Klaus Gietinger habla de la muerte de Liebknecht y Luxemburg: “Un asesinato puro y duro”

Klaus Gietinger, 63 años, nació en Lindenberg, en la región de Allgäu. Tras completar su licenciatura en Ciencias Sociales, inició su carrera como realizador cinematográfica. Su primer largometraje fue Lond it luck (1979) sobre la guerra de los campesinos en Allgäu. Su película de culto Daheim sterben die Leut (‘La gente muere en casa’), de 1984, trata de los cambios registrados en este región de Allgäu. Fue guionista y director de varios episodios de la serie televisiva de detectives Tatort.

Su documental  Heinrich der Säger (‘Heinrich el aserrador’) era una crítica del  cierre de líneas ferreas de la Deutsche Bahn. En 2017, su documental Wie starb Benno Ohnesorg (‘Cómo murió Benno Ohnesorg’ [estudiante alemán muerto por la policía en Berlín Occidental en 1967]) provocó titulares de prensa. Ha escrito numerosos libros sobre historia contemporánea, y también de fúbol (Unser Weltmeister, ‘Nuestro campeón mundial’, 2014). Su ‘libro de abominador del coche’ Totalschaden (‘Siniestro total’, 2010) es también muy conocido. – Claus-Jürgen Göpfert.

Señor Gietinger, han pasado casi cien años desde la noche del 15 al 16 de enero de 1919, durante la cual fueron asesinadas dos destacadas figuras del movimiento obrero alemán, Rosa Luxemburg and Karl Liebknecht. Lleva usted investigando estos asesinatos políticos desde hace tres décadas. ¿Por qué le fascina tanto este tema?

Vi hace treinta años la reposición de un drama televisivo en dos partes acerca de estos sucesos en el canal de la Radiodifusión Alemana del Sudoeste (SDR). Dieter Ertel, que lo grabó en 1968, había basado su película en una investigación meticulosa. [1] Y mientras lo veía, pensé: “seguro que aquí hay un montón de preguntas por responder”. De hecho, quise hacer una película sobre esto, pero no conseguí financiación alguna. En aquel entonces, nadie se interesaba por este asunto.

En los años 60, la tesis aceptada era que Rosa Luxemburg y Karl Liebknecht habían sido ejecutados por un pelotón de fusilamiento. Se suponía que así se daba la impresión de una cierta legalidad. Sin embargo, ¿descubrió usted que todo había sucedido de forma muy distinta?

Y tanto que sí. El antiguo jefe de Estado Mayor de la ‘Garde Kavallerie Schützen Division’ (GKSD), que cometió los asesinatos, Waldemar Pabst, conocía personalmente a un responsable de prensa del gobierno germano-occidental de la época, Felix von Eckart, de manera que fue fácil crear la leyenda, pasada incluso la II Guerra Mundial.

El GKSD era un Freikorps [“cuerpo franco”] derechista, pero el gobierno alemán lo llamó para aplastar la sublevación izquierdista que se produjo entonces en Alemania.

Comencemos con los dramáticos sucesos de enero de 1919 en Berlín, donde se produce una sublevación espartaquista contra el gobierno alemán dirigido por el SPD…

Karl Liebknecht participó como líder de los comunistas. Sin embargo, el alzamiento de masas había comenzado espontáneamente al tratar de echar al Jefe de la Policía de Berlín,  Emil Eichhorn. Eichhorn era miembro del Partido Socialdemócrata Independiente de Alemania (USPD), refugio de hombres y mujeres de izquierda que habían sido expulsados del SPD por oponerse a los créditos de guerra [votados en 1914]. Sin embargo, el USPD incluía también a políticos moderados como Eduard Bernstein y Karl Kautsky. En noviembre, mientras se derrumbaba el Imperio Alemán, llegó al poder un gobierno revolucionario de coalición entre el SPD y el USPD, dirigido por el futuro presidente de Alemania, Friedrich Ebert.

Este Consejo de Diputados del Pueblo, como se le denominó, colaboró con las viejas élites del Imperio Alemán, con los jefes militares, sobre todo Ebert. De modo que el USPD, que no estaba de acuerdo con esa colaboración, se retiró muy rápidamente del gobierno. El Jefe de Policía de Berlin, Emil Eichhorn, representaba el ultimo bastión de poder que le quedaba al USPD. El gobierno nacional quiso deponerlo, pero él contraatacó y eso desencadenó el levantamiento de la izquierda.

Uno de los ministros socialdemócratas del gobierno nacional era un talGustav Noske…

Tenía a su cargo a los militares y era de facto comandante supremo de las fuerzas gubernamentales, que en lo esencial eran los Freikorps.

De modo que, básicamente, un ministro socialdemócrata recurrió a esas unidades de extrema derecha para aplastar la sublevación izquierdista. 

Exacto.

Se puede decir que Karl Liebknecht y Rosa Luxemburg se habían convertido en objetivo en esos días tan dramáticos. Los Freikorps de Berlín los andaban buscando. ¿Qué sucedió entonces?

Ya a principio de diciembre se habían colocado carteles que llamaban a “matar a Liebknecht”. Pedían abiertamente su asesinato. Liebknecht y Luxemburg buscaron un escondite. Rosa Luxemburg se mostraba indecisa ante el levantamiento, en realidad no quería sumarse. Pero al final, se decidió pensando: “esta es la segunda revolución”. Respaldó la idea en artículos, pero luego se echó atrás. Ambos se quedaron en Berlín y se ocultaron en Wilmersdorf, una zona burguesa de la ciudad. Y ahí es cuando alguien dio el soplo y los detuvo una milicia ciudadana. Sin embargo, la milicia ciudadana no sabía qué hacer con ellos, con lo cual se los entregaron a la máxima autoridad, que en aquel entonces era el Freikorps del GKSD. El GKSD estaba acantonado en un hotel de lujo, el Eden, así que la milicia se los llevó allí a los dos. El comandante Pabst decidió entonces que los mataran.

En su libro escribe usted que Pabst intentó que Noske, el ministro socialdemócrata, le diera seguridades antes de actuar. Le comunicó a Noske por teléfono que había capturado a Liebknecht y Luxemburg y que quería matarlos. ¿Qué dijo Noske?

Encontré notas de la conversación entre Pabst y Noske entre los papeles de Pabst; de hecho, fui el primero en conseguir acceder a ellos. En lo esencial, lo que le dijo Noske fue: “No puedo darle la orden de matar a los dos, porque eso destruiría el SPD”. Le dijo a Pabst que llamara al comandante de las tropas del gobierno, Walther Freiherr von Lüttwitz. “Él nunca me dará esa orden”, respondió Pabst. Ante lo cual dijo Noske: “En ese caso tiene usted que hacerse responsable de sus actos”.

Encontré una segunda fuente de esto, a saber, un teniente coronel de las fuerzas armadas alemanas. Un científico conservador que trabajaba en la Oficina de Investigación de Historia Militar, y que había sido testigo de una alocución de Pabst en la que Pabst relató públicamente los mismos acontecimientos. “¿Qué piensa de Pabst y sus afirmaciones?”, le pregunté. Me contestó que “si lo dijo Pabst, entonces es que fue así”.

De acuerdo con su investigación, los asesinatos de Rosa Luxemburg y Karl Liebknecht fueron brutales y sangrientos. ¿Cuáles fueron los detalles de lo que sucedió?

Pabst había planeado que los mataran de camino a la cárcel durante la noche del 15 al 16 de enero de 1919. El plan consistía en culpar a una ‘multitud enfurecida’ del linchamiento de ambos. Pero luego las cosas se descontrolaron. Un oficial subordinado de Pabst sobornó a un guardia con 100 marcos, ordenándole que despachara a Luxemburg y Liebknecht con la culata de su fusil. El soldado obedeció infligiéndoles a ambas víctimas graves heridas en la cabeza. A Rosa Luxemburg la arrojaron a un coche. Cuando el coche empezó a moverse, el teniente Hermann Souchon se levantó de un golpe y la mató pegándole un tiro en la cabeza.

Trataron de encubrir el asunto hundiendo el cuerpo de Rosa Luxemburg en el canal Landwehr, ¿no?

Eso es. El comandante del convoy, Kurt Vogel, ordenó que arrojaran su cuerpo al canal Landwehr, donde lo descubrieron solamente al cabo de cuatro meses. Se registraron protestas contra los asesinatos, entre ellas las de las bases del SPD. No obstante, el gobierno, que era por entonces exclusivamente del SPD, hizo que un tribunal militar se ocupara de la cuestión, y no, por ejemplo, una comisión de investigación civil. De hecho, el tribunal militar que recibió el encargo pertenecía a la misma división de la que salieron los asesinos. El juez militar colaboró plenamente con Pabst y lo encubrió todo por completo; los nazis le recompensarían después llevándole al ‘Tribunal Popular’ de Roland Freisler [el más siniestro de los magistrados nazis, que juzgó a los conspiradores contra Hitler del atentado del 20 de julio del 44]. Los asesinos quedaron absueltos. Vogel, que recibió una sentencia menor por “deshacerse de un cadáver”, huyó a Holanda ayudado por Wilhelm Canaris. Este último se convertiría en jefe del Abwehr, el servicio de contrainteligencia alemán, con Hitler.

¿Cómo murió Karl Liebknecht?

Antes de arrastrar a Luxemburg, sacaron a Liebknecht del Hotel Eden y se lo llevaron en la obscuridad al parque del Tiergarten en un descapotable. El conductor simuló problemas con el coche y le preguntaron a Liebknecht, gravemente herido, si podía caminar. Liebknecht confirmó que sí y lo mataron de un tiro por la espalda. Abatido cuando trataba de escapar, así rezaba la versión oficial.

Estos asesinatos políticos fueron objeto de un encubrimiento sistemático. De ahí en adelante, la leyenda oficial es que lo que sucedió aquella noche fueron ejecuciones sumarias. ¿Por qué perduró tanto esta leyenda?

En 1962, el gobierno de Alemania Occidental comenzó a difundir esta interpretación de los hechos. Un antiguo guionista de películas de propaganda nazi, Felix von Eckert, fue el autor de ese comunicado especial. Tenía buenas relaciones con Pabst, que se había convertido en traficante de armas después de la II Guerra Mundial.

Los asesinos disfrutaron de larga vida.

