consumo, los artefactos de consumo definidos a escala global son un factor de solidez material del sistema capitalista, mucho más fuerte del que a veces nosotros tenemos ganas de aceptar. Es decir, están allí y son artefactos muy poderosos en términos de construcción cultural.

Webber: Bueno, hemos discutido las construcciones de la ola del progresismo ahora, ¿cuándo y por qué empieza el llamado fin de ciclo de esta ola?

Thwaites Rey: Yo tengo una hipótesis que son elementos económicos generales que es el ciclo… primero la crisis del 2008 del capitalismo global, que América Latina la pudo ir contrarrestando, pero que a partir del 2011 empieza a acentuarse más y en el 2013 creo que es un momento ya muy fuerte en donde empieza a aparecer problemas serios en casi todos los países de la región. Que el que mejor los sortea es Bolivia. Bolivia es el país que tiene más… que lo ha venido sorteando con un manejo más ortodoxo, quizá, de su economía pero no tuvo el cimbronazo que tuvo Ecuador, Venezuela con la baja del precio del petróleo, la Argentina.

Empezaron a aparecer síntomas de mucha debilidad estructural que agudizaron los problemas estructurales de cada país. Cada país tiene su propia trama de inserción en el mercado mundial, sus propias lógicas de articulación económica y social y política en función también de esa trama.

Eso en el 2013 yo creo que es un momento muy clave, el momento donde Dilma es reelecta e inmediatamente aplica un plan de ajuste contrario a lo que ella había promovido con lo cual desata una cadena de rechazos y de protestas que después lo capitaliza la derecha. Y la muerte de Chávez. Yo creo que así como uno puede plantearse como un hito, darle fecha de inicio al ciclo, es la llegada de Hugo Chávez al poder, creo que la muerte de Hugo Chávez en el 2013 es un momento de inflexión política muy fuerte para la región. Me parece que ahí la imposibilidad de traspasar a Maduro ese liderazgo, la imposibilidad de contener las presiones políticas y económicas que se vienen encima en esta etapa, son muy grandes. Es decir, todos los límites que tenía el proceso bolivariano empiezan a agudizarse y tras la muerte de Chávez se aceleran más.

O sea que yo podría decirte que este ciclo es de una década larga. Ni siquiera es de una década y media – una década larga y ahí empiezan… están las protestas en Brasil, le siguen las protestas en Ecuador, las protestas en Argentina que tienen dos componentes. Vos tenés la protestas de las clases altas y medias altas que empiezan a fogonear y toman un protagonismo muy activo en las calles en estos países, pero también protestas populares de distinto orden, también en Ecuador, en Argentina, protestas que tienen que ver con salarios, que tienen que ver con impuesto a las ganancias, malestares que se van congregando. Y con un elemento que empieza a aparecer y que no tiene que ver estrictamente con estos gobiernos porque es la corrupción, la idea de la corrupción, que se empieza a hacer muy ostensible. Hay una alianza mediática, ya lo sabemos, y la alianza mediática judicial, que es un actor otro de algo de lo que estamos empezando a estudiar mucho más en detalle… decíamos bueno, el poder judicial, los jueces, están ahí. Pero están ahí fuertemente y estuvieron ahí mediados con, además articulados con los servicios de inteligencia y con la embajada de los Estados Unidos, con las redes de los servicios de inteligencia a escala global de una manera muy fuerte, muy invisible, muy poco conocida pero cada vez más fuerte.

Entonces empezaron a aparecer estos episodios, estos escándalos de corrupción, algunos reales otros no comprobables pero sí que son verosímiles. Es decir, que haya corrupción es siempre algo verosímil y también la incapacidad de los gobiernos para tomar nota de lo que importan estos procesos de corrupción. No puede haber personajes que estén en los entornos gubernamentales o que estén en cargos de poder teniendo un ostensible enriquecimiento, visto y ser subestimado. Esta cuestión de esta dimensión es muy fuerte y no tuvo respuestas buenas, contundentes de parte de las dirigencias de los procesos, no. Y bueno, esto es algo que bueno, la dimensión mediática es una de… de oposición de ser la cabeza… de ser las cabezas organizadoras de las oposiciones.

En casi todos los procesos aparecen los medios de comunicación como los líderes organizadores de las oposiciones por derecha muy fuerte. Siempre estuvieron, pero siempre se sabe que están allí los medios, pero esta vez se han hecho de una manera muy visible, muy poderosa y con herramientas de difusión muy fuertes que también desmienten un poco la idea de que las redes y por internet había una suerte de horizontalidad y de circulación democrática de las ideas que se demostró que no es así. Al revés hay mayor concentración, mayor capacidad de fuego, entonces bueno, esto es algo de lo que explica, que además, bueno, las derechas no se quedaron quietas, derechas como decimos, derechas sociales y políticas, no se quedaron quietas desde el primer día. Y además, en ninguno de estos procesos, salvo en Venezuela que llegó a ganar con el 65%, pero siempre tenés entre un 30 y 40% de la población, mínimo, que nunca estuvo aceptando los procesos de transformación, que estuvo en contra.

Entonces, esa gente estaba allí, con capacidad de irradiar, de articular con recursos de poder, con recursos económicos muy fuertes. Entonces, frente a eso empieza la crisis económica, se hacen más vulnerables a los gobiernos, más vulnerables estos procesos y empieza un proceso de degradación política muy fuerte.

El primero, el triunfo electoral de Mauricio Macri, como el que marca el hito… que parecía hasta impensable que pudiera ganar. En este contexto de crisis que tenía ya la Argentina, sí las rispideces, las contradicciones pero parecía que no iba a tener la posibilidad de ganar, de hecho gana por muy poco, pero lo más sorprendente es la velocidad con la que empieza a producir un proceso de transformación al punto de que hoy tenemos otra vez una deuda externa inmanejable. Que la empezaron a hacer desde el primer día, empezaron a endeudarse… pero hasta a nosotros nos sorprende la magnitud del endeudamiento, la magnitud de este proceso de deterioro económico social de todas las variables, tenés inflación, tenés recesión enorme, tenés desempleo y tenés un endeudamiento imparable, una alta tasa de interés, dólar altísimo… todas las variables explotaron.

Webber: Bueno, fuera de Macri, cómo caracterizas esta nueva ola de la derecha. Porque tenemos Macri, hasta Bolsonaro, hasta Piñera, hay inflexiones diferentes en diferentes países pero ¿cuáles son las características comunes y las particularidades, algunas particularidades?

Thwaites Rey: Lo que uno parece notar es el grado de intolerabilidad que tienen ciertos sectores sociales a los mínimos procesos de reformas. Y el temor exagerado a procesos que, para nosotros, no habían generado ninguna transformación muy profunda, sin embargo provocan una irritación y rechazo mucho mayor a lo que efectivamente produjeron estos procesos.

En algunos casos, tiene que ver con la inflamación de retórica, de confrontación más retórica que reales, que generan un antagonismo y es preocupante en cuanto a que, más allá de los procesos en sí, apareciera como una derecha latinoamericana, sobre todo, muy enojada contra toda la cosa que se ponga de izquierda. Que me parece que esa es una característica distinta a las derechas europeas que tienen sobre todo… sí los que identifican que la izquierda y los progresismos protegen a los inmigrantes… pero aquí, en la región, la idea de las izquierdas planteando igualitarismos no tolerables, y con el argumento de la corrupción… es decir, bueno, pero además son corruptos. Pero hay un fuerte sentimiento, la corrupción es una escusa, es una muy buena escusa porque si no, no te explicás cómo aceptan a personajes como los de Macri, que viene de una familia que se ha enriquecido con contratos del Estado, que él mismo ha tenido causas, entonces no es ningún ser impoluto que digas, bueno, es una persona honestísima.

Sin embargo, la idea… que no aparecía con tanta claridad en un principio, pero sí aparece la idea de… bueno el garantismo, en el caso de Argentina era la idea del sistema legal garantista, el sistema judicial de garantías de los derechos humanos. Entonces, ellos lo ven como la defensa del delincuente, la idea de la defensa del delincuente, la mano dura… que también pasa en Brasil. En Brasil pasa más exacerbado, más desembozado y con un racismo muy explícito. En Brasil te asusta la posibilidad de ese racismo explícito.

Y en la Argentina tiene ese componente de orden, de meritocracia y en la Argentina tiene ese componente muy particular del antiperonismo, es decir la idea del peronismo como un «plebeyismo» igualador, que vulnera la meritocracia de las que se sienten, sobre todo las capas medias de la Argentina, además de los sectores altos de las clases altas, herederos de una tradición de sus abuelos inmigrantes.

