Un cadáver en el canal: el Asesinato de Rosa Luxemburgo

Sobre un reciente libro de Klaus Gietinger
Por Nicolás González Varela

“Solo esto es la verdadera Esencia del Socialismo: hay que destruir un Mundo, pero cada lágrima que pudiera haber sido evitada es un crimen; y la persona que, corriendo a realizar ‘actos importantes’, inadvertidamente pisotea aunque sea a un pobre gusano, es culpable de un crimen”. (Rosa Luxemburg, 1918)

[Klaus Gietinger:Eine Leiche im Landwehrkanal. Die Ermordung Rosa Luxemburgo, Nautilus, Hamburg, 2018.[1]]

Los visitantes que llegan hoy al Berlin-Mittepueden pasear por la AlexanderPlatz, echar un vistazo al imponente teatro Volksbhünediseñado por Oskar Kaufmann, construido en 1914 y reconstruido después de 1945, al cine Babylondiseñado por Hans Poelzig y seguramente quedarán desconcertados al notar bajo sus pies una serie de palabras forjadas en metal incrustadas en forma de zigzag formando ángulos sobre el pavimento. Si nos acercamos, notamos que los que se nos revela es en realidad una instalación artística que forma parte de un monumento histórico, uno más de los tantos que Berlín exhibe. Estamos en la Rosa Luxemburg Platz. Esta es un poco particular: se compone de citas escritas a finales del siglo XIX y principios del siglo XX por una tal Rozalia Luksenburg, mejor conocida como Rosa Luxemburgo. Una personalidad que ni siquiera es alemana, una pensadora militante revolucionaria, socialdemócrata (cuando estas palabras significaban algo), que no dudó en criticar a las vacas sagradas del Socialismo del 1900, de Bernstein a Kautsky pasando Jaurés y Lenin, que no dudó en preferir la cárcel y finalmente el Gólgota a rebajar su Ética socialista.

Hay que decirlo claro: sus libros son inhallables o están agotados. La última pasión febril sobre su pensamiento nació y murió con el 1968 europeo. Paradójicamente en Alemania continúa siendo una figura popular, una heroína de dimensiones nacionales, un ejemplo alternativo tanto a la fallida antiutopía de Stalin como al Neoliberalismo del capital. Y Rosa “La Roja” es popular tanto en el este como en el oeste. La parábola de su vida y muerte fue llevada al cine por la directora Margarethe von Trotta en 1985, con Bárbara Sukowa como Rosa, en un film multipremiado, aunque la retrataba como una heroína liberal y feminista y diluía su alma revolucionaria socialista; su figura volvió al espectáculo del music hall, una obra llamada simplemente Rosaque en Berlín agotó rápidamente las localidades. En cada aniversario de su muerte militantes de la izquierda, desde anarquistas a la nueva Die Linkee incluso liberales, le rinden un silencioso homenaje con flores en el cementerio Friedrichsfelde. La damnatio memoriaesobre Rosa comenzó en 1933: un ignominioso 10 de mayo de 1933, el ministro de propaganda del IIIº Reich Goebbels, que había bautizado a todos sus hijos con la letra “H” en honor a Hitler, hizo planificadamente que se quemasen “espontáneamente” miles de libros de autores con espíritu anti alemán en plazas y universidades, incluida la del Rektor-führerHeidegger en Freiburg, en un lugar preferencial se encontraban las obras completas de Luxemburg y Liebknecht. La incineración de su pensamiento en papel completaba la damnatio memoriaeburguesa, con catorce años de diferencia y demora, el aniquilamiento de su persona en carne y espíritu. Y en la alevosa falta de justicia por su violenta muerte política.

El historiador y escritor Jörn Schütrumpf, que vive en Berlín, es director gerente de la editorial Karl-Dietz Verlag (que edita a Marx), editor de la compilación de sus textos, Rosa Luxemburg: Der Preis der Freiheit(Rosa Luxemburg: el precio de la Libertad),[2]que abre con una cita del agudo Karl Kraus, que a su vez re-cita el malogrado Benjamin: “El Comunismo, en cuanto realidad, sin duda es solamente el compañero de su ideología ultrajadora de la vida, pero tiene un origen ideal que es, por cierto, más puro; es un medio funesto en busca de una meta ideal y más pura. Lleve el Diablo su praxis, pero, en cambio, que Dios nos lo conserve en su condición de amenaza constante sobre las cabezas de quienes tienen bienes; ésos mismos que, para preservarlos, envían implacables a los otros a los frentes del hambre y del honor patrio, mientras que pretenden consolarlos diciendo y repitiendo que los bienes no son lo más importante en esta vida. Dios nos conserve siempre el comunismo para que, ante él, aquella chusma no se vuelva aún más desvergonzada; para que la sociedad de aquellos únicos autorizados para disfrutar, que cree que las gentes sometidas a ella tienen ya amor bastante cuando de repente les contagian la sífilis, se vea al menos, cuando va a dormirse, atenazada por una pesadilla. Para que al menos pierdan el deseo de predicar moral ante sus víctimas e incluso de hacer chistes sobre ellas.”[3]

Afirma con razón que muchos de los que hoy se identifican con su figura, lo hacen impresionados por su cobarde asesinato y no tanto por la comprensión fiel de sus ideas políticas, la mayoría incómodas y heterodoxas. Rosa compone, junto con Marx, Gramsci y el Che, los ideales utópicos que nunca han perdido ni perderán vigencia, símbolos unánimes: “Uno de ellos que casi siempre forma parte de todo esto, pero en cierto modo flota en el aire por encima de todo, y por tanto frecuentemente se olvida su mención, es un judío alemán de la ciudad de Tréveris: Karl Marx. Junto a él quedan solamente las imágenes de tres seres humanos, que son mostradas en casi todo lugar: la de una judía polaca, asesinada de forma bestial en Alemania; la de un argentino, que cayó el año de 1967 en Bolivia en las garras de sus asesinos; y la de un italiano, liberado por los fascistas en 1937, después de diez años de encarcelamiento para dejarlo morir: Rosa Luxemburg, Ernesto Che Guevara y Antonio Gramsci… Los tres no solamente materializan esa congruencia poco común entre la palabra y la acción. Los tres representan también un pensamiento propio, que no se sometió a doctrina o aparato alguno. Y: los tres pagaron por sus convicciones con la vida. Fueron llevados a la muerte no por sus contrarios en el propio campo, sino por el enemigo, lo que no era normal en absoluto en el siglo XX.”

Rosa tiene algo en común con Gramsci y Marx: nunca se encontraron en una situación en la que se prestaran al ejercicio del poder de Estado, nunca se obligaron a aplicar de manera reaccionaria una Realpolitiko en que sus manos quedaran manchadas por participar en un régimen dictatorial o totalitario. Ernesto Che Guevara sigue hasta hoy en día avivando la imaginación de la juventud; Gramsci impresiona desde hace décadas sobre todo a los académicos; sin embargo de Rosa, la más multifacética y profunda de los tres, la mayoría sólo conoce vagamente su nombre y lo que le ocurrió, pero no su pensamiento, ni su obra.

Su biógrafo inglés Nettl señaló que sus ideas “pertenecían al lugar donde la Historia de las ideas políticas se enseña con seriedad”. El gran filósofo Lukács dijo que su obra “muestra el último florecimiento del Capitalismo alemán… los caracteres de una siniestra danza de la muerte”. Lenin, uno de sus opositores dentro de la Socialdemocracia europea de entonces, la definió como “fue y es un águila en obra y pensamiento”. Trotsky decía que detrás de una amenidad femenina surgía una “poderosa mente y gran oradora de masas”. La politóloga conservadora Arendt tenía la esperanza de un reconocimiento tardío de “quién fue y qué hizo, así como también, de que por fin tendrá su lugar en la educación de los científicos políticos en los países de Occidente”. El fundador de la socialdemocracia alemana y amigo-biógrafo de Marx y Engels, Mehring, que murió apenado poco después de su asesinato, dijo que era “la cabeza más genial entre los herederos científicos de Engels y Marx”.

Lo cierto es que Rosa comenzó su militancia en un pequeño partido socialista sin país soberano, el Partido Socialdemócrata del reino de Polonia y Lituania (SDKPiL). Luego de la revolución rusa fallida de 1905, Rosa fue acusada de “terrorista” y abandonó la Polonia zarista hacia Finlandia para recalar en Suiza, en aquel tiempo el país más libre del Mundo: ¡incluso las mujeres tenían derecho a estudiar! Allí hizo dos doctorados simultáneos, Economía y Derecho, descubrió a un tal Marx y se hizo marxista crítica. Frecuentó los círculos políticos de emigrados de toda Europa, de rusos a polacos, pasando por italianos y austrohúngaros. Las autoridades en Alemania no la tenían registrada como Rosa Luxemburgo, sino como “Rosalia Lübeck”. Mediante un matrimonio de conveniencia con un hijo de inmigrantes socialistas, la economista de 27 años, recién graduada del doctorado en Zúrich, había conseguido la nacionalidad alemana. Nacionalidad muy importante para su protección jurídica en la militancia política clandestina en Polonia. Rosa era políglota: hablaba y escribía el idioma alemán mejor que la mayoría de los alemanes. Ni hablar de todos los otros idiomas que dominaba: ruso, francés, inglés e italiano.

Se afilió al partido-guía de la socialdemocracia europea, un gigantemiope con pies de barro llamado Sozialdemokratische Partei Deutschlands (SPD), la organización más numerosa de Occidente, lleno de luminarias y rápidamente se ganó un nombre como teórica en el ala izquierda del partido. Al principio Rosa simplemente intentaba aplicar la letra de Marx y Engels a la táctica del partido que llevaba como “doctrina oficial” al marxismo, sin mucha creatividad, pero en 1899 llegó su fama como polemista y teórica con el artículo contra el revisionismo teórico de Bernstein, colaborador de confianza de Engels, albacea testamentario, considerado uno de los máximos teóricos del Socialismo en la época. Rosa era una mujer pequeña, de apariencia física nada favorable; un cuerpo notoriamente menudo, poco equilibrado y simétrico, con un andar defectuoso debido una enfermedad en su cadera. Su rostro, aunque con ojos muy vivaces y despiertos, mostraba casi siempre una sonrisa melancólica, insegura. Tenía tendencia a la introspección. Su nariz era un poco larga para el modelo femenino del siglo XIX. Para empeorar las cosas era polaca (en aquella época los palestinos europeos) y además de ascendencia judía… ¡Y con ideas de izquierda! ¡Un escándalo!

Dirigente y teórica del modelo socialdemócrata del sigo XIX, el SPD alemán, persona non grataen los círculos del Poder, fundadora del Partido Comunista alemán, crítica de todo Socialismo burocrático y autoritario, brillante intelectual marxista heterodoxa(subrayado), una pensadora multidimensional, como nos lo recuerda en el prólogo a sus obras completas el editor Peter Hudis.[4]Además pedagoga revolucionaria: paralelamente a su praxis como escritora y conferencista, Rosa era además una verdadera maestra. Y lo era, en la escuela central del SPD en Berlín, inaugurada en 1906, y su materia era Nationalökonomie, la Economía Política capitalista, cuyo agudo curso preparado para obreros podemos leerlo en español.[5]Allí Rosa reconocía que la Economía Política “es una Ciencia extraña” porque no tiene un objeto definido. A partir de 1911 además Rosa enseñará un curso de Historia del Socialismo, reemplazando al biógrafo de Marx, Franz Mehring.

Al principio Rosa simplemente intentaba aplicar la letra de Marx y Engels a la táctica del partido que llevaba como “doctrina oficial” al Marxismo, sin mucha creatividad, pero en 1899 llegó su fama como polemista y teórica Fue gracias a su intervención en la llamada Revisionismusdebatte, una discusión a nivel casi mundial sobre la aparente crisis y caducidad del Marxismo comenzada por Eduard Bernstein en Alemania. Bernstein no era un diletante ni un francotirador externo: había sido colaborador de confianza de Engels, albacea testamentario del Nachlassmarxiano y caprichoso editor, considerado uno de los máximos teóricos del Socialismo en la época, una vaca sagrada intocable de la Nomenklatura del SPD. El debate dio lugar a la más severa y penosa crisis final de la gloriosa socialdemocracia europea: todos los pensadores y militantes se congregaron en el campo de batalla. En Alemania encontraremos a Parvus, Kautsky, Mehring, Bebel, Clara Zetkin: en Rusia Plejanov y Lenin; en Italia el filósofo Antonio Labriola y Croce. Aunque Rosa dentro del SPD estaba confinada a la propaganda y agitación en los territorios del este del Elba (de lengua polaca) logró que lo publicara a regañadientes en entregas el diario socialista local, Leipziger Volkszeitung, una obra culmen: Sozialreform oder Revolution?(¿Reforma social o Revolución?, 1888/9). ¿Qué era el Revisionismo?Básicamente el pathosrevisionista se sintetizaba en una fórmula del propio Bernstein, que decía “El fin del Socialismo, sea cual fuera, no es nada; el movimiento lo es todo”.

Como notaría Luxemburgo (y mucho más tarde Lenin) el revisionismo pretendía desmontar a Marx desde dentro, pero a pesar de su relativa homogeneidad en el fondo no era una contra teoría nueva y crítica, un sistema alternativo serio y científico, sino una amalgama superpuesta, una síntesis de diversos elementos procedentes de críticas burguesas y conservadoras realizadas a Marx desde 1867. Luxemburg comparó al Revisionismuscon un “enorme montón de escombros”, en los que los fragmentos y retazos del pensamientos burgués y reaccionario, hallaban una sepultura común. El Revisionismo teórico tenía una base bien material, absolutamente anclada en el mundo de la vida: primero una época excepcional de expansión del Capitalismo en cuanto al contexto histórico; en segundo lugar un estrato dentro de la Socialdemocracia de funcionarios, diputados parlamentarios, asesores y “liberados”, representantes en la administración local y una plantilla permanente de “cuadros” político-burocráticos. Como lo demuestran las propias estadísticas los “representantes” del Proletariado marxista eran comerciantes, pequeños empresarios, funcionarios, abogados y notarios, profesores universitarios y periodistas de profesión.

Su formación política era muy ecléctica, con más influencia del Sindicalismo y de la corriente fabiana que de Engels y Marx. Estratos sociales particularmente receptivos al mensaje de un Socialismo evolutivo, reformista y legalista con el status quo, y todavía atrapado dentro de la jaula de hierro del Nacionalismo burgués. Los rasgos básicos del Revisionismo se los puede resumir en seis puntos homogéneos a todos los autores: 1) en lo económico se eliminaba la Teoría del Valor y de la Plusvalía; 2) en lo filosófico se apoyaba en la Filosofía neokantiana, rechazando la herencia hegeliana y el Materialismo tout court; el objetivo más importante en esta operación crítica era el ataque contra el concepto de Dialéctica; 3) en la concepción de la Historia se rechazaban la teoría de los estadios de las formaciones económico-sociales y los cortes y saltos violentos (lo que se correspondía con la idea de un Proceso evolutivo de la sociedad, de lo viejo a lo nuevo, de una manera gradual y pacífica); 4) políticamente le correspondía, como corolario natural, un Reformismo consecuente y resistencia epistemológica contra la idea de violencia y Derecho a la revolución (“Socialismo de destrucción” le llamaba el revisionista ruso Struve a las ideas de Marx); 5) con respecto a la transición al Socialismo, se oponía a la teoría de Marx de la Dictadura del Proletariado como medio más eficaz de paso del Capitalismo al reino de la libertad (un “atavismo” según Bernstein); 6) la consecuencia táctica era obvia: para los revisionistas lo único real y racional era la praxis inmediata, el sostenimiento de la forma de Estado burguesa, el afianzamiento del día a día parlamentario, la colaboración y alianza interclases.

La Socialdemocracia, como sostenía Bernstein, era la continuadora histórica del Liberalismo político: “no hay ninguna idea liberal que no pertenezca también al bagaje ideológico del Socialismo”. La conclusión de su razonamiento no dejaba lugar a dudas: el partido socialdemócrata debería tener el valor de “emanciparse de una fraseología que, de hecho, ha quedado obsoleta y adoptar la apariencia de lo que realmente es: un partido democrático-socialista de reforma”. Al Standpunktdel revisionismo Rosa le contestó con una superación diríamos hegeliana: Reforma y Revolución, elementos inseparables: “Para el Socialismo la reforma social y la revolución social forman un todo inseparable… Bernstein aconseja el abandono del objetivo final de la Socialdemocracia, la Revolución social, y convertir el movimiento de reforma, de un medio que siempre fue, en el fin de la lucha entre clases… pero como quiera que el Objetivo final (Endziel) es precisamente lo único concreto que establece diferencias entre el Movimiento socialista y la Democracia burguesa y el Radicalismo republicano burgués… al discutir esta postura con Bernstein y sus partidarios no se trata, en último extremo, de ésta o aquella manera de luchar, de esta o aquella táctica, sino de la entera vida del Movimiento socialista.”

Rosa había descubierto el efecto aniquilador del Revisonismus: conservar o no el carácter proletario en las organizaciones socialistas. Lo más grave no eran tanto los consejos prácticos sino el trasfondo objetivo que presentaba, con aires científicos, del movimiento objetivo de la sociedad capitalista. Era este diagnóstico estratégico optimista en las sombras del cual se derivaban las opiniones y consignas tácticas. Y el diagnóstico se asentaba en un Método oportunista, die opportunistische Methode, como le llamaba Rosa. Básicamente este Método de reflexión era más o menos la reacción y negación de las premisas básicas científicas del Socialismo que residían en El Capital. Si Marx había demostrado, al nivel lógico e histórico, que los resultados del desarrollo del Capitalismo eran la Anarquía (Anarchie) creciente de su Economía, la progresiva Socialización del proceso de producción (Vergesellschaftungdes Produktionsprozesses) y una mayor conciencia de clase de los trabajadores y paralelamente en sus formas de organización (die wachsende Organisationund Klassenerkenntnisdes Proletariats), el Revisionismo negaba en el mismo acto la validez de la Ley de Valor y la necesidad objetiva “la justificación del Socialismo basada en el curso del desenvolvimiento social y material de la sociedad”.

El dilema de hierro era que o bien la Revolución se concebía como resultado de las contradicciones internas, en su propia historische Notwendigkeit, “del propio Orden capitalista, contradicciones que aumentan al desarrollarse éste haciendo el derrumbe inevitable, no importa el momento ni la forma en que se presente” o, como sostiene el Revisionismo el Capitalismo desarrolla “medios de adaptación” que no conocía Marx en el siglo XIX (crédito de consumo, medios de comunicación, carteles y trusts de empresas) y que son capaces de evitar y superar las contradicciones internas (inneren Widersprüchen der kapitalistischen Ordnung), evitar las crisis cíclicas, esquivar su hundimiento, con lo que “entonces el Socialismo de ser una necesidad histórica, una historische Notwendigkeit, pudiendo ser luego todo lo que quiera, pero nunca el desarrollo material de la sociedad (ein Ergebnis der materiellen Entwicklung der Gesellschaft)”. Al llegar a este punto Rosa sabe que el dilema que si el Revisionismo tiene razón el Socialismo es una mera idea ética, una fantástica utopía más entre Moro, Campanella, Harrington y los falansterios. That is the question…No era casualidad que premonitoriamente ya en esta discusión el ala derecha del SPD apodara a Rosa con el calificativo de “anarcosocialista”. De manera premonitoria, Rosa había afirmado en una carta a Sonia Liebknecht que “a pesar de todo, espero morir en mi puesto, en una batalla callejera o en una prisión”.

