Repensar la ciudad con la trialéctica de Bourdieu

Por Loïc Wacquant

Mi próximo libro Bourdieu in the City (Bourdieu en la ciudad) (Wacquant 2023) no está concebido como una combinación ecléctica de las concepciones estructuralistas y fenomenológicas sobre la ciudad utilizando la importante crítica de Bourdieu (1980a) a la antinomia mortal del objetivismo y el subjetivismo. Tampoco intenta crear un espacio para el autor de Distinction (1979) (La distinción, 2012) en el panteón de los teóricos, ante el cual se supone que deben arrodillarse quienes estudian a la ciudad. Solo pretendo que ese libro no sea un complemento, sino un desafío al canon urbano y un trampolín para una posible reconstrucción de la teoría e investigación urbana en torno a lo que he bautizado como la trialéctica bourdieusana del espacio simbólico, del espacio social y el espacio físico. En este capítulo ofrezco una caracterización compacta de la trialéctica y luego extraer sus implicancias para la teoría y el estudio comparativo de la ciudad.

La trialéctica de Bourdieu

Por espacio simbólico, el Bourdieu de Language and Symbolic Power (Langage et pouvoir symbolique (1982/1990) se refiere a la topografía de las categorías cognitivas, a través de las cuales separamos la multiplicidad empírica y clasificamos a las personas, los lugares, los objetos y las actividades. Estas redes mentales (captadas, en su forma más simple, por las dualidades interdependientes como masculino/femenino, alto/bajo, derecha/izquierda, activo/pasivo, público/privado, etcétera) moldean nuestras formas de pensar, sentir y actuar: sedimentadas en el interior del cuerpo, son constitutivas del hábitus y, por lo tanto, portan a nuestra historia, individual y colectiva. Están dotadas con autoridad y potencia en la medida en que son patrocinadas por las agencias simbólicas supremas como el Estado, la religión, la ciencia, la política y el derecho, y/o sustentadas por la «actitud natural» de la vida cotidiana apreciada por Alfred Schutz, como resultado de la socialización compartida, las  ceremonias sociales y los ritos de institución.[1] Las categorías cognitivas que sirven fundamentalmente para cartografiar el mundo, no son los conceptos universales trascendentales, como afirmaban Immanuel Kant y los neokantianos clásicos, sino las formas históricas resultantes de las luchas por la clasificación inscriptas en los cuerpos y las instituciones (Bourdieu 1979: 543-585, 1980b, 1997: ch. 4).

Por espacio social, el Bourdieu de Distinction (1979) (La distinción) se refiere a la distribución multidimensional de los agentes en posiciones objetivas, definidas por la asignación de los recursos eficientes o capital, económicos, culturales, sociales y simbólicos, para la especie genérica (que pueden especificarse más en función del campo o subcampo; por ejemplo, del capital burocrático versus el capital intelectual en el ámbito académico). Para los propósitos de la parsimonia teórica, estas múltiples dimensiones se pueden resumir en los dos ejes del volumen total del capital (en sus diversas formas pertinentes) y la composición del capital, (especialmente el peso relativo del capital económico y el capital cultural), con un tercer eje que registre los cambios a lo largo del tiempo en el volumen y en la composición del capital. De acuerdo a mi interpretación, el espacio social es la “categoría madre” genérica, de la cual emerge el concepto más específico del campo como un espacio social específicado, caracterizado por la diferenciación, la autonomización, una organización bipolar, y la monopolización, de una autoridad específica (Wacquant y Akçaoğlu 2017: 262-64 y 2019).

Los clivajes del espacio social materializan la jerarquía y la fuerza de los «principios de visión y división» sociales que compiten, tales como la clase, la etnicidad, el género, la nacionalidad, la ciudadanía, etcétera, que sirven como una base para las estrategias de creación de grupos y de creación de reclamos.

En cuanto al espacio físico, abordado por Bourdieu en The Ball of Bachelors   (Le des célibataires, [1962] 2002)  y Uprooting  (Le Déracinement, con Sayad en 1964) y luego en The Weight of the World (La Misére du monde, 1993)  y The Social Structures of the Economy (Les Structures sociales de l’économie, 2000), el mismo designa la extensión material tridimensional delimitada en la que se sitúan geográficamente los agentes y las instituciones y sus acciones «tienen lugar», en el sentido literal de suceder y ocupar un lugar y un volumen determinado.  Una concreción empírica es el entorno construido de una ciudad, con sus infraestructuras, edificios, pasillos, espacios públicos, etc., que actúa como el dificultoso contenedor y pivote de las especies de capital distribuidas desigualmente (espacio social) entre las diferentes categorías sociales destacadas de personas (espacio simbólico). El espacio físico entra, pues, en una forma crítica en la fórmula de la acción, no sólo por las limitaciones materiales que impone y las facilidades que permite, sino también como el espacio de concreción de las categorías mentales (como cuando la imagen de la ciudad en la mente de la dominante se convierte en realidad topográfica y arquitectónica) y divisiones sociales (como cuando las particiones del espacio social se convierten en barrios separados).[2]

Cada uno de estos espacios está «compuesto» por su historia específica, concretada por los acuerdos de las estructuras cognitivas, las distribuciones de capital, y la evolución del paisaje de la ciudad, así como con la historia de sus relaciones con los otros dos. Porque cada espacio es a la vez un producto, un riesgo y un arma en las luchas históricas por la apropiación de los bienes materiales y simbólicos. Un producto: tomar sistemas de clasificación como las taxonomías étnicas utilizadas por el Estado en los Estados Unidos; son el resultado de las batallas por el reconocimiento y la institucionalización de ciertas categorías y el borrado de otras, como lo muestra Cristina Mora (2014) en su magistral estudio sobre la invención de los hispanos en la década de 70 y después. Un riesgo: estas mismas clasificaciones son objeto de estrategias conservadoras o subversivas, como sucede cuando los miembros de determinadas poblaciones (por ejemplo, estadounidenses de ascendencia mixta o franceses negros) luchan por el reconocimiento por parte del Estado y por la visibilidad en la cultura nacional (DaCosta 2007, Ndiaye 2008). Un arma: la movilización basada en la categorización étnica existente en el ámbito político permite a las diferentes poblaciones reclamar recursos públicos y privados, como el acceso protegido, preferencial, o correctivo, a la educación, al empleo y al voto, como con los programas de discriminación positiva en la Unión Soviética, en la India y en Estados Unidos (Martin 2001, Weisskopf 2004).

En una forma similar, la estructura física de una ciudad es el producto estratificado de las disputas en el pasado sobre el lugar, incluidas las batallas entre los defensores del valor de mercado versus los defensores del valor de uso (Logan y Molotch 2007) libradas en el espacio social: pensemos en los barrios segregados como  el producto sedimentado de la discriminación histórica en materia de viviendas y en la proyección de las luchas de clase del pasado sobre la topografía de las viviendas. Es riesgo en la continua disputa por la distribución de las personas y los bienes en las zonas como lo ilustran las batallas sobre la gentrificación, el uso del suelo o los proyectos infraestructurales. Y el trazado geográfico es un arma que se puede desenvainar para facilitar o dificultar las estrategias de una clausura, negativamente, como con el uso de obstáculos naturales y artificiales para acorralar a poblaciones y actividades indeseables, y positivamente, como cuando la proximidad física y las redes de instituciones geográficamente densas facilitan la movilización colectiva y la creación de grupos en el espacio social.[3]

Al nivel topológico, entonces, la vida social, de acuerdo a Bourdieu, puede diseccionarse trazando la proyección mutua y la transposición dinámica de un espacio en los otros dos:

“La estructura del espacio social se manifiesta así, en los más diversos contextos, en la forma de oposiciones espaciales, del espacio habitado (o apropiado) que funciona como una especie de simbolización espontánea del espacio social. No hay espacio, en una sociedad jerárquica, que no esté jerarquizado y que no exprese las jerarquías y distancias sociales de forma más o menos distorsionada o eufemizada, especialmente por el efecto de naturalización asociado a la inscripción duradera de las realidades sociales sobre y en el mundo físico. Las diferencias producidas por las lógicas sociales pueden entonces ser vistas como que surgen de la naturaleza de las cosas (pensemos en el concepto de “la frontera natural” y el del “área natural” tan estimada por la Primera Escuela de Chicago.” (Bourdieu, 1993a: 160).

La estructura de la distribución espacial de los capitales en cualquier momento registra el equilibrio de las luchas sociales por lo que Bourdieu (1993a: 164) llama «las ganancias del espacio», incluyendo los beneficios derivados de la ubicación, el rango en una estructura jerárquica de lugares y la ocupación. Estas luchas geográficas en el espacio y sobre el espacio se libran en una forma individual (como en el caso de la movilidad residencial) y colectiva (a través de competencias políticas por la vivienda, los servicios municipales o la política medioambiental, por ejemplo).

Los tres espacios están necesariamente implicados en la acción social y, como las placas tectónicas, se rozan constantemente entre sí. Pensar en términos de espacios, en plural, nos invita a pensar relacionalmente o, mejor dicho, topológicamente,[4] trazando las conexiones sedimentadas entre los diferentes elementos constitutivos de una estructura mental, social y geográfica. En lugar de postular una homología perfecta entre estas tres estructuras, como hacen Émile Durkheim y Marcel Mauss ([1903] 2017) en su clásico ensayo de 1903 sobre «Formas Primitivas de Clasificación», Bourdieu nos da el mandato de investigar las diversas réplicas, distorsiones, brechas y desarticulaciones que surgen entre ellas como resultado de las luchas adentro de cada uno de estos tres espacios y a través de ellos, con el objetivo de preservar o transformar el estado histórico de sus correspondencias, que van desde el isomorfismo perfecto hasta la disyunción completa.

Así, Bourdieu (1993a: 160) señala que «el espacio social se retraduce en el espacio físico, pero siempre de forma más o menos revuelta» (brouillée). También insiste en que el mapeo del espacio simbólico sobre el espacio social, que hace posible la identidad compartida y enciende la formación de grupos, nunca es perfecto debido a la elasticidad semántica de la realidad social: «El mundo social puede ser enunciado y construido de diferentes maneras según diferentes principios de visión y división – por ejemplo, las divisiones económicas y las divisiones étnicas» (Bourdieu [1982] 1991: 19), y la potencia relativa de estos principios está en juego dentro de la propia realidad. In nuce, el sociólogo francés nos invita a mantener unidas en nuestro análisis las categorías cognitivas de los agentes, la posición que ocupan en un orden de estratificación multidimensional y su lugar en el paisaje urbano y sus peregrinaciones por él.

Habitus y campo en el crisol urbano

Las manifestaciones concretas de la trialéctica de Bourdieu adoptan una variedad de formas históricas situadas en un continuum que va desde la homología perfecta, en un extremo, hasta la completa disyunción, en el otro, con la mayoría de los casos empíricos que se sitúan en algún punto intermedio, en virtud de la autonomía relativa y, por tanto, de la inercia de cada uno de los tres espacios. Los dos extremos de la homología perfecta y la desarticulación completa son construcciones lógicas que no pueden manifestarse plenamente en la realidad histórica. Las homologías trialécticas suelen ser imperfectas hasta cierto punto, dada la «elasticidad semántica» del espacio social, la relativa rigidez del espacio físico y el hecho de que el espacio simbólico esté organizado por categorías prácticas[5].

Del mismo modo, la desarticulación completa es una imposibilidad -excepto tal vez en una situación de revuelta ocio-simbólica total, como una guerra civil, e incluso entonces, ya que todo universo social está mínimamente anclado en el espacio físico y engendra categorías simbólicas que expresan en cierta medida su conformación. La relativa autonomía del espacio simbólico surge con la aparición, consolidación y carácter autorreferencial de los campos de la producción cultural (religión, arte, ciencia, derecho, periodismo, política, etcétera) en los que las formas simbólicas son elaboradas por especialistas según criterios internos (Bourdieu 1994b). Pensemos, por ejemplo, en la forma en que el derecho se desvincula de la vida cotidiana y es monopolizado por los juristas que elaboran códigos legales según normas específicamente jurídicas (Bourdieu 1986b). La autonomía relativa del espacio social proviene de las leyes de acumulación, diferenciación y transmisión de capitales que permiten los instrumentos de reproducción y conversión social existentes (Bourdieu 1989a: 386-396, 1994c). La inercia del espacio físico es inherente a las limitaciones materiales que plantea y a las facilidades que concede para la localización, la posición y el movimiento, así como al gasto en capital, trabajo y tiempo necesario para transformarlo.

Podemos hacer algo más y mejor que simplemente añadir a Bourdieu al canon de los estudios urbanos e introducir tal o cual concepto suyo en un proyecto de investigación. Podemos desplegar la trialéctica del espacio simbólico, social y físico como un marco para rearticular los problemas centrales de los estudios urbanos. Por consiguiente, permítanme ensayar aquí un resumen provisional de una teoría urbana “neoburdieusana” que nos invite a repensar la ciudad como crisol de formaciones distintivas de capital y habitus. Por el lado de las instituciones, o de la historia objetivada, la metrópolis es un medio distintivo en tanto que fomenta:

  1. la acumulación y concentración de capitales, en plural, mediante la atracción de recursos humanos, materiales y simbólicos dentro de sus límites (bien descrito por Max Weber [1921] en su estudio de la génesis de la ciudad medieval y por Charles Tilly [1989] en su relato del ascenso correlativo de las ciudades y del capital económico en el segundo milenio europeo);
  2.  la diversificación del capital en las diferentes formas que compiten: económicas, políticas, religiosas, jurídicas, etcétera., a medida que la diferenciación funcional se afianza, lo que lleva a la acumulación de instituciones específicamente encargadas de la reproducción de las diferentes especies y sus poseedores (como lo ilustra el relato de Durkheim [1893] sobre la división del trabajo y la interpretación correlativa de Bourdieu [2012] sobre el surgimiento del Estado como poseedor del «meta-capital»);
  3.  la disputa del capital por el capital, que surge del hecho mismo de la diversificación: la co-presencia física de múltiples especies de capital en el mismo espacio social y físico compacto plantea de forma aguda la cuestión de su valor y jerarquía relativos, y, por lo tanto, desencadena batallas por la primacía entre los poseedores de los diferentes capitales, además de los cuestionamientos desde abajo por parte de los privados de capital (como sugiere Bourdieu [2011] en su relato de la «división del trabajo de dominación» y la génesis del «campo de poder»). Desde el punto de vista de las disposiciones, o de la historia encarnada, la ciudad se distingue en una forma similar por poner en contacto estrecho y continuo a poblaciones de diversas procedencias, experiencias vitales y actividades y, por tanto, subjetividades. No solo fomenta la movilidad posicional a través del espacio físico y social, sino también la movilidad disposicional.
  4. la proliferación de una amplia gama de habitus variados y arraigados en las densas y diversas constelaciones de relaciones sociales y valores culturales, que han traspasado un decisivo umbral demográfico de tal modo que pueden perdurar y prosperar (como lo plantea la teoría subcultural de la construcción del urbanismo de Claude Fisher [1995], sobre la afirmación clásica de Louis Wirth [1938] sobre “el urbanismo como una forma de vida”.
  5. la formación de habitus poco integrados y desadaptados debido, nuevamente, a la dispersión de las experiencias y contactos sociales, y a la disyuntiva entre la disposición y la posición (de la clase examinada minuciosamente  por Bourdieu [1977a] en su estudio sobre la inestabilidad social del subproletariado argelino, sumergido en el mundo racional y basado en el mercado de la ciudad con los principios aldeanos enraizados en el honor y en el parentesco);
  6. la colisión de habitus variados inconsistentes o incongruentes entre sí en el espacio social y físico, que conduce, otra vez, a la ansiedad existencial, a la innovación estratégica y a los momentos de auto interrogación (tal como lo demuestra Georg Simmel [1903/1950: 326], para quien la vida en la metrópolis se caracteriza por el «predominio mental mediante la intensificación de la conciencia»).

En resumen, la ciudad es un universo que fomenta, no sólo la explotación marxiana, la especialización durkheimiana, la racionalización weberiana y las divisiones del (des)honor duboisianas, sino también la reflexividad bourdieusana al exponer a sus residentes a un amplio conjunto de prácticas y criterios de valoración social que relativiza los suyos, tanto objetivamente como subjetivamente.[6] A largo plazo, debido a la agitación cultural y social que fomenta, la urbanización es un disolvente de la Doxa, con mayúsculas, y el fermento para la aparición de distintas doxai (el plural de doxa) específicas de los microcosmos que confluyen en la ciudad. De ello se desprende que «urbanizar» a Bourdieu introduciendo la ciudad en su modelo teórico como correlato de la diferenciación social refuerza su relato de la estructura (los campos) pero desestabiliza su relato de la acción (los habitus), y nos invita así a precisar mejor las condiciones en las que los habitus y el mundo llegan a coincidir (o no) entre sí.

