Warren Montag: “Para Althusser, la filosofía debe sacudir las cosas”

Warren Montag es profesor de literatura británica y filosofía política en el Occidental College de Los Ángeles (Estados Unidos). Es también uno de los principales especialistas en el ámbito de los estudios althusserianos, editor de la revista décalages y autor de diversos libros sobre Adam Smith, Spinoza y Althusser.

En esta entrevista, Juan Dal Maso conversa con él acerca del desarrollo de los estudios y debates sobre Althusser durante los últimos años, a partir de la publicación de su obra póstuma. Repasan también las claves de interpretación del pensamiento del filósofo argelino-francés, expuestas por Montag en su libro: Althusser and his contemporaries. Philosophy’s perpetual War(Duke University Press, Durnham y Londres, 2013).

Tenemos diferencias con su lectura de Althusser en dos aspectos. El primero es que si bien no se lo puede asimilar sin más a la política del Partido Comunista Francés en la segunda posguerra, Althuser siempre se mantuvo dentro del PCF sin elaborar una posición claramente diferenciada, por lo que no resulta posible postularlo como un alternativa frente a aquel. El segundo es que el “materialismo del encuentro” característico sobre todo del Althusser tardío, si bien se separa de una lectura “estructuralista” rígida del marxismo, contiene una posición en la que la historia y la política se vuelven totalmente contingentes, por lo que –desde nuestra óptica– la falta de alternativas estratégicas del Althusser temprano se mantiene también en el tardío.

No obstante estas diferencias, consideramos que su trabajo constituye un aporte muy destacable para comprender el pensamiento teórico de Althusser frente a ciertas lecturas que fueron predominantes durante mucho tiempo. Nos referimos a la forma más difundida de recepción en clave “estructuralista” de manual que tuvo su obra en América Latina, pero también a posiciones que, como la de Toni Negri, sostienen la existencia de una ruptura entre el Althusser temprano y el tardío. A diferencia de ambas, Montag intenta reconstruir las tensiones del pensamiento de Althusser que atraviesan toda su obra desde los años ’60.

En los últimos años ha habido un creciente interés en la obra de Althusser. Esto incluye distintos intentos de ofrecer una lectura más compleja y comprensiva del desarrollo de su pensamiento tanto como otras que hacen más hincapié en el “último Althusser”. Para vos ¿Cuáles son las razones de este renovado interés?

Parte del creciente interés en Althusser se puede explicar por la historia de la publicación de su obra, antes y después de su muerte. Las publicaciones póstumas, que ahora superan los textos publicados durante su vida, han cambiado irreversiblemente la manera en que pensamos sobre Althusser, tanto como, quizás, el modo en que pensamos sobre el “momento estructuralista” en Francia (que incluye lo que en el mundo angloparlante se conoce como “postestructuralismo”), que tan decisivamente influyó en toda una serie de disciplinas internacionalmente. La publicación de la selección por François Matheron de un manuscrito tardío sobe lo que Althusser llamó “el materialismo del encuentro” o “materialismo aleatorio” muy cerca de su muerte, en 1990, destrozó el consenso reinante (sobre todo, en el mundo angloparlante) de que Althusser era un estructuralista o incluso un estructural-funcionalista. Mientras algunos comentadores, como Toni Negri, insistieron en que el último Althusser representaba una ruptura fundamental con las posiciones expresadas en sus obras de los ’60, muchos de nosotros hoy reconocemos que ese trabajo tardío no es totalmente discontinuo con su elaboración tamprana y de hecho nos permite leer los textos tempranos de una nueva manera que está más en sintonía con sus contradicciones que persisten de diferentes formas a través de su obra. Fue Althusser mismo quien declaró en Lenin y la Filosofía que leer filosofía en matérialiste (de modo materialista) es trazar líneas de demarcación en su interior para marcar los conflictos que la hacen ser lo que es. Tomar a Althusser seriamente es aplicar este protocolo de lectura incluso (o especialmente) a su propia obra. Para hacer eso, sin embargo, debemos identificar y remover algunos de los obstáculos que nos impiden leer a Althusser de una manera nueva y diferente: las lecturas que ya se han hecho entre nosotros y son repetidas en las liturgias académicas de índoles varias, que lo retratan como un partisano de la esctructura contra la agencia, cuya teoría vuelve el cambio social, ni hablemos de la revuelta, impensable.

Él vio la práctica de la filosofía como la elaboración de tesis que fueran juzgadas, no verdaderas o falsas, sino correctas o incorrectas, sobre la base de sus efectos: ¿modificaban las cosas, abrían el camino al pensamiento y el conocimiento, cambiaban la relación de fuerzas entre ideas y conceptos en filosofía? La noción de Althusser de que existen en filosofía y otros ámbitos relaciones de fuerzas entre ideas que no tienen nada que ver con su verdad, y que la verdad de lo verdadero, si se puede plantear así, se establece y mantiene solamente a través de la lucha, parece terriblemente relevante hoy con el creciente poder de los movimientos racistas y neo-fascistas a nivel global. Cada filosófo escribe en una coyuntura específica y lo hace en orden a “faire bouger les choses”, sacudir las cosas o open things up, como decimos en inglés. Althusser propuso una teoría de la práctica filosófica que requería de él un reconocimiento preciso de la coyuntura teórica, las alianzas objetivas que tomaban forma entre conceptos y teorías, más que entre personas y partidos entendidos sobre la base de sus declaradas fidelidades o intenciones, así como sus efectos. Desde esta perspectiva, un texto de un no marxista (pero de ninguna manera un antimarxista) como Foucault (por ejemplo Vigilar y castigar) podría tener más que aportar, a pesar, o en razón, de sus contradicciones, a la teoría y la práctica de la lucha de clases, así como a la lucha contra las formas de racismo y sexismo, más que mil tratados sobre la falsa conciencia.

En Althusser and his contemporaries, planteás que uno de los problemas a la hora de discutir Althusser es que hoy tenemos una visión excesivamente simplificada de lo que fue el estructuralismo. ¿Qué elementos son los que están quedando fuera del cuadro?

La concepción de la filosofía a la que me refería antes hacía imposible para Althusser simplemente desestimar el enorme cuerpo de obras hoy categorizada como “estructuralista” como “idealista” o “funcionalista”. En el corazón del modelo lingüístico, tal vez el punto de referencia central para varios proyectos estructuralistas en psicoanálisis, antropología, sociología, literatura y cine, Althusser endendió que la estructura en cuestión no era simplemente sinónimo de organización u orden, sino que de hecho representaba un intento (aún si no había tenido éxito) de producir una nueva teoría de la causalidad. El intentó trazar líneas de demarcación que separaran e identificaran aquello que en el trabajo de sus contemporáneos era irreductible a las nociones existentes de determinación y causa-efecto.

Esto fue particularmente importante para el desarrollo de la teoría y la práctica marxista, gran parte de la cual dependía del modelo de base y superestructura, de acuerdo con el cual la economía era determinante en última instancia. Toda la superestructura política, legal y cultural era explicada por medio de un concepto de causalidad expresiva o emanacionista. La base económica producía no solamente los medios económicos, sino también los medios extra-económicos de su reproducción. Mientras este concepto excluía la idea de que la cultura fuera producida libre y espontáneamente, lo hizo a expensas de la comprensión de su existencia material y de su propia forma de determinación. Esto es lo que llevó a Althusser a declarar que “la ideología tiene una existencia material”, consustancial con los aparatos, prácticas, rituales y discursos prescritos en los cuales era dicha para ser expresada. Este conjunto de problemas lo llevó a formular el concepto de causalidad estructural, conservando la noción de estructura pero solo en la forma de una estructura que está –estrictamente hablando– ausente porque no existe sino en sus efectos. Este concepto deriva en una gran medida de la lectura de Althusser sobre Spinoza, y la última discusión sobre la causa inmanente, incluso si esta es expresada en el lenguaje que usaba Lacan para teorizar el inconsciente como algo otro que un repositorio oculto de significado. ¿Es posible conceptualizar una causa que no precede o trasciende sus efectos?

Hablando de eso, en tu libro rescatás un intercambio entre Althusser y Pierre Macherey sobre el problema de la estructura y señalás que en Para leer El capital hay dos conceptos contradictorios de estructura, uno más cercano a Hegel y otro a Spinoza. ¿Cómo se caracteriza cada uno de estos conceptos?

En la primera edición de Para leer El capital publicada en 1965, Althusser usó la frase “estructura latente” y “los efectos de la estructura latente” (frases que había usado en su temprano ensayo sobre Bertolazzi y Brecht) junto con el siguiente enunciado: “una estructura es inmanente en sus efectos, la causa inmanente de sus efectos en el sentido spinozista del término, que su entera existencia es en sus efectos”.

Macherey previno a Althusser contra el uso de “estructura latente” precisamente porque implicaba que la estructura no era inmanente sino que estaba escondida u oculta tras o bajo aquello de lo que era la estructura. En psicoanálisis, la oposición entre el contenido latente y manifiesto de un sueño a menudo sugería una escondida verdad oculta por un velo de apariencia y un requerimiento de un método hermenéutico que pudiera penetrar más allá de la superficie, una noción a la que Lacan se opuso desde el comienzo de su enseñanza.

Además, “latente”, derivado del verbo latino lateo, yacer oculto o fuera de la vista, después adquirió en francés otro significado: latente pasó a significar embrionario, la condición de algo en las primeras etapas de su desarrollo. Este significado posterior inevitablemente recordaba las nociones de lo potencial y su realización, y por lo tanto también una teleología inmanente, como el ejemplo de Aristóteles del árbol contenido en la semilla como su fin.

Macherey, particularmente en su contribución al número especial de Les Temps Modernesdedicado al estructuralismo en 1966, llevó la formulación de Althusser en Para leer El capital aún más lejos: si la estructura no tiene existencia fuera de sus efectos, esta no existe, estrictamente hablando, incluso dentro de “sus” fenómenos. No existe en ninguna parte, una causa ausente cuya ausencia permite la posibilidad de pensar la singularidad y la irregularidad. Quizás la expresión más convincente de este concepto de estructura es la noción de “la estructura de la coyuntura”, la estructura de la combinación de diversos, conflictivos y dispersos elementos que es irreductible a una lógica de la historia.

¿Esta forma contradictoria de entender la estructura se mantiene a lo largo de la trayectoria teórica de Althusser?

