“Y el Verbo se hizo carne… Una aproximación eco-vygotskiana a la adquisición del lenguaje”

Por Pablo del Río y Amelia Álvarez

Se planteaen este artículo la necesidad de articular la tradición del eco-funcionalismo biológico con la teoría vygotskiana sobre las relaciones entre las funciones naturales y las superiores y el papel central del lenguaje en el desarrollo humano. Desde la tradición eco-funcionalista, proponemos que el ser humano se ha constituido como especie gracias a y mediante la creación de un segundo entorno (Umwelt) de carácter mediado y que ha pasado por tanto a construir y habitar dos ecologías entrelazadas. Desde la tradición histórico-cultural, que explica las funciones superiores en cuanto mediadas por un complejo de psicotecnias de los procesos cognitivos y de los procesos directivos y emocionales, atribuimos al lenguaje el papel de psicotecnia estructurante. El artículo concluye estableciendo la interdependencia de los sistemas de actividad y las arquitecturas de la lengua y proponiendo el Diseño Cultural como la vía deintervención para asegurar la vitalidad de ambos. Introducimos a este respecto conceptos como el propio diseño cultural, Zona Sincrética de Representación o cerebro externo.

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Hacer viable el sistema de pensiones en Ecuador

Por Decio Machado / Director de la Fundación Nómada

El pasado 23 de abril el Banco Mundial hizo público un informe diagnóstico respecto a la situación actual en que se encuentra el Fondo de Pensiones del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS). Los resultados de dicho estudio reafirman alarmantes conclusiones ya existentes en informes elaborados anteriormente.

Dos de estas conclusiones destacan por su importancia: la primera de ellas indica que el sistema ecuatoriano de Seguridad Social es en estos momentos insolvente; la segunda  demuestra cuantitativamente que el Fondo de Pensiones presenta déficits de caja desde 2014, es decir, desde hace más de seis años las aportaciones de los afiliados no alcanzan para cubrir el pago de prestaciones a jubilados.

Según el informe, en el 2020 el déficit financiero del Fondo de Pensiones del IESS llegó a 1.895 millones de dólares y se proyecta que este monto alcanzará los 2.800 millones en 2025. El estudio prevé que a partir del próximo año el IESS enfrente serios problemas para cubrir las pensiones jubilares debito al paulatino agotamiento de las reservas líquidas hasta ahora existentes. En pocas palabras, de mantenerse la evolución actual la  quiebra del sistema está asegurada en pocos años.

Conceptos e historia

Los sistemas de pensiones tuvieron su origen en Europa a finales del siglo XIX. Sería Otto von Bismarck, quien gobernará Alemania entre 1871 y 1890, el impulsor del primer sistema de seguridad social moderna y pensiones públicas asegurado por el Estado. 

Otto von Bismarck, ideológicamente muy conservador, implementó estas medidas no por sensibilidad política o identificación con las causas de los trabajadores alemanes, sino como estrategia política destinada a contener la latente amenaza de un estallido revolucionario en el país tras los sucesos insurreccionales de la Comuna de París (1871) y el auge de las movilizaciones populares existente en aquel momento en Alemania.

Aunque esta iniciativa se replicó embrionariamente en otros países europeos, sería tras la Primera guerra Mundial cuando los sistemas de pensiones se expandieron y desarrollaron en otras regiones. 

En 1944 la OIT realizaría un llamamiento en favor de la aplicación universal de estas medidas y un año después la Asamblea General de Naciones Unidas incorporaría en el artículo 22 de la Declaración Universal de los Derecho Humanos su reconocimiento: “toda persona, como miembro de la sociedad, tiene derecho a la seguridad social”.

En Ecuador, los primeros antecedentes de institucionalización del seguro social nacional datan de 1928, conformándose la Caja de Pensiones como entidad aseguradora. Tras varias iniciativas legislativas sería en 1963 cuando quedaría consolidado el sistema del Seguro Social en el país fusionándose la Caja de Pensiones con la Caja del Seguro, conformándose así la Caja Nacional del Seguro Social. Ya en 1970 la Caja Nacional del Seguro Social sería sustituida por el Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social, nuestro actual IESS. Posteriormente, mediante la Ley de Seguridad Social 2001-55, la cual entró en vigor el 30 de noviembre de 2001, se aseguraría a los afiliados del IESS el derecho a la jubilación siempre y cuando cumplan con los requisitos de edad pertinentes y acrediten los tiempos mínimos de imposiciones mensuales requeridas.

Derivado de lo anterior, el Fondo de Pensiones del IESS se constituyó bajo el objetivo de asegurar las pensiones jubilares a las y los trabajadores afiliados al sistema. Su financiamiento se da mediante dos vías: a) ahorros derivados de las aportaciones de las y los afiliados, y; b) aportaciones complementarias realizadas por el Estado que suponen el 40% del monto total necesario para cubrir las pensiones.

El sistema funcionó e incluso se robusteció con la incorporación de trabajadoras domésticas, la ampliación de la cobertura de salud a hijos de afiliados y la aplicación de jubilaciones especiales para maestros. La crisis del sistema de pensiones llegaría vinculada a lo que podríamos definir como el fin del ciclo de bonanza económica o “economía de hadas” que vivió Ecuador durante la primera década y media del presente siglo. La caída del precio del crudo, momento final del periodo denominado boom de los commodities (2000-2014), supuso la desaparición del excedente petrolero y el inicio de una agresiva política de endeudamiento público que implicó un fuerte crecimiento del servicio de deuda y el desfinanciamiento del Estado. 

En esta coyuntura el entonces presidente Rafael Correa optó por impulsar una medida que a corto plazo tendría resultados devastadores para el IESS y su Fondo de Pensiones. En abril del 2015 la mayoría oficialista existente en aquel momento en la Asamblea Nacional aprobaría, bajo instrucciones de Carondelet, la Ley de Justicia Laboral y Reconocimiento del Trabajo No Remunerado del Hogar. En este paquete normativo se incluía la eliminación del aporte obligatorio estatal al IESS, aunque de forma difusa en su artículo 237 se establecía la garantía del pago de las pensiones por parte del Estado únicamente cuando el IESS no contara con los recursos económicos suficientes para cumplir con dichas obligaciones.

Conscientes de que la eliminación del aporte estatal al IESS atentaba contra el artículo 371 de la Constitución, el cual dispone que las prestaciones de la seguridad social deberán financiarse -sin excepción alguna- con las contribuciones del Estado, la Corte Constitucional restituiría la obligatoriedad del aporte estatal en 2019 pero sin hacer alusión al periodo comprendido comprendido entre 2015 y la fecha de esta disposición.

Sería durante este año en curso cuando el Estado definitivamente restablecería su aporte al sistema de pensiones, quedando sin resolverse los USD 9.000 millones que el gobierno nacional debió aportar en el período comprendido entre 2015 y 2020. Sin los aportes del Estado, el IESS se vio obligado a hacer frente a sus obligaciones jubilares mediante recursos propios, lo que le fue generando un agujero financiero cada vez mayor y la extinción de sus ahorros. En la actualidad el pago de pensiones de sostiene gracias al ahorro/aportaciones de nuevos afiliados, condición que en breve implicará la inviabilidad financiera del sistema. Esta situación se ve agravada por las penurias económicas por las que atraviesa el gobierno nacional, circunstancia que limita su capacidad de inyectar fondos en el sistema de pensiones. 

A todo lo anterior debemos sumar el impacto del cambio demográfico en Ecuador, condición que implica un aumento sostenido de la proporción de adultos mayores en relación a la población total, así como el impacto de la pandemia que ha reducido notablemente los montos de recaudación debido a incremento del desempleo y los retrasos empresariales en el cumplimiento de sus aportes. Según el estudio diagnóstico del Banco Mundial, el sistema de pensiones ecuatoriano necesitaría en estos momentos a ocho afiliados contribuyendo por cada receptor de pensiones jubilado, sin embargo en la actualidad esta relación es apenas de cinco por cada pensionista y se proyecta que en 2040 será de tan sólo tres cotizantes por pensionista. 

Frente a esta situación durante la administración Moreno se decidió transformar el sistema público de jubilación actualmente existente por un modelo similar al chileno. La debilidad política y los altos niveles de deslegitimación social de Moreno y su gobierno hicieron inviable llevar a cabo la durante la anterior legislatura tal decisión, la cual implica que los recursos individuales del sistema de pensiones pasen a ser manejados por fondos privados bajo “supuestos” parámetros de rendimientos mayores a los que proporciona el sector público. En la práctica, esta medida significaría privatizar el sistema de pensiones entregando su gestión a empresas privadas que en Chile son definidas como Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP). Todo ello pese a que en el artículo 367 de nuestra Constitución se indique:

“El sistema de seguridad social es público y universal, no podrá privatizarse y atenderá las necesidades contingentes de la población. La protección de las contingencias se hará efectiva a través del seguro universal obligatorio y de sus regímenes especiales.”