Principios neoburdieusanos para el estudio comparativo de la ciudad

¿De qué manera la adopción del marco neoburdieusano, cuyos principios se han esbozado más arriba, cambia las formas de estudiar la desigualdad urbana en general, y de articular los diseños de la investigación comparativa en particular? Permítanme señalar cinco rasgos distintivos, fijados a un nivel de abstracción lo suficientemente alto como para permitirles viajar a través de periodos de tiempo, naciones y regiones del mundo.  En primer lugar, la ciencia social de la ciudad debe ser epistémicamente reflexiva, lo que significa que debe romper con el sentido común (ordinario, académico y político), empezando con la visión de los «problemas sociales» de lo urbano promovida por quienes dirigen las ciudades y adoptada irreflexivamente por demasiados académicos;  debe forjar en una forma autoconsciente sus conceptos analíticos y asegurarse de que éstos sean semánticamente claros, lógicamente coherentes y empíricamente heurísticos (en lugar de los que estén de moda); y articular su propia problemática en lugar de tomar prestada una problemática prefabricada de la realidad urbana.[7] Comienza por cuestionar las preguntas, interrogar las categorías y escudriñar las fuentes de los datos y las bases de datos pre-armadas (por ejemplo, impugna la identificación de lo urbano con los límites administrativos de la ciudad, lo que es una acción elemental pero que se hace muy raramente porque es inconveniente).

Pero lo reflexivo no significa lo escolástico: para Bourdieu, la teoría social no es el tema de una contemplación solipsista y de una disertación digresiva con otras «teorías académicas», sino un instrumento para producir nuevos objetos empíricos.[8] La ciencia social «consiste en romper los objetos prefabricados, y reconstruir las cosas mal construidas» (Bourdieu 2015: 510). Por ejemplo: antes de preguntar cómo se pueden adaptar los conceptos urbanos clave del desalojo, la segregación, los suburbios, la violencia y el aburguesamiento para fomentar la investigación de las ciudades del Sur global (Garrido, Ren y Weinstein 2021), para empezar, hay preguntarse si son sólidos y válidos para las ciudades del Norte global. Tomemos la segregación: confunde un estado y un proceso, la diferenciación espacial con el cierre espacial, el resultado y la acción, y suele omitir al segregador de la ecuación.

En segundo lugar, Bourdieu nos insta a incluir en la sociología de la ciudad los variados puntos de vista, las categorías de la percepción y las representaciones que dirigen a los agentes en sus estrategias individuales y colectivas a través de un doble movimiento, a saber, separar y repatriar. Esto se debe a que el mundo urbano no consiste sólo en la distribución material de recursos y fuerzas en el espacio geográfico, sino también en las clasificaciones simbólicas que guían a los seres urbanos en su ronda diaria, así como los impulsan durante las fases críticas de la acción concertada. Bourdieu (1980a) se refiere a esa dimensión simbólica como «la objetividad de segundo orden». La sociología urbana debe proceder, pues, a través de una doble ruptura: en una primera fase, demarcar barriendo las percepciones ordinarias y las representaciones prevalentes para construir un mapa objetivo de las posiciones que ocupan los agentes; en una segunda fase, repatriar estas representaciones, no como el engendro de subjetividades que flotan libremente, sino como puntos de vista tomados desde puntos definidos ocupados en el espacio de las posiciones construidas (Bourdieu 1989b).  Este doble movimiento nos permite superar la oposición entre los modos objetivistas y subjetivistas del análisis urbano (digamos, la economía política del lugar frente a la fenomenología de la vida cotidiana) al tratar estas dos dimensiones de la vida social como dos momentos del mismo análisis social.

A continuación, dar un lugar privilegiado al poder simbólico, tal y como lo ejercen los especialistas en producción cultural, que elaboran y difunden construcciones mentales terminantes, y lo experimentan los habitantes urbanos cuando navegan por el paisaje de la ciudad y se impregnan de las representaciones que la organizan. Empezar por el poder simbólico, concepto característico de Bourdieu, significa también empezar por el estudio del Estado como la principal agencia material y simbólica que establece los parámetros más amplios del espacio físico, social y simbólico de la ciudad al

(I) Establecer la infraestructura, dar forma y regular el entorno construido, trazar sus divisiones concretas y crear las condiciones materiales para la eficacia y la fluidez del capital en todas sus formas;

(II) Distribuir las dotaciones en capitales y facilitar o dificultar su acumulación y transmisión: mediante el apoyo a la renta, la fiscalidad, las leyes de sucesión y las políticas relativas al trabajo, las empresas y la vivienda (por parte del capital económico), mediante la escolarización, la certificación y la asignación de servicios culturales (por parte del capital cultural);

(III) Imprimir categorías de percepción de la realidad urbana (como las expectativas de anonimato, seguridad y civismo, las etiquetas étnicas y los mapas mentales de los barrios) al tiempo que fomenta o dificulta la concentración y el funcionamiento de agencias simbólicas rivales en la ciudad, la política, la religión, la ciencia, el derecho y el periodismo.

Así pues, el Estado debe concebirse como una máquina clasificadora y estratificadora que da forma a la desigualdad y la marginalidad urbana río arriba, y no como una mera ambulancia social que reacciona ante ellas río abajo. Entre los organismos del Estado, hay que prestar especial atención a la policía, los tribunales (penal, de la familia y de la vivienda) y la cárcel, que son instituciones urbanas fundamentales que supervisan y canalizan las estrategias de vida de las poblaciones desposeídas e inferiores.

Aquí debo subrayar que el concepto de campo burocrático implica que, lejos de ser una entidad omnisciente, omnipotente y unificada, el propio Estado es una apuesta y un espacio de luchas, internas y externas. Las luchas internas del campo burocrático incluyen las luchas verticales entre la alta y la baja nobleza del Estado (los responsables políticos frente a los burócratas de la calle), y las luchas horizontales entre la mano izquierda y la mano derecha (la protección social y el socorro del bienestar frente a la disciplina fiscal y las sanciones penales).

Las luchas externas operan a dos niveles: en la región superior del espacio social incitan a pelear a los funcionarios estatales con otros protagonistas del campo del poder : los políticos, las corporaciones, los juristas, los científicos, las autoridades religiosas, etcétera.; en la región inferior, se enredan con los administradores y ejecutores de las burocracias públicas con la gama de  profesionales especializadas concernientes al espacio urbano (dueños de propiedades y de negocios, emprendedores, arquitectos, asociaciones de viviendas, etcétera), así como con activistas sociales y residentes, que hacen reclamos en el nombre de categorías carentes de capital económico y cultural  (aunque estos últimos suelen ser actores marginales, como las poblaciones que ellos afirman representar). La marginalidad posicional de las «organizaciones basadas en la comunidad» en el campo urbano del poder   -en el que existen y perduran a merced del Estado local y de las llamadas filantropías- queda demasiado a menudo enmascarada por el populismo metodológico de los académicos que las estudian «desde abajo» y desde el interior de la metrópolis estadounidense.

En cuarto lugar, un abordaje neoburdieusano de la metrópolis estipula que el analista debe pensar geométricamente y abarcar todo el espacio social y no aislar tal o cual región del mismo. Esto conlleva el mandato de conectar analíticamente la producción sociopolítica de los barrios de los relegados y de los enclaves de privilegio; y, cuando éstos están distanciados espacial y fenomenológicamente, como suelen estarlo en las metrópolis occidentales, rastrear cómo se (re)produce esta desconexión -por los mecanismos del mercado, el diseño ecológico, los obstáculos físicos, las decisiones políticas, la vigilancia policial, etcétera, y con qué efectos. Se pueden distinguir provisionalmente tres patrones: la doble hendidura, el damero y la intercalación.

En quinto lugar, la visión neoburdieusana de la ciudad es agonista: sitúa las luchas en y sobre el espacio en su epicentro analítico. El espacio simbólico, el espacio social y el espacio físico son construcciones históricas, nacidas de las batallas libradas por agentes situados en esos mismos espacios, dotados con diferentes volúmenes y composición de capital, que buscan preservar o transformar la forma y las articulaciones de estos tres espacios. Son especialmente pertinentes las luchas simbólicas sobre la visión y la división de la ciudad, que conforman la manera en que los actores clave, los funcionarios del Estado, las élites empresariales, los agentes jurídicos, las asociaciones de activistas y los ciudadanos de a pie experimentan, moldean y navegan por las luchas urbanas en las que los propios científicos sociales están atrapados “nolens volens”.

Por último, con el concepto de habitus, Bourdieu nos permite descender en la escala analítica para estudiar las prácticas, representaciones y emociones pautadas de las personas a ras de suelo. El habitus, definido como las inclinaciones adquiridas, duraderas y transportables para actuar, pensar y sentir en formas definidas (incluidas las divisiones simbólicas depositadas en el interior del cuerpo), nos invita a historizar las capacidades y estrategias de los agentes, cómo perciben la topología y la geografía social, y cómo arman líneas de acción que se engranan para reproducir o transformar la geometría de las categorías mentales, las localizaciones sociales y los lugares de la ciudad. Permite reintroducir lo cotidiano en la sociología urbana sin renunciar al análisis estructural (Leitner, Sheppard, and Peck 2019: 12), en efecto, se trata de unir la economía política que subyace a la trialéctica con la pragmática social que se despliega a ras de suelo. Porque la disposición no es la acción; más bien, es el acoplamiento de la disposición y la posición (es decir, la ubicación en una asignación en las capitales) lo que constituye el principio de las estrategias simbólicas, sociales y espaciales de los individuos, los hogares y los grupos.

El lector habrá notado que estas recomendaciones se refieren a la conducta de la investigación social en general, independientemente de su objeto. En efecto, con la trialéctica, Bourdieu nos invita a integrar los estudios urbanos comparados en una ciencia topológica más amplia de las relaciones dinámicas entre el espacio simbólico, social y físico, dondequiera que tengan lugar – en zonas urbanas, suburbanas y rurales – y en toda la gama de escalas, local (una esquina de la calle, un barrio), de la ciudad y regional (una metrópolis) nacional y mundial (una red de ciudades).

 

*Articulo enviado por Loïc Wacquant para ser publicado en Herramienta web. Traducción: Francisco T. Sobrino

 

Referencias

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[1] Un ejemplo concreto de una estructura simbólica es la taxonomía étnico-racial (blanco, negro, hispano, asiático, estadounidense nativo, etcétera), con la que los estadounidenses aprenden a categorizarse entre sí y el Estado los categoriza. Reside a la vez en la objetividad de las clasificaciones oficiales (como las utilizadas por el Censo, las escuelas, los hospitales, etc.) y en la subjetividad de las tipologías cotidianas. Otra es el mapa implícito de los barrios y sus propiedades percibidas que las personas llevan en la cabeza cuando se desplazan por la ciudad y a través de ella.

[2] Esta doble proyección de las categorías mentales y sociales sobre la geografía es particularmente visible en las ciudades coloniales. Una demostración paradigmática de la obstinada remanencia del espacio físico apropiado es el rico estudio histórico de Zeynep Celik (1997) sobre la arquitectura de Argel es a la vez un reflejo y un elemento constitutivo de la confrontación colonial a lo largo de trece décadas

[3] La trialéctica negativa del espacio simbólico, social y físico funciona en la erección del gueto como un instrumento del ostracismo étnico (Drake y Cayton 1945/1993); la dialéctica positiva en la creación de enclaves de la clase alta y de comunidades cerradas (Holmqvist 2017, Low 2004). Wacquant (2010a) esboza un modelo de reclusión urbana que une estas dos dinámicas.

[4] La topología es el estudio matemático de las propiedades formales de las configuraciones geométricas Bourdieu (1989b: 16) nota que “la sociología, en su momento objetivista, es una topología social, un análisis situs como llamaban a esta nueva rama de las matemáticas en la época de Leibniz, un análisis de las posiciones relativas y de las relaciones objetivas entre estas posiciones”

[5]  Esto se discute teóricamente en “La lógica de la práctica” (Bourdieu 1980a: 135-165) y demostrado empíricamente en “El Demonio de la Analogy” (Bourdieu 1980a: 333-439).

[6] La formación de enclaves o agrupamientos arraigados en ia afinidad étnico-nacional y étnico-religiosa busca minimizar esa exposición y proteger la integridad mental y simbólica del grupo. Esto lo demuestran Drake y Cayton en Black Metropolis (1945/1993) para los negros, Humbert Nelli en Italians in Chicago 1880-1930 (1973) para los inmigrantes blancos en dicha ciudad, y Souvenirs de Familles Immigrées de Lepoutre y Cannoodt (2005) en el caso de los inmigrantes en las urbanizaciones de la periferia urbana francesa.

[7] Wacquant (2022a: 151-153) ofrece un argumento compacto sobre cómo elaborar conceptos sólidos de ciencias sociales en este sentido. Para un caso ilustrativo, véase cómo Bourdieu (2000) reconstruye la cuestión política común de la propiedad de la vivienda en la problemática científica de la producción estatal tanto de la oferta como de la demanda de viviendas unifamiliares y de las ramificaciones políticas de la consiguiente consolidación morfológica e inseguridad económica de la pequeña burguesía que es el principal objetivo y engendro de esta política.

[8] Para Bourdieu (2015: 207, 206) la teoría se comprende mejor como “un sistema de esquemas de la construcción científica de la realidad» y los conceptos como «una taquigrafía para una serie de operaciones prácticas».

Descreamos de la Democracia: Un engendro de la individualidad capitalista

por Víctor Manuel Moncayo C*

 

Me sé del todo indigno de opinar en materia política, pero tal vez me sea perdonado añadir que descreo de la democracia, ese curioso abuso de la estadística. (Jorge Luis Borges, Moneda de hierro-prólogo. Buenos Aires, 27 de julio de 1976)

 

En medio del eclipse y la ceguera que hemos analizado en artículos precedentes (1), paradójicamente los sinsabores de las experiencias recientes de participación en los mecanismos democrático-representativos, nos han permitido ver de nuevo la luz de la realidad del orden capitalista y de sus mecanismos de dominación, para contribuir, así sea mínimamente, a develarlos desde el horizonte de nuestra práctica discursiva.

Los desconcertantes resultados electorales

En efecto, en estos tiempos que corren, hemos estado asistiendo a los siempre desconcertantes resultados electorales. En nuestro país muy difícilmente logró imponerse el Pacto Histórico, con un volumen total de sufragios ligeramente superior (2) , al que obtuvo un candidato caracterizado por sus evidentes condiciones de ignorancia absoluta de la organización estatal y por la torpeza de sus propuestas. Algo similar ocurrió en la jornada electoral previa para escoger los cuerpos representativos nacionales, en la cual una importante mayoría de la población reeditó la adhesión a los partidos y movimientos que siempre han controlado esas instancias, lo cual ha conducido a las alianzas y entendimientos propios del funcionamiento de todos los gobiernos para lograr condiciones mínimas de gobernabilidad, pero poniendo en riesgo las manifestaciones de rechazo y rebeldía de amplios sectores que confiaron en que la elección de Gustavo Petro y Francia Márquez, significara la interrupción de la sucesión de gobiernos que han gestionado históricamente el régimen político colombiano, para abrir nuevos espacios de participación que, gracias a la recomposición gubernamental, contribuyera a permitir nuevas condiciones para la expresión de las reivindicaciones sociales y comunitarias, hasta el momento reprimidas o sin un horizonte definido, después de las significativas expresiones de rebeldía y resistencia escenificadas en noviembre de 2019 y abril de 2021 , aunque se conocían sus limitaciones esenciales derivadas de la ausencia de consideraciones sobre la fase actual del capitalismo en nuestro país y la necesidad de su superación.(3) Es el mismo acontecer de todos los procesos electorales, y muy semejante a aquel que rechazó  plebiscitariamente el acuerdo de paz con las FARC-EP en 2016, por una diferencia mínima de votos.

En la Europa continental, específicamente en Francia, hace pocos meses las tendencias opuestas al régimen de Macron no pudieron vencerlo, a pesar de la significativa participación que tuvieron los “Insumisos” de Melenchon y otras fuerzas de izquierda. Una vez más, la llamada “voluntad popular” conservó la conducción del régimen en cabeza de Macron. Recientemente en Italia el triunfo de la líder Meloni (Hermanos de Italia –Fratelli d’Italia), aliada a la Liga Norte de Matteo Salvini y a Forza Italia de Silvio Berlusconi, presenta un indudable favorecimiento popular de las orientaciones de claros tintes reaccionarios, racistas, populistas, y homofóbicos.