Yo lo plantearía de esta manera: esta contradicción o conjunto de contradicciones aparece y reaparece a través de su trabajo, aunque en diferentes contextos y formulada de diferentes maneras. En el ensayo sobre los Aparatos Ideológicos del Estado (AIE), por ejemplo, Althusser provee una explicación totalmente funcionalista (casi idéntica a aquello que él critica en Levi-Strauss) de los AIE, como si fueron los medios que la sociedad capitalista crea en orden de auto-reproducirse. Es una explicación en la que la lucha de clases, o cualquier clase de lucha, juega un rol muy secundario o ningún rol. Más aún, cuando él argumenta que “la estructura formal de la ideología es siempre la misma”, dotándola de una existencia transhitórica en la que la interpelación del individuo ocurre siempre de igual o similar modo a través de la historia humana, queda muy cerca de reconstruir una especie de combinatoria. Lo que vuelve este ejemplo particularmente interesante es el hecho de que las revisiones de Althusser a las formulaciones contenidas en el manuscrito original, publicado en 1996 bajo el título Sur la reproduction, consistieron en remover casi todas las referencias a la resistencia y a los contradictorios “sous-produits” producidos por los AIE, transformando la más compleja versión original en un texto cuasi-funcionalista. Aún si asignamos un significado táctico y por ende coyuntural a esos cambios, queda claro que Althusser todavía no había ajustado cuentas con la noción de estructura que él criticaba.

Aunque el término “estructura” aparece con menos frecuencia en sus últimos trabajos sobre el materialismo aleatorio que en La revolución teórica de Marx, él ha recurrido al término cuando sus meditaciones sobre lo aleatorio lo llevaron al verdadero problema por el cual la noción de causalidad estructural servía como un marcador. Aquí Althusser argumenta que “en vez de pensar la contingencia como una modalidad de la necesidad, debemos pensar la necesidad como el devenir-necesario del encuentro de las contingencias” y se refiere a la “estructura del encuentro” que ni precede ni se sigue de la conjunción de elementos, sino que es la causa que coincide enteramente con su efecto, el “devenir-necesario” del encuentro que “acontece”, el momento en que una cosa singular, quizás un mundo o un modo de producción, emerge con las leyes y tendencias que lo impulsan, por un tiempo indefinido, a persistir en su ser. Y aunque las referencias de Althusser son a Epicuro o Lucrecio más que a Spinoza, y al vacío más que a un espacio pleno de materia, podemos ver la recurrencia de un problema que las teorías existentes de la causalidad no pueden definir, mucho menos resolver.

Althusser practica una lectura de Maquiavelo. ¿Cuáles te parecen sus aportes?

Maquiavelo ocupó un lugar muy especial en el universo teórico de Althusser. Como Spinoza, él fue objeto de una especie de obsesión que mantuvo Althusser, hasta el fin de su vida, retornando a los textos de Maquiavelo. Cuando primero decidió dedicar un seminario a Maquiavelo en 1962, Alhtusser dio cuenta en su correspondencia con Franca Madonia de sentir una especie de reverencia por su obra, pero sin ser capaz de explicar a sus estudiantes por qué. El problema no era entender los textos en sí mismos, sino captar la importancia filosófica de Maquiavelo, el sentido en que Maquiavelo era no solo un pensador político, sino un filósofo o quizás incluso un anti-filósofo, en que casi todas las variantes de la filosofía de su tiempo estaban orientadas a un conocimiento de la providencia y los fines para los cuales las cosas habían sido creadas. El realismo de Maquiavelo procedía a través de una desrealización de las nociones existenes de lo real y la realidad para demostrar la imposibilidad del príncipe necesario para la formación de una Nación italiana, por ende la condición necesaria para la paz y la prosperidad. Pero Maquiavelo también fue un pensador de la ocasión (occasione), el kairós, traída inesperadamente por la fortuna, el momento en el cual la chance de subvertir el orden existente hace su aparición fugaz. Este es el momento que Lenin en sus Cartas desde lejos (1917) dijo que podía ser fácilmente confundido con un milagro, dada la gran cantidad de eventos que se combinaban para producirlo, el momento que los revolucionarios debían ser capaces de reconocer porque en él residía la única posiblidad de cambio revolucionario. Junto a las regularidades y los patrones históricos, un tiempo cuasi cíclico gobernado por la repetición, subyace otro tiempo, irreductible al primero, marcado por discontinuidades y comienzos irreversibles.

De aquí se desprende que Maquiavleo era, como apuntaba Althusser, “el primer pensador de la coyuntura”, que rechazaba el dominio de lo universal sobre lo singular. Él no solo piensa sobre la coyuntura sino en ella, obligado a dar cuenta de las relaciones de fuerza que constituyen su sistema conflictual y escribir en respuesta. En un sentido muy importante, Maquiavelo trató sus propios enunciados como intervenciones y calculó los medios a través de los cuales él podía moldear las relaciones de fuerza al nivel de la escritura. Él vio las grandes historias de los escritores griegos y romanos como documentos de los experimentos histórico-políticos cuyos resultados eran necesarios para su propio proyecto de comprensión del presente. Ellos enseñaban que “uno debe ser del pueblo para conocer al príncipe”, lo cual quería decir que el poder soberano, sin considerar ley y costumbre, residía en el pueblo, su apoyo, su aceptación o su oposición.

Utilizás el concepto de “coyuntura teórica” para entender las intervenciones filosóficas de Althusser en los distintos momentos de su trayectoria. ¿Cómo se puede usar este concepto para captar los distintos puntos de inflexión de su pensamiento y qué relación tiene con sus posicionamientos políticos?

Es fascinante leer las afirmaciones de Althusser sobre la coyuntura filosófica de medidados de los años ’60, un extraordinario momento desde cualquier punto de vista. Él entendió el poder de una suerte de humanismo, radicado en la tradición liberal, de un lado, y el poder del formalismo y el funcionalismo del otro, así como el poder de la unidad que habían forjado entre ellos. Estas posiciones de ninguna manera conrrespondían a partidos o movimientos políticos específicos, exepto quizás en el sentido de que el fin del régimen de Stalin y la parcial socialdemocratizacón de algunos partidos comunistas europeos (por ejemplo el PCI) provocaron un movimiento de alejamiento del “dogmatismo”, entendido como cualquier énfasis en los textos de Marx, Engels y Lenin (excepto los recientemente publicados trabajos del joven Marx). El maoísmo, que emergió en Francia a mediados de los ’60, marcó la reacción contra este “revisionismo”. Nosotros sabemos ahora que Althusser se opuso tanto al stalinismo que estaba vivo y coleando en Francia (y cuyas relaciones con el maoísmo fueron siempre muy complicadas) y al revisionismo que pudo tomar una forma fenomenológica o estructuralista.

Siguiendo con la cuestión de la política y la coyuntura teórica, ¿qué relación hay entre el trabajo téorico de Althusser y sus posiciones sobre el Mayo del ’68? ¿Qué te parecen las críticas de Rancière en La lección de Althusser?

Althusser pasó Mayo del ’68 en un hospital psiquiátrico y no pudo participar personalmente en la lucha. Esto no significa, sin embargo que no consideró los eventos del Mayo como un momento definitivo en la historia de la Francia moderna. La creencia de que Althusser compartió la evaluación negativa del “izquierdismo infantil” o “anarquismo” del Mayo Francés, típica de la dirección del PCF, es tan extendida como falsa. Pocos de sus críticos son conscientes de que él respondió al ataque contra los estudiantes revolucionarios de parte de Michel Verret en un texto “A Propos de l’Article de Michel Verret Sur Mai Étudiant”, publicado en 1969, en La Pensée. Althusser ofreció una defensa de la movilización de masas de los estudiantes, aún cuando reconocía su carácter contradictorio. Althusser criticaba al PCF y la CGT por fallar en dar cuenta de la radicalización de los jóvenes trabajadores como “obreros del Mayo” y rechazaba el populismo y el anti-intelectualismo de la crítica de los estudiantes. De hecho, él subrayó el aislamiento del PCF respecto de los estudiantes y la juventud como un serio error por el cual el partido tenía que asumir su responsabilidad e intentar rectificar.

Quizás más importante, diría que Althusser fue uno de los pocos que reconoció quizás tan temprano como en el otoño del ’68, que la occasione en el sentido de Maquiavelo, la apertura en la que la revolución es posible, se había cerrado y que la tarea más importante era explicar el fracaso de la revuelta tan aparentemente favorecida por la fortuna. Podríamos recordar que en el manuscrito publicado después de la muerte de Althusser, él identifica al PCF como un Aparato Ideológico del Estado y por lo tanto como parte de la reproducción de la dominación de clase. Yo veo el ensayo sobre los AIE como una respuesta a las secuelas del Mayo que tomaron la forma de una respuesta a la pregunta que Spinoza pone en la introducción del Tratado teológico-político: ¿qué hace que los hombres luchen tan bravamente por su servidumbre como por su salvación? Era un análisis de ese tipo, más que un mesianismo secularizado que prometía todo a los creyentes, lo que hacía posible una estrategia revolucionaria.

La crítica de Rancière contra Althusser estaba basada en una sobrestimación tanto del poder como de la malevolencia del PCF (y de Althusser mismo, retratado por Rancière como un funcionario intelectual cuya doctrina cambiaba de acuerdo con la línea del partido). Decir que el marxismo de Althuser era “una filosofía del orden” y que incluso su énfasis en el análisis de la coyuntura era meramente una astuta manera de preservar un lugar para las élites intelectuales, es tratar su trabajo filosófico como una serie de bellas mentiras que deben ser expuestas como tales. El libro de Rancière nos dice bien poco sobre Althusser, pero bastante sobre las propias posiciones de Rancière y las contradicciones que llevaron al colapso del maoísmo francés como una fuerza singificativa en la izquierda. Afortunadamente, las posiciones que parece tomar en La lección de Althusser, particularmente su oposición a la crítica del sujeto de Althusser, son pronto olvidadas y Rancière continúa emprendiendo importantes exploraciones en teoría y política.

Fuente: https://www.laizquierdadiario.com/

Presos políticos mapuches

Por Raúl Zibechi

“Si comparo la situación actual con once años atrás, veo un cambio notable en nuestro pueblo”, explica Mónica Quezada, madre de Matías Catrileo, asesinado por la espalda en 2008 mientras recuperaba tierras. La coyuntura a la que se refiere Mónica es la masiva y maciza movilización social a partir del 14 de noviembre, cuando fue asesinado Camilo Catrillanca, también por la espalda.

El diálogo lo tuvimos el pasado lunes 10 en la cárcel de Temuco, donde visitamos a tres de los ocho presos políticos mapuche: los hermanos Benito y Pablo Trangol y el machi Celestino Córdova. Estaban rodeados de media docena de mujeres de su pueblo, que acuden todas las semanas, como hermanas políticas de los presos.

Los Trangol fueron acusados de la quema de una iglesia evangélica, pero fueron incriminados por “testigos sin rostro” y se les aplicó la Ley Antiterrorista. Realizaron una huelga de hambre de más de cien días, el año pasado, para revertir la aplicación de una legislación que según organizaciones de derechos humanos representa violencia, racismo y discriminación étnica en contra del pueblo mapuche.

