Una autopsia por la supervivencia: de ciencia, fracaso y acción climática

La ciencia ha sido un gran éxito a la hora de identificar el cambio climático, pero ha fracasado estrepitosamente en cuanto a enfrentarse a sus causas. La autora reflexiona sobre cómo salir de esta situación.

Por Julia K. Steinberger

No aprender de los errores del pasado es el único error realmente imperdonable en ciencia. Y en cuestión de cambio climático, la comunidad científica (en su mayoría) ha cometido una negligencia criminal a la hora de observar y, especialmente, a la hora de aprender de su propio pasado. Este artículo es una autopsia en cuatro actos: una anatomía del fracaso, para que, ojalá, podamos aprender, actuar y cambiar. Rápido.

Primer Acto: la ciencia como éxito

Dejemos algo claro: la ciencia física del cambio climático ha sido un éxito sonado, fenomenal y triunfante. Como dijo hace poco un compañero de la Universidad de Leeds, “llevamos décadas en lo cierto”. Esto hace que escribir los informes de evaluación del Grupo de Trabajo I del Panel Internacional de Expertos en Cambio Climático (IPCC) –el que se dedica a la física–, sea un pérdida de tiempo total: “¡Aún estamos en lo cierto!” [Esto es una broma, por supuesto. Siempre hay enormes cantidades de nueva ciencia sobre la que informar: tan solo son las grandes líneas las que no se han movido nada]. Así que no hay mucho que aprender  en cuestión de errores en ese campo. ¡Bien hecho, físicos y físicas! Habéis observado y modelado la realidad externa. Lo habéis clavado.

Segundo Acto: fracasando cada vez más

Dejemos una segunda cosa clara. La ciencia, como organismo conjunto de instituciones, personas y conocimiento, ha fracasado en cuanto al cambio climático. No es la única que ha fracasado (la verdad es que los gobiernos y la industria probablemente han fracasado aún más), pero lo ha hecho. “¡Pero si hemos publicado estudios! ¡Hemos aconsejado a los gobiernos! ¡Hemos escrito informes largos, exhaustivos y definitivos! ¡Incluso nos han dado el premio Nobel en escritura de informes largos y exhaustivos!”. Todo eso es verdad, y es cierto que refleja unos esfuerzos titánicos. Pero la prueba del fracaso no se encuentra en las páginas de los informes ni en los registros de los consejos dados a los gobiernos: está escrita, a lo grande, en el cielo, en la tendencia creciente de las emisiones, año tras año. Parece que estar en lo cierto en la ciencia física no es suficiente. Ni de lejos.

Evolución de la concentración de CO2 en el Observatorio de Mauna Loa (Hawaii). Imagen: Scripps Keeling Curve Website

En Alcohólicos Anónimos, el primer paso es admitir que uno tiene un problema, y que la solución a ese problema está fuera de nuestro alcance en este momento. Me gustaría sugerir a la comunidad científica que tenemos un enorme problema. Uno que nuestras estrategias actuales no están siendo capaces de solucionar. El primer paso para el éxito futuro es, seguramente, aceptar el fracaso presente y pasado: hemos fracasado estrepitosamente en reducir o siquiera ralentizar las emisiones de gases de efecto invernadero. A pesar de estar en lo cierto durante décadas sobre la ciencia que nos dice la inmensa amenaza que suponen estas emisiones, esa misma ciencia no ha sido suficiente para enfrentarse a esta amenaza y detenerla. Es hora de poner los pies en el suelo, aceptar que tenemos un problema, y repensar de manera fundamental nuestros roles y estrategias.

Tercer Acto: ingredientes del perfecto fracaso

De acuerdo, hemos fracasado, y es realmente terrible. ¿Pero cómo y por qué fallamos? ¿Y qué podemos aprender de nuestra investigación para dejar de fracasar y empezar a tener éxito, tanto ahora como en el futuro? Después de leer bastante (incluyendo algunos textos de los siempre excelentes Naomi Klein, Naomi Oreskes y Erik Conway), he elaborado la siguiente lista de elementos del fracaso perfecto.

1. Intentar existir fuera de la Historia

La iniciativa científica, al menos desde la Ilustración y la época de Newton, trata de ver sus contribuciones como existentes fuera de la Historia y la cultura. Si algo es verdad científicamente, debería haber sido verdad antes de haber sido descubierto y también después, por toda la eternidad. Esta idea es estupenda en teoría, pero tiene consecuencias devastadoras. Porque independientemente de la verdad eterna de un descubrimiento científico, su interpretación y traducción para ser comprendido y generar acción depende del contexto cultural e histórico que rodee al hallazgo. Así que los científicos han ignorado la Historia, incurriendo en un gran riesgo para la adopción de sus descubrimientos. Y el contexto histórico de finales del siglo XX debería haber sido tomado mucho, mucho, mucho más en serio por las instituciones y comunidades científicas, por la amenazante dominación del pensamiento económico neoclásico en la política y la cultura, y el papel idealizado y limitado que se reservaba a las personas científicas en sus expresiones públicas y en la vida pública. Ambos tienen que ser desafiados frontalmente antes de que podamos avanzar.

2. Aspiraciones tecnocráticas y apolíticas

En parte como resultado de su origen en la Ilustración, en parte como resultado de la estructura de las instituciones científicas (universidades, academias, centros nacionales de investigación), en parte porque este modelo funcionó relativamente bien durante un largo tiempo sin tener que ser confrontado, muchas disciplinas científicas adoptaron la posición idealizada del observador remoto y neutral, manteniéndose alejadas del objeto de observación y emergiendo de sus torres de marfil para conceder pronunciamientos imparciales al ocupado mundo que las rodeaba. Por supuesto, esta visión a menudo no tiene nada que ver con la realidad, en la que los científicos han participado ávidamente de las mejores y las peores acciones de sus sociedades (guerras, conquistas y genocidios coloniales, pero también avances médicos y de salud pública y educación, en la lucha contra la desigualdad, la mejora de la planificación urbana, etc.). No obstante, esta visión ha llevado a la calcificación de lo que se ha considerado el científico ideal, y así es como a muchos científicos les gustaría verse a sí mismos: los consejeros tecnocráticos e imparciales del mundo, sin prejuicios ni perspectivas políticas.

Este punto de vista nos ha llevado, entre otras cosas, a que la economía domine la forma en la que se consideran los impactos físicos del cambio climático y las transiciones tecnológicas requeridas por el mismo, porque se ve la ve como la ciencia social apolítica (spoiler: no lo es. Mucho más de eso en la siguiente sección). Pero hay más: esto ha llevado a una fatídica falta de consideración y compromiso con la realidad social en general, incluyendo la consideración y el análisis de los sistemas sociales. Los impactos climáticos desgarrarán los sistemas sociales, alterándolos. Las transiciones tecnológicas ocurrirán o no dependiendo de su experimentación y adopción dentro de dichos sistemas. Insistir en la ciencia como elemento puramente apolítico y tecnocrático, por lo tanto, deja una enorme laguna de conocimiento acerca de cómo nos afectarán los impactos del clima, y cómo podríamos responder y actuar proactivamente ante ellos. 

Nuestras aspiraciones de ser apolíticos nos han llevado a no estudiar el sistema político en sí mismo, sus estructuras de poder, sus relaciones con las industrias relacionadas con los combustibles fósiles, etc. Echando la vista atrás, esa es una debilidad bastante grande, que ha dejado a la comunidad científica vulnerable a los ataques del lobby de los combustibles fósiles (ver Merchants of Doubt, de Oreskes y Conway). Nuestra insistencia en ser apolíticos nos ha convertido en blanco fácil para ataques con motivos muy políticos, que aún están ocurriendo.

Un último problema que suponen las aspiraciones a ser consejeros totalmente tecnocráticos y apolíticos del poder es que hemos sido, en general, contrarios a llevar nuestros hallazgos directamente a la gente, a través de la educación pre-universitaria y de niveles de comunicación del público en general (con charlas y otros medios). Nos hemos quedado satisfechos quedándonos sentados y emitiendo informes relativamente largos y en un lenguaje técnico, dejando el trabajo de traducción y comunicación de masas a otras personas, como una especie de mecanismo de filtración que, se suponía, sucedería automáticamente. Por desgracia, esto no ocurrió como pensábamos que lo haría. Es verdad, David Attenborough al final hizo un documental sobre el cambio climático, pero ha llegado muy tarde. Deberíamos haber estado en los materiales escolares, dando charlas públicas y participando en televisión y documentales mucho más de lo que lo hemos hecho. Por desgracia, la insistencia de atenernos a nuestra inmaculada ciencia nos ha llevado a lamentables niveles de falta de información pública o incluso de desinformación. No tenía que haber sido así.

3. Dominación de la economía neoclásica

La dominación de la economía neoclásica, y su concentración en el equilibrio del mercado (“fundamentalismo de mercado”, según Oreskes y Conway), proyectan una larga sombra en la historia del fracaso de la acción contra el cambio climático. Desde el punto de vista de la efectividad científica, actuó en varias y perniciosas formas, incluyendo la protección de la araña que está en el centro de la tela: las industrias de combustibles fósiles.

