Emergencia climatica: ¿reforma o revolución?

Por John Bellamy Foster, Profesor de la Universidad de Oregon , Estados Unidos.

Hoy estamos observando lo que parece ser el comienzo de una revolución ecológica, un momento histórico diferente a cualquier otra experiencia de nuestra historia reciente. Tal como Naomi Klein sugiere en su nuevo libro “On Fire”, no sólo el planeta está ardiendo, sino que se está alzando un movimiento posiblemente revolucionario como respuesta.

La gran cantidad de protestas por el cambio climático*** durante el último año se ha debido en alguna medida a la toma de conciencia que provocó el informe del organismo creado por las Naciones Unidas denominado “ Panel Intergubernamental del Cambio Climático” (IPCC). Este documento de expertos revela que si las emisiones de dióxido de carbono se mantienen en el nivel actual, el mundo obligatoriamente deberá disminuir en un 45 por ciento las emisiones antes de el 2030 para llegar a cero el 2050.

Según este informe una reducción drástica de las emisiones contaminantes es la única posibilidad que tiene la humanidad para evitar la catástrofe ambiental que producirá el aumento de 1.5ºC de la temperatura global del planeta.

En el último año, un número incalculable de personas se ha dado cuenta de que para alejarse del precipicio, es necesario un cambio socioeconómico acorde con la delicada crisis del “sistema de la tierra”. En un breve lapso el movimiento estudiantil de la “huelga climática”, las protestas de los jóvenes, el Movimiento Sunrise y el llamado New Deal Verde han impulsado la lucha ambiental en los estados capitalistas avanzados.

Este combate está adoptando posiciones cada vez más radicales. El cambio de sistema – y no solo el combate contra el cambio climático  – se está convirtiendo paulatinamente en el mantra en los movimientos ecológicos en los Estados Unidos

Hasta ahora el movimiento ha sido mayoritariamente  reformista. Su programa buscaba cambiar las inversiones capitalistas en una dirección “consciente con el clima”. De hecho, la gran marcha de Nueva York en 2014, organizada por el Movimiento por el Clima, se dirigió al lugar donde se reunían los grandes empresas que negociaban los términos de los acuerdos climáticos.

Ahora, organizaciones como Extinción-Rebelión, Sunrise y la Alianza por la Justicia Climática son conocidas por su acción directa. Estos nuevos movimientos son jóvenes, audaces, diversos y puede llegar a ser revolucionario en su desarrollo. En la lucha actual por el planeta, estas organizaciones empiezan a reconocer que las relaciones de producción sociales y ecológicas deben transformarse radicalmente.

Se abre paso, no sin dificultades, la idea que sólo una transformación revolucionaria puede sacar a la humanidad de la trampa que el capitalismo le ha impuesto. Hasta la joven activista Greta Thunberg declaró en la Conferencia sobre Cambio Climático de la ONU, el 15 de diciembre de 2018: «si las soluciones dentro de este sistema son imposibles de encontrar, entonces tal vez deberíamos cambiar el sistema».

Nuevo acuerdo verde: ¿reforma o revolución?

El surgimiento de propuestas de diferente signo ha hecho que la lucha contra el cambio climático se este transformando en una fuerza aparentemente imparable. Lo nuevo en los movimientos ambientales es que el llamado Nuevo Acuerdo Verde y otros programas, que proponen unir la justicia social con la lucha ecológica

El New Deal Verde no fue originalmente una estrategia de transformación, sino más bien una propuesta reformista moderada. El término surgió en 2007 en una reunión entre Colin Hines, ex jefe de la Unidad de Economía Internacional de Greenpeace, y Larry Elliott, editor de economía del periódico The Guardian,.

Frente a los crecientes problemas económicos y ambientales, Colin Hines sugirió una dosis de gasto keynesiano, etiquetándolo como un New Deal Verde en una referencia al New Deal de Franklin Roosevelt. Entonces, Elliott, Hines y el empresario británico Jeremy Leggett, lanzaron el Grupo Green New Deal del Reino Unido.

La idea se impuso rápidamente dentro de los círculos de la política ambiental. El columnista del New York Times Thomas Friedman, comenzó a promoverlo en los Estados Unidos aproximadamente al mismo tiempo que formulaba una nueva estrategia capitalista eco-modernista.

Barack Obama avanzó una idea similar en su campaña de 2008, sin embargo, abandonó la terminología después de las elecciones de mitad de período en 2010. En septiembre de 2009, el Programa de Medio Ambiente de la ONU emitió un informe titulado Global Green New Deal , consistente en un plan de crecimiento sostenible.

Ese mismo mes, la Green European Foundation publicó una estrategia capitalista verde y keynesiana, hoy conocida como el New Deal Verde Europeo.

Todas estas propuestas – encuadradas bajo el manto de un New Deal Verde -eran creaciones políticas de arriba hacia debajo que postulan un keynesianismo verde con una planificación tecnocrática empresarial sin preocupación por el empleo y la erradicación de la pobreza; todos son proyectos de un capitalismo verde ligeramente reformista.

A este respecto, las primeras propuestas Green New Deal tenían más en común con el primer New Deal de Franklin Roosevelt (de 1933 a 1935) que fue de carácter empresarial y muy pro-negocios, que con el segundo New Deal (de 1935 a 1940) que fue consecuencia de una rebelión generalizada de la clase trabajadora de mediados de la década de 1930. En contraste, con las primeras propuestas empresariales, las últimas versiones del New Deal Verde tiene su inspiración en la gran rebelión desde abajo del Segundo New Deal de Roosevelt.

Una fuerza clave en esta metamorfosis fue la Alianza para la Justicia Climática que surgió en 2013 a través de la fusión de varias organizaciones pro-justicia ambiental . Esta alianza actualmente reúne a sesenta y ocho organizaciones que representan a comunidades de bajos ingresos y de color, comprometidas con la lucha por la justicia ambiental y una transición justa.

El concepto de una transición justa tuvo su origen en la década de 1980. Fue enunciado por Tony Mazzochi, un dirigente eco-socialista (del Sindicato de Trabajadores del Petróleo, Químicos y Energía Atómica) que propuso por primera vez construir un movimiento de justicia laboral y ambiental.

Este movimiento propuso la lucha por un “Nuevo Acuerdo Verde de los Pueblos” que supere el abismo entre las luchas económicas y ecológicas mediante una Transición Justa, más allá de la protección del clima.

Durante las campañas presidenciales del Partido Verde de Jill Stein, en 2012 y 2016, el Green New Deal se transformó en una estrategia con base popular.

Entonces, el New Deal del Partido Verde tenía cuatro pilares: (1) una declaración que incluía derechos laborales, empleo seguro, atención médica, educación universitaria gratuita, (2) una transición que promoviera la inversión en pequeñas empresas, la investigación y los empleos verdes; (3) una reforma financiera real, que incluía el alivio de la deuda de los hipotecados y los estudiantes, la democratización de la política monetaria, la regulación de los derivados financieros , el fin de las fondos financieros y de los rescates gubernamentales a la banca y, (4) una democracia participativa que derogaba la Ley Patriota de Bush y reducía el gasto militar en un 50 por ciento.

No hay duda sobre la naturaleza radical (y antiimperialista) del programa original del Partido Verde. La reducción a la mitad del gasto militar era la clave de este programa plan para aumentar el gasto federal en otras áreas.

En el corazón de este programa se encontraba un ataque a la estructura económica, financiera y militar del Imperio estadounidense, al tiempo que sus propuestas económicas proporcionaban veinte millones de nuevos empleos verdes.

Irónicamente, la transición verde era el componente más débil de este New Deal . Sin embargo, gran la innovación que introdujo fue vincular el cambio ambiental con un cambio social igualmente necesario.

Acuerdos Verde que no son Antiimperialistas

Pero no fue hasta noviembre del 2009 que la idea de un New Deal Verde reventó en el Congreso. Un proyecto presentado por la diputada Alejandra Ocasio-Cortez, se convirtió rápidamente en un nuevo factor en la política de Estados Unidos.

Ocasio-Cortez, que había participado activamente en la protesta de los indígenas por el oleoducto de Dakota del Norte, se comprometió en su campaña (en el Distrito 14  que representa al Bronx y parte de Queens) con el Movimiento ecologista Sunrise

La “sentada” de este Movimiento en la oficina de la Presidenta de la Cámara, Nancy  Pelosi, fue el vamos al  Green New Deal que presentó Ocasio-Cortez, y Markey.

Este proyecto señala las responsabilidades de los Estados Unidos asociando la emergencia climática mundial a «crisis relacionadas» tales como: la disminución de la esperanza de vida, el estancamiento salarial, el descenso de la movilidad entre clases sociales, la desigualdad creciente, la división racial en la riqueza y la brecha salarial de género.

Este New Deal se propone reducir las emisiones netas de gases de efecto invernadero a través de una «transición justa», creando «millones de empleos, promover la justicia y la equidad y terminar con la opresión a los pueblos indígenas, comunidades de color, emigrantes y sectores desindustrializados”. Plantea una «movilización nacional de recursos por 10 años», con el objetivo de alcanzar un “100 por ciento de energía a través de fuentes limpias, renovables y de cero emisiones».

Junto con oponerse a la actividad de los «monopolios nacionales e internacionales» plantea crear: una agricultura familiar, una infraestructura vehicular de cero emisiones, una red de transporte público y ferrocarriles de alta velocidad; el intercambio de tecnología relacionada con el clima; asociaciones de sindicatos y cooperativas; garantías laborales, capacitación y educación superior a la población activa; atención médica universal y protegen las tierras y aguas públicas.

A diferencia del New Deal del Partido Verde, el proyecto de Ocasio-Cortez y Markey, no se opone directamente al capital financiero o al gasto militar de los Estados Unidos y por tanto, a la expansión del Imperio.

Su carácter se limita a estimular el desarrollo económico con algunas medidas redistributivas para las comunidades marginadas con el combate contra el cambio climático mediante una “transición justa”. Pese a sus limitaciones, se puede decir que tiene un carácter “progresista”, porque si se llevara a cabo completamente se requeriría la expropiación de la industria de combustibles fósiles.

Bernie Sanders va más allá. Propone un 100 por ciento de energía renovable para la electricidad y el transporte para 2030 y una descarbonización completa para el 2050 (lo que equivale a una reducción del 71 por ciento en las emisiones de carbono en los EEUU).

El proyecto de Sanders dedica 16.3 billones de dólares a la inversión pública para terminar con los combustibles fósiles, declara la emergencia climática, prohibe la extracción en alta mar, el fracking y de carbón y ofrece una transición justa para los trabajadores y las comunidades marginadas. Destina 200 mil millones de dólares para un Fondo Verde para que los países pobres reduzcan las emisiones en un 36 por ciento para 2030.

Para garantizar una transición justa para los trabajadores, Sanders plantea «hasta cinco años de garantía salarial, asistencia a la colocación y reubicación, ayuda para la vivienda a todos los desplazados, atención médica, una pensión basada en el salario anterior y capacitación remuneradas en carreras universitarias de cuatro años.

El costo de la atención médica estaría cubierto por Medicare para todos. Se respetarían los principios de justicia ambiental para proteger a las comunidades indígenas con 1.12 mil millones para programas de acceso y extensión de tierras tribales.

La financiación provendría de varias fuentes: (1) “aumento de los impuestos sobre los ingresos de los combustibles fósiles contaminantes y de los inversores corporativos en esta área”, “aumento de las sanciones por contaminación por parte de las grandes corporaciones”; (2) «eliminación de los subsidios a la industria de combustibles fósiles»; (3) “generación de ingresos por la energía producida por autoridades regionales” (4) «recortes al gasto militar dirigido a salvaguardar los suministros mundiales de petróleo; (5) «recaudación de ingresos fiscales adicionales como resultado del aumento del empleo; y (6) «nuevos impuestos a los más ricos».

El New Deal de Sanders se distingue del proyecto de  Ocasio-Cortez en: (1) establecer un cronograma para los recortes de emisiones de gases de efecto invernadero ; (2) confrontar directamente a las grandes empresas del “capital fósil”; (3) diseñar una transición justa para la clase trabajadora y las comunidades marginadas; (4) especificar, la creación de veinte millones de nuevos empleos; (4) prohibir la perforación en alta mar, el fracking y la  extracción de carbón; (5) confrontar el papel de los militares en la salvaguarda de la economía de los combustibles fósiles; (6) destinar 16. 3 billones de dólares del presupuesto federal durante diez años para financiar este programa; y (7)  aumentar los impuestos a las corporaciones contaminantes.

A pesar de todo esto tan prometedor, el programa de Sanders todavía está muy lejos de la propuesta del Partido Verde para reducir a la mitad el gasto militar del Imperio.

Necesitamos transformaciones revolucionarias

A diferencias de la propuestas de los Demócratas la estrategia del «New Deal Verde de los Pueblos» constituye lo que en la teoría socialista se llama reformas revolucionarias, es decir, reformas que se proponen una transformación radical del poder económico, político y ecológico, y que apuntan hacia una transición del capitalismo al socialismo.

Los cambios propuestos por los eco-socialistas son una amenaza real al poder del capital. La desinversión completa en combustibles fósiles, incluidas las reservas, constituye un tipo de abolicionismo que su parecido más cercano fue la abolición de la esclavitud en los Estados Unidos en 1860.

Para detener el cambio climático es necesario poner fin a la industria de los combustibles fósiles (su estructura financiera, industrias e infraestructuras relacionadas) lo que implica enfrentamiento con el poder y los poseedores de la riqueza. Para los eco-sociales un cambio verdadero solo será posible como con una profunda transformación social y ecológica.

Al respecto, en 2016  el Banco Interamericano de Desarrollo reveló que las compañías de energía perderían unos 28 billones de dólares si se reduce el uso de  los combustibles fósiles. Las corporaciones de energía, escribe Naomi Klein, «deberían dejar bajo tierra billones de dólares de sus reservas y que hoy cuentan como activos».

Los capitalistas saben desde el principio, que un cambio realmente ecológico amenaza todo el actual orden político-económico. Una vez que la población este movilizada, todo el metabolismo de la producción capitalista será cuestionado en sus raíces, pero para que esto ocurra se requerirá una lucha de clases en progresión ascendente

Esta claro que las propuestas de los Demócratas de Estados Unidos están muy lejos de abordar la magnitud de la tarea que exige la actual emergencia planetaria actual. Sin embargo, el desarrollo de la lucha puede llegar a desencadenar una lucha revolucionaria.

Aunque algunos de los cambios planteados por los demócratas de izquierda van en contra de la lógica del capital sus estrategias tienen contradicciones insalvables en su base conceptual. Estas contradicciones están relacionadas con el énfasis que hacen en el crecimiento económico y en la acumulación de capital.

Todas las propuestas “reformistas” olvidan que para estabilizar el clima se debe imponer drásticas restricciones al capitalismo y que esto significará cambios en la estructura subyacente del actual sistema de producción. Ningún New Deal Verde considera el nivel de los residuos acumulados, en cambio, promueven irresponsablemente un crecimiento económico rápido y exponencial. En otras palabras un nuevo proceso de acumulación de capital, a pesar de que estas medidas de todas las maneras agravará la emergencia planetaria.

Como advierte Naomi Klein, un Green New Deal fracasará en proteger el planeta y en una transición justa si toma el camino del «keynesianismo climático».

Las estrategias de mitigación

A pesar de sus ambigüedades el movimiento ambiental y los New Deal están amenazando con destruir el relato político que ha liderado el PaneI Intergubernamental del Cambio Climático de las Naciones Unidas (IPCC).

En marcado contraste con un cuidadoso tratamiento de las causas y consecuencias del cambio climático el enfoque el IPCC recomienda políticas  inspiradas en la ideología de los economistas neoclásicos que se subordinan todos los cambios a los procesos de acumulación capitalista.

Las pautas de mitigación del IPCC se circunscriben básicamente a dos dispositivos; uno, utilizar nuevos modelos informáticos (IAM) y, dos mantener la vías comerciales habituales (SPP). Estos modelos deliberadamente conservadores, descartan cualquiera alternativa que cuestione el poder de la gran empresa y hacen evaluaciones poco realistas de lo que se puede y debe hacer.

