Juan Tokatlian: «América Latina camina hacia la debilidad y la desintegración»

Entrevista con Juan Tokatlian, profesor de la Universidad Di Tella
La crisis de Venezuela y la llegada al poder de Jair Bolsonaro se combinan con un deslizamiento de América Latina hacia una gradual irrelevancia en la política mundial y una pérdida de autonomía relativa en sus relaciones internacionales, en un contexto internacional más incierto y pugnaz. El profesor de la Universidad Di Tella Juan Tokatlian analiza la coyuntura latinoamericana y los nuevos escenarios.

En los años 90 hubo una hegemonía neoliberal en la región, en los 2000 una más progresista/nacional-popular. ¿Dónde estamos hoy? Para un escenario incierto y confuso aunque corrido a la derecha…

Me parece que el tema de la hegemonía en América Latina debería ser más estudiado y mejor esclarecido. Si tomamos como referencia la reflexión de Antonio Gramsci, habría que indagar en el liderazgo «político, intelectual y cultural» de determinados grupos o clases en coyunturas históricas específicas, así como la sostenibilidad y profundidad de esa dirección hegemónica que combina consenso y coerción y que requiere que el ejercicio del poder sea aceptado por los actores dominados.

Lo primero que podríamos advertir es que en América Latina, en general, sobresalen momentos de hegemonía transitorios y débiles. Sin embargo, también es importante desagregar casos puntuales que mostraron más fortaleza y longevidad. Los proyectos socio-políticos y económicos de corte moderadamente reformistas y de sectores que operaron bajo las reglas del sistema –esto es, que no fueron antisistémicos en el sentido de tener un horizonte de cambio revolucionario– no pudieron afianzarse en los años 50 y principios de los 60. Los proyectos autoritarios de finales de los años 70 hasta principios de los 80 tampoco pudieron prosperar. Ambos, al calor intenso de la Guerra Fría en la periferia.

Culminada la disputa entre Estados Unidos y la Unión Soviética, el proyecto neoliberal de los 90 no pudo extenderse más allá de esa década; en especial, en buena parte de América del Sur aunque se prolongó en otras subregiones de Latinoamérica. Con el comienzo del siglo –y otra vez en América del Sur y no en América Central, México y el Caribe– el proyecto progresista no pudo superar los tres lustros. Y ahora observamos el resurgimiento del proyecto neoliberal que, a pesar de lo que se tiende afirmar, tiene rasgos de fragilidad pues se asienta en sociedades fragmentadas y polarizadas y se produce bajo economías muy primarizadas y financiarizadas. No estamos ante una hegemonía robusta.

Probablemente, veamos retroceder sus componentes consensuales y avanzar sus dispositivos coercitivos, lo cual tenderá a generar más inestabilidad y conflictividad en un contexto global crecientemente incierto y pugnaz. En síntesis, asistimos a proyectos hegemónicos limitados que no pueden consolidarse defintivamente pues de algún modo u otro no pueden ser plenamente aceptados por buena parte de las sociedades.

Brasil y Venezuela aparecen como dos casos difíciles. Uno por la crisis multidimensional y el otro por estar inmerso en el primer experimento de extrema derecha. ¿Cómo se deberían abordar ambos fenómenos desde América latina? ¿Qué riesgos ve?

Es cierto que aparecen como los casos «difíciles» si por ello se quiere decir que han seguido trayectorias políticas distintas y que hoy afrontan su mayor crisis histórica contemporánea en tanto aspiración revolucionaria (Venezuela) y un ambicioso ensayo reaccionario (Brasil).

Comprendo que la pregunta apunta a marcar las divergencias y singularidades que caracterizan ambas experiencias: el primero, posiblemente, en su fase terminal y el segundo, inciertamente, en su etapa inicial. Sin embargo, me gustaría destacar lo que a pesar de las especificidades nacionales tienen algunos elementos en común.

Me refiero a que a lo que sucede en los dos países que hoy están en el centro del escenario mediático regional nos debiera llevar a plantear, de nuevo, la cuestión militar en América Latina. Aclaro que ya la denominada «guerra contra las drogas» con su epicentro en Colombia, México y América Central nos ha venido mostrando los costos y estragos de la militarización del combate contra el narcotráfico y los efectos perniciosos y perversos de confundir las funciones de las fuerzas armadas y las de las fuerzas policiales al borrar la frontera entre defensa externa y seguridad pública. A lo que apunto es a resaltar que los casos de Venezuela y Brasil nos obligan a reflexionar seriamente sobre algo que nos parece distante y propio de la fase de la transición democrática en la región: la cuestión militar. La cuestión militar entendida como la participación de los militares en el manejo del Estado y el alcance de un control civil y democrático de las fuerzas armadas. Y en esa dirección, el ascendente papel de las fuerzas armadas en la vida institucional de los países es un dato relevante.

El caso actual de Venezuela es el más emblemático y extremo. Allí los militares cubren una amplia gama de funciones en el Estado y tienen una incidencia clave para sostener el régimen político o, eventualmente, para derrumbarlo. Y el caso de Brasil se ha tornado significativo por su alta participación en la reciente contiendaelectoral (unos 70 militares fueron elegidos), por la presencia de hombres de las fuerzas armadas en 5 cargos influyentes en el gabinete del presidente Jair Bolsonaro (además del propio presidente y el vicepresidente Hamilton Mourão), por la voluntad expresada por el mandatario de incrementar el involucramiento de los militares en la lucha contra el crimen organizado y por el hecho de que son los garantes de los «poderes constitucionales» (Artículo 142 de la Constitución).

En breve, me parece que es indispensable volver a pensar la cuestión militar en la región en el marco de democracias precarias, en razón de la actual fase de proyección de poder militar de Estados Unidos en América Latina y en vista de un eventual efecto de demostración en el área acerca de una re-politización de las fuerzas armadas.

¿Estamos ante un retroceso en la integración o ante cambios o desplazamientos de paradigmas?

Desde comienzos del siglo XXI distintos gobiernos, en particular en América del Sur, reivindicaron el mérito de la integración. Ya sea por razones comerciales y/o diplomáticas, pensando en negocios y/o en valores, bajo gobiernos de distinto signo ideológico, la integración fue invocada con inusual fuerza retórica.

El permanente relanzamiento de Mercado Común del Sur (Mercosur), la reivindicación inicial de Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), la fundación de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (Alba), el establecimiento de la CELAC y la conformación de la Alianza del Pacífico (AP) fueron la demostración de aquel espíritu.

El clima de comienzos de siglo fue el de la búsqueda de una mayor asociatividad entre naciones. Sin embargo, el estado real de la integración en América del Sur es muy mediocre.

En la región se opera políticamente bajo la lógica de la sociabilidad: juntarse en todos los foros posibles, con independencia del nivel efectivo de institucionalidad y la presunta compatibilidad de intereses compartidos. No obstante, económicamente predomina la lógica de la unilateralidad: cada quien piensa en su mercado doméstico, oscila de manera inconsulta en cuanto a los grados de proteccionismo interno, desalienta, en la práctica, los lazos productivos entre los sectores empresariales y negocia de modo bilateral con Estados Unidos o China, por ejemplo.

Entonces, más temprano que tarde se produce una colisión: no hay buena sociabilidad con tanta unilateralidad. Más recientemente, la crisis en Venezuela reflejó incluso la perdida de sociabilidad política. Al parecer, la CELAC no se dio cuenta de la envergadura del problema interno e internacional derivado de la trágica situación venezolana. La Unasur tuvo un comportamiento penoso y con la nueva ola de gobiernos de derecha en la región, seis países que habrían podido reorientarla se encargaron de sepultarla. Los presidentes Iván Duque de Colombia y Sebastián Piñera de Chile lanzaron la idea de crear PROSUR con el propósito de reemplazar a Unasur y con la idea, muy posiblemente, de cercar aún más a Venezuela y quizás mañana a otros países si fuera del caso. El Mercosur dejó afuera a Venezuela y después optó por no hacer mucho. La Alianza del Pacífico jamás hizo algo y menos aún desde la llegada de Andrés Manuel López Obrador a la presidencia, que cambió el signo político del gobierno mexicano.

Los miembros del Alba tuvieron una conducta insignificante para contribuir a que uno de los suyos pudiera hallar caminos de solución política y reconciliación social. Y en medio de todo esto, el denominado Grupo de Lima que, con razón, impugnó la legitimidad electoral del presidente Nicolás Maduro para su segundo mandato, optó por una política inédita para la región al reconocer al presidente de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó, como «presidente encargado» cuando no posee ni ejerce ninguno de los atributos de un gobierno ni sus funciones básicas. Y fue más allá en su última declaración cuando hizo un llamado para que las fuerzas armadas de Venezuela manifiesten su lealtad a Guaidó.

Otro signo de los tiempos en el que el papel de las fuerzas armadas adquiere un nivel de importancia e incidencia que se creía superado con la ola democrática de los 80.

¿El cambio político México podría tener algún impacto regional o se limitara a sus fronteras?

La dimensión de los retos internos y bilaterales respecto de Estados Unidos que enfrenta el gobierno del presidente López Obrador es de tal tamaño que ocupará su atención inicial y permanente. Las prioridades de México son domésticas y su vínculo con su vecino del norte no es sustituible por ningún otro. Su impacto en América Latina por lo tanto será menor que al que aspiran los progresistas del área. No obstante, no será irrelevante.

Doy un ejemplo histórico y comparativo para que se entienda la relación de México y América Latina. En 1981, en medio de una violencia extendida en Centroamérica, México y Francia firmaron una declaración mediante la cual reconocían al Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) y al Frente Democrático Revolucionario (FDR) en El Salvador como fuerzas políticas representativas en el conflicto armado en ese país. Aquello fue un gesto contundente en relación con la posición de Washington en las múltiples crisis centroamericanas y, a su turno, abrió el camino para la constitución del denominado Grupo de Contadora (Colombia, México, Panamá y Venezuela) en 1983 (al que en 1985 se sumó el Grupo de Apoyo compuesto por Argentina, Brasil Perú y Uruguay) que procuró salidas políticas negociadas a los conflictos armados en Guatemala, El Salvador y Nicaragua. Dicho sea de paso, su labor fue muy efectiva.

México fue el arquitecto central de aquella iniciativa y un puente fundamental para persuadir a los países de Europa –lo cual se logró– para que no avalaran la «guerra de baja intensidad» auspiciada por el presidente Ronald Reagan en América Central. 38 años después, México optó por una política de principios frente a la situación venezolana y no se sumó al Grupo de Lima y mediante una convocatoria conjunta con Uruguay citó a una conferencia internacional sobre Venezuela. Acaba de anunciarse el llamado Mecanismo de Montevideo que, sumando a los países de la Comunicad del Caribe (Caricom), impulsa por una solución política negociada. Antes y ahora México busca soluciones políticas, pero en el caso actual lo hace de modo más cuidadoso y defensivo y no logra la adhesión de los países grandes y medianos de América del Sur. México seguirá mirando al región y podrá tener cierto nivel de activismo diplomático siempre y cuando no afecte seriamente su relación compleja y contradictoria con Washington.

¿Cómo se ubica América Latina ante el efecto Trump y los realineamientos globales?

Es conveniente centrar la atención en América Latina y mirar no solo a Estados Unidos sino también a China. Es, creo, fundamental, mirar el mundo desde la región que simplemente hablar de las grandes potencias y después localizar a nuestra región. Latinoamérica viene perdiendo históricamente gravitación en el mundo y parece hoy abocada a divergir cada vez más. Lo primero conduce, más temprano que tarde, a la debilidad y lo segundo acelera la desintegración: la combinación agudiza la dependencia.

Algunos indicadores –entre muchos disponibles– ejemplifican esa caída. En 1945, cuando se creó la Organización de las Naciones Unidas (ONU), el peso del voto regional era significativo: de los 51 miembros iniciales 20 eran latinoamericanos. En la actualidad hay 193 países en la ONU y la dispersión del voto de la región le resta aún más influencia a Latinoamérica como bloque.

Datos de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) revelan que la participación latinoamericana en el total de exportaciones mundiales pasó de 12% en 1955 a 6% en 2016. De acuerdo con la Organización Mundial de Propiedad Intelectual, en 2006 las solicitudes de nuevas patentes provenientes de América Latina eran del 3% (las de Asia eran el 49,7%), mientras que en 2016 bajaron a 2% (las de Asia aumentaron a 64,6%). Un reciente informe del Banco Mundial sobre desigualdad destaca que ocho de los diez países más desiguales están en la región: Haití (2), Honduras (3), Colombia (4), Brasil (5), Panamá (6), Chile (7), Costa Rica (9) y México (10).

A su turno, y como ya señalamos, las iniciativas de integración de diversa índole están en franco deterioro. Debilitamiento y desintegración conducen a una mayor dependencia externa, sea de un poder declinante como Estados Unidos como de un poder ascendente como China. El corolario estratégico de eso es el deslizamiento hacia una gradual irrelevancia de América Latina en la política mundial y a la erosión de la autonomía relativa en sus relaciones internacionales.

Agrego otra observación. Creo que en la región sobresale cierta confusión respecto de Estados Unidos y China. Estados Unidos no ha sido ni es pasivo ni se ha aislado en materia de relaciones interamericanas, ya sea en lo económico, en lo político, en lo asistencial y en lo militar. Nunca se «fue» de la región: está ahí. La Doctrina Monroe perdió vigencia, pero eso no significa que Estados Unidos se haya retirado de América Latina. En realidad, Washington siempre está «llegando» a la región con distintas políticas, focos e intensidad. Respecto de China, hoy Beijing se acerca a Latinoamérica con recursos económicos, de manera pragmática y robusteciendo los lazos de Estado a Estado. De allí que el despliegue regional chino resulte más moderado y en favor del statu quo ; lo cual favorece la ausencia de jugadores locales con capacidad de veto como ocurrió en relación a la Unión Soviética durante la Guerra Fría.

En respuesta a lo que viene ocurriendo desde la década de 1990 la región respondió con lo que se denomina una política de «compromiso confiable» ( reliable engagement ) hacia China. Ahora bien, resulta adecuado que los países comiencen a contemplar una opción estratégica distinta y mixta hacia China; esto es, una política que combine aproximación y previsión.

En resumen, evitar la doble dependencia en relación a Estados Unidos y China exige de América Latina el urgente reconocimiento de que le cabe a ella robustecer regionalmente sus atributos de poder. La pendiente declinante de la autonomía de los países del área se ahondará si se continúa por la actual senda.

