Los 30 pesos más caros de la historia de Chile

por Santiago de Arcos-Halyburton

 

A Luis Thielemann y Alfonso Pizarro que son la nueva ternura de las luchas

La evasión inició casi como un juego, se veía como una travesura escolar. Pero había una profundidad de rabia, frustración, abusos: jubilaciones miserables, salud indigna, precariedad absoluta, endeudamiento ahogante y a eso le sumamos las alzas que nos ahogan más y más.

El metro es el corazón del sistema de transportes de la ciudad, pero también es el corazón de un sistema que solo produce riquezas para el sector privado en contubernio con lo público-estatal, su asalto se transformó en un ataque al corazón del sistema de explotación, donde el 80% de los trabajadores chilenos gana menos de 500 dólares, y un gigantesco porcentaje, de ese 80%,  gana menos de 250 dólares. Esa evasión del pasaje de tren subterráneo se transformó en una multitud que se agencio a los muchos estableciendo un contrapoder en lucha, que no solo busca una rebaja en las tarifas del transporte público, sino que ha significado la destrucción del orden actual de las cosas, la “normalidad” del arte de gobernar liberal se transformó en el kairós que le impide gobernar a la clase política que administra la governance del capital en Chile.

El gobierno no entendió nada al imponer estado de emergencia, porque le significo que la mancha de aceite se derramara desde la ciudad de Santiago a todo el país: marchas, saqueos, incendios por todo el territorio chileno en un solo día. Un toque de queda que nadie respeta porque ya no gobiernan.

En el centro neurálgico de la ciudad se da la principal batalla: no conozco a nadie, son jóvenes, millenials, veinteañeros, casi ninguna capucha, solo cacerolas que se enfrentan a la fuerza policial durante todo el día, y que se encapucha para resistir la represión. Muchas mujeres. La emoción no tarda en acudir como sentimiento, ante la enorme potencia desatada por esta sociedad adormecida (los 30 años de democracia solo han configurado una subjetividad de servidumbre voluntaria), estos días han sido embriagadores, y hoy la bacanal de la potencia al ir encadenándose, al transcurrir el día, ciudad tras ciudad. Esto es el acontecimiento, eso que siempre esperamos, y desesperamos al ver que nunca estalla, y cuando llega nos revienta en la cara y salimos a la calle fundiéndonos en esa afectividad que nace de los cuerpos deseantes que se movilizan. Aquí no hay colectivos, partidos, movimientos, hay una cierta espontaneidad en el acontecimiento, por eso es un estallido salvaje, primitivo, solo hay la oposición a todo lo que nos oprime, la insatisfacción difusa, gigantesca, con la vida que llevamos bajo el capitalismo financiarizado chileno, pero que se ha expresado finalmente para enfrentar al poder-

El gobierno y la prensa insisten en criminalizarnos, en que delinquimos, sin entender que cada saqueo y cada incendio o barricada es un punto de fuga, un éxodo del poder mismo, un momento de fundación de un común que aún no se define, ni se vislumbra, apenas se asoma como un agenciamiento molecular callejero en el sonido de una cacerola. Ahora, recién ahora, todos coinciden en que existen motivos de insatisfacción, pero, tratan de dividirnos en buenos y bien portados manifestantes pacíficos y los vándalos violentos. Según ellos, estamos concertados por la maldad y el deseo de destruir por destruir, se destruye porque cada supermercado, banco, parada de autobús, peaje o portal de cobro automático de peaje es un símbolo de la explotación que sufrimos, son ellos los que nos ahorcan mes a mes económicamente, llevándonos a la desesperación. Según ellos, vivimos un tiempo de paz y prosperidad, de felicidad y desarrollo para todos. Donde esta? Los comunes no saben dónde o con que se come ese desarrollo y la prosperidad. Según ellos somos manipulados para oscuros fines políticos y ellos son la bondad del Estado que nos cuida y beneficia. El verdadero vandalismo es subir el precio de los pasajes del transporte público, de los planes de salud, que nuestras jubilaciones serán miserables mientras las AFP se enriquecen con nuestro dinero previsional, que los milicos y policías roban miles de millones, que los parlamentarios se reajustan sus salarios y nosotros debemos levantarnos más temprano para gozar de la tarifa baja del tren subterráneo (dichos del ministro de transporte), vandalismo es asesinar mapuches y perseguir a un vendedor ambulante mientras los evasores de miles de millones en impuestos son perdonados, su política de orden y modernización es el mayor vandalismo.

