La trampa de la deuda

Por Michael Roberts

Los obstáculos a una recuperación económica mundial

La aprobación y distribución en varios países de las primeras vacunas contra el covid-19 han provocado el entusiasmo de diversos economistas y el júbilo de las principales bolsas de valores. Sin embargo, la recesión pandémica está lejos de haberse superado y podría llevar a un peligro desenlace en los mercados financieros.

 

La recesión mundial pandémica de este año es diferente de las recesiones anteriores del capitalismo. El ciclo de auge y caída en la producción y la inversión capitalistas a menudo es desencadenado por un colapso financiero, ya sea en el sistema bancario, como sucedió en la Gran Recesión de 2008-2009, o en el mundo del «capital ficticio», de las acciones y bonos, como ocurrió en 1929 o 2001. Por supuesto, la causa subyacente de las caídas regulares y recurrentes radica en los cambios en la rentabilidad del capital. Esta es la causa última. Pero las causas inmediatas pueden diferir. Y no siempre tienen un origen de tipo financiero. La primera recesión mundial simultánea de la posguerra, la de 1974-1975, fue provocada por un fuerte aumento de los precios del petróleo tras la guerra árabe-israelí. La recesión de doble caída de 1980-1982 tuvo orígenes similares, mientras que la de 1991-1992 siguió a la primera guerra del Golfo.

La recesión pandémica tiene también una causa inmediata particular. Esta caída sin precedentes de la economía, que afecta al 97 por ciento de las naciones del mundo, se inició con un evento que podríamos llamar exógeno: la propagación de un virus mortal. Aunque es cierto que, como han argumentado muchos ecologistas, fue el afán de lucro de las empresas capitalistas –la exploración a toda costa de combustibles fósiles, la tala indiscriminada de bosques, la fiebre minera y la expansión urbana sin límites– el que creó las condiciones para el surgimiento de patógenos para los que el cuerpo humano carece de inmunidad.

Pero lo cierto es que la caída de la producción, el comercio, la inversión y el empleo mundiales que vino a continuación no fue provocada por un colapso financiero o bursátil. Lo que hubo fue un colapso en la producción y el comercio, forzado o impuesto por las cuarentenas, que luego condujo a una enorme caída de los ingresos, el gasto y el comercio. La depresión comenzó con un shock exógeno, luego las cuarentenas llevaron a un shock de oferta y, a continuación, a un shock de demanda.

LA FIESTA DE LAS AYUDAS ESTATALES

Lo que no ha habido hasta ahora es un shock financiero. Por el contrario, los mercados de bonos y acciones de los grandes países se encuentran en niveles de alza récord. La razón está clara: la respuesta de los principales Estados fue inyectar billones en crédito en sus economías, para reforzar así los bancos y las grandes y medianas empresas, y realizar transferencias a millones de trabajadores desempleados o enviados al paro. Semejante liberalidad en el gasto como la vista en los últimos meses, financiada por la impresión de dinero de los bancos centrales, no tiene precedentes en la historia del capitalismo moderno.

Esto ha significado, contrariamente a lo que sucedió al comienzo de la Gran Recesión, que los bancos y las grandes instituciones financieras no estén ni cerca del colapso. Los balances bancarios son más sólidos hoy que antes de la pandemia. Las ganancias financieras van en aumento. Los depósitos bancarios se han disparado a medida que los bancos centrales aumentan las reservas de los bancos comerciales y que las empresas y los hogares acumulan efectivo, ya que la inversión se ha detenido y los hogares gastan menos.

De acuerdo con las estimaciones de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) publicadas a comienzos de mes, en las principales economías las tasas de ahorro de los hogares han aumentado entre un 10 y un 20 por ciento. Buena parte de esos ahorros ha ido a los bancos. De manera similar, ha aumentado el efectivo en manos de corporaciones no financieras a medida que las compañías obtienen préstamos baratos o sin intereses garantizados por el Estado, o que las compañías más grandes emiten aún más bonos, todo ello alentado y financiado por programas estatales. El pago de impuestos ha sido diferido a medida que las empresas han ido a la cuarentena, lo que ha generado aún más liquidez. Según la OCDE, el aplazamiento de impuestos equivale en Italia al 13 por ciento del PBI y en Japón al 5 por ciento del PBI.

De hecho, en Estados Unidos las últimas cifras de ganancias corporativas, correspondientes al tercer trimestre, mostraron un fuerte aumento en las ganancias, casi en su totalidad debido a préstamos y subvenciones del Estado que han impulsado la liquidez, combinados con una reducción de los impuestos sobre las ventas y la producción, experimentada a medida que las empresas paralizaron sus operaciones. Las ganancias corporativas aumentaron 495 mil millones de dólares estadounidenses en el tercer trimestre, en contraste con una caída de 209 mil millones en el segundo trimestre.

La Oficina de Análisis Económico de Estados Unidos explicó, a fines de noviembre, que «las ganancias corporativas y los ingresos de los propietarios se han visto reforzados en parte por lo dispuesto en los programas de respuesta a la pandemia del gobierno federal, como el Programa de Protección de Cheques de Pago, los créditos fiscales para la retención de empleados y la licencia por enfermedad, que brindaron apoyo financiero a las empresas afectadas en el segundo y tercer trimestre». Durante la pandemia, alrededor de 1,5 billones de dólares en subvenciones y préstamos del Estado se destinaron a subsidiar empresas estadounidenses. Por lo tanto, las ganancias corporativas han sido sostenidas por la intervención estatal a costa de niveles sin precedentes de déficit fiscal y de aumentos en la deuda pública.

UNA CRISIS CREDITICIA Y FINANCIERA

Existe la esperanza de que, en 2021, a medida que las vacunas se distribuyan y se terminen las cuarentenas, la economía mundial reverdecerá y lo acumulado en materia de ahorro de los hogares y ganancias corporativas saldrá al mercado una vez que la demanda reprimida vuelva a su curso normal. Volverá el gasto de los consumidores, se reanudarán los viajes y el turismo internacional, retornarán los eventos masivos y las empresas celebrarán un festival de inversiones.

Sin embargo, la OCDE es menos optimista. Le preocupa que gran parte del aumento en los ahorros personales se esté dando entre los ricos, que tienden a gastar un menor porcentaje de sus ingresos (¡es que tienen demasiado!). En las principales economías –y también en las otras–, el hogar promedio no ha acumulado ahorros. Muy por el contrario, ha elevado sus niveles de deuda. Además, con el eventual fin de las ayudas estatales en 2021, su situación bien podría deteriorarse. Esta desigualdad también se da en el sector empresarial. La OCDE estima que el grueso del apoyo estatal en préstamos y subvenciones ha ido a las empresas más grandes, particularmente del sector de la tecnología, uno de los sectores menos afectados por la recesión.

Aquí es donde podremos encontrar la tercera etapa de la recesión pandémica: una crisis crediticia y financiera. Algo así ocurrirá si las pequeñas y medianas empresas van a la quiebra a medida que se evapora el apoyo estatal, se mantienen bajos los ingresos por ventas, y aumentan la deuda y los costos salariales. El Instituto de Finanzas Internacionales informó recientemente que la relación entre la deuda y el PBI mundial pasará de 320 por ciento, en 2019, a una cifra récord de 365 por ciento, en 2020. La asociación empresarial de instituciones financieras concluye su último informe con crudeza: «Más deuda, más problemas». De acuerdo con el periodista económico Martin Wolf, «los mercados financieros han ignorado estas advertencias. La renta variable global ha alcanzado nuevos máximos y los diferenciales crediticios se han reducido, casi como si una deuda extrema fuera un buen desarrollo económico» (Financial Times, 29-XI-20). Como se ha informado anteriormente (véase «¿Hacia una depresión global?», Brecha, 20-III-20), incluso antes de la pandemia la deuda corporativa estaba en niveles récord, ya sea medida con relación al PBI anual o respecto del valor neto de los activos empresariales.

La OCDE reconoce que, si las ganancias corporativas cayeran de forma drástica en 2021, cuando los gobiernos retiren el apoyo financiero, muchas empresas «podrían sufrir situaciones de estrés». Ya ha aumentado significativamente el número de las llamadas empresas zombis: aquellas que no obtienen suficientes ganancias para cubrir los intereses de sus terribles deudas. La OCDE señala que una quinta parte de las compañías que operan en Bélgica, por ejemplo, no podrían cumplir con sus pasivos financieros durante más de tres meses sin contraer más deuda o recibir una inyección de capital. La proporción es mucho mayor en sectores como alojamiento, eventos y ocio.

El organismo concluye que «es probable que resurjan las preocupaciones sobre la estabilidad financiera», ya que la rápida acumulación de deuda en el sector público y en el empresarial pronto podría generar «problemas de solvencia en un gran número de compañías». Los defaults corporativos de las empresas más débiles podrían duplicarse en 2021, dice la OCDE, particularmente en «sectores muy afectados, como las aerolíneas, los hoteles y la industria automotriz». Es muy probable que se produzcan quiebras en pequeñas y medianas empresas del sector minorista, del ocio y del mercado inmobiliario comercial. El escenario es aún más sombrío en las llamadas economías emergentes.

De hecho, incluso en China, donde la economía experimenta la recuperación más rápida a nivel mundial, una serie de empresas con fuertes deudas ha comenzado a incumplir sus pagos de bonos, lo que pone al gobierno frente a un dilema. ¿Debería salvar a estas empresas –algunas de ellas propiedad de gobiernos locales– o debería dejar que quiebren para así reducir la carga general de la deuda? Esto no conduciría a un colapso financiero importante ni a un colapso en la recuperación de China porque el gobierno de ese país tiene reservas masivas y puede aprovechar los enormes ahorros de sus hogares, depositados principalmente en bancos estatales, a diferencia de lo que ocurre en otras economías importantes. Pero los problemas de estas empresas chinas sobreendeudadas son un presagio de lo que en 2021 podría ser un entuerto mucho mayor en otras economías.

CICATRICES DE LARGA DURACIÓN

Mucho dependerá de si, en 2021, cuando desaparezcan los subsidios estatales, el sector empresarial logra valerse por sí mismo. Aunque el costo de los intereses de la deuda actual se mantenga bajo, si las ganancias corporativas no aumentan el año que viene y, por el contrario, se desploman, la OCDE estima que a nivel mundial más del 30 por ciento de las empresas podrían atravesar «situaciones de estrés» y enfrentar una eventual bancarrota. Como mínimo, las compañías no aumentarán sus inversiones, sino que se quedarán de brazos cruzados. Existe, afirma la OCDE, el riesgo de un sobreendeudamiento que reduciría el crecimiento de la inversión empresarial en un 2 por ciento en comparación con el promedio a largo plazo anterior a la pandemia.

Así las cosas, incluso si se evita un tsunami de deudas y un colapso financiero causado por una ola de bancarrotas corporativas, es probable que la recuperación en la mayoría de las economías capitalistas sea muy débil. En su último pronóstico para la economía mundial, la OCDE habla de un «futuro más luminoso» para el próximo año, a medida que se distribuyen las vacunas contra el covid-19. Pero, de todas formas, considera que la mayoría de los países no recuperará las pérdidas de producción sufridas en 2020. Para fines de 2021, sólo unas pocas economías habrán experimentado cierto crecimiento del PBI real durante los dos años transcurridos desde fines de 2019.

La economía líder a ese respecto será China, con casi un 10 por ciento de crecimiento, seguida de Corea del Sur e Indonesia. Para finales de 2021 y por sí sola, China contribuirá con un tercio del crecimiento real del PBI mundial. Las economías capitalistas avanzadas del G7 o bien no habrán tenido ningún crecimiento real, como es el caso de Estados Unidos, o bien se habrán contraído entre un 3 y un 5 por ciento, como sucederá en los casos de Europa y Japón. El Reino Unido tendrá el peor desempeño de este grupo, con una contracción del 6,4 por ciento. Grandes economías del G20, como India y Brasil, habrán sufrido descensos significativos en su crecimiento.

La OCDE espera una «recuperación gradual pero desigual». Y eso, con base en los mejores desenlaces posibles en materia de impacto de las vacunas contra el covid-19. Incluso con ese escenario en mente, el organismo cree que el PBI de la economía mundial volverá a su nivel anterior a la pandemia para fines de 2021, pero quedará lejos –a una distancia de, al menos, 6 por ciento– de alcanzar el nivel que habría logrado sin la recesión pandémica.

 

Reflexiones sobre pandemia, excepciones, zonas grises y des-democratización en Ecuador

Autores:

Carolina Viola

Docente Pontificia Universidad Católica del Ecuador. Doctoranda de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales – Ecuador. Miembro de la Universidad Nómada del Sur.

Decio Machado

Sociólogo y Magister en Innovación Tecnológica y Economía Digital. Director Ejecutivo de la Fundación Nómada y miembro de la Universidad Nómada del Sur.

  1. Introducción

La democracia está enferma, tal vez nunca estuvo sana; sin embargo, el cáncer que hoy la aqueja se expande rápidamente, contaminando todas sus dimensiones y vaciando de cualquier contenido originario al gobierno liberal democrático, usurpando al pueblo de todos sus atributos en cuanto sujeto soberano (Brown, 2017). Centrar el origen de esta enfermedad des-democratizante en la pandemia sería un error, sus raíces son más profundas y aquejan, en su propia versión y contexto, todos los rincones de América Latina. Las tendencias des-democratizantes operan desde mucho antes, mermando progresivamente la posibilidad de decidir y administrar el poder del pueblo, desde el pueblo y para el pueblo. Estas prácticas hacen de la democracia un significante vacío, que ignora el necesario rol del sujeto democrático por excelencia en la repartición del poder político. La relación entre gobierno y pueblo es suplantada por un conjunto de interacciones políticas -más o menos legales y parcialmente secretas- que configuran lo que Javier Auyero denomina “zona gris de las interacciones políticas” (Auyero, 2007, pág. 26)

Según Brown (2010), el proceso de des-democractización es el resultado de la cristalización de un conjunto de fuerzas que operan destruyendo y mermando toda capacidad de participación popular. A lo largo de este texto, nos proponemos concentrarnos en cuatro tendencias principales. Primero, la tendencia a la ocupación o captura por parte de las elites económicas, nacionales y transnacionales, de espacios relevantes en los procesos de gobierno y toma de decisiones. Segundo, la delegación de la toma de decisiones en instancias que no han sido elegidas por el proceso democrático, y por lo tanto no son ni responsables ni responsivas, sino nombradas ad hoc para destrabar o esquivar discusiones y debates propios de las instancias democráticas. Tercero, el peso cada vez mayor de los centros de la planificación global del desarrollo – o subdesarrrollo – que conforman el aparato de saber poder de capitalismo de matriz occidental. Cuarto, el progresivo desgaste de la democracia ante los ojos del pueblo, que se traduce en un descrédito creciente de la política y un franco desinterés del pueblo por participar y ser parte activa de un deficiente sistema democrático.

