Revitalizar el pensamiento crítico en América Latina

Por Decio Machado / Universidad Nómada Sur

Los debates de la izquierda han gozado históricamente de una gran riqueza intelectual y teórica.

En el mundo del socialismo real, pese a la deriva totalitaria de sus estados, hubo potentes debates tales como si era posible el “socialismo en un solo país” entre los partidarios de León Trotsky y Iósif Stalin; la hoja de ruta para superar la oposición entre el trabajo intelectual y manual entre dirigentes y dirigidos surgidos en China durante la revolución cultural; o la controversia sobre la ley de valor de Marx en las sociedades de transición que protagonizaran el Che Guevara, Ernest Mandel y Charles Bettelheim, con la participación de Paul Sweezy entre otros pensadores marxistas.

De igual manera, los debates de la izquierda en los países capitalistas tampoco fueron baladíes, revitalizándose las elaboraciones respecto a la caracterización de la naturaleza de clase del Estado y el papel de la democracia al interior del pensamiento marxista y la teoría crítica. Estos debates abarcaron desde las formulaciones de Louis Althusser en relación con la naturaleza y papel de los llamados aparatos ideológicos y represivos del Estado hasta los análisis de Michel Foucault sobre los diagramas y dispositivos de poder-saber y la matriz disciplinaria del panóptico moderno. Por su parte, la ratificación de la naturaleza de clase del Estado y las formas particulares que adopta la dominación política supondrían también la aparición de nuevos estudios tanto desde la perspectiva subjetivista como desde las visiones estructuralistas, generando grandes duelos teóricos como la polémica entre Ralph Miliband y Nikos Poulantzas. Incluso tras la caída del Muro de Berlín, las posiciones de Toni Negri y Michael Hart frente a John Holloway, con sus diferentes posiciones sobre la dialéctica y las diferentes perspectivas entre el autonomismo y el marxismo abierto son de gran riqueza intelectual en el ámbito del debate teórico de fin del pasado siglo.

Quizás por ello causa tanta congoja y vergüenza ajena el nivel teórico esbozado por algunos de los académicos latinoamericanos que se han caracterizado en los últimos años por ser los legitimadores intelectuales de los regímenes progresistas. En el campo de la izquierda nunca se había visto tan extensa combinación entre simplificación del pensamiento y actitud conformista en el campo del saber.

Diría Pierre Bourdieu que el intelectual está obligado a desarrollar una práctica de autocrítica. Que deben llevar a cabo una crítica permanente de los abusos de poder o de autoridad que se realizan en nombre de la autoridad intelectual; o si se prefiere, deben someterse a sí mismos a la crítica del uso de la autoridad intelectual como arma política dentro del campo intelectual mismo. Para este destacado representante de la sociología contemporánea, todo académico debería también someter a crítica los prejuicios escolásticos cuya forma más persuasiva es la propensión a tomar como meta una serie de revoluciones de papel. Ironizaría Bourdieu indicando que esto llevó a los intelectuales de su generación a someterse a un radicalismo de papel confundiendo las cosas de lógica por la lógica de las cosas.

Sin embargo, a lo que hoy asistimos por parte del establishment académico de propagandistas de los regímenes progresistas no es otra cosa que lo que el zapatista subcomandante Galeano llamara “histeria ilustrada de la izquierda institucional”, esa que ingenuamente llegada al poder se convierte en un clon de lo que dice combatir, corrupción incluida.

Es evidente que a la producción de pensamiento reaccionario debemos oponer la producción de redes críticas desde la intelectualidad específica. Hago referencia a la noción teórica elaborada por Foucault por la cual se define una actividad inscrita en un campo acotado en el que el intelectual practica su labor singular. Algo más parecido a la figura del experto que a la del opinador generalista que habla indistintamente sobre cualquier cosa en cualquier contexto. Pero esto debe hacerse desde la honestidad, al igual que cualquier tipo de intervención política, y ahí, volviendo al sup Galeano, “hay que reconocer que esa izquierda ilustrada es de deshonestidad valiente”, pues no le importa hacer el ridículo.

En el fondo, el rol de esta intelectualidad progresista se asemeja bastante al de los propagandistas del viejo régimen estalinista, aquellos a los que el mismo Stalin –el menos intelectual de todos los bolcheviques que protagonizaron la Revolución Rusa– bautizaría como “los ingenieros del alma”. Así Vladimir Putin es comparado con Lenin; Rafael Correa con el Che Guevara; las elecciones en Ecuador con la batalla de Stalingrado o el juicio a Lula por sus implicaciones en la trama Odebrecht con el hipotético vía crucis de Jesuscristo en su camino al Calvario.

Sin embargo, hay que hacer memoria de la represión correísta sobre el paro/movilización que tuvo lugar en Ecuador entre el 2 y el 26 de agosto de 2015, donde hubo 229 “agresiones, detenciones, intentos de detención y allanamientos en todos los territorios donde se realizaron movilizaciones y protestas” (informe del Colectivo de Investigación y Acción Psicosocial Ecuador) o la impunidad en los casos de asesinatos a destacados opositores al modelo extractivista como José Tendetza, Freddy Taish o Bosco Wisuma. Hay que recordar también cómo el gobierno del PT criminalizó y agredió la protesta de jóvenes brasileños en las calles de todo el país en junio de 2013 y posteriormente durante el Mundial de Fútbol de 2014, o cómo se ha disparado el número de asesinatos de jóvenes negros en las zonas de favela en una lógica de política de “limpieza social” sobre todo a partir de la aprobación –con el apoyo del gobierno de Dilma Rousseff– de la ley antiterrorista en el Legislativo. De igual manera, ya no podemos mirar a otro lado ante el nivel de violencia desplegado por las fuerzas de seguridad del Estado en Venezuela, las violaciones de derechos humanos y el alarmante nivel de deterioro de la democracia en ese país.

Ante esta realidad me viene a la memoria Jean Paul Sartre –exponente del existencialismo y del marxismo humanista– cuando en el año 1945 escribió en la revista Le Temps Modernes, “considero a Flaubert y a Goncourt responsables de la represión que siguió a la Comuna de París porque no escribieron una palabra para impedirla”. Para Sartre, el corazón de cuya filosofía era una preciosa noción de libertad y un sentido concomitante de la responsabilidad personal, la misión de un intelectual es proporcionar a la sociedad “una conciencia que la arranque de la inmediatez y despierte la reflexión”.

Aquí, ¿cómo no?, conviene rememorar también al palestino Edward W Said, quien sentenciaría en uno de sus más famosos textos: “Básicamente, el intelectual (…) no es ni un pacificador ni un fabricante de consenso, sino más bien alguien que ha apostado con todo su ser a favor del sentido crítico, y que por lo tanto se niega a aceptar fórmulas fáciles, o clichés estereotipados, o las confirmaciones tranquilizadoras o acomodaticias de lo que tiene que decir el poderoso o convencional”.

Como podemos apreciar, nada que ver con el –en palabras del sup Galeano– “pensamiento perezoso” del progresismo criollo de estos tiempos. Entender el porqué de este deterioro intelectual tiene que ver con razones que van desde las aspiraciones personales de algunos académicos respecto a su capacidad de influencia política en el poder, hasta con una simple falta de conocimientos científicos o históricos que procura esconderse tras una supuesta superioridad analítica, todo ello sin olvidar las limitaciones derivadas del pensamiento binario por el que el mundo se divide simplemente entre derecha e izquierda.

Pero hablemos claro. No existe el pensamiento crítico funcional a gobiernos progresistas o partidos de la izquierda institucional, eso es una falacia. En realidad, la modernidad no se imagina la política sin un proyecto intelectual, por superficial que este sea, motivo por el que toma sentido la intelectualidad progresista actual. Así de tristes son las actuales relaciones entre el saber y la política convencional latinoamericana.

En todo caso, no puede haber un pensamiento crítico que no tenga su anclaje en la propuesta de pensar históricamente y por lo tanto cuestionar la impuesta aceptación de que siempre ha existido y existirá el capitalismo, lo que reduce la cancha del juego a proceder solamente a “humanizarlo”. El pensamiento crítico es en realidad un pensamiento radicalmente anticapitalista. En eso no hay negociación, pues de ello depende el futuro de la humanidad.

De igual manera, el pensamiento crítico implica profundizar sin concesiones el estudio de los mecanismos que mantienen la dominación –procedan éstos de donde sea–, lo cual no admite espacios para la seducción por parte del poder. Y requiere superar lo que podríamos llamar ortodoxia marxista, incorporando lógicas libertarias, ecologistas, feministas, anticolonialistas e indigenistas entre otras tantas.

Al mismo tiempo el pensamiento crítico parte de una acción comprometedora, está embarcado en la acción política y es por ello despreciado desde el poder. No es premiado con salarios de analista para medios de comunicación “progresistas”, no hace consultorías gubernamentales y tampoco forma parte del actual y extendido business académico.

A partir de aquí, el camino es largo pero necesario si esa intelectualidad progresista quiere dejar de vivir del Sur, para pasar a ayudar a transformarlo.

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La geo-ingeniería y la destrucción creativa de la Tierra por el capitalismo

Por John Bellamy Foster

Se está quemando un corto fusible. Al ritmo actual de crecimiento de las emisiones mundiales, se estima que la atmósfera alcanzará en menos de dos décadas el billón de  toneladas métricas de las emisiones acumuladas de carbono, desbordando el presupuesto mundial del carbono[1]***. Esto marcaría el inicio de un período de peligrosos cambios climáticos que resultarían ser irreversibles, afectando al clima durante siglos, si no milenios. Aún si hoy mismo toda la economía mundial fuera a cesar de emitir dióxido de carbono, el carbono excedente ya acumulado en la atmósfera ya asegura virtualmente que continuará el cambio climático, con efectos dañinos para la especie humana y la vida en general. Sin embargo, cuando se llegue a aumentar 2 grados centígrados sobre la temperatura promedio, asociada con un nivel de concentración de carbono en el medio ambiente de 450 ppm (partes por millón), esto nos llevará a una situación cualitativamente diferente. En ese momento, entrarían en acción las retroalimentaciones climáticas, amenazando catapultar las temperaturas globales promedio a 3°C o 4°C por encima de los niveles preindustriales en este siglo, lo que ya sucederá durante la vida de muchas personas que habitan hoy en nuestro planeta. La situación se agrava por la emisión de otros gases de efecto invernadero, que incluyen al metano y al óxido nitroso.

Los enormes peligros que presenta a la humanidad de conjunto el rápido cambio climático, y la incapacidad  para enfrentarlos por parte de la estructura político-económico capitalista existente, simbolizado por la presencia de Donald Trump en la Casa Blanca, han engendrado una búsqueda desesperada de “soluciones técnicas”, bajo la forma de una geo-ingeniería, que es como se define al conjunto de intervenciones humanas masivas y deliberadas para manipular al clima del planeta como un todo.

A la geo-ingeniería ahora la están impulsando entusiastamente la clase multimillonaria, representada por figuras como Bill Gates y Richard Branson; las organizaciones ambientalistas como el Environmental Defense Fund  (Fondo de defensa ambiental) y el Natural Resources Defense Council(Consejo de defensa de los recursos naturales); los comités de expertos como el Instituto Breakthrough y el Climate Code Red (“Código rojo climático”); y las empresas extractivas de combustibles fósiles , como Exxon Mobil y Shell; y también los gobiernos de los EE. UU., el Reino Unido, China, y Rusia. El Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (siglas en inglés: IPCC), ha incluido las estrategias de emisiones negativas, basada en la geo-ingeniería, bajo la forma de Bio-Energía con Captura y Almacenamiento de Carbono (siglas en inglés: BECCS) en casi todos sus modelos climáticos. Incluso algunas figuras en la izquierda política (donde recientemente se han impuesto en algunos círculos las ideas “aceleracionistas”) se han aferrado a la geo-ingeniería como un deus ex machina; lo que es una manera de defender una estrategia económica y tecnológica eco-modernista, como puede comprobarse en una cantidad de contribuciones al número de Verano 2017: “Earth, Wind, and Fire” de la revista Jacobin[2].

