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Para hacer frente a estas derechas, no alcanza con la defensa de la democracia y los gobiernos llamados progresistas

20dic-20
Publicada el 20 diciembre, 2020
por admin

Entrevista a Diego Sztulwark

Pandemia e interrupción

¿Qué desafíos habitan este tiempo de pandemia a nivel social, esta interrupción omnipresente?

No creo que haya habido realmente una “interrupción”, aún si la pandemia ha afectado nuestra vivencia del tiempo histórico. En lo inmediato, los automatismos financieros, comunicacionales e informacionales siguen dominando el cotidiano de muchas personas. Y no han aparecido mecanismos de reproducción social alternativos al neoliberal. Si la noción de “interrupción” me sigue pareciendo importante es en el nivel de una indagación. Porque es evidente que algo ha sucedido, algo ha cambiado. Quizás sea un cambio en el nivel de las creencias. Lo vemos en lo relativo a la tan esperada “vuelta a la normalidad”, o bien a las tentativas de una “nueva normalidad”. En las enormes dificultades de instalación de esa anhelada normalidad. Se ha vuelto esquiva, intangible. Hay un elemento de no certeza, una mayor conciencia de la fragilidad de nuestra existencia.

La “interrupción” no da cuenta de un final, pero sí nos recuerda del carácter finito y no asegurado de la vida individual y colectiva. Por lo que, si vamos a usar la noción de interrupción para describir la experiencia de la pandemia, me parece que habría que considerarla menos una noción descriptiva del estado de cosas, menos como llave de un discurso crítico, y más como una afección de la percepción de la realidad. Lo que sí es posible es que esa afectación de la percepción traiga consigo un potencial reflexivo, ético y político, en la medida en que favorezca ciertos interrogantes sobre la naturaleza de los mecanismos de reproducción, sus límites, sus efectos indeseables. Mi impresión es que el nivel de reflexión y ético de esta experiencia -la falta de reposo en el carácter automático de la realidad- se expande en una infinidad de conversaciones sobre el cotidiano. En esas conversaciones anida quizás la capacidad de una nueva narrativa sobre los cuidados, sobre lo público, sobre la relación con el dinero y con el tiempo. Pero por el momento no veo que esas conversaciones encuentren traducciones interesantes -ni tampoco da lugar a nuevas síntesis colectivas- en el plano de la política convencional.

Derechas y desafíos

Pareciera haber un devenir hacia posiciones más radicalizadas de extrema derecha a nivel global, en algunos casos, fomentadas también desde los grandes emporios mediáticos, con ingredientes xenofóbicos, racistas, nacionalistas y ultra conservadores que promueven abiertamente la dimisión de los gobiernos «constitucionales». En este sentido: ¿Es suficiente manifestar el compromiso de defender el «sistema democrático» por parte de las fuerzas progresistas?, ¿Es esperable una recreación de los gobiernos populistas de la década pasada con otros rostros?, ¿O se impone, a través de diversas fuerzas sociales, una nueva forma de vida, que no tiene nombre aún, y a su vez, no cuenta con el poder suficiente para hacerse escuchar y ver?

Cada vez más se habla de estos nuevos rostros de las derechas, que a veces ganan elecciones (Trump, Bolsonaro), otras organizan golpes (Bolivia) y muchas otras, intervienen como discursividad intolerante (Argentina). Pienso que este tipo de fascismo tan particular podría ser estudiado desde la lógica del miedo, de un delirio de los propietarios, un tipo de racionalización de la crisis en términos de asegurar el orden, la propiedad y las jerarquías. Este delirio de los propietarios se extiende a todo aquel que acepta vivir la fragilidad de los enlaces y las estructuras en términos de amenaza de sus derechos y/o posesiones. La experiencia de la posesión, en ese sentido, atraviesa a todas las clases sociales. Se trata de un delirio transversal, aunque particularmente encendido entre las clases dominantes. Me pregunto si ese miedo no dio lugar ya a un nuevo tipo de comportamiento dominado por el anhelo del aseguramiento: aseguramiento de la tasa de ganancia decreciente; de los consumos a las mercancías, del control del aparato represivo, de la subordinación de la fuerza de trabajo cada vez más precarizada. Estas dinámicas de la seguridad parecen estar actualizando las formas más brutales de la violencia sobre la tierra y sus derivados, sobre las comunidades y los cuerpos. Las formas más groseras de sexismo, clasismo y racismo son reavivadas en estas tentativas de aseguramiento.

¿Y de qué formas se enfrenta a este nuevo formato ideológico de las derechas?

Me parece que para hacer frente a estas derechas, no alcanza en lo más mínimo con la defensa de la democracia y los gobiernos llamados progresistas, por la sencilla razón de que estas fuerzas aseguradoras no hacen sino desinhibir los pactos preexistentes a nuestras democracias. No hacen sino sacar a la luz las desigualdades que las democracias no quieren, no saben o no pueden cuestionar. El repliegue sobre lo políticamente correcto y la defensa de la democracia son signos de impotencia, que no permiten encarar aquello que en las nuevas derechas es agresivo y desafiante. Me resulta absurdo responder a la movilización desfachatada del odio, que se presenta a sí misma como transgresión al orden, con una apelación abstracta a la igualdad, o al respeto de las leyes y las instituciones. Como si no fuera esta misma idea puramente retórica de la igualdad y el carácter completamente retrógrado del aparato jurídico lo que efectivamente hay que cuestionar.

 

¿Cómo debería jugar «lo político» frente a esto»?

Sucede que lo político se encuentra en retraso respecto de estas tareas. Y ese retraso se torna muy peligroso. De hecho, la falta de reacción política en un sentido de transformación estructural, no hace mas que regalarle a la derecha el lugar de la disidencia y el procesamiento del malestar, lo que no deja de ser completamente absurdo dado que la derecha no es transgresora sino exhibicionista, no cuestiona nada, solo reivindica y exhibe aquellas jerarquías que la llamada democracia no se atreve a revisar. Si miramos de cerca el panorama de las últimas semanas en la Argentina, por ejemplo, se ve con claridad la dificultad en la que quedan colocados los gobiernos llamados progresistas.

Veamos lo que ocurrió por ejemplo con el tratamiento que dio el Gobierno de la Provincia de Buenos Aires a la toma de tierras ocurrida en la localidad de Guernica…

Desalojo en Guernica, Buenos Aires

¿Cuál es tu mirada al respecto en cuanto al proceder del gobierno bonaerense?

Vemos que ha sido incapaz de entrar en diálogos con las organizaciones de la toma, el gobierno eligió el camino de hacer cumplir la orden de desalojo promovida por el poder judicial. El desalojo quedó a cargo del ministro de seguridad, Sergio Berni, quién utilizó el hecho para lanzar su campaña política con el discurso del aseguramiento militar de la propiedad privada (https://www.clarin.com/politica/video-spot-sergio-berni-desalojo-guernica_3_P_yyCDdZX.html). Lo de Guernica es sólo un ejemplo, aunque un ejemplo especial, puesto que permite plantear interrogantes fundamentales sobre el futuro. La dinámica del proceso cambia de naturaleza cuando los gobiernos acompañan en la formación de organización y extraen de ahí una narrativa histórico política, o cuando conceden a las fuerzas conservadoras, que tanto peso tienen sobre la realidad, políticas represivas de la conflictividad social, asumiendo una narrativa fundada en la pulsión aseguradora que recorre por dentro a todas las fuerzas en el gobierno. Cuando hablo de cambio de naturaleza me refiero a la idea misma de la democracia: no es igual una democracia que se abre como una posibilidad para expandir las luchas, y encuentra ahí ocasión para su propia innovación institucional, que una vivida como puro formalismo jurídico y aplicación de las leyes vigentes.

Reflexionar sobre el Todo

Me interesó un concepto tuyo, vertido en una entrevista reciente y es el de «lo dado» como forma de control y aceptación social. ¿Podrías sintetizarlo?

Es un poco el mismo razonamiento que hacíamos sobre la democracia. La gestión de lo dado se justifica en la complejidad de la situación, y en la dificultad de producir transformaciones desde la gestión del estado. De ahí la idea de una democracia a defender, o unas instituciones a respetar. Y no a crear.

Si la política se torna pura gestión, pura defensa, pura adecuación, puro respeto a reglas, deja de inventar, de traducir lo que se produce en el campo de la innovación colectiva. ¿Cómo se ve esto? Cada vez que se desoyen las luchas populares como si fueran pre políticas, inmaduras, incapaces de tener en cuenta la realidad. La política agobiada por la crisis se torna impotente y tiende a blanquear -y no a transformar- las relaciones de fuerzas provenientes de la dinámica de la acumulación del capital.

El filósofo Henry Bergson, que escribió su obra a comienzos del siglo XX, hacía esta distinción entre un Todo dado y un Todo Abierto. Para él, los movimientos de la realidad expresaban siempre un cambio en el Todo. La naturaleza Abierta del Todo exigía un acto de creación. Mientras que el Todo dado, cerrado, sería mas bien una ficción, una representación reaccionaria de la realidad. Tal vez esta reflexión sobre el Todo permita organizar el esquema que venimos planteando: la percepción afectada por una cierta fragilidad, una cierta sensación de “interrupción”, podría animar una nueva comprensión de la naturaleza Abierta, mientras que las dinámicas del “aseguramiento” actúan en el sentido de reforzar la experiencia del Todo-ya-dado. Y se plantean actuar de modo tal que ese Todo no sea nuevamente abierto.

Medios masivos de manipulación

Hay una tendencia no nueva a pensar que lo que «nos muestran» los medios es lo que pasa y es de lo que importa hablar. Esto se ve mucho actualmente en las redes y lo vivo como un profundo síntoma de reducción de la palabra y el pensamiento de muchas personas que, incluso, tienen buenos valores y están comprometidas socialmente. ¿Qué elementos se te ocurren interesantes para romper esa inercia y cómo los aplicarías?

No me parece muy interesante la teoría de la manipulación, según la cual los medios de comunicación mienten y crean una realidad que las personas consumimos pasivamente. No me parece que se corrobore en el espacio político. Por supuesto que hay mucha mentira y mucha manipulación, pero evidentemente el fenómeno es bastante más complejo. De hecho, la mediatización abarca todos los niveles de la experiencia, y no solo el consumo de información política. Si volvemos a lo que reflexionábamos sobre el Todo-dado o el Todo Abierto, seguimos siempre tomados por el mismo tipo de desafío: ¿Cómo romper el efecto del Todo-dado, reforzado por cierto uso masivo de medios y redes?

Me parece que las experiencias de politización, del pasado y del presente, tienden a problematizar y a inventar una relación abierta entre capas de realidad. Una relación abierta en el sentido de hacerlas interactuar, dando lugar a zonas híbridas o mixtas de elaboración de sentido y de experiencia.

Diversidad y resistencia

Siempre rescatás esa especie de hilo conductor histórico que existe en la Argentina entre grupos revolucionarios de los 70, movimientos de derechos humanos contra la dictadura, ruptura en 2001 y aparición de movimientos sociales, feminismos, etcétera como tensiones y oportunidades. ¿Cómo pensás que actuó el kirchnerismo con esa herencia emocional y por qué?, ¿tienen margen de maniobra los movimientos que se hicieron oficialistas entre 2003 y 2015?

El rescate de una línea de tiempo fundada en desobediencias y rebeliones nace de una cierta manera de atravesar la llamada “transición democrática” argentina a partir de la dinámica viva de la lucha de las Madres de Plaza de Mayo y los organismos de derechos humanos y atraviesa la experiencia de la llamada crisis del 2001. Lo que hay de vivo y oxigenado en la Argentina de las últimas décadas proviene de esa línea de tiempo. En torno a lo que llamás “kirchnerismo” se articularon algunas personas, grupos y movimientos que aspiran a traducir en la política convencional esa línea de tiempo. Desde mi punto de vista, el hecho que esa traducción haya sido débil y no haya producido transformaciones de fondo, implica dos tipos de consecuencias.

