La izquierda ucraniana se construye en varios frentes

Por CATHERINE SAMARY

El 17 de septiembre, la ONG socialista ucraniana Sotsialny Rukh (SR-Movimiento Social)[01] celebró una conferencia nacional en Kiev. Lejos de un simple informe fáctico y puntual, el objetivo aquí es arrojar luz sobre el perfil específico de esta joven izquierda basado en su práctica militante en el corazón de la sociedad ucraniana y en ruptura con las interpretaciones contradictorias dominantes del Euromaidán (2013-2014) que dividen a la izquierda y son explotadas por Putin. Al hacerlo, también se tratará de volver a las antiguas divergencias entre las izquierdas marxistas sobre el alcance de una Ucrania soberana en la construcción y el desmantelamiento de la URSS, también movilizadas por Putin para legitimar su operación militar. En el contexto actual de una guerra con intereses globalizados, veremos que las cuestiones a las que se enfrenta el RS están lejos de ser sólo ucranianas.

Acudí a la conferencia de la Sotsialny Rukh (SR) con una doble representación[02], pero con un único objetivo, coherente con las posiciones defendidas en las distintas redes en las que participo: consolidar los vínculos internacionalistas desde abajo con esta joven izquierda ucraniana. Vínculos que se forjaron en el seno de la crisis ucraniana de 2013-2014 y se renovaron contra la guerra de agresión imperial rusa. Y vínculos fundamentales, porque es una preciosa y frágil resistencia a las políticas e ideologías dominantes que se enfrentan en la guerra y en el actual orden mundial imperialista.

Vista desde Kiev a mediados de septiembre, esta guerra es a la vez lejana y presente: como sabemos y vemos en las calles de la ciudad, se han reanudado las actividades y desde la retirada estratégica de las tropas rusas al sur y al este del país parecen normales. Sin embargo, la guerra sigue ahí en muchos aspectos, aparte de la caída del nivel de vida (con un salario medio de unos 400 euros), están los millones de desplazados o refugiados, la pérdida de puestos de trabajo, la muerte, destrucción y las múltiples formas de violencia, especialmente para las mujeres. Con frecuencia, la guerra se hace presente por las sirenas de alarma cuando las fuerzas rusas lanzan misiles sin que se sepa qué lugares estratégicos del país son el objetivo. Así ocurrió, por ejemplo, en varias ocasiones a mediados de septiembre, cuando los misiles apuntaron a la central hidroeléctrica de Krivih Rih y a sus presas, provocando unas catastróficas inundaciones. Esta fue la causa de la alarma que sonó en Kiev en pleno día del 16 de septiembre, obligando a cerrar el banco donde queríamos cambiar dinero. Sin embargo, nos dijeron que los servicios de intercambio, que debían estar cerrados en la calle, funcionaban en la gran galería del sótano, con varias tiendas y oficinas para garantizar el desarrollo de las actividades.

En el momento de la conferencia, las alertas formaban parte de una cierta normalidad en Kiev: las conversaciones en las terrazas que nos rodeaban continuaban pacíficamente ese día, al igual que la mayoría de las actividades en la capital.

En la ciudad, persisten otras dos huellas de la guerra: por un lado, todas las estatuas están protegidas por sus propios refugios permanentes que las cubren, a veces con un dibujo o un cartel que indica la naturaleza de la obra camuflada. Por último, aquí y allá quedaron disponibles, pero colocadas a los lados de las calles estratégicas, las barricadas antitanques establecidas al comienzo de la ofensiva rusa hacia Kiev a finales de febrero.

Si la evolución de la guerra hace ahora improbable la entrada de tanques y el envío de tropas a la capital, las autoridades del país planean proteger ciertas ceremonias de los  posibles disparos de misiles (o para recordar a algunas personalidades internacionales la realidad de la guerra), organizándolas en el sótano del profundo y bello metro de Kiev (que se asemeja al metro de Moscú), para gran disgusto de la población, que se ve así obstaculizada en sus movimientos. Desgraciadamente, los propios fracasos del ejército de Putin suponen –sobre todo tras los reveses de Moscú en el Dombás y en el puente que une Crimea con Rusia– nuevas amenazas reales de disparos de misiles hacia todas las ciudades importantes del país y sus puntos estratégicos.

De una conferencia a otra – El arraigo social de RS
Pero en general, a mediados de septiembre, la capital se desenvolvía con normalidad en el séptimo mes de guerra, cuando el pasado mes de mayo y tras el inicio de la ofensiva el 24 de febrero, las fuerzas políticas, sindicales y asociativas del país –así como las oficinas diplomáticas– desertaron de Kiev y trasladaron su sede a Lviv (cerca de la frontera polaca). Por ello, el primer encuentro coorganizado de militantes de la SR y la red ENSU el 8 de mayo se organizó allí[03].

En Lviv, las y los activistas ucranianos miembros o cercanos a la RS presentaron sus actividades (políticas, sindicales, feministas, LGTB, medioambientales…) en tiempo de guerra (añadiendo a sus actividades normales de formación y defensa de los derechos, todas las impuestas por la urgencia de la solidaridad desde abajo ante la destrucción y los daños sociales de la guerra); los delegados de la red ENSU trataron de darles a conocer[04] y de organizar conjuntamente acciones que combinan la defensa de los derechos y la ayuda humanitaria autoorganizada. La organización de convoyes sindicales es la forma emblemática de este tipo de acción[05].