En general, los escenarios de mitigación incorporados por el IPCC: (1) suponen implícitamente la necesidad de perpetuar la hegemonía político-económica actual; (2) auspician un cambio tecnocrático basado en tecnologías que no existen o que no son factibles; (3) enfatizan los factores tecnológicos del lado de la oferta, en lugar de factores del lado de la demanda o de la reducción del consumo para reducir las emisiones; (5) dependen de las llamadas emisiones negativas, es decir capturar dióxido de carbono de la atmósfera; (6) suponen que el cambio será manejado por las élites gerenciales; y (7) postulan respuestas demasiado lentas.

A la hora de proponer soluciones realistas el IPCC recurre a las consabidas formulas mágicas (como el comercio de carbono) y a una tecnología barroca inexistente y / o irracional, Todos sus enfoques apuntan a que la sociedad siga viviendo con el modo productivo capitalista.

Los modelos de mitigación climática propuestos por este organismo de las Naciones Unidas promueve la plantación de bosques a gran escala, para después quemarlos y así para producir energía. Al mismo tiempo plantea capturar el dióxido de carbono de la atmósfera para almacenarlo en una suerte de secuestro geológico y oceánico.

En el hipotético caso que se llegara a implementar estas ideas, se requeriría una cantidad de tierra igual al territorio de dos Indias y una cantidad de agua dulce que se aproxima a la que actualmente utiliza la agricultura mundial.

La promoción de estos enfoques no son una casualidad, son ideas establecidas por el orden capitalista subyacente al que les sirven. En palabras del destacado climatólogo Kevin Anderson del Centro Tyndall para la Investigación del Cambio Climático del Reino Unido:

“ El problema es que cumplir con el compromiso de 1.5 a 2ºC exige recortes de emisiones para las naciones ricas de más del 10% cada año, un dato que va más allá de las tasas consideradas posibles con el sistema económico actual. Al parecer, para remediar este atascamiento, los modelos informáticos tienen un papel importante pero peligroso por ineficaces.

Detrás de una apariencia de objetividad, el uso de estos modelos informáticos han profesionalizado el análisis de la mitigación del cambio climático sustituyendo la política por un formalismo matemático no contextual. Dentro de estos límites profesionales, los algoritmos sintetizan modelos climáticos simples, respaldados por una interpretación económica [ortodoxa] del comportamiento humano …

Por lo general, se utilizan modelos basados ​​en axiomas de libre mercado. Los algoritmos integrados en estos modelos suponen cambios marginales cercanos al equilibrio económico y dependen en gran medida de pequeñas variaciones en la demanda resultantes de cambios marginales en los precios.

El acuerdo climático de París, por el contrario, plantea un desafío que está muy alejado de los equilibrios de la actual economía de mercado, en realidad propone un cambio inmediato y radical en todas los aspectos de la sociedad.

La realidad, enfatiza Anderson, es que “el modelo proporcionado por el IPCC son suposiciones de los economistas neoclásicos, basados ​​en los requisitos del sistema capitalista de ganancias . Estos pautas no tienen sentido en el contexto de la emergencia climática actual y son peligrosas, ya que inhiben la acción en defensa del clima con el uso de una tecnología inexistente”.

Todo el proyecto de mitigación del IPCC, explica Anderson, han sido un «completo fracaso». De hecho sus propuestas han dado como resultado que:

«Las emisiones anuales de CO2 han estado aumentado en aproximadamente un 70% desde 1990. «Y dado que los efectos de emisiones son acumulativos y no lineales, el fracaso continuo de las soluciones conservadoras para mitigar las emisiones, nos lleva a la necesidad urgente de una reforma revolucionaria del sistema. Esta no es una posición ideológica; surge directamente de una interpretación científica y matemática del acuerdo climático de París «.

Reconociendo la emergencia climática, el IPCC en su ultimo informe se aparta un tanto de sus documentos anteriores y cambia levemente el enfoque incluyendo consideraciones del lado de la demanda.

Sin embargo modelos de mitigación del IPCC, siguen siendo extremadamente limitado porque incorpora, a través de las IAM y las SSP, un crecimiento económico rápido al tiempo que excluyen toda política de contenido social.

Para algunos críticos – como Jason Hickel y Giorgos Kallis –  un enfoque medianamente realista del lado de la demanda debe obligatoriamente limitar tanto los beneficios del capital como el crecimiento económico (los beneficios llegan a solo al 0,1 por ciento de la población mundial)

El camino esta abierto

Los más probable es que en una primera etapa la auto-organización popular tendrá un carácter eco-democrática, que se delimitará a la creación de una alternativa energética unida a una transición justa. Pero este primer paso no contendrá una crítica sistemática al modelo capitalista de producción o consumo.

Sin embargo, si se logra desenmascarar el tupido velo de la ideología dominante el movimiento por el cambio climático y la lucha por la justicia social puede llevar a la gente a una concepción revolucionaria más integral,

Los “New Deal Verdes” están atados al “keynesianismo verde” porque con sus  promesas de empleos ilimitados, de rápido crecimiento y de mayor consumo hacen imposible una solución real a la emergencia ecológica planetaria.

Un New Deal Verde medianamente creíble necesita un plan concreto para garantizar que los salarios no se viertan de inmediato en estilos de vida de alto consumo que terminarán por seguir aumentando las emisiones de gases invernadero (En el mundo actual quienes tienen un bueno ingreso consumen masivamente productos- basura que desechan rápidamente).

Lo que necesitamos es una transición que establezca límites estrictos a la extracción y que simultáneamente creen nuevas oportunidades para mejorar la calidad de vida y obtener satisfacción fuera de un ciclo de consumo permanente.

El camino hacia la libertad ecológica y social requiere abandonar un modo de producción basado en la explotación del trabajo humano y en la expropiación de la naturaleza y de los pueblos; un sistema que nos ha llevado a crisis económicas y ecológicas cada vez más graves y frecuentes.

La sobreacumulación de capital bajo el régimen del capital del monopolio financiero ha convertido el desperdicio – en todos los niveles- en parte integral del sistema. Se ha creando una sociedad en la que lo que es racional para el capital es irracional para la gente y la tierra.

Este sistema fabrica una cantidad increíble de productos inútiles solo para engrosar las cuentas de las grandes corporaciones transnacionales, y de paso despilfarra los recursos naturales en todo el mundo.

Por el contrario, la producción humana y las riquezas de la tierra deben utilizarse para expandir la libertad humana y satisfacer las necesidades individuales y colectivas asegurando un medio ambiente sostenible.

En la actual crisis climática, los países imperialistas son los que producen la mayor parte de las emisiones de dióxido de carbono contaminante per capita. Además estos Estados, monopolizan la riqueza y la tecnología necesaria para reducir drásticamente las emisiones globales de carbono.

Por lo tanto, es esencial que las naciones ricas asuman la mayor carga para estabilizar el clima mundial, reduciendo sus emisiones de dióxido de carbono a una tasa del 10 por ciento o más al año..

Con un sistema imperialista que abre una brecha cada vez más grande entre los países ricos y pobres lo más probable es que el ímpetu revolucionario provenga del Sur Global, donde la crisis planetaria está teniendo efectos más crueles.

En la periferia del mundo capitalista el legado de la revolución es más fuerte. Cuba y Venezuela, por ejemplo, persisten en su camino a pesar de los despiadados ataques del Imperio

El papel de China es crucial y contradictorio. Siendo uno de los países más contaminados ha hecho más que cualquiera otra nación para desarrollar tecnologías de energía alternativa orientadas a la creación de “una civilización ecológica”.

Sorprendentemente, para la mentalidad capitalista, China goza de autosuficiente alimentaria debido a que la tierra es de propiedad social y la producción agrícola depende de pequeños productores que tienen una alta responsabilidad colectiva y comunitaria. El estado chino, y aún más del pueblo chino, será clave para determinar el destino de la tierra con la creación de una civilización ecológica.

Mientras tanto la revolución ecológica en camino enfrentará la hostilidad del sistema. En estas condiciones, la respuesta de la clase capitalista (resguardada por su retaguardia de la extrema derecha) será regresiva, destructiva y violenta

Un ejemplo es la administración de Donald Trump. Ha tratado de impedir el combate contra el cambio climático retirándose del Acuerdo de París y  acelerando de la extracción de combustibles fósiles.

En estas circunstancias solo una auténtica lucha revolucionaria, y no reformista, podrá detener la catástrofe que nos amenaza.

Una nueva era de cambios radicales

Es común en la literatura de la ideología liberal reinante, suponer que la sociedad está organizada en torno a las acciones individuales de sus componentes.

Los pensadores críticos presentan una opinión opuesta sosteniendo que los individuos son el producto de la estructura social. Una tercera visión considera que los individuos influyen en la sociedad y la sociedad influye en los individuos en un movimiento de ida y vuelta.

En contraste con estas ideas, en su mayoría liberales (que dejan poco espacio para una verdadera transformación social) la teoría marxista, estudia lo que el filósofo Roy Bhaskar ha llamado «el modo transformador de actividad social «

Para los marxistas los individuos nacen un un momento histórico particular y se socializan en una sociedad determinada (modo de producción), que establece los parámetros iniciales de su existencia. Sin embargo, estas condiciones objetivas y relaciones productivas subyacentes conllevan a la sociedad a contradicciones y crisis.

Atrapados en situaciones históricas que no son de su elección, los seres humanos, tienen espontáneamente a actuar a través de movimientos sociales (que reflejan su identidad de clase y otras identidades individuales y colectivas) para transformar las estructuras dando lugar a momentos históricos revolucionarios y rupturistas.

Al respecto Karl Marx escribió: “Los hombres hacen su propia historia, pero no la hacen tal como quieren; no lo hacen bajo circunstancias elegidas por ellos mismos, sino bajo circunstancias dadas y heredadas del pasado «.

Las relaciones sociales existentes se convierten en cadenas para el desarrollo humano y en un período de crisis y de transformación se produce el derrocamiento revolucionario del sistema de producción. Marx también llamó a este proceso «metabolismo social de la humanidad y la naturaleza»

En las actuales condiciones la contradicción entre el capital y la naturaleza no tiene precedente en la historia. En la era del Antropoceno, la emergencia ecológica planetaria se superpone a una sobreexpropiación imperialista intensificada, creando una crisis económica y ecológica mundial.

La sobreacumulación del capital es el factor determinante de  la crisis ecológica porque permanentemente impulsa al capital a buscar nuevas formas de estimular el consumo para mantener las ganancias. El resultado es una suerte de “Armagedón Planetario”, que amenaza no solo la estabilidad socioeconómica, sino la supervivencia de la civilización y de nuestra  especie.

Para Naomi Klein, la explicación central es simple: «Marx escribió sobre la “grieta irreparable” que produce el capitalismo con las naturales. Un sistema económico basado en liberar los voraces apetitos del capital destruirá  los sistemas naturales de los que dependen la vida humana ”.

Esto es exactamente lo que sucedió después de la Segunda Guerra Mundial, con la gran aceleración de la actividad económica y el consumo excesivo por parte de los países ricos que nos a llevado a la consiguiente destrucción ecológica.

La sociedad capitalista ha glorificado durante mucho tiempo el dominio sobre la naturaleza. William James, el filósofo del pragmatismo, en 1906 sostuvo que “ tenemos que reclutar un ejército preparado para conquistar y dominar la naturaleza «.

Hoy, tenemos que revertir esta brutal idea y crear un nueva concepción moral. No necesitamos reclutar un ejército para conquistar la tierra, sino una auto organización para salvar el planeta , el único lugar del hábitat humano. Esto solo se puede lograr a través de un combate intransigente  por la sostenibilidad ecológica y por una igualdad sustantiva que recupere los bienes comunes mundiales.

*** Cronología de las movilizaciones contra el cambio climático

Aquí hay una breve cronología del año pasado, centrada en las acciones climáticas en Europa y América del Norte.

Agosto de 2018: Greta Thunberg, de 15 años, comienza su huelga escolar fuera del Parlamento sueco.

8 de octubre de 2018: El Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático de las Naciones Unidas (IPCC) publica un Informe especial sobre el calentamiento global de 1.5ºC que señala la necesidad de «transiciones de sistemas … sin precedentes en términos de escala». 4

17 de octubre de 2018: activistas de la rebelión de la extinción ocupan las oficinas centrales de Greenpeace en el Reino Unido y exigen la puesta en escena de la desobediencia civil masiva para abordar la emergencia climática.

6 de noviembre de 2018: Alexandria Ocasio-Cortez (Demócrata) es elegida como Representante del Congreso en una plataforma que incluye un New Deal verde. 5 5

13 de noviembre de 2018: miembros del Movimiento Sunrise ocupan la oficina del Congreso de la Presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi; El recién elegido Representante Ocasio-Cortez se une a ellos.

17 de noviembre de 2018: activistas de la rebelión de la extinción bloquean cinco puentes sobre el Támesis en Londres.

10 de diciembre de 2018: activistas del Movimiento Sunrise inundan las oficinas clave del Congreso del Partido Demócrata que exigen la creación de un Comité Selecto para un Nuevo Acuerdo Verde.

19 de diciembre de 2018: los miembros del Congreso en apoyo de un Comité Selecto para un Nuevo Acuerdo Verde asciende a cuarenta.

25 de enero de 2019: Thunberg le dice al Foro Económico Mundial: “Nuestra casa está en llamas … Quiero que actúes como si nuestra casa estuviese en llamas. Porque lo es ” 6.

7 de febrero de 2019: el representante Ocasio-Cortez y el senador Edward Markey presentan la Resolución Green New Deal en el Congreso. 7 7

15 de marzo de 2019: se producen casi 2.100 huelgas climáticas dirigidas por jóvenes en 125 países con 1,6 millones de participantes (100.000 en Milán, 40.000 en París, 150.000 en Montreal). 8

15-19 de abril de 2019: Extinction Rebellion cierra grandes partes del centro de Londres.

23 de abril de 2019: En declaraciones a ambas cámaras del Parlamento, Thunberg declara: “¿Escuchaste lo que acabo de decir? ¿Está bien mi inglés? ¿Está encendido el micrófono? Porque estoy empezando a preguntarme «. 9

25 de abril de 2019: los manifestantes de la Rebelión de la Extinción bloquean la Bolsa de Londres y se pegan en sus entradas.

1 de mayo de 2019: el Parlamento del Reino Unido declara una emergencia climática poco después de declaraciones similares de Escocia y Gales.

22 de agosto de 2019: el senador y candidato presidencial Bernie Sanders presenta el plan Green New Deal más completo hasta la fecha, proponiendo una inversión pública de $ 16.3 billones en diez años. 10

12 de septiembre de 2019: El número de copatrocinadores del Congreso de la Resolución Verde del Nuevo Trato llega a 107. 11

20 de septiembre de 2019: Cuatro millones de personas se unen a la huelga climática mundial, organizando más de 2.500 eventos en 150 países. 1,4 millones de protestas solo en Alemania. 12

23 de septiembre de 2019: Thunberg le dice a las Naciones Unidas: “La gente está sufriendo. La gente se está muriendo. Ecosistemas enteros se están derrumbando. Estamos en el comienzo de una extinción masiva, y de lo único que puedes hablar es de dinero y cuentos de hadas del crecimiento económico eterno. ¡Cómo te atreves! ” 13

25 de septiembre de 2019: se publica el Informe especial del IPCC sobre el océano y la criosfera , que indica que muchas megaciudades bajas e islas pequeñas, especialmente en las regiones tropicales, experimentarán «eventos extremos al nivel del mar» cada año para 2050.

Notas

↩ Aquí, la revolución se ve como un proceso histórico complejo, que abarca muchos actores y fases, a veces incipientes, a veces desarrollados, que abarca un desafío fundamental del estado, junto con la estructura de propiedad, productiva y de clase de la sociedad. Puede involucrar a actores cuyas intenciones no son revolucionarias pero que son objetivamente parte del desarrollo de una situación revolucionaria. Para un análogo histórico, ver George Lefebvre, The Coming of the French Revolution (Princeton: Princeton University Press, 1947). Sobre el concepto de revolución ecológica en sí, ver John Bellamy Foster, The Ecological Revolution (Nueva York: Monthly Review Press, 2009), 11–35.

↩ Naomi Klein, On Fire: The (Burning) Case for a Green New Deal (Nueva York: Simon and Schuster, 2019).