Y más cercanamente, el 4 septiembre del año en curso, asistimos al rechazo por amplia diferencia (62% de los electores) de una nueva constitución chilena, heredera de los movimientos del estallido social sin precedentes del 9 de octubre de 2019, que condujo a la organización de una convención constitucional  (elegida el 15 y 16 de mayo de 2021 por más de más de 6.4 millones de personas- 43,35% del padrón electoral), redactora del proyecto sometido a consideración plebiscitaria de la sociedad chilena, que pretendía sustituir la constitución adoptada por la dictadura de Pinochet.

Recuperemos nuestra realidad preindividual

Son muchas las explicaciones de los analistas a estos extraños e incomprensibles resultados del comportamiento electoral en distintos contextos nacionales que, obviamente, remiten a circunstancias diferenciadas propias de sus circunstancias económicas, políticas y sociales, o a las deformaciones inducidas o autónomamente asumidas por la población, o a las manipulaciones o las prácticas engañosas utilizadas por las organizaciones partidistas, gremiales o sociales, o a las orientaciones de los medios de comunicación deliberadas o producidas en desarrollo de la llamada libertad de información, o a la ignorancia, el desconocimiento o la desinformación. Todas ellas, por lo tanto, hacen responsables de los efectos de la participación electoral a quienes son sus actores, a los individuos considerados como unidades humanas que siempre son llamados a decidir con libertad, mediante expresiones que pertenecen a su fuero interno, en desarrollo de su libre albedrío.

Más allá de esos entendimientos, alrededor de los cuales se trenzan los más disímiles debates y discusiones, igualmente respetables o con alguna significación valorativa, que amenizan las relaciones interpersonales y nutren el espectro fructífero del mundo calificado como expresión de la opinión libre, es necesario recurrir a una conceptualización esencialmente diferente, muy ligada, desde una perspectiva material, a lo que significamos como parte integrante de los colectivos a los cuales pertenecemos. Comprendemos que expresar y comunicar esta reflexión y las que de ellas de derivan, no es materia sencilla de explicar, pero asumimos ese reto.

Necesitamos, por lo tanto, avanzar diciendo que no somos un simple conjunto de unidades antropológicas, dotadas de ciertas características que nos distinguen de otros seres de la naturaleza. En la historia natural del hombre, la premisa central es su condición pre-individual, caracterizada por algo común, universal, indiferenciado: los órganos sensoriales, el aparato motriz, las capacidades perceptivas, la lengua histórico-natural, la cooperación social como acción concertada, en fin, lo que Virno denomina “el bagaje psicosomático genérico del animal humano” (4). Es una realidad pre-individual que pertenece a la primera fase del ser como una especie de la naturaleza, anterior a toda forma de individuación que, en una segunda fase, engendrará la oposición entre el individuo y su entorno. (5)

En virtud de las formas de organización societaria que se instauran, -cuyos rasgos son investigados por la arqueología, la antropología, la sociología y la historia, y cuyo análisis desborda los límites de este escrito-, del universo común pre-individual se transita hacia una diferenciación que construye fenómenos de individuación, es decir de construcción de subjetividades, con características específicas. Es la atomización individual propia de cada tipo societario, que se repite y renueva a lo largo de la historia cada vez con especificidades diferentes, de tal manera que su resultado son sujetos o unidades singulares que acumulan como parte de ellos, tanto la nueva subjetividad de la época bajo la cual existen, como elementos de subjetividades anteriores que no desaparecen plenamente.

Todo ello es un proceso histórico complejo, con efectos múltiples, cuya comprensión nos es esquiva, pues, como es obvio advertirlo, nuestra misma existencia está presidida por la naturaleza de la subjetividad de la cual formamos parte, que no podemos eludir ni desechar por nuestra propia voluntad. Como lo hicimos hace algún tiempo en otro ensayo (6), es necesario que venga en nuestro auxilio el aporte intelectual que nos brinda Gilbert Simondon [1], y recordemos estos dos principios básicos:

Primero: el sujeto es una individuación siempre parcial e incompleta.

Como ya lo hemos advertido, Lo pre-individual es, en primer lugar, la percepción sensorial, la motricidad, el fondo biológico de la especie y, en un nivel más determinado, es la lengua histórico-natural de su propia comunidad de pertenencia.

Sin embargo, a diferencia de las sensaciones, que casi no sufren transformaciones en el tránsito de lo pre-individual a la individuación, la lengua sí es susceptible de una diferenciación una vez producida la individuación.

De todo ello surge una conclusión, que es la tesis propiamente dicha de Gilbert Simondon: siempre el individuo producto del proceso de individuación conserva una parte o proporción irreductible de la realidad pre-individual; por eso es un resultado compuesto, complejo. En otras palabras, la subjetividad nacida del proceso de individuación es anfibia, en la medida que en ella cohabita lo pre-individual y lo que agrega la individuación. Refiriéndose a las percepciones, en el «yo hablo» de la individuación cohabita el «se habla» de la realidad preindividual; tratándose de la lengua siempre estará el carácter «interpsíquico o «público» de la lengua como propiedad de la especie, y en los múltiples siempre participará el General Intellect impersonal e histórico. Todo mediado por los afectos, pues emociones y pasiones integran y distancian a la vez lo pre-individual y la individuación.

De allí un nuevo entendimiento del «individuo social». En esa conjunción (un oximoro coqueto: la unidad desaliñada de los contrarios), hay que reconocer que en lo «social» están las huellas de la realidad pre-individual, que es de todos los sujetos. En otros términos, el «individuo social» «es la mezcla inextricable de singularidad contingente y de realidad pre-individual.

Segundo: La experiencia colectiva, lejos de señalar su desintegración o eclipse, persigue y afina la individuación.

Habitualmente, tanto para la teoría como para el sentido común, lo colectivo se aprecia como un punto de llegada a partir de los individuos, que incluso permite eliminar los rasgos propios de la individuación. Pero, si la individuación se entiende más bien como un punto de llegada, luego del proceso que se inicia en lo pre-individual, en las propiedades de la especie humana, lo colectivo hay que apreciarlo como una posterior y más compleja individuación, que se adquiere con el actuar conjunto, en la esfera colectiva, en la escena pública.

Por lo tanto, es propio de lo colectivo permitir que, gracias a una nueva individuación, se recupere parte de la realidad pre-individual que no se había resuelto, que se realicen unos potenciales pre-individuales, es decir anteriores a la génesis del individuo. Como esa parte no había sido resuelta, puede producirse una nueva individuación que la realice. (7)

Lo que ocurre, por lo tanto, es que lo colectivo no es la agrupación de los muchos, gracias a una tendencia de los individuos individuados, sino una expresión de un elemento pre-individual que todos los seres tienen y que se conserva en los individuos por cuanto, como lo advierte la primera tesis, la individuación nunca es completa, pues siempre subsisten aspectos de lo pre-individual, es decir de lo que es común como especie humana.

Es posible, por consiguiente, lo que Simondon (8)  llama una «individuación colectiva» (un oximoron próximo a aquél que contiene la locución «individuo social»), que es una pieza importante para pensar de manera adecuada la democracia no representativa, que abandone la aspiración a una unidad definitiva sobre el fundamento popular, así como la idea de la voluntad general y el modelo de la representación política.

En otras palabras, según las dos tesis descritas, en cada sujeto, al lado del componente individuado persiste siempre una cuota de realidad pre-individual, o sea existe una especie de combinación permanente de lo Común (lo pre-individual) y lo Singular (el individuo o sujeto). De alguna manera lo Común y lo Singular se remiten recíprocamente en una especie de círculo virtuoso. El componente pre-individual que todo sujeto lleva consigo, puede de nuevo individuarse, pero siempre en la relación entre muchos, en el colectivo, pudiendo transformarse en transindividual. (9)

 

La subjetividad capitalista

Ocupémonos ahora de la individuación capitalista que es la que nos concierne. Recordemos, por lo tanto, que el orden social capitalista que vivimos y sufrimos, en el contexto de una sociedad nacional y su Estado, es inseparable de un proceso de individuación que nos ha hecho sujetos libres, hombres y ciudadanos. El capitalismo no sólo rompió la unidad que ataba al hombre a las condiciones materiales de la producción, y provocó el abandono de toda forma de sujeción o dependencia personal o servil, sino que lo arrojó como “hombre desnudo”, libre e igual”, que niega sus diferencias y se reconoce como hombre en abstracto.

Opera, entonces, la esfera representativa del interés general , separada y distinta de la voluntad de quienes contribuyen a su organización y a su funcionamiento que, además, explica y legitima la existencia de un cuerpo especializado de representantes, la clase política, soportada sobre la imposibilidad de que exista un vínculo real entre el Estado y las singularidades; se produce un verdadero tránsito metafísico de la “voluntad de todos” que constituye la sociedad, a la “voluntad general”, es decir, la voluntad de los preseleccionados por todos pero que no responden ante nadie.”(10)

Esa esfera representativa nunca la ponemos en duda; por el contrario, siempre la reiteramos y fortalecemos, la reproducimos. “No nos inquieta el esquema, que de manera expresa admitimos, sino sus elementos circunstanciales y aleatorios, como la composición de la clase política, sus condiciones de renovabilidad, el grado de movilidad para acceder a ella, la pureza de sus comportamientos, la duración de su “mandato”, la objetividad de su selección, la eliminación de las prácticas viciosas de participación electoral, etc.” (11)

Estamos de esta forma no sólo en el mundo de la atomización individual, de la adscripción al mundo civil y a la esfera estatal, de la operancia del sistema representativo, sino de la homogeneización en la unidad del pueblo nacional, asentado sobre un territorio, que se erige como soberanía, y que se expresa tanto en los momentos clásicos de las revoluciones burguesas como en otros tiempos y espacios, inclusive en nuestra contemporaneidad, que aún asiste a procesos de reivindicaciones insatisfechas de formalización de pueblos nacionales. Todo lo cual, además, es inseparable del monopolio legítimo de la violencia, fundamento de la organización y de la vigencia no sólo de la fuerza del Estado sino de ella como última ratio del orden jurídico.

El capitalismo ha construido históricamente la forma-Estado como una verdadera abstracción real y social, a partir de la individualización, la separación Estado y sociedad civil, la necesidad de la mediación democrático-representativa, la homogeneidad nacional, el control y la regulación espacial, la violencia legítima, y la ley general e impersonal. Todos esos aspectos están vinculados a la existencia de la modalidad capitalista de organización social, que no ha cesado de regir. (12)

Siendo prisioneros de esa individualidad capitalista, participamos en la llamada democracia representativa, con la esperanza de encontrar otros horizontes, con resultados siempre negativos. Es lo que periódicamente registramos en todo lugar de este planeta capitalista. Como lo señalamos al inicio, son los desvaríos electorales de Francia o Italia, los de Chile, los nuestros en Colombia, y los que continuarán en cualquier lugar del mundo. Los golpes que recibimos, sin embargo, no nos alejan de los lazos de la democracia representativa, seguimos y seguiremos adhiriendo a ella, abrazándola, reclamándola y practicándola. No basta con denunciarla y rechazarla, su fuerza sistémica nos domina. (13)

Reencontremos lo que nos identifica como especie insistiendo en la posición antagonista.

La única certeza con la cual contamos es, como lo indicamos atrás, que nuestra subjetividad es ambivalente y por otros medios, no necesariamente los de la democracia representativa, encierra un componente pre-individual, que abre perspectivas para reencontrarnos en lo común de nuestros rasgos indestructibles como especie, y para buscar una nueva individuación liberadora. Ese es el horizonte de las luchas anticapitalistas, como las que empiezan a renacer en Colombia en el medio rural y en los asentamientos urbanos, alrededor de la tierra, la alimentación, la educación y la salud…

Como lo ha postulado Virno, la perspectiva que tenemos, en desarrollo de las formulaciones de Simondon, es la que sintetiza a propósito de sus dos proposiciones esenciales: “La primera: en cada sujeto, al lado del componente individuado, persiste siempre una cuota de realidad preindividual. Esto significa que la idea misma de «sujeto» tiene que entenderse bajo la forma de una combinación permanente de Común y Singular. La segunda tesis sobresaliente de Simondon tiene que ver con lo colectivo: esto no comprime ni mortifica al individuo, sino que es el ámbito en el cual la individuación se refina y se potencia. Para Simondon, la cuota de realidad preindividual que todo sujeto lleva en sí puede a su vez individuarse, pero solamente en la relación entre muchos, en el colectivo, en la cooperación sociopolítica. Sólo en la praxis colectiva, lo preindividual se transforma en transindividual. Y lo transindividual es la categoría que, en el nivel de la globalización postfordista, puede designar una esfera pública ya no estatal, una democracia no representativa. Bueno, estas dos tesis son realmente nuevas. Revierten muchas creencias arraigadas, muchas supersticiones filosófico-políticas.”(14)

Hay, por consiguiente, posibilidades para un horizonte nuevo de la posición antagonista. Aun cuando muchas de las orientaciones en este campo, no pueden estar desligadas de la problemática de cada sociedad particular, en términos generales puede decirse que esa posición debe denunciar la significación del régimen representativo y no sólo sus vicios, deformaciones e imperfecciones; descalificar la utilidad real del régimen de partidos, más allá de las fórmulas múltiples que pueden regularlo; confrontar todo régimen autoritario y de excepción; controvertir todas las tendencias, reformas y políticas adecuadas a la transformación capitalista en curso; advertir los peligros de cooptación e ideológicos que se esconden tras las llamadas formas de democracia participativa y comunitaria; deslegitimar la viabilidad de soluciones reales mediante reformas constitucionales o legales o políticas públicas, bajo el actual sistema de organización social-productiva y los regímenes políticos vigentes; evitar la celada del reordenamiento del sistema político para atender sus anomalías, tales como el clientelismo, la corrupción, el burocratismo, etc; controvertir y rechazar las nuevas formas del orden capitalista global; considerar la posibilidad de construir formas de transición en la dirección de ruptura con el orden existente; y, en fin, impulsar etapas  de transición post-capitalista, cuando las condiciones así lo exijan y lo permitan. Todo ello con todas las precauciones que sean posibles, pues las dimensiones institucionales y representativas del capitalismo siempre se oponen a esos desbordamientos o superaciones, planteados desde dentro o por fuera de ellas. Es un proceso siempre conflictivo, complejo e híbrido, en la medida que combina múltiples agentes y prácticas y que, sobre todo, choca con las organizaciones que en otro momento tuvieron protagonismo y con sus reivindicaciones que han perdido su pertinencia.

Notas:

1) M. Moncayo. Ante el eclipse electoral: es posible una táctica defensiva, Revista Izquierda No. 103 mayo 2022, y Del eclipse al enceguecimiento: como descifrar el actual momento político, en Revista Izquierda No. 106.

2) Aproximadamente 700.000 votos de diferencia, equivalente a cerca del 3%.

3) M.Moncayo. De la revuelta social a la trampa electoral. Revista Izquierda No. 98. Julio 2021

4) Virno, Paolo. (2001). Multitude et principe d’individuation, traducción española en Revista Multitudes No.7, sitio web, diciembre 2001

5) Así lo entiende Gilbert Simondon (1989) : Se podría llamar naturaleza a esta realidad pre-individual que el individuo lleva consigo, tratando de encontrar en la palabra naturaleza el significado que le daban los filósofos presocráticos: los fisiólogos jónicos encontraban ahí el origen de todas las especies de ser, anterior a la individuación: la naturaleza es realidad de lo posible que, bajo las especies de este apeirón del que habla Anaximandro, hace surgir toda forma individuada; la Naturaleza no es lo contrario del Hombre, sino la primera fase del ser, siendo la segunda la oposición entre el individuo y el entorno [milieu]. p. (158) /citado por Virno)

6) M.Moncayo. Exodo. Ediciones Aurora. Bogotá, 2018

7) Los términos con los cuales Gilbert Simondon explica esto son los siguientes: No debemos hablar de tendencias del individuo que le llevan hacia el grupo, ya que hablar de estas tendencias no es hablar propiamente de tendencias del individuo en tanto que individuo: ellas son la no-resolución de los potenciales que han precedido a la génesis del individuo. El ser que precede al individuo no ha sido individuado sin más, no ha sido totalmente resuelto en individuo y medio [milieu]; el individuo ha conservado con él lo pre-individual, y todo el conjunto de individuos tiene también una especie de fondo no estructurado a partir del cual una nueva individuación podrá producirse. (citado por Virno)

8) Gilbert Simondon (1924-1989), filósofo francés muy apreciado por Deleuze y reactualizado en los últimos tiempos, conocido por su teoría sobre la individuación del ser en general y del ser humano en particular.

