La Inmanencia: una vida…

Extraído de Philosophie. 47 (1-9-95). pp. 3-7

Por Gilles Deleuze

¿Qué es un campo trascendental? Se distingue de la experiencia en tanto que no remite a un objeto, ni pertenece a un sujeto (representación empírica). Además se presenta como pura corriente de conciencia a-subjetiva, conciencia prerreflexiva impersonal, duración cualitativa de la conciencia sin yo. Puede parecer curioso que lo trascendental se defina por unos datos inmediatos de ese tipo: se hablará de empirismo trascendental, por oposición a todo lo que forma al mundo del sujeto y del objeto. Hay algo salvaje y potente en un empirismo trascendental de ese tipo. No es ciertamente el elemento de la sensación (empirismo simple), puesto que la sensación no es más que un corte en la corriente de conciencia absoluta. Es más bien, por muy próximas que estén dos sensaciones, el paso de una a otra como devenir, como aumento o disminución de potencia (cualidad virtual). Entonces, ¿hay que definir el campo trascen­ dental por la pura conciencia inmediata sin objeto ni yo, en tanto que movi­miento que no comienza ni termina? (Incluso la concepción espinosista del paso o de la cantidad de potencia recurre a la conciencia).

Pero la relación del campo trascendental con la conciencia es sólo de dere­ cho. La conciencia sólo se convierte en un hecho si un sujeto es producido al mismo tiempo que su objeto, todos fuera del campo y apareciendo como «tras­cendentes». Al contrario, mientras la conciencia atraviese el campo trascenden­ tal a una velocidad infinita difundida por todas partes, no hay nada que pudiese revelarla. 23. Es por ello que el campo trascendental no puede ser definido por su conciencia, que sin embargo le es coextensiva, pero substraída a toda revelación.

Lo trascendente no es lo trascendental. A falta de conciencia, el campo trascendental se definiría como un puro plano de inmanencia, puesto que esca­ pa a toda trascendencia tanto del sujeto como del objeto 24. La inmanencia ab­soluta es en sí misma: ella no es en alguna cosa, no es inmanencia a alguna cosa, no depende de un objeto y no pertenece a un sujeto. En Spinoza, la inma­nencia no lo es a la substancia, sino que la substancia y los modos son en la inmanencia. Cuando el sujeto y el objeto, que caen fuera del plano de inma­nencia, son tomados como sujeto universal u objeto cualquiera a los que la inmanencia misma les es atribuida, resulta toda una desnaturalización de lo trascendental que no hace más que redoblar lo empírico (así en Kant), y una deformación de la inmanencia que se halla entonces incluida en lo trascenden­tal. La inmanencia no remite a un Algo como unidad superior a toda cosa, ni a un Sujeto como acto que opera la síntesis de las cosas: sólo cuando la inma­nencia no es ya inmanencia a otra cosa cualquiera, se puede hablar de un plano de inmanencia. Tan poco como el campo trascendental no se define por la conciencia, el plan de inmanencia no se define por un Sujeto o un Objeto capa­ces de contenerlo.

Se dirá de la pura inmanencia que es UNA VIDA, y ninguna otra cosa. No es inmanencia a la vida, pero lo inmanente que no es en nada es él mismo una vida. Una vida es la inmanencia de la inmanencia, la inmanencia absoluta: es potencia, beatitud completas. Sólo en la medida en que, en su última filosofía, supera las aporías del sujeto y del objeto, Fichte presenta el campo trascenden­ tal como una vidayque no depende de un Ser ni está sometida a un Acto: con­ ciencia inmediata absoluta cuya actividad ya no remite a un ser, pero no cesa de ponerse en una vida 25. El campo trascendental se convierte entonces en un auténtico plan de inmanencia que reintroduce el espinosismo en lo más pro­ fundo de la operación filosófica. ¿No es una aventura semejante la que le so­ brevino a Main de Biran, en su «última filosofía» (aquella que él estaba dema­ siado cansado para sacar adelante), cuando descubría bajo la trascendencia del esfuerzo una vida inmanente absoluta? El campo trascendental se define como un plano de inmanencia, y el plano de inmanencia como una vida.

¿Qué es la inmanencia? una vida… Nadie mejor que Dickens ha contado qué es una vida, teniendo en cuenta el artículo indefinido como indicio de lo trascendental. Un canalla, un mal sujeto despreciado por todos es llevado mo­ribundo, y he aquí que aquellos que lo curan manifiestan una suerte de aten­ ción, de respeto, de amor por el más pequeño signo de vida del moribundo. Todo el mundo se afana por salvarlo, hasta el punto que en lo más profundo de su coma el hombre villano siente él mismo algo dulce que le penetra. Pero a medida que vuelve a la vida, sus salvadores se vuelven más fríos, y él reencuentra toda su grosería, su mezquinidad. Entre su vida y su muerte, hay un momento que ya no es más que la vida jugando con la muerte 26. La vida del individuo hace sitio a una vida impersonal, y por consiguiente singular, que suelta un puro elemento liberado de los accidentes de la vida interior y exterior, es decir, de la subjetividad y de la objetividad de lo que sucede. Homo tantum al que todo el mundo compadece y que alcanza una especie de beatitud. Es unahaecceidady que ya no es individuación, sino singularización: una vida de pura inmanencia, neutra, más allá del bien y del mal, ya que sólo el sujeto que la encamaba en medio de las cosas la hacía mala o buena. La vida de esa indivi­ dualidad se borra en provecho de la vida singular inmanente a un hombre que ya no tiene nombre, aunque no se confunda con ningún otro. Esencia singular, una vida…

No debería ser incluida una vida en el simple momento en el que la vida individual afronta la universal muerte. Una vida está en todas partes, en todos los momentos que atraviesa este o aquel sujeto viviente y que miden ciertos objetos vividos: vida inmanente llevándose los acontecimientos o singularida­ des que no hacen más que actualizarse en los sujetos y los objetos. Esta vida indefinida no tiene ella misma momentos, aunque estén muy próximos, sino solamente entretiempos, entre-momentos. No sobreviene ni sucede, sino que presenta la inmensidad del tiempo vacío donde se ve el acontecimiento todavía por venir y ya llegado, en el absoluto de una conciencia inmediata. La obra novelesca de Lemet Holenia pone el acontecimiento en un entre-tiempo que puede engullir regimientos enteros. Las singularidades o los acontecimientos constitutivos de una vida coexisten con los accidentes de la vida correspon­ diente, pero no se agrupan ni se dividen de la misma manera. Se comunican entre ellos de una manera totalmente distinta a los individuos. Puede presentar­ se incluso que una vida singular prescinda de toda individualidad, o de cual­ quier otro concomitante que la individualice. Por ejemplo, los niños pequeños se parecen todos y no tienen individualidad alguna; pero ellos tienen singulari­ dades, una sonrisa, un gesto, una mueca, acontecimientos que no son caracte­ res subjetivos. Los niños pequeños están atravesados de una vida de inmanen­ cia que es pura potencia, e incluso beatitud a través de los sufrimientos y las debilidades. Los indefinidos de una vida pierden toda indeterminación en la medida en que rellenan un plano de inmanencia o, lo que estrictamente viene a ser lo mismo, constituyen los elementos de un campo trascendental (la vida individual, en cambio, permanece inseparable de las determinaciones empíricas). Lo indefinido como tal no marca una determinación empírica, sino una determinación de inmanencia o una determinabilidad trascendental. El artícu­lo indefinido no es la indeterminación de la persona sin ser la determinación de lo singular. El ‘Un’ no es el trascendente que puede incluso contener la inma­nencia, sino lo inmanente contenido en un campo trascendental. «Un» es siem­pre el indicio de una multiplicidad: un acontecimiento, una singularidad, una vida… Podemos siempre invocar un trascendente que caiga fuera del plano de inmanencia, o incluso que se lo atribuya, seguirá quedando que toda trascen­dencia se constituye únicamente en la corriente de conciencia inmanente pro­pia a ese plano 27. La trascendencia es siempre un producto de la inmanencia. Una vida no contiene más que virtuales. Está hecha de virtualidades, acon­tecimientos, singularidades. Lo que llamamos virtual no es algo que carece de realidad, sino que se implica en un proceso de actualización siguiendo el plano que le da su realidad propia. El acontecimiento inmanente se actualiza en un estado de cosas y en un estado vivido que hacen que llegue. El plan de inma­nencia mismo se actualiza en un Objeto y un Sujeto a los que se atribuye. Pero, por muy separables que sean de su actualización, el plano de inmanencia es él mismo virtual, tanto como los acontecimientos que lo pueblan son virtualidades.

Los acontecimientos o singularidades dan al plano toda las virtualidades pro­ pias de ellos, como el plan de inmanencia da a los acontecimientos virtuales una plena realidad. El acontecimiento considerado como no-actualizado (inde­finido) no carece de nada. Basta con ponerlo en relación con sus concomitan­ tes: un campo trascendental, una plano de inmanencia, una vida, unas singula­ ridades. Una herida se encama o se actualiza en un estado de cosas y en un vivido; pero es ella misma un puro virtual sobre el plano de inmanencia que nos arrastra en una vida. Mi herida existe antes que yo… 28 No una trascenden­ cia de la herida como actualidad superior, sino su inmanencia como virtualidad en el seno siempre de un medio (campo o plano). Hay una gran diferencia entre los virtuales que definen la inmanencia del campo trascendental, y las formas posibles que los actualizan y que los trasforman en algo trascendente.

Notas:

23 [H. Bergson. Matière et mémoire’, «como si reflejáramos sobre las superficies la luz que emana de ellas, luz que, propagándose siempre, no habría sido revelada nunca» Oeuvres. París: PUF, p. 186].

24 [Cf. J. P. Sartre, 1m trascendence de /*Ego. París: Vrin: Sartre presenta un campo tras­ cendental sin sujeto, que reenvía a una conciencia impersonal, absoluta, inmanente: en relación a ésta, el sujeto y el objeto son «trascendentes» (pp. 74-87). Sobre James, cf. el análisis de David Lapoujadc, «Le flux intensif de la conscience chez Williams James», Philosophie, 46 (junio 1995)].

25 [Ya en ia introducción a la Doctrina de la ciencia: «la intuición de la actividad pura que no es nada fijo, sino progreso, no un ser, sino una vida» Oeuvres choisies de philosophie première.París: Vrin, p. 274. Sobre la vida según Fichtc, c f Initiation à la vie bienheureuse. Aubier (y el comentario de Gueroull p. 9).

26 [C. Dickens, El amigo común, III, cap. 3].

27 [Incluso Husserl lo reconoce: «El ser del mundo es necesariamente trascendente a la conciencia, incluso en la evidencia originaria, y en ella permanece necesariamente trascendente. Pero esto no cambia nada al hecho que toda trascendencia se constituye únicamente en la vida de la conciencia, como inseparablemente ligada a esta vida…» Méditations cartésiennes. París: Vrin, p. 52. Éste será el punto de partida del texto de Sartrel.

28 [Cf. J. Bousquet, Les capitals, Le Cercle du livre].

Golpe y horda: Apuntes sociológicos sobre los conflictos post-electorales en Bolivia

Por Juan Pablo Neri Pereyra

Se vienen tiempos difíciles en Bolivia. Aunque pareciera que hemos retornado a una normalidad, es una normalidad ambigua, que no termina de acomodarse. Lo que prevalece es, en todo caso, una sensación de incertidumbre. Esto es porque todavía no caemos en cuenta sobre la magnitud, en términos simbólicos, de la caída de nuestro otrora “pequeño gran Otro”. Tampoco caemos en cuenta sobre los problemas por venir, sobre todo en lo que respecta a la economía. Y, a lo largo de esta coyuntura un tema que generó una sensación de angustia a más de uno es ¿Qué posición tomar? No sólo por el impulso espontáneo por hacerlo, sino por la presión social que provino desde distintos lugares (familia, pares, colegas, desconocidos). El espectro se redujo, penosamente, a dos parcialidades: 1.- Estar afavor de la “defensa de la democracia y en contra del “vandalismo” y del “narcoterrorismomasista”; 2.- Estar en contra del “golpe de Estado”, ya sea que se estuviera a favor o en contra del MAS.

