El capitalismo como “orden social institucionalizado”. Notas a la obra de Nancy Fraser

Por Fernando López Castellano 1
Resumen
La extensa obra de la “activista mucho antes de ser feminista” Nancy Fraser tiene como objetivo último analizar la sociedad capitalista para comprender su funcionamiento, sus tendencias inherentes a la crisis y sus líneas de conflicto; y su potencial de transformación. Para teorizar sobre el capitalismo, desarrollar una teoría multidimensional de la crisis y plantear las bases de una salida emancipadora de ésta, se dota de un ambicioso aparato conceptual y analítico, que parte de una interpretación ecléctica de la obra de Polanyi y Marx, y completa con las aportaciones de la economía feminista, el poscolonialismo y el pensamiento ecológico. Fraser
enriquece los instrumentos teórico–metodológicos para el análisis de los movimientos sociales, sitúa la cuestión social en su contexto histórico y reflexiona sobre posibles escenarios futuros para proponer soluciones.
Las teorías económicas ortodoxas excluyen del análisis el proceso de reproducción social de la población y el uso de los recursos naturales, e ignoran el episodio colonial. La Economía Feminista ha ampliado el esquema convencional del flujo circular de la renta
incorporando la dimensión reproductiva a la representación del funcionamiento del sistema económico (Picchio, 1992). Además de este cambio radical en la visión tradicional de la economía, la Economía feminista también ha cuestionado la teoría del valor marxiana, señalando que subestima la cantidad y la naturaleza del trabajo necesario para crear y mantener trabajadores asalariados destinados a producir mercancías (Federici, 2012).
Desde la Economía Ecológica se advierte que el subsistema económico se expande con un gran consumo de energía y de recursos naturales. El crecimiento exponencial de las economías de los países emergentes y el violento y desregulado extractivismo por parte de las naciones más desarrolladas están generando una ingente cantidad de residuos y de contaminación (Harvey, 2020). La teoría poscolonial resalta el papel del episodio colonial en África y Asia, plantea una lectura alternativa de la modernidad y define la “racialización” como un producto de la función “genética” del capitalismo (Mbembe, 2016). El enfoque decolonial insiste en ampliar el periodo de análisis hasta el siglo XVI, cuando se produce una mirada universal sobre el espacio geográfico, y en la necesidad de conformar las diferencias históricas, epistemológicas, culturales y políticas entre Occidente y América Latina.
La obra de Nancy Fraser es un inventario de los debates más relevantes sobre estas problemáticas en las últimas décadas. Nancy Fraser, además de profesora de filosofía en The New School de Nueva York, Titular de la cátedra de Justicia Global en el Collège d’Études Mondiales
de París y docente en el Centre for Gender Research de la Universidad de Oslo, es una intelectual comprometida con la realidad social y política, que se autodefine como “activista mucho antes de ser feminista”. Fraser tiene una visión partisana del estudio y de la investigación, por utilizar la
expresión de Franz Fanon, y pone el análisis teórico al servicio de una buena praxis. Fraser ha desplegado sus tesis en más de una docena de libros y en multitud de artículos, la mayoría publicados en la New Left Review. Su extensa obra culmina, por el momento, en Los talleres ocultos del capital, donde resume el fruto de sus investigaciones en un objetivo: analizar
la sociedad capitalista para comprender su funcionamiento, sus tendencias inherentes a la crisis y sus líneas de conflicto; y su potencial de transformación (Fraser, 2020, 9).
Una teoría crítica del capitalismo y de la crisis capitalista
Para teorizar sobre el capitalismo, desarrollar una teoría multidimensional de la crisis y plantear las bases de una salida emancipadora de ésta, se dota de un ambicioso aparato conceptual y analítico, que parte de una interpretación ecléctica de la obra de Polanyi y Marx, y completa con las aportaciones de la economía feminista, el poscolonialismo y el pensamiento ecológico. Con una reflexión que recuerda la “concepción ampliada” del Estado de Gramsci (1975), y que remite a la idea de significado sustantivo de económico de Polanyi (1976) y a su caracterización del sistema económico como un proceso institucionalizado, Fraser propone una visión ampliada del capitalismo y de la crisis capitalista.