Por su parte, desde el actual gobierno encabezado por el presidente Guillermo Lasso, en funciones apenas tres semanas, no ha realizado hasta el momento pronunciamiento alguno sobre este tema pese a que la reforma de la seguridad social forma parte de sus prioridades políticas. De hecho, en su plan de gobierno -pese a que en ningún momento aparece el término privatización- textualmente se indica: 

“El seguro de salud no puede seguir perpetuando la corrupción dentro de sus hospitales y para ello es necesaria la delegación de la administración de los mismos. Este mecanismo permitiría acabar con la corrupción, reducir los gastos ineficientes y garantizar servicios sanitarios de calidad. Esta decisión fortalecerá la administración del fondo de salud y evitará una afectación al fondo de pensiones, garantizando así jubilaciones dignas para todos.”

Así las cosas, entendamos bien qué es y como funcional el sistema chileno de pensiones…

Si existe un sistema de pensiones construido desde posiciones fuertemente ideologizadas, este es el modelo chileno. Su andamiaje parte de dos pilares conceptualmente neoliberales: exaltación del individualismo mediante la capitalización individual y firme creencia en que la gestión privada es más eficiente que la estatal incluso en cuestiones vinculadas a garantizar la protección, cobertura social y derechos humanos.

A partir de ahí, el sistema de funcionamiento del modelo chileno se convierte en algo muy simple: el trabajador contratado debe elegir en cual de las distintas AFP abrir una cuenta individual de capitalización para su ahorro jubilar y cobertura frente a posibles accidentes y enfermedades. La cuenta del trabajador capitaliza desde dos vertientes: cotizaciones/aportaciones mensuales del 10% del salario del trabajador (se elimina el aporte patronal) y los rendimientos/interés generados periódicamente por el monto de inversión acumulado en el fondo tras descuento de comisiones bancarias.

Sin duda, un modelo de estas características promociona el ahorro y el crecimiento de los mercados de capitales conformados a partir de los fondos acumulados. De hecho, el sistema de pensiones privado en Chile gestiona aproximadamente unos 200.000 millones de dólares. Sin embargo, el hecho de que la aportación de los empleadores haya sido eliminada hace que la contribución del trabajador, fijada porcentualmente en el 10% de su remuneración salarial, resulte escasa. Como resultado de lo anterior, condición que se agrava en países de salarios bajos como el nuestro, más del 80% de los pensionistas chilenos reciben en la actualidad una paga que apenas alcanza el equivalente a dos tercios del salario mínimo. 

En paralelo y como consecuencia de lo anterior, la edad efectiva de jubilación de las y los trabajadores chilenos se ha elevado sustancialmente: mientras la edad legal de retiro está fijada en 65 años para hombres y 60 años para mujeres, la edad promedio efectiva de jubilación se ha elevado hasta los 70 años para ambos sexos. Según proyecciones derivadas de estudios oficiales, la tendencia a futuro es que el monto percibido por los pensionistas sea cada vez menor y la edad de jubilación promedio real continue en ascenso.

Por último y respecto a la “supuesta” mayor eficiencia del sistema de pensiones chileno derivado de su gestión en manos de privados cabe señalar tres cuestiones: los costos de gestión de los fondos en Chile son comparativamente más elevados que los existentes en cualquier otro país de la OCDE; pese a la eliminación de los aportes patronales no se registran avances en reducción del peso de la economía informal y por lo tanto la cobertura del sistema pensiones sigue siendo muy baja en relación al volumen total de la población económica activa; y por último, pese a diferentes reformas institucionales sigue sin solucionarse la brecha existente entre las pensiones percibidas por hombres y mujeres.

Conclusiones

Derivado de todo lo anterior, van algunas notas finales para el análisis:

En primer lugar, la evolución demográfica de la sociedad ecuatoriana proyecta para el 2065 que los adultos mayores tendrán un peso cuatro veces superior al actual en relación al volumen de población total. Lo anterior implicará incremento en las partidas de gasto público destinadas al cuidado y protección de nuestros mayores, así como la necesidad de readaptar los planes de viabilidad financiera y los niveles de cobertura del sistema de pensiones con base a las nuevas realidades y con enfoque hacia escenarios futuros. 

En segundo lugar y enmarcados en la cuarta revolución industrial, tanto el sistema productivo como mundo del trabajo está sometido a una evolución/transformación acelerada que nos obliga a actualizar sistemas y modelos creados bajo parámetros y realidades ya inexistentes.

En tercer lugar y más allá del impacto derivado de la corrupción y decisiones políticas erróneas o inadecuadas, es evidente que el sistema de pensiones ecuatoriano necesita ser reformado dada su condición de inviabilidad en el corto plazo.

Un cuarto punto a considerar es que lo anterior no exime al gobierno nacional de sus responsabilidades inmediatas. El sistema de pensiones ecuatoriano no es sostenible sin las aportaciones del Estado, lo que deposita en el gobierno central la responsabilidad de asegurar su adecuado funcionamiento. 

Por último, un quinto punto a considerar y que relacionado con las alternativas. Pese a que el modelo de pensiones bajo gestión privada aplicado en Chile es concebido como lo “ideal” desde el imaginario neoliberal actualmente dominante, sus falencias son muchas y sus resultados están muy por debajo de lo que se le prometió a la sociedad chilena y expectativas generadas. El promedio mensual actual por pago de pensiones equivale apenas al 20% -en el mejor de los casos el 30%- del último salario percibido por el trabajador antes de su jubilación. Ante el clamor generalizado de emerge de masivas protestas ciudadanas, el gobierno de Sebastián Piñera se ha visto obligado a incorporar en su agenda política un compromiso de reforma de su sistema de pensiones. 

El modelo de sistema de pensiones implementado en Chile durante la dictadura militar pinochetista se muestra en la actualidad como un modelo fracasado. No cumplió sus objetivos en cuanto a cobertura (número de personas incorporadas al sistema), suficiencia (el escaso monto percibido por pensiones contribuye al incremento de la inequidad en el país) y viabilidad financiera (ni se abarató la gestión ni se incrementó la eficiencia). Motivo por el cual, más allá de criterios ideológicos, carece de sentido que  este modelo sea replicado en Ecuador.

Dicho esto y a partir de aquí, abramos el debate sobre como asegurar la viabilidad del sistema de pensiones ecuatoriano…

Rogney Piedra Arencibia: “El papel del trabajo en el desarrollo del pensamiento humano”

Resumen

El trabajo es la piedra angular en la comprensión marxista sobre el ser humano y la naturaleza de su pensamiento. Esto es cierto tanto desde el punto de vista filogenético como del ontogenético. El presente artículo intenta introducirse en esa comprensión partiendo de las ideas de Marx y Engels vistas desde el prisma de la teoría de la actividad. El pensamiento específicamente humano sólo surge cuando el individuo subjetiva las formas socio-históricamente desarrolladas de interactuar con la realidad inscritas en los objetos externos que componen el sistema de la cultura. Esta apropiación tiene lugar no sólo mediante el uso de artefactos, sino también mediante las relaciones que el individuo establece con otros seres humanos en la actividad cotidiana. Casi al final del trabajo, se hace un análisis filosófico de la experiencia educativa con niños ciego-sordo-mudos bajo la dirección de A. I. Meshcheryakov que proporciona un caso paradigmático demostrativo de las tesis sostenidas

Palabras clave

Marx; Engels; trabajo; teoría de la actividad; humanización
1. Esquema básico de la actividad humana
Marx y Engels valoraron al trabajo, al “proceso entre la naturaleza y el hombre, proceso en que éste realiza, regula y controla mediante su propia acción su intercambio de materias con la naturaleza” como la actividad esencial del ser humano. Por tal razón, el trabajo es para ellos “la condición eterna de la vida humana, y por tanto, independiente de las formas y modalidades de esta vida y común a todas las formas sociales por igual”. En otras palabras, para ambos, se trata de un atributo del género humano sin el cual éste dejaría de existir. La actividad transformadora de la naturaleza teleológicamente orientada hacia el producto deseado es situada, así, como la modalidad concreta-general (originaria) de todas las actividades específicamente humanas.
Esta actividad productiva constituye “el primer hecho histórico” que rompe con la evolución puramente biológica de la especie. Con su concepción sobre el trabajo, Marx y Engels logran establecer continuidad al tiempo que ruptura entre el hombre y el resto de la naturaleza8. Hay un aspecto distintivo de esta concepción que no puede dejar de analizarse: tanto para Marx como para Engels, el trabajo humano sólo aparece con los medios de trabajo creados por el propio ser humano, esto es, artefactos técnicos, herramientas. Es por ello que Marx acoge con agrado la definición de Franklin del ser humano como “toolmaking animal”.