Sí, todos. Hermann Souchon vivió hasta 1982. En fecha tardía, ya en los 60s, demandó a la producción de la Radiodifusión del Sudoeste  (SWF) que le retrataba como un asesino. Lo cierto es que habría sido ilegal matar a Luxemburg y Liebknecht de inmediato, aun de acuerdo con la ley marcial prusiana, la cual, por cierto, ni siquiera se había proclamado. La ley marcial exigía un juicio y un abogado defensor. En ese caso, habrían tenido que esperar otras 24 horas a que un alto mando confirmase la sentencia. No sucedió nada de esto. Fue un asesinato puro y duro. A Rosa Luxemburg y Karl Liebknecht, sencillamente, los mataron a tiros, y Noske , el socialdemócrata, dio su aprobación.

En su libro se dirige usted directamente a la actual dirección del SPD. ¿Qué espera de los líderes del partido?

El SPD tiene que ajustar cuentas con los esqueletos que guarda en el armario. Al fin y al cabo, quieren refundar el partido, y estoy de acuerdo en que es una buena idea. Como parte de este proceso, deberían decir: lo que se cometió con Luxemburg y Liebknecht fue una injusticia, y la responsabilidad es del SPD. Después de estos sucesos, Noske fue responsable de otros asesinatos, e impartió órdenes ilegales de matar a prisioneros.

¿Niega realmente el SPD el papel de Noske a día de hoy?

Se negó y se reprimió durante mucho tiempo, pero, más recientemente, hay quienes en las filas del SPD han empezado a reconocer que fue un crimen y que su partido está implicado. El líder del SPD, Andrea Nahles, admitió en un discurso acerca de la Revolución de Noviembre que Noske estuvo “probablemente” involucrado en los asesinatos de Luxemburg y Liebknecht. Es un comienzo, por lo menos.

¿Cómo llevó a cabo su investigación?

A principios de los años 90, entré en contacto con Dieter Ertel, autor de la película de 1968 [dirigida por Theo Metzger], que me dio muchos consejos. Estudié lo que habían dejado los asesinos, y me puse en contacto con los abogados que les habían representado en los tribunales en los años 60. Eran hombres ya octogenarios. Me reuní con Otto Kranzbühler, el abogado que salvó al último líder del Tercer Reich,  [el almirante] Karl Dönitz, de ser ejecutado en el proceso de Nuremberg en 1946. A finales de los 60, Kranzbühler representó a Hermann Souchon -una insensatez- como abogado de la demanda contra el canal SDR relativa a la imputación de que Souchon había matado a Luxemburg. En conversación conmigo, Kranzbühler me confirmó la llamada de teléfono entre Pabst y Noske. Naturalmente, también investigué un montón de expedientes.

Le atribuye usted gran importancia a estos asesinatos en relación a todo lo que sucedió posteriormente en la República de Weimar. En su opinión, ¿tanto ahondaron la división entre el SPD y el KPD los asesinatos que hicieron que los dos partidos fueran incapaces de resistir conjuntamente a los nazis?

Los asesinatos sirvieron para ahondar la división entre el SPD y el KPD. Por desgracia, el KPD se vio posteriormente estalinizado. Ni Luxemburg ni Liebknecht habrían consentido esto. El SPD, mientras tanto, desvió su responsabilidad en los asesinatos. Se volvió imposible para ambos partidos hablar con el otro.

guionista, director cinematográfico e historiador radicado en Frankfurt, ha publicado varios libros sobre el fascismo alemán y el movimiento comunista, así como una historia de los accidentes de automóvil. Su película más célebre es un clásico de 1985, Daheim sterben die Leut [La gente muere en casa]. Puede encontrarse más información sobre el autor en su página, www.gietinger.de

Fuente:

Frankfurter Rundschau
Traducción: Lucas Antón /sinpermiso.info

Silvia Federici: “El feminismo debe dar una respuesta contundente a esta nueva caza de brujas que es parte del programa de las agencias internacionales”

Por Valeria Scardino y Verónica Ferrucci

“Necesitamos capacidad de construir redes de apoyo y de defensa, de conocimientos; son necesarias formas de organización en función de la defensa sino, no hay posibilidad de lucha o las posibilidades de lucha son muy reducidas”.
Silvia Federici

En el marco del Diplomado Repensándonos desde la economía feminista emancipadora, organizado por el Centro de Estudios Superiores de México y Centroamérica, la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas y el grupo de trabajo CLACSO Economía Feminista Emancipatoria en San Cristóbal de las Casas, México; la escritora y activista feminista Silvia Federicidictó el seminario: “Una mirada feminista sobre el imperio global norteamericano”. La semana entrante, estará realizando charlas en Argentina, pero aprovechamos la oportunidad para conversar con ella sobre algunas preocupaciones de la realidad de Argentina y la Región.

—En función de tus análisis sobre los ajustes estructurales y el FMI como instrumento de los mismos, ¿cómo creés que va a impactar el nuevo acuerdo con Argentina en la vida de las mujeres?

—Tenemos un montón de evidencias que muestran que la Política de la Austeridad que el FMI ha impuesto por décadas a gran parte de la población del mundo, sobre todo, a los países que salían del colonialismo, ha impactado en mayor medida en las mujeres, porque, con la intensificación del trabajo, han intentado reabsorber la crisis de la reproducción de sus familias y sus comunidades. La suba de los precios significa más trabajo para la mujer, buscar lugares donde los precios son más bajos para compensar lo que no pueden comprar.

La política de imponer la privatización, dar acceso al agronegocio y a las compañías mineras extractivistas se transforma no solo en un deterioro del medio ambiente, sino en más trabajo y preocupación en las mujeres para garantizar un poco de seguridad a su familia. La baja en los salarios y el empleo significó que muchísimas mujeres tengan la necesidad de migrar, con los peligros que eso implica, o la necesidad de buscar otro trabajo fuera de la casa, en empleos informales que han incrementado su riesgo porque están todo el día en la calle, expuestas a la competencia de otros vendedores, enfrentándose a la policía. Sin dudas, ha incrementado la violencia contra las mujeres y, por eso, yo creo que las mujeres tienen un compromiso más fuerte en la lucha contra estas agencias internacionales representantes del capital internacional que están empobreciendo el mundo, que crean un mundo dominado para la violencia y donde no dejan posibilidades de planear un futuro, obligando a una vida consumada en el trabajo.

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(Imagen: Nacho Yuchark para lavaca)

—En este contexto de ajuste neoliberal, también se está dando el avance de los fundamentalismos religiosos en América del sur; ¿qué lectura hacés de esto, sobre todo, en Argentina, que tanto desde la Iglesia Católica como desde las Iglesias Evangélicas, en los últimos tiempos, vienen sosteniendo campañas y movimientos como “con mis hijos no te metas” o “salvemos las dos vidas”?

—Es clara la inversión y la expansión de las sectas pentecostales en cualquier parte del mundo, en el marco de la política de la globalización. Es preocupante cómo la expansión de la relación capitalista, la utilización de las medidas de producción, el extractivismo y la política de la austeridad ha sido aplicada en diferentes partes del mundo, conjuntamente con la llegada de fundamentalistas; yo lo llamo una inversión, que nos recuerda los misioneros que acompañaron la primera conquista. Han servido para dividir, para canalizar la energía de la protesta, para poder controlarla, para dividir las comunidades, diciendo: “Si tú eres pobre, lo eres porque alguna/o está conspirando en tu comunidad, está Satanás, está el pecado”. Proponen una versión neoliberal calvinista que dice que todos somos pecadores, han introducido de nuevo la imagen de Satanás, del infierno, de que somos pecadores, creando divisiones, también con el poder del dinero porque llegaban a comunidades que se estaban desestructurando por el extractivismo, por la política de la austeridad, donde la solidaridad estaba disminuyendo y ellos traían una visión muy fea de que son los seres humanos y las relaciones sociales lo que lo generó, sembrando sospechas, criminalizando formas de conductas muy cotidianas y tradicionales, como, por ejemplo, las varias formas de actividades que las mujeres curanderas han hecho a lo largo del tiempo. En algunas comunidades de aquí, ya se dice “somos tan pobres que tenemos una maldición”, no se dice “es por el fondo monetario”, “es por la mina”; se dice “es una maldición” y acusan a personas de ser satánicas.

Estas actividades de las sectas fundamentalistas son parte integrante de las políticas neoliberales, dividen a la gente, ocultan los problemas reales con el discurso del pecado. Esta inversión de la secta pentecostal ha sido muy planeada, programada y manipulada desde arriba, por ejemplo, es clara la complicidad y la intervención de grupos políticos de la derecha de los Estados Unidos, los primeros fundamentalistas, las primeras sectas que llegaban a África y a Latinoamérica, llegaban directamente de Washington como parte de un proyecto político, como siempre he dicho en mi trabajo, no es suficiente desplazar a la gente; junto con el desplazamiento, es necesario sembrar una ideología que paralice, que divida, que bloquee la protesta. El uso de la religión ha sido muy eficaz; es el mismo discurso, ya sea la Iglesia Católica o la iglesia que sea, han comprendido que la religión es fundamental para disciplinar a las mujeres, su cuerpo, su sexualidad, por la disciplina general de la sociedad, por el trabajo, quién puede reproducirse y quién no, cómo y en cuál manera, su sexualidad es la forma de ser autónoma o no serlo, servir a los hombres o no hacerlo. La religión crea toda una disciplina para la mujer que es también una disciplina laboral, que sirve para la organización capitalista que incrementa la ganancia, la capacidad de imponer un régimen de trabajo siempre más intenso.

La denuncia de esta forma de control sobre las mujeres, de esta ideología, de la práctica que están armando, debe ser parte importante de la agenda feminista; estudiar cómo se están organizando, dónde y de qué forma. Yo he empezado a estudiar estas prácticas de las sectas pentecostales a partir de mi experiencia en África, particularmente, en Nigeria, pero también he visto que, en otras partes de África, siempre con la llegada de estas sectas fundamentalistas, empezaba una nueva persecución de mujeres acusadas de ser brujas. Se habla hoy de miles y miles de mujeres quemadas por ser “brujas”. Yo he escrito un artículo en 2008, Globalización, Caza de brujas y solidaridad feminista en el África de hoy, que da una visión general de esta nueva caza de brujas en África y en India, pero, hoy, me sigue preocupando que esta caza de brujas se está expandiendo, ya hay casos en América Latina, de mujeres acusadas porque son curanderas, como me han comentado unas compañeras.