A la extensa huelga de hambre se sumó un hermano de los Trangol y una autoridad de su comunidad, exigiendo el inicio de un juicio justo, ya que estuvieron más de un año como imputados sin juicio, y la no aplicación de la Ley Antiterrorista. La justicia determinó diez años de prisión para Benito y Pablo, de 35 y 25 años de edad, sin más elementos que las declaraciones de una mujer cuyos datos ni siquiera los abogados conocen.

El machi Celestino fue acusado en el marco de las investigaciones de la muerte del matrimonio de hacendados Luchsinger-Mackay, en 2013. Fue condenado a 18 años de prisión y realizó una extensa huelga de hambre de más de cien días para poder acudir a su comunidad para realizar una ceremonia tradicional y cumplir así su función de machi (autoridad religiosa mapuche).

La impresión que recogemos en la visita, confirmada en todos los diálogos con autoridades mapuche, es que la represión viene creciendo de forma exponencial. Algunos comuneros relataron que el cuerpo de Carabineros utiliza formas represivas ilegales para atacar a las comunidades y en particular a las autoridades comprometidas en la recuperación de tierras y en la resistencia al Estado de Chile.

Los crímenes de Catrileo y de Catrillanca muestra claramente el accionar delictivo de Carabineros. En los dos casos los uniformados mintieron. Catrileo muere en una acción pacífica en el fundo Santa Margarita, del agricultor Jorge Luchsinger, predio que reclaman las comunidades y era defendido por Carabineros que dispararon sobre el militante mapuche. Dijeron que hubo un enfrentamiento armado, pero los asesinos debieron ser condenados cuando se desmontó el engaño y dados de baja del cuerpo.

Catrillanca fue asesinado por la espalda por un miembro del Comando Jungla de Carabineros mientras conducía un tractor. La primera versión de Carabineros fue que la acción era la respuesta al robo de coches de profesoras de la escuela de Ercilla por un grupo de encapuchados y dijeron que tenía antecedentes penales. Aseguraron que la acción no había sido filmada, pero en realidad destruyeron esa prueba.

Cuando todas las mentiras se vinieron abajo, el gobierno debió dar marcha atrás y a lo largo de todo Chile se multiplicaron las manifestaciones de apoyo al pueblo mapuche. A esa enorme movilización hizo referencia Mónica, la mamá de Matías Catrileo, al mencionar el crecimiento del pueblo mapuche en esta larga y difícil década.

Así como el asesinato de Matías forjó una nueva camada de militantes, el de Camilo está ampliando el horizonte de todo un pueblo. Lo realmente nuevo en el Chile actual, no es la lucha mapuche, un pueblo que lleva cinco siglos de pie, sino el involucramiento de nuevas camadas de jóvenes (y no tan jóvenes) en una pelea de larga duración contra un Estado genocida y terrorista.

Esa “potencia” que menciona Mónica, ese crecimiento del pueblo mapuche, no puede comprobarse en las grandes manifestaciones ni en las acciones de repudio y solidaridad. Pero es palpable en los grupos de base, en la multiplicación de organizaciones mapuche y mixtas, en el notable crecimiento de las personas que hablan y estudian mapudungun, incluyendo muchos blancos o huincas. Una fuerza que nace de la tierra, de muy abajo, y que está resultando imbatible.

El principal azote del pueblo mapuche es el extractivismo forestal, al que protegen y defienden el Estado chileno y el gobierno de Piñera. Ese modelo tiene un límite: como señala el último editorial de la página Mapuexpress, la dignidad de la familia y la comunidad de Camilo Catrillanca han supuesto “un fuerte remezón para mirar con mayor precisión histórica y política lo que está ocurriendo en el Wallmapu”, y ha generado “una poderosa ruta para el pueblo mapuche.

 

El fascismo que viene y la disputa cotidiana en el terreno de los afectos

Por Amador Fernández-Savater

 

Abandonar la pelea en los terrenos de la vida cotidiana, en favor de la conquista del poder, ha dejado vía libre a las pasiones tristes de las que se alimenta la derechización social.

 

Estamos todos tratando de pensar de qué tipo es ese “fascismo que viene” a nivel global y local -por ahora sólo tenemos las viejas etiquetas para nombrarlo- y cómo se puede combatir con eficacia. Lo que puedes leer a continuación son algunos apuntes e intuiciones que, a pesar de su tono demasiado nítido y concluyente, quisieran simplemente servir para empezar una conversación y abrir procesos de pensamiento e iniciativas post 15M.

La crisis y el cortafuegos 15M La irrupción de Vox en las elecciones andaluzas evidencia que la crisis sigue siendo, diez años después y a pesar de cómo se interpreten los datos macro, la situación que mejor describe la coyuntura política y la vida social. La novedad sería que, mientras que el malestar de la crisis se activó primero en el 15M y luego en el voto a Podemos o las confluencias, ahora se estaría desplazando muy hacia la derecha.

Tras la irrupción de Vox, se han podido leer por aquí y por allá comentarios que consideraban refutada la idea de que el 15M había supuesto en España un “cortafuegos” del ascenso general de la extrema derecha que vemos en toda Europa. Me parece un error gravísimo.

El 15M supuso verdaderamente un antídoto de la derechización -canalizando el malestar hacia arriba (políticos y banqueros) y no hacia abajo (migrantes)-, pero no se puede pensar como una vacuna milagrosa, eterna y que funcionase de una vez por todas. Había que renovarla, actualizarla, para mantener vivos sus efectos. Y eso es lo que no ha ocurrido.

El 15M ya fue, es agua pasada. Lo que venga como nueva politización se llamará de otro modo y tendrá otra forma. Pero es muy importante entender bien qué fue. Es decir, qué fue lo que durante los peores años de la crisis neutralizó el virus fascistizante.

Resumiendo mucho, podríamos decir que el 15M fue 1) una dinámica de autoorganización popular. Es decir, no un movimiento referido a un sujeto preconstituido (la clase obrera, etc.), sino un proceso de “creación de pueblo”. Porque es la acción colectiva la crea un pueblo y no al revés. Un pueblo es un proceso que se hace, como en el tejido de un patchwork se van añadiendo nuevos fragmentos a la tela. Por ejemplo, en las plazas del 15M no había prácticamente inmigrantes, pero estos se unieron más tarde al movimiento a través de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca y la politización del problema de los desahucios.

Y el 15M fue 2) un efecto de re-sensibilización social. Donde la crisis ponía en el centro la victimización, el resentimiento, la competencia y el sálvese quien pueda, el 15M puso la activación social, el empoderamiento, la empatía y la solidaridad. El otro, lejos de convertirse en obstáculo o enemigo, se volvía un cómplice para la acción transformadora. Más que un común ideológico, el 15M creó un común sensible en el cual se sentía como algo propio y cercano lo que les sucedía a otros desconocidos. Una nueva manera de decir “nosotros”, abierta e incluyente a cualquiera que estuviese indignado con la situación presente de precariedad generalizada y ausencia de democracia.

El asalto institucional El “asalto institucional” quería trasladar al poder político -blindado y sordo a los movimientos de la calle- algunas de las demandas y de las nuevas claves nacidas durante el 15M. Sin duda una muy buena idea. Sin embargo, durante el proceso se rompe la tensión productiva entre intervención política e intervención social. La disputa en el campo social que es precisamente donde se “crea pueblo” y donde se modulan los afectos colectivos- se abandona en favor de la conquista del Estado, dejando así el terreno libre a las estrategias derechistas -tanto mediáticas como de intervención sobre los territorios de vida.

La desactivación del “cortafuegos” 15M -los lazos de acción colectiva, apoyo mutuo, empatía y solidaridad- deja el paso libre a los virus que siempre están ahí durante una crisis económica y social: el miedo, el aislamiento, la amargura, la victimización, el resentimiento, la agresividad, la búsqueda de chivos expiatorios. De esa “pasionalidad oscura” -como dice Diego Sztulwark- se alimenta actualmente el desplazamiento hacia la derecha extrema y la extrema derecha.

Se habla del efecto multiplicador que han tenido los medios de comunicación en la aparición de Vox. Con toda seguridad es cierto. Pero hay que recordar que los medios de comunicación no pueden imponer a la sociedad lo que quieren siempre que quieren. Por ejemplo, era imposible que en un clima social como el creado por el 15M prendiese la idea de que la salida de la crisis pasaba por el rechazo de los migrantes o el endurecimiento del orden. Es en el debilitamiento del clima social generado por el 15M donde calan esas ideas.

Nueva Política No sólo hemos visto cómo sube Vox, sino cómo baja Unidos Podemos. En unas elecciones donde se ha castigado al establishment (PP-PSOE) con una pérdida importantísima de apoyo político, Unidos Podemos no ha logrado recoger ni un solo voto más, sino todo lo contrario. ¿De qué nos habla esto? De la decepción y el desencanto que ha generado en un cortísimo lapso de tiempo la Nueva Política.

El asalto institucional se hizo cargo en determinado momento de una cantidad enorme de energía que venía del 15M: ilusión, esperanza, deseo. Pero hemos visto cómo ha disminuido conforme se iba asimilando a la vieja política en sus formas de hacer: personalismo extremo, opacidad y verticalización en la toma de decisiones, lógica de bandos y camarillas, relaciones instrumentales, un canibalismo interno pocas veces visto en un partido…

Por tanto, el giro político “realista” decidido en determinado momento por las élites de Podemos -subordinarlo todo a la conquista del poder político: construcción de movimiento, formas de hacer democráticas, aceptación del pluralismo y la crítica, relación positiva con el otro y con el adversario- se revela ahora como lo más iluso e ilusorio: ni se tiene el poder político, ni se tiene una sociedad en movimiento, activa o crítica.

La Nueva Política ha generado en ese sentido una despolitización -desafección, desestímulo, decepción y desencanto- y en el vacío de esa despolitización crece la derechización social. Por todo esto, si existiese un dios de las palabras, que enmudeciese a todo aquel que las usase en vano, creo que ningún dirigente de Podemos podría “apelar al espíritu del 15M” sin perder inmediatamente la voz.

Una palabra sobre Catalunya No es el conflicto en Catalunya lo que ha “despertado el fascismo” en el resto de España, sino en todo caso la forma que ha tomado finalmente ese conflicto. ¿Qué quiero decir?