9) Leer a Gilbert Simondon: transindividualidad, actividad técnica y reificación. Entrevista a Paolo Virno http://grupomartesweb.com.ar/

10) Hardt y Negri, Declaración. Ed Akal. Madrid, 2012, p.35. Los autores agregan: “Como dice Carl Schmitt, representar significa hacer presente una ausencia o, en realidad, a nadie en concreto. La conclusión de Schmitt es perfectamente coherente con los presupuestos de Rousseau, que a su vez se expresan en la constitución estadounidense y en las constituciones de la Revolución Francesa. La paradoja de la representación es completa. Lo único que sorprende es que pudiera funcionar durante tanto tiempo y, en su vaciedad, solo podía hacerlo respaldada por la voluntad de los poderosos, de los poseedores de riqueza, de los productores de información y de los instigadores del miedo, predicadores de la superstición y la violencia”.

11) Moncayo, Víctor M. El Leviatán Derrotado. Ed Norma Bogotá, 2004, p. 67

12) Una explicación de estos rasgos en V.M.Moncayo, El Leviatán Derrotado, Ed Norma Bogotá,2004 y Ed Aurora Bogota,2018.

13) Es así como la sentencia de Borges del epígrafe, lo conduce paradójicamente a decir: “Escribí alguna vez que la democracia es un abuso de la estadística; yo he recordado muchas veces aquel dictamen de Carlyle, que la definió como el caos provisto de urnas electorales. El 30 de octubre de 1983, la democracia argentina me ha refutado espléndidamente. Espléndida y asombrosamente. Mi Utopía sigue siendo un país, o todo el planeta, sin Estado o con un mínimo de Estado, pero entiendo no sin tristeza que esa Utopía es prematura y que todavía nos faltan algunos siglos. Cuando cada hombre sea justo, podremos prescindir de la justicia, de los códigos y de los gobiernos. Por ahora son males necesarios.” Tapa del suplemento Cultura y Nación de Clarín del 22 de diciembre de 1983, con el texto de Jorge Luis Borges sobre el regreso de la democracia.

14)Leer a Gilbert Simondon: transindividualidad, actividad técnica y reificación. Entrevista a Paolo Virno por Jun Fijita Hirose, consultada en la red.

 

Victor Manuel Moncayo, Licenciado en Derecho por la Universidad Nacional de Colombia, Ciencias Politicas por la Universidad de Lovaina .Decano, Ex-rector y Profesor Emérito de la Universidad Nacional de Colombia. Officier de L’Ordre du Merite de la República Francesa. Profesor visitante de universidades europeas y latinoamericanas. Ha publicado numerosos libros y artículos sobre temas relacionados con la teoría del Estado y del Derecho, las políticas públicas, y el sistema de educación superior, siempre en una perspectiva crítica del orden social vigente. Entre sus trabajos más recientes pueden mencionarse: Por una resignificación Política de la izquierda, en La Izquierda del siglo XXI, Clara López y otros, 2013, Ediciones Aurora Bogotá; Hacia la verdad del conflicto: insurgencia guerrillera y orden social vigente, en Conflicto social y rebelión armada, Bogotá, 2015, Editorial Gentes del Común; El Leviatán derrotado. Reflexiones sobre teoría del Estado y el caso colombiano (Bogotá editorial Norma 2004, reedición Ediciones Aurora, 2018) y Éxodo. Salir del capitalismo, Bogotá Ediciones Aurora, 2018.

Elogio del cuerpo que baila

Por Silvia Federici

La historia del cuerpo es la de los seres humanos: no hay práctica cultural que no se aplique en primer lugar al cuerpo. Aunque nos limitemos a hablar de la historia del cuerpo en el capitalismo, nos enfrentamos a una tarea abrumadora, ya que se han empleado muy diversas técnicas para disciplinarlo y estas han cambiado constantemente en función de las variaciones de los distintos regímenes laborales a los que ha estado sometido.

Se puede reconstruir la historia del cuerpo describiendo las distintas formas de represión que el capitalismo ha activado en su contra. Pero he decidido, en cambio, escribir sobre el cuerpo como un territorio de resistencia, es decir, sobre el cuerpo y sus poderes –el poder de actuar y de transformarse– y sobre el cuerpo como un límite a la explotación.

Hay algo que hemos perdido al insistir en hablar del cuerpo como una construcción social y performativa. La visión del cuerpo como una producción social (discursiva) ha ocultado el hecho de que nuestro cuerpo es un receptáculo de poderes, facultades y resistencias, que se han desarrollado durante un largo proceso de coevolución con nuestro entorno natural, y también de prácticas intergeneracionales que han hecho de él un límite natural a la explotación.

Cuando hablo del cuerpo como un “límite natural”, me refiero a la estructura de necesidades y deseos que se ha creado dentro de nosotros no solo a través de nuestras decisiones conscientes o nuestras prácticas colectivas, sino también a través de millones de años de evolución material: la necesidad de sol, de cielo azul, del verde de los árboles, de olor a bosque y a océano, la necesidad de tocar, oler, dormir y hacer el amor.

Esta estructura acumulada de necesidades y deseos, que durante miles de años ha sido la condición de nuestra reproducción social, ha puesto límites a nuestra explotación. El capitalismo ha luchado sin descanso para superar esa estructura.

El capitalismo no fue el primer sistema basado en la explotación del trabajo humano, pero ha intentado, más que cualquier otro sistema en la historia, crear un mundo económico donde el trabajo sea el principio de acumulación más esencial. Fue el primero en tener como premisas clave de la acumulación de riqueza la reglamentación y la mecanización del cuerpo. De hecho, una de las principales tareas sociales del capitalismo, desde sus comienzos hasta la actualidad, ha sido transformar nuestra energía y nuestras facultades corporales en fuerza de trabajo.

En Calibán y la bruja, estudiaba las estrategias que ha empleado el capitalismo para cumplir esta tarea y modificar la naturaleza humana del mismo modo que ha intentado hacerlo con la tierra para que el suelo fuera más productivo y convertir a los animales en fábricas vivientes. En el libro también hablaba de la batalla histórica que el capital ha librado contra el cuerpo, contra nuestra materialidad, y las numerosas instituciones que ha creado con este fin: la ley, el látigo, la regulación de la sexualidad y una miríada de prácticas sociales que han redefinido nuestra relación con el espacio, con la naturaleza y con los demás.

El capitalismo nació con el fin de apartar a la gente de la tierra y su primera tarea fue independizar el trabajo de las estaciones y prolongar la jornada laboral más allá del límite de nuestras fuerzas. Por lo general, destacamos el aspecto económico de este proceso, la dependencia económica de las relaciones monetarias que ha creado el capitalismo y su papel en la formación del proletariado asalariado. Sin embargo, no siempre hemos visto lo que ha implicado para nuestro cuerpo estar apartado de la tierra, cómo se lo ha pauperizado y cómo se le han arrebatado los poderes que los pueblos precapitalistas le atribuían.

La naturaleza, como reconocía Marx,[1] es nuestro “cuerpo inorgánico”; hubo una época en la que podíamos interpretar los vientos, las nubes y los cambios de corriente de los ríos y los mares. En las sociedades precapitalistas, las personas pensaban que tenían el poder de volar, de tener experiencias extracorporales, de comunicarse y hablar con los animales y adquirir sus poderes, o incluso de cambiar de forma. También pensaban que podían estar en más de un lugar al mismo tiempo y, dado el caso, que podrían volver de la tumba para vengarse de sus enemigos.

No todos esos poderes eran imaginarios. El contacto cotidiano con la naturaleza era la fuente de un enorme conocimiento, que se reflejó en la revolución alimentaria que tuvo lugar especialmente en las Américas antes de la colonización o en la revolución de las técnicas de navegación. Sabemos, por ejemplo, que los pueblos polinesios solían navegar por la noche en alta mar empleando solamente su cuerpo como brújula, pues sabían interpretar en la vibración de las olas lo que tenían que hacer para dirigir sus embarcaciones hacia la costa.

Atarnos al espacio y al tiempo ha sido una de las técnicas más elementales y persistentes a las que ha recurrido el capitalismo para apropiarse del cuerpo. Solo hay que ver los ataques a los vagabundos, los migrantes y los indigentes que se han producido a lo largo de la historia. La movilidad es una amenaza si no se produce por trabajo, porque hace circular conocimientos, experiencias y luchas. Antiguamente, los instrumentos de coerción eran el látigo, las cadenas, el cepo, la mutilación y la esclavización. Ahora, además del látigo y los centros de detención, tenemos la vigilancia informatizada y la recurrente amenaza de epidemias, como la gripe aviar, como medios de control del nomadismo.

La mecanización, la conversión del cuerpo (masculino y femenino) en una máquina, ha sido una de las metas que el capitalismo ha perseguido de forma más incansable. También ha convertido a los animales en máquinas de tal modo que las cerdas dupliquen su camada, las gallinas produzcan huevos sin interrupción –mientras se tritura a las improductivas– y los terneros no llegan a ponerse en pie antes de que los lleven al matadero. No puedo evocar en este texto todas las formas de mecanización del cuerpo que se han producido. Baste decir que las técnicas de captura y dominación han cambiado en función del régimen laboral dominante y de las máquinas que se han instituido en modelo para el cuerpo.

Así pues, nos encontramos con que en los siglos XVI y XVII (la época de la manufactura) se imaginaba y se disciplinaba el cuerpo según el modelo de máquinas simples, como la bomba o la palanca. Este régimen culminó en el taylorismo y el estudio de tiempos y movimientos, en el que se calculaba cada movimiento y se canalizaban todas las energías en la realización de la tarea.

En este caso, la resistencia se imaginaba como una inercia: se representaba al cuerpo como un animal necio, un monstruo que se resistía a obedecer órdenes.

En cambio, en el siglo XIX vemos que la concepción del cuerpo y las técnicas disciplinarias se inspiraban en la máquina de vapor y su productividad se calculaba en términos de insumos y producción; la eficiencia se convirtió en la palabra clave. Bajo este régimen, el disciplinamiento del cuerpo se lograba mediante las restricciones alimentarias y el cálculo de las calorías que necesitaba un cuerpo para trabajar. En estas circunstancias, el clímax se alcanzó con la tabla de calorías necesarias por tipo de trabajador que elaboraron los nazis. El enemigo era la dispersión de energía, la entropía, el malgasto, el desorden. En Estados Unidos, la historia de esta nueva economía política se inició en la década de 1880, con el ataque a las tabernas y la remodelación de la vida familiar, cuyo centro era el ama de casa a tiempo completo, concebida como un dispositivo antientrópico, siempre en guardia, preparada para reponer la comida consumida, reconfortar y lavar los cuerpos ajados o coser la ropa cuando se volvía a rasgar.

En nuestra época, los modelos del cuerpo son la computadora y el código genético, que componen un cuerpo desmaterializado y desagregado, imaginado como un conglomerado de células y genes, cada uno de ellos con su propio programa, indiferentes a los demás y al bien del cuerpo en su conjunto. Es lo que afirma la teoría del “gen egoísta”: la idea de que el cuerpo se compone de genes y células individualistas que persiguen la realización de su propio programa, una metáfora perfecta de la concepción neoliberal de la vida, en la que el dominio del mercado se vuelve en contra no solo de la solidaridad grupal, sino de la solidaridad con nosotros mismos. Invariablemente, el cuerpo se desintegra en un ensamblaje de genes egoístas y cada uno busca cumplir con sus objetivos egoístas, indiferentes al interés de los demás.

En la medida en que interiorizamos esta visión, interiorizamos la experiencia más profunda de autoalienación, ya que nos enfrentamos no solo a un gran monstruo que no obedece nuestras órdenes, sino a una horda de microenemigos infiltrados en nuestro propio cuerpo, listos para atacarnos en cualquier momento. Se han desarrollado sectores industriales a partir de los miedos que genera esta concepción del cuerpo, que nos ponen a merced de las fuerzas que están fuera de nuestro control. Inevitablemente, si interiorizamos esta visión, no nos sentimos a gusto con nosotros mismos: nuestro cuerpo nos asusta y no lo escuchamos. No atendemos a lo que quiere, y en cambio lo asaltamos con todas las armas que nos puede ofrecer la medicina: radiaciones, colonoscopías, mamografías, armas todas ellas de una larga batalla contra el cuerpo, en la que participamos en lugar de apartar nuestro cuerpo de la línea de fuego. De este modo, estamos preparados para aceptar un mundo que transforma partes del cuerpo en mercancías y percibimos nuestro cuerpo como un repositorio de enfermedades: el cuerpo como plaga, el cuerpo como fuente de epidemias, el cuerpo sin razón.

Por lo tanto, nuestra lucha tiene que empezar por reapropiarnos de nuestro cuerpo, por revaluar y redescubrir su capacidad de resistencia y por expandir y celebrar sus poderes, individual y colectivamente.

El baile es esencial para esta reapropiación. En esencia, el acto de bailar es una exploración y una invención de lo que puede hacer el cuerpo: de sus capacidades, sus lenguajes, sus formas de articular los afanes de nuestro ser. He llegado a la conclusión de que existe una filosofía en el baile, puesto que la danza imita los procesos a través de los cuales nos relacionamos con el mundo, nos conectamos con otros cuerpos, nos transformamos a nosotros mismos y al espacio que nos rodea. Del baile aprendemos que la materia no es estúpida, ni ciega, ni mecánica, sino que tiene sus ritmos, su lenguaje, se autoactiva y se autoorganiza. Nuestro cuerpo tiene motivos que necesitamos conocer, redescubrir y reinventar. Necesitamos escuchar su lenguaje para que nos conduzca a nuestra salud y a nuestra sanación, así como necesitamos escuchar el lenguaje y los ritmos del mundo natural para que nos conduzcan a la salud y a la sanación de la Tierra. Dado que el poder de afectar y ser afectado, de mover y ser movido (una capacidad indestructible que solo se agota al morir) es constitutivo del cuerpo, en este reside una cualidad política inmanente: la capacidad de transformarse a sí mismo y a los demás, y la de cambiar el mundo.


[1]   Karl Marx, Manuscritos de economía y filosofía, Madrid, Alianza Editorial, 2013 [1844], pp. 112-114.

Fuente: Tinta Limón Blog

La izquierda ucraniana se construye en varios frentes

Por CATHERINE SAMARY

El 17 de septiembre, la ONG socialista ucraniana Sotsialny Rukh (SR-Movimiento Social)[01] celebró una conferencia nacional en Kiev. Lejos de un simple informe fáctico y puntual, el objetivo aquí es arrojar luz sobre el perfil específico de esta joven izquierda basado en su práctica militante en el corazón de la sociedad ucraniana y en ruptura con las interpretaciones contradictorias dominantes del Euromaidán (2013-2014) que dividen a la izquierda y son explotadas por Putin. Al hacerlo, también se tratará de volver a las antiguas divergencias entre las izquierdas marxistas sobre el alcance de una Ucrania soberana en la construcción y el desmantelamiento de la URSS, también movilizadas por Putin para legitimar su operación militar. En el contexto actual de una guerra con intereses globalizados, veremos que las cuestiones a las que se enfrenta el RS están lejos de ser sólo ucranianas.

Acudí a la conferencia de la Sotsialny Rukh (SR) con una doble representación[02], pero con un único objetivo, coherente con las posiciones defendidas en las distintas redes en las que participo: consolidar los vínculos internacionalistas desde abajo con esta joven izquierda ucraniana. Vínculos que se forjaron en el seno de la crisis ucraniana de 2013-2014 y se renovaron contra la guerra de agresión imperial rusa. Y vínculos fundamentales, porque es una preciosa y frágil resistencia a las políticas e ideologías dominantes que se enfrentan en la guerra y en el actual orden mundial imperialista.

Vista desde Kiev a mediados de septiembre, esta guerra es a la vez lejana y presente: como sabemos y vemos en las calles de la ciudad, se han reanudado las actividades y desde la retirada estratégica de las tropas rusas al sur y al este del país parecen normales. Sin embargo, la guerra sigue ahí en muchos aspectos, aparte de la caída del nivel de vida (con un salario medio de unos 400 euros), están los millones de desplazados o refugiados, la pérdida de puestos de trabajo, la muerte, destrucción y las múltiples formas de violencia, especialmente para las mujeres. Con frecuencia, la guerra se hace presente por las sirenas de alarma cuando las fuerzas rusas lanzan misiles sin que se sepa qué lugares estratégicos del país son el objetivo. Así ocurrió, por ejemplo, en varias ocasiones a mediados de septiembre, cuando los misiles apuntaron a la central hidroeléctrica de Krivih Rih y a sus presas, provocando unas catastróficas inundaciones. Esta fue la causa de la alarma que sonó en Kiev en pleno día del 16 de septiembre, obligando a cerrar el banco donde queríamos cambiar dinero. Sin embargo, nos dijeron que los servicios de intercambio, que debían estar cerrados en la calle, funcionaban en la gran galería del sótano, con varias tiendas y oficinas para garantizar el desarrollo de las actividades.

En el momento de la conferencia, las alertas formaban parte de una cierta normalidad en Kiev: las conversaciones en las terrazas que nos rodeaban continuaban pacíficamente ese día, al igual que la mayoría de las actividades en la capital.