La visión ampliada del capitalismo implica abordar la economía capitalista y los “talleres ocultos”
que hacen posible la sociedad capitalista. Esos talleres ocultos comprenden los procesos de reproducción social, la dinámica racializada de la expropiación, las formas de dominio político y la depredación ecológica sistemática. En este sentido, sentencia, si a las relaciones sociales estructurantes “económicas” se le añaden las “no económicas”, que posibilitan la existencia del “sistema económico”, el capitalismo es más que una economía.
El capitalismo, desde una concepción ampliada, es un “orden social institucionalizado”, basado en una serie de separaciones institucionales constitutivas: la separación entre la “producción económica” y la “reproducción social”; la separación entre la “economía” y la “organización política”; y la separación entre la naturaleza y la sociedad. Concebir el capitalismo como un orden social institucionalizado permite captar su imbricación con la opresión de género, la dominación política –tanto nacional como transnacional, colonial y poscolonial– y la degradación ecológica; en conjunción con su dinámica estructural de explotación del trabajo (Fraser, 2020, 27-28).
Los talleres ocultos, claves para la acumulación, también ofrecen una visión ampliada de las contradicciones del sistema y de sus tendencias a la crisis, que supera las limitaciones de la interpretación marxiana, centrada en las contradicciones internas de la economía capitalista. Fraser destaca otras tantas tendencias a la crisis, derivadas de contradicciones entre el sistema económico y sus condiciones de posibilidad: entre economía y sociedad, entre economía y
naturaleza, y entre economía y organización política.
Estas contradicciones suscitan luchas de clases en el lugar de producción y conflictos en el terreno de la ecología, la reproducción social y el poder político (Fraser, 2020, 31). Lo que le otorga un rasgo distintivo que la separa de los modelos convencionales y hace especialmente
dramática la crisis actual es que en ella convergen una crisis económica y fenómenos “no económicos”, tales como la crisis ecológica, el “déficit de cuidado” y el vaciado del poder público en todos los niveles de gobierno. Para interpretarla y resolverla de forma
emancipadora, Fraser elabora una teoría crítica a partir de las reflexiones de Karl Polanyi sobre la crisis de la década de 1930 contenidas en La gran transformación.
En su opinión, Polanyi concibió la crisis como un proceso histórico multifacético que conectaba las tres dimensiones, económica, ecológica y reproducción social. Polanyi supo captar que la crisis fue más que un colapso económico, originado por contradicciones intraeconómicas, y enfatizó en sus devastadores efectos sobre la forma de vida de las comunidades y la destrucción de la naturaleza (Fraser, 34-35). En su análisis, Polanyi enfatizó en los terribles efectos de
la “mercantilización ficticia”, esto es, la conversión del trabajo, la tierra y el dinero en mercancías ordinarias sometidas al intercambio mercantil que realizó el liberalismo. Según Fraser, la crisis actual y la de la década de 1930 presentan ciertas similitudes, porque ambas tienen su origen en la misma dinámica: la “mercantilización ficticia”. Como en la década de 1930, la “mercantilización ficticia” llevada a cabo por el neoliberalismo ha generado una crisis multidimensional que está desestabilizando la sociedad y la economía, destruyendo medios y formas de vida de personas y comunidades, quebrando solidaridades y
devastando la naturaleza (Fraser, 2020, 50).
La crisis como categoría histórica: las múltiples dimensiones de la crisis en el capitalismo
“financiarizado”
Con una línea argumental próxima a las interpretaciones de la Escuela de la Regulación y a la aportación de Gramsci sobre la historicidad del capitalismo, Fraser sostiene que la sociedad capitalista solo existe en formas históricas o regímenes de acumulación específicos. Así, a lo largo de la historia del capitalismo, se pueden establecer una serie de tipologías: el régimen de capitalismo competitivo liberal del siglo XIX; el capitalismo gestionado por el Estado propio

del siglo XX; y el actual capitalismo financiarizado.
