Bifo: “Una sublevación colectiva es antes que nada un fenómeno físico, afectivo, erótico”

Entrevista de Amador Fernández-Savater

Es una experiencia cotidiana: el trabajo en un contexto capitalista esprincipalmente el medio para un fin (la ganancia). Un trabajo indiferente por tanto a su contenido, vaciado de significado, determinado primordialmente por el dinero. Mantequilla o misiles: lo mismo da, lo importante es que el producto-mercancía venda en el mercado. Marx lo llamó “trabajo abstracto” y a partir de él definió el modo de producción capitalista y su carácter destructivo.

Según Franco Berardi (Bifo) -filósofo italiano, teórico de los medios de comunicación y las transformaciones del trabajo, implicado en movimientos políticos desde los años setenta-, dos niveles más de abstracción se añaden en nuestros días a la abstracción del trabajo: el gobierno de las finanzas (un poder sin arraigo local alguno) y las redes virtuales de comunicación (un intercambio simbólico sin cuerpos). La financierización de la vida y la virtualización del contacto generan según Bifo nuevas formas de malestar social, nuevas patologías, nuevos tipos de sufrimiento.

¿Puede politizarse ese malestar? ¿Qué formas de acción colectiva pueden reconvertir el sufrimiento en fuerza transformadora? La sublevación (edición española en Artefakt, edición argentina en Hehkt) reúne una serie de textos escritos por Bifo al calor de los movimientos de las plazas (primavera árabe, 15M, Occupy…). La sublevación, tal y como aparece pensada en el libro, es en primer lugar el levantamiento de los cuerpos explotados, estresados, deprimidos. El primer paso para la reconstrucción de un cuerpo social capaz de desafiar el dominio de la híper-abstracción digital y financiera.

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Abstracción financiera

1. ¿En qué consiste la abstracción financiera?

Bifo. Nombro así al conjunto de los automatismos financieros que subyuga la vida real y la producción, vaciándolas de energía y de poder político.

2. ¿En qué sentido la abstracción financiera vacía el poder político?

Bifo. Es algo muy obvio que todos hemos entendido en los últimos años: las instituciones de la democracia política no pueden nada frente a la prioridad de la abstracción financiera. La liquidación del primer ministro griego, Yorgos Papandreu, el día mismo que propuso un referéndum sobre el “plan de ayuda” del BCE al Estado griego en 2011 fue la declaración final de la anulación de la democracia en el continente europeo. Las tradiciones humanistas e ilustradas quedaron igualmente barridas de un plumazo ese mismo día.

3. Explícate.

Bifo. El humanismo es esencialmente el movimiento por el cual la voluntad humana se emancipa de la tutela divina. Por su lado, la Ilustración proclama la superioridad de la Razón y de la Ley sobre la fuerza de los “animal spirits” del egoísmo económico. Pues bien, God is back, la potencia superior de lo divino sobre la voluntad humana regresa, pero ahora con la forma del capital financiero. Las leyes no tienen hoy ninguna fuerza frente a la circulación global de los algoritmos financieros, ni ante la potencia desterritorializada de las empresas globales.

4. ¿Pero no sido siempre así en la historia del capitalismo? ¿Por qué sería esto una novedad?

Bifo. Creo que la clase financiera es distinta a la clase que en los siglos de la modernidad conocimos como burguesía. La burguesía se enriquecía gracias a la explotación de la clase obrera, pero también gracias a la producción de bienes útiles para la vida social. Es una clase que acumula plusvalía a través de un proceso de producción de bienes útiles. Sin embargo, la clase financiera -o, mejor dicho: el conjunto de los automatismos financieros- se enriquece a través de la destrucción del valor producido, a través de la privatización de los bienes comunes. La plusvalía de las financias es una minus-valía desde el punto de vista social.

Por otro lado, la burguesía tenía una fuerte territorialización ciudadana y nacional, mientras que la clase financiera es una clase totalmente desterritorializada, incapaz de identificarse con ningún lugar específico.

Malestar social

5. ¿Qué efectos tiene la abstracción financiera sobre el cuerpo vivo de la sociedad?

Bifo. Ya no hay continuidad en la experiencia del trabajo: no se llega cada día al mismo lugar, no se cumplen las mismas rutinas, no se encuentra a las mismas personas. El trabajador mismo ya no existe como persona, es el productor intercambiable de fragmentos de tiempo/trabajo conectados en una red global.

El tiempo vivido por los trabajadores precarios se fragmenta -o, mejor dicho, sefractaliza– al tener que adaptarse constantemente a los requerimientos de la producción. Pero tengamos en cuenta que el cuerpo vivo tiene sus pulsiones, su sensibilidad, su tiempo y sus deseos. La abstracción financiera superpone un tiempo espasmódico, en constante aceleración, a la sensibilidad del cuerpo individual y colectivo.

6. Produciendo por tanto efectos a nivel individual y colectivo, ¿no? ¿Cuáles son?

Bifo. Las patologías causadas por la aceleración y la competición agresiva se manifiestan a nivel individual como una verdadera epidemia de sufrimiento mental, psíquico, emocional. Las crisis de pánico, los problemas de atención, la soledad competitiva, la depresión… A nivel colectivo, la consecuencia es la crisis de la solidaridad social. Cada individuo percibe a los otros esencialmente como competidores y no como cuerpos afectivos.

Abstracción digital

7. A la abstracción financiera se le añade una abstracción digital, ¿en qué consiste, cómo opera?

Bifo. La abstracción digital es el efecto de la aplicación de las tecnologías de virtualización a la comunicación entre los seres humanos y su operatividad se manifiesta como intercambio lingüístico sin cuerpo, como escisión entre palabra, cuerpo y afectividad.

8. En el libro analizas los efectos “éticos” de la virtualización del contacto, ¿cuáles son?

Bifo. Para mí, ética y estética están íntimamente relacionadas: la parálisis ética, la incapacidad de gobernar éticamente la vida individual y colectiva, proviene de una perturbación de la estesia, es decir, de la percepción de la continuidad sensible del propio cuerpo en el cuerpo del otro. De una comprensión erótica del otro. La virtualización del contacto produce un efecto de de-sensibilización emotiva, de soledad relacional, de fragilidad psicológica.

9. Quizá es algo que podemos entender mejor a partir de la diferencia que haces en el libro entre “lógica de conjunción” y “lógica de conexión”.

Bifo. La conjunción es un intercambio en el cual los cuerpos se ponen en relación recíproca de manera tal que cada comunicación se manifiesta como singular, irrepetible. La simpatía, es decir, el sentir compartido (sym-pathos), es la dimensión general del intercambio conjuntivo.

Pero mientras que la lógica conjuntiva implica la interpretación de la dimensión gestual, corporal y de las implicaciones emocionales (con sus ambigüedades y matices), la lógica conectiva reduce la relación con el otro a pura descodificación de una sintaxis, a un contacto funcional dentro de estándares predeterminados. Es el caso de Facebook.

El proceso de mutación que se desarrolla en nuestra época está centrado en el cambio de la conjunción a la conexión como paradigma del intercambio entre los organismos conscientes.

La sublevación

10. Entre 2010 y 2013 se activaron movilizaciones masivas en Inglaterra, Túnez, Egipto, España, Grecia, EEUU, más tarde en Brasil y Turquía, ahora en China… Las características y los objetivos de esas movilizaciones han sido muy diferentes, como diferentes son las condiciones políticas y culturales de los diferentes contextos. Pero tú consideras que esa serie de levantamientos forman parte de la misma onda, ¿por qué?

Bifo. Creo que sí, porque todas esas movilizaciones, incluyendo las que se dieron en las ciudades árabes, tenían desde el comienzo una misma voluntad de reactivar la solidaridad y la dimensión física de la comunicación social. Los trabajadores y los estudiantes rebeldes intentaron en primer lugar crear condiciones deconjunción directa, física y territorial para salir de la alienación virtual.

¿Por qué ocupar una plaza, una calle o un territorio cuando sabemos muy bien que allí no reside ningún poder político y que el sistema financiero no se localiza en una dimensión territorial? Porque la primera cosa que necesitan los trabajadores precarizados es la reactivación de una dimensión afectiva y territorial que permita reconstruir las condiciones emocionales de la solidaridad. Me parece que ese es el sentido de la toma de las plazas, de las acampadas. Una sublevación colectiva es en antes que nada un fenómeno físico, afectivo, erótico. La experiencia de una complicidad afectuosa entre los cuerpos.

11. ¿Cómo se “organiza” una política así, mediante qué formas, instituciones, etc.?

Bifo. Me gusta poner la imagen del mantra: el mantra es una respiración colectiva armónica, una metáfora de lo que en la dimensión política llamamos solidaridad. La organización que imagino no pasa a través de la democracia representativa, ni de una organización centralizada como fue el partido leninista del siglo XX. Tiene más que ver con el ritmo de un mantra.

12. ¿Qué balance haces de la onda de movimientos que se activó en 2011? ¿Qué potencias y límites ha encontrado?

Bifo. El balance es ambivalente. Por un lado, podemos decir que los movimientos de las plazas no lograron frenar ni un ápice la explotación financiera, la imposición de la deuda, la destrucción y privatización de los bienes comunes. En ese sentido podemos hablar de fracaso. Pero creo que debemos valorarlos desde un punto de vista evolutivo más largo. Estos movimientos han revelado la dimensión afectiva de lo social. Es la condición necesaria para emprender un movimiento de recomposición de los saberes comunes -científicos, técnicos, afectivos, organizativos- por fuera de la explotación capitalista.

13. ¿Cómo piensas una posible alianza entre lo digital y la dimensión “física” de la rebelión?

Bifo. Las nuevas tecnologías han sido y siguen siendo herramientas para la ampliación de la comunidad, aunque sólo virtual, y para la coordinación de iniciativas y acciones a nivel global. Pero sólo la presencia física y territorial puede activar la empatía y la solidaridad. Al mismo tiempo, en términos de eficacia, las acciones más exitosas en términos de sabotaje del dominio imperial han sido acciones como las de Assange y Snowden que se desarrollan en la dimensión digital. La acción subversiva es muy eficaz cuando se desarrolla en la esfera digital, cuando se infiltra en el interior de la dimensión algorítmica del capitalismo.

14. En España, varios dispositivos más o menos “partidarios” surgidos a partir del 15M apuntan a “tomar el poder político” en sus diferentes escalas (nacional, regional, municipal), aprovechando un vacío creado por la deslegitimación radical del sistema de partidos instalado en la Transición española, ¿qué papel crees o imaginas que pueden tener las instituciones estatales en la promoción del cambio social que proyectas en el libro?

Bifo. Las nuevas organizaciones políticas, como Syriza y Podemos, pueden ser muy útiles para la resistencia de los trabajadores, para la supervivencia en condiciones de empobrecimiento y disgregación social. Pero no creo que puedan hacer mucho contra el poder financiero, ni para favorecer la liberación de las energías intelectuales del trabajo por fuera de la dominación capitalista.

La frase “yes, we can” de Obama fue más un exorcismo contra la impotencia de la política y de la voluntad que un programa. El hecho de que la máxima autoridad mundial diga “podemos” es el signo de que algo no funciona, un sentimiento de impotencia que la política no puede admitir pero que es evidente. Seis años después de su primera victoria, Obama tiene que reconocer que no puede salir de la “guerra infinita” bushista, que no puede parar la devastación del medio ambiente, que no puede modificar la tendencia hacia la concentración de la riqueza.

No podemos, esa es la verdad. El tiempo de la voluntad y de la política se acabó. Tenemos que desplazar la energía social hacia una dimensión que no es ni la democracia representativa ni la subversión política, sino la imaginación de nuevas formas de organización del conocimiento y de la producción, la creación de una plataforma técnica y política para la auto-organización de la inteligencia colectiva (fuerza productiva principal del tiempo presente).