Sabemos el oprobioso final: fue asesinada con crueldad en 1919 por los antepasados de los nazis, las fuerzas paramilitares Freikorps, con la complicidad de parte de la dirigencia de su antiguo partido socialdemócrata. Con ella cae otro dirigente fundamental de la nueva izquierda alemana: Karl Liebknecht. Rosa fue un cadáver más en el Landwehrkanal que atravesaba Berlín. Su crimen se cubrió de impunidad. Una densa impunidad institucional de la cual se intuía demasiado, pero de la cual se sabía muy poco. Hasta ahora.

La historia policial –decía Peter Brooks– es la narrativa de las narrativas, su estructura clásica desnuda la estructura de toda narrativa posible. En otras palabras, cuando el yo narrador busca pistas y reúne la información en un todo coherente, es un reflejo de nuestro propio acto de lectura.

Chesterton afirmaba que él se quedaba con aquel que consagra un relato breve a afirmar que puede resolver el misterio de un asesinato, antes que con aquel que dedica un libro entero a decir que es incapaz de resolver el problema de las cosas en general. Gietinger cumple el confirma la hipótesis de Brooks y el principio chestertoniano: nos ofrece una definitiva investigación política-criminal de su violenta muerte, en un relato estilo thrilleralemán, un Realkrimi, que nos mantiene conteniendo el aliento físico y moral hasta el final. Sin ninguna intención de hacer un pleonasmo, Gietinger afirma que el asesinato de Luxemburgo y Liebknecht es una de las grandes tragedias de Europa del siglo XX, ya que casi ningún asesinato político ha conmovido tanto las conciencias y ha cambiado el clima político en Alemania como el de la noche del 15 al 16 de enero de 1919 frente al hotel con el paradójico paradisíaco nombre de “Edén”. La ignominia de 1919 será el preámbulo del despertar nacionalsocialista de 1933. O como dice Gietinger: “lo que los líderes del SDP no entendieron al hundir el cuerpo de Luxemburgo en el Canal Landwehr, es que estaban hundiendo la República de Weimar junto con él”.

El libro se estructura a partir del estado de shock social en las postrimerías de 1918, la sombra de la victoriosa Revolución de Octubre rusa planeaba sobre la Alemania derrotada y en plena efervescencia consejista. En este marco, la crisis termina afectando a los partidos obreros, que empiezan a fraccionarse acompañando la polarización política y el aumento del derrumbe económico. Se presenta una situación revolucionaria ideal, tanto del lado objetivo como del subjetivo, líderes capaces y una organización llamada Liga Spartakus, pero para la burguesía nunca hay callejones sin salida. Gietinger descubre cómo el Estado en pleno naufragio desarrolla rápidamente sus propios mecanismos de reacción, político-militares, institucionales, extra institucionales, para aniquilar elkairósrevolucionario. Se movilizan tropas de asalto que llegan del frente, se constituyen los cuerpos francos, los Freikorps, anticipo organizativo de las futuras SA y SS de Hitler. No se puede consentir la caída de la capital, Berlín: el partido socialdemócrata, que ya había traicionado sus ideales votando chauvinistamente los créditos de guerra en 1914 (el único diputado en negarse fue precisamente Liebknecht) coincide con las viejas fuerzas del régimen Junker. La capital se encuentra bajo una dictadura de factoa cargo de la Garde-Kavallerie-Schützen-Division (GKSD), una unidad de élite paramilitar ad hoc, traída desde Francia, cuya misión era exterminar toda posibilidad de levantamiento popular y eliminar a los comunistas berlineses. La GKSD se transformaría en la columna vertebral de la reacción del Poder en la situación revolucionaria de 1918-1919, en los vagones de transporte con los que llegaron del frente, se leían amenazantes graffitis: “¡A Berlín! ¡Abajo Liebknecht y sus camaradas!”

En la noche del 15 de enero de 1919 son apresados Rosa y Karl, a las pocas horas serán asesinados. ¿Quién los mató? El GKSD oficialmente anuncia que Rosa fue linchada por una turba incontrolada y arrojada al canal; en cuanto a Karl le tuvieron que disparar porque se había fugado. En pocos días la verdad fue surgiendo, el GKSD era el responsable. Pero: ¿quiénes fueron los asesinos? ¿Quién emitió la orden de ejecutarlos?

Gietinger, después de escarbar en una montaña de mentiras oficiales, desvíos jurídicos y falsos testimonios, puede individualizarlos. El asesino de Rosa es el teniente naval Hermann Souchon, que subido al estribo del coche en que la transportaban, le dispara con una pistola en la sien izquierda. Ella murió instantáneamente y su cuerpo fue arrojado al canal por el oficial de transporte Kurt Vogel en el puente Lichtenstein. Son las 23:45 horas del 15 de enero de 1919. La ignominia no acaba aquí, soldados roban pertenencias personales como trofeos de guerra: su cartera con una edición de bolsillo del Faustode Goethe, un zapato, una carta nunca enviada a Clara Zetkin. El doble asesinato había sido ordenado por Waldemar Pabst, primer oficial de personal general del GKSD, apodado “pequeño Napoleón”, quien se atribuyó orgullosamente la responsabilidad de los asesinatos en una serie de notorias entrevistas en los 1960’s, afirmando que “los tiempos de guerra civil tienen sus propias leyes” y que los alemanes deberían agradecer a ambos (a él y a Gustav Noske, ministro de defensa socialdemócrata) “de rodillas por ello, ¡construyan monumentos con nosotros y nombren calles y plazas públicas después con nuestros nombres!”. Hitler agradecería ex postel rol clave de Noske, afirmando que “era un roble entre estas plantas socialdemócratas”. Gietinger descubre que Pabst, disfrazado de civil, asiste a mítines del USPD y de Spartakus, que incluso escucha los discursos públicos de Liebknecht y Luxemburg (a la que no conocía hasta su llegada a Berlín); ellos son su auténtica Némesis. Pabst inmediatamente pone su unidad al servicio del ministro Noske; se intercepta la correspondencia de ambos líderes, se pinchan sus teléfonos, se combina el trabajo con fiscales de la extrema derecha, la pinza se cierra. Los gastos de la GKSD los sufraga el Comando Supremo del Ejército, los gastos extraordinarios son cubiertos generosamente por dos grandes industriales: Hugo Stinnes y Friedrich Minoux.

La investigación de Gietinger no concluye aquí, hablaría mal de su libro: revelará la densa trama post-asesinatos, político-jurídica-institucional-mediática, que encubrirá a ejecutores e ideólogos, siguiendo el hilo rojo que concluye en los años 1960’s. Es la farsa de la tragedia. Su primer y apasionado biógrafo Paul Frölich, que se equivoca al identificar a su asesino,[6]decía con razón que “la prostituida Justicia y la Razón de Estado se unieron para echar tierra sobre sus asesinatos”. Hubo una serie de juicios estrambóticos en los que los líderes del SPD se pusieron de acuerdo con los asesinos, nombrando a sus colaboradores… como jueces; Gietinger los califica como “los juicios más descarados y mendaces de toda la Historia legal alemana”.

Ya en la Alemania occidental de la década de 1960, cuando Pabst reveló a Der Spiegelque había ordenado el asesinato y revelado el nombre de Souchon, afirmando que “participé, en aquel entonces (enero de 1919), en una reunión del KPD, durante la cual hablaron Karl Liebknecht y Rosa Luxemburg. Me llevé la impresión de que los dos eran los líderes espirituales de la revolución, y me decidí a hacer que los mataran. Por órdenes mías fueron capturados. Alguien tenía que tomar la determinación de ir más allá de la perspectiva jurídica. No me fue fácil tomar la determinación para que los dos desaparecieran… Defiendo todavía la idea de que esta decisión también es totalmente justificable desde el punto de vista teológico-moral.” En el consiguiente escándalo, el gobierno federal emitió un escueto comunicado oficial en el que calificaba el doble homicidio como una “ejecución legítima” durante el estado de excepción. Quizá Gietinger tenga un pequeño fallo estructural en su escrúpulo forense: la importancia epocal y la repercusión teórico-política de los asesinatos, el “efecto mariposa” en la Izquierda histórica e incluso el propio Marxismo como Teoría crítica y Praxis de vanguardia.

El propio perfil del autor restringía la capacidad de conclusiones materialistas profundas. Al no subrayarlos y establecerlos, pensando por defecto en una suerte de autoevidencia en el lector de 2019, el libro sobreestima la capacidad analítica lectora, incluso de los militantes que reivindican su pensamiento y obra. ¿Por qué fue una tragedia para la Izquierda occidental la desaparición tan temprana de Rosa y Karl? ¿Cómo hubiera impactado su Teoría crítica que combinaba acción directa con formas democráticas de base? Finalmente, Gietinger nos ofrece mucho material en su apéndice: perfiles de asesinos, cómplices y encubridores, fotos inéditas, mapas y documentos imprescindibles para comprender la tragedia.

Rosa, hoy olvidada, es para muchos meramente icónica, lejana, extraña, pero no hay duda que su combate es y será el nuestro. Ayer, como hoy, el profesionalismo de una nueva clase de políticos profesionales e intelectuales generaba en el seno del movimiento obrero más avanzado de Occidente y en sus partidos políticos el Cretinismo parlamentario, el Oportunismo teórico y la corrupción del Poder. No sólo eso, la miseria del Parlamentarismo desarmado en Weimar abrió las puertas de par en par a la Reacción. La muerte de Rosa fue el primer acto de ascenso del Nacionalsocialismo en Alemania, el disparo de salida para formas cada vez más totalitarias. Parafraseando al historiador y biógrafo de Trotsky y Stalin, Deutscher, el crimen fue el último triunfo de la Alemania imperialista-monárquica de Bismarck y el primero del futuro IIIº Reich de Hitler. Haffner en su Deutsche Revolution 1918/19señala con justeza que el asesinato impune de Liebknecht y Luxemburg fue el preludio de la matanza por venir, la obertura sangrienta del Nacionalsocialismo sobre Europa.

El combate mortal de Rosa contra el Colonialismo-Imperialismo, el Estado autoritario y la guerra se desarrolló en tres frentes simultáneos, no cronológicos. Tres momentos que se entrecruzan y conforman el cénit del Pensamiento político más audaz y avanzado del siglo XX. El libro de Gietinger –y ese es uno de sus grandes méritos– nos permite reflexionar sobre la utopía de una reconstrucción abierta de Marx, nos ayuda a vislumbrar los reflejos de un posible Mundo en el cual la Izquierda realmente enarbolaba los principios de Marx encarnados en la Teoría y en la Praxis, una Izquierda en la que las ideas internacionalistas y pacifistas seguían siendo más decisivas que cualquier autodeterminación nacional o momento populista, una Izquierda en la cual el fin de llegar al reino de la Libertad era superior a cualquier cargo parlamentario, una Izquierda en la cual la Revolución proletaria no tenía ninguna necesidad del Terror, una Izquierda que “odia y aborrece el asesinato”.


[1]Klaus Gietinger: Eine Leiche im Landwehrkanal. Die Ermordung Rosa Luxemburgo, Nautilus, Hamburg, 2018. Nacido en 1955 es escritor, guionista, director de cine y sociólogo; como autor ha publicado una biografía novelada de Marx: Karl Marx, die Liebe und das Kapital, 2018; tiene una dilatada trayectoria en cine, TV y documentales, un autor multipremiado, de los cuales se destaca “Hitler vor gericht” (2009), “Wie starb Benno Ohnesorg?” (2o17), donde demuestra que el estudiante de izquierda no murió accidentalmente sino fue asesinado por la policía el 2 de junio de 1967, su último trabajo es un docudrama sobre la relación entre Marx y su sirvienta Demuth: “Lenchen Demuth und Karl Marx” (2018). Web del autor: http://gietinger.de/

[2]Edición en español: Jörn Schütrumpf, Rosa Luxemburg: el precio de la Libertad, Fundación Rosa Luxemburg-Publicaciones Oficina Región Andina, Quito, 2010.

[3]Karl Kraus: “Antwort an Rosa Luxemburg”; en: Die Fackel, November, 1920, p. 8.

[4]Rosa Luxemburg: Complete Works, Volume I, Economic writings I, Verso, London, 2013.

[5]Rosa Luxemburg: Introducción a la Economía Política; Cuadernos de Pasado y Presente, México, 1982.

[6]Paul Frölich: Rosa Luxemburgo: vida y obra; editorial Fundamentos, Madrid, 1976; aunque la biografía es de 1939; Frölich había sido designado por el KPD para realizar las obras completas de Luxemburg, planificada en nueve tomos, de los que tan solo aparecieron tres hasta 1928.

Crónica y análisis de una victoria histórica del movimiento indígena

Por Decio Machado

El final de la era correista fue dantesco respecto a la gestión realizada durante el primer período de mandato de Rafael Correa. Ese fue el momento en que la sociedad ecuatoriana comenzó a comprender la enorme distancia existente entre la realidad actual del país y la imagen que de este se había forjado a través del fuerte aparato de propaganda del régimen, tanto dentro como fuera del Ecuador.

Más allá de que el poder Ejecutivo hubiera sometido al resto de poderes del Estado bajo su control, lógica propia de cualquier gobierno de perfil autoritario, la corrupción institucional históricamente existente en el país se tecnificó y la protesta social fue brutalmente criminalizada. Diversos líderes indígenas en territorios resistentes a la presión extractivista fueron asesinados bajo la más absoluta impunidad, ejerciéndose la represión más brutal del régimen en el paro nacional convocado por el movimiento indígena y las organizaciones sindicales en agosto del año 2015. En lo económico y terminado el boom de los commodities, Rafael Correa entregó un país donde el gasto público era ampliamente superior a los ingresos permanentes necesarios para sostenerlo, lo que implicaba reformas de carácter estructural que abría la posibilidad a diferentes opciones para el nuevo gobierno de Lenín Moreno.

La investidura presidencial de Lenín Moreno se dio en mayo del 2017; sin embargo, la producción en el país se había estancado desde el año 2014, no consiguiendo reactivarse desde entonces hasta ahora. El ingreso promedio por habitante en estos seis años apenas se ha movido en una franja de 20 dólares hacia abajo, alcanzando el empleo adecuado -eufemismo inventado en la era correista para señalar a quienes al menos perciben el equivalente al salario mínimo (394 dólares)- a tan solo el 37,9% de la población económica activa.

El deterioro de la capacidad adquisitiva de la sociedad ecuatoriana tiene como grupos más afectados a los asalariados privados y trabajadores por cuenta propia, quienes en los últimos seis años han visto un crecimiento prácticamente nulo de sus salarios. Sin embargo, durante lo que va de período de la gestión morenista y en aras a reducir el volumen de un Estado al que se calificó como obeso, se eliminaron 20 ministerios y 23 mil funcionarios públicos fueron cesados. En las actuales condiciones de estancamiento económico del país y con un sector empresarial que invierte muy por debajo del promedio latinoamericano en la economía nacional, lo cual ya de por sí es irrisorio, el mercado laboral privado ha sido incapaz de absorber a los servidores públicos cesados, incorporándose estos al ejercito de reserva del mercado de trabajo ecuatoriano.

En paralelo, la banca y otros grupos del gran capital que operan en la economía ecuatoriana continuaron obteniendo utilidades millonarias -tal como ya sucedía durante el período de gestión correista- pese al estancamiento. Entre 2015 y 2018 la banca obtuvo utilidades por 1.777 millones de dólares, mientras apenas 30 compañías obtuvieron casi cinco mil millones de dólares en el mismo concepto. En contraste, la elevada desigualdad en la distribución de la propiedad de la tierra se mantuvo.

Con una economía dolarizada desde principios de siglo, lo que anula cualquier capacidad de soberanía monetaria, y a falta de ingresos permanentes pese a las soflamas propagandísticas de industrialización por sustitución de importaciones y cambio de matriz productiva enarboladas durante el régimen de Correa, la deuda comenzó a dispararse de forma desmesurada. Entre 2010 y 2019 la deuda por ecuatoriano creció 7 veces, pasando de 538,81 dólares a 3.582 dólares; el pago de intereses por ecuatoriano creció 11 veces, de 38,31 dólares a 435,29 dólares; y el gasto en deuda creció 12 veces, evolucionando de 613 millones de dólares a 7.400 millones de dólares. En términos comparativos, el gasto de deuda actual (intereses y amortizaciones por 7.400 millones de dólares) supera casi dos veces el presupuesto de educación (4.970,9 millones de dólares) y el casi tres veces del presupuesto en salud (2.882,9 millones de dólares).

Así, mientras la propaganda correista en manos de jóvenes tecnócratas de la comunicación y la publicidad -aprendices andinos de Goebbels- definía económicamente al país como el jaguar latinoamericano, la sociedad ecuatoriana terminó descubriendo que Ecuador no pasaba de ser un desdentado oso perezoso que vivió de las rentas petroleras bajo una economía rentista que funcionó adecuadamente tan solo mientras duró el boom de los commodities.

De esta forma el gasto de consumo ha ido decayendo tanto en términos públicos como privados, visualizándose claramente como los servicios públicos se han ido paulatinamente deteriorando. Terminada la gran fiesta propiciada por los excedentes petroleros, nunca hubo una redistribución de la riqueza durante el período correista sino la transferencia de los excedentes del Estado para sostener políticas de subsidios e inversión pública en infraestructura -modernización del Estado capitalista-, se apagó el motor de la economía nacional. Incluso las importaciones de maquinaria se han reducido al día de hoy, reflejándose así la limitada capacidad de sostener la tan anhelada tecnificación productiva con la que todo el establishment político y empresarial sueña en el país. Consecuencia de todo ello: desaceleración económica.

De esta manera, al aumento del déficit fiscal le siguió el incremento del endeudamiento, a lo que le siguió a su vez problemas de acceso al financiamiento, lo que hizo que comenzaran a bajar la reservas internacionales del país. Con créditos internacionales chinos a tasas de interés que recuerdan a El Avaro de Molière, el gobierno de Moreno decidió entregarse, en cuerpo y alma, al FMI.

En este contexto el Ecuador de Lenín Moreno, quien hasta mayo del 2018 -fecha de nombramiento del ministro de Economía y Finanzas actual- no tuvo claro su hoja de ruta económica, decidió adecuarse a las recetas fondomonetaristas para equilibrar la economía nacional. A cambio de 4.200 millones de dólares que el FMI debe desembolsar en el transcurso de tres años y 6.000 millones de dólares más provenientes de otros organismos multilaterales, Moreno se comprometió a emprender un fuerte ajuste económico con el objetivo de lograr equilibrios de carácter fiscal y externo a corto plazo, liberalizando y flexibilizando todo lo posible la economía nacional, mientras a medio y largo plazo se profundizaría el carácter primario-exportador que ha acompañado la historia económica del Ecuador. El discurso fue el que siempre se aplica previo a este tipo de medidas: “Nos vemos obligados a pedirle al pueblo ecuatoriano un sacrificio debido a las condiciones en las que hemos recibido el país…”.

El antecedente al Paro Nacional

Con territorios claramente olvidados en la periferia del nacional debido a la carencia de recursos por parte del Estado, estalló el paro en la provincia del Carchi. Allí, en un territorio con un PIB per cápita de casi la mitad de lo que tiene Pichincha -provincia donde está instalada la capital del país-, de los 34.853 millones de dólares del Presupuesto General del Estado en el año 2018 tan solo le correspondieron 64 millones, alcanzando su índice de necesidades básicas insatisfechas al 45% de la población. Con una tasa de empleo digno de apenas el 26% frente la 37,9% promedio del país, la población del Carchi se lanzó a las calles, cortando carreteras y con sus gobiernos municipales y provincial a la cabeza de las movilizaciones junto a gremios y movimientos sociales.

