Emmanuel Rodríguez: “La clase media es el pueblo del Estado, el problema es que eso anula la política”

La configuración de los Estados como centros de concentración de poder entró en crisis en el último tercio del siglo XX. Muy avanzado el siglo XXI, el ensayista Emmanuel Rodríguez aborda el problema del Estado y la imposibilidad de una revolución con las mimbres de las experiencias históricas.

Por Pablo Elorduy

Vivimos en sociedades de clases. En los polos que se construyen sobre esa división se construye la “política de clase”. La “política de clase” es una política “de parte” (no aspira a serlo de un “todo”) y como tal no busca, es más, rechaza, la ficción unitaria y la reconciliación en los términos que plantean los Estados. Esa política de parte ha sido confundida con “el proceso de creación histórica” que llamamos revoluciones y es necesario revisar críticamente esa confusión para plantear el futuro inmediato de la política de clase.

Con esas cuatro ideas como punto de salida y de llegada, el historiador y sociólogo Emmanuel Rodríguez (Madrid, 1974) ha escrito La política contra el Estado. Sobre la política de parte (Traficantes de Sueños, 2018). Un ensayo que no pretende esquivar ninguna polémica pero que se presenta “por fuera” del debate coyuntural de la política realmente existente. Como Rodríguez comenta en la entrevista, La política contra el Estado puede ser un mapa para navegar el tiempo histórico en el que estamos inmersos.

¿Está en crisis la idea de los Estados tal y como los conocemos?

Para ser precisos no es una crisis de los Estados como institución, es una crisis de lo que identificamos como Estado históricamente, desde su conformación a partir del Estado moderno —tomando como posible inicio la Paz de Westfalia de mediados del siglo XVII— pero sobre todo de lo que entendemos como un Estado que es soberano, con lo que eso implica. Un Estado que tiene la capacidad de regular aquellas que son tres características fundamentales, que son el territorio, la población y la seguridad.

Eso, que son las atribuciones del Estado soberano, no está garantizado a día de hoy. No lo está desde hace bastante tiempo. El largo siglo XX es un continuo desengaño con lo que eran las atribuciones del Estado soberano.

Si consideramos el periodo de entreguerras, y lo que en cierta medida es una guerra civil global en términos de lucha de clases —con distintas matizaciones—, nos encontramos que el enfrentamiento en términos de dictaduras que son soberanas, no simplemente comisariales, como por ejemplo las que resultan de la revolución rusa o el fascismo y el nazismo, giran y se organizan en torno a esta idea del Estado soberano.

Desde los años 70 vemos que eso es cada vez menos operativo, y el Estado se convierte en una pieza que articula el proceso de desregulación financiera y lo que llamamos la globalización. Es decir, que se convierte en un gestor social y económico de una cadena de producción cada vez más globalizada y fragmentada. Por otra parte, también es un regulador, en este caso bastante subordinado, del capital financiero.

Esas son las funciones del Estado: conserva, por supuesto, la función prioritaria de regulador social sobre determinado territorio, pero cada vez es menos eficaz en ese terreno. Sencillamente, a día de hoy se ve cada vez más incapacitado para manejar las palancas que históricamente tuvo a la hora de organizar en términos intervencionistas un mercado propio. Incapacitado también en la función que tenía para desarrollar programas de desarrollo industrial y organizar el mercado de trabajo nacional.

¿Esa crisis es coyuntural o permanente?

Yo diría que es irreversible. No tiene solución. El Estado queda como un garante de cierto orden social, un regulador económico subordinado a fuerzas que se le escapan y progresivamente —en la medida en que es menos eficiente como gestor social del ciclo de acumulación, que se produce a escala global— nos encontramos con que queda relegado a atribuciones cada vez más represivas. Esa es la trampa que tienen las políticas que han abogado por el soberanismo, el hecho de que la única capacidad soberana, en términos clásicos, que le va a quedar, es aquella que se articula sobre la población en términos represivos.

¿Cómo funciona la UE en este contexto de crisis de los estados? ¿como un súper Estado o como otra cosa? ¿Estamos ante una futura sustitución de los Estados por esta estructura?

Más que vaya a venir a sustituirlos, hay que anotar que el Estado ha sido una pieza que ha funcionado y operado a favor del proceso de globalización. Esta no se entiende sin la colaboración de todos los Estados. Estos han permitido una regulación que precisamente destruía los viejos mecanismos de regulación, de control de capitales, de la organización de los mercados internos. Se han destruido ciertas dinámicas proteccionistas y los Estados han operado como mecanismos de liberación de flujos. No de todos, obviamente el del trabajo no.

Lo que nos encontramos en este momento es que hay distintos niveles que operan de forma bastante caótica, como ha investigado gente como Saskia Sassen, Bob Jessop, etc. Atribuciones que antes estarían en manos del Estado, como por ejemplo, la regulación del ciclo de acumulación, ya no dependen de ellos. En cierta medida, porque eso se produce a escala global y por medios financieros.

Es lo que ha hecho la UE, por ejemplo, a la hora de santificar y proteger políticamente sus propios mecanismos de funcionamiento; las famosas tres condiciones de Maastrich: el control de la deuda pública, el control del gasto público y el control de la inflación. Básicamente, las tres garantías para el funcionamiento del ciclo de extracción financiera.

A la vez, te encuentras con que hay una delegación de funciones por parte del Estado sobre las regiones y sobre las ciudades. En el sentido de que estas se vuelven piezas que compiten en esa cadena de producción global y no se pueden escapar de esa competición. De este modo, hay ciudades-empresa, ciudades cuasi-Estado como Londres y la City, que tienen a veces más poder que su propio Estado a la hora de imponer condiciones.

¿Cómo se explicita esa crisis de los Estados en España?

España, y creo que esta es una cuestión específica de aquí, ha sido durante el siglo XIX y buena parte del XX una potencia decadente, a diferencia de otros países con pasado imperial, como Francia, Inglaterra, y en menor medida Italia y Alemania (las potencias perdedores de la II Guerra Mundial y, en el caso alemán, también de la primera). El pasado glorioso de España se pierde definitivamente a principios del XIX y ya no se incorpora como una potencia imperialista nada más que como una de segundo o de tercer orden durante los repartos de África.

Siempre ha habido un complejo de inferioridad respecto a Europa y eso la sitúa histórica y culturalmente en una posición distinta respecto a las dinámicas continentales. Ha tenido también un retraso en términos de crecimiento económico —que el franquismo acentúa— y todo el proceso de incorporación a “Europa” se toma como la incorporación a la modernidad. El ingreso en la Comunidad Económica Europea, como pasa en buena medida en los países del Este con la UE, implica esa incorporación a la modernidad capitalista asociada a determinados valores y a determinada mecánica de intervención del Estado, que es lo que llamamos Estado del bienestar.

Esa crisis de los Estados, por estos motivos, no se vive con la agudeza de otros lugares porque no ha sido un Estado o un país que tenga una posición central. Sin embargo, sí se ve materialmente en cuestiones determinantes: España se ha incorporado a todo ese proceso con funciones muy específicas. La globalización no supone nuestra incorporación como un Estado de producción industrial y de tecnologías medias y avanzadas (salvo en segmentos muy determinados). Lo que va a producirse, en cambio, en esa dinámica de globalización financiera, es una nueva centralidad de las dinámicas territoriales que David Harvey llama el circuito secundario de acumulación. Eso hace que su posición competitiva esté ligada a las burbujas inmobiliarias.

¿Qué determina esto? Una posición frágil en los ciclos bajistas, sobre todo cuando son a nivel global, porque en cierta medida su posición, aunque es muy exitosa en esta globalización financiera —exitosa en términos relativos—, conlleva que a partir de 2007-2008 la crisis adquiera aquí perfiles mucho más agudos que en otros lugares.

¿En qué afecta esto a esas tres condiciones de territorio, población y seguridad?  En que el Estado no es capaz de regular la crisis social, o no tiene las competencias. Estas son, durante la crisis, derivadas a la Unión Europea. Por otra parte, el Estado no tiene capacidad de regular las luchas intestinas de las élites competitivas que se producen a nivel territorial. La crisis de la clase política la conduce a una situación agónica. Creo que eso es lo que expresa también Catalunya.

¿Cómo se refleja esa crisis en la clase media, que precisamente es el vector al que todos los partidos se apuntan por ser la plasmación de ese estado centralizador y aplanador de las diferencias entre clases?
Lo que se pretende en el libro es responder a eso mismo. Los Estados liberales no consiguen unificar completamente a sus sociedades. Es un conflicto que se plantea en términos de Guerra Civil después de la Revolución francesa y durante la propia constitución de los Estados liberales. Un conflicto en un primer momento con los viejos poderes —las aristocracias terratenientes, las lógicas del antiguo régimen— y, posteriormente, en la dinámica progresiva de industrialización, con la creación de una nueva plebe, con el movimiento obrero. Esa nueva plebe no está integrada en el “pueblo”, no está integrada en la nación.

Esa “otra” nación se corresponde básicamente con el propio movimiento obrero. Y va a adquirir expresiones muy radicalizadas, sobre todo en el siglo XIX, y posteriormente en la crisis de los años 10, 20 y 30 del siglo XX. Es a esa otra nación a lo que los marxismos y el anarquismo tratan de dar una articulación. Este pueblo se construye, en determinadas ocasiones, con una posición de completa unilateralidad, es decir, se decanta como política de parte y autodeterminación social independiente al propio Estado.

La autodeterminación obrera va a ser el gran problema del Estado liberal, del Estado como lo conocemos: ¿Cómo integrar eso? ¿Cómo se hace? El artilugio, que no se puede esbozar en tres palabras, básicamente pasa por un proceso de reformas sociales e integración política de ese cuerpo social. Pero también se adoptan salidas de corte autoritario: el Fascismo es un intento de convertir el Estado básicamente en el gran mecanismo de unificación, en el cual el pueblo carece de divisiones, y aquella parte heterogénea del pueblo va a ser incluso suprimida, se le va a declarar enemigo interno.

El mecanismo político después de la II Guerra Mundial consiste en una vuelta a una democracia liberal pero con Estados fuertemente intervencionistas, que tienen herencias fascistas y conserva tintes corporativos. Pero, por otra parte, hay toda una labor de ingeniería social destinada a convertir a esa clase que se había secesionado —el movimiento obrero— en algo distinto, que es eso que llamamos clases medias. Esta denominación es un constructo cultural pero tiene una base material articulada por el propio Estado a través de mecanismos de redistribución y a través de una integración en términos capitalistas en el consumo. Mediante el consumo, el salario se integra en el ciclo de acumulación de forma positiva, que es lo que llamamos fordismo.

Por medio de ese mecanismo, la clase media se va a convertir en el pueblo que el Estado, por lo menos el Estado occidental, es capaz de unificar. Y donde no sea capaz, el Estado tendrá límites evidentes. No conseguirá nunca superar una especie de estado de guerra civil permanente, que es lo que pasa en América Latina y en cierta medida en algunos países asiáticos.

El gran triunfo del Estado moderno es la capacidad de haber construido su propio pueblo. No es el resultado simplemente de operaciones de mercado, no es simplemente que se produzca la incorporación social al consumo, hay toda una tecnología, de tipo estatal, que también genera mecanismos de integración; a través de la educación, a través de los servicios públicos. Ese es el gran resultado: la clase media es el pueblo del Estado. El problema, y la paradoja del asunto, es que eso también anula la política. Detiene el motor dinámico de lo que es la política moderna. En la medida en que el Estado va progresivamente “engordando” y consumiendo los mecanismos de integración social, el Estado destruye o convierte la política en un mero espectáculo cada vez más impotente.

¿Desde dónde articular esa posibilidad comunitaria popular que se opondría o caminaría aparte del Estado? ¿Cómo hacerlo a partir de ahora?