15. Creo que para tí la política consiste en una “mutación antropológica” (como decía Pasolini, aunque él la temía). ¿Cómo se puede pensar esa “mutación antropológica” por fuera del esquema revolucionario tradicional del “Hombre nuevo” que ha causado tantos estragos en el siglo XX?

Bifo. Pasolini temía justamente la mutación antropológica producida por el capitalismo tecnológico y global, y su miedo tenía buenas razones. Nos encontramos en la situación de uniformización y de violencia psíquica interindividual que él presagiaba hace cuarenta años. Tenemos que imaginar una salida antropológica de la mutación antropológica uniformizadora que impone el capitalismo global, pero una salida distinta a la del siglo XX.

Las utopías de la modernidad se fundaron sobre la exaltación testosterónica de la juventud. Fueron utopías violentas y esperanzadas (esto es, en última instancia desilusionantes, consagradas al arrepentimiento). Nuestra fuerza ya no puede basarse en el ímpetu juvenil, la agresividad masculina, la batalla, la victoria o la apropiación violenta, sino en el gozo de la cooperación y el compartir. Reestructurar el campo del deseo, cambiar el orden de nuestras expectativas, redefinir la riqueza, es tal vez la más importante de todas las transformaciones sociales.

 

NOTA: En castellano, Bifo ha publicado también  La fábrica de la infelicidad Después del futuro o El sabio, el mercader y el guerrero.

Franco Berardi, Bifo: “Las analogías entre la Europa de hoy y la Alemania nazi son muy fuertes”

Por Lola Matamala

Franco Berardi, Bifo, es profesor de Filosofía en la Universidad de Bolonia. Además, es autor de artículos, guiones de documentales y de libros como el último, Fenomenología del fin (Ed. Caja Negra). Pero sobre todo, Bifo es uno de los pilares de aquellos años 70 italianos de la autonomía obrera, de la insurgencia a través de la fundación de Radio Alice y del pensamiento crítico europeo frente al neoliberalismo que vivimos. 

Berardi aterrizó en Madrid de la mano del Museo Reina Sofía para participar en Subversión o barbarie. El fin del mundo tal y como lo conocemos, un debate sobre la Red, las emociones, las nuevas masculinidades. También presentó su último trabajo como guionista en el documental dirigido por Andrea Groppiero Comunismo Futuro, frente a un auditorio lleno y atento durante dos días consecutivos. En uno de los descansos conversó con La Marea.

Sería extraño no comenzar esta entrevista sin preguntarle sobre su visión de la situación italiana postelectoral.

Jajajaja. La situación política italiana… ¡me parece una broma! Obviamente lo que está pasando en Italia es la clave que sirve de explicación general, pero también se aplica a la situación del país. Es decir, la derrota final del Partido Democrático es como la derrota de la izquierda neoliberal en el mundo. Es un efecto de la venganza del mismo pueblo de izquierdas que los han tratado de manera evidente y vulgar. La izquierda italiana en los últimos diez años se ha transformado en una fuerza de tipo neoliberal y también vinculada al capitalismo financiero, a los bancos. Ante esto, todo esto es previsible y se lo merecen. En este periodo, el problema es la complejidad particular que tiene el trumpismoitaliano. La palabra trumpismo es imprecisa, pero la palabra Trump es interesante. En inglés significa lo que se está demostrando: destrozar, humillar… Eltrumpismo italiano tiene caras diferentes pero solo hay un alma, clásicamente fascista, que es representada por un pequeño partido: Fratelli di Italia (Hermanos de Italia).Ellos son los que sostienen la herencia del fascismo mussoliniano. El componente racista está representado por la Liga y el elemento de mafia clásica lo encabeza Berlusconi. A esto, se añade una forma indefinible que se llama Movimiento 5 Estrellas, que es la novedad interesante.

Usted votó por ellos ¿verdad?

Sí, hace cinco años. Los voté porque, aunque no me parecían muy interesantes, consideré quecomo propuesta era útil para frenar la ofensiva neoliberal europea. Fue un error por mi parte.

¿Y qué conteníael M5S para poder frenar esa ofensiva?

El Movimiento 5 Estrellas se había cualificado contra el fiscal compact: no pagamos la deuda. Era el elemento que me parecía más claro en su programa. Dos días después de las elecciones del 2013, Mario Draghi habló y comentó que le parecía que los periodistas estaban muy nerviosos por lo que está pasando en Italia, pero que no se preocuparan porque el sistema financiero europeo procedería con el piloto automático. ¡Fue genial! Mario Draghi me dio una auténtica lección teórica. Me explicó cuál es la relación entre sistema financiero y política. Esto pasó antes de la experiencia griega y era la primera vez que yo entendía a una persona que representa al máximo nivel el sistema financiero y declara que el poder lo “tenemos nosotros. Lo que decida el parlamento nacional no nos importa mínimamente”. Ese era el significado explícito de las palabras de Draghi. Ahí me di cuenta de que había votado por un partido inútil y por un partido racista. Eso es lo que me provocó un sentimiento de disociación de mí mismo.Más tarde, la posición del M5S se fue definiendo poco a poco sobre el problema de la inmigración pero fue definitivo cuando a finales del año pasado, Di Maio, jefe político del Movimiento, declaró que la inmigración era el efecto de grupos económicos italianos que quieren ganar dinero sobrela explotación de los pobres migrantes que vienen a Italia porque son invitados. Fue significativo que Di Maio tuviera la misma posiciónque más tarde manifestarael ministro de Interior de GentiloniMarco Minniti. Llegados a este punto, clarifiqué mi posición frente al M5S.No creo que en los próximos meses veamos en Italia grandes novedades políticas porque la situación no se puede estabilizar. Lo único interesante que puede haber dentro de lo que está pasando es que el Banco Central Europeo, la autoridad financiera europea, decida algo sobre la situación económica italiana.

¿Considera que Italia está en una situación parecida a la Grecia intervenida por la Troika?

Italia no está políticamente como Grecia: es mucho más catastrófica. Económicamente, sí que está igual que el país heleno. En Italia se ha destrozado el 25% del aparato industrial desde 1996 a 2008, de esta manera, la situación económica en tiempo largo puede devenir en una catástrofe.

¿Está hablando de una intervención en toda regla del Banco Central Europeo?

No lo sé, pero ¿qué han hecho en el caso griego? Envió ala Troika y redactó un memorándum que decidió qué se podíay quéno se podía hacer. Tsipras, que es una persona responsable, ha aceptado las reglas decididas por la Troika, y si en Italia se forma un gobierno con Di Maio y Salvini, como es lo más probable, y nos hacen ser responsables, el proceso europeo se encontrará con un obstáculo insuperable que puede producir el colapso. Se sigue diciendo que en España hay recuperación, pero quien se está recuperando es el sistema bancario mientras que la sociedad se está empobreciendo. Esta es la tendencia dominante en Europa y creo que hay un punto límite que me parece que no se puede traspasar: un gobierno antieuropeo en Italia.

Ante esta situación que comenta, ¿Potere al Popolo puede ser una alternativa como aglutinadora de las fuerzas de la izquierda italiana y devolver ilusión al país?

Potere al Popolo me parece un desafío estético. Yo he votado por Potere al Popolo e incluso he hecho una campaña frenética por este partido. A mí me parece que fueron muy acertados porque en la campaña se hicieron llamar “Soy Loco” tomándolo del nombre del centro social napolitano en donde nacieron y que antes había sido un hospital psiquiátrico. Desde ese espacio social Je so’Pazzo han generado una experiencia de desafío a la falsedad del sistema político italiano. De hecho, al conocer el 1% de los votos conseguidos en las últimas elecciones, su jefa política declaró: “¡Hemos ganado las elecciones!”. Aún así, no se puede considerar una experiencia política. No se puede comparar con el Podemos que apareció en las instituciones después del 15-M y de una movilización de seis millones de personas.

No obstante, supongo que su apuesta no es la representación institucional.

Exacto, estoy totalmente lejos de esta posibilidad. La representación institucional puede ser algo interesante como en el caso español y puede ser una cuestión interesante para el futuro, pero es lo menos importante por lo que tenemos que interesarnos. Lo importante es buscar una manera de poder comunicarnos con la generación colectiva al que no le importa nada de la democracia ni de la representación institucional. De hecho, la mayoría vota por partidos que se definen esencialmente como derechistas y abiertamente racistas

 

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Permítame que salte el charco y le pregunte sobre cómo valora la situación actual del norte y sur latinoamericano en donde el movimiento social tuvo gran repercusión en las instituciones de aquellos países y donde aprendimos desde Europa.

Creo que la atención siempre recayó sobre Chiapas. El zapatismo es el efecto de una época en la cual el proceso revolucionario en la derrota global se territorializa provisionalmente en lugares que pueden funcionar como virus porque hay elementos contagiosos. El discurso zapatista presentó una novedad fuertemente vinculada con la historia de una comunidad y con un carácter que no es el carácter tradicional de la vanguardia, es el carácter del contagio. Un ejemplo es cómo esa comunicación del movimiento zapatista tuvoefectos en Italia, sobre todo, al comienzo de este siglo. Hoy, el zapatismorepresenta algo que ya no es actual pero que puede reactualizarse. ¿El resto de la experiencia latinoamericana?Se está postmodernizando muy rápida y muy catastróficamente. Veo lo que está pasando en Argentina y cómo el neoliberalismo llega con una fuerza destructora que encuentra elementos tradicionales de fascismo, de criminalidad masiva, etc., etc. Y lo que está pasando en Brasil me parece una auténtica pesadilla

¿En dónde se palpan esos elementos postmodernos?

Son postmodernos en el sentido de la mezcla de experiencias diferentes, de temporalidades diferentes que viven en el mismo territorio. Postmoderno significa muchísimas cosas, pero también es una reactualización del barroco en una sociedad hiper-tecnológica e hiper-globalizada.

¿Y por qué se está dando este pensamiento entre una gran mayoría?

El problema es que la mente crítica es algo del pasado que la formación contemporánea de la condición de la mente colectiva e individual se verifica en condiciones de aceleración de la infoesfera y de la mitologización del pensamiento. Es decir, la capacidad de un pensamiento crítico recordando, que la crítica dispone dela capacidad de discriminación entre lo verdadero y falso, yha sido la condición en la cual la izquierda siempre pudo acumular fuerzas a través de esta comprensión. Pero esta capacidad se ha desvanecido porque la mente contemporánea no funciona con un criterio de tipo crítico y sí según un criterio mitológico en el cual todo puede convivir con lo contrario de todo, en donde no rige ni funciona el principio de contradicción en el interior del pensamiento mitológico.Entonces, ¿cómo se verifica la política dentro de la condición mitológica? De maneramemética. El meme es una unidad que no es unidad de persuasión crítica pero sí es una unidad de contagio viral. El meme es la manera de la formación contemporánea. La grandísima mayoría de los chicos que hoy tienen veinte años se están formando dentro de un contexto tecno-comunicacional que no permite la formación de un pensamiento crítico. Tenemos que razonar e imaginar políticamente en una situación que contradice el fundamento mismo de lo que ha sido política de izquierda en los últimos cien años y ese es el problema.

Volviendo a Trump y poniéndolo como ejemplo del devenir político mundial. ¿El presidente estadounidense es un producto de las redes sociales?

También es un productor y sí, evidentemente la elección de Donald Trump es el efecto de formarse y de manifestarse del pensamiento político de las masas y es el ejemplo de que no tiene que ver con el pensamiento crítico. Trump se presenta, como que representante de los intereses de los trabajadores humillados, explotados, empobrecidos por el capitalismo financiero, a la vez que se presenta como representante del mundo financiero más agresivo que se ha conocido. Hoy, lo que estamos viendo es que después de la reforma fiscal impuesta por Trump que empobrece enormemente la mayoría de la población, de los trabajadores blancos, no le resta fuerza ni consenso. ¿Cómo se puede explicar una locura de este tipo? Tal vez porque la mayoría de la sociedad contemporánea no funciona según los criterios de discriminación y de elección que pertenecen al pensamiento del pasado. Es la forma misma de la política como capacidad de la voluntad colectiva, como capacidad de gestionar y como capacidad de gobernar es lo que está desapareciendo.