Inicialmente el gobierno se negó a negociar mientras se mantuviera el paro. Tras siete días de movilizaciones continuas y con el principal acceso fronterizo con Colombia cortado por los manifestantes -cientos de camiones quedaban varados pudriéndose los alimentos perecederos que transportaban-, Lenin Moreno se vio obligado a negociar con los huelguistas aceptando una parte importante de sus reivindicaciones. Todo ello no sin antes emprender una fuerte represión por parte de las fuerzas de orden público que tuvo como respuesta popular el asalto al edificio de la Gobernación -sede del gobierno central en el territorio- en la ciudad de Tulcán, capital de la provincia.

Sería el 30 de septiembre cuando se solucionara el paro en el Carchi, apenas dos días antes de que comenzará las jornadas de lucha a nivel nacional. Su resolución fue fruto de que los dirigentes carchenses del paro detectaron las operaciones de actores externos a la provincia vinculados al correísmo que intentaban hacer con la movilización local una estrategia ajena a las demandas de los movilizados y dividiendo al movimiento.

Cabe indicar que el gobierno nacional y especialmente su frente político demostró no haber aprendido nada de los sucesos acaecidos durante la semana de cortes de carretera y conflicto constante entre la población carchense y aparatos represivos del Estado.

Es evidente que el presidente Lenín Moreno encabeza un gobierno extremadamente débil, sin base social y sin inteligencia política. El apoyo a su gestión está por debajo del 16%, gran parte de sus ministros intencionadamente apenas tienen aparición pública y quien maneja el frente político del gobierno es María Paula Romo -ministra del Interior-, quien junto a Juan Sebastián Roldán -secretario particular del presidente y portavoz oficial del Ejecutivo- provienen de una organización llamada Ruptura de los 25, la cual se autodefinió años atrás como una “organización política moderna y contemporánea” pero que en la actualidad ejerce la vieja política a través de sus jóvenes dirigentes.

Si la gestión de la crisis del Carchi fue patética por parte de los responsables gubernamentales, que decir de lo que vendría inmediatamente después…

Y llegó el Paro Nacional

Así se llegó al día 1 de octubre, momento en el que Lenín Moreno mediante cadena gubernamental televisada anunciaría lo que las organizaciones sociales definirían como un paquetazoneoliberal con base en las exigencias de ajuste presupuestario implementadas por el FMI. El mandatario anunciaría en aquel momento que mediante Decreto Presidencial 883 se eliminaría el subsidio al combustible, a la par que la reducción del 20% de la masa salarial de todos los contratos ocasionales en la función pública que se vayan renovando, la reducción del período anual de vacaciones de los empleados públicos de 30 a 15 días, así como obligación por parte de los trabajadores de las empresas públicas de aportar obligatoriamente un día de salario mensual al erario público. En paralelo, se decretaban una serie de medidas laborales que implican la flexibilización del mercado de trabajo privado, justificándolo bajo el argumente de la necesidad de implementar un modelo acorde con los nuevos tiempos.

Al día siguiente la Confederación Nacional Indígena del Ecuador (CONAIE) junto a otras organizaciones sindicales y sociales del país anunciaban la convocatoria de un gran paro nacional contra las medidas económicas del gobierno.

Entre ese mismo miércoles 2 y el domingo 6 de octubre se sucedieron múltiples asambleas populares fundamentalmente en provincias de fuerte ascendía indígena, zonas de Sierra Centro y territorio amazónico. En paralelo comenzaban los cortes de carretera y las movilizaciones en diferentes localidades. El sábado y el domingo, los cortes de carretera tenían ya paralizado todo el Ecuador. De la misma manera, en Quito, los estudiantes universitarios salían a las calles en solidaridad al llamamiento indígena reivindicando la derogación del Decreto 883 y el resto de medidas económicas anunciadas por el presidente de la República. La respuesta gubernamental fue la represión acompañada por una sorpresiva declaración del estado de excepción (limitación de los derechos de tránsito, asociación y reunión, libertad de información, inviolabilidad de domicilio y correspondencia).

Un evidentemente nervioso presidente Lenín Moreno anunciaría dicho estado de excepción en una nueva cadena gubernamental televisiva en la cual aparecería rodeado por su vicepresidente, Otto Sonnenholzner (un joven empresario sin experiencia política y llegado de las élites costeñas que fue nombrado a dedo tras la detención por vinculación en el caso Odebrecht de su primer vicepresidente -Jorge Glass- y de la destitución de la que fuera su segunda vicepresidenta -María Alejandra Vicuña- por cobro de coimas), su ministro de Defensa y los principales mandos de los diferentes cuerpos de las Fuerzas Armadas.

Para sorpresa de la sociedad ecuatoriana la emisión de dicho espacio televisivo se hacía desde Guayaquil, segunda ciudad en importancia del país. El gobierno nacional había abandonado, con nocturnidad y alevosía, la capital del país. Lo que pretendía ser un acto de fuerza con la declaración del estado de excepción se convirtió comunicacionalmente en la visualización más palpable de debilidad gubernamental.

El gobierno había abandonado el Palacio de Carondelet porque tenía miedo de que las instalaciones presidenciales fuesen tomadas por los manifestantes. Pensar en esa posibilidad, era pensar a su vez en que sus fuerzas armadas permitieran el acceso de los manifestantes, evidenciando su desconfianza respecto a que el propio ejército ecuatoriano apostase por una cambio de mando en el país dada la incapacidad gubernamental demostrada.

Esa misma noche y durante los días siguientes, Oswaldo Jarrín, actual ministro de Defensa y quien en 2012 calificara la desvinculación del Ecuador con la Escuela de las Américas de muestra del “fundamentalismo ideológico” del Gobierno de Rafael Correa, amenazó en reiteradas ocasiones a los movilizados de usar armamento letal si es que se ocupaban sobre instalaciones que el Gobierno considerase como estratégicas. Nada importó y las movilizaciones continuaron a escala nacional.

El lunes 7 de octubre comenzaron a llegar a Quito columnas de miles de manifestantes provenientes de las provincias indígenas. Las entradas a la capital estaban fuertemente resguardas por contingentes de operativos especiales de la Policía Nacional. Pese a ello y ante el número cada vez mayor de manifestantes los indígenas entraron en Quito, no sin que previamente hubiese fuertes altercados e incluso tanquetas y patrulleros quemados. Los detenidos y heridos en las reyertas comenzaban a contabilizarse por centenares.

Pese a la fuerte campaña de miedo articulada en las redes sociales por influencers de perfil conservador, entre los barrios humildes quiteños de la periferia de la ciudad hubo multitud de gestos solidarios ante la llegada de los indígenas. Los indígenas se congregaron en El Arbolito, parque céntrico de la capital ecuatoriana donde han tenido lugar históricos episodios que terminaron derrocando diversos gobiernos durante la década de inestabilidad política que precedió a la llegada de Rafael Correa al palacio presidencial de Carondelet.

Durante el martes 8 y miércoles 9 de octubre siguieron llegando numerosos grupos indígenas a la capital, mientras en el resto del territorio nacional eran tomados diversas instalaciones gubernamentales por parte de los indígenas, se mantenían los cortes de carretera e incluso se eran ocupados pozos petroleros en la zona amazónica clausurándose su bombeo. El último grupo en llegar a la capital fue en la noche del jueves, momento en el que arribaron unos mil indigenas más llegados de territorios amazónicos.

El grito era unísono en todo el país: “La movilización es indefinida hasta que el gobierno nacional derogue el Decreto 883 y el paquetazo neoliberal”. Mientras, en Quito, las movilizaciones se daban por doquier y a todas horas, intensificándose paulatinamente la represión policial sobre los manifestantes. En territorios indígenas e incluso en la capital fueron retenidos distintos destacamentos militares y efectivos de la Policía Nacional, todos fueron entregados posteriormente a las autoridades del Estado sin daños ni lesiones, mientras en paralelo las detenciones de manifestantes se elevaban por encima de mil, se socorría a más de medio millar de heridos y se contabilizaban hasta la noche del 12 de octubre cinco víctimas mortales. Algunos de los uniformados retenidos fueron obligados a cargar sobre sus hombros los féretros de los indígenas caídos durante las jornadas de movilización bajo la consigna de que “sientan sobre sus hombres el peso de nuestros muertos”.

Dos condiciones interesantes se dieron en la capital ecuatoriana: por un lado era palpable la estrategia de twitteros, generadores de opinión pública en diversos medios de comunicación y varios periodistas descalificando al movimiento indígena en las redes sociales; mientras por otro lado, en la vida real, la solidaridad con los manifestantes era más que palpable. Mientras la redes sociales no dejan de ser aún un espacio para las élites ecuatorianas dada la aun escasa democratización digital existente en el país; estudiantes universitarios de todo tipo de disciplinas, especialmente de medicina y enfermería, practicaban la asistencia médica diaria a los heridos en los recintos universitarios. En paralelo, amplios sectores de la sociedad quiteña entregaban mantas, ropa, zapatos, víveres y agua en los recintos en los que pernoctan los recién llegados a la capital. Por último, se creó un amplio despliegue de medios alternativos para dar cobertura a las movilizaciones que estaban siendo criminalizadas en los medios de comunicación tradicionales. Se vio un Quito solidario con los históricamente olvidados frente a un Quito imperante en el mundo digital que lleno de perjuicios y con una estrategia claramente diseñada pretendía criminalizar a los más pobres de la sociedad ecuatoriana. Vale decir que no funcionó la estrategia de enfrentar a blancos urbanitas con cobrizos habitantes de las zonas rurales del país, como tampoco les funcionó atemorizar a las clases acomodadas quiteñas para enfrentarles a los pobres venidos de otras tierras. De hecho, según la encuestadora CEDATOS, nada sospechosa de ser de tendencia izquierdista, el 76% de los ecuatorianos apoya la consigna indígena de derogar el Decreto 883.

Las movilizaciones fueron sorprendidas por hordas que no respondían al llamado de los movimientos sociales y que se infiltraron en las movilizaciones. Aquí se combinaron grupos delictivos que buscaban usufructuar de bienes ajenos, grupos organizados por la sensibilidad política correista y población que llegaba de barrios urbano marginales ya no solo a reclamar el fin de las medidas económicas sino la salida del gobierno. Ambos grupos coincidieron en sembrar el caos en diferentes momentos de las movilizaciones.

La CONAIE, en varias ocasiones, se desvinculó de estas acciones vandálicas, llegando incluso a conformar una guardia indígena que puso orden en las manifestaciones que se daban en la capital. La turba no perteneciente a las movilizaciones impulsadas por los movimientos sociales se vio obligada a actuar en zonas por donde no recorrían las manifestaciones, terminando por quemar la Controlaría General del Estado, lugar donde se guardan los expedientes de investigación de tramas de corrupción institucional que tuvieron lugar durante la década correista. Sospechosamente dicho atentado se dio ante la pasividad de las fuerzas de orden público.

En la tarde del 12 de octubre, “Día de la Interculturalidad y la Plurinacionalidad” en Ecuador, el Gobierno Nacional, quien en innumerables ocasiones se reiteró en afirmar que no discutiría sobre el Decreto 883, se vio obligado a acceder a analizar su contenido con los movilizados. Horas antes, el movimiento de mujeres quiteño había salido a las calles junto a las mujeres indígenas declarando a María Paula Romo, ministra del Interior y quien se auto define como feminista, responsable de la represión y traidora al movimiento de mujeres.

Bastó el anuncio de que la CONAIE estaba reuniendo a sus dirigencias para analizar la propuesta de diálogo de Lenín Moreno, exigiendo garantías mínimas (realizar la negociación en un lugar independiente bajo el auspicio de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana y NNUU) y que dicho diálogo fuera público y retransmitido por los medios de comunicación, para que se incrementara aún más la algarabía en las calles de Quito. A partir de ese momento diversos grupos incontrolados, muchos de ellos posiblemente impulsados por actores ajenos a las convocatorias, sembrarían el caos en toda la ciudad.

Ante la incapacidad de gestión por parte del Ministerio del Interior, el aparato militar presionó al presidente Lenín Moreno para que se decretara el toque de queda. A partir de las 15:00 horas se prohibió el transito en las calles y los recintos en los que los indígenas se concentraron para desvincularse de la trama desestabilizadora fueron rodeados por los aparatos represivos del Estado. En las universidades los estudiantes se vieron obligados a armar cadenas humanas frente a militares y policía interponiendo sus cuerpos en defensa de los indígenas acogidos.

El movimiento indígena denunció inmediatamente la actividad de grupos correistas tras estos disturbios. Ya en la noche, CONAIE emitía un comunicado reconociendo la conmovedora e incansable voluntad del pueblo ecuatoriano de luchar contra el retorno de las políticas neoliberales al país, a la par que denunciaba la decisión del Estado por seguir asesinando indígenas y gente en las calles hasta derrotar la movilización. Pese a ello, la CONAIE se comprometió en sostener la movilización a nivel nacional, rechazando cualquier intención de desprestigiar la lucha histórica que se está llevando a cabo en estos momentos.

La noche quiteña cerró con un fuerte y confuso cacerolazo que se expandió por toda la ciudad. Unos reclamaban paz, otros la derogación de las medidas económicas implementadas por el Gobierno, pero en ambos casos la población capitalina le decía al presidente de la República que estaban haciendo sentir su voz crítica respecto a la gestión gubernamental.

En la tarde del domingo 12 de octubre se dio la mesa de diálogo entre diferentes dirigentes sociales con los pueblos y nacionalidad indígenas a la cabeza y el gobierno nacional. Bajo el título “mesas para un acuerdo de paz”, el gobierno nacional se vio obligado previamente a cumplir cada una de las exigencias indígenas: fue retransmitido en directo por diversas cadenas de televisión, se dio en un complejo hotelero a las afueras de la ciudad -lugar imparcial- y estuvo auspiciado con Naciones Unidas y la Conferencia Episcopal del Ecuador.

Tras tres horas de debate el pueblo ecuatoriano asistía a un episodio insólito. La CONAIE le decía al presidente Moreno que si quería de verdad la paz retirase el Decreto 883 o de lo contrario la movilización se mantendría en Quito y en todo país. El presidente Moreno y su gabinete de ministros terminarían aceptando. La noche de ayer en Quito y en todo el país se convirtió en una fiesta donde militares, policías y el pueblo se abrazaban en cada una de las barricadas de Quito, cortes de carreteras por todo el país e instalaciones públicas tomadas.

CONAIE desconvocaba en vivo y en directo en esa misma retransmisión el paro nacional.

Análisis final

En la agenda del movimiento indígena, los sindicatos y las organizaciones sociales que apoyan el paro no está derrocar al actual gobierno. La izquierda social e incluso la política no ganaría nada en estos momentos con la salida de Lenín Moreno del palacio presidencial.

Una convocatoria de elecciones anticipadas tan solo beneficiaría en estos momentos la llegada al poder de una derecha aun más reaccionaria o del correísmo. Desde los mundos más reivindicativos que conforman el tejido de los movimientos sociales ecuatorianos, fundamentalmente los indios y las mujeres, ambas opciones son consideradas como aun peores que el mantenimiento del gobierno actual pese a su paulatina derechización.

Por su lado, el correísmo, con una agenda política de urgencia que busca como sea desestabilizar al actual gobierno en aras a que se proceda con la convocatoria de elecciones anticipadas, demostró durante estas movilizaciones que su estrategia esta basada en una política de tierra quemada. Frente a un gobierno que al medio día de sábado 11 de octubre estaba a punto de ceder respecto al Decreto 883, objetivo fundamental de la movilización, optó por provocar la caotización de Quito en aras a sus interés político institucionales. Rompiendo, al igual que lo intentó hacer anteriormente en la provincia del Carchi, la estrategia de lucha de los impulsores del paro nacional. Rafael Correa desde el exterior del país intentó protagonizar la lucha de un movimiento al que él mismo había criminalizado y reprimido durante la década de gestión de su gobierno.

En el ámbito de la política institucional la derecha esta dividida. Una parte de ella apoyó a Lenín Moreno durante lo que lleva de mandato, mientras la otra se declara abiertamente opositora, pese a que durante esta crisis ambas se unieran contra el movimiento indígena. Para el sector empresarial Moreno no es más que una cabeza de puente, es el mandatario que debe aplicar las políticas impopulares para que no recaiga sobre su futuro recambio dicho costo político y social. Conscientes las corrientes conservadoras de que la debilidad gubernamental les permite aspirar en febrero del 2021 al poder, una vez restituida la normalidad marcarán de forma inmediata diferencias con el mandatario, entendiendo que nada de lo que se sienta cercano al actual gobierno nacional tiene la más mínima posibilidad de ganar las próximas elecciones.

De igual manera, una nueva generación de políticos ecuatorianos que pretendían ser el recambio de la actual vieja derecha nacional ha quedado quemada en la gestión de esta crisis. Personajes con notables aspiraciones políticas como María Paula Romo, Juan Sebastián Roldán o el propio Otto Sonnenholzner han demostrado falencias notables a la hora de administrar el Estado en una coyuntura como la actual, quedando con escasas posibilidades de reconfigurar su maltrecha imagen ante la sociedad ecuatoriana.

En paralelo, la actual crisis desnudó determinados problemas de carácter estructural que transversalizan desde la constitución de la República al Estado ecuatoriano: sigue vigente la vieja matriz colonial, el racismo y una indignante inequidad social basada en una marcada estructura de clases. En Ecuador el 42% de la población indígena viven en condiciones de pobreza, el 18% vive en pobreza extrema y solo el 3% de este target social tiene títulos universitarios.

Este triunfo del movimiento indígena desde el ámbito de las organizaciones sociales se contrapone a una cada más envejecida izquierda política e institucional que se muestra incapaz de generar el más mínimo elemento de atracción entre la sociedad ecuatoriana. Mientras en el movimiento indígena se ha hecho visible una nueva camada de dirigentes jóvenes con grandes dotes de organización para futuras luchas reivindicativas, la izquierda político institucional sigue aferrada a un discurso del pasado siglo y liderada por dirigentes con escasa voluntad de recambio.

El triunfo indígena liderado por sus nuevas estructuras dirigentes, sumado a interesantes cuadros entre las jóvenes militantes del movimiento de mujeres, permiten atisbar con optimismo cierto horizonte en las lucha por la emancipación de los pueblos en este pequeño país andino. En paralelo y a su derecha, queda un gobierno débil y derrotado que tendrá serias dificultades para gestionar el país en lo que le queda de mandato hasta las elecciones de febrero de 2021.

Fuente: https://vientosur.info/spip.php?article15200

Los signos del desastre

por Jeudiel Martínez

La luz se va por horas, a veces por días,  el agua no llega en semanas, el internet es tan intermitente como las líneas telefónicas. No hay dinero en efectivo para pagar y las plataformas de los bancos públicos no funcionan. Las unidades de transporte cada vez son menos y el metro se acerca al colapso. La combinación de falta de efectivo y de medios de transporte obliga a muchos a renunciar al trabajo o los estudios. Las gestiones más simples se hacen torturas interminables.  Incontables productos y marcas han desaparecido de los estantes de los supermercados. Las morgues rebosan de muertos, los hospitales carecen de insumos básicos y los alimentos y medicinas son escasos o muy caros. No es falso que se haya incrementado el número de personas que mendigan, sacan comida de la basura o se prostituyen por comida.

La Venezuela de hoy podría simbolizar con muchas imágenes: una máquina descompuesta y abandonada al óxido, un animal encerrado abandonado a la llaga, el hambre y la podredumbre, una ciudad desierta y llena de basura. Pero esas serían meras metáforas. Malas metáforas.

