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Domenico De Masi: «La izquierda es lenta, Salvini corre, Italia acabará como Brasil»

25feb-19
Publicada el 25 febrero, 2019 1
por admin
El sociólogo Domenico De Masi ha analizado el Movimiento 5 Estrellas, ha llevado a cabo estudios para el mismo, y ha elogiado su potencial. Posteriormente, fue el primero en avisarles de que, si entraban en el gobierno, se los comerían vivos. De Masi acaba de publicar Il mondo è ancora giovane (“The world is still young,” ed. Rizzoli), un libro que rebosa esperanza. Esa esperanza, no obstante, lleva una advertencia final, y es válida con una condición: “que no vayamos de cabeza al fascismo”. Le entrevista Daniela Preziosi para el diario italiano il manifesto.

Profesor, ¿se ha comido viva la Lega al 5 Estrellas, se han rendido a Salvini también en el asunto Diciotti?

Hay choques todos los días, pero por ahora no puede cuantificarse su resultado. En un principio, Salvini tenía un 17 % y Di Maio, un 33 %. Hoy las cifras se han invertido. Nunca en Italia —acaso nunca en todo el mundo — ha doblado un partido sus apoyos estando en el gobierno, y en sólo ocho meses. La tendencia continuará. Salvini es el león que ha atrapado a la gacela, la tiene presa y se la va comiendo a trocitos.

¿Y qué hará después de su “banquete”?

Salvini hace exhibición de sus planes. Anda por ahí con uniforme militar. Cita abiertamente el lenguaje fascista: “Muchos enemigos, mucho honor”. Umberto Eco elaboró una lista de 14 elementos gracias a los cuales podemos reconocer la propensión propia al autoritarismo, a lo que es el  “Ur-Fascismo”, el eterno fascismo. Salvini los tiene todos. Los elementos que Adorno identifica como parte de la personalidad autoritaria. Y los que Talcott Parsons delineó también. Por ahora, en dosis pediátricas. Pero el decreto de seguridad que prohíbe las reuniones  públicas y castiga a los mendigos…otros regímenes fascistas hicieron exactamente esto  después de tomar el poder. Aquí, antes. .

¿Estás más cerca Salvini de la toma del poder?

Si consigue un estupendo resultado en las elecciones europeas —como la victoria que se le subió a la cabeza a Renzi hace unos años — obligará al presidente a que escoja: o le nombra primer ministro o habrá elecciones anticipadas. No continuaría “simplemente” de viceprimer ministro. En ese punto, ya no haría el trabajo sucio él mismo. No es casualidad que corteje a grupos como CasaPound [centro social y cultural del neofascismo en Roma bautizado con el nombre del poeta norteamericano admirador de Mussolini].

Este “trabajo sucio” ¿significa construir el consenso sobre la piel de los migrantes, como está haciendo ahora?

Estos episodios son efecto de algo distinto. La causa está en el fenómeno de que, en Italia, el 35% de los votantes está de acuerdo con él. Salvini está recurriendo a métodos toscos para lograr este apoyo: mantiene a inmigrantes en un barco helado, se lleva a los niños de los colegios. Estas son cosas que no pueden dejar de recordarnos lo que los fascistas les hacían a los judíos. Lo que hace Salvini es hablar un lenguaje concreto. Lo mismo pasa con el lenguaje “vestimentario”, el uso de uniformes militares. Significa: si tuviera poder, lo utilizaría de forma militar. Pero esa “forma militar” es la “democracia” de los cuarteles: en la sociedad civil, eso quiere decir fascismo. También se propone comunicar a los que están en las fuerzas armadas: preparaos para apoyarme, soy la persona indicada.

Y el 65 % restante, ¿qué está haciendo?

Ese es el punto crucial. El fascismo es la mezcla que nos hace cómplices de aquellos que permiten la toma del poder. Lo he visto en Brasil, que frecuenta desde hace treinta años. Bolsonaro no lo escondió en absoluto: dijo en televisión que estaba en contra de la igualdad y a favor de la tortura, pidió a los estudiantes que grabaran a los profesores que hablaban de política e informaran de ello. La izquierda razonable y culta, por no votar al  PT, votó en blanco. Millones de votos perdidos. Hoy Brasil tiene siete ministros militares.

¿Existe riesgo de un escenario así en Italia?

¿De dónde sacamos la idea de que tenemos anticuerpos? Nos han acunado con la noción de que hay dos cosas que no podrían pasar nunca: el retorno del fascismo y el retorno de la guerra. Pero la historia muestra que se trata en ambos casos de fenómenos recurrentes. Camus escribió que los gérmenes de la peste no perecen…siguen escondidos en los ataúdes.

Muchos cuestionan, aquí y ahora, el uso de la palabra “fascismo”.

A diferencia de otros autoritarismos, el fascismo se ha convertido también en un adjetivo, y se ha utilizado para la España de Franco, para la dictadura de Argentina, o para la Grecia de los coroneles. Uso este término para dar nombre a un régimen en el que no se respeta la Constitución, en el que la voluntad del líder prevalece por encima de todo lo demás, en el que se castiga a los que disienten, donde hay un culto de la tradición y de la patria, hay un rechazo de la crítica, miedo a la diversidad, desprecio a las minorías y machismo. Cada día estamos más acostumbrados.

¿Y qué hay del 5 Estrellas?

Han sido un bastión.

El M5E…¿un bastión?

Tenue, pero, con todo, un bastión. Son los únicos  con los que Salvini tiene todavía que negociar. Hoy en día todos los que están a la derecha se van a pasar a Salvini, y los de la izquierda seguirán dispersos alejados de las urnas. El Partido Democrático es demasiado lento a la hora de cambiar, y quizás carezca de la substancia cultural para ser capaz de hacerlo. Es un partido que parece de izquierdas, pero que a todos los efectos prácticos es neoliberal, y no atrae a quienes están abandonando el 5 Estrellas.

¿Está diciendo que el Partido Demócrata no es en absoluto socialista, sino neoliberal?

Renzi marginó a los sindicatos, recortó los impuestos, mimó al capital extranjero, abolió el Artículo 18 [del Estatuto de los Trabajadores, facilitando el despido]. Un orden del día neoliberal.

¿De modo que existe una base social, un pueblo de izquierdas, pero no hay izquierda política, no hay partido, no hay punto de referencia?

En la calle, contra la alcaldesa Raggi en Roma, había gente para la que una manifestación política no es más que una agitación superficial, sin consciencia alguna del contexto. ¿No se da cuenta la gente de que, si cae Raggi, [Georgia] Meloni será su sucesora? ¿O la Lega? No hay alternativa en Italia. Renzi ha intentado un plan mortífero  para el Partido Democrático: alejar a la izquierda y atraerse a los berlusconianos. Ha tenido éxito sólo en lo primero. Hoy resulta difícil reunir a los progresistas de clase alta y de clase baja. Y decir que existe un enemigo común. Algo se mueve, pero demasiado lento comparado con la velocidad con la que va Salvini hacia el poder.

¿Prevé usted una derecha en el poder durante largo tiempo?

A la izquierda le hará falta mucho tiempo. Las esquirlas de la izquierda andan esparcidas por doquier, gente explotada con las que la izquierda no ha hecho pedagogía. Y así los explotados se alinean con los explotadores. Marx lo llama “alienación”. Hay una parte de la izquierda que es lo bastante intelectual como para ser escéptica, pero no lo bastante como para ser culta. Y será ella la que nos regalará el fascismo echando a perder su voto.

Domenico De Masi
célebre sociólogo italiano creador del concepto de “ocio creativo”, fue profesor en la Universidad de Nápoles y luego, de Sociología del Trabajo, en la Sapienza de Roma. Entre 1978 y 2000 dirigió S3.Studium, escuela fundada por él para la especialización en ciencias de la organización. Ha mantenido una prolongada relación con Brasil, donde fue nombrado en 2010 ciudadano honorario de Rio de Janeiro.

Fuente:

il manifesto

Juan Branco: “La revolución de los chalecos amarillos es mucho más importante que Mayo del 68”

25feb-19
Publicada el 25 febrero, 2019
por admin

Por María Luisa Gaspar // periodista e historiadora del arte.

Jueves, 14 de febrero, siete de la tarde. Termina la entrevista con Juan Branco, rara avis intelectual de izquierdas entusiasmado con los chalecos amarillos, y hace frío en París. Han sido dos horas de charla con el autor de Contre Macron(2019), asesor jurídico de Assange y WikiLeaks, y abogado de uno de los más reputados chalecos amarillos del momento, Maxime Nicolle, alias Fly Rider. Pese a su juventud –nació en 1989, en Estepona (Málaga)– este activista independiente ha tenido tiempo de defender al líder insumiso, Jean Luc Mélenchon, y de radicalizar sus ideas trabajando, brevemente, en la Corte Penal Internacional, en un par de ministerios franceses y para la ONU en la Corte Penal Especial (CPS) centroafricana.

En el Café de Flore, el gueridón donde nos sentamos clava como nosotros los pies sobre la acera, en plena calle. No la del bulevar Saint Germain, sino la mucho más estrecha y austera calle adyacente. Todo en orden, pues, para un radical gilet jaune a dos días del “Acto XIV”. El lugar no es anodino –aunque el barrio latino perdió ya buena parte de su esencia en beneficio del turismo y la especulación–: la fidelidad de Branco a esta legendaria brasserie del barrio donde se crió ocupa un buen puesto en la lista de reproches vertidos en su contra.

Enemigos no le faltan al precoz y controvertido abogado de la Escuela Normal Superior (ENS), escritor, filósofo, profesor y periodista hispano-francés que parece decir y hacer lo que piensa con inusitada audacia, aunque el precio sea elevado. Tanto como para abandonar (o hacerse expulsar de) puestos prometedores, en busca de una coherencia sin la que a todas luces no puede vivir, y que en estos momentos le mantiene en una situación personal y financiera bastante incómoda.

Hijo de una pionera psicoanalista malagueña, Dolores López, y del productor de cine portugués Paulo Branco, con quien comparte pasión por el cine y los caballos, el jurista tiene un envidiable CV que incluye masters e investigaciones en SciencesPo, Yale, la Sorbona, la Sapienza y la Sociedad Max Planck. Resplandor que le ha ocasionado más de un disgusto, como alguno de sus múltiples viajes, escritos y dichos, abruptos a voluntad. El arte oratorio tampoco le es ajeno a este autor de innumerables artículos, por supuesto muy activo en las redes sociales, acostumbrado a moverse entre celebridades y que publicará en marzo su quinto libro y el sexto en septiembre.

En 2018, la misión de seguridad de la ONU le despidió del CPS por denunciar las masacres de los Cascos Azules ruandeses en Bangui; en 2013, dejó el Quai d’Orsay del socialista Laurent Fabius por estar en desacuerdo con la política de François Hollande en Siria, y antes se fue del ministerio de Cultura de Aurélie Filippetti, cuando esta traicionó su promesa electoral de retirar la ley Hadopi contra la piratería en internet. ¿Por qué, cuando podía haber disfrutado de tan cómodos puestos y ascensores sociales?

No sé, por integridad, creo. Porque la integridad me impide conformarme con un sistema injusto del tipo que sea. Hubiera podido dejarme integrar en mil aparatos de poder desde hace diez años, y quizá en cierta manera lo he intentado, pero no lo soporto, llega un momento en el que no puedo.

¿O el sistema le expulsa, como apuntan algunos detractores?

Las dos cosas, pero me expulsa porque no lo soporto, funciona en ambos sentidos, no somos compatibles.

En libros como Contra Macron y Crépuscule, en entrevistas e intervenciones públicas, denuncia los mecanismos ocultos del poder y molesta a gente muy poderosa. ¿Por qué arriesga tanto? 

Por sinceridad, porque son gente privilegiada. No pienso en mi posición social en ese juego, pienso en lo que está bien y en lo que no, no en el efecto que va a tener sobre mí lo que digo. Dependo de la sociedad para sobrevivir, de una sociedad que funcione bien. En el momento en que no funciona estoy jodido. Mi relación personal con la política viene de ahí. Y siendo un privilegiado, no es cuestión de decir que soy un proletario, pero sí de supervivencia personal. El no poder entrar sin comprometerte en periodismo, en ciertos sectores, me afecta directamente, porque son espacios sociales que se me cierran para vivir, para tener un salario. Cuando no puedes hacer política sin contribuir a algo negativo, te encuentras en tensión…

¿De ahí su empatía con los chalecos amarillos?

El saber siempre es importante, pero la intuición política del pueblo no necesita historia. Yo con mis armas he conseguido, creo, anticipar lo que está pasando, la deriva autoritaria en curso, y que Macron se iba a confrontar a una ausencia de interlocutores que provocaría esta violencia represiva. Y eso me ha servido para estar completamente aislado, para darme cuenta de que mis conocimientos no me aportaban nada. Hasta que llegaron los gilets jaunes iba gritando como un pollo sin cabeza, dando vueltas sin ir a ningún lado. Quiero decir que tenía menos rumbo que ellos, que intuitivamente han sabido dárselo. ¿En qué país del mundo los proletarios, la gente más desfavorecida de la sociedad, deciden que es legítimo movilizase y expresarse políticamente? Es magnífico. Los chalecos amarillosreivindican los fundamentos del sistema: Liberté, Égalité, Fraternité. Son los más republicanos. Y la fuerza del movimiento son los elementos más marginales, ellos son el zócalo que permite al movimiento mantenerse cuando la gente un poco más favorecida, precaria pero con empleo, se cansa porque no puede trabajar toda la semana y además movilizarse todos los sábados.

Hay quienes hablan de agresiones antisemitas y tachan a los chalecos amarillos de xenófobos, ultraderechistas, ultraizquierdistas…

Intentan hacerlo creer, pero no ha habido ninguna agresión grave de ese tipo. Hay tentativas de grupúsculos de utilizar el movimiento para intervenir en el espacio público, pero están en los márgenes. El núcleo duro de los gilets jaunes lucha contra ello sin ambigüedad y con vehemencia. Sigue habiendo conflicto en su seno con el tema del antisemitismo, pero han hecho una completa purga de los discursos islamófobos y contra los migrantes. Si miras objetivamente a los gilets jaunes, estas son cuestiones casi inexistentes, mucho menos presentes que en el espacio mediático y político tradicional.

[Branco confirmará más tarde, por teléfono, que su pensamiento no ha cambiado tras las violentas injurias antisemitas proferidas por un pequeño grupo portador de chalecos amarillos contra el filósofo de origen judío Alain Finkielkraut, quien desde el 16 de febrero vuelve a acaparar la atención mediática y política. El ensayista conservador –que en 2016 protagonizó un incidente similar al presentarse en la Nuit Debout– fue maltratado verbalmente durante el Acto XV. Este ataque, explica Branco, revela las violencias identitarias que existen en el país].

¿Con manifestaciones pacíficas, los chalecos amarillos habrían logrado la pronta anulación de la tasa del carburante que lanzó el movimiento?

La violencia ha sido muy útil, muy inteligente políticamente, porque nunca se ha aplicado sobre un individuo, siempre han atacado símbolos, lugares, o fuerzas policiales que impedían manifestarse. No ha habido linchamientos, ataques gratuitos, ni voluntad de herir.

¿Por decir algo así es por lo que la diputada de La República en Marcha (LREM) Aurore Bergé le ha acusado de “armar los espíritus”?

Sí, y por decir que es bueno asustar a los políticos para que dejen de considerar la política como una carrera profesional, para que se den cuenta de que sus actos tienen consecuencias sobre millones de personas y sientan ese temblor cada vez que toman una decisión.

Hice mi doctorado sobre la violencia de masas con una obsesión, comprender por qué se llega a la violencia política y cómo evitarla. Por eso estoy tan sereno en mi discurso sobre el tema, porque sé bien lo que está pasando. La violencia es omnipresente en la sociedad, hasta una palabra puede ser violenta. Con los chalecos amarillos no hay una violencia desmedida. Que haya habido algunos desbordamientos, tal vez, pero que sean tan ínfimos, en comparación con lo que, normalmente, hubiera debido pasar con masas tan importantes movilizadas, es la prueba, justamente, de que es una forma de expresión política superinteligente y supercontrolada.

Pocos artistas, periodistas e intelectuales han tomado partido por los chalecos amarillos desde que el pasado 17 de noviembre salieron por primera vez a la calle. Bueno, la actriz Juliette Binoche dice comprender su protesta. 

