Entrevista a Raúl Zibechi, escritos y pensador-activista uruguayo

Debemos ser coherentes en no ser consumistas, en respetar el medio ambiente, en relacionarnos de modo no mercantil con la naturaleza y con los seres humanos.

Periódico Rojo y Negro

– Raúl, para las gentes de CGT, la actual coyuntura social y política, desde el punto de vista estratégico, es decir, el que proponemos, planteamos y hacemos frente al avance de la revolución neoliberal y su vertiente más derechizante (los Trump, Bolsonaro, Macri, Salvini, la tríada española -Casado, Rivera, Abascal), nos obliga a pensar y repensar en la necesidad de construir un movimiento multifocal, es decir, con muchas caras precarizadas, ninguneadas, desahuciadas, expoliadas, diversas, asesinadas y empobrecidas física y subjetivamente, que suponga un freno radical a la barbarie, para ser capaces (al menos intentarlo) de mostrara la sociedad que existen modos, colectivos y herramientas para construir un futuro digno para las personas y el medio natural en el cual desarrollamos la vida. ¿Cómo lo ves, lo piensas y lo vives desde tu perspectiva y si existe alguna posibilidad?

° Primero quisiera decir que todas las corrientes de la izquierda hemos fracasado: socialistas, comunistas, maoístas, trotskistas, anarquistas, socialdemócratas… todas hemos cosechado derrotas. Reconocerlo no debería ser un problema, ya que el primer paso para enderezar el camino es ese, aceptar que las clases dominantes han conseguido en las dos o tres últimas décadas imponer su modelo de sociedad que, como dices, es cada vez más derechista.

Luego habría que ver cómo está nuestro mundo, o sea los de abajo, los trabajadores, el mundo popular o cómo le quieras llamar a esa diversidad de personas explotadas y oprimidas. Y lo que observamos es precisamente un gran arco íris de diversidades de todo tipo. Somos diversos en géneros, generaciones, colores de piel y procedencias; pero también en el tipo de relaciones laborales, fijos, precarias, paradas, y un largo etcétera, ya que el sistema ha conseguido dinamitar el empleo fijo indefinido y ahora tenemostoda esta variedad de situaciones. Estaría de acuerdo en la necesidad de crear movimientos que abarquen esta diversidad, creo que es imprescindible, pero tenemos dos dificultades mayores, ambas heredadas del período anterior. La primera es que no es fácil encontrar un formato organizativo en el cual toda esa diversidad se sienta en igualdad de condiciones, cómoda y comprendida. Necesitamos algo diferente a la representación, ya que esa figura no se corresponde con la diversidad tan grande que tenemos. Creo que más que un movimiento hacen falta articulaciones muy flexibles, sabiendo que serán fugaces o temporales y no debemos creer que vayan a durar mucho tiempo. Lo importante es ir construyendo lenguajes y códigos comunes, como había en los viejos sindicatos clasistas.

La segunda dificultad es que aún no ha desaparecido la tentación de la hegemonía, sobre todo en los militantes que venimos de la deformación marxista, dicho con toda la ironía posible. Podemos trabajar sin que haya tentaciones hegemónicas, pero eso requieremucha capacidad de controlar los egos, de practicar la autocrítica. Creo que los movimientos de mujeres pueden servirnos de inspiración y a nosotros en América Latina, además, los de pueblos originarios. Digamos que estamos en un período de aprendizajes permanentes.

– Una reflexión, muy necesaria a hacer: cómo explicamos el proceso tan avanzado de desmocratización, si no es como al estilo de los años 30, una reacción defensiva frente al tsunami del mercado sin control, sin límites y sin bridas y donde el recipiente de eso que se denomina “las izquierdas” está vacío y muy viciado, como para que la gente deposite su confianza y sus votos. Desde tu visión y práctica no eurocéntrica, ¿cómo explicas este proceso de des-democratización?

° Creo que el sistema entero está en una fase de honda decadencia que se concreta en la hegemonía del capital financiero especulativo. En los territorios y ciudades eso se puede observar en lo que llamamos acumulación por despojo o desposesión, que tiene en la especulación inmobiliaria urbana, el ladrillo, su mayor expresión en Europa. Porque en otros continentes, además de ladrillo, tenemos minería a cielo abierto, monocultivos y grandes obras de infraestructura. Aquí habéis tenido la especulación con la construcción de aeropuertos y autopistas innecesarias.

Entonces, en esta etapa tan especulativa, los seres humanos son objeto de esa especulación, ya no cuentan como ciudadanos ni como productores, como era en el período de la industria y el Estado del Bienestar. Ahora somos un estorbo, un obstáculo para la acumulación de capital. Fíjate qué cambio: antes el obrero era el insumo principal en la producción, miles de obreros concentrados en grandes fábricas y miles de consumidores. Los conflictos los resolvían negociando a tres bandas: Estado, patrones y sindicatos.

Creo que la des-democratizaciónes consecuencia del modelo de acumulación vigente, del despojo que sufrimos. Para despojarnos, la principal institución ya no es el trabajo, como lo era para la extracción de plusvalía, sino la policía y la justicia. Y ahí tienes cómo los conflictos se judicializan, se resuelven de la peor manera y, por si fuera poco, se niegan derechos, como la salud, la educación y la vivienda, que antes los garantizada el Bienestar. Me parece necesario comprender el retroceso en las libertades atado al modelo de acumulación, porque de lo contrario lo vamos a atribuir a tal o cual líder de la derecha y eso es parcial e insuficiente. Hay toda una generación de jóvenes que no tienen lugar en este sistema, en trabajos precarios y mal pagados, y para ellos no hay democracia. Por eso digo que vivimos bajo un sistema de elecciones sin democracia, no podemos elegir el modelo económico, por ejemplo, ni un sistema de salud con calidad.

– Boaventura de Sousa Santos sostiene que existen tres modos de producción de ignorancia: el primer modo reside en atribuir el conocimiento a un monopolio verdadero y riguroso, que desprecia todos los demás. El segundo, consiste en la producción colectiva de amnesia, de olvido y, el tercero, en la producción activa y consciente de ignorancia por vía de la producción masivade conocimientos de cuya falsedad los productores son plenamente conscientes. La pregunta (reflexión) que te hacemos, ¿cuánto de esos modos (sino una combinatoria de los mismos) tenemos en las sociedades actuales y en qué medida influyen en nuestras intervenciones sociales?

° Me parece que funcionan las tres combinadas. Pero esto también quiero vincularlo al tipo de sociedad que tenemos. Antes la trasmisión de saberes y de experiencias tenía dos locus: la comunidad o el territorio donde se vivía, el barrio o el pueblo, y el lugar de trabajo, donde se socializaban los más jóvenes aprendiendo el oficio que le transmitían los mayores. Había otras instancias, vinculadas a esas dos, como el espacio público, la plaza, el mercado, el campo de fútbol, y por otro lado el sindicato o el partido. O sea, la clase obrera tenía esos dos modos de construir, controlar y trasmitir saberes. Era un mundo muy patriarcal, ciertamente, pero esa trasmisión era muy potente porque funcionaba dentro del universo obrero. El que no conocía los modos y códigos quedaba por fuera, como colgado en un limbo.

Los medios de comunicación de masas y el consumismo han destruido esas formas de relación intergeneracionales e intra-clase. No fue una u otra sino las dos. Los medios han sustituido la taberna que tanta importancia le concedieron Hobsbawm o Thompson como espacios controlados por los obreros donde se socializaban, donde los jóvenes tenían su primera borrachera o se iniciaban en el sexo. Eran experiencias subjetivas fuertes en espacios comunitarios.

Lo que tenemos hoy es la individualización provocada por el consumo y la saturación de mensajes, con un volumen de información tan elevado que no es posible ni seguirlos ni abarcarlos ni comprenderlos. La información satura y la mente piensa con ideas, no con información, que sobra y no dice nada.

– ¿Qué tendríamos que hacer, o su contrario, qué no deberíamos hacer, para estimular en la sociedad, valores humanistas como compartir, solidaridad, apoyo mutuo, para que las personas desarrollemos una práctica social que aísle y repruebe comportamientos egoístas, extractivistas y depredadores?

° No tengo un programa ni una propuesta. Lo que creo necesario hacer es ser coherentes con lo que hacemos porque ese es el principal mensaje. La gente nos mira y nos valora, o no, por la coherencia entre lo que decimos y lo que hacemos. En primer lugar, debemos ser profundamente antipatriarcales, lo que no es muy claro qué significa para los varones adultos como nosotros.

Debemos ser coherentes en no ser consumistas, en respetar el medio ambiente, en relacionarnos de modo no mercantil con la naturaleza y con los seres humanos. No estoy pensando en un discurso sino en modos de vida. Hoy todas las clases viven más omenos parecido, unos con más cosas y otras con menos, pero los sueños son similares. Lo que nos diferencia son las marcas y cuánto podemos gastar en tal o cual mercancía. Y lo que propongo es crear comunidades de vida austeras, de trabajo directo con la tierra y con otras personas, relaciones no mediadas por las tecnologías sino cara a cara. La sencillez es fundamental. El sistema trabaja con nuestros egos y ambiciones desmedidas. Por último hay que pensar en el largo plazo, en lo que heredamos a lasgeneraciones futuras, a nuestros hijos e hijas, a las hijas de amigos y amigas. El consumismo es lo contrario, es la inmediatez y la inmediatez es capitalismo.

[Publicada originalmente en el periódico Rojo y Negro # 334, Madrid, mayo 2019. Número completo accesible enhttp://rojoynegro.info/sites/default/files/rojoynegro%20334%20mayo.pdf.]

Federico Aguilera Klink: «En oposición a la línea obediente hay pequeños núcleos de investigadores que cuestionan el pensamiento reduccionista» (III)

Por Salvador López Arnal

Federico Aguilera Klink es catedrático de Economía Aplicada en la Universidad de La Laguna y Premio Nacional de Economía y Medio Ambiente Lucas Mallada, 2004. Esta conversación está relacionada con su artículo: « La universidad: entre la irrelevancia, la mediocridad y la cretinización de alto nivel», publicado en el portal digital Rebelión.

*

SLA: Nos habíamos quedado en este punto. ¿Hay en las universidades, en las facultades españolas una apología consciente o inconsciente del capitalismo desregulado? ¿No hay corrientes críticas o muy críticas? Pienso, por ejemplo, en la oposición al Plan Bolonia .