Tantos son los signos e imágenes del desastre, tan fuertes son que no necesitamos esas imágenes suplementarias: ¿es que no basta con  las aguas blancas del Pao Cachinche corrompidas por las negras y pútridas del lago de Valencia, los ríos contaminados del norte del país, las riberas del Caroní deforestadas y licuadas hasta hacerse barro, el agua color mierda que sale de los grifos? ¿No es suficiente con los presos pudriéndose en los calabozos de las policías municipales –sin audiencias, sin habeas corpus, sin agua y  sin comida- , los que escarban en la basura para buscar comida?.

Esos son los primeros signos. Signos de contaminación, de podredumbre.

Otros son  de falta, de carencia y de omisión: las bolsas de plástico y de papel que ya no se encuentran, los estantes vacíos, los productos y marcas desaparecidos de los mercados, las fábricas y comercios cerrados,  los cajeros automáticos descompuestos, el dinero en efectivo que no se encuentra, los electrodomésticos dañados por los apagones, los innumerables baños cerrados por falta de agua, las medicinas que no se encuentran, las esperas desesperadas porque se haga efectiva una transferencia bancaria, la falta de dinero en efectivo, los cientos de miles asesinados por los criminales, los 18000 asesinados por la policía, los  millones de emigrantes que no volverán, el cuerpo macilento y cada vez más flaco de los gobernados.

También hay   signos de plenitud. Los dólares fugados, las mansiones en España y dominicana,  los productos de los Clap traficados ante la vista de policías y militares, Las colas interminables para comprar cualquier cosa, la grasa que envuelve los  cuerpos atocinados de los gobernantes, los presos que rebosan los calabozos, la basura que desborda los basureros.

Pero ningún signo  es tan vehemente, tan destructor como la hiperinflación, plenitud de ceros que no valen nada, de dinero que nada puede comprar.  ¿Pueden imaginarse los abogados del chavismo, la izquierda nostálgica, los apologetas profesionales la sensación desesperante del que descubre que, cada día, se la hace imposible comprar las cosas más sencillas?

Signos de podredumbre,  de carencia, de plenitud  y, también, de fracaso. Los signos del fracaso están en todas partes del país, desde Tocoma en el Sur hasta los Andes –pasando por el cauce del río Guaire-  un nuevo tipo de ruina, la ruina prematura,  es el resultado más visible del fracaso incomparable del chavismo: proyectos inconclusos o abandonados, obras de infraestructura abandonadas , fábricas nacionalizadas que nunca produjeron nada…

En su abandono recuerdan un poco  a los restos de la época soviética pero, a diferencia de estos, no tienen grandeza o glorias pasadas que les den un aura, ningún logro perdurable al que apegarse: la ruina prematura, y también, la ruina viviente son invenciones del chavismo, como en PDVSA, que produce menos de un millón de barriles diarios, como en las empresas básicas, como todo lo que con su poder de Midas inverso el caudillo secó y destruyó.

En Venezuela incluso los peores tiranos del siglo XX dejaron algo: carreteras, unidad nacional, infraestructuras.  Pero esas ruinas están entre los signos más claros del paso de Hugo Chávez sobre la tierra. Declaran que el caudillo, el avatar de Cristo-Bolívar pasó por allí, que hizo un programa de televisión cursi, que se mintió a sí mismo y a otros con los grandes logros de la revolución que, se emborrachó con las mismas ilusiones de los ilusos que le seguían,  que asignó recursos que terminaron en el bolsillo de funcionarios tan inútiles como corruptos.

Las ruinas son su imagen, su huella y su símbolo.   Ellas y el amor y la sumisión servil que todavía inspira en sus seguidores. Ellas y la raza impúdica de nuestros nuevos amos, sus sucesores,  que prefiere cualquier cosa a dejar al poder. Ruinas prematuras, amor al poder, y tiranía. Sumémosle el agua negra sale por los grifos, los apagones,  las estafas de Derwick y Odebrecht, el crecimiento incomparable de la violencia y el crimen, y la riqueza fantástica de los bolichicos y boliburgueses: he ahí el legado.

Todo lo bueno o noble que intentó en medio de sus excesos de riqueza y de poder o se quedó en fantaseos o buenas intenciones o hace rato se perdió en la descomposición y el desastre que el mismo invocó como un aprendiz de brujo. En esta región del mundo donde el padre es a la vez ausente, mediocre y brutal, el caudillo no fue anómalo sino  normal, como si la contrapartida física de su obsesión metafísica con la unidad, fuese el desastre: unidad de los cuerpos y las almas, de la tierra y de sus riquezas en el seno del estado que se pudre y se desmorona.

Cada ruina atestigua un hechizo contrahecho, un golem mal armado del cabalista mediocre que no dejó más que ruinas, dinero en el bolsillo de los burócratas e ilusiones en la mente de los ilusos. Nadie como el caudillo  ha encarnado a la mamarrachada, el esperpento nacional que, liberado de sus últimas, de sus precarias contenciones (multipartidismo, disciplina fiscal, residuos de estado de derecho) ha mutado en desastre y corrupción ilimitados: prometió soberanía alimentaria y la comida es importada, prometió hacer de Venezuela un súper-productor de petróleo y PDVSA está quebrada, prometió democracia y dejó caudillismo y estado de excepción, prometió participación y dejó verticalismo y burocracia ¿es que hay un solo caso en que los conjuros inversos del caudillo han dejado algo que no sea lo perfectamente contrario de lo invocado, de lo ofrecido?.

¿Es que no apareció en su última alocución pública (el Golpe de Timón que  los simples creen que habría cambiado todo) hablando de “fábricas de fábricas” y “fábricas de satélites” apenas un par de años antes de que se hiciera casi imposible encontrar comida?.

Hugo Chávez fue un virtuoso en el arte de  apropiarse de todo para descomponerlo. A él ni las viudas del neoliberalismo ni nuestras izquierdas patéticas le entienden. Atribuir su método –que es el de Maduro- al socialismo soviético, o el neoliberalismo es, en el peor de los casos, estupidez doctrinaria, en el mejor una simple aproximación.

Lo que se escapa a los liberales y neoliberales tanto como a los socialistas es que la obsesión con nacionalizar y regular no fue más que el método de una privatización del estado que en el pasado ha sido llamada patrimonialismo y que hizo de Chávez más que la personificación del estado su propietario: no era Alejandro Andrade, su guardaespaldas, el encargado del tesoro público?, no fue vicepresidente del tesoro una de sus enfermeras? es que  cuidar del dinero público era una extensión de cuidar a Chávez, el tesoro público era su tesoro y la res pública su patrimonio, la confusión generalizada entre público y privado, el éxtasis del clientelismo, es uno de los signos más claros de su paso por el poder.  Por eso las misiones sociales no eran un atributo de la Seguridad Social nunca renovada sino de sus relaciones personales con Fidel Castro, una relación clientelar basada en el alquiler de mano de obra importada y no de nuevas o renovadas instituciones.

La “Unidad, Unidad, Unidad,” de la que hablaba obsesivamente parecía el empeño de convertir a todo el estado en una extensión o una prótesis de su personalidad cuyas extensiones nerviosas eran líneas clientelistas y caudillistas, de ahí la tolerancia incondicional a la corrupción de sus funcionarios, siempre que fueran leales. Esa confusión entre público y privado es un signo de esa captura del estado que no trata de , como en la simple concepción liberal, que el estado capture a la sociedad sino de que  una fuerza supraestatal capture al estado. Esa captura del estado en lo supraestatal -y su duplicación en lo paraestatal- parece ser  la esencia de todo totalitarismo sea que construya un estado a su medida, como en Cuba o que capture uno existente como en Italia o Alemania o que, como en Venezuela, lo descomponga.

En ese contexto socialistas y neoliberales se debaten para entender el desastre chavista: los primeros dicen que la propiedad privada no solo permaneció sino que las fortunas privadas se multiplicaron gracias al saqueo de la riqueza pública, los segundos que un régimen asfixiante de policía se abatió sobre la empresa…y ambos tienen razón: si el chavismo generó tal vez el más grande saqueo de la historia nacional fue uno de riqueza pública -4.000 millones de dólares según la asamblea nacional y un poco menos según los chavistas disidentes de Marea Socialista- saqueo del que participó, avido, el capitalismo privado venezolano…pero el socialismo de Chávez más que falso fue decadente, descompuesto el mismo, sin mecanismos de planificación sin todo el know how generado durante décadas para compensar las deficiencias de la planificación centralizada pero tampoco capaz de generar algo semejante a las instituciones del bienestar del norte de europa o incluso de Cuba cuyo fracaso en generar fuerzas productivas es bien conocido.

El socialismo de Chávez, que recuerda un poco al de Argelia o Libia, era ante todo un régimen de policía a través del monopolio del dólar y las expropiaciones masivas, una guerra contra el empresariado,  al que veía como un enemigo pero también una estrategia para generar un empresariado dócil, parasitario y aprovechable a través de los contratos y las asignaciones de dólares baratos: Raúl Gorrín es, sin duda, la personificación del empresario tal como lo concebía el chavismo. Por esos mismos medios se estableció todo un sistema de control bioeconómico de la población, basado en la moneda subsidiada y servicios gratuitos, un esquema de intercambio de subsidios por lealtad.

Reducido a una serie de procedimientos de baja policía, privado de todos los mecanismos racionales y el know how técnico requerido el socialismo chavista terminó convertido en un arma contra la producción y en una herramienta práctica de saqueo: Ingenios azucareros, fábricas, canales de televisión, nada escapaba del hambre de unidad de Hugo Chávez. Los resultados los conocemos, el azúcar es escasa y cara, sus fábricas nacionalizadas son cascarones vacíos…olvidemos a los tontos sin esperanza que corren gritando ¡¡esto no es socialismo ¡¡¡ a sus hermanos neoliberales, igual de imbéciles,  que giran y gritan ¡¡¡castro-comunismo¡¡¡ hay algo descompuesto, disfuncional, mamotrético en el chavismo que no sirve ni a los requerimientos del mercado libre ni a los del estado planificador: hace imposible tanto la producción económica que requiere el primero como la gestión pública más o menos ordenada que reclama el segundo: demasiado desastroso, inepto, incapaz, para establecer un mercado libre o un estatismo funcional, el chavismo los imita y los entremezcla a su manera, estatiza porque ha privatizado al estado, da poder de vida y muerte a burócratas que son magnates y empresarios,   licua lo público y lo privado en un compuesto en lo que lo único discernible son las mafias que tienden a reemplazar tanto a la burocracia como a la empresa, mafias que fundidas en oligarquías son las propietarias privadas del estado en una sociedad comanditaria que es la forma política del gobierno privado indirecto.

No basta entonces con decir que el chavismo es totalitario, lo cual es más que obvio, hace falta entender que es un totalitarismo fallido, que descompuso al país al tratar de capturarlo y que, en cierto sentido, siempre ha sido el gestor de su propio fracaso incluso antes de que la muerte del caudillo y la caída del precio del petróleo lo hicieran evidente.   ¿Es que podemos imaginar en los grandes autoritarismos de Eurasia (el saudí, el turco, el iraní, el chino, el ruso) sumergidos en apagones, el agua cortada por semanas, los bancos dejando de funcionar por días? ¿Es que podemos imaginarnos al rey de Arabia Saudita pidiéndole al presidente de Aramco que venda pollos? ¿A Mendelev peleándose con los panaderos de Moscú?, ¿a los  Castro privatizando las cárceles a los presos o declarando “zonas de paz” donde la policía no entra?. Las bufonadas tristes del chavismo, sus estándares ridículamente bajos para todo, no tienen lugar en un proyecto autoritario funcional, mucho menos en el de una potencia con pretensiones hegemónicas.

Por eso no tiene sentido comparar al chavismo con los grandes proyectos autoritarios o totalitarios de nuestro tiempo, sean cuales sean sus fallas, taras y crímenes. El chavismo es otra cosa: Comparado con las monarquías del Golfo Pérsico, el Irán de los ayatollahs la Turquía de Erdogan, por no decir de Rusia o China la Venezuela chavista es un desastre, un chiste,  solo comparable a las dictaduras africanas o a otros estados fallidos: un gobierno del desastre cuya única virtud es surfear en medio del desastre sin hundirse en él, usarlo como medio de dominio por el mayor tiempo posible.

Achille Mbembe ha hablado de la necropolítica como una política de la muerte o, al menos, como el indecidible, la frontera entre un poder moderno que hace vivir y deja morir y uno arcaico que mata y deja vivir. Pero dondequiera que Mbembe trata de reintroducir la dimensión del poder soberano que decide sobre la vida y la muerte este aparece fragmentado, fractalizado, como centenares de imágenes distorsionadas en un espejo roto. Sea la tercer mundialización programada de la margen occidental del Jordán, sea el centro o el oeste de África lo que aparecen son fragmentos, soberanía fragmentada en multitud de reyezuelos y mandarines divididos en una guerra incesante y molecular que en casi toda américa latina es conocida:  el poder de facciones armadas, mafias, policiales corruptas y esquemas de saqueo como los descubiertos por la operación Lava Jato.

De hecho la necropolítica y el “gobierno privado indirecto” de los que habla Mbembe se implican, se reflejan, tal como la fragmentación territorial y la guerra molecular, sus encuentros y consorcios parecen ser la arquitectura mutante del tercer mundo como escenario de una descomposición ilimitada.  Es cierto que esta necropolítica, esta gestión de la muerte del mundo,  es ya la de las petroleras, la del capital financiero, la de las guerras eternas en el medio oriente, pero son pocos los rincones del mundo donde el Necropoder se extiende en tal medida en que se deviene una necrocracia, es decir, donde la gestión del desastre se convierte en la racionalidad misma del poder.

Es en el centro de África, en los restos del Mar de Aral, en los rincones del mundo abandonados a la podredumbre y el desastre, allí donde la corrupción no tiene límite,  el autoritarismo se nutre del colapso y la empresa privada y el poder público se funden en la mafia y la oligarquía donde podemos encontrar algo con que comparar o conmensurar este desastre, pero siempre que entendamos, contra las teorías histéricas de las derechas y el denial infantil de la izquierda que el chavismo no es una excepción sino probablemente la tendencia en un periodo donde los poderes establecidos aceptan cada vez más el desastre y las crisis crónicas como la nueva normalidad (pensemos en la actitud hacia el calentamiento global o los desastres de EEUU en el Medio Oriente y el Norte de África) sino que el chavismo parece ser, en sí, un signo del desastre venezolano, un síntoma de un país que ya estaba en un avanzado estado de des-composición desde 1999 y que por eso mismo no solo generó al chavismo sino que no tuvo la capacidad de controlarlo o eliminarlo,  por el contrario, el antichavismo se reveló él mismo tan necropolítico como el chavismo y su verdadera condición de posibilidad (o es que el poder absoluto de Chávez habría sido posible sin desastres como el golpe de abril, el paro petrolero y la abstención de 2005?).

Cómo se verían en los años posteriores, todos los actores involucrados se convertirían en aceleradores del desastre incluso el Grupo de Lima y los EEUU con las sanciones: Trump que decepcionando a los gloriosos idiotas del liberalismo venezolano  -devenido Alt Right y adulación a Trump- no tomó la decisión soberana de destruir al chavismo sino la de gestionar su desastre relegando Venezuela, mediante las sanciones, a un Cuarto Mundo semejante a aquel en que malvive la gente de Gaza y Yemen o en el que Mugabe se las arregló para prosperar y los Castro a “resistir”.  Si el chavismo ya es signo y síntoma del desastre es porque es la imagen, la marca y el símbolo de todo de aquello en que Venezuela se convirtió en la segunda mitad del siglo XX: aquella Venezuela de la que el antichavismo triste sienten tanta saudade fue la causa del chavismo, tal como el chavismo es la causa no solo de ese éxtasis del desastre que vivimos desde 2009 (contenido solo por el fármaco petrolero) sino de las monadas de desastres contenidas en el principal.

Entender el chavismo es entender el Necropoder. Entender el Necropoder es entender la corrupción y el desastre. Corrupción, estrictamente hablando, es la destrucción de cualquier cosa por la corrosión, la descomposición y el colapso. Desastre es el desalineamiento de los astros, la dislocación cósmica que augura desastre para los mortales, es decir la pérdida de forma, estructura u orden. Son aspectos distintos de una destrucción necesaria para el devenir de las cosas. En nuestro caso, parece que la corrupción genera al desastre y el desastre acelera la corrupción en un ciclo autopoiético.

Pero un animal muerto que se pudre, se corrompe, libera elementos químicos que dan lugar a cosas nuevas igual que un desastre natural modifica el ambiente. Imaginemos un animal que nunca acabara de descomponerse -o de morir- un cataclismo no súbito sino continuo, con altos y bajas: un incendio, un diluvio o un temblor de baja intensidad que ni terminará ni diera a la tierra el tiempo para adaptarse, una podredumbre que no termina eso es Venezuela bajo el chavismo.

 

Crónica de las actuales movilizaciones indígenas en Ecuador

Por Decio Machado // Universidad Nómada del Sur

El pasado jueves, 3 de octubre, la dirigencia de la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE) convocó, junto a sectores del sindicalismo tradicional, un paro nacional con el objetivo de expresar su discordancia respecto a las últimas medidas económicas establecidas por el Gobierno.

El anuncio de CONAIE conllevó el inicio de una serie de movilizaciones en distintas localidades del país y asambleas permanentes en territorios con fuerte presencia indígena bajo el objetivo de coordinar una gran movilización a Quito demandando la derogación del Decreto 883. Mediante dicho decreto se viabiliza el alza de precios de los combustibles en todo el país.

El antecedente de dicha medida se encuentra en los acuerdos establecidos por el Gobierno ecuatoriano con el Fondo Monetario Internacional (FMI), mediante el cual este organismo financiero multilateral exige a las arcas públicas una optimización económica del 1,5% de su PIB mediante reformas de carácter tributario a cambio de otorgarle algo más de 10.000 millones de dólares en concepto de financiamiento durante los próximos tres años.

El problema de desequilibrio económico del Ecuador no es nuevo, ya en 2016 -última fase de la década de mandato de Rafael Correa- existían informes que recomendaban un ajuste fiscal asertivo para preservar la estabilidad macroeconómica y financiera del país fruto del desequilibrio entre gastos e ingresos existentes en esta economía desde inicio de siglo dolarizada. El gobierno correista decidió en aquel momento mantener en reserva dichos informes y no hacerlos públicos ante su población.

Dos opciones tuvo que manejar el gobierno presidido por Lenín Moreno ante tales exigencias fondomonetaristas: o incrementar el IVA en tres puntos porcentuales -medida que según los medios de comunicación parecía ser la más probable y en principio más regresiva- o la que definitivamente fue aprobada. 

A priori la opción tomada por el Gobierno ecuatoriano parecía ser la menos conflictiva. La escasa eficiencia de un modelo de subsidio que carecía de focalización y que mayormente beneficiaba a grandes empresas con alto consumo de combustible, grandes flotas de transporte y sectores de las élites económicas que disponen de más de un vehículo por unidad familiar, parecía ser la que menos rechazo social podría generar.

De esta manera el Presidente Lenín Moreno decretó el fin de los subsidios, lo que implicó un notable incremento de precios de la gasolina “extra” -la más usada en el país- pasando el galón de 1,45 a 2,41 dólares. De igual manera la gasolina Eco Pais (extra con etanol) de 1,45 a 2.53 dólares y la Súper de 2,3 a 3.07 dólares. 

