Raúl Zibechi: “La derecha gana porque la izquierda abandonó el campo de batalla”

Por Martín Villarroel Borgna

El periodista y escritor uruguayo analiza el avance de la derecha en América Latina y afirma que la organización “desde abajo” es la apuesta de resistencia.

Es jueves 7 de marzo y cae la tarde en Montevideo. El feriado de la semana de carnaval marca un ritmo tranquilo y despreocupado de una ciudad que, al día siguiente, se teñirá de violeta con 300 mil personas marchando en el Paro Internacional de Mujeres. Aprovechamos para tomar unos mates con Raúl Zibechi y conversar sobre el viraje a la derecha en la región, la crisis de las izquierdas y la territorialización de la marea feminista.

“La región camina, sin dudas, a un período de ultraderecha muy pesado”, dice Zibechi apenas se prende el grabador.Periodista, educador popular y activista uruguayo, muy ligado a las luchas y resistencias de los movimientos sociales de América Latina, se acomoda en la silla para compartir su mirada coyuntural.

La vuelta al patio trasero

Es necesario analizar varios planos para entender dónde estamos parados, afirma. El primero relacionado a las garras imperialistas sobre nuestro continente: “Por un lado, tiene que ver con la disputa geopolítica China-Estados Unidos, que es muy fuerte en este momento. Estados Unidos viene de una derrota muy fuerte en Siria”, que se suma a las enormes dificultades “para mantenerse en el mar del sur de China, que es otra zona estratégica ante la pujanza China”. Esto da como resultado que “Estados Unidos está en un proceso de retirada de algunos escenarios fundamentales”, comenta.

“En este período de declive de la hegemonía de Estados Unidos, es que necesita afirmarse en su patio trasero. Y, sobre todo, en el Caribe y Centroamérica”, asegura Zibechi y enumera el largo prontuario de invasiones, ocupaciones y golpes militares llevados a cabo desde el siglo XIX por los vecinos del norte. “El escenario es ese: Estados Unidos nuevamente con mucha fuerza en América Latina”, remarca.

Estados Unidos Donald Trump premio nobel la-tinta

La opción por el miedo y la intolerancia

La segunda parte de esa lectura se complementa con “un viraje a la derecha muy fuerte de las sociedades y del arriba”. Los gobiernos neoliberales de Colombia y Chile hoy se fortalecen en bloque junto a sus pares de Argentina, Ecuador, Paraguay y Brasil, y en oposición a Venezuela como eje aglutinador. En este escenario, el peso de las políticas reaccionarias de Brasil en la región es determinante.

Más allá de las clases dirigentes, lo que preocupa es cómo repercute en los pueblos. “Una sociedad que se ha vuelto radicalmente intolerante –explica Zibechi-. Si bien creo que el arriba está muy mal y muy derechizado, el abajo también.Clases medias y sectores populares donde las iglesias pentecostales están haciendo un laburo muy profundo y donde la gente los apoya”.


“La palabra fascista me parece que hay que llenarla de contenido –analiza el periodista uruguayo, autor de varios libros-. Hablamos de una sociedad que quiere el orden militar y policial. Donde se tejen alianzas con los militares, con el narco y con los paramilitares para matar negros y poner en su lugar a las lesbianas y disidencias. Entonces, es una sociedad que ha hecho una opción muy jodida. Es una opción de miedo, de no saber dónde pararse. Es una reacción muy fuerte contra el feminismo”.


Y esta coyuntura presenta un horizonte negro para los tres gobiernos progresistas que quedan. “Venezuela asediada y aislada, con una oposición interna muy fuerte; Bolivia y Uruguay que tienen elecciones este año donde es muy posible que gane la derecha. El escenario es muy negativo para el progresismo, muy negativo para las izquierdas que han perdido protagonismo y que han perdido, sobre todo, trabajo de base”, afirma Zibechi.

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Imagen: Colectivo Manifiesto

La izquierda te la debo

Según el análisis del periodista uruguayo, las dificultades para delinear una estrategia política emancipadora y el abandono del trabajo territorial son los puntos nodales para entender el cambio de hegemonía en la región y donde los gobiernos progresistas y los movimientos sociales nos debemos una fuerte autocrítica.

Lo que caracteriza hoy al movimiento popular “es una falta de norte en casi toda la región, muy claramente en Brasil, donde hay muy poquitos grupos que están haciendo un trabajo territorial”, destaca.


“La izquierda brasileña de lo único que habla es de Lula –apunta Zibechi-. Está muy bien pedir por la libertad de Lula, yo defiendo la libertad de Lula. Pero no se puede hacer política en base a la libertad de Lula: tenés que estar en la favela, tenés que estar en los barrios, en los quilombos, en los lugares donde está la gente y organizar. Eso es lo que hacían hace 50 años las comunidades eclesiales de base, la educación popular, la izquierda. Y hoy se abandonó. La derecha gana porque la izquierda abandonó el campo de batalla”.


“Hoy, lo único que queda como izquierda es un aparato sindical muy pequeño, que defiende intereses corporativos -y que está bien que los defienda-, pero, definitivamente, esa no puede ser la única expresión de la izquierda”, sentencia Zibechi.

Los pies en la tierra

En esa misma línea, el periodista asevera que “el gran desastre que dejó la crisis del progresismo es la pérdida de horizonte a largo plazo: la pérdida de horizonte estratégico”.

Dentro del campo popular, se puede ver “una gran desorientación, un gran desnorteo, una incapacidad para distinguir lo estratégico de lo táctico”. Y se refiera a lo que es lo estratégico: “Es en lo que nos afirmamos: trabajo territorial, trabajo de largo plazo, de organización, de formación, de soberanía alimentaria, de educación, de salud. Y tácticamente, vemos y nos movemos. Por ejemplo, si creemos que con un gobierno progre nos va ir mejor con el de Macri, jugamos algunas fichas a eso. Pero no hipoteco la organización para irme detrás del candidato. Creo que hay mucho de eso”.

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(Imagen: Colectivo Manifiesto)

Zibechi no duda en definir que el trabajo estratégico es la recuperación de territorio. Enumera varias experiencias que, en los últimos tiempos, vienen profundizando el trabajo de base y los pies en la tierra, como el Movimiento Passe Livre (MPL), la Unión de Trabajadorxs de la Tierra (UTT) o el Encuentro de Organizaciones (EO), por nombrar algunos. “El trabajo territorial fue el gran salto adelante del movimiento piquetero. Ante el cierre de fábricas, retornamos al territorio y hacemos en el territorio otro tipo de organización, otra vida. Organización y trabajo arraigado en el territorio”, señala.

La recuperación territorial como horizonte estratégico es en lo que se basa la práctica de algunas organizaciones urbanas, campesinas y también los pueblos originarios, ahí es donde el entrevistado reconoce la potencia: “Yo creo que ese es el futuro”. “Y si somos cuatro haciendo trabajo territorial y cuatro mil mirando la tele y aplaudiendo al candidato, no me importa: porque esos cuatro son los que empiezan con todo”, agrega Zibechi.

La marea, cuando baja, ya no tiene vuelta atrás

—¿Y cómo leés la marea feminista?

El feminismo es la luz en medio de las sombras. Es el movimiento que ha marcado un punto de inflexión, sobre todo, en el cono sur, y que le ha puesto límites al conservadurismo, al poder, al Estado. Y que, además, atraviesa a toda la sociedad.

El uruguayo ceba un mate y se queda en silencio. Afuera, ya se vive la ansiedad por un nuevo Paro Internacional de Mujeres, Lesbianas, Travestis y Trans, que, en Montevideo, reunirá cerca de 300 mil personas en un rugir violeta. Tiempo de rebelión. Zibechi no puede ocultar su entusiasmo sobre la territorialización del feminismo.

“Luego de esta gran explosión, cuando baje la ola y esta enorme fuerza del movimiento vuelva con las mujeres a los territorios, a los pueblos, a las comunidades y empiece a territorializarse, ahí cambia todo. Es donde empieza la historia más rica, el movimiento feminista con fuerza territorial. Ahora viene un momento fascinante”, resume Zibechi.

Publicado originalmente en La tinta

Nancy Fraser: “Necesitamos una definición totalmente diferente del concepto de clase trabajadora”

Por Adriana M. Andrade y Elena de Sus
Nancy Fraser (Baltimore, 1947) tiene los ojos cansados. Su primera mañana en Madrid la ha dedicado a dar entrevistas. Al acabar esta con CTXT, tiene una hora para descansar antes de hablar con más periodistas. Por la tarde dará una charla y al día siguiente, dos más. La activista feminista ha venido invitada por el museo Reina Sofía en colaboración con Medialab y el Grupo de Estudios Críticos (GEC) y nadie quiere perder la oportunidad de escucharla. Mientras intenta acabar un café, la profesora de la New School for Social Research de Nueva York se emociona al hablar de las nuevas generaciones de mujeres demócratas, se enfada cuando se le sugiere que el feminismo divide a la izquierda y defiende la participación de los hombres en el feminismo.

En 2017, en otra entrevista con CTXT, predijo que la clase obrera estadounidense acabaría rebelándose contra Trump porque no estaba cumpliendo con lo que había prometido. ¿Cree que está sucediendo?

Es difícil de decir. Sospecho que sí, sospecho que tendrá problemas para ser reelegido, no creo que pueda mantener su base de votantes de clase trabajadora. Creo que la situación es muy volátil, lo más importante es que la gente no quiere seguir viviendo bajo esta forma de capitalismo neoliberal financiarizado y globalizado. Esto empeora sus condiciones de vida, y la gente quiere un cambio. Trump lo prometió, pero resulta que no ha creado más empleo ni nada parecido. Está empeñado en levantar el muro. Llegados a cierto punto eso ya no es satisfactorio para, al menos, una parte de sus votantes. Para algunos eso es suficiente, pero no para la gente que le hizo presidente. Ganó las elecciones gracias a la clase trabajadora blanca de Michigan, Wisconsin y Pensilvania. Estos no son racistas radicales, votaron a un racista porque no había nadie más que ofreciese algo parecido a un gran cambio. Antes, muchos de ellos habían votado a Bernie Sanders en las primarias demócratas, los mismos que votaron a Trump. Y ocho millones de ellos habían votado a Obama en 2012. Eso demuestra que no son racistas. Esta gente sigue queriendo un cambio y si los demócratas eligieran al candidato correcto, lo votarían. Por otro lado hay muchos racistas en Estados Unidos, y estos seguirán con Trump. También está la pregunta de si el Partido Republicano y los votantes acérrimos republicanos se quedarán con Trump o acabarán hartos. Estos son votantes que, en cualquier caso, los demócratas nunca han conseguido. Creo que Trump será vulnerable en 2020.

¿Cree que es más fácil votar a un racista que a una mujer?

No creo que ese fuese el problema. Era más fácil votar a un racista que iba a hacer grandes cambios que a una mujer que decía que iba a continuar con las políticas de Obama.

¿Las candidatas demócratas, nuevas como Alexandria Ocasio-Cortez o antiguas como Elizabeth Warren, pueden ser una alternativa real?

La nueva generación de gente como Ocasio-Cortez es fantástica. Algunas de ellas son socialistas democráticas como Bernie Sanders y tienen mucha energía y destreza en el uso de las redes sociales, para mí son impresionantes. Elizabeth Warren también es muy impresionante, incluso más que Sanders, tiene propuestas concretas. No es tan buena como Sanders a la hora de articular una visión general, pero en los detalles de las políticas es excelente. Estas son mujeres de izquierdas, mujeres antisistema, que quieren hacer un gran cambio estructural en el funcionamiento de nuestro país y del mundo. Esto me da muchísima esperanza.

Mi candidato preferido sigue siendo Bernie Sanders. Es un milagro, extraordinario y maravilloso. Ninguna otra persona ha hecho tanto en Estados Unidos como él. Ha empujado al Partido Demócrata hacia la izquierda, ha cambiado el discurso y, de momento, le apoyo a él. Pero también estaría muy contenta si Elizabeth Warren fuese presidenta.

Hablemos de feminismo. Usted lleva militando y teorizando desde los años 70. ¿Cómo ha cambiado el movimiento?

Para mí este es el momento más emocionante de mi vida desde los años 60 y 70. Creo que estamos viendo una ruptura con el feminismo corporativo liberal que ha dominado las últimas décadas, el feminismo de Sheryl Sandberg, Christine Lagarde o Hillary Clinton. Ahora las feministas más jóvenes se han dado cuenta de que esa vía está muerta, de que ese camino solo nos lleva a más Trumps. Porque eso conecta al feminismo con las fuerzas que, básicamente, destruyen la vida de la gente en todo el mundo.

Hay un sentimiento de que necesitamos una nueva dirección, en gran parte centrada en la lucha por la reproducción social, las escuelas, las viviendas, el transporte público, la sanidad. Todas aquellas áreas donde el neoliberalismo empuja a los Estados a “desinvertir” en nombre de la austeridad. Esto se ve en las huelgas en aquellos trabajos donde predominan las mujeres: profesoras, enfermeras… Se ve en cosas como el #MeToo, que es fundamentalmente una lucha de clases (una revuelta contra los jefes) y sobre el derecho a tener un espacio de trabajo libre de violencia, asaltos y abusos. Aunque los medios han puesto el foco en Hollywood, el centro real de esta lucha está en la agricultura, en las camareras de piso, en las empleadas domésticas, y también en las actrices que son muy vulnerables al abuso. Muchos de estos colectivos tienen menos recursos, no tienen papeles y no les queda más opción que rendirse. Estas son las áreas vanguardistas de la lucha feminista, y no solo de la feminista, también de la social, y punto. Dada la debilidad de los sindicatos en los centros manufactureros tradicionales, la primera línea de la lucha ya no es la industria como lo era en los años 30. Esta es una crisis que pone la reproducción social como centro y frente de batalla. Y por lo tanto, a las mujeres. Es una nueva situación estructural: tenemos nuevas generaciones de mujeres a las que no les interesa el feminismo de las élites liberales. Es un momento tremendamente fructífero, muy emocionante. Por supuesto, la misma crisis que ha propiciado el cambio en el feminismo también ha causado el auge de movimientos repugnantes, supremacistas, xenófobos, anti-inmigración y racistas. Es un momento de riesgo y de oportunidad.