Bal James Baldwin, The Fire Next Time (Nueva York: Dial, 1963).

↩ IPCC, Calentamiento global de 1.5ºC (Ginebra: IPCC, 2018).

↩ John Haltiwanger, «Esta es la plataforma que lanzó Alexandria Ocasio-Cortez, una socialista demócrata de 29 años, para convertirse en la mujer más joven elegida para el Congreso», Business Insider , 4 de enero de 2019.

↩ Greta Thunberg, Nadie es demasiado pequeño para marcar la diferencia (Londres: Penguin, 2019), 19–24.

↩ Representante Alexandria Ocasio-Cortez, 116 ° Congreso, 1 ° período de sesiones, Resolución 109 de la Cámara, “ Reconociendo el deber del gobierno federal de crear un nuevo acuerdo verde ” (posteriormente denominado Resolución del nuevo acuerdo verde), 7 de febrero de 2019, disponible en http://ocasio-cortez.house.gov.

↩ Klein, On Fire , 1–7.

↩ Thunberg, Nadie es demasiado pequeño para marcar la diferencia , 61.

↩ Bernie Sanders, » The Green New Deal «, 22 de abril de 2019, disponible en http://berniesanders.com.

↩ Res. 109, «Reconociendo el deber del gobierno federal de crear un nuevo acuerdo verde», lista de copatrocinadores disponible en http://congress.gov; S. Res. 59, «Reconociendo el deber del gobierno federal de crear un nuevo acuerdo verde», lista de copatrocinadores disponible en http://congress.gov.

↩ Eliza Barclay y Brian Resnick, “ ¿Cuán grande fue la huelga climática global? Estimación de 4 millones de personas activistas ” , Vox , 20 de septiembre de 2019.

↩ «Transcripción: Discurso de Greta Thunberg a la Cumbre de Acción Climática de la ONU», NPR, 23 de septiembre de 2019.

↩ IPCC, Informe especial sobre el océano y la criosfera en un clima cambiante , Resumen para responsables de políticas (Ginebra: IPCC, 2019), 22-24, 33.

↩ Nicholas Stern, “Debemos reducir las emisiones de gases de efecto invernadero a cero neto o enfrentar más inundaciones” , Guardian , 7 de octubre de 2018; «Transcripción: Discurso de Greta Thunberg a la Cumbre de Acción Climática de la ONU». Por lo general, se supone que el mundo debe mantenerse por debajo de 2ºC para evitar un punto de no retorno con respecto a la relación humana con el planeta. Pero cada vez más la ciencia ha señalado a 1.5ºC como el marcador. La mayoría de los esquemas de mitigación climática reconocidos por el IPCC hoy suponen un rebasamiento temporal del límite de 1.5ºC (o el límite de 2ºC) con emisiones negativas, y luego eliminan el carbono de la atmósfera antes de que ocurran los peores efectos. Pero esta estrategia, cada vez más se reconoce, es peor que la ruleta rusa en términos de probabilidades estadísticas, y está más llena de ilusiones.

↩ http://systemchangenotclimatechange.org . Véase también Martin Empson, ed., System Change Not Climate Change (Londres: Marcadores, 2019).

↩ Sobre la distinción entre acción climática y justicia climática, ver Klein, On Fire , 27–28.

March La marcha climática fue seguida unos días después por la acción de Flood Wall Street, en la cual los manifestantes se dedicaron a la desobediencia civil pero carecían de la fuerza de los números.

↩ Klein, On Fire , 27–28.

Un Thunberg, Nadie es demasiado pequeño para marcar la diferencia , 16.

↩ Green Party US, Green New Deal Timeline , disponible en http://gp.org; Green New Deal Policy Group, A Green New Deal (Londres: New Economics Foundation, 2008); Larry Elliott, » No se puede negociar con el cambio climático » , Guardian , 29 de octubre de 2007.

Fried Thomas Friedman, «Una advertencia del jardín», New York Times , 19 de enero de 2007.

↩ Alexander C. Kaufman, “ ¿Qué es el ‘New Deal verde’? ” Grist , 30 de Junio, 2018.

↩ PNUMA, Global Green New Deal (Ginebra: PNUMA, 2009).

↩ Green European Foundation, A Green New Deal for Europe (Bruselas: Green European Foundation, 2009).

↩ David Milton, The Politics of US Labor (Nueva York: Monthly Review Press, 1982).

↩ Alianza de justicia climática, » Historia de la Alianza de justicia climática «.

↩ John Bellamy Foster, » Ecosocialismo y una transición justa «, MR Online, 22 de junio de 2019; Alianza para la justicia climática, » Transición justa: un marco para el cambio «.

↩ Science for the People ha sido uno de los principales defensores de un Nuevo Acuerdo Verde de los Pueblos, incorporando una transición justa para los trabajadores y las comunidades de primera línea en lugar de los intentos de incorporar el Nuevo Acuerdo Verde a su forma corporativa anterior. Ver Science for the People, » El nuevo acuerdo verde de los pueblos» .

↩ Jill Stein, “ Soluciones para un país en problemas: los cuatro pilares del New Deal verde ” , Páginas Verdes , 25 de septiembre de 2012.

↩ Partido Verde, «Podemos construir un mañana mejor hoy, es hora de un nuevo trato verde».

↩ Tessa Stuart, “El movimiento Sunrise, la fuerza detrás del nuevo acuerdo verde aumenta los planes para 2020”, Rolling Stone , 1 de mayo de 2019. Los activistas fundadores del Movimiento Sunrise habían cortado sus dientes en el movimiento de desinversión de combustibles fósiles, particularmente en las universidades, que a diciembre de 2018 afirma haber logrado facilitar $ 8 billones en desinversiones. Sin embargo, los activistas se dieron cuenta de que el siguiente paso era tratar de atacar al propio estado y cambiar el sistema a través de un New Deal verde. Klein, en llamas , 22.

↩ El Partido Verde se ha movido explícitamente en la dirección del ecosocialismo y ha patrocinado una conferencia de ecosocialismo en Chicago el 28 de septiembre de 2019. Ver Anita Ríos, “ Conferencia del Partido Verde se prepara para la Conferencia sobre Ecosocialismo ” , Informe de la Agenda Negra , 10 de septiembre de 2019.

↩ Res. 109, «Reconociendo el deber del gobierno federal de crear un nuevo acuerdo verde».

↩Sanders está completamente solo entre los principales candidatos demócratas en las elecciones de 2020 en la promoción de un verdadero New Deal verde. El «Plan para una revolución de energía limpia y justicia ambiental» de Joe Biden, presentado en junio de 2019, evita por completo la insistencia del IPCC de que las emisiones de dióxido de carbono deben reducirse en casi un 50 por ciento para 2030 para mantenerse por debajo de 1.5ºC y simplemente promete promover políticas que lograrán emisiones netas cero para 2050, proponiendo gastar $ 1.7 billones en combatir el cambio climático durante diez años. Elizabeth Warren ha firmado la Resolución Verde del Nuevo Decano, pero en su «Plan de Energía Limpia», presentado en septiembre de 2019, no va más allá de decir que apoya una movilización de diez años hasta 2030 con el objetivo de llegar a cero neto emisiones de gases de efecto invernadero «lo antes posible. “Ella propone una inversión de $ 3 billones en diez años. Su plan excluye cualquier mención de una transición justa para trabajadores o comunidades de primera línea.

↩ Sanders, «The Green New Deal».

↩ Si bien la Resolución Green New Deal presentada por Ocasio-Cortez y Markey no aborda cómo se financiaría, el énfasis ha estado en la creación de bancos públicos, la flexibilización cuantitativa verde y el financiamiento deficitario bajo la utilización actual de baja capacidad, una visión respaldada por la teoría monetaria moderna. Se desvía deliberadamente de la financiación mediante impuestos a las corporaciones. Ellen Brown, » El secreto para financiar un nuevo acuerdo verde » , Truthdig , 19 de marzo de 2019.

↩ Historiador David Blight, citado en Ta-Nehisi Coates, » Slavery Made America » , Atlantic , 24 de junio de 2014.

↩ Ben Caldecott et al., Stranded Assets: A Climate Risk Challenge (Washington DC: Banco Interamericano de Desarrollo, 2016): x.

↩ Naomi Klein, This Changing Everything: Capitalism vs. the Climate (Nueva York: Simon and Schuster, 2014), 31–63.

↩ Klein, On Fire , 261; JF Mercure et al., “ Impacto macroeconómico de los activos de combustibles fósiles varados ”, Nature Climate Change 8 (2018): 588–93.

↩ Klein, Esto lo cambia todo , 115-16.

↩ Nancy E. Rose, Put to Work (Nueva York: Monthly Review Press, 2009).

↩ Klein, En llamas , 264.

↩ Kevin Anderson, “ Debate sobre la base de escenarios de mitigación del cambio climático ,” Naturaleza 16 de septiembre de 2019; Zeke Hausfather, » Explicador: Cómo las ‘vías socioeconómicas compartidas’ exploran el cambio climático futuro «, Carbon Brief , 19 de abril de 2018.

↩ Estas deficiencias se integran directamente en los SSP e incluso en los IAM. Ver Oliver Fricko et al., “ La cuantificación de marcadores de la ruta socioeconómica compartida 2: un escenario intermedio para el siglo XXI ”, Global Environmental Change 42 (2017): 251–67. Para una evaluación crítica general, ver Jason Hickel y Giorgos Kallis, “ ¿Es posible el crecimiento verde? ” Nueva Economía Política , 17 de Abril, el año 2019.

↩ Kevin Anderson y Glen Peters, «El problema con las emisiones negativas», Science 354, no. 6309 (2016): 182–83; European Academies Science Advisory Council, Negative Emission Technologies: What Role in Meeting Paris Goal Targets , EASAC Policy Report 35 (Halle, Alemania: Academia Nacional de Ciencias de Alemania, 2018).

↩ Ver John Bellamy Foster, “ Hacer la guerra en el planeta ”, Monthly Review 70, no. 4 (septiembre de 2018): 4–6.

↩ Anderson, «Debate sobre la base de los escenarios de mitigación del cambio climático».

↩ IPCC, Calentamiento global de 1.5ºC , 16, 96.

↩ Anderson «Debatiendo la base de los escenarios de mitigación del cambio climático».

↩ Ver John Bellamy Foster, Brett Clark y Richard York, The Ecological Rift (Nueva York: Monthly Review Press, 2010), 169–82.

↩ IPCC, Calentamiento global de 1.5ºC , 15–16, 97; Jason Hickel, » La esperanza en el corazón del informe del cambio climático apocalíptico «, Política exterior , 18 de octubre de 2018. Véase también Arnulf Grubler, «Un escenario de baja demanda de energía para cumplir el objetivo de 1,5ºC y los objetivos de desarrollo sostenible sin tecnologías de emisión negativa , » Nature Energy 3, no. 6 (2018): 512–27; Joeri Rogelj et al., “Escenarios hacia la limitación del aumento de la temperatura media global por debajo de 1.5ºC”, Nature Climate Change 8 (2018): 325–32; Christopher Bertram y col. » Las políticas específicas pueden compensar la mayoría de los riesgos de sostenibilidad aumentados en escenarios de mitigación de 1.5ºC «, Cartas de investigación ambiental13, no. 6 (2018).

Ick Hickel y Kallis, «¿Es posible el crecimiento verde?»

↩ D. Bernal, La libertad de la necesidad (Londres: Routledge y Kegan Paul, 1949).

↩ Ver John Bellamy Foster, «Ecology», en The Marx Revival , ed. Marcelo Musto (Cambridge: Cambridge University Press, 2000), 193.

↩ Klein, En llamas , 264.

↩ Ver Paul A. Baran y Paul M. Sweezy, Monopoly Capital (Nueva York: Monthly Review Press, 1966).

↩ John Bellamy Foster, » La ecología de la economía política marxista «, Monthly Review 63, no. 4 (septiembre de 2011): 1–16; Fred Magdoff y John Bellamy Foster, Lo que todo ecologista necesita saber sobre el capitalismo (Nueva York: Monthly Review Press, 2011), 123–44; William Morris, Noticias de ninguna parte y escritos y diseños seleccionados (Londres: Penguin, 1962): 121–22.

↩ Kevin Anderson y Alice Bows, “ Más allá del cambio climático ‘peligroso’: escenarios de emisión para un mundo nuevo ”, Philosophical Transactions of the Royal Society 369 (2011): 20–44.

↩ Para una discusión sobre la situación ecológica actual en el Sur Global y su relación con el imperialismo, ver John Bellamy Foster, Hannah Holleman y Brett Clark, » Imperialismo en el Antropoceno «, Monthly Review 71, no. 3 (julio – agosto de 2019): 70–88. Sobre el concepto del proletariado ambiental, véase Bellamy Foster, Clark y York, The Ecological Rift , 440–41.

↩ El tema de China y la ecología es complejo. Ver John B. Cobb (en conversación con Andre Vltchek), China and Ecological Civilization (Yakarta: Badak Merah, 2019); David Schwartzman, “ China y las perspectivas de una civilización ecológica global ”, Clima y capitalismo , 17 de septiembre de 2019; Lau Kin Chi, » Una perspectiva subalterna sobre la crisis ecológica de China «, Revisión mensual 70, no. 5 (octubre de 2018): 45–57. Sobre el concepto de civilización ecológica y su relación con China, ver John Bellamy Foster, » La crisis del sistema terrestre y la civilización ecológica «, International Critical Thought 7, no. 4 (2017): 439–58.

↩ Naomi Klein, “ Solo un New Deal verde puede apagar los fuegos del ecofascismo ” , Intercept , 16 de septiembre de 2019.

↩ Roy Bhaskar, Reclamando la realidad (Londres: Routledge, 2011), 74–76.

↩ Bhaskar, Reclamando la realidad, 76–77, 92–94.

↩ Karl Marx, dieciocho brumario de Luis Bonaparte (1852, repr, Nueva York:. International Publishers, 1963): 15.

↩ Karl Marx, capital , vol. 1 (Londres: Penguin, 1976), 283.

↩ Ver Ian Angus, Facing the Anthropocene (Nueva York: Monthly Review Press, 2016), 175–91.

↩ Klein, On Fire , 90–91; Karl Marx, Capital , vol. 3 (Londres: Penguin, 1981), 949.

↩ William James, » Proponiendo el equivalente moral de la guerra » (discurso, Universidad de Stanford, 1906), disponible en línea en Lapham’s Quarterly .

Michael Krätke: “¿Recesión? Sigue habiendo varias crisis en marcha”

El doctor en económicas Michael R. Krätke estuvo en Barcelona. En esta entrevista habla sobre la situación de crisis financiera, el auge de China y el estado actual de su proyecto de recopilar todos los escritos de Marx y Engels.

Por Ángel Ferrero

Michael R. Krätke (1949) es profesor emérito de Economía Política de la Universidad de Ámsterdam, donde reside actualmente. Colaborador habitual del semanario Der Freitag y miembro del Consejo Editorial de la revista Sin Permiso, Krätke es autor de numerosos artículos y varios libros sobre economía y la historia del socialismo. Además, forma parte del comité científico encargado de la nueva edición de las Obras Completas de Marx y Engels (MEGA, por sus siglas alemanas). Aprovechando su paso por Barcelona para participar en el posgrado de Sin Permiso, entrevistamos a Krätke sobre la situación en las principales economías del mundo, las tendencias más importantes del capitalismo global y el estado teórico de la izquierda.

¿Hay signos de una recesión? Los economistas parecen dividirse entre quienes llaman a la calma y quienes parecen llamar al pánico.

No entraría en pánico, pero hay motivos de sobra como para preocuparse. En algunas economías importantes, como Turquía o Italia, hay signos no ya de una recesión, sino de otra crisis financiera. Turquía es, en mi opinión, más frágil que Italia. La deuda pública y privada en Turquía se encuentra mayoritariamente en manos extranjeras y está denominada en dólares: si el dólar sube, lo harán las deudas, si la lira cae, al gobierno, los bancos y las empresas turcas les será más difícil pagar esas deudas.