En la ciudad, persisten otras dos huellas de la guerra: por un lado, todas las estatuas están protegidas por sus propios refugios permanentes que las cubren, a veces con un dibujo o un cartel que indica la naturaleza de la obra camuflada. Por último, aquí y allá quedaron disponibles, pero colocadas a los lados de las calles estratégicas, las barricadas antitanques establecidas al comienzo de la ofensiva rusa hacia Kiev a finales de febrero.

Si la evolución de la guerra hace ahora improbable la entrada de tanques y el envío de tropas a la capital, las autoridades del país planean proteger ciertas ceremonias de los  posibles disparos de misiles (o para recordar a algunas personalidades internacionales la realidad de la guerra), organizándolas en el sótano del profundo y bello metro de Kiev (que se asemeja al metro de Moscú), para gran disgusto de la población, que se ve así obstaculizada en sus movimientos. Desgraciadamente, los propios fracasos del ejército de Putin suponen –sobre todo tras los reveses de Moscú en el Dombás y en el puente que une Crimea con Rusia– nuevas amenazas reales de disparos de misiles hacia todas las ciudades importantes del país y sus puntos estratégicos.

De una conferencia a otra – El arraigo social de RS
Pero en general, a mediados de septiembre, la capital se desenvolvía con normalidad en el séptimo mes de guerra, cuando el pasado mes de mayo y tras el inicio de la ofensiva el 24 de febrero, las fuerzas políticas, sindicales y asociativas del país –así como las oficinas diplomáticas– desertaron de Kiev y trasladaron su sede a Lviv (cerca de la frontera polaca). Por ello, el primer encuentro coorganizado de militantes de la SR y la red ENSU el 8 de mayo se organizó allí[03].

En Lviv, las y los activistas ucranianos miembros o cercanos a la RS presentaron sus actividades (políticas, sindicales, feministas, LGTB, medioambientales…) en tiempo de guerra (añadiendo a sus actividades normales de formación y defensa de los derechos, todas las impuestas por la urgencia de la solidaridad desde abajo ante la destrucción y los daños sociales de la guerra); los delegados de la red ENSU trataron de darles a conocer[04] y de organizar conjuntamente acciones que combinan la defensa de los derechos y la ayuda humanitaria autoorganizada. La organización de convoyes sindicales es la forma emblemática de este tipo de acción[05].

Se trataba de ayudar a que la izquierda política, sindical y feminista[06] eche raíces en la resistencia global de la sociedad ucraniana a la guerra, mientras que una de las principales características de los desacuerdos dentro de la izquierda occidental es precisamente es hacer abstracción esta sociedad ucraniana, ya sea ignorándola (en favor de análisis puramente geoestratégicos), o reduciéndola a ser víctima y carne de cañón de los programas imperialistas, o incluso identificándola con las corrientes reaccionarias dominantes de la derecha y la extrema derecha.

La conferencia celebrada en Kiev el 17 de septiembre estuvo abierta para dar a conocer la izquierda ucraniana en el seno de la resistencia popular a las y los miembros de las redes internacionales de la izquierda occidental solidaria (ya sea a través de nuestra presencia física o de los enlaces por zoom). Pero esta conferencia tenía ante todo un objetivo interno para la RS: sin poder ser un congreso (dadas las dificultades de funcionamiento y de preparación en el contexto de la guerra), se trataba de que la organización evaluara conjuntamente sus progresos, sus fragilidades y cómo hacer frente a los retos tanto generales como específicos de la sociedad ucraniana postsoviética,  para dotarse de los medios necesarios que aseguren mejor y expresen colectivamente su identidad política en una sociedad en la que ser de izquierdas se asimila al pasado estalinista y al apoyo a la guerra y al régimen de Putin.

Sin embargo, los propios discursos de Putin en vísperas del lanzamiento de su operación militarse referían explícitamente a dos grandes cuestiones que dividen a la izquierda y marcan la identidad política de la RS: por un lado, la caracterización de lo que fue la caída del último presidente llamado prorruso de Ucrania en 2013-2014, Víktor Yanukovich; por otro lado, la razón de ser de la independencia de Ucrania.

Un breve repaso de estos dos puntos pretende aclarar el perfil de Sotsialny Rukh. Esta ONG socialista fue creada en 2015 a partir de delinitaciones políticas clave que atravesaban a la izquierda postsoviética ante Maidán y contra-Maidán.

La izquierda y Maidán
La crisis ucraniana de 2013/2014 se refiere a lo que se ha llamado la revuelta del Maidán por la gran plaza de Kiev donde tuvieron lugar las manifestaciones, enfrentamientos y ocupaciones de lugares y edificios públicos que acompañaron la caída del presidente Yanukovich. Este último, como nos recuerdan siempre los defensores de la tesis de un golpe de Estado fascista apoyado por Occidente, había sido reelegido democráticamente en 2010 al frente de Ucrania[07]. Lo que fue el régimen de Yanukovich desde 2010, y lo que fue la evolución de la sociedad ucraniana[08]y de Rusia desde entonces están en el centro de las diferencias que han dividido a la izquierda ucraniana e internacional en ese momento y desde entonces.

No puedo extenderme aquí[09] sobre las fases anteriores y el trasfondo de lo que condujo a la crisis de 2013, que tuvo un impacto duradero en la sociedad ucraniana, enfrentada a sus oligarcas y su Troika (FMI, UE y Rusia). Resumamos lo que a menudo se omite en los recuentos: por un lado, la elección de Yanukovich en 2010 se produjo tras la gravísima crisis financiera y bancaria de 2008-2009, que produjo una huida masiva de capitales occidentales de Ucrania (que fueron atraídos por el cambio de régimen de la Revolución Naranja en 2004), la caída drástica de su PIB y un importante endeudamiento externo. Así, el país se vio sometido a una doble presión: la del FMI y las condiciones derivadas por los criterios neoliberales de la asociaciónofrecida por la UE (aumento de las tarifas energéticas para la población, desmantelamiento de los servicios públicos, etc.); y las relaciones de dominación que Rusia intentaba imponer explotando el arma del gas (cantidad y tarifas que pesan en una Ucrania que es un punto de tránsito esencial para el gas ruso hacia la UE). La elección de Yanukovich en 2010 expresó una especie de mandato de neutralidad militar y equilibrio en las relaciones internacionales. Incluso los oligarcas, incluidos Yanukovich y su familia, utilizaron todos los recursos disponibles, rusos u occidentales, para obtener beneficios. La elección democrática de Yanukovich no dice nada sobre sus prácticas posteriores. Básicamente, fue su impopularidad junto con la corrupción, las políticas antisociales y la represión… (¡así como la de sus predecesores y sucesores!) lo que produjo su caída,

Fue en este contexto en el que la izquierda ucraniana e internacional vio cristalizar (tras el calvario de la guerra de la OTAN contra Kosovo en 1999) las contradictorias visiones políticas y geoestratégicas de lo que podría llamarse neocampismo[10], que se prolongaron, recompusieron o radicalizaron ante la invasión de Ucrania por Putin el 24 de febrero de 2022.

Así, la crisis ucraniana de 2013-2014 se describió, por un lado, como una revolución democráticadel Euromaidán, haciendo hincapié en las protestas contra la decisión de Yanukovich de no firmar el acuerdo de asociación con la Unión Europea (UE).  En el extremo opuesto del espectro, una parte de la izquierda radical de Ucrania y Europa también se refirió al Euromaidán, pero lo rechazó de plano. En ambos casos (alegrándose o lamentándose), se trataba de reducir las manifestaciones a un movimiento proeuropeo, y asimilar las posibles esperanzas de apertura hacia la UE a las posiciones antirrusas. Reducciones todas ellas simplistas, que borran la dimensión autoorganizativa y popular de las movilizaciones, su rechazo a un régimen oligárquico corrupto y la represión. Sin embargo, las protestas iniciales contra la ruptura de la asociación con la UE fueron débiles, aunque violentamente reprimidas. Y fue esta represión la que desencadenó el carácter masivo de la ocupación de la plaza Maidán y exasperó a los manifestantes a favor de la caída del presidente y en contra de las medidas de compromiso. Fueron estas movilizaciones de masas las que produjeron la caída del régimen mediante un profundo rechazo a la oligarquía familiar de Yanukovich, que se extendió a su propia región (hasta el punto de que tuvo que huir a Rusia).

Entonces vimos que una parte de la izquierda antiestalinista y las corrientes neoestalinistas o aliadas del Partido de las Regiones del ex presidente Yanukovich convergieron en el análisis del Euromaidán como un simple instrumento de las instituciones capitalistas occidentales. Hay que destacar hasta qué punto este tipo de enfoque conspirativo ha penetrado en los análisis antiimperialistas en la fase postsoviética; con su parte de verdad, por supuesto: está probada la corrupción desplegada por las instituciones de la CIA hacia los sindicalistas en Rusia o Polonia –durante la fase crucial de los años ochenta– o incluso, más tarde, hacia los blogueros u organizaciones activas en las revoluciones árabes. Pero, ¿debería esto llevar a negar la autenticidad de los levantamientos populares y la posibilidad de que aprendan de la experiencia? Así ocurrió en Ucrania, con la evolución de la percepción popular sobre los partidos entre 2004 y 2014, con el descubrimiento de que los llamados partidos democráticos de la Revolución Naranja que denunciaron la corrupción en 2004 eran, a su vez, profundamente corruptos… Y de forma más general, como en todo el mundo, aumentó la abstención y la desconfianza en los partidos institucionales.

La tragedia de la izquierda ha sido y sigue siendo, por un lado, la acumulación de grandes divisiones sobre cómo analizar el pasado soviético, con un fuerte desconocimiento de lo que fueron los escenarios y las transformaciones radicales de los países que se reivindicaban como socialistas[11]; esto reforzó aún más la convergencia de hecho de una parte de esta izquierda conspirativa con la propaganda de los poderes autocráticos de Rusia y de otras antiguas repúblicas postsoviéticas, que tenían un verdadero terror a las aspiraciones de autodeterminación (como en Chechenia) o el verdadero dégagisme [que se vayan todos] de los movimientos de protesta de masas, especialmente en la década de 2000. Este interpretación conspirativa legitimó su giro represivo (como en la época de Stalin): toda oposición se equiparó a la infiltración de agentes extranjeros. Cuando este extranjero es, además, el principal enemigo (el imperialiamo), la lógica el enemigo de mi enemigo es mi amigo reforzó el apoyo a la política del Kremlin contra las revoluciones de colores[12](considerada como manipulada por Occidente), de Ucrania en 2004 o de Georgia en 2003, y de nuevo en Ucrania en 2014.

El Euromaidán de 2013/2014 se trató en el marco de este tipo de enfoque, añadiendo la denuncia del papel activo (real pero sobredimensionado en los análisis) de las milicias de extrema derecha en las movilizaciones populares. La sobrerrepresentación de estas corrientes y su influencia en el gobierno de transición establecido en Ucrania (antes de las nuevas elecciones) tras la caída y huida de Yanukovich se utilizó como prueba de un golpe de Estado fascista antirruso apoyado por Occidente, lo que se refleja en el discurso de Putin que precedió a la operación militar del 24 de febrero de 2022. La glorificación oficial del héroe nacionalista Stepán Bandera (que optó por aliarse con los nazis contra la URSS estalinista) o el cuestionamiento de la ley de 2012 sobre las lenguas (que se había aprobado bajo la presidencia de Yanukovich y que otorgaba de hecho el estatus de lengua cooficial al ruso y a las lenguas dominantes en la región), así como la afirmación de la lengua ucraniana como única lengua oficial[13], reforzaron esta narrativa y las preocupaciones populares en las regiones más rusoparlantes, al menos en 2014[14].

Pero esto no implicaba el separatismo[15], y mucho menos la guerra. Incluso en 2014, en el contexto de las movilizaciones anti-Maidán y de desconfianza real hacia Kiev, la población agrupada en las autoproclamadas Repúblicas Populares de Donetsk y Luhansk, dominadas (sin libertad de expresión) por las fuerzas separatistas, no abarcaba más del 20-30% del Dombás. En cuanto al referéndum celebrado en Crimea (que tenía un estatus autónomo dentro de Ucrania) en presencia de las fuerzas armadas rusas, ofreció la opción de unirse a Rusia o a Ucrania, pero esta última fue presentada como fascista (y antirrusa). En realidad, la cuestión fundamental para Putin era recuperar Crimea para consolidar la base militar de Sebastopol (con la Flota del Mar Negro en ella). Al anexionarse Crimea, Rusia violaba el protocolo que había firmado con Ucrania en 1994 en Budapest (en presencia de Estados Unidos y Gran Bretaña) en el que se comprometía a respetar las fronteras de Ucrania a cambio de que recuperar todas las armas nucleares[16]

Al mismo tiempo, si el país hubiera sufrido realmente este golpe fascista controlado por Occidente, la sociedad ucraniana habría llevado al poder a una fuerza nazi en las elecciones de 2014, apoyada por una consolidación de partidos pro-UE. Sin embargo, esta tesis se contradice con la dificultad recurrente de todos los partidos institucionales (especialmente la derecha y la extrema derecha) para formar mayorías o incluso para entrar en el parlamento, así como con los sucesivos escándalos y crisis que afectan a la presidencia de Poroshenko (2014-2019). La elección por sorpresa del actor judío de habla rusa Volodimir Zelenski en 2019, que fue elegido con la promesa de acabar con la corrupción y negociar una solución pacífica de los conflictos del Dombás con Putin, es un ejemplo de ello sin necesidad de investigar mucho.

Las corrientes que formaron Sotsialny Rukh en 2015 se distanciaron de estas posturas, que disponían de poderosos apoyos de propaganda estatal. Independientemente de cualquier poder –de Kiev o de Moscú– el enfoque de la RS, por muy marginal y frágil que fuera, es valiosa para cualquier visión crítica y de resistencia internacionalista por abajo.

Una nueva izquierda en la revolución de la dignidad
En 2014, esta izquierda en construcción optó por insertarse en lo que prefiere llamar la revolución de la dignidad con sus aspiraciones de justicia social y su dégagisme, entonces imposible en Rusia en ese momento. Por supuesto, esta dinámica revolucionaria no había sido capaz de desafiar a un sistema oligárquico y el movimiento estaba atravesado de ideologías reaccionarias. La corriente que se había formado con el nombre de Oposición de Izquierda luchó contra ellos, tratando de convertir las aspiraciones populares igualitarias en respuestas progresistas, críticas con las políticas neoliberales del FMI y la UE –sobre todo en relación a la deuda ucraniana, que se agravó tras la crisis financiera mundial y europea de 2008/2009- y antifascistas.

Reunió a activistas de diferentes regiones de Ucrania y de diferentes culturas políticas (anarquistas, trotskistas y posestalinistas en particular), y también valoró las razones de la desconfianza popular hacia el nuevo gobierno de Kiev expresada en el anti-Maidán del este y el sur de Ucrania. Sin duda, la política de Putin en 2014 –y desde 2022– ha reforzado los sentimientos antirrusos, pero también la defensa de una Ucrania plural[17]. Esto también es cierto en la izquierda, en el seno de las corrientes anarquistas que se reconocen en la lucha del líder anarquista Makhno, pero también del lado de los marxistas antiestalinistas que se reivindican de Roman Rosdolsky, fundadores del Partido Comunista en el oeste de Ucrania, y cercanos a la Oposición de Izquierda trotskista contra Stalin[18]. Putin denunció (en su discurso de febrero de 2022) que una Ucrania independiente era una creación de Lenín. La centralidad de la cuestión de la autodeterminación de los pueblos en la constitución de una unión socialista libre e igualitaria fue reconocida por Lenin, sobre todo, frente a la afirmación de una Ucrania popular independiente, inicialmente contra los bolcheviques[19]. Pero esto entraba obviamente en tensión con varias dimensiones del proyecto revolucionario socialista: ¿cómo combinar los derechos soberanos de los pueblos con una planificación redistributiva de las regiones más ricas a las menos desarrolladas? ¿Qué forma de democracia inventar, combinando los derechos individuales y colectivos, sociales y nacionales?[20]

Ahora bien, todo este pasado y sus fuentes han sido enterrados en gran medida y necesitan la paz y la democracia para ser puestos en común. En el contexto posMaidán, los anarquistas y, en general, los antifascistas y antiimperialistas se encontraron a ambos lados de los enfrentamientos en los que actuaban corrientes de extrema derecha prorrusas o, por el contrario, visceralmente antirrusas, también en ambos lados. Había (como ocurre en todo el mundo) una gran opacidad de etiquetas y conceptos políticos heredados del siglo pasado[21]. Si una parte de la izquierda apoyaba a Putin por ser el enemigo de mi principal enemigo (la OTAN dominada por EE UU), el rumbo antioccidental de Putin combina la puesta en cuestión de todas las dimensiones revolucionarias de la URSS surgida de octubre de 1917, el apoyo a la lógica de gran potencia de Stalin, el desprecio a cualquier estatus social protegido e igualitario de los trabajadores, las mujeres y las personas LGBT. Y, como declaró explícitamente en su discurso antes de la invasión de febrero de 2022[22], una Ucrania independiente es para él una creación artificial y aberrante de Lenin y su deseo de crear la URSS en 1922 sobre la base de estados soberanos. Las corrientes globales de la extrema derecha se encuentran en el enfoque etnicista de la nación y en el rechazo de un Occidente decadente, lo que debería preocupar a esa parte de la izquierda que las ve como un apoyo contra el imperialismo occidental.

Por lo tanto, la izquierda de Maidán, que iba a fundar Sotsialny Rukh, estaba obligada a estar en contradicción con estos diversos frentes, y por lo tanto era muy marginal. Fue básicamente la expresión de una nueva generación de activistas (la media de edad es de unos 30 años) que quería apropiarse de la herencia revolucionaria del siglo XX de forma crítica, integrando las aportaciones de los movimientos de emancipación (y de las lógicas interseccionales que cruzan las opresiones de clase, género, raza, sexualidad…) y de la protección del medio ambiente. Por tanto, su voluntad de insertarse en una sociedad y unos movimientos impuros, así como sus referencias intelectuales la sitúan en las antípodas de los planteamientos librescos y dogmáticos, sin dar, por supuesto, respuestas prefabricadas sobre temas abiertos a múltiples controversias.

Sus convicciones anticapitalistas, su análisis concreto y crítico de la sociedad ucraniana y un conocimiento marxista crítico del pasado soviético protegió a RS de las posturas campistas: impugnó como contraproducentes (desde el punto de vista de la lucha contra las fuerzas secesionistas) las operaciones antiterroristas del gobierno de Kiev contra las poblaciones del Dombás, y denunció al mismo tiempo el papel de Moscú y del aparato burocrático-militar ucraniano en crisis trás del pseudo referéndum de Crimea contra una Ucrania fascista, y, después, la autoproclamación de las pseudo repúblicas populares de Donetsk y Luhansk (DPR y LPR). RS Intentó identificar las aspiraciones populares comunes a toda Ucrania y esperaba un alto el fuego bajo el control de la OSCE o de la ONU, el desmantelamiento de todas las fuerzas paramilitares y el rechazo de toda injerencia rusa como condición previa para actualizar la constitución ucraniana sobre una base democrática y para controlar sus opciones y conflictos, en contra de cualquier lógica de reparto de zonas de influencia entre Moscú y Washington sobre la sociedad ucraniana[23].

Conocí a esta joven izquierda en Kiev en 2013 y 2014, participando en los debates de la conferencia que organizó sobre «La izquierda y Maidán». Estoy en deuda con ella en mis propios artículos sobre estos acontecimientos[24] por una mirada asociada a su inserción a contracorriente en varios frentes en el corazón de la revolución de la dignidad, una revolución inacabada e impura que abrió una fase de guerra híbrida que se ha transformado radicalmente en guerra absoluta en 2022.

Las tres muñecas rusos de la guerra de Putin
La postura de la RS ante esta guerra es coherente. Por un lado, con su desmarque analítico y militante en la fase 2013-2022, pero también con su compromiso con una Ucrania soberana como parte de una lucha socialista.

Es la agresión de Putin la que ha hecho que se planteen muchas preguntas y vacilaciones en relación a la construcción de una Ucrania plural, que tendrá que asumir democráticamente (pluralmente) y superar sus propios conflictos internos y las lecturas contradictorias de las oscuras páginas del pasado[25].

En su discurso del 22 de febrero[26], el propio Putin dio las claves de la interpretación de su ofensiva bélica, cuyas inciertas modalidades de aplicación se han hecho más claras desde 2014 tras la anexión de Crimea. Se pueden resumir en tres muñecas rusas entrelazadas.

La primera se basa explícitamente en el discurso de la Gran Rusia del siglo XIX sobre un pueblo ruso en tres dimensiones (Rusia, Bielorrusia y Ucrania). Putin lo opone a la elección de Lenin de fundar la URSS sobre la base de un desafío al Imperio Ruso (y a sus relaciones de opresión), por tanto sobre un acto de libre unión firmado sobre una base igualitaria entre repúblicas (de Rusia, Bielorrusia y Ucrania) reconocidas como soberanas.

Al igual que la primera, la segunda muñeca rusa no tiene nada que ver con la OTAN y se alimenta de ideologías de extrema derecha sobre el mundo ruso de Eurasia (contra la decadencia feminista, LGTB y atea del resto del mundo). Putin encaja varias ideologías a su manera. Los apoya pragmáticamente con dos construcciones que respetan las nuevas soberanías de las repúblicas postsoviéticas no rusas (autocráticas y antisociales): la Unión Económica Euroasiática, que quiere contrarrestar los proyectos de Asociación Oriental de la UE, y la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC), una mini-OTAN, que demostró su eficacia ante las revueltas sociales que desestabilizaron el poder autocrático en Kazajistán el año pasado[27].

Así, reconfortado en su propio espacio de dominación, Putin esperaba ampliar las dimensiones de la tercera muñeca: su lugar en la Corte de las Grandes Potencias y frente a la OTAN para negociar en posición de fuerza el reparto de las «esferas de influencia. La audacia de la ofensiva rusa (en defensa de los intereses imperiales e imperialistas de estos proyectos) fue catalizada por el estado de muerte cerebral de la OTAN tras la penosa retirada de Afganistán y en vista de los flagrantes desacuerdos entre EE UU, Francia y Alemania en cuestiones energéticas y en las relaciones con Rusia: Por tanto, no fue una amenaza de la OTAN, sino más bien lo contrario, su crisis, lo que constituyó la base del escenario ofensivo de Putin a principios de 2022, reforzado por su evaluación de la situación en Ucrania. Esperaba ganar una popularidad interna similar a la que había obtenido con la anexión de Crimea.

Los intentos de Zelenski para negociar con Putin sobre el destino del Dombás fueron recibidos con desprecio por el autócrata ruso. Pero el presidente ucraniano también se vio enfrentado a las amenazas de su extrema derecha. Dirigiéndose a Biden, recibió de él una negativa explícita a defender a Ucrania contra las amenazas de intervención rusa. En definitiva, la popularidad del presidente ucraniano había caído a finales de 2021. Esto reforzó la creencia de Putin en un escenario de caída/huida de Zelenski y su sustitución por un Pétain ucraniano como parte de un despliegue de fuerza a nivel nacional, especialmente hacia la capital, con el mismo tipo de narrativa que para el referéndum de Crimea: contra una Ucrania nazificada, de vuelta a la casa rusa«.

Sotsialny Rukh ante la guerra
Desde el principio, al igual que la gran masa de la población ucraniana, encabezada por el presidente Zelenski, los miembros de la RS optaron por resistir la invasión y negarse a desaparecer en la camisa de fuerza de la muñeca rusa. Este perfil nunca suprimió su perfil anarcocomunista anticapitalista y, por tanto, su independencia crítica respecto al gobierno de Zelenski. Este último es visto como el menos malo posible en la escena política ucraniana, ya que es y tiene una fuerte legitimidad popular como expresión de la defensa de la soberanía ucraniana, lo que implica, en la fase de guerra, que la crítica que formula la izquierda ha de ser (también) popular, concreta y no contradictoria con el compromiso contra esta guerra.

La violencia de la invasión rusa ha impuesto a los más pacifistas la evidencia del derecho a defenderse, a negarse a poner al mismo nivel las armas del agresor y las necesarias para el pueblo que decide resistir y defender su dignidad, sus derechos, su vida. Los antiguos vínculos con el Movimiento Socialista Ruso le permitieron definir una posición común el 7 de abril de 2022[28], que se enfrentó a los argumentos de la izquierda occidental:

Queremos abordar una reivindicación muy controvertida, la de la ayuda militar a Ucrania. Comprendemos el impacto de la militarización en el movimiento de la izquierda progresista en todo el mundo y la resistencia de la izquierda a la expansión de la OTAN o a la intervención occidental. Sin embargo, es necesario un contexto más amplio para dar una imagen más completa.

En primer lugar, los países de la OTAN suministraron armas a Rusia sin tener en cuenta el embargo de 2014 (Francia, Alemania, Italia, Austria, Bulgaria, República Checa, Croacia, Eslovaquia y España). Por tanto, el debate sobre si las armas enviadas a la región acaban en buenas o malas manos parece un poco tardío. Ya están en malas manos y los países de la UE sólo estarían compensando sus errores anteriores al suministrar armas a Ucrania. Además, las garantías de seguridad alternativas propuestas por el gobierno ucraniano requieren la participación de una serie de países, y probablemente sólo puedan lograrse con su participación.

En segundo lugar, como han señalado muchos artículos, el regimiento Azov es un problema. Sin embargo, a diferencia de lo que ocurrió en 2014, la extrema derecha no está desempeñando un papel principal en la guerra actual, que se ha convertido en una guerra popular, y nuestros compañeros de la izquierda antiautoritaria de Ucrania, Rusia y Bielorrusia están luchando juntos contra el imperialismo. Como ha quedado claro en los últimos días, Rusia está intentando compensar su fracaso en tierra con ataques aéreos. La defensa aérea no dará a Azov un poder adicional, pero ayudará a Ucrania a mantener el control de su territorio y a reducir el número de muertes de civiles, incluso si las negociaciones fracasan.

Todas las demandas de ayuda (militar, material, financiera) expresadas por la RS fueron acompañadas con el rechazo de cualquier condicionamiento neoliberal y antisocial; una posición que también recoge la plataforma de la red de solidaridad ENSU. Esto queda ilustrado por las consignas y la aplicación concreta de dos campañas de la RS (apoyadas por la ENSU), que ilustran la realidad de este frente de resistencia social dentro de la lucha contra la agresión rusa: por un lado, la denuncia de las causas y el contenido de la deuda ucraniana (que perdona a los oligarcas y pesa sobre los presupuestos sociales del país), acompañada de la exigencia de su anulación, en particular frente a los desastres infligidos por la guerra. Pero también la campaña lanzada más concretamente a nivel sindical contra el gobierno de Zelenski y las leyes que atacan los derechos sociales heredados de la época soviética. Como telón de fondo permanente, se planteó la cuestión de qué Ucrania construir y reconstruir ante la destrucción de la guerra. Este tema se abordará en la conferencia de tres días, del 21 al 23 de octubre[29]: «¿Cómo debe ser la nueva Ucrania? ¿Hay alguna posibilidad de construir una sociedad basada en la solidaridad, la justicia y el desarrollo sostenible? ¿Qué hacer con las ruinas del sistema de seguridad mundial? ¿Cuál es el papel de los movimientos progresistas globales en su restauración?

Estas mismas preguntas -que desafían a la izquierda internacional sin respuestas sencillas- estaban en el centro de la resolución adoptada[30] por la conferencia del 17 de septiembre en Kiev, que comienza así:

El pueblo ucraniano se ha visto confrontado a retos difíciles, pero ha demostrado su capacidad de luchar por el derecho a decidir su propio destino, y su determinación de defender el país y poner fin a la guerra lo antes posible. Las autoridades y los representantes de la ideología fundamentalista del mercado, así como las grandes empresas, siguen impulsando un modelo económico basado en el beneficio de unos pocos a costa del bienestar de la mayoría absoluta. En este modelo, los trabajadores y trabajadoras están completamente sometidos a la voluntad de sus empleadores, mientras que las funciones sociales y reguladoras del Estado se suprimen en nombre de las necesidades de las empresas, la competencia y el libre mercado.

De los tres textos sometidos a votación, el que se aprobó es el que más desarrolla la identidad de la RS. Pero el tiempo para el debate fue corto. El objetivo de esta conferencia era proporcionar tesis básicas y directrices para la formación y el desarrollo colectivo del próximo periodo.  A continuación exponemos las prioridades que plantea el texto para las reflexiones y acciones de Sotsialnyi Rukh en la lucha en curso:

  1. La victoria completa y la seguridad de Ucrania.

El ejército ruso debe ser derrotado como condición previa para el desarrollo democrático y social de nuestro país y del mundo.

Preservar la independencia y la democracia requiere en primer lugar el desarrollo de sus propias capacidades de defensa. Sobre esta base, debe construirse un nuevo sistema de seguridad internacional para contrarrestar eficazmente cualquier manifestación de agresión imperialista en el mundo (…)

  1. Una reconstrucción de Ucrania con orientación social.

Las fuerzas neoliberales intentan imponer su visión de la Ucrania de posguerra como un país propiedad de las grandes empresas y no de su pueblo, sin protección ni garantías sociales. Por el contrario, creemos que es necesario abogar por una reconstrucción que se centre en el desarrollo progresivo del nivel de vida de la mayoría de la población y de nuestra infraestructura social, así como la provisión de garantías económicas. La reconstrucción debe ser ecológica, social, descentralizada y democrática, inclusiva y feminista (…)

  1. La democratización social.

La democratización a todos los niveles de la vida, eliminando la influencia en el poder del dinero y las grandes empresas en la política y aumentando la representación y la importancia de los sindicatos, las minorías nacionales y las comunidades y su plena participación en la toma de decisiones.  (…)

  1. Identidad e inclusión.

La nueva identidad ucraniana, que está surgiendo ante nuestros ojos, es multiétnica y multicultural, ya que la mayoría de los ucranianos, que ahora defienden nuestro país, son al menos bilingües. Hay que preservar y desarrollar el multilingüismo y la diversidad de la cultura nacional ucraniana, haciendo hincapié en que la lengua ucraniana debe convertirse en un medio universal de intercambio y producción de conocimientos en todos los ámbitos de la vida pública, la cultura, la ciencia y la tecnología. Todo el patrimonio cultural de la humanidad no sólo debería estar disponible en ucraniano, sino que el ucraniano también debería utilizarse para producir obras literarias y artísticas avanzadas, así como conocimientos científicos y técnicos a nivel mundial.

Es necesario garantizar el desarrollo de la cultura y la lengua ucranianas en toda su diversidad, una ucranización orientada a la sociedad, basada en una financiación pública decente y competente de la educación, la edición, la ciencia popular, los festivales, los proyectos culturales, el cine, etc.

  1. Solidaridad internacional contra el imperialismo y la catástrofe climática.

Aunque Ucrania es el país más grande del continente europeo, se encuentra en la periferia de la política regional. Al no tener influencia en la toma de decisiones, se reduce a un mercado para los Estados europeos.

Las crecientes contradicciones entre los centros de acumulación de capital en el sistema capitalista mundial no se detendrán, incluso después de la completa destrucción del poder imperialista ruso. (…)

La catástrofe climática que se desarrolla ante nuestros ojos exige una acción urgente. La humanidad debe movilizar recursos para el rechazo inmediato y completo de los hidrocarburos (…).

  1. Un mundo libre para la creatividad y el conocimiento.

El acceso al conocimiento debe ser libre y disponible para todos. Todo el mundo debe tener las mejores condiciones posibles para aprender y perseguir sus propios intereses creativos y de investigación.  (…)

¡Protejamos la victoria del pueblo ucraniano contra su privatización por los oligarcas!

El objetivo de la conferencia también fue abordar las tareas de organización asociadas a este programa.

El informe introductorio del presidente de la RS, el abogado de derechos laborales Vitalyi Dudin, señaló que en seis meses la RS había duplicado su número de miembros[31], lo que no la sacaba de la marginalidad, pero planteaba nuevos retos: tiene que encontrar los medios para funcionar de forma adaptada a un mayor número de miembros en sus distintos ámbitos de intervención: organizaciones sindicales, feministas, juventud, investigación sociopolítica, revista Commons, medios de comunicación sociales e internacionales… Y, al hacerlo, también tiene que hacer frente a las responsabilidades que planteaba su creciente influencia.

De hecho, la RS surgió como la izquierda que se opuso tanto a la guerra de agresión rusa contra Ucrania como a la política neoliberal[32] y antidemocrática (ley de descomunización) del gobierno Zelenski[33]. Esto significa que la cuestión de la representación política de los trabajadores está cruelmente planteada en la escena política ucraniana, como suele ocurrir en otros lugares. En respuesta a esta cuestión, la tarea de construir un partido se planteó de dos formas. Por un lado, dicho objetivo está incorporado en la resolución política adoptada por la conferencia, que afirma en su introducción:

Se necesita un partido que ponga en práctica una visión alternativa de Ucrania: democrática, social y socialista. Un partido así protegería y uniría a la clase trabajadora y a las personas desfavorecidas, a quienes hoy carecen de representación política y sufren constantes abusos. Un partido así debe proteger a la mayoría absoluta de la población trabajadora del dictado de la patronal.