Para lograr un cambio, entendemos que el capitalismo tiene que ir desapareciendo, poco a poco pero sin pausa. ¿O qué sistema se propone?

No sé si necesitamos un nombre para ese sistema, aunque yo lo llamaría socialismo democrático, pero no soy dogmática, puede tener otros nombres. Creo que la idea central es que ya no es suficiente el pensamiento de los movimientos socialistas tradicionales, no basta con cambiar las relaciones de producción y socializar la propiedad de los medios de producción. Lo que de verdad tenemos que pensar es la relación entre producción y reproducción. La relación entre la economía y el sistema político. ¿Cómo dibujamos la línea entre las cuestiones que marcan las relaciones entre el mercado, los propietarios de las empresas y las decisiones democráticas? Tenemos también que pensar en una nueva relación con la naturaleza, que no esté basada en los combustibles fósiles. El cambio es mayor de lo que propone el socialismo tradicional. Porque no está centrado solo en la producción, sino en otros aspectos de la vida.

Y no sé exactamente qué nombre dar a esto, pero lo importante es empezar a analizar el alcance de lo que necesitamos. El cambio climático es suficiente para entender que estamos al borde de una catástrofe y que necesitamos un cambio de dirección rápido y transformador. Dudo que el capitalismo pueda desfosilizar la economía a tiempo, y esto hay que hacerlo en unas pocas décadas. Si resulta que estoy equivocada y hay una nueva forma de capitalismo que aún no podemos imaginar, que puede hacer todas las cosas que necesitamos, vale, dejemos que lo intenten. Pero si no pueden, tenemos que estar listas para hacer otra cosa, el capitalismo no es sacrosanto, es un sistema histórico que tuvo un inicio y puede tener un fin.

¿Entonces no necesitamos una revolución?

Tal vez no una revolución con la vieja idea de la toma de la Bastilla, ni de cortar la cabeza al rey, ni de tomar el Palacio de Invierno, pero creo que será una revolución. Si una revolución quiere decir un cambio transformador en las estructuras básicas de la sociedad y no simplemente reformas, entonces creo que sí, que estamos hablando de una revolución. No creo que estemos hablando de un proceso largo y lento de cambio gradual. Primero, como he dicho antes, con el cambio climático no tenemos tiempo. Segundo, estamos en medio de una crisis tan severa como la de los años 30, que llevó a cambios enormes. Fue el cambio de un tipo de capitalismo a otro, pero igualmente un cambio estructural grande: la invención de la democracia social, del capitalismo de Estado, todo eso vino tras dos guerras mundiales. Estamos en una crisis aguda y esperemos no necesitar una tercera guerra para solucionarlo. Los cambios suceden rápidamente. Deberíamos distinguir entre reformismo en un determinado periodo que se desarrolla en varias décadas y los periodos de crisis donde hay cambios más rápido y profundos. Y este es un periodo de crisis.

Hay algo de controversia dentro de la izquierda porque algunos dicen que el protagonismo del feminismo o el ecologismo favorecen la división de la clase trabajadora. ¿Qué les diría?

Estoy completamente en desacuerdo. Lo han entendido completamente al revés. Primero, ¿qué quieren decir con clase trabajadora? ¿No son las mujeres parte de la clase trabajadora? ¿No lo son las personas trans? ¿Las migrantes, las racializadas? ¿Quién creen que está haciendo el trabajo para que la sociedad siga funcionando? Necesitamos una definición completamente diferente de lo que es la clase trabajadora. No son solo hombres blancos en fábricas, de hecho, de esos, cada vez hay menos dentro de la clase trabajadora. El tipo de feminismo por el que abogo es un movimiento de clase, contra el 1% o el 10%, y eso tiene que ver con poner las preocupaciones de las mujeres pobres, racializadas, migrantes y de la clase trabajadora en el centro, en vez de integrar a las clases profesional y directiva en el feminismo. Estamos en plena lucha de clases dentro del feminismo: debemos reorientarlo hacia la clase trabajadora. Además creo que si le dices a la gente que no hable de sus problemas reales no creas solidaridad, no consigues que se unan a tu movimiento. Les llevas a un camino de exclusión, y no necesitamos un feminismo excluyente, ni una clase obrera excluyente. Necesitamos una posición en la que todas estas corrientes se comuniquen y se apoyen mutuamente. Diciéndoles “shhh, estáis dividiendo”, les echas fuera. Tendrían que estar diciendo justo lo contrario, deberían estar diciendo: “Queremos ser parte de vuestra lucha y que seáis parte de la nuestra”.

Hablemos de los medios de comunicación. ¿Cómo están tratando los grandes medios estadounidenses los temas de feminismos?

La cuestión principal es que son militantemente anti Trump. Esto es lo más importante en cuanto a los medios tradicionales consolidados. Algunos tienen mucho que hacerse perdonar, especialmente el New York Times, que básicamente nos vendió la guerra de Irak en base a la mentira de las armas de destrucción masiva, y ahora intenta enmendarse y recuperar su credibilidad. Están investigando cualquier pequeña cosa sobre Trump para tratar de pillarlo. Su línea editorial es profeminista, lo que siempre ha querido decir feminista liberal, pero hoy buscan ofrecer un espectro de opinión algo más amplio. En esto no son los líderes, pero siguen el asunto, si hay algo importante, lo publican. El movimiento del feminismo del 99% en Estados Unidos no está para nada cerca del éxito del 8M en España. Nosotras somos más pequeñas y estamos más marginadas. Pero los medios empiezan a notar que algo está pasando en el feminismo. The New Yorker tiene mucho más mérito por la estupenda investigación sobre los abusos de Harvey Weinstein que realizó Ronan Farrow.

¿Y la televisión?

La televisión está completamente dividida por Trump. Tenemos un paisaje mediático polarizado, a todas horas, todos los días de la semana.

¿Los canales anti Trump apoyan el feminismo?

Sí, y están muy preocupados por la diversidad. Siempre tienen cuidado de tener a mujeres negras, a hombres negros, a latinos, mujeres queer… Todo está muy bien empaquetado, pero creo que su fuerza reside en su furia hacia Trump. Las distinciones entre un tipo y otro de feminismo palidecen y se vuelven insignificantes, y eso es un problema. Pero luego está la blogosfera, en la que puedes encontrar de todo. Y por supuesto las redes sociales. Trump es un mago de las redes sociales, especialmente Twitter. Pero Alexandria Ocaso-Cortez y la nueva generación de políticas de izquierdas feministas también. Así que hay un contrapeso desde ese lado.

El #MeToo, por ejemplo, empezó en las redes sociales.

Las redes sociales son importantes a la hora de que las mujeres cuenten sus propias historias. Pero hay que decir que fueron los periodistas de investigación los que de verdad consiguieron que las mujeres empezaran a hablar.

O sea que seguimos necesitando buen periodismo y periodismo de investigación.

Absolutamente, es extremadamente importante. Hay que distinguir el periodismo de investigación, que es esencial, de los tertulianos [talking heads] en el negocio de la opinión. Los programas de televisión 24/7 son bustos parlantes. El problema es que los periódicos no son rentables y muchos no han aprendido a usar su presencia online para crear beneficios. Con lo que han tenido que hacer recortes en el periodismo de investigación, lo que es una pena.

Para ir acabando, ¿qué papel deben jugar los hombres en esta nueva etapa feminista? ¿Qué posición deben tomar?

Mi definición es muy simple: eres feminista si crees que la desigualdad de género existe, si crees que no está bien y quieres cambiarla. Con esa definición los hombres pueden ser feministas, y eso no quiere decir que quiera que sean los líderes del movimiento. Es fantástico que en las manifestaciones del 8M en España hayan participado tantos hombres, eso es maravilloso, demuestra que el feminismo es un movimiento para la humanidad, no un movimiento para los grupos de interés. Estoy muy contenta de ver a los hombres apoyándolo y uniéndose. En tanto que es una lucha sobre la reproducción social, también quiere decir que los hombres feministas se comprometen a hacer su parte del trabajo de reproducción social. Estamos intentando cambiar la relación entre producción y reproducción y desgenerizar los trabajos reproductivos para que todos estén involucrados en el cuidado de niños o en las tareas domésticas.

¿Y cómo lo conseguimos?

No creo que pueda responder a eso. Pero crear este movimiento es el primer paso.

Fuente: http://ctxt.es/es/20190403/Politica/25374/nancy-fraser-feminsimo-trump-adriana-m-andrade-elena-de-sus.htm

LA ACTUALIDAD DE UNA DEMOCRACIA DE LA MOVILIZACIÓN Y DEL COMUN[1]

Alexandre Mendes

 

Introducción

Escribir en el momento en que todo parece confuso y el campo de las posibilidades de acción se muestra, como mínimo, turbio es un desafío. La tentación es quedarse apenas observando, dejar los días pasar, aguardar nuevas movilizaciones, a la espera de un instante de claridad y calma en el complejo campo de fuerzas que se estableció hace dos semanas. Con certeza, serian menos los errores y más ágil el pensamiento. La prudencia manda quedarse quieto y observar. En las propuestas de movilización y actividades callejeras, por un tiempo, gano terreno el mismo pensamiento. Sería tiempo de dejar el mar tormentoso y amorfo pasar, para después volver a remar en dirección a un lugar cierto y preciso.

Debemos correr el riesgo de actuar en el sentido contrario, escribiendo, tomando decisiones y proponiendo nuevas acciones, a partir, exactamente, del corazón de esta combinación caótica?

Creo que sí. Y el retorno de los encuentros para organizar nuevas acciones camina en la misma dirección. El tiempo está más acelerado que nunca y no conviene abandonar nuestra capacidad de conducirlo de forma virtuosa. Abandonemos el rigor disciplinar de la “buena conducta y análisis revolucionario”, dejémoslo de lado, en pro de una apertura a la experimentación y a la tentativa de esbozar pequeños, inestables, precarios, pero permanentes mapas de lucha y reflexión. Nada nos impide, mañana, arrugar el papel y arrojarlo a la basura, volvernos a la frustración de una acción no exitosa, hacia una nueva propuesta de acción. Seríamos imprudentes? Ahora bien, ¿no sería la prudencia, desde los griegos, el mejor antídoto para combatir el miedo y la cobardía al posibilitar la realización de conductas en medio de la sorpresa, el riesgo o lo contingente?

La cuestión, entonces, no sería “actuar o no actuar”, sino que como actuar en el interior del actual campo de disputas y acontecimientos. Este parece ser el tono de las discusiones que toman nuevamente las asambleas, plenarios, encuentros informales y eventos políticos. Nuestro esfuerzo, esta direccionado hacia ese mismo desafío. No pretendemos pontificar ninguna “solución” final o esbozar un manual de conducta. Nuestra tarea es apenas lanzar algunos puntos de reflexión, lineas de un mapa, que espero, colabore con las recientes movilizaciones.

La situación está mejor que antes. Salimos del consenso univoco y silencioso hacia el disenso generalizado y polifónico.

En el momento en que vientos pesimistas se aproximan, es preciso declarar que, a pesar de todos los riesgos, la proliferación veloz de las revueltas urbanas que tomaron el País nos coloca en una situación mejor que la anterior. El consenso que se había establecido a partir de la dinámica de los megaeventos, del neo desarrollismo economicista, del proyecto único de gobierno definido “de arriba hacia abajo”, estalló. El Brasil Mayor quedó destrozado en numerosos fragmentos lanzados en todas direcciones. En el campo político, estaba formado por un tejido de alianzas que paulatinamente fue cerrando todos los canales democráticos de disenso y forzando a las múltiples visiones y realidades a reducirse al “Uno”. No es por casualidad, que Rio de Janeiro fuera el laboratorio privilegiado de ese fenómeno. El poder político, económico y simbólico intento hacernos creer que éramos “Un Rio”, pero la ciudad implosionó-explotó de rechazando de modo salvaje la operación de reducción. La sumatoria de fuerzas, que fue presentada como solución a la crisis de la ex capital, se convirtió rápidamente en un “aplanadora” que atropellaba todo y a todos.

Por más que, en el humo de los escombros, el “Uno” esté intentando reafirmarse a partir del revés –la unidad del “pueblo” – la multiplicidad recuperó su capacidad de afirmarse políticamente y de constituirse como horizonte de lo posible. Nuestra tarea es evitar que ella sea nuevamente aplastada por un trágico encuentro entre el Brasil Mayor (en crisis) y el “gigante que despertó”. Urge la proliferación de instancias que multipliquen continuamente diferentes formas de vida y de expresión. Afirmar una paleta de mil colores que rechaza una sola bandera, garantizarnos el derecho al disenso contra todas las tentativas de reconstruir, en bases aún peores, el consenso que el actual ciclo de luchas destrozo. Todo indica que, y al contrario de las previsiones más pesimistas, ese camino se ha mostrado más adherente a las movilizaciones que las amenazas fascistas realizadas en las protestas anteriores (ahora reducidas a los patéticos manifestantes  que ocuparon una Av. Rio Branco vacía)

Los riesgos son nuevos, pero las oportunidades también. Saber aprovecharlas es uno de los desafíos más complicados e instigadores del actual hacer-movimiento. Y debe comenzar ahora.