El capitalismo como “orden social institucionalizado”. Notas a la obra de Nancy Fraser

Por Fernando López Castellano 1
Resumen
La extensa obra de la “activista mucho antes de ser feminista” Nancy Fraser tiene como objetivo último analizar la sociedad capitalista para comprender su funcionamiento, sus tendencias inherentes a la crisis y sus líneas de conflicto; y su potencial de transformación. Para teorizar sobre el capitalismo, desarrollar una teoría multidimensional de la crisis y plantear las bases de una salida emancipadora de ésta, se dota de un ambicioso aparato conceptual y analítico, que parte de una interpretación ecléctica de la obra de Polanyi y Marx, y completa con las aportaciones de la economía feminista, el poscolonialismo y el pensamiento ecológico. Fraser
enriquece los instrumentos teórico–metodológicos para el análisis de los movimientos sociales, sitúa la cuestión social en su contexto histórico y reflexiona sobre posibles escenarios futuros para proponer soluciones.
Las teorías económicas ortodoxas excluyen del análisis el proceso de reproducción social de la población y el uso de los recursos naturales, e ignoran el episodio colonial. La Economía Feminista ha ampliado el esquema convencional del flujo circular de la renta
incorporando la dimensión reproductiva a la representación del funcionamiento del sistema económico (Picchio, 1992). Además de este cambio radical en la visión tradicional de la economía, la Economía feminista también ha cuestionado la teoría del valor marxiana, señalando que subestima la cantidad y la naturaleza del trabajo necesario para crear y mantener trabajadores asalariados destinados a producir mercancías (Federici, 2012).
Desde la Economía Ecológica se advierte que el subsistema económico se expande con un gran consumo de energía y de recursos naturales. El crecimiento exponencial de las economías de los países emergentes y el violento y desregulado extractivismo por parte de las naciones más desarrolladas están generando una ingente cantidad de residuos y de contaminación (Harvey, 2020). La teoría poscolonial resalta el papel del episodio colonial en África y Asia, plantea una lectura alternativa de la modernidad y define la “racialización” como un producto de la función “genética” del capitalismo (Mbembe, 2016). El enfoque decolonial insiste en ampliar el periodo de análisis hasta el siglo XVI, cuando se produce una mirada universal sobre el espacio geográfico, y en la necesidad de conformar las diferencias históricas, epistemológicas, culturales y políticas entre Occidente y América Latina.
La obra de Nancy Fraser es un inventario de los debates más relevantes sobre estas problemáticas en las últimas décadas. Nancy Fraser, además de profesora de filosofía en The New School de Nueva York, Titular de la cátedra de Justicia Global en el Collège d’Études Mondiales
de París y docente en el Centre for Gender Research de la Universidad de Oslo, es una intelectual comprometida con la realidad social y política, que se autodefine como “activista mucho antes de ser feminista”. Fraser tiene una visión partisana del estudio y de la investigación, por utilizar la
expresión de Franz Fanon, y pone el análisis teórico al servicio de una buena praxis. Fraser ha desplegado sus tesis en más de una docena de libros y en multitud de artículos, la mayoría publicados en la New Left Review. Su extensa obra culmina, por el momento, en Los talleres ocultos del capital, donde resume el fruto de sus investigaciones en un objetivo: analizar
la sociedad capitalista para comprender su funcionamiento, sus tendencias inherentes a la crisis y sus líneas de conflicto; y su potencial de transformación (Fraser, 2020, 9).
Una teoría crítica del capitalismo y de la crisis capitalista
Para teorizar sobre el capitalismo, desarrollar una teoría multidimensional de la crisis y plantear las bases de una salida emancipadora de ésta, se dota de un ambicioso aparato conceptual y analítico, que parte de una interpretación ecléctica de la obra de Polanyi y Marx, y completa con las aportaciones de la economía feminista, el poscolonialismo y el pensamiento ecológico. Con una reflexión que recuerda la “concepción ampliada” del Estado de Gramsci (1975), y que remite a la idea de significado sustantivo de económico de Polanyi (1976) y a su caracterización del sistema económico como un proceso institucionalizado, Fraser propone una visión ampliada del capitalismo y de la crisis capitalista.
La visión ampliada del capitalismo implica abordar la economía capitalista y los “talleres ocultos”
que hacen posible la sociedad capitalista. Esos talleres ocultos comprenden los procesos de reproducción social, la dinámica racializada de la expropiación, las formas de dominio político y la depredación ecológica sistemática. En este sentido, sentencia, si a las relaciones sociales estructurantes “económicas” se le añaden las “no económicas”, que posibilitan la existencia del “sistema económico”, el capitalismo es más que una economía.
El capitalismo, desde una concepción ampliada, es un “orden social institucionalizado”, basado en una serie de separaciones institucionales constitutivas: la separación entre la “producción económica” y la “reproducción social”; la separación entre la “economía” y la “organización política”; y la separación entre la naturaleza y la sociedad. Concebir el capitalismo como un orden social institucionalizado permite captar su imbricación con la opresión de género, la dominación política –tanto nacional como transnacional, colonial y poscolonial– y la degradación ecológica; en conjunción con su dinámica estructural de explotación del trabajo (Fraser, 2020, 27-28).
Los talleres ocultos, claves para la acumulación, también ofrecen una visión ampliada de las contradicciones del sistema y de sus tendencias a la crisis, que supera las limitaciones de la interpretación marxiana, centrada en las contradicciones internas de la economía capitalista. Fraser destaca otras tantas tendencias a la crisis, derivadas de contradicciones entre el sistema económico y sus condiciones de posibilidad: entre economía y sociedad, entre economía y
naturaleza, y entre economía y organización política.
Estas contradicciones suscitan luchas de clases en el lugar de producción y conflictos en el terreno de la ecología, la reproducción social y el poder político (Fraser, 2020, 31). Lo que le otorga un rasgo distintivo que la separa de los modelos convencionales y hace especialmente
dramática la crisis actual es que en ella convergen una crisis económica y fenómenos “no económicos”, tales como la crisis ecológica, el “déficit de cuidado” y el vaciado del poder público en todos los niveles de gobierno. Para interpretarla y resolverla de forma
emancipadora, Fraser elabora una teoría crítica a partir de las reflexiones de Karl Polanyi sobre la crisis de la década de 1930 contenidas en La gran transformación.
En su opinión, Polanyi concibió la crisis como un proceso histórico multifacético que conectaba las tres dimensiones, económica, ecológica y reproducción social. Polanyi supo captar que la crisis fue más que un colapso económico, originado por contradicciones intraeconómicas, y enfatizó en sus devastadores efectos sobre la forma de vida de las comunidades y la destrucción de la naturaleza (Fraser, 34-35). En su análisis, Polanyi enfatizó en los terribles efectos de
la “mercantilización ficticia”, esto es, la conversión del trabajo, la tierra y el dinero en mercancías ordinarias sometidas al intercambio mercantil que realizó el liberalismo. Según Fraser, la crisis actual y la de la década de 1930 presentan ciertas similitudes, porque ambas tienen su origen en la misma dinámica: la “mercantilización ficticia”. Como en la década de 1930, la “mercantilización ficticia” llevada a cabo por el neoliberalismo ha generado una crisis multidimensional que está desestabilizando la sociedad y la economía, destruyendo medios y formas de vida de personas y comunidades, quebrando solidaridades y
devastando la naturaleza (Fraser, 2020, 50).
La crisis como categoría histórica: las múltiples dimensiones de la crisis en el capitalismo
“financiarizado”
Con una línea argumental próxima a las interpretaciones de la Escuela de la Regulación y a la aportación de Gramsci sobre la historicidad del capitalismo, Fraser sostiene que la sociedad capitalista solo existe en formas históricas o regímenes de acumulación específicos. Así, a lo largo de la historia del capitalismo, se pueden establecer una serie de tipologías: el régimen de capitalismo competitivo liberal del siglo XIX; el capitalismo gestionado por el Estado propio