Todos miran hacia Venezuela, ¿qué pasa en Colombia?

El caso de Colombia es particularmente interesante pues de algún modo es un ejemplo en el que se entrecruzan los asuntos referidos en todas las preguntas previas. Allí estamos ante una democracia sudamericana longeva, desde 1958, que ha combinado violencia política prolongada, relativa estabilidad económica y claro liderazgo social de una cúpula dirigencial.

Con todas las contradicciones derivadas del predominio temporal de diferentes fracciones de la elite, con la combinación de recursos coercitivos y dispositivos consensuales, sin una clara distinción entre la Guerra Fría y la Posguerra Fría en cuanto a una relación de partenaire respecto a Estados Unidos, Colombia epitomiza un modelo de hegemonía singular en América del Sur.

Allí el papel de la cuestión militar ligada a la lucha antiinsurgente y el combate antinarcóticos ha sido una nota perdurable. Ha habido un acuerdo de paz con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) que el gobierno actual cumple a cuentagotas, mientras en 2018 fueron asesinados 93 líderes sociales y desde la desmovilización de la guerrilla 85 miembros de las FARC. Colombia ha sido un protagonista clave del Grupo de Lima y es el país cuyos líderes se han mostrado más vehementes en su crítica al régimen de Maduro y hasta tentados –y por el momento no es más que eso– a sumarse a una estrategia más agresiva de Washington hacia Venezuela.

Cabe agregar que en la presente coyuntura la significación de Colombia para Estados Unidos se ha incrementado notablemente. Washington identificó un denominado «eje de la tiranía» compuesto por Cuba, Nicaragua y Venezuela. El único país latinoamericano que tiene simultáneamente relaciones tensas con esas tres naciones es Colombia. Con Cuba, con quien se mantenía una muy buena relación a raíz de su papel en la negociación con las FARC, es hoy objeto de una fricción elocuente después del colapso del diálogo entre el gobierno colombiano y el Ejército de Liberación Nacional (ELN) que se llevaba a cabo en La Habana. Un atentado del ELN en Bogotá llevó al fin de las conversaciones. Bogotá demanda la extradición de los miembros del ELN que estaban en la mesa negociadora y La Habana le respondió que hay un protocolo de ruptura de las negociaciones que se debe implementar. El gobierno de Duque ha elevado inusualmente su crítica a Cuba. Por otro lado, las tensiones con Venezuela se iniciaron desde la llegada al poder del presidente Chávez y se incrementaron notablemente después del fallido golpe en Venezuela de 2002. Y con Nicaragua hay un contencioso marítimo histórico que condujo a un fallo de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) que resultó favorable a Managua y otro en ciernes de la CIJ que podría recalentar las de por sí pobres relaciones colombo-nicaraguenses.

A su vez, hay que tener en cuenta que Colombia supo tener un papel activo en la promoción de la Alianza del Pacífico, pero desde la llegada al gobierno de López Obrador en México se ha replegado y reforzado su vínculo con otro gobierno de derecha de la región: el de Piñeira en Chile. Si históricamente Bogotá miraba al Norte –expresado la doctrina colombiana de respice polum – y su lazo con Estados Unidos era estrecho, ahora ha abrazado a Washington con más convicción ideológica y motivación pragmática.

Colombia está notoriamente alineada con Washington y eso no cambiará. Lo interesante, en todo caso, es que muchas capitales –Buenos Aires, Brasilia, Santiago, Lima, entre otras– parecen, en la presente coyuntura y a su manera, más dispuestas a seguir los pasos de Bogotá y a depositar en Estados Unidos su mirada diplomática preferida. Habrá que evaluar los resultados de esto para el bienestar material, la seguridad nacional y la autonomía internacional de las sociedades de la región. Y ese es otro capítulo al que se debe dar un seguimiento riguroso y sistemático. Somos una región a la deriva en los asuntos globales y eso es peligroso… para nosotros.

Fuente: http://nuso.org/articulo/america-latina-camina-hacia-la-debilidad-y-la-desintegracion/

Entrevista a Michel Foucault: Sexo, poder y la política de la identidad

Traducción de Sex, Power and the Politics of Identity. Entrevista dirigida por B. Gallagher y A. Wilson en Toronto, junio de 1982. Publicada en The Advocate 400 (7 de agosto de 1984).

En tus trabajos sugieres que la liberación sexual consiste menos en la revelación de verdades secretas acerca de uno mismo o su deseo que en un elemento del proceso de definición y construcción del deseo. ¿Cuáles son las consecuencias prácticas que se derivan de esta distinción? 

Lo que quise decir es que, a mi juicio, lo que el movimiento gay necesita ahora es mucho más un arte de vivir que una ciencia o conocimiento científico (o pseudocientífico) de lo que es la sexualidad. La sexualidad forma parte de nuestro comportamiento. Forma parte de nuestra libertad en este mundo. La sexualidad es algo que nosotros mismos creamos — es nuestra propia creación y no el descubrimiento de un lado secreto de nuestro deseo. Tenemos que entender que con nuestros deseos, a través de nuestros deseos, podemos establecer nuevas formas de relaciones, nuevas formar de amor, nuevas formas de creación. El sexo no es una fatalidad: es una posibilidad de vida creativa.

Eso es básicamente lo que concluías cuando sugerías que deberíamos tratar de devenir gays — no limitarnos a reafirmarnos como gays. 

Sí, así es. No tenemos ninguna necesidad de descubrir que somos homosexuales.

¿O incluso lo que eso quiera decir? 

Exactamente. Más bien debemos crear una vida gay. Devenir gays.

¿Y esto es algo que no tiene límites? 

Así es, por supuesto. Pienso que cuando uno examina las distintas maneras en que la gente ha experimentado sus propias libertades sexuales —la manera en que han creado sus obras de arte— es preciso concluir que la sexualidad, tal como la conocemos en la actualidad, se ha vuelto una de las fuentes más creativos de nuestra sociedad y nuestro ser. Desde mi punto de vista considero que hay que entender la sexualidad de manera opuesta: el mundo considera la sexualidad como el secreto de toda vida cultural creativa; pero es más bien un proceso que se inscribe en la necesidad de crear una nueva vida cultural bajo el suelo de nuestras elecciones sexuales.

Hablando prácticamente, uno de los efectos de este intento de revelación ha significado que el movimiento gay ha permanecido en el nivel de la demanda de derechos civiles o de derechos humanos alrededor de la sexualidad. Es decir que la liberación sexual ha permanecido en el nivel de la demanda de tolerancia sexual. 

Así es, pero se trata de un aspecto que debemos respaldar. De entrada, es importante tener abierta la posibilidad —y el derecho— de elegir tu propia sexualidad. Los derechos humanos relativos a la sexualidad son importantes y siguen sin ser respetados en muchos lugares. No podemos considerar que tales problemas están resueltos ya. En efecto es cierto que ha habido un proceso de liberación real en los años 70. Este proceso fue bastante bueno, tanto en términos de la situación como en términos de las opiniones, pero la situación no está completamente estabilizada. Considero que debemos dar todavía un paso más lejos. Creo que uno de los factores de esta estabilización será la creación de nuevas formas de vida, relaciones, amistades en la sociedad, en el arte y en la cultura, así como a través de nuestras elecciones sexuales, éticas y políticas. No solamente tenemos que defendernos a nosotros mismos, o afirmarnos como una identidad, sino como una fuerza creativa.

Mucho de lo que dices suena a lo que, por ejemplo, el movimiento de las mujeres ha hecho, intentando establecer su propio lenguaje y su propia cultura.

Bueno, no estoy seguro de que debamos crear nuestra propia cultura. Debemos crear cultura. Debemos realizar creaciones culturales. Pero, al hacerlo, nos encontramos frente al problema de la identidad. Desconozco lo que debamos hacer para formar estas creaciones, y desconozco las formas que estas creaciones tomarán. Por ejemplo, no estoy del todo seguro de que la menor forma de creaciones literarias para la gente gay sean las novelas gays.

De hecho, jamás hubiéramos pretendido decir eso. Eso estaría basado en un esencialismo que debemos evitar. 

Ciertamente. ¿Qué queremos dar a entender, por ejemplo, con “pintura gay”? No obstante, estoy seguro de que desde el punto de partida de nuestras elecciones éticas podemos crear algo que en cierto modo tendrá una relación con la homosexualidad. Pero no debe ser una mera traducción de la homosexualidad en el campo de la música o la pintura o lo que sea, porque no creo que esto pueda ocurrir.

Qué opinión tienes de la enorme proliferación, en los últimos diez o quince años, de las prácticas homosexuales masculinas: la sensualización, si así lo quieres, de ciertas partes descuidadas del cuerpo, o la articulación de nuevos placeres? Estoy pensando, evidentemente, en los aspectos más destacados de lo que llamamos el gueto — cine porno, clubs para S&M, fist-fucking, etc. ¿Se trata de una simple extensión dentro de otra esfera de la proliferación general de discursos sexuales desde el siglo XIX, o ves otros tipos de desarrollos que son peculiares a este contexto histórico presente? 

Bueno, creo que de lo que nos interesa hablar más es de las innovaciones que llevan consigo esas prácticas. Por ejemplo, consideremos la subcultura S&M, como nuestra buena amiga Gayle Rubin insitiría. No creo que este movimiento de prácticas sexuales guarde alguna relación con la revelación o el destape de tendencias S&M escondidas en lo profundo de nuestro inconsciente, etc. Yo creo que el sadomasoquismo es mucho más que eso; es la creación efectiva de nuevas posibilidades de placer, de las cuales la gente no tenía ninguna idea previamente. La creencia de que el S&M guarda relación con una violencia profunda, de que su práctica es un medio para liberar esa violencia o agresión es estúpida. Sabemos muy bien que todo lo que está haciendo esa gente no es agresivo; están inventando nuevas posibilidades de placer haciendo uso de ciertas partes desconocidas de su cuerpo — a través de la erotización del cuerpo. Considero que se trata de una suerte de creación, una empresa creativa, que tiene como una de sus características principales lo que yo llamo la desexualización del placer. La creencia de que el placer corporal procede siempre del placer sexual como la raíz de cualquier placer posible — considero que eso es algo completamente falso. Esas prácticas insisten que podemos producir placer a partir de objetos raros, de partes desconocidas de nuestro cuerpo, en circunstancias nada habituales, etc.

De modo que la equiparación entre placer y sexo está superada. 

Exactamente. La posibilidad de usar nuestros cuerpos como una fuente posible de numerosos placeres es algo que resulta muy importante. Por ejemplo, si observamos la construcción tradicional del placer, constatamos que los placeres corporales o placeres de la carne tienen siempre su origen en la bebida, en la comida y en el sexo. Y eso parece ser el límite de nuestra comprensión de nuestro cuerpo, de nuestros placeres. Lo que me frustra, por ejemplo, es que se enfoque siempre el problema de las drogas exclusivamente como un problema de de libertad y prohibición. Pienso que las drogas deben convertirse en un elemento más de nuestra cultura.

¿Como fuente de placer? 

Sí, como fuente de placer. Tenemos que estudiar las drogas. Tenemos que experimentar las drogas. Tenemos que fabricar buenas drogas que puedan producir un placer verdaderamente intenso, sin poner en peligro la vida del sujeto y sin perjudicar su salud. Pienso que el puritanismo prejuicioso e ignorante, pudibundo que nos pone en guardia de manera indiscriminada frente a las drogas —un puritanismo que implica y obliga a estar a favor o en contra de ellas— es una actitud errónea, un tratamiento equivocado de la cuestión. Las drogas se han vuelto en la actualidad un elemento de nuestra cultura, y de la misma manera que existe buena y mala música, hay buenas y malas drogas. Y, del mismo modo que no podemos decir que estamos “contra” la música, no podemos decir que estamos “contra” las drogas, sometiéndonos a personas pudibundas que no toleran que otros disfruten.

El objetivo entonces es experimentar con el placer y sus posibilidades. 

Exacto. El placer debe también formar parte de nuestra cultura. Está en ella pero debe integrarse mejor en ella y no de manera vergonzante. Es muy interesante observar, por ejemplo, que, desde hace siglos, las personas en general —y también los médicos, los psiquiatras e incluso los movimientos de liberación— han hablado siempre de deseo, pero nunca de placer. “Debemos liberar nuestro deseo” afirman. ¡No! Debemos crear placeres nuevos, y entonces acaso surja el deseo y se engendren otros deseos.

¿Resulta significativo que algunas identidades se constituyan alrededor de nuevas prácticas sexuales tales como el S&M? Esas identidades favorecen la exploración de tales prácticas y contribuyen también a defender el derecho a entregarse a ellas. ¿Pero acaso no limitan también sus posibilidades de los individuos? 

Veamos. Si la identidad es sólo un juego, si es sólo un procedimiento para favorecer relaciones, relaciones sociales y relaciones de placer sexual que crearán nuevos vínculos de amistad, entonces es útil. Pero, si la identidad se convierte en el problema fundamental de la existencia sexual, si las personas piensan que deben “revelar” su “propia identidad” y que su propia identidad ha de volverse la ley, el principio, el código de su existencia; si la pregunta que plantean continuamente es: “¿Esto está de acuerdo con mi identidad?”, entonces pienso que regresarán a una especie de ética muy próxima a la de la vieja virilidad heterosexual. Si debemos situarnos y pronunciarnos respecto a la cuestión de la identidad, debe ser una identidad de cada uno con nosotros mismos. Pero las relaciones que debemos mantener con nosotros mismos no son relaciones de identidad, deben ser más bien relaciones de diferenciación, de creación, de innovación. Ser siempre el mismo es realmente aburrido. No debemos descartar la identidad si a través de ella las personas encuentran su placer, pero no debemos considerar esa identidad como una regla ética universal erigiéndola en norma para todos.

Pero, hasta ahora, la identidad sexual ha sido muy útil políticamente. 

Si, ha sido muy útil, pero nos limita, y pienso que tenemos —y podemos tener— un derecho a ser libres.

Queremos que algunas de nuestras prácticas sexuales sean prácticas de resistencia, en el sentido político y social. ¿Cómo es posible esto, sin embargo, cuando el control puede ser ejercido mediante el estimulo de placer? ¿Podemos estar seguros de que no se producirá una explotación de esos nuevos placeres a la manera en que la publicidad utiliza el estímulo del placer como instrumento de control social? 