¡Eso ha dicho! ¿Pero movilizarse, ir ahí? ¿Correr el riesgo de ir a manifestarse? Uma Thurman se ha sacado una foto con ellos ¿Qué actor francés ha hecho eso? ¿Y los sindicatos, dónde estaban? ¿Los artistas, dónde estaban? ¿Esa gente pseudo de izquierdas dónde estaba? Se nota mucho la ausencia del espacio intelectual.

Hay también miedo a resultar herido o detenido sin más, víctima de una represión que hasta la ONU y el Parlamento Europeo han condenado…

La política es gestión de la conflictividad, gestión de la violencia y tentativa de evitar que la haya. Si hay violencia es que hay una deficiencia del aparato político. La violencia policial es fruto de una crisis política, simplemente de una crisis de legitimidad. Cuando estás frente a un movimiento social y no quieres asumir sus demandas, envías a la policía para no ceder. Y esta mantiene el orden cueste lo que cueste.

¿Funciona la estrategia de concesiones relativas, represión y “gran debate” que aplica el presidente Macron para afrontar la crisis? 

Cuando una máquina de propaganda se pone en marcha claro que produce efecto. La popularidad de Macron estaba entre el 20% y el 30% y ahora está entre el 25% y el 35%. El “gran debate”, que supuestamente es un avance democrático, es en realidad una campaña electoral, un mitin cotidiano costeado por el Estado, lo que crea problemas muy importantes hasta en términos de financiación.

¿Alguien lo ha denunciado?

Sí, pero volvamos al origen de los chalecos amarillos: sucede que la sociedad francesa, y en particular los instrumentos de mediación que teóricamente deben hacer presión sobre el poder y evitar que derive ya no son funcionales, porque hemos entrado en un sistema oligárquico, en el que el 90% de la prensa está en manos de diez multimillonarios, que viven en París, se conocen, cenan juntos, comen juntos: Xavier Niel, Bernard Arnault, Arnaud Lagardère, Patrick Drahi…  Sus fortunas dependen del Estado, y en 20 años se han hecho poco a poco con el control de la mayoría de los medios del país, del 90% en la prensa escrita y algo equivalente en radio y televisión.

Es una situación delirante, en la que su poder no es solamente directo y de censura –que utilizan todos menos Niel, aparentemente–, sino indirecto también, para controlar promociones, nombramientos, despidos y puestos de decisión en las redacciones, donde incluyen a directores generales a los que permiten intervenir en la fabricación de la información. Sin que necesariamente los periodistas se den cuenta de que son sus instrumentos. Son mecanismos muy sutiles.

A este espacio muy restringido se añade algo todavía más perverso, que es la precarización. Esa gente tiene cientos de millones de euros en sus cuentas bancarias, no pierden dinero, aparte de Bernard Arnault que pierde mucho con Le Parisien; pero, por ejemplo, Niel presiona en Le Monde, Télérama o Nouvel Observateur para ganar más dinero con menos periodistas, lo que degrada la calidad informativa, y además termina con unos cuantos periodistas en la calle, lo que constituye una señal para sus colegas, que piensan que les puede pasar lo mismo en cualquier momento, y para los de afuera, que temen no entrar nunca en esas redacciones si investigan sus abusos. Así, te aseguras un control social muy fuerte sobre la manera en la que se produce la información.

¿Cómo condujo la política macroniana al estallido de los chalecos amarillos?

Las mediaciones democráticas no funcionaron, el Gobierno recurría a los decretos y el Parlamento votaba sin discusión las leyes. Cuando se instauró la tasa a los carburantes, en medio de una atonía mediática completa, la sociedad civil no tenía capacidad de acción frente a ese escándalo: era una transferencia de recursos de la población entera hacia unos pocos. Los MacronLeaksconfirmaban que ese impuesto no iba a financiar transición ecológica alguna, a diferencia de lo que decía el Gobierno, sino medidas como el CICE, un dispositivo que reduce las cotizaciones principalmente a los grandes grupos y que se calcula que desde 2013 ha hecho perder unos 80.000 millones de euros a la sociedad.

Si añades a eso la retirada del impuesto de la fortuna (ISF), la “flat tax”, la “exit tax”, estaba claro que había una evidente voluntad de sacar dinero de la mayoría de la población, en particular de los más frágiles, para dárselo a los más favorecidos. Algo posible porque ya no había prensa que denunciara, ni partidos políticos suficientemente estructurados para decir no…

La gente se dijo entonces que iban a movilizarse y a tomar la palabra directamente y sus primeras reivindicaciones se trasladaron pronto a cuestiones de representatividad y democracia, porque justamente se habían dado cuenta de que la causa de esa tasa a los carburantes y de esa injusticia fiscal venía de la ausencia de representatividad.

Obtuvieron casi de inmediato grandes cosas, como la anulación de la tasa, más de 10.000 millones en ayudas y una revalorización de las prestaciones sociales mínimas. Aunque fue poca cosa en relación con lo que Macron había ofrecido a las grandes empresas y a la gente más privilegiada; por ejemplo, solo la anulación del ISF cuesta, como mínimo, 8.000 millones de euros al año.

¿Existe alguna relación entre los chalecos amarillos, Mayo del 68 y la Revolución Francesa?  

Esta revolución es mucho más digna y mucho más importante que la de mayo del 68, cuyo valor principal fue la movilización obrera, la huelga general, que fue algo increíble. Pero esta vez los sindicatos han cometido traición. No han querido participar y la gente se ha encontrado sola para defender sus derechos. Cuando entraron con la elevadora en el Ministerio del Portavoz (el de Relaciones con el Parlamento, donde tiene su despacho Benjamin Grivaux) no tuvo el mismo impacto, desde luego, pero fue una mini Bastilla. Entraron en un lugar de poder, un poco sin saber por qué, ni cómo, y luego se fueron tranquilamente. Su objetivo no era dar un golpe ni ocupar el lugar. Su gesto recordaba que Grivaux era ahí un inquilino y que esos palacios de la República se habían construido con el dinero del pueblo para ser defendido, no denigrado.

¿Habría habido chalecos amarillos sin Benalla –supuesto guardaespaldas de Macron que fue filmado disfrazado de policía mientras golpeaba a manifestantes el 1 de mayo– y sin que el presidente se declarase en julio “único responsable” e invitase a los descontentos a ir a buscarle?  

El caso Benalla tiene simbólicamente una fuerza inmensa. Son cuestiones muy evidentes de desequilibrios de poder y de injusticia que crean un resentimiento muy fuerte, pero habría habido algo. Ese mismo Primero de mayo hubo 15.000 personas movilizadas fuera de los sindicatos y, entre ellas, 4.000 vestidas de negro para desafiar a la autoridad del Estado. Entonces ya existía esa fuerza social enfrentada con el aparato de poder.

¿Ha podido sorprender el estallido de la crisis a Macron? Pese ser considerado como “el presidente de los ricos” y haber tachado a una parte de la población de “zánganos y cínicos, esos que no son nada, pobres que cuestan un dineral en ayudas sociales para nada, galos refractarios al cambio, que no tienen más que cruzar la calle para encontrar trabajo de camarero sea cual sea su oficio…”.

Él está convencido de tener razón y cree que lo que hace beneficia a todos. Cuando dice que los pobres merecen serlo porque no han hecho esfuerzos, lo cree sinceramente. Es alguien que funciona con la seducción individual, que se adapta al registro de su interlocutor para absorberlo. Tiene esa finura en el trabajo retórico y esa intelectualidad muy de la ENA (Escuela Nacional de Administración), del que lo sabe todo, pero eso no crea un discurso político…

¿Antes de hacer campaña con la promesa de gobernar por decreto y ganar las elecciones con un mínimo apoyo, gracias al miedo que inspira Le Pen, cómo entró en política este banquero de negocios de Rothschild, millonario desde 2012 gracias a la venta de una filial de la primera farmacéutica estadounidense, Pfizer, a la multinacional europea Nestlé?

Él era ya un privilegiado desde la cuna, hijo de un gran profesor de medicina y jefe del servicio de un hospital que ganaba un sueldo que le situaba entre el 0,5 % que más ganaba en Francia. Pero se integró en la élite nacional por concurso, esa ideología de la meritocracia que te hace creer que llegaste a la cima por tu valor, y no por mecanismos de reproducción social, cuando, en realidad, en la ENA y la ENS hay solo un 1% de hijos de obreros y empleados. Es decir que son escuelas de reproducción de la élite y sus privilegios. Su proceso fue muy laborioso, pues tuvo que dedicar cinco años para lograr entrar en la ENA, al segundo intento, tras tres tentativas fallidas en la ENS. Ha gastado tanta energía para ser adoptado por ese régimen que ha terminado por creerse un genio.

Superada esta primera fase de cooptación, fue propulsado al espacio político y nombrado ministro sin haber tenido un recorrido consistente. Los oligarcas le ayudaron con el apoyo de la prensa y la financiación de su campaña presidencial, que ganó a contracorriente, como no habría podido hacer si estuviéramos en un Estado realmente democrático.

Que fuese elegido por una minoría de la población es una “violación democrática”, pero lo interesante es comprender por qué ha pasado. Él dice “yo no soy legitimo pero Le Pen, que ha perdido, lo es menos”, y entonces la única alternativa surge naturalmente fuera del sistema: los chalecos amarillos nacen ahí, en la ausencia de representatividad de este sistema y de una fuerza política capaz de ser alternativa a Macron. De milagro son ellos, una estructura popular, muy fuerte, y no la extrema derecha.

¿Macron es también Macron porque ha sabido rodearse de esa especie de clones que pueblan su partido, La República en Marcha, y sus escaños parlamentarios?

En cierto sentido, la macronía es la prueba de la inexistencia de Macron. Se considera a los chalecos amarillos como ‘gente oscura’, porque se han confundido los conceptos ‘oscuridad’ y ‘profundidad’. Eso ha provocado miedo: donde creían que había algo oscuro, había, al contrario, algo profundo. Macron es lo contrario, es el luminoso, en el sentido de que sólo hay reflejo, sólo hay superficie. Es una persona carente de fundamento, que evidentemente, puede reproducir clones sin ninguna particularidad, porque son gente sin ideología, que solo están ahí para defender sus intereses personales y los intereses de su clase, que es lo que da una posición en el sistema.

La lista de reivindicaciones es larga y va de la dimisión de Macron al restablecimiento del ISF y el ‘cero sin techo’, pero la participación ha pasado de casi 290.000 chalecos amarillos el 17N, a cerca de 50.000 en febrero, según el Ministerio del Interior. Más de 100.000, según los organizadores ¿Qué futuro tienen?

Por el momento no se conoce un movimiento social que haya durado a escala nacional tanto tiempo, y su popularidad, que empezó en el 85%, ha bajado, evidentemente, porque siempre hay un cansancio de la sociedad, pero ronda ahora el 50%.

La crisis del sistema es tal que el poder actual no podrá sobrevivir sin cambios institucionales mayúsculos. Da igual que sean los chalecos amarillos quienes lo obtengan u otro movimiento social que aparezca en un futuro. Pase lo que pase, va a haber rupturas fuertes en Francia, porque el nivel de ausencia de democracia ha llegado a niveles exagerados.

Fuente: https://ctxt.es/es/20190220/Politica/24551/chalecos-amarillos-macron-francia-juan-branco-gaspar.htm

#VZLA Tropikal Borderscape

23feb-19
Publicada el 23 febrero, 2019
por admin

Alejandro Donaire Palma 

 

El sueño bolivariano se ha convertido en una pesadilla logística. El desabastecimiento no era un factor considerado por el proyecto socialista encabezado por Hugo Chávez. Tampoco la fragmentación de las plataformas de integración económica y territorial latinoamericana, ni el cierre de fronteras, ni la crisis migratoria.  La idea de un país ‘encerrado’, construida mediáticamente durante las últimas semanas a partir del bloqueo a la ‘ayuda humanitaria’, no parece corresponder al discurso de la Patria Grande. O quizás si.

 

En el paisaje histórico neo-milenarista en torno a la composición del mercado global –el distópico New World Order–, el latinoamericanismo bolivariano puede entenderse como un proceso de modernización logística acelerada. Durante los años en que Chávez parecía ser un referente en la política mundial enfrentándose al suit and tie guy George Bush Jr., en la región sudamericana se desplegó un modelo de acondicionamiento del territorio capaz de aunar los sueños de desarrollo y justicia económica de los ‘movimientos sociales’, con el establecimiento de una nueva geografía productivo-extractiva abierta y adaptada a los delirantes ciclos de demanda/consumo establecidos en este, nuestro futuro sin presente al que algunxs pachecxs paranoides gustan llamar Espectáculo Mundialmente Integrado. Es que locx, esos yuppies-junkies neoliberales lo quieren solucionar todo con conciertos y güiardeworlz.

 

En-cadena

 

Desde 1999, el ascenso de Chávez a la cabeza del gobierno venezolano se había convertido en el horizonte de acción para diversos movimientos sociales latinoamericanos, configurándose una suerte de programa común parido a la luz del Foro Social Mundial de Porto Alegre en 2001 y alimentado por el Argentinazo que estalló en diciembre de dicho año y por la Guerra del Gas de 2003 en Bolivia. El denominado ‘ciclo de gobiernos progresistas en América Latina’ que resultó de esto se caracterizó por el giro de las economías de la región hacia un modelo de desarrollo neo-extractivista.

 

La lucha de los pueblos por la soberanía de sus recursos naturales estaba en la base del justicialismo-neo-peronista de los Kirchner en Argentina y del principio de Sumak Kawsay (‘buen vivir’) incorporado en las constitución de Ecuador. Inspirada en la política chavista de redistribución de la riqueza obtenida a través del petróleo, parte de la izquierda latinoamericana veía la posibilidad de generar un piso mínimo de bienestar social a través de la re-primarización de la producción nacional impulsada desde el aparato estatal, ya sea directamente o bien como agente dinamizador y regulador.

 

¿No significa esto un ‘retroceso’ respecto al pensamiento desarrollista-industrial que primaba en la izquierda latinoamericana? La clave es entender el problema de las ‘ventajas comparativas’. Como plantea Maristella Svampa, el neo-extractivismo fue adoptado como reacción al fracaso de las políticas neoliberales implementadas bajo la lógica del Consenso de Washington durante la década de 1990 en gran parte del continente. Esto dió paso a lo que la autora denomina Consenso de los Commodities[i], la entrada a un nuevo orden, a la vez económico e ideológico-político, sostenido por el boom de los precios internacionales de materias primas durante el auge de su demanda por los países del Norte-Global y las ‘potencias emergentes’ en el decenio 2003-2013, con China tomando un rol protagónico como socio comercial[ii].

 

La piedra angular del giro neo-extractivista es la Primera Reunión de Presidentes Sudamericanos en Brasilia, realizada los días 31 de Agosto y 1 de Septiembre del 2000. En este encuentro, los mandatarios acordaron acciones conjuntas para impulsar la integración económica, política y cultural entre los países, creándose la iniciativa de Integración de la Infraestructura Regional Suramericana (IIRSA), con el financiamiento y ‘orientación técnica’ del BID, el CAF y FONPLATA. La ideología tras esta plataforma es simple: “las fronteras suramericanas deben dejar de constituir un elemento de aislamiento y separación para tornarse un eslabón de unión para la circulación de bienes y personas, conformándose así un espacio privilegiado de cooperación”[iii]. Para esto era necesario avanzar en la modernización de los sistemas carreteros, las redes de transmisión energética y las telecomunicaciones.

 

Durante la primera década del siglo se conformó la topología operativa mínima del nuevo régimen de gestión territorial continental, permitiendo la optimización del movimiento de mercancías entre nodos extractivo-productivos, ecosistemas urbanos transmetropolitanos y terminales logístico-portuarios aeréos y transoceánicos. Es interesante ver como muchos de lxs chairxs que actualmente se oponen a la Devastación producida por los mega-proyectos extractivos a lo ancho de Abya Yala, hace poco más de una década veían en esto una epifanía de la ‘Unión entre los Pueblos de América Latina’, y se hacían parte de aquello tocando tambores y pintándose el cuerpo en actos multiculturales de apoyo a Evo Morales.