De acuerdo al climatólogo James Hansen[3], para que el sistema Tierra evite llegar a 450 ppm de concentración de carbono en la atmósfera, y vuelva al promedio de la época del Holoceno de 350 ppm, se necesitará hacer emisiones negativas por medios tecnológicos, y por lo tanto la geo-ingeniería, por lo menos en una escala limitada. Sin embargo, la estrategia de Hansen, como la de la mayoría de otros científicos, sigue basándose en el sistema actual. O sea, excluye la posibilidad de una revolución ecológica a gran escala, que implique la auto-movilización de la población en torno a la producción y el consumo. Lo que sigue siendo cierto es que todo intento de implementar la geo-ingeniería (aún en la forma de esquemas tecnológicos para la eliminación del carbono) como la estrategia dominante para abordar el calentamiento global, subordinada a los fines de la acumulación del capital, resultaría ser fatal para la humanidad. Los costos de esa acción, la carga que pondría sobre las generaciones futuras, y los peligros para las especies vivientes, incluyendo la nuestra, son tan grandes, que el único curso racional es una larga revolución ecológica, dirigida a la reducción más rápida posible del dióxido de carbono y las emisiones de otros gases de efecto invernadero, unida a un énfasis en la agroecología y la restauración de ecosistemas globales, incluyendo bosques, para absorber el dióxido de carbono.[4]  Esto necesitaría ser acompañado por una reconstitución de largo alcance de la sociedad en su mayor parte, re-instalar a un más alto nivel las prácticas colectivas e igualitarias, que habían sido socavadas por el crecimiento del capitalismo.

La geo-ingeniería del planeta bajo el régimen del “capital fósil”****

La geo-ingeniería como idea data del período de los primeros descubrimientos del rápido cambio climático antropogénico. Comenzando a principios de la década de 1960, Mijail Budyco, el  principal climatólogo de la Unión Soviética (y en esa época, del mundo), fue el primero en lanzar una serie de advertencias sobre el carácter inevitable del cambio climático global acelerado en el caso de sistemas basados en la combustión de combustibles fósiles[5]. Aunque hacía tiempo que se había reconocido la existencia del cambio climático antropogénico, lo nuevo fue el descubrimiento de importantes retroalimentaciones climáticas, como el derretimiento del hielo ártico y la interrupción del efecto albedo cuando el hielo blanco era reemplazado por el color azul del agua de mar, incrementando la cantidad de radiación solar absorbida por el planeta y el aumento de la temperatura global promedio. En 1974, Budyco propuso, como una posible solución al cambio climático, el uso de aviones de gran altura para soltar partículas de sulfuro (creando una especie de aerosoles de sulfato) en la estratósfera. Con ello se pretendía imitar el rol que jugaba la acción volcánica al lanzar sulfuro en la atmósfera, creando así una barrera parcial, limitando el ingreso de la radiación solar. Su argumento se basaba en que las economías capitalistas, en particular, no podrían restringir el crecimiento en que se basaba la acumulación del capital, con el uso de la energía y sus emisiones, a pesar del peligro que significaba para el clima[6]. Por consiguiente, había que explorar alternativas tecnológicas para estabilizar el clima. Pero recién en 1977, cuando el físico italiano Cesare Marchetti propuso un esquema para capturar las emisiones de dióxido de carbono provenientes de las plantas de energía eléctrica y utilizar tuberías para secuestrarlo y retenerlo en las profundidades oceánicas, fue que apareció la palabra “geo-ingeniería”.[7]

La propuesta precursora de Budyco, de usar partículas de sulfuro para bloquear una parte de los rayos solares, conocida ahora como “inyección estratosférica por aerosol”, y la temprana idea de capturar y secuestrar el carbono en el océano, representan los dos primeros abordajes a la geo-ingeniería (respectivamente, la administración de la radiación solar (SRM) y la eliminación de dióxido de carbono (CDR). El SRM fue diseñado para limitar la radiación solar que llega a la Tierra. Y el CDR procura capturar y eliminar el carbono para disminuir la cantidad que entra en la atmósfera.

Además de la inyección estratosférica por aerosol, hay otro abordaje al SRM que ha ganado adherentes con influencia en los últimos años, que es abrillantar las nubes marinas. Esto implicaría enfriar la tierra modificando las capas bajas de estratocúmulo que cubren alrededor de una tercera parte de los océanos, haciéndolas más reflectantes. En un escenario estándar, una flota especial de 1500 barcos no tripulados, controlados por satélite, recorrerían los océanos, esparciendo en el aire gotas submicrométricas de agua de mar que se evaporarían dejando residuos salinos. Estas partículas brillantes de sal reflejarían la radiación solar que ingresa. También actuarían como núcleos de condensación de las nubes, aumentando su área superficial, con el resultado de que habría aún más reflexión de la radiación solar.

En la actualidad, tanto la inyección estratosférica por aerosol como el abrillantamiento de las nubes marinas son ampliamente criticadas por suponer enormes riesgos además del propio cambio climático, aunque solo abordan los síntomas y no las causas del mismo. La primera, que sería suministrada a la estratósfera por medio de tubos, cañones, aeróstatos, o aviones, podría alterar al ciclo hidrológico global con enormes efectos impredecibles, conduciendo probablemente a sequías masivas en importantes regiones del planeta. Se teme que podría terminar con el sistema del monzón en la India, perturbando la agricultura para 2 mil millones de personas[8]. También se teme que podría afectar a la fotosíntesis y la producción agraria en gran parte del mundo[9]. La inyección de partículas de sulfuro en la atmósfera podría contribuir a la reducción de la capa de ozono.[10] Gran parte del sulfuro excedente podría cayendo en la tierra, generando la lluvia ácida.[11] Lo más preocupante de todo, la inyección estratosférica por aerosoles tendría que ser repetida año tras año. En el caso de terminar bruscamente este tratamiento, el ascenso en la temperatura asociada con el carbono adicional acumulado aparecería casi inmediatamente con la temperatura mundial subiendo posiblemente 2 ó 3°C en una década, que es un fenómeno conocido como el “problema de la terminación”[12].

Como sucedería con la inyección estratosférica por aerosoles, el abrillantamiento de las nubes marinas podría afectar drásticamente al ciclo hidrológico de  maneras impredecibles. Por ejemplo, podría general una severa sequía  en la región del Amazonas, secando al ecosistema terrestre más vital del mundo con efectos incalculables y catastróficos para la estabilidad el sistema de la Tierra[13]. Muchos de los peligros del abrillantamiento de las nubes son similares a los de la anterior medida. Como otras formas de la SRM, no haría nada para detener la acidificación de los océanos causada por los crecientes niveles de dióxido de carbono.

La primera forma de la CDR en atraer la atención por parte de grupos con intereses económicos e inversores fue la idea de fertilizar los océanos con hierro, fomentando así el crecimiento del fitoplancton, de modo de promover una mayor absorción oceánica de carbono. Ha habido una docena de experimentos en esta área y las dificultades relacionadas con este proyecto han resultado ser muchísimos. Los efectos sobre los ciclos del fitoplancton, del zooplancton y una multitud de otras especies marinas hasta llegar a las ballenas al final de la cadena alimentaria son indeterminados. Aunque algunas partes del océano se volverían más verdes debido al hierro adicional, otras partes se volverían más azules, más carentes de vida, porque estarían privadas de los nutrientes –nitratos, fósforo y sílice- necesarios para el crecimiento[14]. Hay evidencias que sugieren que gran parte del carbono asimilado por el océano quedaría en la superficie o en los niveles intermedios del mismo, y solo una pequeña parte llegaría a las profundidades oceánicas, para ser retenida en forma natural[15].

Entre los diversos proyectos de la CDR, es la BECCS, debido a su propuesta de hacer emisiones negativas, la que hoy atrae el mayor apoyo. Esto es porque parece permitir a las naciones rebasar los objetivos relacionados con el clima, sobre la base de que el carbono podría ser eliminado de la atmósfera en décadas posteriores. Aunque en la actualidad la BECCS existe mayormente como un modelo de computadora aún no sometido a ensayos, ahora se lo incorpora en casi todos los modelos climáticos utilizados por el IPCC[16]. Tal como se lo ha diseñado, la BECCS quemaría  cultivos agrícolas para generar electricidad, con la captura y el almacenamiento subterráneo del dióxido de carbono resultante. En teoría, dado que los cultivos  pueden ser considerados como neutrales en carbono, pues inicialmente toman el dióxido de carbono de la atmósfera y al final del proceso lo liberan nuevamente- la BECCS, al quemar la biomasa, luego capturar y retener las emisiones de carbono, sería un medio de generar electricidad, aunque al mismo tiempo daría por resultado una reducción neta del carbono atmosférico.

Sin embargo, en el momento en que se pasa de lo abstracto a lo concreto, se comienza a cuestionar la factibilidad de este proyecto. Los modelos de nivel medio del IPPC que se proyectan son para eliminar 630 gigatoneladas de dióxido de carbono  de la atmósfera, que son alrededor de dos tercios del total emitido entre la Revolución Industrial y el año 2011[17]. Esto se llevaría a cabo en gigantescas plantaciones de cultivos comerciales, gestionadas por agroempresas. Para eliminar un billón de toneladas de dióxido de carbono de la atmósfera, como se prevé en los escenarios más ambiciosos, habría que ocupar una superficie de tierra que duplicaría el tamaño de la India (o igual al de Australia), o sea aproximadamente tanta tierra como la que se cultiva en la actualidad, lo que exigiría proveer tanta agua dulce como la que se utiliza hoy en día para la agricultura a nivel mundial[18]. El climatólogo James Hansen -que ha señalado críticamente que las emisiones negativas se han “propagado como un cáncer” en los modelos climáticos del IPCC- ha estimado que el costo para implementar la BECCS en la escala proyectada  exigiría cientos de billones de dólares, con un “costo mínimo estimado” de alrededor de 570 billones de dólares para este siglo[19]. Los efectos de la BECCS –usada como un mecanismo primordial y diseñado para evitar la confrontación con el actual sistema de producción- significarían por consiguiente el desplazamiento masivo de los pequeños agricultores y de la producción mundial de alimentos.

Por otra parte, se ha demostrado que la idea de que las formas de la producción agrícola comercial en gran escala presupuestas en los modelos de la BECCS serían neutrales en carbono y que de este modo darían por resultado  emisiones negativas con la retención del carbono, resulta ser exagerada o falsa cuando se toman en cuenta sus efectos mayores en la tierra a nivel global. Se supone que el cultivo agrícola de la BECCS tendrá lugar en enormes plantaciones de monocultivo, desplazando otras formas de uso de la tierra. Sin embargo, los ecosistemas biológicamente diversos tienen sustancialmente mayores índices de retención de carbono en el suelo y la biomasa que los que tienen los de monocultivo[20]. Una alternativa a la BECCS en la promoción de retención de carbono sería promover una restauración ecológica masiva, planetaria, incluyendo la reforestación, junto a la promoción de una agroecología diseñada sobre las formas tradicionales de la agricultura, organizada alrededor del reciclamiento de nutrientes y de métodos adecuados para mejorar el suelo[21]. Esto evitaría la grieta metabólica asociada con los monocultivos de los agronegociosos, que son menos eficientes en lo que respecta a la producción de alimentos por hectárea y en la retención del carbono.

