El Enigma del Deforme

Por Guiseppe Cocco y Bruno Cava / Universidade Nomade do Brasil

INTRODUCCIÓN del libro «O Enigma do Disforme» escrito por estos mismos autores.

Diez años después la crisis de los subprimes continúa siendo un rompecabezas. Del lado de adentro, de las burbujas del mercado inmobiliario y securitización en los Estados Unidos que estallaron en 2008, apareció la multitud de indignados que ocupó plazas, tomó las calles, levantó acampadas y llegó a derrumbar gobiernos. En la velocidad de la tercera revolución industrial, los nuevos bárbaros se expanden en un ecosistema de luchas singulares que se conectan en la misma diferencia entre sí. El último ciclo fue desde las primaveras árabes de 2010-11 a la revuelta de los paraguas en Hong Kong, pasando por las plazas Tahrir en Egipto, Perola en Bahrein, Syntagma en Atenas, Puerta del Sol en Madrid, Catalunya en Barcelona, Zuccotti Park en Nueva York, Taksim en Estambul y Maidan en Ucrania, entre miles de otras.

En Brasil la larga primavera de Junio de 2013 barrió de la coyuntura el consenso progresista que mantenía un gobierno de saqueo directo de las metrópolis, de los fondos sociales, de las esperanzas de los pobres. En seguida, el periodo de restauración fue tan violento en cuanto al grado destituyente y desterritorializante del arco de levantamientos que irrumpió en el mundo entero los años anteriores. Por aquí, la restauración aconteció, primero, a través de la represión directa, pura y simple, manejada por la reunión ecuménica de instituciones políticas y policiales y de varios espectros político-ideológicos en el comité unificado del Partido del Orden; después, por el Thermidor rojo de la reelección de 2014, y, finalmente, por la substitución de la tragedia de las luchas abortadas por la farsa: la multiplicación de falsas polarizaciones, fake news y post verdades, el empeoramiento del nihilismo comunicativo de las guerras culturales, la atmosfera denuncista, testimonial y policiaca en las redes de discusión, el uso instrumental y deliberadamente autofágico del “lugar del habla” para restituir a cada cual a su cuadrito y todos a la impotencia –en la que muchos análisis, al repercutirla como concepto, sucumben al diagnóstico vago de las ondas fascistas o del momento populista−. Todo para renovar ad vitam aeternam una polarización electoral cuya retorica es hinchada en la exacta proporción de su vacío de antagonismo real.

El neoliberalismo infiltró sus dispositivos en la piel, en el cerebro, en el inconsciente y nuestros sueños; proliferó los mecanismos de control, se expandió por toda la sociedad, desde dentro y en profundidad, una microeconomía financiarizada y un emprendedurismo difuso. Lejos, con todo, de caracterizarse por un totalitarismo molecular, sin chance para los cambios o las subversiones, la sociedad neoliberal mostró su rostro también de la mayor inestabilidad del ejercicio del poder: las sublevaciones y las indignaciones se acelerarán y extenderán como un saco perforado de esporas, con la misma velocidad alucinante del giro del capital en las bolsas de valores. Si, el capitalismo no es la tierra que gira en torno al Sol, sino que es el dinero que da la vuelta a la Tierra, los éxodos, las luchas y los levantamientos se deslizan con una velocidad aun superior y tendencialmente infinita.

Al final de la década de 2010, la situación es la siguiente: una sociedad global intensamente movilizada, que dispara lineas de desterritorialización en muchos sentidos, lo que no significa que -solo por eso- estemos a la altura de esos devenires o sepamos contar con ellos. Más bien se trata de que el régimen de funcionamiento de los levantamientos de nuevo tipo no sigue más esquemas mecánicos o dualistas, entre desorganización y organización, entre clase y partido y vanguardia, o entre sentimiento apolítico y su hegemonización política por fuerzas partidarias. El modo de existir de los ataques y de las fugas es el de un mosaico dinámico de cualidades y grandezas cuantitativas, una amalgama de colores y texturas que nos invita al poder de la tonalidad, las ritmologías, cromatismos y estratigrafías. El neoliberalismo, entonces, no puede ser entendido sólo como una totalidad cerrada en la que sus valores ya estarían dados, golpeable sólo desde el exterior, frente a lo que cabría reivindicar un afuera cualquiera, necesariamente mistificado y mistificante.

Las teorías contemporáneas sobre el neoliberalismo fueron picadas por el mosquito supercrítico: no cesan de alertar sobre nuevos y más sofisticados métodos de control o disciplina, como si se tratase de un deber moral. Es el mismo tono admonitorio de los anticomunismos a la derecha, que ven el enemigo en todas partes, como una sombra a ser denunciada al resto del rebaño. Estarían así exponiendo las lógicas de dominación para una sociedad supuestamente anestesiada o sin conciencia de aquello que la conduce. En este libro, quisimos romper con esa tradición de la impotencia, para colocarnos en la plaza de otro modo, a la espera de un devenir ambivalente, en zonas de indiscernibilidad que aun guardan algo de intempestivo ante los moralismos de izquierda o de derecha.

La crisis del capitalismo global, en su ambivalencia, no fue un trastorno momentáneo provocado por excesos especulativos del capital ficticio, como podría hacer creer la antigua dicotomía que divide a la economia en real y financiera. Pues no bastó, desde el punto de vista del capitalismo, reintroducir la regulación de los mercados financieros en otras coordenadas. La crisis de la gubernamentalidad neoliberal se dibujó en grandes tendencias o inflexiones, entre las cuales se destaca el descenso forzado de la economia china, después del exitoso paquete anti cíclico trillonario de 2008-09. En el Brasil del gobierno progresista, el ensayo de resurgencia keynesiana envolvió su propio paquete anti cíclico coyuntural con el nombre de fantasía de “nueva matriz económica”, lo que sería, en la retórica supervalorizada, la palanca a la china de salida del impasse, nariz orientada hacia el despegue en relacion al neoliberalismo. Aunque los ideólogos vean en la parodia desarrollista de Dilma, en 2011, alguna especie de extraño coraje, por ter cutucado onzas (1)… el dato concreto es que sus políticas fracasaron redonda y dramáticamente. Minando las bases sociales, económicas e institucionales, su gobierno a esa altura de viaje ya estaba comprometido con las peores prácticas de la politica brasileña.

El ciclo de los gobiernos progresistas en America Latina culminó en la peor recesión de las últimas décadas, por lo menos en Brasil, Argentina y Venezuela. La pretendida salida del neoliberalismo no sólo falló en sus propios parámetros de evaluación, sino que reforzó directamente la gubernamentalidad neoliberal. La crisis de la globalización es también la crisis de las anunciadas salidas de la crisis y de la propia promesa de una salida, fuese mediante el capitalismo progresista o por la izquierda o por la micropolítica. Ahora el neoliberalismo baboso es impuesto como solución única ante las izquierdas que se quedaron sin imaginación, sin pensamiento, sin clase. Pero la culpa, nos dicen, es de las derechas. Sin embargo, ellas, cuando fueron convocadas a renovarse por el evento prefirieron la defensa abstracta del altar ideológico repleto de sus propios colosos de pies de barro. El congestionamiento de las narrativas del fracaso hinchado por la matriz discursiva del golpe que no hubo y por los estilemas de una doxa universitaria, apenas realza aún más el fracaso general de lo que se pretendería legitimar: la identidad narcisista de la Izquierda, la pulsión autoritaria por el Estado tal cual el surco de una ballena blanca que incansablemente perseguimos, o bien un anti neoliberalismo moral y rigurosamente de almanaque.

Con el agotamiento del ciclo de gobiernos progresistas, seguido de la restauración conservadora en la que el propio arco progresista participó activamente, del ciclo de levantamientos que van desde las intifadas de Túnez en 2010 hasta las acampadas del Nuit Debout en 2016, parece arrojar a Brasil y a la America del Sur de vuelta a su prisión histórica y geográfica. Como lo sentencia, en términos directos, la teoría geopolítica más convencional:

Los académicos y los periodistas pueden escribir que el continente (sudamericano) se encuentra en una encrucijada, algo como el momento de embarcarse en su gran futuro. Hablan de lo geográficamente, continúa el autor, que más que una encrucijada, se trata del fondo del mundo. Muchas cosas están sucediendo en este vasto espacio, pero el problema es que la mayor parte de lo que está sucediendo está siendo determinado por un montón de lugares menos por él mismo. (2)

Es exactamente esta perspectiva, este fondo el que nos interesa. Para aprender del impasse, necesitamos releer al neoliberalismo y para eso volveremos, por un lado, a las lecciones de Michel Foucault de hace 40 años atrás y, por el otro, a lo que decíamos, en 2005 (3), sobre las trampas del neo desarrollismo.

En este libro nos proponemos la búsqueda de los grandes espacios abiertos, hacer un balance de larga duración de los impasses en que estamos, presentir los incoyunturales si con eso despegamos del infierno de las coyunturas. Contra los reformadores de la Izquierda y sus vitrinas con los mismos productos embalados de diferente modo, no tenemos ninguna salida para empaquetar y ofrecer al lector. Deje eso. Al contrario, nuestro objetivo aquí es entrar en los impasses, permitir que el esfuerzo recoja la resistencia y la plasticidad de las materias que enfrenta.

Sabemos que fueron muchos los colapsos de la modernización en el largo rosario de frustraciones y esperanzas fallidas en nombre del Brasil del Futuro, la vieja creencia milagrosa de un Eldorado mágico y seductor en los trópicos. De varias maneras, los que se propusieron pensar el país, desde aquellos afiliados al épico paradigma de la formación Nacional hasta los que abrazaran amargas dialécticas negativas, asimilaran en sus teorías los cuellos de botella persistentes, los obstáculos estructurales, los dilemas de lo inorgánico, los dramas dualistas y las desventuras dialécticas, en la historia politica, social y económica del largo amanecer del recorrido desarrollista que va de Vargas a Geisel. Todo ello sin olvidar la infinidad de formulaciones teóricas y arreglos institucionales de ese periodo de 60 años que, sin embargo, no nos debe cargar demasiado el análisis y sus conceptos, como recomendaba Nietzsche en sus consideraciones extemporáneas sobre los usos de la historia.

Preferimos tomar la tradición de pensamiento sobre el Brasil y comenzar a venir al revés, a las espaldas de la literatura de formación nacional, para entonces filtrarla en la criba fina de la lógica de los acontecimientos que definen nuestra realidad y su intempestivo. Entonces, en lugar de situar el pensamiento en la tension entre emancipación y modernización, en la investigación quimérica de un patrón de desarrollismo adecuado a un proyecto de país, o bien renunciar a la transformación en nombre de la negatividad de una crítica lírica, asumimos el más bien el arduo desafío programático de formular una teoría de la subjetividad en las condiciones de subdesarrollo o altermodernidad. Lo sub sustenta la misma consistencia ambivalente del post, en que respiran nuestros problemas. No es que seamos anti-modernos. Es que aquí, donde jamás fuimos modernos, lo pre-moderno salta directamente a lo postmoderno que siempre hemos sido.

En el capítulo I, retomamos al Foucault del curso sobre el Nacimiento de la biopolítica (1978-79). Publicado solamente 25 años después de la presentación en las aulas por el filósofo en el College de France, en Paris, ese curso es particularmente fecundo para nuestro propósito. Nos sirve de vacuna contra tres concepciones del neoliberalismo, que mezcladas en diferentes proporciones contribuyen a la parálisis del análisis y de la creación de alternativas. En primer lugar, las reducciones del neoliberalismo a la ideología o constructo simbólico, como si fuese un discurso elaborado al servicio del propio capitalismo, con el fin de camuflar la violencia de sus operaciones, esto es, a título de legitimación o buena conciencia. Bastaría entonces desenmascararlo para que pudiésemos tomar conciencia de los verdadero artificios con que el neoliberalismo opera, y de ese modo partir hacia la emancipación politica.

En segundo lugar, tenemos los análisis que privilegian un punto de vista geopolítico en términos de choque de imperialismo o neocolonialismo, en las cuales el neoliberalismo aparece como la economia discursiva de la hegemonía occidental en su fase financiera y flexible, bajo la dirección de Washington, sus aliados y satélites. El neoliberalismo, en esta lectura flácida, es un dispositivo de afirmacion de los mercados libres que se hace acompañar del poderío militar norteamericano. En esa presentación del problema, aunque el mundo bipolar de la Guerra Fría este extinguió, se adopta un clivaje mitigado de una macro polaridad determinante que sería interna al propio capitalismo global, entre posiciones más abiertamente neoliberales y financieras y lo que sería un capitalismo alternativo: progresista, social o desarrollista, representado por China, Rusia, India y Brasil.