Siguen habiendo varias crisis en marcha. En Estados Unidos hemos visto desarrollos recientes que son muy similares a los que precedieron a la crisis financiera e inmobiliaria. En esta ocasión se trata del uso de tarjetas de crédito, de la compraventa de automóviles de gama alta, financiada con créditos a consumidores que en realidad no pueden permitírselos y con frecuencia acaban perdiéndolos. Hay una deuda cada vez mayor que no es en absoluto segura. El proceso que desencadenó la crisis de deuda en EE UU está en marcha de nuevo.

Si ampliamos el foco, vemos que nos encontramos en medio de una gran transformación de la estructura de la economía capitalista mundial. No puede ignorarse la impresionante expansión de las estrategias de inversión y comercio de la República Popular China, que está registrando un enorme progreso en todo el planeta. Es un desarrollo a tomar muy seriamente. En particular la Unión Europea, si es que quiere seguir desempañando algún tipo de papel a nivel mundial, debería estudiar atentamente el caso de China y mantener buenas relaciones con ella.

Hay cambios en el mundo anglosajón. Nadie sabe qué pasará en las próximas elecciones en EEUU, quizá se acabe la pesadilla de Trump, pero tampoco es seguro. Si se termina, habrá un presidente Demócrata y es posible que muchos de los problemas causados por Trump sean corregidos. Pero no podemos estar seguros de ello. Reino Unido podría abandonar la UE. El Partido Laborista tiene un programa excelente en muchos aspectos que recoge las reformas urgentes que necesita el país, pero probablemente no ganarán estas elecciones. Si los tories consiguen una mayoría, abandonarán la UE con un plan descabellado para negociar un nuevo acuerdo de libre comercio con Bruselas en menos de un año, algo imposible. ¿Qué harán entonces? Entregarse a los EE UU de Trump y aceptar todo lo que les ofrezca. Esto puede que refuerce a ambos. Si esto termina sucediendo, terminaremos muy probablemente con una especie de Singapur gigante al otro lado del Canal de la Mancha.

Diría que Boris Johnson utilizó esa expresión exacta.

Ése es el plan de quienes apoyan y en buena parte financiaron el Brexit. Detrás de él hay grandes capitales, no solamente la frustración de los más pobres, que por otra parte es muy comprensible. El Brexit ha sido una acción política muy bien planificada por gente que dispone de fondos considerables. Quienes lo financiaron creen que la UE —y pienso que no se equivocan— es la única institución que les impide abolir los estándares de protección medioambiental, de los consumidores, laborales, etcétera, y que todavía resisten en Reino Unido incluso a pesar de todos estos años de thatcherismo y New Labour.

Económicamente hablando, Reino Unido no está en buena forma, todo lo contrario. Y está perdiendo su industria. Lo que están haciendo los partidarios del Brexit es, de hecho, completar el trabajo que comenzó Thatcher de desindustrialización. Es una tragedia: el país industrial más antiguo de Europa, que retiene todavía mucho intelecto, buenos ingenieros, trabajadores cualificados… Y lo están perdiendo todo. Temo que no quedará una industria digna de ese nombre en Reino Unido.

Aunque ya la ha mencionado de pasada, me gustaría preguntarle por la Unión Europea. ¿Cómo ve al bloque en esta crisis, en particular tras la llegada de Christine Lagarde al frente del Banco Central Europeo?

Ciertamente, continuará las políticas de su predecesor, que no hizo un tan mal trabajo, ampliando el margen de las normas que fueron impuestas, en particular por los alemanes, que querían convertir el BCE en un Bundesbank a gran escala. Esas normas hacían difícil al BCE actuar como un banco central real, interviniendo en la política macroeconómica en tiempos de crisis. Y eso es lo que, en efecto, Draghi hizo. Con consecuencias de varios tipos, pero al final salvó la Eurozona de un desastre completo, o, al menos, de la posibilidad de una desintegración. Esta política continuará, pero la dificultad es que el BCE no tiene reservas. No hablo en términos de dinero, sino de medios para intervenir. La tasa de interés ya está bajo cero, ¿así qué se puede hacer? El BCE impone tasas de interés negativas a cualquier banco que deposita su dinero en sus cajas fuertes. Oficialmente, todos los bancos centrales de todos los países miembro están obligados a retener un determinado porcentaje de sus reservas bajo el control del BCE. Es un castigo y tiene sus límites. En cualquier caso, no se pueden imponer más intereses negativos, es una situación completamente absurda en una economía capitalista, que es lo que seguimos siendo. No se puede continuar así, al menos no durante mucho tiempo. Así que tendrán que pensar en algo nuevo, pero no hay mucho que puedan hacer mientras no haya una acción concertada con los gobiernos europeos.

Se está hablando de extender los intereses negativos a los clientes.

Sí, y algunos bancos ya lo están haciendo, pero habrá fuertes reacciones a esa medida. No creo que sean capaces de sostenerla a largo plazo. Aunque puede que lo intenten. La UE se encuentra en una situación absurda. Tiene un presupuesto demasiado pequeño, aunque dispone de muchos instrumentos y políticas establecidas, como las políticas de cohesión territorial, que en principio han servido para llevar a cabo muchas cosas buenas. Pero las historias de éxito son muy pocas como para que tengan un efecto perdurable en la memoria de la opinión pública. Por otra parte, la UE tiene otras políticas, como las políticas agrarias, que son completamente absurdas. Todo el dinero está yendo, por los motivos equivocados, a la gente equivocada, en vez de utilizarse las políticas agrarias para apoyar objetivos medioambientales. Es una locura, carece de lógica. Se puede explicar históricamente, pero tiene que modificarse.

En política fiscal, hay una competición entre miembros, y todos sabemos que eso es en detrimento de todos los países participantes. Es un juego en el que nadie gana, aunque todo el mundo está de acuerdo en que debería ponerse fin a esta competición fiscal. Si se toma seriamente, eso significa que los países europeos han de tratar el asunto entre ellos porque hay paraísos fiscales, como Holanda, Luxemburgo, incluso Alemania.

¿Alemania?

Hasta cierto punto lo es. No sólo Reino Unido. No sé hasta qué punto lo sería también España, sería cauto aquí, pero muchos de los países participan en esta política de crear oportunidades para la inversión extranjera y evitar que las empresas pague impuestos en otro lugar. Holanda, donde vivo, es un paraíso fiscal. Si uno camina por el canal, ve un despacho de abogados tras otro, una infinidad de placas en las puertas, miles de compañías con sede en el centro de Holanda.

Quedémonos en Alemania por un momento. En la economía más importante de la eurozona hay temores de una recesión.

Los alemanes tienen miedo, por supuesto. Su economía depende de las exportaciones más que cualquier otra economía de la UE. Cuando hay una pequeña fiebre en el comercio mundial, los alemanes son los primeros en notarlo porque tienen relaciones comerciales en todo el mundo. Son una economía que exporta a todo el mundo, así que lo notan de inmediato, desde todos los rincones del mundo. Es el precio a pagar una vez te integras por completo en la economía mundial, y los alemanes son los más integrados de toda la UE.

Sin embargo, su integración es mayor con la propia UE, donde se encuentran sus principales socios comerciales. Ahí es donde la política económica alemana falla. En buena medida se trata de una política de empobrecer a tu vecino (beggar-thy-neighbour), pretenden que, aunque viven de las exportaciones, de la prosperidad de sus vecinos, no ha importarle si les va mal. Lo cierto es lo opuesto. Si las economías vecinas tienen problemas, si Francia tiene problemas, si Italia o Grecia tienen problemas, también son sus problemas. Los alemanes siguen sin aceptar eso. Sigue habiendo una esquizofrenia entre la realidad de ser un país integrado en la economía mundial y la mentalidad de la población, que sigue creyendo que es una isla. Tenemos prosperidad en Alemania, la cosa va bien y el resto del mundo no nos importa.

El pensamiento económico en Alemania es tremendamente dogmático. Tradicionalmente, desde luego desde los cincuenta y sesenta, ha sido un país en el que todo el mundo cree en la austeridad. La historia completamente errónea sobre la última crisis financiera —que esta crisis ha sido una crisis de deuda pública, soberana, algo que en absoluto fue— ha sido creída más que en ningún otro país del mundo. El crecimiento de la deuda pública fue una consecuencia. Pero los alemanes creen y siguen creyendo que lo más importante es mantener la estabilidad de las finanzas públicas para evitar la deuda pública, reducir la deuda pública. Les encanta, incluso idolatran, el famoso “cero negro” (nullschwarz), el símbolo de la austeridad por excelencia.

Lo mencionó Angela Merkel en su último discurso en el Bundestag con motivo de la aprobación de los presupuestos para 2020.

Así es. Ocurre algo parecido a EE UU. Allí los ingenieros, los especialistas, los economistas, llevan diciendo durante décadas que son un país en declive, que sus infraestructuras se desmoronan. Ocurre exactamente lo mismo en Alemania. Tienes edificios públicos, escuelas, calles, puentes, canales… todo en franca decadencia. No tiene por qué ser así, pero los sucesivos gobiernos del pasado han rechazado aceptar esta realidad. Dicen que debemos invertir en educación pero luego no lo hacen. No hacen lo que deberían hacer a gran escala en el sistema educativo. No sólo las universidades y centros de investigación más punteros, sino en las escuelas básicas, donde la gente obtiene su educación elemental. Las Volksschule, por ejemplo, teníamos una tradición en ello, y todo ello parece haber quedado olvidado. En este punto, en particular nuestra canciller Merkel no merece los elogios que recibe prácticamente en todas partes. No está haciendo lo que es necesario para Alemania y ciertamente no está haciendo lo que es necesario para la Unión Europea. Los alemanes no son lo suficientemente solidarios con sus vecinos en la UE. Es más una solidaridad en palabras que en hechos. Podrían hacer mucho más.

Pero en el debate público se señala la responsabilidad de las guerras comerciales en la situación económica de Alemania.

Desde luego. Muchos economistas se niegan a aceptar que los superávits comerciales de Alemania tienen un impacto negativo en los países vecinos, o en los países a los que exportan, aunque eso sea un conocimiento básico en economía. Gente como el señor Trump no lo sabe, pero ignorantes los hay en todas partes. No deberían estar no obstante en las facultades de Economía o los gobiernos.

Hay una historia estandarizada en Alemania. A los alemanes les gusta verse como víctimas: somos las víctimas, estamos cargando con la mayor parte del peso económico en la UE… Sí, si uno se fija en las cifras que invierte en el presupuesto comunitario, pero también son los mayores beneficiarios, en particular del euro y de las políticas de “dinero barato” de Draghi y del BCE.

No escuchan las advertencias hoy, pero tampoco escucharon las advertencias entonces. Una de las consecuencias ha sido el auge de partidos a la derecha de los conservadores en toda Europa.

Hasta muy recientemente no comenzaron a darse cuenta de la existencia de un movimiento populista de derechas. Ahora están en varios parlamentos. Es un problema político que no desaparecerá si se lo ignora.

La pregunta es hasta dónde puede crecer este partido en Alemania.

No estoy seguro. El siguiente paso será que la CDU aceptará, al menos a nivel de estado federado, cooperar con Alternativa para Alemania (AfD). Hasta la fecha, los cargos del partido se han negado de manera clara. Mantienen la vieja idea de que no debería haber ningún partido a su derecha. Y en algunas partes de Alemania, como Baviera, han conseguido mantenerlo así.

Era la frase de un conocido político bávaro: “A nuestra derecha no puede haber más que la pared”.

De Franz Jozef Strauss, concretamente, un político conocido por sus declaraciones contundentes. No sabemos qué ocurrirá. Podría pasar que AfD se escindiese. Es una posibilidad. Depende de cuánto tiempo mantenga el apoyo popular, de que su electorado siga creyendo en muchas de las cosas que dicen, promesas que no pueden satisfacerse, esperanzas que no pueden colmarse. Muchos de ellos sueñan con la Alemania de los sesenta. Existe una cultura de la negación. Durante décadas se ha negado que Alemania fuese un país de inmigración. Siempre se ha dicho que Alemania no necesita una ley de inmigración porque no es un país de inmigración, aunque hubo una inmigración constante de trabajadores de países europeos durante décadas desde finales de los cincuenta en adelante. Siempre lo han negado.

¿Habrá un giro a la izquierda de los socialdemócratas tras la elección de la nueva dirección?

Existe potencialmente. La militancia está harta de todo lo sucedido en los últimos años, la continuación de la política de coaliciones con los cristianodemócratas, en detrimento, por lo común, de los propios socialdemócratas. Se trataría de reparar el daño cometido, en parte por ellos mismos, y en hacerlo de manera gradual. La situación es particularmente difícil para el partido, que tendría que aceptar haber cometido no sólo algunos errores, sino errores muy graves. Es un cambio necesario. Sobre todo para recuperar al electorado que tradicionalmente ha apoyado al partido socialdemócrata, que en algunas regiones sigue siendo un partido de trabajadores, mientras en ciudades como Berlín es un partido de gente con educación universitaria, funcionarios, etcétera.

Como Los Verdes.

Hay similitudes, claramente. Pero con una diferencia importante: Los Verdes nunca fueron un partido de trabajadores. El partido socialdemócrata sí que lo fue. En algunas regiones, hay que decirlo, AfD se ha convertido en el partido protesta de los trabajadores que ya no creen en el partido socialdemócrata, a los que ven como parte del establishment.

¿Por qué La Izquierda no se ha convertido en el vehículo político de esa protesta?

Hay ideas muy ingenuas, por ejemplo, en materia de política de inmigración. Si se comienza a debatir una ley de inmigración de inmediato se produce un choque cultural. Porque para muchos izquierdistas eso significa establecer normas que discriminarán a personas. Una ley de inmigración supone de por si una discriminación: con ella se decide quién queremos que entre en el país —por ejemplo, a partir de su grado de educación, edad o posibilidades económicas— y quién no. Un partido socialdemócrata o de izquierdas está claro que no defenderá una ley que incluya discriminación en términos de religión, raza o género. Pero ha de haber un cierto grado de discriminación, como ocurre en la ley de inmigración de Australia o Canadá.

Irónicamente, Canadá, que es visto como un país liberal, tiene una ley de inmigración muy restrictiva que es tomada como modelo, entre otros, por la propia AfD…

Cierto, pero AfD no la ve como es, porque no discrimina en términos de país de origen, inmigración, raza o religión. Toronto es una de las ciudades más multiculturales del mundo. La cultura de aceptación de los canadienses también es mayor: a los inmigrantes los llaman ‘nuevos canadienses’. Es una cultura de acogida que funciona relativamente bien.

Pero hay otras cosas que dividen a La Izquierda, como peleas internas.

La Izquierda no tiene una idea clara de qué hacer en el momento actual. La parte más difícil para La Izquierda es encontrar al socio adecuado. Los Verdes son ahora demasiado fuertes, no les importa con quién llegar a un acuerdo, y aceptaría a La Izquierda como socio menor bajo circunstancias muy específicas. El SPD está más o menos ocupado consigo mismo. Habrá que esperar a que termine ese proceso. Mientras, La Izquierda está perdiendo pie en el Este del país, donde acostumbraba a obtener sus mejores resultados, como consecuencia del desarrollo demográfico, ya que era un partido con una elevada media de edad entre sus militantes.

Participa en la nueva edición de las Obras completas de Marx y Engels (OME). ¿Cuál es el estado actual del proyecto?

El proyecto continúa. Se mantiene la financiación para los próximos 16 años, lo que es bastante extraordinario. Ésta depende en gran medida de instituciones y bibliotecas. Piense que un volumen tiene un precio de alrededor de unos 200 euros, no es algo obviamente que todo el mundo pueda permitirse aunque quisiera. Las únicas concesiones que el proyecto se ha visto obligado a hacer es que algunos de los volúmenes se publiquen únicamente en versión digital.

Los últimos volúmenes aparecidos son una nueva edición de La ideología alemana en más o menos su forma original, aunque nadie puede establecer cuál era su forma original exacta, ya que los autores reescribieron el manuscrito varias veces. Engels llegó a utilizarlo como fuente hasta 40 años después de su redacción y quizá alteró el orden. En cualquier caso, esta última edición se acerca a ese original, y proporciona una buena idea de la naturaleza fragmentaria y del proceso de redacción de este libro polémico y que sirvió para alumbrar una nueva manera de entender las ciencias sociales.