Se podría decir que esa incapacidad de crítica es común en los votantes en donde está ganando la derecha o la ultraderecha. Me gustaría que desgranara más ese electoradode Trump yel de otros países en donde hay, como ha comentado,una masculinidad blanca que está enfadada con una izquierda que no les ha dado lo que necesitaban.

Desde mediados de los 70, los trabajadores occidentales han sido bombardeados por una forma de identificación psíquica que está fundamentada en el hecho de que en el mundo hay vencedores y perdedores, no explotados ni explotadores. Es decir, nosotros somos los blancos y somos los vencedores, pero no es así. Lo triste es que después de estos 40 años de neoliberalismo, los trabajadores blancos americanos, británicos y del resto de Europa han descubierto que el salario es la mitad que el de entonces, y ahora nos damos cuenta de que somos perdedores. Esto se coloca en un contexto antropológico de larguísimo plazo que conforma la pérdida de potencia de la raza blanca en el planeta. Si pensamos lo que era el racismo en el siglo XIX y principios del XX era de los vencedores. Íbamos a países africanos, igual que a países como India, conseguíamos dominar y destrozábamos el continente o los países. Ahora es un racismo de una raza blanca que está aterrorizada por una situación en la que los trabajadores blancos son los perdedores. En este punto, la nueva forma de identificación de Trump es la representación de los humillados. Él te dice que no eres un trabajador, como dicen los demócratas y los sindicatos, que eres un guerrero blanco.

La aparición del nuevo racismo blanco no es el efecto de una potencia real, es el producto de una humillación. La historia se arriesga a demostrar que la raza blanca es la dominante pero no lo es ni desde el punto de vista económico (vemos lo que está pasando entre China y EEUU) ni desde el sexual, ya que la pérdida de esta dominación mundial es también una crisis en la identidad de la masculinidad blanca. Además, el hombre blanco es el más envejecido del planeta, por lo tanto, el miedo a los africanos o a los árabes representa el miedo a los jóvenes. El resultado es el conjunto de formas de interiorización de una impotencia que está generando una reacción que se manifiesta a través de una vuelta al racismo con una cara diferente.

¿Cuálpuede ser la clavepara poder generar pensamiento crítico y revertir la situación?

En primer lugar hay que destacar que se ha perdido la percepción de que somos explotados. Y sí, habría una manera que estaría basada en rescatar el internacionalismo aunque ahora está desapareciendo de la escena mundial contemporánea, que era la premisa de una unidad entre los explotados del mundo. También hay otra clave que se apoya en elpapel del trabajo cognitivo. Aunque los trabajadores cognitivos también pueden ser racistas y forman parte de la masa de los empobrecidos humillados, y su capacidad productiva puede reabrir el juego político porque sí que tienen la capacidad de sabotear, de desmantelar y de reprogramar la máquina frente a la impotencia del resto de los trabajadores explotados.

¿Otra salida, en este caso económica, podría ser la renta básica?

La cuestión de la renta básica se ha tratado en muchos países para solventar la situación económica de personas hasta que encuentren un trabajo. La relación de salario y supervivencia humana funcionó en la época industrial pasada, durante la modernidad. pero hoy no funciona porque ya no necesitamos tanto trabajo, que no significa menos actividad. Necesitamos menos trabajo dependiente y más trabajo libre. La desalarización de la condición humana es la condición para liberar las potencialidades mismas de las tecnologías.

En Kassel, una de las sedes de la pasada edición de Documenta 14, irrumpe con Auschwitz on the beach en el que compara el drama de la inmigración actual con lo que sucedió con los judíos durante el nazismo. Creo que usted es el único pensador europeo de renombre que enuncia algo tan rotundo.

Las analogías entre lo que está pasando en Europa hoy y lo que pasó en Alemania el siglo pasado son muy fuertes. Antes que nada hay una analogía en la dinámica social,el nazismo nace del efecto del empobrecimiento de la población alemana de los años 20 como hoy la derecha europea está naciendo por el mismo fenómeno. ¿Cómo canalizar la energía agresiva de los empobrecidos europeos? Hitler se presentó diciendo que eran los guerreros blancos frente a susenemigos judíos porque, según él, eran la la causa de su empobrecimientoya que dominaban la banca, etc. ¿La misma dinámica de hoy? Sí, es la dinámica que se está siguiendo, de hecho Viktor Orban tiene el mismo discurso en Hungría en donde, además, apenas hay inmigrantes. Para la ultraderecha, la causa del empobrecimiento no es por el capitalismo, sino por los inmigrantes que nos quitan el trabajo: es el fantasma, absolutamente familiar, al drama de los judíos del siglo pasado.

La idea de declarar públicamente esta analogía se efectuó mediante la intervención de Auschwitz on the beachMuchos me dijeron que ¿cómo podía comparar lo que pasó con los judíos con lo que está pasando en el Mediterráneo si las cifras de aquellos se contaron por millones? Es evidente que el problema para algunos son las cifras… En este caso, las cifras oficiales (no podemos comprobar las realeshablan de varias decenas de miles de personas muertasen el Mediterráneo, de 700.000 personas en campos de concentración en Libia, de 3 millones de personas que están en los campos de concentración turcos. Por otro lado, hay un número incalculable que viven en el interior de campos de concentración en islas griegas como Lesbos o en lugares italianos como Lampedusa. Todo esto es solo el comienzo de un proceso de tensión y de exterminio porque no es algo que esté terminando hoy: estamos hablando de algo que cada año se acrecienta y que no somos capaces de saber cuándo se puede terminar. A ello habría que añadir los cerca de 10 millones de personas que vienen desde Malí, Nigeria, etc. y que las tropas francesas ya están frenando con la ayuda de Italia, que ha prometido enviar tropas.Es un fenómeno enorme que puede devenir con las mismas proporciones que el exterminio de los nazis y se trata de manejar este problema no solo histórico, sino económico y social. Claro está que el efecto del cambio político derechista que se está verificando en buena parte de Europa no va a servirpara corregir el problema, sino todo lo contrario.

Y para este sufrimiento, usted propone una terapia…

La palabra terapia la utilizo mucho pero me doy cuenta de que puede llevar a equívocos porque en la traducción médica significa algo muy parcial, en la recuperación del orden fisiológico. En mi caso, la palabra terapia la nombro para referirme al carácter de sufrimiento en el cual se manifiesta la mutación cognitiva y afectiva que se está verificando, sobre todo, en la generación, que como digo, ha aprendido más palabras por una máquina que por su madre.Esta definición sintetiza el problema que es una especie de anempatía, es decir, una incapacidad de percepción empática del cuerpo del otro y que se traduce en una epidemia de soledad y de aislamiento psíquico que produce sufrimiento. Por un lado, se producen unas patologías que se vinculan con la aceleración informativa y por la competitividad y que conllevan a ser impermeables en los disturbios y tensiones.Por otro lado, lleva a la depresión.

Por eso su “pareja ideal” sería la que estuviera formada por una persona ingeniera y otra poeta.

Sí, porque el trabajador cognitivo encuentra en el ingeniero su manifestación más concreta y más productiva a la vez que representa la pérdida de empatía. Lo emparejo con en el poeta porque así se puede imaginar la solidaridad entre los trabajadores cognitivos yla capacidad de empatía del trabajo técnico del ingeniero.

Regresando a Italia y concretamente a la Bolonia de 1977, ¿qué emociones le asaltan?

Me suscita pensamientos, no emociones. Me suscita un momento doble en la vida personal de muchísimas personas. El 77 no es solo el momento de la creatividad y de la alegría, es también el comienzo dela crisis de la modernidad. Es un año muy complejo porque tiene dos caras: una muy colorida y muy alegre;y otra desesperada y oscura. Es el año que Sex Pistols cantan No future.Es el año del The is not alternative de Thatcher. Solo me suscita el recuerdo de una explosión insurreccional.

¿Volvería a montar Radio Alice?

Fue una experiencia muy eufórica pero hoy no hay un espacio para ello. En 1975, si tenías un receptor radiofónico solo sintonizabas Rai1 yRai2, igual que en la televisión. El efecto que producía era una sensación de un oasis en el desierto, ahora lo contrario. Hay una acumulación extraordinaria y contundente,panicante y deprimente. Hoy hay ruido blanco y no me gustaría añadir una voz a un millón de ruidos blancos. Creo que la comunicación más rica es el silencio. Creo que el comienzo de la terapia en una sociedad del ruido blanco sería el silencio.

Queda cierta desesperación, Franco…

No hay que preocuparse demasiado.La desesperación es una condición del pensamiento cuando el pensamiento entiende que no hay una posibilidad, pero no es contradictorio con la felicidad. La felicidad es una condición del corazón y del cuerpo.

Foto: Colectivo Enmedio y Lola Matamala
lamarea.com

Raíces de un fenómeno socio-político: Una huracán llamado Bolsonaro

Por Raúl Zibechi

El ascenso vertiginoso de la ultraderecha tiene raíces históricas, sociales y culturales que es necesario desentrañar para ir más allá de los adjetivos. Las elites dominantes han abandonado la democracia como instancia de negociación de intereses opuestos y parecen encaminarse hacia un enfrentamiento radical con los sectores populares. En Brasil esto significa una guerra de clases, de colores de piel y de géneros, donde las mujeres, los negros y los pobres son el objetivo a batir.

La arrasadora victoria de Jair Messias Bolsonaro en la primera vuelta de las elecciones brasileñas, es el mayor tsunami político, social y cultural que ha vivido este país en su historia. Si dejamos de lado las posturas elitistas y conspirativas, debemos aceptar que la gente sabía a quién votaba, que no lo hicieron engañados ni presionados. Más aún, esta vez los grandes medios no jugaron a favor del candidato ultraderechista, difundieron sus bravatas y no escatimaron críticas.

Para completar este breve cuadro, debe saberse que Bolsonaro tuvo muy poco tiempo en los espacios gratuitos de la tevé, los que en otras ocasiones cambiaron las preferencias electorales. Por pertenecer a un pequeño partido sin casi representación parlamentaria (el PSL, Partido Social Liberal), debió utilizar las redes sociales, donde tuvo una performance muy superior a la de los demás postulantes. Se presentó como el candidato antisistema aunque lleva 27 años como diputado, y consiguió captar los sentimientos en contra del establishment de la mayoría de los brasileños.

Bolsonaro surfeó y alentó la ola social conservadora, machista y racista, pero no fue el hacedor de esos sentimientos. Los aprovechó porque coinciden con su forma de ver el mundo.

La tormenta política del domingo pasado llevó hasta las instituciones a personajes desconocidos, como Eduardo Bolsonaro, el hijo, que reunió 1,8 millones de votos para lograr su banca de diputado, la mayor votación para ese cargo en la historia del país. La desconocida abogada Janaina Paschoal, que fue una pieza clave en la destitución de Dilma Rousseff en 2016 (fue una de las autoras del pedido de impeachmentcontra la expresidenta), fue electa con el mayor caudal de votos que se recuerda para su cargo de diputada estatal, en el estado de São Paulo. Kim Kataguiri, un joven impresentable animador del Movimiento Brasil Libre (MBL) que llenó las calles en 2015 y 2016 contra el PT, fue electo por el derechista Demócratas (DEM) y aspira a presidir la Cámara de Diputados federal.