Desde este blog, hemos insistido en “pensar distinto” el desafío independentista en Catalunya. No verlo solamente como un asunto identitario o nacional, sino también como otra expresión más -difusa, ambigua, impura- de rechazo al sistema político español y su gestión de la crisis. Pero la lógica de la representación ha conseguido codificarlo enteramente como una pelea entre dos nacionalismos, excitando así el anticatalanismo histórico latente. Ha habido una incapacidad (dentro y fuera de Catalunya) por encontrar los modos de hacer ver la complejidad del procés y plantear un conflicto distinto e invitador para las gentes (muchas, muchísimas) que comparten el mismo rechazo fuera de Catalunya. Lo que era “común” -el malestar de las vidas en crisis y el rechazo del neoliberalismo- se rompe y se pierde al articularse en clave nacionalista.

Despolitizarse para repolitizarse La repolitización que viene -mejor dicho: que ya está viniendo, con los movimientos de pensionistas o de mujeres- tiene que pasar primero por una despolitización. Una despolitización positiva, un proceso activo en el que hacernos una “limpia” de una cantidad de creencias y hábitos que hemos adquirido durante la etapa del asalto institucional. Por ejemplo:

-la idea de que la sociedad se cambia desde arriba, tomando los lugares del Estado. Cuando ni siquiera las mejoras sociales, si son algo meramente otorgado y no van acompañadas de procesos de subjetivación colectivos (debate, politización, comprensión crítica, otros valores…), contribuyen necesariamente al cambio social.

-la idea de que se puede y se debe subordinar todo a la “victoria” y la “eficacia electoral”: la discusión colectiva, las relaciones de igualdad, la democracia de los procesos, la pluralidad, el valor de la pregunta y la crítica, etc. Hemos podido verificar en muy poco tiempo que se puede perfectamente “ganar pero perder”: ganar poder y elecciones, pero perder todos los ingredientes del cambio social por el camino al disociar los medios y los fines.

Se trata de hacer de la desafección y la decepción con respecto a la Nueva Política un aprendizaje y un nuevo punto de partida. La ocasión para un cambio y un viraje. Hacer de la despolitización una palanca.

Disputar el campo social de fuerzas El filósofo Michel Foucault nos propuso cambiar radicalmente nuestra concepción del poder: en lugar de verlo como algo que “baja” desde algunos lugares privilegiados (Estado, instituciones), nos invitó a pensarlo como un “campo social de fuerzas”. El poder viene de todos lados y se juega cotidianamente en millares de relaciones que configuran nuestra manera de entender la educación, la salud, la sexualidad o el trabajo.

Las leyes o el poder político no vienen primero, no son los resortes del cambio social, no son su causa, sino justamente los efectos de la disputa en ese campo social de fuerzas. Pensemos en los movimientos obreros, de mujeres, de homosexuales o de minorías étnicas durante el siglo XX: primero se dieron procesos profundos de transformación de la percepción, los afectos y los comportamientos sociales, que más tarde se registrarían a nivel legislativo o institucional.

Lejos de ser una mirada pesimista (“el poder está en todos lados”), la mirada de Foucault tiene implicaciones muy positivas: el cambio social está al alcance de todos, se juega en la vida cotidiana de cualquiera, nuestros gestos, decisiones y relaciones cotidianas cuentan y mucho.

Es la disputa en ese “campo social de fuerzas” lo que hemos abandonado en buena medida, dejando vía libre al miedo, el aislamiento, la victimización y todas las pasiones tristes de la que se alimentan las viejas y nuevas derechas.

En este “periodo oscuro” que se abre, en el cual el malestar social antisistema es canalizado por derecha, no se trata simplemente de encontrar otra “política comunicativa” (guiños, gestos, signos) mediante la cual hablar a los votantes potenciales de la derecha y la extrema derecha y convencerlos de votar a los partidos de izquierda o progresistas. Así seguimos reduciendo la política a “comunicación electoral”. La derecha y la extrema derecha crecen, no porque tengan una política comunicativa mejor, sino porque son capaces de producir un tipo de subjetividad (creencia, valores, afectos) con la cual sintoniza luego su mensaje electoral.

La pelea por la hegemonía social se disputa en los territorios de vida, en todos los entornos laborales, locales y familiares en los que hacemos experiencia, en cualquiera de los lugares cotidianos donde se configura nuestra manera de ver y sentir el mundo.

No se trata necesariamente de abandonar la intervención en la esfera de la representación, pero sí de complejizarla y repensar-rehacer su engarce con la intervención en la vida social. Porque es ahí donde se crea pueblo, se modulan los afectos colectivos y se cambian las cosas.

Fuente: http://www.eldiario.es/interferencias/fascismo-afectos-vox_6_843475663.html

El Enigma del Deforme

Por Guiseppe Cocco y Bruno Cava / Universidade Nomade do Brasil

INTRODUCCIÓN del libro «O Enigma do Disforme» escrito por estos mismos autores.

Diez años después la crisis de los subprimes continúa siendo un rompecabezas. Del lado de adentro, de las burbujas del mercado inmobiliario y securitización en los Estados Unidos que estallaron en 2008, apareció la multitud de indignados que ocupó plazas, tomó las calles, levantó acampadas y llegó a derrumbar gobiernos. En la velocidad de la tercera revolución industrial, los nuevos bárbaros se expanden en un ecosistema de luchas singulares que se conectan en la misma diferencia entre sí. El último ciclo fue desde las primaveras árabes de 2010-11 a la revuelta de los paraguas en Hong Kong, pasando por las plazas Tahrir en Egipto, Perola en Bahrein, Syntagma en Atenas, Puerta del Sol en Madrid, Catalunya en Barcelona, Zuccotti Park en Nueva York, Taksim en Estambul y Maidan en Ucrania, entre miles de otras.

En Brasil la larga primavera de Junio de 2013 barrió de la coyuntura el consenso progresista que mantenía un gobierno de saqueo directo de las metrópolis, de los fondos sociales, de las esperanzas de los pobres. En seguida, el periodo de restauración fue tan violento en cuanto al grado destituyente y desterritorializante del arco de levantamientos que irrumpió en el mundo entero los años anteriores. Por aquí, la restauración aconteció, primero, a través de la represión directa, pura y simple, manejada por la reunión ecuménica de instituciones políticas y policiales y de varios espectros político-ideológicos en el comité unificado del Partido del Orden; después, por el Thermidor rojo de la reelección de 2014, y, finalmente, por la substitución de la tragedia de las luchas abortadas por la farsa: la multiplicación de falsas polarizaciones, fake news y post verdades, el empeoramiento del nihilismo comunicativo de las guerras culturales, la atmosfera denuncista, testimonial y policiaca en las redes de discusión, el uso instrumental y deliberadamente autofágico del “lugar del habla” para restituir a cada cual a su cuadrito y todos a la impotencia –en la que muchos análisis, al repercutirla como concepto, sucumben al diagnóstico vago de las ondas fascistas o del momento populista−. Todo para renovar ad vitam aeternam una polarización electoral cuya retorica es hinchada en la exacta proporción de su vacío de antagonismo real.

El neoliberalismo infiltró sus dispositivos en la piel, en el cerebro, en el inconsciente y nuestros sueños; proliferó los mecanismos de control, se expandió por toda la sociedad, desde dentro y en profundidad, una microeconomía financiarizada y un emprendedurismo difuso. Lejos, con todo, de caracterizarse por un totalitarismo molecular, sin chance para los cambios o las subversiones, la sociedad neoliberal mostró su rostro también de la mayor inestabilidad del ejercicio del poder: las sublevaciones y las indignaciones se acelerarán y extenderán como un saco perforado de esporas, con la misma velocidad alucinante del giro del capital en las bolsas de valores. Si, el capitalismo no es la tierra que gira en torno al Sol, sino que es el dinero que da la vuelta a la Tierra, los éxodos, las luchas y los levantamientos se deslizan con una velocidad aun superior y tendencialmente infinita.

Al final de la década de 2010, la situación es la siguiente: una sociedad global intensamente movilizada, que dispara lineas de desterritorialización en muchos sentidos, lo que no significa que -solo por eso- estemos a la altura de esos devenires o sepamos contar con ellos. Más bien se trata de que el régimen de funcionamiento de los levantamientos de nuevo tipo no sigue más esquemas mecánicos o dualistas, entre desorganización y organización, entre clase y partido y vanguardia, o entre sentimiento apolítico y su hegemonización política por fuerzas partidarias. El modo de existir de los ataques y de las fugas es el de un mosaico dinámico de cualidades y grandezas cuantitativas, una amalgama de colores y texturas que nos invita al poder de la tonalidad, las ritmologías, cromatismos y estratigrafías. El neoliberalismo, entonces, no puede ser entendido sólo como una totalidad cerrada en la que sus valores ya estarían dados, golpeable sólo desde el exterior, frente a lo que cabría reivindicar un afuera cualquiera, necesariamente mistificado y mistificante.

Las teorías contemporáneas sobre el neoliberalismo fueron picadas por el mosquito supercrítico: no cesan de alertar sobre nuevos y más sofisticados métodos de control o disciplina, como si se tratase de un deber moral. Es el mismo tono admonitorio de los anticomunismos a la derecha, que ven el enemigo en todas partes, como una sombra a ser denunciada al resto del rebaño. Estarían así exponiendo las lógicas de dominación para una sociedad supuestamente anestesiada o sin conciencia de aquello que la conduce. En este libro, quisimos romper con esa tradición de la impotencia, para colocarnos en la plaza de otro modo, a la espera de un devenir ambivalente, en zonas de indiscernibilidad que aun guardan algo de intempestivo ante los moralismos de izquierda o de derecha.

La crisis del capitalismo global, en su ambivalencia, no fue un trastorno momentáneo provocado por excesos especulativos del capital ficticio, como podría hacer creer la antigua dicotomía que divide a la economia en real y financiera. Pues no bastó, desde el punto de vista del capitalismo, reintroducir la regulación de los mercados financieros en otras coordenadas. La crisis de la gubernamentalidad neoliberal se dibujó en grandes tendencias o inflexiones, entre las cuales se destaca el descenso forzado de la economia china, después del exitoso paquete anti cíclico trillonario de 2008-09. En el Brasil del gobierno progresista, el ensayo de resurgencia keynesiana envolvió su propio paquete anti cíclico coyuntural con el nombre de fantasía de “nueva matriz económica”, lo que sería, en la retórica supervalorizada, la palanca a la china de salida del impasse, nariz orientada hacia el despegue en relacion al neoliberalismo. Aunque los ideólogos vean en la parodia desarrollista de Dilma, en 2011, alguna especie de extraño coraje, por ter cutucado onzas (1)… el dato concreto es que sus políticas fracasaron redonda y dramáticamente. Minando las bases sociales, económicas e institucionales, su gobierno a esa altura de viaje ya estaba comprometido con las peores prácticas de la politica brasileña.