Finalmente, la tercera corriente a ser confrontada es aquella que reconoce el régimen de funcionamiento molecular del neoliberalismo apenas para reponer una nueva totalidad formada por técnicas de dominación, vigilancia, alienación y explotación. Esto es, el neoliberalismo seria el nombre de la sociedad de control o biopolítica, cuyo principal aspecto seria la operación invasiva del poder sobre la vida, la subjetividad, el inconsciente. Cabría, en esta afirmacion conceptual, denunciar sus lógicas sofisticadas de dominación y colocarse fuera, atrás de un punto de des-subjetivacion para alcanzar el poder desde un exterior no subsumido.

A diferencia de esas tres vertientes, retomamos a Foucault para afirmar el neoliberalismo en su plena ambigüedad: el biopoder que compone su gubernamentalidad es el mismo que produce, suscita y moviliza, el mismo en que la formación de los sujetos está implicada. El problema es de estrategia y no de clivaje. Entonces, en lugar de un denuncialismo de contornos morales incluso otro totalitarismo de bolsillo, nuestro propósito con Foucault es reabrir la teorización del neoliberalismo también para apuntar las instancias de potencia y las lineas de fuga que se expresan por dentro de la matriz de poder.

En el segundo capítulo, retomanos a contracorriente del paradigma de formación nacional, para sondear los enigmas de un disforme que nos constituye y que, por eso, es una estructura inorgánica o una sustancia amorfa, a la espera de la llegada de las formas. Este disforme que pulsa en el interior de los proyectos de poder (biopoder) es lo que llamamos resistencias biopolíticas. En ellas, no se incluyen solamente las rebeliones, levantamientos y motines, sino que también la potencia ambivalente de las migraciones, fugas, mestizajes (en la acepción de Édouard Glissant), éxodos y diásporas. Nuestra hipótesis, en este capítulo, consiste en identificar en el Sur la operación generalizada del biopoder desde el descubrimiento.

El biopoder, como lo abordamos desde la literatura foucaultiana, funciona por medio de mecanismos flexibles, móviles, continuos e inmanentes, que a su vez es amplificado con las estrategias de conquista y poblamiento, de territorialización y estriamiento de la red de poderes, del racismo en proceso de cambio y de la organización biopolítica del trabajo, desde la empresa colonial portuguesa y la pax lusitania en el Atlántico Sur. En ese sentido, en lugar de despliegue del mercantilismo y de la raison d’état, identificamos en la empresa el embrión de dispositivos biopolíticos, que en la formación del capitalismo industrial serán globalizados poniendo en marcha integrada el mercado mundial. Nos parece especialmente pertinente el sobrevuelo de la lógicas de larga duración del poder en el Sur, para trazar el hilo negro de las resistencias que se levantaran siguiendo las más diferentes estrategias y dentro de los más diversos umbrales de sobreposición e interpretación de poderes y saberes.

Finalmente, en el tercer capítulo, existe un recorrido de mayor aliento sobre los gobiernos progresistas en America Latina, centrado en los brasileños, con Lula y Dilma, del PT. Vitaminados en su génesis por el impulso transmitido de luchas y movilizaciones democráticas, tales gobiernos encontrarán su fuerza en una específica composición de clase que pertenece a la gubernamentalidad neoliberal. Consecuentemente, algunas condiciones favorables en lo tocante a las políticas sociales, culturales y de renta dinamizaron circuitos productivos en un efecto multiplicador y virtuoso, que acabó inflando una multiplicidad de franjas de produccion de subjetividad. Eso llevó a las transformaciones internas de la composición social acoplada en la gubernamentalidad, parte de las cuales ocurrió a espaldas de los propios gobiernos y cada vez más divergentes en relacion a la dirección estratégica superior, deslumbrado con los primeros y engañadores frutos del proyecto neodesarrollista.

El resultado fue que la línea de fuga que podía romper con la gubernamentalidad neoliberal acabó explotando por fuera de las esferas de influencia de los propios gobiernos y finalmente contra ellos, como aconteció, sobretodo, en el largo Junio de 2013 brasileño. Los gobiernos progresistas, a su paso, aunque reivindicasen ser anti o post neoliberales, se fueron resueltamente antagónicos a esas fugas biopolíticas y buscaron forzar el re encuadramiento de los procesos de produccion de subjetividad en la matriz vigente, mediante una plétora de tácticas. O sea, al participar del golpe Thermidor contra el movimiento de movimientos «junhista», y aunque apelasen ideológicamente al Estado, al capitalismo social y al progresismo desarrollista, esos gobiernos reimpusieron al neoliberalismo como solución única e ineludible. Lo que no deja de ser una gubernamentalidad en crisis, aquí como en el mundo, y que, por no encontrar alternativa ni en la izquierda ni en la derecha, permanece nutriendo nuestro impasse, tal como vimos en la huelga de los camioneros de mayo de 2018.

Notas:

  1. Por ter cutucado onzas, expresion popular brasileña que significa saber que se está haciendo una estupidez y seguir haciéndolo. Abusar de una situación.
  2. MARSHALL, TIM. Prisoners of Geography. Ten maps that tell you everything you need to know about global politics (2015). Londres: ed. Elliot and Thompson, 2016.
  3. Nos referimos al libro que uno de los autores coescribió, con el filósofo Antonio Negri, publicado en Brasil en 2005, en medio del escándalo del mensalão. NEGRI, Antonio; COCCO, Giuseppe. Glob(AL): biopoder y lucha en una América Latina globalizada. Trad. Eliana Aguiar. Rio de Janeiro: Record, 2005

 

Traducción: Santiago de Arcos-Halyburton

Gilets Jaunes: El movimiento y la literalidad de un problema

Por Alexandre Mendes / Universidade Nomade do Brasil

1) Gilets jaunes: algo diferente

De todas las frases que me llamaron la atención en la protesta del pasado sábado, la que más marco fue la de un periodista que después de conducir un confuso debate en la televisión sobre los gilets jaunes reconoció casi resignado: está bien, ok, pero lo cierto es que acabamos de vivir, el día 8 de diciembre de 2018 [él enfatiza la fecha], una cosa muy diferente en Paris, incluso muy diferente”. Esta constatación hace resonar otros dos comentarios que escuche entre las idas y venidas de casi 8 horas de protesta callejera en una ciudad completamente transformada por la interrupción de todas sus actividades y la presencia colosal de las fuerzas de seguridad.

El primer testimonio de un joven francés que nos acompañó durante la caminata, celebraba la adhesión inédita de su familia, originaria de una de las ciudades más pobres del norte de Francia, a una movilización politica: “estoy muy orgulloso de ellos, están todos con el chaleco amarillo, y mi sentimiento es de orgullo”. Ya el segundo, fue fruto de un debate improvisado que inició con un simple pedido de información (“usted viene de la Place de la Republique?”), fue un verdadero aprendizaje al aire libre. Un señor de aproximadamente 60 años, morador de una banlieue parisina, jubilado del metro y casado con una empleada doméstica filipina, articuló en un solo discurso todo, sin pausas, todos los motivos para su presencia en las protestas de los gilets jaunes:

“Estoy cansado de ver a mi jubilación disminuir cada vez más, estoy cansado de tener que devolver la mitad de lo que gano al Estado, mi mujer fue a buscar un apartamento de 10 m2 en París y no pudo ni continuar buscando dados los precios de los costos de expediente (administrativos), de todas las exigencias, es una locura. No sobra casi nada al final de mes. Fui educado en la escuela teniendo que bajar la cabeza, después en el trabajo con las amenazas del gerente, ahora es el gobierno que impone todas las medidas como si tuviésemos que aceptar todo en silencio. No estoy de acuerdo con aquello de allí [señalando una barricada de fuego en medio de la calle] pero lo importante es que estamos equilibrando el miedo. Basta de sentir miedo solo, ahora ellos también van a tener miedo”.

Los dos testimonios, el ejemplo vivo de aquello que el periodista indica se define como la emergencia de algo diferente. No es todos los días que familias de pequeñas ciudades del interior, sin ninguna historia “militante” previa, deciden colocarse un chaleco amarillo y pasar días acampados en una rotonda -al borde de la carretera- generando una movilización nacional. No todos los días un jubilado sale de la banlieue para protestar por horas, sin parar, en las calles atravesadas por las fogatas y barricadas, afirmando que no abandonará la calle mientras el miedo no este como mínimo “equilibrado”. No es todos los días que una ciudad como Paris queda completamente cerrada (tiendas, metro, museos, bibliotecas y grandes puntos turísticos) para dar lugar a movimiento incesante de los pequeños grupos de gilets jaunes en permanente pulso contra las fuerzas del orden.

2) Polinización gilets jaunes y el enigma de la protección social

La irrupción de algo diferente debe ser aprehendida en su singularidad. Contra todos los fiscales de la normalidad mundial, que desde el inicio osaron decir que el movimiento disminuiría con el tiempo, que era oportunista, falso en sus reivindicaciones, además de racista, machista y anti ecológico, los gilets jaunes abrieron una fractura ineludible. La toma del Arco de Triunfo, contra la fuerte reacción policial y las firmes determinaciones palaciegas, fue la síntesis simbólica de un movimiento que conquistó el derecho de colocar un problema cuyo enigma nadie parece capaz de resolver.

La dificultad del enigma, entre tanto, no reside en el carácter indescifrable del problema. No hay nada que huya de nuestros ojos, nada oculto, como insisten todas la vertientes conspiratorias y paranoicas del mercado del pánico global. Lo que se nos interpela es una brutal literalidad: los chalecos amarillos (algo equivalente a nuestro triangulo del porta-maletas) indican una alerta relacionada con la seguridad en la circulación y la necesidad de redoblar la atención en situaciones que pueden tener graves consecuencias para la vida. El mensaje es claro y directo: ¿cómo producir una nueva seguridad social en un mundo que intensifica y gobierna la circulación a partir de la gestión de una crisis permanente?

No es casualidad que en la reciente lista de reivindicaciones de la delegación que fue recibida por el gobierno (elaborada en la tradición de los cahiers de doléances) constan exigencias relacionadas a la valorización de la seguridad social, del salario mínimo, de la jubilación, de la igualdad fiscal, de una “nueva era” de políticas de bienestar para los ancianos; una solución al endeudamiento social de los más pobres, incluyendo el fin de las políticas de austeridad y el combate al fraude fiscal; al enfrentamiento del costo de la vida, con la interrupción del aumento de los precios de los alquileres, de las tarifas de servicios esenciales privatizados (gas, electricidad, etc.), de los combustibles, del desvío de las ganancia obtenidas en los peajes y de los costos a los pequeños comerciantes; la necesidad de un tratamiento digno a los demandantes de asilo y la apertura de centros de acogida en varios países para enfrentar los nuevos flujos migratorios, etc.

El conjunto de esas reivindicaciones, al articularse a la movilización semi-insurreccional que se creó, indica no sólo que el movimiento logró reforzar el predominio de las demandas sociales frente a las presiones más nacionalistas (que aún aparecen en reivindicaciones ligadas a las políticas de integración de los extranjeros o tentativas inocuas de frenar la relocalización industrial), señalando al centro de la dimensión política del problema: ¿cómo interpelar al actual consorcio público-privado, o sea, la governance de la globalización forjada a partir de la década de los 90 a través de un movimiento real de la globalización forzada a partir de entonces, valorización de la vida y de la cooperación social? ¿Cómo luchar por la vida dentro de los propios flujos de la mundialización y no a partir de la idealización de una salida utópica o de la falsa protección de una trinchera defensiva?

Es de ahí que podemos extraer la segunda literalidad del movimiento. Los chalecos amarillos recorren el espacio de la circulación (de las calles y carreteras a las redes sociales) como un verdadero enjambre de abejas, un torbellino en múltiples direcciones, polinizando un territorio siempre en expansión. La literalidad se refiere aquí, no a las ociosas preguntas sobre el nivel de «conciencia» del movimiento y del efectivo «proyecto» detrás de las reivindicaciones, sino que a la corporalidad y la intensidad del propio acto de enjambre. Así, por polinización no hacemos referencia a una simple metáfora o a un estilo de lenguaje, sino a un proceso real, colectivo e involuntario (independiente de las «conciencias»), que posee tres características:

Primero: una superación en relacion a la primera fase de los levantamientos de la Primavera Árabe, cuyo impasse se dio -por un lado- entre la dinámica territorial de ocupación de las plazas y de las protestas callejeras y -por otro- el apoyo general basado en una ciudadanía difusa, ambos mediados por la dinámica de las redes sociales. Al difundir las ocupaciones en la dirección del terreno radicalmente móvil de la propia logística y de la circulación (cada rotación se convierte en una pequeña ocupación, cada tren una protesta no limitada a la velocidad de los pies), los chalecos amarillos movilizan directamente el activismo de las personas comunes creando una resonancia más vibrante entre las ocupaciones, las protestas y las redes sociales. Así, crean también condiciones favorables (no sabemos hasta cuándo) para que se eviten las trampas sedentarias del poder (reversión de la opinión pública, asambleísmo obsesivo, encierro por la policía y formación de las burbujas digitales).