De igual manera argumentamos que la zona gris de las interacciones políticas se expande con vigorosidad alimentada de las tres primeras tendencias, y, a su vez, es determinante en la desaparición del sujeto democrático interesado en la participación política. Ese desinterés es el resultado de la percepción generalizada de la prevalencia de relaciones políticas opacas, poco legales, poco éticas, poco claras y, en definitiva, poco democráticas. 

Finalmente, este artículo se propone problematizar sobre las prácticas políticas que aportan al proceso de des-democratización en América Latina, a partir de la descripción del caso ecuatoriano, con énfasis en las decisiones que se han tomada a partir de la llegada de la pandemia. Desde ahí, reflexionar sobre las nuevas prácticas de control de los cuerpos que están dando forma a nuevos dispositivos para el manejo de las poblaciones, donde la tensión entre lo interno y lo externo, lo nacional y lo global se exacerban y se hacen más evidentes (Foucault, 2006).  El Ecuador ha sido, en el último año y dos meses, el escenario de un levantamiento indígena, una pandemia con niveles de mortalidad que lideran tristemente los rankings mundiales, y, el laboratorio de aplicación de una receta neoliberal de crisis. Un escenario de excepción permanente, relevante para reflexionar sobre las tendencias que se vislumbran en la práctica política y el gobierno de poblaciones en la región.

  1. Progresismos del siglo XXI o el desmantelamiento progresivo de las instituciones democráticas en Ecuador.

América Latina vivió entre 1989 y 2005 un apretado ciclo de levantamientos populares y grandes movilizaciones que determinó, directa o indirectamente dependiendo de los casos, la caída de una decena de presidentes. Tres de ellos en Ecuador: Abdalá Bucaram en 1997, Jamil Mahuad en 2000 y Lucio Gutiérrez en 2005. 

Tras esta década de convulsiones sociales cuyo actor principal en el ámbito de las resistencias fue el movimiento indígena y puntualmente sectores ciudadanos de carácter urbano que coincidieron con los primeros en lógicas de organización horizontal y un formato de toma de decisiones de perfil asambleario y radicalmente democrático en el ámbito de lo plebeyo, el campo de lo político quedó abierto para la construcción de nuevas herramientas electorales que canalizaron la salida a la crisis del sistema.

El acumulado de descontento social fue capitalizado por una nueva estructura política -Alianza PAIS- que reproducía la forma jerárquica clásica de toda estructura partido, agudizada en este caso por la relación líder – masa que caracterizó el modelo de liderazgo político durante el reciente ciclo progresista en el subcontinente y que terminó frustrando lógicas participativas en la toma de decisiones que se habían fraguado durante el período de resistencia.

Los progresismos latinoamericanos, concepto utilizado para definir a la izquierda hegemónica continental del momento, llegaron a los gobiernos de sus respectivos países por la vía electoral y con el aval de grandes mayorías que les permitieron gobernar siempre en solitario. Su rol una vez en el poder fue reinstaurar la estabilidad política sin cuestionar la esencia del sistema mediante el fortalecimiento del aparato estatal, convencidos de que el Estado es la herramienta adecuada para impulsar las reformas políticas que consideraron oportunas. En Ecuador la situación no fue diferente, una potente articulación social convertida en contrapoder terminó reconducida a la gestión institucional, pasando a entenderse lo público como desde una perspectiva meramente estatal (Machado y Zibechi, 2017) bajo la égida de una estructura política nueva pero que reproducía formas organizativas clásicas que se presentó bajo el sello del anti-neoliberalismo.

Los diez años de gobierno de Rafael Correa en Ecuador que siguieron a ese momento podrían sintéticamente resumirse de la siguiente manera: reposicionamiento y fortalecimiento de un Estado que había quedado muy debilitado por la etapa neoliberal anterior; puesta en marcha de políticas sociales compensatorias -transferencias monetarias provenientes del excedente estatal hacía los sectores históricamente olvidados- como eje de la nueva gobernabilidad; aplicación de un modelo hiper-extractivista para la exportación de commodities como base de la economía nacional; modernización del Estado y realización de grandes obras de infraestructura; construcción político-simbólica de mitos relacionados a una lógica de culto a la personalidad del líder; así como la implantación de un evolutivo modelo de disciplinamiento y control social tanto desde su vertiente represiva como desde la cultural. En referencia a esto último, asistimos a una combinación de las dos formas básicas de poder trabajadas en ciencias políticas desde Maquiavelo hasta Max Weber: el poder como capacidad de intimidación -capacidad de violencia-, pero el poder también como capacidad de influencia y persuasión -organización de las mentes-. Sobre esto último, se construiría estratégicamente el concepto de hegemonía desarrollado por Gramsci.

En 2008 en Ecuador se ponía en marcha una nueva Constitución, la cual lejos de representar una ruptura insurgente que rompiera de manera drástica y definitiva con el sistema jurídico preexistente, terminó facilitando la disolución de diferencias entre poder y gobierno. 

El hecho de que este ciclo progresista se encuadrase en la llamada “década dorada” o “boom de los commodities” hace que se hayan construido axiomas que no se ajustan a la realidad, lo resulta a su vez un indicador respecto al estado de salud en el que se encuentra el pensamiento crítico latinoamericano en este momento.

El eufemísticamente llamado gobierno de la revolución ciudadana convirtió a gran parte de los actores antes de oposición en parte del aparato de poder. Esto implicó el debilitamiento del tejido social activista, conduciendo a una potente y autónoma energía popular forjada desde la multitud hacia estructuras inmóviles y carentes de capacidad para evolucionar como son las derivadas del sistema de representación -la política institucional-. De lo anti-estatal y anti-partidos, por ejemplo la articulación de parlamentos indígenas-populares en el año 2000, se pasó la recomposición estatista desde una visión instrumental del Estado.

Los nuevos gestores estatales reposicionaron el rol del Estado en la economía, recuperaron la planificación central y gestionaron grandes empresas estatales hidrocarburíferas al igual que millonarias inversiones en infraestructura. A la innegable mejora general de los niveles de vida de población, el incremento de la inversión social en salud y educación, el reconocimiento institucional de la diversidad étnica y determinados avances en materia de género, le acompañó una lógica de convivencia cotidiana entre la nueva burocracia estatal progresista y el poder de las élites económicas -tanto con grupos económicos tradicionales como con los emergentes-. Todo ello se hizo sin afectar a los agentes del mercado y a la matriz de acumulación económica heredada del anterior periodo neoliberal.

En la práctica histórica, la construcción de estados fuertes se ha mostrado como la mejor opción para resolver el conflicto inter-élites a favor de los grupos emergentes (Wallerstein, 1998), es así que pese a la desconfianza y resistencias instaladas de las élites tradicionales se generó una nueva casta gestora del Estado que ocupó su espacio sin por ello comprometer la lealtad a la ortodoxia neoliberal de los mercados internacionales y el sistema tradicional instalado en el sistema democrático liberal para la toma de decisiones.

Sin embargo, el progresismo ecuatoriano tuvo más de político que de económico. Es por ello, que el liderazgo populista de Rafael Correa se estableció bajo una modelo que terminó adoptando la lógica de autoritarismo basado en el consenso. En definitiva, lo que se estableció fue una relación de poder marcadamente asimétrica entre un líder/guía muy inspirado y una masa de seguidores que reconocían en él y en su mensaje neodesarrollista la promesa de articulación de un nuevo orden más justo y equitativo para el país.

Sin embargo, el neodesarrollismo ecuatoriano, al igual que el latinoamericano, se mostró notablemente menos transformador que los viejos desarrollismos populistas de mediados del pasado siglo. Mientras los regímenes populistas del siglo XX generaron ciertos niveles de industrialización, la consolidación de las relaciones capitalistas en el ámbito rural y “modernización” del mercado laboral, el neopopulismo del siglo XXI agudizó la dependencia económica de la región respecto a los especulativos mercados de commodities, reprimarizándose las respectivas economías nacionales en busca de mayor renta extractiva y fiscalidad. El método supuso un impacto positivo para Ecuador, lo que se evidenció en sus indicadores socioeconómicos, sin embargo dicho proceso resultó efímero dado que quedó atado a los incontrolables ciclos económicos globales.

El modelo de gestión correista fue exponente del cuestionable papel que juega el control de las instituciones estatales y empresas públicas en la formación de nuevos grupos de poder que posteriormente buscan su reposicionamiento entre las élites.

A su vez, el correísmo entendió la democracia de forma minimalista, vaciando de contenidos mediante políticas clientelares a las hasta entonces vigorosas organizaciones populares, a la par que establecía una lógica de gubernamentalidad foucaultiana basada en relaciones asimétricas del Ejecutivo respecto al resto de poderes del Estado.

La legitimación social del sistema entró en crisis cuando la caída de los precios de los commodities afectó a la economía ecuatoriana y la pérdida de la soberanía monetaria, por efecto de la dolarización (1), no permitió medidas de devaluación para aumentar la competitivas. En estas condiciones llegaron las elecciones del 2017, donde el régimen se vio obligado a presentar una propuesta de relevo presidencial dada la prohibición constitucional de reelección. 

El actual mandatario, Lenín Moreno, se presentó inicialmente en continuidad del régimen. Hicieron falta dos vueltas electorales para consolidar su triunfo, evidenciando la pérdida de apoyo popular respecto a los indicadores que había obtenido el progresismo ecuatoriano en elecciones anteriores.

La carencia de homogenización ideológica al interior de Alianza PAIS y la conformación de un programa electoral débil y de perfil interpretativo, hizo que sin el liderazgo carismático de Rafael Correa en el poder el partido de gobierno implosionase. La ruptura política entre el ex presidente Correa y su sucesor en la poltrona presidencial se consolidó de forma muy rápida. El nuevo equipo de gestor del Estado pasaba a experimentar alternativas políticas de perfil más liberal en la búsqueda de encontrar soluciones económicas para la crisis.

En realidad, desde que terminara la época de bonanza económica y el excedente estatal-extractivo en 2014 -última etapa de gestión gubernamental correísta- hasta la actualidad, la economía nacional se encuentra semiestancada. El ingreso promedio existente en 2014, USD 6.347 anuales incluso se ha contraído, el “empleo informal” ha crecido exponencialmente descendiendo el “empleo formal” a cuotas anteriores a la llegada de Rafael Correa al poder. Las actividades productivas están estancadas y el desempleo aumenta, siendo los grupos más afectados los asalariados privados y los trabajadores por cuenta propia. Los procesos de circulación de la economía ecuatoriana reflejan un grave deterioro debido tanto a la caída de los ingresos generados por las actividades al por mayor y menor como en la caída de los precios o deflación, fruto de una demanda interna mermada que se agudiza ahora fruto de la pandemia. En paralelo, al nivel externo la circulación de dólares se ha debilitado por la caída de las exportaciones petroleras y el estancamiento de las no petroleras, complicándose notablemente la capacidad del país para responder a sus compromisos respecto al servicio de deuda.

Sin embargo y como contraste a todo lo anterior, sectores económicos como la banca y otros grandes capitales han mantenido utilidades millonarias pese al estancamiento, mientras la situación general hace que se agudice la elevada desigualdad existente tanto en el ámbito de la relación de ingresos como en la propiedad de la tierra y de los activos empresariales.

  1. El estallido de octubre: re-significaciones populares de la democracia

El 2019 será un año difícil, donde la crisis económica pero también política y social se sentirá con fuerza, convirtiéndose en una constante en la cotidianidad de la población. En nombre de la crisis el gobierno de Moreno defenderá la adopción de medidas durísimas contra los trabajadores, urbanos y rurales, amenazando de forma concreta sus posibilidades de reproducción material y supervivencia cotidiana. Estas decisiones, tomadas en un contexto de secretismo y opacidad, pondrán en evidencia la compleja red de interacciones políticas que se habían establecido entre las élites y el gobierno. 

La austeridad del Estado implicó recortes sistemáticos en los presupuestos y personal de todos los sectores, traduciéndose automáticamente en la reducción dramática de la cantidad y calidad de los servicios sociales. Los planes de austeridad y equilibrio fiscal defendidos por el gobierno respondían a las condiciones impuestas por el Fondo Monetario Internacional, que bajo el eufemismo de organización de las finanzas públicas demandaba recortes en el gasto público como paso previo a la asignación de un importante rescate económico (2). 

Las decisiones se tomarán a puerta cerrada y sin discusión pública previa por parte de un comité técnico ad hoc, compuesto por los representantes del gobierno, de los sectores empresariales y la banca nacional y multilateral. Una práctica que recuerda las negociaciones con las instituciones de Bretton Woods de los años ’90 que, siguiendo las indicaciones del autodenominado Consenso de Washington, sumieron al país en una catastrófica crisis económica, política y social. 

En ambos casos las decisiones se demostraron coherentes con la dinámica des-democratizadora que amenaza desde siempre a las democracias latinoamericanas. Lejos de los ojos del pueblo, la decisión del ajuste económico se tomó a puerta cerrada en la cartera de finanzas (3), con la participación de las cámaras empresariales, los representantes de la banca privada nacional y la banca multilateral. Las decisiones serán el resultado de las interacciones políticas grises y poco transparentes que se establecieron entre las élites y el poder político.

De ahí que, los sucesos de octubre ocurrirán en medio de en un clima enrarecido por los sentimientos de engaño, sumados a las preocupaciones sobre las posibilidades reales de reproducción cotidiana de los más pobres y excluidos, en un ambiente de incertidumbre generalizado en la población. Las instituciones democráticas se verán interpeladas, con un gobierno de discursos agotados y un desempeño económico profundamente cuestionado. Debilitado por su incapacidad y limitado por el contexto económico post- boom de los commodities, el gobierno abrió las ventanas para el estallido de las protestas sociales. 

El anuncio de la eliminación de los subsidios a los combustibles, así como la introducción de otras medidas que se ensañaban particularmente con los salarios de los trabajadores públicos, se enfrentará con la respuesta del movimiento indígena, los sindicatos y el gremio del transporte. Este último llamará a una paralización total el día 3 de octubre. El paro encontró el respaldo de estudiantes universitarios, sindicatos y otros sectores sociales que se sumarán a las protestas. La acumulación de descontentos respecto a la corrupción imperante, la política económica gubernamental y la ausencia de cualquier gestión política autónoma respecto a las élites sirvieron de combustible para la movilización.

