Evergrande y las contradicciones de la economía china

Por Mercedes Giannoni Succar 1

Observatorio de la Política China / https://politica-china.org


Mercedes Giannoni Succar, Licenciada en Economía por la Pontificia Universidad
Católica del Perú (PUCP), y Master en Desarrollo Económico y Social por la
Universidad de Paris I (La Sorbona, Francia). Analista Financiero en el
Departamento de Análisis Operativo de la Unidad de Inteligencia Financiera del
Perú, de la SBS2, y en la empresa Telefónica del Perú. Actualmente es integrante
del Grupo de Estudios sobre Política China.


RESUMEN

El presente trabajo analiza las causas que originaron la crisis inmobiliaria y financiera de Evergrande (1996), la más importante desarrolladora china y también la más endeudada del mundo. El sector inmobiliario representa más de un cuarto del PBI chino. La crisis ocurre en un contexto de cambios para implementar el nuevo modelo de desarrollo económico chino (20212025), impulsado por las estrategias de “doble circulación” y de “bienestar común”.
Entre las causas del histórico default de Evergrande están la diversificación ciega, el alto apalancamiento y la iliquidez; y la fundamental, es la repentina puesta en marcha, por el Banco Popular Chino, de la política de las “tres líneas rojas”, que restringe el crédito a promotoras con elevado endeudamiento.


El análisis presta particular énfasis a las implicancias sociopolíticas de la crisis de Evergrande, sosteniéndose que la crisis financiera de la empresa, por el peso que significa en la economía china, agrega una amenaza al mercado interno, adicional a las preexistentes, como son la desigualdad y la pobreza. China está muy lejos de alcanzar la clase media adinerada, necesaria para activar el consumo interno que permita llevar adelante la estrategia de “doble circulación”
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Evergrande y las contradicciones de la economía china

I. Introducción:

Es una verdad de Perogrullo que la presencia de China en el ámbito de la economía mundial no deja de incrementarse a pesar de factores adversos como los que se desprenden de la pandemia Covid19. Paradójicamente, la economía china enfrenta grandes contradicciones provocadas por la parálisis de la demanda efectiva mundial y por el excesivo crecimiento de su sector inmobiliario, situación agravada por las medidas antiCovid19. La respuesta del gobierno de Xi Jinping a estos retos ha sido ampliar su mercado interno por medio de políticas de combate a la pobreza y una estricta regulación del sector de la construcción.

El sector inmobiliario chino es el responsable de la mitad de la deuda generada en dicho país. Los préstamos inmobiliarios crecieron un 20 % anual durante los años 20142018 y representaron el 40 % de los nuevos préstamos en instituciones financieras. Cualquier crisis sostenida en los mercados inmobiliarios podría extenderse, potencialmente, a otras áreas de la economía china, ya que los bienes raíces constituyen alrededor del 40 % de las garantías para todas las transacciones de préstamos. 1

A fines de la década de 1990, se estaba incrementando, en un grado cada vez mayor, el rol del sector inmobiliario, como motor del crecimiento económico y social nacional, en respuesta a la necesidad apremiante de viviendas. China se encontraba en pleno proceso de urbanización y con el costo de vida en aumento. El sector representa actualmente alrededor del 30 % del PBI chino y al rededor del 18 % del empleo urbano 2. Se estima que un tercio de la inversión nacional se ha realizado en bienes raíces en los últimos años 3.

A pesar de que la política monetaria expansiva impulsó el PIB de China tras la recesión de 2008, esta expansión apenas se ve en la producción de bienes de consumo básicos. La respuesta en el desarrollo del sector inmobiliario no es tal, porque, aparentemente, estaría causada por una burbuja especulativa en inversiones en activos fijos (FAI, por sus siglas en inglés), especialmente en bienes raíces 4. Se presenta, pues, para el gigante asiático, el dilema de cómo priorizar el creciente consumo de una clase media, sin afectar su compromiso de proveer al mundo de las manufacturas que requiere. Cada día es más evidente que la forma en que China enfrente éstas y otras contradicciones y dilemas contemporáneos marcará el futuro del planeta en el siglo XXI.

II.- Evergrande Real Estate Group: Su creación y auge:

2.1.- Creación:

Evergrande Real Estate Group, en adelante Evergrande, la promotora inmobiliaria más grande de China, fue constituida en 1996 por Xu Jiayin, un ex empleado de la industria siderúrgica estatal, en la ciudad de Guangzhou, en el sur de China. En 2009, Evergrande se hizo pública en la Bolsa de Valores de Hong Kong como uno de los mayores promotores inmobiliarios de China. En 2016 Evergrande se convirtió en una empresa de Global Fortune 500, con ventas contratadas cercanas a los USD 54,400 millones, convirtiéndose Xu en el hombre más rico de China en 2017, con una fortuna de más de USD 42,200 millones.

El Grupo Evergrande registró un proceso de diversificación sumamente acelerado, posee ocho industrias vinculadas con los rubros de vestimenta, alimentación, vivienda, transporte, recreación, turismo y entretenimiento. Esta estrategia de diversificación demasiado rápida fue, probablemente, una de las causas de la crisis de Evergrande 5.

Evergrande también destaca por ser la promotora inmobiliaria más endeudada del mundo, con un pasivo de USD 300,000 millones a principios de 2021, que representa un 2% del PIB chino. Tiene 200.000 empleados y genera 3,8 millones de empleos indirectos. Posee casi 1.300 proyectos en 280 ciudades y ha vendido casas a 12 millones de propietarios 6.

2.1.1.- Contexto:

Evergrande se constituyó en la época en que el gobierno chino comenzó a abolir el sistema nacional de vivienda social a favor de un sistema de propiedad de vivienda privada. En aquel entonces, el incipiente mercado de bienes raíces residenciales de Guangzhou estaba dominado por condominios grandes y costosos en el centro urbano, al igual que en otras ciudades importantes de China. Con recursos financieros limitados, Xu decidió centrarse en el mercado masivo. Comenzó a ofrecer condominios más pequeños en los suburbios, que tenían la ventaja de costos de desarrollo y terrenos más bajos, así como una rotación potencialmente más rápida, en respuesta a la fuerte demanda del mercado, impulsada por el
acelerado proceso de urbanización. Los residentes de ciudades pasaron de representar el 29% de la población total en 1996 (cuando se fundó Evergrande) al 60% en el 2018 y 61% en la actualidad, según datos oficiales de la Oficina Nacional de Estadísticas de vivienda de China 7.

2.2- Auge:

El enfoque de Evergrande en el mercado masivo allanó el camino para su éxito incluso en tiempos difíciles. El éxito inicial de su creador, Xu Jiayin, fue aprovechado para obtener préstamos de los bancos, que financiaron la agresiva expansión de la empresa en la ciudad de Guangzhou. En corto tiempo, su modelo de “tres altos y uno bajo”: alta deuda, alto apalancamiento, alta rotación y bajo costo, demostró ser una estrategia exitosa. A principios de la década de 2000, Evergrande estaba desarrollando 13 proyectos en Guangzhou, lo que lo convertía en uno de los mayores desarrolladores de la ciudad. Mientras tanto, China había liberalizado completamente el sector inmobiliario, que se ha vuelto también ferozmente
competitivo y muy fragmentado. Para 2004, Evergrande se había expandido a nivel nacional y se clasificó entre los 10 principales desarrolladores en China por ventas 8.

En breve, el crecimiento de Evergrande fue un reflejo de la urbanización más amplia y el auge inmobiliario de China. El fuerte crecimiento económico, el aumento de los ingresos, la liberalización de las políticas sobre la tierra, la vivienda y el sistema “hukou” (registro de hogares), junto con las reformas fiscales y monetarias, se han combinado para dar paso a la mayor migración desde el campo a la ciudad en la historia de la humanidad. El sector inmobiliario, a su vez, ha sido un motor clave del crecimiento económico de China, responsable del casi 30 % del PIB, el 15 % de la inversión en activos fijos y el, el 15% del empleo urbano y el 20 % de todos los préstamos bancarios en 20169.

2.2.1.- Banco de tierras:

Otro pilar clave de la de rápida expansión de Evergrande fue su vasto banco de tierras. Desde 2004, la empresa ha estado enviando cientos de empleados cada año a recorrer ciudades de todo el país en busca de terrenos adecuados para el desarrollo. Como resultado, Evergrande acumuló las mayores reservas de tierra de todos los desarrolladores chinos. Para 2018, Evergrande poseía 822 terrenos sin desarrollar en 228 ciudades10. Las compras de tierras de Evergrande fueron posibles, en parte, gracias a los fuertes préstamos.

Es importante aclarar que el Estado tiene el control del mercado del uso del suelo y aplica una estricta regionalización y zonificación en la conversión de tierras agrícolas o forestales a suelos urbanizados o habitacionales tanto en áreas rurales como urbanas. La propiedad privada sobre el suelo no existe en China; en su lugar opera un dinámico mercado sobre el uso de la tierra, el cual se compra y se vende, se hereda y es susceptible de hipotecarse. A pesar de las limitaciones se ha desarrollado un pujante mercado de bienes raíces 11.


El auge de la vivienda en China está estrechamente ligado a las políticas gubernamentales de apoyo. Debido a que los gobiernos locales dependen de los ingresos de las concesiones de tierras como fuente principal de ingresos y tanto los gobiernos locales como los centrales dependen de las inversiones inmobiliarias para impulsar el crecimiento económico y la creación de empleo, ambos tienen importantes incentivos para hacer crecer el sector12. En 2016, el valor de mercado total de los bienes inmuebles de China representó el 411 % del PIB, casi el doble que el promedio mundial del 260 %13. Si bien el gobierno ha intentado en repetidas ocasiones frenar las compras especulativas desenfrenadas con medidas administrativas como controles de precios y prohibiciones de venta, no ha tenido éxito en contener estas prácticas.

2.2.2.- Banca en la sombra:

Un problema recurrente en el sistema financiero de China es la proliferación de los llamados “bancos sombra”, que son entidades establecidas por los bancos para hacer operaciones de crédito fuera de sus libros contables. Este sector surgió a fines de la década de 1990, pero su crecimiento vertiginoso ocurrió en los años posteriores a la crisis financiera global de 2008.

Algunas de las razones por las que muchas empresas utilizan los servicios bancarios de sombra son: la oferta insuficiente de crédito por parte de los principales bancos comerciales y estatales, los reglamentos que restringen las operaciones de riesgo, la poca capacidad de los organismos reguladores oficiales en operaciones de arbitraje, la supresión de la administración de crédito en las operaciones interbancarias y el control del Estado que busca mantener muy bajas las tasas de interés en depósitos bancarios y en operaciones de rendimiento financiero. Por todo ello, la colocación de fondos financieros de estos bancos sigue siendo muy alta, porque, cobran tasas de interés más bajas que las oficiales, y pagan tasas mayores a los ahorradores cuando captan recursos 14. “Son las tasas de interés negativas en China las que han causado un rápido crecimiento de la bancarización en la sombra, operada por más de 6,000 empresas de microcrédito” 15.


Por otro lado, la banca en la sombra ha sido un recurso utilizado por los bancos para evadir los controles estrictos sobre las tasas de interés que se pagan a los depositantes; para apoyar a las empresas privadas que reciben un trato discriminatorio por parte de la banca comercial, en relación con el que dan a las empresas estatales, y para que las empresas medianas y pequeñas accedan a formas de financiamiento de instituciones no bancarias. La bancarización de sombra entraña innovación y creatividad, pero también la posibilidad de especulación excesiva y de una crisis de hipotecas de alto riesgo 16.

Los planificadores chinos facilitaron el crecimiento del sector inmobiliario, como motor de crecimiento económico, vendiendo tierras, lo que forzó el desplazamiento de casi 70 millones de agricultores, de las tierras que antes ocupaban, acelerando el crédito a través de corporaciones no financieras, también conocidas como «banca en la sombra» y bonos del gobierno local, que no estaban ampliamente permitidos antes de la década de 1990 17.

Desde 2016, el gobierno chino ha hecho del desapalancamiento una de las principales prioridades económicas dirigidas tanto a las empresas financieras como a las no financieras.

Para junio de 2016, los 196 desarrolladores cotizados de China habían acumulado una deuda de 3 billones de yuanes, principalmente del sistema bancario en la sombra, no regulado, del país, frente a los 1,3 billones de yuanes en 2013. Durante años la banca en la sombre ha financiado operaciones inmobiliarias que son complejas de detectar. Evergrande Group fue uno de los más afectados, debido a que esta empresa también aprovechó la banca en la sombra como fuente de financiación, teniendo gran parte de su deuda oculta, fuera de sus estados financieros.

Antes de la represión del gobierno contra el apalancamiento excesivo en la sombra,
Evergrande era el desarrollador de bienes raíces más apalancado en China, con una relación de apalancamiento de más del doble que los siguientes desarrolladores apalancados 18, con casi USD 43.700 millones de pagos de deuda que vencían en 2019, y con un tercio de la deuda con proveedores, 128 bancos, y 121 instituciones no bancarias implicadas 19.

El problema con el manejo de estos recursos es que no están garantizados, ni la devolución del dinero recaudado o de sus réditos, porque su principal canalización es a inversiones de riesgo no reguladas 20.

Este fenómeno bancario-financiero chino es único en el mundo de las grandes economías y de los mercados emergentes. La utilidad de esos productos de administración de fondos es que permiten aprovechar el ahorro interno en inversiones domésticas que, a pesar de ser inseguras, son las que en conjunto han movido a la economía real a tasas de crecimiento del PBI que siguen siendo envidiables 21.

III.- Causas de la crisis de Evergrande:

Las causas de la crisis de deuda de Evergrande se dividen en dos grupos:

– Internas y Externas:

3.1.- Internas:

3.1.1.- Plan de Diversificación ciega.-

Cuando en 2017 la industria inmobiliaria china entra en una fase de profundo ajuste y transformación, la estrategia que lanza Xu Jiayin es la de diversificación. Ya en la presentación del informe provisional de Evergrande de 2014, Xu Jiayin declaró públicamente que Evergrande optaría por diversificarse después de alcanzar cierta escala 22.

A principios de 2017, Evergrande anunció un cambio estratégico en su modelo de negocio, pasando de un modelo de «alta deuda, alto apalancamiento, alta rotación y bajo costo» a un modelo de «baja deuda, bajo apalancamiento, bajo costo, alta rotación». Así, la compañía empezó a ramificarse en nuevos sectores comerciales como un medio para cubrir el riesgo continuo en el desarrollo inmobiliario. Pero todas las empresas en que invertía, Evergrande Spring, Evergrande Auto, etc., sufrían pérdidas cada año 23.

La diversificación conlleva riesgos importantes, dado que las empresas, como Evergrande, se están alejando de las áreas de competencia central, lo que significa una mayor dependencia y necesidad de nuevos talentos. Las adquisiciones fuera de un sector conocido también significan exposición a nuevos desafíos 24.
La diversificación ciega de Evergrande se hizo muy rápido, gastando mucho dinero y, además, sin prever los riesgos asociados a la diversificación, lo cual ha mermado significativamente sus beneficios.
3.1.2. Alto índice de apalancamiento.
El motivo por el que las empresas se permiten estar muy apalancadas se apoya en el supuesto de que su financiación es largamente estable y que luego de devolver los intereses con sus ingresos por ventas, la deuda del principal puede ser devuelta a través de una nueva solicitud de financiación.
En el caso de Evergrande, esta empresa en tan solo 6 años (20152020) generó utilidades netas que llegaron a más de 2 billones y medio de dólares, (pero su velocidad de inversión superó largamente a la velocidad de recuperación del capital invertido). No obstante, dicho crecimiento de sus utilidades se ha visto respaldado por un asombroso grado de apalancamiento. Siendo así que, en junio de 2018, la carga de la deuda de Evergrande había llegado a casi USD 100,089 millones25, y a inicios de 2021 esa cifra ascendió a casi USD 300,000 millones, convirtiéndose en la desarrolladora inmobiliaria más endeudada del mundo 26.
3.1.3. Gestión insuficiente del flujo de efectivo.
La liquidez insuficiente agudiza los riesgos del reembolso de la deuda, es decir exacerba el riesgo de impago. Muestra de ello es que en agosto de 2020 Evergrande Group envió al Gobierno una carta anunciando problemas de liquidez y que esto podría ocasionar el impago de sus préstamos 27. Esto es debido, en parte, al modelo de negocio de la mayoría de empresas inmobiliarias como Evergrande, de alto apalancamiento, y si a esta situación se agrega una política de gobierno repentina, que quiebre la estabilidad de las empresas, como las tres líneas rojas”, que no da tiempo a las empresas para acomodarse y hacer los ajustes requeridos de cara a la nueva situación, como la venta de activos por ejemplo, podría provocar una crisis de deuda o de liquidez. Esto es, al parecer, lo que ocurrió con Evergrande.
3.2.- Externas:
3.2.1.- Cambios en la Política:
Ante la necesidad de enfriar el sector inmobiliario y con la finalidad de proteger el sistema financiero de riesgos sistémicos, el gobierno chino adoptó, en agosto de 2020, la política de las “tres líneas rojas”, dirigida directamente a la financiación de las empresas inmobiliarias 28. Esta política se basa en un conjunto de umbrales de deuda que limitan severamente la capacidad de ciertos promotores inmobiliarios para obtener préstamos. Las tres líneas rojas son:
1.- La relación entre los ingresos previos y el apalancamiento no debe ser superior
al 70%.

2. La ratio de endeudamiento neto no debe ser superior al 100%.

3. La relación entre el efectivo y la deuda a corto plazo no debe ser inferior a uno.

Esta medida de las 3 líneas rojas, apunta a mejorar la salud financiera de las empresas del sector, reduciendo el apalancamiento de los promotores, mejorando la cobertura de la deuda y aumentando la liquidez. Mientras más líneas rojas no se cumplan, menor será el porcentaje de la empresa que se pueda financiar. En el caso de Evergrande, no cumple con las tres líneas rojas, lo que significa que no puede seguirse endeudando para mantener sus operaciones comerciales normales.
El elevado apalancamiento es una característica de las empresas inmobiliarias y viene dictado por el modelo de negocio del sector. Este consiste en endeudarse para pujar por terrenos, luego vender las propiedades a plazo y utilizar este nuevo flujo de caja recaudado con el fin de pedir más dinero prestado para construir y comprar más terrenos. La razón por la que las empresas se atreven a estar muy apalancadas se basa en la suposición de que la escala de su financiación es ampliamente estable y que la deuda del principal que vence, después de que los intereses se devuelvan a través de los beneficios de la empresa, puede ser devuelto a través de una nueva ronda de financiación. Si la medida de política estatal, en este caso las “tres líneas rojas”, rompe repentinamente esta estabilidad, puede llevar a las empresas a no tener suficiente tiempo para asimilar el cambio. Después de todo, el dinero prestado para invertir en el desarrollo y la construcción de un proyecto inmobiliario, requiere de un ciclo completo para recuperarse gradualmente, y siendo además rígidos los plazos para pagar los préstamos a las instituciones financieras, se desencadenará por tanto un problema de liquidez en las empresas inmobiliarias.
Pero ¿se podría decir, objetivamente, que una empresa con riesgo de liquidez pudiera significar un peligro con efecto dominó, para el resto del sector o de la economía en general?
No, porque mientras los fundamentos del negocio sigan siendo positivos, sólo se necesitará tiempo para absorber el apalancamiento. El problema aquí es la «brusquedad» de la política, que ha dado a las empresas muy poco tiempo para procesarla y ajustarla en consecuencia, lo cual ha provocado una crisis.

IV.- Evergrande vs Lehman Brothers: “Rinoceronte Gris” o “Cisne Negro”:

Desde finales del 2021, los precios de los inmuebles en China han estado creciendo, a pesar de que casi la mitad de las casas no han sido ocupadas (ciudades fantasma con edificios vacíos), además hay una desaceleración de la actividad económica real, y aumentos sostenidos de deuda pública y privada; situación que viene afectando al gigante inmobiliario Evergrande. Todo ello hace presagiar que estaría gestándose una crisis financiera inmobiliaria, tipo burbuja especulativa, amenaza que se hace cada vez más evidente 29.
Si bien es cierto que hay ciertas similitudes entre la actual crisis de Evergrande y la de Lehman Brothers del 2008, hay también muchas diferencias:
1.- En primer lugar, la respuesta de política ha sido muy diferente entre Estados Unidos y China. Mientras que el mercado inmobiliario chino está bajo el control del estado, a través de los distintos bancos estatales, pudiendo así conocerse de manera anticipada cuáles serían las empresas inmobiliarias con problemas potenciales; para que el gobierno de Estados Unidos conozca este tipo de riesgos, tuvo que realizar distintos cambios regulatorios, que fueron implementados después de la quiebra de Lehman Brothers 30.

2.- En segundo lugar, Lehman Brothers era una institución financiera, un banco de inversión, mientras que Evergrande Real Estate Group, es un promotor inmobiliario y no un banco. Además, los vínculos del sector inmobiliario, al que pertenece Evergrande, con el sistema financiero, no son de la misma escala que un gran banco de inversión como Lehman Brothers.

3.- Cuando Evergrande anuncia los impagos de su deuda, las autoridades chinas los invitan a entrar en un proceso de reestructuración financiera, que incluye la venta de algunos de los activos personales de su fundador que, a pesar de realizarse, no alcanzó para cubrir con sus obligaciones de largo plazo. De esta manera, China pretende demostrar algún tipo de respaldo a la institución, sin llegar a rescatarla, muy diferente a la opción implementada por Estados Unidos, en la que se llevó a cabo el rescate de algunos bancos 31.
4.- Finalmente, la principal diferencia es que la crisis de Evergrande fue un evento que todos vieron venir. En efecto, cuando se anunció la política de las “tres líneas rojas”, estaba claro que Evergrande era uno de los mayores infractores. La crisis de Evergrande es considerada un evento de “rinoceronte gris”, un término que se utiliza para describir una amenaza obvia de movimiento lento, en lugar de un evento sorpresa, denominado “cisne negro”32. Muestra de la difícil situación financiera en la que se encontraba Evergrande es que en agosto de 2020 la empresa envió al Gobierno chino una carta anunciando problemas de liquidez y que esto podría ocasionar el impago de sus préstamos33. Esto generó una caída en las acciones del grupo, que eventualmente terminó de cotizar en la bolsa de Hong Kong 34.
A pesar de que el impago de Evergrande de los intereses de los bonos en el extranjero no ha desencadenado un colapso financiero, ya que en su mayoría están en manos de poderosos inversores del mundo, algunos analistas están preocupados por el impacto en la reputación del sector inmobiliario chino 35.
La dinámica de pagos se ha caracterizado por el incumplimiento de las fechas pactadas, pero pagando posteriormente los saldos durante los periodos de gracia, de tal manera que evitaban una declaración de default, situación que fue sostenible hasta diciembre de 2021.
En este mes incumplió un pago fundamental de la deuda, de US$82,5 millones, que trajo como consecuencia que la calificadora Fitch rebajara su calificación a «default restringido» 36.
V.- Implicancias socio-políticas de la crisis inmobiliaria de Evergrande.
Luego de declarar en 202 que ha logrado establecer una “sociedad moderadamente próspera”, el PCCh se enfrenta a una serie de nuevos desafíos para mantener su legitimidad y seguir en el poder37. Para hacer frente a esos desafíos, como la desigualdad y la rivalidad entre potencias, el PCCh ha desplegado toda una serie de reformas legislativas y regulatorias a lo largo del 2022.
La visión de Xi Jinping para los próximos cinco años, de cara al 2035, se ha plasmado en el XIV Plan Quinquenal 2021-2025, aprobado en el Congreso del PCCh en abril de 2021, el que se sustenta, principalmente, en los siguientes ejes:
1) Fomentar el desarrollo a través de la “circulación dual”, sobre el comercio doméstico e internacional; y
2) Conseguir una “prosperidad común”, reduciendo la desigualdad a través de la revitalización del medio rural y nuevas estrategias de urbanización inteligente.
3) Priorizar el crecimiento cualitativo sobre el cuantitativo, es decir, por primera vez se eliminan los objetivos numéricos de crecimiento;

He aquí algunos posibles problemas a los que se enfrentaría el gobierno de Beijing para llevar a buen término sus pretensiones:
5.1.- El problema de la desigualdad sistémica en China:
En términos generales, la desigualdad es la manifestación de los desbalances de poder dentro de una sociedad. El 1% más rico de China poseía en 2021 cerca del 30% de la riqueza del país, según elInstituto de Investigación de Credit Suisse, en comparación con el 21 % en 2000. Además, según un artículo publicado en enero de 2021 por Albert Sanchis, “el 1% de los que más ganan en China tienen una mayor participación en la riqueza que el 50%” 38.

