El plan de rescate estadounidense como teoría económica

Por J. W. Mason

Bueno, ha ocurrido esto.

Hay quienes se sienten frustrados por la renuncia al salario mínimo, la reducción del seguro de desempleo, la desgravación fiscal por hijo que debería haber sido una ayuda universal por hijo, el hecho de que la mayoría de las cosas buenas se eliminen gradualmente en los próximos uno o dos años.

Del otro lado están los que lo ven como una ruptura decisiva con el neoliberalismo. Tanto el gobierno de Clinton como el de Obama entraron en funciones con ambiciosos planes de gasto, para luego abandonarlos o reducirlos drásticamente (respectivamente), y adoptar en su lugar una política de austeridad y reducción del déficit. Desde este punto de vista, el hecho de que el gobierno de Biden no sólo haya conseguido impulsar un aumento del gasto público cercano al 10% del PIB, sino que lo haya hecho sin ninguna promesa de reducción del déficit a largo plazo, sugiere un cambio fundamental.

Personalmente, comparto esta segunda perspectiva. Me sorprenden menos las formas en que se recortó el proyecto de ley que la profundidad con la que rompe con el modelo Clinton-Obama. El hecho de que personas como Lawrence Summers hayan sido ignoradas en favor de progresistas como Heather Boushey y Jared Bernstein, y que los halcones del déficit como el Comité para un Presupuesto Federal Responsable hayan quedado gritando irrelevantemente desde los márgenes, no es sólo gratificante como espectáculo. Sugiere un gran movimiento en el centro de gravedad de los debates de política económica.

Realmente parece que, en las grandes cuestiones macroeconómicas, nuestro lado está ganando.

Para que quede claro, el proyecto de ley no se aprobó porque algunos economistas argumentaran convencieran a otros economistas. Fue un resultado político impulsado por las condiciones y el trabajo político. Lo más evidente es que es difícil imaginar este gobierno de Biden sin las dos campañas de Sanders que lo precedieron. (En el discurso del presidente tras la firma de la ley, Bernie fue la primera persona a la que se atribuyó el mérito). Si es cierto, como se ha informado, que Schumer mantuvo la ampliación de las prestaciones de desempleo en el proyecto de ley sólo por amenazar a Manchin de que la cosa no se aprobaría en la Cámara sin ellas, entonces la Escuadra también merece mucho crédito.

Aun así, desde mi rincón parroquial, es interesante pensar en la teoría económica que implica el proyecto de ley. Implícitamente, me parece, representa una gran ruptura con la ortodoxia imperante.

Durante la última generación, los debates sobre política macroeconómica se han basado en una especie de catecismo de libro de texto que dice algo así: “A largo plazo, el PIB potencial crece a un ritmo basado en factores del lado de la oferta: demografía, crecimiento tecnológico y cualquier institución que pensemos que influye en la inversión y la participación de la población activa. A corto plazo, hay acontecimientos aleatorios que pueden hacer que el gasto real se desvíe del potencial, lo que se reflejará en una mayor o menor tasa de inflación. Estas fluctuaciones son más o menos simétricas, tanto en frecuencia como en coste. La labor del banco central es ajustar los tipos de interés para minimizar la magnitud de estas desviaciones. La mejor medida a corto plazo de lo cerca que está la economía de su potencial es la tasa de desempleo; en cualquier momento, hay un nivel mínimo de desempleo compatible con la estabilidad de los precios. Suavizar estas fluctuaciones tiene beneficios reales a corto plazo, pero ningún efecto sobre el crecimiento a largo plazo. El equilibrio presupuestario del gobierno, por su parte, no debe utilizarse para estabilizar la demanda, sino que debe mantenerse a un nivel que garantice una ratio de deuda estable o decreciente; los grandes déficits fiscales pueden ser muy costosos. Por último, aunque puede ser necesario estabilizar el gasto global de la economía, esto debe hacerse de forma que se minimicen las «distorsiones» del patrón de actividad económica y, en particular, que no se reduzca el incentivo al trabajo.”

Los debates políticos -aunque no los libros de texto- se han alejado de este catecismo durante un tiempo. La Nueva Visión de la Política Fiscal de Jason Furman es un ejemplo que señalo a menudo; también se puede ver en muchas declaraciones de Powell y otros funcionarios de la Fed, como he comentado aquíy aquí. Pero estas, obviamente, son sólo declaraciones. El tamaño y el diseño de ARPA es un rechazo más consecuente de este catecismo. Sin ser descrito como tal, es un reconocimiento decisivo de media docena de puntos que los que estamos en el lado izquierdo del debate macroeconómico hemos estado haciendo durante años.

1. La tasa oficial de desempleo siempre es una guía poco fiable del verdadero grado de holgura del mercado laboral y especialmente en las recesiones. La mayor parte del movimiento de entrada y salida del empleo corresponde a personas que no se cuentan oficialmente como desempleadas. Para evaluar la holgura del mercado de trabajo también deberíamos fijarnos en la relación empleo-población, así como en medidas más directas del poder de negociación de los trabajadores, como las tasas de abandono y los aumentos salariales. Según estas medidas, la situación de Estados Unidos antes de la pandemia seguía siendo muy inferior a la de finales de los años 90.  En términos más generales, no existe una fuerza laboral bien definida, sino un suave gradiente de proximidad al empleo. Los desempleados de corta duración son los más cercanos, seguidos por los desempleados de larga duración, los empleados que buscan trabajo adicional, los trabajadores desanimados, los trabajadores desfavorecidos por los empleadores debido a su origen étnico, sus credenciales, etc. Más allá están las personas cuyo derecho al producto social no se ejerce normalmente mediante el trabajo remunerado – jubilados, discapacitados, cuidadores a tiempo completo – pero que podrían llegar a hacerlo si las condiciones del mercado laboral fueran lo suficientemente favorables.

2. El equilibrio de los riesgos macroeconómicos no es simétrico. No vivimos en una economía que fluctúa en torno a una senda de crecimiento a largo plazo, sino en una que cae periódicamente en recesiones o depresiones. Estas recesiones son una categoría distinta de acontecimientos, no un «choque» aleatorio a la producción o al gasto deseado. La actividad económica es un complejo problema de coordinación; hay muchas maneras de que falle o se interrumpa y que den lugar a una caída del gasto, pero no hay realmente ninguna manera de que se acelere bruscamente. (No hay «shocks positivos» en el mismo sentido que hay muchos venenos, pero no hay medicamentos milagrosos). Es fácil imaginar acontecimientos en el mundo real que puedan hacer que las empresas recorten bruscamente sus planes de inversión, pero no que los hagan aumentar de forma repentina e inesperada. En las economías reales, los déficits de demanda son mucho más frecuentes, persistentes y perjudiciales que el recalentamiento. Y en la medida en que este último es un problema, es mucho más fácil interrumpir el flujo de gasto que reiniciarlo.

3. La existencia de histéresis es una razón importante por la que los déficits de demanda son mucho más costosos que el efecto de sobrerreacción. La sobrerreacción puede tener costes a corto plazo en forma de mayor inflación, precios de los activos inflados y una redistribución de la renta hacia factores relativamente escasos (por ejemplo, el suelo urbano), pero también está asociado a un aumento a largo plazo de la capacidad productiva, que puede acabar cerrando la brecha inflacionista por sí sola. Por otro lado, los déficits conducen a una reducción de la producción potencial, por lo que pueden autoperpetuarse a medida que el PIB potencial disminuye. La histéresis también significa que no podemos contar con que la economía vuelva a su tendencia a largo plazo por sí sola: las grandes caídas de la demanda pueden persistir indefinidamente a menos que se compensen con algún gran impulso exógeno de la demanda. Lo que a su vez significa que las estimaciones estándar de la producción potencial subestiman la capacidad de la producción para responder a un mayor gasto.

4. Una economía de pleno empleo o de alta presión tiene beneficios que van mucho más allá de los beneficios directos de una mayor renta y producción. La histéresis forma parte de ello: el pleno empleo es un acicate para la innovación y un crecimiento más rápido de la productividad. Pero también hay importantes implicaciones para la distribución de la renta. Los más desfavorecidos en el mercado laboral son los que más se benefician de un desempleo muy bajo. La experiencia de la Segunda Guerra Mundial, y la posterior evolución de la brecha salarial racial, sugiere que, históricamente, los mercados laborales ajustados y sostenidos han sido la fuerza más poderosa para cerrar la brecha entre los salarios de los negros y los blancos.

No estoy seguro de hasta qué punto los miembros de la administración y del Congreso utilizaron estos argumentos para elaborar el proyecto de ley. Pero incluso si no se argumentaron explícitamente, alguna mezcla de ellos se desprende lógicamente de la voluntad de aprobar algo mucho mayor de lo que implicarían las estimaciones convencionales de la brecha de producción. Alguna mezcla de ellos también debe subyacer a las repetidas declaraciones de que no podemos hacer demasiado, sólo demasiado poco, y del reconocimiento de que los costes de un estímulo inadecuado en 2009 no fueron sólo una menor producción durante uno o dos años, sino un período prolongado de crecimiento lento y estancamiento de los salarios. Cuando Schumer dice que en 2009 «recortamos drásticamente el estímulo y permanecimos en recesión durante cinco años», está defendiendo un modelo de histéresis, aunque no utilice la palabra.

En otros puntos hay una relación más directa entre el debate sobre el proyecto de ley y el cambio de visión económica que implica.

5. La deuda pública no importa. Tal vez me lo haya perdido, pero por lo que veo, en el impulso del Plan de Rescate ni la administración ni los líderes del Congreso hicieron siquiera un gesto hacia la reducción del déficit, ni siquiera un comentario de rigor acerca de que podría ser deseable en principio o a largo plazo. La palabra «déficit» no parece haber aparecido en ninguna declaración oficial del presidente desde principios de febrero, e incluso entonces fue en forma de «es un error preocuparse por el déficit». Su guía para de político avispado sugiere apropiados «sí, pero» al Plan de Rescate: demasiada demanda causará inflación o, alternativamente, que la demanda se colapsará una vez que el gasto termine. Nada sobre la deuda. Las cosas pueden cambiar, por supuesto, pero por el momento es sorprendente lo completamente que hemos ganado en esto.

6. Los incentivos laborales no importan. Durante décadas, las medidas de asistencia social en EE.UU. han sido cuidadosamente diseñadas para garantizar que no ampliaran las opciones de las personas más allá del trabajo asalariado. El compromiso de mantener los incentivos al trabajo era lo suficientemente fuerte como para justificar la supresión efectiva de todas las ayudas en metálico a las familias que no tuvieran a nadie con un empleo remunerado, lo que por supuesto incluye a los más pobres.  El seguro de desempleo pandémico de 600 dólares fue un cambio radical: llegar a todos los que estaban sin trabajo tuvo prioridad sobre asegurar que nadie quedara en mejor situación de la que tendría con un empleo. La evidencia empírica de que esto no tuvo ningún efecto sobre el empleo es informativa sobre los programas de apoyo a los ingresos en general. Obviamente, 300 dólares es menos que 600, pero mantiene la prioridad de una amplia elegibilidad. Del mismo modo, al permitir que las familias sin salario obtengan la totalidad de la prestación, al hacer que la desgravación fiscal por hijos sea totalmente reembolsable, se abandonan de hecho los incentivos al trabajo como principio de diseño (aunque en ese momento sería mejor hacerla simplemente como una prestación universal por hijos). Como mucha gente ha señalado, esto es al menos un giro de 180 grados respecto a la «reforma del bienestar» de la era Clinton.

7.  El gasto directo y visible es mejor que el gasto indirecto o el destinado a modificar los incentivos. Para cualquiera que recuerde los debates sobre la ARRA al inicio de la administración Obama, es sorprendente lo mucho que el Plan de Rescate se inclina por los pagos directos y visibles a los hogares. El plan para permitir que el crédito fiscal por hijos se pague en cuotas mensuales puede tener algunos problemas (y, de nuevo, ciertamente funcionaría mejor si fuera un subsidio fijo en lugar de un crédito fiscal), pero lo interesante aquí es que refleja la opinión de que hacer los pagos más visibles es algo bueno, no malo.

En otras áreas el marco conceptual no ha avanzado tanto como yo hubiera esperado, aunque estamos progresando:

8. La comprobación de los medios de vida es costosa e imprecisa. Como Claudia Sahm, Matt Bruenig y otros han argumentado enérgicamente, hay una gran desconexión entre la forma en que se discute la comprobación de medios y la forma en que realmente funciona. Cuando se habla en abstracto de las ventajas del gasto basado en los ingresos, se da por sentado que conocemos los ingresos de cada hogar y que podemos asignar el gasto con precisión a los distintos grupos de ingresos. Pero cuando llegamos a ponerlo en práctica, nos encontramos con que la principal medida de los ingresos que utilizamos se basa en los registros fiscales de uno o dos años antes; hay muchos casos en los que el concepto de ingresos relevante no es obvio; y la necesidad de documentar los ingresos crea costes e incertidumbres sustanciales para los beneficiarios. Aumentar los umbrales de ingresos para cosas como la desgravación fiscal por hijos es positivo, pero la otra cara de la moneda es que, una vez que el umbral es lo suficientemente alto, es perverso hacer una prueba de recursos: para excluir a un número relativamente pequeño de familias con altos ingresos, se corre el riesgo de que muchas familias con ingresos más bajos queden fuera.