Estos fundamentalismos religiosos no son la causa principal, son un instrumento de un proyecto político del despojo, de la privatización, del control siempre más expandido, de las corporaciones, del bissness, sobre la naturaleza, los bosques, medidas para parar la lucha, para dividir la gente, para que se maten unos con otros, se acusen unos con otros, todavía tiene un papel importante. Es parte de una agenda internacional, es un continuo, es la forma más contundente de toda una política, que, en Argentina, llega con la discusión del aborto, es muy importante denunciar que estos movimientos religiosos no se preocupan por la mujer, se preocupan del feto, de la vida solo cuando está en el vientre de la mujer, porque no les cuesta nada preocuparse y usan esta preocupación para disciplinar a las mujeres. No les importa nada la vida de nuestros hijos e hijas, cuando el gobierno de la Argentina desvaloriza la moneda un 40%, entonces: ¿qué van a comer estos niños/as? ¿qué es la defensa de la vida? Se debe denunciar a esta iglesia pedófila, no tienen ninguna legitimidad esta jerarquía de hombres potentes y perversos, que, desde el medioevo hasta ahora, han sido la piedra fundante del sistema feudal y capitalista.


—A propósito del W20 que se realizó en Argentina, ¿se puede pensar en un feminismo de Estado que busca instrumentalizar la potencia de los feminismos autónomos, anticoloniales y anticapitalistas de la Región?

—El capitalismo, en el tiempo, debe armar estrategias diferentes, darle al viejo sistema de explotación una nueva cara, esperando engañar a la gente; el ajuste estructural, el NAFTA, la guerra contra la droga ninguna es bastante, la gente se organiza y protesta. La idea de la emprenditorialidad es una continuación y una repetición de lo que han hecho las Naciones Unidas, de entrampar a las mujeres con ciertas imágenes; hace tiempo, era la emancipación, ahora, el emprendedurismo. La supuesta emancipación ha significado el involucramiento de las mujeres en empleos en miles de maquilas que destruyen su cuerpo, sus relaciones sociales, su vida; la política de austeridad, es una vida sin futuro. Y, ahora, la emprenditorialidad para la mayoría de las mujeres significa endeudarse, encarcelarse en el microcrédito que no solamente no te hace emprendedora y te endeuda, sino que es una medida para separar las mujeres de la tierra. Es otra forma de privatizar la tierra, una trampa, salvo para una minoría de mujeres que son ricas y que tienen acceso al capital, y es, por lo tanto, una forma de promover la mujer como capitalista, como explotadoras de otras mujeres.

Esta es la empresa de hoy y no tiene nada de positivo para nosotras, es una trampa que crea nuevas formas de violencias, por ejemplo; cuando se da un crédito a un grupo de mujeres y una no puede pagar, donde antes existían redes de solidaridad, ahora se crean sospechas, actitudes de policía porque saben que si tú no pagas, debo pagar yo, y esto es una forma de romper las redes de solidaridad que existen en los pueblos entre las mujeres, se siembra una dinámica perversa, que individualiza.

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(Imagen: Rebelarte)

—Paralelamente con este adverso contexto político, económico y social en América del Sur, se da el crecimiento del movimiento feminista en Argentina con la lucha por el aborto legal, las feministas universitarias en Chile y, recientemente, el movimiento de mujeres Ele Não en Brasil, con una nueva emergencia multitudinaria de mujeres en las calles ¿Qué lecturas hacés de estas nuevas emergencias en este contexto y cuáles son los principales desafíos?

—La lucha de las mujeres en América del Sur, desafortunadamente, se está desplegando con un incremento de la violencia y matanzas, como el caso de Marielle Franco, que ahora han amenazado a su esposa y madre, y a otras compañeras porque saben que son mujeres muy poderosas, tienen miedo de las mujeres, es una caza de mujeres que va a ser larga, saben que las mujeres somos la primera línea y, por eso, nos matan.

El movimiento de mujeres está siendo cada vez más fuerte y se está dando cada vez en más lugares de intervención, el caso de la escuela media es fundamental, o como en Chile en particular, que tiene toda una Historia increíble de lucha en las universidades, y es importante la denuncia sobre el acoso sexual en las universidades, porque no solo las maquilas o las calles son un lugares de acoso sexual, la universidad también lo es.

Por otro lado, la lucha por el aborto es importante, pero también se debe añadir la reivindicación que las mujeres puedan tener las condiciones materiales necesarias para tener hijos/as, si así lo quieren. Muchas veces lo he dicho, uno de los errores del movimiento feminista de los Estados Unidos ha sido el de presentar el aborto como el control sobre nuestro cuerpo sin ver que, al mismo tiempo, muchísimas mujeres estaban siendo esterilizadas; en las cárceles, en los hospitales, estaban cortando todas las posibilidades de estar en la casa criando a sus hijos o de tener sus hijos/as. Al mismo tiempo que se niega el aborto, se niega la maternidad por la falta de recursos, por la esterilización, porque la obligan, prácticamente, a dar en adopción por situaciones de empobrecimiento y la maternidad subrogada. En Estados Unidos, como respuesta al movimiento por el aborto, en el fin de los años 70, hubo una protesta de mujeres afros, creando un nuevo movimiento por la justicia reproductiva, no podemos pensar en el control sin, al mismo tiempo, cambiar las condiciones materiales, que nos permiten si queremos tener hijos e hijas, para la mujer de color, para las mujeres esclavizadas siempre reproducir la vida ha sido hostigado, a la mujer esclava no le permitían ser madre.

Es muy importante la reproducción de la construcción del tejido social fuerte, solidario, donde las mujeres se abren con otras mujeres, se comunican y no se encierran en sí mismas, en sus problemas, en sus miedos, porque es fundamental la capacidad de construir redes de apoyo de defensa, de conocimientos; si algo te pasa, las otras se mueven y te mueven. Son necesarias formas de organización en función de la defensa, sino, no hay posibilidad de lucha o las posibilidades de lucha son muy reducidas.

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(Imagen: Nacho Yuchark para lavaca)

*Por Valeria Scardino y Verónica Ferrucci para La tinta.

Fuente: https://latinta.com.ar/2018/10/silvia-federici-el-feminismo-debe-dar-una-respuesta-contundente-a-esta-nueva-caza-de-brujas-que-es-parte-del-programa-de-las-agencias-internacionales/

¿Dualidad de poderes en Venezuela?

Por Raúl Prada Alcoreza

Juan Guaidó, presidente de la Asamblea Nacional, se autoproclamó como presidente interino de la República Bolivariana de Venezuela, considerándose presidente en sustitución constitucional, en pleno vacío de poder, una vez que se posesiona ilegítimamente Nicolás Maduro. A su vez, declara Maduro de instrumento de la conspiración imperialista a Guaidó. Por cierto, parece que asistimos a una versión reciente de lo que se definió como poder dual. Esta vez no desde la perspectiva bolchevique, de las tesis de abril de 1917, sino desde la interpretación de Juan Guaidó de la propia Constitución bolivariana. Varios gobiernos, sobre todo los vinculados al Grupo de Lima, además, claro está, del gobierno de Estados Unidos de Norte América, reconocen a Guaidó como “presidente legítimo” de Venezuela. Lo que parece evidente es que asistimos al conflicto de poderes, entre el instaurado en Miraflores y el establecido en la Asamblea Nacional.

A Juan Guaidó no le faltan argumentos para tipificar de ilegitimo al gobierno de Nicolás Maduro. Después de la imposición de una Asamblea Constituyente apócrifa, que vulnera la Constitución Bolivariana de Venezuela y desconoce el momento constitutivo de la Asamblea Constituyente de 1999. A Nicolás maduro le faltan argumentos para justificar su posesión en el gobierno, no debido a la apócrifa Asamblea Constituyente, que impone por la fuerza, sino debido a que su elección se da en condiciones de imposibilidad democrática. Sin embargo, Maduro cuenta todavía con la lealtad del ejército y parte de las organizaciones sociales chavistas. Guaidó cuenta con el respaldo multitudinario de la población, movilizada en contra de Maduro, fuera del apoyo de gobiernos, que no gozan precisamente de expresar el sentido democrático, tampoco hablan desde un locus ético moral. Para muestra basta un botón: el anacrónico gobierno ultraconservador y racista norteamericano no es precisamente el referente adecuado para criticar al gobierno dictatorial de Maduro; tampoco el gobierno neoliberal tardío de la Argentina, mucho menos el gobierno fascista criollo del Brasil.

Pero, vayamos a la nuez del problema. La crisis política, que es, en el fondo, crisis de legitimidad, no solamente corresponde al “gobierno progresista” de Nicolás Maduro, sino también a lo que representa la “oposición” venezolana. Ambas referencias políticas corresponden al círculo vicioso del poder; en consecuencias, ambos perfiles políticos, por más que se proclamen enemigos, son cómplices de la reproducción del poder, tal como se ha dado en las genealogías políticas de América Latina. Es demasiado ingenuo creer que se va a salir de la crisis múltiple del Estado nación, liberándose de Nicolás Maduro y su régimen neopopulista, abriendo las compuertas a cualquier figura de una “oposición” enclenque, que solo es fuerte porque el pueblo venezolano está cansado de la demagogia, de la impostura, de la corrupción galopante de los “revolucionarios” de pacotilla. La crisis atraviesa todo el espectro político, toda la gama de la casta política, de “izquierda” y de “derecha”. En la crisis múltiple política se encuentran todas las expresiones políticas e ideológicas, que disputan el poder. Salir de la crisis implica resolverla, resolver la problemática compleja de la crisis múltiple del Estado-nación. Las opciones que ofrece la “oposición” están muy lejos de ser algo aproximado de las soluciones del problema político y de legitimación. Menos aún, la continuidad del régimen neopopulista.

Se puede entender que cuando un pueblo se cansa de dar de sí por una promesa que no se cumple, busque cualquier salida a la crisis, aunque, en el fondo no lo sea. Más temprano que tarde se evidencian los límites estrechos de las opciones de “derecha”. Esto se patentiza en la reciente experiencia política de la Argentina y más recientemente en la experiencia política de Brasil. Empero, como se sabe, la premura no es nunca una buena medida para solucionar problemas álgidos. No se trata, de ninguna manera, de defender a gobiernos de la simulación y la impostura como fueron y son los llamados “gobiernos progresistas”, sino de comprender el desafío de la problemática compleja de la crisis política. En conclusión, anticipada, se puede decir que la salida a la crisis múltiple del Estado nación no se encuentra en el círculo vicioso del poder, en las distintas versiones de la reproducción del poder, sean de “izquierda” o de “derecha”, sino en la posibilidad de la madurez histórico-cultural-política del pueblo. Cuando el pueblo sea capaz de tener como autoridad a la razón, sobre todo a la razón crítica, es más, a la crítica de la razón; cuando el pueblo se capaz del uso critico de la razón y de ejercer su autonomía y autogobierno, entonces podremos decir que ha abandonado la condición de inmadurez y de dependencia. Que es plenamente soberano y que puede construir alternativas creativas, más allá del círculo vicioso del poder.