del siglo XX; y el actual capitalismo financiarizado.
Como es sabido, la Escuela de la Regulación explica las pautas de la acumulación de capital en el
largo plazo analizando la relación entre el régimen de acumulación y el modo de regulación, o conjunto de instituciones o “formas estructurales” (leyes, reglas y normas explícitas o implícitas, convenciones y sistemas de valores comunes) históricamente desarrolladas, como resultado de conflictos políticos y sociales (Brenner, 2003). A finales de los noventa, F. Chesnais
(2003) sugirió la expresión “régimen de acumulación dominado por lo financiero”, para designar la nueva configuración del capitalismo resultante de las políticas de desregulación, privatización y liberalización llevadas a cabo en la etapa precedente, y que han derivado en la gran influencia en el orden social y económico de los mercados financieros y de la forma moderna de capital-dinero.
Como subraya Fraser (2020, 56), siguiendo a los estudiosos foucaultianos de la gubernamentalidad, el capitalismo financiarizado es la era de la “gobernanza sin gobierno”. En este régimen, la “racionalidad política neoliberal” ha propiciado la captura y vaciado del poder público por las estructuras de gobernanza transnacionales, que han “constitucionalizado” los
principios económicos neoliberales, obligando a las agendas políticas a plegarse a sus dictados.
En efecto, africanistas como Hibou y teóricos como Mbembe han definido el “gobierno privado indirecto”, como una forma inédita de “gubernamentalidad” nacida en un contexto caracterizado por la desregulación mundial de los mercados y la supresión de controles a los movimientos de capitales. En el África subsahariana, el Estado se adapta a las transformaciones nacionales e internacionales a través de la privatización y delegando sus funciones reguladoras a intermediarios privados. Se asiste a una redistribución del poder estatal a través de estos procesos de “descarga” de funciones estatales y se difuminan las fronteras entre lo público y lo privado (Mbembe, 2016; López Castellano, 2012, 2017).
En otros espacios políticos, como el europeo, en las últimas décadas se está incorporando a las constituciones nacionales una normativa muy estricta en materia de política económica. La implantación del “constitucionalismo neoliberal”, como lo ha llamado Boaventura de Sousa, está imponiendo un despotismo tecnocrático, y las medidas de austeridad y disciplina fiscal están provocando un verdadero proceso de vaciamiento constitucional (López Castellano y García Quero, 2018). El caso griego ejemplifica la idea de “gobierno privado indirecto” como forma de
gestión de la deuda y tecnología de la expropiación al margen de las instituciones, que privatiza lo común y delega el poder soberano a instancias no democráticas.
Como se decía más arriba, la identificación del capitalismo como un sistema económico centra el
análisis de la crisis en las contradicciones internas de la economía, y la concibe como resultado de las disfunciones del sistema económico, omitiendo sus contradicciones y formas de crisis no económicas. Para Fraser, se trata de contradicciones que llevan al sistema a crisis periódicas y que provienen, no sólo de la caída de la tasa de beneficio, sino también de la apropiación por parte del capital del trabajo afectivo, del poder político, y de la riqueza expropiada a los sujetos racializados y a la naturaleza. Estas contra dicciones dan lugar a distintas vertientes de la crisis
que se materializan en el agotamiento de los recursos no renovables del planeta y en la progresiva destrucción de la biosfera, en la tensión entre capitalismo y legitimación democrática, en la aparición de una economía en la sombra basada en títulos-valores sin sustento real y de efectos devastadores sobre la economía productiva y la población, y en la tensión creciente en el ámbito del trabajo afectivo (Fraser, 2020, 33).
En una interpretación que la aproxima al “marxismo ecológico” de James O, Connor (1988), y a las tesis de Jackson Moore (2020), Fraser sostiene que el secreto oculto de la acumulación infinita por parte del capitalismo es que no paga sus facturas. Los capitalistas, en su opinión, expropian a título gratuito trozos de la naturaleza a la que tratan como una fuente de riquezas libremente disponible y aprovechable y como vertedero de residuos (Fraser y Jaeggi 2018,
50). De otro lado, Fraser, siguiendo a Jürgen Habermas, sostiene que el capitalismo contiene una contradicción política que lo aboca a la crisis política y de legitimidad, y la crisis democrática es la forma que asume dicha contradicción en el capitalismo financiarizado (Fraser, 2020, 119; Martín, 2020). En la misma línea, Brown (2016), siguiendo a Foucault, define el modelo de gobernanza neoliberal como proceso de “des-democratización de la democracia”, argumentando que la economización de la vida social, la privatización de bienes públicos y la penetración de la racionalidad neoliberal en instituciones como la ciudadanía altera la naturaleza de la política y debilita la cultura democrática. En definitiva, la aplicación de la lógica hayekiana a la política ha desembocado en lo que Todorov denomina “neoliberalismo de Estado”, que se ha convertido en un “enemigo íntimo” de la democracia.
Por último, no se puede discutir sobre el capitalismo sin tener en cuenta el problema racial-colonial (Ochoa, 2021), y así lo entiende Fraser cuando señala que “Vivimos en un régimen de acumulación racial”, ya que estructuralmente la acumulación de capital va unida a la dinámica racial y a la explotación del asalariado. Como sostiene Samir Amin (2009), una vez constituido, el capitalismo “atlántico” partió a la conquista del mundo y lo reconfiguró sobre la expropiación de las regiones conquistadas y la racialización de sus pobladores.

La cuestión de la “reproducción social” y la visión ampliada de la clase trabajadora
La crisis de la reproducción social es un reflejo de las contradicciones sociorreproductivas del capitalismo en cada forma histórica de la sociedad capitalista, y adopta un carácter específico en el capitalismo financiarizado. Con un enfoque que la aproxima a la idea de desarrollo de Sen, entendido como “proceso de expansión de las capacidades de que disfrutan los individuos” (Sen, 1999), y en los argumentos de Nussbaum (1995) en favor de la emancipación humana, a partir de las capacidades y opciones de las mujeres, Fraser también ofrece una visión ampliada de los
“cuidados” o “trabajo afectivo”. Así, prefiere hablar de “capacidades humanas” disponibles para crear y mantener vínculos sociales, y que incluyen “el trabajo de socializar a los jóvenes, construir comunidades y reproducir los significados compartidos, las disposiciones afectivas y los horizontes de valor que sustentan la cooperación social”.
A su juicio, el acierto analítico de los marxistas fue ubicar el secreto de la acumulación en la “morada oculta” de la producción de mercancías, en el lugar donde el capital explota el trabajo asalariado, pero no captaron que ese proceso descansa sobre la “morada aún más oculta” del trabajo de cuidados, que forma y repone la “fuerza de trabajo” y del que la econo-
mía capitalista se aprovecha sin coste alguno (Fraser, 2020, 120). La reproducción social, por tanto, es una de las condiciones que posibilitan la acumulación sostenida de capital; pero, esa tendencia a la acumulación incesante desestabiliza los procesos mismos de reproducción social que la sustentan. Como nos recuerda Gago (2020), la profundización de la crisis de reproducción social está siendo sostenida mediante un gran incremento del trabajo feminizado, que
está reemplazando a los servicios públicos de salud, educación y cuidado privatizados. El endeudamiento de los sectores de menos ingresos amplia el mapa de la explotación y el conflicto social más allá de sus límites habituales (Gago y Cavallero, 2019). Para Fraser, si las raíces de la actual “crisis de los cuidados” se encuentran en la inherente contradicción social del capitalismo, la crisis no se resolverá reformando la política social, sino mediante un cambio estructural
del orden social (Fraser, 2020, 73-74).
Desde una visión ampliada de la clase trabajadora, se puede afirmar que las relaciones de clase no se limitan a la fábrica, sino que se extienden al trabajo reproductivo social, lo que implica integrar a las mujeres en la clase trabajadora. Sin el trabajo en la sombra de producir seres humanos, educarlos, proporcionarles las habilidades necesarias y los valores no habría sociedad. Tal hecho convierte a la reproducción social en el principal foco de tensión y de lucha, y sitúa a las mujeres en la primera línea del activismo social. En las crisis capitalistas anteriores, los trabajadores varones y las organizaciones sindicales estaban en el centro de la lucha; en el capitalismo
neoliberal, la reproducción social pone en el centro de la lucha a nuevos agentes sociales, con el feminismo a la cabeza.
De la teoría a la praxis: política antisistémica
La principal preocupación de Fraser a lo largo de su obra es elaborar una teoría crítica capaz de reflejar las injusticias sociales y servir de guía a las reivindicaciones sociales. Dicha teoría crítica debería integrar “la mejor teoría política feminista reciente” y “la mejor teoría crítica reciente sobre el capitalismo”. Para llegar a la “mejor” teoría feminista explica las modulaciones del feminismo a través del tiempo, avanzando una hipótesis arriesgada. En su opinión, a lo largo de los años 60 y 70, el feminismo se alineó con la nueva izquierda en sus críticas al Estado de
Bienestar, que había ocultado las injusticias de género y raciales. Pero, en los años ochenta, la crítica feminista se fragmentó y enfatizó en las políticas de identidad coincidiendo con el tránsito al capitalismo posfordista y el ascenso del neoliberalismo (Fraser 2015, 17, Fraser, 2020, 14; Arribas, 2016, 7). El neoliberalismo resignificó el antiestatismo feminista y sus críticas al Estado de Bienestar y al salario familiar y las tradujo en políticas de reducción del tamaño del Estado (Fraser 2015, 21). A la postre, sin percatarse de la “astucia de la historia”, las corrientes hegemónicas de las luchas por la emancipación habrían favorecido en cierta medida el “nuevo espíritu” del capitalismo posfordista (Fraser y Jaeggi 2018, 244,
Martín, 2020).
Fraser sitúa la nueva fase del capitalismo en la quiebra de Bretton Woods y la supresión de controles del capital propias de la dirección keynesiana de las economías nacionales, en las políticas de privatización y la liberalización, y en el paso de los Estados del bienestar y desarrollistas, al “Estado de la competencia”. La nueva agenda política se ensayó en América Latina, guió la transición al capitalismo enEuropa oriental y central, y se implantó parcialmente
en el Primer Mundo. En el Tercer Mundo, el neoliberalismo se valió de la deuda para exigir onerosos ajustes estructurales que acabaron con las políticas desarrollistas y obligaron a los Estados poscoloniales a vender sus activos, liberalizar sus mercados y recortar el gasto social.
Ch. Marazzi (2003) ha llamado “periodo de rutina” del mundo keynesiano de las economías nacionales al ciclo inaugurado tras la Segunda Gran Guerra, donde el Estado Nacional de Bienestar keynesiano, como lo ha definido Jessop, era el modelo de Estado ideal del régimen de acumulación fordista. Con el deterioro de las condiciones económico-políticas que fraguaron la larga etapa de crecimiento y el tránsito al nuevo régimen de acumulación posfordista, para