Según el PCCh, repartir la riqueza de un modo más uniforme hará que más ciudadanos chinos tengan el poder adquisitivo necesario para impulsar la economía, con lo que se crearán las bases de una nueva etapa de crecimiento, en concordancia con la estrategia de “circulación dual”. En ese sentido, la tendencia de la distribución de rentas es hacia un reparto más equitativo, no obstante, aún está muy lejos de llegar a un nivel que le posibilite contar con una clase media adinerada que gatille el consumo interno 39.
Si bien es cierto, que China ha mejorado significativamente su renta per cápita en los últimos años, también lo es que la distribución de su riqueza ha sido muy desigual. La transición hacia una economía de mercado ha hecho que se concentre gran parte de la riqueza en un porcentaje bajo de la población 40.
Deng Xiaoping condujo reformas económicas desde fines de la década de 1970, hasta la primera década de 2000, que tuvieron como resultado, entre otros, el aumento del ingreso real y de la desigualdad, al mismo tiempo. El nivel de desigualdad de ingresos en China en la actualidad es muy alto. Según datos del Banco Mundial, el coeficiente de Gini (una medida de desigualdad que fluctúa entre 0 y 1, siendo cero la igualdad perfecta y uno la desigualdad absoluta) para China en el año 2019 fue de 0.38. Para poner en contexto, pese a venir de coeficientes cercanos al 0.45 en el año 2010, en comparativa por ejemplo con España (0.34),
sigue siendo un 0.04 más alto41. Los líderes chinos han insistido varias veces en que la desigualdad por encima de 0,40 es potencialmente desestabilizadora.

La desigualdad se ha convertido en el punto débil del sistema chino, renegando de los principios socialistas del gobierno y destruyendo el contrato social implícito entre el estado y el pueblo chino. La desigualdad deteriora la confianza, que es esencial para el buen gobierno 42. Siendo consciente de ello, el gobierno chino intentó redistribuir de manera más equitativa la riqueza vía el sistema impositivo, y así paliar la desigualdad, no sin debilitar el ascenso de la clase media, lo cual redundaría en una caída del consumo interno. Al mismo tiempo, el gobierno chino promueve el incremento de los ingresos medios y bajos de los trabajadores. Sin embargo, estas medidas aún no se han implementado, debido, justamente, a los temores del estado de dañar a la clase media emergente de China”43. Frente a esa situación, el gobierno se encuentra en un dilema complicado, dado que por un lado, tiene que tomar medidas que corrijan la desigualdad para evitar una posible protesta de la clase obrera, cansada de la cultura de trabajo y de unos sueldos bajos; y por el otro, el estado
teme que las medidas impositivas, ralenticen el crecimiento de la clase media, algo que sería perjudicial para el crecimiento del consumo interno 44.

En este punto cabe preguntarse ¿Cómo puede afectar a la estrategia de la “doble circulación”, el actual reparto de la riqueza entre la población china?

En un intento por dar respuesta a esta interrogante se podría decir que dado el alto nivel de desigualdad en China, repartir la riqueza de manera más uniforme hará que más ciudadanos chinos tengan el poder adquisitivo necesario para impulsar la economía, en concordancia con la estrategia de “circulación dual”. Sin embargo, el estado teme que las medidas correctivas debiliten el ascenso de una clase media adinerada, la cual aún está muy lejos de llegar a un nivel capaz de gatillar el consumo interno, principal pilar de la estrategia de la “doble circulación”. He ahí el dilema.
5.2.- El problema de la Pobreza subyacente:
La pobreza es otro de los problemas que puede poner en riesgo la paz social del país y, por ende, la legitimidad del partido-estado chino.
En 1981, según el Banco Mundial, aproximadamente el 90% de la población china se encontraba por debajo del umbral de la pobreza. En 2019, más de 55 millones de personas superaron la pobreza, descendiendo ese porcentaje al 1%. Luego, a fines de 2020, China anunció que había acabado con la pobreza extrema, fundamentalmente en las zonas rurales, consiguiendo que todas las rentas superasen los 1.52 euros/ día.
Sin embargo, la realidad podría ser otra:
– Por un lado, llama la atención que el indicador de los 1.52 euros/día que usa el régimen chino, es mucho menor que el de 1.90 euros/día usado por el Banco Mundial para determinar la pobreza extrema, lo cual supone un 20% menos de ingresos y que, y de usar este último indicador, el objetivo de la erradicación de la pobreza estaría muy lejano 45.
– Los “nuevos pobres”.- Por otro lado, el desarrollo de la economía China generó un importante desplazamiento de la población, desde las zonas rurales, más empobrecidas y sin mayores oportunidades, hacia las grandes ciudades, donde el nivel de vida se ha incrementado en los últimos años. Esta nueva población llega, en la mayoría de los casos, en situación irregular y sin recursos para poder vivir con dignidad, provocando grandes núcleos de pobreza, que podríamos llamar los “nuevos pobres” 46.
Toda esta incitación al consumo no puede llevarse a cabo sin una mejora de la renta per cápita de la población. Aunque el gobierno chino se esfuerza en convencer a la opinión pública internacional del logro de una sociedad acomodada, lo cierto es que las políticas económicas desarrolladas hasta la fecha por el gobierno no han hecho más que distanciar los estratos sociales entre una exclusiva clase alta muy rica y una población muy numerosa con pocos recursos.
Para concluir sobre esta parte, se podría decir que, aunque China ha avanzado en los últimos años en la lucha contra la pobreza extrema, el nivel de ingresos con el que cuenta gran parte de la población, está muy lejos de alcanzar la clase media adinerada que persigue el gobierno, para activar el consumo interno que permita llevar adelante la estrategia reciente del gobierno de la “doble circulación” 47.

5.3.- El problema de la burbuja inmobiliaria china:

El acceso a la vivienda propia es limitado para un determinado sector de la población de menores recursos, debido a los altos precios, provocados por la aparición de una burbuja inmobiliaria especulativa.
A partir de 2014, se empieza a vislumbrar de manera más clara, la posible aparición de una burbuja inmobiliaria, debido al espíritu especulativo chino y al aumento de los precios de las viviendas. A continuación, se indagará acerca de los orígenes de este fenómeno económico.
El crecimiento desenfrenado de China en los últimos 40 años aproximadamente, creó las condiciones para estimular un acelerado proceso de urbanización, que corrió en paralelo, en busca de mejores condiciones de vida, pasando de tener una población urbana del 19% en 1978 al 61% en la actualidad, según datos del Banco Mundial 48. Siendo así, que a partir del año 2000, el sector inmobiliario pasó a ser una de las principales fuerzas de crecimiento en China. Adicionalmente, representó el casi 30% del PBI en el 2016, casi el 20% de la mano de obra urbana china y por lo menos el 60% de los préstamos bancarios están respaldados por propiedades como garantía.

Ahora bien, todo este proceso de crecimiento y de urbanización acelerado, propició la expansión de la deuda hipotecaria de los hogares chinos en los últimos años, lo cual, a su vez, llevó al incremento desmesurado de precios de las viviendas, a tal punto que cuatro de las diez ciudades más caras del mundo están en China 49. Estos precios distorsionados, producto de la especulación, y que además no guardan relación con el valor intrínseco de los bienes, explicarían lo siguiente:

Primero, el hecho que existan las “ciudades fantasma”, es decir, tantas casas vacías en China, ya que los ciudadanos no se pueden permitir comprar una vivienda 50.
Segundo, que los precios de las viviendas son muy altos en comparación con lo que se puede permitir la gente, lo que indica que nos encontramos ante precios inflados, típico de una burbuja inmobiliaria51, debido a una especulación desenfrenada. Efectivamente, más del 90% de las personas es dueña de una vivienda, en comparación con el 65% existente en Estados Unidos. En 2008 aproximadamente un 70% de las personas compraban su primera casa, sin embargo, ese número se ha reducido a un 10% aproximadamente en 2018. Esto significa que casi un 90% de las personas compraron su segunda vivienda, tercera, cuarta etc. en 2018, con fines especulativos. Esto se debe, principalmente, a dos razones: A la cultura china, según la cual la riqueza de los hogares se basa en “el ladrillo y el cemento” (Sam Lecornu 2021); y al espíritu especulativo, pues queda claro que los chinos deben tener al menos una casa, pero resulta que en 2018 casi el 90% de los compradores compró una
nueva vivienda, aparte de la que ya tuvieran52. Se estima que entre el 20 y el 25% del stock total de viviendas es propiedad de «compradores especulativos» 53. Además, la población china está envejeciendo y el 60% de ella ya está urbanizada. Todo ello indica que el boom inmobiliario debe terminar 54.
Cabe destacar un dato relevante y es el de las ciudades fantasma. Las casas vacías sumaban un valor de 52 billones de dólares en 2019 (el doble que el tamaño del mercado inmobiliario en Estados Unidos). Por otro lado, en 2017 el 21% de las casas estaban vacías, cerca de 65 millones. China es el país con una mayor proporción, 22.4%, de viviendas vacías del mundo 55.

5.4.- El problema de la crisis financiera de Evergrande:

Ahora bien, la crisis de Evergrande agrega nuevos desafíos a los ya mencionados.
Cabe recordar que Evergrande Group es la promotora inmobiliaria más grande de China, y la segunda más grande por ventas. Sus pasivos representan un 2% del PIB chino. Tiene 200.000 empleados y genera 3,8 millones de empleos indirectos.
Posee casi 1.300 proyectos en 280 ciudades y ha vendido casas a 12 millones de propietarios 56. Además, el sector inmobiliario y la construcción emplean a casi el 20% de la mano de obra urbana de China57. Por último, el sector inmobiliario contribuyó con un 24% a los ingresos fiscales totales en 2020 y, en términos más generales, contribuyó con un 44,0% a los ingresos totales del gobierno 58.
La gigantesca crisis de deuda que enfrenta el Grupo Evergrande, le impidió cumplir, entre otras obligaciones, con la entrega de nuevas viviendas prepagadas por sus clientes, lo cual le acarreó innumerables protestas de éstos, preocupados de que sus nuevos hogares no se terminen de construir y de los inversores minoristas. La empresa tiene cerca de 800 proyectos inconclusos en toda China, y hasta 1,6 millones de personas que aún esperan mudarse a sus nuevos hogares 59.
El Grupo Evergrande depende, en gran medida, de que sus clientes paguen los apartamentos por adelantado, pues, de acuerdo a su modelo de negocio, dicho flujo de fondos le permite generar efectivo y evitar el riesgo de impago.
Lo que pase con el gigante inmobiliario, podría afectar no sólo a los más de 3,8 millones de empleos indirectos que genera la empresa, y a los 200,000 empleados que trabajan en ella. Asimismo, podría repercutir en la riqueza de los hogares, dado que más de tres cuartas partes (78%) de dicha riqueza se encuentra vinculada a la vivienda. La política del Banco Popular de China de mantener, artificialmente, la tasa de inflación al mismo nivel o por debajo del interés pagado por los depósitos, sería una de las razones que explicaría la alta inversión de los hogares en vivienda.
Ello es así, ya que cuando el tipo de interés real no es positivo (es cero o negativo), los inversionistas cambiarán sus ahorros a otro tipo de inversión más rentable. Dos de los mercados que suelen ser atractivos para el dinero en efectivo inactivo son el mercado de valores y el de bienes raíces. Sin embargo, producto de la crisis financiera de 2008 el mercado de valores de China sufrió una gran depresión. Ante esa situación, los bienes raíces se convirtieron en el único mercado atractivo para las inversiones.
El caso de la crisis del gigante inmobiliario Evergrande, una mega empresa privada con empresarios ricos a la cabeza, llega en mal momento, precisamente cuando el presidente Xi Jinping impulsaba su estrategia denominada “bienestar común”, cuyo fin era, justamente, reducir la brecha entre ricos y pobres y consolidar la autoridad del PCCh.
El gobierno chino ha comprendido bien que tiene que ofrecer soluciones para reducir la brecha de ingresos entre ricos y pobres, porque las nuevas generaciones ya no quieren sacrificarse por el bien común de la nación, viendo cómo la riqueza se acumula en una restringida clase de élite. Medidas como aumentar los impuestos a las rentas más altas, crear impuestos sobre la propiedad, así como cobrar tasas por ganancias de capital en las transacciones financieras pueden ser las empleadas para intentar nivelar la distribución de la riqueza y disipar una posible reacción de la clase trabajadora. Sin embargo, tal y como indica Albert Sanchis, estas medidas aún no se han implementado en parte debido a los temores de dañar a la clase media emergente de China.
En resumen, la desigualdad, la pobreza y la crisis financiera, constituyen amenazas al mercado interno, que es uno de los pilares, el más importante, de la estrategia de “circulación dual” que persigue el gobierno chino, en el marco del nuevo modelo de desarrollo económico” 60.
VI. Crisis de Evergrande: ¿El gobierno chino acudirá al rescate?
Como uno de los más grandes conglomerados inmobiliarios privados de China, Evergrande se encuentra en la encrucijada de las principales preocupaciones para dicho país: la especulación, los altos niveles de deuda y la sostenibilidad de una industria que alimenta más de un cuarto del PBI chino.
El primer intento de Evergrande, ante la inminencia de la crisis, fue de auto rescatarse, intentando vender activos y poner en marcha otras estrategias, con el fin de cumplir con sus obligaciones financieras, pero finalmente no obtuvo el éxito esperado y no logró su cometido. Por otro lado, al PCCh no le conviene la quiebra del gigante inmobiliario, dada la envergadura de la empresa y el peso que tiene en la economía china, pudiendo generarse una inestabilidad económica y social, muy perjudicial para sus intereses políticos. Evitar la quiebra sería el punto de partida, luego podría adoptar una estrategia para la lenta deflación de la burbuja inmobiliaria.
Surge la pregunta: ¿Y no podría esperarse que el mercado se autorregule, reasignando eficientemente los recursos y corrigiendo las malas inversiones? No en un país como China, con un sistema político autoritario, donde el poder real lo ostenta un partido único; siendo una suerte de Capitalismo de Estado en el que coexisten una economía liberal con intervencionismo del PCCh. Definitivamente, esta opción no resulta atractiva para el gobierno chino, por dos razones principales:
El periodo de recesión que le sigue a la crisis, implicaría un recorte de la popularidad del PCCh, por haber contribuido a la reducción de la actividad económica, lo cual redunda en desmedro del bienestar popular, empeorando su nivel de vida.
Esta solución le quita protagonismo a los políticos chinos y reduce sus cuotas de poder, al limitar su interferencia en la cuestión. Por ello, los políticos chinos intentarán salvar de la bancarrota a Evergrande y luego hallar una estrategia intervencionista óptima para controlar la amenazante burbuja inmobiliaria. De esta manera, al paliar la potencial crisis maximizarían su popularidad y sus cuotas de poder, es decir, harían más fuertes su posición como dirigentes económicos del país 61.
Por otro lado, las autoridades chinas pretenden demostrar algún tipo de respaldo a Evergrande, invitándola a entrar en un proceso de reestructuración financiera, sin llegar a rescatarla. Dicho proceso incluye la venta de algunos de los activos personales de su fundador que, a pesar de realizarse, no alcanzó para cubrir con sus obligaciones de largo plazo.
El Banco Central Chino ha indicado que no es probable que Evergrande reciba un rescate, pues resultaría contradictorio que el Gobierno apoye a una enorme empresa privada con propietarios muy adinerados, pertenecientes a una clase social privilegiada. Dicha estrategia no sería popular entre los altos mandos del PCCh.
Los políticos chinos pretenden hacer creer a los ciudadanos de su país que no rescatarán a Evergrande, una mega empresa privada de propiedad de magnates sumamente acaudalados, pertenecientes a una élite social, para no mellar su imagen como benefactores del pueblo. Sin embargo, al estado chino no le conviene que la empresa entre en bancarrota, dada su envergadura y el peso que tiene en la economía china, lo que podría generar una inestabilidad política. Precisamente, cuando el presidente Xi Jinping lanzaba su campaña para impulsar la estrategia de “bienestar compartido”, la cual promueve paliar las desigualdades sociales y acortar la brecha entre ricos y pobres, aparecen los problemas del gigante inmobiliario. Esta crisis inmobiliaria de Evergrande llega en un muy mal momento.
6.1. Control del gobierno sobre las empresas privadas.
Desde que Xi Jinping llegó al poder en 2013, ha favorecido sistemáticamente a las empresas estatales a través de la regulación y la dirección del financiamiento de éstas y de los gobiernos locales, a expensas de las empresas del sector privado, entre ellas China Evergrande Group.
La Comisión de Revisión Económica y de Seguridad de EE. UU. y China señaló en su informe de 2020 al Congreso que, según la política de Xi de apoyar a las empresas estatales, las tasas de interés cobradas a las empresas privadas parecen ser aproximadamente 300 puntos básicos más altas que las cobradas a las empresas estatales 62.

Como parte de esta estrategia para restaurar el dominio del PCCh, el régimen de Xi también se ha centrado en muchos empresarios chinos exitosos y ricos.
El PCCh ha logrado convertirse en la mayor organización estatal del mundo y eso se debe a que nunca ha dejado que los empresarios chinos, por muy exitosos que sean, se organicen lo suficientemente para desarrollar una conciencia de clase y amenacen su liderazgo 63.
En las grandes empresas del país el 51% de las acciones pertenecen al Estado, no solo como vía de supervisión económica, sino también como posición de poder.
Esta posición dentro de las empresas permite controlar las nuevas élites económicas y evitar un posible contrapoder al gobierno, anulando si es preciso a los miembros de esa élite que pudieran ser críticos con las posturas gubernamentales 64.
VII. Reflexiones finales.
Las tres décadas de rápido y sostenido crecimiento le han dado al Partido Comunista una sólida legitimidad interna y le han hecho olvidar las flagrantes contradicciones que han marcado este proceso. El pragmatismo se refleja en el hecho que un partido comunista, de tipo leninista que implica una férrea disciplina de orden piramidal jerárquico, haya ha permitido, e incluso estimulado, la formación de capitales privados y de una burguesía local pujante e innovadora en el marco del “capitalismo con características chinas,” o “socialismo de mercado,” a decir de líderes chinos, un capitalismo claramente plagado de violaciones a leyes establecidas. Minxin Pei, califica al régimen económico chino como un capitalismo de amigos o de “compinches” 65.
En el caso de bienes raíces la contradicción entre un capitalismo rampante y la autodefinición de que en China prevalece un “socialismo de mercado” resulta escandalosa. Como lo resalta Eugenio Anguiano Roch 66:

“- En 2018 los coeficientes de precios de vivienda a ingreso en ciudades como Beijing, Shanghai y Shenzhen excedían un múltiplo de 40, mientras que en Londres era 22 y en Nueva York de 12.

– En 2017 la vivienda representó en promedio el 78% del patrimonio personal de los chinos y en Estados Unidos fue el 35%.
– En 2017 el espacio residencial fue en promedio de 41 metros cuadrados por persona, casi a la par que en países como Alemania, Francia y el Reino Unido.

– … en 2017…en muchas partes de Estados Unidos…el costo promedio de casas/departamentos era de solo 2 a 4 veces el ingreso familiar disponible; en China
era de 24.

– … desde el punto de vista de la demanda quedan muchas viviendas vacías, verdaderas “ciudades fantasmas”.