¿Cuáles serían las principales consecuencias sobre este punto?

Por un lado, que la política convencional implica lidiar con relaciones de fuerzas imposibles de modificar desde la gestión de lo existente. Y en segundo lugar, que es preciso contactar con un reverso de lo político donde personas y grupos crean sensibilidades y estrategias diferentes. El problema de los movimientos que se vuelven oficialistas es que maltratan este reverso. Lo consideran pre-político. Y se dedican a infantilizarlo. Pienso que la agresividad capitalista en aumento tiende a escindir a las fuerzas políticas transformadoras en dos movimientos disociados: por un lado, a nivel de lo político convencional, la participación en frentes políticos defensivos, por otro, a nivel de un reverso de lo político, una resistencia a los modos de mando y de vida propiamente neoliberales que no encuentra expresión, traducción ni representación propiamente política.

Paulo Freire ya hablaba en los años 60 de la necesidad del ascenso social de los trabajadores, pero teniendo en cuenta que había una construcción pedagógica que hacía que, al ascender, se volvieran conservadores para cuidar sus bienes y eso se verificaba en sus elecciones políticas futuras. ¿Aprendimos la lección?

Lo que aprendimos, me parece, es que el problema de la educación y de la toma de conciencia se ha vuelto más complejo, y que las formas pedagógicas de la emancipación son ineficaces cuando están separadas de experiencias más generales de cuestionamiento al orden. Lo hemos visto en torno al consumo.

En 2015, cuando Macri ganó las elecciones, muchas personas razonaron que el problema fue la falta de explicaciones ligadas a los beneficios materiales de la década previa. Estas personas pensaban que la experiencia política consistía en el lazo entre dos procesos complementarios: por un lado, el acceso al consumo, y por otro, las explicaciones pedagógicas que apuntan a la conciencia. Y bien ¿Dónde estuvo el error, según este modo de pensar?

¿En dónde ves estos «errores» que comentás?

Algunos concluyeron que falló la explicación (¡la gente no supo “entender”, por fallas del maestro!). Otros directamente echaron la culpa a los supuestos beneficiados (el pueblo se mostró desagradecido con quien lo benefició). Hubo finalmente, quienes concluyeron que los beneficios, quizás no fueron tantos, ni tan sostenidos. En todos los casos, aquella derrota política quizás nos permita plantear el problema de otro modo: las modalidades de consumo son ya, ellas mismas, explicaciones sobre el mundo, la sociedad y el deseo. Y no hay modo de sustituir estas explicaciones por otras, sin afectar los modos mismos en que se produce y se organiza la experiencia neoliberal del consumo.

Tercera información 

Hongos, parásitos y otras infestaciones: trazando el diagrama del Comandantismo Venezolano

20dic-20
Publicada el 20 diciembre, 2020
por admin

“El hongo Ophiocordyceps unilateralis tiene un solo objetivo: la auto propagación y la dispersión (…) el hongo infecta a una hormiga a través de esporas que se adhieren y penetran en el exoesqueleto y lentamente controla su comportamiento. A medida que la infección avanza, la hormiga cautivada se ve obligada a abandonar su nido por un microclima que es favorable para el crecimiento del hongo. La hormiga se ve obligada a descender a unas 10 pulgadas del suelo, hundir sus mandíbulas en una vena de hoja en el lado norte de la planta, y esperar la muerte. Mientras tanto, el hongo se alimenta de las entrañas de su víctima hasta que está listo para la etapa final. Varios días después de la muerte de la hormiga, el hongo atraviesa la cabeza de la hormiga, convirtiendo su cadáver arrugado en una plataforma de lanzamiento de la que puede expulsar sus esporas e infectar a nuevas hormigas”

“Cómo un hongo parásito convierte a las hormigas en zombis” 1. NationalGeographic.

Pos-democracia.

Luego de su prehistoria como logia militar, el chavismo surgió en 1998 como una coalición cívico militar liderada por Hugo Chávez líder del golpe del año 1992 contra el corrupto gobierno de Carlos Andrés Pérez. Chávez ganó cómodamente las elecciones y luego con la Asamblea Constituyente, marcó una ruptura con el periodo anterior: al convertirse en “República Bolivariana” Venezuela iniciaba una nueva era. Aprobada la constitución, Chávez emergió como el hombre más poderoso del país.

En otro momento habrá que escribir más sobre esa prehistoria y las tempranas e intensas influencias tanto de la izquierda guerrillerista del Partido de la Revolución Venezolana como del peronismo de Norberto Ceresole. Por ahora solo basta decir que este último  había conceptualizado claramente al castrismo -y por extensión al chavismo- como tradicionalismos o arcaísmos más que como innovaciones:

“Luego de la caída de Moscú, lo único que hoy queda vivo (en Cuba) es la acción pertinaz de un caudillo que aglutina al pueblo-nación. Sin ese cemento implosionaría la totalidad del sistema: después de cuarenta años de experimentos nada quedaría en pie a los pocos minutos de la eventual desaparición del caudillo. En ese sentido, también, la posdemocracia venezolana es una tradición fuertemente arraigada en la cultura política hispano-criolla” 2

Pronto surgió una  oposición tan fanáticamente adversa a Chávez como fanática era la devoción a él que empezaba a revelarse. Los recelos y temores -completamente fundados- hacia su autoritarismo e  incompetencia se mezclaron  con los prejuicios más viles contra su origen popular y su reivindicación de los pobres. Inició así una de las primeras y más violentas cultural wars del siglo XXI.

La oposición inició una historia en que alternaría intentos igualmente oportunistas de destruir el chavismo con otros de lograr un pacto de convivencia política.  La primera etapa de esta lucha, que estuvo cerca de llegar a la guerra civil, inició con un Paro Patronal el 10 de diciembre de 2001 y terminó el 3 de febrero de 2003 con el fin del Paro Petrolero que causó una recesión económica severa. Su punto culminante fue el Golpe de Abril en que Chávez fue derrocado y luego volvió al poder, y el paro petrolero de diciembre de 2002. El acuerdo de Chávez con Carter sancionó su victoria. 

Antes de estos fracasos el caudillo no tenía control total de instituciones como las Fuerzas Armadas y PDVSA, pero luego logró depurarlas y controlarlas. En 2005  3  la abstención de la oposición en las elecciones parlamentarias llevó a la desaparición de facto de la autonomía del poder legislativo.  Chávez empezó a hablar de socialismo y ya no de democracia participativa. Desde entonces  la conexión con el estado cubano y toda la diplomacia izquierdista se hizo esencial para el chavismo.

La reforma constitucional de 2007, en que Chávez quiso expresar su nuevo proyecto, era tan contraria al espíritu de una constitución de menos de 10 años que muchos chavistas se alarmaron por el nuevo rumbo de las cosas, advirtiendo sobre la burocratización y la consolidación del caudillismo:

“Con la reforma constitucional, sin discusión, pasaremos a formalizar constitucionalmente este esquema  (el caudillismo) convirtiéndolo en un modelo coagulado de liderazgo y mando indefinido en el tiempo y que se extenderá sobre toda la república (…) la negociación tácita hasta ahora vigente de “denme poder que les daré poder” (…)se incrusta a través de la violencia de la ley en el formato republicano, convirtiendo el supuesto imprescindible del mando único y personal en una condena constitucionalizada”. 4

En efecto el chavismo era ahora parte integral de la izquierda pero era una izquierda monárquica para la que “está implícita la idea de que el poder debe permanecer concentrado, unificado y centralizado” 5. Si Chávez se hizo de izquierda es porque nada le expresaba tan bien sus tendencias como las ideas del partido único y toda una larga tradición de militarismo de izquierdas centrada en el culto y la obediencia a los jefes militares. 

En efecto, las ideas de que existe gente con consciencia y gente inconsciente, masas que obedecen y vanguardias que mandan, la obsesión con la centralización y las jerarquías, las analogías militares,  eran propicias para un proyecto práctica y conceptualmente monárquico cuyo principio era la unidad de los poderes y el poder de uno solo.

Desde entonces el caudillismo de Chávez devino en  una suerte de militarismo de izquierda, de inspiración castrista, que podemos llamar “comandantismo” 6. En el Comandantismo venezolano el militarismo de izquierdas se convierte en la expresión de los contenidos del  militarismo tradicional del MBR-200, la logia militar de Hugo Chávez. De ahí que el costumbrismo de Chávez, su conservatismo en temas sexuales, su cristianismo folk, su ruralismo  patriarcal, se mezclara con consignas bolcheviques y reivindicaciones de Lenin,  Gramsci o Negri. 

A diferencia del crudo y esencialmente anacrónico golpe de la oposición en 2002 la toma de poder del chavismo fue una ocupación sistemática, una captura del estado: las elecciones se degradaron en plebiscitos, la constitución en un repertorio de consignas vacías,  la poca división de poderes desapareció y toda organización popular o ciudadana fue desmovilizada o cooptada ya por el chavismo ya por la oposición antichavista, sin cuyo oportunismo, corrupción, y decisiones desafortunadas esto no habría sido posible. La desdemocratización es un proceso en que una purga en la industria petrolera o eléctrica, encarcelar a una jueza en ejercicio 7 o hacer que los soldados se proclamaran “chavistas y socialistas” son pequeñas y sucesivas tomas de poder. 

Las fuerzas armadas venezolanas se convirtieron en extensiones de la personalidad del jefe de estado, leales a su persona 8 y no a la república  pues en este esquema “la lealtad personal sin obligación colectiva” es la “base fundamental de la constitución orgánica y de la moral política, el comportamiento de hombre a hombre, el vínculo social de individuo a individuo” 9. 

Es que, aunque no carecía del impulso revolucionario de destruir el estado, el chavismo no hizo más que convertirlo en su medio  ambiente, su vector, al estilo del Ophiocordyceps unilateralis. Tal vez fue por falta de vigor e imaginación políticas –y una inherente mediocridad- o tal vez porque simplemente las fuerzas armadas, corazón del chavismo, estaban demasiado arraigadas en el viejo aparato de estado como para destruirlo. Así, más que crear un estado nuevo a imagen del partido, como habría hecho el estalinismo, el chavismo lo capturó tal como hicieron el peronismo y los fascismos históricos de los años 30 y luego creció a través de él.

 “Gobierno Privado Indirecto”.

Así,  las Fuerzas Armadas se han convertido en sí mismas en un partido,  o el brazo armado de un partido, estrategia que Chávez llamó Unión Cívico-Militar. Esto fue formulado por uno de los “ideólogos” del chavismo de la siguiente forma:

“1)… sin la FFAA no puede triunfar la revolución y 2) que permanente se libra una lucha política entre la revolución y la contrarrevolución por ganarse a la Fuerza Armada. La posibilidad del desarrollo y consolidación definitiva de la Revolución Democrática Nacional dependerá de la Lealtad de la Fuerza Armada”  10 (…)  “La unidad cívico-militar se expresa en la integración del gobierno, en la participación de los militares en los programas sociales, y en cierta manera, es personificada por el Presidente Hugo Chávez” 11.

En realidad el  “partido” cívico-militar es una combinación de facciones en que se encuentran civiles altamente ideologizados con militares que creen tener potestades o derechos sobre el estado. En este sentido la politización de los militares retirados es clave: el militar retirado es el vínculo entre ambas esferas en ese sentido hasta se podría llamar a este nuevo militarismo como uno de ex-militares grupo del cual el Capitán Diosdado Cabello es  la figura más destacada. 

Esto hace posible la circulación entre civiles militaristas o milicianos, a veces vinculados a grupos armados semejantes a las milicias brasileras 12, y militares, que se pasan al mundo civil transportando sus concepciones del poder y del comando. El resultado es un diseño autoritario, jerárquico, pero también caótico y faccionalista.