Nunca podemos estar seguros de que no habrá explotación. De hecho, siempre podemos estar seguros de que ocurrirá, y de que todo lo que se ha creado o adquirido, cualquier terreno que haya sigo ganado será, en uno u otro momento, utilizado de tal modo. Es consustancial a la vida, a la lucha y a la historia humana. Y no pienso que eso sea una objeción a todos esos movimientos o a todas esas situaciones. Pero usted tiene toda la razón al señalar que debemos ser muy cuidadosos, y estar al tanto del hecho de que hemos de seguir adelante, pasar a otra cosa, plantearse otras necesidades. El gueto S&M de San Francisco es un buen ejemplo de una comunidad que ha experimentado con el placer y que ha formado una identidad alrededor de ese placer. Esta guetoización, esta identificación, este procedimiento de exclusión, etc., todas estas cosas han producido también sus contraefectos. No me atrevo a emplear el término dialéctica, pero no estamos muy lejos de ello.

Escribes que el poder no es sólo una fuerza negativa sino también una fuerza productiva; que el poder está siempre ahí; que donde hay poder, hay resistencia; y que la resistencia no se encuentra nunca en una posición de exterioridad frente al poder. Si esto es así, ¿cómo podemos llegar a otra conclusión que la que consiste en decir que estamos siempre atrapados en el interior de esa relación, una relación a la que no podemos, en cierta manera, escapar? 

En realidad, no creo que la palabra atrapados sea la palabra correcta. Se trata de una lucha, pero lo que quiero decir, cuando hablo de relaciones de poder, es el hecho de que estamos en una situación estratégica unos respecto de otros. Por ejemplo, siendo homosexuales, estamos en una lucha con el gobierno, y el gobierno está en una lucha con nosotros. Cuando tenemos que vérnoslas con el gobierno, la lucha, por supuesto, no es simétrica, la situación de poder no es la misma; pero estamos juntos en esta lucha. Basta que cualquiera de nosotros se ponga por encima de otro, que las circunstancias o una determinada situación se lo permitan, y que esa situación no se corte, se prolongue, para que esta situación pueda determinar el comportamiento a seguir, o simplemente influenciar ese comportamiento o no comportamiento del otro. Así que no estamos atrapados, sino que más bien, a pesar nuestro, siempre estamos inmersos en ese tipo de situaciones, derivadas de la disimetría, más o menos real o imaginada, de las relaciones sociales. Lo cual significa que tenemos siempre posibilidades, que siempre hay posibilidad de cambiar la situación. No podemos saltar fuera de la situación, y no tiene sentido ubicarnos en un lugar en que seamos libres de cualquier relación de poder. Pero uno puede siempre cambiarla. Así pues, lo que he dicho no significa que estamos siempre de algún modo atrapados, sino, por el contrario, estamos siempre libres, siempre más libres de lo que podemos creer. En fin, en pocas palabras, que siempre tenemos de algún modo la posibilidad de cambiar las cosas.

¿La resistencia proviene pues del interior de esta dinámica? 

Sí. Puede observar que si no hubiera resistencia no habría relaciones de poder; éstas consisten en forzar la resistencia del otro en el sentido en que le interesa al que detenta el poder de algún modo en una situación determinada. En caso contrario todo se limitaría simplemente a una mera cuestión de disposición y obediencia. Desde el momento en que el individuo no se halla en situación de hacer lo que quiere, está inmerso en, y se ve obligado a tener en cuenta, relaciones de poder, y deberá pasar por ellas, utilizarlas en sus actos. Así pues, la resistencia está primero, y permanece como superior a todas las fuerzas del proceso; obliga, bajo su efecto, a las relaciones de poder a cambiar. Así pues, considero que resistencia es la palabra más importante, la palabra-clave, de esta dinámica.

Políticamente hablando, el elemento más importante, quizá, cuando se examina el poder, es el hecho de que, según ciertas concepciones anteriores, “resistir” consistía simplemente en decir no. Es únicamente en términos de negación que se ha conceptualizado la resistencia. Tal como usted la comprende, sin embargo, resistir no es simplemente una negación, sino un proceso de creación; crear y recrear, cambiar la situación, participar activamente en ese proceso. 

Sí, así es como yo plantearía las cosas. Decir no constituye la forma mínima de resistencia. Pero naturalmente, en ciertos momentos, es muy importante. Hay que decir no y hacer de ese no una forma de resistencia decisiva.

Eso suscita la cuestión de saber de qué manera, y en qué medida, un sujeto —o una subjetividad— dominado pueden crear su propio discurso. En el análisis tradicional del poder, el elemento omnipresente a partir del cual se funda el análisis es el discurso dominante, y las reacciones a ese discurso, o en el interior de ese discurso, no son sino elementos subsidiarios. Sin embargo, si por resistencia al interior de las relaciones de poder entendemos algo más que una mera negación, ¿acaso no podría decirse que ciertas prácticas —el S&M lésbico, por ejemplo— son de hecho la manera en que unos sujetos dominados formulan sus propios lenguajes?

Bueno, verás, yo pienso que la resistencia es un elemento de esa relación estratégica en que consiste el poder. La resistencia siempre se apoya, en realidad, en la situación contra la cual combate. Por ejemplo, en el movimiento gay la definición médica de la homosexualidad constituyó un instrumento muy importante para combatir la opresión de la homosexualidad a finales del siglo XIX y a comienzos del XX. Esta medicalización, que era un medio de opresión, siempre ha sido también un medio de resistencia, ya que las personas podían argumentar: “Si estamos enfermos, entonces ¿por qué nos condenan, por qué nos desprecian?”, etc. Por supuesto, este discurso nos parece ahora bastante ingenuo, pero, en esa época, fue muy importante. A mi entender, también, creo que en el movimiento lésbico, el hecho de que las mujeres han sido, durante siglos y siglos, aisladas en la sociedad, frustradas, despreciadas de muchas maneras, etc., les ha proporcionado una verdadera posibilidad de constituir una sociedad, de crear un cierto tipo de relación social entre ellas, por fuera de un mundo dominado por los hombres. El libro de Lilian Faderman, Surpassing the Love of Men, es muy interesante en este sentido. Suscita una cuestión: ¿Qué tipo de experiencia emocional, qué tipo de relaciones, eran posibles en un mundo en que las mujeres en sociedad no tenían ningún poder social, legal o político? Y ella argumenta que las mujeres han aprovechado ese aislamiento y ausencia de poder.

Si la resistencia es el proceso que consiste en evadir ciertas prácticas discursivas, parecería que el caso que tiene un reclamo prima facie contestatario podría ser algo como el S&M lésbico.¿En qué medida esas prácticas e identidades pueden ser apreciadas como desafiantes al discurso dominante? 

Lo que me parece interesante, en lo que concierne al S&M lésbico, es que permite desembarazarse de ciertos estereotipos de la feminidad que han sido usados dentro del movimiento lésbico — una estrategia que el movimiento lésbico ha erigido desde el pasado. Esta estrategia ha estado basada en su opresión, y el movimiento la utilizaba para luchar contra esa opresión. Pero ahora, es posible que esas herramientas, esas armas estén obsoletas. Podemos ver que el S&M lésbico trata de desembarazarse de todos los viejos estereotipos de la feminidad, de las actitudes antivarón, etc.

¿Qué te parece que es posible aprender sobre el poder, y, a propósito, sobre el placer desde la práctica del S&M — esto es, la erotización explícita del poder? 

Puede decirse que el S&M es la erotización del poder, la erotización de las relaciones estratégicas. Lo que me sorprende con respecto del S&M es cómo ese poder difiere del poder social. Lo que caracteriza al poder es el hecho de que constituye una relación estratégica que ha sido estabilizada a través de instituciones. De modo que la movilidad al interior de las relaciones de poder está limitada, y existen reductos que son ciertamente muy, muy difíciles de surprimir porque han sido institucionalizados, y son protegidas por todo el aparato del Estado, y así su influencia es sensible como poder legislativo en los códigos normativos, como poder judicial y ejecutivo en los tribunales de justicia. Todo esto significa que las relaciones estratégicas entre los individuos en estos ámbitos institucionalizados se caracterizan por la rigidez que no contempla las singularidades del caso. Al respecto, el juego S&M es muy interesante porque, aunque tratándose de una relación estratégica, es siempre fluido. Por supuesto hay roles, pero nadie ignora que esos papeles pueden ser invertidos. En ocasiones la escena comienza con el amo y el esclavo y, al final, el que era esclavo pasa a ser el amo. O incluso cuando los roles son permanentes, sabes perfectamente que se trata siempre de un juego: ya se transgredan las reglas, o exista un acuerdo, explícito o tácito, que las establece dentro de ciertos límites. Este juego estratégico como una fuente de placer corporal es muy interesante. Pero no diría que constituye una reproducción, en el interior de la relación erótica, de las estructuras de poder. Es un paso al acto [acting-out] de las estructuras de poder a través de un juego estratégico capaz de proporcionar un placer sexual o corporal.

¿De qué manera difiere esta relación estratégica en el sexo de aquella en las relaciones de poder? 

La práctica del S&M consiste en la creación de placer, y hay una identidad que va con esa creación. Es por esto que el S&M es realmente una subcultura. Es un proceso de invención. El S&M es el uso de una relación estratégica como una fuente de placer (de placer físico). No es la primera vez que algunas personas han usado las relaciones estratégicas como una fuente de placer. Por ejemplo, en la Edad Media existió la tradición del “amor cortés”, con el trovador, la manera en que se instauraban las relaciones amorosas entre la dama y el amante, etc. Eso fue también un juego estratégico. Incluso encuentras esto los chicos y las chicas cuando salen a bailar el sábado por la noche. Ponen en escena relaciones estratégicas. Lo que es interesante es que, en la vida heterosexual, esas relaciones estratégicas preceden al sexo. Existen con el único fin de obtener sexo. En el S&M, por el contrario, las relaciones estratégicas forman parte del sexo, como una convención de placer en el interior de una situación particular. En un caso, las relaciones estratégicas son relaciones puramente sociales, y es tu ser social lo que está implicado; mientras que, en el otro caso, es tu cuerpo lo que está implicado. Y es esta transferencia de relaciones estratégicas del/a corte(jo) [the court(ship)] al sexo lo que es particularmente interesante.

Mencionabas hace uno o dos años en una entrevista de Gai Pied que lo que más molesta de las relaciones gays no es tanto el acto sexual mismo como el potencial de que de que se desarrollen relaciones afectivas por fuera de los marcos normativos. Estos vínculos y amistades son imprevistos. ¿Piensas que lo que asusta a las personas sea el potencial desconocido de las relaciones gays, o sugerirías que esas relaciones son vistas como poseedoras de una amenaza directa contra las instituciones sociales? 

Algo que me interesa actualmente es el problema de la amistad. En el transcurso de los siglos que siguieron a la Antigüedad, la amistad constituyó una relación social muy importante: una relación social dentro de la cual la gente disponía de cierta libertad, de cierto tipo de elección (limitado, por supuesto), así como de relaciones afectivas muy intensas. La amistad tenía también implicaciones económicas y sociales — estaban obligados a ayudar a sus amigos, etc. Pienso que, en los siglos XVI y XVII, vemos desaparecer esos tipos de amistades, al menos en la sociedad masculina. Y la amistad empieza a convertirse en algo distinto. Es posible encontrar, a partir del siglo XVI, textos que critican explícitamente la amistad como algo peligroso. El ejército, la burocracia, la administración, las universidades, las escuelas, etc. —en el sentido moderno de estos términos— no pueden funcionar con amistades tan intensas. Pienso que se puede advertir, en todas estas instituciones, un esfuerzo considerable para disminuir o minimizar las relaciones afectivas. Pienso que esto es particularmente importante en las escuelas. Cuando inauguraron la escuela elemental, que acogía a centenares de chicos jóvenes, uno de los problemas que se planteaban era el de saber cómo podía impedírseles, no sólo que tuvieran relaciones sexuales, por supuesto, sino también que trabaran amistades. Por ejemplo, uno puede estudiar la estrategia de las instituciones jesuitas sobre este tema de la amistad, desde que los jesuitas comprendieron muy bien que les resultaba imposible suprimirla. Entonces trataron de utilizar el rol del sexo, del amor, de la amistad, y al mismo tiempo limitarlo. Pienso que ahora, después de haber estudiado la historia de la sexualidad, deberíamos intentar comprender la historia de la amistad, o de las amistades. Es una historia sumamente interesante. Y una de mis hipótesis, y estoy seguro de que se confirmaría si emprendiéramos esta tarea, es que la homosexualidad se volvió un problema —es decir, el sexo entre hombres se volvió un problema— a partir del siglo XVIII. Vemos su surgimiento como un problema con la policía, dentro del sistema jurídico, etc. Pienso que la razón de que apareciera como un problema, como un asunto social, en esa época, es porque la amistad había desaparecido. Mientras la amistad fue algo importante, fue socialmente aceptada, nadie se percató de que los hombres tenían relaciones sexuales entre sí. No podía decirse que los hombres no tenían sexo juntos — simplemente no tenía importancia. Dado que no tenía ninguna implicación social, era culturalmente aceptado. Que cogieran o que se abrazaran o besaran no tenía ninguna importancia, absolutamente ninguna, resultaba irrelevante, completamente irrelevante. Una vez que la amistad desapareció como una relación culturalmente aceptada, se plantea la cuestión: “¿Pero que hacen hombres juntos?” Y en ese momento aparece el problema. Y si los hombres cogen o tienen sexo juntos, eso aparece ahora como un problema. Así, estoy seguro de que estoy en lo correcto, en cuanto a que la desaparición de la amistad como una relación social y la declaración de la homosexualidad como un problema social/político/médico forman parte del mismo proceso.

Si hoy en día lo importante radica en explorar de nuevo las posibilidades de las amistades, habría que observar que, en una gran medida, todas las instituciones sociales están designadas para favorecer las amistades y las estructuras heterosexuales, en detrimento de las homosexuales. ¿Acaso la verdadera tarea no es la de instaurar nuevas relaciones sociales, nuevos modelos de valores, nuevas estructuras familiares, etc.? Una de las cosas que la gente gay no tienen es un fácil acceso a todas las estructuras e instituciones que van a la par con la monogamia y la familia nuclear. ¿Qué tipos de instituciones necesitamos para empezar a establecer, a fin no sólo de defendernos, sino también de crear nuevas formas sociales que constituirán una verdadera alternativa posible? 

Instituciones. No tengo una idea precisa de ello. Pienso, por supuesto, que sería completamente contradictorio aplicar con este fin y en este tipo de amistad el modelo de la vida familiar, o de las instituciones propias de la familia. Pero es cierto que, desde que algunas de las relaciones que existen en la sociedad son formas protegidas de vida familiar, se comprueba que las variaciones que no están protegidas son, al mismo tiempo, a menudo más ricas, más interesantes y más creativas que las otras. Pero, naturalmente, también son mucho más frágiles y vulnerables. La cuestión de saber qué tipos de instituciones necesitamos crear es un asunto importante y crucial, pero es una cuestión a la que yo no puedo dar una respuesta. Creo que nosotros tenemos que intentar elaborar una solución.

¿Hasta qué punto queremos, o necesitamos, que el proyecto de liberación gay sea hoy un proyecto que, lejos de contentarse con proponer un recorrido, insista en abrir nuevas avenidas? En otras palabras, ¿tu aproximación a la política sexual rechaza la necesidad de un programa e insiste en la experimentación de nuevos tipos de relaciones? 

Pienso que una de las grandes experiencias que hemos tenido desde la última guerra mundial es que todas esos programas sociales y políticos han resultado un gran fracaso. Nos hemos dado cuenta de que las cosas no ocurrirían nunca tal como lo esperábamos de un programa político, y que los programas políticos han conducido siempre, o casi siempre, a abusos o a la dominación por parte de un bloque, bien sea de técnicos, burócratas u otros. Pero una de las novedades de los años 60 y 70 que considero como algo bueno, es que ciertos modelos institucionales han sido experimentados sin un programa. Sin un programa no quiere decir ciegamente — de manera ciega al pensamiento. En Francia, por ejemplo, ha habido mucho criticismo recientemente sobre el hecho de que los diferentes movimientos políticos sobre el sexo, las prisiones, la ecología, etc., no tuvieran programas. Pero, en mi opinión, no tener programa puede ser muy útil, muy original y creativo, si eso no quiere decir sin reflexión verdadera sobre lo que sucede, o sin preocuparse demasiado de lo que es posible. Desde el siglo XIX, las grandes instituciones políticas y los grandes partidos políticos han confiscado el proceso de creación política; es decir que han tratado dar a la creación política la forma de un programa político a fin de apropiarse del poder. Pienso que lo que ocurrió en los 60 y a principios de los 70 es algo para ser preservado. Sin embargo, considero que una de las cosas que hay que preservar es el hecho de que ha existido, por fuera de los grandes partidos políticos, por fuera del programa normal u ordinario, innovación política, creación política y experimentación política. Es un hecho que la vida cotidiana de las personas ha cambiado desde comienzos de los años 60 hasta ahora, y ciertamente dentro mi propia. Y seguramente esto no ha sido así debido a los partidos políticos, sino que se trata de un resultado de numerosos movimientos. Esos movimientos sociales han transformado efectivamente nuestras vidas, nuestra mentalidad, nuestras actitudes, así como las actitudes y la mentalidad de otras personas — personas que no formaban parte de esos movimientos. Y esto es algo muy importante y positivo. Lo repito, no son las viejas y normales organizaciones políticas tradicionales las que han permitido este análisis.

 

Maquiavelo, más allá de los lugares comunes

‘Con el pretexto de enseñar a los reyes, instruyó realmente al pueblo.
El Príncipe de Maquiavelo es en verdad el libro de los republicanos’.
Jean Jacques Rousseau. Escritos políticos

Por Antonio Chazarra Montiel*

maquiaveloNiccolò Machiavelli (1469-1527) ha sido y es uno de los pensadores, más vilipendiados y tergiversados de la historia. Los tópicos son un peso muerto enormemente difícil de remover. Proporcionan comodidad y evitan hacer el menor esfuerzo. Para insultar y descalificar a Maquiavelo no hace falta ni siquiera haberlo leído. Basta con manejar unas cuantas frases manidas de manual y no atisbar, ni si quiera, el alcance de su pensamiento. La mediocridad es así… y así son los tiempos que corren.

Maquiavelo debe ser reivindicado, entre otras poderosas razones porque forjó una nueva Ciencia Política y logró acuñar con clarividencia una moderna concepción del Estado. Es posible, que su actitud crítica hacia la iglesia católica y hacia el papel de los Estados pontificios, en la Italia de su tiempo, haya tenido bastante que ver en esa visión negativa y tópica que, por inercia, se viene repitiendo como una cantinela.

Ha sido calificado de monstruo, se le han atribuido conceptos y frases que nunca salieron de su pluma y no se ha tenido en cuenta su visión anticipatoria y los ámbitos que fue capaz de explorar, por primera vez, adentrándose con decisión en los peligrosos vericuetos y entresijos de la logística y de la interpretación de los hechos.

Perteneció a una notable e influyente familia florentina y tuvo una formación sólida. Dominó como pocos a los clásicos, especialmente, a Tácito y Tito Livio, pero también al epicúreo Lucrecio o a Cicerón. Supo apreciar las virtudes de la antigua Roma y los valores republicanos en medio de la decadencia, la corrupción y la crisis que se cernía sobre el mosaico de estados italianos de su tiempo.

maquiavelo3Es cierto que su pensamiento es ambivalente como ambivalente es su visión del hombre, capaz de grandes hazañas, por una parte pero, de vilezas y traiciones sin cuento por otra. Puede afirmarse que inventó la Filosofía Política inaugurando un planteamiento realista, capaz de mostrar con valentía y rigor que lo ético y lo político tienen lógicas diferentes. Supo centrarse en ‘lo que es’ prescindiendo del ‘deber ser’. Se negó a sustituir el análisis descarnado de lo real por una visión de las cosas, amable pero falsa. Ha sido admirado por unos pocos y odiado por muchos. Se dice de él que ha justificado atrocidades y engaños, que su planteamiento es abiertamente cínico y, también, que su antropología es negativa. Añádase a esto que se le atribuye que defiende sin matices la coacción estatal. Como se podrá comprobar es recomendable una actitud serena y reflexiva para enfrentarse a su obra. Pongamos un poco de orden en todo esto. Para Maquiavelo, por ejemplo, la coacción por parte del Estado es necesaria contra las inclinaciones destructivas del ser humano.

El motivo que me lleva a realizar esta defensa y reivindicación de Maquiavelo se basa, por un lado, en su atractivo como pensador, su espíritu irónico y burlón y su inteligencia sutil, que unida a su profundo conocimiento de los clásicos resulta un mezcla explosiva. Por otro, a que todavía son desconocidos para muchos, los análisis y perspectivas que a lo largo de la Historia del Pensamiento lo han ensalzado, empleando razonamientos de un valor notable y de una penetración y espíritu crítico de lo más interesante. Teniendo en cuenta que quienes han sabido apreciar el pensamiento crítico de Maquiavelo, se han visto obligados a remar contra corriente. Entre ellos es de justicia citar a Francis Bacon, Baruch Spinoza, Federico Chabod o, por no hacer interminable esta lista, a Isaiah Berlin.

Francis Bacon es uno de los primeros en afirmar que el florentino describe, sin asomo de ficción lo que los hombres hacen en realidad, y no lo que deberían hacer. Por su parte, Baruch Spinoza en su Tratado Político, afirma que era partidario de la libertad y que para preservarla daba sabios consejos. En una de las citas que figuran en el frontispicio de este breve ensayo, ya hemos comentado que para Rousseau lo que el autor de El Príncipe hacía, era instruir al pueblo con la excusa de aconsejar a los poderosos. En la actualidad el pensador italiano Federico Chabod, que realizó su tesis doctoral sobre Maquiavelo, sostiene que el florentino defiende el principio de autonomía del quehacer político, frente a toda finalidad metafísica y moral. Isaiah Berlin en su ensayo ‘La originalidad de Maquiavelo’, apunta que lo que hace, no es tanto distinguir entre los valores específicamente morales y los políticos, sino diferenciar la moral del mundo pagano y sus valores de la moral cristiana, prefiriendo, sin la menor duda, los primeros.

maquiavelo4Podríamos seguir enumerando puntos de vista y perspectivas diversas desde las que aproximarse al pensamiento maquiaveliano, termino mucho más preciso que maquiavélico. Lo que indudablemente muestran estos puntos de vista es la complejidad del pensamiento del florentino y sus múltiples interpretaciones que, en modo alguno, pueden despacharse a la ligera y sin la menor reflexión.

En un mundo como el nuestro, con sus avances tecnológicos que han ido evolucionando hasta convertirse en fines en sí mismos, pero con su desprecio por el pensamiento y por el conocimiento de los clásicos, los rescoldos del pensamiento maquiaveliano pueden y deben sernos de bastante utilidad. La historia de las ideas nunca se debe confundir con los sótanos del tiempo, sino que deben frecuentarse para aprender del pasado y repensar el presente.

Maquiavelo fue un animal de fondo, un hombre hecho a sí mismo que sentía una atracción vertiginosa por las sombra de las cosas y por seguir el itinerario de a dónde conduce lo que podríamos conceptualizar como la voluntad de poder. La suya es una visión del hombre sin condescendencia. La vida es algo más que una farsa. En ocasiones, es preciso adoptar una actitud defensiva y, en otras, pasar sin tapujos al ataque. Creo que uno de los legados de mayor enjundia del florentino es su consideración de la Memoria como salvadora de las tradiciones y valores del mundo clásico.

Sigue resultando útil volver a las páginas de La sonrisa de Maquiavelo de Maurizio Virolo. Ya que no ha perdido actualidad ni interés. Traza un retrato fidedigno y poliédrico del florentino, negándose a considerarlo un maestro de la maldad y haciendo hincapié en sus virtudes, inteligencia e intuiciones. Asimismo, otro ángulo desde el que podemos abordar su figura es el que nos propone Francisco Cortes Rodas, profesor e investigador del Instituto de Filosofía de la Universidad de Antioquía, que lleva a cabo un interesante ejercicio de aproximación al pensamiento de hombres ilustres del pasado, mediante un diálogo ficticio pero profundo, en su obra Dialogo filosófico en las voces de Hobbes, Kant y Maquiavelo.

No se debe perder de vista que Nicolas Maquiavelo defendió incansablemente un republicanismo moderno. La idea de que la libertad ha de ser protegida con las leyes es fecunda y llegada la ocasión, también, con las armas. Es preciso arrancar las máscaras del mito y distanciarse de muchos prejuicios que acaban por considerarse verdades inmutables, así como abrirse a nuevas perspectivas como que su moral es social y no individual. Es asimismo, crucial su apuesta inequívoca por el bien común, que debe ser preservado por encima de otras muchas cosas. El mismo Maquiavelo nos dejo dicho que hay que ser zorra para conocer las trampas y león para atemorizar a los lobos. En él se compatibiliza una visión realista de la política con otra moderna del Estado.

Por extraño que pueda parecer, Nicolás Maquiavelo tiene un punto hedonista digno de ser apreciado. Considera que conocer la historia es un placer, así como disfrutar del saber que de ella emana. Se entrega con pasión a descubrir y plasmar la racionalidad de las acciones.

Me sigue pareciendo un aspecto fundamental de su pensamiento el que sepa colocar en un punto de centralidad el respeto, la defensa y la salvaguarda del bien común. Otro aspecto en el que no se ha hecho todo el hincapié que a mi juicio, merecería, es su capacidad de argumentación crítica e incluso dialéctica.

maquiavelo2Cuando el pesimismo y el escepticismo ganan ostensiblemente terreno, deberíamos pararnos a reflexionar sobre la necesidad de repensar el papel de magisterio que ha jugado la historia… y que hoy, tiende a olvidarse. No acaban ahí la penetración y las sutiles advertencias de Nicolás Maquiavelo. ¿Debemos repensar el papel de la política en la conformación de los principios, acciones y valores que están llamados a regir la convivencia en las sociedades humanas? Para finalizar no estaría de más tener en cuenta su consideración de la política por una parte como ciencia, hoy diríamos ciencia social y por otra, como técnica que toma como modelo la arquitectura.

Mención aparte merecen sus comentarios sobre la Razón de Estado y su opinión de que el ejercicio del poder debe buscar y basarse en el apoyo popular, más por problemas de espacio esta reflexión debe aplazarse a otro momento.

Para él la República Romana con sus valores y principios ha de constituir un modelo aunque puesto al día, en la creación de los Estados-Nación modernos. Sin duda es un precedente frente a la corrupción, debilitamiento, falta de sentido de la historia y crisis económica y política. Con la historia no sólo se puede sino que se debe dialogar, así como extraer de ella modelos a seguir, consecuencia y principios de conducta.

Maquiavelo se enfrenta a la responsabilidad del hombre de forma cruda y sin el menor atisbo de aminorarla por influencia de la divinidad, de fuerzas de la naturaleza, de mitos, de símbolos… En esto es rotundo. En El Príncipe afirma, categóricamente, que puede ser cierto que la fortuna sea árbitro de la mitad de nuestras acciones, pero la otra mitad, o casi nos es dejada incluso por ella a nuestro control. El aviso es claro y nítido. Propone que busquemos en todo momento tener un control sobre las acciones que llevamos a efecto y sus consecuencias.

Concluyo esta aproximación a Maquiavelo, más allá de los tópicos al uso, citando unas líneas del capítulo XV de El Príncipe: ‘hay tanta diferencia de cómo se vive a como se debe vivir, que quien deja lo que hace por lo que se debería hacer, aprende más bien su ruina que su salvación’.

Dese luego hay que volver una y otra vez al pensador florentino y rastrear hasta el presente su inteligente y poliédrico legado. Es nada más y nada menos, que un clásico indispensable para hurgar en la condición humana y en el sentido cívico y político de sus acciones.

Fuente: https://www.entreletras.eu/index.php/ensayo/1047-maquiavelo-mas-alla-de-los-lugares-comunes.html

Los nacimientos de la oposición venezolana

“Los padres monstruosos regresan a toda prisa mientras los hijos sin padre continúan muriendo”

I

La oposición venezolana tiene varios linajes y varias genealogías. La primera remonta a los años noventa con la política neoliberal, la ola “anti política” y una mayor beligerancia de las clases medias hasta entonces “representadas” por los partidos. La distingue la idea del ciudadano-propietario distinguido del habitante-parásito de los barrios, marginal y no ciudadano. El viejo tema civilización-barbarie se repetirá hasta hoy constantemente.

Esta corriente, que verá frustradas por Chávez sus expectativas de elegir un candidato pro-empresarial  pero no hay que pensar que la diferencia era tan grande: también se trataba de un liderazgo personalista y anti político. Chávez interpreta mejor esa demanda de un nuevo caudillismo esta reaparición neoarcaica del cesarismo democrático de Vallenilla. El diferendo aquí es cuál es el venezolano que tienen que representar los nuevos “cesares” o estrellas: si al de la no-ciudad, el marginal del barrio, o a las clases medias. La estafa está garantizada porque ni Chávez es el símbolo del pobre –es de la corporación militar aliándose con cierta izquierda- ni Salas Romer o Sáez del profesional o del laborioso pequeño propietario –solo de las élites empresariales.

Aunque gobernados por los mismos estafadores,  explotados por los mismos saqueadores y asaltados por los mismos criminales,  divididos quedarán los del barrio y los de la ciudad, separados por la desconfianza durante casi 20 años.

Agotado el partido político burocrático los venezolanos no encuentran formas nuevas de consistencia (más allá de la invocación folclórica al asambleísmo o el proyecto de modelar todo según analogía con la empresa o la ONG) y parece haber un retorno generalizado a un liderazgo personal que no es ya jefatura operativa, predominio de los más capaces, conducción en medio de la cooperación, sino la convocatoria a través de una figura trascendente, siempre idealizada en alguna medida que hace posible el encuentro de una gente que siempre espera ser convocada por alguien más y que no invierte su confianza en sus pares sino en dirigentes que son, de una forma u otra, sus “mayores”.

De Irene Sáez a Guaidó la idealización de las figuras políticas y la falta de confianza horizontal son los signos de un “caudillismo” cada vez más complejo como mecanismo indispensable de la política venezolana. Guaidó, el joven cesar cooptado por los EEUU que convoca a una gente que no se convoca a sí misma y queda a la expectativa de la ejecución de un plan providencial mediante una agenda que los políticos venezolanos no han formulado parece ser la culminación de esta larga evolución.

La corriente de la primera oposición a Hugo Chávez que se nutre de muchas cosas: desde la conciencia de la evidente incompetencia y autoritarismo del caudillo de Barinas hasta el rechazo “racial” –es uno de los otros, de los marginales, de los no-venezolanos, los desechables-  pasando por las primeras  e inevitables decepciones  entre los que depositaron esperanzas en él.

La oposición de 2001-2005 era predominantemente de clase media pero no necesariamente anti-comunista o liberal. En todo caso el sector propiamente “derechista” tomó el control en Abril de 2002 y políticos sensatos como Petkoff encontraron que la patronal había dado un golpe, no solo a Chávez, sino a los otros sectores que fueron excluidos como los sindicatos.

Sin esa oposición antichavista Chávez como lo conocemos no habría sido posible: en 2002 le entrega las Fuerzas Armadas a Chávez, en 2003 a PDVSA y en 2005 se abstiene en las elecciones y deja a Chávez solo, durante 5 años sin ningún contrapeso. El destino tiene mecanismos más precisos que cualquier plan.

Hay un gran paréntesis entre 2004 y 2010. Cuando se hace evidente que Chávez no solo está en control de la situación sino que es inmensamente popular  en antichavismo se divide en un bando negociador y en otro “irredentista”. Lo que  distingue a los primeros no es meramente la propensión a negocios y negociados –en un estado patrimonialista que nadie cuestiona ambos incurren en ellos- sino en la idea de si se  puede negociar con el Chavismo para alcanzar distintos grados de participación en el poder político o si hay que destruirlo.

Los negociantes lograran parcialmente su objetivo: políticos oportunistas que se lanzan para cargos públicos y que nos dieron algunas de los gobiernos regionales más corruptos de la historia nacional. Las idas y venidas de políticos entre el chavismo y el antichavismo, la coexistencia, los constantes negociados,  crean un continuo en la dividida clase política.

Los “irredentistas” siempre quisieron destruir o des-hacer al chavismo, la repetición de una imaginería sobre el pasado  (sea la época de Perez Jiménez o los años ochenta y setentas) es signo de una intención de des-hacer el paso del tiempo de la que nacerá el proyecto de la “transición” como excepción civilizada a la excepción barbárica del chavismo.  La compone gente de inclinación liberal o de derechas que honestamente se opone al gobierno o que es víctima de sus atropellos  y   también grupúsculos de extrema derecha que heredan el proyecto del golpe y que son o muy puntuales o muy discontinuos y que operan sólo en el ambiente de cierta clase media conservadora. Pero tanto los EEUU como los partidos de oposición ya están coexistiendo con el chavismo y como Chávez hace todo para hacer posible esa coexistencia están aislados.

La polarización se revela enormemente beneficiosa para los dirigentes políticos: no tienen que estar preparados, no tienen que tener propuestas, no tienen que ser honestos o competentes, les basta con ser del bando correcto. Un plebiscito continuo va borrando la política y la democracia como trasfondo de la emergencia de Chávez como Rey Sol. Pequeños solecitos como Lapi, Rosales, Capriles, innumerables alcaldes corruptos o incompetentes delatan la comunidad de sustancia entre los dos bandos.

Es en este periodo, con las protestas de 2007, muy tarde para dar un golpe y muy temprano para invocar una invasión, emergen políticos que empiezan a hablar de “desobediencia civil” y rebelión, no porque les interese sino porque necesitan desesperadamente ese disruptor. Ya la oposición no puede verse como la gente de bien que viene a restituir el orden pues hay una nueva oligarquía roja en el poder. Ante el ascenso de la boliburguesía conviene más verse como insurgencia y crear una semiótica insurgente. Pero de la misma manera que el imperialismo de Chávez es hueco y en la práctica EEUU es su principal socio comercial, la invocación a la insurrección también lo es.  Es que la idea de desobediencia civil (que se invoca más de lo que se practica) y la de rebelión prometen ofrecer a políticos como María Corina Machado el C4 que necesitan para desestabilizar al chavismo y movilizar contra él  fuerzas militares e internacionales.

Como se puede ver no hay oposición en sentido estricto ni lucha democrática.  Hay actos de oposición o de resistencia, de todo tipo de gente pero son muy desconectados y discontinuos sea en el tiempo sea en el espacio. Fragmentación como modo de operar, como racionalidad incluso que también comparten con ese gran productor de fragmentos que es el chavismo.

Los políticos negociantes no cumplen su trabajo de limitar el papel del ejecutivo ni gobiernan mejor que el chavismo cuando llegan al poder en las regiones o las ciudades (único campo que les está permitido), en 2010, con el nuevo parlamento, se veían  las sillas vacías, los que revisaban el teléfono mientras estallan refinerías, Derwick y Alejandro Andrade saqueaban el tesoro público y le privatizan las cárceles a mafias. Una descomposición acelerada contra la que nadie sabe hacer nada y ante la que ningún político dice nada coherente.

Los irredentos buscan el putsch pero no tienen condiciones para ello, los negociantes buscan mejorar su posición con las elecciones. Eso es lo que les une: su búsqueda de un momento privilegiado en que se pueden voltear todo y tomar el poder por la fuerza u obligar al chavismo a negociar y repartirlo con ellos. Por eso, en 2013, Capriles hablará de la parte que les corresponde al movilizar la mitad del electorado. Por eso, en cada elección presidencial hasta 2013 los irredentos trataran de participar. A falta de putsch buenas son elecciones: es la misma idea izquierdista de la toma de poder pero invertida.

II

Discontinua en el tiempo, incapaz de pensar más allá del futuro inmediato, fragmentada en el espacio, incapaz de componer lo heterogéneo esa es la oposición antichavista y eso es lo que heredará el país en los difíciles años por venir. Pero tal vez no sea correcto hablar de oposición propiamente dicha entre 2004 y  2014, y tal vez, entre 1998 y 2014 porque lo que existe es la búsqueda de momentos privilegiados en que se puede sacar una ventaja y no acción continúa o extensa de ningún tipo sea para hacer política convencional de contrapesos y negociaciones sea para hacer posible un derrocamiento.

Los antichavistas se harán motivo de burla por la manera en que se ilusionan con un día final o una batalla final en que Chávez desaparecerá del mapa: una vez el caudillo salió a un congreso de la FAO y hubo celebraciones en el Este de Caracas entre quienes pensaban que había renunciado y se había ido.

Pero no es que los antichavistas sean completamente ineptos o que no tengan éxitos: las protestas de 2007 si desestabilizaron un poco al chavismo, los medios y periodistas empiezan a mostrar su incompetencia y corrupción, las dos campañas de Capriles corrigen los errores de las de Rosales, Chávez, atemorizado, saca del juego político a Leopoldo López que es justamente el único capaz de ser su equivalente en el otro campo y de articular un caudillismo antichavista…pero la “oposición” nunca cuaja, no se compone: o es discontinua en el tiempo o en el espacio: en 2010 cuando el país empieza a colapsar entre apagones y explosiones de refinerías no se ve a los irredentos poder capitalizar la situación o intervenir en ella  de ninguna manera , en 2013 Capriles no haya que hacer con el liderazgo que había adquirido…

Así, una nueva oposición venezolana nace –o renace-cuando ocurren dos cosas: cuando muere el Rey Sol y cuando  el elemento antichavista se empieza a diluir.  No puede ser de otra manera: en el chavismo el caudillismo es a la vez macro, en la organización masiva del estado y la grey chavista y micro en los afectos e imaginaciones de la gente. Los chavistas son siervos de Chávez, sus prisioneros, para poder cuestionarle, criticarle, protestarle presionarle tienen que romper con él. Muerto Chávez los chavistas, finalmente, son libres. Puede surgir una oposición chavista.

El antichavismo, por otro lado, es como el chavismo: una identidad. Tiene su jerga, sus colores, sus gestos, sus hábitos, es toda una subcultura de compromiso político limitado, de cacería del momento privilegiado, de repugnancia al barrio e, incluso, de demanda una pureza infinita. Incapaz de tomar el poder el antichavismo se vierte en una cultura de la sospecha: ¿Quién trabajó en un ministerio, quien votó por Chávez, quien es suficientemente puro? Como tal el irredentismo realmente no tiene más sentido que el linchamiento metafórico o literal de la gente de mala raza, incivilizada. En esos años surge la idea de la transición. Pero la transición la hace el chavismo a su manera brutal y mafiosa sin consultarle a nadie. Incontables veces negociantes e irredentos hablan de transición sin tener control alguno de que pueda ocurrir

Así, llega 2014. Y  2014 es antichavismo puro: inmediatista, improvisado, brutal, cortoplacista sin consciencia de que haya  un mañana sin vocación de perdurar: fracasará y le seguirán dos años de desmovilización.  Pero 2014 también demuestra los niveles casi insurreccionales que alcanza el descontento. Plaza Tahrir, la rebelión de Túnez, las protestas brasileras contra el Mundial -incluso la Revolución de Terciopelo- no están en el mismo mundo del antichavismo. No es que carezcan de consignas, partidos políticos y figuras que ordenen el espacio público: es que no requieren de la palabra de orden para ser convocados ni de la figura política trascendente para tener consistencia.

Y allí donde los brasileños tienen todo un discurso sobre la ciudad, sobre sus derechos, los jóvenes venezolanos solo tienen la demanda de destruir al chavismo. Allí donde los jóvenes tunecinos o egipcios se convocaron solos los venezolanos requirieron a Leopoldo López y María Corina Machado.  Prueba, ciertamente, de cómo el chavismo deformó y degradó la vida pública pero también de como la “oposición” en tanto que es antichavista  es algo puramente negativo, potencial para destruir al chavismo  y no potencial  de producir alternativas, libertad.

Es allí donde entra la enorme fuerza de un gran descontento y de un gran rechazo. No solo al chavismo sino a todo un estado de cosas, a un modo de vivir a una racionalidad incluso que, basada en la apropiación y el saqueo, tiene en el malandro y el Pran sus figuras y  en la brutalidad y la vulgaridad su expresión. No en balde el caudillo trató de cederle feudos a los grupos criminales y Ávila TV gastó millones en presentar al malandro como héroe del pueblo, al Pran como líder popular y al barrio como la comuna de los malandros, es decir, tal como le veia la clase media chavista.

El chavismo es tan incapaz de enfrentar los problemas, de enfrentar la realidad que Misión Verdad, amaneció el 7 de diciembre de 2015 con titulares que anunciaban que la oposición iba a “cantar fraude”: en realidad sacó el 56% de los escaños y el 45% de los votos más de siete millones superando por dos al chavismo. Los chavistas no habrían debido de sorprenderse: el caudillo que había sido votado por 63 de cada 100 venezolanos en 2006 recibió el 55% de los votos en 2012 y Maduro 50 al año siguiente. El avance del antichavismo en los barrios puede verse en las estadísticas del CNE así como el retroceso del chavismo.

Por supuesto el chavismo no asimila eso: Perez Pírela, bufón nocturno, habló de “victoria perfecta” y la menor participación en elecciones posteriores y la decepción con el antichavismo les dio la idea de que podían recuperar esos votos idos.

Pero la de 2015 fue la última elección real y también el momento en que el elemento antichavista, idiosincrático y pernicioso,  empezó a disolverse en un descontento general. A todo esto contribuye la emergencia  de un chavismo disidente o “critico”: libres de la presencia del Amo los chavistas empiezan a distanciarse de Maduro y la ruptura se da primero entre bases que siempre pidieron, legítimamente, democratización y entre el mismo grupo gobernante. Surge así la Plataforma de la Defensa de la Constitución con la que aparece una oposición chavista y luego de la salida de Rodríguez Torres del gobierno el chavismo opuesto a Maduro obtiene su figura más conspicua.

Producto de la misma incapacidad del chavismo de tener democracia interna, espacios de disenso, tendencias, de la descomposición de un liderazgo calcado del militar convertido en configuración mafiosa, el chavismo disidente tratará de que sea posible la diferencia en el chavismo. Hasta entonces la débil noción de “interpelación” usada por algunos chavistas definía bien la actitud adoptada por los inconformes: el chavista no protesta, no presiona, no lucha, no maniobra, no se opone: solo interpela, es decir, jala la manga del padre y pide. Puede pedir de  nuevo, hasta reclamar, pero –amarrado por su propia lealtad-  nunca protestar. Por eso las feministas solo hablan del aborto cuando la constituyente las llama. Por eso no se denunciaba la corrupción, por eso aunque se lamentaban de la muerte de dirigentes campesinos nadie se atrevía a reclamarle   al caudillo su silencio, a protestarle, a presionarle para que actuara, a denunciarle: solo se le interpelaba, lo que quiere decir, se le pedía o se le rogaba.

El chavismo siempre fue el tejido entre un vínculo entre el amor y la lealtad y otro entre el amor y la ilusión. Por ellos el chavista tenía siempre pre-definido el rango de su libertad: cuanto podía actuar sin dejar de ser leal y que podía creer sin dejar de creer en Chávez.  Pero con la muerte de Chávez ocurre un giro: ese Chávez imaginario que anida en el cuerpo de cada chavista puede ser usado contra Maduro. No el Chávez real que dejó privatizar las cárceles a mafias o que miraba para otro lado cuando mataban a sus militantes. No el que ocultaba las cifras de homicidios, no el que dejó hacer a Alejandro Andrade y negociaba negocios turbios con Kirchner. No el que no terminaba las obras que iniciaba y arruinó los servicios públicos imponiéndoles una administración arcaica sino ese Chávez mítico que es Bolívar y es Cristo, que era honesto y eficiente y que se equivocaba solo por ser demasiado bueno para este mundo.

Y así, libres de oponerse a Maduro siendo leales a Chávez, hace una disidencia chavista en el momento en que surge una nueva oposición –u oposiciones-  nuevas pero no tanto. Que arrastraba un rechazo gigantesco a la necropolitica chavista, que abarcaba ahora a sectores chavistas y de izquierda pero –y esto se revelaría fatídico- todavía dependía de la clase política emergida con el triunfo de Hugo Chávez.

II

La nueva oposición u oposiciones tienen entonces ese problema: es un caso de lo nuevo que no puede nacer oprimido por lo viejo.  Mesa de la Unidad Democrática había surgido años atrás como un esfuerzo para coordinar a estos fragmentos y se convirtió en la entidad que capitalizó –no hay otra palabra- el descontento expresado en las elecciones de 2015 y las manifestaciones de 2016 y 2017.

Y la MUD aunque  engloba, sobre todo a los negociantes también abarca a los irredentos. Queriendo elogiarla Mires dirá que esos políticos tienen que dedicarse a las elecciones que es lo que saben hacer, es decir: postularse para cargos y ocuparlos. Está confesando, sin quererlo, que estos no son cuadros profesionales, intelectuales u organizadores el espacio público muchísimo menos gente preparada para la lucha democrática contra un gobierno no solo autoritario sino necropolítico.

Se entiende que muy pocos en Venezuela tienen esa preparación, que la oposición ha nacido al menos 10 años tarde y está en las manos de los que la han hecho imposible. Ramos Allup, el más chavista de los antichavistas hablaba de sacar a Maduro en 6 meses en un país donde no existe impeachment y donde ya el chavismo había colonizado al Poder Judicial. Gente cercana a políticos de Alianza Bravo Pueblo comenta que los diputados decían “no hay apuro en derrocar a Maduro” “que se viva su crisis”.

Y como siempre el Chavismo huye hacia adelante: en enero de 2016 declara la emergencia económica, es decir, el estado de excepción y el TSJ convalida cada una de sus decisiones. Tribunales le quitan la mayoría calificada acusando a diputados electos de fraude sin jamás repetir las elecciones, los ministros y militares  son eximidos de ser interpelados por el legislativo, es decir, nace una tiranía que será consumada por la Constituyente mientras los políticos fantasean con candidaturas presidenciales para 2018 y Ramos Allup, el más vil de todos, se convierte en la nueva estrella del antichavismo.

Había que diseñar una respuesta inmediata, aprovechar la coyuntura del revocatorio, no desmovilizarse. Pero las movilizaciones no se dan hasta Abril y luego continúan en la segunda parte del año, y en la MUD parecen entender muy poco la gravedad de la situación: los antichavistas, como siempre, fantasean con que ahora si saldrá Maduro pero eso no ocurre.

Es en 2017, con las protestas contra las decisiones del Tribunal Supremo que amplían todavía más los poderes del ejecutivo es cuando realmente termina de nacer, finalmente, la nueva oposición venezolana. En si el chavismo ha arrinconado a los negociantes en el lugar de los irredentos y ya existen también oposiciones chavistas y de izquierda.  Pero es un nacimiento triste porque de la nueva oposición su madrastra es la MUD y su hermanastra el antichavismo.  El descontento y el rechazo están allí, la capacidad para superar la política del negociado, del putsch y del linchamiento. Y la gente sale a veces en paz a veces enfrentando a la policía, se para frente a las tanquetas, se desnuda frente a los policías armados con perdigones, escupe la cara de los policías que la golpean y sale una y otra vez,  armada con escudos o con las manos vacías y parece que los viejos modos quedaran atrás.

Es la democracia que nace pero tiene delante de ella al chavismo que no solo le envía la represión sino que la somete a la lotería de la muerte bajo el ataque de pistoleros, que la ahoga en gas lacrimógena, que la empuja en un rio pútrido…¿no son estos todos los dolores de crecimiento?. Ya es bastante problema esa enorme represión, las detenciones indiscriminadas destinadas a que la gente no tome la calle, es un gran problema que la oposición y la lucha democrática han nacido al menos 10 años tarde…pero no es el único problema.

Es la MUD la que convoca, es ella la que organiza. Y sus políticos no entienden los ritmos. Agotan, sobresaturan, no le dan a la gente tiempo para descansar, no entienden que el chavismo juega a elevar los costos de salir a protestar. No entienden que la lucha podría tener que prolongarse por meses.  ¿Cómo podrían entender? ¿Cómo podrían saber? Allup habla de volar Drones y su esposa aparece en la portada de una revista del corazón, ellos no trabajan para vivir, no pasan hambre y muchos ni siquiera se arriesgan en las marchas.

Era necesario, evidentemente, un cambio de ritmo, de táctica. Pero la mentalidad antichavista lo prevenía: podían convocar a más gente pero creían que no podía haber más. Tenían que entender, sin desalentarse, que no iba a ocurrir un cambio o un quiebre inmediato en el gobierno, que había que buscar la forma de garantizar persistencia y duración. No era una situación fácil y no había respuesta sencilla.  Pero es ahí donde entra el “trancazo” o “guarimba” el cierre forzado de calles.

La protesta siempre tiende a la violencia y esta es parte de aquella. En toda protesta masiva siempre llega el punto en que el tumulto y la violencia exceden a la movilización misma. Pero en  Venezuela descompuesta, desorganizada, oclocratica es peor: la tendencia es que la violencia tome la forma del saqueo y del linchamiento. Ya estaban ocurriendo los saqueos en todas partes, a la par de las protestas contribuyendo a un clima general de miedo pues en 2017 había miedo y rabia pero muy poca esperanza y los muchos todavía se convocan al llamado de la MUD es decir, de la lumpenpolítica.

Pero cuando se impone la política de los cierres de calle ya no se trata de si los manifestantes combaten a la policía o levantan barricadas. No solo la acción deja de ser expansiva, de extenderse por la ciudad sino que  se encierra en lo idiosincrático, en el patio, en la calle de enfrente. Las calles son cerradas y donde había miles de personas quedan unos pocos manifestantes. El objeto es forzar por dentro el bloqueo que no se puede hacer fuera, forzar el paro nacional, político pensado por una dirigencia que no entiende que un gobierno que depende de enclaves mineros no es perjudicado por un paro y más bien se beneficia del colapso del comercio.

Pero ese no es el único problema. Es que el antichavismo, hermanastro vil, ha terminado una vez más con la democracia. Y el antichavismo es el oklos: la chusma, la venganza, la turba y el linchamiento, el odio sin fin del otro chavismo, del otro cesarismo, que nunca llegó a ser: el resentimiento de un mundo perdido para siempre. Si a finales de Abril la imagen de la movilización era una señora parándose delante de un blindado de la GN a principios de Junio era la de un joven prendido en llamas –por ser chavista o malandro, es lo mismo. No es solo que el linchamiento y el saqueo: siempre paralelos a la protesta pacífica y violenta, se haya impuesto lo que demuestra  que la racionalidad típicamente oclocratica, se ha impuesto es que el ciudadano común pasa a ser un enemigo: ya no se quiere que la gente esté en la calle. Edificios son sellados con cadenas el transeúnte se vuelve un enemigo, alguien que no está siguiendo la línea, que no hace lo que se espera de él. Y así, si al frente de la multitud  estaba la PNB y la GN, las balas de los colectivos, en la retaguardia estaba el “trancazo” la guarimba.   La calle fue despoblada, la gente desmovilizada y la constituyente llegó con su horror y su tiranía.

Así, el largo plazo del chavismo resulta equivalente a la sumatoria de todos los cortos plazos y las dilaciones del antichavismo y el área de su expansión a las contracciones que la oposición antichavista le impone a la democracia.  En 2018, durante la reelección forzada de Maduro que, como sabíamos, iba a llevar al país a una crisis todavía peor solo los sindicatos solitarios mantuvieron la resistencia y la desobediencia civil de la que los políticos hablan.

En Chile, “acerofuerte” -estalinista o trotskista vaya uno a saber- se burla de que los trabajadores opuestos a Maduro son tan ficticios como la oposición democrática en Siria, mientras Rubén Gonzales languidece en La Pica. En Venezuela un irredento –neoliberal o Alt-Right- se burla de las enfermeras y los obreros de ferrominera que piden dádivas y no luchan por un cambio mientras el Sebin asedia a las enfermeras, los obreros y los médicos. Un secreto hilo los une y no lo saben.

IV

Tal vez no haya muchos precedentes para lo que ha pasado en Venezuela desde el 10 de enero. En esencia, la dirigencia de oposición ha sido objeto de un take over empresarial: el gobierno de los Estados Unidos ha tomado control de su agenda, de sus operaciones y de todas sus actividades. Guaidó se ha convertido, para todos los efectos, en su representante y operativo local. Y esto no tiene ninguna intención peyorativa: solo por ese inmenso poder Guaidó no es irrisorio como la Fiscal paralela, el TSJ paralelo, y la misma Asamblea Nacional de la que es parte. Y es un agente que el pasado 2 de Febrero, convocó una de las movilizaciones más grandes vistas en este país.

Entre los mismos antichavistas hay quien se alegra y esperanza por esa toma de poder: los venezolanos ya no están a cargo. Y si se ve bien, tienen razones para estar alegre: la dirigencia antichavista es torpe, cortoplacista, manipuladora, corrupta y en general ineficiente. Que haya estrategia calculadas desde hace tiempo por operadores competentes debe generarles un enorme alivio.  Pero esto también significa que la tendencia venezolana a la trascendencia está llegando a su extremo: ya no es solo la base de la oposición la que no se convoca o constituye por sí misma, sino la dirigencia la que ha sido subsumida la que no puede convocarse o constituirse.

Con el chavismo había pasado ya algo parecido. Un proyecto totalitario no es la mera captura de una sociedad por el estado, es la captura del estado por un supra estado (usualmente un partido único). Pero como el chavismo es una red caudillista y clientelar de relaciones personales trazadas en torno a Chávez no un partido con una racionalidad para-estatal como el PRI, el fascista o un Partido Comunista al componerse el chavismo tomó al mismo estado como material y lo descompuso al tiempo que descomponía al país: el soldado y el funcionario público ya no estaban unidos por vínculos jerárquicos sino personales al Rey-Sol. La riqueza pública en sí, pasó a ser el patrimonio personal del caudillo como propietario privado del estado lo que explica la impunidad con que operó Alejandro Andrade y que, según el mismo Lula, el brasilero tuviera que decirle a Chávez “tú no eres dueño de Venezuela”.

Más para el chavismo no es posible que un supra-poder todavía superior recomponga al estado chavista. Chávez y Maduro buscaron sus aliados en Eurasia, y lejos de las áreas de influencia ni Rusia ni China pueden comprometerse en una alianza como la que se ha dado en Siria y mucho menos en un plan como el que está haciendo el gobierno de Trump. Si la descomposición de la oposición favoreció la intervención Atlántica la del chavismo dificulta mucho la de Eurasia.

En un país con una aversión tal a la inmanencia, con tal tendencia “natural” hacia la trascendencia es de esperarse que abunden las figuras crísticas o cuasi crísticas pues cristo es la cruz y la cruz es el cruce entre la inmanencia y la trascendencia, el más acá y el más allá. Ya entre el antichavismo, sobre todo el irrendentista, se habla de los EEUU no como una entidad geopolítica concreta sino como un Ideal y  como una suerte de providencia que, ironía de ironías,  ha reemplazado a la del estado y Guaidó aparece ya un poco como cristo, como la cruz viviente que presenta esa providencia ante los venezolanos y a estos ante  ella. No importa si su papel en nuestra historia es corto o desafortunado o lo contrario: ahora personifica la aparición de una fuerza poderosa y buena que brinda la salvación. Y el salvado ¿no es un dominado siempre?

La salvación emancipa del dominio puro y endeudado con el salvador, cosa que ya había ocurrido de otra manera con Chávez, que reemplazó la deuda financiera del neoliberalismo con la deuda  caudillista y clientelar. En la medida en que la crisis venezolana se hace más difícil de resolver se pasa del campo del rescate –que es cooperación- al de la salvación. Los modos y consecuencias de la misma quedan en manos del salvador y no extraña que los venezolanos, en esta hora critica, estén más beligerantes que a la expectativa y si pasan nuevamente a la beligerancia será, una vez más, gracias a una palabra de orden.

Esto es un problema pues, en la medida en que el chavismo se atrinchera en el poder, y que no sabemos que harán los EEUU haría falta una presión interna continuada y bien aplicada que, combinada con la externa, pudiera crear la ruptura que crease las posibilidades –las libertades- que en la presente situación están negadas. No es expectativa sino beligerancia lo que deberían demostrar los venezolanos. No ingenua alegría en que “todo está resuelto” sino prudencia y serenidad que impida que, ante la complicación y la adversidad, la desmovilización de dos años que ocurrió en 2014 y la de año y medio desde 2017 no se repita.