  • Debido a la división entre disciplinas científica y al fracaso a la hora de aprender lecciones críticas entre las mismas, la economía neoclásica se percibe, desde el punto de vista de las personas que se dedican a la física, simplemente, como economía: la ciencia completa, establecida y cierta sobre cómo entendemos, medimos y modelamos las economías. Los físicos, por lo tanto, no saben que prácticamente todos los axiomas que sostienen la economía neoclásica han sido refutados o nunca ocurrieron en realidad (mercados perfectos, actores racionales, etc.), o que incluso su más ardiente defensor, Milton Friedman, definió la economía neoclásica como una zona “libre de realidad”, donde se aceptarían modelos basados en ficciones totales, usando este “entendimiento” científico para impulsar políticas de extrema derecha bajo el pretexto del libre mercado. La economía neoclásica no podría estar más lejos de la neutralidad política, pero ha tenido un gran éxito presentándose como tal. Citando a Sospechosos Habituales: “El mayor truco del diablo fue convencer al mundo de que era una ciencia neutral”.
  • Una vez más, debido a la división interdisciplinar, la economía no ha sido comprendida como un aspecto grande y diverso de las ciencias sociales, sino como una ciencia umbral: un cuerpo exacto, matemático y predictivo de herramientas a través del cual los científicos físicos podían traducir sus hallazgos y comprender y cambiar sistemas políticos y sociales difíciles de manejar. Otras ciencias sociales (la psicología, la sociología y, en tercer lugar, la ciencia política) se han percibido como subordinadas a la economía o tratables a través de ella. Así, la economía dominó los modelos y la manera de comprender cómo los impactos climáticos afectarían a las sociedades, y cómo podrían prevenirse o ser confrontados: a través de un simple cálculo de equilibrio entre costes y beneficios. Y al infierno con la realidad.
  • La economía neoclásica también fue comprendida como el umbral hacia la política y la relevancia “como personas serias” en el mundo real. Tanto las personas científicas como las políticas tomaron como inmutable la dominación del pensamiento de mercado en la toma de decisiones, y, en consecuencia insistieron, hasta un punto totalmente alejado de la gravedad y la urgencia que imponía la realidad, en identificar hojas de ruta políticas “optimizadas en costes”. La esperanza infundada residía en que estas hojas de ruta serían seguidas, a pesar de que cada año traía un nuevo retraso. Si me engañas una vez, la culpa es tuya, pero ¿qué justifica la esperanza continuada en identificar estas hojas de ruta y presentarlas como posibles, después de décadas de fracaso en su adopción?
  • El énfasis en el pensamiento de mercado también ha pervertido la comprensión sobre cómo ocurren los cambios sociales, económicos y políticos en el mundo real. Las personas científicas del clima se han creído la moda neoclásica de que las decisiones y el cambio ocurren a través de modificaciones en el equilibrio coste-beneficio de los mercados. Nada más lejos de la verdad. Aquí, en la realidad, los mercados cambian por la acción de actores grandes y poderosos (gobiernos e industrias, y, a veces, clases sociales) para sus propios propósitos. Las decisiones se desarrollan en términos de mercado, pero se toman mucho más arriba, a través de subsidios, aranceles, inversiones, impuestos, etc. Intentar cambiar una economía alterando el equilibrio del mercado es como pensar en que es la cola la que mueve al perro: una comprensión falsa de la causalidad. Concentrarse en el cambio de mercado fue una decisión devastadora, tanto como ignorar por completo el cambio social y político (a pesar de que estos estaban en realidad detrás de cualquier cambio de mercado).
  • La dominación de la economía neoclásica ocupa el lugar de otros mecanismos de cambio potencialmente mucho más efectivos, como el activismo, los movimientos sociales, la política electoral, la desinversión intencional, los desafíos legales a los combustibles fósiles, etc. Estos han sido cruelmente ignorados en comparación con los aspectos económicos.
  • La lente neoclásica impide la comprensión sistémica de las verdaderas claves causales de la economía. Creo que estas tienen que ver con el capitalismo como la base estructural de nuestra economía. He escrito sobre esto aquí y aquí. Uno puede estar o no de acuerdo, pero es sorprendente lo poco que se ha discutido acerca de las estructuras económicas sistémicas, incluyendo el poder ostentado por algunas de las mayores y más poderosas industrias que jamás hayan existido, y que han sido las principales causantes del cambio climático.

4. Positivismo científico e inexistencia de modelos exactos

Volvamos a Oreskes y Conway, y su excelente Colapso de la Civilización Occidental: una Visión desde el Futuro, en el que atribuyen una de las razones de nuestro fracaso al “positivismo científico”: una insistencia en la evidencia estadística arrolladora. Como afirman los autores, “estas prácticas han llevado a los científicos a exigir un estándar excesivamente estricto para aceptar cualquier tipo de afirmación, incluso aquellas que se refieren a amenazas inminentes”. David Spratt e Ian Dunlop desarrollan este concepto, explicando cómo los informes del IPCC han enfatizado los hallazgos intermedios (medias estadísticas) en lugar del alcance real, lo que ha resultado en menospreciar “riesgos de casos extremos”, de los cuales, por desgracia, está llena la ciencia del clima. Además, de acuerdo con Spratt y Dunlop, la preferencia positivista por modelos teóricamente perfectos (en lugar de heurísticos) también ha resultado en una infravaloración sistemática de los riesgos de los impactos climáticos: a la escala y con la complejidad de los sistemas terrestres, la perfección teórica en la comprensión de los ciclos de realimentación es, comprensiblemente, un listón demasiado alto. Y sin embargo, al mismo tiempo, no hemos informado de la gravedad de los resultados de los modelos heurísticos basados en observaciones y tendencias robustas del pasado.

Todos estos factores de precaución excesiva en los informes científicos apuntan en la misma dirección: hacia una escasez de información para el público y los políticos sobre las verdaderas magnitudes de los riesgos climáticos. En el reciente Informe Especial del IPCC sobre Calentamiento de 1,5ºC (SR15) se levantó parcialmente este velo, mostrándose claramente la gran diferencia entre los impactos a 1,5ºC y a 2ºC (WRI tiene un buen resumen). Pero, por supuesto, los compromisos nacionales hacia el Acuerdo de París nos sitúan en una trayectoria que se dirige a más de 3ºC de calentamiento, y como no son vinculantes y muchos países ni siquiera van de camino a cumplir con estos modestos cambios, puede que vayamos nos dirijamos a un futuro calentamiento de 4 grados o más, un escenario en el que el término “cataclísmico” ya no es ninguna exageración. Una de las razones por las que el informe especial pudo reflejar esta realidad de forma tan clara es porque ya estamos un grado (más o menos) sobre niveles preindustriales, y hemos dejado atrás la era geológica del Holoceno, durante la cual nuestra agricultura se ha visto protegida.

Figura del SR15 (IPCC) que muestra la media de temperatura desde que hay registros instrumentales, y demuestra cómo salimos del Holoceno (zona rosa).

Los impactos climáticos ya no existen solo en modelos remotos. Pueden observarse por todas partes: en la incidencia y severidad de las sequías y los eventos meteorológicos extremos, en la reducción de hielo ártico, en el derretimiento de los glaciares, en el aumento del nivel del mar, en el colapso de los ecosistemas y la desaparición en masa de especies enteras. E independientemente del tipo de impacto, prácticamente siempre, la respuesta observada se sitúa en el lado más severo del modelo (los modelos heurísticos tienden a rendir mejor), como consecuencia de los distintos tipos de sobreprecaución científica. No nos han advertido lo suficiente sobre lo que se nos viene encima.

Y hay un aspecto más de los problemas de la ciencia a la hora de comprender las evidencias e informar sobre ellas: debido a la insistencia positivista en el uso de modelos exactos y pruebas estadísticas de alto nivel, los aspectos sistémicos de los sistemas terrestres interconectados, a menudo llamados “puntos de inflexión” (ver sección 3.5.5 del capítulo 3 del SR15) han sido infraexplorados en los modelos. Esto es en parte comprensible: si tu modelo se basa en cambios continuos y, en su mayor parte, suaves, y en cómo responden los unos a los otros, pues modelar un evento repentino no entra en la capacidad del modelo. Y sin embargo, eso no significa que no deberíamos al menos intentar modelar nuestro conocimiento. Lo cierto es que nuestro conocimiento tiene grandes lagunas en cuanto a losimpactos más catastróficos (y enteramente posibles), pero no graduales, del cambio climático.

Acto 4: Avanzando

Si podemos ponernos de acuerdo en que hemos fracasado, ya hemos dado el primer paso. Me gustaría abrir el debate en lugar de cerrarlo: las razones expuestas anteriormente son mi propia interpretación, basada en la lectura esporádica. Estas no son las áreas en las que estoy especializada. Y no obstante, creo que tenemos que discutir todo esto, y rápido, porque tenemos que avanzar de forma muy distinta a como lo hemos hecho en el pasado para evitar más décadas perdidas en las que se siga ignorando la ciencia. Aquí debajo están mis conclusiones, aunque otras personas puedan obtener otras distintas:

1. Tomemos en serio la ciencia y los sistemas sociales

Aprendamos Historia, aprendamos teoría económica a mayor escala (Heilbronerpuede ser un buen comienzo), aprendamos sobre el cambio social más allá de los marcos limitados de “las ventanas de oportunidad política”. Leamos la historia de los movimientos sociales y cómo consiguieron producir cambio: como, por ejemplo, esto que escribí sobre las luchas no blancas. Intentemos tomar una perspectiva sistémica y entender cómo la tecnología, la política y la economía están entrelazadas en la Historia.

2. Salgamos. Comuniquemos. Tomemos partido.

Creo firmemente que ExxonMobil y sus industrias fósiles asociadas, a través de su maquinaria de negacionismo, desinformación de alto nivel y lobbying, liquidaron el modelo de comunicación científica del intermediario imparcial. Tenemos que inventar modelos nuevos. Creo que que el mejor antídoto ante estas enormes máquinas de desinformación, que aún están en funcionamiento y siguen sembrando el caos a nuestros alrededor, es salir ahí fuera y convertirnos en voces personales, apasionadas e insistentes por el cambio. Podemos ser activistas sin perder la integridad: de hecho, ¿cómo podemos ser fieles a las implicaciones de nuestros hallazgos si no lo hacemos? Estoy orgullosa de seguir, humildemente, los pasos de científicos con la inmensa integridad de James Hansen, pero esto debe convertirse en la norma, en lugar de en una excepción.

3. Sigamos aprendiendo, abiertamente, de nuestros errores y fracasos

Puede que esté totalmente equivocada en esto. Puede que haya diagnosticado más las dolencias subyacentes en esta autopsia, y obtenido las conclusiones equivocadas. Sin embargo, tenemos que discutir y debatir estas cosas abiertamente para poder aprender rápido y bien y avanzar mejor. Os cedo la palabra. Gracias por leerme.

Inspiración y Anexo (añadido el 26 de abril de 2019)

Este artículo se inspiró, en gran parte, en el testimonio experto del Dr. Geoffrey Supran en el Parlamento Europeo, sobre la manipulación de la ciencia por parte de ExxonMobil, que puede verse aquí.

Aquí, también, su respuesta a la parlamentaria británica Anna Soubry: “la evidencia, por sí misma, ha fracasado” (el hilo completo incluye numerosas citas documentos):

Un asunto importante, relacionado con el fracaso de la Academia, está relacionado con el deseo de ser percibido como una persona muy seria: el hecho de que las personas académicas e investigadoras proceden de manera desproporcionada de ciertas clases sociales y grupos demográficos, y tienen una mayor afinidad con los que ostentan el poder que con los grupos marginalizados a los que más afecta el cambio climático y el daño medioambiental. Como apunta Jewel Lipps, esto inevitablemente tiene consecuencias para la comunicación y la defensa de posiciones.

Y Linda Thomas apunta a que las emociones personales de miedo y dolor ante la enormidad de los hallazgos científicos y sus implicaciones políticas pueden hacer que la comunicación y el compromiso se vuelvan aún más difíciles para los científicos. Esto es algo con lo que ciertamente me identifico.

Julia K. Steinberger es profesora de Ecología Social y Economía Ecológica en la Universidad de Leeds. Expresa sus pensamientos aquí.

Este artículo fue publicado originalmente en Age of Awareness. Traducido por Santiago Sáez.