Creo que hay reflexiones interesantes en América Latina. Hay un intento de repetir la hipótesis fundamental de lo que ha sido la izquierda occidental, con una variante latinoamericana, que es la de apoyar este propio proceso de integración social a través de mecanismos estatales. En el caso de América Latina eso implicaba construir Estados propiamente dichos, Estados con capacidad fiscal, con capacidad redistributiva, presentes en la vida social y capaces de organizarla en el sentido de incluir, sino a la totalidad de la población, sí a una parte significativa.

Hay toda una reflexión sobre lo que es la izquierda latinoamericana, sobre cómo se construye. Y hay una decepción de buena parte de los sujetos que han operado. En el caso de Bolivia es muy claro. El propio Proceso Constituyente ya empieza a manifestar insuficiencias manifiestas en el reconocimiento de comunidades, pues tienes sociedades indígenas y comunitarias que viven prácticamente al margen del Estado.

En la medida en que la Constitución no reconoce buena parte de esas demandas —que se basan en la no integración en el Estado sino que piden jurisdicción propia, capacidad de autogobierno territorial— y tras la estabilización de los gobiernos progresistas —cuando se ven dinámicas de corrupción, de autoritarismo, inercias del Estado muy fuertes— se plantea la necesidad de reconfigurar cómo se piensa políticamente el proyecto estratégico de la izquierda.

Surgen entonces toda una serie de definiciones, de posibilidades. Una de ellas es esta de los horizontes comunitarios populares, que lanza Raquel Gutiérrez y Huascar Salazar en Bolivia. Lo que plantean básicamente es que el horizonte político está ligado a la construcción de dinámicas de autodeterminación que son dinámicas de parte, que no son integrables en estos procesos de captura estatal. Consiste en fomentar iniciativas de carácter cooperativo, con capacidad de autosustentar la vida. Se plantea una comunidad de lucha, que se construye en el conflicto, que es protagonista y sujeto directo de la acción y dibuja esos horizontes como las posibilidades de la política hoy.

Traducido en términos más propios, se trataría de la construcción de contrapoderes. Contrapoder es algo que no simplemente se opone al Estado, sino que es la constitución de un poder propio. Cada vez más vivimos en un régimen que puede reconocerse en la metáfora de la poliarquía —en la condición de que la política está organizada a partir de instancias que tienen soberanías limitadas y superpuestas, y por tanto no son soberanías en estricto sentido—. La cuestión es cómo construyes poderes propios, que tengan la capacidad de intervenir y organizar la vida, y de sostener comunidades que tienen la capacidad de fundarse a sí mismas y mantener una posición propia. Esa es la clave. En sociedades tan estatalizadas como la nuestra eso es difícil de imaginar, porque apenas queda la memoria, los restos y embriones de cosas parecidas. Memorias como la del sindicalismo revolucionario, la del sindicalismo que no estaba integrado en el Estado.

Denuncias también una incomparecencia de los partidos en ese conflicto, en esa tensión contra el Estado o en el funcionamiento al margen del Estado.

El partido es una máquina que está organizada siempre para la conquista del Estado. Históricamente, se puede pensar que esas máquinas partidarias tenían capacidad de organizar un Estado distinto, de reformarlo radicalmente. Ese era el proyecto, por ejemplo, de los partidos comunistas; lo era también de los partidos fascistas; en términos reformistas, lo era de los partidos socialdemócratas.

Tomando la imagen de Gramsci, cada partido es la prefiguración de una forma de Estado. A medida que transcurre el siglo XX, y —sobre todo en los países occidentales— la sociedad se homogeneiza, los partidos acaban configurados como prolongaciones de la Administración. Es lo que ha señalado muchas veces Nicos Poulantzas. En el sentido de que los partidos modernos dependen de las subvenciones y de las prebendas que concede el Estado. Se forman como los únicos canales de representación y básicamente viven solamente a partir de los presupuestos públicos. Es muy difícil que tengan autonomía.

Eso los hace completamente distintos a la dinámica de los años 20 o 30. Los partidos, incluso de ultraderecha, se forman como organizaciones funcionales a la propia operativa del Estado, aunque promuevan determinadas transformaciones del Estado. Pero la virulencia que conocimos, la capacidad de refundar el orden político creo que ahora mismo está fuera de la posibilidad de ese tipo de articulaciones. Otra cosa es que el partido sea una mera función de un movimiento de masas, eso es lo que originalmente era el fascismo y también los partidos obreros. A día de hoy realmente los partidos concentran la capacidad, las funciones decisivas, y es muy complicado que ese tipo de políticas produzca transformaciones, ya venga desde ámbitos emancipatorios como desde ámbitos si quieres de ultraderecha o conservadores.

¿Desde qué lugares plantear la transformación en un momento en el que multinacionales de la información como Google adquieren más poder que los viejos Estados?

Creo que, por un lado, lo que necesitamos son mapas. Son guías, en el sentido más figurado del término. Diagnósticos. Una topografía de cuál es el mundo en el que vivimos, y ese mundo, como señalas, no es un mundo hecho exclusivamente de Estados. Muchas veces no son éstas las instancias decisivas y no parece que lo vayan a seguir siendo, lo cual no quiere decir que desaparezcan y que no tengan poder.

Luego están los instrumentos, las herramientas, las armas que tú utilizas en esa travesía. Y eso creo que pasa por una reinterpretación de tres instituciones que fueron clásicas de esa “política de parte” en el siglo XIX y la primera mitad del XX: el Sindicato, la Cooperativa y el Ateneo. En los últimos 30 o 40 años los movimientos sociales han sido un permanente intento de reinvención de esas instituciones.

Cooperativa entendida como organización de redes económicas, de carácter autogestionado —y utilizaría esa denominación antes que economía social y solidaria—. No hablo del tercer sector o de la economía que ocupa los nichos que el Estado de bienestar va dejando sino de producción y consumo, socialmente significativo y necesario. Se puede considerar que esto ha llegado a resultados modestos pero, donde el tejido social es más fuerte, existen ese tipo de redes económicas.

Por otra parte, el Sindicato —todas las organizaciones de defensa de derechos—, que a menudo son reclamativas del propio Estado pero que a la vez generan comunidad y son capaces de gestionar una parte de la vida. Ahí se encuadra el sindicalismo social: relativo al movimiento de vivienda, a la cuestión de los derechos de salud, todas las organizaciones de precarios, etc. Son movimientos que tienen ciertas semejanzas con el viejo sindicalismo.

La tercera es el Ateneo, que es el espacio donde uno produce una instancia cultural propia, cultural en el sentido más denso de la palabra. Una forma de vida, al fin y al cabo. Esos son los centros sociales, en parte, y otro tipo infinito de organizaciones o de especializaciones de este tipo de dinámicas: desde los huertos urbanos, en el sentido más naif, hasta espacios productivos como las librerías.

Esto es completamente insuficiente, pero es la materia viva sobre la que se puede generar espacios comunitarios que luego operen como contrapoderes propiamente dichos.

Sin eso, lo que hay es una política que es siempre delegativa respecto a la política profesional, al partido, al Estado. Y es una política que cada día es más impotente. También es un terreno en el que tú juegas siempre en campo enemigo, en el sentido de que el Estado va a quedar más reducido a actuaciones de corte represivo. Eso no quiere decir que en el Estado no se pueda intervenir a determinados niveles, pero eso ya es otra cuestión.

En la introducción hablas de una especie de revolución permanente, que pierde de forma definitiva el componente de momento fundacional en el que se basó la idea de la conquista del poder, un mito que sigue vigente.

El mito de la revolución opera sobre lo que sería en términos latos una fundación absoluta. Una fundación social, pero sobre todo estatal. Una nueva forma de Estado que articula, a partir del triunfo del sujeto “clase victoriosa” —podía ser la clase obrera, el movimiento obrero— un Estado nuevo que es el Estado socialista. Aunque en las visiones más audaces y más interesantes era un Estado condenado a la extinción, un Estado puramente transicional, luego este se acababa fundado sobre lo que son los principios del Estado soberano.

La idea de revolución está sometida, y creo que eso es algo que observamos todos. No puedes concebir que en un mundo tan complejo se vaya a producir un proceso de fundación absoluta. Lo que hay son crisis y esas crisis se resuelven de una manera o de otra. Como mito, que está siempre fundando en la ordenación absoluta de un nuevo Estado, creo que lo tenemos, no solamente que desechar, porque en la práctica está desechado, si no que pensar y criticar a partir de lo que ha sido la experiencia histórica del mismo.

La cuestión no está tanto en que seamos capaces de fundar la sociedad como un todo a través del Estado, como en que seamos capaces de construir poderes propios, contrapoderes, a partir de las comunidades que ya existen, que son vivas, que tienen que proliferar y crecer. Eso es lo que estaría en el centro de la política de parte. Es una política de fundación de ciudades —en el sentido figurado y metafórico de la palabra, nuevas polis— y no tanto de fundación de un orden social absoluto que está al margen de las posibilidades históricas y de lo que a día de hoy es posible.

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/pensamiento/emmanuel-rodriguez-la-clase-media-es-el-pueblo-del-estado-el-problema-es-que-eso-anula-la-politica

 

Bifo: “Volver a aburrirnos es la última aventura posible”

  • Entrevista al filósofo italiano sobre el impacto de las tecnologías digitales en la sensibilidad.
  • Acaba de publicar Fenomenología del fin (Caja Negra editores)

Por Amador Fernández Savater

A comienzos de los años 70, Pier Paolo Pasolini hablaba de «mutación antropológica» para referirse a los efectos que estaba teniendo la penetración de la cultura del consumo en Italia. El consumo alcanzaba y alteraba capas del ser que ni siquiera el fascismo había tocado. Todas las respuestas -de la política, de la cultura, de la filosofía- debían ser repensadas a la luz de los acontecimientos, según el poeta-cineasta.

En su último libro Fenomenología del fin, un trabajo de más de 15 años, Franco Berardi (Bifo), filósofo y participante activo de los movimientos autónomos italianos desde los años 70, describe la «mutación antropológica» de nuestros días: el impacto de las tecnologías digitales sobre nuestra percepción y nuestra sensibilidad. ¿Qué es la sensibilidad? Es la capacidad de interpretar señales no discursivas, no-codificadas. Pues bien, esa capacidad se está atrofiando por nuestra exposición a las tecnologías digitales que funcionan según una lógica muy formateada, una lógica del código.

Todo debe ser repensado, afirma también Bifo, el alcance de la mutación digital es igualmente muy profundo. La atrofia de la sensibilidad implica una atrofia de la empatía, que es la capacidad de sentir-con, de sentir al otro como prolongación de mi existencia y de mi cuerpo. La base sensible de la solidaridad. ¿Qué monstruos habitan en esa insensibilización radical? ¿Cómo es posible volver a pensar, a crear y a luchar en condiciones de transformación radical de la percepción? ¿En qué tipo de ser humano nos estamos convirtiendo?

Una epidemia de descortesía

Amador: A diferencia de otros libros tuyos, diría que este es un libro sobre estética, más que un libro político. Un libro donde la estética está en primer plano y, en todo caso, la política se redefine como un asunto estético, como algo que tiene que ver con nuestra percepción y que afecta a la sensibilidad. ¿Estás de acuerdo?

Bifo: Sí, el sentido de la palabra “estética” es muy amplio: es la ciencia de la percepción, etc. Pero me parece que la estética tiene que ser también una erótica:la comprensión de la relación entre los cuerpos. Me parece que esta dialéctica entre estética y erótica es central para entender la mutación contemporánea. ¿Cómo modifica la mutación digital la percepción estética y la percepción erótica? Ese es el objeto de mi libro.

Hoy vivimos un desplazamiento de una percepción erótica del cuerpo del otro a una percepción cada vez más informática: el cuerpo del otro nos aparece como signo, como información. Esa mutación tiene un fuerte componente patógeno. Es una mutación que produce mucho sufrimiento, efectos de pánico y depresión por la apertura del organismo sensible que somos a una hiper-saturación de estímulos, llegando finalmente una parálisis del cuerpo erótico.

Amador: En el centro de tu libro está una pareja de conceptos: la “lógica conjuntiva” y la “lógica conectiva”. Dices que la mutación actual se explica por el paso de la primera a la segunda. Explícate.