competir con otros estados, el “Estado competitivo schumpeteriano” sustituye al Estado de bienestar keynesiano (Jessop, 2008).
En definitiva, el neoliberalismo demostró su capacidad de metabolizar y neutralizar toda práctica y toda crítica. El “neoliberalismo progresista” sería, para Fraser, la contrarrevolución de los postulados feministas, convirtiendo esas luchas en una suerte de cosmética multicultural para las políticas de ajuste, desempleo y desinversión social. Pero, como se pregunta en tono crítico Melinda Cooper (2019, 23), la colaboración del feminismo con el neoliberalismo ¿se debió a una coincidencia o a una afinidad perversa entre ambos?
Su teoría crítica del capitalismo le permite diagnosticar la crisis del neoliberalismo progresista en el marco de una crisis general del capitalismo financiarizado. Frente a la interpretación de Brown (2016) del triunfo de Donald Trump como “populismo apocalíptico”, que expresa el secuestro de la política por parte del neoliberalismo, Nancy Fraser lo tildó de “motín electoral” contra la hegemonía neoliberal que había deteriorado las relaciones sociales y laborales. El dilema al que se enfrentó la ciudadanía fue votar a Trump o a Hillary Clinton, que representaba la con-
tinuidad con el neoliberalismo progresista, principal causante de la crisis social.
Fraser explica en términos gramscianos el triunfo de Donald Trump sobre la cosmovisión hegemónica y del “bloque hegemónico” existentes, y subraya que, para desafiar la supremacía de Trump, las clases dominadas deben construir un nuevo sentido común (una “contrahegemonía”) y una nueva alianza política (un “bloque contrahegemónico”). Ello exigiría, a su juicio, cambiar los dos componentes normativos esenciales a partir de los que se constituyen las hegemonías: la distribución y el reconocimiento. El primero refleja la visión existente acerca de la distribución de la renta y pone de manifiesto la estructura económica y las divisiones de clase; el segundo postula cómo reparte la sociedad el respeto y las normas de admisión y pertenencia, y refleja el estatus.
Según esto, el ascenso de Trump y del trumpismo se debió a la quiebra del bloque hegemónico anterior y el desprestigio de su nexo normativo de distribución y reconocimiento (Fraser, 2020, 172-173). En una reciente entrevista, Fraser transmite a Nancy Giampaolo su confianza en que un movimiento político, al estilo de Sanders, pueda captar la atención de los sectores de clase trabajadora común que apoyaron a Trump y desarrollar una alternativa progresista populista.
La justicia debe convertirse, en su opinión, en la virtud primordial tanto en la teoría como en la práctica. A tal fin, reflexiona sobre ella al hilo de lecturas de Platón, John Rawls, Foucault, Arendt y Kazuo Ishiguro, para sentenciar que hay que reescribir el proyecto de Polanyi para el siglo XXI, a partir de una interpretación más amplia de la justicia social (Fraser, 2020, 170). Con estas premisas, Fraser llama a construir una nueva alianza de emancipación y protección social que favorezca el tránsito a una nueva forma de socialismo antipatriarcal y poscolonial.
Una visión ampliada del socialismo como alternativa emancipadora y deseable requiere que sea feminista, antirracista y antiimperialista, ecosostenible y democrático (Fraser, 2020, 201).
La pandemia que azota al mundo en estos momentos está poniendo de manifiesto la gravedad de la crisis social y la idea avanzada por Fraser de que la cuestión de la reproducción social es el terreno estratégico fundamental para la construcción de un futuro; pero, también, la imposibilidad de convivencia armónica entre los humanos y entre éstos y el resto de los
ecosistemas en el contexto del capitalismo (Magdoff, 2012). Como sugería K. Polanyi, habría que “reencastrar” la economía en lo social y lo ecológico, recuperando el significado “sustantivo” de económico que enfatiza en la dependencia del hombre de la naturaleza y de sus semejantes, para subsistir.
Con su obra, Fraser da un importante impulso a la renovación de la teoría crítica para comprender la sociedad capitalista, situando al capitalismo como objeto preferente del análisis y reivindicando una relectura crítica de autores como Marx, Polanyi y Gramsci, a menudo relegados al submundo de la economía, como escribiera Robert Heilbroner. Fraser enriquece
los instrumentos teórico–metodológicos para el análisis de los movimientos sociales, sitúa la problemática en un contexto histórico, reflexiona sobre posibles escenarios para los próximos años y propone estrategias para una salida emancipadora. En definitiva, su obra constituye un enorme foro para que académicos e intelectuales debatan sobre los temas más candentes de la actualidad, y una guía erudita y muy bien documentada para que los activistas luchen por una
sociedad mejor y más igualitaria.
Referencias
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Notas:
1. Universidad de Granada

Se tensa la disputa entre Estados Unidos y la República Popular China por la hegemonía mundial

Por Decio Machado / Director de la Fundación Nómada

Desde 2013, momento en que Xi Jinping sustituyó como presidente de la República Popular China a Hu Jintao, los objetivos del gigante asiático quedaron claramente determinados. En palabras del propio Xi Jinping, “China busca convertirse en la primera economía mundial en 2028” y “ser la primera potencia global en 2049”, fecha en la que se celebrará el primer centenario de la toma del poder por parte del Partido Comunista Chino.

En pocas palabras, vivimos un momento de transformaciones geopolíticas en el cual la República Popular China busca convertirse en el nuevo hegemón global, lo que implica posicionar sus empresas, tecnología, sociedad, valores, fuerza militar, finanzas y demografía en posiciones dominantes a escala mundial. Lo mismo que hemos vivido con Estados Unidos durante los últimos cien años pero reubicando la centralidad político-económica mundial en el eje geográfico Asia-Pacífico-Nueva Ruta de la Seda (red comercial en construcción entre Asia, África y Europa).

Diversos analistas internacionales preveían que la guerra comercial entre China y Estados Unidos, inaugurada en marzo de 2018 cuando el ex presidente Donald Trump anunció su intención de imponer aranceles por 50.000 millones de dólares a los productos chinos, bajaría de nivel con la nueva administración Biden. Sin embargo esto no ha sido así.

El pasado 3 de mayo el actual Secretario de Estado de la administración Biden, Anthony Blinken, definiría la relación de Estados Unidos respecto a China como una relación de “competencia en todos los ámbitos”, diciendo, “mantendremos nuestra ventaja tecnológica y las innovaciones científicas, sin apoyar las prácticas malignas de China y trabajaremos con nuestros aliados para derrotar las prácticas abusivas y coercitivas de Beijing en comercio, tecnología y derechos humanos”. De hecho, las sanciones impuestas sobre China por parte de la administración Trump no han sido levantadas por Biden y la guerra comercial entre ambos países se mantiene e incluso se agrava. Recientemente el presidente Joe Biden declaró públicamente que “China nos ha robado billones de dólares en propiedad intelectual”, reafirmando que empresas como Huawei, Xiaomi, Alibaba, Tencent, Baidu y TikTok son enemigas de los intereses estadounidenses por ejercer espionaje industrial y militar.

El pasado 29 de abril, Biden en su primera intervención ante el Congreso declararía: “mientras yo sea presidente, en la guerra por la primacía del mundo, no permitiré que China nos sobrepase como el país más poderoso del mundo, not on my watch”.

Pero entendamos bien que hay detrás de todo esto…

Estamos inmersos en la Cuarta Revolución Industrial, también conocida como Industria 4.0, la cual se caracteriza por la fusión de tecnologías actualmente en desarrollo en los ámbitos de la robótica, inteligencia artificial, cadena de bloques, nanotecnología, computación cuántica, biotecnología, internet de las cosas, impresión 3D y vehículos autónomos.

Esta Industria 4.0 es la tendencia actual de automatización e intercambio de datos, particularmente en el ámbito de las tecnologías de manufactura y desarrollo, lo que nos encamina hacia la creación de lo que se ha venido en llamar “fábricas inteligentes”. Es decir, procesos de producción donde los sistemas ciberfísicos controlarán los
procesos físicos.

Foto: Meng Wanzhou en arresto domiciliario y con grillete

En ese contexto quien domine la innovación y el desarrollo tecnológico en la etapa actual tendrá condiciones de imponer su hegemonía en los futuros mercados globales. Es así que la red 5G se convirtió en uno de los principales terrenos de disputa si bien no el único, lo derivó en la detención de Meng Wanzhou -directora financiera e hija del presidente de Huawei Technologies Corporation- en el aeropuerto de Vancouver el 1 de diciembre de 2018 bajo la acusación de conspirar contra múltiples instituciones y empresas estadounidenses. Meng fue posteriormente liberada y se mantiene bajo arresto domiciliario después de pagar una fianza de 10 millones de dólares en un proceso que todavía está en marcha y pendiente de resolución judicial. Por su parte, Estados Unidos ha solicitado a Canadá la extradición de dicha ejecutiva.

El 19 de mayo de 2019 y siguiendo instrucciones de la administración Trump, Google anunció que dejaría de proporcionar actualizaciones de su sistema operativo Android para los usuarios de telefonía Huawei y ZTE (empresa china sancionada por Washington por exportar celulares a Irán y Corea del Norte). Con ello buscaban desmantelar la línea de producción de las principales compañías fabricantes de celulares chinos cerrándoles la entrada al mercado global de smartphone. En el fondo y más allá de la competencia por los mercados, se encuentra la disputa por el control de la información que circula en las redes. Algo fundamental para la implementación eficiente de la Inteligencia Artificial.

