¿Solo nos queda el capitalismo?

Por Michael Roberts

Branko Milanovic es el principal experto mundial en desigualdad global, es decir, de las diferencias en ingresos y riqueza entre países y entre individuos en diferentes países. Fue economista jefe del Banco Mundial. Después de abandonar el banco, Milanovic escribió un estudio definitivo sobre la desigualdad global que actualizó en un artículo posterior en 2013 y finalmente salió como un libro en 2015, Global Inequality . En sus documentos anteriores y en ese libro, Milanovic presentó su ahora famoso «gráfico del elefante» (con forma de elefante) de los cambios en los ingresos de los hogares desde 1988, de los más pobres a los más ricos del mundo. Milanovic muestra que la mitad media de la distribución global de ingresos ha ganado un 60-70% en ingresos reales desde 1988, mientras que los más cercanos al grupo superior no han ganado nada.

Milanovic descubrió que aquellos que han obtenido más ingresos en los últimos 20 años son los que se encuentran en el ‘medio global’. Estas personas no son capitalistas. Se trata principalmente de personas en India y China, anteriormente campesinos o trabajadores rurales que han emigrado a las ciudades para trabajar en los talleres de ensamblaje y en las fábricas de la globalización: sus ingresos reales han aumentado desde una base muy baja, incluso si sus condiciones y derechos no lo han hecho.

Los mayores perdedores son los más pobres (principalmente agricultores rurales africanos) que no han ganado nada en 20 años. Los otros perdedores parecen ser algunos de los “más acomodados» a nivel mundial. Pero todo ello en un contexto global, recuerda. Estos “más acomodados» son, de hecho, principalmente personas de clase trabajadora en los antiguos países «comunistas» de Europa del Este, cuyos niveles de vida se redujeron con la restauración del capitalismo en la década de 1990 y la amplia clase trabajadora de las economías capitalistas avanzadas, cuyos salarios reales han estado esencialmente estancados en los últimos 20 años.

Sin embargo, el centro de estudios del Reino Unido, Resolution Foundation, ha sometido a la prueba del algodón el gráfico del elefante de Milanovic. El crecimiento más rápido de la población en países altamente poblados como China e India distorsiona su conclusión de que las personas de ingresos medios en el mundo fueron las que experimentaron tales avances. Si se tiene en cuenta el enorme aumento de la población en China e India entonces la desigualdad entre la persona promedio en las economías imperialistas de Occidente (¿Norte?) ha aumentado, no disminuido, en comparación con las economías pobres de la periferia global (¿Sur?). El elefante desaparece.

En su libro de 2015, Milanovic concluye que ya no hay ninguna base social o económica para la lucha de clases de una revolución socialista. Por lo tanto, debemos buscar formas de hacer que el capitalismo sea mejor y más justo. «La desigualdad global puede reducirse con tasas de crecimiento más altas en los países pobres y mediante la migración». Ahora, en su nuevo libro, Capitalism Alone, Milanovic regresa este tema y su «solución». Nuevamente parte de la premisa de que el capitalismo es ahora un sistema global con tentáculos en todos los rincones del mundo, que expulsa a cualquier otro modo de producción como la esclavitud o el feudalismo o el despotismo asiático hasta arrinconarlos en los márgenes. Asimismo, el capitalismo no es solo un modo de producción, es el único futuro para la humanidad.

Entonces dice: «El capitalismo tiene muchos fallos, pero también muchas ventajas, y no va a desaparecer. Nuestra tarea es mejorarlo”. Milanovic argumenta que el capitalismo ha triunfado porque funciona. Ofrece prosperidad y satisface los deseos humanos de autonomía. Pero tiene un precio moral que nos empuja a tratar el éxito material como el objetivo final. Y no ofrece ninguna garantía de estabilidad. En Occidente, el «capitalismo liberal» cruje bajo las tensiones de la desigualdad y el exceso capitalista. Ese modelo ahora lucha por los corazones y las mentes de lo que Milanovic llama el «capitalismo político», como lo ejemplifica China, que muchos afirman que es más eficiente, pero que es más vulnerable a la corrupción y, cuando el crecimiento es lento, a los disturbios sociales.

Milanovic condena la desigualdad Creo que es malo para el crecimiento. Es malo para la estabilidad social, y es malo para la igualdad de oportunidades”. Y el capitalismo es malo porque aumenta inherentemente la desigualdad. El sistema, en la forma en que funciona hoy, está generando, y realmente aumentando,  la desigualdad. (Y pondré dos ejemplos). Y esa creciente desigualdad conduce al control del proceso político por parte de los ricos. Y, el control del proceso político por parte de los ricos es realmente imprescindible para que los ricos transfieran o transmitan, más bien, todas estas ventajas. Ya sea a través del dinero (ventajas financieras) o, mediante la educación, a sus hijos. Lo que luego refuerza el dominio de lo que se llama la clase alta”. Sí, eso suena a capitalismo.

Por lo tanto, Milanovic favorece el aumento del gasto en bienes y servicios públicos (incluida la educación) y la seguridad social, impuestos sobre la propiedad y la riqueza para los ricos, poniendo fin a las dinastías heredadas, de modo que solo sea posible enriquecerse por méritos y trabajando duro, ¡como si ello bastara! Por lo tanto, su respuesta para un mejor capitalismo es la misma que en su libro anterior, pero esta vez más optimista en cuanto a las posibilidades de lograrlo: reducir la desigualdad y aumentar la migración de los países pobres a los más ricos.

Aunque ambas ‘alternativas’ capitalistas están plagadas de corrupción de sus élites e instituciones estatales, está claro que Milanovic confía más en lograr un retorno al modelo ‘liberal democrático’ del imperialismo occidental (el ‘Norte’) que en el ‘ capitalismo político ‘de China. Pero, ¿tiene razón Milanovic cuando describe la nueva guerra fría entre el capitalismo chino y el estadounidense como una competencia entre modelos autoritario y liberal, político y meritocrático?

¿Podemos realmente aceptar este esquema cuando vemos la América de Trump? la cruel y a menudo brutal hegemonía imperialista de los Estados Unidos; y la corrupta ‘democracia’ engrasada con dinero que opera allí, con su desigualdad extrema y creciente. ¿Y podemos realmente describir a China, un régimen estatal autoritario y corrupto, como ‘capitalismo político’?

Como sabrán mis lectores habituales, no estoy convencido de que China sea capitalista en absoluto, dado el poder económico dominante del estado y su capacidad de planificación en comparación con el sector capitalista. El estado y las empresas deciden mucho más sobre la vida de los chinos que los caprichos e incertidumbres del mercado y la ley del valor. Como dice Milanovic, China ha crecido en su PIB real y nivel de vida medio en los últimos 70 años más rápido que cualquier otra economía en la historia humana. ¿Es esto realmente una demostración del éxito de una economía capitalista (cuando todas las demás economías capitalistas solo lograron menos de una cuarta parte de la tasa de crecimiento de China y estuvieron sujetas a caídas regulares y recurrentes de la inversión y la producción)? ¿No podría la diferente narrativa de China tener algo que ver con su revolución de 1949 y la expropiación de su clase capitalista nacional y la eliminación del imperialismo extranjero? Quizás el capitalismo no sea lo único que nos quede.

Si es así, la dicotomía de Milanovic entre ‘democracia liberal’ y ‘capitalismo político’ parece falsa. Y se plantea porque, por supuesto, Milanovic comienza con su premisa (no comprobada) de que un modo alternativo de producción y sistema social, a saber, el socialismo, está descartado para siempre. En Desigualdad global, Milanovic concluyó que la idea de un proletariado global unido capaz de una revolución mundial está fuera de lugar porque ahora las desigualdades reales son entre estadounidenses y africanos, no entre capitalistas y trabajadores en todas partes. La revolución proletaria internacional de Trotsky está obsoleta: «Esa era la idea detrás de la» revolución permanente «de Trotsky. No había contradicciones nacionales, solo contradicción de clase mundial. Pero si la situación actual del mundo es tal que las mayores disparidades se deben a las brechas de ingresos entre las naciones, entonces la solidaridad proletaria no tiene mucho sentido. La solidaridad proletaria simplemente está muerta porque ya no existe el proletariado global. Por eso nuestro mundo es un mundo claramente no marxista».