– Por último, la urbanización ha alcanzado en China un punto tal que la propiedad de la vivienda es en más del 90% propiedad de los 276 millones de familias urbanas que pueden considerarse en su mayoría como clase media 67.”
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NOTAS:
1 DUESTERBERG Thomas: “Grietas económicas en la Gran Muralla China: ¿Es sostenible el modelo económico actual de China?”, Instituto Hudson, Diciembre 2021, 26
2 ROGOFF Kenneth y YANG Yuanchen, “Peak China Housing”, NBER Working Paper 27697, Oficina Nacional de Investigación Económica, Cambridge, MA, agosto de 2020, https:// www.nber.org/ system/files/working_papers/w27697/w27697. pdf.
3 LEE John: “El gran dilema de Xi Jinping”, Memorando de política del Instituto Hudson, Septiembre de 2021, 2, https://www.hudson.org/ research/17308xi
jinpingsevergrandedilemma
4 NGUYEN Trieu : “La creciente burbuja inmobiliaria de China”, Mises Wire Institute, 16 Noviembre 2019.
5 BAHOUI Ye: “El desarrollo y el impacto de la crisis del Grupo Evergrande”, Facultad de comercioUniversidad de Valladolid, España, Mayo 2022, 13.
6 PERALTA Luis Alberto: Evergrande, la inmobiliaria más endeudada del mundo pone nerviosos a los inversores”, Cinco DíasEl País, Madrid, 2021
https://cincodias.elpais.com/cincodias/2021/09/18/companias/1631984620_9221
99.html

7 Oficina Nacional de Estadísticas de vivienda de Chin, Séptimo Censo Nacional de Población de 2020.
8 SUN Nikki, “Chinese Developer Evergrande Tightens Belt after a Decade of Audacity”, Nikkei Asian Review, 21 de diciembre de 2018. 2019,
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9 SHEPARD Wade: “Por qué el mercado inmobiliario de China se niega a colapsar”, Forbes, 05 de abril de 2016, consultado el 22 de abril de 2019.
https://www.forbes.com/sites/wadeshepard/2016/04/05/whychinashousing
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10 JIA Yizhen: “Evergrande: el desarrollador inmobiliario más grande de China se enfrenta a la crisis de la deuda”, Tiempos financieros, 29 de noviembre de 2018, consultado el 22 de abril de 2019.
11 ANGUIANO ROCH Eugenio: “China: Política financiera, crecimiento interno e impacto internacional”, Centro de Estudios China México de la Universidad Nacional Autónoma de México, México, Setiembre 2022, 91.
12 Banco Mundial y Centro de Investigación para el Desarrollo del Consejo de Estado, China urbana: “Hacia una urbanización eficiente, inclusiva y sostenible, 2014, http://www.worldbank.org/en/country/china/publication/urbanchinatoward
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13 一财经日报, “泽平称房地产存泡沫:总市值占PIB比高达411%,”新浪财经,21 de septiembre de 2016, consultado el 22 de abril de 2019,
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14 ANGUIANO ROCH Eugenio: “China: Política financiera, crecimiento interno e impacto internacional”, Centro de Estudios China México de la Universidad Nacional Autónoma de México, México, Setiembre 2022, 6364.
15 ZHANG, Joe: “Inside China’s shadow banking: The next subprime crisis?, Enrich Professional Publishing, 2014, Hong Kong, 95.
16 ZHANG, Joe: “Inside China’s shadow banking: The next subprime crisis?, Enrich Professional Publishing, 2014, Hong Kong.
17 DUESTERBERG Thomas: “Grietas económicas en la Gran Muralla China: ¿Es sostenible el modelo económico actual de China?”, Instituto Hudson, Diciembre 2021, 26.
18 SUN Nikki, “Chinese Developer Evergrande Tightens Belt after a Decade of Audacity”, Nikkei Asian Review, 21 de diciembre de 2018. 2019,
https://asia.nikkei.com/Business/Companyinfocus/Chinesedeveloper
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19 BRAY Chad: “Evergrande: default alarms put thousands of suppliers, jobs and economy at risk as developer’s IOUs balloon“, South China Morning Post, 9 Octubre 2021
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20 ANGUIANO ROCH Eugenio: “China: Política financiera, crecimiento interno e impacto internacional”, Centro de Estudios China México de la Universidad Nacional Autónoma de México, México, Setiembre 2022, 65.
21 ANGUIANO ROCH Eugenio: “China: Política financiera, crecimiento interno e impacto internacional”, Centro de Estudios China México de la Universidad Nacional Autónoma de México, México, Setiembre 2022, 66.
22 BAHOUI Ye: “El desarrollo y el impacto de la crisis del Grupo Evergrande”, Facultad de comercioUniversidad de Valladolid, España, Mayo 2022, 1213.
23 BAHOUI Ye: “El desarrollo y el impacto de la crisis del Grupo Evergrande”, Facultad de comercioUniversidad de Valladolid, España, Mayo 2022, 4.
24 CHINA EVERGRANDE GROUP, “Annual Report 2017”, Evergrande, consultado el 22 de abril de 2019.
25 KOT Jan: “China Evergrande Issues $3B in Bonds as Debt Pile Grows”, Mingtiandi, 24 de enero de 2019, consultado el 22 de abril de 2019,
https://www.mingtiandi.com/realestate/financerealestate/chinaevergrandebond
issue/
.
26 ANGUIANO ROCH Eugenio: “China: Política financiera, crecimiento interno e impacto internacional”, Centro de Estudios China México de la Universidad Nacional Autónoma de México, México, Setiembre 2022, 80.
27 ARIÑO DE MEER, Ignacio: “La burbuja inmobiliaria y la deuda china, ¿El fin del milagro chino?”, Facultad de Ciencias Económicas de Comillas Universidad Pontificia, Madrid, Junio 2022, 41.
28 BAHOUI Ye: “El desarrollo y el impacto de la crisis del Grupo Evergrande”, Facultad de comercioUniversidad de Valladolid, España, Mayo 2022, 30.
29 HERNÁNDEZ Gustavo, BARBOSA NARANJO Santiago, ROBAYO VARGAS Juan David y BAENA HERNÁNDEZ Sara Alejandra: “Too big to Fail?: Caso Evergrande”, Departamento Nacional de Planeación, Research Gate, 543, Colombia, 4.
30 ARIÑO DE MEER, Ignacio: “La burbuja inmobiliaria y la deuda china, ¿El fin del milagro chino?”, Facultad de Ciencias Económicas de Comillas Universidad Pontificia, Madrid, Junio 2022, 4344.
31 HERNÁNDEZ Gustavo, BARBOSA NARANJO Santiago, ROBAYO VARGAS Juan David y BAENA HERNÁNDEZ Sara Alejandra: “Too big to Fail?: Caso Evergrande”, Departamento Nacional de Planeación, Research Gate, 543, Colombia, 9.
32 HERNÁNDEZ Gustavo, BARBOSA NARANJO Santiago, ROBAYO VARGAS Juan David y BAENA HERNÁNDEZ Sara Alejandra: “Too big to Fail?: Caso Evergrande”, Departamento Nacional de Planeación, Research Gate, 543, Colombia, 4.
33 ARIÑO DE MEER, Ignacio: “La burbuja inmobiliaria y la deuda china, ¿El fin del milagro chino?”, Facultad de Ciencias Económicas de Comillas Universidad Pontificia, Madrid, Junio 2022, 41.
34 HERNÁNDEZ Gustavo, BARBOSA NARANJO Santiago, ROBAYO VARGAS Juan David y BAENA HERNÁNDEZ Sara Alejandra: “Too big to Fail?: Caso Evergrande”, Departamento Nacional de Planeación, Research Gate, 543, Colombia, 5.
35 HERNÁNDEZ Gustavo, BARBOSA NARANJO Santiago, ROBAYO VARGAS Juan David y BAENA HERNÁNDEZ Sara Alejandra: “Too big to Fail?: Caso Evergrande”, Departamento Nacional de Planeación, Research Gate, 543, Colombia, 9.
36 HERNÁNDEZ Gustavo, BARBOSA NARANJO Santiago, ROBAYO VARGAS Juan David y BAENA HERNÁNDEZ Sara Alejandra: “Too big to Fail?: Caso Evergrande”, Departamento Nacional de Planeación, Research Gate, 543, Colombia, 5.
37 OTERO IGLESIAS Miguel: “La prosperidad común y la circulación dual: El nuevo modelo de desarrollo de China”, Real Instituto Elcano, 1 de febrero de 2022, 1.
38 BARBERO BENITO María: “Objetivo “Sueño Chino”: Análisis del XIV Plan Quinquenal y sus amenazas”, Universidad Europea de Madrid, España, 2022, 28.
39 BARBERO BENITO María: “Objetivo “Sueño Chino”: Análisis del XIV Plan Quinquenal y sus amenazas”, Universidad Europea de Madrid, España, 2022, 29.
40 BARBERO BENITO María: “Objetivo “Sueño Chino”: Análisis del XIV Plan Quinquenal y sus amenazas”, Universidad Europea de Madrid, España, 2022, 28.
41 BARBERO BENITO María: “Objetivo “Sueño Chino”: Análisis del XIV Plan Quinquenal y sus amenazas”, Universidad Europea de Madrid, España, 2022, 29.
42 MILANOVIC Branko: La desigualdad de China la llevará a una dura elección”, Foreign Affairs, 11 de febrero de 2021, 1.
43 BARBERO BENITO María: “Objetivo “Sueño Chino”: Análisis del XIV Plan Quinquenal y sus amenazas”, Universidad Europea de Madrid, España, 2022, 29.
44 BARBERO BENITO María: “Objetivo “Sueño Chino”: Análisis del XIV Plan Quinquenal y sus amenazas”, Universidad Europea de Madrid, España, 2022, 30.
45 https://datos.bancomundial.org/tema/pobreza
46 BARBERO BENITO María: “Objetivo “Sueño Chino”: Análisis del XIV Plan Quinquenal y sus amenazas”, Universidad Europea de Madrid, España, 2022, 30.
47 BARBERO BENITO María: “Objetivo “Sueño Chino”: Análisis del XIV Plan Quinquenal y sus amenazas”, Universidad Europea de Madrid, España, 2022, 31.
48 Ibidem.
49 BARBERO BENITO María: “Objetivo “Sueño Chino”: Análisis del XIV Plan Quinquenal y sus amenazas”, Universidad Europea de Madrid, España, 2022, 34.
50 Ibidem.
51 Ibidem.

52 BARBERO BENITO María: “Objetivo “Sueño Chino”: Análisis del XIV Plan Quinquenal y sus amenazas”, Universidad Europea de Madrid, España, 2022, 37.
53 DUESTERBERG Thomas: “Grietas económicas en la Gran Muralla China: ¿Es sostenible el modelo económico actual de China?”, Instituto Hudson, Diciembre 2021, 27.
54 ARIÑO DE MEER, Ignacio: “La burbuja inmobiliaria y la deuda china, ¿El fin del milagro chino?”, Facultad de Ciencias Económicas de Comillas Universidad Pontificia, Madrid, Junio 2022, 35.
55 ARIÑO DE MEER, Ignacio: “La burbuja inmobiliaria y la deuda china, ¿El fin del milagro chino?”, Facultad de Ciencias Económicas de Comillas Universidad Pontificia, Madrid, Junio 2022, 30.
56 ARIÑO DE MEER, Ignacio: “La burbuja inmobiliaria y la deuda china, ¿El fin del milagro chino?”, Facultad de Ciencias Económicas de Comillas Universidad Pontificia, Madrid, Junio 2022, 40.
57 ARIÑO DE MEER, Ignacio: “La burbuja inmobiliaria y la deuda china, ¿El fin del milagro chino?”, Facultad de Ciencias Económicas de Comillas Universidad Pontificia, Madrid, Junio 2022, 32.
58 ARIÑO DE MEER, Ignacio: “La burbuja inmobiliaria y la deuda china, ¿El fin del milagro chino?”, Facultad de Ciencias Económicas de Comillas Universidad Pontificia, Madrid, Junio 2022, 53.
59 YU Sol, MITCHELL Tom, MC MORROW Ryan: “Evergrande de China enfrenta protestas a medida que empeora la crisis de liquidez”, The Irish Times, 14 Septiembre 2021.
60 BARBERO BENITO María: “Objetivo “Sueño Chino”: Análisis del XIV Plan Quinquenal y sus amenazas”, Universidad Europea de Madrid, España, 2022, 29.
61 BRICHAUX Louis: “Crisis de Evergrande: El dragón Rojo”, Centro de análisis para las Decisiones Públicas de la Universidad Francisco Marroquín, Guatemala, Setiembre 2021.
62 DUESTERBERG Thomas: “Grietas económicas en la Gran Muralla China: ¿Es sostenible el modelo económico actual de China?”, Instituto Hudson, Diciembre 2021, 19.
63 OTERO IGLESIAS Miguel: “La prosperidad común y la circulación dual: El nuevo modelo de desarrollo de China”, Real Instituto Elcano, 1 de febrero de 2022, 5.

64 BARBERO BENITO María: “Objetivo “Sueño Chino”: Análisis del XIV Plan Quinquenal y sus amenazas”, Universidad Europea de Madrid, España, 2022, 33.
65 PEI Mixin : « China’s crony capitalism : The dynamics of regime decay », Harvard University Press, Londres, 2016.
66 ANGUIANO ROCH Eugenio: “China: Política financiera, crecimiento interno e impacto internacional”, Centro de Estudios China México de la Universidad Nacional Autónoma de México, México, Setiembre 2022, 92.
67 Ibidem

El marxismo de Isaac Deutscher

Por Ariel Petruccelli

Nota.— El presente texto de nuestro compañero Ariel Petruccelli sobre el gran historiador de izquierda polaco, que viene a enriquecer nuestra sección Kraken de semblanzas y obituarios, es una versión ligeramente modificada de un viejo artículo suyo publicado allá por 2008 en el número 5 de la revista Nuevo Topo, bajo el título “Isaac Deutscher (1907-1967)”. Como el escrito no estaba disponible en internet (Nuevo Topo era en papel y dejó de salir en 2009), y como ya han pasado 15 años desde su impresión, nos pareció conveniente digitalizarlo y socializarlo a través de nuestra página web, conforme a nuestra política de copyleft.

El nombre de Isaac Deutscher puede significar poco y nada para las jóvenes generaciones, sean militantes o académicas. Y sin embargo, es con toda seguridad uno de los pensadores marxistas más lúcidos del siglo XX y uno de los mejores historiadores de cualquier tradición. Conviene, pues, evitar que habite el olvido. Aquí ofreceré una breve semblanza de Deutscher, como modesta invitación a leer sus libros. Quienes lo hagan, no dudo de ello, no se arrepentirán.

Isaac Deutscher falleció en el exilio londinense en agosto de 1967. Al momento de morir era, como lo fuera a lo largo de toda su vida, un pensador a contracorriente. Ajeno por igual a la fobia anticomunista –que por entonces dominaba Occidente– y a los mitos del comunismo «oficial» –emanados desde Moscú o Pekín–, Deutscher ni siquiera podía ser considerado «uno de los suyos» por los pequeños grupos trotskistas, sus antiguos camaradas: había considerado inoportuna la creación de la IV Internacional y disentido con Trotsky respecto a las posibilidades de una revolución política en la URSS. Pese a todo, no era un escritor marginal. Sus ideas y análisis eran demasiado penetrantes y sus narraciones exquisitamente bellas como para que sus escritos pasaran desapercibidos. Aunque sus libros estaban rigurosamente prohibidos en la Unión Soviética y en su Polonia natal, y aunque sobre sus obras caía el oprobio de los cruzados de la guerra fría de uno y otro bando, los lectores de la New Left Review y Les Temps Modernes pudieron disfrutar con cierta regularidad de sus análisis sobre política internacional. Su influencia sobre algunos intelectuales marxistas ha sido considerable. Como reconociera Perry Anderson “para nosotros tuvo una importancia primordial la influencia en nuestra formación de Isaac Deutscher”1.

Los años de formación

Deutscher nació en 1907, en Cracovia, en el seno de una familia judía de clase media. A los 17 era ya un poeta local bastante conocido. Pero dos años después –contrariando las esperanzas de su padre, que anhelaba la carrera de rabino– el joven Isaac ingresa al clandestino Partido Comunista Polaco (PCP). Desde ese momento, y por el resto de sus días, sería un marxista convencido.

Su formación inicial en el contexto de la Polonia de fines de años 20 ha dejado una huella perdurable y nítida. El imperturbable internacionalismo de Deutscher y su vasto cosmopolitismo tienen su origen en esta primigenia experiencia local.2

La producción intelectual durante este período constituye el segmento menos conocido de su labor: se trata de textos divulgados por organizaciones clandestinas o semiclandestinas. Al momento de su ingreso al PCP, el partido se hallaba dividido desde hacía años entre una tendencia mayoritaria y otra minoritaria. Pero Deutscher no se alinearía con ninguna de ellas, una actitud que ya prefiguraba la independencia intelectual y política que caracterizarían al escritor maduro: “[Yo] no pertenecía a ninguna de las dos [tendencias], quizás porque cuando entré en el partido (…) la línea divisoria había sido ya marcada y yo no entendía realmente de qué se trataba. Pero sí recuerdo con claridad que en 1926-27 tenía una sensación muy aguda de cuán fútil era la disputa. Me parecía que la mayoría tenía el defecto de cierto oportunismo y que la minoría se distinguía por una dinámica más revolucionaria. Lo que me molestaba en ésta era su tosquedad intelectual y su inclinación al sectarismo”3.

A comienzos de los 30 formula a la Internacional Comunista una serie de críticas semejantes a las de Trotsky. Cuestionaba la línea ultraizquierdista que concentraba los ataques en los «socialfascistas», al tiempo que hacía un llamado en favor de la acción conjunta socialista-comunista para enfrentar al nazismo. Esto le acarrearía la expulsión del PCP: “Me expulsaron del Partido Comunista Polaco (…) por haber publicado un ensayo […en el que] decía que el nazismo, si llegaba a vencer, aplastaría a los dos partidos (…) y agitaría el espectro de una segunda guerra mundial (…). La razón oficial para mi expulsión (…) fue que yo había exagerado el peligro del nazismo y creado pánico en el movimiento obrero. En cierto modo, era verdad: en los años 1931-32, el nazismo me había puesto en un estado tal de agitación y angustia febril. Naturalmente, los que en aquel tiempo no sintieron ese ‘pánico’ estaban ciegos”4.

Tras su expulsión, Deutscher animó un grupo de oposición que mantenía contacto con Trotsky, y que gozaba de cierto crecimiento cuantitativo y de buena inserción en la clase trabajadora. Pero en 1938, año en que se lleva a cabo el congreso constituyente de la IV Internacional, los polacos son el único grupo participante que recusa esta decisión. En el documento presentado por sus delegados –redactado por Deutscher– se argumentaba que: “…no tenía sentido tratar de crear una nueva Internacional cuando el movimiento obrero, en general, iba en descenso, durante un período ‘de intensa reacción y depresión política’, y que todas las Internacionales anteriores habían debido su éxito, en cierta medida, al hecho de que se habían formado en momentos de auge revolucionario. La creación de cada una de las Internacionales anteriores constituyó una amenaza definida al régimen burgués (…) Tal cosa no sucederá con la Cuarta Internacional. Ningún sector significativo de la clase obrera responderá a nuestro manifiesto. Es necesario esperar”5.

Tras la ocupación de Polonia por las tropas de Hitler y Stalin (1939), Deutscher se marcha al exilio londinense. Y sería en Inglaterra, ya alejado de la militancia política directa y en una lengua –el inglés– que no era la suya, donde habría de abocarse al estudio histórico-biográfico, el género en el que descollaría como un maestro inigualado.

El historiador

Su primera obra, Stalin, una biografía política, fue publicada en 1949, cuando el biografiado aún vivía y se hallaba en la cúspide del poder de una URSS envuelta en los fragores de la guerra fría. El Stalin fue, en su tiempo, objeto de una sonora polémica. Si para el Daily Worker –órgano del Partido Comunista de los EE.UU.– el libro era obra de un portavoz del gran capital y de la City de Londres; autores como B. Wolfe, D. Shub y F. Borkeneau sostenían que Deutscher ocultaba la verdad sobre Stalin, produciendo la más habilidosa apología de la política exterior soviética.6

La antipatía que siente Deutscher por Stalin es evidente en el conjunto de la obra. El «hombre de acero» era demasiado tosco intelectualmente, moralmente inescrupuloso y curiosamente provinciano (pese a ser el dirigente de un movimiento mundial) como para despertar la simpatía de un intelecto tan sofisticado y una personalidad tan cosmopolita y éticamente íntegra como la de Deutscher. Pero esta antipatía subjetiva interfiere muy poco dentro de la estructura más propiamente explicativa y analítica del texto. Aunque los rasgos distintivos de Stalin como personalidad adquieren contornos nítidos a lo largo de la narración –e incidentalmente desempeñan un importante papel explicativo–, el enfoque de Deutscher es contrario a considerar las acciones de las personalidades como la causa fundamental del desarrollo histórico. La constitución de una burocracia dictatorial con pretensiones totalitarias en la Unión Soviética no es, desde su óptica, reductible a –ni explicable por– la figura de Stalin.

A pesar de sus no pocos méritos intrínsecos, esta biografía inicial parece más bien un «ensayo general» de la obra maestra de Deutscher: los tres volúmenes dedicados a la vida de Trotsky. No obstante, comparado con los kilómetros de mediocre material biográfico anti y pro-estalinista, el Stalin de Deutscher sobresale como una obra erudita, equilibrada en sus juicios y aguda en sus interpretaciones. Así y todo, si se la parangona con su trilogía sobre Trotsky, nos resulta extrañamente una obra menor.

En los tres volúmenes dedicados a Trotsky, Deutscher alcanza las más altas cumbres de la producción biográfica. Este logro, sin embargo, no es el fruto de un proceso de maduración intelectual. El Deutscher que escribió el Stalin era ya un escritor maduro y un investigador ampliamente familiarizado con sus fuentes. Lo que marca la diferencia es el propio objeto de estudio. Como alguna vez lo hiciera notar Edward Carr, “Trotsky es el personaje ideal para una biografía”7. Pero esto no es solo, como sugiere Carr, porque Trotsky tuviera “una personalidad más acusada, más contradictoria, más compleja (…) que las de sus camaradas rivales, en la gran empresa de la Revolución Rusa”8. Esto es cierto, pero lo que concede un plus a la vida de Trotsky es el carácter trágico de su desarrollo, y su trágico final.

La singular vida de Trotsky da a esta trilogía todas las características de una tragedia clásica. Deutscher era consciente de esto: “La pregunta que tiene un interés subyugante para el biógrafo es: ¿en qué medida contribuyó el propio Trotsky a su propia bancarrota? ¿En qué medida se vio él mismo obligado, por circunstancias críticas y por su propio carácter, a abrirle el camino a Stalin? La respuesta a estas preguntas revela la tragedia verdaderamente clásica de la vida de Trotsky, o más bien una reproducción de la tragedia clásica en los términos seculares de la política moderna…”9.

A diferencia del grueso de los biógrafos –que cuando brillan literariamente fracasan como historiadores, y cuando se adentran en la vida individual del biografiado culminan olvidando las determinaciones sociales– Deutscher posee, junto al genio literario, rigor erudito para analizar documentos, perspectiva histórica para valorar los hechos, y penetración psicológica para comprender a las personas.

La simpatía que Deutscher siente por Trotsky es tan evidente como la antipatía que le provoca Stalin. Pero esta carga subjetiva se ve largamente compensada por el rigor documental y la implacable búsqueda de objetividad en la presentación de los hechos. En sus páginas, tanto los críticos como los apologistas de Trotsky podrán hallar todo el material que deseen. La simpatía subjetiva realza la carga dramática y la belleza literaria del texto, sin menoscabar el rigor histórico de la reconstrucción. En un párrafo revelador, Deutscher sintetiza así su abordaje de Trotsky: “Yo considero a Trotsky, ciertamente, como uno de los jefes revolucionarios más notables de todos los tiempos (…). Pero no me propongo presentar aquí la imagen glorificada de un hombre sin mácula y sin tacha. Me he esforzado por mostrarlo tal cual fue, en su estatura y su fuerza verdaderas, pero con todas sus debilidades; he tratado de mostrar la potencia, la fecundidad y la originalidad extraordinarias de su mente, pero también su falibilidad (…). Me he esforzado en todo lo posible por hacerle justicia al carácter heroico de Trotsky (…). Pero también lo he mostrado en sus muchos momentos de irresolución e indecisión: describo al Titán batallador cuando vacila y titubea; y, ello no obstante, continúa avanzando al encuentro de su destino”10.

La vida y la muerte de Trotsky poseen un innegable tinte trágico. Pero es a Deutscher a quien corresponde el mérito de haber revelado los delgados hilos que unen el trágico final con las etapas más tempranas de su carrera. Las palabras con las que finaliza El profeta desarmado son una muestra elocuente de esto: “Cuando Trotsky instó ahora al partido bolchevique a ‘sustituir’ a las clases trabajadoras, no pensó, en medio de la precipitación del trabajo y las controversias, en las siguientes fases del proceso, aún cuando él mismo las había pronosticado hacía mucho tiempo (en 1903) con extraña clarividencia. ‘La organización partidaria sustituiría entonces al partido en su conjunto; entonces el Comité Central sustituiría a la organización; y finalmente un solo dictador sustituiría al Comité Central’. El dictador aguardaba ya tras bastidores”11.

Pero la tragedia de Trotsky no es sólo personal: es una tragedia social. Y se comienza a vislumbrar poco después de la insurrección de octubre: “Los bolcheviques hicieron su Revolución de Octubre de 1917 con la convicción de que lo que ellos habían iniciado era ‘el salto de la humanidad del reino de la necesidad al reino de la libertad’. Vieron al orden burgués disolviéndose y a la sociedad clasista derrumbándose en todo el mundo, no sólo en Rusia. Creyeron que en todas partes los pueblos se rebelaban por fin contra su condición de juguetes de fuerzas productivas socialmente desorganizadas y contra la anarquía de su propia existencia (…) Cuando por fin alcanzaron la victoria, descubrieron que la Rusia revolucionaria se había excedido y se hallaba en el fondo de un pozo horrible. Ninguna otra nación había seguido su ejemplo revolucionario. Rodeada por un mundo hostil, o en el mejor de los casos indiferente, Rusia se hallaba sola, desangrada, hambrienta, aterida, consumida por las enfermedades y abrumada por el abatimiento”12.