Pero más allá del conflicto con Huawei y ZTE, es un hecho que China lleva ventaja sobre Estados Unidos no sólo en la tecnología 5G, sino también en la Inteligencia Artificial, la biotecnología y los desarrollos misilísticos. Todo ello bajo una política muy planificada que desde 2015 fue denominada como “Made in China” y cuyo objetivo consiste en convertir al gigante asiático en una potencia relativamente autosuficiente y en una economía cuyo foco esté puesto en la innovación.

Beijing elaboró un programa gubernamental conocido como Artificial Intelligence Development Plan en la cual destacan mayor financiación a empresas chinas, apoyo político y coordinación nacional para el avance en materia de desarrollo de la Inteligencia Artificial, buscando que China se convierta en el mayor centro de innovación global en 2030. 

De hecho China desarrolla en la actualidad una agresiva estrategia de fomento de startups, mediante la cual las pymes digitales reciben exenciones de impuestos, contratos estatales y oficinas ya equipadas para el desarrollo de Inteligencia Artificial. De esta manera, China se convirtió en el mercado de startups de Inteligencia Artificial más grande del mundo, publicando la mayor cantidad de papers sobre el tema a nivel mundial y carente de regulación por normativas de privacidad respecto a la recolección de datos personales de los usuarios de sus sistemas.

Pero en paralelo, Beijing lleva desarrollando desde el año 2013 una estrategia de perfil geopolítico destinada a implementar lo que se ha venido en llamar la nueva ruta de seda. Un megaproyecto que pretende unir mediante rutas marítimas y ferroviarias China con Europa pasando por África e integrando a 15 países que suman una población total de 2.200 millones de personas, un producto interior bruto de 22.14 billones de dólares y el 28% del comercio mundial. A este proyecto se suma la ruta digital de la seda, que se extiende más allá de Europa y con el que China avanza con el tendido de cables submarinos a nivel mundial.

La reacción estadounidense fue incorporar a más de 40 entidades y empresas chinas en su Entity List, una lista de empresas, centros de investigación, gobiernos e incluso individuos a los que Washington considera que atentan contra la seguridad nacional o la política exterior de Estados Unidos. Esta política de bloqueos y sanciones busca ser exportada por Washington hacia los países aliados, condición que ha hecho que países como Australia, Japón y Reino Unido traten de evitar también que Huawei participe en el desarrollo de la red 5G en dichas naciones. De igual manera, en la actualidad se desarrollan acciones diplomáticas estadounidenses en los países de América Latina bajo este mismo fin.

En la actualidad y ante la fuerte demanda en el mercado de mundial de los chips -sector en el cual Taiwan ejerce una posición protagónica en la fabricación de los chips más avanzados-, Estados Unidos busca bloquear el suministro de estos a la República Popular China con el fin de generarles un colapso en su fabricación de semiconductores. Estas operaciones de bloqueo están incentivando la producción nacional de chips al interior del gigante asiático, aunque el proceso será largo y complejo. Sin embargo, desde 2019 Beijing lleva invertidos 100.000 millones de dólares y se están generación de nuevas plantas de producción para microprocesadores al interior del país.

En la actualidad, los conflictos armados en el mundo se encuentran en mínimos históricos. Del tradicional uso de acciones militares entre países por el control territorial y sus riquezas hemos pasado a acciones más centradas en la desestabilización política y la disrupción económica. En resumen, las disputas entre potencias ya no se dirimen en el campo de batalla, sino en los centros de investigación, en los laboratorios de alta tecnología y en los mercados, pero esto no exime que el desenlace final por la hegemonía mundial no desemboque en un conflicto bélico tal como ha sucedido históricamente hasta el momento.

Ahora bien, los conflictos armados en los que se han visto involucradas las grandes potencias en el presente siglo vendrían a demostrar que los países más poderosos del planeta buscan evitar el desplazamiento e involucración de grandes contingentes militares al extranjero para defender sus intereses. En definitiva, buscan ahorrarse el costo logístico, humano e incluso político que se daban en las grandes guerras del pasado.

Esto ha hecho que en la actualidad asistamos más a operaciones de carácter quirúrgico que a grandes desplazamientos de tropas de infantería, tanques o artillería pesada. De esta manera el protagonismo militar pasa a estar más bien en equipos de operaciones especiales, quedando el ejercito convencional relegado a un rol de soporte para asistir o evacuar a estos cuerpos de intervención rápida sumamente especializados.

Es así que para hacer frente a los grupos de operaciones especiales estadounidenses bajo el mando del USSOCOM (United States Special Operations Command) y que controla unas 70.000 unidades de estas características -entre ellas los famosos Navy SEAL o los Delta Force- que se hayan desplegados en diferentes partes del mundo, la República Popular China también ha puesto en marcha -aunque de forma embrionaria- los suyos.

Desde la década de 1990, China está desarrollando una fuerte inversión en su aparato militar. El Ejercito Popular de Liberación, así se denominan las fuerzas armadas chinas, ya gozan de cuerpos de operaciones especiales en cada una de sus ramas militares. Entre los quince grupos especiales de los que disponen las fuerzas armadas chinas destacan  la unidad Jiaolong (dragón de mar) creada en 2002 por la marina y cuya acción más espectacular fue la recuperación de un buque de carga secuestrado por piratas somalíes en el Golfo de Adén; así como la unidad Leishen, un cuerpo de élite paracaidista perteneciente a sus fuerzas aéreas. Lejos aún de alcanzar la capacidad militar de las operaciones rápidas estadounidenses, las fuerzas especiales chinas suman entre 10.000 y 14.000 miembros y siguen en expansión.

Esta rápida modernización del músculo militar chino, propio de toda potencia en ascenso, se plasmó en un informe publicado en 2019 por el Centro de Estudios de Estados Unidos de la Universidad de Sídney en Australia. En este se indica que pese a que Washington todavía supera notablemente la capacidad militar de Beijing, la estrategia de defensa norteamericana en la región Indo-Pacífico “está sumida en una crisis sin precedentes” y señala como China ha desarrollado en los últimos años un impresionante arsenal de misiles que estratégicamente apostados amenazan las bases militares claves de Estados Unidos en la zona. 

Este es el área territorial de mayor tensión geopolítica entre ambas potencias. Concretamente en el Mar de la China Meridional se ubican una amalgama de islotes y archipiélagos que son reclamados tanto por la República Popular China como por Taiwán, Vietnam, Filipinas, Malasia e incluso Brunéi. Para reafirmar su posición dominante en la zona de disputa, Xi Jinping puso en marcha un plan estratégico mediante el cual se están construyendo islas artificiales, ciudades en los islotes, pistas aéreas, instalaciones turísticas e infraestructura militar aérea y marítima. Todo ello pese a que en 2016 la Corte Permanente de Arbitraje de La Haya resolviese que no había “base legal” para las reclamaciones territoriales chinas en la zona.

En la actualidad y tras un informe publicado hace unos años atrás en el cual se indica la existencia de importantes yacimientos marítimos en la zona, las islas Spratly (a las que Beijing denomina Nansha), el banco Macclesfield (denominado por los chinos como Zhongsha), el archipiélago Paracel (para China el archipiélago Xisha) y sus alrededores se han convertido en un abra estratégica de alta tensión donde incluso algún pesquero vietnamita ha sido hundido por la guardia costera china.

En paralelo, Estados Unidos -país sin reivindicaciones en la zona- promueve “misiones militares rutinarias” de incursión tanto aéreas como navales de su VII Flota en las aguas en disputa, buscando posicionar demostraciones de fuerza ante las demandas territoriales chinas. Todo ello mientras Beijing prosigue con su plan de modernización militar por el cual se calcula que para el año 2030 la República Popular China dispondrá de 450 buques de guerra y 99 submarinos operativos.

Mark Fisher: “Tenemos que inventar el futuro”

Extraemos de la revista digital El Salto esta exclusiva de una entrevista al crítico cultural Mark Fisher, uno de los textos incluidos en el tercer volumen de K-Punk que la editorial Caja Negra pone a la venta el 10 de junio.

elsaltodiario.com

Apenas diez días después del fallecimiento del pensador Mark Fisher, en enero de 2017, la página web The Quietus publicó una entrevista realizada en 2012 por el periodista Tim Burrows que hasta entonces había permanecido inédita. La entrevista, más bien una conversación entre Fisher, Burrows y el poeta Sam Berkson, es uno de los textos que componen la tercera entrega de K-Punk, con el subtítulo “Escritos reunidos e inéditos (reflexiones, comunismo ácido y entrevistas)”, que esta semana llega a librerías de la mano de la editorial Caja Negra. El Salto publica en adelanto exclusivo este contenido.

Mark Fisher: ¿Andas en coche?

Sam Berkson: No.

M.F.: Yo tampoco, y por eso me identifico tanto con los poemas [de Life In Transit], porque pasé mucho tiempo en el transporte público. Hay algo que dijo la señora Thatcher: “Si eres mayor de 30 años y estás en el transporte público, has fracasado”. Me parece muy elocuente. Los hombres que conozco no tienen coche, y muchas mujeres sí. Con ellas, pienso que su deseo de conducir puede deberse a la seguridad. Estar en el coche siempre me pareció una pérdida de tiempo. En el tren, en cambio, se puede leer, escribir, hacer otra cosa, y se puede escuchar.