No sabemos, no podemos adelantarnos, no somos adivinos, lo que va a pasar en Venezuela; no podemos acertar, a ciencia cierta, sobre los desenlaces de la trama política. Sin embargo, podemos evaluar los límites dramáticos de cualquier salida que se encuentra orbitando en el círculo vicioso del poder. A modo de corolario, podemos decir que cualquiera sea la salida, en el marco estrecho definido por el círculo vicioso del poder, la crisis de la política y de legitimación continuará carcomiendo las columnas de un Estado nación, que no ha resuelto sus problemas congénitos de nacimiento. No hay república ni democracia, en pleno sentido de la palabra, cuando se instauran teatros políticos republicanos y democráticos sobre cementerios indígenas.

Para continuar con los términos referenciales del discurso político, inadecuados pero ilustrativos, las “derechas” se regocijan con la caída de los “gobiernos progresistas”, creen que por esto se confirman sus vernáculares prejuicios recalcitrantemente conservadores. No entienden, que, si ahora se ventilan sus esquematismos extremadamente elementales, patriarcales, racista y de supremacía blanca, es por casualidad, por una imprevista situación catastrófica a la que arrastraron los gobiernos neopopulistas. No están donde están por sus propios méritos, porque no los tienen, sino por los crasos y grotescos errores de estos gobiernos neopopulistas. Fueron la mejor propaganda, no solamente para la “derecha” en general, sino para estas expresiones anacrónicas y reaccionarias del conservadurismo recalcitrante. Los gobiernos neoliberales tardíos y el gobierno fascista criollo no tardan mucho en develar sus extremas debilidades, sus insoportables levedades, además de sus grotescos anacronismos. No subsistirán a los embates de la continuidad de la crisis.

Obviamente, el tema político no puede plantearse en el simplismo esquemático y argumentativo de los voceros de los “gobiernos progresistas”: O nosotros o ellos. Ni los unos ni los otros. El chantaje emocional neopopulista no es otra cosa que eso, chantaje de paternalistas políticos, que manipulan los sentimientos populares y su expectativa en la promesa milenarista. Se presentan como “amigos del pueblo”. Este discurso es excesivamente pretensioso y extremadamente demagógico, además de compulsivamente manipulador. Adquieren ventaja sobre sus adversarios, los neoliberales, quienes se presentan como técnicos neutrales ante la insoslayable objetividad económica, que convierten en núcleo de la realidad misma, pues resultan demasiado aburridos e incoloros, además de contar con poca gracia. Sin embargo, esta ventaja es meramente imaginaria y emocional. No tiene asidero en las dinámicas sociales y subjetivas de las masas. Del entusiasmo el pueblo pasa al desencanto; en un tiempo más puede pasar a la interpelación a quienes lo engañaron.

El “análisis político”, encumbrado por los medios de comunicación, no entiende que se maneja con referentes inadecuados, como los relativos al esquematismo dualista y simplón de “izquierda” y “derecha”. Los proclamados enemigos, en realidad, efectivamente, en la genealogía del poder, son cómplices; se necesitan. El amigo necesita del enemigo para legitimar su posición de poder y viceversa.

La crisis política y de legitimación de Venezuela tiene, por un lado, la crisis de la forma de gubernamentalidad clientelar; tiene, por otro lado, la crisis del retorno endémico a las formas insustanciales del criollismo colonial. Para decirlo, en sentido popular, la caída del régimen “chavista” es una construcción de la propia derrota de esta militancia delirante, enamorada de la convocatoria del mito, el caudillo. La asunción probable al gobierno de cualquier perfil de “derecha” será el desenlace de la trama de la dominación imposible de las oligarquías y de los estratos criollos en el continente indígena de Abya Yala. Ambas expresiones histórico-políticas conforman el cuadro de la genealogía de una colonialidad que se desplaza sin poder lograr la hegemonía. No puede, es imposible, pues la hegemonía implica contar con la connivencia de todos, en el asunto de la administración y realización del poder. La hegemonía solo puede realizarse si reconoces al Otro. La dominación criolla se basa en lo contrario, en el desconocimiento del Otro.

Ponderamos el grito de los compañeros que proponen una salida distinta a la propuesta por el imperio y el Grupo de Lima, empero, lo que define los desenlaces es la correlación de fuerzas. Los compañeros, aunque pueda que tengan razón – es discutible -, no tienen suficiente fuerza como para convocar, memos para incidir en los desenlaces políticos. Para decir algo, como poniendo en la mesa de discusión, consideramos que la crítica al régimen “chavista”, desde la “izquierda”, debería haber comenzado antes, mucho antes de los pronunciamientos, cuando ya era tarde. No se construyó, desde un principio, otra posibilidad distinta a la convocatoria del mito, del caudillo. Se esperó demasiado tiempo, para emprender la crítica, que no deja, hasta ahora, de ser tibia; por lo tanto, ineficaz ante la envergadura de la crisis política. El desenlace político no depende de la razón que puedan tener compañeros, indiscutiblemente revolucionarios, sino, otra vez, de la correlación de fuerzas.

Ante lo que ocurra, no tiene mucho sentido seguir insistiendo en la razón teórica. La lógica de las fuerzas es implacable. Es menester la autocrítica, antes de recomenzar una nueva era de crítica teórica, política y cultural, de activismo comprometido. No se puede eludir la corresponsabilidad de los compañeros probos, críticos y comprometidos, en el derrumbe de los procesos políticos, abiertos por la insurgencia popular, como el Caracazo. ¿Qué se ha hecho anticipadamente para evitar que ocurra lo que ya está ocurriendo? Muy poco. Hubo como una autocomplacencia de la superioridad del intelectual crítico; la razón crítica sobre las prácticas chabacanas de los funcionarios. La crítica, en sentido pleno, es decir, radical, no deja piedra sobre piedra; derrumba todos los muros, todas las edificaciones del poder. Además, hace activismo, se comunica con el pueblo, hace pedagogía política; no se satisface en la autocomplacencia de reuniones de intelectuales convencidos, que hacen gala de sus certezas teóricas.

Si se dice lo que se dice, no es para echar piedras a los compañeros, ni creerse el que dice una verdad superior a las verdades conocidas, sino porque se tiene consciencia de que nos equivocamos juntos. Esto no quiere decir que aquí termina todo y que nos vayamos a dormir, sino que la experiencia vivida puede servir en el aprendizaje de los activismos radicales contemporáneos de los nuevos combatientes. Hay que transmitir la experiencia honestamente, develando la arqueología de las contradicciones que nos constituyeron.

Una de la frases más bonitas y expresivas es la que dice: ¡La lucha continúa! Bueno pues, hay que continuar la lucha, cuan viejos estemos. Pero, no olvidar, la lucha es crítica consecuente y consecuencia de la crítica en las prácticas. Otros jóvenes combatientes retomaran la posta; mejor si lo hacen irreverentemente a los que los precedieron. Es menester trasmitir a estos jóvenes luchadores la experiencia, sin ocultar las contradicciones evidenciadas.

Para no generalizar al mundo, solamente atreviéndonos hablar del continente, contamos con colectivos de jóvenes vitales, que comprenden mejor que nosotros el drama y la tragedia de la crisis ecológica. Es menester comunicarse con estos colectivos y compartir experiencias y memorias, sobre todo con la honestidad, para decirlo de una manera ilustrativa, de las confesiones. Estos colectivos no deben cometer los errores que cometimos; por eso es indispensable contar la historia paradójica de las revoluciones.

La internacional reaccionaria

Juan Gabriel Tokatlian es un destacado analista de la política internacional. Luego de la victoria de Jair Bolsonaro en Brasil y de la Cumbre del G20 en Buenos Aires, habla sobre la incapacidad de la academia para leer al ascenso de la ultraderecha, describe un Occidente que se desploma frente a la globalización, y cuestiona al progresismo que no supo conciliar expectativas populares con hechos de gobierno.
Por Martín. Paolucci
Además de su actividad académica en la universidad Torcuato Di Tella, Juan Gabriel Tokatlian realiza una tarea constante y paciente de intervención en los medios de comunicación. También escribe libros para un público más amplio que el de los claustros: uno de los últimos, Qué hacer con las drogas, demuestra en pocas páginas y con un formato amigable que el prohibicionismo no es una solución sino una fábrica de problemas. Crítico de la globalización neoliberal, de las potencias mundiales y de las élites, es una de las voces más destacadas en un gremio poblado de halcones conservadores, aristócratas de la diplomacia y amigos de la Embajada. Fuimos a verlo para que nos ayude a entender qué mundo es este que pisamos.

Tokatlian no es precisamente un optimista: “En esta cumbre del G20 la primacía de lo geopolítico fue evidente y con ello las dinámicas y procesos de tensión y pugnacidad que hoy caracterizan el escenario global. Con el telón de fondo de una crisis del multilateralismo, la reunión de Buenos Aires reforzó la sensación de un orden liberal en crisis. Y en ese contexto las divergencias sustantivas se maquillaron de avances graduales”.

Hace poco planteaste que se está conformando una Internacional Reaccionaria. ¿Tenés evidencias?

Hay procesos políticos en distintos países que se diferencian en los anclajes nacionales: Trump, lo que sucede en Europa Central, el presidente de Filipinas Rodrigo Duterte, la Italia de los neofascistas y ahora Bolsonaro. Son movimientos y líderes reaccionarios que surgen en una misma época, por motivos similares y con una identidad parecida. Para comprender la raíz de esta emergencia hay que remontarse por lo menos al final de la Guerra Fría, cuando los beneficios de la globalización parecían palpables para muchos, había un consenso en considerar a la economía de mercado como sinónimo de seguridad y bienestar y la democracia liberal estaba de moda. Pero los datos de la realidad fueron arrojando otra cosa: costos, asimetrías y desigualdades, de una globalización cada vez más acotada al poderío del capital financiero. Se perdieron empleos, se perdió capacidad productiva, se perdieron posibilidades de mantener el Estado de Bienestar. Se pasó entonces de la esperanza a un fuerte rechazo. Y aquella democratización que se imaginaba expansiva se fue contrayendo en todo el mundo.

¿Cuál sería el eje común a todas estas emergencias más allá de sus singularidades?

