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Autor: admin

Entrevista a Christian Ferrer: “La maquinaria social está construida en torno de ambiciones al eros universal, que es el dinero”

19oct-18
Publicada el 19 octubre, 2018
por admin

“Las personas confían en que la técnica va a resolver el viejo problema del sufrimiento humano, no dándose cuenta de que lo que les cuesta vital y económicamente pagar por esas comodidades se paga en términos temporales, ya que se tiene que dedicar muchísimo tiempo a conseguir el dinero para pagar por esas comodidades. Y se paga en términos vitales en tanto y en cuanto ya la persona no puede imaginarse otras alternativas en donde pueda vivir más en paz o más suavemente”, dice Christian Ferrer, pensador que aborda con mirada crítica, ácida muchas veces, los modos en que nuestra sociedad nos forma como “consumidores”. Partiendo desde la educación que recibimos –“el saber desangelado, transmitido sin corazón, presuponiendo además que esos conocimientos explican oscuridades o misterios que siempre han preocupado a los seres humanos, es un error”–, en esta entrevista Ferrer volverá a las preguntas por el origen o los orígenes de los seres humanos: el dolor, el amor, la felicidad, la amistad, el deseo. Preguntas que abren cabezas. Preguntas para las que no tiene las respuestas. A veces, incluso –dice–, las soluciones empeoran los problemas.

–¿De dónde viene, Ferrer?

–Qué pregunta. Yo creo que soy una consecuencia de la escuela tradicional argentina en la cual estudiar era una obligación, no un gusto, no un despertar de la curiosidad. Lo que esa escuela ofrecía a los alumnos era un saber enciclopedista. Esa escuela probablemente haya desaparecido como ideal, pero a mí me parecía un modo, un tipo de alimento, típicamente moderno, por otra parte, que me convenía. Saber mucho de distintos campos posibles que tenían que ver con lo humano.

–¿Le gustaba ir a la escuela?

–No. A un niño, alguien que va a la escuela durante años, años y años, todos los meses, todas las semanas, todos los días, por horas y horas se le están restando distintas posibilidades vitales en función de saberes que le son transmitidos que no necesariamente le van a servir para la vida. Creo que soluciona más las necesidades de realización de los padres que otras cosas. Tampoco la idea de alfabetización de por sí me parece necesariamente buena. De hecho la mayor parte de las culturas que han existido en el mundo tuvieron transmisión de conocimiento de tipo oral y sin estos lugares, que son fábricas de títulos y de supuestas… personas aptas para seguir una especie de camino dentro de una máquina general a la cual la educación no le interesa, salvo en relación con los saberes de eficacia que pueden aplicarse en distintas industrias, en distintos servicios, en universidades. La alfabetización actual no implica formación del carácter de la persona sino sólo transmisión de conocimientos, además de las funciones que tienen que ver con la sociabilidad.

–Y en tanto padre, ¿cómo ve a la escuela?

–Como te decía, es transmisión de conocimiento camada tras camada, tras camada. No es lo que uno llamaría educación. Además las jornadas escolares se han alargado mucho. Hasta la década de 1960 no era habitual enviar a niños a jardines de infantes y hoy una persona puede pasar no sólo los años de formación escolar secundaria y universitaria en estas instituciones, sino que a veces está encerrado ahí hasta que se jubila como alumno. No necesariamente eso redunda en mayor sabiduría ni en mayor acumulación de saber ni en beneficios que puedan estar asociados a la formación de la conciencia. Por lo tanto, el problema del niño, que es tener aceptación y amor, como bases para su propia formación personal, no necesariamente está resuelto por las horas y horas y horas que pasa en una escuela. El saber desangelado, transmitido sin corazón, presuponiendo además que esos conocimientos explican oscuridades o misterios que siempre han preocupado a los seres humanos, es un error.

–La Iglesia ha intentado en sus colegios en la formación de carácter, pero muchas veces eso es un problema.

–¿Por qué?

–Porque no todos tienen por qué creer en los valores que transmite la Iglesia. Y el monopolio…

–Sería monopolio contra monopolio. El monopolio del Estado y el monopolio eclesiástico. Son dos monopolios.

–¿Ninguno es mejor?

–Me parece que lo que los padres esperan de la educación no es que los niños salgan mejor formados o que sean receptáculos de saber de los cuales puedan enorgullecerse. Lo que la sociedad espera de la educación es que los niños tengan el formateo suficiente como para poder ganarse el pan de ahí en adelante, es decir, ganarse la vida, como dice la metáfora tradicional, metáfora, por otra parte, que es espantosa en sí misma. Con lo cual, lo que se espera entonces es que la escuela los domestique lo suficiente y al mismo tiempo los vuelva lo suficientemente agresivos como para que cuando llegue el momento de ingresar a los campos de trabajo esa persona esté en disposición de aceptar las normas y obligaciones que eso trae aparejado, tanto en un rol de sometimiento como en un rol de agresión: jefes y empleados, eso es lo que se espera de la educación.

Por supuesto, de vez en cuando ocurren otras cosas que se cruzan con demandas generacionales, o bien por lo que ocurre en el aula misma. De repente alguna maestra, algún profesor, enseña en esa aula como si estuviera en una isla desierta, como si estuviera con unos pocos náufragos, niños. Y les da lo mejor, lo que él puede dar. Y entonces no hay muros ni hay aulas ni hay pizarrones ni hay notas ni hay títulos. Pero esas situaciones de naufragios son escasas.

–¿Y por qué da clases? Quienes han pasado por sus clases pueden sentir ese naufragio…

–En las clases se dialoga con los muertos y con los que todavía no han nacido.

–¿Cómo es eso?

–Se habla de autores, algunos antiguos o antiquísimos, con quienes uno puede sentirse más a gusto que con los contemporáneos. De manera tal que los autores antiguos pasan a ser contemporáneos. Y se habla sobre un mundo del cual nada sabemos todavía. No porque se lo pueda planificar, no porque pueda ser mejor con algún tipo de programa político supuestamente superador, no. Sino porque los niños van a seguir naciendo. Entonces, la clase ideal sería aquella que está en ese momento muerta y viva. Es decir, suspendida de todas sus obligaciones con respecto a la actualidad y sólo conectada con ese río perdido donde han ido a parar todos los muertos y al mismo tiempo conectada con el deseo de la especie de no perecer y por lo tanto de traer nuevos niños al mundo con la esperanza de que no hereden este mundo. Me parece que eso es lo que ocurre en la clase. A mí todos los discursos sobre la educación pública, el sistema pedagógico nacional y la modernización y la actualización no me dicen nada. A mí lo que me dice algo es lo que ocurre en una clase en especial. Lo que le pasó al alumno, lo que le pasó al profesor.

–Le interesan las biografías de personajes extravagantes o exóticos, ¿cómo surge la idea del libro Camafeos?

–Algunos de esos textos están escritos para que ciertas personas no sean olvidadas. Personas que yo conocí y que no quería que fueran olvidadas por mí y por todo aquel que por leer un pequeño esbozo de una vida pueda conectarse con esa historia y con sus avatares. Lo cual no quiere decir que todos los personajes me caigan simpáticos, por otra parte.

–Pero le interesó registrar algo de esas historias.

–Uno escribe por gusto, quiero decir, escribe por el simple gusto de hacerlo. En algunos casos fueron pedidos y me interesó responder a esos pedidos, tal es el caso de (Ignacio) Anzoátegui o de Marta Minujin. En otros casos no, son autores que me conmueven o me resultan imprescindibles a mí únicamente. Hay un hilo conductor. Por ejemplo, algunas figuras tienen que creer mucho en sí mismas para hacer lo que hacen: Minujín dice “yo soy una enviada”; Orélie Antoine se nombra “rey de la Araucanía”. Pero también al revés: “Soy una madriguera de complejos”, dice Ezequiel Martínez Estrada.

–¿Qué define a los excéntricos?

–No sé si hay algo que los vincule, pero sí podría decirte que hay autores que piensan por afirmación de sí mismos, que por otra parte son la mayoría. Es decir, gente que cree en lo que dice, gente que cree en lo que escribe. Gente que cree en la batalla de ideas y cómo en toda batalla cada cual se posiciona, cada cual saca su arsenal teórico o ideológico o analítico y lucha contra otros. Mientras que hay otros autores que, por el contrario, piensan y escriben en forma autodestructiva. (Héctor) Murena es un caso, Martínez Estrada es otro caso. Es decir, pensar significa autodestruir el objeto sobre el cual se piensa y al cual no se le concede ningún derecho a existir pero al mismo tiempo se autodestruye el autor, éstos son autores más raros. La mayor parte de las personas, sobre todo en el mundo intelectual y universitario, típico del intelectual que toma partido, cree que sabe y además cree que es bueno, necesariamente: si el otro es malo yo soy bueno. Es como una lógica infantil pero que funciona. Funciona en la política, en las empresas, en las universidades. Esa mezcla de supuesto saber y superioridad moral con respecto al contrincante. A mí me interesan mucho más los autores que, por el contrario, saben que pensar implica el riesgo de fundirse, de autodestruirse. Están en lucha también, pero es otro tipo de lucha, es una lucha demoníaca; la otra es de angelitos, no importa si esos angelitos a veces usan revólveres. Me parece a mí.

–Dice de Martínez Estrada que diagnostica, como un radiólogo, pero no cura.

–No todos los problemas tienen solución. Y por lo general, las soluciones agravan los problemas. Quiero decir, el hecho de que no haya solución a ciertos problemas no quiere decir que no sigan estando ahí los problemas. Y, por otro lado, las soluciones, me refiero a soluciones de índole política o técnica, por lo general son reajustes que permiten a una gran maquinaria seguir funcionando. De alguna forma, los peores defensores de un sistema defectuoso son aquellos que buscan solucionar sus aristas más impresentables pero dejando latente el funcionamiento de todo el sistema. Eso se hace notorio después de un cierto tiempo. Todo sistema social, toda máquina, necesita de un service. Pero las soluciones que sólo proceden por reajustes son falsas soluciones y tarde o temprano una época se ocupa de deshacerse de todas ellas para refundarse sobre otras bases. Justamente no porque no funcionara la anterior sino porque la acumulación de falsas soluciones tarde o temprano hace estallar todo el mecanismo.

–¿Las soluciones a los problemas técnicos son siempre técnicas?

–Ese es el ideal de la sociedad tecnocrática. Es un típico pensamiento. Por ejemplo, se extiende la frontera agrícola a lugares donde antes había bosques y esos bosques desaparecen, de manera tal que desaparecen las especies animales que allí también vivían. Entonces, la solución técnica es tomar muestras de ADN de los últimos ejemplares vivos para una eventual clonación en el futuro para que los niños escolares sigan viendo animales en el zoológico. Ante un problema creado por el ser humano se le busca una solución técnica. La cuestión aquí no es tanto elegir expansión agrícola o mantenimiento del paisaje, sino preguntarse si esa expansión agrícola contribuye a eliminar el hambre en el mundo o sólo a enriquecer las arcas de los propietarios y del Estado. Que yo sepa, no se ha eliminado el hambre en el mundo.

–¿Cómo se relaciona la técnica con el ideal actual de felicidad? Dice en el libro El entramado que hay una exigencia de felicidad en la sociedad actual.

–En nuestra época, donde hay vacunas, antibióticos, medicamentos que intiman con el dolor psíquico, afectivo; donde hay compañías de seguros, sistemas de intercomunicación y sincronización continua e instantánea; donde las distancias se han acortado; donde hay televisión, Internet, en fin, no es seguro que no se sufra más que antes. Es decir, todos esos artilugios técnicos a mí me parecen amortiguadores psicofísicos de la personalidad. Tienen funciones de amortiguación del dolor. Como si los seres humanos necesitaran de ellos inmunización, seguridad. Sin esa vida en una cápsula protegida –y de alguna forma el hogar burgués fue eso desde el siglo XIX en adelante: un estuche–, sin esa posibilidad de establecer aunque sea contactos mínimos por día a través de redes de comunicación, las personas se hundirían en la desesperación porque sus vidas reales son vidas que se juegan en el mundo del trabajo. Es decir, esto significa que el hombre ha sido construido como hombre económico; productor y consumidor a la vez. Por lo tanto se ve a sí mismo como trabajador. En la antigüedad un trabajador no era alguien bien considerado. Los que hacían el trabajo duro eran los esclavos. Sólo en la época moderna, cuando se decide que existe igualdad democrática entre todos, aparece el problema de quién va a trabajar. Si antes lo hacían los esclavos y ahora somos todos libres e iguales, quién trabaja. Es decir, quién hace la tarea que desde siempre ha sido considerada una condena. La única solución lógica era decir que el trabajo es algo muy lindo. Que el trabajador es alguien lindo. Y su salario tiene que ser más o menos lógico. Eso es todo.

–Hoy se soporta menos el dolor que antes.

–Si uno presta atención a la importancia que adquirió la farmacéutica, la evaluación médica constante, la cantidad de medicamentos que intiman con los estados de ánimo, desde los viejos barbitúricos, pasando por los ansiolíticos, hasta llegar hoy a los desactivadores de estados de pánico, y si uno atiende a la imaginación actual que espera de la técnica ya no una cura de enfermedades o dolores sino una cura de enfermedades emocionales: que se descubra el medicamento que al fin reduce la gordura en un instante, o que te implanta cinco tetas a la vez sin el menor riesgo… En otras palabras las personas confían en que la técnica va a resolver el viejo problema del sufrimiento humano, no dándose cuenta de lo que les cuesta vital y económicamente pagar por esas comodidades. Se paga en términos temporales, ya que se tiene que dedicar muchísimo tiempo a conseguir el dinero para pagar por esas comodidades. Y se paga en términos vitales en tanto y en cuanto ya la persona no puede imaginarse otras alternativas en donde pueda vivir más en paz o más suavemente. Y no las puede imaginar a esas alternativas, no porque no las conozca sino porque le parecen poco erógenas. En otras palabras, porque la maquinaria social está construida en torno de ambiciones, del eros universal que es el dinero y de pensar a la máquina como un principio de orden y de poder. Eso les satisface a todos. De manera tal que cualquier otra alternativa que suponga más mansedumbre y más felicidad les resulta problemática para sus propios instintos agresivos.