Nosotros muchas veces nos reímos, y decimos: acá hay una meritocracia hereditaria, porque su abuelito hizo méritos para toda su descendencia, porque hablan de los méritos. Entonces, hay este componente que tiene muy entroncada la idea del peronismo como lo de poner en plano de igualdad lo que no tiene que ser igual y no necesariamente antidemocrático, y eso es lo paradojal, porque es como… bueno… una democracia tiene que permitir que cada uno haga todos sus escaloncitos y sus méritos… y pareciera como que el peronismo lo que hacer es intentar saltarlos.

Pero, a su vez, no es solo el peronismo, porque ya en esta vuelta de tuerca que en el antikirchnerismo es un peronismo que se lo considera de izquierda, desde esa concepción. Entonces hay una rehabilitación de ideas que siempre estuvieron, porque uno dice por qué hay reacción de la derecha, porque la derecha siempre está ahí. No es que de repente aparecen. Estaba, siempre estuvieron. El tema es que en determinados procesos, retroceden porque no tienen posibilidad de articular sus propias demandas, porque la escena pública está hegemonizada por otros discursos y otras políticas, entonces no las pueden expresar. Hay un determinado momento en que eso refluye entonces salen y salen con todos sus fueros y con todas sus posibilidades de expresarlas, tienen los medios de comunicación que le dan forma, le dan forma a lo que está. Porque también es otra falacia creer que los medios de comunicación inventan todo y manipulan y a la gente la llevan de las narices, sino que le dan forma y le dan sustancia a aquello que está, que estaba. Lo que pasa es que después le dan esa encarnadura, entonces ahí es donde la disputa es más fuerte.

Además creo que, ciertamente, no hay que tener ninguna mirada conspirativa para saber que el Departamento de Estado norteamericano, a través de las embajadas, de agregados militares operó y sigue operando. Y bueno, la llegada de Trump acelera este proceso. Con resultados contradictorios y complejos, porque es tan brutal su accionas porque hasta espanta a los más propios, pero que están, están.

Entonces, por qué este ciclo, es porque el ciclo es de respuesta, el ciclo tiene características de derecha más particulares, más racistas en Brasil, menos xenofóbicos en algunos lugares que otros, no podemos decir que hay una derecha xenofóbica en la Argentina, por ejemplo, porque, si bien el recurso es muy fácil, de la inmigración, no termina de prender tanto porque no es un tema que… bueno, las inmigraciones en la Argentina son de los países limítrofes, sobre todo de Bolivia y Paraguay que es la mayor, y Perú, pero Bolivia y Paraguay es los que se recibe mayor cantidad de gente que está aquí, muy integrada, muy trabajadora en tareas que no compiten con las rareas que hacen los argentinos nativos. Es decir, siempre hay algún rebrote, siempre hay alguna posibilidad de que aparezca, pero no es tan exacerbado como en otros espacios. Lo que no quiere decir que no esté siempre el peligro de que eso sea exacerbado, si hay alguna necesidad política de exacerbarlo.

Webber: La última pregunta es, con todos estos nuevos gobiernos de la derecha, ellos tampoco tienen su propia salida a estas crisis, porque en el mercado mundial no hay una respuesta al 2008 todavía, entonces la popularidad de Bolsonaro es casi un 30% ahora, hay una crisis de Macri por las próximas elecciones, entonces ¿cuál es la probabilidad de una duración más larga de esta nueva derecha?

Thwaites Rey: Yo creo que hay una diferencia muy importante entre la ola de los 90, la ola neoliberal de los 90 con ésta. En los 90 había una ola que tenía una densidad económica, política e intelectual muy fuerte. Porque era una promesa de que aplicando determinadas medidas del consenso de Washington – privatización, desregulación, apertura, disciplinamiento fiscal – iban a producirse mejoras notables. Y, sobre todo, había el elemento de la globalización como un ariete para decir, bueno, en este proceso la globalización nos va a permitir acceder a distintos mercados, la soberanía del consumidor, era muy fuerte la promesa, muy fuerte la promesa de un bienestar que, además, era decir cómo salimos de los límites de los modelos «benefactoristas», y del gasto del Estado.

La promesa fue muy fuerte. Y en América Latina, llave en mano venía el proyecto, decía ustedes deben, tienen que aplicar estas políticas. Entonces el consenso de Washington hacía que las burguesías internas, encargadas de aplicar estos proyectos, no tenían que hacer ningún esfuerzo intelectual para plantearlo. Era bajar, llave en mano, venían con los créditos el Banco Mundial, el BID, todos los préstamos venían con un manual de procedimientos para conducir el Estado y decir, así funcionamos. Con las peculiaridades, obviamente, en Argentina tuvimos un proceso de convertibilidad, del uno a uno, que hundió al país pero venía, además, con una densidad intelectual muy fuerte.

Lo que parecen hoy las derechas es no tener rumbo. No hay ninguna cosa que encante y que muestre un rumbo enamorador, porque si seguimos todos para allá vamos a andar. No lo hay, no lo tienen porque las consecuencias de la crisis son muy brutales, no pueden mostrarlo, pero lo preocupante es que esto exacerba otro tipo de derechas más brutales, más xenófobas, más antipopulares y más dispuestas a usar la fuerza y la violencia, que es lo que empieza a preocupar.

Porque la pregunta es: ¿qué viene después de los fracasos de estos gobiernos restauradores de la corrupción? Y de la molestia, porque prometen cosas que no van a poder cumplir. Y qué es lo que viene luego, por eso es tan peligroso, por eso es tan peligroso la forma de resolución de la crisis venezolana. Por eso es tan peligrosa esa forma de resolución. Uno puede decir hay una lista enorme de errores y defectos y de problemas que ha tenido el chavismo poschávez, ¿no? El madurismo, que arrastra que no puede resolver cosas que ya venían de antes, uno puede discutir sobre todos los problemas que eso trae. Pero a como está, una confrontación planteada donde lo que hay es una restauración.

Yo creo que, igualmente, hay que ser cautos porque el apoyo que pudieron tener las incursiones en Medio Oriente de los gobiernos norteamericanos en estos años, tenían un componente muy fuerte que era el terrorismo que me atacó… el 2001, me atacan, son terroristas, vienen y nos matan a nosotros, es muy difícil pensar que Venezuela… qué te hace, qué te hizo un venezolano… porque es más parecido a lo de Cuba, con el lobby de los de Miami, es decir el lobby de Miami, qué son terroristas los cubanos… nunca pudieron expandir esa idea más allá de Miami.

Eso es un límite, pero con Trump uno nunca sabe qué se puede esperar, porque no sabemos cuáles son las lógicas que derivan de su escenario estratégico de cara a las elecciones y de cara a su posible reelección. Eso me preocupa porque desestabilizar al proceso venezolano de la peor manera es realmente uno de los temas importantes para la región. El cachivache este que hicieron en este día, esta locura con Guaidó, un golpe de Estado y que los gobiernos de derecha de la región salieran todos a apoyar una cosa que es a todas luces un golpe, que no implica que uno esté de acuerdo en cómo están llevándose las cosas adelante en Venezuela.

Pero también digo de qué otra manera podrían hoy, porque también es verdad que uno puede criticarlos pero, es decir, de qué manera lo harían ¿no? También hay que ser honesto y decir de qué manera lo harías distinto en este contexto de presiones internacionales. Es una incógnita. La honestidad intelectual nuestra tiene que ser, también, decir eso. Y uno escucha, escucha gente de Venezuela diciendo cosas muy duras, muy crudas y padeciendo cosas que son muy terribles y las comprendés y decís bueno… acá está lleno de… ahora de muchísimos venezolanos, generalmente no muy politizados, como no se politizó toda la… que dicen que la están pasando mal y lo odio a ese gobierno y vos no lo conocés y tienen razón.A ver, el tema es que lo que hay de en frente es un arrasamiento muy poderoso que la verdad que es para tener en cuenta cómo se recompone la situación.

Por eso, cuando en el 2015 hubo un ballotage en la Argentina y se discutía sobre qué hacer en ese sentido, discutimos, yo personalmente lo he escrito y lo he dicho, no es que Scioli que era el candidato del peronismo que iba a suceder a Cristina, fuera mejor o que tuviera… pero era algo muy claro que la señal política y los límites políticos que iba a poder tener Scioli eran muy distintos a los que tuvo Macri. La señal política de Macri, la llegada de Macri al gobierno habilitó el empoderamiento de las derechas en Venezuela que ganaron elecciones, habilitó el impeachment a Dilma Roussef, el encarcelamiento de Lula y la llegada de Bolsonaro. Uy… miren si no habilitó… la existencia… la ruptura, incluso ahora la ruptura del bloque incipiente y dificultoso pero que tuvo un sentido de pararse como nunca, en esta etapa hubo una serie de gobiernos que apostaban a armar otra cosa.