La percepción que proyectan estos movimientos, y que sus seguidores asumen cabalmente, es que hubo una Arcadia del pasado que fue óptima. Se genera la expectativa de retornar a un origen seguro y promisorio en el que había orden, en el que la sociedad era más homogénea y el ascenso social estaba garantizado. De repente nada de eso es alcanzable de verdad y por lo tanto hay un repliegue en aras de reencontrarlo. Un repliegue inevitablemente violento, porque tenemos sociedades mucho más plurales, multiculturales, heterogéneas, fracturadas, con clases medias afectadas en distintos contextos y actores movilizados por más y mejores derechos.

Pensando más en el término Internacional que en el término Reaccionaria. ¿Percibís que hay cierta coordinación o por lo menos interrelación entre estos grupos y dirigentes?

Yo diría que existe una interrelación ad-hoc. No sé si es algo deliberado o programado, ni creo que tengan un centro o un núcleo efectivo como sucedía con la Internacional Comunista. Hay una coordinación inorgánica, reconocimientos de líderes reaccionarios hacia candidatos reaccionarios que triunfan o están a las puertas de triunfar en varios países. Se identifican entre ellos: “si allí se hizo, acá también se puede hacer. Grupos de asesores de campaña que se van trasladando de país en país. Es una imbricación no solamente en el mensaje político, hay lenguajes que van creando un sentido común que se repite.

¿Cómo entender que sectores importantes de los trabajadores apuesten por estas opciones de ultraderecha?

Para responder esa pregunta quizás haya que ir más atrás aún e indagar en los años setenta. Las raíces de este proceso se remontan a la Comisión Trilateral de 1975 y lo que David Rockefeller llamaba un sistema sobrecargado de demandas. El recetario en aquel momento fue reducir expectativas y generar apatía política. Detrás de eso, más que una manipulación, se notaba el inicio gradual de la caída de lo que habíamos conocido como Estado de Bienestar. Lo que también encontraba sus límites era nuestro modelo de industrialización latinoamericano. Hubo indicios que no supimos interpretar del todo. Por ejemplo, la irrupción de lo más conservador de las religiones en la política mundial: los ayatolás en Irán, Juan Pablo II, Begin en Israel. Los que dicen que ese extremismo emergió después del 11 de septiembre se están perdiendo una parte de la película. El otro hito fue en 1991. Europa se encontraba frente a dos alternativas luego del final de la Guerra Fría: buscar una mayor autonomía económica y militar o seguir bajo el cobijo de la OTAN. Y la decisión fue ir hasta la frontera con Rusia. Expandirse en vez de ahondar en una integración cualitativa. Y luego hubieron más fracturas y crisis en el seno de la propia Unión Europea. Fue más fuerte el anticomunismo latente que el progresismo como proyecto renovador, alternativo y de una mayor justicia económica y social. Luego de la crisis financiera de 2008 empezamos a ver los efectos de esa limitación política que permitió un avance aún mayor del capital financiero y sus burbujas.

¿Y por qué considerás que no se pudo prever este giro a la derecha que parece imparable?

Yo creo que desde la academia deberíamos hacer una autocrítica y preguntarnos qué estuvimos mirando los últimos 25 años durante los cuáles esto fue creciendo. Ya no es posible seguir diciendo “qué sorpresa, ganó el Bréxit en Gran Bretaña”, “ ¡uh! llegaron los neofascistas al poder en Italia, “¡upa!, ganó Trump”, “¡uy!, ganó Bolsonaro”, “che, el tercer partido más importante de Suecia es de extrema derecha”. Hay algo de nuestra forma de abordar el tema, de las metodologías utilizadas, que necesitamos revisar. Muchas tesis que considerábamos categóricas, por ejemplo sobre la firmeza institucional brasileña, demostraron estar erradas o por lo menos ser propias de un momento histórico acotado. Hay que combinar más la historia, la demografía, la geopolítica, la economía. Corregir esto es una tarea urgente.

Laboratorio brasil

La oficina está en el tercer piso del muy coqueto campus de la Di Tella, sobre Figueroa Alcorta, en el barrio River. Hay libros por todos lados, desparramados hasta en los rincones. Junto a tres coloridos afiches (uno de ellos es un curioso institucional turístico de Colombia, donde Tokatlian vivió por años), una camiseta de Boca Juniors aparece apoyada sobre la biblioteca. No es el único objeto que contrasta con la blanqueza y prolijidad de los muebles y del edificio: en el piso, junto a la puerta, un gran foto encuadrada del Che Guevara en blanco y negro. Dice Tokatlian que acaba de traerla y que está viendo en qué pared del despacho terminará colgada.

Hay quienes catalogan a Bolsonaro como fascista. ¿Vos cómo lo definirías?

Las analogías sirven para tener un punto de referencia, pero hay elementos lo suficientemente distintivos que hacen que esta ultraderecha no pueda ser una réplica de lo que fue en el pasado. En la actualidad se utilizan rótulos como populista o fascista con demasiada liviandad. Prefiero no usar esas etiquetas porque considero que aprisionan. Me colocan en una frontera interpretativa que no ayuda y por el contrario desvían la atención. Lo que no implica dejar de remarcar las fuertes reminiscencias que tiene con esa vieja corriente, ni dejar de tomar muy en serio la amenaza que esta ola reaccionaria representa en un escenario internacional incierto y volátil, para el que no veo ni resortes multilaterales ni liderazgos políticos que puedan encauzarlo y contenerlo.

¿Cómo explicás que tantos brasileños hayan votado a Bolsonaro?

Yo creo que en Brasil, siendo muy simplificador, se dio una superposición de distintas crisis. Primero, un colapso del sistema de partidos políticos. Segundo, una feroz recesión de cuatro años con una caída del producto bruto del 8%. Tercero, una oleada de violencia criminal masiva: la tasa de homicidios en Brasil es 30,8 cada 100 mil mientras en Argentina es de 5,2. Y, finalmente, un descrédito generalizado del progresismo. Entiendo por crisis del progresismo la incapacidad que tuvieron el Partido de los Trabajadores y sus aliados de replantear sustantivamente qué se había hecho mal durante sus gobiernos, el haber perdido cierta ética esencial a los movimientos progresistas y cómo quedó entrampado en un sistema corrupto que lo deglutió. Estas cuatro crisis se superpusieron y potenciaron.

¿Qué análisis hacés del factor económico?

Un factor sustantivo es la decadencia del Brasil industrial que había gestado el movimiento sindical más importante de América Latina, como fueron los metalúrgicos liderados por Lula en los setenta. La caída de ese Brasil y el ascenso de otro: el del agronegocio. El sistema político brasileño, por su estructura electoral, tiene una sobrerrepresentación rural para compensar otros componentes políticos, económicos, regionales. Esta sobrerrepresentación rural a la luz del Brasil industrial, del Brasil de San Pablo, pujante, era algo que permitía un equilibrio de fuerzas. Teníamos también otros actores, como un partido progresista potente que había ganado experiencia de abajo hacia arriba, sectores industriales que gravitaban, y la movilización de nuevos actores sociales que generaban un equilibrio. Pero en estos 20, 25 años Brasil se desindustrializó de manera inquietante. Se reprimarizó. Hoy, el actor económico más gravitante es el sector de los agronegocios. Un sector que previamente tenía la ventaja de la sobrerrepresentación rural pero que ahora, además, es el hegemón productivo. Y en esto vemos la presencia de China de manera sustantiva.

Para explicar a la elección de Bolsonaro y de otros líderes reaccionarios, ¿cuánto considerás que juega el factor evangélico?

Trump ganó con el 81% de los votos evangelistas. En esta elección brasileña los evangélicos jugaron un papel central. Fueron un sujeto político decisivo para la derrota del plebiscito que convocó el presidente Santos en Colombia en relación a la paz. En Guatemala lograron un presidente propio, y en Costa Rica estuvieron cerca. Hay cierta agenda común conservadora -“pro vida”, pro familia y pro orden- que va entrecruzándose: ya no son solamente actores o líderes políticos sino una concatenación de factores que vienen de la sociedad, de grupos de base, autónomos. No hay una conspiración, un proyecto deliberado, sino que se asientan interrelaciones que se expresan como un fenómeno internacional. Como si hubiera algo que los empuja, que les da un punto de común denominador. Es una época donde no debemos ver solamente a los actores políticos tradicionales. Hay sectores religiosos, sociales, intereses económicos, que se van conjugando para precisar una agenda que en términos electorales está dando réditos.

¿Qué tipo de sujeto político son los militares brasileños?

Mi impresión es que allí las Fuerzas Armadas retomarán aquello que han expresado históricamente y que fue muy elocuente hasta la última dictadura: un rol moderador en política. La mitad de los cincuenta legisladores que tiene Bolsonaro son expolicías o exmilitares. ¿Ha habido transformaciones en los militares brasileños como sujeto político? Yo diría que hay señales ambiguas. Al proyecto desarrollista e industrial del Brasil potencia siempre lo tuvieron en el corazón. Cuánto toleren abandonar eso no lo tengo claro. Será un tema de tensión en el seno de las Fuerzas Armadas si los asesores económicos de Bolsonaro intentan privatizar y desregular todo. Pero hay evidencias de que algunos sectores castrenses han empezado a abandonar ese nacionalismo férreo. El año pasado se hizo por primera vez una maniobra militar en el Amazonas con EE.UU, Colombia y Perú. Y el Amazonas fue siempre un lugar vetado a toda presencia extranjera. A esto hay que sumarle que en el plan de Bolsonaro los militares serán los pilares de la política punitiva, costosa e ineficaz, de luchar contra el narcotráfico. Otro tema inquietante y del que se habla poco es lo que podría pasar con la política nuclear de Brasil y cómo eso nos impacta. Hasta ahora hubo una serie de compromisos compartidos entre los dos países. Un Brasil que pretenda una vía distinta al uso pacífico de la energía nuclear podría convertirse en un dolor de cabeza para la Argentina y generar una conflictividad alarmante. Hubo tres pilares que permitieron que la Argentina y Brasil pasen de una relación de rivalidad a una de amistad: la democracia, la integración económica y la cooperación en el campo nuclear. Este último ha sido un sostén fundamental y delicado. Hasta ahora no apareció nada vinculado a lo nuclear en su programa o en sus pronunciamientos públicos. Pero en un gobierno lleno de militares bravucones, altisonantes y nacionalistas, se puede colar algún planteo de ese tipo.