Otro “arreglo tecnológico” generalmente recomendado, la captura y retención del carbono (CCS) no es estrictamente una forma de geo-ingeniería, pues está dirigida a capturar y retener  las emisiones de carbono de determinadas plantas de energía eléctrica, como las centrales térmicas a carbón. Sin embargo, la promoción de una infraestructura de CCS a escala planetaria como medio de abordar el cambio climático –eludiendo de ese modo la necesidad de una revolución ecológica en la producción y en el consumo- se la puede ver más bien como una forma de geo-ingeniería a escala planetaria, debido a las inmensas dimensiones económicas y ecológicas proyectadas. Aunque la CCS permitiría teóricamente quemar combustibles fósiles sin emisiones de carbono en la atmósfera, la escala y los costos de las operaciones de CCS son prohibitivos. Como escribe Clive Hamilton en Earthmasters: The Dawn of the Age of Climate Engineering, la CCS para una sola planta del tamaño “estándar a carbón de 1.000 megawatts (…) necesitaría 30 kilómetros de maquinarias aspiradoras de aire y seis plantas químicas, con un espacio de 6 kilómetros cuadrados”[22]. El experto en energía, Vaclav Smil, ha calculado que “para secuestrar o retener solo una quinta parte de las emisiones actuales [año 2010] de CO2, tendríamos que crear una industria mundial totalmente nueva de absorción-concentración-condensación-transporte-almacenamiento cuya capacidad anual debería ser alrededor de un 70 por ciento mayor que el volumen anual ahora maneja la industria petrolera del crudo mundial, cuya inmensa infraestructura de pozos, oleoductos, estaciones de compresión y almacenamiento, llevó  generaciones para construir”[23]. La captura y el secuestro de las emisiones estadounidenses actuales de dióxido de carbono exigirían 130 mil millones de toneladas de agua por año, que es igual a alrededor de la mitad del flujo anual del Río Columbia. A esta nueva y gigantesca infraestructura se la debería colocar encima de la actual infraestructura del combustible fósil; todo ello para permitir que se continúe quemando combustibles fósiles[24].

Un principio de precaución planetario para el Antropoceno

Si la emergencia planetaria de nuestros días es un producto de siglos de guerra contra el planeta, considerado como un mecanismo de la acumulación del capital, a los proyectos de geo-ingeniería generados por el capital fósil los podemos considerar como gigantescos proyectos para permitir que el sistema siga librando esta guerra hasta  su culminación. La geo-ingeniería bajo el régimen actual de acumulación tiene como único objetivo mantener intacto el status quo; sin perturbar las relaciones dominantes de la producción capitalista y sin siquiera intentar suprimir a la industria del combustible fósil, con la que está profundamente relacionada. Las ganancias, la producción, y la solución a la pobreza energética en las partes más pobres del mundo, se convierten así en las justificaciones para siga funcionando el actual sistema del capital fósil, manteniendo a toda costa al régimen ambiental capitalista. La mentalidad prometeica que yace detrás de ello ha sido bien captada por una pregunta que hizo Rex Tillerson, cuando era CEO de la Exxon Mobil Corporation,  -sin rastro de ironía-  en una reunión anual de accionistas en 2013: “¿De qué sirve salvar al planeta si la humanidad sufre?”[25]

Toda la historia de las crisis ecológicas que condujeron a la actual emergencia planetaria, marcada por numerosos desastres – desde la destrucción casi total de la capa de ozono, la carga de nutrientes y la propagación de zonas muertas en el océano, hasta el propio cambio climático,  sirve para subrayar la marcha de los disparates asociados con todo intento de aplicar la geo-ingeniería a todo el planeta. La complejidad del sistema de la Tierra nos asegura que podrían surgir consecuencias imprevisibles. Como lo advirtió Frederick Engels en el siglo XIX: “No debemos… lisonjearnos demasiado de nuestras victorias humanas sobre la naturaleza. Esta se venga de nosotros por cada una de las derrotas que le inferimos. Es cierto que todas ellas se traducen principalmente en los resultados previstos y calculados, pero acarrean, además, otros imprevistos, con los que no contábamos y que, no pocas veces, contrarrestan los primeros.”[26]

Frente a la incertidumbre, acompañada de una probabilidad extremadamente alta de infligir un daño incalculable al sistema de la Tierra, es fundamental invocar lo que se conoce como el Principio de Precaución cada vez que se plantea la cuestión de la geo-ingeniería planetaria. Como lo ha explicado el economista ecológico Paul Burkett, la versión fuerte del Principio de Precaución abarca necesariamente los siguientes puntos:

  1. El propio Principio de Precaución, que dice que si una acción puede causar un daño grave, tenemos que contrarrestarla con medidas para asegurar que no tenga lugar la acción.
  2. El Principio de la Inversión de la Carga, bajo el cual es  responsabilidad de quienes apoyan una acción  demostrar que no es gravemente peligrosa, y por consiguiente cambiar el peso de la prueba de aquellos que son potencialmente dañados por la acción (por ejemplo, la población en general y otras especies que ocupan el mismo ambiente). En resumen, es la seguridad, no el peligro potencial, lo que se necesita demostrar.
  3. El Principio de la Evaluación Alternativa, estipulando que no se llevará a cabo ninguna acción potencialmente peligrosa, si hay acciones alternativas accesibles que logren de manera segura los mismos objetivos que la acción propuesta.
  4. Todas las deliberaciones sociales relacionadas con la aplicación de los artículos 1 al 3 deben ser abiertas, informadas y democráticas, y deben incluir a todas las partes afectadas.[27]

Es evidente que un fuerte Principio de Precaución, basado en cada uno de los criterios que hemos descrito,  descartaría completamente a la geo-ingeniería promovida en el contexto de un régimen capitalista de máxima acumulación  Hay una certeza casi total del peligro extremo para  la especie humana de conjunto que surge de todos las principales propuestas de la geo-ingeniería. Si se pusiera la carga de la prueba sobre los promotores del orden establecido de la geo-ingeniería capitalista, para que demuestren que no se infligiría un gran daño al planeta, como un lugar de habitación humana, esas propuestas fracasarían en la prueba. Dado que la alternativa de no quemar más los combustibles fósiles y promover formas alternativas de energía es totalmente factible, mientras que la geo-ingeniería planetaria conlleva inmensos peligros que se agregarían al sistema de la Tierra de conjunto, dicha tecnología como medio principal de controlar al calentamiento global también sería excluida por ese criterio. Finalmente, la geo-ingeniería bajo el actual sistema económico y social invariablemente implica alguna entidad proveniente de la estructura del poder –un multimillonario, una corporación, un gobierno o una organización internacional- que implemente esa acción ostensiblemente en nombre de la humanidad en general, aunque dejen afuera del proceso de toma de decisiones a las partes más afectadas del mundo, con cientos, quizás miles, de millones, de personas que pagan los costos ambientales, a menudo con sus vidas. En pocas palabras, la geo-ingeniería, en particular si está subordinada al proceso de acumulación del capital, viola la versión más sagrada del Principio de Precaución, que se remonta a la antigüedad: Primero no dañar.

La eco-revolución como la única alternativa

Como una prolongación de la guerra actual contra el planeta, un régimen de geo-ingeniería climática diseñado para mantener en funcionamiento el presente modo de producción se opone diametralmente  a la idea que enunció Barry Commoner en 1992 en Making Peace with the Planet, “Si el ambiente está contaminado y la economía está enferma, el virus que los causa se hallará en el sistema de producción.”[28] Hoy no puede haber dudas de que el actual modo de producción, en particular el sistema del capital fósil, que se necesita cambiar a escala mundial. Para parar el cambio climático, la economía mundial, la economía mundial debe cambiar rápidamente a las emisiones netamente cero de dióxido de carbono. Con un esfuerzo concertado por parte de la sociedad humana de conjunto, utilizando los medios tecnológicos sustentables ya existentes, esto se halla a nuestro alcance; especialmente cuando se lo acompañe con los cambios necesarios en la organización social para reducir el colosal despilfarro de recursos y vidas que está incorporado en el actual sistema de producción alienada. Esos cambios no podrían ser meramente implementados desde arriba por las élites, sino que requerirían la auto movilización de la población, inspirada por las acciones revolucionarias de la juventud en pos de soluciones igualitarias, ecológicas, colectivas y socializadas, consciente de que es el mundo que ella heredará lo que está más en juego.

Esta necesaria revolución ecológica incluirá en primer lugar: 1) una moratoria de emergencia sobre el crecimiento económico en los países ricos, acompañada de una redistribución  hacia abajo del ingreso y la riqueza; 2) reducciones radicales en las emisiones de gas de efecto invernadero; 3) eliminación gradual de toda la estructura de la energía del combustible fósil; 4) sustitución por una infraestructura de energía alternativa, basada en alternativas sustentables como la solar y la eólica, controladas localmente; 5) cortes masivos en el gasto militar con los excedentes económicos liberados para que sean usados en la conversión ecológica; 6) promoción de economías circulares y sistemas de despilfarro cero para disminuir la producción de energía y recursos; 7) creación de un sistema de transporte público efectivo, junto con medias para disminuir la dependencia en el automóvil privado; 8) restauración de ecosistemas globales, de acuerdo con comunidades locales, incluyendo las indígenas; 9) transformación de la producción de monocultivos destructiva e intensiva en energía y productos químicos de las agroempresas, en una agroecología basada en pequeñas granjas sustentables y el cultivo campesino con su mayor productividad de alimentos por hectárea; 10) institución de fuertes controles sobre la emisión de productos químicos tóxicos; 11) prohibir la privatización de los recursos de agua dulce; 12) imponer una fuerte gestión basada en la comunidad humana de los océanos comunes orientada a la sustentabilidad; 13) tomar nuevas medidas para proteger a las especies en peligro de extinción; 14) imponer límites estrictos al excesivo y destructivo marketing consumista por las corporaciones; 15) reorganizar la producción para deshacer las cadenas mercantiles actuales orientadas a la acumulación rapaz y la filosofía de aprés moi le déluge; y 16) desarrollar formas de producción más razonables, justas, y menos despilfarradoras, y más colectivas.[29]

En esa eco-revolución se necesitará dar prioridad a la eliminación más rápida imaginable de las emisiones provenientes del combustible fósil, pero esto a su vez exigirá cambios fundamentales en la relación humana con la tierra y en la relación de los seres humanos entre sí. Tendrá que ponerse un nuevo énfasis en el desarrollo humano sostenible y en la creación de un sistema orgánico de reproducción social metabólica. Se deberán superar los siglos de explotación y expropiación, incluyendo las divisiones sobre la base de la clase, el género, la raza y la etnicidad.                     

 


* Este artículo fue publicado en Monthly Review, Vol. 70, N°4, en septiembre 2018, y en Science for the People. Agradecemos a las direcciones de ambas revistas la gentil autorización para la traducción y publicación de este texto en Herramienta. Translated and reprinted by permission of Monthly Review Magazine and Science for the People. (c) Monthly Review vol. 70, no. 4, September 2018. All rights reserved.

** John Bellamy Foster es Director de Monthly Review y autor, entre otros libros, de The Ecological Rift (coautor con B. Clark y R. York), The Planet Emergency, Marx’s Ecology y The Vulnerable Planet.

La traducción para Herramienta es de Francisco T. Sobrino

[1] http://trillionthtone.org, visitada el 3 de junio de 2018. Notemos que el billón de toneladas métricas se refiere al carbono acumulado (no al dióxido de carbono).

*** N. del T.: «No habría que confundir la terminología “Presupuesto Mundial del Carbono” como título de la publicación editada desde el 2005 por este grupo, con la acepción del argot que entiende este sintagma (presupuesto de carbono) como la cantidad de emisiones que aún quedarían para cumplir un objetivo climático, como pueda ser el de evitar el incremento en 2°C en el calentamiento del planeta.»

[2] Jacobin, vol. 26 (2017).

[3] James Hansen et al., “Young People’s Burden: Requirements of Negative CO2 Emissions”, Earth System Dynamics 8 (2017): 577-616; James Hansen et al., “Young People’s Burden: Requirements of Negative CO2 Emissions”, 18 de julio de 2017, http://columbia.edu.

[4] Ver John Bellamy Foster, “The Long Ecological Revolution”, Monthly Review 69, no. 6 (noviembre 2017), 1-16.

**** N. del T: el autor llama así al capital que se basa en el uso masivo de combustibles fósiles

[5] Spencer Weart, “Interview with M. I. Budyko: Oral History Transcript”, marzo 25, 1990, http://aip.org, The Discovery of Global Warming (Cambridge, MA: Harvard University Press, 2003): 85-88; Climate and Life (Nueva York: Academic, 1974), 485; M. I. Budyko y Y. A. Izrael, ed., Anthropogenic Climate Change (Tucson: University of Arizona Press, 1991), 1-6; Blue Planet Prize, “The Laureates:Mikhail I. Budyko (1998)”, http://al-info.or.jp; john Bellamy Foster, “Late Soviet Ecology and the Planetary Crisis”, Monthly Review 67, no. 2 (junio 2015): 7-10.

[6] M. I. Budyco, Climate Changes (Washington, D.C.: American Geophysical Union, 1977), 235-36, 239-46; Foster, “Late Soviet Ecology”, 11-

[7] Oliver Morton, The Planet Remade (Princeton: Princeton University Press, 2016), 137-38.

[8] Alan Robock, Luke Oman, and Georgy L. Stenchikov, “Regional Climate Responses to Geoengineering with Tropical and Arctic SO2 Injections”, Journal of geophysical Research 113 (2008): D16101; Alan Robock, “20 Reasons Why Geoengineering May Be a Bad Idea”, Bulletin of Atomic Scientists 64, no.2 (2008): 15; Clive Hamilton, Earthmasters (New Haven: Yale University Press, 2003), 64.

[9] Robock, “20 Reasons Why Geoengineering May Be a Bad Idea”, 16.

[10] Íbid.

[11] Michael E. Mann and Tom Toles, The Madhouse Effect (Nueva York: Columbia University Press, 2016):123; Robock, “20 Reasons Why Geoengineering May Be a Bad Idea”, 16.

[12] Hamilton, Earthmasters, 65-67; Robock, “20 Reasons Why Geoengineering May Be a Bad Idea”, 17; Daisy Dunne, “Six Ideas to Limit Global Warming with Solar “Geoengineering”, Carbon Brief, May 9, 2018, http://carbonbrief.org.

[13] Hamilton, Earthmasters, 52-55; Carbon Brief, “Six Ideas”.

[14] Hugh Powell, “Fertilizing the Ocean with Iron”, Oceanus 46, no. 1 (2008), http://whol.edu; Hamilton, Earthmasters, 27-35.

[15] Powell, “Fertilizing the Ocean with Iron”, Hamilton, Earthmasters, 35.

[16] Abby Rabinowitz and Amanda Simson, “The Dirty Secret of the World’s Plan to Avert Climate Disaster”, Wired, 10 de diciembre de 2017.

[17] Rabinowitz and Simson, “The Dirty Secret of the World’s Plan to Avert Climate Disaster”.

[18] Julia Rosen, “Vast Bioenergy Plantations Could Stave Off Climate Change and Radically Reshape the Planet”, Science, 15 de febrero de 2018; Rabinowitz and Simson, “The Dirty Secret of the World’s Plan to Avert Climate Disaster”; ETC Group, Biofuel Watch, Heinrich Böll Stiftung, The Big Bad Fix: The Case Against Climate Geoengineering (2017) 22, http://boell.de.

[19] Hansen et al., “Young People’s Burden”

[20] ETC Group, Biofuel Watch, Heinrich Böll Stiftung, The Big bad Fix, 20-22; Michael Friedman, “Why Geoengineering Is Not a Remedy for the Climate Crisis”, MR Online, 22 de mayo de 2018, http://mronline.org.

[21] Friedman, “Why Geoengineering Is Not a Remedy for the Climate Crisis”.

[22] Hamilton, Earthmasters, 47-50.

[23] Vaclav Smil, “Global Energy: The Latest Infatuations”, American Scientist 99 (2011), http://americanscientist.org. Ver también Jeff Goodell, “Coal’s New Technology”, Yale Enviroment 360, July 14,  2008, http://e360.yale.edu.

 

[24] Andy Skuce, ”’We’d Have to Finish One New Facility Every Working Day for the Next 70 Years’-Why Carbon Capture Is No Panacea”, Bulletin of the Atomic Scientists, October 4, 2016; http://the-bulletin.org.

[25] Tillerson quoted in Michael Babad, “Exxon Mobil CEO: “What Good Is It to Save the Planet if Humanity Suffers?” Globe and Mail, May 30, 2017 (updated June 19, 2017).

[26]  Federico Engels, Dialéctica de la Naturaleza, México D.F., Editorial Grijalbo, 1961: pág. 151.

[27] Paul Burken, “On Eco-Revolutionary Prudence: Capitalism, Communism, and the Precautionary Principle”, Socialism and Democracy 30, no. 2 (2016): 87.

[28] Barry Commoner, Making Peace with the Planet (Nueva York: New Press, 1992), ix.

[29] Ver ETC Group, Biofuel Watch, Heinrich Böll Stiftung, The Big Bad Fix, pág. 10.

François Langlet: «La próxima crisis será más grave»

En declaraciones recogidas por Nicolas Domenach, François Langlet, conocido periodista económico y divulgador francés, se expresa sobre las posibilidades de crisis, como parte de un amplio reportaje especial del mensual Le Nouveau Magazine Littéraire bajo el título “El capitalismo ya no responde”.

¿La próxima crisis que parece dibujarse puede ser fatal?

La próxima crisis será verosímilmente más grave que la de 2008, porque en 2008 se trató un exceso de endeudamiento con un incremento del endeudamiento. Se trató el mal, por tanto, con mayor mal. Ahora bien, iguales causas producen iguales efectos. Lo que nos espera, aunque nadie pueda prever la fecha con certeza: depreciación del valor de las activos, acciones, inmobiliario, obligaciones, cuyo valor se ha hinchado por la creación de moneda por parte de los bancos centrales. Para evitar el hundimiento, hemos elevado una vez más la altura del edificio moviendo crédito generalizado y mundializado. Es probable que esto no dure.

¿Tienen los estados todavía los medios y la voluntad de regular un capitalismo financiero que ha enloquecido? ¿Y pueden controlar los GAFA [Google, Apple, Facebook y Amazon]? 

Los estados disponen de todos los medios para regular el capitalismo. El problema es que los límites que ponen no hacen más que desplazar la locura especulativa. Si se regulan los bancos –algo que se hizo después de 2008- las finanzas se desplazan al shadow banking, el sistema financiero paralelo.

El determinante principal de la crisis financiera es la psicología de las multitudes, es decir, los comportamientos borreguiles de los inversores, que perduran igual que el deseo de enriquecerse, es decir, mucho tiempo.

Es inútil esperar un mundo sin crisis, es ilusorio pensar que el Estado y los poderes públicos son una solución a la crisis financiera. Hay que regular, desde luego, pero eso no supone una protección absoluta. La vigilancia ha de ser permanente.

La patronal y los políticos ¿son conscientes de las apuestas, o se contentan con hacer populismo patronal para unos y política para otros?

Los patronos de las empresas que cotizan en Bolsa se ven a menudo forzados a respetar las reglas de juego del sistema actual: el que ignorase deliberadamente a sus accionistas se condenaría, lo cual lleva a veces a la empresa a prácticas contestables, como la recompra de las propias acciones, privándola de medios para invertir. En cuanto a los dirigentes políticos, no tienen siempre un buen conocimiento de los mecanismos de las finanzas y de la Bolsa, a falta de haber trabajado en empresas, lo que les conduce a menudo a los “Basta con…”

Los populistas son los más inclinados a estos atajos, tanto más seductores por cuanto  los partidos tradicionales, lo mismo los de izquierda que los de derecha, no vieron venir la última gran crisis.

¿Hay contradicción radical entre capitalismo y ecología o, a la inversa, puede el capitalismo salvar la Naturaleza después de haberla saqueado? 

Por definición, el capitalismo es predador, utiliza los recursos naturales para aumentar la producción y la riqueza, la de los accionistas, los asalariados o los consumidores. Hay, por tanto, una contradicción fundamental entre crecimiento y ecología. Pero se puede superar de diversas maneras. En primer lugar, instaurando reglas que limite la utilización de recursos. Y siguiendo con un mecanismo que haga subir el precio de los bienes en función de su escasez. Los recursos escasos deben facturarse más caros para disuadir de su utilización. Y el aumento del precio, en una economía de mercado, desencadena la investigación de innovaciones para substituir el antiguo modo de producción por uno nuevo, más económico en recursos. Esta espiral virtuosa no puede desarrollarse más que gracias a la interacción entre la mano invisible, la del mercado, y la mano bien visible del regulador.

periodista especializado en Economía, se ocupa de dicha sección en las emisoras francesas de radiotelevisión RTL y TF1. En los años 90 trabajó como jefe de redacción y director adjunto de la revista económica L´Expansion, así como en Enjeux-Les Échos, suplemento mensual del diario económico Les Échos, y La Tribune. Su último libro es Tordez le cou aux idées reçues.

Fuente:

Le Nouveau Magazine Littéraire, nº 10, octubre de 2018
Traducción: Lucas Antón (sinpermiso.info)

La banalización de la izquierda

Por Raúl Prada Alcoreza

El refrán que aprendí de mi padre es una verdad exagerada deja de ser verdadera; también se podría decir que una verdad exacerbada se convierte en una impostura. La paradójica historia de la izquierda parece corroborar ambos refranes. Sobre la base de la denuncia de la injusticia y su interpelación, la izquierda se presenta como alternativa de los condenados de la tierra, de los y las explotadas, de los y las discriminadas; es decir, sobre la base del reconocimiento y la descripción de la evidencia de la injusticia social, económica, política y cultural. Sin embargo, esta verdad histórica, social, económica y cultural ha sido inflamada de tal modo que la evidencia insoslayable se convierte en la premisa forzada de la proposición de que los condenados de la tierra y los y las explotadas requieren de voceros, intelectuales, ideólogos, vanguardias, que hablen por ellos y los representen, incluso que inoculen la consciencia de clase para sí. En otras palabras, se exige que los y las desposeídas y explotadas, las clases subalternas, elijan, como representantes del proletariado, en genérico, del pueblo, a los portavoces de la clase y del pueblo, que no necesariamente son proletarios o pobres, sino hombres esclarecidos en la lucha de clases. Esta sustitución política, que ya es una exageración, pues no se explica cómo intelectuales no proletarios pueden representar al proletariado; es el comienzo de la historia paradójica de la izquierda, es más, con el correr del tiempo, la historia de la banalización de la izquierda.

Hablamos de la historia política cuando la izquierda toma el poder, lo ejerce, los usa y termina siendo una maquinaria indispensable en la reproducción del poder. Hablamos de la historia cuando la izquierda llega a ser gobierno y ejerce, o trata de hacerlo, gubernamentalidad; por lo tanto, captura fuerzas y conduce fuerzas mediante los dispositivos institucionales. Entonces la izquierda ejerce el dominio sobre otros conjuntos de fuerzas; en otras palabras, domina, ejerce dominación. El problema se agrava cuando se ejerce la dominación contra el mismo proletariado, es más, contra el mismo pueblo, al que se dice liberar. Es cuando la verdad se exacerba convirtiéndose en una excusa para dominar a secas, para justificar la dominación ejercida, incluso, sin mucho miramiento, para justificar el nacimiento, enriquecimiento y consolidación de un nuevo estrato social privilegiado, la jerarquía burocrática, que ya no se distingue de la burguesía, salvo por los estilos y las premuras de un enriquecimiento exponencial.

El refrán que aprendí de mi padre es una verdad exagerada deja de ser verdadera; también se podría decir que una verdad exacerbada se convierte en una impostura. La paradójica historia de la izquierda parece corroborar ambos refranes. Sobre la base de la denuncia de la injusticia y su interpelación, la izquierda se presenta como alternativa de los condenados de la tierra, de los y las explotadas, de los y las discriminadas; es decir, sobre la base del reconocimiento y la descripción de la evidencia de la injusticia social, económica, política y cultural. Sin embargo, esta verdad histórica, social, económica y cultural ha sido inflamada de tal modo que la evidencia insoslayable se convierte en la premisa forzada de la proposición de que los condenados de la tierra y los y las explotadas requieren de voceros, intelectuales, ideólogos, vanguardias, que hablen por ellos y los representen, incluso que inoculen la consciencia de clase para sí. En otras palabras, se exige que los y las desposeídas y explotadas, las clases subalternas, elijan, como representantes del proletariado, en genérico, del pueblo, a los portavoces de la clase y del pueblo, que no necesariamente son proletarios o pobres, sino hombres esclarecidos en la lucha de clases. Esta sustitución política, que ya es una exageración, pues no se explica cómo intelectuales no proletarios pueden representar al proletariado; es el comienzo de la historia paradójica de la izquierda, es más, con el correr del tiempo, la historia de la banalización de la izquierda.

Hablamos de la historia política cuando la izquierda toma el poder, lo ejerce, los usa y termina siendo una maquinaria indispensable en la reproducción del poder. Hablamos de la historia cuando la izquierda llega a ser gobierno y ejerce, o trata de hacerlo, gubernamentalidad; por lo tanto, captura fuerzas y conduce fuerzas mediante los dispositivos institucionales. Entonces la izquierda ejerce el dominio sobre otros conjuntos de fuerzas; en otras palabras, domina, ejerce dominación. El problema se agrava cuando se ejerce la dominación contra el mismo proletariado, es más, contra el mismo pueblo, al que se dice liberar. Es cuando la verdad se exacerba convirtiéndose en una excusa para dominar a secas, para justificar la dominación ejercida, incluso, sin mucho miramiento, para justificar el nacimiento, enriquecimiento y consolidación de un nuevo estrato social privilegiado, la jerarquía burocrática, que ya no se distingue de la burguesía, salvo por los estilos y las premuras de un enriquecimiento exponencial.

La genealogía de esta izquierda en el poder la ha convertido, lo que era la convocatoria y el imaginario romántico de la rebelión, en una formación discursiva cuyos significantes se desligan de los significados que guarda la memoria de las luchas, cuyas significaciones ya son otras, mas bien, pragmáticas. La formación discursiva se vuelve fofa, es notoriamente recurrente y, por esa reiteración repetitiva se desgasta y cae en la letanía del aburrimiento. El discurso de izquierda ya no convoca, sino que sirve para mantener un sonido, el de la inercia. Se llega al extremo o al colmo que hombres que se reclaman de “izquierda” terminan haciendo lo mismo que los hombres tildados de “derecha”, incluso peor, lo mismo incrementado. En efecto, en estas condiciones ya no se puede distinguir qué es “izquierda” y qué es “derecha”. Salvo la procedencia de la acusación.

Cuando se han padecido estos gobiernos de “izquierda”, se puede sacar una conclusión práctica: la mejor propaganda para la “derecha” es esta “izquierda” en el gobierno. Esta “izquierda” gubernamental demuele la utopía romántica y el proyecto revolucionario. El vaciamiento de los contenidos es tan profundo que de la utopía no queda nada, salvo el borroso recuerdo de una ilusión adolescente; de la revolución y de lo revolucionario no queda nada, salvo fotografías del momento de entusiasmo de la rebelión social. Esto es como quedarse con las imágenes de las cenizas después del incendio social.

Los resultados electorales en Brasil dan un panorama extremadamente grave de la decadencia política; la decadencia política de la “izquierda”, que ha degrado al máximo el sentido de la revolución, independientemente que sea ésta una verdad histórica o no. Vació de todo contenido a la utopía emergida como proyecto de la sociedad alterativa. La gravedad de la situación radica, que el pueblo, no solamente desencantado del PT y de su líder sindical, sino avergonzado de haber tenido como representantes a una burguesía sindical financiera, embarcada en la extensiva red clientelar y prebendal en el país mais grande do mundo, empantanado en la galopante corrupción del Estado federativo y las empresas públicas. Esta experiencia política catastrófica llevo incluso a parte del pueblo a votar por un candidato que reúne todos los rasgos y características del conservadurismo más recalcitrante de la oligarquía café con leche y de la dictadura militar. El espectro anacrónico colonial que el mismo pueblo odia. Esto quiere decir que la atroz experiencia del PT en el gobierno ha demolido las capacidades de lucha, de autodeterminación y de movilización del pueblo. La derecha más ultramontana debe agradecer a Luiz Inácio Lula da Silva y a Dilma Rousseff, así como a sus gobiernos, por haber empujado al pueblo al desaliento y a la desolación política, como para que terminen, en plena crisis existencial, a votar por un candidato del fascismo criollo latinoamericano.

Si la experiencia de los “gobiernos progresistas” empuja al pueblo, en el momento de desolación, desesperanza y desencanto, a votar por un candidato recalcitrantemente conservador, la antípoda de lo nacional popular, quiere decir que el mejor camino a gobiernos de “derecha” son estos atajos de gobiernos de “izquierda”. Seguramente, como los ideólogos liberales se adelantaron, se llegue a afirmar que los gobiernos de “izquierda” demuestran la inviabilidad del “socialismo”. Añadiéndole, además, que no pueden instaurarse y gobernar sino como “dictadura”. Lo que no dicen estos ideólogos liberales, a quienes no les faltan argumentos descriptivos, aunque develen la ausencia de una explicación completa, es que la inviabilidad también se demuestra respecto a ideal liberal. El pragmatismo de los gobiernos liberales ha sacrificado el ideal liberal; en esto se parecen a los “gobiernos socialistas”, también pragmáticos, que han sacrificado el ideal socialista por transiciones dramáticas, que se asemejan a despotismos anacrónicos y a monarquías barrocas “socialistas”.

Si algo nos muestra el mundo de las mallas institucionales estatales es que lo ideal, producto de la razón, no cabe en este mundo pragmático, se trate de un “Estado liberal” o de un “Estado socialista”. Cuando aparecen estos termidorianos, que más se parecen a las versiones de cine del exterminador, ideólogos liberales e ideólogos socialistas se quedan asombrados, sin poder responder ni explicarse este fenómeno político del fascismo criollo, que irrumpe anacrónicamente en el escenario moderno. Esto parece que pasa en situaciones de profunda crisis institucional, ideológica, política y cultural. Cuando la promesa liberal del “desarrollo” no tiene asidero, tampoco la promesa de justicia social de la izquierda, cuando el pueblo, agobiado por la cruel realidad del ejercicio de poder, ya no quiere escuchar promesas y opta por la ausencia de las mismas, desesperado se lanza al apocalipsis, que considera como una catarsis del castigo cosmológico, quiere limpieza total.

Descripción de la primera vuelta electoral en Brasil

La BBC mundo hace un balance somero de los resultados de la votación de la primera vuelta electoral en Brasil. Vamos a acudir a este balance para partir de esta descripción y buscar interpretaciones de lo acontecido.

Una gran mancha verde con un reducto rojo y una anomalía amarilla.

Es una de las formas en las que se pueden analizar los resultados de la primera vuelta de las elecciones presidenciales de este domingo en Brasil, en las que el candidato de ultraderecha Jair Bolsonaro se hizo con más del 46% de los votos. El verde muestra los estados en los que ganó Bolsonaro y su partido, el PSL (Partido Social Liberal): un total de 17. Bolsonaro fue primero en 4 de las 5 regiones en las que se divide Brasil y se hubiera declarado ya presidente de Brasil si no fuera porque Fernando Haddad, candidato del izquierdista Partido de los Trabajadores, venció en 8 de los 9 estados de la región Nordeste del país y en Pará, en el norte.

Así, Nordeste se convirtió en el “último reducto de la izquierda”, tal y como destaca este lunes el diario brasileño O Globo. Gracias a ese apoyo, con el 29% de los votos Haddad disputará la segunda vuelta. Pero no lo tendrá fácil: solo aglutinando una gran coalición anti-Bolsonaro lograría vencer en esa segunda ronda, que se celebrará el 28 de octubre.

Brecha existente

A pesar del terremoto político que supone la victoria de un candidato calificado de racista, misógino y homófobo, y defensor de la dictadura militar que gobernó Brasil entre 1964 y 1985, la brecha territorial que muestran los resultados no es nueva, aunque se ha agudizado. Hasta 2002, la mayoría de los estados brasileños votaban de forma más homogénea. Pero a partir de 2006, cuando el entonces presidente Lula da Silva se presentaba a la reelección, las distintas regiones pasaron a votar con patrones diferentes. Ese año, el PT lideró en todo el Nordeste, parte de la región Norte, Minas Gerais y Río de Janeiro, entre otros. Por otro lado, el PSDB (El Partido de la Social Democracia Brasileña que en estos comicios obtuvo los peores resultados de la historia con el 4,7% de los votos) estaba entonces al frente de Sao Paulo, en el Centro-Oeste, y de parte de las regiones Sur y Norte. En líneas generales, ese patrón se mantuvo hasta el 2014. La principal diferencia con estos comicios fue la sustitución del PSDB por el PSL, al cual Jair Bolsonaro se afilió en el mes de marzo. Y el segundo cambio más importante fue la reducción del área de influencia del PT. En las elecciones de 2014, el partido de Lula da Silva, afectado por numerosos casos de corrupción, ganó en 15 estados. En 2010, fueron 18. En esta ocasión fueron solo 9.

Transferencia de votos

De esta forma, la gran mayoría de los votos a Bolsonaro fueron en las regiones del Sur y el Sudeste, donde viven el 58% de los electores. Pero sus resultados en la región Nordeste no fueron buenos. Allí, el exmilitar conquistó solo el 15% de los votos. Haddad, al contrario, se hizo con el 46% de sus votos en el Nordeste, más de lo que obtuvo en el Sur y en el Sudeste juntos, beneficiándose claramente de una transferencia de votos de Lula da Silva, primero, y Dilma Rousseff, después. “Durante el gobierno de Lula creció la economía, en parte por el boom de las materias primas en el mundo. Su gobierno creó algunos programas sociales centrados en los pobres, por ejemplo, para lidiar con el hambre, y creando más oportunidades para que pudieran llegar a la universidad”, asegura Adriano Brito, editor de BBC Brasil. “Algunas de las ciudades más pobres del país están en el Nordeste, así que algunos votantes se mantienen leales a Lula, a pesar de las acusaciones de corrupción”. Algunos medios brasileños señalan que, tras conocerse los resultados, grupos de Whatsapp y Facebook se llenaron de mensajes contra los habitantes del Nordeste, acusándolos de ser receptores de ayudas sociales y de trasladarse a otros estados para buscar trabajo. La anomalía amarilla refleja la victoria del candidato del centroizquierda Ciro Gomes en Ceará, su estado, donde ha sido gobernador él y también su hermano Cid Gomes[1].

El 46% de la votación para Jair Messias Bolsonaro habla de que la mayoría votó por este candidato, tipificado como de ultraderecha; que Fernando Haddad haya logrado el segundo lugar con el 29% es una derrota para el PT, que estuvo ganando las elecciones nacionales de una manera consecutiva. Si es cierto que la victoria de Bolsonaro no le alcanza para llegar al gobierno en la primera vuelta, que esta obligado a la concurrencia de una segunda vuelta, no se puede ocultar el sorprendente asenso de la votación del conservadurismo recalcitrante, asenso que implica, por lo menos, momentáneamente, ser la primera fuerza electoral. También es una derrota, esta vez catastrófica para el Partido de la Social Democracia Brasileña, que en estos comicios obtuvo los peores resultados de la historia con el 4,7% de los votos. Es decir, que no es tan objetivo decir que hay como una “polarización” de las tendencias políticas en el Brasil; lo que se observa, mas bien, es un dramático asenso de la “derecha” más conservadora brasilera y un retroceso notorio de la convocatoria del PT, incluso una abismal caída de lo que se puede calificar como centro político. Se evidencia una marcada derechización de la votación. Sin dar más vueltas, de una manera descriptiva se debería decir que se trata de una contundente victoria de la “derecha”, incluso de la “derecha” más recalcitrantemente conservadora. Aunque haya una segunda vuelta estos resultados no se borran, cualesquiera sean los resultados de la segunda vuelta.

Los análisis de izquierda, de los intelectuales de izquierda, de los progresistas, incluso las aseveraciones de parte de los medios de comunicación, que hacen patente su asombro, dejan mucho que desear. Ha ganado la “derecha” y ha sido derrotada la “izquierda”, aunque ésta sea una impostura política, como ya hicimos notar en anteriores ensayos. También ha sido derrotado el centro pragmático y oportunista, de “izquierda” y de “derecha”. En estas votaciones, prácticamente ha desaparecido el centro; lo que tenemos en el mapa político transversal es un desplazamiento del campo político hacia la “derecha” y un vaciamiento estadístico de la “izquierda”, que lucha por sobrevivir en el mapa político. Esta es la descripción de la que debemos partir para intentar un análisis de la situación y de la crisis política.

Bolsonaro fue primero en 4 de las 5 regiones en las que se divide Brasil, ganó en 17 estados; el Partido de los Trabajadores venció en 8 de los 9 estados de la región Nordeste del país y en Pará, en el norte. Geográficamente, la “derecha” domina la representación del espacio político del Estado Federal de Brasil. La “izquierda” se ha reducido al nordeste. Este es el dato de la geografía política del momento. No se puede eludir la derrota de la llamada “izquierda” ni por los resultados demográficos, ni por los resultados geográficos. Los analistas de izquierda creen que, con la relativización de los datos, por ejemplo, cuando se habla de “polarización”, se salvan de la flagrante derrota política. Antes dijimos que no hay peor defensa que evitar la crítica; podríamos añadir que no hay peor defensa que relativizar la derrota. Esta “izquierda” se expone, se hace más vulnerable, se prepara a construir nuevas derrotas.

Para la segunda vuelta el PT convoca a una alianza anti-fascista, quizás no solo de “izquierda”, sino también de centro, para ganar a Bolsonaro, dicen, para defender la “democracia”. El problema es que el PT es parte de la banalización de la izquierda, de la degradación del mito y el simbolismo cultural de la figura romántica de revolución. ¿Cómo pueden ser convincentes cuando hablan de “defender la democracia”? Si las prácticas de la burguesía sindical se han encargado de corroer la institucionalidad democrática formal. El llamado del PT es desesperado. ¿Cómo puede reclamarle al pueblo defender las conquistas del “proceso de cambio” cuando lo que han manifestado es la galopante corrupción, que ha carcomido la fortaleza del partido de masa de los trabajadores, es más, del Movimiento sin Tierra, el movimiento campesino más grande del mundo, una sociedad alternativa dentro de la sociedad brasilera? Parte del pueblo considera, lo ha dicho, que ha dado un voto castigo al PT, precisamente porque dice que no quiere votar por la corrupción. Logren o no esa alianza anti-fascista para enfrentar a Bolsonaro en la segunda vuelta, lo ineludible es que el PT, en las gestiones del “gobierno progresista”, ha castrado las capacidades de lucha del pueblo, ha debilitado las fuerzas de la multitud, que apostaron, a través de la movilización y la convocatoria social, a la alternativa democrática de justicia social.

Si bien puede ser cierto que la victoria de la ultra-derecha es momentánea, que se debe a la crisis política y del Estado-nación, a la que arrastró la burguesía sindical y sus prácticas prebéndales, además del desenvolvimiento de la formación de un nuevo estrato, sindical, de la burguesía brasilera, coaligada con el capital financiero y con el capitalismo extractivista, a pesar de las tres revoluciones económicas, la industrial, la tecnológica-científica, la cibernética, lo que no se puede eludir es que esta práctica de gobierno, este ejercicio del poder, por parte del PT, ha demolido a las fuerzas populares, por lo menos en las coyunturas del presente. Rearmar al bloque social no implica, ni mucho menos, conformar una alianza anti-fascista electoral, lo que de por sí es una caricatura política para enfrentar la derrota de la forma de gubernamentalidad populista, progresista y clientelar, al avance convocativo de la “derecha” puritana, sobre todo a la reorganización política de la ultra-derecha, no solo en el Brasil, sino en el mundo.

Ciertamente sería inútil intentar convencer a la “izquierda”, embarcada en esta simulación revolucionaria de los “gobiernos progresistas”, sobre la necesidad de una autocrítica y una evaluación crítica de lo acontecido; sería una perdida de tiempo, pues esta “izquierda” se encuentra atrapada en la perspectiva ideológica, convencida de su verdad. Cuando se trata de explicar sus derrotas acude a las teorías de la conspiración, elementales esquematismos basados en la simpleza dualista del amigo y enemigo, esquematismo que se convierte en el dualismo grosero del bueno y el malo. No es pues con esta “izquierda” con la que hay que comunicarse, que forma parte de los dispositivos del círculo vicioso del poder, aunque sean una versión del discurso de la justicia social, que pretende contrastarse con el discurso “técnico” neoliberal del mismo círculo vicioso del poder. La urgente comunicación es con las multitudes que conforman el pueblo, en sus complejas dinámicas sociales. De lo que se trata es de activar la potencia social, la potencia creativa de la vida.

Notas

[1] Leer Brasil: el mapa que muestra la división política del país en dos (y el único estado donde no ganaron ni Bolsonaro ni Haddad).

https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-45787273.

Silvia Federici: “El feminismo debe dar una respuesta contundente a esta nueva caza de brujas que es parte del programa de las agencias internacionales”

Por Valeria Scardino y Verónica Ferrucci para La tinta

“Necesitamos capacidad de construir redes de apoyo y de defensa, de conocimientos; son necesarias formas de organización en función de la defensa sino, no hay posibilidad de lucha o las posibilidades de lucha son muy reducidas”.
Silvia Federici

En el marco del Diplomado Repensándonos desde la economía feminista emancipadora organizado por el Centro de Estudios Superiores de México y Centroamérica, la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas y el grupo de trabajo CLACSO Economía Feminista Emancipatoria en San Cristóbal de las Casas, México; la escritora y activista feminista Silvia Federicidictó el seminario: “Una mirada feminista sobre el imperio global norteamericano”. La semana entrante estará realizando charlas en Argentina, pero aprovechamos la oportunidad para conversar con ella sobre algunas preocupaciones de la realidad de Argentina y la Región.

—En función de tus análisis sobre los ajustes estructurales y el FMI como instrumento de los mismos, ¿cómo crees que va a impactar el nuevo acuerdo con Argentina en la vida de las mujeres?

—Tenemos un montón de evidencias que muestran que la Política de la Austeridad que el FMI ha impuesto por décadas a gran parte de la población del mundo, sobre todo a los países que salían del colonialismo, ha impactado en mayor medida en las mujeres, porque con la intensificación del trabajo han intentado reabsorber la crisis de la reproducción de sus familias y sus comunidades. La suba de los precios significa más trabajo para la mujer, buscar lugares donde los precios son más bajos para compensar lo que no pueden comprar.

La política de imponer la privatización, dar acceso al agronegocio y a las compañías mineras extractivistas, se transforma no solo en un deterioro del medio ambiente, sino en más trabajo y preocupación en las mujeres para garantizar un poco de seguridad a su familia. La baja en los salarios y el empleo, significó que muchísimas mujeres tengan la necesidad de migrar, con los peligros que eso implica, o la necesidad de buscar otro trabajo fuera de la casa, en empleos informales que han incrementado su riesgo porque están todo el día en la calle, expuestas a la competencia de otros vendedores, enfrentándose a la policía. Sin dudas ha incrementado la violencia contra las mujeres, y por eso, yo creo que las mujeres tienen un compromiso más fuerte en la lucha contra estas agencias internacionales representantes del capital internacional que están empobreciendo el mundo, que crean un mundo dominado para la violencia y donde no dejan posibilidades de planear un futuro, obligando a una vida consumada en el trabajo.

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(Imagen: Nacho Yuchark para lavaca)

—En este contexto de ajuste neoliberal, también se está dando el avance de los fundamentalismos religiosos en América del sur; ¿qué lectura hacés de esto, sobre todo en Argentina, que tanto desde la Iglesia Católica como desde las Iglesias Evangélicas, en los últimos tiempos vienen sosteniendo campañas y movimientos como “con mis hijos no te metas” o “salvemos las dos vidas”?

—Es clara la inversión y la expansión de las sectas pentecostales en cualquier parte del mundo, en el marco de la política de la globalización. Es preocupante cómo la expansión de la relación capitalista, la utilización de las medidas de producción, el extractivismo y la política de la austeridad ha sido aplicada en diferentes partes del mundo, conjuntamente con la llegada de fundamentalistas; yo lo llamo una inversión, que nos recuerda los misioneros que acompañaron la primera conquista. Han servido para dividir, para canalizar la energía de la protesta, para poder controlarla, para dividir las comunidades, diciendo: “Si tú eres pobre, lo eres porque alguna/o está conspirando en tu comunidad, está Satanás, está el pecado”. Proponen una versión neoliberal calvinista que dice que todos somos pecadores, han introducido de nuevo la imagen de Satanás, del infierno, de que somos pecadores, creando divisiones, también con el poder del dinero porque llegaban a comunidades que se estaban desestructurando por el extractivismo, por la política de la austeridad, donde la solidaridad estaba disminuyendo y ellos traían una visión muy fea de que son los seres humanos y las relaciones sociales lo que lo generó, sembrando sospechas, criminalizando formas de conductas muy cotidianas y tradicionales, como por ejemplo las varias formas de actividades que las mujeres curanderas han hecho a lo largo del tiempo. En algunas comunidades de aquí ya se dice “somos tan pobres que tenemos una maldición”, no se dice “es por el fondo monetario”, “es por la mina”; se dice “es una maldición” y acusan a personas de ser satánicas.

Estas actividades de las sectas fundamentalistas son parte integrante de las políticas neoliberales, dividen a la gente, ocultan los problemas reales con el discurso del pecado. Esta inversión de la secta pentecostal ha sido muy planeada, programada y manipulada desde arriba, por ejemplo, es clara la complicidad y la intervención de grupos políticos de la derecha de los Estados Unidos, los primeros fundamentalistas, las primeras sectas que llegaban a África y a Latinoamérica, llegaban directamente de Washington como parte de un proyecto político, como siempre he dicho en mi trabajo, no es suficiente desplazar a la gente; junto con el desplazamiento es necesario sembrar una ideología que paralice, que divida, que bloquee la protesta. El uso de la religión ha sido muy eficaz; es el mismo discurso ya sea la Iglesia Católica o la iglesia que sea, han comprendido que la religión es fundamental para disciplinar a las mujeres, su cuerpo, su sexualidad, por la disciplina general de la sociedad, por el trabajo, quién puede reproducirse y quién no, cómo y en cuál manera, su sexualidad es la forma de ser autónoma o no serlo, servir a los hombres o no hacerlo. La religión crea toda una disciplina para la mujer que es también una disciplina laboral, que sirve para la organización capitalista que incrementa la ganancia, la capacidad de imponer un régimen de trabajo siempre más intenso.

La denuncia de esta forma de control sobre las mujeres, de esta ideología, de la práctica que están armando, debe ser parte importante de la agenda feminista; estudiar cómo se están organizando, dónde y de qué forma. Yo he empezado a estudiar estas prácticas de las sectas pentecostales a partir de mi experiencia en África, particularmente en Nigeria, pero también he visto que en otras partes de África, siempre con la llegada de estas sectas fundamentalistas, empezaba una nueva persecución de mujeres acusadas de ser brujas. Se habla hoy de miles y miles de mujeres quemadas por ser “brujas”. Yo he escrito un artículo en 2008 Globalización, Caza de brujas y solidaridad feminista en el África de hoy, que da una visión general de esta nueva caza de brujas en África y en India, pero hoy me sigue preocupando que esta caza de brujas se está expandiendo, ya hay casos en América Latina, de mujeres acusadas porque son curanderas, como me han comentado unas compañeras.


Estos fundamentalismos religiosos no son la causa principal, son un instrumento de un proyecto político del despojo, de la privatización, del control siempre más expandido, de las corporaciones, del bissness, sobre la naturaleza, los bosques, medidas para parar la lucha, para dividir la gente, para que se maten unos con otros, se acusen unos con otros, todavía tiene un papel importante. Es parte de una agenda internacional, es un continuo, es la forma más contundente de toda una política, que en Argentina llega con la discusión del aborto, es muy importante denunciar que estos movimientos religiosos no se preocupan por la mujer, se preocupan del feto, de la vida solo cuando está en el vientre de la mujer, porque no les cuesta nada preocuparse, y usan esta preocupación para disciplinar a las mujeres. No les importa nada la vida de nuestros hijos e hijas, cuando el gobierno de la Argentina desvaloriza la moneda un 40%, entonces: ¿qué van a comer estos niños/as? ¿qué es la defensa de la vida? Se debe denunciar a esta iglesia pedófila, no tienen ninguna legitimidad esta jerarquía de hombres potentes y perversos, que desde el medioevo hasta ahora, han sido la piedra fundante del sistema feudal y capitalista.


—A propósito del W20 que se realizó en Argentina, ¿se puede pensar en un feminismo de Estado que busca instrumentalizar la potencia de los feminismos autónomos, anticoloniales y anticapitalistas de la Región?

—El capitalismo en el tiempo debe armar estrategias diferentes, darle al viejo sistema de explotación una nueva cara, esperando engañar a la gente; el ajuste estructural, el NAFTA, la guerra contra la droga ninguna es bastante, la gente se organiza y protesta. La idea de la emprenditorialidad es una continuación y una repetición de lo que han hecho las Naciones Unidas, de entrampar a las mujeres con ciertas imágenes; hace tiempo era la emancipación, ahora el emprendedurismo. La supuesta emancipación ha significado el involucramiento de las mujeres en empleos en miles de maquilas que destruyen su cuerpo, sus relaciones sociales, su vida; la política de austeridad, es una vida sin futuro. Y ahora la emprenditorialidad para la mayoría de las mujeres significa endeudarse, encarcelarse en el microcrédito que no solamente no te hace emprendedora y te endeuda, sino que es una medida para separar las mujeres de la tierra. Es otra forma de privatizar la tierra, una trampa, salvo para una minoría de mujeres que son ricas y que tienen acceso al capital, y es por lo tanto, una forma de promover la mujer como capitalista, como explotadoras de otras mujeres.

Esta es la empresa de hoy y no tiene nada de positivo para nosotras, es una trampa que crea nuevas formas de violencias, por ejemplo; cuando se da un crédito a un grupo de mujeres y una no puede pagar, donde antes existían redes de solidaridad, ahora se crean sospechas, actitudes de policía porque saben que si tu no pagas, debo pagar yo, y esto es una forma de romper las redes de solidaridad que existen en los pueblos entre las mujeres, se siembra una dinámica perversa, que individualiza.

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(Imagen: Rebelarte)

—Paralelamente con este adverso contexto político, económico y social en América del Sur se da el crecimiento del movimiento feminista en Argentina con la lucha por el aborto legal, las feministas universitarias en Chile y recientemente el movimiento de mujeres Ele Nao en Brasil, con una nueva emergencia multitudinaria de mujeres en las calles ¿Qué lecturas haces de estas nuevas emergencias en este contexto y cuáles son los principales desafíos?

—La lucha de las mujeres en América del Sur desafortunadamente, se está desplegando con un incremento de la violencia y matanzas, como el caso de Marielle Franco, que ahora han amenazado a su esposa y madre y a otras compañeras porque saben que son mujeres muy poderosas, tienen miedo de las mujeres, es una caza de mujeres que va a ser larga, saben que las mujeres somos la primera línea y por eso nos matan.

El movimiento de mujeres está siendo cada vez más fuerte, y se está dando cada vez en más lugares de intervención, el caso de la escuela media es fundamental, o como en Chile en particular, que tiene toda una Historia increíble de lucha en las universidades, y es importante la denuncia sobre el acoso sexual en las universidades, porque no solo las maquilas o las calles son un lugares de acoso sexual, la universidad también lo es.

Por otro lado, la lucha por el aborto es importante, pero también se debe añadir la reivindicación que las mujeres puedan tener las condiciones materiales necesarias para tener hijos/as, si así lo quieren. Muchas veces lo he dicho, uno de los errores del movimiento feminista de los Estados Unidos ha sido el de presentar el aborto como el control sobre nuestro cuerpo sin ver que al mismo tiempo, muchísimas mujeres estaban siendo esterilizadas; en las cárceles, en los hospitales estaban cortando todas las posibilidades de estar en la casa criando a sus hijos, o de tener sus hijos/as. Al mismo tiempo que se niega el aborto, se niega la maternidad por la falta de recursos, por la esterilización, porque la obligan prácticamente a dar en adopción por situaciones de empobrecimiento y la maternidad subrogada. En Estados Unidos como respuesta al movimiento por el aborto, en el fin de los años 70 hubo una protesta de mujeres afros, creando un nuevo movimiento por la justicia reproductiva, no podemos pensar en el control sin al mismo tiempo cambiar las condiciones materiales, que nos permiten si queremos, tener hijos e hijas, para la mujer de color, para las mujeres esclavizadas siempre reproducir la vida ha sido hostigado, a la mujer esclava no le permitían ser madre.

Es muy importante la reproducción de la construcción del tejido social fuerte, solidario donde las mujeres se abren con otras mujeres, se comunican y no se encierran en sí mismas, en sus problemas, en sus miedos, porque es fundamental la capacidad de construir redes de apoyo de defensa, de conocimientos; si algo te pasa, las otras se mueven y te mueven. Son necesarias formas de organización en función de la defensa sino, no hay posibilidad de lucha o las posibilidades de lucha son muy reducidas.

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(Imagen: Nacho Yuchark para lavaca)

*Por Valeria Scardino y Verónica Ferrucci para La tinta.

Dentro de las redes del fascismo: dos semanas entre los grupos de Whatsapp de votantes de Bolsonaro

Por Sebastián Valdomir

A diez días para la segunda vuelta de las elecciones en Brasil, se divulgaron algunos detalles de la estrategia y funcionamiento de los grupos de mensajería digital de la campaña de Jair Bolsonaro. El tema ya venía siendo ubicado como pieza relevante de su campaña por algunos analistas políticos y de comunicación en medios escritos, pero sin mayores repercusiones. Este miércoles The New York Times publicó una columna sobre el funcionamiento de la divulgación masiva de contenidos falsos por grupos de mensajería, y finalmente el jueves el diario Folha de Sao Paulo le dio cobertura a la conexión entre empresas y financiamiento de la estrategia de divulgación de noticias falsas.

Llamar ahora la atención sobre el tema no es menor. Pero la reacción ante su incidencia en el proceso electoral llega demasiado tarde, sobre todo porque se trata de una estrategia que se viene implementando por lo menos desde hace tres años.

Ingresar a los grupos de Whatsapp y Telegram de Bolsonaro no es difícil. Sobre todo en los que fueron activados para la segunda vuelta y que tuvieron como eje la agitación digital en los estados y ciudades del nordeste donde el candidato perdió contra Fernando Haddad en la primera vuelta.

Uno de los grupos a los que ingresé fue creado en enero de 2017, es decir, un año y medio antes de estas elecciones. Otro, en este caso de Telegram, tuvo una media de 8.400 mensajes diarios, con 3.500 miembros estables. A partir de los resultados de la primera vuelta del 7 de octubre, cuando se confirmó que el nordeste fue la región en donde más se resistió el embate de Bolsonaro, se pudo monitorear por lo menos 26 grupos de Whatsapp, atendiendo diferentes estados y puntos urbanos de esa región. Como Whatsapp tiene un límite relativamente pequeño de integrantes por grupo, los activistas los segmentaron hasta generar centenares de nuevos grupos. Además, pasaron a emplear Telegram, que permite armar mega grupos con varios miles de usuarios.

Es importante tener claro que la etapa de rápida masificación de la estrategia de mensajería de Bolsonaro está bastante alejada en el tiempo de la etapa de implantación de la estrategia. Todo indica que el inicio del trabajo de generación de contenidos coincide en el tiempo con hechos como las movilizaciones de 2015 en paralelo al proceso de impeachment a Dilma Rousseff, el transcurso de la investigación Lava Jato y la huelga de camioneros.

Es decir, primero hubo un aprovechamiento de los grupos de mensajería en teoría “no políticos” pero que estaban fuertemente activados en demandas o campañas de movilización contra el gobierno, para transmitir un mensaje de descontento político. Una vez instalado el proceso electoral, la “migración” desde esos grupos “no políticos” a grupos de apoyo a Bolsonaro fue casi instantánea.

La estrategia les dio buenos resultados. Luego del ataque con una puñalada en Juiz de Fora, Bolsonaro no participó en actividades urbanas. Si se considera, además, que el candidato casi no tuvo presencia en el horario electoral asignado en televisión abierta, y se compara su rendimiento del 7 de octubre con el de Geraldo Alckmin, del Partido de la Social Democracia Brasileña, que tuvo la segunda mayor asignación de minutos en el horario electoral, el contraste no puede ser más chocante. La decisión de no utilizar la mediación de los canales tradicionales para transmitir su mensaje le generó innumerables beneficios al candidato del Partido Social Liberal. Pero para que ello fuera posible, estos dispositivos debieron ser desarrollados con mucho tiempo de antelación respecto al momento específico de las elecciones.

¿Lo peor es que sea fake?

La reacción de los últimos días en Brasil apunta que estos canales se utilizan para diseminar contenidos falsos y fake news. Sin embargo, el problema mayor no es este. En general, la izquierda –y tampoco especialistas de comunicación política, académicos o periodistas– no tiene muy claro dónde radica lo más grave del asunto. Un análisis del funcionamiento y de los diferentes tipos de mensajes pueden dar algunas pistas, pero hay que tener claro que sólo eso no proporciona mayor información sobre lo que está detrás de la estructura de emisores, receptores y mensajes.

Los grupos vistos en las últimas semanas son más que nada espacios de agitación y difusión de memes, videos variados (que van desde los tópicos clásicos del “marxismo cultural”, la Escuela de Frankfurt y el psicoanálisis hasta consejos de “supervivencia urbana”) y propagación de consignas. Una menor cantidad de mensajes refieren a posteos más “clásicos” con comentarios o análisis de una nota, la campaña en general, propuestas de los candidatos, etcétera. Algunos grupos especializados en debates evitan los videos y las imágenes y se centran en pulir frases para los diferentes temas de la campaña electoral, y en cómo rebatir argumentos de otras personas.

Entre los centenares de mensajes diarios, se pueden identificar patrones de organización bastante sencillos, así como los roles que juegan algunos usuarios que pasan de ser simples adherentes. Con relación a lo primero, usualmente los grupos amplifican los mensajes de tipo “Tarea del día”, que indican alguna acción digital concreta para realizar de forma bastante simple y automática luego de que llega el mensaje. Por ejemplo, una de ellas era ingresar al sitio del Senado y cliquear en la opción de “Plebiscitar la revocación del Estatuto de Desarme Civil”. El resultado a las pocas horas fue medio millón de votos por el “Sí”. Y así, muchas otras “tareas”, como reenviar videos a los contactos particulares, intervenir en discusiones en Twitter o Facebook, hostigar a algún analista “del otro bando”.

Los mensajes, en general, tratan de ser muy sencillos. Sin embargo, no es el contenido del mensaje en sí lo que resalta, sino la rapidez con que se plantean respuestas ante los temas del día o incluso, de momentos exactos. Otro aspecto es que en casi ningún caso se trata de construir argumentos para una discusión racional, sino de un énfasis en la repetición, la instantaneidad y las respuestas preelaboradas, lo que indica una lógica instrumental pero no comunicativa.

El hecho en sí termina constituyendo un hecho comunicativo, pero no la lógica detrás del funcionamiento de estos dispositivos de respuesta rápida. Lo más creíble no es lo más divulgado ni aceptado. Mensajes absurdos –cuando no directamente grotescos– dan paso a múltiples respuestas y reacciones que preparan a los usuarios para eventuales interacciones cuando son reenviados a otros grupos que funcionan en la periferia de la política (grupos familiares, de amigos, en el trabajo, etcétera).

No existe posibilidad alguna de establecer un canal de diálogo por fuera de toda esa racionalidad instrumental. Muchos videos comienzan con la muletilla de reconocer el derecho a cada uno de elegir su candidato, para luego dar paso a la seguidilla de que optar por Haddad es darle el voto a un payaso que defiende bandidos y, por ello, quien lo defienda es otro bandido, un gay, una puta o un cínico, en los tonos más despectivos e insultantes posibles. El interés mayor no es convencer al otro, sino derrotarlo. Todo en 15 segundos de tensión y aceleración total.

El eje no parece estar planteado entre lo verdadero y lo falso, sino entre la adhesión y el rechazo, entre la aceptación y el odio. Lo importante es que la máquina funcione y no tanto lo que produzca.

Aunque Bolsonaro no puede jactarse de su productividad a lo largo de su carrera como parlamentario, en junio de 2017 presentó dos proyectos relacionados al uso de Whatsapp. Uno de ellos era una enmienda constitucional que apuntaba a agregar un inciso al artículo 102, indicando que el uso de servicios de mensajería, como la mencionada, solamente podía ser limitado por una decisión del Supremo Tribunal Federal, y no por jueces de primera o segunda instancia.

Frenar un dispositivo tecnológico puntual no resolverá el problema, porque como se ha mencionado, existen varios más para cumplir su función. El estudio de los mensajes analizados por The New York Times estimaba que 56% de los contenidos más compartidos analizados eran engañosos. Poner el acento sobre un contenido en particular –falso o no–, no modificará la esencia del problema.

Hubo fraude, hay fraude, habrá fraude

Llama la atención cómo los adherentes y miembros del “movimiento” comparten la idea que todo el sistema político, el conjunto de actores políticos y diferentes instituciones –incluido el Tribunal Electoral– están contra Bolsonaro. Se engaña el que piensa que solamente hay críticas a los llamados esquerdópatas –izquierdistas afines al Partido de los Trabajadores (PT), al Partido Comunista, a Lula; en Uruguay el término que se le asemeja es el de focas, con el que se procura ridiculizar a los adherentes del Frente Amplio–, sino también a figuras de partidos tradicionales de la centro-derecha brasileña como Fernando Henrique Cardoso o José Serra. Otro foco de crítica es la cobertura que hacen de Bolsonaro los medios de prensa escrita (sobre todo Folha de São Paulo), pero también la cadena Globo de televisión y la iglesia católica.

Este abanico le termina impregnando a todo el asunto un carácter de gesta, de rebelión brutal contra el status quo. La interacción no deja de ser un tránsito entre la tragedia, bajezas repugnantes y caricaturas de debates extremadamente serios. Armas, aborto, anticomunismo ferviente, el reconocimiento de derechos para personas LGBT, todo pasa por el tamiz de un sentido de urgencias, de un “esto no da para más” más impostado que verosímil.

Más fingido incluso es el “hacer de cuenta” que pueda ser cierto que si no gana Bolsonaro solamente se deberá al fraude del PT y no a la unificación de todo un espectro democrático para frenar el fascismo. Brasil es demasiado festivo como para el “que se vayan todos” pero está expresando de esta manera que si no gana Bolsonaro el caos será el titular del día siguiente.

En los diferentes grupos, la reacción a la denuncia de las notas mencionadas fue de épica: el bolsonarismo inquietando a los medios más influyentes del mundo. En definitiva, terminó reforzando el mecanismo de “todos contra nosotros” y la idea de que, con los celulares como única herramienta, “el pueblo está bancando la campaña del Capitão”.

El resultado de la segunda vuelta no alterará en lo fundamental estos vasos comunicantes de una porción significativa de la sociedad brasileña. Tampoco alterará la composición del Congreso. Después de todo, las corporaciones más importantes de la estructura económica y social de Brasil reforzaron su presencia en el Parlamento. Las bancadas religiosas, militares, de ex policías y del agronegocio podrán imponer al próximo gobierno sus líneas sin grandes dificultades. Proyectos como el régimen penal para menores infractores, la liberación del porte de armas, el fin de demarcación de tierras para comunidades indígenas, negras y campesinas, podrán ser impuestos como moneda de cambio entre el próximo Ejecutivo y el Congreso.

En los grupos se expresa lo más superficial de esos temas; de hecho llama la atención la marginalidad de lo económico y lo laboral entre los miles de mensajes cruzados. Nadie habla de la crisis económica o del recorte del gasto público para políticas sociales o de la reforma laboral implantada por el gobierno de Temer.

Tal vez sea demasiado pronto para afirmar que las redes sociales cambiaron la política para siempre, tal como dijo recientemente José Roberto De Toledo, un periodista de la Revista Piauí, cuando dijo que “Whatsapp es el cementerio de la democracia”. Lo que sí parece claro es que salir ahora a las apuradas a intentar contener el impacto no tiene mayor sentido. Incluso hablar de este tema en este tramo de la campaña también puede tener un efecto de cáscara de banana para lo que resta del sistema político democrático.

De hecho, como si fuera una macabra bienvenida al mundo del bolsonarismo, otros temas muy importantes denunciados esta semana quedaron tapados, como la denuncia publicada en Carta Capital el pasado lunes, sobre la interceptación y seguimiento del equipo de campaña de Haddad por un sector de la inteligencia del Ejército.

Para muestra…

“Comenzó la represión en Whatsapp!, Comenzó la Censura general en internet, Flavio Bolsonaro se encuentra impedido de utilizar la red! Su número +552199548-9280 está impedido de registrarse en Whatsapp. Divulguen”

“Es así, gente, ellos están apelando a todo. Mi Dios, eso es alarmante. Régimen totalitario es lo que ya vivimos!”

“Los comunistas petistas y psolistas revelan su vocación para la censura y el cercenamiento de las libertades individuales”

“Fascismo mata? Sí. Racismo mata? Sí. Machismo mata? Sí. Homofóbia mata? Sí. Xenofobia mata? Sí. Pero tu ignorancia disfrazada de pseudo intelectualidad histórica como justificación para votar en partido de bandidos mata mucho más”

“Solicitar el bloqueo de Whatsapp fue la mayor estupidez electoral en la historia política brasilera. #VeASerBurrodeEsaFormaaVenezuela”

“Amigos, precisamos de gente en este grupo para reclutar nuevos bolsonaristas @haddadvsbolsonaro”

“Video DENUNCIA GRAVÍSIMA!! PT planea armar un atentado a Haddad en las vísperas de las elecciones. Este es el nuevo golpe del PT. https://deusacimadetodos.com/”

“Para interactuar con personas en búsqueda conocimientos y habilidades de sobrevivencia urbana y rural con la llegada del posible CAOS si la IZQUIERDA gana la elecciones de manera fraudulenta, ingresar al grupo”

“Grupo Whatsapp para Denuncias (43) 99644-9099. Envíe videos y fotos de abusos políticos en su Parroquia! -Reenvíen este video para que todas las personas que vayan mañana a misa por el día de Nuestra Señora Aparecida denuncien a curas y obispos y quienes vayan a hacer campaña por el PT”

“Atención, Católicos, denuncien padres que usen la maquinaria de la Iglesia para hablar de política. Filmar el hecho es importante para realizar la denuncia.”

“Cuando uno piensa que el PT ya no tiene más nada para robar, el viene y le roba los colores de la campaña a Bolsonaro”.

“Feliz Día del Niño, en especial a aquellos que van a nacer. Aquí no abortamos el futuro de una Nación”

“¿Será que Trump viene a la asunción de Bolsonaro?”

“Hoy refuté (con argumentos) a un colega que dijo que Bolsonaro era racista. Él se basó en aquella entrevista en CQC –respondiendo a la pregunta capciosa– de la negra Gil. Argumenté que Bolsonaro pidió la grabación original para probar que el programa había manipulado el orden de las respuestas. Que Dios nos bendiga en esta lucha que enfrentamos”

“Patriotas! Vamos a garantizar un gobierno anti comunista en 2019. En el día de la Elección, vote y permanezca próximo al local de votación hasta la difusión de los resultados. Estén preparados para parar indefinidamente el país en todas las 5570 ciudades. Bolsonaro solamente no será ganador de estas elecciones si hay fraude. Resistencia Patriótica Brasilera. Dios, Familia y Patria con Orden y Progreso”

“El infierno está delante de tus ojos: LUla CIro FERnando Y nos va a reinar si tú lo permites”

“Están queriendo implantar el Día de Marielle. Si Bolsonaro hubiera muerto nosotros también deberíamos exigir el día de Bolsonaro. Él si lo merece y ella no. Solo por ser negra, pobre y de favela. Pobre no, era concejal y ya gana bien“

“Haddad tiene que entender que Brasil quiere a Bolsonaro y nada que él haga va a cambiar eso… Solo culpa a las redes sociales siendo que detrás de las redes sociales existe una persona, un elector, un ser humano buscando cambios. Mi sueño es encontrar a Haddad de frente…”

Fuente: https://findesemana.ladiaria.com.uy/articulo/2018/10/dentro-de-las-redes-del-fascismo-dos-semanas-entre-los-grupos-de-whatsapp-de-votantes-de-bolsonaro/?display=amp