Lo que pasa es que eran gobiernos, gobiernos que son personal del Estado, o sea son cuadros políticos, personal estatal, que no logran disciplinar a burguesías locales muy entramadas con la lógica de circulación del capital global. Entonces, con muy poca visión de clase, en el sentido de organización, incluso es paradójico lo de la burguesía brasileña que siempre se la elogió, es la burguesía brasileña que es industrialista que tiene más noción de defensa de su territorio además por el tamaño del Brasil, todo… ha quedado muy diluida, muy sin rumbo, sin saber para dónde ir… que terminen apoyando al gobierno de Bolsonaro, que ahora no saben para donde va… que es cualquier cosa, entonces. La situación es compleja.

En la Argentina sí hay un recurso que permanece muy fuerte que es la capacidad de movilización y organización y articulación popular que existe. Si hoy la Argentina no estalló, así mal y con un estallido trágico para los sectores populares, es porque hay una trama que contiene una trama que se fue construyendo desde el 2000/2001, hay una trama en los barrios que el gobierno hábilmente toma y el Fondo Monetario financia, porque si no contenemos, acá se va todo al diablo, pero hay una situación de organización y capacidad de respuesta, que ahora, bueno, cómo se plasma políticamente el juego por la base y el juego a nivel electoral, cómo se juegan las candidaturas, cómo se arman los espacios políticos, está por verse ¿no? Estamos en momentos interesantes.

*Jeffery R. Webber es profesor de economía política en Goldsmiths, Universidad de Londres y coautor de Los gobiernos progresistas latinoamericanos del siglo XXI. Ensayos de interpretación histórica, con Franck Gaudichaud y Massimo Modonesi (UNAM, 2019).

Un encuentro fecundo entre Baruch Spinoza y Michel Foucault

Por Luís Roca Jusmet

Después de más de cuarenta años dedicado a la lectura de textos filosóficos puedo constatar que los dos pensadores que más me han marcado han sido Baruch Spinoza y Michel Foucault. De época (tres siglos les separan) y tradiciones filosóficas, ciertamente diferentes. Aunque, al contrario que su amigo Gilles Deleuze, Foucault no parece especialmente interesado en Spinoza. No es uno de sus múltiples referentes y lo cita poco, aunque en su último curso del Collège de France lo cita como ejemplo de vida filosófica. Algunos pensadores contemporáneos. como mi amigo Vicente Serrano, han escrito ensayos interesantes sobre los posibles vínculos entre ambos (primero en «La herida de Spinoza» y después en «El orden biopolítico»).

Lo que voy a escribir aquí es subjetivo y se refiere al encuentro fecundo que se ha dado en mi imaginario entre Spinoza y Foucault. Son filósofos que me han acompañado y estimulado durante décadas en mi itinerario espiritual. Digo aquí espiritual en el sentido apuntado por Pierre Hadot, el de una verdad transformadora.

Lo que realmente me resulta interesante es que los dos presentan un proyecto ético con dimensiones políticas. Un proyecto, además, que no es moralista. No hay unas normas universales a seguir. Cada cual debe ir construyendo sus normas de vida desde la singularidad de lo que es. Emancipado de las cadenas internas de las pasiones que te dominan y de las normas que te sujetan. Siendo capaz de decidir lo que te hace más libre y te produce más satisfacción, llámese alegría (Spinoza) o placer (Foucault). Lo que te hace, en definitiva, más potente (punto de conexión entre Spinoza y la vertiente nietzscheana de Foucault). No aislado ni en contra de los otros, sino cooperando, creando comunidades afines. Esto es un trabajo interior y continuo, podríamos decir que ascético, como diría Foucault en su última etapa, dándole la vuelta a la utilización nietzscheana del término.

El pensamiento como trabajo crítico es también un punto en común entre Spinoza y Foucault. El trabajo paciente del concepto en Spinoza contra el imaginario, el trabajo analítico de Foucault contra los discursos normalizadores. Pero entendido desde una tensión mantenida en la que no hay una verdad absoluta que nos ilumine, sino verdades relativas que nos permiten avanzar.

Tenemos, finalmente, el aspecto político. La política es importante para ambos, pero no es emancipadora. La política crea mejores o peores condiciones para la emancipación y por esto es importante. Esto quiere decir que no será las estructuras sociales, económicas o políticas las que nos llevarán a esta vida libre y satisfactoria. Este es un camino que cada cual debe recorrer y para ello hay que luchar por encontrar las condiciones sociales que lo permitan. Condiciones que, de entrada, han de ser materiales. Quién no tiene solucionado cómo sobrevivir no se planteará como vivir bien, que es lo que busca la ética. Condiciones que han de ser, por supuesto, políticas. Ambos fueron acérrimos defensores de las libertades cívicas y políticas, empezando por la libertad de expresión. ¿ Liberales? ¿republicanos ? Ninguno de los dos se definió de manera partidista pero ambos denunciaron las formas de dominio. Fueron radicales en el sentido que iban a la raíz de lo político.

Ambos fueron espíritus libres y murieron jóvenes (Spinoza a los 45, Foucault a los 56). Su propia vida ejemplificó esta propuesta ética que defendían. Fueron capaces de desarrollar sus capacidades en una vida intensa, que quizás podríamos llamar filosófica. Filosófica porque estaban mordidos por la inquietud hacia la verdad. Sus investigaciones fueron el centro de sus vidas pero cada una de ellas fue una experiencia transformadora. Vida y obra no pueden separarse. Ninguno de los dos fue capaz de aislarse de los acontecimientos políticos de su época y ambos se comprometieron contra aquello que, siguiendo la expresión de Foucault, era insoportable.

Raúl Zibechi: “Sabemos los límites de esta derecha y debemos pensar el día siguiente a ella”

Por Raphael Sanz

Pasados casi cinco meses desde la llegada de Jair Bolsonaro al poder, vimos que los movimientos populares volvieran a las calles en Brasil. Las protestas contra el ajuste en la educación la semana pasada dejaron bien claro que el actual gobierno no goza de ninguna tranquilidad, como hacía creer el clima en las calles del país luego de las elecciones. En Argentina, el gobierno Macri entrega una sociedad más empobrecida de lo que encontró y en Colombia, masivas manifestaciones tomaron las calles y carreteras del país contra un narco-estado que niega un proceso de paz sobre décadas de guerra interna. En Venezuela, bien, la presentación es innecesaria. Sobre esta coyuntura continental, entrevistamos al periodista e investigador uruguayo Raul Zibechi días antes de las manifestaciones del 15 de mayo en Brasil.

-Correio da Cidadania: En nuestra última entrevista, de enero de 2018 (1), hablamos de los errores del progresismo y el del fin de este ciclo que abría las puertas de un avance conservador. Bueno, en Argentina ya estaba Macri, pero cerca de un año después, el país más grande del continente eligió a Jair Bolsonaro como presidente. ¿Qué impresiones tienes de este gobierno y de su proyecto para el país?

Raúl Zibechi: Creo que la principal característica del gobierno Bolsonaro es que no tiene proyecto de país. Entre otras cosas, porque lo llevó al gobierno un movimiento que es de rechazo a la izquierda, pero apenas eso, un rechazo negativo que no es capaz de construir algo como una nación.

Esto contrasta incluso con el golpe de 1964, que era muy anticomunista pero tenía un proyecto que, en aquel momento, Ruy Mauro Marini definió como sub-imperialismo. Hoy el gobierno no tiene ni siquiera esa intención. Hay una idea de subordinarse a Estados Unidos, o más en concreto, al gobierno de Trump, pero eso ya no alcanza porque se trata de una potencia en declive que lo único que busca es alargar la caída.

Entonces estamos en un momento histórico muy diferente al de medio siglo atrás. El gobierno actual en Brasil es un gobierno sin rumbo, sin proyecto, sin perspectivas.

-Correio da Cidadania: ¿Ves una profundización del modelo extractivo, especialmente en las nuevas políticas para el agronegocio, la minería y la demarcación de tierras indígenas?