Y, sin embargo, la clase trabajadora, tanto los trabajadores industriales como los de las llamadas industrias de «servicios», nunca ha sido tan numerosa en la historia humana. A nivel mundial, había 2.200 millones de personas trabajando y produciendo valor en 1991. Ahora hay 3.200 millones. La fuerza de trabajo global ha aumentado en mil millones de trabajadores en los últimos 20 años. A nivel mundial, la fuerza de trabajo industrial ha aumentado un 46% desde 1991, de 490 millones a 715 millones en 2012, y será más de 800 millones antes del final de la década. De hecho, la fuerza de trabajo industrial ha crecido un 1.8% al año desde 1991 y desde 2004 un 2.7% al año, ¡que ahora es una tasa de crecimiento más rápida que la del sector servicios (2.6% al año)! A nivel mundial, la participación de los trabajadores industriales en la fuerza de trabajo total ha aumentado ligeramente del 22% al 23%. El capitalismo no está solo; tiene un sepulturero, el proletariado.

Milanovic descarta esto. En su nuevo libro, Creo, en gran medida, que [el capitalismo] es sostenible. Incluso si toda la desigualdad continúa, sin control.Es sostenible, en gran parte, porque no tenemos un esquema de sistema alternativo. Sin embargo, que algo sea sostenible, que algo sea eficiente, y que algo sea bueno, son dos cosas diferentes”. A Milanovic no le gusta el capitalismo, pero -para usar la frase de Margaret Thatcher al referirse a sus políticas neoliberales para el capitalismo-, reconoce que no hay alternativa (TINA) . Por lo tanto, el objetivo debe ser, tal como Keynes argumentó en la década de 1930: hacer que el capitalismo sea más sostenible. Y eso es exactamente lo que creo que deberíamos hacer ahora” .

El problema es que las políticas de Milanovic para reducir la desigualdad de riqueza e ingresos en las economías capitalistas y / o permitir que las personas abandonen sus países pobres por un mundo mejor parece ser (si no más) un futuro tan ‘utópico’ bajo el capitalismo que la «utopía socialista” que descarta como imposible.

es un reconocido economista marxista británico, que ha trabajador 30 años en la City londinense como analista económico y publica el blog The Next Recession.

Fuente:

https://thenextrecession.wordpress.com

Traducción:G. Buster

Elogio del tumulto

Amador Fernández-Savater
Por Interferencias
15M, conflicto independentista… Nuestra democracia tiene fobia al conflicto y sin embargo el conflicto es fuente de toda vitalidad y justicia social.

«De los tumultos surgieron en Roma todas las buenas leyes» (Maquiavelo)

¿Cuál es la principal aportación de Maquiavelo al pensamiento político? Según el filósofo francés Claude Lefort, es la idea de división social. No hay armonía en ningún sitio, toda sociedad se encuentra dividida entre los Grandes que quieren dominar y el pueblo que rechaza ser dominado. Entre ambos hay desunión, tumulto y conflicto. La vitalidad y la justicia de cualquier sociedad se juega siempre en la disposición que da a esa división insuperable.

¿Será el conflicto absorbido, sofocado o tendrá alguna vía abierta para desplegarse? De la respuesta a esta pregunta se deducen según Maquiavelo-Lefort los tipos de organización social: elprincipado, en el cual las instituciones están por encima de la sociedad y se protegen de sus agitaciones; la república, en la cual la ley se deja afectar por el conflicto y se transforma para darle una respuesta; la anarquía, donde el conflicto no tiene ninguna respuesta y corre el riesgo de pudrirse o convertirse en guerra civil.

En la primera opción, la ley es propiedad de los Grandes y su avidez de poder y riqueza no encuentra ningún freno, la sociedad queda sometida. En la segunda, la rapacidad de los Grandes encuentra un límite, el conflicto del pueblo logra modificar las leyes establecidas, su deseo de no ser gobernados se inscribe en derecho (la creación del tribuno de la plebe en Roma, por ejemplo). En la tercera, la situación se detiene, se estanca o se pudre al no encontrar ninguna forma de elaboración.

Pueblo es lo que no quiere ser dominado. La república es la imposición de la cosa pública al partido de los ricos. Sólo el tumulto, el conflicto que viene de abajo, da lugar a la generación de nuevas leyes y a la libertad política; es el mayor factor de cambio histórico.

Nuestra organización social no se parece en nada a una república, sino que encaja perfectamente con la definición del principado. Pretende ignorar que hay división entre dominantes y dominados, entre gobernantes y gobernados, es ciega al hecho de que siempre hay división, que la división es insuperable. Piensa la arquitectura institucional como una «solución» y un «sistema armónico» donde cada cosa tiene su lugar y su función establecida por siempre jamás: la gente vota, los partidos legislan, la Constitución marca las reglas de juego de la vida en común, los gobernantes disponen y los gobernados acatan.

¿Y si desacatan? Ningún conflicto tiene razón de ser: es un disfuncionamiento, una anomalía, una locura irracional, algo que no debería ser y que no pasaría «si el pueblo entendiese» (la complejidad de la situación, las exigencias de Bruselas, la necesidad de expresarse en los cauces de la ley, etc.). Un poco de pedagogía, vía antidisturbios o tribunal supremo, servirán para explicarle bien las cosas.

Tres ejemplosLo llaman democracia pero no lo es. Lo nuestro es más bien un sistema cerrado y al servicio de las exigencias de explotación y poder de los Grandes, una oligarquía con algunos mecanismos internos (pocos) de control recíproco entre los oligarcas, una cultura consensual que tiene verdadera fobia y pavor al conflicto, esto es, al motor de la vitalidad social y de la justicia, un poder elevado sobre la gente común que no se deja afectar o transformar por las reivindicaciones populares.

Algunos ejemplos recientes:

-cuando el rechazo de cómo somos gobernados se expresó en el 15M, el conflicto abierto no afectó para nada a las estructuras de poder ni se tradujo en ninguna ley (ni siquiera la razonabilísima propuesta de ley sobre la vivienda de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca apoyada en miles de firmas y consenso social). El 15M fue reprimido por una parte a través de cargas policiales, heridos y detenidos, sistemas de penalización administrativa vía multas, procesos penales, hasta la ley mordaza finalmente que considera delito gestos activistas básicos como testimoniar sobre la brutalidad policial o circular convocatorias.

Por otra parte, el conflicto fue absorbido por vías de cooptación más sutiles: una cierta incorporación por parte de los políticos de algunas palabras, algunos gestos, algunas demandas, pero sin afectación alguna, sin que esa «integración» supusiese cambio real alguno. Puro maquillaje, cosmética, gestos simbólicos disociados de cambios materiales. Ninguna modificación sustancial en el ámbito institucional. Sólo nuevos condimentos para el «relato» político: símbolos, guiños comunicativos, retóricas y algunos detalles menores (transparencia, primarias).

Sofocando (vía represión o cooptación) el conflicto propuesto por el 15M, se perdió una oportunidad de reinventar nuestra democracia (que no lo es). Los problemas señalados por el 15M no se elaboraron creativamente, simplemente se han congelado y ahora se pudren. Hasta el próximo tumulto.

-el 1 de octubre de 2017, dos millones de personas acuden a votar en un referéndum simbólico por la independencia. Es un gesto de desobediencia que llama la atención sobre la extensión de malestar con respecto a un tipo de encaje territorial, a un tipo de democracia de muy baja intensidad. No se trata simplemente de una cuestión nacional, nacionalista o identitaria, es algo evidente para quien tenga oídos y los use para escuchar. Se expresa ahí un rechazo del sistema político español, hay un deseo de otra situación, de otras reglas de juego, de una república, etc. La respuesta es… ninguna. La represión del 1 de octubre primero, la judicialización de la política después.

Según Maquiavelo, si la vida de Roma fue larga y justas muchas de sus leyes se debió a que la sociedad y la institución era permeable al conflicto. En nuestra sociedad la ley -un instrumento para la vida en común- se convierte en un fetiche sagrado, es decir que no se puede profanar, es decir que no se puede tocar. Al revés, en su nombre se pone fin a todo lo que interrumpe el orden.