El chavismo no solo tuvo como antecedente una intensa “ideologización” de los militares que pasaron a creer en su destino manifiesto como salvadores de la patria sino la corrupción crónica del estamento militar: además de aparecer en muchos esquemas de corrupción, los militares, desde al menos los años 80´s, se convirtieron en rentistas armados con una relación predatoria con la población y el territorio. Esto es particularmente cierto respecto a la Guardia Nacional: la relación predatoria y parasitaria que la Guardia tenía, desde su fundación, con la población, su asociación con todas las formas de crimen, se convirtió en un modelo en el periodo chavista: la Guardia Nacional sacaba rentas de las cárceles privatizadas 13, y controla casi todo el contrabando de gasolina y alimentos subsidiados.   En las minas del sur del Caroní todo un nuevo tipo de extractivismo, informal, mafioso y esclavista, se instaló bajo la tutela de los militares que  establecieron provechosos acuerdos con los llamados “sindicatos mineros” 14. CAMIMPEG 15 una corporación militar con derecho a explotar las riquezas del subsuelo venezolano simplemente es la expresión más clara de esa potestad del militarismo venezolano sobre el subsuelo, un soberanismo que se expresa con retorica no solo nacionalista sino anti-imperialista. Se puede decir que el chavismo es un agenciamiento en que la apropiación de estado y territorio por un partido cívico-militar se expresa en un discurso soberanista y anti-imperialista.

 Todo ha de ser estatal pero solo para que sea chavista, todo ha de ser chavista para que lo capture el partido cívico-militar. El paradójico resultado es la fragmentación tanto del estado como del territorio: mientras más se obsesionaba Chávez con la soberanía más ésta se disolvía: el estado en dominios de diferentes facciones y el territorio  en un queso gruyere donde cualquier  grupo armado puede  hacer lo que le place terminándose, de facto, el  «monopolio de la violencia legítima” 16. 

Esta masificación de la corrupción militar no solo se hizo posible por que los militares, activos o retirados, ocuparan altos cargos públicos sino por las redes que hacen con la corrupción civil. Se ponen personas de confianza que a su vez tienen su propia gente de confianza.  El criterio para estos nombramientos es solo la lealtad y no la preparación profesional y, por tanto, un militar de baja graduación (mayor o capitán) puede ocupar un cargo muy importante: el teniente Alejandro Andrade, guardaespaldas de Chávez, fue director  del Tesoro Nacional 17 cargo en el que  le siguió la enfermera del caudillo. Investigaciones periodísticas y judiciales han descubierto no solo a Generales sino a mayores y tenientes al frente de grandes redes y masivos negocios 18.

En torno a Hugo Chávez se extendió una red de facciones que le dieron un carácter a la vez mafioso y oligárquico al poder chavista. Esto quiere decir que el estado es controlado por una racionalidad no estatal, un tipo de inteligencia y de cálculo que es distinto de aquel del militarismo del siglo XX que pensaba en términos del esplendor y poder del estado 19.

En el socialismo de Chávez las técnicas de gobierno chavistas son una amplificación desmesurada de las desarrollistas y cepalistas de los años 70´s y 80´s: nacionalizaciones, controles de precios y de cambios y enormes complejos burocráticos no eran  desconocidos en Venezuela pero el chavismo, en la medida en que fue monopolizando todos los poderes públicos, no solo les quitó la  forma legal sino la racionalidad económica pues  se supone que existía una riqueza ilimitada en el subsuelo que solo hace falta repartir.  Extremadamente primitivo si se le compara incluso con el cubano y más aún con los de Europa del este el socialismo de Chávez quedó tan inconcluso como cualquier otro proyecto del comandante 20.

Este socialismo fallido se basaba no solo en la viciosa centralización administrativa  sino en el monopolio del dólar. Como han señalado incluso economistas chavistas su función no solo era  la apropiación de los recursos estatales, que quedaban en manos de militares retirados y activos, sino  crear mercados negros 21 siendo el principal el del dólar donde se podían comprar muy barata esa divisa para venderla cara en el mercado paralelo.  El absurdo proyecto del petro de Maduro demuestra la idea arcaica que este “extractivismo militar”,   que orienta la economía a la importación, tiene de la riqueza: el valor no se produce en el trabajo o el intercambio sino que ya reside en la bóveda primigenia que es la tierra: el chavismo entendía la “cuestión social” como una redistribución de esa riqueza que consideraba ilimitada. 

Así, la toma de poder del partido cívico militar requiere una biopolítica de la saturación un medio ambiente saturado de Chavismo: imágenes y sonidos, moneda sobrevaluada, bienes de consumo, médicos cubanos, medicinas baratas…pero mientras más saturado está el medio ambiente de Chavismo se degrada más. Durante el boom petrolero el chavismo servía un banquete en el suelo de  un baño sucio: los hospitales siempre fueron igual de precarios y decadentes 22 y los barrios igual de pobres -y cada vez más violentos- pero ahora recibían medicinas, comida y mano de obra cubana que mejoraba las cosas un poco sin ningún cambio estructural. Incluso Barrio Adentro, de lejos la idea más y prometedora del chavismo no pasó de ser otro proyecto inconcluso. 

Hizo falta no solo la hiperinflación y el colapso sino una enorme resistencia social para que se abandonara este modelo basado en los monopolios estatales. No en balde la primera reforma económica de Maduro, en 2018, llegó luego de la huelga de  las enfermeras que exigían igualar su salario al de los militares 23 24. Pero la razón de fondo es que, con el colapso de la industria petrolera, el gobierno se quedó sin dólares, la moneda nacional perdió todo su valor,  y el dólar reemplazó al bolívar como unidad contable eliminándose en la práctica la distinción entre mercado oficial y mercado paralelo. 

El Madurismo nace de una lucha por conservar el poder modificando sus mecanismos y estrategias: Maduro no es la negación de Chávez sino su persistencia mediante el devenir. En el periodo de formación del Madurismo se radicaliza una tendencia que es común a todo el proceso de colapso (que inicia en 2009-2010 con los apagones nacionales, la escalada de la violencia urbana y el colapso del aparato productivo) el chavismo se consolida mientras el colapso se profundiza.

Un gobierno  en esa posición termina por gestionar o administrar un colapso que no puede detener: El colapso del sistema eléctrico Venezolano, iniciado desde 2009  25, ha dado lugar a una política de administrar la escasa eléctrica en beneficio de la Región Capital dejando a regiones como Zulia y los Andes casi sin electricidad. Esa lógica de racionamiento del mismo desastre permea a toda la nueva gubernamentalidad. 

Entre 2017 y 2019 Maduro impuso su candidatura a la reelección y sobrevivió a un duro ciclo de luchas: rebeliones urbanas de las clases medias y los estudiantes, constantes conflictos con los sindicatos y gremios (especialmente con maestros 27, enfermeras y obreros 28 de las siderúrgicas) conspiraciones militares  y policiales (especialmente la de Oscar Pérez 29) revueltas en barrios populares a principios de 2019, masificación de la migración y las deserciones militares completan el cuadro del que la que la emergencia del binomio Guaidó-Trump fueron solo la culminación.  

Sin embargo la coyuntura abierta luego de las negociaciones de Oslo, que terminaron con esos  años de intensa lucha por el poder, parecía una de estabilidad y hasta de una reactivación alimentada la economía por ingresos provenientes del oro 30 31, una relativa subida tanto de los precios del petróleo como de la producción petrolera (no por la estatal Pdvsa sino por empresas americanas y rusas) y por el constante influjo de remesas. Maduro hasta se felicitó por  la dolarización de facto de la economía marcando un corte claro respecto a las políticas económicas heredadas de Hugo Chávez.

Así a finales de 2019 Maduro tiene, entonces, toda la libertad para intentar una reforma o rediseño de la gubernamentalidad chavista pero ya no tiene las condiciones para hacerlo: sin ingresos petroleros, casi sin reservas internacionales, sancionado, endeudado y sin fuentes de crédito importantes, con el estado mismo  en descomposición, el intento de reforma madurista llega tarde.

Interzona. 

La caída de la producción de petróleo y la gasolina es, sin duda, el signo más claro de la inviabilidad de la reforma madurista: los reportes de la OPEP 32 son el registro objetivo de un estancamiento de la producción de petrolero en unos  2.4 millones de barriles diarios en todo el periodo de Hugo Chávez y una caída estrepitosa desde 2015. Según el informe del 13 de Mayo 33 Venezuela estaba produciendo 737 mil barriles diarios. Ya la producción había bajado a menos de un millón de barriles desde el tercer cuarto de 2019 y en 2018 ya estaba en 1.5 millones al día 34. El estancamiento y posterior caída de la producción no tiene otra causa que la corrupción ilimitada y la desprofesionalización de la gestión como ha reconocido el antiguo “Zar” de PDVSA Rafael Ramírez, uno de los hombres de confianza  de Chávez y hoy enemigo de Maduro, en pocas palabras: la red cívico-militar también devoró la industria petrolera.

Tras un periodo de recuperación  los precios del crudo se desplomaron el 8 de Marzo en medio de una caída abismal de la demanda causada por  la pandemia que fue declarada el 11 de Marzo. Algo ya suficientemente malo para Venezuela  que empeoró con las sanciones americanas: el 18 de febrero el Departamento del Tesoro sancionaba a Rosneft Trading 36 que no solo vendía el crudo venezolano sino que también abastecía al país de gasolina. El 22 de abril le prohibía a Chévron, seguir haciendo negocios con el estado venezolano 37 completando el trabajo de las sanciones de enero de 2019 que cortaron 100 años de comercio petrolero entre Venezuela y EEUU. En Marzo 26 el departamento de estado ofreció una recompensa por información que condujese a la captura de los jefes del “cartel de los soles” es decir, a las figuras principales del chavismo 38. 

Barcos estadounidenses empezaron a patrullar cerca de las costas venezolanas pero no ocurrió la intervención o el bloqueo total que ciertos sectores de la oposición esperaban. Lo cierto es que la disolución de la oposición venezolana, en un exilio y las sanciones son parte de un mismo movimiento en que la política es sanitarizada y los venezolanos reducidos a casos humanitarios incapaces de influir en su propio destino. 

Luego del 11 de septiembre las intervenciones exteriores de los EEUU se han demostrado incapaces de crear orden de ningún tipo, desastrosas y entrópicas, han llevado o multiplicado el caos o el desastre en el Oriente Medio y el Norte de África. Venezuela no es la excepción: las sanciones aplicadas desde 2017 y en particular las de 2019  a la vez han acelerado el colapso y empujando a Venezuela hacia el campo de las economías ilegales pero, como en otros países, se han mostrado incapaces de causar un cambio  político. 

Con la salida de Rosneft del panorama no había forma de abastecer el mercado de gasolina interno y solo hay estimaciones de cuanta se produce en el país 39. El hecho de que la gasolina ahora sea importada y que el proveedor sea Irán hace que  el abastecimiento sea todo un problema geopolítico 40 41. Aunque no hay ningún tipo de información oficial se cree que la gasolina se compra a Irán con oro del sur de Venezuela. El ocaso de la producción petrolera ha dado paso a un extractivismo minero cuyo polo es la amazonia venezolana y a un rentismo abstracto en que se extraen rentas de cualquier actividad particularmente las ilegales. En ese contexto no está claro hasta qué punto el “cartel de los soles” es mítico y hasta qué punto es real  pero los vínculos de los militares venezolanos y del chavismo con el narcotráfico no son nuevos 42.