La reacción inmediata fue el bloqueo de carreteras por parte del sector transporte y de vías urbanas por parte de los taxistas, siendo al día siguiente desconvocado el paro tras haberse negociado con los huelguistas un incremento de tarifas. El sector transporte está acostumbrado a doblarse de forma sistemática el brazo de los distintos gobiernos que han transitado en el poder en Ecuador. Durante la época correista llegaron incluso a legalizar una formación política en connivencia con el partido de gobierno y ocupar curules en el legislativo.

Sin embargo, por experiencia histórica el pueblo ecuatoriano es consciente de que el incremento de precios del combustible afecta al bolsillo del conjunto de la sociedad sean propietarios o no de vehículos. Los precios de los productos básicos y los indicadores de inflación suelen ser afectados de manera indirecta por este tipo de medidas.

El descontento generalizado entre la sociedad no hizo cambiar la posición de Lenín Moreno, quien  ha manifestado de forma permanente que la liberalización del precio del combustible a costos internacionales es una política -entre otras- necesaria para el mejoramiento de las finanzas públicas y sobre la cual “no hay marcha atrás”.

Las organizaciones sociales ecuatorianas definieron las medidas económicas establecidas por el Gobierno como un “paquetazo” neoliberal, argumentando que forma parte de un modelo de políticas públicas que beneficia fundamentalmente a sectores empresariales, flexibiliza el mercado laboral y achica al Estado, enviando al desempleo a cada vez mayor número de funcionarios públicos sin que estos sean posteriormente demandados por el sector privado.

Así las cosas, durante todo el pasado fin de semana se sucedieron movilizaciones y asambleas indígenas en gran parte del territorio nacional pese a que el Gobierno Nacional optó por declarar el estado de excepción buscando limitar el ejercicio del derecho a la inviolabilidad de domicilios, libertad de tránsito, libertad de asociación y de reunión. Con movilizaciones cada vez de mayor afluencia en todos los territorios afectados por la convocatoria, las resoluciones fueron unánimes: se determinó una gran movilización indefinida en el conjunto del país en rechazo a las medidas económicas y en defensa de los territorios, ríos, agua, páramos, la justicia indígena, la educación intercultural, salud, transporte y radios comunitarias.

Los cortes de carretera se sucedieron por gran parte de la red vial nacional, llegándose a contabilizar trescientos paros de vías al unísono durante diferentes momentos del pasado sábado y domingo. En paralelo, el Gobierno intentó combinar dos estrategias disímiles: por un lado se intensificaba la represión bajo el eufemístico argumento del uso de la fuerza progresivo; mientras por otro sus interlocutores buscaban desesperadamente el diálogo con los manifestantes intentando establecer propuestas de compensación a los sectores movilizados (créditos productivos a bajo tipo de interés, apoyo para la adquisición de maquinaria agrícola, reconocimiento de autoridades locales…). Nada sirvió, la dirigencia nacional de CONAIE manifestó públicamente que el diálogo con el régimen está totalmente cerrado. “No habrá ningún acercamiento con ningún representante del Estado hasta que se revea el decreto que eleva el precio de los combustibles” manifestaron de forma homogénea todos sus voceros. El conflicto se agudizó a lo largo y ancho de la geografía nacional, llegándose a retener en diversos territorios indigenas a unidades militares y policiales para posteriormente ser entregadas tras haberse liberado extraoficialmente a civiles detenidos en dichas comunidades. La CONAIE, bajo el principio de autodeterminación de los territorios indígenas, también había declarado su estado de excepción, prohibiendo la entrada de infiltrados y grupos armados pertenecientes a los aparatos de seguridad del Estado.

Amaneció el lunes más tranquilo, los voceros del Gobierno Nacional -titulares de muy diversas carteras ministeriales- salieron a los medios de comunicación a auto-felicitarse.  El número de detenidos civiles ya sumaban más de trescientos veinte en aquel momento. De los trescientos cortes de vías se había bajado a cincuenta, de igual manera el número de movilizaciones en diferentes localidades del país también había bajado… el paro indígena y las movilizaciones urbanas en diferentes partes del país aparentemente estaban en retroceso. “Se impone paulatinamente la normalidad”, llegó a aseverar en su ignorancia María Paula Romo, ministra del Interior. Sin embargo, la versión indígena era radicalmente distinta. Según Jaime Vargas, presidente de la CONAIE, “la represión de la fuerza pública permitió la movimiento fortalecerse y coordinar con sus bases y otras organizaciones sociales en cada provincia para poder desplazarnos hacia la capital”.

Apenas un par de horas más tarde comenzaban los mensajes de alerta en la capital. La Policía Nacional y el servicio de inteligencia del Estado detectaban fuerte movimiento en carreteras desde las provincias indígenas de la Sierra Central hacía Quito. La reacción no pudo ser más desafortunada, el ministro de Defensa, un general del Ejército en servicio pasivo que responde al nombre del Oswaldo Jarrín amenazó directamente a los movilizados: “Que no se provoque a la fuerza pública, no la desafíen o sabremos responder…”. Estas declaraciones encendieron aún más los ánimos de los movilizados.

Durante todo el día de ayer llegaron diversos contingentes de indígenas a la capital ecuatoriana y de forma sorpresiva también a Guayaquil, segunda ciudad en importancia del país. En diversos barrios populares de la periferia quiteña los indígenas fueron recibidos con actos de solidaridad por los pobladores locales, pese a una fuerte campaña de desprestigio y racismo posicionada por influencers de perfil ideológico conservador en las redes sociales. Con los acceso de entrada a las ciudades altamente custodiadas por las fuerzas de orden público -militares y cuerpos de élite de la policía nacional- los enfrentamientos se sucedieron por doquier. Más manifestantes detenidos, más violencia en medio de llamados poco creíbles llamados al diálogo e incluso algún que otra tanqueta policial incendiada durante las reyertas. 

Distintas puntos geográficos de la capital ecuatoriana se convirtieron en focos de conflicto entre movilizados y fuerzas del orden público. El presidente Moreno anunció una cadena televisiva gubernamental que fue tres veces aplazada y los periodistas destinados a cubrirla desalojados por los militares del palacio presidencial de Carondelet. 

Las movilizaciones populares, tanto en Quito como en Guayaquil, se combinaron con actos de vandalismo protagonizados por grupos organizados que aprovechaban la protesta para sus fines delictivos. De igual manera, militantes políticos que responden a la tendencia correista se infiltraron en las movilizaciones protagonizando asaltos de edificios públicos -Asamblea Nacional y Contraloría General del Estado- que fueron censurados por la CONAIE y otras organizaciones sociales convocantes de la marcha. En otras provincias, los movilizados ocuparon instituciones públicas tales como la Gobernación o el Consejo de la Judicatura en la provincia de Bolívar. Las movilizaciones fueron permanentes en las provincias amazónicas y en la Sierra Central, todas ellas con fuerte ascendencia indígena.

A las 21:00 horas del día de ayer por fin de dió la tan esperada cadena nacional. Moreno, custodiado por su vicepresidente a la derecha y su ministra de Defensa a la izquierda, junto a los jefes de los diferentes cuerpos militares atrás, manifestaba -con cierto nerviosismo- que el pueblo ecuatoriano esta asistiendo a un intento de golpe de Estado con asideros en un complot internacional. «El sátrapa de Maduro ha activado junto con Correa su plan de desestabilización”, aseveró el mandatario ecuatoriano, insistiendo en que las medidas tomadas “no tienen marcha atrás” y que “los saqueos, el vandalismo y la violencia demuestran que aquí hay una intención política organizada para desestabilizar el Gobierno y romper el orden constituido, romper el orden democrático”.

Para sorpresa de los ecuatorianos la cadena nacional se emitió desde la ciudad de Guayaquil, lo que implica que el Gobierno Nacional abandonó el Palacio de Carondelet en la capital quiteña para, recordando lo que hizo De Gaulle en mayo de 1968, instalarse en otra ciudad. 

La estrategia política y comunicacional del Gobierno de Lenín Moreno no pudo ser más desacertada. Nuevamente una escenografía de fuerza, el Presidente de la República rodeado de militares, que realmente emitía comunicacionalmente toda su debilidad -un Gobierno sin base social que tiene un credibilidad inferior al 16%-; en paralelo un confuso llamado al diálogo en medio de soflamas sobre que bajo ningún concepto se revisará el Decreto 883; por último una alerta sobre una supuesta trama internacional desestabilizadora tan poco creíble como las anteriormente posicionadas por Rafael Correa ante cada levantamiento indígena o paro obrero.

La noche quiteña fue larga, el vandalismo se apoderó de algunas zonas de la ciudad mientras manifestantes indígenas y estudiantes universitarios portaban carteles y pancartas cuya consigna era “Ni Correa ni Moreno”, buscando desmarcarse de la pretendida capitalización política correista de las movilizaciones.

Con la situación al límite, los movilizados se repartieron para pasar en la noche en tiendas de campaña situadas en parques públicos, en coliseos universitarios y locales de organizaciones sociales.

Sectores sociales ciudadanos solidarios con los movilizados suministraron en la noche alimentos y mantas a los recién llegados, estudiantes universitarios de enfermería atienden a los heridos y el periodismo alternativo trata de hacer coberturas coherentes sobre el qué y el porqué de lo que demandan los movilizados. En paralelo, otros sectores de ciudadanos capitalinos expresan su miedo ante la algarabía y convocan para hoy una movilización de rechazo a las movilizaciones, supuestamente para defender Quito. Mensajes xenófobos corren por las redes sociales y líderes conservadores llaman a movilizarse supuestamente contra el correísmo, intentando a su vez desmarcarse oportunistamente del Moreno, pero claramente antagónicos a lo que consideran una invasión de su ciudad por parte de “indios ignorantes”. 

Así amaneció el día hoy un país donde en estos momentos todo puede pasar… al cierre de la redacción de esta crónica, los movilizados comienzan a agruparse en zonas aledañas al centro de la ciudad Quito mientras van recibiendo nuevos contingentes de compañeros que van llegando en el transcurso del día de hoy a la capital.

Hoy posiblemente las movilizaciones serán calientes, mañana está convocada huelga general…

El fracaso del psicoanálisis. Hipótesis para un manifiesto

Lila María Feldman // Cátedra Felix Guattari + Psicoanálisis y Marxismo. ¿Fracaso del psicoanálisis?

Marie Langer, psicoanalista pionera del psicoanálisis en la Argentina, decía: “Freud y Marx han descubierto por igual, detrás de una realidad aparente, las fuerzas verdaderas que nos gobiernan: Freud, el inconsciente; Marx la lucha de clases”. Puede el psicoanálisis resolver lo segundo? Debe hacerlo, es su propósito? Si no lo hace, entonces postulamos que fracasa? Está en crisis? Sería posible pedirle al Marxismo que se ocupe del inconsciente? En todo caso, el psicoanálisis puede y debe interrogarse por su ética y su política, en su praxis, en su teoría y en sus instituciones, en su época, en cada época (hoy en particular, en estos tiempos de primacía neoliberal, pero también de avances y luchas feministas y antipatriarcales).

En el marco de debates y luchas políticas al interior, primero, y en contra después, de la más vieja, monopólica y conservadora institución psicoanalítica (la APA), que concentraba todo el poder regulando opresivamente el ejercicio profesional, (años 60-70) se dieron los desarrollos que cruzaban psicoanálisis y marxismo, así mismo enfrentando al poder y la práctica manicomnial.

Centralmente era una crítica al Poder, privilegiando en la profesión no la búsqueda de prestigio, status y logros económicos, sino desde el compromiso con la realidad social. Pensar a los psicoanalistas además, antes que nada, como trabajadores del campo de la salud mental.

Luego, es infaltable la referencia a León Rozitchner, también citado en el Manifiesto. León, releyendo “El malestar en la cultura” junto con la lectura de Marx, plantea que el capitalismo produce la negación de la propia agresión, que se vuelve contra uno mismo, en beneficio del sistema. Incluso propuso pensar al sentimiento de culpa, su génesis y su funcionalidad, como método de dominación social más potente. Señalaba que tanto a Freud como a Marx les interesaba poner de relieve la presencia de la cultura, en su dimensión histórica, en el seno del propio sujeto.

Langer, Rozitchner, como tantísimxs otrxs en la Argentina, en distintos momentos y circunstancias, se han ocupado de pensar sus puntos de encuentro, los debates y preocupaciones que acercaron Psicoanálisis y Marxismo. Este artículo se inscribe en esa historia, y coincidimos con los autores de este Manifiesto en señalar los efectos de silenciamiento y sepultamiento de tantos desarrollos del campo psicoanalítico como efectos de la última dictadura cívico- militar.

Somos muchxs lxs psicoanalistas que nos venimos ocupando del vínculo psicoanálisis y política, incluso de la política del psicoanálisis, y que sostenemos, y en este medio lo venimos haciendo, que el psicoanálisis es, también, una política.

Eso no necesariamente coincide, muchos pensamos que no, con proponer una “clínica o práctica militante”. Una clínica libertaria, que interrogue los vínculos del sujeto con determinadas servidumbres y vasallajes (internos y externos, el capital es uno de ellos) no es sinónimo de militar en la clínica. Nuestra posición no es la neutralidad pero sí lo es la abstinencia.

Por último, pensamos que el psicoanálisis se opone (en su mejor versión) a alienación, sumisión y opresión (en ese sentido se opone al mando neoliberal). En sus orígenes, el psicoanálisis fue una práctica que subvirtió un orden dado, se enfrentó a la doble moral burguesa, a los modos de concebir salud-enfermedad, fue un nuevo modo de pensar y tratar el padecimiento psíquico. El psicoanálisis, como toda praxis y campo de conocimiento, es un producto histórico social, y como tal se va recreando en el tiempo, con sus luchas, problemas, conflictos, etc. Pero por fuera de una idea de perfeccionamiento, adaptación y “progreso”.

No acordamos en plantear al psicoanálisis, los psicoanálisis habría que decir, desde un esencialismo, respecto de lo que “es” o lo que “debería ser” en términos absolutos. Ni atribuir su denominada “condición burguesa” a una particular orientación teórica. Desde cualquiera de sus orientaciones teóricas puede quedar subsumido a algún poder, o propuesta de dominación, dentro y fuera del propio campo psicoanalítico.
Muchxs pensamos que el psicoanálisis, hoy, sigue siendo resistencia y revuelta, frente a los poderes establecidos.¿Fracasó, entonces, el psicoanálisis? ¿Está en crisis? Este texto realizado por la Cátedra Abierta Félix Guattari de la Universidad de los trabajadores, así lo plantea.

El fracaso del psicoanálisis. Hipótesis para un manifiesto

Cátedra Abierta Félix Guattari de la Universidad de los Trabajadores

“El psicoanálisis hoy parece estar condenado a empezar por el final. Se trata en esencia de transmitir una teoría; en el mejor de los casos de formalizar una teoría sobre cuyos fundamentos y alcances ya nadie se pregunta. No es necesario, puesto que si ella existe en la cabeza de nuestros “gigantes del sillón”, es porque el Poder fundamentará al Saber. Yo no hago metáforas: hasta tal punto creo que lo reprimido es Marx, que entiendo que solo es posible leer algunos libros escritos por psicoanalistas mirándolos del revés” Oscar Masotta en Leer a Freud.[i]

1.

No hay múltiples intereses del psicoanálisis. En la medida en que aún no hay ni siquiera uno de orientación marxista en el poder, tanto solo hay y no podría sino haber Un psicoanálisis: el de orientación burguesa. Un único interés del psicoanálisis: el de la clase de los capitalistas en tanto personificación del capital.

2.

Lucha de clases, también en la praxis psicoanalítica. O el psicoanálisis como un campo de batallas. “Sacarle el psicoanálisis a la burguesía” (objetivo político-táctico) se presenta como momento inescindible del proyecto de una reconstrucción intergeneracional de la teoría crítica de la sociedad capitalista (objetivo teórico-estratégico). La revolución socialista (objetivo político-estratégico) exige la elaboración de un psicoanálisis marxista (objetivo teórico-táctico) como momento de la reconstitución de la crítica radical de todo lo existente. Frente a la burguesía psicoanalítica, el interés antagónico de una orientación marxista del psicoanálisis no podría ser otro que el de la clase proletaria. En virtud de la “transformación subjetiva” que se impone como momento necesario de la “transformación objetiva” implicada en la revolución socialista, su elaboración se presenta como tarea urgente. Los tres problemas de grupos delimitados por Gilles Deleuze respecto a los desarrollos de Félix Guattari en Psicoanálisis y transversalidad conservan plena vigencia: “¿De qué forma introducir la lucha de clases en la práctica y la teórica psicoanalíticas, una vez que se ha asegurado que, de cualquier modo, el capital está en el inconsciente mismo?; 2) ¿Conviene introducir, y cómo, el psicoanálisis en los grupos militantes revolucionarios?; 3) ¿ Cómo concebir y formar grupos terapéuticos específicos, cuya influencia se extienda a los grupos políticos, y también a las estructuras psiquiátricas y psicoanalíticas?” (énfasis añadido por intervención textual).

3.

La orientación lacaniana del psicoanálisis (en sus diferentes tendencias públicas) es la forma concreta que asume, en las actuales condiciones históricas del capitalismo argentino, la orientación burguesa del psicoanálisis.

4.

La necesidad histórica del lacanismo como tendencia hegemónica del psicoanálisis burgués en la Argentina, no se explica sin la eficacia genocida de la última dictadura cívico-militar.

5.

La caracterización burguesa del psicoanálisis hegemónico no refiere a una denuncia moral, una descripción sociológica, o sólo una delimitación ideológica. Responde, en lo fundamental, a un problema teórico y político. En términos decididamente teóricos, la orientación burguesa del psicoanálisis encuentra condición histórica necesaria en el fetichismo que caracteriza la conciencia enajenada. De allí la forclusión teórico-política de la “dialéctica de la modernidad” y la “inversión originaria” que la misma involucra. Se define entonces como una orientación producida a partir de la imposibilidad de introducir en su esquema que lo fundado en la moderna sociedad burguesa, es decir el capital, deviene fundamento de las prácticas sociales que asimismo lo producen, al auto-ponerse en inmanencia a las mismas como sujeto tendencialmente totalista del metabolismo social. En la escotomización de una tal inversión que hace al devenir social capitalista, estriba, por ejemplo: la necesidad teórica de postular un irreductible transhistórico desde el cual inscribir los resortes teóricos de la terapéutica. En lugar de delimitar y establecer un tal irreductible (pretender apoyar el resorte de la terapéutica en algo que no hay), un psicoanálisis marxista no podría sino orientarse en función de realizar la negación determinada de las mismas condiciones históricas involucradas en la producción de la experiencia del sufrimiento. En inmanencia a las condiciones objetivas que determinan la dominación, anidan las posibilidades de la emancipación. En inmanencia a las determinaciones objetivas que producen un sufrimiento determinado anidan las posibilidades materiales de su transformación (el sufrimiento no es “beneficio secundario” de alguien que goza, pues algo -la lógica del capital- goza en el síntoma; el sufrimiento es objetividad contradictoria del capital que se elabora conflictivamente en las personas).

6.

Psicoanálisis de orientación burguesa: manifestación teórica y/o práctica que se pretenda deudora del descubrimiento freudiano, y asimismo se sirva de la absolutización fetichizante de cualesquiera porción de la materialidad social, la cual, en tanto que objetivamente determinada por la relación social capitalista, es y no podría sino ser históricamente específica; o en su defecto, realizarse bajo la dominancia de la auto-valorización del valor (por caso, las temporalidades simbólico-imaginarias de larga duración propias del patriarcado, el monoteísmo y el lenguaje re-funcionalizadas conforme a las necesidades reales de la acumulación de capital). Aquella comporta una orientación signada por la extrapolación regresiva-prospectiva del logos del Capital (D-M-D´) en tanto que invariante transhistórica, concomitante a la inversión en el orden de las determinaciones históricas (lo que está antes, se confunde como necesariamente más determinante que lo que está después; confusión de la génesis histórica de las categorías con su dominancia lógica en la moderna sociedad de la mercancía).