Bifo: La conjunción es una dimensión interpretativa vibratoria y ambigua. Quizá el mejor ejemplo puede ser un cortejo amoroso: las palabras que decimos entonces se prestan a una interpretación no codificada. Es una interpretación de signos ambiguos y el sentido se desplaza constantemente durante la relación misma. Eso es la conjunción, una conjunción entre los cuerpos fundamentalmente.

Por el contrario, la lógica conectiva es una relación en la cual la interpretación del sentido está formateada, está reducida a un formato. Es la relación entre una máquina y otra máquina -o entre un ser humano y una máquina- donde el signo significa una sola cosa. Si dos máquinas están formateadas de manera diferente no pueden entenderse: necesitamos una reducción del formato que permita la interpretación exacta de los signos.

En la relación conjuntiva la exactitud no existe. No hay exactitud porque la relación humana conjuntiva es esencialmente una relación de ambigüedad. Naturalmente, es un tipo de relación en la cual puede nacer la violencia si no hay una educación a la conjunción, lo que en la modernidad se llamó “cortesía”. Lo que estamos viviendo en el mundo en este momento me parece que es esencialmente una epidemia de descortesía, es decir, de incapacidad de descifrar los signos según el deseo.

Donald Trump, la oscura victoria del barroco

Amador: En culturas muy diferentes encuentras un mismo rechazo de la lógica conjuntiva: el miedo al cuerpo, sobre todo al cuerpo de la mujer, a la mezcla y a la confusión, a la ambigüedad del sentido, etc. Y una defensa y un elogio del ideal, del modelo, de la pureza. ¿Has encontrado algún humus cultural alternativo donde haya elementos de otra socialidad posible, de otra relación entre cuerpo y signo?

Bifo: Para describir la transición a la hegemonía de lo conectivo, me parecía necesario hacer una especie de cartografía de las formas culturales que se han desarrollado en la historia humana. Naturalmente, he escogido sólo algunos momentos y he reducido esta investigación antropológica a una alternativa esencial: entre el puritanismo y el barroco.

El puritanismo es, culturalmente, más allá su definición propiamente religiosa, una cancelación de la ambigüedad en la relación interhumana. Por tanto, una cancelación de la historia misma. Pensemos en la creación de los Estados Unidos de América. Un historiador ha dicho que Estados Unidos es la primera nación en el mundo que nace como expresión de la palabra: primero está la Constitución, luego viene la comunidad. Pero claro, antes de la palabra está la destrucción de la historia precedente: la historia de los pueblos indígenas que vivían allí.

Y no sólo eso: también la destrucción, la cancelación y el olvido de todo lo que ha pasado antes en la Vieja Europa. Los puritanos, los padres fundadores, huyen de Europa para olvidar la sucia historia del catolicismo y el protestantismo europeo. Olvidando la impureza europea y suprimiendo la impureza indígena, se dicen, fundaremos la pureza, la ciudad sobre las colinas, la Nueva Jerusalén. No nos puede extrañar que sea en esta misma tierra, que nace de la pureza de la palabra, donde haya nacido luego la pureza de la comunicación digital.

Amador: Por otro lado está el barroco. ¿Cómo interpretas el barroco?

Bifo: Es un fenómeno que acompaña la historia del puritanismo, como una corriente cultural, estética, perceptual y política minoritaria, pero siempre presente durante los siglos de la modernidad. El barroco es esencialmente la proliferación de los signos, el espectáculo de esa proliferación. No es casualidad que el barroco fuese la herramienta política de la Iglesia católica de la Contrarreforma que desplegó, no un discurso de persuasión, sino un espectáculo de seducción. La proliferación de los signos en la época del barroco católico es una historia de espectacularización y de multiplicación de las ambigüedades.

El barroco desaparece en cierto momento de la historia moderna, cuando la burguesía puritana, nórdica, construye un mundo donde la ambigüedad se considera peligrosa. Pero en determinado momento explota de nuevo en la escena del mundo. Yo diría que este momento son los años ochenta del siglo XX. Paradójicamente, el barroco vuelve como forma dominante, mayoritaria, gracias a la proliferación de signos que la comunicación puritana y digital ha producido. La máquina digital ha producido tal exceso y proliferación de signos que la recepción estética es incapaz de producir una interpretación adaptada, adecuada. Y el barroco explota en los años ochenta, noventa y hoy de manera dominante. Yo creo que la victoria electoral de Donald Trump es esencialmente la victoria del barroco, como indescifrabilidad de signos totalmente contradictorios.

Amador: ¿Puedes explicarnos más esta relación entre un fenómeno como Trump y el barroco?

Bifo: Sugiero la lectura de una feminista americana que se llama Angela Nagle. Nagle ha escrito un libro muy interesante -y muy ambiguo también- que no comparto esencialmente, pero que contiene muchísimos elementos para entender la victoria de Donald Trump. El título del libro es  Kill All Normies y es un libro sobre la alt-right culture, sobre la relación de la cultura libertaria, transgresora, y la cultura de la derecha extrema, que es una derecha paradójicamente irónica o, más bien, cínica.

¿Qué es la ironía, qué es el cinismo? Es justamente el problema que el barroco propone. La ironía es la conciencia de la ambigüedad. Esta conciencia de la ambigüedad tiene dos caras posibles. La cara cortés, es decir, cuando los signos son ambiguos y descifro esta ambigüedad según el deseo, para incrementar mi placer y tu placer.

Pero también hay una cara cínica del ironismo. ¿Y el cinismo qué es? Es una pregunta muy difícil. Yo diría que el cinismo es una conciencia de la ambigüedad, pero que acepta sólo como interpretación posible la interpretación del poder. El más fuerte es el que interpreta. Los signos son ambiguos, entonces los interpreto según mi voluntad, porque yo soy el más fuerte.

¿Dónde nos encontramos hoy? Estamos en el territorio del triunfo total del puritanismo digital, pero, paradójicamente, ese triunfo ha producido en la dimensión erótica y social un efecto híper-barroco, donde continuamente perdemos la orientación.

“No es no”: cuando la ambigüedad se vuelve peligrosa

Amador: Dices en el libro que, aunque pueda sonar paradójico, el porno es el punto de llegada de una transformación puritana del mundo.

Bifo: Como digo, creo que la relación entre los cuerpos se empobrece a causa del desplazamiento de la comunicación desde la relación empática hacia el terreno de la comunicación conectiva. Hace poco leía un mensaje de un chico de 19 años que decía: “Desde que nací mi relación principal ha sido siempre con autómatas inteligentes que he encontrado en la red, ¿porqué tengo que tener relaciones sexuales con humanos? Los humanos son más brutales, menos inteligentes y menos interesantes que los autómatas”. Me parece que está claro: los seres humanos están hablando con autómatas y perdiendo la capacidad de hablar con otros seres humanos. La relación entre seres humanos se ha vuelto una relación sin cortesía, sin este tipo de sabiduría especial que es el desciframiento de la ambigüedad en condiciones de empatía. El porno es justamente la sexualidad sin ambigüedad, donde la ambigüedad queda cancelada desde el comienzo. Se sabe siempre lo que va a pasar.

Amador: Los movimientos de mujeres son quizá ahora mismo los movimientos que demuestran más vitalidad en España y no sólo. Ayer salimos a la calle contra la sentencia a los miembros de La Manada que no considera violación los hechos probados, Bifo también estaba allí. ¿Qué potencialidad piensas que pueden tener estos movimientos para repensar y rehacer los códigos afectivos y de comunicación interhumana?

Bifo: No sé si Camille Paglia es conocida en España… ¿Qué dice Camille Paglia? Antes que nada dice: yo soy barroca, soy católica y latina. Segundo: mi figura de referencia es Madonna. Y su trabajo es un trabajo de crítica al feminismo puritano, que tiene un papel fundamental, probablemente mayoritario, en la experiencia del feminismo americano. La lectura de Camille Paglia, para mí y hablando en general para las mujeres de mi generación, fue una experiencia enriquecedora. Pero en cierto momento las cosas cambiaron y la actitud de Camille Paglia se hizo cada vez más minoritaria y hoy está, me parece, completamente desaparecida, al menos en EEUU.

¿Por qué? ¿Es que las mujeres feministas se han vuelto acaso demasiado puritanas y moralistas? No, es que el mundo ha cambiado, el mundo ha cambiado de una manera que hace cada vez más difícil interactuar de manera ambigua y cortés. La ambigüedad se ha vuelto peligrosa porque la cortesía ha desaparecido y entonces estamos obligados a decir “sí es sí, no es no”. A mí no me gusta esta binarización de la comunicación, pero a día de hoy me parece inevitable. Porque fuera de la reducción “sí-sí, no-no” se haya constantemente el peligro de la violencia.

Si no hay ambigüedad no hay erotismo, porque el erotismo es esencialmente el fenómeno de la detección de la intención implícita en una comunicación ambigua. Pero si caen los contextos donde es posible interpretar la ambigüedad desde el placer de la relación y la empatía, entonces la única manera de entenderse es “sí-sí” y “no-no”. La mutación actual no es sólo tecnológica, sino comunicativa: la mutación de las posibilidades de interpretación ha producido un efecto de “pornografización” del panorama erótico contemporáneo.

Política crítica, política memética

Amador: ¿Cómo interpretas el ascenso de la ultraderecha que vemos por todas partes?

Bifo: Creo que este regreso del fascismo al que estamos asistiendo a nivel planetario tiene que ser interpretado de una manera nueva. Hay ciertamente muchos signos de fascismo clásico: el nacionalismo, la agresividad, la difusión de la guerra, el racismo… Pero la génesis del fenómeno actual es diferente, y tenemos que interpretarlo en su diferencia.

¿Qué está pasando? Yo creo que estamos saliendo -o hemos salido ya- de la dimensión que ha hecho posible la política de la modernidad, es decir, el pensamiento crítico. ¿Qué es el pensamiento crítico? ¿Qué es la crítica? La crítica es la capacidad de distinción de lo verdadero o de lo falso, de lo bueno o de lo malo, en una enunciación, en una información, en un acontecimiento. Pero para discriminar críticamente necesitamos tiempo.

La crítica se hizo posible cuando la escritura y la prensa permitieron una re-lectura, una reversibilidad y sobre todo un tiempo para la discriminación crítica. La burguesía ilustrada hizo de la crítica la facultad esencial de la decisión política. Los acontecimientos ocurren, las informaciones nos los narran, pero nosotros tenemos que decidir si esto es verdadero o falso, bueno o malo. Y a partir de esta discriminación se hace posible una decisión políticamente crítica.

Pero eso ya no existe más. La situación en la cual nos encontramos hoy no permite la decisión política de tipo crítico. De hecho ya no hablamos más de “gobierno”, sino de “gobernanza”. ¿Qué es la gobernanza? Es una automatización de la decisión. Si pensamos lo que pasa en el territorio de las finanzas, por ejemplo, donde hay billones y billones de información que circulan continuamente en el mundo a la velocidad de la luz, ¿cómo podemos decidir si invertir en una dirección u otra? ¡No podemos! Entonces automatizamos la decisión.

¿Y qué pasa en el territorio de la política? La decisión racional y secuencial se sustituye por una forma de comunicación que llamamos “memética”. Es el meme lo que produce los efectos de la política contemporánea. ¿Qué es un meme? Un meme es una unidad mínima hiperintensa e hipersugerente, pero no racional, de comunicación política. La Rana Pepe, el símbolo usado por los supremacistas norteamericanos favorables a Trump, parece que ha tenido un efecto enorme en la decisión de voto de millones de jóvenes americanos. El libro de Angela Nagel tiene muchísima información sobre esta forma de comunicación.

