Por Joan Pedro
Natalie Fenton, activista y profesora de Comunicación en Goldsmiths, University of London, reflexiona en esta entrevista sobre las relaciones entre los medios de comunicación—tanto los medios tradicionales como los nuevos medios digitales— y el sistema capitalista, el activismo social y la construcción de fuerzas políticas y culturales contrahegemónicas. Fenton es Professor in Media and Communications y Codirectora del Departamento de Medios y Comunicación de Goldsmiths, University of London. Es Codirectora del Goldsmiths Leverhulme Media Research Centre y Codirectora del Goldsmiths Centre for the Study of Global Media and Democracy.
El título de su conferencia de apertura en el congreso que tuvo lugar en Saint Louis University–Madrid fue Esferas públicas mediadas: el problema de la política y el sueño de la democracia. ¿Podría empezar por proporcionar un breve resumen de las ideas clave?
Mi preocupación es que, como investigadores de los medios, tendemos a centrarnos en gran medida, y quizás es comprensible, en el lado de los medios de comunicación: la pluralidad de la propiedad de los medios y del contenido; cuán libre es la prensa; ¿cómo pueden los ciudadanos reclamar autonomía comunicativa? Sin embargo, rara vez se empareja este análisis con una valoración crítica de esta cosa llamada democracia —o peor aún, asumimos en nuestros escritos y marcos conceptuales que la democracia liberal ya está con nosotros.
Se nos dice que los medios de comunicación son el alma de la democracia. Entonces es muy fácil afirmar que la mejora de la democracia simplemente requiere una solución centrada en los medios: mayor pluralidad, menos concentración, mejor representación. Son reformas positivas en sí mismas, pero no podrán arreglar una democracia rota.
Tenemos que interrogar a la democracia liberal y abordar sus fracasos como proyecto y sistema político, junto con el papel de los medios, a fin de apreciar plenamente cómo es la relación entre los medios de comunicación y la democracia, y cómo debería ser. Si en lugar de empezar el análisis por los medios de comunicación, lo hacemos por el aumento de la desigualdad masiva en todo el mundo llegamos a un argumento muy diferente. Tenemos análisis de cómo la desigualdad daña nuestras sociedades, nuestras economías y nuestros sistemas democráticos. Los pobres no tienen influencia sobre las políticas y los políticos, y votan menos. La participación electoral aumenta conforme aumentan los ingresos, porque los más ricos tienen más probabilidades de ser escuchados.
La desigualdad no es una condición favorable para una política democrática sostenible. Así que yo diría que la desigualdad está estrechamente correlacionada con la degeneración de la democracia; y los medios de comunicación han hecho muy poco para contrarrestar los patrones de aumento constante de la concentración de la riqueza. De hecho, tenemos más medios que nunca antes, hemos tenido una explosión digital, hemos visto una expansión masiva del espacio en el que pueden circular los mensajes mediados y, sin embargo, hemos sufrido más y más desigualdad. Por lo tanto, la solución o los temas deben estar en una política más amplia.
Su análisis también lleva a cuestionar las conceptualizaciones predominantes de la esfera pública.
En su enfoque básico, una auténtica esfera pública debe incluir el libre flujo de información e ideas para todos los públicos. La esfera pública es un espacio donde todos los debates pueden ser transmitidos y los temas discutidos de manera deliberativa y racional, conduciendo a una visión de consenso que luego es respondida por los responsables políticos a través de formas de gobernanza. Por supuesto, la democracia realmente existente a menudo está muy lejos de este ideal, con las sociedades caracterizadas más por la desafección política que por una ciudadanía satisfecha que entiende todos los temas que está votando y cuyas opiniones son atendidas por sus representantes electos y los medios de comunicación. Pero al centrarnos en la esfera pública mediada nos dejamos atrapar por la idea de que solo con que los medios de comunicación fueran múltiples y plurales la esfera pública sería saludable. Así, el pluralismo informativo está conectado (a pesar de que rara vez se explica cómo) a una mayor deliberación, que luego nos da una mejor democracia.
Lo que echo de menos son los muchos factores que crecientemente delimitan, constriñen y socavan las esferas públicas en la época online. Vigilancia y malware, la censura y el bloqueo, la explotación y la dominación corporativa. Con la desigualdad y la pobreza masiva, la liberación a través de los medios de comunicación está solo al alcance de muy pocas personas. Sin embargo, de alguna manera, nos dejamos convencer por la idea de que ya que, en un mundo online, podemos enviar libremente mensajes a mucha gente, la libertad es nuestra. Y eso significa que terminamos aceptando la democracia tal como se presenta en el actual periodo.
Y mientras esto está sucediendo, mientras se celebra esta gloriosa abundancia comunicativa a nuestro alrededor, el capital global sigue adelante junto con las enormes desigualdades sociales y políticas que vienen con él.