 

El ciclo de luchas coloca en evidencia la centralidad del derecho a la ciudad. Estamos viviendo la primera huelga general metropolitana.

Que la insurgencia generalizada haya iniciado a partir de una lucha por el derecho a la movilidad no es mera coincidencia. Si antes la ciudad era el “soporte” para unidades de producción que determinaban diferentes usos del territorio según una lógica disciplinar-fabril, comercial o administrativa, en las últimas décadas lo urbano se ha constituido como el propio terreno de la producción y de aquello que es producido. Una producción social, difusa y permanente que no puede ser más separada de la llamada esfera de la “reproducción”, aquella que corresponde a la propia vida. Producción de lo urbano y de la vida urbana no solo coinciden en cómo se alimentan mutuamente. Las luchas que tradicionalmente fueron (y aun son) realizadas bajo el signo de las “condiciones de trabajo”, en lo urbano significan batallas a ser dadas en el campo de los servicios urbanos y sociales. La amplia aceptación de la población al movimiento de reducción de los pasajes y de las mejoras en el transporte público (inclusive “con disturbio”, asustando al populismo televisivo) no traduce nada más que la constitución de un terreno común de lucha, que es la “fábrica difusa” de la propia ciudad y sus servicios

Está declarada la huelga general del trabajo metropolitano! Las metrópolis pararan lo mismo que aquellos que habitualmente son colocados por los media como “victima de los trastornos” apoyaban enfáticamente la lucha que se volvió incontrolable. Lo que ya aprendemos de esta revuelta es que, así como los obreros de diversas “categorías”, los habitantes de las metrópolis pueden unirse y articular produciendo una acción conjunta de efectos impresionantes. Con las redes sociales (por que no la llamamos el nuevo ámbito sindical, sin excluir el tradicional) eso puede ser realizado en coordinación simultánea con centenares de ciudades, en Brasil y en el mundo. Fue lo que nosotros hicimos y aun suena increíble.

No hay que olvidar que las nuevas luchas en torno a la dignidad de la vida urbana incluyen el propio derecho de producir lo urbano, en la clásica y anticipada visión de Henri Lefevre. Poseemos instituciones que democráticamente permiten esa producción? Sin duda este desafío esta puesto, pero una cosa ya está determinada: la huelga metropolitana funcionó como un verdadero proceso “destituyente” de formas de governance de las metrópolis que monopolizan la prerrogativa de producción de lo urbano. La conquista de los veinte centavos representó una victoria inconmensurable porque arranco de las manos del gobierno y de las empresas el poder determinar, a partir de contratos sospechosos y gastos sigilosos, el precio de la tarifa. La demora y el rechazo de los gobiernos para anunciar la medida, así como de aquellos que deberían ser progresistas, comprobó que el movimiento se adentró en el área del avispero. Una grieta se abrió en las estructuras antes impenetrables de lo público-privado.

El desarrollo del proceso de lucha acusó a otro movimiento «destituyente», ahora referente a la urbanización VIP estimulada por la dinámica de los grandes eventos, pero también por la especulación inmobiliaria con sus arquitecturas falsamente exuberantes (que esconden en verdad una terrible miseria). La aceleración del proceso de expropiación de los bienes comunes, la imposición de una estética y de formas de vida elaboradas por el marketing previsible de las empresas, el cerco y la mutilación de espacios de alegría, de convivencia y de encuentro de los habitantes de la ciudad, la segmentación basada en la propiedad y la renta de los lugares de enriquecimiento despertaron paulatinamente un rechazo radical del modelo. El «estándar-FIFA», con sus zonas exclusivas y mayordomías selectivas, ostentadas al lado de servicios sociales degradados (salud y educación), está siendo severamente cuestionado hasta el punto de hablar que » não vai ter Copa». Y la calle, que, en la propaganda, debería ser la mayor grada de Brasil, justamente para albergar a todos aquellos que se volvieron súbitamente «sin-estadio», se transformó en el lugar de los nuevos enfrentados por otra forma de producir lo urbano. No sabemos, ahora, si las grandes movilizaciones callejeras, con cientos de miles de personas seguirán paralizando las ciudades y las mentalidades. El hecho es que estamos viviendo una desterritorialización del movimiento, con pequeñas protestas estallando en varios lugares al mismo tiempo. Las periferias y favelas, cuya participación muchos dudaban, fueron a la calle y abrieron la desigualdad del tratamiento policial entre clase media blanca y población negra y favelada. Es al mismo tiempo fabuloso y aterrador acompañar la movilización de las favelas. Una juventud valiente y virtuosa va a la calle pero las balas no son de goma. Posiblemente, en Río, esas protestas servirán para desnudar la violencia policial extrema, de una policía que estaba vendiendo al mundo la idea de «humanización», «pacificación» y aproximación comunitaria. Sea en lugares «pacificados» o no, la total incompatibilidad de la policía con la democracia se torna evidente. La continuidad de los movimientos nos colocará, por cierto, en una oportunidad única de desactivar esa máquina de matar. No podemos perder esa oportunidad.

 

  1. La huelga general tiene clase. Su nueva composición no está domesticada por la noción de “Clase C”

En los últimos años, varios analistas han comentado la urgencia veloz y significativa de una «nueva clase media», representada por la capa de la población que conquistó renta y nuevos espacios sociales en el contexto del Gobierno de Lula. Rápidamente, economistas, empresas y gobiernos comenzaron a diseñar nuevos moldes para ajustar a los nuevos consumidores en estrategias de venta y estímulo al «emprendedurismo». La periferia, y sus mediadores, adquieren una nueva centralidad, denominada por Marcelo Neri como «el lado brillante de los pobres». Como la metáfora indica, se imaginó que la nueva «Sierra Pelada» podría ser excavada pacíficamente dando buenos frutos a todos los que hubieran leído el libro Misterios del Capital de Hernando de Soto y colocado en la cabecera. Pero no sólo el capital, también la «clase» tiene sus misterios. Uno de ellos es que la clase, lejos de ser definida por rasgos sociológicos, es engendrada continuamente por las luchas. La actual huelga metropolitana, así, funciona como un dispositivo que, al mismo tiempo, es resultado de esa nueva composición de clase y funciona produciendo esa clase. Esta producción es aquella correlata a la propia producción del urbano y sus múltiples centrales. No es por casualidad que al principio de las movilizaciones encontrábamos la expresión más potente de los nuevos personajes que entraron en escena: los jóvenes que conquistaron nuevos espacios sociales (entre ellos la universidad), nuevas condiciones de desear y luchar, y que también atraviesan y componen diversas formas de organización política. El terreno de disputa de ellos es la ciudad, sus usos y sus posibilidades. Una fina y casi invisible articulación, con el tiempo, fue siendo tejida hasta que la reducción de la tarifa se colocara como punto de encuentro de las muchas y variadas dimensiones de esa nueva composición. Los jóvenes gritaban consignas, los señores de edad, los padres y las madres, aplaudían. La clase C que estaba para ser domesticada por el consumo, la policía de pacificación y la formalización autoritaria, entró en un proceso rápido, intenso e insurgente de hacer-multitud.

La huelga metropolitana, entonces, puede servirnos para una amplia revolución y reflexión sobre las políticas destinadas a la domesticación de la clase que se instituye en el proceso de lucha. En los procesos de «integración» soñados por los ideólogos del Ayuntamiento de Río, por ejemplo, se imaginó que la «nueva clase media» adentrar en el sector de servicios de manera pacífica y ordenada, incluso con su prestación pésima y sus tarifas altísimas. Se pensó que los jóvenes (y antiguos comerciantes) desearían ser nuevos emprendedores de la ciudad-empresa. Que los habitantes de la favela deberían ser removidos para emprendimientos de Mi Casa, Mi Vida, para tener una vivienda digna. Que para trabajar, los ambulantes necesitaban ser regularizados y disciplinados a partir de puntuaciones estúpidas y determinaciones serviles. Que los jóvenes que producen cultura, nuevos medios, tecnologías y lenguajes, deberían ser controlados por los recientes museos de la Fundación Roberto Marinho y por las baboserías de la «ciudad creativa». Pero ellos no quieren nada de eso. Quieren producir lo urbano a partir de formas de sociabilidad autónomas, horizontales y democráticas. Y, para ello, hay que conquistar más derechos, servicios urbanos, espacios, libertades y apropiarse de mucho más riqueza de lo que la promesa de crecimiento gradual ofrece.

Mucho más que una sociológica nueva clase media lo que estamos viendo es la constitución de la clase como producción de subjetividad: una construcción política que resiste a todas las estadísticas. La intensidad de la producción explica cómo puede haber un extraordinario levantamiento insurreccional en un ambiente que era visto como consensual políticamente y estable económicamente. Los determinantes objetivos se demuestran inofensivos precisamente porque no percibieron la dimensión ontológica, radical y productiva de la nueva subjetividad. Los tecnócratas neoliberales, cada vez más adulados por los gobiernos del PT, no sólo no entienden ese fenómeno, como insisten en políticas que, si no son inútiles e ineficaces, son verdaderamente anti-democráticas. Una economista carioca, que ocupa un lugar destacado, llegó a imaginar que la combinación entre el mercado financiero y el tercer sector podría presentar proyectos dichos sostenibles para la favela. Pero están todos quietos y asustados ahora. Y hay que aprovechar la ola de protestas para ajustar las cuentas y sustituir a los teóricos de la domesticación por nuevos cuadros que comprendan en su dimensión virtuosa y salvaje el trabajo y el deseo de la multitud. Lo que parece claro es que neoliberales y neo desarrollistas han sido desafiados por una doble negación: la del Brasil Mayor que gradualmente transformaría a la clase que lucha en «clase media» a través de un programa de estímulo al crecimiento y pleno empleo y con la homogeneización del crédito y del consumo; la de la ciudad-empresa que la integraría a partir de la dinámica de los servicios (ineficientes y caros), del emprendimiento cultural, terciario y creativo. Los megaeventos deberían pavimentar ese puente y conectar los nudos de las metrópolis-empresas en la gran red de Brasil Grande. Pero todo eso está colapsando… Y lo que aparece ahora en contornos reales es tan sólo la crudeza de la violencia de la política y de los gobiernos.

 

  1. Evitar las identidades, hacer crujir la forma-partido

En el último fin de semana (22 de junio de 2013), el que recorrió las reuniones del campo progresista, percibió que en algunos militantes había una voluntad subliminal o expresa, tal vez justificada por el miedo y la incertidumbre, de que todo volviera a lo que era antes. «Al menos no teníamos el riesgo del fascismo y nuestras banderas no eran atacadas». Algunas propuestas eran bastante reactivas, como la formación de un «frente» para defender los colores, tradiciones, banderas y protocolos del movimiento de izquierda. Si el fascismo aparece como una situación tan problemática como minoritaria (espero!), Lo que, de hecho, llama la atención es la base social amplia que apoyó y transmitió las críticas a los mecanismos internos y externos de los partidos políticos[2]. La extrema derecha intentó surfear en esa ola, pero el hecho es que, aun cuando las protestas eran pequeñas, muchos militantes presentaban la preocupación por mantener la autonomía del movimiento y evitar una perjudicial cooptación. Y después de haber sufrido una injusta violencia (en los actos mayores), que fue apoyada por una intensa y sonora silbatina, los partidos políticos o se quedaron reactivos-identitarios o nunca más serán los mismos. La segunda opción parece ser la más prometedora, en el sentido de aprovechar nuevos agenciamientos colectivos que puedan atravesar virtuosamente en la llamada crisis de la representación, multiplicando ámbitos innovadores de organización y producción de lucha. El desafío parece ser, al mismo tiempo, evitar el desgastado vanguardismo, que irrita a tantas personas, y la cooptación oportunista de los flujos de movilización joven, como bien registró Giuseppe Cocco en el artículo «No existe amor en Brasil Mayor» (Le Monde Brasil, 2013 ), que precedió, en días, al poderoso levantamiento democrático que estamos viviendo. Ni el partido-fábrica, con sus gerentes, cuadernos de orden y disciplina, ni el partido-finanzas, con la cooptación móvil y flexible de los flujos producidos autónomamente por la lucha. ¿Será posible reinventar a los partidos de izquierda en la dirección de una especie de tela rizomática, que permitiría la libre y potente expresión de varios puntos o nudos articulados e insurgentes? Esta es una cuestión que, en mi opinión, está planteada por el actual ciclo de luchas.