9. La debilidad de la demanda es un problema permanente, no sólo a corto plazo. La crítica más seria al ARPA es, en mi opinión, que muchas de sus disposiciones están programadas para desaparecer progresivamente en fechas concretas, cuando podrían ser permanentes (el crédito fiscal por hijos) o estar vinculadas a las condiciones económicas (las disposiciones del seguro de desempleo). Esto sugiere una visión implícita de que los problemas de la debilidad de la demanda y la inseguridad de los ingresos son específicos de la coronación, más que formas agudas de una condición crónica. Esto no pretende ser una crítica a los que elaboraron el proyecto de ley: puede que sea cierto que una desgravación fiscal infantil permanente no podría aprobarse en las condiciones actuales.

Sin embargo, los argumentos en apoyo de muchas de las disposiciones no son específicos de la pandemia, y claramente implican que estas medidas deben ser permanentes. Si la desgravación fiscal por hijo reducirá la pobreza infantil a la mitad, ¿por qué querría hacerlo sólo durante un año? Si una parte sustancial del Plan de Rescate debería ser permanente, eso implica un flujo de gasto público permanentemente mayor. Hay que argumentar a favor de esto.

10. El sector público tiene capacidades de las que carece el sector privado. Aunque el ARPA de Biden es un gran paso adelante con respecto al ARRA de Obama en muchos aspectos, algo que tienen en común es una relativa falta de provisión pública directa. Las medidas de salud pública son una excepción, por supuesto, y la ayuda a los gobiernos estatales y locales -un grato contraste con la ARRA- es gasto público en un punto, pero la gran mayoría del dinero va a impulsar el gasto privado. Esto no es necesariamente algo malo en este contexto específico, pero sugiere que, a diferencia del caso de la deuda pública, los obstáculos institucionales e ideológicos para cambiar las actividades de la provisión lucrativa a la pública son todavía formidables.

Mi objetivo al enumerar estos puntos no es, para que quede claro, juzgar el proyecto de ley en un sentido u otro. En el fondo, creo que es una gran victoria y una clara señal de que las elecciones importan. Pero lo que me interesa en este artículo es pensar en lo que dice sobre cómo está cambiando el pensamiento sobre la política económica, y cómo esos cambios podrían proyectarse en la teoría económica.

¿Cómo sería una macroeconomía que supusiera que la economía está normalmente muy por debajo de las limitaciones de la oferta en lugar de alcanzar el potencial por término medio, o que fuera agnóstica en cuanto a la existencia de un nivel significativo de producción potencial? ¿Cómo sería si pensáramos que los cambios en la producción inducidos por la demanda son persistentes, en ambas direcciones? Sin la suposición de una tendencia determinada por la oferta a la que la producción siempre converge, no está claro que haya un largo plazo significativo. ¿Podemos tener una teoría macroeconómica que prescinda de eso?

Una idea que me parece atractiva es pensar que la oferta limita la tasa de crecimiento de la producción, en lugar de su nivel. Esto encajaría con algunos hechos observables importantes sobre el mundo: no sólo que los cambios inducidos por la demanda en la producción son persistentes, sino también que el empleo tiende a crecer (y el desempleo tiende a caer) a un ritmo constante a través de las expansiones, en lugar de una rápida recuperación y luego un retorno a la tendencia a largo plazo. La idea de que existe una relación empleo-población demográficamente fija a largo plazo se opone a los grandes cambios en las tasas de empleo dentro de los grupos demográficos. Me parece que es mejor pensar que existe un límite máximo en la tasa de crecimiento del empleo -por ejemplo, el 1,5% o el 2% anual- sin ningún proceso de ajuste especial; un crecimiento más rápido requiere la incorporación de nuevas personas a la población activa, lo que normalmente requiere un crecimiento más rápido de los salarios y también implica diversas fricciones a corto plazo. Pero, una vez que el fuerte crecimiento genera una mayor fuerza de trabajo, no hay razón para que vuelva a su antigua tendencia.

En términos más generales, pensar en las restricciones de la oferta en términos de tasas de crecimiento en lugar de niveles nos permitiría dejar de pensar en el lado de la oferta en términos de una economía abstracta no monetaria «dotada» de ciertos recursos productivos, y empezar a pensar en ella en términos de la capacidad de coordinación de los mercados. Estoy seguro de que esta es la dirección correcta. Pero hay que elaborar un modelo adecuado antes de que esté listo para los libros de texto.

El modelo de manual sobre los mercados laborales que todavía enseñamos justifica un enfoque en la «flexibilidad», donde los salarios reales están determinados por la productividad y una posición más fuerte para el trabajo sólo puede conducir a una mayor inflación o desempleo. En cambio, necesitamos un modelo en el que la posición relativa de la mano de obra afecte tanto a los salarios reales como a los nominales, y en el que un crecimiento más rápido de los salarios pueda ser absorbido por un crecimiento más rápido de la productividad o una mayor participación de los salarios de forma tan plausible como por un aumento de los precios.

O, de nuevo, ¿cómo pensamos en la deuda pública y en el déficit una vez que abandonamos la idea de que una relación constante entre la deuda y el PIB es una restricción dura? Una posibilidad es que pensemos que el déficit importa, pero la deuda no, al igual que ahora pensamos que la tasa de inflación importa, pero el nivel de precios absoluto no. A las generaciones anteriores de economistas, la idea de que los precios pudieran subir eternamente sin límite les habría parecido una locura. Pero hoy nos parece perfectamente razonable, siempre que la subida en un periodo determinado no sea demasiado grande. Tal vez lleguemos a la misma opinión sobre la deuda pública. En la medida en que nos preocupemos por el coeficiente de deuda, debemos destacar el hecho de que su crecimiento en el tiempo depende tanto de los intereses, la inflación y las tasas de crecimiento como de los nuevos préstamos. Por el momento, el hecho de que los tipos de interés sean mucho más bajos que las tasas de crecimiento es suficiente para convencer a la gente de que las preocupaciones del pasado eran exageradas. Pero para considerar esto como una solución permanente y no contingente, necesitamos, al menos, deshacernos de la idea de un tipo de interés natural.

En resumen, al igual que una generación de la teoría macroeconómica dominante fue reconvertida en un argumento a posteriori a favor de un banco central con objetivos de inflación, lo que necesitamos ahora son manuales y teorías que pongan de manifiesto, sistematicen y generalicen el razonamiento que justifica una gran expansión del gasto público, sin limitaciones por las estimaciones convencionales del producto potencial, la deuda pública o la necesidad de preservar los incentivos del mercado laboral. Las circunstancias del año pasado son obviamente excepcionales, pero eso no significa que no puedan convertirse en la base de una regla general. Durante la última generación, la teoría macroeconómica ha sido en gran medida una parábola abstraída de los años 70, cuando los altos tipos de interés (supuestamente) nos salvaron de la inflación. Con suerte, quizá la próxima generación aprenda la macroeconomía como una parábola de nuestra propia época, cuando los grandes déficits nos salvaron del estancamiento secular y del coronavirus.

Es profesor de economía en el John Jay College de la City University de Nueva York y miembro del Instituto Roosevelt.

Fuente:

http://jwmason.org/slackwire/the-american-rescue-plan-as-economic-theory/

Traducción:Iovana Naddim

Ecuador: el fin de una época

Por Decio Machado / Director Fundación Nómada

Los resultados electorales del 11 de abril marcan un punto de inflexión en la historia reciente del Ecuador. Posiblemente estemos asistiendo a varios elementos entre cruzados que posicionan al país en un nuevo momento político muy diferente a lo vivido en lo que va del presente siglo.

En ciencias sociales una generación equivale a los acontecimientos importantes que experimentan y marcan a una población delimitada en un periodo de tiempo determinado. Dicho esto y con un censo electoral predominante joven, la victoria del banquero Guillermo Lasso implica la superación psicológica de lo que significó la crisis económica vivida en Ecuador entre 1998 y 1999, la cual desembocó en el feriado bancario -cierre de aproximadamente el 70% de las instituciones financieras del país- y el mayor éxodo migratorio conocido en la historia del Ecuador. 

Hasta la fecha, las resistencias ante la posibilidad de que el propietario de la segunda institución financiera privada más importante del país, quien multiplicara sustancialmente su fortuna fruto de especular con los certificados de depósitos reprogramables -comprobantes de que los cuentaahorristas tenían una cantidad determinada de dinero en su cuenta pero no la podían retirar por tener sus depósitos congelados- hacían imposible su victoria electoral. Sin entender esta nueva coyuntura fruto del mayoritario peso joven entre el electorado ecuatoriano, la candidatura de Arauz posicionó en segunda vuelta el eslogan El país o la banca, lo cual terminó generando escaso engagement entre sectores políticamente indecisos y especialmente sobre los targets etarios más jóvenes.

Lo anterior implica que estamos ante un nuevo país que vive clivajes o fracturas de nuevo orden, las cuales que no responden ya al pasado reciente que dio el triunfo electoral de forma permanente e indiscutible al correísmo a lo largo de los últimos quince años.

En paralelo y vinculado a lo anterior, el correísmo fue fruto de un momento histórico determinado que tiene que ver con el boom de los commodities en América Latina (2003-2013). Sin los excedentes petroleros derivados del mayor volumen de ingreso para el Estado comprendido en un período de diez años existente a lo largo de la historia republicana del Ecuador, no hubiera sido posible ni la realización de grandes obras de infraestructura que significaron parte de la modernización del país ni la aplicación de políticas compensatorias como eje de las nueva gobernabilidad constituida en la etapa correísta. Rafael Correa y el correísmo son por lo tanto hijos de un momento histórico coyuntural vinculado a la elevación de la demanda y los precios del petróleo, el cual se enmarcó en la llamada década dorada en América Latina.

El fin de aquel ciclo económico implicó a su vez en inicio de la actual decadencia política que terminó en derrota electoral del correísmo. Para comprobar lo anterior basta un somero análisis de los últimos tres resultados electorales de esta sensibilidad política en sus respectivas primeras vueltas electorales, momento en que se refleja la adscripción real de la ciudadanía a las candidaturas partidistas en disputa:

Sobre votos válidos Rafael Correa obtuvo en 2013 el 57,17% ganando en primera vuelta las elecciones; mientras en 2017, con Lenín Moreno como candidato acompañado por Rafael Correa en la campaña electoral, el resultado se contrajo al 39,36%, para terminar ganando de forma apurada en segunda vuelta con apenas 228.629 votos de diferencia (2,82%) respecto a su principal contenedor; por último, en este 2021 obteniendo apenas el 32.72% del voto válido en primera vuelta y perdiendo en segunda vuelta por 438.467 votos (4,94% de desventaja).

La debacle electoral correísta

Pese a lo anterior, la situación política y económica que actualmente vive el país generaban -a priori- condiciones propicias para el triunfo del candidato correísta. 

La deplorable gestión realizada por gobierno de Lenín Moreno, quien a través de la persecución política mantuvo viva una figura victimizada de Rafael Correa, debería haber favorecido a la candidatura de Arauz. Más allá del efecto contraste pasado vs presente de un país en la actualidad sumido en una crisis de carácter multifacético, fueron tanto Guillermo Lasso como los socialcristianos de Jaime Nebot -aliados electoralmente en esta contienda- quienes sostuvieron políticamente a Moreno pese a la enorme deslegitimación social del actual gobierno. De igual manera, la pandemia puso de relieve en el subconsciente colectivo la necesidad de un Estado fuerte con capacidad dar “protección” y cobertura social a sus ciudadanos, posición contraria al discurso de achicamiento del Estado propuesto por el actual presidente electo. Por último, siendo Ecuador uno de los países de la región con menor acceso a vacunas Covid-19 hasta el momento, las pocas que llegaron fueron distribuidas de forma escandalosa entre las élites ideológicamente alineadas al candidato conservador.

En este contexto, los resultados electorales de la primera vuelta demostraron que pese a que Andrés Arauz obtuviera el voto mayoritario (32,72% de los votos válidos), la fractura correísmo vs anticorreísmo ya no era la fractura principal sobre la que se alienaba el electorado ecuatoriano. Lasso, la opción anticorreísta, perdía cerca de un 30% de votos respecto a los resultados obtenidos en las presidenciales anteriores de 2017; tomando importancia otras opciones políticas hasta entonces de escaso peso en la cartografía político institucional del país. Tanto el Pachakutik, brazo político del movimiento indígena, con Yaku Pérez como candidato y un discurso básicamente ambientalista; como Izquierda Democrática, un viejo partido ideológicamente ubicado en el centro político y muy venido a menos en las últimas décadas pero en esta ocasión capitaneado por un joven empresario disruptivo que representó lo nuevo frente a lo viejo, lograron porcentaje de votos muy significativos. 

