Rita Segato: «Estamos por dar vuelta la página de la prehistoria patriarcal»

¿Qué es el pensamiento incómodo? Rita Segato, de vestido morado y con los rulos al viento, se sentó frente a un millar y medio de estudiantes, docentes, periodistas y militantes de distintas agrupaciones que llegaron de todas partes del conurbano y de la Ciudad de Buenos Aires.

A Segato le gusta pensar al margen de los lugares comunes. “Me asustan las repeticiones y los clichés. Las consignas fuertes que empiezan a repetirse frenan la historia”, dijo. “Hay que salir de los círculos viciosos, de la repetición de consignas. Por ejemplo, yo no hablo de crímenes de odio, que es una idea que sentimentaliza los crímenes políticos. Empoderamiento es otra palabra que no uso, porque habla del poder, y a mí me interesa la horizontalidad. Hablar con las palabras que no representan las formas que yo pienso tiene que ver con esta idea del pensamiento incómodo”.

Dos días antes de la tercera movilización global del 8M, una multitud se reunió en el Campus Miguelete de la UNSAM para recibirla. Sus clases en la Cátedra Abierta de Pensamiento Incómodo, de la Escuela de Humanidades (EH) y Lectura Mundi, comenzarán en abril.

Desde un estand improvisado con una mesa y dos caballetes, las chicas de un colectivo barrial ofrecían banderas con las consignas “Vivan las cuerpas” y “Feminismo y revolución”. A su lado, las estudiantes de la Escuela Secundaria Técnica de la UNSAM estampaban remeras con las frases “Fuego a todos los que no nos dejan ser”, “Basta de violencia machista” y “Furia trava”.

“Somos de Florencio Varela y militamos en una colectiva que se llama La 30”, contó Natu, de 13 años. “Nos parece buenísimo que se haga en este espacio abierto, en esta universidad pública”, dijo. Micaela llegó con sus compañeras: “Vine desde Tigre para escuchar a Rita”, dice. “Dentro del feminismo enfrentamos discusiones que parecían saldadas. Tenemos que formarnos, seguir discutiendo para que no se pierdan algunas cuestiones que ya se habían convertido en derechos”.

Segato llegó acompañada por el rector Carlos Greco y por la decana de la Escuela de Humanidades, Silvia Bernatené. “Una de las principales dificultades”, dijo el rector, “es poder convocar a los mejores para que vengan a participar de una gesta universitaria en el conurbano profundo. Que hoy Rita Segato esté acá nos llena de orgullo y nos hace pensar que seguimos el camino correcto. Compartir su experiencia, su saber, su forma de decir y de actuar nos estimula a seguir actuando en pos del bien común”.

El biologicismo

En el escenario la esperaba la periodista y escritora Mariana Carbajal. “Muchas gracias a la UNSAM por darme este pequeño gran lujo. A Rita la amamos. Es un pensamiento que nos provoca, nos incomoda y nos hace pensar”, dijo. Y enseguida pasó a la primera pregunta: ¿Cuáles son los debates que hoy son incómodos dentro del feminismo actual?

“Un movimiento sin errores es imposible”, respondió Segato. “Toda normativa tiene sus fisuras, pero me sorprendió esto: un momento claro de la teoría feminista, que es un pensamiento sumamente sofisticado, es el de la desbiologización. El desacoplamiento de lo femenino de los cuerpos. La noción de género retira de los cuerpos lo femenino y lo masculino y los transforma en una estructura, una matriz que trasciende el que cuerpo que llevamos. Los fundamentalistas están queriendo borrar la palabra género. Prohibirla por amenazadora”.

“Margaret Thatcher”, siguió, “llevaba un cuerpo de mujer y, sin embargo no existió mayor enemiga de las mujeres que ella. No basta con tener un cuerpo. Hay mujeres patriarcales y hombres que pueden ser maternales, por ejemplo. Eso existe también. Y mujeres que son pésimas cuidadoras. No se puede biologizar la tarea. Debemos superar la amenaza del biologicismo. ¿Hombres débiles? ¿Femeninos? El patriarcado los castiga por desobedientes. Un problema falso que no me representa”.

“La misoginia es hegemónica, se mete en todas partes. El ojo patriarcal y misógino es hegemónico, pero eso no nos debe llevar a un fanatismo de los cuerpos. Las traiciones son constantes dentro de los movimientos políticos. Hay problemas difíciles que surgen con la profundidad histórica del movimiento. Esas dificultades son proporcionales a todo lo que hemos caminado”, dijo.

Y puso ejemplos: “¿Con el castigo voy a modificar la sociedad? Eso es falso. La ley no causa comportamientos. Si los causara no habría abortos. La ley no es determinante de las prácticas de las personas. Lo más importante es la eficacia discursiva, simbólica, performativa, que es la capacidad de persuadir, de convencer. El teatro legislativo no tiene eficacia material”.

Linchamiento o justicia

“Hablé con los rectores de dos colegios secundarios de la Ciudad de Buenos Aires”, contó cuando la charla llegó al tema de los escraches. “En los dos relatos está la idea de que entender la cuestión de género es entender la educación secundaria. Allí vemos la catástrofe del género. El feminismo pilgrim (peregrinos puritanos) de Estados Unidos vs. el feminismo de las mal fundadas repúblicas criollas”, dijo.

“Con algunas excepciones como la de Judith Butler, el feminismo pilgrim acata la idea de que durmiendo con un abogado en la almohada voy a resolver los problemas entre los chicos y las chicas. Nosotros no podemos entrar por ese camino porque nuestra sociedad, nuestra historia, nuestra fundación colonial son diferentes. Lo central es dar herramientas a las chicas y los chicos, a los hombres y las mujeres, para que puedan negociar su relación. Y eso el feminismo lo está descuidando. Las personas tienen que poder negociar sin la mediación de los Estados, que siempre nos van a traicionar. Si no aprendemos de la historia, demos clases de relojería”.

¿Le vamos a dar al Estado la negociación de cómo va a ser la sexualidad de nuestros hijos? se preguntó. “Tenemos que dar a la juventud herramientas para que puedan negociar, decir qué quieren, qué no quieren y hasta dónde. Nuestro mundo es un mundo de conversación, la Argentina todavía es un país donde las personas conversan. Pero está sucediendo que los chicos y las chicas no están pudiendo conversar más sobre sus expectativas relativas a su sexualidad, a su deseos. Hay una desconfianza extrema entre muchachos y muchachas”.

“Eso lo veo como algo negativo y tiene que ver con el punitivismo, con el castigo —que no es lo mismo que el escrache, que es una justicia noble y debatida a lo largo de muchos meses cuando no había justicia ni Estado—. En ese período, e inclusive hoy, el escrache es la forma de hacer justicia por la propia gente, pero no es espontaneísmo. No es un linchamiento. Los escraches a los genocidas en la Argentina siempre supusieron largos períodos de preparación. Ahí hay un justo proceso,  con un patrón, un protocolo y una forma de juzgar, de decidir y de punir. En el linchamiento no lo hay”.

El riesgo mayor para el feminismo, dijo, “es caer en el linchamiento moral sin parámetros claros del justo proceso. Esos errores podrían poner en jaque muchas conquistas y escraches que fueron bien procesados. La punición no lleva a una disminución de los problemas que tenemos. Los femicidios no disminuyen”.

Cambiar la base

“Los femicidios y las violaciones existen porque hay un caldo de cultivo gigantesco, diseminado en toda la esfera social, en el día a día, en las agresiones diarias que sufrimos todas las mujeres. Modificando ese caldo de cultivo, esa base del iceberg, solo así vamos a poder incidir en lo que puede ser tipificado como crimen”, dijo Segato. “De todas esas agresiones, un número muy pequeño es tipificado como crimen o delito. Desmontando el mandato de masculinidad desarticulamos ese gran caldo. Ese chiste, la mirada ultrajante y rapiñadora sobre el cuerpo de la mujer, un cuerpo que se usa para construir un vínculo entre hombres. La modificación de todo eso, que es capilar en el tejido social, será capaz de tocar allá arriba”.