Ambos relatos, digámosles a modo de provocar fantásticos, son un problema. Porque simplifican, hacen maniqueo el análisis y se alejan de la discusión sobre las problemáticas reales. Con una finalidad didáctica, a esta discusión la caracterizaré como la oposición entre el relato del Golpe y el de la Horda. Dos historias de terror que continúan atemorizando y que empujaron a la inmensa mayoría al razonamiento simplificado, característico de la manipulación y del pánico del que somos presas en los momentos de crisis. Entonces, ¿Cuál es el relato verdadero? La respuesta que propongo y que me parece la más radical: ninguno. ¿Por qué? Precisamente, para evitar la continuidad de temores infundados, la satanización del “otro” y el análisis circunstancial.

Para evitar reactivar una discusión, en el fondo fútil, el primer señalamiento que me interesa realizar es que, visto en retrospectiva, la afirmación de si hubo o no golpe debe entenderse como un ejercicio político coyuntural de toma de postura. Y, como señala OscarVega: “El recurso a buscar solamente en las causas emergentes y, ante todo, ocasionalescomo son el cómo y el porqué de un golpe de Estado, termina conduciendo a una reducción de los hechos, generando nebulosas convicciones para encubrir y eludir un curso de lascosas, o, como el polémico ensayista le gusta decir: ‘Así de ocasional sería la historia del país’” (2019:1). Mi propuesta es entonces, salir de la reflexión ocasional, de la que fuimos presas y, en todo caso, intentar revisar sociológicamente ambos relatos, con miras a situar la lucha de clases, que no tuvo lugar, en cada uno. Es decir, comprender la composición social, así como el contenido discursivo predominante, de las parcialidades o bloques que se movilizaron en los conflictos post-electorales de 2019.

Desde luego, este es un ejercicio de análisis que deberá ampliarse, considerando por ejemplo las particularidades regionales y grupales de cómo se vivieron los conflictos. En el presente análisis, si bien realizo apuntes generales, el propósito es postular que la composición de los bloques movilizados fue más heterogénea de lo que, por ejemplo, los medios de comunicación optaron por informar. Por supuesto, este texto es también una provocación, como otras, para convidar a ampliar la discusión, en lugar de cerrarla como han pretendido tantos otros análisis, desde ambos bandos.

El institucionalismo conservador

Para iniciar el desmontaje de estos relatos fantásticos (golpe y horda), arrancaré con una primera provocación: La defensa de la democracia no es, ni una revolución, ni una victoria popular que pueda ser apuntalada como hito histórico de transformación social. Lademocracia es el régimen y sistema que tenemos ahora. O sea, “es lo que hay”. No obstante,no es ninguna panacea para las contradicciones sociales estructurales, algunas, sobre las que elaboraré más adelante (dependencia, desigualdad, explotación, diferencia), ni mucho menos podría afirmarse que es un sistema político donde, efectivamente, el “pueblo”(concepto vacío y demostradamente prostituible) sea el que gobierna. Históricamente, la democracia moderna ha servido sobre todo para favorecer intereses de bloques, al interior de los cuales se gestan y se consolidan élites y relaciones de poder.

Considerando la afirmación precedente, sobre la cual he insistido bastante en otros escritos, un primer señalamiento político, a ser abordado sociológicamente, es: Ninguna de las voces de ambos bloques, en el conflicto que inicia en octubre, podría afirmarse más legítima que la otra. Lo cual no quiere decir que alguna de estas voces no lo fuera en cierta medida. En todo caso, la multiplicidad de voces que se movilizan desde el 20 de octubre poseyó una legitimidad feble, como se verá más adelante. No obstante, durante el transcurso de los eventos y su desenvolvimiento, todas estas voces asumieron, en algún punto, una posición triunfalista. Por otra parte, si bien en otros textos señalé que no tuvolugar una “lucha de clases” per se, en el sentido que no existió un horizonte transformador de las estructuras económicas y sociales, los acontecimientos estuvieron marcados por este antagonismo. Esto es lo que intentaré argumentar en adelante.

A partir del 22 de octubre, ante la sospecha del fraude electoral, se moviliza un primer bloque, por el desencanto frente a la arbitrariedad. A pesar de que los resultados electorales no le otorgaban una victoria a nadie, el punto central era: después de que se defraudara la confianza de una parte significativa del electorado, el 21 de febrero de 2016, se volvió a defraudar el último atisbo de confianza en la institucionalidad democrática que se tradujo en aceptar a regañadientes las elecciones de 2019, con Evo como candidato. A pesar de esto, y considerando las irregularidades durante el conteo de votos, La posición de Morales, haya habido fraude o no, era la de un goleador, cuando lo que en realidad hubo fue un “empate técnico” (utilizando el eufemismo de su vicepresidente, García Linera).

No ganó Evo, porque sacar un 45% luego de una década de victorias electorales con más del 55% es perder catastróficamente. Pero tampoco ganaron los otros, «empataron» en bloque, y perdieron catastróficamente por separado. En términos de cantidad de votos, que es lo que en ese momento era lo central, estas proporciones tan sólo mostraron una indecisióngeneralizada, y el desencanto con relación a las diversas “propuestas”, si es que además selas podía considerar como tales. Como señalé en otro texto, tanto el voto oficialista, como los votos opositores, mostraban una inclinación más conservadora. Ambos votos buscaban preservar su versión de un status quo. Las elecciones marcan el inicio de la incertidumbre que todavía se siente en todos los sectores de la población.

Las movilizaciones del bloque defraudado por la arbitrariedad, inicialmente tenían una composición relativamente heterogénea. Es decir, se movilizan distintos sectores de la sociedad. Pero, rápidamente pasan a ser dominadas por las clases media y alta urbanas, diríamos, «tradicionales». Los hijos de la burguesía empresarial y de las familias «de bien», pronto fetichizados como «la generación del bicentenario” –sobra decir que, la mayoría de las veces, el recurso de definir una coyuntura en términos del grupo etario que la protagoniza, esconde un razonamiento conservador–. De manera paralela, inician movilizaciones en defensa del candidato Morales, cuya composición también fue heterogénea, pero se observa una mayor presencia poblacional de las clases subalternas. En términos de la proveniencia territorial de los grupos que contienden, es clara la oposición entre barrios de clases favorecidas y barrios populares y, posteriormente, entre lo urbano y lo rural, por ejemplo.

Esto se hace mucho más evidente, en los días posteriores, cuando las clases medias y altas sostenían sus bloqueos en sus bastiones o barrios, se activaban micro-conflictos entre sectores de las clases subalternas (comerciantes minoristas y transportistas que viven al día), no tanto por la cuestión política-electoral, sino por el perjuicio que les ocasionaba el bloqueo. Sin embargo, la simplificación (producto de la experiencia de clase diferenciada) ya había comenzado: los que querían desbloquear eran, sin más, “masistas violentos”. Este calificativo, al igual que otros, se extiende a lo largo de los conflictos y es consolidado por los medios de comunicación corporativos. La rápida popularización de estos calificativos, que contrastaba con la celebración del heroísmo de las movilizaciones en defensa de la institucionalidad democrática, demuestra que las mismas carecían de tenor más allá de la indignación coyuntural.

Efectivamente, en lo que respecta al fetiche etario, si bien las movilizaciones en contra del fraude estuvieron dominadas por jóvenes de clase media y alta de las urbes, la sola motivación de oponerse al fraude planteaba un problema de vacío de contenido político. En consecuencia, el contenido discursivo político de este bloque fue rápidamente provisto por“baby boomers” (para continuar con el fetiche etario) provenientes de las mismas clases dominantes “tradicionales” urbanas. En este caso, el recurso retórico para encubrir su desprecio por las clases subalternas fue la defensa a ultranza de la institucionalidad democrática. Recurso que, a partir de ese momento, se muestra absolutamente funcional, por su contenido relativamente legítimo y provisto por la propia coyuntura. La postura política de este sector fue, por lo tanto, la de un ‘institucionalismo-conservador’. Postura que fue asumida por los medios de comunicación corporativos, como ANF, Página Siete y El Deber, entre otros, que desde mucho antes habían tomado partido por los candidatos de la derecha no masista 1.

La movilización de este bloque resultó exitosa, culminando en la renuncia de Evo Morales. Aunque con el tiempo se sabrá si fue realmente un éxito «popular» o, más bien, se debió al cálculo político de la otrora élite en el poder. Esta situación, lógicamente, deriva en una narrativa triunfalista y activa un ethos de «ganadores» que, cómo señalo antes haciendo uso del eufemismo condescendiente del «empate técnico», no correspondía ni corresponde. El análisis institucionalista-conservador se enfoca en celebrar el triunfo de la “defensa de la democracia” y, con ello, de un “tejido social” aparente y localizado en la facción social urbana “de bien”. Algunas voces de este bloque incluso pasaron a utilizar conceptos que, en el sentido estricto, les causarían pavor, como “revolución” (de las pititas), por ejemplo.

Otra vez, la “parte maldita”

¿Qué ocurrió con la otra parte, la “parte maldita”? (Cf. Tapia, 2008) En octubre, ante los reclamos del bloque opositor, también se movilizaron organizaciones sociales en defensa del expresidente: mineros asalariados, cooperativistas mineros y comunidades campesinas, entre otros sectores. Estas movilizaciones, como las del primer bloque, también poseían una legitimidad relativa, aunque azuzada por la retórica triunfalista precoz del gobierno del MAS, que tampoco correspondía por la razones que ya he expresado. Sin embargo no se puede obviar el hecho que, aproximadamente, 4 de cada 10 bolivianos que participaron en las elecciones votaron por el MAS y por Evo Morales. Seguramente, no todos votaron por el candidato, sino por la sensación de certidumbre que les seguía produciendo la idea del“proceso de cambio” o la continuidad de aquella aparente estabilidad.

Por otra parte, en la votación por el MAS deben considerarse motivaciones, tanto individuales como corporativas. Lo cual no quiere decir que se trataran de motivaciones mejores o peores que las del primer bloque. De la misma manera, sería un error pensar que se trató de un bloque homogéneo. Las motivaciones para salir a manifestarse en defensa del candidato Evo Morales y, posteriormente, en contra del accidentado gobierno de transición, fueron, sin duda, tanto o más variadas que en el primer bloque2. También tuvieron lugar relaciones de poder inter-clase en estas movilizaciones, lideradas en parte por los intelectuales de la entonces élite en el poder, que ya tenían un bagaje establecido de manipulación de sectores corporativos. Esto conllevó a que, desde que iniciaron estas movilizaciones, la lectura realizada por los medios institucionalista-conservadores, señalados anteriormente, consistió en reducirlas a una simple manipulación financiera por parte del gobierno.

Nadie duda que hubiera pagos, en su mayoría miserables (desde 50 hasta 300 Bs), a los movilizados que, más que descalificarlos, probaba la miseria de algunos funcionarios masistas y su versión de desprecio por las clases subalternas. De hecho, si bien es imperativo condenar estas estrategias políticas prebéndales, tampoco podría obviarse, sobre todo para el análisis que ahora nos ocupa, la evidencia de la brecha socioeconómica que existe entre la mayoría de los movilizados del primer bloque descrito, con los del segundo. Para mucha gente que compuso el segundo bloque, esas dadivas miserables eran fundamentales para sostener la movilización. Por supuesto, eso no hace menos condenable el recurso de pagar propinas a los movilizados por parte del masismo. Pero este hecho no debería, de ninguna manera, conllevar a negar la agencia y capacidad de compromiso político de los movilizados del segundo bloque.