La campaña electoral vivida recientemente en Ecuador demostró las dificultades que sufre el correísmo a la hora de implementar recambios reales en su liderazgo. De hecho, uno de los elementos que explotó de forma muy acertada la estrategia político electoral conservadora fue la dificultad de Andrés Arauz para posicionarse como nuevo líder de esta tendencia política, viéndose supeditado de forma permanente bajo la sombra de Rafael Correa durante toda la campaña electoral. Pese a que el ex presidente Correa no puede puede pisar el país debido a diversas y discutibles sentencias judiciales que tuvieron lugar durante el período de gestión del actual gobierno, la intensidad de su presencia mediática vía videoconferencias así como la presencia de su imagen en la propaganda electoral difundida lo convertían en el principal protagonista de la campaña progresista.

En la práctica Correa es el correísmo, esta opción política, más allá de ideologías, está personalizada en su figura. Esto le permitió transferir sus votos duros a un personaje hasta entonces semi-desconocido como era el caso de Andrés Arauz; pero a su vez, imponía los límites en su capacidad de captación de voto. El correísmo vive en la dicotomía de ser la tendencia política con mayor porcentaje de voto incondicional del país, estimativamente el 30% del actual electorado ecuatoriano, pero a su vez es la fuerza con menor capacidad de crecimiento electoral debido a la resistencias o negativos que genera Rafael Correa sobre cada vez mayores sectores de la población. La falta de una real regeneración de liderazgos en esta corriente política, pasar del correísmo al progresismo, hizo imposible a su candidato superar este handicap. 

La campaña electoral de Lasso leyó bien esta nueva realidad y llamó estratégicamente al consenso y reconocimiento de la diversidad política existente en la segunda vuelta, mientras el correísmo se mantuvo en las estrategias de polarización que históricamente le han caracterizado. En una campaña económicamente desigual, donde los mass media y la estructura del Estado tomaron partido por la opción conservadora, esto determinó que el casi 50% del electorado que en primera vuelta no voto bajo el clivaje partidarios de Correa vs detractores de Correa optase o bien por el llamado al “voto nulo ideológico” que realizó el movimiento indígena o bien por la candidatura del banquero con el fin de impedir la vuelta de Rafael Correa al país. Todo el análisis a partir de este hecho es puntual y vinculado a estrategias de marketing electoral y disciplinas de campaña. 

Sobre un electorado de poco más de 13 millones de electores, el correísmo apenas tuvo capacidad de sumar 1.2 millones más de votos en el balotaje a los ya 3 millones de votos obtenidos en la primera vuelta. Lasso, sin embargo, obtenía 2.8 millones votos más que a la postre le darían el triunfo final con cinco puntos porcentuales de diferencia.

El futuro del progresismo en Ecuador

Esta derrota es la primera derrota electoral que sufre el correísmo desde el 2006, sin embargo, su lectura invita a un reflexión urgente: la persistencia de la tendencia política progresista en Ecuador como una opción política de peso pasa por la renovación real de sus cuadros dirigentes, un cambio de estilo en su narrativa política y su lógicas o modelo de liderazgo.

Arauz representa un intento de regeneración política de esta tendencia pese a que carece aún de identidad propia y un liderazgo sólidamente construido, no tiene hasta el momento canales de acercamiento con otras tendencias importantes de las izquierdas ecuatorianas que fueron minusvaloradas e incluso reprimidas durante la década de gobierno correísta, y no ha sido capaz todavía de posicionar un imaginario de lo que sería un progresismo de nuevo cuño en el país. Que le permitan avanzar en estos pendientes depende de como gestione su actual crisis interna el correísmo y del papel que Rafael Correa pretenda desarrollar a partir de este momento.

Todo esto deberá ser contextualizado en la nueva realidad regional latinoamericana, donde el segundo ciclo progresista se ve cercenado y muestra condiciones claramente diferenciadas al período anterior: es previsible a corto plazo un desgaste de la popularidad de Alberto Fernández; está por verse como se gestionarán las diferencias al interior del MAS entre el gobierno de Luís Arce y David Choquehuanca con Evo Morales; donde parece difícil que Pedro Castillo gane la segunda vuelta en Perú; en el cual está por verse la realización de las elecciones constituyentes en Chile; y en el que existen serías dudas sobre como evolucionaran próximas elecciones presidenciales en Brasil y Colombia en 2022.

En este contexto, el reto del progresismo ecuatoriano en el que se enmarca su subsistencia como opción política de alternancia está en conectar con las y los jóvenes, los sectores no ideologizados de la sociedad y con los movimientos sociales que en estas últimas elecciones les rechazaron. Todo ello teniendo en cuenta que parece difícil que su líder principal, Rafael Correa, pueda sostener durante cuatro años más su actual capacidad de incidencia en la política nacional tendiendo en cuenta la imposibilidad de hacerse presente en el país, así como su incidencia en los foros progresistas internacionales tras esta derrota electoral.

En definitiva, o el progresismo ecuatoriano supera la relación líder-masa que le ha caracterizado hasta el momento y se democratiza, abriéndose y dialogando de igual a igual con otros sectores y tendencias políticas o terminará convirtiéndose en una fuerza con cada vez menor capacidad de disputa por el poder institucional.

Movimiento Indígena

Pese a los exitosos resultados obtenidos en este proceso electoral obtenidos por Pachakutik, aparato político construido en 1995 por el movimiento indígena liderado por la CONAIE, el conflicto interno existente es evidente. 

A la candidatura de Yaku Pérez apenas le faltaron unos 32 mil votos para meterse en la segunda vuelta, situación con la que hubiera desplazado de la contienda al actual presidente electo. Por primera vez en su historia Pachakutik logró introducirse como la opción política por la que votaron jóvenes y sectores urbanos descreídos del política pero con sensibilidad hacia causas sociales, especialmente las que tienen que ver con la defensa el agua y naturaleza en general. 

Yaku Pérez, quien denunciara un supuesto fraude electoral en favor del candidato banquero que le impidió llegar a la segunda vuelta, asumió en la segunda vuelta la llamada al “voto nulo ideológico” consensuada en la asamblea general de la CONAIE. Sin embargo, parte importante de la dirigencia del Pachakutik se inclinó durante la fase final de la contienda electoral por una posición claramente a favor del candidato Guillermo Lasso. Unos lo hicieron de forma más sutil y otros de manera más transparente -entre ellos el propio binomio presidencial de Pérez-, pese a que el movimiento indígena se haya históricamente caracterizado por una posición de conflicto y resistencia a la aplicación de políticas neoliberales en el país. Como reacción a esto, un sector amazónico del movimiento indígena aparecería en la última semana de campaña apoyando la candidatura de Arauz y rompiendo también públicamente con el consenso previamente acordado.

El rechazo a las políticas hiperextractivistas sobre las que se sostuvo el modelo económico de la década correísta y la presión ejercida sobre los territorios biodiversos con alta riqueza natural, sumado a la represión efectuada sobre líderes y comunidades indígenas, decantó gran parte del voto de las comunidades rurales a favor de la candidatura de Guillermo Lasso en la segunda vuelta. Basta analizar la cartografía electoral para ver que fue Quito -clase media, jóvenes y profesionales urbanos- junto a Sierra Centro -territorio con gran incidencia del mundo indígena- quienes determinaron la victoria conservadora el pasado 11 de abril.

Pero más allá de dolores y rencores acumulados derivados del autoritario modelo de mando ejercido por Rafael Correa durante su gestión de gobierno, se hizo evidente que el llamado al voto nulo tenía poco sintonía con la problemática realidad que se vive en las comunidades rurales y que se ha visto fuertemente agravada por la pandemia. Más allá del planteamiento político intelectual realizado desde sectores ilustrados y acomodados, así como desde las dirigencias del movimiento indígena, las comunidades sienten que no es posible resolver sus problemas sin relacionarse, de una u otra forma, con las estructuras de poder. En realidad, la adscripción al voto nulo a manera de rechazo a las dos candidaturas finalmente en liza creció aproximadamente en un millón de electores, lo cual es importante, pero apenas significó el 45% del sumatorio de votos obtenidos por Pachakutik e Izquierda Democrática -organizaciones políticas que llamaron a esa opción de voto- en la primera vuelta. En resumen, fueron el electorado urbano donde el empresario outsider Hervas había tenido buena entrada y el electorado indígena tradicionalmente rural quien le dieron el triunfo al neoliberalismo en estas elecciones. 

Lo que se viene…

Será la historia quien juzgue el actuar de dirigentes políticos, sociales y pretendidos intelectuales antisistémicos sobre los resultados de su actuar político en estas elecciones y el nivel de dolor que esto significará por la aplicación de paquetes de políticas de austeridad para los sectores socialmente más vulnerables. En todo caso, el país se enfrenta a una agenda política y económica profundamente neoliberal que precarizará aún más el mercado laboral ecuatoriano, reducirá aún más el Estado como mecanismo para buscar la reducción del déficit fiscal, primará el servicio de deuda ante las necesidades y urgencias que se vive a lo interno del país, profundizará el galopante deterioro de los servicios públicos y los sistemas de protección social, aplicará una variante del modelo chileno sobre el sistema de seguridad social, así como privatizara empresas y patrimonio público. Todo ello más allá de un recorte general de derechos y libertades.

En todo caso, desde los sectores de la resistencia social y ante el próximo congreso de CONAIE, el cual tendrá lugar el próximo primero de mayo, se hace urgente el triunfo de una candidatura que represente las movilizaciones prepandémicas desarrolladas en Octubre del 2019. Últimas expresiones masivas de resistencia a las políticas neoliberales implementadas ya en el actual gobierno y que responden a la agenda político-económica impuesta desde el FMI. Frente a esta posición de lucha y resistencia, volverán sin duda a sintonizarse variopintos intereses entre los cuales no estarán excluidos aquellos expurios a la construcción de poderes contrahegemónicos y de ambiciones personales más vinculadas a la política institucional que la movilización y construcción de un tejido social con capacidad de respuesta.

Fuente: vientosur.info

La militarización del Estado

Por Raúl Zibechi

Para alargar su decadencia, el sistema capitalista patriarcal está militarizando el Estado, y de modo especial algunas de sus funciones “sociales”, como la salud y la educación. Brasil se ha convertido en un laboratorio de políticas para exportar, del mismo modo que la guerra antidrogas fue exportada desde Colombia a México, entre otros.

El Sindicato Nacional de Docentes de Enseñanza Superior (Andes), de Brasil, acaba de publicar un expediente titulado Militarización del gobierno Bolsonaro e intervención en las instituciones federales de enseñanza (https://www.andes.org.br).

El sindicato pertenece a la coordinación sindical Conlutas y el documento denuncia la militarización del gobierno de Jair Bolsonaro. Destaca que los militares ocupan ocho de los 22 ministerios, además de áreas estratégicas y de empresas estatales, como la petrolera Petrobras, donde controlan el directorio.

En Brasil hay 6 mil 157 militares en activo o en la reserva ocupando cargos civiles en el gobierno de Bolsonaro, lo que representa un aumento de 108 por ciento respecto de 2016, año en que fue ilegítimamente destituida la presidenta Dilma Rousseff.

Esos militares son comisionados a esos cargos o tienen contratos temporales, acumulando funciones en las más diversas áreas de la administración pública. Según el expediente, se trata de “la militarización del servicio público federal, de las estatales y de diversos órganos”, entre los que merece especial destaque la “militarización de la salud, especialmente en la coyuntura de la pandemia”.

En los principales escalones del sistema de salud han aterrizado cientos de militares que controlan todo, aunque están fracasando estrepitosamente en la atención a la pandemia, con hospitales y centros de tratamiento intensivo desbordados.

Días atrás saltó el escándalo de que 85% de las unidades de terapia intensiva de los hospitales militares están vacías, pero no permiten que las ocupen civiles, pese a que son mantenidos con dineros públicos (https://bit.ly/3sZSNlN).

Además, hay 99 militares en órganos federales responsables de la gestión del medio ambiente, como la Fundación Nacional del Indio (Funai), el Instituto Brasileño del Medio Ambiente y Recursos Naturales (Ibama) y el Instituto Nacional de Colonización y Reforma Agraria (Incra).

Según datos del instituto Transparencia Brasil, casi la mitad de esos militares son originarios del Ejército, seguidos de ex policías militares. Se trata de los dos sectores que se han destacado por el apoyo al presidente ultraderechista.

El sindicato de docentes menciona una escalada autoritaria que conduce a “una nueva fase de contrarreforma del Estado, militarizando el primer escalón de las empresas estatales, de los órganos estratégicos del gobierno en áreas de salud y socioambiental”.

Sostiene que la escalada de militarización está centrada en el sistema educativo básico, con la creación de “escuelas cívico-militares”, y en la educación superior, por la sistemática intervención en instituciones de enseñanza para vetar y controlar la elección de rectores y demás autoridades.

El gobierno se propone crear 216 escuelas primarias cívico-militares hasta el fin de este año, implementando “el modelo basado en las prácticas pedagógicas y en los patrones de enseñanza de los colegios militares del Comando del Ejército, policías militares y cuerpos de bomberos militares” (p. 34).

Una breve incursión en la página del ministerio de Educación dedicada las escuelas cívico-militares (http://escolacivicomilitar.mec.gov.br/) es suficiente para hacerse una idea del alcance de la iniciativa.