7.

El revés del psicoanálisis…burgués.

Hay psicoanálisis de orientación burguesa porque hubo fetichización capitalogocéntrica. Es decir, compulsión involuntaria a invertir el orden de determinaciones históricas y, con ello, absolutizar las categorías transitorias, suprimibles y superables del capitalismo.

(Retomando la delimitación que introduce Omar Acha en Encrucijadas de psicoanálisis y marxismo sobre el problema de la abstracción social, intelectual y simbólica, señalamos que: a) toda abstracción intelectual con pretensiones de transhistoricidad encuentra sus condiciones de realización en la “hipóstasis y/o escencialización absolutizada” de una determinada abstracción social del mundo burgués; c) toda abstracción intelectual con pretensiones de singularidad irreductible encuentra sus condiciones de realización en la “particularización absolutizada” de una determinada abstracción social de la modernidad. Las abstracciones sociales son las formas límites de dominación de las relaciones sociales inherentes a las categorías reales del capital: mercancía, trabajo abstracto, valor, etc.; fetichizarlas conduce a absolutizar la dominación capitalista).

Sin ánimos de exhaustividad, entre las múltiples fetichizaciones capitalogocéntricas en las que incurre el psicoanálisis de orientación burguesa, en orden a su pregnancia en nuestros contemporáneos y a los obstáculos que introducen para la construcción de una orientación marxista del mismo, destacamos solamente las siguientes:

1) Fetichización lenguajera (o denegación formalista). Esto es, la absolutización fetichista de la experiencia objetiva del lenguaje históricamente específica de la modernidad capitalista, postulada como determinada por la estructura transhistórica a priori y universal del lenguaje. Puesta entonces como condición de la experiencia y, en última instancia, fundamento omnicomprensivo de la experiencia humana toda (particularidad disciplinaria que hace al punto de vista de la lingüística, o si se prefiere, de la teoría del significante, que se presenta como teoría de la totalidad). Para un psicoanálisis marxista, no hay inconsciente psicoanalítico porque hay barradura entre S1 y S2 en tanto invariante transhistórico de la estructura del lenguaje. Hay una tal barradura, siguiendo a Foucault: escisión entre las palabras y las cosas, porque hay capitalismo; porque hay forma-mercancía universalizada como sujeto fractal de lo social. En ese sentido, hay lo inconsciente freudiano (orden impersonal de determinaciones objetivas que opera, comandando las vidas, de espalda a la voluntad concreta de los particulares que asimismo lo re-producen) porque hay capitalismo.

2) Fetichización individualista (o denegación punitivista). Esto es, la absolutización fetichista de la premisa vivida correlativa a la objetividad del sistema de distancias que involucra la individualidad capitalista (absoluto-relativo): el hecho de no poder sino experimentar-ser sujetos de la acción/pasión, en el mismo tiempo y espacio, que somos objetos y agentes de la auto-valorización del valor. Lo cual conlleva el ejercicio de hipostasiar la grieta “constitutiva e irreductible” del “individuo” y lo “social”, en tanto que realidad transhistórica (absoluto-absoluto), redundando en una fetichización de las distancias constitutivas del individuo burgués (objeto/sujeto; verdad/saber, etc.) y entre este y lo “social” (subjetivo/objetivo). Para un psicoanálisis de orientación marxista, en cambio: a) hay grieta constitutiva del “sujeto” en tanto que hay capitalismo. Hay sujeto dividido entre la imposibilidad de no poder dejar de experimentarnos como sujeto de la acción/pasión y ser asimismo objeto-agente del capital; esto encuentra condición en que la mutación del nexo social en la modernidad, es decir el retroceso de la matriz de relaciones tradicionales signadas por formas de dependencia personal, es correlativo al nacimiento de lo inconsciente capitalista y de la conciencia libre enajenada al capital como peculiaridad del productor independiente de mercancías asimismo dependiente del lazo anónimo de la relación social capitalista; b) en rigor, para un psicoanálisis marxistamente orientado, siempre hay un Sujeto: el Capital (el valor-que-se-valoriza es el sujeto de lo inconsciente en la sociedad moderna.) Y personas, las cuales personalmente personifican dramáticamente una determinada mercancía y clase social (en lo que hace al dispositivo, personas, al menos dos: un analista y un analizante; clases sociales personalmente personificadas, siempre dos: burguesía y proletariado)[ii]; c) el psicoanálisis orientado en la senda inaugurada por la crítica de la economía política de Marx no podría sino asumir en términos ético-políticos el siguiente dictum: “Mi punto de vista (…) menos que ningún otro podría responsabilizar al individuo por relaciones de las cuales él sigue siendo socialmente una criatura” (Marx, 1867: 8). En ese sentido, en tanto que marxistamente orientado, no podría sino poner en cuestión la concepción burguesa de la responsabilidad como resorte terapéutico. Quién dice sufrir, no goza. Sufre. No hay beneficio secundario de la persona en el sufrir. Un psicoanálisis marxista no responsabiliza al individuo como sujeto de la acción/padecer (concepción burguesa de la responsabilidad). Dado que tal cosa le resulta realmente imposible (límite material históricamente específico). Tampoco prescinde de la responsabilidad como resorte. Interviene, en cambio, en inmanencia a su consideración burguesa, para confrontar contra la “infértil unilateralización del pensamiento” que involucra (del o la analista) y la “sobre-culpabilización” del que sufre a la que conlleva (del lado analista hacia el/la analizante). En la moderna sociedad burguesa, para las personas es realmente imposible responsabilizarse unilateralmente como sujeto. Y esto, en la medida en que la individualidad capitalista es una relación social contradictoria, la cual se funda en el no poder sino experimentar ser sujeto de la acción/pasión, en la misma porción de la materialidad social, en que se es objeto-agente de auto-valorización del valor. Tan solo de esa contradicción que se debate conflictivamente en nosotros, en las actuales condiciones de producción y reproducción social, es que podemos realmente responsabilizarnos. Solo de Eso somos y no podemos sino ser garantes. (Responsabilizar unilateralmente como  “sujeto”: psicoanálisis en tanto engranaje del terror represivo del Estado burgués; responsabilizar unilateralmente como objeto-agente: psicoanálisis como representante del cínico-drama capitalista).

8.

Freud sobre todo, pero Lacan también a su manera… ambos hacen culto de la fetichización capitalogocéntrica. 

9.

Estamos y no dejaremos de estar en la función psicoanalítica de la reproducción social de la moderna sociedad; en el campo de lo orientado burguesamente sin mediación crítica alguna, y en última instancia, “haciendo sistema con el sistema productor de enfermedad” (Rozitchner) en tanto que, en nombre del psicoanálisis (y no sólo, puesto que también podría hacerse lo propio en nombre del marxismo), se redunde en el ejercicio de hipostasiar una realidad relativa a la sociedad burguesa (absoluto-relativa) en tanto que realidad individualizada (“singular irreductible”) o transhistórica (absoluto-absoluto).

10.

Escribe Marie Langer en Cuestionamos: “Cuestionamos las omisiones que comete el pensamiento psicoanalítico corriente. Escotomiza el modo en que la estructura de nuestra sociedad capitalista entra, a través de la familia, como cómplice en la causación de las neurosis, y en que se introduce, a través de nuestra pertenencia de clase en nuestra práctica clínica, invade nuestro encuadre y distorsiona nuestros criterios de curación.  (…) cuestionamos al Freud ideólogo que toma la sociedad como dada y al hombre como fundamentalmente incambiable. Cuestionamos, además, la institucionalización actual del psicoanálisis y su pacto con la clase dominante (…) Cuestionamos el aislamiento de las instituciones psicoanalíticas, sus estructuras verticales de poder y el liberalismo aparente de su ideología”.

11.

Un psicoanálisis marxista prescinde deliberadamente de postular y/o adscribir a todo horizonte político-normativo de neutralidad. No por resultarle una ascesis harto difícil, o por una especie de politicismo deudor de un inclaudicable compromiso militante, sino, lisa y llanamente, por resultarle realmente imposible en condiciones de producción capitalista. Entiéndase, nuestra problematización en torno al fracaso del psicoanálisis en el siglo XXI, al tiempo que categorial, no esconde asimismo un posicionamiento teórico-político comunista asumido; y consecuentemente, no escatima de explicitar razones eminentemente políticas. A saber: establecer una confrontación frontal con el psicoanálisis de orientación burguesa en todos sus planos de existencia, sin miramientos ni distinción de fondo respecto a sus tendencias internas (freudianxs de Freud y lacanianxs de Lacan: neoliberales, o, en el mejor de los casos, progresistas; freudianos y lacanianos de Perón: populismo psíquico). Y esto en virtud de la urgente tarea de “sacarle el psicoanálisis a la clase burguesa en general”.

12.

Comprender para combatir…

En el marco de la hegemonía lacaniana post-dictatorial que determina la actualidad burguesa del psicoanálisis en la Argentina, problematizar el fracaso del psicoanálisis presupone cierto rodeo a los efectos de concertar una puesta en consideración crítica respecto a la univocidad que suscita el término “psicoanálisis” entre nosotrxs. Entiéndase, no podemos referirnos a dicho fracaso sin antes delimitar, al menos someramente, que entendemos por psicoanálisis. A tales fines, nos servimos de una distinción analítica sui generis elaborada para la ocasión (precaria, rudimentaria, pero que nos servirá provisoriamente) a los efectos de dar cuenta de la realidad que involucra en el siglo XXI eso que habitualmente denominamos “El PSICOANÁLISIS” (orden de realidad habitualmente escotomizado en su complejidad histórica, y reducido a los estrechos márgenes de tan solo uno de sus planos de existencia: “La Clínica”, como destino que le asigna el psicoanálisis de orientación lacaniana). “El Psicoanálisis”, el único hegemónico por el momento, el orientado burguesamente, no es como puede leerse en boca de encumbrados psicoanalistas (incluso en el mejor de los orientados de manera burguesa): “una bolsa de gatos”. ¿Qué es “El Psicoanálisis”?, es en cierto sentido la pregunta en cuestión. En virtud de su escrutinio crítico, y de esbozar algún tipo de respuesta, conviene entonces comenzar por destacar tres planos de existencia, cada uno de los cuales involucra una determinada práctica y relación social, un micro-mundo de agentes, una ubicación geo-política y un criterio de auto-reflexividad específico (validación/legitimación). Si una tal distinción analítica contribuye a producir la necesidad de re-preguntar, ¿en qué sentido?, cuando se enuncie “El Psicoanálisis”: ya habrá sabido brindarnos su aporte. A continuación entonces los planos de existencia de psicoanálisis burguesamente orientado. A saber:

1) Psicoanálisis en tanto Movimiento político-institucional (“La Causa freudiana”, “La Internacional”, o la “Multinacional del psicoanálisis”): a) práctica paradigmática: acción político-frentista (o si se prefiere: rosca, lobby y presión corporativa en defensa de los intereses del Psicoanálisis); b) micro-mundo de agentes: políticxs del psicoanálisis; c) ubicación geo-política: centros neurálgicos de la producción de saber (Francia) con filiales instaladas en los países de la periferia que responden a las ordenanzas de la casa matriz; d) criterios de auto-reflexividad: a nivel del enunciado, defensa de la singularidad y del sujeto ante el aplastamiento que ejerce el discurso capitalista (eso es lo que dicen, ¿pero qué se dice en lo dicho?); e) a nivel de la enunciación: intereses corporativos frente al avance global de la industria farmacéutica y las terapéuticas con las que ésta establece alianza de manera deliberada; perpetuación de la relación neo-colonial con sus filiales de la periferia y concomitantemente con lxs consumidorxs de sus productos (lxs practicantes). Es decir, garantizar la circulación del flujo de capitales en el sentido periferia-centro y la sumisión en términos de saber-poder en la misma orientación.

Otras observaciones: a) las diferencias entre instituciones no es obstáculo para la conformación de alianzas por la Causa Freudiana en defensa de los intereses corporativos; b) las diferencias entre las instituciones no responden a diferencias estrictamente teóricas (daremos cuenta de eso a continuación); c) la dirigencia política establece como política para sus filiales en los países periférico avanzar sin cuartel en la toma de todos y cada uno de los lugares de poder-saber que sea posible (por caso, Universidades del Sistema Público de Educación; Hospitales del Sistema Público de Salud).

2) Psicoanálisis en tanto corpus teórico de la praxis: a) práctica paradigmática: práctica teórica; b) micro-mundo de agentes: teóricos del psicoanálisis; c) ubicación geo-política: Francia (con excepciones); d) criterios de auto-reflexividad: problemas de legitimación estrictamente teóricos suscitados por sectores de la intelectualidad crítica (por caso, crítica de la teoría feminista y la teoría queer, respecto al carácter evidentemente patriarcal y heterocisnormativo del corpus teórico psicoanalítico; crítica de Deleuze y Guattari en El Anti-Edipo); problemas de legitimación suscitados por determinadas coyunturas sociales y políticas (por caso, Mayo del 68); problemas de legitimación de la teoría suscitados por cambios en las preferencias de sus consumidorxs, es decir de lxs practicantes (por caso, dado que Argentina resulta una filial cardinal para las finanzas de la Multi-nacional psicoanalítica, el cambio de signo político, y la persistencia de la episteme progresista-populista entre lxs practicantes, conlleva asimismo una concesión por parte de la dirección-política. La relativamente reciente polémica Aleman-Miller en torno a la “peronización” de la filial Argentina patentiza con claridad el punto aludido); e) por último, respecto a los criterios de auto-reflexividad, cabe destacar la política editorial del movimiento relativa a lxs teóricos de El Psicoanálisis emprendida en virtud de la auto-financiación científica (oda a la propiedad privada de los medios de producción, circulación, distribución y consumo sin mediación crítica alguna).

Otras observaciones: a) cuando decimos psicoanálisis en tanto corpus teórico de la praxis, nos referimos a desarrollos teóricos que necesariamente y de manera coherente articulen la elaboración de fundamentos estrictamente teóricos (¿qué?) y cuestiones relativas al dispositivo y al método (¿cómo?); b) cuando nos referimos al micro-mundo de lxs teóricos del Psicoanálisis geo-políticamente ubicados en Francia, queremos poner de relieve que lxs prácticamente de la periferia (de los países del centro tampoco) no hacen teoría en sentido estricto. Más bien, consumen el producto teórico (y en tal caso, “acomodan”, “retocan”, “aplican”), los esquemas de inteligibilidad elaborados por lxs teóricos (volveremos sobre esto a continuación); c) ponemos el foco en lxs practicantes de la periferia (nos referimos de hecho al campo psi argentino) puesto que a nivel global el psicoanálisis en tanto práctica clínica no porta un peso significativo, sino que solo importa en virtud de los fundamentos teóricos que podría aportar. Por caso, en eso estriban los usos que del psicoanálisis hace generalmente el marxismo teórico cuando lo extiende a su campo de problemas. Busca elementos de utilidad en los fundamentos estrictamente teóricos del psicoanálisis, haciendo a un lado, sin interesarle, los desarrollos en torno al dispositivo y las cuestiones de método[iii]; d) así como cuando decimos “periferia” incurrimos en cierto desatino, puesto que nos referimos en gran medida al mundo de lxs practicantes del psicoanálisis en la Argentina, también al decir lxs teóricos “en plural” incurrimos en cierta forma en lo mismo. Luego de la muerte de Lacan, el plural se justifica sólo para hacer mención a dos teóricos: Jean Laplanche, en lo que hace a los desarrollos del denominado “psicoanálisis postlacaniano”, y Jaques Alain Miller, albacea de la Obra de Jaques Lacan, en lo que hace al psicoanálisis de orientación lacaniana. Sobre ésta segunda orientación, cabe destacar que lxs directores y directrices teóricos/as (cuando no también políticos/as) de las instituciones francesas que no participan de la Asociación Mundial del Psicoanálisis, en lo fundamental, tributan en términos teóricos al esquema establecido por Miller. Por caso, Colette Soler y Jean Allouch. No amerita mención el lugar de las direcciones teóricas (cuando no, también políticas) de las filiales de la periferia, ni de lxs psicoanalistas que ocupan lugares de poder en las Universidades locales. Es evidente que éstxs en sentido estricto no elaboran teoría, sino que inscriben su práctica teórica al mundo de la aplicación, los ajustes de adecuación y a producir literatura de divulgación[iv]. Para que se entienda el punto, algunas preguntas a modo de corolario: Lxs Profesorexs del Psicoanálisis (esxs que Masotta denominaba los “gigantes del sillón”): ¿Qué teoría del deseo de propia cosecha sostienen? ¿Postulan acaso una teoría de lo inconsciente significativamente diferencial a la postulada por Jacques Lacan y/o Sigmund Freud? ¿Elucubran y se orientan en función de otra categoría de lo real? ¿Sostienen la necesidad de otra orientación y la desarrollan consecuentemente? ¿Plantean acaso una teoría del signo en psicoanálisis? Es menester poner de relieve que la práctica académica, ser un profesional de aquello, no necesariamente involucra hacer teoría en sentido estricto. Escribir papers, por ejemplo, no es hacer teoría (en otras disciplinas científicas, por caso, la física teórica y la matemática, esa aclaración es una verdad de Perogrullo. En el psicoanálisis, no. Porta incluso aires de subversión. La medicina incluso es menos oscurantista a este respecto).

3) Psicoanálisis en tanto práctica clínico-terapéutica  (“La Clínica”): a) práctica paradigmática: práctica clínico-terapéutica de orientación psicoanalítica; b) micro-mundo de agentes: lxs practicantes del psicoanálisis; c) ubicación geo-política: en términos significativos, en algunos países de la periferia, en centros urbanos de la Argentina por caso; no teniendo relevancia cuantitativa en términos globales; d) criterios de auto-reflexividad: eficacia terapéutica/exigencias jurídico normativas; e) coyunturas políticas locales/internacionales que insten una adecuación y/o aggiornamiento a nivel del enunciado (acomodación a lo políticamente correcto).

Otras observaciones: a) cuando decimos practicantes en tanto que agente del micro-mundo, nos referimos a quienes ejercen, aplican, adecuan y/o divulgan los esquemas de inteligibilidad (mercancía) producidos por lxs teóricos del psicoanálisis (en el caso de la orientación lacaniana, el establecido por Jaques Alain Miller); b) es conveniente distinguir la reflexión teorética a partir de la experiencia “clínica”, es decir en torno a lo que se hace en la clínica, o la divulgación de conceptos del psicoanálisis (lo que bien pueden realizar lxs practicantes), con la elaboración decididamente categorial de los fundamentos teóricos que se presentan como condición, esto es: que fundan el campo de lo experimentable en la experiencia, es decir el conjunto de los fenómenos pasible de hacerse presente y los que será imposible que así lo hagan, como así también el cómo del abordaje de los mismos, al igual que la orientación-dirección de la intervención. Esto segundo no es lo que hacen lxs practicantes, sino lxs teóricos. O en el caso de la orientación lacaniana, el teórico; c) es menester destacar la red de saber-poder en la que se inscriben necesariamente lxs practicantes del psicoanálisis en tanto que tales. Tomemos como referencia para esto el denominado “campo psi” en las grandes urbanizaciones en Argentina, haciendo foco nada más en los efectos de la hegemonía lacaniana a nivel de la formación académica formalmente establecida. A saber: magra posibilidad de conocer la historia conceptual de la disciplina, como tampoco los avatares político-coyunturales globales y locales que determinan la configuración actual de la misma; magra posibilidad de disponer de elementos para escrutar críticamente los fundamentos estrictamente teóricos de la propia praxis; magra posibilidad de vender la fuerza de trabajo en tanto que proletario de la psicología sin subsumirse a los imperativos de la Internacional psicoanalítica, es decir: la no adaptación conlleva riesgos de ver mermadas las posibilidades de hacerse de relación social; magra posibilidad de formarse como practicante sin subsumirse en la maquinaria formativa-recaudadora de la multinacional psicoanalítica, incluso, desde el acceso más elemental a su producción bibliográfica; magra posibilidad de vender la fuerza de trabajo en tanto que proletario de la investigación (divulgación de la doctrina) en las Universidades del Sistema Público de Educación, sin subsumirse a la línea teórica que baja la internacional a través de “los gigantes del Sillón” (cuadros medios) a los que se refería Masotta; en todo, imposibilidad de no orientarse sino burguesamente en el ejercicio de la praxis psicoanalítica (aplicación, adecuación y/o divulgación de la doctrina establecida por Jaques Alain Miller), a riesgo de estar imposibilitado para ejercerla.