Si en años anteriores la confianza ni pudo fluir entre los iguales, entre los hijos, si no pudieron convocarse unos a otros sino parcialmente o para cosas viles –el linchamiento, el trancazo- ahora ya no puede fluir siquiera entre los mismos venezolanos: los padres tienen padres y los superiores superiores. Se confía en Guaidó porque ofrece una salida, una posibilidad pero también porque  moviliza fuerzas que ya no son las de los venezolanos. Semejante ruptura no puede quedar sin consecuencias incluso si el futuro nos niega nuevas amarguras.

 

(1) Jeudiel Martínez es profesor del Departamento de Teoría Social de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales (Faces-UCV) e investigador del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos, como integrante del Programa de Becas de Apoyo a la Investigación José Carlos Mariátegui 2016 que otorga la Fundación Celarg, al cual fue seleccionado mediante concurso presentando el proyecto “Las historias como hachas de guerra: mitopoiesis y acción política en el cómic latinoamericano”

Nuevo Orden Energético: la Volatilidad Incierta del Mercado Petrolero durante el 2019

Por Decio Machado (Universidad Nómada del Sur)  y Mauro Baquero (Equilicuá) / Ambos investigadores de Prospectiva Ecuador

Una constante en el mercado energético es el cambio. Las empresas y Estados constantemente tienen que adaptarse principalmente a las variaciones en los precios del petróleo, gas natural y sus derivados. 

Previo al 2008, las fluctuaciones del precio del crudo estaban asociadas a los eventos políticos de los países miembros de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) -ultimo suceso 2011: Primavera Árabe y amenazas sobre el suministro-. Sin embargo, desde que el barril se ubicó por sobre USD 100 en abril del 2008, el precio del oro negro ha sufrido variaciones que para muchos expertos ya no son atribuibles exclusivamente a factores políticos que afecten a países del cartel. Desde entonces se ha buscado explicar –con mayor solidez– que las fluctuaciones y expectativas del crudo también tienen que ver con elementos de carácter geopolitico, pero también con los cambios en los niveles de inventarios reales de petróleo de las grandes empresas de la industria de los países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OECD).

La burbuja especulativa

En mayo de 2008 el barril se ubicó en USD 135 debido a cuatro causas: a factores especulativos en los niveles de inventario de las refinerías estadunidenses en el golfo de México afectadas por el huracán Katrina, a la debilidad del dólar de EE.UU, al acelerado crecimiento de la demanda China e India, y la elevada oferta de petróleo de algunos países productores. 

De estas cuatro causas, la más influyente para la Agencia Internacional de Energía (AEI) fue el nivel de inventarios estadunidense; el cual se ubicó en 993 millones de barriles al día (mbd) el 30 de mayo de 2008, y representó una reducción del 3.3% respecto al 29 de junio de 2007 (1,027 mbd el máximo histórico entre 2004-2008). Esta importante reducción motivó a la AEI a iniciar una investigación ante la posibilidad de que el mundo comenzará a no tener suficiente petróleo a partir del año 2012. Dicha investigación tiene su origen en el viejo debate impulsado en 1956 por el geólogo estadounidense Martin King Hubbert, quien había pronosticado el “peak oil” global para el 2016.

Los miembros de la OPEP – mientras tanto – aseguraron en el mismo mes de mayo 2008 que “no había escasez de petróleo en el mercado”, recordando que los inventarios de los países de la OECD cuentan con niveles por encima de la media de los últimos cinco años. Además, los miembros del cartel poseen una capacidad de bombeo extraordinaria de 3 millones de barriles diarios (mb/d) para poner en circulación en caso de necesidad. Motivo de lo anterior, el grupo pronóstico para el 2008 un equilibrio entre la oferta y la demanda de petróleo, esperando que la demanda China e India compensara la desaceleración de la economía de EE.UU

Contrastando, la AEI alertaba una posible escasez mientras que la OPEP preveía un mercado estable con buenas expectativas; todo ello a pesar de las presiones de los países desarrollados por los altos precios en junio de 2008. El cartel no aumentó su producción de petróleo para estabilizar los precios, sosteniendo que el mercado estaba bien abastecido y segaron a los inventarios como la causa especulativa del incremento de precios. 

Mientras los inventarios estadunidenses continuaron reduciéndose hasta bordear los niveles mínimos históricos de 2004 (932 mbd), la producción mundial superó la demanda de crudo en 0.4 mb/d. Adicionalmente, la ratio de crecimiento de reservas probadas para producción (R/P), medida por la cual se cuantifica los años de petróleo que quedan a futuro se ubicaba en 45.3 años (3.7 años más que en 2007) de acuerdo con la empresa British Petroleum (BP).

pastedGraphic.png

Estas cifras desestimaban las preocupaciones de la AEI, y lo cierto es que se produjo una burbuja especulativa en torno al inventario estadunidense y la desaceleración de su economía debido a la crisis financiera 2008. De acuerdo con un estudio de Morgan Stanley (enero 2009) la burbuja fue causada porque el petróleo se consideró con un nuevo activo financiero debido a la interacción del mercado financiero y el de commodities. Tanto inventarios como reservas se consideraron inversiones a futuro con expectativas de mayores alzas en el precio. Esto viabilizó la especulación produciéndose un gran incremento de la demanda por petróleo – lo que sostenía la preocupación de la AEI –, y cuando esta demanda alcanzó su límite se produjo el proceso inverso, es decir estalla la burbuja y por consiguiente el descenso continuado de los precios hasta fines de diciembre 2008. 

Aunque la OPEP estuvo siempre preocupada por la especulación no fue hasta el desplome del mercado en el ultimo trimestre de 2008 que tomó la decisión de recortar en 2.2 mb/d la producción del petróleo. Esto permitió, juntamente con inventarios reales cerca de los mínimos históricos de 2004, apuntalar los precios del barril al alza y estabilizarlos entre los USD 70 – 80 durante el periodo de 2010 – 2014 de la mano de la reactivación de las economías postcrisis financiera de 2008 y el incesante aumento por parte de las economías emergentes lideradas por China.

pastedGraphic_1.png

La sobreoferta petrolera

Lo cierto es que los precios altos, desde el shock de 2008 hasta el 2014, permitió que se beneficiasen tanto productores convencionales de petróleo como de shale oil; y aunque existieron preocupaciones por parte de la OPEP en junio de 2011 de que el suministro mundial de crudo comenzará a escasear y que los inventarios se drenarían -momento en el que el consumo superó la producción con una cifra récord de 5.53 mb/d- la realidad fue distinta.

El R/P se ubicó en 54.2 años en 2011 frente a los 45.3 años del 2008. Las reservas de inventario estadunidense empezaron a crecer por sobre los 1,000 mbd, mientras Estados Unidos, la Federación Rusa y Arabia Saudita (quienes consolidan el 40% de la producción mundial) empezaban a incrementar sus niveles de producción.

Es importante mencionar que hasta el 2013 el shale oil estadunidense tenía costos de producción por sobre los USD 60 el barril. Sin embargo, el gobierno de EE.UU ha logrado paulatinamente reducir estos costos hasta bordear los USD 40 en 2016 dentro de un criterio de autoabastecimiento energético, reduciendo su demanda por petróleo extranjero. Esto llevó a los miembros de la OPEP –liderados por Arabia Saudita– a reestructurar al alza sus cuotas de producción (2014), buscando producir más y bajar el precio del barril, lo cual convertía en inviable las cuotas de producción alcanzadas por el mercado del shale oil.

Sin embargo, esta inyección de crudo causó un desplome en los precios en diciembre del 2014 fruto de la desaceleración de la demanda por parte de economías emergentes asiáticas, y niveles de reservas e inventarios estables con un R/P de 52.5 años y 1,043 mbd (dentro de los máximos históricos). Lo anterior viene a demostrar que las preocupaciones respecto a un posible déficit mundial carecían de fundamento tanto en mayo de 2008 por parte de la AEI, como en junio de 2011 por parte de la OPEP. 

El año 2015 se inaugura con un precio de USD 50 barril, lo que sepulta el debate sobre el “peak oil” pasándolo a el ámbito de la sobreoferta de crudo dentro de un mercado marcado por dos elementos: la carrera de producción que tiene lugar desde el año 2009 entre Rusia, Estados Unidos y Arabia Saudita; y la desaceleración de la economía global, la cual vuelve a mostrar indicadores preocupantes ya en el marco de la actual guerra comercial entre EE.UU y China.

La carrera petrolera geopolítica de EE.UU y Rusia

Estados Unidos y Rusia mantienen una guerra abierta en la producción de crudo que ha ido escalando año a año, tanto en sus niveles de bombeo como en el ámbito de su influencia en materia de política exterior (Ucrania, Siria, Venezuela…). 

pastedGraphic_2.png

Estados Unidos, desde abril de 2015 bajo la administración de Obama, inició una estrategia política – petrolera en el Caribe que buscó quebrar el apoyo de determinados países de la Comunidad del Caribe (CARICOM) hacia Venezuela y consolidar las sanciones estadounidenses al régimen de Nicolás Maduro. 

La estrategia impulsada desde la Casa Blanca a través de la Iniciativa de Seguridad Energética para el Caribe (CESI) tenía como objetivo competir con Petrocaribe, organización puesta en marcha por los entonces mandatarios Hugo Chavez y Fidel Castro en 2005, y de esta manera reducir la dependencia que las pequeñas islas de la región caribeña tienen del crudo venezolano. 

Sin embargo, desde la llegada de la administración Trump y la agudización de la grave crisis económica y política venezolana, los países caribeños han visto menguar el apoyo tanto estadounidense como bolivariano. En el marco del actual recorte a programas de ayuda a países extranjeros, Washington redujo a 4.3 millones de dólares el monto destinado a potenciar nuevas fuentes de energía en el Caribe. En paralelo, las cada vez más reducidas finanzas de PDVSA han obligado al régimen de Maduro a recortar los gastos de la diplomacia petrolera venezolana. 

En cualquier caso, el espacio energético que antes llenaba Venezuela está siendo ocupado desde 2015 por otros actores como la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (UNUDI) y Rusia, quien ha realizado varios envíos de combustible a Cuba supliendo suministros que Venezuela no pudo cubrir.

De esta manera Rusia ha expandido su influencia por el mundo utilizando el petróleo como herramienta geopolítica y desafiando los intereses de Estados Unidos. Sin embargo, es una estrategia que también pone en riesgo a la misma Rusia pues presta dinero y hace acuerdos en economías turbulentas y climas políticos inestables. Un ejemplo de esto es el caso de Venezuela, donde Rusia y sus empresas estatales de petróleo ya han prestado e inyectado, desde la llegada del Comandante Hugo Chávez al gobierno, más de 17.000 millones de dólares en los últimos 20 años. Gran parte de los préstamos e inversiones de Rusia se han canalizado a través de Rosneft, el gigante estatal de petróleo y gas dirigido por el aliado de Putin, Igor Sechin, muy conectado con el establishment bolivariano. 

Rosneft, además de en Venezuela, se ha involucrado en varios países con situaciones políticas algo delicadas a nivel internacional. Casos como Cuba, Egipto o Vietnam, entre otros países de importancia estratégica al este del Mediterráneo y en África, son claros ejemplo de sus lógicas de inversión. Sin ir más lejos, Rosneft está operando e influyendo económica y políticamente en el norte de Irak por medio de grandes transacciones de petróleo y gas natural en territorio kurdo. Además, busca competir por el control de los yacimientos petroleros de Irán mientras asistimos a nivel internacional a una escalada de tensiones entre Teherán y Washington.

Dentro de esta contienda geopolítica se suma la decisión del presidente Donald Trump de retirar las tropas estadounidenses de Siria y Afganistán. El vacío de poder resultante con gobiernos claramente mantenidos con el apoyo externo estadounidense seguramente conducirá a una escala de tensión en la zona, incrementado por los intereses geopolíticos israelitas en Oriente Medio. Sin duda, los bloqueos económicos sobre Irán, las amenazas bélicas sionistas, el conflicto interno en Siria y las agresiones sobre territorio kurdo en distintos países podrían conllevar que los precios del petróleo se disparen, especialmente si Irán procediese con su amenaza de bloquear en algún momento el Estrecho de Ormuz.

Mientras que Rusia lleva mucho dependiendo de Rosneft y Gazprom para financiar sus programas gubernamentales y sociales, los Estados Unidos reestructuran su economía buscando impulsar el sector privado y su independencia energética del cartel de la OPEP y cualquier otra nación que afecte a sus intereses.

El “shale oil” estadounidense, el rival de la OPEP+

A esta carrera se suma el reimpulso a los proyectos de shale oil apoyados principalmente por el gobierno de Donald Trump, lo cual ha frenado las pretensiones de la OPEP de impulsar un alza de los precios. El shale oil estadounidense – en términos de producción – ha aplastado las expectativas del mercado, ubicando al gigante norteamericano en el primer lugar a nivel mundial en 2018 con casi 12 mb/d.

El shale oil estadounidense ya no es tan costoso como hace cinco años. En 2018 representó alrededor del 60% de la producción total de EE.UU con un costo de producción por barril entre USD 43 – 48 de acuerdo con la empresa noruega Rystad Energy. Esto ha permitido: mantener precios bajos en sus derivados de petróleo para el consumo impulsando la industria refinadora de EEUU, aunque los márgenes de ganancia en la venta del shale no poseen los mismos niveles de beneficio como hasta el 2014. Las empresas aun se benefician al incrementar sus niveles de inventarios con petróleo importado (como el venezolano) a bajo precio y posteriormente venderlo en el mercado de futuros.

pastedGraphic_3.png

Sin embargo, esta estrategia del gobierno de Trump ha llegado a su punto máximo. Según la empresa texana Anadarko y la anglo-neerlandesa Royal Dutch Shell, después de años de inversiones en shale es momento de congelar o recortar presupuestos y transferir las ganancias a los inversores. La razón principal es que recortar los costos de producción del shale requieren una nueva inversión que tomaría entre 12 a 18 meses ver a sus beneficios. Este periodo de tiempo para muchos inversores no es atractivo, pues implica esperar y genera dudas tomando en cuenta la guerra de precios entre la OPEP y productores de shale que sucedió entre 2014-2016.

Fruto de lo anterior, la OPEP y Rusia acordaron una reducción de la producción petrolera de 1.2 mb/d desde enero de 2019 por seis meses, buscando hacer sufrir a la industria del shale con un periodo de bajos ingresos, al reducir sus ganancias por ventas de petróleo importado en el mercado de futuros durante el primer semestre.