Desde antes el sur de Venezuela, rico en hierro, oro y bauxita, tenía mucho de la Interzona de Burroughs: barcos de todo el mundo remontaban el Orinoco, emigrantes guyaneses devotos de Ganesh y haitianos y trinitarios vendían helados en las calles ardientes, creole, biharí y árabe se escuchaban en las barriadas de San Félix. Mercaderes drusos y chinos llegaban a los pueblos más apartados, garimpeiros brasileros y aventureros ecuatorianos minaban la tierra. Más con el proyecto de sacar oro del “Arco Minero del Orinoco” al sur de Venezuela las selvas del Caroní se convirtieron en  un nodo de una red de tráfico universal: el oro extraído al bruto de las riberas del rio es llevado al Banco Central en Caracas donde es vendido a Rusia, Siria Turquía e Irán, o intercambiado por todo tipo de productos. Noticias e informes de aviones saliendo con oro de aeropuertos venezolanos resurgen periódicamente. 

Erdogan incluso visitó Caracas y pareciera que un mosaico de potencias e “imperialismos” con sus propios intereses y reclamos fueran la contrapartida del soberanismo de Chávez. A la perturbadora simbiosis del chavismo con el estado cubano y la presencia cierta del ELN, se une la dependencia militar con Rusia y ahora una complicada red de conexiones con entes públicos y privados, mafias y facciones, que se hace más clandestina y compleja en la medida en que las sanciones americanas se hacen más severas: Jalifa Haftar, señor guerrero libio también ha visitado Caracas sin duda ofreciendo vías para vender el petróleo y adquirir la gasolina. Por más de 100 años mercaderes del medio oriente han entrado por los ríos de la amazonia, solo que hoy lo hacen extendiendo las redes clandestinas creadas por las sanciones americanas. 

Lo cierto es que sin dinero ni capacidad de solicitar créditos el partido cívico-militar no puede otra cosa que saquear la bóveda primigenia: no hay capitalismo más “salvaje”, desarrollismo más brutal, extractivismo más puro que el suyo. Las marcas de ese saqueo se ven en la devastación del rio Caroní y en las noticias de matanzas de indígenas y mineros y en la destrucción de zonas antes casi sagradas como Canaima. 

Como con el Ophiocordyceps la infestación en esta Interzona en que se ha convertido el sur de Venezuela se deja ver tanto en la ruina de de bosques y ciudades como en la opulencia de la vida de aquellos que, con desdén, los venezolanos llaman “enchufados”, esporas del partido cívico militar, que sin embargo, no tienen intención de abandonar el cuerpo que han invadido.

 

Notas:

 

  1. Jennifer Lu. How a parasitic fungus turns ants into ‘zombies’ The deadly parasite’s grand finale involves sending toxic spores blooming from the dead ant’s head. National Geographic. 18 04 2019.
  2.  Norberto Ceresole. “Caudillo, ejército, pueblo. La Venezuela del presidente Chávez” . Ediciones Al – andalus. Madrid, España. 
  3.  El País. Venezuela celebra unas elecciones legislativas marcadas por el boicot de la oposición a Chávez. El Pais.com. 3 12  2005.https://elpais.com/internacional/2005/12/04/actualidad/1133650802_850215.html 
  4.  Roland Denis. Advertencia sobre la reforma constitucional. Aporrea. 12/08/2007.https://www.aporrea.org/actualidad/a39603.html 
  5.  Guillermo Boscán Carrasquero. Ceresole y la revolución de Hugo Chávez: la relación caudillo, ejército y pueblo. revista de ciencias sociales (cl), núm. 25, 2010, pp. 57-73. universidad arturo prat. tarapacá, chile
  6.  Jeudiel Martinez. “Às suas ordens, comandante”!”: Militarismo e necropolítica na Venezuela Bolivariana” Lugar Comum. No 57/ Abril de 2020.
  7.  UN news.UN expert condemns new sentence for jailed Venezuelan judge as ‘another instance of reprisal. news.un.org 26 March 2019.
  8.  El Tribunal Supremo de Justicia resolvió el 11 de junio de 2014 que los militares podían gritar consignas partidistas como “Chávez Vive, la Lucha sigue” práctica que inició luego de la reelección de Hugo Chávez en diciembre de 2006;
  9.  Ibíd.
  10.  García Ponce Guillermo. Carácter y tareas de la revolución democrática bolivariana. Instituto Municipal de Publicaciones. Caracas, Venezuela.
  11.  Ibíd. 
  12.  Insightcrime. Venezuela: ¿Un Estado mafioso?, p.p. 29. 
  13.  Andrés Antillano Iván Pojomovsky , Verónica Zubillaga, Chelina Sepúlveda,  Rebecca Hanson. “The Venezuelan prison: from neoliberalism to the Bolivarian revolution”. Crime Law and Social Change 65(3) · November 2015.
  14.   La situación en el sur del estado Bolívar, semejante a la de África Occidental y Central está bien descrita en: César Romero y Francisco Ruiz. “Dinámica de la minería a pequeña escala como sistema emergente. Dislocaciones y ramificaciones entre lo local y lo nacional” y Andrés Antillano, José Luis Fernández-Shaw y Damelys Castro

    “No todo lo que mata es oro. La relación entre violencia y rentas mineras en el sur del Estado Bolívar” Ambos en:Venezuela Desde Dentro 8 investigaciones para un debate necesario. Fundación Rosa Luxemburgo, 2018, pp 85 y 145;

  15.  PDVSA.COM. PDVSA AND CAMIMPEG-SPS SIGN FINAL COMMERCIAL AGREEMENT TO REACTIVATE OPERATIONS IN URDANETA FIELD PDVSA.COM. 05 05 2017
  16.  InSight Crime. Venezuela: ¿Un Estado mafioso?  
  17. Alek Boyd.  The $1billion bribe official: Alejandro Andrade, Venezuela’s former Treasury chief. Infodio.com 
  18.  Usando datos tanto de SUS propias investigaciones como procesos judiciales en España y EEUU o datos de The Organized Crime and Corruption Reporting Project el equipo periodístico de Armado Info ha hecho exposes estremecedoras del nivel de corrupción militar:  https://armando.info/AiData/Outsourcing_Militar 
  19.  Jeudiel Martínez. Ibíd. 2019.
  20.  Jeudiel Martinez. “Os sinais do desastre” Lugar Comum. No 56/ Dezembro de 2019 
  21.  Víctor Álvarez R. Venezuela: las patologías de una sociedad rentista ¿Por qué el país con las reservas de petróleo más grandes del mundo sufre una crisis humanitaria?. Friederich Ebert Stiftung.  
  22.  De cómo la bota militar pisoteó la salud. Nov 23, 2016.Derechos.org.ve.
  23.  Oceinfo.org.co. “El gremio venezolano de enfermeras adelanta la huelga más larga de su historia…” (antología de noticias)
  24.  Aporrea-El Pitazo. Trabajadores de Barrio Adentro se unen a las protestas de enfermeras. Aporrea.org 12/07/2018
  25.  Causas e razões do apagão na Venezuela Lugar Comum  No 54, julho 2019
  26.  Ibíd.
  27. Sputnik. Docentes venezolanos levantan paro y amenazan con huelga indefinida por aumento salarial. mundo.sputniknews.com 14 11 2019
  28.  Tal Cual. Tribunal Militar priva de libertad a sindicalista Rubén González y lo envía a La Pica. Talcualdigital,com diciembre 1, 2018.
  29.  BBC.com. Venezuela helicopter pilot Oscar Pérez killed in raid 16 January 2018
  30.  Minerva Vitti. Ikabarú y las masacres del modelo extractivista-minero noviembre 25, 2019. Revista Sic
  31.   Lorena Meléndez and Lisseth Boon. How Venezuela’s Stolen Gold Ended Up in Turkey, Uganda and Beyond. Insigh Crime marzo 21, 2019
  32.  Ver: OPEC Anual Reports. https://www.opec.org/opec_web/en/publications/337.htm. 
  33.  OPEC Monthly Oil Market Report – May 2020
  34.  Ibíd. 
  35.  Rafael Ramírez Carreño. Se profundiza la crisis: ¿Por qué no hay gasolina en Venezuela y por qué se retira Rosneft? Aporrea.org. 29/03/2020
  36.  Lara Jakes. New York Times. U.S. Imposes Sanctions on Russian Oil Company Supporting Venezuela’s Leader. 21 02  2020
  37.  Worldoil U.S. halts Chevron in Venezuela with end to sanctions waivers.worldoil.com. 4/22/2020
  38. Department of State Offers Rewards for Information To Bring Venezuelan Drug Traffickers to Justice MARCH 26, 2020
  39. Eugenio Martínez. PDVSA solo logra refinar 20% de la gasolina que se necesita en Venezuela 27 05 2019 .
  40.  News Editor.2nd gasoline-laden Iranian ship arrives in Venezuela. 27 05 2020
  41.  Marianna Parraga, Jonathan Saul. Exclusive: Oil tankers turn away from Venezuela as more sanctions loom. Reuters. 9 06  2020 
  42.  Insight Crime. Walid Makled.insightcrime.org.13 05 2019

 

¿Se avecina un colapso crediticio?

14dic-20
Publicada el 14 diciembre, 2020
por admin

Por Michael Roberts

La recesión mundial pandémica de 2020 es diferente de las recesiones anteriores del capitalismo. El ciclo de auge y recesión en la producción y la inversión capitalistas a menudo se desencadena por un colapso financiero, ya sea en el sistema bancario (como en la Gran Recesión de 2008-9) o en el mundo del ‘capital ficticio’ de acciones y bonos (como en 1929 o 2001). Por supuesto, la causa subyacente de las caídas regulares y recurrentes radica en los movimientos de la rentabilidad del capital, como se he discutido hasta la saciedad en mis artículos. Esta es la causa ‘última’. Pero las causas “próximas” pueden diferir. Y no siempre son de origen “financiero”. La primera recesión mundial simultánea internacional de la posguerra de 1974-5 fue provocada por un fuerte aumento de los precios del petróleo tras la guerra árabe-israelí; y la recesión de doble caída de 1980-2 tuvo orígenes similares. Nuevamente, la recesión de 1991-2 siguió a la ‘Guerra del Golfo’ de 1990.

La caída de la pandemia también tiene una causa “próxima” diferente. En cierto sentido, esta recesión global sin precedentes, que afecta al 97% de las naciones del mundo, se inició debido a un “evento exógeno”: la propagación de un virus mortal. Pero, como han argumentado los ecologistas y yo mismo, el rapaz afán de lucro de las empresas capitalistas en la exploración de combustibles fósiles, la tala de bosques, la minería y la expansión urbana sin tener en cuenta la naturaleza, creó las condiciones para el surgimiento de una sucesión de patógenos mortales para los que el cuerpo humano carece de inmunidad. En ese sentido, la depresión no fue “exógena”.

Pero la consiguiente caída de la producción, el comercio, la inversión y el empleo mundiales no comenzó con un colapso financiero o bursátil, que luego condujo a un colapso de la inversión, la producción y el empleo. Fue todo lo contrario. Hubo un colapso en la producción y el comercio, forzado o impuesto por cierres pandémicos, que luego condujeron a una enorme caída de los ingresos, el gasto y el comercio. Así que la depresión comenzó con un “shock exógeno”, luego los bloqueos llevaron a un “shock de oferta” y luego a un “shock de demanda”.

Pero hasta ahora, no ha habido un “shock financiero”. Por el contrario, los mercados de acciones y bonos de los principales países se encuentran en niveles récord. La razón es clara. La respuesta de los gobiernos y las instituciones monetarias nacionales clave fue inyectar billones de dinero / crédito en sus economías para reforzar los bancos, las grandes empresas y las más pequeñas; así como cheques de pago para millones de trabajadores desempleados y / o despedidos. El tamaño de esta “generosidad”, financiada por la “impresión” de dinero por parte de los bancos centrales, no tiene precedentes en la historia del capitalismo moderno.

