El insoportable irrealismo del presente

Poscapitalismo y sociedad

Avanzar hacia el poscapitalismo no implica erradicar las fuerzas del mercado de la noche a la mañana ni aceptar los métodos de planificación centralizada de la economía soviética. El propósito es diseñar una transición controlada en la que las fuerzas del mercado dejen de operar como el principal mecanismo de asignación de bienes y servicios en el planeta, en la que el Estado se reduzca y se desactiven las acumulaciones de deuda. Para diseñar esa transición es necesario partir de la realidad.

Por Paul Mason

Lo que caracteriza el momento presente en la historia es una sensación dominante de irrealismo entre las elites. Los discursos oficiales ya no se utilizan como guías para la acción, las leyes no se aplican y se ignoran las reglas.

La máxima expresión del irrealismo mundial está contenida en dos gráficos. El primero es la proyección de la Oficina de Presupuestos del Congreso de Estados Unidos de la relación entre la deuda y el PIB hasta 2048.

Gráfico 1. Relación entre deuda y PIB en Estados Unidos

El gráfico proyecta para 2030 niveles de deuda normalmente asociados a tiempos de guerra –solo que en tiempos de paz–, empujados fundamentalmente por la determinación de Estados Unidos de seguir gastando en defensa, seguridad social y Medicare sin incrementar los impuestos como porcentaje del PIB. A diferencia de lo registrado en la Segunda Guerra Mundial, no hay un plan realista –o siquiera una intención declarada– de disminuir esta acumulación de deuda. Por primera vez en la historia del capitalismo industrial, una gran economía está construyendo una enorme cantidad de deuda en tiempos de paz y no hay un modo realista de disminuirla.

De acuerdo con las proyecciones de la Oficina de Presupuestos del Congreso, durante los próximos 30 años el PIB estadounidense se incrementará de 20 billones a 65 billones de dólares, mientras que la deuda se disparará de 16 billones a 97 billones. El déficit permanecería entonces en 8% anual, lo que promovería, por parte de los economistas ortodoxos, demandas de austeridad en una escala que es insostenible para Estados Unidos en la actualidad. El supuesto subyacente es que la población del país aceptará un derrumbe en su nivel de vida, el mundo seguirá comprando el billete estadounidenseo el Estado emitirá dinero como una solución a su insolvencia.

Observemos ahora el segundo gráfico: una elaboración del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) que muestra que es necesario reducir las emisiones de dióxido de carbono en forma drástica en los próximos 20 a 35 años si queremos evitar un colapso catastrófico e incontrolable.

Gráfico 2. Trayectorias ideales de emisiones netas globales de CO2 (en miles de millones de toneladas por año)


El IPCC sostiene que, para lograr esta reducción, «serían necesarias transiciones rápidas y de gran alcance en energía, tierras, urbanismo e infraestructura (incluyendo transporte y edificaciones) y sistemas industriales», lo que demandaría «una ampliación significativa de las inversiones en estas alternativas».

La pregunta estratégica que enfrenta la humanidad

La única pregunta estratégica que enfrenta la humanidad es si los países del mundo desarrollado que están más severamente endeudados están preparados para encontrar los recursos para concretar esta transformación. La pregunta complementaria es si, para lograrlo, estamos preparados para destruir la influencia política del sector de los combustibles fósiles y de los sectores financieros que evaden su responsabilidad fiscal. Hasta que no respondamos estas preguntas, estaremos perpetuando la cultura del irrealismo.

En Estados Unidos ha surgido un novedoso y potente movimiento que busca concretarlo. El Nuevo Pacto Verde (Green New Deal), presentado como proyecto de ley en el Congreso por la nueva representante por Nueva York Alexandria Ocasio-Cortez, promete compromisos de inversión por un plazo de diez años que sus detractores han totalizado en 6 billones de dólares adicionales por año. Los defensores del Nuevo Pacto Verde se resisten a aceptar esa cifra. Sostienen que, de acuerdo con la teoría monetaria supuestamente moderna, en todo caso el precio se puede pagar emitiendo deuda e imprimiendo dinero, por lo que la cifra es irrelevante.

Aunque aplaudo su desparpajo, en cierto modo se basa en las mismas premisas de la política fiscal del presidente Donald Trump: es decir, que el dinero fiduciario le permite al Estado superar eternamente la dinámica tradicional de endeudamiento. Dicho de otra manera, la dinámica interna de un sistema de mercado capitalista, en la que en algún punto la deuda elevada crea inestabilidad y depreciación monetaria y el costo para el gobierno de tomar dinero prestado se descontrola, se puede evitar mediante el dinero fiduciario.

La única forma de inyectar realismo en el debate es hacer una pregunta que ni la elite económica de Davos ni los miembros progresistas del Partido Demócrata, ni siquiera la mayor parte del movimiento ecologista, están preparados para considerar: ¿son compatibles las soluciones con el capitalismo?

La sublevación de la tecnología

En Postcapitalismo. Hacia un nuevo futuro (2015), sostuve que no. El mayor problema para la sustentabilidad de la deuda estadounidense (o, para el caso, la de Japón o la eurozona) no es si el sistema financiero se puede mantener con vida gracias al dinero fiduciario. El mayor problema es que la tecnología de la información está en rebelión contra las instituciones sociales y económicas que la rodean.

En una economía capitalista de la información el valor que se genera es demasiado poco como para justificar el tamaño de la deuda actualmente acumulada, los déficits permanentes o las proyecciones fiscales de los principales Estados. La tecnología de la información crea caídas exponenciales en los costos de producción de información, bienes informacionales y algunos bienes físicos y servicios. Produce utilidad en enormes cantidades, a través de los efectos de red, y tiende a democratizar y abaratar la innovación.

Suprime el mecanismo normal de adaptación, por el cual la innovación produce nuevos bienes con mayores costos de insumos (incluida la mano de obra) y que permiten la existencia de empleos con mayores salarios. Además, la automatización tiene el potencial de erradicar 47% de los puestos de trabajo o 45% de las actividades.

En los últimos 15 años hemos construido un sistema altamente disfuncional, que es insostenible de acuerdo con todas las premisas tradicionales. Es un sistema de monopolios únicos permanentes, con una búsqueda masiva de renta financiera y de explotación financiera, creación de puestos de trabajo con bajos salarios y poca calificación, diseñados para mantener a la gente en el sistema de crédito y extracción de datos, y enormes asimetrías de poder e información entre empresas y consumidores.

Como resultado, el largamente esperado despegue de la Cuarta Revolución Industrial no se está produciendo. Sin importar cuántos economistas schumpeterianos predigan su llegada inminente en caso de que los Estados tomen un rol más activo en la coordinación industrial, esto no podrá ocurrir en el marco de una economía global de mercado altamente endeudada y monopolizada.

Rediseño rápido del sistema

Por ende, junto con la transición a una economía de carbono cero, necesitamos un rápido rediseño del sistema, en el cual el sector de mercado se achique en relación con el sector público, emerja un sector colaborativo no mercantil, el dinero deje de funcionar como reserva de valor y haya una rápida reducción de las horas trabajadas dentro del sistema remunerado.

Si se observa lo suficiente la proyección de deuda para Estados Unidos y un gráficocomo el número 3 –que muestra la velocidad con que la humanidad ha arruinado el mundo al utilizarlo como un desagüe para procesos que implican un gran uso de carbono–, se hace evidente que el capitalismo ha llegado a un momento decisivo. Está demasiado endeudado para seguir funcionando con normalidad y es estructuralmente demasiado adicto al carbono. Los acreedores de la deuda y los que tienen los derechos para quemar carbono irán a la bancarrota, o el clima global colapsará.

Gráfico 3. Emisiones anuales de CO2 (miles de millones de toneladas por año) por región

A mediano plazo, necesitamos una forma diferente de capitalismo, pero esta no será estable ni permanente, e incluso esa forma deberá crearse mediante algo que va a parecerse a una revolución. Será necesario desincentivar el uso del carbono al tiempo que se redistribuye en gran escala la riqueza y se le permite al Sur global continuar desarrollándose y superar las enormes distorsiones estructurales creadas por los monopolios tecnológicos, los buscadores de renta, los especuladores financieros y los Estados y empresas que acumulan datos.

Avanzar hacia el postcapitalismo no involucra erradicar las fuerzas del mercado de la noche a la mañana ni aceptar los métodos de planificación centralizada de la economía soviética. El propósito es diseñar una transición controlada en la que las fuerzas del mercado dejen de operar como el principal mecanismo de asignación de bienes y servicios en el planeta, en la que el Estado se reduzca y se desactiven las acumulaciones de deuda.

La tecnología de la información facilitará un movimiento más allá de la escasez en grandes sectores de la economía. El cambio climático demanda que erradiquemos ciertos usos del carbono. La dinámica de la deuda mundial, combinada con el problema del envejecimiento de la población, implica que necesitamos algo más radical y sustentable que el dinero fiduciario y una masa de deuda que nunca se saldará.

¿Demasiado estridente?

Cuando en Postcapitalismo advertí que si no abandonábamos el neoliberalismo este destruiría la globalización, el Financial Times dijo que la advertencia era «innecesariamente estridente». Pero resultó que no era suficientemente estridente.

Mientras Trump saca a Estados Unidos del Acuerdo de París sobre cambio climático, su par brasileño Jair Bolsonaro se prepara para quemar el Amazonas y poderosos movimientos en toda Europa buscan proteger los estilos de vida basados en el automóvil de motor diesel, solo una nueva y gran idea global podrá revertir la situación.