 

  1. Mantener el poder constituyente de la movilización: producir el comum

De la misma forma que, en quince días, salimos del consenso silencioso hacia el disenso generalizado, también realizamos una profunda mutación en la pauta política oficial. En un gobierno tecnócrata y frío, que nunca o muy poco escuchaba a los movimientos, y que sólo entonaba los términos modernización, enfrentamiento de los cuellos de botella, exportación, crecimiento del PIB, grandes emprendimientos, etc., conseguimos introducir una nueva gramática y el retorno de la palabra política, anunciada como objeto de reforma. La centralidad de los derechos sociales y la relación entre movimientos/movilizaciones sociales y gobierno volvieron a la agenda de la Presidencia, aunque todo sigue siendo una incógnita. La reforma política anunciada por la vía de la constituyente exclusiva, ahora sólo por plebiscito, está lejos de ensayar cualquier solución para el impasse, pero tampoco debe descartarse como apertura para nuevas reflexiones y acciones. El problema jurídico era esperado y el constitucionalismo revela su principal y cómico límite: la incapacidad de lidiar con las transformaciones sociales y el poder constituyente de las calles, siempre relegados (y pesimamente estudiados) al momento pre-constitucional e institucional. De ahí el vaivén de las opiniones jurídicas y los límites de la técnica constitucional moderna. Si es fácil afirmar que el constitucionalismo es el triunfo contra las mayorías para que los derechos fundamentales no sean violados, mucho más difícil es concebir una constitución abierta a las movilizaciones radicalmente democráticas y que no se presenta como una piedra en nuestro camino. Esta es otra tarea de las luchas, y que debe sacar a los juristas de su confort repetitivo y solemne.

La cuestión central, por otro lado, no parece ser promover un aggiornamento institucional de sesgo democrático (aunque esto es recomendable e importante) que simplemente responda a la movilización. Algo pensado como una especie de remedio para curar nuestra voluntad de ir a la calle. Cualquier respuesta planteada en estos términos presupone un deseo de cerrar el proceso, concluir las insurrecciones. Pero, por el contrario, el tormentoso, emocionante y necesario desafío parece ser pensar la propia democracia como una apertura permanente a la movilización y a los procesos instituyentes. No operar respuestas reactivas, sino promover espacios políticos permanentes que puedan mantener la relación entre movilización y gobierno como un proceso de textura abierta. En este sentido, la mejor «solución» que el gobierno puede tener ante las protestas, es tomarlos como un verdadero arte de gobernar: forzar el aprendizaje, dejarlos penetrar, dejarse afectar constantemente, permitir el atravesamiento, crear una pedagogía de la insurgencia que pueda calentar la máquina que gobierna, fríamente, los asuntos públicos. Se sabe que militantes, intelectuales y políticos se dedicaron desde los años 1980 a pensar, en general, una democracia participativa y descentralizada, de bases locales o no, que privilegiase el acompañamiento de la población interesada y afectada en las políticas implementadas por el Poder Público . Y así se imaginaron algunos importantes capítulos de la Constitución Federal y legislaciones que tratan de la salud (SUS), de la ciudad (Política Urbana, art. 182, y el Estatuto de la Ciudad), de la cultura (la reciente «PEC de la cultura») y de la cultura, (LDB y FUNDEB). Esta partitura de ámbitos institucionales expresa, sin duda, el resultado de las movilizaciones que ayudaron a democratizar a Brasil y lucharon contra el estado centralizado y burocrático de la dictadura militar.

Sin embargo, los mismos sujetos citados arriba son, hoy, aquellos que más critican e identifican una crisis o un impasse en la efectividad y la eficacia de esos instrumentos de democracia participativa. ¿De qué forma las recientes movilizaciones pueden ayudarnos a romper esa crisis? ¿Es posible pensar en una democracia basada, no sólo en la participación, sino sobre todo en la movilización? Una democracia que animará o transformará las instancias participativas en verdaderas movilizaciones institucionales de carácter permanente? Sería, sin duda, presuntuoso querer dar una respuesta a esta cuestión. Si bien es cierto que la proliferación de instancias sin el instituyente, o sea, de ámbitos que se han vuelto falsamente democráticos, forma parte de las innumerables razones de las luchas actuales, la posibilidad de mantener una transformación constituyente, que no se confunde con la reforma , sólo puede ser dada por el propio movimiento. Entre las numerosas trampas montadas para vaciarlo, existe la de la dicotomía entre público y privado. Si la crisis del Estado Social lleva consigo progresivamente la existencia de los servicios estatales, que eran movidos por grandes bloques de representación política y por fuertes inversiones e instrumentos fiscales, el reajuste neoliberal que, en Brasil, a partir, principalmente, de 1995, colocó en la agenda el llamado «Estado regulador», basado en la expansión de las concesiones y permisos al sector privado, arrojó las políticas públicas en un agujero negro de negociaciones cerradas, escasas y antidemocráticas. La regulación pública autónoma, la prometida eficiencia y regularidad de los servicios, la modicidad de las tarifas y la seguridad del usuario no sólo se convirtieron en mitos, sino que comenzaron a generar un sentimiento justificado de revuelta e indignación en la población. De ahí que la doble crisis exige no sólo la apuesta en la participación, sino la imaginación de servicios que, además de los estatales o privados, sean servicios comunes. Es la hora de romper las subordinaciones que los usos y los bienes comunes poseen con respecto al Estado y al Mercado y afirmar nuestra capacidad de gestionar los servicios a partir de formas compartidas y radicalmente democráticas que caminan paso a paso con la producción social y común de lo urbano. Lo que el movimiento por la Tarifa Cero muestra de interesante es que los costos para viabilizar la cobranza pública o privada de las tarifas son altísimos y acaban por bloquear la producción del común urbano por la inmovilidad. ¿No sería esa la discusión que se da en diversos campos que plantean la expropiación de lo común como uno de los problemas centrales del capitalismo contemporáneo? El saqueo realizado en las redes de la cibercultura, en la producción de saberes, en las tierras y bosques, en los recursos ambientales, en el propio lenguaje, en las formas contemporáneas de trabajo y en nuestros modos de vida. El patrón-FIFA es una auténtica máquina de expropiación de las pasiones, del deporte, de la cultura y de los comunes urbanos. Que hayamos vivido un poderoso levantamiento, uno de los más grandes del mundo, contra esas formas de apropiación es de hecho increíble.

¿Cómo realizar políticas comunes? Sabemos que para hacer efectivo de manera justa la tarifa cero necesitaríamos suponer que todo el presupuesto público y toda la facturación privada, es decir, toda la riqueza producida de forma común, pueda abrirse hacia un amplio debate de opciones, elecciones y decisiones compartidas . «Queremos las planillas y queremos decidir ahora sobre ellas». Vean que todas las instancias de decisión y todo el resultado de la producción deben abrirse en el mismo movimiento. Lo que se denomina caja negra de los transportes es exactamente el punto neurálgico de la relación público-privada que alimenta la expropiación de la producción urbana. Se puede imaginar una implosión de todas las cajas negras que están plantadas y que funcionan como saqueadoras de la producción del común urbano (en la salud, la educación, las obras públicas, la construcción civil, los emprendimientos inmobiliarios, los servicios, las empresas tercerizadas, las relaciones de trabajo, el ocio, el turismo, etc.)? Podríamos pensar su sustitución por cajas del común, por las cuales la multitud retoma la capacidad de decidir sobre las políticas públicas y retoma la riqueza producida en común. De hecho, no estamos hablando de un «grado cero» de la política. El común ya está dado y ya existe en la producción de una gama infinita de organizaciones urbanas, movimientos sociales, compromisos comunitarios, informales, redes metropolitanas, ámbitos de discusión, proposición y reflexión, institucionalidades abiertas, foros públicos y expresión singulares de los habitantes de la metrópolis. Lo común no es sólo el resultado de la producción de lo urbano, sino también su propia producción. Adoptar la pedagogía insurgente y la fuerza de las movilizaciones como arte de gobernar es abrir la esfera de decisión para ese repertorio sin fin de actividades e iniciativas difusas y entrelazadas. Los proyectos alternativos de la Vila Autódromo, del Horto, de la Providencia, la contra-agenda que las favelas ponen a las UPPs, las discusiones sobre la línea 04 del metro y el modelo de transportes, las formas democráticas existentes de prevención del riesgo en las laderas, el trabajo de los ambulantes y precarios, las alternativas pedagógicas en la educación, la producción de nuevas redes de cuidado y de control democrático en la salud, los foros que buscan una apertura en el monárquico sistema de justicia, las redes de comunicación autónomas y de medios libres, son algunas expresiones colectivas y singulares de esa producción que busca incesantemente nuevas instituciones democráticas. En este sentido, la movilización de junio de 2013 puede considerarse una movilización de lo común. Los reclamos por una pauta única no tienen más sentido aquí. Y también perdieron el sentido aquellas pautas específicas que presuponen que la vida urbana sea separada en cajones distintos e incomunicables. Lo que tenemos de especial es una multiplicidad de pautas, de exigencias y de posibilidades que afirman la dimensión común de lo urbano, aquella que no se reduce ni a los fragmentos de las políticas sectoriales, ni a la unidad de las políticas prioritarias. «Queremos todo y ahora», afirman los jóvenes que están violentamente pacíficos en las calles y que han sido aplaudidos por la población. Conectando ese deseo de transformación a nuevas instituciones del común, encontrar una democracia de las movilizaciones que invierte radicalmente las estructuras políticas existentes, son desafíos riquísimos que, a mi ver, el movimiento tiene por delante. Y no estamos hablando de una utopía distante por la que debemos soñar y dirigir cándidamente la mirada. Se trata simplemente de producir nuevos ámbitos políticos adecuados a las formas de vida que ya estamos viviendo. Por eso, la alternativa no está ni más allá, ni menor, de la actualidad. Romper las limitaciones, irrumpir lo que ya somos y producir la actualidad de lo real, he aquí una agenda vibrante para los próximos días.

 

Traducción del portugués: Santiago De Arcos-Halyburton

 

[1] Publicado originalmente en la web de la  Universidade Nômade el 26 de Junio de 2013. Disponible en: http://uninomade.net/tenda/a-atualidade-de-uma-democracia-das-obilizacoes-e-do-comum/

[2] [N.A] Podemos concluir, entonces, que en esta reunión, realizada después del acto del dia 20 de Junio de 2018, ya estaban dadas las lineas de restauración de parte de la izquierda que se fortalecerían en los años siguientes.

LA GRAN PREGUNTA NO ES: El nazismo es de izquierda?

LA GRAN PREGUNTA (la verdadera) es: las FAKENEWS son de derecha?

Por Giuseppe Cocco

He aquí la trampa: cuando la izquierda –por haber sido descubierta con las manos en la cumbuca[1]– dice que LAVA JATO es un error, ruin, Cabral un gobernador perseguido, que el triplex “no es de él”, que Maduro es un defensor de la democracia y el impeachment un golpe y la sublevación de Junio de 2013 una operación de la CIA… o sea, cuando la ex˗quierda es la mayor fuente de fake news es “fácil” para la derecha hacer exactamente la misma cosa, simétricamente, nadando de brazada en la falsa polarización producida por el Lulismo en sus más diferentes versiones, siendo el “voto crítico” lo más Fake.

La fake news más inquietante  no esa bobería de que el nazismo fue de izquierda (basta preguntar a los judíos que eran comunistas o socialistas y que combatieron junto a los movimientos de izquierda en la resistencia al nazi-fascismo –ni a la degeneración antropológica de derecha israelí conseguirá apagar esa realidad)

Lo que inquietante es que los mismos que transformaron un impeachmente en “golpe” (de manera irresponsable) querían después hegemonizar las justas manifestaciones contra las conmemoraciones del verdadero golpe promovidas por el nuevo poder que esa irresponsabilidad nos legó.

Entonces, el Nazismo es…la fake news de las fake news…

Cuando el presidente del Brasil dice que “el nazismo era de izquierda”…esta simplemente repitiendo la operación que el nazismo hizo… es muy simple, sin embargo innovador (tristemente innovador es ver eso aconteciendo en el museo del Holocausto).

Lo que la Alt Right hace es solo renovar y utilizar los métodos que eran del nazi-fascismo: el Nazismo (y el fascismo tambien) fue una de las primeras mega-fake news. La innovación esta en afirmar la Fake News (el nazismo era de izquierda) arriba de otra Fake News (el socialismo –que siempre fue internacionalista- subordinado al nacionalismo)

El Nacional-socialismo (Nazismo) organizó un movimiento de masas anti-izquierda y anti-liberal (anti-democrático, anti-obrero, anti-socialista, anti-comunista … y anti-semita) sobre la base de una mega FAKENEWS, una de las primeras y tristemente más exitosas: al paso que el ex militante socialista –Mussolini- utilizó la simbología de la Roma antigua- el partido de Hitler unió “nacionalismo” y “socialismo”, explicitando la propuesta : tomar las reivindicaciones sociales (socialistas) y subordinarlas al nacionalismo: Alemania sobre todo… las conquistas sociales serian nacionales, de subordinación de los pueblos inferiores a una raza aria que sería purificada de sus elementos impuros (judíos, gitanos, enfermos mentales)… y sabemos dónde fue a parar.

Ahora, las Fake news nunca son totalmente fake: porque ellas utilizan algunos elementos verdaderos y porque ellas tienen un público que las quiere como verdaderas. En los años 1930, la izquierda mundial tuvo que encarar esta triste realidad del nazismo ganando las elecciones en Alemania, cambiar de gobierno, afirmarse como poder absoluto y… HACER UNA ALIANZA CON LA URSS DE STALIN: socialistas, activistas obreros, comunistas fueron de este modo masacrados en los Gulags soviéticos y en los Campos de trabajo que el nazismo habia imitado de la URSS (uno de los primeros fue el de Dachau, cerca de Munich).