Esto ha significado, contrariamente a lo que sucedió al comienzo de la Gran Recesión, que los bancos y las principales instituciones financieras no están cerca del colapso. Los balances bancarios son más sólidos que antes de la pandemia. Las ganancias financieras han aumentado. Los depósitos bancarios se han disparado a medida que los bancos centrales aumentan las reservas de los bancos comerciales y las empresas y los hogares acumulan efectivo; dado que la inversión se ha detenido y los hogares gastan menos.

Según la OCDE, las tasas de ahorro de los hogares han aumentado entre un 10 y un 20% durante la pandemia. Los depósitos de los hogares en los bancos se han disparado. De manera similar, las tenencias de efectivo de las corporaciones no financieras han aumentado a medida que las compañías obtienen préstamos baratos o sin intereses garantizados por el gobierno, o las compañías más grandes emiten aún más bonos, todo ello alentado y financiado por programas patrocinados por el gobierno. Los impuestos también se han diferido a medida que las empresas cierran o se confinan, nuevamente acumulando aún más efectivo. Los aplazamientos de impuestos equivalen al 13% del PIB en Italia y al 5% del PIB en Japón, según la OCDE.

De hecho, las últimas cifras de ganancias corporativas (tercer trimestre de 2020) en los EEUU mostraron un fuerte aumento en las ganancias, casi en su totalidad debido a préstamos y subvenciones gubernamentales que han impulsado el flujo de efectivo junto con una caída en los impuestos sobre las ventas y la producción a medida que las empresas dejaron de operar. Las ganancias corporativas aumentaron $ 495 mil millones en el tercer trimestre, en contraste con una disminución de $ 209 mil millones en el segundo trimestre.  La oficina de estadísticas del gobierno explica que “las ganancias corporativas y los ingresos de los propietarios se vieron reforzados en parte por disposiciones de los programas de respuesta del gobierno federal a una pandemia, como el Programa de Protección de Cheques de Pago y créditos fiscales para la retención de empleados y la licencia por enfermedad pagada, que brindó apoyo financiero a las empresas afectadas por la pandemia en el segundo y tercer trimestre”.  Alrededor de $ 1,5 billones de subvenciones y préstamos del gobierno de EEUU se destinaron a subsidiar empresas estadounidenses durante la pandemia. Por lo tanto, las ganancias corporativas han sido sostenidas por la intervención del gobierno, a costa de niveles sin precedentes de déficit presupuestario del gobierno y aumentos en la deuda del sector público.

La esperanza ahora es que a medida que las vacunas se entreguen y distribuyan durante 2021 y se terminen los cierres, la economía mundial se recuperará y se liberará la acumulación de ahorros familiares y ganancias corporativas, a medida que la demanda ‘reprimida’ se desencadene en la economía capitalista. El gasto del consumidor volverá, la gente reanudará los viajes y el turismo internacionales e irá a eventos masivos; mientras que las empresas procederán a un festival de inversiones.

La OCDE es menos optimista sobre este escenario. Le preocupa que gran parte del aumento en los ahorros personales sea entre los ricos, que tienden a gastar menos como porcentaje de sus ingresos (¡porque simplemente tienen demasiado!). El hogar promedio en las principales economías (y también en las economías capitalistas menos desarrolladas) no ha acumulado ahorros; por el contrario, han elevado sus niveles de deuda durante la pandemia. Además, con la probable finalización de los cheques de pago del gobierno y otros apoyos durante 2021, la situación del hogar promedio bien podría deteriorarse. Estas desigualdades también se aplican al sector empresarial. La OCDE reconoce que la mayor parte del apoyo gubernamental en préstamos y subvenciones se ha destinado a las empresas más grandes, particularmente en el sector de la tecnología, un sector menos afectado por la recesión.

Así que este es el lugar probable para buscar la tercera etapa de la recesión pandémica: una crisis crediticia y una crisis financiera cuando las empresas, en particular las pequeñas y medianas, quiebran a medida que se evapora el apoyo del gobierno, los ingresos por ventas siguen siendo débiles y la deuda y los costos salariales aumentan.

El Instituto de Finanzas Internacionales (IIF) informó recientemente que la relación entre la deuda mundial y el producto interno bruto aumentará de 320% en 2019 a un récord de 365% en 2020. El IIF concluye crudamente: “más deuda, más problemas”. Como dijo Martin Wolf en el FT: “Los mercados financieros han ignorado estas advertencias. La renta variable global ha alcanzado nuevos máximos y los diferenciales crediticios se han reducido, casi como si la deuda extrema fuera un buen desarrollo económico, no un mal”.

Como se ha informado anteriormente, incluso antes de esta pandemia la deuda corporativa estaba en niveles récord, ya sea medido contra el PIB anual, o quizás más relevante para una posible quiebra, contra el valor neto de los activos de la empresa.

La OCDE reconoce que si las ganancias corporativas cayeran drásticamente en 2021 a medida que los gobiernos retiran el apoyo financiero, muchas empresas podrían “angustiarse”.

Ya ha aumentado significativamente el número de las llamadas “empresas zombis”, aquellas que no obtienen suficientes beneficios para cubrir los intereses de sus deudas. La OCDE señala que una quinta parte de las empresas en Bélgica, por ejemplo, no podrían cumplir con sus pasivos financieros durante más de tres meses sin contraer más deuda o recibir una inyección de capital. Ese ratio fue mucho mayor en determinados sectores como alojamiento, eventos y ocio.

La OCDE concluye que “es probable que vuelvan a surgir preocupaciones sobre la estabilidad financiera”, ya que la rápida acumulación de deuda del sector público y del sector empresarial pronto podría generar “problemas de solvencia en un gran número de empresas”. Los incumplimientos corporativos de bonos de empresas más débiles bien podrían duplicarse en 2021, dice la OCDE, particularmente en “sectores muy afectados como aerolíneas, hoteles y la industria automotriz”. Es especialmente probable que se produzcan quiebras en empresas pequeñas y medianas de los sectores minorista, de ocio y de propiedad comercial.

Este escenario lo es aún más en las llamadas economías emergentes. De hecho, incluso en China, donde la economía en general se está recuperando más rápidamente que a nivel mundial, una serie de empresas con fuertes deudas están comenzando a incumplir sus pagos de bonos, lo que coloca al gobierno en un dilema. ¿Debería salvar a estas empresas (algunas de las cuales son empresas estatales de propiedad del gobierno local) o debería dejar que quiebren para reducir la carga general de la deuda sobre la economía? Esto no conducirá a un colapso financiero importante ni a un colapso en la recuperación china, porque el gobierno tiene reservas masivas y puede aprovechar los enormes ahorros familiares del pueblo chino, depositados principalmente en los bancos estatales, a diferencia de otras economías importantes. Pero los problemas de una serie de empresas chinas sobre endeudadas son un presagio de lo que podría ser un ‘tsunami de deuda’ en muchos sectores corporativos en otros lugares durante 2021.

Mucho depende de si el sector empresarial puede valerse por sí mismo en 2021 cuando desaparezcan los subsidios gubernamentales. Incluso si los costos de interés de la deuda existente se mantienen bajos, si las ganancias corporativas no aumentan, sino que se desploman en 2021, entonces la OCDE reconoce que más del 30% de las empresas a nivel mundial podrían estar ‘angustiadas’ y enfrentar la bancarrota. Y, por lo menos, las empresas no aumentarán sus inversiones, sino que se quedarán en sus manos. La OCDE reconoce que existe el riesgo de un “sobreendeudamiento” que reduciría el crecimiento de la inversión empresarial en un 2% en comparación con el promedio a largo plazo antes de la pandemia.

Incluso si no hay un tsunami de deuda y un colapso financiero causado por una ola de bancarrotas corporativas, es probable que la recuperación en la mayoría de las economías capitalistas sea muy débil. La OCDE en su último pronóstico para la economía mundial habla de un “futuro más brillante” en 2021 a medida que se distribuyen las vacunas contra el Covid. Pero su pronóstico aún espera que la mayoría de las economías del mundo no recuperen las pérdidas de producción sufridas en 2020. Para fines de 2021, solo unas pocas economías habrán experimentado cierto crecimiento del PIB real durante los dos años transcurridos desde fines de 2019.

La economía líder en esa medida será China, casi un 10%; seguido de Corea del Sur e Indonesia. El aumento del PIB en estos países genera un aumento promedio del PIB mundial durante los dos años. Pero China contribuirá con un tercio de ese crecimiento real del PIB hasta finales de 2021. Las economías capitalistas avanzadas del G7 no habrán tenido ningún crecimiento real del PIB (EEUU) o se habrán contraído entre un 3-5% para finales de 2021 (Europa y Japón), con el Reino Unido con el peor desempeño con un -6,4%. Y las grandes economías del G20 como India y Brasil habrán tenido descensos significativos.

La OCDE espera una “recuperación gradual pero desigual”. Y eso supone las mejores noticias posibles sobre el impacto de la vacuna contra el Covid. Incluso entonces, si bien se espera que el PIB de la economía mundial vuelva a su nivel anterior a la pandemia para fines de 2021, aún no alcanzará el nivel que habría alcanzado el PIB mundial sin la caída de la pandemia (dejando una brecha de alrededor del 6% del PIB). La trayectoria de la ‘raíz cuadrada inversa’ de la Depresión Larga parece que va a continuar.

Michael Roberts
es un reconocido economista marxista británico, que ha trabajado 30 años en la City londinense como analista económico y publica el blog The Next Recession.

Fuente:

https://thenextrecession.wordpress.com/2020/12/02/a-credit-crash-ahead/

Traducción:G. Buster

Las tres salidas a la pandemia según Boaventura de Sousa Santos

06dic-20
Publicada el 6 diciembre, 2020
por admin

«El capitalismo no funciona sin sexismo y sin racismo»

Por Bernarda Llorente

El sociólogo y ensayista portugués Boaventura de Sousa Santos es el gran pensador actual de los movimientos sociales, autor de una extensa obra en la que se destacan títulos como «Una epistemología del sur», «Democracia al borde del caos: Ensayo contra la autoflagelación» y «El fin del imperio cognitivo» se ocupa desde hace décadas de radiografiar la vida y los modos de subsistencia de las comunidades más vulnerables, un radio de acción que lo llevó a documentar desde las condiciones de un campo de refugiados en Europa hasta las formas de organización de las comunidades originarias de Amazonia o los barrios populares de Buenos Aires.

Sousa Santos nació hace 80 años en la ciudad portuguesa de Coímbra, donde reside la mitad del año tras haberse jubilado como docente de la Facultad de Economía. Obtuvo un doctorado en sociología de la Universidad Yale y dio clases también en la Facultad de Derecho de la Universidad de Wisconsin-Madison (Estados Unidos), donde pasa la otra mitad del año. En sus textos desmenuza los conceptos clásicos de las ciencias sociales para entender el mundo y los revitaliza con el objetivo de construir saberes «que otorguen visibilidad a los grupos históricamente oprimidos».

«El capitalismo no funciona sin racismo y sin sexismo -destaca el pensador-. Por el contrario, la resistencia no está articulada, está fragmentada, es por eso que muchos partidos de izquierda, con vocación anticapitalista, han sido racistas y sexistas. Incluso algunos movimientos feministas han sido racistas y han sido pro-capitalistas. El problema que enfrentamos es una dominación articulada y una resistencia fragmentada. Así no vamos a salir adelante porque sabemos que la intensificación del modelo es lo que agrava la vida de la gente».

Con un lenguaje directo que atraviesa toda su obra, propone un modelo de intelectual como agente de cambio, Sousa Santos analiza la refundación del estado y la democratización de la democracia . Se considera un «optimista trágico» , por eso cree que la pandemia es una gran oportunidad para replantear el modelo neoliberal, que considera agotado.

–¿Qué futuro podemos esperar después de la pandemia? ¿Cómo seremos capaces de pensar y de construir el mundo post pandemia?