Chernobyl y la narratocracia

El desastre de 1986 no fue tanto el comienzo del fin de la Unión Soviética, como el inicio de toda una Perestroika de la sensibilidad

por Bruno Cava

 

Una economía planificada implica el control estricto del tiempo. La cadena productiva es descompuesta en sus menores elementos constituyentes para que cada uno sea acelerado hasta la mayor productividad posible, es decir recompuesta y organizada según los plazos globales definidos por el planeamiento central. La racionalización del empleo de los medios recorre el proceso de punta a punta, bajo la mirada vigilante de una tecnocracia educada en los valores de la eficiencia. En pequeña escala, la actividad es regulada por el cronómetro, la pizarra y apuntadores comprometidos con la maximización de las cuotas. Pero esa lógica se reproduce en gran escala, en la forma de monumentales cronogramas y planes plurianuales que deben conducir a la nación paso a paso en la dirección del prometido futuro de superabundancia. Las recompensas y los castigos, las promociones y las destituciones son repartidas  a los funcionarios en función del éxito o del fracaso en la observancia de los plazos y de las metas punteados. El país del socialismo debe ser un reloj gigante en el que máquinas y hombres se engranan unos a otros, engarzados en conjunto por la soldadura de la narrativa progresista.

La serie Chernobyl (2019), exhibida por el canal de TV HBO, expone con claridad el esquema que funcionaba en la antigua Unión Soviética. Ella mostraba como el fatídico ejercicio testeo del reactor de la usina nuclear fue agendado para una madrugada de abril de 1986 porque, si si se realizaba en el horario diurno, más conveniente, implicaba una caída en la cuota esperada de generación de energía. Guiados por la expectativa de promoción en la cadena jerárquica, los burócratas bisoños de Pripyat tenían como ultima preocupación los aspectos relativos a la seguridad. La serie consigue mostrar cómo, al contrario de lo que se podría imaginar, ellos no estaban actuando irracionalmente contra el propio interés, sino que alineados a un implacable sistema racional de la industria planificada, que imponía la continuidad del movimiento. No se debería perder tiempo en distracciones, lo que podría ser interpretado como traición a los ideales revolucionarios.

La escenificación del ejercicio del reactor muestra la reproducción de esa misma lógica, al explicitar cómo el ingeniero jefe apresura las operaciones con el fin de cumplir la secuencia del manual. Lo que importa es culminar la realización del ejercicio para el dia siguiente agradar a los superiores, con el cumplimiento del plan establecido. La conclusión es que el desastre de Chernobyl no aconteció por una crítica falla humana, sino que por la acumulación de fallas que se prolongó por años y se propagó en cada hilo de la corriente productiva nacional. Todo un modo de producción era así colocado en jaque.

Ocurrido el desastre, la misma lógica se repitió en la economía de las reacciones discursivas. Los burócratas inmediatamente se pusieron a hablar, a discursear obsesivamente como las respuestas pre-fabricadas y las listas preparadas con los culpables a la mano: aquellos que, al errar, se desvían de la línea justa, y aquellos contaminados por ideologías extranjeras y contrarrevolucionarias. Una confección serial de narrativas  inicia en los comités locales de la ciudad, pasa por las oficinas de gobierno y termina en el anodino noticiario de la televisión pública. Cada acontecimiento triturado y descompuesto en elementos controlables, seguidamente recombinados para sustentar la gran narrativa del partido. Un taylorismo lingüístico que fabrica, en moto perpetuo, la reconfirmación obsesiva del plan mayor, eximiendo la culpa en “Grandes Enemigos Maquiavélicos”. En verdad, el estado respondió con un extenuante atletismo narrativo, puesto en marcha a la semejanza del funcionamiento de la industria pesada, solo que el producto esta vez fueron discursos. “Un reactor RBMK no puede explotar, no explota, no exploto”.

La serie de la HBO consiguió retomar la potencia literaria de Svetlana Aleksiévitch (Voces de Chernobyl, Cia de las Letras), claramente una base de apoyo para los libretistas. En la década de 1990, la escritora bielorrusa fue una de las primeras en relatar el acontecimiento de Chernobyl asumiendo como material del libro el punto de vista de las personas involucradas. Para oponerla a la narratocracia del partido. Svetlana no fabrico ella misma su contra narrativa, que podría servir de polo opuesto a aquella. La narrativa de la izquierda metabolizaría con facilidad una polarización directa, en los mismos términos envolventes. En lugar de eso, la escritura de Svetlana se deja contaminar por las voces acalladas de interlocutores ordinarios, cuya vida fue tragada por el desastre. Relleno el propio texto con la energía vital del discurso indirecto libre.

Son historias contadas en primera persona por los sobrevivientes, los enfermeros y habitantes de la región, los ciudadanos convocados para descontaminar el paisaje. Historias puestas en tensión unas con otras en la composición del texto. La serie televisiva acertó en seguir ese procedimiento de estilo, por ejemplo, al presentar el drama de la esposa del bombero, de la señora campesina que había enfrentado las tragedias del siglo, o del muchacho ingenuo reclutado para liquidar los animales contaminados por la radiación. En vez de caer en la banalidad del horror, tan común en los filmes-catástrofe, el desafío de filmar el horror de la banalidad. Es que en un acontecimiento como Chernobyl nada más es banal. Al abordar la vida ordinaria de las personas comunes, nosotros deparamos como las marcas calientes, los vestigios aun emisores de radiación mortal, que llegan hasta nosotros como rayos asombrosos. Si el partido corre para conectar su fábrica con una narrativa destinada a neutralizar el evento, banalizándolo como un simple percance en la inexorable marcha de la “Causa”, el tratamiento menor del lenguaje consigue conferir al ordinario enormes proporciones. Individuos que, al relatar sus pequeñas trayectorias, participan de un drama humano inmenso e irrepetible. Un segundo aspecto perturbador  en la escena es el efecto que Chernobyl tuvo al interrumpir el moto perpetuo de las narrativas preparadas. En un primer momento después del desastre, los burócratas y funcionarios del estado no paran de hablar, casi en reflejo condicionado. Eso queda claro en la escena en que Legasov atiende el teléfono que lo convocara a participar del gabinete de crisis, presidido por Gorbachev. Al atender el llamado, el científico apenas consigue reprimir el espanto ante los niveles medidos de radiación. El comisario del otro lado de la línea lo sepulta con discursos políticamente correctos a los que debería adherir, como condición para la participación en el equipo. Pero el acontecimiento termina por imponerse, introduciendo una pausa. Un momento intenso de mudez: perdemos la voz normal ante lo innominable, no sabemos de qué hablar, como hablar. Uno después de otro, los personajes son estremecidos, transformándose gradualmente, para usar la expresion de Svetlana, “hombres de Chernobyl”. Son obligados a buscar palabras para sensaciones nuevas, y sensaciones para palabras nuevas. Es el espanto de los ingenieros y científicos que no lograban acreditar lo que veían y sentían. Es la hesitación que, poco a poco, penetra en la cúpula burocrática: la expresiva pausa de aquel mismo comisario cuando le comunican al acortamiento de su expectativa de vida, del general cabizbajo que pregunta “y ahora, qué hacer?”,  y del propio Gorbachev, perplejo y sin recursos. El suelo de las narrativas se agrieta y en el se infiltra una conciencia diferente, una nueva imagen del mundo portada por los hombres de Chernobyl. Su materialización en el espacio es la zona muerta, en la extraña fascinación que ejerce sobre los espectadores. En ella vislumbramos un mundo sin el ser humano, un tiempo libre, objetos que siguen existiendo en ausencia de nuestro abandono. Testimoniarán nuestro pasado o el futuro? El tiempo implacablemente encadenado del sistema industrial planificado se sale de los goznes y es lanzado hacia otro lugar de la historia. El socialismo debería conducir desde el pasado glorioso de la revolución al futuro utópico de la generosidad generalizada, pero el esquema motor se ha roto en ambos extremos. Comienzo y fin ya no explican nada nunca más. El pasado de la revolución soviética se torna una cascara vacía al mismo tiempo que el mañana se disipa junto a las columnas de humo radioactivo surgido de las ruinas. En la seria de HBO, en la escena de la reunión del comité local, instantes después del desastre, un viejo señor idealista discursea sobre la importancia de preservar el patrimonio simbólico de la revolución socialista, pero ante los hechos, él no podía sonar más falso y postizo. Momentos después uno de los presentes, sufriendo los efectos contaminantes de la radiación, comienza a vomitar…

El desastre de 1986 no solo fue el comienzo del fin de la URSS, sino que el inicio de toda una perestroika de la sensibilidad. Por esa senda abierta, se derramaron las últimas grandes narrativas del siglo XX y todo el continente socialista se sumergió en el. En un momento de recrudecimiento de renovadas guerras discursivas, la puesta en escena fílmica de Chernobyl no podría haber sido más oportuna.

Traducción del portugués: Santiago De Arcos-Halyburton

Brigitte Vasallo: “Cuando se toca la patria, como en cuanto se toca la pareja, saltan las mismas alarmas”

Pensamiento monógamo, terror poliamoroso, amor, estado, capitalismo y revolución. De todo eso habla Vasallo en su último libro.

Por Elena Martín

Tomamos un café con la charnega gallega Brigitte Vasallo (Barcelona, 1973), que nos habla sobre su último libro: Pensamiento monógamo, terror poliamoroso, y sobre amor, estado, capitalismo y revolución.

Dices que vivimos en un sistema monógamo, que ese es el problema. Con cuánta gente te acuestes en tu vida es algo secundario, ¿no?

La cuestión es el sistema, que rige una forma de relacionarnos. En él es difícil saber lo que queremos o lo que no porque no hay muchas opciones para querer otras cosas, lo que no quiere decir que no podamos tener las relaciones que nos apetezcan y nos hagan sentir bien.
La cuestión es que hacer visible el sistema no va en contra de las personas que deciden tener una relación exclusiva, ni de las personas que deciden no tener ninguna. Lo que intento es abrir espacios para que, incluso esa forma de relación, sea escogida de una manera más libre. El libro habla de “terror poliamoroso” porque en cuanto empiezas a poner sobre la mesa esta cuestión sistémica, parece que saltan todas las alarmas de la gente que se siente atacada en su relación. Como cuando las haces del feminismo y hay hombres que se sienten atacados o, cuando las haces de racismo, hay personas blancas que sienten que las estás atacando.

Forma parte también del pensamiento hiperindividualista e hiperegocéntrico en el que estamos, que hace que la gente lo relacione con su vida privada, cuando esto va de todo el conjunto y del sistema. Luego cada una haremos la vida que podamos hacer. Ya se sabe que las heroicidades no son las que nos van a llevar al cambio.

Nacemos en una sociedad patriarcal y, como dices, tenemos muchísimo que aprender para no dejar cadáveres sentimentales por el camino. En el libro hablas de que una de las claves radica en dejar de ver las relaciones como una jerarquía, donde nuestra pareja es la persona más importante. La verdadera revolución radicaría en que nos importe toda la gente que forma parte de nuestra vida. ¿El capitalismo no soporta que tejamos redes de apoyo para cuidarnos?