Se trataba de ayudar a que la izquierda política, sindical y feminista[06] eche raíces en la resistencia global de la sociedad ucraniana a la guerra, mientras que una de las principales características de los desacuerdos dentro de la izquierda occidental es precisamente es hacer abstracción esta sociedad ucraniana, ya sea ignorándola (en favor de análisis puramente geoestratégicos), o reduciéndola a ser víctima y carne de cañón de los programas imperialistas, o incluso identificándola con las corrientes reaccionarias dominantes de la derecha y la extrema derecha.

La conferencia celebrada en Kiev el 17 de septiembre estuvo abierta para dar a conocer la izquierda ucraniana en el seno de la resistencia popular a las y los miembros de las redes internacionales de la izquierda occidental solidaria (ya sea a través de nuestra presencia física o de los enlaces por zoom). Pero esta conferencia tenía ante todo un objetivo interno para la RS: sin poder ser un congreso (dadas las dificultades de funcionamiento y de preparación en el contexto de la guerra), se trataba de que la organización evaluara conjuntamente sus progresos, sus fragilidades y cómo hacer frente a los retos tanto generales como específicos de la sociedad ucraniana postsoviética,  para dotarse de los medios necesarios que aseguren mejor y expresen colectivamente su identidad política en una sociedad en la que ser de izquierdas se asimila al pasado estalinista y al apoyo a la guerra y al régimen de Putin.

Sin embargo, los propios discursos de Putin en vísperas del lanzamiento de su operación militarse referían explícitamente a dos grandes cuestiones que dividen a la izquierda y marcan la identidad política de la RS: por un lado, la caracterización de lo que fue la caída del último presidente llamado prorruso de Ucrania en 2013-2014, Víktor Yanukovich; por otro lado, la razón de ser de la independencia de Ucrania.

Un breve repaso de estos dos puntos pretende aclarar el perfil de Sotsialny Rukh. Esta ONG socialista fue creada en 2015 a partir de delinitaciones políticas clave que atravesaban a la izquierda postsoviética ante Maidán y contra-Maidán.

La izquierda y Maidán
La crisis ucraniana de 2013/2014 se refiere a lo que se ha llamado la revuelta del Maidán por la gran plaza de Kiev donde tuvieron lugar las manifestaciones, enfrentamientos y ocupaciones de lugares y edificios públicos que acompañaron la caída del presidente Yanukovich. Este último, como nos recuerdan siempre los defensores de la tesis de un golpe de Estado fascista apoyado por Occidente, había sido reelegido democráticamente en 2010 al frente de Ucrania[07]. Lo que fue el régimen de Yanukovich desde 2010, y lo que fue la evolución de la sociedad ucraniana[08]y de Rusia desde entonces están en el centro de las diferencias que han dividido a la izquierda ucraniana e internacional en ese momento y desde entonces.

No puedo extenderme aquí[09] sobre las fases anteriores y el trasfondo de lo que condujo a la crisis de 2013, que tuvo un impacto duradero en la sociedad ucraniana, enfrentada a sus oligarcas y su Troika (FMI, UE y Rusia). Resumamos lo que a menudo se omite en los recuentos: por un lado, la elección de Yanukovich en 2010 se produjo tras la gravísima crisis financiera y bancaria de 2008-2009, que produjo una huida masiva de capitales occidentales de Ucrania (que fueron atraídos por el cambio de régimen de la Revolución Naranja en 2004), la caída drástica de su PIB y un importante endeudamiento externo. Así, el país se vio sometido a una doble presión: la del FMI y las condiciones derivadas por los criterios neoliberales de la asociaciónofrecida por la UE (aumento de las tarifas energéticas para la población, desmantelamiento de los servicios públicos, etc.); y las relaciones de dominación que Rusia intentaba imponer explotando el arma del gas (cantidad y tarifas que pesan en una Ucrania que es un punto de tránsito esencial para el gas ruso hacia la UE). La elección de Yanukovich en 2010 expresó una especie de mandato de neutralidad militar y equilibrio en las relaciones internacionales. Incluso los oligarcas, incluidos Yanukovich y su familia, utilizaron todos los recursos disponibles, rusos u occidentales, para obtener beneficios. La elección democrática de Yanukovich no dice nada sobre sus prácticas posteriores. Básicamente, fue su impopularidad junto con la corrupción, las políticas antisociales y la represión… (¡así como la de sus predecesores y sucesores!) lo que produjo su caída,

Fue en este contexto en el que la izquierda ucraniana e internacional vio cristalizar (tras el calvario de la guerra de la OTAN contra Kosovo en 1999) las contradictorias visiones políticas y geoestratégicas de lo que podría llamarse neocampismo[10], que se prolongaron, recompusieron o radicalizaron ante la invasión de Ucrania por Putin el 24 de febrero de 2022.