La escalada autoritaria en la educación, está llegando al punto en el que el gobierno de Bolsonaro nombra rectores en las universidades impuestos desde arriba, sin consulta con la comunidad académica y en contra de sus propuestas. Se trata de un ataque a la autonomía universitaria y el “silenciamiento de voces disonantes” en instituciones que son “locus de producción del conocimiento crítico y creativo” (p. 30).

Estamos ante un cambio de época. La clase dominante ha blindado el Estado, empezando por sus instituciones armadas, con especial cuidado de los ejércitos que son la fuerza que mayor contacto puede tener con la población. Esto forma parte de una estrategia diseñada muy arriba, por las instituciones del imperio, que no puede admitir experiencias como las vividas por los ejércitos de Perú y Ecuador en los años 60 y en Venezuela ahora.

Proceden a la militarización de los servicios básicos como la salud y la educación, para evitar que esos espacios sean utilizados por fuerzas opositoras. En Brasil las instituciones indígenas, ambientales y de reforma agraria habían jugado un papel relativamente positivo, pero ahora están siendo férreamente controladas por los militares.

Un doble proceso en marcha: blindar el Estado y usarlo como martillo contra los disidentes. Quien de ahora en más aspire a ocupar cargos estatales debe saber para quiénes trabaja.

Raúl Zibechi es periodista, escritor y pensador-activista uruguayo, dedicado al trabajo con movimientos sociales en América Latina.

Fuente: https://www.jornada.com.mx/2021/04/09/opinion/016a1pol

Revolucionar y ecologizar las fuerzas productivas

por Joaquim Sempere

Una crítica ecologista del paradigma económico marxista

Hay muchas razones para pensar que el posible hundimiento del capitalismo, al menos tal como lo hemos conocido hasta ahora, llegará antes por el choque con los límites naturales del planeta que por el desenlace de las luchas de clases, si bien éstas no desaparecerán, sino que se librarán cada vez más en torno a los conflictos ecológicos. Gracias a las contribuciones de Wolfgang Harich (1975), Manuel Sacristán (1984) y Michael Löwy (2003, 2006 y 2020), entre otros, y en particular de John B. Foster (2004), conocemos hoy la existencia en la obra de Marx y Engels de una consciencia ecológica que impide oponer Marx y ecología. Pero esto no contradice la constatación de que el corpus teórico marxista no ha hecho suyo el paradigma de interpretación ecológico: pese a aceptar la noción de metabolismo, Marx no llevó hasta sus últimas consecuencias el reconocimiento de sus interacciones con los entornos naturales en que se mueve siempre la vida, incluida la vida humana. Las sociedades humanas evolucionan, sin duda, pero modifican el medio y lo pueden alterar tanto que ya no pueda seguir siendo soporte de la vida en su forma habitual: entonces la evolución deja de funcionar como había funcionado antes y se detiene o se adapta, si puede, al nuevo entorno ecológico. Este será el punto de vista desde el cual abordaré mi revisión crítica del marxismo como teoría y de algunas de sus conclusiones políticas.

Límites de la ecología de Marx

Con el uso de la noción de metabolismo —y no en escritos inéditos o marginales, sino en el propio Capital— Marx mostró tener una visión potencialmente ecológica de la economía, que se echa de ver también en su consideración de los trabajadores en términos biológicos, muy alejada de la de los economistas clásicos, que trataban el trabajo como simple mercancía (cf. El capital, libro I, cap. 8), así como en su explicación de la fractura metabólica en la agricultura capitalista. Pero ni Marx ni Engels desarrollaron mucho más allá sus intuiciones protoecologistas. Sus discípulos tampoco, pese a las valiosas contribuciones de autores como Kautsky y Bujarin. En consecuencia, el “marxismo operativo” asumió la ecología de manera superficial, en el mejor de los casos.

Hay tres razones poderosas por las que Marx y Engels no podían ir mucho más lejos. La primera es que en los años de su madurez, la población mundial era del orden de unos 1.500 millones de personas, cinco veces menos que la de hoy. El mundo era todavía un “mundo vacío”, y la huella ecológica estaba lejos de la translimitación actual. La segunda razón es que la industria utilizaba muy pocos minerales metálicos, y lo hacía en cantidades muy modestas. Hoy los progresos científicos nos permiten conocer y utilizar prácticamente todos los elementos de la tabla periódica. En circunstancias semejantes habría sido una proeza haber concebido la idea de límites absolutos de los recursos naturales; y haber previsto que la especie humana se convertiría en un agente geológico y meteorológico capaz de transformar la naturaleza hasta el punto de provocar desastres a escala mundial.

La tercera razón es no haber comprendido que la finitud de las reservas de combustibles fósiles, que iban a convertirse en la base energética del desarrollo industrial de su época, impondrían un límite temporal a la economía que dependía de ellos, y que su agotamiento supondría un desafío fundamental para la continuidad de esa economía. Esta matriz energética, además, se componía de stocks del subsuelo, de modo que su agotamiento obligaría en el futuro a regresar a las energías de flujo —radiación solar, leña, viento, energía muscular animal y humana, etc.— del pasado, aunque a un nivel más elevado, lo que dejaba abiertos muchos interrogantes sobre las relaciones entre sistema económico y medio ambiente.

Hoy sabemos que la humanidad está cerca de los límites absolutos del planeta. Por ende, no basta con considerar que la actividad humana afecta a un único sistema, o algunos, de manera que se puedan corregir los deterioros de las fuentes de vida para que sigan proporcionando riqueza. Hay que aceptar que puede infligir al Ecosistema Global o Biosfera daños irreparables. Kenneth Boulding expresó esta idea con la imagen de la “economía del cow boy”. Esta economía es la que hoy prevalece: no hace falta ocuparse de los daños infligidos al medio natural porque cuando un territorio queda agotado, siempre hay otro un poco más lejos que podrá ser explotado. La alternativa, según este autor, en una “economía de la nave espacial Tierra”, en la que el marco geofísico en que tiene lugar la aventura humana es una unidad o totalidad cerrada (salvo respecto de la energía, que procede del Sol) que hay que contemplar como una reserva limitada de recursos que deben ser constantemente reciclados para proporcionar alimentos, agua y servicios varios a los astronautas que somos los seres humanos. En semejante visión el principio ecológico es el que prevalece.

La noción marxista de fuerzas productivas

El pronóstico según el cual el capitalismo llegaría a su fin debido a luchas de clases como expresión del conflicto entre fuerzas productivas y relaciones de producción o propiedad hoy no es fácilmente aceptable por dos razones. La primera es que los grupos humanos oprimidos por el sistema —y por eso mismo llamados a luchar contra él— están fragmentados, circunstancia que les dificulta erigirse en sujeto colectivo de la lucha por un cambio. Imperialismo y desarrollo desigual han dado lugar a diferencias enormes entre las clases populares de los países ricos y las de los países pobres, de modo que las agregaciones nacionales suelen tener más fuerza que la unidad de clase por encima de las fronteras. La segunda razón es que las fuerzas productivas heredadas del industrialismo han aportado innovaciones de valor indiscutible —en particular el conocimiento científico—, pero también desarrollos técnicos mal orientados y no adaptados a un buen metabolismo con la naturaleza. Los problemas más graves derivan del uso de recursos materiales y energéticos de la corteza terrestre. Esos problemas pueden clasificarse en dos grandes categorías:

  1. Las energías de flujo (leña, radiación solar, viento, corrientes de agua, etc.) se substituyeron por combustibles fósiles (más tarde se les añadió el uranio), que son energías de stock, dotados de gran versatilidad y densidad energética. Gracias a su calidad y volumen, esas energías hicieron posible un crecimiento exponencial de la población, con una elevada esperanza de vida, y una civilización material que aportó una abundancia sin precedentes de bienes y servicios. El problema de estas fuentes de energía es que su quema causa el calentamiento de la atmósfera y el cambio climático, cargado de graves amenazas para la humanidad; y que están condenadas a agotarse —según cálculos solventes, durante la segunda mitad del siglo XXI (Riba 2011)—. Tendrán que ser reemplazadas por fuentes renovables de energía, las únicas disponibles (si se excluye el uranio por sus peligros), las cuales proporcionan energías de flujo. Estas fuentes no proporcionan tanta potencia como las fósiles, ni cabe esperar que aporten las ingentes cantidades de energía usada actualmente por la especie humana, ni, por consiguiente, sostener una economía de dimensiones parecidas a las de la economía actual.
  2. En lo que respecta a los materiales, las fuerzas productivas industriales han substituido las materias primas preindustriales —que eran sobre todo bióticas (madera, fibras vegetales o animales, pieles, hueso, cuerno…) y por ende renovables— por otras de origen mineral, abióticas y no renovables. Antes se habían empleado minerales (barro, piedra, arena, minerales metálicos…), pero se trataba de materiales que retornaban al medio natural sin contaminarlo peligrosamente, y que se usaban en cantidades pequeñas. Actualmente se usan todos los elementos de la tabla periódica en distintas industrias, mucho más desarrolladas tecnológicamente, y en grandes cantidades, de modo que la enorme demanda industrial de estos minerales supone una amenaza de agotamiento de las reservas del subsuelo del planeta. Además, la extracción y el uso de estos materiales consumen muchísima energía y producen a menudo peligrosas contaminaciones.

Hay que transformar radicalmente las fuerzas productivas

Debe añadirse algo acerca de las energías de flujo. Antes de la era industrial, no se requerían demasiados medios técnicos para captarlas. Bastaban ciertos instrumentos o máquinas: hachas y sierras para la leña, molinos de viento o de agua, velas para navegar, etc. En cambio las energías renovables modernas —eólica, fotovoltaica, solar térmica y termoeléctrica, geotermia, energía de las olas y las mareas, etc.— requieren una metalurgia compleja y otros procesos industriales (células fotoeléctricas, electrólisis, baterías, pilas de hidrógeno…) que necesitan metales y otros minerales. Con las energías renovables modernas la demanda de minerales metálicos experimenta un gran auge, sobre todo porque con el control de la electricidad, esta forma de energía se ha generalizado para numerosos usos, en los que es absolutamente insubstituible. La electricidad requiere aparatos sofisticados que consumen, en su producción y funcionamiento, grandes cantidades de metales, algunos de los cuales son escasos. Además, el uso de las nuevas técnicas se ha puesto al alcance de toda la población, y cada vez en un mayor número de países. Por esto la demanda de los minerales necesarios para satisfacer estas necesidades no cesa de aumentar y se acerca a los límites últimos de las reservas minerales de la corteza terrestre, al menos en el caso de ciertos metales escasos y a la vez estratégicos.

Por todas estas razones, las fuerzas productivas existentes no pueden constituir un fundamento viable, sino que tienen que ser revolucionadas para que resulten ecológicamente sostenibles. Como ha dicho Michael Löwy, para salir del capitalismo y construir un ecosocialismo, “la apropiación colectiva es necesaria, pero habría que transformar también radicalmente las propias fuerzas productivas” (Löwy 2020). Dada la importancia que la noción de producción tiene en este esquema, hace falta revisarla a la luz de lo que hoy sabemos de ecología.

Clasificación de las fuerzas productivas

Para Adam Smith y los otros economistas clásicos de finales del siglo XVIII y comienzos del XIX, había tres factores de producción: tierra, capital y trabajo. Marx, a la vez que aceptaba ese esquema, asumió la observación de William Petty según la cual, a propósito del valor, “la tierra es la madre y el trabajo el padre”, y dio importancia al metabolismo socionatural. El capital sería resultado acumulado de la producción de valor (“trabajo acumulado”), y por tanto un factor ontológicamente derivado de los otros dos. Marx dio una importancia crucial al trabajo como acción específica del ser humano en su interacción con el mundo físico y con los otros seres humanos. Con el trabajo el ser humano no sólo trasforma el mundo exterior, sino que se transforma también a sí mismo, haciendo emerger capacidades, necesidades y aspiraciones nuevas. Pero no explicó qué significa el trabajo humano —ni tampoco la tierra— desde el punto de vista biofísico, pese a reconocer la importancia del metabolismo. (Dejo aquí de lado la distinción crucial que Marx introdujo entre “trabajo” y “fuerza de trabajo”.) Como otros pensadores criticados por la economía ecológica, olvidó o subestimó los flujos físicos a favor de los monetarios.

En cierta manera, se puede aceptar, con Kenneth Boulding, que tierra, capital y trabajo son antes factores distributivos que productivos. Aluden a los tipos de ingreso característicos de las economías modernas: renta (de la tierra), beneficio (del capital) y salario (del trabajo). Esta constatación no quita valor a la fórmula trinitaria, porque en la actividad económica los distintos protagonistas concurren con aquello que están en condiciones de aportar, y esto tiene efectos económicos evidentes. Se puede añadir que los mencionados factores aluden también a la distribución social del poder: el capital da a quien lo controla un poder sobre quien no tiene ningún medio de vida y se ve obligado a trabajar al servicio de un capitalista a cambio de un salario. La observación de Boulding, además, subestima el papel del trabajo ignorando su significación antropológica profunda.