Por otra parte, desde luego que en las movilizaciones en defensa del MAS, se expresaron también intereses de élites sectoriales que le deben su auge económico a las políticas del MAS, durante los 13 años de gobierno. Los ejemplos más importante son el cooperativismo minero y las federaciones cocaleras del Chapare, entre otros sectores donde se consolidaron poderosas burguesías. Quizás el factor identitario –reducido por el sentido común al factor fenotípico–, promovido tanto por el gobierno del MAS, como por el racismo y el desprecio por las clases subalternas del “institucionalismo-conservador”, jugó un papel importante enla tendencia a homogeneizar a los sujetos movilizados del segundo bloque.

Ahora bien, en lo que respecta al contenido discursivo de este segundo bloque, fue trabajado sobre todo en ambientes intelectuales desconectados, por las circunstancias, de las manifestaciones. El hecho que, siguiendo el análisis de Devin Beaulieu, durante los 13años de ‘proceso de cambio’, “los actores claves [fueran] profesionales, académicos ypolíticos con la capacidad para “articular” a los subalternos”, concluyó en aquelladesarticulación insalvable entre octubre y noviembre de 2019. La consigna, desde luego, fue la del golpe de Estado. Consigna que inicia en el mismo circulo gubernamental, desde mucho antes de las elecciones3 y que luego, con la renuncia de Evo, se viraliza entre buena parte de las izquierdas latinoamericanas y globales. Pero los canales de conexión entre el trabajo de estos “intelectuales orgánicos” del masismo con las masas movilizadas –canal que ya era bastante endeble– se corta a partir de la salida de Evo del palacio y, posteriormente, del país.

En efecto, el trabajo comunicacional pro-Evo, crecientemente desarticulado de la población movilizada, es llevado a cabo sobre todo por las voces de las izquierdas latinoamericanas(decoloniales y ‘socialismo del siglo XXI’), prestas a afirmar que el golpe contra el gobiernoprogresista de Evo Morales fue un golpe a la izquierda global y que, por lo tanto, lo que correspondía era defender al “Jefe Indio del Sur” de conspiraciones imperialistas. Porsupuesto, al interior de este espectro existen varios matices, desde los análisis paupérrimos y teatrales de intelectuales como Atilio Borón o Ramón Grosfoguel, obsesionados con la geopolítica de la Guerra Fría; hasta posturas más prudentes, como la de Stefanoni, que más bien intentaban mantener una lectura equilibrada, entre la defensa del caudillo auto- exilado y la consideración relativa de las contradicciones de su gobierno. Sin embargo, en su mayoría, estas lecturas omiten problematizar sobre los errores, no sólo del gobierno deEvo, sino de todos los gobiernos de la denominada “marea rosa”, que en gran medida fueronculpables de sus propios fracasos. Estas lecturas, paradójicamente, contribuyen aconsolidar una imagen teatral de “la izquierda” que es rápidamente capitalizada por las propuestas de derecha. 4

El 10 de noviembre se produce la renuncia del presidente. Dos momentos de gran contenido simbólico marcan este acontecimiento: 1.- El presidente deja el palacio y vuela a refugiarse en el Chapare, su principal bastión político. Todavía, en Bolivia, no se cae en cuenta de la magnitud simbólica de este momento. La caída del líder, que para muchos sectores de la población ocupaba el sitial de la figura paternal y del gran líder. 2.- Luis Fernando Camacho, presidente de la organización ultra-derechista Comité Cívico Pro-Santa Cruz, junto con el cívico potosino Marco Pumari y el abogado Eduardo León, ingresa al palacio de gobierno con una biblia. Acto seguido, entre gritos de “¡si se pudo!”, los movilizados delprimer bloque, que escoltaron a Camacho y Pumari, procedieron a quemar la Wiphala, símbolo de las luchas campesinas e indígenas de la región andina que, a partir de 2009, pasó a ser un símbolo patrio establecido en la Constitución.

Con la renuncia de Evo Morales, se produce un giro en las movilizaciones que, hasta esemomento eran sobre todo “demostraciones” de indignación y de apoyo sostenidas, enambos bloques –quizás el momento más incierto y que quedó en la irresolución fueron los ataques con armas de alto calibre, en Challapata el 10 de noviembre, contra los mineros potosinos que se movilizaban en oposición a Evo Morales–.5 En la tarde de ese día, luego del anuncio de la renuncia, se produjo una celebración fugaz en las ciudades capitales. Sin embargo, unas horas más tarde se reactiva el conflicto, esta vez con un carácter más violento. Esa misma noche, en la ciudad de La Paz se desata una ola de violencia vandálica organizada y con objetivos claros: casas de particulares (el rector de la universidad y una periodista) y los buses del sistema municipal de transporte, entre otros.

Ahora bien, casar los hechos vandálicos con el resto de las movilizaciones del segundo bloque, que continuaron y se intensificaron en los días posteriores, es un error de simplificación. Las movilizaciones se intensifican, tanto en Cochabamba como en el Alto, dos bastiones del MAS, pero ya no únicamente en defensa del líder caído, sino para desagraviar la quema de sus símbolos 6. El agravio a la wiphala (símbolo que, además, fue deliberadamente omitido por las movilizaciones del primer bloque, cuyo uso de la tricolor responde a un discurso nacionalista y al institucionalista-conservador) y las consignas del“retorno de Cristo al palacio” no pueden ser reducidos a eventos inocuos, pues para una parte considerable de la población significaron mensajes expresos de exclusión social y de la política. Ante sus ojos, se cerraba de manera violenta un ciclo político que, más allá de las contradicciones del proceso, los había incluido, los había incorporado en la estructura estatal y en los planes gubernamentales. Ese hecho no es para nada menospreciable.

Horda: desigualdad y diferencia

Tanto en las conversaciones cotidianas, como en las movilizaciones y en los análisis llevados a cabo por medios de comunicación e intelectuales institucionalista- conservadores, se reactivan viejos temores, nociones diferenciadoras y discriminadoras.

Mientras tanto, en los mercados, el transporte público y en los barrios populares, se podía escuchar a la gente entre murmullos afirmando: “¿Cómo lo va a hacer así el Evo? Debía irsetranquilo”; “Otra vez me han dicho ‘vos eres india’, si pues soy india ¿por qué eso me va amolestar?”. Afirmaciones silentes que expresan el temor del retorno a políticas deexclusión, marginalización y precarización. Si bien, no puede afirmarse que durante los 13 años de gobierno del MAS se alcanzara una mayor igualdad, en el sentido común de una parte importantísima de la población boliviana, esto fue un logro real. 7

Es considerando este sentido común, o sea la idea de que en 13 años y con todas las contradicciones, se alcanzaron mayores niveles de dignidad e inclusión, que debe comprenderse la prosecución e intensificación de las movilizaciones del segundo bloque. Considerando estos temores, que se vieron confirmados con la salida del Ejército para“pacificar el país” (entiéndase, imponer por la fuerza un nuevo status quo), no resultan tandesorientados los gritos de “¡Ahora sí, Guerra civil!” 8. Posteriormente, en los pliegos petitorios de El Alto, por ejemplo, no se observaba pedidos a favor de Evo o del MAS, sino cuestiones bastante concretas de desagravio simbólico y político9. Después de todo, debido al abandono irresponsable de funciones por parte de la otrora élite en el poder, el gobierno acabo en manos de una facción ultraconservadora carente de toda legitimidad.

Por su parte, el trabajo de los medios de comunicación corporativos10 y de los intelectuales institucionalista-conservadores consistió en restarle cualquier contenido político legítimo y negar la racionalidad de estas movilizaciones. A partir de que inician las movilizaciones en las zonas periurbanas y los municipios rurales cercanos, se comienza a hablar de “hordas masistas” y de “grupos vandálicos” 11. No vale tanto la pena intentar rastrear dónde inicia esta generalización reaccionaria, sino identificar quiénes la adoptan y promueven posteriormente. Los medios de comunicación corporativos, como ANF, Página Siete y El Deber, entre otros, fueron los que asumieron este discurso y decidieron emplearlo a posteriori para describir las movilizaciones opuestas a la “defensa de la democracia” que tuvolugar días antes en las principales ciudades capitales.

Por supuesto, tampoco correspondería una lectura que busque ‘sanitizar’ por completo las movilizaciones de segundo bloque, considerando lo apuntado más arriba. Entre octubre y noviembre de 2019, el país fue testigo de excesos reaccionarios, como consecuencia de la crisis de un proceso hegemónico. Un proceso hegemónico que se caracterizó por la capitalización de la diferencia sociocultural y económica, por una élite en el poder cuyo objetivo, parafraseando a Devin Beaulieu, fue apropiarse del capital simbólico de demandas y aspiraciones populares legítimas, para construir hegemonía. La crisis de este proceso hegemónico fue tan aparatosa, debido a que no tuvo lugar un trabajo serio de desmontar narrativas reaccionarias, ni las estructuras de la desigualdad. El corolario: el exceso. Tanto la clases media y alta atrincheradas en sus urbanizaciones y edificios, prestas a defendersede las “hordas salvajes”; como los grupos de tipo paramilitar en Cochabamba (RJC) violentando a quienes consideraban masistas12; y como los gritos masivos de “Ahora síGuerra Civil” en el Alto y las comunidades rurales, fueron la manifestación de este exceso.

Dependencia y prejuicio

La última provocación que me interesa proponer es la siguiente: existe una relación entre elpersistente prejuicio con relación al “otro” (el trabajador, comerciante, transportista,campesino, cocalero, etc.) y la, también persistente, dependencia de la economía boliviana en los bienes primarios. Aunque parezcan temas bastante alejados, es necesario reflexionar sobre lo segundo, para comprender la brecha social, económica y cultural que, claramente, sigue operando entre sectores de la población boliviana. Por ejemplo, ¿Qué relación tiene el hecho que mucha gente de las élites urbanas está convencida con que en Bolivia se vivía en una dictadora narcoterrorista, con las estrategias de subsistencias de las familias campesinas y ex-proletarias de occidente del país? Para poder responder a una pregunta de esta naturaleza, que tienen un sentido hermenéutico, hace falta una mirada más amplia. Esto es, como he insistido desde el principio, salir del análisis meramente sincrónico o circunstancial, y situar los procesos que se viven en el presente en una línea de tiempo más amplia.

No se puede comprender muchas de las características sociológicas de Bolivia, vigentes hasta el presente (corporativismo, sectores económicos de mayor producción de riqueza, desigualdad, precariedad, entre otras), sino se considera la historia de la dependencia del país en los bienes primarios. Esta es una característica definitoria del país y de sus peripecias, así como de la diferenciación social y económica, ergo de las relaciones de poder en los distintos grupos de la sociedad.

Bolivia ha sido, históricamente un país dependiente de la producción y comercialización de bienes primarios. Desde que se reactiva la minería de la plata, hasta que la misma es sustituida por la del estaño, y con las políticas económicas que fueron llevadas a cabo para favorecer estas exportaciones, la economía del país orbitó en torno a sectores que, por su generación significativa de excedente, fueron privilegiados13. Lo mismo puede señalarse con el desarrollo de sectores extractivos en el oriente y las tierras bajas (quina, goma, castaña y petróleo, entre otros). La priorización y el favorecimiento de estos sectores, por encima de otros como la agricultura y la manufactura, tuvo tres consecuencias fundamentales: la fuga sostenida de capital hacia afuera; el desarrollo de una base productiva incipiente y siempre vulnerable; y la persistencia de unas clases subalternas precarizadas cuya articulación a la economía capitalista se dio a partir del despliegue una multiplicidad de estrategias de subsistencia, en un país donde nunca tuvo lugar un proceso de “proletarización” per se –más que en la minería del estaño–.