–La pandemia ha creado tal incertidumbre que los gobiernos, los ciudadanos, los sociólogos y los epidemiólogos no saben qué va a pasar. Acabo de publicar «El futuro comienza ahora: de la pandemia a la utopía» y lo que planteo es que esta pandemia marca el inicio del siglo XXI. Tal como el siglo XIX no empezó el 1 de enero de 1800, sino en el 1830 con la Revolución Industrial, o el siglo XX en 1914 con la Primera Guerra Mundial y la Revolución Rusa de 1917, el XXI comienza para mí con la pandemia, porque va a inscribirse como una marca muy fuerte en toda la sociabllidad de este siglo. Y lo será porque el modelo de desarrollo, de consumo, de producción que hemos creado, ha llevado a que no sea posible en este momento, por más vacunas que existan, poder salir de ella.

Entraremos en un período de «pandemia intermitente»: confinamos-desconfinamos, donde el virus tendrá mutaciones, habrá una vacuna eficaz y otra no, vendrán otros virus. El neoextractivismo, que es una explotación de la naturaleza sin precedentes, está destruyendo los ciclos vitales de restauración, y por eso los hábitats se ven afectados con la minería a cielo abierto, la agricultura industrial brutal, los insecticidas y pesticidas, la contaminación de los ríos, el desmonte de los bosques… Esto, junto al calentamiento global y la crisis ecológica, es lo que hace que cada vez más los virus pasen de los animales a los humanos. Y los humanos no estamos preparados: no tenemos inmunidad, no tenemos cómo enfrentarlos.

–Hay conciencia sobre la gravedad? ¿Hay salidas?
–Veo tres escenarios posibles y no sé cuál resultará. El primero es el que pusieron a circular fundamentalmente los gobiernos de derecha y de extrema derecha -desde el Reino Unido a los Estados Unidos y Brasil- sosteniendo que esta pandemia es una gripe, que no tiene gravedad, que va a pasar y la sociedad regresará rápidamente a la normalidad. Claro que esta normalidad es el infierno para gran parte de la población mundial. Es la normalidad del hambre, de otras epidemias, de la pobreza, de las barriadas, de la vivienda impropia, de los trabajadores de la calle, de los informales. Es un escenario distópico, muy preocupante. Porque esa «normalidad» significa regresar a condiciones que ya la gente no aguantaba y colmaba las calles de muchos países gritando «basta».

El otro escenario posible es lo que llamo el gatopardismo, en referencia a la novela de Lampedusa, de 1958; la idea es que todo cambie para que todo siga igual. Las clases dominantes hoy están más atentas a la crisis social y económica. Los editoriales del Financial Times son un buen ejemplo de este segundo escenario. Dicen muy claramente que así no se puede continuar. Habrá que moderar un poco la destrucción de la naturaleza y cambiar en algo la matriz energética. Es hacer algunas concesiones para que nada cambie, y que el capitalismo vuelva a ser rentable. Por ello la destrucción de la naturaleza continuará y la crisis ecológica podrá ser retrasada pero no resuelta. Europa se encamina un poco por ese escenario cuando se habla de una transición energética, pero me parece que no va a resolver las cosas. Va a retrasar quizás el descontento, la protesta social, pero no va a poder saldar la cuestión pandémica.

El tercer escenario es, quizás, el menos probable, pero también representa la gran oportunidad que esta pandemia nos ha dado. Es la posibilidad de pensar de otra manera: otro modelo civilizatorio, distinto del que viene desde el siglo XVII y que se profundizó en los últimos 40 años con el neoliberalismo. Con el coronavirus, los sectores privilegiados quedaron más tiempo en sus casas, con sus familias, descubrieron otras maneras de vivir. Claro que fue una minoría, el mundo no es la clase media que puede cumplir con el distanciamiento social, lavarse las manos, usar las mascarillas… la gran mayoría no puede. Esta es la gran oportunidad para empezar una transición hacia un nuevo modelo civilizatorio, porque es imposible hacerlo de un día para otro. Y esa transición empezará en las partes donde haya más consensos. Hace mucho tiempo que este modelo está totalmente roto, desde un punto de vista social, ético y político. No tiene futuro. Es un cambio social, de conocimientos, político y cultural.

Difícil saber cuál escenario prevalecerá. Quizás tengamos una combinación de los tres; en algunas partes del mundo el primero, en otras el segundo, y en algunos países mayores avances. La política del futuro dependerá, fundamentalmente, de qué escenario prevalezca. Es el conflicto vital en las próximas décadas.

–El modelo de transición alimenta la esperanza de una sociedad distinta, pero presupone también replanteos y construcciones políticas diferentes, en términos ideológicos, económicos, modelos de desarrollo, sociales, culturales, diversos. ¿Cuáles serían las utopías frente a tantas distopías?
–Lo peor que el neoliberalismo nos ha creado es la ausencia de alternativa. La idea de que con el fin del socialismo soviético y de la caída del muro de Berlín solo queda el capitalismo. E incluso el capitalismo más antisocial, que es el neoliberalismo dominado por el capital financiero. En Argentina tuvieron una experiencia muy dolorosa con los fondos buitres. Hemos vivido estos 40 años en confinamiento -pandémico y político- encerrados en el neoliberalismo. La pandemia nos da una esperanza de que podemos salir del confinamiento. Nos obliga a confinarnos y simultáneamente nos abre las puertas a alternativas. Porque devela que este modelo está completamente viciado; hay un capitalismo corsario que ha hecho más millonarios a quienes ya lo eran. El dueño de este sistema que estamos usando (Zoom) puede ganar 1500 millones de dólares en un mes y hasta el confinamiento poca gente lo usaba o conocía. O el caso de Jeff Bezos, con Amazon. El aumento de las compras online lo convirtieron en el primer trillonario del mundo. Él y otros siete hombres de Estados Unidos tienen tanta riqueza como los 160 millones más pobres de ese país, que conforman más de la mitad de su población. Esa es la actual concentración de la riqueza en un capitalismo sin conciencia ética. La palabra que se me ocurre en este momento es robo. Hubo robo. Y las falencias de este modelo obligan a cambiar la política y eso nos da una esperanza. Lo que más me molesta hoy en día es la distribución desigual entre el miedo y la esperanza. En las barriadas del mundo las clases populares tienen sobre todo miedo. Luchan, siguen luchando, creativamente. Por ejemplo durante la pandemia protegieron sus comunidades. Pero abandonadas por los estados en gran parte de los países, tienen muy poca esperanza.

–Hablaba del peso que hoy tienen las empresas digitales al haberse convertido en las mayores empresas del planeta, incluso superando en dimensiones económicas y poder a muchísimos países. ¿Las GAFA significan un cambio en la matriz del neoliberalismo actual de cara al futuro? ¿Cómo influye este cambio en nuestras vidas?
–Antes de la pandemia ya estábamos todos hablando de la cuarta revolución industrial, dominada por la inteligencia artificial, la robótica y la automoción. Con las impresiones 3D, la robotización, el enorme desarrollo de las tecnologías digitales, nos volvemos cada vez más dependientes de ellas. El tema es determinar si estas tecnologías son de bien público o de unos pocos propietarios. Ese es el problema ahora. Hay sistemas públicos –por ejemplo el de la ONU- que están impedidos de ser ofrecidos al mundo. Las empresas se niegan porque pretenden seguir con sus negocios. Y son muy pocas… Google, Apple, Facebook, y Amazon (GAFA) y Ali baba en China. Son estas las grandes compañías tecnológicas que hoy dominan el mundo y que no aceptan ser reguladas por nadie. En este momento, por ejemplo, la discusión en el Congreso en los Estados Unidos es clara: Mark Zuckerberg ha dicho que no acepta ser regulado. Y como tienen tanto poder, estas empresas desde su arrogancia pretenden autorregularse de acuerdo a sus intereses.–Al mismo tiempo su poder traspasa el económico y juega un papel fundamental en la política. Las fake news desparramadas en las redes sociales y la desinformación colaboran a la degradación de pilares estructurales de las democracias.

–Claro, por supuesto. Y además la contradicción es esta… en muchas partes del mundo, por ejemplo en Brasil, en Reino Unido con el Brexit, en el Parlamento Europeo, las fake news y el uso de las tecnologías digitales para producir noticias falsas tuvieron un papel fundamental en los resultados electorales. Bolsonaro -por ejemplo- nunca sería presidente de Brasil sin ellas. ¿Twitter intervino en ese momento como hoy lo hace con Trump en Estados Unidos? No, porque el dueño de Twitter no era brasilero. Twitter intervino cuando era la democracia de Estados Unidos la que estaba en juego. Si fuera la de Bangladesh, la de Sudáfrica, o de Portugal, no importa… es libertad de internet. Pero si estamos en los Estados Unidos, ahí no, ahí vamos a cerrar. Eterna contradicción. Claro que eso puede llevar a una regulación más amplia a nivel global de las redes, pero obviamente que estamos en otro paradigma, en el que tenemos que trabajar con estas tecnologías y al mismo tiempo luchar contra todo el sistema de noticias falsas.