Los factores biogeoquímicos de la producción económica

En cualquier caso, el proceso productivo propiamente dicho se conceptualiza mejor, desde el punto de vista biofísico, con otras categorías. Podemos catalogarlas en ocho factores: 1) trabajo, 2) conocimiento, 3) materiales, 4) energía, 5) herramientas, 6) espacio, 7) tiempo y 8) residuos. El actor de un proceso económico, el trabajador (y/o quien le emplea), concibe mentalmente un proyecto; aplica un conocimiento, tanto del objetivo buscado como de los medios para llevarlo a la práctica; se dota de materiales y de energía de baja entropía que obtiene del medio ambiente; combina estos elementos con la ayuda de herramientas; los procesos implicados requieren espacio y tiempo; y finalmente se emiten partes sobrantes de materiales y energía en forma de residuos, que van a parar al medio ambiente. Este esquema —inspirado en Boulding (1992: 51-57) con algunos cambios— permite describir de manera más transparente las actividades económicas en el marco del entorno biogeoquímico en que tiene lugar el metabolismo socionatural: los materiales, la energía y el espacio provienen del medio natural, al que van a parar los residuos. Este inventario de factores revela así de manera clara que no hay producción al margen del medio ambiente natural.

Interesa también tener en cuenta los conceptos de flujo y fondo (o bienes-fondo). Materiales, energía, productos y residuos circulan: son flujos. Pero en toda producción —como subrayó Georgescu-Roegen (1986: 255-257)— hay elementos estables, los bienes-fondo, que se mantienen inalterables, como las máquinas, los locales, etc., aunque con el tiempo también se degradan convirtiéndose ellos mismos en residuos, y ha de ser reemplazados. Para la continuidad de toda producción hay que proteger la capacidad de los bienes-fondo para posibilitar reiteradamente los procesos de producción y reproducción sin los cuales la vida se interrumpiría.

Producción económica comporta destrucción ecológica

Cuando se habla de producción material se supone la existencia previa de una materia, sometida a una transformación que le da una forma que antes no tenía. Pero no se advierte que toda producción material comporta una destrucción. Al interactuar con el medio natural —obteniendo de él recursos materiales y energía y devolviéndole residuos— los seres humanos alteran ese medio, lo socavan, lo contaminan, lo destruyen. En los ecosistemas naturales las alteraciones provocadas por el juego entre los organismos vegetales y animales y su entorno abiótico se compensan de manera espontánea, manteniéndose la capacidad de dicho entorno para reproducir la vida una y otra vez —salvo cuando se producen mutaciones cualitativas, a veces cataclísmicas, que reorganizan el ecosistema sobre nuevas bases. En cambio, cuando la acción humana es la que actúa sobre el medio, hacen falta intervenciones conscientes y deliberadas para compensar las destrucciones y corregir constantemente las alteraciones infligidas al medio que puedan interrumpir su capacidad de proporcionar bienes y servicios a las comunidades humanas.

Esto ya lo habían descubierto los primeros agricultores y ganaderos hace milenios: sabían que después de la cosecha era preciso restituir a la tierra cultivada los nutrientes extraídos añadiendo estiércol u otros fertilizantes. Sabían que debían luchar contra la erosión de los suelos. Sabían que sólo podían obtener madera del bosque por debajo de su tasa de regeneración. Se autoimponían vedas en la pesca para permitir a las poblaciones de peces recuperarse. Sabían, en suma, que el ser humano es un intruso que no puede sobrevivir ni vivir sin causar algún tipo de heridas a la naturaleza prístina. Pero, como en todos los asuntos humanos, el saber no se aplica siempre de manera consecuente ni menos aun infalible. La ignorancia, la imprevisión, la ambición excesiva o el error de cálculo han conducido a muchas sociedades humanas a destruir su base ecológica de subsistencia y a desaparecer. La consciencia de la destrucción inherente a la producción, pues, ha estado presente a lo largo de la historia, pero siempre coexistiendo con la amenaza de una ambición excesiva que ha desembocado, en no pocas ocasiones, a dejar de aprovechar con prudencia el medio natural.

En el curso de la era moderna tuvieron lugar dos fenómenos que lo cambiaron todo: una explosión demográfica acompañada del saqueo de la biosfera y la fractura metabólica que supuso la dependencia creciente de la especie humana de los recursos minerales de la corteza terrestre.

Explosión demográfica y saqueo de la biosfera

La población mundial, que había crecido lentamente desde los 2 millones de habitantes estimados del Paleolítico hasta los 900 millones en el año 1800, se multiplicó por ocho entre el 1800 y el 2000, alcanzando los 7.500 millones. Este salto imprimió al medio ambiente una huella ecológica muy superior a la de cualquier época anterior, incrementada por unas innovaciones técnicas más agresivas con el medio natural. En un par de siglos se produjo un gran saqueo de la biosfera (Ponting 1992: 221-241). Se liquidaron cantidades inmensas de organismos vivientes, haciendo retroceder la biodiversidad y poniendo las bases de la Sexta Gran Extinción de especies vivas actualmente en curso y provocada por Homo sapiens. La especie humana disputó con un éxito aplastante el espacio vital de la Tierra a todas las restantes especies. Se pasó de un mundo vacío a un mundo lleno de pobladores humanos (Herman Daly).

Fractura metabólica y dependencia de la corteza terrestre

El segundo fenómeno fue una fractura metabólica: hasta la revolución industrial la especie humana había vivido, como los otros animales, de los bienes y recursos proporcionados por la fotosíntesis y había usado las energías libres proporcionadas por la naturaleza (radiación solar, viento, etc.). Con la revolución industrial se empiezan a quemar combustibles fósiles, primero carbón, luego petróleo y gas fósil disponibles en el subsuelo de la Tierra. La humanidad abandonó unas energías de flujo, renovables, por otras de stock, no renovables (Tanuro 2007). Pero, además, las innovaciones científicas y técnicas permiten conocer, descubrir y poner en valor muchos recursos minerales, sobre todo metálicos, antes ignorados. Empieza entonces una carrera para extraer los recursos minerales del subsuelo del planeta. A comienzos del presente milenio la industria utiliza prácticamente todos los elementos químicos de la tabla periódica.

La magnitud de la explotación de los recursos no renovables de la corteza terrestre se echa de ver en las siguientes cifras. La biomasa extraída por las actividades agrícolas, forestales, ganaderas y pesqueras en 1995, expresada en miles de millones de toneladas, ascendía a 10,6, descontando las pérdidas. Por su parte, las rocas y minerales extraídos ascendía el mismo año a 32, descontando los residuos (gangas y estériles) (Naredo 2007: 52, cuadro 1.1). En otras palabras: la humanidad actual extrae del medio natural tres veces más cantidad —en peso— de recursos abióticos del subsuelo que de recursos bióticos producidos por la fotosíntesis.

Tanto los combustibles fósiles —y el uranio— como los minerales metálicos y no metálicos son recursos no renovables, presentes en cantidades limitadas en la corteza terrestre. Si añadimos los fertilizantes de origen también mineral usados en la agricultura moderna, resulta que las sociedades humanas han dado un salto de gran transcendencia: han pasado de depender de recursos renovables y procedentes de la fotosíntesis a depender de recursos no renovables del subsuelo. Este cambio ha permitido intensificar la producción, obteniendo cantidades muy superiores de bienes (entre ellos más alimentos y medicamentos que incrementan la población humana y su esperanza de vida), proporcionando utilidades y comodidades nunca vistas. Pero intensificar la producción en el marco de un sistema socioeconómico expansivo como es el capitalismo ha supuesto intensificar también la destrucción. Las mejoras en el transporte han permitido no depender de los recursos cercanos y llegar hasta el último rincón del mundo para proveerse de lo necesario. La capacidad para no depender de los ecosistemas de proximidad alimenta la ilusión de que al ser humano todo le resulta posible, y que no hace falta reparar los daños infligidos al medio. A partir de ahí, el delirio antropocéntrico de dominación ilimitada ha desencadenado una carrera hacia una destrucción creciente de todas las condiciones de vida que no ha dejado de acelerarse.

Redefinir la noción de producción

En este contexto resulta obligado redefinir la noción de producción en la línea propuesta, asociando producción económica con deterioro ecológico (Naredo y Valero 1999) y proponiendo la tarea previa de minimizar la destrucción y la tarea ulterior de aplicar la regeneración, restauración o reposición como complemento necesario de la producción, a fin de hacer posible una economía sostenible en el tiempo. Hoy se percibe mejor que nunca que nuestros éxitos productivos son indisociables de los “efectos colaterales” destructivos que supone la sobreexplotación de la biosfera y la explotación irreversible de la corteza terrestre bajo el impulso al crecimiento incesante del sistema capitalista. La destrucción asociada a la actual abundancia ha llegado tan lejos que pone en peligro la reproducción mínima necesaria para sostener para toda la población una vida que merezca el calificativo de humana.

¿Qué cabe decir del sistema agroalimentario? Desde sus inicios la agricultura requirió alterar los ecosistemas preexistentes —sobre todo deforestando con el fuego— y reconstruir unos ecosistemas simplificados (agroecosistemas) destinados a asegurar alimentos y otros productos vegetales que han resultado (con excepciones) ecológicamente viables, aunque a menudo empobrecidos desde distintos puntos de vista. Lo mismo puede decirse de la ganadería, la pesca y el aprovechamiento forestal. A lo largo de la historia muchas comunidades agrícolas han sido conscientes de la necesidad de restauración permanente de la fertilidad de la tierra y han hallado fórmulas perdurables. Actualmente la recuperación ecologista de esta consciencia pone en entredicho las prácticas insostenibles de la agricultura llamada industrial aplicadas desde hace un par de siglos. Se está investigando y ofreciendo alternativas, pero no hay alternativa real sin una agricultura ecológica que no dependa de la energía del petróleo ni de otras aportaciones no renovables de la corteza terrestre. Las modalidades más artificializadas de agricultura moderna (cultivo sin tierra, agricultura vertical, etc.) sólo serán prácticas regenerativas viables si pueden prescindir de insumos no renovables.

Por otra parte, en un “mundo lleno” como el actual en el que habrá que renunciar a gran parte del transporte mecánico, deberá garantizarse que la provisión de alimentos sea suficiente y esté al alcance de todos, lo cual implica la máxima proximidad posible entre producción agroalimentaria y consumo, sólo viable con una redistribución espacial de las poblaciones humanas: un regreso a la tierra de millones de personas, un éxodo urbano hacia territorios rurales y ciudades medias y pequeñas más próximas a las fuentes de alimentos.

Para numerosas corrientes del pensamiento moderno agricultura, ganadería y pesca se han visto como sectores “tradicionales”, incapaces de modernizarse y contribuir significativamente al crecimiento económico por su menor capacidad para introducir aumentos de productividad. Se ha considerado a los campesinos poco menos que una rémora del pasado. Hay que superar esta visión: hay que restituir al sector agroalimentario y a sus protagonistas la importancia vital que tienen. La crisis a la que nos encaminamos los colocará en el lugar que les corresponde: un lugar central en la sociedad.

Las graves incógnitas del saqueo de la corteza mineral de la Tierra

Si persisten las tasas actuales de extracción y reciclado, se llegará a un punto en que los minerales aprovechables de la Tierra no bastarán para unas demandas industriales que no cesan de aumentar. Habrá que adaptarse a cantidades inferiores. El metabolismo industrial sólo podría imitar los procesos circulares de la biosfera si la energía usada por el ser humano fuese toda ella renovable y se reciclara el 100% de los materiales, lo cual es imposible. Es oportuno recordarlo cuando los voceros del capitalismo verde ofrecen el paso a una “economía circular” como una solución milagrosa a nuestro alcance.

El agotamiento de los combustibles y el uranio, previsto para la segunda mitad del siglo XXI, privará a la humanidad de las fuentes energéticas que han alimentado —hasta en un 85%— toda la civilización industrial. Habrá que encontrar fuentes alternativas de energía, que no podrán ser más que las renovables. Pero captar las energías renovables exige espacio y materiales, y las reservas de los metales necesarios para hacer funcionar las infraestructuras de captación no bastan para obtener la cantidad desmesurada de energía que usa la actual sociedad industrial (García Olivares, Turiel et al.: 2012). Será preciso reducir drásticamente el uso de energía y, por tanto, de recursos materiales y artefactos. Teniendo en cuenta el volumen de la población mundial y la cantidad y calidad de sus demandas, esta situación planteará retos de muy difícil solución. El drama que amenaza el inmediato futuro radica en haber construido una civilización material sumamente rica, compleja y energívora gracias a una abundancia de energía de stock de elevada densidad que se habrá agotado en el curso de pocos decenios.

El cambio climático puede parecer una amenaza más peligrosa que la perspectiva de un declive energético. Pero ello equivale a ignorar el papel estratégico que desempeña la energía en todas las actividades humanas; y a ignorar también que la emergencia climática solo puede enfrentarse eficazmente suprimiendo la quema de combustibles fósiles. McGlade y Ekins estiman que la quema entre 2010 y 2050 de todas las reservas fósiles conocidas triplicaría las emisiones de CO2 que mantendrían la temperatura del planeta por debajo de los 2 ºC, y para evitarlo proponer abstenerse de extraer del subsuelo 1/3 del petróleo, 1/2 del gas y 4/5 del carbón (Van der Ploeg y Rezai 2017). Pero en ambos casos —tanto si se adopta esta medida de autocontención como si se queman de manera irresponsable todos los combustibles fósiles a nuestro alcance— el problema del suministro de energía sería el mismo. En los dos supuestos la especie humana se encaminaría —con ritmos y efectos diferentes— hacia una dependencia decreciente de los combustibles fósiles y hacia una transición obligada (felizmente obligada) hacia un modelo energético renovable. La necesidad de adaptarse a un modelo energético renovable, dependiente de energías de flujo de densidad menor, no garantizará que se pueda mantener sin cambios importantes la actual civilización material a la que la gente se ha acostumbrado, lo cual impondrá un decrecimiento que puede resultar traumático, a menos que tenga lugar en un marco social completamente nuevo, ecosocialista.