También hemos publicado el borrador del libro de Marx de 1857-1858 sobre las crisis, escrito durante una de las mayores crisis mundiales, para las que preparó un estudio empírico y recolectó datos con la idea de publicar un volumen sobre el tema, pero que nunca terminó. El manuscrito, que demuestra su capacidad para llevar a cabo un trabajo empírico, está relacionado con los Grundrisse, de manera que podemos ver cómo su obra teórica se relaciona con sus estudios empíricos, cómo cambiaban sus argumentos dependiendo del estudio de las crisis. También hemos publicado un libro con los cuadernos de finales de la década de 1860 y 1870 sobre ciencias naturales y economía, en particular estudios sobre los mercados financieros, el mercado bursátil, literatura bancaria contemporánea, etcétera. Es otro estudio sobre el proceso real de investigación en Marx. Y hay otro volumen con los artículos periodísticos para The New York Herald Tribune —luego reproducidos en otros periódicos británicos— durante este mismo período, mientras escribía los Grundrisse e investigaba las crisis.

Hasta la fecha hemos publicado unos 75 volúmenes, según el plan revisado el total será de 114 volúmenes. La segunda sección, con el trabajo preliminar sobre El capital, ya ha sido completada, falta por completar el resto.

Se encuentra en Barcelona con motivo del curso de posgrado de Sin Permiso. Recientemente se ha rendido homenaje a su editor, Antoni Domènech, fallecido en 2017. ¿Qué recuerda de él?

Su muerte fue una noticia muy triste. Era un hombre de un grandísimo sentido del humor y una persona tremendamente inteligente. Lo veías en sus ojos, en el brillo, no le hacía falta decir nada. Hablamos mucho de su obra. Aún sigo buscando a un editor alemán para su último libro. También conviene destacar el papel intelectual de revistas como Sin Permiso, que fundó. Y me consta que personalmente era muy cercano a Manuel Sacristán, el traductor al español de El capital.

Por cierto, Domènech cultivó una duradera amistad con un personaje todavía polémico hoy en Alemania: el filósofo Wolfgang Harich.

Harich es polémico, sin duda. No me opongo a él, todo lo contrario. Han de tenerse en cuenta las condiciones especiales bajo las cuales gente como Harich tuvieron que escribir. Formó parte de los rebeldes de la RDA y pagó el precio por ello. Su vida no fue en absoluto fácil. Fue uno de los autores de la RDA exiliado más o menos en su propio país.

Antes ha mencionado a China. Habrá quien le sorprenda su opinión sobre este país en comparación con lo que leemos en los medios de comunicación.

Es más complicado de lo que parece, como siempre. Hay cuestiones que uno ha de evitar si quiere mantener relaciones con gente del Partido Comunista de China, de instituciones vinculadas al partido o la academia y el sistema universitario chino, como sus políticas en Tíbet y otras partes del país. Puede hablarse de ellos de prácticamente de todo, a todos los niveles, con la condición de que no se publique en un periódico del país al día siguiente. Mientras uno mantenga una cierta discreción sobre lo que sucede en China, se puede hablar de todo.

Personalmente estoy muy interesado en sus políticas económicas y medioambientales. Han sabido ver con claridad los problemas que tienen y toman medidas. Me gustaría que algunas de esas políticas fueran tenidas en cuenta en Europa.

En diez años, por ejemplo, construyeron una red de ferrocarriles de alta velocidad, con la tecnología más puntera, conectando las grandes ciudades. Nosotros no somos capaces de hacer eso en Europa, aunque geográficamente el continente es más pequeño que China. Es ridículo. Existía antes de la Primera Guerra Mundial: uno podía subirse al tren en el sur de Alemania y viajar hasta Lisboa. Ahora ya no. Los japoneses también tienen algo así, comenzaron a construirlo en los sesenta. Compárese la construcción del nuevo aeropuerto de Pekín con cómo los alemanes siguen peleándose con su nuevo aeropuerto en Berlín. Es increíble. Los chinos terminaron el proyecto en dos años y medio. Los alemanes comenzaron hace diez años, ¿y dónde están ahora? Todavía no está terminado.

También han sabido corregir errores. La destrucción de los centros históricos para construir rascacielos y otros edificios modernos, algo impensable en Europa. Ya no es así. El tráfico rodado en las ciudades es insostenible, la polución afecta a la salud de los ciudadanos. No tardaron en ver el problema y emprendieron medidas que ya están teniendo efecto en una gran ciudad como Pekín. Están mejorando. Los alemanes, por ejemplo, no actúan con la misma rapidez ni con la misma eficacia que los chinos.

Volviendo a la teoría, de unos años para acá vemos en Europa recuperarse a algunos autores olvidados de la tradición socialista. ¿Qué autores merecen ser tenidos en cuenta?

Justamente acabamos de sacar un nuevo libro para las juventudes socialistas, una antología sobre socialistas olvidados en su mayor parte, aunque no sólo. Es importante contar con una suerte de memoria histórica colectiva para evitar caer en los mismos errores y equivocaciones del pasado. El libro empieza con Marx y Engels, sigue con Karl Kautsky, Eduard Bernstein, Rosa Luxemburg, Rudolf Hilferding. La mayoría del mundo germano-parlante, pero sin duda podría extenderse. No me resulta difícil imaginar un libro así a escala europea, con autores españoles, franceses, polacos, rusos, etcétera, incluso judíos, en yiddish. Tenemos una tradición muy rica a la que no deberíamos renunciar.

En el mundo anglosajón se ha hablado mucho estos últimos años de Kautsky, de recuperar a Kautsky.

Su estilo, por decirlo abiertamente, es apagado. En estilo no tiene la fuerza que tenía Marx, que era muy agudo en alemán, o Rosa Luxemburg. Trotsky también era un muy buen escritor, aunque en mi opinión no era un gran pensador. Pero era un escritor brillante, mucho más que Lenin, que era más gris en ese aspecto.

Kautsky trató muchas cuestiones sobre las que escribieron Marx y Engels, pero sin entrar a fondo en el asunto. Piense en la creación de la revista Die Neue Zeit, que fue la revista teórica más importante para los socialistas europeos durante mucho tiempo. Todos querían publicar en esa revista, y Kautsky consiguió impulsar a nuevos autores.

De Kautsky se puede decir que era aburrido, pero intentaba decir algo, y ese algo no era baladí. Kautsky rompió con la tradición de no hablar mucho del futuro socialista. Fue muy atrevido en este aspecto e incluso escribió un libro titulado en alemán Am Tage nach der sozialen Revolution, “en los días después de la revolución social”. Un libro muy audaz. “¿Qué haremos exactamente después de tomar el poder?”, se preguntó. No veo a nadie en toda la izquierda europea capaz de atreverse a escribir algo así hoy.

Un autor del que ha quedado una imagen muy marcada por sus polémicas con Lenin.

Por supuesto. La polémica empezó en 1918, cuando Kautsky, como muchos otros, apoyó la Revolución de octubre porque pensaba, como Bauer, que los bolcheviques habían hecho lo correcto deshaciéndose del gobierno de Kerenski. En este respecto estaban de acuerdo con Lenin y Trotsky. Pero sus expectativas, como las de muchos, de que habría un gobierno de coalición de todos los partidos socialistas, con elecciones, constitución, etcétera, quedaron frustradas. Los bolcheviques hicieron lo opuesto. Comenzaron una política de terror, defendida por Lenin y Trotsky. Esto es cierto. Pensaban que era inevitable. Kautsky y muchos otros tomaron otra posición respecto a Rusia. Por eso hubo discrepancias entre Bauer y Kautsky. Bauer siguió defendiendo la revolución: para él era claro que ésa no era la dirección a tomar, menos aún en Europa occidental, y discrepó con la idea de privar de derechos políticos a la oposición y abolir, en la práctica, la democracia, incluso para la clase trabajadora. Discrepó profundamente, pero los apoyó cuando fueron atacados, una tradición de solidaridad con la URSS que no se detuvo ni con Stalin. Kautsky pensó que acabaría mal, en un desastre. Lo que hizo Gorbachov fue lo que Otto Bauer siempre esperó: que la democracia fuese reintroducida en la URSS desde arriba. Pero advirtió que cuando eso ocurriese sería el período más peligroso de la transición y podría explotar. Y eso es lo que sucedió. Bauer supo pronosticar muchas de las cosas que ocurrirían.

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/union-europea/entrevista-michael-kratke-recesion-crisis-economica-marxismo

Deleuze, Marx y la política. De la asfixia de los “espacios acorralados” a la respiración de la política menor

Por Ángela Menchón y Virginia Zuleta

Y viene la democracia

Y detrasito el socialismo

¿Y entonces?

(….)

¿El futuro será en blanco y negro?

¿El tiempo en noche y día laboral

sin ambigüedades?

¿No habrá un maricón en alguna esquina

desequilibrando el futuro de su hombre nuevo?

¿Van a dejarnos bordar de pájaros

las banderas de la patria libre?

Pedro Lemebel

Deleuze, Marx y la Política1 de Nicholas Thoburn, publicado recientemente por la editorial Marat y traducido por Juan Salzano, es un libro que tiene como interés la resonancia entre estos dos nombres propios. Como señala el autor “si estamos interesados en maximizar el potencial de una resonancia productiva entre Deleuze y Marx el problema de la política debe ser central” (2019: 28). Es entonces en la problemática en torno a la política que estos dos nombres se intersectan. Como sabemos, un cruce o una intersección es el lugar en el que se cortan o se encuentran dos líneas, dos superficies o dos sólidos. En este sentido, la resonancia o relación entre Deleuze y Marx, su punto de contacto, es “la política”. Ahora bien, como veremos, y aunque no esté anticipado en la titulación, esta política es adjetivada como “menor”.

El propósito de este escrito2 es reponer el punto de corte de estos dos nombres a partir de una lectura inmanente al libro. Es decir, nuestra lectura/escritura no tiene como fin “vigilar” la autenticidad o no de las citas o referencias que cruza Thoburn sino más bien situarnos en las torsiones marxistas y deleuzianas que lleva a cabo ¿Cuáles son los conceptos/problemas que trafica de uno a otro? ¿Qué zonas de indiscernibilidad trae este cruce? ¿Qué problemas filosóficos/prácticos se lanzan? La lectura/escritura aquí propuesta, tomando el propio gesto del autor, no supondrá un Afuera del libro sino más bien intentará reconstruir esta relación en y desde el el horizonte de la política que se construye en el texto. Para ello traemos en primer lugar ese Marx (im)propio de Thoburn. Luego, apelamos a ese Marx virtual deleuziano que el autor pone en diálogo con las lecturas “menores” que hicieron del marxismo las corrientes italianas el operaismo del ‘60 y el autonomismo del ’70. Nos detenemos, tal como hace el autor, en la interpretación que realiza Antonio Negri de la relación entre Marx y Deleuze. En tercer lugar, reconstruimos lo que toma el nombre de “política menor”. Este escrito expone en línea general estos tres momentos para finalmente arribar a la formulación de algunas preguntas que emergen a partir de los alcances o límites de esta propuesta teórica/práctica y la potencia de esta traducción para pensar nuestra coyuntura actual.

1.

La política se presenta como la lente desde la cual el autor relee textos clásicos marxistas como: El Manifiesto Comunista, El dieciocho Brumario y El Capital haciendo audibles bullicios que pasaron desapercibidos en ciertas tradiciones tales como el marxismo ortodoxo, el postmarxismo o el neogramscianismo y los trabajos críticos sobre el lumpenproletariado. Interpretaciones que estas tradiciones desoyeron –tal como señala el autor– al estabilizar la figura del proletariado en una categoría identitaria y situar la política comunista bajo la forma del Partido, con una militancia subsumida al modelo de la adhesión dogmática y monolítica (marxismo ortodoxo); al desplazar el interés de la política de la producción hacia la política de la democracia y de la sociedad civil (postmarxismo o neogramscianismo) y al situar en la figura del lumpenproletariado la diferencia, la crítica al capital y el rechazo del trabajo (trabajos críticos). Así, desde el comienzo el libro despliega un terreno de disputa por las teorías y los conceptos, habitado por diferentes adversarios.

¿Cuál es la potencia de revisar críticamente estas tradiciones? ¿Cuál es la potencia de desestabilizar estas lecturas? Con oído nietzscheano Thoburn va a reconstruir desde la misma escritura marxista cómo el proletariado y el lumpenproletariado no describen categorías estables sino modos de composición política con diferentes configuraciones ontológicas, de ahí que ambos conceptos no refieren a identidades fijas aun cuando una tienda más a la identidad y a la estabilización que la otra. La novedad que trae el autor radica en esta particular inversión. Reconstruye cómo en los textos de Marx la categoría de proletariado aparece como indeterminada, incierta, mutable, casi indescriptible, en sus términos, “innombrable”; adjetivos que lejos de señalar una falta poseen la potencia de devenir. En este sentido situará el movimiento diferencial y el devenir en la figura del proletariado. En contraste, el lumpenproletariado es una noción que tiende más a la identidad, que en la propia escritura marxista está “saturada” de sentido –ilustrativo de esto es El dieciocho Brumario. Esta reconstrucción crítica genealógica de ambas nociones lo conduce a revisar los conceptos de trabajo, de subsunción real y de rechazo del trabajo. En este punto se dibuja el siguiente interrogante: ¿cómo podemos pensar una “política comunista” que tenga como punto de partida una concepción no identitaria del proletariado?

2.

Thoburn pule los cristales de sus lentes para ir a leer ese libro que falta y que, según la anécdota, habría sido titulado La grandeza de Marx. ¿Cuál es el Marx que vive en la producción deleuziana? ¿Cuál es el Marx que atraviesa la vida de Deleuze? A modo de un baqueano, el autor busca, principalmente en el Anti-Edipo y en Mil Mesetas, las huellas de ese libro virtual, para producir una actualización, que considera posible y a la vez potente para renovar al pensador alemán a la luz de los escenarios contemporáneos.

Además actualiza este virtual Marx a partir de diferentes fragmentos diseminados en cartas, artículos y entrevistas. Nos recuerda cómo en el Abecedario Deleuze se considera de izquierda3 y hace hincapié en que tanto él como Guattari se presentan a sí mismos como marxistas, aun cuando Gilles evadió cualquier tipo de afiliación con el PC. Estas afirmaciones, dichos y murmullos que trae Thorburn ponen en escena la relación vital que tuvo Deleuze con el marxismo y el comunismo. Posiblemente una de las afirmaciones más enigmáticas y que el autor recupera y relanza con este libro se encuentra en una de las mil mesetas: “La potencia de la minoría, de particularidad, encuentra su figura o su conciencia universal en el proletariado” (Thoburn, 2019: 38; Deleuze y Guattari, 2002: 475).

Quizás aquí podríamos postular que la propia lectura de Thoburn es una lectura menor, tomando sus palabras “una lectura con una lógica metodológica de lo menor” (2019: 170). Menor en tanto que no busca Afuera las resonancias entre Marx y Deleuze, se detiene en describir los peligros de definir un “programa” político tanto marxista como deleuziano, crítica las saturaciones de sentido en torno a una definición o las prácticas de “La” política y denuncia los riesgos que hay en las lecturas molarizantes y moralizantes de ambos autores.

Pero nos detendremos aquí, antes de ir a la confluencia de Marx y Deleuze, en lo que según el autor han sido las primeras estrategias para salir de las lecturas que tendieron a estabilizar los conceptos marxistas. Nos referimos a las corrientes del operaismo de la década del ‘60 y el autonomismo del ‘70, movimientos críticos que, luego del ‘68, tomaron distancia del PC, del PSI, de la izquierda ortodoxa y de la política neogramsciana de la hegemonía. Es por ello que al entender de Thoburn aparecen estas como las primeras lecturas menores de Marx.

En líneas generales –y teniendo en cuenta, como se señala en el libro, que estos movimientos son más bien una especie de “archipiélago” y no un territorio con límites concretos ni un movimiento coherente– el operaísmo y el autonomismo se basan en la interpretación de las nuevas formas de trabajo, de los nuevos paradigmas tecnológicos y en las formas emergentes de lucha en tensión con –o por fuera de– los órganos del movimiento oficial obrero. Thoburn lo describe como un “paradigma de investigación práctico, situado y políticamente productivo” (2019: 179). Destaca a su vez que hacen una intensa lectura de Marx con un foco herético, “menor”, de los Grundisse y el “faltante” capítulo seis del Volumen I del Capital; lectura necesaria dado que en aquel contexto el marxismo se encontraba acorralado por la incorporación al juego democrático de la izquierda ortodoxa y por los peligros del faccionalismo.