 

Aunque la hinchada de Evo tenía algo de razón. La reunión de 2000 sería el antecedente directo de la creación de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), cuyo Tratado constitutivo fue firmado el 23 de mayo de 2008[iv].Su bautismo de fuego fue la crisis interna desatada en Bolivia aquel año, que enfrentó al gobierno del MAS y su base social de apoyo de mayoría indígena en el centro-oeste del país, contra la oligarquía terrateniente blanca que gobernaba en los departamentos de la ‘media luna’ ubicada en las tierras bajas orientales. El amague de guerra civil entre La Paz y Santa Cruz afectaba la integración territorial de la región. El movimiento indigenista debía ser capaz de sobreponerse a la reacción que estaba deteniendo el desarrollo de Los Pueblos de Latinoamérica.

 

El 15 de septiembre de 2008 se llevó a cabo la Primera Cumbre de UNASUR en Santiago de Chile, convocada con carácter de emergencia. Fue la oportunidad clave para enviar una señal desde ‘el progresismo’, que esos momentos parecía consolidado a escala continental, mostrándose como un bloque fuerte capaz de imponer su plan de desarrollo estratégico sobre los intereses particulares, representados como reaccionarios, convirtiéndose en un antecedente para posibles resistencias futuras. La gilada pachamámica tenía un punto a su favor. Incluso antes de que UNASUR entrara en pleno funcionamiento el 2011, el gobierno de Evo -y por tanto, el proyecto latinoamericanista bolivariano– contaba con una infraestructura firme.

 

Border-scape

 

No obviar lo siguiente. IIRSA reorganiza Suramérica en 10 Ejes de Integración y Desarrollo (EID). Estas son franjas multinacionales conformadas en torno a corredores logísticos que conectan diversos nodos operativos territoriales a partir de criterios técnicos como: cobertura geográfica de países y regiones; flujos existentes; flujos potenciales; y sostenibilidad ambiental y social[v]. He aquí el gran paso dado hacia la modernización logística. Los criterios que conforman estas nuevas redes territoriales exceden las filaciones estratégicas tradicionales establecidas en el marco de los régimenes soberanos nacionales conformados entre los siglos XIX y XX. Debemos recordar que la identidad nacional de la mayoría de los países de la región se ha construido a partir de la exaltación de la defensa militar de los intereses patrios ante conflictos fronterizos. Bajo la nueva lógica territorial, estos conflictos ‘entre-países’ se convierten en problemas de gestión interna del sistema logístico continental en el marco de la economía-mundo. Y en eso pasa lo de Táchira.

 

El 19 de agosto de 2015 son emboscados con armas largas tres miembros de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) y un civil que participaban de un operativo anti-contrabando en San Antonio de Táchira, en el límite norte con Colombia. Ese mismo día, en un contacto telefónico con la estación estatal Venezolana de Televisión, el presidente Nicolás Maduro anunció el cierre de las frontera durante 72 horas, aduciendo la participación de grupos paramilitares colombianos que se encontrarían operando en la zona[vi].Esto resultaba un arma de doble filo. Un mes antes Maduro había comenzado la Operación de Liberación del Pueblo (OPL), una medida de militarización del control social que apuntaba a frenar la ola de violencia que por esos días convertía a Caracas en la ciudad con más homicidios en el mundo[vii]. El sueño bolivariano mostraba su lado splatter.

 

Desde una mirada estratégica algo corta, la presencia de un enemigo ‘externo’ podía significar un elemento cohesionador ‘interno’ que legitimase la política represiva del gobierno: después de todo, era necesario defender la Patria. El 21 de agosto se declaró el estado de excepción en algunos municipios del estado de Táchira, medida que se amplió más tarde de manera parcial al estado de Zulia. La represión hacia la comunidad colombiana que habitaba en la zona de la frontera norte fue brutal, seguida por masivas deportaciones, lo que generó tensiones entre Colombia y Venezuela.

 

Estas tensiones se agudizaron el 8 de septiembre tras el cierre del paso de Paraguachón, entre Zulia (VZLA) y La Guajira (COL), debido a la dependencia económica entre ambas regiones, que integran un corredor biocultural de carácter tradicional cimentado en torno a la comunidad indígena wayuu[viii]. Además de cortar cadenas de suministros, el cierre de esta frontera separó familias que habían construido sus formas de vida por sobre –y a través de– los límites imaginarios de las soberanías nacionales, produciéndose una crisis que obligó a establecer un corredor ‘humanitario’ que permitiese –al menos– el tránsito de niños a sus escuelas. Los organismos internacionales tenían que intervenir.

 

En el marco de IIRSA, el paso transfronterizo de Paraguachón es uno de los ‘proyectos ancla’ del EID Andino, que involucra las economías de Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia y Venezuela. La infraestructura se inscribe en el G1: Conexión Venezuela (Eje Norte Llanero) – Colombia (Zona Norte), como parte de la arteria que organiza el tránsito terrestre en el borde norte de Suramérica a través del Troncal del Caribe[ix]. Cerrarlo es afectar el flujo terrestre entre el Caribe y la columna económica formada a lo largo de Los Andes. Pero su efecto no solo era económico. La decisión de Maduro de cerrar la frontera lo convertía en un agente reaccionario para la modernización y el desarrollo de Los Pueblos de Latinoamérica promovida desde la propia UNASUR. El corto-circuito logístico fue a la vez un corto-circuito ideológico.

 

De todas maneras, el 2015 fue un mal año para el sueño bolivariano. A escala de política interna, el chavismo perdió el control sobre el poder legislativo venezolano por primera vez desde 1998, ante la coalición opositora Mesa de la Unidad Democrática (MUD). Además, a escala regional, el Banco Mundial proyectaba estancamiento económico para América Latina, en parte empujada por la recesión que se vivía en Brasil desde el año anterior, pero principalmente debido al descenso de los precios internacionales de materias primas. Con un el barril de crudo venezolano a US$72 y los futuros de la soja desplomándose en la bolsa de Chicago, ‘la era dorada de los commodities’ se daba oficialmente por cerrada[x].

 

Pero quizás la principal derrota se da en el campo político. En noviembre de 2015 la señora K perdió  las elecciones presidenciales argentinas en segunda vuelta ante el empresario del fútbol Mauricio Macri. Unos meses más tarde, un impeachment del Senado de Brasil saca a Dilma Rousseff de la cabeza del gobierno. Para 2016, las señales de recesión y los casos de corrupción develados en todos los países del continente estaban poniendo contra las cuerdas a proyectos políticos que parecían consolidados. El discurso populista que sostenía a los ‘gobiernos progresistas’ comenzó a dar un giro hacia la derecha. ‘Ke se vayan todxs’ 2.0.

 

Al caer el PT y el kirchnerismo, se debilitaban los pilares de la composición estratégica de UNASUR como plataforma de defensa y desarrollo del proyecto bolivariano. Sin este apoyo, la movida del cierre fronterizo llevada a cabo por Maduro dejaba expuesta la legitimidad de su régimen, en un nuevo escenario político continental donde prima el signo político contrario.

 

Fiesta-grande-tropikal

 

Durante febrero de 2019 toda América Latina vibra al ritmo de la miseria tropikal. El viernes 15 Richard Branson –fundador del conglomerado multinacional Virgin Group– da a conocer la iniciativa Venezuela Aid Live[xi], a realizarse en la ciudad fronteriza de Cúcuta (COL) una semana después, el viernes 22. Al estilo de las grandes convocatorias televisuales globales de las décadas 1980-1990, están confirmadas estrellas de la música latina como Maluma, Juan Luis Guerra y Carlos Vives. En el humor, Sebastián Piñera. El objetivo es hacer un evento caritativo multimedia que permita apoyar al pueblo venezolano desde todo el planeta a través de transferencias bancarias. Y ‘de paso’, claro, posicionar a Juan Guaidó, presidente designado por la Asamblea Nacional de Venezuela, como gobernante legítimo del país ante los ciudadanos-espectadores del planeta. Mmm, no sé. Chasquilla con laca. Hasta para ser bananero me parece pasado de moda.

 

La participación de Piñera en Cúcuta no es algo menor. El mandatario chileno, junto a su homólogo colombiano Iván Duque, han sido los principales impulsores de una nueva institucionalidad regional que sustituya a UNASUR, cuya primera reunión se proyecta para marzo del año en ciernes en Santiago de Chile. El pasado 18 de febrero Piñera ha señalado a través de su cuenta de Twitter que PROSUR –nombre dado al nuevo referente–  se creará “para una mejor coordinación, cooperación e integración regional, libre de ideologías, abierto a todos y 100% comprometido con democracia y DDHH”[xii]. Sic erat scriptum.

 

Esta nueva entidad tiene su antecedente en el Grupo de Lima, instancia multilateral formada el 8 de agosto de 2017 en una cumbre realizada en la capital peruana con la presencia de representantes de 14 países del norte, centro y sur del macro-continente americano, con el propósito de dar seguimiento y lograr una salida pacífica a la ‘crisis venezolana’. Su principal hito estratégico geopolítico ha sido desconocer la legitimidad del nuevo periodo presidencial de Nicolás Maduro[xiii].

 

En su tweet Piñera acusa a UNASUR de ‘exceso de ideología’, pero lo que dice entre-líneas es ‘obsolecencia ideológica’. Durante agosto de 2018, Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Paraguay y Perú deciden suspender de forma indefinida su participación en la entidad aduciendo la situación de acefalia que ésta atraviesa desde inicios de 2017, al terminar el periódo del ex-presidente Colombiano Ernesto Samper como secretario general. Una de las principales críticas apuntan al bloqueo que mantuvieron Bolivia y Venezuela ante la propuesta de Argentina de poner a José Octavio Bordón –actual embajador en Chile– en el cargo.

 

La situación más crítica, sin embargo, la protagoniza Colombia, quien a través de su canciller Carlos Holmes Trujillo declara el 10 de agosto de 2018 su salida total de UNASUR al considerarla como una “caja de resonancia de Venezuela” y “cómplice de la dictadura”[xiv]. Debemos recordar que el presidente Duque, quien había asumido tres días antes de los dichos del canciller, tomó como uno de sus puntos fuertes de campaña el desarrollo de una política anti-chavista (o bien, anti-Maduro) sostenida precisamente en la crisis que ambos países vivieron en 2015, y que cuyos efectos eran evidentes en las zona fronteriza debido al éxodo masivo de venezolanos.

 

Venezuela Aid Live es una demostración de fuerzas de los países e intereses representados en el Grupo de Lima, quienes buscan legitimarse como un bloque capaz de gestionar soluciones concretas –‘no ideológicas’– frente a la ‘crisis humanitaria’ en Venezuela. La premura con que se lleva a cabo la organización del evento buscar presentar de las redes de apoyo internacional con que cuenta la nueva institucionalidad continental. Sin embargo, ni Brason ni Duque ni Piñera contaban con que el gobierno bolivariano de Nicolás Maduro, a través de su ministro de Comunicación e Información Jorge Rodríguez, anunciaría la realización de otro concierto masivo en la frontera. El evento, enmarcado en la campaña internacional Hands off Venezuela / Manos fuera de Venezuela, se llevará a cabo en el Puente Internacional Simón Bolivar –estado de Táchira– durante los días 22 y 22 febrero. En la cobertura realizada por TeleSur, el periodista Luis Taveras da en el clavo: lo relevante es ‘la logística’[xv].

 

Como señalaba Susan Leigh Star, las infraestructuras solo son visibles cuando fallan[xvi]. En este caso no se trata de un puente o una carretera, sino de un régimen ideológico-político que durante 15 años sirvió como horizonte de integración identitaria y territorial para la región suramericana. UNASUR había sido parte de este sistema gestión trans-nacional, al servir como plataforma donde los gobiernos  democráticamente elegidos podían plantear y desarrollar estrategias conjuntas, defendiendo los procesos de modernización que los mantenían encadenados a un mismo fin. ¿Significa esto que dicho fin común ya no existe? Al contrario, el que nadie se cuestione la integración económica de Suramérica  dice mucho al respecto. Venezuela Aid Live versus Hands Off Venezuela, PROSUR versus UNASUR. El problema no es la integración, porque ella ya se ha realizado de facto. Sobre esto hay que recordar que, si bien la iniciativa IIRSA fue incorporada por UNASUR como parte del Consejo Suramericano de Infraestructura y Planeamiento (COSIPLAN) durante 2009, los líneamientos son trazados desde el Comité de Coordinación Técnica (CCT), donde BID, CAF y FONPLATA siguen siendo quienes proponen/imponen las dinámicas a seguir[xvii]. Después de todo, tanto Maduro y Evo, como Duque y Piñera, aceptan sin mayor cuestionamiento el marco de acción que les imponen los EID sobre sus soberanías nacionales. ‘Ventajas comparativas’.

Con una lucidez un tanto asfixiante, Keller Easterling nos advierte que las transformaciones territoriales ya no están siendo escritas -o al menos, no solamente– en el lenguaje soberano de la ley y la diplomacia política tradicional, si no que se encuentran codificadas en la configuración espacial que producen las infraestructuras[xviii]. En ese sentido, este viernes 22 de febrero de 2019, sea Maluma o Roger Waters, en los escenarios a ambos lados de la frontera venezolano-colombiana todes unirán sus voces para cantarle a las cadenas de suministro global. Los tele-espectadores del mundo decidirán quién lo hace mejor.

 

NOTAS

[i]  Para más detalles, Svampa, M.N. Consenso de los commodities y lenguajes de valoración en América Latina. Nueva Sociedad 244(4), 2013, 30-46. Disponible en http://hdl.handle.net/11336/6451

[ii]    Para revisar datos sobre el ‘decenio del auge exportador’ en América Latina, y la nueva posición de China como socio comercial para la región, revisar el documento firmado conjuntamente por OCDE, CAF y CEPAL, Perspectivas para América Latina 2016: Hacia una nueva asociación con China. Disponible en https://repositorio.cepal.org/bitstream/handle/11362/39535/S1501061_es.pdf

[iii]  Una copia del Comunicado de Brasilia. Reunión de Presidentes de América del Sur, Septiembre del 2000, fue publicado en la Revista del Centro Andino de Estudios Internacional 1, 2001, 177-193. Disponible en repositorio.uasb.edu.ec/bitstream/10644/2063/6/RCI-01-AR1.pdf

[iv]    El Tratado Constitutivo de la Unión de Naciones Suramericanas está disponible en http://www.unasur.int/images/descargas/DOCUMENTOS%20CONSTITUTIVOS%20DE%20UNASUR/Tratado-UNASUR-solo.pdf

[v]   Sobre la Metodología de la Evaluación de Grupos de proyectos se puede revisar http://www.iirsa.org/admin_iirsa_web/Uploads/Documents/acp_presentacion_%20metodologia_evaluacion_grupos_%20proyectos.pdf. La primera materialización de esto puede leerse en la Cartera de Proyectos de los Ejes de Integración y Desarrollo de 2003, disponible en http://www.iirsa.org/admin_iirsa_web/Uploads/Documents/lb03_completo.pdf

[vi]  Una cobertura ‘oficialista’ del anuncio de Maduro de cierre de fronteras y declaración de estado de excepción, puede revisarse en https://www.telesurtv.net/news/Maduro-anuncia-cierre-de-frontera-con-Colombia-tras-ataque-paramilitar-20150819-0085.html

[vii]  Para más detalles, puede revisar https://www.bbc.com/mundo/noticias/2016/01/160125_venezuela_caracas_ciudad_violenta_dp

[viii]  Sobre el devenir transfronterizo de los Wayuu, http://base.d-p-h.info/es/fiches/dph/fiche-dph-7124.html

[ix]  Para un mapa del proyecto ‘Corredor Santa Marta-Paraguachón’, revise https://www.geosur.info/geosur/iirsa/pdf/es/g1_and.jpg

[x] Una revisión general al respecto puede leerse en https://aldhea.org/america-latina-los-commodities-y-el-final-de-la-epoca-dorada/

[xi]  La declaración Brason puede leerse en el sitio web del grupo Virgin, https://www.virgin.com/richard-branson/join-venezuela-aid-live-support-cause. El sitio oficial del evento, donde además se pueden realizar las donaciones de ‘ayuda humanitaria’ a Venezuela, es https://venezuelaaidlive.com/

[xii] El tweet original puede leerse en https://twitter.com/sebastianpinera/status/1097508516569509888

[xiii]  Sobre esto, se puede leer una copia de la declaración del Grupo de Lima sobre la ilegimidad del gobierno de Maduro en https://minrel.gob.cl/comunicado-del-grupo-de-lima/minrel/2019-01-04/171540.html

[xiv]  Más información en https://www.jornada.com.mx/ultimas/2018/08/28/colombia-abandonara-unasur-anuncia-duque-2867.html

[xv]   https://www.youtube.com/watch?v=jv0I0MJ-ldQ

[xvi]  Star, S.L. The etnography of infrastructure. American Behavioral Scientist 43, 1999, 377-391. Disponible en https://www.imtfi.uci.edu/files/articles/Star.pdf

[xvii] Pesara ver un organigrama de COSIPLAN, revisar http://www.iirsa.org/Page/Detail?menuItemId=123. Sobre las funciones y atribuciones de IIRSA en este marco, revisar el Artículo 2, Capítulo 5, punto B del reglamento de COSIPLAN, disponible en http://www.iirsa.org/admin_iirsa_web/Uploads/Documents/cosiplan_reglamento.pdf

[xviii] Easterling, K. Extrastatecraft: the power of infraestructure space. London: Verso. 2014.