Sofocando el conflicto abierto el 1 de octubre, se cierra una oportunidad de reinventar el encaje territorial, las reglas de juego de la convivencia, las hechuras mismas del Estado y el significado mismo de España, algo que no sólo se desea en Catalunya. El conflicto que no encuentra ninguna respuesta o forma de elaboración se pudre, amenaza convertirse en conflictohorizontal entre la propia gente de abajo.

-un tercer ejemplo que no me resisto a poner aunque sea de otra índole: el caso de Podemos. Los líderes de Podemos nos han abrasado los oídos desde su aparición con sus lecturas tan sabias sobre Maquiavelo. Pero, ¿qué encontraban en Maquiavelo? Lo más banal: que lo político es una técnica, que el poder lo es todo, la separación entre moral y política, el juego de tronos (ganar o morir). Ni rastro de la idea más fecunda del florentino: dar espacio a lo que disiente, la fecundidad del conflicto. Todo lo contrario, en un proceso alucinante y un tiempo récord, se ha laminado y expulsado a todos los que pensaban distinto ¡y todo ello sin quitarse el 15M de la boca! La misma cultura política de fobia a la división.

Resultado: se pierde la oportunidad de reinventar la forma-partido y lo que queda de Podemos es una cosa homogénea, por tanto rígida, por tanto débil, por tanto en vías de extinción. A falta de un verdadero balance autocrítico, encarnado, con efectos y no sólo retórico, Íñigo Errejón va por el mismo camino.

Sin conflicto, ni vitalidad ni justiciaTanto a izquierda como a derecha, «el gobierno es permanentemente enemigo del cambio». La derecha odia con todas sus fuerzas (casi físicamente) cualquier anomalía: desde los manteros hasta las casas okupadas pasando por toda expresión popular ingobernable. La izquierda por su parte tiende a la hipocresía: su sueño -el sueño más que evidente de Pedro Sánchez por ejemplo- es gobernar como la derecha pero con los votos (y la legitimidad) de la izquierda. Y la Nueva Política, por su parte, fetichiza las nociones de «orden» y «estabilidad» como si se pudiese imponer la cosa pública al partido de los ricos (que es trasversal a todos los partidos) sin ningún conflicto o inestabilidad de por medio.

Unos y otros hablan del Estado del bienestar, pero olvidan que este fue justamente un efecto de la división social y la capacidad de conflicto de la gente de abajo. En medio de condiciones muy duras, las luchas obreras consiguieron la reducción de la jornada de trabajo, el aumento de salario, derechos sociales, etc. Nada de armonía, uno se divide en dos: hay patrones y hay obreros, el tumulto se expresa como lucha de clases y el «reformismo» es justamente la plasticidad de la ley en su regulación. Todo eso -con los infinitos claroscuros de la dialéctica entre lucha e integracion de los que no nos vamos a ocupar aquí- ya no existe. El sistema no reconoce la división social, ahora somos todos «empresarios de nosotros mismos». El neoliberalismo desmantela todas las mediaciones que respondían creativamente al conflicto y ya no hay espacio alguno para el resto popular ingobernable. El capitalismo hoy se ha desbocado por ausencia de conflicto.

Si nuestra democracia es tan raquítica y suscita tan poco entusiasmo se debe precisamente a esto: no se deja afectar por los tumultos de abajo, no quiere saber nada de la energía del demos, es incapaz de ninguna fluidez o plasticidad instituyente a no ser que lo pida el Banco Central, convierte lo que es producto y herramienta (la ley) en el factor determinante y primero. El Estado de Derecho, que nació para poner límites a la arbitrariedad del poder, se convierte hoy en un sistema cerrado y sacralizado, enemigo de toda energía instituyente. No nos hemos librado aún de la teología en política.

Desafectada, a esa democracia se la puede llevar el viento, el viento de cualquier «posfascismo» actual. Pero la responsabilidad cae toda del lado de quienes han sostenido una concepción puramente consensual de la democracia.

¿Hay esperanza? Ninguna, mientras seamos pueblo iluso, creyendo que las cosas cambian solas, por la gracia de políticos buenos o de las astucias de la razón en la historia. Alguna, si somos pueblo negativo y desconfiado, pueblo-plebe. «Es una opinión plebeya y un punto de vista negativo suponerle al gobierno una mala voluntad» (Hegel). Es justo el punto de vista que necesitamos, todo el rato. La plebe es justamente el pueblo cuando se hace valer, el que grita «no nos representan», el que sabe que las leyes justas son siempre fruto del tumulto y las ganas de libertad de abajo.

La democracia no es una sociedad armónica o armonizada (tampoco bajo los modelos utópicos de la autogestión o la democracia digital), sino la sociedad que abre paso al conflicto, una sociedad efervescente y abierta al cambio que subordina lo instituido a lo instituyente, esa sociedad que experimentando la inestabilidad consigue obtener la mayor estabilidad, en la que cualquiera (y no sólo los que monopolizan la cosa pública) puede hablar, actuar y ser tenido en cuenta, la sociedad donde la pregunta por la vida buena y la justicia se mantiene abierta, donde la ley es puesta en juego por el conflicto sin ser exactamente su producto. Democracia es sostener la división social, la posibilidad infinita de la división.

En «Mientras dure la guerra», la última película de Amenábar, el personaje de Franco explica su decisión de alargar la guerra en la necesidad de exterminar al otro. «Si no en dos días estaremos en las mismas, los españoles siempre están a la gresca». Es el espíritu de cruzada que aún pervive: hay que suprimir el mal. Pero no se trata de cambiar el franquismo por el imperio de la ley sacralizada e intocable, sino justamente de aprender a convivir con la gresca y elaborarla. Así y sólo así enterraríamos de una vez por todas los restos del dictador. Hay que romper la representación dominante que ve en la división y el conflicto el principio de la decadencia y el declive. El mal es el acicate del bien, de los tumultos surgieron en Roma todas las buenas leyes.

«La república es superior a todos los demás regímenes: se presta al movimiento» (Lefort-Maquiavelo).

Gracias por las conversaciones a Diego, a Hugo, a las amigas del taller de los lunes.

Referencias:

Maquiavelo: lecturas de lo político, Claude Lefort, Trotta.

Claude Lefort, la inquietud de la política, Edgar Straehle, Gedisa.

La democracia contra el Estado, Miguel Abensour, Colihué.

Los 30 pesos más caros de la historia de Chile

por Santiago de Arcos-Halyburton

 

A Luis Thielemann y Alfonso Pizarro que son la nueva ternura de las luchas

La evasión inició casi como un juego, se veía como una travesura escolar. Pero había una profundidad de rabia, frustración, abusos: jubilaciones miserables, salud indigna, precariedad absoluta, endeudamiento ahogante y a eso le sumamos las alzas que nos ahogan más y más.

El metro es el corazón del sistema de transportes de la ciudad, pero también es el corazón de un sistema que solo produce riquezas para el sector privado en contubernio con lo público-estatal, su asalto se transformó en un ataque al corazón del sistema de explotación, donde el 80% de los trabajadores chilenos gana menos de 500 dólares, y un gigantesco porcentaje, de ese 80%,  gana menos de 250 dólares. Esa evasión del pasaje de tren subterráneo se transformó en una multitud que se agencio a los muchos estableciendo un contrapoder en lucha, que no solo busca una rebaja en las tarifas del transporte público, sino que ha significado la destrucción del orden actual de las cosas, la “normalidad” del arte de gobernar liberal se transformó en el kairós que le impide gobernar a la clase política que administra la governance del capital en Chile.

El gobierno no entendió nada al imponer estado de emergencia, porque le significo que la mancha de aceite se derramara desde la ciudad de Santiago a todo el país: marchas, saqueos, incendios por todo el territorio chileno en un solo día. Un toque de queda que nadie respeta porque ya no gobiernan.