Las estimaciones sobre disponibilidad de los materiales de la corteza terrestre indican que, si siguen los actuales ritmos de extracción, se agotarán los metales y otros materiales estratégicos en períodos que oscilan entre los 40 y los 100 años (Pitron 2019: 192). Esto augura un futuro en que ha humanidad tendrá que hacer funcionar su sistema productivo con un acervo de recursos que no sólo será limitado, sino obligadamente decreciente a partir de un punto determinado, ya que el reciclado no es posible con rendimientos del 100%, de modo que el sistema productivo deberá adaptarse a una cantidad menguante de materiales de la Tierra. Actualmente las cantidades de metales reciclados quedan lejos de las extraídas del subsuelo. El porcentaje de metal reciclado que se destina a la demanda final es para el aluminio del 34-36%, para el cobalto del 32%, para el cobre del 20-37%, para el níquel del 29-41% y para el litio de menos del 1% (World Bank 2020 [cifras de UNEP 2011]). Si prosiguen las actuales tasas de extracción y reciclado, pues, llegará un momento en que los metales disponibles no bastarán para satisfacer las demandas de unos usos industriales en expansión permanente. Será preciso adaptarse a una dotación menor. Como vio lúcidamente Georgescu-Roegen hace medio siglo, el principal obstáculo a la continuidad del industrialismo es más de materiales que de energía (cf. Naredo 2017: 75-76).

La finitud de la corteza terrestre, pues, pone un límite a los minerales aprovechables, incluyendo en este límite la cantidad de metales necesaria para un modelo energético 100% renovable y para la digitalización que requeriría dicho modelo con las actuales tecnologías de captación y control digital y con los actuales niveles de uso energético. El actual uso masivo de recursos minerales no renovables es el caso más flagrante de destrucción asociada a la producción porque su extracción es irreversible e irrepetible y la degradación entrópica asociada a su utilización reduce irremediablemente su disponibilidad futura. De cara al porvenir, será inevitable adoptar formas de existencia humana sobre una base material más reducida. ¿Será viable entonces la vida humana? ¿Y la civilización?

No hay respuestas concluyentes a tales interrogantes. La probabilidad de un estado de guerra prolongado por recursos crecientemente escasos es muy alta porque los países más ricos y poderosos tendrán la tentación de acaparar todo lo que puedan a cualquier precio. Pero incluso sin catástrofes bélicas el declive energético —y por tanto también de materiales— traerá consigo regresiones, colapsos y retrocesos en los niveles de complejidad y de civilización imposibles de pronosticar. También cabe imaginar que una pequeña parte de la humanidad pueda llegar a dominar una cantidad suficiente de fuentes de recursos del subsuelo para erigirse (al menos durante un tiempo, antes de agotar su propia base material) en potencia dominante sobre el resto de la humanidad. El desigual reparto de recursos del planeta permite imaginar escenarios de futuro muy variados, incluidas las distopías más devastadoras.

Paradójicamente, puede ocurrir que la finitud de los recursos de la Tierra sea el obstáculo insuperable que logre detener la carrera hacia el abismo. Así como la escasez de metales imposibilita construir una infraestructura de energías renovables que pueda suministrar a la humanidad las cantidades de energía usadas hoy, también hará imposible el despliegue previsto de las redes de comunicación y la digitalización que promueven y celebran los heraldos de dicho progreso. Los sistemas informático —incluso antes del despliegue del 5G— utilizan ya cantidades de energía comparables a las utilizadas por toda la aviación civil mundial, y tienen necesidades en metales escasos que alcanzarán pronto sus límites. El sistema mundial de transporte topará con límites semejantes si se pretende mantener la flota actual de vehículos pero reconvertida a energías renovables: “Transformar la actual flota de vehículos con motor de combustión (990 millones de automóviles, 130 millones de camionetas, 56 millones de camiones y 670 millones de motos) en una flota de vehículos eléctricos requeriría el 33% del litio, el 48% del níquel y el 59% del platino existentes en la corteza terrestre. Esto sería técnicamente factible, pero aun en este caso, podría provocar un aumento enorme de los precios de estos metales y bloquear la demanda de los mismos para otros usos industriales” (Bellver 2019).

En un horizonte de penuria, la ciencia puede ofrecer innovaciones útiles. La “ciencia de los materiales”, por ejemplo, puede obtener substancias artificiales con las que lograr ciertos servicios con cantidades muy inferiores de masa, como el grafeno, que se fabrica con un elemento muy abundante en la naturaleza: el carbono. La investigación deberá orientarse a la mejora de la eficiencia en energía y materiales. Constituirá sin duda una parte importante de la necesaria transformación de las fuerzas productivas hacia un metabolismo mejorado y simplificado en el seno de una economía humanista sin crecimiento.

Paradigmas ecológico y evolucionista

El corpus teórico marxista no vincula el industrialismo moderno con la fractura metabólica fosilista y la dependencia masiva de los minerales de la corteza terrestre, revelando así que se trata de una visión no ecológica. No haber comprendido la diferencia radical entre un metabolismo basado en la fotosíntesis y las energías libres y otro basado en recursos no renovables y finitos, destinado al callejón sin salida del agotamiento de los stocks del subsuelo, es una debilidad teórica que impide abordar adecuadamente la interpretación del industrialismo y sus perspectivas. Daniel Tanuro (2007) lo ha percibido correctamente cuando dice que ni Marx ni Engels “parecen haber comprendido que el paso de la leña a la hulla constituía un cambio cualitativo muy importante: el abandono de una energía de flujo (renovable) a favor de una energía de stock (agotable)”. Pero no desarrolla esta idea hasta su desenlace lógico: el paso de la leña a la hulla ha permitido un crecimiento excepcional de las fuerzas productivas que el movimiento inverso —en este caso, del petróleo a la eólica/fotovoltaica— no podrá mantener al mismo nivel y con las mismas formas. Se trata de lo que Alain Gras llama “la trampa de las energías fósiles”. La demanda de energía (de flujo) con las tecnologías modernas acarrea la demanda paralela de minerales, de manera que no se trata de pasar simplemente del uso de recursos de stock al de recursos de flujo, pues los recursos de flujo requieren también bienes de stock, y en grandes cantidades debido al nivel muy alto de consumo y de necesidades al que las poblaciones humanas se han acostumbrado. Será preciso revolucionar las fuerzas productivas, construir una matriz productiva nueva y distinta, asentada sobre un sistema de energías renovables de flujo. Y aceptar las limitaciones de la producción correspondientes.

Un elemento de la perspectiva de futuro que resulta invisible con este marco teórico es que el agotamiento de la matriz energética fosilista imposibilitará la continuidad del capitalismo como sistema socioeconómico basado en la expansión indefinida de la producción de valor y, por tanto, de la apropiación y acumulación de recursos naturales. Este tope —intrínsecamente ecológico— supone un obstáculo para la continuidad del sistema mucho más contundente que el tope social contemplado por Marx y Engels: “la burguesía produce ante todo sus propios sepultureros. Su desaparición y la victoria del proletariado son igualmente inevitables” (Manifiesto del partido comunista). Y este límite ecológico condiciona también el futuro, incluso en la perspectiva del ecosocialismo: habrá que adaptarse a un modelo energético de menor potencia y renunciar a las formas actuales de abundancia material, abundancia que no debe confundirse con bienestar.

Es posible que se haya agotado el tiempo para una salida constructiva y que no nos quede otra alternativa que prepararnos para lo peor. En todo caso, la perspectiva de una u otra forma de colapso ecosocial sólo es imaginable a partir de un paradigma ecológico, no evolucionista. (Hay que decir también que de Marx siempre cabe esperar sorpresas, pues, como sucede a menudo con los pensadores grandes, era capaz de pensar con gran libertad fuera de sus propios marcos conceptuales. Al comienzo del Manifiesto comunista dice, en efecto, que la lucha de clases a lo largo de la historia ha terminado “siempre con la transformación revolucionaria de toda la sociedad o el hundimiento de las clases en pugna” [cursiva añadida]. La observación contrasta marcadamente con el tono evolucionista del texto en que figura y que caracteriza el marxismo tal como se desarrolló tras la muerte de su autor…)

En algo así se resume el cambio de paradigma necesario.

Por Joaquim Sempere | 14/04/2021

[Versión modificada del artículo publicado con el mismo título en Revista de Economía Crítica, núm. 30 (segundo semestre de 2020)]

 

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Ficciones financieras: viejas y nuevas

Por Michael Roberts

I: Las viejas

Debo declarar un posible conflicto de intereses. En los viejos tiempos, hace muchas lunas, trabajé para una consultora de inversiones que asesoraba a Bill Hwang, el propietario de Archegos, la “oficina familiar” del fondo de cobertura que se derrumbó recientemente, dejando 20 mil millones de dólares de deudas a dos grandes bancos, Credit Suisse y Nomura.

Bill Hwang

Hwang era entonces un ‘cachorro de tigre’, alguien a quien el veterano administrador de fondos de cobertura, Julian Robertson, del fondo de inversiones pionero Tiger, favoreció con capital de inversión ‘semilla’. Después de dejar Tiger, Hwang se estableció por su cuenta en 2001 con gran éxito. Pero su primer escándalo fue cuando, en 2013, Hwang fue excluido del negocio de inversiones en EE UU. Las autoridades alegaron que, utilizando información privilegiada, su fondo de cobertura Tiger Asia Management había violado las promesas que había hecho a algunos de los bancos de inversión más poderosos del mundo.

Pero no importa, Hwang, hijo de un pastor y profundamente religioso, pronto se reinventó para continuar la obra de Dios en la especulación financiera. Hwang ha atribuido a su fe haberlo ayudado a superar los tiempos difíciles. Después de la desaparición de Tiger Asia, dijo que había escuchado grabaciones de la Biblia durante horas.

Tras escuchar la palabra de Dios, estableció lo que se llama una ‘oficina familiar’, Archegos Capital Management, y llegó a desarrollar sus posiciones comerciales hasta decenas de miles de millones de dólares en los bancos de Wall Street, incluidos algunos a los que su antigua empresa había supuestamente engañado. La caída de Hwang se produjo la semana pasada cuando no pudo hacer frente a las caídas marginales en las operaciones de derivados (equity swaps), que había sufrido en varios bancos de inversión. Estos instrumentos les dan a los especuladores la opción de beneficiarse de las carteras de acciones sin tener que poseer ellos mismo las acciones en cuestión. Como dijo Marx hace unos 150 años en El Capital, “Se pueden obtener ganancias puramente mediante la negociación de una variedad de derechos financieros que existen solo en papel…. De hecho, se pueden obtener ganancias utilizando solo capital prestado para participar en el comercio (especulativo), sin el respaldo de ningún activo tangible».

Parece que Hwang había pedido prestados miles de millones de swaps de diferentes bancos para maximizar su «apalancamiento» al apostar en el mercado de valores, sin decirle a cada banco cuánto había pedido prestado. La debacle de Archegos Capital ha expuesto los riesgos ocultos del lucrativo pero opaco negocio de los derivados de acciones a través del cual los bancos empoderan a los fondos de inversión para hacer grandes apuestas en acciones y activos relacionados. “Tenemos un problema fundamental a la hora de informar sobre la tenencia de acciones sintéticas, un problema que no es secreto y no es nuevo”, dijo Tyler Gellasch, ex funcionario de la SEC y director ejecutivo de Healthy Markets, un grupo de presión. “Si hay cinco bancos diferentes que brindan financiamiento a un solo cliente, es posible que cada banco no lo sepa y, en cambio, piense que puede vender su exposición a otro banco si tienen problemas, pero no pueden, porque esos bancos ya están expuesto.»

Cuando las apuestas de Archegos se debilitaron, Hwang no pudo cumplir con sus compromisos con estos bancos y varios se quedaron colgados del problema. Como escribió Marx en El Capital“En toda estafa bursatil todo el mundo sabe que de un momento a otro llegará el colapso, pero todos esperan que pueda caer sobre la cabeza de su vecino, después de que él mismo haya atrapado la lluvia de oro y colocarla a buen recaudo».   En este caso, Goldman Sachs y Morgan Stanley rompieron primero con Whang y Credit Suisse y Nomura no.