La constelación de conceptos, extraídos del operaismo y del autonomismo, más relevante para la argumentación Thoburn, es la que enlaza las nociones de subsunción real, fábrica social, general intellect y obrero socializado. A modo de síntesis las mismas dan cuenta de que las relaciones de producción capitalistas se han extendido de los espacios cerrados de las fábricas a todo el cuerpo social, que la vida misma se presenta como una instancia constante de producción de valor y plusvalor a través de las nuevas formas del trabajo inmaterial, afectivo y socializado, y que la figura del trabajo se amplía hasta llegar a ser una categoría difusa y omniabarcante.

Es en este mapa de las relaciones de producción capitalistas, vía el operaismo y el autonomismo, en el que Thoburn encuentra relaciones estrechas con el concepto deleuziano de “máquina abstracta” capitalista-social. El capital no cesa de descodificar y desterritorializar códigos o flujos, es decir, las líneas de fugas son las condiciones de la propia producción capitalista. El capital no domina las relaciones sociales sino que las produce. La empresa es la forma que se extiende a todo el cuerpo social y el control se vuelve el régimen de modulación y de captura de los flujos, de ahí que se hable de “sociedades de control”. En este horizonte debe leerse el rechazo al trabajo como el rechazo a que la vida sea reducida a una dinámica constante de producción y extracción de valor y el sujeto como un/x emprendedor/x. Tal como aclara el autor –en el “Prefacio a la edición en castellano”– el rechazo al trabajo italiano se configura en los años sesenta y setenta cuando la clase obrera podía considerarse en sí misma un sujeto en expansión, consolidación y soberano, que se vinculaba con la propagación y la intensificación del trabajo industrial; pero hoy en día el rechazo al trabajo posee una “tracción limitada”.

En este punto nos preguntamos: si la misma lógica del capital produce y se enriquece con la desterritorialización, ¿es posible trazar en esta dinámica líneas de fuga que lejos de enriquecer al capital al menos lo horaden? Si la máquina libera flujos que lejos de dominar las relaciones sociales-económicas las produce, ¿cómo propiciar relaciones o encuentros que no fortalezcan más esta modulación de lo social? Preguntas que ponen en escena el problema de una política inmanente a la lógica de producción capitalista. En un sentido más amplio, éstas nos conducen a indagar cómo podemos entender una política comunista que desarme la lógica de la máquina abstracta y (nos) permita propiciar encuentros que tracen otros territorios aún inexistente.

*

En este llamado a pensar una política comunista el autor reescribe la relación entre Negri y Deleuze. Presenta al filósofo italiano como uno de los primeros que intenta reconstruir el libro virtual La grandeza de Marx desde la singular mirada de la autonomía. Sin embargo, considera que Negri desemboca en una “lectura mayor” tanto de los textos deleuzianos como del autonomismo.

A partir de una breve reconstrucción del uso que hace el filósofo italiano de la maquinaria deleuziana podemos señalar tres puntos de divergencia que se construyen en el libro. En primer lugar, para Negri cuanto más inmaterial, comunicacional y afectivo se vuelve el trabajo, resulta más difícil de ser capturado por el capital, lo cual configuraría una subjetividad colectiva (la multitud o general intellect) capaz de operar de manera autónoma. Lo que es denominado por el autor el “comunismo de la multitud”. Contrariamente a esta postura, Thoburn señala que desde una perspectiva deleuziana no existe una esfera “autónoma” por fuera del capital sino que la producción es inmanente al capital, incluso y principalmente, sus líneas de fuga. De ahí que la “política menor”, en la que luego nos detendremos, residirá en las “posiciones acorraladas” de las minorías en el seno de las relaciones capitalistas. Es decir, una política comunista solo puede pensarse desde una lógica inmanente al capital. En segundo lugar, mientras que Negri lee la figura emergente de la “multitud” desde una ontología de la plenitud, como un sujeto afirmativo; el Deleuze de Thoburn señala que el proletariado se configura en un devenir minoritario que involucra siempre a un “pueblo que falta” (a saber el innombrable proletariado). Por último, mientras el italiano ubica el trabajo en el centro de su análisis como potencia productiva de la multitud, desde la lectura que Thoburn hace de Deleuze, tamizado por el autonomismo, el proletariado sería la potencia que rechaza el trabajo.

Lo que Marx, el operaísmo, el autonomismo y Deleuze parecen haber entendido es que la posibilidad de construir una vida no capitalista se encuentra en las relaciones formadas dentro del propio capitalismo y son específicas de éste. Así, la reconstrucción de este debate le permite a Thoburn retomar el problema de una política inmanente a las relaciones capitalistas y delinear los rasgos de lo que denominará, siguiendo a Deleuze, una “política menor”, el tercer momento de nuestra reconstrucción.

3.

Retomemos en este punto aquellos elementos enunciados que nos permiten analizar la relación entre Marx y Deleuze a partir de la política. Thoburn reconstruye lecturas mayores y menores tanto del marxismo y del deleuzianismo para desplegar y poner nuevamente en escena el funcionamiento de la máquina capitalista. Esta descripción y diagnóstico (de la máquina y de sus partes) le permiten arribar a los rasgos de una política “menor” que pueda descalibrarla.

Thoburn elabora la hipótesis de que la “política menor” es el comunismo. A partir de la confluencia de Marx y de Deleuze, la reconstrucción minuciosa de la relación entre la noción marxista de comunismo y de la afirmación deleuziana que señala al proletariado como la figura de “lo menor” y los aportes del autonomismo. La política menor es el comunismo y el comunismo es una política menor, si entendemos al comunismo nada más y nada menos como la posibilidad inmanente a la propia lógica del capital que permite configurar modos de vida no capitalistas. Así, desde una lectura no-identitaria del proletariado rompe con la cristalizada idea de que el comunismo es enemigo del devenir y de las diferencias y que la única militancia comunista posible es la de las lógicas partidarias. También es en este sentido que se distancia de las lecturas molares del marxismo y por ende con formas molares de entender la militancia.

A esta reconstrucción teórica el autor sumará ciertas pistas prácticas sin que esto signifique que el libro arribe a un manual de instrucciones que nos diga cómo desarmar la máquina. Más bien, una vez entendida la lógica inmanente de su funcionamiento, se detiene en la descripción de una serie de intervenciones concretas, minoritarias, que le permiten señalar los rasgos de esa anunciada “política menor”. Podríamos decir, con el fin de ampliar nuestra imaginación política ante la necesidad de trazar “espacios otros”.

Decir que la “política menor” se crea en el seno de una “política mayor” significa que no emerge espontáneamente de la máquina capitalista sino que requiere de un acto creativo y de invención por parte de una/s minoría/s que se encuentran en “espacios acorralados”. Porque estar “acorralados” no es estar atrapadxs en callejones sin salida; es estar forzadxs a actuar, a activar y a inventar. Recordemos que el pueblo es ese que falta y por ende hay que inventarlo. Si bien estos “espacios acorralados” sí son producidos por la máquina requieren sin embargo de imaginación, de alianzas, de otra reconfiguración del horizonte de percepción y de sensibilidad para que la minoría devenga minoritaria y para que el acorralamiento devenga política menor.

En esta intención de producir efectos materiales y repensar las militancias el libro recupera experiencias concretas como las de los emarginatti, el movimiento por el Salario al trabajo doméstico, Radio Alice y los indios metropolitanos, entendidos todos ellos como políticas menores, como movimientos de invención política y cultural, de autovaloración, y de rechazo al trabajo. Estas experiencias –si bien a nuestro entender, a la luz de una lectura actual/actualizada y desde nuestro contexto, deberían también ser relanzadas o reinterpretadas– ofrecen algunas pistas respecto de cuáles son esas posibles operaciones propias de toda política menor. El mismo Thoburn sostiene que el operaísmo y la autonomía, y la política que de ellos se desprende a través de los ejemplos ya mencionados, mantienen “una cierta vitalidad para ser explorada críticamente desde los espacios acorralados contemporáneos” (2019: 323).

Aceptando la invitación del autor y en relación a nuestras existencias y a nuestras preocupaciones políticas actuales de las experiencias que trae como ejemplos de políticas menores quisiéramos destacar el movimiento del “Salario para el trabajo doméstico”. Aquí no solo vemos cómo la esfera de la reproducción de las relaciones sociales es inmanente a la maquinaria capitalista sino que también introduce la variable-molar-patriarcal, no tan presente en el resto del texto. Es decir, la máquina que produce las relaciones sociales se ancla de manera particular en los cuerpos de las mujeres que son quienes permiten su reproducción. Al mismo tiempo, este movimiento del cual formaron parte feministas italianas como Silvia Federici, Mariarosa Dalla Costa y Selma James, permite visibilizar los problemas de una lucha que no puede reducirse solamente al reclamo de un salario sino que implica una transformación de la lógica inmanente de las relaciones sociales patriarcales.

4. ¿Y entonces? Crear el por-venir

¿Y entonces?, en resonancia con las preguntas del poema de Lemebel, ¿cómo releer este libro a la luz de las condiciones de acorralamiento, actuales y locales, de nuestras existencias precarias? Como lectoras/escritoras de estas líneas lo que nos resta hacer –bajo una constelación actual de nuestras experiencias y otros modos de militancia– es invitarles a una reescritura del capítulo 5 “Rechazo del trabajo” y particularmente de las experiencias consignadas en el apartado titulado “Márgenes en el centro”. Ejercicio de escritura/pensamiento que vuelve a relanzar los conceptos teóricos/prácticos que trae el trabajo de Thoburn.

Para llevar a cabo esta acción (nos) preguntamos.

¿Cómo devenir un proletariado innombrable si a veces el nombre, nombrarnos, nos permite visibilizar nuestros específicos acorralamientos? Pensamos aquí en la problemática que se produjo en torno a la propuesta de cambio de nombre del llamado “Encuentro Nacional de Mujeres” a “Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Transexuales, Travestis, bisexuales y no binaries”. Pareciera ser que en este caso esta ampliación se vuelve políticamente necesaria para dar cuenta de las múltiples singularidades que lo componen.

¿Cómo articular los devenires minoritarios de la política menor con la lucha al nivel molar de los axiomas? Principalmente (nos) preguntamos ¿Cómo producir estrategias para que el feminismo conserve su potencia minoritaria cuando, por ejemplo, el interlocutor es el Estado? Pensamos aquí en que a menudo una ley o un derecho vienen a reparar un daño y por otro lado a ampliar las posibilidades de la existencia, por ejemplo: el derecho al aborto legal, seguro y gratuito, a la educación sexual integral (ESI), a la identidad de género, la ley Micaela.

¿Cómo configurar prácticas que rechacen el trabajo y su demanda constante de innovación, flexibilización y autoexplotación, en escenarios con altas tasas de desempleo, trabajo precarizado e incumplimiento de los derechos laborales básicos? ¿Cómo entender/reinterpretar en estos escenarios dicho rechazo? Pensamos aquí en nuestros propios ámbitos laborales en los que las mismas condiciones de contratación dificultan sostener una huelga, por ejemplo, la del 8M, y en la lucha por el reconocimiento de las tareas de reproducción y de cuidado como trabajo.

¿Cómo evitar que el trabajo denominado “autogestivo” sea regido por una lógica del emprendedorismo? Pensamos acá en proyectos (culturales, artísticos, editoriales, etc.) que se postulan por fuera de la lógica del capital y terminan convirtiéndose en prácticas de autoexplotación.

¿Cómo sustraer la potencia de inventar constantemente ese pueblo que falta… a la lógica neoliberal de acostumbrarse a vivir en la incertidumbre? Pensamos acá en las palabras de Esteban Bullrich “Debemos crear argentinos capaces de vivir en la incertidumbre y disfrutarla” (febrero de 2017).

¿No sería más potente leer la lógica de los espacios acorralados por políticas mayoritarias desde una mirada interseccional? ¿Cómo entran en juego las variables molares sexogenéricas y raciales en la configuración de estos acorralamientos? ¿Hay entre el diagrama patriarcal, el hetero-cis-sexual, el colonial y el capitalista relaciones inmanentes?

Bibliografía

Deleuze, G. y Guattari, F. (2002) Mil Mesetas. Capitalismo y esquizofrenia, Pre-textos, Valencia.

Thoburn, N. (2019) Deleuze, Marx y la Política, Ed. Marat, Buenos Aires.

1 Deleuze, Marx and Politics, Londres, Ed. Routledge, 2003

2 Una primera versión de este texto fue leída en la presentación de la traducción el 01 de noviembre del 2019 en la Biblioteca Popular Eduardo Martedi.

3 Traemos aquí la particular definición del ser de izquierda que da el filósofo francés en esta entrevista: “Ser de izquierdas es primero percibir (…). Es un fenómeno de percepción, uno percibe en primer lugar el horizonte, uno percibe en el horizonte” (Extracto tomado de la entrevista con Claire Parnet). Frente a las posturas que siempre parten “del sí mismo”, ser de izquierda es percibir primero el contorno.

Fuente: https://www.intersecciones.com.ar/2019/12/10/deleuze-marx-y-la-politica-de-la-asfixia-de-los-espacios-acorralados-a-la-respiracion-de-la-politica-menor/

El mundo de la fantasía continúa

Por Michael Roberts

El mundo de la fantasía continúa. En los EEUU y Europa, los niveles de las bolsas están alcanzando nuevos máximos históricos. Los precios de los bonos también están cerca de sus máximos históricos. La inversión, tanto en acciones como en bonos, está generando enormes beneficios para las instituciones financieras y las empresas. Por el contrario, en la economía ‘real’, particularmente en los sectores productivos de la industria y el transporte, las cosas no pueden ir peor. La industria automotriz mundial está en grave declive. Los despidos de trabajadores están en la agenda de la mayoría de las compañías automotrices. Los sectores manufactureros en la mayoría de las principales economías se están contrayendo. Y según los llamados índices de gerentes de compras (PMI), que son índices de encuestas a gerentes de empresas sobre el estado y las perspectivas de sus empresas, incluso las grandes empresas del sector servicios se están desacelerando o estancando.

La última estimación del crecimiento del PIB real de EE UU se conoció ayer. En el tercer trimestre de este año (junio-septiembre), la economía de EEUU se expandió en términos reales (es decir, después de deducir la inflación de los precios) a una tasa anual del 2,1%, frente al 2,3% del trimestre anterior. Aunque históricamente se trata de un crecimiento modesto, la economía de los Estados Unidos está mejor que cualquier otra economía importante. Canadá está creciendo a solo un 1.6% anual, Japón a solo el 1.3% anual, la zona del euro al 1.2% anual; y el Reino Unido solo el 1%. Las llamadas ‘economías emergentes’ más grandes como Brasil, Sudáfrica, Rusia, México, Turquía y Argentina están creciendo no superan el 1% anual o incluso están en recesión. Y China e India han registrado sus tasas de crecimiento más bajas de décadas. El crecimiento global general se estima alrededor del 2.5% anual, la tasa más baja desde la Gran Recesión en 2009.

Y la desaceleración de las economías capitalistas no puede escapar del débil crecimiento interno mediante la exportación. Por el contrario, el comercio mundial se está contrayendo. Según los datos del CPB World Trade Monitor,en septiembre el comercio mundial disminuyó un 1,1 por ciento en comparación con el mismo mes de 2018, marcando la cuarta contracción interanual consecutiva y el período más largo de caída del comercio desde la crisis financiera en 2009.

Es cierto que las tasas de desempleo en las principales economías son las más bajas de 20 años. Eso ha ayudado a mantener el gasto de los consumidores hasta cierto punto.

Pero también significa que la productividad (medida como la producción por empleado) se está estancando, porque el crecimiento del empleo coincide o incluso supera el crecimiento de la producción. Las empresas contratan trabajadores por los mismos salarios en lugar de invertir en tecnologías que ahorren trabajo para aumentar la productividad.