Marshall McLuhan, en su libro de 1964 Understanding Media, que es probablemente uno de los libros fundamentales para entender lo que está pasando hoy, dice: cuando el universo de la técnica de comunicación pasa de la secuencialidad alfabética impresa a la dimensión de la simultaneidad electrónica, el pensamiento cesa de ser crítico y se transforma en pensamiento mitológico. ¿Qué es la mitología? La mitología es un pensamiento, no es una locura, es un pensamiento, pero es un pensamiento en el cual, como en el inconsciente freudiano, no funciona el principio de la contradicción. Apolo, el dios, puede estar muerto y vivo: hoy está muerto y mañana vive de nuevo. Puede ser blanco y puede ser negro al mismo tiempo. Eso es la mitología: la convivencia de una posibilidad contradictoria. Justo lo contrario de la crítica. Según McLuhan, la transición desde la secuencialidad alfabética a la simultaneidad electrónica produce un efecto de aniquilación de la posibilidad misma de la crítica. Pero eso quiere decir que aniquila al mismo tiempo la política.

Amador: ¿Piensas que la izquierda debe retomar la tradición del pensamiento crítico o aprender a moverse en estas “nuevas” condiciones mitológicas?

Bifo: En un artículo reciente, Geert Lovink se pregunta: “¿Sabe la izquierda ‘memar’?” Es decir, ¿podemos utilizar el meme como forma de comunicación? Es un problema serio. Mi respuesta inmediata es que sí. En mi historia personal, las experiencias políticas de movimiento en los años setenta italianos han sido más un fenómeno de comunicación mitológico-memética que un fenómeno de comunicación crítica. Y toda la cultura rock, particularmente en la época en los años ochenta, ha sido una experimentación en la mitología del pensamiento colectivo. Pero al mismo tiempo la pregunta es: ¿podemos renunciar a la decisión crítica? ¿Podemos renunciar al entendimiento crítico que funda la decisión? No tengo una respuesta a esta pregunta. Tengo el sentimiento de que si no se puede decidir políticamente sin discriminación crítica eso significa que el fascismo está aquí para quedarse y la verdad es que eso no me hace mucha gracia.

La revolución del aburrimiento

Amador: Se han celebrado recientemente los aniversarios de la Revolución Rusa, de la muerte del Che, del Mayo del 68… Quería pedirte una última palabra sobre la necesidad de reimaginar el cambio social, la revolución. Si como explicas la emancipación ya no puede ser este proyecto racional, articulado por una estrategia de medios y fines, porque todo eso pertenecería más bien al paradigma de la crítica, ¿cómo podemos repensarla, reimaginarla?

Bifo: Me invitan mucho a hablar del 68: yo tenía entonces 18 años, estaba inscrito en la facultad de filosofía de Bolonia. En fin, soy un tipo con suerte: todo me pareció perfecto, el mundo era exactamente lo que yo estaba imaginando, deseando y pensando.

Pero, ¿podemos pensar hoy en replicar algo similar? No digo que no, pero problematizo la cosa diciendo lo siguiente: el 68 nace del aburrimiento. Los años sesenta son años aburridos, en un buen sentido. El aburrimiento no es algo malo, es pasar una tarde imaginando cosas, no sabiendo exactamente qué hacer. La intensidad era muy grande en los años sesenta, son años de gran vitalidad cultural, artística, musical. Hay un mundo entero que se abre. Pero yo estoy aquí, en mi casita con la abuela, y me aburro muchísimo. Entonces deseo la aventura, tengo deseo de aventura.

Hoy vivimos en la condición totalmente contraria: una condición de angustia, de exceso de aventuras, demasiadas aventuras que además no vivo. No vivo la aventura, pero la aventura me rodea, me obligan a vivir algo que no estoy viviendo. Esa parece ser la condición presente.

Acabo de ver la segunda película de Zvyagintsev, un director ruso muy triste, muy glaciar, que se llama Loveless. Loveless es la historia de la relación entre una madre y un niño de 8 años que se llama Alyosha y que en cierto momento desaparece. ¿Por qué? ¿Por qué es “loveless”, “sin amor”? Porque la madre, por razones sociales, relacionales, de pareja, de trabajo, de precariedad, del smartphone que suena constantemente, no es capaz de amar. Y lo dice: “he tenido un hijo pero ha sido un error porque no soy capaz de amar, no sé cómo se puede amar a este niño”.

El niño desaparece. Lo buscan en todos los lugares pero no lo encuentran. Está muerto o escondido o ha sido asesinado, no lo sabemos. La película termina así, no lo sabemos. Ese es el problema hoy, que no lo sabemos. No sabemos si en el interior de una situación angustiosa, de aceleración, de hipersaturación del espacio de atención, se puede reactivar el placer de la relación entre cuerpos que hablan.

La palabra ha sido despegada del cuerpo. Hablamos mucho, pero los cuerpos no se encuentran. Y cuando los cuerpos se encuentran no saben hablar. Ese es el problema de la relación erótica, pero también el problema de la relación política y de la relación social.

Amador: ¿Una política de emancipación empezaría entonces por el encuentro entre las cuerpos?

Bifo: Tenemos que empezar, no solo un discurso, sino un práctica de relajación de las expectativas, en primer lugar en la dimensión de la existencia cotidiana pero no solo. Hay que decir: “sí, la aceleración y el deseo de tener muchas cosas han ganado, pero ¿y a mí que me importa?” Lo importante, repitiendo a Carlos Castaneda, no es ganar o perder, sino permanecer impecables. ¿Y qué significa permanecer impecable? Impecable significa que no hay reglas, que yo decido las reglas con mis amigos. Y la única regla que vale es la regla que nosotros decidimos. Se puede fundar una política sobre la idea de que no hay reglas, sólo las reglas que decidimos de manera afectiva, erótica, siempre tentativa, siempre redefinible.

Esa es también la manera de enfrentar el miedo. ¿A qué tenemos miedo? Tenemos miedo a la percepción de que la vida se nos está escapando y no la vivimos. Pero, ¿por qué tenemos que pensar que la vida ha de ser ser la aventura que hemos leído o visto en la pantalla? ¿Quién lo ha dicho? ¿Quién ha dicho que la vida tiene que ser como Mayo del 68? La buena vida puede ser volver al aburrimiento. Volver al aburrimiento como terapia de la angustia me parece que es una manera posible de enfrentar el problema.

La verdad es que no tengo muchas respuestas. Nuestro problema actual es que todas las respuestas del pasado no funcionan porque el contexto relacional ha cambiado totalmente. Pero al mismo tiempo insistimos en poner preguntas que implican una respuesta del pasado. Un movimiento de relajación de las expectativas de aventura podría ser un comienzo para una nueva aventura.

Fuente: https://www.eldiario.es/interferencias/Volver-aburrirnos-Franco-Berardi-Bifo_6_826677345.html

 

Silvia Rivera Cusicanqui (parte 2): «Está momentáneamente adormecida la política de las calles en Bolivia»

Silvia Rivera Cusicanqui, es una de las voces críticas necesarias para comprender el momento social y político que está atravesando Bolivia. En esta segunda parte de la entrevista que le realizamos en La Paz, Bolivia en el mes de febrero de este año, indagamos en el vínculo entre patriarcado y Estado, el servicio militar que sigue siendo obligatorio en el Estado Plurinacional de Bolivia, la relación entre mujer y trabajo y los aportes de la mirada ch’ixi a los feminismos latinoamericanos.

¿Por qué no podemos admitir que tenemos una permanente lucha en nuestra subjetividad entre lo indio y lo europeo?
(Silvia Rivera Cusicanqui)

En un horizonte de lucha planetario y bioregional, invocando desde su chuyma la energía descolonizadora del sentir-pensando (amuyt’aña), Silvia Rivera Cusicanqui nos invita a reflexionar desde una mirada ch’ixi nuestras realidades y coyunturas latinomericanas. En su libro Sociología de la Imagen, plantea que lo ch’ixi “literalmente se refiere al gris jaspeado, formado a partir de infinidad de puntos negros y blancos que se unifican para la percepción pero permanecen puros, separados”.

Ella lo define como “un modo de pensar, de hablar y de percibir que se sustenta en lo múltiple y lo contradictorio, no como un estado transitorio que hay que superar (como en la dialéctica), sino como una fuerza explosiva y contenciosa, que potencia nuestra capacidad de pensamiento y acción”.

Lo ch’ixi se opone así a las ideas de sincretismo, hibridez, y a la dialéctica de la síntesis, “que siempre andan en busca de lo uno, la superación de las contradicciones a través de un tercer elemento, armonioso y completo en sí mismo”, escribe Silvia. Es entonces, desde esta mirada que reflexiona, en su libro “Mito y desarrollo en Bolivia. El giro colonial del gobierno del MAS” acerca del proyecto neodesarrollista del Estado Plurinacional y la episteme indígena a través de las luchas que varios pueblos están llevando adelante en defensa de la Madre Tierra.

Silvia escribe con la intención de inspirarnos a las lectoras un “optimismo cauteloso” o “pesimismo alegre” que permita “invocar la episteme indígena como parte esencial de un pensar propio y creativo, capaz de ir más allá de la caricatura folclórica estatal”. De la misma manera, sus lecturas nos inspiraron para reflexionar acerca de los vínculos entre patriarcado y Estado en Bolivia.

Nos gustaría que nombres los elementos patriarcales que vos identificás que han estado presentes en la conformación y continuidad del Estado Plurinacional de Bolivia

—Yo lo que veo, en términos fácticos, el nexo que hay, es el pacto entre los militares y el Movimiento al Socialismo (MAS). Eso viene desde el principio. La Fuerza aérea y la Fuerza naval tienen un poder inmenso, un poder de control territorial y de recursos, la impunidad, la corrupción y la tolerancia a la corrupción. Todo eso marca una herencia de la época del pacto militar-campesino, una especie de pacto militar-cocalero mafioso. Que es un elemento que trae graves consecuencias para las mujeres. Es ahí donde hay cuarteles, donde empiezan los prostíbulos, la trata de mujeres. Y todo eso es tolerado, fomentado por el Estado. Además de que la impunidad militar, es espantosa.

El hecho mismo de que el servicio militar siga siendo obligatorio en Bolivia, es algo importante a analizar cuando una piensa los espacios de conformación de vínculos e identidades masculinas. Vos hablabas en uno de los encuentros de la Cátedra Libre de Sociología de la Imagen, que el servicio militar obligatorio, que se instala después de la Guerra del Chaco, pasa a ser un “rito”, una forma de “ciudadanización aceptada por las clases subalternas” y como espacio de conformación del “ser hombre”.

—Exacto. El servicio militar es un servicio colonial, de violentar los cuerpos. Realmente mueren muchos jóvenes por maltrato en el cuartel. Y el hecho de que hay una impunidad y un velo y una cantidad de privilegios y prebendas que gozan los militares, tiene efectos muy graves en la normalización del patriarcado y de la opresión y de la impunidad frente al femicidio.

Pensando en esto que trabaja Rita Segato sobre “la guerra contra las mujeres” en un momento en el cual, pensar las estrategias de supervivencia, es casi una necesidad básica para nosotras, es que nos preguntamos también qué posibilidades hay de pensar no sólo estrategias de supervivencia, sino también alternativas de emancipación. Vos hablabas de volver al vínculo con la madre tierra. En este contexto de crisis civilizatoria, cómo damos esos pasos, cómo construimos recordando a esas mujeres prehispánicas de los márgenes.

—Yo creo que hoy día hay muchas comunidades dispersas, pero que están haciendo cosas: agricultura, ecología. En las ciudades, en todos lados, en toda América Latina. Ahí se están retomando los vínculos prácticos entre el ser mujer y las políticas más amplias ambientales y de cuidado de la tierra. Yo creo que hay un momento.

Además, en algunos países como en la Argentina está súper activo el Ni una Menos y tiene un arraigo popular que no tiene en Bolivia. Acá en cambio es muy de ONG la cosa del Ni una Menos, las marchas son muy débiles. En cambio, allá casi se podría hablar de un movimiento social de mujeres. De todas maneras esto está momentáneamente adormecido, porque está momentáneamente adormecida la política de las calles en Bolivia, estamos muy adormilados.