–¿Por qué el cuerpo de las mujeres es el más exigido?

–Es relativo, pero es bastante evidente una presión social que cae sobre el cuerpo femenino. Yo creo que en parte es un efecto impensado y no querido de la lucha por la liberación de la mujer de los últimos 100 años, y de los últimos 50 años en particular. Es decir, una vez que se produce la liberación del viejo harén patriarcal, o al menos de sus formas más rígidas, hay todo tipo de riesgos afectivos que vienen después. Estar emancipada no quiere decir estar a salvo. Esos riesgos afectivos no se resuelven con leyes, no se puede legislar sobre ellos. Por otra parte, creo que hay una conciencia cada vez mayor de que el cuerpo es un valor en sí mismo. Que la apariencia corporal permite o posibilita, en tanto eso supone diferencias sociales entre jóvenes y no jóvenes o apariencias destacables y no destacables. Me parece que hay una creciente conciencia de que el cuerpo como valor en sí mismo permite el ascenso social hacia el otro gran diferenciador social que es la riqueza, o bien los mercados de la vanidad. A eso hay que agregar que los llamados “mercados del deseo” –y toda sociedad tiene un mercado del deseo– se han ampliado considerablemente desde hace 50 años. Antes las personas, hombres y mujeres, establecían muy jóvenes un camino afectivo que los llevaba al matrimonio, a la consecución de una familia y no mucho más. Hoy en cambio el mercado del deseo se ha vuelto barroco. Hay todo tipo de personas de toda edad intentando posicionarse en ese mercado, lo cual hace que las angustias, los malestares en torno de la imperfección corporal se vuelvan mucho más intensos. Eso toca particularmente a las mujeres, pero a todos en realidad. Y la técnica se ofrece a compensar la posición desfavorecida de todos los que no den la talla o el aspecto más presentable posible.

–¿Cuál es el rol de la pornografía en la sociedad actual? Usted la compara con algunos programas de televisión como el de Tinelli. ¿Puede explicarlo?

–Es difícil saber cuál es la causa de la expansión rampante de esta industria, pero difícilmente esté asociada con una mayor “libertad de expresión”. Es decir, al fin de la censura. Es posible que la pornografía prospere allí donde falla la monogamia, porque el contrato implícito es el de la imaginación de harén, no el del hogar. Puede sumarse a ello la cruza entre el desenfado de los medios de comunicación y variados efectos inesperados o no queridos de la revolución sexual iniciada en la década de 1960. Lo cierto es que cuando los matrimonios languidecen en frialdad, las personas se ponen a soñar con lejanías de todo tipo. La cuestión es que por todos lados se promueven epifanías de la carne, pero la experiencia habitual es la de estar encorsetados. Además, la ampliación del “mercado del deseo” conlleva la necesidad de presentar al otro una imagen de cuerpo altamente sexualizada. Quizá la pornografía tanto como las telenovelas sean modos de sublimación de la alienación cotidiana. ¿El programa de Tinelli? No sé, su centro de gravedad es la humillación consentida, con algunos toques de sensualidad pornográfica socialmente aceptable, para toda la familia.

–En un artículo sobre donación de órganos dice que la obligación de donar por ley sanciona el fracaso emocional de una comunidad.

–Por lo general, cuando hay leyes es porque han fracasado las reglas de buena vecindad. La donación de órganos debería ser un gesto de desprendimiento amoroso, no una obligación. Es decir, un gesto de “amor anónimo”, una efusión de bondad y solidaridad hacia la comunidad, a todos y a nadie en particular. De otro modo se consumaría la posible paradoja de que un misántropo, o un egoísta en grado sumo, o una persona abrasada por el odio a la humanidad, sean “donantes presuntos”, tal como lo indica la ley. En fin, este tipo de cuestiones aparece cuando los “avances” técnicos son mucho más veloces que la capacidad de una sociedad para procesarlos, y entonces se establece un desarrollo desigual y combinado entre tecnología y ética.

–En un capítulo sobre la tecnología y la escritura plantea que es una falacia pensar que la tecnología ahorra tiempo, ¿por qué?

–Hasta donde sé, por más que las redes de computadora permitan mayor velocidad y prolijidad y sincronicidad e interconexión, nadie sale antes de cumplir el mismo horario de siempre ya estipulado en fábricas y oficinas. ¿A quiénes les ahorra tiempo entonces? A los dueños de las empresas, que ven de este modo multiplicada la productividad de los trabajadores sin que ello redunde necesariamente en aumento del salario. Las tecnologías ni son neutras ni son de por sí “benefactoras”, ingresan en instituciones que determinan sus usos y, que yo sepa, vivimos en una sociedad industrialista, productivista y con poderes y jerarquías bien conocidos. Por el mismo andarivel, lo mismo que permite la interconexión también lo hace con la vigilancia, y eso no se le escapa a nadie, como a nadie le está permitido escaparse de ese destino. La llave maestra de la “libertad” también lo es del control.

Fuente: http://anarquiacoronada.blogspot.com/2014/07/entrevista-christian-ferrer-la.html

La rebeldía de lo bello, lo lento, lo humano

19oct-18
Publicada el 19 octubre, 201819 octubre, 2018
por admin

Entrevista al investigador especializado en educación Carlos Skliar, autor de Pedagogías de las diferencias

Defiende la escuela como el último lugar posible del tiempo libre para chicas y chicos, la conversación como espacio de enseñanza y aprendizaje, la variación de las elecciones en “el mundo de verdad”. Frente a la uniformidad, el espíritu pragmático y el mandato de la productividad, el investigador advierte sobre la necesidad de liberar la infancia de las urgencias y las lógicas adultas.
Por Verónica Engler

En el último tiempo las ideas de Carlos Skliar en torno a la educación ganaron una popularidad que todavía para él resulta extraña. Su libro Pedagogías de las diferencias (Noveduc), publicado a comienzos del año pasado, ya va por su quinta reimpresión. Investigador principal del Conicet, reconocido internacionalmente por sus aportes pedagógicos y filosóficos al campo de la educación, algunos de sus planteos parecen atentar contra el estado de las cosas de esta época en el que impera la velocidad, la hiperconectividad, el pragmatismo. Propone la defensa de lo que considera virtudes olvidadas por la humanidad, entre otras la conversación como forma de transmitir conocimiento, y el silencio como imprescindible para indagar los desafíos vitales. Pero sus reflexiones no van dirigidas a una tribu de anacoretas sino a maestros y maestras del Sur del mundo. Porque es en las escuelas, dice, donde todavía se puede apostar por espacios de libertad, que se rebelen contra los mandatos productivistas, y que se permitan la posibilidad de mostrar otros mundos posibles. “Hay una generación de chicos agotados, que además están confundiendo saber con saber buscar”, afirma. De lo que se trata es de que niños y niñas puedan vivir la infancia sin las urgencias adultas. Cuenta que los chicos le preguntan todo el tiempo qué les puede enseñar que no esté en Youtube. “Y lo que pienso es que lo que no está ahí son los vínculos que se han tenido, que se han dado a lo largo de la historia, con una cosa llamada libro, con una cosa llamada canción, con una cosa llamada pintura”, reflexiona en diálogo con PáginaI12.

–¿Qué significa educar hoy?

–Creo que hay una batalla muy terrible para dar, porque estamos en un mundo con apariencias engañosas, sobre qué quiere decir hoy un sujeto exitoso, un sujeto que aprende, un sujeto que se hiper adapta al mundo tal cual como se lo presentan, no como es.

–¿En qué términos se daría estaba batalla en la educación? 

–Una dimensión de esta batalla tiene que ver con la oposición que hoy veo entre mundo y vida. Me parece que hay que cuidar la vida de la infancia y no arrojarlos al mercado inmediatamente ni con todos los predecesores del mercado, el conocimiento lucrativo, la hipertecnología, sino cuidarlos de todo eso. El de la infancia es un tiempo único que hay que sostenerlo a rajatabla, y si la niñez no tiene tiempo de infancia, no hay futuro de humanidad. Hoy parece que educar es salir al mercado, ir a aprender a ganarse la vida. Yo tengo mucho dolor con eso, para mí es trágico, porque anuncia un fin de cierto humanismo. Yo creo que la educación no puede servir para eso, creo que puede reconstruirse en base a la idea de una educación para la vida y no tanto para ese mercado. Otra dimensión de esta problemática tiene que ver con el cambio crítico que se ha dado en el quién educa. A lo largo de la civilización empieza con los consejos de ancianos, que todavía uno lo ve en muchas tribus, en muchas escuelas indígenas, en muchas escuelas rurales, en donde la palabra anciana ocupa un lugar. Es un figura como la que retrata la relación abuelo-nieto como un tipo de relación que todavía puede ser narrativa, ética y estética, pero no moral. Pero frente a eso están las figuras más novedosas y pueriles que consisten en plantear, a mi modo de ver, un imposible, y es que con el esfuerzo personal se puede lograr, que todo depende de la auto capacitación o de la auto realización en un contrato privado. En esto se produce una agonía y una especie de agotamiento del individuo en nombre de todo el tiempo tener que auto capacitarse en una especie de carrera emblemática por quién se auto capacita mejor.

–Si la relación entre mundo y vida hoy está malversada, si la figura educadora se simplificó hasta convertirse en emocional y todo tiene que ver con asumir un desafío personal, ¿qué tipo de espacio es ese que llamamos escuela? 

–Mi gran pregunta hoy es si no será el caso de que las comunidades escolares se rebelen un poco frente a esa idea de mundo y frente a esa idea de niñez, frente a esa idea de líder educativo o voluntario educativo, y de coaching, para crear lo que yo llamo un espacio de libertad como lo buscaron a lo largo de la historia de la Humanidad permanentemente. Dado el agobio de lo real, ¿qué espacio de libertad se puede crear?

–¿Cómo le parece que se puede realizar esa búsqueda en una coyuntura en la que las escuelas explotan y mueren docentes y no docentes? 

–No hay metáfora en la muerte de las dos personas por la explosión de gas, es literal lo que el capitalismo hace con la gente. Pero también mata simbólicamente. Uno menciona la palabra libertad y en seguida piensa en una suerte de salvación burguesa. El lugar de los maestros ha cambiado desde una posición de pasión, tal vez mitológica, a una posición de empleo muy precaria, material y simbólicamente, donde por supuesto que hacer algunos planteos en abstracto, o que huelan a soluciones individuales, burguesas, suenan como una ofensa. Pero lo que estoy tratando es ver cómo desde una perspectiva pública, esa escuela pública se convierte. En vez de ser transparente con el mundo, con ese mundo horroroso, crear nuevas posibilidades. Yo pienso que la educación pública da una segunda oportunidad para otra vida. Que otra vida produzca otro mundo, sin dudas, y no al revés. Este mundo no va a producir mejores vidas, y ya lo sabemos.

–Entonces, ¿cómo piensa esos espacios de libertad?

–Que sean espacios públicos, que la escuela no se parezca a ningún espacio de los que están disponibles en este momento, sobre todo en esta falsa división entre la intemperie de la calle para los que han nacido con mala suerte, y los centros comerciales o el mundo privado para los que han nacido con buena suerte. Es disponer que las escuelas públicas sean esos espacios de libertad en el sentido de que formen no para el mercado, no para el trabajo con el sentido clásico de la palabra, sino otra vez para la lectura, el silencio, la soledad, el juego, el arte, la comunidad y la conversación. Para mí ésta es la plataforma que se opone los currículums que hoy están bajando en imágenes por todo el país y por toda la región, que sería entrenarlos en ventas, en oratoria, en felicidad, en innovación.  Yo creo que hoy vale más un maestro que esté apasionado con algo y que pueda transmitir ese vínculo de pasión, que cualquier otro carácter vocacional ambiguo como “querer a los niños”.

–¿Le parece que hoy se pueden dar experiencias de este tipo de escuela que usted propone?

–Uno está muy acostumbrado a tomar decisiones por las escuelas ciudadanas de las grandes capitales, y pierde de vista la enorme cantidad de experiencias que existen por todos lados, que cortan con la familia. Esto me parece importante decirlo: la escuela no es continuidad de familia, yo creo en ese corte, porque es la salida al mundo de verdad, pero no al mundo del mercado, el mundo de verdad quiere decir al encuentro con la inmensa variación de lo humano, con ver que hay miles de vidas disponibles, con ver que hay formas de estar en el mundo y de hacer el mundo completamente diferentes. Ese encuentro con el mundo es lo que quiero, y entonces necesariamente hay un corte con la familia, nunca puede ser la solución que cada familia eduque como quiera, porque ahí, en nuestro países, sería como decir “bueno, que la gente de buena suerte siga en el mundo de lo privado y que después gobierne lo público”, como está pasando ahora. Existen otro tipo de experiencias, como en las veintidós escuelas de arte del Uruguay, o en la escuela de música de Neuquén, o en la frontera entre Paraguay y Chaco. Cuando uno ve esas experiencias se queda fascinado: niños con infancia haciendo arte, conversando, sentándose, con la tecnología presente pero de costado, niños leyendo, niños solidarios, niños que conocen los ciclos de la tierra, niños que se vuelven a relacionar con su ciudad, con su lugar de vida, niños sin medicalización alrededor.

–Usted suele plantear la cuestión del tiempo libre como central para la educación de los más pequeños y dice que cuando los chicos van a la escuela parece que van al tiempo libre, pero finalmente terminan saliendo del trabajo. ¿Qué se pierde cuando no se deja lugar al tiempo libre?