Este patrón se mantiene hasta el presente, donde predominan sectores extractivos (hidrocarburos, minería, recursos naturales renovables) y el agronegocio, como los principales sectores de la economía boliviana. Estos sectores se caracterizan por dos cosas: primero, generan un significativo excedente, segundo, no precisan de grandes contingentes de mano de obra. En términos macroeconómicos, la generación de excedente en ambos casos, da la impresión de una pujanza económica. Sin embargo, la pregunta es ¿Qué hace el resto de las y los bolivianos? Se emplean, principalmente, en actividades del sector terciario: comercio y servicios. Por lo tanto, la característica de la economía boliviana es la de una economía dependiente, cuya generación de excedente se traduce en una acumulación sectorial y en una fuga de capital sostenida, y en la que la mayoría de las y los bolivianos deben dedicarse a actividades que tampoco generan riqueza 14.

La discusión sobre la dependencia en los bienes primarios no es reciente. Fue inicialmente planteada por la CEPAL y los teóricos de la dependencia, a partir de los años 60 y, en el mismo periodo, tuvo su versión en la academia norteamericana con la teoría del Sistema Mundo. No obstante, en la actualidad habría que diferenciar estos debates de, por ejemplo,la crítica del ‘extractivismo’, que ahora está de moda en los debates académicos en Latinoamérica. A diferencia de la Teoría de la Dependencia, la crítica del extractivismo se centra en el impacto de la dependencia en los bienes primarios sobre el medio ambiente, entendido muchas veces de manera romantizada, así como sobre enclaves culturales nativos (pueblos indígenas) también romantizados. La crítica de la dependencia, por su parte, apuntaba sobre todo a pensar en cómo sustituir el modelo primario exportador, por un modelo que genere riqueza, siguiendo las premisas de la economía política clásica y de la crítica a la misma, desarrollada notablemente por el marxismo.

De manera simplificada, la premisa es la siguiente: un modelo económico que genere riqueza, como punto de partida para pensar en políticas de bienestar, debe desarrollar su base productiva y emplear a su población en estas actividades productivas. Por supuesto, para no caer en las simplificaciones de los economistas clásicos, habría que considerar las relaciones de poder, explotación y acumulación diferenciada de riqueza que caracterizan al sistema capitalista. Sin embargo, el punto más importante que quiero señalar ahora es que esta dependencia en nuestros bienes primarios ha sido fundamental para el devenir de la sociedad boliviana, hasta el presente: el no-desarrollo de una base productiva y, en consecuencia, la mayoría de la población ingresa en relaciones capitalistas en el marco de estrategias de subsistencia variadas.

El ejemplo más importante sobre esta relación es, quizás, la crisis de la minería estatal que culmina con el Decreto Supremo 21060, en 1985. Aproximadamente 30.000 mineros fueron‘relocalizados’, a saber se quedaron desocupados, como consecuencia del desmantelamientode la COMIBOL. Esta y otras políticas económicas subsecuentes fueron el resultado de la prosecución de la dependencia, que derivó en la imposición de políticas de ajuste estructural, por parte de las organizaciones financieras internacionales (FMI, BM). Políticas de ajuste estructural que no apuntaron a acabar con la dependencia, sino a transferirla al sector privado (nacional y transnacional). El problema con esta política de‘relocalización’ es que no existía un sector productivo en Bolivia que pudiera absorber la mano de obra liberada. Por lo tanto, todo este contingente de trabajadores, así como de otros sectores, tuvo que idearse estrategias de subsistencia, por ejemplo, a partir de migrar al Chapare para dedicarse a la producción de otra mercancía primaria de gran demanda global: la coca; o a partir de ingresar en el comercio informal. Actividades económicas redituables que, no obstante, no generan riqueza (a saber, para el país).

En gran medida, las actividades económicas donde se insertan las familias bolivianas, no son actividades productivas (comercio y servicios) o cuya capacidad productiva es bastante reducida (manufactura artesanal o de pequeña y mediana escala), así como actividades vinculadas al sector primario (agricultura de subsistencia, minería de pequeña y mediana escala cooperativista). Esto dio lugar al desarrollo de gremios y grupos corporativizados, cuyas actividades no solo no generan riqueza, por ejemplo, pagan muy poco o nada de impuestos, sino que afectan al desarrollo incipiente de la base productiva (a partir del contrabando, por ejemplo). Aunque si generan excedente que es acumulado/acaparado por estos sectores y cuyo uso no se traduce en reinversión productiva, sino y principalmente en consumo, lo cual deriva también en una fuga de capital. Además son grupos corporativos conservadores, con un bagaje de organización sindical que les permite defender a ultranza sus intereses gremiales (comerciantes minoristas y contrabandistas, cocaleros, mineros cooperativistas, transporte libre de las urbes, entre otros).

Durante los 13 años del denominado ‘proceso de cambio’, el gobierno del MAS se ocupó de favorecer los intereses de estos sectores, obviando la relación estructural con la dependencia que he descrito. En algunos casos, el favorecimiento consistió en, por ejemplo, facilitar el desarrollo de sus actividades, sin por ello propiciar cambios en las cadenas de valor, en el caso de la minería cooperativista y la coca por ejemplo. En otros, se trató sobre todo de alianzas políticas que suponían un compromiso tácito, por parte del gobierno, de no perjudicar las actividades sectoriales a cambio de un apoyo político electoral. Aunque estas son relaciones sobre las que habría que indagar mejor, corresponden con el señalamiento de Devin Beaulieu, sobre que “los gobiernos inspirados en la nueva izquierda [probaron] tener más estética que contenido”, en el sentido que su estrategia no buscócentralizar a las clases subalternas, sino capitalizarlas para su proyecto hegemónico,pensado sobre todo por “profesionales, académicos y políticos”.

No es casual que durante los conflictos de octubre y noviembre de 2019, estos sectores compusieran, de manera más significativa, las movilizaciones del segundo bloque. Como lo expresé en una sección anterior, esto sucedió por varias vías: La primera, el compromiso genuino de personas y grupos; la segunda, como manifestación de las alianzas con élites sectoriales o gremiales, cuyas posiciones de poder también coinciden con las organizaciones sociales; la tercera, por la vía de incentivos monetarios miserables. El hecho que, en términos de composición de clase, las movilizaciones del segundo bloque fueran más heterogéneas, hace más difícil esclarecer las relaciones de poder que operaron en las mismas, así como en qué medida, hubo apoyos genuinos y condicionados. Sin embargo, el error que he intentado exhibir con especial énfasis es el ejercicio reaccionario de homogeneización que llevaron a cabo, notablemente, los intelectuales y las plataformas institucionalista-conservadoras.

En efecto, los prejuicios de, por ejemplo, las “hordas vandálicas” o “masistas violentos”,sobre las voces que compusieron las protestas del segundo bloque, son corolario de la incomprensión y/u omisión deliberada de las contradicciones que he señalado. La única manera de evitar caer en relatos fantásticos, celebraciones precoces y estigmatizaciones, en el fondo, ignorantes, es considerar las contradicciones estructurales del país. El curso de los conflictos de octubre y noviembre, estuvo marcado por prejuicios, que demuestran brechas sociales irresueltas. Brechas que, por un lado, continúan siendo capitalizadas por la cúpula masista en su auto-exilio y, por otra parte, son reforzadas por las narrativas reaccionarias del institucionalismo-conservador.

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A lo largo de este breve texto de análisis, he intentado desmontar dos relatos fantásticos que, de alguna manera, continúan determinando el debate sobre los acontecimientos en Bolivia, entre octubre y noviembre de 2019. Dos elementos me parecen claves para desmontar estos relatos: Primero, comprender sociológica e históricamente a los bloques que se movilizaron, advirtiendo, además, que ninguno fue más legítimo que el otro y que la composición social de ambos fue bastante heterogénea. Estos apuntes sirven para evitar caer en relatos triunfalistas o fatalistas que, además, se estacan en lo coyuntural u ocasional, siguiendo a Vega. Segundo, situar lo coyuntural en lo histórico-estructural, es decir, comprender cuáles son las determinaciones estructurales que dan lugar a los antagonismos aparentes que se manifestaron durante los conflictos. En este caso, como en anteriores escritos, me pareció importante enfatizar en la cuestión de nuestra dependencia, sobre todo porque la verdadera crisis, que está por venir, tendrá que ver directamente con esta característica perniciosa de nuestra economía, que seguimos arrastrando.

Por otra parte, algunas cuestiones adicionales que hay que considerar para terminar de desmontar el debate, que he denominado “golpe vs horda”, son: ¿A quiénes les sirve o para quiénes es útil la continuación de este debate? A los grupos de poder cuyo interés es insertar su agenda o mantenerla vigente, sobre todo con miras a convertirse o mantenerse en la clase política. Es decir, a la cúpula auto-exilada del MAS; el actual gobierno de transición, compuesto por algunos gorilas de la vieja derecha; a otros grupos de poder, también conservadores, que aspiran a posiciones de poder; finalmente, a grupos más pequeños que pretenden, mínimamente, introducir su agenda en la política partidista. Sin embargo, para pensar en la transformación real de las estructuras económica, social y política, el debate ocasional no solo es inútil, sino bastante perjudicial. Es el tipo de análisis que puede fácilmente ser capitalizado por partidos e individuos conservadores.

De hecho, un tercer elemento clave para desmontar estos y otros relatos fantásticos, será prestarle atención a cómo la política se ha convertido en un campo de entretenimiento, donde los bufones y los animadores son los más exitosos. Por la misma razón, los relatos fantásticos resultan entretenidos, movilizan rápidamente pasiones y apetitos banales, por ello es que les resultan tan útiles a los políticos, los actuales animadores. Durante los conflictos, como parte del proceso de construcción de los relatos fantásticos que he intentado desmontar, hemos sido testigos también de la emergencia y auge de los animadores. Otro problema que nos tocará seguir enfrentando –o no–. Por lo mismo, en el presente, la postura más radical es salir del entuerto de los relatos fantásticos, como los del Golpe y el de la Horda. ¿Cómo? Saliendo de la reflexión circunstancial y ponderando seriamente las contradicciones estructurales que continúan irresueltas.

Notas:

1 En la presente reflexión insisto en el hecho que, en las elecciones de 2019, no existió ninguna propuesta propiamente de izquierda. Por otra parte, no es novedad que, Página Siete, por ejemplo, desde inicios del 2018 emprendió una campaña activa por la candidatura de Mesa.

2 Nuevamente, en el presente análisis propongo que la postura más radical es no caer en el binarismomaniqueo de ‘golpe vs. defensa de la democracia’. Por lo tanto, me parece más juicioso no perder de vista que el gobierno de Jeanine Áñez es un accidente o, en todo caso, un error. Es un gobierno que resulta de la crisis de la institucionalidad democrática y el vacío de poder propiciado por el mismo MAS. Además que Añez proviene del rincón menos representativo de la Asamblea Legislativa. Por lo mismo, es un gobierno carece de legitimidad, que resulta de una fragmentación política y social, es un accidente y un error.

3 En efecto, la narrativa del “golpe” no es algo novedoso. El gobierno de Morales la utilizó reiteradamente, a lolargo de sus gestiones. Sin embargo, la construcción de este relato, en la coyuntura electoral de 2019, inicia en el mes de agosto y es sostenida hasta el presente:
Ver: https://correodelsur.com/politica/20190824_evo-se-planeo-un-golpe-de-estado-el-21-de-agosto.html

Ver también: https://www.paginasiete.bo/nacional/2019/9/13/evo-denuncia-golpe-de-estado-despues-de- enfrentamientos-en-santa-cruz-230821.html

4 Siguiendo el comentario de Stasiek Czaplicki, es oportuno señalar que en la construcción del relato fantástico del golpe hay que distinguir dos omisiones deliberadas por quienes optaron por esta narrativa: 1.- Las omisiones al carácter derechista y funcional a la agenda neoliberal del gobierno de Evo Morales; 2.- Las omisiones a la violación, en distintos momentos, del orden constitucional por parte de este gobierno. La segunda, como señala Czaplicki, es moralmente irreconciliable con el relato del golpe. Cuando Evo violó el orden constitucional, en 2016 (21F) su recurso fue acudir al Tribunal Constitucional; el mismo tribunal que señaló que, con la partida de Evo y la transición accidentada, no se rompió el orden constitucional. Claro que redundar sobre esto nos devolvería al análisis circunstancial que, precisamente, intento desmontar en este texto.