Aquí han hecho la ley de igualdad de género donde se acepta el cambio de sexo y el transgénero, pero no se permite el matrimonio homosexual. En fin, son recortes muy formales, aflojar por un lado para ajustar por el otro. Entonces se afloja por ejemplo en tema de aborto pero se ajusta en el extractivismo y en toda la agresión que hay a los territorios indígenas.

En algún punto ¿podrían considerarse demandas liberales hacia el Estado?

—La lucha por el matrimonio me parece una barbaridad, heterosexual y homosexual. El matrimonio es una institución conservadora y reaccionaria. Pero acá se afloja en algunos términos para poder seguir con la política extractivista. Y ahí es donde las mujeres tenemos que estar más firmes que nunca.

En relación al vínculo entre mujeres y trabajo. Traíamos las reflexiones tuyas, escuchadas en la cátedra libre, acerca de lo que implicó la creación de un orden social tras la llegada de los colonizadores, basado en un mundo donde los que dominan, no trabajan. Vos planteabas que esto, para el mundo andino “es el mundo al revés”, donde el trabajo es visto como castigo, donde el trabajo es explotación. Esta vuelta de rosca de pensar cuán distinto es el trabajo en el mundo andino, cuando existe un vínculo con la Madre tierra, con la Pachamama.

Sí, en el mundo andino, el trabajo también está vinculado con las fiestas, con el mundo ético y con el cosmos.

—Vemos que en Bolivia se da muy fuertemente que la mujer incursiona en rubros que en otras territorios, son roles ocupados por hombres, ahora e históricamente. Por ejemplo, en la construcción, es un trabajo que en muchas sociedades se lo considera sólo de hombres y acá se da hace bastante tiempo ya que la mujer ingresa a ese rubro y de alguna manera lo hace propio.

Bueno eso ya comenzó en la Guerra del Chaco, habían maestras albañiles, masivamente las mujeres entraron en puestos de trabajo de varones y a través de toda una política de autoconstrucción. Porque la mayoría de los casos, cualquier obra estatal, el Estado ponía los materiales y la mujer el trabajo y ahí las mujeres estaban picando piedras y pavimentando. Pero hay en general una sensación de que no hay límites para las mujeres en término de tipos de trabajo. No hay tabúes.

—Y crees que eso se puede dar acá en Bolivia por toda la historia de la mujer con el trabajo en el campo…

Sí, absolutamente, porque la migración es diferencial. En las comunidades básicamente hay mujeres, viejos y niños. Entonces el grueso de la labor agrícola está en manos de mujeres. Aparte de que el trabajo es visto pues como algo absolutamente dignificante.

—Por último, para cerrar, queríamos preguntarte cuáles son los aportes que el pensamiento ch’ixi tiene para hacer a los feminismos latinoamericanos.

La Gayatri Spivak decía que estamos cansadas de ser socias honorarias de los clubes masculinos. Yo pienso que tampoco queremos que los varones sean socios honorarios de los clubes femeninos. Y ahí es donde entra lo ch’ixi, la posibilidad a la vez de compatibilizar lo individual con lo colectivo, lo femenino con lo masculino. Y un poco eso lo hemos puesto en práctica aquí en el colectivo, nosotras no somos las que cocinamos y ellos hacen, sino que interactuamos en todos los terrenos. Pero también manteniendo ciertos espacios diferenciados. Entonces la idea es también, como coexistir entre diferentes estableciendo lugares en los que la diferencia no se disuelva con el sometimiento de uno al otro, sino que permanezca como cierta energía en el propio conflicto. Esta es una forma en la cual lo ch’ixi podría resolver esta paradoja.

Silvia Ribera Cusicanqui (parte 1): «Un llamado a repolitizar la vida cotidiana»

En La Paz, Bolivia, todos los años Silvia Rivera Cusicanqui, socióloga, historiadora y ensayista integrante del colectivo Ch’ixi, lleva adelante una cátedra libre. “Sociología de la Imagen” se convierte así en un espacio de formación para descolonizar nuestras miradas. Estuvimos un mes compartiendo ese espacio y hacia el final del mismo, la entrevistamos con la intención de seguir comprendiendo nuestros feminismos latinoamericanos.

Silvia Rivera Cusicanqui considera que su postura personal la ha colocado en cierto modo, “al costado” de toda la problemática planteada por el feminismo desde la década de 1960. “Digo al costado, no porque no me sienta interpelada por las ideas y esperanzas feministas, sino porque siempre he vivido la identidad femenina desde el interior histórico y político del colonialismo interno, donde la mujeridad se construye también colonizada”, narra Silvia en su libro Violencias (re) encubiertas en Bolivia.

En la entrevista que le realizamos, le preguntamos acerca de esto que ella nombra como una “forma práctica de ser mujer feminista, sin estar militando en grupos feministas”. Ella considera que ha sido, ante todo indianista, pensando que la opresión femenina y la opresión india son homólogas. Silvia nos planteó que hoy, el indianismo está totalmente abocado en un discurso nacionalista de buscar un estado aymara y una nación aymara y que para ella, “el nacionalismo es lo más antifemenino que hay. Es una vocación de poder totalmente centrada en un ethos masculino”. En esta primera entrega de la entrevista que le realizamos, conversamos con ella acerca de los encuentros y desencuentros entre indianismo y feminismo, los modos en que se estructura la violencia de género hoy y los vestigios coloniales que hay allí.

Nos gustaría comprender cómo identificas la presencia del patriarcado en distintos momentos históricos, cómo éste se fue exacerbando o constituyendo cada vez con mayor fuerza hasta la actualidad. Y en paralelo, pensar cómo se estructuró el poder y la supervivencia de las mujeres en estos siglos desde la conquista española.

—Como les decía, hay elementos patriarcales en la estructura pre hispánica andina, pero yo creo que atenuado por el paralelismo de género, por el carácter bilateral de la autoridad y la existencia por un lado de panakas y aillus que permitían un espacio autónomo de las mujeres donde además el papel ritual que tenían ellas, era además un papel productivo: es un conocimiento de las recetas, de la chicha, de los tejidos, de las canciones y todo eso como un saber femenino reservado interiormente a las mujeres del cual no tenían conocimiento los varones. Por lo tanto había como una cierta autonomía y las fuentes de poder tenían esa doble naturaleza, el ancestro femenino y el ancestro masculino.

Todo eso va a ser trastocado por la invasión, sobre todo la parte ritual, pero debido a la propia ceguera de los colonizadores que enfocaron todas sus herramientas de exacción sobre el varón como jefe de familia, hubo como cierta invisiblidad de las mujeres. El rol de ellas como ritualistas de los márgenes se trasladó al margen del comercio, en tanto el varón estaba desarrollando su actividad en el centro de la comunidad, en el espacio de la producción, la mujer cada vez más tendía a ir a intercambiar fuera de la comunidad. De eso surge toda esa presencia que les impresionaba a los españoles de las mujeres en los tambos. En el siglo XVII hubo un censo y ellos planteaban “esas mujeres qué hacen ahí, deben estar vendiendo sus cuerpos”. O sea, desde la experiencia de ellos en España, la presencia de mujeres en el espacio público sólo podía interpretarse como prostitución en tanto que en realidad, las mujeres fueron claves en el nexo entre la coca y la plata en Potosí y también en el Cuzco.

Entonces a lo largo del siglo XVII, XVIII, esta presencia femenina en las ciudades se estableció como una suerte de tercera república y permitió el surgimiento de ciudades matricentradas donde el papel de estas mujeres era central. Además había un proceso como de aculturación e imitación de las mujeres españolas que terminó generando una sociedad que se podía reproducir a sí misma y que estaba en el intersticio entre la sociedad comunitaria del campo y la sociedad estamental de las ciudades. Esta presencia ha sido persistente. Tu has visto en la rebelión de Tupac Katari, el papel militar, incluso de las mujeres, llegó a ser importante y a lo largo del siglo XIX también. Entonces esos momentos de crisis de la economía exportadora eran momentos de auge del mercado interior y ahí el papel de las mujeres era muy importante. En todo esto, obviamente se ha reproducido el patriarcado porque ha habido una suerte de alianza tácita entre los varones de la sociedad dominada y la sociedad conquistadora.

Entonces, en cada caso ha habido mecanismos como de defensa de todo tipo, pero el destino de las mujeres en las ciudades oscilaba entre el comercio y la servidumbre doméstica. Y ahí ya hay todo un fenómeno de mestizaje asociado a los hijos ilegítimos de mujeres que prestaban servicios en las casas y tenían hijos para el patrón. Entonces todo eso genera una sociedad despreciada por su promiscuidad y todos estos estigmas de género. Pero a la vez, una cierta fortaleza por el carácter colectivo que tenían estas opciones. Esto lo ves ya a principios del siglo XX con la fuerza que tienen los sindicatos de mujeres, tanto de las culinarias como de las vendedoras de los mercados, las lecheras, etcétera que van a constituir los sindicatos más fuertes y perdurables en su adhesión al anarquismo.

Va a llegar al punto en que en un tiempo post guerra del Chaco, las mujeres eran la columna vertebral de la Federación Obrera Local (FOL). La Federación Obrera Femenina (FOF), llegó a ser el principal aglutinante de las y los trabajadores una vez que varios gremios de los varones fueron cooptados por el Estado y por los partidos políticos. Ahí hubo como una cierta tenacidad de las mujeres de mantener su espacio de autonomía al punto que los varones tuvieron, de alguna manera, que plegarse a las luchas de las mujeres.

Todo eso se vino abajo con la Revolución del 52, que entre otras cosas instala la forma moderna del partido y de la sociedad basada en la división de lo público y lo privado y la reclusión femenina en los hogares, a pesar de que había un grupo que se llamaban las Barsolas que no eran más que una suerte de grupo de choque femenino. En realidad las mujeres terminaron siendo muy secundarias en la política hasta los años ochenta o noventa: esta presencia de las mujeres en la política era marginal y lo sigue siendo hasta cierto punto.

—Cuando vos nombrás la política, ¿a qué te referís? ¿A las formas de hacer política más autónomas?

—Al espacio público en general. Si bien hay una apertura a nuevas formas de trabajo fuera de la casa, son formas que reproducen los roles femeninos tradicionales: enfermeras, educadoras.

Vos nombrabas que en la Revolución del 52, la “higienización” fue una política de estado que apuntó a que la llevaran adelante las mujeres en el ámbito doméstico.

—Eso es una política estatal que viene de la época de la oligarquía de los últimos años, del Servicio Cooperativo Interamericano de Educación del departamento de Estado. Allí se introduce toda una cuestión de que la causa de la pobreza indígena es la mugre. Y además, esto viene a ser como un mercado para los detergentes, jabones y todo esto y tiene como efecto el intento de encerrar a la mujer en el hogar al cuidado de los niños y la limpieza del hogar para separar a las mujeres de las labores productivas. Obviamente que esto no lo logran de completo, porque es importantísima la labor productiva en la agricultura, la mujer es fundamental, pero de todas maneras hay un intento muy serio de instalar, pues, el american way of life generalizado a través de políticas higienistas.

En el artículo “Mujeres y estructuras de poder en los Andes: de la etnohistoria a la política”, vos hacés una historización acerca del papel de la mujer antes de la colonia, y marcás como la sociedad boliviana, es una sociedad que tiene una historia de la mujer habitando los espacios públicos de manera muy fuerte, cuestión que hoy pareciera ha quedado un poco oculta. Teniendo en cuenta esta historia de estas mujeres, nosotras nos preguntamos cómo construir hoy un feminismo “con los pies en la tierra”.

—Yo veo que el terreno de unión es la defensa de la madre tierra. Y el nexo con las luchas territoriales y ambientales sobre todo de indígenas de tierras bajas en Bolivia. Yo creo que ahí está el lugar del nexo más fructífero porque une las reivindicaciones feministas con las luchas más territoriales y ambientales de los pueblos indígenas. De hecho yo creo que en este gobierno van de la mano las agresiones a las comunidades y las agresiones a las mujeres, de la mano de un gran incremento de los femicidios, esto es impresionante.

—Las mujeres son las que más están poniendo el cuerpo en las luchas socioambientales, no solamente acá en Bolivia sino en toda América Latina.