Pese a ello, hacia 1921 los bolcheviques consiguen afianzarse en el poder. Pero es en ese preciso momento cuando se hace patente que no podrán cumplir las promesas revolucionarias. Cuatro años de guerra internacional y dos años de guerra civil habían desmantelado la débil estructura industrial rusa. La clase obrera, base natural de la democracia proletaria y del poder bolchevique, prácticamente había desaparecido. El reparto de las tierras entre el campesinado había dado a los soviets el apoyo de los pobres del campo, pero ahora redundaba en un descenso de la producción agrícola, mientras que los campesinos –una vez pasado el peligro del regreso de los terratenientes– comenzaron a mirar con indiferencia u hostilidad al poder urbano soviético. Es en esta terrible encrucijada histórica cuando se comienza a perfilar la tragedia del hombre: “En la cumbre misma del poder, Trotsky, al igual que el protagonista de una tragedia clásica, dio un traspié. Obró contra sus propios principios y pasando por alto un solemnísimo compromiso moral. Las circunstancias, las exigencias de la revolución y su propio orgullo lo colocaron en este trance. En la situación en que se hallaba, difícilmente podía evitarlo. Sus pasos fueron el resultado casi inevitable de todo lo que había hecho antes, y sólo un paso separaba ahora lo sublime de lo siniestro: aun su negación de los principios era dictada por los principios. Y, sin embargo, al obrar como lo hizo, destruyó el terreno que pisaba”13.

La carga trágica se ve realzada en el último tomo, dedicado a los últimos años de Trotsky. Y no solo por la sucesión de tragedias familiares y personales que culminan en el cobarde asesinato, sino fundamentalmente por la situación política verdaderamente trágica en la que se encuentra durante todos los años de su último exilio. Esa tragedia consiste en el conflicto entre la necesidad y la imposibilidad de la acción. Necesidad, porque ni su carácter ni las circunstancias le permitían a Trotsky abstenerse de la lucha política. Imposibilidad, porque su aislamiento físico y el contexto internacional hacían infructuosos sus intentos por intervenir en la política mundial o local. Ese mismo contexto –el de los años 30– es el que llevó a Deutscher a abandonar el combate político directo, y a concentrar sus esfuerzos en la investigación histórica. Es por eso que resulta especialmente reveladora la simpatía y la comprensión que muestra Deutscher ante la decisión de Trotsky de construir la Cuarta Internacional.

Si el último capítulo del primer volumen lleva por título “Derrota en la victoria” y reseña el drama de los revolucionarios victoriosos que descubren amargamente que no pueden cumplir sus promesas y sus sueños, el último capítulo del último volumen se titula “Victoria en la derrota” y nos muestra los importantes elementos de victoria que se encuentran en el Trotsky aislado y derrotado. Allí Deutscher expone sus ideas sobre los legados de Trotsky y Stalin: “[a Trotsky] lo veo como la figura representativa del comunismo pre-estalinista y como el precursor del comunista post-estalinista. Empero, no me imagino que el futuro del comunismo reside en el trotskismo. Me inclino a pensar que el desarrollo histórico está rebasando tanto al estalinismo como al trotskismo y tiende a algo más amplio que cualquiera de los dos. Pero cada uno será ‘rebasado’ probablemente de diferente manera. Lo que la Unión Soviética y el comunismo toman de Stalin es, principalmente, sus logros prácticos (…). En lo que toca a los métodos de gobierno (…) ideas y ‘clima moral’, el legado de la era de Stalin es peor que vacío; mientras más pronto se lo deseche, mejor. Pero precisamente en estos aspectos Trotsky tiene todavía mucho que ofrecer…”14.

Marxismo y literatura

Las preocupaciones literarias son una constante en la obra de Deutscher. Esto se refleja en la manera exquisita que adopta su narración, pero también en el abundante uso de obras y recursos literarios. La estancia de Trotsky en Noruega es comparada con la novela El enemigo del pueblo, de Ibsen; Sal, un cuento de Isaac Babel, es utilizado para ilustrar la compleja situación de los judíos en la Rusia revolucionaria; la conflictiva relación entre Oriente y Occidente es ilustrada con el poema Los escitas, de Blok. Estos ejemplos se podrían multiplicar fácilmente. En la arquitectura de la obra de Deutscher, los aspectos literarios ocupan un importante papel. No son un mero complemento o adorno de la «narración verídica». Él habría mirado con una mueca irónica a quienes ven en el «giro lingüístico» y en el «resurgir» de la «historia narrativa» una amenaza para el marxismo. Sus libros realizan una asombrosa síntesis de narrativa histórica, compromiso político y rigor explicativo. Esta síntesis es, por sus alcances, una verdadera rareza. Una somera comparación con dos historiadores de primera fila –E. P. Thompson y E. Carr– resulta especialmente pertinente.

La formación de la clase obrera en Inglaterra, de Thompson, ha sido elogiada por sus vívidas recreaciones de la vida, las luchas, los pensamientos y los sentimientos de la clase obrera inglesa inicial. La fuerza literaria de ese texto difícilmente sea superada. Pero el precio que Thompson paga por este logro es elevado. La contracara de la elocuencia con que son descritas las experiencias de los trabajadores es la ausencia de coordenadas objetivas con las que contrastar esas experiencias subjetivas. Al cabo de novecientas páginas, el lector no puede enterarse de datos tan elementales como la envergadura aproximada de la clase obrera o su proporción con respecto al resto de la población. Este es un costo que no paga Deutscher. Sin aburrir con un exceso de cifras y estadísticas, oportunamente proporciona esclarecedores datos sobre la cantidad de miembros del partido bolchevique, el descenso de la producción rusa durante la guerra, los alcances de la colectivización, etc. La comparación con Carr es igualmente ilustrativa. La lectura de los catorce tomos de la Historia de la Rusia soviética es una tarea fatigosa. El lector se sentirá subyugado por la monumentalidad del conocimiento erudito de Carr; pero difícilmente se sienta atraído por una narrativa densa, incapaz de recrear las vivencias subjetivas de los sucesos que narra… algo que Deutscher consigue con maestría.

La sensación de vejación y de escándalo que desató la perspectiva narrativista de Hayden White en muchos historiadores marxistas y annalistas, con toda seguridad que no hubiera sido compartida por Deutscher, quien siempre fue más

 que consciente de la dimensión escritural y literaria de la historiografía, y quien mucho antes de que se hablara de algún giro lingüístico, podía emplear recursos tan «vanguardistas» como imaginar un diálogo entre el fantasma del zar Nicolás y Stalin, o relatar la vida imaginaria de Vicente Adriano, un “ministro polrúgaro”15. Y a favor de Deutscher: las oscilaciones, ambigüedades e incluso contradicciones de White en torno al estatuto científico –o no– de la historiografía es dudoso que las hubiera reproducido: Deutscher siempre tuvo claro que la historiografía tenía varias almas, y que el buen historiador debía cultivarlas a todas.

El legado de Isaac Deutscher

Hasta el día de su muerte, permaneció leal al socialismo, aunque intransigentemente crítico con las dictaduras que hablaban en su nombre. En sus últimos años, se mostró escéptico respecto a las posibilidades de una revolución política desde abajo en la URSS, aunque creía que la lógica del desarrollo obligaría tarde o temprano a que la élite dirigente iniciara una reforma por arriba. En esto disentía con Trotsky y sus seguidores, quienes esperaban alzamientos de los trabajadores. No dispongo aquí de espacio para evaluar la perspectiva deutscheriana de la revolución y el socialismo. Baste con decir que combinó optimismo histórico a largo plazo con una gran serenidad para afrontar los descalabros inmediatos. En uno de sus últimos escritos exploró sin hesitación, incluso, la posibilidad de una restauración capitalista.

Transcurrido ya más de medio siglo desde su muerte, en un contexto internacional de desconcierto generalizado en las izquierdas, la lectura de Deutscher parece, más que recomendable, sencillamente imperiosa. Como dijera Anderson, en él había algo de olímpica serenidad, algo de iconoclasta visionario, algo de astuto político… La cultura de izquierdas necesita de todos y cada uno de estos rasgos.

Ariel Petruccelli

NOTAS

1 P. Anderson, Teoría, política e historia, México, Siglo XXI, 1985, p. 171.
2 P. Anderson, “El legado de Isaac Deutscher”, en Campos de batalla, Barcelona, Anagrama, 1998.
3 I. Deutscher, El marxismo de nuestro tiempo, México, Era, 1975, p. 168.
4 Ibid., pp. 185-186.
5 I. Deutscher, Trotsky, el profeta desterrado, México, Era, 1988 (1963), p. 380. Los pasajes entrecomillados son citas del documento polaco.
6 I. Deutscher, Stalin, México, Era, 1988 (1949), p. 11.
7 E. Carr, “La tragedia de Trotsky”, 1917: Antes y después, Barcelona, Anagrama, 1969, p. 160.
8 Ibid., p. 159.
9 I. Deutscher, Trotsky, el profeta armado, México, Era, 1987 (1953), p. 11.
10 I. Deutscher, Trotsky, el profeta desarmado, México, Era, 1989 (1955), p. 12.
11 I. Deutscher, Trotsky, el profeta armado, ob. cit., p. 477.
12 I. Deutscher, Trotsky, el profeta desarmado, ob. cit., p. 16.
13 I. Deutscher, Trotsky, el profeta desarmado, ob. cit., p. 445.
14 I. Deutscher, Trotsky, el profeta desterrado, ob. cit., pp. 11-12.
15 Ver, Stalin, ob. cit., pp. 347-48, y también “La trágica muerte de un ministro polrúgaro”, en I. Deutscher, Ironías de la historia, Madrid, Península, 1969. “Polrugaria” (contracción entre los topónimos «Polonia», «Rumania» y «Bulgaria») es el nombre que Deutscher le pone a un país satélite de la URSS que él imagina en clave ficcional.

El marxismo cultural de Raymond Williams

Por Michael Löwy

Fundador de los Estudios Culturales y de la New Left Review, Raymond Williams (1921-1988) es una de las figuras más influyentes e innovadoras de la cultura crítica inglesa. Poco conocido en Francia -aparte de algunos raros artículos publicados en pequeñas revistas-, hubo que esperar medio siglo después de la publicación de sus primeros libros importantes para que fuera finalmente traducido al francés: Culture et Matérialisme (París, Les Prairies Ordinaires, 2009, 246 páginas).

En este artículo publicado en 2012, Michael Löwy repasa la trayectoria política de Raymond Williams para detallar sus aportaciones, la relación que mantuvo con el marxismo y la forma en que combatió su desviación hacia el dogmatismo. La contribución de Williams es esencial para los enfoques críticos de la cultura, pero su obra no puede desligarse de un compromiso intelectual nacido en el corazón de Inglaterra a mediados del siglo XX y de los debates de la nueva izquierda surgida en aquella época.

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¿Cómo explicar el retraso en la traducción de la obra de Raymond Williams al francés? ¿Es el Canal de la Mancha un abismo infranqueable? ¿O es el Hexágono el que tiende a encerrarse en un espléndido aislamiento? Este retraso -y otros similares, relativos a importantes autores ingleses- merecería una investigación con los mejores métodos analítico-críticos de los «estudios culturales»1/.

En cualquier caso, sólo cabe estar agradecidos a Les Prairies Ordinaires, y a los dos directores de la colección «Penser/Croiser«, François Cusset y Rémy Toulouse, por haber tomado la iniciativa de publicar esta primera colección de ensayos, permitiendo así al público francófono descubrir a uno de los intelectuales de izquierda más importantes de Inglaterra, cuyas obras son conocidas y discutidas desde hace tiempo en Estados Unidos, América Latina y otros lugares.

Hijo de un obrero ferroviario galés, Williams siempre ha sido -al igual que su homólogo francés Pierre Bourdieu- un outsider en la élite académica inglesa. Su doble lealtad de clase -como hijo de una familia obrera- y de comunidad -a la cultura galesa- iba a ser un hilo conductor a lo largo de su vida. Estudió literatura en Cambridge pero, al afiliarse al Partido Comunista Inglés a finales de los años treinta, se situó necesariamente al margen del establishment académico; sus estudios se vieron interrumpidos por la Segunda Guerra Mundial, en la que luchó como tanquista.  En la posguerra optó por abandonar Cambridge -pero también el Partido Comunista- para enseñar, junto con su amigo E.P. Thompson, en la Workers’ Educational Association, una red de extensión universitaria vinculada al movimiento obrero inglés.  No volvió a Cambridge como profesor hasta 1961.

Junto con Stuart Hall y sus amigos del Center for Contemporary Cultural Studies de Birmingham, Raymond Williams puede considerarse el iniciador -gracias a su libro de 1958 Culture and Society- de los Cultural Studies, que estaban destinados a convertirse en uno de los campos más importantes de la investigación académica anglosajona, pero que son, en su origen, un método, inspirado en el marxismo, para el análisis sociohistórico de los hechos culturales (en el sentido más amplio del término). Fue también, con E.P. Thompson, John Saville, Stuart Hall, Raphael Samuel – y otros intelectuales marxistas que habían roto con el PC británico en 1956 – el fundador (1960) de la New Left Review, en cuyo director se convertiría, poco después, el joven Perry Anderson.

Durante los años 60 descubrió el marxismo occidental, de tendencia historicista: Gramsci, Lukacs, Lucien Goldmann (¡no Althusser!) – con los que sintió evidentes afinidades.  A partir de entonces, su obra se convirtió en un vínculo entre la tradición inglesa de crítica cultural (romántica) y el marxismo continental. Intelectual comprometido, no ocultó sus convicciones socialistas y publicó, con E.P. Thompson, un rotundo documento anticapitalista, el May Day Manifesto (1968), en el que denunciaba categóricamente los mitos de la modernización:

Como modelo de cambio social, la modernización acorta bruscamente el desarrollo histórico de la sociedad. Se supone que todo el pasado pertenece a la Sociedad ‘tradicional’ y la modernización es un medio técnico para romper con el pasado sin crear un futuro. […] Es un modelo tecnocrático de sociedad, no conflictivo y políticamente neutro, que disuelve los auténticos problemas y conflictos sociales en las abstracciones de la ‘revolución científica’, el ‘consenso’ y la ‘productividad’2/.

Es autor de novelas, trabajos sociológicos, estudios marxistas sobre literatura, análisis de medios de comunicación y ensayos políticos -publicados tanto por Oxford University Press como por New Left Books(más tarde Verso)- y fue uno de los líderes de la Campaña para el Desarme Nuclear (CND). Algunos de sus libros, como Keywords. A Vocabulary of Culture and Society (1976), o Marxism and Literature (1977), han alimentado el pensamiento de varias generaciones de intelectuales críticos a ambos lados del Atlántico. Su influencia fue considerable: ¡baste recordar que a finales de los años setenta se habían vendido unos 750.000 ejemplares de sus obras!

Por último, como bien señala Jean-Jacques Lecercle en su excelente introducción a la colección francesa, Williams, a diferencia de tantos otros, nunca dio la espalda a su compromiso socialista en defensa de los oprimidos. Esta dimensión se perderá de vista en algunos estudios culturales anglosajones, que interpretarán a Raymond Williams en los términos del «giro lingüístico» posmoderno, o «posmarxista», evacuando el punto crítico y anticapitalista de sus escritos.

La sensibilidad sociocultural de Williams también se refleja en sus novelas, la mayoría de las cuales están ambientadas en el Gales obrero. Es el caso de los tres libros conocidos como la «trilogía galesa»: Border Country (1960), Second Generation (1964), The Fight for Manod (1974). La dimensión romántica está especialmente presente en la novela histórica inacabada, publicada en dos volúmenes poco después de su muerte, People of the Black Mountains (1989-90), que narra episodios de la vida de los galeses de su región natal, «las Montañas Negras», desde el Neolítico hasta la Baja Edad Media.

El gran libro «inaugural» de Raymond Williams, Culture and Society 1780-1950 (Londres: The Hoggarth Press, 1958), es un ambicioso intento de rescatar, desde una perspectiva progresista, la gran tradición inglesa de crítica cultural romántica de la civilización capitalista/industrial, que se extiende desde Coleridge y Wordsworth, pasando por William Cobbett, Thomas Carlyle, Matthew Arnold y William Morris, hasta T.S. Eliot y F.R. Leavis.

Estos autores son muy diversos, pero comparten una especie de nostalgia por un pasado sociocultural perdido -la «Vieja Inglaterra»- y una crítica feroz de la modernidad industrial burguesa y sus valores comerciales y mecánicos. Algunos eran profundamente conservadores -Edmund Burke-, otros lucharon por los intereses de los trabajadores -William Cobbett- y unos pocos fueron auténticos revolucionarios socialistas (W. Morris). Sin ignorar esas diferencias, el autor de Cultura y sociedad se interesa por lo que tenían en común, esa radical oposición cultural a la nueva sociedad surgida de la Revolución Industrial.

Como observa acertadamente J.J. Lecercle, Williams nunca abandonó sus posiciones, aunque a veces matizara o suavizara sus observaciones. Un ejemplo de esta continuidad es la monografía que dedicó en 1983 al publicista romántico y democrático William Cobbett:

Si es la voz de algo que puede llamarse […] la vieja Inglaterra, es también, en el mismo movimiento, la voz de protesta contra el capital financiero, el imperialismo y el Estado aristocrático, y la voz de aliento para la organización de la clase obrera…4/.

En Culture and Society, Williams realiza una crítica exhaustiva del marxismo inglés bastante reduccionista de los años treinta (Christopher Caudwell).  Pero no por ello aspira menos a

una interacción entre el Romanticismo y Marx, entre la idea de cultura que constituye la principal tradición inglesa y la brillante revalorización que Marx hace de esa idea, objetivo que considera una tarea para el futuro: «nos vemos obligados a concluir que la interacción dista aún mucho de haberse completado» 5/.

En los años treinta, esta tradición inglesa de crítica de la civilización mecánica y de su mezquino mercantilismo -en nombre de la comunidad orgánica del pasado y de la tradición cultural- estaba representada en particular por F.R. Leavis, autor de Mass Civilisation and Minority Culture (1930), y por su influyente revista de crítica literaria Scrutiny. Aunque rechaza el conservadurismo y el elitismo cultural de este movimiento, Williams se interesa por su dimensión crítica y su oposición a la degradación mercantil de la cultura.  ¿Podemos, sin embargo, definir su posición político-cultural como un «leavisismo de izquierdas», como propone J.J. Lecercle? 6/

No está mal, pero la referencia parece demasiado limitada: ¿por qué no definirlo como un discípulo de William Morris o un «cobbettista» moderno? La fórmula propuesta por Lecercle es tanto más problemática cuanto que Williams se distancia explícitamente de las posturas elitistas de Leavis y Scrutiny. Lecercle utiliza otra expresión discutible para dar cuenta de la singularidad de la obra de Williams: se trataría de «un término medio» entre el Cambridge English de Leavis y el marxismo ortodoxo (p. 17).  Me parece que el materialismo cultural de Raymond Williams no es un «término medio», sino más bien una superación dialéctica de esta contradicción, en el sentido de la Aufhebung marxo-hegeliana. De hecho, Williams no puede vincularse exclusivamente a Leavis ni a ningún otro autor de esta corriente, sino que pertenece -al igual que E.P. Thompson- a lo que podría denominarse «marxismo romántico»; es cierto que esta terminología nunca aparece de esta forma en sus escritos, pero ya en 1958, como hemos visto, se plantea el proyecto de una interacción entre ambos 7/.

Tanto Thompson como Williams se alejaron de la New Left Review durante la década de 1960, al no compartir las opciones intelectuales y políticas de sus nuevos editores (Perry Anderson y sus amigos). Uno de los nuevos editores, Terry Eagleton, publicó en 1976 un artículo en el que cuestionaba el marxismo de Williams, cuyo método consideraba «idealista». Sin embargo, unos años más tarde se produjo un acercamiento, que quedó reflejado en Politics and Letters (New Left Books, 1979), un libro de entrevistas con Williams, realizadas por Perry Anderson y otros dos editores de la revista, Anthony Barnett y Francis Mulhern. A partir de ese momento, puede decirse que Williams se convirtió en un puente intelectual y político entre la «Vieja Nueva Izquierda» y la «Nueva Nueva Izquierda».

Un ejemplo llamativo de su convicción de que el marxismo debe ser capaz de integrar la aportación de la crítica romántica es un breve texto de 1980: la reseña de la traducción inglesa de mi libro sobre Lukacs. Aunque su juicio es bastante favorable -especialmente en lo que respecta a la primera sección del libro, que intenta analizar las fuentes románticas del joven Lukacs-, no oculta su irritación con el título del libro: Georg Lukacs – from Romanticism do Bolchevism (New Left Books, Londres 1979).  De hecho, el título no es el de la edición original francesa del libro, sino que fue elegido por mis amigos de New Left Books – hay que reconocer que con mi consentimiento … Este título parece desestimar el difuso romanticismo anticapitalista del joven Lukacs como una mera etapa preparatoria, que necesariamente hay que superar en el camino hacia el marxismo y el comunismo. Sin embargo, señala Williams, si los románticos denunciaban la burocracia estatal, el vínculo entre el industrialismo y la «cuantificación del pensamiento», y la falta de comunidad en la sociedad moderna, es difícil, «a finales de los años 70, concluir que estaban perdiendo el tiempo o que no veían ninguna verdad simple y fundamental».

El socialismo moderno no puede ignorar las críticas «contra el Estado centralizado, el industrialismo y el orden social que informalmente pueden calificarse de ‘románticas'»; el rechazo de éstas -y de cuestiones similares sobre la economía del ‘crecimiento’, sobre las libertades individuales, sobre la democracia como proceso social- como ‘románticas’ en un sentido depreciatorio, es decir, ‘irrealistas’, ‘vagas’, ‘poco prácticas’, es una de las causas de la degradación de la teoría y la práctica socialistas en el siglo XX. Esta es una de las causas de la degradación de la teoría y la práctica socialistas en el siglo XX. ¿No es la principal obra de Lukacs, Historia y conciencia de clase (1923), y en particular su concepto de cosificación, el resultado de una recuperación, para el marxismo, de la llamada crítica «romántica» de la conciencia cuantitativa e instrumental? Esta es una cuestión central para la » batalla de los marxismos » actualmente en curso, cuando algunos, frente a la crisis de la era post-Stalin, intentan rechazar esta problemática como idealismo romántico o, según una nueva retórica peyorativa, como humanista y moralista 8/.

La colección Culture & Materialism, recientemente publicada, no es una traducción completa de Culture and Materialism (1980): varios de los ensayos de ese volumen -incluido un fascinante estudio sobre Lucien Goldmann- no se incluyen aquí.  Se trata más bien de una recopilación de ensayos de diversas fuentes que aparecieron en esa colección de 1980, así como en la de 1989 Politics of Modernism: Against the New Conformists, ambas publicadas por Verso en Londres.  Se puede criticar una u otra elección, pero en su conjunto da una idea -aunque parcial- de la riqueza de la obra de Raymond Williams.

Los temas analizados van desde la teoría marxista de la superestructura hasta el papel nefasto de la publicidad, pasando por las vanguardias artísticas, el darwinismo social y los medios de comunicación. Como señala Lecercle en su interesante prefacio, estos ensayos, manifestaciones de un marxismo vivo, no han envejecido un ápice y nos hablan hoy.  El concepto más innovador de Williams, la estructura del sentimiento, trasciende dialécticamente la oposición entre experiencia personal y cosmovisión colectiva, y es un brillante ejemplo del método del autor: un «espléndido híbrido de crítica literaria elitista y análisis cultural marxista» (p. 24).