Como es sabido, la Escuela de la Regulación explica las pautas de la acumulación de capital en el
largo plazo analizando la relación entre el régimen de acumulación y el modo de regulación, o conjunto de instituciones o “formas estructurales” (leyes, reglas y normas explícitas o implícitas, convenciones y sistemas de valores comunes) históricamente desarrolladas, como resultado de conflictos políticos y sociales (Brenner, 2003). A finales de los noventa, F. Chesnais
(2003) sugirió la expresión “régimen de acumulación dominado por lo financiero”, para designar la nueva configuración del capitalismo resultante de las políticas de desregulación, privatización y liberalización llevadas a cabo en la etapa precedente, y que han derivado en la gran influencia en el orden social y económico de los mercados financieros y de la forma moderna de capital-dinero.
Como subraya Fraser (2020, 56), siguiendo a los estudiosos foucaultianos de la gubernamentalidad, el capitalismo financiarizado es la era de la “gobernanza sin gobierno”. En este régimen, la “racionalidad política neoliberal” ha propiciado la captura y vaciado del poder público por las estructuras de gobernanza transnacionales, que han “constitucionalizado” los
principios económicos neoliberales, obligando a las agendas políticas a plegarse a sus dictados.
En efecto, africanistas como Hibou y teóricos como Mbembe han definido el “gobierno privado indirecto”, como una forma inédita de “gubernamentalidad” nacida en un contexto caracterizado por la desregulación mundial de los mercados y la supresión de controles a los movimientos de capitales. En el África subsahariana, el Estado se adapta a las transformaciones nacionales e internacionales a través de la privatización y delegando sus funciones reguladoras a intermediarios privados. Se asiste a una redistribución del poder estatal a través de estos procesos de “descarga” de funciones estatales y se difuminan las fronteras entre lo público y lo privado (Mbembe, 2016; López Castellano, 2012, 2017).
En otros espacios políticos, como el europeo, en las últimas décadas se está incorporando a las constituciones nacionales una normativa muy estricta en materia de política económica. La implantación del “constitucionalismo neoliberal”, como lo ha llamado Boaventura de Sousa, está imponiendo un despotismo tecnocrático, y las medidas de austeridad y disciplina fiscal están provocando un verdadero proceso de vaciamiento constitucional (López Castellano y García Quero, 2018). El caso griego ejemplifica la idea de “gobierno privado indirecto” como forma de
gestión de la deuda y tecnología de la expropiación al margen de las instituciones, que privatiza lo común y delega el poder soberano a instancias no democráticas.
Como se decía más arriba, la identificación del capitalismo como un sistema económico centra el
análisis de la crisis en las contradicciones internas de la economía, y la concibe como resultado de las disfunciones del sistema económico, omitiendo sus contradicciones y formas de crisis no económicas. Para Fraser, se trata de contradicciones que llevan al sistema a crisis periódicas y que provienen, no sólo de la caída de la tasa de beneficio, sino también de la apropiación por parte del capital del trabajo afectivo, del poder político, y de la riqueza expropiada a los sujetos racializados y a la naturaleza. Estas contra dicciones dan lugar a distintas vertientes de la crisis
que se materializan en el agotamiento de los recursos no renovables del planeta y en la progresiva destrucción de la biosfera, en la tensión entre capitalismo y legitimación democrática, en la aparición de una economía en la sombra basada en títulos-valores sin sustento real y de efectos devastadores sobre la economía productiva y la población, y en la tensión creciente en el ámbito del trabajo afectivo (Fraser, 2020, 33).