—Sí. Y es un nexo fructíferamente fuerte en términos teóricos. Se ha pensado siempre que el cuidado, el alimento, son las cosas del mundo privado, son las cosas de las mujeres y que las mujeres debían salir de eso, salir al mercado del trabajo… eso es un feminismo burgués, de la modernidad. Pero hoy en día, procurar el alimento tiene implicaciones cósmicas. Cuidar de la salud, del cuerpo y de la vida, son cosas de una implicación política mucho más grande a través de este nexo con el tema de la Madre Tierra. Una política de los afectos y del cuidado es hoy una forma de hacer política, es un llamado universal a repolitizar la vida cotidiana.

*Entrevista realizada por Sofía Bensadon y  Débora Cerutti

Las autonomías después del progresismo

Por Raúl Zibechi

Luego de una larga década de gobiernos progresistas, los debates sobre la autonomía y las prácticas autonómicas parecen haber mutado; abandonaron el escenario y se han refugiado en los pliegues menos visibles de los movimientos anti-sistémicos.

En este cambio han confluido varios procesos. Por un lado, los gobiernos progresistas han apoyado con abundantes fondos muchas iniciativas de los movimientos, produciendo un efecto de cooptación o de neutralización de los rasgos anti-capitalistas de las organizaciones. Por otro, ha ganado terreno la propuesta de “jugar en la cancha grande”, como denominan algunos a competir en el terreno electoral, ya que consideran que las “islas de autonomía” no logran conmover al sistema.

Una tercera cuestión se relaciona con las enormes dificultades que tienen los colectivos que trabajan de forma autónoma, para sostenerse en el tiempo en base a sus propios esfuerzos y tender puentes hacia otros grupos similares para emprender acciones más potentes y desafiantes. En resumen, no pasamos por buenos momentos quienes apostamos a la construcción de espacios de autonomía, con estilos de trabajo que se apoyan en la auto-construcción de mundos nuevos.

Una recorrida por diversos espacios realizada este año con movimientos argentinos en Córdoba, tanto en la capital como en Traslasierra, así como con colectivos de las provincias de Santa Fe y Paraná, me permitió auscultar otros debates y modos de trabajo. Uno de ellos es la diversificación de lo que se entiende por autonomía, al punto que muchos colectivos se consideran realmente autónomos aunque reciben fondos de los Estados. Separan la autogestión del espacio propio, de los aportes financieros que perciben.

Aunque en principio resulta una posición algo incómoda y difícil de aceptar, lo cierto es que las prácticas autónomas no sólo no han desaparecido sino que se sostienen en numerosos colectivos, más allá de las definiciones de cada quien. Intuyo que la autonomía como propuesta política goza de mayor simpatía que la capacidad de ser realmente autónomos; que las prácticas autónomas son bastantes más que los colectivos que sólo dependen de sus esfuerzos.

En suma, que la realidad se ha vuelto mucho más compleja y no admite simplificaciones. Sin embargo, existen decenas de organizaciones autónomas, por lo menos en las provincias mencionadas. Tienen algunas características comunes que quiero desglosar.

La primera es que esas prácticas anidan en grupos muy variados, no dedicados a lo que se entiende por “política”, en el sentido de disputar el poder en la sociedad, sino volcados hacia actividades culturales (música, danza, radios libres, editoriales y revistas independientes), sociales (educación popular, comercio justo, alimentación sana) y productivas (elaboración de pan y otros alimentos orgánicos, artesanías y reciclajes).

La segunda es que estos grupos suelen compartir ideas y prácticas ambientalistas o ecologistas, se niegan a plegarse al consumismo, conforman redes de resistencia a la minería y a los monocultivos como la soja, pero también a la especulación inmobiliaria urbana.

No todos son totalmente autónomos, en el sentido de que se apoyan en sus propios recursos, pero cuestionan la participación en las elecciones y gestionan sus espacio y sus tiempos según sus propios criterios. La mayoría han construido espacios de auto-formación, lo que contribuye a potenciar las prácticas autónomas.

En tercer lugar, se trata de un sector muy amplio aunque no suele estar vinculado por una estructura organizativa estable. La tendencia es que los colectivos se agrupen para una actividad concreta o para campañas acotadas en el tiempo, y luego cada organización sigue su propio rumbo. En realidad, existen vínculos estables entre muchas de ellas, pero no están sujetas a un aparato orgánico que las supera.

Existen coordinaciones nacionales, regionales y sectoriales. Pero cada grupo que las integra es, en este caso se aplica perfectamente, autónomo a la hora de tomar sus decisiones sin tener que someterse a la coordinación a la que pertenece. Por eso creo que la autonomía abarca muchos más espacios que aquellos que se definen como autónomos.

La autonomía se ha transformado profundamente desde que emergió en la década de 1990, influida por el zapatismo, la debacle de los partidos de la vieja izquierda, el neoliberalismo que destruyó los estados del bienestar y un sindicalismo funcional al sistema. La mayoría tienen claro que las políticas sociales de los Estados buscan domesticar a los movimientos y parecen haber aprendido a neutralizarlas.

En uno de los varios encuentros en los que participé, uno delos grupos de trabajo de trabajo destacó la importancia de trabajar en “cómo nos abrazamos desde abajo”. Mientras avanzan en reconocer las dependencias que mantienen, no sólo del Estado sino también del mercado, también crecen en dilucidar los modos de relacionarse, para ampliar resistencias y luchas, mientras tejen lo nuevo. No es poco para tiempos tan difíciles.

Por un New Deal Internacional

Por Yanis Varoufakis

Lecciones de 2008 para más allá de 2018

El año 2008 estuvo marcado por la experiencia cercana a la muerte del capitalismo globalizado. Una década después, no tenemos derecho a ver esos eventos como parte de nuestra historia económica. ¿La razón? Todavía seguimos enredados en la crisis desencadenada por los acontecimientos de 2008, los cuales siguen formando hoy parte central de nuestro presente. La misma crisis toma diferentes formas en diferentes lugares, migrando de un continente a otro, de un país a otro. La crisis muta de generador de desempleo a una máquina deflacionista, de ahí a otra crisis bancaria y a un amplificador de los desequilibrios globales del comercio y el capital. Agota los ahorros de la clase media en Alemania y Holanda, comprime los salarios en Occidente, provoca burbujas de crédito en China, mantiene a Grecia y a la periferia de Europa en un estado de permanente Gran Depresión, alimenta el Brexit y el descontento en áreas suburbanas de los Estados Unidos y Europa. Por último, pero no por ello menos importante, pone en peligro las perspectivas de vida de millones de personas en los denominados países emergentes. Además, quisiera argumentar que las causas de la crisis de 2008 están intactas, los desequilibrios que la desencadenaron están empeorando y la política democrática —el único antídoto para esta crisis y la siguiente— se encuentra, trágicamente, en un estado de deterioro como resultado de la interminable crisis que nos reportó el 2008.

Pero, para que no se asusten ante la perspectiva de una charla empapada de tristeza y fatalidad, permítanme prometer que concluiré —al pasar de hablar de 2008 a las lecciones para más allá de 2018— con un mensaje optimista: ¡Sí, podemos! Podemos dejar atrás el 2008 de una manera que fortalezca la democracia y brinde una prosperidad verde compartida por la mayoría de las personas en la mayoría de los países.

Sobre la naturaleza y las causas de 2008

2008 fue el año 1929 de nuestra generación. El sistema financiero globalizado colapsó y sólo fue apuntalado por dos intervenciones masivas: primero, las instituciones de los Estados Unidos respaldaron a los bancos mundiales y sus negocios dolarizados en el extranjero con centros en Londres, Frankfurt y también aquí, en París: la Fed (sistema de la Reserva Federal de los eeuu), con sus gigantescas líneas swap de intercambio principalmente, pero también el Tesoro de los Estados Unidos. Un banquero del bce se refirió con precisión a los bancos centrales europeos en 2008 (el bce, el Banco Central de Suiza y el Banco de Inglaterra en particular), al afirmar que se habían convertido en la 13a rama del sistema de la Reserva Federal de los Estados Unidos. En segundo lugar, China, cuyas autoridades aumentaron magníficamente el crédito y la inversión en un intento juicioso, por un lado, de reemplazar la demanda agregada doméstica (perdida por la caída libre de las exportaciones de China) y, por otro, para ganar tiempo y poder actuar en conjunto con Europa y los Estados Unidos.

Mientras que el mundo de las finanzas se salvó de sí mismo gracias a los estados de los Estados Unidos y China, la experiencia cercana a la muerte de la financiarización tuvo repercusiones que se sintieron en todas partes. El efecto agregado sobre la producción y el comercio fue mayor en los dos primeros años de la crisis que en el de la Depresión del 1929. Las certezas creadas durante décadas por el pensamiento del establishment —por ejemplo, que los mercados se autorregulan y la política es en gran medida irrelevante— habían desaparecido, junto con alrededor de 40 billones de capital a nivel mundial, 14 billones de riqueza familiar y 700,000 empleos cada mes, tan sólo en eeuu, e innumerables viviendas embargadas en todas partes. ¡Incluso McDonald’s, por el amor de Dios, no pudo asegurar sus números rojos con el Bank of America!

Mientras tanto, la respuesta de los gobiernos que hasta ahora se habían aferrado tenazmente al conservadurismo fiscal, tal vez como la última ideología superviviente del siglo xx, causó un gran asombro y perplejidad. Una vez que se dieron cuenta de que no era suficiente con inyectar billones de dólares, euros, yenes, etc. en un sistema financiero que había estado unos meses antes nadando en ganancias y liquidez, nuestros presidentes y primeros ministros, hombres y mujeres con impecables credenciales sobre el mercado libre y el antiestatismo, se embarcaron en una juerga de nacionalización de bancos, compañías de seguros y fabricantes de automóviles que pone en vergüenza incluso las hazañas de Lenin.

Aquí, en la Europa continental, donde habíamos creado una extraña unión monetaria con un banco central sin un Estado que la respaldara y con diecinueve gobiernos responsables de rescatar a los bancos nacionales, pero sin un banco central para respaldarlos, el resultado fue una política de contracción notablemente contraproducente, que duró de 2008 a 2015. Es esta misma política la que causó una derrota histórica al capitalismo europeo, una derrota que, a pesar de las diversas proclamas de que la crisis ha terminado, todavía está con nosotros, deprimiendo la inversión real y la productividad y envenenando nuestras democracias, haciéndolas vulnerables a la xenofobia orquestada y a un pánico moral en torno al tema de la migración.

Entonces, ¿qué causó los eventos de 2008? Después de 2008, incluso aquellos que habían argumentado que era imposible que los acontecimientos de 2008 ocurrieran, ahora se han convertido en expertos de sus causas. Así es la vida. Pero veamos las diversas explicaciones:

  • Crecientes desequilibrios comerciales
  • La financiarización crea una dinámica tóxica: la narrativa del riesgo sin riesgo que produce un riesgo sistémico masivo que se alimenta de sí mismo.
  • Teoría económica tóxica que ayuda e incita las finanzas tóxicas; por ejemplo, la Hipótesis del mercado eficiente, la Hipótesis de las expectativas racionales, el llamado Modelo de ciclo real de negocios, la Captura del regulador.
  • La entrada de 2 mil millones de trabajadores (de los antiguos Estados comunistas, de China y de la India) en el proletariado global.
  • El exceso de ahorro global que estos desarrollos engendraron.
  • Los bancos centrales luchando en una guerra equivocada contra el precio, no activo, de la inflación.