5 De manera intencional, no incluí esta movilización como parte del primer bloque porque la misma correspondía a demandas corporativas y regionales particulares, que no podrían simplemente casarse con las movilizaciones urbanas de las clases media y alta de, por ejemplo, La Paz o Cochabamba. Lo que sí queda pendiente es esclarecer ¿Qué sucedió en ese ataque? ¿Quiénes lo perpetraron?

6 Por supuesto, estas movilizaciones no puede reducirse a un contenido simbólico. Como ya señalé antes, el desagravio a la wiphala tenía que ver con la posibilidad del retorno de políticas de exclusión, discriminación y oligarquización de la política boliviana, como sucedía hasta el primer quinquenio del siglo XXI.

7 En este caso, debe considerarse el hecho que esta narrativa de “si sale Evo será como antes”, fue sostenida ymantenida por el MAS durante los 13 años de gobierno, por ejemplo, de la mano de García Linera, Quintana y otros intelectuales de la cúpula gubernamental. Se trató de una narrativa que demuestra la decisión expresa de ese gobierno de capitalizar la diferencia y la desigualdad, en lugar de trabajar para resolverlas realmente.

8 Cabe señalar que este estribillo no es nuevo y, por lo tanto, no expresa una irracionalidad coyuntural de “los masistas”. La declaración de guerra civil, por parte de la población rural contra la urbana (considerando ladesigualdad de clase y la diferencia cultural), se remonta a los conflictos sociales que tuvieron lugar entre los años 2000 y 2003. Un análisis sobre el contenido político y sociológico de este estribillo lo realizó, en 2003, Pablo Mamani: https://www.rebelion.org/hemeroteca/bolivia/031002mamani.htm Agradezco por este comentario a Stasiek Czaplicki.

9 Entre los pedidos más importantes se puede señalar: 1.- Renuncia de la presidenta Jeanine Añez; 2.- Renuncia de la alcaldesa de El Alto Soledad Chapetón; 3.- Inmediata liberación de los detenidos en las movilizaciones a nivel nacional; 4.- Desconocimiento de FEJUVE EL ALTO, de parte de los 14 distritos; 5.- Repliegue inmediato de los militares a sus unidades; 6.- Que la policía se reivindique con su pueblo para La Paz; 7.- Expulsión de los señores Carlos Mesa, Luis Fernando Camacho, Marcos Pumari, Waldo Albarracin, Rafael Quispe por incitar a la violencia; 8.- Pedir a la Prensa que difunda la realidad de los saqueos.

10 Desde luego, lo que corresponde para aclarar mejor esta cuestión, es una investigación más detallada sobre el rol de los medios en las distintas fases del conflicto. En una investigación publicada en 2014, Raúl Peñaranda demostró el control que ejercía el gobierno sobre los medios corporativos, notablemente a partir de la publicidad. Esta relación de control continuó operando durante la primera parte de los conflictos, en las movilizaciones del primer bloque, que eran omitidas o recibían muy poca cobertura en la TV y las radios. Sin embargo, conforme se fue modificando el escenario, también se fue reacomodando la cobertura. En este sentido, siguiendo otro señalamiento de Stasiek Czaplicki, lo que corresponde es matizar el papel de los medios de comunicación, sobre todo ahora con un gobierno de transición de derecha.

11 La construcción de una imaginería de salvajismo e irracionalidad en torno a las movilizaciones y protestas de las clases subalternas y, particularmente, de las comunidades rurales tampoco es una novedad en la historia política boliviana. De hecho, esto se puede rastrear este ejercicio reaccionario, que corresponde con las elites tradicionales, hasta los tiempos de la colonia y a lo largo del periodo republicano. Sin embargo, los antecedentes más recientes son los conflictos sociales entre 2000 y 2005. Lo curioso de esta coyuntura, es el silencio de los medios frente a, por ejemplo, los atropellos que siguen cometiendo grupos reaccionarios comolos, tristemente famosos, “motoqueros”.

12 De hecho, otro tema que precisa ser problematizado es la composición de grupos de tipo paramilitar, como los denominados Resistencia Juvenil Cochala (RJC). Por un lado, se trata sobre todo de varones jóvenes de clase media y alta, cuyo modus operandi recuerda a pandillas en motocicleta como los famosos “marqueses”,que también cumplieron un rol paramilitar de apoyo a las dictaduras militares. Luego de que concluyeron losconflictos, RJC continuó operando impunemente, incluso recibiendo dadivas del Estado, hostigando a “los masistas” de manera violenta. Para este grupo, no obstante, no existió ni existe una condena mediática, como para con las movilizaciones del segundo bloque.

13 La razón de esto tiene que ver, principalmente, con que las élites económicas que controlaban estos sectores también tenían el control del poder político. Las políticas económicas que fundan la dependencia del país, estuvieron enfocadas en favorecer intereses de estas élites, en detrimento del resto de la población, considerados además ciudadanos de segunda clase.

14 Para evitar confusiones de sentido común, en este caso, con riqueza me refiero a la noción de ‘valor’. El valores la riqueza que resulta de la producción y el intercambio de bienes, y que se traduce en capital. Capital que es reinyectado en la economía nacional, vía el intercambio (bienes de consumo y de producción), así como en el sistema tributario, vía la recaudación del Estado. Desde luego, las formas en cómo tienen lugar la valorización, y cómo la misma se traduce en riqueza, son mucho más complejas, no obstante, lo que me interesa es aclarar el uso del concepto en el presente texto.

Referencias y lecturas sugeridas

Beaulieu, Devin (2019) “La bancarrota de la nueva izquierda”, en: Bolpress, disponible en https://www.bolpress.com/2019/11/10/la-bancarrota-de-la-nueva-izquierda/

Gutiérrez, Ráquel (2019) “Bolivia, Evo y desarmar la guerra”, en Zur pueblo de voces, disponible en: http://www.zur.org.uy/content/bolivia-evo-y-desarmar-la-guerra

Mamani, Pablo (2003) “Bolivia: Declaración de guerra civil indígena”, en Rebelión, disponible en https://www.rebelion.org/hemeroteca/bolivia/031002mamani.htm

Neri, Juan Pablo
(2019) “Bolivia: ¡Paren todo y piensen!”, en Zur pueblo de voces, disponible en: http://www.zur.org.uy/content/bolivia-%C2%A1paren-todo-y-piensen
(2018) “¿Qué pasó américa? De la “marea rosa” a la venganza de los fachos”, en Zur pueblo de voces, disponible en: http://www.zur.org.uy/content/%C2%BFqu%C3%A9-pas%C3%B3- am%C3%A9rica-de-la-%E2%80%9Cmarea-rosa%E2%80%9D-la-venganza-de-los-fachos(2018) “Lamento boliviano o breve ensayo sobre cómo criticar a un gobierno progresista”,en Zur pueblo de voces, disponible en: http://www.zur.org.uy/content/lamento-boliviano-o- breve-ensayo-sobre-c%C3%B3mo-criticar-un-gobierno-progresista

Peñaranda, Raúl (2009) Control remoto, La Paz: Edición a cargo del autor. Tapia, Luis (2008) Política Salvaje, La Paz: Muela del Diablo Editores.

Vega, Óscar (2019) “El desconcierto boliviano”, ensayo disponible en:https://lals.sas.upenn.edu/news/%E2%80%9Cel-desconcierto-boliviano%E2%80%9D- oscar-vega-camacho-shared-here

Natalie Fenton: “Internet crea guetos políticos entre quienes ya están bien informados”

Por Joan Pedro

Natalie Fenton, activista y profesora de Comunicación en Goldsmiths, University of London, reflexiona en esta entrevista sobre las relaciones entre los medios de comunicación—tanto los medios tradicionales como los nuevos medios digitales— y el sistema capitalista, el activismo social y la construcción de fuerzas políticas y culturales contrahegemónicas.  Fenton es Professor in Media and Communications y Codirectora del Departamento de Medios y Comunicación de Goldsmiths, University of London. Es Codirectora del Goldsmiths Leverhulme Media Research Centre y Codirectora del Goldsmiths Centre for the Study of Global Media and Democracy.

El título de su conferencia de apertura en el congreso que tuvo lugar en Saint Louis University–Madrid fue Esferas públicas mediadas: el problema de la política y el sueño de la democracia. ¿Podría empezar por proporcionar un breve resumen de las ideas clave?

Mi preocupación es que, como investigadores de los medios, tendemos a centrarnos en gran medida, y quizás es comprensible, en el lado de los medios de comunicación: la pluralidad de la propiedad de los medios y del contenido; cuán libre es la prensa; ¿cómo pueden los ciudadanos reclamar autonomía comunicativa? Sin embargo, rara vez se empareja este análisis con una valoración crítica de esta cosa llamada democracia —o peor aún, asumimos en nuestros escritos y marcos conceptuales que la democracia liberal ya está con nosotros.

Se nos dice que los medios de comunicación son el alma de la democracia. Entonces es muy fácil afirmar que la mejora de la democracia simplemente requiere una solución centrada en los medios: mayor pluralidad, menos concentración, mejor representación. Son reformas positivas en sí mismas, pero no podrán arreglar una democracia rota.

Tenemos que interrogar a la democracia liberal y abordar sus fracasos como proyecto y sistema político, junto con el papel de los medios, a fin de apreciar plenamente cómo es la relación entre los medios de comunicación y la democracia, y cómo debería ser. Si en lugar de empezar el análisis por los medios de comunicación, lo hacemos por el aumento de la desigualdad masiva en todo el mundo llegamos a un argumento muy diferente. Tenemos análisis de cómo la desigualdad daña nuestras sociedades, nuestras economías y nuestros sistemas democráticos. Los pobres no tienen influencia sobre las políticas y los políticos, y votan menos. La participación electoral aumenta conforme aumentan los ingresos, porque los más ricos tienen más probabilidades de ser escuchados.

La desigualdad no es una condición favorable para una política democrática sostenible. Así que yo diría que la desigualdad está estrechamente correlacionada con la degeneración de la democracia; y los medios de comunicación han hecho muy poco para contrarrestar los patrones de aumento constante de la concentración de la riqueza. De hecho, tenemos más medios que nunca antes, hemos tenido una explosión digital, hemos visto una expansión masiva del espacio en el que pueden circular los mensajes mediados y, sin embargo, hemos sufrido más y más desigualdad. Por lo tanto, la solución o los temas deben estar en una política más amplia.

Su análisis también lleva a cuestionar las conceptualizaciones predominantes de la esfera pública.

En su enfoque básico, una auténtica esfera pública debe incluir el libre flujo de información e ideas para todos los públicos. La esfera pública es un espacio donde todos los debates pueden ser transmitidos y los temas discutidos de manera deliberativa y racional, conduciendo a una visión de consenso que luego es respondida por los responsables políticos a través de formas de gobernanza. Por supuesto, la democracia realmente existente a menudo está muy lejos de este ideal, con las sociedades caracterizadas más por la desafección política que por una ciudadanía satisfecha que entiende todos los temas que está votando y cuyas opiniones son atendidas por sus representantes electos y los medios de comunicación. Pero al centrarnos en la esfera pública mediada nos dejamos atrapar por la idea de que solo con que los medios de comunicación fueran múltiples y plurales la esfera pública sería saludable. Así, el pluralismo informativo está conectado (a pesar de que rara vez se explica cómo) a una mayor deliberación, que luego nos da una mejor democracia.