Segundo: indica que en el terreno de reinvencion y de expansión de una protección social, sumándose a los mecanismos existentes basados en la relacion salarial (en crisis), debe tomar en consideración “el cálculo de la riqueza de las externalidades positivas que resultan de la polinización” (Cf. Moulier-Boutang, “Pour un revenu d’existence de pollinisation contributive”, Multitudes, 2016). Es decir, un tipo de remuneración garantizada que considera las mutaciones del trabajo contemporáneo (intensificación y precarización) y apunta a la necesidad ineludible de dirigir a la protección social una parte del enorme flujo de dinero que circula en las transacciones monetarias y financieras a nivel mundial, por ejemplo, a través de una tasa polen (siguiendo la propuesta de Moulier-Boutang). Así, la noción de gran fortuna puede ir más allá de la vieja visión de mero stock individual para ser considerada en su propio movimiento global, debiendo entrar en los cálculos de financiamiento de los derechos sociales.

Tercero: la polinización es una oportunidad para mantener el proceso de revuelta fiscal en permanente discusión, evitando su captura por los oportunismos de carácter populista o vanguardista. Así, la convocatoria por los gilets jaunes de los «estados generales», apelando nuevamente al imaginario de la Revolución Francesa, es una invitación a una amplia movilización en torno al debate sobre alternativas de protección social, ante la doble crisis neoliberal y keynesiana, que pueda romper la falsa contradicción entre lo social y lo ecológico, lo social y lo político, y permitir que las diversas perspectivas se crucen en un espacio democrático. En ese sentido, la polinización se opone a la politización, en el sentido vulgar del término, aquel de «disputar» o «hegemonizar» el campo político. La decisión de apoyar o no a los gilets jaunes, dilema inicial en las izquierdas francesas, será meramente formal si no pone en cuestión los modos de hacer política a partir de los puntos de vista lanzados por el propio movimiento (por ejemplo, la caracterización del movimiento como «apolítico», lo cual genera tantos traumas en el seno del activismo dogmático y que debe ser tomada en su dimensión positiva, como rechazo de seguir las mismas fórmulas fracasadas de gestión de la crisis realizadas hasta ahora).

3) Brasil y Francia: tiempos sobrepuestos

Es curioso acompañar las protestas en Francia habiendo vivido el proceso de deterioro político y subjetivo producido en los últimos cinco años por las reacciones a los levantamientos de junio de 2013. Por un lado, el reencuentro con la alegría de ver una democracia viva irrumpiendo en las carreteras y las calles contra todos los consensos. Por otro, constatar que esa ingenuidad de 2013 quedó atrás, dando lugar a una cierta gravedad que impide la repetición de la vivencia original.

Para no caer en un fatalismo o en cualquier otro determinismo hay que intentar comprender cómo la emergencia de algo diferente puede romperse con la simple repetición del mismo. En ese sentido, un intercambio interesante de puntos de vista puede ser realizado entre las dos experiencias de levantamientos, el Brasil anticipando posibles fracasos de los chalecos amarillos, Francia dando continuidad a un proceso que en Brasil acaba de ser fuertemente capturado por un arcaísmo avasallador.

Dos lecciones pueden ser extraídas de la experiencia brasileña. En primer lugar, que los intentos de salida «por arriba» de las dinámicas de globalización y de financiarización, así como de giro populista en la política tienen efectos desastrosos y graves, abriendo camino hacia una degradación generalizada cuyo resultado es la victoria de la extrema derecha. En Brasil, mucho antes de que el populismo político-económico se convirtiera en un tema debatido en todo el mundo (con el Brexit y con Trump), el intento de giro desarrollista y soberanista realizado a partir de 2008 empujó al país hacia una crisis sin precedentes agravada por el sofocamiento sistemático de las movilizaciones que podrían ayudar a reanimar la democracia. En segundo término, que la única forma de evitar los atajos populistas ante la crisis global de seguridad social consiste en mantener un proceso de movilización social siempre abierto y relativamente autónomo con respecto a las máquinas electorales y de producción de consenso mediante máquinas de poder que en el Brasil destruyeron, no sabemos aún si completamente, la riqueza de Junio. Primero, por la izquierda, después por la extrema derecha.

En relación a las experiencias de lucha que se produjeron en otros países en el contexto de la Primavera Árabe, Francia vive un interesante descompás. Mientras las ocupaciones de plazas proliferaban en 2011, el Nuit Debout (ocupación en la plaza Republique) sólo aparece en 2016, pero sin conseguir perforar las trampas del asambleísmo y del localismo. Además, las dinámicas de protesta callejera con carácter destituyente (exigiendo la derrota del gobierno) sólo aparecen ahora, a partir del grito «Macron démission» y por la disolución de la Asamblea Nacional. Sin embargo, incluso en su relativo «retraso», las luchas francesas revelan aspectos de lo que podríamos llamar la segunda fase de la Primavera Árabe.

El Nuit Debout, en esta línea, quedó lejos de radicalizar las experiencias de las ocupas de los países árabes, de Turquía, de España, del Junio brasileño, etc. Se construyó a partir de cuestiones ligadas directamente al «mundo del trabajo» (en particular la profundización de la precarización) y a una dimensión subjetiva que hoy es uno de los terrenos más importantes de enfrentamiento. Al luchar contra el miedo generalizado provocado por la inseguridad social, por la parálisis ante los atentados en París y por el estado de emergencia, la ocupación francesa apuntó a un vínculo que se coloca en el corazón de los enfrentamientos contemporáneos.

Este hilo áspero -la relación entre la gestión de la crisis, el trabajo precario y la producción del miedo- acaba siendo recuperado y lanzado como un problema transversal que interpela a toda la sociedad francesa y por eso la sensación de malestar. Dos aspectos, como vimos, fueron fundamentales para ese movimiento: primero, la generalización del problema en la dirección del campo de la propia circulación (donde queda más evidente el carácter polinizador del trabajo contemporáneo); segundo, la apertura de un gran cuestionamiento en relación a los mecanismos de financiamiento y alimentación a través de apropiación de la riqueza colectiva, del consorcio público-privado y de su pacto intra-élite (defendido con máxima intransigencia por Macron).

Es aquí donde el movimiento francés confirma la dimensión global de la reciente lucha de los camioneros en Brasil (también por seguridad social y contra el pago de la cuenta de la crisis) y, de la misma forma, toca el punto más sensible del proceso brasileño. ¿Cómo romper con el miedo y la paranoia colectiva tras cinco años de guerra psicológica operada por las máquinas electorales y por estilos de militancia que cayeron en el fanatismo? ¿Cómo se dará la reorganización del pacto entre público-privado en una nueva gobernanza militar-ultraliberal nacida en los escombros del ciclo de 1988? ¿Cómo encontrar aquella leve lucidez del jubilado del metro parisino que nos recordó que lo más importante, ante todo, es «equilibrar mejor» el miedo?

Es en el mosaico de esas mutuas anticipaciones y tendencias que se barajan la vieja relación centro-periferia y la propia idea de un tiempo lineal regido por el futuro que la oportunidad de los «estados generales» puede suceder. No sólo como asamblea consultiva dentro de una soberanía en crisis, sino como un proceso de experimentación y compartiendo luchas ante un mismo dilema global.

Traducción del portugués: Santiago de Arcos-Halyburton

Michael Heinrich: «Debemos demostrar la nueva eficiencia de las viejas ideas de Marx»

Michael Heinrich (Heidelberg, 1957) es un politólogo alemán, el más reciente exponente de una corriente de pensamiento conocida mundialmente por postular “una nueva lectura de El Capital”. Inició su formación en los campos de la matemática y la física, para consagrarse luego a los estudios politológicos. Su tesis defendida en el año 1990 sobre la teoría del valor se convertiría inmediatamente en una referencia obligada en los estudios de Crítica marxiana de la Economía Política. Ejerció la docencia en la Universidad Libre de Berlín y en la Universidad de Viena, y desde 2001 a 2016 se desempeñó como profesor de Economía Política en la Universidad de Ciencias Aplicadas de Berlín. Su libro Crítica de la economía política. Una introducción a El Capital de Marx (2004) ha sido traducido a nueve lenguas, entre ellas el español (2008). En el año 2012 apareció también en español una obra complementaria: Cómo leer El Capital de Marx (2012). En 2018 publicó el primer tomo de Karl Marx o el nacimiento de la sociedad moderna, una biografía monumental de Marx en tres volúmenes. Es miembro del colectivo editor de la revista alemana Prokla, fundada por Elmar Altvater en 1971.

Horacio Tarcus: En el siglo XX se escribieron casi medio centenar de biografías de Marx, algunas de ellas ya envejecidas, pero otras muy sólidas y documentadas. Sin embargo, en lo que va del siglo XXI ya han aparecido una docena de nuevas biografías. ¿Es que acaso en el siglo XXI sequiere reescribir ex novo la biografía de Marx? ¿Por qué escribir una nueva biografía? ¿Qué rescata de las biografías del pasado? 

Michael Heinrich: Con la segunda MEGA [Marx-Engels-Gesamtausgabe, Obras completas de Marx y Engels], que se publica desde mediados de los años 1970, no sólo tenemos a disposición muchos nuevos textos de Marx y Engels, sino también un cúmulo de nuevos detalles sobre los contextos en los cuales surgieron esos textos, tanto los conocidos como los desconocidos. Además, disponemos ahora de información nueva sobre amigos, conocidos y enemigos de Marx. En particular, las biografías de Franz Mehring (1918), Auguste Cornu (1954-1968) o David McLellan (1973) fueron para su época obras muy bien escritas, pero desde entonces han envejecido en numerosos aspectos. El nuevo conocimiento sobre Marx está siendo asimilado recién en las biografías de Jonathan Sperber (2013) y Gareth Stedman Jones (2016), recientemente publicadas. Queda pendiente una asimilación completa de los nuevos hallazgos.

 

marx_heinrich_col_05 

Las biografías no sólo se nutren de nuevos conocimientos, sino también de nuevos interrogantes, de nuevas situaciones políticas y sociales, en las cuales se debate sobre la persona en cuestión de otra manera a cómo fue etendida en el pasado. Que el mundo a comienzos del siglo XXI se desarrolla de una manera crítica –sólo nombro como palabras clave la “crisis financiera”, la “crisis económica”, la nueva fuerza de los movimientos de derecha en muchos países- no es algo que pueda discutirse. Cuando el sistema capitalista resulta cuestionable, aparece un interés renovado por los críticos del capitalismo, entre los cuales Marx tiene un rol sobresaliente. A esto hay que añadir que el marxismo dogmático, que fuera predicado por partidos y algunos Estados, también ha entrado en crisis. Entonces, hoy puede discutirse sobre Marx  de una forma completamente distinta a cómo lo hacíamos hace treinta años.