La negociación de prebendas corporativas con los gremios de transportistas se superó rápidamente; la multitud asumió el protagonismo de la revuelta con las movilizaciones en las calles. El movimiento indígena, apoyado por sus bases de la Sierra Centro y la Amazonía, se ubicó a la cabeza, convirtiendo la revuelta en un levantamiento indígena y popular. Amplias zonas del centro de Quito adquirieron nueva vida durante los días de las protestas, resignificando estos espacios urbanos como símbolo de la resistencia y la lucha popular.

De las montañas y los cerros que pueblan la Sierra Central del Ecuador bajaron mujeres y hombres, jóvenes y niños a protagonizar el primer levantamiento indígena y popular del siglo XXI. El histórico parque El Arbolito, ubicado en las puertas del casco colonial, adquirió una nueva vida a lo largo de los días de las protestas. El centro de la ciudad será resignificado una vez más como espacio de la lucha popular y lugar de las nuevas resistencias; indígenas, ecologistas, feministas, estudiantes, proletarios, informales cuestionando la esencia de ese poder político elitista y colonial. 

El gobierno, incapaz de comprender y ponerle freno a la ira popular, decretaría el estado de excepción en todo el territorio nacional. Los poderes fácticos que controlan la comunicación observarían horrorizados a las multitudes ejercer sus atributos, construyendo –de forma ficticia– un relato de los hechos cercanos al poder. La manipulación de la comunicación y de los relatos no pasarán desapercibidos en la población; según la encuestadora CEDATOS en un estudio publicado en noviembre de 2019, durante las protestas la aprobación a la gestión del presidente llegó a caer al 12% y, los medios de comunicación obtuvieron una valoración negativa por parte del 47.8% de la población (4). Esta tendencia ha ido recrudeciéndose, en septiembre de 2020 la aprobación de la gestión del presidente será tan sólo del 6,2% según la misma fuente (5). 

La territorialización de las protestas dotó de característica particulares a estas movilizaciones. El perfil territorial que caracteriza las reivindicaciones de autonomía que llegan desde los territorios indígenas, se plasmó en la territorialización de un Quito incendiado por las protestas. Durante nueve días la geografía de la capital se transformó, la centralidad política dejó el palacio de Gobierno y se trasladó a las zonas de movilización y acampada del movimiento indígena, generándose nuevos escenarios para la conformación de continuas asambleas populares. De igual manera, las universidades mutaron en centros de acopio, descanso, atención y refugio a los movilizados. Se resignificaron y redefinieron los límites y las rutas de la circulación cotidiana teniendo como centralidad el espacio y los tiempos de la protesta. Con el pasar de los días se extendió en los barrios de la capital poniendo en jaque al gobierno nacional.

La respuesta fue violenta, desplegándose el aparato represivo del Estado y dotando a la capital de un paisaje bélico. La estrategia de aislamiento de la capital, mediante toques de queda y despliegue de dispositivos militares, resultó poco exitosa (6);  las movilizaciones seguirían escalando en intensidad y radicalidad, obligando al gobierno a una negociación pública retransmitida en tiempo real por TV en la tarde del 13 de octubre de 2020. Una exigencia que buscaba sacar las negociaciones de la zona gris, mostrando que son posibles las interacciones políticas a la luz del día. Tras un debate demoledor en favor de los movilizados, se derogará el decreto 883 (7) y se establecería un acuerdo para iniciar un dialogo nacional. La dirigencia indígena daría por terminado el levantamiento y llamaría al retorno a sus comunidades. 

El dialogo prometido con los sectores sociales para la revisión de las medidas económicas se vio empañado por una campaña de represión y desprestigio del Estado contra las figuras más visibles del levantamiento, así como contra organizaciones sociales que manifestaron su apoyo. Arrestos, detenciones y allanamientos serán parte fundamental de los dispositivos represivos desplegados por el gobierno. Ha esto se sumará una importante inversión –en un contexto de crisis– destinado a la compra de equipamiento policial y militar antimotines. El discurso oficial (8) identificará como enemigo a la ciudadanía bajo el ambiguo concepto de subversión, lo que se agudizará con la llegada de la pandemia COVID–19 a finales del mes de febrero de 2020. 

  1. Pandemia y desigualdad: Guayaquil 

El gobierno demoraría hasta el 16 de marzo de 2020 en decretar el estado de excepción en todo el territorio nacional para hacer frente al COVID-19. El virus, importado desde Europa por las clases altas de la ciudad de Guayaquil que allá vacacionaban, se expandió de forma incontenible en los barrios donde habitan los trabajadores que brindan servicios en las casas de la burguesía.  

Guayas es una provincia de 3’645.483 habitantes, más de tres cuartos de la población se concentra en la ciudad de Guayaquil (INEC, 2020). Los datos socioeconómicos de la ciudad la ubican en el extremo de la desigualdad; en un país profundamente desigual Guayaquil lidera la lista: el segundo lugar por ingresos a nivel nacional -solo detrás de Quito, y el primer lugar en niveles de desigualdad. Una desigualdad grosera, donde enormes villas con piscinas y canchas de tenis se alzan frente a las chabolas que pueblan la otra orilla del estero que atraviesa toda la ciudad, dividiéndola geográficamente y, sobre todo, socialmente.

Las restricciones de movilidad impuestas por las autoridades pusieron en evidencia las brechas que afectan a la población en todo el país. Masas de población vulnerable, con economías precarias ligadas al comercio informal y sin capacidad alguna de ahorro se han visto acorraladas hacia los límites de la indigencia como consecuencia de la pandemia (9).  

El resultado de esta combinación no podía ser más dramático. Las imágenes que dieron la vuelta al mundo con cadáveres abandonados en las calles y morgues hospitalarias saturadas. Guayaquil sería rebautizado como el Wuhan latinoamericano. A todo esto, se sumaría el debilitamiento de lo institucional plagado de prácticas políticas corruptas, que se evidencio en los escándalos de tráfico de influencias y sobreprecios en procesos de compras públicas de insumos hospitalarios destinados a enfrentar la pandemia (10). Este constituirá otro golpe más a la institucionalidad, agudizándose la desconfianza y rechazo de la población respecto a su clase política y autoridades. 

Uno de los desaciertos más grandes del gobierno a lo largo de la pandemia ha sido el manejo de los datos y las cifras de forma poco transparente y, por decir lo menos, presentando un escenario distante respecto a la realidad observada y vivida por la población. Por un lado, la incapacidad o falta de voluntad de mostrar las cifras reales del impacto de la pandemia contribuyeron a mermar la legitimidad de las vocerías gubernamentales: el subregistro de fallecidos y contagiados de las cifras oficiales se evidenciaba en las pilas de muertos abandonados en los hospitales de Guayaquil. Por otro lado, los datos que recitaban los voceros gubernamentales eran un insulto para las familias que aun buscaban sus muertos entre cadáveres apilados (11) y en proceso de descomposición (12). 

Por su parte, las autoridades gubernamentales transferían la culpa de su deficiente gestión a la indisciplina y la falta de compromiso cívico de la ciudadanía. Desde ese relato el Estado intentaría legitimar el uso desproporcionado de la fuerza contra la población, clasificada sobre la base de perjuicios étnicos y de clase. Es así como el Estado profundizará aún más el proceso de normalización del disciplinamiento social y el uso de la violencia, dando tintes autoritarios y antidemocráticos a modelo de gubernamentalidad imperante. La demografía post-pandemia se vuelve clave en la administración y despliegue de estos dispositivos legales, de disciplinamiento y de seguridad para la administración de las poblaciones.

  1. La nueva normalidad: un pueblo sin atributos

El 4 de mayo de 2020 las autoridades en el gobierno proclamaron el inicio de una “nueva normalidad en el Ecuador”. Las declaraciones de la ministra de gobierno justificaron la reactivación económica aduciendo que “no podemos permanecer encerrados en casa (…) ahora la responsabilidad es de los ciudadanos” (13). Esta nueva normalidad implicó el retorno de miles de trabajadores a sus fábricas y oficinas, sin embargo, no implicó el fin del estado de excepción que se renovó reiteradamente hasta la última caducidad permitida por la Constitución, el 15 de septiembre de 2020. En la nueva normalidad, sustentada en la presión de las cámaras empresariales y no en las recomendaciones de las mesas técnicas de médicos conformadas en diversos gobiernos locales, la curva de contagios y mortandad se mantiene alta, no ha disminuido y presenta repuntes periódicos principalmente en los centros urbanos y, particularmente, en las ciudades de Quito y Guayaquil. 

La reactivación implicó también la activación de los procesos de despidos, liquidación de empresas y cierre de negocios en todos los puntos de la ciudad. Uno de los sectores más afectados será el sector turístico y de servicios de hostelería. Ante la difícil tarea de establecer un equilibrio que repartiese de forma justa – a cada uno según su capacidad de resistencia – los costos de la pandemia, el Estado actuará con su acostumbrada coherencia inclinando la balanza de forma más que proporcional en beneficio de las élites. La profunda desigualdad económica y social que caracteriza al Ecuador se vio exacerbada con la pandemia, determinando de esta manera las posibilidades reales de superar o soportar esta compleja situación en el largo plazo. De ahí que la aprobación de la paradójicamente denominado Ley de Apoyo Humanitario ocurra en el marco de una intensa discusión entre los sectores sociales, y una escasa voluntad de escucha por parte de las autoridades.

La negociación política que determinó las decisiones ocurre, una vez más como lo muestran los resultados, en la zona gris de interacciones políticas entre el gobierno y las élites. De igual manera, con la opacidad acostumbrada, el aparato negociador del ejecutivo comprará las conciencias en saldo de los deslegitimados representantes que aún sentaban – o dormían – en la Asamblea Nacional. El costo político de esta decisión antipopular no se hará esperar; en septiembre de 2020 la encuestadora CEDATOS ubicaba la aceptación de la gestión presidencial en el 6% y la de los asambleístas en el 2%. Estas cifras indican de forma contundente la escasa aceptación y legitimidad de las autoridades políticas al mando. Estos niveles de deslegitimación del sistema político en el contexto de la pandemia bordean de forma peligrosa el margen crítico que puede poner en crisis la estabilidad del sistema político.

La Ley Orgánica de Apoyo Humanitario legisló sobre las siguientes cuestiones: reducción de la jornada laboral y acuerdos entre empleado y empleador, regulación del tele trabajo y el establecimiento del derecho a la desconexión, regulación de los despidos de fuerza mayor, facilidades para el establecimiento de nuevos emprendimientos, extensión en la cobertura de la seguridad social hasta 60 días después de la ultima aportación, prorrogas en el pago de deudas, congelamiento y reducción de pensiones educativas, acuerdos de pago para empresas, negocios y personas, prelación de créditos de pensiones alimenticias y, suspensión del desahucio en arriendo. 

En la práctica la ley establece una serie de facilidades para el despido y la precarización de condiciones laborales y derechos adquiridos de larga data. Incluso cuando plantea la protección de derechos, como podría ser el caso de la regulación del teletrabajo, la facilidad de los empleadores de ejecutar los despidos y establecer unilateralmente reducciones de jornada laboral ponen al trabajador en una posición muy vulnerable para exigir el respeto de sus derechos; la libre negociación entre las partes, en un contexto de profunda asimetría, inclina la balanza en favor del empleador. Sin embargo, en esta feria libre de los derechos de los ciudadanos, los bancos serán los principales beneficiarios; la ley establece la libre renegociación de las deudas de la banca privada con sus deudores, está aprovechará la urgencia por ampliar loa plazos de pago calculando reajustes con intereses draconianos. Los resultados de esta libertad pesarán, una vez más como era de esperarse, sobre los desgatados bolsillos de los ciudadanos y los restos de su violentada subjetividad democrática. 

Finalmente, el rechazo a esta democracia que expropia al pueblo de sus atributos, imposibilitando el ejercicio pleno de su soberanía, se pone en evidencia en la apatía generalizada ante el proceso electoral convocado para el domingo 7 de febrero de 2021, donde se elegirán las cabezas del gobierno: presidente y vicepresidente, y los representantes que ocuparán los curules nacionales y provinciales en el Legislativo. Inversamente proporcional a la relevancia de la elección es el interés que manifiestan los ciudadanos; según el informe de encuestadora CEDATOS (2020), sólo el 20% de la población está muy interesada en el proceso electoral y 49,7% declaraban, a sólo 4 meses del día de las elecciones, no tener ningún interés en el proceso. 

  1. En qué estado está la democracia en Ecuador (14)

La evolución de las prácticas de gobierno en los últimos meses ha puesto en evidencia la necesidad de las élites de establecer cambios en la gubernamentalidad que normalicen la estructura de desigualdades, a través de una reactualización de los dispositivos legales, de seguridad y disciplinamiento de la población. Si bien este proceso no inicia con la pandemia, en el contexto de la crisis sanitaria se acelera la formación de un Estado de seguridad cada vez más distante de la idea del gobierno del pueblo. 

En definitiva, podemos afirmar que las democracias latinoamericanas post-pandemia se presentan débiles en prácticas democráticas y populares, e intensas en prácticas des–democratizantes controladas desde las élites. Nos encontraríamos frente a la normalización de un modelo de gubernamentalidad autoritario, que mina las bases de la gubernamentalidad democrática. Una democracia que han venido persiguiendo, con mucha fatiga y de forma nada lineal, desde la década de 1980. 

En el Ecuador, esta inclinación hacia prácticas autoritarias y antipopulares han acelerado exponencialmente las tendencias des-democratizantes, retrocediendo rápidamente logros y derechos alcanzados en las últimas décadas en el ejercicio del poder desde el pueblo. En este artículo hemos planteado la existencia de cuatro tendencias que consideramos necesarias para la aceleración, y llevadas en sentido inverso también la reversión, del proceso des-democratizador. 

En primer lugar, vemos como se multiplican en número y relevancia las instancias técnicas de toma de decisiones creadas ad hoc, sin el peso de la responsabilidad y responsividad que deben al pueblo las instituciones democráticas. La re-localización de los espacios de toma de decisión en instituciones que puedan ser controladas por la población, sea de forma indirecta – a través de organismos de control – como directa – ejerciendo de forma directa del control social sobre las acciones de los gobiernos e instituciones públicas es vital si queremos devolver el poder al pueblo. De igual manera es importante cuestionar y exigir retirar el velo técnico de las decisiones que afectan la vida de los ciudadanos. Esto implica un cuestionamiento de las jerarquías poder sobre las que se asienta el acceso y la posibilidad de producción del saber en la sociedad.  