Lo que echo de menos son los muchos factores que crecientemente delimitan, constriñen y socavan las esferas públicas en la época online. Vigilancia y malware, la censura y el bloqueo, la explotación y la dominación corporativa. Con la desigualdad y la pobreza masiva, la liberación a través de los medios de comunicación está solo al alcance de muy pocas personas. Sin embargo, de alguna manera, nos dejamos convencer por la idea de que ya que, en un mundo online, podemos enviar libremente mensajes a mucha gente, la libertad es nuestra. Y eso significa que terminamos aceptando la democracia tal como se presenta en el actual periodo.

Y mientras esto está sucediendo, mientras se celebra esta gloriosa abundancia comunicativa a nuestro alrededor, el capital global sigue adelante junto con las enormes desigualdades sociales y políticas que vienen con él.

Las nuevas tecnologías parecen tener una inmensa capacidad de fascinarnos en la idea de que nos traerán de manera casi mecánica un mundo mucho mejor. En este sentido, me parece muy valiosa la diferencia que establece entre los medios ricos en información y los medios ricos en comunicación. ¿Podría explicar esta diferencia?

No hay duda de que, en la era digital, hay muchos más medios de comunicación, vivimos en un mundo comunicativo. Pero eso, ante todo, es un medio de expresión más que una forma de información. Por ejemplo, las redes sociales: después de Google, Facebook es la plataforma online más popular. Millones y millones de personas la utilizan todos los días. No la usan necesariamente para fines informativos, la están utilizando para fines comunicativos que son en su mayoría expresivos. La comunicación, por supuesto, se superpone con las necesidades y deseos de información, pero en general no es lo más importante. La evidencia empírica señala que casi todos utilizamos Internet para fines de entretenimiento. Aquellas personas que lo utilizan principalmente para fines políticos o informativos pertenecen a grupos muy concretos de la clase media y altamente educada. Así, lejos de aumentar la participación política de todos, Internet crea guetos políticos de los que ya están bien informados; afianza las desigualdades que existen offline. Esto me sucedió durante las elecciones del Reino Unido, donde me dejé seducir por esta idea de que en la tuitesfera y en Facebook todo se sentía bien, había un montón de buenos debates, se sentía cómo la izquierda iba ganando terreno. Pero, por supuesto, todo lo que estaba haciendo era hablar con mis amigos. Había una comunidad muy cerrada—aunque bastante grande— que me creó la ilusión de que algo muy diferente estaba pasando ahí fuera. Al final, la elección general trajo otros cinco años de un Gobierno socialmente conservador y económicamente neoliberal. Este es el verdadero problema de los nuevos medios, son muy seductores. Es agradable y reconfortante expresarnos dentro de nuestras propias comunidades. Pero son comunidades cerradas y se están cerrando cada vez más.

Para aquellos de nosotros que tenemos comunidades grandes, de largo alcance, en las que nos implicamos intensamente con una élite altamente educada, eso podría estar bien. Pero aquellas personas que no están en esos círculos son privadas de sus derechos al ser informativamente empobrecidas. Eso es algo antidemocrático. Cualquier cosa que se mantiene exclusivamente online solo mantiene a unas pocas personas conectadas y afines entre sí, y se replicarán las viejas jerarquías y en última instancia no será inspirador. Terminamos con una carga completa de clicktivismo, una política que no nos lleva a ninguna parte. Conviene también reunirse y movilizarse en las calles y otros mundos offline.

Los estudios de comunicación y cambio social se centran en buena medida en los nuevos medios digitales, pero participar en televisión permite abrir el círculo de los que ya participan y llegar a un público más amplio. 

Exactamente, eso es absolutamente correcto. He tenido esta experiencia con la campaña Hacked Off. Una vez más, una gran cantidad de activismo se lleva a cabo en los espacios de redes sociales online, pero sabemos que cuando salimos en las noticias de televisión nos estamos comunicando con un público mucho más amplio y logrando un mayor apoyo. También sabemos que quienes dominan los espacios online son las grandes organizaciones de noticias, en particular las organizaciones de noticias de televisión. Está aumentando aún más el control monopólico de las organizaciones que ya son muy poderosas y grandes, los medios de comunicación corporativos. Esa noción de que de alguna manera Internet es este gran y maravilloso nirvana comunicativo está muy fuera de lugar.

¿Podría explicar qué es Hacked Off, qué lo inspiró, qué promueve, sus objetivos, las actividades que desempeña?

Claro. Soy vicepresidenta de la junta directiva de Hacked Off  y una de las fundadoras de la Media Reform Coalition (Coalición para la Reforma de los Medios). Ambas organizaciones están trabajando para la reforma de los medios, pero de diferentes maneras. Surgieron de un enfoque de tres vías que se inició con la crítica de los medios, luego progresó hacia la práctica mediática y después a las políticas de comunicación.

El proyecto surgió con un análisis, en esencia, atado al estado actual de las noticias, a las nociones de aumento masivo de la mercantilización, la globalización y la desregulación. Luego, junto a estos desarrollos, vino la expansión masiva de los medios digitales y las nuevas tecnologías y las nuevas plataformas para la prensa.

Recuerdo el día en que nos sentamos en la cafetería de la Universidad de Goldsmiths con James Curran y Des Freedman y acababa de saltar el escándalo de los pinchazos telefónicos. Los periodistas quedaron repentinamente expuestos por el hackeo telefónico de niños víctimas de asesinato, de la Familia Real, celebridades y miles y miles de personas comunes y corrientes. Nos pareció que teníamos la crítica de los medios que nos permitía explicar cómo podía haber ocurrido esto. En ese momento nos miramos y dijimos: “Sabes qué, no podemos no hacer algo al respecto. No podemos sentarnos aquí y no traducir nuestra crítica de los medios en alguna forma de práctica mediática” y que, en mi opinión, es lo que la teoría crítica es, si nos remontamos a la noción de Horkheimer de que la teoría crítica debe ser explicativa —la primera etapa: crítica de los medios–. Debe ser práctica —lo que estoy llamando aquí práctica mediática— y debería ser normativa. En otras palabras, debe arrojar luz sobre lo que es con un sentido claro de lo que debería ser y luego sugerir una manera de tender un puente sobre los dos, a fin impulsar el pensamiento y la práctica progresista. Para nosotros era una obviedad que teníamos que hacer algo. Estábamos en una posición perfecta para hacerlo. Así que creamos la Media Reform Coalition.

Hacked Off comenzó en 2011 como una campaña que era parte de otra organización de la sociedad civil, el Media Standards Trust, que ayudó a llevar a cabo la investigación Leveson de la cultura, las prácticas y la ética de la prensa. En el verano de 2012, se convirtió en un grupo activista separado con el mismo nombre y se dedicó a ayudar a las víctimas de abuso por parte de la prensa a contar sus historias, incluyendo el hackeo telefónico, el acoso y la intimidación que sufrieron durante su campaña para asegurar que se pusiesen en marcha mecanismos reguladores independientes y eficaces para hacer frente a tales transgresiones por parte de la prensa.

De modo que, mientras Hacked Offse concentraba en las normas periodísticas, los códigos y la ética y argumentaba a favor de un sistema de autorregulación independiente y eficaz para el periodismo, que fue el foco de la investigación Leveson, la Media Reform Coalition se centró en la pluralidad y la concentración de la propiedad. Ambos problemas están conectados (no se soluciona uno sin el otro). El periodismo como práctica ética no trasciende por arte de magia el mercado del que es parte. Lejos de ello, está envuelto en un sistema económico-político particular, por lo que se necesita abordar los problemas con ese sistema, así como el ejercicio del periodismo en su interior.

Hacked Off recibió lo que Herman y Chomsky llamaron flak(contramedidas disciplinarias) por parte de The Daily Telegraph. Esto plantea la cuestión de cómo responder a los ataques en términos estratégicos.

Responder al flak es una noción muy interesante. Creo que una vez apreciamos que a los medios nunca les van a gustar las propuestas de reforma mediática provenientes de cualquier persona que no sea de los propios medios de comunicación, entonces es más fácil no dejarse afectar. Por supuesto que no les va a gustar. Y cuanto más fuerte gritan o más te atacan, por lo general, es una señal de que estás haciendo algo bien. Así que te vas curtiendo y prevés en cierta medida los ataques.

Para ver la parte positiva del flak, podemos considerar las doce páginas en The Daily Mail con una cantidad ridícula de noticias en torno a la relación entre Hacked Off y el Media Standards Trust y otras personas clave. El Daily Mail decía que se trataba de una gran conspiración de izquierda para dominar el mundo. Nadie se lo creyó. Así que, en última instancia, sólo les desacredita a ellos y a su periodismo. Harold Evans, exeditor de The Times, dijo que se habían convertido en una caricatura de sí mismos. De lo que no podían darse cuenta es que estaban diciendo que Hacked Off estaba dañando la libertad de la prensa, cuando estaban tergiversando todos los argumentos sobre una autorregulación independiente de la prensa, que era el marco Leveson. El Daily Mail dijo que esto era el preludio del autoritarismo. Lo llamaban el regreso al Zimbabue de Robert Mugabe. Era completamente ridículo. Y cuanto más lo hacían, más ridículos parecían. Aunque en un principio es deprimente, cuando te das cuenta de que por supuesto no van a responder de ninguna otra forma, se aprende muy rápidamente a tratar con los ataques.

Lo más alentador de Hacked Off  y las campañas de Media Reform es que, aunque no han cambiado necesariamente la manera en la que la prensa opera en el Reino Unido, sí que han ayudado a que la gente se dé cuenta de que pueden hacer frente a estas corporaciones mediáticas increíblemente poderosas. Muchos de los comentariosonline de los usuarios en los tabloides son a menudo muy críticos y exigentes. Hubo un momento en que este no era el caso. No tengo evidencia empírica para respaldar esto, pero es una corazonada, parece como si hubiera un cambio en la forma de pensar que puede hacer frente al poder de los medios. Eso es un cambio cultural que ha ocurrido como resultado de la investigación Leveson y las campañas de reforma de los medios.

¿Cuál sería la principal aportación de Internet para contribuir a impulsar el cambio social?

Lo que el mundo online puede hacer bien es compartir ideas e inspirar. Compartir y difundir la solidaridad es muy importante. Como estudiosos de los medios, hay que tener en cuenta esto y tener cuidado de no reducir todo a la economía política. También tenemos que tener en cuenta la experiencia sentida de la protesta —la dimensión de lo político que inspira, frustra, entusiasma, enoja y moviliza–. En mi libro actual hablo de esto en términos del ser político y la política del ser. Tenemos que entender la política del ser, ¿cómo se agitan las emociones, la indignación ante la injusticia, la pasión por el cambio social y político? Pero también tenemos que entender lo que significa ser políticopara transformar las emociones en un proyecto político que provoque el cambio institucional material, una cierta forma de una verdadera transformación social y política. Con demasiada frecuencia en los estudios de los medios de comunicación se analizan los afectos de manera aislada. Pero cuando estamos hablando de la movilización política, tenemos que combinar este análisis con cuestiones estructurales de poder y desigualdad con el fin de concebir cómo lograr un cambio político.

Ambas tienen que ir de la mano, en los medios pero también en otras esferas de la vida.

Así es. La resocialización de lo político ha dado a la gente un poco de confianza de nuevo en la idea de que la política está ahí para ellos, que estos sistemas pueden ser reclamados por el pueblo. Se vuelve a conectar la política con la clase social y el ámbito social. Y creo que, en todo el mundo, la izquierda tiene que replantearse en estos términos, y en particular en el Reino Unido. Se trata de decir: “Está bien, la política no es algo para políticos profesionales que buscan ser reelegidos, se trata de satisfacer las necesidades sociales. Eso es a lo que me refiero con “resocializar de la política”.