Así, la crisis ucraniana de 2013-2014 se describió, por un lado, como una revolución democráticadel Euromaidán, haciendo hincapié en las protestas contra la decisión de Yanukovich de no firmar el acuerdo de asociación con la Unión Europea (UE).  En el extremo opuesto del espectro, una parte de la izquierda radical de Ucrania y Europa también se refirió al Euromaidán, pero lo rechazó de plano. En ambos casos (alegrándose o lamentándose), se trataba de reducir las manifestaciones a un movimiento proeuropeo, y asimilar las posibles esperanzas de apertura hacia la UE a las posiciones antirrusas. Reducciones todas ellas simplistas, que borran la dimensión autoorganizativa y popular de las movilizaciones, su rechazo a un régimen oligárquico corrupto y la represión. Sin embargo, las protestas iniciales contra la ruptura de la asociación con la UE fueron débiles, aunque violentamente reprimidas. Y fue esta represión la que desencadenó el carácter masivo de la ocupación de la plaza Maidán y exasperó a los manifestantes a favor de la caída del presidente y en contra de las medidas de compromiso. Fueron estas movilizaciones de masas las que produjeron la caída del régimen mediante un profundo rechazo a la oligarquía familiar de Yanukovich, que se extendió a su propia región (hasta el punto de que tuvo que huir a Rusia).

Entonces vimos que una parte de la izquierda antiestalinista y las corrientes neoestalinistas o aliadas del Partido de las Regiones del ex presidente Yanukovich convergieron en el análisis del Euromaidán como un simple instrumento de las instituciones capitalistas occidentales. Hay que destacar hasta qué punto este tipo de enfoque conspirativo ha penetrado en los análisis antiimperialistas en la fase postsoviética; con su parte de verdad, por supuesto: está probada la corrupción desplegada por las instituciones de la CIA hacia los sindicalistas en Rusia o Polonia –durante la fase crucial de los años ochenta– o incluso, más tarde, hacia los blogueros u organizaciones activas en las revoluciones árabes. Pero, ¿debería esto llevar a negar la autenticidad de los levantamientos populares y la posibilidad de que aprendan de la experiencia? Así ocurrió en Ucrania, con la evolución de la percepción popular sobre los partidos entre 2004 y 2014, con el descubrimiento de que los llamados partidos democráticos de la Revolución Naranja que denunciaron la corrupción en 2004 eran, a su vez, profundamente corruptos… Y de forma más general, como en todo el mundo, aumentó la abstención y la desconfianza en los partidos institucionales.

La tragedia de la izquierda ha sido y sigue siendo, por un lado, la acumulación de grandes divisiones sobre cómo analizar el pasado soviético, con un fuerte desconocimiento de lo que fueron los escenarios y las transformaciones radicales de los países que se reivindicaban como socialistas[11]; esto reforzó aún más la convergencia de hecho de una parte de esta izquierda conspirativa con la propaganda de los poderes autocráticos de Rusia y de otras antiguas repúblicas postsoviéticas, que tenían un verdadero terror a las aspiraciones de autodeterminación (como en Chechenia) o el verdadero dégagisme [que se vayan todos] de los movimientos de protesta de masas, especialmente en la década de 2000. Este interpretación conspirativa legitimó su giro represivo (como en la época de Stalin): toda oposición se equiparó a la infiltración de agentes extranjeros. Cuando este extranjero es, además, el principal enemigo (el imperialiamo), la lógica el enemigo de mi enemigo es mi amigo reforzó el apoyo a la política del Kremlin contra las revoluciones de colores[12](considerada como manipulada por Occidente), de Ucrania en 2004 o de Georgia en 2003, y de nuevo en Ucrania en 2014.

El Euromaidán de 2013/2014 se trató en el marco de este tipo de enfoque, añadiendo la denuncia del papel activo (real pero sobredimensionado en los análisis) de las milicias de extrema derecha en las movilizaciones populares. La sobrerrepresentación de estas corrientes y su influencia en el gobierno de transición establecido en Ucrania (antes de las nuevas elecciones) tras la caída y huida de Yanukovich se utilizó como prueba de un golpe de Estado fascista antirruso apoyado por Occidente, lo que se refleja en el discurso de Putin que precedió a la operación militar del 24 de febrero de 2022. La glorificación oficial del héroe nacionalista Stepán Bandera (que optó por aliarse con los nazis contra la URSS estalinista) o el cuestionamiento de la ley de 2012 sobre las lenguas (que se había aprobado bajo la presidencia de Yanukovich y que otorgaba de hecho el estatus de lengua cooficial al ruso y a las lenguas dominantes en la región), así como la afirmación de la lengua ucraniana como única lengua oficial[13], reforzaron esta narrativa y las preocupaciones populares en las regiones más rusoparlantes, al menos en 2014[14].

Pero esto no implicaba el separatismo[15], y mucho menos la guerra. Incluso en 2014, en el contexto de las movilizaciones anti-Maidán y de desconfianza real hacia Kiev, la población agrupada en las autoproclamadas Repúblicas Populares de Donetsk y Luhansk, dominadas (sin libertad de expresión) por las fuerzas separatistas, no abarcaba más del 20-30% del Dombás. En cuanto al referéndum celebrado en Crimea (que tenía un estatus autónomo dentro de Ucrania) en presencia de las fuerzas armadas rusas, ofreció la opción de unirse a Rusia o a Ucrania, pero esta última fue presentada como fascista (y antirrusa). En realidad, la cuestión fundamental para Putin era recuperar Crimea para consolidar la base militar de Sebastopol (con la Flota del Mar Negro en ella). Al anexionarse Crimea, Rusia violaba el protocolo que había firmado con Ucrania en 1994 en Budapest (en presencia de Estados Unidos y Gran Bretaña) en el que se comprometía a respetar las fronteras de Ucrania a cambio de que recuperar todas las armas nucleares[16]