En el centro neurálgico de la ciudad se da la principal batalla: no conozco a nadie, son jóvenes, millenials, veinteañeros, casi ninguna capucha, solo cacerolas que se enfrentan a la fuerza policial durante todo el día, y que se encapucha para resistir la represión. Muchas mujeres. La emoción no tarda en acudir como sentimiento, ante la enorme potencia desatada por esta sociedad adormecida (los 30 años de democracia solo han configurado una subjetividad de servidumbre voluntaria), estos días han sido embriagadores, y hoy la bacanal de la potencia al ir encadenándose, al transcurrir el día, ciudad tras ciudad. Esto es el acontecimiento, eso que siempre esperamos, y desesperamos al ver que nunca estalla, y cuando llega nos revienta en la cara y salimos a la calle fundiéndonos en esa afectividad que nace de los cuerpos deseantes que se movilizan. Aquí no hay colectivos, partidos, movimientos, hay una cierta espontaneidad en el acontecimiento, por eso es un estallido salvaje, primitivo, solo hay la oposición a todo lo que nos oprime, la insatisfacción difusa, gigantesca, con la vida que llevamos bajo el capitalismo financiarizado chileno, pero que se ha expresado finalmente para enfrentar al poder-

El gobierno y la prensa insisten en criminalizarnos, en que delinquimos, sin entender que cada saqueo y cada incendio o barricada es un punto de fuga, un éxodo del poder mismo, un momento de fundación de un común que aún no se define, ni se vislumbra, apenas se asoma como un agenciamiento molecular callejero en el sonido de una cacerola. Ahora, recién ahora, todos coinciden en que existen motivos de insatisfacción, pero, tratan de dividirnos en buenos y bien portados manifestantes pacíficos y los vándalos violentos. Según ellos, estamos concertados por la maldad y el deseo de destruir por destruir, se destruye porque cada supermercado, banco, parada de autobús, peaje o portal de cobro automático de peaje es un símbolo de la explotación que sufrimos, son ellos los que nos ahorcan mes a mes económicamente, llevándonos a la desesperación. Según ellos, vivimos un tiempo de paz y prosperidad, de felicidad y desarrollo para todos. Donde esta? Los comunes no saben dónde o con que se come ese desarrollo y la prosperidad. Según ellos somos manipulados para oscuros fines políticos y ellos son la bondad del Estado que nos cuida y beneficia. El verdadero vandalismo es subir el precio de los pasajes del transporte público, de los planes de salud, que nuestras jubilaciones serán miserables mientras las AFP se enriquecen con nuestro dinero previsional, que los milicos y policías roban miles de millones, que los parlamentarios se reajustan sus salarios y nosotros debemos levantarnos más temprano para gozar de la tarifa baja del tren subterráneo (dichos del ministro de transporte), vandalismo es asesinar mapuches y perseguir a un vendedor ambulante mientras los evasores de miles de millones en impuestos son perdonados, su política de orden y modernización es el mayor vandalismo.

Los derrotamos en las calles, pusimos el cuerpo a las tanquetas y fusiles de los militares, resistimos todo el día los balines de plomo y gases de la policía y tuvieron que congelar el alza del pasaje de transporte público, pero ahora no es suficiente, lo queremos todo y lo queremos ahora. Nos han impuesto el toque de queda, pero aún tenemos el día de mañana para seguir luchando en las calles de Santiago de Chile. Hemos impuesto nuestra agenda en la calle, cambiando la correlación de fuerzas.

Los jóvenes han decidido no adaptarse más, los viejos hemos salido con ellos a la calle a combatir este mundo que quieren construir para nosotros, un mundo basado en la violencia de la superexplotación, de la precariedad, de una vida Starbucks. No fracasamos, luchamos, porque no queremos más ese mercado del trabajo que te obliga a ser exitoso, competitivo. Es nuestra subjetividad la que hoy se ha sublevado contra una realidad insoportable construida por el capital: status, seguridad, endeudamiento para aparentar, y por ultimo transformarse en una pyme productiva que financie todo lo demás, incluso sus deudas, esas que lo ahorcan hasta no dejarle vivir. Hoy esos jóvenes, y nosotros los veteranos de otras luchas, se levantaron contra el sistema en su conjunto reinventándose como un sujeto que surge de las luchas, como una potencia plebeya que lo subvierte todo porque quiere vivir de otro modo y dice BASTA! Y transforma su Instagram en un medio de prensa que disemina la revuelta, destruyendo al mismo tiempo esa mistificación que el Estado ha construido sobre el sagrado Metro (nombre que recibe la red de tren subterráneo de Santiago) u otros símbolos históricos y los desconoce como tales destruyéndolos físicamente y a partir de esta destrucción reafirmar su propia subjetividad de sujetos en lucha que ofende al poder, porque es puro afecto que se constituye en contrapoder escupiendo en el rostro del Estado su incapacidad para gobernarlo, dejándole solo el sabor de la derrota, a pesar de que el poder sostenga verbalmente su mando, a pesar de que el monopolio de la violencia le haya sido arrebatado.

Las luchas son globales y se expresan como una peste que contagia todo, esparciéndose como esporas: esta lucha nuestra salto desde Quito, Ecuador, a Santiago de Chile, y no es precisamente el toque de queda o los 10 mil efectivos policiales y militares en las calles lo que detendrá o derrotara la movilización global. Llegamos para instalarnos en las calles, desde la Primavera Árabe, hasta Parque Gezi y el Junho de 2103 brasileño, de ahí a los Gilets Jaunes hasta Quito y Santiago de Chile, hemos cambiado el miedo de lado, hemos aterrorizado al poder, hemos visto como tiembla su barbilla ante nuestra potencia que convulsiona este presente que hasta ayer era oprobioso

Mientras escribo estas palabras los helicópteros militares sobrevuelan la ciudad, pretenden que les temamos, pero no saben que nuestra fuerza colectiva se funda sobre la potencia de lo posible…Somos David sobre hombres de gigantes, los nuestros.

 

 

 

Decio Machado: “Lo más interesante en el reciente proceso de luchas populares en Ecuador son sus nuevos liderazgos”

Decio Machado es un experto en comunicación y analista político de nacionalidad española afincado desde hace más de una década en Ecuador. Vinculado a los movimientos sociales, Machado nos hace una análisis en esta entrevista de las luchas reivindicativas protagonizadas por la sociedad ecuatoriana en estos últimos días.

Entrevista de Gabriel Brito /  Correio da Cidadania / Brasil

En primer lugar, ¿cómo es el paquete económico de Lenín Moreno?

El gobierno de Lenín Moreno lleva casi dos años y medio de gestión. Durante el primer año, período en el que paulatinamente se fue distanciado ideológicamente del correísmo, no tuvo claro cual era su hoja de ruta económica. Sin embargo, durante esta segunda mitad de su mandato todas las medidas económicas han tenido una clara tendencia hacia la liberalización de los mercados, políticas de austeridad económica, achicamiento de un Estado mediante el despido de 23 mil funcionarios públicos y políticas de flexibilización en el mercado laboral.

En el anuncio de estas últimas medidas económicas que terminaron incendiando al país se anunciaron cuestiones tales como la eliminación el subsidio al combustible, la reducción del 20% de la masa salarial de todos los contratos ocasionales en la función pública que vayan a ser renovados, la reducción del período anual de vacaciones de los empleados públicos de 30 a 15 días, así como obligación por parte de los trabajadores de las empresas públicas de aportar obligatoriamente un día de salario mensual al Estado. En paralelo, se decretaban una serie de medidas laborales que implican la flexibilización del mercado de trabajo privado, justificándolo bajo el argumento de la necesidad de implementar un modelo acorde con los nuevos tiempos.

¿Porque Ecuador acudió al FMI para orientar su política económica?

Durante la década de gobierno de Rafael Correa a la sociedad ecuatoriana se le contó que éramos un modelo económico ejemplar para todo el planeta. El régimen llegó a definir la economía como el “jaguar latinoamericano” buscando compararse con los “tigres asiáticos”. Sin embargo, la realidad era otra muy distinta. Entre 2010 y 2019 la deuda por cada ecuatoriano creció 7 veces, pasando de 538,81 dólares a 3.582 dólares; el pago de intereses por ecuatoriano creció 11 veces, de 38,31 dólares a 435,29 dólares; y el gasto en deuda creció 12 veces, evolucionando de 613 millones de dólares a 7.400 millones de dólares. En términos comparativos, el gasto de deuda actual (intereses y amortizaciones por 7.400 millones de dólares) supera casi dos veces el presupuesto de educación (4.970,9 millones de dólares) y el casi tres veces del presupuesto en salud (2.882,9 millones de dólares).