En las próximas columnas delinearé lo que eso significa para las nuevas alianzas políticas progresistas que es preciso formar, cómo estas tendrán que llevar adelante con inteligencia la guerra cultural por venir y por qué el Estado –ignorado durante tanto tiempo por los movimientos ecologistas y por la justicia social– está en el centro de la solución.

Las premisas gemelas de la tecnocracia de nuestro tiempo –que el sistema social actual puede lograr un nivel cero de carbono y que el dinero fiduciario puede compensar por siempre el crecimiento de la deuda– son las que hacen que la formulación de políticas sea en tal medida irreal. Tenemos que empezar a ser realistas.

 

Este texto es el primero de una serie que Paul Mason publicará en la revista Social Europe.

Traducción: María Alejandra Cucchi

Fuente: Social Europe e IPS-Journal

Planeta Houellebecq

Los thrillers metafísicos del escritor francés forman una cartografía del malestar. Su literatura, antimoderna y actual, denuncia que no sabemos qué hacer con la libertad.
Por Manuel Arias Maldonado
Cuando Serotonina llegó a las librerías a primeros de enero, la revuelta de los “chalecos amarillos” había vivido ya su diciembre glorioso: una sucesión de manifestaciones que empujaron al jupiterino Emmanuel Macron a rectificar su agenda reformista ante el imprevisto levantamiento de la Francia rural. Michel Houellebecq, sin embargo, no debió de sorprenderse demasiado: los lectores de su novela comprobaron de inmediato que el alzamiento de las provincias francesas había sido descrito ya en ella. Ha venido así a confirmarse la reputación profética que acompaña al escritor: Plataforma describía un atentado islamista contra turistas occidentales en Tailandia similar al perpetrado en Bali un año después, y Sumisión, que relata cómo una coalición antilepenista lleva al Elíseo a un presidente musulmán, se publicó el día del atentado contra el semanario satírico Charlie Hebdo. Nada de eso significa que Houellebecq posea dotes adivinatorias; sin embargo, resulta evidente que estamos ante un agudo observador de su realidad social, cuyas corrientes de fondo es capaz de identificar. De manera que sus novelas, que no pertenecen al género del realismo social ni han sido escritas sobre la base de ningún “compromiso”, constituyen un inmejorable retrato de época: como si un sociólogo de la modernidad tardía se sentara a escribir obras de ficción.

Sería un error, naturalmente, identificar la visión que Houellebecq tiene de su época con la época misma. Sus narradores no son la conciencia hegeliana de su tiempo, sino conciencias desgraciadas que exhiben –en el curso de thrillers metafísicos que no parecen serlo– una notable capacidad reflexiva. Y si bien la descripción que Houellebecq hace de sus semejantes no encaja con el resultado de las encuestas sobre satisfacción vital realizadas en los países occidentales, la suya es una visión plausible –aunque inevitablemente parcial– del mundo. Hablamos de la cosmovisión que nos transmiten sus narradores, en primera o más raramente en tercera persona; si bien el narrador no es el autor, hay una indudable continuidad temática y estilística entre los distintos registros de Houellebecq: novelístico, poético, ensayístico. De hecho, tal como ha recordado Juan Francisco Ferré en su reseña de Serotonina, el Houellebecq poeta suele anticipar las inflexiones del Houellebecq novelista. Ya en su primera novela, Ampliación del campo de batalla, expone la índole de su programa artístico a partirde la observación sociológica:

Esta progresiva desaparición de las relaciones humanas plantea ciertos problemas a la novela. […] La forma novelesca no está concebida para retratar la indiferencia, ni la nada; habría que inventar una articulación más anodina, más concisa, más taciturna.

Desaparición de las relaciones humanas: Houellebecq se nos muestra desde el principio como un crítico de la modernidad. Es una crítica “situada”, esto es, realizada desde la posición particular del varón blanco de clase media; el autor no se engaña al respecto ni aspira a que su voz valga por todas las voces posibles. En ese sentido, el protagonista de su última ficción nos suministra un autorretrato que vale para el tipo de subjetividad que Houellebecq pone en escena –a distintas edades– una y otra vez:

Ahora yo era un hombre occidental de edad mediana, al abrigo de la necesidad durante algunos años, sin parientes ni amigos, desprovisto tanto de planes personales como de verdaderos intereses, profundamente decepcionado por su vida profesional anterior, y que había vivido en el ámbito sentimental experiencias diversas cuyo denominador común era su interrupción, desprovisto en el fondo tanto de razones para vivir como para morir.

No obstante, Houellebecq retrata a personajes de muy distinto tipo, unidos todos ellos por su pertenencia común a –según leemos en Las partículas elementales– “una humanidad cansada, agotada, llena de dudas sobre sí misma y sobre su propia historia”. Resulta de aquí, al decir de Carole Sweeney, una “literatura de la desesperación”. Pero si lo es, se encuentra atemperada por el empleo de recursos que encontramos también en pesimistas como Cioran o Bernhard: distancia, exageración, comicidad. Houellebecq mismo es incapaz de tomarse del todo en serio y hace gala de una procaz reflexividad: si en El mapa y el territorio se describe como “una vieja tortuga enferma”, en La posibilidad de una isla parece retratarse a través del protagonista, exitoso cómico que se ve a sí mismo como “un Zaratustra de las clases medias”. Su encarnación cinematográfica en El secuestro de Michel Houellebecq, por lo demás, no puede ser más paródica: nuestro autor se comporta con mansedumbre ante unos delincuentes inofensivos de los que se hace amigo compartiendo una botella de alcohol tras otra.

Que Houellebecq sea un crítico de la modernidad no le convierte en un reaccionario; se trata más bien de un pensador religioso. O, si se prefiere, de alguien que piensa sobre la ausencia de la religión. Su método es inductivo: son los efectos observados de la modernidad en las vidas de los individuos, descritas en sus novelas, los que motivan la pregunta acerca de sus causas. Son efectos devastadores, tal como atestigua la recurrente figura del loser en su obra. Florent-Claude, narrador de Serotonina, expone con claridad el panorama:

Ya nadie será feliz en Occidente, pensaba además, hoy debemos considerar la felicidad como un ensueño antiguo, pura y simplemente no se dan las condiciones históricas. […] y era quizá, para el Occidente anteriormente calificado de judeocristiano, el milenio de más, en el mismo sentido en que se habla del combate de más para un boxeador.

Nada sorprendente en un devoto lector de Schopenhauer, a quien ha dedicado un breve ensayo traducido también a nuestra lengua. Pero si Houellebecq es el cronista de “la escoria del primer mundo”, como ha escrito Jorge Freire, es porque a sus ojos tal escoria posee cualidad de indicio. Y aunque sus descripciones no incluyen prescripciones sobre el modo en que deberíamos vivir, es discernible en ellas un aliento romántico: la nostalgia por un mundo más sencillo donde las relaciones humanas siguen mereciendo tal nombre. En el peor de los casos, esa nostalgia es reemplazada por el vislumbre de un mundo poshumano donde la clonación hace posible una inmortalidad sin recuerdos personales. Houellebecq, sencillamente, no está convencido de que la modernidad haya mejorado nuestra existencia. Es así como entronca con una variopinta tradición contramoderna típicamente francesa que florece con la revolución: De Maistre, Bloy, Huysmans.

Pero Houellebecq no vive la transición del viejo al nuevo orden, sino el triunfo de la modernidad liberal tras la caída del comunismo. Leemos así en La posibilidad de una isla que la moralidad de nuestra época ha puesto “la competencia, la innovación y la energía” donde antes regían “la fidelidad, la bondad y el deber”. Se aprecia aquí la marca del nostálgico: quien de un solo golpe idealiza el pasado y denigra el presente. Para Houellebecq, la “ideología del cambio continuo” reduce la existencia a su dimensión individual. Y al perder el sentido de lo trascendente no solo estamos neutralizando la continuidad entre generaciones, según reza un viejo tema conservador, sino privándonos de consuelo: “En otras épocas el ruido de fondo lo constituía la espera del reino del Señor; hoy lo constituye la espera de la muerte.” En este sentido, Houellebecq es también un pensador del fin de las ideologías, pues fueron las grandes ideologías modernas las que bajaron a la tierra la promesa de la redención. Su fracaso, sugiere el novelista francés, nos deja a los pies de los caballos: sin salvación religiosa ni esperanza secular.

Por eso, los personajes de Houellebecq buscan un refugio. Y entre ellos, destaca aquel que todos parecemos tener más a mano: el amor. En una sociedad inhóspita, sostiene Florent-Claude en Serotonina, “el amor seguía siendo lo único en lo que todavía se podía, quizá, tener fe”. Houellebecq parece suscribir la doctrina platónica sobre la incompletud del alma, citada explícitamente en La posibilidad de una isla, según la cual buscamos con el amor encontrar nuestra otra mitad. Sin embargo, el amor fracasa una y otra vez en las novelas del escritor francés. Al igual que sucede con la felicidad, no se dan las condiciones para su desenvolvimiento: “el amor solo puede nacer en condiciones mentales especiales, que pocas veces se reúnen, y que son de todo punto opuestas a la libertad de costumbres que caracteriza la época moderna”. Houellebecq sugiere que la emancipación moral y sexual alcanzada en el siglo XX ha arruinado los mecanismos del enamoramiento: el vagabundeo sexual inhibe la proyección sentimental en el otro y, mientras tanto, aspiramos a una libertad incompatible con el compromiso. La socióloga Eva Illouz ha presentado conclusiones similares en sus estudios sobre el amor en la modernidad tardía.