En segundo lugar, las demandas de la banca multilateral -FMI, pero también otros acreedores y tenedores de bonos- se pondrán por encima de la población, acelerando el pago del servicio de la deuda sin reparar en las necesidades de salud, educación y alimentación básica de su ciudadanía. La banca global suplanta al pueblo mermando sus atributos, ignorando las demandas de las movilizaciones de octubre. Se revierten los logros obtenidos en las luchas populares traicionando, una vez más, al pueblo por quien dicen gobernar. De igual manera la legitimidad de esta decisiones se verá empañada por la migración del ministro de economía y finanzas a un alto cargo en la banca internacional de desarrollo ignorando, la prohibición constitucional; estas acciones, que huelen a puertas giratorias, llevan a la población a cuestionarse sobre la prioridad del servicio anticipado de tramos de deuda – que después fueron aplazados como medida de apoyo a los deudores en el marco del COVID-19 – por encima de sueldos de profesores, personal de salud y otros funcionarios públicos imprescindibles en el contexto actual. 

Tercero, las prácticas de represión y violencia contra la población más vulnerable se normalizan; la perdida de derechos y condiciones para su garantía es incluso más veloz, infectando a la población de forma más eficiente que la pandemia. De ahí que, los aparatos represivos del Estado devengan objetivo prioritario de los esfuerzos de inversión pública, aun en un momento de crisis del sistema sanitario y de seguridad social. La normalización de la violencia estatal se refleja, a su vez, en la normalización de la violencia social, alterando el delgado equilibrio que permite la seguridad. 

Finalmente, a las puertas de un nuevo proceso electoral, la población no tiene ninguna expectativa respecto a la política y las instituciones democráticas formales. La zona gris de las interacciones políticas ha dejado los márgenes del Estado y ocupa el centro de la política, afectando de forma profunda la legitimidad de las instituciones democráticas, transformándolas en un contenedor vacío. Queda solo esperar a ver si esta ausencia de democracia institucional podrá ser paliada por las multitudes en las calles.

NOTAS:

  1. La economía ecuatoriana fue dolarizada el 9 de enero de 2000 por el entonces presidente Jamil Mahuad, luego de una gran crisis económica e inflacionaria. El impacto de la dolarización implicó la pérdida de soberanía monetaria, así como un aumento exponencial de los niveles de migración ecuatoriana a otros países, estimada en unos dos millones de personas, y el colapso de las clases medias por pérdida del valor de sus ahorros y salarios.
  2.  En ese momento el FMI se encontraba negociando préstamos con el gobierno del Ecuador por un valor de $4.200 millones bajo la condición de un ajuste estructural enfocado en la reducción del déficit público. 
  3.  Es importante señalar que la Cartera de Finanzas se encontraba ocupada por un el ex presidente de la Cámara de Industrial y Producción del Ecuador, y del Comité Empresarial Ecuatoriano. El economista Richard Martínez ocupó el cargo de ministro de finanzas hasta octubre de 2020. Días después de abandonar su cargo fue nombrado por el Banco Interamericano de Desarrollo como Vicepresidente de países miembros, a pesar de que el artículo 153 de la Constitución ecuatoriana prohíbe expresamente este tránsito de altos funcionarios del ministerio de finanzas hacia altos cargos de la Banca Internacional. Ante el cuestionamiento suscitado en la opinión pública por el nombramiento, el exfuncionario declarará no estar violando la Constitución pues a su criterio el BID “no es un organismo que capta y presta recursos como un banco comercial”, además “no califica como acreedor del país porque no tiene fines de lucro y no persigue intereses de accionistas particulares”. Más allá de las elaboradas justificaciones de técnica jurídica utilizadas para esconder una violación evidente de la Constitución, nos encontramos en la compleja zona gris donde ocurren los procesos de captura del Estado, a partir de la ocupación directa de las elites de altos cargos públicos y, el accionar de las puertas giratorias que acercan el gobierno a los intereses empresariales nacionales y globales, y lo alejan, cada vez más, de las demandas del pueblo.
  4.  Estos datos fueron publicados por la empresa CEDATOS en 15 de noviembre de 2019. También se incluyeron en un artículo de la revista digital Primicias del 18 de noviembre de 2019: https://www.primicias.ec/noticias/politica/ffaa-policia-instituciones-mejor-evaluadas-tras-protestas-octubre/?fbclid=IwAR1-b2XIZvU7zqtSIBrAKcWbiM9etdTxTplmbhLppdpnD_lYav7jK3hXBfc 
  5.  En septiembre de 2020 CEDATOS publica un nuevo informe con un balance sobre la opinión pública del periodo septiembre 2019 – septiembre 2020. 
  6.  Según Human Right Watch: “Durante las protestas de octubre, agentes de las fuerzas de seguridad ecuatorianas emplearon excesivamente la fuerza contra manifestantes y periodistas (…) De las 11 personas que fallecieron en el contexto de las protestas, al menos 4 habrían muerto por la acción de integrantes de las fuerzas de seguridad”.
  7.  El decreto ejecutivo número 883 fue publicado el 1 de octubre de 2019 y eliminaba el subsidio al combustible.
  8.  Al respecto, Oswaldo Jarrín, ministro de defensa del Ecuador declaraba el 7 de diciembre de 2019 “(…) las protestas se dieron con la presencia de la insurgencia. No solo sacamos una lección, sino que aplicamos una reacción. La directiva del Ministerio de Defensa es para enfrentar ese tipo de conflicto interno que está como insurgencia y no es otra cosa que grupos sociales de diverso tipo que se organizan, se valen del conflicto interno, de la rebelión, de violencia criminal, de actos de terrorismo para quebrantar el orden constitucional y democrático y sacar al Gobierno; eso se llama insubordinación e insurgencia”.
  9.  El empobrecimiento de la población es el escenario que se avizora para el Ecuador. Según un informe publicado por la CEPAL en el mes de abril, se espera que el país cierre con un PIB negativo de -6,5%; uno de los peores desempeños económicos de la región. (CEPAL, 2020). Un informe posterior del FMI elevaría la contracción al -9.5%.
  10.  El periódico español El País publicó el 4 de junio de 2020: “Una oleada de casos de corrupción golpea Ecuador en medio de la pandemia”. 
  11.  La respuesta de las autoridades locales y las elites fue la donación ataúdes de cartón para enterrar a los más pobres, condenados a vivir y morir en cajas de cartón.
  12.  El 4 de mayo de 2020, Diario El Comercio publicaba la siguiente nota: “237 cadáveres en descomposición se hallaron en contenedores cerca de hospital en Guayaquil; 131 de ellos sin identificar”.  
  13.  Declaraciones de la Ministra de Gobierno María Paula Romo a los medios de comunicación. Romo es la principal responsable política de los excesos de la violencia policial en octubre 2019. 
  14.  Hacemos referencia los textos escritos por Agamben, Brown, Rancier, Luc Nancy entre otros, y recopilados en el texto Democracia ¿en qué estado? .

Bibliografía

Agamben, G. (2014). Estado de excepción: Homo sacer, II, I (F. Costa & I. Costa, Trads.).

Agamben, Giorgio, Et. al. (2010) Democracia ¿En qué Estado? . Prometeo Libros. Buenos Aires.

Auyero, Javier (2007). La zona Gris. Violencia colectiva y política en la Argentina contemporánea. Siglo XXI editores, Buenos Aires, Argentina.

Brown, Wendy. (2010). «Hoy en día, somo todos demócratas». En: Giorgio Agamben et. Al. Democracia ¿En qué Estado? Prometeo Libros. Buenos Aires.

Brown, Wendy, (2017). «La destrucción de la democracia y la reconstrucción neoliberal del Estado y del sujeto». En: El pueblo sin atributos. La secreta revolución del neoliberalismo. Malpaso. México.

CEDATOS. (2020). Opinión de la población entre septiembre de 2019 y septiembre de 2020. Disponible en: https://cedatos.com.ec/blog/2020/09/19/cedatos-opinion-de-la-poblacion-entre-diciembre-2019-y-septiembre-2020/ 

CEPAL. (2020) Informe Especial N. 2, COVID-19. Dimensionar los efectos del COVID-19 para pensar en la reactivación. Abril. 

Diario El País. (2020). “Una oleada de casos de corrupción golpea Ecuador en medio de la pandemia. Disponible en:  https://elpais.com/sociedad/2020-06-05/una-oleada-de-casos-de-corrupcion-golpea-ecuador-en-medio-de-la-pandemia.html . Consultado el: 09/06/2020

Diario Expreso (2019). Oswaldo Jarrín: “Las protestas de octubre llegaron a nivel de insurgencia”. Disponible en: https://www.expreso.ec/actualidad/oswaldo-jarrin-protestas-octubre-insurgencia-980.html . Consultado el: 09/06/2020

Diario El Comercio (2020). “237 cadáveres en descomposición se hallaron en contenedores cerca de hospital en Guayaquil; 131 de ellos sin identificar”.  https://www.elcomercio.com/actualidad/cadaveres-descomposicion-guayaquil-covid19-contenedores.html 

Foucault, Michel (2006) Seguridad, Territorio, Población. Curso del Collège de France (1977-1978). Fondo de Cultura Económica. México D.F

Human Right Watch. (2020) Ecuador: Lecciones de las Protestas de 2019 Fuerza excesiva, muertes y arrestos arbitrarios; Violencia de manifestantes. Disponible en: https://www.hrw.org/es/news/2020/04/06/ecuador-lecciones-de-las-protestas-de-2019

Instituto Nacional de Estadísticas y Censos del Ecuador. Página oficial: https://www.ecuadorencifras.gob.ec/institucional/home/ 

Los Angeles Time. (2020). Ya no hay cuerpos en las calles, pero el coronavirus sigue golpeando a Ecuador con fuerza desproporcionada. https://www.latimes.com/espanol/internacional/articulo/2020-04-28/ya-no-hay-cuerpos-en-las-calles-pero-el-coronavirus-sigue-golpeando-a-ecuador-con-fuerza-desproporcionada

Orwell, George. (1945). Rebelión en la granja. Edición Digital. Disponible en: https://books.google.com.ec/books/about/Rebeli%C3%B3n_en_la_granja.html?id=BP7JBgAAQBAJ&printsec=frontcover&source=kp_read_button&redir_esc=y#v=onepage&q&f=false 

Primicias. (2019). “FF.AA. y Policía son las mejor evaluadas tras las protestas de octubre”. Consultado el 10/11/2020. Disponible en: https://www.primicias.ec/noticias/politica/ffaa-policia-instituciones-mejor-evaluadas-tras-protestas-octubre/?fbclid=IwAR1-b2XIZvU7zqtSIBrAKcWbiM9etdTxTplmbhLppdpnD_lYav7jK3hXBfc

Registro Oficial del Ecuador. Ley Orgánica de apoyo humanitario para combatir la crisis sanitaria derivada del Covid-19. 22 de junio, 2020. Disponible en: https://www.emov.gob.ec/sites/default/files/transparencia_2020/a2_41.pdf  

Vanguardia. (2020). “Pista invadida para impedir un aterrizaje de Iberia”. Consultado el 05/06/2020. Disponible en: https://www.lavanguardia.com/internacional/20200319/474256283106/aeropuerto-ecuador-guayaquil-coches-aviones.html 

Mayo de ‘68 nunca ocurrió

Por Gilles Deleuze y Félix Guattari

En fenómenos históricos como la Revolución de 1789, la Comuna de París o la Revolución de 1977, hay siempre una parte de acontecimiento irreductible a los determinismos sociales, a las series casuales. A los historiadores no les gusta esta dimensión, así que restauran retrospectivamente las causas. Pero el propio acontecimiento se encuentra en ruptura o en desnivel con respecto a las causalidades: es una bifurcación, una desviación de las leyes, un estado inestable que abre un nuevo campo de posibilidades. Prigogine ha hablado de estos estados en los cuales, incluso en la física, las diferencias mínimas se propagan en lugar de anularse y fenómenos absolutamente independientes entran en resonancia, en conjunción. En este sentido, aunque un acontecimiento sea contrariado, reprimido, recuperado, traicionado, no por ello deja de implicar algo superable. Son los renegados los que dicen: ha quedado superado. Pero el propio acontecimiento, aunque sea antiguo, no se deja superar: es apertura de lo posible. Acontece en el interior de los individuos tanto como en el espesor de una sociedad.

Claro que los fenómenos históricos que estamos invocando van acompañados de determinismos o causalidades, aunque sean de otra naturaleza. Mayo del 68 pertenece al orden de los acontecimientos puros, libres de toda causalidad normal o normativa. Su historia es “una sucesión de inestabilidades y de fluctuaciones amplificadas”. Hubo mucha agitación, gesticulación, palabras, bobadas, ilusiones en el 68, pero esto no es lo que cuenta. Lo que cuenta es que fue un fenómeno de videncia, como si una sociedad viese de repente lo que tenía de intolerable y viese al mismo tiempo la posibilidad de algo distinto. Es un fenómeno colectivo del tipo “Lo posible, que me ahogo…”. Lo posible no preexiste al acontecimiento sino que es creado por él. Es cuestión de vida. El acontecimiento crea una nueva existencia, produce una nueva subjetividad (nuevas relaciones con el cuerpo, con el tiempo, con la sexualidad, con el medio, con la cultura, con el trabajo…).

Cuando se produce una nueva mutación social, no basta con extraer sus consecuencias o sus efectos siguiendo líneas de causalidad económicas o políticas. Es preciso que la nueva sociedad sea capaz de constituir dispositivos colectivos correspondientes a la nueva subjetividad, de tal manera que ella desee la mutación. Ésta es la nueva “reconversión”. El New Deal americano o el despegue japonés son ejemplos muy diferentes de reconversión subjetiva, con todo tipo de ambigüedades y hasta de estructuras reaccionarias, pero también con la dosis de iniciativa o de creación que constituía un nuevo estado social capaz de responder a las exigencias del acontecimiento. En Francia, por el contrario, tras el 68 los poderes no han dejado de convivir con la idea de que “había que acabar con ello”. Y, en efecto, se ha acabado con ello, pero en condiciones catastróficas. Mayo del 68 no fue la consecuencia de una crisis ni de una reacción a una crisis. Más bien al contrario. La crisis actual, los actuales impasses de la crisis francesa, derivan directamente de la incapacidad de la sociedad francesa para asimilar Mayo del 68. La sociedad francesa ha mostrado una particular impotencia para operar una reconversión subjetiva a nivel colectivo, como exigía el 68: de no ser por ello, ¿cómo podría hoy acometer una reconversión económica de condiciones de “izquierda”? No ha sabido proponer nada a la gente, ni en el terreno de los estudiantes ni en el de los trabajadores. Todo lo nuevo se ha marginalizado o caricaturizado. Hoy vemos cómo la gente de Longway se aferra a sus instalaciones siderúrgicas, los productores de leche a sus vacas, etcétera: ¿qué otra cosa podrían hacer, puesto que todo dispositivo para una existencia nueva, para una nueva subjetividad colectiva, ha sido aplastada de antemano por la reacción ante el 68, tanto a la izquierda como a la derecha? Hasta las radios libres. En cada ocasión, lo posible ha quedado clausurado.