EL CENTRO DERROTADO

La derecha en su conjunto consiguió 301 de los 513 escaños de la cámara baja (véase nota en página 13), un aumento sustancial, ya que en 2010 tenía 190 diputados y en 2014, 238. La izquierda perdió uno respecto a las elecciones de 2014: obtuvo 137 diputados, pero en 2010 había alcanzado 166. El gran derrotado fue el centro, que cayó a 75 escaños, de 137 en 2014. Entre los partidos, el MDB de Temer y el PSDB de Fernando Henrique Cardoso son los grandes derrotados con apenas 31 y 25 diputados respectivamente. Hubo además una proliferación de nuevos partidos con escasa representación, pero que en su conjunto suman 95 escaños, la mayoría de la derecha (la organización de los datos anteriores, en las categorías “izquierda”, “centro” y “derecha”, fue hecha por el Centro de Estudios de Opinión Pública de la Universidad Estatal de Campinas y fue publicada por el Observatório das Eleições).

Las tormentas tienen resultados como el que mostró la primera vuelta: no dejan nada en su lugar, sacan a la superficie aquello que estaba sumergido y, tras el desolador panorama del día después, enseñan las heces que nadie quería ver. Pero muestran también que, debajo y detrás de las heridas, hay caminos posibles que las fuerzas institucionales y sus acomodados analistas se niegan a transitar.

El día después enseña varios hechos que deben ser desmenuzados para avizorar lo que puede depararnos el futuro inmediato: el ¡Ya Basta! que pronunció la sociedad en 2013, la herencia de la dictadura militar, el fin del lulismo y las limitaciones de la izquierda para afrontar los nuevos escenarios.

EL FACTOR JUNIO 2013

Fue el momento decisivo, el que formateó la coyuntura actual, desde la caída de Dilma hasta el ascenso de Bolsonaro. Junio de 2013 comenzó con manifestaciones del Movimiento Pase Libre (MPL) contra el aumento de las tarifas del transporte urbano, que consiguió movilizar alrededor de 10 mil personas. Se trata de una agrupación juvenil formada en el Foro Social Mundial de Porto Alegre, que encarna a los jóvenes estudiantes de las ciudades y tiene formas de organización y movilización horizontales y festivas.

La reacción de la policía militar fue, como siempre, brutal. Pero esta vez la población de las grandes ciudades sorprendió a todos, al salir a las calles por cientos de miles y hasta millones. A lo largo del mes, 20 millones ocuparon las calles en 353 ciudades. Fue un evento fundamental de la historia reciente de Brasil, que mostró los altos niveles de descontento y frustración social pero, a la vez, la potencia transformadora que anidaba en la sociedad.

El PT no entendió que se trataba de un clamor pidiendo más: más inclusión, mejores servicios sociales, más igualdad, exigiendo un paso más en las políticas sociales que se venían aplicando, lo que implicaba tocar los intereses del 1% más pudiente del país. El gobierno y su partido retrocedieron espantados, sin comprender que podían ponerse al frente las multitudes para desbloquear un sistema político que jugaba a favor de las elites.

Suele sucederle a los que están arriba, que los murmullos de abajo los inquietan, porque sueñan con la paz social para seguir representando a los ausentes. En efecto, la representación es un teatro que sólo funciona si los representados ocupan las sillas para que los representantes se hagan cargo del escenario.

La ultraderecha, sin embargo, supo interpretar las debilidades de la presa (el gobierno del PT), como esos cazadores contumaces, entendió los puntos flacos de la presa (la corrupción) y se lanzó con saña en una guerra de rapiña. Los resultados están a la vista. La izquierda vació las calles en junio de 2013 y se las dejó a una derecha que desde las vísperas de la dictadura (1964) había perdido toda conexión con las multitudes. El PT y el conjunto de la izquierda perdieron la única oportunidad que habían tenido de torcerle el brazo a la derecha y las elites.

Luego vinieron las millonarias manifestaciones contra el gobierno del PT, la ilegítima destitución de Dilma, la multiplicación de los sentimientos contra los partidos y el sistema político y, finalmente, el crecimiento imparable de Bolsonaro. Es cierto que la crisis económica es el telón de fondo de todo este proceso, que polarizó aún más a la sociedad. Pero había otros caminos si la izquierda hubiera dejado los cómodos despachos para aquilatar los verdaderos dolores de la población más pobre.

LA HERENCIA DE LA DICTADURA

Brasil es el único caso en la región en el que no hubo un Nunca Más, ni juicios a los militares y civiles del régimen. Lo peor es que para buena parte de la población —además de las elites por supuesto—, la dictadura fue un buen momento económico y representó el lanzamiento de Brasil como potencia regional.

La dictadura generó importantes inversiones en obras de infraestructura, consiguió un crecimiento económico sostenido en la década de 1960 y comienzos de 1970, hasta que llegó el estancamiento. En el imaginario de muchos brasileños, fue un período positivo, tanto en lo económico como en la autoestima nacional. Fueron los años de oro de la geopolítica brasileña delineada por el general Golbery do Couto e Silva que llevó al país a tener una presencia determinante entre sus vecinos y convertirse en la principal potencia regional, al doblegar a la Argentina en la vieja competencia por la expansión de influencias.

Según el filósofo Vladimir Safatle, “la dictadura se acomodó a un horizonte de democracia formal pero en lo subterráneo estaba allí, presente y conservada. Las policías continuaron siendo policías militares, las fuerzas armadas siguieron intocadas, ningún torturador fue preso y se preservó a los grupos políticos ligados a la dictadura” (Agencia Pública, 9-X-18). En consecuencia, cuando la Nueva república nacida luego de la dictadura (1964-1985) comenzó a naufragar, el horizonte de 1964 reapareció como el imaginario del país deseable, para una parte sustancial de la población.

Como ejemplo de esta realidad, están no sólo las brutales declaraciones de Bolsonaro contra gays, lesbianas, negros e indios, sino las de importantes personalidades del sistema judicial. El nuevo presidente del Supremo Tribunal Federal, José Antonio Dias Toffoli, justifico días atrás el golpe de Estado de los militares diciendo que prefiere referirse a ese momento como el “movimiento de 1964” (iG Último Segundo, 1-X-18). Safatle asegura que “no conseguimos terminar con la dictadura” y opinó que el PT podría haberlo hecho pero ni siquiera lo intentó, pese a que Lula alcanzó un increíble 84% de aprobación cuando dejó el gobierno.

Otras consecuencias de la continuidad de la dictadura en democracia, es la composición de las instituciones del Estado. En el parlamento los sectores más reaccionarios vienen creciendo de formar sostenida desde 2010 y alcanzaron la hegemonía en 2014. El bloque ruralista que apoya el agronegocio y rechaza con violencia la reforma agraria, cuento con casi 200 diputados, mientras la bancada evangélica oscila en torno a los 76 diputados. La “bancada de la bala” (que defiende la pena de muerte y el armamento de la población) pasó de no tener ningún senador a conseguir 18 sillones de los 54 que estaban en disputa (Uol, 9-X-18).

En el mismo sentido puede registrarse la abrumadora presencia de militares en el equipo de campaña de Bolsonaro, empezando por su candidato a vicepresidente, el general Hamilton Mourão, que defiende desde la eliminación del aguinaldo hasta una nueva Constitución, pero sin asamblea constituyente. Quizá lo que mejor revela el espíritu de esta ultraderecha, son los pasos dados por Bolsonaro cuando estaba en el proceso de elegir a su vice: uno de los sondeados fue el “príncipe” Luiz Philippe de Orléans e Bragança, descendiente de familia imperial (Carta Capital, 5-VIII-18).

EL FIN DEL LULISMO

El fin del lulismo tiene dos raíces: la crisis económica de 2008 y el nuevo activismo social. La paz social era la clave de bóveda del consenso entre trabajadores y empresarios, así como de un “presidencialismo de coalición” que albergaba partidos de izquierda y de centro derecha, como el MDB de Michel Temer.

Las consecuencias de la crisis económica de 2008, que derrumbó los precios de las commodities y derechizó a las elites, sumada a las jornadas de junio de 2013 que hicieron añicos la paz social, enterraron el llamado consenso lulista. Cuando apenas había inaugurado su segundo gobierno, el 1 de enero de 2015, Dilma Rousseff se propuso calmar al gran capital a través de un ajuste fiscal que erosionó buena parte de las conquistas de la década anterior.

El descontento de la base social del PT fue capitalizado por la derecha más intransigente. Recordemos que Dilma ganó con el 51 por ciento de los votos, pero meses después su popularidad se situaba por debajo del 10 por ciento. Con el ajuste fiscal el PT perdió una base social laboriosamente construida, que se había mantenido fiel al partido durante dos décadas de derrotas, antes de llegar al poder.

Lo cierto es que el lulismo no fracasó, sino se agotó. Durante una década había proporcionado ganancias a la mayoría de los brasileños, incluyendo a la gran banca , que obtuvo los mayores dividendos de su historia. Pero el modelo desarrollista había llegado a su fin, ya que se había agotado la posibilidad de seguir mejorando la situación de los sectores populares sin realizar cambios estructurales que afectaran a los grupos dominantes. Algo que el PT aún se niega a aceptar.

En el terreno político, la gobernabilidad lulista se basaba en un amplio acuerdo que sumaba más de una decena de partidos, la mayoría de centro derecha como el MDB. Pero esa coalición se desintegró durante el segundo gobierno de Dilma, entre otras cosas porque la sociedad eligió en 2014 el parlamento más derechista de las últimas décadas, que fue el que la destituyó en 2016.

Otra consecuencia del ascenso de la derecha más conservadora, es la crisis de la socialdemocracia de Cardoso. El PSDB perdió toda relevancia, así como el MDB y el DEM que eran la base de la derecha neoliberal. El PSDB se formó en 1988 durante la transición a la democracia y la redacción de la Constitución. Junto al PT fueron los rivales más enconados de la política brasileña, pero a la vez era los dos principales partidos capaces de aglutinar una amplia colación a su alrededor, algo que le permitió a Cardoso gobernar entre 1994 y 2002.

Los resultados del candidato presidencial del PSDB, Geraldo Alckmin, el 7 de octubre, de apenas el 4 por ciento de los sufragios, enseñan la crisis del partido histórico de las elites y las clases medias blancas urbanas. Su base social emigró a Bolsonaro, por lo menos en las elecciones federales, aunque aún conserva cierto protagonismo en el estado de São Paulo, donde se asientan sus núcleos históricos. El descalabro de este sector, neoliberal pero democrático, puede tener hondas repercusiones en el futuro inmediato, independientemente de quién gane el domingo 28.

LA IZQUIERDA SIN ESTRATEGIA

Lo que se viene ahora es una fenomenal ofensiva contra los derechos laborales, contra la población negra e indígena, contra todos los movimientos sociales. Con o sin Bolsonaro, porque su política ya ganó y se ha hecho un lugar en la sociedad y en las instituciones. Cuando dice que hay que “poner punto final a todos los activismos en Brasil”, está reflejando un sentimiento muy extendido, que pone por delante el orden a los derechos (Expresso, 8-X-18).

No es un caso aislado. La ministra de Seguridad argentina Patricia Bullrich, acaba de lanzar su propio exabrupto, esta semana en una entrevista televisada, al vincular los movimientos sociales con el narcotráfico, abriendo de ese modo el grifo de la represión. Se trata de desviar el sentimiento de inseguridad hacia los actores colectivos que resultan obstáculos para implementar medidas más profundas contra las economías populares y la soberanía estatal sobre los bienes comunes.

Sobre el futuro inmediato, el cientista político César Benjamin señala: “Temo que un gobierno de Boslonaro sea peor que el gobierno militar. Hay una movilización de grupos, de masas que lo apoyan, que el régimen militar nunca tuvo. Una vez que llegue a la presidencia, un hacendado de Pará puede entender que llegó la hora de lanzar sus pistoleros, un policía que participa de un grupo de exterminio entenderá que puede ir más lejos”. Concluye con una frase lapidaria: “El sistema vigente de los años 80, especialmente desde la Constitución de 1988, ya no existe más” (Piauí, 8-X-18).