Cuando hablamos de relaciones poliamorosas y decimos que en ellas hay consumismo y descuido, hay que tener en cuenta que es una problemática que tiene que ver con la monogamia. Sin ir más lejos, las muertas no son poliamorosas, nuestras muertas estaban dentro de relaciones monógamas. En la monogamia también descuidamos a la gente —y ahora ya me refiero a relaciones exclusivas—. Tú cuidas la relación a dos cuando realmente quieres que la relación perdure. Entonces, bajo la lógica del capital, inviertes esfuerzos y recursos en la relación porque buscas una retribución. En cuanto te deja de interesar, pues finalizó. Y, a veces termina con tanta violencia que llega a la muerte, al asesinato. En el poliamor también existen estas dinámicas, pero precisamente no son las brechas de las que estamos hablando.

Independientemente del número de personas con las que estés, lo que me interesa es buscar precisamente las brechas para todo eso: cómo nos relacionamos más allá de la pareja, cómo seguimos centrándonos en la pareja, cómo desmontamos eso y cuáles son las condiciones necesarias para desmantelarlo.

Al pensar en desmontar la pareja, lo interesante es que se ponen en evidencia cuántas cosas necesitamos. Cuáles son el tipo de redes de las que tenemos absoluta falta para que pueda ser realmente una realidad que tú puedas escoger tener una pareja o no y que no sea por un mandato social y por necesitar un soporte de supervivencia tan bestial. Eso es lo interesante, lo político de todo esto; no las agendas de ‘folleteos’ que tenga cada una, eso es banal, anodino e incluso prescindible. Es mas, debería ser prescindible.

Y eso sin contar con que la monogamia entiende que tenemos que vivir con nuestra pareja, algo que no a todo el mundo parece funcionarle, ¿no?

La monogamia como sistema es todo eso. Cuando doy clases de género para compañeras que aún no tienen ningún tipo de formación en género —pero sí experiencias— y les explico la heterosexualidad, siempre les comento que ser heterosexual no es acostarse con hombres. Ser heterosexual es todo lo que sucede alrededor. Les pongo de ejemplo que, si esto fuera una cuestión de sexo, las heterosexuales se acostarían con hombres y vivirían con sus amigas, que es con quien se vive bien. Pero no va de sexo, va de todo lo demás. Tener una pareja y no querer vivir con ella, o preferir vivir con tus amigas, forma parte del mismo sistema que nos impide imaginar otras formas de vida y al mismo tiempo nos hace creer que ese compromiso con esa persona es más débil si no lo apuntalamos con una serie de cuestiones materiales. Si no hay un piso, convivencia, criaturas y economía de por medio, como que el amor no basta. Porque el amor no basta, pero la economía seguro que tampoco, y el capital no será lo que nos mantenga unidos de una forma resistente frente al sistema.

En una sociedad patriarcal da la impresión de que es más complicado que una relación heterosexual sea igualitaria, y parece también más difícil que en el poliamor entre personas de distinto sexo se dé de una manera más abierta.

Sí, y como nosotros, también lo pensó todo el lesbofeminismo a lo largo de la historia —que desgraciadamente no se está leyendo lo suficiente—. Ahora que el feminismo se puso de moda, sucede que no se para de hacer feminismo para dummies, que es bueno, pero con un libro ya tenemos bastante. Y, al mismo tiempo, también hay una cuestión de techos de cristal. Las que llegan a determinados espacios de palabra son las que tienen menos barreras de por medio y, por lo tanto, son en su mayoría heterosexuales que no le dieron bola al lesbofeminismo porque les parece una cosa para las lesbianas, y esto no tiene sentido porque precisamente sobre todo esto tendría que habernos enseñado el feminismo. Así acabamos con un refrito de un feminismo hiper heterosexual, hiper blanco… que no sé qué va a suponer, lo veremos en unos años. Me da un poco de miedo cuando se habla de cuarta ola del feminismo cuando estamos más bien en una segunda a destiempo, que en su momento tuvo sentido pero que ahora es bastante problemática.

Las compañeras que trabajaron en esto mucho antes ya lo explicaron: la heterosexualidad hace el género, es la que hace que existan hombres ‘marca registrada’ y mujeres ‘marca registrada’. Esa es la idea de la heterosexualidad cruzada con el sistema monógamo: hombres y mujeres son diferentes y complementarios, y es en su unión donde hay un ser completo. Desmontar el género es desmontar las dinámicas que lo rigen. Y es imposible en una relación de corte heterosexual, sino que cuando eso se hace en una relación, esa relación ya no es heterosexual, porque lo que define la relación heterosexual son precisamente las dinámicas de género intrínsecas.

Relacionas el amor romántico con las fronteras.
Me interesa la cuestión del Estado-nación y las dinámicas de enamoramiento porque criticamos el amor romántico pero nos enamoramos de la idea de una república feminista que, de momento, de feminista no tiene nada. Es como cuando te enamoras de un imbécil y piensas que cambiará, porque le ves las posibilidades y piensas que a través del amor harás que cambie. Que todos esos machos de un lado y de otro que prometían no sé qué, lo prometen en el momento en que necesitan de las mujeres. A las mujeres, a las personas de géneros no binarios y a toda la periferia del cotarro, después nos traicionan y nos abandonan. Eso lo sabemos y aun así seguimos cayendo una y otra vez al igual que caemos en el amor romántico. Es el único mandato de género que no hay manera de romper. Y sigue pareciéndonos que con nosotros no será así, porque nosotros somos mejores y con el amor hará que cambie. Es fascinante que esto nos pase a las feministas.

Las dinámicas son las mismas, y no quiere decir ni que tengamos que dejar a nuestras parejas ni que dejemos de luchar por tener estados independientes. Hay una simplificación que es bastante aburrida. Estamos intentando comprender la complejidad de lo real, y no lo vamos a solucionar con un tuit o un titular. La realidad es compleja. No es que no haya que buscar Estados y que los pueblos no tengan derecho a decidir cuál es su futuro. Eso es básico. Lo interesante de esto son las dinámicas de poder, y en ese sentido sí tenemos ejemplos constantemente: en cuanto se toca la nación o la patria, como en cuanto se toca a la pareja, saltan las mismas alarmas, que además nos piden que no seamos críticas. Y, claro, si no somos críticas con eso, ¿dónde vamos a ir?

Y así como cuando se vive en pareja parece que una tercera persona viviendo en esa casa está de más. ¿Es la misma lógica cuando se habla de compartir la tierra con migrantes?

Sí. Mira, un ejemplo de lo más tonto. Hay un coche, yo voy al volante y recojo a un grupo de personas: mi pareja y mis amigas. Naturalmente, mi pareja se va a sentar delante y mis amigas le van a dar ese espacio. No tiene sentido pero es un acto reflejo, hay unos espacios que están claros porque muestran una jerarquía. Con la nación y con las personas que vienen de fuera pasa lo mismo. Hay ese terror a que se diluya la identidad y hay que poner una serie de barreras para que puedan estar más o menos, según interés, pero que nunca lleguen al estatus de ciudadanas plenas, sabiendo que eso va a transformar el concepto de ciudadanía que hay. No es solo una cuestión emocional: todas esas ‘emocionalidades’ que sentimos están regidas por el capitalismo. Para el capitalismo es un chollo que haya personas sin derechos laborales. Luego vienen los empresarios a decir cosas. ¿Pero qué decís, si estáis ganando un montón de pasta a costa de esto?

Llevamos una deriva muy heavy desde hace años, incluso siglos, pero desde hace unos años parece que todo esto no tiene complejos. El fascismo, la represión… Tenemos que ponernos las pilas y montar una resistencia que sea transversal y que realmente nos proteja de lo que está por venir. Y que proteja también a las personas que ya tienen la bota en el cuello, como son las compañeras y compañeros musulmanes.

Al capitalismo le interesa que convirtamos al trabajo en nuestro gran amor.

Tenemos la tendencia de pensar que hay una serie de trabajos que están legitimados a dedicarles la vida, los llamados poéticamente vocacionales: escritora, artista… En cambio, un trabajo como el de zapatera, no. Hay una cosa que es el trabajo que tenemos que hacer para comer y pagar la mierda de los recibos y luego están las cosas que nos sale de dentro hacer, incluso dedicarte a mirar al techo. Es fundamental poderle dedicar tiempo a tus pasiones, que no son productivas, ni interesantes para el sistema. A mí me interesan las cosas pequeñas, como tejer. No es que yo teja, pero sí creo que la vida es cómo tejer, porque son las puntadas pequeñas, las lentas y que llevan más tiempo, las que después resisten cuando tiras de la tela. El poliamor neoliberal va precisamente de esto. La pareja era el último reducto que nos quedaba y, así, el poliamor neoliberal es la última brecha para convertirnos en individuos con la fantasía de estar aislados. Como diría Almudena Hernando, la fantasía de la individualidad. Personas solo dedicadas a sí mismas, egocentrismo puro y duro.

Entonces la solución es finalizar con el sistema monógamo, por nosotras y por las que vendrán después.

Sí, siendo conscientes y reivindicando nuestros límites. Agrietar el sistema monógamo no va de cantidades, no va de dejar a tu pareja ni de que tu pareja tenga otras parejas. Si nos quedamos solo con eso no vamos a avanzar nunca porque nos quedamos otra vez en soluciones simples y mucho más tontas que el sistema, que es muy inteligente. No va de eso. Va de cómo te sitúas tú con tu pareja, qué redes construyes, qué afectos tienes en cuenta y cuáles no. Después tú puedes estar con quien te dé la gana. Y atrévete también a respetar tus límites, cuando el cuerpo te dice que algo no, pues estupendo. También hay un tema cuando alguna compañera dice: “es que yo soy heterosexual”. Que sí, cariño, pero que a ti te gusten los hombres no quiere decir que cuando entra un tío en la sala tú tengas que cambiar de actitud. Lo preocupante es que hagas como que eres una niña pequeña. Eso es lo jodido, y no me digas que no lo puedes evitar. Pues de eso va, y eso es lo peligroso.

 

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/feminismos/entrevista-brigitte-vasallo-pensamiento-monogamo-terror%20poliamoroso

 

Roger Kornberg:“La gente se resiste a la idea, pero la vida es solo química”

Ganador del Nobel e hijo de otro galardonado, Roger Kornberg sugiere que la ciencia hace innecesarias las explicaciones religiosas

por Manuel Ansede

En agosto de 1946, Roger Kornberg todavía era una única célula, formada por la unión de un óvulo de su madre, la bioquímica Sylvy Ruth Levy, y de un espermatozoide de su padre, el también bioquímico Arthur Kornberg. Esa célula ya tenía dentro el código hereditario necesario para formar un Roger con brazos y piernas y mantenerlo vivo desde que nació hace 72 años en San Luis (EE UU) hasta hoy, una soleada tarde en una cafetería de Valencia. El padre, Arthur, ganó el Nobel de Medicina en 1959 por iluminar los mecanismos de formación de ese manual de instrucciones de la célula, el ADN. Casi medio siglo después, el propio Roger también ganó el Nobel, esta vez el de Química, por ir un paso más allá que su progenitor.