Líneas erráticas

23feb-19
Publicada el 23 febrero, 2019
por admin

Por Peter Pál Pelbart

Fernand Deligny extrajo de su convivencia de décadas con los autistas una reflexión aguda sobre un modo de existencia anónimo, a-subjetivo, no subjetivado y refractario a toda domesticación simbólica. Buscaba una lengua sin sujeto, o una existencia sin lenguaje, apoyada en el cuerpo, en el gesto, en el rastro. Llevó al extremo una meditación sobre lo que es un mundo previo al lenguaje o al sujeto, no en el sentido de una anterioridad cronológica, pero sí de una existencia regida por otra cosa que no es aquello que el lenguaje supone, acarrea e implica: la voluntad y el objetivo, el rendimiento y el sentido. El hombre- que- somos descendería menos de los monos que de las arañas: la gestualidad primera que consiste en tejer una red, o trazarla a través de una mano que no pertenece a quien parece poseerla, es de una gratuidad que no se inscribe en la dialéctica de la comunicación o de la finalidad. Deligny contrapone actuar y hacer. Hacer es fruto de la voluntad dirigida a una finalidad, por ejemplo, hacer obra, hacer sentido, hacer comunicación, mientras que actuar, en el sentido particular que le atribuye el autor, es un gesto desinteresado, el movimiento no representacional, sin intencionalidad, que consiste eventualmente en tejer, trazar, pintar, sin límites, hasta mismo en escribir, en un mundo donde el balanceo de una piedra y el ruido del agua no son menos relevantes que el murmullo de los hombres…[1] En ese mundo, el lenguaje “todavía no está”, ese que nos permite hablar en el lugar de los otros, pensar por ellos, hacer que sean o que desaparezcan, decidir su destino. De ahí la necesidad de hablar contra las palabras, suspender el privilegio del proyecto pensado, colocarse en la posición de no querer a fin de dar lugar al intervalo, a lo tácito, a lo extravagante, a la “desubjetivación”. Ninguna pasividad ni omisión, al contrario, es preciso “limpiar el terreno” constantemente, liberarlo de lo que recorta el mundo en sujeto/objeto, vivo/inanimado, humano/animal, consciente/inconsciente. Sólo así es posible trazar las líneas de errancia[2], establecer lugares. De la araña interesa no sólo el tejer incesante, sin finalidad (pues Deligny duda de que la finalidad de la tela sea atrapar a la mosca), sino que importa la propia tela arácnida, esto es, la red.

 

La red

Cuando Deligny describe, en su libro Lo arácnido, su concepción de red, extraída de las telas de arañas, el dice: “Los azares de la existencia me hicieron vivir más en red que de otro modo (…) la red es un modo de ser (…) la red me espera en todas las curvas. Esta de aquí, que ya tiene quince años de edad (…) En estos días me he preguntado si ese proyecto no es un pretexto, siendo el proyecto verídico de la red en sí, que es un modo de ser”. (Deligny, 2015). E indaga si es posible decir que la araña tiene el proyecto de tejer su tela. “Mejor decir que la tela tiene el proyecto de ser tejida (…) En cuanto a lo que me concierne, y en cuanto a retroceder en el curso de la creación, me detengo en la araña, al mismo tiempo que muchos no van más allá del propio abuelo”. Contra la insistencia de algunos en leer lo humano bajo el signo de las estructuras de parentesco, Deligny tiene la paciencia de querer hacerlo a la luz de la “estructura de la red”, por así decir, y él la descubre por todas partes, desde su infancia, en la adyacencia precisamente de espacios prohibidos o interceptados o vagos. En todo caso, los trayectos hacen una red, y esa red no tiene otro objetivo que aprehender las ocasiones que el azar ofrece, pero ocasiones que solo aparecerían una vez que, en el vagar, algo fuese encontrado. Por lo tanto, no se trata de encontrar lo que ya existe, ni tampoco lo que se busca, pero sí de crear a través de ese vagar aquello que se encuentra -es una pesca que crea el pescado, por así decir. Es una pesca de red, allí donde no había nada. Vagar es un infinitivo que debe permanecer en tanto tal, para preservar, dice Deligny, su extrema riqueza, y sólo se lo consigue en la medida en que el espacio permanece vago, todavía no está “ocupado”, o debe ser “desocupado”.

El mérito de la dimensión arácnida, según Deligny, consiste en estar fuera de la voluntad, de lo consciente o inconsciente, más cerca de lo innato, de algo del orden de una era, de una época, no geológica, pero humana- inhumana, un estrato humano- inhumano que se habría eclipsado con todos los sedimentos que hacen de nosotros los hombres-que-somos. Si la analogía con la araña tiene sus límites, es por ser la tela la obra de una sola araña, mientras que precisamente la red es obra de muchos, y, en el caso humano, por ejemplo, no necesita de un maestro de obras, un autor que tuviese su diseño previamente en la cabeza. Cuando hay un claro diseño previo buscado, presente en la cabeza del autor, es ahí que desaparece la dimensión de “actuar”, de “vagar”, en favor del “hacer”, por lo tanto ya finalizado, con lo que desaparece el carácter de red. Pues, “la red (…) está desprovista de todo para; todo exceso de para reduce la red a andrajos en el momento exacto en que la sobrecarga del proyecto es en ella depositada.” (Deligny, 2015) Por lo tanto, el proyecto puede ser la muerte de la red, cuando se lo toma por razón de ser de la red, la red es sin razón, o mejor, es de especie. Pero difícilmente el hombre-que-somos admitiría no ser el maestro. Algo en la naturaleza de los desastres hace que los seres se aproximen y se consideren indispensables unos a los otros, y nutran unos por los otros una simpatía particular. Deligny recuerda cómo se formó una red durante la guerra, cómo se escondieron en una gruta, y cómo la red se disolvió cuando fue recibida la noticia del armisticio. Por lo tanto, de la guerra hasta el asilo la lógica era la misma: la red se convirtió en el modo de ser de Deligny, de sobrevivir, de super-vivir. Modo de ser no propiamente disidente, antes refractario, como dice él, y refractario no sólo a la guerra, pero (sí) al propio hombre capaz de ella… Como si justamente ahí se debiese buscar lo que él llama de humano, de ser humano, que nosotros llamaríamos de humano- inhumano, porque justamente contraría todo aquello que entendemos por humano, consciencia, voluntad, deseo, inconsciente, etc. Es en ese espíritu y contexto que Deligny constituyó la red con los autistas, y la pregunta que regresa a veces en la pluma del autor, que está lejos de ser un filósofo, es: ¿qué significa lo humano? Y la respuesta que le viene, aún menos filosófica, es: nada. Humano es el nombre de una especie, siendo la especie aquello que desapareció para que el hombre, tal como él se toma, pudiese aparecer. Hay un elogio de esa característica de la araña o del castor de estar “entregados a lo innato que los anima”, sin que tengan que “hacer como”, esto es, imitar, “como padremadre”[3]… La red es como una necesidad vital. Cuatro o cinco adolescentes inertes, solitarios, bestificados, de repente se vigorizan- efecto de red… Mismo que el “proyecto” común fuese matar a una vieja en la casa de quien uno de ellos trabajaba algunos años antes. ¿Pero será que lo que los vigoriza es la idea misma de asesinar a la vieja? ¿O, antes, el modo de ser que, en el medio del tedio asilar, hace el acontecimiento? Sería preciso leer Los Demonios, de Dostoievski, a la luz de esa extraña teoría de la red….

En vez de ser de razón, el humano es ser de red (non pas être de raison, être de réseau). Donde la frase escandalosa: “Respetar al ser autista no es respetar el ser que el sería en la condición de otro; es hacer lo necesario para que la red se trame” (Deligny, 2015: 109) Por lo tanto, nada peor que aislarlo de la red para focalizarlo como una “persona”, un “sujeto”, a quien le faltaría, por ejemplo, el lenguaje… La red, a su vez, es más que un accidente social, es necesidad vital, escapatoria, intervalo, deserción, disidencia, guerrilla, común. Si, como lo dice Deligny, todo hombre, en cualquier lugar y época, es ser de red, esto no significa una universalidad de lo colectivo, ni siquiera de comunidad, en el sentido de un circuito cerrado, pero (sí) la necesidad de una “salida”. El territorio común que Deligny creó con los autistas, es una red, una salida, una disidencia, un abrigo, pero también un afuera, una exterioridad, lejos de cualquier comunitarismo auto referido. Significa que toda red está vuelta hacia afuera, para su exterior -ella no es un circuito cerrado. Ni socialización, ni inclusión, ni cura, pero distancia de aquello que sofoca, lugar y evasión. Siempre que “el espacio se torna concentracionario, la formación de una red crea una especie de afuera que permite a lo humano sobrevivir” (Deligny, 2015: 18). Pero, justamente para que ese humano sobreviva, debe desprenderse de la imagen unitaria que el impregna, centrada en torno del sujeto. He aquí una antropología reversa, que tal vez fuera capaz de leer nuestra saturación de sentido y de intenciones, de subjetividad y de palabras, de arrogancia humanista, en suma, a partir de la dimensión que Deligny llamaría innata o humana.

 

Hilos del alma

Lo que importa, al final, para Deligny y para el autista que lo acompaña o que él acompaña, ese ser que entra en pánico cuando algo sale de lugar, son las referencias, animadas o inanimadas -una roca, una cuerda, una cierta fuente… Pues son los puntos a partir de los cuales puede tejerse una tela, son las referencias que despiertan un apego extremo, donde la cosa y el lugar de la cosa son lo mismo, y a partir de las cuales se pueden extender hilos, invisibles para nosotros, pero que deberíamos conseguir imaginar, o suponer, en todo caso respetar, pues es con esos hilos invisibles extendidos en medio de un espacio que se constituyó una tela, una red en la cual la vida es posible y cuya destrucción puede desencadenar un desastre, igual y sobre todo cuando alguien pisa en los hilos con sus zuecos profesionales… ¿Qué es lo que ligan, esos hilos? Sí, referencias, más tales como las detectadas por los autistas, en medio de la errancia, de los trayectos de errancia o de los trayectos costumbreros. Detectar esos puntos o esas referencias es algo como una operación vital de la especie, es su “aparato psíquico” primario.

Por lo tanto, errar, detectar, urdir los hilos. Esos hilos extendidos entre las referencias, dice Deligny, son para el autista como su alma, que el no quiere perder, así como nosotros no queremos perder la conciencia, mismo cuando nos perdemos… Actuar, pues, en el sentido estricto que le da Deligny, es también evitar la ruptura de esos hilos, o cuidar para que ellos estén bien tensionados.

 

Tentativa

De ahí todo el trabajo de urdir, con ellos, lo que Deligny llama una tentativa -no es un proyecto, no es una institución, no es un programa, no es una doctrina, no es una utopía- pero una tentativa, dice él, frágil y persistente como un hongo en el reino vegetal…Una tentativa esquiva las ideologías, los imperativos morales, las normas. Una tentativa sólo sobrevive si no se fija un objetivo, incluso cuando inevitablemente es llamada a realizarlo. Porque están los hilos, la tela, esa manera de protegerlas, y al mismo tiempo las innumerables tácticas de esquivar, esquivar todo lo que pide, todo lo que incluye, que obliga, que amarra, esquivar todo aquello que implica una interacción intersubjetiva, o que él llama de un semblabiliser “semejantizar”, esa identificación incesante por la cual nos constituimos, esa monada aún más cuando ella es “amorosa” en exceso, esto es, aprisionante como sólo el amor consigue ser. Por lo tanto, nada de “reciprocar”, pero otra cosa, dice él, “costumbrear”, lo “costumbrero”, el permitir. Costumbrear implica lo más al ras de la tierra, hacer pan, cortar leña, lavar la loza, comer, vestirse, esto que exige la existencia, y que, sin embargo, es algo distinto del mero hábito, pues es en medio de esa repetición colectiva que cada instante puede ser ocasión para un desvío, una interrupción, una iniciativa. Se trata, pues, no de una repetición mecánica, aunque hay un componente de repetición, no costumbrear, pero (sí) de permitir, para usar un léxico más filosófico, que de la repetición se extraiga la mínima diferencia, aquel desvío mínimo donde se dé un acontecimiento, lo inadvertido.

Una tentativa es comparable a la balsa. Pedazos de madera ligados entre sí de manera bastante suelta para que, cuando vengan las olas del mar, el agua atraviese los vanos entre los troncos y la balsa consiga continuar flotando. Es apenas así, con esa estructura rudimentaria, que quien está sobre la balsa puede flotar y sostenerse. Por lo tanto, “cuando las preguntas se abaten, nosotros no cerramos las filas, no juntamos los troncos- para construir una plataforma concertada. Al contrario. No mantenemos sino aquello del proyecto que nos liga.” De ahí la importancia de los lazos y del modo de ligazón, y de la distancia misma que los troncos puede tomar entre ellos. “Es preciso que el lazo sea lo suficientemente flojo y que no se desate” (Œuvres, 2007: p.1128) Yo diría, abusando de la fórmula, que es preciso que el lazo sea suficientemente suelto para que no se suelte. La balsa, también dice Deligny, no es una barricada. Pero “con lo que quedó de las barricadas, podrían construirse balsas…”

 

Se

Ahora bien, el autista es definido por la vacancia del lenguaje y, a los ojos de algunos, es eso que le falta por razones que las diversas corrientes del psicoanálisis o de la psiquiatría habrán de explica a su modo – nada de eso interesa a Deligny, sorprendentemente. Para él, todo el problema es cómo evitar que el lenguaje mate – solo de decir “ese chico” ya se produce una identidad, y que no decir de todo nuestro andamiaje nosográfico… Y la pregunta que le viene es: ¿cómo permitir al individuo existir sin imponerle el Él, el Sujeto, el Se, o Se ve, toda esa serie que le imputamos, bajo un modo privativo? Pues Deligny está convencido de que él no Se ve, pues no hay justamente El que pudiese Se. Donde ese pasaje, que en francés está así formulado: non pas Se voir, mais ce voir. No Se ve, pero esever, un verdadero neutro o indefinido, que no implica precisamente un centro subjetivo. Es un individuo en ruptura de sujeto. Nosotros somos siempre impedidos de señalar, de emitir signos, y con eso construimos un Adentro de la comunicación, de señales, de signos o de lenguaje, e incluimos a los autistas en ese espacio nuestro del Adentro, del cual forzosamente ellos se sienten excluidos. Deligny, al contrario, sustenta que ellos no están Adentro de ese circuito, y no nos cabe incluir-los, pero están expuestos, expuestos al Afuera, detectado a veces aquello que de Nosotros escapa, aquello justamente que no vemos porque hablamos, y que ellos ven porque no hablan…Por lo tanto, contra los signos, las referencias. Contra el sofisticado aparato que es el lenguaje, el “aparato de reparar”, tan complejo y sutil como el otro, pero con su propia lógica, que consiste en detectar las marcas o las referencias como un “infinito primordial”. Algunos dirán que hay todo un preconcepto de Deligny en relación al lenguaje como portador de sentido, finalidad, proyecto, rendimiento (Beckett tenía de eso la mejor conciencia poética), y que el autismo rechaza (así como la obra de Beckett erosiona), permitiendo concebir al lenguaje a partir de ese silencio, como eventualmente por venir, y habitar un régimen otro, evacuado precisamente de la finalidad…Así como el arte es para nada, y la política hace proyecto, aquí estaríamos ante el arte colocarse en el nivel de “para nada”, del acontecimiento infimo (para nosotros) que justamente contrasta con lo que se esperaría de una ansiedad totalizadora. Pues lo que está siempre en cuestión, para Deligny, no es el Todo, pero el resto… El Poder quiere el Todo, se exaspera, hace el inventario del ser y del tener, del si y del no, mientras Deligny piensa por lo esquivo, por donde brota lo a-consciente, donde esas distinciones no tienen importancia.