Cuando la izquierda apostó todo a una democracia claramente deficiente, sucedieron dos cosas. Primero, se evidenciaron sus dificultades a la hora de moverse en el borde de los cauces institucionales, como lo hacen todos los movimientos sociales. Hacerlo, significaría poner en riesgo los miles de cargos estatales y todos los beneficios materiales y simbólicos que conllevan. En cierto sentido enseñó su incapacidad de cambiar su estrategia, cuando la derecha sí lo hizo.

Segundo, optar por este camino suponía no tomar en cuenta que para los sectores que la izquierda dice representar, como los jóvenes y las mujeres de las favelas —los más atacados por el sistema del “orden”—, nunca hubo democracia verdadera. Estos sectores se ven forzados a moverse en el filo de la legalidad, porque, usando un concepto de Fanon, en la “zona del no-ser”, donde los derechos humanos son papel mojado, la sensatez les dice que no pueden confiar en las instituciones estatales. La impunidad del crimen de Marielle Franco habla por sí sola.

Limitarse al terreno electoral es suicida para un movimiento de izquierda, cuando del otro lado están rifando las libertades mínimas. Entre la lucha armada de los 60 y la adhesión ciega a elecciones sin democracia, hay otros caminos posibles. Los que vienen transitando tantos pueblos organizados para recuperar la tierra, cuidar la salud, el agua y la vida. Si algo nos enseña el Brasil de estos años, es que hace falta tomar otros rumbos, no limitados a la estrategia estatista, probablemente inciertos, pero que tienen la virtud de abrir el abanico de posibilidades.

Fuente: https://brecha.com.uy/huracan-llamado-bolsonaro/

 

El rugido de la plebe

Entrevista a Bruno Cava Rodriguez de la Universidade Nômade, Brasil, en IHU-Unisinos sobre el resultado del primer turno y perspectivas. Fundamental es comprender, pensar y actuar…

¿Cuál es su evaluación del resultado de las elecciones del domingo?

Existen dos tipos de evaluación: intentar escuchar el rugido de la plebe o taparse los oídos con narrativas pre-fabricadas.

Explicar a Bolsonaro es fácil, difícil es explicar las condiciones que nos trajeron aquí y la inmensa franja de electores que votó por él. Esta elección fue vivida por ellos como un gran despertar democrático y de renovación de la esperanza. No fueron solo el resentimiento y sentimientos de venganza y odio: sería muy cómodo fetichizar una onda bárbara, un “ellos” negativo. Digo esto no para relativizar, sino que para dimensionar el tamaño de nuestro problema.

La movilización pro-Bolsonaro contiene una mixtura de pragmatismo e ingenuidad y una diversidad de discursos y motivaciones grupales, pero el corazón de ese movimiento escruta la búsqueda de una democracia real contra una cultura politica criminal, hipócrita, pedante. La sensación colectiva ante la victoria sobre eso es de Primavera Brasileña, tocando lo que ocurrió en la huelga de los camioneros, en las jornadas de Junio de 2013, en el largo ciclo de las Primaveras Árabes, como aquella famosa pancarta en la plaza de la Puerta de Sol madrileña durante el movimiento del 15M: “estábamos dormidos y despertamos”. Fue también la victoria de una campaña, cuyo principal motor de organización sucedió en las redes sociales, en las calles, en la horizontalización por el mejor militante que existe: el ciudadano común, por fuera de las grandes maquinas partidarias.

Desde Tahrir se discute bastante el problema de la organización, de lo que sería una organización de nuevo tipo, y esta elección produjo un prototipo, en la práctica, de cómo funciona y como puede ganar ímpetu y contagiar a millones en poco tiempo.

¿Que es lo que explica el resultado y cuál es su significado político?

La bifurcación decisiva que fue Junio de 2013. Parte de la izquierda brasileña estaba presente en aquellas luchas por el transporte, la educación, la salud y la renta, y contra la casta de saqueadores de la riqueza pública. En la restauración que siguió, la izquierda fue alejándose, francamente oponiéndose al espectro de junio, que aún rondó la huelga de los garis de Río de Janeiro, las ocupaciones de las escuelas secundarias, las manifestaciones anticorrupción y la primavera feminista. En la medida del descuelgue de las izquierdas, grupos como el MBL, el Vem Pra Rua, aunque también grupúsculos intervencionistas, vinieron al encuentro de Junio. Esto quedó claro durante la huelga de los camioneros, que también tuvo una dinámica de desbordamiento social.

Primero, había una rebelión pura y salvaje, después un armado por las fuerzas de la derecha. Es que quien tenía mejores condiciones, por tradición, de agenciarse a las pautas junistas, cayó en el trastorno gravitacional de la estrategia de la unidad de las izquierdas elaborada por el PT y por Lula. Esto ha provocado un efecto agudo intensificado por la profundización de la crisis y la Glasnost promovida por la operación Lava Jato, acumulando una energía que ahora hemos visto descargarse.

La maniobra de lanzar a Lula como el candidato oculto de Haddad e invertir en la polarización con Bolsonaro sólo ha estirado aún más el elástico. La pregunta difícil es: ¿por qué Bolsonaro se benefició de esa liberación de energía? ¿Por qué el? Se habla del riesgo del fascismo como si el fascismo no fuese la realidad de Brasil. Una cosa es hablar de fascismo en Europa o en los Estados Unidos, donde la población vive una democracia social. Otra cosa es hablar en un país donde la mayoría nunca ha experimentado una democracia social y tiene que soportar arbitrariedades, amenazas, chantajes y discriminaciones en el día a día, en la normalidad. Es esa condición de excepción permanente la que obliga a negociar con instancias autoritarias tales como milicias, jefes locales, oligarcas, coroneles. Brasil es un país ultra violento. La tasa de homicidios es cinco veces mayor que la americana y cerca de treinta veces mayor que en Italia o España. Bolsonaro aparece así como un justiciero y ofrece protección militar, por la vía de la fuerza. En ese sentido, es un personaje cercano a un Mariel Maryscott (interpretado por Jece Valadão en «Yo maté a Lucio Flávio»), un tropicalizado protector de la sociedad: agresivo, libertino, medio bufonesco.

Hay una contradicción aullante: un movimiento calcado en la democracia indica un personaje no democrático, pero tolera sus arrebatos y excesos porque entiende que es un mal necesario. Es el mismo tipo de legitimidad ambigua que un grupo miliciano cosecha en una periferia violenta de la metrópoli brasileña. Él es el hombre fuerte, de acción, en un contexto de quiebra de la confianza de las instituciones. Su «ideología», por así decirlo, es el propio biopoder: gestión mafiosa de los territorios y de los pobres, que a veces deriva en linchamientos y escuadrones de la muerte.

Cuando se habla de que Bolsonaro es la vuelta de la dictadura muchos se encojen de hombros, no porque desprecien la democracia, sino porque las prácticas de la dictadura nunca dejaron de ser parte integrante del status quo. El discurso del golpe que el PT adoptó para eximirse del colapso en el período Dilma es arriesgado porque si la persona está desamparada, indignada y detesta el orden existente, usted la contrapone a la dictadura puede llevarla a cuestionar: si esto es la democracia, ¿que es lo que dictadura tenía de peor?

La dictadura de 1964 se construyó sobre las prácticas del biopoder y no a al revés. Cargar las tintas en la alerta del fascismo tiene un efecto retórico, pero puede tanto lanzarlo en una bolsa de gatos que borra cualquier matiz y ofusca la centralidad del racismo que ya opera en la normalidad del estado de derecho.

¿Cómo evalúa el escenario del segundo turno?

El peor posible. Cuanto más el PT se coloca como opción democrática a Bolsonaro, más es retroalimentado el desbordamiento. La asociación de la vuelta del PT alrededor de la protección social llego al límite, desmoronando la alineación electoral de al menos doce años que André Singer llama lulismo.

En el caso de que el PT se presente como opción civilizada de acuerdo para recomponer el sistema, es leído como vocalizando aquella frase célebre del Jucá: «salva a Lula, salva a todo el mundo». La asociación predominante, y con cierto derecho, es a los años de Dilma, a la quiebra del país, a los escándalos de corrupción y a la inigualable prepotencia de los líderes petistas, que parecen tratar al electorado e incluso a los partidarios como masa de maniobra. Un liderazgo como Marina Silva o Ciro Gomes tendrían mejores condiciones de desactivar los mecanismos infernales de ese círculo vicioso, incluso usando el terreno de las reformas para proponer un nuevo sistema de protección social, un ‘commonfare’.

Si Bolsonaro presenta una inteligencia política hasta ahora apenas esbozada, propondrá un gran pacto, hacer su Carta a los brasileños, y comenzar a coser ente el mercado y al empresariado, lo que abrirá nuevas contradicciones. Pero esto no está dado.

Desde el punto de vista de las luchas, no podemos quedarnos contando con el desarrollo de la segunda vuelta ni con promesas de virajes y moderación. Es necesario seguir repercutiendo en la bifurcación junista, que es un foco incandescente, y continuar produciendo líneas de fuga para la coyuntura. No un movimiento nuevo o de nuevo tipo: Junio es lo nuevo de los movimientos, el ‘spin’. Si existe el riesgo de fascismo, es porque la toma del aparato estatal puede poner a rezumar el fascismo social que ya es nuestra normalidad, en una red de vasos comunicantes de micro fascismos. Entonces el desbordamiento puede volverse contra las minorías y provocar una terrible aurora.

El desafío de una movilización como el #EleNão es mostrar cómo las preocupaciones de las minorías no se restringen a la supuesta «elite de izquierda» que organiza las protestas, sino que son preocupaciones de todos, preocupaciones transversales. Porque en Brasil, todo el mundo es minoría en alguna medida. No tanto la lucha de la minoría, sino la minoría como lucha, minoría que devenimos, que nos constituye.

Una línea fascista significaría una línea de autoabolición, una máquina suicida. Entonces seguir actuando, pensando, creando brechas, además de la polarización electoral, es el único antídoto para no quedar rehén de los acontecimientos.

Traducción para UninomadaSUR: Santiago de Arcos-Halyburton

Situacionismo en el siglo XXI: el espectáculo eres tú

Las redes sociales podrían haber sido herramientas maravillosas para impulsar esa revolución desde dentro con la que los situacionistas nos hicieron soñar. En su lugar, las hemos convertido en herramientas de marketing.

Por Carolina Velasco

“El juego más peligroso” es el nombre que han elegido en Berlín para una exposición que recoge los documentos, libros y manifiestos que iban a formar parte de la Biblioteca situacionista de Silkeborg. El movimiento fundado en 1957 sin duda se convirtió en un peligroso “juego” que desafió la cultura y que dio alas a las revueltas del mayo francés. Décadas más tarde, el situacionismo se ha convertido en una pieza de museo.

Han pasado 50 años desde mayo del 68 y más de seis décadas desde que un grupo de intelectuales europeos creasen la Internacional Situacionista en un pequeño pueblo italiano. Guy Debord, Raoul Vaneigem y Asger Jorn, entre otros, decidieron redefinir la sociedad en 1957: aspiraban a la abolición del trabajo alienante, criticaron duramente la sociedad del espectáculo y reivindicaron la importancia de tomar las riendas.

“Soñar despierto subvierte el mundo”, afirmó Vaneigem, cuyo Tratado del saber vivir para uso de las jóvenes generaciones sigue siendo el perfecto manual de instrucciones para soñar despierto, subvertir e iniciar una revuelta desde dentro.

Esa era, precisamente, una de las grandezas del situacionismo, que permitía pequeños actos subversivos desde la cotidianeidad, empezando por asumir la alienación de la sociedad moderna a la naturaleza contrarrevolucionaria del aburrimiento. A partir de ahí, todo era posible, desde crear mapas psicogeográficos a cuestionar el valor del arte como mercancía (en la muestra de Berlín había numerosos cuadros de salón, de esos que se encuentran en rastros de todo el mundo, reinterpretados o garabateados que no podían dejar de recordar a los grabados de Goya sobre los que los hermanos Jake y Dinos Chapman pintaron en una acción que aún sigue siendo tremendamente controvertida).