Con un Estado cada vez más endeudado, el gasto de consumo fue decayendo tanto en términos públicos como privados, sintiéndose claramente como los servicios públicos se van deteriorando. Terminada la gran fiesta propiciada por los excedentes petroleros, nunca hubo una redistribución de la riqueza durante el período correista sino la transferencia de los excedentes del Estado para sostener políticas de subsidios e inversión pública en infraestructura, se apagó el motor de la economía nacional. Fruto de todo esto el país lleva seis años estancado económicamente y los ecuatorianos pierden año tras año capacidad adquisitiva.

De esta manera, al aumento del déficit fiscal le siguió el incremento del endeudamiento, a lo que le siguió a su vez problemas de acceso al financiamiento, lo que hizo que comenzaran a bajar la reservas internacionales del país. 

Tras el fin del “boom de los commodities” la economía se estancó, en 2017 Rafael Correa entregó un país donde el gasto público era ampliamente superior a los ingresos permanentes necesarios para sostenerlo. Esto implicaba la necesidad de reformas de carácter estructural. Frente a otras posibles opciones, Moreno terminó optando por una visión neoliberal de como intentar reactivar la economía.

Durante la gestión de Rafael Correa el Estado ecuatoriano recurrió a créditos chinos para sostener sin soluciones a medio plazo esta situación. Desde la llegada de Lenín Moreno al poder, el país cambió su posición en el tablero geopolítico internacional. Con una política exterior entregada a los Estados Unidos, Ecuador pasó de los usureros créditos chinos con altas tasas de interés al financiamiento fondomonetarista y sus planes de ajuste estructural.

¿Porque Lenín Moreno cambió tan radicalmente la política económica correista? ¿Cuáles son los fundamentos de tamaño giro?

El sector empresarial ecuatoriano tiene una tasa de inversión en la economía nacional sustancialmente inferior al promedio latinoamericano, el cual ya de por sí es muy bajo. En paralelo, la economía ecuatoriana está muy concentrada, la mayoría de sus sectores económicos son oligopólicos y por lo tanto muy poco democráticos. El país goza de un empresariado al que podríamos definir como escasamente patriótico. Fue así durante la década correista y sigue siendo así durante la gestión de Moreno.

Nada ha cambiado durante los últimos 40 años, incluso en la gestión de Correa el país nunca transformó la matriz de acumulación capitalista heredada del período neoliberal anterior. Pese a sus críticas al FMI y a los tratados de libre comercio, durante el último período de gestión de Correa el país ya comenzó a ser supervisado por la tecnoburocracia fondomonetarista a cambio de futuros préstamo y se firmó un tratado de libre comercio con la Unión Europea. 

En resumen, la liberalización económica y pérdida de derechos de los trabajadores en el Ecuador comenzó a partir de que terminara la gran fiesta de los altos precios del crudo. Dos años y medio antes de que Rafael Correa abandonara la poltrona presidencial.

¿Cómo se entiende la dependencia de la población en relación al subsidio del combustible y cuales eran las consecuencias de este pretendido aumento de precios?

La necesidad de optimización en el gasto público ecuatoriano no está en discusión, la discusión está en sobre quien recae el peso de la políticas que tienen como objetivo volver a equilibrar la economía nacional. El Decreto 883 de liberalización de precios del combustible implicaba un notable incremento de precios de la gasolina “extra” —la más usada en el país— pasando el galón de 1,45 a 2,41 dólares. De igual manera la gasolina Eco País (extra con etanol) de 1,45 a 2.53 dólares y la Súper de 2,3 a 3,07 dólares. Pero más allá de esto, por experiencia histórica el pueblo ecuatoriano sabe que el incremento de precios del combustible afecta al sector alimenticio, a los productos de primera necesidad y a las tasas de inflación.

Esto sumado al descontento generalizado con la gestión de Lenín Moreno, la frase socialmente más aplaudida en la mesa de negociación entre movimientos sociales y gobierno para solventar la crisis fue cuando un líder indígena le habló al Presidente de la República de sus “ministros vagos”, hizo que estallara la revuelta nacional encabezada por el sector indígena pero secundada por amplios sectores de la población más humilde.

¿Cómo describes las reacciones populares registradas hasta hoy? ¿Tiene un carácter insurreccional anticapitalista?

El movimiento indígena, como anteriormente dije, principal protagonista de la protesta y el paro nacional si tiene un perfil estructural anticapitalista. En paralelo los sindicatos ecuatorianos, una estructura organizativa con escasa capacidad de adecuarse a los tiempos de precarización actuales y que mantiene una narrativa discursiva de los años ochenta, movilizó lo poco que tiene durante estas jornadas de lucha.

Sin embargo, la sorpresa provino de sectores sociales urbano marginales, muchos de ellos muy jóvenes, que se sumaron de forma decidida a la lucha.  De igual manera, los estudiantes universitarios y un movimiento feminista cada vez más potente que se construye en base a nuevos liderazgos jóvenes.

Mientras influencers de redes sociales, generadores de opinión en medios de comunicación convencionales y periodistas tradicionales desprestigiaban de forma cotidiana las movilizaciones, amplios sectores de la sociedad quiteña y de otras localidades del país expresaban diariamente su solidaridad con los movilizados entregándoles medicamentos para los enfermos y heridos, mantas, alimentos, zapatos, agua y comida. 

Fue de esta manera como fracasó una intencionada estrategia diseñada desde los sectores más conservadores del país que pretendía enfrentar a blancos cultos y acomodados urbanitas contra indígenas pobres provenientes de sectores rurales.

¿Que matices y tonalidades tiene el movimiento popular en este momento, considerando que parte de este apoya a Correa y otra parte rompió hace tiempo con el gobierno anterior de Alianza PAIS?

Los déficits en la gestión del gobierno de Moreno han permitido a Rafael Correa mantener un apoyo popular estimado de entre el 22 y 24% de la sociedad. Lejos de aquel más del 50% que le apoyó durante gran parte de su mandato, aun sigue siendo un porcentaje importante de seguidores para un Ecuador donde se prevé un enorme fraccionamiento del voto en las próximas elecciones presidenciales.

En todo caso, en un país donde el establishment político está altamente desprestigiado, lo más interesante en este momento es la conformación de nuevos liderazgos jóvenes en los movimientos sociales. Esto se pudo ver durante las movilizaciones de estos últimos 12 días de sublevación popular, donde el movimiento de estudiantes, de mujeres y especialmente de los indígenas estuvo dirigido por una nueva generación de militantes sociales que nada tienen que ver con el correísmo e incluso lo repudian. 

¿Qué piensas de las reacciones del Gobierno, tanto en términos del uso de los aparatos represivos como del traslado de la sede administrativa de Quito a Guayaquil? ¿El Gobierno corre el riesgo de caer?

El actual gobierno del Ecuador carece de inteligencia política, construcción prospectiva de escenarios y capacidad estratégica. El frente político del gobierno de Lenín Moreno está en manos de una generación de jóvenes políticos que pretendían ser la renovación de la derecha ecuatoriana.

La respuesta represiva por parte del Estado a las reivindicaciones populares dejó 8 personas fallecidas, 1.192 detenidos y 1.340 personas heridas para terminar cediendo ante el movimiento indígena en una histórica negociación televisada en directo fruto de la exigencia de los sectores movilizados. 

Tras esta crisis el gobierno nacional ha quedado aun más debilitado de como estaba antes de que comenzará el conflicto. Teniendo en cuenta que el año 2020 será un período preelectoral en Ecuador y considerando que incluso la derecha ahora expresa fuertes críticas al gobierno por ceder en sus posiciones y retirar el Decreto 883 ante las demandas populares, es de suponer que será muy compleja la gestión del presidente Moreno en lo que le queda de mandato. De ahí a que el gobierno se caiga todavía hay una distancia respetable, de hecho la única sensibilidad política interesada en que eso pase en este momento es el correísmo, quien tiene una agenda política marcada por la urgencia de una pretendida convocatoria de elecciones anticipadas.

¿Qué piensas de la formulación: “del fracaso del neoliberalismo al populismo; del fracaso del populismo de vuelta al neoliberalismo”? ¿Qué revela esto de nuestras construcciones política e ideológicas hasta ahora logradas, tanto en Ecuador como en el resto de Suramérica?