 

HT: En Karl Marx y el nacimiento de la edad moderna (2018) usted acepta una serie de postulados de los historiadores de la Escuela de Cambridge, que exigen situar a un autor y su obra en su contexto epocal y recusan cualquier intento de transformarlo en un “contemporáneo”. Sin embargo, usted discute expresamente con otros biógrafos recientes de Marx, como Jonathan Sperber y Gareth Stedman Jones, quienes al restituir a Marx en las coordenadas del siglo XIX, le quitan potencialidad para comprender el capitalismo del siglo XXI.

marx_heinrich_caja_02 

MH: Quentin Skinner y la Escuela de Cambridge tienen en primera instancia razón cuando señalan que las grandes obras de la filosofía política fueron intervenciones de filosofía política y teoría social frente a los problemas de su tiempo. Algunos adeptos de dicha Escuela sacan de ello la conclusión que esas obras sólo tienen un sentido en el seno de su época. Estoy en contra de colocar a Marx en su época para comprender mejor su argumentación, para iluminar mejor sus fuentes, para reconocer mejor aquello que ha sido condicionado por su propio tiempo si el objetivo no es volver más evidente lo que aún hoy podemos comprender del capitalismo a través de una lectura de Marx. Si bien no sé cómo, por ejemplo, se posiciona Jonathan Sperber respecto a la Escuela de Cambridge, él argumenta como si fuese uno de sus representantes más radicales. Para él, ya la mención de que Marx es un hombre del siglo XIX es un argumento central para afirmar que Marx ya no tiene hoy en día absolutamente nada para decirnos. Uno buscará en vano una discusión sobre qué es lo que ha cambiado tan radicalmente desde el siglo XIX como para que un autor de ese siglo no tenga hoy nada para decirnos. En contra de esto, ya desde el título de mi libro, trato de volver evidente que toda una serie de estructuras sociales, económicas y políticas fundamentales que se han constituido en el siglo XIX en primera instancia en Europa Occidental y Norteamérica, siguen siendo aún hoy sumamente importantes en gran parte del mundo. El siglo XIX no es  para nosotros –visto desde esas estructuras fundamentales- algo tan lejano como Sperber sugiere. Sin lugar a dudas, Marx no es nuestro contemporáneo inmediato. Hay una distancia temporal, que tenemos que considerar en  la lectura de la obra, pero no para abandonarla, sino para entenderla mejor y de manera más precisa. Y para usarla.

 

HT: Sus obras sobre El Capital suelen inscribirse en lo que se ha dado en llamar “la nueva lectura de Marx”. Sin embargo, la perspectiva que acentúa la crítica de la economía política y pone el problema del fetichismo en el centro de El Capital tiene grandes precedentes, como el ruso-soviético Isaac Ilich Rubin, el ucraniano Roman Rosdolsky y el alemán Elmar Altvater. ¿Cómo sitúa su propia obra dentro de las familias del marxismo? ¿Qué rol ha jugado la revista PROKLA en la renovación del marxismo alemán y en la relectura de Marx?

 

MH: Efectivamente, “Nueva lectura” [Neue Lektüre] es la expresión corriente, que guarda un doble significado. En un sentido amplio, nos referimos a las nuevas lecturas que surgieron desde los años 60 en muchos países; en un sentido más acotado, a aquellas lecturas que fueron iniciadas en Alemania ante todo por Hans Georg Backhaus y Helmut Reichelt.  Ahora bien, volviendo a la preunta: he aprendido mucho de Rubin y de Rosdolsky (sin por ello aceptar todas sus tesis), Elmar Altvater fue mi director de tesis doctoral y estuve junto a él por más de veinte años en la redacción de la revista alemana PROKLA (el nombre es una sigla del nombre original de la revista: Probleme des Klassenkampfs [Problemas de la lucha de clases]). En PROKLA se discutieron siempre tanto nuevos conceptos teóricos o nuevas lecturas de los conceptos disponibles como también se trató de realizar análisis concretos y empíricos del desarrollo del capitalismo, del capitalismo alemán y del capitalismo en el mundo. Precisamente, en tanto revista independiente tanto de los partidos políticos como de las organizaciones sociales, hoy como ayer PROKLA juega un importante rol, comprometida con un discurso de izquierda plural.

 

HT: La reciente publicación de la totalidad de los manuscritos de Marx en la MEGA permite por primera vez ahondar en la formación de lo que podríamos llamar su “pensamiento económico”. Usted recusa cualquier idea de “unidad” en el pensamiento de Marx, reconoce momentos y reformulaciones, pero rechaza la dicotomía entre cortes y continuidades, discutiendo con la escuela althusseriana respecto de un “corte epistemológico” en el año 1845 entre un Marx pre-marxista y un “Marx maduro”.

 

MH: Usted lo dice como si yo rechazara toda “unidad” en el pensamiento de Marx. Depende de lo que uno entienda por “unidad”. Algunos motivos, como por ejemplo la pregunta por la posibilidad de la emancipación del hombre, la posibilidad de una sociedad libre comienzan ya en un Marx muy joven y están todavía presentes en el Marx bastante más viejo. La forma y modo en que Marx analiza las condiciones para la emancipación y los resultados a los que llega, efectivamente varían drásticamente a lo largo del tiempo. Quien discuta esto, quien parta de la base que Marx ya en 1843 o 1844 había logrado sus visiones sustanciales y que todo lo que viene después no es más que elaboración, precisión y ampliación, debe (lo quiera o no) partir de una idea de un genio romántico bastante fuerte. El Marx de 25 o 26 años tenía un conocimiento aún muy limitado de la bibliografía sobre teoría económica e historia de la ciencia, su debate con la política era en muchos sentidos aún abstracto. Si uno observa el desarrollo intelectual de Marx desde 1843/44, constata un enorme proceso de aprendizaje, como consecuencia del estudio de la bibliografía respectiva, como resultado de los acontecimientos históricos de los años posteriores (la Revolución de 1848, el Segundo Imperio francés de Luis Napoleón, el ascenso de Bismarck), así como también como consecuencia de la experiencia intensiva de las relaciones económicas y políticas en Inglaterra, donde Marx pasó los últimos treinta años de vida. Si el joven Marx, antes de todos esos procesos de aprendizaje y experiencias prácticas, hubiera podido esbozar las líneas fundamentales de su obra, entonces todos los procesos de aprendizaje y experiencias serían para esa obra de un significado de segundo orden: el joven Genio ya lo habría logrado todo. Eso me parece una forma de ver las cosas de cuño muy idealista.

marx_heinrich_caja_03Yo me opongo, en efecto, contra la tesis de una continuidad semejante, contra esa idea de “continuidad” es que y enfatizo el significado de los procesos de aprendizaje de Marx. Además, me opongo a una contraposición facilista entre el “joven” y el “viejo” Marx. En el desarrollo intelectual de Marx no sólo hay una gran cantidad de quiebres: estos quiebres toman lugar de manera asincrónica y en ámbitos bastante diferentes. Estos muchos quiebres no se dejan reducir a una gran “ruptura”, como para que uno pueda diferenciar claramente entre dos fases en el desarrollo de Marx. El desarrollo intelectual de Marx es enormemente complejo, no se puede reflejar adecuadamente ni mediante la tesis de la continuidad ni mediante la tesis de un quiebre entre el “joven” y el “viejo” Marx.

 

HT: Como otros lectores intensos de Marx (pienso en Louis Althusser o en Manuel Sacristán) usted ha tendido a leer El Capital y otros textos de Marx no tanto en clave de filosofía dialéctica sino de obras de carácter científico. ¿Puede el marxismo ser una Crítica y una Ciencia al mismo tiempo? ¿Cuál es estatus epistemológico de la obra de Marx?

 

MH: Respecto a la cuestión de la dialéctica, se me ha reprochado muchas veces que yo quiero escamotear la dialéctica de la obra de Marx. Eso es falso. Lo que he hecho es atacar la comprensión dialéctica de muchos marxistas. Siempre que algo se complica un poco, o la propia explicación se desdibuja, muchos marxistas tienden a enfatizar que se trataría allí de un “relación dialéctica”, sin poder no obstante explicar claramente qué es lo que quieren decir con ello (o si “dialéctica” se reduce a “interacción” [Wechselwirkung].

 

Si uno mira en los escritos de Marx, no se topa con un comportamiento semejante. Con excepción de los prólogos y epílogos de El Capital, muy raramente Marx habla de “dialéctica” en El Capital y en otros escritos. Y cuando lo hace, no lo hace en lugar de una explicación, sino luego de que ha explicado algo. En contra de esto, el uso de “dialéctica” en el caso de muchos marxistas es francamente inflacionario y sumamente superficial. Por lo mismo, en mi introducción a los tres tomo de El Capital (también disponible en castellano), he aconsejado a los lectores que le pregunten qué es lo que entienden exactamente por “dialéctica” a todos aquellos que gusta de llenarse la boca con la palabra. Mi propia comprensión de dialéctica la he esbozado en mi libro La ciencia del valor: mercancía, trabajo y dinero.

 

marx_heinrich_portyap_01HT: Muchas de sus objeciones a ciertas tesis de El Capital de Marx, como la tendencia decreciente de la tasa de ganancia, han generado un amplio debate, sobre todo en el marco del marxismo alemán. ¿Cuáles son desde su perspectiva las categorías del pensamiento de Marx que resultan ineludibles para comprender el capitalismo contemporáneo, y cuáles son las limitaciones o los puntos ciegos de la perspectiva de Marx?

 

MH: Antes de que hablemos de los “puntos ciegos en El Capital” deberíamos tener en claro los puntos ciegos en la recepción de El Capital. Estamos acostumbrados a leer por separado los tres tomos de El Capital, y eso corresponde al orden de la presentación pretendido por Marx. Frecuentemente, sin embargo, pasamos por algo o realmente no consideramos que el tercer tomo de El Capital, que se basa en un manuscrito producido en 1864/65, es considerablemente más viejo que la reelaboración del primer tomo y que los manuscritos del segundo tomo, que se originaron entre 1868 y 1879. Las últimas investigaciones del Marx de fines de los años 1870s retrotraen la escritura del tercer tomo a unos doce a catorce años atrás. Las nuevas investigaciones no sólo aparecen en los último manuscritos sino también en los numerosos cuadernos con fragmentos y en los manuscritos con notas de investigación, que recién ahora se volvieron accesibles gracias a la MEGA, y que muestran un proceso de investigación bastante dinámico, que fue más allá del estadío escriturario alcanzado en 1864/65. Tendríamos entonces que despedirnos de la idea de que en los tres tomos de El Capital nos encontramos frente a una obra fundamentalmente terminada. Especialmente en el caso del tercer tomo, se trata de la etapa intermedia de un proceso de investigación inacabado.

marx_heinrich_caja_04Con esta advertencia no deben perder valor las conclusiones de El Capital. Con sus teorías del valor, el plusvalor, el beneficio y el interés, Marx descifró las estructuras centrales de toda economía capitalista. Sin embargo, la representación de estas categorías no está libre de ambivalencias: en la teoría del valor se encuentran aún restos naturalistas de la teoría del valor de la economía clásica superada por Marx; la conexión de la teoría del dinero a la existencia de una moneda no es sólo anacrónica, sino que suscita interrogantes sobre el análisis de la forma del valor. Si bien las categorías de interés y de capital de interés están bien elaboradas, el análisis del capital bancario y la relación entre mercados financieros y crisis apenas aparece, sin embargo, en sus formulaciones preliminares.

 

Debemos abandonar la ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia: los distintos intentos de fundamentarla, que uno encuentra en una extensa bibliografía, terminan en que lo que está por demostrarse siempre está de una u otra forma presupuesto, con lo que la supuesta prueba se transforma en un argumento circular, una tautología. Este abandono no es, sin embargo, una pérdida muy grande: contra una opinión ampliamente extendida, la teoría marxista de la crisis no es dependiente de esta Ley. Que las “pruebas” de la ley no aciertan al suponer algo, ya fue frecuentemente discutido: he introducido en este debate una tesis adicional. En virtud del material publicado en la MEGA no veo no obstante ninguna prueba, pero sí indicios de que Marx mismo, ya en los años 1870s, había abandonado esa ley. Esta tesis llevó a intensos debates, no tanto en Alemania, sino en el ámbito anglosajón. La superación de viejas ideas es siempre un proceso complicado, pero debemos demostrar la eficacia de las viejas ideas de Marx, y debatir considerando los nuevos textos y conocimientos, si es que queremos emprender algo con Marx también en el siglo XXI. [traducción del alemán de Virginia Castro]

 

marx_heinrich_col_05

Fuente: http://revistaanfibia.com/cronica/demostrar-eficacia-viejas-ideas-marx/

Fefa Vila, activista feminista: “Es muy difícil ser feminista, estar a favor de la igualdad y no tener una crítica al sistema económico”

POR AJOBLANCO

La socióloga y escritora Fefa Vila cuenta sus razones para ir a la huelga feminista del próximo 8 de marzo, convocada en más de 150 países.

 

¿Por qué es necesaria la huelga del 8 de marzo?

Porque representa un cambio en el ritmo del feminismo. Creo que es un escenario mundial el que dice ¡Basta ya!, basta de violencia demostrada de muchas maneras y de ver a las mujeres en la trastienda y en segundo lugar. El feminismo nunca ha cesado, ha tenido sus momentos de expansión y de aceleración y de contención histórica, pero nunca ha cesado, y creo que hoy pasa por un momento de aceleración histórica debido a los grandes problemas que tenemos las mujeres. La huelga es un puñetazo sobre la mesa que nos dice “hasta aquí hemos llegado”. La idea es buscar un cambio que vaya más allá de la discriminación salarial, es una crítica al mundo en que vivimos, al sistema capitalista y una invitación para alzar la voz y buscar un modo de vida “vivible”.

¿Por qué crees que se ha tomado como bandera de lucha la sororidad?

Porque hacía falta decirlo y ponerlo de manifiesto. El feminismo siempre ha sido un movimiento internacional, es una internacional en tanto que proyecto político. Da igual que en Suecia o en Islandia estén las mujeres genial, donde han triunfado en muchos aspectos, pero si en España están asesinando a 70 mujeres al año, en Marruecos se las abandona y en Arabia Saudí decapitan a las lesbianas, tenemos que unirnos en la lucha. Es verdad que al interior del feminismo han proliferado posiciones muy diversas, que ha sido la riqueza del feminismo también, pero ahora hemos conseguido expresar esta sororidad en este nuevo momento. Y esa sororidad pasa por tener en cuenta a todas las mujeres y en todos los estratos sociales: de nada sirve que se termine con la brecha salarial si a la vez hay mujeres que no pueden acceder al trabajo, o que nosotras mismas no podemos estar tranquilas o no podemos andar tranquilas por la noche.

En los medios de comunicación se ha querido mostrar dos visiones encontradas, a raíz de las últimas denuncias de acoso sexual por conocidos rostros del espectáculo. Los medios dicen, por un lado está el movimiento #metoo y por otro lado, Catherine Deneuve…¿ni lo uno ni lo otro?

Efectivamente ni lo uno ni lo otro. Para mi el movimiento #metoo es importantísimo, porque que desde Hollywood se hayan erigido con su voz para la denuncia de abusos sexuales,  es genial y eso no implica puritanismo o que las mujeres estemos en contra de la seducción. Entiendo que Deneuve y el escenario francés reclama una situación bastante maniquea de defender la seducción entre hombres y mujeres. La situación es mucho más compleja que reducirla a puritanismo v/s defensa de la seducción. El feminismo es algo más transversal, es algo que atraviesa todos los escenarios políticos y los escenarios sociales de la vida tanto de mujeres como de hombres, y lo que busca es otra forma de relacionarnos, otras formas de establecer realidades. Es una crítica a un sistema de organización sexual, pero también a un sistema de organización económica, como el que estamos viviendo bajo el sistema capitalista actual que genera muerte, dolor, exclusión y desigualdad.

Por eso es tan maniqueo decir yo estoy a favor de la igualdad pero no en contra del sistema capitalista, cuando el sistema capitalista es una máquina de desigualdad, dolor y muerte. Es muy difícil ser feminista y estar a favor de la igualdad y no tener una crítica al sistema económico social que nos está organizando actualmente.

¿Qué le pedirías a la intelectualidad masculina?

Le pediría que reflexionaran sobre la masculinidad y que empezaran a escribir sobre ello. No que opinasen tanto sobre los problemas de las mujeres, sino que empezaran a escribir y a repensar la masculinidad de los hombres como problema. Que repensaran el malestar de la cultura desde la posición y los privilegios que tienen esos propios hombres y especialmente esos hombres intelectuales. Si realmente hacen una crítica o una reflexión sobre aspectos sociales, creo que clama al cielo que cuando hay un nuevo asesinato por violencia machista, esto esté completamente ausente de estas reflexiones intelectuales.

Ya no lo digo en términos feministas sino en términos de justicia social, de repensar el mundo actual y las relaciones sociales en las que nos movemos hombres y mujeres. Les pediría una reflexión sobre la masculinidad, sobre el papel de los hombres y que hablaran de sí mismos y se confrontaran públicamente en esos términos.

Es verdad que este un llamamiento a la huelga de las mujeres, pero al hacer este llamamiento estamos interpelando a todos los hombres que deberían darse por aludidos y que fueran conscientes de que algo deberíamos hacer para acabar con las desigualdades.

El saldo negativo de los gobiernos “progresistas” y la nueva presidencia de México

Entrevista a Raúl Zibechi

Por Gloria Muñoz

Los gobiernos progresistas en América Latina “han resultado una regresión y para los pueblos indígenas han significado una doble o triple regresión, porque se les ha folklorizado. Hoy hay hombres de sombrero y mujeres de pollera en el parlamento, pero folklorizados, no representando políticamente a sus pueblos. Es una política de despojo que los fuerza a desplazarse. Y en esto no hay ninguna diferencia entre los gobiernos progresistas y los gobiernos de derecha y conservadores, como el de Perú o el de Colombia. La actitud anti-indígena es una constante en ambos casos”, advierte Raúl Zibechi, periodista uruguayo, escritor y acompañante desde hace más de 30 años de diversos movimientos sociales del continente.

“El saldo de los gobiernos progresistas en América Latina es negativo”, sentencia Zibechi en entrevista con Desinformémonos, luego de participar en una serie de encuentros con movimientos sociales e indígenas de Chiapas y Oaxaca, durante una breve gira por México en la que presentó su más reciente libro: Los desbordes desde abajo (Ediciones Bajo Tierra, 2018).

De la llegada de Andrés Manuel López Obrador a la presidencia de México, Zibechi señala que no representa ningún cambio para la región. Y sus consultas, opina, “son mecanismos de desarticulación de la protesta”. Habrá resistencia, dice, “pues las luchas no van a desaparecer porque haya un gobierno que sonría”.

La desarticulación de los movimientos sociales, la inclusión de cuadros de abajo en el nuevo gobierno, la imposición de proyectos extractivistas, el aislamiento de los críticos, la polarización de la prensa, el rol de Estados Unidos, entre otros, son los temas de esta entrevista.

– ¿Cuál es el saldo de los gobiernos progresistas en América Latina?

– El saldo de los gobiernos progresistas en América Latina es negativo. El saldo es Bolsonaro, el saldo es Macri, es una Venezuela destruida. El saldo es Daniel Ortega, genocida, violador. Como dijo Chico de Oliveira en Brasil, fundador del Partido del Trabajo de los Trabajadores, “el lulismo fue una regresión política”.

Y cuando decimos esto no hablamos de esos millones que salieron de la pobreza pero que ahora volvieron, no hablamos de algunas cuestiones interesantes que se hicieron interesantes, como las cuotas para las personas negras en las universidades brasileñas. Hablamos de que destruyeron la potencia emancipatoria de los pueblos porque dispersaron a los movimientos sociales, se llevaron a los dirigentes a los ministerios, se corrompieron.

No hay país con gobierno progresista en el que no haya habido casos de corrupción. El que fue vicepresidente de mi país, Uruguay, que tiene un apellido noble, Raúl Sendic, debió renunciar a la vicepresidencia por un caso de corrupción. En Argentina tiraban bolsos llenos de dinero adentro de un convento para eludir el tema de la apropiación indebida que hubo.

El saldo es negativo, pero eso no quiere decir que no comprenda a la gente que los votó, que los apoyó y que los sigue apoyando, porque frente a eso está una derecha espantosa. Pero en resumidas cuentas el saldo es negativo.

– En concreto, ¿cuál es el saldo en el ámbito económico?

– En lo económico no hubo reforma agraria, pero no hubo una reforma del sistema impositivo. No hubo reformas estructurales. Hubo una mayor renta a los sectores populares, pero esa renta fue bancarizada, financierizada, y entonces consiguieron, a través de las políticas sociales, que la gente tuviera un poco más de dinero, pero tiene además un cartoncito como el de las tarjeta de crédito o débito, que necesitan para poder sacar el dinero de las políticas sociales del banco y con eso van a los las malls o de shopping a comprar televisiones de plasma, motos, coches. Es una integración a través del consumo.

Durante el periodo de Lula en Brasil, el sector que más lucró y que tuvo las mayores ganancias de su historia fue la banca. Entonces fue una integración de los sectores populares, pero a través del consumo, y eso despolitiza, y además enriquece a la intermediación bancaria.

– ¿Y los megaproyectos en territorios indígenas?

– El extractivismo, la soja, la expansión del agronegocio, la minería, generaron un desplazamiento o acorralamiento de los pueblos indígenas. Hay un caso en Brasil que es demencial y se llama Belo Monte, que es la represa, la tercera más grande del mundo, que desvía 100 kilómetros del río Xingú, y en esa cuenca que se vacía se van a morir de hambre o van a tener que emigrar los pescadores, los habitantes de las riberas, todas las personas que vivían del río y que son pueblos originarios. Pero además, la demarcación de las tierras indígenas no se respetó.

Por otro lado tenemos el ejemplo paradigmático que es Bolivia. En Bolivia el movimiento popular tenía cinco organizaciones que hicieron el pacto de unidad, y después de la marcha en defensa del Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro-Sécure (TIPNIS) en 2011, el gobierno empezó a dividir a las organizaciones.

Hay dos organizaciones, y esto fuera de Bolivia se sabe poco: el Consejo Nacional de Ayllus y Markas del Qullasuyu (Conamaq) y la Confederación de Pueblos Indígenas de Bolivia (CIDOB), dos organizaciones históricas de los pueblos indígenas, a las que Evo Morales y Álvaro García dieron sendos golpes de Estado. Mandaron a la policía, echaron a los dirigentes legítimos y atrás llegaron, protegidos por la policía, los dirigentes afines al gobierno, al Estado. Esto es un auténtico golpe de Estado y sucedió en Bolivia.

Cuando decimos que el progresismo ha resultado en una regresión, para los pueblos indígenas ha significado una doble o triple regresión, porque se les ha folklorizado. Hoy hay hombres de sombrero y mujeres de pollera en el parlamento, pero folklorizados, no representando políticamente a sus pueblos. Es una política de despojo que los fuerza a desplazarse. Y en esto no hay ninguna diferencia entre los gobiernos progresistas y los gobiernos de derecha conservadores, como el de Perú o el de Colombia. La actitud anti-indígena es una constante en ambos casos.

– Vamos al terreno de las libertades. ¿Qué pasó en estos gobiernos con la libertad de expresión y con la libertad de manifestación? ¿Se llevaron a cabo “linchamientos” a quienes, desde la izquierda, se opusieron o cuestionaron lo que estaban haciendo?

– Durante los primeros años hubo una ampliación de libertades, de manifestación, de crítica, pero a partir de la crisis de 2008 hubo un repliegue de estos gobiernos. Una vez más Brasil es un caso paradigmático porque en junio de 2013, 20 millones de jóvenes salieron a las calles en 353 ciudades durante un mes, inicialmente contra el aumento del transporte, que es muy caro en Brasil (cada desplazamiento de autobús o metro vale entre 20 y 25 pesos mexicanos), pero terminó siendo una revuelta contra la desigualdad. São Paulo es la ciudad que tiene más helipuertos y helicópteros del mundo porque la burguesía no se digna a ir en coche por la superficie.

Esa revuelta contra la desigualdad tocó los límites del progresismo, que se limitó a repartir un poquito mejor la renta salarial, pero no la renta total y no tocó las desigualdades. Cuando surgió ese movimiento hubo un repliegue del gobierno de Dilma Rousseff, del PT y de la izquierda en su conjunto, y mandaron a la policía. Por supuesto que lo que habría tenido que haber hecho un gobierno de izquierda era ponerse del lado de la gente, pero al mandar a la policía generaron un vacío político y una desmoralización tan fuerte que de eso se vino aprovechando la derecha hasta el día de hoy. El 2013 fue un parteaguas en Brasil y en toda la región. Son los movimientos, la irrupción de la gente cansada de que le tomen el pelo, de que se burlen de ella, una de las dos o tres causas principales de la crisis de los progresismos en América Latina.

– ¿Y los medios de comunicación? ¿Qué papel jugaron y juegan?

– Sobre los medios de comunicación hay varias dinámicas. Hay países donde los Estados han ido avanzando sobre los medios de comunicación, como Venezuela, clausurándolos, domesticándolos o comprándolos. El grueso de los medios de comunicación de Venezuela son estatales o pro-estatales. El otro extremo podría ser Argentina, donde hay alrededor de 200 medios de comunicación culturales, autogestionados, digitales y en papel, como Desinformémonos en México. Esos 200 medios tienen entre cinco y siete millones de lectores mensuales, en un país de 40 millones de habitantes. Se trata de medios minoritarios, pero ya no son marginales. Más aún, cuando hay un conflicto, como cuando una fábrica de Monsanto se iba a instalar en las Malvinas Argentinas, y desde Uruguay, si se quería saber lo que pasaba, entrabas a la prensa de la derecha, La Nación, Clarín, y no aparecía nada. Entrabas a la prensa de la izquierda, como Página 12, y tampoco aparecía nada. Tenías que informarte en estos medios comunitarios o alternativos.

Estos medios ya no son una minoría marginada, sino que tienen una masa crítica, y cumplen el rol de que informan a los nuestros de lo que otros no informan.

– Hemos visto que se ha dado una polarización de los medios durante estos medios. Los que están con el gobierno, en este caso progresista, y los que tiene la ultraderecha…

Sí, claro. En Brasil está pasando algo increíble, Bolsonaro hace campaña contra la Red Globo, que es la hegemónica, y contra Folha de São Paulo, que es el periódico de las élites, y se apoya en las redes sociales y en los medios de comunicación evangélicos, que son de ultraderecha. Hay una reconfiguración de los medios muy interesante, que hay que seguirla, porque incluso Bolsonaro amenazó con clausura Folha de São Paulo, que es un escándalo, es como clausurar un diario de derecha de México. Es la misma actitud que tiene Donald Trump con los medios. Pero están emergiendo otros medios, como es el caso de los evangélicos, son una fuerza política y social que merece ser estudiada a fondo, y están compitiendo ya con la Red Globo en Brasil. Por otro lado, en la mayoría de los países existen medios como los nuestros, alternativos, pero no en todos tienen fuerza.

– Hay otros medios, que no son alternativos ni marginales, sino grandes medios de izquierda, o críticos al poder, bien colocados en sus países, como Brecha en Uruguay, o Página 12 en Argentina. ¿Qué papel juegan con los gobiernos progresistas?

– Debo decir que Brecha fue crítico antes de la llegada de los gobiernos y durante los gobiernos progresistas. Siempre hemos sido un periódico crítico. Página 12, en cambio, se hizo kirchnerista y dependió hasta hoy de recursos bajados por el Estado. Todo lo malo tiene una parte buena, y acá en México lo van a vivir. La parte mala es que los progresistas nos destruyen o nos crean muchos problemas. La parte buena es que el escenario se clarifica, ya no quedan lugares para las medias tintas, estás o no con el Estado. Cuando estás con el Estado la excusa es q ue ahora lo gobierna la izquierda, pero estás con el Estado, eso es lo principal. Y los que se mantienen en su trabajo de autonomía, de trabajo por fuera de las instituciones.

Página 12 claudicó, en los 90 fue un diario bien importante no sólo en Argentina, tenía una estética particular y un impacto con tapas de página muy potentes. Por otro lado, hay otros medios que se han mantenido fieles a su trayectoria. Yo no quiero exagerar, pero diría que Brecha, en Suadamérica, es de los pocos que ha atravesado el progresismo con muchas dificultades económicas. No vivimos de Brecha, estamos mal económicamente, pero mantuvimos la dignidad y una posición independiente, aunque hay matices. Hay algunos periodistas dentro más afines al gobierno, pero siempre críticos.

– ¿Y cuáles son los costos de mantenerse críticos, desde la izquierda, a los gobiernos progresistas?

– Los costos de mantener la postura crítica son el aislamiento, no te llaman para hacerte entrevistas, te ignoran. Hay deterioro económico personal, tenemos que buscarnos trabajitos para sobrevivir, y eso es un costo importante, pero hay que fijarnos muy bien, hay una trampa del progresismo que hemos logramos sortear, pues así cómo como la profesión periodística, en el caso de Brecha, hoy tiene un salario muy bajo, pero ha habido una renovación generacional y de género. Y hoy la mayoría de la planta son personas jóvenes y mujeres. Los que quieren ganar más se han ido con el gobierno o a crear periódicos afines al progresismo, y los que nos quedamos, bueno, pues ganamos poco, pero ahí estamos.

– ¿Lo que nos estás diciendo es que nos va a ir muy mal a los que mantengamos una postura crítica, en el caso de México, a Andrés Manuel López Obrador?

– Yo no diría “irnos muy mal”. El aislamiento es duro, pero te hace más fuerte. Y además no aspiramos a hacernos ricos. Por ejemplo en Brecha, de 35 trabajadores, habrá cinco o seis con carro, los demás vamos en transporte público, y eso me parece que es muy importante porque marca algo que en este momento es una siembra, no se ve, pero están ahí las semillas y en algún momento van a florecer.

Pero lo que está sucediendo en México hay que leerlo de otro modo por dos razones. El ciclo progresista en América Latina inició por el 2000 y terminó por el 2014, y es un ciclo que fue posible gracias a los altos precios de las commodities, del petróleo, de la soja, del mineral de hierro, porque a las burguesías en esa época de bonanza económica no les importó mucho que les subieran un poco los impuestos, y porque los sectores populares estuvieron tranquilos. Pero hoy en día vivimos la post crisis del 2018. Las clases dominantes del mundo se han hecho más bestiales, más brutales. El uno por ciento tiene una riqueza como nunca soñó tener en la historia y se han hecho mucho más intransigentes, más ultras, y están en contra de los pueblos.

El gobierno de López Obrador llega en el momento en el cual las clases dominantes no están dispuestas a ceder en nada. Hay una situación que llevará muy rápidamente al gobierno a alinearse con los intereses empresariales. Estos pocos días que llevo en México he visto algo sorprendente. Prendo la televisión y en el parlamento unos diputados del PAN ponen una manta que dice “#NoALaDictaduraObradorista”. Son terribles, pero desde el primer día ya están oponiéndose, no le dan ninguna chance. Parece que eso va a marcar: Te doblegas completamente o vas a tener una oposición implacable como tuvo Dilma en sus últimos años en Brasil.

– ¿Qué representa la llegada de López Obrador para el Continente Americano?

Me gustaría decir que representa algo para la región, pero yo creo que no representa nada, porque desde el punto de vista de la integración regional latinoamericana, no aporta nada, y desde el punto de vista de un giro a la izquierda en la región, ya no es posible, y tampoco aporta nada y porque la política exterior, por lo que yo entiendo, va a ser de alineamiento total con el nuevo NAFTA y con las políticas de Donald Trump. Entonces yo no espero nada.

Si hubiera sido diez o quince años atrás, capaz que se podría esperar algo en un clima distinto, pero hoy en día, cuando hay una guerra comercial con China y con Estados Unidos, cuando hay un encrespamiento de las relaciones internacionales y una intransigencia muy fuerte, como hace una semana que se pelearon Trump y Macron y hubo un destrato mutuo muy fuerte… pues no hay margen para ninguna otra política.

– Háblanos de los movimientos sociales dentro de los gobiernos progresistas…

– Los gobiernos progresistas han sido maestros en el arte de desactivar a los movimientos sociales y a la protesta social. Han cegado las bases sociales de sus movimientos con políticas sociales, pequeñas cosméticas que entusiasmaron a mucha gente que nunca había recibido nada. También cooptaron a los dirigentes de los movimientos.

El personal político de los gobiernos progresistas viene de abajo, los cuadros tecnocráticos que están al frente nacieron y conocen la cultura organizativa de los movimientos sociales, entonces, cuando están arriba saben muy bien qué teclas tocar para debilitar, y eso es muy peligroso.

Hay dos cosas que ponen en peligro a los movimientos sociales. Primero, el Estado se reviste de legitimidad con el progresismo, y un Estado con legitimidad, un Estado fuerte, es peligroso. Después, los saberes de abajo que han llegado allá arriba están destinados a debilitarnos. Y estas dos cuestiones juntas pueden ser enormemente depredadores para los movimientos populares. Un ejemplo es Bolivia con Evo Morales y Álvaro García, que se disfrazaron diciendo que era el gobierno de los movimientos sociales e hicieron los golpes de Estado a los mismos.

En Argentina está el caso piquetero. El movimiento piquetero fue completamente neutralizado, dispersado, destruido, por las políticas sociales. Hay un manual en un libro del Ministerio de Desarrollo Social, donde estaba la hermana de Néstor Kirchner, que dice que el funcionario ideal del Ministerio es “aquel militante social que en los 90 se opuso y organizó a la gente en la base social en los territorios contra el modelo neoliberal”. Succionan cuadros políticos y militantes y saberes a los Estados y eso es un elemento muy definitorio y fundamental.

El tercer ejemplo pueden ser los compañeros de Brasil del Movimiento de los Sin Tierra y de los Sin Techo, movimientos muy importantes, muy luchadores, con una trayectoria impecable, que reconocen que Lula y Dilma entregaron menos tierras con la reforma agraria que el gobierno neoliberal de Fernando Henrique Cardoso, pero aun así, los apoyaron porque hay un chorro de dinero que fue destinado a la educación, la vivienda, etcétera. Son movimientos potencialmente revolucionarios que quedaron neutralizados completamente.

– Y el caso de México, país al que también conoces muy bien desde hace un cuarto de siglo…

– En México hay muchos movimientos potentes. Los movimientos urbanos tienen una larga trayectoria de haber sido dispersados, sobre todo por gobiernos del PRD, pero me preocupan mucho los movimientos indígenas, que son una parte minoritaria de la población, pero importantísima, y me preocupa el aislamiento y la posibilidad de golpes o represiones quirúrgicas. Me preocupa mucho que en los próximos seis años haya un proceso de debilitamiento del zapatismo y del CNI (Consejo Nacional Indígena) y de otros movimientos indígenas y populares, que son los que se han opuesto a los grandes proyectos.

Hay una operación muy fina. Las consultas que se ha hecho y las que se van a hacer son mecanismos de desarticulación de la protesta. Mañana tú puedes decir que estás en contra del Tren Maya por tal o cual razón, y te van a decir que vayas y votes. En esta consulta, la del aeropuerto, hubo 1 millón y cacho de votos, pero yo creo que en las próximas consultas pueden votar más personas, y si votan más personas mayor será la legitimidad de la consulta, aunque sea ilegal, sin sustento jurídico y sin sustento de ningún tipo.

Supongamos que respeten la consulta. El mensaje que están enviando los progresistas y López Obrador es que el conflicto no vale la pena porque es riesgoso, que votando o apoyando al gobierno se van a solucionar los problemas. El mecanismo de la consulta busca encasillar y conducir la protesta al terreno de las urnas. ¿Para qué me voy a oponer a la carretera si estoy en contra y puedo votar. Y si pierdo, por lo menos pude opinar en un ejercicio democrático en el que no tuve que poner el cuerpo y la policía no me dio un golpe? Lo que se hace es deslegitimar el conflicto y deslegitimar la protesta, y eso va de la mano de aislar a los que protesten. Los que protestan aislados son rápidamente víctimas de la represión estatal. Ése es el riesgo que yo veo ahí.

Espero que la consulta no tenga la última palabra. Con la consulta los pueblos tienen dos opciones: o jugarse por la consulta, que no creo que sean tan poco hábiles, o que digan que hagan todas las consultas que quieran pero que ellos no quieren que el tren pase por ahí, que es lo que han hecho otros pueblos en América Latina.

Por suerte, en algunos casos como el de las comunidades zapatistas o Cherán, hay una fortaleza. Igual la van a pasar muy mal, creo yo y ojalá me equivoque, pero no es lo mismo pasarlo mal cuando están temblequeando a cuando estás bien y firme en tus bases, como los zapatistas.

Po otra parte, estoy seguro de que López Obrador se jubilará, no creo que se pueda reelegir, aunque me imagino que ya está pensando en reelegirse. Pasarán seis años, se irá Morena o no, pero el zapatismo va a seguir en pie, y eso es importante porque son luchas de cinco siglos que no van a desaparecer porque haya un gobierno que sonría o tenga buenos modales.

– ¿Y la resistencia?

– Habrá resistencia. Lo que han hecho los gobiernos progresistas es profundizar el capitalismo, han traído más capitalismo, más transnacionales y más monopolios. Esto de hacer mega obras en el sur es para cooptar al resto de México, porque ha sido la zona más rebelde y eso todos lo sabemos. Los pueblos van a resistir. Hay muchas personas que, como decimos en Uruguay, “no se comen la pastilla”, no se dejan engañar. La gente está alerta, además ya tienen 15 años de nuestra experiencia y saben lo que pasó en el sur. Habría que ser un poco más optimista.

– ¿Qué papel juega Donald Trump y Estados Unidos?

– Trump es más que Trump. Es la mayor intransigencia de las clases dominantes, de los ricos, y la mayor intransigencia del Pentágono, que tiene tanto peso como las clases dominantes. Esta gente se está inclinando por la guerra, por militarizar el escenario global. La guerra comercial contra China es una guerra y, comercial por ahora. La guerra va a escalar y es probable que lleguemos a guerras entre naciones con armas nucleares, eso que los zapatistas llaman el colapso.