La relacion entre Prestes y Vargas no podría ser más tristemente emblemática de ese nudo que opone y une a la ex˗quierda a su verdugo: el hecho de que Vargas haya entregado a su esposa –comunista y judía –  a los nazis, no impidió que Prestes después se solidarizara con Vargas…en nombre del… nacionalismo. El que Vargas haya sido un nacionalista integralista (simpatizante del nazi-fascismo hasta cambiar de vereda cuando ese parecía estar derrotado) no impidió a la izquierda brasileña declararse varguista y nacionalista (existe un libro que compara a Lula con Vargas editado por la intelectualidad petista)

En la repetición actual, es la misma cosa que se repite: la ex˗quierda que nos llevó a la victoria electoral de Bolsonaro y quiere ser la defensora de la democracia, en realidad defiende la dictadura de Maduro. El activismo democrático es considerado enemigo por los dos!! Las fake news alimentan a las fake news… el agujero ya se transformó en abismo y estamos apenas en el inicio…

LA RESISTENCIA, SIN EMBARGO, CONTINUA, HASTA EN LAS PLAZAS DE ARGEL!!!

Traduccion del portugues: Santiago De Arcos-Halyburton

[1] Olla, recipiente, cuenco, “lata”, es decir metiendo la mano para defraudar dineros públicos o recibir coimas.

Constitución y excedencia (prólogo al libro Marx y Foucault, de Toni Negri)

Por Diego Sztulwark

  1. Una escritura salvaje

La experiencia de Toni Negri se funda en una decisión biográfica, intelec- tual y política que afecta por completo su escritura: el ser es excedencia y constitución. Lo que es se da como apertura y producción. Si hay violencia en la ontología se debe a la ruptura que el ser opera respecto de toda medida impuesta. La vivencia de lo real es la del disfrute de la materia y del cuerpo, la alegría del fenómeno y el despliegue de la desmesura dentro de y contra los límites que supone toda síntesis dialéctica. Esta decisión inicial se despliega en una serie de oposiciones generativas: potencia contra poder, singularidad contra individualidad, dinámica constituyente contra fijación, expresión contra representación, antagonismo contra antítesis, anomalía contra normativización, común contra privado-público, his- toricidad contra teología, desborde contra adecuación. Siendo proceso abierto, el ser o lo común solo existe como aquello que debe ser construido y verificado en el plano de la historia efectiva, a lo largo de una vida, a través de unos textos, por medio de una praxis.

¿Cómo procesa la prisión, la frustración de los proyectos colectivos un comunista de esta índole? Según sus palabras, sosteniendo el deseo de “mantener más allá de la derrota una verdad que de lo contrario habría desaparecido, y una lectura del destino político de mi generación que de lo contrario habría sido falseada por la represión”. Había una línea fuerte que defender, una potencia producida por una pasión. Así comienza Historia de un comunista, su autobiografía. El problema que atañe a Negri es el siguiente: ¿es convincente el dispositivo existencial, intelectual y político que le permite investigar la productividad del ser –la irreversibilidad del tiempo y la determinación histórica– soportando el peso de una profunda derrota? Gombrowicz escribió en su Diario argentino que los comunistas le causaban una doble impresión: le fascinaba la lucidez crítica de su diagnóstico del presente y lo irritaba la puerilidad que se apoderaba de ellos cuando describían el tiempo de la emancipación por venir. Crítica y utopía como momento fuerte y débil. Este libro pretende romper ese tipo de teleología blanda, crítico-profética. Captar este esfuerzo es imprescindible para leer a Negri. Su creencia en el movimiento de la historia surge de una razonada conversión personal –realizada sobre la base de una temprana adhesión al inmanentismo bruneano– desde la militancia cristiana al materialismo comunista. Esa conversión fue intelectualmente intensa y dio como resultado una articulación origi- nal entre ontología e historia que intenta problematizar y resolver la relación entre necesidad y contingencia, crisis e innovación, decisión y estructura. En Marx y Foucault se retoma esta labor articulatoria a partir de la tensión específica que se plantea entre determinación y subjetivación: Marx es el nombre de la determinación real e histórica (el hoy); Foucault, el de la subjetivación, la creación de dispositivos de apropiación creativa y de apertura de nuevos horizontes (el mañana): Marx es el ahora, Foucault, el porvenir. La propia noción de horizonte es tratada de un modo anti-utópico: nada abajo, nada arriba. Solo es- pacio para el juego conflictivo de las fuerzas. El comunismo de Negri, despojado de trascendencia y nostalgia, se da como el conjunto de las percepciones y afecciones que se experimentan dentro y contra el poder. Excedencia y constitución son las categorías principales de la dia- léctica negriana en la que el Uno se divide en dos. Siendo la ambición de lo Uno desafiada por el movimiento de una diferenciación interna y antagonista. Lo Uno sueña que persiste igual a sí mismo (régimen de la representación) mientras resulta socavado-desbordado por un movimiento de constitución que rompe y va más allá de toda mistifica- ción (régimen de la expresión). ¿Qué mistificación? La que conduce el monismo hacia lo Uno. Porque el ser no es Uno, término substancial, homogéneo y permanente, sino relación, multiplicidad, dinamismo productivo. Excedencia y constitución son los rasgos fundamentales de una ontología materialista del devenir que se localiza en el nivel de los cuerpos, de los afectos y de los conocimientos, es decir, en el nivel de una vivencia común continuamente enriquecida de interacción de las singularidades. El carácter concreto de esta experiencia da su sentido particular al léxico negriano: historicidad, fundación, investigación, crisis, tendencia, común, composición y apertura.

2. El método de la autonomía

La obsesión central de Negri ha sido siempre el método: cómo aferrar lo real. ¿Qué nociones permiten agenciar, en el plano de la historia y de la acción política, esta manifestación de excedencia –que se impone como determinación efectiva– en términos de una nueva constitución, es decir, de apertura de nuevos horizontes subjetivos, ético-políticos? La primera resolución es spinozista: el método es insurreccional, determinista y abierto. La excedencia como generosidad de la diferencia se expresa como potencia que anima y explica la composición constituyente de las singularidades. La segunda será un historicismo absoluto, la exigencia de elaborar las categorías capaces de operar una comprensión y una transformación sobre la realidad. En Negri, esta exigencia historicista está dominada por la experiencia de su militancia en el autonomismo obrerista, corriente fundada en los años sesenta por Alquati, Panzieri y Tronti en torno a la subjetividad del trabajo vivo en la fábrica (rechazo a la explotación, autonomía de la lucha por el salario, reapropiación de la tecnología, coinvestigación obrera), núcleo central de lo que Negri llama “la diferencia italiana”. Este es el énfasis de Marx y Foucault. Se trata de aprehender sobre el terreno de la historia la dimensión ontológica y práctica del antagonismo a partir del surgimiento de deseos organizados en luchas concretas, en las que se forjan conocimientos, afectos, modos de vivir. El método es, en tercer lugar, entonces, investigación militante o coinvestigación en el plano de las luchas, atención analítica y creación de conceptos a la altura de este ensamble antagonista entre ontología e historia, excedencia y constitución, determinación y subjetivación. Lo que la investigación persigue es una completa recomposición de la razón bajo los efectos –aprendizajes– de los deseos comunes que emergen en las luchas (Negri las llama “mutaciones antropológicas”). El instrumental autonomista se vale aquí de dos nociones operativas: composición técnica y política del trabajo. El método es, en cuarto lugar, un composicionismo: deduce la determinación y la subjetivación obrera de las mutaciones de la composición orgánica del capital (trabajo vivo que produce valor sometido a trabajo objetivado que lo conserva y que es utilizado como dispositivo de explotación). Al investigar el proceso de producción de capital desde abajo, como una relación conflictiva cuyo dinamismo fuerza la mutación de la composición orgánica, se distinguen las figuras anticipatorias del trabajo según una dimensión técnica que remite a la determinación objetiva (la relación con las máquinas, las disposiciones laborales, las cualidades puestas en juego en el proceso de trabajo), y según una dimensión política (que refiere a la subjetivación, a los procesos de autonomización, de organización, de reapropiación).

El método entonces tiende a profundizar en la dinámica real y concre- ta de la lucha de clases. Lukács, Merleau-Ponty, Kosík. La insurrección adquiere rasgos concretos en la composición técnica y política de la clase obrera. En la época actual, definida por el pasaje del obrero masa al obrero social, cuando la subsunción del trabajo vivo en el capital es completa y la explotación se extiende al conjunto de la actividad social, la composición técnica se define por el hecho ultra-significativo de la aparición del sujeto maquínico, que apropiándose de cuotas de capital fijo, es decir, de medios de producción, adquiere una composición política que tiende a la autonomización de la cooperación productiva respecto del mando del capital. Composición técnica y composición política definen, en el pasaje del fordismo al posfordismo, un nuevo concepto de clase que Negri llama multitud. Este nuevo concepto de clase se caracteriza por su inclinación a valorizarse a través de conexio- nes cognitivas, lingüísticas y afectivas que escapan (excedencia y fuga) al consumo del capital. Esta valorización autónoma es creación de subjetividad. El antagonismo viene dado, entonces, por la resistencia que en este contexto oponen los modos de vida a la traducción del valor en valor capitalista. Cuando esta resistencia deviene bloqueo del proceso de la acumulación de capital, cuando el carácter excedentario del trabajo inmediatamente social ya no se deja capturar por el coman- do del capital, la crisis se convierte también en posibilidad de crear representaciones, traducciones e instituciones no capitalistas del valor socialmente producido.

El método deviene diagnóstico y política. El diagnóstico se revela dispositivo productivo. En la época de la subsunción real de la sociedad en el capital –predominio de la plusvalía relativa sobre la absoluta–, cuando el conocimiento deviene fuerza productiva tendencialmente dominante, el antagonismo se da sobre el inmediato plano de lo social (la vida, los modos de vida), de tal manera que ya no es posible dis- tinguir antagonismo social, lucha de clases y ciencia política. Cuando la productividad del trabajo es la actividad colectiva (virtuosismo del lenguaje, de los afectos, del conocimiento, de los cuidados, de la comunicación) capaz de reapropiarse de segmentos de los medios pro- ductivos y de profundizar en concreto su deseo de autonomía dentro de la fábrica social (por medio de las luchas del trabajo metropolitano en todos los planos de la existencia), la exigencia de renovación del método se agudiza y necesita corroborarse en el plano de la organiza- ción de lo que Negri llama lo “común” (y que hace corresponder con la “biopolítica” foucaultiana).

La importancia de la dimensión metodológica se corrobora no solo en la práctica de la co-investigación y en la experiencia de la política sino también en la polémica y en las enemistades filosóficas de Negri: su relación con la dialéctica hegeliana, a la que adhirió de joven (Negri fue traductor de Hegel y autor de Estado y derecho en el joven Hegel, nunca publicado en español) y a la que reprocha su racionalización idealista de los procesos reales y una solución reaccionaria de las oposiciones reales (de clase), por medio de una mediación sintética que reúne y limita; su ambigua reacción ante el diagnóstico de los pensadores de la Escuela de Frankfurt de una sociedad alienada, completamente reorganizada por el mando del capital, y una dialéctica en suspenso o negativa, que Negri reconstituye críticamente mediante la exaltación de la noción marxiana de la subsunción real de la sociedad en el capital y también de la distin- ción entre biopoder y biopolítica en Foucault, que le permite admitir la hegemonía del capital reabriendo al mismo tiempo la asunción de un espacio de antagonismos y crisis; su rechazo terminante del pesimismo ontológico heideggeriano, asociado a una ética impotente y a una des- activación de la praxis, que se vuelve contra las tecnologías bloqueando toda comprensión de los procesos de reapropiación de la máquina por el trabajo; su rechazo práctico de la llamada “autonomía de lo político” tal y como la formuló el pci a partir de Togliatti y que abrió paso a la política del “compromiso histórico” como apuesta a la participación en el control del aparato del estado, que reduce lo político como un ejercicio del poder soberano sin atender al problema de los valores, es decir, a la continuidad de la representación del valor trabajo como valor capital, cuestión medular que lleva a Negri a realizar una lectura izquierdista de Foucault, acentuando el dominio de las micropolíticas (el juego cualitativo que se da en el plano de las relaciones sociales), y nos lleva a nosotros, lectores sudamericanos, a reflexionar en la reducción de lo político sobre lo estatal realizada por los gobiernos llamados progresistas; por último, las refutaciones a los más importantes filósofos actuales tales como Bruno Latour (cuya antropología de la vida afirma una cosmo- política que anula, según Negri, la historicidad biopolítica del mundo), Rancière y Agamben (pensadores de lo político como sustracción, en los que se debilita la dimensión histórica y se disuelve el peso de las singularidades) y, sobre todo, Alain Badiou, cuyo platonismo sería una reacción contra la materialidad de la lucha de clases, el comunismo una idea y la noción de acontecimiento una formalización de la ruptura que rechaza toda inmanencia con la materialidad del antagonismo.

3. De la renta al fascismo

El método aspira a captar lo real, es decir, el modo en que la actividad humana crea valor, pero también el modo en que el capital se repre- senta ese valor (el modo en que se lo apropia), y el antagonismo que mediante la lucha del trabajo vivo anticipa las nuevas figuras subjetivas.

La secuencia podría formularse así: en primer lugar, dar con la exce- dencia; en segundo, comprender las formas de explotación (siempre conectadas con las formas de dominio); y finalmente, determinar el antagonismo hacia la autonomía. La investigación muestra hasta qué punto la actividad productiva se extiende al conjunto de la actividad humana (poniendo en el centro el conocimiento y el intelecto general del que habló Marx); verifica el pasaje por el cual la vieja clase obrera cede lugar a nuevas formas del trabajo y a la cooperación social, esparcida ahora al conjunto del territorio y la vida (biopolítica); se esfuerza por comprender los modos de explotación capitalista sobre las conexiones afectivas, intelectuales, lingüísticas; y elabora hipótesis antagonistas sobre las tendencias autonomistas de los modos de vida.