El neoliberalismo de los años ochenta y noventa en América Latina se mostró como un modelo fallido para el subcontinente. De ese fracaso devino el llamado ciclo progresista. Teniendo en cuenta de que América Latina es el territorio con mayor desigualdad del planeta, la carencia de transformaciones económicas estructurales durante ese período volvió a dejar a la sociedad latinoamericana huérfana de ilusión política. Los líderes progresistas son hijos del “boom de los commodities”, terminado este ciclo económico que permitió grandes excedentes para los Estados de la región el modelo de políticas de subsidios sin redistribución de la riqueza se volvió inviable.

El sistema de representación política esta en crisis, la casta política latinoamericana y nuestras instituciones públicas carecen de legitimidad social, los gobiernos tienen cada vez menor credibilidad ante la ciudadanía. Esta realidad supera la geografía de nuestro continente, es una tendencia mundial.

Todo esto implica la necesidad de nuevas formas de organización política, de nuevos mecanismos en la forma en que se toman decisiones desde las diferentes estructuras de los Estados, la implementación de mecanismos de democracia directa y consensos ciudadanos. En fin, hay que reinventar la  política, importante reto en un momento donde el modelo productivo y consumista implementado por el capitalismo muestra impactos ya irreversibles para la sostenibilidad a medio y largo plazo del planeta. 

En América Latina y en otras partes del sistema mundo se asiste hoy a experiencias inéditas de como determinados grupos comunitarios desarrollan mecanismos de apoyo mutuo y generación de sociedades paralelas que ya no disputan el poder en términos de Estado, estas resistencias en forma de procesos autónomos antisistémicos podrían ejercer un papel importante ante el colapso que está por venir.

Gao Mobo: “China puede ser todavía alternativa al capitalismo”

Originario de Jiangxi, y hoy profesor de estudios chinos en Australia, en la Universidad de Adelaide, Gao Mobo [entrevistado para il manifesto global por el periodista Simone Pieranni] es una de las muchas figuras de la llamada “Nueva Izquierda”, término ambiguo que designa una línea de pensamiento, internamente muy diversa, a través de un enfoque multidisciplinar, que relee la reciente historia china en su contexto, yendo más allá de las categorías occidentales. Por añadidura, algunos autores de esta corriente han dedicado concretamente su labor al tema de la Revolución Cultural y su impulso transformador inicial. Además de su proyección académica, esta «nueva izquierda» china tiene tambien sus referentes políticos, a los que SP ha ofrecido una aproximación hace unos meses (ver aqui) y que permite una lectura del marco histórico en el que se produce la obra de Gao Mobo.

Mientras Wang Hui y otros se han centrado en el concepto de modernidad, que ofrece una respuesta a quienes creen que China sólo se volvió “moderna” con la llegada del capitalismo y la reforma de Deng, Gao Mobo se centra en una lectura de la historia china que pretende revelar en términos explícitos el cortocircuito intelectual que se produce en el campo de los “estudios asiáticos”, de origen norteamericano y establecido principalmente en la época de la Guerra Fría (aunque, por supuesto, esto sigue pudiendo afectar hasta a otros países hoy en día, así como al sistema mediático en su conjunto).

El reciente Constructing China, Clashing Views of the People’s Republic (Pluto Press, 288 páginas, 2018) de Gao ofrece un excelente resumen del método Gao Mobo (su libro anterior, también publicado por Pluto Press en 2008, se titulaba The Battle for China’s Past), que se centra en devolver a China su  “conocimiento”, que la historiografía occidental, según Gao, le había negado. Al mismo tiempo, Gao Mobo ofrece también extraordinarias intuiciones interpretativas de la China contemporánea.

Empecemos por Hong Kong y lo que está pasando ahora. Su opinión es que tanto Hong Kong como Taiwán están ligados al sentido de identidad y de nación de China. De modo que hoy en día ¿nos hace Hong Kong preguntarnos de nuevo una y otra vez: “¿Qué es China?”?

Sí, creo que Deng Xiaoping tenía la esperanza de que cincuenta años después de la devolución, no hubiera ya “dos sistemas”, porque China se convertiría en algo similar en muchos aspectos, si no idéntico, a Hong Kong. Con la llegada, sin embargo, de Xi Jinping a la presidencia, las cosas han cambiado de modo significativo. Su campaña contra la corrupción amenazaba a los capitalistas de ambos lados. No obstante, colaborar en efecto con los capitalistas de Hong Kong ha supuesto no ocuparse de las clases inferiores, con el resultado de que muchos ciudadanos de la antigua colonia británica se han sentido abandonados. Hay que averiguar si  Xi querrá hacer algo al respecto.

En Constructing China, pone usted de relieve el oneroso papel que desempeñan los medios y muchos estudios occidentales en la demonización de la Revolución Cultural. Sin embargo, setenta años después del nacimiento de la RPC, hasta el veredicto del PCC acerca de la misma resulta negativo (y Xi Jinping publicó recientemente un discurso en el que el actual presidente reiteró este veredicto por parte del Partido). ¿Sucede esto porque, como escribe usted, “lo que hizo Deng tras la muerte de Mao demostraba hasta qué punto era cierto el temor de Mao: la vía china al capitalismo comenzaba con el desmantelamiento de los bienes comunales”?

Sí, y mucho más además. Desde luego, la Revolución Cultural fue destructiva en muchos aspectos. Se produjeron muchas víctimas entre funcionarios e intelectuales, y resulta verdaderamente difícil para ellos y para sus familias adoptar actitudes menos personales y mejor informadas históricamente respecto a la Revolución Cultural; esto resulta comprensible. Pero el hecho es que el capitalismo es un sistema global que se traga a todo el mundo, incluyendo a los miembros de del Partido Comunista Chino, hasta a sus principales líderes. Si leemos las opiniones de  Zhao Ziyang [Secretario del PCC en 1989, destituido debido a sus posiciones reformistas y al diálogo con los estudiantes], expresadas durante su arresto domiciliario  [publicadas en Prisoner of State, Simon & Schuster, 2010], podemos darnos cuenta plenamente de ello. Esta es la razón  por la cual el argumento de que el socialismo no tiene posibilidades de tener éxito en ningún país en concreto resulta tan razonable. Por lo que respecta a Xi, su discurso es más complejo que eso, porque todavía tengo la creencia de que la verdadera lógica del PCC tiene como meta mejorar la suerte de su pueblo. Para ser justos, Xi también declaró que no deberíamos utilizar las tres últimas décadas de la República Popular para denigrar sus primeros treinta años.

Hoy en día, siguiendo la argumentación de su último libro, parece que China es capaz de decir “qué está bien” y “qué está mal”, al menos con respecto a su pasado. Pero ¿qué imagen de China está dispuesta a revelar al mundo el Partido Comunista?

No hay consenso en esta cuestión. La mayoría de estos dirigentes carecen de ideas y de ideales en estos tiempos. Están ahí solamente para hacer carrera. Wang Qishan, Xi Jinping y Li Keqiang pudieran acaso tener algunas ideas sobre cómo responder a esta cuestión. La articulación más explícita es la de Xi de perseguir el común destino de la humanidad (renlei gongtong mingyun), encontrando un terreno común, dejando a un lado las diferencias en favor de la coexistencia y el desarrollo pacífico, origen de la idea de la Nueva Ruta de la Seda. Se supone que esto se ha de mantener (permitiendo las diferencias pertinentes) tanto en un plano internacional como en el plano político interno.

En el caso de China, ¿cuál es la diferencia entre lo que usted llama “conocimiento” y  “actitud”?

La producción de conocimiento de la humanidad la dominan en la actualidad Occidente y el capitalismo. La élite intelectual china queda en buena medida subsumida en el seno de este sistema de producción. La actitud hacia China resulta particularmente dura, porque ni la izquierda ni la derecha encuentran interesante a China. La izquierda cree que China es demasiado capitalista, y la derecha cree que es demasiado comunista. Por ende, existen actitudes racistas hacia China. El conocimiento refuerza las actitudes, y las actitudes llevan a cierto tipo de producción de conocimiento. Se alimentan una de otra.

Durante la década de gobierno de Hu Jintao, daba la impresión de que China podía cambiar, quiero decir, no en un sentido democrático, sino en el sentido de una mayor atención a la redistribución y a las distorsiones ocasionadas por el desarrollo. Luego, pareció que todo se paraba. ¿Por qué?