En una interpretación que la aproxima al “marxismo ecológico” de James O, Connor (1988), y a las tesis de Jackson Moore (2020), Fraser sostiene que el secreto oculto de la acumulación infinita por parte del capitalismo es que no paga sus facturas. Los capitalistas, en su opinión, expropian a título gratuito trozos de la naturaleza a la que tratan como una fuente de riquezas libremente disponible y aprovechable y como vertedero de residuos (Fraser y Jaeggi 2018,
50). De otro lado, Fraser, siguiendo a Jürgen Habermas, sostiene que el capitalismo contiene una contradicción política que lo aboca a la crisis política y de legitimidad, y la crisis democrática es la forma que asume dicha contradicción en el capitalismo financiarizado (Fraser, 2020, 119; Martín, 2020). En la misma línea, Brown (2016), siguiendo a Foucault, define el modelo de gobernanza neoliberal como proceso de “des-democratización de la democracia”, argumentando que la economización de la vida social, la privatización de bienes públicos y la penetración de la racionalidad neoliberal en instituciones como la ciudadanía altera la naturaleza de la política y debilita la cultura democrática. En definitiva, la aplicación de la lógica hayekiana a la política ha desembocado en lo que Todorov denomina “neoliberalismo de Estado”, que se ha convertido en un “enemigo íntimo” de la democracia.
Por último, no se puede discutir sobre el capitalismo sin tener en cuenta el problema racial-colonial (Ochoa, 2021), y así lo entiende Fraser cuando señala que “Vivimos en un régimen de acumulación racial”, ya que estructuralmente la acumulación de capital va unida a la dinámica racial y a la explotación del asalariado. Como sostiene Samir Amin (2009), una vez constituido, el capitalismo “atlántico” partió a la conquista del mundo y lo reconfiguró sobre la expropiación de las regiones conquistadas y la racialización de sus pobladores.

La cuestión de la “reproducción social” y la visión ampliada de la clase trabajadora
La crisis de la reproducción social es un reflejo de las contradicciones sociorreproductivas del capitalismo en cada forma histórica de la sociedad capitalista, y adopta un carácter específico en el capitalismo financiarizado. Con un enfoque que la aproxima a la idea de desarrollo de Sen, entendido como “proceso de expansión de las capacidades de que disfrutan los individuos” (Sen, 1999), y en los argumentos de Nussbaum (1995) en favor de la emancipación humana, a partir de las capacidades y opciones de las mujeres, Fraser también ofrece una visión ampliada de los
“cuidados” o “trabajo afectivo”. Así, prefiere hablar de “capacidades humanas” disponibles para crear y mantener vínculos sociales, y que incluyen “el trabajo de socializar a los jóvenes, construir comunidades y reproducir los significados compartidos, las disposiciones afectivas y los horizontes de valor que sustentan la cooperación social”.
A su juicio, el acierto analítico de los marxistas fue ubicar el secreto de la acumulación en la “morada oculta” de la producción de mercancías, en el lugar donde el capital explota el trabajo asalariado, pero no captaron que ese proceso descansa sobre la “morada aún más oculta” del trabajo de cuidados, que forma y repone la “fuerza de trabajo” y del que la econo-
mía capitalista se aprovecha sin coste alguno (Fraser, 2020, 120). La reproducción social, por tanto, es una de las condiciones que posibilitan la acumulación sostenida de capital; pero, esa tendencia a la acumulación incesante desestabiliza los procesos mismos de reproducción social que la sustentan. Como nos recuerda Gago (2020), la profundización de la crisis de reproducción social está siendo sostenida mediante un gran incremento del trabajo feminizado, que
está reemplazando a los servicios públicos de salud, educación y cuidado privatizados. El endeudamiento de los sectores de menos ingresos amplia el mapa de la explotación y el conflicto social más allá de sus límites habituales (Gago y Cavallero, 2019). Para Fraser, si las raíces de la actual “crisis de los cuidados” se encuentran en la inherente contradicción social del capitalismo, la crisis no se resolverá reformando la política social, sino mediante un cambio estructural
del orden social (Fraser, 2020, 73-74).