¿Qué resultados arroja hoy la investigación? En primer lugar, la nue- va figura del trabajo inmediatamente cooperativa (social, cognitiva), ligada a la máquina, extendida al territorio; en segundo lugar, el papel del capital financiero como representación del valor, que se despliega a partir de las funciones del dinero como medida, comando y control de la actividad social y de la renta como dispositivo privilegiado de apro- piación de plusvalor (y, por tanto, de creación de clase dominante); en tercer lugar, las luchas por el salario social, la reproducción y la creación de modos de vida que exceden los dispositivos financieros de captura y bloquean la acumulación generando crisis continuas.

Esta comprensión del capital financiero como modo específico de acumulación se enfrenta a la comprensión habitual de la crisis como oposición de una figura “mala” del capital (las finanzas como especu- lación parasitaria) frente a una “buena” (el capital como desarrollo, industria), y recupera la correlación entre lucha de clases y crisis. Según Negri, hay un tejido inmanente entre nuevas figuras productivas y he- gemonía de las finanzas. Pero se trata de un tejido complejo y opaco. A diferencia del patrón metido en la fábrica, el comando financiero no organiza la producción sino que explota la cooperación. La ganancia deviene renta.

La crisis de la acumulación de capital es explicada por Negri por la presencia, en su interior, de la actividad cooperativa cuya demanda de un salario social y defensa del welfare tiende a la autonomía por la vía de la reapropiación de las condiciones de su auto-organización y auto- valorización. El carácter biopolítico de las luchas impugna la relación de representación tanto en el nivel político, el nivel de la legitimación electoral del estado neoliberal, como en el nivel de la representación capitalista del valor-trabajo al interior de la relación de la subsunción real. Esta doble impugnación está en el corazón de la crisis del neoli- beralismo y le impide consolidarse sin acudir a elementos del fascismo que apuntan a destruir la excedencia y a interrumpir momentos cons- tituyentes por la vía represiva (racismo, sexismo, clasismo).

El fracaso del llamado populismo de izquierda en constituirse en alternativa fuerte de lo neoliberal se sitúa exactamente en este punto. Su incapacidad de cuestionar la doble representación en la que se basa la hegemonía del capital se evidencia en la pobreza de las hipótesis sobre los usos posibles de las finanzas en una perspectiva de lo común, y en imaginar formas constitucionales que devuelvan poder de decisión a las figuras de la cooperación. Sin embargo este fracaso puede convertirse en una buena noticia si redunda en un nuevo alineamiento de alianzas y estrategias en el enfrentamiento con las élites neoliberales, si redunda en una nueva comprensión de la hegemonía como protagonismo de las luchas biopolíticas, si –a diferencia de planteos como el de Ernesto Laclau– la producción de hegemonía queda a cargo de estas luchas: en torno a la reproducción, las formas de reapropiación de las tecnologías (para que no queden del lado de la soberanía y de la acumulación), la defensa del welfare, la lucha contra el racismo, el sexismo, el clasismo y la invención de la infraestructura y los derechos para disfrutar el común.

4. Foucault para leer a Marx más allá de Marx

En Historia de un comunista, Negri describe la evolución de la academia europea como el ámbito en el que madura una filosofía reaccionaria y contrarrevolucionaria que decanta en la filosofía de Heidegger. Marx y Foucault opone una contrahistoria: la de la fragua de un nuevo materialismo filosófico que corona en los intelectuales del obrerismo italiano, en ciertos pensadores del postestructuralismo francés, sobre todo Michel Foucault y, junto a él, Gilles Deleuze y Félix Guattari. Nuevo materialismo quiere decir aquí reinmersión del pensamiento que surge en contacto con las luchas, (68 francés; 68-77 italiano). Una mención especial le dedica Negri a Mario Tronti, fue él quien le enseñó a concebir el trabajo vivo como subjetividad, auténtica singularidad de la italian theory. El nexo a identificar es entonces aquel que liga a Tronti con Foucault. A propósito, Negri cuenta que leyó a Foucault mientras escribía su trabajo Marx más allá de Marx. Y agrega que su lectura de Foucault fue particularmente cuidadosa de ciertas categorías de Gramsci (en concreto, sugiere cierta relación posible entre biopoder y “revolución pasiva”). Foucault representa para Negri una renovación del método: actualización de la ontología y reconocimiento de las nue- vas determinaciones, pero sobre todo comprensión del nuevo espacio de subjetivación de las luchas dentro de y contra un biopoder. Es ese proceso de subjetivación el que se acentúa en Negri, en polémica con una lectura de Foucault (sobre todo anglosajona) que anula la diferencia entre biopoder y biopolítica. Contra la presentación de un Foucault fascinado con los biopoderes neoliberales, Negri insiste en identificar en los últimos años de la enseñanza de Foucault el momento metodológico decisivo, que funda una versión fuerte y productiva de lo posmoderno, que capta el antagonismo al interior del capitalismo contemporáneo. Es forzando esta distinción, creando la noción de biopolítica, que se abre el espacio para reconocer y participar de las dinámicas de subjetivación de las determinaciones materiales. Si el biopoder es el medio en el que se extienden y explotan las nuevas formas de cooperación (la subsunción real desde el punto de vista del control de la vida), la biopolítica es el dentro, contra y más allá que permite captar la riqueza de las resistencias en cuanto que plus (reapropiación-autonomía-invención de modos de vida): excedencia y constitución.

4. Un príncipe para las micropolíticas

Marx y Foucault ayuda a plantear un nuevo concepto de lo político. La inspiración maquiaveliana de la política como división del campo social, como pragmática del deseo y como distinción entre poder y potencia (que está por detrás de la diferencia biopoder/biopolítica), funciona como polémica con la teología política de Carl Schmitt (la “decisión soberana” y la “excepción”). La noción negriana de antagonismo provee criterios materialistas capaces de retomar el dinamismo de la relación amistad-enemistad fuera de toda mistificación.

En torno al príncipe se juega, entonces, un nuevo momento del método: el de la construcción de la decisión por parte de la multitud. Se trata del momento de la organización, de la creación de los disposi- tivos que crean subjetividad, del paso del “en sí” al “para sí”. Con una salvedad fundamental: que este pasaje es fuertemente inmanente y se da en el interior del antagonismo. Es el momento de mayor creatividad del pensamiento de Negri, donde mejor se resuelve la continuidad entre su propia experiencia militante y su encuentro con Foucault. El príncipe como multitud se constituye en un pasaje fuertemente micropolítico, que implica inventar prácticas de neutralización y reapropiación de cada una de las tecnologías de producción que operan al mismo tiempo como tecnologías de mando (tecnologías, moneda, medios de comunicación). Así como Panzieri, Alquati y sus compañeros de los Quaderni Rossi enseñaron a Negri, a comienzos de los años sesenta, la práctica de la autonomía obrera, de la coinvestigación con los trabajadores de la Fiat como un instrumento directo de organización, y donde se trataba de comprender cómo el poder del capital sobre la clase obrera pasaba por el uso de la máquina como dispositivo de mando, pero también cómo sabotear ese comando, Foucault le ofrece las claves para actualizar el método de la coinvestigación/organización en el nuevo espacio de los biopoderes. El príncipe como multitud emerge en el pensamiento de Negri como forma política de expresión de los deseos de no ser gober- nados, rechazo al trabajo, apertura de modos de vida contra el poder soberano subsumido en los biopoderes.

Solo resta comprender cómo este nuevo maquiavelismo funciona dentro de la crisis de la democracia y el estado de derecho liberal (y esto es particularmente claro en América del Sur en las últimas décadas), es decir, buscar las conexiones internas entre el papel de las luchas micro- políticas/biopolíticas y las dificultades de expansión del neoliberalismo. Y volver entonces (para precisar aún más el momento imaginativo en el esfuerzo de la organización) al encuentro impensado entre Maquiavelo y Foucault. Un encuentro que se da a nivel conceptual a través de la filosofía que Deleuze y Guattari ponen en marcha en El Anti-Edipo y Mil mesetas. Deseos, agenciamientos y máquinas abren una nueva vía para escapar del mando y abrir nuevos territorios.

También aquí se detecta una respetuosa conversación con Gramsci, para quien el príncipe no es una figura del realismo del poder soberano sino al contrario, el operador revolucionario que conecta excedencia con constitución, praxis de clase con conocimiento histórico, hegemonía con nueva institución. Negri retoma a Gramsci, sitúa al príncipe sobre la senda spinoziana de las nociones comunes tal y como se producen en la relación antagonista, y lee las nociones “fortuna” y “virtud” con el par determinación/subjetivación. Si para Maquiavelo el príncipe poseía un saber finito y debía una y otra vez abrirse a lo incalculable del azar y a las circunstancias cambiantes en función de una determinada tarea histórica (la unidad burguesa de Italia), en Gramsci el moderno príncipe se vuelve una instancia colectiva (partido comunista), que hace una filosofía (virtud) de la praxis (fortuna) para realizar la tarea histó- rica del comunismo. Negri recupera esta tradición para dar forma a su Príncipe-Multitud, modalidad organizativa que busca construir decisión política dentro de la trama de las luchas biopolíticas, dentro de y contra el mando del capital financiero y en función de un commonwealth, más allá de la relación convencional entre partido y Estado-nación.

4. ¿Una nueva constitución? (Brasil y Argentina)

El método reconoce un último momento en el que excedencia y cons- titución devienen derecho, institución, articulación entre una mate- rialidad concebida en mutación dinámica y formalización plástica y abierta. La coyuntura política es leída, entonces, a partir de un ángulo institucional. El derecho debe captar y dar curso al acontecimiento. No hay política de izquierda, en el sentido ya argumentado de una política que sustituya la representación capitalista del poder y del valor (es decir, más allá de la propiedad estatal y privada), sin un deseo de constitucionalización de la excedencia.

Marx y Foucault propone este tipo de cuestiones a la discusión política y leído desde la coyuntura sudamericana actual, tanto de la situación brasileña como de la argentina, permite pensar productivamente la crisis de legitimidad del programa neoliberal así como su último recurso a elementos neofascistas tendientes a reprimir, como en el caso de Brasil, los elementos de excedencia (negros, favelados, mujeres, comunistas) a fin de estabilizar el orden, pero también permite problematizar el horizonte de una posible derrota electoral del programa neoliberal, que sería completamente insuficiente sin un impulso constituyente ausente en los partidos políticos, pero presente en movimientos sociales de mujeres, de las diferencias sexuales, antirrepresivos, en defensa de los bienes comunes o de trabajadores precarios. Marx y Foucault ayuda a plantear el problema de la reforma de la constitución como una cuestión absolutamente central para refundar una idea de izquierda que no se disuelva en un populismo centrista ni en una izquierda impotente.

¿Qué nos dice Negri respecto de una reforma de la constitución? Primero, que las constituciones liberales que organizan la racionalidad del estado en nuestros países tienen un a priori sólido en la propiedad privada y no en la producción del común. Este es el primer bloqueo a la representación no capitalista de la actividad social que haría falta remover, por la sencilla razón de que la producción y la innovación, la expansión de la riqueza social depende del acceso a los bienes comunes (recursos naturales, conocimientos, información, infraestructuras). Lo que implica inventar un nuevo humanismo, el humanismo de la época poshumana, es decir, asumir las condiciones en que los humanos pro- ducimos humanos (welfare), un pensamiento radicalmente alternativo frente a aquel que sostiene las actuales condiciones fundadas en las exigencias de la renta financiera. Construir criterios para sustituir el fundamento liberal de tal representación por otro del común sería una primera tarea estratégica de los constituyentes.

En segundo lugar, y tomando en cuenta el papel del conocimiento en la producción social, resulta absolutamente estratégico desplegar políticas de autoformación y formación del común en torno al mundo laboral, las comunicaciones, las universidades y el mundo educativo y cultural como dinámicas de valorización e integración –construcción– de lo social mismo. Este punto adquiere una importancia coyuntural de primer orden, además, en la confrontación con los neofascismos y populismos de derechas, puesto que sin la expropiación de instrumentos de producción y comunicación capaces de elaborar verdades comunes, el entero mundo de la esfera pública queda soldado al poder de las finanzas.

Deducido de lo anterior, y esto es lo tercero, hace falta implementar –dice Negri– políticas de democratización de las finanzas, orientarlas a la producción de lo social como tal, rediseñando los bancos pero tam- bién los mecanismos de inversión: “se trata de inventar instrumentos democráticos de big governance, volviendo permanentes los instru- mentos utilizados en momentos agudos de la crisis”. Tomar la moneda como momento del común e imaginar inversiones no dominadas por la noción de ganancia.

En cuarto lugar, se trata de superar la política sustentada en prác- ticas de representación y profesionalización. La propia experiencia de movimientos de masas y la multiplicación de organizaciones sociales es la base desde la cual es posible esta superación. En quinto lugar, y correlativo a lo anterior, se trata de imaginar una descentralización federalista del poder lo más pegada posible a esa base.

Estas y otras propuestas para una reforma de la constitución tienen el valor de abrir el horizonte de la coyuntura política en lo que quizás sea la más delicada fase del método: el de la adecuación continua de los procesos formales y de gobierno a las modificaciones ocurridas en el sistema social (constitución material). En este punto resurge toda la problematicidad de la relación entre método y coyuntura, que no puede ser resuelta sin dar pasos efectivos en la reinvención de disposi- tivos de investigación militante capaces de crear en y desde las luchas los lenguajes, los diseños y las reformas, pero también la fuerza con la que atravesar cada vez el orden jurídico.