Según el Conference Board de los EEUU, a nivel mundial, el crecimiento de la producción por trabajador fue del 1.9 por ciento en 2018, en comparación con el 2 por ciento en 2017 y se prevé que regrese a un crecimiento del 2 por ciento en 2019. Las últimas estimaciones preven la tendencia a la baja en el crecimiento de la productividad del trabajo global de un tasa promedio anual de 2.9 por ciento entre 2000-2007 a un 2.3 por ciento entre 2010-2017. Los efectos de productividad tan esperados de la transformación digital todavía son demasiado pequeños para verlos. Es muy necesaria una recuperación de la productividad para evitar que la economía se deslice hacia un crecimiento sustancialmente más lento que el experimentado en los últimos años».

El Conference Board resume: En general, estamos un mundo de crecimiento estancado. Si bien no se ha producido una recesión mundial generalizada en la última década, el crecimiento mundial ahora ha caído por debajo de su tendencia a largo plazo de alrededor del 2,7 por ciento. El hecho de que el crecimiento del PIB mundial no haya disminuido aún más en los últimos años se debe principalmente al sólido gasto de los consumidores y a los fuertes mercados laborales en la mayoría de las grandes economías de todo el mundo».

La OCDE llega a una conclusión similar: El comercio mundial se está estancando y está arrastrando la actividad económica en casi todas las principales economías. La incertidumbre política está socavando la inversión y los futuros empleos e ingresos. Los riesgos de un crecimiento aún más débil siguen siendo altos, incluso debido a la escalada de conflictos comerciales, tensiones geopolíticas, la posibilidad de una desaceleración más aguda de lo esperado en China y el cambio climático».

La razón del bajo crecimiento del PIB real y de la productividad radica en una inversión débil en sectores productivos en comparación con la inversión o la especulación en activos financieros (lo que Marx llamó ‘capital ficticio’, porque las acciones y los bonos son realmente solo títulos de propiedad de cualquier beneficio (dividendos) o interés resultado de la inversión productiva en capital ‘real’). La inversión empresarial en todas partes es débil. En relación con el PIB, la inversión en las principales economías es aproximadamente un 25-30% menor que antes de la Gran Recesión.

¿Por qué la inversión empresarial es tan débil? En primer lugar, es evidente que la enorme inyección de efectivo / crédito por parte de los bancos centrales y la reducción de las tasas de interés a cero, las llamadas políticas monetarias no convencionales, no han logrado impulsar la inversión en actividades productivas. En los Estados Unidos, la demanda de crédito para invertir está disminuyendo, no aumentando.

Y para el caso, hasta el momento, la reducción de los impuestos corporativos por parte de Trump, el aumento del gasto fiscal y el aumento de los déficits presupuestarios no han logrado restaurar la inversión.

En los EEUU, la inversión de capital de las empresas del S&P 500 aumentó en el tercer trimestre solo un 0,8%, en total $ 1.38 mil millones, desde el segundo trimestre, según datos de S&P Dow. Pero incluso ese aumento modesto puede atribuirse a unos pocos grandes inversores: Amazon.com Inc. y Apple Inc. solo aumentaron el gasto de capital en $ 1.9 mil millones durante el trimestre. Sin ellos, el gasto total de las otras 438 compañías que han hecho públicos sus datos hasta ahora este trimestre se habría reducido ligeramente. Y el gasto general habría caído un 2,2% en ausencia de otras tres compañias: Intel Corp., Berkshire Hathaway Inc. y NextEra Energy Inc. Juntas, las cinco compañías aumentaron sus inversiones de capital en $ 4.7 mil millones, o 30%, del segundo trimestre al el tercero, según datos SPDJI.

La explicación dominante / keynesiana de la baja inversión apareció nuevamente en un blog reciente en el Financial Times del Reino Unido : “¿por qué está disminuyendo la inversión fija? Una respuesta, nos atrevemos a sugerir, es la escasez de demanda. Sin un incremento de la demanda de mayor oferta, ¿por qué una empresa invertiría en una nueva planta, tienda o sede regional cuando los rendimientos de la recompra de acciones o la distribución de dividendos son tanto mayores como conocidos?

Pero esta explicación es una tautología en el mejor de los casos y equivocada en el peor. Primero, ¿en qué área de la demanda hay ‘escasez’? La demanda y el gasto del consumidor se mantienen en la mayoría de las principales economías capitalistas, dado el pleno empleo e incluso cierto aumento de los salarios en el último año. Es la ‘demanda’ de inversión la que se tambalea. Pero decir que la inversión es débil porque la ‘demanda’ de inversión es débil es solo una tautología que no significa nada.

Una respuesta más explicativa de la teoría keynesiana se presenta después. La razón por la cual las políticas monetarias del banco central y los recortes de impuestos no han logrado impulsar la inversión «se reduce al apetito por el riesgo». Esta es la explicación clásica de los ‘espíritus animales’ de Keynes. Los capitalistas acaban de perder la «confianza» para invertir en actividades productivas. ¿Pero por qué? La cita anterior de FT lo apunta; “¿Por qué una empresa invertiría en una nueva planta, tienda o sede regional cuando los rendimientos de la recompra de acciones o la distribución de dividendos son tanto mayores como conocidos?” Pero los rendimientos ( la rentabilidad) de invertir en capital ficticio son mayores porque la rentabilidad de invertir en activos productivos es demasiado baja. He explicado esto hasta la saciedad en publicaciones y documentos anteriores, junto con evidencia empírica de apoyo.

En el tercer trimestre de 2019, las ganancias de las empresas de los EEUU cayeron un 0,8% respecto al año pasado, mientras que los márgenes (ganancias por unidad de producción) se mantuvieron comprimidos en el 9,7% del PIB, habiendo disminuido casi continuamente durante casi cinco años.

Pero, por supuesto, el hecho de no reconocer o admitir el papel de la rentabilidad en la salud de una economía capitalista es común tanto en la teoría y los argumentos neoclásicos como en los keynesianos.

La baja rentabilidad en los sectores productivos de la mayoría de las economías ha estimulado el giro de las ganancias y la acumulación de efectivo de las empresas a la especulación financiera. El principal método utilizado por las empresas para invertir en este capital ficticio ha sido recomprar sus propias acciones. De hecho, las recompras se han convertido en la mayor categoría de inversión en activos financieros en los Estados Unidos y, en cierta medida, en Europa. Las recompras en EE UU alcanzaron casi $ 1 billón en 2018. Eso es solo alrededor del 3% del valor total de mercado de las 500 acciones principales de EEUU, pero al aumentar el precio de sus propias acciones, las empresas han atraído a otros inversores para impulsar los índices del mercado de valores a niveles récord.

Pero todas las cosas buenas deben llegar a su fin. Los rendimientos de la inversión de capital ficticia dependen en última instancia de las ganancias de las que informan las empresas. Y han estado cayendo en los últimos dos trimestres. En la última parte de este año, la inversión en recompras de las empresas comenzó a caer. Según Goldman Sachs, la recompra se desaceleró un 18% hasta los $ 161 mil millones durante el segundo trimestre, y anticipa que la desaceleración continuará. Para 2019, las recompras totales caerán un 15% hasta los $ 710 mil millones, y en 2020 GS prevé una disminución adicional del 5% hasta los $ 675 mil millones. «Durante todo el año 2019, esperamos que el gasto en efectivo de las empresas del S&P 500 disminuya en un 6%, el mayor descenso anual desde 2009»,  dice la firma.

De todos modos, las recompras son un campo dominado por las grandes empresas, muchas de ellas titanes tecnológicos antiguos. Las 20 recompras principales representaron el 51,2% del total para los 12 meses que finalizaron en marzo, afirma S&P Dow Jones Indices. Y más de la mitad de todas las recompras ahora están financiadas por deuda. – «algo así como hipotecar su casa hasta el fondo, y luego usarla para organizar una gran fiesta por todo lo alto». Pero una vez que llega inevitablemente la recesión, el resultado puede no ser agradable para compañías con mucho apalancamiento, en gran parte debido a las recompras.

El valor de mercado de la deuda corporativa negociable en dólares estadounidenses (USD) se ha disparado a cerca de $ 8 billones, más de tres veces el tamaño que tenía a fines de 2008. De manera similar, en Europa, el mercado de bonos corporativos se ha triplicado hasta los 2.5 billones de euros ($ 2.8 billones ) desde 2008. Desde 2015-2018, se emitieron más de $ 800 mil millones en bonos corporativos no financieros de alto grado para financiar fusiones y adquisiciones. Esto representó el 29% de todas las emisiones de bonos no financieros, contribuyendo al deterioro de la calificación crediticia. Y la «calidad crediticia» de la deuda corporativa se está deteriorando con los bonos de baja calificación que ahora suponen el 61% de la deuda no financiera, frente al 49% en 2011. Y la participación de los bonos con calificación BBB en las inversiones europeas también ha aumentado del 25% a 48%

Y luego están las llamadas compañías zombis que ganan menos que los costes de pagar su deuda existente y sobreviven porque consiguen seguir endeudándose. Son principalmente pequeñas empresas. Alrededor del 28% de las empresas estadounidenses con capitalización de mercado de <$ 1 mil millones ganan menos que sus pagos de intereses, muy por encima del período anterior a la crisis y esto con tasas de interés históricamente bajas. Bank of America Merrill Lynch estima que hay 548 empresas zombis en la OCDE contra un pico de 626 durante la crisis financiera de 2008.

Con la deuda empresarial ahora mas alta que su pico a fines del tenebroso 2008, el presidente de la Fed de Dallas, Robert Kaplan, advirtió que las compañías excesivamente apalancadas «podrían amplificar la severidad de una recesión».

Sin embargo, para muchos economistas convencionales lo peor puede haber pasado. Un acuerdo comercial entre Estados Unidos y China es inminente. Y hay indicios de que la contracción en los sectores manufactureros de las principales economías está comenzando a frenarse. Si es así, entonces se puede evitar un «desbordamiento» en los llamados sectores de «servicio» más boyantes y más grandes. El crecimiento económico global puede ser el más lento desde la Gran Recesión; la inversión empresarial es mínima en el mejor de los casos; el crecimiento de la productividad está cayendo; y las ganancias globales son planas, pero el empleo sigue siendo fuerte en muchas economías, y los salarios incluso se están recuperando.

Por lo tanto, lejos de ir hacia una recesión mundial absoluta en 2020, puede que solo tengamos otro año de crecimiento deprimido en la recuperación global más larga pero más débil del capitalismo. Y el mundo de la fantasía puede continuar. Veremos qué pasa.

es un reconocido economista marxista británico, que ha trabajador 30 años en la City londinense como analista económico y publica el blog The Next Recession.

Fuente:

https://thenextrecession.wordpress.com/2019/11/28/the-fantasy-world-continues/

Traducción:G. Buster

El pulso por el futuro: Cincuenta días en la calle

por Raúl Zibechi

La revuelta chilena ha sido atacada por los carabineros y cercada mediática y políticamente por los partidos políticos. Sin embargo, no pierde su fuerza y se amplía con la masiva participación de mujeres jóvenes y, progresivamente, de los pueblos originarios.

 

“Volvimos a ser pueblo”: un sencillo cartel pintado sobre papel, colocado por una comunidad de vecinos sobre la avenida Grecia, es un grito de protesta contra el neoliberalismo que convirtió a las gentes en apenas consumidoras. Pero también conforma todo un programa político y una ética de vida, en apenas cuatro palabras.

No muy lejos de allí, la céntrica Plaza de la Dignidad, nombre con el que la revuelta chilena ha rebautizado a la Plaza Italia, parece zona de guerra. Los comercios están cerrados en varias cuadras a la redonda, engalanados con pintadas multicolores que denuncian la represión e incitan a la revuelta contra las más diversas opresiones. Los y las jóvenes no la quieren abandonar. Sostienen que el día que la protesta abandone la calle estará todo perdido. Una lógica implacable, pero difícil de sostener después de 50 días de movilizaciones.

La mayoría de las pintadas en muros de los alrededores, y en muros de todo Chile, cientos de miles, denuncian la violencia de Carabineros. “Nos violan y nos matan”, “No más abuso”, “Pacos asesinos”, “Paco culiao”, y así indefinidamente. Sobre una lágrima de sangre que resbala por una pared se puede leer: “Vivir en Chile cuesta un ojo de la cara”.

Los medios de la derecha destacan que los muros “rayados”, que se pueden ver hasta en los más remotos rincones de la ciudad, ensucian Santiago. Como suele suceder, conceden mayor importancia a las pérdidas materiales que a los ojos de los 230 manifestantes cegados por los balines de los carabineros y que a las vidas de las casi tres decenas de asesinados por las fuerzas represivas desde mediados de octubre.

Además de los dedicados a Carabineros, abundan también los muros feministas, donde se ataca frontalmente la violencia machista y el patriarcado. Pintadas en tonos violetas y lilas que se entremezclan con las jaculatorias contra la represión. Pero la palma a la creatividad en las protestas se la lleva la performance “Un violador en tu camino”, creada por Las Tesis, un colectivo interdisciplinario de mujeres de Valparaíso. Ha sido reproducida millones de veces en las redes y replicada en casi todas las capitales latinoamericanas y europeas.

Incluso los medios del sistema (desde Radiotelevisión Española y Cnn hasta el argentino Clarín) debieron dar cuenta de esa intervención callejera, una denuncia a ritmo de rap que pone en la mira tanto al gobierno como a los jueces y la policía. El seguimiento masivo que ha despertado muestra tanto la indignación mundial con la salvaje represión en Chile como la creciente influencia del feminismo en las protestas, con voces y estilos propios.

Las estatuas son un tema aparte. Se dice que son más de treinta las figuras de militares y conquistadores que fueron grafiteadas, desde Arica, en la frontera con Perú, hasta el sur mapuche. En la Plaza de la Dignidad, la figura ecuestre del general Baquedano ha sido pintada y tapada parcialmente. La historiografía de arriba lo considera un héroe de la guerra del Pacífico contra Perú y Bolivia, cuando el país vecino perdió su salida al mar.

En Arica, los manifestantes destruyeron una escultura en piedra de Cristóbal Colón, que llevaba más de un siglo en el lugar. En La Serena, rodó la estatua del colonizador y militar Francisco de Aguirre y en su lugar los vecinos colocaron la escultura de una mujer diaguita. En Temuco removieron el busto de Pedro de Valdivia y su cabeza fue colgada en la mano del guerrero mapuche Caupolicán.

Pedro de Valdivia está en la mira de los manifestantes. El militar, que acompañó a Francisco Pizarro en la guerra de conquista y exterminio en Perú, fundó, con el mismo método, algunas de las principales ciudades de Chile, desde Santiago y La Serena hasta Concepción y Valdivia. Es una de las figuras más odiadas por la población. Su estatua estuvo a punto de ser derribada en la céntrica Plaza de Armas.

Pero el hecho más simbólico sucedió en Concepción, 500 quilómetros al sur de Santiago. Cientos de jóvenes se concentraron en la Plaza de la Independencia, donde derribaron su estatua el mismo día, 14 de noviembre, que se conmemoraba el primer aniversario del homicidio de Camilo Catrillanca, comunero mapuche muerto a manos de Carabineros. El crimen suscitó una amplia reacción popular en 30 ciudades del país. En algunos barrios de Santiago hubo cortes de calles y caceroleos durante más de 15 días. Un año después, la mapuche es la bandera más ondeada en las protestas chilenas.

TRAWÜN MAPUCHE EN SANTIAGO.

El último sábado de noviembre, la Coordinación de Naciones Originarias, nacida durante el estallido, convocó a un trawün (encuentro, en mapudungun), en el centro ceremonial de Lo Prado, en la periferia de la ciudad. Acudieron mapuches de diversos barrios de Santiago (Puente Alto, Ñuñoa, Pintana, entre otros), donde ya han realizado varios trawün locales. El encuentro se inicia con una ceremonia dirigida por tres longkos (autoridades comunitarias), seguida con cánticos y rezos de unas sesenta personas bajo un sol vertical. Luego de que la Pachamama les concediera permiso, se iniciaron las discusiones en dos grupos para abordar cómo deben posicionarse en los debates sobre una reforma de la Constitución.