El objetivo último de esa fuerza política debe ser la emancipación de la humanidad y la democratización radical de la vida económica, política, nacional y social.

Además, la cuestión de los vínculos entre la actividad sindical actual (o los movimientos sociales) y el partido se abordó de forma concreta, tras el informe introductorio sobre el balance de actividades. Precisamente sobre este tema, el presidente de la RS invitó a Vasili Andreev, presidente del sindicato de la construcción, a dirigirse a la conferencia y presentar su experiencia actual: había comenzado a sentar las bases legales para el reconocimiento de un partido político, que consideraba una extensión de su sindicato. A este respecto, la RS se ha propuesto evaluar más de cerca la proximidad programática entre las dos organizaciones en diálogo con Vasilii Andreev, y analizar las posibilidades de funcionamiento conjunto en las distintas ramas y regiones.

Para el seguimiento de las distintas tareas, la conferencia eligió un nuevo Consejo colectivo (o Rada) de siete miembros –tres de ellos vinculados al trabajo sindical (incluido el muy aclamado presidente Vitalyi Dudin), tres mujeres implicadas en redes feministas y una de las líderes de las redes juveniles de Acción Directa en el ámbito estudiantil–. En todos los sectores, la conferencia es un paso hacia una mejor prosecución conjunta de todas las actividades en un clima de confianza, subrayado por Vitalyi Dudin: las desarrolladas antes de la guerra, asociadas a la defensa de los derechos (incluida la educación popular), pero también las distintas formas de autoorganización amplia que se esfuerzan por responder solidariamente a los daños y desastres de la guerra: la destrucción de puestos de trabajo y, por tanto, la pérdida de recursos y a menudo de techos, pero también la insuficiencia de los servicios colectivos y las múltiples formas de violencia, especialmente para las mujeres[34].

El propio informe de Vitalyi Dudin subrayaba dos tareas que la RS se esforzará por llevar a cabo: la de traducir las convicciones socialistas expresadas en la resolución en formulaciones concretas que sean comprensibles, movilizadoras y que conduzcan a la ruptura con el orden existente (una lógica de transición, podríamos decir). Y la de consolidar la confianza necesaria para el funcionamiento de un intelectual colectivo que lleve a cabo este tipo de proyecto. Son tareas que desafían a todas las organizaciones de izquierda del mundo. Tareas difíciles cuando uno se expande: SR es una organización que, aunque todavía es pequeña, ya es muy diversa (¡afortunadamente!) en cuanto a las culturas políticas de sus miembros; predominantemente eco-anarco-comunista, feminista, LGTB, antifascista. Una riqueza.

Pero, ¿qué significa, como dicen los textos de la RS, estar a favor del «socialismo democrático»? La cuestión fue planteada por uno de los camaradas presentes en la conferencia. Y al examinarlo más de cerca, resultó que era el contenido de la noción de «democrático» lo que más le cuestionaba. La crítica al pasado estalinista no resolvió las cuestiones que, de hecho, se le plantean no sólo a la izquierda ucraniana, sino a todas las corrientes anticapitalistas: cómo organizar la nueva sociedad (¿qué formas de democracia, por tanto, qué instituciones tras la socialización de la planificación, el mercado, la propiedad?) Además, ¿cómo pasamos de la lucha dentro/contra el sistema existente a la construcción de otros poderes de decisión y otros derechos y prioridades ecocomunistas, y a qué niveles debemos organizarnos territorialmente para ser creíbles y eficaces? ¿Qué esperar de la UE? La población ucraniana ha sufrido los efectos de una periferización radical en el orden capitalista y se ha enfrentado a los criterios neoliberales de la UE en la relación de asociación desde 2009. La gran masa de la población aspira a tener el estatus, los derechos y, con suerte, las protecciones (desde todos los puntos de vista) de un miembro de pleno derecho. Este es un debate que la RS no ha tenido, pero que ha comenzado y que está dividiendo (también) a la izquierda europea. Forma parte de los problemas globales que plantea la guerra. La resolución adoptada por el RE subraya:

La izquierda en Europa y en el mundo se mostró impotente y confusa cuando se produjo la agresión rusa en Ucrania. A menos que el movimiento socialista internacional se dé cuenta de los errores que ha cometido y construya una nueva cooperación y coordinación verdaderamente internacionalista, no tendremos ninguna posibilidad de impedir el crecimiento de la lucha interimperialista en el futuro.

La única perspectiva que abre márgenes a la resistencia progresista contra todos los imperialismos es que la resistencia popular ucraniana (que hace efectivas las armas recibidas) conduzca a la caída de Putin, generando, sobre todo en la Federación Rusa y en las antiguas repúblicas soviéticas, una identificación de las naciones no rusas con la causa decolonial ucraniana y más ampliamente un rechazo masivo a morir por una guerra sucia. Corresponde a la izquierda internacionalista dar a conocer la proximidad de las apuestas decoloniales de la izquierda ucraniana y rusa con las de los pueblos del Sur global, como señala la feminista y comunista india Kavita Krish-nan. La descolonización de la Federación Rusa es la clave para hacer creíble la agenda de una disolución de la OTAN y la OTSC y los debates (iniciados por Taras Bilous en el seno de Sotsialny Rukh) sobre otra arquitectura de seguridad mundial rechazando cualquier lógica de «bloque» y reparto de esferas de influencia.

 

Toni Negri en la multitud productiva

Las fuertes sacudidas del 68 italiano, que se prolongó durante 10 años más, dieron paso al agotamiento, la represión y la desaparición política de una generación entera. Toni Negri forma parte de esa ola y es de los pocos que mantuvo algo de clarividencia política y que nunca renunció a su pasado.

Por Montserrat Galcerán / Catedrática de Filosofía

No es fácil reseñar una biografía como la de Toni Negri, un texto escrito en dos volúmenes y varios cientos de páginas. Empezaré por el vol. 2, que recoge los años más duros de su biografía, desde su ingreso en prisión, el 7 de abril de 1979, hasta su vuelta a Italia en 1997.

Su autor tiene ahora casi 90 años y ha pasado gran parte de su vida adulta en el epicentro de los últimos movimientos revolucionarios en Europa, en particular en el movimiento italiano de los 60/70, posteriormente en el exilio en Francia y de vuelta a Italia ya en los 2000. Actualmente tenemos ya la suficiente distancia de aquellos trágicos acontecimientos para poder juzgarlos con mayor serenidad, al menos eso espero, aunque la Italia actual sigue debatiéndose en una falta de futuro que no augura nada bueno. Las fuertes sacudidas del 68 italiano, que se prolongó durante 10 años más, dieron paso al agotamiento, la represión y la desaparición política de una generación entera. Negri forma parte de esa ola y es de los pocos que mantuvo algo de clarividencia política y que nunca renunció a su pasado.

Como digo, el segundo volumen empieza por la detención preventiva el 7 de abril de 1979, junto a muchos otros compañeros, acusado de insurrección contra el Estado. La detención se prolongó varios años. Luego los juicios, la condena, la campaña electoral para ser elegido diputado, la huida.

Tras la conmoción inicial nos cuenta cómo va siendo consciente de que la detención forma parte de una puesta en escena que persigue criminalizar la subversión política en sus diversas modalidades, desde los grupos ligados a las Brigadas rojas, autores del secuestro de Aldo Moro y posteriormente de su asesinato, hasta los sectores adyacentes cuyos vínculos con la violencia armada son más lejanos o incluso no existen. Se trata de unificarlos a todos en un solo bloque y poner a su frente a un intelectual de prestigio como es Negri. Se construye así la figura de El gran Viejo, último responsable de la deriva armada y animador intelectual de la misma.

No importa que esa construcción se revele a la postre como ficticia. Negri se convierte en una especie de rehén para la defensa del Estado. Tampoco importan las prácticas de disociación que llevaron a cabo los miembros de la Autonomía y que fueron a su vez respondidas en ocasiones con agresiones personales en las cárceles por los brigadistas. Las autoridades carcelarias lo presentaban como riñas internas de un mismo entorno. La siniestra colaboración de tantos arrepentidos, que acumulaban culpas sobre sus antiguos compañeros para salvarse ellos, daba pábulo a esas historias y añadía mayor miseria a unos hechos ya por sí mismos suficientemente tremebundos.

No importó tampoco la falta de pruebas ni los detalles exculpatorios de los diferentes casos. La justicia quería sus reos, de modo que las penas impuestas alcanzaban decenas de años. Para Negri en concreto la condena será de 30 años, reducida a 17 en segunda instancia.

De ahí que salvar su vida y recuperar la libertad, de modo que pudiera convertirse en un altavoz de denuncia tenía su importancia. Aunque del otro lado, huir implicaba también dejar en la estacada a amigos y compañeros que seguirían en los penales y en las prisiones durante muchos años más. Aunque racionalmente fuera la mejor salida, eso no amortiguaba el sentimiento de culpa que el autor reconoce haber sentido más de una vez.

Exiliados  en Francia, Negri y sus compañeros, algunos escapados como él, prosiguieron en su búsqueda de nuevos caminos para el conflicto social. Siguieron en una incesante marcha hacia adelante. Descubrieron los nuevos “talleres” del trabajo vivo, ahora ya no las viejas concentraciones obreras de su Italia natal, sino los barrios periféricos donde crecía una nueva multitud productiva, integrada por tantos trabajadores/as que llamará inmateriales: trabajadores del diseño, de la publicidad, de la logística. Trabajadores/as de los cuidados como enfermeras y cuidadoras en general. Trabajadores/as del espectáculo y de los eventos ciudadanos, por lo general de gran precariedad. Trabajadores/as de los servicios. Una gran variedad de personas que trabajan en mantenerse a sí mismos y a la ciudad con vida, con gran variedad de situaciones y salarios pero que componen el rostro productivo de la sociedad actual.

A partir de esas ideas y del encuentro virtuoso con los grandes intelectuales franceses de la década, entre otros Deleuze y Guattari, y con un joven norteamericano, Michael Hardt, surgen los últimos libros de nuestro autor: Imperio (2000), Multitud (2005), Commonwealth (2009) y finalmente Asamblea (2019). Con otros textos más cortos que se intercalan entre esos y la Autobiografía a la que va dedicada esta reseña, componen sus últimas contribuciones intelectuales.

Hacia un nuevo comunismo

Negri subtitula su libro como Historia de un comunista. ¿Qué sentido tiene seguir llamándose comunista, por qué comunista?

Podemos perseguir el hilo de esta declaración en las páginas del libro, en el relato sobre los nuevos movimientos de los 60 y 70 y en su relación con los comunistas oficiales, el viejo Partido comunista italiano.

La crítica contra el PCI es constante en el pensamiento de Negri, no sólo por haber abandonado la idea de una revolución posible sino por haber tomado partido tajantemente en defensa del terror de Estado en el momento álgido de la muerte de Moro y de la feroz represión que la siguió.

Pero, aun tomándose en serio esas críticas, cabe preguntarse, ¿es causa o efecto? ¿La falta de empuje revolucionario de los trabajadores/as europeos/as durante todo el siglo XX fue resultado de la falta de unos partidos vigorosos y decididos, como sostuvieron los comunistas en su crítica de los socialdemócratas durante los años 20 y 30 y Negri y sus compañeros de la Autonomía obrera durante los 60 y 70, o el predominio de los partidos socialdemócratas se debió a que eran los que mejor interpretaban la falta de ganas y el miedo de sus votantes? A su vez, es curioso que tanta gente se dejara arrastrar por el discurso nacionalista belicista y fuera a morir en el frente en las dos guerras mundiales y en cambio, no quisiera saber nada de una revolución (la relación entre dirigentes y dirigidos, líderes y masas sigue siendo un problema no resuelto de los movimientos políticos. Negri vuelve también a esta cuestión en Asamblea, Madrid, Akal,2019)

O tal vez cabe plantearlo de otro modo: ¿durante el siglo XX fueron los trabajadores/as europeos/as los que dieron la espalda a la revolución social o fueron los partidos obreros los que no supieron hacerse cargo de las nuevas formas en que emergía el deseo de revolución y de cambio? La tesis de muchos sociólogos e historiadores es la primera, incluso en autores como Castoriadis o Marcuse; la de Negri es la segunda. Para defender la primera posición se utilizan argumentos como las ventajas de la dominación colonial para aumentar el nivel de vida de los trabajadores autóctonos en el primer mundo; el consumismo de los trabajadores (la oferta de bienes de media duración como electrodomésticos, coches,…); la financiarización de la vida con financiación de bienes de consumo; la extensión universal de sanidad y educación que permiten cierta movilidad social; el auge de la espectacularización de la vida, incluida la política; el apoyo a un individualismo extremo que destruye lo colectivo y aniquila antiguas formas de comunidad obrera; últimamente la destrucción de la propia “clase obrera” con la introducción de nuevas tecnologías, el desmantelamiento de las fábricas y la transformación de las nuevas generaciones de trabajadores/as en clase media precarizada. Actualmente casi toda la población activa en edad de trabajar o está trabajando o está en paro, pero nadie se siente trabajador, todo el mundo se considera clase media. Todo ello en el marco de una conciencia de derrota, dado el amargo final no sólo de la revolución soviética sino de otras tentativas durante el siglo XX. Negri por el contrario atisba en estas transformaciones el surgimiento de nuevas contradicciones y nuevos conflictos que hablan de ese nuevo sujeto anticapitalista, que él denomina “multitud productiva” y que abre nuevas posibilidades.

Esa nueva figura, o ese nuevo sujeto, está animado por el mismo deseo de cambiar su vida y de eliminar el poder del capital que nos oprime; es el agente de los conflictos del presente, lo que nos permite hablar de otro tipo de subjetividad en lucha y de otro comunismo, ya no centrado en la clase obrera de fábrica sino que abarca al conjunto de las personas trabajadoras, el trabajo vivo que mantiene en pie una sociedad y que podría oponerse en bloque al dominio del capital, inaugurando otras formas productivas basadas en los bienes comunes y la cooperación productiva, de modo análogo a como los cerebros cooperan en la producción de conocimiento a través de la información y la comunicación y los cuerpos lo hacen en los encuentros y redes interpersonales. Podemos vislumbrar cómo la sociedad se mantiene y se renueva a través de todos esos lazos que, sin embargo, son rentabilizados por la red de capital que se superpone a ellos y extrae de ellos poder y riqueza. La transformación de toda esa red productiva en riqueza común o riqueza del común, sería la base de un nuevo comunismo.

Filosofía y política

El pulso de la autobiografía lo marca la pasión política de su autor. Pero éste es más que su acción política en sentido estricto. Es un eminente pensador que, sobre todo en el primer volumen, va dando cuenta de su evolución intelectual: de joven católico a europeísta (laico) convencido, de socialista a operaísta, desde la Autonomía a la defensa de la multitud-contra-el-Imperio y su poder constituyente. En esta secuencia se alinean sus escritos filosóficos: Descartes político (1970), la Anomalía salvaje, dedicado a Spinoza (1981), Marx más allá de Marx (1979), El poder constituyente (1994), aparte de muchos otros textos, en especial los de los años 70.

En sus memorias Negri no nos escamotea sus reflexiones ni diversas peripecias vitales. Pero encuentra un recurso singular: se desdobla entre quien escribe y la persona de quien está escribiendo, o sea él mismo. Mientras que unas veces utiliza la primera persona del singular, otras se refiere a sí mismo en tercera, como Toni. Eso genera una sensación extraña, como si quisiera alejarse de su propia biografía, como si quisiera dejar constancia de que la está mirando desde la memoria y la escritura. En vez de acercarnos a él, produce un efecto de extrañamiento. El que el texto se organice en apartados numerados, como si escribiera en fichas que luego ordena en los correspondientes capítulos, impide también leerlo como una novela. Rompe la tradición de la narrativa del sí mismo e inaugura una escritura a trazos fugaces de un decurso con muchas interrupciones. Lo más alejada posible de una novela del yo en la que no prima la evolución sino la discontinuidad. O tal vez lo que nos está diciendo es que toda biografía no es más que eso, un conjunto más o menos deshilachado de vivencias, encuentros y pensamientos y que la idea del yo no es más que una ficción de un relato novelado. El libro presenta un mosaico de personajes, el mismo Negri como uno más, intercalados con conflictos, eventos, luchas e intervenciones teóricas y políticas. El tejido mismo de la vida de un militante.

En la primera parte del libro primero, en la que narra su infancia y juventud, destaca su esfuerzo por huir del dolor y el sufrimiento provocado por la guerra –su padre y su hermano habían muerto en ella– y las desgracias familiares. La búsqueda de un lugar seguro desde el que hacer política, pasando por las juventudes católicas y la corriente de izquierda del Partido socialista. Nunca fue miembro del PCI.