Algunos de los textos de la colección muestran la persistencia, de forma modificada, de la simpatía del autor por la crítica romántica, especialmente en sus manifestaciones modernas. El problema se aborda en un artículo de 1985 sobre los orígenes del modernismo, en el que se compara la protesta romántica contra la soledad de la multitud en las grandes ciudades modernas -desde Wordsworth hasta Elisabeth Gaskell y Charles Dickens- con la feroz crítica de Engels, en La condición de la clase obrera en Inglaterra (1844), contra la indiferencia brutal, el egoísmo estrecho de miras y, sobre todo, la desintegración de la humanidad en mónadas aisladas, que parece ser el principio fundamental de la sociedad burguesa, y con las preocupaciones de los escritores y poetas modernistas. Estos últimos, observa Williams, citando a uno de sus autores favoritos, T.S. Eliot, se referirán a culturas pasadas o exóticas frente al mundo moderno, es decir, burgués.

Esta problemática será abordada, de forma mucho más precisa, en un brillante ensayo de 1988 -uno de sus últimos escritos, redactado poco antes de su muerte- sobre «La política de la vanguardia». Williams distingue en la corriente modernista en general y en las vanguardias político-artísticas dos tendencias opuestas -más allá de su común denuncia de la burguesía, el academicismo y la religión: los que, como los futuristas, celebran la velocidad, la máquina, la gran ciudad, la guerra, y los que, como los simbolistas, los expresionistas o los surrealistas, son herederos del medievalismo romántico y se interesan por las artes primitivas y exóticas, operando una especie de retorno a un más allá del orden social existente.

Mientras que los primeros -excepto en Rusia (Maiakovsky)- se adhirieron al fascismo, los segundos tomaron opciones políticas muy diferentes. Mezcla de crítica aristocrática -el culto al genio artístico como verdadera nobleza- y de crítica socialista a la burguesía -oposición a la reducción del arte al comercio y al dinero-, la variante «neorromántica» de la vanguardia valoraba el reino indómito de lo prerracional y lo inconsciente. Los resultados políticos de esta postura son múltiples, pero a menudo acaban del lado del anarquismo, el socialismo revolucionario o el comunismo; es el caso, en particular, de los simbolistas, los dadaístas, los surrealistas y algunos expresionistas, aunque algunos, como Gottfried Benn, acabarán en las filas del nazismo. De hecho, el Tercer Reich condenó en bloque a las diversas corrientes modernistas, acusándolas de Kulturbolchevismus, mientras que los herederos del bolchevismo en la URSS las repudiaron a su vez…

Williams también se interesa, por supuesto, por las manifestaciones de la vanguardia literaria en Gran Bretaña: mientras que una especie de expresionismo de izquierdas se manifestará en los escritos de Auden e Isherwood, un modernismo de derechas, a veces incluso fascista, está representado por Yeats, Wyndham Levis y Ezra Pound. El caso de T.S. Eliot, el principal y más influyente de estos poetas modernistas, es más complejo: por un lado, elitista y tradicionalista, por otro, «efectivamente subversivo de un orden cultural y social intolerable (y en ese sentido todavía burgués)» (p. 157).

Este fascinante ensayo, aunque incompleto y falto de detalles -por ejemplo, Williams no parece tener un conocimiento preciso del compromiso político radical de los surrealistas, cuya «resistencia activa y disruptiva contra el fascismo» sólo menciona-, puede considerarse como una prolongación, en el ámbito de la vanguardia, del análisis, iniciado con Society and Culture, de la riqueza y las ambigüedades de la crítica cultural antiburguesa, que se inspiraba en el romanticismo. Algunas de sus formulaciones, como la que describe, en el seno de esta corriente cultural, un movimiento de «retorno hacia un más allá del orden social existente», captan, con una intuición extraordinaria, la dinámica singular de este fenómeno.

Entre las manifestaciones más inquietantes de la sociedad burguesa moderna, dos son objeto de análisis concretos en esta colección: la publicidad y el darwinismo social. Citando con aprobación una obra colectiva contra la publicidad -y en particular su cínica manipulación de la mente de los niños- de Huxley, Russel, Leavis y Thompson -una curiosa mezcla de críticos culturales del capitalismo de distintas tendencias-, Raymond insiste en la necesidad de ir más allá de las críticas superficiales del fenómeno -su carácter vulgar, engañoso e invasivo- para llegar a la raíz del problema: la publicidad como «arte oficial de la sociedad capitalista», y como sistema altamente organizado de gratificación «mágica», que utiliza los avances de las ciencias humanas para librar una guerra psicológica contra los individuos, con efectos destructivos para los objetivos generales de la sociedad.

En cuanto al darwinismo social, esa defensa e ilustración del implacable individualismo competitivo de la civilización industrial/capitalista en nombre de la doctrina de la «supervivencia del más fuerte», no sólo es un fenómeno de finales del siglo XIX -de Herbert Spencer a Theodore Roosevelt, por no mencionar a J.D. Rockefeller-, sino que todavía sirve hoy como legitimación de las versiones más brutales de la economía de mercado y del orden jerárquico burgués. Estos dos estudios ilustran un aspecto esencial del materialismo cultural de Raymond Williams: el análisis sociopolítico no debe centrarse únicamente en la literatura, la poesía y la «alta cultura», sino en todas las producciones culturales de una sociedad determinada, especialmente las que sirven para garantizar la hegemonía de las clases dominantes.

Para comprender el planteamiento de Raymond Williams -su materialismo cultural- el ensayo metodológicamente más importante de esta colección -y también el más leído y discutido- es el titulado «Base y superestructura en la teoría marxista», de 1973.  Como veremos, tampoco aquí faltan ecos de Cultura y Sociedad, aunque no sea ésta la idea central de la argumentación. Rechazando las lecturas economicistas, reduccionistas y deterministas del marxismo, que conciben las llamadas «superestructuras» como un mero «reflejo» de la base económica, Williams propone abordar la relación entre las producciones culturales y los procesos socioeconómicos a través de la categoría lukacsiana de totalidad, o del concepto -tomado prestado de Lucien Goldmann- de homología estructural, sin olvidar, no obstante, el papel de las ideologías en la hegemonía -en el sentido gramsciano- de las clases dominantes.

Sin embargo, más allá de esta importante revisión crítica del materialismo histórico «ortodoxo», con la ayuda del marxismo historicista europeo, la aportación más innovadora de Williams en este ensayo es la distinción entre tres tipos de sistemas culturales: 1) Las culturas residuales, constituidas por valores de una formación social anterior, que resisten a la cultura dominante. 2) La cultura dominante, que impone a la sociedad un sistema hegemónico de valores y significados. 3) Las culturas emergentes, que remiten a nuevos valores para oponerse a los significados establecidos.

Contrariamente a lo que su nombre parece sugerir, los valores residuales pueden tener un importante papel crítico y de oposición, en la medida en que representan ámbitos de la experiencia, la aspiración y el logro humanos que la cultura dominante descuida. Gran parte de la literatura inglesa del último medio siglo, observa Raymond Williams, hace referencia a estos valores residuales. Ciertamente, a través de procesos de incorporación, la cultura dominante consigue a menudo integrar y absorber valores residuales o emergentes; pero no es menos en estos dos sistemas de valores donde surgen formas verdaderamente opuestas al orden social establecido.

Hasta ahora hemos destacado las afinidades de Raymond Williams con la crítica cultural romántica de la civilización capitalista. Sin embargo, también es necesario considerar los argumentos por los que su materialismo cultural difiere, de forma bastante marcada, de esta tradición.  Esto es especialmente cierto en sus trabajos sobre «cultura y tecnología» y sobre los medios de comunicación, representados por dos ensayos de la colección. Criticando lo que llama «la alianza impía entre el determinismo tecnológico y el pesimismo cultural» (p. 184), se desmarca de las siniestras predicciones que denuncian, en nombre de la cultura de élite, las formas de comunicación de masas: la radio, el cine, los discos grabados y, por último, la verdadera hidra, la televisión.

Ciertamente, observa, el cambio tecnológico en la esfera cultural tiene lugar dentro de las relaciones sociales y económicas existentes; de ahí que las innovaciones técnicas estén esencialmente impulsadas por intenciones industriales y comerciales, más que por fines culturales. El inmenso poder del dinero, vinculado a la industria publicitaria, utiliza los nuevos medios de comunicación para homogeneizar y estandarizar las producciones culturales al servicio del comercio transnacional.

Sin embargo, los partidarios del pesimismo cultural se equivocan al culpar a las tecnologías de los contenidos despreciables que transmiten. Son concebibles otros usos de las nuevas tecnologías: ¿por qué no podrían la televisión por cable y por satélite, de titularidad pública, estar a disposición de una vasta red de productores autogestionados? ¿No podrían los movimientos sociales revolucionarios apropiarse colectivamente de medios de producción relacionados con la comunicación – por ejemplo, emisoras de radio locales?

En otro sistema económico y social, las nuevas tecnologías podrían fomentar formas nuevas e interactivas de relaciones sociales y culturales, permitiendo el florecimiento de formas de democracia directa. Williams puede ser considerado demasiado optimista, pero sus escritos sobre la televisión y los medios de comunicación de masas constituyen sin duda una aportación original y poco convencional al pensamiento crítico sobre los medios de comunicación.

En conclusión: esperemos que la publicación de Culture & Materialism sea sólo un primer paso, un peldaño hacia la publicación de otras obras de un pensador que ha renovado profundamente el pensamiento marxista sobre la cultura, y cuya «espléndida hibridación» (Lecercle dixit) entre un sutil materialismo cultural y la crítica romántica de la civilización burguesa no ha perdido nada de su agudeza y poder.

Notas

1/ He aquí un ejemplo sorprendente que contrasta con el retraso en Francia: Raymond Williams fue traducido en Brasil… ¡cuarenta años antes que en Francia!  Cultura e Sociedade se publicó en Sao Paulo en 1969 y El campo y la ciudad en 1989 (Cultura e Sociedade 1780-1950, Sao Paulo, Companhia Editora Nacional, 969 y O campo e acidade, Sao Paulo, Companhia das Lêtras, 1989). Es cierto que los brasileños no han continuado en esta dirección y que los últimos escritos de Williams aún no han sido traducidos. Esta laguna fue compensada, al menos parcialmente, por la publicación, en 2003, del libro Dez Lições sobre Estudos Culturais (Sao Paulo, Editora Boitempo) de Maria Elisa Cevasco , profesora de la Universidad de Sao Paulo.  Se trata de una notable presentación de la obra de Raymond Williams, en el contexto socio-histórico inglés, y en relación directa con la creación de los Estudios Culturales y la fundación de la New Left Review. Analizando el materialismo cultural de Raymond Williams, Cevasco muestra que se basa en una percepción mucho más rica de la cultura, que incluye no sólo las «grandes obras», sino una forma de vida común a toda la sociedad; para Williams, la cultura deja de ser una instancia separada, una esfera autónoma -según la tradición idealista- y se concibe como una fuerza productiva, una fuerza activa en la vida social.  Si la dimensión romántica queda un tanto marginada en este libro brasileño, tiene el gran mérito de no separar nunca la obra teórica de Raymond Williams de su compromiso social y político y de sus convicciones anticapitalistas. La otra aportación interesante de Cevasco es la comparación que hace entre los estudios culturales ingleses y la escuela brasileña de crítica cultural.  No se trata de una cuestión de influencia, sino más bien de un paralelismo y de una cierta afinidad. En torno a la revista política y cultural Clima (1941-1944), de sensibilidad anticapitalista y marxista (antiestalinista), se formó un núcleo de pensamiento crítico cuyos dos representantes más importantes fueron el crítico de cine Paulo Emilio Salles Gomes y el sociólogo e historiador de la literatura brasileña Antônio Cândido (tuve la suerte de ser su alumno en la Universidad de São Paulo). Sus trabajos se convertirían, a partir de los años cincuenta, en la principal referencia para la reflexión crítica sobre la cultura en Brasil. Lo que compartían con Williams y los Estudios Culturales era un enfoque marxista abierto, y la interpretación de los procesos culturales desde una perspectiva de realidad social.

La siguiente generación de «estudios culturales» brasileños se formó a principios de los años sesenta, en un seminario informal sobre la lectura de El Capital de Marx, organizado, al margen de los planes de estudio, por jóvenes profesores y estudiantes de la Universidad de São Paulo (entre paréntesis: yo estaba allí…). La figura más importante de esta segunda generación es un discípulo de Antonio Cândido, el crítico literario y sociólogo cultural -se interesa también por el cine y la música popular- Roberto Schwarz, cuyos trabajos sobre el gran novelista Machado de Assis y su análisis crítico del «liberalismo» esclavista brasileño -lo que él llama «ideas fuera de lugar»- son ya conocidos internacionalmente (Un artículo sobre R. Schwarz fue publicado por M.E. Cevasco en un número de la International Review of Books and Ideas). Más allá de las diferencias obvias entre los contextos inglés y brasileño, Maria Elisa Cevasco no se equivoca al destacar las analogías entre estas dos escuelas de estudios culturales.

2/ May Day Manifesto, ed. R. Williams, Penguin, 1968, p. 45

3/ Véase a este respecto el interesante artículo de Thierry Labica, «Por qué necesitamos a Raymond Williams», Contretemps, Ed. Syllepse, n° 5, marzo de 2010.

4/ Raymond Williams, Cobbett, Oxford Univ. Press, «Past Masters», 1983, p. 56. William Cobbett (1763-1835), periodista, ensayista y polemista, famoso en su época. Originalmente conservador, se convirtió hacia 1804 -y siguió siéndolo hasta el final de su vida- en un demócrata radical y defensor de la causa obrera.

5/ Raymond Williams, Culture and Society 1780-1950, Londres, Penguin, 1971, p. 280.

6/ Jean-Jacques Lecercle, «Lire Raymond Williams aujourd’hui«, introducción a R. Williams, Culture et Matérialisme, Les Prairies Ordinaires, 2009, p. 12.

7/ Para un análisis más detallado de la dimensión «romántica» de Raymond Williams, remito al ensayo «The Romantic Current in the Social Sciences in England: Edward P. Thompson and Raymond Williams«, de Robert Sayre y mío, en nuestro libro conjunto Spirits of Fire. Figures du romantisme anticapitaliste, París, Editions du Sandre, 2010.

8/ Raymond Williams, » What is anticapitalism? «, New Society, 24 de enero de 1980, pp. 189-190.  La conclusión de la reseña, en lo que se refiere a mi libro, es que tiene muchas cualidades, la principal de las cuales es «que puede leerse en contra de algunas de estas formulaciones inmediatas»… (Por cierto, la crítica de Williams me obligó a pensar, en nuevos términos, sobre la relación entre marxismo y romanticismo).

Publicado en contretemps 17/02/2023

Claude Serfati: Anatomía del Estado radicalizado

Por Paul Rocher

En nombre de la lucha antiterrorista, el Estado francés ha hecho de la lucha contra la radicalización un eje central de su intervención ideológica y coercitiva. Islamistas, islamogauchistas, wokistas, interseccionalistas, ¡todos radicalizados! Pero dada la intensidad de la represión de los movimientos sociales, el cerco de seguridad a los barrios obreros y de inmigrantes y la recurrencia de las intervenciones militares francesas en los últimos diez años, ¿no deberíamos dar la vuelta al estigma y decir que es el Estado el que está experimentando una radicalización autoritaria?

En esta entrevista sobre su libro, recientemente publicado por La Fabrique, Claude Serfati nos habla de la anatomía que propone de este Estado radicalizado, y en particular del papel del ejército en este proceso [ContreTemps].

Paul Rocher: Su libro L’Etat radicalisé (La Fabrique) se publica en un contexto en el que cada vez se cuestionan más los poderes del Estado, como la justicia y la policía, y la violencia que ejercen sobre la población. ¿Qué lugar ocupa el Ejército en esta radicalización autoritaria?

Claude Serfati: En principio, la seguridad interior y exterior son funciones separadas en los Estados democráticos, e incluso en otros Estados. Así que se podría descartar la cuestión diciendo que el Ejército no tiene ningún papel en la radicalización autoritaria interna. Pero esto no sería correcto por varias razones. Sobre todo, porque la nueva coyuntura histórica que se ha desarrollado desde la década de 1990 ha dado lugar a una confluencia entre la seguridad interior y la exterior en las agendas de seguridad nacional de los países dominantes.

La desaparición de la URSS en 1991 parecía marcar el fin de las guerras interestatales, y la amenaza, según los documentos oficiales, procedería principalmente de los obstáculos al acceso a los recursos naturales y a su transporte, o de las poblaciones rurales expulsadas de sus tierras que engrosarían las enormes megaciudades de los países en desarrollo. Más que la defensa contra un Estado identificado, la seguridad nacional se vería amenazada desde dentro y por razones económicas o sociales.

Estos discursos también reflejaban las consecuencias de un cambio importante en la trayectoria económica. El régimen de acumulación con predominio financiero, como lo describió François Chesnais, desembocó en una ofensiva generalizada contra los derechos de las y los asalariados y de la juventud en el marco de políticas de austeridad (neoliberalismo) que las clases dominantes y sus gobiernos sabían que provocarían resistencias.

Esta confluencia entre seguridad exterior e interior se viene observando desde los años 90 y se acentuó tras los atentados terroristas del 11 de septiembre. Los atentados se instrumentalizaron en nombre de la guerra contra el terror. He documentado esta evolución en La mondialisation armée (2001) y en Imperialisme et militarisme (2004). Estados Unidos marcó el rumbo en 2001, la Unión Europea le siguió poco después con su primera doctrina de seguridad, elaborada en 2003 bajo el impulso de J. Solana (que poco después se convirtió en secretario general de la OTAN). El documento de la UE contiene objetivos similares a los de Estados Unidos, salvo en la cuestión de los ataques preventivos, sobre la que los europeos matizaron un poco más.

Francia es ejemplar en esta convergencia entre enemigos exteriores e interiores, con sus 13 leyes de seguridad aprobadas desde 1995. Y sigue en esa línea. En 2022 se presentó un proyecto de ley para criminalizar las ocupaciones ilegales. Amenaza con tres años de cárcel a las personas y familias sin techo que ocupen una vivienda sin muebles para protegerse de la intemperie. En 2023 se aprobará una nueva ley contra las personas inmigrantes y quienes les defiendan.

Este es el contexto general en el que Francia participa resueltamente, dado el lugar que ocupa el Ejército. Porque si bien es sabido que el Estado siempre ha estado en el centro de las relaciones sociales en Francia, hay que recordar una vez más que el Ejército está en el corazón del Estado en la V República. Y sin entrar en los detalles del análisis que expongo en mi libro, el Ejército es una fuente directa de inspiración para las políticas de defensa del presidente. La relación de fuerzas entre el Ejército y el poder político cambia según las épocas, pero el proceso de co-elaboración de la doctrina militar se mantiene.

Esta centralidad del ejército está inscrita estructuralmente en las instituciones de la V República, pero se ve reforzada por el creciente descrédito presidencial, especialmente desde Sarkozy, Hollande y Macron. Este descrédito se debe a la mediocridad de los actores que encarnan el bonapartismo presidencial, al debilitamiento del estatus de Francia en el mundo y, más aún, a la crisis social del país, que provoca un rechazo de las políticas gubernamentales. En el marco de la colaboración en materia de defensa y seguridad, el Ejército tiende a tomar una posición ascendente, al tiempo que discreta. Por ejemplo, las guerras que los medios de comunicación atribuyen al poder presidencial -la guerra de Sarkozy en Libia y la de Hollande en Mali- son en realidad guerras que se decidieron con el Ejército.

A veces, el gran mudo habla. En mi libro analizo los llamamientos de generales publicados en abril de 2021 que pedían a Emmanuel Macron la aplicación de la Constitución y las leyes vigentes para erradicar «las alianzas que se están formando entre islamistas y diversos grupos reivindicativos en la interseccionalidad de las luchas«.

Las guerras libradas en el extranjero han ido de la mano de la radicalización autoritaria en el interior. E. Macron juega constantemente a esta interacción con eslóganes como «estamos en guerra» (¿con quién?), «economía de guerra», etc. Sustituye el Consejo de ministros por el Consejo de Defensa [para el seguimiento de la crisis de la covid] y hace considerables promesas financieras al Ejército. La Ley de Finanzas de 2023 crea 4500 nuevos puestos militares y policiales frente a 2900 nuevos puestos docentes en la enseñanza.

  1. Macron acaba de anunciar que los gastos de la Ley de Programación Militar (LPM) 2024-2030 ascenderán a 413.000 millones de euros. Esto supone 118.000 millones más que la LPM actual, que ya es significativamente alta. Se trata de una aplicación de la política del «cueste lo que cueste» para los trabajadores: 118.000 millones de euros es diez veces más que el déficit del sistema de pensiones anunciado para 2030. La radicalización autoritaria no son sólo acusaciones periódicas de islamoizquierdismo o ecoterrorismo, es una realidad palpable a través de las opciones presupuestarias: más militares y policías, menos profesores y personal sanitario.

La radicalización autoritaria es también la intervención del Ejército en la calle en el marco de la operación Centinela. Pero no es casualidad que lo haya puesto al final de mi respuesta. Aunque es significativa, no debe enmascarar el proceso general de radicalización. Tanto más cuanto que la operación Centinela no satisface realmente a los militares, cada vez les satisface menos.

  1. R.: En su texto sobre los aparatos de Estado, Althusser menciona que los aparatos represivos de Estado funcionan también, aunque de manera secundaria, como aparatos ideológicos de Estado. Hoy vemos que la policía participa plenamente en la batalla de las ideas. ¿Participa también el Ejército?

Las cuestiones ideológicas no forman parte de mi campo de investigación, pero de lo que estoy seguro es de que la ideología necesita una fuerza material para poder expresarse. El hecho de que el Ejército no se exprese públicamente no significa que no intervenga en la batalla ideológica.

Es importante comprender que la ideología se propaga entre la población por vías distintas a los eslóganes y las manifestaciones públicas. Existe una convergencia de fuerzas materiales que permite a la institución militar, desde la discreción, participar en la batalla ideológica. Su actitud es, por tanto, diferente a la de la policía, que usted documenta en su libro, y esta diferencia no es secundaria.

Veamos estas fuerzas materiales: el Ejército es el primer reclutador de la nación. Según Ouest-France, el Ejército y la Gendarmería reclutarán a 40.000 jóvenes en 2023. Campañas de propaganda pueblan el espacio público sobre este tema, y los «apúntate a un empleo» también forman parte de la batalla ideológica. Podemos ver hasta qué punto esta batalla está anclada en una realidad material, que es la de una sociedad con una elevada tasa de desempleo y una alta tasa de precariedad entre las y los jóvenes, y en la que el Ejército se presenta ahora como una institución de formación. Este es un primer ejemplo que me parece típico de lo que usted llama la batalla ideológica que se basa en una realidad social desastrosa.

El parlamento, que es esencialmente una cámara que registra las reivindicaciones militares, es un segundo vector de difusión de la ideología pro-militar. Incluso los parlamentarios de la oposición de izquierdas guardan silencio sobre la militarización de las mentes. Por tanto, sobre estas cuestiones, la unión nacional es permanente en el parlamento. Parece que el Ejército contamina de alguna manera a los parlamentarios para que guarden un honorable silencio. Sin embargo, una campaña en torno a las cifras que he dado -4.500 soldados suplementarios y sólo 2.500 profesores suplementarios- podría hacer reflexionar y tal vez agitar a millones de personas si se imprimiera en el anverso de un folleto distribuido a la población o circulara por las redes sociales.