La resocialización de la política por sí sola, por supuesto, no es suficiente para hacer frente a los problemas, porque te encuentras con la situación a la que los griegos se enfrentan a ahora, en un intento de conseguir el control de su economía. Todavía están cogidos por las élites financieras que les dicen lo que pueden y no pueden hacer con su economía. El control que la Troika (la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional) tiene sobre los países, los atrapa y les impide funcionar democrática y soberanamente. No pueden hacer lo que su país necesita o lo que su población quiere para conseguir salir de la situación en la que están. Sólo pueden hacer lo que los bancos les dicen que hagan.

La otra cara de la resocialización de lo político es la repolitización de la economía. Esto es absolutamente clave. También es más difícil porque es una lucha contra el capital global y será imposible a menos que se resocialice la política. Pero imagínense que esto sucediese en varios lugares de Europa. ¿Cómo respondería la Unión Europea si hubiese un verdadero cambio que nos alejase de la economía neoliberal? Sería un gran problema para ellos. Correrían el riesgo de desestabilizar el continente si les echan fuera de Europa. Así que tendrían que adaptarse a la nueva situación.

En Redes de indignación y esperanza, Manuel Castells habla de cómo la descentralización puede funcionar en niveles reducidos. Pero de lo que no habla es de cómo puede funcionar cuando se tienen más de doscientas mil personas. Así que tienes que tener un sistema político de mayor escala que sustente y supervise toda la producción de capital. Hay que construir esos andamios. Pero, al mismo tiempo, también puedes tener comunidades más pequeñas que guíen, hagan y tomen el control de sus propias vidas. Un sistema así no está más allá de las capacidades humanas.

Para mi próximo libro estoy jugando con la idea de un título como ¿Mirar a la izquierda? Medios digitales y política radical. Aunque sé que la palabra radical tiene diferentes significados según el país, no puedo pensar en una manera mejor de decirlo. El libro comienza con la premisa básica de que cuando pensamos en la política radical y los medios de comunicación, estamos interesados ​​en el cambio social progresista. Se plantea la pregunta de cómo podemos empezar a abordar los desafíos a los que se enfrenta la política democrática si no hablamos de política real como parte de nuestra investigación. Creo que el problema es tanto conceptual como práctico. Una política requiere una práctica. No podemos entender la naturaleza de la práctica sin entender su política; no podemos entender la política sin apreciar sus procesos y organización. Sin embargo, muchos estudios omiten estas relaciones. Yo sostengo que dejar de lado la política limita nuestra capacidad de impulsar el pensamiento y la acción progresista. Al ignorar la política real terminamos despolitizando la contrapolítica porque ofrecemos pocas sugerencias valiosas sobre cómo podemos hacer que la política sea más democrática (tanto a escala pequeña como grande). Sin una comprensión de cómo la izquierda política progresista puede desarrollarse, la política en sí seguirá siendo nebulosa y estará mal definida. Entonces, ¿qué podría significar poner en el centro de nuestro análisis el desarrollo de una contrapolítica? ¿Cuáles son las condiciones necesarias (incluyendo las condiciones comunicativas) para que las organizaciones y colectivos políticos radicales puedan perdurar, construir capacidades y lograr un cambio social?

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Esta entrevista forma parte del volumen Talking Back to Globalization: Texts and Practices (New York: Peter Lang, 2016), editado por Brian M. Goss, Mary R. Gould y Joan Pedro, quien conduce la entrevista.

Joan Pedro es doctor en Comunicación, Cambio Social y Desarrollo por la Universidad Complutense de Madrid y profesor en la Saint Louis University–Madrid Campus.

Francia: Chalecos amarillos, de una Navidad a otra

Por Toni Negri

Pasamos la Navidad entre una huelga general y otra. Más de la mitad de las ferrovías están bloqueadas, y los Metros otro tanto. Hasta ahora tres gigantescas jornadas de lucha han bloqueado literalmente Francia, y Paris en particular. El año pasado por estas fechas sólo estaban los chalecos amarilloshaciendo alboroto. Después de un año, son muchos quienes se preguntan frente a estas enormes manifestaciones cuál ha sido el efecto de los chalecos amarillos en la masificación de las luchas sociales en Francia.

Se sabe que el tema del disenso hoy es el sistema jubilatorio. El gobierno quiere sustituir el sistema actual (de reparto) por un sistema a puntos, atribuyendo a esta operación un fin solidario, dado que, en su discurso,  serían eliminadas las diferencias «corporativas» en los regímenes de pensiones. En los hechos, la reforma Macron es una típica reforma neoliberal, enfocada a individualizar el tratamiento jubilatorio y a subordinarlo a la gobernanza, es decir a la capacidad de controlar y eventualmente reducir el «salario diferido» (del Welfare y de las pensiones), a variables dependientes del desarrollo capitalista. Te imponen una máquina empresarial para explotarte incluso cuando has envejecido en la explotación. La guinda en esta torta navideña es el aumento de la edad jubilatoria de 60 a 64 años.

Se dice que el rechazo a esta reforma ha sido masivo. Pero la cosa más interesante de notar es que la huelga sobre las pensiones contiene muchos otros frentes de rechazo y lucha. Más allá del sector del transporte ferroviario y metropolitano, están empeñados en la lucha los y las docentes, los hospitales y el mundo de la investigación, es decir todos aquellos sectores, sobre todo en Francia, «públicos». Se puede entonces afirmar que estas huelgas y estas manifestaciones, esta resistencia que agita hasta el fondo la sociedad francesa, no son simplemente contra el nuevo modo de funcionamiento, sino contra la liquidación (de parte del Estado) de lo público.

Vieja batalla, se dirá. Y a la vez no. Es aquí que los chalecos amarillos han cualificado la lucha de un modo nuevo. Subrayando que la defensa de lo público, cuando se la hace contra el Estado, deviene afirmación de lo común.

Lo común es la forma de vida y la figura de contrapoder que los chalecos amarillos han introducido en Francia en la lucha de clases. Allí donde la protesta contra el costo de la vida, el rechazo a la redistribución de los ingresos por medio de la inequidad fiscal, la denuncia de la explotación y la exclusión vienen asumidos como objetivo de lucha con el fin de construir una forma de vida común, y se proponen como contrapoder respecto a la destrucción de «lo público» que las élites neoliberales persiguen. Proponiendo lo común como objetivo, los chalecos amarillos han constituido la fuerza de gravedad de este ciclo de luchas. Y hasta aquí, han caracterizado siempre más intensamente el desarrollo del movimiento, en sus formas así como en sus objetivos.

En cuanto a las formas, los chalecos amarillos han mostrado que la convergencia entre las luchas, además de masificar el movimiento debería producir (como dice un volante de los de Belville) «efectos de multiplicación, de divergencia y de exploración de manifestaciones salvajes». Es lo que ha acaecido en estas jornadas de lucha, en las cuales, al lado de las grandes manifestaciones, se han tomado miles de otras iniciativas, en los territorios, en las autopistas, en las escuelas y en todos lados. No podemos enumerarlas todas, pero van de los bloqueos de carreteras a la interrupción del suministro de energía eléctrica, de las huelgas salvajes en las grandes áreas logísticas al bloqueo de los puertos, etc.

Pero más importante aún es lo que ha sucedido en las marchas sindicales. En los años pasados, delante de cada marcha sindical, en las innumerables ocasiones de lucha de los trabajadores, se formaba una «cabeza» que podía andar entre los 500 y 5000 militantes. En contraste con aquellos quietos paseos sindicales, esta marcha ofrecía otra música. Hoy ella es absorbida por la gran manifestación, antes sindical, hoy marcha del común. Un común variopinto, diverso y colorido, sólido y fuerte, capaz de expresar formas de vida alternativas al neoliberalismo. Este es el efecto fundamental de un año de luchas de los chalecos amarillos -y no es un efecto de hegemonía (nada más lejano del estilo de los y las chalecos amarillos), sino un efecto de gravedad-.

Un último elemento de cuanto está aconteciendo aquí en Francia en los últimos días, sobre todo en la última manifestación del 17/12 (seguramente justo por el nuevo atractivo de masa producto de la nueva figura de la marcha), es que ha reaparecido una componente social, otras veces demasiado recalcitrante a los ceremoniales sindicales: el precariado cognitivo. Esta componente tiene una enorme consistencia pero también una radical dificultad para aceptar las liturgias. La recomposición de clase de esta componente no solo es importante sino necesaria: ella abre una  nueva figura política de las luchas, un advenimiento difícil que ya la lucha sobre las pensiones de estas semanas nos pone delante. Tarea de estas luchas es injertar en el viejo pero siempre ágil cuerpo de los trabajadores y trabajadoras de los servicios urbanos, a estos reclutas de la cooperación cognitiva, multitudinaria y asalariada. Si este experimento prospera, de esta lucha contra el macronismo se podrá decir: «¡bien excavado viejo topo!”

Pero volvamos a nosotros. No hay señales de desmovilización en perspectiva. Se espera incluso un acrecentamiento de la lucha, con la participación directa de las poblaciones, de los sindicatos de los y las docentes y del personal hospitalario. La lucha continúa. Después de la semana navideña se retomará más fuerte y dura. ¿Sobre qué objetivos? El retiro del «proyecto de sistema» relativo a la jubilación, sí, pero también la desestabilización del bloque económico-político hoy en el poder.

Macron parece querer la «graduación Thatcher» a través de este conflicto, como en aquel que Thatcher ganó contra los mineros. Pero la situación es muy diferente. Aquí no hay un sector en lucha, sino una población (a pesar de la tremenda dificultad no solo con el transporte, el apoyo a la lucha no baja del 60 %). Una población, una sociedad de trabajadores y trabajadoras que parece siempre más capaz de oponer un altísimo grado de subjetivación y un deseo incontenible al rediseño macroniano del régimen capitalista.

La lucha continúa, ¡feliz Navidad!

(1933) filósofo y pensador postmarxista italiano, coautor de la obra «Imperio», así como por sus trabajos alrededor de la figura de Spinoza. Negri fundó el grupo político Potere Operaio en 1969. Fue acusado a finales de los años 1970 de diversos cargos, entre ellos, de ser miembro del grupo Brigadas Rojas, e insurrección contra el Estado, y condenado por su participación en dos atentados. Negri huyó a Francia. En 1997, después de alcanzar un acuerdo con el fiscal, que redujo su tiempo en prisión de 30 a 13 años, regresó a Italia para finalizar su condena. Muchos de sus libros más influyentes fueron publicados mientras estaba en la cárcel. Reside en París.

Fuente:

http://www.euronomade.info/?p=12809

Traducción:Diego Ortolani Delfino

Raúl Zibechi: El modelo extractivista como causa del contexto latinoamericano actual

Frente al golpe de Estado en Bolivia y la crisis social, económica y política que gobierna en varios países de Latinoamérica, el periodista uruguayo Raúl Zibechi, entrevistado por Enredando las mañanas, hace foco en el extractivismo como causa fundamental de grandes conflictos actuales.

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“Lo que es común a gobiernos conservadores y progresistas es que ambos son neoliberales. Es un modelo económico basado en el despojo de los territorios, en la transformación de la naturaleza en mercancías, para lo cual es necesario desplazar poblaciones, contaminar y llevar a cabo un modelo extractivo de acumulación por despojo (soja, minería a cielo abierto, grandes obras de infraestructura, especulación inmobiliaria urbana). Ese modelo unos lo administran de un modo y otros de otro, pero el modelo es el mismo. Ahora en Argentina por ejemplo, el tema de la soja y el glifosato no entran en discusión con el cambio de gobierno”.