Es en ese marco donde deben encuadrarse las críticas de Houellebecq al feminismo, que a su juicio habría impulsado un concepto de la autonomía personal que refuerza el individualismo liberal; el feminismo sería otra fuerza disolvente, otra dificultad añadida al entendimiento intersubjetivo. De ahí viene, también, su feroz crítica al sesentayochismo. Paradójicamente, la sexualidad “liberada” auspiciada por la contracultura encaja como un guante en la estructura del libre mercado: el fin del matrimonio indisoluble conduce a una liberalización del sexo que consagra a este como un sistema de diferenciación tan implacable como el dinero. Si en el viejo régimen monogámico, señala Houellebecq, todos terminan por encontrar un hueco, el desigual reparto del capital erótico produce ahora una marcada desigualdad sexual: hay quienes tienen mucho y quienes no tienen nada. Por añadidura, las aspiraciones igualitarias del 68 no sirven para nada: “Nunca ha habido comunismo sexual”, concluye el Bruno de Las partículas elementales tras charlar con un veterano activista. Así que la belleza es un dato natural, prepolítico, que diferentes regulaciones morales canalizan de distinto modo: hacia el orden de la monogamia forzosa o el desorden de la poligamia voluntaria. Esta última encuentra en el turismo de masas, descrito sin misericordia en Plataforma o Lanzarote, un medio de lo más favorable: dudoso placebo para individuos desorientados.

En Serotonina, por lo demás, aparece el problema de la desigualdad económica. Aunque los protagonistas de Houellebecq siempre han mostrado cierta afición por el mundo provincial y no se han confinado en París, esta novela hace una crítica frontal de la brecha entre campo y ciudad, constatando de paso la avería definitiva del ascensor social bienestarista. Florent-Claude, que ha trabajado en la política agrícola, ha encontrado durante años a “personas dispuestas a morir por la libertad de comercio”. Así, no es de extrañar que Houellebecq, quien en su intercambio epistolar con Bernard-Henri Lévy define al provocador como aquel que calcula el efecto de sus palabras sobre los demás y niega rotundamente serlo él mismo, haya elogiado a Donald Trump: aunque es un sujeto “repulsivo”, puede liberar al mundo del paternalismo norteamericano y dar comienzo a una resoberanización de las naciones occidentales. Houellebecq es aquí bastante francés: le gusta Trump porque en él reconoce a un De Gaulle.

Una soberanía fuerte capaz de hacer el mundo más comprensible a un individuo protegido en el interior de su comunidad nacional: es lo más cerca que ha estado Houellebecq de plantear un programa político. Hasta el momento, su “modestia ideológica” ha producido personajes que oscilan entre la impotencia y la desidia. “¿Qué podemos hacer, todos nosotros, en cualquier circunstancia?”, se pregunta un Florent-Claude que tampoco culpa al mundo: él mismo se ha abandonado. Antes que él, el Bruno de Las partículas elementales veía las cosas de manera parecida:

La culpa no era del todo suya, pensaba; habían vivido en un mundo terrible, un mundo de competición y de lucha, de vanidad y de violencia; no habían vivido en un mundo armonioso. Por otra parte, tampoco habían hecho nada para modificar ese mundo ni habían contribuido a mejorarlo en lo más mínimo.

Otras posibilidades de redención buscan lo mismo que el amor: devolver al individuo la sensación de confort psicológico que desapareció junto al sentimiento religioso. Esa función cumplen las sectas: los elohimitas en La posibilidad de una isla y los azralianos en Lanzarote. Y, naturalmente, el islam. Si en Lanzarote ya nos encontramos con la esposa marroquí de un policía belga que regresa al islam cansada de una vida sexual libertina, Sumisión nos presenta a un solitario académico que trata en vano de recuperar su fe católica a base de visitar un santuario dedicado a la Virgen en la Francia interior. Poco después, en el marco del ascenso político del islamismo, François encuentra en la religión musulmana un sólido orden cuyo sentido le explica un intelectual francés ya convertido:

La idea es asombrosa y simple, jamás expresada hasta entonces con esa fuerza, de que la cumbre de la felicidad humana reside en la sumisión más absoluta. […] Hay una relación entre la sumisión de la mujer al hombre, tal como la describe Historia de O, y la sumisión del hombre a Dios, tal como la entiende el islam.

Una sociedad humana habría de organizarse entonces como una cadena de sumisiones en cuyo vértice está Dios, autoridad trascendente que –como defendía De Maistre– evita a los seres humanos la discusión fatigosa e irresoluble sobre la legitimidad política secular. Ante el desfondamiento del catolicismo, el islam ofrece a François una solución pragmática que le exonera del triste destino de Florent-Claude, a quien ni siquiera la producción artificial de serotonina libra del suicidio. Por eso acierta Mark Lilla al señalar que el François que se acerca al islam no sueña con el harén exótico colonial, sino con eso que los psicólogos llaman “romance familiar”. Vale decir: un hogar; un descanso. Frente al caos del pluralismo, el consuelo de la unidad: reconciliación del individuo con el cuerpo social y, por ese camino, consigo mismo.

Houellebecq sostiene, en fin, que no sabemos lo que hacer con nuestra libertad: tras la excitación asociada al proceso histórico de su conquista, demolido ya el Antiguo Régimen, el sueño de la independencia personal se convierte en la pesadilla del aislamiento. No hay más que ver la penúltima hoja de ruta de Florent-Claude: “utilizando el triturador de basuras, por una parte, y el nuevo servicio de entrega de comidas a domicilio creado por Amazon, por otra, podría alcanzar una autonomía casi perfecta”. Por suerte, Houellebecq sí ha sabido qué hacer con su libertad: escribir absorbentes novelas sobre sus contemporáneos. ~

Fuente: https://www.letraslibres.com/espana-mexico/revista/planeta-houellebecq

Michael Hudson: “El Imperio utiliza el dólar como su principal instrumento de dominación”

Por Alexander Boos

Profesor Hudson, en enero usted advirtió sobre lo “peligroso” que es el imperialismo financiero estadounidense. ¿Puedes explicar esto brevemente?Después de la Segunda Guerra Mundial, los Estados Unidos crearon el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. Estos instrumentos fueron creados como mecanismos para controlar financieramente a otros países.

Esto se hizo evidente después de que EEUU aboliera su patrón oro en 1971. Desde entonces, siempre ha tratado de obligar a otros estados a mantener sus reservas de divisas en dólares. Esto significa que los gobiernos deben obtener los dólares de la Reserva Federal de los Estados Unidos. Para que quede claro: usted debe comprar bonos del gobierno de los EEUU, pues la mayoría de los bancos centrales no compran acciones de compañías, compran bonos del gobierno. Al menos así funciona el sistema.

Los dólares se han “bombeado” al ciclo económico mundial durante mucho tiempo. Lo han hecho también para financiar el gasto militar de los Estados Unidos. Como resultado, el sector privado se encuentra en una posición dependiente y bastante difícil. Dicho brevemente: el gasto militar estadounidense está inyectando inmensas cantidades de dólares a las economías extranjeras.

La FED (Reserva Federal) obliga a los bancos centrales de otros países mantener reservas en dólares, incluidos los bancos centrales de Europa, los bancos centrales del Tercer Mundo, China y otros. Para comprar estos bonos los bancos centrales deben compran dólares a la Reserva Federal de EEUU. Esto significa, ni más ni menos, que estos países financian el presupuesto militar de los Estados Unidos. En esto consiste la política unipolar de los Estados Unidos.

¿Por está razón los Estados Unidos pueden involucrarse en guerras en todo el mundo?

Los Estados Unidos perdieron casi todo el stock de oro estatal durante la Guerra de Vietnam. Mantener una guerra es muy costoso. La clave es equilibrar los gastos. El límite es la balanza de pagos. Los gobiernos estadounidenses han financiado su aparato militar creando formidables déficit de su propia balanza de pagos.

¿De esta forma Estados Unidos sostiene su enorme aparato militar global?

Sólo pueden hacerlo si el valor del dólar no baja. Por eso siempre trata de evitar que otros países cambien sus dólares por oro. Por lo tanto, los Estados Unidos con el pretexto del comercio internacional exige a todos los países: “mantener los dólares o invertir en los bonos del Tesoro ”.

En más de una oportunidad le ha dicho a la Unión Europea: “Ustedes No deben tener déficit en vuestra balanza de pagos. No deben crear demasiados euros porque el euro no puede ser un rival del dólar. Los países europeos deben mantener el dólar como moneda reserva para mantener el comercio internacional”.

En realidad se trata de un tipo de tributo. Europa y del resto del mundo están financiando el déficit de la balanza de pagos de los Estados Unidos.

Usted ha escrito que está empezando una nueva “Guerra Fría”. ¿Existe peligro de guerra en un futuro cercano?

Una guerra todavía no es un peligro de guerra real. Pero países, como China o Rusia, quieren ser independientes del dólar. La posición de los EEUU es la siguiente: “Ustedes deben usar nuestro dólar y deben someterse a nuestras reglas”.

De esta manera, los bancos estadounidenses pueden imponer sanciones. Si no utilizan la moneda de EEUU simplemente congelan el dinero depositado en dólares. El principio de toda la política exterior de los Estados Unidos es controlar a todos los países a través del dólar. De esta manera aseguran sus intereses globales.