Desde una visión ampliada de la clase trabajadora, se puede afirmar que las relaciones de clase no se limitan a la fábrica, sino que se extienden al trabajo reproductivo social, lo que implica integrar a las mujeres en la clase trabajadora. Sin el trabajo en la sombra de producir seres humanos, educarlos, proporcionarles las habilidades necesarias y los valores no habría sociedad. Tal hecho convierte a la reproducción social en el principal foco de tensión y de lucha, y sitúa a las mujeres en la primera línea del activismo social. En las crisis capitalistas anteriores, los trabajadores varones y las organizaciones sindicales estaban en el centro de la lucha; en el capitalismo
neoliberal, la reproducción social pone en el centro de la lucha a nuevos agentes sociales, con el feminismo a la cabeza.
De la teoría a la praxis: política antisistémica
La principal preocupación de Fraser a lo largo de su obra es elaborar una teoría crítica capaz de reflejar las injusticias sociales y servir de guía a las reivindicaciones sociales. Dicha teoría crítica debería integrar “la mejor teoría política feminista reciente” y “la mejor teoría crítica reciente sobre el capitalismo”. Para llegar a la “mejor” teoría feminista explica las modulaciones del feminismo a través del tiempo, avanzando una hipótesis arriesgada. En su opinión, a lo largo de los años 60 y 70, el feminismo se alineó con la nueva izquierda en sus críticas al Estado de
Bienestar, que había ocultado las injusticias de género y raciales. Pero, en los años ochenta, la crítica feminista se fragmentó y enfatizó en las políticas de identidad coincidiendo con el tránsito al capitalismo posfordista y el ascenso del neoliberalismo (Fraser 2015, 17, Fraser, 2020, 14; Arribas, 2016, 7). El neoliberalismo resignificó el antiestatismo feminista y sus críticas al Estado de Bienestar y al salario familiar y las tradujo en políticas de reducción del tamaño del Estado (Fraser 2015, 21). A la postre, sin percatarse de la “astucia de la historia”, las corrientes hegemónicas de las luchas por la emancipación habrían favorecido en cierta medida el “nuevo espíritu” del capitalismo posfordista (Fraser y Jaeggi 2018, 244,
Martín, 2020).
Fraser sitúa la nueva fase del capitalismo en la quiebra de Bretton Woods y la supresión de controles del capital propias de la dirección keynesiana de las economías nacionales, en las políticas de privatización y la liberalización, y en el paso de los Estados del bienestar y desarrollistas, al “Estado de la competencia”. La nueva agenda política se ensayó en América Latina, guió la transición al capitalismo enEuropa oriental y central, y se implantó parcialmente
en el Primer Mundo. En el Tercer Mundo, el neoliberalismo se valió de la deuda para exigir onerosos ajustes estructurales que acabaron con las políticas desarrollistas y obligaron a los Estados poscoloniales a vender sus activos, liberalizar sus mercados y recortar el gasto social.
Ch. Marazzi (2003) ha llamado “periodo de rutina” del mundo keynesiano de las economías nacionales al ciclo inaugurado tras la Segunda Gran Guerra, donde el Estado Nacional de Bienestar keynesiano, como lo ha definido Jessop, era el modelo de Estado ideal del régimen de acumulación fordista. Con el deterioro de las condiciones económico-políticas que fraguaron la larga etapa de crecimiento y el tránsito al nuevo régimen de acumulación posfordista, para

competir con otros estados, el “Estado competitivo schumpeteriano” sustituye al Estado de bienestar keynesiano (Jessop, 2008).
En definitiva, el neoliberalismo demostró su capacidad de metabolizar y neutralizar toda práctica y toda crítica. El “neoliberalismo progresista” sería, para Fraser, la contrarrevolución de los postulados feministas, convirtiendo esas luchas en una suerte de cosmética multicultural para las políticas de ajuste, desempleo y desinversión social. Pero, como se pregunta en tono crítico Melinda Cooper (2019, 23), la colaboración del feminismo con el neoliberalismo ¿se debió a una coincidencia o a una afinidad perversa entre ambos?