Aunque, con la cantidad de auriculares, etc., ya casi nadie se escucha. Creo que algo que emerge con mucha fuerza de tus poemas es que el transporte es solo público en su nombre, puesto que 1) no es propiedad pública, sino de operadores privados horrendos, y 2) el espacio tampoco es público porque, tal como muestran tus poemas, la gente está mucho más metida en sus conversaciones privadas en los teléfonos móviles. A veces, a un nivel humillante y vergonzoso.

S.B.: En general pocas personas escuchan. Es irónico hablar de transporte público, porque todo el mundo está en su propio mundo, y lo que hace es llevar un mundo privado a la esfera pública. A nadie, ni en la derecha ni en la izquierda, le gusta la idea de que la gente escuche sus conversaciones privadas. Y, sin embargo, estamos en una época en que las conversaciones son muy escuchadas, con toda la tecnología artera. Además, somos cómplices, con cosas como Facebook, como si estuviéramos felices de contar sin parar lo que hacemos todo el tiempo.
M.F.: Se da un proceso doble: hay cada vez más gente preocupada por Facebook y su erosión de la privacidad, o lo que sea. Y me parece que hay una contradicción interesante ahí. En un sentido, la gente habla por sus teléfonos móviles, asumiendo que otros no los escuchan, pero sabiendo, hasta cierto punto, que al menos alguien lo hará. Y después está el fenómeno de Facebook, donde la gente publica cosas esperando que otras personas lo vean, en una búsqueda desesperada de un público que quizá no tengas. Para después chequear de manera neurótica cuántos “me gusta” y cuántos “comentarios” recibiste.
S.B.: Como si en lugar de importarte el público que ya está ahí, necesitaras desesperadamente una audiencia mayor.

M.F.: La celebridad me parece importante en muchos niveles… Es como una intimidad falsa, ¿no? Hay una generalización de revistas de cotilleos orientadas a mujeres, esa forma general de la cultura, la TV, etc. Este fenómeno de referirse a la gente por su nombre de pila, como hacen en las portadas de estas revistas, como si uno conociera a esas personas.
Tim Burrows: La gente lee revistas en el tren que hablan sobre dietas.

M.F.: Es un biocontrol cuyo modelo es la revista para mujeres. Se trata de reducir cierta ansiedad, no tanto de decir que hay que hacer esto o esto otro, sino de poner en una página que Geri Halliwell está feliz con sus curvas, y al mes siguiente que se siente mucho mejor porque bajó de peso. Esas revistas te ponen todo el tiempo en situaciones de doble vínculo. La función es desestabilizar a la gente, mantenerla en un estado de ansiedad, y agregar soluciones para todos los problemas basadas en objetos de consumo. Las dietas son biopoder, una forma de control del cuerpo. Con esta cultura digital de hoy lo que tenemos es una forma extraña de hipervulgaridad. Hay personas que están todas vestidas y operadas, pero no es como David Bowie, donde había un juego con una estetización abstracta. Hay gente que tiene una vulgaridad extrema, y es un modelo normativo: dientes perfectos, el tono correcto en la piel. Una artificialidad absolutamente conservadora.

S.B.: La gente dice que la simetría es el ideal de la belleza humana, y a mí me gusta pensar que la simetría es algo que está solo OK. Pero negar que haya cualquier tipo de belleza a los ojos de quien observa, que hay algo original y único en las cosas y que a todos nos parecen bellas cosas diferentes es volver a llevar el poder hacia una esfera muy conservadora, una forma de conformarse con ser bello. Y por supuesto no es para nada normal, es un estilo muyfreak.

M.F.: Es una influencia de lo digital, mucha gente se photoshopea. La normalización de la cirugía estética, el botox, etc., es parte de este régimen de biopoder y de la ansiedad constante por las apariencias, etc. La cirugía estética no está bien, ¡no está bien! A la gente le preocupa su apariencia, pero la miden según los estándares de una normatividad deprimente. Las neurosis son muy productivas, y muy útiles para el capitalismo. ¿Qué es mejor que una insatisfacción inherente? La satisfacción inherente se puede vender infinitas veces. Por eso el modelo de la revista de mujeres es tan útil para el capitalismo de consumo.

S.B.: Uno lo ve en la televisión: ahora hay una publicidad sobre el deseo de que tus amigos sean más bellos, creo que es la publicidad de una cámara, y la idea es que uno quiere ser exhibido como que es bello, y esto lo da el hecho de que pasa tiempo con gente bella.

T.B.: Esa siempre ha sido la paradoja de la televisión: es donde se puede encontrar a las personas más profesionales de Londres en un determinado momento, pero también el lugar con menos retoques en el que puedas estar. Estás muy pegado al rostro de alguien, se pueden ver todas las imperfecciones.

S.B.: Sí, la iluminación es terrible. La luz en la televisión es deliberadamente incómoda porque la gente tiene menos probabilidades de pelearse si se siente incómoda y expuesta. Si estuviera diseñando la televisión, y quisiera hacerla cómoda, no lo haría como ahora. Piensen en los pubs; entendieron que los pubs no son atractivos para los consumidores si no se puede ver lo que hay adentro. Esa idea de un rincón oscuro donde uno se puede esconder… Lo que todos quieren es una ventana grande en el frente. Que se pueda entrar y sentirse a gusto.

Ya no hay ningún espacio público al que la gente pueda ir. De lo que se trata es de insertarse en un balbuceo, el balbuceo de las voces al teléfono o el balbuceo del capital que te grita que compres algo

M.F.: Eso no es un pub, es un bar.

S.B.: Se siente cómodo porque uno se siente observado. Es como el panóptico.

M.F.: Es el Foucault de la segunda fase, una suerte de autopanóptico. Me acuerdo que alguien dijo que, en la época en que todavía valía la pena pensar sobre Big Brother [Gran Hermano], la diferencia entre Big Brother y el panóptico de Foucault era que en el caso de Foucault no sabías si te estaban mirando o no, mientras que los participantes de Big Brother están seguros de que sí. Ahora hay una fase de Facebook como un autopanóptico, como dijimos antes, donde la gente se vuelve objeto de vigilancia, y se vigila a sí misma de una manera extraña.

S.B.: Podemos dar batalla. Y también está el otro problema con la televisión y los buses, que es que hay demasiada publicidad en ellos.

M.F.: Yo lo llamo polución semiótica.

S.B.: Sí. ¿Y cuál sería la respuesta sensata? Ponerse auriculares, no mirar alrededor, básicamente apagar los sentidos, bloquear el ambiente. Es una posición terrible para la gente. El consejo que te da todo el mundo es vivir en el presente, mirar alrededor, experimentar las cosas, etc. Pero si uno hace eso, lo único que ve son publicidades y anuncios.

M.F: Es impactante. Lo noté en Suecia, en Estocolmo, donde no había publicidades. Pensé: “¿Qué está pasando?”. Incluso el metro de Nueva York no tiene tantos. Hay algo especial en el enorme ataque cibernético de anuncios en Londres. No es que la gente se desconecte del espacio público, sino que ya no hay ningún espacio público al que pueda ir. De lo que se trata es de insertarse en un balbuceo, el balbuceo de las voces al teléfono o el balbuceo del capital que te grita que compres algo.

S.B.: Puedes enterrarte en tu propia caja de arena, apagarte. Este parece ser el modo en que mucha gente elige viajar, literalmente se desconectan del mundo a su alrededor. En algún punto tiene sentido, pero al mismo tiempo estás desconectado del mundo que te rodea.

El aburrimiento es un lujo que ya no podemos darnos, porque nuestros teléfonos no nos lo permiten: incluso cuando uno está esperando un bus o un tren, hay un flujo constante de estímulos de baja intensidad

M.F.: Lo que se necesita son formas de desconexión. Desenchufarse de ciertas redes. El otro día hablaba con mis estudiantes sobre tratar de desenchufarse; considero que estamos en una nueva fase de la vida humana. En los años 70, el aburrimiento era un gran problema. El aburrimiento era un vacío existencial, se lo podía tirar a la industria del entretenimiento y la cultura mainstream, y era un desafío para todos nosotros: ¿por qué nos permitimos aburrirnos? Considerando que somos animales finitos, que vamos a morir, aburrirse era un escándalo moral de proporciones descomunales. Pero ahora el aburrimiento es un lujo que ya no podemos darnos, porque nuestros teléfonos no nos lo permiten: incluso cuando uno está esperando un bus o un tren, hay un flujo constante de estímulos de baja intensidad. El aburrimiento y la fascinación están mezclados, para volver a las revistas de famosos. Y un ejemplo de esto serían esos periódicos gratuitos de Londres que por suerte desaparecieron: The London Paper, en una palabra, y el London Lite, cuyo nombre es muy elocuente. El Evening Standard y el Metro, en comparación, son periodismo serio.