 

 

1-  Con historia rerum gestarum se hace referencia a la “historia sobre las cosas que ocurrie- ron”, es decir al relato, la narración de las cosas que ocurrieron; res gestae significa en cambio “las cosas que ocurrieron” en cuanto cosa de lo ocurrido”, la historia como materia. La primera se ofrece como descripción de los hechos; la segunda como ciencia orientada a la “re-composición” o análisis del proceso histórico –historicidad (Geschichlichkeit) en cuanto ciencia, destreza o aptitud–. [N. del T.]

2-Dilthey, “Concepción del mundo y análisis del hombre a partir del Renacimiento y la Reforma” (1911).

3- “Atrévete a saber”, también usado como “ten el valor de usar tu propio entendimiento”. [N. del T]

  • Merleau-Ponty, Las aventuras de la dialéctica, trad. L. Rozitchner, La Pléyade, Buenos Aires, 1974, pp. 37-38.
  • Ibidem, p.49

Fuente: http://lobosuelto.com/?p=22960

Silvia Federici: “Hoy las jóvenes no quieren solo una mejora en la situación de la mujer, quieren un cambio social”

Del feminismo autónomo de los años setenta a la ola feminista actual. De la caza de brujas a la cruzada antiderechos. Del salario por trabajo doméstico al debate sobre la renta básica universal. De los planes de ajuste estructural a la mercantilización de los vientres. Federici es historia viva del feminismo, pero también milita en este presente acelerado.

Por Sarah Babiker

A mediados de marzo Silvia Federici (Parma, 1942) pasó de nuevo por Madrid. En esta ocasión, la reconocida teórica feminista visitaba el Estado con un propósito central, participar en el Primer Encuentro Feminista sobre la Caza de Brujas que se celebró en Iruñea entre el 22 y el 24 de marzo. Un proyecto de memoria histórica en el que la autora de Calibán y la Bruja se embarcó hace un par de años de la mano de la Editorial Traficantes de Sueños.

Acudí a la entrevista con Federici un poco preocupada, por un lado sabía que venía de un largo vuelo transatlántico y estaría cansada. Por otro me habían comentado que no le entusiasmaban las entrevistas —ella misma me corroboraría después, que no le ve sentido a que le hagan un montón de entrevistas seguidas en las que, inevitablemente, algo acabará por repetirse—. Sin embargo, afable y con más ganas de dialogar que de ser interrogada, Federici contestó generosamente toda una batería de preguntas variopintas.Del feminismo autónomo de los años setenta a la ola feminista actual. De la caza de brujas a la cruzada antiderechos. Del salario por trabajo doméstico al debate sobre la renta básica universal. De los planes de ajuste estructural a la mercantilización de los vientres. Federici es historia viva del feminismo, pero también milita en el presente acelerado, una mente en continua escucha y reflexión, capaz de conectar los momentos históricos, revisitar las luchas y afrontar las contradicciones del movimiento feminista.

Recuerdo cuando viniste en septiembre de 2017, había una larga cola para verte en el Matadero, fuimos cientos las que nos quedamos afuera. Hasta una joven rapera, Gata Cattana, tristemente desaparecida, te incluía en uno de sus temas. Entiendo que como feministas buscamos referentes que nos aporten paradigmas de reflexión, que nos empujen a la acción, ¿que se siente desde ese lugar de referente?

Cuando llegué al Matadero y vi tantas compañeras fuera, y después esta sala inmensa llena de mujeres, me dije, ¡dios mío! Es una responsabilidad grande, pero sobre todo tengo una gran confianza, sé que estas mujeres son muy críticas. Me digo, voy a decir lo que pienso que es correcto y después ellas evaluarán, entonces no me siento tan oprimida, confío muchísimo en la capacidad crítica de las compañeras. Soy consciente de su interés, pero también de que todo esto es porque hay un movimiento, aquí en España como en Argentina, Uruguay o Chile, se siente, desde hace varios años, que hay una fuerte movilización feminista. Esto llega no solamente a mis charlas, creo que esta movilización tan entusiasta, tan abierta y tan interesada no es solamente receptiva conmigo, sucede con otras compañeras también, entonces me parece una señal muy muy positiva, me genera mucho entusiasmo a mí también porque me parece regresar a los primeros años setenta. Es algo que me hace sentir más joven, me da la sensación de que algo está cambiando. Sobre todo ver tantas mujeres jóvenes, muy jóvenes que se están sumando al movimiento.

¿Aparte de la masividad, en qué sentido te recuerda este momento a los años setenta?

Yo siento que aquí —y como decía, también en Argentina—, hay este rechazo a posturas conciliadoras, hay un posicionamiento que se opone abiertamente a la violencia contra las mujeres, al uso que se hace del trabajo de la mujer, que rechaza la manipulación institucional del feminismo. Es un movimiento que se rebela contra este uso institucional del feminismo domesticado que se ha hecho para integrar a la mujer en proyectos de desarrollo capitalista. Yo creo que hoy las jóvenes lo perciben y lo rechazan, y quieren un cambio, no quieren una mejora solamente en la situación de la mujer quieren un cambio social. Esta visión más grande, más amplia, es el común denominador entre los movimientos hoy y la primera fase del movimiento feminista, antes de que fuera institucionalizado.

Estamos asistiendo también en estos tiempos a intensas discusiones en torno al feminismo interseccional, el feminismo liberal, la existencia de una cuarta ola. A mí me gustaría que explicaras en qué consiste el feminismo autónomo.

El feminismo autónomo es un feminismo que rechaza cualquier dependencia del estado y de los hombres. En los años 70, el concepto de autonomía las feministas lo adoptaron en primer lugar para distinguirse de las feministas que continuaban trabajando en organizaciones dominadas por los hombres.  Se trata de esto: Autonomía frente a los hombres, autonomía frente a las instituciones, frente a los partidos. Es un feminismo que defiende su  propia agenda política.

En un contexto en el que hemos visto un ataque muy fuerte contra el Estado de Bienestar o contra los derechos de las mujeres, ¿no resulta complicado defender la autonomía y proteger derechos que creíamos conquistados y parecen bajo amenaza?

Yo no creo que sea así, creo que una vez te integran en los partidos te toca renunciar a cualquier capacidad de fijar tus objetivos. Tenemos una experiencia de muchos años, lo hemos visto, hay ya mujeres en todos los partidos que se definen como feministas. En Estados Unidos tenemos a Hillary Clinton y a muchas otras que se dicen feministas, pero hemos visto qué feminismo es.Es un feminismo que usa la dimensión política, pero eliminando todos los elementos que pueden ser subversivos, domesticando el feminismo. Hay un posicionamiento institucional que usa el feminismo para integrar a la mujer en la organización del trabajo capitalista. Y hemos visto qué significa integración, significa integración en los trabajos menos seguros, peor pagados, muchas veces más peligrosos. Esto es lo que nos ofrecen los partidos, nos ofrecen dicha emancipación a través del trabajo asalariado que ya se ha demostrado completamente que es un proceso negativo porque ha ocultado esta gran explotación que se ha armado, que se ha organizado en el nombre de la emancipación femenina.

Confieso que venía con ansiedad a esta entrevista porque mis hijas han estado enfermas y llevo una semana sin dormir. Me da mucho pudor hacer un comentario así en este contexto, me parece un exceso. También me pregunto si en cierta medida nosotras mismas contribuimos a fijar una narrativa que oculta los cuidados.

Claro, exactamente. Y hemos visto que prácticamente desde los años 80 hasta hoy el estado en la Unión Europea o Estados Unidos, por no hablar de América Latina o África, va cortando todos los servicios, o el apoyo económico al trabajo de cuidados. Estamos sufriendo una crisis del proceso de reproducción de la vida cotidiana muy intensa, muy crítica, lo podemos ver con los niños, con los mayores, con quienes tienen enfermedades y no son autosuficientes. Es una crisis de época: se está bajando la esperanza de vida, me parece que esta es una señal muy clara.

Has teorizado sobre el trabajo de cuidados que realizan las mujeres como el núcleo de la reproducción de la mano de obra, el pilar sobre el que se sustenta el capitalismo. Sin embargo, ante el desempleo en crecimiento y las nuevas batallas como la de la gestación subrogada, pareciera que más que reproducir mano de obra, se quiera que las mujeres reproduzcan vida como un producto más a comercializar.

Sí. Es una visión neoliberal de la reproducción que políticamente dice que toda reproducción debe pasar a través del mercado. Intenta hacerse pasar por autonomía, por capacidad de control sobre nuestro cuerpo, la capacidad de vender nuestro cuerpo, no solamente nuestro cuerpo, de vender nuestro hijo o hija. Soy totalmente contraria a la maternidad subrogada, es una venta de niñas y de niños, se está legitimando en base a esta presunta búsqueda de autonomía. Pero no, ¿quién defiende los derechos de estos niños?  Dado que se habla de un contrato se trata de una venta.Debemos movernos, ya ahora hay muchísimos niños y niñas que son completamente descartados, nadie los quiere, porque tienes malformaciones, no son del género elegido… Entonces ni la mujer que los ha gestado, ni la pareja que los ha comisionado, nadie se ocupa. Algo que estamos descubriendo hoy en Estados Unidos es que se ha creado como un mercado subterráneo a través de internet, donde hay personas que han tenido un niño a través de la maternidad subrogada, lo están vendiendo de nuevo. Se trata entonces de un mercado totalmente descontrolado. Si vamos a crear nueva vida debemos responsabilizarnos.Hay una cosa que debemos rechazar. No sé si pasa aquí pero lo he visto en Estados Unidos y también en Italia: se legitima la maternidad subrogada con la argumentación que permite a los hombres homosexuales tener hijos. Entonces parece que ser padres es un derecho, cueste lo cueste. Esto me preocupa porque he visto que también algunas compañeras empiezan a ser favorable en base a esa “solidaridad” con los hombres gays. No compañeras, no, no hay un derecho absoluto a la paternidad

Al final se trata de un paso más en el proceso de mercantilización de nuestra existencia.

Sí, es una mercantilización de la vida, es una mercantilización de los niños, es una mercantilización ulterior de nuestros cuerpos. Luego hay otro factor que no se investiga bastante pero leyendo entrevistas con mujeres que han aceptado ser madres subrogadas lo que hay también es mucha decepción pues deben firmar un contrato muy restrictivo. Parece que muchas mujeres aceptan porque piensan que procreando un niño para esta familia que es una familia de mayor nivel socioeconómico, van a quedar emparentadas. No piensan que después nunca más verán al bebé, que no tendrán relación alguna con sus hijas o hijos. Se quedan muy decepcionadas: es algo que también habría que investigar, cuáles son sus motivos. Otra cuestión es la del trauma físico y emocional para el bebé, hay una compañera española, Patricia Merino, que ha escrito un libro muy bueno: Maternidad, Igualdad y fraternidad (Clave Intelectual, 2017). Leyendo su libro me he dado cuenta de algo que no sabía, muchos de estos bebés cuando les separan de su madre sufren un trauma muy grande, ella dice que ya con tres meses el bebé conoce la voz de su mamá, este bebé es carne de su carne. Hay un fetichismo del ADN, pero en realidad este bebé nace del cuerpo de esta mujer, es parte integrante de su cuerpo. Al nacer busca su pecho. Cuando los separan inmediatamente, parece que muchos lloran desesperados por semanas, algunos se enferman. De esto no se habla. Hay tantos elementos que cuando se ve a plena luz la maternidad subrogada se entiende que es una cosa muy perversa.

¿Y en Estados Unidos está normalizada?

No hay debate porque el debate ya fue en los años 80 y allí acabó todo. También porque creo que muchas feminista en los años 80 estaban muy centrada en el trabajo extradoméstico. Entonces la mayor parte del movimiento feminista no ha luchado por la licencia de maternidad, no ha luchado contra la maternidad subrogada, no ha luchado porque el Estado dé recursos por el trabajo de cuidados, ha abandonado esta batalla y ahora podemos ver que el trabajo extra doméstico no ha resuelto de ninguna forma —al contrario, ha agudizado— la crisis de la reproducción.

Estáis trabajando en la recuperación de la memoria histórica de las brujas. En Calibán y la Bruja también subrayabas el tema de la reproducción y el control sobre el cuerpo de las mujeres como un campo de batalla. ¿Se diría que hay un paralelismo con la actualidad ante los movimientos antiderechos que estamos viendo en todo el planeta?

Podemos hablar de esto durante un día entero. En Estados Unidos formo parte de un grupo de mujeres que estamos luchando contra la violencia hacia las mujeres en el contexto de la acumulación capitalista. Perseguimos contextualizar la violencia, señalar cuáles son sus raíces económicas, políticas y sociales. Cuando decimos violencia decimos muchísimas cosas, porque hay tantas formas diferentes de violencias. Hemos empezado centrándonos en dos cosas, una es la caza de brujas en el mundo. La otra es en la que estamos trabajando más, lo que llamamos la criminalización del embarazo, que está pasando sobre todo con mujeres afrodescendientes, migrantes, latinas, etc.Hay toda una orquestación, las mismas sectas pentecostales que van a África, que financian la caza de brujas allí, son las que demonizan a las mujeres que van a abortar, las que se manifiestan delante de las clínicas, las que han obligado a muchas a cerrar. En algunos casos, integrantes de estas sectas, han llegado hasta a asesinar a las doctoras y doctores que practicaban abortos.