Se introdujo un cambio muy positivo: la abolición de todos tipo de tasas agrícolas. Era la primera vez que se hacía algo así en toda la historia china de más de 2000 años. Hu quería probablemente hacer más, pero era demasiado débil. No sabemos mucho de las metas políticas que siguieron ocultas tras los muros rojos de Zhongnanhai [el cuartel general del Partido Comunista], pero creo que la razón principal de esto se puede encontrar en los intereses creados que eran reflejo de muchos sectores: intereses de autoprotección, lo que venía a significar que los objetivos políticos terminaban por no salir del  complejo de Zhongnanhai en esa época. Sospecho que esta era la razón por la que Xi quería crear muchos pequeños grupos políticos bajo su liderazgo. Creo que esta es su solución para esquivar los diversos obstáculos ministeriales  a la puesta en práctica de medidas políticas. Lo que yo llamo “intereses creados” es el mundo de las empresas de propiedad estatal, de los  “principitos” (una facción del PCC formada por hijos y parientes de funcionarios del PCC) y de la  “élite compradora”.

¿Qué piensa usted del uso que hace Xi Jinping de Mao?

Tiene la convicción de que el PCC podría y debería servir mejor a China y al pueblo chino. Su insistencia en el concepto de chuxin (“la aspiración original”) no es mera retórica, sino un intento real de restaurar el espíritu y la legitimidad del Partido Comunista.

Debido en parte a la Nueva Ruta de la Seda, se ha reactivado en China el debate acerca del concepto de Tianxia en China. ¿Qué opinión tiene de ello? ¿Cómo puede ayudar este concepto a Chiba para proponer un sistema de gobernanza global?

Puedo entender la intención del debate, pero no creo que sea un concepto útil en este mundo. Creo que el “destino común por medio del desarrollo pacífico” resulta un concepto más aceptable fuera de China. Tianxia implica un centro y una jerarquía. No se trata de un concepto que sea aceptable en el mundo moderno.

The Chinese Model” de Daniel A. Bell acaba de publicarse en Italia. En primer lugar, ¿cuál es su opinión de este libro? ¿No cree usted que el conflicto entre democracia y meritocracia es limitador porque se inserta dentro de una lógica capitalista, sin imaginar otras posibilidades? Para ir más allá, podría un modelo chino ser capaz de diferenciarse de la evolución del capitalismo occidental?

Bell tiene el mérito de mostrar que las elecciones no deberían constituir el único criterio de legitimidad con el que evaluar a un gobierno. Hasta ahora, la de Bell es la única voz dispuesta a combatir el discurso político dominante en Occidente a la que se ha tomado también en serio.  Se trata de un logro enorme. Pero tiene sus limitaciones cuando se mira en detalle. Luego, respecto a si hay o no un modelo chino que pueda proporcionar una alternativa, no se trata de una argumentación que haya llevado hasta ahora a una respuesta definitiva, y quizás no pueda haberla en absoluto. Dependerá de dos factores principales: si podrá resolver China sus contradicciones y perplejidades, y el grado en que esté dispuesto Occidente a estrangular a  China antes de que China tenga éxito.

Ya desde hace algún tiempo, China ha ido llevando a cabo un extraordinario empeño tecnológico: hablamos del Big Data, de inteligencia artificial, de un sistema de crédito social. Y parece que China marcha por la misma vía que los países occidentales hacia un “Estado de vigilancia”, en un mundo caracterizado por el “capitalismo de vigilancia”. ¿Qué piensa usted de esto? Y ¿qué importancia tiene la historia china en esta hipótesis de control social (pienso, por ejemplo, en la baojia, o en la organización más reciente de los barrios)?

Sí, esto resulta preocupante para personas como nosotros, que somos individualistas y autónomos. Pero podría no resultar tan amenazador—al menos no todavía — para muchos en China. En su opinión, si obedecen las reglas y las leyes, no tendrán problemas, no importa la vigilancia a la que se les someta. Para algunos, esto resulta netamente positivo en términos de seguridad personal. Esta es la actitud que adoptan muchos en China acerca del experimento del llamado crédito social. Resulta difícil en la actualidad poner en práctica reglas y regulaciones en  China, hasta aquellas previstas con las mejores intenciones. En la China tradicional, invadir la libertad y privacidad personal en general no suponía un problema social, pues la tradición acentuaba la obligación social, la responsabilidad mutual y las relaciones mutuas. Ahora bien, China ha cambiado demasiado, porque la gente ya no se preocupa del espacio personal.  Por consiguiente, creo que esto puede ser un problema en el futuro.

(1952), profesor de estudios chinos en la Universidad de Adelaide (Australia), donde dirige el Instituto Confucio, estudió Inglés en la Universidad de Xiamen, en Fujian, y amplió su formación en las universidades británicas de Gales, Westminster y Essex. Especialista en lengua y cultura chinas, ha sido profesor visitante en Oxford y Harvard. En 1990 emigró a Australia, si bien regresa con frecuencia a su país y aldea natales.

Fuente:

il manifesto global

Mercancías de conocimiento

Por Michael Roberts

En el Manual de Oxford de Karl Marx, Thomas Rotta y Rodrigo Teixeira contribuyen con un capítulo llamado “la mercantilización del conocimiento y la información». En este capítulo, argumentan que el conocimiento es «trabajo inmaterial» y que las «mercancías del conocimiento» están reemplazando cada vez más a las mercancías materiales en el capitalismo moderno.

«Ejemplos de productos de conocimiento son todo tipo de datos comercializados, software de computadoras, fórmulas químicas, información patentada, música grabada, composiciones y películas con derechos de autor, y conocimiento científico monopolizado».

Según Rotta y Teixeira, estos productos de conocimiento no tienen ningún valor en términos marxistas porque su reproducción tiende a ser gratuita. El conocimiento se puede reproducir infinitamente sin coste. Autores anteriores han afirmado que debido a que las mercancías del conocimiento no tienen valor, la ley del valor de Marx ya no es válida. Rotta y Teixeira argumentan que pueden restaurar la ley del valor de Marx como explicación de las mercancías del conocimiento. Y su solución es que, aunque los productos de conocimiento no tengan valor, los propietarios de dichos productos a través de patentes y derechos de autor, etc. pueden extraer rentas de sectores capitalistas productivos, de la misma manera, como explicó Marx, que los terratenientes (a través de su monopolio de tierra) extraen rentas de capitalistas productivos. Concluyen estimando la mayor cantidad de valor que se extrae en forma de «rentas» por parte de las «industrias del conocimiento».

¿Se sostiene la aparente defensa de Rotta y Teixeira de la ley del valor de Marx en relación con la industria de la información? No lo creo. Este es el por qué. Primero, Rotta y Teixeira, como otros autores antes que ellos ( Negri, etc.), malinterpretan la teoría del valor de Marx sobre esta cuestión. Que el conocimiento sea intangible, no lo hace irrelevante. El conocimiento es material.

Tanto los objetos tangibles como los pensamientos mentales son materiales. Ambos requieren un gasto de energía humana, que es material, como lo demuestra el metabolismo humano.

Más específicamente, el gasto de energía humana que constituye el proceso cognitivo, el pensamiento, provoca un cambio en el sistema nervioso, en las interconexiones entre las neuronas del cerebro. Esto se llama sinapsis. Son estos cambios los que hacen posible una percepción diferente del mundo. Por lo tanto, negar que el conocimiento, incluso si es intangible, es material, es ignorar los resultados de la neurociencia. Después de todo, si la electricidad y sus efectos son materiales, ¿por qué la actividad eléctrica del cerebro y su efecto (conocimiento) no deberían ser también materiales? No hay trabajo «inmaterial», a pesar de las afirmaciones de todos los «marxistas del conocimiento», incluidos Rotta y Teixeira. La dicotomía no es entre el trabajo material y el mental, sino si es tangible o no.

El segundo error que cometen Rotta y Teixeira es que debido a que el conocimiento es «inmaterial», creen que es un trabajo improductivo que no produce ningún valor. Pero el trabajo productivo es el trabajo gastado bajo las relaciones de producción capitalista. El trabajo productivo no es solo lo que produce bienes físicos. El trabajo productivo también incluye lo que los economistas convencionales llaman servicios. Como explicó Marx: si un capitalista tiene un sirviente, eso es trabajo improductivo. Pero si va a un hotel y utiliza un conserje para llevar su equipaje a la habitación, ese conserje realiza un trabajo productivo porque él / ella está trabajando para el propietario capitalista del hotel por un salario.