 

Lo a- consciente

Pascal Sévérac reconoce que Deligny opera una desvalorización de las facultades ordinarias del espíritu: el entendimiento, la conciencia, la conciencia de sí, la voluntad, la actividad finalizada, etc. La actividad del autista no debe ser pensada en función de una intencionalidad, pero como una “normatividad” instaurada por él, en el sentido que le daría Canguilhem: la capacidad de la vida de instaurar normas, de cambiarlas, de jugar con ellas. Po lo tanto, desvalorizar la normatividad espiritual del intelecto significa sustituirlo por una normatividad natural, “innata”, anterior al lenguaje. “Nada es más difícil que dejar a la naturaleza actuar”, dice Deligny. En contra de su tiempo tan político, él evoca una “naturaleza” o lo “innato”, la capacidad de actuar del ser a- consciente, pre- lógico o pre- lingüístico. El actuar es intransitivo, no significante, sin finalidad, para nada, arácnido. Sólo cuando la conciencia se eclipsa ese innato activo aparece, como naturaleza, en infinitivo, como natura naturans como “potencia del común”. No cabe sobrecargar la tela o la red de intención o sentido bajo pena de no dejar de afirmar la red como etnia singular. En el fondo, no hay necesidad de querer para actuar. “El actuar en lugar de el espíritu”, que Deligny defiende, recuerda Sévérac, está muy cerca de Spinoza. Al anunciar que “no sabemos todavía lo que puede un cuerpo”, Spinoza evoca la figura del sonámbulo. En la Ética III, el sonámbulo aparece como dotado de una potencia efectiva, real, incluso sin tener conciencia de actuar. Un suplemento de alma en ese caso podría inhibir su acción, tan desenvuelta, tan maquinal. De hecho, nadie sabe lo que puede un cuerpo por las leyes de la naturaleza, pues nadie conoce tan bien su estructura al punto de poder explicar sus funciones. Los sonámbulos hacen un gran número de cosas que ellos no osarían hacer en estado de vigilia, lo que muestra que el cuerpo tiene, el mismo, sus leyes, que pueden suscitar el espanto o la admiración de su espíritu. He aquí el spinozismo de Deligny: más fundamental que el espíritu consciente y hablante, hay un automatismo físico, una actividad corporal que no precisa del pensamiento para producir sus efectos. Lo propio de la naturaleza es naturar, dice Sévérac, que insiste que nada conviene mejor a Deligny que ese infinitivo, el que se considera un autor en infinitivo, un infinitivo que dice la primacía antropológica y ontológica del actuar -es esa máquina de actuar que se descubre para el espíritu, entendido como voluntad o consciencia. Un modo de ser maquinal, un automatismo de espíritu o autómata espiritual.

Pero Sévérac agrega que “actuar en el lugar del espíritu” no significa que el “actuar” reemplaza el espíritu, pero el actuar es el lugar mismo del espíritu, un espíritu pensado como no intencional, a-consciente. Así, el autor puede concluir que las líneas de errancia son los lugares mismos del espíritu, y lo trazado, que no quiere decir nada, es un actuar sin sujeto ni objeto.

 

 Líneas

¿Qué son, entonces, las líneas de errancia? Son el trazado, sobre hojas de papel transparente, del equipo de adultos que acompañan a los niños, a partir de los trayectos hechos por ellos a lo largo de un día, una jornada. En general, bajo la hoja transparente hay otra hoja, como un mapa físico del terreno recorrido. Entonces, se trata de trazar los trayectos de los niños autistas, de los adultos, en diferentes colores o modos: los trayectos de los autistas a veces en tinta china, con todos sus desvíos sutiles, giros, escapadas, recurrencias. Con otros medios o colores, el trayecto llamado costumbrero, línea flexible para el trayecto de errancia, y línea de fuga para los desvíos, las escapadas -todo eso, grosso modo. Pero, al final, ¿para qué trazar las líneas, hacer tales mapas? El mapa sustituye el hablar. Es una manera de evitar el exceso de comprensión que tornaría invivible la existencia del autista, y también aliviar al adulto de ese desafío, sobre todo para aquel operario, por ejemplo, que viene de una fábrica de camiones y que “no sabe” lo que es el autismo -no es “especialista”, y es esto lo que lo salva y salva al autista.

En vez de querer comprender, y eventualmente significar, interpretar, hay que trazar, cartografiar, diría Guattari, seguir el curso de las cosas, como se dice, seguir el curso de un río, y no fijarse en las supuestas intenciones siempre proyectadas, presupuestas… Seguir los gestos, y en eso percibir lo que todo eso, esa trashumancia -cabras, adultos, autistas, en desplazamiento, pero repasando a través de las referencias-, permite aquello que Deligny llamaría iniciativas. No interpelar, pero permitir. Fue preciso entonces crear un espacio para eso, esto es, para el resto, o sea, para aquello que es refractario a la comprensión, para ese dominio que un signo no cubre. Cuando lo venían a visitar, Deligny decía: venga a ver los acontecimientos a partir de mi ventana. Pero agregaba: ahora, si cada uno ve los acontecimientos a partir de su ventana, puede ser que el autista no tenga ventana. Pero él traza. Se trata, pues, de seguir ese trazado…[4]

 

Ahí

            Diez años después de iniciada esa experiencia por donde pasaron sesenta niños, pues ellos venían por uno, dos meses, a veces más, traídos por las familias, sobre todo durante las vacaciones de las instituciones que frecuentaban, con excepción de aquellos pocos que vivían allí todo el tiempo. Deligny relata lo que allí importaba, yo hablo de esa práctica de inscribir, sobre hojas transparentes, los trayectos de unos y otros, líneas de errancia, y de mirarlas, y elogiaba el hecho de que, acumuladas, ya no se sabía bien de quién eran, así que no importa el quién, y en ese olvido barajado era posible ver la superposición de los “restos” y la reiteración de lo refractario a toda comprensión. En vez del abrazo comprensivo o del emprendedurismo del monitor, o del maternaje o de cualquier guion de familiarismo que infantilizase, en vez de eso, el respeto -pero de qué? – de los encastres (chevêtres), las vigas madres de las ligaduras, son los ahí, puntos en que las líneas se cruzan en el espacio y en el tiempo, puntos que a veces son comunes en diferentes mapas. Hay, por ejemplo, en esas líneas de errancia, lugares de atracción, por ejemplo, la fuente de agua, o mismo una corriente de agua otrora objeto de culto, ya cubierta, que sólo los autistas detectan. El autista que Deligny adopta en 1967, y que convive por años, rebautizado Janmari, se curva delante del agua, hace como una reverencia, y pasa mucho tiempo oyendo y contemplando, su cuerpo en total vibración, exultación… el agua, como dice Deligny, no es para él un objeto pues él no es un sujeto…el agua, sin ninguna utilidad, ningún provecho, ninguna finalidad, no tiene nada que ver con la sed del animal, pues la atracción por el agua viene antes de la sed y es inagotable. Es una ligadura que no debería ser rebatida sobre lo discursivo[5].

 

El mínimo gesto

Por un lado tendríamos el perorar (hablar con afectación, llevar un discurso hasta el final), que es lo que nos es común a todos, y, por otro lado, el detectar, el reparar, ese ver que es lo esencial en los niños privados de perorar…. Ellos no miran, ellos ven, ven sin mirar, videntes[6]….Ese ver (ce voir), y no verse (Se voir), de modo que, entre nuestro punto de vista y el “punto de ver” del autista, hay una fisura. Y en el área de estancia donde se da la convivencia, en general un claro en un terreno amplio, accidentado, lleno de piedras y reentradas, como las Cevenas, esa fisura aparece, sin impedir que se componga lo común… En los mapas, también aparece la ranura entre el Verse y ese ver, inclusive por las líneas diseñadas diferentes, y no se trata de llenarla de lo que Deligny llama la memoria étnica, lenguajera, consciente o inconsciente, sustituyéndose la memoria específica, a- consciente. La imagen del bonhomme, del hombrecito[7], no debería sobreponerse al trayecto -y todo el peligro, es que el trayecto sea “humanizado”. En los primeros mapas no se transcribía lo que se “hacía”, aunque con el tiempo se fueron agregando pequeños signos, o palabras, tales como “estibar”, “carga”, “cáscara”, “lavado”, y, con la multiplicación de esas palabras, se depositó como una sobrecarga de haceres, a contramano de aquello que desde el inicio estaba colocado, el actuar contrapuesto al hacer, el actuar que abre a la iniciativa, a los gestos inadvertidos, sin finalidad… Como en el film El menor gesto, con Yves, persona con deficiencia mental que, cuando llegó a Deligny, conseguía mal bajar una escalera, tan restringido en sus gestos y movimientos y que, en el film, es lanzado en el espacio abierto de las Cevenas, donde, frente a la cámara, para sorpresa general, encuentra las circunstancias propicias para alargar sus gestos, que se multiplican, varían, se inventan, ampliando su campo de posibilidades. Esa habría sido la intención de José Manenti al realizar con Deligny El menor gesto: no hacer un film, pero favorecer la ampliación del gesto de Yves en un espacio abierto.

           

[1] Esa distinción puede ser remitida a Artistóteles, que diferencia una poiesis, un hacer que tiene por objetivo un producto fuera de si (hacer obra), y la praxis, que es un actuar cuyo sentido se agota en si (el buen actuar).

[2] Nota de traducción: “líneas de errancia” es una traducción interpretativa de la expresión en francés “lignes d’erre” empleada por Deligny.

[3] Nota de traducción: “padremadre” es un neologismo que Deligny emplea en “L´Arachnéen et autres textes”. En castellano: “Lo Arácnido y otros textos”. Editorial Cactus, Argentina. 2015 (Ver: páginas  29 y 38).

[4] F. Deligny, O aracniano e outros textos Op. Cit. P. 147

[5] F. Deligny, Oeuvres. Op. cit. P. 804.

[6] En un libro reciente, Erin Manning se vale de poemas y textos mecanografiados por autistas para aproximarse al universo de ellos, de su percepción, sensibilidad, articulaciones, pensamientos. De eso ella extrae un fascinante panorama de aquello que, al parecer una afectibilidad disminuida es, de hecho, una sensibilidad ampliada, en la cual no hay privilegio de lo humano, pero si una relevancia de todos los elementos y de sus conexiones, sin discriminación: “todo está vivo”.

[7] Nota de traducción: hombrecito o monigote. Deligny emplea esta expresión para referirse tanto al monigote que dibujan (o no) los niños, como al dibujo de una pequeña figura humana, en algunos mapas, que indicaba la presencia cercana de un adulto.

Fuente: http://lobosuelto.com/?p=22734

Mónica Bruckmann: «Si el programa de Bolsonaro se pone en práctica asistiremos a la profundización de una reprimarización de la economía brasileña»

23feb-19
Publicada el 23 febrero, 2019
por admin

Por Natalia Aruguete

Natalia Aruguete.- ¿Cómo evalúa las iniciativas en política exterior del gobierno de Bolsonaro?

Mónica Bruckmann.- Asistimos al abandono de la política exterior inaugurada por el primer gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva, donde Brasil dinamizó los procesos y proyectos de integración regional. Este cambio se inició con el gobierno de Temer, cuyo canciller José Serra declaró que la UNASUR ya no tenía mayor importancia y que Brasil debía recuperar sus relaciones estratégicas con Estados Unidos. Según el ministro de Hacienda, Paulo Guedes, el Mercosur tampoco es “prioridad” para Brasil. Bolsonaro asumirá los compromisos internacionales y promoverá un realineamiento geopolítico con Estados Unidos, pero también con la derecha mundial: Israel, Italia y Hungría, que estuvo presente en la toma de mando del 1°de enero. La fundación Indigo, perteneciente al Partido Social Liberal (PSL), mantuvo una reunión en Foz de Iguazú con el objetivo de articular a los sectores más conservadores de América latina y formar un bloque de oposición al Foro de Sao Paulo. Mientras que en Europa se está organizando una reunión coordinada por el ex asesor de Donald Trump, Steve Bannon, donde el gobierno de Bolsonaro pretende tener un papel importante.

Natalia Aruguete.- ¿Cómo cree que seguirá la alianza de los BRICS después de este giro? 

Mónica Bruckmann.- A la desaceleración de la participación de Brasil en los BRICS que vivimos en los últimos tres años se suma ahora una abierta oposición. Lo cierto es que con la salida de Brasil de los BRICS la región entera pierde mucho peso en este espacio de coordinación global.

Natalia Aruguete.- ¿Por qué incluye a la región?

Mónica Bruckmann.- El dinamismo de la economía mundial se está desplazando desde Europa y Estados Unidos hacia Oriente. Desde 2014, el Fondo Monetario reconoce que China encabeza el ranking de las diez mayores economías del mundo. Precisamente los BRICS están conduciendo este proceso de grandes transformaciones, no solo de tipo económico sino también de capacidades locales de producción científica y tecnológica y de disputa por las tecnologías de punta en sectores estratégicos. En este momento, China es el país que más invierte en energías renovables a nivel mundial y está avanzando en la producción de nuevos materiales importantísimos para un cambio de matriz energética.

Natalia Aruguete.- ¿Cuál es el interés de Estados Unidos en la economía brasileña? 

Mónica Bruckmann.- El gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva descubrió reservas importantísimas en el zócalo marino, conocidas como presal. Esas reservas han colocado a Brasil como la 15° reserva a nivel mundial. Ahora, si las reservas estimadas se comprueban Brasil podría convertirse en la 3° reserva mundial de petróleo, después de Venezuela y Arabia Saudita. Cuando se descubrió el presal, se estableció la obligatoriedad de que la Petrobras participara de cualquier tipo de actividad que incluyera al presal y se estableció una participación mínima de 30% de sus ganancias. A inicios del gobierno de Temer se aprobó una medida provisoria que puso fin a estos dos aspectos. Una tercera cuestión apunta a la ley de contenido tecnológico local, que permitía a Brasil producir gran parte de la tecnología necesaria para la extracción del petróleo del presal. Durante la gestión Temer se terminó con esta norma, de manera que en poco más de dos años Brasil pasó de ser autosuficiente en derivados de petróleo a importarlos. Es decir, exporta petróleo a Estados Unidos e importa de Estados Unidos los derivados de petróleo, que representan más del 50% de su consumo. Si el programa de Bolsonaro se pone en práctica asistiremos a la profundización de una reprimarización de la economía brasileña.

Natalia Aruguete.- ¿Qué medidas concretas confirmarían la tendencia a la reprimarización de la economía?Mónica Bruckmann.- Se están destruyendo las capacidades de producción tecnológica local, los laboratorios, la inversión en investigación y desarrollo. Temer aprobó una ley que congela por veinte años el gasto público en educación y en salud. El proyecto Bolsonaro puede llevar a Brasil a la época en que era exportador de materias primas sin valor agregado. Para ser exportador de bananas no se necesita tener universidades ni invertir en ciencia y tecnología.

Natalia Aruguete.- ¿Qué diferencias encuentra entre la estrategia regional que trazó Brasil en su alianza con los BRICS y un posible realineamiento con Estados Unidos? 

Mónica Bruckmann.- Con los BRICS Brasil participaba de igual a igual con las otras potencias emergentes en la definición de la nueva dinámica de la economía mundial y en una redefinición financiera. Un instrumento importante era el Banco de los BRICS, apoyado en el Banco de Desarrollo Asiático, que inicia operaciones con 100 mil millones de dólares de capital directo y un monto similar para inversiones en proyectos específicos. Mientras que el Banco Asiático de Desarrollo inicia con 200 mil millones de dólares de capital permanente. La participación de Brasil en este foro era fundamental dado que China propuso la nueva ruta de la seda. Ese puente terrestre redefine geopolíticamente el continente euroasiático, ya que une los puertos del Pacífico, en el Lejano Oriente ruso y chino, y los puertos marítimos en Europa, y ahora se incluye la ruta marítima hacia Africa. Comprende seis ejes estratégicos de producción que elevarán el consumo del 60% de la población del mundo. La participación de Brasil es muy importante porque cuando esta estrategia se encuentre en pleno desarrollo habrá demanda de recursos naturales estratégicos.

Natalia Aruguete.- ¿Qué significaría esa iniciativa para América latina?

Mónica Bruckmann.- Sería una oportunidad histórica de cambiar el paradigma actual y condicionar sus exportaciones a la agregación de cadenas de valor local, eso era lo que se discutió en la UNASUR a partir de 2012.