Todas estas explicaciones son verdaderas y aptas. Pero, quiero argumentar que todas estas explicaciones son en sí mismas síntomas de una causa más profunda: una subyacente macrodinámica global que se ha estado desarrollando desde la década de 1940. En resumen, mi argumento es que estos desarrollos que precipitaron los acontecimientos de 2008 fueron causados por la naturaleza de la transformación de eeuu, que pasó en este periodo de ser una economía hegemónica cuyo excedente era utilizado (por medios políticos) para estabilizar Europa y Japón, a una economía deficitaria cuya hegemonía creció como resultado de estabilizar la demanda global agregada a través de sus crecientes déficits gemelos.*

Para ver esto, debemos comenzar por el principio: en 1944 y en la Conferencia de Bretton Woods. Cuando la guerra estaba llegando a su fin, la administración de los New Dealers en Washington entendió que la única forma de evitar el regreso de la Gran Depresión, una vez que las armas habían sido silenciadas, era reciclar los excedentes de Estados Unidos en Europa y Japón, y así generar en el exterior la demanda que mantendría a las fábricas estadounidenses produciendo todos los relucientes nuevos productos de consumo que la industria estadounidense cambiaría al final de la guerra.

El resultado fue el proyecto de dolarizar Europa, de fundar la Unión Europea como un cártel de la industria pesada y de construir Japón, todo dentro del contexto de una unión monetaria global que era el sistema de Bretton Woods y su nueva filosofía subyacente según la cual el dinero era copropiedad de quienes lo tenían y de la comunidad global que lo respaldaba. Un sistema que presenta un régimen de tipos de cambio fijos anclados en el dólar estadounidense, tasas de interés casi constantes, bancos aburridos (que operan bajo severos controles de capital) y una gestión encabezada por los Estados Unidos de la demanda agregada de bienes y servicios del capitalismo global.

Este deslumbrante diseño nos trajo una Edad de Oro de bajo desempleo, baja inflación, alto crecimiento y una desigualdad reducida masivamente. Por desgracia, a fines de la década de 1960, los cimientos de Bretton Woods se estaban desintegrando. El superávit estadounidense, que era la base del sistema monetario mundial, desapareció. Esto, combinado con el intento perenne de los banqueros de desvincularse de las restricciones impuestas sobre ellos crearía más tarde, con la bancarrota de Bretton Woods en 1971, el mercado offshore de eurodólares que se convertiría en la base de la financiarización. De hecho, en 1968, Estados Unidos había perdido sus superávits, había caído en crecientes déficits gemelos y, por lo tanto, ya no era capaz de estabilizar el sistema global que había creado reciclando un superávit que ya no tenía. Nunca demasiado lento para aceptar la realidad, Washington mató su mejor creación: el 15 de agosto de 1971, el presidente Nixon anunció la expulsión de Europa y Japón de la zona del dólar.

La decisión del presidente Nixon se basó en la refrescante falta de fobia por el déficit de los estadounidenses. No dispuesto a controlar los déficits imponiendo austeridad (que reduciría la capacidad de los Estados Unidos para proyectar poder hegemónico en todo el mundo), Washington pisó el acelerador para aumentar sus déficits. De esta manera, los mercados estadounidenses funcionaron como una aspiradora gigante que absorbía las exportaciones netas masivas de Alemania, Japón y, más tarde, China, dando paso a la segunda fase del crecimiento de la posguerra (1980-2008). ¿Cómo se pagaban los déficits estadounidenses en expansión? Por un tsunami de dinero de otras personas (alrededor del 70% de las ganancias de los exportadores netos europeos, japoneses y chinos) que se apresuraron entusiastamente a buscar refugio y un mayor rendimiento, un cambio radical que fue ayudado por tres acontecimientos: (i) El crecimiento salarial en los eeuu fue menor que en Europa y Japón (por lo tanto, impulsó el retorno a las inundaciones de capital extranjero en los Estados Unidos); (ii) las tasas de interés del 20% + de Paul Volcker; y (iii) la financiarización dolarizada de Wall Street y la City de Londres que ocasionó ganancias auto-reforzadas de papel financiero.

A mediados de la década de 1980, los Estados Unidos estaban absorbiendo una gran parte del superávit de productos industriales originados en el resto del mundo, mientras Wall Street administraría las inundaciones de capital extranjero en los Estados Unidos de tres maneras. Primero, otorgó crédito a los consumidores estadounidenses (cuyos salarios se estancaron). En segundo lugar, canalizó la inversión directa en las empresas estadounidenses y, por supuesto, en tercer lugar, financió la compra de letras del Tesoro de los eeuu (es decir, financió los déficits del gobierno estadounidense).

Pero para que Wall Street pudiera actuar como ese «imán» del capital de otras personas y realizar el papel de reciclar el superávit de otras personas con el fin de pagar los déficits de Estados Unidos, tuvo que ser liberado de las estrictas regulaciones del periodo del New Deal y de Bretton Woods. Dicho de otro modo, el eurodólar, un mercado financiero no regulado que se había creado en la ciudad de Londres, tuvo que hacerse cargo del resto del mundo, convirtiéndose en el modelo financiero dominante en Nueva York, aquí en París, en Frankfurt y en el Extremo Oriente.

La avaricia institucionalizada, la desregulación al por mayor, las infames «puertas giratorias», los derivados exóticos, etc., fueron meros síntomas de este nuevo y bravo mecanismo de reciclaje global. Después de 1991, cuando otros dos mil millones de trabajadores ingresaron en la fuerza de trabajo mundial, produciendo un nuevo output que impulsó unos flujos comerciales ya desequilibrados, el capitalismo había entrado en una nueva fase. Es lo que conocemos hoy como Globalización.

En la estela de la globalización, la ue creó su moneda común. La razón por la que la ue necesitaba una moneda común era que, como todos los cárteles, tenía que mantener los precios de sus principales industrias oligopólicas estables en el mercado único europeo. Para hacerlo, era necesario fijar tipos de cambio dentro de su jurisdicción, como se habían fijado durante la era de Bretton Woods. Sin embargo, desde 1972 y hasta principios de la década de 1990, todos los intentos de la ue por fijar las tasas de cambio europeas habían fallado espectacularmente. Finalmente, la ue decidió poner toda la carne en el asador y establecer una moneda única. Esto lo hizo dentro del ambiente de apoyo de estabilidad global (extremadamente desequilibrada, pero temporalmente extraordinaria), mantenido por el Mecanismo Global de Reciclaje de Excedentes anclado en los eeuu. Para sortear los obstáculos políticos presentados por la comprensible reticencia del Bundesbank a sacrificar el marco alemán, terminamos con la paradoja de un bce suministrando una moneda única a los bancos de diecinueve países. De esta manera, los gobiernos de estos países tendrían que salvar sus propios bancos en un momento de crisis, ¡sin un banco central que pudiera apoyarlos!

Mientras tanto, Wall Street, la City de Londres y los bancos franceses y alemanes aprovechaban su posición central en el sistema de reciclaje global anclado en los Estados Unidos para construir pirámides colosales de dinero privado sobre la base de las ganancias netas que fluyen a los Estados Unidos desde el resto del mundo. Esto agregó mucha energía al esquema de reciclaje, ya que alimentó un nivel de demanda cada vez más acelerado dentro de los Estados Unidos, en Europa y Asia. También provocó el extraordinario desacoplamiento de los flujos de capital financiero de los flujos comerciales subyacentes.

Para explicar lo que quiero decir con el «extraordinario desacoplamiento de los flujos de capital financiero de los flujos comerciales subyacentes», recuerden los embriagadores días de agosto de 2007, cuando comenzó la podredumbre. Mis amigos alemanes, hasta la fecha, me dicen que ellos no lo entienden: ¿Cómo es que el Deutsche Bank, y el resto de los bancos alemanes, fueron, efectivamente, a la quiebra? ¿Cómo puede un sector económico pasar en 24 horas de hacer dinero a tropecientos a la insolvencia, exigiendo enormes rescates a los contribuyentes? La respuesta es tan simple como devastadora.

Consideremos los bancos y exportadores de Alemania en el verano de 2007. Las cuentas nacionales de Alemania confirman el gran superávit comercial de Alemania con los Estados Unidos. En el mes de agosto de 2007, por poner un ejemplo, los ingresos alemanes de exportación netos a los Estados Unidos fueron de unos 5 mil millones. Las cuentas nacionales de Alemania registraron este superávit así como una salida de capital compensatorio desde Alemania a los Estados Unidos. Sin embargo, las cuentas nacionales de Alemania no muestran el verdadero drama detrás de la escena, la acción real.

Desde principios de la década de 1990 y hasta 2007, los banqueros de Frankfurt se morían de ganas por comprar los lucrativos derivados en dólares que Wall Street y la City londinense fabricaban y lo hicieron con dólares que estaban pidiendo prestados a Wall Street. En agosto de 2007, el precio de estos derivados comenzó a caer, las

deudas subyacentes retrocedían y, por lo tanto, las instituciones de Wall Street se enfrentaron a grandes ajustes. Los banqueros alemanes se pusieron apopléjicos cuando sus aterrorizados amigos de Nueva York comenzaron a reclamar sus deudas en dólares. Necesitaban dólares a toda prisa, pero nadie compraría la montaña de derivados tóxicos estadounidenses que ellos habían comprado. Así es como, de la noche a la mañana, los bancos alemanes que estaban nadando en océanos de ganancias en papel se encontraron con la necesidad desesperada de unos dólares que no tenían. ¿No podrían los banqueros de Alemania tomar prestados dólares de los exportadores de Alemania para cumplir con sus obligaciones en dólares? Podrían, pero ¿cómo podrían los 5 mil millones que estos últimos había ganado durante ese último agosto de bonanza ayudar cuando la extraordinaria deuda de los banqueros alemanes con Wall Street, que los estadounidenses reclamaban ahora, excedía los 100 mil millones? Esto es lo que quiero decir con el asombroso desacoplamiento de la economía de las finanzas de los flujos comerciales de los flujos de capital.

El después

En resumen, lo que sucedió a escala global fue que los desequilibrios de flujos financieros denominados en dólares, que inicialmente habían crecido debido al déficit comercial de los Estados Unidos, «consiguieron» desvincularse de los valores económicos subyacentes y los volúmenes de comercio. No sería descabellado decir que casi alcanzaron la velocidad de escape y casi dejan el planeta Tierra detrás —antes de estrellarse violentamente en 2008—.

A partir de ese momento, los políticos se volcaron en transferir las pérdidas de los que las crearon (los banqueros) a los deudores de la clase media, los asalariados, los desempleados, los que tenían pagos por discapacidad y los contribuyentes que no podían permitirse establecer unidades de contabilidad offshore. En Europa, en particular, nuestro liderazgo no sólo no moderó la crisis de la eurozona, sino que al implementar hasta hoy el ocultamiento fraudulento de la insolvencia, produjo una derrota histórica para el capitalismo europeo.

La narrativa dominante sobre lo que salió mal no tenía ninguna base en la macroeconomía y, por lo tanto, eso permitió oscurecer la realidad de que el Eurosistema había sido diseñado para no tener ningún amortiguador que absorbiera la onda expansiva de Wall Street. En consecuencia, una tras otra, las naciones orgullosas se enfrentaron entre sí, con una clase dominante decidida a disfrazar los motivos de una crisis causada por una alianza de banqueros del Norte y del Sur y otros oligarcas rentistas, en un choque causado por los despilfarradores sureños y las laboriosas hormiguitas del norte, o como la crisis de los excesivamente generosos sistemas de bienestar social alemán, griego, italiano, etc. Las repercusiones políticas de este vano manejo de una crisis inevitable son evidentes para todos, por lo que voy a desistir de decir algo más al respecto, a pesar de que mi vida, en estos días, está dedicada a luchar contra la Internacional Nacionalista que surgió de este lío.

Pero dejemos de lado estos desarrollos ya conocidos. La pregunta es: ¿dónde estamos ahora?