Aquella célula de 1946 que acabaría siendo Kornberg tenía dos metros de ADN plegados en su diminuto núcleo, como casi cualquier célula de cualquier persona. Gracias a un proceso denominado transcripción, las células copian esas instrucciones escritas en su ADN y las redactan en otro idioma, el de las moléculas de ARN que sí son capaces de salir del núcleo celular. Allí afuera, empieza la fiesta. Esas palabras de ARN dirigen la fabricación de las proteínas, las verdaderas protagonistas de la vida, como la hemoglobina de la sangre que nos permite respirar y el colágeno que construye huesos, tendones, dientes y hasta el blanco de los ojos.

“La vida es química: nada más y nada menos”, repite una y otra vez Kornberg, de paso por Valencia para formar parte del jurado de los Premios Rey Jaime I. El investigador, de la Universidad de Stanford, recibió el Nobel de Química en 2006 por desentrañar esta conversión del ADN en ARN, un proceso que, si se tuerce, puede desembocar en un cáncer. Pese a haberse asomado al mundo de las aberraciones humanas, o precisamente por ello, Kornberg es muy optimista: cree que llegaremos a vivir en un mundo sin enfermedades.

Pregunta. Conocer nuestra base química tiene un aspecto filosófico.

Respuesta. Sí, ese es el quid de la cuestión. La vida es química: nada más y nada menos. El funcionamiento del cerebro se comprende tan poco que se tiende a asociarlo a significados mágicos o místicos. Pero químicamente el cerebro es una colección de cables e interruptores. Todos los cerebros humanos son más o menos iguales y las pequeñas diferencias son el resultado de distintos patrones en los interruptores, basados en una combinación de nuestra genética y de nuestras experiencias. Pero, al final, es química, nada más y nada menos, aunque la gente se resiste a la idea. Muchas personas quieren asociar a sus propias experiencias algún significado especial, como la religión. Pero es química.

P. Usted habla de “máquinas” moleculares diminutas que transforman las instrucciones del ADN en ARN. Esa maquinita puede cometer errores que conduzcan a la muerte. ¿Podemos morir simplemente por azar?

R. Todo —desde la forma de nuestro cuerpo a los detalles de nuestro funcionamiento— es una consecuencia de la información genética. Pero averiguar cómo es exactamente este proceso sigue siendo un gran desafío. Entendemos el primer nivel. Sabemos que la información en nuestros genes se copia en otra molécula llamada ARN, que entonces dirige la síntesis de proteínas. Y las proteínas hacen todo. La idea esencial es que la información en los genes es la base de todo lo que hay que saber sobre nosotros. Es cierto que puede haber modificaciones por la experiencia, pero todo empieza en la información que hay en nuestros genes. Cada célula del cuerpo contiene las mismas instrucciones genéticas, todo el ADN, pero sin embargo tenemos 200 tipos diferentes de células: nerviosas, del hígado, del músculo, de la sangre, de la piel. La diferencia entre ellas es qué genes se utilizan en cada tejido. Y esta decisión se toma a la hora de copiar la información desde el ADN al ARN. Si se comete un error, si se activa el gen equivocado en un tejido en el que debería estar silenciado, muy a menudo se genera un cáncer. Un cambio en una sola de las miles de letras de un gen puede causar una enfermedad.

P. ¿Es una lotería?

R. Es una lotería en el sentido de que la información en nuestros genes, que heredamos de nuestros padres, debe copiarse con absoluta precisión. Un cambio en una letra entre 1.000 millones de letras puede ser fatal o puede provocar una susceptibilidad a una enfermedad. La química de la vida es extraordinaria en muchos aspectos. Nuestro ADN sufre mutaciones debido a la radiación cósmica, al oxígeno, a la luz del Sol y a sustancias químicas de todo tipo, especialmente de los alimentos. Sufrimos dos trillones de daños cada día. Y todos deben ser corregidos, porque uno solo de ellos podría causar un cáncer u otra enfermedad. Esa es otra característica extraordinaria de nuestra fisiología y de nuestra química: la capacidad de reparar todos estos daños sin error cada día. Es asombroso.

P. Una de sus charlas se titula El fin de la enfermedad. ¿Usted se imagina un futuro sin enfermedades?

R. Por supuesto, porque la vida es química. Cuando entendemos las bases químicas de las enfermedades, automáticamente podemos concebir estrategias químicas para corregirlas. No hay duda de que esto se puede aplicar a enfermedades hereditarias y al envejecimiento. Obviamente, cuando aprendamos a prevenir el envejecimiento crearemos nuevos problemas para la sociedad. Pero la respuesta a la pregunta es sí. El hecho esencial es que todo en la vida es química y todas las enfermedades reflejan una distorsión de la química. Encontraremos medios químicos para corregirlas. Esto no ocurrirá pronto, y quizá no ocurra a lo largo de nuestra vida, pero algún día ocurrirá.

P. Casi todas sus investigaciones han sido financiadas por los institutos nacionales de la salud de EE UU. ¿Qué opina del papel de las grandes farmacéuticas?

R. Es un error pensar que las farmacéuticas pueden sustituir a la investigación con fondos públicos. Nuestra investigación es básica, en el sentido de que está movida por la curiosidad sobre la naturaleza, sin saber dónde te va a llevar. Un descubrimiento, por definición, no se puede predecir. Nunca descubres algo intencionadamente. Descubres cosas intentando comprender la naturaleza. Y estos descubrimientos son la única base para el avance de la medicina. Lo que distingue a la iniciativa académica de la farmacéutica es que la primera no está orientada a unos objetivos. Esa es la esencia de la investigación académica. Las farmacéuticas, por otro lado, no pueden justificar una inversión en algo que no tiene unos fines obvios. Una empresa no puede invertir dinero para hacer algo que quizá nunca tenga un beneficio. Es imposible.

P. ¿Y los académicos?

R. Los académicos se arriesgan, intentan hacer cosas que pueden conducir a algo o no. Y te la juegas, porque si no llegas a nada puedes perder tu posición académica. Las farmacéuticas son alérgicas al riesgo por naturaleza. Los negocios evitan los riesgos. Otra diferencia es la escala de tiempo. No sabes cuánto tiempo necesitarás. Muchas investigaciones requieren décadas. Yo nunca he hecho nada en menos de 20 años. Y cada vez más, desafortunadamente, los gestores de las farmacéuticas tienen que informar de sus beneficios cada tres meses. ¿Qué consejero delegado va a decirle a su junta directiva que la empresa ha hecho una gran inversión en investigación que puede no llevar a nada y que requerirá 20 años? Y, al mismo tiempo, sin ese tipo de investigaciones las farmacéuticas no tienen nada. Mi mensaje fundamental es que el Gobierno, en representación de los ciudadanos, tiene que apoyar las investigaciones que impliquen riesgos y puedan requerir mucho tiempo. Básicamente, esa es la única solución para problemas como las infecciones, las enfermedades genéticas y el cáncer.

Pregunta. Usted ha dicho en varias ocasiones que si una persona culta tiene que saber algo, ese algo es la química.

Respuesta. La química es lo más útil, porque nos ayuda a entender el mundo que nos rodea: el cuerpo humano y todo lo relacionado con la salud y el medio ambiente. La química está en la intersección entre la física, que son las leyes de la naturaleza, y la biología, que es su manifestación. Sin saber química no puedes tomar decisiones informadas sobre tu salud, sobre el medio ambiente… Es ridículo.

P. Pero se valora más saber de Cervantes o de Shakespeare que de Dmitri Mendeléyev, el padre de la tabla periódica de los elementos químicos.

R. Es curioso, porque puedes no saber nada sobre Cervantes o Shakespeare y tener una vida muy productiva. Pero si no sabes nada de química, en mi opinión, no te beneficias de todo lo alcanzado por la civilización. Los tiempos han cambiado y la química es lo primero. Hace 100 años se sabía tan poco sobre cualquier ciencia que no necesitabas saber mucho de física para ser una persona culta y exitosa. ¿Importaba lo que supieras de termodinámica o cosmología? No realmente. Pero en el siglo XX surgieron la química, la biología, la bioquímica, la medicina moderna. Hace poco más de 100 años, las enfermedades se atribuían a desequilibrios de los líquidos del organismo. No había cura para ninguna enfermedad, había tratamientos: sangrados, purgantes agresivos. Si hace 200 años no sabías nada de química, de biología o de medicina, no había grandes diferencias en tu vida. Pero hoy hay muchísima diferencia. Creo que si la gente estuviera mejor formada en química y en biología estaría menos dispuesta a abusar de su propia fisiología con drogas, tabaco…

Fuente: https://elpais.com/elpais/2019/07/08/ciencia/1562590067_810342.html

¿Para qué Badiou hoy?

Por Jun Fujita Hirose

Con la invitación amistosa pero también perversa de parte de Giovanni Tusa, escribí el posfacio a su libro con Badiou: Acerca del fin. “Perversa”, porque Giovanni me hizo escribirlo pensando que yo era la persona más “inapropiada” para ese cargo.

No sé si Giovanni tenía razón. Pero, en todo caso asumí el papel así asignado a mí. En mi texto, intenté presentar, o mejor dicho representar, la totalidad del pensamiento político de Badiou a partir de la noción más inapropiada, noción prácticamente casi inexistente en sus escritos: la de “deseo”.

Esta noche, ya no hablaré de deseo, sino tomaré otro camino para atacar la cuestión de para qué Badiou hoy.

Yoshiyuki Koizumi, filósofo japonés muy conocido acá en Japón sobre todo por la radicalidad extrema de su pensamiento político, recién publicó en japonés un texto muy estimulante y titulado “La espiritualidad en Foucault”. En este texto, Koizumi sostiene que el trabajo del último Foucault, el del Foucault de los años 83-84, consistió en realzar la importancia política de relacionar la práctica de “vida otra” en este mundo con la aspiración a “otro mundo”.

Si la lectura de Koizumi es pertinente, yo creo que se puede decir que al fin de su vida, Foucault acabó por reunirse con Badiou. El relacionamiento de la vida otra con el otro mundo es precisamente lo que Badiou entiende por “organización”.

En términos de Badiou, la práctica de vida otra se traduce como creación ex nihilo de nuevas posibilidades para el mundo entero, y la aspiración a otro mundo se traduce como fidelidad al mundo ideal en donde todas esas posibilidades ya estén convertidas en realidad.

Hoy, no nos faltan prácticas de vida otra. En todas las partes del mundo no cesan de multiplicarse luchas e iniciativas creativas, que inventan cada una nuevas formas posibles de vida para toda la gente del mundo. El problema de hoy reside en la dificultad que tenemos todos de darnos la aspiración sólida a otro mundo. Dificultad de ligar la vida otra con el otro mundo.

Sabemos que antes, las prácticas de vida otra se desarrollaban bien con la aspiración a otro mundo. Es la existencia de los países socialistas la que permitía creer en la posibilidad de otro mundo, aunque el otro mundo fuera concebido como algo bastante diferente de aquellos países socialistas. Badiou empezó a trabajar el tema de la “organización”, tema de la ligación de la vida otra con el otro mundo, en el período preciso en que el socialismo existente estuvo dejando de funcionar como fuente de la aspiración a otro mundo.