Al mismo tiempo, si el país hubiera sufrido realmente este golpe fascista controlado por Occidente, la sociedad ucraniana habría llevado al poder a una fuerza nazi en las elecciones de 2014, apoyada por una consolidación de partidos pro-UE. Sin embargo, esta tesis se contradice con la dificultad recurrente de todos los partidos institucionales (especialmente la derecha y la extrema derecha) para formar mayorías o incluso para entrar en el parlamento, así como con los sucesivos escándalos y crisis que afectan a la presidencia de Poroshenko (2014-2019). La elección por sorpresa del actor judío de habla rusa Volodimir Zelenski en 2019, que fue elegido con la promesa de acabar con la corrupción y negociar una solución pacífica de los conflictos del Dombás con Putin, es un ejemplo de ello sin necesidad de investigar mucho.

Las corrientes que formaron Sotsialny Rukh en 2015 se distanciaron de estas posturas, que disponían de poderosos apoyos de propaganda estatal. Independientemente de cualquier poder –de Kiev o de Moscú– el enfoque de la RS, por muy marginal y frágil que fuera, es valiosa para cualquier visión crítica y de resistencia internacionalista por abajo.

Una nueva izquierda en la revolución de la dignidad
En 2014, esta izquierda en construcción optó por insertarse en lo que prefiere llamar la revolución de la dignidad con sus aspiraciones de justicia social y su dégagisme, entonces imposible en Rusia en ese momento. Por supuesto, esta dinámica revolucionaria no había sido capaz de desafiar a un sistema oligárquico y el movimiento estaba atravesado de ideologías reaccionarias. La corriente que se había formado con el nombre de Oposición de Izquierda luchó contra ellos, tratando de convertir las aspiraciones populares igualitarias en respuestas progresistas, críticas con las políticas neoliberales del FMI y la UE –sobre todo en relación a la deuda ucraniana, que se agravó tras la crisis financiera mundial y europea de 2008/2009- y antifascistas.

Reunió a activistas de diferentes regiones de Ucrania y de diferentes culturas políticas (anarquistas, trotskistas y posestalinistas en particular), y también valoró las razones de la desconfianza popular hacia el nuevo gobierno de Kiev expresada en el anti-Maidán del este y el sur de Ucrania. Sin duda, la política de Putin en 2014 –y desde 2022– ha reforzado los sentimientos antirrusos, pero también la defensa de una Ucrania plural[17]. Esto también es cierto en la izquierda, en el seno de las corrientes anarquistas que se reconocen en la lucha del líder anarquista Makhno, pero también del lado de los marxistas antiestalinistas que se reivindican de Roman Rosdolsky, fundadores del Partido Comunista en el oeste de Ucrania, y cercanos a la Oposición de Izquierda trotskista contra Stalin[18]. Putin denunció (en su discurso de febrero de 2022) que una Ucrania independiente era una creación de Lenín. La centralidad de la cuestión de la autodeterminación de los pueblos en la constitución de una unión socialista libre e igualitaria fue reconocida por Lenin, sobre todo, frente a la afirmación de una Ucrania popular independiente, inicialmente contra los bolcheviques[19]. Pero esto entraba obviamente en tensión con varias dimensiones del proyecto revolucionario socialista: ¿cómo combinar los derechos soberanos de los pueblos con una planificación redistributiva de las regiones más ricas a las menos desarrolladas? ¿Qué forma de democracia inventar, combinando los derechos individuales y colectivos, sociales y nacionales?[20]

Ahora bien, todo este pasado y sus fuentes han sido enterrados en gran medida y necesitan la paz y la democracia para ser puestos en común. En el contexto posMaidán, los anarquistas y, en general, los antifascistas y antiimperialistas se encontraron a ambos lados de los enfrentamientos en los que actuaban corrientes de extrema derecha prorrusas o, por el contrario, visceralmente antirrusas, también en ambos lados. Había (como ocurre en todo el mundo) una gran opacidad de etiquetas y conceptos políticos heredados del siglo pasado[21]. Si una parte de la izquierda apoyaba a Putin por ser el enemigo de mi principal enemigo (la OTAN dominada por EE UU), el rumbo antioccidental de Putin combina la puesta en cuestión de todas las dimensiones revolucionarias de la URSS surgida de octubre de 1917, el apoyo a la lógica de gran potencia de Stalin, el desprecio a cualquier estatus social protegido e igualitario de los trabajadores, las mujeres y las personas LGBT. Y, como declaró explícitamente en su discurso antes de la invasión de febrero de 2022[22], una Ucrania independiente es para él una creación artificial y aberrante de Lenin y su deseo de crear la URSS en 1922 sobre la base de estados soberanos. Las corrientes globales de la extrema derecha se encuentran en el enfoque etnicista de la nación y en el rechazo de un Occidente decadente, lo que debería preocupar a esa parte de la izquierda que las ve como un apoyo contra el imperialismo occidental.