En pleno siglo XXI, el situacionismo sigue siendo objeto de estudio y de culto e incluso nos hemos acostumbrado a que se use la expresión “sociedad del espectáculo” hasta en contextos que sorprenderían al mismísimo Debord. La contundencia de sus máximas, su influencia en el Mayo francés y lo poco intimidatoria que resulta su filosofía si se la compara con un Schopenhauer o un Kant lo han convertido en uno de los movimientos filosóficos más fáciles de citar incluso fuera de contexto. Sus máximas, cortas pero contundentes, también lo hacen digerible, pero la realidad es que en 2018 hemos cerrado las puertas a la posibilidad de una revolución desde dentro y nosotros somos ahora el espectáculo.

LA REVOLUCIÓN COMO PIEZA DE MUSEO

En la sala de exposiciones de la HKW que acoge hasta diciembre The most dangerous game se dan cita al menos tres generaciones: la de quienes intentaron llevar a cabo una revolución en los años 60, la de sus hijos e incluso la de sus nietos. Los catálogos se han agotado y los organizadores han tenido la deferencia de dejar en la entrada una caja con algunos ejemplares para consulta. Hacen falta: en este país tan aficionado a las placas conmemorativas e incluso a detallar en las placas de las calles en qué fechas vivió el homenajeado y qué hizo, esta muestra brilla precisamente por la ausencia de datos o explicaciones. Tan solo dan un folleto con un mapa psicogeográfico indicando el sentido de la muestra y algo de información sobre el situacionismo. Ni una obra con autoría, ni una fotografía geolocalizada… y en esta ciudad en la que se pueden sacar fotos en todos los museos, en cuanto alguien saca un móvil aparece un bedel uniformado a llamar la atención y recordar que está “verboten”: nada de stories para Instagram. Por una vez hay que agradecer a los alemanes su estricta observancia de las normas y poder bucear de lleno en todos los manifiestos, pósters y libros de la muestra.

Uno de los proyectos inacabados de la Internacional Situacionista fue crear una biblioteca con todos sus libros y manifiestos, y en esta exposición se han encargado de hacer realidad ese sueño: en las vitrinas descansan ejemplares de todos los tentáculos del movimiento, desde Cobra en Dinamarca a Spur en Alemania pasando por los holandeses Reflex. No faltan siquiera las películas de Debord o decenas de obras “intervenidas” de formas que ahora no llaman la atención (pintar encima de cuadros, esculturas de formas imposibles o la pura reivindicación de la imaginería pop de los catálogos de ropa), pero que entonces eran boutades difíciles de digerir porque ponían en entredicho “verdades incuestionables”, desde el mismísimo valor del arte a la autoría. No es difícil ver las conexiones con el dadaísmo, el marxismo o el futurismo, pero esto que ahora se exhibe con orgullo en los museos entonces no sentaba tan bien en amplios sectores de la sociedad.

Ese inconformismo del que hacía gala la Internacional Situacionista y ese cuestionarse una sociedad alienada y en la que solo importaba medrar, trabajar y comprar dio alas precisamente a la primera generación a la que cortejaron las marcas: la juventud, por primera vez en la historia, se convertía a finales de los 50 en un valor per se y en un apetecible nicho de mercado al que se dirigían todas sus campañas. Que los situacionistas usaran los mensajes publicitarios y los catálogos como material para sus collages no es casual, y que esa generación a la que se quería convertir en objeto de consumo a la vez que sujeto consumidor se rebelase contra todo aquello es de una justicia poética incontestable.

EL ESPECTÁCULO AHORA ERES TÚ

Siempre me ha fascinado el término “izquierda caviar” que en Francia usan para denominar a todos esos revolucionarios de mayo del 68 que ahora han sentado cabeza, tienen puestos de responsabilidad y sueldos poco o nada revolucionarios. Esa izquierda caviar es tal vez la cara más llamativa y vergonzante de quienes dieron la espalda a lo de buscar la playa bajo los adoquines o abolir el trabajo alienante, pero no son los únicos: de alguna forma, todos nos hemos convertido en parte de un espectáculo construido a base de likes que ni el mismísimo Debord podría haber imaginado. En qué momento hemos pasado de criticar el entretenimiento vacuo como divertimento a convertirnos nosotros en el propio espectáculo es uno de los grandes enigmas del siglo XXI.

Antaño, los Estados tenían que invertir ingentes recursos humanos y pecuniarios para vigilar a la sociedad, ahora, con tal de conseguir un like, un comentario que satisfaga nuestro ego o un retuit que nos haga creernos relevantes por unos segundos, estamos dispuestos a vender nuestra alma al diablo y contar al mundo lo que hacemos, cómo, dónde y con quién.

Nos hemos convertido en ese espectáculo del que el situacionismo se mofaba. Instagram, con su billón de usuarios mensuales y sus nano, micro y macroinfluencers es un escaparate de consumo: #miraloquecompro, #miraloquecomo, #miraloqueconsumo, #miracuántoviajo.

Google Maps ha terminado para siempre con la posibilidad de un mapa psicogeográfico: el espacio ya no se puede recortar ni fragmentar, ni siquiera se puede engañar a la geolocalización. Twitter podría haber sido un espacio maravilloso para escupir aforismos y máximas contra el sistema, pero se ha convertido en un lugar en el que nos tomamos muy en serio a nosotros mismos y Facebook es un escaparate de vidas perfectamente heteronormativas en la que presumir de hijos y vacaciones. Las redes podrían haber sido herramientas maravillosas para impulsar esa revolución desde dentro con la que los situacionistas nos hicieron soñar. En su lugar, las hemos convertido en herramientas de marketing, y nosotros, en puro espectáculo y bien de consumo: hemos cambiado los adoquines por los likes.

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/arte/situacionismo-en-el-siglo-xxi-el-espectaculo-eres-tu

Preguntas a Michel Foucault sobre la geografía

Esta entrevista fue publicada en la revista francesa Herodote en 1975, con motivo de su primer número.

 

Herodote: El trabajo que usted ha emprendido coincide (y alimenta) en gran parte la reflexión que nosotros hemos emprendido en geografía, y de un modo más general en relación con las ideologías y estrategias del espacio.

Interrogando a la geografía hemos encontrado un determinado número de conceptos: saber, poder, ciencia, formación discursiva, mirada, episteme, y la arqueología que usted ha realizado ha contribuido a orientar nuestra reflexión. Así, la hipótesis avanzada en la Arqueología del saber, según la que una formación discursiva no se define ni por un objeto, ni por un estilo, ni por un juego de conceptos permanente, ni por la persistencia de una temática, sino que debe ser captada como un sistema de dispersión reglamentado, nos ha permitido delimitar mejor el discurso geográfico.

También nos ha sorprendido su silencio en lo que concierne a la geografía (salvo error usted no evoca su existencia más que en una comunicación dedicada a Cuvier, y además no la evoca más que para relegarla entre las ciencias naturales). Paradójicamente habríamos quedado estupefactos si la geografía hubiese sido tenida en cuenta, pues, a pesar de Kant y Hegel, los filósofos ignoran la geografía. ¿Hay que echar la culpa a los geógrafos que, desde Vidal de La Blanche, tuvieron cuidado en encerrarse, al abrigo de las ciencias sociales, del marxismo, de la epistemología y de la historia de las ciencias, o hay que incriminar a los filósofos desinteresados por una geografía inclasificable, «desplazada», a caballo entre ciencias naturales y ciencias sociales? ¿Tiene la geografía una «plaza» en su arqueología del saber? ¿No reproduce usted, arqueologizándola, la separación entre ciencias de la naturaleza (la encuesta, el cuadro) y ciencias del hombre (el examen, la disciplina), disolviendo de este modo el lugar en que la geografía podría establecerse?

Michel Foucault: Respuesta llanamente empírica, de momento. Se intentará luego ver si hay otra cosa detrás. Si hiciese la lista de todas las ciencias, de todos los conocimientos, de todos los dominios del saber de los que no hablo y debería hablar. y de los que estoy próximo de una forma o de otra, la lista seria casi infinita. No hablo de la bioquímica, no hablo de la arqueología. Incluso no he hecho una arqueología de la historia. Coger una ciencia porque es interesante, porque es importante o porque su historia tendría algo ejemplar, no me parece que sea un buen método. Es sin duda un buen método si se quiere hacer una historia correcta, limpia, conceptualmente aseptizada. Pero a partir del momento en que se quiere hacer una historia que tiene un sentido, una utilización, una eficacia política, no se la puede hacer correctamente más que a condición de estar ligado de una manera o de otra a los combates que se desarrollan en ese terreno. En primer lugar he intentado hacer la genealogía de la psiquiatría porque tenía una cierta práctica y una cierta experiencia del hospital psiquiátrico y percibía ahí combates, líneas de fuerza, puntos de enfrentamiento, tensiones. La historia que he realizado, no la he hecho más que en función de estos combates. El problema, el núcleo de la cuestión, la apuesta, está en poder mantener un discurso verdadero y que sea estratégicamente eficaz; o aún más, cómo puede la verdad de la historia tener efecto políticamente.

H.: Esto conecta con una hipótesis que le propongo: si existen puntos de enfrentamiento, tensiones, líneas de fuerza en geografía, son subterráneos debido a la ausencia de polémica en geografía. Ahora bien, lo que puede atraer a un filósofo, un epistemólogo, un arqueólogo es arbitrar o sacar provecho de una polémica ya
iniciada.

M. F.: Es cierto que la importancia de una polémica puede atraer. Pero yo no soy en absoluto de esa especie de filósofos que tiene o quiere tener un discurso de verdad sobre cualquier ciencia. Dictar la ley en toda ciencia, es el proyecto positivista. Estoy seguro que en ciertas formas de marxismo «renovado» no se encuentre una tentación parecida, que consistiría en decir: el marxismo, como ciencia de las ciencias, puede hacer la teoría de la ciencia y establecer la repartición entre ciencia e ideología. Pero, esta posición de árbitro, de juez, de testigo universal es un papel que rechazo absolutamente, pues me parece ligado a la institución universitaria de la filosofía. Si hago los análisis que hago no es porque exista una polémica que yo querría arbitrar, sino porque he estado ligado a ciertos combates: medicina, psiquiatría, penalidad. No he pretendido nunca hacer una historia general de las ciencias humanas, ni hacer una crítica en general de la posibilidad de las ciencias. El subtitulo de Las Palabras y las Cosas no es la arqueología, sino una arqueología de las ciencias humanas.

Son ustedes, los que están directamente ligados a lo que ocurre en geografía, los que están enfrentados a todos estos enfrentamientos de poder que atraviesan a la geografía, son ustedes quienes deben afrontarlos, quienes deben adquirir los instrumentos que les permitan combatir ahí, Y en el fondo deberían decirme: «Usted no se ha ocupado de esta cosa que no le concierne exactamente y que no conoce bien». Y yo les respondería: «Si uno o dos chismes (aproximación o método) que he creído poder utilizar en la psiquiatría, en la penalidad, en la historia natural pueden servirles, me siento muy contento. Si se ven obligados a adoptar otros o a transformar mis instrumentos, muéstrenmelo porque también yo podría beneficiarme».

H: Usted se refiere con mucha frecuencia a los historiadores: Lucien Febvre, Braudel, Le Roy Ladurie. Y les rinde homenaje en numerosas ocasiones. Se da el caso que estos historiadores intentaron establecer un diálogo con la geografía, más precisamente instaurar una geo‐historia o una antropo‐geografía. Existía por la mediación de estos historiadores la ocasión de un encuentro con la geografía. Además usted roza el terreno geográfico cuando estudia la economía política y la historia natural. Se puede constatar así un constante afloramiento de la geografía sin que nunca sea tenida en cuenta. No hay en mi pregunta ni la solicitud de una hipotética arqueología ni tampoco una decepción: solamente una sorpresa.