Siguiendo con el papel del Parlamento, puedo citar el informe Maire-Tabarot sobre la exportación de armas, publicado en vísperas de las elecciones presidenciales. Su principal propuesta era la creación de una comisión parlamentaria para el control de las exportaciones de armas. Este tipo de comisiones existen en Gran Bretaña, Estados Unidos y otros países democráticos. No frenan el militarismo, pero pueden ser un contrapeso a la enorme presión del sistema militar-industrial. Esta propuesta fue inmediatamente rechazada, en condiciones que es interesante describir.

En una nota confidencial revelada por los periodistas de Disclose, la Dirección General de Seguridad Exterior hizo saber pocos días después de la publicación del informe que ¡la creación de dicha comisión equivaldría a poner en tela de juicio la seguridad nacional francesa! Añado que la mayoría de los ponentes de la Comisión de Defensa están estrechamente relacionados con el complejo militar-industrial. Y cuando un ponente, deseoso de hacer su trabajo, envía un cuestionario al Ministerio de las Fuerzas Armadas para documentar su opinión sobre el presupuesto, a menudo se le niega la información.

Por último, además de la formación y el parlamento, se gastan cientos de millones de euros en la comunicación del Ministerio de las Fuerzas Armadas. Este último tiene un programa semanal regular en el canal [de tv] LCP. Desde hace algunos años, el Ejército lleva a cabo una campaña en el sistema educativo nacional y en las universidades.  A las universidades, agotadas financieramente a causa de las políticas aplicadas desde hace años, se les ofrecen contratos de investigación con el Ejército, prácticas y formación. Se trata de pequeños presupuestos -pequeños comparados con lo que hace el Departamento de Estado estadounidense-, pero que permiten una mayor intrusión en las universidades.

  1. R.: Leyendo su libro, uno se da cuenta de que la adicción de Francia a la venta de armas va unida a la necesidad de demostrar con hechos que las armas francesas son eficaces. ¿En qué medida la estructura económica del país, con un sector militar muy desarrollado, produce un Estado especialmente violento, tanto dentro como fuera de sus fronteras?
  2. S.: Evidentemente, cuando usted menciona las dimensiones económicas, estamos de acuerdo en que se trata de analizar la economía política del capitalismo francés. Creo que hay que partir de lo que ocurre a escala mundial, a nivel económico y geopolítico, para comprender cómo se comporta un país. Para mí, ésta es una de las lecciones importantes de las teorías del imperialismo de principios del siglo XX: el comportamiento de un país viene determinado en primer lugar por el lugar (o estatus) que ocupa en el espacio mundial y, por tanto, es del análisis de este espacio mundial de donde debemos partir.

El análisis de la relación entre lo mundial y lo nacional puede inspirarse en la contribución de Trotsky a las teorías del imperialismo. Lenin, Bujarin, Hilferding y Luxemburgo son citados más a menudo como teóricos del imperialismo, pero creo que la hipótesis de Trotsky sobre el desarrollo desigual y combinado constituye una contribución específica en relación con los demás teóricos, con la posible excepción de los trabajos realizados por Rosa Luxemburgo (sobre la destrucción de la economía natural, los procesos de sometimiento de Turquía y Egipto a los imperialismos europeos, etc.).

El desarrollo desigual y combinado es la idea de que, en la época del imperialismo (que Trotsky caracteriza como la época en la que «el capitalismo ha hecho del mundo entero un solo organismo económico y político») no hay lugar para la evolución gradual (en etapas sucesivas) en el desarrollo económico de un país. El «privilegio de una nación atrasada», como él lo llama, es que puede permitirle saltar las etapas por las que han pasado los países capitalistas más antiguos y, en algunos aspectos, ponerse al día. En su aparición en la escena mundial como competidor de las potencias dominantes, un país así combina rasgos ultramodernos, por ejemplo, mediante la integración en su economía de las tecnologías más eficientes producidas por los países más avanzados, con rasgos atrasados.

Trotsky basa su hipótesis general en la observación del espectacular desarrollo de la economía rusa a finales del siglo XIX. Huelga decir que el «privilegio de una nación atrasada» requiere varias condiciones, entre las cuales la voluntad política es decisiva. Por lo tanto, sólo conduce a un desarrollo económico real en una minoría de casos, el más emblemático de los cuales es la China capitalista, dirigida por el Partido Comunista. En efecto, la dominación imperialista de los países occidentales sobre la mayoría de los países sigue siendo tenaz, aunque se esté debilitando, pero ése es otro debate.

La hipótesis del desarrollo desigual y combinado propone, pues, que un país se integre en el espacio mundial, pero que combine las características de la situación internacional aplicándolas de manera específica, según sus tradiciones, es decir, para Francia, la centralidad del Estado y de lo militar.

A continuación, podemos reflexionar sobre los efectos acumulativos de las interacciones entre los niveles mundial y nacional producidos por la centralidad de lo militar en Francia. Desde principios de los años sesenta, la Dirección General de Armamento (DGA), brazo industrial del Ministerio de las Fuerzas Armadas, explica que Francia debe exportar un tercio de su producción de armamento para que su coste sea económicamente soportable para el presupuesto del Estado. La dependencia de la venta de armas está, pues, estructuralmente inscrita en el modelo armamentístico francés.

En el exterior, esta adicción a la venta de armas orienta la diplomacia francesa hacia la búsqueda incesante de clientes, sin tener en cuenta su utilización contra las poblaciones. También exige un intervencionismo militar para que las guerras libradas por Francia sirvan de exhibición a gran escala de la calidad de los sistemas de armamento producidos por los industriales (probados en combate, se felicitan los industriales).

En el frente interno, la centralidad de lo militar exige cada vez más presupuesto militar. En 2017 ascendió a 33.000 millones de euros y aumentará a 60.000 millones anuales con la próxima ley de programación militar (LPM). Tales niveles de gasto tienen considerables efectos preventivos sobre los recursos financieros y el personal cualificado, y producen un desvío de prioridades al descuidar otros sectores industriales.

En resumen, la producción de armamento tiene un efecto global negativo sobre el sistema productivo francés y debilita el rendimiento de las industrias civiles (excepto la aeronáutica) en el mercado mundial, especialmente en Europa. La pérdida de competitividad de la industria francesa es general, y muestra de ello es el vertiginoso aumento del déficit de la balanza comercial. Dedico un capítulo de mi libro al desastre industrial vinculado a la producción de armas.

Con el declive de la influencia económica, el estatus internacional de Francia se deteriora y la búsqueda de países clientes para las armas francesas se hace más obsesiva. Faltan recursos financieros masivos para otros usos. Por supuesto, se sacrifica el gasto social: hay que elegir entre producir armas o contratar profesores y enfermeras. Políticamente, la duplicación del gasto militar en menos de diez años es posible gracias al consenso entre la derecha y la izquierda sobre la posición de Francia en el mundo.

La movilización contra las amenazas exteriores se dirige también contra quienes cuestionan este consenso. Esta fusión de amenazas externas e internas culmina en la ley aprobada en Francia en 2022, que inicialmente se denominó «continuum de seguridad global». Del Sahel a Saint-Denis en pocas palabras. Semejante agenda provoca una radicalización militar en el exterior y una radicalización de la seguridad en Francia, donde la oposición a la unión nacional en lo militar será calificada de separatista. Este es el sentido del mensaje dirigido por E. Macron en su saludo a los ejércitos presentado el 20 de enero de 2023: es necesario «mantener el apoyo mutuo entre los ejércitos y las fuerzas de seguridad interior y las fuerzas de seguridad civil para responder siempre mejor a las crisis, crisis sanitarias o climáticas, por ejemplo», pero rápidamente vienen a la mente otros ejemplos de crisis…”

Cierto, Francia no es el único país occidental que comprime los derechos y las libertades, pero sí es el único en el que la interacción entre el Ejército (exterior) y la seguridad (interior) es tan fuerte.

  1. R.: ¿Hasta qué punto puede considerarse a Francia un país imperialista de pleno derecho? Se caracteriza por una fuerte presencia militar en el Indo-Pacífico y en África, pero también demuestras que su actividad depende de un importante apoyo material de Estados Unidos…
  2. S.: Gracias por plantear la cuestión del imperialismo, ya que es un tema de actualidad. Habrá que responderla tanto más cuanto que la invasión de Ucrania por Rusia ha resucitado el término imperialismo y los actos imperialistas provocan el rechazo de la población, hasta el punto de que Macron lo utiliza a propósito de la invasión de Ucrania por Rusia, calificando a este país de imperialista. De hecho, acepta utilizar el término siempre que el imperialismo sea eslavo y tenga como objetivo la conquista territorial. Su análisis es, por supuesto, inadmisible.

Vayamos, pues, al fondo de la cuestión. El imperialismo es una estructura de dominación del espacio mundial por algunos grandes países, pero también define prácticas nacionales diferenciadas. Unos países dominan a otros, de modo que pueden capturar la riqueza producida por el trabajo y saquear los recursos que ofrece la naturaleza. Las materias primas ya eran una cuestión crucial a principios del siglo XX, pero hoy son una cuestión geopolítica aún más importante. En efecto, la destrucción acelerada del medio ambiente y la búsqueda frenética de recursos naturales ponen de manifiesto la catástrofe a la que el capitalismo está conduciendo a la humanidad.

Los indicadores de capacidad militar y rendimiento económico ayudan a dar cuenta del imperialismo. Por ejemplo, en el caso de Francia, el volumen de su presupuesto militar, su condición de miembro permanente del Consejo de Seguridad, que se basa en la posesión de armas nucleares, y su participación en operaciones militares exteriores a través de sus cuerpos expedicionarios son indicadores de la capacidad militar. En el plano económico, se dispone de algunos elementos, como los flujos de rentas de capital registrados por la balanza de pagos. Estos flujos de rentas se componen principalmente de los beneficios repatriados por las multinacionales a través de sus inversiones en el extranjero (Inversión Extranjera Directa, IED), de las rentas bancarias y de las rentas de la propiedad intelectual. Estos tres componentes indican el grado de opresión financiera.

En 2021, los accionistas repatriaron a Francia más de 60.000 millones de euros en dividendos, intereses y cánones, una forma de tributo que el resto del mundo paga al capitalismo francés. Esto adquiere formas concretas, como la implantación de multinacionales en los países del Sur para aprovechar los costes salariales, la concesión de créditos bancarios y de obligaciones que desangran a los pueblos, como ya analizó Rosa Luxemburgo hace un siglo. La opresión financiera del imperialismo analizada por los marxistas a principios del siglo XX continúa (Lenin calificó a Francia de capitalismo rentista).

Sin embargo, cuidado con el fetichismo económico: la balanza de rentas de capital ofrece datos parciales y sesgados: los economistas del Fondo Monetario Internacional (FMI) estiman que el 40% de la IED de las multinacionales es inversión ficticia, es decir, sin finalidad productiva, que se realiza a través de empresas fantasma y a menudo a paraísos fiscales. ¡Luxemburgo y los Países Bajos acogen la mitad de estas IED fantasma!

En segundo lugar, el imperialismo crea una interdependencia económica y política. Los países dominantes son competidores económicos y rivales políticos y militares. Sin embargo, comparten un interés común en defender la propiedad privada capitalista -en los países dominantes se aplican las mismas políticas favorables al capital- y en preservar su dominio. Por ejemplo, los 5 miembros permanentes del Consejo de Seguridad han emitido un comunicado conjunto denunciando el Tratado de Prohibición de Armas Nucleares (TNP) votado en la ONU y que entró en vigor en 2021.

Por último, el imperialismo contemporáneo es una estructura jerárquica de dominación. A principios del siglo XX, las rivalidades interimperialistas por el reparto del mundo enfrentaban a países con niveles de desarrollo comparables. Sin embargo, los teóricos marxistas del imperialismo hablaban de «semiimperialismo», de «semicolonias» (Argentina, Turquía, Egipto, etc.). Sin embargo, la jerarquía estaba menos diferenciada que hoy. Una serie de países aspiran a desempeñar un papel importante en el espacio mundial o regional (Brasil, Sudáfrica, India, Turquía, etc.) y son calificados por algunos marxistas con el término un tanto vago de «subimperialismo».

En el imperialismo contemporáneo, Estados Unidos forma por sí solo el primer círculo. Francia está en el segundo círculo junto con países que a menudo hacen diferentes usos de su mezcla de rendimiento económico/capacidades militares que forjan su estatus de países imperialistas. Por ejemplo, Alemania y Rusia se sitúan en los extremos opuestos del espectro. Alemania se basa principalmente en su poder industrial, Rusia en sus capacidades militares.

Francia ha sido durante mucho tiempo un país imperialista, pero está en declive. No es la primera vez. Tras la Segunda Guerra Mundial, durante la cual los altos funcionarios y oficiales, que constituyen los dos pilares del Estado francés, se habían unido en su gran mayoría al régimen de Vichy, Francia se reintegró con dificultad en el campo de los vencedores. A partir de 1958, el trabajo de De Gaulle consistió en «restablecer el rango de Francia» en el mundo, como le gustaba decir.

Hoy, Francia participa en la reproducción de la estructura de dominación mundial que he mencionado, pero su posición se ha deteriorado tanto económica como militarmente. El activismo militar de las dos últimas décadas, «coronado» por la guerra de Libia (2011) y Mali (2013), atestigua que Francia está ahora actúa por encima de sus posibilidades. La intervención en el Sahel ha provocado una fuerte hostilidad por parte de la población africana, y más aún de la juventud. En el caso del Sahel, se puede hablar de un uso excesivo de la herramienta militar, un comportamiento que el historiador Paul Kennedy calificó de sobredimensionamiento en el caso de Estados Unidos en los años setenta y ochenta.

Sin embargo, un país dominante nunca acepta su declive. Por ello, el gobierno de E. Macron anuncia que la región Indo-Pacífico -que según los dirigentes franceses se extiende desde la costa oriental de África hasta la costa occidental de América, es decir, ¡desde Yibuti hasta California!- es un nuevo horizonte estratégico y una prioridad. El desplazamiento de la economía mundial y de las rivalidades geopolíticas (entre Estados Unidos y China) hacia Asia es evidentemente la causa de esta ambición francesa. Sin embargo, la industria francesa de bienes civiles apenas brilla en la región, mientras que, por el contrario, Asia representa el 30% de las ventas de armas, gran parte de las cuales (20%) se destinan a India, primer comprador de armas francesas.

Así pues, una vez más se utiliza la palanca geopolítica: «Las cuestiones de defensa están en el centro de la estrategia Indo-Pacífica de Francia», según un informe redactado por dos parlamentarios (A. Amadou y M. Herbillon). Es cierto que los territorios que controla en el Pacífico son esenciales para mantener su estatus mundial. Durante años permitieron la realización de pruebas nucleares y otorgan a Francia la segunda zona económica exclusiva del mundo, por detrás de Estados Unidos. La superficie de Francia pasó de 550.000 kilómetros cuadrados a casi 11 millones…, lo que le permitió aumentar su reserva de recursos naturales. Por último, hay 7.500 militares y circulan submarinos con armamento nuclear. Francia espera desempeñar un papel en esta región, que está a punto de recrudecerse, dadas las rivalidades entre Estados Unidos y China.

Sin embargo, las ambiciones indopacíficas de Francia parecen una vez más exageradas, como demuestra la cancelación por parte de Australia de la compra de un submarino a Francia en favor de material estadounidense. Como reconoce el citado informe parlamentario, el error del Gobierno de Macron fue creer que «Francia [podría] ser percibida por su aliado australiano como el otro estadounidense que viene a ayudar a los australianos frente a la presión china» (sic). A esta marginación económica y militar se sumaba la aspiración del pueblo canaco de liberarse del dominio colonial. El éxito de este objetivo debilitaría considerablemente la presencia militar francesa.

  1. R.: Usted señala que, según el jefe del Estado Mayor, «el terrorismo no es, o ha dejado de ser, una amenaza existencial». ¿Para qué tipo de conflicto se está preparando el Ejército?
  2. S.: En el momento en que se decidió, la operación Centinela se consideró un punto de inflexión, una intrusión del Ejército en la vida civil francesa, al menos en cuanto a su alcance en territorio metropolitano. En 2015, el Ejército aceptó inmediatamente la operación Centinela porque los atentados terroristas estaban creando un clima de amenaza «existencial», según los discursos de la época.

Luego, en 2017, el general de Villiers, jefe del Estado Mayor del Ejército, dimitió. La prensa dio como razón que se oponía al recorte del presupuesto del Ejército en unos cientos de millones de euros. Esta explicación es obviamente ridícula cuando se conoce el considerable aumento del gasto militar desde 2017. Puede haber habido razones personales, pero el desacuerdo era sobre las misiones fundamentales del Ejército. En una comparecencia ante la Asamblea Nacional, de Villiers puso en duda que la operación Centinela fuera realmente una operación para el Ejército. Creo que este es el principio de la respuesta a su pregunta.

Tras los atentados de 2015, existe el deseo de presentar al Ejército como el último bastión de la sociedad. Esto forma parte de la campaña ideológica. Sin embargo, cada vez está más claro que los atentados pueden combatirse por otros medios que parecen más eficaces (inteligencia, etc.). El Ejército empieza a hacerse preguntas; sobre todo, porque, desde un punto de vista material e ideológico, el Ejército está para hacer la guerra en el exterior. El papel de los militares no es llevar a los ancianos a cruzar la calle para evitar que los automovilistas los atropellen. Así pues, el Ejército respaldó la operación Centinela en un determinado contexto que favorecía su estatuto, pero hoy parece obstaculizar su redistribución hacia las «guerras de alta intensidad» y su mantenimiento en África, para lo que serían más útiles los 10.000 soldados movilizados por Centinela. En efecto, la doctrina francesa, siguiendo la de Estados Unidos, ya no considera al terrorismo como el principal adversario.

Para comprender este paso de la guerra contra el terrorismo a la de alta intensidad, es necesario, una vez más, partir del análisis de la situación mundial y observar la forma que adopta en Francia. La invasión de Ucrania por el imperialismo ruso no creó los enfrentamientos interimperialistas[1], porque yo sitúo el punto de inflexión histórico en la competencia económica y las rivalidades geopolíticas a finales de la década de 2000.

El «momento 2008», como yo lo llamo, es el producto de importantes mutaciones económicas, geopolíticas y sociales. En primer lugar, se trata de una crisis financiera, prolongada en una serie de crisis, que demuestra que el modo de producción dominado por el capital financiero es incapaz de superar sus contradicciones si no es saqueando sin límites los recursos naturales. En segundo lugar, el momento de 2008 pone fin a la ilusión de un mundo unipolar dominado por Estados Unidos. Por último, está marcado por movimientos populares revolucionarios, pienso en particular en las primaveras árabes, que sacudió los regímenes autoritarios, en su mayoría serviles a los países occidentales.

Evidentemente, la guerra de Ucrania es un paso importante en la agravación de las rivalidades interimperialistas del momento 2008, pero en el trasfondo de esta guerra, el antagonismo entre China y Estados Unidos, que amalgama la economía y la geopolítica, constituye la gran apuesta de los próximos años. Y las teorías marxistas del imperialismo siguen siendo valiosas para analizar este antagonismo, que es precisamente el uso combinado de la guerra económica y la movilización de las capacidades militares[2].

Este contexto mundial se impone a Francia. El esmpantanamiento del Ejército francés en el Sahel, en nombre de la guerra contra el terrorismo, era obviamente previsible. Sin embargo, Francia debe encontrar países de acogida para sus militares, porque la presencia del Ejército en la región es una garantía del rango de Francia en el mundo (concretamente su puesto de miembro permanente del Consejo de Seguridad) y es necesario proteger los intereses de los grupos industriales y financieros franceses presentes en África (no sólo francófonos). Quiero señalar que en 2013, la decisión de intervenir en Malí recibió el apoyo UNÁNIME de la Asamblea Nacional. Diez años después, no se ha hecho balance del callejón sin salida africano de Francia y de los 10.000 millones de euros que la aventura militar ha costado al contribuyente.

El Ejército quiere pasar página en la lucha antiterrorista, identificada con la desastrosa aventura de Malí. El Ejército está acostumbrado a hacer la guerra, como dice el título de un capítulo de mi libro, esa es su función. Los conflictos de alta intensidad son por tanto el futuro según el Ejército, y también las ciberguerras. Así pues, la reorientación hacia la preparación de estos conflictos puede devolver al Ejército un estatus que Centinela enmascaró un poco y que el estancamiento en el Sahel corre el riesgo de hacerle perder. La presencia del Ejército en África es indispensable, pero ahora debe inscribirse en el marco más amplio de las guerras de alta intensidad. No se abandona la guerra contra el terrorismo, que seguramente se mezclará con la lucha contra el separatismo, pero debe llevarse a cabo principalmente con medios de seguridad (gendarmería, policía nacional y municipal).

Los importes financieros necesarios para que Francia siga siendo un actor influyente en la estructura de dominación mundial son muy elevados. Las opciones políticas y presupuestarias consolidan el lugar del Ejército cueste lo que cueste a la economía y la sociedad francesas.

Paul Rocher

https://www.contretemps.eu/anatomie-etat-radicalisation-autoritaire-entretien-serfati/

Traducción: viento sur

Notas:

[1] Véase el artículo https://www.contretemps.eu/imperialisme-guerre-russie-ukraine-mondialisme-armee-serfati/

[2] Para más información, véase «L’économie, une continuation de la guerre avec d’autres moyens», Chronique Internationale de l’IRES, 2022/3 (N° 179), p. 48-63, file:///C:/Users/Claudes/Downloads/CHII_179_0048-1.pdf

Embestidas y fracasos de la derecha en América Latina

Por Claudio Katz

Tres importantes reveses afrontaron últimamente los derechistas de la región. El fracasado golpe en Brasil fue antecedido por una fallida asonada en Bolivia y por el naufragio de las conspiraciones en Venezuela. Estas derrotas no anulan la continuada embestida de las formaciones reaccionarias. Han logrado instalarse en Argentina, replantean su acción en Colombia, retoman el legado pinochetista en Chile, despuntan en México y participan de la feroz represión desatada en Perú. En análisis de cada caso ilustra el perfil de esta corriente en América Latina.

Una aventura fallida

Bolsonaro lideró la principal experiencia de la oleada reaccionaria. No logró su reelección, pero consiguió un enorme sostén en los comicios. Se disponía a jugar un papel político protagónico, antes de quedar afectado por la tentativa golpista que perpetraron sus seguidores.

Ya existen documentos probatorios del plan concebido inicialmente por el ex capitán para desconocer su derrota electoral. Esa confabulación fue abandonada, pero los preparativos de la asonada continuaron con la instalación de un campamento en Brasilia para exigir la obstrucción militar de la asunción de Lula. Se acantonaron durante dos meses en las puertas del cuartel general, difundieron sus planes en las redes sociales, intentaron un mega atentado y bloquearon varias rutas.

El asalto al Congreso, al Planalto y a la Corte Suprema pretendió forzar la intervención del ejército. Los atacantes supusieron que bastaba con una chispa para inducir a los generales a sacar los tanques a la calle. Imaginaron que el caos generado por su acción precipitaría esa intervención (Arcary, 2023). El plan B era forzar un escenario de ingobernabilidad para debilitar al gobierno de Lula en el comienzo de su gestión (Stedile; Pagotto, 2023).