Es el mismo modelo de los últimos 20-25 años pero con menores trabas, con menos impedimentos para la expansión del agronegocios. Eso es cierto, pero no debemos perder de vista que es exactamente el mismo modelo, con las mismas características. Sólo que durante algunos años hubo ciertas trabas legales y políticas. Pero ya en la última década, o mejor en los últimos años de Dilma, esas trabas empezaron a levantarse.

-Correio da Cidadania: Si miramos los índices de popularidad del gobierno, que caen cada día y los movimientos sociales y populares que vuelven a organizarse, sumados a las propias peleas palaciegas entre militares y olavistas (2), ¿qué tipo de gobernabilidad tendrán?

Desde hace tiempo pienso que el fin del ciclo progresista no será sucedido por un ciclo conservador, sino por una gran inestabilidad. Hoy asume la forma de crisis de gobernabilidad permanente, de la cual Argentina es el mejor ejemplo, pero Brasil entra también en esa situación.

Un dato mayor en Brasil es que los militares están siendo los que imponen un poco de racionalidad, en casos como Venezuela, o de sentido común, en las reformas que se quieren implementar. Eso revela la profunda crisis de la clase política brasileña que ya no es capaz de gobernar con un mínimo de sentido común. Es evidente que esto no puede durar mucho, a ello sumo los cuatro años que le corresponden a Bolsonaro, si es que llega al final de su mandato. Ya tuvo que resignar al ministro de Educación y es probable que en algún momento caiga el canciller, aunque ya lo tienen neutralizado los militares.

Pero me gustaría decir, además, que la crisis de gobernabilidad es estructural y que va a afectar también a los progresistas si retornan al gobierno.

-Correio da Cidadania: ¿Crees que con las dificultades para gobernar, el gobierno pueda dar un giro aún más autoritario? ¿Cómo esto se aplica a liderazgos comunitarios y de movimientos sociales?

Hoy los gobiernos saben que navegan en aguas turbulentas. Los sectores populares son actores muy importantes y ellos tienen claro que Junio 2013 puede repetirse, lo que cambia todo. Un giro autoritario sería muy peligroso, lo intentan, claro, pero no lo veo como algo que pueda consolidarse. Otra cosa son acciones muy represivas, fuera de control, aparentemente, que sí son muy peligrosas. Por otro lado, si dejamos a las clases medias en sus barrios “nobres” y vamos a la favela, ¿qué sería un giro autoritario allí donde no hay otra cosa que autoritarismo militar, policial y de las milicias?

Por eso creo que no podemos hacer una lectura ideologizada como hace la izquierda electoral. Si somos realistas, sabemos los límites que tiene esta derecha y debemos pensar en el día después. O sea, ¿qué construimos, partidos electorales o movimientos de base que son los que pueden hacernos salir del modelo extractivo?

-Correio da Cidadania: En este contexto, ¿cómo se queda la situación de Venezuela?

Con un gran aislamiento internacional y una gran crisis interna. El gran problema es la economía y las finanzas. No consiguen mejorar la producción y en particular la extracción de petróleo que está cayendo cada mes y se sitúa en un tercio de la que tuvo cuando Chávez llegó al gobierno en 1999. Esto es el punto clave, porque si no consiguen enderezar PDVSA, la economía deja de funcionar en algún momento.

Además hay un grave problema con los precios y con la moneda. Se trata de problemas que no parecen encontrar el modo de resolverse y eso lleva a que el apoyo de la población al régimen chavista-madurista sea cada vez menor. Eso lleva a un cierre autoritario que es inevitable si no consiguen modificar la economía. A todo esto se suma la desestabilización política de la derecha y Estados Unidos y la agresión económica, que terminan de configurar un panorama muy difícil.

-Correio da Cidadania: Se miramos a otros grandes países del continente (3), vemos una Argentina completamente desfigurada, con las cifras de fuga de capital en las alturas, una reforma jubilatoria que despierta el más profundo rechazo de la población y movimientos de mujeres muy fuertes en las calles (4). Colombia, después de décadas de guerra interna, tiene manifestaciones muy fuertes en oposición a las políticas uribistas. ¿Qué lecciones podemos tomar de estas realidades vecinas?

Mi impresión es que en el trasfondo de toda esta situación tan crítica está la acumulación por despojo, por robo, eso que llamamos extractivismo y que se resume en monocultivos muy contaminantes, minería depredadora, grandes obras como Belo Monte y frenética especulación urbana. Esto es el modelo financiero en esta etapa de crisis del imperio y de retraimiento del capitalismo. No quiero hacer esa operación cosmética que hace una parte de la izquierda y que me parece tramposa: si cambia el gobierno y asumen los progresistas, ya no estamos en el neoliberalismo. No, el neoliberalismo no es un gobierno, es un sistema que tiene un pie en la economía de despojo, un pie en la sociedad militarizada (las leyes antiterroristas las aprobó la izquierda y son parte del modelo) y otro pie en la política. La única luz que tenemos en este período tan oscuro son los movimientos de mujeres y de indígenas, que en el fondo son muy parecidos porque tocan la tecla de la opresión y sólo se pueden combatir las opresiones partiendo del cuerpo.

-Correio da Cidadania: Volviendo a la entrevista de 2017, usted habló de Lenin Moreno, entonces el nuevo presidente de Ecuador, y que aún no se sabía si haría una gira a la derecha o no. Pasados dos años, ¿cómo podemos analizar este país, que en tiempos de Correa jugó un importante papel en el ámbito de los gobiernos progresistas?

No hay dudas de que Moreno hizo un viraje a la derecha, en alianza con el empresariado local y con Washington. Creo que ese viraje es para un buen tiempo, porque como lo demuestran las cifras, no es fácil que retorne Correa.

Ahora, hay que preguntarse cómo fue posible. La “traición” no explica nada, porque detrás de Moreno se fue la mayor parte de Alianza País que hasta el día anterior estaba con Correa. Mi impresión es que Correa dejó una situación económica muy mala, con un gran endeudamiento, y que había una gran tensión política sobre todo con los movimientos populares e indígenas. Correa se enemistó con los movimientos y éstos le pagaron apoyando a los adversarios de Correa. No comparto esa actitud, pero la entiendo.

-Correio da Cidadania: ¿Y cómo miras la entrega de Julian Assange por parte de Moreno? Más allá de las imágenes de sus fiestas y excesos, ¿qué esto dice sobre la libertad de prensa o el momento del periodismo, especialmente lo que va en contra de los intereses de los poderosos? ¿Cómo esto puede reflejar en un país como Brasil, donde según la Unesco, es el 6º país más peligroso para ejercer esta profesión?

La libertad de prensa no existe. Sólo hay libertades de todo tipo para las clases medias y altas, pero no hay libertades ni derechos para la mitad pobre, negra y favelada, y sobre todo para los y las jóvenes. Tenemos que crear nuestros propios medios, nuestros propios espacios y poderes, porque un pueblo con derechos pero sin poder, no es nada. Este es el punto. Seguir reclamando derechos y libertades al Estado, está muy bien para los sindicatos cuya base social son individuos con empleo en blanco, formal, con todos los derechos de seguridad social, pensiones, y acceso a la salud y la educación que viven en barrios donde hay saneamiento y así. Pero la otra mitad, la que no tiene empleo ni acceso a ningún servicio digno, pedir derechos no tiene sentido. Está bien que los pidan, pero si además construyen lo propio, “su” salud, “su” educación, o sea su propio mundo.

-Correio da Cidadania: ¿Cuáles son los desafíos más importantes puestos para el campo popular en esta coyuntura?

Lo que acabo de decir: construir el mundo propio. Ese mundo que tuvieron los obreros el siglo pasado, hasta que el Estado del Bienestar desmontó los ateneos, las escuelas populares, el tiempo libre de los obreros, todos los espacios de socialización que eran espacios de poder popular. Si no hacemos esto, estamos a merced de los poderosos.