M. F.: Me da un poco de reparo no responder más que por argumentos de hecho, pero creo que hay que desconfiar de esta voluntad de esencialidad: si usted no habla de algo es porque encuentra fuertes obstáculos que vamos a intentar desentrañar. Se puede muy bien no hablar de algo simplemente porque no se lo conoce, no porque uno se enfrente a un saber inconsciente y en consecuencia inaccesible. Usted me pregunta si la geografía tiene un lugar en la arqueología del saber. Si, a condición de cambiar la formulación. Encontrar un espacio para la geografía significaría que la arqueología del saber tiene un proyecto de cobertura total y exhaustiva de todos los campos de saber, lo cual no es en absoluto lo que yo pienso. La arqueología del saber no es más que un modo de aproximación.

Es verdad que la filosofía, al menos desde Descartes, ha estado siempre ligada en Occidente al problema del conocimiento. No hay escapatoria. Cualquiera que se crea filósofo y que no se plantee la cuestión «¿qué es el conocimiento?» o «¿qué es la verdad?», ¿en qué sentido se podría decir que es un filósofo? Y a mi, que me gusta decir que no soy filósofo, si en último término me ocupo de la verdad, soy, pese a todo, un filósofo. Desde Nietszche esta cuestión se transformó. No se trata ya de ¿cuál es el camino más seguro de la Verdad?, sino de ¿cuál ha sido el camino temerario de la verdad? Era la cuestión de Nietzsche, eso sí, también es la cuestión de Husserl en La crisis de las ciencias europeas. La ciencia, la imposición de lo verdadero, la obligación de verdad, los procedimientos ritualizados para producirla atraviesan completamente toda la sociedad occidental desde hace milenios y se han universalizado en la actualidad para convertirse en la ley general de toda civilización. ¿Cuál es su historia, cuáles son sus efectos, cuál es su entramado con las relaciones de poder? Si se adopta esta perspectiva, entonces la geografía sería susceptible de un método semejante. Hay que intentar aplicar este método a la geografía, pero del mismo modo que se aplicaría a la farmacología, la microbiología, la demografía, y qué sé yo… Hablando con propiedad, no hay un espacio específico pero seria necesario hacer esta arqueología del saber geográfico.

H.: Si la geografía no es visible, no está comprendida en el campo que usted explora, en el que usted practica sus búsquedas, ello está sin duda ligado al proceso deliberadamente histórico o arqueológico que de hecho privilegia el factor tiempo. Se puede constatar así una preocupación rigurosa por la periodización que contrasta con la vaguedad, la relativa indeterminación de sus localizaciones. Sus espacios de referencia son indistintamente la cristiandad, el mundo occidental, la Europa del Norte, Francia, sin que esos espacios de referencia sean verdaderamente justificados o incluso precisados. Usted escribe que «cada periodización divide a la historia en un cierto número de sucesos, e inversamente, cada estrato de sucesos exige una periodización inmediata, puesto que según el nivel del que se parta deberán ser delimitadas periodizaciones distintas, y, según la periodización que se establezca, se alcanzarán diferentes niveles, Se accede así a la metodología compleja de la discontinuidad». Se puede, e incluso conviene concebir y construir una metodología de la discontinuidad en función del espacio y de las escalas espaciales. Usted privilegia de hecho ci factor tiempo arriesgándose a delimitaciones o espacializaciones nebulosas, nómadas. Espacializaciones inciertas que contrastan con la preocupación de recortar franjas, períodos, edades.

 

M. F.: Tocamos aquí un problema de método, pero también de soporte material que consiste simplemente en la posibilidad de que una persona sola lo recorra. En efecto, yo podría decir perfectamente: historia de la penalidad en Francia. Después de todo es esto esencialmente lo que he hecho, si se exceptúan un cierto número de desbordamientos, de referencias, de puntos de contacto con el exterior. Si no lo digo, si dejo flotar una especie de vaga frontera, un poco occidental, un poco nómada es debido a que la documentación que he utilizado desborda un poco el caso de Francia, y con mucha frecuencia, para comprender un fenómeno francés me he visto obligado a referirme a algo que ocurre en el exterior, que sería poco explicito, que fue anterior en el tiempo, que sirvió de modelo. Esto me permite, con modificaciones regionales o locales, situar estos fenómenos en las sociedades anglosajona, española, italiana, etc. No hago mayores precisiones porque seria tan abusivo decir «no hablo más que de Francia» que decir «hablo de toda Europa». Sería necesario en efecto precisar —pero esto implicaría un trabajo colectivo— en dónde se detiene este tipo de proceso, a partir de dónde se puede decir: «ocurre algo distinto».

H.: Esta espacialización incierta contrasta con la profusión de metáforas espaciales: posición, desplazamiento, lugar, campo: incluso en ocasiones geográficas: territorio, dominio, suelo horizonte, archipiélago, geopolítica, región, paisaje.

M. F.: Pues bien, retomemos estas metáforas geográficas. Territorio, es sin duda una noción geográfica, pero es en primer lugar una noción jurídico política: lo que es controlado por un cierto tipo de poder.

Campo: noción económico jurídica.
Desplazamiento: se desplaza un ejército, una tropa, una población.
Dominio: noción jurídico‐política.
Suelo: noción histórico‐geológica.
Región: noción fiscal, administrativa, militar.
Horizonte: noción pictórica, pero también estratégica.

No hay más que una noción que sea verdaderamente geográfica, es la de archipiélago. No la he utilizado más que una vez, para designar, y a causa de Solyenitsin —el archipiélago carceral—, esta dispersión y al mismo tiempo el recubrimiento universal de una sociedad por un tipo de sistema punitivo.

H.: Estas nociones no son, ciertamente, estrictamente geográficas. Son sin embargo las nociones básicas de cualquier enunciado geográfico. Ponemos así el dedo en la llaga al advertir que el discurso geográfico produce pocos conceptos, y los retoma un poco de todos lados. Paisaje es una noción pictórica, pero es un objeto esencial de la geografía tradicional.

M. F.: ¿Pero están ustedes seguros de que yo tomo estas nociones de la geografía y no de donde la geografía precisamente las ha tomado?

H.: Lo que hay que subrayar, a propósito de ciertas metáforas espaciales, es que son tanto geográficas como estratégicas, lo cual es muy normal puesto que la geografía se desarrolló a la sombra del ejército. Entre el discurso geográfico y el discurso estratégico se puede observar una circulación de nociones: la región de lo geográfico no es otra cosa que la región militar (de regere, dirigir), y provincia no es más que el territorio vencido (de vincere). El campo reenvía al campo de batalla.

M. F.: Se me ha reprochado bastante estas obsesiones espaciales, y en efecto, me han obsesionado. Pero, a través de ellas, creo haber descubierto lo que en el fondo buscaba, las relaciones que pueden existir entre poder y saber. Desde el momento en que se puede analizar el saber en términos de región, de dominio, de implantación, de desplazamiento, de transferencia, se puede comprender el proceso mediante el cual el saber funciona como un poder y reduce a él los efectos.

Existe una administración del saber, una política del saber, relaciones de poder que pasan a través del saber y que inmediatamente si se las quiere describir os reenvían a estas formas de dominación a las que se refieren nociones tales como campo, posición, región, territorio. Y el término político‐estratégico indica cómo lo militar y lo administrativo se inscriben efectivamente ya sea sobre un suelo, ya sea en forma de discurso. Quien no plantease el análisis de los discursos más que en términos de continuidad temporal se vería necesariamente avocado a analizarlos y a considerarlos como la transformación interna de una conciencia individual. Construirá así una gran conciencia colectiva dentro de la cual ocurrirían las cosas.
Metaforizar las transformaciones del discurso por medio de un vocabulario temporal conduce necesariamente a la utilización del modelo de la conciencia individual, con su temporalidad propia. Intentar descifrarlo, por el contrario, a través de metáforas espaciales, estratégicas, permite captar con precisión los puntos en los que los discursos se transforman en, a través de y a partir de las relaciones de poder.

H.: Althusser en Leer el Capital, plantea y se plantea una cuestión análoga. «El recurso a las metáforas espaciales (…) que el presente texto utiliza plantea un problema teórico: el de su garantía de existencia en un discurso con pretensión científica, Este problema puede plantearse de la forma siguiente: ¿por qué una determinada forma de discurso científico implica necesariamente la utilización de metáforas tomadas de discursos no científicos”. Althusser, así, presenta el recurso a las metáforas espaciales como necesario, pero al mismo tiempo como regresivo, no riguroso. Por el contrario todo permite pensar que las metáforas espaciales, lejos de ser reaccionarias, tecnocráticas, abusivas o ilegitimas, son más bien el síntoma de un pensamiento «estratégico», «combativo», que considera el espacio del discurso como terreno y encrucijada de prácticas políticas.

M. F.: Es efectivamente de guerra, de administración, de implantación, de gestión de un poder de lo que se trata en tales expresiones. Será necesario hacer una crítica de esta descalificación del espacio que reina desde hace varias generaciones. ¿Ha comenzado en Bergson o antes? El espacio es lo que estaba muerto, fijado, no dialéctico, inmóvil. Por el contrario, el tiempo era rico, fecundo, vivo, dialéctico.

La utilización de términos espaciales tiene un cierto aire de anti‐historia para todos aquellos que confunden la historia con las viejas formas de la evolución, de la continuidad viviente, del desarrollo orgánico, del progreso de la conciencia o del proyecto de la existencia. Desde el momento en que se hablaba en términos de espacio se estaba contra el tiempo. ¡Se «negaba la historia»! como decían los tontos, se era un «tecnócrata». ¡No comprendían que en la percepción de las implantaciones de las delimitaciones del perfilamiento de los objetos de los gráficos, de las organizaciones de los dominios!, lo que se hacía aflorar eran los procesos —por supuesto históricos— del poder. La descripción espacializante de los hechos del discurso desemboca en el análisis de los efectos de poder que están ligados a ellos.

H.: Con Vigilar y Castigar, esta estrategización del pensamiento alcanza una nueva cota, con el panoptismo, nos encontramos más allá de la metáfora. Lo que está en juego es la descripción de instituciones en términos de arquitectura, de figuras espaciales. Usted evoca incluso como conclusión la «geopolítica imaginaria» de la ciudad carcelaria. ¿Esta figura panóptica da cuenta del aparato de Estado en su conjunto? Aparece, en su último libro, un modelo implícito de poder: una diseminación de micro‐poderes, una red de aparatos dispersos, sin aparato único, sin foco ni centro, y una coordinación transversal de instituciones y de tecnologías, sin embargo, usted señala la estatalización de las escuelas, hospitales, casas de corrección y de educación hasta entonces en manos de los grupos religiosos o de las asociaciones de beneficencia. Y paralelamente comienza a funcionar una policía centralizada que ejerce una vigilancia permanente, exhaustiva, capaz de hacerlo todo visible con la condición de hacerse a sí misma invisible. «La organización del aparato policial ratifica en el siglo XVIII la generalización de las disciplinas y alcanza las
dimensiones del Estado».

M. F.: A través del panoptismo apunto a un conjunto de mecanismos que operan en el interior de todas las redes de procedimientos de los que se sirve al poder. El panoptismo ha sido una invención tecnológica en el orden del poder, como la maquina de vapor en el orden de la producción. Esta invención tiene esto de particular: que ha sido utilizada en un principio en niveles locales: escuelas, cuarteles, hospitales, en ellos se ha hecho la experimentación de la vigilancia integral. Se ha aprendido a confeccionar historiales, a establecer anotaciones y clasificaciones, a hacer la contabilidad integral de estos datos individuales.