Por lo tanto, la izquierda de Maidán, que iba a fundar Sotsialny Rukh, estaba obligada a estar en contradicción con estos diversos frentes, y por lo tanto era muy marginal. Fue básicamente la expresión de una nueva generación de activistas (la media de edad es de unos 30 años) que quería apropiarse de la herencia revolucionaria del siglo XX de forma crítica, integrando las aportaciones de los movimientos de emancipación (y de las lógicas interseccionales que cruzan las opresiones de clase, género, raza, sexualidad…) y de la protección del medio ambiente. Por tanto, su voluntad de insertarse en una sociedad y unos movimientos impuros, así como sus referencias intelectuales la sitúan en las antípodas de los planteamientos librescos y dogmáticos, sin dar, por supuesto, respuestas prefabricadas sobre temas abiertos a múltiples controversias.

Sus convicciones anticapitalistas, su análisis concreto y crítico de la sociedad ucraniana y un conocimiento marxista crítico del pasado soviético protegió a RS de las posturas campistas: impugnó como contraproducentes (desde el punto de vista de la lucha contra las fuerzas secesionistas) las operaciones antiterroristas del gobierno de Kiev contra las poblaciones del Dombás, y denunció al mismo tiempo el papel de Moscú y del aparato burocrático-militar ucraniano en crisis trás del pseudo referéndum de Crimea contra una Ucrania fascista, y, después, la autoproclamación de las pseudo repúblicas populares de Donetsk y Luhansk (DPR y LPR). RS Intentó identificar las aspiraciones populares comunes a toda Ucrania y esperaba un alto el fuego bajo el control de la OSCE o de la ONU, el desmantelamiento de todas las fuerzas paramilitares y el rechazo de toda injerencia rusa como condición previa para actualizar la constitución ucraniana sobre una base democrática y para controlar sus opciones y conflictos, en contra de cualquier lógica de reparto de zonas de influencia entre Moscú y Washington sobre la sociedad ucraniana[23].

Conocí a esta joven izquierda en Kiev en 2013 y 2014, participando en los debates de la conferencia que organizó sobre «La izquierda y Maidán». Estoy en deuda con ella en mis propios artículos sobre estos acontecimientos[24] por una mirada asociada a su inserción a contracorriente en varios frentes en el corazón de la revolución de la dignidad, una revolución inacabada e impura que abrió una fase de guerra híbrida que se ha transformado radicalmente en guerra absoluta en 2022.

Las tres muñecas rusos de la guerra de Putin
La postura de la RS ante esta guerra es coherente. Por un lado, con su desmarque analítico y militante en la fase 2013-2022, pero también con su compromiso con una Ucrania soberana como parte de una lucha socialista.

Es la agresión de Putin la que ha hecho que se planteen muchas preguntas y vacilaciones en relación a la construcción de una Ucrania plural, que tendrá que asumir democráticamente (pluralmente) y superar sus propios conflictos internos y las lecturas contradictorias de las oscuras páginas del pasado[25].

En su discurso del 22 de febrero[26], el propio Putin dio las claves de la interpretación de su ofensiva bélica, cuyas inciertas modalidades de aplicación se han hecho más claras desde 2014 tras la anexión de Crimea. Se pueden resumir en tres muñecas rusas entrelazadas.

La primera se basa explícitamente en el discurso de la Gran Rusia del siglo XIX sobre un pueblo ruso en tres dimensiones (Rusia, Bielorrusia y Ucrania). Putin lo opone a la elección de Lenin de fundar la URSS sobre la base de un desafío al Imperio Ruso (y a sus relaciones de opresión), por tanto sobre un acto de libre unión firmado sobre una base igualitaria entre repúblicas (de Rusia, Bielorrusia y Ucrania) reconocidas como soberanas.

Al igual que la primera, la segunda muñeca rusa no tiene nada que ver con la OTAN y se alimenta de ideologías de extrema derecha sobre el mundo ruso de Eurasia (contra la decadencia feminista, LGTB y atea del resto del mundo). Putin encaja varias ideologías a su manera. Los apoya pragmáticamente con dos construcciones que respetan las nuevas soberanías de las repúblicas postsoviéticas no rusas (autocráticas y antisociales): la Unión Económica Euroasiática, que quiere contrarrestar los proyectos de Asociación Oriental de la UE, y la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC), una mini-OTAN, que demostró su eficacia ante las revueltas sociales que desestabilizaron el poder autocrático en Kazajistán el año pasado[27].

Así, reconfortado en su propio espacio de dominación, Putin esperaba ampliar las dimensiones de la tercera muñeca: su lugar en la Corte de las Grandes Potencias y frente a la OTAN para negociar en posición de fuerza el reparto de las «esferas de influencia. La audacia de la ofensiva rusa (en defensa de los intereses imperiales e imperialistas de estos proyectos) fue catalizada por el estado de muerte cerebral de la OTAN tras la penosa retirada de Afganistán y en vista de los flagrantes desacuerdos entre EE UU, Francia y Alemania en cuestiones energéticas y en las relaciones con Rusia: Por tanto, no fue una amenaza de la OTAN, sino más bien lo contrario, su crisis, lo que constituyó la base del escenario ofensivo de Putin a principios de 2022, reforzado por su evaluación de la situación en Ucrania. Esperaba ganar una popularidad interna similar a la que había obtenido con la anexión de Crimea.

Los intentos de Zelenski para negociar con Putin sobre el destino del Dombás fueron recibidos con desprecio por el autócrata ruso. Pero el presidente ucraniano también se vio enfrentado a las amenazas de su extrema derecha. Dirigiéndose a Biden, recibió de él una negativa explícita a defender a Ucrania contra las amenazas de intervención rusa. En definitiva, la popularidad del presidente ucraniano había caído a finales de 2021. Esto reforzó la creencia de Putin en un escenario de caída/huida de Zelenski y su sustitución por un Pétain ucraniano como parte de un despliegue de fuerza a nivel nacional, especialmente hacia la capital, con el mismo tipo de narrativa que para el referéndum de Crimea: contra una Ucrania nazificada, de vuelta a la casa rusa«.