El ciclo de los gobiernos progresistas en America Latina culminó en la peor recesión de las últimas décadas, por lo menos en Brasil, Argentina y Venezuela. La pretendida salida del neoliberalismo no sólo falló en sus propios parámetros de evaluación, sino que reforzó directamente la gubernamentalidad neoliberal. La crisis de la globalización es también la crisis de las anunciadas salidas de la crisis y de la propia promesa de una salida, fuese mediante el capitalismo progresista o por la izquierda o por la micropolítica. Ahora el neoliberalismo baboso es impuesto como solución única ante las izquierdas que se quedaron sin imaginación, sin pensamiento, sin clase. Pero la culpa, nos dicen, es de las derechas. Sin embargo, ellas, cuando fueron convocadas a renovarse por el evento prefirieron la defensa abstracta del altar ideológico repleto de sus propios colosos de pies de barro. El congestionamiento de las narrativas del fracaso hinchado por la matriz discursiva del golpe que no hubo y por los estilemas de una doxa universitaria, apenas realza aún más el fracaso general de lo que se pretendería legitimar: la identidad narcisista de la Izquierda, la pulsión autoritaria por el Estado tal cual el surco de una ballena blanca que incansablemente perseguimos, o bien un anti neoliberalismo moral y rigurosamente de almanaque.

Con el agotamiento del ciclo de gobiernos progresistas, seguido de la restauración conservadora en la que el propio arco progresista participó activamente, del ciclo de levantamientos que van desde las intifadas de Túnez en 2010 hasta las acampadas del Nuit Debout en 2016, parece arrojar a Brasil y a la America del Sur de vuelta a su prisión histórica y geográfica. Como lo sentencia, en términos directos, la teoría geopolítica más convencional:

Los académicos y los periodistas pueden escribir que el continente (sudamericano) se encuentra en una encrucijada, algo como el momento de embarcarse en su gran futuro. Hablan de lo geográficamente, continúa el autor, que más que una encrucijada, se trata del fondo del mundo. Muchas cosas están sucediendo en este vasto espacio, pero el problema es que la mayor parte de lo que está sucediendo está siendo determinado por un montón de lugares menos por él mismo. (2)

Es exactamente esta perspectiva, este fondo el que nos interesa. Para aprender del impasse, necesitamos releer al neoliberalismo y para eso volveremos, por un lado, a las lecciones de Michel Foucault de hace 40 años atrás y, por el otro, a lo que decíamos, en 2005 (3), sobre las trampas del neo desarrollismo.

En este libro nos proponemos la búsqueda de los grandes espacios abiertos, hacer un balance de larga duración de los impasses en que estamos, presentir los incoyunturales si con eso despegamos del infierno de las coyunturas. Contra los reformadores de la Izquierda y sus vitrinas con los mismos productos embalados de diferente modo, no tenemos ninguna salida para empaquetar y ofrecer al lector. Deje eso. Al contrario, nuestro objetivo aquí es entrar en los impasses, permitir que el esfuerzo recoja la resistencia y la plasticidad de las materias que enfrenta.

Sabemos que fueron muchos los colapsos de la modernización en el largo rosario de frustraciones y esperanzas fallidas en nombre del Brasil del Futuro, la vieja creencia milagrosa de un Eldorado mágico y seductor en los trópicos. De varias maneras, los que se propusieron pensar el país, desde aquellos afiliados al épico paradigma de la formación Nacional hasta los que abrazaran amargas dialécticas negativas, asimilaran en sus teorías los cuellos de botella persistentes, los obstáculos estructurales, los dilemas de lo inorgánico, los dramas dualistas y las desventuras dialécticas, en la historia politica, social y económica del largo amanecer del recorrido desarrollista que va de Vargas a Geisel. Todo ello sin olvidar la infinidad de formulaciones teóricas y arreglos institucionales de ese periodo de 60 años que, sin embargo, no nos debe cargar demasiado el análisis y sus conceptos, como recomendaba Nietzsche en sus consideraciones extemporáneas sobre los usos de la historia.

Preferimos tomar la tradición de pensamiento sobre el Brasil y comenzar a venir al revés, a las espaldas de la literatura de formación nacional, para entonces filtrarla en la criba fina de la lógica de los acontecimientos que definen nuestra realidad y su intempestivo. Entonces, en lugar de situar el pensamiento en la tension entre emancipación y modernización, en la investigación quimérica de un patrón de desarrollismo adecuado a un proyecto de país, o bien renunciar a la transformación en nombre de la negatividad de una crítica lírica, asumimos el más bien el arduo desafío programático de formular una teoría de la subjetividad en las condiciones de subdesarrollo o altermodernidad. Lo sub sustenta la misma consistencia ambivalente del post, en que respiran nuestros problemas. No es que seamos anti-modernos. Es que aquí, donde jamás fuimos modernos, lo pre-moderno salta directamente a lo postmoderno que siempre hemos sido.

En el capítulo I, retomamos al Foucault del curso sobre el Nacimiento de la biopolítica (1978-79). Publicado solamente 25 años después de la presentación en las aulas por el filósofo en el College de France, en Paris, ese curso es particularmente fecundo para nuestro propósito. Nos sirve de vacuna contra tres concepciones del neoliberalismo, que mezcladas en diferentes proporciones contribuyen a la parálisis del análisis y de la creación de alternativas. En primer lugar, las reducciones del neoliberalismo a la ideología o constructo simbólico, como si fuese un discurso elaborado al servicio del propio capitalismo, con el fin de camuflar la violencia de sus operaciones, esto es, a título de legitimación o buena conciencia. Bastaría entonces desenmascararlo para que pudiésemos tomar conciencia de los verdadero artificios con que el neoliberalismo opera, y de ese modo partir hacia la emancipación politica.

En segundo lugar, tenemos los análisis que privilegian un punto de vista geopolítico en términos de choque de imperialismo o neocolonialismo, en las cuales el neoliberalismo aparece como la economia discursiva de la hegemonía occidental en su fase financiera y flexible, bajo la dirección de Washington, sus aliados y satélites. El neoliberalismo, en esta lectura flácida, es un dispositivo de afirmacion de los mercados libres que se hace acompañar del poderío militar norteamericano. En esa presentación del problema, aunque el mundo bipolar de la Guerra Fría este extinguió, se adopta un clivaje mitigado de una macro polaridad determinante que sería interna al propio capitalismo global, entre posiciones más abiertamente neoliberales y financieras y lo que sería un capitalismo alternativo: progresista, social o desarrollista, representado por China, Rusia, India y Brasil.

Finalmente, la tercera corriente a ser confrontada es aquella que reconoce el régimen de funcionamiento molecular del neoliberalismo apenas para reponer una nueva totalidad formada por técnicas de dominación, vigilancia, alienación y explotación. Esto es, el neoliberalismo seria el nombre de la sociedad de control o biopolítica, cuyo principal aspecto seria la operación invasiva del poder sobre la vida, la subjetividad, el inconsciente. Cabría, en esta afirmacion conceptual, denunciar sus lógicas sofisticadas de dominación y colocarse fuera, atrás de un punto de des-subjetivacion para alcanzar el poder desde un exterior no subsumido.

A diferencia de esas tres vertientes, retomamos a Foucault para afirmar el neoliberalismo en su plena ambigüedad: el biopoder que compone su gubernamentalidad es el mismo que produce, suscita y moviliza, el mismo en que la formación de los sujetos está implicada. El problema es de estrategia y no de clivaje. Entonces, en lugar de un denuncialismo de contornos morales incluso otro totalitarismo de bolsillo, nuestro propósito con Foucault es reabrir la teorización del neoliberalismo también para apuntar las instancias de potencia y las lineas de fuga que se expresan por dentro de la matriz de poder.

En el segundo capítulo, retomanos a contracorriente del paradigma de formación nacional, para sondear los enigmas de un disforme que nos constituye y que, por eso, es una estructura inorgánica o una sustancia amorfa, a la espera de la llegada de las formas. Este disforme que pulsa en el interior de los proyectos de poder (biopoder) es lo que llamamos resistencias biopolíticas. En ellas, no se incluyen solamente las rebeliones, levantamientos y motines, sino que también la potencia ambivalente de las migraciones, fugas, mestizajes (en la acepción de Édouard Glissant), éxodos y diásporas. Nuestra hipótesis, en este capítulo, consiste en identificar en el Sur la operación generalizada del biopoder desde el descubrimiento.

El biopoder, como lo abordamos desde la literatura foucaultiana, funciona por medio de mecanismos flexibles, móviles, continuos e inmanentes, que a su vez es amplificado con las estrategias de conquista y poblamiento, de territorialización y estriamiento de la red de poderes, del racismo en proceso de cambio y de la organización biopolítica del trabajo, desde la empresa colonial portuguesa y la pax lusitania en el Atlántico Sur. En ese sentido, en lugar de despliegue del mercantilismo y de la raison d’état, identificamos en la empresa el embrión de dispositivos biopolíticos, que en la formación del capitalismo industrial serán globalizados poniendo en marcha integrada el mercado mundial. Nos parece especialmente pertinente el sobrevuelo de la lógicas de larga duración del poder en el Sur, para trazar el hilo negro de las resistencias que se levantaran siguiendo las más diferentes estrategias y dentro de los más diversos umbrales de sobreposición e interpretación de poderes y saberes.

Finalmente, en el tercer capítulo, existe un recorrido de mayor aliento sobre los gobiernos progresistas en America Latina, centrado en los brasileños, con Lula y Dilma, del PT. Vitaminados en su génesis por el impulso transmitido de luchas y movilizaciones democráticas, tales gobiernos encontrarán su fuerza en una específica composición de clase que pertenece a la gubernamentalidad neoliberal. Consecuentemente, algunas condiciones favorables en lo tocante a las políticas sociales, culturales y de renta dinamizaron circuitos productivos en un efecto multiplicador y virtuoso, que acabó inflando una multiplicidad de franjas de produccion de subjetividad. Eso llevó a las transformaciones internas de la composición social acoplada en la gubernamentalidad, parte de las cuales ocurrió a espaldas de los propios gobiernos y cada vez más divergentes en relacion a la dirección estratégica superior, deslumbrado con los primeros y engañadores frutos del proyecto neodesarrollista.

El resultado fue que la línea de fuga que podía romper con la gubernamentalidad neoliberal acabó explotando por fuera de las esferas de influencia de los propios gobiernos y finalmente contra ellos, como aconteció, sobretodo, en el largo Junio de 2013 brasileño. Los gobiernos progresistas, a su paso, aunque reivindicasen ser anti o post neoliberales, se fueron resueltamente antagónicos a esas fugas biopolíticas y buscaron forzar el re encuadramiento de los procesos de produccion de subjetividad en la matriz vigente, mediante una plétora de tácticas. O sea, al participar del golpe Thermidor contra el movimiento de movimientos «junhista», y aunque apelasen ideológicamente al Estado, al capitalismo social y al progresismo desarrollista, esos gobiernos reimpusieron al neoliberalismo como solución única e ineludible. Lo que no deja de ser una gubernamentalidad en crisis, aquí como en el mundo, y que, por no encontrar alternativa ni en la izquierda ni en la derecha, permanece nutriendo nuestro impasse, tal como vimos en la huelga de los camioneros de mayo de 2018.