Made in chaina

El discurso de la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner durante el Foro de Pensamiento Crítico organizado por CLACSO agitó las tibias aguas del debate progresista latinoamericano al ubicar lo que podríamos denominar el derecho al consumo como la columna vertebral de la campaña electoral por venir. Para Tokatlian este es precisamente un punto clave para analizar el declive del ciclo progresista en América Latina: “A mi entender hay tres tipos de consumo. El estadounidense, que se basa en el consumo de bienes privados. El europeo, de bienes públicos para todos. Y el asiático, que promueve el ahorro pensando en una sostenibilidad a largo plazo y que mezcla algo de consumo privado y público. El progresismo latinoamericano estableció un consumo hiperestadounidense. Fueron negligentes en mejorar los bienes públicos y en fomentar el ahorro. Frente a esto, los gobiernos conservadores mantuvieron los programas sociales y prometen un derrame en el futuro. Una promesa que nunca se ha cumplido pero que en un panorama en el que no hay otras voces razonables es escuchada. Dicho esto, y en el marco del sistema económico mundial, las nuevas opciones progresistas que surjan y que intenten distribuir la riqueza y crear Estados eficaces tendrán ante sí pequeñas posibilidades y, sobre todo, grandes restricciones”.

Además del ascenso de gobiernos reaccionarios ¿hay algún otra trama que atraviese la escena internacional que consideres relevante?

Hay una que es determinante y es la pugna entre EE.UU y China. Estamos viviendo una transición de poder que se hace muy inquietante, por la volatilidad y la incertidumbre. La Historia nos informa que estas transiciones son muy conflictivas. Un país va a ganar mucho más poder, prestigio e influencia, y el otro va a perder todo eso. Históricamente, estas pugnas se han resuelto con un gran conflicto armado, de donde salieron las potencias occidentales. Ahora tenemos una incógnita, ya que si esta transición de poder se despliega no solo cambiaríamos de potencia sino también de eje geopolítico, de Occidente a Oriente. En ese sentido tenemos una serie de encrucijadas, y también de desconocimientos. Estamos muy impregnados de la cultura occidental para mirar esta transición, sin entender qué está pasando en Oriente, Asia y específicamente en lugares como China e India.

¿Cómo se traduce esta pugna entre EE.UU y China en América Latina?

En la llegada de China a la región; en una diversificación del origen de los capitales; y en un contrapeso frente a EE.UU. Pero esto ha tenido efectos negativos, Brasil es un ejemplo. La presencia del gigante asiático ha generado divisiones en América Latina. Y generó el empoderamiento de sectores que no necesariamente debe ser considerados una vanguardia económica y social. Muy por el contrario, nos está conduciendo hacia una fuerte reprimarización. Un aumento del extractivismo. Hasta el momento hubo una relativa tolerancia de EE.UU, un cierto desinterés. El dato a tener en cuenta es que el triunfo de Trump significa que Estados Unidos tendrá hacia China cada vez más elementos de competencia y menos de colaboración, al contrario de lo que fue la década previa. El capital estadounidense quiere recuperar su presencia mediante un estímulo a sus exportaciones e inversiones. Y encuentra a una China cauta pero ambiciosa y que tiene una chequera más amplia que Washington. La administración Trump considera que América Latina es su área de influencia y que es hora de volver, luego de décadas ocupados en otras latitudes. Pero frente a esto los gobiernos de la región se preguntan: ¿a cambio de qué? ¿Al final del día quien pone el dinero aquí? Por ende, lo que parece estar sucediendo es una competencia por ver quién pone el capital. Y eso será indistinto, sean gobiernos de derecha o izquierda.

Fuente: https://revistacrisis.com.ar/notas/la-internacional-reaccionaria

De una bancarrota a otra: Venezuela y la izquierda

por Idelber Avelar

La lógica del “enemigo de mi enemigo es mi amigo” continua haciendo estragos en la izquierda. La mayoría de la izquierda brasileña [española, chilena, global…] continua rechazando ver al régimen de Maduro en Venezuela por lo que es, una tiranía militar que hundió al país en la peor epidemia de hambre de su historia y produjo uno de los mayores éxodos migratorios de la America Latina. Si Trump y Bolsonaro están contra Maduro, lo máximo que se puede hacer es reconocer que “existen problemas” y continuar apoyando, a final de cuentas del otro lado está “el imperialismo”.

Ya no existe ninguna disculpa para no saber lo que ocurre en Venezuela. Las informaciones están ahí. Cámaras de tortura, éxodo en masa, hambre generalizada, colapso de los servicios públicos, inflación record, caída acelerada del PIB, asesinatos políticos, completo copamiento del aparato judicial, prisiones arbitrarias, votos amarrados al cabestro del “carnet de la patria”: todo eso esta bien documentado en cualquier buena fuente que usted escoja, incluyendo los organismos internacionales de defensa de los derechos humanos. Solo por completa desinformación o mala fe es posible continuar llamando a ese engendro democracia.

Usted puede ver al chavismo como un proyecto que estaba condenado al fracaso desde el inicio o como un proyecto inicialmente positivo que se va degenerando en la medida en que pasa el tiempo. Existen posiciones intermedias entre esos dos polos. Lo que no da puede hacer considerando toda la evidencia disponible es negar que se trata hoy de una tiranía militar sin legitimidad que se sustenta en la pura fuerza bruta, en la represión, en el soborno y en el chantaje.

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Una breve anécdota personal les da una dimensión de la situación todavía en la época chavista. En una elección de la década pasada, observaba en Caracas, en un barrio chavista, la prisión de líderes de los «colectivos» (brigadas chavistas armadas). «La respuesta no tardó en aparecer: la proliferación de colectivos chavistas armados ya se había salido del control y, como en aquel momento Chávez claramente tenía la mayoría, del país, no era de su interés que ocurriesen incidentes de violencia que pudieran mellar las elecciones. De ahí que el régimen prendía a los capataces que él mismo había armado y los soltaba al día siguiente.

De ahí hasta acá, empeoró muchísimo. Como la distribución de comida subsidiada es controlada por los militares, el mismo soldado que escolta su salida del supermercado puede extorsionar sus compras dos cuadras más allá. La lealtad al régimen hoy se sostiene así: en la administración de la escasez por la fuerza bruta.

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Usted puede culpar a los Estados Unidos, pero el hecho es que ni el propio régimen lo cree. Como apunta el venezolano Jeudiel Martínez, es el propio Maduro quien responsabiliza al grupo de Rafael Ramírez (compadre de Chávez, colocado allí por él) del colapso de la producción de petróleo. Cito, traduciendo a Jeudiel: «No fue ninguna corporación americana quien obligó a Chávez a colocar en el Tesoro un compadre suyo que lo saqueó en miles de millones de dólares”. «No fue ninguna corporación estadounidense quien obligó a todas las fábricas nacionalizadas por Chávez a no funcionar». En realidad, como apunta Jeudiel, Estados Unidos continuó comprando petróleo venezolano a lo largo de todos estos años.

En cuanto al sistema político, ya no cabe duda de que se trata de una dictadura. Un Tribunal Supremo aparejado que declara nulos los actos de un órgano legislativo electo según las reglas de la propia constitución chavista; los líderes de la oposición son regularmente apresados sin el debido proceso legal; el «carnet de la patria» se transformó en una pura herramienta de intimidación y coacción; proliferan las cámaras de tortura, documentadas por todos los principales organismos de defensa de los derechos humanos; y hasta la lealísima Luisa Ortega Diaz, fiscal general chavista desde 2005-2017, declara los actos de Maduro inconstitucionales. Los resultados están ahí: 87% de la población en la pobreza, adultos perdiendo en promedio 11 kg en un año, inflación de 80.000% y 60% de la población diciendo que ha pasado hambre en los últimos tres meses (fuentes en los comentarios).

¿En serio, izquierda brasileña[española, chilena, argentina…global]? ¿Van a seguir defendiendo esa dictadura con el argumento de que es todo culpa del imperialismo? ¿Van una vez más a negar atrocidades que están ahí a la vista, a los ojos de todos? Cuando un pueblo se levanta contra una tiranía, es con él, y no con ella, que se debe estar – no importa cuán repugnantes sean algunos de los enemigos de esa tiranía en otros países.

Notas:

1.- Corchetes del traductor.

2.- Datos y estadísticas

https://www.forbes.com/sites/stevehanke/2019/01/01/venezuelas-yperinflation-hits-80000-per-year-in-2018

Traducción: Santiago de Arcos-Halyburton

 

 

 

Raúl Zibechi: “Lo que han hecho los gobiernos progresistas es profundizar el capitalismo”

Por Gloria Muñoz Ramírez

“El saldo de los gobiernos progresistas en América Latina es negativo”, sentencia Zibechi en entrevista con Desinformémonos, luego de participar en una serie de encuentros con movimientos sociales e indígenas de Chiapas y Oaxaca, durante una breve gira por México en la que presentó su más reciente libro: Los desbordes desde abajo (Ediciones Bajo Tierra, 2018). Raúl Zibechi, es un periodista uruguayo, escritor y acompañante desde hace más de 30 años de diversos movimientos sociales del continente.

De la llegada de Andrés Manuel López Obrador a la presidencia de México, Zibechi señala que no representa ningún cambio para la región. Y sus consultas, opina, “son mecanismos de desarticulación de la protesta”. Habrá resistencia, dice, “pues las luchas no van a desaparecer porque haya un gobierno que sonría”.

La desarticulación de los movimientos sociales, la inclusión de cuadros de abajo en el nuevo gobierno, la imposición de proyectos extractivistas, el aislamiento de los críticos, la polarización de la prensa, el rol de Estados Unidos, entre otros, son los temas de esta entrevista.

–¿Cuál es el saldo de los gobiernos progresistas en América Latina?

–El saldo de los gobiernos progresistas en América Latina es negativo. El saldo es Bolsonaro, el saldo es Macri, es una Venezuela destruida. El saldo es Daniel Ortega, genocida, violador. Como dijo Chico de Oliveira en Brasil, fundador del Partido de los Trabajadores, “el lulismo fue una regresión política”.

Y cuando decimos esto no hablamos de esos millones que salieron de la pobreza pero que ahora volvieron, no hablamos de algunas cuestiones interesantes que se hicieron, como las cuotas para las personas negras en las universidades brasileñas. Hablamos de que destruyeron la potencia emancipatoria de los pueblos porque dispersaron a los movimientos sociales, se llevaron a los dirigentes a los ministerios, se corrompieron.

No hay país con gobierno progresista en el que no haya habido casos de corrupción. El que fue vicepresidente de mi país, Uruguay, que tiene un apellido noble, Raúl Sendic, debió renunciar a la vicepresidencia por un caso de corrupción. En Argentina tiraban bolsos llenos de dinero adentro de un convento para eludir el tema de la apropiación indebida que hubo.