El régimen Trump tiene aspectos del colapso, es una manifestación de la crisis del sistema, del imperialismo yanqui, pero también es una manifestación de que ellos pueden apostar al colapso antes de soltar la sartén que creen o temen que se les está escapando. Un escenario horrible. El que venga después de Trump, aunque sea demócrata, va a seguir muchos de los pasos de Trump. El gobierno de Trump no es un paréntesis, sino un viraje en las estrategias de las clases dominantes.

Estados Unidos apuesta cada vez más a la subordinación absoluta de México. Es un patio trasero del cual no van a soltar las garras y por lo tanto, en ese proyecto de tener a México subordinado, el gobierno de López Obrador les pueda venir incluso muy bien, pues esto de llevar las mega obras al sur, de facilitar el flujo de mercancías, commodities, minerales, maderas, todo lo que haya para sacar, los monopolios lo ven muy bien, y más si además consigue aplacar a una parte de la ciudadanía.

Lo que no va a conseguir este gobierno ni ninguno, por ahora, es bajar los niveles de violencia, los feminicidios, la actividad del narcotráfico, de la ilegalidad. Eso para Estados Unidos es algo importante, porque desde la guerra contra el narco apuesta a la violencia, al Plan Mérida, a la descomposición del tejido social. Todos son planes del imperio que ahora los va a ejecutar López Obrador. Con este señor además se van a cumplir los planes que profundizan el capitalismo, el monopolio, y lo que los compas zapatistas han llamado la cuarta guerra mundial, el despojo de los pueblos. Eso es lo que está a la orden del día.

– Para finalizar, ¿qué lectura le das al fenómeno migratorio que estamos viviendo estos días de Centroamérica hacia el norte?

– Quiero creer que con esta marcha masiva de migrantes está naciendo un movimiento, porque antes la migración era individual, de familias, gota a gota, pero ahora es masiva y organizada. Para movilizarse 7 mil personas todas juntas hay que estar organizado. Capaz que es la primera de muchas marchas y si es así es bueno, porque la migración solitaria es fácilmente reprimible, vulnerable, pero con esta probablemente la gente haya llegado a la conclusión de que es mejor migrar en masa para estar más protegidos. No tengo claro que Trump vaya a poder impedir el paso de los migrantes por la frontera, a pesar de todas las gárgaras que hace. Es un costo político muy alto. Lo bueno es que está naciendo algo nuevo, desde abajo.

Fuente: https://desinformemonos.org/

 

Dareen Tatour en conversación con Einat Weizman: El papel del arte y la diversidad intelectual frente al proyecto de ley israelí de «lealtad cultural»

Por Daaren Tatour

La sesión de la Knesset comenzó el 5 de noviembre de 2018 en un ambiente pleno de democracia, similar a un teatro cuando se monta una nueva obra, durante la cual los miembros de la Knesset intercambiaron insultos y ofensas. Los altercados verbales estallaron entre los legisladores cuando Oren Hazan, del partido Likud, describió a Ilan Gilon de Meretz, quien usa una silla de ruedas, como “ semi-humano ”. Entonces Hazan se negó a disculparse antes de que otro le devolviera el insulto.

Después de unos minutos de idas y vueltas, la ministra de Cultura y Deportes, Miri Regev, se puso de pie y comenzó su discurso mencionando algunas obras que se han presentado recientemente en los teatros del país, como la obra del expreso palestino Walid Daqqa, «Un tiempo paralelo», que fue representada en el teatro Al-Midan. Luego pasó a la lista de trabajos de la directora y actriz Einat Weizman, autora de «Cuadernos de la prisión», «Prisioneros de la ocupación», «El estado de Israel contra la poeta Dareen Tatour», antes de leer parte del poema de Mahmoud Darwish «Tome nota, soy árabe” (a veces titulado “Tarjeta de identificación”), y mi poema “Resiste, pueblo mío”.

Esto fue para decir, en un discurso que duró tres largas horas, que no financiará lugares que presenten los trabajos mencionados. Al contrario, estas obras deben ser prohibidas y censuradas. También habló de por qué debe votarse el proyecto de ley de lealtad cultural , redactado por ella, y por qué debería haber lealtad en el arte en general al Estado de Israel. Si el proyecto de ley se convierte en una ley, otorgará a Regev discreción única para decidir qué proyectos deben censurarse, qué proyectos críticos de Israel constituyen “incitación”.

Al mismo tiempo que se discutió la ley en la Knesset, me senté con mi amiga Einat Weizman hablando de nuestra fuerte amistad que nació entre la cárcel y la detención, la cual he atravesado durante los últimos tres años debido a un poema que escribí contra las prácticas de la ocupación de mi pueblo palestino.

Estábamos considerando nuestra obra conjunta y revisando el guión de la obra que escribimos juntas y que se presentó recientemente en el Teatro Tmu-na; reímos, lloramos, nos alegramos y nos sentimos tristes por los recuerdos de todo lo que vivimos durante el período posterior al estreno de nuestra obra conjunta «I, Dareen Tatour», que tampoco escapó a la incitación de Miri Regev de prohibir y censurar, y que el Teatro Tmu-na sea penalizado por mostrar, y aún se muestre, la obra.

Con todos estos sentimientos mezclados que están llenos de vida, trabajo, esperanza y contradicciones, nosotras, como muchos otros artistas palestinos e israelíes, también estábamos esperando a que terminara este debate de la Knesset israelí y un anuncio sobre el resultado de la primera votación del proyecto de Regev sobre la lealtad cultural. Mirábamos las pantallas de nuestros teléfonos entre los momentos de trabajo y la discusión para leer las noticias sobre el proyecto de ley, continuando hasta que recibimos la verdadera noticia de que la Knesset había aprobado la primera lectura, con 55 votos a favor y 44 objeciones. El primer ministro Benjamin Netanyahu sugirió, al final de la sesión, que la próxima ley (que debería ser aprobada) es la pena de muerte para los palestinos condenados por matar a israelíes . También habló en contra de la ley de libertad condicional temprana , una propuesta para reducir en un tercio las condenas de todos los prisioneros, incluidos los palestinos.

Al final se aprobó el proyecto de ley en la primera de tres lecturas. La posibilidad de que Einat y yo enfrentemos una persecución legal aumentó. Sin embargo, lo que más nos preocupa es que nuestras obras, ya sean las obras de Einat que escribe o dirige, o mis poemas, están avanzando hacia una situación en la que las autoridades israelíes las examinarán, cuestionarán y controlarán.

Nosotras podríamos ser interrogadas por la policía sobre nuestras obras artísticas, ¿están de acuerdo con esta ley de lealtad?

Miré a Einat, ella me miró, ambas sonreímos; una sonrisa llena de significados indefinidos. Fue entonces cuando decidí escribir sobre esta ley y la realidad que impondría a los artistas aquí, en el país, ya sean palestinos, de los cuales formo parte, o israelíes de izquierda como Einat. Ambas somos ejemplos vivos de las consecuencias y efectos en la vida artística aquí en Israel. Yo, como poeta palestina, fui detenida, encarcelada y víctima de las leyes racistas impuestas contra mí de manera muy estricta, que me robaron los tres años de mi vida que pasé entre la prisión, el arresto domiciliario y otras formas de detención. Sigo sufriendo el racismo de estas leyes y seguiré sufriéndolo durante otros tres años, ya que las autoridades israelíes pueden enviarme de vuelta a la cárcel si publico un poema político que esté directamente en contra de la ocupación al afirmar que habría contravenido la ley, según la sentencia que me impusieron el 31 de julio de 2018.

Einat Weizman, la actriz, directora y escritora de izquierda está en contra de la ocupación y aborda principalmente el teatro político documental en sus obras. Debido a sus obras documentales y espectáculos en teatro hasta hoy se ha visto sometida cada vez más a la persecución legal y al interrogatorio al oponerse a la política de ocupación a través de sus obras, que muestran la realidad que sufren los palestinos en Israel.

Einat Weizman ha estrenado cinco obras teatrales hasta el momento: «Vergüenza», que muestra la relación entre el arte y la política; «Palestina, Año Cero», que cuenta la historia de las demoliciones de casas y la Nakba continua, «Casa 113», una obra de arte que aborda la resistencia de los beduinos en la aldea no reconocida de Al-Araqib para mantener sus tierras y evitar su confiscación; “Los prisioneros de la ocupación”, en la que habla sobre la vida de los presos políticos palestinos en las cárceles israelíes y las condiciones que sufren (la obra fue prohibida en Israel); y su última obra «I, Dareen Tatour», en la que habla sobre la historia de mi detención y lo que pasé en la cárcel. También personifico la realidad de la ocupación en mi poema y hablo de ello. Einat hace lo mismo en sus obras; presenta la realidad de la vida en Israel y Palestina y utiliza el teatro como una herramienta para buscar e investigar, en ocasiones para plantear problemas inusuales en Israel y a veces para presentar una historia diferente a las que muestra el partido gobernante. Por supuesto, debido a esta elección, enfrenta muchos desafíos y se enfrenta a una confrontación directa con el oficialismo gobernante en el país, que rechaza y dificulta la creación de este tipo de arte. Por lo tanto ha sufrido intentos de censura y ataques debido a su orientación política.

Para aclarar la situación en la que estamos viviendo, tuve esta conversación con ella:

Dareen Tatour: ¿Cómo puede explicarse la complicada relación entre arte y política?

Einat Weizman: El arte es esencialmente político, y la relación cambia de acuerdo con el período histórico y político. El papel del arte es hacer preguntas, desafiar y motivar al público a escuchar un nuevo discurso y revelar temas ocultos e inquietantes (o incómodos). Creo que el arte debería tratar de superar la estética y los placeres y crear sistemas sociales que busquen impactar y afectar la realidad y que no solo se representen y aprueben. Cada producción artística de mis obras está precedida por la investigación y el trabajo conjunto con las comunidades y las víctimas. Las escenas son conjuntas, crean relaciones sólidas que existen incluso fuera del ámbito del trabajo en sí. Creo que estas etapas de un trabajo conjunto, como lo es con los presos o con la comunidad en el al-Araqib, pueden ser una base principal para la convivencia.

DT: Comenzando con «Vergüenza», hasta «I, Dareen Tatour», ¿qué ha cambiado en tu arte, pensamientos, opiniones y el tipo de obras que presentas?

EW: Hay un principio y un estilo en mis obras, ya que siempre se basan en hechos reales, son algo parecido a dar un testimonio. Creo que el intercambio contigo creó algo muy especial, diferente y único; algo que no he vivido en mis obras anteriores. He estado inmersa en ti emocional, intelectual e ideológicamente como nunca antes.

Einat no fue la única que vivió ese estado, yo me parecía a ella; inmersa en ella y en las obras de teatro con todos mis sentimientos, escritos y pensamientos. Podría decir que estaba inmersa en cómo encontrar un lenguaje común entre nosotras que eliminase todas las diferencias entre ambas; especialmente aquellas entre nuestro pueblo palestino y el pueblo judío, a través del arte, la humanidad y el amor, ya que la obra es un trabajo conjunto de dos mujeres rodeadas de muchos desafíos, diferencias culturales, sociales y nacionales. Sin embargo el arte eliminó todas estas diferencias, reunió la idea y unió el corazón y la mente para que estuviéramos en una relación hermosa caracterizada por el amor y el respeto mutuos y que encontráramos una vida mutua entre nosotras, yo como palestina y ella como judía israelí.

En nuestra relación artística y humanitaria pudimos encontrar una vida en común que eliminaría todos los obstáculos y diferencias; algo que las autoridades israelíes no entendieron sobre la importancia del arte que discute nuestros problemas como palestinos en Israel, en cambio aumentan las tensiones y los conflictos. El más reciente de los cuales es este proyecto de ley que aumenta la brecha entre dos personas y les impide encontrar un lenguaje común; el lenguaje del arte que habla de nuestro dolor y agonía. En el arte que ambas ofrecemos podemos unir a las personas y eliminar muchas de las diferencias que surgieron con la existencia de la ocupación. No descarto encontrar la paz real a través del arte que descubra la verdad y que Israel, a través de su Gobierno extremista de derecha, oficialmente prohíbe e impide su concreción a través del proyecto de ley de lealtad cultural.

DT: ¿Cómo definirías el proyecto de ley de lealtad cultural?

EW: Para mi pesar, por desgracia la lealtad cultural ha existido mucho antes de que apareciera el proyecto de ley, la mayoría de los artistas manifestaron la identidad nacional de su momento y conocen muy bien los temas que podrían causarles problemas y los temas que les son más fáciles de abordar y por los cuales reciben apoyo y ánimo. Hace varios años se creó un nuevo premio, «El Premio Sionista de Obras Creativas». Varios artistas utilizan la autocensura en sus creaciones, usan alusiones y símbolos en lugar de hablar de las cosas tal cual son. Creo que el statu quo aquí es muy crucial y muy crítico hasta el punto de que no hay tiempo para usar símbolos. El papel del artista es como un espejo; no siempre está ahí para mostrar cosas bonitas a la sociedad, sino también para exponerlas, para resaltar los fenómenos y mostrar lo que está marginado.