–¿Es posible lograrlo? ¿Desde qué mecanismos?
–Esa es la pregunta. Nosotros partimos en esta transición muy desgastados, muy empobrecidos políticamente, porque la política se empobreció muchísimo en los últimos 40 o 50 años. Porque la política es construir alternativas. En su momento el socialismo y el capitalismo tenían cosas en común, por ejemplo, su relación con la naturaleza. Pero había una opción; con la caída del muro de Berlín nos quedamos sin opción, y entonces los políticos se confinaron al capitalismo y se volvieron mediocres. La política dejó de tener interés -incluso para los jóvenes-, la gente se distanció bastante de ella. Hace poco hablé con algunos que trabajan en vivienda en Brasil, que están interesados en darle una casa digna a la población que está sin techo, casi no participaron en las últimas elecciones municipales. Porque decían mira, vamos a elegir uno u otro, no cambia nada, y ese es el peligro. Que la gente piense que los cambios políticos no cambian nada, que son una forma de gatopardismo. La política tiene que volver a construirse. Pienso que de ahora en adelante lo que deberá diferenciar a la izquierda de la derecha será la capacidad entre los grupos políticos de crear alternativas frente a al capitalismo, alternativas de una sociedad distinta, que puede ser de diferentes matices. Quizás sea una sociedad que vuelva a los intereses de los campesinos y los indígenas del continente. Que tenga una relación más armónica con la naturaleza. El capitalismo no puede tener una relación armónica, porque el capitalismo tiene en su matriz la explotación del trabajo, la explotación de la naturaleza. Entonces la izquierda tiene que tomar una dimensión paradigmática de cambio para otra civilización; la derecha, en cambio, va a gerenciar el presente siempre con los dos primeros escenarios. Esa va a ser la diferencia a futuro.
–Usted habla de varios conceptos que ayudarían a transformar las formas de construcción política. Salir de la idea de la utopía como un «todo» para reemplazarla por la de muchas y variadas utopías acordes a la diversidad de realidades y sueños. ¿Cómo se hace para diversificar, segmentar, construir distintas utopías y al mismo tiempo potenciar un proyecto global, que sea capaz de estructurarlas, potenciarlas, unirlas?
–Para mí lo crucial de nuestro tiempo es exactamente esa asimetría entre la dominación que no es simplemente capitalista, sino también colonialista y patriarcal. El capitalismo no funciona sin racismo y sin sexismo, a mi juicio. Por el contrario, la resistencia no está articulada, está fragmentada, es por eso que muchos partidos de izquierda, con vocación anticapitalista, han sido racistas y sexistas. Incluso algunos movimientos feministas han sido racistas y han sido pro-capitalistas. Y algunos movimientos de liberación anti-racial han sido sexistas y han sido pro-capitalistas. El problema que enfrentamos es una dominación articulada y una resistencia fragmentada. Así no vamos a salir adelante porque sabemos que la intensificación del modelo es lo que agrava la vida de la gente, de un modo de dominación que lleva a los otros. En Brasil cuando se intensifica la explotación capitalista, con Temer y después con Bolsonaro, se incrementó de una manera brutal el genocidio de los jóvenes negros en las periferias de las ciudades. Aumentó la violencia doméstica en contra de las mujeres y el feminicidio. O sea, la dominación es particular. Necesitamos de sujetos políticos globales además de los locales, y además de los nacionales. Esta articulación es posible porque cuando los movimientos -Chile o los Black Lives Matter por ejemplo- parten de una demanda, sea feminista o anti-racial, al mismo tiempo, cuando ganan importancia, traen las otras demandas, el hambre o de la desigualdad social. Hoy el movimiento Black Lives Matter tiene una dimensión feminista también, y obviamente de oposición a este modelo capitalista tan desigual e injusto. Yo pienso que tiene que haber un cambio. En la dimensión local hay que volver a las barriadas. Hoy son los pastores evangélicos quienes hablan con la gente y les dicen que hay que votar a la derecha. Por eso pienso que no es solo la organización, sino tambien la cultura politica la que necesita cambios.–¿Qué prácticas y estrategias deberían modificar o reforzar los partidos y los movimientos sociales frente a esta nueva etapa? ¿Están preparados para el cambio?
–¿Si me preguntan si los partidos opositores tienen ese perfil hoy? No, no lo tienen. Deben cambiar. Los partidos de izquierda se acostumbraron a esta dialéctica oposición-gobierno, ¿no? Y durante 40 años esa dinámica no tuvo alternativa civilizatoria, no se pudo pensar nada más allá del capitalismo. Independientemente del perfil ideológico de los gobiernos, hasta marzo las primeras páginas de los periódicos eran ocupadas por los economistas y las finanzas. Ahora con la pandemia son los médicos, los epidemiólogos, los virólogos. La pandemia nos obligó a cambiar. Entonces, creo que hay que ver otro modo de hacer política y otra manera de gerenciar la política. Yo pienso que parte de las izquierdas deben acostumbrarse a ser oposición para luego saber reconstruir. Tienen que ayudar a mejorar la vida de la gente. Pero las instituciones actualmente no permiten eso, porque tenemos todo un entorno global que no te deja, por ejemplo el capitalismo financiero. Entonces tendremos que encontrar otra forma de gobierno y hay que empezar a pensar en esa dimensión global.Conversación entre la socióloga Silvia Rivera Cusicanqui y el director del proyecto ALICE, Boaventura de Sousa Santos. 
¿Y cuál sería el rol de las oposiciones? ¿Cómo construirse desde otras lógicas?
–La política de gobierno es una parte de la política: fuera de eso tienes que tener otra política que es extra institucional, que no está en las instituciones sino en la formación de la gente, en la educación, en las calles, en las protestas pacíficas. Miren lo que está pasando en Chile antes de esta pandemia; fueron las mujeres, sobre todo, y los movimientos sociales. Ellos tuvieron un papel fundamental para traer a las calles cosas que la política misma no estaba dispuesta a hacer. Los partidos de izquierda, por increíble que parezca, no habían incluido en sus proyectos la causa mapuche cuando los mapuches habían sufrido con huelgas y asesinatos, y habían sido la oposición a los gobiernos de Chile. Y todavía están abandonados. Es necesario una protesta y un movimiento popular constituyente, donde las mujeres tengan un papel muy importante para tener en la política una gestión plurinacional. Los partidos son importantes pero los movimientos son igual de importantes. Tiene que haber una relación mas horizontal entre ambos.

–¿La protesta, la calle, sigue siendo una de las principales herramientas de visibilización y resonancia política?

–Las comunidades siguen teniendo una gran creatividad y esto forma parte de un movimiento de izquierda reconstruida, más abierta a toda esta creatividad comunitaria. No son simplemente las calles y las plazas, es la vivencia comunitaria que tendremos que intensificar. Porque las calles no son un emporio de las izquierdas, en esta década vamos a ver calles llenas de gente de extrema derecha. Yo vi a la extrema derecha entrar en las manifestaciones en Brasil. Las consignas de la izquierda, aprovechadas por la extrema derecha, y después dominando toda la protesta. Aquí en Europa sabemos muy bien eso, los Estados Unidos hoy, la gente contra Biden que no es propiamente de izquierda, y por otro lado los Prat Boys de la extrema derecha organizada y militarizada que ocupa las calles, y que va a hacer la política extraconstitucional, de las calles, de las protestas.–En Argentina se ha hablado mucho de «la grieta» como si fuera un fenómeno «nacional», único. Cuando se mira al mundo la polarización, sin embargo, parece ser el signo de estos tiempos. ¿Cómo afecta esta situación el funcionamiento de la democracia?
–A mi juicio, durante mucho tiempo la teoría democrática, la idea más valiente, más segura, era que las democracias se sostienen en una clase media fuerte. Claro que yo, estando en Portugal, trabajando en África y en América Latina, no veía clases medias fuertes, lo que realmente veía era desigualdad social. Siempre me sentí como un demócrata radical, o sea, la democracia es mala porque es poca. Hay que ampliar la democracia en las calles, en las familias, en las fábricas, en la vida universitaria, en la educación. Entonces esta idea de que la polarización es contraria a la democracia, me parece que es cada vez más evidente cuando hablamos de democracia liberal. Sólo tiene sentido, o se refuerza, con una democracia participativa, con otras formas de participación de la gente que no sean democracias electorales, porque si son solo democracias electorales van a seguir eligiendo anti demócratas como Trump, Bolsonaro, Iván Duque, como tantos otros. Por eso la democracia muere democráticamente, por elección, por vía electoral. Hitler ganó dos elecciones en 1932, antes de su golpe. Creo que hay que fortalecer esa democracia con democracias participativas. La polarización, la desigualdad, provienen de esta polarización de la riqueza sin precedentes que hoy tenemos. A mayor desigualdad en la vida económica y social, más racismo, más discriminación y más sexismo. Entonces estamos en una sociedad en retroceso a nivel mundial, en retroceso reaccionario, donde el capitalismo es cada vez más desigual, más racista y más sexista. Esta es la realidad que tenemos hoy.–¿Como sería la forma de avanzar hacia una mayor participación, imprescindible para recomponer las democracias, con la exclusión social que arroja un modelo tan concentrado y desigual?
–Tenemos que pensar en la transición. Y hoy debemos contar con políticas sociales, romper con el neoliberalismo, y para eso es necesario una reforma fiscal. Es inaceptable que los pobres y la clase media paguen 40% de impuestos, y los ricos el 1%. Que Trump haya erogado de impuestos federales 765 dólares, es impensable. Tiene que haber una reforma fiscal para dar políticas de educación, de salud. La otra cuestión es política, necesitamos una reforma constituyente. Las constituciones que tenemos congelaron una sociedad segmentada, no solo desde un punto de vista capitalista sino también racista y sexista. Tenemos que refundar el Estado. Los únicos países que tuvieron reforma política fueron Bolivia y Ecuador, e igual fracasaron. La misma idea fracasa muchas veces antes de tener éxito, antes de hacer historia. Los derechos de la madre Tierra, por ejemplo, no tuvo muchos resultados en Ecuador, pero veamos lo que pasó en Nueva Zelanda. Jacinda Arden, la primera ministra, una mujer fabulosa, la líder mundial en este momento después del Papa diría yo, esta señora promulgó una ley sobre los derechos humanos del río sagrado de los indígenas, y no fue simplemente eso, ha dado plata para regenerar, revitalizar los ciclos vitales del río. Es una revolución que no logró efecto en Ecuador, en Bolivia, en Colombia, como sí en Nueva Zelanda. Debemos articular los conflictos sociales con esa idea de Naturaleza porque esta es territorio, cultura, memoria, pasado, espíritu, conocimiento, incluso sentimiento paisaje».

Pienso que las constituyentes van a ser un marco del futuro para deslegitimar el neoliberalismo y volver a la soberanía popular que va a permitir la soberanía alimentaria, que muchos países no tienen hoy. soberanía industrial, ¿cómo es posible que los Estados Unidos no produzcan mascarillas ni guantes, ni respiradores? Por eso, ¿es un país desarrollado? No sé. Sudáfrica ha defendido mejor la vida de la gente que los Estados Unidos.

–El gobierno de Alberto Fernández comenzó en diciembre y tres meses más tarde debió enfrentar la pandemia, a la que se sumó la herencia de un país endeudado y una economía destruida. ¿Qué nos recomendaría a los argentinos, a los latinoamericanos, en este momento?
–Yo soy un intelectual de retaguardia, no de vanguardia. No doy consejos: mi solidaridad, que es grande, es conversar con la gente. Yo pienso que es un continente en el que siempre ha habido una creatividad política enorme, y estas experiencias han dejado cosas muy interesantes. He hablado de Chile, también Bolivia, las elecciones ahora en Brasil. Alberto Fernández es un caso muy interesante y los describe mi último libro, porque es el único presidente que llega al poder y después viene la pandemia. Viene con un programa, pero el programa se vuelve la pandemia. Alberto Fernández tuvo un coraje enorme para enfrentarla. Un gran problema es la herencia brutal de neoliberalismo, de destrucción del Estado, de las políticas sociales, de la economía. Esa herencia es brutal y lleva tiempo la reconstrucción. Además, es una sociedad muy movilizada, con movimientos sociales y populares fuertes, el de mujeres es fortísimo y en estos días se expresa en la lucha por el aborto legal. Hay toda una sociedad muy creativa, y eso se nota. Esta es una gran oportunidad para repensar un poco la política y para volver a una articulación continental; yo pienso que la idea de matriz de articulación regional, como el ALCA, o UNASUR, fueron muy interesantes. Esta semana mirá lo que China y los países asiáticos están haciendo: el más grande conjunto de libre comercio, de articulación económica. Sin los Estados Unidos, y sin Europa; es mucho más grande que cualquier acuerdo europeo, mucho más grande que el tratado entre Estados Unidos, México y Canadá. Entonces, ¿por qué no entender que el continente no es el patio trasero de los Estados Unidos? Y tiene que tener más autonomía, porque son todos de desarrollo intermedio, de mucha población. Hay que reinventar y en este momento, sobre todo, hay que hacer una autocrítica. A las personas de izquierda no les gusta, porque viene de la época de Stalin, pero la autocrítica es la auto reflexión, es repensar las izquierdas.

América Latina: el patio trasero

Para entender los procesos políticos latinoamericanos, Boaventura de Sousa Santos pone la lupa en las asimetrías, en lo cultural. Estudia las democracias tribales, mira las economías urbanas, critica los sistemas educativos, se enfoca en lo múltiple, lo pluricultural. Sostiene que el Estado tiene que ser refundado porque esta democracia liberal ha llegado a su límite. Dice que las izquierdas del Norte global sean eurocéntricas no es novedad, pero que las izquierdas del sur sean racistas con los pueblos indígenas y afrodescendientes, es producto de la exclusión que produjo el capitalismo, el colonialismo y el patriarcado.

–¿Cómo deberían plasmarse estos cambios en América Latina, la cual aparece como una Región en disputa?

–Es esperanzador lo que está ocurriendo y nos tiene que llevar a reflexionar. Por ejemplo, el caso de Bolivia, es el único país que tiene la mayoría indígena del continente, 60% de la población. Yo pienso que los occidentales de izquierda, nosotros los blancos de izquierda, intelectuales, no entendemos los pueblos indígenas. Hay que ser muy humildes, porque no tenemos conceptos. Cuando ganó el MAS de nuevo, la sorpresa fue enorme, porque no imaginaban que los indígenas volverían tan rápido al gobierno. Porque no entienden el alma indígena. Después de la salida de Evo reconstruyeron el MAS, los liderazgos, se animaron de otra manera, con otra gente.