El último curso de Foucault antes de su muerte se titula “El coraje de la verdad”. El manuscrito que Foucault preparó para la última clase de ese último curso termina con la siguiente frase: “Sólo puede haber verdad en la forma del otro mundo y la vida otra.” Es decir que el “coraje de la verdad” es coraje de conectar la vida otra con el otro mundo. Es coraje de la “organización”.

Pero, ¿por qué, “coraje”? Porque se trata de guerra, no como metáfora sino literalmente. En este mundo actual, la organización revolucionaria, conexión de la vida otra con el otro mundo, no es posible en absoluto sin entrar en guerra directa con el poder dictatorial del capital. El capitalismo puede y podrá siempre soportar o tolerar manifestaciones de vida otra sin otro mundo, pero ninguna manifestación de vida otra con la fidelidad intransigente a otro mundo. El “coraje de la verdad” es coraje de declarar guerra, coraje de ponerse en guerra físicamente.

¿Para qué sirve hoy el trabajo de Badiou? Todos los libros de Badiou son potentes incitaciones a la guerra absoluta, en este mundo en que conocemos sólo la “guerra civil” permanente entre los capitalistas y la guerra totalmente unilateral, igualmente permanente, del capital contra la población. Creo que el trabajo de Badiou nos sirve para decidirnos por la guerra absoluta, sólo por medio de la cual podríamos acabar con estas guerras capitalistas en curso.

4 de julio de 2019 en Bar La Tribu (Bs. As.)

 

Fuente: http://lobosuelto.com/para-que-badiou-hoy-jun-fujita-hirose/

Raúl Zibechi: «El narco cumple hoy un papel de control, de disciplinamiento»

Entrevista al escritor y pensador-activista uruguayo Raúl Zibechi, en el que habla sobre las nuevas derechas, el evangelismo neopentecostalismo, el extractivismo, el narco, y los movimientos sociales hoy. «Hay amenaza, guerra, narco aliado con la policía. Porque cuando hay narco hay policía que lo protege. Y por otro lado hay una especie de seducción. La buena vida es el paco, la merca o lo que puedas pagar. Las dos cosas funcionan porque no todo puede ser guerra. Y además te ofrecen un camino. Un camino de enriquecimiento, de fuerza, de poder dentro de tu comunidad. Para un tipo de personas donde no hay padres, no hay madres, porque la gente está muy sola. Y donde tanto el narco como el pentecostal, la iglesia, les ofrece un lugar de pertenencia que ya no es la fábrica, la escuela, el partido, el sindicato», sostuvo Zibechi.

 

J.V: ¿Como ves vos – que tenés un panorama bastante amplio – la situación de América Latina, con el avance de los fascismos, lo que fueron o son los progresismos y sus límites y en esos contextos los movimientos sociales?

R.Z: Bueno yo creo que en América Latina si miramos por arriba hay un fuerte avance de la derecha muy, muy fuerte. No es la vieja derecha, la de la cruz, la espada y la tierra es una derecha más moderna, más militante, más lúcida. No es una derecha católica, más bien evangélica neopentecostal. No es una derecha terrateniente, aunque tiene expresiones terratenientes. Es una derecha más tecnológica, de las nuevas tecnologías, hace uso y abuso de las redes sociales. Tiene estrategias comunicativas muy distintas y tiene una fuerte alianza como siempre tuvieron las derechas con un sector amplio de las clases medias. De dos versiones de las clases medias. Las clases medias altas, más acomodadas, técnicos, profesionales, con buenos ingresos y después un sector  de nuevo tipo de clase media que viene de los sectores populares y que no se la diferencia muy claramente en el nivel cultural, que busca seguridad, protección, que busca un discurso sólido, firme, aunque sea mentiroso. Es una derecha mucho más difícil de identificar para los que conocimos otras derechas. No necesariamente es una derecha golpista, aunque no le hace asco al golpismo. Y esa alianza con los pentecostales y con el narco para mí es muy preocupante.

Normalmente esta nueva derecha se monta encima de los fracasos del progresismo, que fueron fracasos terribles porque una característica del progresismo es que hizo un discurso revolucionario o casi revolucionario -si vos escuchas los discursos de Néstor por ejemplo- y una práctica, si yo dijera reformista diría demasiado, una práctica: Ley de Glaciares, Ley Antiterrorista, una práctica de confirmar el modelo de acumulación que es el extractivismo, pero con un discurso supuestamente radical y eso es tremendo porque desacomoda a propios y ajenos. A los propios porque a muchos los engatusó con el tema del sesentismo, del neosesentismo, poco o mucho, no solo con el discurso evidentemente, sino con políticas sociales, con distribución de prebendas, y además estuvo anclada en la corrupción. Entonces por un lado es indefendible pero claro no es la vieja derecha.

Es muy complejo el panorama desde este punto de vista aunque ahora parece muy claro que hay una clara derechización brutal. Creo que el epicentro de la derechización son Brasil y Colombia. La Argentina es un subproducto propio de cosas muy particulares pero Brasil es una usina donde los militares han copado el gobierno, hay más de 100 militares en altos cargos de gobierno y la situación es bien complicada.

Si lo mirás desde el punto de vista del modelo de acumulación no ha cambiado nada, sigue siendo la minería, sigue siendo la soja, sigue siendo un modelo de destrucción de la naturaleza y de apropiación de la naturaleza. Entonces desde el punto de vista del modelo de acumulación hoy no está en cuestión ese modelo, ni por progresistas ni por conservadores. Y por supuesto los conservadores en una fuerte alianza con el gobierno de Estados Unidos, en una ofensiva muy potente. O sea Estados Unidos está en una situación compleja porque  ha tenido que salir de Oriente Medio. No pudo derribar al gobierno de Siria, y en el Mar del Sur de China también tiene dificultades, entonces está retirándose de algunos lugares y concentrando fuerzas en América Latina. Sobre todo en el Caribe, y ahí está todo el quilombo con Venezuela, Cuba y demás.

Desde el punto de vista de los movimientos yo creo que estamos en un período de reconfiguración. Los viejos movimientos, no me refiero a los viejos, viejos, digo el movimiento piquetero y todos los movimientos de ese período, han dado lo que podían dar, se dispersaron, fueron cooptados una parte, desorganizados otra, otros se transformaron. Y hoy aparece el gran movimiento de mujeres, el movimiento más impugnativo, más movilizador y crítico. El movimiento de mujeres es hoy el que marca los caminos, sobre todo en el Cono Sur, Argentina, Chile, Uruguay. Hay que interpretar el gobierno de Bolsonaro como una reacción contra el feminismo también. Contra ese empoderamiento de las niñas y las adolescentes. Creo que ahí hay un cambio: la derecha entendió que el feminismo es su enemigo. Este movimiento feminista no es tampoco el viejo movimiento feminista de las mujeres académicas de los 60’-70’. Es un movimiento más plebeyo, más popular, más de abajo, obrero, popular, territorial. Una vez más en Argentina los encuentros de mujeres marcan un camino. Y otros movimientos están reconstituyendo, por ejemplo la Unión de Trabajadores de la Tierra es un subproducto del movimiento piquetero, muy territorial, muy firme en lo territorial y me parece que ahí está lo interesante. La energía social no desapareció, se ha transformado. Probablemente muchas de las mujeres, no lo sé, pero intuyo que muchas de las mujeres que están hoy activas en el movimiento feminista también activaron en el movimiento piquetero o en el período del 2001. Entonces me parece que esa energía está ahí, el movimiento de mujeres es el más importante, pero hay una reconfiguración de otros movimientos que creo que en unos años van a dar un campanazo fuerte, van a marcar una presencia importante. No solo en Argentina. En los Asentamientos Sin Tierras de Brasil hoy el tema que se está discutiendo es LGTB, mujeres, etc.

 

J.V: Yo estuve hace un año en la Escuela Florestan Fernandes, había ido hace diez años a un asentamiento al sur. Con lo que me encontré en temas de género es increíble.

R.Z: Es muy increíble lo que está pasando con el MST. Desde su nacimiento hasta hoy en día están en otro lugar. Sobre todo los jóvenes y las mujeres. Y eso marca como los movimientos, se reconfiguran, desde qué lugares. Porque se reconfiguran desde el lugar juvenil mujer, no se reconfiguran desde una teoría o desde los caudillos, de los dirigentes. Se reconfiguran desde otros lugares.

 

J.V: Desde la subjetividad, desde subjetividades rebeldes…

R.Z: Si. Y desde territorios donde está subjetividades hacen carne. Entonces creo que es un proceso muy interesante el que estamos viviendo, es un proceso impensado  porque nunca imaginé que iba, que lo de LGTB iba a enraizar en los Asentamientos Sin Tierra. Lo último que me hubiera imaginado, el tema mujer podía pensar, pero el feminismo no sé… Entonces estamos en ese momento donde hay una transformación muy rica abajo. Y esa riqueza en algún momento se va a manifestar. Estamos como en el 90’ cuando existía la C.O.P.A2 y los primeros grupos territoriales después que estalló el movimiento estudiantil y todos los movimientos más clásicos. Bueno estamos en este momento, en ese período, un período de articulación de cosas nuevas, de procesos nuevos. Y creo que eso tiene que ser muy enriquecedor para nosotros si estamos con la oreja puesta, como aquel personaje de Fontanarrosa, que ponía la oreja en la tierra. Bueno es el momento de poner la oreja en la tierra y decir ahhhh bueno no se ve gran cosa pero están pasando cosas…

 

J.V: Y la situación del Zapatismo en México, porque esto de los movimientos sociales, el MST, el Zapatismo, fueron en los 90’ como luces en la oscuridad para toda América Latina y son movimientos que se han fortalecido, se han repensado como vos lo decís ¿Cómo ves el Zapatismo hoy en el contexto del gobierno de Lopez Obrador?