La historia de Archegos es la de una crisis financiera a la antigua. Sí, el instrumento financiero involucrado, los derivados de intercambio de acciones, es una nueva forma de activo financiero (o lo que Marx llamó ‘capital ficticio’), inventado en los últimos 25 años. Y la creación de una ‘oficina familiar’, que no está sujeta a las mismas regulaciones financieras para los fondos de inversión modernos, se ha convertido en una nueva forma de evitar el escrutinio. Los fondos de cobertura son vehículos financieros especulativos básicamente para apostar (en su mayoría con dinero prestado) sobre el movimiento de los precios de las acciones, bonos, materias primas y sobre los ‘derivados’ de estos ad infinitum.. Las empresas de apuestas, cuando se anuncian en televisión, deben advertir: ‘por favor apueste responsablemente’, como exigen los reguladores (con poco efecto, por supuesto). Pero con las ‘oficinas familiares’, generalmente financiadas por fortunas familiares globales mega-ricas, es aún peor. No hay controles ni advertencias en absoluto.

En un informe emitido hace un año, la escuela de negocios Insead señaló que el número de ‘oficinas familiares’ unifamiliares había crecido un 38% entre 2017 y 2019, para llegar a ser más de 7.000. Los activos bajo gestión se situaron en unos 5,9 billones de dólares en 2019, según el informe. Hay que compararlo con los 3.6 billones de dólares en la industria global de fondos de inversión, según HFR. Estas ‘oficinas familiares’ pueden hacer lo que quieran con sus activos, sin regulación. Las familias ricas colocan una parte cada vez mayor de su riqueza en este tipo de estructuras. En promedio, controlan activos por valor de 1.600 millones de dólares cada una, según otro estudio de 2020 de UBS, y unas pocas pueden llegar a cientos de miles de millones de dólares. Normalmente, cada oficina familiar tiene dos o tres oficinas, a menudo en centros como Singapur, Luxemburgo y Londres. A los directores ejecutivos se les paga alrededor de 335.000 dólares al año, según el informe de Insead.

En el ejemplo de Archegos, parece que solo han sufrido los megabancos de inversión y no la gente corriente. Por lo tanto, es posible que no tengamos simpatía por ellos. Pero indirectamente, todos nos vemos afectados porque los bancos están utilizando fondos, también a menudo prestados, para especular de esta manera en lugar de proporcionar un servicio bancario adecuado a las personas. Los bancos prestan con condiciones estrictas para hipotecas o préstamos a pequeñas empresas, pero parece que no tienen ningún control en el caso de empresas como Archegos, con las que los bancos pueden ganar mucho dinero si todo va bien. Pero como lo expresó un corredor de derivados de acciones, los swaps de rendimiento total de acciones son “un caso clásico de recoger monedas de cinco centavos bajo una apisonadora … Puede recoger esas monedas de cinco centavos todo el día. Esa apisonadora se mueve muy lentamente. Pero si te tropiezas, chico, te atropellan».

En el caso del escándalo financiero de Woodford en el Reino Unido, ha habido un impacto directo en la gente del «mundo real». Han pasado más de 18 meses desde que la implosión del negocio de fondos de inversión de Neil Woodford desató el mayor escándalo de inversiones británico en una década. Más de 300.000 personas que confiaron sus ahorros ganados con esfuerzo al famoso «seleccionador de acciones» todavía están esperando recuperar el dinero. Muchos han tenido que retrasar la jubilación después de sufrir pérdidas de decenas de miles de libras. La Autoridad de Conducta Financiera del Reino Unido, el supuesto regulador financiero, fracasó estrepitosamente a la hora de prevenir el colapso de Woodford. Woodford fue aclamado en su día como «el hombre que no puede dejar de ganar dinero » y el «Warren Buffett de Gran Bretaña”. Pero el gran especulador bursátil se vio obligado a suspender la negociación de su fondo insignia Equity Income de 3.700 millones de libras esterlinas después de no poder hacer frente a una oleada de inversores que reclamaron su efectivo. Los inversores pueden perder hasta mil millones de libras esterlinas, más de una cuarta parte del valor del fondo en el momento de la suspensión.

Neil Woodford

También está el caso Greensill. Este era un banco ‘fintech’ creado por el ex ejecutivo de Morgan Stanley y Citibank, Lex Greensill. Se especializó en ‘financiamiento de la cadena de suministro’, es decir, ‘factoraje inverso’ donde el comprador elige facturas que el ‘factor’ de financiamiento (Greensill) pagará anticipadamente; eso es lo opuesto al factoraje donde el proveedor elige las facturas que quiere pagar por adelantado por el factor. El financiamiento de la cadena de suministro acelera las transacciones en un mercado global en rápido movimiento. Pero pone la carga del pago en el factor. La innovación revolucionaria de Lex Greensill consistió en dar un paso más, realizar y empaquetar estas facturas en fondos de inversión para venderlos a los bancos, de la misma forma que los grandes bancos de inversión convirtieron las hipotecas de alto riesgo en valores antes de la crisis financiera de 2008.

Greensill también utilizó depósitos de empresas y ayuntamientos para invertir en su aparentemente lucrativa operación, ofreciendo altas tasas y encontrando fondos y préstamos para clientes cuando los grandes bancos no prestaban. Creció rápidamente y adquirió exposición en préstamos por valor de 143.000 millones de dólares en 2019 con diez millones de clientes. En particular, proporcionó fondos al magnate metalúrgico Sanjeev Gupta, que posee la tercera empresa siderúrgica más grande del Reino Unido.

Sanjeev Gupta

Pero Greenshill quebró cuando no pudo encontrar suficiente financiamiento para sus compromisos crediticios en constante expansión y sus altas tasas para los depósitos. Los trabajadores del acero de Gupta podrían perder sus trabajos y los ayuntamientos alemanes podrían sufrir perdidas de 500 millones de dólares.

El escándalo todavía está en marcha, ya que parece que Greensill nunca tenía fondos suficientes para asumir los enormes pasivos (deudas) que tenían empresas como las siderúrgicas de Gupta. Peor aún, también parece que las empresas de Gupta estaban usando facturas para obtener préstamos de Greensill que fueron emitidas por otras empresas del complejo corporativo, en otras palabras, ¡que se apalancaban en recibos potenciales como garantía a Greensill que en realidad eran deudas de otros departamentos de la empresa! Mientras tanto, la empresa del grupo Gupta estaba recibiendo préstamos Covid de emergencia respaldados por el estado para mantener sus negocios durante la pandemia. Hasta el punto de que Gupta compró una casa adosada de 42 millones de libras esterlinas en Londres. Ahora se cree que Gupta está en Dubai. El gobierno del Reino Unido de Boris Johnson puede verse obligado a «nacionalizar» Liberty Steel de Gupta para salvar la empresa. Ha elaborado un plan de contingencia para rescatar Liberty Steel con dinero público mientras busca un comprador. Por lo tanto, este colapso financiero se rescatará gracias al erario público británico, de manera similar a cómo el Tesoro rescató British Steel en 2019 a un coste para los contribuyentes de casi 600 millones de libras esterlinas.

Así que nada ha cambiado desde que Marx escribió sobre “una nueva aristocracia financiera, una nueva variedad de parásitos en forma de promotores, especuladores y directores simplemente nominales; todo un sistema de estafa y engaño mediante la promoción de corporaciones, la emisión de acciones y la especulación de acciones».

Con el auge de las finanzas, «Todos los estándares de medición, todas las excusas más o menos todavía justificadas bajo la producción capitalista, desaparecen (….) dado que en este caso la propiedad existe en forma de acciones, su movimiento y transferencia se convierten puramente en el resultado del juego especulativo bursátil, en el que los peces pequeños son devorados por los tiburones y los corderos por los lobos de la bolsa”.

Lo nuevo son las formas de estas estafas. Ha habido un enorme aumento de lo que se denomina «banca en la sombra», es decir, préstamos y financiación de entidades no bancarias (IFNB), que se ha expandido enormemente desde el final de la Gran Crisis Financiera y ahora representa casi la mitad de todos los «activos» financieros. Nuestro nuevo moralista financiero, el ex gobernador del Banco de Inglaterra, Mark Carney, advierte que: «más de 20 billones de libras de activos se mantienen en fondos que prometen liquidez diaria a los inversores a pesar de invertir en activos subyacentes potencialmente ilíquidos».  Carney reconoce que fondos como los administrados por el deshonrado Neil Woodford “se basan en una mentira y podrían representar una amenaza para la economía global.  Estos fondos mantienen activos que son difíciles de vender a toda prisa, al tiempo que permiten a los inversores sacar su dinero cuando quieran, son un riesgo creciente para el sistema financiero«.

De vuelta a Marx.  “Las dos características inmanentes del sistema crediticio son, por un lado, desarrollar el incentivo de la producción capitalista, desde el enriquecimiento mediante la explotación del trabajo ajeno, hasta la forma más pura y colosal de juego y estafa”. De modo que el sector financiero sigue igual que antes, se dedica a la especulación y los reguladores no pueden detenerlos.

A medida que los mercados bursátiles mundiales alcancen nuevos máximos históricos y los bancos centrales continúen proporcionando suministros casi ilimitados de crédito al sector financiero aparecen ficciones financieras nuevas y sus inevitables crisis.

II: las nuevas (SPAC, NFT, criptomonedas)

El capital financiero es siempre ingenioso a la hora de inventar nuevas formas de especulación y estafas. En el pasado hemos tenido el boom de las punto.com cuando los precios de las acciones de muchas empresas emergentes de Internet se dispararon al alza, solo para colapsar cuando las ganancias de estas empresas no se materializaron y el coste de pedir prestado para especular aumentó. Eso fue en 2000 y estuvo seguida de una leve recesión en 2001.

Luego tuvimos el enorme auge crediticio en los precios de la vivienda, las hipotecas y los paquetes hipotecarios titulizados y sus derivados, que impulsaron un enorme boom inmobiliario y bursátil que colapsó en la crisis financiera mundial de 2008 y la posterior Gran Recesión. A esto le siguió una inyección masiva de dinero de los bancos centrales con tasas de interés muy bajas o cero y una «flexibilización cuantitativa» que condujo a un auge adicional en los mercados de acciones y bonos hasta máximos históricos. La crisis del COVID hizo que los bancos centrales duplicaran la ‘flexibilización cuantitativa’ para mantener el crecimiento de los precios de los activos financieros, mientras que la ‘economía real’ basada en la rentabilidad y la inversión en activos productivos se estancó.

En este mundo del siglo XXI, en el que son fáciles los préstamos de dinero, ha habido una serie de nuevas ficciones en el mundo de casino de la especulación financiera.

En primer lugar, están los SPACS, vehículos de adquisición para fines especiales. Estas son las llamadas compañías de “cheques en blanco”, los e.bancos y otros fondos de inversión que invierten en un SPAC, que no posee nada, pero promete a los inversores que el SPAC comprará una empresa privada y luego la llevará al mercado de valores en lo que se denomina Oferta Pública Inicial (venta de acciones al público). Si la oferta pública inicial genera un precio más alto que la inversión en el SPAC, todos obtienen ganancias.

Los SPAC se han apoderado de Wall Street y se han convertido en una de las inversiones favoritas de los gestores de fondos de inversión. Como explicó un SPAC, tenemos una “estructura inherentemente favorable a los inversores” con pocas desventajas. En Estados Unidos, que representa la mayor parte de la actividad de SPAC, 235 de estos instrumentos han recaudado 72.000 millones de dólares en lo que va de año, según Refinitiv. Pero, ¿hay un «pequeño inconveniente»? Supuestamente hay poco riesgo de perder la inversión original porque el efectivo se deposita en un fideicomiso que invierte en bonos del Tesoro de Estados Unidos y los accionistas pueden solicitar la devolución de su dinero en cualquier momento. Pero existe la posibilidad de que los altos rendimientos provengan de una peculiaridad única en el SPAC, que se divide en acciones y ‘opciones’ (opciones para comprar acciones) poco después de que la estructura comience a cotizar. Y aquí existe un riesgo sustancial de que las cosas salgan mal.

La opción, que por lo general vale solo una fracción de una acción, actúa como un endulzante para los primeros patrocinadores, quienes pueden recuperar su inversión mientras mantienen la opción. Cuando el SPAC encuentra una empresa para adquirir, las opciones se convierten en participaciones relativamente baratas en la nueva empresa. Pero aquellos que no aceptaron opciones sino que optaron por una participación en la empresa fusionada (principalmente pequeños inversores), corren el riesgo de una rentabilidad potencialmente mala y una recuperación de su inversión significativa menor en comparación con las opciones gratuitas conferidas a los primeros suscriptores.

Y muy a menudo resulta un mal negocio. Mientras que los fondos de inversión compran las ‘opciones’ a una fracción del precio de las acciones del SPAC y se retiran antes de que se complete la adquisición de SPAC, los pequeños inversores ‘minoristas’ permanecen hasta el final y descubren que el precio de la oferta pública inicial de adquisición cae muy rápidamente, dejándolos con pérdidas significativas. El resultado es que los pequeños inversores proporcionan el dinero para los ricos. Sin embargo, mientras el dinero es barato y el mercado de valores está en auge, los pequeños inversores en mejores condiciones seguirán esperando ganar dinero.