Para mi esta es la estrategia más importante y eso implica pensar en el largo plazo. La clave de la resistencia de los pueblos originarios es esta, que no dejaron sus comunidades, que las siguen construyendo y sosteniendo. Veo que los pueblos negros están transitando un camino similar, re-construyendo quilombos, que son la clave de la acción popular no estatista como ya lo planteaba Abdias do Nascimento.(5)

Por Raphael Sanz
Correio da Cidadania

 

Notas

1) “El mayor error de los progresismos fue no haber tocado la riqueza; ahora vemos avance continental de las derechas” , Raúl Zibechi, Correio da Cidadania, 6 de janeiro de 2018.
2) Referencia a los partidarios del escritor Olavo de Carvalho, gurú ideológico del presidente Bolsonaro.
3) “La imposible gobernabilidad de las derechas”, Raúl Zibechi, Correio da Cidadania el 7 de mayo de 2019.
4) “Para aprobar reformas impopulares, gobierno Macri reinaugura era de violaciones del Estado”, Correio da Cidadania, 23 de diciembre de 2017.
5) Abdias do Nascimento (1914-2011), dramaturgo, actor, escritor y poeta, activista vinculado al movimiento en defensa de los derechos de los afrobrasileños. Doctor honoris causa en las universidades del Estado de Río de Janeiro (1993) y Federal de Bahía (2000), entre otras. En 1983 resultó electo como diputado federal por el PDT (Partido Democrático Trabalhista). En 1991 y entre 1997 y 1999 ejerció como senador. Sus discursos y proyectos de ley apuntaron a la superación del racismo y el apoyo al movimiento negro. Fue también secretario de Defensa de la Promoción de la Población Afrobrasileña de Río de Janeiro entre 1991 y 1994, y secretario estadual de Ciudadanía y Derechos Humanos del Estado de San Paulo entre 1999 y 2000.

http://www.correiocidadania.com.br/
Traducción de Raphael Sanz para Correspondencia de Prensa: https://correspondenciadeprensa.com/

Entre crisis de la democracia y guerra contra la democracia

Por Janette Habel

América Latina está viviendo un cambio geopolítico. La hegemonía de Estados Unidos está en declive relativo, mientras que se está profundizando la penetración económica china. La caída de precios de los productos básicos ha llevado a una desaceleración económica que reduce la base social de apoyo a los gobiernos nacional-populares. El gobierno de Donald Trump y sus aliados de la derecha radical latinoamericana han utilizado los escándalos de corrupción que han afectado a algunos políticos de la ola de izquierda de la década de los años 2000 para desacreditarlos, tomar el poder y pasar a la ofensiva, poniendo en marcha una contrarreforma social reaccionaria.

¿Cómo y por qué gobiernos provenientes de movilizaciones populares anti-liberales, elegidos democráticamente en la primera década del siglo XXI, han podido ser acusados de incumplir sus promesas, ser atacados por corrupción o complicidad con la corrupción y, en última instancia, ser expulsados por los depredadores neoliberales? Destacando las incertidumbres que rodean el futuro de América Latina, el muy liberal Financial Times[1] cuestiona la «ironía del destino que golpea a un subcontinente después de que se haya celebrado una década latinoamericana», durante la cual, “desde el Río Grande hasta la Patagonia, América Latina vivió una era democrática, se benefició de la estabilidad macroeconómica, de un período floreciente gracias al auge de las materias primas y de la demanda china. Cada año, millones de personas llegaron a engrosar las filas de una nueva clase media, el subcontinente fue desnuclearizado (por la firma generalizada del tratado de no proliferación) y los derechos de las comunidades indígenas empezaron a ser reconocidos. En un continente siempre marcado por el machismo, el movimiento de mujeres por su emancipación estaba despegando. La pobreza y la desigualdad estaban disminuyendo. Las multinacionales se apresuraban a tomar posiciones”.

Pero con el fin del auge económico y la crisis, los escándalos de corrupción explotaron, provocando la ira de los ciudadanos exasperados por las camarillas y las mafias presentes en las administraciones y los aparatos estatales. Transmitidos eficazmente por los medios de comunicación, según el Financial Times estos escándalos financieros explicarían los éxitos electorales de la derecha en Argentina, Chile, Brasil, Colombia, Ecuador, Paraguay y Perú. La constatación es precisa pero un poco limitada.

La revelación de casos de corrupción financiera por parte de grandes empresas, especialmente brasileñas, en relación con los líderes políticos de primer nivel, desempeñó un papel en el giro a la derecha de los electorados latinoamericanos. Pero estas prácticas no son nuevas en el continente, aunque si han adquirido una mayor dimensión con la liberalización del comercio y la globalización. De hecho, han sido instrumentalizados al servicio de una estrategia de desestabilización implementada por la administración estadounidense, cuya dominación se vio amenazada en su patio trasero. Ante el desafío hegemónico que le opone a China, Washington ha emprendido una prueba de fuerza contra la creciente penetración económica de Pekín en el subcontinente.

Si la crisis venezolana es la más dramática, otros gobiernos que han encarnado una esperanza para los pueblos de la región se han derrumbado. Brasil y Argentina, por mencionar solo los más importantes, han experimentado crisis políticas e institucionales internas muy graves. Algunos de los países agrupados en la Alianza Bolivariana para las Américas[2](ALBA) también están experimentando tensiones muy significativas. Rompiendo con las políticas del ex presidente Rafael Correa y rechazando los compromisos de su campaña electoral, su sucesor, Lenin Moreno, abandonó el ALBA. En Nicaragua, los movimientos populares hacen vacilar el despotismo familiar de la presidencia de Daniel Ortega. Bolivia parece ser una excepción. El presidente boliviano firmó en Pekín en 2018 un pacto que convierte a su país en «un socio estratégico» de China. Pero la política económica de Evo Morales es cuestionada por algunos movimientos indígenas. El presidente de Bolivia tiene a su favor la modernización económica del país y el reconocimiento del indigenismo, pero, en contra suya el desgaste del poder personal. A pesar de un referéndum en 2016, en el que los bolivianos dijeron «no» a un cambio en la Constitución que permitiese a Evo Morales postularse para un cuarto mandato, este último será candidato a la elección presidencial en octubre de 2019. La elección tendrá pues el valor de un test. Para Cuba, que se había beneficiado de un entorno regional muy favorable, las consecuencias de los reveses y las derrotas de sus aliados son tanto más graves por cuanto que la isla está involucrada en un cambio generacional de liderazgo y en una transición económica y social repleta de peligros, mientras que D. Trump ha reforzado las sanciones económicas ya incluidas en la Ley Helms Burton. Por primera vez desde el «período especial» tras el colapso de la Unión Soviética, la isla conoce penurias económicas y de medicamentos que amenazan la salud de la población y pueden resquebrajar el régimen.

Si bien la creciente penetración de China, que se ha convertido en el principal consumidor mundial de materias primas, facilitadora de préstamos y créditos, se ha utilizado para modernizar las economías, la caída de los precios de las materias primas ha provocado una desaceleración e incluso una interrupción del crecimiento en la mayoría de los Estados de la región. La re-primarización de las economías, vinculada al auge de los precios de las materias primas, ha tenido consecuencias ambientales significativas. La sobreexplotación de los recursos naturales y las políticas extractivistas han llevado a movilizaciones indígenas significativas en Ecuador, Bolivia, Brasil, Colombia, Perú, Chile, entre otros. Las políticas sociales implementadas en la primera década del siglo XXI -transferencias sociales condicionadas, programas asistencialistas- han sido cuestionadas, fragilizadas por una concepción política cortoplacista.

2. La contraofensiva americana

Pekín es ahora designada por Washington como «un adversario estratégico»[3]. La administración estadounidense ha preparado su respuesta para preservar su hegemonía declinante dentro de su perímetro de seguridad. En una entrevista publicada el 9 de abril de 2019, periodistas de Reuters informaban sobre los comentarios de dos altos funcionarios de la Administración Trump respecto a la estrategia del presidente de Estados Unidos hacia Cuba y Venezuela. A la pregunta de los periodistas que cuestionaban la efectividad de la política implementada con respecto a estos dos países, la respuesta de los dos altos funcionarios fue inequívoca: «Hay que tomar en serio nuestras declaraciones respecto a Cuba y Venezuela. Algunas personas piensan, o tal vez esperan, que el presidente Trump esté mintiendo y que no tenemos una estrategia. Tenemos una estrategia integral. Este es nuestro patio trasero, esto es muy serio”. Una afirmación confirmada desde el 2 de mayo por el Secretario de Estado Mikel Pompeo, “Todas las opciones están sobre la mesa”, ha afirmado.

Al explotar la crisis venezolana, la Casa Blanca ha podido establecer un nuevo mecanismo regional en el subcontinente, «para ayudar a la oposición a liberar al país de la tiranía de Maduro». Con PROSUR, Trump ha creado en marzo de 2019 su propio bloque sudamericano contra Venezuela, Bolivia, la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR)[4], y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (CELAC), procesos de integración en los que Estados Unidos estaban ausentes. Todos los miembros de PROSUR son parte del Grupo de Lima[5], un bloque que formado para repudiar a Nicolás Maduro. El vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence, estuvo presente en su última reunión, así como Juan Guaidó, el autoproclamado presidente de Venezuela.