Notas:

  1. Por ter cutucado onzas, expresion popular brasileña que significa saber que se está haciendo una estupidez y seguir haciéndolo. Abusar de una situación.
  2. MARSHALL, TIM. Prisoners of Geography. Ten maps that tell you everything you need to know about global politics (2015). Londres: ed. Elliot and Thompson, 2016.
  3. Nos referimos al libro que uno de los autores coescribió, con el filósofo Antonio Negri, publicado en Brasil en 2005, en medio del escándalo del mensalão. NEGRI, Antonio; COCCO, Giuseppe. Glob(AL): biopoder y lucha en una América Latina globalizada. Trad. Eliana Aguiar. Rio de Janeiro: Record, 2005

 

Traducción: Santiago de Arcos-Halyburton

Gilets Jaunes: El movimiento y la literalidad de un problema

Por Alexandre Mendes / Universidade Nomade do Brasil

1) Gilets jaunes: algo diferente

De todas las frases que me llamaron la atención en la protesta del pasado sábado, la que más marco fue la de un periodista que después de conducir un confuso debate en la televisión sobre los gilets jaunes reconoció casi resignado: está bien, ok, pero lo cierto es que acabamos de vivir, el día 8 de diciembre de 2018 [él enfatiza la fecha], una cosa muy diferente en Paris, incluso muy diferente”. Esta constatación hace resonar otros dos comentarios que escuche entre las idas y venidas de casi 8 horas de protesta callejera en una ciudad completamente transformada por la interrupción de todas sus actividades y la presencia colosal de las fuerzas de seguridad.

El primer testimonio de un joven francés que nos acompañó durante la caminata, celebraba la adhesión inédita de su familia, originaria de una de las ciudades más pobres del norte de Francia, a una movilización politica: “estoy muy orgulloso de ellos, están todos con el chaleco amarillo, y mi sentimiento es de orgullo”. Ya el segundo, fue fruto de un debate improvisado que inició con un simple pedido de información (“usted viene de la Place de la Republique?”), fue un verdadero aprendizaje al aire libre. Un señor de aproximadamente 60 años, morador de una banlieue parisina, jubilado del metro y casado con una empleada doméstica filipina, articuló en un solo discurso todo, sin pausas, todos los motivos para su presencia en las protestas de los gilets jaunes:

“Estoy cansado de ver a mi jubilación disminuir cada vez más, estoy cansado de tener que devolver la mitad de lo que gano al Estado, mi mujer fue a buscar un apartamento de 10 m2 en París y no pudo ni continuar buscando dados los precios de los costos de expediente (administrativos), de todas las exigencias, es una locura. No sobra casi nada al final de mes. Fui educado en la escuela teniendo que bajar la cabeza, después en el trabajo con las amenazas del gerente, ahora es el gobierno que impone todas las medidas como si tuviésemos que aceptar todo en silencio. No estoy de acuerdo con aquello de allí [señalando una barricada de fuego en medio de la calle] pero lo importante es que estamos equilibrando el miedo. Basta de sentir miedo solo, ahora ellos también van a tener miedo”.

Los dos testimonios, el ejemplo vivo de aquello que el periodista indica se define como la emergencia de algo diferente. No es todos los días que familias de pequeñas ciudades del interior, sin ninguna historia “militante” previa, deciden colocarse un chaleco amarillo y pasar días acampados en una rotonda -al borde de la carretera- generando una movilización nacional. No todos los días un jubilado sale de la banlieue para protestar por horas, sin parar, en las calles atravesadas por las fogatas y barricadas, afirmando que no abandonará la calle mientras el miedo no este como mínimo “equilibrado”. No es todos los días que una ciudad como Paris queda completamente cerrada (tiendas, metro, museos, bibliotecas y grandes puntos turísticos) para dar lugar a movimiento incesante de los pequeños grupos de gilets jaunes en permanente pulso contra las fuerzas del orden.

2) Polinización gilets jaunes y el enigma de la protección social

La irrupción de algo diferente debe ser aprehendida en su singularidad. Contra todos los fiscales de la normalidad mundial, que desde el inicio osaron decir que el movimiento disminuiría con el tiempo, que era oportunista, falso en sus reivindicaciones, además de racista, machista y anti ecológico, los gilets jaunes abrieron una fractura ineludible. La toma del Arco de Triunfo, contra la fuerte reacción policial y las firmes determinaciones palaciegas, fue la síntesis simbólica de un movimiento que conquistó el derecho de colocar un problema cuyo enigma nadie parece capaz de resolver.

La dificultad del enigma, entre tanto, no reside en el carácter indescifrable del problema. No hay nada que huya de nuestros ojos, nada oculto, como insisten todas la vertientes conspiratorias y paranoicas del mercado del pánico global. Lo que se nos interpela es una brutal literalidad: los chalecos amarillos (algo equivalente a nuestro triangulo del porta-maletas) indican una alerta relacionada con la seguridad en la circulación y la necesidad de redoblar la atención en situaciones que pueden tener graves consecuencias para la vida. El mensaje es claro y directo: ¿cómo producir una nueva seguridad social en un mundo que intensifica y gobierna la circulación a partir de la gestión de una crisis permanente?

No es casualidad que en la reciente lista de reivindicaciones de la delegación que fue recibida por el gobierno (elaborada en la tradición de los cahiers de doléances) constan exigencias relacionadas a la valorización de la seguridad social, del salario mínimo, de la jubilación, de la igualdad fiscal, de una “nueva era” de políticas de bienestar para los ancianos; una solución al endeudamiento social de los más pobres, incluyendo el fin de las políticas de austeridad y el combate al fraude fiscal; al enfrentamiento del costo de la vida, con la interrupción del aumento de los precios de los alquileres, de las tarifas de servicios esenciales privatizados (gas, electricidad, etc.), de los combustibles, del desvío de las ganancia obtenidas en los peajes y de los costos a los pequeños comerciantes; la necesidad de un tratamiento digno a los demandantes de asilo y la apertura de centros de acogida en varios países para enfrentar los nuevos flujos migratorios, etc.

El conjunto de esas reivindicaciones, al articularse a la movilización semi-insurreccional que se creó, indica no sólo que el movimiento logró reforzar el predominio de las demandas sociales frente a las presiones más nacionalistas (que aún aparecen en reivindicaciones ligadas a las políticas de integración de los extranjeros o tentativas inocuas de frenar la relocalización industrial), señalando al centro de la dimensión política del problema: ¿cómo interpelar al actual consorcio público-privado, o sea, la governance de la globalización forjada a partir de la década de los 90 a través de un movimiento real de la globalización forzada a partir de entonces, valorización de la vida y de la cooperación social? ¿Cómo luchar por la vida dentro de los propios flujos de la mundialización y no a partir de la idealización de una salida utópica o de la falsa protección de una trinchera defensiva?

Es de ahí que podemos extraer la segunda literalidad del movimiento. Los chalecos amarillos recorren el espacio de la circulación (de las calles y carreteras a las redes sociales) como un verdadero enjambre de abejas, un torbellino en múltiples direcciones, polinizando un territorio siempre en expansión. La literalidad se refiere aquí, no a las ociosas preguntas sobre el nivel de «conciencia» del movimiento y del efectivo «proyecto» detrás de las reivindicaciones, sino que a la corporalidad y la intensidad del propio acto de enjambre. Así, por polinización no hacemos referencia a una simple metáfora o a un estilo de lenguaje, sino a un proceso real, colectivo e involuntario (independiente de las «conciencias»), que posee tres características:

Primero: una superación en relacion a la primera fase de los levantamientos de la Primavera Árabe, cuyo impasse se dio -por un lado- entre la dinámica territorial de ocupación de las plazas y de las protestas callejeras y -por otro- el apoyo general basado en una ciudadanía difusa, ambos mediados por la dinámica de las redes sociales. Al difundir las ocupaciones en la dirección del terreno radicalmente móvil de la propia logística y de la circulación (cada rotación se convierte en una pequeña ocupación, cada tren una protesta no limitada a la velocidad de los pies), los chalecos amarillos movilizan directamente el activismo de las personas comunes creando una resonancia más vibrante entre las ocupaciones, las protestas y las redes sociales. Así, crean también condiciones favorables (no sabemos hasta cuándo) para que se eviten las trampas sedentarias del poder (reversión de la opinión pública, asambleísmo obsesivo, encierro por la policía y formación de las burbujas digitales).

Segundo: indica que en el terreno de reinvencion y de expansión de una protección social, sumándose a los mecanismos existentes basados en la relacion salarial (en crisis), debe tomar en consideración “el cálculo de la riqueza de las externalidades positivas que resultan de la polinización” (Cf. Moulier-Boutang, “Pour un revenu d’existence de pollinisation contributive”, Multitudes, 2016). Es decir, un tipo de remuneración garantizada que considera las mutaciones del trabajo contemporáneo (intensificación y precarización) y apunta a la necesidad ineludible de dirigir a la protección social una parte del enorme flujo de dinero que circula en las transacciones monetarias y financieras a nivel mundial, por ejemplo, a través de una tasa polen (siguiendo la propuesta de Moulier-Boutang). Así, la noción de gran fortuna puede ir más allá de la vieja visión de mero stock individual para ser considerada en su propio movimiento global, debiendo entrar en los cálculos de financiamiento de los derechos sociales.

Tercero: la polinización es una oportunidad para mantener el proceso de revuelta fiscal en permanente discusión, evitando su captura por los oportunismos de carácter populista o vanguardista. Así, la convocatoria por los gilets jaunes de los «estados generales», apelando nuevamente al imaginario de la Revolución Francesa, es una invitación a una amplia movilización en torno al debate sobre alternativas de protección social, ante la doble crisis neoliberal y keynesiana, que pueda romper la falsa contradicción entre lo social y lo ecológico, lo social y lo político, y permitir que las diversas perspectivas se crucen en un espacio democrático. En ese sentido, la polinización se opone a la politización, en el sentido vulgar del término, aquel de «disputar» o «hegemonizar» el campo político. La decisión de apoyar o no a los gilets jaunes, dilema inicial en las izquierdas francesas, será meramente formal si no pone en cuestión los modos de hacer política a partir de los puntos de vista lanzados por el propio movimiento (por ejemplo, la caracterización del movimiento como «apolítico», lo cual genera tantos traumas en el seno del activismo dogmático y que debe ser tomada en su dimensión positiva, como rechazo de seguir las mismas fórmulas fracasadas de gestión de la crisis realizadas hasta ahora).