Los derrotamos en las calles, pusimos el cuerpo a las tanquetas y fusiles de los militares, resistimos todo el día los balines de plomo y gases de la policía y tuvieron que congelar el alza del pasaje de transporte público, pero ahora no es suficiente, lo queremos todo y lo queremos ahora. Nos han impuesto el toque de queda, pero aún tenemos el día de mañana para seguir luchando en las calles de Santiago de Chile. Hemos impuesto nuestra agenda en la calle, cambiando la correlación de fuerzas.

Los jóvenes han decidido no adaptarse más, los viejos hemos salido con ellos a la calle a combatir este mundo que quieren construir para nosotros, un mundo basado en la violencia de la superexplotación, de la precariedad, de una vida Starbucks. No fracasamos, luchamos, porque no queremos más ese mercado del trabajo que te obliga a ser exitoso, competitivo. Es nuestra subjetividad la que hoy se ha sublevado contra una realidad insoportable construida por el capital: status, seguridad, endeudamiento para aparentar, y por ultimo transformarse en una pyme productiva que financie todo lo demás, incluso sus deudas, esas que lo ahorcan hasta no dejarle vivir. Hoy esos jóvenes, y nosotros los veteranos de otras luchas, se levantaron contra el sistema en su conjunto reinventándose como un sujeto que surge de las luchas, como una potencia plebeya que lo subvierte todo porque quiere vivir de otro modo y dice BASTA! Y transforma su Instagram en un medio de prensa que disemina la revuelta, destruyendo al mismo tiempo esa mistificación que el Estado ha construido sobre el sagrado Metro (nombre que recibe la red de tren subterráneo de Santiago) u otros símbolos históricos y los desconoce como tales destruyéndolos físicamente y a partir de esta destrucción reafirmar su propia subjetividad de sujetos en lucha que ofende al poder, porque es puro afecto que se constituye en contrapoder escupiendo en el rostro del Estado su incapacidad para gobernarlo, dejándole solo el sabor de la derrota, a pesar de que el poder sostenga verbalmente su mando, a pesar de que el monopolio de la violencia le haya sido arrebatado.

Las luchas son globales y se expresan como una peste que contagia todo, esparciéndose como esporas: esta lucha nuestra salto desde Quito, Ecuador, a Santiago de Chile, y no es precisamente el toque de queda o los 10 mil efectivos policiales y militares en las calles lo que detendrá o derrotara la movilización global. Llegamos para instalarnos en las calles, desde la Primavera Árabe, hasta Parque Gezi y el Junho de 2103 brasileño, de ahí a los Gilets Jaunes hasta Quito y Santiago de Chile, hemos cambiado el miedo de lado, hemos aterrorizado al poder, hemos visto como tiembla su barbilla ante nuestra potencia que convulsiona este presente que hasta ayer era oprobioso

Mientras escribo estas palabras los helicópteros militares sobrevuelan la ciudad, pretenden que les temamos, pero no saben que nuestra fuerza colectiva se funda sobre la potencia de lo posible…Somos David sobre hombres de gigantes, los nuestros.

 

 

 

2 comentarios en «Los 30 pesos más caros de la historia de Chile»

  • http://Sylvia%20lazo

    Interesante el contenido de esta escritura. Aunque discrepo algunos puntos. Como los 30 pesos. Hoy todo ha subido más de 30 pesos, nadie ha salido destruir quisiera saber porqué. Saludos.

  • http://Sylvia%20lazo

    Los 30 pesos más caros de Chile. Interesante texto, Chile está retrocediendo, hace falta más cultura en cada individuo, tolerancia, hace falta más unión por algo que todos queremos.

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