Luego están los NFT, o ‘tokens no fungibles’. ¿Qué diablos es eso? Las NFT son activos financieros digitales almacenados en blockchains (códigos digitales). Todo se puede convertir en un NFT para intentar venderlo. Christies ya ha subastado una obra de arte NFT (codificada digitalmente) por 70 millones de dólares. Una película nominada al Oscar se ha lanzado como NFT (código digital) y así sucesivamente. Pero lo que se vende es solo una representación única, en cadena de bloques (codificada digitalmente) de la obra de arte, no la obra de arte real en sí. Es el derivado final: un código digital derivado de un objeto o incluso de una persona, pero sin derechos de propiedad. ¿Entonces, para qué sirve? Para nada en realidad, es solo una moda y el comprador del NFT espera que se pueda vender a otro idiota para obtener ganancias.

Un aspecto negativo de la moda de los NFT es que la codificación de una obra de arte o una idea en una cadena de bloques implica cálculos complejos que consumen mucha energía. En seis meses, un solo NFT de un artista criptográfico consumió electricidad equivalente al consumo de energía promedio de un ciudadano de la UE durante 77 años. Esto, naturalmente, da como resultado una huella de carbono significativa.

Y este es un problema que se aplica a la tecnología blockchain de manera más general. Por ejemplo, la criptomoneda original Bitcoin (BTC) tiene un consumo de energía anual estimado en el rango equivalente a aproximadamente el 0,45 por ciento de la producción total de electricidad del mundo.

Y eso me lleva a la saga de las criptomonedas como el bitcoin. Escribí sobre blockchains y la locura de las criptomonedas hace más de tres años. Argumenté entonces que el Bitcoin tiene como objetivo reducir los costes de transacción en los pagos por Internet y eliminar por completo la necesidad de intermediarios financieros, es decir, los bancos. Pero dudaba que tales monedas digitales pudieran reemplazar las monedas fiduciarias existentes y ser ampliamente utilizadas en las transacciones diarias. Desde entonces, el precio de los bitcoin en monedas fiduciarias como el dólar ha fluctuado violentamente, pero más recientemente se ha disparado a alturas estratosféricas a medida que el dinero barato y la baja inflación han reducido el valor de la principal reserva y depósito de moneda, el dólar estadounidense. Mientras que el oro solía ser la reserva alternativa de valor al dólar, ahora parece que las criptomonedas como el Bitcoin se están convirtiendo en el activo monetario especulativo. ¿Por qué? Bueno, la mayor parte del oro se encuentra en las bóvedas de los bancos centrales, por lo que su precio está sujeto no solo al suministro de las minas de oro, sino también a las decisiones políticas de los bancos controlados por el gobierno. En cambio, el Bitcoin tiene una cantidad claramente definida de suministro digital y, a través de blockchains, se puede extraer y realizar transacciones sin controles gubernamentales.

En el mundo de fantasía actual de la inversión financiera de casino, el Bitcoin y otras criptomonedas parecen más atractivas para los especuladores de divisas que incluso el oro. Y así continúa el auge de las criptomonedas. Por ejemplo, Coinbase Global Inc, el mayor mercado de criptomonedas de EEUU, ahora está valorado en alrededor de 68 mil millones de dólares, en comparación con solo 8 mil millones en octubre de 2018. La compañía ahora tiene más de 43 millones de usuarios en más de 100 países.

Pero las criptomonedas no están más cerca de lograr la aceptación como medio de intercambio. El valor del Bitcoin no está respaldado por garantías gubernamentales, por definición. Está respaldado solo por el ‘código’ y el consenso que existe entre sus ‘mineros’ y titulares más importantes. Al igual que con las monedas fiduciarias, donde no hay un producto físico que tenga un valor intrínseco en el tiempo de trabajo para producirlo, la moneda criptográfica depende de la confianza de los usuarios. Y, de hecho, esa confianza en las criptomonedas varía con su precio en relación con la moneda fiduciaria, el dólar. Su precio se mide en dólares o en lo que se llama una ‘moneda estable’ ligada al dólar.

De hecho, mientras ha estallado la locura de las criptomonedas, el dólar estadounidense se ha afianzado cada vez más firmemente como la principal moneda del mundo (67% de todos los pagos, seguido del euro, el yen y el yuan).

El Bitcoin no está más cerca de la aceptación universal que cuando comenzó. Si bien las criptomonedas se han convertido cada vez más en parte de las finanzas digitales especulativas, todavía no creo que reemplazarán a las monedas fiduciarias, cuyo suministro está controlado por los bancos centrales y los gobiernos como principal medio de intercambio. Permanecerán en la microperiferia del espectro de las monedas digitales, tal como lo ha hecho el esperanto como lengua mundial universal contra el poder del inglés, el español y el chino.

Además, ya existen rivales a las criptomonedas que cuentan con el respaldo de los gobiernos: las monedas digitales del banco central (CBDC). Las CBDC se han debatido durante años como una alternativa al monedo en efectivo, ya que muchas economías han sido testigos de una caída en el uso del dinero físico en las transacciones. El dinero en efectivo representó solo el 20% de los pagos en China, la segunda economía más grande del mundo en 2018, según una investigación publicada por el Bundesbank en 2019. Esta semana, China se convirtió en la primera economía importante en crear una versión digital basada en blockchain de su moneda, el ciber yuan, para ser utilizado en transacciones. El banco central de Suecia, el Riksbank, reveló esta semana que su proyecto piloto de e-krona tardará al menos un año más en estar listo.

Estados Unidos es más reacio porque las finanzas estadounidenses tienen al dólar, que es la principal moneda del mundo. Esta semana, el presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, dijo que «no hay prisa por desarrollar una moneda digital del banco central».  Tras denigrar a las criptomonedas como «altamente volátiles y, por lo tanto, no son reservas de valor realmente útiles y no están respaldadas por nada», Powell continuó: » Es más un activo especulativo, que es esencialmente un sustituto del oro en lugar del dólar». Aun así, la Fed de Boston se asoció el año pasado con el Instituto de Tecnología de Massachusetts en un estudio de varios años sobre el desarrollo de una moneda digital del banco central. Pero se espera que el trabajo demore de dos a tres años.

En teoría, estas CBDC brindan una forma fluida y confiable de realizar transacciones digitales de manera más o menos instantánea y, como están respaldadas por el gobierno, las hacen atractivas en comparación con el oro, las monedas fiduciarias y las criptomonedas. Pero también reducen la libertad de las personas para controlar su propio ‘efectivo’ y abren las puertas de las actividades financieras personales a los gobiernos, supuestamente reduciendo la corrupción, pero también poniendo los medios de vida de las personas aún más en manos de los gobiernos.

En los últimos 20 años, las ficciones financieras se han digitalizado cada vez más. Las transacciones financieras de alta frecuencia han sido reemplazadas por la codificación digital. Pero estos desarrollos tecnológicos se han utilizado principalmente para aumentar la especulación en el casino financiero, dejando atrás a los reguladores. Cuando los mercados financieros se derrumben, lo que eventualmente ocurrirá, el daño digital quedará al descubierto.

es un reconocido economista marxista británico, que ha trabajado 30 años en la City londinense como analista económico y publica el blog The Next Recession.

Fuente:

https://thenextrecession.wordpress.com/2021/04/03/financial-fictions-the-old-ones/

Traducción:G. Buster

Amagar en el mar del Sur de China para golpear en Ucrania

por Raúl Zibechi

Desde hace algunos meses el ex secretario de Estado Henry Kissinger viene alertando sobre la posibilidad de un conflicto armado entre EEUU y China, apuntando la necesidad de que su país tome el camino de la cooperación con Pekín, ya que puede «conducir a buenos y grandes resultados».

Por el contrario, desaconseja justo lo que viene haciendo el presidente Joe Biden, ya que «una coalición que apunta a un país específico no es razonable».

A fines de marzo, con 97 años, Kissinger insistió en «un entendimiento con China sobre un nuevo orden global para garantizar la estabilidad o el mundo enfrentará un período peligroso como el que precedió a la Primera Guerra Mundial«. Lo dice con la experiencia que le da el haber piloteado uno de los giros de política internacional más importantes de la década de 1970, al haber concretado una alianza de EEUU con China para contener a la Unión Soviética.

En un evento de Chatham House en Londres, dijo que «es infinitamente más peligroso ahora de lo que era entonces», en referencia a la situación de 1914 que desencadenó la primera guerra, ya que «el armamento de alta tecnología en ambos lados podría conducir a un conflicto».

En el mismo sentido se pronunció el analista Michel T. Klare: «La historia nos dice que los conflictos no siempre comienzan debido a la planificación y la intención», explica Klare en un largo artículo en Tom Dispatch.

En junio de 1914, sostiene, «las principales potencias europeas tropezaron con la Primera Guerra Mundial». Y agrega: «Lamentablemente, nos enfrentamos a la posibilidad de una situación muy similar en los próximos años. Las tres principales potencias militares de la era actual, China, Estados Unidos y Rusia, se están comportando de manera inquietante, igual que sus contrapartes de esa era anterior».

Argumenta que el actual despliegue de fuerzas en las fronteras de sus adversarios, o de los aliados de esos adversarios, y las operaciones de «flexión muscular y demostración de fuerza (…) implican un alto grado de riesgo cuando se trata de provocar un choque accidental o no intencionado que podría resultar en un combate a gran escala o incluso, en el peor de los casos, en una guerra global».

A mi modo de ver, el despliegue naval de EEUU en el mar del Sur de China es apenas un amague previo a la presión, con atisbos de guerra «localizada», en la frontera de Ucrania con Rusia.

A principios de abril un grupo de ataque de portaviones de EEUU entró en el mar de China, pero Pekín reaccionó desplegando un grupo de tareas del portaviones Liaoning en el Estrecho de Miyako, perteneciente a la prefectura de Okinawa pero relativamente cerca de Taiwán, la isla que está en el centro de las disputas.

En efecto, el despliegue de la Armada del Ejército Popular de Liberación, incluía el portaviones Liaoning y estaba acompañada por el destructor de misiles guiados Nanchang, que navegaron a través del estrecho de Miyako, situado entre las islas japonesas de Miyako y Okinawa, en dirección al océano Pacífico, según Global Times.

El periódico oficialista chino agrega que el despliegue de su Armada se realizó «comenzando ejercicios regulares cerca de la isla de Taiwán, en un momento en que los buques de guerra estadounidenses, incluido un portaviones, hicieron provocaciones puntiagudas cerca de China».

Los destructores chinos de la clase 055 son considerados «las naves de combate más poderosas del mundo«, superiores incluso a los estadounidenses Zumwalt, según la revista especializada MilitaryWatch Magazine. Lo más sugestivo es que China ha sido capaz de botar ocho de esas naves en tiempo récord de tres años.

La impresión es que China no es vulnerable en sus aguas territoriales, ni en los mares que la circundan. Un reciente estudio de Military.Direct, concluye que las tres potencias militares del mundo tienen sus puntos fuertes en cada una de las tres armas: EEUU en la superioridad aérea, Rusia en la terrestre y China en la naval.

Según este análisis, el poder aéreo del Pentágono es superior al de China y Rusia sumados. Pero China duplica la capacidad naval de EEUU en sus aguas, donde además de su Armada cuenta con misiles antibuque para los que el Pentágono no tiene respuesta, además de la guerra cibernética que el Dragón está en condiciones de desplegar, cegando las defensas enemigas.

Por eso, limitado en el Mar del Sur de China, el Pentágono parece estar apuntando hacia las fronteras de la Unión Europea con Rusia. Como señala el analista de Asia Times, Pepe Escobar, «Ucrania y Rusia pueden estar al borde de la guerra, con graves consecuencias para toda Eurasia».

Según su análisis, el 24 de marzo el presidente ucraniano Volodímir Zelenski firmó un decreto que define que la política oficial del país consiste en «recuperar Crimea de Rusia», lo que equivale a una declaración de guerra apoyada por la OTAN. Esa es la razón para Escobar de que Rusia refuerce sus fronteras.

¿Qué buscan la OTAN y el Pentágono al crear una situación bélica en las fronteras de Rusia? Creo que se trataría de un golpe estratégico de tres dimensiones:

El primero significa la ruptura deseada por Washington entre la Unión Europea y Rusia. Aislar a Rusia es un deseo largamente acariciado por las elites de EEUU, que buscan a mediano plazo un cambio de régimen en Moscú para instalar un gobierno pro occidental que abra sus enormes riquezas naturales a las multinacionales del Norte.

El segundo es el fin del gasoducto Nord Stream 2, al que le faltan apenas 35 kilómetros y dos meses para su finalización, lo que asegura el suministro energético a Alemania y Europa en el largo plazo. Las reiteradas sanciones a empresas europeas y rusas que construyen el gasoducto no han podido impedir su desarrollo, considerado «peligroso» por Washington que desea vender su propio a gas a Europa.

El tercero se relaciona con China y Eurasia, como apunta Escobar. Debilitar a Rusia es el paso imprescindible para bloquear o acotar la Ruta de la Seda. Como señala el exembajador de la India MK Bhadrakumar, el acuerdo China-Irán firmado el 27 de marzo, cambia las reglas del juego porque «afecta las estrategias globales estadounidenses», al punto que aliados tradicionales de EEUU como Turquía y Arabia Saudí ya no siguen sus orientaciones.

A la defensiva en todo el mundo, apretar en Crimea y en las repúblicas de Donetsk y Lugansk puede ser una salida, peligrosa por cierto, para una estrategia global que no encuentra puntos de apoyo como antaño.