DT: ¿Cómo os afecta el proyecto de ley a ti y a tu arte como artista israelí?

EW: El proyecto de ley no me afecta, afecta a las instituciones culturales que temen tomar una posición decisiva y crítica cuando se trata de casos problemáticos en la sociedad israelí, por temor al castigo y la cancelación de fondos económicos del ministerio. Es por eso que para mí es más difícil que antes encontrar sitios dispuestos a afrontar las consecuencias y permitir un escenario para presentar estos temas.

DT: Después de cada producción artística que presentas y exhibes en el escenario, intentan castigar a la institución que la presentó o boicotear la obra; estos actos también te lastiman a ti, a tu trabajo, a tu sustento. ¿Vives y te ganas el sustento del arte y la producción artística?

EW: Es muy difícil ganarse la vida con el tipo de arte que presento. Vivo de enseñar a actuar y disfruto mucho, me da la oportunidad de tomarme un descanso de todo lo que me ocupa.

DT: ¿Einat Weizman es hoy la misma Einat Weizman después de que el proyecto de ley fuese aprobado en su primera lectura?

EW: El proyecto de ley ciertamente no me cambió ni lo hará, continuaré con mi verdadero ser, mi honestidad y mi naturaleza son lo único que me controla y me conmueve. (La creencia en mi corazón es más fuerte).

DT: Tu eres la primera que sufre este proyecto de ley como artista israelí ¿Cierto?

EW: De hecho el proyecto de ley nunca será ejecutado. He sufrido en sus primeras etapas, he sufrido amenazas y mensajes amenazadores para todos los que trabajan en la cancelación del presupuesto económico y su apoyo. Produje dos noches en el Teatro Jaffa que todavía están siendo examinadas en el ministerio de finanzas; uno titulado «Prison Books» en el que leo cartas escritas por presos políticos, y otro en apoyo a ti «El Estado de Israel contra la poeta Dareen Tatour», donde leo algunos protocolos de tus ensayos. La representación de los prisioneros de la ocupación fue censurada y prohibida por el comité directivo organizador del festival Akko después de ser aprobada por el comité técnico. Esta exclusión se debió a una publicación que escribí en Facebook como prueba de las opiniones políticas inaceptables. Esta exclusión recibió el apoyo total de la Ministra de Cultura, Miri Regev, quien se sumó e incitó contra mí diciendo que apoyo a los terroristas cuyas manos están manchadas de sangre.

Esta situación ha creado la solidaridad de todos los demás artistas hacia mí y mi posición, por lo que el director técnico del festival renunció a su puesto en protesta por la prohibición y canceló así todo el festival. A pesar de la gran solidaridad en el festival, después de eso no encontré ningún otro teatro en Israel que aceptara producir u ofrecer un escenario para representar la obra prohibida. La obra «Prisioneros de ocupación» debe presentarse y en realidad hay varias organizaciones culturales en el mundo que están interesadas en producirla, y espero que se presente en el escenario lo antes posible.

Como saben, esto es lo máximo que podría pasarme a mí como judía israelí, y quizás lo más extremo que podría suceder en comparación con lo que tú has pasado en prisión y arresto domiciliario debido a un poema que has escrito, así que me siento un poco tonta al hablarte sobre estas cosas en comparación con todo lo que tú has sufrido.

Es cierto que lo que me sucedió no le sucederá a ningún artista judío israelí y no estoy triste por ello. Al contrario, estoy muy feliz de que los artistas israelíes disfruten de la libertad de expresión, a diferencia de nosotros, los palestinos, en este país.

 

Einat Weizman en una sesión de fotos para «Rabin, The Last Day» durante el 72 Festival de Cine de Venecia en el Palazzo del Casino el 7 de septiembre de 2015 en Venecia, Italia. (Foto: Dominique Charriau / WireImage / Getty Images)

Después de que de repente me encontrase en la cárcel por un poema que escribí y publiqué en Facebook y después de la primera lectura en la Knesset de la ley de lealtad cultural, comencé a sentir que esta ley se dirige a mi identidad, mi historia y mi idioma y pone todos sus valores y estándares en un lugar de duda y cuestionamiento. Así, en las leyes israelíes, todo lo palestino se convierte sospecha y pide una investigación en su contra con acusación de cargo por terrorismo.

Por lo tanto, debido a que mi aferramiento a mi identidad palestina se ha convertido en un crimen y terrorismo en este tiempo de democracia -si se puede llamar democracia- también me resulta difícil abandonar la esencia de mi escritura, donde vuelco todo lo que siento sobre la injusticia, racismo, opresión y ocupación. Y como soy palestina, aunque sea pacífica, mediante el arte en el que soy buena, escribir poesía, no puedo resistir todo este prejuicio, ocupación y racismo. Entonces, Israel intenta practicar la política de ocupación en las artes, además de la tierra, los seres humanos y el país de origen. Sin embargo no sabe que el arte no reconoce fronteras.

Cuando comencé a recibir noticias, mientras estaba bajo arresto domiciliario, sobre la posibilidad de que Einat Weizman fuera interrogada por la noche que ella organizó en mi apoyo, sentí un dolor agudo. Para mí era muy preocupante que una noche organizada en mi apoyo pudiera ser la razón para cerrar un teatro que presenta arte. Es cierto que enfrenté la injusticia y fui encarcelada por las autoridades israelíes, pero rechazo que cualquier artista, independientemente de su identidad u opinión política, pase por lo que pasé, aún si son israelíes e inciten contra mí y deseen que yo sea castigada, y eso es precisamente lo que sucedió. El verdadero arte enseña a las personas a amar y sacrificarse, y ese es su primer mensaje hacia la humanidad. Es cierto que el arte muestra las diferencias entre nosotros como humanos, en nuestros pensamientos y en nuestra vida, pero es la manera perfecta de encontrar soluciones y cambios a través de la crítica constructiva; algo que el Gobierno israelí cancela al aprobar el proyecto de ley de lealtad cultural. Israel, con su nuevo proyecto de ley, no solo soporta únicamente el arte de su autoridad dominante, sino que también trata de despojar a los artistas de su humanidad.

DT: ¿El propósito del proyecto de ley es castigar a los artistas que están en contra y rechazan la ocupación?

EW: La ley de lealtad cultural ha causado un gran revuelo. La razón es que esta ley perjudicará a las clases más afortunadas, los judíos israelíes, porque durante varios años ha habido un fuerte y poderoso aliento a la libertad de los palestinos, para que expresen su opinión. El teatro Al-Midan fue cerrado [temporalmente] hace tres años, ¿dónde estaban las protestas en ese momento? Este teatro es una de las plataformas artísticas más importantes de los ciudadanos palestinos en Israel para presentar sus obras teatrales. Una poeta palestina (tú) encarcelada por publicar un poema mientras los poetas israelíes continúan escribiendo, publicando y organizando veladas poéticas. Para nosotros, los judíos israelíes, el umbral de nuestra lucha ha caído. Si en el pasado hemos luchado contra la ocupación, hoy solo tenemos que luchar por el derecho a decir «basta de ocupación».

DT: Como actriz y directora, ¿tus opiniones y puntos de vista políticos perjudicaron tu trabajo con teatros, directores y espectáculos?

EW: En el pasado disfruté del cariño de la audiencia, hoy sufro amenazas y mensajes de odio. Por supuesto para mí es difícil encontrar un trabajo solo por determinar mi identidad política, ya estoy al tanto del precio y estoy lista para pagarlo.

DT: ¿Se volverán los artistas israelíes de izquierda indiferentes a la realidad con este proyecto de ley? ¿Podría el artista israelí ignorar la ocupación y la Nakba (catástrofe) en el arte que se presenta al espectador? ¿Podría el artista realmente ser así?

EW: Como dije, el arte es esencialmente político, un artista, como cualquier otra persona, debe estar despierto y consciente de la política, incluso si no forma directamente parte de ella. Me parece que en este momento, en este lugar, estos son los casos apremiantes que deben ser tratados y presentados.

DT: En tu opinión, ¿cómo podrían los artistas oponerse a la ley de lealtad cultural y desafiar su existencia?

EW: Continuar siendo creativos, seguir criticando, hoy más que nunca, encontrar otros medios para ganar dinero y financiar obras artísticas, para trabajar con lugares que cuentan con el apoyo del Estado.

DT: La libertad de expresión y la democracia, ¿tienen lugar con el proyecto de ley de lealtad cultural?

EW: Incluso antes de este proyecto de ley no tenían espacio aquí. Y la mejor prueba de esto eres tú.

Si el proyecto de ley se convierte en ley, la ministra Regev tendrá autoridad para determinar los estándares culturales artísticos permitidos y prohibidos. Si la obra de arte perjudica al Estado, como afirma, el proyecto de ley otorga a las autoridades israelíes el derecho de reducir o cancelar por completo los presupuestos de las instituciones culturales de acuerdo con los estándares de Regev. Por lo tanto, para ella todo lo que es palestino, es una amenaza para Israel y su judaísmo y, de hecho, está prohibido porque todo lo que presentamos como artistas palestinos tiene un rostro político y habla de nuestras causas básicas en la lucha, la Nakba, el derecho de retorno, presos, mártires, la intifada y la resistencia a todo tipo de represión.

Cuantas más leyes existen, más artistas insisten en expresar su voz y su mensaje. El caso aquí con esta ley no se trata de silenciar las bocas de la izquierda sino de silenciar todo lo que es diferente o en contra de la autoridad. El problema también aquí para nosotros, los palestinos, es que queremos mantener nuestra identidad palestina en el arte y dar vida a la Nakba continua y a cada escena de racismo que sufrimos bajo esta cobertura de la supuesta democracia. A pesar de que este proyecto de ley no fue el primero y tampoco será el último bajo el Gobierno de extrema derecha en Israel, al mismo tiempo no tenemos ninguna otra alternativa tangible, ya sea para los presupuestos o los teatros, una realidad que no podemos ocultar. Por lo tanto, debemos considerar seriamente trabajar en la búsqueda de un proyecto que otorgue al arte su independencia de la autoridad.

Cuando miro nuestras experiencias mutuas, de Einat Weizman y mías, creo que es el mejor ejemplo para unir a todos los artistas, palestinos y judíos. El arte que se creó entre nosotras fue capaz de superar la barrera del lenguaje, la lucha constante y las contradicciones, que produjeron un gran amor y creatividad llevando un mensaje con significados nobles en su sencillez y sinceridad. El arte que nació entre nosotras es el mejor embajador entre palestinos y judíos bajo el Gobierno y las leyes que solo crearían más injusticia, opresión y racismo y expanden la brecha entre los palestinos y la sociedad judía, impiden el logro de la paz y la igualdad entre ambos. Por lo tanto, para lograr la paz y crear algo que parecía imposible para todos los artistas seguir los pasos de lo que hemos logrado juntas, lo lograremos en los próximos días, Einat y yo,

El arte que nació de nosotras estableció un país para ambos pueblos siempre que miren y sigan buscando la paz. Miri Regev y las políticas derechistas aún están muy lejos del verdadero mensaje de arte al que llegamos a través de nuestro arte incitante e ilegal, como dicen. Temen las palabras, temen las imágenes, temen el escenario y temen cada expresión artística o literaria que encarne el derecho palestino y exprese la cultura palestina. Intentan judaizar la escena cultural, apagar la historia palestina, ya que no se dan cuenta de que el verdadero significado del arte y la importancia de aceptar la diversidad cultural es el camino seguro para crear un diálogo entre las diferentes culturas para poder alcanzar el verdadero entendimiento, amor y paz. Tenemos una necesidad crucial aquí y especialmente aquí, más que nunca antes, de caminos que reúnan puntos de vista en ambas sociedades en lugar de separarlos y magnificar la separación entre ellas.

 Dareen Tatour es una poeta y ciudadana palestina de Israel que pasó casi tres años en prisión y bajo arresto domiciliario. Fue condenada en mayo de 2018 por cargos de incitación y apoyo a organizaciones terroristas después de que publicara su poema «Resiste, mi pueblo, resiste» en las redes sociales.

Fuente: https://mondoweiss.net/2018/11/conversation-intellectual-diversity/

Traducido del inglés para Rebelión por J. M.