Las mujeres, engalanadas con trajes tradicionales, participaron tanto o más que los varones, ataviados con vinchas azules. Rápidamente se constataron dos posiciones. Una proponía participar en las elecciones para la Convención Constituyente a celebrarse en abril (véase recuadro). Como los partidos que firmaron el pacto denegaron la posibilidad de que los pueblos originarios tengan un distrito electoral especial, el debate se trasladó para discutir los caminos a seguir. Esta posición ha venido creciendo desde el estallido, aunque nació hace casi dos décadas, y recibe el nombre de “plurinacionalidad”. Ya que los mapuches no quieren ser elegidos en los partidos existentes, algunos participantes (varias de ellas mujeres) propusieron la formación de un partido electoral mapuche. Esta corriente de pensamiento tiene mayor arraigo en las ciudades, particularmente en Santiago, donde viven cientos de miles de mapuches. Su núcleo está en las y los universitarios que emigraron del sur y hoy están establecidos en la ciudad. Emite un discurso coherente y potente, y argumenta que hay poco tiempo para tomar este camino, ya que la convocatoria para elegir constituyentes se concreta en abril.

La otra corriente defiende la autodeterminación y la autonomía, posiciones tradicionales de las comunidades mapuches del sur, las más afectadas por la represión del Estado chileno, por la militarización de sus territorios y por el despojo a manos de las empresas forestales. Esas son también las comunidades que encabezan la recuperación de tierras y las que mantienen viva la llama de la nación y la identidad tradicional mapuche. Durante el trawün, una mujer de mediana edad recordaba que “ya tenemos nuestro propio gobierno y nuestro parlamento, no necesitamos de los políticos”. Y un joven vehemente se preguntaba: “¿Realmente queremos tener un escaño dentro de la política winka [blanca]?”.

ASAMBLEAS, BARRIOS Y CLASES.

El colectivo Caracol, que trabaja en educación popular en los espacios y territorios de las periferias, sostiene en sus análisis semanales que el “acuerdo de paz” firmado a las tres de la madrugada del 24 de noviembre por todo el arco político –menos el Partido Comunista– le otorgó “una sobrevida” al gobierno de Piñera (colectivo Caracol, 25-XI-19).

El propio nombre del pacto delata a sus inspiradores. Si se trata de paz, dice Caracol, es porque hubo una guerra, que es lo que viene diciendo Piñera desde el primer día del estallido. La convocatoria a una convención constituyente acordada en contra de una asamblea constituyente como la que defienden los movimientos impone varios filtros.

“Esta Convención no estará compuesta por ciudadanos ni representantes de los movimientos sociales y populares, sino por quienes designen los partidos políticos existentes”, estima Caracol. Agravio al que deben sumarse los dos tercios requeridos para que se apruebe cualquier propuesta, lo que supone un veto mayor para las propuestas de la calle. “Han demostrado que los cabildos abiertos que se han desarrollado por todo Chile no les interesan, porque no les interesa la deliberación popular”, sigue el colectivo Caracol.

Daniel Fauré, fundador de la organización, analizó en diálogo con Brecha que la decisión del gobierno de convocar a una constituyente se tomó cuando contempló la confluencia entre la protesta callejera y el paro nacional, la unidad de acción entre trabajadores sindicalizados, pobladores y jóvenes rebeldes. “Es el boicot a las asambleas territoriales, cabildos abiertos y trawün”, señaló.

Llegados a este punto, debemos recordar que la dictadura de 17 años de Augusto Pinochet se abocó a una profunda reconstrucción urbana con fines políticos. Cuando Salvador Allende llegó al gobierno, en noviembre de 1970, casi la mitad de la ciudad de Santiago estaba conformada por “campamentos”, espacios tomados y autoconstruidos por los sectores populares, que de ese modo se configuraron como sujeto político, bajo el nombre de “pobladores”, y fueron centrales en el proceso de cambios cegado por la dictadura.

En la actualidad, y según un mapeo de Caracol, existen en Santiago unas 110 asambleas territoriales, organizadas en dos grandes coordinaciones: la Asamblea de Asambleas Populares y Autoconvocadas, en la zona periférica, y la Coordinadora Metropolitana de Asambleas Territoriales, en la zona central. Estas asambleas contrastan, y a veces compiten, con las más institucionalizadas juntas de vecinos. Aunque hubo un trabajo territorial previo importante, la mayoría de estas organizaciones se formó durante el estallido. Realizan actividades culturales recreativas, organizan debates entre vecinos, ollas comunes, asisten a los heridos y detenidos en las marchas y promueven caceroleos contra la represión. Muchos de sus integrantes participan en las infaltables barricadas nocturnas.

Pero al igual que en los tiempos del dictador, tampoco el Chile pospinochetista puede aceptar el activismo de los pobladores. Su clase dominante chilena no puede concebir que los “rotos” salgan de sus barrios, que hablen y ocupen espacios. Un relato de Caracol sobre un enfrentamiento ocurrido a fines de noviembre, cuando un grupo de pobladores fue a manifestarse a un shopping del sector más exclusivo de Santiago, lo dice todo: “Bastó que un grupo de personas de la clase popular se aparecieran en el patio de su templo del consumo en La Dehesa para que la clase alta saltara despavorida llamándolos a ‘volver a sus poblaciones de mierda, rotos conchadesumadre’” (colectivo Caracol, 25-XI-19).

Si es cierto que la revuelta de octubre de 2019 cierra el ciclo iniciado el 11 de setiembre de 1973 con el golpe de Estado de Pinochet, también debe ser cierto que se abre un nuevo ciclo, del que aún no sabemos sus características principales. Por lo que se puede ver en las calles de Santiago, este ciclo tendrá dos protagonistas centrales: el Estado policial –brazo armado de las clases dominantes– y los sectores populares, afincados en sus poblaciones y en el Wall Mapu o territorio mapuche. El pulso entre ambos configurará el futuro de Chile.


 El pacto de los partidos por una nueva Constitución

Atado y bien atado

“Es hora de reencontrarnos”, proclamó exultante en la sede del Congreso el senador Felipe Harboe, cuando en la madrugada del 15 de noviembre los representantes de los principales partidos políticos pusieron por fin su firma al Acuerdo por la Paz Social y Nueva Constitución. Harboe, ex subsecretario del Interior durante los gobiernos de Michelle Bachelet y Ricardo Lagos, agradeció “a todos quienes contribuyeron para llegar a este acuerdo”: léase, a los partidos de la derecha en el gobierno, a los de la ex Concertación, a algunos sectores del Frente Amplio, a los principales medios de comunicación de Chile y a las cámaras empresariales, como la Confederación de la Producción y del Comercio, cuyos voceros se apresuraron al día siguiente a celebrar “la buena política” de la que hicieron gala los firmantes del pacto y a llamar al retorno de la “paz social” (Emol, 15-XI-19).

El acuerdo establece, en primer lugar, un plebiscito en abril del próximo año. Los chilenos deberán responder entonces si quieren o no una nueva Constitución, y, en caso de que así sea, qué tipo de órgano debería redactarla. Las opciones para esto último serán dos: una “convención mixta constitucional”, compuesta en un 50 por ciento por ciudadanos electos ad hoc y en un 50 por ciento por parlamentarios, o una “convención constitucional” en la que todos los miembros serían electos específicamente para ese rol.

Sea cual sea la opción que gane, los constituyentes serán elegidos “con el mismo sistema electoral que rige en las elecciones de diputados”. Además, la Convención Constituyente deberá aprobar las normas con un cuórum de dos tercios de sus miembros en ejercicio. Funcionará por nueve meses, con posibilidad de una prórroga de otros tres meses. Luego, lo que haya aprobado se someterá a un referéndum ratificatorio y, finalmente, deberá contar con el visto bueno del Congreso.

A pesar de la algarabía que mostraron los mercados al día siguiente de anunciado el acuerdo, siempre hay algún detallista que queda disconforme. “Al verdadero protagonista, que es la gente, nadie le ha preguntado nada”, ha dicho a la prensa el secretario general del Partido Comunista, Guillermo Teillier. Ni su partido ni el Progresista, ni varios de los que integran el Frente Amplio, respaldan lo acordado en el Congreso el 15 de noviembre.

Tampoco lo hace la llamada Unidad Social –integrada por más de un centenar de organizaciones sociales y en gran medida protagonista de las movilizaciones que tienen lugar desde el 18 de octubre–, que considera que el acuerdo “se hizo entre cuatro paredes y a espaldas de los movimientos sociales” y “a medida de los partidos políticos”. Entre los integrantes de la Unidad Social están la Central Única de Trabajadores, las principales federaciones estudiantiles de Chile, la Coordinadora Feminista 8M, la Coordinadora No+Afp, así como organizaciones de los pueblos originales, medioambientales y de pobladores.

Los movimientos rechazan el cuórum elevado “que perpetúa el veto de las minorías”, el mínimo de 18 años de edad para participar del proceso constituyente, la falta de mecanismos de participación plurinacional y de paridad de género, y consideran que los mecanismos de representación y elección establecidos por el pacto son “funcionales a los partidos responsables de la actual crisis política y social”. En su lugar, han llamado a continuar con asambleas populares, cabildos y trawün a lo largo del país como parte de un proceso que desemboque en una asamblea nacional constituyente “convocada y electa por el pueblo, sin intervención del Congreso ni del ejecutivo de turno”.

La Naturaleza como sujeto de derechos: La gran tarea pendiente

Por Alberto Acosta 

“Cualquier cosa que sea contraria a la Naturaleza lo es también a la razón, 

y cualquier cosa que sea contraria a la razón es absurda”.

Baruch de Spinoza (1632-1677)

 

Otorgar derechos a la Naturaleza, como sucedió en la Asamblea Constituyente de Ecuador en los años 2007-2008, fue un paso trascendental, impensable y aún inaceptable para muchos. ¡Se repitió la historia! En su momento la emancipación de los esclavos o la extensión de derechos a afroamericanos, mujeres, niños y niñas se rechazaron por considerarse “absurdos”. Incluso cuando se liberó a los esclavos no faltaron quienes reclamaron por las “pérdidas” inflingidas a sus “propietarios”, a quienes, además, se les restringía “su libertad” para comercializaros, utilizarlos, explotarlos… Algo similar pasó al cuestionarse el empleo de niños en Inglaterra a inicios del siglo XIX: los detractores de la propuesta la rechazaban pues -según ellos- socavaba la libertad de contratación y destruía los cimientos del libre mercado. 

Sin duda que el “derecho a tener derechos” siempre exige un esfuerzo político para cambiar aquellas normas que niegan esos derechos. La coyuntura del debate constituyente en Chile puede generar cambios de trascendencia histórica a tono con los tiempos que vivimos y con miras a superar las mútiples estructuras de dominación existentes. Una nueva Constitución no puede ser una colcha de remiendos ni pretexto para acallar la protesta social. Una nueva Constitución debe ayudar a superar el pasado, recuperar la larga memoria de los pueblos originarios, construir un presente más justo y de participación democrática y que proyecte la sociedad del futuro.

Recordemos que en toda la historia de la Humanidad el hombre -sí, en masculino- ha buscado dominar a la Naturaleza. Por siglos, la relación sociedades-medio ambiente ha sido marcada por el utilitarismo y la explotación de recursos; la mercantilización de la Naturaleza avanza implacable… provocando tanta destrucción que estamos ya abocados a una terrible catástrofe ambiental. 

Esta es la realidad de una separación Humanidad-Naturaleza de siglos. Una separación con consecuencias cada vez más devastadoras. Pero a la vez muestra las posibilidades de reencuentro entre ambos, desde visiones como el Buen Vivir y el surgimiento del pensamiento ecologista, orientados a construir una nueva relación humano-natural. Tal proceso, largo y complejo, está reforzado por las luchas de resistencia y construcción de alternativas desde diversos grupos populares, en especial indígenas. Esto es medular: las raíces de los Derechos de la Naturaleza (al menos en Ecuador), aunque parezcan invisibles o inviables para ciertas lecturas prejuicidas o superficiales, están profundamente insertas en el mundo indígena. Mientras que el tronco y las ramas de este gran árbol de mestizaje intercultural se enriquecen con injertos no indígenas.  

Aunque los indígenas no tienen un concepto de Naturaleza como en occidente, su aporte es clave. Ellos comprenden perfectamente que la Pachamama es su Madre, no una mera metáfora. Así, los Derechos de la Naturaleza plantean la urgencia de superar el mero conservacionismo e incluso el enfoque del “desarrollo sustentable” o “sostenible”.

El respeto a la Tierra como sujeto de derechos exige prácticas sustentables que se pierden en el tiempo. Imposible hurgarlas en los archivos de la Modernidad. Son consustanciales a la vida humana. Comunidades indígenas -de larga historia y memoria- en todo el mundo han demostrado que es posible construir una harmonía humano-natural. Su vínculo con la Pachamama o Madre Tierra es más que una metáfora. Ella representa la integridad del espacio y el tiempo. Ella es madre biológica de la Humanidad entera.

En los Derechos de la Naturaleza el centro está puesto en la Naturaleza, que obviamente incluye al ser humano. La Naturaleza vale por sí misma, sin importar los usos humanos, implicando una visión biocéntrica. Estos derechos no defienden una Naturaleza intocada donde no existan cultivos, pesca o ganadería. Estos derechos defienden el mantener de forma sustentable los sistemas y conjuntos de vida. Su atención se fija en los ecosistemas, en las colectividades. Se puede comer carne, pescado y granos, por ejemplo, mientras se asegure el funcionamiento de ecosistemas con sus especies nativas.  

De hecho, como establece la Constitución de Ecuador de 2008 -irrespetada por sus gobernantes desde su aprobación-, los humanos podemos aprovechar de la Naturaleza, respetando sus ciclos de reproducción y sus procesos evolutivos. Debemos entender a la Naturaleza como un sujeto vivo y dinámico con el cual convivimos y que tiene valor por sí mismo. Esto implica superar el antropocentrismo y entender que una armonía humano-natural como se da en el mundo indígena -defendida incluso por el Papa Francisco en su Encíclica Laudato Si- se sintoniza con lo más transformador del concepto de “sustentabilidad” (vaciado de contenido por la Modernidad).

Pero hay que ir más allá. No se trata de buscar un equilibrio entre economía, sociedad y ecología usando como eje articulador al capital, algo imposible. El ser humano y sus necesidades deben primar siempre -más aún sobre el capital-, pero jamás oponiéndose a la armonía de la Naturaleza, base fundamental para cualquier existencia. Y esta discusión tiene historia en otras latitudes y en otros tiempos.

Por tanto, es clave combinar aproximaciones. Los Derechos de la Naturaleza no provienen de una matriz exclusivamente indígena (Cuya dura realidad no puede ser romantizada). En este sentido todo esfuerzo por plasmar esos Derechos se inscribe en una reiteración del mestizaje provocando un ¨híbrido jurídico”, donde se recuperan elementos de todas aquellas culturas occidentales e indígenas emparentadas por la vida. Y que encuentran en la Pachamama el ámbito de interpretación de la Naturaleza, un espacio territorial, cultural y espiritual. 

Además, estos Derechos de la Naturaleza van de la mano de los Derechos Humanos -entendidos siempre en clave emancipdaora-, pues no puede haber justicia ecológica sin justicia social, ni viceversa.

En una época donde el neoliberalismo y el extractivismo desenfrenado brutalizan la vida diaria de todo el mundo es primordial superar las falsas soluciones que intentan “pintar de verde” al desarrollo, con simples respuestas tecnológicas como, por ejemplo: las mal llamadas ciudades inteligentes, los mercados de carbono, la economía verde, el ecomodernismo, entre otras. 

He aquí una tarea vital para un proceso constituyente como el chileno. Un proceso que empieza desde el seno de la sociedad, y no solo al aprobar y cumplir unas cuantas normas institucionales. Un proceso en clave decolonial, que apunte a la vez a la despatriarcalización de la sociedad. Un proceso que debe desarrollarse sin permiso de quienes detentan el poder, sin un acto de autoridad que lo viabilice, abriendo la puerta a la creatividad, potenciando la participación democrática, entendiendo que la Constitución es un proyecto de vida en común para asegurar la existencia digna y cada vez más libre y justa de todos los miembros de una sociedad, sin subordinar y menos aún destruir la Naturaleza.-