Decio Machado: “Lo más interesante en el reciente proceso de luchas populares en Ecuador son sus nuevos liderazgos”

Decio Machado es un experto en comunicación y analista político de nacionalidad española afincado desde hace más de una década en Ecuador. Vinculado a los movimientos sociales, Machado nos hace una análisis en esta entrevista de las luchas reivindicativas protagonizadas por la sociedad ecuatoriana en estos últimos días.

Entrevista de Gabriel Brito /  Correio da Cidadania / Brasil

En primer lugar, ¿cómo es el paquete económico de Lenín Moreno?

El gobierno de Lenín Moreno lleva casi dos años y medio de gestión. Durante el primer año, período en el que paulatinamente se fue distanciado ideológicamente del correísmo, no tuvo claro cual era su hoja de ruta económica. Sin embargo, durante esta segunda mitad de su mandato todas las medidas económicas han tenido una clara tendencia hacia la liberalización de los mercados, políticas de austeridad económica, achicamiento de un Estado mediante el despido de 23 mil funcionarios públicos y políticas de flexibilización en el mercado laboral.

En el anuncio de estas últimas medidas económicas que terminaron incendiando al país se anunciaron cuestiones tales como la eliminación el subsidio al combustible, la reducción del 20% de la masa salarial de todos los contratos ocasionales en la función pública que vayan a ser renovados, la reducción del período anual de vacaciones de los empleados públicos de 30 a 15 días, así como obligación por parte de los trabajadores de las empresas públicas de aportar obligatoriamente un día de salario mensual al Estado. En paralelo, se decretaban una serie de medidas laborales que implican la flexibilización del mercado de trabajo privado, justificándolo bajo el argumento de la necesidad de implementar un modelo acorde con los nuevos tiempos.

¿Porque Ecuador acudió al FMI para orientar su política económica?

Durante la década de gobierno de Rafael Correa a la sociedad ecuatoriana se le contó que éramos un modelo económico ejemplar para todo el planeta. El régimen llegó a definir la economía como el “jaguar latinoamericano” buscando compararse con los “tigres asiáticos”. Sin embargo, la realidad era otra muy distinta. Entre 2010 y 2019 la deuda por cada ecuatoriano creció 7 veces, pasando de 538,81 dólares a 3.582 dólares; el pago de intereses por ecuatoriano creció 11 veces, de 38,31 dólares a 435,29 dólares; y el gasto en deuda creció 12 veces, evolucionando de 613 millones de dólares a 7.400 millones de dólares. En términos comparativos, el gasto de deuda actual (intereses y amortizaciones por 7.400 millones de dólares) supera casi dos veces el presupuesto de educación (4.970,9 millones de dólares) y el casi tres veces del presupuesto en salud (2.882,9 millones de dólares).

Con un Estado cada vez más endeudado, el gasto de consumo fue decayendo tanto en términos públicos como privados, sintiéndose claramente como los servicios públicos se van deteriorando. Terminada la gran fiesta propiciada por los excedentes petroleros, nunca hubo una redistribución de la riqueza durante el período correista sino la transferencia de los excedentes del Estado para sostener políticas de subsidios e inversión pública en infraestructura, se apagó el motor de la economía nacional. Fruto de todo esto el país lleva seis años estancado económicamente y los ecuatorianos pierden año tras año capacidad adquisitiva.

De esta manera, al aumento del déficit fiscal le siguió el incremento del endeudamiento, a lo que le siguió a su vez problemas de acceso al financiamiento, lo que hizo que comenzaran a bajar la reservas internacionales del país. 

Tras el fin del “boom de los commodities” la economía se estancó, en 2017 Rafael Correa entregó un país donde el gasto público era ampliamente superior a los ingresos permanentes necesarios para sostenerlo. Esto implicaba la necesidad de reformas de carácter estructural. Frente a otras posibles opciones, Moreno terminó optando por una visión neoliberal de como intentar reactivar la economía.

Durante la gestión de Rafael Correa el Estado ecuatoriano recurrió a créditos chinos para sostener sin soluciones a medio plazo esta situación. Desde la llegada de Lenín Moreno al poder, el país cambió su posición en el tablero geopolítico internacional. Con una política exterior entregada a los Estados Unidos, Ecuador pasó de los usureros créditos chinos con altas tasas de interés al financiamiento fondomonetarista y sus planes de ajuste estructural.

¿Porque Lenín Moreno cambió tan radicalmente la política económica correista? ¿Cuáles son los fundamentos de tamaño giro?

El sector empresarial ecuatoriano tiene una tasa de inversión en la economía nacional sustancialmente inferior al promedio latinoamericano, el cual ya de por sí es muy bajo. En paralelo, la economía ecuatoriana está muy concentrada, la mayoría de sus sectores económicos son oligopólicos y por lo tanto muy poco democráticos. El país goza de un empresariado al que podríamos definir como escasamente patriótico. Fue así durante la década correista y sigue siendo así durante la gestión de Moreno.

Nada ha cambiado durante los últimos 40 años, incluso en la gestión de Correa el país nunca transformó la matriz de acumulación capitalista heredada del período neoliberal anterior. Pese a sus críticas al FMI y a los tratados de libre comercio, durante el último período de gestión de Correa el país ya comenzó a ser supervisado por la tecnoburocracia fondomonetarista a cambio de futuros préstamo y se firmó un tratado de libre comercio con la Unión Europea. 

En resumen, la liberalización económica y pérdida de derechos de los trabajadores en el Ecuador comenzó a partir de que terminara la gran fiesta de los altos precios del crudo. Dos años y medio antes de que Rafael Correa abandonara la poltrona presidencial.

¿Cómo se entiende la dependencia de la población en relación al subsidio del combustible y cuales eran las consecuencias de este pretendido aumento de precios?

La necesidad de optimización en el gasto público ecuatoriano no está en discusión, la discusión está en sobre quien recae el peso de la políticas que tienen como objetivo volver a equilibrar la economía nacional. El Decreto 883 de liberalización de precios del combustible implicaba un notable incremento de precios de la gasolina “extra” —la más usada en el país— pasando el galón de 1,45 a 2,41 dólares. De igual manera la gasolina Eco País (extra con etanol) de 1,45 a 2.53 dólares y la Súper de 2,3 a 3,07 dólares. Pero más allá de esto, por experiencia histórica el pueblo ecuatoriano sabe que el incremento de precios del combustible afecta al sector alimenticio, a los productos de primera necesidad y a las tasas de inflación.

Esto sumado al descontento generalizado con la gestión de Lenín Moreno, la frase socialmente más aplaudida en la mesa de negociación entre movimientos sociales y gobierno para solventar la crisis fue cuando un líder indígena le habló al Presidente de la República de sus “ministros vagos”, hizo que estallara la revuelta nacional encabezada por el sector indígena pero secundada por amplios sectores de la población más humilde.

¿Cómo describes las reacciones populares registradas hasta hoy? ¿Tiene un carácter insurreccional anticapitalista?

El movimiento indígena, como anteriormente dije, principal protagonista de la protesta y el paro nacional si tiene un perfil estructural anticapitalista. En paralelo los sindicatos ecuatorianos, una estructura organizativa con escasa capacidad de adecuarse a los tiempos de precarización actuales y que mantiene una narrativa discursiva de los años ochenta, movilizó lo poco que tiene durante estas jornadas de lucha.

Sin embargo, la sorpresa provino de sectores sociales urbano marginales, muchos de ellos muy jóvenes, que se sumaron de forma decidida a la lucha.  De igual manera, los estudiantes universitarios y un movimiento feminista cada vez más potente que se construye en base a nuevos liderazgos jóvenes.

Mientras influencers de redes sociales, generadores de opinión en medios de comunicación convencionales y periodistas tradicionales desprestigiaban de forma cotidiana las movilizaciones, amplios sectores de la sociedad quiteña y de otras localidades del país expresaban diariamente su solidaridad con los movilizados entregándoles medicamentos para los enfermos y heridos, mantas, alimentos, zapatos, agua y comida. 

Fue de esta manera como fracasó una intencionada estrategia diseñada desde los sectores más conservadores del país que pretendía enfrentar a blancos cultos y acomodados urbanitas contra indígenas pobres provenientes de sectores rurales.

¿Que matices y tonalidades tiene el movimiento popular en este momento, considerando que parte de este apoya a Correa y otra parte rompió hace tiempo con el gobierno anterior de Alianza PAIS?

Los déficits en la gestión del gobierno de Moreno han permitido a Rafael Correa mantener un apoyo popular estimado de entre el 22 y 24% de la sociedad. Lejos de aquel más del 50% que le apoyó durante gran parte de su mandato, aun sigue siendo un porcentaje importante de seguidores para un Ecuador donde se prevé un enorme fraccionamiento del voto en las próximas elecciones presidenciales.

En todo caso, en un país donde el establishment político está altamente desprestigiado, lo más interesante en este momento es la conformación de nuevos liderazgos jóvenes en los movimientos sociales. Esto se pudo ver durante las movilizaciones de estos últimos 12 días de sublevación popular, donde el movimiento de estudiantes, de mujeres y especialmente de los indígenas estuvo dirigido por una nueva generación de militantes sociales que nada tienen que ver con el correísmo e incluso lo repudian. 

¿Qué piensas de las reacciones del Gobierno, tanto en términos del uso de los aparatos represivos como del traslado de la sede administrativa de Quito a Guayaquil? ¿El Gobierno corre el riesgo de caer?

El actual gobierno del Ecuador carece de inteligencia política, construcción prospectiva de escenarios y capacidad estratégica. El frente político del gobierno de Lenín Moreno está en manos de una generación de jóvenes políticos que pretendían ser la renovación de la derecha ecuatoriana.

La respuesta represiva por parte del Estado a las reivindicaciones populares dejó 8 personas fallecidas, 1.192 detenidos y 1.340 personas heridas para terminar cediendo ante el movimiento indígena en una histórica negociación televisada en directo fruto de la exigencia de los sectores movilizados. 

Tras esta crisis el gobierno nacional ha quedado aun más debilitado de como estaba antes de que comenzará el conflicto. Teniendo en cuenta que el año 2020 será un período preelectoral en Ecuador y considerando que incluso la derecha ahora expresa fuertes críticas al gobierno por ceder en sus posiciones y retirar el Decreto 883 ante las demandas populares, es de suponer que será muy compleja la gestión del presidente Moreno en lo que le queda de mandato. De ahí a que el gobierno se caiga todavía hay una distancia respetable, de hecho la única sensibilidad política interesada en que eso pase en este momento es el correísmo, quien tiene una agenda política marcada por la urgencia de una pretendida convocatoria de elecciones anticipadas.

¿Qué piensas de la formulación: “del fracaso del neoliberalismo al populismo; del fracaso del populismo de vuelta al neoliberalismo”? ¿Qué revela esto de nuestras construcciones política e ideológicas hasta ahora logradas, tanto en Ecuador como en el resto de Suramérica?

El neoliberalismo de los años ochenta y noventa en América Latina se mostró como un modelo fallido para el subcontinente. De ese fracaso devino el llamado ciclo progresista. Teniendo en cuenta de que América Latina es el territorio con mayor desigualdad del planeta, la carencia de transformaciones económicas estructurales durante ese período volvió a dejar a la sociedad latinoamericana huérfana de ilusión política. Los líderes progresistas son hijos del “boom de los commodities”, terminado este ciclo económico que permitió grandes excedentes para los Estados de la región el modelo de políticas de subsidios sin redistribución de la riqueza se volvió inviable.

El sistema de representación política esta en crisis, la casta política latinoamericana y nuestras instituciones públicas carecen de legitimidad social, los gobiernos tienen cada vez menor credibilidad ante la ciudadanía. Esta realidad supera la geografía de nuestro continente, es una tendencia mundial.

Todo esto implica la necesidad de nuevas formas de organización política, de nuevos mecanismos en la forma en que se toman decisiones desde las diferentes estructuras de los Estados, la implementación de mecanismos de democracia directa y consensos ciudadanos. En fin, hay que reinventar la  política, importante reto en un momento donde el modelo productivo y consumista implementado por el capitalismo muestra impactos ya irreversibles para la sostenibilidad a medio y largo plazo del planeta. 

En América Latina y en otras partes del sistema mundo se asiste hoy a experiencias inéditas de como determinados grupos comunitarios desarrollan mecanismos de apoyo mutuo y generación de sociedades paralelas que ya no disputan el poder en términos de Estado, estas resistencias en forma de procesos autónomos antisistémicos podrían ejercer un papel importante ante el colapso que está por venir.

Gao Mobo: “China puede ser todavía alternativa al capitalismo”

Originario de Jiangxi, y hoy profesor de estudios chinos en Australia, en la Universidad de Adelaide, Gao Mobo [entrevistado para il manifesto global por el periodista Simone Pieranni] es una de las muchas figuras de la llamada “Nueva Izquierda”, término ambiguo que designa una línea de pensamiento, internamente muy diversa, a través de un enfoque multidisciplinar, que relee la reciente historia china en su contexto, yendo más allá de las categorías occidentales. Por añadidura, algunos autores de esta corriente han dedicado concretamente su labor al tema de la Revolución Cultural y su impulso transformador inicial. Además de su proyección académica, esta «nueva izquierda» china tiene tambien sus referentes políticos, a los que SP ha ofrecido una aproximación hace unos meses (ver aqui) y que permite una lectura del marco histórico en el que se produce la obra de Gao Mobo.

Mientras Wang Hui y otros se han centrado en el concepto de modernidad, que ofrece una respuesta a quienes creen que China sólo se volvió “moderna” con la llegada del capitalismo y la reforma de Deng, Gao Mobo se centra en una lectura de la historia china que pretende revelar en términos explícitos el cortocircuito intelectual que se produce en el campo de los “estudios asiáticos”, de origen norteamericano y establecido principalmente en la época de la Guerra Fría (aunque, por supuesto, esto sigue pudiendo afectar hasta a otros países hoy en día, así como al sistema mediático en su conjunto).