Nos encontramos por todas partes a los hijos del 68, aunque ellos no sepan que lo son, y cada país lo produce a su manera. No es una situación brillante. No son los jóvenes directivos. Son extrañamente indiferentes, y sin embargo están bien informados. Han dejado de ser exigentes, o narcisistas, pero saben perfectamente que nada responde actualmente a su subjetividad, a su capacidad de energía. Saben incluso que todas las reformas actuales se dirigen a más bien contra ellos. Se han decidido a dirigir sus propios asuntos hasta donde les sea posible. Mantienen una apertura, una posibilidad.

Esto ocurre en todo el mundo. Con el desempleo, las pensiones o la escolarización, se institucionalizan las “situaciones de abandono” controladas, tomando como modelo a los discapacitados. Las únicas reconversiones subjetivas actuales, en el orden colectivo, son las del capitalismo salvaje al estilo americano, o las del fundamentalismo musulmán al estilo de Irán o de las religiones afroamericanas al estilo de Brasil: son figuras contrapuestas de un nuevo integrismo (a las que habría que añadir el neopapismo europeo). Europa no tiene nada que proponer, y Francia tampoco parece tener una ambición que la de encabezar una Europa americanizada y rearmada que lleve a cabo desde arriba la necesaria reconversión económica. El campo de posibilidades está, por tanto, en otra parte: en el eje Este-Oeste, el pacifismo, en la medida en que se propone despotenciar las relaciones de conflicto, de rearme y también de complicidad y reparto en los Estados Unidos y la Unión Soviética; en el eje Norte-Sur, en un nuevo internacionalismo que ya no se apoa en una alianza con el tercer mundo sino en los fenómenos de tercermundización de los mismos países ricos (por ejemplo, la evolución de las metrópolis, la degradación de los centros urbanos, el crecimiento de un tercer mundo europeo como lo analiza Paul Virilio). No hay mas solución que la solución creadora. Estas reconversiones creadoras son las únicas que contribuirán a resolver la crisis actual y tomar el relevo de un Mayo del 68 generalizado, de una bifurcación o una fluctuación amplificada.

Publicado originalmente en Les Nouvelles Littéraires

3-9 Mayo de 1984.

Para hacer frente a estas derechas, no alcanza con la defensa de la democracia y los gobiernos llamados progresistas

Entrevista a Diego Sztulwark

Pandemia e interrupción

¿Qué desafíos habitan este tiempo de pandemia a nivel social, esta interrupción omnipresente?

No creo que haya habido realmente una “interrupción”, aún si la pandemia ha afectado nuestra vivencia del tiempo histórico. En lo inmediato, los automatismos financieros, comunicacionales e informacionales siguen dominando el cotidiano de muchas personas. Y no han aparecido mecanismos de reproducción social alternativos al neoliberal. Si la noción de “interrupción” me sigue pareciendo importante es en el nivel de una indagación. Porque es evidente que algo ha sucedido, algo ha cambiado. Quizás sea un cambio en el nivel de las creencias. Lo vemos en lo relativo a la tan esperada “vuelta a la normalidad”, o bien a las tentativas de una “nueva normalidad”. En las enormes dificultades de instalación de esa anhelada normalidad. Se ha vuelto esquiva, intangible. Hay un elemento de no certeza, una mayor conciencia de la fragilidad de nuestra existencia.

La “interrupción” no da cuenta de un final, pero sí nos recuerda del carácter finito y no asegurado de la vida individual y colectiva. Por lo que, si vamos a usar la noción de interrupción para describir la experiencia de la pandemia, me parece que habría que considerarla menos una noción descriptiva del estado de cosas, menos como llave de un discurso crítico, y más como una afección de la percepción de la realidad. Lo que sí es posible es que esa afectación de la percepción traiga consigo un potencial reflexivo, ético y político, en la medida en que favorezca ciertos interrogantes sobre la naturaleza de los mecanismos de reproducción, sus límites, sus efectos indeseables. Mi impresión es que el nivel de reflexión y ético de esta experiencia -la falta de reposo en el carácter automático de la realidad- se expande en una infinidad de conversaciones sobre el cotidiano. En esas conversaciones anida quizás la capacidad de una nueva narrativa sobre los cuidados, sobre lo público, sobre la relación con el dinero y con el tiempo. Pero por el momento no veo que esas conversaciones encuentren traducciones interesantes -ni tampoco da lugar a nuevas síntesis colectivas- en el plano de la política convencional.

Derechas y desafíos

Pareciera haber un devenir hacia posiciones más radicalizadas de extrema derecha a nivel global, en algunos casos, fomentadas también desde los grandes emporios mediáticos, con ingredientes xenofóbicos, racistas, nacionalistas y ultra conservadores que promueven abiertamente la dimisión de los gobiernos «constitucionales». En este sentido: ¿Es suficiente manifestar el compromiso de defender el «sistema democrático» por parte de las fuerzas progresistas?, ¿Es esperable una recreación de los gobiernos populistas de la década pasada con otros rostros?, ¿O se impone, a través de diversas fuerzas sociales, una nueva forma de vida, que no tiene nombre aún, y a su vez, no cuenta con el poder suficiente para hacerse escuchar y ver?

Cada vez más se habla de estos nuevos rostros de las derechas, que a veces ganan elecciones (Trump, Bolsonaro), otras organizan golpes (Bolivia) y muchas otras, intervienen como discursividad intolerante (Argentina). Pienso que este tipo de fascismo tan particular podría ser estudiado desde la lógica del miedo, de un delirio de los propietarios, un tipo de racionalización de la crisis en términos de asegurar el orden, la propiedad y las jerarquías. Este delirio de los propietarios se extiende a todo aquel que acepta vivir la fragilidad de los enlaces y las estructuras en términos de amenaza de sus derechos y/o posesiones. La experiencia de la posesión, en ese sentido, atraviesa a todas las clases sociales. Se trata de un delirio transversal, aunque particularmente encendido entre las clases dominantes. Me pregunto si ese miedo no dio lugar ya a un nuevo tipo de comportamiento dominado por el anhelo del aseguramiento: aseguramiento de la tasa de ganancia decreciente; de los consumos a las mercancías, del control del aparato represivo, de la subordinación de la fuerza de trabajo cada vez más precarizada. Estas dinámicas de la seguridad parecen estar actualizando las formas más brutales de la violencia sobre la tierra y sus derivados, sobre las comunidades y los cuerpos. Las formas más groseras de sexismo, clasismo y racismo son reavivadas en estas tentativas de aseguramiento.

¿Y de qué formas se enfrenta a este nuevo formato ideológico de las derechas?

Me parece que para hacer frente a estas derechas, no alcanza en lo más mínimo con la defensa de la democracia y los gobiernos llamados progresistas, por la sencilla razón de que estas fuerzas aseguradoras no hacen sino desinhibir los pactos preexistentes a nuestras democracias. No hacen sino sacar a la luz las desigualdades que las democracias no quieren, no saben o no pueden cuestionar. El repliegue sobre lo políticamente correcto y la defensa de la democracia son signos de impotencia, que no permiten encarar aquello que en las nuevas derechas es agresivo y desafiante. Me resulta absurdo responder a la movilización desfachatada del odio, que se presenta a sí misma como transgresión al orden, con una apelación abstracta a la igualdad, o al respeto de las leyes y las instituciones. Como si no fuera esta misma idea puramente retórica de la igualdad y el carácter completamente retrógrado del aparato jurídico lo que efectivamente hay que cuestionar.

 

¿Cómo debería jugar «lo político» frente a esto»?

Sucede que lo político se encuentra en retraso respecto de estas tareas. Y ese retraso se torna muy peligroso. De hecho, la falta de reacción política en un sentido de transformación estructural, no hace mas que regalarle a la derecha el lugar de la disidencia y el procesamiento del malestar, lo que no deja de ser completamente absurdo dado que la derecha no es transgresora sino exhibicionista, no cuestiona nada, solo reivindica y exhibe aquellas jerarquías que la llamada democracia no se atreve a revisar. Si miramos de cerca el panorama de las últimas semanas en la Argentina, por ejemplo, se ve con claridad la dificultad en la que quedan colocados los gobiernos llamados progresistas.

Veamos lo que ocurrió por ejemplo con el tratamiento que dio el Gobierno de la Provincia de Buenos Aires a la toma de tierras ocurrida en la localidad de Guernica…

Desalojo en Guernica, Buenos Aires

¿Cuál es tu mirada al respecto en cuanto al proceder del gobierno bonaerense?

Vemos que ha sido incapaz de entrar en diálogos con las organizaciones de la toma, el gobierno eligió el camino de hacer cumplir la orden de desalojo promovida por el poder judicial. El desalojo quedó a cargo del ministro de seguridad, Sergio Berni, quién utilizó el hecho para lanzar su campaña política con el discurso del aseguramiento militar de la propiedad privada (https://www.clarin.com/politica/video-spot-sergio-berni-desalojo-guernica_3_P_yyCDdZX.html). Lo de Guernica es sólo un ejemplo, aunque un ejemplo especial, puesto que permite plantear interrogantes fundamentales sobre el futuro. La dinámica del proceso cambia de naturaleza cuando los gobiernos acompañan en la formación de organización y extraen de ahí una narrativa histórico política, o cuando conceden a las fuerzas conservadoras, que tanto peso tienen sobre la realidad, políticas represivas de la conflictividad social, asumiendo una narrativa fundada en la pulsión aseguradora que recorre por dentro a todas las fuerzas en el gobierno. Cuando hablo de cambio de naturaleza me refiero a la idea misma de la democracia: no es igual una democracia que se abre como una posibilidad para expandir las luchas, y encuentra ahí ocasión para su propia innovación institucional, que una vivida como puro formalismo jurídico y aplicación de las leyes vigentes.

Reflexionar sobre el Todo

Me interesó un concepto tuyo, vertido en una entrevista reciente y es el de «lo dado» como forma de control y aceptación social. ¿Podrías sintetizarlo?

Es un poco el mismo razonamiento que hacíamos sobre la democracia. La gestión de lo dado se justifica en la complejidad de la situación, y en la dificultad de producir transformaciones desde la gestión del estado. De ahí la idea de una democracia a defender, o unas instituciones a respetar. Y no a crear.

Si la política se torna pura gestión, pura defensa, pura adecuación, puro respeto a reglas, deja de inventar, de traducir lo que se produce en el campo de la innovación colectiva. ¿Cómo se ve esto? Cada vez que se desoyen las luchas populares como si fueran pre políticas, inmaduras, incapaces de tener en cuenta la realidad. La política agobiada por la crisis se torna impotente y tiende a blanquear -y no a transformar- las relaciones de fuerzas provenientes de la dinámica de la acumulación del capital.

El filósofo Henry Bergson, que escribió su obra a comienzos del siglo XX, hacía esta distinción entre un Todo dado y un Todo Abierto. Para él, los movimientos de la realidad expresaban siempre un cambio en el Todo. La naturaleza Abierta del Todo exigía un acto de creación. Mientras que el Todo dado, cerrado, sería mas bien una ficción, una representación reaccionaria de la realidad. Tal vez esta reflexión sobre el Todo permita organizar el esquema que venimos planteando: la percepción afectada por una cierta fragilidad, una cierta sensación de “interrupción”, podría animar una nueva comprensión de la naturaleza Abierta, mientras que las dinámicas del “aseguramiento” actúan en el sentido de reforzar la experiencia del Todo-ya-dado. Y se plantean actuar de modo tal que ese Todo no sea nuevamente abierto.

Medios masivos de manipulación

Hay una tendencia no nueva a pensar que lo que «nos muestran» los medios es lo que pasa y es de lo que importa hablar. Esto se ve mucho actualmente en las redes y lo vivo como un profundo síntoma de reducción de la palabra y el pensamiento de muchas personas que, incluso, tienen buenos valores y están comprometidas socialmente. ¿Qué elementos se te ocurren interesantes para romper esa inercia y cómo los aplicarías?

No me parece muy interesante la teoría de la manipulación, según la cual los medios de comunicación mienten y crean una realidad que las personas consumimos pasivamente. No me parece que se corrobore en el espacio político. Por supuesto que hay mucha mentira y mucha manipulación, pero evidentemente el fenómeno es bastante más complejo. De hecho, la mediatización abarca todos los niveles de la experiencia, y no solo el consumo de información política. Si volvemos a lo que reflexionábamos sobre el Todo-dado o el Todo Abierto, seguimos siempre tomados por el mismo tipo de desafío: ¿Cómo romper el efecto del Todo-dado, reforzado por cierto uso masivo de medios y redes?

Me parece que las experiencias de politización, del pasado y del presente, tienden a problematizar y a inventar una relación abierta entre capas de realidad. Una relación abierta en el sentido de hacerlas interactuar, dando lugar a zonas híbridas o mixtas de elaboración de sentido y de experiencia.

Diversidad y resistencia

Siempre rescatás esa especie de hilo conductor histórico que existe en la Argentina entre grupos revolucionarios de los 70, movimientos de derechos humanos contra la dictadura, ruptura en 2001 y aparición de movimientos sociales, feminismos, etcétera como tensiones y oportunidades. ¿Cómo pensás que actuó el kirchnerismo con esa herencia emocional y por qué?, ¿tienen margen de maniobra los movimientos que se hicieron oficialistas entre 2003 y 2015?

El rescate de una línea de tiempo fundada en desobediencias y rebeliones nace de una cierta manera de atravesar la llamada “transición democrática” argentina a partir de la dinámica viva de la lucha de las Madres de Plaza de Mayo y los organismos de derechos humanos y atraviesa la experiencia de la llamada crisis del 2001. Lo que hay de vivo y oxigenado en la Argentina de las últimas décadas proviene de esa línea de tiempo. En torno a lo que llamás “kirchnerismo” se articularon algunas personas, grupos y movimientos que aspiran a traducir en la política convencional esa línea de tiempo. Desde mi punto de vista, el hecho que esa traducción haya sido débil y no haya producido transformaciones de fondo, implica dos tipos de consecuencias.

¿Cuáles serían las principales consecuencias sobre este punto?