Este principio ha sido dejado muy claro por el presidente Trump. Hoy está política imperial ha traído como consecuencia que Rusia y China estén empezando a “desdolarizarse” para protegerse contra la agresión de Estados Unidos y su “burbuja económica”. La Nueva Guerra Fría, que actualmente se está librando, es básicamente una guerra financiera.

Cada día más países tratarán de protegerse de las sanciones y de las fuerzas militares de los Estados Unidos. Piénselo por un momento: Cuando Washington coloca misiles en Europa lo que quiere es que Europa y Rusia se destruyan entre sí, por decirlo de alguna manera. La OTAN ya no defiende a la Unión Europea.

Lo que dice me lleva a la siguiente pregunta: ¿qué futuro tiene el dólar como moneda de reserva mundial?

El dólar en un corto plazo ya no será la moneda de reserva para aquellos países que quieran desarrollarse independientemente de los Estados Unidos. El dólar no será la futura moneda de reserva para Rusia, China y para muchos países en desarrollo.

En el futuro cercano los actores financieros empezarán a utilizar el dólar para operaciones mínimas: como moneda de cambio o para estabilizaciones de corto plazo. Pero eso sería todo. Creo que el mundo se está moviendo más y más hacia el patrón oro. También a otro tipo de soluciones: como economías que hacen negocios en sus respectivas monedas nacionales, por lo tanto, dejarán de usar el dólar para los intercambios.

Permítame dejarlo claro: bajo las regulaciones de EEUU uno no puede comprar compañías estadounidenses. Ni siquiera una estación de servicio, porque esto supuestamente pone en peligro la “seguridad nacional”. Por otro lado, a los estadounidenses pueden comprar cualquier cosa fuera de los Estados Unidos con sus dólares. Por esto crean artificialmente tantos dólares, para comprar industrias e infraestructuras europeas.

Muchos países se están dando cuenta que es un sistema asimétrico y muy injusto. Ahora las naciones solo quieren terminar con el chantaje y la explotación del dólar estadounidense.

¿Podría explicar la relación del oro con el dólar estadounidense?

El déficit de la balanza de pagos de las naciones está en sus presupuestos militares. Antes de 1971, cualquier país tenía la capacidad de convertir sus reservas en oro, minimizando de esta manera su déficit. Durante la Guerra de Corea, los Estados Unidos tenían alrededor de las tres cuartas partes del oro monetario del mundo. Utilizaron este metal precioso para instalar un sistema económico mundial basado en el patrón oro. Con la Guerra de Corea comenzó a reducirse su cuenta corriente pasando desde un superávit hasta un creciente déficit.

En 1971, Francia o Alemania, habían logrado recuperar sus tenencias de oro y generado excedentes. Pero los Estados Unidos tenían cada vez menos oro. Habían perdido su propio oro para financiar la guerra de Vietnam. En ese momento, muchos observadores pensaron que eso significaba el fin del gasto militar estadounidense. Sin embargo,el gobierno de los EEUU encontró una solución a través de su poder militar y la presión sobre los demás estados, imponiendo una nueva regla : “en lugar de mantener reservas en oro, solo las naciones deben mantenerse sus reservas para el comercio internacional en dólares estadounidenses”. Después de 1991, lograron convencer al gobierno ruso de Yelsin para que mantuviera una gran cantidad de dólares “para cubrir los problemas financieros del rublo”.

Entonces, Yeltsin en lugar de utilizar las finanzas estatales rusas para impulsar su economía hizo que Rusia comprara dólares. Este fue el paso definitivo que permitió a Estados Unidos transformarse en el centro financiero del mundo. De ahí en adelante otros estados empezaron a pagar por las aventuras militares de los Estados Unidos. Este mecanismo es una forma de tributo, muy similar a lo que alguna vez implanto el Imperio Romano. Roma también recibía el pago de tributos de sus provincias, incluyendo Asia Menor, Grecia y lo que hoy es Europa.

¿Cómo describiría el papel de Rusia en la política monetaria mundial de hoy? Los rusos están comprando mucho oro…

Sí, están tratando de deshacerse del dólar. Rusia ha entendido que: “si tengo dólares estadounidenses, cualquiera que sea su forma –ya sea en bonos estadounidenses o deuda estadounidense-, el gobierno de Estados Unidos podrá sancionarnos en cualquier momento.

Como expliqué. Esto significa que Estados Unido hace un chantaje a la Federación Rusa a través de los dólares que Rusia tiene de reserva. Y como Rusia no quiere apoyar la política exterior de Estados Unidos tiene que reorientar este aspecto de su economía .

¿Cómo calificaría al gigante económico chino ? ¿Qué piensa acerca de que China esta en camino de introducir un yuán respaldado por oro? ¿Sería una especie de nueva moneda de reserva mundial?

China está siguiendo la misma estrategia política que una vez hizo ricos a los Estados Unidos en el siglo XIX. China es una economía mixta. Toda su economía estatal y centralizada es exitosa.

La clave del éxito de China es porque el sistema financiero está controlado por el gobierno central . Para entenderlo, si el banco central de China presta dinero a una compañía china que es insolvente, el banco central puede decidir: “solo resolveremos la deuda de tal manera que beneficie a la población”.

China puede evitar que una empresa en ruinas sea aprovechada por los intereses financieros de EEUU o de los fondos buitres. Las compañías chinas no pueden ser compradas por extranjeros. China es independiente de los Estados Unidos y del dólar. El país utiliza su superávit de comercio exterior para impulsar su propio desarrollo, en lugar de subsidiar indirectamente a la economía estadounidense. Por supuesto, esto preocupa y mucho a los políticos en Washington.

Ante esta nueva situación Estados Unidos ha respondido: “intentaremos frenar la economía china lo mejor que podamos”. Pero China, y también Rusia, se mantienen imperturbables y firmes. Estamos retornando a la época anterior a 1971, en el momento de la Guerra de Vietnam. El objetivo de los chinos y de los rusos es volver al antiguo patrón oro.

Si el patrón oro fuera introducido, los Estados Unidos estarían acabados en poco tiempo. Especialmente el imperio militar estadounidense. Por supuesto, Rusia y China están buscando alternativas al dólar como medio de pago mundial.

Su libro “El Imperialismo financiero” influyó en Adam Tooze cuando escribió “Crashed”. A propósito de este tema ¿la UE sigue dependiendo de la economía de los Estados Unidos o habrá cambios en Europa?

Lo que aprendí mientras trabaje en la Reserva del Tesoro de los Estados Unidos es esto: los Estados Unidos simplemente pagan a los políticos y congresistas europeos. Así que los Estados Unidos no tienen necesidad de iniciar una guerra con Europa. Sencillamente sobornan a los políticos en la Unión Europea. En el FED me dijeron que los políticos alemanes y franceses son los más fáciles de sobornar.

Hay libros sobre ese tema, también sobre política italiana. Por este motivo los servicios secretos de EEUU vigilaban el teléfono móvil de Ángela Merkel. Estos servicios de inteligencia deben garantizar que ningún político alemán haga algo que viole los intereses de los EEUU.

Estados Unidos no controlan la Unión Europea a través de las grandes corporaciones, sino a través del control directo de los políticos de la UE. También a través de los medios de comunicación que manipulan la opinión pública. Por ejemplo, las acciones contra el gasoducto Nord Stream 2 de Estados Unidos ha molestado mucho a los industriales alemanes. La explicación económica es clara. El mercado natural de gas para Alemania es Rusia. Ambas economías se complementan perfectamente. Este sería el paso lógico para el crecimiento económico de ambas economías. Pero Estados Unidos está tratando de evitarlo, por eso mantiene una campaña mediática para aislar a Rusia.

¿Por qué los estudiosos afirman que su libro “El imperialismo financiero” es un análisis actualizado de este momento?

Porque ilustra el cambio histórico del sistema monetario mundial y muestra cómo el fin del patrón oro ayudó a construir un sistema de control global sin ninguna justificación real. He demostrado que el FMI y el Banco Mundial han sido desde entonces, de facto, brazos del Pentágono. Pero, la mayoría de los libros se vendieron en China. En Alemania sólo se publicó el año pasado. El libro describe cómo la UE, Rusia y China, terminaron en la “trampa económica” tendida por los Estados Unidos. También trata de encontrar salidas y soluciones.

He leído que el Pentágono y la CIA también han demostrado un gran interés en su libro.

Cuando se publicó la primera edición de “El súper imperialismo” a principios de los años 70, el pedido más grande -más de 2.000 ejemplares- vino de Washington. Más específicamente: del Pentágono y del Departamento de Estado.

Estas instituciones me pidieron que les explicara porque el fin del patrón oro no fue un desastre. Les demostré que esa medida permitió a EEUU desarrollar sus estrategias globales. Escribí el libro con el objetivo de informar a otros países sobre cómo romper con las políticas de los Estados Unidos. En cambio, el aparato estatal de los Estados Unidos fue una parte importante de mis lectores. La CIA y los diplomáticos estadounidenses querían usar mi libro como una guía sobre cómo controlar el mundo a través del dólar estadounidense.

¿Por qué el libro nunca recibió la atención de la izquierda de EEUU?

Creo que hoy en día los partidos de izquierda apenas si hablan de economía y de contextos económicos. Esto tiene que ver con la penetración de las ideas del neoliberalismo. Los partidos socialdemócratas en Europa ya no luchan por la justicia social. Tampoco se preocupan por el bienestar de los trabajadores. Realmente es necesario una Nueva Izquierda, que se concentre, entre otras cosas, en la lógica de la economía.