El reciente Constructing China, Clashing Views of the People’s Republic (Pluto Press, 288 páginas, 2018) de Gao ofrece un excelente resumen del método Gao Mobo (su libro anterior, también publicado por Pluto Press en 2008, se titulaba The Battle for China’s Past), que se centra en devolver a China su  “conocimiento”, que la historiografía occidental, según Gao, le había negado. Al mismo tiempo, Gao Mobo ofrece también extraordinarias intuiciones interpretativas de la China contemporánea.

Empecemos por Hong Kong y lo que está pasando ahora. Su opinión es que tanto Hong Kong como Taiwán están ligados al sentido de identidad y de nación de China. De modo que hoy en día ¿nos hace Hong Kong preguntarnos de nuevo una y otra vez: “¿Qué es China?”?

Sí, creo que Deng Xiaoping tenía la esperanza de que cincuenta años después de la devolución, no hubiera ya “dos sistemas”, porque China se convertiría en algo similar en muchos aspectos, si no idéntico, a Hong Kong. Con la llegada, sin embargo, de Xi Jinping a la presidencia, las cosas han cambiado de modo significativo. Su campaña contra la corrupción amenazaba a los capitalistas de ambos lados. No obstante, colaborar en efecto con los capitalistas de Hong Kong ha supuesto no ocuparse de las clases inferiores, con el resultado de que muchos ciudadanos de la antigua colonia británica se han sentido abandonados. Hay que averiguar si  Xi querrá hacer algo al respecto.

En Constructing China, pone usted de relieve el oneroso papel que desempeñan los medios y muchos estudios occidentales en la demonización de la Revolución Cultural. Sin embargo, setenta años después del nacimiento de la RPC, hasta el veredicto del PCC acerca de la misma resulta negativo (y Xi Jinping publicó recientemente un discurso en el que el actual presidente reiteró este veredicto por parte del Partido). ¿Sucede esto porque, como escribe usted, “lo que hizo Deng tras la muerte de Mao demostraba hasta qué punto era cierto el temor de Mao: la vía china al capitalismo comenzaba con el desmantelamiento de los bienes comunales”?

Sí, y mucho más además. Desde luego, la Revolución Cultural fue destructiva en muchos aspectos. Se produjeron muchas víctimas entre funcionarios e intelectuales, y resulta verdaderamente difícil para ellos y para sus familias adoptar actitudes menos personales y mejor informadas históricamente respecto a la Revolución Cultural; esto resulta comprensible. Pero el hecho es que el capitalismo es un sistema global que se traga a todo el mundo, incluyendo a los miembros de del Partido Comunista Chino, hasta a sus principales líderes. Si leemos las opiniones de  Zhao Ziyang [Secretario del PCC en 1989, destituido debido a sus posiciones reformistas y al diálogo con los estudiantes], expresadas durante su arresto domiciliario  [publicadas en Prisoner of State, Simon & Schuster, 2010], podemos darnos cuenta plenamente de ello. Esta es la razón  por la cual el argumento de que el socialismo no tiene posibilidades de tener éxito en ningún país en concreto resulta tan razonable. Por lo que respecta a Xi, su discurso es más complejo que eso, porque todavía tengo la creencia de que la verdadera lógica del PCC tiene como meta mejorar la suerte de su pueblo. Para ser justos, Xi también declaró que no deberíamos utilizar las tres últimas décadas de la República Popular para denigrar sus primeros treinta años.

Hoy en día, siguiendo la argumentación de su último libro, parece que China es capaz de decir “qué está bien” y “qué está mal”, al menos con respecto a su pasado. Pero ¿qué imagen de China está dispuesta a revelar al mundo el Partido Comunista?

No hay consenso en esta cuestión. La mayoría de estos dirigentes carecen de ideas y de ideales en estos tiempos. Están ahí solamente para hacer carrera. Wang Qishan, Xi Jinping y Li Keqiang pudieran acaso tener algunas ideas sobre cómo responder a esta cuestión. La articulación más explícita es la de Xi de perseguir el común destino de la humanidad (renlei gongtong mingyun), encontrando un terreno común, dejando a un lado las diferencias en favor de la coexistencia y el desarrollo pacífico, origen de la idea de la Nueva Ruta de la Seda. Se supone que esto se ha de mantener (permitiendo las diferencias pertinentes) tanto en un plano internacional como en el plano político interno.

En el caso de China, ¿cuál es la diferencia entre lo que usted llama “conocimiento” y  “actitud”?

La producción de conocimiento de la humanidad la dominan en la actualidad Occidente y el capitalismo. La élite intelectual china queda en buena medida subsumida en el seno de este sistema de producción. La actitud hacia China resulta particularmente dura, porque ni la izquierda ni la derecha encuentran interesante a China. La izquierda cree que China es demasiado capitalista, y la derecha cree que es demasiado comunista. Por ende, existen actitudes racistas hacia China. El conocimiento refuerza las actitudes, y las actitudes llevan a cierto tipo de producción de conocimiento. Se alimentan una de otra.

Durante la década de gobierno de Hu Jintao, daba la impresión de que China podía cambiar, quiero decir, no en un sentido democrático, sino en el sentido de una mayor atención a la redistribución y a las distorsiones ocasionadas por el desarrollo. Luego, pareció que todo se paraba. ¿Por qué?

Se introdujo un cambio muy positivo: la abolición de todos tipo de tasas agrícolas. Era la primera vez que se hacía algo así en toda la historia china de más de 2000 años. Hu quería probablemente hacer más, pero era demasiado débil. No sabemos mucho de las metas políticas que siguieron ocultas tras los muros rojos de Zhongnanhai [el cuartel general del Partido Comunista], pero creo que la razón principal de esto se puede encontrar en los intereses creados que eran reflejo de muchos sectores: intereses de autoprotección, lo que venía a significar que los objetivos políticos terminaban por no salir del  complejo de Zhongnanhai en esa época. Sospecho que esta era la razón por la que Xi quería crear muchos pequeños grupos políticos bajo su liderazgo. Creo que esta es su solución para esquivar los diversos obstáculos ministeriales  a la puesta en práctica de medidas políticas. Lo que yo llamo “intereses creados” es el mundo de las empresas de propiedad estatal, de los  “principitos” (una facción del PCC formada por hijos y parientes de funcionarios del PCC) y de la  “élite compradora”.

¿Qué piensa usted del uso que hace Xi Jinping de Mao?

Tiene la convicción de que el PCC podría y debería servir mejor a China y al pueblo chino. Su insistencia en el concepto de chuxin (“la aspiración original”) no es mera retórica, sino un intento real de restaurar el espíritu y la legitimidad del Partido Comunista.

Debido en parte a la Nueva Ruta de la Seda, se ha reactivado en China el debate acerca del concepto de Tianxia en China. ¿Qué opinión tiene de ello? ¿Cómo puede ayudar este concepto a Chiba para proponer un sistema de gobernanza global?

Puedo entender la intención del debate, pero no creo que sea un concepto útil en este mundo. Creo que el “destino común por medio del desarrollo pacífico” resulta un concepto más aceptable fuera de China. Tianxia implica un centro y una jerarquía. No se trata de un concepto que sea aceptable en el mundo moderno.

The Chinese Model” de Daniel A. Bell acaba de publicarse en Italia. En primer lugar, ¿cuál es su opinión de este libro? ¿No cree usted que el conflicto entre democracia y meritocracia es limitador porque se inserta dentro de una lógica capitalista, sin imaginar otras posibilidades? Para ir más allá, podría un modelo chino ser capaz de diferenciarse de la evolución del capitalismo occidental?

Bell tiene el mérito de mostrar que las elecciones no deberían constituir el único criterio de legitimidad con el que evaluar a un gobierno. Hasta ahora, la de Bell es la única voz dispuesta a combatir el discurso político dominante en Occidente a la que se ha tomado también en serio.  Se trata de un logro enorme. Pero tiene sus limitaciones cuando se mira en detalle. Luego, respecto a si hay o no un modelo chino que pueda proporcionar una alternativa, no se trata de una argumentación que haya llevado hasta ahora a una respuesta definitiva, y quizás no pueda haberla en absoluto. Dependerá de dos factores principales: si podrá resolver China sus contradicciones y perplejidades, y el grado en que esté dispuesto Occidente a estrangular a  China antes de que China tenga éxito.

Ya desde hace algún tiempo, China ha ido llevando a cabo un extraordinario empeño tecnológico: hablamos del Big Data, de inteligencia artificial, de un sistema de crédito social. Y parece que China marcha por la misma vía que los países occidentales hacia un “Estado de vigilancia”, en un mundo caracterizado por el “capitalismo de vigilancia”. ¿Qué piensa usted de esto? Y ¿qué importancia tiene la historia china en esta hipótesis de control social (pienso, por ejemplo, en la baojia, o en la organización más reciente de los barrios)?

Sí, esto resulta preocupante para personas como nosotros, que somos individualistas y autónomos. Pero podría no resultar tan amenazador—al menos no todavía — para muchos en China. En su opinión, si obedecen las reglas y las leyes, no tendrán problemas, no importa la vigilancia a la que se les someta. Para algunos, esto resulta netamente positivo en términos de seguridad personal. Esta es la actitud que adoptan muchos en China acerca del experimento del llamado crédito social. Resulta difícil en la actualidad poner en práctica reglas y regulaciones en  China, hasta aquellas previstas con las mejores intenciones. En la China tradicional, invadir la libertad y privacidad personal en general no suponía un problema social, pues la tradición acentuaba la obligación social, la responsabilidad mutual y las relaciones mutuas. Ahora bien, China ha cambiado demasiado, porque la gente ya no se preocupa del espacio personal.  Por consiguiente, creo que esto puede ser un problema en el futuro.

(1952), profesor de estudios chinos en la Universidad de Adelaide (Australia), donde dirige el Instituto Confucio, estudió Inglés en la Universidad de Xiamen, en Fujian, y amplió su formación en las universidades británicas de Gales, Westminster y Essex. Especialista en lengua y cultura chinas, ha sido profesor visitante en Oxford y Harvard. En 1990 emigró a Australia, si bien regresa con frecuencia a su país y aldea natales.

Fuente:

il manifesto global

Mercancías de conocimiento

Por Michael Roberts

En el Manual de Oxford de Karl Marx, Thomas Rotta y Rodrigo Teixeira contribuyen con un capítulo llamado “la mercantilización del conocimiento y la información». En este capítulo, argumentan que el conocimiento es «trabajo inmaterial» y que las «mercancías del conocimiento» están reemplazando cada vez más a las mercancías materiales en el capitalismo moderno.

«Ejemplos de productos de conocimiento son todo tipo de datos comercializados, software de computadoras, fórmulas químicas, información patentada, música grabada, composiciones y películas con derechos de autor, y conocimiento científico monopolizado».

Según Rotta y Teixeira, estos productos de conocimiento no tienen ningún valor en términos marxistas porque su reproducción tiende a ser gratuita. El conocimiento se puede reproducir infinitamente sin coste. Autores anteriores han afirmado que debido a que las mercancías del conocimiento no tienen valor, la ley del valor de Marx ya no es válida. Rotta y Teixeira argumentan que pueden restaurar la ley del valor de Marx como explicación de las mercancías del conocimiento. Y su solución es que, aunque los productos de conocimiento no tengan valor, los propietarios de dichos productos a través de patentes y derechos de autor, etc. pueden extraer rentas de sectores capitalistas productivos, de la misma manera, como explicó Marx, que los terratenientes (a través de su monopolio de tierra) extraen rentas de capitalistas productivos. Concluyen estimando la mayor cantidad de valor que se extrae en forma de «rentas» por parte de las «industrias del conocimiento».

¿Se sostiene la aparente defensa de Rotta y Teixeira de la ley del valor de Marx en relación con la industria de la información? No lo creo. Este es el por qué. Primero, Rotta y Teixeira, como otros autores antes que ellos ( Negri, etc.), malinterpretan la teoría del valor de Marx sobre esta cuestión. Que el conocimiento sea intangible, no lo hace irrelevante. El conocimiento es material.

Tanto los objetos tangibles como los pensamientos mentales son materiales. Ambos requieren un gasto de energía humana, que es material, como lo demuestra el metabolismo humano.

Más específicamente, el gasto de energía humana que constituye el proceso cognitivo, el pensamiento, provoca un cambio en el sistema nervioso, en las interconexiones entre las neuronas del cerebro. Esto se llama sinapsis. Son estos cambios los que hacen posible una percepción diferente del mundo. Por lo tanto, negar que el conocimiento, incluso si es intangible, es material, es ignorar los resultados de la neurociencia. Después de todo, si la electricidad y sus efectos son materiales, ¿por qué la actividad eléctrica del cerebro y su efecto (conocimiento) no deberían ser también materiales? No hay trabajo «inmaterial», a pesar de las afirmaciones de todos los «marxistas del conocimiento», incluidos Rotta y Teixeira. La dicotomía no es entre el trabajo material y el mental, sino si es tangible o no.

El segundo error que cometen Rotta y Teixeira es que debido a que el conocimiento es «inmaterial», creen que es un trabajo improductivo que no produce ningún valor. Pero el trabajo productivo es el trabajo gastado bajo las relaciones de producción capitalista. El trabajo productivo no es solo lo que produce bienes físicos. El trabajo productivo también incluye lo que los economistas convencionales llaman servicios. Como explicó Marx: si un capitalista tiene un sirviente, eso es trabajo improductivo. Pero si va a un hotel y utiliza un conserje para llevar su equipaje a la habitación, ese conserje realiza un trabajo productivo porque él / ella está trabajando para el propietario capitalista del hotel por un salario.

Rotta y Teixeira ponen el ejemplo de un concierto en vivo. “Por lo tanto, lo que llamamos un concierto es en realidad un conjunto de varios productos, entre ellos productos de conocimiento como composiciones musicales. La presentación en vivo es una combinación del trabajo productivo de músicos y personal técnico, más el trabajo improductivo de quienes compusieron las canciones en primer lugar ”. Pero, ¿qué tiene de improductivo el compositor? Él / ella puede vender esa pieza musical como derechos de autor y regalías de actuación en el mercado. Las regalías deben pagarse si la música se usa en el concierto. La plusvalía se crea y se realiza.

Luego está el ejemplo de un teléfono inteligente. “Cuando se compra un teléfono inteligente, parte del precio del teléfono cubre los costes de producción de los componentes físicos. Pero otra parte del precio remunera el diseño patentado y el software con derechos de autor almacenados en la memoria. Por lo tanto, las partes con derechos de autor del teléfono son productos de conocimiento, y los ingresos asociados con estos componentes específicos son rentas de conocimiento ”. Pero ¿por qué los ingresos por derechos de autor y patentes se consideran solo rentas? La idea, el diseño y el sistema operativo han sido producidos por el trabajo mental empleado por las empresas capitalistas. Las empresas explotan esa mano de obra y se apropian de la plusvalía vendiendo o alquilando el software. Esto es trabajo productivo y produce valor. No es diferente de una compañía farmacéutica que emplea a científicos para idear una fórmula para un nuevo medicamento que pueda vender en el mercado con una patente que posean desde hace años.

Por la misma razón, la producción de conocimiento (trabajo mental) puede crear valor y plusvalía si es trabajo mental realizado para el capital. En este caso, la cantidad de nuevo valor generado durante el proceso de trabajo mental viene dada por la duración e intensidad del trabajo mental abstracto realizado, dado el valor de la fuerza laboral de los trabajadores creativos. La plusvalía, entonces, es el nuevo valor generado por los trabajadores creativos menos el valor de su fuerza de trabajo; y la tasa de explotación es esa plusvalía dividida por el valor de su fuerza de trabajo.

El valor del conocimiento (y de cualquier producto mental) podría incorporarse en una forma objetiva o no. En ambos casos, es una mercancía intangible pero material, cuyo valor está determinado por el nuevo valor producido más el valor de los medios de producción utilizados. El programador de computadoras o el creador de sitios web es, en principio, tan productivo como el trabajador que hace la computadora si ambos trabajan para la compañía de computadoras. Así, la producción de conocimiento implica producción de valor y plusvalía (explotación) y no renta. Una vez producidos, los propietarios capitalistas de productos mentales (conocimiento) pueden extraer ‘renta’ de su propiedad intelectual (el conocimiento producido por los trabajadores mentales para ellos) mediante la aplicación de los derechos de propiedad intelectual. Pero primero hay producción de valor. La diferencia entre producción y apropiación es fundamental.

Además, no es correcto decir que el valor del trabajo mental y las mercancías del conocimiento no pueden cuantificarse. Rotta y Teixeira, para respaldar su afirmación de que la reproducción del conocimiento no tiene valor, citan a Marx: “Pero además del desgaste material, una máquina también sufre lo que podríamos llamar una depreciación moral. Pierde valor de cambio, ya sea porque las máquinas del mismo tipo se producen de manera más barata, o porque compiten con ella mejores máquinas. En ambos casos, por muy joven y llena de vida que sea y esté la máquina, su valor ya no está determinado por el tiempo de trabajo necesario realmente objetivado en él, sino por el tiempo de trabajo necesario para reproducirla a ella o a la mejor máquina. Por lo tanto, se ha devaluado en mayor o menor medida».

Rotta y Teixeira piensan que esto muestra que, debido a que el tiempo de trabajo para reproducir una máquina podría caer por debajo del valor de la primera máquina, debido al progreso técnico (depreciación moral), Marx sugiere que los productos del conocimiento tenderán a no tener ningún valor porque el conocimiento puede reproducirse infinitamente sin gastar tiempo de trabajo. Pero esta cita de Marx se refiere al valor de cada nuevo proceso de producción que reduce el trabajo involucrado en el valor de una mercancía (máquina). Pero eso no provocaría una caída en la rentabilidad del capital invertido hasta cero. La tasa de ganancia promedio está determinada por los costes iniciales de capital fijo y cualquier coste de capital circulante involucrado en la reproducción. La rentabilidad aún estaría determinada por todas las etapas de producción del producto, incluso si el valor de cada producto recién producido disminuye.

Y los productos de conocimiento no se pueden producir por nada, porque son materiales. La productividad de los productos físicos tangibles se mide en unidades de producción por unidad de capital invertido. Esto vale tanto para la producción mental como para los productos de conocimiento, por ejemplo, un videojuego. El producto mental puede estar contenido en una forma objetiva (un DVD). Los DVD producidos se pueden contar. También puede estar contenido en un archivo digital y descargarse de un sitio web a una computadora y luego a otra. Se puede contar el número de descargas. En resumen, el producto mental se puede contar o las mercancías del conocimiento. En los sitios web, se puede contar el número de visitas. La reproducción se convierte en el contador de productividad y rentabilidad.

El capital original invertido, el denominador, también se puede medir. Primero, está el capital invertido en el prototipo. Esto no es solo capital constante fijo (computadoras, locales, instalaciones, impresión de chips, plantas de ensamblaje, etc.). También está circulando capital constante (materias primas) y capital variable, salarios, que van de muy altos (para desarrolladores altamente calificados) a bajos. Luego están los costes de administración, de publicidad de preventa y otros costes de comercialización. Luego está el capital adicional invertido en la reproducción de las réplicas del prototipo. En realidad, el valor total de la mercancía del conocimiento puede ser alto, no cero. El valor unitario viene dado por el valor total dividido por el número de réplicas realizadas. Es directamente proporcional al valor total e inversamente proporcional a la cantidad de réplicas. El valor de reproducir de tales productos de conocimiento no llegará a cero porque siempre hay costes de reproducción del producto de conocimiento en el acceso del usuario.

Nuevamente, la reproducción de cualquier producto de conocimiento no es diferente de la reproducción de un nuevo medicamento por parte de una compañía farmacéutica. El precio inicial del medicamento es el coste inicial de emplear el trabajo mental, probar el medicamento para humanos, etc., la producción de las píldoras, de los líquidos y de cualquier equipo para administrarlo, etc. Claro, el coste unitario de la producción de cada nueva píldora puede caer a un valor muy bajo, pero eso no significa que el valor total y el valor unitario hayan caído a cero.

En resumen, el conocimiento es material (aunque intangible) y si los productos de conocimiento se producen en condiciones de producción capitalista, es decir, utilizando trabajo mental y vendiendo la idea, la fórmula, el programa, la música, etc. en el mercado, entonces el trabajo mental puede crear valor. El valor proviene de la explotación del trabajo productivo, según la ley del valor de Marx. No es necesario invocar el concepto de extracción de rentas para explicar los beneficios de las compañías farmacéuticas o de Google. La llamada «renterización» de las economías capitalistas modernas, que ahora es tan popular como una modificación o suplantación de la ley del valor de Marx, no está respaldada por la producción de productos básicos del conocimiento.

Gran parte de los argumentos que he presentado aquí fueron desarrollados por Guglielmo Carchedi en su trabajo, Vino viejo, botellas nuevas e Internet, en Work, Organisation, labour and Globalisation, Volumen 8, Número 1, Otoño 2Ol4. Su trabajo mental ha sido muy productivo, pero como no lo patentó, la reproducción de sus argumentos aquí me ha costado poco (¿cero?). Por lo tanto, cualquier crédito que obtenga sería una gran extracción de renta a él.

es un reconocido economista marxista británico, que ha trabajador 30 años en la City londinense como analista económico y publica el blog The Next Recession.

Fuente:

https://thenextrecession.wordpress.com

Traducción:G. Buster

Un cadáver en el canal: el Asesinato de Rosa Luxemburgo

Sobre un reciente libro de Klaus Gietinger
Por Nicolás González Varela

“Solo esto es la verdadera Esencia del Socialismo: hay que destruir un Mundo, pero cada lágrima que pudiera haber sido evitada es un crimen; y la persona que, corriendo a realizar ‘actos importantes’, inadvertidamente pisotea aunque sea a un pobre gusano, es culpable de un crimen”. (Rosa Luxemburg, 1918)

[Klaus Gietinger:Eine Leiche im Landwehrkanal. Die Ermordung Rosa Luxemburgo, Nautilus, Hamburg, 2018.[1]]

Los visitantes que llegan hoy al Berlin-Mittepueden pasear por la AlexanderPlatz, echar un vistazo al imponente teatro Volksbhünediseñado por Oskar Kaufmann, construido en 1914 y reconstruido después de 1945, al cine Babylondiseñado por Hans Poelzig y seguramente quedarán desconcertados al notar bajo sus pies una serie de palabras forjadas en metal incrustadas en forma de zigzag formando ángulos sobre el pavimento. Si nos acercamos, notamos que los que se nos revela es en realidad una instalación artística que forma parte de un monumento histórico, uno más de los tantos que Berlín exhibe. Estamos en la Rosa Luxemburg Platz. Esta es un poco particular: se compone de citas escritas a finales del siglo XIX y principios del siglo XX por una tal Rozalia Luksenburg, mejor conocida como Rosa Luxemburgo. Una personalidad que ni siquiera es alemana, una pensadora militante revolucionaria, socialdemócrata (cuando estas palabras significaban algo), que no dudó en criticar a las vacas sagradas del Socialismo del 1900, de Bernstein a Kautsky pasando Jaurés y Lenin, que no dudó en preferir la cárcel y finalmente el Gólgota a rebajar su Ética socialista.

Hay que decirlo claro: sus libros son inhallables o están agotados. La última pasión febril sobre su pensamiento nació y murió con el 1968 europeo. Paradójicamente en Alemania continúa siendo una figura popular, una heroína de dimensiones nacionales, un ejemplo alternativo tanto a la fallida antiutopía de Stalin como al Neoliberalismo del capital. Y Rosa “La Roja” es popular tanto en el este como en el oeste. La parábola de su vida y muerte fue llevada al cine por la directora Margarethe von Trotta en 1985, con Bárbara Sukowa como Rosa, en un film multipremiado, aunque la retrataba como una heroína liberal y feminista y diluía su alma revolucionaria socialista; su figura volvió al espectáculo del music hall, una obra llamada simplemente Rosaque en Berlín agotó rápidamente las localidades. En cada aniversario de su muerte militantes de la izquierda, desde anarquistas a la nueva Die Linkee incluso liberales, le rinden un silencioso homenaje con flores en el cementerio Friedrichsfelde. La damnatio memoriaesobre Rosa comenzó en 1933: un ignominioso 10 de mayo de 1933, el ministro de propaganda del IIIº Reich Goebbels, que había bautizado a todos sus hijos con la letra “H” en honor a Hitler, hizo planificadamente que se quemasen “espontáneamente” miles de libros de autores con espíritu anti alemán en plazas y universidades, incluida la del Rektor-führerHeidegger en Freiburg, en un lugar preferencial se encontraban las obras completas de Luxemburg y Liebknecht. La incineración de su pensamiento en papel completaba la damnatio memoriaeburguesa, con catorce años de diferencia y demora, el aniquilamiento de su persona en carne y espíritu. Y en la alevosa falta de justicia por su violenta muerte política.

El historiador y escritor Jörn Schütrumpf, que vive en Berlín, es director gerente de la editorial Karl-Dietz Verlag (que edita a Marx), editor de la compilación de sus textos, Rosa Luxemburg: Der Preis der Freiheit(Rosa Luxemburg: el precio de la Libertad),[2]que abre con una cita del agudo Karl Kraus, que a su vez re-cita el malogrado Benjamin: “El Comunismo, en cuanto realidad, sin duda es solamente el compañero de su ideología ultrajadora de la vida, pero tiene un origen ideal que es, por cierto, más puro; es un medio funesto en busca de una meta ideal y más pura. Lleve el Diablo su praxis, pero, en cambio, que Dios nos lo conserve en su condición de amenaza constante sobre las cabezas de quienes tienen bienes; ésos mismos que, para preservarlos, envían implacables a los otros a los frentes del hambre y del honor patrio, mientras que pretenden consolarlos diciendo y repitiendo que los bienes no son lo más importante en esta vida. Dios nos conserve siempre el comunismo para que, ante él, aquella chusma no se vuelva aún más desvergonzada; para que la sociedad de aquellos únicos autorizados para disfrutar, que cree que las gentes sometidas a ella tienen ya amor bastante cuando de repente les contagian la sífilis, se vea al menos, cuando va a dormirse, atenazada por una pesadilla. Para que al menos pierdan el deseo de predicar moral ante sus víctimas e incluso de hacer chistes sobre ellas.”[3]

Afirma con razón que muchos de los que hoy se identifican con su figura, lo hacen impresionados por su cobarde asesinato y no tanto por la comprensión fiel de sus ideas políticas, la mayoría incómodas y heterodoxas. Rosa compone, junto con Marx, Gramsci y el Che, los ideales utópicos que nunca han perdido ni perderán vigencia, símbolos unánimes: “Uno de ellos que casi siempre forma parte de todo esto, pero en cierto modo flota en el aire por encima de todo, y por tanto frecuentemente se olvida su mención, es un judío alemán de la ciudad de Tréveris: Karl Marx. Junto a él quedan solamente las imágenes de tres seres humanos, que son mostradas en casi todo lugar: la de una judía polaca, asesinada de forma bestial en Alemania; la de un argentino, que cayó el año de 1967 en Bolivia en las garras de sus asesinos; y la de un italiano, liberado por los fascistas en 1937, después de diez años de encarcelamiento para dejarlo morir: Rosa Luxemburg, Ernesto Che Guevara y Antonio Gramsci… Los tres no solamente materializan esa congruencia poco común entre la palabra y la acción. Los tres representan también un pensamiento propio, que no se sometió a doctrina o aparato alguno. Y: los tres pagaron por sus convicciones con la vida. Fueron llevados a la muerte no por sus contrarios en el propio campo, sino por el enemigo, lo que no era normal en absoluto en el siglo XX.”

Rosa tiene algo en común con Gramsci y Marx: nunca se encontraron en una situación en la que se prestaran al ejercicio del poder de Estado, nunca se obligaron a aplicar de manera reaccionaria una Realpolitiko en que sus manos quedaran manchadas por participar en un régimen dictatorial o totalitario. Ernesto Che Guevara sigue hasta hoy en día avivando la imaginación de la juventud; Gramsci impresiona desde hace décadas sobre todo a los académicos; sin embargo de Rosa, la más multifacética y profunda de los tres, la mayoría sólo conoce vagamente su nombre y lo que le ocurrió, pero no su pensamiento, ni su obra.

Su biógrafo inglés Nettl señaló que sus ideas “pertenecían al lugar donde la Historia de las ideas políticas se enseña con seriedad”. El gran filósofo Lukács dijo que su obra “muestra el último florecimiento del Capitalismo alemán… los caracteres de una siniestra danza de la muerte”. Lenin, uno de sus opositores dentro de la Socialdemocracia europea de entonces, la definió como “fue y es un águila en obra y pensamiento”. Trotsky decía que detrás de una amenidad femenina surgía una “poderosa mente y gran oradora de masas”. La politóloga conservadora Arendt tenía la esperanza de un reconocimiento tardío de “quién fue y qué hizo, así como también, de que por fin tendrá su lugar en la educación de los científicos políticos en los países de Occidente”. El fundador de la socialdemocracia alemana y amigo-biógrafo de Marx y Engels, Mehring, que murió apenado poco después de su asesinato, dijo que era “la cabeza más genial entre los herederos científicos de Engels y Marx”.

Lo cierto es que Rosa comenzó su militancia en un pequeño partido socialista sin país soberano, el Partido Socialdemócrata del reino de Polonia y Lituania (SDKPiL). Luego de la revolución rusa fallida de 1905, Rosa fue acusada de “terrorista” y abandonó la Polonia zarista hacia Finlandia para recalar en Suiza, en aquel tiempo el país más libre del Mundo: ¡incluso las mujeres tenían derecho a estudiar! Allí hizo dos doctorados simultáneos, Economía y Derecho, descubrió a un tal Marx y se hizo marxista crítica. Frecuentó los círculos políticos de emigrados de toda Europa, de rusos a polacos, pasando por italianos y austrohúngaros. Las autoridades en Alemania no la tenían registrada como Rosa Luxemburgo, sino como “Rosalia Lübeck”. Mediante un matrimonio de conveniencia con un hijo de inmigrantes socialistas, la economista de 27 años, recién graduada del doctorado en Zúrich, había conseguido la nacionalidad alemana. Nacionalidad muy importante para su protección jurídica en la militancia política clandestina en Polonia. Rosa era políglota: hablaba y escribía el idioma alemán mejor que la mayoría de los alemanes. Ni hablar de todos los otros idiomas que dominaba: ruso, francés, inglés e italiano.

Se afilió al partido-guía de la socialdemocracia europea, un gigantemiope con pies de barro llamado Sozialdemokratische Partei Deutschlands (SPD), la organización más numerosa de Occidente, lleno de luminarias y rápidamente se ganó un nombre como teórica en el ala izquierda del partido. Al principio Rosa simplemente intentaba aplicar la letra de Marx y Engels a la táctica del partido que llevaba como “doctrina oficial” al marxismo, sin mucha creatividad, pero en 1899 llegó su fama como polemista y teórica con el artículo contra el revisionismo teórico de Bernstein, colaborador de confianza de Engels, albacea testamentario, considerado uno de los máximos teóricos del Socialismo en la época. Rosa era una mujer pequeña, de apariencia física nada favorable; un cuerpo notoriamente menudo, poco equilibrado y simétrico, con un andar defectuoso debido una enfermedad en su cadera. Su rostro, aunque con ojos muy vivaces y despiertos, mostraba casi siempre una sonrisa melancólica, insegura. Tenía tendencia a la introspección. Su nariz era un poco larga para el modelo femenino del siglo XIX. Para empeorar las cosas era polaca (en aquella época los palestinos europeos) y además de ascendencia judía… ¡Y con ideas de izquierda! ¡Un escándalo!

Dirigente y teórica del modelo socialdemócrata del sigo XIX, el SPD alemán, persona non grataen los círculos del Poder, fundadora del Partido Comunista alemán, crítica de todo Socialismo burocrático y autoritario, brillante intelectual marxista heterodoxa(subrayado), una pensadora multidimensional, como nos lo recuerda en el prólogo a sus obras completas el editor Peter Hudis.[4]Además pedagoga revolucionaria: paralelamente a su praxis como escritora y conferencista, Rosa era además una verdadera maestra. Y lo era, en la escuela central del SPD en Berlín, inaugurada en 1906, y su materia era Nationalökonomie, la Economía Política capitalista, cuyo agudo curso preparado para obreros podemos leerlo en español.[5]Allí Rosa reconocía que la Economía Política “es una Ciencia extraña” porque no tiene un objeto definido. A partir de 1911 además Rosa enseñará un curso de Historia del Socialismo, reemplazando al biógrafo de Marx, Franz Mehring.

Al principio Rosa simplemente intentaba aplicar la letra de Marx y Engels a la táctica del partido que llevaba como “doctrina oficial” al Marxismo, sin mucha creatividad, pero en 1899 llegó su fama como polemista y teórica Fue gracias a su intervención en la llamada Revisionismusdebatte, una discusión a nivel casi mundial sobre la aparente crisis y caducidad del Marxismo comenzada por Eduard Bernstein en Alemania. Bernstein no era un diletante ni un francotirador externo: había sido colaborador de confianza de Engels, albacea testamentario del Nachlassmarxiano y caprichoso editor, considerado uno de los máximos teóricos del Socialismo en la época, una vaca sagrada intocable de la Nomenklatura del SPD. El debate dio lugar a la más severa y penosa crisis final de la gloriosa socialdemocracia europea: todos los pensadores y militantes se congregaron en el campo de batalla. En Alemania encontraremos a Parvus, Kautsky, Mehring, Bebel, Clara Zetkin: en Rusia Plejanov y Lenin; en Italia el filósofo Antonio Labriola y Croce. Aunque Rosa dentro del SPD estaba confinada a la propaganda y agitación en los territorios del este del Elba (de lengua polaca) logró que lo publicara a regañadientes en entregas el diario socialista local, Leipziger Volkszeitung, una obra culmen: Sozialreform oder Revolution?(¿Reforma social o Revolución?, 1888/9). ¿Qué era el Revisionismo?Básicamente el pathosrevisionista se sintetizaba en una fórmula del propio Bernstein, que decía “El fin del Socialismo, sea cual fuera, no es nada; el movimiento lo es todo”.

Como notaría Luxemburgo (y mucho más tarde Lenin) el revisionismo pretendía desmontar a Marx desde dentro, pero a pesar de su relativa homogeneidad en el fondo no era una contra teoría nueva y crítica, un sistema alternativo serio y científico, sino una amalgama superpuesta, una síntesis de diversos elementos procedentes de críticas burguesas y conservadoras realizadas a Marx desde 1867. Luxemburg comparó al Revisionismuscon un “enorme montón de escombros”, en los que los fragmentos y retazos del pensamientos burgués y reaccionario, hallaban una sepultura común. El Revisionismo teórico tenía una base bien material, absolutamente anclada en el mundo de la vida: primero una época excepcional de expansión del Capitalismo en cuanto al contexto histórico; en segundo lugar un estrato dentro de la Socialdemocracia de funcionarios, diputados parlamentarios, asesores y “liberados”, representantes en la administración local y una plantilla permanente de “cuadros” político-burocráticos. Como lo demuestran las propias estadísticas los “representantes” del Proletariado marxista eran comerciantes, pequeños empresarios, funcionarios, abogados y notarios, profesores universitarios y periodistas de profesión.

Su formación política era muy ecléctica, con más influencia del Sindicalismo y de la corriente fabiana que de Engels y Marx. Estratos sociales particularmente receptivos al mensaje de un Socialismo evolutivo, reformista y legalista con el status quo, y todavía atrapado dentro de la jaula de hierro del Nacionalismo burgués. Los rasgos básicos del Revisionismo se los puede resumir en seis puntos homogéneos a todos los autores: 1) en lo económico se eliminaba la Teoría del Valor y de la Plusvalía; 2) en lo filosófico se apoyaba en la Filosofía neokantiana, rechazando la herencia hegeliana y el Materialismo tout court; el objetivo más importante en esta operación crítica era el ataque contra el concepto de Dialéctica; 3) en la concepción de la Historia se rechazaban la teoría de los estadios de las formaciones económico-sociales y los cortes y saltos violentos (lo que se correspondía con la idea de un Proceso evolutivo de la sociedad, de lo viejo a lo nuevo, de una manera gradual y pacífica); 4) políticamente le correspondía, como corolario natural, un Reformismo consecuente y resistencia epistemológica contra la idea de violencia y Derecho a la revolución (“Socialismo de destrucción” le llamaba el revisionista ruso Struve a las ideas de Marx); 5) con respecto a la transición al Socialismo, se oponía a la teoría de Marx de la Dictadura del Proletariado como medio más eficaz de paso del Capitalismo al reino de la libertad (un “atavismo” según Bernstein); 6) la consecuencia táctica era obvia: para los revisionistas lo único real y racional era la praxis inmediata, el sostenimiento de la forma de Estado burguesa, el afianzamiento del día a día parlamentario, la colaboración y alianza interclases.

La Socialdemocracia, como sostenía Bernstein, era la continuadora histórica del Liberalismo político: “no hay ninguna idea liberal que no pertenezca también al bagaje ideológico del Socialismo”. La conclusión de su razonamiento no dejaba lugar a dudas: el partido socialdemócrata debería tener el valor de “emanciparse de una fraseología que, de hecho, ha quedado obsoleta y adoptar la apariencia de lo que realmente es: un partido democrático-socialista de reforma”. Al Standpunktdel revisionismo Rosa le contestó con una superación diríamos hegeliana: Reforma y Revolución, elementos inseparables: “Para el Socialismo la reforma social y la revolución social forman un todo inseparable… Bernstein aconseja el abandono del objetivo final de la Socialdemocracia, la Revolución social, y convertir el movimiento de reforma, de un medio que siempre fue, en el fin de la lucha entre clases… pero como quiera que el Objetivo final (Endziel) es precisamente lo único concreto que establece diferencias entre el Movimiento socialista y la Democracia burguesa y el Radicalismo republicano burgués… al discutir esta postura con Bernstein y sus partidarios no se trata, en último extremo, de ésta o aquella manera de luchar, de esta o aquella táctica, sino de la entera vida del Movimiento socialista.”

Rosa había descubierto el efecto aniquilador del Revisonismus: conservar o no el carácter proletario en las organizaciones socialistas. Lo más grave no eran tanto los consejos prácticos sino el trasfondo objetivo que presentaba, con aires científicos, del movimiento objetivo de la sociedad capitalista. Era este diagnóstico estratégico optimista en las sombras del cual se derivaban las opiniones y consignas tácticas. Y el diagnóstico se asentaba en un Método oportunista, die opportunistische Methode, como le llamaba Rosa. Básicamente este Método de reflexión era más o menos la reacción y negación de las premisas básicas científicas del Socialismo que residían en El Capital. Si Marx había demostrado, al nivel lógico e histórico, que los resultados del desarrollo del Capitalismo eran la Anarquía (Anarchie) creciente de su Economía, la progresiva Socialización del proceso de producción (Vergesellschaftungdes Produktionsprozesses) y una mayor conciencia de clase de los trabajadores y paralelamente en sus formas de organización (die wachsende Organisationund Klassenerkenntnisdes Proletariats), el Revisionismo negaba en el mismo acto la validez de la Ley de Valor y la necesidad objetiva “la justificación del Socialismo basada en el curso del desenvolvimiento social y material de la sociedad”.

El dilema de hierro era que o bien la Revolución se concebía como resultado de las contradicciones internas, en su propia historische Notwendigkeit, “del propio Orden capitalista, contradicciones que aumentan al desarrollarse éste haciendo el derrumbe inevitable, no importa el momento ni la forma en que se presente” o, como sostiene el Revisionismo el Capitalismo desarrolla “medios de adaptación” que no conocía Marx en el siglo XIX (crédito de consumo, medios de comunicación, carteles y trusts de empresas) y que son capaces de evitar y superar las contradicciones internas (inneren Widersprüchen der kapitalistischen Ordnung), evitar las crisis cíclicas, esquivar su hundimiento, con lo que “entonces el Socialismo de ser una necesidad histórica, una historische Notwendigkeit, pudiendo ser luego todo lo que quiera, pero nunca el desarrollo material de la sociedad (ein Ergebnis der materiellen Entwicklung der Gesellschaft)”. Al llegar a este punto Rosa sabe que el dilema que si el Revisionismo tiene razón el Socialismo es una mera idea ética, una fantástica utopía más entre Moro, Campanella, Harrington y los falansterios. That is the question…No era casualidad que premonitoriamente ya en esta discusión el ala derecha del SPD apodara a Rosa con el calificativo de “anarcosocialista”. De manera premonitoria, Rosa había afirmado en una carta a Sonia Liebknecht que “a pesar de todo, espero morir en mi puesto, en una batalla callejera o en una prisión”.

Sabemos el oprobioso final: fue asesinada con crueldad en 1919 por los antepasados de los nazis, las fuerzas paramilitares Freikorps, con la complicidad de parte de la dirigencia de su antiguo partido socialdemócrata. Con ella cae otro dirigente fundamental de la nueva izquierda alemana: Karl Liebknecht. Rosa fue un cadáver más en el Landwehrkanal que atravesaba Berlín. Su crimen se cubrió de impunidad. Una densa impunidad institucional de la cual se intuía demasiado, pero de la cual se sabía muy poco. Hasta ahora.

La historia policial –decía Peter Brooks– es la narrativa de las narrativas, su estructura clásica desnuda la estructura de toda narrativa posible. En otras palabras, cuando el yo narrador busca pistas y reúne la información en un todo coherente, es un reflejo de nuestro propio acto de lectura.

Chesterton afirmaba que él se quedaba con aquel que consagra un relato breve a afirmar que puede resolver el misterio de un asesinato, antes que con aquel que dedica un libro entero a decir que es incapaz de resolver el problema de las cosas en general. Gietinger cumple el confirma la hipótesis de Brooks y el principio chestertoniano: nos ofrece una definitiva investigación política-criminal de su violenta muerte, en un relato estilo thrilleralemán, un Realkrimi, que nos mantiene conteniendo el aliento físico y moral hasta el final. Sin ninguna intención de hacer un pleonasmo, Gietinger afirma que el asesinato de Luxemburgo y Liebknecht es una de las grandes tragedias de Europa del siglo XX, ya que casi ningún asesinato político ha conmovido tanto las conciencias y ha cambiado el clima político en Alemania como el de la noche del 15 al 16 de enero de 1919 frente al hotel con el paradójico paradisíaco nombre de “Edén”. La ignominia de 1919 será el preámbulo del despertar nacionalsocialista de 1933. O como dice Gietinger: “lo que los líderes del SDP no entendieron al hundir el cuerpo de Luxemburgo en el Canal Landwehr, es que estaban hundiendo la República de Weimar junto con él”.

El libro se estructura a partir del estado de shock social en las postrimerías de 1918, la sombra de la victoriosa Revolución de Octubre rusa planeaba sobre la Alemania derrotada y en plena efervescencia consejista. En este marco, la crisis termina afectando a los partidos obreros, que empiezan a fraccionarse acompañando la polarización política y el aumento del derrumbe económico. Se presenta una situación revolucionaria ideal, tanto del lado objetivo como del subjetivo, líderes capaces y una organización llamada Liga Spartakus, pero para la burguesía nunca hay callejones sin salida. Gietinger descubre cómo el Estado en pleno naufragio desarrolla rápidamente sus propios mecanismos de reacción, político-militares, institucionales, extra institucionales, para aniquilar elkairósrevolucionario. Se movilizan tropas de asalto que llegan del frente, se constituyen los cuerpos francos, los Freikorps, anticipo organizativo de las futuras SA y SS de Hitler. No se puede consentir la caída de la capital, Berlín: el partido socialdemócrata, que ya había traicionado sus ideales votando chauvinistamente los créditos de guerra en 1914 (el único diputado en negarse fue precisamente Liebknecht) coincide con las viejas fuerzas del régimen Junker. La capital se encuentra bajo una dictadura de factoa cargo de la Garde-Kavallerie-Schützen-Division (GKSD), una unidad de élite paramilitar ad hoc, traída desde Francia, cuya misión era exterminar toda posibilidad de levantamiento popular y eliminar a los comunistas berlineses. La GKSD se transformaría en la columna vertebral de la reacción del Poder en la situación revolucionaria de 1918-1919, en los vagones de transporte con los que llegaron del frente, se leían amenazantes graffitis: “¡A Berlín! ¡Abajo Liebknecht y sus camaradas!”

En la noche del 15 de enero de 1919 son apresados Rosa y Karl, a las pocas horas serán asesinados. ¿Quién los mató? El GKSD oficialmente anuncia que Rosa fue linchada por una turba incontrolada y arrojada al canal; en cuanto a Karl le tuvieron que disparar porque se había fugado. En pocos días la verdad fue surgiendo, el GKSD era el responsable. Pero: ¿quiénes fueron los asesinos? ¿Quién emitió la orden de ejecutarlos?

Gietinger, después de escarbar en una montaña de mentiras oficiales, desvíos jurídicos y falsos testimonios, puede individualizarlos. El asesino de Rosa es el teniente naval Hermann Souchon, que subido al estribo del coche en que la transportaban, le dispara con una pistola en la sien izquierda. Ella murió instantáneamente y su cuerpo fue arrojado al canal por el oficial de transporte Kurt Vogel en el puente Lichtenstein. Son las 23:45 horas del 15 de enero de 1919. La ignominia no acaba aquí, soldados roban pertenencias personales como trofeos de guerra: su cartera con una edición de bolsillo del Faustode Goethe, un zapato, una carta nunca enviada a Clara Zetkin. El doble asesinato había sido ordenado por Waldemar Pabst, primer oficial de personal general del GKSD, apodado “pequeño Napoleón”, quien se atribuyó orgullosamente la responsabilidad de los asesinatos en una serie de notorias entrevistas en los 1960’s, afirmando que “los tiempos de guerra civil tienen sus propias leyes” y que los alemanes deberían agradecer a ambos (a él y a Gustav Noske, ministro de defensa socialdemócrata) “de rodillas por ello, ¡construyan monumentos con nosotros y nombren calles y plazas públicas después con nuestros nombres!”. Hitler agradecería ex postel rol clave de Noske, afirmando que “era un roble entre estas plantas socialdemócratas”. Gietinger descubre que Pabst, disfrazado de civil, asiste a mítines del USPD y de Spartakus, que incluso escucha los discursos públicos de Liebknecht y Luxemburg (a la que no conocía hasta su llegada a Berlín); ellos son su auténtica Némesis. Pabst inmediatamente pone su unidad al servicio del ministro Noske; se intercepta la correspondencia de ambos líderes, se pinchan sus teléfonos, se combina el trabajo con fiscales de la extrema derecha, la pinza se cierra. Los gastos de la GKSD los sufraga el Comando Supremo del Ejército, los gastos extraordinarios son cubiertos generosamente por dos grandes industriales: Hugo Stinnes y Friedrich Minoux.

La investigación de Gietinger no concluye aquí, hablaría mal de su libro: revelará la densa trama post-asesinatos, político-jurídica-institucional-mediática, que encubrirá a ejecutores e ideólogos, siguiendo el hilo rojo que concluye en los años 1960’s. Es la farsa de la tragedia. Su primer y apasionado biógrafo Paul Frölich, que se equivoca al identificar a su asesino,[6]decía con razón que “la prostituida Justicia y la Razón de Estado se unieron para echar tierra sobre sus asesinatos”. Hubo una serie de juicios estrambóticos en los que los líderes del SPD se pusieron de acuerdo con los asesinos, nombrando a sus colaboradores… como jueces; Gietinger los califica como “los juicios más descarados y mendaces de toda la Historia legal alemana”.

Ya en la Alemania occidental de la década de 1960, cuando Pabst reveló a Der Spiegelque había ordenado el asesinato y revelado el nombre de Souchon, afirmando que “participé, en aquel entonces (enero de 1919), en una reunión del KPD, durante la cual hablaron Karl Liebknecht y Rosa Luxemburg. Me llevé la impresión de que los dos eran los líderes espirituales de la revolución, y me decidí a hacer que los mataran. Por órdenes mías fueron capturados. Alguien tenía que tomar la determinación de ir más allá de la perspectiva jurídica. No me fue fácil tomar la determinación para que los dos desaparecieran… Defiendo todavía la idea de que esta decisión también es totalmente justificable desde el punto de vista teológico-moral.” En el consiguiente escándalo, el gobierno federal emitió un escueto comunicado oficial en el que calificaba el doble homicidio como una “ejecución legítima” durante el estado de excepción. Quizá Gietinger tenga un pequeño fallo estructural en su escrúpulo forense: la importancia epocal y la repercusión teórico-política de los asesinatos, el “efecto mariposa” en la Izquierda histórica e incluso el propio Marxismo como Teoría crítica y Praxis de vanguardia.

El propio perfil del autor restringía la capacidad de conclusiones materialistas profundas. Al no subrayarlos y establecerlos, pensando por defecto en una suerte de autoevidencia en el lector de 2019, el libro sobreestima la capacidad analítica lectora, incluso de los militantes que reivindican su pensamiento y obra. ¿Por qué fue una tragedia para la Izquierda occidental la desaparición tan temprana de Rosa y Karl? ¿Cómo hubiera impactado su Teoría crítica que combinaba acción directa con formas democráticas de base? Finalmente, Gietinger nos ofrece mucho material en su apéndice: perfiles de asesinos, cómplices y encubridores, fotos inéditas, mapas y documentos imprescindibles para comprender la tragedia.

Rosa, hoy olvidada, es para muchos meramente icónica, lejana, extraña, pero no hay duda que su combate es y será el nuestro. Ayer, como hoy, el profesionalismo de una nueva clase de políticos profesionales e intelectuales generaba en el seno del movimiento obrero más avanzado de Occidente y en sus partidos políticos el Cretinismo parlamentario, el Oportunismo teórico y la corrupción del Poder. No sólo eso, la miseria del Parlamentarismo desarmado en Weimar abrió las puertas de par en par a la Reacción. La muerte de Rosa fue el primer acto de ascenso del Nacionalsocialismo en Alemania, el disparo de salida para formas cada vez más totalitarias. Parafraseando al historiador y biógrafo de Trotsky y Stalin, Deutscher, el crimen fue el último triunfo de la Alemania imperialista-monárquica de Bismarck y el primero del futuro IIIº Reich de Hitler. Haffner en su Deutsche Revolution 1918/19señala con justeza que el asesinato impune de Liebknecht y Luxemburg fue el preludio de la matanza por venir, la obertura sangrienta del Nacionalsocialismo sobre Europa.

El combate mortal de Rosa contra el Colonialismo-Imperialismo, el Estado autoritario y la guerra se desarrolló en tres frentes simultáneos, no cronológicos. Tres momentos que se entrecruzan y conforman el cénit del Pensamiento político más audaz y avanzado del siglo XX. El libro de Gietinger –y ese es uno de sus grandes méritos– nos permite reflexionar sobre la utopía de una reconstrucción abierta de Marx, nos ayuda a vislumbrar los reflejos de un posible Mundo en el cual la Izquierda realmente enarbolaba los principios de Marx encarnados en la Teoría y en la Praxis, una Izquierda en la que las ideas internacionalistas y pacifistas seguían siendo más decisivas que cualquier autodeterminación nacional o momento populista, una Izquierda en la cual el fin de llegar al reino de la Libertad era superior a cualquier cargo parlamentario, una Izquierda en la cual la Revolución proletaria no tenía ninguna necesidad del Terror, una Izquierda que “odia y aborrece el asesinato”.


[1]Klaus Gietinger: Eine Leiche im Landwehrkanal. Die Ermordung Rosa Luxemburgo, Nautilus, Hamburg, 2018. Nacido en 1955 es escritor, guionista, director de cine y sociólogo; como autor ha publicado una biografía novelada de Marx: Karl Marx, die Liebe und das Kapital, 2018; tiene una dilatada trayectoria en cine, TV y documentales, un autor multipremiado, de los cuales se destaca “Hitler vor gericht” (2009), “Wie starb Benno Ohnesorg?” (2o17), donde demuestra que el estudiante de izquierda no murió accidentalmente sino fue asesinado por la policía el 2 de junio de 1967, su último trabajo es un docudrama sobre la relación entre Marx y su sirvienta Demuth: “Lenchen Demuth und Karl Marx” (2018). Web del autor: http://gietinger.de/

[2]Edición en español: Jörn Schütrumpf, Rosa Luxemburg: el precio de la Libertad, Fundación Rosa Luxemburg-Publicaciones Oficina Región Andina, Quito, 2010.

[3]Karl Kraus: “Antwort an Rosa Luxemburg”; en: Die Fackel, November, 1920, p. 8.

[4]Rosa Luxemburg: Complete Works, Volume I, Economic writings I, Verso, London, 2013.

[5]Rosa Luxemburg: Introducción a la Economía Política; Cuadernos de Pasado y Presente, México, 1982.

[6]Paul Frölich: Rosa Luxemburgo: vida y obra; editorial Fundamentos, Madrid, 1976; aunque la biografía es de 1939; Frölich había sido designado por el KPD para realizar las obras completas de Luxemburg, planificada en nueve tomos, de los que tan solo aparecieron tres hasta 1928.

Crónica y análisis de una victoria histórica del movimiento indígena

Por Decio Machado

El final de la era correista fue dantesco respecto a la gestión realizada durante el primer período de mandato de Rafael Correa. Ese fue el momento en que la sociedad ecuatoriana comenzó a comprender la enorme distancia existente entre la realidad actual del país y la imagen que de este se había forjado a través del fuerte aparato de propaganda del régimen, tanto dentro como fuera del Ecuador.

Más allá de que el poder Ejecutivo hubiera sometido al resto de poderes del Estado bajo su control, lógica propia de cualquier gobierno de perfil autoritario, la corrupción institucional históricamente existente en el país se tecnificó y la protesta social fue brutalmente criminalizada. Diversos líderes indígenas en territorios resistentes a la presión extractivista fueron asesinados bajo la más absoluta impunidad, ejerciéndose la represión más brutal del régimen en el paro nacional convocado por el movimiento indígena y las organizaciones sindicales en agosto del año 2015. En lo económico y terminado el boom de los commodities, Rafael Correa entregó un país donde el gasto público era ampliamente superior a los ingresos permanentes necesarios para sostenerlo, lo que implicaba reformas de carácter estructural que abría la posibilidad a diferentes opciones para el nuevo gobierno de Lenín Moreno.

La investidura presidencial de Lenín Moreno se dio en mayo del 2017; sin embargo, la producción en el país se había estancado desde el año 2014, no consiguiendo reactivarse desde entonces hasta ahora. El ingreso promedio por habitante en estos seis años apenas se ha movido en una franja de 20 dólares hacia abajo, alcanzando el empleo adecuado -eufemismo inventado en la era correista para señalar a quienes al menos perciben el equivalente al salario mínimo (394 dólares)- a tan solo el 37,9% de la población económica activa.

El deterioro de la capacidad adquisitiva de la sociedad ecuatoriana tiene como grupos más afectados a los asalariados privados y trabajadores por cuenta propia, quienes en los últimos seis años han visto un crecimiento prácticamente nulo de sus salarios. Sin embargo, durante lo que va de período de la gestión morenista y en aras a reducir el volumen de un Estado al que se calificó como obeso, se eliminaron 20 ministerios y 23 mil funcionarios públicos fueron cesados. En las actuales condiciones de estancamiento económico del país y con un sector empresarial que invierte muy por debajo del promedio latinoamericano en la economía nacional, lo cual ya de por sí es irrisorio, el mercado laboral privado ha sido incapaz de absorber a los servidores públicos cesados, incorporándose estos al ejercito de reserva del mercado de trabajo ecuatoriano.

En paralelo, la banca y otros grupos del gran capital que operan en la economía ecuatoriana continuaron obteniendo utilidades millonarias -tal como ya sucedía durante el período de gestión correista- pese al estancamiento. Entre 2015 y 2018 la banca obtuvo utilidades por 1.777 millones de dólares, mientras apenas 30 compañías obtuvieron casi cinco mil millones de dólares en el mismo concepto. En contraste, la elevada desigualdad en la distribución de la propiedad de la tierra se mantuvo.

Con una economía dolarizada desde principios de siglo, lo que anula cualquier capacidad de soberanía monetaria, y a falta de ingresos permanentes pese a las soflamas propagandísticas de industrialización por sustitución de importaciones y cambio de matriz productiva enarboladas durante el régimen de Correa, la deuda comenzó a dispararse de forma desmesurada. Entre 2010 y 2019 la deuda por ecuatoriano creció 7 veces, pasando de 538,81 dólares a 3.582 dólares; el pago de intereses por ecuatoriano creció 11 veces, de 38,31 dólares a 435,29 dólares; y el gasto en deuda creció 12 veces, evolucionando de 613 millones de dólares a 7.400 millones de dólares. En términos comparativos, el gasto de deuda actual (intereses y amortizaciones por 7.400 millones de dólares) supera casi dos veces el presupuesto de educación (4.970,9 millones de dólares) y el casi tres veces del presupuesto en salud (2.882,9 millones de dólares).

Así, mientras la propaganda correista en manos de jóvenes tecnócratas de la comunicación y la publicidad -aprendices andinos de Goebbels- definía económicamente al país como el jaguar latinoamericano, la sociedad ecuatoriana terminó descubriendo que Ecuador no pasaba de ser un desdentado oso perezoso que vivió de las rentas petroleras bajo una economía rentista que funcionó adecuadamente tan solo mientras duró el boom de los commodities.

De esta forma el gasto de consumo ha ido decayendo tanto en términos públicos como privados, visualizándose claramente como los servicios públicos se han ido paulatinamente deteriorando. Terminada la gran fiesta propiciada por los excedentes petroleros, nunca hubo una redistribución de la riqueza durante el período correista sino la transferencia de los excedentes del Estado para sostener políticas de subsidios e inversión pública en infraestructura -modernización del Estado capitalista-, se apagó el motor de la economía nacional. Incluso las importaciones de maquinaria se han reducido al día de hoy, reflejándose así la limitada capacidad de sostener la tan anhelada tecnificación productiva con la que todo el establishment político y empresarial sueña en el país. Consecuencia de todo ello: desaceleración económica.

De esta manera, al aumento del déficit fiscal le siguió el incremento del endeudamiento, a lo que le siguió a su vez problemas de acceso al financiamiento, lo que hizo que comenzaran a bajar la reservas internacionales del país. Con créditos internacionales chinos a tasas de interés que recuerdan a El Avaro de Molière, el gobierno de Moreno decidió entregarse, en cuerpo y alma, al FMI.

En este contexto el Ecuador de Lenín Moreno, quien hasta mayo del 2018 -fecha de nombramiento del ministro de Economía y Finanzas actual- no tuvo claro su hoja de ruta económica, decidió adecuarse a las recetas fondomonetaristas para equilibrar la economía nacional. A cambio de 4.200 millones de dólares que el FMI debe desembolsar en el transcurso de tres años y 6.000 millones de dólares más provenientes de otros organismos multilaterales, Moreno se comprometió a emprender un fuerte ajuste económico con el objetivo de lograr equilibrios de carácter fiscal y externo a corto plazo, liberalizando y flexibilizando todo lo posible la economía nacional, mientras a medio y largo plazo se profundizaría el carácter primario-exportador que ha acompañado la historia económica del Ecuador. El discurso fue el que siempre se aplica previo a este tipo de medidas: “Nos vemos obligados a pedirle al pueblo ecuatoriano un sacrificio debido a las condiciones en las que hemos recibido el país…”.

El antecedente al Paro Nacional

Con territorios claramente olvidados en la periferia del nacional debido a la carencia de recursos por parte del Estado, estalló el paro en la provincia del Carchi. Allí, en un territorio con un PIB per cápita de casi la mitad de lo que tiene Pichincha -provincia donde está instalada la capital del país-, de los 34.853 millones de dólares del Presupuesto General del Estado en el año 2018 tan solo le correspondieron 64 millones, alcanzando su índice de necesidades básicas insatisfechas al 45% de la población. Con una tasa de empleo digno de apenas el 26% frente la 37,9% promedio del país, la población del Carchi se lanzó a las calles, cortando carreteras y con sus gobiernos municipales y provincial a la cabeza de las movilizaciones junto a gremios y movimientos sociales.

Inicialmente el gobierno se negó a negociar mientras se mantuviera el paro. Tras siete días de movilizaciones continuas y con el principal acceso fronterizo con Colombia cortado por los manifestantes -cientos de camiones quedaban varados pudriéndose los alimentos perecederos que transportaban-, Lenin Moreno se vio obligado a negociar con los huelguistas aceptando una parte importante de sus reivindicaciones. Todo ello no sin antes emprender una fuerte represión por parte de las fuerzas de orden público que tuvo como respuesta popular el asalto al edificio de la Gobernación -sede del gobierno central en el territorio- en la ciudad de Tulcán, capital de la provincia.

Sería el 30 de septiembre cuando se solucionara el paro en el Carchi, apenas dos días antes de que comenzará las jornadas de lucha a nivel nacional. Su resolución fue fruto de que los dirigentes carchenses del paro detectaron las operaciones de actores externos a la provincia vinculados al correísmo que intentaban hacer con la movilización local una estrategia ajena a las demandas de los movilizados y dividiendo al movimiento.

Cabe indicar que el gobierno nacional y especialmente su frente político demostró no haber aprendido nada de los sucesos acaecidos durante la semana de cortes de carretera y conflicto constante entre la población carchense y aparatos represivos del Estado.

Es evidente que el presidente Lenín Moreno encabeza un gobierno extremadamente débil, sin base social y sin inteligencia política. El apoyo a su gestión está por debajo del 16%, gran parte de sus ministros intencionadamente apenas tienen aparición pública y quien maneja el frente político del gobierno es María Paula Romo -ministra del Interior-, quien junto a Juan Sebastián Roldán -secretario particular del presidente y portavoz oficial del Ejecutivo- provienen de una organización llamada Ruptura de los 25, la cual se autodefinió años atrás como una “organización política moderna y contemporánea” pero que en la actualidad ejerce la vieja política a través de sus jóvenes dirigentes.

Si la gestión de la crisis del Carchi fue patética por parte de los responsables gubernamentales, que decir de lo que vendría inmediatamente después…

Y llegó el Paro Nacional

Así se llegó al día 1 de octubre, momento en el que Lenín Moreno mediante cadena gubernamental televisada anunciaría lo que las organizaciones sociales definirían como un paquetazoneoliberal con base en las exigencias de ajuste presupuestario implementadas por el FMI. El mandatario anunciaría en aquel momento que mediante Decreto Presidencial 883 se eliminaría el subsidio al combustible, a la par que la reducción del 20% de la masa salarial de todos los contratos ocasionales en la función pública que se vayan renovando, la reducción del período anual de vacaciones de los empleados públicos de 30 a 15 días, así como obligación por parte de los trabajadores de las empresas públicas de aportar obligatoriamente un día de salario mensual al erario público. En paralelo, se decretaban una serie de medidas laborales que implican la flexibilización del mercado de trabajo privado, justificándolo bajo el argumente de la necesidad de implementar un modelo acorde con los nuevos tiempos.

Al día siguiente la Confederación Nacional Indígena del Ecuador (CONAIE) junto a otras organizaciones sindicales y sociales del país anunciaban la convocatoria de un gran paro nacional contra las medidas económicas del gobierno.

Entre ese mismo miércoles 2 y el domingo 6 de octubre se sucedieron múltiples asambleas populares fundamentalmente en provincias de fuerte ascendía indígena, zonas de Sierra Centro y territorio amazónico. En paralelo comenzaban los cortes de carretera y las movilizaciones en diferentes localidades. El sábado y el domingo, los cortes de carretera tenían ya paralizado todo el Ecuador. De la misma manera, en Quito, los estudiantes universitarios salían a las calles en solidaridad al llamamiento indígena reivindicando la derogación del Decreto 883 y el resto de medidas económicas anunciadas por el presidente de la República. La respuesta gubernamental fue la represión acompañada por una sorpresiva declaración del estado de excepción (limitación de los derechos de tránsito, asociación y reunión, libertad de información, inviolabilidad de domicilio y correspondencia).

Un evidentemente nervioso presidente Lenín Moreno anunciaría dicho estado de excepción en una nueva cadena gubernamental televisiva en la cual aparecería rodeado por su vicepresidente, Otto Sonnenholzner (un joven empresario sin experiencia política y llegado de las élites costeñas que fue nombrado a dedo tras la detención por vinculación en el caso Odebrecht de su primer vicepresidente -Jorge Glass- y de la destitución de la que fuera su segunda vicepresidenta -María Alejandra Vicuña- por cobro de coimas), su ministro de Defensa y los principales mandos de los diferentes cuerpos de las Fuerzas Armadas.

Para sorpresa de la sociedad ecuatoriana la emisión de dicho espacio televisivo se hacía desde Guayaquil, segunda ciudad en importancia del país. El gobierno nacional había abandonado, con nocturnidad y alevosía, la capital del país. Lo que pretendía ser un acto de fuerza con la declaración del estado de excepción se convirtió comunicacionalmente en la visualización más palpable de debilidad gubernamental.

El gobierno había abandonado el Palacio de Carondelet porque tenía miedo de que las instalaciones presidenciales fuesen tomadas por los manifestantes. Pensar en esa posibilidad, era pensar a su vez en que sus fuerzas armadas permitieran el acceso de los manifestantes, evidenciando su desconfianza respecto a que el propio ejército ecuatoriano apostase por una cambio de mando en el país dada la incapacidad gubernamental demostrada.

Esa misma noche y durante los días siguientes, Oswaldo Jarrín, actual ministro de Defensa y quien en 2012 calificara la desvinculación del Ecuador con la Escuela de las Américas de muestra del “fundamentalismo ideológico” del Gobierno de Rafael Correa, amenazó en reiteradas ocasiones a los movilizados de usar armamento letal si es que se ocupaban sobre instalaciones que el Gobierno considerase como estratégicas. Nada importó y las movilizaciones continuaron a escala nacional.

El lunes 7 de octubre comenzaron a llegar a Quito columnas de miles de manifestantes provenientes de las provincias indígenas. Las entradas a la capital estaban fuertemente resguardas por contingentes de operativos especiales de la Policía Nacional. Pese a ello y ante el número cada vez mayor de manifestantes los indígenas entraron en Quito, no sin que previamente hubiese fuertes altercados e incluso tanquetas y patrulleros quemados. Los detenidos y heridos en las reyertas comenzaban a contabilizarse por centenares.

Pese a la fuerte campaña de miedo articulada en las redes sociales por influencers de perfil conservador, entre los barrios humildes quiteños de la periferia de la ciudad hubo multitud de gestos solidarios ante la llegada de los indígenas. Los indígenas se congregaron en El Arbolito, parque céntrico de la capital ecuatoriana donde han tenido lugar históricos episodios que terminaron derrocando diversos gobiernos durante la década de inestabilidad política que precedió a la llegada de Rafael Correa al palacio presidencial de Carondelet.

Durante el martes 8 y miércoles 9 de octubre siguieron llegando numerosos grupos indígenas a la capital, mientras en el resto del territorio nacional eran tomados diversas instalaciones gubernamentales por parte de los indígenas, se mantenían los cortes de carretera e incluso se eran ocupados pozos petroleros en la zona amazónica clausurándose su bombeo. El último grupo en llegar a la capital fue en la noche del jueves, momento en el que arribaron unos mil indigenas más llegados de territorios amazónicos.

El grito era unísono en todo el país: “La movilización es indefinida hasta que el gobierno nacional derogue el Decreto 883 y el paquetazo neoliberal”. Mientras, en Quito, las movilizaciones se daban por doquier y a todas horas, intensificándose paulatinamente la represión policial sobre los manifestantes. En territorios indígenas e incluso en la capital fueron retenidos distintos destacamentos militares y efectivos de la Policía Nacional, todos fueron entregados posteriormente a las autoridades del Estado sin daños ni lesiones, mientras en paralelo las detenciones de manifestantes se elevaban por encima de mil, se socorría a más de medio millar de heridos y se contabilizaban hasta la noche del 12 de octubre cinco víctimas mortales. Algunos de los uniformados retenidos fueron obligados a cargar sobre sus hombros los féretros de los indígenas caídos durante las jornadas de movilización bajo la consigna de que “sientan sobre sus hombres el peso de nuestros muertos”.

Dos condiciones interesantes se dieron en la capital ecuatoriana: por un lado era palpable la estrategia de twitteros, generadores de opinión pública en diversos medios de comunicación y varios periodistas descalificando al movimiento indígena en las redes sociales; mientras por otro lado, en la vida real, la solidaridad con los manifestantes era más que palpable. Mientras la redes sociales no dejan de ser aún un espacio para las élites ecuatorianas dada la aun escasa democratización digital existente en el país; estudiantes universitarios de todo tipo de disciplinas, especialmente de medicina y enfermería, practicaban la asistencia médica diaria a los heridos en los recintos universitarios. En paralelo, amplios sectores de la sociedad quiteña entregaban mantas, ropa, zapatos, víveres y agua en los recintos en los que pernoctan los recién llegados a la capital. Por último, se creó un amplio despliegue de medios alternativos para dar cobertura a las movilizaciones que estaban siendo criminalizadas en los medios de comunicación tradicionales. Se vio un Quito solidario con los históricamente olvidados frente a un Quito imperante en el mundo digital que lleno de perjuicios y con una estrategia claramente diseñada pretendía criminalizar a los más pobres de la sociedad ecuatoriana. Vale decir que no funcionó la estrategia de enfrentar a blancos urbanitas con cobrizos habitantes de las zonas rurales del país, como tampoco les funcionó atemorizar a las clases acomodadas quiteñas para enfrentarles a los pobres venidos de otras tierras. De hecho, según la encuestadora CEDATOS, nada sospechosa de ser de tendencia izquierdista, el 76% de los ecuatorianos apoya la consigna indígena de derogar el Decreto 883.

Las movilizaciones fueron sorprendidas por hordas que no respondían al llamado de los movimientos sociales y que se infiltraron en las movilizaciones. Aquí se combinaron grupos delictivos que buscaban usufructuar de bienes ajenos, grupos organizados por la sensibilidad política correista y población que llegaba de barrios urbano marginales ya no solo a reclamar el fin de las medidas económicas sino la salida del gobierno. Ambos grupos coincidieron en sembrar el caos en diferentes momentos de las movilizaciones.

La CONAIE, en varias ocasiones, se desvinculó de estas acciones vandálicas, llegando incluso a conformar una guardia indígena que puso orden en las manifestaciones que se daban en la capital. La turba no perteneciente a las movilizaciones impulsadas por los movimientos sociales se vio obligada a actuar en zonas por donde no recorrían las manifestaciones, terminando por quemar la Controlaría General del Estado, lugar donde se guardan los expedientes de investigación de tramas de corrupción institucional que tuvieron lugar durante la década correista. Sospechosamente dicho atentado se dio ante la pasividad de las fuerzas de orden público.

En la tarde del 12 de octubre, “Día de la Interculturalidad y la Plurinacionalidad” en Ecuador, el Gobierno Nacional, quien en innumerables ocasiones se reiteró en afirmar que no discutiría sobre el Decreto 883, se vio obligado a acceder a analizar su contenido con los movilizados. Horas antes, el movimiento de mujeres quiteño había salido a las calles junto a las mujeres indígenas declarando a María Paula Romo, ministra del Interior y quien se auto define como feminista, responsable de la represión y traidora al movimiento de mujeres.

Bastó el anuncio de que la CONAIE estaba reuniendo a sus dirigencias para analizar la propuesta de diálogo de Lenín Moreno, exigiendo garantías mínimas (realizar la negociación en un lugar independiente bajo el auspicio de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana y NNUU) y que dicho diálogo fuera público y retransmitido por los medios de comunicación, para que se incrementara aún más la algarabía en las calles de Quito. A partir de ese momento diversos grupos incontrolados, muchos de ellos posiblemente impulsados por actores ajenos a las convocatorias, sembrarían el caos en toda la ciudad.

Ante la incapacidad de gestión por parte del Ministerio del Interior, el aparato militar presionó al presidente Lenín Moreno para que se decretara el toque de queda. A partir de las 15:00 horas se prohibió el transito en las calles y los recintos en los que los indígenas se concentraron para desvincularse de la trama desestabilizadora fueron rodeados por los aparatos represivos del Estado. En las universidades los estudiantes se vieron obligados a armar cadenas humanas frente a militares y policía interponiendo sus cuerpos en defensa de los indígenas acogidos.

El movimiento indígena denunció inmediatamente la actividad de grupos correistas tras estos disturbios. Ya en la noche, CONAIE emitía un comunicado reconociendo la conmovedora e incansable voluntad del pueblo ecuatoriano de luchar contra el retorno de las políticas neoliberales al país, a la par que denunciaba la decisión del Estado por seguir asesinando indígenas y gente en las calles hasta derrotar la movilización. Pese a ello, la CONAIE se comprometió en sostener la movilización a nivel nacional, rechazando cualquier intención de desprestigiar la lucha histórica que se está llevando a cabo en estos momentos.

La noche quiteña cerró con un fuerte y confuso cacerolazo que se expandió por toda la ciudad. Unos reclamaban paz, otros la derogación de las medidas económicas implementadas por el Gobierno, pero en ambos casos la población capitalina le decía al presidente de la República que estaban haciendo sentir su voz crítica respecto a la gestión gubernamental.

En la tarde del domingo 12 de octubre se dio la mesa de diálogo entre diferentes dirigentes sociales con los pueblos y nacionalidad indígenas a la cabeza y el gobierno nacional. Bajo el título “mesas para un acuerdo de paz”, el gobierno nacional se vio obligado previamente a cumplir cada una de las exigencias indígenas: fue retransmitido en directo por diversas cadenas de televisión, se dio en un complejo hotelero a las afueras de la ciudad -lugar imparcial- y estuvo auspiciado con Naciones Unidas y la Conferencia Episcopal del Ecuador.

Tras tres horas de debate el pueblo ecuatoriano asistía a un episodio insólito. La CONAIE le decía al presidente Moreno que si quería de verdad la paz retirase el Decreto 883 o de lo contrario la movilización se mantendría en Quito y en todo país. El presidente Moreno y su gabinete de ministros terminarían aceptando. La noche de ayer en Quito y en todo el país se convirtió en una fiesta donde militares, policías y el pueblo se abrazaban en cada una de las barricadas de Quito, cortes de carreteras por todo el país e instalaciones públicas tomadas.

CONAIE desconvocaba en vivo y en directo en esa misma retransmisión el paro nacional.

Análisis final

En la agenda del movimiento indígena, los sindicatos y las organizaciones sociales que apoyan el paro no está derrocar al actual gobierno. La izquierda social e incluso la política no ganaría nada en estos momentos con la salida de Lenín Moreno del palacio presidencial.

Una convocatoria de elecciones anticipadas tan solo beneficiaría en estos momentos la llegada al poder de una derecha aun más reaccionaria o del correísmo. Desde los mundos más reivindicativos que conforman el tejido de los movimientos sociales ecuatorianos, fundamentalmente los indios y las mujeres, ambas opciones son consideradas como aun peores que el mantenimiento del gobierno actual pese a su paulatina derechización.

Por su lado, el correísmo, con una agenda política de urgencia que busca como sea desestabilizar al actual gobierno en aras a que se proceda con la convocatoria de elecciones anticipadas, demostró durante estas movilizaciones que su estrategia esta basada en una política de tierra quemada. Frente a un gobierno que al medio día de sábado 11 de octubre estaba a punto de ceder respecto al Decreto 883, objetivo fundamental de la movilización, optó por provocar la caotización de Quito en aras a sus interés político institucionales. Rompiendo, al igual que lo intentó hacer anteriormente en la provincia del Carchi, la estrategia de lucha de los impulsores del paro nacional. Rafael Correa desde el exterior del país intentó protagonizar la lucha de un movimiento al que él mismo había criminalizado y reprimido durante la década de gestión de su gobierno.

En el ámbito de la política institucional la derecha esta dividida. Una parte de ella apoyó a Lenín Moreno durante lo que lleva de mandato, mientras la otra se declara abiertamente opositora, pese a que durante esta crisis ambas se unieran contra el movimiento indígena. Para el sector empresarial Moreno no es más que una cabeza de puente, es el mandatario que debe aplicar las políticas impopulares para que no recaiga sobre su futuro recambio dicho costo político y social. Conscientes las corrientes conservadoras de que la debilidad gubernamental les permite aspirar en febrero del 2021 al poder, una vez restituida la normalidad marcarán de forma inmediata diferencias con el mandatario, entendiendo que nada de lo que se sienta cercano al actual gobierno nacional tiene la más mínima posibilidad de ganar las próximas elecciones.

De igual manera, una nueva generación de políticos ecuatorianos que pretendían ser el recambio de la actual vieja derecha nacional ha quedado quemada en la gestión de esta crisis. Personajes con notables aspiraciones políticas como María Paula Romo, Juan Sebastián Roldán o el propio Otto Sonnenholzner han demostrado falencias notables a la hora de administrar el Estado en una coyuntura como la actual, quedando con escasas posibilidades de reconfigurar su maltrecha imagen ante la sociedad ecuatoriana.

En paralelo, la actual crisis desnudó determinados problemas de carácter estructural que transversalizan desde la constitución de la República al Estado ecuatoriano: sigue vigente la vieja matriz colonial, el racismo y una indignante inequidad social basada en una marcada estructura de clases. En Ecuador el 42% de la población indígena viven en condiciones de pobreza, el 18% vive en pobreza extrema y solo el 3% de este target social tiene títulos universitarios.

Este triunfo del movimiento indígena desde el ámbito de las organizaciones sociales se contrapone a una cada más envejecida izquierda política e institucional que se muestra incapaz de generar el más mínimo elemento de atracción entre la sociedad ecuatoriana. Mientras en el movimiento indígena se ha hecho visible una nueva camada de dirigentes jóvenes con grandes dotes de organización para futuras luchas reivindicativas, la izquierda político institucional sigue aferrada a un discurso del pasado siglo y liderada por dirigentes con escasa voluntad de recambio.

El triunfo indígena liderado por sus nuevas estructuras dirigentes, sumado a interesantes cuadros entre las jóvenes militantes del movimiento de mujeres, permiten atisbar con optimismo cierto horizonte en las lucha por la emancipación de los pueblos en este pequeño país andino. En paralelo y a su derecha, queda un gobierno débil y derrotado que tendrá serias dificultades para gestionar el país en lo que le queda de mandato hasta las elecciones de febrero de 2021.

Fuente: https://vientosur.info/spip.php?article15200

Los signos del desastre

por Jeudiel Martínez

La luz se va por horas, a veces por días,  el agua no llega en semanas, el internet es tan intermitente como las líneas telefónicas. No hay dinero en efectivo para pagar y las plataformas de los bancos públicos no funcionan. Las unidades de transporte cada vez son menos y el metro se acerca al colapso. La combinación de falta de efectivo y de medios de transporte obliga a muchos a renunciar al trabajo o los estudios. Las gestiones más simples se hacen torturas interminables.  Incontables productos y marcas han desaparecido de los estantes de los supermercados. Las morgues rebosan de muertos, los hospitales carecen de insumos básicos y los alimentos y medicinas son escasos o muy caros. No es falso que se haya incrementado el número de personas que mendigan, sacan comida de la basura o se prostituyen por comida.

La Venezuela de hoy podría simbolizar con muchas imágenes: una máquina descompuesta y abandonada al óxido, un animal encerrado abandonado a la llaga, el hambre y la podredumbre, una ciudad desierta y llena de basura. Pero esas serían meras metáforas. Malas metáforas.

Tantos son los signos e imágenes del desastre, tan fuertes son que no necesitamos esas imágenes suplementarias: ¿es que no basta con  las aguas blancas del Pao Cachinche corrompidas por las negras y pútridas del lago de Valencia, los ríos contaminados del norte del país, las riberas del Caroní deforestadas y licuadas hasta hacerse barro, el agua color mierda que sale de los grifos? ¿No es suficiente con los presos pudriéndose en los calabozos de las policías municipales –sin audiencias, sin habeas corpus, sin agua y  sin comida- , los que escarban en la basura para buscar comida?.

Esos son los primeros signos. Signos de contaminación, de podredumbre.

Otros son  de falta, de carencia y de omisión: las bolsas de plástico y de papel que ya no se encuentran, los estantes vacíos, los productos y marcas desaparecidos de los mercados, las fábricas y comercios cerrados,  los cajeros automáticos descompuestos, el dinero en efectivo que no se encuentra, los electrodomésticos dañados por los apagones, los innumerables baños cerrados por falta de agua, las medicinas que no se encuentran, las esperas desesperadas porque se haga efectiva una transferencia bancaria, la falta de dinero en efectivo, los cientos de miles asesinados por los criminales, los 18000 asesinados por la policía, los  millones de emigrantes que no volverán, el cuerpo macilento y cada vez más flaco de los gobernados.

También hay   signos de plenitud. Los dólares fugados, las mansiones en España y dominicana,  los productos de los Clap traficados ante la vista de policías y militares, Las colas interminables para comprar cualquier cosa, la grasa que envuelve los  cuerpos atocinados de los gobernantes, los presos que rebosan los calabozos, la basura que desborda los basureros.

Pero ningún signo  es tan vehemente, tan destructor como la hiperinflación, plenitud de ceros que no valen nada, de dinero que nada puede comprar.  ¿Pueden imaginarse los abogados del chavismo, la izquierda nostálgica, los apologetas profesionales la sensación desesperante del que descubre que, cada día, se la hace imposible comprar las cosas más sencillas?

Signos de podredumbre,  de carencia, de plenitud  y, también, de fracaso. Los signos del fracaso están en todas partes del país, desde Tocoma en el Sur hasta los Andes –pasando por el cauce del río Guaire-  un nuevo tipo de ruina, la ruina prematura,  es el resultado más visible del fracaso incomparable del chavismo: proyectos inconclusos o abandonados, obras de infraestructura abandonadas , fábricas nacionalizadas que nunca produjeron nada…

En su abandono recuerdan un poco  a los restos de la época soviética pero, a diferencia de estos, no tienen grandeza o glorias pasadas que les den un aura, ningún logro perdurable al que apegarse: la ruina prematura, y también, la ruina viviente son invenciones del chavismo, como en PDVSA, que produce menos de un millón de barriles diarios, como en las empresas básicas, como todo lo que con su poder de Midas inverso el caudillo secó y destruyó.