Sotsialny Rukh ante la guerra
Desde el principio, al igual que la gran masa de la población ucraniana, encabezada por el presidente Zelenski, los miembros de la RS optaron por resistir la invasión y negarse a desaparecer en la camisa de fuerza de la muñeca rusa. Este perfil nunca suprimió su perfil anarcocomunista anticapitalista y, por tanto, su independencia crítica respecto al gobierno de Zelenski. Este último es visto como el menos malo posible en la escena política ucraniana, ya que es y tiene una fuerte legitimidad popular como expresión de la defensa de la soberanía ucraniana, lo que implica, en la fase de guerra, que la crítica que formula la izquierda ha de ser (también) popular, concreta y no contradictoria con el compromiso contra esta guerra.

La violencia de la invasión rusa ha impuesto a los más pacifistas la evidencia del derecho a defenderse, a negarse a poner al mismo nivel las armas del agresor y las necesarias para el pueblo que decide resistir y defender su dignidad, sus derechos, su vida. Los antiguos vínculos con el Movimiento Socialista Ruso le permitieron definir una posición común el 7 de abril de 2022[28], que se enfrentó a los argumentos de la izquierda occidental:

Queremos abordar una reivindicación muy controvertida, la de la ayuda militar a Ucrania. Comprendemos el impacto de la militarización en el movimiento de la izquierda progresista en todo el mundo y la resistencia de la izquierda a la expansión de la OTAN o a la intervención occidental. Sin embargo, es necesario un contexto más amplio para dar una imagen más completa.

En primer lugar, los países de la OTAN suministraron armas a Rusia sin tener en cuenta el embargo de 2014 (Francia, Alemania, Italia, Austria, Bulgaria, República Checa, Croacia, Eslovaquia y España). Por tanto, el debate sobre si las armas enviadas a la región acaban en buenas o malas manos parece un poco tardío. Ya están en malas manos y los países de la UE sólo estarían compensando sus errores anteriores al suministrar armas a Ucrania. Además, las garantías de seguridad alternativas propuestas por el gobierno ucraniano requieren la participación de una serie de países, y probablemente sólo puedan lograrse con su participación.

En segundo lugar, como han señalado muchos artículos, el regimiento Azov es un problema. Sin embargo, a diferencia de lo que ocurrió en 2014, la extrema derecha no está desempeñando un papel principal en la guerra actual, que se ha convertido en una guerra popular, y nuestros compañeros de la izquierda antiautoritaria de Ucrania, Rusia y Bielorrusia están luchando juntos contra el imperialismo. Como ha quedado claro en los últimos días, Rusia está intentando compensar su fracaso en tierra con ataques aéreos. La defensa aérea no dará a Azov un poder adicional, pero ayudará a Ucrania a mantener el control de su territorio y a reducir el número de muertes de civiles, incluso si las negociaciones fracasan.

Todas las demandas de ayuda (militar, material, financiera) expresadas por la RS fueron acompañadas con el rechazo de cualquier condicionamiento neoliberal y antisocial; una posición que también recoge la plataforma de la red de solidaridad ENSU. Esto queda ilustrado por las consignas y la aplicación concreta de dos campañas de la RS (apoyadas por la ENSU), que ilustran la realidad de este frente de resistencia social dentro de la lucha contra la agresión rusa: por un lado, la denuncia de las causas y el contenido de la deuda ucraniana (que perdona a los oligarcas y pesa sobre los presupuestos sociales del país), acompañada de la exigencia de su anulación, en particular frente a los desastres infligidos por la guerra. Pero también la campaña lanzada más concretamente a nivel sindical contra el gobierno de Zelenski y las leyes que atacan los derechos sociales heredados de la época soviética. Como telón de fondo permanente, se planteó la cuestión de qué Ucrania construir y reconstruir ante la destrucción de la guerra. Este tema se abordará en la conferencia de tres días, del 21 al 23 de octubre[29]: «¿Cómo debe ser la nueva Ucrania? ¿Hay alguna posibilidad de construir una sociedad basada en la solidaridad, la justicia y el desarrollo sostenible? ¿Qué hacer con las ruinas del sistema de seguridad mundial? ¿Cuál es el papel de los movimientos progresistas globales en su restauración?

Estas mismas preguntas -que desafían a la izquierda internacional sin respuestas sencillas- estaban en el centro de la resolución adoptada[30] por la conferencia del 17 de septiembre en Kiev, que comienza así:

El pueblo ucraniano se ha visto confrontado a retos difíciles, pero ha demostrado su capacidad de luchar por el derecho a decidir su propio destino, y su determinación de defender el país y poner fin a la guerra lo antes posible. Las autoridades y los representantes de la ideología fundamentalista del mercado, así como las grandes empresas, siguen impulsando un modelo económico basado en el beneficio de unos pocos a costa del bienestar de la mayoría absoluta. En este modelo, los trabajadores y trabajadoras están completamente sometidos a la voluntad de sus empleadores, mientras que las funciones sociales y reguladoras del Estado se suprimen en nombre de las necesidades de las empresas, la competencia y el libre mercado.