Fuente: https://kritica.info/como-funciona-el-imperialismo-financiero-de-estados-unidos/

Silvia Federici: “La caza de brujas contribuyó a destruir el poder social de la mujer, a desvalorizarla como sujeto”

La activista y teórica feminista Silvia Federici está de gira por el Estado español. La autora de Calibán y la Bruja abordará uno de sus temas de estudio fundamentales, la memoria histórica de la caza de brujas, en un encuentro que tendrá lugar el próximo fin de semana en Pamplona.

Por Sarah Babiker

En el momento de esta entrevista, hace pocas horas que Silvia Federici (Parma, 1942) ha aterrizado en Madrid después de un vuelo transatlántico. Una podría esperar que el cansancio impregnara el discurso de esta mujer que cuenta con varias décadas de lucha y teorización feminista a sus espaldas. Sin embargo, durante más de un hora, repasará muchos de los desafíos que ha enfrentado y enfrenta el feminismo.

Referente del feminismo autónomo italiano, integrante de la campaña por el salario doméstico en los setenta, Federici lleva una vida invitándonos a reflexionar sobre la relación de los movimientos con el poder, sobre el rol del trabajo reproductivo en el capitalismo o sobre la acumulación primitiva a costa de las mujeres y los pueblos.

Pero si hay algo que moviliza el entusiasmo de la autora de Calibán y la Bruja (Traficantes de Sueños, 2010) durante esta conversación, es precisamente el estudio de la persecución a las mujeres acusadas de brujería. Una historia perdida, de la que sabemos muy poco, y que sin embargo puede servirnos para entender el pasado y leer el presente, argumenta. Así, esta visita de Federici al Estado español tiene una cita central: acudir al Primer Encuentro Feminista sobre la Caza de Brujas que tendrá lugar en Iruña del 22 al 24 de marzo. El evento forma parte de una campaña que la misma Federici viene impulsando junto a la Editorial Traficantes de Sueños. Esta primera entrevista, centrada en esta temática, forma parte de un conversación más amplia, de la que publicaremos dos entregas más en las próximas semanas.

Recuerdo que al leer Calibán y la Bruja me resultó fascinante la recuperación de la historia sobre la caza de brujas. Es una obra que te interpela para repensar el pasado y lo que supuso para las mujeres, para el mundo todo, esta persecución. ¿Cómo volver a esta historia nos puede ayudar a interpretar el presente?

En primer lugar, es que hoy también existe la caza de brujas, por ejemplo en África, en India, en Papúa Nueva Guinea. En Arabia Saudí están matando mujeres acusándolas de ser brujas: así, en el mundo islámico, también se está difundiendo esta idea de que existen las brujas. Se trata de procesos que se incrementan en la década de los 80 y 90. Mano a mano con el proceso de globalización, con la privatización de la tierra, con un proceso brutal de despojo.

Más recientemente, por ejemplo, hemos visto en Estados Unidos, no caza de brujas en sí, pero en la cultura popular, hay toda una cultura mediática que está relanzando la temática de las brujería en formas muy muy perversas, como si se tratara de un tema de diversión. Se hace película tras película en las que se representan mujeres como brujas, como seres demoníacos, seres destructivos que tienen poderes sobrenaturales que son incapaces de controlar.

Por tanto, me parece que ésta es una temática muy muy actual que se debe afrontar.  De ahí este encuentro que vamos a hacer, este programa que tenemos para revisitar, recuperar la historia de la caza de brujas en España y en el futuro también en otros lugares. Necesitamos visibilizar este proceso, esa persecución que se ha ocultado históricamente, que nunca se ha considerado importante —a ninguna mujer, a ningún hombre le han enseñado qué fue la caza de brujas—, que se ha prácticamente borrado, o peor, se ha convertido en una leyenda, una fuente de diversión.

De las brujas también se ha hecho un personaje que es mítico, legendario, y en los lugares donde hubo persecución se ha armado también una especulación comercial, se venden las muñecas de las brujas. Todo esto me parece una cosa verdaderamente peligrosa y perversa.

De qué maneras afectó la caza de brujas a la situación social de las mujeres

Nosotras hemos tomado esta iniciativa de recuperar esta historia, poner luz y decir qué pasó, que ese conocimiento salga de la academias, salga del ámbito de los historiadores especializados que escriben libros que poca gente lee. Que sean las mujeres, las nietas de las mujeres que fueron quemadas, quienes revisiten hoy qué les pasó a sus abuelas, qué les pasó a esas mujeres, porque, en primer lugar, nos damos cuentas de que la caza de brujas se acompañó también de una campaña de terror contra las mujeres que ha dejado un impacto muy fuerte sobre la condición social, sobre la imagen de quiénes son las mujeres, ha contribuido a destruir el poder social de la mujer, a desvalorizar a la mujer como sujeto social.

Es importante también añadir que la caza de brujas en los siglos XVI y XVII y después, fue también exportada a las colonias a través de los misioneros, de los conquistadores. En América Latina: Colombia, Brasil… Sirvió para fustigar, demonizar la lucha de los esclavos. Así, creo que es muy importante recuperar esta historia ante todo para comprender cuáles fueron las fuerzas sociales que implicó, cuáles fueron sus motivaciones y cómo todo esto impactó en la condición de la mujer y su relación con el presente. Cómo nos ayuda a comprender el incremento de la violencia contra la mujer, de la cual somos testigos cada día en cualquier parte del mundo.

En segundo lugar, pero también muy importante, es que hoy la caza de brujas regresa, tenemos muchísimos casos en varios países del África, en el norte de Ghana hay varios campos de concentración donde mujeres que son acusadas de brujería huyen para protegerse. Estas mujeres se encuentran con situaciones terribles. También en Tanzania o África central, ha habido persecuciones.

¿De qué se les acusa exactamente?, ¿por qué se las persigue y castiga?

He estudiado este fenómeno y creo que está muy conectado con procesos de globalización, con procesos de expansión de la relación capitalista, una expansión conectada con el despojo de la tierra, su privatización. Por ejemplo, hoy en África hay un ataque a las tierras de los africanos, a sus tierras comunales. Están las compañías mineras, la petrolera, los energía verde. Prácticamente, las tierras de los africanos —las comunitarias sobre todo— son cada vez menos.

Entonces inician procesos perversos. En este contexto intervienen estas sectas pentecostales que son los nuevos misioneros, que tienen su origen en Estados Unidos y son financiados por sus fuerzas de derecha. Están exportando toda una visión religiosa, muy muy negativa, muy peligrosa, que dice que el diablo, satanás está conspirando. Van a estas comunidades que ya se están desagregando por el ataque económico, por la acción del Banco Mundial, del FMI. Pero ellos dicen que la culpa es de Satanás, que hay gente en la comunidad que está tramando contra los demás.

Difunden manuales contra satanás, el diablo, el pecado, todo esto ha creado situaciones de desconfianza en comunidades donde ya el empobrecimiento general crea conflicto social. En India también, hay bibliografía que conecta este incremento de las acusaciones de brujería, de las matanzas de mujeres —están quemando a mujeres vivas como antes, las entierran vivas— con el ataque a los bienes comunales, la tierra comunal, el despojo, el empobrecimiento, todas estas cosas.

Como en el pasado, es muy conveniente para los poderosos —en un momento de ataque a las comunidades, a las relaciones comunitarias— crear estas sospechas de la bruja, del enemigo que vive en la comunidad. Así se rompe la solidaridad en un momento fatal, en un momento de gran urgencia donde la solidaridad debería ser total. Hay bibliografía sobre estas cuestiones, pero por parte de antropólogos, etnógrafos que son quienes están abordando este tema, o incluso periodistas. Pero en los movimientos sociales de esto no se habla. Hay tantos problemas que África parece una realidad muy lejana.

Todo esto me está haciendo pensar en momentos en los que la explotación capitalista brutal ha llevado a algunos pueblos a formular explicaciones o figuras esotéricas que encarnaban el despojo y el sufrimiento.

Es una conexión interesante porque se trata también de historias coloniales. Por ejemplo, en Kenia en los años 30 y 40, la investigadora Luise White ha escrito este libro muy importante sobre los vampiros que era una visión realista de lo que le pasaba a la gente. Sentían que les sacaban la sangre, les mataban. El colonialismo se apropiaba de toda su riqueza vital, de toda su energía.

Parece que esto está regresando. Las historias de zombis en Sudáfrica, por ejemplo, están volviendo, pero esta vez se articulan no contra el explotador sino contra las mujeres, y sobre todo contra las mujeres mayores. Por otro lado en el Congo, o en la República Democrática del Congo, hay toda una denuncia de los misioneros pentecostales que dicen que hay niños que están poseídos por el demonio. Así, en los últimos años se han creado dos figuras, el cazador de brujas, que va de país en país, como antes, y el exorcista. A este último, la gente le llama para que libere a su niño, al que se acaba torturando.

Hay gente que en el empobrecimiento general se ha creado pequeños negocios entorno a esto. Resulta muy conveniente también para los jefes locales, las autoridades que tienen compromisos con compañías mineras, generar esta confusión. Es muy importante sacar a la luz todo esto.

Entonces, ¿se ha pasado de representar la explotación o al explotador como una figura esotérica o monstruosa, a buscar el mal entre los propios miembros de la comunidad?

Durante miles de años, sobretodo en comunidades agrícolas precristianas, han existido leyendas de espíritus que pueden ser buenos o pueden ser malos: si tú te comportas bien con ellos te favorecen, si no, te pueden matar. Pero la idea de que hay personas que son demoníacas, que son totalmente malas, es una cosa nueva típica del cristianismo que divide el mundo en dos: el bien y el mal, Dios y Satanás.