R.Z: Hay dos cosas ahí, por un lado el zapatismo también se ha reconfigurado. Cuando estuvimos en la escuelita zapatista nos decían que el zapatismo, la mitad de los zapatistas tienen menos de 20 años. Estos chicos no habían nacido cuándo empezó el movimiento, nacieron después, entonces tienen otra cabeza, mi compañera también estuvo en la escuelita y le tocó una muchacha de 19 años, se bañaban desnudas en el río viste o sea otra cabeza. El movimiento también se reconfiguró, es un movimiento de jóvenes y de jóvenas que ha sido capaz de hacer un encuentro como el de Morelia del año pasado, el 8 de marzo dónde las mujeres jugaron un papel muy importante yo diría que decisivo y las mujeres jóvenes. El movimiento se feminizó, se juvenalizó, y se indianizó. La aparición de Moisés creo que es un dato mayor, Moisés es otra cosa. Y lo segundo es que ahora enfrentan al desafío de López Obrador. Eso es un desafío muy denso, muy pesado, en el cual el zapatismo va a tener que, tal cual como dijo Moisés están solos porque la sociedad mexicana está como atontada, como pasó en el 2005 en Argentina cuando gana Néstor. Yo me acuerdo una foto de Néstor que estaba tomándole la mano a Hebe y Hebe que era una guerrera, como entregada. Alguien que no se entregó claramente fue Norita.  Entonces yo creo que el movimiento zapatista va a sufrir mucho este sexenio y ya está sufriendo, creo que va a haber ofensivas muy fuertes contra el zapatismo, política de hecho ya la hay. Ellos están preparados para una ofensiva militar, no militarmente porque ellos no van a usar armas, van a poner el cuerpo. Los varones y las mujeres van a poner el cuerpo, ya lo han hecho en otras ocasiones, no va a haber una guerra de aparatos, ellos no quieren eso. Y yo creo que cada día que pasa la ofensiva se acerca más, porque van a hacer el Tren Maya, el Transístmico, en fin, todas las obras estas demenciales que se plantea López Obrador. Pero me parece que ellos lo tienen muy claro, no los agarra sorpresa para nada. Eso es muy importante porque por estas regiones el kirchnerismo nos agarró de sorpresa. Acá igual, yo me acuerdo acá, en Montevideo voy a un barrio qué iba muy seguido y llego un día después que estaba ya el gobierno de Tabaré Vázquez, 2005-2006 y veo un montón de gente en la asamblea que no conocía, bueno conocía algunos, eran gentes de ONGs, del Estado, del Ministerio de Desarrollo Social y les digo a mis compás: ¿che y esta gente? viene aquí, votan, no sé qué, hablan en la Asamblea  y me dicen: “Bueno, en realidad son funcionarios pero son como compañeros”. Entonces nos agarró de sorpresa y que no te agarre de sorpresa me parece importante. Me parece que ellos, los zapatistas, están más preparados, están haciendo ejercicios políticos y de movilización. El último, esta marcha que hubo el 1 de enero en La Realidad -está el video- están movilizados. Tienen claro lo que se les viene y tienen claro cómo lo van a enfrentar. Van a sufrir, lo van a pasar mal, van a tener derrota y como siempre lo definitivo será lo que haga la sociedad mexicana. Si la sociedad mexicana aplaude que los masacren o no. Es más fácil que la sociedad mexicana aplauda la masacre con López Obrador que con los gobiernos de derecha.

Similar, cuando la clase media en la crisis del 2000-2001 se sumó al movimiento piquetero en Argentina, confluyeron y después nunca más. El aislamiento de los que resistían el modelo fue mucho mayor con los gobiernos de Néstor Kirchner y de Cristina que con los gobiernos neoliberales. Entonces a mi modo de ver los gobiernos progresistas están hechos para doblegar lo que no pudo doblegar el neoliberalismo puro y conservador. Esa es mi opinión, creo que ellos lo tienen claro. Pero no sé…

 

J.V: ¿Cuál es la apuesta para los movimientos sociales frente a la desarticulación y a la cooptación que ha habido?

R.Z: Yo creo que los movimientos hoy en el mundo tenemos que trabajar de otra manera. No podemos ser parte de una estrategia de gobierno, no podemos ser parte de una estrategia de demandas al estado. O sea en algún momento hay que demandar algo al estado pero nuestra actividad no puede estar ordenada en torno a la demanda al estado como el movimiento sindical al patrón, al estado. Qué es lo que debería, creo que cada vez más está sucediendo, es ordenar nuestra actividad. El crear formas de vida no capitalistas en nuestros territorios, en nuestros espacios: la huerta, la radio, el cultivo, lo que sea, el mercadito, en algunos lugares sólo podes poner una radio y una escuelita de Educación Popular. Bueno ya es algo,  en su mejor momento el movimiento piquetero tenía huertas, talleres productivos. Hoy hay mucho de eso en Argentina y en toda América Latina. Los que más han avanzado en esos son los indígenas y los campesinos. Vos vas al MST, o a los de Lavalle en Mendoza y hay hectáreas cultivadas, no es poca cosa. Y hay agroindustria, pequeña pero hay agroindustria. Yo creo que ese es el futuro.

Si el Estado sopla favor y te da una máquina, un tractor o te compra la cosecha: maravilla, pero yo estoy caminando y mi vida no va a estar organizada en torno a que el estado me dé o no me dé. Entonces es muy distinto  si yo estoy haciendo mi laburo, mi tierra. Por ejemplo hay movimientos campesinos que tienen la tierra, la cultivan, distribuyen, tienen procesamiento de productos de campo, tienen ahí, es como los de Lavalle, mercados propios, tienen su radio, su centro de formación. Eso no hace que el movimiento esté organizado para demandar tractores, eso es fundamental. Puedo hacer una alianza puntual con los progresistas pero yo no nací para llegar allá. Yo no voy a dedicar a mis mejores cuadros a estar de concejales en el municipio o en cargos de gobernación o en cargos nacionales. No estoy para eso. Y eso marca una diferencia me parece. Muy importante. Creo que es un tema de prioridades. Esto de centrarse en el laburo concreto, la construcción, es estratégico. Lo otro son circunstancias. Lo importante es eso el laburo y creo que cada vez hay más movimientos en eso. Creo que cada vez hay más recuperación de tierras. Un movimiento que labura mucho así son los mapuches  y les va muy bien, según Darío Aranda han recuperado 100 mil hectáreas. He estado con un amigo que está con los QOM en el impenetrable, 4 mil hectáreas recuperaron últimamente. Hay una fuerza una conciencia de qué es lo importante. Porque hemos vivido la dictadura, el neoliberalismo menemista y el neoliberalismo progresista. Las tres cosas y ahora estamos otra vez con el neoliberalismo conservador. Entonces una vez que viviste todo eso te tenés que dar cuenta, tenés que construir con un nivel de solidez y de firmeza de que independientemente de quién tengas arriba tu laburo no sea cuestionable.

 

J.V: Si, lo del pueblo mapuche es muy fuerte lo que está pasando en el sur de Chile y está fuerte también en el sur de Argentina.

R.Z: Si, y están ganando. Están ganando porque mira yo estuve un par de semanas después de lo Catrillanca. Lo de Catrillanca, bueno movilizó el mundo Mapuche en el sur. La declaración de Temucuycuy fue bien interesante, pero cuando estuve en Santiago me alojo en una familia de la Editorial Quimantu que viven ahí por la Villa Olímpica. Te cuento esto porque es bien sintomático, es clase media profesional. Entonces me contaban en estos edificios cuando lo de Catrillanca la gente salió a la calle, no uno ni dos días muchos días.

 

J.V: Eso no se veía en Chile

R.Z: Y los viejitos que no salían a la calle en los balcones. Entonces ya no fueron mil personas, fueron decenas de miles en Santiago, en muchos barrios que se movilizaron, eso es un tema importante. Después en la casa había una chiquita que tenía nueve, diez años. Iba a un colegio público de la zona y estudia mapudungun. Digo ¿Cómo? Después me explicó la madre. En la escuela podes elegir inglés, francés, mapudungun y ella y muchos otros niños eligieronmapudungun. Pero dice hay tres escuelas en este distrito que te ofrecen mapudungun. Solamente en un distrito de allá. Quiere decir que debe haber decenas de miles de personas, de niños estudiando mapudungun, que no son mapuches

 

J.V: Y la lengua es central… bueno ya los vascos nos lo enseñaron…

R.Z: La lengua es todo

 

J.V: Cambiando de tema Raúl, de donde yo soy, de Bahía Blanca, yo te contaba que tenemos el Polo Petroquímico más importante de Sudamérica, con un puerto de aguas profundas de enorme importancia económica, empresas transnacionales vinculadas al agronegocio, bueno la lucha socio ambiental es el tema, digamos, nos pasa lo que pasa en todos lados: que cooptan organizaciones, cooptan movimientos, cuesta articularse muchísimo por miles de razones pero, ¿Cómo ves vos esto de las luchas contra el extractivismo hoy? Conversábamos hace un ratito y lo leía el otro día en el diario La Jornada que vos habías escrito este año una nota de cómo el narcotráfico aparece para limpiar territorios y dejarlos libres para el extractivismo, nos interesa como esa mirada porque tenemos por un lado el narcotráfico y tenemos el extractivismo…

R.Z: Si, por un lado tenemos esto que llamamos “Extractivismo”, que es una forma de acumulación de capital de nuevo tipo ¿Cómo se acumula? : robando. O sea que se roban los bienes comunes. Entonces yo creo que el extractivismo, bueno hay un geógrafo gringo que se llama David Harvey que acuñó el concepto de “acumulación por desposesión” o por  “despojo”. Esto es importante porque el tipo está describiendo una forma de acumulación cómo fue el capitalismo originariamente, que lo estudia Marx, le llamaba acumulación originaria de capital. Bueno eso se repite y es una acumulación por robo. El agua, la tierra, la calidad del aire, los minerales se roban. Se apropia la gran empresa. Entonces ese es un punto importante es el modelo de acumulación por robo. Ahora eso es, lo que hace Harvey está muy bien, es mirado por decirlo desde algún lado desde arriba. Si vos lo miras desde abajo los zapatistas a este modelo le llaman Cuarta Guerra Mundial ¿Por qué?. Porque si vos lo miras en un pueblo como el de Bahía Blanca o de un pueblo originario o los pueblos que están cerca del Gran Rosario por donde pasan los camiones y toda la soja o los pueblos sojeros, los pueblos fumigados: es una guerra. Es una guerra de despojo en la cual los enemigos son los pueblos, es lo que planteaba el Zapatismo, que son obstáculos para la acumulación de capital. Planteado así el tema, la cosa cambia porque vos estás enfrentando no un modelo económico, sí es un modelo económico, pero sobre todo un modelo de poder por el cual el capital se instala en una relación vertical con la tierra, con la madre tierra y con la población para destruirlos y apropiarse “de”. Este es un poco el tema, entonces hay una división del trabajo: los grupos policiales, paramilitares, narco juegan un papel fundamental en esto. En este modelo de acumulación por despojo de cuarta Guerra Mundial hay una característica que es fundamental, y es la sociedad actual. Las viejas formas de control, el panóptico, que funcionaba en la familia, la escuela, en el cuartel, en el hospital en todas partes, ya no funciona, fue desbordado ¿Y quién está cumpliendo ese papel de control con las jóvenas, con los jóvenes de los sectores populares?: el narco. El narco cumple un papel de control, de disciplinamiento por la violencia y por la tracción que genera el negocio del narcotráfico.

Por un lado hay amenaza, guerra, narco aliado con la policía, porque cuando hay narco hay policía que lo protege. Y por otro lado, y esto es importante, hay una especie de seducción, la buena vida es el paco, la merca o lo que puedas pagar. Esa es la buena calidad de vida. Entonces, me parece que las dos cosas funcionan porque no todo puede ser guerra y además te ofrecen un camino. Un camino de enriquecimiento, de fuerza, de poder dentro de tu comunidad. El modelo este extractivo es un modelo que no alcanza para ofrecerle un lugar digno en la sociedad ciento por ciento, como era en la sociedad la fábrica. El modelo industrial era una ascensión de los pueblos y de los sectores rurales a distintos, vivían en un pueblito, van a la ciudad, en una generación se hacen profesionales, mecánicos, lo que sea y laburan en la fábrica y sus hijos van a la universidad o lo que sea. Eso se cortó con la dictadura y con el neoliberalismo, entonces la mitad de la población sobra y para esa gente que sobra, está el narco. Narco-feminicidios, narco-policía-feminicidios son la clave de todo el tema de los feminicidios, prostitución, tráfico de personas, etc. Para una mujer adolescente, niña que su futuro es trabajar en un supermercado 12 horas al día y ganar chirolas puede ser la prostitución. Para mí es una mierda, pero le ofrece un camino, o el narco al pibe le ofrece una salida.