Su teoría crítica del capitalismo le permite diagnosticar la crisis del neoliberalismo progresista en el marco de una crisis general del capitalismo financiarizado. Frente a la interpretación de Brown (2016) del triunfo de Donald Trump como “populismo apocalíptico”, que expresa el secuestro de la política por parte del neoliberalismo, Nancy Fraser lo tildó de “motín electoral” contra la hegemonía neoliberal que había deteriorado las relaciones sociales y laborales. El dilema al que se enfrentó la ciudadanía fue votar a Trump o a Hillary Clinton, que representaba la con-
tinuidad con el neoliberalismo progresista, principal causante de la crisis social.
Fraser explica en términos gramscianos el triunfo de Donald Trump sobre la cosmovisión hegemónica y del “bloque hegemónico” existentes, y subraya que, para desafiar la supremacía de Trump, las clases dominadas deben construir un nuevo sentido común (una “contrahegemonía”) y una nueva alianza política (un “bloque contrahegemónico”). Ello exigiría, a su juicio, cambiar los dos componentes normativos esenciales a partir de los que se constituyen las hegemonías: la distribución y el reconocimiento. El primero refleja la visión existente acerca de la distribución de la renta y pone de manifiesto la estructura económica y las divisiones de clase; el segundo postula cómo reparte la sociedad el respeto y las normas de admisión y pertenencia, y refleja el estatus.
Según esto, el ascenso de Trump y del trumpismo se debió a la quiebra del bloque hegemónico anterior y el desprestigio de su nexo normativo de distribución y reconocimiento (Fraser, 2020, 172-173). En una reciente entrevista, Fraser transmite a Nancy Giampaolo su confianza en que un movimiento político, al estilo de Sanders, pueda captar la atención de los sectores de clase trabajadora común que apoyaron a Trump y desarrollar una alternativa progresista populista.
La justicia debe convertirse, en su opinión, en la virtud primordial tanto en la teoría como en la práctica. A tal fin, reflexiona sobre ella al hilo de lecturas de Platón, John Rawls, Foucault, Arendt y Kazuo Ishiguro, para sentenciar que hay que reescribir el proyecto de Polanyi para el siglo XXI, a partir de una interpretación más amplia de la justicia social (Fraser, 2020, 170). Con estas premisas, Fraser llama a construir una nueva alianza de emancipación y protección social que favorezca el tránsito a una nueva forma de socialismo antipatriarcal y poscolonial.
Una visión ampliada del socialismo como alternativa emancipadora y deseable requiere que sea feminista, antirracista y antiimperialista, ecosostenible y democrático (Fraser, 2020, 201).
La pandemia que azota al mundo en estos momentos está poniendo de manifiesto la gravedad de la crisis social y la idea avanzada por Fraser de que la cuestión de la reproducción social es el terreno estratégico fundamental para la construcción de un futuro; pero, también, la imposibilidad de convivencia armónica entre los humanos y entre éstos y el resto de los
ecosistemas en el contexto del capitalismo (Magdoff, 2012). Como sugería K. Polanyi, habría que “reencastrar” la economía en lo social y lo ecológico, recuperando el significado “sustantivo” de económico que enfatiza en la dependencia del hombre de la naturaleza y de sus semejantes, para subsistir.
Con su obra, Fraser da un importante impulso a la renovación de la teoría crítica para comprender la sociedad capitalista, situando al capitalismo como objeto preferente del análisis y reivindicando una relectura crítica de autores como Marx, Polanyi y Gramsci, a menudo relegados al submundo de la economía, como escribiera Robert Heilbroner. Fraser enriquece
los instrumentos teórico–metodológicos para el análisis de los movimientos sociales, sitúa la problemática en un contexto histórico, reflexiona sobre posibles escenarios para los próximos años y propone estrategias para una salida emancipadora. En definitiva, su obra constituye un enorme foro para que académicos e intelectuales debatan sobre los temas más candentes de la actualidad, y una guía erudita y muy bien documentada para que los activistas luchen por una
sociedad mejor y más igualitaria.
Referencias
Amin, Samir. 2009. ¿Salir de la crisis del capitalismo o salir del capitalismo en crisis?
El Viejo Topo. (261), 1-22.