–¿Hubo reflexión? ¿Hubo aprendizaje?

–Estamos repensando todo y las cosas están cambiando. El contexto internacional de esos años hasta el 2014 permitió que en algunos países de América Latina como Brasil o Argentina la gente fuera menos pobre, sin que los ricos dejaran de enriquecerse. Hubo políticas de redistribución por parte de los gobiernos populares pero el ciclo de las comodities cambió y los modelos entraron en crisis. Cualquiera que hayan sido los errores cometidos en los procesos populares, sabemos que no pueden repetirse. Porque los precios de los commodities no están como estaban, porque las condiciones son muy distintas, y porque hay una deslegitimación de todo el modelo neoextractivista. La agricultura industrial tiene que disminuir, puede ser una transición, pero debe lograrse; si no diversificamos la economía, es un desastre. Eso ya lo sabemos. Me parece que ahora estamos en un punto de repensar las cosas. Con Alberto Fernández en Argentina, AMLO en México, son las dos esperanzas. AMLO es un poco más complejo que Alberto, a mi juicio. Tenemos bastantes avances en Chile, y la corriente para iniciar el proceso constituyente, que va a ser muy conflictiva de aquí en adelante. Entonces me parece que las cosas están cambiando, y que de alguna manera en América Latina se están dando respuestas porque la gente está, los movimientos sociales siguen luchando, aunque sea en pésimas condiciones como en Colombia.
* Bernarda Llorente es la presidenta de la agencia Télam.

Página12

Pensamiento crítico y pandemia

05dic-20
Publicada el 5 diciembre, 2020
por admin

Por Raúl Zibechi

Una de las principales características del pensamiento crítico ha sido su incomodidad, su capacidad para perturbar los lugares comunes, cuestionar saberes establecidos y sacudir la modorra de la inercia. Siempre fue un pensamiento a contracorriente, rebelde e insumiso.

Marx se dedicó a poner patas arriba, o boca abajo, la herencia teórica de Hegel. Lenin se empeñó en desobedecer a Marx, quien aseguraba que la revolución vencería primero en los países más avanzados industrialmente. Mao y los vietnamitas rechazaron las insurrecciones urbanas por la guerra campesina prolongada. Fidel y el Che fueron herejes respecto a los partidos comunistas que dominaban el escenario de las izquierdas.

El tan elogiado Walter Benjamin fue implacable con la idea de progreso y, más recientemente, los ecologistas cuestionan el desarrollo, mientras las feministas rehúsan las organizaciones verticales y los caudillos patriarcales.

El EZLN, por su parte, recoge aciertos y evita errores de revoluciones anteriores, por lo que hace a un lado la guerra para seguir transformando el mundo y defendiendo (por todos los medios) los territorios donde el pueblo manda ejerciendo su autonomía.

¿En qué situación se encuentra el pensamiento crítico en plena pandemia? ¿Cuáles deberían ser los puntos centrales de su análisis? ¿Quiénes lo formulan en este periodo?

Intentaré responder en pocas líneas.

La primera es que el pensamiento establecido, enunciado por academias, partidos y «autoridades intelectuales», está en plena decadencia, un proceso enlazado con las crisis civilizatoria y sistémica en curso. Quizá por ser parte de una civilización moderna, urbana, occidental, colonial y patriarcal. O sea, por haberse rendido al capitalismo.

El grueso de los llamados intelectuales se dedican a justificar los errores y horrores de los partidos de la izquierda electoral, más que a criticarlos, con el triste argumento de que no quieren favorecer a la derecha. Si criticar a la izquierda fuera eso, Marx y Lenin deberían ser despachados por derechistas, ya que dedicaron algunas de sus mejores obras a cuestionar a sus compañeros de ruta.

La segunda es que el pensamiento crítico debe quitar el velo de las causas estructurales y de larga duración de la situación que vivimos. No entretener audiencias con argumentos falaces. Ser capaces, por ejemplo, de vincular la pandemia con el modelo neoliberal extractivo, la brutal especulación financiera y la cuarta guerra mundial contra los pueblos, en vez de atribuir los fracasos, y los éxitos en el combate al virus, a tal o cual gobierno. A eso le llamo entretener en vez de analizar.

Además, el pensamiento crítico no debe conformarse con diagnósticos. Estamos desbordados de jucios del más diverso tipo, muchos de ellos contradictorios. Años atrás se mentaba el pico del petróleo ( peak oil) como clave de bóveda del fin de la civilización capitalista. Mucho antes, se aseguraba que el sistema caería víctima de inexorables leyes económicas.

Cada día aparecen diagnósticos que colocan los límites del sistema en el medio ambiente, el agotamiento de recursos, y un largo etcétera de supuestas «causas objetivas» que no hacen más que eludir el conflicto social como única forma de poner freno y derrotar al capitalismo. Ya lo dijo Benjamin: si el sistema cayera por razones objetivas, la lucha no tendría el menor sentido.

La tercera me parece la más importante. Hasta hoy los encargados de emitir pensamiento crítico eran varones, blancos, académicos y de clase media-alta. Por supuesto el tipo de ideas que divulgaron eran eurocéntricas, patriarcales y coloniales, aunque debe reconocerse que no por eso estaban todas erradas. Sólo debemos pasarlas por el tamiz de los pueblos, las mujeres y los jóvenes.

Ahora quienes emiten el pensamiento crítico no son ya «personalidades», sino pueblos, colectivos, comunidades, organizaciones y movimientos. ¿Quiénes son los representantes teóricos del pueblo mapuche o de los pueblos indígenas del Cauca colombiano? ¿Quiénes encarnan las ideas de los movimientos feministas y de mujeres antipatriarcales?

Todavía hay quienes creen que el pensamiento zapatista fue obra del subcomandante Marcos y ahora del subcomandante Galeano. Nunca aceptarán que son pensamientos nacidos de experiencias colectivas que son comunicados por voceros elegidos abajo. Nunca aceptarán que el vocero actual es el subcomandante Moisés.

Esta es la realidad del pensamiento crítico actual. Desvaríos arriba, creatividad abajo. Como la vida misma. No hay nada esencialista en esto. El conocimiento vivo surge entre quienes luchan. Sólo quienes están transformando el mundo pueden conocerlo a fondo, entre otras cosas porque les va la vida en ello, porque no pueden hacerse la menor ilusión con los de arriba, mucho más allá del color político y del discurso que emitan.

Benjamin lo dijo con absoluta claridad: «El sujeto del conocimiento histórico es la clase oprimida misma, cuando combate».

Cathy O’Neil: «No hay ningún modelo mágico que resuelva los problemas que genera el capitalismo»

05dic-20
Publicada el 5 diciembre, 2020
por admin

La matemática y experta en datos aboga por cambiar el modelo de negocio en internet basado en los anuncios y por imponer a las empresas que cumplan unas normas reforzadas: «La inteligencia artificial no es la solución para todo».

Por HENRIQUE MARIÑO

«No hay ningún modelo mágico que resuelva los problemas que genera el capitalismo». La matemática Cathy O’Neil (Cambridge, 1972) tampoco tiene puestas sus esperanzas en la inteligencia artificial: «No es la solución para todo y mucho menos para el capitalismo», dejó claro la experta en datos, quien este miércoles mantuvo un encuentro online con la también especialista en la materia Angela Shen-Hsieh durante el Foro Telos 2020 de la Fundación Telefónica.

Ambas conversaron sobre los monopolios, los modelos de negocio, las desigualdades y los efectos del uso de datos y algoritmos en la sociedad. «La privacidad es un lujo», sentenció O’Neil. «Primero debemos centrarnos en cubrir las necesidades básicas de las personas y después en la privacidad», respondió la matemática a la arquitecta experta en inteligencia artificial, quien le planteó si los datos anonimizados son mejores que los hipersegmentados.

«Los anuncios políticos personalizados son malos para la democracia. Hemos visto algunos que jugaban con la manipulación emocional o con teorías conspirativas. Yo reclamo que los anuncios políticos se limiten a banners que se muestren de forma aleatoria. Sería mejor para la democracia», comentó O’Neil, quien advirtió de que los activistas de Black Lives Matter «pueden ser representados como [defensores de] una buena causa o como gamberros». Por ello, a su juicio la segmentación no debería ser legal en el ámbito político.

La conversación con la autora de Armas de destrucción matemática. Cómo el Big Data aumenta la desigualdad y amenaza la democracia (Capitan Swing) comenzó con la pandemia del coronavirus y el uso de los modelos matemáticos para tomar decisiones y salvar vidas. «No me fío de los datos en absoluto», zanjó O’Neil, favorable al uso de esos modelos para la investigación científica, pero no para realizar mediciones sobre salud pública o para comunicarse con la población.

«Los modelos matemáticos sofisticados acallan a los ciudadanos», detalló O’Neil. «Piensan que, como no son doctores en matemáticas, no tienen derecho a cuestionarlos y, así, se distancian de la solución». Según ella, el fin de la epidemia no depende tanto de un modelo o de las matemáticas, como del comportamiento de las personas, que terminaron alejándose de la «solución» tras escuchar hablar de modelos demasiado. «Fue un fallo».

La doctora en Matemáticas por la Universidad de Harvard aseguró que nunca creyó que una aplicación de rastreo funcionase en Estados Unidos, no solo por una cuestión de privacidad, sino también de clase social. «Hay miles de razones por las que podría no funcionar». Por ejemplo, hay personas que no quieren ser informadas de que han sido resultado contagiadas o expuestas, porque es una «mala noticia».

Pero también por razones sociales y económicas. Los sin papeles serían reacios, según ella, a ofrecer sus datos. Luego habría «una gran parte de la población que vive al día y para la que la cuarentena no es una solución viable», porque «no se puede permitir el lujo de estar en su casa confinada dos semanas», pues necesitan trabajar. De ahí su frase de que «la privacidad es un lujo», pues lo primordial para muchos sería cubrir sus necesidades básicas.

Respecto al monopolio de los datos por parte de Google, Facebook o Amazon, lo consideró una «amenaza inevitable», aunque matizó que las prácticas discriminatorias de las empresas son históricas, van más allá del monopolio y su fin es aumentar los beneficios: «El poder atrae el poder». Y, más que quitárselo, opina que habría que obligarlas a que traten bien a sus empleados y a que sigan las reglas.

«Hay que reducir los daños y olvidarnos de la monopolización», añadió la matemática. «Si no podemos fraccionarlas, hagámoslas aburridas […] Me gustaría nacionalizar Amazon», dijo irónicamente O’Neil, quien opinó que las rentas más altas están alejadas de la realidad de la calle. Tiburones de las finanzas que primero hicieron negocio con las hipotecas y que, cuando la gente no podía pagarlas, pensaron en cómo hacer dinero con sus viviendas. «Hay un problema de desigualdad arrolladora».

En cuanto a los anuncios personalizados en internet, la matemática reconoció que le gusta la sensación de que «acaten» sus gustos, aunque consciente del objetivo de las empresas: «No lo hacen para que me sienta bien, sino por dinero». Según ella, también hay un mercado para quienes no tienen un duro: «Miden el nivel de desesperación de la gente. ¿Necesitan un crédito? ¿Son ludópatas? Al final del día, todo gira en torno al dinero».

«No creo que el problema se resuelva mientras el modelo de internet se base en los anuncios», apuntó la matemática, por lo que a su juicio habría que cambiar el modelo de negocio en internet o imponer el cumplimiento de unas normas reforzadas. Mientras, nos encontraremos con anuncios a medida que podrían resultar «halagadores», cuando lo único que importa es que los ciudadanos consuman. «No solo es una máquina, sino una máquina despreciable».

Puedes ver la charla aquí:

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