 

J.V: Y en este entramado ¿ves que tienen un papel las iglesias evangélicas pentecostales?

R.Z: Por supuesto, y además para un tipo de personas donde no hay padres, no hay madres, porque la gente está muy sola. Y donde tanto el narco como el Pentecostal, la Iglesia les ofrece un lugar de pertenencia que ya no es la fábrica, la escuela, el partido, el sindicato. Porque el sindicato te ofrecía un laburo para toda la vida. Te garantizaba el laburo y las vacaciones, las fiestas, fiestas de navidad, la vivienda. Era una casa, era un hogar el sindicato. Hoy en día este hogar no existe, lo dinamitó el sistema. Y al dinamitarlo el sistema surgen sucedáneos. Surgen otras cosas y esos sucedáneos que surgen de mala calidad son horribles pero funcionan. Para vos y para mí no, pero hay que ponerse en una familia de un barrio popular en donde los pibes con 12-13 años están solos o no tienen padres que es lo más común porque la irresponsabilidad paterna es muy grande, la madre labura todo el día, las abuelas no están

 

J.V: Claro, funcionan como lugares de contención también para las mujeres solas

R.Z: Asi es, las Iglesias Pentecostales tienen todas una guardería, todas un espacio …

 

J.V: Escuelitas dominicales para los chicos y chicas

R.Z: Campos de futbol, deporte. Las misas no estás sentado escuchando al cura, en las misas bailas. Está muy bien estudiado todo y la gente no es idiota

 

J.V: Que bueno escuchar esa mirada que planteás, porque pasa que cuando se habla de estas iglesias, la descripción de la gente que se hace es como que está idiotizada por las iglesias. Tenemos que mirar mejor lo que pasa ahí, ¿por qué van?

R.Z: No, esa es mentira. Yo siempre pensé así, que la gente elige. Mirá, hay dos personas que me abrieron los ojos. Uno con eso de los pentecostales Mike Davis que es un urbanista gringo de Los Ángeles, trosko que dice “no muchachos el que dice eso es que nunca ha ido a una Iglesia Pentecostal. Y yo cuando se murió mi hijo” – porque tenía un hijo chico que se le murió- dije voy a ir a ver qué pasa”. Y fue y descubrió que ahí, él no es pentecostal ni nada, es trosko, pero descubrió por qué la gente va. Y después tengo un amigo de los Sin Tierra que vive en Sao Paulo en una comuna urbana e hizo su tesis doctoral sobre los pentecostales. Sociólogo. Y me dice “no, no, la gente va a los pentecostales porque les ofrecen cosas interesantes”. Nadie se deja engañar. Porque esa mirada elitista no sirve.

 

J.V: No sirve, a mí me paso, cuando hice mi tesis. Un capítulo lo dediqué a las escuelas dominicales en las iglesias pobres en los barrios de Bahía Blanca año 2001 y la pregunta era ¿Por qué iban? pero focalizado en las niñas y niños. Me costaba conseguir bibliografía para entenderlo y dí con escritos de un suizo Lalive D´Espinay en la década del ´70 en Chile.

R.Z: Yo encontré en Brasil y vos sabes que estos pibes, yo hice algún artículo sobre eso sobre pentecostales y movimientos. Porque la conclusión del MST era, ellos están haciendo lo que nosotros dejamos de hacer.

 

J.V: Bueno, eso es lo que nos tiene que interpelar de las iglesias evangélicas, en los barrios hacen lo que nosotros no hacemos.

R.Z: Ese encuentro que tuve ahora que me encontré en Río, nos invitó la cúpula de la Universidad Católica en la semana de las elecciones para unos debates ahí. La universidad nos pagaba un hotel de puta madre en Flamengo pero yo en realidad me iba a dormir a casa de un amigo, que es alemán que tiene una casa, un apartamentito pero lindo en una favela, la “Maré”, que es “La Favela”. Y me iba a dormir ahí. En esa semana en la favela, salíamos todas las noches a tomar cerveza. Claro este amigo tiene una tiendita de cerveza artesanal que la hacen colectivamente, tienen un colectivo de cerveza artesanal. Y al lado que había una peluquería de mujeres que todas se iban –afrodescendientes- a planchar el pelo, porque esa es otra si vos sos negro y te planchas el pelo terminas con Bolsonaro. Al lado vendían maconia, vendían droga. Y los que vendían droga eran todos de Bolsonaro vestidos de milicos, no eran milicos. Vos ves a las mujeres, las chicas de 14 años son bombas atómicas por la calle, con tremenda autoestima y los pibes a los 14 años son unos giles, entonces Bolsonaro hizo la reacción contra esas chicas. Qué a ellos los bardean y que si se acuestan con alguno, es con alguno mucho mayor que tenga guita, que sea de otra favela y a ellos no les dan bola. Entonces la venganza es Bolsonaro.

O sea es interesante conocer lo que piensa la gente, lo que la gente hace. En la Favela está en “La Maré” por ejemplo, había unos templos, hay, gigantes de la Iglesia Universal y de la iglesia Asamblea de Dios. Estábamos tomando cerveza así como en la calle sin mesa, sentados y sube una fila de gente muy bien vestida. Los hombres con saco, las mujeres polleras largas, y sabes que iban repartiendo unos volantecitos bien impresos en colores invitándote el domingo, no a una misa, a una celebración juvenil. Iba a ver una orquesta de 200 músicos y todo con los colores, precioso. Como a la media hora pasan los del PT repartiendo un volante en blanco y negro diciendo “hay que echar a los enemigos de la favela” la lucha de clases… Yo veía los dos volantes, y me iba con los pentecostales sin duda!!!. Porque estaba interesante, atractivo, convocaba…. una mierda ¿no? Pero por qué la gente va a seguir a tal, el volante del PT te ordenaba lo que tenías que pensar y la gente ya está de vuelta de eso. Los otros no hablaban de política, decían vamos a celebrar a Dios cantando. Por supuesto que la gente va a ir. Entonces es muy difícil desde una posición de la izquierda tradicional no entender que ahí estás persiguiendo algo que no lo vas a conseguir.

 

J.V: Si tal cual, hay que tener una mirada muy crítica de todo lo que no hicimos para que las iglesias tengan el poder que tienen 

R.Z: Porque la militancia incluso los que hoy más militan el territorio no llegan a tener esa fuerza. Trabajo territorial serio para mí es estar en el barrio las 24 horas. Los que hacen un buen trabajo territorial que no son ellos sino que lo hacen con la gente son los de la Trashumante ahí en Córdoba, mira vos me contaste lo del MST, esa transformación a 10 años. Yo estuve hace 10 años en un Encuentro Nacional de la Trashumante en la Universidad en Córdoba. El 90% eran estudiantes universitarios, estaba la Mariana, el negro, bueno todos y era una ronda enorme de 200 personas todo el mundo hablaba se presentaba. Al final de la noche había un espectáculo…Volví el año pasado 10 años después a un encuentro y eran 60% mujeres y jóvenes de los barrios de Córdoba. El encuentro fue distinto claro era un grupo de jóvenes los niños en otra dinámica y los adultos, donde estaba yo, en otra. Eran rondas más chicas de 50-60 personas, el total era más gente, eran tres días de campamento, de cocina colectiva, de convivencia. Entonces lo que han hecho es proletarizarse, es trabajar con la gente de abajo. Otra cosa. Mientras otros cada vez están más arriba, y si Toni Negri, o más Guattari, todo lindo pero estas mirando para arriba, los otros están mirando a la gente. Si vos como movimiento pasaste del 90% de clase media, a 60% de barrios yo digo vas bien…. (aplausos).

No me importa tanto el discurso, el programa, todo eso viene después, con quién estas laburando y para qué estás laburando. Y ahora, eso lo acordamos en ese encuentro, no hay más encuentro central, ahora son encuentros más chicos en los barrios. Organizados por la gente de los barrios.

 

J.V.: Yo estuve en el 2006 en ese Encuentros Trashumante y en el sur del país se formaron grupos trashumantes también, no era solo en la capital o grandes ciudades, la impronta era esa, el andar “El otro país”…

R.Z: Entonces eso es un movimiento que a mí me interesa, no me interesan los pelotudos porteños que se pelean por si la botella la puse aquí o la puse acá. Mierda!. O si el programa es de tal o cual, eso está bien para cuando tenés 20 años. Una cosa intelectual pelotuda, pajera, que no va a ningún lado, que además es ego, es autocomplacencia.  Yo conozco a muchos de esa onda, alguien que es interesante es Claudia Korol de Pañuelos en Rebeldía, también trabajan por y con la gente. Trabajan con la gente, y eso es importante. Porque es lo que está faltando, lo que está faltando no es discurso de Deleuze , o Guattari …. eso ya está. Muy bien, bárbaro, yo lo leo, sí, pero eso no sirve para construir.

 

J.V: Hay que arremangarse

R.Z: Claro, estar donde está la gente

 

J.V: Para terminar, sobre Venezuela ¿Cómo ves la situación en estos días?

R.Z: Venezuela, a ver mi posición con Venezuela es firmes, parados contra la intervención extranjera, yanqui, colombiana, brasileña, o sea la soberanía de un país no puede ser vulnerada nunca. Ese es un principio básico. O sea defensa de Venezuela, la defensa de Venezuela es hoy una tarea de todo el continente, de todos los sectores populares, la izquierda del continente, no tocar Venezuela. Segundo punto, yo no apoyo al régimen de Maduro, me parece que es un régimen autoritario, me parece que es un régimen que ha caído en la típica cosa centralista burocrática autoritaria de lo que fue el socialismo en su momento. Y creo que no va por buen camino además es un régimen que su apoyo principal no es el pueblo sino los militares. Entonces ahí están las dos cosas, contra la intervención yo apoyo al pueblo venezolano no al gobierno de Maduro.

 

1 Marzo de 2019, Raúl se llega a la terminal de colectivos de Montevideo a esperarme. Caminamos y en una de las callecitas de Montevideo, en una mesita de un bar tuvimos una charla larga que se transformó en entrevista. La compartimos con ustedes, invitandolxs a esa sumarse a esa charla. Agradezco a Paola Vargas la cuidadosa transcripción.

2 COPA fue la Coordinadora de Organizaciones Populares Autónomas que existió en Argentina, con fuerza en el conurbano en la década de 1990.

 

Por Jessica Visotsky