Zibechi afirma que, independientemente de los gobiernos, lo que está estallando en países como Bolivia, Nicaragua, Brasil y Chile es la crisis que genera el modelo extractivista, que genera un fuerte enriquecimiento del 1%, polarización social, una situación de exclusión y empobrecimiento de las mayorías. El resultado: menos posibilidad de gobernabilidad, ya que las condiciones que impone el modelo son insostenibles, muy duras y excluyentes. Como ejemplo pone lo que pasa en Uruguay: “la mitad de los asalariados tiene un ingreso menor a dos salarios mínimos. No alcanza para vivir”

En cuanto al contexto actual boliviano, el periodista remonta sus causas también a hechos referidos al modelo extractivista, partiendo de una crisis del MAS que comienza en el año 2011 cuando se intentó hacer la carretera que pasaba por reservas naturales del país, el Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Sécure (Tipnis) territorio indígena. Esta carretera estaba financiada por Brasil para la importación de commodities. “Eso es el modelo extractivo. Ahí comienza la crisis. Ahí se produce un enorme movimiento popular de base indígena para detener la carretera. Y a partir de ahí, los dos grandes movimientos  que habían estado involucrados en esa marcha son perseguidos por el gobierno del MAS”. Eso lo suma a algunos desaciertos posteriores del gobierno de Evo Morales, como el haber desoído el referendo de 2016 que proponía su reelección, habiendo modificado órganos del contralor para poder presentarse.

En 2013 Raúl Zibechi había hablado del fin del ciclo progresista, teniendo en cuenta que lo que viniera luego no iba a tener gobernabilidad: “Se evaporó la gobernabilidad porque las bases materiales de la gobernabilidad, que fue lo que Maristella Svampa llamó el consenso de las commodities, se terminó porque las guerras comerciales en el mundo después de las crisis de 2008 son muy agudas, particularmente entre China y Estados Unidos, y porque en la región latinoamericana, la fuerza que han adquirido los movimientos populares hacen que no sean aplicables paquetes de ajuste por parte de ningún gobierno”.

De este modo, el periodista y pensador uruguayo explicó para Enredando las Mañanas cómo la profundización del modelo extractivo está en el trasfondo de la crisis del MAS en Bolivia, y de otros conflictos latinoamericanos actuales.

La segunda ola de la rendición de cuentas algorítmica

Por Frank Pasquale

Durante la última década, la rendición de cuentas de los sistemas basados en el uso de algoritmos se ha convertido en una importante preocupación para los científicos sociales, informáticos, periodistas y abogados. Se han producido filtraciones que han dado lugar a debates vibrantes sobre la imposición de penas en base al uso de algoritmos. Los investigadores han expuesto casos de gigantes tecnológicos que muestran las mismas ofertas de trabajo con salarios más bajos a las mujeres, que discriminan a los ancianos, que implementan patrones oscuros y capciosos que engañan a los consumidores para que compren cosas, y que manipulan a los usuarios para que caigan en agujeros de contenido fanático. Aquellos legisladores comprometidos con la defensa de lo público han comenzado a trabajar en la transparencia algorítmica y en la justicia en la red, basándose en el trabajo de académicos del ámbito del Derecho, que reclaman un proceso tecnológico justo, neutralidad de las plataformas y principios de no-discriminación.

Esta labor política está surgiendo a medida que los expertos traducen la investigación académica y las demandas de los activistas en leyes y reglamentos. Los legisladores están proponiendo proyectos de ley que requieren estándares básicos de transparencia y de auditoría de los algoritmos. Estamos comenzando un largo camino para asegurar que los procesos de contratación y de cobertura financiera basados en el uso de inteligencia artificial (IA) no se utilicen si tienen un impacto discriminatorio en las comunidades históricamente vulnerables. Y así como esta “primera ola” de investigación y de activismo sobre la rendición de cuentas algorítmica ha apuntado a los sistemas existentes, una “segunda ola” emergente se ocupa de cuestiones más estructurales. Ambas olas serán esenciales para asegurar una economía política de la tecnología más justa y genuinamente emancipadora.

Aunque hubo un primer momento de enamoramiento por la evaluación computacional de las personas, muchos —incluyendo miembros del establishment corporativo y gubernamental— reconocen ahora que los datos pueden estar sesgados, o ser inexactos o inapropiados. Los académicos han establecido espacios institucionales como el evento anual “Fairness, Accountability, and Transparency in Machine Learning”, con el objetivo de que programadores, juristas y científicos sociales interactúen regularmente y puedan abordar preocupaciones relativas a la justicia social. Cuando las empresas y los gobiernos anuncian planes para utilizar IA, se presentan desafíos y se reclaman auditorías. En algunos casos esto da lugar a verdaderos cambios políticos. Por poner un ejemplo, el gobierno Liberal australiano ha revertido recientemente algunas políticas de “robodebt” (que consiste en el uso de programas informáticos automatizados para la recuperación de deudas) y, finalmente, ha tenido que echarse atrás ante la justificada indignación provocada.

Todos estos avances son el resultado de una “primera ola” (tomando prestada una periodización familiar en la historia del feminismo) de promoción e investigación acerca de la rendición de cuentas algorítmica. Estas son acciones vitales, y deben prolongarse indefinidamente —debe haber una constante vigilancia del uso de IA en los sistemas socio-técnicos, que son con demasiada frecuencia los legisladores no reconocidos de nuestro acceso diario a la información, al capital, e incluso a las citas amorosas—. Sin embargo, como han advertido Julia Powles y Helen Nissenbaum, no podemos detenernos en esta primera ola. Ellas plantean las siguientes preguntas:

¿Qué sistemas vale realmente la pena crear? ¿Cuáles son los problemas más urgentes a abordar? ¿Quién está mejor posicionado para crear estos sistemas? ¿Y quién toma la decisión de hacerlo? Necesitamos auténticos mecanismos de rendición de cuentas, ajenos a las empresas y accesibles para los ciudadanos. Cualquier sistema de IA que se integre en la vida de las personas debe ser objeto de contestación, de rendición de cuentas y de reparación ante los ciudadanos y los representantes del interés público.

Mientras que la primera ola de rendición de cuentas algorítmica se centra en la mejora de los sistemas existentes, una segunda ola de investigación cuestiona si estos deben ser utilizados —y, en caso afirmativo, quién debe gobernarlos—.

Por ejemplo, en lo que respecta al reconocimiento facial, los investigadores de la primera ola han demostrado que muchos sistemas no están preparados para identificar correctamente los rostros de las minorías. Estos investigadores se centran en hacer que el reconocimiento facial sea más inclusivo, asegurándose de que tenga el mismo índice de éxito para las minorías que para las mayorías. Sin embargo, investigadores y defensores de la segunda ola se han preguntado lo siguiente: ¿Si estos sistemas se utilizan a menudo para la opresión o la estratificación social, debe ser la inclusión el objetivo? ¿No es mejor prohibirlos, o al menos asegurar que sólo se autoricen para usos socialmente productivos?

Las preocupaciones de la segunda ola son todavía más profundas en relación al uso de la IA para la “clasificación facial”, que ha sido promovida como un mecanismo capaz (o inminentemente capaz) de reconocer la orientación sexual, las tendencias criminales y el riesgo de mortalidad a partir de imágenes de rostros.

No basta con que la comunidad investigadora recopile los porqués de “la inferencia facial de las tendencias criminales”. Cuando esta inferencia se realiza a partir de un conjunto de datos pequeño o sesgado, es poco probable que proporcione pistas contundentes sobre quién tiene más probabilidades de cometer un delito. En todo caso, deberíamos cuestionarnos también si este tipo de investigación debe o no tener cabida en nuestra sociedad.

Debemos esperar que esta diferenciación entre las preocupaciones de la primera y la segunda ola nos ponga al corriente también de las discusiones sobre la aplicación de la IA y de la robótica en el campo de la medicina. Para algunos investigadores que están desarrollando aplicaciones de salud mental, por ejemplo, las preocupaciones de la primera ola de rendición de cuentas algorítmica se centrarán en si un corpus lingüístico de estímulos y respuestas se adapta adecuadamente a diversas comunidades con distintos acentos y formas de auto-presentarse.

Los críticos de la segunda pueden introducir un enfoque más jurídico y económico-político que cuestione si dichas aplicaciones están alterando prematuramente los mercados (y la profesión) de atención a la salud mental. El objetivo entonces sería acelerar la sustitución de software barato (si es limitado) por profesionales expertos y empáticos, lo cual requiere una mayor inversión. Estas cuestiones laborales son ya un asunto básico en la regulación de las plataformas sociales. Predigo, en este caso, que se extenderán a muchas áreas de la investigación sobre la rendición de cuentas de los algoritmos, a medida que los críticos exploren quién se está beneficiando (y quién está asumiendo la responsabilidad) de la recopilación, el análisis y el uso de los datos.

Por último (en lo que respecta a este post), podemos apreciar una división en la regulación financiera. Las voces del establishment han aclamado la tecnología financiera (fintech) como una forma revolucionaria de incluir a más individuos en el sistema financiero. Dados los sesgos en la valoración crediticia realizada en base a datos “marginales” o “alternativos” (como el uso de los medios sociales), las clases dirigentes se sienten relativamente cómodas con algunas intervenciones “anti-sesgo” básicas.

Pero también deberíamos hacernos preguntas más amplias sobre cuándo la “inclusión financiera” puede ser depredadora o alarmante (como la vigilancia 24/7), o generar subordinaciones de poder interesadas (como en el caso de una aplicación india de fintech, que reduce la “puntuación” de personas implicadas en actividades políticas). ¿Qué sucede cuando la tecnología financiera permite una forma de “deuda perpetua”? Kevin P. Donovan y Emma Park han estudiadoeste problema en Kenia:

A pesar de ser pequeños, los préstamos tienen un coste elevado, a veces de hasta el 100% anualizado. Como nos dijo un nairobiano, estas aplicaciones “te dan dinero poco a poco, y luego van a por tu cuello”. No es el único que valora así el “fintech”, la industria de la tecnología financiera en expansión que proporciona préstamos a través de aplicaciones móviles. Durante nuestra investigación, estos regímenes de endeudamiento emergentes han sido calificados como “catastróficos”, una “crisis” y un gran “problema social”. Los periódicos informan de que las aplicaciones móviles de préstamos son la base de una ola de desorden doméstico, violencia e incluso suicidios.

Como ha argumentado Abbye Atkinson, debemos reconsiderar cuál es el ámbito de aplicación adecuado del “crédito como prestación social”. A veces solo aporta el cruel optimismo de un espejismo de Horatio Alger (o, peor aún, la crueldad optimista que caracteriza la psico-política del capitalismo tardío). Así como las razones económicas pueden ser racionalizadas, el entusiasmo por la cobertura financiera “basada en la inteligencia artificial” tiende a ocultar las dinámicas problemáticas de las finanzas. De hecho, si no se ponen en tela de juicio, la economía convencional y la IA podrían conferir una pátina de legitimidad a ciertos sistemas sociales quebrantados.

En la actualidad, la primera y la segunda olas de responsabilidad algorítmica son en gran medida complementarias. La primera ola ha identificado y corregido problemas claros en la IA y ha aumentado la conciencia pública de sus sesgos y sus límites. La segunda ola ha ayudado a ralentizar el despliegue de la IA y la robótica lo suficiente como para que la primera ola tenga más tiempo y espacio para desplegar reformas constructivas. Es muy posible que en el futuro se produzcan enfrentamientos entre los que quieren reparar, y los que están abiertos a poner fin o limitar la evaluación computacional de las personas. Por ejemplo: los que se comprometen a reducir los índices de error de los sistemas de reconocimiento facial para las minorías pueden querer añadir más rostros de minorías a esas bases de datos, mientras que los que encuentran opresivo el reconocimiento facial se resistirán a esa “reforma”, al considerarla una forma más de inclusión depredadora. Pero, por ahora, considero que ambas olas comparten un objetivo común: hacer que los sistemas socio-técnicos sean más sensibles a las comunidades vulnerables.

es profesor de derecho en la Facultad de Derecho Francis King Carey de la Universidad de Maryland.

Fuente:

https://lpeblog.org/2019/11/25/the-second-wave-of-algorithmic-accountability/#more-3051

Traducción:Sara Suárez Gonzalo