La administración Trump también ha reorganizado su dominación en el Caribe, sacudida por las redes diplomáticas construidas por Hugo Chávez alrededor de Petro Caribe, un acuerdo de suministro de petróleo en condiciones preferenciales, muy beneficioso para las pequeñas islas del Caribe. Las nuevas iniciativas de los Estados Unidos, la Iniciativa de Seguridad Energética del Caribe y la Estrategia del Caribe 2020-, están destinadas a ser un contrapeso de Petro Caribe. De manera similar, las nuevas inversiones prometidas por los EE.UU pretenden contrarrestar los efectos de la creciente presencia de China en ciertos estados del Caribe (Trinidad y Tobago, Granada, Dominica, Antigua y Barbuda y la República Dominicana) que se han unido al proyecto Rutas de la seda.

Con la elección de Hugo Chávez se lograron progresos significativos en términos de integración regional, pareció haberse materializado la esperanza de un acercamiento latinoamericano independiente con su gran vecino del norte, gracias en particular al el acuerdo alcanzado entre el presidente brasileño Lula y el presidente venezolano en Mar del Plata en 2005, que había frustrado la propuesta del Área de Libre Comercio de las Américas (ZLEA o ALCA) impulsado por Washington. Pero el proyecto bolivariano de emancipación de la tutela del gran vecino del norte se ha desvanecido. El fracaso del ALCA fue una derrota para la administración estadounidense de importancia estratégica. Esta zona de libre comercio se extendería desde Alaska hasta Tierra del Fuego. Con casi mil millones de habitantes, este proyecto geopolítico habría cambiado las relaciones de fuerza internacionales. Deseada por Washington, su capital, Miami, habría santificado la preponderancia americana.

3. La internacionalización de la cuestión venezolana: ¿hacia una nueva guerra fría?

La catastrófica situación venezolana va mucho más allá del continente latinoamericano. Para el investigador Jean-Jacques Kourliandsky[6], «está surgiendo en Venezuela un punto de tensión que revela lo que sucede en las relaciones internacionales, con el riesgo de volverse a plantear, de otra manera, el conflicto que tuvo lugar entre los Estados Unidos y la Unión Soviética en el siglo XX. Se vuelve a las rivalidades entre las potencias mundiales. Este caso de Venezuela ofrece un terreno oportuno para esta oposición». Alain Frachon, editorialista de Le Monde[7] se pregunta, él también: «¿Habríamos regresado a una forma de guerra fría entre Occidente y el bloque chino-ruso? No, porque la globalización económica ha tejido entre ellos una red de relaciones económicas sin precedentes». «Todavía no, porque Occidente está desunido», dice Frachon. Sin embargo, la Unión Europea (UE) se ha alineado con las posiciones de Donald Trump al apoyar de manera inmediata y sin reservas al autoproclamado presidente interino Juan Guaidó. Para el investigador venezolano Edgardo Lander, «el proyecto del Sr. Pompeo y D. Trump se basa principalmente en la interferencia externa de los países del llamado grupo de Lima y Estados Unidos, que buscan provocar un cambio de régimen, una operación en la que Guaidó es solo un peón. Ha surgido casi de la nada, no era muy conocido fuera de su partido, Voluntad Popular«, un partido de extrema derecha que representa el sector más violento de la oposición. «Muchos políticos de los partidos de la oposición se sorprendieron por la autoproclamación de Guaidó, mientras que Trump, que estaba al corriente, lo reconoció después de solo diez minutos. Le siguieron más de 50 países», comenta Lander, incluidos muchos gobiernos latinoamericanos. N. Maduro cuenta con apoyo externo, especialmente de China y Rusia. El secretario de Estado estadounidense, M. Pompeo, acusó a Rusia y Cuba de ser responsables de la crisis política venezolana. Moscú ha expresado su intención de asumir el desafío lanzado por Washington. Rusia tiene importantes intereses financieros en el país, a través de la presencia del gigante petrolero estatal Rosneft, que ha concedido préstamos a Caracas. El Tesoro americano ha acusado a Rosneft de comprar petróleo a su homóloga, la compañía petrolera de Estado PDVSA (Petróleos de Venezuela SA) y ha impuesto ilegalmente sanciones al banco ruso Evrofinance Mosnarbank, acusándolo de complicidad en estas operaciones. «Rosneft no está involucrado en política y lleva a actividades puramente comerciales en Venezuela», dijo la empresa estatal. La oficina de la compañía petrolera venezolana PVDSA en Portugal cerró y se trasladó a Moscú. En marzo, la presencia de dos aviones militares rusos que transportaban cien soldados y 35 toneladas de equipo en el aeropuerto de Caracas aumentó la tensión. El presidente Donald Trump ordenó a Rusia abandonar el territorio venezolano[8] mientras que el vicepresidente Mike Pence denunció una «provocación» por parte del Kremlin y el secretario de Estado Mike Pompeo una «intrusión persistente del personal militar ruso» destinada a «apoyar el régimen ilegítimo de Nicolás Maduro». Los rusos han relanzado un programa de aviación nuclear de largo alcance, que habían interrumpido desde el colapso de la URSS. «Se encuentran nuevamente en posesión de aviones que tienen la capacidad estratégica de recorrer el mundo, volar a todas partes equipados y lanzar bombas nucleares. Caracas permite a estos aviones hacer una parada técnica»[9].

Continuando su ofensiva internacional, Mike Pompeo instó vivamente al gobierno indio a no comprar petróleo venezolano. El mercado indio es de hecho muy importante para la economía venezolana, dado el embargo de petróleo de los Estados Unidos. «Le estamos pidiendo a la India, así como a otros países, que no sean un salvavidas para el régimen de Maduro. Confío en India, que ha sido un partidario muy activo de nuestros esfuerzos en Irán y creo que será lo mismo ahora y que entenderá la amenaza para el pueblo venezolano»[10].

La administración de los Estados Unidos ha reactivado el Título III de la Ley Helms Burton (que lleva el nombre de sus autores, el senador republicano Jesse Helms y el representante demócrata Dan Burton). Esta ley federal de los Estados Unidos, titulada Cuban Liberty and Democracy Solidarity (Libertadi), permite emprender acciones legales contra compañías extranjeras, especialmente europeas, presentes en Cuba. Esta ley cuyo alcance es extraterritorial fue promulgada en 1996 bajo la presidencia de Bill Clinton. Especialmente trata de impedir la «competencia desleal» de la inversión directa de compañías extranjeras en Cuba, mientras que las compañías estadounidenses no pueden invertir debido al embargo, de imponer la extraterritorialidad del derecho estadounidense en el terreno internacional (como en Irán), y de asfixiar económicamente a la isla, ya estrangulada por las consecuencias de la crisis venezolana.

John Bolton, Consejero de seguridad nacional de Donald Trump, ha revelado los objetivos reales de la ofensiva actual: «Si las compañías petroleras estadounidenses pudieran invertir en Venezuela y producir petróleo, eso haría una gran diferencia. Sería bueno para el pueblo venezolano. Sería bueno para el pueblo estadounidense. Este es un problema para nuestros dos países, debemos asegurarnos de que el resultado de esta situación nos sea favorable».

4. La implosión de un proyecto nacional popular

Es en este contexto geopolítico que entienden los fracasos de los gobiernos progresistas en la primera década del siglo XXI. Tras sus victorias electorales se enfrentaron a un triple desafío: económico, social, institucional. El presente texto no puede analizar las causas políticas particulares de las crisis actuales en los diversos Estados latinoamericanos, de los cuales la catástrofe venezolana es la más significativa. Se han acumulado los errores, sobre todo bajo la dirección de N. Maduro, pero la revolución bolivariana se ha enfrentado desde sus inicios a dificultades considerables, compartidas en diversos grados, más allá de sus diferencias, por otros países de América Latina. Criticando las políticas económicas neoliberales inspiradas en el Consenso de Washington y sus fracasos con consecuencias sociales desastrosas, los nuevos gobiernos nacional-populares han aprovechado un entorno favorable para implementar políticas redistributivas. Apoyándose en la potencia pública[11], han financiado importantes programas sociales, mediante el impulso de políticas de salud, de educación, destinadas a reducir las enormes desigualdades sociales de todo el continente, cuyos efectos de arrastre permitirían tasas de crecimiento duraderas. Pero esta estrategia desarrollista, basada en la explotación y la exportación de materias primas, minerales y productos agrícolas, ha sido sacudida por la caída de los precios de materias primas desde los años 2012-2013. Hugo Chávez muere en 2013. Cuando su sucesor designado, Nicolás Maduro, accede a la presidencia, la crisis está ahí.