El saldo es negativo, pero eso no quiere decir que no comprenda a la gente que los votó, que los apoyó y que los sigue apoyando, porque frente a eso está una derecha espantosa. Pero en resumidas cuentas el saldo es negativo.

–En concreto, ¿cuál es el saldo en el ámbito económico?

–En lo económico no hubo reforma agraria, pero no hubo una reforma del sistema impositivo. No hubo reformas estructurales. Hubo una mayor renta a los sectores populares, pero esa renta fue bancarizada, financierizada, y entonces consiguieron, a través de las políticas sociales, que la gente tuviera un poco más de dinero, pero tiene además un cartoncito como el de las tarjeta de crédito o débito, que necesitan para poder sacar el dinero de las políticas sociales del banco y con eso van a los las malls o de shopping a comprar televisiones de plasma, motos, coches. Es una integración a través del consumo.

Durante el periodo de Lula en Brasil, el sector que más lucró y que tuvo las mayores ganancias de su historia fue la banca. Entonces fue una integración de los sectores populares, pero a través del consumo, y eso despolitiza, y además enriquece a la intermediación bancaria.

–¿Y los megaproyectos en territorios indígenas?

–El extractivismo, la soja, la expansión del agronegocio, la minería, generaron un desplazamiento o acorralamiento de los pueblos indígenas. Hay un caso en Brasil que es demencial y se llama Belo Monte, que es la represa, la tercera más grande del mundo, que desvía 100 kilómetros del río Xingú, y en esa cuenca que se vacía se van a morir de hambre o van a tener que emigrar los pescadores, los habitantes de las riberas, todas las personas que vivían del río y que son pueblos originarios. Pero además, la demarcación de las tierras indígenas no se respetó.

Por otro lado tenemos el ejemplo paradigmático que es Bolivia. En Bolivia el movimiento popular tenía cinco organizaciones que hicieron el pacto de unidad, y después de la marcha en defensa del Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro-Sécure (Tipnis) en 2011, el gobierno empezó a dividir a las organizaciones.

Hay dos organizaciones, y esto fuera de Bolivia se sabe poco: el Consejo Nacional de Ayllus y Markas del Qullasuyu (Conamaq) y la Confederación de Pueblos Indígenas de Bolivia (Cidob), dos organizaciones históricas de los pueblos indígenas, a las que Evo Morales y Álvaro García dieron sendos golpes de Estado. Mandaron a la policía, echaron a los dirigentes legítimos y atrás llegaron, protegidos por la policía, los dirigentes afines al Gobierno, al Estado. Esto es un auténtico golpe de Estado y sucedió en Bolivia.

Cuando decimos que el progresismo ha resultado en una regresión, para los pueblos indígenas ha significado una doble o triple regresión, porque se les ha folklorizado. Hoy hay hombres de sombrero y mujeres de pollera en el parlamento, pero folklorizados, no representando políticamente a sus pueblos. Es una política de despojo que los fuerza a desplazarse. Y en esto no hay ninguna diferencia entre los gobiernos progresistas y los gobiernos de derecha conservadores, como el de Perú o el de Colombia. La actitud anti-indígena es una constante en ambos casos.

–Vamos al terreno de las libertades. ¿Qué pasó en estos gobiernos con la libertad de expresión y con la libertad de manifestación? ¿Se llevaron a cabo “linchamientos” a quienes, desde la izquierda, se opusieron o cuestionaron lo que estaban haciendo?

–Durante los primeros años hubo una ampliación de libertades, de manifestación, de crítica, pero a partir de la crisis de 2008 hubo un repliegue de estos gobiernos. Una vez más Brasil es un caso paradigmático porque en junio de 2013, 20 millones de jóvenes salieron a las calles en 353 ciudades durante un mes, inicialmente contra el aumento del transporte, que es muy caro en Brasil (cada desplazamiento de autobús o metro vale entre 20 y 25 pesos mexicanos), pero terminó siendo una revuelta contra la desigualdad. São Paulo es la ciudad que tiene más helipuertos y helicópteros del mundo porque la burguesía no se digna a ir en coche por la superficie.

Esa revuelta contra la desigualdad tocó los límites del progresismo, que se limitó a repartir un poquito mejor la renta salarial, pero no la renta total y no tocó las desigualdades. Cuando surgió ese movimiento hubo un repliegue del gobierno de Dilma Rousseff, del PT y de la izquierda en su conjunto, y mandaron a la policía. Por supuesto que lo que habría tenido que haber hecho un gobierno de izquierda era ponerse del lado de la gente, pero al mandar a la policía generaron un vacío político y una desmoralización tan fuerte que de eso se vino aprovechando la derecha hasta el día de hoy. El 2013 fue un parteaguas en Brasil y en toda la región. Son los movimientos, la irrupción de la gente cansada de que le tomen el pelo, de que se burlen de ella, una de las dos o tres causas principales de la crisis de los progresismos en América Latina.

–¿Y los medios de comunicación? ¿Qué papel jugaron y juegan?

–Sobre los medios de comunicación hay varias dinámicas. Hay países donde los Estados han ido avanzando sobre los medios de comunicación, como Venezuela, clausurándolos, domesticándolos o comprándolos. El grueso de los medios de comunicación de Venezuela son estatales o pro-estatales. El otro extremo podría ser Argentina, donde hay alrededor de 200 medios de comunicación culturales, autogestionados, digitales y en papel, como Desinformémonos en México. Esos 200 medios tienen entre cinco y siete millones de lectores mensuales, en un país de 40 millones de habitantes. Se trata de medios minoritarios, pero ya no son marginales. Más aún, cuando hay un conflicto, como cuando una fábrica de Monsanto se iba a instalar en las Malvinas Argentinas, y desde Uruguay, si se quería saber lo que pasaba, entrabas a la prensa de la derecha, La Nación, Clarín, y no aparecía nada. Entrabas a la prensa de la izquierda, como Página 12, y tampoco aparecía nada. Tenías que informarte en estos medios comunitarios o alternativos.

Estos medios ya no son una minoría marginada, sino que tienen una masa crítica, y cumplen el rol de que informan a los nuestros de lo que otros no informan.

–Hemos visto que se ha dado una polarización de los medios durante estos años. Los que están con el gobierno, en este caso progresista, y los que tiene la ultraderecha…

-Sí, claro. En Brasil está pasando algo increíble, Bolsonaro hace campaña contra la Red Globo, que es la hegemónica, y contra Folha de São Paulo, que es el periódico de las élites, y se apoya en las redes sociales y en los medios de comunicación evangélicos, que son de ultraderecha. Hay una reconfiguración de los medios muy interesante, que hay que seguirla, porque incluso Bolsonaro amenazó con clausurar Folha de São Paulo, que es un escándalo, es como clausurar un diario de derecha de México. Es la misma actitud que tiene Donald Trump con los medios. Pero están emergiendo otros medios, como es el caso de los evangélicos, son una fuerza política y social que merece ser estudiada a fondo, y están compitiendo ya con la Red Globo en Brasil. Por otro lado, en la mayoría de los países existen medios como los nuestros, alternativos, pero no en todos tienen fuerza.

–Hay otros medios, que no son alternativos ni marginales, sino grandes medios de izquierda, o críticos al poder, bien colocados en sus países, como Brecha en Uruguay, o Página 12 en Argentina. ¿Qué papel juegan con los gobiernos progresistas?

–Debo decir que Brecha fue crítico antes de la llegada de los gobiernos y durante los gobiernos progresistas. Siempre hemos sido un periódico crítico. Página 12, en cambio, se hizo kirchnerista y dependió hasta hoy de recursos bajados por el Estado. Todo lo malo tiene una parte buena, y acá en México lo van a vivir. La parte mala es que los progresistas nos destruyen o nos crean muchos problemas. La parte buena es que el escenario se clarifica, ya no quedan lugares para las medias tintas, estás o no con el Estado. Cuando estás con el Estado la excusa es que ahora lo gobierna la izquierda, pero estás con el Estado, eso es lo principal. Y los que se mantienen en su trabajo de autonomía, de trabajo por fuera de las instituciones.

Página 12 claudicó, en los 90 fue un diario bien importante no sólo en Argentina, tenía una estética particular y un impacto con tapas de página muy potentes. Por otro lado, hay otros medios que se han mantenido fieles a su trayectoria. Yo no quiero exagerar, pero diría que Brecha, en Sudamérica, es de los pocos que ha atravesado el progresismo con muchas dificultades económicas. No vivimos de Brecha, estamos mal económicamente, pero mantuvimos la dignidad y una posición independiente, aunque hay matices. Hay algunos periodistas dentro más afines al gobierno, pero siempre críticos.

–¿Y cuáles son los costos de mantenerse críticos, desde la izquierda, a los gobiernos progresistas?

–Los costos de mantener la postura crítica son el aislamiento, no te llaman para hacerte entrevistas, te ignoran. Hay deterioro económico personal, tenemos que buscarnos trabajitos para sobrevivir, y eso es un costo importante, pero hay que fijarnos muy bien, hay una trampa del progresismo que hemos logramos sortear, pues así como la profesión periodística, en el caso de Brecha, hoy tiene un salario muy bajo, pero ha habido una renovación generacional y de género. Y hoy la mayoría de la planta son personas jóvenes y mujeres. Los que quieren ganar más se han ido con el gobierno o a crear periódicos afines al progresismo, y los que nos quedamos, bueno, pues ganamos poco, pero ahí estamos.

–¿Lo que nos estás diciendo es que nos va a ir muy mal a los que mantengamos una postura crítica, en el caso de México, a Andrés Manuel López Obrador?

–Yo no diría “irnos muy mal”. El aislamiento es duro, pero te hace más fuerte. Y además no aspiramos a hacernos ricos. Por ejemplo en Brecha, de 35 trabajadores, habrá cinco o seis con carro, los demás vamos en transporte público, y eso me parece que es muy importante porque marca algo que en este momento es una siembra, no se ve, pero están ahí las semillas y en algún momento van a florecer.

Pero lo que está sucediendo en México hay que leerlo de otro modo por dos razones. El ciclo progresista en América Latina inició por el 2000 y terminó por el 2014, y es un ciclo que fue posible gracias a los altos precios de las commodities, del petróleo, de la soja, del mineral de hierro, porque a las burguesías en esa época de bonanza económica no les importó mucho que les subieran un poco los impuestos, y porque los sectores populares estuvieron tranquilos. Pero hoy en día vivimos la post crisis de 2018. Las clases dominantes del mundo se han hecho más bestiales, más brutales. El uno por ciento tiene una riqueza como nunca soñó tener en la historia y se han hecho mucho más intransigentes, más ultras, y están en contra de los pueblos.