El periodo más intenso de su militancia se sitúa en los 60 y 70 en la larga ola del sesentayocho italiano, cuando, junto con Panzieri, Tronti y tantos otros crean las revistas Quaderni Rossi, luego Classe operaia. De ahí surgirá el núcleo organizativo de Potere operaio. Las páginas centrales del primer volumen son una presentación detallada de todos esos acontecimientos en los que un movimiento obrero de masas, centrado en el puerto de Venecia y las fábricas de toda aquella zona, desafía activamente el poder patronal y estatal, extendiéndose por toda Italia.

Negri, que en aquellos años se convierte en Profesor de ciencia política en la Universidad de Padua, es militante activo del movimiento. El 68 representa la prueba de fuego de toda la generación: estudiantes y obreros unidos en una serie de luchas que prefiguraban una arremetida de consecuencias incalculables para el bloque en el poder en el marco de lo que Chris Marker denominó tercera guerra mundial. Una guerra de los Estados contra sus poblaciones y de al menos una parte de éstas contra sus Estados. Los/as insurgentes, por llamarles así, no eran una minoría: abarcaban a gran parte de la clase obrera, a un sector fuerte del estudiantado y a parte de la clase media y profesional. Tenían enfrente claramente a los aparatos de los Partidos y en especial, aunque pudiera resultar chocante, de los partidos de izquierda, PCI incluido.

La Autonomía, en la que militaba Negri, constituida como organización en 1973, se diferenciaba también del nuevo partido de Lotta continua y posteriormente de las Brigadas Rojas. Por la misma época o tal vez un poco antes Lotta continua, creada en 1969 y que llegaría a contar con una organización política y un periódico bastante influyente, se entendía como expresión política y comunicativa del “movimiento” y como una vanguardia que buscaba la hegemonía sobre el movimiento de masas. Por su parte los operaístas sostenían que la dirección política correspondía a la clase obrera y al movimiento y no a una organización más o menos externa a ella. El “movimiento”, a su vez, estaba formado por una red amplia de comités de base y organizaciones articuladas de una forma relativamente laxa. En el decenio de los setenta avanza un fuerte proceso de radicalización que dará lugar a las organizaciones armadas, tanto en Italia como en otros países europeos, en especial Alemania con la Rote Armée Fraktion (RAF).

Desde mitad de los setenta las posiciones de la Autonomía ya organizada se movían en el estrecho margen que hay entre los movimientos de masas radicales de la izquierda extraparlamentaria italiana con sus distintas organizaciones políticas, y los grupos militarizados. A semejanza de otros países europeos había un espacio que rechazaba la lucha armada, pero defendía las luchas de masas y la utilización de medios ilegales o alegales. Sin embargo, al decir del propio autor, la tendencia militar se daba en el propio seno de la organización y acabó arrastrándola si no en la acción, sí en la represión.

La hipótesis represiva de policías, jueces y fiscales amalgamó todo e hizo de las Brigadas el brazo armado de la Autonomia y de Negri el cerebro de todo ello. A partir de 1980 la dureza de la represión y el alcance de los arrepentidos había acabado con ella. Mientras tanto las acciones de los brigadistas en el exterior continuaban, razón por la cual se impuso una disociación crítica frente a ellas, “rompiendo de manera definitiva […] con el terrorismo y con todas las desviaciones militaristas del movimiento” (vol.2, p. 81). Este paso conecta con viejas disensiones de años anteriores pero, en ese momento, la disociación, tal vez inevitable, será a su vez fuertemente criticada. Para Negri representa la posibilidad de un nuevo comienzo.

Con todo se echa de menos un mayor balance crítico de todos aquellos años. Negri defiende la actuación de su grupo como un intento de mantener la fuerza y el empuje del movimiento de masas que desde las fábricas se había extendido a todo el territorio y que ponía en jaque el poder institucional. Su crítica se dirige contra los partidos de izquierda, especialmente el PCI, que lo bloquearon, y contra las derivas militaristas armadas. Pero no quedan claras las causas de tan dura derrota: ¿tal vez no había condiciones en la Italia y la Europa del momento?, ¿el bloque de la Democracia cristiana, apoyada por el compromiso histórico era más fuerte de lo que habían previsto?, ¿por qué el movimiento obrero se repliega ante el avance de la deriva armada?, ¿había empezado ya el desmantelamiento del tejido industrial italiano que se prolongaría en los años siguientes y que impediría nuevas movilizaciones obreras?, ¿los conflictos de los 2000 retomarán los hilos de esa experiencia? Con todo el entusiasmo militante que rezuma el libro, falta a mi modo de ver, una mayor profundidad en el análisis político.

En resumen, se trata de un libro imprescindible para todos aquellos para quienes el comunismo no es una idea muerta ni una experiencia histórica definitivamente enterrada. Un libro esperanzador, a pesar de todo el dolor que trasluce y de la derrota de toda una generación. Un libro que llama a seguir pensando, luchando y resistiendo como ha hecho el autor durante toda su vida.

Tal vez con una ausencia de notable importancia: las luchas de las mujeres. Ni una sola mujer entre tantos protagonistas. ¿De verdad era tan masculino ese movimiento?, ¿no había mujeres en las fábricas, ni entre los sindicalistas, ni entre las militantes? Me resulta algo difícil de entender, especialmente cuando la lucha se traslada desde el interior de las fábricas al entorno social, ¿no había mujeres ahí que cogieran el testigo? ¿O acaso la memoria del autor resulta sesgada? Preguntas y más preguntas que rodean la experiencia innovadora de la extrema izquierda italiana, vivida directamente y narrada desde dentro por nuestro autor.

Ricardo Antunes: «El desafío es qué va a hacer Lula para conservar los votos, y qué hará para ganar un poquito más»

Por Mario Hernandez

Entrevista a Ricardo Antunes, profesor de Sociología del Trabajo en la Universidad Estadual de Campinas.

Mario Hernandez.- Nos costó la comunicación con Ricardo Antunes en la ciudad de Campinas, en Sao Paulo, Brasil, con quien queremos hacer un primer balance de esta primera vuelta electoral. Un 48.37% a favor de Lula contra un 43.25% de Bolsonaro, una votación que ha sido sorprendente de Bolsonaro que salió reforzado en el Congreso y en el Senado, sin mencionar que extendió su base en los gobiernos de los Estados de la Federación. En el Senado los candidatos afines al presidente tuvieron 15 de los 27 cargos en disputa. En Sao Paulo el ex ministro de Minas y Energía de Bolsonaro, Tarcisio Gomes de Freitas, dio la sorpresa, obtuvo un 42% de votos frente al 35.6% del candidato del PT, Fernando Haddad, los dos se medirán en la segunda vuelta el 30 de octubre. Y en los dos otros estados más importantes la derecha ganó en Río de Janeiro, el bolsonarista Claudio Castro se impuso al representante de izquierda, Marcelo Freixo, por 52% frente a 27%. En Minas Gerais el conservador, Romeu Zema, se impuso al lulista Alexandre Kalil por 57% frente a 34.5%, varios ex ministros del mandatario ultraderechista lograron sus bancas legislativas. Bien, Ricardo. Buenas noches. ¿Qué nos podés comentar al respecto? 

Ricardo Antunes.- Buenas noches, Mario. Es un placer hablar con ustedes ahí en Argentina, Buenos Aires. La primera cosa es esta, los resultados fueron un poco diferentes a lo que estábamos esperando. Había un sentimiento más o menos generalizado de que la diferencia entre Lula y Bolsonaro sería más amplia de 5%, claro que en una diferencia expresiva porque son más de 6 millones de votos. Es una votación expresiva, pero como bien decís Bolsonaro consiguió algunas victorias en algunas partes del país, especialmente en Sao Paulo y Río de Janeiro, el sur del país y algunos estados como Santa Catarina que fueron muy fuertes en comparación a lo que los institutos de encuestas indicaban. Es verdad también que el noreste brasileño y algunos estados del norte, y también Minas Gerais apoyaron y la votación fue más amplia para Lula.

¿Qué pasa ahora? ¿Bolsonaro conseguirá unir fuerzas para suplantar estos 6 millones de votos, lo que significa retirar votos de Lula y llevarlos consigo o Lula conseguirá mantenerlos? Ninguno de nosotros sabe la respuesta. Es una incógnita. Lo que sabemos es que el MDB hoy ya declaró su apoyo a Lula, el PDT también, pero el gobernador del PSDB de Sao Paulo declaró el apoyo al candidato de Bolsonaro para la gobernación y también determinó su apoyo a Bolsonaro para la presidencia. El gobernador de derecha radical neoliberal terminó de definir su apoyo, que ya sabíamos, pero ahora es explícito a Bolsonaro.

¿Cuál es la cuestión entonces? Primero, Lula tiene que ampliar un poco la votación en Sao Paulo y en Río de Janeiro para aumentar 2 o 3 millones de votos y tener una victoria capaz de darle la fuerza para enfrentar un Congreso muy conservador, en la Cámara de Diputados y el Senado. Es verdad, también, que tuvo candidaturas importantes, por ejemplo, Guilherme Boulos en Sao Paulo fue el candidato más votado con un millón de votos para diputado, pero también la extrema derecha, Eduardo Bolsonaro y otros que son bolsonaristas tuvieron 600, 700, 800.000 votos o más. Está todo muy dividido. La cuestión es quien va a poder conseguir traer los votos en duda de Simone Tebet y Ciro. ¿Será Bolsonaro, o será Lula? Eso nosotros no lo sabemos.

Hay un sector liberal que puede apoyar a Lula, pero hace cosas que son inaceptables. Pueden ayudar a Lula a ganar, pero tiene que ser un gobierno liberal. Esto no es posible de aceptar. Por otra parte, es preciso preservar la magnífica votación que Lula ha tenido en el noreste, más del 70% que garantizó la elección de Lula. La parte política más importante hoy de Brasil es el noreste.

Mario Hernandez.- ¿Podríamos decir que la sociedad brasileña se ha posicionado hacia el centro y la centroderecha? 

Ricardo Antunes.- No, es peor. Deberíamos decir que 44%, 43% de la población está apoyando una candidatura de extrema derecha, es más grave. Esta elección demostró que el centro y los liberales no fascistas perdieron la fuerza. Hoy hay una centroizquierda con Lula, Lula no es una candidatura de izquierda, es de centroizquierda, su vicepresidente es uno de los hombres más fuertes del PSDB…

Mario Hernandez.- El Macri brasileño. Tengo entendido que lo denominan como el Macri brasileño. 

Ricardo Antunes.- Exactamente, alguna cosa así. Por tanto, Lula no es de izquierda, es de centroizquierda y Bolsonaro es de extrema derecha porque la centroderecha desapareció. Es la derrota fragorosa de la centroderecha. Hay un segundo punto importante, Bolsonaro tuvo una votación expresiva son 6 millones de votos menos que Lula, pero son más de 51 millones de votos en el primer turno, pero no todos ellos son fascistas. Hay un núcleo duro fascista, el núcleo bolsonarista es fascista, pero esta elección demostró que hay un sentimiento fuerte en la población que Bolsonaro sabe explotar mucho que es el anti-Lula y el anti-PT. Esto explica por qué en las encuestas parecía una victoria por más de 10 puntos a favor de Haddad (PT) en Sao Paulo y los resultados fueron distintos. Tarsicio de Freitas, un ex ministro de Bolsonaro, ganó por 8 puntos. ¿Por qué? Porque esto se puede comprender como en la Argentina, una cosa es Buenos Aires, otra cosa es el interior del país que algunas ciudades y pueblos son prisioneros del voto de derecha.

En Brasil no hay derecha, hay extrema derecha. Es una situación muy preocupante porque está como en Hungría, la semana pasada Italia y ya es una fuerza importante en Suecia. Hay un crecimiento importante de la extrema derecha en el mundo, Bolsonaro es uno de los principales portadores de esta propuesta que podríamos decir que es neofascista.

Mario Hernandez.- Te comento que la semana pasada conversando con nuestro común amigo Antonino Infranca, luego del triunfo de Meloni, me preguntaba si lo recibiríamos en la Argentina o en Brasil. Yo le sugerí Brasil ahora, por supuesto, tengo mis serias dudas.

Ricardo Antunes.- Exactamente, mejor Uruguay.

Mario Hernandez.- ¿La corrupción sigue siendo un punto débil de Lula? 

Ricardo Antunes.- Sí, por dos motivos. Primero, la corrupción siempre es la bandera de la derecha contra la izquierda, la derecha hace corrupción desde que nació, pero habla que no existe corrupción en su gobierno. Los gobiernos de derecha son muy corruptos, pero dicen que no hay corrupción. En el gobierno de Bolsonaro hubo una sucesión de corrupciones en todos los sectores, pero dice que no hay ningún caso de corrupción. El gobierno del PT nosotros sabemos que era un gobierno de frente amplio con partidos como el PT y otros partidos de centroderecha y hubo corrupción en el gobierno. En este punto Lula no consigue dar una respuesta categórica y en la campaña ahora afirma que hubo corrupción en el gobierno porque es imposible controlar qué hacen los aliados.

Bolsonaro habla del fin de la corrupción del gobierno más corrupto de los últimos 40 años. En ese punto Lula está al frente de Bolsonaro. Lula dice que la cuestión es el hambre, la miseria, el desempleo, la informalidad, es la situación donde los niños, los hombres, las mujeres pobres, los indígenas están siendo traicionados por una política. Hay un último punto para comprender, en los últimos cuatro meses del gobierno de modo que sería una ilegalidad, el Parlamento, que es el único que tiene la potestad de cambiar la Constitución, permitió que Bolsonaro abriera los cofres y el dinero público para intentar revertir la situación en la que se encuentra. Lula tiene como promesa dar a los trabajadores dos salarios mínimos, pero Bolsonaro tiene como recurso, ilegal, para reconquistar este voto de modo de conseguir los 5 o 6 millones de votos que son necesarios para ganarle a Lula.

Mario Hernandez.- Lula se mostró con frecuencia con los empresarios más importantes de Brasil reivindicando la responsabilidad fiscal y el respeto al libre mercado como uno de los lemas de su gobierno. ¿Este corrimiento a la derecha que se expresa con la elección de Alckmin como su compañero de fórmula lo perjudicó?

Ricardo Antunes.- Alckmin fue muy importante si pensamos en el plano estrictamente electoral porque consiguió apoyo de sectores del centro que no iban a votar por Lula. Esto fue importante. El problema es que Bolsonaro con sus medidas en los últimos cuatro meses, los apoyos a los camioneros, la reducción del precio de petróleo, etc., hizo que hubiera una recuperación del voto de Bolsonaro en las camadas más pobres de la población. En este punto el apoyo de Alckmin y los liberales no lo benefició, pero sí lo hizo en el sentido que muchos de los partidos ahora votan por Lula, esto influye en las clases medias que tienden a ser anti-PT y más bolsonaristas, así como también en algunas ciudades del interior del país ayudó a disminuir la presencia de Bolsonaro. En Sao Paulo, las ciudades del interior de Sao Paulo tienen votos predominantemente bolsonaristas porque el alcalde local es conservador y apoya a Bolsonaro. Este es el desafío, como va a hacer Lula para conservar los votos y como hará para ganar un poquito más. Es difícil la situación. Es una guerra que se va a definir en las próximas semanas.

Mario Hernandez.- Para finalizar te hago una pregunta profesional como sociólogo ¿en qué fallaron las encuestadoras? 

Ricardo Antunes.- Las encuestas es una discusión compleja. Hubo una migración muy fuerte de votos de Simone Tebet y de Ciro Gomes en las últimas 24 horas del día de la elección que fueron para Bolsonaro. Hay una política explícita de los bolsonaristas, que es muy organizada, de no responder encuestas o hablar mentiras en las encuestas para generar una confusión, como está pasando ahora, o incluso algunos intentan prohibir las encuestas. Presta atención porque son encuestas, no es el resultado de las elecciones. La tendencia esta vez fue errada, por limitaciones, por ejemplo, Brasil no realiza un censo nacional hace muchos años, ahora lo están intentando hacer. El gobierno bolsonarista aplazó el censo, no sabemos cuántos pentecostales o evangélicos tenemos en Brasil y es muy amplio este continente. Todo esto causó confusión.

Mario Hernandez.- Acá estaba viendo que hace doce años que no se realiza un censo.

Ricardo Antunes.- Sí, es una política deliberada de no tener información que pueda beneficiar el ejercicio democrático.

Mario Hernandez.- Bien, Ricardo, muy completo. Seguramente nos comunicaremos en un par de semanas para ver ya esta segunda vuelta el próximo 30 de octubre. Te mando un fuerte abrazo.

Ricardo Antunes.- Para usted también y para todos sus compañeros de la Argentina. Vamos a luchar para cambiar. Un abrazo.