Por un lado, que la política convencional implica lidiar con relaciones de fuerzas imposibles de modificar desde la gestión de lo existente. Y en segundo lugar, que es preciso contactar con un reverso de lo político donde personas y grupos crean sensibilidades y estrategias diferentes. El problema de los movimientos que se vuelven oficialistas es que maltratan este reverso. Lo consideran pre-político. Y se dedican a infantilizarlo. Pienso que la agresividad capitalista en aumento tiende a escindir a las fuerzas políticas transformadoras en dos movimientos disociados: por un lado, a nivel de lo político convencional, la participación en frentes políticos defensivos, por otro, a nivel de un reverso de lo político, una resistencia a los modos de mando y de vida propiamente neoliberales que no encuentra expresión, traducción ni representación propiamente política.

Paulo Freire ya hablaba en los años 60 de la necesidad del ascenso social de los trabajadores, pero teniendo en cuenta que había una construcción pedagógica que hacía que, al ascender, se volvieran conservadores para cuidar sus bienes y eso se verificaba en sus elecciones políticas futuras. ¿Aprendimos la lección?

Lo que aprendimos, me parece, es que el problema de la educación y de la toma de conciencia se ha vuelto más complejo, y que las formas pedagógicas de la emancipación son ineficaces cuando están separadas de experiencias más generales de cuestionamiento al orden. Lo hemos visto en torno al consumo.

En 2015, cuando Macri ganó las elecciones, muchas personas razonaron que el problema fue la falta de explicaciones ligadas a los beneficios materiales de la década previa. Estas personas pensaban que la experiencia política consistía en el lazo entre dos procesos complementarios: por un lado, el acceso al consumo, y por otro, las explicaciones pedagógicas que apuntan a la conciencia. Y bien ¿Dónde estuvo el error, según este modo de pensar?

¿En dónde ves estos «errores» que comentás?

Algunos concluyeron que falló la explicación (¡la gente no supo “entender”, por fallas del maestro!). Otros directamente echaron la culpa a los supuestos beneficiados (el pueblo se mostró desagradecido con quien lo benefició). Hubo finalmente, quienes concluyeron que los beneficios, quizás no fueron tantos, ni tan sostenidos. En todos los casos, aquella derrota política quizás nos permita plantear el problema de otro modo: las modalidades de consumo son ya, ellas mismas, explicaciones sobre el mundo, la sociedad y el deseo. Y no hay modo de sustituir estas explicaciones por otras, sin afectar los modos mismos en que se produce y se organiza la experiencia neoliberal del consumo.

Tercera información 

Hongos, parásitos y otras infestaciones: trazando el diagrama del Comandantismo Venezolano

“El hongo Ophiocordyceps unilateralis tiene un solo objetivo: la auto propagación y la dispersión (…) el hongo infecta a una hormiga a través de esporas que se adhieren y penetran en el exoesqueleto y lentamente controla su comportamiento. A medida que la infección avanza, la hormiga cautivada se ve obligada a abandonar su nido por un microclima que es favorable para el crecimiento del hongo. La hormiga se ve obligada a descender a unas 10 pulgadas del suelo, hundir sus mandíbulas en una vena de hoja en el lado norte de la planta, y esperar la muerte. Mientras tanto, el hongo se alimenta de las entrañas de su víctima hasta que está listo para la etapa final. Varios días después de la muerte de la hormiga, el hongo atraviesa la cabeza de la hormiga, convirtiendo su cadáver arrugado en una plataforma de lanzamiento de la que puede expulsar sus esporas e infectar a nuevas hormigas”

“Cómo un hongo parásito convierte a las hormigas en zombis” 1. NationalGeographic.

Pos-democracia.

Luego de su prehistoria como logia militar, el chavismo surgió en 1998 como una coalición cívico militar liderada por Hugo Chávez líder del golpe del año 1992 contra el corrupto gobierno de Carlos Andrés Pérez. Chávez ganó cómodamente las elecciones y luego con la Asamblea Constituyente, marcó una ruptura con el periodo anterior: al convertirse en “República Bolivariana” Venezuela iniciaba una nueva era. Aprobada la constitución, Chávez emergió como el hombre más poderoso del país.

En otro momento habrá que escribir más sobre esa prehistoria y las tempranas e intensas influencias tanto de la izquierda guerrillerista del Partido de la Revolución Venezolana como del peronismo de Norberto Ceresole. Por ahora solo basta decir que este último  había conceptualizado claramente al castrismo -y por extensión al chavismo- como tradicionalismos o arcaísmos más que como innovaciones:

Luego de la caída de Moscú, lo único que hoy queda vivo (en Cuba) es la acción pertinaz de un caudillo que aglutina al pueblo-nación. Sin ese cemento implosionaría la totalidad del sistema: después de cuarenta años de experimentos nada quedaría en pie a los pocos minutos de la eventual desaparición del caudillo. En ese sentido, también, la posdemocracia venezolana es una tradición fuertemente arraigada en la cultura política hispano-criolla” 2

Pronto surgió una  oposición tan fanáticamente adversa a Chávez como fanática era la devoción a él que empezaba a revelarse. Los recelos y temores -completamente fundados- hacia su autoritarismo e  incompetencia se mezclaron  con los prejuicios más viles contra su origen popular y su reivindicación de los pobres. Inició así una de las primeras y más violentas cultural wars del siglo XXI.

La oposición inició una historia en que alternaría intentos igualmente oportunistas de destruir el chavismo con otros de lograr un pacto de convivencia política.  La primera etapa de esta lucha, que estuvo cerca de llegar a la guerra civil, inició con un Paro Patronal el 10 de diciembre de 2001 y terminó el 3 de febrero de 2003 con el fin del Paro Petrolero que causó una recesión económica severa. Su punto culminante fue el Golpe de Abril en que Chávez fue derrocado y luego volvió al poder, y el paro petrolero de diciembre de 2002. El acuerdo de Chávez con Carter sancionó su victoria. 

Antes de estos fracasos el caudillo no tenía control total de instituciones como las Fuerzas Armadas y PDVSA, pero luego logró depurarlas y controlarlas. En 2005  3  la abstención de la oposición en las elecciones parlamentarias llevó a la desaparición de facto de la autonomía del poder legislativo.  Chávez empezó a hablar de socialismo y ya no de democracia participativa. Desde entonces  la conexión con el estado cubano y toda la diplomacia izquierdista se hizo esencial para el chavismo.

La reforma constitucional de 2007, en que Chávez quiso expresar su nuevo proyecto, era tan contraria al espíritu de una constitución de menos de 10 años que muchos chavistas se alarmaron por el nuevo rumbo de las cosas, advirtiendo sobre la burocratización y la consolidación del caudillismo:

“Con la reforma constitucional, sin discusión, pasaremos a formalizar constitucionalmente este esquema  (el caudillismo) convirtiéndolo en un modelo coagulado de liderazgo y mando indefinido en el tiempo y que se extenderá sobre toda la república (…) la negociación tácita hasta ahora vigente de “denme poder que les daré poder” (…)se incrusta a través de la violencia de la ley en el formato republicano, convirtiendo el supuesto imprescindible del mando único y personal en una condena constitucionalizada”. 4

En efecto el chavismo era ahora parte integral de la izquierda pero era una izquierda monárquica para la que “está implícita la idea de que el poder debe permanecer concentrado, unificado y centralizado” 5. Si Chávez se hizo de izquierda es porque nada le expresaba tan bien sus tendencias como las ideas del partido único y toda una larga tradición de militarismo de izquierdas centrada en el culto y la obediencia a los jefes militares. 

En efecto, las ideas de que existe gente con consciencia y gente inconsciente, masas que obedecen y vanguardias que mandan, la obsesión con la centralización y las jerarquías, las analogías militares,  eran propicias para un proyecto práctica y conceptualmente monárquico cuyo principio era la unidad de los poderes y el poder de uno solo.

Desde entonces el caudillismo de Chávez devino en  una suerte de militarismo de izquierda, de inspiración castrista, que podemos llamar “comandantismo” 6. En el Comandantismo venezolano el militarismo de izquierdas se convierte en la expresión de los contenidos del  militarismo tradicional del MBR-200, la logia militar de Hugo Chávez. De ahí que el costumbrismo de Chávez, su conservatismo en temas sexuales, su cristianismo folk, su ruralismo  patriarcal, se mezclara con consignas bolcheviques y reivindicaciones de Lenin,  Gramsci o Negri. 

A diferencia del crudo y esencialmente anacrónico golpe de la oposición en 2002 la toma de poder del chavismo fue una ocupación sistemática, una captura del estado: las elecciones se degradaron en plebiscitos, la constitución en un repertorio de consignas vacías,  la poca división de poderes desapareció y toda organización popular o ciudadana fue desmovilizada o cooptada ya por el chavismo ya por la oposición antichavista, sin cuyo oportunismo, corrupción, y decisiones desafortunadas esto no habría sido posible. La desdemocratización es un proceso en que una purga en la industria petrolera o eléctrica, encarcelar a una jueza en ejercicio 7 o hacer que los soldados se proclamaran “chavistas y socialistas” son pequeñas y sucesivas tomas de poder. 

Las fuerzas armadas venezolanas se convirtieron en extensiones de la personalidad del jefe de estado, leales a su persona 8 y no a la república  pues en este esquema “la lealtad personal sin obligación colectiva” es la “base fundamental de la constitución orgánica y de la moral política, el comportamiento de hombre a hombre, el vínculo social de individuo a individuo” 9. 

Es que, aunque no carecía del impulso revolucionario de destruir el estado, el chavismo no hizo más que convertirlo en su medio  ambiente, su vector, al estilo del Ophiocordyceps unilateralis. Tal vez fue por falta de vigor e imaginación políticas –y una inherente mediocridad- o tal vez porque simplemente las fuerzas armadas, corazón del chavismo, estaban demasiado arraigadas en el viejo aparato de estado como para destruirlo. Así, más que crear un estado nuevo a imagen del partido, como habría hecho el estalinismo, el chavismo lo capturó tal como hicieron el peronismo y los fascismos históricos de los años 30 y luego creció a través de él.

 “Gobierno Privado Indirecto”.

Así,  las Fuerzas Armadas se han convertido en sí mismas en un partido,  o el brazo armado de un partido, estrategia que Chávez llamó Unión Cívico-Militar. Esto fue formulado por uno de los “ideólogos” del chavismo de la siguiente forma:

“1)… sin la FFAA no puede triunfar la revolución y 2) que permanente se libra una lucha política entre la revolución y la contrarrevolución por ganarse a la Fuerza Armada. La posibilidad del desarrollo y consolidación definitiva de la Revolución Democrática Nacional dependerá de la Lealtad de la Fuerza Armada”  10 (…) La unidad cívico-militar se expresa en la integración del gobierno, en la participación de los militares en los programas sociales, y en cierta manera, es personificada por el Presidente Hugo Chávez” 11.

En realidad el  “partido” cívico-militar es una combinación de facciones en que se encuentran civiles altamente ideologizados con militares que creen tener potestades o derechos sobre el estado. En este sentido la politización de los militares retirados es clave: el militar retirado es el vínculo entre ambas esferas en ese sentido hasta se podría llamar a este nuevo militarismo como uno de ex-militares grupo del cual el Capitán Diosdado Cabello es  la figura más destacada. 

Esto hace posible la circulación entre civiles militaristas o milicianos, a veces vinculados a grupos armados semejantes a las milicias brasileras 12, y militares, que se pasan al mundo civil transportando sus concepciones del poder y del comando. El resultado es un diseño autoritario, jerárquico, pero también caótico y faccionalista.

El chavismo no solo tuvo como antecedente una intensa “ideologización” de los militares que pasaron a creer en su destino manifiesto como salvadores de la patria sino la corrupción crónica del estamento militar: además de aparecer en muchos esquemas de corrupción, los militares, desde al menos los años 80´s, se convirtieron en rentistas armados con una relación predatoria con la población y el territorio. Esto es particularmente cierto respecto a la Guardia Nacional: la relación predatoria y parasitaria que la Guardia tenía, desde su fundación, con la población, su asociación con todas las formas de crimen, se convirtió en un modelo en el periodo chavista: la Guardia Nacional sacaba rentas de las cárceles privatizadas 13, y controla casi todo el contrabando de gasolina y alimentos subsidiados.   En las minas del sur del Caroní todo un nuevo tipo de extractivismo, informal, mafioso y esclavista, se instaló bajo la tutela de los militares que  establecieron provechosos acuerdos con los llamados “sindicatos mineros” 14. CAMIMPEG 15 una corporación militar con derecho a explotar las riquezas del subsuelo venezolano simplemente es la expresión más clara de esa potestad del militarismo venezolano sobre el subsuelo, un soberanismo que se expresa con retorica no solo nacionalista sino anti-imperialista. Se puede decir que el chavismo es un agenciamiento en que la apropiación de estado y territorio por un partido cívico-militar se expresa en un discurso soberanista y anti-imperialista.

 Todo ha de ser estatal pero solo para que sea chavista, todo ha de ser chavista para que lo capture el partido cívico-militar. El paradójico resultado es la fragmentación tanto del estado como del territorio: mientras más se obsesionaba Chávez con la soberanía más ésta se disolvía: el estado en dominios de diferentes facciones y el territorio  en un queso gruyere donde cualquier  grupo armado puede  hacer lo que le place terminándose, de facto, el  «monopolio de la violencia legítima” 16. 

Esta masificación de la corrupción militar no solo se hizo posible por que los militares, activos o retirados, ocuparan altos cargos públicos sino por las redes que hacen con la corrupción civil. Se ponen personas de confianza que a su vez tienen su propia gente de confianza.  El criterio para estos nombramientos es solo la lealtad y no la preparación profesional y, por tanto, un militar de baja graduación (mayor o capitán) puede ocupar un cargo muy importante: el teniente Alejandro Andrade, guardaespaldas de Chávez, fue director  del Tesoro Nacional 17 cargo en el que  le siguió la enfermera del caudillo. Investigaciones periodísticas y judiciales han descubierto no solo a Generales sino a mayores y tenientes al frente de grandes redes y masivos negocios 18.

En torno a Hugo Chávez se extendió una red de facciones que le dieron un carácter a la vez mafioso y oligárquico al poder chavista. Esto quiere decir que el estado es controlado por una racionalidad no estatal, un tipo de inteligencia y de cálculo que es distinto de aquel del militarismo del siglo XX que pensaba en términos del esplendor y poder del estado 19.

En el socialismo de Chávez las técnicas de gobierno chavistas son una amplificación desmesurada de las desarrollistas y cepalistas de los años 70´s y 80´s: nacionalizaciones, controles de precios y de cambios y enormes complejos burocráticos no eran  desconocidos en Venezuela pero el chavismo, en la medida en que fue monopolizando todos los poderes públicos, no solo les quitó la  forma legal sino la racionalidad económica pues  se supone que existía una riqueza ilimitada en el subsuelo que solo hace falta repartir.  Extremadamente primitivo si se le compara incluso con el cubano y más aún con los de Europa del este el socialismo de Chávez quedó tan inconcluso como cualquier otro proyecto del comandante 20.