¿Criminalización del embarazo? ¿no del aborto?

Hay un libro muy interesante que ha salido ahora en los Estados Unidos que se llama Birth Strike (PM Press, 2019) [Huelga de Nacimientos]. La autora, Jenny Brown, ha hecho un buen análisis. Argumenta que en realidad estas organizaciones de la derecha por el derecho a la vida son las que están luchando para decir que el feto es una persona, esto tiene unas consecuencias muy fuertes. Hoy en día en Estados Unidos están aprobando medidas que reducen a la mujer a vasija del feto. El feto gana derechos y las mujeres los pierden. Cada vez más se define a la mujer como un contenedor y toda su vida acaba siendo reglada por el bienestar del feto.

Por ejemplo hay mujeres que tuvieron accidentes de coche y fueron arrestadas por poner el feto en riesgo. Otras que han buscado medicina —no drogas— que podían tener algún efecto en el feto, también han tenido problemas. Cada vez en más estados es difícil demostrar que has tenido un aborto natural. Estamos regresando a una situación como la de la caza de brujas. La bruja es la mujer que hostiga la vida, el proceso de la procreación. Estos integrantes de las organizaciones de derecha que van frente a las clínicas mientras las mujeres abortan y les gritan ¡asesinas!, son los herederos de los jueces que condenaban a las mujeres que habían usado anticonceptivos. El libro Birth Strike es importante porque, por ejemplo, documenta como hoy continúa esto. Muchas veces se habla de que el capitalismo ya no necesita fuerza de trabajo, no es verdad, pide trabajadores, lo que está disminuyendo no es el trabajo, está disminuyendo el salario, están cortando las remuneraciones. Brown advierte que, en gran medida, esta movilización de la derecha tiene que ver con que el capital está preocupado porque las mujeres están reduciendo su productividad procreadora. Cada vez las mujeres tienen menos niños, debido al coste de tener un hijo —en Estados Unidos se calcula que solo en el nacimiento supone un gasto de entre 3000 o 4000 dólares—, a las dobles jornadas, al empobrecimiento, a la dependencia de los hombres.

Pero no es que las mujeres elijan no tener hijos, es que no pueden

No hemos tenido la capacidad de obligar al Estado a darnos la posibilidad de decidir verdaderamente si queremos tener niños o no. Para muchísimas mujeres esta capacidad de decidir si quieren o no, no existe. Saben que si tienen hijos van a pagar un precio muy alto. Entonces la respuesta es como una huelga silenciosa. Hay una huelga general en muchos países que en respuesta a los recortes a las ayudas a la reproducción, responden reduciendo el número de hijos, no es una huelga con pancartas, con marchas, pero es una huelga. De ahí esta respuesta de la derecha, que se carga de tantos significados. Aquí hay una continuidad: este capitalismo que desde sus inicios hasta hoy está interesado en el cuerpo de la mujer, porque el cuerpo de la mujer produce todos los trabajadores. Mucha de la experimentación que se hace con la justificación de sanar la infertilidad, creo que es también experimentación sobre cómo crear úteros artificiales. Hay todo un interés en crear vida fuera del cuerpo de las mujeres.

En Revolución en Punto Cero (Traficantes, 2013) dedicas un artículo al cuidado de las personas mayores. En una conversación reciente con compañeras mayores, ellas se preguntaban si el feminismo había fallado a la hora de politizar la vejez y los cuidados de las personas de edad avanzada.

Hay mujeres hoy que tienen un trabajo extradoméstico, tienen niños que cuidar, y tienen parientes propios o del marido de los que encargarse. Qué vida es esa, es la vida de muchísimas mujeres que no tienen apoyo. Hay niños que crecen solos, y mayores que viven una vida de soledad. La integración de la mujer en el mercado de trabajo no ha sido compensada con servicios sociales. El capitalismo se ocupa poco de los niños pero en ellos ve los futuros trabajadores. No se preocupa de los mayores, espera que mueran para no pagar ningún subsidio o prestación social.

En la cadena internacional de los cuidados, es justo el cuidado de mayores el que absorbe una mayor cantidad de trabajadoras migrantes con condiciones laborales pésimas.

En Italia, se puede decir que la mayor parte de las cuidadoras, sobretodo en la clase media, son mujeres migrantes. Y se está comprobando otra tendencia que me parece muy peligrosa y alarmante, se trata de exportar a los mayores, de la misma forma que la gente se va a India para la gestación subrogada, o muchos hombres europeos viajan a Tailandia para tener sexo con mujeres porque las pagan menos y pueden hacer muchas cosas más, también se manda a los mayores fuera para que reciban cuidados a un precio más accesible. Hay clínicas, sea en la Europa del Este, sea en India o Tailandia, donde miles de familias en Alemania ya mandan a sus mayores. Piensan, “tiene Alzheimer, no comprende, y como no comprende lo mandamos fuera”.No quiero juzgar moralmente porque me doy cuenta de que mucha gente puede estar en condiciones tales que no se pueden cargar más de trabajo. Pero me parece algo realmente preocupante, me pregunto qué pasa con estos mayores cuando se encuentran en un lugar en el que no comprenden la lengua, donde no hay un control, donde no hay ningún vínculo con sus vidas. Es una gran crueldad.

Has vivido en muchos países y entiendo que eso te da una mirada amplia, se han hablado de tus reflexiones en torno a Italia, EEUU, América Latina, pero me gustaría que nos detuviésemos un momento sobre tu etapa en Nigeria. 

Para mí ese fue un momento fundamental. Yo estaba trabajando en Calibán y la Bruja y en varios movimientos sociales, y cuando fui en los años 80 —pasé bastante tiempo en Nigeria— fue fundamental,  fue el lugar donde pude ver la actuación de la nueva forma de globalización, de esta nueva fase neoliberal del capitalismo. Ya en los años 70 había una fase de preparación. Empieza con la crisis, el proceso que yo llamo de la contrarrevolución. Para mí la globalización es una contrarrevolución. Una contrarrevolución contra la lucha anticolonial, la de los trabajadores industriales, contra el ciclo de lucha de los años 60 y 70. El capitalismo ha necesitado cambiar todo para poder seguir explotando.

La segunda mitad de los años 70, del embargo al petróleo, la subida de los precios, es un periodo de experimentación. Es en los años 80 que se empieza a ver la nueva forma y esta comienza —tiene su base material— con el ajuste estructural, con la recolonización del tercer mundo. Cuando ves todos los elementos que componen el programa de ajuste estructural ves que es un programa de recolonización. Esto me ha dado una comprensión general de lo que pasaba. Derrotar las luchas del tercer mundo en África y en América Latina, recolonizar, restaurar la relación de dependencia, fue importante también para derrotar la lucha en Europa y los Estados Unidos. Creo que esto nunca se ha comprendido. Si se pudiese comprender, hoy no podría existir este racismo entre los trabajadores europeos o estadounidenses hacia los inmigrantes. No se comprende que estos migrantes son el producto de la política de la Comunidad Europea, el producto del FMI, del Banco Mundial, de la privatización de las compañías petroleras. A partir de la derrota del las luchas anticoloniales, el capitalismo pudo también desmantelar la Fiat, Detroit, se trasladó la gran industria más allá de la frontera. Desmantelar las luchas anticoloniales ha sido el primer paso para construir el desmantelamiento de la forma organizativa de la lucha. Para mí fue un momento fundamental que ha conformado en gran parte mi mirada política.

EL DEBATE SOBRE LA RENTA BÁSICA

Hablando de cuidados, un elemento crucial de tu trayectoria es la campaña por el salario doméstico en los setenta. Esta propuesta fue enfrentada por una parte del feminismo, que apuntaba a que remunerar los cuidados haría que se afianzase la especialización de las mujeres en el trabajo doméstico. ¿Un renta básica no permitiría el acceso a recursos sin necesidad de una especialización en el trabajo de cuidados?

Cuando se habla la renta básica es muy importante decir de qué vamos a hablar. No puedo decir que soy contraria a la renta básica, no se puede ser contraria a la renta básica porque no soy contraria a ningún proyecto político que implique la redistribución de la riqueza social a favor de quienes no tienen. Primero hay que aclarar esto. Tengo preocupaciones porque renta básica se puede interpretar de muchísimas maneras. Si piensas que el primero que ha propuesto la renta básica fue Milton Friedman… la Renta Básica se puede interpretar de una forma completamente neoliberal. Friedman proponía la Renta Básica para librar al Estado de cualquier responsabilidad frente a la reproducción social. Mandamos a los pobres un cheque mensual y al final podemos recortar de todas partes. También hay una versión de la renta básica que dice, si la damos como un derecho de ciudadanía que significa que los migrantes, las mujeres que no tienen ciudadanía, quedan fuera. Me parece que también este es un modelo a rechazar. Para mí el debate es sobre renta básica frente al trabajo. Lo que me preocupa es que la renta básica olvida completamente el trabajo que las mujeres ya están haciendo.

¿En qué sentido olvidaría el trabajo doméstico?

Quiero explicar aquí mi preocupación porque creo que es muy importante: tenemos ya una historia, un ejemplo. En Estados Unidos, hay que ver cómo el estado ha sido capaz de dividir a los trabajadores con respecto a las ayudas. Las madres solteras desempleadas cobraban una ayuda del estado, esto les permitía criar a sus hijos sin inmediatamente ponerse a buscar un trabajo. Estas mujeres fueron acusadas de ser parásitos, vivir a costa de los trabajadores. Nosotras, en la campaña por el salario doméstico, siempre hemos apoyado a estas mujeres que recibían ayudas sociales. Se decía: every mother is a worker.Lo que me preocupa de muchas versiones de la renta básica, es que dice que es independiente del trabajo. Pero para mí, políticamente, no lo es. A nivel de organización, ¿cómo podría organizarse de manera que no permita al estado manipularnos, dividirnos: estos son los que reciben ayudas mientras tú trabajas todo el día. Por otro lado, si la renta básica es una cuestión de reproducción y trabajo, nos ha costado muchos años establecer que la reproducción social en realidad es trabajo y los beneficiarios finales son los empleadores. Me preocupa que esto se vuelva a invisibilizar con una renta básica.

También me intriga mucho: hace muchos años que cuando vengo sobretodo a Europa escucho hablar de la Renta Básica. Pero dónde está la gran organización que vendrá a reclamarla, porque yo no la veo, oigo sobre el programa, pero no veo un proceso organizativo. Hoy en Italia el gobierno Salvini ha implementado la renta básica. Mi sobrina, que tiene un trabajo precario y mal pagado, está investigando si puede acceder, es realmente difícil. Entonces ¿de qué hablamos?

Me disculpo por no haber especificado que hablaba de la Renta Básica Universal e Incondicional. Justamente, uno de los argumentos para defenderla, es que con una renta de estas características no pasaría lo que le está pasando a tu sobrina. No hay que cumplir un montón de condiciones como se exigen en Italia. Además es universal, por lo que no puede entenderse como un subsidio para quienes no trabajan creando esa división que mencionabas antes, pues las personas que trabajan también lo reciben.

Mientras no corte los servicios sociales… Porque si hay una renta básica que se persiga al coste de perder la sanidad, todas las formas de apoyo, entonces qué renta básica necesitas, una muy muy alta…

Sí, se trata solo de una herramienta que formaría parte de un marco de políticas sociales mucho más amplio. Por sí sola, como medida, no alcanza, claro.

Entonces, en principio es una gran idea, pero organizativamente ¿se puede hoy? ¿Tú la ves hoy? Como tú la entiendes se da también a gente que tiene un trabajo asalariado. ¿Piensas que hoy es posible?, ¿hay organizativamente la posibilidad de llevar adelante un proyecto así?.

Hay teóricos, economistas, proyecciones que demuestran cómo financiarlo, pero sí, creo que falta un sujeto político que la exija, que esté en condiciones de ganar esa batalla.

Para conseguir algo así necesitas poder. Ahora no somos ni tan siquiera capaces de conservar lo que tenemos, estamos siempre enfrentando continuos nuevos recortes. En los Estados Unidos casi cada día están recortando un programa esencial, ecológico, económico. Y desafortunadamente no hay la fuerza social y política, por eso que esa renta básica como me la explicas está muy bien, pero organizativamente no veo cómo hoy se pueda reclamar. Podemos decir que queremos la revolución, y es que queremos la revolución. Por ejemplo, podemos pedir también el alquiler gratis. Esa era una de nuestras demandas: para la mujer que hace trabajo reproductivo la casa es su fábrica. Entonces, porque debería pagar una renta por su fábrica. Nunca se ha tenido la fuerza política organizativa de imponer esta demanda. Entonces, me gustaría ver cómo se está organizando la lucha por una renta básica, porque yo no veo la organización que está promoviendo esto.

Puede ser que se esté abordando más desde lo discursivo, por parte de personas especializadas, en encuentros y conferencias. Yo creo que supondría una redistribución tan radical de la riqueza, un tal cambio de paradigma, que es imposible imponerla “convenciendo” si no se tiene el poder para forzarla. Y ahora mismo no hay un sujeto político que esté dando esa lucha.

A mí me parece que el paso hacia adelante se va haciendo con programas que directamente van a eliminar la jerarquía, las divisiones. Este tipo de programa ya presume una unificación que no existe, el problema es cómo vamos a crear un sujeto unificado, un interés común, porque hoy no lo hay.

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/feminismos/silvia-federici-trabajo-reproductivo-gestacion-subrogada-caza-de-brujas-renta-basica