Natalia Aruguete.- ¿En qué consistía la estrategia de la UNASUR en ese escenario? 

Mónica Bruckmann.- En mayo de 2012 tuvimos la primera reunión de recursos naturales y desarrollo integral de la UNASUR en Caracas. A partir de esa reunión se realizaron encuentros sectoriales y se impulsaron diferentes instrumentos, por ejemplo la creación de un servicio geológico sudamericano. Era fundamental disponer de data geo-científica de recursos naturales como instrumento de soberanía regional para la producción de conocimiento y la planificación de políticas públicas a nivel nacional y regional. Esto inmediatamente fue visto como una gran amenaza para el interés de las grandes transnacionales del sector minero, que son las instituciones que detentan esa información. Otra iniciativa era la Asociación de Países Exportadores de Minerales cuyo objetivo era mejorar los términos de intercambio y ser formadores del precio internacional de minerales y recursos naturales en los cuales la región tuviese una reserva importante.

Natalia Aruguete.- ¿Por qué no llegaron a concretarse estos proyectos?

Mónica Bruckmann.- Esto se impulsó en un momento en que la visión integracionista no era única entre los doce países de la UNASUR aunque sí era hegemónica. Aun con integrantes como Colombia, Chile y Perú, miembros de la Alianza del Pacífico con la cual Estados Unidos buscaba contrarrestar el peso de la UNASUR, la visión integracionista era hegemónica y se avanzó mucho pero lamentablemente no hubo tiempo para concretar los proyectos que se elaboraron a lo largo de estos tres años. Y luego vino esta inflexión política que se inicia con la elección del presidente Mauricio Macri en Argentina, un péndulo que va nuevamente hacia la derecha y está destruyendo estos espacios de integración regional muy rápidamente. Mientras las regiones del mundo están fortaleciendo sus procesos de integración, América del Sur se está desintegrando en un sentido opuesto a los cambios que el sistema mundial exige.

Natalia Aruguete.- ¿Cree que será posible revertir el escenario internacional que usted describe? 

Mónica Bruckmann.- Sí, creo que hay piedras en el zapato de este proyecto ultraconservador a nivel global. En primer lugar, Estados Unidos es una economía en decadencia con una de las mayores deudas públicas del mundo, equivalente al 110% de su Producto Interno Bruto. En este momento, Estados Unidos no puede abrir un frente de guerra más en el mundo sin sus aliados y socios, que también están en crisis. Mi visión es que los sectores de derecha en América latina que se están realineando con Estados Unidos lo hacen desde una perspectiva más ideológica que atendiendo a las condiciones reales que ofrece Estados Unidos para sustentar una alianza a largo plazo. En segundo lugar, los gobiernos de derecha que tercamente intentan implantar una política ortodoxamente neoliberal están generando una respuesta popular muy grande. El caso de Argentina es importante. Brasil no creo que sea diferente pese a lo inédito del fenómeno Bolsonaro. Creo que habrá un desgaste político y una reacción social importantes. Este período de crisis nos da la posibilidad y la capacidad de hacer un balance crítico serio y honesto pero, al mismo tiempo, de prepararnos para un nuevo ascenso de las fuerzas progresistas y de recuperación de políticas que beneficien a los espectros más amplios de la población.

Fuente: https://www.pagina12.com.ar/172445-con-el-plan-de-bolsonaro-brasil-se-reprimariza

 

Paul Mason: «Si realmente se aplicaran las reglas de la competencia, el precio de lo que venden Google, Amazon o Facebook colapsaría»

23feb-19
Publicada el 23 febrero, 2019 1
por admin

Paul Mason es un reconocido periodista y ensayista británico. Ha trabajado para medios como BBC y Channel 4, de cuyo noticiario ha sido el editor de la sección de economía, y es columnista de The Guardian. Entre sus publicaciones cabe destacar los libros Meltdown: The End of the Age of Greed (Verso, 2009), Why It’s Kicking Off Everywhere: The New Global Revolutions (Verso, 2012), convertido también en película documental, y muy especialmente el libro Postcapitalismo: Hacia un nuevo futuro (Paidós, 2016, originalmente publicado en inglés en 2015).

José Bellver (J.B.): El número de nuestra revista para el que te esta- mos realizando esta entrevista lleva por título «Capitalismo Digital», pretendiendo enfatizar con ello la notoriedad que adquie- re el ámbito de lo digital en las dinámicas del propio sistema eco- nómico hoy en día. ¿Cómo dirías tú que está cambiando hoy el capitalismo respecto a etapas anteriores? ¿Qué es lo que carac- teriza eso que tú llamas «infocapitalismo»?

Paul Mason (P.M.): El capitalismo en el que vivimos tiene dos distorsiones que se conceptualizan como dos cuestiones separadas. La primera es fácil, tiene el valor de 20 billones de dólares de expansión cuantitativa para mantener en funcionamiento a la economía mundial. Esto es algo totalmente inusual en la historia del capitalismo de bancos centrales. Tenemos un problema de sobreen- deudamiento, con una deuda que lleva creciendo desde 2008, y esto ha hecho que apalanquemos aún más la economía. La insostenibilidad de una economía basada en la deuda, imprimiendo dinero de mane- ra perpetua desde el banco central, es evidente, pero luego está además la disfunción de lo que yo llamo infocapitalismo. Explorémoslo antes de comprender su relación con el problema financiero del “mundo real”.

El capitalismo de la información creó, en un periodo de quince años, un capitalismo cuya topografía sería irreconocible para el lector de un manual de economía convencional. De entrada, por la existencia de monopolios a gran escala: ello no supone tanto suprimir la innovación, pero sí suprime la elección, la formación de precios… Ya sabes: 0,99 euros por pista de audio en iTunes, independientemente de la demanda o la calidad de la oferta, es solo uno de los ejemplos del tipo de enormes monopolios que conocemos. Estos monopolios se han incrustado tan firmemente en la conciencia popular que ninguno de nosotros puede imaginar el mundo sin ellos. Pero los monopolios de estas dimensiones no deberían de existir en un capitalismo de libre competen- cia, con regulación de la competencia… ¿Por qué existe solo un Facebook? ¿Por qué no hay diez “facebooks”? ¿Por qué la Comisión Europea no lo hace cumplir? Ese es un primer asunto.

El siguiente problema es que se supone que deberíamos estar viendo –y la literatura académica así lo señala– cómo la automatización reduce la cantidad de trabajos, y en lugar de eso, estamos creando millones de trabajos que no deberían de existir, lo que Graeber llama trabajos de mierda. Eso tam- bién contradice la sabiduría de los manuales de economía: cuando inventas una nueva innovación, lo que se supone que sucede es que reemplazas los trabajos con máquinas, y eso no está sucediendo.

Lo tercero es que estamos viendo el surgimiento de modelos de negocios que buscan rentas a gran escala. Las llamadas “compañías unicornio” que fueron realmen- te populares hace tres años, en las que se está invirtiendo dinero offshore sin mejores destinos. Estas no son compañías tecnoló- gicas, sino compañías diseñadas para crear oportunidades de búsqueda de rentas por esa renta económica que se deduce del valor creado por el trabajador y el empresa- rio, y se posiciona entre el empresario y el cliente demandando dinero. Airbnb, Uber, TaskRabbit, WeWork, etc., son todas corpo- raciones que buscan rentas, todas ellas con pérdidas, todas sustentadas por el dinero que acumulado offshore, desde el sistema de impuestos offshore.

Por último, actualmente estamos viendo el mayor aumento de las asimetrías de información y poder en la historia de la humanidad, diría yo. Ni siquiera los gober- nantes de Mesopotamia tenían poder y secretos en la escala de Zuckerberg, Serguéi y Larry y Jeff Bezos, y por supuesto Jack Ma y los otros empresarios chinos.1

Nuevamente, el típico libro de texto de economía dice que no debería haber asimetrías de información porque el mercado libre suavizará estas asimetrías. Si enume- ras esas cuatro asimetrías, esas cuatro vastas distorsiones, estás viendo un tipo de capitalismo que se supone que no existe en los manuales. Yo diría que este tipo de capitalismo se puede dar porque tenemos una parálisis regulatoria (los reguladores no están haciendo que se cumplan las leyes de la competencia) porque están aburridos, y porque hay compañías que no pueden fallar porque el valor de 20 billones de dólares también contribuye a suprimir la competencia…

Yo soy anticapitalista y, por lo tanto, por mucho que esté entusiasmado por lo que ha logrado el capitalismo, creo que podemos hacerlo mucho mejor que eso, podemos ir más allá. Cuando observo esta forma de capitalismo, en realidad me doy cuenta de que, si se aplicaran las reglas normales, el sistema colapsaría. Me refiero a si todos pagáramos nuestra deuda, permitiéramos que las empresas fracasaran, permitiéramos que las empresas incumplieran pagos y reestructuraran sus deudas (no estamos haciendo eso), etc. Pero al mismo tiempo, se supone que está la competencia. Esta debería suprimir el precio, esto implicaría el colapso del precio de gran parte de lo que Google, Amazon y Facebook venden real- mente. Uber y Airbnb podrían ser regulados casi hasta su desaparición si los verdaderos reguladores defendieran a los consumidores y a la ciudadanía. Y la asimetría de la información podría ser fácilmente atacada con nuevas leyes de información como el GDPR,2 pero como sabes, la primera vez que ingresas en tu cuenta de Facebook después de la aprobación del GDPR, renuncias con un clic a esos derechos. Esto no puede seguir así, y si persiste, creara una forma de feudalismo digital en el que se está extrayendo el excedente mediante una interacción en red en la que el banco central crea un suministro de dinero disponible que le pasamos a Facebook, Amazon y Google, y por lo tanto a los financiadores saudíes y japoneses. No me extraña que el Softbank, efectivamente en alianza de capital japonés y saudí, esté ligado a sociedades estanca- das: Arabia Saudí no tiene población, no quiere pagar impuestos; Japón tiene una deuda del 250% del PIB y no quiere tener que devolverla ahora. Así que lo que hacen es movilizar capital hacia negocios que destruyen otros negocios, pero no agregan ningún valor al mundo, o sea que son rentistas. La palabra rentismo proviene del ataque burgués de la remanencia de la aristocracia. Esto viene de David Ricardo como un ataque al buscador de rentas. Hemos visto el ascenso del solicitante de renta, y el solicitante de renta está atacando al empresa- rio. No puede persistir, por lo tanto, es una distorsión y lo que he tratado de explicar en este breve período es que las distorsiones gemelas se relacionan entre sí: el exceso de dinero barato alimenta al tecnocapitalismo insostenible.

J.B: Entonces, ¿estás de acuerdo con la visión de Evgeny Morozov de que vivimos en una suerte de “neofeudalismobigtech”? Porque alguien que se acerque de primeras a tu idea de la tendencia al postcapitalismo puede pensar a priori que esto es un poco utópico. Pero en realidad tú en el libro sí que tienes en cuenta ese poder de las grandes empresas tecnológicas, que están “patinando al borde del caos”, al tiempo que se produce una democratización del acceso a la información… Todo esto está plagado de contradicciones, ¿no?

P.M.: Así es. Pero bueno, vamos por partes. En primer lugar, en lo que a Morozov se refiere. Es interesante, porque yo no sé muy bien qué piensa Morozov ya que en una conferencia en Barcelona hace unos meses dijo que se había alejado de la tesis del feudalismo digital… porque creo que Morozov, cuando está en su versión más pesimista, cree que este infocapitalismo que acabo de describir puede funcionar. Y puede funcionar siempre que Facebook pueda comprar cualquier otra compañía con acciones (ni siquiera comprar con efectivo), siempre que los reguladores no actúen, siempre que no haya resistencia social. Pero, creo que no es así. Más bien se derrumbará, y me complace mucho pedirle prestado a Morozov su proyección del feudalismo digital porque para mí es la versión moderna del socialismo o barbarie de Rosa Luxembourg. Para mí, el postcapitalismo es metafóricamente el equivalente al socialismo. Es el futuro que podemos crear.

Respecto a lo de que me describan como un tecno-utópico, me alegra que me vean así, porque creo que la tecnología hace posible el socialismo utópico. El socialismo utópico consistía en una vida en pequeñas comunidades, con menos tiempo de trabajo, más tiempo para practicar la alta cultura, etc. Siempre se han encontrado con dos problemas. El primero fue la escasez. El principal problema de Fourier en sus plantaciones y en sus falansterios cuando se instalaron es que no tenían suficiente para comer. El siguiente problema con el que se encontraron fue la propia mentalidad de las personas que intentaban constituir estas comunas. Eran personas que habían estado “encadenadas” doce horas al día en las fábricas o en condiciones de dura y auténtica pobreza. La misma que la que se vivía en la Francia del siglo XIX, lo que llevó a Etienne Cabet, otro socialista utópico a movilizar a gente para mudarse a Texas… Todos eran pobres, por lo que sus mentes no podían hacer frente a la libertad. Esto es lo más extraño: sus mentes volvieron al pensamiento jerárquico, por lo que la tesis de la llamada tragedia de los comunes, que yo considero una sandez, en este caso sí que fue trágica por- que había escasez y porque sus cerebros no eran libres.

Ahora nos estamos moviendo a posiciones donde hay mucha menos escasez. Hay islas de abundancia. Incluso aquí mismo. Estamos sentados en un hotel con una hermosa orquídea frente a mí. Si cojo esta flor de orquídea y salgo por la puerta, el guardia de seguridad del hotel no me va a perseguir por la calle y arrestarme, porque tenemos una situación de abundancia. No les impor- ta el coste de esto… Y tenemos mentalidades diferentes, tenemos un nuevo tipo de individuos. Sabes, me sorprendió el otro día cuando leí que Bertolt Brecht escribió una tesis sobre la teatralidad: El Pequeño organon para el teatro. Y en él, se pregunta qué representan los diferentes teatros, y se le ocurre una hermosa frase, dice: “Shakespeare representa la fascinación de un nuevo tipo de persona con una nueva libertad”. Creo que estamos rodeados de un nuevo tipo de persona, fascinada y divagando en la nueva libertad. ¿Porque qué es Tinder o Grindr, qué es Snapchat, qué es Instagram, sino la proyección del ser que se enorgullece de ser…

Mira, ayer descubrí que aquí en Madrid existen unos 800 proyectos que claramente entran en la categoría de postcapitalismo, ya sean panaderías anarquistas, jardines comunitarios, bancos de tiempo o laboratorios de hackers, etc. El Prado-Medialab puede ser también un buen ejemplo, o la conferencia que tuvimos en el Reina Sofía: usar el espacio cultural para extraer nuevos futuros también es un buen ejemplo. Existe una economía postcapitalista que existe incipientemente en la mayoría de las grandes ciudades, y las smart cities como Barcelona, como Ámsterdam, como Berlín, han entendido que esta nueva economía tiene una nueva dinámica y lo que se debe hacer es crear el espacio para ello en la jungla para que puede existir.

Así que creo que, a diferencia de Morozov –o al menos al contrario de lo que Morozov solía creer–, hay una alternativa al feudalismo digital, y a ese algo ciertamente quiero llamarlo postcapitalismo, pero no me importa cómo decida llamarlo la gente. Llámese economía cooperativa, economía social, economía solidaria… Lo que sí tengo claro es que el Estado tiene un papel que jugar en su creación. Aquí es donde yo opongo resistencia a los anarquistas. Los anarquistas vienen a decir: “a la mierda el capitalismo, construyamos sobre sus ruinas”. Yo quiero evitar que las ruinas se conviertan en ruinas, y creo que podemos tener una transición relativamente suave, pero necesitará de una lucha social.

J.B: Tú hablas de que estamos viviendo una tercera revolución industrial, aun- que señalas que está en parte truncada; en el Foro económico mundial en Davos hablaban ya de cuarta revolución indus- trial… En todo caso un elemento que aparece en todos los casos es la amenaza que la automatización puede suponer en términos de pérdida de empleos. Y tú en tu libro, de hecho, hablas de cómo lo que liga a muchos trabajadores al capital es hoy más el consumo y la deuda que el trabajo. ¿Cómo está cambiando la relación capital/trabajo?