FAK: Sí a las dos preguntas, aunque no se puede olvidar que el 90% del contenido es capitalismo, sin nombrarlo así, sino vendido como economía científica o académica a través de manuales aparentemente asépticos o científicos, pero siendo realmente puro adoctrinamiento ideológico que la mayoría de profesores considera que es lo que los estudiantes tienen que estudiar para ser considerado como un economista. En realidad, esto “enseña” un formalismo habitualmente descontextualizado y sin claridad conceptual que te permite aprobar exámenes sin entender casi nada de la economía real, como señalaba Leontief, que era matemático. Por su parte, Owen Jones en El Establishment, afirma (y lo comparto pues es una experiencia que he vivido en diferentes cuestiones) «toda la ideología de mercado libre se basa en una estafa: el capitalismo británico depende por completo del Estado. Es más, a menudo la ideología mercantilista del establishment es poco más que una simple fachada para colocar recursos públicos en manos privadas a expensas de la sociedad» (p. 253). De esto apenas se habla en las facultades de Economía cuando es la práctica habitual en todos los países y comunidades autónomas. Hasta el Financial Times lo tiene claro, pero la Universidad es un mundo ajeno a la realidad.

Luego hay un pequeño porcentaje de economistas críticos que se las ven y se las desean para poder continuar con su trabajo. Por ejemplo, el economista y profesor de la Universidad de Cambridge Ha-Joon Chang, se considera a sí mismo en la universidad como «parte de una minoría de aproximadamente el 5%» (citado por Owen Jones). Con respecto a la idea de capitalismo desregulado entiendo que el capitalismo siempre está regulado, lo relevante es preguntarse quién tiene capacidad para cambiar las reglas, con qué criterios y a quién beneficia (o perjudica) esa nueva regulación. Como indica Dean Baker de manera más concreta: « Durante el último cuarto de siglo, los progresistas no han dejado de lanzar diatribas contra el “fundamentalismo del mercado libre”. Su principal queja se refiere a que los conservadores quieren eliminar el sector público y dejarlo todos en manos del mercado. Pero este planteamiento es un completo disparate. La derecha tiene tanto interés como los progresistas en que el sector público se implique en la economía. La diferencia radica en que los conservadores quieren que el sector público intervenga de un modo que redistribuya el ingreso en provecho de los más pudientes. La otra diferencia está en que la derecha es lo suficientemente lista como para ocultar estas intervenciones, tratando de que parezca que las estructuras que redistribuyen el ingreso hacia los de arriba no son más que el resultado del funcionamiento natural del mercado. Los progresistas estamos favoreciendo la causa de los miembros de la derecha cuando les acusamos de ser unos “fundamentalistas del mercado”, dando por buena la idea de que los conservadores efectivamente desean una estructuración de la economía de acuerdo con su estado natural» [18]. Esto es una especie de ABC de primero de economía que se ignora sistemáticamente mientras se presta atención a los supuestos automatismos del supuesto mercado y se enseña a jugar a los estudiantes y a recitar conjuros, como afirmaba Joan Robinson.  

SLA: De acuerdo, de acuerdo con tu crítica. Gracias.

FAK: Finalmente, me gustaría señalar que aunque sea de manera inconsciente, la economía que enseñan los manuales, así como la “lógica” que se explicita en ellos como ejemplo de racionalidad económica supuestamente universal basada en el egoísmo y como supuesto reflejo de la naturaleza humana, no es nada más que ideología (que ya cuestionaba Adam Smith en su defensa de la compasión o empatía frente al supuesto egoísmo del ser humano) y que legitima un comportamiento criminal por parte de los economistas y empresarios en nombre de la obtención del máximo beneficio privado e ignorando en consecuencia los costes sociales y ambientales de esas decisiones económicas llamadas racionales, como expresa con toda claridad el excelente dibujo de Miguel Brieva [19].

Eduardo Galeano ya lo expresó con inmensa claridad:

La economía mundial es la más eficiente expresión del crimen organizado. Los organismos internacionales que controlan la moneda, el comercio y el crédito practican el terrorismo contra los países pobres, y contra los pobres de todos los países, con una frialdad profesional y una impunidad que humillan al mejor de los tirabombas (…) Los militares, los mercaderes, los banqueros, y los fabricantes de opiniones y de emociones de los países dominantes tienen el derecho de imponer a los demás países dictaduras militares o gobiernos dóciles, pueden dictarles la política económica y todas las políticas, pueden darles la orden de aceptar intercambios ruinosos y empréstitos usureros, pueden exigir servidumbre a sus estilos de vida y pueden dictar sus tendencias de consumo. Es un derecho natural, consagrado por la impunidad con que se ejerce y la rapidez con que se olvida (…) La memoria del poder no recuerda: bendice. Ella justifica la perpetuación del privilegio por derecho de herencia, absuelve los crímenes de los que mandan y proporciona coartadas a su discurso. La memoria del poder, que los centros de educación y los medios de comunicación difunden como única memoria posible, sólo escucha las voces que repiten la aburrida letanía de su propia sacralización. La impunidad exige desmemoria.

En el mundo académico, una de las pocas personas que se ha atrevido a verlo así ha sido la ex-catedrática de la Escuela de Negocios de la Universidad de Harvard, Soshane Zuboff, escribiendo en 2009 un artículo sobre la racionalidad económica de Wall Street [20], qué se enseña y legitima en la universidad, y que ella califica como de «crímenes económicos contra la humanidad», tanto por el modelo de negocio que enseñan como por el tipo de persona o de personalidad criminal que «forman y configuran» para llevar a cabo ese negocio. Más concretamente, para Zuboff:

Los financieros actuales se centran en realizar “transacciones” sin preocuparse por las consecuencias de esas transacciones, tales como fracturar la economía mundial, generar pérdidas de trillones de dólares y hundir millones de vidas (…) rechazando su responsabilidad por ellas (…) la mayoría de los expertos culpan a la falta de regulación y de vigilancia de esta locura o bien a la existencia de los incentivos erróneos que la han empujado (pero) ignoran la terrible quiebra humana que se encuentra en el origen de esta crisis que deriva de un modelo de empresa que genera de manera rutinaria distanciamiento, irreflexión y la anulación del juicio moral individual (…). Banqueros, intermediarios y especialistas financieros han sido todos ellos participantes en un modelo de empresa centrado en sí mismo que celebra lo que es bueno para los miembros de la organización a la vez que deshumaniza y distancia a todos los demás miembros ajenos a ella (…) La crisis económica ha demostrado que la banalidad del mal disimulada bajo un modelo de empresa ampliamente aceptado puede poner al mundo entero en peligro (…). En la crisis de 2009, la creciente evidencia de fraude, conflictos de interés, indiferencia ante el sufrimiento, rechazo de la responsabilidad y la ausencia sistémica de un juicio moral individual, generó una masacre económica y administrativa de tal tamaño que constituye un crimen económico contra la humanidad. [21]

Y es que, aunque cueste creerlo, se sigue manteniendo, en esencia, el mismo núcleo teórico y la misma idea de racionalidad en la enseñanza de la economía desde hace décadas. De hecho, Adam Smith enseñaba una economía mucho más radical y lúcida que la que todavía se sigue enseñando basada en un comportamiento consistente en negar la evidencia empírica manteniendo sin cambiar la misma teoría, algo que es considerado como un comportamiento delirante por el psiquiatra y profesor de la Universidad de Alcalá Alberto Fernández Liria para quien «…los “economistas” han producido un discurso propio que “explica” lo que sucede en unos términos idiosincrásicos y tiene la característica peculiar de no modificarse aunque sus predicciones no se cumplan o los hechos parezcan desmentirlos. Los profesionales de la salud mental trabajamos con personas que mantienen discursos con características semejantes». [22]

El problema adicional es que ese comportamiento se divulga mediante la publicidad como un comportamiento deseable y se califica de racional, así “nos instalamos” como consumidores en un estado de enajenación cuidadosamente programada que apenas nos permite entender algo, mientras no nos afecte y nos haga sufrir de manera directa y dolorosa.

 

SLA: Gracias por la referencia a Alberto Fernández Liria y muchas gracias también por este regalo que nos haces de Miguel Brieva. En toda esta situación, ¿qué papel juega la generalizada precarización, la proletarización del profesorado universitario?

FAK: La precarización es fundamental para conseguir la sumisión, lo que añadido a la jerarquización y maltrato tan extendido en la universidad genera docentes proletarizados, asustados, mal pagados y peor formados. No tienen tiempo para reflexionar ni la jerarquía, ese establishment mandarinal universitario del que habla Morin, muestra interés por incentivar y/o acompañar en su reflexión a los nuevos investigadores, más bien se transmite obediencia en la línea de investigación, en dar(le) las clases al que manda y en esperar que en algún momento te saquen o salgan plazas y “te toque”.  

SLA: Te manifiestas muy crítico en tu artículo con los que llamas expertos en “ciencias de la educación”. ¿En quiénes estás pensando ¿Por qué eres tan crítico?

FAK: No pienso en nadie en concreto, cuando critico la pedagogía estoy criticando unas decisiones que prestan más atención a las formas que al contenido, es decir, el envoltorio cuenta más que el contenido. En este sentido, las reflexiones de Michéa y de Debord me ayudaron a comprender mejor el objetivo deliberado de conseguir un alto nivel de estupidez ordenado por el Ministerio de Educación, vía ANECA y los equipos rectorales obedientes, de investigar de una manera determinada y de trabajar con guías docentes que nadie entiende, llenas de “competencias” que hay que “encajar” y darles “peso”, pero todo ello en un contexto en el que casi nadie se pregunta con claridad por los contenidos relevantes que necesitan aprender los estudiantes ni cómo se enseñan esos contenidos. El resultado, como me comentan algunos sorprendidos profesores de distintas facultades y universidades cada vez que sale el tema, es la sorpresa por el elevado nivel de estupidez que muestra desde hace años la universidad. Todos están sorprendidos al observar el bajo nivel de inteligencia y el elevado nivel de sumisión que les rodea, por eso la cita tan lúcida de Orejudo al principio de mi artículo y, al mismo tiempo, tan obvia para cualquiera que tenga una mínima capacidad de observación. Desde mi punto de vista, el espacio universitario se caracteriza por un bajísimo nivel de inteligencia y por un elevado nivel de deterioro mental y/o de maldad. A veces bromeaba con una compañera de psicología sobre la necesidad de realizar un proyecto de investigación sobre la calidad de la salud mental del profesorado universitario.