A principios de la década de 2000, Caracas podía contar con un maná considerable de petróleo: el precio del barril de petróleo oscilaba en torno a los 130 dólares, y Chávez había sabido cómo usar esta renta para implementar medidas sociales e impulsar una política de solidaridad internacional. Pero los efectos de la caída en el precio del barril de petróleo a 40 dólares en el período 2013-2014 serán dramáticos, como en otros países, por ejemplo, Argelia. Si Venezuela tiene las reservas de hidrocarburos más grandes del mundo, su soberanía alimentaria no está asegurada. La economía venezolana depende en el 80-90% de sus exportaciones petroleras; sin embargo, a pesar de la volatilidad conocida de los precios, no se ha iniciado una diversificación económica importante para reducir esta dependencia. En una economía basada en la exportación de hidrocarburos, la alimentación y muchos bienes esenciales dependen de las importaciones. Con una moneda en colapso, la escasez de alimentos y medicinas se está multiplicando y los precios se disparan. Según el FMI, la tasa de inflación debería alcanzar el 10 000 000% en 2019[12]. A lo que se suman las sanciones americanas. Para Mark Weisbrot y Jeffrey Sachs[13], estas penas son un castigo colectivo: «Más de 300.000 personas están en riesgo de falta de medicamentos o de tratamiento. 80.000 personas con VIH no han recibido tratamiento desde 2017, 16.000 personas se encuentran en espera para diálisis, 4 millones de diabéticos e hipertensos carecen de insulina y de medicamentos cardiovasculares”.

La caída de los precios de las materias primas también ha tenido graves consecuencias sociales y políticas para el resto del subcontinente: el retorno de la pobreza y la miseria, la inflación galopante, el crecimiento de los flujos migratorios, la explosión de la violencia social y la delincuencia relacionada con la expansión del narcotráfico. Han seguido las rupturas institucionales, alimentadas por los casos de corrupción que afectaron a los gobiernos. La crisis de la representación política es general, como lo demuestra la elección de Jair Bolsonaro en Brasil, Iván Duque en Colombia y Mauricio Macri en Argentina. Todos estos elementos han provocado una crisis democrática tanto más seria que anula las esperanzas generadas por el surgimiento de gobiernos de movimientos populares, cuya legitimidad inicial ha colapsado, facilitando el surgimiento de líderes de derecha y de extrema derecha. Como señaló el ex ministro brasileño, Celso Amorim, «este aumento fue a través de las urnas: el poder económico y los medios de comunicación desempeñaron un papel muy importante, a veces decisivo en estas elecciones, ya sea a través de golpes de estado parlamentarios -las destitucionessin un delito de responsabilidad- como en Brasil»[14]. De hecho, la destitución de Dilma Rousseff por insinceridad presupuestaria se llevó a cabo a favor de un sucesor ultra-corrupto, Michel Temer, ahora encarcelado. Pero Amorim también recuerda que el gobierno de Lula nunca ha podido contar con una mayoría en el Congreso y que «siempre se ha visto obligado a formar alianzas con ciertos sectores de la élite conservadora. Nos enfrentamos al mismo problema con los medios. Éramos conscientes que era necesaria una reforma de la legislación sobre los medios de comunicación e información para prevenir los monopolios y garantizar un mínimo de pluralismo. Pero realmente no teníamos el poder para hacerlo». Ello requeriría una revisión completa del sistema electoral e institucional. Una confesión que resalta los límites de la «ocupación» del poder.

El paralelismo entre la crisis venezolana bajo la presidencia de Maduro y la expulsión del poder de Lula en Brasil es obviamente limitado. El punto común es la contraofensiva estadounidense. La judicialización de los políticos acusados ​​de corrupción ha sido explotada para permitir el recurso a los dirigentes de extrema derecha. ¿Pero las manipulaciones obvias de la diplomacia estadounidense son suficientes para explicar los desplomes y las derrotas? Muchos críticos cuestionan las estrategias económicas y las concepciones políticas adoptadas.

5. De Chávez a Maduro: continuidad y crítica

¿Se debe incriminar la política de Hugo Chávez? Hay que recordar las principales contradicciones a las que se enfrentó. Cualquier análisis de la situación venezolana actual debe comenzar por un recordatorio de la situación geopolítica, económica y social del país antes de su elección. Venezuela era un país en crisis, como constataban en el 2009 Olivier Compagnon, Julien Rebotier y Sandrine Revet: «la crisis es la de una economía petrolera que no había salido salir de las lógicas rentistas heredadas del pasado y que en 1983 había sufrido de pleno la contracción del mercado petrolero y la caída de los precios del petróleo. Crisis económica a la que se sumó una «crisis social durante el Caracazo de febrero de 1989 y su sangrienta represión»[15].

Emprender un proceso de diversificación económica y desarrollar la industria agroalimentaria requiere tiempo y dinero. Sin embargo, el horizonte temporal disponible para Hugo Chávez estuvo limitado por el respeto al calendario, las restricciones electorales y por la necesidad de enfrentar una oposición que nunca aceptó su victoria y buscó en 2002 derrocarlo con un golpe de Estado. Además, la reconstrucción de un modelo de desarrollo basado hasta entonces en los ingresos del petróleo se enfrenta a los intereses de los grupos económicos y los sectores del aparato estatal que están vinculados a ellos. Al beneficiarse de mayorías electorales muy amplias y de una coyuntura favorable, basadas en una inmensa popularidad, Chávez buscó eludir el antiguo aparato estatal mediante la creación de Consejos Comunales populares, instrumentos de una democracia más participativa. En su tercera reelección hizo del «Estado comunal» el curso «irreversible» del país, con el objetivo declarado de cubrir a toda Venezuela de los Consejos Comunales antes de 2019, en lugar de los ayuntamientos, mientras se mantenía dentro del marco de las instituciones parlamentarias[16]. Pero con el tiempo, se multiplicaron las tensiones entre las instituciones estatales y los consejos comunales, demasiado dependientes del poder presidencial.

Después del golpe de estado de 2002, el Estado Mayor y los oficiales superiores del ejército habían sufrieron cambios significativos. Miles de ejecutivos de PVDSA también fueron destituidos después de participar en una huelga general para derrocar al gobierno. Chávez instituyó un modo de gobierno popular validado por las elecciones, pero paternalista y autoritario. Un liderazgo carismático basado en una legitimidad política que N. Maduro no heredará. La muerte de Chávez en 2013 coincidió con la crisis. Su sucesor designado fue elegido con un pequeño margen. Se enfrentará de inmediato a las consecuencias del colapso de los precios del petróleo. Muy rápidamente, la oposición, ayudada por la administración de Trump, intensificará su ofensiva contra un poder debilitado. El débil consenso de que disfrutaba inicialmente el nuevo presidente se desmoronó. Entonces, el desastre cayó sobre la población. ¿Cuáles son las causas? Las opiniones divergen. El ex asesor de Chávez, Temir Porras, cree que «debe tenerse en cuenta que antes del colapso, el país había alcanzado los más altos estándares de vida de su historia. Fue hace cinco años. Si ese descenso a los infiernos es tan importante, también es porque comenzamos desde lo alto. Muchas personas habían salido de la pobreza, una clase media estaba empezando a crecer, el salario mínimo había sobrepasado los 300 dólares. También debe tenerse en cuenta que Venezuela ha estado profundamente dividida desde 1999 entre dos polos sociales: el chavismo y el anti-chavismo. Estas dos fuerzas existieron antes de la crisis, y eso explica por qué la oposición presenta la situación actual como un producto directo de las medidas de justicia social adoptadas hace 12 o 13 años. En mi opinión, debemos buscar las fuentes de esta crisis más en el corto plazo, en lo que ha hecho la administración de Maduro en los últimos cinco años».