Arribas, Sonia. 2016. Reseña a Nancy Fraser (2015). Fortunas del feminismo. Del capitalismo gestionado por el estado a la crisis neoliberal. Revista de Ciencia Política. 36 (3), 849-853.
Boltanski, Louis y E. Chiapello. 2002. El nuevo espíritu del capitalismo. Madrid, Akal.
Brenner, Robert. 2003. La Escuela de la Regulación: teoría e historia. New Left Review. (21), 5-90.
Brown, Wendy. 2016. El pueblo sin atributos. La secreta revolución del neoliberalismo. Barcelona, Malpaso.
Chesnais, François. 2003. La teoría del régimen de acumulación financiarizado: contenido, alcance e interrogantes. Revista de Economía Crítica, (1), 37-72.
Cooper, Melinda. 2019. In the Ruins of Neoliberalism: The Rise of Antidemocratic Politics in the West. Nueva York, Columbia up.
Federici, Silvia. 2012. Revolution at Point Zero, New York, PM Press.
Fraser, Nancy. 2015. Fortunas del feminismo. Del capitalismo gestionado por el Estado a la crisis neoliberal. Madrid, Traficantes de Sueños.
— 2020. Los talleres ocultos del capital. Mapa para la izquierda. Madrid, Traficantes de sueños.
— 2021. Joe Biden, ¿el regreso del neoliberalismo progresista? Sin Permiso, 21/03/2021.
Fraser, Nancy y Rahel Jaeggi. 2018. Capitalismo. Una conversación en la teoría crítica. Madrid, Morata.
Gago, Verónica y Luci Cavallero. 2019. Una lectura feminista de la deuda. ¡Vivas, libres y desendeudadas nos queremos! Buenos Aires, Fundación Rosa Luxemburgo.
Gago, Verónica. 2020. Lecturas sobre feminismo y neoliberalismo. Nueva Sociedad (290, 34-44.
Gramsci A. 1975. Quaderni del carcere (1932-1939). Torino, Einaudi-Istituto Gramsci.
Jessop, Robert. 2008. El futuro del Estado capitalista, Madrid, Libros de la Catarata.
López Castellano, Fernando. 2012. Le développement en perspective historique: le regard néoinstitutionnaliste, la pensée postcoloniale et les “mauvais samaritains”.
Économie appliquée, 64 (4), 5-41.
— 2017. De la violencia colonial a las nuevas violencias: El pensamiento de la circulación y la travesía de Achille Mbembe. Iberian Journal of the History of Economic Thought, 4 (1), 75-78.
López Castellano, Fernando y García Quero, Fernando. 2019. The Euro System as a Laboratory for Neoliberalism: The Case of Spain. American Journal of Economics and Sociology, 78 (1), 167-193.
Martín, F. Nahuel. 2020. Nancy Fraser: de la redistribución a la crítica del capitalismo. Diánoia, 65 (85), 161-192.
Mbembe, Achille. 2016. Crítica de la razón negra: Ensayo sobre el racismo contemporáneo, Barcelona, Ned Ediciones.
Moore, Jason W. 2020. El capitalismo en la trama de la vida, Madrid, Traficantes de sueños.
Nussbaum, Martha. 1995. Human capabilities, female human beings. In Nussbaum y Glover (Eds.), Women, Culture and Development: a study of human capabilities. Oxford, Clarendon, 61-104.
Ochoa, Karina. 2021. Disputar las narrativas para la liberación. CulturaUNAM, Dossier Descolonización, Abril.
O’Connor, James. 1988. Capitalism, Nature, Socialism: A Theoretical Introduction.
Capitalism, Nature, Socialism, 1 (1),1-22.
Picchio, Antonella. 1992. Social reproduction: the political economy of the labour market
. Cambridge, Cambridge University Press.
Polanyi, K. 1976. El sistema económico como proceso institucionalizado. En M. Godelier (comp.),
Antropología y economía. Barcelona, Anagrama, 155-178.
Notas:
1. Universidad de Granada

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *