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Líneas erráticas

23feb-19
Publicada el 23 febrero, 2019
por admin

Por Peter Pál Pelbart

Fernand Deligny extrajo de su convivencia de décadas con los autistas una reflexión aguda sobre un modo de existencia anónimo, a-subjetivo, no subjetivado y refractario a toda domesticación simbólica. Buscaba una lengua sin sujeto, o una existencia sin lenguaje, apoyada en el cuerpo, en el gesto, en el rastro. Llevó al extremo una meditación sobre lo que es un mundo previo al lenguaje o al sujeto, no en el sentido de una anterioridad cronológica, pero sí de una existencia regida por otra cosa que no es aquello que el lenguaje supone, acarrea e implica: la voluntad y el objetivo, el rendimiento y el sentido. El hombre- que- somos descendería menos de los monos que de las arañas: la gestualidad primera que consiste en tejer una red, o trazarla a través de una mano que no pertenece a quien parece poseerla, es de una gratuidad que no se inscribe en la dialéctica de la comunicación o de la finalidad. Deligny contrapone actuar y hacer. Hacer es fruto de la voluntad dirigida a una finalidad, por ejemplo, hacer obra, hacer sentido, hacer comunicación, mientras que actuar, en el sentido particular que le atribuye el autor, es un gesto desinteresado, el movimiento no representacional, sin intencionalidad, que consiste eventualmente en tejer, trazar, pintar, sin límites, hasta mismo en escribir, en un mundo donde el balanceo de una piedra y el ruido del agua no son menos relevantes que el murmullo de los hombres…[1] En ese mundo, el lenguaje “todavía no está”, ese que nos permite hablar en el lugar de los otros, pensar por ellos, hacer que sean o que desaparezcan, decidir su destino. De ahí la necesidad de hablar contra las palabras, suspender el privilegio del proyecto pensado, colocarse en la posición de no querer a fin de dar lugar al intervalo, a lo tácito, a lo extravagante, a la “desubjetivación”. Ninguna pasividad ni omisión, al contrario, es preciso “limpiar el terreno” constantemente, liberarlo de lo que recorta el mundo en sujeto/objeto, vivo/inanimado, humano/animal, consciente/inconsciente. Sólo así es posible trazar las líneas de errancia[2], establecer lugares. De la araña interesa no sólo el tejer incesante, sin finalidad (pues Deligny duda de que la finalidad de la tela sea atrapar a la mosca), sino que importa la propia tela arácnida, esto es, la red.

 

La red

Cuando Deligny describe, en su libro Lo arácnido, su concepción de red, extraída de las telas de arañas, el dice: “Los azares de la existencia me hicieron vivir más en red que de otro modo (…) la red es un modo de ser (…) la red me espera en todas las curvas. Esta de aquí, que ya tiene quince años de edad (…) En estos días me he preguntado si ese proyecto no es un pretexto, siendo el proyecto verídico de la red en sí, que es un modo de ser”. (Deligny, 2015). E indaga si es posible decir que la araña tiene el proyecto de tejer su tela. “Mejor decir que la tela tiene el proyecto de ser tejida (…) En cuanto a lo que me concierne, y en cuanto a retroceder en el curso de la creación, me detengo en la araña, al mismo tiempo que muchos no van más allá del propio abuelo”. Contra la insistencia de algunos en leer lo humano bajo el signo de las estructuras de parentesco, Deligny tiene la paciencia de querer hacerlo a la luz de la “estructura de la red”, por así decir, y él la descubre por todas partes, desde su infancia, en la adyacencia precisamente de espacios prohibidos o interceptados o vagos. En todo caso, los trayectos hacen una red, y esa red no tiene otro objetivo que aprehender las ocasiones que el azar ofrece, pero ocasiones que solo aparecerían una vez que, en el vagar, algo fuese encontrado. Por lo tanto, no se trata de encontrar lo que ya existe, ni tampoco lo que se busca, pero sí de crear a través de ese vagar aquello que se encuentra -es una pesca que crea el pescado, por así decir. Es una pesca de red, allí donde no había nada. Vagar es un infinitivo que debe permanecer en tanto tal, para preservar, dice Deligny, su extrema riqueza, y sólo se lo consigue en la medida en que el espacio permanece vago, todavía no está “ocupado”, o debe ser “desocupado”.

El mérito de la dimensión arácnida, según Deligny, consiste en estar fuera de la voluntad, de lo consciente o inconsciente, más cerca de lo innato, de algo del orden de una era, de una época, no geológica, pero humana- inhumana, un estrato humano- inhumano que se habría eclipsado con todos los sedimentos que hacen de nosotros los hombres-que-somos. Si la analogía con la araña tiene sus límites, es por ser la tela la obra de una sola araña, mientras que precisamente la red es obra de muchos, y, en el caso humano, por ejemplo, no necesita de un maestro de obras, un autor que tuviese su diseño previamente en la cabeza. Cuando hay un claro diseño previo buscado, presente en la cabeza del autor, es ahí que desaparece la dimensión de “actuar”, de “vagar”, en favor del “hacer”, por lo tanto ya finalizado, con lo que desaparece el carácter de red. Pues, “la red (…) está desprovista de todo para; todo exceso de para reduce la red a andrajos en el momento exacto en que la sobrecarga del proyecto es en ella depositada.” (Deligny, 2015) Por lo tanto, el proyecto puede ser la muerte de la red, cuando se lo toma por razón de ser de la red, la red es sin razón, o mejor, es de especie. Pero difícilmente el hombre-que-somos admitiría no ser el maestro. Algo en la naturaleza de los desastres hace que los seres se aproximen y se consideren indispensables unos a los otros, y nutran unos por los otros una simpatía particular. Deligny recuerda cómo se formó una red durante la guerra, cómo se escondieron en una gruta, y cómo la red se disolvió cuando fue recibida la noticia del armisticio. Por lo tanto, de la guerra hasta el asilo la lógica era la misma: la red se convirtió en el modo de ser de Deligny, de sobrevivir, de super-vivir. Modo de ser no propiamente disidente, antes refractario, como dice él, y refractario no sólo a la guerra, pero (sí) al propio hombre capaz de ella… Como si justamente ahí se debiese buscar lo que él llama de humano, de ser humano, que nosotros llamaríamos de humano- inhumano, porque justamente contraría todo aquello que entendemos por humano, consciencia, voluntad, deseo, inconsciente, etc. Es en ese espíritu y contexto que Deligny constituyó la red con los autistas, y la pregunta que regresa a veces en la pluma del autor, que está lejos de ser un filósofo, es: ¿qué significa lo humano? Y la respuesta que le viene, aún menos filosófica, es: nada. Humano es el nombre de una especie, siendo la especie aquello que desapareció para que el hombre, tal como él se toma, pudiese aparecer. Hay un elogio de esa característica de la araña o del castor de estar “entregados a lo innato que los anima”, sin que tengan que “hacer como”, esto es, imitar, “como padremadre”[3]… La red es como una necesidad vital. Cuatro o cinco adolescentes inertes, solitarios, bestificados, de repente se vigorizan- efecto de red… Mismo que el “proyecto” común fuese matar a una vieja en la casa de quien uno de ellos trabajaba algunos años antes. ¿Pero será que lo que los vigoriza es la idea misma de asesinar a la vieja? ¿O, antes, el modo de ser que, en el medio del tedio asilar, hace el acontecimiento? Sería preciso leer Los Demonios, de Dostoievski, a la luz de esa extraña teoría de la red….

En vez de ser de razón, el humano es ser de red (non pas être de raison, être de réseau). Donde la frase escandalosa: “Respetar al ser autista no es respetar el ser que el sería en la condición de otro; es hacer lo necesario para que la red se trame” (Deligny, 2015: 109) Por lo tanto, nada peor que aislarlo de la red para focalizarlo como una “persona”, un “sujeto”, a quien le faltaría, por ejemplo, el lenguaje… La red, a su vez, es más que un accidente social, es necesidad vital, escapatoria, intervalo, deserción, disidencia, guerrilla, común. Si, como lo dice Deligny, todo hombre, en cualquier lugar y época, es ser de red, esto no significa una universalidad de lo colectivo, ni siquiera de comunidad, en el sentido de un circuito cerrado, pero (sí) la necesidad de una “salida”. El territorio común que Deligny creó con los autistas, es una red, una salida, una disidencia, un abrigo, pero también un afuera, una exterioridad, lejos de cualquier comunitarismo auto referido. Significa que toda red está vuelta hacia afuera, para su exterior -ella no es un circuito cerrado. Ni socialización, ni inclusión, ni cura, pero distancia de aquello que sofoca, lugar y evasión. Siempre que “el espacio se torna concentracionario, la formación de una red crea una especie de afuera que permite a lo humano sobrevivir” (Deligny, 2015: 18). Pero, justamente para que ese humano sobreviva, debe desprenderse de la imagen unitaria que el impregna, centrada en torno del sujeto. He aquí una antropología reversa, que tal vez fuera capaz de leer nuestra saturación de sentido y de intenciones, de subjetividad y de palabras, de arrogancia humanista, en suma, a partir de la dimensión que Deligny llamaría innata o humana.

 

Hilos del alma

Lo que importa, al final, para Deligny y para el autista que lo acompaña o que él acompaña, ese ser que entra en pánico cuando algo sale de lugar, son las referencias, animadas o inanimadas -una roca, una cuerda, una cierta fuente… Pues son los puntos a partir de los cuales puede tejerse una tela, son las referencias que despiertan un apego extremo, donde la cosa y el lugar de la cosa son lo mismo, y a partir de las cuales se pueden extender hilos, invisibles para nosotros, pero que deberíamos conseguir imaginar, o suponer, en todo caso respetar, pues es con esos hilos invisibles extendidos en medio de un espacio que se constituyó una tela, una red en la cual la vida es posible y cuya destrucción puede desencadenar un desastre, igual y sobre todo cuando alguien pisa en los hilos con sus zuecos profesionales… ¿Qué es lo que ligan, esos hilos? Sí, referencias, más tales como las detectadas por los autistas, en medio de la errancia, de los trayectos de errancia o de los trayectos costumbreros. Detectar esos puntos o esas referencias es algo como una operación vital de la especie, es su “aparato psíquico” primario.

Por lo tanto, errar, detectar, urdir los hilos. Esos hilos extendidos entre las referencias, dice Deligny, son para el autista como su alma, que el no quiere perder, así como nosotros no queremos perder la conciencia, mismo cuando nos perdemos… Actuar, pues, en el sentido estricto que le da Deligny, es también evitar la ruptura de esos hilos, o cuidar para que ellos estén bien tensionados.

 

Tentativa

De ahí todo el trabajo de urdir, con ellos, lo que Deligny llama una tentativa -no es un proyecto, no es una institución, no es un programa, no es una doctrina, no es una utopía- pero una tentativa, dice él, frágil y persistente como un hongo en el reino vegetal…Una tentativa esquiva las ideologías, los imperativos morales, las normas. Una tentativa sólo sobrevive si no se fija un objetivo, incluso cuando inevitablemente es llamada a realizarlo. Porque están los hilos, la tela, esa manera de protegerlas, y al mismo tiempo las innumerables tácticas de esquivar, esquivar todo lo que pide, todo lo que incluye, que obliga, que amarra, esquivar todo aquello que implica una interacción intersubjetiva, o que él llama de un semblabiliser “semejantizar”, esa identificación incesante por la cual nos constituimos, esa monada aún más cuando ella es “amorosa” en exceso, esto es, aprisionante como sólo el amor consigue ser. Por lo tanto, nada de “reciprocar”, pero otra cosa, dice él, “costumbrear”, lo “costumbrero”, el permitir. Costumbrear implica lo más al ras de la tierra, hacer pan, cortar leña, lavar la loza, comer, vestirse, esto que exige la existencia, y que, sin embargo, es algo distinto del mero hábito, pues es en medio de esa repetición colectiva que cada instante puede ser ocasión para un desvío, una interrupción, una iniciativa. Se trata, pues, no de una repetición mecánica, aunque hay un componente de repetición, no costumbrear, pero (sí) de permitir, para usar un léxico más filosófico, que de la repetición se extraiga la mínima diferencia, aquel desvío mínimo donde se dé un acontecimiento, lo inadvertido.

Una tentativa es comparable a la balsa. Pedazos de madera ligados entre sí de manera bastante suelta para que, cuando vengan las olas del mar, el agua atraviese los vanos entre los troncos y la balsa consiga continuar flotando. Es apenas así, con esa estructura rudimentaria, que quien está sobre la balsa puede flotar y sostenerse. Por lo tanto, “cuando las preguntas se abaten, nosotros no cerramos las filas, no juntamos los troncos- para construir una plataforma concertada. Al contrario. No mantenemos sino aquello del proyecto que nos liga.” De ahí la importancia de los lazos y del modo de ligazón, y de la distancia misma que los troncos puede tomar entre ellos. “Es preciso que el lazo sea lo suficientemente flojo y que no se desate” (Œuvres, 2007: p.1128) Yo diría, abusando de la fórmula, que es preciso que el lazo sea suficientemente suelto para que no se suelte. La balsa, también dice Deligny, no es una barricada. Pero “con lo que quedó de las barricadas, podrían construirse balsas…”

 

Se

Ahora bien, el autista es definido por la vacancia del lenguaje y, a los ojos de algunos, es eso que le falta por razones que las diversas corrientes del psicoanálisis o de la psiquiatría habrán de explica a su modo – nada de eso interesa a Deligny, sorprendentemente. Para él, todo el problema es cómo evitar que el lenguaje mate – solo de decir “ese chico” ya se produce una identidad, y que no decir de todo nuestro andamiaje nosográfico… Y la pregunta que le viene es: ¿cómo permitir al individuo existir sin imponerle el Él, el Sujeto, el Se, o Se ve, toda esa serie que le imputamos, bajo un modo privativo? Pues Deligny está convencido de que él no Se ve, pues no hay justamente El que pudiese Se. Donde ese pasaje, que en francés está así formulado: non pas Se voir, mais ce voir. No Se ve, pero esever, un verdadero neutro o indefinido, que no implica precisamente un centro subjetivo. Es un individuo en ruptura de sujeto. Nosotros somos siempre impedidos de señalar, de emitir signos, y con eso construimos un Adentro de la comunicación, de señales, de signos o de lenguaje, e incluimos a los autistas en ese espacio nuestro del Adentro, del cual forzosamente ellos se sienten excluidos. Deligny, al contrario, sustenta que ellos no están Adentro de ese circuito, y no nos cabe incluir-los, pero están expuestos, expuestos al Afuera, detectado a veces aquello que de Nosotros escapa, aquello justamente que no vemos porque hablamos, y que ellos ven porque no hablan…Por lo tanto, contra los signos, las referencias. Contra el sofisticado aparato que es el lenguaje, el “aparato de reparar”, tan complejo y sutil como el otro, pero con su propia lógica, que consiste en detectar las marcas o las referencias como un “infinito primordial”. Algunos dirán que hay todo un preconcepto de Deligny en relación al lenguaje como portador de sentido, finalidad, proyecto, rendimiento (Beckett tenía de eso la mejor conciencia poética), y que el autismo rechaza (así como la obra de Beckett erosiona), permitiendo concebir al lenguaje a partir de ese silencio, como eventualmente por venir, y habitar un régimen otro, evacuado precisamente de la finalidad…Así como el arte es para nada, y la política hace proyecto, aquí estaríamos ante el arte colocarse en el nivel de “para nada”, del acontecimiento infimo (para nosotros) que justamente contrasta con lo que se esperaría de una ansiedad totalizadora. Pues lo que está siempre en cuestión, para Deligny, no es el Todo, pero el resto… El Poder quiere el Todo, se exaspera, hace el inventario del ser y del tener, del si y del no, mientras Deligny piensa por lo esquivo, por donde brota lo a-consciente, donde esas distinciones no tienen importancia.

 

Lo a- consciente

Pascal Sévérac reconoce que Deligny opera una desvalorización de las facultades ordinarias del espíritu: el entendimiento, la conciencia, la conciencia de sí, la voluntad, la actividad finalizada, etc. La actividad del autista no debe ser pensada en función de una intencionalidad, pero como una “normatividad” instaurada por él, en el sentido que le daría Canguilhem: la capacidad de la vida de instaurar normas, de cambiarlas, de jugar con ellas. Po lo tanto, desvalorizar la normatividad espiritual del intelecto significa sustituirlo por una normatividad natural, “innata”, anterior al lenguaje. “Nada es más difícil que dejar a la naturaleza actuar”, dice Deligny. En contra de su tiempo tan político, él evoca una “naturaleza” o lo “innato”, la capacidad de actuar del ser a- consciente, pre- lógico o pre- lingüístico. El actuar es intransitivo, no significante, sin finalidad, para nada, arácnido. Sólo cuando la conciencia se eclipsa ese innato activo aparece, como naturaleza, en infinitivo, como natura naturans como “potencia del común”. No cabe sobrecargar la tela o la red de intención o sentido bajo pena de no dejar de afirmar la red como etnia singular. En el fondo, no hay necesidad de querer para actuar. “El actuar en lugar de el espíritu”, que Deligny defiende, recuerda Sévérac, está muy cerca de Spinoza. Al anunciar que “no sabemos todavía lo que puede un cuerpo”, Spinoza evoca la figura del sonámbulo. En la Ética III, el sonámbulo aparece como dotado de una potencia efectiva, real, incluso sin tener conciencia de actuar. Un suplemento de alma en ese caso podría inhibir su acción, tan desenvuelta, tan maquinal. De hecho, nadie sabe lo que puede un cuerpo por las leyes de la naturaleza, pues nadie conoce tan bien su estructura al punto de poder explicar sus funciones. Los sonámbulos hacen un gran número de cosas que ellos no osarían hacer en estado de vigilia, lo que muestra que el cuerpo tiene, el mismo, sus leyes, que pueden suscitar el espanto o la admiración de su espíritu. He aquí el spinozismo de Deligny: más fundamental que el espíritu consciente y hablante, hay un automatismo físico, una actividad corporal que no precisa del pensamiento para producir sus efectos. Lo propio de la naturaleza es naturar, dice Sévérac, que insiste que nada conviene mejor a Deligny que ese infinitivo, el que se considera un autor en infinitivo, un infinitivo que dice la primacía antropológica y ontológica del actuar -es esa máquina de actuar que se descubre para el espíritu, entendido como voluntad o consciencia. Un modo de ser maquinal, un automatismo de espíritu o autómata espiritual.

Pero Sévérac agrega que “actuar en el lugar del espíritu” no significa que el “actuar” reemplaza el espíritu, pero el actuar es el lugar mismo del espíritu, un espíritu pensado como no intencional, a-consciente. Así, el autor puede concluir que las líneas de errancia son los lugares mismos del espíritu, y lo trazado, que no quiere decir nada, es un actuar sin sujeto ni objeto.

 

 Líneas

¿Qué son, entonces, las líneas de errancia? Son el trazado, sobre hojas de papel transparente, del equipo de adultos que acompañan a los niños, a partir de los trayectos hechos por ellos a lo largo de un día, una jornada. En general, bajo la hoja transparente hay otra hoja, como un mapa físico del terreno recorrido. Entonces, se trata de trazar los trayectos de los niños autistas, de los adultos, en diferentes colores o modos: los trayectos de los autistas a veces en tinta china, con todos sus desvíos sutiles, giros, escapadas, recurrencias. Con otros medios o colores, el trayecto llamado costumbrero, línea flexible para el trayecto de errancia, y línea de fuga para los desvíos, las escapadas -todo eso, grosso modo. Pero, al final, ¿para qué trazar las líneas, hacer tales mapas? El mapa sustituye el hablar. Es una manera de evitar el exceso de comprensión que tornaría invivible la existencia del autista, y también aliviar al adulto de ese desafío, sobre todo para aquel operario, por ejemplo, que viene de una fábrica de camiones y que “no sabe” lo que es el autismo -no es “especialista”, y es esto lo que lo salva y salva al autista.

En vez de querer comprender, y eventualmente significar, interpretar, hay que trazar, cartografiar, diría Guattari, seguir el curso de las cosas, como se dice, seguir el curso de un río, y no fijarse en las supuestas intenciones siempre proyectadas, presupuestas… Seguir los gestos, y en eso percibir lo que todo eso, esa trashumancia -cabras, adultos, autistas, en desplazamiento, pero repasando a través de las referencias-, permite aquello que Deligny llamaría iniciativas. No interpelar, pero permitir. Fue preciso entonces crear un espacio para eso, esto es, para el resto, o sea, para aquello que es refractario a la comprensión, para ese dominio que un signo no cubre. Cuando lo venían a visitar, Deligny decía: venga a ver los acontecimientos a partir de mi ventana. Pero agregaba: ahora, si cada uno ve los acontecimientos a partir de su ventana, puede ser que el autista no tenga ventana. Pero él traza. Se trata, pues, de seguir ese trazado…[4]

 

Ahí

            Diez años después de iniciada esa experiencia por donde pasaron sesenta niños, pues ellos venían por uno, dos meses, a veces más, traídos por las familias, sobre todo durante las vacaciones de las instituciones que frecuentaban, con excepción de aquellos pocos que vivían allí todo el tiempo. Deligny relata lo que allí importaba, yo hablo de esa práctica de inscribir, sobre hojas transparentes, los trayectos de unos y otros, líneas de errancia, y de mirarlas, y elogiaba el hecho de que, acumuladas, ya no se sabía bien de quién eran, así que no importa el quién, y en ese olvido barajado era posible ver la superposición de los “restos” y la reiteración de lo refractario a toda comprensión. En vez del abrazo comprensivo o del emprendedurismo del monitor, o del maternaje o de cualquier guion de familiarismo que infantilizase, en vez de eso, el respeto -pero de qué? – de los encastres (chevêtres), las vigas madres de las ligaduras, son los ahí, puntos en que las líneas se cruzan en el espacio y en el tiempo, puntos que a veces son comunes en diferentes mapas. Hay, por ejemplo, en esas líneas de errancia, lugares de atracción, por ejemplo, la fuente de agua, o mismo una corriente de agua otrora objeto de culto, ya cubierta, que sólo los autistas detectan. El autista que Deligny adopta en 1967, y que convive por años, rebautizado Janmari, se curva delante del agua, hace como una reverencia, y pasa mucho tiempo oyendo y contemplando, su cuerpo en total vibración, exultación… el agua, como dice Deligny, no es para él un objeto pues él no es un sujeto…el agua, sin ninguna utilidad, ningún provecho, ninguna finalidad, no tiene nada que ver con la sed del animal, pues la atracción por el agua viene antes de la sed y es inagotable. Es una ligadura que no debería ser rebatida sobre lo discursivo[5].

 

El mínimo gesto

Por un lado tendríamos el perorar (hablar con afectación, llevar un discurso hasta el final), que es lo que nos es común a todos, y, por otro lado, el detectar, el reparar, ese ver que es lo esencial en los niños privados de perorar…. Ellos no miran, ellos ven, ven sin mirar, videntes[6]….Ese ver (ce voir), y no verse (Se voir), de modo que, entre nuestro punto de vista y el “punto de ver” del autista, hay una fisura. Y en el área de estancia donde se da la convivencia, en general un claro en un terreno amplio, accidentado, lleno de piedras y reentradas, como las Cevenas, esa fisura aparece, sin impedir que se componga lo común… En los mapas, también aparece la ranura entre el Verse y ese ver, inclusive por las líneas diseñadas diferentes, y no se trata de llenarla de lo que Deligny llama la memoria étnica, lenguajera, consciente o inconsciente, sustituyéndose la memoria específica, a- consciente. La imagen del bonhomme, del hombrecito[7], no debería sobreponerse al trayecto -y todo el peligro, es que el trayecto sea “humanizado”. En los primeros mapas no se transcribía lo que se “hacía”, aunque con el tiempo se fueron agregando pequeños signos, o palabras, tales como “estibar”, “carga”, “cáscara”, “lavado”, y, con la multiplicación de esas palabras, se depositó como una sobrecarga de haceres, a contramano de aquello que desde el inicio estaba colocado, el actuar contrapuesto al hacer, el actuar que abre a la iniciativa, a los gestos inadvertidos, sin finalidad… Como en el film El menor gesto, con Yves, persona con deficiencia mental que, cuando llegó a Deligny, conseguía mal bajar una escalera, tan restringido en sus gestos y movimientos y que, en el film, es lanzado en el espacio abierto de las Cevenas, donde, frente a la cámara, para sorpresa general, encuentra las circunstancias propicias para alargar sus gestos, que se multiplican, varían, se inventan, ampliando su campo de posibilidades. Esa habría sido la intención de José Manenti al realizar con Deligny El menor gesto: no hacer un film, pero favorecer la ampliación del gesto de Yves en un espacio abierto.

           

[1] Esa distinción puede ser remitida a Artistóteles, que diferencia una poiesis, un hacer que tiene por objetivo un producto fuera de si (hacer obra), y la praxis, que es un actuar cuyo sentido se agota en si (el buen actuar).

[2] Nota de traducción: “líneas de errancia” es una traducción interpretativa de la expresión en francés “lignes d’erre” empleada por Deligny.

[3] Nota de traducción: “padremadre” es un neologismo que Deligny emplea en “L´Arachnéen et autres textes”. En castellano: “Lo Arácnido y otros textos”. Editorial Cactus, Argentina. 2015 (Ver: páginas  29 y 38).

[4] F. Deligny, O aracniano e outros textos Op. Cit. P. 147

[5] F. Deligny, Oeuvres. Op. cit. P. 804.

[6] En un libro reciente, Erin Manning se vale de poemas y textos mecanografiados por autistas para aproximarse al universo de ellos, de su percepción, sensibilidad, articulaciones, pensamientos. De eso ella extrae un fascinante panorama de aquello que, al parecer una afectibilidad disminuida es, de hecho, una sensibilidad ampliada, en la cual no hay privilegio de lo humano, pero si una relevancia de todos los elementos y de sus conexiones, sin discriminación: “todo está vivo”.

[7] Nota de traducción: hombrecito o monigote. Deligny emplea esta expresión para referirse tanto al monigote que dibujan (o no) los niños, como al dibujo de una pequeña figura humana, en algunos mapas, que indicaba la presencia cercana de un adulto.

Fuente: http://lobosuelto.com/?p=22734

Mónica Bruckmann: «Si el programa de Bolsonaro se pone en práctica asistiremos a la profundización de una reprimarización de la economía brasileña»

23feb-19
Publicada el 23 febrero, 2019
por admin

Por Natalia Aruguete

Natalia Aruguete.- ¿Cómo evalúa las iniciativas en política exterior del gobierno de Bolsonaro?

Mónica Bruckmann.- Asistimos al abandono de la política exterior inaugurada por el primer gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva, donde Brasil dinamizó los procesos y proyectos de integración regional. Este cambio se inició con el gobierno de Temer, cuyo canciller José Serra declaró que la UNASUR ya no tenía mayor importancia y que Brasil debía recuperar sus relaciones estratégicas con Estados Unidos. Según el ministro de Hacienda, Paulo Guedes, el Mercosur tampoco es “prioridad” para Brasil. Bolsonaro asumirá los compromisos internacionales y promoverá un realineamiento geopolítico con Estados Unidos, pero también con la derecha mundial: Israel, Italia y Hungría, que estuvo presente en la toma de mando del 1°de enero. La fundación Indigo, perteneciente al Partido Social Liberal (PSL), mantuvo una reunión en Foz de Iguazú con el objetivo de articular a los sectores más conservadores de América latina y formar un bloque de oposición al Foro de Sao Paulo. Mientras que en Europa se está organizando una reunión coordinada por el ex asesor de Donald Trump, Steve Bannon, donde el gobierno de Bolsonaro pretende tener un papel importante.

Natalia Aruguete.- ¿Cómo cree que seguirá la alianza de los BRICS después de este giro? 

Mónica Bruckmann.- A la desaceleración de la participación de Brasil en los BRICS que vivimos en los últimos tres años se suma ahora una abierta oposición. Lo cierto es que con la salida de Brasil de los BRICS la región entera pierde mucho peso en este espacio de coordinación global.

Natalia Aruguete.- ¿Por qué incluye a la región?

Mónica Bruckmann.- El dinamismo de la economía mundial se está desplazando desde Europa y Estados Unidos hacia Oriente. Desde 2014, el Fondo Monetario reconoce que China encabeza el ranking de las diez mayores economías del mundo. Precisamente los BRICS están conduciendo este proceso de grandes transformaciones, no solo de tipo económico sino también de capacidades locales de producción científica y tecnológica y de disputa por las tecnologías de punta en sectores estratégicos. En este momento, China es el país que más invierte en energías renovables a nivel mundial y está avanzando en la producción de nuevos materiales importantísimos para un cambio de matriz energética.

Natalia Aruguete.- ¿Cuál es el interés de Estados Unidos en la economía brasileña? 

Mónica Bruckmann.- El gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva descubrió reservas importantísimas en el zócalo marino, conocidas como presal. Esas reservas han colocado a Brasil como la 15° reserva a nivel mundial. Ahora, si las reservas estimadas se comprueban Brasil podría convertirse en la 3° reserva mundial de petróleo, después de Venezuela y Arabia Saudita. Cuando se descubrió el presal, se estableció la obligatoriedad de que la Petrobras participara de cualquier tipo de actividad que incluyera al presal y se estableció una participación mínima de 30% de sus ganancias. A inicios del gobierno de Temer se aprobó una medida provisoria que puso fin a estos dos aspectos. Una tercera cuestión apunta a la ley de contenido tecnológico local, que permitía a Brasil producir gran parte de la tecnología necesaria para la extracción del petróleo del presal. Durante la gestión Temer se terminó con esta norma, de manera que en poco más de dos años Brasil pasó de ser autosuficiente en derivados de petróleo a importarlos. Es decir, exporta petróleo a Estados Unidos e importa de Estados Unidos los derivados de petróleo, que representan más del 50% de su consumo. Si el programa de Bolsonaro se pone en práctica asistiremos a la profundización de una reprimarización de la economía brasileña.

Natalia Aruguete.- ¿Qué medidas concretas confirmarían la tendencia a la reprimarización de la economía?Mónica Bruckmann.- Se están destruyendo las capacidades de producción tecnológica local, los laboratorios, la inversión en investigación y desarrollo. Temer aprobó una ley que congela por veinte años el gasto público en educación y en salud. El proyecto Bolsonaro puede llevar a Brasil a la época en que era exportador de materias primas sin valor agregado. Para ser exportador de bananas no se necesita tener universidades ni invertir en ciencia y tecnología.

Natalia Aruguete.- ¿Qué diferencias encuentra entre la estrategia regional que trazó Brasil en su alianza con los BRICS y un posible realineamiento con Estados Unidos? 

Mónica Bruckmann.- Con los BRICS Brasil participaba de igual a igual con las otras potencias emergentes en la definición de la nueva dinámica de la economía mundial y en una redefinición financiera. Un instrumento importante era el Banco de los BRICS, apoyado en el Banco de Desarrollo Asiático, que inicia operaciones con 100 mil millones de dólares de capital directo y un monto similar para inversiones en proyectos específicos. Mientras que el Banco Asiático de Desarrollo inicia con 200 mil millones de dólares de capital permanente. La participación de Brasil en este foro era fundamental dado que China propuso la nueva ruta de la seda. Ese puente terrestre redefine geopolíticamente el continente euroasiático, ya que une los puertos del Pacífico, en el Lejano Oriente ruso y chino, y los puertos marítimos en Europa, y ahora se incluye la ruta marítima hacia Africa. Comprende seis ejes estratégicos de producción que elevarán el consumo del 60% de la población del mundo. La participación de Brasil es muy importante porque cuando esta estrategia se encuentre en pleno desarrollo habrá demanda de recursos naturales estratégicos.

Natalia Aruguete.- ¿Qué significaría esa iniciativa para América latina?

Mónica Bruckmann.- Sería una oportunidad histórica de cambiar el paradigma actual y condicionar sus exportaciones a la agregación de cadenas de valor local, eso era lo que se discutió en la UNASUR a partir de 2012.

Natalia Aruguete.- ¿En qué consistía la estrategia de la UNASUR en ese escenario? 

Mónica Bruckmann.- En mayo de 2012 tuvimos la primera reunión de recursos naturales y desarrollo integral de la UNASUR en Caracas. A partir de esa reunión se realizaron encuentros sectoriales y se impulsaron diferentes instrumentos, por ejemplo la creación de un servicio geológico sudamericano. Era fundamental disponer de data geo-científica de recursos naturales como instrumento de soberanía regional para la producción de conocimiento y la planificación de políticas públicas a nivel nacional y regional. Esto inmediatamente fue visto como una gran amenaza para el interés de las grandes transnacionales del sector minero, que son las instituciones que detentan esa información. Otra iniciativa era la Asociación de Países Exportadores de Minerales cuyo objetivo era mejorar los términos de intercambio y ser formadores del precio internacional de minerales y recursos naturales en los cuales la región tuviese una reserva importante.

Natalia Aruguete.- ¿Por qué no llegaron a concretarse estos proyectos?

Mónica Bruckmann.- Esto se impulsó en un momento en que la visión integracionista no era única entre los doce países de la UNASUR aunque sí era hegemónica. Aun con integrantes como Colombia, Chile y Perú, miembros de la Alianza del Pacífico con la cual Estados Unidos buscaba contrarrestar el peso de la UNASUR, la visión integracionista era hegemónica y se avanzó mucho pero lamentablemente no hubo tiempo para concretar los proyectos que se elaboraron a lo largo de estos tres años. Y luego vino esta inflexión política que se inicia con la elección del presidente Mauricio Macri en Argentina, un péndulo que va nuevamente hacia la derecha y está destruyendo estos espacios de integración regional muy rápidamente. Mientras las regiones del mundo están fortaleciendo sus procesos de integración, América del Sur se está desintegrando en un sentido opuesto a los cambios que el sistema mundial exige.

Natalia Aruguete.- ¿Cree que será posible revertir el escenario internacional que usted describe? 

Mónica Bruckmann.- Sí, creo que hay piedras en el zapato de este proyecto ultraconservador a nivel global. En primer lugar, Estados Unidos es una economía en decadencia con una de las mayores deudas públicas del mundo, equivalente al 110% de su Producto Interno Bruto. En este momento, Estados Unidos no puede abrir un frente de guerra más en el mundo sin sus aliados y socios, que también están en crisis. Mi visión es que los sectores de derecha en América latina que se están realineando con Estados Unidos lo hacen desde una perspectiva más ideológica que atendiendo a las condiciones reales que ofrece Estados Unidos para sustentar una alianza a largo plazo. En segundo lugar, los gobiernos de derecha que tercamente intentan implantar una política ortodoxamente neoliberal están generando una respuesta popular muy grande. El caso de Argentina es importante. Brasil no creo que sea diferente pese a lo inédito del fenómeno Bolsonaro. Creo que habrá un desgaste político y una reacción social importantes. Este período de crisis nos da la posibilidad y la capacidad de hacer un balance crítico serio y honesto pero, al mismo tiempo, de prepararnos para un nuevo ascenso de las fuerzas progresistas y de recuperación de políticas que beneficien a los espectros más amplios de la población.

Fuente: https://www.pagina12.com.ar/172445-con-el-plan-de-bolsonaro-brasil-se-reprimariza

 

Paul Mason: «Si realmente se aplicaran las reglas de la competencia, el precio de lo que venden Google, Amazon o Facebook colapsaría»

23feb-19
Publicada el 23 febrero, 2019 1
por admin

Paul Mason es un reconocido periodista y ensayista británico. Ha trabajado para medios como BBC y Channel 4, de cuyo noticiario ha sido el editor de la sección de economía, y es columnista de The Guardian. Entre sus publicaciones cabe destacar los libros Meltdown: The End of the Age of Greed (Verso, 2009), Why It’s Kicking Off Everywhere: The New Global Revolutions (Verso, 2012), convertido también en película documental, y muy especialmente el libro Postcapitalismo: Hacia un nuevo futuro (Paidós, 2016, originalmente publicado en inglés en 2015).

José Bellver (J.B.): El número de nuestra revista para el que te esta- mos realizando esta entrevista lleva por título «Capitalismo Digital», pretendiendo enfatizar con ello la notoriedad que adquie- re el ámbito de lo digital en las dinámicas del propio sistema eco- nómico hoy en día. ¿Cómo dirías tú que está cambiando hoy el capitalismo respecto a etapas anteriores? ¿Qué es lo que carac- teriza eso que tú llamas «infocapitalismo»?

Paul Mason (P.M.): El capitalismo en el que vivimos tiene dos distorsiones que se conceptualizan como dos cuestiones separadas. La primera es fácil, tiene el valor de 20 billones de dólares de expansión cuantitativa para mantener en funcionamiento a la economía mundial. Esto es algo totalmente inusual en la historia del capitalismo de bancos centrales. Tenemos un problema de sobreen- deudamiento, con una deuda que lleva creciendo desde 2008, y esto ha hecho que apalanquemos aún más la economía. La insostenibilidad de una economía basada en la deuda, imprimiendo dinero de mane- ra perpetua desde el banco central, es evidente, pero luego está además la disfunción de lo que yo llamo infocapitalismo. Explorémoslo antes de comprender su relación con el problema financiero del “mundo real”.

El capitalismo de la información creó, en un periodo de quince años, un capitalismo cuya topografía sería irreconocible para el lector de un manual de economía convencional. De entrada, por la existencia de monopolios a gran escala: ello no supone tanto suprimir la innovación, pero sí suprime la elección, la formación de precios… Ya sabes: 0,99 euros por pista de audio en iTunes, independientemente de la demanda o la calidad de la oferta, es solo uno de los ejemplos del tipo de enormes monopolios que conocemos. Estos monopolios se han incrustado tan firmemente en la conciencia popular que ninguno de nosotros puede imaginar el mundo sin ellos. Pero los monopolios de estas dimensiones no deberían de existir en un capitalismo de libre competen- cia, con regulación de la competencia… ¿Por qué existe solo un Facebook? ¿Por qué no hay diez “facebooks”? ¿Por qué la Comisión Europea no lo hace cumplir? Ese es un primer asunto.

El siguiente problema es que se supone que deberíamos estar viendo –y la literatura académica así lo señala– cómo la automatización reduce la cantidad de trabajos, y en lugar de eso, estamos creando millones de trabajos que no deberían de existir, lo que Graeber llama trabajos de mierda. Eso tam- bién contradice la sabiduría de los manuales de economía: cuando inventas una nueva innovación, lo que se supone que sucede es que reemplazas los trabajos con máquinas, y eso no está sucediendo.

Lo tercero es que estamos viendo el surgimiento de modelos de negocios que buscan rentas a gran escala. Las llamadas “compañías unicornio” que fueron realmen- te populares hace tres años, en las que se está invirtiendo dinero offshore sin mejores destinos. Estas no son compañías tecnoló- gicas, sino compañías diseñadas para crear oportunidades de búsqueda de rentas por esa renta económica que se deduce del valor creado por el trabajador y el empresa- rio, y se posiciona entre el empresario y el cliente demandando dinero. Airbnb, Uber, TaskRabbit, WeWork, etc., son todas corpo- raciones que buscan rentas, todas ellas con pérdidas, todas sustentadas por el dinero que acumulado offshore, desde el sistema de impuestos offshore.

Por último, actualmente estamos viendo el mayor aumento de las asimetrías de información y poder en la historia de la humanidad, diría yo. Ni siquiera los gober- nantes de Mesopotamia tenían poder y secretos en la escala de Zuckerberg, Serguéi y Larry y Jeff Bezos, y por supuesto Jack Ma y los otros empresarios chinos.1

Nuevamente, el típico libro de texto de economía dice que no debería haber asimetrías de información porque el mercado libre suavizará estas asimetrías. Si enume- ras esas cuatro asimetrías, esas cuatro vastas distorsiones, estás viendo un tipo de capitalismo que se supone que no existe en los manuales. Yo diría que este tipo de capitalismo se puede dar porque tenemos una parálisis regulatoria (los reguladores no están haciendo que se cumplan las leyes de la competencia) porque están aburridos, y porque hay compañías que no pueden fallar porque el valor de 20 billones de dólares también contribuye a suprimir la competencia…

Yo soy anticapitalista y, por lo tanto, por mucho que esté entusiasmado por lo que ha logrado el capitalismo, creo que podemos hacerlo mucho mejor que eso, podemos ir más allá. Cuando observo esta forma de capitalismo, en realidad me doy cuenta de que, si se aplicaran las reglas normales, el sistema colapsaría. Me refiero a si todos pagáramos nuestra deuda, permitiéramos que las empresas fracasaran, permitiéramos que las empresas incumplieran pagos y reestructuraran sus deudas (no estamos haciendo eso), etc. Pero al mismo tiempo, se supone que está la competencia. Esta debería suprimir el precio, esto implicaría el colapso del precio de gran parte de lo que Google, Amazon y Facebook venden real- mente. Uber y Airbnb podrían ser regulados casi hasta su desaparición si los verdaderos reguladores defendieran a los consumidores y a la ciudadanía. Y la asimetría de la información podría ser fácilmente atacada con nuevas leyes de información como el GDPR,2 pero como sabes, la primera vez que ingresas en tu cuenta de Facebook después de la aprobación del GDPR, renuncias con un clic a esos derechos. Esto no puede seguir así, y si persiste, creara una forma de feudalismo digital en el que se está extrayendo el excedente mediante una interacción en red en la que el banco central crea un suministro de dinero disponible que le pasamos a Facebook, Amazon y Google, y por lo tanto a los financiadores saudíes y japoneses. No me extraña que el Softbank, efectivamente en alianza de capital japonés y saudí, esté ligado a sociedades estanca- das: Arabia Saudí no tiene población, no quiere pagar impuestos; Japón tiene una deuda del 250% del PIB y no quiere tener que devolverla ahora. Así que lo que hacen es movilizar capital hacia negocios que destruyen otros negocios, pero no agregan ningún valor al mundo, o sea que son rentistas. La palabra rentismo proviene del ataque burgués de la remanencia de la aristocracia. Esto viene de David Ricardo como un ataque al buscador de rentas. Hemos visto el ascenso del solicitante de renta, y el solicitante de renta está atacando al empresa- rio. No puede persistir, por lo tanto, es una distorsión y lo que he tratado de explicar en este breve período es que las distorsiones gemelas se relacionan entre sí: el exceso de dinero barato alimenta al tecnocapitalismo insostenible.

J.B: Entonces, ¿estás de acuerdo con la visión de Evgeny Morozov de que vivimos en una suerte de “neofeudalismobigtech”? Porque alguien que se acerque de primeras a tu idea de la tendencia al postcapitalismo puede pensar a priori que esto es un poco utópico. Pero en realidad tú en el libro sí que tienes en cuenta ese poder de las grandes empresas tecnológicas, que están “patinando al borde del caos”, al tiempo que se produce una democratización del acceso a la información… Todo esto está plagado de contradicciones, ¿no?

P.M.: Así es. Pero bueno, vamos por partes. En primer lugar, en lo que a Morozov se refiere. Es interesante, porque yo no sé muy bien qué piensa Morozov ya que en una conferencia en Barcelona hace unos meses dijo que se había alejado de la tesis del feudalismo digital… porque creo que Morozov, cuando está en su versión más pesimista, cree que este infocapitalismo que acabo de describir puede funcionar. Y puede funcionar siempre que Facebook pueda comprar cualquier otra compañía con acciones (ni siquiera comprar con efectivo), siempre que los reguladores no actúen, siempre que no haya resistencia social. Pero, creo que no es así. Más bien se derrumbará, y me complace mucho pedirle prestado a Morozov su proyección del feudalismo digital porque para mí es la versión moderna del socialismo o barbarie de Rosa Luxembourg. Para mí, el postcapitalismo es metafóricamente el equivalente al socialismo. Es el futuro que podemos crear.

Respecto a lo de que me describan como un tecno-utópico, me alegra que me vean así, porque creo que la tecnología hace posible el socialismo utópico. El socialismo utópico consistía en una vida en pequeñas comunidades, con menos tiempo de trabajo, más tiempo para practicar la alta cultura, etc. Siempre se han encontrado con dos problemas. El primero fue la escasez. El principal problema de Fourier en sus plantaciones y en sus falansterios cuando se instalaron es que no tenían suficiente para comer. El siguiente problema con el que se encontraron fue la propia mentalidad de las personas que intentaban constituir estas comunas. Eran personas que habían estado “encadenadas” doce horas al día en las fábricas o en condiciones de dura y auténtica pobreza. La misma que la que se vivía en la Francia del siglo XIX, lo que llevó a Etienne Cabet, otro socialista utópico a movilizar a gente para mudarse a Texas… Todos eran pobres, por lo que sus mentes no podían hacer frente a la libertad. Esto es lo más extraño: sus mentes volvieron al pensamiento jerárquico, por lo que la tesis de la llamada tragedia de los comunes, que yo considero una sandez, en este caso sí que fue trágica por- que había escasez y porque sus cerebros no eran libres.

Ahora nos estamos moviendo a posiciones donde hay mucha menos escasez. Hay islas de abundancia. Incluso aquí mismo. Estamos sentados en un hotel con una hermosa orquídea frente a mí. Si cojo esta flor de orquídea y salgo por la puerta, el guardia de seguridad del hotel no me va a perseguir por la calle y arrestarme, porque tenemos una situación de abundancia. No les impor- ta el coste de esto… Y tenemos mentalidades diferentes, tenemos un nuevo tipo de individuos. Sabes, me sorprendió el otro día cuando leí que Bertolt Brecht escribió una tesis sobre la teatralidad: El Pequeño organon para el teatro. Y en él, se pregunta qué representan los diferentes teatros, y se le ocurre una hermosa frase, dice: “Shakespeare representa la fascinación de un nuevo tipo de persona con una nueva libertad”. Creo que estamos rodeados de un nuevo tipo de persona, fascinada y divagando en la nueva libertad. ¿Porque qué es Tinder o Grindr, qué es Snapchat, qué es Instagram, sino la proyección del ser que se enorgullece de ser…

Mira, ayer descubrí que aquí en Madrid existen unos 800 proyectos que claramente entran en la categoría de postcapitalismo, ya sean panaderías anarquistas, jardines comunitarios, bancos de tiempo o laboratorios de hackers, etc. El Prado-Medialab puede ser también un buen ejemplo, o la conferencia que tuvimos en el Reina Sofía: usar el espacio cultural para extraer nuevos futuros también es un buen ejemplo. Existe una economía postcapitalista que existe incipientemente en la mayoría de las grandes ciudades, y las smart cities como Barcelona, como Ámsterdam, como Berlín, han entendido que esta nueva economía tiene una nueva dinámica y lo que se debe hacer es crear el espacio para ello en la jungla para que puede existir.

Así que creo que, a diferencia de Morozov –o al menos al contrario de lo que Morozov solía creer–, hay una alternativa al feudalismo digital, y a ese algo ciertamente quiero llamarlo postcapitalismo, pero no me importa cómo decida llamarlo la gente. Llámese economía cooperativa, economía social, economía solidaria… Lo que sí tengo claro es que el Estado tiene un papel que jugar en su creación. Aquí es donde yo opongo resistencia a los anarquistas. Los anarquistas vienen a decir: “a la mierda el capitalismo, construyamos sobre sus ruinas”. Yo quiero evitar que las ruinas se conviertan en ruinas, y creo que podemos tener una transición relativamente suave, pero necesitará de una lucha social.

J.B: Tú hablas de que estamos viviendo una tercera revolución industrial, aun- que señalas que está en parte truncada; en el Foro económico mundial en Davos hablaban ya de cuarta revolución indus- trial… En todo caso un elemento que aparece en todos los casos es la amenaza que la automatización puede suponer en términos de pérdida de empleos. Y tú en tu libro, de hecho, hablas de cómo lo que liga a muchos trabajadores al capital es hoy más el consumo y la deuda que el trabajo. ¿Cómo está cambiando la relación capital/trabajo?

P.M.: Tratemos primero lo de la terminología. No me gusta hablar de revoluciones industriales, prefiero hablar de largas ondas de desarrollo, ciclos largos, que son un patrón que desde la izquierda podemos compartir con el liberalismo schumpeteriano como una metodología para entender lo que sucede dentro del capitalismo. Pero en mi libro Postcapitalismo, y también enMeltdown en 2008, insinué lo siguiente: creo que lo que sucedió con el dinero fiduciario después de la década de 1970 retra- só el inicio de la tercera revolución industrial en el sentido de que, si pudieras evitar el colapso del capitalismo, en realidad estarías suprimiendo la innovación. Tanto es así que creo que habrá también una cuarta revolución industrial, pero las dos se unirán. La tercera fue la revolución de la red, pero aun no hemos cosechado todos los beneficios de esa tecnología de red. Quienes sí lo hecho han sido Facebook y Google. La cuarta revolución industrial será la revolución de la inteligencia artificial y el uso asociado del big data en la genómica, en la pro- ducción de alimentos, etc. Dicho de otro modo, será la concreción de la innovación digital en todo lo que es real: desde los alimentos hasta el transporte, el gobierno de las ciudades, el sistema urbano… Mi argumento fundamental es que la tecnología de la información no crea valor, destruye el valor comercial. Bien, pero al mismo tiempo crea utilidad, es la primera tecnología que puede hacer eso. En otras palabras, puede aumentar la productividad, mientras que no aumenta el coste de producción. Y no reemplaza los bienes de bajo coste con los de alto coste.

En paralelo a todo esto está el surgi- miento del neoliberalismo financiarizado. Yo de hecho creo que el neoliberalismo siem- pre iba a estar financiarizado, pero no por diseño; no es que estuviera ahí Margaret Thatcher sentada diciendo: “Primero destruyo los sindicatos, luego creo la globalización, luego se vuelve altamente financiarizada…” Lo que hicieron es que suprimieron tanto el poder de negociación salarial que en los años noventa la única forma de mantener el crecimiento era pasar por la vía del crédito. Al mismo tiempo, los partidarios de la tesis de la financiarización como Costas Lapavitsas –quien tiene razón– señalarían que el momento clave fue cuando las cor- poraciones recurrieron directamente a los mercados financieros para financiar el crecimiento, dejando a los bancos, que tradi- cionalmente lo habían hecho, extrañando a su cliente clave. Fue entonces cuando los bancos se volvieron hacia el consumidor y financiarizaron la vida del consumidor. Recordemos que, en la década de 1990, uno podía encontrar todas las mañanas debajo de su puerta cinco cartas ofrecién- dole una nueva tarjeta de crédito… ¡eso sí que era financiarización en acción! Ahora, todas nuestras vidas están financiarizadas y los flujos de excedentes corren desde cada trabajador o trabajadora en su lugar de trabajo, donde se lleva a cabo el clásico proceso marxista de creación de valor a través de la explotación, en mayor medida aún con el sistema crediticio. Si pensamos que la ganancia operativa promedio de una empresa británica sería del 10% al 12%, esto hay que compararlo con el tipo de interés promedio de una tarjeta de crédito, que es del 18%. El tipo de interés promedio de mi hipoteca a lo largo de la vida es enorme, luego está la membresía del gimnasio, el seguro, etc.

Casi podemos visualizar a una pequeña persona ahí sentada con un flujo de ganancias proveniente de ella, casi como un ectoplasma. Aunque la gran corriente de ectoplasma proviene del sistema financiero, no de la persona empleada. Además, en la medida en que están valorizando el capital que pertenece a Facebook, Google, Amazon, etc., lo están haciendo desde su teléfono móvil. Por lo tanto, la última y menos perversa de las situaciones es aquella en la que las personas pueden pagar un crédito y pueden tener un contrato de teléfono móvil. Lo que hacemos es emplearlas en trabajos que no necesitan existir. Una vez más: nadie diseñó esto. La contribución que un marxista creativo como yo puede hacer a la economía dominante es seguir insistiéndole a la gente que las leyes de la economía funcionan a sus espaldas, independientemente de sus intenciones.

Aunque, por supuesto, es el credo neoliberal el que nos trata de convencer de que todos somos agentes racionales, que perseguimos de manera racional nuestros propios beneficios. Creo que fue Walras, el fundador de la economía neoclásica, quien dijo que decir que hay leyes de la economía que operan más allá de la fuerza de voluntad de los humanos es reducir a los humanos a las etapas más animales. Por lo tanto, tenía una creencia casi religiosa en la agencia racional, y está incorporado a la economía neoclásica que no puede haber leyes que no podamos ver. Pero ¿cuál es la respuesta, por qué estamos produciendo tantos trabajos de mierda? ¿Por qué estamos crean- do enormes asimetrías de poder e información cuando no tenemos la intención de hacerlo? Tiene que haber leyes aquí, y el objetivo de la economía política es describirlas y permitir creativamente que la política y las regulaciones las aborden.

J.B: En relación, precisamente, con la economía política, o la crítica a la economía política, en tu libro haces referencia a la importancia de los escritos de Marx, en sus Grundrisse, acerca de la generación de conocimiento social, aquello que denominaba general intellect, al tener el capitalismo que desarrollar las capacidades intelectuales del trabajador y cómo eso anticipaba de alguna manera el infocapitalismo que vivimos hoy. Sin embargo, cabría preguntarse hasta qué punto ese acceso a una cuantía mayor de información está hoy sirviendo para una liberación de las clases trabajadoras o si no está en cambio dando lugar a una mayor alienación…

P.M.: Alo que ha dado lugar es a lo que yo llamaría el control algorítmico. Ahora todos tenemos un dispositivo en nuestros bolsillos que permite a las corporaciones capitalistas saber más sobre nosotros de lo que podemos saber nosotros mismos. Les permite anticipar nuestro comportamiento y, por lo tanto, necesariamente, nos controlan. Ese es el resultado distópico de la adopción masiva de estructuras de poder unilaterales.

En cuanto a Marx y los Grundrisse. Gramsci dijo que la revolución rusa de 1917 fue una revolución contra el capital, contra Das Kapital. En ese sentido, los Grundrisseson una revolución contra Das Kapital, porque contiene una historia de liberación humana en la que es la tecnología la que destruye el capitalismo, es tan simple como eso. La tecnología, dice Marx, una vez que el conocimiento necesario para ejecutar la mayoría de las máquinas es compartido, no puede existir con la propiedad privada. En otras palabras, hay una metodología tecno-marxista muy clara (no tecno-utópica) en los Grundrisse, y es por eso por lo que un montón de marxistas izquierdistas modernos pasan toda su vida atacando losGrundrisse, las llamadas “nuevas lecturas de Marx”. Se gastan cátedras enteras, doc- torados sobre por qué El Capital tiene razón y los Grundrisse están equivocados. Yo estoy en el otro bando.

Es una narrativa muy clara. Cuando creamos conocimiento social, cuando creamos el intelecto general (general intellect), la propiedad privada no puede contenerlo. Esto es lo que quiero decir con la idea de democracia digital: cuando descubrimos un defecto en un programa de ordenador y lo rectificamos, todo el mundo se beneficia de ello a la mañana siguiente. Cuando la compañía aeroespacial Pratt & Whitney registran en tiempo real el funcionamiento de cada turborreactor, el funcionamiento de cada jet que fabrican en el mundo y, por lo tanto, puede anticipar que nuestro modelo 1056 sufrirá un fallo técnico, eso implica que todos esos motores pueden repararse para evitar ese fallo, y eso supone una gran mejoría en la utilidad, que podemos aprovechar para ayudar a liberar a la humanidad de la miseria, la pobreza y todo lo demás. El punto es que tenemos que entenderlo como un potencial y tomar control de ello. Por el momento solo estamos cosechando los beneficios accidentalmente.

Es como si estuviéramos en Ámsterdam en 1618 y dijéramos “¡hey, chicos! tenemos una bolsa de valores, tenemos un mercado de divisas, tenemos un banco central, tenemos un periódico, tenemos una república y tenemos una empresa enorme… ¿Qué es esto? ¿Es solo feudalismo solo que mejorado?”. Pues claro que no. Podemos ver en los rostros de las pinturas de Rembrandt que se dan cuenta de esto. Es como si dijeran: “¡Ostrás, este es un sistema completa- mente nuevo! Hay posibilidades completamente nuevas. Trabajemos en ciencia, como dice Spinoza, hagamos algunos microscopios y descubramos … ¡el mundo!” Y estamos sentados allí frente a esta cosa nueva y sorprendente, y la estamos tratando como una excrecencia de lo antiguo. La tesis del postcapitalismo está ahí para permitirnos replantear lo que tenemos como algo nuevo.

J.B: Pero hay algo que mencionaste en la conferencia que diste en el Museo Reina Sofía –aunque pasaras muy rápido sobre ello– que podría cuestionar toda esta visión del progreso tecnológico,que es la cuestión de los límites ecológicos. De hecho es algo sobre lo que ya tenía planteado preguntarte porque para mi sorpresa vi hace poco que has escrito una novela titulada Rare Earths, un tipo de minerales esenciales para el desarrollo de las TIC, al igual que otros tantos que se clasifican en la UE como “minerales críticos” y, sin embargo, no sé hasta qué punto contemplas las limitaciones que puede suponer para las dinámicas basadas en estos avances tecnológicos cualquier tipo de shock de oferta en este campo por cuestiones geopolíticas (ej. un corte de suministro de las tierras raras chinas) o por problemas de agota- miento ante demandas exponenciales (con este u otros minerales).

P.M.: Lo contemplo, sí. Los choques geopolíticos de suministro van a suceder, no podremos detenerlos. Solo podemos decir que en el período actual donde, debido a que el neoliberalismo fracasó, la narrativa del neoliberalismo está fallando en apunta- lar una democracia conservadora. Existe el peligro de que la globalización salga dispa- rada. Eso es un peligro real y la izquierda debe estar del lado de un mayor control del orden multilateral, no creo que debamos apoyar la ruptura nacionalista de la globalización…

En el libro hablé de tres ceros: “cero trabajo”, “cero precio” y “cero carbono”. Ese es el objetivo final. Si se dieran, estaríamos claramente en una economía postcapitalista. Probablemente estaríamos en lo que Marx llamó el comienzo de la historia humana. Pero debería haber agregado un cero que fuera “cero extracción”, porque me di cuenta, en los años entre la escritura del libro y ahora, del verdadero potencial de la economía circular. Ellen MacArthur, con quien me reuní y discutí, en muchos sentidos es solo una especie de capitalista liberal de izquierdas, pero comprendió profundamente que la economía circular es una posibilidad real.

Mira, fui con un amigo –un colega que es un consultor ambiental– a los acantilados de las Gales con un biólogo marino y un diseñador. El biólogo marino, tirando de las algas que no se despegaban de la roca le dice al diseñador: “diseña esto”. El diseñador dice “vale, no podemos, pero podríamos tratar de diseñar una característica fundamental de esas algas, que es la permanencia, porque se autoreproducen”. Así que he observado a un biólogo marino, un consultor ambiental y un diseñador de muebles trabajando juntos. ¿Cuál fue el resultado? Pues muebles que están diseñados para poder reciclarse o durar para siempre, buscando así una auténtica circularidad.

Así que volviendo sobre lo de las tierras raras. Yo he estado cerca –tampoco puedes acercarte mucho– de la mina en Baotou, China, de la que proviene la mayor parte de ese mineral. Es una cicatriz horrible en la superficie de la Tierra que se puede ver desde el espacio. Pero en realidad, sospecho que podemos tener suficientes minerales de tierras raras ya para hacer funcionar lo que necesitamos. Lo que entonces deberíamos hacer es algo como lo que se ha hecho de una manera muy deficiente en un lugar como Filipinas. Allí, los chicos de los barrios marginales se dedican a rescatar cobre de las computadoras desechadas. Esto pronto sucederá también con las tierras raras.

Creo que el desafío consiste en diseñar nuevas tecnologías que no necesiten mucha más extracción. Tenemos que salvar la biosfera de la Tierra. El problema es que las personas progresistas entienden esto y, sin embargo, me reúno una y otra vez con personas que pueden imaginar una transi- ción hacia una economía con bajo consumo de carbono y baja extracción, pero no pue- den imaginar cómo será esa economía. Eso es lo que pretende la tesis del poscapitalismo. Es decir, una lógica del compartir, un nivel alto del peer to peer, un elevado uso de bienes comunes… El otro día veíamos los cerca de 800 proyectos que hacen de Madrid un centro interesante para los inicios de una economía poscapitalista. Pero también señalaría que, por ejemplo, en este hotel en el que estamos sentados, su personal interactúa con Wikipedia (que es un producto gratuito), su personal interactúa con los estándares globales cuando están instalando una computadora o el sistema wifi. El wifi es un estándar global y aunque el router para el wifi cuesta dinero, el wifiestándar, que es solo un conjunto de números, es gratuito.

Para mí, los estándares globales son un verdadero gran emblema de lo que Marx llamó conocimiento social. Así que estamos rodeados de ejemplos de postcapitalismo. Todo lo que tenemos que hacer es convencer a los reguladores y los políticos de que una transición es posible. Y luego puedo decirle a quienes trabajan en este hotel: “¿Por qué no funcionáis como una cooperativa?”. Lo mismo con la seguridad: he observado que aquí todas las personas que tienen una función de poca cualificación llevan una chaqueta que pertenece a una empresa de seguridad. Tal vez sea una buena empresa con excelentes prácticas de empleo, pero muchas de estas empresas son lo opuesto. Permitamos que cualquier fuerza de trabajo que quiera dirigir sus negocios como una cooperativa, todo lo que necesitamos es una legislación de un párrafo. Esto es de lo que quiero convencer a los partidos de izquierda de que comiencen a adoptar: la cuestión de las formas alternativas de propiedad. En el Partido Laborista británico, hemos publicado un libro verde sobre esto. Realmente espero poder persuadir a mis colegas laboristas para llevar esto a cabo si alguna vez llegamos al poder. Las nuevas formas de propiedad son realmente muy importantes.

J.B: Y con respecto a los otros “ceros” que mencionabas, especialmente el de “cero trabajo”… en tu libro, hablas sobre uno de los problemas que surge junto con el cambio climático, que es el del envejecimiento de la población. Esto supone que más personas requerirán cuidados. Un tipo de trabajos que, remunerados o no, han realizado tradicionalmente las mujeres debido a la dimensión patriarcal de nuestras sociedades. En una sociedad de post-capitalismo emancipadora habrá que aumentar y repartir estos trabajos. Esto anticipa una situa- ción de más trabajo, no menos, al mar- gen de si es a cambio de una remuneración o no…

P.M.: Bueno, ahí está la cuestión… En realidad, lo de “cero trabajo” es solo un diseño metafórico, siempre habrá algo de trabajo remunerado, habrá un sector asalariado de mano de obra y mercado, pero se verá abrumado por un sector voluntario de igual a igual y un sector estatal. En el otro extremo de la transición hay serios problemas. Digamos que las transiciones duran cien años; puede haber serios problemas para manejar esa transición. Aprendí una cosa al releer al economista soviético Yevgueni Preobrazhenski, a quien dispararon en 1938, y que tuvo una relación extraña con Stalin, al que acabó rindiéndose. Pero en el momento en que se resistía a Stalin y al estalinismo, sus escritos insistían en que cuando estás en una transición más allá del mercado, la transición en sí misma tiene leyes que operan a tus espaldas, por lo tanto, no puedes controlarlo todo. Lo que debemos hacer es, de manera prudencial, avanzar hacia la meta y, a medida que lo hagas, llegará la gran crisis… Y mira, yo no dudo en hablar de un período de cien años, porque no estaré aquí, solo quiero que la gente sepa que, en algún momento, el mercado será demasiado pequeño como para sostener al Estado. Y en ese punto, la transición tendrá que ser realmente rápida, hará falta grandes dosis de voluntarismo, la interacción entre iguales, trabajo no remunerado…

J.B: Entonces sí que seguiría habiendo trabajos…

P.M.: Bueno la verdad es que no lo sé, porque no sé cómo serán los seres humanos, pero tal vez algunos seres humanos real- mente valoren pasar ocho horas al día con una persona con Alzheimer, o tal vez logremos una cura para el Alzheimer… Quizás incluso se cure la fragilidad en todas las edades de modo que una persona mayor, hasta su muerte, pudiera estar tan en forma y activa como tú, tal vez… Pero seguirán necesitando compañía, y seguirán necesitando lugares para ir a comer, pero tal vez se sienten en una cafetería y trabajen en sus portátiles, como hace hoy la gente joven.

Supongamos, en cualquier caso, que necesiten cuidados, entonces tendríamos que tomar una decisión social, una serie de decisiones individuales. ¿Queremos, como en Japón, crear formas automatizadas de cuidados para las personas mayores? Ya sabes, en Japón ahora tienen robots para eso, y a mí no me gustan los robots, creo que los robots son como una macro aplicada a un ser humano; pero en todo caso es una opción. O en cambio podríamos decir que todo el mundo tiene que hacer un día de trabajo de cuidados a la semana. Así que, en lugar de las obligaciones del mercado que tienes ahora –te levantas, fumas un cigarrillo, tomas un café y trabajas durante ocho horas solo para poder vivir al final del día– tal vez tengamos obligaciones sociales y derechos, más que sistemas económicos que nos fuerzan a hacer las cosas. Sería algo que las sociedades tendrían que decidir.

J.B: Tú vienes de una tradición marxista y hay mucha gente de esa tradición que ahora está hablando sobre las posibilidades que la tecnología le brinda al cálculo económico, a la planificación eco- nómica… ¿Qué opinas acerca de aquello que algunos autores llaman “cibercomunismo”?

P.M.: La verdad es que me disgusta y de hecho creo que es una chorrada. En el libro los ataco, ya que tomo sus ideas en serio, pero no se les está tomando en serio. Porque, por supuesto, fue Hayek quien admitió que, si hubiera un ordenador lo suficientemente bueno, el plan (estatal) podría funcionar. El problema es que Hayek y Oskar Lange, con quienes estaba debatiendo, vivían ambos en sociedades jerárquicas en las que la gente vivía en la misma ciudad, trabajaba en el mismo lugar de trabajo, había una economía de consumo muy limitada. Planear una economía en términos de sistemas de transporte, sistemas de ingeniería y sistemas de vivienda es realmente fácil. Pero planear una economía donde hay 300 tipos de calzado deportivo no es tan fácil. Y los “ciber-comunistas” hablan de una economía planificada para la Unión Europea… Ellos, al igual que yo, querrían que el dinero empezara a reflejar la teoría del valor-trabajo, por lo que querrían sellar o volver a sellar dinero con fichas de trabajo, al igual que Robert Owen, el socialista utópico en el siglo XIX que emitió dinero con una equivalencia en horas de trabajo. Eso es posible; pero lo que no es posible es, como ellos mismos admiten, aquello que decía Trotsky de planificar hasta el último botón de tu chaleco. Tienes que poder planificar la demanda, anticipar cuántos botones vamos a necesitar, etc. Tal vez se podría, pero vivimos en un mundo de propiedad intelectual de alta diversidad y, por lo tanto, la mejor manera de lograr una sociedad sin trabajo y sin clases es crear un pro- ceso granular desde abajo, pero esto es algo necesariamente caótico y debería ser más una cuestión de gestión que de planificación política.

Porque la lección al respecto del siglo XX es que la planificación es difícil de hacer incluso cuando tienes una policía secreta y un gulag… Lo que yo defiendo es que pueda haber alguna forma de planificación que comience desde el modelado y el control democrático. Y podemos decidir hacer un modelo de Madrid sin coches privados, viendo a ver cuál sería su impacto social durante veinte años, después modelar qué sucedería con un 1% del número de coches que existe ahora, y así sucesivamente con una super-computadora, y a partir de ahí tomar una decisión democrática. Le podrás dices a la gente: “mira va a ser caótico, pero es probable que podamos deshacernos de la mayoría de los coches privados en Madrid en los próximos diez años. ¿Quieres hacerlo o no? Eso sí, si no lo hacemos, tus hijos crecerán como un 10% más estúpidos porque los plomos y la gasolina matarán sus células cerebrales, pero está bien, depende de ti…”.

En mi opinión, es importante darse cuenta de que la transición, aunque lleve más de cien años, es un proceso objetivo, no un triunfo nietzcheano cuasi-heroico de la voluntad. Este fue también el error que cometió la planificación soviética. Querían lograr cinco años en cuatro.

J.B: En todo caso para poder elaborar esos modelos informáticos necesitaría- mos aquello de la “socialización de los datos”, ¿no?

P.M.: Claro, y ahí es donde tiene que darse la batalla contra Amazon, Google y Apple; ellos tienen los datos y nosotros tenemos que sacárselos. Pero al igual que en Barcelona, se puede empezar diciendo que vamos a convertirnos en una smart city y que los datos producidos por esa smart city serán un bien público. Eso es lo que Francesca Bria y Ada Colau han hecho. Así que yo digo que hagamos esto a gran escala.

En realidad creo que, en la sociedades democráticas, vamos a terminar teniendo que enfrentarnos a un problema de derechos democráticos que es el de la identidad digital. Una identidad digital única en lugar de un carné de identidad va a ser algo real- mente importante, y quién la controla, quién revoca el acceso a ella será un asunto fundamental. La Inteligencia Artificial (IA), que se avecina, planteará la cuestión de forma muy precisa: quién controla los datos y quién puede acceder a qué. Tal como yo lo veo, una opción sería algún tipo de sistema de permiso revocable por el cual mis datos se encuentran en una propiedad pública, no necesariamente del Estado, sino gestionado por una ONG pública que posea los datos básicos la gente y nos permita en tiempo real retirar o dar permiso para que corporaciones o el Estado accedan a ella. Creo que a los super-anarquistas no les gustaría tener una identificación digital, pero no puedes ser anónimo en la sociedad civil, como sí puedes serlo en Reddit y Twitter. Y esto debería ser más exigible. Yo prefiero que pueda rastrearse una cuenta de Twitter hasta una sola persona, y luego, si quieres discutir de forma anónima, que lo puedas hacer; pero lo que estamos viendo ahora son enormes abusos por parte de personas anónimas. A medida que la sociedad civil se mueve en la red, cualquiera puede acusarte de un delito y esto puede tomarse en serio por parte de millones de personas. En el sistema feudal, incluso los reyes tenían leyes que impedían las falsas acusaciones contra las personas. En cambio, ahora tenemos a nuestro alrededor un sistema de falsas acusaciones y en el que se desea destruir la salud mental de las personas, suprimir los movimientos de liberación de las mujeres… Así que creo que el anonimato tiene un recorrido muy limitado. Para que nos entendamos: en el sistema de salud no quiero ser anónimo. Si de repente dice: “mierda, a este tío le está pasando algo malo”, quiero que lo siguiente sea “Ah vale, el paciente es éste, con este expediente, pues vamos a salvarlo”.

J.B: Si me permites, me gustaría hacerte un par de preguntas más, estas más relacionadas con los debates actuales. La primera tiene que ver con la renta básica. Porque creo que puede ser interesante aquello de desligar trabajo y los ingresos; puede incrementar las posibilidades de elección de vida a las personas, empezando por el tipo de trabajos por los que se opta o promover un mejor equilibrio entre trabajo y vida. Sin embargo, existen algunos problemas con esta propuesta, como los planteados por ejemplo por el economista Anthony Atkinson en relación con el altísimo aumento de los impuestos que esto puede implicar para financiarlo. Por otro lado, desde el punto de vista de las necesidades humanas, Ian Gough critica el hecho de que está muy centrada en el dinero, mientras que en su lugar podría pensarse en una provisión de bienes públicos colectivos. ¿Qué opinas al respecto?

P.M.: Recordemos que la renta básica sí que te ayuda a sortear toda esa enorme burocracia que afecta a las vidas de las per- sonas más pobres. Incluso para obtener beneficios de asistencia social, tienes que pasar por cantidad de requisitos y entrevistas… Podríamos simplemente erradicar eso, así que también hay un aspecto de eficiencia. Podríamos tomar todos los beneficios de esas prestaciones y otorgarlos incondicionalmente a todo el mundo sin condiciones, ahorraríamos una gran cantidad de costes de administración. Sin embargo, en una sociedad de alto bienes- tar, sí es cierto que se logran mejores resultados a través de la provisión de servicios básicos universales, y creo que eso es lo que han mostrado los ensayos de renta básica. En EEUU, donde no hay un estado de bienestar, podría ser más fácil darles a todos 6.000 dólares, pero en los países escandinavos podría ser más fácil tratar de calcular la rapidez con la que podríamos reducir los costes de impuestos y servicios públicos a cero. Serían cuatro ámbitos esenciales: atención médica gratuita (incluida la salud mental, odontología, fisioterapia); educación gratuita (universidad y, por supuesto, todo el periodo de escolarización); transporte gratuito y vivienda, con un alquiler asequible y garantizada. Eso es la socialdemocracia moderna, pero también es el postcapitalismo, porque entonces podrías sobrevivir… ¡Qué narices, yo sobreviviría felizmente: dedicaría el resto de mi vida a escribir novelas!

J.B: Pero está también la cuestión de que la participación en actividades pro- ductivas y reproductivas es también algo importante para las personas, ¿no?

P.M.: Sí, pero no necesariamente es importante que lo hagan dependiendo por completo de un salario. Si te fijas por ejemplo en el mundo del teatro, está lleno de gente mal pagada. Lo que es importante para ellos es tener suficiente para sobrevivir, para que puedan acceder a este increíble mundo del teatro que les da la vida. Conozco a muchas personas que trabajan en el teatro porque de hecho he trabajado en un teatro. Lo que esa gente hace cuando no están actuando es ir a tomar un café en el teatro o ir a otro teatro, o ir a una galería de arte. Viven con muy poco dinero, y sí, siempre se quejan, como todos nos quejamos; pero yo diría que esa creencia de que necesitamos un trabajo asalariado para mantener nuestra autoimagen es históricamente contingente.

De hecho, en su nivel bajo, cuando ves el personal de limpieza contratado por la vía de un mensaje de texto, o que echan con unsms, a quienes pueden avisar con sólo una hora de anticipación, que nunca ven a un gerente (este sólo tiene que apuntar en una casilla si el servicio ha sido realizado o no, lo cual sabe por un mensaje que recibe)… esto no parece el tipo de trabajo en el que te puedas sentir identificado. Cuando yo trabajaba en la BBC, cuando cogía el teléfono decía “Paul Mason, BBC”. Pues bien, estos limpiadores no creo que cuando cojan el teléfono digan “Juanita, de Hecta- Cleaners”… No tienen sentimiento de identificación alguno con su trabajo, su trabajo es solo un tipo de tortura; su vida, al margen de esto, es con lo que se identifican.

J.B: Para terminar, me gustaría pregun- tarte sobre algo que está más vinculado con las últimas noticias sobre el Brexit. Te escuché decir que una parte del argu- mentario a favor era en términos de lucha contra las élites, pero el último acuerdo firmado ahora lo apoyan muchos foros de esa propia élite. Al mismo tiempo, me gustaría saber tu opinión sobre esta situación de gran retroceso o involución marcado por el aumento de las posiciones proteccionistas y nacionalistas en la actualidad.

P.M.: Bueno, el auge del neoliberalismo nacional es una respuesta lógica al fracaso del neoliberalismo globalista. Las elites quieren seguir desregulando los mercados y el sistema financiero, por lo que dicen que “si no puede sobrevivir como un sistema global, protejámoslo al menos en Gran Bretaña”. Ese fue el impulso. Y la élite conservadora de la derecha británica creyeron que al separarse de la Unión Europea podrán establecer acuerdos comerciales de inmediato y convertirse en una especie de Singapur de Europa. Sin embargo, esto fue una ilusión. Además, era imposible saber esto de antemano porque nadie lo había intentado antes.

Europa es un superpoder regulador. Si estás cerca, debes reflejar sus reglas, por lo que, en este sentido, la versión de derechas del Brexit siempre fue una ilusión. Sin embargo, fue una revuelta de los trabajadores contra la élite, está absolutamente claro. Al margen de lo que dijeran los conservadores, lo que dice la gente es algo así como “hemos sido ignorados durante años, tenemos una capa de gobierno sobre otra gobernándonos, una de las cuales es una UE que nunca vemos, apenas sabemos quién nos representa, pues eliminemos una capa de gobierno”. Era casi una cosa anárquica. Sí, ciertamente estaba revestido de xenofobia y racismo en algunas de estas comunidades, pero ¿quién tiene la culpa de eso? Como la elite liberal nunca fue a esos lugares para decir que lo de Europa era algo bueno, otros fueron a esas comunidades para decir que Europa era algo malo. El neoliberalismo siempre avivó el nacionalismo y la xenofobia, diciendo cosas como: “vivimos en una economía global, es genial, somos cosmopolitas, pero aún somos el país más grande del mundo y nuestra herencia imperial es gloriosa”. Es lo que dijo la derecha británica, y ahora estamos pagando el precio de esta disonancia cognitiva, de esta mentira.

Por lo tanto, el Brexit ha demostrado lo difícil que es salir de Europa, y la lección para la izquierda española es que tiene que tratar de hacer lo que pueda dentro de Europa. La eurozona es diferente. Si pudiera destruir la zona euro con una varita mágica, lo haría, porque es una máquina para enriquecer al capital alemán y empobrecer a la periferia de Europa.

En términos prácticos, ¿qué se puede hacer? La derecha podría ganar, numérica- mente, las elecciones europeas de 2019. En la práctica, para detenerlos, el centro- izquierda, la izquierda y los verdes deben unirse. Debería haber sólo un candidato y en el Parlamento deberían actuar como un bloque e intentar tomar la Comisión y decir: “Los progresistas de Europa hemos ganado”. No harán eso, pero yo les sigo aconsejando que lo hagan. En todo caso este puede ser el momento de la verdad para Europa, porque puede convertirse en un proceso de desintegración.

Para nosotros, la izquierda, nuestro llamado urgente en este momento debería ser el de reformar el Tratado de Lisboa, reescribirlo. Y aunque sea duro decir esto, si Europa del Este no quiere, habrá que reescribirlo como una reducción de las cuatro libertades. Esto es más barreras para el movimiento del trabajo, más condiciones para el movimiento de capital… y vale, tenemos libre comercio, pero no vamos a aceptar los TRIPS (siglas en inglés del Acuerdo sobre los aspectos de los derechos de propiedad intelectual de la OMC) relacionados con el Comercio, no vamos a aceptar algunas reglas de la OMC. Realmente tenemos que reconfigurar Europa para defender al pueblo de Europa. ¿Por qué? Porque quiero que Europa se convierta en un lugar donde la gente acepte a los refugiados en lugar de dispararles al tiempo que se genere una buena economía vibrante que a todo el mundo le guste. Así que la reforma de Lisboa es crítica. ¿Quién lo va a bloquear? Por supuesto, la élite alemana; por supuesto, la elite austriaca y holandesa, los países del Este… Y aquí es donde mi opinión es polémica. Europa del Este tiene élites y personas que no están interesadas en la justicia social pues que sigan adelante como un Estado colchón de Vladimir Putin mientras que Europa Occidental (España, Portugal, etc.), que tiene democracias sólidas, culturas democráticas fuertes y fuertes impulsos en favor del bienestar (tenían estados de bienestar) continúen con la construcción de una nueva Europa. Si tenemos que tener una Europa de dos velocidades, tengámosla. No podemos hacer todo. Necesitamos salvar la democracia como prioridad número uno. Ese es mi punto de vista, y nosotros, en Gran Bretaña, hemos estado lidiando con esto durante dos años. Mi consejo para todos es evitar un escenario tipo Brexit, porque distrae de todos los demás problemas. Le pregunto a mi amigo que es analista de la City: “¿qué piensas de Gran Bretaña?”. Él dice: “No pienso en Gran Bretaña. Pienso en Japón, donde se ha tri- plicado la producción de robots inteligentes en el momento en que ha estado discutiendo Brexit”. Es lógico…

J.B.: Bueno, no quiero robarte más tiempo. Muchas gracias por tus respuestas.

P.M.: Ha sido un placer.

José Bellver es miembro de FUHEM Ecosocial y del equipo de redacción dePapeles

Notas:

1 Nota del traductor (NdT): Mark Zuckerberg es confundador de Facebook y su actual director ejecutivo. Serguéi Brin y Larry Page, fundadores de Google y actualmente presidente y director ejecutivo, respectivamente, de Alphabet Inc., la multinacional tecnológica estadounidense cuya principal subsidiaria es Google. Jeff Bezos es fundador y director ejecutivo de Amazon, y Jack Ma fundador y presidente ejecutivo de Alibaba Group, la mayor empresa china de comercio electrónico.

NdT: GDPR son las siglas en inglés del Reglamento General de Protección de Datos de la Unión Europea.

Fuente: PAPELES de relaciones ecosociales y cambio global 107No 144 2018/19

Para leer a Spinoza

23feb-19
Publicada el 23 febrero, 2019
por admin
Por Francisco Fernández Buey
El viejo topo

Nota de edición: Tal día como hoy [21.02] en 1677 moría en La Haya Baruch Spinoza. Su obra fue uno de los más polémicos e influyentes proyectos de rebeldía, rechazo de todas las formas de trascendencia, confesional o metafísica, y reivindicación absoluta de la inmanencia.

Baruch Spinoza nació en Ámsterdam el 24 de noviembre de 1632 y murió en La Haya el 21 de febrero de 1677. Procedía de una familia de judíos sefardíes inmigrantes de la península ibérica y fue educado en la comunidad judía de la ciudad holandesa en una época de considerable influencia del calvinismo. En su juventud leyó a algunos de los escolásticos españoles y las obras de la filosofía judía medieval. Pero en su formación entran también la lectura de Descartes y de Hobbes, cuya influencia se percibe respectivamente en lo que serían su ontología, su teoría del conocimiento y su teoría política. También se relacionó con algunos representantes de las heterodoxias judías españolas. Debido a esto último, en 1656, Spinoza fue expulsado de la comunidad judía ortodoxa y desterrado de la ciudad. Se tiene noticia de una Apología para justificarse de su abdicación de la sinagoga, escrita en español ese mismo año, que se ha perdido.

Después de la expulsión de la sinagoga Spinoza vivió primero en las afueras de Ámsterdam. Allí, para ganarse la vida, trabajó en el pulido de lentes para observaciones astronómicas y entró en relación con cristianos liberales también considerados heterodoxos. Para ellos o por la solicitud de estos librepensadores cristianos, entre los que tuvo varios discípulos, escribió Spinoza, hacia 1660, su primera obra conocida: una Tratado corto sobre Dios, el hombre y la salvación de su alma. Este Tratado corto avanzaba, aunque con una forma distinta (en parte dialogada), algunas de las ideas centrales de lo que sería su Ética. Al parecer, se lo dictó a algún alumno discípulo y el Tratado corto quedó inconcluso. No se publicó en vida de Spinoza, aunque circularon copias entre los próximos.

Al año siguiente, en 1661, Spinoza escribió otro tratado sobre la Reforma del entendimiento, que también dejó inacabado. En Reforma del entendimiento expone Spinoza su teoría del conocimiento y aborda la cuestión del método y sus reglas con una orientación deductivista y especulativa parecida a la de Descartes. Pero se ha dicho con razón que, a diferencia de Descartes, Spinoza era un moralista y estaba más interesado en las cuestiones de la moral o ético-políticas que en las cuestiones de la física y de las ciencias particulares a ésta conectadas en la época (fisiología, anatomía, etc.).

De hecho la Reforma del entendimiento arranca con una consideración sobre la necesidad de una vida nueva, en la que Spinoza, después de denunciar la búsqueda de riquezas, honores y placeres como fines en sí, defiende que si éstos son buscados sólo como medios y no rebasan cierta medida, riquezas, honores y placeres contribuyen a alcanzar el fin que uno se propone, a saber: el bien y la verdad acordes con esta “vida nueva”. Reforma del entendimiento significa para Spinoza “curarlo” y “purificarlo” para la búsqueda de la perfección humana. Todas las ciencias particulares (desde la filosofía moral a la medicina, y desde la mecánica a ciencia de la educación) deben estar, pues, orientadas a la consecución de este único fin. De modo que de los placeres de la vida, sólo hay que tomar lo justo para conservar la salud; y en la búsqueda del dinero o de cualquier bien material, limitarse a lo estrictamente necesario para la conservación de la vida y la salud y para adaptarnos a los usos de la ciudad en todo aquello que no se oponga a nuestro fin.

En 1663, en Rijnsburg, Spinoza aceptó dar clases de filosofía a un joven estudiante de veinte años, pero al no considerarle suficientemente maduro para la comprensión de su propio sistema, se dedicó a exponerle el sistema de Descartes. De ahí surgió la redacción de sus dos obras siguientes Los principios de la filosofía de Descartes y los Pensamientos metafísicos, dictadas al joven alumno con intereses teológicos y que fueron publicadas juntas, después de que el propio Spinoza corrigiera los apuntes del alumno, ese mismo año.

Aunque los Principios y los Pensamientos son formalmente una exposición, more geométrico, de las ideas principales de la metafísica y de la teoría del conocimiento de Descartes, en estas obras Spinoza aborda ya algunas debilidades de la filosofía cartesiana y adelanta su propio punto de vista al respecto. No lo hace de una forma declaradamente crítica sino al hilo de la exposición y discusión filosófica de objeciones que se le habían hecho a Descartes. La más importante de estas objeciones se refiere al carácter circular de la argumentación de Descartes sobre la certeza fundada en la existencia de Dios. Spinoza sugiere en Los principios que no tenemos necesidad de buscar una garantía externa (transcendente) de la verdad de nuestros pensamientos, de manera que el fundamento de la ciencia no es la existencia de un Dios distinto de mí sino la presencia en mí de una idea del ser absoluto que yo no tendría si no fuera en cierto modo este mismo ser. Spinoza modifica la teoría cartesiana, cierto que para hacerla inatacable a las objeciones, pero al mismo tiempo está fundando así la teoría de la inmanencia.

Por entonces, y desde 1661, Spinoza tenía ya in mente la idea de exponer su doctrina sobre Dios según el método geométrico, que sería la primera parte de su Ética. Pero en 1663 se trasladó a Voorburg, muy cerca de la Haya, donde iba a vivir hasta 1670. En este período entró en contacto con varias personalidades influyentes de la época, como Christian Huygens o Jan de Witt y terminó la Ética. También tuvo una intensa actividad política en defensa de la república y se puso a escribir el Tratado teológico-político, cuya redacción simultaneó con la Ética. Esta obra, en la que Spinoza expuso lo esencial de su pensamiento ontológico, gnoseológico, antropológico y moral estaba ya muy avanzada hacia 1665-1666, pero el filósofo iba a seguir retocándola durante años y no se publicaría hasta 1677, poco después de su muerte. En cambio, el Tratado teológico-político se publicó en 1670. Parece probado que Spinoza retrasó la conclusión de la Ética y luego su publicación debido a los ataques de que fue víctima cuando apareció el Tratado teológico-político, a partir del cual el spinozismo empezó a ser (y no sólo en los Países Bajos) sinónimo de “materialismo ateo”. Sin embargo, copias fragmentarias de la Ética circularon entre los amigos y discípulos en vida de Spinoza.

El Tratado teológico-político [1] fue la obra más importante de Spinoza que éste pudo publicar en vida. Pero apareció de forma anónima y con nombre de editor falso. Está considerada como una defensa de la libertad de pensamiento y de la tolerancia y algunos intérpretes la consideran también una apología de la democracia. En su trasfondo se ha querido ver la influencia de Maquiavelo y de Hobbes.

En el Tratado teológico-político Spinoza critica a la teología cuando esta trata de extender su poder fuera del ámbito que le es propio; se permite una lectura histórico-crítica de la Biblia para desde ahí elaborar una nueva teoría de lo político. La Biblia es parte de la Naturaleza y los hechos que narra desde la caída de Adán también, de manera que lo que hay que hacer es una lectura racional de la misma en la que se prescinde de lo sobrenatural [2]. A partir de ahí se puede fundar una separación clara entre el ámbito de la fe (que es el dominio de la teología) y el de la razón política, que será propio de la filosofía política. A la separación de teología y política en términos racionalistas corresponde también la separación entre piedad (correlato de la fe) y verdad (correlato de la razón).

La adhesión a lo que dice la Biblia es asunto de la fe en la revelación y esto aporta indudablemente enseñanzas como el amor al prójimo y el amor a Dios. Al negar la transcendencia y el carácter personal de Dios, la revelación tiene en Spinoza un papel fundamental. Pero la extensión de lo que se sabe a partir de ahí al ámbito de la política conduce a la intolerancia de los teólogos y al dogmatismo: lo que fue saber se convierte en mero poder con las iglesias institucionalizadas (católica, judía y protestante). Spinoza mantiene que las iglesias deben renunciar a su pretensión de ejercer autoridad fuera de su dominio y someterse al poder civil, que es el único soberano. En ese caso la autoridad teológica se hace complementaria de la autoridad política y el Estado que es fuente de toda ley y de todo derecho, se hace realmente soberano.

Para mantener el Estado y para que los individuos obedezcan sus leyes es necesario que éste conceda a los individuos total libertad de pensamiento y expresión. Pues esta es la única forma en que el cuerpo político que los individuos se han dado a sí mismos, a través de un pacto o tratado para salir del estado primitivo, puede perdurar. Mediante ese pacto, y para su seguridad, los individuos han renunciado al derecho de actuar, legislar, ejercer la violencia, etc., pero no al derecho de pensar. Si el estado suprime toda libertad entonces la obediencia de los individuos pierde su justificación y esto provocará una reacción violenta que destruirá al propio Estado. En esas condiciones, por tanto, el régimen más cercano a lo natural, y al mismo tiempo fundado en la razón, es la democracia, en la que el individuo dispone de libertad de pensamiento.

Las tres cosas juntas, o sea, la lectura racional de la Biblia a través de un análisis histórico-critico (que mina el poder de los teólogos), la afirmación de la libertad de pensamiento (fuera del ámbito de las iglesias institucionalizadas y como garantía frente a la tiranía estatal) y la defensa de la democracia (en la situación histórica de Europa, en 1670) motivaron gran escándalo, lo cual obligó a Spinoza a aumentar las cautelas en lo que hace a la difusión de la Ética. De todas formas, al dar la primacía a la libertad de pensar Spinoza podía argumentar, y así lo hace realmente, que cualquier gobierno de régimen colectivo es aceptable si respeta la libertad de pensamiento y se mantiene en los límites de la razón. Esto último introduce cierta indefinición en el pensamiento político de Spinoza, particularmente a la hora de dilucidar qué sistema de gobierno aconsejaba. Este punto tampoco queda resuelto en Tratado político, su última obra, que estaba redactando meses antes de su muerte y quedó truncada justo cuando empezaba a tratar de la democracia.

En el Tratado político [3] Spinoza aborda un tema clásico. Dice nada más empezar el libro que se propone demostrar “de qué modo hay que construir una monarquía y una aristocracia para que no degeneren en tiranía y para que la paz y la libertad de los súbditos permanezcan intactas”. Y confiesa a continuación, después de criticar a filósofos y políticos y de subrayar que no hay asunto en el que la teoría discrepe tanto de la práctica, que “no pretende descubrir nada nuevo o inédito”. De hecho el Tratado político se puede leer ahora como una continuación de la Ética, no publicada todavía pero a cuyas conclusiones (y a las del Tratado teológico-político) hace Spinoza numerosas referencias. Por otra parte, sus primeros capítulos traen a la memoria afirmaciones de Maquiavelo y de Hobbes, en particular sobre: 1) la dificultad de vivir lo político según la disciplina exclusiva de la razón; 2) la ilusión que supone tratar de fundar la seguridad del Estado en la buena fe; 3) la distinción entre virtudes privadas (fortaleza de ánimo) y virtudes públicas (la principal de las cuales es la seguridad del estado); 4) la importancia del pacto o contrato, en connivencia con la razón, para que pueda hablarse propiamente de esfera política o de res publica.

En la parte dedicada a la monarquía Spinoza critica abiertamente la monarquía absoluta y en ese contexto alaba de forma explícita a Maquiavelo, del que dice que fue “agudísimo”, “sagaz” y “gran amante de la libertad”. Interpreta la obra de Maquiavelo (contra otras opiniones muy extendidas en la época) en el sentido de que “ha querido demostrar que un pueblo libre sabe guardarse de confiar su salvación a un solo hombre”. En el capítulo VI establece inequívocamente la separación entre iglesia y estado: “En lo que a la religión atañe, ninguna iglesia, en ningún caso, se construirá a expensas de las ciudades y no se promulgará ley alguna respecto de una creencia religiosa, a menos que ésta sea sediciosa y mine los fundamentos del Estado. Los fieles autorizados a practicar públicamente su culto edificarán, si quieren iglesias a sus expensas”. Luego, en el capítulo VII, reflexiona sobre en qué puede consistir una legalidad tan firme que ni siquiera el rey pueda abolirla; y establece un primer principio: “que toda ley sea voluntad explícita del rey, pero no que toda voluntad del rey sea ley”.

A la voluntad del rey opone Spinoza la voluntad de la multitud y mantiene que ésta, la multitud, no transfiere su derecho a una minoría o a un solo hombre. Y, desde luego, no transfiere libremente al rey más que aquel poder del que no se siente absolutamente dueña. No es el caso, por ejemplo del suelo y todo cuanto se vincula a él, que, según Spinoza, pertenece al conjunto de los ciudadanos. Por otra parte, para que la monarquía cuyo poder queda limitado por las asambleas, pueda garantizar la paz y la libertad de los ciudadanos Spinoza defiende la mayor igualdad posible, la limitación de los mandatos de los jueces, un ejército compuesto solamente de ciudadanos y por soldados sin soldada (o sea, no mercenario), la abolición del secreto por razón de Estado y la abolición del carácter hereditario de la Corona: “A la muerte del rey, en cierto modo el Estado muere y se vuelve del estado político al estado de naturaleza y, en consecuencia, el poder soberano recae de modo natural en el pueblo que, desde ese momento, tiene el derecho de dictar nuevas leyes y derogar las antiguas”.

Así pues, la monarquía que Spinoza concibe alternativamente a la monarquía absoluta está instituida por una multitud en plena libertad, lo que se basa en la idea de que los hombres dotados de razón no pueden renunciar jamás a su derecho hasta el punto de dejar de ser hombres y dejarse tratar como ganado

Al terminar este capítulo Spinoza pone como ejemplo digno de ser recordado “el régimen de los aragoneses, que fueron excepcionalmente fieles a sus reyes y conservaron con igual constancia las instituciones de su reino”. Concluye el capítulo VII del Tratado político diciendo que un pueblo puede, bajo el mando de un rey, gozar de una libertad bastante grande con la condición de que el poder del rey quede determinado exclusivamente por el pueblo. A partir de ahí, y desde los mismos principios, analiza en los capítulos siguientes, el régimen aristocrático para abordar finalmente la forma de gobierno denominada democrática, a la que sólo pudo dedicar ya tres páginas del capítulo XI.

En esas pocas páginas Spinoza se limita a caracterizar la democracia como una forma de gobierno en la que rige el derecho al voto para la elección libre de una asamblea suprema. Luego establece algunas restricciones a ese derecho y afirma (como también había hecho Aristóteles en La política) que es posible concebir diferentes clases de democracia, pero se limita a analizar una de esas formas: aquella en la que todos los habitantes sin excepción gozan del derecho de votar en una asamblea supremay de ostentar cargos públicos. La restricción que aquí establece es que los ciudadanos: a) no obedezcan otras leyes más que las de la patria (lo que excluye a los extranjeros); b) sean independientes; y c) sean honrados.

La implicación de la condición “ser honrado” para gozar del derecho a sufragio es que, con ella, se excluye a los criminales o a quienes han llevado una conducta vergonzosa. La principal implicación del otro criterio, el de ser independientes, es que se excluye a las mujeres y a los esclavos, en el primer caso porque dependen de sus maridos y en el segundo de sus dueños. No entra Spinoza a discutir la situación de los esclavos seguramente porque consideraba que eso estaba fuera de discusión. Pero todavía se detuvo a discutir, en un par de párrafos, una cuestión muy de la época, a saber: si las mujeres están bajo el poder de sus maridos por naturaleza o por convención, pues si lo estuvieran por convención entonces no habría razón para excluirlas del derecho a voto y del gobierno democrático. Mantiene Spinoza, aludiendo paradójicamente a la experiencia en este caso, que la condición de las mujeres procede de su debilidad natural, que son, naturalmente, inferiores y que, por tanto, no gozan de un derecho igual al de los hombres.

La Ética [4] de Spinoza está dividida en cinco libros: I] De Dios; II] De la naturaleza y origen del alma; III] Del origen y naturaleza de los afectos; IV] De la servidumbre humana o de la fuerza de los afectos, y V] De poder del entendimiento o de la libertad humana. Esa estructura y los rótulos de los varios libros pueden desconcertar al lector actual, que acostumbra a entender por ética la reflexión filosófica sobre hábitos o costumbres morales y no ve ahí ni siquiera mencionada la palabra moral. Los rótulos de los cinco libros aluden, en efecto, a cuestiones habitualmente abordadas en tratados de teología, metafísica, teoría del conocimiento o gnoseología y antropología filosófica. El desconcierto aumenta cuando se lee el subtítulo de la obra: more geometrico demonstrata; o sea, al percibir que estamos ante una Ética que trata mayormente de Dios, del alma, de los afectos y del entendimiento humano y que, además, aborda tales asuntos con intención demostrativa, a la manera de los geómetras, o sea, mediante definiciones, axiomas y proposiciones demostrativas que traen a la memoria la geometría de Euclides. Formalmente la Ética de Spinoza enlaza con el modelo cartesiano pero acentúa su forma de argumentar. Que Spinoza era consciente del desconcierto que esto podía producir en sus lectores lo prueban las palabras con que introduce el libro III, dedicado al origen y naturaleza de los efectos:

Parecerá ciertamente sorprendente que me proponga tratar de los vicios de los hombres y de sus enfermedades a la manera de los geómetras y que quiera demostrar por medio de un razonamiento riguroso lo que no cesan de proclamar contrario a la razón, vano, absurdo y digno de horror. Pero he aquí la razón en que me fondo: nada sucede en la Naturaleza que pueda atribuirse a un vicio existente en ella. La Naturaleza es siempre la misma… Por consiguiente, los afectos llamados odio, cólera, envidia, etc., considerados en sí mismos, se siguen de la misma necesidad y de la misma virtud de la Naturaleza como las demás cosas singulares… Por eso consideraré las acciones y deseos humanos como si se tratase de líneas, superficies y cuerpos sólidos.

El pensamiento de Spinoza se separa del de Descartes en varios puntos importantes. El Dios de Spinoza no es el creador transcendente, sino la naturaleza misma. De ahí la fórmula: Dios sive natura. Dios y naturaleza son la misma sustancia, la cual puede ser aprehendida por la inteligencia humana bajo dos modos o aspectos. Esta idea rompe, además, con las representaciones habituales de la divinidad de carácter antropomórfico, o sea, basadas en la atribución a la divinidad de rasgos que en principio son propios del ser humano. Dios no es la providencia organizadora, ni el padre amantísimo, ni el monarca severo, ni el juez justiciero, ni siquiera el relojero perfecto. Spinoza desmonta estas representaciones como ficciones interesadas de los humanos. Y funda así una ontología, una filosofía del ser, que se suele denominar monista (una única sustancia con dos modos o aspectos esenciales), naturalista (por la reducción de dios a la naturaleza) e inmanentista (porque no recurre a un ser transcendente para entender, explicar o comprender la naturaleza).

A continuación, y entrando en el ámbito de la teoría del conocer, Spinoza mantiene que “el orden y conexión de las ideas son los mismos que el orden y conexión de las cosas”, proposición en la que funda el principio de una inteligibilidad universal del ser. Pues el alma no es otra sustancia, una sustancia diferente del cuerpo, sino precisamente “la idea del cuerpo”. Siguiendo la misma lógica deductiva, o sea, analizando las pasiones del hombre more geometrico, Spinoza propone, con su teoría de los afectos, una antropología positiva que será el núcleo central de la ética (parte tercera de la obra). Esta antropología positiva prescinde de consideraciones moralistas o moralizantes sobre las pasiones del ser humano; parte de la consideración de que ante los asuntos humanos no hay que reír ni llorar ni indignarse, sino simplemente comprender o entender.

El deseo de los humanos es para Spinoza conatus, lo que quiere decir: esfuerzo por perseverar en su ser. No es que deseemos una cosa porque ella sea buena, es que la llamamos buena porque la deseamos. Y la deseamos porque el deseo es potencia del ser humano, potenciación del ser, cuyo desarrollo da alegría. De donde se sigue que obrar bien no es orientarse hacia un cierto ideal (más o menos irrealizable), sino realizarse a uno mismo, mientras que obrar mal tampoco es transgredir mandamientos o normas transcendentes sino perder potencia, convertirse en esclavo.

Lo primero conduce a la sabiduría, que Spinoza identifica con la beatitud; lo segundo conduce a la servidumbre. La libertad del hombre no es libre albedrío, a la manera de Descartes, pues eso sería establecer una excepción a la ley universal de la necesidad que reina en la naturaleza; libertad es conciencia de la necesidad. Y esto porque libertad y necesidad no se oponen, sino que lo que se opone es libertad y coacción. Beatitud equivale en Spinoza a “amor intelectual de Dios”, pero aclara que la beatitud no se tiene que entender como premio a la virtud, como premio por haber reducido o reprimido los apetitos sensuales, sino que la beatitud es la virtud misma, que hace posible la reducción de los apetitos, y proporciona el contento o alegría interior. La beatitud queda así vinculada al entendimiento, a la consciencia, a la razón, y lograrla supone una tarea ardua. Es una flor rara, obviamente, cosa que no debe extrañar, porque, como concluye Spinoza en la Ética, “todo lo que es hermoso es tan difícil como raro”.

Notas:

1. Traducción castellana (selección) e introducción de E. Tierno Galván, Tecnos, Madrid, 1966.

2. Un ejemplo de cómo lee Spinoza la Biblia, y en particular el episodio de la actuación de Adán, se puede ver en la carta de XIX, escrita en 1665, a Willen van Blyenbergh, quien le había consultado sobre el problema del mal (incluida en el dossier).

3. Está traducido también en el volumen indicado en la nota 1.

4. Traducción castellana de Vidal Peña, Editora Nacional, Madrid, 1980.

 

Fuente: Biblioteca Virtual Francisco Fernández Buey ( https://www.bibliotecabuey.com/2012/08/29/para-leer-a-spinoza/index.html )

 

Nuestra fuente: https://www.elviejotopo.com/topoexpress/para-leer-a-spinoza

Maristella Svampa:“El feminismo, más que un movimiento social, es la sociedad en movimiento”

22feb-19
Publicada el 22 febrero, 2019
por admin

Por Nazareth Castro Buzon

Intelectual anfibia y comprometida, la argentina Maristella Svampa es una de las mentes más lúcidas de la América Latina contemporánea. Con ella repasamos su trayectoria, que la llevó a investigar los movimientos sociales piqueteros en la convulsa Argentina de 2002, para más tarde prestar atención a las luchas contra el extractivismo que, con un fuerte componente ecofeminista, emergen con fuerza en todo el continente. Acaba de publicar en Argentina una obra de no ficción y de carácter autobiográfico titulada Chacra 51, en la que aborda el problema del fracking, y en noviembre llegará a las librerías mexicanas –y en breve, estará disponible on line– Las fronteras del neoextractivismo en América Latina. También hablamos con ella extensamente de su anterior ensayo, Del cambio de época al fin de ciclo, en el que hace un balance crítico de los gobiernos autodenominados progresistas, que detentaron el poder en países como Ecuador, Bolivia, Venezuela, Brasil y Argentina.

Nazaret: Querría comenzar repasando brevemente tu trayectoria profesional y vital. Estudiaste Filosofía en Córdoba y completaste tus estudios de doctorado en Sociología en Francia, en la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales (EHESS). ¿De qué forma esas experiencias fueron determinando tu pensamiento?

Maristella: En realidad, yo comencé estudiando Letras, carrera que abandoné cuando me di cuenta de que era un fraude, en la medida en que no estudiaba la literatura que a mí me interesaba en aquella época, que era la literatura rusa, italiana y latinoamericana. Quedé fascinada con los grandes sistemas de pensamiento y me fui a estudiar Filosofía a Córdoba, en una época difícil, porque eran los últimos años de la dictadura militar; por suerte, también viví el primer año de la vuelta a la vida institucional, pero hice estudios en una universidad muy tradicional con profesores de extrema derecha. Entonces, cuando terminé, traté de orientarme del lado de la filosofía política y la historia de las ideas, y ahí se me abrió el panorama de la historia y la sociología. Con quien en aquel momento era mi pareja, decidimos ir a Francia porque él era hijo de franceses y yo tenía la nacionalidad italiana, lo que facilitaba nuestra estadía como ciudadanos de primera y no de segunda clase; además la educación era pública y gratuita. Ambos ingresamos fácilmente en la EHESS. Hice una maestría en filosofía y otra en historia, y cuando terminé, cambié de director de tesis, que era Claude Lefort, que se jubilaba; hice el doctorado en Sociología por las casualidades de la vida, y entonces me puse a leer los clásicos de la sociología. Escribí una tesis que tenía un difícil encaje en una disciplina: trabajé civilización o barbarie en el imaginario latinoamericano, primero, y después, para el caso argentino. De ahí salió mi primer libro, El dilema argentino: civilización o barbarie.

Al volver a la Argentina, tu primer tema de investigación giró en torno al peronismo…

Cuando regresé a la Argentina, en el año 92, me encontré con que el neoliberalismo había permeado totalmente la sociedad argentina, y había transformado el peronismo; así que me puse a analizar esas transformaciones. Para alguien que viene de las ciencias sociales, hacer un análisis del peronismo en Argentina es obligado. En mi caso, no me interesaba caer en la antinomia peronismo/antiperonismo, sino más bien, hacer “peronología”. No es broma cuando digo  que hay que crear el posgrado de peronología! porque hay mucho por analizar sobre los peronismos realmente existentes. Yo ya había transitado el análisis del peronismo histórico, pero no había abordado las transformaciones del presente. Así me consolidé como peronóloga, y en el 97 publicamos con Danilo Martuccelli, La plaza vacía. Las transformaciones del peronismo, que fue mi segundo libro, y me dio una inmersión en los sectores populares peronistas, sindicatos y villas miseria. Aprendí a hacer trabajo de campo, entrevistas en profundidad a diferentes actores sociales. Sin quererlo, devine socióloga a través de ese estudio, que tuvo como corolario otro estudio, Desde abajo. La transformación de las identidades sociales, libro que coordiné, y en el que toda una nueva generación de antropólogos y sociólogos argentinos marcábamos una distancia con los estudios más macro, y con una impronta más ligada a los estudios de tipo etnográfico y microsociológicos. Era la una apuesta epistemológica de toda una generación, entre las que estaban Gabriel Kessler, Javier Auyero, Pablo Semán, Denis Merklen. Después hice dos trabajos más ligados a las transformaciones de la sociedad argentina: Los que ganaron. La vida en los countries y los barrios privados, dedicado a la expansión de las urbanizaciones privadas en Argentina, que hice junto a estudiantes de la Universidad Nacional de General Sarmiento (UNGS). Ese fenómeno ilustraba la ampliación de las desigualdades, la ruptura entre las clases medias que habían escogido este tipo de vida segregacionista, y aquellos otros que habían caído y terminaban desarrollando estrategias de supervivencias. Estábamos en lo peor del neoliberalismo; corría el año 2000.

Es decir, el momento previo al mayor estallido social de la historia reciente de la Argentina…

En diciembre de 2001, yo decidí que iba a dejar la sociología. Acababa de escribir mi primera novela, Los Reinos perdidos, que publicaría años más tarde; por sobre todas las cosas, más que la vertiente literaria, que nunca dejó de estar presente, el problema es que yo sentía que estaba haciendo una socióloga de la descomposición social. Un gran sociólogo, el mayor peronólogo argentino, Juan Carlos Torres, calificó con ese término mi trabajo en una presentación del libro  Los que ganaron. Fue a la salida de esa presentación que  yo me dije: hasta acá llego, no me voy a pasar la vida haciendo sociología de la descomposición social. En el medio, pasó la revuelta de 2001; yo salí a la calle y siento que nunca volví. En ese proceso de movilización social, sentí que eso activaba dos cosas en mí: de un lado, la necesidad de pensar en términos de compromiso público; de otro lado, la necesidad de dar cuenta de la reconfiguración positiva de las identidades sociales. Fue así que hice una apuesta por el estudio de los movimientos sociales desde una perspectiva que no apela a la neutralidad valorativa, sino desde una perspectiva anfibia, que recupera la idea de compromiso y reflexividad, de articulación con sectores populares con vocación contrahegemónica. Fue así que me puse a recorrer el país, a investigar y acompañar la experiencia de las organizaciones piqueteras.

De ese interés nace tu siguiente libro, Entre la ruta y el barrio. La experiencia de las organizaciones piqueteras. ¿Cómo se gesta esa investigación?

En enero de 2002 decidí que tenía que investigar las organizaciones piqueteras. Le propuse a uno de mis exalumnos de maestría –hoy es un sociólogo de fuste, Sebastían Pereyra-que me acompañase y, sin financiación, comenzamos a recorrer el país. Durante el 2002, ese año extraordinario por el nivel e intensidad de las movilizaciones sociales, hicimos un largo recorrido, unas cien entrevistas. En junio, mis colegas en la universidad me llamaron y me dijeron que como ellos creían que era un trabajo importante,  iban a conseguir financiamiento. Todavía me emociono al recordarlo; no es común tal generosidad en el campo académico. Ese tipo de solidaridad existía en la UNGS, en una época muy linda, de mucha producción. Pero 2001-2002 fue para mí el parteaguas: no abandoné el hacer sociológico, pero si dejé la sociología más convencional y academicista. La Universidad me resultaba insatisfactoria. Las movilizaciones habían cambiado mi perspectiva: comencé a definirme más como intelectual que como académica, y me posicioné buscando vínculos con diferentes movimientos sociales.

 

Foto: Dafne Gentinetta
Foto: Dafne Gentinetta

Hablas de una apuesta por la investigación anfibia, comprometida social e ideológicamente. Desde entonces, ¿se ha avanzado en la búsqueda de una producción de conocimiento que salga de la torre de marfil academicista?

Creo que sí, 2002 fue un quiebre en las ciencias sociales argentinas; yo no fui la única que recuperé esa idea de compromiso político e ideológico. Algunos hacían una lectura muy dogmática entre el compromiso militante y la perspectiva académico-científica. En mi caso, quería armonizar esas dos vertientes, no me parecía imposible. Junto con otros colegas dimos la discusión en el campo académico-militante. Pero al inicio me sentía un poco como Marco Polo. Cada vez que venía de hacer trabajo de campo, sentía  que traía noticias de otros mundos… Luego hubo muchos otros, más jóvenes – yo para entonces ya tenía 40 años –, que hicieron ese tránsito sin el dramatismo que tuvo para una generación como la mía; porque no hay que olvidar que yo era producto de una extrema profesionalización y academicismo. En cambio, para los más jóvenes de ese entonces no fue una ruptura tan fuerte, sino más bien una oportunidad que abrió a puntos de vista epistemológico. Hubo una profusión de trabajos de antropólogos, sociólogos y politólogos sobre las organizaciones piqueteras; en un momento se puso de moda el tema y, durante años, fueron muchos los que acompañaron las movilizaciones. Luego bajó la espuma, y más tarde, el kirchnerismo redefinió la situación política y hubo un contingente que hizo la apuesta por la institucionalidad y tendió a ver 2001 como un quiebre político, pero menos en términos de reconfiguración positiva y más de caos y desorden. Esa lectura reduccionista de aquel período tan rico, fue otro de los grandes debates: para mí, 2001 no fue únicamente la expresión de la descomposición, del caos o de la peor crisis económica y social que vivió la Argentina, sino también de procesos de reconfiguración de las identidades sociales y políticas, una expresión del empoderamiento desde abajo.

De hecho, una de las críticas más fuertes que se han hecho tanto al kirchnerismo como a otros gobiernos progresistas latinoamericanos ha sido su actitud frente al movimiento social: pareciera que tratan de estabilizarlo o reprimirlo, pero carecen de la voluntad de compartir la escena política con movimientos que se articulan autonómamente y desde abajo…

Creo que hay que aclarar, en primer lugar, que el cambio de época – la irrupción de los gobiernos autodenominados progresistas – está muy ligado al rol de los movimientos sociales. Fueron los movimientos sociales lo que cuestionaron con sus movilizaciones las políticas neoliberales, las que condujeron a un quiebre de ese orden neoliberal, abriendo así  a la posibilidad de la emergencia de los gobiernos progresistas. En segundo lugar, el espacio contestatario ya daba cuenta de la tensión entre varias narrativas: por un lado, la matriz de izquierda tradicional, clasista, que confía en el partido y cree en la necesidad de apoderarse del aparato estatal; segundo, la narrativa campesina-indígena, que en Argentina no está muy presente, pero tuvo una gran centralidad en países como Ecuador y Bolivia; tercero, la narrativa populista o nacional-popular, que yo creo que es más bien nacional-estatal, que se articula a través de la idea de pueblo y del líder carismático; y cuarto, la narrativa autonómica o autonomista, con gran protagonismo de colectivos culturales y movimientos que tendrá una expresión más cabal en los ecologismos y los feminismos. Estas cuatro narrativas estaban en tensión, no solo aquí en Argentina sino también en Bolivia. En Argentina, en el 2002 hubo una colisión entre diferentes matrices narrativas y contestatarias; 2003 ya marca el triunfo de la narrativa populista estatal, con el ascenso del peronismo por la vía del kirchnerismo. El caso contrario es Bolivia, donde 2003 es un momento de convergencia de esas cuatro narrativas, que se sintetiza en la llamada “agenda de octubre”, esto es el proyecto de la asamblea constituyente y la nacionalización de los recursos naturales – fundamentalmente, del gas –. De todas maneras, con la ascensión de Evo [Morales] en 2006, se consolidará la matriz nacional-estatal.

¿Son populismos los progresismos?

Yo hago una lectura de los progresismos como populismos, pero en clave de complejidad. La mía es una lectura que busca dar cuenta de los matices, más aún, de la incomodidad que generan los populismos, al sintetizar una matriz que combina elementos democráticos y no democráticos. Incomodidad, porque esa ambivalencia propia de los populismos hace que uno no se sienta cómodo al tratar de asir la característica misma de los populismos, porque algunos tienden a ver sólo el costado democrático, mientras otros tienden a ver sólo el costado autoritario y poco pluralista. Asirlo en su complejidad es el desafío teórico y epistemólogo; aunque desde un punto de vista político, esto siempre genera incomodidad.

De hecho, en Argentina y en otros países se llegó a un momento de enorme polarización de las posturas, como si hacer cualquier tipo de crítica a estos gobiernos significara negar cualquier avance…

Hay que analizar la cuestión de la polarización en términos recursivos, de dinámicas políticas. En Argentina, el proceso a partir del cual se va actualizando la matriz populista se acelera después de 2008, con el conflicto entre Cristina Fernández de Kirchner y los llamados sectores del campo. Anteriormente, en los dos primeros años del gobierno de Néstor Kirchner hubo un intento tímido de transversalidad política e ideológica, en que se trató de converger con otras tradiciones y narrativas políticas, tratando de construir un espacio de izquierda/centro izquierda pluralista; pero ese proceso se dio por finalizado en 2005, cuando Kirchner negocia con el peronismo histórico, con el llamado “pejotismo”, en el del conurbano bonaerense. Ese pacto implica la actualización de los elementos más tradicionales del populismo. En esa línea, hablo para referirme a los progresismos, de populismos de alta intensidad, porque no sólo hay está presente el estilo político populista que se expresa en los liderazgos personalistas y/o carismáticos, y un tipo de relación con las masas, sino también hay un programa social, económico y una relación con el Estado típicamente populista, con políticas económicas heterodoxas y de inclusión de los sectores populares más vulnerables. Hay también  un proceso de personalización del liderazgo y de fetichización del Estado a través de la figura del líder: eso señala la captura de lo nacional-popular por lo nacional-estatal, como señalaban hace años Emilio de Ipola y Juan Carlos Portantiero. Estas son las características típicas de los populismos que América Latina conoció en los años 50 y que, con rasgos propios, se actualizan en el ciclo progresista. No sólo los Kirchner sino también Evo, [Rafael] Correa o [Hugo] Chávez, por supuesto. En mi caso, trato de analizar cómo se da ese pasaje, cómo esos progresismos que al principio alentaron grandes expectativas, de pensarlos como nuevas izquierdas, en términos de giro posneoliberal, se fueron  transformando en populismos de alta intensidad, lo cual implica reconocer que derivaron en procesos de dominación más tradicionales. Al final de ciclo progresista, lo que vemos son regímenes populistas típicos; es impactante ver eso. Esto nos obliga a volver a la historia latinoamericana, a transitar aquellas lecturas sobre los límites y déficits de los populismos históricos, que no son muy diferentes a los de estos progresismos realmente existentes.

A menudo, se ha definido a los populismos como pactos sociales, entre clases. Sin embargo, no pudieron evitar un rechazo creciente por parte de ciertos sectores. ¿Cómo se da este proceso?

La gran ambivalencia de los populismos es que, más allá del lenguaje de guerra y la retórica anti-oligárquica que lo caracteriza, por un lado desarrolla la incorporación de sectores vulnerables, pero por otro, hace el pacto con el gran capital. En América Latina los progresismos del siglo XXI hicieron el pacto con el capital extractivo, de manera más bien callada al principio, no abiertamente reconocida; pero al calor de lo que llamo el “Consenso de los Commodities”, se fueron multiplicando los proyectos extractivos, tal como puede verse plasmado en los Programas Nacionales de Desarrollo de los distintos gobiernos.  Así, se ve claramente la articulación entre progresismo y neoextractivismo, desarrollismo y pacto con el gran capital. En algunos casos, como en Brasil, no sólo fue con el capital extractivo, sino también con el capital financiero. En fin, esto hace a la ambivalencia del populismo: su comprensión conlleva un gran esfuerzo para no caer en las dicotomías. Por un lado, para no caer en la visión de [Ernesto] Laclau, que sólo ve los rasgos democráticos de los populismos – si bien me parece acertado su análisis de la hegemonía – y nos devuelve una imagen incompleta y sesgada; por otro lado, para no reducir a los populismos al  autoritarismo, el despilfarro o una pura matriz de corrupción; ésta también es una visión incompleta e interesada, ya que tiende a negar que los populismos también promovieron un lenguaje de derechos, que caló hondo en los sectores populares. Aún así, y con eso cierro la tipología, yo distingo entre los populismos plebeyos y los de clase media. No todos los populismos realmente existentes son lo mismo: no es lo mismo el populismo plebeyo de Chávez o de Evo, que implicaron procesos de democratización social, que aquellos populismos que arraigaron en Ecuador y en Argentina, donde fueron las clases medias las que tuvieron el rol central e inclusive se arrogaron la capacidad de hablar en nombre de las clases populares. El rol de La Cámpora, creado desde el Estado por Cristina, y la centralidad que adquirieron estos jóvenes de clase media en los últimos años del kirchnerismo, muestra a las claras un proceso de achicamiento en el arco de alianzas populistas, así como muestra el proceso de resubalternización de los sectores populares, habladas desde las clases medias, con capital cultural. No es que los sectores populares eran convidados de piedra, pero no tenían el rol protagónico que tuvieron con Chávez y en los primeros años del gobierno de Evo. Respecto de Evo, los  niveles de concentración del poder que hay son tales, que éste no vaciló en desconocer el referéndum de 2015 –que le negó la posibilidad de re-reelegirse-, para poder perpetuarse en el gobierno .

Esa es otra de las críticas que se han hecho a estos gobiernos. Pareciera que los progresismos no lograron salir de la inercia a perpetuarse en el poder…

Todos los progresismos latinoamericanos tuvieron ese techo. En Venezuela, el límite fue la muerte de Chávez, que en un segundo intento de reforma constitucional había logrado la reelección indefinida. Pero no es un caso único; en algún momento, casi todos los gobernantes hicieron el intento, tantearon a la sociedad para ver hasta dónde podían llegar, y se les pusieron límites. Ante la imposibilidad de sucederse a sí mismos, tuvieron que nombrar sucesores; en caso de la Argentina, el kirchnerismo no sólo nombra a un candidato débil para suceder a Cristina, sino que además es quien construye como gran adversario a Mauricio Macri, el le otorga ese lugar de centralidad. En otros países, se eligieron a s sucesores supuestamente más leales: en Ecuador, Rafael Correa dejó como sucesor a Lenín Moreno; Correa no quería nombrarlo como sucesor, pero era el que medía mejor en las encuestas; y Moreno apenas subió al poder, se distanció de Correa, y a estas horas, uno afirmaría que está más cerca de los conservadurismos que se afianzan en América Latina que de los progresismos de antaño. Pero en todo caso, ante la imposibilidad de sucederse a sí mismos, todos ellos buscaron la posibilidad de perpetuarse en el poder, como clave para salvar el proceso de cambio. Este es un dilema al que siempre nos enfrenta el populismo. En el origen del ciclo progresista, la dinámica social estaba sostenida por la acción de los movimientos sociales, ellos definían las relaciones de poder a través de las manifestaciones; al final del ciclo, todo depende del líder, y la dinámica de cambio depende de si éste se puede sostener en el poder. Y esto debería hacernos reflexionar desde las izquierdas realmente existentes. Siempre pongo el ejemplo de Bolivia en 2007, época en la cual tuve un breve pasaje por CLACSO, y llamamos a un concurso de documentales, y el que ganó era Hartos Evos Hay: la hipótesis era que había muchos líderes como Evo, que surgen desde abajo. En 2018, pocos podrían afirmar que hay muchos Evos; Evo Morales hay uno solo y éste se quiere perpetuar en el poder. Creo que esa parábola pinta el proceso: Evo rechazando el referendum de 2015, un instrumento democrático que le niega la posibilidad de volver a ser reelegido presidente, y que por esa razón, desconoce la voluntad popular y presiona sobre el Tribunal Constitucional para obtener la habilitación.

En el caso de Bolivia, pareciera que hubo dos momentos del gobierno de Evo, y que al comienzo de su mandato hubo una participación mayor del movimiento social. ¿Qué pasó?

Hasta 2009, el gobierno de Evo todavía apelaba al capital ético, si acaso de desataba un escándalo económico que comprometía a algún funcionario gubernamental. Y Evo lo apartaba de inmediato. Todavía había un protagonismo de los movimientos sociales. Es cierto que el proceso de la asamblea constituyente en Bolivia, a diferencia de Ecuador, fue muy complicado. Fue un espacio en el que los actores subalternos, sobre todo campesinos e indígenas, pudieron hacer catarsis frente al histórico racismo de esa sociedad; pero, por otro lado, fue un espacio de legitimación de las derechas. También fue un espacio en el que intervino Evo de modo decisivo  para limitar los alcances de la asamblea constituyente. Hay un libro muy interesante de Salvador Schavelzon, que también lo siguió muy de cerca, que compara el proceso boliviano y ecuatoriano. Pero no son pocos los que señalan que la institucionalización funcionó también como un proceso de expropiación del poder social, que estaba asentado en organizaciones sociales y que progresivamente fue pasando al MAS (Movimiento al Socialismo) como partido de gobierno. No olvidemos que el MAS era un partido campesino y que al llegar al gobierno y consolidarse comenzó a incluir otros sectores, incluso aquellos que venían del Oriente boliviano, y representaban lo peor de la oligarquía racista. Muchos dirigentes de movimientos sociales pasaron a tener responsabilidades como funcionarios; esto implicó un lento proceso de distanciamiento de las  demandas colectivas de autonomía, y luego, un tema no menor, es la consolidación del liderazgo de Evo, la concentración de atribuciones y el culto a la personalidad, algo que es sencillamente desalentador para pensar en términos de horizonte democrático.

¿Hasta qué punto estas situaciones revelan los límites que tiene el Estado para la transformación social?

Creo que hubiese sido diferente si los movimientos con potencial transformador hubiesen ocupado otro lugar, no optar por la institucionalización completa, no ser capturados o integrados por el Estado, sino entender que el Estado es una relación de fuerzas como decía [Nicos] Poulantzas, y que la relación implica una tensión constante pero irrenunciable entre autonomía y heteronomía. Ese desafío que se plantearon los movimientos bolivianos no fue posible; hubo algunas organizaciones que quisieron ponerse en ese espacio de tensión, con un pie adentro y otro afuera del Estado; pero el poder de absorción del populismo es muy grande. Desde América Latina, creo que es imposible pensar alternativas sin un Estado fuerte; pero es necesario reforzar la autonomía de los movimientos, algo que no se logró, salvo en el caso de los movimientos sociales de carácter antiextractivo, indígenas y no-indígenas, porque los populismos no tenían capacidad para interlocutar con ellos, debido a la colisión clara en términos de proyectos. El populismo de corte neoextractivo no podía capturar a estos movimientos, por eso la primera grieta de los progresismos latinoamericanos emerge ahí, en ese costado, en ese margen en el que se cuestiona el modelo de desarrollo y luego de democracia, en la medida en que se inicia un nuevo ciclo de violación de los derechos humanos. Pero en el caso del resto de los movimientos sociales, fueron capturados. En Bolivia, movimientos campesinos e indígenas fueron absorbidos por el estado. Evo desplazó a las cúpulas díscolas, o creó una estructura paralela, una organización afín y leal; esto es típico de los populismos de los años 50. Donde hay resistencia y proyecto de autonomía, se crea una estructura paralela que los desplaza; que fue lo que hizo Perón con el Partido Laborista. La lógica populista se construye en este espacio; es la tentación hegemonista. No sé si es estructural o contingente, si la propia dinámica de estos procesos lleva a que se exacerbe esta dimensión; pero al final del ciclo populista vemos un panorama muy similar en términos de concentración del poder, de subordinación de los actores sociales al líder, de modelo de tutela respecto de los movimientos sociales, que dejan de tener agenda propia. Aún así, si uno mira el proceso argentino y se pregunta qué ocurrió con los movimientos, se ve que el kirchnerismo tuvo una gran capacidad de incoporación de los mismos, ya que colocó en el centro una agenda de derechos humanos, una agenda ligada a la condena del terrorismo de Estado de los años 70 y a la reactivación de los sindicatos con sus demandas. Esta agenda  no contemplaba las demandas de los movimientos antiextractivos ni tampoco la de las organizaciones indígenas. El caso es que se divorcian estas dos agendas de derechos humanos.

Y de hecho, el kirchnerismo se autodefinió como el gobierno de los derechos humanos…

Minimizando y obturando otras demandas, como las de los movimientos contra la megaminería a cielo abierto, la denuncia del impacto de los agrotóxicos y después el fracking. El kirchnerismo no podía asumir estas demandas, porque estaba alineado con ese modelo neoextractivista. Entonces, hubo ahí una desconexión muy clara de dos agendas de derechos humanos. Lo que se vio entonces es que el kirchnerismo tuvo una gran capacidad de integración: incorporó a gran parte de los sectores piqueteros, de las organizaciones de derechos humanos,  de los sectores sindicales. Tres líneas de acumulación de lucha; la cuarta, ligada al neoextractivismo y las luchas indígenas irrumpía con un matriz mucho más autonomista, y mucho más localizada también, sin inmediato impacto nacional. Cuando en 2007, inclusive en 2010 cuando gana Cristina por segunda vez, el kirchnerismo todavía tenía las espaldas anchas; era una articulación de movimientos, partidos y amplios sectores sociales, un proceso que fue obra sobre todo Néstor Kirchner, que fue el gran arquitecto del populismo en Argentina, y que después fue consumado por Cristina Fernández de Kirchner, por la dimensión carismática de su liderazgo. Pero después de 2010, el kircherismo comienza a perder aliados, por ejemplo, dentro del sindicalismo, que siempre fue un aliado del peronismo, el gobierno de Cristina rompe con [Hugo] Moyano [dirigente sindical de los camioneros], que en aquel momento tenía la capacidad de parar el país desde La Quiaca a Tierra del Fuego. Cristina pasa a apoyarse sobre todo en La Cámpora, grupo de jóvenes advenedizos que irrumpieron de forma masiva después de la muerte de Néstor Kirchner. El proceso de concentración del poder en Cristina y su grupo más pequeño fue fabuloso.

¿Cómo se modifica esa situación tras la victoria de Macri a fines de 2015?

Al final de ciclo, en 2015,  antes del el triunfo de Mauricio Macri, son los movimientos socioterritoriales se forma la CTEP (Confederación de Trabajadores de la Economía Popular). Esas organizaciones irrumpen de modo masivo en el escenario público, en julio o agosto de 2016, cuando se da la primera marcha de Liniers a Plaza de Mayo. Fue una irrupción plebeya, con una  gran fuerza expresiva y nuevas demandas, con una propuesta de reorganización a través de la economía social. Tambien denuncian de cuales son los nuevos problemas de los sectores populares: además de la pobreza y la falta de trabajo, está el narcotráfico. LA CTEP, la CCC (Corrriente Clasista y Combativa) y otras organizaciones sociales buscarán poner en agenda un problema que fue negado e invisibilizado por el kirchnerismo; denuncian cómo los actores del narcotráfico los expulsan de los barrios y compiten con ellos en términos de reconstrucción de la identidad, por el control de las subjetividades. Se trata de una competencia en términos de biopolítica, porque el narcotráfico también tiene esa capacidad de reorganizar  y controla la vida y muerte de los sectores populares. Y ellos colocan esto en la agenda pública, de la mano del Papa Francisco y los curas villeros. Es muy interesante como proceso: de un lado, esas organizaciones que habían sido integradas por el kirchnerismo, sobrevivieron a él; y creo que sobrevivieron porque no fueron el actor fundamental, más bien un actor de reparto. Porque en última instancia siempre fueron menospreciados por el kirchnerismo: nunca fueron el actor para pensar la política, como si lo eran los sindicatos y las organizaciones de derechos humanos. Segundo, porque el empeoramiento de la situación social y económica hizo que salieran a la calle a demandar trabajo, pero también seguridad en los barrios. Muchos pensamos que los tiempos de los piqueteros habían pasado, y en realidad no son los mismos piqueteros de hace quince años. Hoy se autodenominan organizaciones sociales, pero la raíz piquetera está presente, más allá del proceso de institucionalización. El Frente Darío Santillán, organización con la cual tuve más vínculos y afinidades, implosionó al final del gobierno kirchnerismo. Desde mi perspectiva, fue  la experiencia más interesante del autonomismo, lo cual se expresaba en una gama de experiencias que iban de los bachilleratos populares a las organizaciones culturales; y penosamente estalló por cuestiones de protagonismo individual. Para mí fue la experiencia radical más interesante e innovadora por fuera del kirchnerismo, y ver que ésta se había quebrado por una cuestión de competencia de liderazgo y no por diferencias en términos de posicionamientos políticos, me dio mucha tristeza, y peor aún, me dio también indignación ver cómo la izquierda ligada al trotskismo se tomó una revancha con ellos, mostrando a través de esa ruptura que el autonomismo en sí mismo era un fracaso y que entonces ellos pasaban por ser los únicos representantes de la izquierda organizada.

En los últimos años, los movimientos de mujeres han ganado protagonismo en las calles. ¿Crees que los feminismos pueden tener la  capacidad de abanderar o estructurar el conflicto para hacerle frente al nuevo embate del neoliberalismo?

Subrayo dos puntos. El primero es que, si analizas el ciclo progresista latinoamericano, éste emerge de la mano del protagonismo indianista, con conceptos-horizonte como Autonomía, Plurinacionalidad, Buen Vivir, derechos de la naturaleza. Es el movimiento indigenista el que marca el cambio de época. Después se dará el conflicto por el lugar que tienen esos conceptos en el proceso de cambio, como sucedió en Ecuador y Bolivia. Al final del ciclo, lo que se observa es el creciente protagonismo femenino en toda América Latina. Creo que podemos hablar de un proceso que marca el pasaje del momento indianista al momento feminista, que se expresa, en primer lugar, en el protagonismo de las mujeres en las luchas contra el neoextractivismo; en la emergencia de diferentes formas de feminismos populares, algunos de los cuales se combinan con un ecofeminismo de la supervivencia, como diría Vandana Shiva, o un ecofeminismo con elementos espiritualistas. En estas experiencias de politización de las mujeres,  hay un proceso muy interesantes de descubrimiento de la voz propia, como diría Carol Gilligan, que es posible ver en las mujeres que luchan en contra de la expansión de la frontera petrolera, en contra de la megaminería o denunciando los impactos sociosanitarios del modelo sojero. Mujeres que están ahí, al pie del cañón, que se van empoderando en ese vaivén, del espacio público al espacio privado. Estamos hablando de un feminismo de los márgenes, no sólo geográficos, sino vinculado a mujeres de sectores populares, muchas veces campesinas e indígenas. En esa dinámica no pocas se reconocen como feministas, no pocas van verbalizando no sólo la dominación de las empresas, sino también la opresión patriarcal. No se da en todos los casos, pero es una tendencia. Hace poco me tocó prologar un libro sobre luchas antiextractivistas en Colombia, y descubrí diálogos muy similares que tuve con mujeres que luchan en otros países contra el neoextractivismo. En general, las mujeres de orígenes populares reniegan primero del término feminista, pero en la dinámica misma de las luchas se van identificando como tales. Por otro lado, es sobre el triple eje mujer-cuerpo-territorio, que éstas van reescribiendo el vínculo con la naturaleza, desde un enfoque relacional.  Van recreando temas que en el feminismo tradicional no aparecen; van retomando la dimensión del cuidado y la relación de interdependencia con la naturaleza. Esta dimensión ecofeminista está muy presente en feminismos populares y comunitarios que luchan contra el neoextractivismo, pero que extienden su discurso en un sentido u horizonte descolonizador. Pienso en la Red de Sanadoras en Guatemala, con Lorena Cabnal; pienso en la noción de Julieta Paredes, de la Asamblea Feminista de Bolivia, sobre el “entronque patriarcal”, que conecta los dos patriarcados, el de las comunidades indígenas, con el moderno-occidental.

¿Qué papel ha jugado Ni Una Menos en ese proceso?

La movilización ha sido y es  sobre todo plurigeneracional y tan masiva que, en ese sentido, yo sostengo que tenemos enfrente algo más que un movimiento social; en realidad, se trata de “la sociedad en movimiento”. Claro que en esta gran movilización convergieron dos olas: la primera, representada por aquellas mujeres y colectivos feministas que desde décadas vienen luchando por la ampliación de derechos; la segunda, ilustrada por la flamante vitalidad antipatriarcal de las jóvenes, jovencísimas de hoy, que está ligada a la lucha contra los feminicidios y la violencia de género. Esa gran ola arrancó con el movimiento “Ni una menos”, contra los feminicidios, hace tres años, en la cual se manifestaron abierta y masivamente muchas mujeres, y sobre todo ingresaron al campo de lucha las más jóvenes, jovencísimas, muchas de las cuales tienen entre 12 y 15 años. El 8 de marzo pasado, en el festejo del día internacional de la mujer, la gran ola reapareció, fortalecida, convertida en una imparable marea verde, frente al Congreso Nacional, y todo eso coaguló en la demanda masiva por el aborto legal, seguro y gratuito. Lo propio de la marea verde actual es que las nuevas camadas, adolescentes, traen una gran potencia y tienen mucho más desnaturalizado el poder patriarcal. Para las más jóvenes, el hecho de que los que deciden nuestro destino sean hombres, blancos, heterosexuales y mayores de 50 o 60 años, es entendido como un acto de violencia simbólica insoportable. Ellas hacen ver que hoy el rey está desnudo. Para decirlo de otro modo, aquello que las mujeres de mi generación teníamos naturalizado, hoy aparece completamente desnaturalizado en las más jóvenes, que son desenfadadas, hipercríticas y esto lo exhiben con una alegría inocultable en sus cánticos antipatriarcales. Y esto lo hacen en medio de la peor ola femininicida que hayamos conocido en toda la historia…

Tambien creo que este movimiento abre la posibilidad de un nuevo ethos feminista, en el que la crítica al patriarcado puede confluir con la idea de interdependencia y ecodependencia, la articulación entre razón y emoción, con valores del cuidado, cooperación, bienes comunes; que son temas de la agenda feminista que tienen que ver con la liberación de la humanidad, no de las mujeres únicamente. Tambien considero que el gran reto es articular el feminismo de Ni Una Menos que sale masivamente a las calles por el aborto legal; y por otro lado, los feminismos populares que nace al calor de las luchas contra el neoextractivismo donde las mujeres ponen los cuerpos en peligro, como también son cuerpos en peligro ante la repetición de los feminicidios. Si no hay articulación entre esos dos feminismos, veo difícil que se avance en la generación de un nuevo ethos; pero sí creo que estamos ante un momento feminista y todavía no se han desarrollado todas esas potencialidades.

En su diálogo con Amazonas, la ecofeminista española Yayo Herrero plantea el riesgo de ir hacia una sociedad ecofascista, si la discusión sobre la sotenibilidad ambiental no va de la mano de un cuestionamiento sobre la justicia social…

Uno de los desafíos es articular justicia ambiental con justicia social. Algo que interpela directamente al ecologismo y hace imposible cualquier deriva de ecofascismo; eso puede darse en sociedades donde están mucho más satisfechas las necesidades primarias. En América Latina el ecologismo viene desde abajo, y está muy vinculado a las luchas contra el neoextractivismo. También se está conectando con el cuestionamiento de los modelos de consumo. Por ejemplo, hay experiencias de agroecología más importantes de lo que se cree, incluso en Argentina, en medio del continente sojero hay islas de agroecología, que impulsan otro modelo.  Pero están desconectadas de las luchas contra el neoextractivismo. En realidad, apenas se está comenzando a hablar de la conexión entre el modelo de consumo y el modelo de apropiación de la naturaleza. Por eso yo insisto en utilizar la categoría de Antropoceno, que como concepto-síntesis nos obliga a pensar de forma holística e integral; y esto hace referencia a la matriz de apropiación y producción, a la matriz de consumo y de circulación de los bienes. En Argentina, como en otros países de América Latina, se pone más énfasis en el modelo de apropiación; en Europa, en el consumo – salvo ahora, con el fracking, que los europeos están confrontados a ese dilema. Hay cuestiones inherentes, de orden geopolítico, que hacen a  la geografía del consumo y a la geografía de la extracción.

Pareciera, además, que la mayor parte de la sociedad sigue siendo incapaz de pensar alternativas por fuera del paradigma hegemónico del desarrollo…

Estos tiempos de Antropoceno nos hacen conscientes de que uno de los grandes problemas tiene que ver con que la modernidad implicó la consolidación de paradigmas binarios que están en la base del modelo hegemónico. Ese paradigma moderno que separa sociedad y naturaleza, que considera el ser humano como algo independiente de la naturaleza, viene de la mano de otros paradigmas binarios,  como hombre-mujer, razón-emoción, civilización-barbarie, público-privado o humano-no humano. El paradigma binario de la modernidad es el que está siendo cuestionado. El Antropoceno implica el acoplamiento dramático entre orden cosmológico y orden social: la humanidad ve la posibilidad de que estemos ante la inminencia del fin. Eso nos obliga a un cuestionamiento filosófico y epistemológico, que está en el origen de la revalorización de los enfoques relacionales. Desde la antropología crítica, lo han venido trabajando autores como [Phillipe] Descola y [Eduardo] Viveiros de Castro. Esta revalorización de los enfoques relacionales de pueblos amazónicos, por ejemplo, está muy ligado a la crisis  ecológica. Pero, fuera de eso, la crisis interroga nuestra perspectiva epistemológica, nuestra forma de concebir la realidad. Y en esa línea, el momento indianista y feminista posibilita pensar de otro modo.

¿Qué aportan, en ese sentido, los feminismos?

Mientras que la perspectiva indianista coloca el énfasis en una visión más biocéntrica donde el buen vivir viene asociado a los derechos de la naturaleza, y por ende la armonía entre lo humano y lo no humano es central; en la feminista también está la vocación por desarrollar un enfoque relacional basado en las ideas de interdependencia y cuidado. Y vuelvo ahí a Carol Gilligan, para pensar el hecho de que lo que nos caracteriza como seres humanos es la empatía,  nuestra capacidad relacional. Sin el cuidado del otro, no podemos sobrevivir como especie; y lo que ha hecho el patriarcado ha sido disociar al hombre de esa dimensión relacional, muy vinculada al cuidado, y esencializarla respecto de la mujer. El patriarcado nos ha desconectado de algo esencial para vivir con los otros y con nosotros mismos. La desnaturalización del patriarcado y la valoración de la interdependencia y el cuidado, nos lleva a descubrir la voz propia, como una dimensión relacional central en la humanidad. Es un punto de partida interesante para pensar que las mujeres, a través de la afirmación del cuidado, la cooperación y la interdependencia, entendido como ecodependencia, pueden hacer un aporte fundamental no sólo en la crítica contra el patriarcado sino también contra el capitalismo. El enfoque relacional es esencial entonces para repensar nuestra relación con lo no humano; es la base para una ética ambiental, para un Antropoceno realmente vivible. Y es importante subrayar que la posibilidad de desarrollar otra racionalidad social y ambiental, viene de la mano de los movimientos de mujeres. A  veces en América Latina tendemos a vincularlo únicamente con los pueblos indígenas. Creo que hay que apostar a una sociedad intercultural, pensar en un horizonte plurinacional; pero al mismo tiempo, como mujeres, nosotras tenemos capacidad para colocar en la escena otro tipo de vínculo entre sociedad y naturaleza. En las mujeres está esta capacidad relacional, esta articulación entre razón y emoción; finalmente el ecofeminismo resignificó de manera positiva lo que el patriarcado significó peyorativamente.

En este momento político tan complejo, pareciera que tenemos muchos frentes abiertos, que es difícil, o imposible, enfrentar lo macro, y surge la pregunta,  ¿qué hacer?

En términos personales, a mí la perspectiva de seguir una ruta anfibia me ha resultado muy enriquecedora; navegar por diferentes aguas, transitar diferentes mundos, tratar de influir en la agenda pública, poniendo temas que no estaban presentes, ligados por ejemplo al neoextractivismo; sin embargo, no es mi momento más optimista. Inclusive, yo he estado en la creación de Plataforma 2012, un colectivo de intelectuales que apostó a  romper esa dinámica perversa que se había forjado entre kirchnerismo y antikirchnerismo, a romper con la idea de que el kircherismo hegemonizaba lo popular, o la izquierda posible; pero el actual es un momento muy delicado. Los populismos generaron gran incomodidad en nosotros, todavía hay que hacer el balance de los progresismos populistas en América Latina para repensar las izquierdas. Pero ahora estamos en una situación diferente en que el giro conservador y neoliberal se advierte cada vez más radical, más vertiginoso y acelerado; y el escenario es muy preocupante, hay muy pocos atisbos de emergencia de nuevos espacios. Todavía estamos con la inercia, con los resultados del fracaso en Argentina, y por otro lado no se ha tocado el límite del neoliberalismo. Es un momento de mucha oscuridad. Basta ver lo que sucede en Brasil con el triunfo de Bolsonaro. Antes había incomodidad, ahora hay oscuridad. En términos políticos sería un retroceso que volviera el kircherismo, y sería un suicidio que la gente siguiera apostando por Macri y el neoliberalismo; sin embargo, pese a la existencia de líneas de acumulación – territorial, feminista, sindical – no hay un campo político diferente que emerja como alternativa; y eso se nota.

Pareciera además que, con el gobierno macrista, asistimos a un aumento de la represión a la protesta social.

El gobierno de Macri ha supuesto una consolidación y profundización del modelo extractivo; y por otro lado, ha traido enormes rupturas. Se ha buscado avanzar de manera muy violenta en la flexibilización ambiental: por ejemplo, se avanza en la modificación de la Ley de Glaciares y no se respeta la Ley de Bosques; que son las dos leyes marco a nivel nacional, que colocan un límite al avance de la deforestación y de la minería. Hay provincias como en Chubut, donde quieren avanzar con la megaminería, pese a que existe una ley que lo prohíbe; en Mendoza se avanzó con el fracking, que ya se hace en Neuquén y en Río Negro, entre plantas de peras y manzanas. El sindicato de petroleros firmó un convenio en el cual blinda la explotación de no convencionales, prohibiendo el derecho de huelga… En el medio, sabemos que las poblaciones indígenas, que en Argentina no sólo sufrieron el genocidio originario sino que fueron arrinconadas en la estepa cordillerana, en territorios que no eran valorizados por el capital. Pero ahora están siendo expulsadas ante el avance de la frontera petrolera, minera, sojera, los emprendimientos turísticos. Es un panorama muy sombrío, que ya con el kircherismo había emergido pero en un marco en el cual todavía había un lenguaje de derechos, todavía podíamos disputar la agenda de los derechos humanos. El kirchnerismo tenía mala fe, sabía que lo que ocurría con los pueblos originarios era un grave problema. Para el macrismo los derechos no son un problema; hay que avanzar con la frontera del capital; la disputa está saldada. De ahí la construcción del enemigo  interno que ha sido muy gráfica con respecto a las organizaciones del pueblo mapuche. Lo que hay detrás de la demonización del pueblo mapuche es una disputa por la tierra. Y quienes están abogando por el respeto de las leyes nacionales e internacionales, ligada a los derechos indígenas, son denunciados como usurpadores y terroristas. Para terminar de blindar la explotación de hidrocarburos no convencionales, el fiscal general de Neuquén, está promoviendo incorporar a la legislación penal la figura del “conflicto ilegítimo”. El diario que publica esto acompaña el texto con una foto de un reclamo mapuche…

La expansión de la frontera sojera es también una frontera de muerte: durante el kirchnerismo hubo unos quince muertos en situaciones difusas y otros que fueron asesinatos abiertos. El avance de la represión se ha dado en todos los campos. La foto de [el dirigente de la CTEP Juan] Grabois encarcelado con los senegaleses es una postal de época. Los senegales son hostigados sistemáticamente desde hace años, producto de un racismo inveterado de la policía; son considerados una población peligrosa y sin derechos, pero de eso no se habla. Cuando uno ve esa foto, se pregunta acerca de la intencionalidad política de encarcelar a un dirigente de la talla de Grabois, si no se estará haciendo un ensayo para ver hasta dónde puede avanzar con la represión. Creo que se están tanteando los límites, impulsando el corrimiento de la represión estatal

Ese racismo inveterado del que hablas nos devuelve al binomio civilización o barbarie…

Exacto. En la barbarie caían indios, montoneros y mestizos; mientras que por otro lado se abría la puerta a la migración blanca. Es el dispositivo originario y fundacional de la Argentina, el mismo que instaló la idea de que éste es un país blanco y de clases medias, de que en efecto se habían eliminado a los indios. Y en realidad, pese a la campaña genocida, muchos indígenas sobrevivieron y fueron reclasificados como trabajadores y peones rurales. Pasaron a ser vistos como mestizos, como “cabecitas negras”. Hoy en día, esos descendientes de pueblos originarios, están revalorizando la cultura indígena, reconstruyendo su identidad en términos de indígenas. Ese proceso de indianización ha hecho que en Argentina éstos emerjan como sujeto político, y eso es emblemático en el caso de los mapuche, como espejo también del proceso que se ha dado en Chile. Hoy, la sombra del genocidio viene de la mano de los megaproyectos extractivos, de nuevo en nombre del progreso, del desarrollo. Nuevamente se busca arrinconar a esa población, se los impulsa  a que acepten compensaciones económicas o que simplemente se subordinen a los nuevos modelos de desarrollo. La continuidad del modelo colonial respecto a los pueblos originarios es clara, y el racismo inveterado aún persiste. En el 2017, cuando se generó toda una discusión tras la desaparición de Santiago Maldonado y la muerte de Rafael Nahuel en Bariloche, eso quedó muy en evidencia. Yo vengo del sur, soy de la Patagonia, vengo de un lugar que fue el núcleo duro de la llamada “campaña del Desierto”, que es el Alto Valle de Río Negro en Neuquén. En fin, hay sectores conservadores y de derecha que hablan de “falsos indios”. Por eso mi temor mayor es que en estos tiempos tan oscuros se consolide un consenso anti-indígena, asociándolos al terrorismo y a la violencia. Es difícil luchar contra esos prejuicios de las clases medias y altas; el desprecio al indígena está metido en la narrativa misma de la nación, la idea de que la nación se construyó sin los indígenas.

Lo de que “venimos de los barcos”…

Exactamente.

Quisiera terminar con una pregunta sobre tu nuevo libro, Chacra 51, que aborda los riesgos que implica el fracking o fractura hidráulica como forma extrema de extracción de combustibles fósiles. El libro lo aborda desde una perspectiva muy personal, porque el fracking llegó a tu ciudad, Allen, en la Patagonia, y más aún: a la chacra de tu abuelo, la Chacra 51. ¿Cómo fue ese proceso?

Fue algo inesperado, que ni el peor de mis enemigos me hubiera deseado. Yo ya hacía años que investigaba y combatía el modelo extractivo; encontrarme con una torre de perforación petrolera en la chacra de mi abuelo fue un gran impacto. Era 2011 y no se sabía mucho sobre el fracking y los no convencionales; esos primeros años fui una suerte de Casandra que trataba de advertir a los otros de lo que implicaba la fractura hidráulica. Después vino una etapa de lucha; se instaló YPF y en 2013 se dio la pelea en los territorios para poner la cuestión a debate público, tanto en Neuquén como en Allen. Implicó volver al lugar donde nací pero al que ya no pertenecía; fue doloroso, porque perdimos en todos los frentes. Fue muy difícil tomar la decisión de contar aquella experiencia; el golpe fue tan duro que dejé de hacer intervenciones concretas locales en Argentina, aunque seguí en otros países, como Colombia. El libro ayudó a procesar y elaborar todo aquello. La editora, Ana Laura Pérez, me lo propuso hace años pero en 2017 decidí que era tiempo de hacer algo con eso, de unir los pedazos: lo familiar, lo local, lo nacional y una perspectiva más global de la crisis socioecológica a la que nos enfrentamos. Es el libro más personal que he escrito, sin duda; escrito en primera persona, está entre la literatura, la sociología y la política.

VENEZUELA: La antipática verdad que requiere una critica a las utopías | Entrevista a Jeudiel Martínez Daza y Simón Rodríguez Porras

20feb-19
Publicada el 20 febrero, 201927 febrero, 2019 1
por admin

Natália Moraes de Carvalho.

EL 23 de enero de 2019, escuche el video grabado del desalojo de un edificio en Caracas, el autor filmaba a la multitud venezolana en protesta contra Nicolás Maduro. En la ocasión, apoyado por Donald Trump Juan Guaidó, el entonces presidente de la Asamblea Nacional, se autodeclaró presidente interino de Venezuela reivindicando artículos específicos de la constituyente. Las protestas que estallaron por el país contrastando con la reacción de los partidarios del gobierno en las redes sociales hicieron que todos los reflectores apuntaran a Venezuela. La disputa por la presidencia y dirigencia económica del país que tiene “petróleo” dicho antes del nombre propio cuenta con sanciones, amenazas de intervención militar, rivalidad de potencias económicas, críticas al gobierno Maduro y rechazo a la injerencia norteamericana.

No obstante el nuevo acontecimiento, el polvo de antiguas polémicas y el patrullaje de las discusiones sobre chavismo y madurismo volvieron a la superficie sin grandes adaptaciones, lo que hace cuestionar, ¿Cuál es el precio de la verdad en el momento en que la retórica discursiva tiene tanta utilidad?

Los entrevistados, Jeudiel Enrique Martínez Daza¹ y Simón Rodríguez Porras²  lo saben.

Esta iniciativa de entrevistar a venezolanos que investigan y viven los sucesos de Venezuela, se da por la necesidad de superar el callejón sin salida en que las discusiones referentes a Venezuela suelen terminar. No es casualidad. Se trata del momento en que, no sólo partidos políticos, sino que cada grupo selecciona información que les favorezca de forma que los escasos análisis dicen mucho más sobre el grupo que la elabora que sobre Venezuela en sí.

Justo cuando más podríamos informarnos sobre nuestros vecinos a fin de desarrollar una campaña inteligente que buscaba darles apoyo, son los venezolanos que perciben -una vez más- cuál es el material difundido a su respecto y el comportamiento que esperamos que asuman. Se dan cuenta nuevamente de que hay una larga carretera para que consigan aclarar la verdad y que este itinerario cuenta inevitablemente con la crítica de las narrativas apologéticas (de derecha e izquierda) construidas hasta entonces. Jeudiel Martínez y Simón Rodríguez manifiestan en este espacio dos visiones distintas sobre la Venezuela contemporánea, razón de recibir algunas preguntas iguales en medio de otras específicas.

Los entrevistados actúan hace algunos años haciendo análisis comprometidos, militando y vivenciando lo que les sucede a sus conocidos y compañeros muriendo, siendo asesinados o aterrorizados por un gobierno cívico-militar, ellos están entre los invisibilizados, ergo, deshumanizados, por la retorica chavista, llamándolos “imperialistas”, “terroristas”, “golpistas”o cualquier cosa que se valga para justificar la represión que denuncian.

Cuando las expectativas y utopías caen por tierra la verdad depende del enfrentamiento de quien fue silenciado.

 

SIMÓN RODRÍGUEZ PORRAS

Natália: En primer lugar, agradezco su disponibilidad en responder a las preguntas de los brasileños. La posibilidad de entrar en contacto con los principales involucrados en los eventos que asociamos es enriquecedora.

  1. Bien, la primera cuestión es para presentación y contextualización, pero también un cuidado para no recaer en generalizaciones, después de todo, estoy hablando con dos venezolanos específicos. Entonces, ¿de dónde es específicamente? ¿Cuáles son las peculiaridades regionales de este lugar que los brasileños probablemente desconocen. Siendo que construimos nuestras preferencias políticas a partir de las experiencias de donde vivimos, como se identifica dentro del espectro político, económico y social. ¿Participa de algún movimiento u organización?

Simón: Te agradezco el esfuerzo que hace para hacer llegar a los lectores brasileños la voz y la perspectiva de sectores de una oposición de izquierda que ha sido perseguida, criminalizada y que es poco conocida fuera de Venezuela. En mi caso, formó parte del Partido Socialismo y Libertad, una organización marxista con una estructura sindical importante que tuvo legalidad hasta 2016, cuando la mayoría de los partidos fueron privados de su representatividad electoral. En el momento en que se inició mi activismo en el movimiento estudiantil, presidí un centro de estudiantes en la Escuela de Música de la Universidad de los Andes y más tarde actué como profesor universitario, trabajé en medios alternativos como la ya extinta Radio Ecos y fui parte del equipo fundador del sitio laclase.info. Soy coautor del libro «¿Por qué fracasó el chavismo? Un balance desde la oposición de izquierda«que fue traducido al inglés y pronto estará en portugués por compañeros de la Corriente Socialista de los Trabajadores, una corriente interna del PSOL de Brasil. Entre los compañeros de nuestra organización están, por ejemplo, el secretario general de la Federación Unitaria de Trabajadores Petroleros de Venezuela (Federación Unitaria de Trabajadores Petroleros de Venezuela), José Bodas; también el antiguo dirigente trabajador Orlando Chirino, que fue candidato a la presidencia por nuestro partido en 2012.

Mérida es una pequeña ciudad andina, de unos cuatrocientos mil habitantes, ubicada a unos 1600 sobre el nivel del mar, en una meseta rodeada por picos de hasta cinco mil metros de altura. La Universidad de los Andes contó con 35 mil estudiantes en sus mejores tiempos, pero debido a la crisis esta cifra se ha reducido a la mitad en los últimos cuatro años. Para tener una idea del recorte presupuestario aplicado a la universidad, la Facultad de Artes actualmente tiene una asignación para gastos operativos de menos de 5 dólares para todo el año. También es una región de vocación agrícola.Durante dieciséis años el gobierno de Mérida estuvo en las manos del chavismo. Pero en el año 2009 se dieron las primeras protestas masivas contra el chavismo, antes de un racionamiento eléctrico severo que el gobierno aplicó en el interior del país. En 2014 y 2017 Mérida fue uno de los puntos en que las protestas populares contra el gobierno se radicalizaron, ya en plena crisis económica. La represión ha sido muy grande y ha afectado a la izquierda, con casos como el de la desaparición forzada del combatiente social Alcedo Mora y de los hermanos Vergel, en febrero de 2015. Hasta ahora el gobierno se negó a investigar y los familiares de las víctimas culpan a los servicios de inteligencia por el crimen.

  1. ¿Las cuestiones centrales para entender la Venezuela actual son petróleo e imperialismo como ha discutido la izquierda internacional? Para usted cuáles son marcos esenciales para entender la coyuntura y cuales son desconocidos o ignorados?

S: Maduro es odiado por la mayoría del pueblo por haber aplicado el ajuste económico más brutal de nuestra historia, sometiendo el hambre y la miseria a millones de personas mientras la burguesía chavista vive en una opulencia impúdica. Este desastre no es consecuencia de políticas «socialistas», sino de haber llevado al extremo distorsiones propias de una economía capitalista semi-colonial en que todo gira en torno a la apropiación del ingreso del petróleo. Y que para mantenerse en el poder a pesar de un repudio mayoritario, recurre cada vez más a la represión de los sectores trabajadores y populares que en un primer momento fueron la base del chavismo. Esto es lo fundamental a entender. Indudablemente la cuestión del imperialismo es muy importante, aunque en un sentido diametralmente opuesto de lo que suponen los que creen que Venezuela es un país en tránsito hacia el socialismo o con un gobierno antiimperialista. Venezuela participa en la economía capitalista mundial desde una posición subalterna como proveedor de materias primas, sobre todo de hidrocarburos, cuya explotación se lleva a cabo bajo un esquema de joint ventures con transnacionales estadounidenses, rusas, chinas y de la Unión Europea. La empresa extranjera con mayor inserción en la industria petrolera venezolana es la yanqui Chevron. Y en cuanto a las pretensiones «antiimperialistas» de Maduro, basta recordar que en enero de 2017 la empresa Citgo, propiedad del Estado Venezolano, fue una de las mayores donantes para la asunción del mando de Donald Trump.

El gobierno de Maduro no defiende la soberanía ni los recursos naturales. Al aplicar el plan del gobierno de Chávez llamado «Plan de la Patria», entregó más de cien mil kilómetros cuadrados de territorio a transnacionales para explotación de oro, coltan y otros minerales, uno de los planes de pillaje y depredación más ambiciosos de la historia de nuestro país. Entonces, para el imperialismo, no se trata de meter las manos en los recursos venezolanos, ya lo hace bajo el chavismo, sino de garantizar la continuidad del pillaje.

¿Por qué el chavismo asumió un discurso socialista si ni siquiera adoptó medidas democráticas modestas, como superar el latifundio improductivo, o nacionalizar la industria petrolera para invertir la renta en el desarrollo agrario e industrial del país? Claramente esta radicalización discursiva corresponde al contexto en que el chavismo llega al poder, representando la ruptura con los partidos del status quo. La derrota del golpe de estado apoyado por Bush en 2002 por la vía de la movilización popular es un hecho sin precedentes que muestra la validez de un proceso revolucionario abierto desde El Caracazo de 1989. Había grandes expectativas de justicia social y participación democrática en el movimiento trabajador y popular . El gobierno adaptó su discurso a estas exigencias, mientras que en la práctica impulsó una política represiva y cooptadora para emparejar a los sindicatos y las organizaciones populares, lo que a largo plazo le permitió proporcionar grandes derrotas a la clase obrera y desarticular la organización popular. Al final de cuentas, esto explica cómo Maduro consiguió reducir los salarios a menos de diez dólares al mes e imponer condiciones de trabajo de semi-esclavitud.

A pesar de la penetración de capitales rusos y chinos, Estados Unidos permaneció hasta 2018 como el mayor destino de las exportaciones venezolanas y la primera fuente de nuestras importaciones. De tal manera que Venezuela nunca dejó de estar dentro de la esfera de influencia de la mayor potencia imperialista. Además de la implicación directa de Bush en el golpe de 2002, Estados Unidos siempre mantuvo una relación cercana con la oposición de derecha. El desastre del chavismo en los últimos años ha generado la oportunidad de intervención del gobierno de EEUU que se concreta en enero de este año con el reconocimiento de Guaidó como presidente interino con las sanciones sobre el petróleo que tendrán un efecto devastador sobre una economía ya arruinada, y con las amenazas de invasión hechas por Trump, Bolton y el Comando Sur. Por eso, sin dar ningún apoyo al gobierno de Maduro, rechazamos toda la demagogia «humanitaria» de Estados Unidos y nos oponemos a su injerencia que no busca objetivos «democráticos» sino que meramente imponer un gobierno títere.

  1. ¿Venezuela vive una democracia? En mi opinión, la defensa de esta democracia y de que Maduro responde por la soberanía popular se articula principalmente en la premisa de que sus elecciones fueron legítimas. ¿Qué sucedió en este proceso?

S: La primera cosa que hay que hacer es una aclaración sobre la perspectiva marxista en la que nos insertamos, distinguimos la legalidad y la legitimidad. No concedemos legitimidad a aquellos gobiernos que sostienen un sistema económico y social injusto, basado en la explotación, intrínsecamente antidemocrático. Independientemente de cómo hayan ascendido al poder. Esto significa, es importante considerar la fisonomía del régimen, que se define a sí mismo como cívico-militar. Después de perder 66% de los escaños en el parlamento (la Asamblea Nacional, AN) en 2015, el gobierno anuló todas las funciones parlamentarias y suspendió las garantías constitucionales. Reprimió brutalmente las protestas populares de 2017 y aplicó juicios militares a civiles por protestar o por participar en los saqueos de alimentos. Impuso una Asamblea Nacional Constituyente (ANC) con el 100% de diputados miembros del oficialista PSUV. Todo ello contando con el apoyo militar.

Los militares, muchos de ellos formados en la Escuela de las Américas, encabezan ministerios, controlan PDVSA, tienen un canal de televisión, una docena de empresas entre las que destacan una empresa minera, además de controlar la red estatal de distribución de alimentos, los puertos y las fronteras. Mantienen grandes negociaciones con compras de armamento, controlan el contrabando de gasolina para Colombia, Brasil y el Caribe, un negocio lucrativo ya que es la más barata del mundo en Venezuela. En virtud de estos intereses, y no de una supuesta condición «patriota» ni mucho menos «socialista» es que los militares mantienen a Maduro en el poder, endosando las elecciones fraudulentas de 2017 y 2018, en las cuales la mayoría de los partidos opositores fueron excluidos.

El Gobierno de Maduro es un régimen dictatorial que se alejó de la propia constitución aprobada por el chavismo en 1999. Tiene decenas de presos políticos trabajadores como el dirigente sindical Rubén González o Rodney Álvarez, presos que sin haber sido condenados ni procesados ya llevan  siete años encarcelados.

  1. Tenemos en el imaginario la división de poderes en la sociedad que, al menos en teoría, debe garantizar la independencia de ciertos sectores impidiendo totalitarismos, la tríada: ejecutivo, legislativo y judicial. ¿Cual es el estado de la división de poderes en Venezuela?

S: Esta concepción liberal, sometida al examen de los hechos, no refleja otra cosa que una división de tareas en el Estado burgués de modo que sirva perfectamente a los propósitos de dominación de clase. Es decir, no es un equivalente de la democracia política en sí. En el caso de Venezuela, la casta cívico-militar controla todos los poderes, desde el punto de vista formal, incluidas las funciones ejecutiva, legislativa, judicial y electoral en la ANC.

Pero lo más importante es el servicio de quienes gobiernan. Esta concentración de poder en Venezuela está al servicio del saqueo de petróleo por parte de las transnacionales, de la imposición de salarios míseros, de perseguir cualquier disidencia, de alimentar los negocios de la burguesía chavista.

  1. ¿Un partido de izquierda e independiente como el de ustedes se encuentra amenazado en esta coyuntura? ¿Sufren la reacción de alguna izquierda que piensa que deberían defender a Maduro y el chavismo con uñas y dientes? ¿Qué estás defendiendo en este momento?

S: Nuestra organización sufrió a lo largo de esos años el asesinato de 8 militantes obreros en manos de las mafias sindicales del gobierno además de prisiones y despidos, pero ni los golpes sufridos ni las amenazas o la prohibición electoral nos desviaran de nuestro posicionamiento como socialistas. Las calumnias o ataques de esa izquierda oportunista que apoya a Maduro dando la espalda al pueblo venezolano trabajador es la que no lo lograría. Nosotros defendemos la necesidad de una solución obrera y popular independiente para salir de la crisis. Que sea la mayoría trabajadora y que se organice de forma autónoma para acertar cuentas con el gobierno y tomar su destino con sus propias manos. En este sentido, consideramos que la huelga general es una herramienta muy poderosa para poner fin al régimen cívico-militar, derrotar la intervención imperialista y recuperar muchas de las conquistas perdidas en estos años, elevando un programa económico y social que exprese las aspiraciones de las mayorías empobrecidas.

  1. Juan Guaidó surgió a los ojos del mundo con la mano en la Constitución, reivindicando ser presidente interino de Venezuela dadas las violaciones cometidas por Maduro. ¿Es considerado golpista entre los venezolanos? ¿Cómo las personas se dividen acerca de su legitimidad o ilegitimidad?

S: Guaidó era un diputado desconocido por la mayoría de los venezolanos hasta que asumió la presidencia de la Asamblea Nacional. Y cuando se proclamó presidente interino suscitó expectativas en sectores importantes de la población, para los cuales este diputado representa una posibilidad de salir de Maduro.

Se debe entender su autoproclamación como un acto político. Su base legal es muy frágil, según la constitución el presidente interino tiene por única función organizar una elección presidencial a realizarse en menos de 30 días, lo que obviamente no hará. La línea de Guaidó consiste en apoyarse en el «reconocimiento» de Estados Unidos, de la Unión Europea y de gobiernos de derecha y centro derecha latinoamericanos, en las sanciones económicas de Trump y en la amenaza de invasión militar. El propio Guaidó dijo que la posibilidad de una agresión militar está «sobre la mesa» y que un grupo de jueces opositores en el exilio hasta «autorizó» una agresión militar «humanitaria».

Declaraciones criminales que repudiamos totalmente y que demuestran el carácter totalmente subordinado a Trump que estos políticos tienen. La oposición de derecha alienta también que los militares chavistas den un golpe, intentando sobornarlos con una amnistía para delitos de corrupción, violación de derechos humanos y crímenes fiscales. El programa llamado «Plan País» es un compendio de medidas de privatización y ajuste. A todo ello se suma una clara vocación desmovilizadora, evidenciada cuando dirigentes de la oposición ‘derechista’ critican las protestas violentas de los barrios ocurridos entre el 21 y el 28 de enero, alegando que fueron protagonizados por «marginales» o «chavistas infiltrados», cuando en realidad consistieron jornadas heroicas de lucha popular cuya represión militar costó más de 30 muertos. El discurso de Guaidó apunta que la presión externa, las sanciones económicas y un golpe o una agresión militar extranjera producen lo que él llama «el cese de la usurpación». Esta narrativa fantasiosa supone que los golpistas o invasores benefactores permitirán la autodeterminación popular en elecciones libres, ocultando cínicamente las implicaciones antidemocráticas de una transición controlada por militares o invasores.

La política de Guaidó es reaccionaria como un todo y la rechazamos totalmente, tanto por sus medios como por sus fines. No son los militares o el gobierno de los Estados Unidos que deben decidir quién gobierna Venezuela, esta decisión le concierne solo al pueblo venezolano.

  1. ¿Crees que las denuncias del abuso del gobierno Maduro son intencionalmente alejadas, desconocidas o silenciadas? ¿A quién le interesa el desconocimiento de la historia y la vida de los venezolanos?

S: De un lado está el ocultamiento de todas las denuncias de la represión practicada a sectores populares por parte del gobierno y sus aliados. Las acciones represivas no se mencionan o se justifican dentro de un discurso según el cual las víctimas son en realidad agentes de derecha o del imperialismo. Esto es parte de la propaganda de guerra que el gobierno usa desde hace años. Pero también, la derecha opositora, los gobiernos y los grandes medios internacionales ocultan sistemáticamente víctimas que no son funcionales para su agenda y su discurso. Poco se habla de los presos políticos obreros, casi nada acerca de las luchas indígenas, muy radicalizadas, la lucha contra el saqueo del Arco Minero del Orinoco o la denuncia que la izquierda hace de las consecuencias de haberse realizado onerosos pagos de deuda externa a expensas de la deuda externa el hambre del pueblo. Todo esto es ocultado porque no condice con la propaganda que atribuye al chavismo un «fracaso del socialismo» o que intenta presentar la oposición de derecha como la única oposición.

  1. ¿Hay hoy adversión de parte de la población al que se refiere el socialismo, el comunismo y la revolución dado el gobierno Maduro?

S: El gobierno chavista logró manchar las banderas de la revolución socialista asociándolas a la corrupción, hipocresía, entreguismo, represión y el desastre económico. La oposición de derecha y los medios privados no pierden la oportunidad para reforzar esta falsa noción de que Chávez y Maduro fueron «socialistas». Y el apoyo oportunista de gran parte de la izquierda latinoamericana al chavismo refuerza el desprestigio del socialismo. La construcción de una izquierda revolucionaria en Venezuela y en América latina depende de su capacidad de deslindarse del chavismo y, consecuentemente, enfrentarlo.

  1. Mi amigo Julio Batista hizo preguntas que dicen por muchos: «¿Cuáles son las diferencias entre el gobierno de Chávez y Maduro? ¿Hubo conquistas con el chavismo? «¿Qué ha ido mal?» Hay quien dice que Maduro ha destruido el legado chavista.

S: El gobierno de Maduro encarna el legado de Chávez. Es constituido por ministros y altos funcionarios que en su enorme mayoría formaban parte del gobierno de Chávez. Además, aplica políticas como la entrega del Arco Minero del Orinoco que forma parte del programa del gobierno de 2012. Y, obviamente, la gestión desastrosa de la crisis es la contrapartida del período de bonanza administrado por Chávez, en el que la corrupción y el saqueo alcanzó proporciones épicas.

Chávez representa el auge y Maduro la decadencia de un mismo modelo, basado en la canalización de renta petrolera para los capitales financieros y de minería transnacionales, así como una burguesía emergente ligada al aparato estatal; las empresas conjuntas con transnacionales petroleras y mineras, subsidios a las importaciones, alianza cívico-militar, corrupción desenfrenada como parte del metabolismo político, y la apuesta en un «capitalismo multipolar» sobre la base de alianzas con regímenes reaccionarios como el de Putin en Rusia, Erdogan en Turquía, la dictadura capitalista de partido único china o la dictadura teocrática de Irán.

Gracias a la movilización popular ya los procesos de autoorganización obrera, campesina, indígena, el chavismo se vio obligado a hacer concesiones importantes a través de programas de asistencia social entre 2003 y 2007. Sin embargo, luego estos programas de salud, educación, alimentación, sus limitaciones. Chávez llegó a afirmar que esos programas competían con ganancias sociales, como los contratos colectivos de trabajo de empresas estatales, diciendo en 2009 que prefería pagar becas a madres que salarios «altos» para los trabajadores. El gobierno casi totalmente desmantelado como parte de su ajuste brutal.

Chávez gozó de un gran apoyo popular y de un prestigio personal que Maduro nunca experimentó. Pero, incluso en parte es consecuencia de mecanismos puestos en marcha durante el gobierno de Chávez, como el culto a la personalidad. Chávez era representado como un líder iluminado sin responsabilidad en las políticas erradas de su gobierno; cualquier problema se justificaba por la supuesta incompetencia o mala fe de los ministros, gobernadores, diputados, o alcaldes pro-gobierno. Una operación ideológica para salvaguardar la figura bonapartista de los cuestionamientos populares.

La represión dio un salto impresionante con Maduro, pero aún durante el gobierno de Chávez fueron presos combatientes indígenas como Sabino Romero, militares atacaban las fábricas ocupadas, la policía asesinaba huelguistas, como en la masacre de Mitsubishi en 2009, que Chávez justificó diciendo que los trabajadores estaban armados lo que las autoridades nunca comprobaron. La ruptura de las masas había comenzado ya durante el gobierno Chávez, en las elecciones parlamentarias de 2010 la oposición patronal igualó los votos con el chavismo. Con Maduro se dio el salto a una dictadura y se anuló el parlamento, aunque la retórica «cívico-militar» ya fuera parte fundamental de la doctrina chavista y miles de militares hubieran ocupado altos cargos.

El gobierno de Maduro encarna el legado de Chávez. Es constituido por ministros y altos funcionarios que en su enorme mayoría ya formaban parte del gobierno de Chávez. Además, aplica políticas como la entrega del Arco Minero de Orinoco, que forma parte del programa del gobierno de 2012. Y obviamente la gestión desastrosa de la crisis es la contrapartida de la época de bonanza que Chávez administró, en la que la corrupción y el pillaje alcanzaron proporciones épicas.

  1. Me gustaría saber si Maduro realmente habla por la base popular y manifiesta sus deseos. Y si usted cree que la atención exclusiva en el movimiento de extrema derecha en el mundo nos impide ver las razones y voluntades de la población.

S: El lenguaje que Maduro usa para dialogar con los barrios populares es el de la represión. Desde 2015 viene aplicando operaciones policiales y militares denominadas «Operación Liberación del Pueblo» en que cientos de personas fueron ejecutadas extrajudicialmente. En una operación estándar, tropas con máscaras tácticas de calaveras y armamento de guerra detienen arbitrariamente a todos los jóvenes del área, a veces hasta mil jóvenes, algunas ejecuciones son realizadas y después de algunas horas la mayoría de los detenidos es liberada. Y el gobierno notifica estos operativos fascistas. En 2014 y 2017 el uso de paramilitares para reprimir protestas en los barrios fue bastante ampliado, y desde el año pasado un cuerpo de operaciones especiales llamado FAES ganó notoriedad y es tristemente celebrado por su brutalidad, habiendo sido responsable de los ataques a los barrios en enero de este año en que más de treinta personas fueron asesinadas.

Ciertamente hay desconfianza popular de la dirigencia opositora de derecha que son a menudo vistos como burgueses ávidos de pactar con el chavismo, pero, lo principal es el odio a Maduro lo que es comprensible. En cuanto a la extrema derecha, aunque está creciendo parasitando del desastre del chavismo, todavía no es significativa. Su principal representante es María Corina Machado, que usa algunos de los lemas de Thatcher. Las pequeñas sectas de neonazis o defensores de la dictadura militar de los años 50 son totalmente marginales.

  1. Otro amigo, Henrique Rufo, presenta las siguientes cuestiones: «¿Es sabido también que las élites que tienen el control sobre la importación de algunos productos forzaron a través del sabotaje su escasez, como la población que más depende de ellos ve esta maniobra? ¿Se les aclaran los motivos?

Y la segunda parte de la pregunta: «¿Hay alguna probabilidad de que Venezuela se convierta en un Brasil si el» GuaiDog » asume? Pasando a servir en bandeja al Tío Sam?