Sobre el caso de Lucía, la niña de once años con discapacidad mental violada en Tucumán y a la que se le negó un aborto no punible, Segato opinó: “Es un espectáculo de crueldad. En Tucumán, en Jujuy, en el Chaco aún se practica el “chineo”, una abominación muy común en esas provincias del norte, en donde las elites se pronuncian en contra del aborto. Allí llevan a sus hijos a tener su iniciación sexual con las niñas wichis, iniciaciones en las que hay violaciones de jóvenes pobres indígenas. Prácticas asquerosas de las elites criollas del norte que todavía hoy están vigentes. Cuando hay casos de violación entre indígenas, ahí el Estado actúa, pero cuando el blanco va al chineo, la indígena es una “prostituta”.

Un discurso nauseabundo que convive con el rechazo del aborto. Cuanto más débil es el Estado, más se ensaña con la panza de la mujer. La panza es la medida de la debilidad de un Estado. No hay una cuestión moral por detrás. Las clínicas de fertilización asistida, ¿no están llenas de óvulos fecundados? ¿No son personitas por estar en una probeta? En esas clínicas se manejan grandes capitales, al igual que en los laboratorios. Allí no hay abortos, hay hipocresía pura”.

 

Si el patriarcado cae, toda la sociedad se transforma. El patriarcado es la base de la pirámide social y de todas las formas de opresión pensadas por los medios masivos de comunicación, que hoy se están rearmando para enfrentar nuestra amenaza. Una reacción virulenta que es la medida de lo que hemos alcanzado. Vamos para adelante que estamos llegando a destino. Nuestro esfuerzo tiene que retirarnos de la posición de las minorías, de las columnas marginales. Debemos ir del borde al centro de las cuestiones. Eso es lo que está pasando en el presente.

¿Qué vamos a encontrar en tu cátedra?, preguntó Carbajal casi al final de la conversación.

“Hice una lista”, dijo Segato, y leyó: “Mirar el mundo desde nuestro margen y a contrapelo del sentido común de la academia, marcada por el eurocentrismo de su fundación y el patriarcalismo de sus prácticas; permanecer en el arraigo de un paisaje nuestroamericano; saber dónde tenemos los pies plantados; cultivar el arte de pensar en conversación”.

La lista es larga. Habló de interseccionalidad, de raza,de sexo, de género. Dijo que hay que desarmar el nudo de la prehistoria patriarcal. Que estamos por dar vuelta la página de esa prehistoria. Algunos tramos despertaron una ovación. “El pañuelo azul es monopólico: nadie puede practicar abortos. El pañuelo verde es pluralista: quien quiere puede, quien no quiere no”, concluyó.

Fuente: http://lobosuelto.com/?p=22812

Tomar en serio a Haití

Entrevista a la socióloga Sabine Manigat
Por Pablo Stefanoni
Otra vez, la imagen de Haití es la de protestas, vandalismo y barricadas en las calles. Haití es retratada a menudo desde enfoques que resaltan su «singularidad», su «mala suerte», sus catástrofes naturales y sociales, y terminan por folklorizar al país que hoy vive una nueva crisis asociada en gran medida al rechazo a la corrupción. La socióloga y politóloga Sabine Manigat, de la Universidad Quisqueya, repasa la coyuntura de la nación caribeña.
 
-¿Qué fue lo que desencadenó la actual rebelión social en Haití?

Podemos hablar de una coincidencia en el tiempo entre el empeoramiento acelerado de la situación socioeconómica de las mayorías –incluido un sector importante de clases medias empobrecidas– y el evidente fracaso de la fórmula de gobierno que resultó de los comicios de 2016 que llevaron al poder a Jovenel Moïse, un súbdito de Michel Martelly.

Un indicio premonitorio de lo primero fueron los disturbios de principios de julio de 2018 en contra del alza del precio de los hidrocarburos pero también del alto costo de la vida. Mientras la inflación registraba nuevos récords entre abril y junio, la moneda nacional se devaluaba aceleradamente. Una pista de lo segundo la dio la política cada vez más cerrada del gobierno dirigido por Moïse, incapaz tras dos años en el poder de viabilizar siquiera algunas de sus promesas electorales, en particular las referidas a servicios básicos (electricidad) y nivel de vida (aumento del empleo y de la producción agrícola).

Todo esto ocurre dentro de un ambiente de corrupción cada vez más descarado que involucra además al Parlamento. Jean Henri Ceant, el primer ministro nombrado después de los disturbios de julio, salido de la tendencia Lavalas (del ex presidente Jean Bertrand Aristide) no pudo operar el necesario acercamiento entre la oposición (a la que pertenece) y el partido gobernante (el Partido Haitiano Tèt Kale). El empecinamiento de la presidencia, que se niega a una real apertura, combinado con la impotencia de un primer ministro, que no ha podido abordar ninguno de los problemas más candentes, provocaron la ampliación del descontento con la histórica manifestación del 17 de octubre y la también masiva del 18 de noviembre, ambas seguidas de días de incertidumbre y, sobre todo, del ensordecedor silencio de las autoridades.

La actual rebelión social abarca amplias capas del cuerpo social y concierne a diversos actores, incluido el sector privado. Por ello se puede calificar de cuestionamiento de todo un sistema, la resultante del agotamiento del mismo y de la sordera de sus dirigentes.

-Haití pasó por la decepción con el gobierno de Jean Bertrand Aristide, un terremoto que destruyó gran parte de la capital, la llegada al poder de un músico extravagante (Michel Martelly), una misión militar multinacional (la Minustah), ¿Por dónde podría pensarse una recomposición estatal?

Indudablemente, estos eventos han impactado y construido cierta imagen de Haití, su «singularidad”, su «mala suerte», un «caso desesperado». Pero más allá de esas etiquetas –que dicen algo pero distorsionan y «folklorizan» la historia y los problemas de Haití– habría que retener, y enfocar la reflexión alrededor de la débil gobernabilidad del país, particularmente tras la descomposición del orden dictatorial duvalierista.

La desaparición en 1986 del control político y social de la dictadura dejó al desnudo la amplitud de la exclusión que constituye la base de un sistema injusto, patrimonial y clientelista. Este sistema está agotado, y las experiencias de Aristide o de Martelly han sido expresiones de los fallidas intentos de cambio y de la resistencia que oponen las clases dominantes. Las sublevaciones actuales han sido precedidas de otros signos premonitorios, como la difícil transición del 2015-2016.

Si queremos «tomar este país en serio» –como gustaba decir el político y académico Leslie Manigat– y analizar Haití con las herramientas y los conceptos científicos y políticos de uso corriente, habrá que considerar el histórico fracaso de las oligarquías sucesivas en implementar un proyecto capaz de incorporar el interés general a sus intereses de grupo. La irrupción de los excluidos, es decir, de la inmensa mayoría de los 11 millones de haitianos, sobre el escenario político y sus exigencias de ser tomados en cuenta, han sido ignorados durante más de treinta años. Hoy, el lema ya no es «changer l’Etat» [cambiar el Estado], sino radicalmente «changer le systeme» [cambiar el sistema].

La analista no tiene motivos para ser optimista ya que lo que se rastrea son siglos de total ignorancia y de sistemático desprecio del interés general más básico por parte de las elites del país, y la falta de preparación para encarar un cambio, ahora que se ha tornado una apremiante necesidad . Empero, la creciente madurez demostrada por una opinión pública hoy más educada e informada, más consciente de sus derechos y más madura en sus demandas, nos da una mayor esperanza.

-¿Qué papel tuvo la corrupción en el uso de los recursos de Petrocaribe en el desencadenamiento de la crisis? ¿Cuáles fueron los beneficios de la asociación con Venezuela?

El tema de la corrupción desempeñó sin duda un papel de detonador en el estallido de la crisis. Al respecto, se soslaya a menudo un precedente importante. El sector «democrático radical», referenciado en la voz del abogado y militante André Michel, ya había iniciado hace más de un año una demanda pública contra el Estado acerca del uso de los fondos Petrocaribe.

La iniciativa, de índole legal, tenía un alcance más bien simbólico pero atestigua las preocupaciones por la amplitud que ha cobrado el fenómeno de la corrupción. De hecho, a partir de los años 2010, entre despilfarro de los fondos recibidos por Haití tras el terremoto y del maná del programa Petrocaribe, transitaron por el país centenas de millones de dólares. Se han evaluado en alrededor de 3.000 millones los fondos procedentes del programa Petrocaribe. Pero es sin duda la movilización de jóvenes a partir de las redes sociales lo que condensó las frustraciones y las demandas de diferentes sectores, algunos hasta entonces pasivos o expectantes. La manifestación del 17 de octubre pasado fue convocada para pedir rendición de cuentas sobre los fondos Petrocaribe y reunió cientos de miles de personas de diferentes grupos sociales. Fue una demostración ciudadana esencialmente pacífica, como lo fue la del 18 de noviembre. La absoluta ausencia de respuesta del gobierno contribuyó por mucho en la ampliación de las demandas y la radicalización de sus expresiones.

Sobre la relación con Venezuela, ha sido una de ayuda fraterna por parte de un país que por razones históricas ha manifestado una solidaridad especial con Haití. El régimen chavista no solo se negó a participar militarmente en la Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití (Minustah) sino que contribuyó en varios proyectos de desarrollo social y propuso el programa Petrocaribe. Acerca del uso de esos fondos falta información. El informe de la Corte Superior de Cuentas lista obras nunca realizadas o incompletas, como los diez complejos deportivos no funcionales, el mercado de pescados en la capital cuya construcción se interrumpió, un viaducto apenas esbozado… Esas estafas y malas prácticas involucran a personalidades e instituciones pertenecientes al más alto nivel del aparato estatal, incluido el Presidente.

-¿Qué tipo de organizaciones pusieron en marcha las protestas?

Se debe considerar una constelación de organizaciones y de sectores. El elemento desencadenante, el alza de los precios de los hidrocarburos, trajo naturalmente a colación el tema de los fondos Petrocaribe. De allí la formación en las redes sociales del movimiento «petrochallengers» (una red de jóvenes internautas) que convocó a la marcha de octubre pasado. La oposición radical, acusada de aprovecharse del movimiento para obtener réditos políticos política, tiene sin embargo cierta capacidad propia de convocatoria. Las organizaciones de derechos humanos y cívicas desempeñaron igualmente un papel. Se trata realmente de un movimiento policlasista poco organizado, enraizado esencialmente en el descontento popular. La débil tradición organizativa en Haití aunada a la falta de credibilidad de los partidos políticos confiere a esas protestas una (falsa) imagen de «espontaneidad de las bases». En realidad hay actores detrás de la cortina, lo que no se sabe es el peso de cada uno.

Por su carácter espectacular y el uso que de sus imágenes en la prensa, hay que mencionar las barricadas y los bloqueos de calles y carreteras asociadas. Son por cierto una expresión popular, barrial, de las protestas. Pero suelen ser también organizados por una fuerza disponible de desempleados, pagada muchas veces por políticos o empresarios. Cumplen una función de desacreditación de las manifestaciones, las cuales son anunciadas y luego relatadas bajo el sólo ángulo de la violencia. Pero no son ni las expresiones más importantes ni las más numerosas.

-¿Cómo es la situación actual?

Se avecina una nueva ola de protestas para este mes de marzo –cuyas formas exactas no se pueden anticipar– debido a la falta de una respuesta mínima de parte del gobierno. Hay una multitud de consultas, reagrupamientos y propuestas, formuladas tanto desde la ciudadanía como de las organizaciones políticas. Y esos grupos han empezado a dialogar. Sin embargo aún predominan las divisiones, en todos los niveles:

-Divisiones dentro del sistema político: en el seno del Poder Ejecutivo (los desacuerdos entre el presidente y el primer ministro son públicos) y dentro del aparato estatal (el Ejecutivo ignora al Parlamento que, a su vez amonesta el Ejecutivo y amenaza el Presidente con un juicio por alta traición); el aparato de justicia está dividido entre un sector politizado (allegados del gobierno) y otro impotente. La policía a su vez recibe órdenes de proteger los bienes y reprimir a los revoltosos que no siempre acata (ahí está la sospechosa pasividad de la policía durante los disturbios de julio de 2018).

-Divisiones entre las oposiciones y entre los grupos sociales (incluida la oligarquía dominante). La llamada «oposición radical» ya no tiene el monopolio de las convocatorias, pero los llamados a manifestar, tanto en noviembre como en febrero, fueron paralelos más que concertados. Hoy se suman las voces que reclaman la salida de Moïse: la oposición «moderada» socialdemócrata y de centro derecha, elementos del sector privado se están expresando en este sentido mientras que las alternativas a esa opción (diálogo, con o sin condiciones) están lejos de producir consenso.

El propio empresariado, a través del Foro del sector privado, habla de cómo una sola voz para pedir la preservación de sus intereses de «proveedores de empleos» pero está dividido sobre la mejor fórmula para salvar el sistema: ¿Conceder medidas de alivio socioeconómico para mantener el equipo gobernante?, ¿sacrificar a Moïse para salvaguardar el sistema? ¿Proponer un nuevo modelo modernizador sacrificando la economía patrimonialista? Ahora bien, lo nuevo es el carácter público de esos posicionamientos políticos de la burguesía. Uno de sus representantes, Reginald Boulos, incluso anunció la formación de una organización acorde con su visión.

De todo ello resulta la ausencia de una fórmula de salida de la crisis. Más aún, las negociaciones y consultas que día a día se desarrollan en los círculos de poder ocurren en un contexto de total opacidad. Esta incapacidad de las fuerzas nacionales para elaborar una solución endógena pone a Haití ante el riesgo de tener que aceptar (una vez más) un parcheo impuesto por sus «amigos» de la «comunidad internacional».

Irán: Cuarenta años de desigualdad

Por Yasmmine Mather

La administración estadounidense prefirió los islamistas a los izquierdistas, dice Yassamine Mather.

La conmemoración del 40 aniversario del levantamiento de febrero de 1979 en Irán ha estado marcada por docenas de seminarios académicos en Europa, numerosos documentales producidos por los medios de comunicación en idioma persa, así como el habitual desfile militar dentro del país.

Los documentales producidos fuera de Irán se centran en los recuerdos de personajes clave que aún están vivos, desde la esposa del ex sah, Farah Diba, y los funcionarios de la corte de Pahlavi, hasta Abolhassan Banisadr, uno de los aliados más cercanos del ayatola Ruhollah Jomeini en 1979, que actualmente está exiliado en Francia. La mayoría de ellos han hecho comentarios similares en anteriores aniversarios de la revolución iraní, pero esta vez las citas de los informes del general estadounidense Robert Huyser (desclasificados originalmente en 2015), que han sido repetidas por varias agencias de noticias, nos dan una mejor idea de los planes de los EE. UU. después de la partida del sah.

Los opositores iraníes de la República Islámica han difundido diversas teorías conspirativas sobre la misión secreta de Huyser en enero de 1979. Sin embargo, los documentos publicados muestran la confusión que emanaba de la administración Carter, que intentaba gestionar los eventos a miles de kilómetros de distancia, en circunstancias en las que no había entendido las razones detrás de las protestas masivas contra su tirano favorito en el Medio Oriente. Una de las tareas principales de Huyser fue alentar al sah a abandonar el país y detener un posible golpe militar por parte de los generales leales a él. Según el periodista de la BBC World Service, Kambiz Fattahi, que ha estudiado los documentos desclasificados del departamento de estado, diez días después de la partida del sah Jomeini envió un mensaje a Washington ofreciendo un acuerdo:

Si el presidente Jimmy Carter pudiera usar su influencia en el ejército para despejar el camino para su toma de poder, sugirió Jomeini, calmaría a la nación. Se restablecería la estabilidad y se protegerían a los ciudadanos y los intereses de Estados Unidos en Irán.[1]

La nota de Jomeini al presidente fue desclasificada en 2016, pero solamente ahora, en el 40 aniversario de la revolución islámica, los comentarios y análisis de la misma se han hecho bien conocidos – arrojando más luz sobre las negociaciones secretas de la administración Carter en las semanas cruciales después de la huida del sah de Teherán. Si bien, como he señalado, la misión principal de Huyser era impedir que los generales pro-sah organizaran un golpe militar, de hecho, les había dado luz verde para el mismo si la izquierda pudiera tomar el poder. En otras palabras, el acuerdo secreto demuestra que la administración estadounidense temía más a la izquierda que a los islamistas –especialmente a la clase trabajadora, cuyas huelgas habían paralizado el país–. En la verdadera tradición de la «intervención extranjera» de los Estados Unidos, sobre todo durante la guerra fría, era mejor aliarse con los islamistas contra las fuerzas seculares y de izquierda.

El plan acordado entre el gobierno de Carter y Jomeini (a través de sus asesores seculares) era frenar el movimiento de los trabajadores y organizar una transferencia de poder sin problemas a Jomeini. Lo que destruyó esos planes fue la participación de los homafars (técnicos y tripulantes de vuelo junior) en las fuerzas aéreas iraníes, que tomaron las armas contra sus comandantes en apoyo de la Organización de las Guerrillas del Pueblo Iraní el 11 y12 de febrero.

Como he escrito en varias ocasiones, en febrero de 1979 no nos enfrentábamos a una situación de «doble poder» en Irán. Así como los islamistas eran poderosos antes del levantamiento, los activistas de izquierda fueron los últimos en ser liberados de prisión. De hecho, bajo el sah los islamistas habían sufrido mucha menos represión que la izquierda –las reuniones celebradas en mezquitas y otras instituciones religiosas habían sido toleradas–. También estaban mucho mejor económicamente, beneficiándose de las donaciones del bazar. Es por eso que el movimiento religioso estaba mucho mejor organizado que la izquierda y otras fuerzas seculares. Además, la izquierda estaba políticamente confundida, cometió muchos errores y permitió que los islamistas les ganaran la partida.

Mirando retrospectivamente los carretes de películas de hace 40 años es interesante ver cómo la situación actual en Irán no es lo que se preveía en el momento de la revolución de febrero. A fines de 1978 y principios de 1979, dos de los eslóganes comunes en las manifestaciones eran: «¡Pan, trabajo, libertad!» E «¡Igualdad, independencia!». Cuarenta años después, no creo que nadie en su sano juicio pueda decir que los iraníes han ganado la “libertad” o la “igualdad”, por no hablar de democracia. El líder supremo domina la agenda política, mientras que los presidentes son «elegidos» de entre una lista preseleccionada de partidarios del orden actual. Las prisiones están llenas de activistas de los derechos civiles y laborales y la orden religiosa chiita ni siquiera puede tolerar la oposición dentro de sus propias filas. Los líderes del movimiento verde reformista han estado bajo arresto domiciliario durante los últimos diez años.

Por eso, cuando me pidieron que hablara en un seminario para conmemorar el 40 aniversario, decidí hablar sobre «Igualdad» y su relación con la “independencia”.

Desigualdad

No hace falta decir que el pueblo iraní no se habría rebelado contra el sah si no hubiera sido por la enorme brecha entre los ricos y los pobres. En ausencia de un apoyo financiero para el campesinado, la «reforma agraria» del sah había empobrecido el campo, mientras que el éxodo masivo a las grandes ciudades creó una gran extensión de barrios marginales.

Existían dos universos paralelos, no solo en términos de ingresos y niveles de vida, sino también en términos de cultura. Las clases superiores seculares en el norte de Teherán menospreciaban a los pobres e incluso a la clase media baja. Las mujeres de clase alta, occidentalizadas, utilizaban la palabra chadori (el manto largo que usan las mujeres devotas) como un término despectivo. En palabras de Pierre Bourdieu, ciertas formas de «capital cultural» se valoraban por encima de otras y ayudaron u obstaculizaron la movilidad social tanto como el ingreso o la riqueza.

Lejos de ser una ‘conspiración occidental para deponer al sah, porque se estaba volviendo demasiado poderoso’ (una de las teorías expuestas por los monárquicos iraníes), el levantamiento fue un resultado directo de los fracasos del régimen del sah al responder a la crisis económica que siguió al boom de principios de los setenta. La mayoría de los trabajadores cualificados sufrieron una caída en sus niveles de vida en 1976, mientras que la «Revolución Blanca» en la agricultura dejó a un gran número de campesinos sin tierra y sin dinero, lo que los obligó a buscar empleos estacionales en las grandes ciudades. La recesión los dejó desempleados e indigentes. Además de los dos grupos anteriores, los pequeños productores independientes se vieron obligados a cerrar el negocio y a veces cayeron en bancarrota debido a la decisión de la cámara de comercio de Irán de apuntalar la posición ya privilegiada de los grandes capitalistas. La corrupción y el gobierno de una camarilla cortesana significaron que muchos comerciantes tradicionales, a menudo asociados con el bazar, se vieron privados de las grandes ganancias al alcance de los sectores más privilegiados de la clase dominante.

Este tipo de decisiones, que ejemplifican la arrogante dictadura de la familia real, alimentaron el descontento político generalizado, mientras que la supresión de la izquierda y, de hecho, de toda la oposición secular permitió que secciones del clero y el movimiento islámico movilizaran lo que en realidad era descontento de clase en nombre de la religión. El clero, que había sobrevivido a las medidas represivas de la dictadura del sah llegando a acuerdos con el régimen, estaba en una posición mucho mejor para beneficiarse del descontento político que los grupos seculares y socialistas, que habían sufrido muchas pérdidas en sus filas debido a las ejecuciones y encarcelamientos. En el verano de 1978, las manifestaciones religiosas en las principales ciudades fueron lideradas por el clero, financiadas por el bazar y apoyadas por productores independientes, los pobres urbanos y los estudiantes.

Después de la revolución, las protestas contra la desigualdad y por mejores salarios y condiciones de trabajo continuaban en las fábricas y en toda la industria petrolera, por lo que el nuevo gobierno islámico atacó a los manifestantes y activistas laborales. Para un régimen cuyo apoyo principal se basaba en el bazar y los pequeños capitalistas, la defensa de la propiedad privada se convirtió en algo primordial.

Además, la mezcla no homogénea (multiclase) en el campo de los islamistas requería una política de negación de la lucha de clases, o al menos marginarla y eliminarla de la agenda política. Este bloque social, unido bajo el paraguas de la cultura religiosa, no tenía otra manera de superar los antagonismos de clase dentro de él entre los pobres habitantes de las barriadas de chabolas y los representantes de los bazares, más acomodados. El nuevo estado religioso necesitaba «unidad» y en consecuencia desarrolló rápidamente un odio hacia la izquierda, que quería continuar la lucha, y propugnaba la acción de la clase obrera independiente. En el primer mes después de llegar al poder, el nuevo régimen utilizó paramilitares y partidarios civiles para atacar las protestas de los trabajadores. En marzo de 1979, los asistentes a una reunión de trabajadores petroleros en la refinería de Teherán fueron atacados por las milicias de Hezbollah y Bassij, que gritaban Hezb faghat hezbollah: «Solo un partido: el partido de Allah».

Nuevo y débil

La guerra Irán-Irak (1980-88) fue la única ocasión en que el estado tomó medidas de bienestar social como la emisión de cupones para la mayoría de la población. Las duras condiciones creadas por la guerra enmascararon algunas de las desigualdades subyacentes dentro del país. Pero incluso entonces los ricos y poderosos podían pagar sobornos para evitar que sus hijos fueran enviados al frente, algunos incluso encontraron formas de enviar a sus hijos al extranjero para evitar el servicio militar obligatorio. En otras palabras, no hubo mucha igualdad en cuanto a los que fueron enviados al frente, donde cientos de miles de soldados perdieron la vida.

El final de la guerra estuvo marcado por la reintegración del país en la economía mundial. La muerte de Jomeini llevó al nombramiento de un nuevo líder supremo, Ali Jamenei, que en comparación era relativamente débil –no era aún el dictador en el que se convertiría en los años posteriores–. Era completamente leal a Akbar Rafsanjani, el clérigo principal que lo había nominado como vali faghih («guardián de los imbéciles» o líder supremo). La dominación internacional del capital financiero y la globalización, así como el ascenso de una poderosa facción «reformista» en el régimen iraní, allanó el camino para un plan masivo de reconstrucción de postguerra, totalmente en línea con el nuevo orden mundial capitalista. Nadie persiguió esto con más entusiasmo que el ayatolá Rafsanjani, que ya era un hombre de negocios con una considerable fortuna personal. Este período marcó el comienzo de una brecha cada vez mayor entre los ricos y los pobres en la República Islámica de Irán.

Este es el momento en que el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional se involucraron en ayudar a la economía de Irán –una situación que ha durado hasta hoy, a pesar de los reclamos de «independencia» de los líderes islámicos–. Estas instituciones impulsaron la política de privatización y la maximización de las ganancias en aras del «crecimiento» (además del fin de los subsidios de bienestar).

El siguiente informe del Banco Mundial de octubre 2018 ofrece un razonable resumen de la situación:

Las autoridades iraníes han adoptado una estrategia integral que abarca reformas basadas en el mercado, tal como se refleja en el documento de previsión a 20 años del gobierno y en el sexto plan de desarrollo quinquenal para el período 2016-2021 … En el frente económico, el plan de desarrollo prevé una tasa de crecimiento económico anual del 8%, reformas de las empresas estatales y del sector financiero y bancario, y la asignación y gestión de los ingresos del petróleo, como principales prioridades del gobierno durante el quinquenio.[1]

Sin embargo, en Irán –como en todas partes bajo el capitalismo neoliberal– no hubo un «efecto filtración». No se redujo la brecha entre los ricos y los pobres, y mucho menos se cumplieron las promesas de «igualdad». Mientras que los clérigos y sus más cercanos partidarios civiles y militares han ganado miles de millones de dólares con el contrabando y el mercado negro, los iraníes corrientes se han enfrentado al hambre, la pobreza extrema y la muerte debido a la escasez de medicamentos y equipos quirúrgicos. Sin duda, el despliegue de una riqueza esperpéntica añade el insulto a la lesión, pero el líder supremo no presta mucha atención a la lesión.

El año pasado, una periodista del New York Times se sorprendió por lo que vio en un programa presentado por la progubernamental Press TV:

No fue solo la riqueza lo que me impactó, sino también la forma en que los del «uno por ciento» iraníes alardeaban de los símbolos de la decadencia occidental sin temor a las represalias del gobierno…

Después de una revolución que prometía una utopía igualitaria y se comprometió a erradicar el gharbzadegi –los estilos de vida modernos y occidentalizados de los iraníes cosmopolitas– ¿cómo algunos se han vuelto tan ricos? Resulta que gran parte de la riqueza de Irán está en manos de los propios encargados de mantener la justicia social. Líderes religiosos de línea dura, junto con la Guardia Revolucionaria Islámica, han diseñado un sistema en el que son principalmente ellos, sus familiares y sus leales amiguetes quienes prosperan.[1]

El hijo de un diplomático iraní, Sasha Sobhani, que aparentemente tiene medio millón de seguidores en Instagram, publicó recientemente unas fotografías de sus viajes a las islas griegas. Aparecía sentado en la cubierta de un yate caro bebiendo champagne. Debajo de un post escribió: “¿Hasta cuando estaréis celosos de mí?”

En otras palabras, no queda nada de las consignas igualitarias del levantamiento de febrero. Hoy en día, la mayoría de jóvenes iraníes se ríen de las afirmaciones de sus gobernantes de perseguir la «justicia social» y, como en febrero de 1979, los iraníes viven en dos universos paralelos. En el norte de Teherán, helados recubiertos de oro y automóviles Lamborghini y Porsche, son un mundo aparte de la vida real de millones de iraníes que se enfrentan al hambre y la falta de medicamentos básicos, por no mencionar a las decenas de miles que todavía viven en barrios de chabolas, como Nassir Shahr en las afueras de Teherán. Además, el predominio de la cultura superficial, de celebridades, de tipo estadounidense, se ha extendido ampliamente a través de las redes sociales entre los sectores acomodados de la juventud iraní, lo que significa que los ricos ostentan su riqueza sin vergüenza, aumentando la ira y el resentimiento de la mayoría de la población.

El umbral de la pobreza en 2018 se situó aproximadamente en $ 480 al mes por hogar. Esto significa que el 33% de la población, más de 24 millones de iraníes, vive por debajo de ese umbral de pobreza. El ingreso medio de un hogar promedio es de tan solo $ 885, haciendo que quienes se encuentran por encima del umbral de la pobreza oficial tengan que luchar para llegar a fin de mes. El uno por ciento superior gasta 86 veces más que el uno por ciento más pobre. Según el periódico iraní Donya-e-Eqtesad, «el 10% más pobre de la población gasta una 14ª parte de la suma gastada por el 10% más rico”.

Sanciones

Cuando Donald Trump reimpuso las sanciones contra Irán, después de la retirada unilateral de Estados Unidos del Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA) en noviembre de 2018, los sectores petrolero y bancario de Irán fueron fuertemente dañados. La moneda perdió más de la mitad de su valor el año pasado. No es necesario recordar a los lectores que quienes están en el poder, o cerca de los centros de poder, no se han visto afectados por estas nuevas sanciones. Todavía pueden comprar bienes a los tipos de cambio irreales del gobierno –vendiéndolos al precio semioficial altamente inflado, asegurándose así enormes ganancias–. Además, los relacionados con los centros de poder tienen un monopolio sobre la distribución de alimentos y medicinas. La mayoría de ellos ha amasado su fortuna astronómica a través del control del mercado negro durante la era de las sanciones. Este grupo utiliza su experiencia en el contrabando en el creciente sector de la economía negra para acumular aún más riqueza a expensas de la clase trabajadora y los pobres.

Jamenei y cada vez más el gobierno del presidente Hassan Rouhani dicen a los iraníes que los «sacrificios» que están haciendo valen la pena, porque, al fin y al cabo, Irán es ahora políticamente independiente. Esto, desde luego, no es cierto. El acuerdo nuclear firmado en 2016 fue, de hecho, un signo de sumisión al dictado occidental. Hablando ante la multitud reunida para las celebraciones del levantamiento de febrero, Rouhani dijo que el país estaba en «estado de guerra» y mientras que los iraníes cuestionan cada vez más el precio que tienen que pagar por esta célebre «independencia», la realidad obvia es que ésta no tiene sentido, dada la dependencia económica del país del capital global. Las sanciones económicas han tenido un efecto devastador en la economía de Irán precisamente por esta dependencia –al menos en términos de la importación de productos básicos–.

Para ejercer la hegemonía es útil que, además de la independencia económica, se disfrute de un apoyo abrumador dentro de las propias fronteras. Pero esto difícilmente puede lograrse si se acusa a los trabajadores que protestan por la falta de pago de los salarios de ser agentes de poderes extranjeros; si se arresta a cada abogado que se atreve a representar a un activista de izquierda; ¡si se acusa de espías a maestros jubilados y empleados estatales que exigen el pago de sus pensiones ganadas con tanto esfuerzo!

En el 40 aniversario de la revolución islámica, el estado iraní cumplió con la rutina habitual de las celebraciones masivas en las calles, mientras que el ministro de Relaciones Exteriores de Irán, Mohammad Javad Zarif, y el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, intercambiaban insultos en Twitter.

Trump escribió: “40 años de corrupción. 40 años de represión. 40 años de terror. El régimen en Irán ha producido solamente #40añosdefracaso. El sufrido pueblo iraní merece un futuro mucho más brillante”.

Zarif respondió: “#40añosdefracaso en aceptar que los iraníes nunca volverán a la sumisión. #40añosdefracaso en ajustar la política estadounidense a la realidad. #40añosdefracaso para desestabilizar a Irán a través de la sangre y el dinero. Después de 40 años de malas decisiones, es hora de que @realDonaldTrump reconsidere la política estadounidense fallida”.

Los clérigos y su gobierno lograron que decenas de miles de iraníes asistieran a las celebraciones. Sin embargo, la mayoría eran soldados, maestros, alumnos y empleados del gobierno. Las imágenes muestran que no hubo ni el entusiasmo ni la espontaneidad de 1979. En contraste, las manifestaciones del mes pasado en la planta azucarera de Haft Tapeh y las protestas de los trabajadores en Ahvaz a mediados de enero demostraron que el espíritu de 1979 está vivo y fuerte. Si va a haber algún cambio en Irán, vendrá de estas fuerzas, y definitivamente no de los partidarios del «cambio de régimen desde arriba» patrocinado por la administración Trump, Arabia Saudita e Israel.

Notas

  1. www.bbc.co.uk/news/world-us-canada-36431160
  2.  www.worldbank.org/en/country/iran/overview
  3.  www.nytimes.com/2014/06/11/opinion/clerical-rule-luxury-lifestyle.html?_r=0
es una socialista iraní exiliada en el Reino Unido, profesora de la Universidad de Glasgow y Directora de la Campaña «Fuera las manos del Pueblo de Irán» (HOPI).

Fuente:

https://weeklyworker.co.uk/worker/1238/forty-years-of-inequality/

Traducción:Anna Maria Garriga Tarré / sinpermiso.info

Justa Montero: “El feminismo de Ciudadanos entra en contradicción con el que convoca la huelga feminista”

Anticipa un éxito, otro, del movimiento feminista en la huelga de este año. Cree que, si hoy nadie puede dejar de hablar de feminismo, es gracias al empuje del movimiento feminista autónomo en los últimos años. Justa Montero, militante feminista de larga trayectoria, alerta contra el feminismo que pretende asegurar derechos para una pocas sin tocar las estructuras que generan la desigualdades para todas.

Por Patricia Reguero

Justa Montero empezó su militancia en el movimiento feminista en los años 70. Formaba parte de un grupo universitario con un nombre “horroroso”, dice: la Asociación Universitaria para el Estudio de los Problemas de la Mujer. Militaba en un grupo de San Blas que facilitaba información sobre aborto y anticonceptivos en los últimos años de la dictadura. Es fundadora de la Asamblea Feminista de Madrid y una de las veteranas de la Comisión Feminista 8M, encargada de coordinar la huelga feminista.

Sobre la convocatoria de huelga feminista el 8M, es optimista y anticipa un éxito (otro) del movimiento feminista en la movilización por los derechos de las mujeres con unas demandas que nada tienen que ver con ese “feminismo liberal” hecho a la medida de Ciudadanos. “Hoy nadie puede dejar de hablar de feminismo y nosotras mantenemos una autonomía y una forma de organizarnos que ha llevado a lo que nunca se hubiera pensado”, asegura. Montero es además una de las firmantes del manifiesto por un feminismo internacionalista hecho público este miércoles junto a Angela Davis, Nancy Fraser o Verónica Gago. Hablamos con ella pocas horas antes de que empiece la jornada de huelga feminista.

El comunicado “Hacia la internacional feminista” publicado ayer, ¿a qué momento responde?

Una de las cosas que refleja el 8M es una práctica de un nuevo internacionalismo feminista que nos está uniendo a partir de las convocatorias de huelga en 2016 en Argentina, pero el comunicado va más allá del 8M. El nuevo internacionalismo feminista parte de la práctica en nuestros territorios concretos y desde ahí hace una propuesta global de cambio de sociedad, que tiene que ver con una articulación internacional, porque los problemas que denunciamos tienen que ver con procesos internacionales que hacen que las políticas extractivistas con capital del norte global ataquen los derechos de las mujeres en países del sur. Este manifiesto es testimonio de esos procesos que se están dando de los movimientos feministas en distintos países.

¿Es eso lo que algunas llamas “feminismo de cuarta ola”?

No soy mucho de olas, pero si sirve para entenderse… El momento actual responde a un proceso de los últimos años caracterizado de partir de las prácticas feministas desde la diversidad, no como suma de identidades particulares sino como reflejo de cómo las mujeres estamos atravesadas por otros sistemas de poder (clase, raza, políticas coloniales). Eso dibuja un mapa de los conflictos que atraviesa nuestros cuerpos y nuestras vidas que es muy amplio. Y esta ola tienen que ver con esa capacidad de las mujeres para analizar la situación y plantear alternativas desde una dimensión global, poniendo el foco en las causas estructurales y en el propio sistema.

¿El año pasado se dijo que la huelga feminista había marcado un “hito”? ¿Se puede repetir un hito?

La huelga feminista del 2019 va a ser un exitazo. Los vemos porque se nota en la calle, y porque esta semana de revuelta feminista, como la hemos llamado, está contribuyendo a movilizar. El que sea un éxito tiene que ver con la realidad y con la percepción que tenemos la mujeres de esa realidad. El año pasado conseguimos poner sobre la mesa los muy diversos problemas que atraviesan nuestros cuerpos y nuestras vidas, y durante todo este año hemos conseguido que sea motivo de debate social. El año pasado dijimos que nadie iba a poder mirar a otro lado, y lo hemos conseguido. El problema es que los cambios concretos materiales no se han dado y cuando decimos que tenemos mil motivos es porque los motivos que planteábamos en la anterior huelga siguen vigentes al 99%, eso también provoca mucha indignación y mucha rabia.

En 2018 la huelga era un proceso, y esta idea se repitió durante varios meses. ¿Sigue siendo un proceso la huelga feminista en 2019?

La huelga sigue siendo un proceso y siempre lo hemos visto así. En ese proceso se han incorporado muchísimas más mujeres, hemos notado cambios en asociaciones, cambios en los sindicatos… Por ejemplo, con respecto a los sindicatos, aunque este año UGT y CC OO no han respondido a nuestra petición [de huelga de 24 horas], CC OO Enseñanza convoca 24 horas. Y eso es producto de un proceso en el que las mujeres feministas sindicalistas han estado presionando. Ahora estamos en una situación de enfrentar la jornada del día 8 sabiendo que es un éxito asegurado.

Algunas críticas de 2018 tenían que ver con la duda de si en la huelga estábamos todas. El anuncio de Afroféminas de que no se suma la huelga feminista, ¿se puede leer como un fracaso en el intento de hacer una huelga de todas para todas?
Creo que no. La propuesta de huelga es una propuesta clarísima para que todas las mujeres tengan un espacio y puedan hacer la huelga de una u otra forma. En relación a si todas las mujeres se sienten incluidas, creo que las mujeres racializadas tienen muchas voces y, de hecho, dentro de la Comisión 8M existe una Comisión de Migración y Antirracismo que ha estado muy activa durante todo el proceso y que ha participado desde la propia comisión 8M. Gracias ese sentirnos todas parte de este proceso, en el argumentario no hay un eje de fronteras, como el año pasado, sino que la perspectiva de las mujeres racializadas y de la lucha contra el racismo es transversal. A iniciativa de esta Comisión, la primera acción de la semana de revuelta feminista fue una concentración el CIE de Aluche. No es que con eso se resuelva todo, pero sí es un paso adelante y ahora hay que seguir avanzando.

Ha habido algunas las tensiones dentro de la Comisión 8M, ¿pueden esas tensiones, como la postura del feminismo transexcluyente, o el debate en torno a la prostitución, debilitar este 8M?

Las mujeres trans están en la Comisión 8M, no hay debate sobre eso. Forman parte del trabajo colectivo, son voceras… Dentro de la comisión 8M ese debate no existe, sino que el debate está en otros feminismos, y creo que es marginal. Con respecto a la prostitución, en primer lugar hay que decir que no se está poniendo en primer plano algo importantísimo, que es el acuerdo que hay, unánime y recogido en las propuesta de la Comisión Feminista 8M sobre el tema de la trata. En las propuestas está explícitamente recogida la denuncia de la trata con fines de explotación sexual y laboral y los problemas que está habiendo por la no aplicación y no desarrollo de la normativa tanto española como comunitaria. Luego hay que entender que estamos hablando de la Comisión Feminista 8M, que es enormemente plural y heterogénea, donde coexisten las posiciones abolicionista y proderechos. Hemos tenido tiempo atrás este debate con el objetivo de aproximar posiciones, porque muchas estamos convencidas de que podemos ir aproximando posiciones, pero es que el planteamiento de la Comisión 8M es trabajar sobre lo que nos une, sobre consensos, teniendo en cuenta que lo que hacemos es un llamamiento a una huelga, y que en el movimiento feminista existen muchos colectivos con distintas posiciones que están manifestando a lo largo de todo el año.

Circula la idea de que se prohíbe discutir sobre esto: no. No se puede prohibir una discusión dentro de un movimiento crítico como es el movimiento feminista, sino que no se aborda en la Comisión 8M, puesto que no reúne consenso. Nos parece que esta forma no pone límites a nada sino que plantea la necesidad de pensar cuáles son los mejores momentos para ir avanzando en temas que son difíciles.

Con la cercanía de unas elecciones generales, ¿está habiendo un intento por parte por parte de los partidos para capitalizar la fuerza del 8M?

Dentro de lo que es la Comisión 8M hay mujeres que están en partidos y sindicatos, pero allí estamos a título individual y creo que, después de dos años, hay respeto y confianza entre nosotras. Ahora, en el panorama político actual, evidentemente que estemos en un contexto electoral distorsiona muchísimo los mensajes y el debate político. Nos parece bien en el sentido de que es un éxito del movimiento feminista haber conseguido que todos los partidos se tengan que pronunciar. Lo que nosotras planteamos está en el centro del debate y de las políticas, esto es implícita o explícitamente un reconocimiento al éxito de nuestra movilización. El problema es que, al entrar en el momento electoral, los partidos discuten entre ellos, no se ponen a debatir sobre lo que son nuestras propuestas. Lo que tienen que hacer es responder a lo que nosotras decimos, decir qué políticas van a seguir respecto a lo que planteamos. Y, en segundo lugar, respetar la autonomía y el protagonismo del movimiento feminista.

¿Qué te ha parecido esto del feminismo liberal de Ciudadanos?
El año pasado, como les cogimos de improviso y nadie se creía lo que estábamos gestando, tuvieron que pronunciarse en el último momento. Desconfían, no saben lo que es la potencia del feminismo aquí y a nivel internacional. Ahora, hace apenas una semana todos están empezando a plantearlo dentro de sus discursos. En relación a Ciudadanos, llama la atención que de repente hayan salido intentando protagonizar y liderar el movimiento feminista.

Ellas plantean una propuesta que es claramente confrontada con la que se hace de cara a la huelga feminista, creo que en todos los terrenos. Primero, intentan deslegitimar al propio movimiento, como ya hicieron al año pasado con otros argumentos. Y luego crean la ilusión de que feminismo liberal significa derechos para todas, cuando el feminismo liberal del que ellas hablan se nutre de la propia filosofía liberal donde los derechos individuales son carentes de cualquier proyección social. Plantean unos derechos individuales compatibles con política neoliberales que no solo profundizan en las desigualdades sino que en ese proceso aumenta la de exclusión social de las mujeres. Además, plantean unos derechos individuales apelando a unas mujeres que son una minoría. Es un feminismo donde la situación de las mujeres migrantes no entra, ni la de las mujeres en situación de precariedad, y que pretende hacer compatibles unos derechos con el mantenimiento de las estructuras que generan que no existan derechos para todas las mujeres. Es una contradicción.

Pero entonces, ¿el feminismo liberal se puede llamar feminismo? ¿Aceptamos barco como animal de compañía?
Hay una disputa por el término, ya lo dijimos el año pasado después del 8M. Hemos conseguido una hegemonía, y ahora el término feminismo, que estaba denostado, ya no lo está. Esto tienen un aspecto importantísimo y es que cientos de miles de mujeres ven en el feminismo una referencia, pero en esa disputa por el contenido del feminismo entra todo el mundo, incluidos los partidos de derecha. No es una disputa simplemente retórica, sino que lo es también por las políticas que se plantean, y Ciudadanos ha entrado de lleno en esta disputa y le quiere dar un contenido propio que para mí entra en contradicción con la propuesta que supone el feminismo que llama a la movilización a millones de mujeres con una huelga feminista.

Tu trayectoria en el movimiento feminista es larga. ¿Los debates que se producen hoy te suenan a algo por lo que ya has pasado, por ejemplo con el tema de la prostitución?

En el movimiento feminista siempre ha habido mucho debate, y además me parece un elemento positivo. Por un lado hay un desarrollo de la teoría feminista muy fuerte, y por otro esta teoría dialoga con el activismo, desde el cual también se hace teoría feminista. Entonces, en la medida en la que el movimiento feminista tuvo una expresión pública, esto ha sido un elemento constante y creo que enriquecedor. Y nunca en el movimiento feminista ha habido temor a los debates aunque a veces hayan sido muy apasionados. Ahora bien, creo que el debate actual respecto a la prostitución tiene un nivel de virulencia que yo no había visto antes. A mí personalmente esto me ha sorprendido y creo que eso está haciendo que muchas mujeres no se atrevan a dar su opinión porque son descalificadas. Eso es un mal síntoma.

¿A qué retos de enfrenta este 8M?

Tenemos el reto de poder visibilizar ante toda la sociedad la realidad y las exigencias de las mujeres, y de mostrar que el movimiento feminista en su pluralidad es una fuerza que no está dispuesta a ceder nada hasta conseguir un cambio en profundidad de esta sociedad. Nos vamos a enfrentar a la resistencias que haga falta y lo haremos con fuerza y con una pasión que hace que seamos una referencia.

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/huelga-feminista/justa-montero-el-feminismo-de-ciudadanos-entra-en-contradiccion-con-el-que-hace-el-llamamiento-a-la-huelga-feminista

Antonio Casilli: Trabajador digital, el ‘invisible’

Interactuar en internet también es ‘trabajar’, pues se consume produciendo; tal su provocación.

Por Iván Bustillos / La Paz

En julio del pasado año estuvo en Bolivia el sociólogo italiano Antonio Casilli, vino a presentar el libro Trabajo, conocimiento y vigilancia. 5 ensayos sobre Tecnología, texto publicado por la Agencia de Gobierno Electrónico y Tecnologías de Información y Comunicación (Agetic). Uno de los más renombrados “sociólogos de internet” en Europa, Casilli propone interesantes tesis de lo que sería el “trabajador digital”, la vigilancia masiva por internet y su conflicto con la privacidad, y la construcción del conocimiento en las redes. Con un mundo diferenciado pero global, provoca mirar internet de otro modo.

— La creencia generalizada es que los robots nos están quitando el trabajo. Parece que usted tiene otra percepción del asunto.

— Diré que es al revés, que más bien son los seres humanos los que están tomando el trabajo de los robots. La idea de que los robots van a tomar el trabajo de los humanos es muy vieja, del siglo XIX, cuando pensábamos que las primeras máquinas a vapor iban a reemplazar el trabajo humano. Eso no ha pasado. Son las máquinas las que cambian, se renuevan; cada vez que hay una nueva ola de nuevas máquinas siempre vuelve la misma profecía de que éstas nos van a reemplazar. Ahora estamos con máquinas digitales, que para poder funcionar requieren de un trabajo y entradas en el sistema; esas entradas son el trabajo digital.

— Usted dice que el trabajo digital es invisible, disperso, precario, menos solidario…

— Que quede claro que el trabajo digital no es el de los expertos, de los ingenieros que crean el software. Se trata más bien de personas, que ya se puede llamar ‘proletariado digital’, que hacen tareas muy simples, estandarizadas, a las que se paga muy poco, hasta no se les paga. Estamos ante un trabajo que no se ve, porque está invisibilizado a propósito por los creadores de las plataformas. No es invisible por su esencia, es invisibilizado por los propietarios de dichas plataformas. Es trabajo que no está reconocido como tal, porque los trabajadores están considerados consumidores; además, hay trabajadores que hacen tareas tan pequeñas que no se consideran trabajo, sino microtrabajo. Estos falsos consumidores y los microtrabajadores realizan una labor muy importante, que es entrenar a las inteligencias artificiales.

— ¿Esto es propio de los países centrales, de alta tecnología, o se despliega también en otros del Tercer Mundo, digamos?

— Es un fenómeno global, que no es solo para los países de alto ingreso; sin embargo, el valor que es generado por este microtrabajo no está repartido de manera igual. Los países centrales, del norte, son los que han comprado este microtrabajo y sacan provecho de él. Si nos fijamos dónde viven los microtrabajadores, que reciben los ingresos (más) bajos, vienen de los países en vías de desarrollo o países pobres; entonces, son ellos los que realizan este microtrabajo. Vemos que las desigualdades que reflejan este microtrabajo, en general, siguen las mismas tensiones que ha producido el colonialismo.

— Este trabajador digital, señala usted en otra parte, llega a cien millones; y si hay algo que lo distingue es que es ‘consumidor-productor’. Parece que el solo hecho de usar internet ya no es tan inocente como antes.

— En efecto. Claro que cien millones se refiere a los microtrabajadores que reciben algunos centavos para estas microtareas. Pero, si empezamos a hablar de los consumidores-trabajadores, ahí hablamos de miles de millones de personas; en realidad, cada uno de nosotros. Aparte de que tengamos un trabajo propio, realizamos estas microtareas y generamos valor.

— Parece que también ha cambiado el concepto de empresa.

— Las plataformas no son como las empresas del siglo XX. La característica de las empresas era la centralización de algunas funciones y la fidelización de los trabajadores con un salario. Fuera de la empresa era el lugar del mercado; pero hoy las plataformas son como un híbrido entre empresa y mercado: como empresa, centralizan y acumulan las ganancias; pero como mercado, allí fluctúan los precios. Por ejemplo, la plataforma Amazon es, de un lado, una empresa que centraliza las ganancias y que estructura de una manera muy jerárquica el trabajo; pero, de otro lado, es una plaza de mercado, donde fluctúan los precios, que incorpora a estos consumidores-trabajadores, a los microtrabajadores.

— ¿Hay experiencias de defensa  de este microtrabajo; que los sindicatos se estén renovando?

— En algunos países los sindicatos están cambiando y se están interesando en los trabajadores digitales. Experiencias en Francia y Alemania. Sindicatos muy importantes han creado plataformas digitales para proteger a los trabajadores del sector digital. También se apoya a trabajadores de África o de Asia, que son los que más realizan el microtrabajo. Hay esfuerzos de hacer plataformas cooperativas, basadas en el principio de hacer evolucionar las plataformas para alejarse del concepto capitalista.

— ¿Y el Estado? ¿Qué papel está jugando en esta nueva realidad?

— Es difícil, porque los Estados que yo conozco son los europeos, y éstos buscan tener alianzas con las plataformas capitalistas y no defender a los trabajadores, porque consideran que la presencia de estas plataformas en su territorio va a ser una fuente de ingresos y riqueza, y también una fuente de datos masivos de vigilancia sobre los trabajadores. Pero, sí hay una forma de cambio que puede aparecer en la relación entre Estados y plataformas, que es a través de la fiscalización. Francia, y de manera general Europa, de último están pensando cómo utilizar la fiscalización para sacar impuestos sobre la cantidad de datos producidos en cada uno de los países, y cómo utilizar estos ingresos para financiar políticas redistributivas.

— Vigilancia masiva y datos privados. ¿La sola fecha de nacimiento es un dato que puede venderse, o responder sobre gustos, colores, lo que fuera?

— Cuando hablamos de los datos personales en las plataformas, como Facebook, en realidad estamos hablando de datos realmente muy colectivos. Si usted comparte en las plataformas qué música le gusta o qué opiniones políticas tiene, en realidad está dando también información sobre todo el entorno, su familia, sus amigos. Porque los grupos en estas plataformas se conforman en base a intereses comunes. Por eso digo que no hay nada más colectivo que un dato personal. Entonces, el que la plataforma se esté apropiando de los datos de una persona en realidad significa que se está adueñando de un grupo, de una cadena de personas, que de poco en poco llega a ser la humanidad entera. Porque la estructura misma de estas plataformas hace que cada uno de nosotros esté relacionado con cualquier otra persona a través de cinco o seis grados de separación, o hasta menos. ¿Qué significa grado de separación? significa que entre yo y Putin, el presidente de Rusia, por ejemplo, hay solamente cuatro personas, que yo conozco a alguien que conoce a alguien que conoce a alguien que conoce a Putin. Lo mismo entre yo y un microtrabajador en Filipinas. Entonces, cada dato que se me roba a mí es también un dato que se roba al resto de estas personas.

— ¿Se puede vender información, tendencias, estadísticas…?

— En general, estos datos no son vendidos como tales, sino que están monetizados. Significa que se provee un acceso a estos datos, una suscripción, a otras plataformas, empresas, Estados, medios de comunicación; esta monetización de los datos provee a estas grandes empresas un gran flujo de efectivo. Pero esto no es lo único: además de vender el acceso a estos datos, también se los conserva dentro de las plataformas para poder entrenar las inteligencias artificiales, entrenar los modelos de aprendizaje automático, hacer que los robots aprendan a comportarse de la misma forma que las plataformas.

— En la construcción de conocimiento en internet, la idea básica parece: todos contribuyen, pero siempre hay alguien que monitorea, Wikipedia, Google.

— Primero hay que entender que Wikipedia no es solo una enciclopedia, sino una galaxia de enciclopedias en varios idiomas. Hasta ahora la Wikipedia con más influencia es la versión en inglés. Pero el problema no es tanto el de Wikipedia, sino de Google, esto porque Wikipedia ha regalado toda su base de conocimiento a Google, a cambio de facilitar el acceso; así, si alguien busca a Antonio Casilli en Google, el primer resultado va ser Wikipedia; entonces, quien controla Wikipedia de alguna forma controla a Google. Por esta razón, cuando alguien quiere influir, introducir un sesgo político en los resultados de Google tiene mucho interés en ir a modificar los artículos de Wikipedia. Aunque Wikipedia es una experiencia colectiva, colaborativa, muy positiva, está rodeada de empresas y plataformas depredadoras, capitalistas, que buscan cómo torcer Wikipedia para sacarle provecho. El desafío más grande en este sentido es construir una plataforma de conocimiento común que logre ser independiente, que no pueda ser apropiada por las otras plataformas (de concepto capitalista).

Antonio Casilli. Presentó el libro Trabajo, conocimiento y vigilancia. 5 ensayos sobre Tecnología (Agetic, Embajada de Francia, 2018). Ensayos del autor en los últimos diez años sobre el impacto de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación en el mundo laboral, la privacidad y el saber.

Datos

Nombre: Antonio Casilli

Nació: En 1972, en Italia.

Profesión: Trabaja en The College of Telecommunications at the Paris Institute of Technology (Telécom Paris Tech).

Perfil

Casilli inició el debate público en la academia francesa sobre el mundo del trabajo digital; en 2017 cofundó la Red Europea de Trabajo Digital (ENDL).

La influencia del prestigio en la difusión de las ideas

Por Viviane Callier

Un modelo inspirado en el contagio de enfermedades infecciosas muestra que las ideas que se originan en instituciones prestigiosas llegan más lejos que otras igualmente buenas pero que nacen en centros más modestos.

 

Al igual que ocurre con las enfermedades infecciosas, las ideas que surgen en el ámbito académico también se contagian. Sin embargo, hasta ahora los investigadores no tenían del todo claro por qué algunas ideas llegan tan lejos mientras que otras igualmente buenas permanecen en relativa oscuridad.

Ahora, un equipo de científicos de la computación ha usado un modelo epidemiológico para simular la transmisión de ideas entre instituciones académicas. Los resultados muestran que las ideas originadas en centros prestigiosos provocan «epidemias» de mayor tamaño que aquellas igualmente buenas pero que nacen en centros menos famosos, explica Allison Morgan, investigadora de la Universidad de Colorado en Boulder y autora principal del estudio. «Eso implica que, manteniendo constante la calidad de una idea, el lugar donde esta nace determina cuán lejos llegará», señala Aaron Clauset, también de Boulder y coautor del trabajo.

Eso no solo es injusto, sino que pone de relieve «una gran debilidad en nuestra forma de hacer ciencia», opina Simon DeDeo, profesor de ciencias sociales y de la decisión de la Universidad Carnegie Mellon, quien no participó en el estudio. Hay muchos investigadores altamente capacitados que no terminan en instituciones de primer nivel. «[Esas personas] están generando buenas ideas que sabemos que se están perdiendo», añade DeDeo. «Nuestra ciencia, nuestro sistema académico, no es tan bueno como podría ser debido a ello.»

Para llevar a cabo su trabajo, los autores analizaron un conjunto de datos sobre la contratación de personal académico en el área de ciencias de la computación en EE.UU. y Canadá. Después, los cruzaron con una base de datos de artículos publicados por esos mismos investigadores contratados. A partir de ahí, estudiaron cómo se movían las ideas relativas a cinco grandes temas de investigación.

Observaron que la contratación de un investigador daba cuenta de dicho movimiento en más de un tercio de las ocasiones. Y que, en el 81 por ciento de esos casos, la transmisión tenía lugar desde una institución de mayor prestigio a una de menos. A continuación, el equipo simuló el proceso mediante un modelo de propagación de enfermedades infecciosas y halló que el tamaño de una «epidemia» (medido a partir del número de instituciones que publicaron estudios sobre una idea después de que esta se diese a conocer) dependía del prestigio del centro de origen. Los resultados se publican en EPJ Data Science.

El modelo sugiere que «puede haber un gran número de buenas ideas que nacen en el medio del pelotón», sostiene Clauset. DeDeo está de acuerdo: hay mucho trabajo de calidad que se hace en lugares que no son famosos. «Podemos aprender mucho de ellos, y podemos aprender cosas que nadie más sabe porque ni siquiera se les está prestando atención», concluye el investigador.

Referencia: «Prestige drives epistemic inequality in the diffusion of scientific ideas», Allison C. Morgan et al en EPJ Data Science, vol. 7:40, diciembre de 2018.

Doctora en biología, escribe en distintas publicaciones científicas

Fuente:

https://www.investigacionyciencia.es/noticias/la-influencia-del-prestigio-en-la-difusin-de-las-ideas-17213