Esta visión dualista no es herencia de creencias precristianas. Esta visión del diablo como enemigo de la humanidad, la bruja que es una persona que pone en peligro a la humanidad, que vive para hacer el mal, el mal por el mal, es una visión que aterroriza, que elimina toda empatía, elimina la posibilidad de solidaridad con estas mujeres. Si no, cómo se puede explicar que las quemaran vivas, la gente miraba cómo las quemaban. Las habían demonizado. Yo creo que esto también está sucediendo ahora.

Esta campaña que estamos haciendo tiene varias motivaciones, una es comprender la herencia de la caza de brujas, y también hacer justicia. No digo que se pueda hacer justicia hablando, pero en cierto modo nosotras somos la voz de estas mujeres que fueron torturadas, quemadas, a quienes les robaron la voz de la garganta. Nos han privado de su historia.

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/feminismos/silvia-federici-brujas

Zaloa Pérez: “La economía feminista no quiere un trozo de la tarta, quiere cambiar la receta”

Zaloa Pérez [1] es técnica de proyectos en REAS Euskadi y responsable del área de investigación, formación y sensibilización. En la misma organización participa en el grupo ekoSolFem, que trabaja los vínculos teóricos y prácticos entre economía solidaria y feminista en REAS Euskadi.

¿Es posible una economía social y solidaria que no sea feminista? ¿Por qué?

La confrontación con el patriarcado es una cuestión fundamental para la construcción de propuestas sociales, económicas y políticas alternativas a la actual y la situación de desigualdad de las mujeres debe, todavía a día de hoy, ser reconocida, denunciada y enfrentada. Para nosotras, es evidente que la Economía Social y Solidaria -ESS- debe contribuir al proyecto feminista de construcción de sociedades no sexistas ni patriarcales porque no habrá propuesta alternativa que se construya sin transformar las relaciones de poder y desigualdad entre mujeres y hombres y porque la mejor receta para romper con la lógica capitalista pasa por recuperar la importancia de los cuerpos, los afectos y los cuidados.

¿Todos los proyectos de economía solidaria o social cumplen con los principios de la economía feminista?

La Economía feminista -EF- trae al debate de la ESS dimensiones que son inherentes al sistema capitalista y que reproducimos en nuestros espacios alternativos, como son, la división sexual del trabajo y la separación entre producción y reproducción. En la mayoría de las organizaciones podemos ver claramente esa división sexual del trabajo y la valoración diferencial de las tareas en base a ese esquema. También vemos como se invisibilizan las tareas reproductivas que, por un lado, hacen sostenibles nuestras causas, pero que sin embargo no tienen espacio en nuestro discurso ni adquieren categoría política. Además en el ámbito de los cuidados y de los usos del tiempo hay una profunda injusticia hacia las mujeres y que tiene una de sus máximas expresiones en la triple jornada a la que hacemos frente -militancia, trabajo reproductivo y empleo-.

¿Qué les falta y qué pasos deben dar?

El debate ya está encima de la mesa, pero no es fácil porque debemos transformar no solo lo que hacemos y cómo lo hacemos sino, también a nosotras mismas. Con motivo del 8 de marzo con propuestas para avanzar en este sentido. Empezando por generar conciencia crítica dentro de nuestras organizaciones revisando la masculinidad hegemónica que también existe en nuestro movimiento y que implica una revisión de los privilegios de género. Debemos mirar hacia lo interno para identificar dónde están las desigualdades e ir eliminándolas, transformando los procesos de trabajo y revisando la cultura organizacional. También hay que poner encima de la mesa el debate de los salarios, cuidar el lenguaje y las imágenes o generar protocolos ante las violencias machistas.

A la inversa, ¿qué aporta la economía solidaria al feminismo?

La ESS ofrece un espacio de práctica económica alternativa, un laboratorio en el que experimentar nuevas formas de hacer y que tiene potencial para favorecer el acceso a las mujeres a trabajos remunerados dignos, formas de organización menos jerárquicas y más flexibilidad en la organización del trabajo. Sin embargo, si no transformamos nuestras estructuras que, aunque más horizontales, se sustentan todavía en relaciones heteropatriarcales y generacionales y si no intervenimos en el ámbito privado asumiendo nuestra corresponsabilidad en que la vida se sostenga, todo ese potencial puede convertirse en una trampa para las mujeres.

¿Es posible el feminismo sin un cambio de modelo económico?

Hay que partir de que no existe un único feminismo y no podemos hablar de una única propuesta feminista. Dicho esto, la ESS y la EF comparten la reformulación de la economía que sitúa a las personas y su calidad de vida en el centro, y la EF, junto con la ecológica, es pionera en proponer la sostenibilidad de la vida como nuevo paradigma de pensamiento económico transformador. Un lema feminista en los últimos años ha sido “no queremos un trozo de la tarta sino que lo que queremos es cambiar la receta”. Desde esa perspectiva el cambio de modelo económico, no solo es necesario, sino que es urgente.

Este año el encuentro Idearia de Córdoba se dedica a la economía feminista y uno de sus aspectos es construir nuevos imaginarios para la vida. ¿Qué significa esto último? ¿Cómo se consigue?

El desarrollo capitalista y el pensamiento neoliberal han conseguido desvalorizar la propia vida. Necesitamos imaginar otras formas de hacer que destierren esas visiones colectivas construidas desde el capitalismo y el patriarcado para permitir que la vida se reproduzca y sea tratada con cariño. Creo que lo difícil no es lograr imaginar cómo sería una sociedad no androcéntrica ni patriarcal, lo complicado es pensar en términos de proyectos concretos y también disputar la hegemonía a esos discursos para los que solo tiene valor aquella actividad que sea trasladable a una cuenta de resultados.

¿Cómo es un consumo crítico feminista? ¿En qué espacios se puede construir?

Se realiza desde un talante crítico con el sistema capitalista heteropatriarcal y desde unos valores contra-hegemónicos, lo que supone que la nuestra es también una batalla cultural. Tiene que hacerse de una manera consciente, teniendo en cuenta las consecuencias de nuestros actos, informándonos de lo que consumimos y rompiendo con la idea de bienestar ligado al consumo. La posibilidad de limitarlo, de apostar por consumir bienes y servicios producidos en economías transformadoras y contribuir al cambio de comportamiento del resto de actores económicos a través de acciones como el boicot le da, también, una dimensión transformadora. Si además no es un acto aislado sino masivo e incorporamos la dimensión colectiva (consumo cooperativizado, asociativo) el potencial político de este consumo se multiplica.

¿Cómo pueden las empresas implantar valores de economía social y solidaria conviviendo con un modelo de economía capitalista de mercado?

Hay que tener en cuenta que el punto de partida para la construcción de una economía alternativa es reactivo. Es muy difícil construir algo que no pivote en torno a los mercados en el actual sistema socioeconómico. La propuesta sería descentrar a los mercados capitalistas patriarcales y poner en el centro los procesos que hacen posible la sostenibilidad de la vida, pero esta cuestión implica cosas muy distintas según en qué espacios se plantee, especialmente, si se trata de espacios que intentan ser una vía para ’ganarse la vida’.

¿Cómo se llega a gente ajena al mundo de la economía solidaria y de qué manera se los puede sensibilizar sobre la necesidad de un nuevo modelo de consumo?

Construyendo una ciudadanía activa, crítica y transformadora que se agrega al movimiento de la economía solidaria para transformar a través de su trabajo remunerado, voluntario, militante o de su consumo. Podemos hablar de una estrategia de círculos concéntricos, de ir sensibilizando e implicando a personas más cercanas al movimiento para que, a su vez, ellas vayan contagiando a sus círculos cercanos… un poco la imagen de quitar capas de cebolla pero de dentro del movimiento hacia afuera.

La economía solidaria ha avanzado en los llamados ayuntamientos del cambio, ¿es más viable desde lo local?

Históricamente en muchos municipios se han venido desarrollando experiencias de desarrollo económico local, de Compra Pública Socialmente Responsable, de apoyo a redes de la economía solidaria, etc. Ahora se han incorporado los llamados ayuntamientos del cambio, que tienen en sus equipos de gobierno a personas que proceden de ámbitos relacionados con la economía solidaria y por tanto un mayor conocimiento del tema. Lo local tiene una escala adecuada y puede servir como punto de partida para procesos de transformación superiores.

¿Es necesario introducir la economía solidaria en la agenda política nacional?

Si estamos hablando de un cambio de modelo es evidente que la escala nacional pero también la internacional cuentan. Tenemos experiencias latinoamericanas de incorporación de la ESS en textos legislativos y constitucionales y también experiencias de institucionalización de la ESS en Europa, casos de co-construcción de políticas públicas entre movimientos sociales, sindicales, ESS y Estado, etc. que están contribuyendo, de alguna manera, a un impulso de la ESS y que pueden favorecer un cambio de paradigma. Como dice Boaventura de Sousa Santos “las experiencias de economía solidaria son lo suficientemente utópicas como para desafiar a la realidad que existe, pero también, lo suficientemente reales como para no ser descartadas fácilmente”.