Aunque muchos analistas piensan que disminuir la producción de los países de la OPEP+ (incluye Rusia) es suficiente para aumentar los precios en el corto plazo; para otros como es el caso de Forbes en enero 2019, opinan que el shale va a crecer a un ritmo exorbitante beneficiándose del recorte de la OPEP+ en el corto plazo con precios altos como entre 2008-2014, lo que permitirá una nueva reducción de sus costos de producción en el mediano plazo. Lo anterior iniciaría nuevamente una guerra de precios entre el shale oil y la OPEP, que para Arabia Saudita y Rusia sería una ronda interminable de recortes en sus cuotas, mientras la producción crece fuera de su control a un ritmo mayor del que crece la demanda global por petróleo.

Morgan Stanley y Goldman Sachs (enero 2019) estiman que de mantenerse los niveles de producción de shale oil es poco probable que los precios en el 2019 lleguen a niveles de USD 70 por barril (escenario no deseado para los miembros de la OPEP). Aunque habrá que esperar a finales del primer semestre del año y ver si EEUU endurece las sanciones contra Irán, si la OPEP+ realiza una extensión a su acuerdo temporal o si los Estados Unidos excede la capacidad productiva saudí (infraestructura industrial de explotación petrolera).

La situación ideal para la mayoría de los miembros de la OPEP es un precio estable de mercado en el rango de USD 70 – USD 90 el barril. Esto implica la posibilidad cubrir las obligaciones fiscales nacionales, pero no tan alto como para estimular la inversión en fuentes de combustible y tecnologías que compiten entre sí, especialmente los renovables y los automóviles eléctricos de acuerdo con British Petroleum. Sin embargo, durante el año pasado las sanciones a Irán, la crisis económica de Venezuela y la repentina salida de Qatar de la OPEP han servido para socavar la capacidad de fijación de precios del cartel.

La OPEP+, que representa el 55% de la producción mundial de petróleo, ha tenido dificultades para cumplir con sus responsabilidades como “estabilizador de mercado”. Arabia Saudita en particular, siendo el productor mundial de “swing”, es quien puede aumentar o disminuir el suministro con costos mínimos de producción, pero no ha logrado implementar los recortes necesarios para mantener el petróleo alrededor de USD 70 barril desde el 2015.

Si bien Arabia Saudita está decidida a proteger sus aspiraciones de precios al realizar recortes sustanciales de producción, no hay claridad respecto a sus aliados en el ámbito político y productivo. A nivel político, la OPEP eximió a Venezuela, Libia e Irán de realizar recortes de producción dentro del acuerdo de Viena en diciembre 2018. La decisión en el caso de Venezuela y Libia obedece a los problemas que ambos países atraviesan para mantener sus niveles de producción. En cuanto a Irán, la exclusión se da por el peso de las sanciones ya impuestas por Estados Unidos para obligarla a frenar sus supuestos programas nucleares y de misiles, así como su apoyo a determinadas facciones políticas en Yemen, Líbano y otros territorios del Medio Oriente. 

En el ámbito productivo los socios no OPEP –principalmente Rusia y México– muestran poca claridad respecto a su posición productiva. Los datos muestran que en el caso de Rusia se aumentó la producción de petróleo en diciembre a un récord cercano a los 11.5 mb / d, y no está claro ni cuándo ni cuánto se reducirá.

pastedGraphic_4.png

En este contexto, el 2019 arranca con tres macro productores (Estados Unidos, Arabia Saudita y Rusia) con una oferta que se reajustará de manera gradual debido a que la demanda está afectada por un esquema mixto: los consumidores esperan que se mantenga la caída de los precios del cuarto trimestre del 2018 y la economía global vuelve a mostrar claros signos de desaceleración.

pastedGraphic_5.png

pastedGraphic_6.png

Arrancamos el año 2019 con un mercado con exceso de oferta petrolífera. El 2018 cerró con una producción de 100.87 mb/d y los niveles de inventario mundial  se ubicaron en 3,948 mbd (segun la AEI) que se ve agravado por la desaceleración económica y el riesgo de una recesión mundial. Las importaciones de China e India no han sido suficientes para compensar la caída del consumo en otras economías emergentes, esto implica que aún más presión a la baja sobre los precios. Lo único que puede aliviar un poco estás tensiones es la firma de un acuerdo entre EEUU y China que ponga fin a la guerra de aranceles, lo que permitiría suavizar las alertas sobre el grado de desaceleración de la economía y, por extensión, sobre su impacto en las cifras de demanda de crudo. Se estima que en 2018 el consumo de petróleo cerró en 100 mb/d de acuerdo con la OPEP, y que el crecimiento de la demanda en el 2019 será – según la AEI – ligeramente mayor a 1.4 mb/d, principalmente debido a que se presume que los precios promedio estarán por debajo de los niveles del año anterior. 

Mientras tanto, los refinadores se enfrentan a un año difícil. La capacidad de procesamiento aumentará en 2.6 mb/d, el mayor crecimiento de las últimas cuatro décadas, mientras que los márgenes ya están presionados por este supuesto exceso de oferta ante una débil demanda. 

Los cambios en las regulaciones de combustibles marinos con los que procederá la Organización Marítima Internacional en 2020, el cual limitará a un 0.5% la presencia de azufre en los combustibles marinos (actualmente se limita a 4.5%) son otro gran problema para algunas compañías que refinan principalmente crudos pesados que tienen normalmente un alto contenido de azufre. Estas compañías refinadoras y productoras deberán encontrar puntos de venta para el combustible no deseado con alto contenido de azufre y para el crudo deseado.

Para todos los players de la industria -en sentido ascendente y descendente- se prevé un año 2019 duro y de reacoplamiento de la industria para el siguiente ejercicio. 

En conclusión, el mercado del crudo se consolida con tres eventos para el 2019:

  • El primero es que el peak oil pronosticado en algún momento para el 2016 ha quedado desestimado principalmente por los hallazgos de nuevos yacimientos y la producción del shale oil. 
  • El segundo es que las afectaciones al precio del petróleo por eventos políticos de países miembros de la OPEP no en todos los casos tienen efectos sostenidos de corto plazo, pero si en el mercado de futuros. Esto es debido a que no todos los países OPEP cuentan con la capacidad instalada para aumentar sus niveles de explotación de forma inmediata. Un ejemplo de esta realidad es Venezuela, quien posee el 17.9% de reservas probadas de crudo (las mayores del planeta) y explota actualmente alrededor de 1.3 mb/d (1% del suministro mundial) pese a contar con una capacidad instalada de 4 mb/d. Un cambio de gobierno en dicho país no implicará que se recupere la capacidad de producción de manera inmediata. Sin embargo, un cambio en la política de compra del crudo venezolano por parte de EEUU claramente afectará el mercado de futuros.
  • El ultimo evento es el auge de la producción shale oil en EEUU, lo cual hará que los precios del petróleo continúen en una montaña rusa volátil como durante el 2018. Los precios futuros del barril WTI (mercado de futuros) probablemente se mantendrán por debajo de USD 45 el barril mientras que el Brent se cotizará en el rango de USD 50 – USD 60. En lo que va del 2019 los precios del petróleo fluctúan en un 5% día a día lo que refleja un nivel sin precedentes de volatilidad. 

pastedGraphic_7.png

Estos tres eventos serán fundamentales junto con las expectativas de oferta basada en proyectos financiados en años anteriores de los tres macro productores, además de la demanda basada en el desempeño económico y los factores geopolíticos definirán los precios del petróleo para el 2019. 

La pregunta que se abre a partir de aquí es si es probable que los fundamentos económicos, tecnológicos y geopolíticos detrás de estas tendencias de precios cambien dramáticamente en los próximos 12 meses. En todo caso lo que hasta ahora esta claro claro es el factor influyente de la agitación geopolítica entre EE.UU, Rusia y Arabia Saudita. En este sentido, los mercados petroleros de 2019 deberían parecerse mucho a los de 2018: volátiles, cíclicos e impredecibles, con una tendencia a la baja si la recesión mundial golpea.

 

pastedGraphic_8.png

Darío Sztajnszrajber: “Un docente es alguien que inspira a que el otro se transforme”

“A mí me gusta pensar a la filosofía más que nada desde su faceta deconstructiva, vendría a ser un arte que tiene como objetivo la pregunta perturbadora, provocativa que busca desestructurar el sentido común. Sirve para cuestionar el sentido común vigente y para eso echa mano a toda una serie de cuestionamientos que en general en las sociedades son vistos en su carácter de inútil”, dice el filósofo y más conocido por los argentinos ante la tan simple y compleja consulta de para qué sirve la filosofía.

El multifacético pensador contemporáneo del apellido difícil señala también que la filosofía viene a poner en cuestión también la idea de que todo en el mundo que vivimos tenga que servir para algo y rescata el rol transformador de la educación. “El criterio de la utilidad se ha vuelto un valor hegemónico, un valor que nadie visualiza como tal, que se da por supuesto. Y la filosofía busca sacar a luz qué hay detrás de ese supuesto”. Desde Universidad lo interrogamos por el significado del nombre de su espectáculo (que se presenta en Resistencia, Chaco el 13/04 y en Posadas, Misiones el 14/04) y si de alguna manera interpela al lugar que ocupa la educación.

¿Qué implica salir de la caverna hoy? ¿Cuál es el rol de la educación y la Universidad?

Salir de la caverna hoy para mí tiene que ver con una relectura de la alegoría platónica, en no pensar en que uno alcanza una realidad verdadera sino que hoy salir de la caverna sería despojarte de aquella cotidianeidad que das por supuesta y entonces entrar en una caverna mayor, una caverna mayor que al principio se te presenta con toda su diferencia con respecto a la anterior y te brinda respuestas nuevas, pero que lentamente también vas entendiendo que se trata de otro dispositivo, por eso creo que una pedagogía emancipatoria hoy en el mundo de la educación tendría que tener que ver más con inspirar a los estudiantes a estar saliendo permanentemente de cavernas, salir de la caverna es un ejercicio permanente, una revolución permanente.

Ahí cobra gran importancia el docente y su relación de poder con el alumno…

La docencia es una figura de la amistad. Me gusta esa idea de amistad nietzscheana donde Nietzsche invoca a acercarnos al extraño y no al prójimo, al próximo, o sea al propio. Entonces entiendo que están cambiando mucho los tiempos a nivel material, tecnológico y que el aula tradicional ha muerto y no se sostiene hoy un vínculo docente – alumno como en el siglo pasado. Sobre todo porque cualquier estudiante nuestro de enseñanza media ya sabe más que un profesor porque tiene mayor capacidad de acceso a la información que circula, con lo cual obliga a repensar cuál es la función docente. Creo que cada vez menos tiene que ver con los contenidos y cada vez más con provocar un acontecimiento educativo que es otra cosa, que es inspirar a que los estudiantes busquen su propia transformación. Yo lo resumiría así: un docente es alguien que inspira a que el otro se transforme. Un docente y un estudiante mantienen una relación de poder y esa relación de poder por suerte genera la mutua transformación y de alguna manera de lo que se trata es de que esa diferencia se sostenga porque si no, el poder se vuelve abusivo y entonces el docente termina disolviendo la otredad del alumno para conformarlo de acuerdo a su propia expectativa.

Tomamos aire luego de la reflexión para meternos en su parte histriónica. Sus libros, la televisión, el teatro, en definitiva: la masividad, algo impensado para un filósofo.

Estás por sacar un nuevo libro que se llama “Filosofía en 11 frases”: ¿por qué 11? Si tuvieses que elegir alguna frase para describir la coyuntura (aunque no esté entre las del libro) ¿cuál sería?

Sí, salgo con un libro en mayo que se llama Filosofía en 11 frases, lo presentamos en la Feria del Libro el domingo 13 de mayo. Son las 11 frases que a mí más me han interesado a lo largo de la historia de la filosofía y con la contundencia y el cliché que tienen esas frases trato de generar una deconstrucción de las mismas e ir trabajándolas, asociándolas con otros conceptos filosóficos pero también atravesado el texto con ficción, que va haciendo de las frases una especie de postas para la historia de un personaje que anda pululando por la Argentina de hoy, en el marco de una fuerte crecida de violencia política.

Si tuviera que elegir una, elegiría la última de las 11 frases que analizo que es “Donde hay poder, hay resistencia” de Michel Foucault y me parece fundamental que hoy repensemos esa frase y leamos el texto de Foucault histórico “Historia de la sexualidad, volumen 1” para entender por fuera de cómo se presentan los medios de comunicación sobre todo la cuestión del poder en la Argentina de hoy, nuevas lecturas que nos ayuden a mover un poco las piezas que parecen tan firmes y entender por dónde pasa hoy el poder, qué es hoy resistir al poder, si sigue teniendo sentido la palabra resistencia, si no es la resistencia una necesidad del poder, etc.

¿Cuándo te diste cuenta que te habías vuelto un personaje masivo?

Para nosotros, hacer Mentira la verdad que fue el programa que hicimos a partir del 2011 en Canal Encuentro fue un placer y nos dio mucha satisfacción porque veíamos que podíamos ir pergeñando nuevas formas de hacer filosofía poniendo allí mucho de lo que veníamos experimentando en el aula, era un desafío que cuando empezamos a terminar de editar los programas los veíamos muy logrados. No sabíamos cómo iba a pegar y la verdad que excedió todas nuestras expectativas porque siempre pensamos que iban a ser programas que iban a circular en las aulas, en los colegios y sobrepasó ese primer objetivo. Después de Mentira la verdad los distintos proyectos donde nos fuimos metiendo de divulgación de la filosofía empezaron a tener otra llegada.

Sobre el aborto y el feminismo

¿Cuál es tu postura frente al aborto?

Estoy a favor de la despenalización del aborto. El cuerpo de la mujer es una de las principales víctimas del poder patriarcal y la prohibición del aborto se inscribe en gran parte de estas políticas que se asocian a toda una serie de consecuencias sociales de las cuales, sobre todo, la más importante obviamente es la fuerte diferencia social que aqueja a las mujeres que no tienen la capacidad de acceso que sí tienen otras.

¿Qué es el feminismo?

El feminismo postula dos cuestiones que para mí son claves: no solo cambia nuestra idea de lo sexual, de la identidad y del género sino que además cambia nuestra idea de hacer política porque me parece que los movimientos feministas están de algún modo siendo una muy interesante respuesta a la crisis de la política tradicional. Lo que propone el feminismo es repolitizarlo todo, entender que detrás de los lugares donde menos se supone que circula el poder es donde más se hace política.