3) Brasil y Francia: tiempos sobrepuestos

Es curioso acompañar las protestas en Francia habiendo vivido el proceso de deterioro político y subjetivo producido en los últimos cinco años por las reacciones a los levantamientos de junio de 2013. Por un lado, el reencuentro con la alegría de ver una democracia viva irrumpiendo en las carreteras y las calles contra todos los consensos. Por otro, constatar que esa ingenuidad de 2013 quedó atrás, dando lugar a una cierta gravedad que impide la repetición de la vivencia original.

Para no caer en un fatalismo o en cualquier otro determinismo hay que intentar comprender cómo la emergencia de algo diferente puede romperse con la simple repetición del mismo. En ese sentido, un intercambio interesante de puntos de vista puede ser realizado entre las dos experiencias de levantamientos, el Brasil anticipando posibles fracasos de los chalecos amarillos, Francia dando continuidad a un proceso que en Brasil acaba de ser fuertemente capturado por un arcaísmo avasallador.

Dos lecciones pueden ser extraídas de la experiencia brasileña. En primer lugar, que los intentos de salida «por arriba» de las dinámicas de globalización y de financiarización, así como de giro populista en la política tienen efectos desastrosos y graves, abriendo camino hacia una degradación generalizada cuyo resultado es la victoria de la extrema derecha. En Brasil, mucho antes de que el populismo político-económico se convirtiera en un tema debatido en todo el mundo (con el Brexit y con Trump), el intento de giro desarrollista y soberanista realizado a partir de 2008 empujó al país hacia una crisis sin precedentes agravada por el sofocamiento sistemático de las movilizaciones que podrían ayudar a reanimar la democracia. En segundo término, que la única forma de evitar los atajos populistas ante la crisis global de seguridad social consiste en mantener un proceso de movilización social siempre abierto y relativamente autónomo con respecto a las máquinas electorales y de producción de consenso mediante máquinas de poder que en el Brasil destruyeron, no sabemos aún si completamente, la riqueza de Junio. Primero, por la izquierda, después por la extrema derecha.

En relación a las experiencias de lucha que se produjeron en otros países en el contexto de la Primavera Árabe, Francia vive un interesante descompás. Mientras las ocupaciones de plazas proliferaban en 2011, el Nuit Debout (ocupación en la plaza Republique) sólo aparece en 2016, pero sin conseguir perforar las trampas del asambleísmo y del localismo. Además, las dinámicas de protesta callejera con carácter destituyente (exigiendo la derrota del gobierno) sólo aparecen ahora, a partir del grito «Macron démission» y por la disolución de la Asamblea Nacional. Sin embargo, incluso en su relativo «retraso», las luchas francesas revelan aspectos de lo que podríamos llamar la segunda fase de la Primavera Árabe.

El Nuit Debout, en esta línea, quedó lejos de radicalizar las experiencias de las ocupas de los países árabes, de Turquía, de España, del Junio brasileño, etc. Se construyó a partir de cuestiones ligadas directamente al «mundo del trabajo» (en particular la profundización de la precarización) y a una dimensión subjetiva que hoy es uno de los terrenos más importantes de enfrentamiento. Al luchar contra el miedo generalizado provocado por la inseguridad social, por la parálisis ante los atentados en París y por el estado de emergencia, la ocupación francesa apuntó a un vínculo que se coloca en el corazón de los enfrentamientos contemporáneos.

Este hilo áspero -la relación entre la gestión de la crisis, el trabajo precario y la producción del miedo- acaba siendo recuperado y lanzado como un problema transversal que interpela a toda la sociedad francesa y por eso la sensación de malestar. Dos aspectos, como vimos, fueron fundamentales para ese movimiento: primero, la generalización del problema en la dirección del campo de la propia circulación (donde queda más evidente el carácter polinizador del trabajo contemporáneo); segundo, la apertura de un gran cuestionamiento en relación a los mecanismos de financiamiento y alimentación a través de apropiación de la riqueza colectiva, del consorcio público-privado y de su pacto intra-élite (defendido con máxima intransigencia por Macron).

Es aquí donde el movimiento francés confirma la dimensión global de la reciente lucha de los camioneros en Brasil (también por seguridad social y contra el pago de la cuenta de la crisis) y, de la misma forma, toca el punto más sensible del proceso brasileño. ¿Cómo romper con el miedo y la paranoia colectiva tras cinco años de guerra psicológica operada por las máquinas electorales y por estilos de militancia que cayeron en el fanatismo? ¿Cómo se dará la reorganización del pacto entre público-privado en una nueva gobernanza militar-ultraliberal nacida en los escombros del ciclo de 1988? ¿Cómo encontrar aquella leve lucidez del jubilado del metro parisino que nos recordó que lo más importante, ante todo, es «equilibrar mejor» el miedo?

Es en el mosaico de esas mutuas anticipaciones y tendencias que se barajan la vieja relación centro-periferia y la propia idea de un tiempo lineal regido por el futuro que la oportunidad de los «estados generales» puede suceder. No sólo como asamblea consultiva dentro de una soberanía en crisis, sino como un proceso de experimentación y compartiendo luchas ante un mismo dilema global.

Traducción del portugués: Santiago de Arcos-Halyburton

Michael Heinrich: «Debemos demostrar la nueva eficiencia de las viejas ideas de Marx»

Michael Heinrich (Heidelberg, 1957) es un politólogo alemán, el más reciente exponente de una corriente de pensamiento conocida mundialmente por postular “una nueva lectura de El Capital”. Inició su formación en los campos de la matemática y la física, para consagrarse luego a los estudios politológicos. Su tesis defendida en el año 1990 sobre la teoría del valor se convertiría inmediatamente en una referencia obligada en los estudios de Crítica marxiana de la Economía Política. Ejerció la docencia en la Universidad Libre de Berlín y en la Universidad de Viena, y desde 2001 a 2016 se desempeñó como profesor de Economía Política en la Universidad de Ciencias Aplicadas de Berlín. Su libro Crítica de la economía política. Una introducción a El Capital de Marx (2004) ha sido traducido a nueve lenguas, entre ellas el español (2008). En el año 2012 apareció también en español una obra complementaria: Cómo leer El Capital de Marx (2012). En 2018 publicó el primer tomo de Karl Marx o el nacimiento de la sociedad moderna, una biografía monumental de Marx en tres volúmenes. Es miembro del colectivo editor de la revista alemana Prokla, fundada por Elmar Altvater en 1971.

Horacio Tarcus: En el siglo XX se escribieron casi medio centenar de biografías de Marx, algunas de ellas ya envejecidas, pero otras muy sólidas y documentadas. Sin embargo, en lo que va del siglo XXI ya han aparecido una docena de nuevas biografías. ¿Es que acaso en el siglo XXI sequiere reescribir ex novo la biografía de Marx? ¿Por qué escribir una nueva biografía? ¿Qué rescata de las biografías del pasado? 

Michael Heinrich: Con la segunda MEGA [Marx-Engels-Gesamtausgabe, Obras completas de Marx y Engels], que se publica desde mediados de los años 1970, no sólo tenemos a disposición muchos nuevos textos de Marx y Engels, sino también un cúmulo de nuevos detalles sobre los contextos en los cuales surgieron esos textos, tanto los conocidos como los desconocidos. Además, disponemos ahora de información nueva sobre amigos, conocidos y enemigos de Marx. En particular, las biografías de Franz Mehring (1918), Auguste Cornu (1954-1968) o David McLellan (1973) fueron para su época obras muy bien escritas, pero desde entonces han envejecido en numerosos aspectos. El nuevo conocimiento sobre Marx está siendo asimilado recién en las biografías de Jonathan Sperber (2013) y Gareth Stedman Jones (2016), recientemente publicadas. Queda pendiente una asimilación completa de los nuevos hallazgos.

 

marx_heinrich_col_05 

Las biografías no sólo se nutren de nuevos conocimientos, sino también de nuevos interrogantes, de nuevas situaciones políticas y sociales, en las cuales se debate sobre la persona en cuestión de otra manera a cómo fue etendida en el pasado. Que el mundo a comienzos del siglo XXI se desarrolla de una manera crítica –sólo nombro como palabras clave la “crisis financiera”, la “crisis económica”, la nueva fuerza de los movimientos de derecha en muchos países- no es algo que pueda discutirse. Cuando el sistema capitalista resulta cuestionable, aparece un interés renovado por los críticos del capitalismo, entre los cuales Marx tiene un rol sobresaliente. A esto hay que añadir que el marxismo dogmático, que fuera predicado por partidos y algunos Estados, también ha entrado en crisis. Entonces, hoy puede discutirse sobre Marx  de una forma completamente distinta a cómo lo hacíamos hace treinta años.

 

HT: En Karl Marx y el nacimiento de la edad moderna (2018) usted acepta una serie de postulados de los historiadores de la Escuela de Cambridge, que exigen situar a un autor y su obra en su contexto epocal y recusan cualquier intento de transformarlo en un “contemporáneo”. Sin embargo, usted discute expresamente con otros biógrafos recientes de Marx, como Jonathan Sperber y Gareth Stedman Jones, quienes al restituir a Marx en las coordenadas del siglo XIX, le quitan potencialidad para comprender el capitalismo del siglo XXI.

marx_heinrich_caja_02 

MH: Quentin Skinner y la Escuela de Cambridge tienen en primera instancia razón cuando señalan que las grandes obras de la filosofía política fueron intervenciones de filosofía política y teoría social frente a los problemas de su tiempo. Algunos adeptos de dicha Escuela sacan de ello la conclusión que esas obras sólo tienen un sentido en el seno de su época. Estoy en contra de colocar a Marx en su época para comprender mejor su argumentación, para iluminar mejor sus fuentes, para reconocer mejor aquello que ha sido condicionado por su propio tiempo si el objetivo no es volver más evidente lo que aún hoy podemos comprender del capitalismo a través de una lectura de Marx. Si bien no sé cómo, por ejemplo, se posiciona Jonathan Sperber respecto a la Escuela de Cambridge, él argumenta como si fuese uno de sus representantes más radicales. Para él, ya la mención de que Marx es un hombre del siglo XIX es un argumento central para afirmar que Marx ya no tiene hoy en día absolutamente nada para decirnos. Uno buscará en vano una discusión sobre qué es lo que ha cambiado tan radicalmente desde el siglo XIX como para que un autor de ese siglo no tenga hoy nada para decirnos. En contra de esto, ya desde el título de mi libro, trato de volver evidente que toda una serie de estructuras sociales, económicas y políticas fundamentales que se han constituido en el siglo XIX en primera instancia en Europa Occidental y Norteamérica, siguen siendo aún hoy sumamente importantes en gran parte del mundo. El siglo XIX no es  para nosotros –visto desde esas estructuras fundamentales- algo tan lejano como Sperber sugiere. Sin lugar a dudas, Marx no es nuestro contemporáneo inmediato. Hay una distancia temporal, que tenemos que considerar en  la lectura de la obra, pero no para abandonarla, sino para entenderla mejor y de manera más precisa. Y para usarla.