P.M.: Tratemos primero lo de la terminología. No me gusta hablar de revoluciones industriales, prefiero hablar de largas ondas de desarrollo, ciclos largos, que son un patrón que desde la izquierda podemos compartir con el liberalismo schumpeteriano como una metodología para entender lo que sucede dentro del capitalismo. Pero en mi libro Postcapitalismo, y también enMeltdown en 2008, insinué lo siguiente: creo que lo que sucedió con el dinero fiduciario después de la década de 1970 retra- só el inicio de la tercera revolución industrial en el sentido de que, si pudieras evitar el colapso del capitalismo, en realidad estarías suprimiendo la innovación. Tanto es así que creo que habrá también una cuarta revolución industrial, pero las dos se unirán. La tercera fue la revolución de la red, pero aun no hemos cosechado todos los beneficios de esa tecnología de red. Quienes sí lo hecho han sido Facebook y Google. La cuarta revolución industrial será la revolución de la inteligencia artificial y el uso asociado del big data en la genómica, en la pro- ducción de alimentos, etc. Dicho de otro modo, será la concreción de la innovación digital en todo lo que es real: desde los alimentos hasta el transporte, el gobierno de las ciudades, el sistema urbano… Mi argumento fundamental es que la tecnología de la información no crea valor, destruye el valor comercial. Bien, pero al mismo tiempo crea utilidad, es la primera tecnología que puede hacer eso. En otras palabras, puede aumentar la productividad, mientras que no aumenta el coste de producción. Y no reemplaza los bienes de bajo coste con los de alto coste.

En paralelo a todo esto está el surgi- miento del neoliberalismo financiarizado. Yo de hecho creo que el neoliberalismo siem- pre iba a estar financiarizado, pero no por diseño; no es que estuviera ahí Margaret Thatcher sentada diciendo: “Primero destruyo los sindicatos, luego creo la globalización, luego se vuelve altamente financiarizada…” Lo que hicieron es que suprimieron tanto el poder de negociación salarial que en los años noventa la única forma de mantener el crecimiento era pasar por la vía del crédito. Al mismo tiempo, los partidarios de la tesis de la financiarización como Costas Lapavitsas –quien tiene razón– señalarían que el momento clave fue cuando las cor- poraciones recurrieron directamente a los mercados financieros para financiar el crecimiento, dejando a los bancos, que tradi- cionalmente lo habían hecho, extrañando a su cliente clave. Fue entonces cuando los bancos se volvieron hacia el consumidor y financiarizaron la vida del consumidor. Recordemos que, en la década de 1990, uno podía encontrar todas las mañanas debajo de su puerta cinco cartas ofrecién- dole una nueva tarjeta de crédito… ¡eso sí que era financiarización en acción! Ahora, todas nuestras vidas están financiarizadas y los flujos de excedentes corren desde cada trabajador o trabajadora en su lugar de trabajo, donde se lleva a cabo el clásico proceso marxista de creación de valor a través de la explotación, en mayor medida aún con el sistema crediticio. Si pensamos que la ganancia operativa promedio de una empresa británica sería del 10% al 12%, esto hay que compararlo con el tipo de interés promedio de una tarjeta de crédito, que es del 18%. El tipo de interés promedio de mi hipoteca a lo largo de la vida es enorme, luego está la membresía del gimnasio, el seguro, etc.

Casi podemos visualizar a una pequeña persona ahí sentada con un flujo de ganancias proveniente de ella, casi como un ectoplasma. Aunque la gran corriente de ectoplasma proviene del sistema financiero, no de la persona empleada. Además, en la medida en que están valorizando el capital que pertenece a Facebook, Google, Amazon, etc., lo están haciendo desde su teléfono móvil. Por lo tanto, la última y menos perversa de las situaciones es aquella en la que las personas pueden pagar un crédito y pueden tener un contrato de teléfono móvil. Lo que hacemos es emplearlas en trabajos que no necesitan existir. Una vez más: nadie diseñó esto. La contribución que un marxista creativo como yo puede hacer a la economía dominante es seguir insistiéndole a la gente que las leyes de la economía funcionan a sus espaldas, independientemente de sus intenciones.

Aunque, por supuesto, es el credo neoliberal el que nos trata de convencer de que todos somos agentes racionales, que perseguimos de manera racional nuestros propios beneficios. Creo que fue Walras, el fundador de la economía neoclásica, quien dijo que decir que hay leyes de la economía que operan más allá de la fuerza de voluntad de los humanos es reducir a los humanos a las etapas más animales. Por lo tanto, tenía una creencia casi religiosa en la agencia racional, y está incorporado a la economía neoclásica que no puede haber leyes que no podamos ver. Pero ¿cuál es la respuesta, por qué estamos produciendo tantos trabajos de mierda? ¿Por qué estamos crean- do enormes asimetrías de poder e información cuando no tenemos la intención de hacerlo? Tiene que haber leyes aquí, y el objetivo de la economía política es describirlas y permitir creativamente que la política y las regulaciones las aborden.

J.B: En relación, precisamente, con la economía política, o la crítica a la economía política, en tu libro haces referencia a la importancia de los escritos de Marx, en sus Grundrisse, acerca de la generación de conocimiento social, aquello que denominaba general intellect, al tener el capitalismo que desarrollar las capacidades intelectuales del trabajador y cómo eso anticipaba de alguna manera el infocapitalismo que vivimos hoy. Sin embargo, cabría preguntarse hasta qué punto ese acceso a una cuantía mayor de información está hoy sirviendo para una liberación de las clases trabajadoras o si no está en cambio dando lugar a una mayor alienación…

P.M.: Alo que ha dado lugar es a lo que yo llamaría el control algorítmico. Ahora todos tenemos un dispositivo en nuestros bolsillos que permite a las corporaciones capitalistas saber más sobre nosotros de lo que podemos saber nosotros mismos. Les permite anticipar nuestro comportamiento y, por lo tanto, necesariamente, nos controlan. Ese es el resultado distópico de la adopción masiva de estructuras de poder unilaterales.

En cuanto a Marx y los Grundrisse. Gramsci dijo que la revolución rusa de 1917 fue una revolución contra el capital, contra Das Kapital. En ese sentido, los Grundrisseson una revolución contra Das Kapital, porque contiene una historia de liberación humana en la que es la tecnología la que destruye el capitalismo, es tan simple como eso. La tecnología, dice Marx, una vez que el conocimiento necesario para ejecutar la mayoría de las máquinas es compartido, no puede existir con la propiedad privada. En otras palabras, hay una metodología tecno-marxista muy clara (no tecno-utópica) en los Grundrisse, y es por eso por lo que un montón de marxistas izquierdistas modernos pasan toda su vida atacando losGrundrisse, las llamadas “nuevas lecturas de Marx”. Se gastan cátedras enteras, doc- torados sobre por qué El Capital tiene razón y los Grundrisse están equivocados. Yo estoy en el otro bando.

Es una narrativa muy clara. Cuando creamos conocimiento social, cuando creamos el intelecto general (general intellect), la propiedad privada no puede contenerlo. Esto es lo que quiero decir con la idea de democracia digital: cuando descubrimos un defecto en un programa de ordenador y lo rectificamos, todo el mundo se beneficia de ello a la mañana siguiente. Cuando la compañía aeroespacial Pratt & Whitney registran en tiempo real el funcionamiento de cada turborreactor, el funcionamiento de cada jet que fabrican en el mundo y, por lo tanto, puede anticipar que nuestro modelo 1056 sufrirá un fallo técnico, eso implica que todos esos motores pueden repararse para evitar ese fallo, y eso supone una gran mejoría en la utilidad, que podemos aprovechar para ayudar a liberar a la humanidad de la miseria, la pobreza y todo lo demás. El punto es que tenemos que entenderlo como un potencial y tomar control de ello. Por el momento solo estamos cosechando los beneficios accidentalmente.

Es como si estuviéramos en Ámsterdam en 1618 y dijéramos “¡hey, chicos! tenemos una bolsa de valores, tenemos un mercado de divisas, tenemos un banco central, tenemos un periódico, tenemos una república y tenemos una empresa enorme… ¿Qué es esto? ¿Es solo feudalismo solo que mejorado?”. Pues claro que no. Podemos ver en los rostros de las pinturas de Rembrandt que se dan cuenta de esto. Es como si dijeran: “¡Ostrás, este es un sistema completa- mente nuevo! Hay posibilidades completamente nuevas. Trabajemos en ciencia, como dice Spinoza, hagamos algunos microscopios y descubramos … ¡el mundo!” Y estamos sentados allí frente a esta cosa nueva y sorprendente, y la estamos tratando como una excrecencia de lo antiguo. La tesis del postcapitalismo está ahí para permitirnos replantear lo que tenemos como algo nuevo.

J.B: Pero hay algo que mencionaste en la conferencia que diste en el Museo Reina Sofía –aunque pasaras muy rápido sobre ello– que podría cuestionar toda esta visión del progreso tecnológico,que es la cuestión de los límites ecológicos. De hecho es algo sobre lo que ya tenía planteado preguntarte porque para mi sorpresa vi hace poco que has escrito una novela titulada Rare Earths, un tipo de minerales esenciales para el desarrollo de las TIC, al igual que otros tantos que se clasifican en la UE como “minerales críticos” y, sin embargo, no sé hasta qué punto contemplas las limitaciones que puede suponer para las dinámicas basadas en estos avances tecnológicos cualquier tipo de shock de oferta en este campo por cuestiones geopolíticas (ej. un corte de suministro de las tierras raras chinas) o por problemas de agota- miento ante demandas exponenciales (con este u otros minerales).

P.M.: Lo contemplo, sí. Los choques geopolíticos de suministro van a suceder, no podremos detenerlos. Solo podemos decir que en el período actual donde, debido a que el neoliberalismo fracasó, la narrativa del neoliberalismo está fallando en apunta- lar una democracia conservadora. Existe el peligro de que la globalización salga dispa- rada. Eso es un peligro real y la izquierda debe estar del lado de un mayor control del orden multilateral, no creo que debamos apoyar la ruptura nacionalista de la globalización…

En el libro hablé de tres ceros: “cero trabajo”, “cero precio” y “cero carbono”. Ese es el objetivo final. Si se dieran, estaríamos claramente en una economía postcapitalista. Probablemente estaríamos en lo que Marx llamó el comienzo de la historia humana. Pero debería haber agregado un cero que fuera “cero extracción”, porque me di cuenta, en los años entre la escritura del libro y ahora, del verdadero potencial de la economía circular. Ellen MacArthur, con quien me reuní y discutí, en muchos sentidos es solo una especie de capitalista liberal de izquierdas, pero comprendió profundamente que la economía circular es una posibilidad real.

Mira, fui con un amigo –un colega que es un consultor ambiental– a los acantilados de las Gales con un biólogo marino y un diseñador. El biólogo marino, tirando de las algas que no se despegaban de la roca le dice al diseñador: “diseña esto”. El diseñador dice “vale, no podemos, pero podríamos tratar de diseñar una característica fundamental de esas algas, que es la permanencia, porque se autoreproducen”. Así que he observado a un biólogo marino, un consultor ambiental y un diseñador de muebles trabajando juntos. ¿Cuál fue el resultado? Pues muebles que están diseñados para poder reciclarse o durar para siempre, buscando así una auténtica circularidad.

Así que volviendo sobre lo de las tierras raras. Yo he estado cerca –tampoco puedes acercarte mucho– de la mina en Baotou, China, de la que proviene la mayor parte de ese mineral. Es una cicatriz horrible en la superficie de la Tierra que se puede ver desde el espacio. Pero en realidad, sospecho que podemos tener suficientes minerales de tierras raras ya para hacer funcionar lo que necesitamos. Lo que entonces deberíamos hacer es algo como lo que se ha hecho de una manera muy deficiente en un lugar como Filipinas. Allí, los chicos de los barrios marginales se dedican a rescatar cobre de las computadoras desechadas. Esto pronto sucederá también con las tierras raras.

Creo que el desafío consiste en diseñar nuevas tecnologías que no necesiten mucha más extracción. Tenemos que salvar la biosfera de la Tierra. El problema es que las personas progresistas entienden esto y, sin embargo, me reúno una y otra vez con personas que pueden imaginar una transi- ción hacia una economía con bajo consumo de carbono y baja extracción, pero no pue- den imaginar cómo será esa economía. Eso es lo que pretende la tesis del poscapitalismo. Es decir, una lógica del compartir, un nivel alto del peer to peer, un elevado uso de bienes comunes… El otro día veíamos los cerca de 800 proyectos que hacen de Madrid un centro interesante para los inicios de una economía poscapitalista. Pero también señalaría que, por ejemplo, en este hotel en el que estamos sentados, su personal interactúa con Wikipedia (que es un producto gratuito), su personal interactúa con los estándares globales cuando están instalando una computadora o el sistema wifi. El wifi es un estándar global y aunque el router para el wifi cuesta dinero, el wifiestándar, que es solo un conjunto de números, es gratuito.

Para mí, los estándares globales son un verdadero gran emblema de lo que Marx llamó conocimiento social. Así que estamos rodeados de ejemplos de postcapitalismo. Todo lo que tenemos que hacer es convencer a los reguladores y los políticos de que una transición es posible. Y luego puedo decirle a quienes trabajan en este hotel: “¿Por qué no funcionáis como una cooperativa?”. Lo mismo con la seguridad: he observado que aquí todas las personas que tienen una función de poca cualificación llevan una chaqueta que pertenece a una empresa de seguridad. Tal vez sea una buena empresa con excelentes prácticas de empleo, pero muchas de estas empresas son lo opuesto. Permitamos que cualquier fuerza de trabajo que quiera dirigir sus negocios como una cooperativa, todo lo que necesitamos es una legislación de un párrafo. Esto es de lo que quiero convencer a los partidos de izquierda de que comiencen a adoptar: la cuestión de las formas alternativas de propiedad. En el Partido Laborista británico, hemos publicado un libro verde sobre esto. Realmente espero poder persuadir a mis colegas laboristas para llevar esto a cabo si alguna vez llegamos al poder. Las nuevas formas de propiedad son realmente muy importantes.

J.B: Y con respecto a los otros “ceros” que mencionabas, especialmente el de “cero trabajo”… en tu libro, hablas sobre uno de los problemas que surge junto con el cambio climático, que es el del envejecimiento de la población. Esto supone que más personas requerirán cuidados. Un tipo de trabajos que, remunerados o no, han realizado tradicionalmente las mujeres debido a la dimensión patriarcal de nuestras sociedades. En una sociedad de post-capitalismo emancipadora habrá que aumentar y repartir estos trabajos. Esto anticipa una situa- ción de más trabajo, no menos, al mar- gen de si es a cambio de una remuneración o no…

P.M.: Bueno, ahí está la cuestión… En realidad, lo de “cero trabajo” es solo un diseño metafórico, siempre habrá algo de trabajo remunerado, habrá un sector asalariado de mano de obra y mercado, pero se verá abrumado por un sector voluntario de igual a igual y un sector estatal. En el otro extremo de la transición hay serios problemas. Digamos que las transiciones duran cien años; puede haber serios problemas para manejar esa transición. Aprendí una cosa al releer al economista soviético Yevgueni Preobrazhenski, a quien dispararon en 1938, y que tuvo una relación extraña con Stalin, al que acabó rindiéndose. Pero en el momento en que se resistía a Stalin y al estalinismo, sus escritos insistían en que cuando estás en una transición más allá del mercado, la transición en sí misma tiene leyes que operan a tus espaldas, por lo tanto, no puedes controlarlo todo. Lo que debemos hacer es, de manera prudencial, avanzar hacia la meta y, a medida que lo hagas, llegará la gran crisis… Y mira, yo no dudo en hablar de un período de cien años, porque no estaré aquí, solo quiero que la gente sepa que, en algún momento, el mercado será demasiado pequeño como para sostener al Estado. Y en ese punto, la transición tendrá que ser realmente rápida, hará falta grandes dosis de voluntarismo, la interacción entre iguales, trabajo no remunerado…

J.B: Entonces sí que seguiría habiendo trabajos…

P.M.: Bueno la verdad es que no lo sé, porque no sé cómo serán los seres humanos, pero tal vez algunos seres humanos real- mente valoren pasar ocho horas al día con una persona con Alzheimer, o tal vez logremos una cura para el Alzheimer… Quizás incluso se cure la fragilidad en todas las edades de modo que una persona mayor, hasta su muerte, pudiera estar tan en forma y activa como tú, tal vez… Pero seguirán necesitando compañía, y seguirán necesitando lugares para ir a comer, pero tal vez se sienten en una cafetería y trabajen en sus portátiles, como hace hoy la gente joven.