13.

Fracaso del psicoanálisis… burgués.

Establecimos un mínimo de distinción analítica respecto al orden complejo de realidad que, desde una orientación marxista, se introduce a contrapelo de la univocidad fetichistaque suele suscitar el término “psicoanálisis” (objetivo: -“psicoanálisis…” –“un momento: ¿en qué sentido?, ¿respecto a cuál de sus planos de existencia?”). Hecho eso, podemos adentrarnos ahora en la problematización que nos convoca: el fracaso del psicoanálisis. Hemos dicho que nos interesa problematizar un tal fracaso como momento de una confrontación abierta con el psicoanálisis de orientación burguesa en todos sus planos de existencia. Elegimos ese y no otro momento, en virtud de presentársenos como una posibilidad de intervenir en la disputa del sentido y concomitantemente de las respuestas que, el psicoanálisis, por el momento el único que hay (en sentido dominante), el de orientación burguesa, elabora ante la crisis que lo atraviesa. Hay una relación consustancial entre lo que diagnosticamos como fracaso del psicoanálisis y su crisis (la pregunta en torno a la crisis del psicoanálisis ha sido percibida incluso por la “progresía psi”, siendo objeto de múltiples publicaciones, debates y encuentros de reflexión en el medio tanto local como internacional).

¿Qué entendemos por “crisis del psicoanálisis? Apoyándonos en uno de los insumos críticos que delimita Santiago Roggerone en ¿Alguien dijo crisis del marxismo? (2018) al momento de abordar el problema de las crisis del marxismo: problema-imposibilidad-exigencia de renovación-imposibilidad-crisis, sostenemos que el psicoanálisis atraviesa una crisis objetiva, históricamente determinada por la fase actual del capital, en tanto que la misma le presenta un conjunto de problemas relativos a la producción histórica del sufrimiento (social) y de naturaleza estrictamente corporativa (política) que exige como condición sine qua non para la resolución de los mismos una renovación que alcance la totalidad de sus planos de existencia; viéndose asimismo impedido de realizar una tal reformulación radical. La crisis del psicoanálisis es resultante del encuentro conflictivo entre tal exigencia de renovación radical y la imposibilidad objetiva de realizarla. A modo de corolario, es decir en virtud de poder explanar la efectuación de la crisis, nos remitimos a uno de los planos de existencia establecidos anteriormente: el psicoanálisis en tanto que práctica clínico-terapéutica (“La Clínica”), cerniéndonos a su realidad en el denominado “campo psi porteño”. ¿Cómo sería posible captar una tal crisis del psicoanálisis en el plano de “La Clínica”? A saber:

1) Problema: a) particularidad del sufrimiento objetivamente determinado por la fase actual del capital; b) aceleración y expansión de la dinámica semoviente de la auto-valorización del valor que incrementa la posibilidad de experimentar sufrimiento por parte de los actores particulares y agentes colectivos;

2) Imposibilidad: en lo que respecta al psicoanálisis de orientación burguesa, imposibilidad para hacer frente y asistir al sufrimiento objetivamente determinado que le presenta la fase actual del capital.

  1. a) En lo que hace al quehacer clínico-terapéutico del psicoanálisis implícitamentemediado por el Estado, es decir cuando la presencia del mismo no se torna inmediata (aunque, claro está, es imposible que deje de estar presente), señalamos lo más obvio: regulación de la práctica profesional y regulación del valor de la fuerza de trabajo, podría suceder que no se torne evidente para lxs practicante su imposibilidad de asistir el sufrimiento (practicante psi como cuentapropista y/o precariado de prepagas, obras sociales, etc.). Cabe destacar en este punto que ciertas cuestiones de dispositivo podrían contribuir a falsear la experiencia (de hecho son cuestiones estrictamente teóricas). Produciendo la experiencia en lxs practicantes de que el psicoanálisis no tendría inconvenientes para asistir al sufrimiento que le presenta el capitalismo. Esto es: a partir de que se logra asistir uno, dos, tres sufrimientos particulares, experimentado por una, dos, tres personas particulares (sufrimientos y personas que presentan ciertos privilegios que le permite recurrir a una tal terapéutica y ser pasible de su influjo); el problema es que se extrapola una ley general. A partir de lo cual se infiere la eficacia “actual” del psicoanálisis. La falsedad de una tal extrapolación se patentiza al asumir un punto de vista de la totalidad. Por caso, y no hace falta ir hasta la determinación en última instancia, a nivel del capitalismo global: ¿Cuáles son los problemas-sufrimientos que se le presentan al psicoanálisis? ¿Está a la altura de hacer frente al sufrimiento producido por la migración forzosa, los padecimientos que involucra la pauperización y precarización de las condiciones materiales de vida de sectores cada vez más vastos de la población que “estructuralmente” están impedidos de vender su fuerza de trabajo, los dramas y desgarramientos que involucra el devenir apocalíptico del capital en su huida desenfrenada de la desvalorización, los sufrimientos que involucra la violencia machista, heteronormativa y cis-sexista? El psicoanálisis de orientación burguesa, en lo que hace a esta vertiente de la imposibilidad, justifica el estar en crisis por el simple hecho de ver impedida la venta de su fuerza de trabajo como cuentapropista (“las personan no van a terapia”). Palabras más o menos, a eso queda reducido el problema. Es evidente, no todxs lxs practicantes pueden ser psicoanalistas de psicoanalistas, abocarse a lo que se abocan en gran medida los “gigantes del sillón” (cuadros-medios de la multinacional). Y asimismo, si lxs practicantes no venden su fuerza de trabajo, no disponen de dinero para adentrarse en Un psicoanálisis con los susodichos “gigantes”. He de allí que la crisis deviene un problema del Movimiento que justifica su abordaje, aunque claro está, sea un abordaje en inmanencia a los límites burgueses de su orientación.
  2. b) Esta imposibilidad para hacer frente y asistir al sufrimiento objetivamente determinado que le presenta la fase actual del capital, se torna mucho más evidente para lxs practicantes cuando se trata de su intervención en lo que increíblemente se dice “problemáticas sociales”, en la mayoría de las cuales el psicoanálisis interviene en el marco explícito de los quehaceres del Estado (practicantes psi como obrero y/o precariado del Estado); o bien, hacia el interior de los denominados “Movimientos sociales” (practicantes psi como precariado mediado por el aparato político o el Estado). Cabe destacar asimismo el sufrimiento que involucra y la impotencia que conlleva dicha imposibilidad para lxs practicantes. Acá la pregunta podría ser la siguiente: en el que-hacer clínico-terapéutico de lxs practicantes psi, ¿qué tiene que ver el psicoanálisis, en su existencia burguesa, respecto a lo que se denuncia como una imposibilidad de hacer frente al sufrimiento que se presenta en “La Clínica”?

3) Exigencia de renovación: los problemas-sufrimientos que la fase actual del capital le presenta a “La Clínica” no son pasibles de elaboración si la cuestión se reduce al micro-mundo de lxs practicantes (eso no niega que, como hemos dicho, sea posible asistir un sufrimiento determinado en una persona particular). Es menester que se parta desde allí, desde los obstáculos-prácticos, en virtud de extenderse a todos planos de existencia del psicoanálisis. Ahora bien, no basta replegarse a partir de tales obstáculos a una reflexión crítica respecto a cierto déficit del dispositivo (¿cómo?). Es necesario poder ir más allá: dirigirse a los fundamentos estrictamente categoriales del corpus teórico de la praxis (¿qué?). El psicoanálisis de orientación burguesa a nivel de “La Clínica”, desde ésta y por parte de lxs mismxs practicantes, pretende tramitar la crisis que lo atraviesa mayoritariamente reflexionando en torno al “dispositivo de transmisión” (el problema no es el qué ni el cómo, sino cómo se trasmite/divulga lo que se hace y el cómo se lo hace). Ni siquiera se avizora la posibilidad de poner en cuestión el “dispositivo clínico-terapéutico”. Por caso: a) escrutando críticamente las razones que lo justifican a nivel del cómo (¿por qué hacer “La Clínica”, la de Verdad, exigiría el dispositivo “individual”, “privado”, heredado de la clínica médica?); b) escrutando críticamente los criterios a partir de los cuáles se justifica y verifica la eficacia de la terapéutica (¿cómo saber que lo que hace llega a lograr los objetivos que se propone terapéuticamente?). El hecho de que las reflexiones en torno a la crisis, en inmanencia al psicoanálisis burgués, no llegue siquiera a poner en cuestión el “dispositivo clínico-terapéutico” estriba en lo siguiente. A saber: en tanto que praxis, como hemos señalado, la pregunta por el cómo se subtiende, indisolublemente, desde la pregunta por el qué. No es posible escindir la relación entre los fundamentos estrictamente teóricos y los postulados teoréticos del dispositivo. Indagarse por uno, conllevaría necesariamente a poner en cuestión el otro. Poner en cuestión los fundamentos, haría lo propio con el dispositivo.

(Paréntesis: hacer lo propio con el dispositivo clínico-terapéutico, conlleva por ejemplo a un problema isomórfico al que sucede en el marxismo respecto a la práctica política: cuando frente a los problemas prácticos (“no lograr hacer la revolución”), en lugar de indagar el dispositivo (problemas de organización), cierta vertiente del mismo se dirige a realizar una renovación teórica radical del archivo-Marx (por caso, lo que hace la “teoría crítica del valor”). ¿Cuál es el problema que surge? ¿En qué se resiste a ese movimiento radical? Por el supuesto de que si se asumen los obstáculos prácticos (método), si se ponen en cuestión los modos de organización (dispositivo clínico-terapéutico), se fundan nuevos presupuestos teóricos respecto de los cuales el método y la organización de antaño se demuestran ineficaces respecto a los objetivos que se persiguen (¿qué?). Entonces… “nos quedamos sin política revolucionaria. No hay política”. ¿Cómo se transcribe esto en el psicoanálisis (siempre nos referimos al burgués)? “Nos quedamos sin clínica”. Para un psicoanálisis marxista eso es falso, así como es falso el hecho de quedarse sin política revolucionaria si se intentan renovar los fundamentos decididamente teóricos del archivo-Marx.)

No sé niega, lo hemos dicho, que el psicoanálisis, hacia el interior de sus límites burgueses, pueda y logre asistir terapéuticamente el “sufrir de más” (Lacan) de una persona y/o de un agente colectivo. El problema es que la “burguesía psi” parte de la necesidad de ligar esa capacidad con una gesta subversiva o contestataria, cuando de hecho redunda en contribuir a la adaptación individual a las determinaciones objetivas del capital de una manera “menos mortífera”: sin ese “sufrir de más”. Lo cual no resta valor, ni menosprecia la labor del/la analista, respecto a la importancia que puede tener ese no “sufrir de más” para alguien en particular. Hacia el interior de la orientación burguesa del psicoanálisis, no se puede hacer sino reformismo-terapéutico: a partir de un sufrir de mas, reformar tal afecto en un “infortunio y/o infelicidad ordinaria” (palabras más o menos, eso señala Freud en Estudios sobre la histeria). Nada indica que sea posible establecer racionalmente (el psicoanálisis es ciencia conjetural, no mística) radicalidad alguna a una tal reforma afectiva. Es decir, establecer una relación necesaria entre el proceso terapéutico que tal reforma involucra y la negación/abolición de las condiciones históricas (determinaciones objetivas) que producen el sufrimiento (determinaciones subjetivas).

4) Imposibilidad: el psicoanálisis de orientación burguesa se encuentra impedido de tramitar los problemas que le presenta la fase actual del capital (en “La Clínica”: imposibilidad de asistir la particularidad que el sufrimiento le presenta), en tanto que una tal tramitación exige una renovación radical en todos sus planos de existencia. Viéndose impedido, hacia el interior de sus límites burgueses, para realizarla. Para elaborar la crisis que lo atraviesa, el psicoanálisis debería dejar de ser. Dejar de ser, tal y como lo conocemos: burgués. El psicoanálisis de orientación burguesa es necesariamente condición de posibilidad de su absolución e inhibición de la misma; condición de una refundación inmanente orientada marxistamente, e inhibición (por todos los medios) de una tal posibilidad. Impedir la refundación del psicoanálisis desde otra orientación es el objeto de desvelo de los políticos del Movimiento (dirigencia europea, cuadros-medios locales). Lxs practicantes “lo hacen, pero no lo saben”. No hay “mala fe” (la multinacional se encarga de que, a excepción de algún “desvío”, no dispongan de los más mínimos y rudimentarios insumos para el ejercicio de la crítica de los propios presupuestos teóricos; ni de su función en la reproducción de la sociedad que produce el sufrimiento).

El problema del psicoanálisis burgués no es el de su distribución, intercambio, circulación y/o consumo, sino el de su producción en el seno de la sociedad moderna. Las crisis del capital y de la reproducción social, en inmanencia a las coyunturas de la lucha de clases que las acompañan, subtienden los problemas del psicoanálisis. Es necesario, para hacer frente a eso, un psicoanálisis de la clase proletaria (en su intersección de clase, raza y género). Independencia de clase, también en la praxis psicoanalítica. La construcción decidida y el establecimiento (en todos los planos de existencia del psicoanálisis) de una orientación marxista se avizora como la única capaz de hacer frente a los desafíos que la fase actual de la acumulación capitalista le presenta al psicoanálisis. Por caso, y a modo de corolario: a) es la única orientación capaz de establecer una relación de determinación entre el capital, lo inconsciente, el deseo, el goce y el sufrimiento, habida cuenta que las categorías del capital (valor, mercancía, trabajo abstracto, etc.) son las categorías de lo inconsciente capitalista; b) es la única que podría otorgarle al psicoanálisis una crítica radical sobre el Estado capitalista y su relación con la producción del sufrimiento, derivada asimismo de las determinaciones objetivas de la unidad de la relación social capitalista; c) es la única capaz de “salvar” al psicoanálisis de la falsa extra-territorialidad que redunda en una participación involuntaria en la reproducción de las mismas condiciones objetivas que producen el sufrimiento; d) ante los “bizarrismo capusotescos” que priman respecto a “la función del dinero en psicoanálisis”, es la única capaz de introducir un mínimo de verosimilitud fundando un corpus teórico psicoanalítico que señale una única y tan solo una función del dinero: “la función de la relación social del equivalente general en el capitalismo”; e) al interseccionarse con los feminismos, la teoría queer, los estudios decoloniales, la crítica capacitista, etc., la orientación marxista es la única capaz de presentarle al psicoanálisis los mecanismos de producción desigual y combinada del sufrimiento, en virtud de contemplar no solo el consumo o la distribucióndesigual del mismo (en función de determinaciones de clase, género, raza, etc.), sino la forma de producción y reproducción de una tal desigualdad ulteriormente distribuida f) en última instancia, la orientación marxista es la única capaz de criticar radicalmente “el horizonte de su época” (Lacan). Esto es: “la época de la burguesía” (Marx). Por lo tanto, es la única capaz de elaborar una terapéutica que necesariamente contenga en sus presupuestos mismos la transformación, supresión y superación de las condiciones históricas que producen el “sufrir de más” como necesidad. Es decir: abolir la moderna sociedad capitalista.

5) Crisis: el psicoanálisis burguesamente orientado está en crisis. No hay psicoanalistas en crisis. Y eso es un problema.

6) Fracaso. Habiendo establecido algunas coordenadas mínimas respecto a la crisis del psicoanálisis, ahora sí: el fracaso del psicoanálisis. EL FRACASO DEL PSICOANÁLISIS remite al fracaso que se patentiza en su orientación burguesa respecto a elaborar, tramitar y ulteriormente lograr superar la crisis que lo atraviesa de cabo a rabo en todos sus planos de existencia. En última instancia, un fracaso correlativo a su imposibilidad de hacer frente a los problemas que le presenta la fase actual del capital hacia el interior de sus límites burgueses; asimismo asociado a su imposibilidad de dejar de orientarse burguesamente, lo cual es condición necesaria para la superación de la crisis.

14.

Es menester para el marxismo, sobre todo para aquel que se pretende por necesidad “psicoanalíticamente informado”, reponer la sospecha cuando no la imputación, foucaultiana, deleuziana-guattariana, feminista, por mencionar algunas, respecto al estatuto del psicoanálisis como engranaje histórico de la reproducción de la dominación burguesa. No es conveniente abonar al sobreentendido… Entiéndase, para un psicoanálisis marxista no se trata de desechar al psicoanálisis por mera “ciencia burguesa”. Sino más bien escrutar, poner de manifiesto, calibrar en qué sentido, en qué medida y hasta qué punto, conviene a los comunistas denegar (perder de vista) la eficacia de una tal filiación (psicoanálisis=reproducción del mundo burgués). Es tarea primordial de un psicoanálisis de orientación marxista salir al cruce de los elementos teórico-políticos burgueses (múltiples fetichizaciones capitalogocéntricas) que, bajo la forma de la solución de compromiso, se introducen en tanto obstáculo en el marxismo cuando éste extiende al psicoanálisis hacia su campo de problemas. (Por caso, se creyó encontrar en el psicoanálisis la posibilidad de elaborar los obstáculos de una “izquierda sin sujeto” (Rozitchner). ¿Estamos segurxs que como contrapartida no hemos incorporado “un sujeto sin izquierda”?)

15.

Hasta nuevo aviso, el psicoanálisis, en el mejor de los casos, es progre-reformista. Pero por eso no deja de ser, en última instancia y fundamentalmente, burgués. He de allí la presunción de partida que conviene a lxs comunistas… El psicoanálisis: primero burgués, engranaje de la reproducción del capital. Luego vemos.

16.

Tenemos una rica tradición en torno a la encrucijada de psicoanálisis y marxismo. Esa herencia nos es imprescindible. He allí una memoria fundamental. A partir de la cual hacer un legado animado desde las propias preguntas, experiencias y problemas. Un archivo que será tan nuestro como queramos que sea. La construcción colectiva de un psicoanálisis marxista es una intervención generacional en el marco de un diálogo intergeneracional. Necesitamos aliadxs estratégicxs y alianzas tácticas para elaborar un frente único contra la burguesía psicoanalítica.

[i] El texto fue intervenido performaticamente en el punto dónde la derrota política de los setenta conlleva para el intelectual argentino abandonar el marxismo como esquema de inteligibilidad general y el problema estratégico de la revolución como horizonte político.