 

HT: Sus obras sobre El Capital suelen inscribirse en lo que se ha dado en llamar “la nueva lectura de Marx”. Sin embargo, la perspectiva que acentúa la crítica de la economía política y pone el problema del fetichismo en el centro de El Capital tiene grandes precedentes, como el ruso-soviético Isaac Ilich Rubin, el ucraniano Roman Rosdolsky y el alemán Elmar Altvater. ¿Cómo sitúa su propia obra dentro de las familias del marxismo? ¿Qué rol ha jugado la revista PROKLA en la renovación del marxismo alemán y en la relectura de Marx?

 

MH: Efectivamente, “Nueva lectura” [Neue Lektüre] es la expresión corriente, que guarda un doble significado. En un sentido amplio, nos referimos a las nuevas lecturas que surgieron desde los años 60 en muchos países; en un sentido más acotado, a aquellas lecturas que fueron iniciadas en Alemania ante todo por Hans Georg Backhaus y Helmut Reichelt.  Ahora bien, volviendo a la preunta: he aprendido mucho de Rubin y de Rosdolsky (sin por ello aceptar todas sus tesis), Elmar Altvater fue mi director de tesis doctoral y estuve junto a él por más de veinte años en la redacción de la revista alemana PROKLA (el nombre es una sigla del nombre original de la revista: Probleme des Klassenkampfs [Problemas de la lucha de clases]). En PROKLA se discutieron siempre tanto nuevos conceptos teóricos o nuevas lecturas de los conceptos disponibles como también se trató de realizar análisis concretos y empíricos del desarrollo del capitalismo, del capitalismo alemán y del capitalismo en el mundo. Precisamente, en tanto revista independiente tanto de los partidos políticos como de las organizaciones sociales, hoy como ayer PROKLA juega un importante rol, comprometida con un discurso de izquierda plural.

 

HT: La reciente publicación de la totalidad de los manuscritos de Marx en la MEGA permite por primera vez ahondar en la formación de lo que podríamos llamar su “pensamiento económico”. Usted recusa cualquier idea de “unidad” en el pensamiento de Marx, reconoce momentos y reformulaciones, pero rechaza la dicotomía entre cortes y continuidades, discutiendo con la escuela althusseriana respecto de un “corte epistemológico” en el año 1845 entre un Marx pre-marxista y un “Marx maduro”.

 

MH: Usted lo dice como si yo rechazara toda “unidad” en el pensamiento de Marx. Depende de lo que uno entienda por “unidad”. Algunos motivos, como por ejemplo la pregunta por la posibilidad de la emancipación del hombre, la posibilidad de una sociedad libre comienzan ya en un Marx muy joven y están todavía presentes en el Marx bastante más viejo. La forma y modo en que Marx analiza las condiciones para la emancipación y los resultados a los que llega, efectivamente varían drásticamente a lo largo del tiempo. Quien discuta esto, quien parta de la base que Marx ya en 1843 o 1844 había logrado sus visiones sustanciales y que todo lo que viene después no es más que elaboración, precisión y ampliación, debe (lo quiera o no) partir de una idea de un genio romántico bastante fuerte. El Marx de 25 o 26 años tenía un conocimiento aún muy limitado de la bibliografía sobre teoría económica e historia de la ciencia, su debate con la política era en muchos sentidos aún abstracto. Si uno observa el desarrollo intelectual de Marx desde 1843/44, constata un enorme proceso de aprendizaje, como consecuencia del estudio de la bibliografía respectiva, como resultado de los acontecimientos históricos de los años posteriores (la Revolución de 1848, el Segundo Imperio francés de Luis Napoleón, el ascenso de Bismarck), así como también como consecuencia de la experiencia intensiva de las relaciones económicas y políticas en Inglaterra, donde Marx pasó los últimos treinta años de vida. Si el joven Marx, antes de todos esos procesos de aprendizaje y experiencias prácticas, hubiera podido esbozar las líneas fundamentales de su obra, entonces todos los procesos de aprendizaje y experiencias serían para esa obra de un significado de segundo orden: el joven Genio ya lo habría logrado todo. Eso me parece una forma de ver las cosas de cuño muy idealista.

marx_heinrich_caja_03Yo me opongo, en efecto, contra la tesis de una continuidad semejante, contra esa idea de “continuidad” es que y enfatizo el significado de los procesos de aprendizaje de Marx. Además, me opongo a una contraposición facilista entre el “joven” y el “viejo” Marx. En el desarrollo intelectual de Marx no sólo hay una gran cantidad de quiebres: estos quiebres toman lugar de manera asincrónica y en ámbitos bastante diferentes. Estos muchos quiebres no se dejan reducir a una gran “ruptura”, como para que uno pueda diferenciar claramente entre dos fases en el desarrollo de Marx. El desarrollo intelectual de Marx es enormemente complejo, no se puede reflejar adecuadamente ni mediante la tesis de la continuidad ni mediante la tesis de un quiebre entre el “joven” y el “viejo” Marx.

 

HT: Como otros lectores intensos de Marx (pienso en Louis Althusser o en Manuel Sacristán) usted ha tendido a leer El Capital y otros textos de Marx no tanto en clave de filosofía dialéctica sino de obras de carácter científico. ¿Puede el marxismo ser una Crítica y una Ciencia al mismo tiempo? ¿Cuál es estatus epistemológico de la obra de Marx?

 

MH: Respecto a la cuestión de la dialéctica, se me ha reprochado muchas veces que yo quiero escamotear la dialéctica de la obra de Marx. Eso es falso. Lo que he hecho es atacar la comprensión dialéctica de muchos marxistas. Siempre que algo se complica un poco, o la propia explicación se desdibuja, muchos marxistas tienden a enfatizar que se trataría allí de un “relación dialéctica”, sin poder no obstante explicar claramente qué es lo que quieren decir con ello (o si “dialéctica” se reduce a “interacción” [Wechselwirkung].

 

Si uno mira en los escritos de Marx, no se topa con un comportamiento semejante. Con excepción de los prólogos y epílogos de El Capital, muy raramente Marx habla de “dialéctica” en El Capital y en otros escritos. Y cuando lo hace, no lo hace en lugar de una explicación, sino luego de que ha explicado algo. En contra de esto, el uso de “dialéctica” en el caso de muchos marxistas es francamente inflacionario y sumamente superficial. Por lo mismo, en mi introducción a los tres tomo de El Capital (también disponible en castellano), he aconsejado a los lectores que le pregunten qué es lo que entienden exactamente por “dialéctica” a todos aquellos que gusta de llenarse la boca con la palabra. Mi propia comprensión de dialéctica la he esbozado en mi libro La ciencia del valor: mercancía, trabajo y dinero.

 

marx_heinrich_portyap_01HT: Muchas de sus objeciones a ciertas tesis de El Capital de Marx, como la tendencia decreciente de la tasa de ganancia, han generado un amplio debate, sobre todo en el marco del marxismo alemán. ¿Cuáles son desde su perspectiva las categorías del pensamiento de Marx que resultan ineludibles para comprender el capitalismo contemporáneo, y cuáles son las limitaciones o los puntos ciegos de la perspectiva de Marx?

 

MH: Antes de que hablemos de los “puntos ciegos en El Capital” deberíamos tener en claro los puntos ciegos en la recepción de El Capital. Estamos acostumbrados a leer por separado los tres tomos de El Capital, y eso corresponde al orden de la presentación pretendido por Marx. Frecuentemente, sin embargo, pasamos por algo o realmente no consideramos que el tercer tomo de El Capital, que se basa en un manuscrito producido en 1864/65, es considerablemente más viejo que la reelaboración del primer tomo y que los manuscritos del segundo tomo, que se originaron entre 1868 y 1879. Las últimas investigaciones del Marx de fines de los años 1870s retrotraen la escritura del tercer tomo a unos doce a catorce años atrás. Las nuevas investigaciones no sólo aparecen en los último manuscritos sino también en los numerosos cuadernos con fragmentos y en los manuscritos con notas de investigación, que recién ahora se volvieron accesibles gracias a la MEGA, y que muestran un proceso de investigación bastante dinámico, que fue más allá del estadío escriturario alcanzado en 1864/65. Tendríamos entonces que despedirnos de la idea de que en los tres tomos de El Capital nos encontramos frente a una obra fundamentalmente terminada. Especialmente en el caso del tercer tomo, se trata de la etapa intermedia de un proceso de investigación inacabado.

marx_heinrich_caja_04Con esta advertencia no deben perder valor las conclusiones de El Capital. Con sus teorías del valor, el plusvalor, el beneficio y el interés, Marx descifró las estructuras centrales de toda economía capitalista. Sin embargo, la representación de estas categorías no está libre de ambivalencias: en la teoría del valor se encuentran aún restos naturalistas de la teoría del valor de la economía clásica superada por Marx; la conexión de la teoría del dinero a la existencia de una moneda no es sólo anacrónica, sino que suscita interrogantes sobre el análisis de la forma del valor. Si bien las categorías de interés y de capital de interés están bien elaboradas, el análisis del capital bancario y la relación entre mercados financieros y crisis apenas aparece, sin embargo, en sus formulaciones preliminares.

 

Debemos abandonar la ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia: los distintos intentos de fundamentarla, que uno encuentra en una extensa bibliografía, terminan en que lo que está por demostrarse siempre está de una u otra forma presupuesto, con lo que la supuesta prueba se transforma en un argumento circular, una tautología. Este abandono no es, sin embargo, una pérdida muy grande: contra una opinión ampliamente extendida, la teoría marxista de la crisis no es dependiente de esta Ley. Que las “pruebas” de la ley no aciertan al suponer algo, ya fue frecuentemente discutido: he introducido en este debate una tesis adicional. En virtud del material publicado en la MEGA no veo no obstante ninguna prueba, pero sí indicios de que Marx mismo, ya en los años 1870s, había abandonado esa ley. Esta tesis llevó a intensos debates, no tanto en Alemania, sino en el ámbito anglosajón. La superación de viejas ideas es siempre un proceso complicado, pero debemos demostrar la eficacia de las viejas ideas de Marx, y debatir considerando los nuevos textos y conocimientos, si es que queremos emprender algo con Marx también en el siglo XXI. [traducción del alemán de Virginia Castro]

 

marx_heinrich_col_05

Fuente: http://revistaanfibia.com/cronica/demostrar-eficacia-viejas-ideas-marx/