En Venezuela incluso los peores tiranos del siglo XX dejaron algo: carreteras, unidad nacional, infraestructuras.  Pero esas ruinas están entre los signos más claros del paso de Hugo Chávez sobre la tierra. Declaran que el caudillo, el avatar de Cristo-Bolívar pasó por allí, que hizo un programa de televisión cursi, que se mintió a sí mismo y a otros con los grandes logros de la revolución que, se emborrachó con las mismas ilusiones de los ilusos que le seguían,  que asignó recursos que terminaron en el bolsillo de funcionarios tan inútiles como corruptos.

Las ruinas son su imagen, su huella y su símbolo.   Ellas y el amor y la sumisión servil que todavía inspira en sus seguidores. Ellas y la raza impúdica de nuestros nuevos amos, sus sucesores,  que prefiere cualquier cosa a dejar al poder. Ruinas prematuras, amor al poder, y tiranía. Sumémosle el agua negra sale por los grifos, los apagones,  las estafas de Derwick y Odebrecht, el crecimiento incomparable de la violencia y el crimen, y la riqueza fantástica de los bolichicos y boliburgueses: he ahí el legado.

Todo lo bueno o noble que intentó en medio de sus excesos de riqueza y de poder o se quedó en fantaseos o buenas intenciones o hace rato se perdió en la descomposición y el desastre que el mismo invocó como un aprendiz de brujo. En esta región del mundo donde el padre es a la vez ausente, mediocre y brutal, el caudillo no fue anómalo sino  normal, como si la contrapartida física de su obsesión metafísica con la unidad, fuese el desastre: unidad de los cuerpos y las almas, de la tierra y de sus riquezas en el seno del estado que se pudre y se desmorona.

Cada ruina atestigua un hechizo contrahecho, un golem mal armado del cabalista mediocre que no dejó más que ruinas, dinero en el bolsillo de los burócratas e ilusiones en la mente de los ilusos. Nadie como el caudillo  ha encarnado a la mamarrachada, el esperpento nacional que, liberado de sus últimas, de sus precarias contenciones (multipartidismo, disciplina fiscal, residuos de estado de derecho) ha mutado en desastre y corrupción ilimitados: prometió soberanía alimentaria y la comida es importada, prometió hacer de Venezuela un súper-productor de petróleo y PDVSA está quebrada, prometió democracia y dejó caudillismo y estado de excepción, prometió participación y dejó verticalismo y burocracia ¿es que hay un solo caso en que los conjuros inversos del caudillo han dejado algo que no sea lo perfectamente contrario de lo invocado, de lo ofrecido?.

¿Es que no apareció en su última alocución pública (el Golpe de Timón que  los simples creen que habría cambiado todo) hablando de “fábricas de fábricas” y “fábricas de satélites” apenas un par de años antes de que se hiciera casi imposible encontrar comida?.

Hugo Chávez fue un virtuoso en el arte de  apropiarse de todo para descomponerlo. A él ni las viudas del neoliberalismo ni nuestras izquierdas patéticas le entienden. Atribuir su método –que es el de Maduro- al socialismo soviético, o el neoliberalismo es, en el peor de los casos, estupidez doctrinaria, en el mejor una simple aproximación.

Lo que se escapa a los liberales y neoliberales tanto como a los socialistas es que la obsesión con nacionalizar y regular no fue más que el método de una privatización del estado que en el pasado ha sido llamada patrimonialismo y que hizo de Chávez más que la personificación del estado su propietario: no era Alejandro Andrade, su guardaespaldas, el encargado del tesoro público?, no fue vicepresidente del tesoro una de sus enfermeras? es que  cuidar del dinero público era una extensión de cuidar a Chávez, el tesoro público era su tesoro y la res pública su patrimonio, la confusión generalizada entre público y privado, el éxtasis del clientelismo, es uno de los signos más claros de su paso por el poder.  Por eso las misiones sociales no eran un atributo de la Seguridad Social nunca renovada sino de sus relaciones personales con Fidel Castro, una relación clientelar basada en el alquiler de mano de obra importada y no de nuevas o renovadas instituciones.

La “Unidad, Unidad, Unidad,” de la que hablaba obsesivamente parecía el empeño de convertir a todo el estado en una extensión o una prótesis de su personalidad cuyas extensiones nerviosas eran líneas clientelistas y caudillistas, de ahí la tolerancia incondicional a la corrupción de sus funcionarios, siempre que fueran leales. Esa confusión entre público y privado es un signo de esa captura del estado que no trata de , como en la simple concepción liberal, que el estado capture a la sociedad sino de que  una fuerza supraestatal capture al estado. Esa captura del estado en lo supraestatal -y su duplicación en lo paraestatal- parece ser  la esencia de todo totalitarismo sea que construya un estado a su medida, como en Cuba o que capture uno existente como en Italia o Alemania o que, como en Venezuela, lo descomponga.

En ese contexto socialistas y neoliberales se debaten para entender el desastre chavista: los primeros dicen que la propiedad privada no solo permaneció sino que las fortunas privadas se multiplicaron gracias al saqueo de la riqueza pública, los segundos que un régimen asfixiante de policía se abatió sobre la empresa…y ambos tienen razón: si el chavismo generó tal vez el más grande saqueo de la historia nacional fue uno de riqueza pública -4.000 millones de dólares según la asamblea nacional y un poco menos según los chavistas disidentes de Marea Socialista- saqueo del que participó, avido, el capitalismo privado venezolano…pero el socialismo de Chávez más que falso fue decadente, descompuesto el mismo, sin mecanismos de planificación sin todo el know how generado durante décadas para compensar las deficiencias de la planificación centralizada pero tampoco capaz de generar algo semejante a las instituciones del bienestar del norte de europa o incluso de Cuba cuyo fracaso en generar fuerzas productivas es bien conocido.

El socialismo de Chávez, que recuerda un poco al de Argelia o Libia, era ante todo un régimen de policía a través del monopolio del dólar y las expropiaciones masivas, una guerra contra el empresariado,  al que veía como un enemigo pero también una estrategia para generar un empresariado dócil, parasitario y aprovechable a través de los contratos y las asignaciones de dólares baratos: Raúl Gorrín es, sin duda, la personificación del empresario tal como lo concebía el chavismo. Por esos mismos medios se estableció todo un sistema de control bioeconómico de la población, basado en la moneda subsidiada y servicios gratuitos, un esquema de intercambio de subsidios por lealtad.

Reducido a una serie de procedimientos de baja policía, privado de todos los mecanismos racionales y el know how técnico requerido el socialismo chavista terminó convertido en un arma contra la producción y en una herramienta práctica de saqueo: Ingenios azucareros, fábricas, canales de televisión, nada escapaba del hambre de unidad de Hugo Chávez. Los resultados los conocemos, el azúcar es escasa y cara, sus fábricas nacionalizadas son cascarones vacíos…olvidemos a los tontos sin esperanza que corren gritando ¡¡esto no es socialismo ¡¡¡ a sus hermanos neoliberales, igual de imbéciles,  que giran y gritan ¡¡¡castro-comunismo¡¡¡ hay algo descompuesto, disfuncional, mamotrético en el chavismo que no sirve ni a los requerimientos del mercado libre ni a los del estado planificador: hace imposible tanto la producción económica que requiere el primero como la gestión pública más o menos ordenada que reclama el segundo: demasiado desastroso, inepto, incapaz, para establecer un mercado libre o un estatismo funcional, el chavismo los imita y los entremezcla a su manera, estatiza porque ha privatizado al estado, da poder de vida y muerte a burócratas que son magnates y empresarios,   licua lo público y lo privado en un compuesto en lo que lo único discernible son las mafias que tienden a reemplazar tanto a la burocracia como a la empresa, mafias que fundidas en oligarquías son las propietarias privadas del estado en una sociedad comanditaria que es la forma política del gobierno privado indirecto.

No basta entonces con decir que el chavismo es totalitario, lo cual es más que obvio, hace falta entender que es un totalitarismo fallido, que descompuso al país al tratar de capturarlo y que, en cierto sentido, siempre ha sido el gestor de su propio fracaso incluso antes de que la muerte del caudillo y la caída del precio del petróleo lo hicieran evidente.   ¿Es que podemos imaginar en los grandes autoritarismos de Eurasia (el saudí, el turco, el iraní, el chino, el ruso) sumergidos en apagones, el agua cortada por semanas, los bancos dejando de funcionar por días? ¿Es que podemos imaginarnos al rey de Arabia Saudita pidiéndole al presidente de Aramco que venda pollos? ¿A Mendelev peleándose con los panaderos de Moscú?, ¿a los  Castro privatizando las cárceles a los presos o declarando “zonas de paz” donde la policía no entra?. Las bufonadas tristes del chavismo, sus estándares ridículamente bajos para todo, no tienen lugar en un proyecto autoritario funcional, mucho menos en el de una potencia con pretensiones hegemónicas.

Por eso no tiene sentido comparar al chavismo con los grandes proyectos autoritarios o totalitarios de nuestro tiempo, sean cuales sean sus fallas, taras y crímenes. El chavismo es otra cosa: Comparado con las monarquías del Golfo Pérsico, el Irán de los ayatollahs la Turquía de Erdogan, por no decir de Rusia o China la Venezuela chavista es un desastre, un chiste,  solo comparable a las dictaduras africanas o a otros estados fallidos: un gobierno del desastre cuya única virtud es surfear en medio del desastre sin hundirse en él, usarlo como medio de dominio por el mayor tiempo posible.

Achille Mbembe ha hablado de la necropolítica como una política de la muerte o, al menos, como el indecidible, la frontera entre un poder moderno que hace vivir y deja morir y uno arcaico que mata y deja vivir. Pero dondequiera que Mbembe trata de reintroducir la dimensión del poder soberano que decide sobre la vida y la muerte este aparece fragmentado, fractalizado, como centenares de imágenes distorsionadas en un espejo roto. Sea la tercer mundialización programada de la margen occidental del Jordán, sea el centro o el oeste de África lo que aparecen son fragmentos, soberanía fragmentada en multitud de reyezuelos y mandarines divididos en una guerra incesante y molecular que en casi toda américa latina es conocida:  el poder de facciones armadas, mafias, policiales corruptas y esquemas de saqueo como los descubiertos por la operación Lava Jato.

De hecho la necropolítica y el “gobierno privado indirecto” de los que habla Mbembe se implican, se reflejan, tal como la fragmentación territorial y la guerra molecular, sus encuentros y consorcios parecen ser la arquitectura mutante del tercer mundo como escenario de una descomposición ilimitada.  Es cierto que esta necropolítica, esta gestión de la muerte del mundo,  es ya la de las petroleras, la del capital financiero, la de las guerras eternas en el medio oriente, pero son pocos los rincones del mundo donde el Necropoder se extiende en tal medida en que se deviene una necrocracia, es decir, donde la gestión del desastre se convierte en la racionalidad misma del poder.

Es en el centro de África, en los restos del Mar de Aral, en los rincones del mundo abandonados a la podredumbre y el desastre, allí donde la corrupción no tiene límite,  el autoritarismo se nutre del colapso y la empresa privada y el poder público se funden en la mafia y la oligarquía donde podemos encontrar algo con que comparar o conmensurar este desastre, pero siempre que entendamos, contra las teorías histéricas de las derechas y el denial infantil de la izquierda que el chavismo no es una excepción sino probablemente la tendencia en un periodo donde los poderes establecidos aceptan cada vez más el desastre y las crisis crónicas como la nueva normalidad (pensemos en la actitud hacia el calentamiento global o los desastres de EEUU en el Medio Oriente y el Norte de África) sino que el chavismo parece ser, en sí, un signo del desastre venezolano, un síntoma de un país que ya estaba en un avanzado estado de des-composición desde 1999 y que por eso mismo no solo generó al chavismo sino que no tuvo la capacidad de controlarlo o eliminarlo,  por el contrario, el antichavismo se reveló él mismo tan necropolítico como el chavismo y su verdadera condición de posibilidad (o es que el poder absoluto de Chávez habría sido posible sin desastres como el golpe de abril, el paro petrolero y la abstención de 2005?).

Cómo se verían en los años posteriores, todos los actores involucrados se convertirían en aceleradores del desastre incluso el Grupo de Lima y los EEUU con las sanciones: Trump que decepcionando a los gloriosos idiotas del liberalismo venezolano  -devenido Alt Right y adulación a Trump- no tomó la decisión soberana de destruir al chavismo sino la de gestionar su desastre relegando Venezuela, mediante las sanciones, a un Cuarto Mundo semejante a aquel en que malvive la gente de Gaza y Yemen o en el que Mugabe se las arregló para prosperar y los Castro a “resistir”.  Si el chavismo ya es signo y síntoma del desastre es porque es la imagen, la marca y el símbolo de todo de aquello en que Venezuela se convirtió en la segunda mitad del siglo XX: aquella Venezuela de la que el antichavismo triste sienten tanta saudade fue la causa del chavismo, tal como el chavismo es la causa no solo de ese éxtasis del desastre que vivimos desde 2009 (contenido solo por el fármaco petrolero) sino de las monadas de desastres contenidas en el principal.

Entender el chavismo es entender el Necropoder. Entender el Necropoder es entender la corrupción y el desastre. Corrupción, estrictamente hablando, es la destrucción de cualquier cosa por la corrosión, la descomposición y el colapso. Desastre es el desalineamiento de los astros, la dislocación cósmica que augura desastre para los mortales, es decir la pérdida de forma, estructura u orden. Son aspectos distintos de una destrucción necesaria para el devenir de las cosas. En nuestro caso, parece que la corrupción genera al desastre y el desastre acelera la corrupción en un ciclo autopoiético.

Pero un animal muerto que se pudre, se corrompe, libera elementos químicos que dan lugar a cosas nuevas igual que un desastre natural modifica el ambiente. Imaginemos un animal que nunca acabara de descomponerse -o de morir- un cataclismo no súbito sino continuo, con altos y bajas: un incendio, un diluvio o un temblor de baja intensidad que ni terminará ni diera a la tierra el tiempo para adaptarse, una podredumbre que no termina eso es Venezuela bajo el chavismo.