Yo estoy convencido de que si los estudiantes pudieran expresar con libertad lo que les llega a ellos en las aulas nos quedaríamos horrorizados. Solo hay que hablar con ellos sin chantajes ni intimidaciones. Lo que ocurre es que también los estudiantes están “aprendiendo” a moverse en este contexto y “juegan” a aparentar que estudian, como muchos profesores ‘juegan’ a aparentar que enseñan, “exigiendo” una bajada en los requerimientos para aprobar y mostrando un nivel de confrontación del tipo «no me vengan ahora a decirme que trabaje» (es mi caso con asignaturas en los últimos cursos) que hace muy difícil las clases.

SLA: En cuanto a la investigación, afirmas, el problema es que «lo importante no es qué se investiga sino dónde se publica». ¿No hay entonces investigaciones de interés en las universidades públicas? ¿Extiendes las críticas al CSIC?

FAK: Cada vez es mayor el movimiento de rechazo por toda Europa, y me imagino que también fuera de ella, (pero compatible con la mayor obediencia a la vez) a la sumisión a la política de las revistas “científicas” que se apropian de los resultados de la investigación financiada (de manera insuficiente) con fondos públicos, pero a las que gobiernos como el español pagan cantidades muy elevadas (25 millones de euros al año) para poder usarlas como fuentes de referencia científica en las evaluaciones de los docentes (y unos 213 millones de euros desde 2012) [22]. Precisamente hace unos días, George Monbiot ha publicado un claro artículo titulado de manera contundente «La estafa de las revistas científicas llega a su fin».[23]  

SLA: Sí, sí, lo hemos publicado también en Rebelión.

FAK: No conozco la situación del CSIC, pero no veo que haya razones para que sea diferente de la situación que se vive en las universidades si los criterios que fija la ANECA son los mismos.  

SLA: Citando a Morin, has hablado de él varias veces, hablas de la «falsa racionalidad» con «la que nos educan en la universidad y que impide realmente pensar con claridad, comprender y reflexionar». ¿Qué tipo de racionalidad irracional es esa que estás denunciando? ¿Dónde ves más su hegemonía? La Universidad, señalas, sigue instalada en un enfoque reduccionista y lo enseña e impone como si fuera científico. ¿Qué es un enfoque reduccionista? ¿Cómo logra imponerlo sin disenso? Sé que son varias preguntas en una.

FAK: Te uno las dos preguntas anteriores y te contesto con uno párrafos de Morin que expresan perfectamente esa cuestión, aunque recomiendo la lectura completa de su excelente artículo «El desafío de la globalidad», publicado en Archipiélago en 1993.

El pensamiento que compartimenta, recorta, aísla, permite a los especialistas y expertos ser eficaces en sus compartimentos y cooperar eficazmente en sectores de conocimiento no complejos, sobre todo en los que afectan al funcionamiento de máquinas artificiales, pero la lógica a la que obedecen extiende sobre la sociedad y sobre las relaciones humanas las coerciones y los mecanismos inhumanos de la máquina artificial; y su visión determinista, mecanicista, cuantitativa y formalista ignora, oculta o disuelve todo lo que es subjetivo, afectivo, libre y creador.

Además, los espíritus parcelados y tecno-burocratizados son ciegos a las inter-retro-acciones y a la causalidad en bucle, y a menudo consideran todavía los fenómenos a la luz de la causalidad lineal; perciben las realidades vivas y sociales según la concepción mecanicista/determinista, tan solo válida para las máquinas artificiales. Más amplia y profunda es la incapacidad del espíritu tecno-burocr áti co para percibir ‒ y concebir lo global y lo fundamental ‒ , la complejidad de los problemas humanos.

Los problemas son interdependientes en el tiempo y en espacio, mientras que las investigaciones disciplinarias aíslan los problemas entre sí. Hay ciertamente, sobre todo en lo que se refiere al entorno y al desarrollo, una primera toma de conciencia que lleva a promover investigaciones inter-disciplinarias, pero, pese a una importante asignación de fondos a estos efectos, los resultados son escasos porque los diplomas, carreras y sistemas de evaluación tienen lugar en el marco de disciplinas. Hay, sobre todo, una resistencia del stablishment mandarinal/universitario al pensamiento trans-disciplinario tan formidable como lo fue la de la Sorbona de siglo XII al desarrollo de las ciencias. La posibilidad de pensar y el derecho a pensar son rechazados por el principio mismo de organización disciplinaria de los conocimientos científicos y por el confinamiento de la filosofía sobre sí misma. La mayor parte de los filósofos desdeñan consagrar su re-flexión a los conocimientos nuevos que modifican las concepciones del mundo, de lo real o del hombre. Por vez primera en la tradición que naciera en los griegos, se vuelven de espaldas al cosmos, al destino del hombre en el mundo, a las aporías de lo real. El mundo agoniza, y ellos discuten sobre el sexo de Edipo, debaten sobre un Lebenswelt sin Leben ni Welt.

En cuanto a evitar el disenso o imponer el “consenso”, es una cuestión de poder disfrazado de «esto es ciencia» y lo demás no cuenta. Me remito a las reflexiones de Joan Robinson y de Leontief citadas más arriba que son aplicables a otros campos y universidades. En oposición a esa línea obediente, insisto, hay pequeños núcleos de investigadores en universidades y fuera de ellas que cuestionan ese pensamiento reduccionista.

SLA. Otro descanso, el último.

FAK: Perfecto.

Notas:

18) http://www.sinpermiso.info/textos/el-mito-del-fundamentalismo-del-mercado-libre

19) Véase al final de esta entrevista.

20) S. Zuboff, «Wall Street’s Economic Crimes Against Humanity», Bloomberg, 20 de marzo de 2009, disponible en: https://www.bloomberg.com/news/articles/2009-03-20/wall-streets-economic-crimes-against-humanity

21) Ibidem.

22) A. Villareal, «Esto es lo que cuestan las revistas científicas: España se ha pulido 213 millones desde 2012», El Confidencial, 16 de febrero de 2018, disponible en: https://www.elconfidencial.com/tecnologia/ciencia/2018-02-16/revistas-cientificas-suscripciones-millonada_1522586/

23) G. Monbiot, «La estafa de las revistas científicas se acerca a su fin», Eldiario.es, 16 de septiembre de 2018, disponible en: https://www.eldiario.es/theguardian/estafa-revistas-cientificas-acerca-fin_0_814368712.html

 

Primera parte de esta entrevista: Primera parte de esta entrevista a Federico Aguilera Klink sobre la Universidad: «La universidad actual enseña a obedecer y elimina la curiosidad»http://www.rebelion.org/noticia.php?id=255901.

Segunda parte: Entrevista a Federico Aguilera Klink sobre la Universidad (II). «El planteamiento humanista respeta al estudiante como persona y cuenta con él. No se puede enseñar con apuntes ni catecismos, eso es adoctrinar» http://www.rebelion.org/noticia.php?id=256189

Fuente: Papeles de relaciones ecosociales y cambio global, n.º 144, invierno 2018/19, pp.- 123-147.

El deseo, el sujeto y la ley. Alain Badiou y su conjuración de los iguales

Por Jun FujitaHirose

Tinta Limón acaba de editar un libro de conversaciones entre entre Alain Badiou y Giovanbattista Tusa. La charla aborda temas sobre la finitud, la militancia y la obstinación, entre muchos otros ejes. En un mundo tomado por diversas formas del nihilismo, el filósofo francés busca otra figura: la que se opone a la pretensión del capitalismo globalizado de ser la ley del mundo hoy en día. “Es una subjetividad que debe arraigarse en la posibilidad de que existe otra cosa aparte de eso –dice-. Una figura que contiene la resurrección del marxismo, programa fundamental dirigido contra la propiedad privada, reinstalación de la hipótesis comunista, militancia de nuevo tipo. Es decir, la proposición de una Idea.”

Compartimos el posfacio del libro, escrito por el filósofo japonés Jun Fujita Hirose.

 

Es preciso confrontar las ideas vagas con las ideas claras.

Jean-LucGodard, La chinoise

 

Repartir panfletos en un mercado es también subir
al escenario de la Historia.

Alain Badiou, La hipótesis comunista

 

El deseo

 

Según Badiou, nosotros, los contemporáneos, incluso los modernos, somos “animales humanos”. El animal humano no es un animal entre otros. Es humano y animal a la vez: humano, en tanto desea y su vida no está gobernada por el instinto, como sí lo está la de un simple animal; y animal, en tanto su deseo es canalizado por una institución animalizadora que funciona haciéndose pasar por una ley, incluso por la única ley del deseo. En pocas palabras, Badiou entiende por “animal humano” al hombre animalizado, al hombre sometido a la animalización institucional.

Por “animal” Badiou entiende al inexistente. El animal humano es hombre inexistente. Estamos en el mundo, pero no existimos en él. El mundo contemporáneo es uno en el que nuestro ser no se cuenta en términos de existencia. Por el contrario, lo que se presenta como una plenitud existencial es el Hombre. ¿Puede una declaración universal de los derechos del hombre salvarnos de esta inexistencia actual? Absolutamente no, dirá Badiou, pues los derechos del hombre forman parte integral de la institución animalizadora. En su orientación universal, los derechos del hombre no dejan de querer asimilarnos cada vez más a este objeto identitario llamado Hombre. Lo que se crea a través de tal investidura libidinal paranoica no es nuestra existencia en su distribución igualitaria, sino la existencia del Hombre en una distribución desigual, jerarquizada, de sus grados de intensidad múltiples. En un discurso de los derechos del hombre se declara siempre un derecho universal al Hombre como el único que existe con sus derechos.

En el sistema distributivo de los grados de intensidad existenciales del Hombre es este en persona el que se expresa haciéndonos formular una multiplicidad de opiniones, que son todas suyas y de las cuales la más existente se juzga, por eso mismo, constituyendo el consenso universal. El ser genérico del inexistente hace su aparición en el mundo cuando se opone a esta bella democracia autárquica del Hombre. La oposición se puede producir, según Badiou, en tres diferentes formas de contrainvestidura libidinal: reactiva, accidental o acontecimiental.

Badiou llama “Estado” a la institución animalizadora y da el nombre de “deseo de Occidente” al deseo canalizado por el Estado según el procedimiento de asimilación sin fin al Hombre, en cuanto son los europeos –se encuentra de éstos una definición adecuada en Husserl– los que crean este patrón de existencia universal a su imagen, demócrata y capitalista. El Estado produce y reproduce sin pausa el deseo de Occidente en el seno de la humanidad entera. La contrainvestidura libidinal con respecto a la canalización estatal del deseo toma la forma de una reacción o de una revancha, mientras que se realiza resucitando objetos identitarios particulares, así como los comunitaristas o religiosos, para oponerlos al universal o universalizado. Pero, según el filósofo, tal investidura reactiva o revanchista sigue siendo totalmente interna al deseo de Occidente y no se hace más que en una oposición relativa. Tanto en el contra-deseo reactivo como en el deseo que pretende contrariar, se trata de la pulsión (auto)competitiva, paranoica, edípica, según la cual uno se mide sin cesar a sí mismo conforme a un patrón de existencia abstracto, trascendente. El Estado reabsorbe así, en su mecánica de gestión del deseo, todos los objetos identitarios posibles solo como subcategorías del Hombre, de modo que la contrainvestidura reactiva nos lleva, en el mejor de los casos, a provocar una guerra civil al interior de la organización actual del mundo.

Dicho esto, la contrainvestidura libidinal puede producirse en una oposición externa y absoluta al deseo de Occidente, y esto, según Badiou, de dos maneras distintas: accidental o acontecimiental. En efecto, hay siempre y en todas partes contrainvestiduras accidentales en forma de microfugas, de salidas fulgurantes o de excesos inmediatos. La canalización estatal del deseo no es nunca, en verdad, perfecta, nunca perfectamente llena, en tanto se produce por el ejercicio de un poder puramente incitativo y no coercitivo: una institución nunca conoce su eficacia, tan asegurada como la de un instinto, ni siquiera cuando se hace pasar por una ley. Refiriéndose a Platón, Badiou va a decir incluso que “el que sale de la caverna es forzado a salir”. ¿Forzado por quién? Forzado por el deseo que lo atraviesa y sobre el cual la caverna no sabe ejercer más que incitaciones para retenerlo en su seno. He aquí el porqué nuestro filósofo habla de la salida de la caverna en términos de “excepción inmanente”: la fuga es una excepción en relación a la canalización estatal del deseo, al que su posibilidad es absolutamente inmanente (en cuanto a Badiou mismo, él preferiría decir, más bien, que el contra-deseo absoluto es, al mismo tiempo, inmanente al deseo de Occidente y desligado de esta inmanencia). Y esto quiere decir que la posibilidad de excepción, o bien la de la fuga, es universal, en tanto el deseo, al que ella es inmanente y que, a su vez, solo es inmanente a sí mismo, es universal. A las micro-fugas libidinales se las llama inmediatas, accidentales o episódicas, en cuanto que en ellas falta una doble universalidad heterogénea: no se hacen en una orientación universal y ellas mismas ignoran el valor universal que llevan dentro de sí. Cada vez que una fuga aparece cae de inmediato y simplemente en una indiferencia existencial, incluso en la inexistencia a secas, en tanto no está en condiciones de presentarse expresando una universalidad y señalar, de este modo, la posibilidad de un (re)comienzo de la puesta en ficción de la dominante, a saber, la universalidad estatal, que hace pasar lo que está siempre ahí (la excepción inmanente) por lo que no existe, imponiendo, por el contrario, lo que no está nunca ahí (la entidad identitaria trascendente) como si fuera lo único que existe.

La contrainvestidura libidinal absoluta puede producirse, del mismo modo, en la forma de un “acontecimiento” que se distingue de una simple fuga accidental en varios aspectos. Badiou señala tres en particular: localización, contracción e intensificación. La fuga libidinal deviene un acontecimiento cuando crea lugares centrales, simbólicamente significativos y universalmente visibles, en los que se reúnen y se instalan personas que vienen de todas partes; cuando ella moviliza a una minoría multiforme, irreductible a la uniformidad de una clase determinada, y que contrae en su composición masiva el ser genérico de la humanidad entera para constituir de esta una muestra metonímica; y cuando ella se acompaña de un “entusiasmo” (en el sentido kantiano del término) en el que se afirma y se intensifica la aspiración universal del inexistente por su propia existencia. En resumen, la manifestación del contra-deseo absoluto deviene acontecimiental “cuando una sobreexistencia intensiva, articulada con una contracción extensiva, define un lugar en el que se refracta la situación en su totalidad en una visibilidad universalmente dirigida”.

Es en una fuga libidinal devenida, así, acontecimiental que la posibilidad de excepción aparece como una potencia universal. Pero el acontecimiento, por su naturaleza, es decir, en tanto no es más una encarnación expresiva localizada, contraída e intensificada de tal universalidad alternativa, está lejos de reorganizar por sí mismo el mundo a la luz de este. Por fuera del sitio acontecimiental, y después de su desaparición, es el Estado el que continúa organizando la situación mundana a fin de que sigamos siendo siempre animales, inexistentes, incluso alienados, en la plenitud existencial del Hombre. He aquí porqué Badiou nos advierte para que nos cuidemos de no confundir el acontecimiento con la política, calificando al primero de “pre-político”. Dice: “Lo que nos enseña la doctrina del acontecimiento es […] que todo el esfuerzo consiste en seguir las consecuencias, no en exaltar la ocurrencia”. Del acontecimiento a la política se pasará de la expresión universalmente dirigida de la posibilidad de excepción al procedimiento de institucionalización universal de esta.

 

El sujeto

 

Hemos visto que el Estado no nos fuerza a nada, sino que nos incita a identificarnos cada vez más con el Hombre: no nos conduce a hacerlo, pero nos conduce a conducirnos a hacerlo. Si el poder estatal se hace pasar por una ley, esta depende de su táctica ideológica: tiene que esconder en una apariencia de ley su ejercicio efectivo para llevarlo del modo más eficaz posible. El poder que un acontecimiento ejerce sobre nosotros no es tampoco coercitivo, sino puramente incitativo. Una fuga libidinal deviene un acontecimiento cuando se equipa con un poder incitativo, proposicional o provocante como este. Digamos que no hay nada que nos fuerce, salvo el deseo, y que todo poder es un poder a distancia, una conducción de conducta. La fuga libidinal acontecimiental, en su orientación universal, nos incita a todos y cada uno a decidir ser fieles a la posibilidad de excepción de la que ella expresa la universalidad. Y es esta fidelidad la que constituye el sujeto de la política bajo la forma de una organización partidaria, que nos escinde a cada uno en dos, ya sea en ser-animal o devenir-militante. A propósito de la decisión postacontecimiental, Badiou escribió: “Es el momento en que un individuo pronuncia que puede franquear los límites (de egoísmo, de rivalidad, de finitud…) impuestos por la individualidad (o la animalidad, es la misma cosa). Lo puede en la medida en que, sin dejar de ser el individuo que es, deviene también, por incorporación, una parte activa de un nuevo Sujeto”.

La ley

 

Los militantes políticos, incorporados a este sujeto de excepción, se comprometen en el procedimiento de realización de la posibilidad de excepción, a saber, de una doble abolición universal recíproca, de la canalización estatal del deseo y de la dominación existencial del Hombre. Para hacerlo, estos individuos de excepción tienen que deshacer la apariencia de ley en la cual el Estado representa su poder como una coerción. En este sentido, se puede decir que con la constitución postacontecimiental del sujeto de excepción se pasa del contra-deseo absoluto a la contra-ley absoluta, del deseo de excepción a la ley de excepción. Badiou escribe a propósito de esto: “Lacan dice que el deseo es lo mismo que la ley. Yo sostengo lo mismo, y aclaro que, cuando transcribo el axioma de Lacan con la forma siguiente: ‘La organización es el mismo proceso que el acontecimiento’, me baso en la mediación de una formalización. Pero también en Lacan, y de él conservo esta visión profunda, la formalización designa una mediación entre deseo y ley cuyo nombre es el Sujeto”. El deseo es lo mismo que la ley, en cuanto solo el deseo tiene fuerza del ley. Y esto, dirá Badiou, es una verdad eterna. Pero esta verdad, diacrónicamente invariante y sincrónicamente universal, no está dada sino por crear a partir de su forma genérica prescrita por una fuga libidinal acontecimiental. Lo que está dado en el mundo, por el contrario, es la canalización estatal del deseo en su apariencia de ley. Para volver inoperante esta falsa puesta en ecuación deseo-ley, para romper este disfraz de ley del deseo de Occidente, el sujeto de excepción tiene que presentar el deseo de excepción en su naturaleza de ley y hacer, por lo tanto, una contra-ley absoluta, siendo esta ley de excepción la única verdadera ley digna de su nombre

En su lectura de la obra de San Pablo, si Badiou llama “amor” al deseo tal como es aprehendido en su verdadera ecuación con la ley, (re)toma –toma, según su argumento, pero retoma según el nuestro– el nombre de “fidelidad” para dárselo a la nueva ley por establecer en la misma ecuación a través del procedimiento político: “El trayecto de una verdad, que induce a su sujeto a separarse de las leyes estatales de la situación, no es menos consistente, según otra ley que, destinando la verdad a todos, universaliza al sujeto. […] La nueva ley es así el despliegue de la fuerza del amor de sí en dirección de los otros y con destinación a todos, tal y como la subjetivación (la convicción) la hace posible. […] A esta potencia universal de la subjetivación la llamo fidelidad acontecimiental, y es verdad que la fidelidad es la ley de una verdad. En el pensamiento de Pablo, el amor es precisamente fidelidad al acontecimiento-Cristo, según una potencia que destina universalmente el amor de sí”. Los militantes políticos llaman o incitan a la humanidad entera a ser fiel a la resurrección acontecimiental de la posibilidad de excepción dejándose incitar por ella, así como a incorporarse, de este modo, al sujeto de excepción, tal como lo hacen los militantes mismos. En este sentido, la realización de la posibilidad de excepción en forma de una instauración de la ley de excepción o, lo que es lo mismo, en forma de un establecimiento de la verdadera ecuación deseo-ley, no es en el fondo otra cosa que un reparto universal de la fidelidad a la potencia de excepción resucitada por el acontecimiento, una incorporación de todos los individuos al sujeto de excepción, en pocas palabras, una subjetivación universal.

La verdadera puesta en ecuación deseo-ley va a la par con otra verdadera puesta en ecuación, a saber, la “onto-lógica”, que se produce entre el ser y la existencia. Si el deseo fuerza al ser a crear una existencia, es la ley la que lo formaliza con esta existencia. Badiou resume todo su trabajo en estos términos: “busco simplemente dar cuenta de la posibilidad de cambio, de la posibilidad de pasar de un cierto régimen de las leyes de lo que es, a otro, a través de la mediación del protocolo de una verdad y de su sujeto”. En el pasaje del régimen estatal al de excepción, al mismo tiempo que el Estado se debilitaría y el deseo de Occidente expiraría, el Hombre se aboliría como objeto identitario lo mismo que como patrón de existencia. Al filósofo le gusta citar La Internacional: “Los nada de hoy, todo han de ser”. Nuestra existencia no es nunca una cuestión de más o menos sino de todo o nada. La cuestión existencial se plantea en términos de grados de intensidad solo en la democracia autárquica o recursiva del Hombre, en la cual somos justamente sin existir. No somos nada más que agentes inexistentes de la existencia del Hombre. No somos nada (y no somos ni más ni menos) en un régimen del más o menos: no seremos siempre nada y el Hombre será siempre todo, en tanto permanecerá en vigor la lógica estatal que representa la existencia en términos de más o menos y que dice ser una representación “menos mala” de esta. De ahí la necesidad absoluta de (re)plantear la existencia en un plano del todo o nada y de inventar un plan como ese, a través del cual únicamente (re)emprender la Historia, o sea, la lucha de los animales humanos por la verdadera puesta en ecuación onto-lógica, según la cual “lo que es, existe”, o, más precisamente, “lo que es, es lo único que existe”. La política no consiste en hacernos existir cada vez más, en darnos cada vez más existencia, sino en subvertir en existencia nuestra inexistencia actual, puesto que es solo en una dictadura del todo que seríamos iguales.

Fuente: http://lobosuelto.com/?p=23295

Estrategias comerciales y tierras raras

Por Enrique Dans

Lo peor de la guerra comercial entre los Estados unidos y China es, aparte de que como toda guerra comercial es mala para todos participen o no en ella, es el hecho de que nada en ella muestra el más mínimo atisbo de sentido común.

El hecho de que el conflicto sea desencadenado por el que es, sin duda, el político más absurdo e irresponsable de la historia, hace que todo esté sujeto a una inestabilidad total: hoy te bloqueo, mañana pospongo las medidas durante tres meses, al día siguiente digo que Huawei es una terrible e intolerable amenaza para la seguridad, pero dos días después afirmo que podría ser incluida en algún tipo de acuerdo comercial.

Seamos serios: si eres una amenaza para la seguridad nacional, no se te puede incluir eventualmente en ningún acuerdo comercial, y si se te puede incluir en algún acuerdo comercial es que no eres una amenaza para la seguridad nacional. Esos dos elementos son incompatibles entre sí. Pero es que, en realidad, muy pocas cosas en este episodio tienen sentido.

¿Bloquear a Huawei? El gigante chino tiene inventario de componentes importados de los Estados Unidos suficientes como para seguir fabricando a su ritmo normal todo el resto del presente año, y tiempo más que suficiente para desarrollar la inmensa mayoría de esos componentes en China si fuera necesario. Si efectivamente llegase a ser necesario, que lo dudo infinito, eso terminaría siendo un muy mal paso para la industria norteamericana, porque habrían forzado a China a desarrollar unos componentes alternativos que, sin duda, pasarían a ser su peor pesadilla en los mercados internacionales. En caso de pretender mantener las restricciones durante u período largo de tiempo, el mayor problema para Trump no sería China ni Huawei, que carece de presiones de inversores como empresa no cotizada que es, sino su propia industria doméstica y sus pérdidas, que sí son reales. Tan solo las pérdidas en las que podría incurrir Apple son para echarse a temblar, pero hay muchas más empresas afectadas.

Google, sin ir más lejos, es otra gran perjudicada: obligada por el patético Donald Trump y sus torpes y mal calculadas acciones a restringir sus tratos con Huawei, se encuentra ahora con que ha proyectado ante todos la evidencia que menos quería proyectar: que su sistema operativo Android ya es cualquier cosa menos abierto, que ha demostrado manejarlo con mano de hierro, y que eso, obviamente, es susceptible no solo de levantar recelos en mucha gente, sino incluso de exponerla a más riesgos regulatorios de los que ha experimentado ya.

¿Puede China plantearse represalias controlando la exportación de las tierras raras utilizadas en la fabricación de componentes electrónicos? Del mismo modo que las amenazas de los Estados Unidos tienen poca base real efectiva, las de China tampoco la tienen. Las tierras raras, en realidad, ni son tan raras, ni China ha sido bendecida con una especial abundancia de las mismas. Lo único que ha convertido a China en el suministrador habitual de tierras raras para la industria ha sido que la laxa regulación medioambiental del país y su mano de obra comparativamente barata ha hecho que se convirtiese en el sitio donde resultaba menos complicado y caro extraerlas, pero en realidad, esas tierras raras se pueden extraer en muchos sitios, incluyendo la mismísima California, y una vez extraídas de la tierra, donde suelen hallarse combinadas con otros elementos, lo demás son procesos químicos razonablemente comunes y sencillos. De nuevo: ante una hipotética restricción en las exportaciones de tierras raras de China, lo que se desencadenaría sería un proceso para extraerlas en otros países – son abundantes en Australia, Brasil, Canada, India y los Estados Unidos – y la principal perjudicada sería la actual industria china.

Las restricciones artificiales son siempre malas para todos, y las guerras comerciales son, en gran medida, eso: intentos más o menos torpes de generar restricciones artificiales. Que Donald Trump crea que la geopolítica se puede manejar con técnicas ramplonas y baratas de matón de patio de colegio convierte esta guerra comercial en un episodio grotesco, absurdo y sin sentido, del que por supuesto ningún propietario de un smartphone se tiene que preocupar ni lo más mínimo (ni protestar o pedir ante autoridad alguna la reparación de unos supuestos daños completamente inexistentes). Son, simplemente, actuaciones sin sentido que se intentan esgrimir como armas arrojadizas a corto plazo, sin posibilidades reales de convertirse en restricciones duraderas que fuercen cambios en la industria que a nadie le interesan.

Nada de esto tiene sentido. En la práctica, lo mejor que se puede hacer con las erráticas decisiones y las pataletas del inquilino de la Casa Blanca es dejarlas pasar, no hacer nada ni plantear nada al respecto, y esperar a que se desarmen solas.


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Fuente: https://www.enriquedans.com/2019/05/estrategias-comerciales-y-tierras-raras.html

 

 

India: ¿como China o Brasil?

Por Michael Roberts

Hace cinco años que el partido nacionalista de derechas Bharatiya Janata (BJP), dirigido por Narendra Modi, volvió al poder en la Lok Sabha (parlamento) de la India. Ahora en la tercera mayor economía del mundo (en términos de PPA), más de 800 millones de indios han votado en unas elecciones que han durado seis semanas para volver a elegir a sus líderes.

El BJP gobernó antes, de 1998 a 2004. Pero el BJP demostró ser un instrumento poco fiable para el capital indio, plagado como está de ex miembros de lo que básicamente es un partido fascista religioso hindú, el Rashtriya Swayamsevak Sangh (RSS), una organización modelada a imagen de  las escuadras negras de Mussolini. Modi era un veterano miembro del RSS, antes de sumarse sin problemas al BJP. Sin embargo, en los últimos cinco años, Modi se presenta como el dirigente de un gobierno ‘pro-empresarial’ , que aplica lo que le gusta llamar ‘Modinomics’.

Las ‘Modinomics’ se reducen a políticas económicas neoliberales con el objetivo de aumentar la tasa de explotación del trabajo de manera que se potencia la rentabilidad del capital y haya incentivos para invertir. Para ello, Modi ha introducido nuevos impuestos a las ventas y retirado los billetes de alta denominación, en un intento de ‘demonetizar’ la economía y facilitar a los bancos un mayor control del crédito.

En los primeros años de las ‘Modinomics’ parecía que la India estaba dando un salto hacia delante, con un crecimiento del PIB real incluso más rápido que el chino y con un aumento de los ingresos de los trabajadores rurales y los agricultores, base electoral primaria del BJP, al tiempo que era apoyado por las grandes empresas y el capital indio. Pero estos primeros años han venido seguidos de problemas cada vez mayores. La mayor economía de más rápido crecimiento del mundo se enfrenta ahora a una desaceleración. Las cifras oficiales de crecimiento económico se han reducido al 6,6% en el último trimestre de 2018, el más lento en seis trimestres y ahora crece a la misma tasa que China.

Y estas cifras del PIB son dudosas de todos modos. En 2015, la oficina estadística de la India anunció repentinamente la revisión de las cifras del PIB. Elevó el crecimiento del PIB en un 2% anual de la noche a la mañana. El crecimiento nominal de la producción nacional fue ‘deflacionada’ en términos reales por un deflactor de precios basado en los precios de producción al por mayor y no en los precios al consumidor en las tiendas, por lo que la cifra del PIB real aumentó. Por otra parte, esta revisión no se aplicó a toda la serie económica, por lo que nadie sabe ya la cifra de crecimiento actual comparado  antes de 2015. Tampoco las cifras del PIB están ‘ajustadas estacionalmente’ para tomar en cuenta cualquier cambio en el número de días en un mes o un trimestre ni el clima, etc. Un ajuste estacional hubieran demostrado que el crecimiento real del PIB de la India es muy inferior a la cifra oficial. Un mejor indicador del crecimiento son los datos de producción industrial.

Las ventas de automóviles y vehículos utilitarios deportivos han caído a un mínimo de siete años. Las ventas de tractores y vehículos de dos ruedas han bajado. Los beneficios netos de 334 empresas (excluyendo los bancos y las finanzas) se han reducido un 18% anual, según el diario Financial Express. La rápida expansión de la industria de vehículos bajo el gobierno Modi había provocado predicciones de que la India pronto superaría a Japón y Alemania para convertirse en el tercer mayor mercado del mundo. Pero el mes pasado, las ventas de vehículos de pasajeros fueron un 17,7% menor que el año anterior.

El sector del automóvil se ha convertido en una de las víctimas más prominentes de una contracción del mercado de la deuda, que comenzó en el mercado ‘bancario en la sombra’ de la India en septiembre pasado, cuando la bancarrota del grupo IL & FS de infraestructuras y finanzas vaciaron los fondos de inversión. Drenaron dinero del mercado de bonos comerciales, una importante fuente de financiación para las empresas financieras no bancarias que había impulsado el crecimiento de los préstamos, conquistando la cuota de mercado de los bancos en problemas controlados por el Estado. Los llamados NBFCs han sido particularmente activos en áreas tales como créditos para vehículos y préstamos a las pequeñas empresas.

Eso no es todo. En marzo, el crecimiento de pasajeros en el mercado de la aviación de más rápido crecimiento del mundo cayó a su ritmo más lento en casi seis años. La demanda de crédito bancario se ha estancado. Hindustan Unilever, fabricante líder de productos de gran consumo en la India, ha informado que el crecimiento de sus ingresos del primer trimestre ha sido sólo del 7%, su nivel más bajo en 18 meses.

Parece que ‘boom del consumo’ de la clase media iniciado por Modi se ha agotado. Hay una caída tanto en los ingresos urbanos como rurales. El excedente agrícola ha hecho que los ingresos del sector se hayan hundido. Kaushik Basu, ex economista jefe del Banco Mundial y profesor de economía en la Universidad de Cornell, cree que la desaceleración es “mucho más grave” de lo que se creyó inicialmente. El crecimiento de las exportaciones ha sido cercano a cero durante los últimos cinco años. Y ahora el boom del consumo doméstico se está debilitando.

A diferencia de China, la India parece estar acercándose a lo que el Banco Mundial ha llamado la trampa de los ‘ingresos medios’, cuando la gran mayoría de la población permanece en la pobreza, mientras que el 10% superior vive bien y gasta, pero no hace ninguna inversión o emprende para crear empleo y ofrecer formación, educación y vivienda al resto de la población. India va a terminar como Brasil, no como China, Corea y Japón – en un callejón sin salida. Bajo Modi, el desempleo está en su punto más alto. El plan “Fabricar en la India” parece agotarse. Y Boeing, Airbus o Apple no han invertido en fábricas en la India.

Dos tercios de los trabajadores indios están empleados en pequeñas empresas con menos de diez empleados, en las que se ignoran sus derechos laborales – de hecho, a la mayoría se la paga irregularmente y con rupias en efectivo, el llamado sector ‘informal’ que evita impuestos y regulaciones. La India tiene el mayor sector ‘informal’ entre las principales ‘economías emergentes’. Sin embargo, las pequeñas empresas no son muy productivas.

De hecho, la India tiene uno de los niveles más bajos de productividad en Asia. Entre 1950 y 1980, el crecimiento de la productividad laboral media fue de un magro 1,7%. Los dos primeras décadas del nuevo milenio vio un aumento medio de más del doble, hasta el 3,8%. Fue el período cuando los sectores industriales y de servicios de la India despegaron, atrayendo mano de obra del sector agrícola menos productivo. el crecimiento de la productividad del trabajo alcanzó el 10,2% en 2010 y ha caído desde entonces. En 2016, se situó en el 4,75%. No es un buen augurio para el logro de los objetivos de crecimiento que son necesarios para elevar los niveles de vida.

La productividad se incrementaría si los campesinos generalmente subempleados pudiesen trasladarse a las ciudades y obtener puestos de trabajo industriales en las ciudades. Esta es la forma en que China ha transformado su fuerza de trabajo; por supuesto, para ser explotados mejor por el capital, pero también para aumentar la productividad y los salarios. China lo ha hecho a través de la planificación estatal de la migración laboral y mediante una enorme construcción de infraestructuras. India no puede, por lo que su tasa de urbanización está muy por detrás de China. El capital indio y extranjero todavía no pueden aprovechar plenamente las enormes reservas de mano de obra, principalmente juvenil, con fines de lucro. Como resultado, el crecimiento del empleo es patéticamente lento. Entre 10-12 millones de jóvenes se incorporan al mercado laboral cada año, pero muchos de ellos no pueden encontrar trabajo o carecen de los conocimientos adecuados.

La India es una de las sociedades más desiguales del mundo. El 1% más rico posee el 52% de la riqueza del país, de acuerdo con los últimos datos sobre la riqueza global del Credit Suisse Group. El 10% más rico de los indios han aumentado su parte del pastel del 68,8% en 2010 al 77% en 2018. En marcado contraste, la mitad inferior de la población india posee sólo el 4% de la riqueza del país.

El coeficiente de Gini es una forma de medir la desigualdad, con una lectura de 100% que denota la desigualdad perfecta, y cero indica la igualdad perfecta. De acuerdo con Credit Suisse, el coeficiente de Gini de riqueza en la India ha aumentado de 81,3% en 2013 a 85,4% en 2018, lo que demuestra la desigualdad de ingresos es muy alta y creciente.

Como subraya el informe de Credit Suisse: “A pesar de que la riqueza ha aumentado en la India, no todo el mundo ha compartido este crecimiento. Todavía existe una considerable pobreza, que se refleja en el hecho de que el 91% de la población adulta posee riqueza por debajo de $ 10.000. En el otro extremo, una pequeña fracción de la población (0,6% de los adultos) tiene un patrimonio neto de más de $ 100.000“.

Y está la cuestión de los recursos básicos necesarios para los 1.200 millones de personas. El agua subterránea bombeada mecánicamente proporciona un 85% del agua potable en la India y es la fuente principal de agua para todos los usos. La capa freática en el norte de la India está disminuyendo con una de las tasas más rápidas del mundo, y muchas áreas pueden haber comenzado a agotar sus recursos hídricos. El Banco Mundial prevé que la mayoría de los recursos hídricos subterráneos de la India alcanzarán un estado crítico dentro de los 20 años.

La gran exigencia del capital de la India es reducir el tamaño del Estado. Burocrático e ineficiente, el gobierno central y la administración de la India, así como las empresas estatales creadas en los primeros días de ‘socialismo’ a la India, han proporcionado cierta solidez a la economía de la India. Sin embargo, las multinacionales y los grandes capitalistas indios quieren que esto se acabe. El gobierno central y los estados ejecutan sus presupuestos anuales con déficits significativos, ya que subvencionan los alimentos y el combustible para millones de indios pobres. Esos déficits son financiados con préstamos y el coste de los préstamos ha reducido de manera constante los ingresos disponibles de los impuestos, dejando poco para educación, sanidad o transporte.

Los ingresos fiscales del gobierno son bajos porque las empresas indias pagan pocos impuestos y los ricos incluso menos. La desigualdad de ingresos en la India no es tan alta como en China, Brasil o Sudáfrica, pero es probable que sea más alta que el índice oficial de Gini debido a los enormes ingresos ocultos de los ricos, que han ido en aumento. Según la OCDE, la desigualdad de ingresos se ha duplicado en la India desde comienzos de 1990. El 10% más rico de los indios ganan 12 veces más dinero que el 10% más pobre, en comparación con aproximadamente seis veces en 1990.

Esta desigualdad no es responsabilidad exclusiva del gobierno Modi. Los anteriores gobiernos dirigidos por el Congreso han perpetuado esta desigualdad también – de hecho, bajo la corrupta dinastía Gandhi, las cosas han empeorado. Por eso el BJP permanece en el poder aunque pierda escaños.

El verdadero problema para el capitalismo indio es la rentabilidad decreciente de su sector empresarial. La tasa de ganancia es alta para los estándares internacionales, al igual que en muchas ‘economías emergentes’ que tienen masas de mano de obra barata llegadas de las zonas rurales. Pero, a lo largo de las décadas, el aumento de la inversión en bienes de capital en relación con el trabajo ha comenzado a crear un ejército de reserva de mano de obra además de la caída de la rentabilidad.

La rentabilidad del capital en la India había caído de manera constante (aunque desde un nivel alto de ‘mercado emergente’), incluso antes de que comenzara la crisis económica mundial. Ha caído aún más desde entonces y ahora es un 20% inferior a los niveles de la década de 1980. Los años de crecimiento de dos dígitos de la década de 2000, cuando todo el mundo hablaba de la industria de externalización de software en la India y de las nuevas compañías automotrices, no volverán sin reducciones drásticas de la proporción del valor que va al trabajo.

Fuente: Penn World Tables y Penn World Tables 9.0, cálculos del autor.

La respuesta del capital de la India, respaldada por Modi, es la privatización, los recortes en los subsidios de alimentos y combustible y un nuevo impuesto sobre las ventas, un impuesto que es la forma más regresiva para obtener ingresos fiscales, ya que golpea especialmente a los más pobres. El objetivo en este caso, como de toda política económica neoliberal, es elevar la tasa de explotación del trabajo de manera que se potencie la rentabilidad del capital y proporcione incentivos para invertir, algo que el capital de la India se niega a hacer por el momento.

Al igual que en 2014, el electorado de la India ha tenido que elegir en estas elecciones entre un partido corrupto en manos de una dinastía familiar, respaldado por grandes intereses comerciales y terrateniente y un partido nacionalista xenófobo (con cada vez más apoyo de las grandes empresas y los inversores extranjeros). Por el momento, Modi ha vuelto a ganar.

es un reconocido economista marxista británico, que ha trabajador 30 años en la City londinense como analista económico y publica el blog The Next Recession.

Fuente:

https://thenextrecession.wordpress.com/2019/05/19/india-another-china-or-another-brazil/

Traducción:G. Buster / sinpermiso.info

La nueva disputa por la hegemonía geopolítica en América Latina

Por Decio Machado / Director de la Fundación Nómada (Ecuador)

Terminado el ciclo progresista se ha abierto una nueva disputa por la hegemonía geopolítica en América Latina. Entender esta nueva realidad de manera adecuada requiere un análisis que aborde tanto la vertiente geoeconómica como lo que ver con la gobernanza nacional, regional y global con sus respectivos impactos en el subcontinente.

Antecedentes

El ciclo progresista se caracterizó por: a) el fortalecimiento/reposicionamiento de los Estados nación anteriormente reducidos a su mínima expresión durante el periodo neoliberal y en crisis fruto del fenómeno de la globalización; b) el modelo extractivo de producción y exportación de commodities como base de la acumulación estatal, lo que se da en un período coincidente con los más altos precios de los que estos gozaron en el mercado internacional, lo que significó los mayores ingresos recibidos por la región en su historia republicana; c) la aplicación de políticas sociales compensatorias con base en los excedentes estatales producidos por la exportación de materias primas como eje de las nuevas gobernabilidades; d) la realización de grandes obras de infraestructura como pilar de la modernización de los Estados; y, e) la articulación de un discurso soberanista enmarcado en la construcción de un bloque regional que significó un notable impulso de organismos de integración tales como ALBA, UNASUR o CELAC.

En ese contexto cada uno de los elementos anteriores requieren de un somero análisis que permita explicar el fracaso del laboratorio político progresista latinoamericano. 

En primer lugar, la nueva centralidad de los Estados frente a la sociedad devino en el debilitamiento de los movimientos sociales que habían sido los protagonistas de un período de convulsiones políticas que entre 1989 y 2005 derribó a una docena de presidentes en diferentes países de la región. En la actualidad, la implementación de políticas agresivas contra los derechos adquiridos por los trabajadores por parte de lo que se ha venido en denominar como un nuevo período de “reinstauración conservadora” carece del nivel de resistencia y organización expresados por los sectores populares durante los momentos previos al ciclo progresista.

En segundo lugar, el modelo extractivo anclado en los hidrocarburos, la minería a cielo abierto y los monocultivos como la soja fueron la clave del éxito económico y lo que permitió políticas sociales ancladas en transferencias monetarias hacia los sectores históricamente olvidados, convirtiéndose en el eje de la legitimidad progresista durante sus momentos de gloria. Sin embargo, lo anterior implicó se que haya agudizado la dependiente inserción internacional de la región como proveedores de materias primas. Las economías latinoamericanas se reprimarizaron, lo que significa mayor vulnerabilidad subordinándolas a las fluctuaciones erráticas de los mercados globales. La temporalidad del boom de los commodities hizo que dichos gobiernos nacieran en los momentos de bonanza económica latinoamericana y entraran en crisis con el fin de esta. 

Un tercer factor reseñable es que pese a la transferencia de excedentes estatales a los sectores vulnerables -políticas de subsidios- durante el ciclo progresista, América Latina sigue siendo el continente más desigual del planeta dado que no se redistribuyó la riqueza acumulada por sus élites históricamente dominantes. Aquí cabe una primera aclaración: la reducción de la pobreza en América Latina durante el período de boom de los commodities no es un proceso exclusivo de los regímenes progresistas y basta comparar para ello un par de datos: siguiendo indicadores oficiales entre 2007 y 2014 -momento de la caída de los precios de las materias primas y comienzo de la parálisis económica en diversos países del Sur Global- la pobreza medida por ingresos en el Ecuador correista se redujo del 36.7 por ciento al 22.5 por ciento mientras que en la Colombia de Uribe y Santos se pasó del 45.06 por ciento al 28.05 por ciento, es decir, la Colombia neoliberal redujo su tasa de pobreza en 3.25 puntos porcentuales más que el Ecuador del socialismo del siglo XXI. En términos globales podríamos decir que la combinación de lo que fue una creciente demanda global de recursos naturales por parte de las economías emergentes, especialmente de China, y una serie de sucesivas reducciones de los tipos de interés estadounidenses -en aras a mantener su recuperación económica tras la burbuja tecnológica de 2001- determinó que ingentes cantidades de dinero aterrizasen en los países del Sur haciendo crecer mercados emergentes a partir de 2003. De hecho, a nivel global se asistió a la racha de crecimiento económico más extendida que el mundo ha vivido en el transcurso de su historia. Entre los años 2003 y 2007 la tasa de crecimiento promedio del PIB de los países del Sur pasó de 3.6 por ciento en las dos décadas anteriores al 7.2 por ciento, quedando muy pocos países en desarrollo fuera de ese fenómeno.

En lo que respecta a los países con gobiernos denominados progresistas, durante este período y pese a las óptimas condiciones para hacerlo, no se actuó sobre los pilares estructurales de la desigualdad, lo que implica que en la actualidad el 10 por ciento más rico de la población del subcontinente concentre el 71 por ciento de la riqueza regional. El propio Banco Mundial ha elaborado informes recientes en los cuales se indica que si esta tendencia continúa, en menos de una década el 1 por ciento más rico de la región tendrá más riqueza que el 99 por ciento restante. Desde que la riqueza derivada del auge de los precios de los commodities desapareciera, allá por el año 2015, los indicadores de pobreza latinoamericanos se han vuelto a incrementar de forma paulatina. Pero más allá de que durante el ciclo progresista no se transformase la matriz de acumulación económica heredada de la era neoliberal anterior, tampoco se superó la matriz cultural colonial pese a grandilocuentes discursos de corte popular nacionalista. Un estudio realizado por Oxfam hace apenas tres años demostró que la carga impositiva para las empresas nacionales latinoamericanas seguía equivaliendo al doble de la carga efectiva soportada por las compañías transnacionales en la región.

En cuarto lugar y más allá de la enorme corrupción destapada en la asignación de contratos para la realización de megaproyectos por los gobiernos latinoamericanos en la última década y media (Club de los Contratistas en Perú, caso Odebrecht en múltiples países, descomposición al interior de Petrobras y PDVSA o sobre-precios de constructoras chinas involucradas en la realización de mega-obras en prácticamente todos los países de la región), la canalización de gran parte de estas infraestructuras estuvo vinculada de una u otra forma a lo que fue la Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional (IIRSA) hoy redenominada Cosiplan dentro de la moribunda UNASUR. El desarrollo de las infraestructuras latinoamericanas en este período de insólita expansión se articuló en torno a lógicas vinculadas a la acumulación por desposesión, la nueva fase de acumulación capitalista en la región, en beneficio final del capital global centralizado fundamentalmente en el hemisferio Norte y el Asia emergente. Carreteras, ferrovías, represas, puertos, aeropuertos, hidrovías y líneas de transmisión formaron parte de una amplia cartera de megaproyectos destinados a profundizar el extractivismo a escala interamericana con sus correspondientes impactos sociales y ambientales en los territorios explotados.

Por último, hay que significar que el discurso soberanista quedó supeditado a una mayor dependencia a los mercados globales y la tan aireada refundación de -en términos bolivarianos- la Patria Grande, se enmarcó en una lógica de integración regional que quedó paralizada incluso antes del cambio hacia la nueva hegemonía política conservadora. La última cumbre con cierto dinamismo de la CELAC tuvo lugar en La Habana el 28 y 29 de enero de 2014, las comisiones de trabajo de la UNASUR prácticamente se paralizaron en el transcurrir del año 2015 y el ALBA -especialmente Petrocaribe- dejó de ser útil para los países implicados a partir de la agudización del deterioro económico de Venezuela en el año 2016. Todo ello coincidente con el impacto en las economías latinoamericanas de la caída de los precios de los commodities en los mercados internacionales. 

El posicionamiento de China en América Latina

La República Popular China se ha posicionado como un global player desde comienzos del presente siglo, fruto del proceso de reformas y apertura iniciado en diciembre de 1978 por Deng Xiaoping. En estas cuatro décadas y mediante la estrategia definida como “cruzar el río sintiendo las piedras”, el gigante asiático ha ido liberalizando de manera escalonada su economía sin privatizar masivamente sus empresas estatales. 

A inicios del siglo XXI China impulsó la estrategia “go out” mediante la cual rompió sus barreras tradicionales con respecto a la política económica externa, reafirmando su posicionamiento en el sistema económico internacional y colocando montos crecientes de capitales propios en inversiones en el exterior. Esto implicó un drástico reforzamiento de los vínculos comerciales de China con las economías emergentes y en desarrollo, entre ellas las de América Latina.  

Es así que entidades como China Development Bank y Export-Import Bank of China han financiado iniciativas de infraestructura, energía, transporte y logística en el subcontinente, si bien la mayoría de estos créditos han sido condicionados a la intervención de empresas chinas en su desarrollo y al interés estratégico de nuevo imperio asiático (creación de corrededores para el suministro de petróleo, minerales y soja hacia Asia y la modernización de instalaciones portuarias en la costa latinoamericana del Pacífico). China se ha convertido en un proveedor de capital clave para la región en los últimos años, proceso que tiene su origen con el arranque del ciclo político progresista y justificado políticamente bajo un discurso de ruptura con las instituciones de Bretton Woods. En paralelo, las necesidades de materias primas para el desarrollo industrial chino hizo que desde 2003 las economías de América Latina y Caribe, especialmente las de América de Sur, hayan considerado al gigante asiático como su principal cliente en el ámbito de la exportación de commodities.

Sin embargo y fruto de un proceso de reformas propugnadas por Beijing que tuvo su arranque a partir de 2010 -con la meta de cambiar su modelo productivo y enfocada a que el motor de la economía sea el consumo interno y no las exportaciones-, en los últimos cinco años la demanda por materias primas de China ha disminuido, motivo por el cual los asiáticos pusieron el foco en los proyectos de infraestructura latinoamericanos. Sea por inversión extranjera directa o a través de la entrega de créditos por parte de bancos chinos, la presencia del país asiático en América Latina ha ido cambiando de forma en los últimos años.

Pero si algo distingue a la diplomacia china de la occidental es que siempre han sido hábiles practicantes de la realpolitik y estudiosos de una doctrina estratégica claramente diferencia de la estadounidense. El ideal chino hace hincapié en la sutileza, la acción indirecta y la paciente acumulación de ventajas relativas. Es por algo que frente al ajedrez, un juego de estrategia que surgió en Europa durante el siglo XV como evolución del juego persa shatranj y donde existen 32 piezas móviles en un tablero dividido por 64 casillas que buscan la batalla decisiva para matar el “rey”, los chinos juegan a Wei Qi -conocido en Occidente con el nombre japonés go– donde lo que se mueven son 360 piezas en 361 posiciones bajo una lógica de la batalla prolongada que busca rodear al enemigo.

Conscientes de las ingentes necesidades de recursos por parte del subcontinente, Beijing se ha asegurado de que los cambios políticos de tendencia conservadora desarrollados en los últimos años en la región no afecten a sus flujos comerciales e inversiones en los diferentes países latinoamericanos. Es más, en el segundo foro de ministros de la República Popular China, América Latina y el Caribe que se celebró en enero del 2018 en Chile, el gigante asiático se comprometió a incrementar notablemente su inserción económica en una región ya hegemonizada por gobiernos de perfil conservador.

El presidente Xi Jinping ha realizado en los últimos seis años cuatro giras por América Latina visitando 12 países, más de las realizadas por Barak Obama y Donald Trump durante la última década. Mauricio Macri, uno de los representantes del cambio de ciclo político en la región, ha sido más visitado por Xi Jinping que Nicolás Maduro, presidente de un país suministrador a China de petróleo, coltán y oro que además le debe a los créditos asiáticos el balón de oxígeno financiero gracias al que aún subsiste el gobierno bolivariano.

De esta manera, en el año 2018 el volumen del comercio bilateral entre China y América Latina alcanzó un récord de 307.400 millones de dólares, lo que implica un aumento del 18.9 por ciento respecto al año anterior. En la actualidad China es el principal socio comercial de la región, pese a que la relación entre ambos lados del Pacífico sea notablemente asimétrica: la mayoría de los países de la región mantienen déficits comerciales con China, los escasos superávits existentes se generan gracias a las ventas de productos primarios y las manufacturas chinas han desplazado a las latinoamericanas tanto en sus propios mercados como en terceros mercados. Mientras las exportaciones de América Latina a China se mueven en ratios de un 70 por ciento de bienes primarios y un 25 por ciento de manufacturas basadas en recursos naturales de bajo valor agregado, el subcontinente importa del país más poblado del mundo un 41 por ciento de manufacturas de alta tecnología y un 27 por ciento de manufacturas de tecnología media. 

En los últimos años, además del avance en obras de infraestructuras, la inversión china directa en América Latina se ha expandido también a sectores como los servicios financieros, comercio, adquisición de bienes raíces para alquiler y actividades manufactureras. Otra gran parte de esa inversión reciente se debe a fusiones o compra de empresas latinoamericanas, aunque esto no ha significado ni el aumento de capital productivo ni generación de empleo.

En el ámbito hidroeléctrico, China invertirá aproximadamente en la segunda etapa de un programa de modernización de represas hidroeléctricas Jupiá e Ilha Solterira en Brasil y la compra del 100 por ciento de la empresa hidroeléctrica Atiaia Energía. Ampliando este marco de acción la china Southern Power ha pasado a controlar el 28 por ciento de las acciones de la compañía chilena de electricidad Transelec.

En materias primas destacan dos recientes grandes inversiones regionales: Tianqi Lithium -con sede central en Chengdu, capital de la provincia china de Sichuan- se hizo con el 24 por ciento de la chilena Sociedad Química y Minera (SQM) y Chinalco -rama peruana de la firma de capitales chinos Aluminum Corp of China Ltd- expandirá su mina de cobre Toromocho en Junín.

De igual manera destacan las últimas intervenciones chinas en Panamá, país convertido en su centro de comercio y logística para América del Norte y del Sur, con quienes han firmado en menos de año y medio 47 acuerdos comerciales. En breve el Banco de China tendrá un sede regional en Ciudad de Panamá.

Otro de los ejemplos más recientes de diversificación de inversiones chinas en la región es la adquisición que hizo Didi Chuxing -una especie de Uber chino- de la empresa 99, denominada popularmente como el “Uber brasileño”. El Business Plan de Didi Chuxing en América Latina apunta a su expansión regional, combinándolo con servicios de asesoramiento en inteligencia artificial a gobiernos municipales de varias ciudades latinoamericanas. Al respecto, es destacable indicar que casi todos lo gigantes tecnológicos chinos están entrando en los mercados latinoamericanos: TCL -firma electrónica china- estableció una empresa conjunta con Radio Victoria, el mayor fabricante de productos electrónicos de Argentina; Huiyin Bockchain Venture ha invertido en el servicio argentino de procesamiento de pagos en bitcoins Ripio; y la empresa Mobike, la más grande red de bicicletas compartidas sin estaciones de aparcamiento, ha lanzado recientemente sus servicios en Ciudad de México y Santiago de Chile.

Desde una perspectiva meramente comercial los países latinoamericanos son un gran mercado de consumo donde marcas como Huawei y Xiaomi venden smartphones baratos y de alta calidad en poderosos mercados como Brasil, México, Colombia o Argentina. Sin embargo, los países latinoamericanos que no pueden ofrecer un gran mercado interno también son de interés para las tecnológicas chinas. Sin ir más lejos, las autoridades venezolanas han asignado a primeros de año a ZTE Corporation 70 millones de dólares para el desarrollo de tecnologías aplicables a la creación de un sistema nacional de identificación electrónica de los ciudadanos del país.

En paralelo y desde una perspectiva geopolítica más convencional, Beijing ha conseguido en el marco de su política denominada “Una sola China” que países como Costa Rica (2007), Panamá (2017) y República Dominicana (2018) hayan roto relaciones diplomáticas con Taiwán. En la actualidad los países en los que Taiwán mantiene embajadas en el subcontinente son escasos y carecen de importancia estratégica y económica.

Rusia en América Latina: los enemigos de mis enemigos son mis amigos

El interés de Rusia por América Latina es relativamente reciente. Tras la desaparición de la Unión Soviética (1991) los rusos no habían vuelto a mirar al subcontinente hasta el conflicto armado en Osetia del Sur, cuando la Nicaragua de Daniel Ortega (2008) e inmediatamente después la Venezuela de Hugo Chávez (2009) fueron los dos primeros países del planeta -tras el Kremlin- en reconocer la independencia de Osetia del Sur y Abjasia. Esta fuerte actividad diplomática rusa en la región volvió a repetirse en 2014 tras la crisis en Crimea y la guerra en el Donbáss (este de Ucrania), como respuesta a las correspondientes sanciones impulsadas por Washington y la Unión Europea contra Moscú.

A diferencia de China, el comercio ruso de bienes en el subcontinente es insignificante y apenas representa el 2 por ciento de toda su actividad comercial global. Su principal socio es Brasil, con un comercio bilateral de unos 4 mil millones de dólares, y en segundo lugar Venezuela, a quien compra alrededor de 1.7 mil millones de dólares de petróleo. Resto de las actividades comerciales rusas en la región es marginal y la influencia del Kremlin es prácticamente nula.

Desde una visión clásica de la geopolítica, Vladímir Putin ha buscado en los últimos años aliados estratégicos en una región cercana a Estados Unidos buscando emular las acciones realizadas por Washington en la periferia de la Federación Rusa.

Es así que Moscú le ha prestado a Venezuela unos 16 mil millones de dólares desde 2006 hasta la fecha, siendo estos préstamos reembolsados a través de envío de petróleo. En la actualidad, Venezuela está utilizando al gigante energético ruso Rosneft para evadir las actuales sanciones comerciales de Estados Unidos contra el gobierno de Nicolás Maduro. Bajo una estrategia de triangulación contable la petrolera estatal venezolana PDVSA cobra desde el pasado mes de enero -momento en el que Juan Guaidó fue parcialmente reconocido por la diplomacia internacional como presidente encargado de Venezuela- gran parte de sus facturas de venta de petróleo a través de Rosneft. Este inusual acuerdo de pago es parte de una serie de esquemas estratégicos puestos en marcha por el gobierno de Maduro para tener acceso a efectivo en medio de las sanciones internacional que en la actualidad sufre el país, incluida la venta de reservas de oro por parte de su Banco Central. De esta manera, una parte del flujo económico hacia Venezuela pasa a través del banco ruso-venezolano Evrofinance Mosnarbank, entidad financiera que desde el pasado mes de marzo ha sido colocado también bajo sanciones estadounidenses.

Estados Unidos y América Latina en el marco de la guerra comercial con China

Entre los escasos compromisos electorales de Donald Trump en materia de política exterior destaca su promesa de contener la emergencia de China a nivel global y limitar el libre comercio con Asia y América Latina. Entre ambos evidentemente existe una contradicción, pues los espacios dejados por el repliegue estadounidense a nivel global son rápidamente ocupados por los intereses chinos.

La nueva Estrategia de Defensa Nacional de Estados Unidos, presentada en enero del 2018 por James Mattis -general que ejerciera como Secretario de Defensa hasta diciembre del pasado año-, indica que “la competencia estratégica entre los estados, no el terrorismo, es ahora la principal preocupación de seguridad nacional de Estados Unidos”. Lo anterior significa un cambio respecto al enfoque de la seguridad realizado por Washington tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, e identifica a China y Rusia como las nuevas principales amenazas, posicionando a Corea del Norte e Irán en un segundo estadio.

Bajo un plan estratégico definido como “competir, impedir y ganar”, se asevera que “los costos de no implementar esta estrategia están claros, e implicarán una disminución de la influencia global de Estados Unidos, la erosión de la cohesión entre aliados y socios, así como la reducción del acceso a mercados, lo que contribuiría al declive en la prosperidad y el modo de vida estadounidense”.

Aterrizando lo anterior a América Latina, vemos como desde marzo de 2018 -momento en que comenzara el conflicto comercial entre Estados Unidos y China- Donald Trump ha ido anunciado el recorte de la ayuda económica a Centroamérica como respuesta al flujo migratorio, ha retrotraído parcialmente los niveles de apertura del gobierno Obama respecto a Cuba, incrementó el volumen de sus amenazas respecto al cierre de la frontera con México, le espeta a Colombia que “no ha hecho nada” contra el narcotráfico y en la actualidad aplica duras sanciones económicas contra Venezuela.

Pese a que la diplomacia estadounidense ha lanzado una ofensiva en el subcontinente planteando que Washington es mejor socio comercial que China, siguen sin ser capaces de proponer una política especialmente atractiva para los gobiernos latinoamericanos, lo que demuestra la carencia de planes estratégicos enfocados a la región.

Con un enfoque que busca priorizar acuerdos comerciales bilaterales país a país -condición que se ve beneficiada por el actual desmantelamiento de las herramientas de integración regional impulsadas durante el ciclo progresista- y la reducción de su déficit comercial, Estados Unidos busca reposicionarse en la región mediante una variedad creciente de actividades económicas trasladadas al ámbito digital (online), abarcando varias tecnologías de información y comunicaciones (TIC) que tienen un impacto transformador en la manera de hacer negocios, y en la interacción de las personas entre sí y con el gobierno y las empresas. Las exportaciones de Estados Unidos relacionadas con el comercio digital están aumentando, junto con la inversión extranjera directa en esas industrias. Lo anterior indica una dura competencia frente a China por la hegemonía tecnológica en América Latina.

Sin embargo, la nueva derecha latinoamericana en el poder y la que viene camino de hacerlo en los escasos gobiernos progresistas que quedan en la región es tremendamente pragmática, y salvando el caso brasileño, tiene escaso conflicto en articular relaciones con el capital, venga este de donde venga, en aras a implementar sus nuevas políticas neoliberales.

Donde si se atisban cambios estratégicos es en la política de seguridad regional. La nueva agenda, orienta nuevamente por Estados Unidos, tiene dos características esenciales: mayor participación de inteligencia estadounidense en la lucha contra el narcotráfico y la delincuencia organizado, lo que a la postre tendrá su impacto en los mecanismos de control sobre la disidencia política, así como la vuelta a las maniobras militares conjuntas con operativos de apoyo de Estados Unidos, tal y como fue el caso de AmazonLog17 en territorio amazónico brasileño durante el gobierno de Michel Temer.

Esta condición implica, más temprano que tarde, que habrá una colisión entre la hegemonía militar estadounidense y la nueva hegemonía comercial china en la región. Como se canalice su desenlace es lo que está por verse…

Fuente: vientosur.info