S: El gobierno creó la leyenda del sabotaje para encubrir su propio ajuste antipopular y el desastre de su propio modelo capitalista de explotación. Incluso con el barril de petróleo por encima de cien dólares, en 2014, ya había escasez e inflación creciente. La mayor bonanza de petróleo en nuestra historia fue desperdiciada en una fabulosa fuga de capital y subsidios a las importaciones que liquidaron la mayor parte de la producción no petrolera. El gobierno le ha dado más de seis mil millones de dólares a la General Motors, por ejemplo, cuya producción actual es prácticamente cero. La fiesta de la corrupción fue realmente salvaje. A partir de 2013, para sostener los pagos de la deuda externa a los buitres financieros de Wall Street, el gobierno recurrió a un corte drástico en la importación de productos esenciales, como alimentos y medicinas. En 2018 ese corte fue más del 80%. Se suma el aumento desequilibrado de la cantidad de dinero en la economía, alimentando una espiral inflacionaria que llevaría a la hiperinflación a finales de 2017. La economía se contrajo a la mitad y la producción de petróleo, que era de más de tres millones de barriles por día en 1998, cayó para llegar a un millón de barriles por día este año. Todas estas son consecuencias de la política oficial, no de sabotaje o conspiración. Como resultado hay escasez de productos, carestías y salarios destruidos.

Aunque la mayoría de las importaciones, al menos hasta 2017, fuera privada, de 2003 hasta hoy existe un control de cambio, y es el gobierno quien decide a quién asigna dólares para importaciones y en qué cantidad. Todos los puertos y aduanas están bajo el control de los militares. Fue el gobierno el que incentivó los fraudes de importación definiendo un precio para el dólar oficial hasta cien veces menor que el precio de mercado paralelo. Tanto la superación de las importaciones en los sectores público y privado, como el recorte gubernamental en las importaciones y la caída de la producción nacional, son los factores que explican la escasez, no una conspiración.

Nosotros, los venezolanos, experimentamos un bloqueo empresarial y un sabotaje de petróleo en 2002-2003, sabemos exactamente lo que es una política de negocios golpista y esa situación no tiene ninguna semejanza con la crisis actual, cuya responsabilidad es del gobierno. En cierta medida, a partir de las limitaciones al endeudamiento estatal venezolano establecidas en agosto de 2017, y sobre todo después de las sanciones petroleras de enero de este año, se puede hablar con propiedad sobre una agresión económica externa. Pero la economía ya estaba arruinada antes de eso.

Y en cuanto a la escalada de la injerencia ‘yanqui’, que repudiamos totalmente, puede desembocar en un golpe por parte de los militares chavistas que rompan con Maduro e incluso a mediano plazo en una agresión militar por parte de Estados Unidos. El pueblo trabajador en su absoluta mayoría repudia a Maduro, puede derrotar al régimen cívico-militar por sus propios medios, con una huelga general que logre vencer a la tropa rasa del ejército para que no lo reprima. De lo contrario, lamentablemente permaneceremos como meros rehenes de la represión dictatorial y del imperialismo, de sus sanciones económicas y de su política intervencionista. Es por eso que estamos apostando por una salida independiente de los trabajadores y de la población, es la única manera de evitar la consolidación de la dictadura o que Trump imponga un gobierno títere a la fuerza.

 

JEUDIEL ENRIQUE MARTINEZ DAZA

Natália En primer lugar, agradezco su disponibilidad en responder a las preguntas de los brasileños. La posibilidad de entrar en contacto con los principales involucrados en los eventos que asociamos es enriquecedora.

  1. Bien, la primera cuestión es para presentación y contextualización, pero también un cuidado para no recaer en generalizaciones, después de todo, estoy hablando con dos venezolanos específicos. Entonces, ¿de dónde es específicamente? ¿Cuáles son las peculiaridades regionales de este lugar que los brasileños probablemente desconocen. Siendo que construimos nuestras preferencias políticas a partir de las experiencias de donde vivimos, como se identifica dentro del espectro político, económico y social. ¿Participa de algún movimiento u organización?.

Jeudiel: Las primeras particularidades serían estas:

Casi el 100% de los ingresos provienen del petróleo. Por su parte el Estado es propietario del subsuelo y de la petrolera estatal PDVSA. El parque industrial ya era muy débil antes de Chávez y después de las nacionalizaciones casi fue arruinado.

Venezuela se divide claramente en una franja norte y una sur. La norte es costera y allí vive casi toda la población de 30 millones. Hay pocos recursos de petróleo y minería, excepto, por supuesto, por el aceite del Lago Maracaibo. El resto queda en el sur, en los estados de Bolívar y Amazonas. También existe una gran disparidad de recursos hídricos: en el sur hay reservas enormes y en el norte se están agotando. El extremo oeste es el estado Zulia y los Andes, estados que deberían ser muy ricos dado su potencial agrícola, pero son muy pobres. El oriente de Venezuela es pobre y poco poblado. La población está concentrada en torno a la ciudad de Maracaibo, al oeste en Zulia y en el centro del país en torno a Caracas y sus ciudades satélites, pero también menores como Valencia y Maracay, que solía ser el corazón de la industria venezolana.

  1. Venezuela vive una democracia? A mi ver la defensa de esta democracia plena y de que Maduro respondería por la soberanía popular se pautea en la premisa de que su elección fue legítima. ¿Qué sucedió en este proceso?

J: Venezuela ha vivido un proceso de «des-democratización» muy largo. Comienza en 2007 o tal vez en 2002. Como la oposición antichavista dijo que Chávez era un dictador hay muchas personas confusas. En realidad el estado de excepción y tiranía se impusieron progresivamente, primero el chavismo fue colonizando o capturando a los poderes públicos, pero, para 2015, las elecciones eran todavía confiables y transparentes. Después de perderlas ante la oposición, agrupada en la MUD, los restos de la democracia y del estado de derecho desaparecieron: básicamente, el Tribunal Supremo, controlado por el ejecutivo, eliminó la división de poderes y desde entonces las elecciones tuvieron cada vez más distorsiones. El chavismo se levanta ya definitivamente como una tiranía en abril de 2016 y marzo de 2017. La constituyente busca sólo consolidar ese estado de las cosas. Con respecto a cosas como los Consejos Comunales, en los que la izquierda cree tanto, nunca pasaron de asambleas de favelas que no tienen poder de ningún tipo, ni siquiera en el municipio. Por el contrario, proveen fuerza de trabajo gratuita para el gobierno. En lo que se refiere a las últimas elecciones, varios partidos fueron prohibidos de participar, varios candidatos de la oposición quedaron inelegibles y la sensación de que la CNE no es confiable fue explotada. La oposición hizo el resto al desacreditar a los candidatos que se opusieron a Maduro.

  1. Usted realiza un trabajo de crítica de lo que sería una alineación ideológica de la izquierda que acaba por proyectar una lectura superficial de Venezuela. Me parece que acusamos a la extrema injerencia norteamericana, pero tenemos una mirada norteamericana de Venezuela al punto de que «estudiar su historia» significa hablar sobre el intervencionismo de Estados Unidos. Poco o nada sabemos sobre la vida en Venezuela y eso que son nuestros vecinos. Mi pregunta es: ¿Qué piensas de la campaña de la izquierda extranjera? ¿Las cuestiones centrales para entender la actual Venezuela son petróleo e imperialismo?

J: La izquierda europea es afectivamente eurocéntrica. Pero este no es el principal problema. Hay una imagen preconcebida de Venezuela incluso para otros latinoamericanos que no la conocen y sólo esperan que Venezuela confirme la propaganda que ellos ya conocen. También sucede para las personas de las derechas para quienes esta situación es conveniente. Pienso que entre los sectores politizados sólo una fracción muy pequeña se interesa por los venezolanos, para los demás, este es otro caso de intervención imperialista o fracaso del socialismo. En el caso de la izquierda los «análisis» siempre se hacen por analogía: o se explica el pasado por el futuro o, como máximo, por otro caso del presente. Pero, las personas de izquierda no se interesan en preguntar lo que pasa por aquí porque no somos importantes para ellas. Lo que les atormenta es que se cuestione la imagen que tienen de este país. La crisis en Venezuela tiene dos factores esenciales; el colapso interno y el desequilibrio regional. Es ridículo pensar que para que los Estados Unidos tenga acceso al petróleo de un país deba conquistarlo: tienen acceso a México, al Golfo Pérsico, a Nigeria y no necesitan llevar soldados allí. Además, el antiimperialismo de Chávez fue siempre verbal y nada más que verbal: hasta el 31 de enero, Estados Unidos era nuestro principal socio comercial y nuestra principal fuente de dinero. Chevron opera desde hace años en Venezuela sin problemas.

¿Qué es la crisis venezolana? Un colapso nacional que generó desequilibrio regional. Entre la caída de la producción petrolera y la fuga de capitales el país perdió una cantidad de riqueza fantástica, hay una economía de depresión que contrajo la producción y eso, junto con la pésima política fiscal, desencadenó la hiperinflación, debido a la corrupción y mala administración existe una crisis de servicios públicos. Todo esto ha hecho que millones de refugiados huyan de aquí creando un desequilibrio geopolítico regional.

Aquí no se puede hablar de un solo imperialismo: hay rusos, chinos, y hasta turcos. La deuda venezolana con China es enorme y no sabemos lo que pasó con ese dinero, Rusia tiene interés en el petróleo y Turquía en el oro. El interés de los Estados Unidos aquí es más geopolítico que económico: esta crisis surgió paralela a un período también crítico en Estados Unidos y crea para los conservadores una doble oportunidad:

1º Para reafirmar su presencia en la región en el marco de un neo-monroísmo.

2º Para fortalecer su posición y prestigio en un año de pre-campaña y en el cual será investigado por el Congreso y tal vez sometido a un impeachment. Al invertir muy poco, usted puede ganar mucho. Esta no es una situación como la de Irak: es otra combinación de la invasión de Panamá con la intervención en la ex Yugoslavia, es decir, de una agenda geopolítica con una acción oportunista para escapar de los problemas internos. La tontería de la izquierda se revela en la medida en que no entiende que lo que está sucediendo es, en cierto sentido, peor y que esta oportunidad para Estados Unidos fue causada por el extraordinario fracaso del chavismo.

  1. Es normal que digan: o usted defiende a Maduro o está defendiendo el imperialismo. ¿Está usted de acuerdo con la premisa de que criticar a Maduro en ese momento significa apoyar a Guaidó? La defensa de Maduro es el único posicionamiento legítimo para quien se considera de izquierda?

J: No veo porque alguien, de izquierda o de derecha, se encontraría en una sola posición legítima frente a cualquier cosa. Si así fuera la política no existiría: no habría nada que decidir, todo ya estaría programado. La propia idea es de un primitivismo desconcertante. Además de que es difícil entender lo que defiende la izquierda con Maduro: que entrega recursos naturales a potencias y superpotencias, mantiene a las personas en la pobreza, representa la nueva casta −la boliburguesía o burguesía bolivariana− que vive en la opulencia, que sus fuerzas matan y reprimen al pueblo. ¿Es bueno sólo porque esta contra EEUU, a pesar de los repetidos intentos de acercarse a Trump?

  1. Mi amigo Julio Batista hizo preguntas que hacen muchos: «¿Cuáles son las diferencias entre el gobierno de Chávez y Maduro? ¿Hubo conquistas con el chavismo? «¿Qué ha ido mal?» Y otra duda mía, que termina abarcando la de Júlio, cuál es el estado de los servicios públicos en Venezuela?

J: El problema con el chavismo es justamente que falló en todo. Cuando hablamos sobre el fracaso de la URSS estamos hablando de una potencia que llevó al Sputnik al espacio, que derrotó a los nazis. Cuba tiene conquistas en el campo de la seguridad y el bienestar, incluso el peronismo ha dejado cosas valiosas. Los tiranos anteriores de Venezuela dejaron carreteras y obras públicas … Chávez no dejó nada más que instalar su personal en el poder. El problema es que Chávez no tuvo políticas tales, sólo clientelismo. Él no hizo una reforma de la seguridad social y del sistema público de salud: él no diseñó un nuevo estado de bienestar o «buen vivir» simplemente utilizó el dinero del petróleo para garantizar la lealtad de las personas usando estructuras informales, las misiones, que dependían de su persona. Entonces, son los médicos cubanos que se pagan para proporcionar salud, el servicio es importado, si salen, se quedarán sin eso. Los hospitales siempre han sido precarios y fallidos. Los bienes no eran accesibles para el pueblo porque el país habría incrementado su productividad, fortaleciendo los salarios y la participación de los trabajadores en las ganancias habrían aumentado en relación al capital: simplemente se subsidiaba todo con petrodólares. Esa es una de las razones del fracaso de los servicios públicos: Chávez quería que todo fuera de gracia. En parte porque sus ideas de gobierno eran ingenuas y primitivas y en parte para que la gente dependiera de él y le debieran. Él cambió la deuda financiera del neoliberalismo por la deuda política del clientelismo. Como resultado, hay fallas eléctricas todo el tiempo, el agua corriente se agota por semanas, la distribución de gas es precaria, las líneas telefónicas estatales funcionan mal, la internet es lenta. El problema no es que sean estatales: una empresa estatal es sólo una empresa y puede funcionar bien o mal, pero con Chávez hubo ‘des-profesionalización’, el mantenimiento fue interrumpido, la administración burocratizada. Maduro, sin embargo, es un administrador peor que Chávez, más irracional e impulsivo: en 2016 ocurrieron disturbios y saqueos en el interior de Venezuela porque decidió sacar de circulación en 15 días el billete de mayor circulación, el de 100 bolívares. Desde el principio, el Estado está dividido entre grupos de poder, no hay administradores profesionales o gobernantes preparados como en China o incluso en Cuba. PDVSA, la compañía estatal de petróleo, está en manos de un militar sin experiencia en hidrocarburos. Así, el bien que Chávez hizo fue distribuir dinero del petróleo y subsidiar los servicios, y cuando el precio del barril cayó -y también la producción- el desastre arribo.

  1. ¿Cuál es el compromiso de Maduro con las banderas que él mismo levanta discursivamente? ¿Está realmente comprometido con el socialismo y la soberanía popular, pero es impedido por la agenda norteamericana?

J: Usted tiene que entender lo que es socialismo en este contexto. Aquí hay concepciones muy ingenuas sobre eso porque este es un país con un discurso político de bajísimo nivel. Las sectas marxistas dicen que Chávez no era socialista, incluso, que el socialismo nunca existió. Esto es bueno para personas bien intencionadas, pero ingenuas. Los liberales dicen que éste es otro fracaso del socialismo. El socialismo es simplemente la tendencia a la propiedad y la dirección estatal de la economía. No es un ideal y no es una maldición, hay formas mucho menos funcionales, las de planificación centralizada, y hay otras más como la de los chinos que combinan mercado y planificación que son más eficientes. También tenía el norte de Europa que era otra cosa. En realidad, no sólo el socialismo fracasó: fue un fracaso implementarlo: aquí nunca hubo nada como la planificación soviética centralizada o el «socialismo de mercado» chino. La planificación centralizada tiene procedimientos muy concretos que ni Chávez ni Maduro aplicaron y que realmente no entienden. Chávez soñaba con un socialismo de petróleo similar al argelino, pero eso nunca funcionó. Pero, sí, hubo un intento real de implementarlo, el socialismo era más que un slogan: nacionalizaciones masivas, centralización en la gestión de los servicios públicos. Lo terrible es que Chávez no tenía idea de cómo hacerlo y lo que los chavistas hacen en la práctica es nacionalizar para privatizar. Estatizaron al privado para luego privatizar el Estado: hay miles de fábricas expropiadas o inauguradas por Chávez que nunca produjeron nada. Los directores de estas fábricas, generalmente militares jubilados, se quedaban con el presupuesto, con lo que la empresa producía y hasta con las máquinas y equipamientos. En realidad, fue una imitación de socialismo que sirvió de método para saquear la riqueza pública y privada. Aquí, nacionalizar algo era ponerlo a disposición de la mafia que logró convencer a Chávez que le dejara administrarla. Lo que existe en Venezuela es lo que se llama Estado patrimonial: el tesoro público, la propia república era propiedad de Chávez y él la distribuyó: Alejandro Andrade, un sargento del ejército sin experiencia en finanzas, fue encargado del Tesoro Nacional, ahí duró años sin que nadie lo controlara enriqueciendo y enriqueciendo a sus asociados bajo los ojos de Chávez. ¿Es posible que el presidente no supiera lo que el tesorero nacional, que era su amigo personal, estaba haciendo? Maduro no negó lo que dijo Andrade, sólo pidió que fuera transferido. Andrade y otros operadores como el presidente del BCV, Nelson Merentes, usaron dinero público para beneficiar a los Kirchner, para hacer alianzas con capitalistas y banqueros… según el propio Lula, tuvo que decir a Chávez que no era dueño de Venezuela.

  1. Un número significativo de liberales utilizan Venezuela para decir que el socialismo es totalitario y que promueve el hambre considerando la crisis por la que pasa. Claro que eso refleja un profundo desconocimiento y deshonestidad, pero mi duda es si existen venezolanos que abrazan esta explicación. ¿Hay hoy aversión de parte de la población a lo que se refiere al socialismo, al comunismo y la revolución dado el gobierno de Maduro?

J: Es cierto que los liberales dicen eso. Pero en el Bloque Socialista se cometieron crímenes horribles que la izquierda, en su mayoría, no quiso reconocer ni reconocerá. Los que denuncian son considerados reaccionarios y atacados. El gulag fue real, Chernobyl fue real y es verdad que casi todos los proyectos revolucionarios del siglo XX terminaron como proyectos totalitarios. Con tan pocas personas discutiendo estos problemas, los liberales son los que tienen el campo abierto para criticar todo eso. Y sí, hay una enorme aversión por todo lo que tiene que ver con el comunismo y el socialismo. Sobre todo entre los jóvenes. Un gobierno que fracasó tan fantásticamente, que es tan corrupto y que es justificado en la izquierda y el socialismo genera un rechazo que es anti-izquierda y antisocialista. Es imposible separar esa palabra de las personas horribles que la repiten. Además, la crítica de la izquierda es débil porque aquí el discurso de la izquierda también es débil: ingenuo, moralista, sin profundidad teórica o utilidad práctica. Pero esa ola liberal o anti-estatista tiene límites: la salud y la educación pública son muy apreciadas por los venezolanos, se consideran derechos, y negar esos derechos en este contexto es muy complicado.

  1. Usted hizo un análisis comparativo de la imagen construida de Juan Guaidó y Maduro afirmando que Maduro ya se distancia y mucho de la vida del pueblo. Observando las imágenes de las protestas que llegan aquí, puede ser sólo mi impresión, claro, pero todo aquel evento coreografiado… es de un orden completamente diferente de las protestas contra Maduro. Mi duda es: ¿Cuáles son los intereses de las diferentes clases en Venezuela? ¿Quién está apoyando a Maduro? ¿Quién se está oponiendo a él?

J: Los análisis de clase tradicionales no sirven aquí. Aunque no parezca ambos lados siempre fueron poli-clasistas: siempre hubo burgueses y clases medias chavistas y algunos pobres en la oposición. Y últimamente ni estamos hablando de chavismo / antichavismo, sino del gobierno o del bloque dominante contra casi todo el país. En primer lugar, el chavismo está dividido y hay chavistas de base y dirigentes contra Maduro: el grupo Marea Socialista que administra el legendario sitio Aporrea.org están en la oposición a Maduro, ministros clave de Chávez como Jorge Giordani, Rafael Ramírez y Miguel Rodríguez Torres – que está detenido – están contra Maduro. El año pasado los sindicatos y gremios comenzaron a ser muy beligerantes contra el gobierno: enfermeros, trabajadores siderúrgicos, etc. Tan fuerte fue el conflicto que el sindicalista Rubén González fue encarcelado en la prisión de Pica. Pero lo más ridículo es realmente desconocer el ambiente de riqueza en que vive la élite chavista, como engorda mientras las personas comunes se debilitan. No existe sólo una «burguesía bolivariana», hace mucho tiempo hay una oligarquía bolivariana. En esas condiciones, el gobierno de Maduro, que es el líder y representante de esa burguesía y oligarquía, es el enemigo común de todos. Las rebeliones de las favelas de Petare y Cotiza contra el chavismo hace unas semanas terminaron con lo poco que quedaba del matrimonio de Chávez con la favela.

  1. Entonces, Maduro no puede reivindicar el apoyo de bases populares?

J: Maduro es muy odiado. Se cree, sin embargo, que el chavismo todavía abarca cerca de 25 a 30% de la población. Pero usted debe tener en cuenta que esto incluye chavistas disidentes y personas que realmente no sienten simpatía por Maduro, pero se sienten obligadas a apoyarlo para no «traicionar el proceso». Las elecciones son un ejemplo: Maduro venció con casi el 70% de los votos. Pero de acuerdo con los mismos números oficiales sólo el 46% de los votantes participaron. Es decir, de los 19 millones de venezolanos registrados para votar 6 millones votaron a Maduro. ¿Qué hicieron los otros 13 millones? Se abstuvieron o votaron en otros candidatos. Además, hay un componente clientelar en apoyo a Maduro: personas que reciben bonos, subsidios, funcionarios públicos, etc. Entonces, si Maduro tiene apoyo: son chavistas que creen en él, hay otros que lo apoyan para no «pasarse al enemigo», para «no traicionar el proceso», y, finalmente, gente que cree que su vida puede empeorar si hay cambio de gobierno. Pero, eso es 3 de cada 10 venezolanos.

  1. Aquí la gran manipulación mediática es bastante comentada. Según los defensores de Maduro hay un enorme proceso de difamación de su gobierno y de elevación de la imagen de Guaidó. Al mismo tiempo descubro, sólo ahora, en contacto con venezolanos, diversos abusos cometidos por el gobierno Maduro como las acciones de la FAES y el racionamiento de alimentos en que venezolanos tienen que declarar fidelidad a Maduro para recibir comida. ¿Cómo percibes la disputa mediática en ese momento?

J: Eso es una gran estupidez. Por dos razones. No hay nada que inventar: ningún laboratorio mediático puede inventar algo peor que lo que está ocurriendo en Venezuela: gente que come de la basura o mueren por falta de medicamentos, familias que emigran a pie hacia Colombia o Ecuador, grupos policiales de exterminio que saquean y cometen asesinatos en las favelas. A veces es peor que los enemigos muestren la verdad que una mentira. El otro problema con esta forma de ver las cosas es que esta es la era de las redes sociales y las noticias sobre Venezuela son producidas: 1º por periodistas o medios independientes a través de internet, 2º los propios venezolanos hacen videos, toman fotos o cuentan que ven en las calles. Para acompañar el cotidiano de Venezuela, El Pitazo es muy bueno. Armando info está haciendo el mejor periodismo investigativo del país. En cuanto a Guaidó, los políticos venezolanos son tan deficientes que basta encontrar uno que sea un poco más elocuente y bien presentable que los demás para tener éxito, al menos mediáticamente.

  1. Hablando ahora en proyecciones, Guaidó agita una agenda liberalizante y en Brasil acompañamos la total desmovilización de la población que se percibe hace algunos años ya, básicamente no hay movilización popular para luchar contra los retrocesos de los derechos de los trabajadores, por ejemplo. ¿Tienes alguna hipótesis de cómo será en Venezuela? ¿Corre el riesgo de que apoyar a algún político sea más que pragmático y resulte en un acomodo, en algo como «tenemos que sacrificar algunas cosas para recuperarnos»?

J: Esto es inevitable. Aquí están las mejores condiciones materiales e ideológicas para un proyecto liberal. El país está en bancarrota, necesita préstamos y ayuda, en décadas la disciplina fiscal no fue practicada, la burocracia creció desproporcionadamente y miles de empresas que no supieron administrar fueron nacionalizadas. Es más fácil para los liberales porque el discurso de la izquierda es muy ingenuo y ellos no entienden las realidades con las que nos vamos a encontrar. Sin embargo, esta expansión del liberalismo tiene límites y será un problema. La lucha de los sindicatos contra la degradación de los salarios y en defensa de los contratos colectivos ya ha comenzado. Es imposible imponer a una población tan depauperada como esta un  aumento en las tarifas de servicios públicos, simplemente no podrían pagarlas. Hablar de privatizar la salud sería una locura en un país para el que la ayuda humanitaria está siendo solicitada. Sería muy difícil aplicar en Venezuela un programa como el aplicado en Grecia después de que los venezolanos fueran victimizados en los medios. Si Maduro es derribado -y eso no es cierto, puede sobrevivir como el Mugabe sudamericano – veremos muchas luchas en torno al presupuesto, salarios y servicios públicos.

 

NOTAS:

¹: Jeudiel Enrique Martinez Daza es sociólogo y profesor en el Departamento de Teoría Social de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales (Faces-UCV). Además de los análisis de coyuntura es autor del artículo «Los nacimientos de la división venezolana» y  pública en sus redes sociales críticas a los comportamientos viciados de gran parte de la izquierda extranjera. Escribe en el blog

<https://teseus.wordpress.com/?fbclid=IwAR27HJuOC8LE6d3Kjy290FbFiQ2fy_ceht6nc0qQfcrd8s__LfeemYBNhy8>.

 

²: Simón Rodríguez Porras, es compositor, coautor del libro ¿Por qué fracasó el chavismo? Un balance desde la ruptura de izquierda y miembro del Partido Socialismo y Libertad que tuvo legalidad hasta 2016, cuando la mayoría de los partidos tuvieron la representación electoral negada. Además del trabajo intelectual y partidista milita en sus redes invitando a venezolanos a movilizaciones autónomas. Escribe en el blog <http://simonrodriguezporras.blogspot.com/>.

Agradezco la contribución a este proyecto individual e independiente. ¡Deseo a los (as) compañeros (as) verdad, libertad y movilización!

 

Traducción del portugués al español: Santiago De Arcos-Halyburton

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