Ese delirante cálculo se asentó en la descarada complicidad de los militares que visitaron el campamento para facilitar una incursión, que también convalidó el gobernador del distrito federal. Los asaltantes ocuparon con total impunidad los principales edificios estatales y en tres horas de vandalismo destruyeron muebles, decorados y obras de arte. Numerosos policías custodiaron a los atacantes, participaron de la tropelía y se fotografiaron en los saqueos.

La embestida llevó la típica marca de Bolsonaro, que en los años 80 logró cierto renombre con acciones de ese tipo. Para presionar por un incremento de salarios, organizó en esa época un plan de colocación de bombas que le costó su carrera. Desde la presidencia perfeccionó esa trayectoria apuntalando las milicias, que continuaron ensayando atentados luego del desorbitado ataque en Brasilia.

Los militares consintieron la aventura para perpetuar los privilegios que consiguieron en los últimos cuatro años. Buscaron garantizar su impunidad para las fechorías cometidas durante ese lapso. Junto a los cabecillas de las pandillas bolsonaristas facilitaron una acción disparatada y concebida para cohesionar a los sectores ultraderechistas.

Los ocupantes de los tres principales edificios estatales exhibieron abiertamente su racismo, al destruir un invalorable retrato de muchachas afrodescendientes. También ratificaron su propósito cristo-fascista de coronar una “guerra santa” contra el PT.

Bolsonaro trató de eludir responsabilidades con su silencio y permanencia en el exterior. Pero toda la alianza que lo rodea flaquea como consecuencia del fracasado golpe. Los diputados, senadores y gobernadores de su partido que consiguieron cargos repudiaron la asonada, aprobaron la intervención federal a Brasilia y marcharon junto a Lula, en el acto de revalidación de las instituciones asaltadas.

Los bolsonaristas con puestos en las gobernaciones y las legislaturas ya reconsideran su retorno a la derecha clásica y a la tradicional negociación de votos a cambio de partidas presupuestarias. Con esas tratativas funciona el presidencialismo de coalición, que ahora podría asimilar a los ultraderechistas, si su líder queda derruido por los efectos de la fallida asonada.

Cambio de escenario

La incursión de Brasilia fue una copia del asalto al Capitolio que hace dos años perpetraron los trumpistas. En ambos casos los ultraderechistas pretendieron demostrar que un grupo pequeño y decidido puede apoderarse de las principales sedes del Estado (Borón, 2023). Al igual que Trump, Bolsonaro tiró la piedra y ante la adversidad escondió la mano.

El calco del operativo confirmó los estrechos lazos entre ambas formaciones, bajo el evidente comando del magnate norteamericano. Pero la copia brasileña extendió la arremetida a los tres poderes y contó con un visto bueno del ejército (y de gobernantes distritales), que no tuvo el copamiento yanqui (Miola, 2023). En Brasil se verificó además una contundente reacción de Lula, que determinó el fracaso del motín.

Esa intervención fue categórica en términos retóricos y prácticos. Por ahora no se sabe si también fue premeditada, con un conocimiento previo del plan golpista. Lula denunció a los «vándalos nazis», calificó a Bolsonaro de «genocida» y acusó a los asaltantes de «terroristas». Actuó con rapidez. En lugar de solicitar a los militares el patrullaje de las calles les impuso la evacuación del campamento. Intervino además el gobierno de Brasilia y tomó el control de la policía.

Esa actitud inclinó a los jueces a concretar las medidas de represalia. Dispusieron la detención de 1.200 implicados en el ataque y el arresto del principal sospechoso de organizar el asalto, a su retorno de Florida. Esta decisión podría incidir en la presión ejercida por el sector progresista del Partido Demócrata, para que Bolsonaro sea expulsado de Estados Unidos. El ex capitán ya no es intocable. Próximamente le congelarían sus cuentas y sería imputado como instigador del golpe.

Estas decisiones han sido promovidas dentro del nuevo gabinete por el ministro de Justicia (Flavio Dino) en conflicto con su colega de Defensa (José Mucio), que contemporiza con los militares y sugiere una amnistía para los vándalos.

Se ha creado una gran oportunidad para derrotar a la ultraderecha, que fue neutralizada pero no aplastada. Si no quedan demolidos volverán a la carga y en gran medida esa partida se jugará en el predominio de las calles. El bolsonarismo ha quedado desconcertado frente al oficialismo que retomó los actos masivos en la campaña electoral, en el día de la victoria, en la jornada de asunción y en las marchas de repudio al golpe.

Este nuevo escenario puede modificar las adversas relaciones de fuerza, que no fueron revertidas por la derrota electoral de Bolsonaro. Las conexiones entre ambas variables no son unívocas. En 1989 Lula perdió los comicios frente a Collor, pero obtuvo una victoria política. En 2014 Dilma triunfó en las urnas, pero sufrió una derrota que permitió la coronación del ex militar (Arcary, 2022). Ahora la victoria electoral puede ser sucedida con un corolario directo en el balance de fuerzas. La derecha está desorientada y el movimiento popular puede capturar la iniciativa.

Implantación y flaquezas de bolsonarismo

Lo ocurrido en Brasilia retrata las contradicciones de la ultraderecha. Bolsonaro llegó en forma sorpresiva a la primera magistratura, canalizando un descontento con el gobierno del PT que debutó con marchas callejeras (2013), se afianzó con el golpe judicial-parlamentario (2016) y derivó en la preminencia de un ambiente conservador (2016-18).

La proscripción de Lula le permitió a Bolsonaro encabezar la reacción contra el ciclo precedente que promovieron el establishment y los medios de comunicación, con el sostén de las clases medias defraudadas con el progresismo.

Pero los desastres acumulados durante su gestión frustraron la reelección del furioso militar, que fue penalizado por su criminal manejo de la pandemia. Esa infección tuvo un número de muertos muy superior a los causados exclusivamente por el virus. Nadie olvidó que se negó a comprar vacunas y a realizar testeos, argumentando que podrían convertir a los individuos en yacarés (Boulos, 2022).

Bolsonaro tampoco logró revertir el estancamiento estructural de la economía y agravó la regresión social, recreando la tragedia del hambre que afecta a 33 millones de personas. Ese flagelo es particularmente chocante, en un país que ocupa el tercer lugar en el ranking mundial de productores de alimentos.

Los vaivenes y exabruptos del desorbitado militar erosionaron el aval del establishement y la liberación de Lula precipitó su declive. No pudo mantener a su gran adversario detrás de las rejas y ese desenlace impulsó al PT disputar con éxito la presidencia.

Bolsonaro dio sobradas pruebas de sus pretensiones fascistas, pero no logró introducir ningún pilar de ese sistema. Multiplicó la violencia cotidiana, la intimidación laboral y el miedo, con 40 asesinatos en las semanas previas a los comicios. Pero no logró crear el marco de terror que exige el fascismo.

Tampoco pudo sustituir el régimen político vigente por alguna versión de totalitarismo. Mantuvo su liderazgo con tutelaje militar y cierto equilibro con el resto de los poderes. Las clases dominantes toleraron su falta de serenidad para ejercer una función ejecutiva y el perfil carnavalesco de sus apariciones, pero no convalidaron su continuidad.

El balotaje demostró igualmente la gran envergadura de su base electoral. Logró introducir una inédita polarización política, que cortó geográficamente al país en segmentos diferenciados. Lula ganó en 13 estados y Bolsonaro en 14. Su partido conquistó el estado de San Pablo, 15 de los 27 escaños disputados en el Senado y numerosos diputados (Agullo, 2022). Pero ahora existe un serio interrogante sobre el impacto de la fallida aventura sobre los cuatro pilares de su fuerza política: el ejército, las bandas, el agronegocio y el evangelismo.

Durante su gobierno se duplicaron los militares en cargos oficiales y los uniformados colocaron 2 senadores y 17 diputados, que se presentaron como referentes de la identidad nacional o herederos de la industrialización de los años 60. Los nueve generales más próximos al ex capitán reforzaron, además, sus propios negocios con el equipamiento bélico.

Pero ahora se ha creado un escenario que permitiría desarticular esa casta, si Lula traduce en hechos su denuncia de la complicidad militar con el golpe. Está planteado el reemplazo del ministro de defensa, la depuración de la comandancia, la anulación de los privilegios y la investigación de los desfalcos de esa cúpula.

La supervivencia de las pandillas que apadrinó Bolsonaro está igualmente amenazada luego del asalto perpetrado en Brasilia. La preparación de esa acción criminal fue oficialmente apuntalada en los últimos años, con la autorización al uso de armas bajo la cobertura de los clubs de cazadores, tiradores y coleccionistas. Los grupos vandálicos concentran ahora el grueso de las acusaciones por el golpe, con un significativo número de sus integrantes en prisión.

El sostén bolsonarista en el agronegocio quedó graficado en el nuevo mapa poselectoral. Las regiones que alimentan esa actividad apuntalaron las listas del ex capitán, demostrando la incidencia de un sector que representa la tercera parte del PIB. Lucran con el extractivismo y se expandieron al compás de la perdurable crisis industrial. Pero los cabecillas de ese entramado son investigados por su financiación de la asonada y podrían quedar alcanzados por serias acusaciones.

El nuevo contexto también influye sobre la cúpula evangelista que sostuvo a Bolsonaro, a cambio de los 82 diputados que consiguió la Iglesia Pentecostal. El alto clero de los pastores continúo su enriquecimiento, mientras sus predicadores inducían a votar por la derecha para evitar puniciones divinas.

Los comunicadores del bolsonarismo combinaron ese tipo de alocados mensajes con la justificación de las mentiras cotidianas del ex mandatario. Un día el ex capitán describió a las inmigrantes venezolanas como prostitutas y al otro acusó a Lula de mantener pactos con el diablo. Ningún delirio quedó excluido de la retórica que orquestaron para afianzar un liderazgo salvacionista, entre votantes decepcionados con el sistema político.

Ese sustento ideológico puede quedar corroído, si Bolsonaro se convierte en un asiduo visitante de los tribunales. En esa comparecencia el gran crítico de la “corrupción lulista” debería explicar cómo adquirió 107 inmuebles en los últimos 30 años, con su moderado sueldo de diputado. Toda la derecha latinoamericana ha quedado pendiente del devenir de Bolsonaro.

Golpismo frustrado en Bolivia

El fracaso de una asonada en Bolivia anticipó a comienzo de año el desenlace de Brasil. También allí se consumó un fallido intento golpista, para repetir con el Arce el alzamiento que derrocó a Evo Morales en el 2019.

En esa oportunidad, la ultraderecha aportó bandas armadas para secuestrar dirigentes sociales, asaltar instituciones públicas y humillar opositores. Reiteró su vieja conducta de soporte de las intervenciones militares, contra gobiernos enfrentados al establishment o crucificados por la embajada estadounidense.

Ese golpe fue la intervención militar más desenfadada de las últimas décadas en Sudamérica. No tuvo disfraz institucional, ni mascarada blanda. Evo fue forzado a renunciar a punta de pistola, cuándo los generales se negaron a obedecerlo. No dimitió por simple agobio. Fue expulsado de la presidencia por la cúpula del ejército.

Pero la principal peculiaridad de esa operación fue el tinte proto-fascista que aportaron los socios derechistas. Instauraron el reino del terror en las zonas liberadas por los uniformados y bajo la conducción de Camacho pusieron en práctica las proclamas de Bolsonaro. Con biblias y rezos evangélicos quemaron casas, raparon mujeres y encadenaron periodistas.

Los agresores emitieron, además, gritos racistas contra el cholo, mientras se burlaban de los coyas, quemaban la bandera whipala y golpeaban a los transeúntes de la raza denigrada. Implantaron en La Paz el vandalismo que habían ensayado en su reducto de Santa Cruz. La ridícula osadía de esas hordas estuvo garantizada por la protección policial.

Ese odio contra los indios recuerda la provocación inicial de Hitler contra los judíos. Camacho no disimula la irracionalidad de sus diatribas contra los pueblos originarios. Considera que las mujeres de esas nacionalidades son brujas satánicas y que los hombres arrastran una impronta servil. Ha creado legiones de resentidos para humillar a los indígenas (Katz, 2019).

La clase dominante del Altiplano celebró la venganza contra los pueblos originarios. Como no digiere que un indio haya ejercido la presidencia, convalidó las descontroladas tropelías de Camacho. Pero sus expectativas reaccionarias quedaron demolidas por la extraordinaria victoria del alzamiento popular (2019). Ese logro desembocó en elecciones, un renovado triunfo del MAS (2020) y una sucesión de juicios que puso entre rejas a la ex usurpadora Añez (2022).

Este resultado descolocó a los ultraderechistas, que debieron aceptar un repliegue a los refugios de Oriente. Desde allí reorganizaron fuerzas y retomaron la ofensiva, con las milicias de cívicos que apadrina el poder económico local. Enviaron esos grupos a los barrios populares para sembrar el terror y propiciaron cortes de ruta para crear el recrear un clima desestabilizador. Demandaron la libertad de los golpistas y convirtieron la fecha del censo que debía reevaluar el peso de cada distrito, en el nuevo pretexto de una gran beligerancia. Con esa excusa propiciaron la asonada del 2023.

Ese plan contempló incluso la eventual secesión del territorio sublevado, si no lograban reconquistar el manejo del país. Con la mascarada de un status federal para Santa Cruz, conspiraron para perpetrar la fractura territorial. Los cívicos apuntalaron ese complot con una leyenda anticoya que impugna el estado plurinacional y retoma las viejas creencias de superioridad de las elites blancas. Con ese separatismo reaccionario completaron un guion inspirado en las acciones oligárquicas del pasado (Acosta Reyes, 2022).

Pero el nuevo intento golpista fracasó. Empezó con una secuela de paros en Oriente e incluyó la reactivación de los grupos de choque contra las organizaciones sociales. También resucitó la enfurecida prédica de los Pentecostales para cohesionar el motín. En la disputa entre fracciones para exhibir mayor radicalidad, organizaron cabildos manipulados bajo el comando de los mismos líderes de las asonadas previas (Camacho y Calvo) y lograron generar un caos regional mayúsculo.

Finalmente, al cabo de 36 días de traumáticas acciones tuvieron que suspender su asonada. El esperado respaldo de otras regiones no llegó y tanto la falta de abastecimiento como la parálisis del comercio socavaron el movimiento. Los cívicos no pudieron forzar la prolongación del paro con simple exhibición de fuerza (Paz Rada, 2022). Tampoco lograron el acompañamiento nacional de la derecha tradicional o de los sectores indigenistas disgustados con el gobierno. Sólo algunas figuras en declive del espectro burgués aprobaron la nueva aventura de Camacho (Montaño; Vollenweider, 2023).

Pero la principal novedad fue la respuesta del gobierno. Al inicio de la provocación el oficialismo sólo convocó manifestaciones callejeras, para repudiar la denigración perpetrada contra la bandera plurinacional. Concretó marchas que reunieron multitudes, pero no modificó el patrón habitual de simple denuncia de los golpistas.

El gran giro se produjo en las últimas dos semanas, con el audaz operativo de detención y traslado de Camacho a La Paz. El principal cabecilla de las bandas reaccionarias quedó encarcelado, a la espera de un juicio por su participación en el golpe militar del 2019. Si esa acción queda ratificada, el gobierno habrá consumado una contraofensiva, que podría pavimentar una gran victoria. En esta confrontación se juega el repunte o fracaso de la ultraderecha boliviana.

La frustración del referente venezolano

La derrota de Bolsonaro en Brasil y Camacho en Bolivia se enmarca en el fulminante naufragio de Guaidó en Venezuela. Sus escuálidos encabezaron durante mucho tiempo el ranking regional del vedetismo reaccionario. Reemplazaron en ese podio a los gusanos de Cuba y lograron situar sus acciones en la primera plana de los noticieros. En incontables oportunidades supusieron que tenían asegurado el retorno a Miraflores, pero comparten actualmente las mismas frustraciones que sus allegados de Miami.

El perfil extremo de esa derecha no estaba predeterminado en el debut de la confrontación con el chavismo. Ese choque inicial estuvo liderado por los conservadores tradicionales, que perdieron preeminencia con la intensificación del conflicto. Los grupos más virulentos capturaron la dirección, propiciando golpes desde los cuarteles y guarimbas en las calles.

En su obsesivo proyecto antichavista, la ultraderecha intentó seguir las huellas de Pinochet. Diabolizó al proceso bolivariano y propuso extirparlo con un baño de sangre. Ese odio alcanzó la misma intensidad que la denostación fascista del comunismo. Con esa tónica fue motorizada la movilización de los sectores medios antibolivarianos.

Las clases dominantes buscaron sepultar por esa vía el desafío que personificó Chávez e intentaron disolver el empoderamiento popular que acompañó a su gestión. En esa campaña repitieron todos los ítems del libreto reaccionario.

Esa reiteración de guiones corroboró su total sumisión a los dictados de Washington. La ultraderecha venezolana fue organizada, financiada y dirigida por el Departamento de Estado, con el mismo molde de sus antecesores cubanos. También las reyertas suscitadas por el manejo del dinero y las conexiones con la mafia, asemejan a los dos servidores caribeños del mandante yanqui.

El trumpismo jugó todas sus cartas a los escuálidos y la vertiente Obama-Biden contempló también otras variantes. Pero ambos sectores del establishment imperial debieron lidiar con la imposibilidad de enviar marines a Caracas, como se estilaba en la época de Nixon o Kennedy.

Sin contar con el recurso salvador de la invasión estadounidense, el antichavismo ensayó todo tipo de operaciones sustitutas. Incentivó complots militares, adiestró mercenarios en la frontera, desembarcó milicias en las playas y secuestró helicópteros. También tanteó magnicidios, montó la farsa internacional de la ayuda humanitaria e incentivó incansables sublevaciones callejeras. Pero falló en todas las conspiraciones, desmoralizó a su propia tropa, perdió credibilidad y actualmente afronta una crisis terminal.

La autoproclamación del fantasma Guaidó ya es un episodio del pasado. Sus huestes intentaron boicotear las últimas elecciones con una intrascendente farsa de comicios paralelos. El chavismo recuperó la Asamblea Nacional y el grueso de la oposición se sumó a los comicios, cerrando el largo conflicto institucional inaugurado con el desconocimiento de las elecciones presidenciales del 2018.

No es la primera vez que los derechistas regresan a las urnas, pero este retorno se procesa con la cabeza muy baja. Guaidó está manchado por incontables escándalos de corrupción y su proyecto agoniza.

El gobierno logró sofocar primero el ciclo insurreccional del 2014-2017. Posteriormente obtuvo réditos de la crisis migratoria, que desperdigó a la oposición y finalmente neutralizó a todo el espectro de sus adversarios (Bonilla, 2021). Las guarimbas han desaparecido y el golpe de estado ya no figura en ninguna agenda relevante.

Este fracaso de la ultraderecha ha reabierto espacios de intervención para los sectores más convencionales del sistema político. Pero el nuevo escenario tiene gran impacto regional, porque los escuálidos eran ensalzados como la gran referencia latinoamericana del proyecto regresivo. Su declive junto a la derrota de sus émulos en Bolivia y Brasil crea un escenario más problemático para la gestación o reconstitución de las corrientes reaccionarias en otros países.

Viejas recetas recicladas en Argentina

La expansión de la ultraderecha en Argentina es más reciente y, al igual que en Brasil, despuntó en la confrontación con un gobierno de centroizquierda. Los primeros destellos en las marchas callejeras contra el kirchnerismo fueron capturados por el conservadurismo tradicional y catapultaron a Macri al gobierno. Pero en la virulenta impugnación posterior de Fernández y Cristina, emergió la fuerza reaccionaria de Milei (y en menor medida de Espert).

Ambos personajes se nutren de los grupos negacionistas forjados durante la pandemia, reúnen formaciones violentas y aspiran a convertirse en una fuerza electoral de peso en los comicios presidenciales del 2023. Los bolsonaristas argentinos fueron fabricados por los medios de comunicación y llegaron a la política sin ninguna trayectoria previa. En esa carencia se distinguen de sus pares convencionales (Pichetto, Bullrich), que han protagonizado todas las mutaciones camaleónicas de la partidocracia.

En el último bienio los medios instalaron a las nuevas figuras, para inducir la derechización de la agenda política. Toleran sus escándalos, exabruptos y delirios (como la aceptación de la compra y venta de niños), a fin de permitir la imposición de los temas reaccionarios, especialmente en el plano económico (Katz, 2021). Con esa estrategia, las viejísimas y fracasadas recetas de la ortodoxia neoclásica han recuperado centralidad.

Milei es el showman más descollante de este operativo. Adoptó la excéntrica pose de gritos y enojos que le recomendaron sus asesores para capturar la audiencia y transformar la política en una secuencia de chimentos. Ha denostado en forma incansable a la “casta política” que actualmente integra y despotrica contra el Estado, ocultando su utilización de los recursos públicos.

Se maneja con el dinero aportado por varias fundaciones estadounidenses y ha recurrido a la payasada de rifar su dieta de diputado, como un gesto de impugnación de la “casta”. En su fanatismo ultraliberal, no consideró la donación de esa mensualidad a alguna actividad laboral o académica meritoria.

Algunas miradas destacan que esa opción por el sorteo ilustró cómo asemeja el progreso individual al puro azar. En su mundo de capitalismo salvaje no sobreviven los más aptos, sino tan sólo los más afortunados (D’Addario, 2022). De paso, indujo a millón de personas a dejar sus datos personales en la base de información que maneja su bunker. Optarán por la apropiación algorítmica más oportuna de ese universo.

Milei integra el pelotón de alocados personajes que auspician los poderosos para canalizar el descontento con los gobiernos inoperantes. Derrocha demagogia para capturar el enojo de la clase media y la desesperación de los empobrecidos. Pero su efectiva prioridad es la erosión de las conquistas democráticas logradas al cabo de muchos años de lucha.

Todas las tonterías económicas ultraliberales que enuncia están plagadas de inconsistencias y se difunden por la simple complicidad del periodismo servil. Nadie le exige ejemplos históricos o ilustraciones prácticas de sus absurdas propuestas de incendiar el Banco Central. Con esa mascarada alimenta la reintroducción de un clima represivo, mediante apologías al terrorismo de Estado y exaltaciones a la libre portación de armas.

Los medios hegemónicos apuntalan esa regresión, difundiendo la falsa creencia que los jóvenes están desinteresados por la tragedia de sangre que impuso la última dictadura. Los fascistas que acompañan a Milei promueven el hostigamiento de los movimientos sociales, con iniciativas de criminalización de los piqueteros. Su co-equiper Espert apuntala la misma agresión con propuestas de limitar la natalidad en los hogares pobres. En su ceguera burguesa considera que los embarazos están motivados por el cobro de un plan social.

Espert se ha embanderado con la demagogia punitiva, ocultando los repetidos fracasos de la “mano dura”. En su celebración del gatillo fácil omite que la violencia policial nunca atenuó el delito. Simplemente convoca a la venganza, desconociendo la estrecha relación de la criminalidad con la desigualdad y la gran conexión de la reincidencia con la falta de educación o trabajo. Para restaurar la represión en gran escala, los dos ultraderechistas participan activamente de la cruzada anti mapuche y la consiguiente escalada de agresiones contra los pueblos originarios.

El fallido intento de asesinato de Cristina ilustra hasta qué punto la nueva ultraderecha no restringe su acción a la esfera electoral. El atentado fue consumado al cabo de una intensa campaña mediática de incitación al odio (Katz, 2022) y el puñado de marginales que consumó esa acción participaba de una aceitada organización de abogados, espías y empresarios.