–Por lo que escuchamos, por lo que recordamos de nosotros mismos, evidentemente no vamos a la escuela a trabajar, a agotarnos de tareas. Vamos al único momento y casi el último que habrá en la vida de tener tiempo libre. Y tiempo libre quiere decir tiempo liberado de la responsabilidad de la vida adulta, tiempo apartado, tiempo en suspenso, tiempo detenido, tiempo parado, un tiempo inútil. Es un tiempo que no tiene que ver con la productividad ni con el consumo, y que para la mayoría de los chicos sería la única oportunidad de conocerlo, de tenerlo, porque las familias ya están infectadas de ese tiempo de trabajo o de ese tiempo de falta de trabajo. Yo creo que este es un momento crucial para volver a instalar la polémica sobre si la escuela es aliada del tiempo libre o del tiempo de trabajo, y en esa alianza ver qué tipo de construcción o de destrucción se está produciendo en la niñez. De lo que se trata es de liberar a las escuelas de la responsabilidad del mundo adulto.

–¿En qué situación se encuentran los docentes hoy?

–Docente y alumno prácticamente han creado una fusión de identidad y de semejanza, porque prácticamente hacen lo mismo, de la misma manera y con la misma apariencia. Si todos somos iguales en cuanto a los medios que usamos, las tecnologías que disponemos, lo que hemos dejado de hacer, adultos, jóvenes y niños, ¿qué tenemos para ofrecer? Porque parece estar todo disponible, y todo lo que parece estar disponible es lo que nos ha convertido en sujetos idénticos.

–¿Se refiere al uso de las tecnologías de la comunicación?

–De todos los artificios. Si todos somos hijos de las series, si todos somos hijos de la comunicación eficaz y abreviada, si todos somos hijos de la rapidez y la velocidad con la que vivimos y la prisa en la que estamos, y la urgencia que tenemos, ¿quién educa? ¿Y para qué? ¿En qué habría sentido? ¿Dónde buscar un sentido más allá del aquí y el ahora? Porque ese es el triunfo de una época. La época está diciendo que el atributo es ser innovador, acelerado, comunicativo eficaz y pragmático. Es el triunfo de la época que subjetivamente se crea que hay que ser así. Y luego están las rebeliones. Está lleno de rebeliones. Hoy, sentarse a leer en una plaza sería una rebelión. Si eso se transforma en una escuela que se parece a una plaza para que lean, sería la mayor de las rebeliones. Si volvemos a embellecer el lenguaje, si volvemos a tener una materia que se llame “Embellecimiento del lenguaje”, yo creo que estaríamos haciendo rebelión. Si celebramos la lentitud, haríamos rebelión. Creo que está lleno de rebeliones para hacerse.

–¿Por qué reivindica el silencio y la soledad en la educación?

–Porque quizás no tenemos nada para decir, quizás esté todo tan saturado de palabras que haya que replegarse un poco y buscar en la intimidad cuál sería nuestra voz si llegara el caso de que quisiéramos decir algo, y además habría que multiplicar las formas de decirlo. No es cierto que sólo las redes tecnológicas permitan decir algo. Tal vez se puede volver al dibujo, por ejemplo. Me quedó una escena de Areguá, un pueblito a treinta kilómetros de Asunción (Paraguay), de una escuela que fui a ver hace unas semanas. Allí había un chico de escuela primaria que andaba con un atril y se pasó toda la mañana buscando un lugar donde sentarse con el atril y pintar algo. Prefiero esta imagen de humanidad a la de un pibe hiper conectado, nervioso. Tal vez la única respuesta a esta época sea no ser tan transparente y entregarse tan servilmente a lo que la época exige, porque la promesa de la época siempre es finalmente destructiva, lo dice el coreano Byung-Chul Han: te morís de cansancio y luego te morís de muerte, y para colmo te piden que pongas cara de felicidad. Ahora, ¿la escuela tiene que repetir exactamente esa voluntad? Si la escuela entra en ese juego y se vuelve totalmente transparente a la época, ya no habrá ningún espacio donde respirar, y todo será idéntico a esta idea de época. (Giorgio) Agamben dice que hay que tener cuidado con las sombras de la época, y que uno tiene que formarse también poniendo un ojo en lo sombrío que tiene. Y (Peter) Sloterdijk dirá que uno tiene que ser capaz de distancia, de suspensión, no todo es esta época, hay otras épocas, se puede uno salir. Entonces, yo creo que hay muchas alternativas. No es simplemente sí o no a la época. Hay zonas para trabajar.

–Usted trabaja en la Pedagogía de las Diferencias, un campo al que llega a partir de su trabajo en lo que se conoce como Educación Especial. ¿Cómo es esta pedagogía?

–Yo quise hacer el desplazamiento del sujeto marcado como discapacitado, como individuo que carga él mismo con su casa de caracol, quitarlo de ahí y ponerlo en el tema de las diferencias de lo humano en general. Y que en ese caso sería de una diferencia de cuerpo, por supuesto que con diferencias de padecimientos, de sufrimientos, y de todo lo que ya sabemos. Pero cada vez más me empezó a parecer un atributo de la propia pedagogía y no tanto del sujeto, por lo que deberíamos ser capaces de hacer muchas pedagogías. Se trata de encontrarle sentido a la pedagogía allí a donde está, donde se está elaborando, no tanto discutiendo qué es sino estudiando muy detalladamente cómo las formas de estar y de hacer cambian las pedagogías. En una escuela en donde los chicos se sientan en ronda en el piso se produce un hacer distinto a aquel que sucede en las escuelas en la que se sientan en pupitres ordenados o en mesas de ocho. Y por lo tanto planificar las formas del estar también es un modo ético y político de hacer educación. Al fin y al cabo, entre el estar y el hacer se jugará después el quiénes somos, y no al revés. No se puede ir por la identidad en educación. La identidad siempre se va a construir, siempre va a cambiar, es móvil, muta. Pero la escuela es un lugar para estar y para hacer, y no tanto para “ser alguien en la vida”.

–¿Cómo se imagina la escuela de los próximos años?

–Yo he visto las escuelas del futuro en el presente, porque ya están, son los lofts inteligentes, con niños solitos haciendo su tarea en las tablets, casi sin maestros, abonándose la idea de que no hacen falta los maestros porque ya está todo disponible adentro de la red. Esto también es una forma de estar y de hacer. Y la escuela del futuro ya gana la partida, porque están en funcionamiento en varios países de Europa. A mí me dejó helado la sensación de que vamos a una escuela sin maestros, donde la programación es exterior a la escuela, la deciden los técnicos que en este momento son tanto del Ministerio de Educación como del de Economía, parece lo mismo, porque ejecutan y sub ejecutan de la misma manera. Y frente a eso, me imagino que sigan floreciendo experiencias alternativas. Los proyectos, la vida de las instituciones, no son decisiones políticas solamente.

Fuente: https://www.pagina12.com.ar/144153-la-rebeldia-de-lo-bello-lo-lento-lo-humano

Repasando con Raúl Zibechi el estado de los movimientos sociales en América Latina

18oct-18
Publicada el 18 octubre, 201818 octubre, 2018
por admin

Entrevista de Enric Llopis

Raúl Zibechi sostiene que, tras la victoria electoral de Hugo Chávez (1998) seguida por otras como la de Evo Morales (2005), “la estabilización progresista permitió que los estados pusieran en pie políticas sociales que desintegraron, debilitaron o cooptaron a no pocos colectivos”.

Creo que en una primera fase de los movimientos, que incluye a los piqueteros argentinos, lo que interpretábamos del zapatismo -aunque ellos no lo planteaban así- y otros, la autonomía se formulaba como un discurso defensivo frente al Estado, los partidos políticos, las iglesias y los sindicatos. Actualmente se camina hacia una autonomía más integral, que implica contar con un territorio, una producción propia en lo posible sin utilización de agroquímicos y, en definitiva, una autonomía que abarque todos los aspectos de la vida.

El Movimiento de Trabajadores Sin Techo (MTST) de Brasil impulsó en Septiembre de 2017 la ocupación de Povo Sem Medo, en Sao Bernardo do Campo (Sao Paulo), que reivindicaba el derecho a la vivienda para familias con escasos recursos. El campamento se organizó con tiendas y barracas de plástico en los terrenos -60.000 metros cuadrados, abandonados desde hace cuatro décadas- de una constructora. Diversas fuentes calcularon la presencia de más de 30.000 personas en el asentamiento.
El periodista e investigador Raúl Zibechi (Montevideo, 1952) resalta esta ocupación como ejemplo del empuje popular en América Latina. Autor de una veintena de libros –Descolonizar la rebeldía, Latiendo resistencia o Cambiar el mundo desde arriba, entre otros- acaba de publicar en la editorial Zambra-Baladre Movimientos sociales en América Latina. El ‘mundo otro’ en movimiento. “He optado por editoriales pequeñas, con el fin de tejer una red de amigos y compañeros; escribo además para la gente común, no para las grandes editoriales”, afirma. Zibechi colabora actualmente en los periódicos La Jornada de México, Brecha de Uruguay, Gara y la agencia de noticias Sputnik.  En el prólogo de su último libro recuerda las 400 fábricas recuperadas en Argentina, los 12.000 acueductos comunitarios que funcionan en Colombia o los más de 2.000 “emprendimientos” sostenibles promovidos por colectivos populares en México, el doble que hace una década.

-Tu último libro revisa un texto publicado en 2003, “Los movimientos sociales latinoamericanos: tendencias y desafíos” (Observatorio Social de América Latina, CLACSO). Sostienes que, tras la victoria electoral de Hugo Chávez (1998) seguida por otras como la de Evo Morales (2005), “la estabilización progresista permitió que los estados pusieran en pie políticas sociales que desintegraron, debilitaron o cooptaron a no pocos colectivos”. ¿Nos hallamos ante una etapa nueva en la batalla de los movimientos sociales?

Me gustaría que se tratara de un nuevo ciclo de luchas; creo que lo es, aunque tal vez dentro de una década afirme que me equivoqué; la primera característica del ciclo es que nace bajo el modelo “extractivista”, con una enorme especulación inmobiliaria, una terrible acumulación por despojo, la presencia de los monocultivos de soja y la minería a cielo abierto. Después el modelo se estancó con la caída de los precios de las materias primas. Es además la etapa de los gobiernos “progresistas”, en gran medida porque estos mejoraron la situación de los pobres, pero no realizaron cambios estructurales. Un segundo rasgo es la gran participación de jóvenes de los sectores populares y de las mujeres. Por ejemplo, en Brasil es el Movimiento Pase Libre, por el transporte público gratuito, el que en junio de 2013 desencadena las luchas. En tercer lugar, comienzan a terciar sujetos colectivos que habían estado en una actitud más tranquila, como los negros y los sectores más sumergidos en el mundo del trabajo, las favelas, palenques y quilombos; sobre todo en Brasil, Colombia y el Caribe. En Brasil hubo, en marzo de 2014, una huelga de los recogedores de basura –negros, pobres y jóvenes- durante el carnaval de Río de Janeiro. Una cuarta característica es la profundización en la idea de autonomía.

– ¿Podría fijarse una fecha para esta nueva fase de las luchas sociales, por ejemplo en Perú, la resistencia popular contra el proyecto minero Conga en el departamento de Cajamarca, a partir de 2012?

En Brasil, a partir de las jornadas de junio de 2013 en plena Copa de Confederaciones de fútbol, se manifestaron 20 millones de personas en 353 ciudades; tras la represión, la izquierda se paraliza, la derecha aprovecha para subirse al “carro” de las movilizaciones y tomar la calle. Pero en Bolivia el punto de inicio se situaría en 2011, con la Marcha en defensa del Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro-Secure (TIPNIS), donde el Gobierno Nacional proyectaba construir una carretera que atravesara este espacio protegido. En Argentina el punto de partida es la ocupación del Parque Iberoamericano de Buenos Aires, en 2010, durante la presidencia de Cristina Kirchner; sectores populares urbanos se movilizaron en este enorme parque por el derecho a la vivienda y contra la insuficiencia de las políticas sociales.

-¿Prefieres la idea de “movimiento social” o el de “sociedades ‘otras’ en movimiento” para el caso específico de América Latina? Mencionas en el libro, entre otras, la población de Cherán (Michoacán de Ocampo, México), que volvió a sistemas de organización p’urhépechas cuando se levantó en 2011 contra las mafias que arrasaban los montes comunales.

El concepto de “movimiento social”, que es muy útil, surge en Europa y Norteamérica para explicar la emergencia en los años 60 del siglo XX de movimientos como el de mujeres, la lucha en Estados Unidos por los derechos civiles, contra la OTAN, por el pacifismo y el ecologismo; todos exigen a los estados ciertos derechos. Sin embargo, en América Latina los movimientos van arraigando en territorios, y esta “territorialización” es una seña de identidad muy diferenciadora. En todos estos espacios, el Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST) de Brasil, el zapatismo o los mapuches van creando nuevas sociedades, que incluyen producción, salud y en algunos casos órganos de poder no estatales, como las Juntas de Buen Gobierno del zapatismo, que es el caso más conocido y desarrollado; el ejemplo zapatista destaca por las centenares de comunidades agrupadas en más de 30 municipios en cinco regiones, con escuelas, clínicas y hasta cultivos sin agroquímicos; otro caso es el de los cabildos indígenas de la población nasa, en los resguardos del sur de Colombia. A una escala distinta, el MST ha recuperado cerca de 25 millones de hectáreas de los hacendados; ha impulsado 5.000 asentamientos, donde viven dos millones de personas, y donde hay 1.500 escuelas así como cooperativas de producción y distribución en ferias.

-¿Por qué subrayas que estas sociedades “otras” necesitan movilizarse e incluso cambiarse a sí mismas?, Así ocurrió con los pueblos de las tierras bajas de Bolivia, que tras un proceso de unificación en asambleas y reconstitución de sus territorios, iniciado en los años 80 del pasado siglo, acabaron participando decisivamente en la Marcha en Defensa del TIPNIS (2011).