Supongamos, en cualquier caso, que necesiten cuidados, entonces tendríamos que tomar una decisión social, una serie de decisiones individuales. ¿Queremos, como en Japón, crear formas automatizadas de cuidados para las personas mayores? Ya sabes, en Japón ahora tienen robots para eso, y a mí no me gustan los robots, creo que los robots son como una macro aplicada a un ser humano; pero en todo caso es una opción. O en cambio podríamos decir que todo el mundo tiene que hacer un día de trabajo de cuidados a la semana. Así que, en lugar de las obligaciones del mercado que tienes ahora –te levantas, fumas un cigarrillo, tomas un café y trabajas durante ocho horas solo para poder vivir al final del día– tal vez tengamos obligaciones sociales y derechos, más que sistemas económicos que nos fuerzan a hacer las cosas. Sería algo que las sociedades tendrían que decidir.

J.B: Tú vienes de una tradición marxista y hay mucha gente de esa tradición que ahora está hablando sobre las posibilidades que la tecnología le brinda al cálculo económico, a la planificación eco- nómica… ¿Qué opinas acerca de aquello que algunos autores llaman “cibercomunismo”?

P.M.: La verdad es que me disgusta y de hecho creo que es una chorrada. En el libro los ataco, ya que tomo sus ideas en serio, pero no se les está tomando en serio. Porque, por supuesto, fue Hayek quien admitió que, si hubiera un ordenador lo suficientemente bueno, el plan (estatal) podría funcionar. El problema es que Hayek y Oskar Lange, con quienes estaba debatiendo, vivían ambos en sociedades jerárquicas en las que la gente vivía en la misma ciudad, trabajaba en el mismo lugar de trabajo, había una economía de consumo muy limitada. Planear una economía en términos de sistemas de transporte, sistemas de ingeniería y sistemas de vivienda es realmente fácil. Pero planear una economía donde hay 300 tipos de calzado deportivo no es tan fácil. Y los “ciber-comunistas” hablan de una economía planificada para la Unión Europea… Ellos, al igual que yo, querrían que el dinero empezara a reflejar la teoría del valor-trabajo, por lo que querrían sellar o volver a sellar dinero con fichas de trabajo, al igual que Robert Owen, el socialista utópico en el siglo XIX que emitió dinero con una equivalencia en horas de trabajo. Eso es posible; pero lo que no es posible es, como ellos mismos admiten, aquello que decía Trotsky de planificar hasta el último botón de tu chaleco. Tienes que poder planificar la demanda, anticipar cuántos botones vamos a necesitar, etc. Tal vez se podría, pero vivimos en un mundo de propiedad intelectual de alta diversidad y, por lo tanto, la mejor manera de lograr una sociedad sin trabajo y sin clases es crear un pro- ceso granular desde abajo, pero esto es algo necesariamente caótico y debería ser más una cuestión de gestión que de planificación política.

Porque la lección al respecto del siglo XX es que la planificación es difícil de hacer incluso cuando tienes una policía secreta y un gulag… Lo que yo defiendo es que pueda haber alguna forma de planificación que comience desde el modelado y el control democrático. Y podemos decidir hacer un modelo de Madrid sin coches privados, viendo a ver cuál sería su impacto social durante veinte años, después modelar qué sucedería con un 1% del número de coches que existe ahora, y así sucesivamente con una super-computadora, y a partir de ahí tomar una decisión democrática. Le podrás dices a la gente: “mira va a ser caótico, pero es probable que podamos deshacernos de la mayoría de los coches privados en Madrid en los próximos diez años. ¿Quieres hacerlo o no? Eso sí, si no lo hacemos, tus hijos crecerán como un 10% más estúpidos porque los plomos y la gasolina matarán sus células cerebrales, pero está bien, depende de ti…”.

En mi opinión, es importante darse cuenta de que la transición, aunque lleve más de cien años, es un proceso objetivo, no un triunfo nietzcheano cuasi-heroico de la voluntad. Este fue también el error que cometió la planificación soviética. Querían lograr cinco años en cuatro.

J.B: En todo caso para poder elaborar esos modelos informáticos necesitaría- mos aquello de la “socialización de los datos”, ¿no?

P.M.: Claro, y ahí es donde tiene que darse la batalla contra Amazon, Google y Apple; ellos tienen los datos y nosotros tenemos que sacárselos. Pero al igual que en Barcelona, se puede empezar diciendo que vamos a convertirnos en una smart city y que los datos producidos por esa smart city serán un bien público. Eso es lo que Francesca Bria y Ada Colau han hecho. Así que yo digo que hagamos esto a gran escala.

En realidad creo que, en la sociedades democráticas, vamos a terminar teniendo que enfrentarnos a un problema de derechos democráticos que es el de la identidad digital. Una identidad digital única en lugar de un carné de identidad va a ser algo real- mente importante, y quién la controla, quién revoca el acceso a ella será un asunto fundamental. La Inteligencia Artificial (IA), que se avecina, planteará la cuestión de forma muy precisa: quién controla los datos y quién puede acceder a qué. Tal como yo lo veo, una opción sería algún tipo de sistema de permiso revocable por el cual mis datos se encuentran en una propiedad pública, no necesariamente del Estado, sino gestionado por una ONG pública que posea los datos básicos la gente y nos permita en tiempo real retirar o dar permiso para que corporaciones o el Estado accedan a ella. Creo que a los super-anarquistas no les gustaría tener una identificación digital, pero no puedes ser anónimo en la sociedad civil, como sí puedes serlo en Reddit y Twitter. Y esto debería ser más exigible. Yo prefiero que pueda rastrearse una cuenta de Twitter hasta una sola persona, y luego, si quieres discutir de forma anónima, que lo puedas hacer; pero lo que estamos viendo ahora son enormes abusos por parte de personas anónimas. A medida que la sociedad civil se mueve en la red, cualquiera puede acusarte de un delito y esto puede tomarse en serio por parte de millones de personas. En el sistema feudal, incluso los reyes tenían leyes que impedían las falsas acusaciones contra las personas. En cambio, ahora tenemos a nuestro alrededor un sistema de falsas acusaciones y en el que se desea destruir la salud mental de las personas, suprimir los movimientos de liberación de las mujeres… Así que creo que el anonimato tiene un recorrido muy limitado. Para que nos entendamos: en el sistema de salud no quiero ser anónimo. Si de repente dice: “mierda, a este tío le está pasando algo malo”, quiero que lo siguiente sea “Ah vale, el paciente es éste, con este expediente, pues vamos a salvarlo”.

J.B: Si me permites, me gustaría hacerte un par de preguntas más, estas más relacionadas con los debates actuales. La primera tiene que ver con la renta básica. Porque creo que puede ser interesante aquello de desligar trabajo y los ingresos; puede incrementar las posibilidades de elección de vida a las personas, empezando por el tipo de trabajos por los que se opta o promover un mejor equilibrio entre trabajo y vida. Sin embargo, existen algunos problemas con esta propuesta, como los planteados por ejemplo por el economista Anthony Atkinson en relación con el altísimo aumento de los impuestos que esto puede implicar para financiarlo. Por otro lado, desde el punto de vista de las necesidades humanas, Ian Gough critica el hecho de que está muy centrada en el dinero, mientras que en su lugar podría pensarse en una provisión de bienes públicos colectivos. ¿Qué opinas al respecto?

P.M.: Recordemos que la renta básica sí que te ayuda a sortear toda esa enorme burocracia que afecta a las vidas de las per- sonas más pobres. Incluso para obtener beneficios de asistencia social, tienes que pasar por cantidad de requisitos y entrevistas… Podríamos simplemente erradicar eso, así que también hay un aspecto de eficiencia. Podríamos tomar todos los beneficios de esas prestaciones y otorgarlos incondicionalmente a todo el mundo sin condiciones, ahorraríamos una gran cantidad de costes de administración. Sin embargo, en una sociedad de alto bienes- tar, sí es cierto que se logran mejores resultados a través de la provisión de servicios básicos universales, y creo que eso es lo que han mostrado los ensayos de renta básica. En EEUU, donde no hay un estado de bienestar, podría ser más fácil darles a todos 6.000 dólares, pero en los países escandinavos podría ser más fácil tratar de calcular la rapidez con la que podríamos reducir los costes de impuestos y servicios públicos a cero. Serían cuatro ámbitos esenciales: atención médica gratuita (incluida la salud mental, odontología, fisioterapia); educación gratuita (universidad y, por supuesto, todo el periodo de escolarización); transporte gratuito y vivienda, con un alquiler asequible y garantizada. Eso es la socialdemocracia moderna, pero también es el postcapitalismo, porque entonces podrías sobrevivir… ¡Qué narices, yo sobreviviría felizmente: dedicaría el resto de mi vida a escribir novelas!

J.B: Pero está también la cuestión de que la participación en actividades pro- ductivas y reproductivas es también algo importante para las personas, ¿no?

P.M.: Sí, pero no necesariamente es importante que lo hagan dependiendo por completo de un salario. Si te fijas por ejemplo en el mundo del teatro, está lleno de gente mal pagada. Lo que es importante para ellos es tener suficiente para sobrevivir, para que puedan acceder a este increíble mundo del teatro que les da la vida. Conozco a muchas personas que trabajan en el teatro porque de hecho he trabajado en un teatro. Lo que esa gente hace cuando no están actuando es ir a tomar un café en el teatro o ir a otro teatro, o ir a una galería de arte. Viven con muy poco dinero, y sí, siempre se quejan, como todos nos quejamos; pero yo diría que esa creencia de que necesitamos un trabajo asalariado para mantener nuestra autoimagen es históricamente contingente.

De hecho, en su nivel bajo, cuando ves el personal de limpieza contratado por la vía de un mensaje de texto, o que echan con unsms, a quienes pueden avisar con sólo una hora de anticipación, que nunca ven a un gerente (este sólo tiene que apuntar en una casilla si el servicio ha sido realizado o no, lo cual sabe por un mensaje que recibe)… esto no parece el tipo de trabajo en el que te puedas sentir identificado. Cuando yo trabajaba en la BBC, cuando cogía el teléfono decía “Paul Mason, BBC”. Pues bien, estos limpiadores no creo que cuando cojan el teléfono digan “Juanita, de Hecta- Cleaners”… No tienen sentimiento de identificación alguno con su trabajo, su trabajo es solo un tipo de tortura; su vida, al margen de esto, es con lo que se identifican.

J.B: Para terminar, me gustaría pregun- tarte sobre algo que está más vinculado con las últimas noticias sobre el Brexit. Te escuché decir que una parte del argu- mentario a favor era en términos de lucha contra las élites, pero el último acuerdo firmado ahora lo apoyan muchos foros de esa propia élite. Al mismo tiempo, me gustaría saber tu opinión sobre esta situación de gran retroceso o involución marcado por el aumento de las posiciones proteccionistas y nacionalistas en la actualidad.

P.M.: Bueno, el auge del neoliberalismo nacional es una respuesta lógica al fracaso del neoliberalismo globalista. Las elites quieren seguir desregulando los mercados y el sistema financiero, por lo que dicen que “si no puede sobrevivir como un sistema global, protejámoslo al menos en Gran Bretaña”. Ese fue el impulso. Y la élite conservadora de la derecha británica creyeron que al separarse de la Unión Europea podrán establecer acuerdos comerciales de inmediato y convertirse en una especie de Singapur de Europa. Sin embargo, esto fue una ilusión. Además, era imposible saber esto de antemano porque nadie lo había intentado antes.

Europa es un superpoder regulador. Si estás cerca, debes reflejar sus reglas, por lo que, en este sentido, la versión de derechas del Brexit siempre fue una ilusión. Sin embargo, fue una revuelta de los trabajadores contra la élite, está absolutamente claro. Al margen de lo que dijeran los conservadores, lo que dice la gente es algo así como “hemos sido ignorados durante años, tenemos una capa de gobierno sobre otra gobernándonos, una de las cuales es una UE que nunca vemos, apenas sabemos quién nos representa, pues eliminemos una capa de gobierno”. Era casi una cosa anárquica. Sí, ciertamente estaba revestido de xenofobia y racismo en algunas de estas comunidades, pero ¿quién tiene la culpa de eso? Como la elite liberal nunca fue a esos lugares para decir que lo de Europa era algo bueno, otros fueron a esas comunidades para decir que Europa era algo malo. El neoliberalismo siempre avivó el nacionalismo y la xenofobia, diciendo cosas como: “vivimos en una economía global, es genial, somos cosmopolitas, pero aún somos el país más grande del mundo y nuestra herencia imperial es gloriosa”. Es lo que dijo la derecha británica, y ahora estamos pagando el precio de esta disonancia cognitiva, de esta mentira.

Por lo tanto, el Brexit ha demostrado lo difícil que es salir de Europa, y la lección para la izquierda española es que tiene que tratar de hacer lo que pueda dentro de Europa. La eurozona es diferente. Si pudiera destruir la zona euro con una varita mágica, lo haría, porque es una máquina para enriquecer al capital alemán y empobrecer a la periferia de Europa.

En términos prácticos, ¿qué se puede hacer? La derecha podría ganar, numérica- mente, las elecciones europeas de 2019. En la práctica, para detenerlos, el centro- izquierda, la izquierda y los verdes deben unirse. Debería haber sólo un candidato y en el Parlamento deberían actuar como un bloque e intentar tomar la Comisión y decir: “Los progresistas de Europa hemos ganado”. No harán eso, pero yo les sigo aconsejando que lo hagan. En todo caso este puede ser el momento de la verdad para Europa, porque puede convertirse en un proceso de desintegración.

Para nosotros, la izquierda, nuestro llamado urgente en este momento debería ser el de reformar el Tratado de Lisboa, reescribirlo. Y aunque sea duro decir esto, si Europa del Este no quiere, habrá que reescribirlo como una reducción de las cuatro libertades. Esto es más barreras para el movimiento del trabajo, más condiciones para el movimiento de capital… y vale, tenemos libre comercio, pero no vamos a aceptar los TRIPS (siglas en inglés del Acuerdo sobre los aspectos de los derechos de propiedad intelectual de la OMC) relacionados con el Comercio, no vamos a aceptar algunas reglas de la OMC. Realmente tenemos que reconfigurar Europa para defender al pueblo de Europa. ¿Por qué? Porque quiero que Europa se convierta en un lugar donde la gente acepte a los refugiados en lugar de dispararles al tiempo que se genere una buena economía vibrante que a todo el mundo le guste. Así que la reforma de Lisboa es crítica. ¿Quién lo va a bloquear? Por supuesto, la élite alemana; por supuesto, la elite austriaca y holandesa, los países del Este… Y aquí es donde mi opinión es polémica. Europa del Este tiene élites y personas que no están interesadas en la justicia social pues que sigan adelante como un Estado colchón de Vladimir Putin mientras que Europa Occidental (España, Portugal, etc.), que tiene democracias sólidas, culturas democráticas fuertes y fuertes impulsos en favor del bienestar (tenían estados de bienestar) continúen con la construcción de una nueva Europa. Si tenemos que tener una Europa de dos velocidades, tengámosla. No podemos hacer todo. Necesitamos salvar la democracia como prioridad número uno. Ese es mi punto de vista, y nosotros, en Gran Bretaña, hemos estado lidiando con esto durante dos años. Mi consejo para todos es evitar un escenario tipo Brexit, porque distrae de todos los demás problemas. Le pregunto a mi amigo que es analista de la City: “¿qué piensas de Gran Bretaña?”. Él dice: “No pienso en Gran Bretaña. Pienso en Japón, donde se ha tri- plicado la producción de robots inteligentes en el momento en que ha estado discutiendo Brexit”. Es lógico…

J.B.: Bueno, no quiero robarte más tiempo. Muchas gracias por tus respuestas.

P.M.: Ha sido un placer.

José Bellver es miembro de FUHEM Ecosocial y del equipo de redacción dePapeles

Notas:

1 Nota del traductor (NdT): Mark Zuckerberg es confundador de Facebook y su actual director ejecutivo. Serguéi Brin y Larry Page, fundadores de Google y actualmente presidente y director ejecutivo, respectivamente, de Alphabet Inc., la multinacional tecnológica estadounidense cuya principal subsidiaria es Google. Jeff Bezos es fundador y director ejecutivo de Amazon, y Jack Ma fundador y presidente ejecutivo de Alibaba Group, la mayor empresa china de comercio electrónico.

NdT: GDPR son las siglas en inglés del Reglamento General de Protección de Datos de la Unión Europea.

Fuente: PAPELES de relaciones ecosociales y cambio global 107No 144 2018/19

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