Este socialismo fallido se basaba no solo en la viciosa centralización administrativa  sino en el monopolio del dólar. Como han señalado incluso economistas chavistas su función no solo era  la apropiación de los recursos estatales, que quedaban en manos de militares retirados y activos, sino  crear mercados negros 21 siendo el principal el del dólar donde se podían comprar muy barata esa divisa para venderla cara en el mercado paralelo.  El absurdo proyecto del petro de Maduro demuestra la idea arcaica que este “extractivismo militar”,   que orienta la economía a la importación, tiene de la riqueza: el valor no se produce en el trabajo o el intercambio sino que ya reside en la bóveda primigenia que es la tierra: el chavismo entendía la “cuestión social” como una redistribución de esa riqueza que consideraba ilimitada. 

Así, la toma de poder del partido cívico militar requiere una biopolítica de la saturación un medio ambiente saturado de Chavismo: imágenes y sonidos, moneda sobrevaluada, bienes de consumo, médicos cubanos, medicinas baratas…pero mientras más saturado está el medio ambiente de Chavismo se degrada más. Durante el boom petrolero el chavismo servía un banquete en el suelo de  un baño sucio: los hospitales siempre fueron igual de precarios y decadentes 22 y los barrios igual de pobres -y cada vez más violentos- pero ahora recibían medicinas, comida y mano de obra cubana que mejoraba las cosas un poco sin ningún cambio estructural. Incluso Barrio Adentro, de lejos la idea más y prometedora del chavismo no pasó de ser otro proyecto inconcluso. 

Hizo falta no solo la hiperinflación y el colapso sino una enorme resistencia social para que se abandonara este modelo basado en los monopolios estatales. No en balde la primera reforma económica de Maduro, en 2018, llegó luego de la huelga de  las enfermeras que exigían igualar su salario al de los militares 23 24. Pero la razón de fondo es que, con el colapso de la industria petrolera, el gobierno se quedó sin dólares, la moneda nacional perdió todo su valor,  y el dólar reemplazó al bolívar como unidad contable eliminándose en la práctica la distinción entre mercado oficial y mercado paralelo. 

El Madurismo nace de una lucha por conservar el poder modificando sus mecanismos y estrategias: Maduro no es la negación de Chávez sino su persistencia mediante el devenir. En el periodo de formación del Madurismo se radicaliza una tendencia que es común a todo el proceso de colapso (que inicia en 2009-2010 con los apagones nacionales, la escalada de la violencia urbana y el colapso del aparato productivo) el chavismo se consolida mientras el colapso se profundiza.

Un gobierno  en esa posición termina por gestionar o administrar un colapso que no puede detener: El colapso del sistema eléctrico Venezolano, iniciado desde 2009  25, ha dado lugar a una política de administrar la escasa eléctrica en beneficio de la Región Capital dejando a regiones como Zulia y los Andes casi sin electricidad. Esa lógica de racionamiento del mismo desastre permea a toda la nueva gubernamentalidad. 

Entre 2017 y 2019 Maduro impuso su candidatura a la reelección y sobrevivió a un duro ciclo de luchas: rebeliones urbanas de las clases medias y los estudiantes, constantes conflictos con los sindicatos y gremios (especialmente con maestros 27, enfermeras y obreros 28 de las siderúrgicas) conspiraciones militares  y policiales (especialmente la de Oscar Pérez 29) revueltas en barrios populares a principios de 2019, masificación de la migración y las deserciones militares completan el cuadro del que la que la emergencia del binomio Guaidó-Trump fueron solo la culminación.  

Sin embargo la coyuntura abierta luego de las negociaciones de Oslo, que terminaron con esos  años de intensa lucha por el poder, parecía una de estabilidad y hasta de una reactivación alimentada la economía por ingresos provenientes del oro 30 31, una relativa subida tanto de los precios del petróleo como de la producción petrolera (no por la estatal Pdvsa sino por empresas americanas y rusas) y por el constante influjo de remesas. Maduro hasta se felicitó por  la dolarización de facto de la economía marcando un corte claro respecto a las políticas económicas heredadas de Hugo Chávez.

Así a finales de 2019 Maduro tiene, entonces, toda la libertad para intentar una reforma o rediseño de la gubernamentalidad chavista pero ya no tiene las condiciones para hacerlo: sin ingresos petroleros, casi sin reservas internacionales, sancionado, endeudado y sin fuentes de crédito importantes, con el estado mismo  en descomposición, el intento de reforma madurista llega tarde.

Interzona. 

La caída de la producción de petróleo y la gasolina es, sin duda, el signo más claro de la inviabilidad de la reforma madurista: los reportes de la OPEP 32 son el registro objetivo de un estancamiento de la producción de petrolero en unos  2.4 millones de barriles diarios en todo el periodo de Hugo Chávez y una caída estrepitosa desde 2015. Según el informe del 13 de Mayo 33 Venezuela estaba produciendo 737 mil barriles diarios. Ya la producción había bajado a menos de un millón de barriles desde el tercer cuarto de 2019 y en 2018 ya estaba en 1.5 millones al día 34. El estancamiento y posterior caída de la producción no tiene otra causa que la corrupción ilimitada y la desprofesionalización de la gestión como ha reconocido el antiguo “Zar” de PDVSA Rafael Ramírez, uno de los hombres de confianza  de Chávez y hoy enemigo de Maduro, en pocas palabras: la red cívico-militar también devoró la industria petrolera.

Tras un periodo de recuperación  los precios del crudo se desplomaron el 8 de Marzo en medio de una caída abismal de la demanda causada por  la pandemia que fue declarada el 11 de Marzo. Algo ya suficientemente malo para Venezuela  que empeoró con las sanciones americanas: el 18 de febrero el Departamento del Tesoro sancionaba a Rosneft Trading 36 que no solo vendía el crudo venezolano sino que también abastecía al país de gasolina. El 22 de abril le prohibía a Chévron, seguir haciendo negocios con el estado venezolano 37 completando el trabajo de las sanciones de enero de 2019 que cortaron 100 años de comercio petrolero entre Venezuela y EEUU. En Marzo 26 el departamento de estado ofreció una recompensa por información que condujese a la captura de los jefes del “cartel de los soles” es decir, a las figuras principales del chavismo 38. 

Barcos estadounidenses empezaron a patrullar cerca de las costas venezolanas pero no ocurrió la intervención o el bloqueo total que ciertos sectores de la oposición esperaban. Lo cierto es que la disolución de la oposición venezolana, en un exilio y las sanciones son parte de un mismo movimiento en que la política es sanitarizada y los venezolanos reducidos a casos humanitarios incapaces de influir en su propio destino. 

Luego del 11 de septiembre las intervenciones exteriores de los EEUU se han demostrado incapaces de crear orden de ningún tipo, desastrosas y entrópicas, han llevado o multiplicado el caos o el desastre en el Oriente Medio y el Norte de África. Venezuela no es la excepción: las sanciones aplicadas desde 2017 y en particular las de 2019  a la vez han acelerado el colapso y empujando a Venezuela hacia el campo de las economías ilegales pero, como en otros países, se han mostrado incapaces de causar un cambio  político. 

Con la salida de Rosneft del panorama no había forma de abastecer el mercado de gasolina interno y solo hay estimaciones de cuanta se produce en el país 39. El hecho de que la gasolina ahora sea importada y que el proveedor sea Irán hace que  el abastecimiento sea todo un problema geopolítico 40 41. Aunque no hay ningún tipo de información oficial se cree que la gasolina se compra a Irán con oro del sur de Venezuela. El ocaso de la producción petrolera ha dado paso a un extractivismo minero cuyo polo es la amazonia venezolana y a un rentismo abstracto en que se extraen rentas de cualquier actividad particularmente las ilegales. En ese contexto no está claro hasta qué punto el “cartel de los soles” es mítico y hasta qué punto es real  pero los vínculos de los militares venezolanos y del chavismo con el narcotráfico no son nuevos 42.

Desde antes el sur de Venezuela, rico en hierro, oro y bauxita, tenía mucho de la Interzona de Burroughs: barcos de todo el mundo remontaban el Orinoco, emigrantes guyaneses devotos de Ganesh y haitianos y trinitarios vendían helados en las calles ardientes, creole, biharí y árabe se escuchaban en las barriadas de San Félix. Mercaderes drusos y chinos llegaban a los pueblos más apartados, garimpeiros brasileros y aventureros ecuatorianos minaban la tierra. Más con el proyecto de sacar oro del “Arco Minero del Orinoco” al sur de Venezuela las selvas del Caroní se convirtieron en  un nodo de una red de tráfico universal: el oro extraído al bruto de las riberas del rio es llevado al Banco Central en Caracas donde es vendido a Rusia, Siria Turquía e Irán, o intercambiado por todo tipo de productos. Noticias e informes de aviones saliendo con oro de aeropuertos venezolanos resurgen periódicamente. 

Erdogan incluso visitó Caracas y pareciera que un mosaico de potencias e “imperialismos” con sus propios intereses y reclamos fueran la contrapartida del soberanismo de Chávez. A la perturbadora simbiosis del chavismo con el estado cubano y la presencia cierta del ELN, se une la dependencia militar con Rusia y ahora una complicada red de conexiones con entes públicos y privados, mafias y facciones, que se hace más clandestina y compleja en la medida en que las sanciones americanas se hacen más severas: Jalifa Haftar, señor guerrero libio también ha visitado Caracas sin duda ofreciendo vías para vender el petróleo y adquirir la gasolina. Por más de 100 años mercaderes del medio oriente han entrado por los ríos de la amazonia, solo que hoy lo hacen extendiendo las redes clandestinas creadas por las sanciones americanas. 

Lo cierto es que sin dinero ni capacidad de solicitar créditos el partido cívico-militar no puede otra cosa que saquear la bóveda primigenia: no hay capitalismo más “salvaje”, desarrollismo más brutal, extractivismo más puro que el suyo. Las marcas de ese saqueo se ven en la devastación del rio Caroní y en las noticias de matanzas de indígenas y mineros y en la destrucción de zonas antes casi sagradas como Canaima. 

Como con el Ophiocordyceps la infestación en esta Interzona en que se ha convertido el sur de Venezuela se deja ver tanto en la ruina de de bosques y ciudades como en la opulencia de la vida de aquellos que, con desdén, los venezolanos llaman “enchufados”, esporas del partido cívico militar, que sin embargo, no tienen intención de abandonar el cuerpo que han invadido.

 

Notas:

 

  1. Jennifer Lu. How a parasitic fungus turns ants into ‘zombies’ The deadly parasite’s grand finale involves sending toxic spores blooming from the dead ant’s head. National Geographic. 18 04 2019.
  2.  Norberto Ceresole. “Caudillo, ejército, pueblo. La Venezuela del presidente Chávez” . Ediciones Al – andalus. Madrid, España. 
  3.  El País. Venezuela celebra unas elecciones legislativas marcadas por el boicot de la oposición a Chávez. El Pais.com. 3 12  2005.https://elpais.com/internacional/2005/12/04/actualidad/1133650802_850215.html 
  4.  Roland Denis. Advertencia sobre la reforma constitucional. Aporrea. 12/08/2007.https://www.aporrea.org/actualidad/a39603.html 
  5.  Guillermo Boscán Carrasquero. Ceresole y la revolución de Hugo Chávez: la relación caudillo, ejército y pueblo. revista de ciencias sociales (cl), núm. 25, 2010, pp. 57-73. universidad arturo prat. tarapacá, chile
  6.  Jeudiel Martinez. “Às suas ordens, comandante”!”: Militarismo e necropolítica na Venezuela Bolivariana” Lugar Comum. No 57/ Abril de 2020.
  7.  UN news.UN expert condemns new sentence for jailed Venezuelan judge as ‘another instance of reprisal. news.un.org 26 March 2019.
  8.  El Tribunal Supremo de Justicia resolvió el 11 de junio de 2014 que los militares podían gritar consignas partidistas como “Chávez Vive, la Lucha sigue” práctica que inició luego de la reelección de Hugo Chávez en diciembre de 2006;
  9.  Ibíd.
  10.  García Ponce Guillermo. Carácter y tareas de la revolución democrática bolivariana. Instituto Municipal de Publicaciones. Caracas, Venezuela.
  11.  Ibíd. 
  12.  Insightcrime. Venezuela: ¿Un Estado mafioso?, p.p. 29. 
  13.  Andrés Antillano Iván Pojomovsky , Verónica Zubillaga, Chelina Sepúlveda,  Rebecca Hanson. “The Venezuelan prison: from neoliberalism to the Bolivarian revolution”. Crime Law and Social Change 65(3) · November 2015.
  14.   La situación en el sur del estado Bolívar, semejante a la de África Occidental y Central está bien descrita en: César Romero y Francisco Ruiz. “Dinámica de la minería a pequeña escala como sistema emergente. Dislocaciones y ramificaciones entre lo local y lo nacional” y Andrés Antillano, José Luis Fernández-Shaw y Damelys Castro

    “No todo lo que mata es oro. La relación entre violencia y rentas mineras en el sur del Estado Bolívar” Ambos en:Venezuela Desde Dentro 8 investigaciones para un debate necesario. Fundación Rosa Luxemburgo, 2018, pp 85 y 145;