Porque de lo contrario estos territorios, que son como islas, quedan cercados y terminan siendo ahogados y reprimidos por el Capital. Necesitan luchar y vincularse con otros, expandirse para sobrevivir. Un ejemplo es el levantamiento en junio de 2009 de los indígenas wampis y awajún en Baguá, en la selva amazónica peruana; ocho años después de los enfrentamientos con la policía armada, que terminaron con centenares de muertos, más de 80 comunidades wampis proclamaron su autogobierno para defender 1,3 millones de hectáreas de bosque de las multinacionales. Otro caso es el de los nasa, que tenían durante mucho tiempo un espacio consolidado en el departamento colombiano del Cauca; en octubre de 2008 unos 10.000 indígenas iniciaron la Minga Social y Comunitaria, que pasó por ciudades como Cali y terminó en Bogotá. Durante el recorrido se sumaron cortadores de caña, negros, estudiantes y otros colectivos urbanos; tras esta gran marcha, en 2010, se fundó el Congreso de los Pueblos, que reúne a numerosos movimientos populares.

-También te refieres a la Educación Popular “en movimiento”, con dos grandes modelos: el desarrollado por el EZLN zapatista y el del MST brasileño…

El MST parte de la educación popular de Paulo Freire. En los asentamientos de los “sin tierra” la profundizan y desarrollan hasta llegar a la “pedagogía de la tierra”, que básicamente podría definirse como “transformarse transformando”; así, tanto el movimiento como los sujetos del movimiento se transforman haciendo, y en las 1.500 escuelas aplican una pedagogía que busca enraizar al sujeto campesino en la tierra. A su vez trabajan la relación entre el docente y los alumnos, de modo que no sea tan vertical y sí más participativa. Esto se da sobre todo en la educación de adultos, donde se busca un método pedagógico en el que el papel del maestro sea más circular y todos se conviertan en sujetos evaluadores. También han desarrollado un concepto que para mí es muy importante: transformar el movimiento -en todos sus tiempos y espacios- en tiempos y espacios pedagógicos. Todo lo que se haga ha de tener un contenido y un resultado pedagógico; si participamos en una campaña de lucha o acciones, tiene que haber servido también para discutir la realidad y empoderar a la gente.

–En Movimientos sociales en América Latina citas otras experiencias como la Red Cecosesola, fundada hace 50 años en el estado venezolano de Lara. “Nuestro proceso educativo está presente en todo lo que hacemos”, afirman. En las cooperativas agrícolas, de salud, ahorro y préstamo o producción industrial en pequeña escala de Cecosesola participan 20.000 socios y más de 50 organizaciones populares.

Quisiera destacar también los Bachilleratos Populares de Argentina. Surgieron en la primera década de los años 2000 sobre los territorios y espacios del movimiento piquetero, y funcionan en fábricas recuperadas por los trabajadores, sindicatos y organizaciones territoriales de barrios populares. La gente, ya adulta, que no ha terminado la enseñanza secundaria acude a los bachilleratos y estudia el periodo que les falta; funcionan como espacios “en movimiento”, y hay ya más de un centenar en Argentina, sobre todo en las ciudades. Los bachilleratos organizan una gran asamblea inicial, donde colectivamente se empieza a trabajar la currícula, que no es la del Estado, sino la que definen los colectivos, docentes y estudiantes. A partir de esa currícula, comienzan los tres años de formación, que terminan con avances en el terreno pedagógico, la adquisición de conocimientos, logrando hablar en público y con estudiantes que son militantes e incluso líderes de los movimientos. Esta pedagogía tiene relación con la de Paulo Freire, echa raíces en la realidad concreta y está dirigida a hombres y mujeres de los barrios muy pobres.

-Has estado en diferentes ocasiones en Chiapas y conocido la “Escuelita” Zapatista. “Frente al modo occidental y académico, abstracto y general, los zapatistas de las bases de apoyo tienen la virtud de lo concreto y la sencillez de la exposición”, concluyes en el libro. Asimismo el pensamiento crítico del EZLN, que surge de la praxis cotidiana en las bases de apoyo, se reproduce en centenares de escuelas.

Los zapatistas tienen una particularidad. Es la comunidad en asamblea la que elige quiénes van a ser los docentes, y no porque alguien tenga mayor o menor capacidad, sino porque le toca. Además los docentes, que no perciben un salario, tienen que dedicarse por tiempo completo a sus alumnos y les sostiene la comunidad, que por ejemplo les cultiva la milpa. Hay una diferencia clara entre las escuelas del estado y las zapatistas. Es más, en algunas regiones, cuando el zapatismo empezó a instalar “secundarias” o “primarias”, el Estado también las implantó –cuando antes no las había- para contrarrestar las escuelas zapatistas. En éstas los padres colaboran, los alumnos y docentes limpian la escuela, de hecho la gestionan conjuntamente; mientras que en las escuelas estatales el docente es un mestizo o blanco llegado de la ciudad en coche, en las zapatistas son gente de la misma comunidad.

-Algunos de los pensadores recuperados son, entre otros muchos, el filósofo y psiquiatra de la isla de Martinica, Frantz Fanon, y el filósofo y antropólogo argentino Rodolfo Kusch. ¿Por qué propones una ruptura epistemológica frente al eurocentrismo y defiendes los pensamientos “propios” de los pueblos indios, negros y los sectores populares? ¿Hay en América Latina una dependencia de los patrones –de hacer y pensar- europeos y estadounidenses?

Sí, sobre todo en las academias y universidades. Los autores, la forma de trabajo y estudio, el papel de los estudiantes y universidades es muy eurocéntrico. Así, para el estudio de los movimientos sociales se apela a autores a los que aprecio mucho, como Marx, Foucault, Alain Touraine o Sidney Tarrow; ahí está, por tanto, la necesidad que tienen los movimientos de buscar en sus tradiciones otra pedagogía; ahí es donde hablo de una ruptura epistemológica. En el libro explico la experiencia de la Comunidad de Historia Mapuche. Nace en 2004 en Temuco, al sur de Chile. La mayoría de los 23 integrantes de la Comunidad provienen de La Universidad de La Frontera, en la ciudad de Temuco. Se trata de profesores universitarios y “secundarios”, trabajadores sociales, periodistas, artistas y escritores; algunos viven en comunidades y muchos se definen como activistas de las organizaciones mapuches. También acompañan procesos judiciales contra detenidos políticos, procesos de defensa territorial contra el extractivismo y forman parte de la lucha por la revitalización del mapudungun (lengua mapuche). Han sacado a la luz episodios que estaban en la oscuridad, como la muestra en 1883 de un grupo de 14 mapuches en un zoológico humano –el jardín de Aclimatación de París-, donde eran estudiados por su “rareza”; o las derrotas que las comunidades infligieron a los conquistadores españoles en el siglo XVI.

-Otra idea central es la “descolonización” de los métodos de investigación y oponerse a la hegemonía de los especialistas. En este punto destacan iniciativas como el Taller de Historia Oral Andina (THOA). ¿En qué consiste?

Es una experiencia dirigida por la antropóloga boliviana Silvia Rivera Cusicanqui, quien destaca la necesidad de “un ejercicio colectivo de desalienación” y, para ello, resulta determinante el papel de la Historia Oral y el de las comunidades. El taller fue creado en 1983, cuando Silvia Rivera era profesora de Sociología en la Universidad Mayor de San Andrés, en La Paz. La condición para formar parte del grupo era saber hablar aymara o quechua. El primer trabajo de los estudiantes consistía en contar la historia de su vida. Entonces se dieron cuenta de que sufrían, además de la represión externa, una autorrepresión muy fuerte respecto a su lengua, cultura y tradiciones, aunque en el proceso de introspección empezaron a liberarse. Se trata de estudiantes de las comunidades aymaras o urbanos –que provienen de las comunidades- ya alfabetizados y que van a la universidad.

Invitados por los ayllus (comunidades), los integrantes del THOA desarrollaron talleres y en las investigaciones se crearon equipos mixtos conducidos por los comuneros de base, con quienes se definieron las metas, tareas y formatos de investigación. La Historia Oral es lo que les permite descubrir, y que las personas subordinadas se conviertan en sujetos. Además son las comunidades en asambleas las que deciden cómo ha de ser la “devolución” de los estudios, en este caso en forma de teleteatros o radionovelas, que fueron escuchados por cientos de miles de personas en las radios del Altiplano. Esta metodología ha permitido difundir la historia de Túpac Katari, que lideró la rebelión aymara de 1781 simultánea a la de Túpac Amaru en lo que hoy es Perú; o la reconstrucción de la biografía de Santos Marka T’ula, cacique que luchó por la recuperación de las tierras comunales. Los talleres han influido en la formación del Consejo Nacional de Ayllus y Markas del Qullasuyu (CONAMAQ), una de las organizaciones indias más relevantes de Bolivia.

-Desde 1986 has recorrido América Latina, sobre todo la región andina, como periodista e investigador “militante”. ¿En qué prejuicios y vicios de perspectiva consideras que incurre el investigador del Norte cuando se acerca a las comunidades indígenas?

Creo que hay un error básico, que consiste en pensar que el investigador sabe y la comunidad no. El segundo es lo que denominamos el “extractivismo” académico, que consiste en ir a las comunidades, “chupar” conocimientos y utilizarlos para la propia carrera institucional o académica, sin devolver nada a la comunidad. La tercera, y me parece fundamental, es que hay que estar en la comunidad, tener vínculos y establecer afectos. No vale con ir de visita media hora con el grabador para sacar información: si no hay relaciones de confianza, nadie te va a contar las cuestiones de fondo, por lo que la información será siempre parcial e incompleta; ahí me parece que existe una reproducción del modelo colonial, que implanta una relación entre los que tienen poder y los que no lo tienen, y muy a menudo entre varones blancos y mujeres, niños y niñas indias, negras y mestizas. Además, te diría que las academias tradicionales tienden a reproducir el modelo colonial sujeto-objeto y a cosificar a los indígenas, los negros y los sectores populares.

-Sin embargo, las escuelas y facultades de periodismo hacen hincapié en la neutralidad, la separación entre información y opinión y la importancia del rigor. ¿Es esto compatible con la militancia?

Creo que hay que ser riguroso, contrastar y ser crítico con las fuentes. Tenemos ejemplos maravillosos de periodistas muy comprometidos que están del lado de los oprimidos, como Eliane Brum, una periodista y escritora brasileña que escribe notas largas en la edición brasileña de El País; o Marcela Turati, reportera de Proceso, en México, también absolutamente comprometida con los sectores populares sin por ello perder la rigurosidad.

-Por otra parte, en el artículo de 2003 afirmabas que comuneros, cocaleros, campesinos Sin Tierra y, cada vez más, desocupados urbanos y piqueteros argentinos trabajan en la construcción de la autonomía. ¿Cómo ha evolucionado, después de 15 años, la idea de “autonomía” en las organizaciones populares?

Creo que en una primera fase de los movimientos, que incluye a los piqueteros argentinos, lo que interpretábamos del zapatismo -aunque ellos no lo planteaban así- y otros, la autonomía se formulaba como un discurso defensivo frente al Estado, los partidos políticos, las iglesias y los sindicatos. Actualmente se camina hacia una autonomía más integral, que implica contar con un territorio, una producción propia en lo posible sin utilización de agroquímicos y, en definitiva, una autonomía que abarque todos los aspectos de la vida. Mientras campesinos e indígenas tienen una amplia experiencia en autonomía alimentaria y prácticas en salud, los sectores populares urbanos han sido despojados de estos saberes. De ahí la importancia de experiencias como, entre otras muchas, la de algunas comunas de Medellín, que consiguieron cierta autonomía en el suministro del agua, la Comunidad Habitacional Acapatzingo, en el Distrito Federal de México; o la experiencia en cultivos de quinua de los vecinos de Potosí, en Ciudad Bolívar (Bogotá). Una autonomía que disponga también de espacios para la resolución de conflictos –eso que llamamos poder o justicia- propios, para no tener que recurrir a la justicia del Estado.

-¿Qué ejemplos resaltarías?

Se tiende a ello en el caso mapuche, con los grupos de autodefensa no formales; y en Colombia, en el movimiento de los pueblos nasa y misak organizados en torno a la Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca (ACIN) y el Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC); además de sus instancias de justicia y escuelas de formación, los nasa-misak cuentan con una guardia indígena elegida por las comunidades. Cada comunidad nasa elige a diez guardias indígenas durante un año, de modo que son más de 3.000 guardias coordinados por cada resguardo, con mandos propios rotativos y armadas de bastones. Se trata de gente autoorganizada y bajo la vigilancia de los cabildos. Hacen pesar la masa –cantidad de personas- en sus acciones. Han conseguido detener a los paramilitares, al ejército, a las compañías mineras y a las FARC cuando secuestraban indígenas. Y esto porque consideraron que en su territorio no querían la guerra.

-¿Qué lecturas de medios independientes recomendarías a los ciudadanos europeos para informarse, de manera crítica, sobre la realidad latinoamericana?

Por salirnos de los grandes medios como Brecha o La Jornada, destacaría la página web Desinformémonos de México, que está muy vinculada a los movimientos y que dirige la periodista Gloria Muñoz Ramírez; se trata de un periodismo militante y que dispone de muy pocos recursos. Otro ejemplo es Mapuexpress, en relación con el pueblo mapuche. Pero el caso más increíble es el de Argentina. La Asociación de Revistas Culturales e Independientes de Argentina (AReCIA) tiene censadas cerca de 200 revistas culturales, independientes y autogestionadas, en formato papel o digital; estas publicaciones vinculadas al campo popular -por ejemplo Lavaca.org, Barcelona (Periodismo por otros medios), La Tinta (Periodismo hasta mancharse) o Campo Grupal- suman entre cinco y siete millones de visitas mensuales. En estas revistas, en su mayoría cooperativas, trabajan o colaboran a tiempo completo más de 1.500 personas. La comunicación en América Latina se ha multiplicado de manera notable. Muestra de ello son la Red de Educación Radiofónica de Bolivia (ERBOL), fundada en 1967, la tradición de las radios comunitarias en Ecuador o las 10-15 publicaciones del mundo mapuche. El proceso es muy rico, hay infinidad de experiencias que uno no sabía ni que existieran.