Ciertamente, la economía —y el fisco— habían ya utilizado algunos de estos procedimientos. Pero la vigilancia permanente de un grupo escolar o de un grupo de enfermos, es otra cosa, y estos métodos han sido generalizados a partir de un cierto momento. El aparato policial ha sido uno de los principales vectores de esta extensión, pero también la administración napoleónica. Creo haber citado una descripción muy bonita del papel de los procuradores generales en el Imperio considerándolos el ojo del emperador, y, desde el primer procurador general de Paris hasta el simple sustituto de provincias, es una sola y misma mirada la que vigila los desórdenes, previene los peligros de criminalidad, sanciona todas las desviaciones. Y si por casualidad algo en esta mirada universal se relajaba, si se adormecía en algún sitio, entonces el Estado no estaría lejos de su ruina. El panoptismo no ha sido confiscado por los aparatos de Estado, pero éstos se han apoyado sobre esta especie de pequeños panoptismos regionales y dispersos. De tal modo que, si se quiere captar los mecanismos de poder en su complejidad y en detalle, no se puede uno limitar al análisis de los aparatos de Estado solamente. Habría que evitar un esquematismo —esquematismo que por otra parte no está en el propio Marx— que consiste en localizar el poder en el aparato de Estado y en hacer del aparato de Estado el instrumento privilegiado, capital, mayor, casi único del poder de una clase sobre otra. De hecho, el poder en su ejercicio va mucho más lejos, pasa por canales mucho más finos, es mucho más ambiguo, porque cada uno es en el fondo titular de un cierto poder y, en esta medida, vehicula el poder. El poder no tiene como única función reproducir las relaciones de producción. Las redes de la dominación y los circuitos de la explotación se interfieren, se superponen y se refuerzan, pero no coinciden.

H.: Si el aparato de Estado no es el vector de todos los poderes, no es por ello menos cierto que recubre lo esencial de ¡as prácticas disciplinarias, y muy particularmente en Francia con el sistema panóptico‐policial.

M. F.: La monarquía administrativa de Luis XIV y Luis XV, tan fuertemente centralizada, ha sido ciertamente un primer modelo. Usted sabe que en la época de Luis XV se ha inventado la policía. No tengo ninguna intención de disminuir la importancia y la eficacia del poder de Estado. Creo simplemente que al insistir demasiado en su papel, y en su papel exclusivo, se corre el riesgo de no tener en cuenta todos los mecanismos y efectos de poder que no pasan directamente por el aparato de Estado, que con frecuencia lo afianzan mucho mejor, lo reconducen, le proporcionan su mayor eficacia. Con la sociedad soviética se tiene el ejemplo de un aparato de Estado que ha cambiado de manos y que deja las jerarquías sociales, la vida de familia, la sexualidad, el cuerpo, casi como estaban en una sociedad de tipo capitalista. Los mecanismos de poder que funcionan en el taller entre el ingeniero, el capataz y el obrero ¿cree usted que son muy diferentes en la Unión Soviética?

H.: Usted ha mostrado cómo el saber psiquiátrico implicaba, suponía, exigía, la clausura del manicomio, cómo el saber disciplinario conllevaba el modelo de la prisión, la medicina de Bichat el recinto del hospital, y la economía política la estructura de la fábrica. Podemos preguntarnos, como si se tratase de una ocurrencia, o de una hipótesis, si el saber geográfico no lleva inscrito el cerco de la frontera, sea ésta nacional, provincial o municipal. Y por tanto si a las figuras del encierro que usted ha puesto de relieve —del loco, del delincuente, del enfermo, del proletario no habría que añadir la del ciudadano soldado. El espacio del encierro seria entonces infinitamente más ancho y menos compartimentado.

M. F.: Es muy seductor, Y según usted ¿se trataría del hombre de las nacionalidades? Pues ese discurso geográfico que justifica las fronteras, es el discurso del nacionalismo.

H.: La geografía sería junto con la historia constitutiva de este discurso nacional, como bien lo muestra la instauración de la escuela de Jules Ferry que deposita en la historia‐geografía la misión de realizar y de inculcar el espíritu cívico y patriótico.

M. F.: Lo que tiene por efecto la constitución de una identidad. Pues mi hipótesis es que el individuo no es lo dado sobre el que se ejerce y se aferra el poder. El individuo, con sus características, su identidad, en su hilvanado consigo mismo, es el producto de una relación de poder que se ejerce sobre los cuerpos, las multiplicidades, los movimientos, los deseos, las fuerzas.
Por otra parte, sobre los problemas de la identidad regional, y sobre todos los conflictos que pueden darse entre ésta y la identidad nacional, habría muchas cosas que decir.

H.: El mapa como instrumento de saber poder atraviesa los tres umbrales que usted ha distinguido: medida en los Griegos, encuesta en la Edad Media, examen en el siglo XVIII. El mapa coincide con cada uno de estos umbrales, se transforma de instrumento de medida en instrumento de encuesta para convertirse hoy en instrumento de examen (mapa electoral, mapa de las percepciones, etc.). Es verdad que la historia del mapa (o su arqueología) no respeta su «cronología».

M. F.: Un mapa de votos o de opciones electorales: es un instrumento de examen. Creo que históricamente se ha dado esta sucesión de tres modelos, pero entiéndase bien que estas tres técnicas no permanecieron aisladas unas de otras. Inmediatamente se han contaminado. La encuesta ha utilizado la medida y el examen ha utilizado la encuesta, más tarde el examen ha rebotado sobre las otras dos, de tal modo que volvemos a encontrar un aspecto de su primera cuestión: ¿distinguir entre examen y encuesta no conduce a la división ciencia social‐ciencia de la naturaleza? En efecto, quisiera ver como a encuesta como modelo, como esquema administrativo, fiscal y político, ha podido servir de matriz a esos enormes recorridos que tuvieron lugar desde finales de la Edad Media hasta el siglo XVIII y en los que las gentes surcando el mundo recogían informaciones. No las recogían en estado bruto. Literalmente, encuestaban, seguían esquemas que tenían más o menos claros, más o menos conscientes. Y pienso que las ciencias de la naturaleza se han efectivamente alojado en el interior de esta forma general que era la encuesta ‐‐del mismo modo que las ciencias del hombre nacieron a partir del momento en que estuvieron preparados los procedimientos de vigilancia y de registro de los individuos. Pero eso no fue más que el punto de partida. Y a través de los entrecruzamientos que se produjeron inmediatamente, encuesta y examen se interfirieron, y por consiguiente ciencias de la naturaleza y ciencias del hombre han igualmente entrecruzado sus conceptos, sus métodos, sus resultados. Pienso que en la geografía se tendría un hermoso ejemplo de disciplina que utiliza sistemáticamente encuesta, medida y examen.

H.: Existe además en el discurso geográfico una figura omnipresente: la del inventario o catálogo. Y este tipo de inventario utiliza el triple registro de la encuesta, de la medida y del examen. El geógrafo —es posiblemente su función esencial, estratégica— recoge la información. Inventario que en estado puro no tiene gran interés y que no es de hecho utilizable más que por el poder. El poder no tiene necesidad de ciencia sino de una masa de informaciones que, por su posición estratégica, él es capaz de explotar.
Se comprende mejor así la débil trascendencia epistemológica de los trabajos geográficos, mientras que éstos son (o mejor, eran) de un provecho considerable para los aparatos del poder. Esos viajeros del siglo XVII o esos geógrafos del XIX eran en realidad agentes de información que recogían y cartografiaban los datos, información que era directamente explotable por las autoridades coloniales, los estrategas, los comerciantes o los industriales.

M. F.: Puedo citar un hecho con ciertas reservas. Una persona especializada en los documentos que datan de la época de Luis XIV, consultando la correspondencia diplomática del siglo XVII, se dio cuenta de que muchos textos que han sido después reproducidos como narraciones de viajeros que hablaban de tantas maravillas, de plantas increíbles, de animales monstruosos, eran en realidad narraciones cifradas. Eran informaciones precisas sobre el estado militar del país, los recursos económicos, los mercados, las riquezas, las posibilidades de relación. De modo que muchas personas consideraban ingenuidades tardías de ciertos naturalistas y geógrafos del XVIII las cosas que en realidad eran informaciones extraordinariamente precisas, de las que parece se posee la clave.

H.: Preguntándonos por qué la geografía no había conocido ninguna polémica, pensamos enseguida en la débil influencia que Marx ejerció sobre los geógrafos. No ha habido geografía marxista, ni siquiera tendencia marxista en geografía. Los geógrafos que se reclaman del marxismo se bifurcan de hecho hacia la economía o hacia la sociología, privilegian las escalas planetaria y media. Marxismo y geografía se articulan difícilmente. Es posible que el marxismo, en todo caso El Capital, y en general los textos económicos se presten mal a la espacialización por privilegiar el factor tiempo. ¿Se refiere usted a esto en el párrafo de una entrevista en la que dice: «cualquiera que sea la importancia de las modificaciones aportadas —por Marx— a los análisis de Ricardo, no creo que sus análisis económicos escapen del espacio epistemológico instaurado por Ricardo»?

M. F.: Marx para mí no existe. Quiero decir esta especie de identidad que se ha construido en torno a un nombre propio, y que se refiere tan pronto a un cierto individuo, tan pronto a la totalidad de lo que ha escrito, tan pronto a un inmenso proceso histórico que deriva de él. Pienso que sus análisis económicos, la manera como analiza la formación del capital están regidos en gran parte por conceptos que provienen de la misma trama de la economía ricardiana. No tengo ningún mérito en decirlo, es el propio Marx quien lo ha dicho. Pero coja por el contrario su análisis de la Comuna de Paris o su 18 Brumarío de Luis Napoleón. Encontrará allí un tipo de análisis histórico que manifiestamente no deriva de un modelo del siglo XVIII.

Hacer funcionar a Marx como a un «autor», localizable en un filón discursivo único y susceptible de un análisis en términos de originalidad o de coherencia interna, es siempre posible. Después de todo se tiene perfectamente el derecho de «academizar” a Marx. Pero ello es desconocer el estallido que ha producido.

H.: Si se lee Marx desde una exigencia espacial, su obra se nos muestra heterogénea. Existen trozos enteros que denotan una sensibilidad espacial sorprendente.

M. F.: Tiene algunos muy notables. Así todo lo que Marx ha escrito sobre el ejército y su papel en el desarrollo del poder político. Son cosas muy importantes que han sido prácticamente abandonadas en provecho de los comentarios incesantes sobre la plusvalía.

Estoy contento de esta entrevista con ustedes porque he cambiado de parecer entre el principio y el fin. Es cierto que al comienzo pensé que ustedes reivindicaban la plaza de la geografía del mismo modo que los profesores que protestan cuando se les anuncia una reforma de la enseñanza: «habéis disminuido el horario de las ciencias naturales o de la música…». Entonces me he dicho. «Son muy amables al querer que se les haga su arqueología, pero después de todo, que la hagan ellos». No había percibido en absoluto el sentido de vuestra objeción. Me doy cuenta de que los problemas que plantean a propósito de la geografía son esenciales para mí. Entre un cierto número de cosas que yo relacioné, estaba la geografía, que era el soporte, la condición de posibilidad del paso de lo uno a lo otro. He dejado cosas en suspenso o he hecho relaciones arbitrarias.

Cuanto más avanzo, más me parece que la formación de los discursos y la genealogía del saber deben ser analizados a partir no de tipos de conciencia, de modalidades de percepción o de formas de ideologías, sino de tácticas y estrategias de poder. Tácticas y estrategias que se despliegan a través de implantaciones, de distribuciones, de divisiones, de controles de territorios, de organizaciones de dominios que podrían constituir una especie de geo‐política, punto en el que mis preocupaciones enlazarían con vuestros métodos. Hay un tema que querría estudiar en los años próximos: el ejército como matriz de organización y de saber —la necesidad de estudiar la fortaleza, la «campaña», el «movimiento», la colonia, el territorio. La geografía debe estar pues en el centro de lo que yo hago.

Fuente: http://lobosuelto.com/?p=21788