Si bien el déficit comercial de los Estados Unidos volvió a los niveles anteriores a la crisis en un par de años, ya no era suficiente para estabilizar la demanda global. El mecanismo previo a la crisis por la cual Wall Street y la City londinense convirtieron (y sobrecargaron) el déficit comercial de los Estados Unidos en inversiones de capital fijo en todo el mundo se ha derrumbado. Claro, la Fed y otros Bancos Centrales trataron de enmendar la situación con tsunamis de liquidez inducida por expansión cuantitativa (ec). Pero eso sólo elevó los precios de activos en el oeste, dando por ejemplo a las corporaciones estadounidenses la oportunidad de recomprar sus acciones mientras ahorran sus propios beneficios en cuentas en el exterior. Donde fluía el dinero, en los Mercados Emergentes, la inversión creció, pero era vulnerable tanto a las fuerzas deflacionarias que Europa exporta continuamente (cortesía de su impulso de austeridad nacional) como a la expectativa de reducción y mayores tasas de interés a largo plazo en los Estados Unidos. Quizás el único pilar de la demanda mundial fue China, aunque su capacidad para mantener ese impulso se vio limitada por la constante amenaza de explosión de su burbuja crediticia.

En resumen, la capacidad de Wall Street para continuar «cerrando» el ciclo de reciclado global en 2008 desapareció y aún no ha sido reemplazada. Los bancos de los Estados Unidos ya no pueden aprovechar los déficits gemelos de los Estados Unidos con el propósito de financiar suficiente demanda dentro de los Estados Unidos para mantener en marcha las exportaciones netas del resto del Mundo. Esta es la razón por la cual el mundo de hoy permanece en los cierres de la misma crisis que comenzó en 2008.

¿Hemos aprendido alguna lección?

Realmente, no. El capitalismo global se comportó como un conductor imprudente que, habiendo sido atrapado por exceso de velocidad, se mantiene en el límite de velocidad por un tiempo, pero luego pisa de nuevo el acelerador como si nada hubiera sucedido. Veamos:

Deuda: 40% más desde 2007, hasta alcanzar el 217% del PIB mundial.

Regulación bancaria: Reglas nacionales más estrictas establecidas para restringir los balances de los bancos, causando un cambio de la intermediación financiera de los bancos a los mercados de capital, principalmente con instrumentos denominados en dólares de renta fija. Pero al hacer que los bancos sean más seguros, la creación de mercado se ha deteriorado o cambiado a un sistema bancario en la sombra, que ha pasado de 28 billones en 2010 a 45 billones en 2018. El riesgo no se ha eliminado, simplemente se ha perdido y se ha dispersado geográficamente; por ejemplo, los bancos estadounidenses dominan más que nunca (los cinco bancos estadounidenses más grandes que se consideraron Too Big To Fail ahora son aun más grandes: representan el 47% de todos los activos bancarios de eeuu, un 44% en 2007), los nuevos gigantes bancarios de Asia se expandieron rápidamente y son los bancos británicos y europeos los que contrataron, ya que las autoridades estadounidenses lo exigieron a los competidores europeos, como Barclays y Deutsche Bank, que proporcionaran más capital a sus operaciones en eeuu o que se marcharan.

Los mercados emergentes pierden su capacidad de ajustar a través de la depreciación: Es bien sabido que los dineros ec (expansión cuantitativa) fluyeron hacia Mercados Emergentes. De hecho, en la última década, los préstamos denominados en dólares a prestatarios de ec crecieron un 17% cada año, y fluyeron a China, Brasil, Chile, Turquía, Argentina, Indonesia, etc., 3.7 billones en total. Esto ahora está causando los problemas que todos sabemos. Peor aún, la devaluación parece no hacer diferencia (ya que los argentinos no mantendrán su dinero en pesos, incluso si se les ofrecen tasas de interés del 100%). Incluso cuando el gobierno tiene suficientes reservas de divisas para cubrir sus obligaciones en dólares, la apreciación del dólar hace que las empresas domésticas que trabajan bajo grandes deudas en dólares se reduzcan en sus hogares, reduciendo así la capacidad de depreciación para impulsar la actividad económica interna.

Un sentido de injusticia: se impusieron multas de 321 mil millones a los banqueros. Era un pequeño porcentaje de la liquidez y los activos públicos que los contribuyentes les habían proporcionado.

Sorprendentemente, a diferencia de la década de 1980, cuando estalló una crisis bancaria mucho más pequeña en los eeuu (el escándalo de Ahorros y Préstamos), que llevó a más de mil banqueros a la cárcel, no se realizaron arrestos por delitos financieros relacionados directamente con las actividades tóxicas de los financieros que ocasionaron el 2008.

No hay planes para el próximo episodio: No existe un plan para cuando el nuevo riesgo de cola golpee de nuevo; un efecto dominó que puede comenzar de varias maneras (por ejemplo, la deuda pública italiana, un colapso de la burbuja crediticia china) y ser más ominoso por la estrategia de Trump de incitar a una falla de coordinación a nivel mundial, por el Brexit en Europa, o por el generalizado envenenamiento de los procesos democráticos.

¿Qué es lo siguiente? La necesidad de una Internacional Progresista y un borrador del New Deal internacional por el que debemos hacer campaña.

La crisis de 2008 engendró la Gran Recesión, que engendró la Gran Deflación, que dio lugar a la Disolución Integral de cualquier apariencia de Gobernabilidad Global. Lamentablemente, la Unión Europea se encuentra en una etapa avanzada de desintegración, con la debacle migratoria frente a los desequilibrios macroeconómicos subyacentes que son incompatibles con el marco institucional del euro. Los Estados Unidos han adoptado la estrategia de pasar a las negociaciones bilaterales; un marco dentro del cual ni la Unión Europea ni la economía china pueden seguir. Las tendencias actuales conducirán, casi con certeza, a lo siguiente: a) Europa exportará una mayor deflación e inestabilidad al resto del mundo; y (b) China reduce sus niveles insostenibles de inversión en más del 10% del PIB, lo que junto con una tasa de crecimiento máximo del 6% y una tasa de ahorro del 40%, conduce a la predicción segura de una salida de capital de China que superará el 10% del PIB. Si bien algunas economías particulares podrán funcionar razonablemente bien en ese entorno, la economía mundial sufrirá y las tensiones se multiplicarán. Si a esta imagen agregamos las presiones de la próxima crisis (es decir, los efectos deflacionarios de la inteligencia artificial y la automatización), el futuro parece sombrío.

¿Puede el futuro ser más luminoso? Sí, por supuesto que sí. Recientemente, junto con Bernie Sanders, hemos hecho un llamamiento por una Internacional progresista que hará campaña en favor de un New Deal internacional, un nuevo Bretton Woods. ¿Qué significa esto en la práctica? Aquí hay tres ejemplos de lo que eso significaría:

Un Programa de Inversión Verde a gran escala mediante el cual se puede utilizar con fines útiles el exceso mundial de ahorro

Esto sería equivalente a un New Deal internacional, tomando prestado del plan de Franklin D. Roosevelt la idea básica de movilizar dinero privado ocioso para fines públicos. Pero en lugar de a través de programas de impuestos y gastos a nivel de las economías nacionales, esto debería ser administrado por una asociación multilateral de bancos centrales (como la Fed, el Banco Central Europeo y otros) y bancos de inversión pública (como el Banco Mundial, El Kf W Development Bank de Alemania, el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura, etc.). Bajo los auspicios y la dirección de, digamos, el fmi, la ocde incluso (¡!). Los bancos de inversión podrían emitir bonos de forma coordinada, que estos bancos centrales estarían listos para comprar, si es necesario. De esta forma, el conjunto disponible de ahorros globales proporcionaría los fondos para grandes inversiones en los empleos, las regiones, los proyectos de salud y educación y las tecnologías ecológicas que la humanidad necesita.

Tratos de comercio justo, basados en salarios mínimos de vida para los países pobres y un esquema de garantía de trabajo para las regiones desfavorecidas de los países más ricos

Para ilustrar que los aranceles no son la mejor manera de proteger a nuestros trabajadores, ya que en su mayoría enriquecen oligarquías locales, debemos hacer una campaña por acuerdos comerciales que comprometan a los gobiernos de los países más pobres a legislar salarios mínimos para sus trabajadores y que los gobiernos de los países más ricos legislen por un plan de garantía de trabajo para las regiones desfavorecidas, para que las comunidades puedan recuperarse en los países más ricos y más pobres a la vez.

Un nuevo sistema monetario internacional: una unión global de comercio y capital de compensación

La tarea aquí es reequilibrar el comercio y crear un Fondo Internacional de Riqueza para financiar programas que alivien la pobreza, que desarrollen el capital humano, que apoyen comunidades marginadas e inviertan en la Transición Verde en todo el mundo, y no sólo en el mundo en desarrollo, sino también en los cinturones de los Estados Unidos y Europa.

Manteniendo sus propias monedas y bancos centrales, los miembros del New Bretton Woods acordarían denominar todos los pagos en una unidad contable común, llamémosle Kosmos (K), una moneda digital común emitida y regulada por el fmi en la base de un libro digital distribuido transparente y un algoritmo que ajustaría el suministro total de Ks de una manera pre-acordada al volumen del comercio mundial, todos los cuales estarán denominados en K unidades. Los mercados de divisas funcionarían como lo hacen ahora y la tasa de cambio entre K y varias monedas podría variar de la misma manera que lo hacen los Derechos Especiales de Giro del fmi, el dólar, el euro, el yen, etc. La diferencia, por supuesto, sería que, bajo este sistema, los Estados miembros permitirían que todos los pagos pasen a través de la cuenta K de su banco central. Además, para explotar todo el potencial del sistema para mantener los desequilibrios bajo control, se introducirían dos transferencias estabilizadoras.

El suministro de K se ejecutaría sobre la base de reglas simples y automatizadas que impulsen el suministro global de K en momentos de desaceleración global, minimice el poder discrecional de los políticos y burócratas, regule en gran medida el comercio del sector financiero en Ks y mantenga los desequilibrios del comercio y el capital mundial bajo control usando dos instrumentos:

  1. La Tasa o gravamen: un gravamen de desequilibrio comercial que se cobra anualmente a la cuenta K de cada banco central en proporción al déficit o superávit de su cuenta corriente y se ingresa en un fondo común de riqueza.
  2. El Incremento: las instituciones financieras privadas pagan una tarifa de «aumento» en el mismo Fondo en proporción a cualquier aumento de flujos de capital fuera del país, lo que recuerda el aumento en el precio de la congestión que empresas como Uber cobran a sus clientes en momentos de máximo tráfico.

La lógica de la tasa o gravamen es motivar a los gobiernos de los países con superávit a que aumenten el gasto y la inversión nacionales, al tiempo que reducen sistemáticamente el poder de gasto internacional de los países deficitarios. Los mercados de divisas tendrán esto en cuenta, ajustando los tipos de cambio más rápidamente en respuesta a los desequilibrios de la cuenta corriente y cancelando gran parte de los flujos de capital que hoy soportan un comercio crónicamente desequilibrado. En cuanto a la Tarifa, automáticamente penalizará las entradas o salidas en masa de capital especulativas sin, sin embargo, otorgar poder discrecional a los burócratas o introducir controles de capital inflexibles.

De repente, a través del Fondo Común, el mundo habrá adquirido, sin necesidad de ningún capital suscrito, un Fondo de Soberanía Global con el cual financiar programas para aliviar la pobreza, desarrollar capital humano, apoyar a las comunidades marginadas e invertir en la transición verde en todo el mundo, y no sólo en el mundo en desarrollo, sino también en las áreas desfavorecidas de Estados Unidos y Europa.

Conclusión

2008 fue una llamada de atención que cayó en saco roto. El mundo en 2018 es más precario de lo que era en 2007. Las finanzas siguen absorbiendo el oxígeno de los trabajadores creativos, las corporaciones invierten poco en las cosas que la humanidad necesita, la mayoría de las personas enfrentan perspectivas de vida decrecientes en un mercado laboral en proceso de uberización y la política democrática está siendo envenenada tanto por la obsesión de los negocios de un inservible establishment como por la cada vez más triunfante Internacional Nacionalista xenófoba. Solo una campaña de Progresista Internacional por un New Deal internacional como aquí he trazado puede inspirar esperanza en el futuro.

Discurso presentado en la ocde el 14 de septiembre de 2018

Traduccción de Miguel Ibáñez Aristondo

* Popularizado en los 80s y 90s, el concepto de Twin deficits se refiere a la suma del déficit comercial más el déficit presupuestario.