Notas

[1Zaloa Pérez participará en el 13º Encuentro de Economía Alternativa y Solidaria que se celebrará los días 28 y 29 de abril en Córdoba. Bajo el lema “Por una economía que cuide la vida”, IDEARIA 2017 quiere situar al feminismo como eje transversal en todas las jornadas de trabajo. El encuentro irá precedido de otras actividades como un Ciclo de Cine sobre Economía Social y Solidaria (20 y 27 de abril) y la celebración del Encuentro Municipalista por una Economía Solidaria (28 de abril). El encuentro IDEARIA 2017 está organizado por IDEAS Comercio Justo, la Red de Redes de Economía Alternativa y Solidaria (REAS), la Red de Economía Alternativa de Andalucía y el Centro de Estudios Rurales y de Agricultura Internacional (CERAI), entidad coordinadora en España del proyecto SUSY – SUstainable and Solidarity economY, financiado por la Unión Europea.

Más información: http://www.economiasolidaria.org/idearia2017

Wolfgang Streeck: “El imperio europeo se hunde”

Por Miguel Mora

Wolfgang Streeck (Lengelich, 1946) decidió dedicarse a la sociología siendo niño, un día que visitó una fundición y vio a hombres cargando con cubos que pesaban más que ellos. Especializado en el pacto social y la crisis del capitalismo, Streeck fue un convencido europeísta en su juventud y hoy es un aguerrido euroescéptico. A su juicio, el euro ha impedido la convergencia del norte y el sur en Europa en vez de promoverla, y la Unión Europea se ha convertido en una “maquinaria enorme e ineficaz, gobernada por las mentiras de los tecnócratas y por instituciones ilegítimas y opacas”.

De visita en Madrid para dar una conferencia en la Fundación Areces, dentro de un ciclo sobre la UE coordinado por Antonio Estella y por el que pasarán también Kenneth Armstrong (el 14 de marzo) y Mark Blyth (en abril), el autor de Cómo acabará el capitalismo (Traficantes de Sueños, 2018) dialoga durante 40 minutos con CTXT y afirma que el “imperio europeo está hundiéndose”. ¿Las razones? “Alemania no podrá seguir castigando a la periferia y tampoco tiene recursos para pagar la factura; la unión monetaria es un caos, y las instituciones europeas fueron diseñadas para inmunizarse contra la movilización electoral de los ciudadanos”. Tras la entrevista, Streeck se reunió con el Grupo Parlamentario de Podemos para compartir sus ideas sobre Europa de cara a las elecciones de mayo.

¿Cómo definiría esta fase del capitalismo?

El experimento neoliberal ha fracasado: no ha traído prosperidad ni ha resuelto el conflicto entre las clases, mientras vemos que en muchos países aparecen distintas formas de revuelta contra el capitalismo globalizado, movimientos anticapitalistas o, mejor dicho, antiinternacionalistas. El neoliberalismo siempre fue un movimiento internacional que abrió las economías nacionales, y ese es ahora el objetivo de la resistencia. En parte sucede esto porque la izquierda de la tercera vía se unió a la fiesta internacionalista en medio de la euforia globalizadora y perdió la conexión con la gente a la que el sistema iba dejando atrás. Por eso los “chalecos amarillos” en Francia ya no se consideran de izquierdas, porque la izquierda no ha sabido responder a sus preocupaciones y los sindicatos han quedado fuera de la lucha.

¿Por qué ha fracasado el experimento? 

La idea del neoliberalismo era revivir el vigor del crecimiento económico perpetuo en los años 80, cuando empezaba el estancamiento. El sueño no se cumplió. Hoy vivimos un periodo de enorme endeudamiento, con tasas de interés cero y muy bajo crecimiento. El capitalismo no puede sobrevivir en esas condiciones. Necesita un permanente retorno del capital. Económicamente, el neoliberalismo no ha cumplido las promesas. Y políticamente ha dividido a las sociedades. Ahora tenemos por todas partes a los populistas nacionalistas de derechas, que destruyen los sistemas políticos, como vemos en Italia. Y la ingobernabilidad amenaza la estabilidad de nuestras sociedades.

¿Qué ha causado ese fracaso? ¿La codicia, el descontrol, el sadismo de las élites, la desregulación, el euro? 

Eso es demasiado simple y, a la vez, demasiado complicado. El sistema necesita seguir generando cada vez más capital. Para que eso ocurra tienes que organizar la sociedad de forma que colabore en el permanente crecimiento del consumo y la inversión. Pero hay límites naturales a eso, no existe el crecimiento interminable. La gente debe ser reeducada todo el tiempo para colaborar con la máquina. Y eso es demasiado complicado. La legitimidad y la estabilidad exigen un buen Estado de bienestar y una distribución igualitaria. Si no lo consigues, y destruyes los sindicatos y los Estados de bienestar, y cada vez menos gente controla el sistema, y no hay demanda ni enemigo, y necesitas cada vez más crédito, eso solo puede acabar en una crisis enorme. Lo que ha pasado es que la competencia global entre los Estados y los trabajadores ha creado y profundizado la crisis, en vez de revitalizar el mecanismo de crecimiento del capitalismo.

En su conferencia dijo que Europa es un proyecto fracasado porque ya no se ocupa de la gente.

Amo a Europa, amo esta parte del mundo, amo Alemania, Italia, Francia y España. Pero yo no hablaba de Europa sino de la Unión Europea, que no es lo mismo. El problema es que la propaganda de la UE confunde ambas cosas todo el tiempo. Europa es el legado romano y griego más una enorme diversidad histórica de lenguas y dialectos, con culturas nacionales maravillosas y diferentes que deben ser preservadas, no unificadas por los mercados. Hoy todas las ciudades europeas se parecen, todas tienen las mismas tiendas, todas parecen aeropuertos. El comunitarismo olvidó que existen diferentes estilos nacionales de lidiar con el capitalismo para mantener la cohesión social. Si lo que haces es negar eso con Tratados poco democráticos, e impones a Alemania como jefe del euro y exportador del único modelo posible, no cabe esperar más que un desastre. La idea de Europa se ha deteriorado con la Alemania imperialista y con una periferia arruinada que tiene que ser gobernada como si fuera un espejo de Alemania. Pero, francamente: ¿Italia puede ser como Alemania?

Usted ha afirmado que es un aguerrido euroescéptico. ¿Es esto correcto?

Sí y no. Soy crítico, muy crítico, con el actual modelo institucional y político de la Unión Europea. La Unión Europea, en la forma que tiene en la actualidad, es producto de la neoliberal década de 1990. Se trata de un régimen monetario centralista absolutamente uniforme, que es antidemocrático en dos sentidos: las instituciones supranacionales se hallan cuidadosamente protegidas de las presiones electorales populares y estas fueron diseñadas para separar la democracia existente a escala nacional del ámbito de la economía política, que es entregada a los mercados internacionales. La creatividad social ha sido reservada para la economía capitalista, entendiendo por ello la maximización de los beneficios, y está separada de la organización de la vida social, que se abandona al mercado. Como resultado de todo ello, la Unión Europea no se halla unida sino dividida, ya que en su seno conviven diferentes países miembros dotados de diferentes estructuras socioeconómicas, que cuentan con sociedades diferentes y cuyo comportamiento es, en consecuencia, también diferente bajo un régimen de mercado y un régimen monetario unitarios, esto es, en nuestro caso, una moneda fuerte y una competencia internacional carente de límites.

Mario Monti dijo: “Seremos como los alemanes”. O mejores. 

Sí, y perdió las elecciones. Solo los tecnócratas y los economistas convencionales creen que se puede racionalizar un país desde arriba para adaptarlo mejor al capitalismo y a la producción de beneficios capitalistas. Las instituciones sociales presentes en la intersección de un modelo social y del correspondiente modelo económico son viscosas y adherentes. Si se desea reformarlas o eliminarlas, se debe ofrecer a la gente substitutos aceptables que les brinden, al menos, la misma seguridad y las mismas oportunidades que sus instituciones más antiguas. Nadie quiere ser arrojado al agua fría de lo desconocido y lo impredecible. Si la gente debe comportarse como los “alemanes” idealizados de Mario Monti, primero debe darles sindicatos alemanes, un Estado del bienestar alemán, un sistema de formación profesional alemán, etcétera, etcétera.

¿Así que según usted la UE ya no tiene futuro?

Todos los imperios tienen un problema. Al centro, a la cabeza, se le pide que haga tareas que no puede cumplir. El imperio europeo está cayendo porque nadie puede cumplir esas demandas. Alemania es demasiado pequeña para gobernar Europa, desde lo militar a lo social o a las transferencias fiscales. Si conoces los Balcanes, la idea de exportar allí los modelos liberales de Alemania o Francia es absurda, son incapaces de seguirlos. Italia es también incapaz. Si los modelos no vienen de dentro de las sociedades, no habrá mucho que hacer. Les puedes ayudar, pero no más que eso. Y, por otra parte, todos los imperios caen, ya pasó con el Imperio Romano, el estadounidense, el británico… Cuando tu imperio crece demasiado, el centro ya no puede asumir esa tarea… Esta imposibilidad se refiere no a la democracia o a algún defecto congénito de estos países o de los países europeos que tienen más dificultades con el actual modelo socioeconómico impuesto desde Bruselas y Berlín que comentábamos anteriormente, como Irlanda, Grecia, Italia, España o Portugal, sino a la supervivencia de estas sociedades bajo un régimen irrestricto de libre comercio y de moneda fuerte como el que ha sido impuesto; o sobre los países balcánicos si eventualmente se incorporaran a la Unión Europea en su forma presente. El régimen monetario y comercial actual prolonga el retraso y no conduce a una convergencia con las sociedades europeas más desarrolladas por parte de las menos desarrolladas socioeconómicamente según el actual modelo neoliberal de la Unión Europea; prolonga y profundiza, por el contrario, la desigualdad regional en el seno de Europa, porque expone a los países menos desarrollados a la emigración, a la dependencia productiva, etcétera. Confiar en la asistencia procedente del centro del sistema para promover el desarrollo no es realista, ya que este no será capaz de transferir desinteresadamente más recursos de los que han transferido al Tercer Mundo los países desarrollados durante las últimas seis décadas, lo cual básicamente preserva la dependencia y mantiene gobiernos procapitalistas en el poder. Para aproximarse a los países más desarrollados de la Unión Europea, estos países necesitan espacio para respirar, que es exactamente lo contrario de lo que les permite la Unión Europea en estos momentos.