Antes de apuntar contra Cristina, desenvolvieron las típicas incursiones de los grupos neonazis, lanzando antorchas contra la Casa Rosada, exhibiendo bolsas mortuorias y guillotinas. La mano de los servicios de inteligencia en esos operativos es tan visible, como el parentesco de sus guiones con las guarimbas venezolanas.

La complicidad de altas esferas del Poder Judicial ha quedado corroborada con la obstrucción al esclarecimiento del frustrado magnicidio. Trabajan para restringir la acusación a los tres o cuatros involucrados directos, encubriendo a los financistas e instigadores del atentado. Es particularmente escandaloso el amparo judicial a los políticos derechistas que conocían y dejaron correr la preparación de esa conjura.

Peligros y limitaciones

La capacidad de acción de los personajes bolsonaristas (Olmedo) fue marginal en Argentina durante el macrismo, pero se ha expandido en proporción a la generalizada decepción con el gobierno actual. Ya no constituyen una lejana amenaza y disputan espacios con la derecha tradicional. Mantienen un perfil propio que amenaza la unidad de la oposición en los próximos comicios. En esta potencial división radica la expectativa oficialista de mantenerse en carrera para retener la presidencia.

Pero en cualquier opción electoral, la ultraderecha puede transformarse en una fuerza de peso ante la gravísima crisis social del país. A diferencia del 2001 despuntan como un canal de captación del descontento con el sistema político. El tinte progresista y radicalizado que tuvo ese malestar hace dos décadas, ahora presenta una fisonomía contrapuesta.

En los hechos Milei propugna el retorno al menemismo. No sólo promueve una escala semejante de privatizaciones, con mayor desregulación laboral y apertura comercial. También propone contrarrestar la superinflación actual con alguna reinstauración de la convertibilidad, que arruinaría en forma irreparable la economía del país. El establishment no comparte por ahora esa cirugía por temor a una incontenible reacción popular, pero tampoco rechaza su eventual aplicación.

Milei se sumó con gran entusiasmo al bolsonarismo, exhibió fotografías con sus líderes y reprodujo la misma exaltación del anticomunismo. El fallido golpe en Brasilia lo colocó en una incómoda situación, que disimula con la habitual complicidad de los medios de comunicación. Pero el grueso de la derecha local registró la derrota electoral de sus pares brasileros y desaprobó un asalto a los edificios gubernamentales que no podría repetirse en Argentina. El ejército mantiene un rol político marginal, en un país que ha desarrollado enormes anticuerpos contra el militarismo.

La dictadura brasileña coincidió con un prolongado período de crecimiento desarrollista y sus responsables nunca fueron juzgados. En cambio, Videla y Galtieri acentuaron una regresión económica que desembocó en la aventura de Malvinas. Todos los tanteos conservadores para revalorizar a esos genocidas han desatado repudios masivos. La desmovilización popular y la desmoralización del progresismo que precedieron a Bolsonaro, no tuvieron hasta ahora un correlato equivalente en Argentina.

Pero las diferencias históricas entre un país signado por la convulsión y otro caracterizado por la continuidad del orden deben ser revisadas con cierto cuidado. Brasil nunca vivió el tipo de confrontaciones socio-políticas que ha prevalecido en Argentina, pero protagoniza una inédita grieta de consecuencias desconocidas. Por el contrario, su vecino del sur ha quedado sumido en una crisis social catastrófica que altera de todos los parámetros del pasado.

La pesadilla de los mafiosos colombianos

La ultraderecha colombiana carga con una feroz trayectoria de guerra contra los campesinos y trabajadores. Ha incurrido en un grado de salvajismo inigualable. En ningún otro país de la región se han encontrado tantas fosas comunes con restos de personas masacradas. Durante seis décadas complementó las balaceras del ejército con matanzas de todo tipo.

Esas bandas se especializaron en el asesinato cotidiano de los militantes sociales, con una sistematicidad sin parangón en América Latina. Tan sólo el año pasado ultimaron a 198 dirigentes populares y desde la firma de los Acuerdos de Paz (2016) mataron a 1.284 luchadores. Su terror ha convertido a Colombia en la nación con mayores desplazamientos forzados de población de todo el continente.

Esa ferocidad se remonta al surgimiento de los grupos paramilitares organizados por las Fuerzas Armadas en los años 60, para apuntalar la guerra contrainsurgente que monitoreaba el Pentágono. De esas formaciones emergieron las denominadas autodefensas, que se entrelazaron con las mafias del narcotráfico bajo el amparo del uribismo. En el 2005 fueron formalmente desmovilizadas con todo tipo de beneficios, pero reaparecieron como fuerzas de choque contratadas por las elites regionales (Molina, 2022).

Esos grupos disputan el control de los territorios e integran una estructura de narco-mercenarios que opera en todos los estamentos del Estado. La vieja oligarquía fue sustituida por una narco-burguesía, que maneja gran parte de la economía subterránea del país. Las áreas ocupadas por plantaciones de estupefacientes son más extensas en la actualidad, que en los inicios del Plan Colombia (1999) y la productividad de los sembradíos se ha duplicado. Las fumigaciones aéreas simplemente aceleraron el abandono de los campos comunitarios y la concentración de la tierra.

La estructura narco-militar forjada por los clanes de la droga ha perfeccionado su capacidad operativa y ya exportan mercenarios para distintas labores. La forma en que organizaron el asesinato del presidente haitiano Jovenel Möise, ilustra la gravitación regional de esos criminales. Han conformado un ejército paralelo, que interviene desde hace décadas en la parapolítica de Colombia, para mantener al país en el tope del ranking mundial de exportación de cocaína. Las principales figuras de la derecha colombiana mantienen incontables lazos con esa narco-economía.

Esta asociación es apañada por Estados Unidos, que convirtió a Colombia en el principal centro de operación regional del Pentágono. Las siete bases militares afincadas en el país están conectadas con una vasta red de uniformados de todo el continente. Trump utilizó adicionalmente a Colombia como retaguardia de incursiones contra el chavismo y reforzó el status del país como “aliado extra OTAN”. Biden reajusta esa estrategia para asegurar la preeminencia estadounidense en el hemisferio (Pinzón Sánchez, 2021).

La ultraderecha ha sido durante décadas una pieza clave del sistema político. Pero el agotamiento del urbismo y la revuelta popular del 2021 socavaron ese régimen y el triunfo electoral de Petro desafía seriamente a ese tejido de opresores.

Para impedir ese declive introdujeron en el balotaje a un improvisado personaje del trumpismo latinoamericano. Rodolfo Hernández irrumpió con un discurso vacío contra la corrupción, exhibiendo su condición de millonario, como el principal mérito para acceder a la presidencia. Con ese alocado mensaje pretendió compensar la bancarrota del candidato oficialista (Federico Gutiérrez).

Hernández recurrió a todos los exabruptos imaginables y despotricó contra el resto de los políticos, como si él formara parte de una raza diferente. No disimuló sus convicciones machistas, ni su misógina. Pero cruzó la raya de lo aceptable por sus propias huestes, cuándo declaró su admiración por Hitler (Szalkowicz, 2022).

Tampoco surtió efecto su escandalosa verborragia, la campaña motorizada desde Miami, y su amenaza de acciones violentas. El respaldo de los poderosos no alcanzó para contener la esperanza de cambio que encarnó Petro. La derecha sufrió una derrota histórica y el propio Hernández abandonó inmediatamente la escena.

Ahora Petro afronta la monumental tarea de forjar la paz, frente a sectores reaccionarios que esperan el momento para el contraataque. Han ensayado un atentado contra la vicepresidenta Márquez y sabotean las tratativas en curso (Duque, 2023). Pero han quedado en una posición defensiva y la normalización de las relaciones con Venezuela afianza ese retroceso. El lobby de Miami no oculta su disgusto con un escenario muy alejado de sus propósitos.

El pinochetismo de los nuevos tiempos

La ultraderecha reaparece en Chile con los mismos perfiles pinochetistas del pasado. Kast no puede repetir el golpe de su admirado predecesor, pero retoma todas las banderas del nefasto dictador. Irrumpió abruptamente, frente a la impotencia de Piñera para contener la sublevación popular del 2019. Esa rebelión arrastró a toda la derecha a un abismo electoral, que Kast contuvo forjando la candidatura de emergencia que disputó sin éxito contra Boric.

El principal estandarte del reaccionario transandino fue la restauración de la represión, contra los jóvenes que desafiaron en las calles los treinta años de continuismo posdictatorial. Kast exigió mano dura contra las protestas, como si los manifestantes no hubieran padecido 30 asesinatos, 450 personas con lesiones oculares y centenares de detenidos (Abufom Silva, 2021).

Con la misma virulencia exigió la militarización del sur y el endurecimiento de la campaña antimapuche. Añadió a esa agenda de pinochetismo explícito un discurso antiinmigrante, para incentivar el odio contra la novedosa oleada de trabajadores extranjeros que incorporó la economía chilena.

Kast logró una reconstitución vertiginosa de la extrema derecha, a costa de los candidatos convencionales de ese espacio. Superó a las figuras democristianas (Provoste) y oficialistas (Sichel), mediante una digestión del centro muy parecida a la consumada por Bolsonaro en Brasil. También prevaleció sobre los personajes marginales embanderados con la antipolítica, que optaron por una exótica campaña electoral desde Estados Unidos (Parisi). Ganó la partida dentro del espectro conservador retomando la fidelidad al pinochetismo.

Con esa postura logró reintroducir una gran bancada de legisladores en ambas cámaras, revirtiendo los magros resultados de los comicios anteriores. Estuvo incluso cerca de llegar a la presidencia, pero fue doblegado felizmente por una gran reacción antifascista. Esa respuesta tomó fuerza en las calles, recuperó primacía en los barrios populares y atrajo votos de los indiferentes a las urnas.

Le eventual llegada de Kast a la Casa de Moneda fue incluso resistida por parte del establishment, que temió las consecuencias de un reinicio de la confrontación directa con el pueblo. Estimaron que la partida perdida por Piñera no sería ganada por una versión más extrema del mismo libreto. Evaluaron que la vieja clase política es la mejor garantía de continuidad del modelo neoliberal que Boric nunca propuso erradicar.

La irrupción de Kast expresa la reacción contrarrevolucionaria de los poderosos que defienden sus privilegios. La rebelión popular diluyó las formaciones del centro y la extrema derecha recuperó protagonismo exigiendo la restauración del orden.

Kast incorporó algunas facetas de la nueva derecha como el sustento de los evangelistas, pero se afirmó con los viejos códigos de Pinochet. Buscó retomar el resentimiento de los sectores medios contra los asalariados, aprovechando el nuevo escenario de informalidad y desarticulación del movimiento obrero tradicional (De la Cuadra, 2022).

Su acelerada instalación confirma las raíces sociales que dejó la dictadura para nutrir la permanencia de sucesores (Cabieses, 2021). La tutela militar –que se desmoronó abruptamente en Argentina luego de la aventura de Malvinas– perduró durante más tiempo en Chile. Por eso Pinochet murió con honores militares, mientras sus colegas argentinos eran juzgados, indultados y nuevamente encarcelados.

Bajo el pinochetismo se forjó también una clase media conservadora, que condicionó a todos los gobiernos de la Concertación. Siguiendo el modelo de la transición española, esas administraciones pactaron el sostenimiento de la Constitución gestada por la dictadura, para asegurar la vigencia del modelo neoliberal.

La ultraderecha chilena ha sido muy ponderada por sus pares de la región y el frustrado acceso de Kast a la presidencia fue percibido como una derrota propia por los reaccionarios del continente. Por la impactante historia que encarnan Allende y Pinochet, Chile persiste como el gran referente simbólico de los dos polos de la vida política latinoamericana.

Esa centralidad se reaviva con cada pulseada entre ambas formaciones. Las victorias del movimiento popular son rápidamente respondidas por la derecha, en una dinámica de giros constantes y cambios vertiginosos.

Los custodios del fujimorismo

Todas las variantes de la derecha unificaron fuerzas en Perú para consumar el reciente golpe que tumbó a Castillo. Acosaron a ese mandatario hasta que finalmente forzaron su desplazamiento. No toleraron la presencia de un presidente ajeno al contubernio del fujimorismo con sus aliados y adversarios, que sostiene al régimen político más antidemocrático de la región.

Esta vez concretaron una variante extrema del lawfare, mediante un golpe parlamentario con cimiento militar y complicidad de la vicepresidenta Boluarte. De inmediato desataron una represión feroz con decenas de asesinados, centenares de detenidos y toque de queda en varias provincias. Esa criminalización de las protestas supera los antecedentes recientes y ha colocado al ejército en el típico lugar de cualquier dictadura (Rodríguez Gelfenstein, 2022).

Esa brutalidad está garantizada por un compromiso de impunidad que obliga a tramitar cualquier denuncia contra los gendarmes en el propio fuero castrense. La nueva mandataria convalida el salvajismo represivo, premiando con cargos a los responsables de la balacera contra el pueblo. También aceptó delegar el mando efectivo del país en el fanático ultraderechista que preside el Congreso (Álvarez Orellana, 2022). Desde allí se perfecciona el “golpe dentro del golpe” que legitimaría el derrocamiento del secuestrado Castillo, con algún adelanto de las próximas elecciones.

Desde el 2018 los derechistas concretaron el desplazamiento de los seis presidentes que perdieron funcionalidad para la continuidad del régimen. Ese sistema fue creado por Fujimori un año después de asaltar al gobierno (1993), mediante un dispositivo constitucional que otorga poderes omnímodos al Poder Judicial y a su Fiscalía para intervenir en la vida política. La debilidad del Ejecutivo, la atomización del Legislativo y la gravitación de los tribunales apuntalan un sistema que propicia la inmovilidad, la apatía y el descreimiento de la población (Misión Verdad, 2022).

La finalidad de ese esquema es asegurar la continuidad de un modelo neoliberal divorciado de los avatares de la política. El vertiginoso recambio de mandatarios contrasta, por ejemplo, con la perdurabilidad del mismo presidente del Banco Central en los últimos 20 años.

Ese rumbo económico garantizó la privatización de la industria y la entrega de los recursos naturales al capital extranjero, en un marco de chocante pobreza y desigualdad. El alabado crecimiento de los últimos tres decenios se consumó expandiendo la precarización laboral, que en las regiones del interior afecta al 70% de la población. También el campesinado ha sido severamente golpeado por la importación y el encarecimiento de los insumos, mientras el grueso de la inversión se concentró actividades extractivas que deterioran el medio ambiente.

El golpe contra Castillo –que Estados Unidos apoyó de inmediato– apunta a sostener el dispositivo político que garantiza la devastación económica. Toda la derecha apoya ese régimen, mientras sus variantes extremas construyen nichos con figuras cambiantes. Su personaje más reciente es Rafael López Aliaga (Porky), que logró el respaldo de los evangélicos y los católicos ultraconservadores para exponer mensajes cavernícolas. Confiesa que se autoflagela con frecuencia y que anularía cualquier vestigio de la educación sexual, para exorcizar los resabios de la “izquierda diabólica”.

Durante la pandemia rechazó el uso de mascarillas y propuso privatizar la vacunación. Propaga un fanatismo neoliberal y evita el esclarecimiento de las denuncias que lo involucran con el lavado de activos (Noriega, 2021). Porky compite en Lima con otro extremista de derecha acusado de terribles violaciones a los derechos humanos.

Pero la heroica resistencia popular que afrontan los golpistas desafía seriamente a todas las variantes de la reacción. Las cifras de muertos no cesan y los disparos sobre los manifestantes acrecientan el número de víctimas. Esta descontrolada brutalidad de la derecha puede terminar sepultando su propia continuidad.

Otras variantes en gestación

Los modelos de la ultraderecha asentada inspiran a sus pares más rezagados. Es el caso de México, donde ya se avizora la misma disputa callejera que suscitaron los gobiernos progresistas de Sudamérica. Los sectores tradicionalmente minoritarios de la reacción, comenzaron a repetir la secuencia de otras experiencias. Han recuperado la iniciativa con movimientos de rechazo a la democratización del sistema electoral que impulsa López Obrador.

AMLO respondió a ese desafío con la concentración más numerosa de los últimos años. Frente a esa polarización callejera la ultraderecha afinó su repertorio, organizando un gran evento internacional con figuras trogloditas de todo tipo.

En otros países más habituados a la gestión represiva del Estado, la nueva derecha ofrece pocas novedades. En Ecuador o Guatemala, simplemente apuntala la periódica reinstalación de los regímenes de excepción, con la consiguiente militarización de la vida cotidiana. Allí sostiene variantes del golpismo, que sustituyen a las viejas tiranías militares por modalidades más disfrazadas de dictadura civil.

En Haití los derechistas auspician tanto la intervención extranjera, como la expansión de las bandas mafiosas que han destruido el tejido social de la isla. Apuntalan el modelo de golpismo gangsteril que sustituyó al sistema político y oscilan entre promover una dictadura tradicional o precipitar otra ocupación norteamericana.

Frente a tantas versiones del espectro derechista, conviene clarificar la singularidad de ese espacio en comparación a otras regiones. Abordaremos ese problema en nuestro próximo texto.

16-1-2023

Artículo cedido por gentileza del autor. Publicado originalmente en su blog: https://www.lahaine.org/katz/

Referencias

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La Nicaragua de Daniel Ortega: La pedagogía de la crueldad

Por Raúl Zibechi

Las condiciones de reclusión que sufrió Dora María Téllez (comandante dos del sandinismo), la más emblemática prisionera de Ortega durante más de 600 días, recuerdan las que vivieron los rehenes de la dictadura uruguaya durante su largo cautiverio. En la celda que ocupaba en la cárcel El Chipote, la oscuridad era casi absoluta, apena un tenue resplandor «que no dejaba ver bien la mano»; ni siquiera les permitían saber la hora, según relató en su primera entrevista (El País, 10-II-23).

La historiadora Téllez no podía tener libros, papeles ni lápices. «Dormíamos sobre una colchoneta lisa, sin nada, en el suelo frío. No nos daban toallas, nos secábamos poniéndonos la ropa encima. Eran torturas psicológicas constantes», dijo en las afueras del hotel de Virginia donde fue alojada en Estados Unidos. Acabó perdiendo la voz porque apenas hablaba un minuto al día con los guardias, por lo que se dedicaba a «cantar bajito» para contrarrestar la pérdida.

Lo más sintomático, porque retrata el carácter de la dictadura Ortega-Murillo, es el trato a las mujeres. Durante tres meses no recibió ninguna visita, ni siquiera de su abogado, no había ninguna regularidad, por lo que considera que se trataba de «otra forma de tortura». Mientras los varones nunca estuvieron en régimen de aislamiento más de dos meses, las mujeres lo estuvieron durante todo el tiempo, entre ellas, su pareja, Ana Margarita Vijil, además de Tamara Dávila y Suyén Barahona. «Eso es el odio visceral hacia las mujeres de los Ortega-Murillo», explica Téllez.

PEDAGOGÍA DE LA CRUELDAD

Téllez explica que el peor momento que vivieron durante el cautiverio fue la muerte de Hugo Torres (comandante uno), el primer prisionero fallecido en la prisión orteguista. Pese a tener 73 años y ser uno de los íconos de la revolución –que en 1974 arriesgó su vida para rescatar a un grupo de sandinistas de la dictadura de Anastasio Somoza, entre ellos, Daniel Ortega–, no recibió la atención que merecía por el cáncer que lo aquejaba. Todas las versiones aseguran que ingresó en buen estado de salud a El Chipote, pero su deterioro fue muy veloz y falleció en enero de 2022.

La antropóloga y feminista Rita Segato acuñó el concepto pedagogía de la crueldad para dar cuenta de todo aquello que cosifica la vida, las prácticas que «programan a los sujetos a transmutar lo vivo y su vitalidad en cosas».1 No consiste solo en matar, sino también «enseña a matar de una muerte desritualizada, de una muerte que deja residuos en el lugar del difunto».

La trata y la explotación sexual forman parte de esa crueldad, pero también las iniciativas extractivistas para producir commodities para el mercado global, emprendimiento que de modo habitual «es precedido por burdeles y el cuerpo-cosa de las mujeres que allí se ofrecen». Segato sostiene que en el mundo hay dos proyectos en pugna: el proyecto histórico de las cosas y el proyecto histórico de los vínculos.

Asegura que en Nicaragua –pero también en Palestina y en muchos otros sitios, dice la antropóloga– «patriarcado, colonialidad, pedagogía de la crueldad, cosificación de la vida y extractivismo de la naturaleza y de los cuerpos de las mujeres» se encadenan conformando «la ecuación perfecta del poder».

Intenta comprender, de ese modo, las razones por las que el régimen descerraja odio y sadismo contra las personas que lo cuestionan. Lo más notable, empero, es que ninguno de los 222 excarcelados fue quebrado en la prisión. «Sabía que tenía que aguantar, era mi manera de derrotar a Ortega cada día. Cada día que no me lesionaba mentalmente, cada día que no defecaba en la celda, que no me ahorcaba […] era un triunfo sobre Ortega», dijo Téllez en la citada entrevista.

PROBLEMAS INTERNOS

Durante muchos años, el discurso antimperialista de la dictadura Ortega-Murillo logró su objetivo: acallar las críticas desde la izquierda que, con escasas fisuras al principio, apoyó el régimen. Hasta las masivas protestas de 2018, que se saldaron con más de 300 manifestantes muertos, cientos de heridos y presos, y decenas de miles de exiliados.

Aquel era un discurso mentiroso. Prueba de ello es el reciente comunicado del Fondo Monetario Internacional del 27 de enero, en el que el organismo financiero felicita al régimen por sus políticas macroeconómicas, sus avances en materia de transparencia fiscal y elogia «la solidez de las reservas de capital y de liquidez del sector bancario», entre varias otras «celebraciones» al gobierno de Managua.

Por otro lado, Nicaragua está sólidamente integrada en las cadenas de valorización de co-mmodities como el oro (principal rubro exportador), pero también el camarón, cuyo principal destino es Estados Unidos y deja en el país enormes daños ambientales. Este sistema productivo deja, sobre todo, una sociedad arruinada, polarizada y empobrecida, que es controlada militarmente por la cúpula del poder, donde la vicepresidenta y esposa de Ortega, Rosario Murillo, esgrime su puño de hierro (adornado con anillos y brazaletes lujosos) para controlar a la población.

Pero incluso ese poder ultraconcentrado parece estar haciendo agua, a juzgar por las remociones en la cúpula policial y militar en las últimas semanas. A mediados de enero se informó que el general Adolfo Marenco Corea, exdirector de investigación e inteligencia de la Policía y exmiembro del círculo íntimo de Rosario Murillo, fue detenido y enviado a la cárcel de El Chipote (Confidencial, 16-I-23).

Marenco se encontraba bajo el sistema «casa por cárcel», que la dictadura utiliza para controlar a los opositores, pero al ser detenido fue acusado de intentar fugarse del país y haberse negado a trabajar para los Ortega-Murillo.

Es evidente que la pareja ha decidido atornillarse al poder y que no entra en sus cálculos asilarse. Su fortuna está en Nicaragua, amasada en buena medida por corrupción y despojo, y si lo abandonaran, perderían todo, según el análisis de personas que conocen de cerca al binomio. Eso puede explicar la excarcelación de los 222 para intentar recomponer un gobierno desgastado y con escaso apoyo interno.

 

1. Contrapedagogías de la crueldad, Prometeo,
Buenos Aires, 2018.