De los tres textos sometidos a votación, el que se aprobó es el que más desarrolla la identidad de la RS. Pero el tiempo para el debate fue corto. El objetivo de esta conferencia era proporcionar tesis básicas y directrices para la formación y el desarrollo colectivo del próximo periodo.  A continuación exponemos las prioridades que plantea el texto para las reflexiones y acciones de Sotsialnyi Rukh en la lucha en curso:

  1. La victoria completa y la seguridad de Ucrania.

El ejército ruso debe ser derrotado como condición previa para el desarrollo democrático y social de nuestro país y del mundo.

Preservar la independencia y la democracia requiere en primer lugar el desarrollo de sus propias capacidades de defensa. Sobre esta base, debe construirse un nuevo sistema de seguridad internacional para contrarrestar eficazmente cualquier manifestación de agresión imperialista en el mundo (…)

  1. Una reconstrucción de Ucrania con orientación social.

Las fuerzas neoliberales intentan imponer su visión de la Ucrania de posguerra como un país propiedad de las grandes empresas y no de su pueblo, sin protección ni garantías sociales. Por el contrario, creemos que es necesario abogar por una reconstrucción que se centre en el desarrollo progresivo del nivel de vida de la mayoría de la población y de nuestra infraestructura social, así como la provisión de garantías económicas. La reconstrucción debe ser ecológica, social, descentralizada y democrática, inclusiva y feminista (…)

  1. La democratización social.

La democratización a todos los niveles de la vida, eliminando la influencia en el poder del dinero y las grandes empresas en la política y aumentando la representación y la importancia de los sindicatos, las minorías nacionales y las comunidades y su plena participación en la toma de decisiones.  (…)

  1. Identidad e inclusión.

La nueva identidad ucraniana, que está surgiendo ante nuestros ojos, es multiétnica y multicultural, ya que la mayoría de los ucranianos, que ahora defienden nuestro país, son al menos bilingües. Hay que preservar y desarrollar el multilingüismo y la diversidad de la cultura nacional ucraniana, haciendo hincapié en que la lengua ucraniana debe convertirse en un medio universal de intercambio y producción de conocimientos en todos los ámbitos de la vida pública, la cultura, la ciencia y la tecnología. Todo el patrimonio cultural de la humanidad no sólo debería estar disponible en ucraniano, sino que el ucraniano también debería utilizarse para producir obras literarias y artísticas avanzadas, así como conocimientos científicos y técnicos a nivel mundial.

Es necesario garantizar el desarrollo de la cultura y la lengua ucranianas en toda su diversidad, una ucranización orientada a la sociedad, basada en una financiación pública decente y competente de la educación, la edición, la ciencia popular, los festivales, los proyectos culturales, el cine, etc.

  1. Solidaridad internacional contra el imperialismo y la catástrofe climática.

Aunque Ucrania es el país más grande del continente europeo, se encuentra en la periferia de la política regional. Al no tener influencia en la toma de decisiones, se reduce a un mercado para los Estados europeos.

Las crecientes contradicciones entre los centros de acumulación de capital en el sistema capitalista mundial no se detendrán, incluso después de la completa destrucción del poder imperialista ruso. (…)

La catástrofe climática que se desarrolla ante nuestros ojos exige una acción urgente. La humanidad debe movilizar recursos para el rechazo inmediato y completo de los hidrocarburos (…).

  1. Un mundo libre para la creatividad y el conocimiento.

El acceso al conocimiento debe ser libre y disponible para todos. Todo el mundo debe tener las mejores condiciones posibles para aprender y perseguir sus propios intereses creativos y de investigación.  (…)

¡Protejamos la victoria del pueblo ucraniano contra su privatización por los oligarcas!

El objetivo de la conferencia también fue abordar las tareas de organización asociadas a este programa.

El informe introductorio del presidente de la RS, el abogado de derechos laborales Vitalyi Dudin, señaló que en seis meses la RS había duplicado su número de miembros[31], lo que no la sacaba de la marginalidad, pero planteaba nuevos retos: tiene que encontrar los medios para funcionar de forma adaptada a un mayor número de miembros en sus distintos ámbitos de intervención: organizaciones sindicales, feministas, juventud, investigación sociopolítica, revista Commons, medios de comunicación sociales e internacionales… Y, al hacerlo, también tiene que hacer frente a las responsabilidades que planteaba su creciente influencia.

De hecho, la RS surgió como la izquierda que se opuso tanto a la guerra de agresión rusa contra Ucrania como a la política neoliberal[32] y antidemocrática (ley de descomunización) del gobierno Zelenski[33]. Esto significa que la cuestión de la representación política de los trabajadores está cruelmente planteada en la escena política ucraniana, como suele ocurrir en otros lugares. En respuesta a esta cuestión, la tarea de construir un partido se planteó de dos formas. Por un lado, dicho objetivo está incorporado en la resolución política adoptada por la conferencia, que afirma en su introducción:

Se necesita un partido que ponga en práctica una visión alternativa de Ucrania: democrática, social y socialista. Un partido así protegería y uniría a la clase trabajadora y a las personas desfavorecidas, a quienes hoy carecen de representación política y sufren constantes abusos. Un partido así debe proteger a la mayoría absoluta de la población trabajadora del dictado de la patronal.