 

Wolgang Streeck

¿Diría que Alemania ha fracasado por un exceso de generosidad con la periferia o por un exceso de control? 

No, este no es el modo correcto de plantear el problema. Lo que quiero decir es que durante los primeros años de existencia de la UE, que se prolongaron hasta el final de la Guerra Fría, los gobiernos alemanes ayudaron frecuentemente a los Estados miembros de la UE a alcanzar un compromiso mediante el pago de la mayor parte de los costes derivados del proceso de construcción europea. Esta es la razón por la que Helmut Kohl llegó a ser conocido y admirado como un “gran europeo”. Esto era así, sin embargo, cuando la UE todavía era pequeña y homogénea y la integración menos estrecha que la actual, lo cual significaba que los costes del compromiso eran limitados y manejables. Esto ha cambiado drásticamente con la incorporación de los antiguos países de Europa del Este y la creación de la unión monetaria. Ahora la factura es cada vez mayor. Por ejemplo, compensar a Italia por las pérdidas que sufre como miembro de la Unión Monetaria Europea supera ampliamente lo que una Alemania próspera podría permitirse, por no mencionar los fondos necesarios para estimular en Europa del Este y los Balcanes el desarrollo económico o, si preferimos decirlo de otro modo, su adhesión a Occidente y al capitalismo financiarizado. Recordemos que Alemania todavía tiene que dedicar una parte significativa de su renta nacional a sus provincias orientales, cuyo ingreso per cápita es todavía un 30% inferior a la media nacional.

¿Hay alguna esperanza de lograr una mejor Unión Europea de acuerdo con los criterios que usted la contempla?

En principio, sí, por supuesto. Pero el camino que nos separa de ella es largo y duro, dado que su consecución inevitablemente implica luchar contra el capitalismo financiarizado neoliberal. La Europa que creo que deberíamos tener y por la cual debemos luchar es una Europa consistente en laboratorios de democracia social nacional y local, lugares en los que la gente pueda construir conjuntamente competencias económicas y buena vida, de acuerdo con sus capacidades y necesidades. Debería existir, sin duda alguna, la correspondiente cooperación internacional, pero de acuerdo con un criterio voluntario, que conceda espacio para un desarrollo económico y social adaptado localmente. Esta Unión Europea sería una unión de iguales, no muy diferente de los cantones suizos, pero al mismo tiempo una unión dotada de fuertes sindicatos y de una sólida regulación de los mercados de trabajo, y no dividida entre el centro y la periferia. Una economía que funciona para la sociedad en la que se desenvuelve, no un conjunto de sociedades forzadas a trabajar para generar beneficios destinados a una diminuta minoría. Las comunidades locales, regionales y nacionales invertirían intensamente en infraestructuras colectivas, desde el transporte público a la educación y la sanidad públicas y gratuitas, ayudadas por instituciones financieras nacionales e internacionales de propiedad pública o de carácter cooperativo, que se hallarían protegidas de la implacable competencia internacional y no sujetas a los dictados de Berlín, París o Bruselas.

Ivan Krastev, experto en caídas de imperios, dijo en CTXT hace tres años que los imperios siempre caen por el centro y que Europa también caería desde el centro. 

Claro, es que Alemania se niega a pagar la cuenta. Un imperio es un sistema de países formalmente soberanos gobernados desde el centro. Aunque Francia, España, Italia le pidan ayuda, Berlín no podrá ya echar una mano. Alemania tiene su Parlamento. Hasta hace unos años, los partidos parlamentarios ni siquiera preguntaban por eso. Ahora el 15% del Parlamento está ocupado por la AFD, y estos sí hacen esas preguntas. La política de transferencias será impugnada, habrá preguntas. Especialmente ahora que el crecimiento se acabó. Somos virtuosos, tenemos el equilibrio presupuestario grabado en la Constitución: pero no se puede cambiar la Constitución. Será imposible dedicar el 2% del PIB alemán a salvar a Italia. De hecho, Alemania es cada vez más desigual, y los que pagarían esa cuenta serían los que menos dinero tienen, porque las empresas exigen pagar cada vez menos impuestos para poder competir en el mercado global. Es interesante recordar un hecho. Jeremy Corbyn ha sugerido subir el impuesto de sociedades, creo que al 32%; esa cifra es más baja que cuando gobernaba Thatcher. El sistema fiscal ya no depende de los gobiernos, las corporaciones tienen la capacidad de exigir pagar menos para poder competir en el mercado global. ¿Quién va a pagar entonces la cuenta? ¿Los pobres? No, si les exiges eso, votarán a partidos populistas. Utilizarán su lengua nacional para defender su posición económica.

¿Eso significa que la extrema derecha seguirá creciendo?

Históricamente, los europeos han elegido entre la oposición del centro izquierda al capitalismo sin reglas y la oposición de la derecha a la redistribución. Pero la izquierda ha perdido la capacidad de representar el descontento con el capitalismo. Eso deja un gran espacio a la derecha. ¿En Francia qué pueden votar? El Partido Socialista ha desaparecido, así que votan a Le Pen, o a Macron, que recorta el gasto social porque hace lo que le pide Alemania. La izquierda ya no les dice nada. El PS les decía que Europa era importante, que deberíamos seguir en Europa, pero la gente ve que la UE te obliga a recortar gasto social, a subir los impuestos indirectos y a bajar los impuestos a los ricos.

¿Trump va a cambiar el mundo que conocimos?

Ya lo ha cambiado. EE.UU. ya no quiere ser el poder hegemónico. Nadie que venga después de Trump regresará a la idea de Obama de que América es el centro del mundo y que es preciso defender el bien contra el mal. Ya no tienen recursos para eso. América ha cambiado para siempre, incluso aunque una de esas estupendas jóvenes candidatas demócratas llegara al poder. Si son listas, intentarán revertir los daños del neoliberalismo, pero tendrán que lidiar con los mismos problemas. ¿La OTAN, ahora que la URSS ya no existe? Bueno, existe Rusia. Se curaron del comunismo, pero ahora no tienen matrimonio gay, tienes que seguir peleando contra ellos… El otro día se supo que el gasto militar de Alemania tendrá que ser mucho mayor que el actual 1,1% del PIB. Prometimos a Trump que lo duplicaremos. Así que Alemania va a gastar mucho más que Rusia en armamento. Como no podemos tener armas nucleares, irá todo a tanques, lo que no gustará a Rusia, que conoce bien los panzers. Ahora estamos colocando nuestros tanques en Estonia y Lituania, muy cerca de la frontera rusa. Y somos buenos amigos de los oligarcas ucranios, que querrán seguro tener tanques allí. Si yo fuera Rusia, me pondría muy nervioso. ¿Qué hace Putin? Ampliar la fuerza nuclear. Misiles que puede disparar a Alemania. Un alto cargo militar francés habló el otro día sobre si la fuerza nuclear francesa puede ser usada para defender a Alemania. La respuesta es no, esa fuerza es francesa, no es europea. Es completamente ridículo. Y carísimo. Si aumentamos el gasto militar al 2%, ¿de dónde saldrá el dinero para las transferencias a la periferia? ¿La opción será que los países menores elijan entre tanques alemanes y euros alemanes?

Acabamos con las fake news. Usted ha escrito que siempre ha habido mentiras pero que ahora hemos entrado en una fase nueva: las mentiras de los expertos.   

La propaganda ha existido siempre. La única diferencia es que ahora las mentiras no solo vienen de los gobiernos, sino de la gente de abajo también. Los tecnócratas de la UE, por ejemplo, siempre han sido creativos con las cifras. Las sociedades modernas tienen medios muy poderosos que inundan el espacio público de noticias, y la idea de los que gobiernan es que debes llenar ese espacio antes que los demás; eso exige producir noticias cada día. Haga un experimento. El Frankfurter Allgemeine sale mañana diciendo “ayer no pasó nada, así que salimos sin noticias”. Sería imposible. La industria debe producir historias con detalles ordenados como si fueran reales, pero no lo son. Son historias, no política. En las redes sociales, o mejor asociales, los pobres pueden también crear historias que compiten con las de los políticos. Así que la maquinaria de los gobiernos ha crecido enormemente. En los años 80, la oficina federal de prensa, subordinada a la Cancillería, tenía 300 empleados. Ahora tiene unos 2.500.

Pero muchos medios mainstream ahora son de los bancos…

Por supuesto. Pero si lees un periódico de calidad con atención, verás que te informa sobre lo que pasa en los gobiernos, y esta información sale siempre del gobierno. Así que los outisders deben luchar contra esa gran coalición que dirige el sistema de producción de la información.

Fuente: https://ctxt.es/es/20190313/Politica/24878/neoliberalismo-union-europea-alemania-wolfgang-streeck-miguel-mora.htm