Emiliano Teran Mantovani: ¨El Arco Minero es hoy, una política de ajuste¨

18oct-18
Publicada el 18 octubre, 201818 octubre, 2018
por admin

Emiliano Teran Mantovani, miembro del Observatorio de Ecología Política de Venezuela, ha seguido de cerca el surgimiento del Arco Minero del Orinoco. Teran concibe esta nueva serie de megaproyectos como la aceleración desastrosa de una lógica extractivista aceptada sin críticas. En esta entrevista, sostiene que hay alternativas a una economía basada en la extracción que, aparte del daño ambiental y social que produce, no ha logrado resultados en términos de acumulación de capital y desarrollo.

CPM: Existe una trágica falta de conocimiento sobre el Arco Minero en Venezuela. ¿Puede, muy brevemente, decirnos algo sobre cuándo comenzó el proyecto, su escala, alcance e impacto ambiental?

ETM: El Arco Minero fue propuesto no hace mucho, en 2011, por Hugo Chávez. Pero me gustaría agregar lo siguiente: en realidad, lo que sería posteriormente el Arco Minero surgió durante el segundo gobierno de Rafael Caldera, en el cual hubo un conflicto ambiental que resonaría en la opinión pública a finales de los 90. Fue entonces cuando Caldera presentó un decreto que desregulaba la Reserva Forestal Imataca para introducir la minería allí. Es donde están hoy las minas de oro que son el foco principal de la minería en el Arco Minero. La movilización en contra fue tal que ese decreto se mantuvo de alguna manera neutralizado. No fue derribado, pero si neutralizado. No pudieron completarlo. Es con Chávez que este decreto finalmente se formaliza, lo que permitiría llevar a cabo la minería en esa reserva forestal.

Es importante contar esa historia, porque proviene de toda una lógica de (re)colonización del Sur, una lógica que ha sido parte de los proyectos de desarrollo contemporáneos en Venezuela durante mucho tiempo. De hecho, todos los proyectos desarrollistas y progresistas recientes (como el proceso bolivariano) siguieron esa lógica.

En 2011, en el gobierno de Chávez, se anunció el Arco Minero de Guayana o el Arco Minero del Orinoco. Luego se habló de incluso un proyecto conjunto, el Plan Estratégico conjunto con la Faja Petrolífera del Orinoco, que ahora añadía una serie de proyectos mineros en toda la extensión del territorio al norte del estado Bolívar. Estamos hablando de una extensión de 111.800 kms cuadrados, 12 por ciento del territorio nacional, que es aproximadamente del tamaño de Cuba, para tener una idea de la escala. Los proyectos propuestos son la extracción de oro y diamantes, coltan, bauxita y hierro.

Esto implica reabrir y dar un nuevo impulso a minas ya existentes. No es que todas las minas serían nuevas. Minas ya existentes recibirán un nuevo impulso (como las dos grandes minas de oro), pero todo esto también va implicar el abrir nuevas minas. Por ejemplo, la extracción de coltán es totalmente nueva en Venezuela y significa penetrar el bosque de Parguaza y abrir grandes minas de coltán allí. También se abrirían nuevas minas en Imataca para la extracción de oro, formalizar minas de diamantes en el oeste del estado Bolívar y expandir la extracción de bauxita y hierro, que es antigua en Venezuela.

CPM: El Arco Minero del Orinoco implica una nueva legislación que, en efecto, coloca a la zona fuera del estado de derecho y la Constitución. Incluso se podría hablar de un régimen de excepcionalidad, desterritorialización y pérdida de soberanía. ¿Puede decir algo sobre el conflicto entre la soberanía popular y las necesidades de la acumulación capitalista global?

ETM: Eso es muy importante. Al principio, para el gobierno de Chávez, la Faja Petrolífera del Orinoco y lo que hoy conocemos como Arco Minero del Orinoco fueron iniciativas dirigidas a superar el agotamiento del modelo tradicional de acumulación rentista petrolera. Antes de Chávez, el enfoque era fundamentalmente la extracción de crudos livianos y medianos en el estado Zulia (frontera occidental) y en oriente del país, pero esos pozos están en franco declive. Entonces, dentro del modelo extractivista, con Chávez hay un cambio que le da mayor presencia a la extracción de petróleo no convencional en la Faja Petrolífera [también en el oriente del país]. Esto, por supuesto, tiene un impacto ambiental mucho mayor y un mayor costo. Por lo tanto, el Arco Minero sigue la misma lógica, dando nueva vida y oxigenando a un modelo en crisis.

Digo esto porque, si durante el gobierno de Chávez el Arco Minero tuvo un carácter de desarrollismo expansivo, una especie de reformulación del modelo extractivista, bajo el gobierno de Maduro este proyecto asume la naturaleza de una política de ajuste. Es un ajuste radical, aunque no es el típico ajuste macroeconómico, que trataría de redistribuir los excedentes monetarios de abajo hacia arriba.

Este ajuste tiene que ver directamente con la territorialización –es decir, con la apropiación, intervención, modelamiento y administración de los territorios del país– y la penetración radical de la soberanía nacional basada en varios mecanismos. Primero, desde 2016, Venezuela ha estado bajo un estado de excepción formal y declarado, de hecho y de derecho. Este estado de excepción se encuentra en el contexto de una ‘emergencia económica’.

Luego, hay otro instrumento: las Zonas Económicas Especiales. Siguen el formato del neoliberalismo chino, una forma de desregulación radical de los territorios, en la que se elimina cualquier obstáculo para el rápido desarrollo del capital: impuestos, aduanas, permisos, leyes laborales, restricciones ambientales, lo que sea. Este estado de excepción incluso significa asignar un tipo de gobernador ad hoc al territorio en cuestión.

El Arco Minero del Orinoco fue finalmente formalizado, en su encarnación actual, en febrero de 2016 con el Decreto Presidencial 2.248. Fue declarado Zona Económica Especial (o llamada Zona de Desarrollo Estratégico Nacional). Como tal, se constituye como un territorio de desregulación total, de modo que el capital pueda desarrollarse libremente a cualquier precio. Eso presupone la eliminación de derechos de todo tipo: consulta democrática, derecho al trabajo, derecho a la vida, derecho a un medio ambiente limpio y sano, etc.

El régimen de excepción se implementó de la mano de una zona militar especial. Entonces, el Arco Minero es tanto una zona minera especial como una zona militar especial. Tiene un régimen militar especial. El Decreto 2.248 establece que los grupos que se oponen a él se oponen a los «intereses nacionales», y al oponerse a los intereses nacionales ejercerían en una especie de crimen contra el propio Estado. Eso se dice muy claramente en el Decreto 2.248.

Ahora, cuando se observa esto desde el punto de vista de las consultas populares y consultas previas, lo cual, en un proyecto de esta magnitud, debe hacerse no sólo porque está establecido en la Constitución Bolivariana de Venezuela, sino también (en el caso de las consultas a los pueblos indígenas) por el derecho internacional, el proceso se ha llevado a cabo de forma muy irregular, con mucha manipulación y cooptación. Para dar un ejemplo, indígenas se han quejado de las apariciones en televisión de capitanes cooptados que no los representan, y estos jefes cooptados estaban respaldando el proyecto minero.

Adicionalmente, los estudios de impacto ambiental están notablemente ausentes. Han sido anunciados, pero nadie sabe dónde están. Nadie sabe nada de ellos. Agrega a esto que los ciudadanos tienen derecho a ser informados sobre el carácter y el alcance de los acuerdos que se han hecho, pero siguen siendo un misterio total. Toda la información que tenemos se basa en las promesas gubernamentales del ecosocialismo y la supuesta «minería ecológica», pero sabemos, basado en estudios académicos y la experiencia acumulada en América Latina, que la mega-minería es una de las actividades industriales más devastadoras de todas. Así que, claramente el Arco Minero representa un régimen de excepción siguiendo una política de ajustes del tipo más radical, un camino neoliberal muy radical.

«Si durante el gobierno de Chávez el A.M.O. tuvo un carácter de desarrollismo expansivo, bajo el gobierno de Maduro este proyecto asume la naturaleza de una política de ajuste»

CPM: Claramente, como mencionó anteriormente, los megaproyectos con este tipo de impactos deben someterse a procesos participativos y ratificación democrática. Sin embargo, muchos de los pueblos que viven en el Arco Minero son los menos capaces de hacerse escuchar en los centros de poder. Esto parece aún más trágico ya que tales pueblos a menudo tienen culturas y formas de vida sostenibles que podrían ser tanto más importantes para formar y conformar una sociedad postcapitalista viable.

ETM: Las personas que viven en el Arco Minero son diversas. No son solo indígenas. Debemos recordar que hay ciudades como El Callao, que tiene una tradición minera desde el siglo XIX.

Respecto a los indígenas, lo que has dicho es clave. Los pueblos indígenas no son un sujeto que esté separado de nosotros. Es cierto que, geográficamente, ese ha sido en general el caso, pero política y antropológicamente hablando, los pueblos indígenas son constitutivos de nuestra identidad, ya que la identidad venezolana es pluricultural. Venezuela es en realidad una república constituida por culturas muy diversas, no sólo culturas campesinas sino también culturas indígenas que nos conforman en cuanto a nuestras tradiciones y hábitos y nuestra forma de ver la vida, nuestra forma de comer, vestirnos, etc. Todo lo que es parte de nuestra identidad. No es que debemos estar agradecidos con los indígenas, es que sencillamente es parte del nosotros.

En sus formas de vida, su cosmovisión, encontramos indicios o pistas para concebir otras formas de vida, una alternativa al modelo que existe en el momento presente. Estas no son cosas que están en un futuro lejano o pasado remoto, sino que tienen que ver con las prácticas existentes en este momento. Estas por ejemplo, incluyen la propia concepción de «Buen vivir» que tienen los Yekwana, pero también formas de trabajar la tierra, prácticas medicinales, prácticas sociales.

No creo que sea bueno romantizar a los pueblos indígenas, ya que han sido agredidos culturalmente y muchos ahora se han involucrado con la minería. Es simplemente un hecho. Han sido sometidos a un largo proceso de colonización, aunque también es cierto que en la Revolución Bolivariana sus derechos fueron reconocidos constitucionalmente. Pero, con la cooptación de los líderes y la creación de burocracias indígenas, sus derechos constitucionales fueron en los hechos anulados.

Cuando hablamos de una repetición de la colonización y la territorialización, podemos señalar dos factores graves. Primero está el tema de la salud. El estado de salud de varios pueblos indígenas nos señala un serio peligro de que algunas comunidades puedan desaparecer en un tiempo no muy largo, ya que varios están muriendo de sarampión, malaria y otras enfermedades que se han propagado rápidamente, debido, entre otras cosas, a la deforestación y al estancamiento de aguas provocada por la minería ilegal, o a las extraordinarias deficiencias en el acceso a los medicamentos.

Hay una idea planteada desde el discurso oficial, que dice que la solución al problema de la minería ilegal es la minería a gran escala. Es cierto que desde mediados de la última década, la minería ilegal creció exponencialmente. Pero Chávez en primera instancia respondió a eso desarrollando programas y proyectos para que las personas tuvieran otras alternativas económicas, como la Misión Piar o los planes de reconversión minera. Hoy, con la excusa de organizar la minería, esos programas fueron abandonados y se propone la instalación de la megaminería con corporaciones transnacionales, mientras que con la expansión territorial de la minería, bueno, naturalmente, los grupos indígenas pierden espacio para sus economías locales y fuentes de ingresos como las que adquieren por el turismo. Este es el caso del pueblo Pemón, que ha visto caer dramáticamente el turismo y, por lo tanto, muchas comunidades se ven obligadas a recurrir a la minería en sus territorios.

Y así se hace realidad esta idea de que la gran minería corporativa es la única opción. ¿O no? Realmente, formalizar la devastación ambiental que causa la mega-minería industrial no puede ser la única opción.

El otro problema con la minería ilegal es que esta no está necesariamente fuera del Estado, porque parte del Estado colabora con el proceso. No es posible que diez o quince toneladas de oro puedan ser sacadas de contrabando fuera del país cada año, que es lo que han dicho altos funcionarios públicos, y que no se puede hacer nada al respecto. Por ejemplo, en El Caura, para sacar el oro de ahí y para meter la gasolina para las motobombas y los implementos tienes que pasar por puestos de control militar. Así que estamos hablando de una participación de sectores del Estado en un proceso que está desangrando el país.

Adicionalmente, la minería ilegal, entre otras cosas, deja charcos gigantes en el proceso. Utilizan chorros de agua a alta presión para hacer deslizamientos de tierra para acceder al oro. Grandes piscinas son abandonadas donde se reproducen los mosquitos, y lo que vemos ahora es que Venezuela tiene el peor índice de malaria en América Latina, según la Organización Mundial de la Salud. La situación está afectando primero a los mineros y a la población local, con consecuencias devastadoras, pero el fenómeno se está extendiendo hacia el norte por todo el país.

CPM: ¿Quiénes son los grandes actores involucrados en el Arco Minero?

ETM: En el Arco Minero, las operaciones a gran escala aún no han comenzado. Básicamente, estamos en la primera etapa de una iniciativa a gran escala: atraer inversionistas. Para decir lo obvio, la situación venezolana es de alta vulnerabilidad política (se considera volátil) y esto hace que los grandes inversionistas desconfíen de hacer inversiones que podrían generar pérdidas.

Lo que ha estado sucediendo es que el Estado ha iniciado una especie de proceso de subasta, ofreciendo mejores y mejores ofertas, mejores y mejores concesiones a las corporaciones extranjeras. De ahí la creación de las Zonas Económicas Especiales y, más recientemente, la exoneración de pagos de impuestos sobre la renta [en el marco del llamado Plan de Recuperación Económica] y la concesión de otras ventajas para grandes intereses corporativos.

El gobierno habló inicialmente (en 2016) sobre el involucramiento de unas 150 compañías de más de 30 países. Muchos de los acuerdos han sido negociaciones verbales, otros han sido memorandos de entendimiento, que es cuando dos partes firman un documento que indica que las partes se reunieron para negociar, pero no es un acuerdo formal, todavía.

La minería en el AMO ha comenzado a concretarse con la canadiense Gold Reserve de Canadá, una empresa que en el gobierno de Chávez fue echada del país en 2009, debido al impacto ambiental de sus proyectos en la Reserva Forestal de Imataca. Ahora le han sido re-asignadas las grandes minas de oro del país en esa reserva. Además, se han concretado algunos acuerdos con empresas chinas. Esto en realidad ocurre de la siguiente manera: cuando Venezuela solicita una reprogramación de sus pagos de deuda con China, entonces, como compensación, China solicita la ampliación de concesiones. Así es como las cosas tomaron forma para los proyectos de compañías chinas como Yankuang Group, para la operación en la misma zona de oro mencionada. La empresa anuncia que está operando desde 2015.

Las corporaciones que han iniciado las operaciones son empresas mineras junior. Una empresa minera junior es como un peón en el ajedrez. Básicamente, inician negociaciones y abren un camino para que, una vez que la situación se estabilice y se consolide el acuerdo, puedan ingresar las grandes corporaciones como Barrick Gold. Gold Reserve y las otras corporaciones que van entrando son, básicamente, mineras junior.

Otros actores clave y altamente problemáticos en el Arco Minero son las compañías militares. Estas están compuestas por militares que forman compañías que entran en negocios conjuntos (como parte representante del Estado venezolano). CAMIMPEG es una de esas empresas, pero hay otras. Esto es, de hecho, un renacimiento del tipo de concesiones petroleras que Juan Vicente Gómez dio a principios del siglo XX: pequeños grupos de amigos que dividieron la torta de ofertas estatales.

«En lugar de abrir el debate sobre el tema de la distribución desigual de la riqueza, la única solución que aparece en el discurso es explotar más los ‘recursos naturales'»

CPM: Una posición radicalmente anti-extractivista parece injusta. ¿Cómo avanzarán las naciones del Sur Global cuando, a corto y mediano plazo, sus únicas posibilidades de desarrollo parecen ser la extracción de materias primas? Muchos países del Norte Global pasaron de las economías extractivas a las industriales en los tiempos modernos. Entonces, ¿no sería injusto negar esa posibilidad a las naciones del Sur Global? ¿No es injusto hacer que las naciones del Sur Global soporten la carga de la crisis ambiental del planeta?

ETM: No estoy seguro de estar de acuerdo con algunas de esas afirmaciones. Primero, los últimos quince años de gobiernos progresistas en América Latina se han caracterizado por una lógica más bien de profundizar el extractivismo. Estas no fueron decisiones tomadas por la gente; la decisión vino desde arriba. Los vimos jugar esa carta, como si no hubiera otras opciones.

Repasemos uno de los argumentos típicos: «Necesitamos abrir esta nueva mina, necesitamos abrir un nuevo pozo de petróleo, necesitamos iniciar nuevos proyectos de monocultivo de soja». ¿Y por qué necesitamos hacer esto? Porque necesitamos divisas para el desarrollo.

Uno de los problemas aquí es que no hay ninguna discusión sobre cómo distribuir el excedente ya existente. Las razones para abrir nuestro territorio a la minería son las mismas: se necesita captar divisas. Pero si observamos los diez años anteriores a 2014 (ese año bajó el precio de las materias primas), en esos diez años de auge, unos 500 mil millones de dólares ingresaron a las arcas del Estado venezolano. Entonces, antes de abrir una nueva mina, la pregunta que deberíamos hacernos es: ¿qué pasó con todo ese dinero?

Para entender el capitalismo rentista venezolano, se debe entender la arquitectura de la distribución de la renta del petróleo. Esa arquitectura da forma a toda la economía nacional. La distribución de la renta petrolera determina las estructuras de poder y las diversas formas de consumo doméstico. En otras palabras, si por ejemplo el Estado tiene un subsidio eterno a la gasolina, como es el caso de Venezuela, eso fomentará un tipo específico de consumo. Va a determinar la forma en que las personas van de un lugar a otro y promoverá la práctica generalizada de importar vehículos.

Además, cuando hablamos de distribuir las ganancias del petróleo, también tenemos que hablar de impuestos. Según datos de la CEPAL, Venezuela y Chile son los países del continente donde los ricos pagan menos impuestos. En Venezuela, el Impuesto al Valor Agregado (IVA), es un impuesto regresivo, que además ha aumentado y cae sobre los hombros de los pobres.

¿Cómo podemos conectar esto con el extractivismo? Te voy a dar un ejemplo. Uno de los mayores debates sobre el extractivismo en América Latina fue sobre el Parque Nacional Yasuní en Ecuador. Si aumentara en un 1,6 por ciento el impuesto sobre las 200 empresas más grandes y las familias más ricas del país, eso traería a las arcas del Estado la misma cantidad de dinero que aportaría 25 años de extracción de petróleo en la reserva de Yasuní.

Este es el caso de cualquier país latinoamericano. En lugar de abrir el debate sobre el tema de la distribución desigual de la riqueza, la única solución que aparece en el discurso es explotar más los ‘recursos naturales’: abrir nuevos campos, nuevas minas, etc. Luego, cuando los precios de las materias primas bajan, entonces este discurso más bien se engrandece: más iniciativas extractivistas deben impulsarse porque hay una crisis y, por supuesto, la única solución es extraer o perforar más pozos, minas, etc. Sin embargo, resulta que nos metimos en la crisis actual entre otras cosas porque la lógica extractivista estuvo inflada durante la última década y media.

Adicionalmente, conviene decir que actividades como la minería tienen un impacto en otros tipos de sectores económicos, ya que afecta por ejemplo la generación eléctrica. En Venezuela la mayor parte de la electricidad proviene de plantas hidroeléctricas. La minería que ocurre en Bolívar afecta los cauces de los ríos, lo que en el caso del río Caroní afecta sensiblemente la potencia de su caudal, siendo el río que alimenta la represa Guri, la principal fuente de electricidad en el país. Así se ha afectado la generación de electricidad. Eso tiene un efecto adverso en la economía, incluso en las refinerías de petróleo existentes y otros sectores de la industria petrolera.

Desafortunadamente, los debates sobre minería y extractivismo son silenciados. Entonces, resulta que el Arco Minero va a terminar afectando adversamente la productividad y la vida en Venezuela, y eso incluye la propia producción de petróleo, que es la que genera los principales ingresos para la nación.

CPM: ¿Qué pueden hacer las personas que quieren monitorear, protestar o simplemente mantenerse informados sobre el Arco Minero?

ETM: Es necesario volver a movilizar a las personas, y esa movilización debe ser autónoma e independiente. Estamos ante un gobierno que se ha desviado de su camino y tiene poco que ver con el proyecto inicial de las bases populares del chavismo, que tenía una orientación emancipadora y propuso una transición alternativa. Ese bloque debe recuperar su agenda social involucrando demandas relacionadas con el trabajo y el salario, junto con reclamos relacionados con el género, los derechos indígenas y la tierra.

Hay una crisis ambiental muy grave en Venezuela y la agenda ambiental debe ser asumida por todos, centrándose particularmente en la lucha contra esta nueva forma de extractivismo de ajusteque se ha vuelto dominante. Hay alternativas, y el movimiento popular tiene que forjar un proyecto: un camino diferente al de la actual devastación que estamos presenciando en Venezuela. Eso, a su vez, requiere un proceso de construcción y debate autónomos, que nos permita superar la lógica actual de devastación social y ambiental.

Entrevista original en inglés: https://venezuelanalysis.com/analysis/14092?fbclid=IwAR1QMcmrWiTO7vHRqvJ8lnQMeNRwMfL6sCbYKyZtera2fzeU7_tTpfxTmdo

 

* Emiliano Teran Mantovani estudió sociología en la Universidad Central de Venezuela de Caracas. Está cursando un doctorado en Ciencia y Tecnología Ambiental en la Universitat Autonoma de Barcelona. En 2015, su libro «El fantasma de la Gran Venezuela» recibió una mención honorífica en el Premio Libertador al Pensamiento Crítico.


Jacques Rancière: “La política es imaginación”

18oct-18
Publicada el 18 octubre, 2018 1
por admin

Por MELINA BALCÁZAR MORENO

Nacido en Argelia, en 1940, Jacques Rancière proviene del grupo encabezado por Louis Althusser que revaloró y refrescó la tradición marxista. El rompimiento, sin embargo, llegó tras las revueltas del Mayo francés, que se plasmó en el ensayo La lección de Althusser (1974). Entre 1969 y el año 2000 fue profesor de Filosofía en la Universidad París VIII. Su obra transita entre la redefinición del movimiento obrero (La noche de los proletarios) y la crítica a la izquierda ortodoxa. Destacan asimismo sus estudios sobre el cine, la literatura y las artes plásticas y la relación entre estética y cultura popular. Muchos de sus libros se han traducido al español. Es el caso de La palabra muda (1998), La fábula cinematográfica (2001) y El espectador emancipado (2008).

Algo que me parece lo distingue de la intelectualidad francesa actual es su rechazo a opinar sobre la política, a la manera de un experto o un especialista. Sin embargo, esta posición le ha traído críticas pues se tiende a considerarla como una negativa a tomar posición en el debate público. ¿Cómo se situaría respecto a este tipo de interpretaciones de su labor filosófica?

Tengo que decir que no soy un político ni tampoco un verdadero filósofo político. Por ello, he querido mostrar la política mediante una investigación histórica que se enfoque más bien en la emancipación, que es lo que me ha interesado en la historia social, es decir, la transformación existencial de alguien que de pronto decide no solo rebelarse sino entrar en otro universo, cambiar la vida de servidumbre y obediencia que llevaba. Y esto me ha conducido a observar la manera en la que los fenómenos de igualdad y desigualdad se expresan en la percepción sensible. No soy alguien que emite grandes juicios acerca del orden del mundo; más bien me concentro en la forma en que igualdad y desigualdad se manifiestan en el orden cotidiano, en el universo perceptivo, en la manera de ocupar el tiempo y el espacio. Intento aportar otra mirada sobre lo que se ve, se oye, se percibe, lo cual me aleja forzosamente de quienes esperan que critique y juzgue todo lo que ocurre.

La idea de que la emancipación está al alcance de todos ocupa un lugar central en su pensamiento. ¿Habría un desplazamiento de lo que podríamos llamar una macro estructura hacia lo cotidiano?

Acontecimientos como el de mayo del 68 o mi trabajo sobre la emancipación obrera me permitieron tomar distancia del modelo marxista según el cual la emancipación pasa por el conocimiento y el conocimiento por la ciencia, por el privilegio de los que saben. De ahí que la emancipación no sea simplemente un gran movimiento colectivo con objetivos precisos sino sobre todo la serie de transformaciones mediante las cuales los individuos comienzan a transformar sus vidas y se vuelven capaces de hacer cosas que pensaban no podían hacer. No opongo necesariamente lo macroscópico y lo microscópico, lo global y lo cotidiano; trato de pensar las relaciones entre ambos. El trabajo de la emancipación social y política toma su origen en una manera diferente de percibir el mundo en que vivimos.

Cuando señala usted que “los incapaces son capaces”, ¿es una manera de cuestionar la jerarquía de los saberes, la pericia de los intelectuales?

Existe el modelo clásico de la liberación a través del saber, que se basa en la idea de que si a la gente se le somete y explota es porque no tiene conocimientos ni cultura, pero el día que los tenga las puertas del futuro se le abrirán. Hemos podido constatar que el saber no libera, pero tampoco la ignorancia hace que la gente obedezca. No obstante, esta idea opone a la gente humillada, que se somete porque no es lo suficientemente inteligente aún para actuar y a la gente que sabe y puede guiarlos. Este esquema ha sido más o menos rechazado por la realidad de las prácticas de emancipación. Desde El maestro ignorante, he intentado mostrar que la igualdad no es un objetivo hacia el que uno tiene que dirigirse, sino un principio. La subversión social comienza cuando la gente se declara capaz de hacer aquello de lo que no se le consideraba capaz.

Al leerlo, puede resultar desconcertante su idea del capitalismo como “medio” o “mundo” y no como un poder: “no estamos frente al capitalismo, vivimos en su mundo”. ¿Esto explica su reticencia respecto a los movimientos políticos que preconizan un enfrentamiento directo contra el capitalismo?

Lo que he intentado decir es que vivimos en un mundo que ya no está estructurado como en otras épocas, en las que podíamos decir que por un lado está el mundo del trabajo y por otro el del capital. Esta repartición intelectual establecía al mismo tiempo una estructuración sensible inmediata. Las fábricas con millares de obreros han dejado de encarnar al poder capitalista, que se difunde a través de una serie de modos de percepción. Todos trabajamos en mayor o menor medida para construir la red del capital, aun sin saberlo —como cuando publicamos algo en Facebook—. Pero mi intención no es emprender ese tipo de análisis. Lo que quiero decir es que ya no estamos en un mundo de confrontación frontal, ya no podemos decir que las fuerzas de la clase obrera se enfrentan directamente con el capital. Estamos en un mundo en el que la dominación capitalista se ha diseminado por todas partes y estructura nuestras formas de experiencia, sin tomar la apariencia de una especie de poder global. Habría que pensar hoy un mundo de espacios liberados o, como lo digo en ese libro, en el que pueden hacerse hoyos, abrirse brechas en esa red aparentemente homogénea. Quizá ya no podemos pensar hoy la oposición como un conflicto de fuerzas sino como un conflicto entre mundos, entre diferentes construcciones de formas de experiencia sensible, que parten de lo más cotidiano.

Contrariamente a sus contemporáneos, como Régis Debray, usted no se ha negado a pensar el movimiento de mayo del 68. Ha abordado varios de sus elementos representativos, como la barricada, en la que identifica el signo de un “conflicto entre mundos”, una “autoafirmación de gustos o preferencias”.

Las barricadas son emblemáticas de 1968, aunque ya lo eran antes, en el siglo XIX, con la revolución de 1848. A Blanqui, el teórico de la guerra revolucionaria, le parecían una manera tonta de encerrarse en su barrio, de inmovilizarse. Siempre se ha sabido que las barricadas no son un instrumento militar útil o eficaz. Pero ya en aquella época se hacía valer su eficacia y su poder subversivo mediante la alteración del espacio que producen. Construyen un cierto tipo de pueblo frente al poder, la afirmación política de un pueblo que se crea e inventa, o, más bien, de un pueblo o de una sensibilidad en medio de un espacio estructurado por el poder. Creo que es un poco lo que sucedió con las barricadas en 1968. No estuve ahí, pero para la gente que sí estuvo lo importante fue que cada persona, por distinta que fuera, contribuía a construirla, con sus ideas o con los materiales que llevaba. Así se construía un pueblo. Lo que era impresionante en aquel momento era que las organizaciones tradicionales no estaban presentes. Fueron organizaciones improvisadas las que dirigieron la lucha, que se construía con las manifestaciones y las barricadas en las calles. Dentro de aquella Francia gaullista, tranquila y en paz, se creó otro pueblo. Y ya podíamos ver que no se trataba de una batalla entre dos fuerzas, sino de un mundo diferente que se construía en el seno del mundo considerado normal.

Ha abordado también el eslogan “la imaginación al poder”. ¿Por qué le ha interesado?

Se ha pensado ese eslogan en términos de una invención un tanto provocadora. Pero la imaginación de la que se trata aquí no consiste en crear eslóganes paradójicos. La imaginación es el poder de crear formas, y la política es un asunto de imaginación. La manera en la que se ocupa una calle, una universidad, una fábrica, es cada vez un nuevo reto, y no solo invenciones o fantasías. La imaginación entra en acción para construir, delimitar, organizar un espacio, darle otro ritmo al tiempo. Es una facultad estética, lo cual no quiere decir que solo crea poemas o imágenes, sino que es necesaria para encontrar nuevas organizaciones políticas.

En una de las demandas del movimiento del 68, que exigía la abolición de los exámenes y del capitalismo, identifica usted un ejemplo del arte de síntesis y de cortocircuito que caracteriza los movimientos sociales. ¿Le parece que este arte del cortocircuito puede abrir brechas hoy?

El poder de la imaginación es también el de crear síntesis, conclusiones rápidas, frente a lo que podríamos llamar una visión sociológica de la política, según la cual la acción política exige que antes se hayan estudiado las clases, las relaciones y alianzas de clase, todas esas nociones que dominaban aquella época. Para esta perspectiva sociológica, la política es el resultado de un análisis de las condiciones sociales, pero como hay tantas condiciones por analizar uno nunca termina de hacerlo y finalmente no pasa nada. Ahora bien, algo político ocurre cuando se cortocircuitan todas esas mediaciones que, se supone, separan la acción local de la acción global. Hay que pensar que 1968 se creó de manera paradójica, dentro de un ambiente dominado por el marxismo, por la idea de que había que superar todo un conjunto de condiciones, de mediaciones antes de lanzarse al ataque del capitalismo. Además, en 1968, aunque ya era así en 1967, se crea un movimiento que de cierta manera decide que no es necesario pasar por todas esas mediaciones y que afirma que podemos dirigirnos directamente al conjunto del sistema de dominación social desde cualquier punto. Podemos partir de la cuestión de los exámenes y encontrar en ella un resumen de todas las formas de dominación, de las complicidades sociales que crean ese sistema y que podemos atacar. No afirmo con esto que la gente en 1968 logró hacerlo, pero lo que sí consiguió fue crear esa especie de síntesis, de punto de encuentro. Toda gran manifestación, o movimiento popular, funciona así: hay un punto local, un acontecimiento en apariencia insignificante que crea una cristalización, una condensación de las relaciones sociales, una manera de unir una lucha específica y un cuestionamiento global del sistema. La mayoría de las grandes movilizaciones y revoluciones han comenzado de esta manera.

Ha tomado distancia de la sociología que parece dominar hoy el paisaje intelectual francés. ¿Cuál sería para usted la función de la filosofía en el debate político actual?

No es la filosofía, en tanto que ocupación profesional, la que me permite tomar distancia. Podríamos decir que mi trabajo está marcado por un periodo en el que me consagré a la historia. Las subversiones de la calle y del pensamiento se han hecho en contra del pensamiento sociológico dominante, que establece que hay un estado normal de las relaciones sociales que produce humillación, injusticia, dominación, desilusión. Existe una especie de máquina sociológica que explica cómo y por qué el sistema absorbe a la gente, aplasta y humilla a los que quieren rebelarse, e incluso hace que pierdan su objetivo. Esta lógica comienza en 1964 con el libro de Pierre Bourdieu y Jean–Claude Passeron, Los herederos. Los estudiantes y la cultura, que ya entonces afirma que los que van a sublevarse dentro de cuatro años serán los hijos de burgueses, forzosamente integrados al sistema, prisioneros de su ideología. Es lo que, sin ser sociólogo, también dice Althusser, pues en su filosofía comparte la misma visión sociológica. El movimiento del 68 pone en cuestión este dogma sociológico. La sociología, no como disciplina sino como modo de pensamiento, estructurará la brecha abierta por 1968 y, al mismo tiempo, reforzará la argumentación que sostiene que el movimiento fue el inicio del neoliberalismo. Así, encontramos hoy en día un pensamiento global de la dominación que nos explica por qué habrá siempre dominación y por qué todo lo que hacemos se vuelve contra nosotros y no hace más que servir a la dominación. Esta gran maquinaria sociológica ha salido triunfadora y recubre nuestra época, lo cual ha conducido a la idea de que 1968 no fue más que la emergencia de los Baby boomers, que se alimentaron de los beneficios de los Treinta gloriosos y que no han hecho más que servir a los intereses del capitalismo. Ha terminado por culpabilizarnos incluso por pensar que podemos cambiar algo en todo esto.

En su libro con Éric Hazan, ¿En qué tiempo vivimos?, señala que “la palabra que mantiene abierta hoy la posibilidad de otro mundo es la que cesa de mentir sobre su legitimidad y eficacia, la que asume su estatuto de simple palabra, oasis al lado de otros oasis o isla separada de otras islas. Entre unas y otras existe siempre la posibilidad de caminos por trazar”. ¿La política consistiría en encontrar ese punto de unión entre diferentes “oasis” o “islas”, en “crear un espacio inédito de conexión”?

No tengo programas ni recetas para la creación de un movimiento revolucionario. Solo digo que una política de emancipación existe bajo la forma de la interrupción de un tiempo normal o quizá también de una brecha, de una isla u oasis que se hace dentro del tejido normal de las relaciones sociales. Se trata de un oasis no solo de resistencia sino también de autonomía, de creación de vidas autónomas respecto a la lógica dominante. Pueden ser espacios de tipo cooperativo de producción, nuevas formas de enseñanza, nuevas maneras de organizar la vida, como la ZAD [zona por defender] de Notre–Dame–des–Landes, en donde vemos una tentativa por romper las antiguas separaciones entre la lucha político–económica y las formas de solidaridad social y de discusión política. A partir de la ruptura de todas estas separaciones podremos pensar la reconstitución de una fuerza política autónoma respecto a la política, partidista, electoralista.

Fuente: http://www.milenio.com/cultura/laberinto/jacques-ranciere-la-politica-es-imaginacion.

María Galindo: “Nuestro origen es la prohibición, la persecución y la violencia”

18oct-18
Publicada el 18 octubre, 2018
por admin

Por Micaela Petrarca

María Galindo es una activista feminista, autora de los libros Ninguna mujer nace para puta, No se puede Descolonizar sin Despatriarcalizar, entre otros títulos; y directora de producciones cinematográficas como 13 Horas de Rebelión. Además, fue una de las fundadoras de Mujeres Creando, un movimiento feminista anarquista que lleva más de 25 años desarrollándose en la ciudad de La Paz. La organización se caracteriza por las alianzas insólitas entre mujeres de diversos ámbitos, el contacto con la sociedad mediante la acción callejera; y por llevar adelante políticas concretas cómo el servicio gratuito sociolegal para mujeres en situación de violencia, con el objetivo de generar justicia cotidiana.

“Fundé una organización feminista porque no había un feminismo al que me podía acercar, no había una organización a la medida de lo que soñaba. No existía. Tuve que construir el espacio que yo soñaba. Por eso, he desarrollado una categoría muy interesante: feminismo intuitivo. Es la construcción de un feminismo no ideológico, que no deriva de un aprendizaje en lo académico, en los libros, sino de una lectura histórica que estamos haciendo muchas mujeres que en muchos casos no lo llaman feminismo y que hoy está muy potente y presente en grandes sectores de mujeres populares. Por ejemplo, tú no puedes decir que en la Argentina todas las mujeres que están en la movilización por la despenalización del aborto vienen de un feminismo construido desde lo ideológico. Muchas vienen de uno intuitivo construido desde una vivencia personal, desde una lectura existencial”.

Galindo define feminismo como: “Ese conjunto de luchas colectivas e individuales protagonizadas por las mujeres contra toda índole de mandatos patriarcales, a escala planetaria, de forma simultánea, en diferentes épocas y contextos sociales y culturales. Luchas ancestrales de desobediencia a mandatos patriarcales que se dieron en diferentes latitudes de manera simultánea y paralela. Luchas de las cuales no tenemos referencia por esa suerte de colonialismo intelectual e histórico que sufrimos al interior de las academias”. Y a la categoría ‘feminismo intuitivo’ como: “La desobediencia personal de cada mujer frente al disciplinamiento patriarcal sea cual sea la cultura, edad, clase social o lugar al que pertenezca.  Una desobediencia personal no a partir del acceso a un cuerpo ideológico, sino a partir de sí misma y de sus decisiones existenciales instaladas en su cotidiano”.

-¿Cómo nace Mujeres Creando?

-Nace en 1992, y no desde la construcción de demandas, creemos que ese es un error político fatal. Algunas veníamos de la izquierda, así que nacemos entre dos críticas muy duras a ese sector: el lugar de las mujeres dentro del discurso y dentro de la práctica política de la izquierda latinoamericana. Pero, al mismo tiempo, nacemos de la crítica a lo que fue, y lo que sigue siendo, la ola del proyecto colonial neoliberal a partir de las mujeres pobres como soporte del ajuste estructural en América Latina. Nacemos cuestionando categorías como empoderamiento, emprendimiento, igualdad; nacemos desde una vocación crítica muy fuerte.

-¿Cuáles son esas críticas hacia la izquierda?

-Sería infinito y largo, no es una ni dos, ni siquiera 222, sino 2222. En la izquierda no existe el cuerpo, y una ideología sin cuerpo está destinada a ser caduca. El neoliberalismo tiene más cuerpo que la izquierda, y por eso nos ganaron la partida. La izquierda es sumamente patronal con las mujeres, su lugar es de objeto sexual, de botín sexual. El lugar en el discurso es de tema aparte, del usufructo, de la fuerza de las mujeres, no como algo que podría desestructurar o estructurar el discurso político, sino como un tema aparte. Es algo parecido a lo que hacen con la naturaleza. No es cuestión de no poner un grupo de mujeres “las proletarias”, porque como lo decía muy bien la famosa ideóloga izquierdista feminista, Flora Tristán, ‘la mujer del proletario es la proletaria del proletario’. Esto es cierto, pero las izquierdas no llegaron a entender ni eso.

-Planteas que las demandas son un error político fatal. Pero, en este sistema de leyes, ¿no crees necesario arrancarle recursos al Estado?

-Las demandas son un error porque hay una especie de domesticación demanda-concesión, en la relación con el estado. Las demandas son un error porque los movimientos se definen en base a su relación con el estado y nada más. Entonces, en una sociedad hay un estado, pero también hay un más allá y un más acá. Un movimiento tiene que tener la capacidad de hablar con el Estado si le da la gana y le sirve, pero de hablar con la sociedad fundamentalmente. Un movimiento es fuerte si sabe hablar con la sociedad. Si no, el estado siempre te va a de alguna manera, no sólo colonizar, sino a hacer un tratamiento de vasallaje. En ese sentido, pensarte desde las demandas es un código tremendamente neoliberal, pero además, domesticado.

Ahora, ¿en qué momento entra el Estado en nuestras vidas? Jode todo. Nos mete la mano al bolsillo, nos roba, nos secuestra los úteros, criminaliza la prostitución. Entonces, nosotras trabajamos en relación con el estado cuando estamos ubicadas en una situación en la que el estado está interviniendo sobre nuestros cuerpos. Por ejemplo, nosotras trabajamos con usura tributaria y eso es enfrentar al estado todos los días, ¿por qué con usura tributaria? Porque las mujeres han desarrollado en Bolivia grandes tejidos de subsistencia ilegal, anti tributaria. Esos tejidos de subsistencia están garantizando para amplios sectores de la población bienestar porque venden almuerzo, comida, servicios en cadenas más accesibles. El estado cuando interviene todos esos servicios los encarece. Y burocratiza e institucionaliza, etcétera, y además casi llega a impedir la subsistencia de las mujeres. Ahorita en Bolivia se está beneficiando el negocio grande y matando el negocio pequeño. Y eso se ha hecho a escala mundial. Porque el negocio pequeño se lo persigue tanto que ya no puede subsistir.  Nosotras tenemos un grafiti hermoso que dice: “la calle es mi casa sin marido y mi trabajo sin patrón”, refleja muy bien ese tejido de subsistencia anti estatal con el que trabajamos. Tiene un enfrentamiento con el estado muy fuerte, sea con los gobiernos municipales por la administración del espacio, sea con el Estado por la tributación de impuestos.

El Estado y las mujeres

Según Galindo, donde mejor se puede visualizar y analizar la relación entre el Estado y las mujeres, es en el control que tiene este sobre la soberanía del cuerpo, la reproducción y el trabajo de las mujeres. “Por ello, los sujetos que por excelencia reflejan estás relaciones son las putas, las madres y las amas de casa”, detalla en un ensayo escrito para ACSUR (Asociación para la Cooperación con el Sur): “La relación con la prostitución y la maternidad son dos campos que los Estados históricamente han regulado y tematizado”.

-¿Cómo caracterizas la relación del Estado y las mujeres?

-Es una relación múltiple, donde las mujeres en algunos casos no existimos. No es una relación simplemente de exclusión que requiere que seamos incluidas. Primero, ¿queremos la inclusión en el estado? Yo me lo sigo preguntando. En mis charlas en Europa le pregunto a una chica, “si perderías el derecho al voto, ¿qué mierda perderías?”, yo creo que no perderíamos nada, pero hay gente que cree “oh las sufragistas”. Las sufragistas no son mis madres, ni mis abuelas, ni mis tías. Yo no tengo ningún entronque histórico con ellas. Pero, contenían una propuesta que iba más allá del voto y que se quedó solo ahí.

La relación del estado con las mujeres es de control de la reproducción mayormente. De vigilancia sobre la maternidad, de control y vigilancia sobre nuestros cuerpos; y en muchos casos de tortura del cuerpo. Entonces, cuidado con el Estado, hay que pensarlo y repensarlo, no es cuestión de querer derechos.

-¿Consideras que la exigencia de derechos es el principal error que se sigue reproduciendo dentro del feminismo generando cómo una vez llamaste, revolución fallida?

-Sí, yo creo que necesitamos escenarios de debate político. Ahorita por ejemplo en tu país hay una efervescencia que a mí me llena el cuerpo, incluso lloré el día que vi que lograron el primer pequeño triunfo en el parlamento, lloraba como si fuera aquí, porque las fronteras son mentira. Hay una efervescencia muy importante, pero estamos teniendo poca oportunidad realmente de profundizar, de debatir esa efervescencia que hay.

Tecnocracia de género

La palabra género, dice Galindo, se ha vuelto vulgar y genera confusión política porque hablar de perspectiva, equidad o igualdad de género no interpela las relaciones reales de poder patriarcal, es la exigencia de pertenencia dentro del mismo sistema. La autora lo define como tecnocracia de género neoliberal, “lo que tiene es la captura de las expectativas de las mujeres dentro del corset del liberalismo y del neoliberalismo, parte del proyecto colonial neoliberal. Y no sólo es europeo, ¿cuántas tecnócratas tienes tú en argentina?, y ni te digo las que tengo aquí en Bolivia, insufrible, insoportable, que siguen con la misma chachara de meternos en ese corset”.

-¿Qué desafíos convocan hoy a las feministas?

-Creo que las feministas no tenemos que pensar endogámicamente, muchas cosas que yo te estoy hablando, nacen de la lectura de acciones históricas masivas de grandes sectores de mujeres populares. La forma de ocupación de la calle, la ruptura de la idea del padre proveedor, que ya lo destroza el neoliberalismo porque no puede darle un trabajo y ese padre ya no puede ser proveedor. Y las mujeres recolocan su lugar en la producción de riquezas y en la producción de bienestar de subsistencia. Entonces, las feministas de esta parte del mundo tenemos que leer a los movimientos populares. Cuando digo leer, no digo leer un libro, sino las acciones, las estrategias, lo que está pasando. Y cuando digo movimiento popular, no digo a los cuatro dirigentes que se auto-apropian de las movidas de maestros, de trabajadores, sino realmente de los fenómenos populares, que está pasando abajo. Tenemos ahora una gran oportunidad de interpretar eso y escribirlo en nuestros términos. Tenemos la obligación de escribirnos entre nosotras. Por ejemplo, yo quiero mucho, la respeto a la Silvia Federicci, pero la devoción que hay en Argentina por ella es sólo porque es europea, no es de otra manera. El tratamiento que recibe el pensamiento de Mujeres Creando en Argentina, es un tratamiento te diría hasta racista, de menosprecio, cuando es un cuerpo teórico absolutamente potente para lo que es hoy América Latina. Entonces, tenemos muchos desafíos de cómo construir nuestras prácticas feministas y tenemos un escenario gigante abierto, porque ahorita tú le puedes proponer a las mujeres de todo, formas autogestivas, espacios de estudio, de escritura, de creación, espacios de revuelta. Se ha abierto una grieta muy linda, muy importante a la que hay que responder.

-¿Sigue muy latente el racismo hoy en día dentro del feminismo?

-Por supuesto. Yo, por ejemplo, cuestiono las luchas identitarias como luchas devenidas de una visión neoliberal de la lucha social de un proceso de domesticación, así como la demanda – concesión al estado es un encierro, porque puedes que haya momentos que pases por ahí, pero tienes que ir más allá de eso; devenir de luchas identitarias, LGTB o de campesinos, o anti racistas, y no entender que el análisis de la matriz patriarcal tiene que servirte para entender la conexión que existe entre sexismo, racismo, machismo, homofobia. Eso es lo que estamos perdiendo. El racismo está absolutamente vigente y estructura la división del trabajo. Pero no sólo el racismo, también el sexismo. Entonces, se combinan. Tenemos que entender la conexión entre las diferentes formas de opresión y eso lo estamos perdiendo, porque claro, perder la perspectiva de la conexión entre las diferentes formas de opresión, es la estrategia más útil del neoliberalismo. Porque el rato que tú tienes esa conexión, tienes más claro el horizonte. El horizonte de lucha es más complejo, se tiene que entender la conexión de una cosa y otra. Nuestros grupos, colectivos, organizaciones no pueden responder a lógicas identitarias que nos segmenten mucho más. Porque además simplificamos el discurso, el análisis, buscamos comunes denominadores que nos hacen daño. Si el movimiento lésbico feministas es un movimiento de chicas jóvenes, flacas, guapas, blancas, yo no quiero hacer nada ahí. Por muy lesbiana que yo sea, porque me voy a morir de aburrimiento. Porque entonces para ser lesbiana hay que ser blanca, joven, flaca y guapa. En el fondo estas diciendo eso.

Despatriarcalizar

-¿Cómo definís patriarcado?

-El patriarcado es un concepto polisémico, significa muchas cosas al mismo tiempo. Y se estructura como matriz o columna vertebral de opresión a lo largo de la historia. Por lo tanto, el patriarcado articula al mismo tiempo diferentes formas de opresión. Es por eso que la lucha de las feministas es tan compleja y no es una lucha por derechos ni por inclusión. ¿Cómo se estructura el cuerpo en el patriarcado? ¿qué representa el cuerpo en el patriarcado? ¿cómo se estructura la reproducción? ¿cómo se estructura el trabajo? ¿cómo se estructuran tantas cosas? El patriarcado es una especie de columna vertebral que te permite al mismo tiempo colocar lucha de clases, colonialismo, animalismo, la relación con la naturaleza y la relación hombre-mujer al mismo tiempo. Si tú analizas el animalismo por fuera de la estructura patriarcal, te vas a quedar con una versión completamente simple del animalismo. Y vas a perder la forma como se ha estructurado a partir de una construcción patriarcal la relación hombre-animal. Y como se ha, por ejemplo, interpretado al animal como carente de nada que aprender. Los seres humanos tenemos mucho que aprender de los animales, construyen sistemas de convivencia, acumulación de memoria, de saberes. Hay una inteligencia animal, pero la forma como se concibe el racionalismo niega esa existencia, y niega también la existencia de la inteligencia corporal y la existencia de la inteligencia en las mujeres. Pero también niega la existencia de la inteligencia no blanca. Tú tienes que entender todo eso al mismo tiempo. Sólo a partir de la categoría patriarcado, puedes entender todo eso al mismo tiempo.

-Despatriarcalizar sería entonces…

-Yo siempre he planteado la despatriarcalización como un horizonte de época, ¿Qué quiere decir? Ustedes por ejemplo están en el aborto. Tienen que insuflar la lucha por la despenalización del aborto desde una visión patriarcal, entendiendo que nada empieza y termina en la despenalización, y que la discusión tiene que ser una discusión despatriarcalizada, que tumbe varios palos más. El del control de los cuerpos, el palo del placer, el de la democracia, para señalar solo algunos. La despatriarcalización es un horizonte de época que las feministas necesitamos urgentemente. La idea de la igualdad funcionó como horizonte de época porque enmarco todas las luchas feministas como dentro de la igualdad. Al mismo tiempo hay muchos feminismos, ¿por qué les vas a decir a un grupo de tres chicas que están haciendo manillas y se sienten feministas, tu feminismo no vale?, o ¿por qué le vas a decir a un grupo de mujeres que hacen escuela de autodefensa feminista, tu feminismo no es revolucionario? O ha chicas que hacen una cooperativa de artesanas y que tejen, tu feminismo es menos feminismo que el mío. ¿Cómo hacemos para construir un punto de confluencia dónde desde tejer manillas, hacer escuela de autodefensa, organizar una revista autogestiva, hacer un programa de radio, y montones de prácticas feministas, confluyan? Necesitamos un punto de confluencia, un hilván con que hacer de nuestro feminismo. La despatriarcalización es también es eso.

-¿Y cómo lograr ese punto de confluencia?

-Nombrándolo, porque si no tiene nombre…. Y feminismo como punto de confluencia no nos sirve, pero despatriarcalización si sirve. Ahora, aparte de ser un horizonte de época y de poder funcionar como un punto de confluencia alternativo a la igualdad, es un método. Es un punto de partida y es una utopía.

Patriarcado y colonialismo: capítulo infaltable para el feminismo latinoamericano

Comprender esta relación se vuelve necesidad para visualizar y analizar un elemento característico de las opresiones que históricamente han vivido las mujeres de estas tierras. Si pensáramos en un origen, Galindo diría que es la violación. “Nuestro origen es la prohibición, la persecución y la violencia. El deseo fue disciplinado bajo un código colonial de dominación”, dice, y por esta razón, “no podemos hablar de mestizaje”. “Mejor hablar de bastardismo por esa domesticación colonial del deseo erótico sexual. No se trató de una mezcla libre y horizontal, fue obligada, sometida, violenta o clandestina. Con legitimidad sujeta a chantaje, vigilancia y humillación”.

Pero denominarlo mestizaje suena más suave, ablanda el horror que aún sigue sin resolverse. En ninguna parte de la historia que nos presentan del colonialismo se hace mención de la unión que lleva con el patriarcado. Esa fusión es “la matriz estructuradora de todas las relaciones sociales”. Menos aún se nombra el pacto patriarcal entre conquistadores y conquistados, es el silencio que esconde la subordinación de las mujeres. “En la historia de la colonización quedan ocultas las continuidades entre las instituciones patriarcales precoloniales y las instituciones patriarcales coloniales que jugaron en el proceso de consolidación de la conquista”. El colonialismo recoge esas instituciones existentes y aprovecha el carácter de objeto de intercambio político de la mujer india como botín para consolidarse a través de la alianza patriarcal. “El racismo no es solo una construcción de jerarquía colonial sino patriarcal”.

La característica propia del patriarcado latinoamericano, dice Galindo, es que su base es “una estructura colonial que establece jerarquía sexual. Hoy se defienden esos mandatos coloniales dando nueva vigencia contemporánea con la prohibición del aborto, la obligatoriedad del matrimonio, la censura del cuerpo desnudo y el placer; y la persecución homofóbica”.

“No se puede despatriarcalizar sin descolonizar”

“No se puede entender las sociedades latinoamericanas sin entenderlas como sociedades construidas desde y a partir de una construcción colonial. Que no es cómo alguna vez me dijo, el embajador español en Bolivia, cuando lo entrevisté, que el colonialismo es algo que ha sucedido hace 500 años. No es solamente esa memoria remota de la colonización brutal, sino que el colonialismo estructura casi todas las relaciones sociales en América Latina. Casi todos y todas entienden, empezando por los y las intelectuales, que no puedes entender América Latina sin entenderla desde sus aristas coloniales”.

La socióloga Silvia Rivera Cusicanqui define colonialismo interno como el ejercicio constante y reiterado de prácticas de opresión racista y explotación clasista bajo un supuesto complejo de superioridad de las clases medias latinoamericanas respecto de sus pares indígenas.

Galindo: “Hay varios teóricos que hablan de formas de colonialismo interno y esto me parece un concepto imprescindible. Los estados y las fronteras latinoamericanas tienen un carácter colonial. Las instituciones estatales están construidas sobre una base colonial. Por lo tanto, el colonialismo no sólo es la relación con el otro sino la construcción de la entidad Latinoamérica que no se resuelve llamando Abya Yala. Cuando yo digo no se puede descolonizar sin despatriarcalizar y no se puede despatriarcalizar sin descolonizar, lo que estoy diciendo es que esa entidad que llamamos construcción colonial es fundamentalmente patriarcal. Y eso es lo que ningún teórico dice, se les olvidó entender el colonialismo como un fenómeno patriarcal. ¿Qué significa un fenómeno patriarcal? Que el conflicto colonial siempre estuvo dirimido sobre los cuerpos de las mujeres como moneda de intercambio. Ojo con esto”.

Fuente: Revista Colibrí 

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