El objetivo último de esa fuerza política debe ser la emancipación de la humanidad y la democratización radical de la vida económica, política, nacional y social.

Además, la cuestión de los vínculos entre la actividad sindical actual (o los movimientos sociales) y el partido se abordó de forma concreta, tras el informe introductorio sobre el balance de actividades. Precisamente sobre este tema, el presidente de la RS invitó a Vasili Andreev, presidente del sindicato de la construcción, a dirigirse a la conferencia y presentar su experiencia actual: había comenzado a sentar las bases legales para el reconocimiento de un partido político, que consideraba una extensión de su sindicato. A este respecto, la RS se ha propuesto evaluar más de cerca la proximidad programática entre las dos organizaciones en diálogo con Vasilii Andreev, y analizar las posibilidades de funcionamiento conjunto en las distintas ramas y regiones.

Para el seguimiento de las distintas tareas, la conferencia eligió un nuevo Consejo colectivo (o Rada) de siete miembros –tres de ellos vinculados al trabajo sindical (incluido el muy aclamado presidente Vitalyi Dudin), tres mujeres implicadas en redes feministas y una de las líderes de las redes juveniles de Acción Directa en el ámbito estudiantil–. En todos los sectores, la conferencia es un paso hacia una mejor prosecución conjunta de todas las actividades en un clima de confianza, subrayado por Vitalyi Dudin: las desarrolladas antes de la guerra, asociadas a la defensa de los derechos (incluida la educación popular), pero también las distintas formas de autoorganización amplia que se esfuerzan por responder solidariamente a los daños y desastres de la guerra: la destrucción de puestos de trabajo y, por tanto, la pérdida de recursos y a menudo de techos, pero también la insuficiencia de los servicios colectivos y las múltiples formas de violencia, especialmente para las mujeres[34].

El propio informe de Vitalyi Dudin subrayaba dos tareas que la RS se esforzará por llevar a cabo: la de traducir las convicciones socialistas expresadas en la resolución en formulaciones concretas que sean comprensibles, movilizadoras y que conduzcan a la ruptura con el orden existente (una lógica de transición, podríamos decir). Y la de consolidar la confianza necesaria para el funcionamiento de un intelectual colectivo que lleve a cabo este tipo de proyecto. Son tareas que desafían a todas las organizaciones de izquierda del mundo. Tareas difíciles cuando uno se expande: SR es una organización que, aunque todavía es pequeña, ya es muy diversa (¡afortunadamente!) en cuanto a las culturas políticas de sus miembros; predominantemente eco-anarco-comunista, feminista, LGTB, antifascista. Una riqueza.

Pero, ¿qué significa, como dicen los textos de la RS, estar a favor del «socialismo democrático»? La cuestión fue planteada por uno de los camaradas presentes en la conferencia. Y al examinarlo más de cerca, resultó que era el contenido de la noción de «democrático» lo que más le cuestionaba. La crítica al pasado estalinista no resolvió las cuestiones que, de hecho, se le plantean no sólo a la izquierda ucraniana, sino a todas las corrientes anticapitalistas: cómo organizar la nueva sociedad (¿qué formas de democracia, por tanto, qué instituciones tras la socialización de la planificación, el mercado, la propiedad?) Además, ¿cómo pasamos de la lucha dentro/contra el sistema existente a la construcción de otros poderes de decisión y otros derechos y prioridades ecocomunistas, y a qué niveles debemos organizarnos territorialmente para ser creíbles y eficaces? ¿Qué esperar de la UE? La población ucraniana ha sufrido los efectos de una periferización radical en el orden capitalista y se ha enfrentado a los criterios neoliberales de la UE en la relación de asociación desde 2009. La gran masa de la población aspira a tener el estatus, los derechos y, con suerte, las protecciones (desde todos los puntos de vista) de un miembro de pleno derecho. Este es un debate que la RS no ha tenido, pero que ha comenzado y que está dividiendo (también) a la izquierda europea. Forma parte de los problemas globales que plantea la guerra. La resolución adoptada por el RE subraya:

La izquierda en Europa y en el mundo se mostró impotente y confusa cuando se produjo la agresión rusa en Ucrania. A menos que el movimiento socialista internacional se dé cuenta de los errores que ha cometido y construya una nueva cooperación y coordinación verdaderamente internacionalista, no tendremos ninguna posibilidad de impedir el crecimiento de la lucha interimperialista en el futuro.

La única perspectiva que abre márgenes a la resistencia progresista contra todos los imperialismos es que la resistencia popular ucraniana (que hace efectivas las armas recibidas) conduzca a la caída de Putin, generando, sobre todo en la Federación Rusa y en las antiguas repúblicas soviéticas, una identificación de las naciones no rusas con la causa decolonial ucraniana y más ampliamente un rechazo masivo a morir por una guerra sucia. Corresponde a la izquierda internacionalista dar a conocer la proximidad de las apuestas decoloniales de la izquierda ucraniana y rusa con las de los pueblos del Sur global, como señala la feminista y comunista india Kavita Krish-nan. La descolonización de la Federación Rusa es la clave para hacer creíble la agenda de una disolución de la OTAN y la OTSC y los debates (iniciados por Taras Bilous en el seno de Sotsialny Rukh) sobre otra arquitectura de seguridad mundial rechazando cualquier lógica de «bloque» y reparto de esferas de influencia.

 

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