El gobierno de López Obrador llega en el momento en el cual las clases dominantes no están dispuestas a ceder en nada. Hay una situación que llevará muy rápidamente al gobierno a alinearse con los intereses empresariales. Estos pocos días que llevo en México he visto algo sorprendente. Prendo la televisión y en el parlamento unos diputados del PAN ponen una manta que dice “#NoALaDictaduraObradorista”. Son terribles, pero desde el primer día ya están oponiéndose, no le dan ninguna chance. Parece que eso va a marcar: Te doblegas completamente o vas a tener una oposición implacable como tuvo Dilma en sus últimos años en Brasil.

–¿Qué representa la llegada de López Obrador para el continente americano?

-Me gustaría decir que representa algo para la región, pero yo creo que no representa nada, porque desde el punto de vista de la integración regional latinoamericana, no aporta nada, y desde el punto de vista de un giro a la izquierda en la región, ya no es posible, y tampoco aporta nada y porque la política exterior, por lo que yo entiendo, va a ser de alineamiento total con el nuevo NAFTA y con las políticas de Donald Trump. Entonces yo no espero nada.

Si hubiera sido diez o quince años atrás, capaz que se podría esperar algo en un clima distinto, pero hoy en día, cuando hay una guerra comercial entre China y Estados Unidos, cuando hay un encrespamiento de las relaciones internacionales y una intransigencia muy fuerte, como hace una semana que se pelearon Trump y Macron y hubo un destrato mutuo muy fuerte… pues no hay margen para ninguna otra política.

–Háblanos de los movimientos sociales dentro de los gobiernos progresistas.

–Los gobiernos progresistas han sido maestros en el arte de desactivar a los movimientos sociales y a la protesta social. Han cegado las bases sociales de sus movimientos con políticas sociales, pequeñas cosméticas que entusiasmaron a mucha gente que nunca había recibido nada. También cooptaron a los dirigentes de los movimientos.

El personal político de los gobiernos progresistas viene de abajo, los cuadros tecnocráticos que están al frente nacieron y conocen la cultura organizativa de los movimientos sociales, entonces, cuando están arriba saben muy bien qué teclas tocar para debilitar, y eso es muy peligroso.

Hay dos cosas que ponen en peligro a los movimientos sociales. Primero, el Estado se reviste de legitimidad con el progresismo, y un Estado con legitimidad, un Estado fuerte, es peligroso. Después, los saberes de abajo que han llegado allá arriba están destinados a debilitarnos. Y estas dos cuestiones juntas pueden ser enormemente depredadores para los movimientos populares. Un ejemplo es Bolivia con Evo Morales y Álvaro García, que se disfrazaron diciendo que era el gobierno de los movimientos sociales e hicieron los golpes de Estado a los mismos.

En Argentina está el caso piquetero. El movimiento piquetero fue completamente neutralizado, dispersado, destruido, por las políticas sociales. Hay un manual en un libro del Ministerio de Desarrollo Social, donde estaba la hermana de Néstor Kirchner, que dice que el funcionario ideal del Ministerio es “aquel militante social que en los 90 se opuso y organizó a la gente en la base social en los territorios contra el modelo neoliberal”. Succionan cuadros políticos y militantes y saberes hacia los Estados y eso es un elemento muy definitorio y fundamental.

El tercer ejemplo pueden ser los compañeros de Brasil del Movimiento de los Sin Tierra y de los Sin Techo, movimientos muy importantes, muy luchadores, con una trayectoria impecable, que reconocen que Lula y Dilma entregaron menos tierras con la reforma agraria que el gobierno neoliberal de Fernando Henrique Cardoso, pero aun así, los apoyaron porque hay un chorro de dinero que fue destinado a la educación, la vivienda, etcétera. Son movimientos potencialmente revolucionarios que quedaron neutralizados completamente.

–Y el caso de México, país al que también conoces muy bien desde hace un cuarto de siglo.

–En México hay muchos movimientos potentes. Los movimientos urbanos tienen una larga trayectoria de haber sido dispersados, sobre todo por gobiernos del PRD, pero me preocupan mucho los movimientos indígenas, que son una parte minoritaria de la población, pero importantísima, y me preocupa el aislamiento y la posibilidad de golpes o represiones quirúrgicas. Me preocupa mucho que en los próximos seis años haya un proceso de debilitamiento del zapatismo y del CNI, y de otros movimientos indígenas y populares, que son los que se han opuesto a los grandes proyectos.

Hay una operación muy fina. Las consultas que se han hecho y las que se van a hacer son mecanismos de desarticulación de la protesta. Mañana tú puedes decir que estás en contra del Tren Maya por tal o cual razón, y te van a decir que vayas y votes. En esta consulta, la del aeropuerto, hubo un millón y cacho de votos, pero yo creo que en las próximas consultas pueden votar más personas, y si votan más personas mayor será la legitimidad de la consulta, aunque sea ilegal, sin sustento jurídico y sin sustento de ningún tipo.

Supongamos que respeten la consulta. El mensaje que están enviando los progresistas y López Obrador es que el conflicto no vale la pena porque es riesgoso, que votando o apoyando al Gobierno se van a solucionar los problemas. El mecanismo de la consulta busca encasillar y conducir la protesta al terreno de las urnas. ¿Para qué me voy a oponer a la carretera si estoy en contra y puedo votar? Y si pierdo, por lo menos pude opinar en un ejercicio democrático en el que no tuve que poner el cuerpo y la policía no me dio un golpe. Lo que se hace es deslegitimar el conflicto y deslegitimar la protesta, y eso va de la mano con aislar a los que protesten. Los que protestan aislados son rápidamente víctimas de la represión estatal. Ése es el riesgo que yo veo ahí.

Espero que la consulta no tenga la última palabra. Con la consulta los pueblos tienen dos opciones: o jugarse por la consulta, que no creo que sean tan poco hábiles, o que digan que hagan todas las consultas que quieran pero que ellos no quieren que el tren pase por ahí, que es lo que han hecho otros pueblos en América Latina.

Por suerte, en algunos casos como el de las comunidades zapatistas o Cherán, hay una fortaleza. Igual la van a pasar muy mal, creo yo y ojalá me equivoque, pero no es lo mismo pasarlo mal cuando están temblequeando a cuando estás bien y firme en tus bases, como los zapatistas.

Por otra parte, estoy seguro de que López Obrador se jubilará, no creo que se pueda reelegir, aunque me imagino que ya está pensando en reelegirse. Pasarán seis años, se irá Morena o no, pero el zapatismo va a seguir en pie, y eso es importante porque son luchas de cinco siglos que no van a desaparecer porque haya un gobierno que sonría o tenga buenos modales.

–¿Y la resistencia?

–Habrá resistencia. Lo que han hecho los gobiernos progresistas es profundizar el capitalismo, han traído más capitalismo, más transnacionales y más monopolios. Esto de hacer mega obras en el sur es para cooptar al resto de México, porque ha sido la zona más rebelde y eso todos lo sabemos. Los pueblos van a resistir. Hay muchas personas que, como decimos en Uruguay, “no se comen la pastilla”, no se dejan engañar. La gente está alerta, además ya tienen 15 años de nuestra experiencia y saben lo que pasó en el sur. Habría que ser un poco más optimista.

–¿Qué papel juega Donald Trump y Estados Unidos?

–Trump es más que Trump. Es la mayor intransigencia de las clases dominantes, de los ricos, y la mayor intransigencia del Pentágono, que tiene tanto peso como las clases dominantes. Esta gente se está inclinando por la guerra, por militarizar el escenario global. La guerra comercial contra China es una guerra y, comercial por ahora. La guerra va a escalar y es probable que lleguemos a guerras entre naciones con armas nucleares, eso que los zapatistas llaman el colapso.

El régimen Trump tiene aspectos del colapso, es una manifestación de la crisis del sistema, del imperialismo yanqui, pero también es una manifestación de que ellos pueden apostar al colapso antes de soltar la sartén que creen o temen que se les está escapando. Un escenario horrible. El que venga después de Trump, aunque sea demócrata, va a seguir muchos de los pasos de Trump. El gobierno de Trump no es un paréntesis, sino un viraje en las estrategias de las clases dominantes.

Estados Unidos apuesta cada vez más a la subordinación absoluta de México. Es un patio trasero del cual no van a soltar las garras y, por lo tanto, en ese proyecto de tener a México subordinado, el gobierno de López Obrador les puede venir incluso muy bien, pues esto de llevar las mega obras al sur, de facilitar el flujo de mercancías, commodities, minerales, maderas, todo lo que haya para sacar, los monopolios lo ven muy bien, y más si además consigue aplacar a una parte de la ciudadanía.

Lo que no va a conseguir este gobierno ni ninguno, por ahora, es bajar los niveles de violencia, los feminicidios, la actividad del narcotráfico, de la ilegalidad. Eso para Estados Unidos es algo importante, porque desde la guerra contra el narco apuesta a la violencia, al Plan Mérida, a la descomposición del tejido social. Todos son planes del imperio que ahora los va a ejecutar López Obrador. Con este señor además se van a cumplir los planes que profundizan el capitalismo, el monopolio, y lo que los compas zapatistas han llamado la cuarta guerra mundial, el despojo de los pueblos. Eso es lo que está a la orden del día.

–Para finalizar, ¿qué lectura le das al fenómeno migratorio que estamos viviendo estos días de Centroamérica hacia el norte?

–Quiero creer que con esta marcha masiva de migrantes está naciendo un movimiento, porque antes la migración era individual, de familias, gota a gota, pero ahora es masiva y organizada. Para movilizarse siete mil personas todas juntas hay que estar organizado. Capaz que es la primera de muchas marchas y si es así es bueno, porque la migración solitaria es fácilmente reprimible, vulnerable, pero con esta probablemente la gente haya llegado a la conclusión de que es mejor migrar en masa para estar más protegidos. No tengo claro que Trump vaya a poder impedir el paso de los migrantes por la frontera, a pesar de todas las gárgaras que hace. Es un costo político muy alto. Lo bueno es que está naciendo algo nuevo, desde abajo.

Leer en: https://www.elciudadano.cl/entrevistas/raul-zibechi-lo-que-han-hecho-los-gobiernos-progresistas-es-profundizar-el-capitalismo/01/18/#ixzz5dQy3nlyr