El investigador Thomas Posado[17] critica las decisiones de N. Maduro. «Encerró a Venezuela en este paradigma extractivista, al promulgar, en 2016, un decreto conocido como el Arco Minero del Orinoco, que confía 112.000 km2 (equivalente a la superficie de Portugal) a multinacionales extranjeras para la explotación de oro, de diamantes, de hierro, de cobalto, de bauxita y de otros minerales». El economista venezolano Simón Andrés Zúñiga discute las decisiones tomadas: «El bloqueo y la piratería de los fondos del gobierno imponen una moratoria al pago de la deuda«. Un juicio compartido por Eric Toussaint, quien denuncia «la continuación del pago de la deuda externa en lugar de declarar una moratoria» y utilizar los recursos financieros ahorrados para enfrentar mejor la crisis humanitaria que está afectando al pueblo venezolano. A partir de 2016[18], el Comité para la Abolición de Deudas Ilegítimas (CADTM) instó al gobierno venezolano a realizar una auditoría de la deuda con la participación de los ciudadanos». Una proposición teóricamente correcta, pero difícil de aplicar dado el equilibrio de poder. Éric Toussaint tiene otras reservas: «la ausencia de una lucha contra la fuga de capitales, organizada con la complicidad de las más altas autoridades de la administración y el gobierno, la continuación del modelo exportador extractivista que favorece el agotamiento de los recursos naturales del país, la represión contra los delegados sindicales y otros activistas, el desarrollo de políticas clientelistas». Juicios rigurosos retomados por Ángel Arias[19], para quien «una de las razones de la ruina económica del país es la transferencia de los ingresos estatales, provenientes de la renta petrolera, a las manos de actores privados, tantos ingresos que se fueron al extranjero y que nunca se han invertido» mientras que «los diferentes grupos de la burguesía nacional (antiguos y nuevos) nunca han dejado de tener a su disposición dólares de la renta petrolera. ¿Cómo explicar sino la fuga de capitales, de hasta 500 mil millones de dólares, en los últimos años? «.

Agreguemos un gran error político: en diciembre de 2015, la oposición gana las elecciones parlamentarias, una derrota reconocida por primera vez por Nicolás Maduro, pero que acabará por no reconocer. En julio de 2017, elude al Parlamento al elegir una Asamblea Nacional Constituyente, una elección boicoteada por la oposición que denuncia una maniobra política. El gobierno se debilita, Washington intensifica su ofensiva, refuerza las sanciones económicas. Minada por la crisis, la base social del gobierno se fractura, los chavistas se refugian en gran parte en la abstención sin llegar a unirse a la oposición. El precio a pagar por estos errores es alto, errores políticos que Chávez no había cometido. Derrotado en 2007, en un referéndum que proponía una reforma constitucional que aseguraría «la transición del país al socialismo», reconoció su derrota. A partir de entonces, Maduro queda aislado internacionalmente, y puede comenzar la operación de Guaidó, preparada desde hace mucho tiempo. Frente a la desmovilización popular, el apoyo de las Fuerzas Armadas Bolivarianas (FANB) se ha vuelto decisivo. Muy insertadas en la economía, disfrutan de muchos privilegios y algunos de sus oficiales están acusados ​​de corrupción. Columna vertebral del estado, son esenciales para la supervivencia del régimen. Las deserciones tan esperadas han sido muy limitadas.

La gravedad de la crisis es tal que es difícil prever el resultado. Sin embargo, ¿cómo se puede explicar que Maduro logre mantenerse en el poder a pesar de una crisis económica y social tan profunda? ¿Qué apoyos populares tiene todavía? Su creciente autoritarismo es fuertemente cuestionado. Pero el respeto de la autonomía de los movimientos sociales y del movimiento sindical nunca ha sido el punto fuerte del chavismo[20]. Las divisiones entre la autonomía o la dependencia del gobierno, la prioridad dada a la defensa de la revolución sobre la defensa de los derechos de los asalariados/as, han causado muchas rupturas en los sindicatos. Sin embargo, el gobierno continúa beneficiándose del apoyo de una parte de la gente, señala un académico. «Con Chávez, se han producido cambios político-culturales, con una transferencia de poder a la población. Ésta tenía un sentido de dignidad. Se sentía facultada para influir en su propio futuro y como parte de un proceso de transformación y ya no como un grupo marginado que anteriormente ni siquiera estaba presente en el discurso político. Ello ha ayudado a construir esta fuerte lealtad que todavía está presente, a pesar de que la gente vive hoy en peores condiciones que antes de Chávez. Existe todo un sistema de clientelismo y control político: muchas familias dependen principalmente de los programas gubernamentales. Pero debemos tener en cuenta la dimensión político-cultural del chavismo. Sin esta gran lealtad, que se alimenta de los primeros años del proceso bolivariano, el control clientelista no funcionaría en absoluto. Pero hay otro elemento de estabilidad: El miedo a perder todos los derechos adquiridos en caso de victoria de la oposición». Rafael Uzcategui, coordinador de Provea, una ONG que defiende los derechos humanos, confirma: «la oposición no ha podido proponer un proyecto de país creíble».

El fracaso de los gobiernos progresistas latino-americanos, apoyados sobre movimientos populares de masas, vuelve a plantear cuestiones fundamentales. ¿Cómo desarrollar una política económica de «proteccionismo solidario», como la llevada a cabo por Chávez, en el marco de la globalización y las sanciones estadounidenses? ¿Cómo diversificar los recursos económicos y garantizar la soberanía alimentaria en el contexto de un desarrollo sostenible que respete el medio ambiente? El aparato de Estado, sus instituciones, se mantuvo sin cambios en Brasil con el resultado que conocemos. Los cambios institucionales impulsados ​​por Chávez no han permitido profundizar el proceso revolucionario bolivariano. Finalmente, ¿cómo confrontar a las oligarquías nacionales, cómo lidiar con la violencia imperial?, en fin ¿cuál es la posible legitimidad democrática en un país en guerra? Cuarenta años después de la caída de las dictaduras, estas cuestiones estratégicas siguen sin respuesta.

Janette Habel es profesora titular en el Instituto de Estudios Superiores de América Latina y miembro del Consejo Científico de Attac-Francia.

Traducción: viento sur

https://france.attac.org/nos-publications/les-possibles/numero-20-printemps-2019/dossier-lien-entre-l-evolution-des-rapports-internationaux-et-la-democratie/article/l-amerique-latine


[1] Financial Times, 29/11/2018.

[2] Creada en 2004 a initiaciva de Venezuela y de Cuba, el Alba comprende a once países: Antigua y Barbuda, Bolivia, Cuba, República Dominicana, Granada, Nicaragua, San Cristóbal y Nieves, Santa Lucía, San Vicente y las Granadinas, le Surinam y Venezuela.

[3] El comercio total entre China y América Latina ha pasado de 12 mil millone en 2000 a 280 mil millones de dólares en 2017. Alexander Main, “Is Latin America still the United States backyard ?”, RIS, N°117, 2018.

[4] UNASUR nació en 2008 a iniciativa del presidente Hugo Chávez. Reunía a las 12 repúblicas de América del Sur.

[5] Argentina, Brasil, Canadá, Colombia, Costa Rica, Chile, Guatemala, Guayana, Honduras, México, Panamá, Perú, Paraguay, Santa Lucía.

[6] Jean-Jacques Kourliandsky, La Croix, 29 de marzo de 2019.

[7] Le Monde22/3/2019.

[8] Le Figaro, 28/3/2019.

[9] Christophe Ventura, Le vent se lève, 3 de mayo de 2019.

[10] Reuters.12 de marzo de 2019, “Pompeo rejette la responsabilité de la crise vénézuélienne sur la Russie et Cuba”.

[11] G.Flexor, R.Dias, Da Silva, Jenifer Pinto, “Le nouveau développementalisme, propositions et limites”, Cahiers des Amériques Latines N° 85, 2017.

[12] Center for Economic and policy research (CEPR), “Economic sanctions as collective punishment : the case of Venezuela”, abril de 2019.

[13] Center for Economic and policy research (CEPR), “Economic sanctions as collective punishment : the case of Venezuela”, abril de 2019.

[14] Celso Amorim, “La crise systémique brésilienne et le miroir latino américain”, La revue internationale et stratégique, RIS, N° 111, 2018.

[15] Olivier Compagnon, Julien Rebotier et Sandrine Revet, Le Venezuela au delà du mythe, Éditions de l’Atelier, París, 2009.

[16] Cf. la tesis de Anne-Florence Louzé : “Peuple et pouvoir dans le Vénézuéla de Hugo Chàvez, une voie d’avenir pour la démocratie ?”, Universidad París 8, 2009.

[17] Thomas Posado, “Tournant à gauche en Amérique latine : fin de cycle ?”, Recherches Internationales, N° 107, 2016.

[18] “CADTM / AYNA exhorta y ofrece apoyo al gobierno venezolano para Auditoría Ciudadana de la Deuda”, 9/5/2016.

[19] Sociólogo y militante venezolano de la Liga de Trabajadores por Socialismo (LTS).

[20] Cahiers des Amériques latines “Syndicalismes et gouvernements progressistes”, N° 86, 2017.