Cuando aparecieron, esos periódicos eran aterradores. Eran un ejemplo de polución semiótica que también contaminaba las calles de manera literal. Además, había inmigrantes pobres cuya tarea era irritar a la gente: pararse en el camino de los trabajadores que iban al transporte, y ponerles estas cosas en las manos. Pero también estaba la total obediencia de los lectores, porque operaban absolutamente exhaustos. Si observabas el vagón, todo el mundo leía estos periódicos. Podías sentir cómo se hundía el nivel intelectual y cultural. El viaje al trabajo es probablemente el momento en que la gente está prestando más atención a la cultura. Yo no era inmune a esto; yo leía los titulares, muchas veces sobre celebridades que apenas conocía y no me interesaban, y aun así quería saber más. Era una forma de curiosidad sin interés. Así que leía todo el periódico, aunque no estuviera interesado, porque al mismo tiempo me había absorbido. A eso me refiero con el aburrimiento y la fascinación. Me imagino que mucha gente, como yo, tenía libros serios en los bolsos, y los habrían leído si no hubiera sido por estos periódicos. Eso dice mucho sobre la manera en la que el capitalismo se aprovecha del cansancio y los peores instintos.

T.B.: Y es por eso que Boris Johnson es tan popular. Es el héroe de la generación de los periódicos gratuitos como ShortList.

M.F.: El tema con Boris es similar a lo que dijo Franco ‘Bifo’ Berardi sobre Berlusconi: la persona que se burla del poder mientras lo ocupa. Eso es igual a Boris, ¿no? Alguien extrañamente popular para la gente joven, de una manera deprimente, porque no se toma la política en serio, o eso parece. Por supuesto, lo que sí se toma muy en serio es favorecer su propia posición y su propia clase. Esta forma de falsa bonhomía y de negación cínica, a través de la cual el poder de clase se naturaliza, es un problema extremadamente peligroso. Creo que Cameron representa una versión apenas distinta de esto, y no es que él sea tan popular, sino que es bueno para parecer un tipo amigable con el que se puede hablar.

Mi sensación del gobierno de Cameron es que quieren romper todo lo que puedan. Saben que probablemente no vuelvan a tener esta oportunidad, pero también saben que si cambian algunas cosas fundamentales, entonces ningún gobierno laborista que no realice antes una transformación enorme en la cima de la cultura del partido va a poder volver a cambiarlas.

S.B.: Hace poco leí algo, que no sé si era un cita, pero le preguntaron a Thatcher cuál había sido su mayor logro y ella dijo el Nuevo Laborismo.

M.F.: No sé si es una cita, pero eso es cierto. Yo me afilié al Partido Laborista. Nunca antes me había afiliado a un partido, pero hay que tener la misma ambición que el Nuevo Laborismo, y pensar con cinco años de planificación. Si hay más gente avanzando con una agenda fuerte, quizá se pueda cambiar la dirección del partido.

S.B.: Yo pensé lo mismo, y me afilié al Partido Verde.

M.F.: Está bien. No hay que ceder ningún territorio. Tampoco quiero jugarlo todo en una sola carta. En los años 90 no tenía sentido afiliarse al Partido Laborista. Iban en dirección al Nuevo Laborismo, la neoliberalización, no había forma de que hicieran otra cosa. Pero ahora, no sé a dónde va. Tal vez siga con este neoliberalismo suave desesperadamente banal, o quizá se convierta en otra cosa. Hace dos años, la University of East London estaba plagada de banderas revolucionarias y todo eso; era la época de los recortes, y hubo una efervescencia increíble de militancia, que parecía salir de la nada. Ahora, cuando vas a la UEL y caminas por el pasillo central donde estaban los carteles, es puro Costa y Starbucks, el letrero más grande que se puede ver es una oficina que dice “Credit Control”. Hay una parábola de lo que pasa con los espacios públicos allí. El espacio público que se afirmaba fracasó, y ahora tenemos unos monolitos corporativos y letreros de Credit Control en el medio del pasillo.

T.B.: Hay sucursales de la cafetería Costa en todas las salas de espera de los hospitales del Servicio Nacional de Salud.

Que puedas tener negocios en los hospitales me hace pensar en un mundo de Philip K. Dick. No me opongo al cambio de manera intrínseca; me opongo al hecho de que el cambio que hay es una mierda

M.F.: Mi esposa es de Gravesend, y en un hospital cerca de Dartford, McDonald’s intentó ganar la licitación del restaurante. Que puedas tener negocios en los hospitales me hace pensar en un mundo de Philip K. Dick. No me opongo al cambio de manera intrínseca; me opongo al hecho de que el cambio que hay es una mierda. El tema con el capitalismo es que provee cosas que no le gustan a nadie. Cuando la gente habla de la libertad de elección y el capitalismo… Microsoft lo resume todo. Nadie lo quiere, todo el mundo debe tenerlo. Con las cadenas es igual. ¿Quién es fan de las cadenas? Casi nadie, pero todos debemos ir a ellas.

S.B.: La gente solía quejarse de que los ferrocarriles de la British Rail llegaban siempre tarde, porque creíamos que éramos sus dueños. Ahora aceptamos que nos cobren demasiado, porque pueden, y que sean una porquería, porque no tenemos otra opción. Antes los sentíamos más cerca.

M.F.: Había un punto en modernizar esas industrias públicas, que eran dirigidas con una enorme ineficiencia, pero en realidad era un pretexto para privatizarlas. Deberían haberlas mejorado mientras eran públicas. Ahora que son privadas cuestan mucho más. Es una tarifa ridícula, el metro es muchísimo más caro que antes de la privatización. Es la destrucción de un ethos con sus propios trabajadores; lo mismo con los hospitales, ¿por qué no los limpian bien? Porque se usan contratistas privados cuyo único incentivo es hacer las cosas de la forma más barata posible, pagar a los empleados lo menos posible. Si no se tiene el ethos del servicio público, entonces se vuelve aún más lamentable. Es mala calidad pero con brillo. Es la realidad.

S.B.: Una vez más, uno se topa con la misma paradoja. Es casi lo contrario de lo que se dice. Hay más opciones; pero en realidad no hay elección. Tiene más brillo, es mejor; pero no, es peor. Es más barato; es más caro. No creo que volvamos a la nacionalización, quizá no sea una buena idea.

M.F.: El poema que más me atrajo fue uno que aparece al comienzo, sobre la gente que no tiene billete. Me pareció muy potente en muchos niveles. La dinámica de clases. Estuve en muchas de esas posiciones, tanto la de la persona que observa como la de quien no tiene el billete.

T.B.: Me recordó a cuando sorprendieron al Canciller de Hacienda George Osborne en primera clase sin un billete de primera clase. Dijo que no quería malgastar el dinero de los impuestos de la gente en un billete de primera clase.

M.F.: ¡Bien! Hay que respetar la desfachatez improvisada de esa excusa ridícula. Nada resume al capitalismo mejor que eso, el hecho de que aún exista la primera clase. El otro día fui a Liverpool, y parecía que había que caminar interminablemente hasta llegar a la primera clase. Y, por supuesto, no había nadie en primera clase. ¿Resulta económico tenerla, o existe porque el sistema de clases lo requiere?

S.B.: Esa es la atracción de la primera clase, que no haya nadie ahí. La idea de la competencia en el tren era por completo defectuosa. No se puede ir a otra línea, en otro tren que salga a la misma hora, porque no lo hay.

M.F.: Lo único que la gente nacionalizaría sin pensarlo creo que son los trenes.

S.B.: Es caro para el gobierno hacerse cargo de los trenes, porque dan un montón de dinero público a las compañías privadas que luego aun así nos cobran un montón de dinero. No liberó las cosas, no nos dio libertad. Yo quiero renacionalizar el espacio público, no necesariamente para el Estado.

Lo que el comunismo ofrecería sería tener estos espacios genéricos donde la gente pueda entrar sin necesidad de pagar por un café de mierda. Es el espacio público que necesitamos en el futuro

M.F.: Creo que hay que distinguir entre el espacio público y el Estado. El Estado es legítimo, diría yo, siempre y cuando facilite un espacio público, pero lo público debe ser pensado por separado. El Estado es una condición previa para lo público, pero no son lo mismo. La gente quiere espacios públicos, por eso Starbucks es popular, porque ofrece una socialización genérica. Es un espacio anónimo y genérico, incluso algo como el programa de talentos X-Factor, a la gente le gusta porque así participa de manera pública y colectiva en algo. Muestra que incluso en estas condiciones, donde ideológicamente todo va en contra de lo público, sigue habiendo un deseo de lo público, que solo recibimos de forma degradada. Lo que el comunismo ofrecería sería tener estos espacios genéricos donde la gente pueda entrar sin necesidad de pagar por un café de mierda. Es el espacio público que necesitamos en el futuro, en el que la gente se pueda reunir sin los agregados parasitarios del capital.

S.B.: Es como el tema de los medios y los fines. Ya decir esto me gusta. Yo voy hacia allá porque me gusta. Me parece difícil imaginar cómo sería el futuro ideal, pero pienso: ¿qué cosas funcionan? Hagamos más de esas cosas que funcionan.

M.F.: Creo que la tarea para nuestra imaginación hoy es pensar: ¿cuál es el futuro de lo público? Necesitamos aceptar que el cuento neoliberal que dice que lo público ya no existe se terminó. Si lo público no van a ser industrias estatizadas a la vieja usanza, centralización estatal y todo eso, ¿cómo va a ser en el futuro? No lo sabemos, tenemos que inventarlo.