  15.  PDVSA.COM. PDVSA AND CAMIMPEG-SPS SIGN FINAL COMMERCIAL AGREEMENT TO REACTIVATE OPERATIONS IN URDANETA FIELD PDVSA.COM. 05 05 2017
  16.  InSight Crime. Venezuela: ¿Un Estado mafioso?  
  17. Alek Boyd.  The $1billion bribe official: Alejandro Andrade, Venezuela’s former Treasury chief. Infodio.com 
  18.  Usando datos tanto de SUS propias investigaciones como procesos judiciales en España y EEUU o datos de The Organized Crime and Corruption Reporting Project el equipo periodístico de Armado Info ha hecho exposes estremecedoras del nivel de corrupción militar:  https://armando.info/AiData/Outsourcing_Militar 
  19.  Jeudiel Martínez. Ibíd. 2019.
  20.  Jeudiel Martinez. “Os sinais do desastre” Lugar Comum. No 56/ Dezembro de 2019 
  21.  Víctor Álvarez R. Venezuela: las patologías de una sociedad rentista ¿Por qué el país con las reservas de petróleo más grandes del mundo sufre una crisis humanitaria?. Friederich Ebert Stiftung.  
  22.  De cómo la bota militar pisoteó la salud. Nov 23, 2016.Derechos.org.ve.
  23.  Oceinfo.org.co. “El gremio venezolano de enfermeras adelanta la huelga más larga de su historia…” (antología de noticias)
  24.  Aporrea-El Pitazo. Trabajadores de Barrio Adentro se unen a las protestas de enfermeras. Aporrea.org 12/07/2018
  25.  Causas e razões do apagão na Venezuela Lugar Comum  No 54, julho 2019
  26.  Ibíd.
  27. Sputnik. Docentes venezolanos levantan paro y amenazan con huelga indefinida por aumento salarial. mundo.sputniknews.com 14 11 2019
  28.  Tal Cual. Tribunal Militar priva de libertad a sindicalista Rubén González y lo envía a La Pica. Talcualdigital,com diciembre 1, 2018.
  29.  BBC.com. Venezuela helicopter pilot Oscar Pérez killed in raid 16 January 2018
  30.  Minerva Vitti. Ikabarú y las masacres del modelo extractivista-minero noviembre 25, 2019. Revista Sic
  31.   Lorena Meléndez and Lisseth Boon. How Venezuela’s Stolen Gold Ended Up in Turkey, Uganda and Beyond. Insigh Crime marzo 21, 2019
  32.  Ver: OPEC Anual Reports. https://www.opec.org/opec_web/en/publications/337.htm. 
  33.  OPEC Monthly Oil Market Report – May 2020
  34.  Ibíd. 
  35.  Rafael Ramírez Carreño. Se profundiza la crisis: ¿Por qué no hay gasolina en Venezuela y por qué se retira Rosneft? Aporrea.org. 29/03/2020
  36.  Lara Jakes. New York Times. U.S. Imposes Sanctions on Russian Oil Company Supporting Venezuela’s Leader. 21 02  2020
  37.  Worldoil U.S. halts Chevron in Venezuela with end to sanctions waivers.worldoil.com. 4/22/2020
  38. Department of State Offers Rewards for Information To Bring Venezuelan Drug Traffickers to Justice MARCH 26, 2020
  39. Eugenio Martínez. PDVSA solo logra refinar 20% de la gasolina que se necesita en Venezuela 27 05 2019 .
  40.  News Editor.2nd gasoline-laden Iranian ship arrives in Venezuela. 27 05 2020
  41.  Marianna Parraga, Jonathan Saul. Exclusive: Oil tankers turn away from Venezuela as more sanctions loom. Reuters. 9 06  2020 
  42.  Insight Crime. Walid Makled.insightcrime.org.13 05 2019

 

¿Se avecina un colapso crediticio?

Por Michael Roberts

La recesión mundial pandémica de 2020 es diferente de las recesiones anteriores del capitalismo. El ciclo de auge y recesión en la producción y la inversión capitalistas a menudo se desencadena por un colapso financiero, ya sea en el sistema bancario (como en la Gran Recesión de 2008-9) o en el mundo del ‘capital ficticio’ de acciones y bonos (como en 1929 o 2001). Por supuesto, la causa subyacente de las caídas regulares y recurrentes radica en los movimientos de la rentabilidad del capital, como se he discutido hasta la saciedad en mis artículos. Esta es la causa ‘última’. Pero las causas “próximas” pueden diferir. Y no siempre son de origen “financiero”. La primera recesión mundial simultánea internacional de la posguerra de 1974-5 fue provocada por un fuerte aumento de los precios del petróleo tras la guerra árabe-israelí; y la recesión de doble caída de 1980-2 tuvo orígenes similares. Nuevamente, la recesión de 1991-2 siguió a la ‘Guerra del Golfo’ de 1990.

La caída de la pandemia también tiene una causa “próxima” diferente. En cierto sentido, esta recesión global sin precedentes, que afecta al 97% de las naciones del mundo, se inició debido a un “evento exógeno”: la propagación de un virus mortal. Pero, como han argumentado los ecologistas y yo mismo, el rapaz afán de lucro de las empresas capitalistas en la exploración de combustibles fósiles, la tala de bosques, la minería y la expansión urbana sin tener en cuenta la naturaleza, creó las condiciones para el surgimiento de una sucesión de patógenos mortales para los que el cuerpo humano carece de inmunidad. En ese sentido, la depresión no fue “exógena”.

Pero la consiguiente caída de la producción, el comercio, la inversión y el empleo mundiales no comenzó con un colapso financiero o bursátil, que luego condujo a un colapso de la inversión, la producción y el empleo. Fue todo lo contrario. Hubo un colapso en la producción y el comercio, forzado o impuesto por cierres pandémicos, que luego condujeron a una enorme caída de los ingresos, el gasto y el comercio. Así que la depresión comenzó con un “shock exógeno”, luego los bloqueos llevaron a un “shock de oferta” y luego a un “shock de demanda”.

Pero hasta ahora, no ha habido un “shock financiero”. Por el contrario, los mercados de acciones y bonos de los principales países se encuentran en niveles récord. La razón es clara. La respuesta de los gobiernos y las instituciones monetarias nacionales clave fue inyectar billones de dinero / crédito en sus economías para reforzar los bancos, las grandes empresas y las más pequeñas; así como cheques de pago para millones de trabajadores desempleados y / o despedidos. El tamaño de esta “generosidad”, financiada por la “impresión” de dinero por parte de los bancos centrales, no tiene precedentes en la historia del capitalismo moderno.

Esto ha significado, contrariamente a lo que sucedió al comienzo de la Gran Recesión, que los bancos y las principales instituciones financieras no están cerca del colapso. Los balances bancarios son más sólidos que antes de la pandemia. Las ganancias financieras han aumentado. Los depósitos bancarios se han disparado a medida que los bancos centrales aumentan las reservas de los bancos comerciales y las empresas y los hogares acumulan efectivo; dado que la inversión se ha detenido y los hogares gastan menos.

Según la OCDE, las tasas de ahorro de los hogares han aumentado entre un 10 y un 20% durante la pandemia. Los depósitos de los hogares en los bancos se han disparado. De manera similar, las tenencias de efectivo de las corporaciones no financieras han aumentado a medida que las compañías obtienen préstamos baratos o sin intereses garantizados por el gobierno, o las compañías más grandes emiten aún más bonos, todo ello alentado y financiado por programas patrocinados por el gobierno. Los impuestos también se han diferido a medida que las empresas cierran o se confinan, nuevamente acumulando aún más efectivo. Los aplazamientos de impuestos equivalen al 13% del PIB en Italia y al 5% del PIB en Japón, según la OCDE.

De hecho, las últimas cifras de ganancias corporativas (tercer trimestre de 2020) en los EEUU mostraron un fuerte aumento en las ganancias, casi en su totalidad debido a préstamos y subvenciones gubernamentales que han impulsado el flujo de efectivo junto con una caída en los impuestos sobre las ventas y la producción a medida que las empresas dejaron de operar. Las ganancias corporativas aumentaron $ 495 mil millones en el tercer trimestre, en contraste con una disminución de $ 209 mil millones en el segundo trimestre.  La oficina de estadísticas del gobierno explica que “las ganancias corporativas y los ingresos de los propietarios se vieron reforzados en parte por disposiciones de los programas de respuesta del gobierno federal a una pandemia, como el Programa de Protección de Cheques de Pago y créditos fiscales para la retención de empleados y la licencia por enfermedad pagada, que brindó apoyo financiero a las empresas afectadas por la pandemia en el segundo y tercer trimestre”.  Alrededor de $ 1,5 billones de subvenciones y préstamos del gobierno de EEUU se destinaron a subsidiar empresas estadounidenses durante la pandemia. Por lo tanto, las ganancias corporativas han sido sostenidas por la intervención del gobierno, a costa de niveles sin precedentes de déficit presupuestario del gobierno y aumentos en la deuda del sector público.

La esperanza ahora es que a medida que las vacunas se entreguen y distribuyan durante 2021 y se terminen los cierres, la economía mundial se recuperará y se liberará la acumulación de ahorros familiares y ganancias corporativas, a medida que la demanda ‘reprimida’ se desencadene en la economía capitalista. El gasto del consumidor volverá, la gente reanudará los viajes y el turismo internacionales e irá a eventos masivos; mientras que las empresas procederán a un festival de inversiones.

La OCDE es menos optimista sobre este escenario. Le preocupa que gran parte del aumento en los ahorros personales sea entre los ricos, que tienden a gastar menos como porcentaje de sus ingresos (¡porque simplemente tienen demasiado!). El hogar promedio en las principales economías (y también en las economías capitalistas menos desarrolladas) no ha acumulado ahorros; por el contrario, han elevado sus niveles de deuda durante la pandemia. Además, con la probable finalización de los cheques de pago del gobierno y otros apoyos durante 2021, la situación del hogar promedio bien podría deteriorarse. Estas desigualdades también se aplican al sector empresarial. La OCDE reconoce que la mayor parte del apoyo gubernamental en préstamos y subvenciones se ha destinado a las empresas más grandes, particularmente en el sector de la tecnología, un sector menos afectado por la recesión.

Así que este es el lugar probable para buscar la tercera etapa de la recesión pandémica: una crisis crediticia y una crisis financiera cuando las empresas, en particular las pequeñas y medianas, quiebran a medida que se evapora el apoyo del gobierno, los ingresos por ventas siguen siendo débiles y la deuda y los costos salariales aumentan.

El Instituto de Finanzas Internacionales (IIF) informó recientemente que la relación entre la deuda mundial y el producto interno bruto aumentará de 320% en 2019 a un récord de 365% en 2020. El IIF concluye crudamente: “más deuda, más problemas”. Como dijo Martin Wolf en el FT: “Los mercados financieros han ignorado estas advertencias. La renta variable global ha alcanzado nuevos máximos y los diferenciales crediticios se han reducido, casi como si la deuda extrema fuera un buen desarrollo económico, no un mal”.

Como se ha informado anteriormente, incluso antes de esta pandemia la deuda corporativa estaba en niveles récord, ya sea medido contra el PIB anual, o quizás más relevante para una posible quiebra, contra el valor neto de los activos de la empresa.

La OCDE reconoce que si las ganancias corporativas cayeran drásticamente en 2021 a medida que los gobiernos retiran el apoyo financiero, muchas empresas podrían “angustiarse”.

Ya ha aumentado significativamente el número de las llamadas “empresas zombis”, aquellas que no obtienen suficientes beneficios para cubrir los intereses de sus deudas. La OCDE señala que una quinta parte de las empresas en Bélgica, por ejemplo, no podrían cumplir con sus pasivos financieros durante más de tres meses sin contraer más deuda o recibir una inyección de capital. Ese ratio fue mucho mayor en determinados sectores como alojamiento, eventos y ocio.

La OCDE concluye que “es probable que vuelvan a surgir preocupaciones sobre la estabilidad financiera”, ya que la rápida acumulación de deuda del sector público y del sector empresarial pronto podría generar “problemas de solvencia en un gran número de empresas”. Los incumplimientos corporativos de bonos de empresas más débiles bien podrían duplicarse en 2021, dice la OCDE, particularmente en “sectores muy afectados como aerolíneas, hoteles y la industria automotriz”. Es especialmente probable que se produzcan quiebras en empresas pequeñas y medianas de los sectores minorista, de ocio y de propiedad comercial.

Este escenario lo es aún más en las llamadas economías emergentes. De hecho, incluso en China, donde la economía en general se está recuperando más rápidamente que a nivel mundial, una serie de empresas con fuertes deudas están comenzando a incumplir sus pagos de bonos, lo que coloca al gobierno en un dilema. ¿Debería salvar a estas empresas (algunas de las cuales son empresas estatales de propiedad del gobierno local) o debería dejar que quiebren para reducir la carga general de la deuda sobre la economía? Esto no conducirá a un colapso financiero importante ni a un colapso en la recuperación china, porque el gobierno tiene reservas masivas y puede aprovechar los enormes ahorros familiares del pueblo chino, depositados principalmente en los bancos estatales, a diferencia de otras economías importantes. Pero los problemas de una serie de empresas chinas sobre endeudadas son un presagio de lo que podría ser un ‘tsunami de deuda’ en muchos sectores corporativos en otros lugares durante 2021.

Mucho depende de si el sector empresarial puede valerse por sí mismo en 2021 cuando desaparezcan los subsidios gubernamentales. Incluso si los costos de interés de la deuda existente se mantienen bajos, si las ganancias corporativas no aumentan, sino que se desploman en 2021, entonces la OCDE reconoce que más del 30% de las empresas a nivel mundial podrían estar ‘angustiadas’ y enfrentar la bancarrota. Y, por lo menos, las empresas no aumentarán sus inversiones, sino que se quedarán en sus manos. La OCDE reconoce que existe el riesgo de un “sobreendeudamiento” que reduciría el crecimiento de la inversión empresarial en un 2% en comparación con el promedio a largo plazo antes de la pandemia.

Incluso si no hay un tsunami de deuda y un colapso financiero causado por una ola de bancarrotas corporativas, es probable que la recuperación en la mayoría de las economías capitalistas sea muy débil. La OCDE en su último pronóstico para la economía mundial habla de un “futuro más brillante” en 2021 a medida que se distribuyen las vacunas contra el Covid. Pero su pronóstico aún espera que la mayoría de las economías del mundo no recuperen las pérdidas de producción sufridas en 2020. Para fines de 2021, solo unas pocas economías habrán experimentado cierto crecimiento del PIB real durante los dos años transcurridos desde fines de 2019.

La economía líder en esa medida será China, casi un 10%; seguido de Corea del Sur e Indonesia. El aumento del PIB en estos países genera un aumento promedio del PIB mundial durante los dos años. Pero China contribuirá con un tercio de ese crecimiento real del PIB hasta finales de 2021. Las economías capitalistas avanzadas del G7 no habrán tenido ningún crecimiento real del PIB (EEUU) o se habrán contraído entre un 3-5% para finales de 2021 (Europa y Japón), con el Reino Unido con el peor desempeño con un -6,4%. Y las grandes economías del G20 como India y Brasil habrán tenido descensos significativos.

La OCDE espera una “recuperación gradual pero desigual”. Y eso supone las mejores noticias posibles sobre el impacto de la vacuna contra el Covid. Incluso entonces, si bien se espera que el PIB de la economía mundial vuelva a su nivel anterior a la pandemia para fines de 2021, aún no alcanzará el nivel que habría alcanzado el PIB mundial sin la caída de la pandemia (dejando una brecha de alrededor del 6% del PIB). La trayectoria de la ‘raíz cuadrada inversa’ de la Depresión Larga parece que va a continuar.

es un reconocido economista marxista británico, que ha trabajado 30 años en la City londinense como analista económico y publica el blog The Next Recession.

Fuente:

https://thenextrecession.wordpress.com/2020/12/02/a-credit-crash-ahead/

Traducción:G. Buster