[ii] A la luz de este segundo punto, se patentiza la fetichización cientificista del psicoanálisis de orientación burguesa. Sin demorarnos en su descripción y consecuencias iatrogénicas, basta señalar que la misma se funda en sostener al “Sujeto de la ciencia” (Lacan), reverso del cogito cartesiano, como el sujeto del psicoanálisis. Lo cual redunda en la imposibilidad de determinación en última instancia del Sujeto-Capital respecto a la ciencia moderna. Denegando asimismo la relación del sujeto del cogito con el sujeto burgués propietario y el ciudadano del Estado capitalista. Forclusión teórico-política entonces: a) de la determinaciones objetivas del Sujeto-Capital respecto al sujeto del psicoanálisis en particular y el psicoanálisis en general; b) de la determinación objetiva del sujeto burgués propietario en particular y del ciudadano del Estado capitalista en general respecto al psicoanálisis y el sujeto de lo inconsciente.

[iii] Sin intensión de demorarnos en este punto, interesa sí destacar algunas breves precisiones respecto a la extensión en lo que hace a la historia del diálogo entre marxismo y psicoanálisis. Es conveniente distinguir analíticamente, por un lado, la extensión del psicoanálisis por parte del marxismo hacia su campo de problemas. En ese sentido, los criterios de auto-reflexividad de la extensión (en que se justifica que el marxismo haga uso del psicoanálisis) son estrictamente teóricos (desatiende a los desarrollos teoréticos del psicoanálisis) y se funda en ciertos aportes que el archivo-Freud podría dispensar al campo de problemas marxistas. En lo que hace a la historia de una tal extensión en el sentido anteriormente señalado, cabe destacar los siguientes elementos que, a grandes rasgos, el marxismo consideró poder encontrar en el psicoanálisis: a) una teoría del “sujeto” que le permitiese considerar la dominación capitalista en su eficacia inconsciente, saliendo al relevo de los esquemas eminentemente conciencialistas del marxismo tradicional; b) una teoría del lenguaje que le permitiese al marxismo incorporar en sus esquemas la plurificación de la experiencia social que introduce la significancia, saliendo al relevo de cierta homogeneización de la experiencia a nivel de las personas, tal como se patentiza en ciertos análisis sociológicos (lo que se describe como siendo no es siempre lo que los particulares experimentan siendo); c) aun escasamente explorada, una teoría de la historia a través del problema de la eficacia retroactiva y multi-dimensional de las temporalidades de mediana y larga duración dilucidadas por la teoría freudiana (Acha), en virtud de elaborar el problema de la “no contemporaneidad de lo contemporáneo”; calibración teórica de la relación entre las dinámicas abstractivas de dominación impersonal producidas tanto por la especificidad histórica de la temporalidad capitalista como también por las temporalidades de longue duree del lenguaje, la dominación masculina, el patriarcado, o el monoteísmo; d) agregamos nosotros, el RSI lacaniano, en función del cual organizar el campo de fenómenos de la crítica de la economía-política, atendiendo a los planos de efectuación derivados aunque diferenciales que involucran las relaciones sociales modernas (por caso, real: valor que-se-auto-valoriza; simbólico: forma-mercancía; imaginario: eficacia especular-fetichista). Ahora bien, el sentido de extensión recientemente señalado, no debe confundirse entonces con el que destaca Freud, por ejemplo en Múltiples intereses del psicoanálisis. La extensión por Freud señalada refiere a los aportes del psicoanálisis mismo, no los que realiza otro archivo (para el caso que nos convoca: el marxismo) sirviéndose del psicoanálisis. Lo que ha hecho el marxismo con el psicoanálisis, por ejemplo encontrar “la crítica más dramática al individualismo burgués” (Rozitchner), tiene muy poco que ver con Freud, sino más bien con la mediación crítica que lxs marxistas hacen a través de él. Freud “silvestre” en extensión es ¿Por qué la guerra? (lo inconsistente de su planteo y lo inconducente de sus observaciones no ameritan escrutinio alguno). Por último, nos interesa destacar que no conviene confundir el psicoanálisis en extensión, cualquiera de los dos sentidos sea al que se aluda, a lo que podríamos establecer como psicoanálisis en inmixión marxista; o en su defecto: paradigma esquizoanalitico. Sirviéndonos de un esquema similar como el que utilizamos para examinar el psicoanálisis de orientación burguesa, respecto a éste plano de existencia del psicoanálisis marxista durante el siglo XX, único no burguesamente orientado, es posible establecer lo siguiente: a) práctica paradigmática: inmixión entre la praxis psicoanalítica y la praxis revolucionara; b) micro-mundo: militantes comunistas involucrados en la praxis del psicoanálisis; c) ubicación geo-política: no la hay en la actualidad (salvo excepciones en lo que hace a la recomposición de las fuerzas teórico-políticas y la conservación generacional del archivo, por ejemplo por parte de la revista y editorial Topia en Argentina); d) criterios de auto-reflexividad: elaboración de una teoría crítica de la servidumbre involuntaria y la dominación inconsciente en el capitalismo en la inmixión del archivo-Freud y el archivo-Marx; e) conformación de un dispositivo y un método terapéutico coherente con una tal teoría; f) posibilidad de establecer una terapéutica-política específica que se prolongue en su eficacia en los grupos de militancia revolucionaria; g) antecedentes históricos: izquierda freudiana, Reich (sexpol), Guattari-Deleuze (esquizoanálisis). Y otrxs. Este plano de existencia del psicoanálisis resulta una referencia elemental y el antecedente ineludible para elaborar un psicoanálisis marxista en el siglo XXI.

[iv] A nivel nacional, mención aparte ameritarían: 1) los desarrollos del Dr. Alfredo Eidelsztein, en su deliberado y por demás encomiable intento de refundar teóricamente, desde la Argentina, los fundamentos del psicoanálisis lacaniano. No obstante ya se dejan avizorar, al menos para una orientación marxista del psicoanálisis, los siguientes límites en el desarrollo de su “programa de investigación”. Por mencionar solamente cuatro: a) el psicoanalista confunde los planos de existencia de El Psicoanálisis, cuestión que lo lleva a incurrir en ciertos desatinos argumentativos. Por caso, confunde la apropiación que lxs practicantes hacen de la teoría psicoanalítica establecida por Jaques Alain Miller (en la mayoría de los casos tendientes a una repetición terminológica pre-categorial), con los postulados y razones estrictamente teóricas en las que éste último funda los esquemas del psicoanálisis. Esto conlleva en cierto sentido a inducir déficits categoriales severos en sus planteos (arma lo que se dice en la jerga teórica “un espantapájaros” para discutir. Miller podrá ser del todo cuestionable, pero su entendimiento no es pasible de reducirse al grado de vulgaridad al que pretende reducirlo Eidelsztein. Miller es alguien lucido); b) el Dr. Eidelsztein adolece de una pre-comprensión teórica del archivo marxista en particular y del campo de problemas de la teoría crítica en general, lo cual parecería necesariamente hacer encallar su programa de investigación; c) nada parece avizorar que la pretensión crítica de refundar el psicoanálisis lacaniano redunde en una problematización respecto a la elaboración de organizaciones de nuevo tipo; en virtud de las cuales sortear los desatinos institucionales que signan los derroteros del psicoanálisis en tanto Movimiento político-institucional; d) no se perciben, hasta el momento, desarrollos teoréticos propios en torno al dispositivo y al método, por lo cual según nuestra delimitación no podría definirse en sentido estricto como teórico del psicoanálisis. No obstante lo anteriormente mencionado, el programa de investigación de Eidelsztein, sin dejar de inscribirse en el psicoanálisis de orientación burguesa, es sin lugar a dudas lo más progresivo hacia el interior de dicho campo. 2) Mención aparte ameritan los desarrollos que nos lega Silvia Bleichmar en el decurso de su trabajo como teórica de la praxis psicoanalítica. Es de esperar que sus aportes se presenten como una referencia insoslayable para la elaboración de cualquier psicoanálisis que se pretenda marxistamente orientado; 3) por último, cabe destacar a nivel nacional que el rechazo por la elaboración de un psicoanálisis “en nombre propio” como estado de ánimo generalizado en lxs psicoanalistas, y la concomitante subsunción a los esquemas importados a través de las diferentes Escuelas-filiales, es una particularidad del campo psi argentino post-dictatorial. Resaltamos en este punto la prepotencia y arbitrariedad, la actitud desafiante y la inclaudicable búsqueda de una voz propia, sino marxista, al menos sí crítico-radical, presente en las elaboraciones de Enrique Pichón Rivieré, Marie Langer y José Bleger, entre otrxs.

Fuente: http://lobosuelto.com/el-fracaso-del-psicoanalisis-hipotesis-para-un-manifiesto-catedra-felix-guattari-psicoanalisis-y-marxismo-fracaso-del-psicoanalisis-lila-maria-feldman/

David Wallace-Wells: “El problema no es la negación del cambio climático, es la indiferencia”

David Wallace-Wells, autor de ‘El planeta inhóspito’, cree que la subida de temperaturas es inevitable y que todos los paisajes del mundo van a cambiar

Por Guillermo Altares

Desde su publicación en Estados Unidos, El planeta inhóspito. La vida después del calentamiento (Debate), libro del periodista David Wallace-Wells (Nueva York, 1982) que acaba de salir en España, causó una honda impresión por la forma en que enfoca el cambio climático. Su tesis, basada en miles de datos (casi un tercio de su ensayo son notas a pie de página), es que ya es demasiado tarde: los efectos de la crisis serán devastadores, hagamos lo que hagamos. Aun así, la humanidad debe seguir recortando las emisiones, para no llegar a niveles letales de calentamiento que provocarán un sufrimiento inimaginable, pero sobre todo tiene que prepararse para mitigar los efectos de lo que, inevitablemente, viene. Director adjunto de la revista New York Magazine, su libro nació primero como un artículo y fue creciendo hasta convertirse en un inquietante aldabonazo sobre el futuro de la humanidad. Esta entrevista se realizó el lunes en Madrid.

Pregunta. ¿Estamos condenados? Su libro recuerda un poco a aquel relato de Ray Bradbury en el que dos personajes esperan con paciencia el fin del mundo, anunciado para esa misma tarde, hasta que uno de ellos se da cuenta de que se ha dejado un grifo abierto. Lo cierra y vuelve a esperar el final…

Respuesta. Es una cuestión de cómo definimos «condenados». Creo que ya es inevitable una subida de las temperaturas, es imposible evitar los dos grados de calentamiento, un nivel que los científicos consideran catastrófico. La cuestión es cuánto sufrimiento van a provocar esos dos grados. A veces caemos en la trampa de pensar de forma binaria en el cambio climático. ¿Es real o no es real? ¿Lo derrotaremos o nos derrotará a nosotros? ¿Está ya aquí o forma parte del futuro? Para mí el enfoque es que cada grado de subida de temperatura que logremos reducir evitará a su vez una enorme cantidad de sufrimiento humano. Si tenemos la esperanza de conservar el clima tal y como es ahora, creo que estamos condenados. Pero eso no significa que el proyecto de conservar la vida humana también esté condenado. En un mundo con dos o tres grados de calentamiento, con un nivel enorme de dolor y sufrimiento, seguiremos pensando cómo mejorar nuestra vida, en nuestros seres queridos… Creo que aunque suba la temperatura nuestra civilización sobrevivirá y nos adaptaremos. La cuestión es cuánto nos adaptaremos y con qué grado de calentamiento tendremos que lidiar.

P. ¿Y no podemos hacer nada?

R. Es importante entender que el aumento de la temperatura depende de nosotros. No es un proceso que ocurra fuera de nuestro control, sino a causa de lo que hacemos. Una de las cosas que hacen muy inquietante el calentamiento es que demuestra el poder que tenemos sobre el clima. Soy escéptico sobre la posibilidad de que lleguemos a vivir en un mundo que sea confortable, pero cuánto calentamiento evitaremos depende de lo que hagamos en las próximas décadas.

P. Pero una de las cosas que plantea su libro es que el clima cambia muy rápido y que unos procesos desencadenan otros. ¿Hasta qué punto tenemos la situación bajo control?

R. Creo que seguimos teniendo el control y lo tendremos todavía durante unos años. ¿En qué momento entraremos en un sistema que se calienta solo y no solo impulsado por las emisiones de carbono? No sabemos cuándo ocurrirá y da mucho miedo pensar en ese momento. Para mí es otro argumento a favor de actuar rápidamente, para no alcanzar ese punto de inflexión. Algunas partes del sistema están ya fuera de nuestro control, pero las emisiones de carbono provocadas por la humanidad siguen siendo el factor principal del cambio climático.

P. ¿Qué sensación le dejó la reciente cumbre sobre el clima de Nueva York? ¿Cree que los dirigentes fueron lo suficientemente concretos?

R. La parte geopolítica del problema me parece la más preocupante. Puedo imaginar que se encuentren soluciones tecnológicas, que naciones e individuos tomen medidas concretas, pero organizar este proyecto a nivel global me parece un auténtico desafío. El Acuerdo de París es un fracaso de hecho porque casi ningún país va a cumplir los objetivos de emisiones, y la evolución geopolítica del mundo, con países retirándose del orden internacional y abrazando el nacionalismo, hace que el problema sea mucho más difícil de solucionar. Pero creo que tenemos hacer todo lo posible para evitar esto.

P. ¿Se refiere a cada ciudadano individual, que cambie sus hábitos de desplazamiento o de alimentación?

R. Creo que las acciones individuales tienen un papel, pero muy pequeño si se compara con las acciones políticas. El impacto que los individuos pueden tener, a través de lo que compran o cómo viajan, es trivial comparado con el impacto que pueden lograr los grandes cambios políticos. Estabilizar el clima del planeta nos obliga a eliminar completamente las emisiones de carbono. No vale con reducir las emisiones, hay eliminarlas. A no ser que nos imaginemos a los ocho mil millones de habitantes del planeta renunciando a desplazarse o haciéndose veganos, lo que necesitamos es inventar proteínas no animales y lograr viajar sin avión sin marca de carbono y eso representa cambios de política a gran escala.

P. En su libro, asegura que no cree que podamos confiar solo en la tecnología para encontrar una solución a la crisis.

R. Tengo una relación complicada con la tecnología. Creo que la tecnología forma parte de la solución, sin duda. Y ya hemos logrado innovaciones, por ejemplo el progreso y el precio de las renovables. Estamos viviendo el principio de la tecnología que permite capturar carbón, pero que algo sea posible en el laboratorio no significa que se pueda aplicar en la realidad y mucho menos en la escala necesaria. Tenemos la tecnología, pero no podemos asumir que pueda ser desplegada globalmente para evitar los escenarios catastróficos. Es un problema que no puede tener una sola solución: es demasiado complicado y demasiado amplio porque cualquier aspecto de nuestra vida tiene una marca de carbono. Es el mayor problema al que se ha enfrentado la humanidad.

P. ¿Y cómo le explica eso a Donald Trump, o a Jair Bolsonaro o incluso al nuevo Ayuntamiento de Madrid, que ha rebajado drásticamente la zona de bajas emisiones actualmente existente? ¿Cómo le explica todo esto a los que niegan el cambio climático o, sin negarlo, se quedan de brazos cruzados?

R. El gran problema no es la negación del cambio climático, es la indiferencia. Tanto en Estados Unidos como en Europa, la inmensa mayoría de la población cree que el cambio climático es un hecho. El problema es que muy pocos están dispuestos a tomar medidas radicales. Eso es lo difícil: que esa gente pase de estar remotamente preocupada a estar muy preocupada por su futuro inmediato. Dirigirse al 10% o 20% que no cree en el cambio climático sería perder el tiempo. Es más o menos el mismo porcentaje de los estadounidenses que cree que en la Tierra viven alienígenas. Y a esa gente le diría: miren a su alrededor, escuchen las noticias, contemplen lo que ocurre solo con 1,1 grados de subida de las temperaturas. Ahora mismo la temperatura del planeta es más elevada de lo que ha conocido la humanidad en su historia. Y vamos a tener en el mejor de los casos un aumento de la temperatura del doble: veremos ciudades en Oriente Próximo y Asia en las que hará tanto calor que no se podrá salir a la calle en verano, habrá mil millones de refugiados climáticos. Y estamos hablando de 2040 o 2050. Y eso implica construir ciudades completamente nuevas. Necesitamos mostrar que actuar rápidamente es esencial para todos.

P. Cuando contemplamos los cuadros de los maestros holandeses durante la Pequeña Edad de Hielo no reconocemos ahora los paisajes helados que aparecen en ellos. ¿Nos ocurrirá lo mismo con los paisajes en los que vivimos actualmente?

R. Todos los paisajes del mundo van a cambiar durante este proceso. Y todo lo que pensamos que eran características inmutables de nuestro entorno se van a transformar. Creo que la Pequeña Edad de Hielo es una ilustración interesante: la humanidad sobrevivió aunque en medio de mucho sufrimiento. Pero el cambio climático provocado por el hombre es muy dramático.

P. Durante la Pequeña Edad de Hielo en algunas zonas de Europa la esperanza de vida se redujo hasta los 30 años, mucho menos que en la Edad Media.

R. Desde un punto de vista podemos decir que la cosa no fue tan mal, que sobrevivimos. Desde otra perspectiva, podemos decir que el sufrimiento fue dramático y que cambió por completo la sociedad en ese periodo. Y ahora nos adentramos en una era en la que todo será mucho más dramático. Los paisajes a los que estamos acostumbrados serán muy diferentes en nuestra vejez. Y será el reflejo a su vez de un declive agrícola, de crisis económicas y de problemas de salud pública. Ningún aspecto de la forma en que vivimos juntos en este planeta se librará de los efectos del cambio climático. Es casi como si hubiésemos aterrizado en un nuevo planeta. También pienso que somos una sociedad más adaptable y más tecnológica que en aquella época.

P. ¿Qué piensa del movimiento que encabeza Greta Thunberg? ¿Cree que es el símbolo de algo que está cambiando muy rápidamente?

R. Es el rostro de un movimiento político global enorme. Es el ejemplo de los adolescentes que ven esta crisis mucho más claramente que sus padres y que piensan, con razón, que por qué las otras generaciones están haciendo tan poco para proteger el planeta en el que van a vivir ellos. La historia de Greta es sorprendente y emocionante. Hace un año, era una adolescente sin amigos que se sentaba sola con un cartel ante el Parlamento sueco y un año después lidera marchas en las que participan millones de jóvenes y adultos y se ha convertido en el rostro indudable del movimiento contra el cambio climático. Es fascinante que se convirtiese en eso. Y es importante tener en cuenta que no está pidiendo el control, no quiere dirigir las políticas, ni siquiera realiza peticiones particulares, lo que pide es que los líderes actuales presten atención a la ciencia y diseñen políticas que la ciencia pide. No creo que exista un precedente similar en toda la historia: que una adolescente de 16 años lidere un movimiento de millones de personas. La opinión pública se está moviendo muy rápidamente, sobre todo los jóvenes, y que creo que refleja el impacto incontestable del cambio climático. Refleja que hace un año el IPCC (el grupo de expertos de la ONU) difundió un informe que mostraba que sus efectos van a ser mucho más dramáticos de lo que se pensaba hasta ese momento. Es también el reflejo de los efectos del clima extremo que vemos cada día, que nos convierte a todos en activistas climáticos. Vemos esos vídeos horribles de fuegos que en segundos devoran una ciudad entera. Y los científicos dicen que los incendios serán dos o cuatro veces peores y ni siquiera pueden hacer predicciones sobre cómo serán en un futuro más lejano. Por no hablar de las sequías y de los huracanes sin precedentes.

Fuente: https://elpais.com/elpais/2019/10/01/ciencia/1569932819_735054.html