Rotta y Teixeira ponen el ejemplo de un concierto en vivo. “Por lo tanto, lo que llamamos un concierto es en realidad un conjunto de varios productos, entre ellos productos de conocimiento como composiciones musicales. La presentación en vivo es una combinación del trabajo productivo de músicos y personal técnico, más el trabajo improductivo de quienes compusieron las canciones en primer lugar ”. Pero, ¿qué tiene de improductivo el compositor? Él / ella puede vender esa pieza musical como derechos de autor y regalías de actuación en el mercado. Las regalías deben pagarse si la música se usa en el concierto. La plusvalía se crea y se realiza.

Luego está el ejemplo de un teléfono inteligente. “Cuando se compra un teléfono inteligente, parte del precio del teléfono cubre los costes de producción de los componentes físicos. Pero otra parte del precio remunera el diseño patentado y el software con derechos de autor almacenados en la memoria. Por lo tanto, las partes con derechos de autor del teléfono son productos de conocimiento, y los ingresos asociados con estos componentes específicos son rentas de conocimiento ”. Pero ¿por qué los ingresos por derechos de autor y patentes se consideran solo rentas? La idea, el diseño y el sistema operativo han sido producidos por el trabajo mental empleado por las empresas capitalistas. Las empresas explotan esa mano de obra y se apropian de la plusvalía vendiendo o alquilando el software. Esto es trabajo productivo y produce valor. No es diferente de una compañía farmacéutica que emplea a científicos para idear una fórmula para un nuevo medicamento que pueda vender en el mercado con una patente que posean desde hace años.

Por la misma razón, la producción de conocimiento (trabajo mental) puede crear valor y plusvalía si es trabajo mental realizado para el capital. En este caso, la cantidad de nuevo valor generado durante el proceso de trabajo mental viene dada por la duración e intensidad del trabajo mental abstracto realizado, dado el valor de la fuerza laboral de los trabajadores creativos. La plusvalía, entonces, es el nuevo valor generado por los trabajadores creativos menos el valor de su fuerza de trabajo; y la tasa de explotación es esa plusvalía dividida por el valor de su fuerza de trabajo.

El valor del conocimiento (y de cualquier producto mental) podría incorporarse en una forma objetiva o no. En ambos casos, es una mercancía intangible pero material, cuyo valor está determinado por el nuevo valor producido más el valor de los medios de producción utilizados. El programador de computadoras o el creador de sitios web es, en principio, tan productivo como el trabajador que hace la computadora si ambos trabajan para la compañía de computadoras. Así, la producción de conocimiento implica producción de valor y plusvalía (explotación) y no renta. Una vez producidos, los propietarios capitalistas de productos mentales (conocimiento) pueden extraer ‘renta’ de su propiedad intelectual (el conocimiento producido por los trabajadores mentales para ellos) mediante la aplicación de los derechos de propiedad intelectual. Pero primero hay producción de valor. La diferencia entre producción y apropiación es fundamental.

Además, no es correcto decir que el valor del trabajo mental y las mercancías del conocimiento no pueden cuantificarse. Rotta y Teixeira, para respaldar su afirmación de que la reproducción del conocimiento no tiene valor, citan a Marx: “Pero además del desgaste material, una máquina también sufre lo que podríamos llamar una depreciación moral. Pierde valor de cambio, ya sea porque las máquinas del mismo tipo se producen de manera más barata, o porque compiten con ella mejores máquinas. En ambos casos, por muy joven y llena de vida que sea y esté la máquina, su valor ya no está determinado por el tiempo de trabajo necesario realmente objetivado en él, sino por el tiempo de trabajo necesario para reproducirla a ella o a la mejor máquina. Por lo tanto, se ha devaluado en mayor o menor medida».

Rotta y Teixeira piensan que esto muestra que, debido a que el tiempo de trabajo para reproducir una máquina podría caer por debajo del valor de la primera máquina, debido al progreso técnico (depreciación moral), Marx sugiere que los productos del conocimiento tenderán a no tener ningún valor porque el conocimiento puede reproducirse infinitamente sin gastar tiempo de trabajo. Pero esta cita de Marx se refiere al valor de cada nuevo proceso de producción que reduce el trabajo involucrado en el valor de una mercancía (máquina). Pero eso no provocaría una caída en la rentabilidad del capital invertido hasta cero. La tasa de ganancia promedio está determinada por los costes iniciales de capital fijo y cualquier coste de capital circulante involucrado en la reproducción. La rentabilidad aún estaría determinada por todas las etapas de producción del producto, incluso si el valor de cada producto recién producido disminuye.

Y los productos de conocimiento no se pueden producir por nada, porque son materiales. La productividad de los productos físicos tangibles se mide en unidades de producción por unidad de capital invertido. Esto vale tanto para la producción mental como para los productos de conocimiento, por ejemplo, un videojuego. El producto mental puede estar contenido en una forma objetiva (un DVD). Los DVD producidos se pueden contar. También puede estar contenido en un archivo digital y descargarse de un sitio web a una computadora y luego a otra. Se puede contar el número de descargas. En resumen, el producto mental se puede contar o las mercancías del conocimiento. En los sitios web, se puede contar el número de visitas. La reproducción se convierte en el contador de productividad y rentabilidad.

El capital original invertido, el denominador, también se puede medir. Primero, está el capital invertido en el prototipo. Esto no es solo capital constante fijo (computadoras, locales, instalaciones, impresión de chips, plantas de ensamblaje, etc.). También está circulando capital constante (materias primas) y capital variable, salarios, que van de muy altos (para desarrolladores altamente calificados) a bajos. Luego están los costes de administración, de publicidad de preventa y otros costes de comercialización. Luego está el capital adicional invertido en la reproducción de las réplicas del prototipo. En realidad, el valor total de la mercancía del conocimiento puede ser alto, no cero. El valor unitario viene dado por el valor total dividido por el número de réplicas realizadas. Es directamente proporcional al valor total e inversamente proporcional a la cantidad de réplicas. El valor de reproducir de tales productos de conocimiento no llegará a cero porque siempre hay costes de reproducción del producto de conocimiento en el acceso del usuario.

Nuevamente, la reproducción de cualquier producto de conocimiento no es diferente de la reproducción de un nuevo medicamento por parte de una compañía farmacéutica. El precio inicial del medicamento es el coste inicial de emplear el trabajo mental, probar el medicamento para humanos, etc., la producción de las píldoras, de los líquidos y de cualquier equipo para administrarlo, etc. Claro, el coste unitario de la producción de cada nueva píldora puede caer a un valor muy bajo, pero eso no significa que el valor total y el valor unitario hayan caído a cero.

En resumen, el conocimiento es material (aunque intangible) y si los productos de conocimiento se producen en condiciones de producción capitalista, es decir, utilizando trabajo mental y vendiendo la idea, la fórmula, el programa, la música, etc. en el mercado, entonces el trabajo mental puede crear valor. El valor proviene de la explotación del trabajo productivo, según la ley del valor de Marx. No es necesario invocar el concepto de extracción de rentas para explicar los beneficios de las compañías farmacéuticas o de Google. La llamada «renterización» de las economías capitalistas modernas, que ahora es tan popular como una modificación o suplantación de la ley del valor de Marx, no está respaldada por la producción de productos básicos del conocimiento.

Gran parte de los argumentos que he presentado aquí fueron desarrollados por Guglielmo Carchedi en su trabajo, Vino viejo, botellas nuevas e Internet, en Work, Organisation, labour and Globalisation, Volumen 8, Número 1, Otoño 2Ol4. Su trabajo mental ha sido muy productivo, pero como no lo patentó, la reproducción de sus argumentos aquí me ha costado poco (¿cero?). Por lo tanto, cualquier crédito que obtenga sería una gran extracción de renta a él.

es un reconocido economista marxista británico, que ha trabajador 30 años en la City londinense como analista económico y publica el blog The Next Recession.

Fuente:

https://thenextrecession.wordpress.com

Traducción:G. Buster