Triage social, el nuevo panóptico

por Raúl Zibechi

Las ciencias deberían ser un servicio a los pueblos, sobre todo los más castigados y que luchan por su sobrevivencia. Sabemos que están al servicio de la acumulación de capital y de poder, por eso debemos congratularnos de un trabajo que echa luz sobre los nuevos mecanismos de dominación.

Me refiero al trabajo «La pandemia, el Estado y la normalización de la pesadilla» (https://bit.ly/338XwWK), de Tamara San Miguel, estudiante de maestría de sociología jurídica, y Eduardo Almeida, estudiante del doctorado en sociología y antropología. Ambos mexicanos de Puebla.

A mi modo de ver, el aspecto más interesante del trabajo es el que hace referencia al triage social, el mecanismo por el cual el sistema ordena y jerarquiza quiénes deben salvarse y quienes deben morir: si no hay respiradores suficientes, «alguien» decide quiénes tienen prioridad. Lo mismo respecto a las camas hospitalarias y a todos los servicios saturados.

Ese «alguien» son los algoritmos, definidos en este trabajo como «un sistema al que se ingresa información y del que se obtienen respuestas», en formato de instrucciones que se siguen de manera mecánica para obtener ciertos resultados. También son «una nueva ideología científica para enfrentar la incertidumbre», y a la vez reforzar la dominación.

El problema es que los algoritmos se están utilizando para enfrentar problemas y dilemas sociales y éticos, para tomar decisiones a partir de una lógica «que implica ordenar, clasificar y en última instancia discriminar lo que sirve de lo que no sirve». Cuando se abordan cuestiones éticas, el algoritmo supone «aplicar rutas mecanizadas para tomar decisiones que afectan la vida en todos sus aspectos».

No es ninguna casualidad que el triage surgiera en el seno de las fuerzas armadas, al igual que el panóptico como explicara Jeremías Bentham y desarrollara Michel Foucault. Con tanto éxito que no sólo se aplicó en el diseño de cárceles, sino en las fábricas, hospitales, escuelas y en todos los espacios donde la sociedad capitalista necesitaba disciplinar a la clase trabajadora.

En efecto, el concepto de triage (de la palabra francesa trier, clasificar o separar) fue aplicado por vez primera por el jefe de la Guardia Imperial de Napoleón para «evaluar y clasificar la atención de los soldados heridos en batalla». Décadas después fue adaptado por el cirujano de la Armada británica, para «la clasificación de aquellos que no recibirían atención por no tener posibilidades de sobrevivir, aún con tratamiento». De ahí se trasladó al plano de lo social y al conjunto de la sociedad.

Ahora que los poderosos decidieron gestionar la escasez, provocada artificialmente como sucede en los hospitales por la privatización o la falta de inversiones en buena parte del sistema sanitario, el triage social que ya se venía aplicando cobra una dimensión nueva.

San Miguel y Almeida sostienen que así como las burocracias gestionaron quiénes eran descartables por irrecuperables durante las guerras napoleónicas, “en el triage social, a los descartables, las burocracias les sacrifican las posibilidades de acceder a los recursos; si continúan viviendo o mueren resulta irrelevante y se vuelve invisible para el ‘bien mayor’”.

Ese bien mayor puede ser, como hemos visto estos meses, considerar ciertas actividades económicas como «esenciales», decidir «qué sectores favorecer con programas públicos, es decir qué partes de la población aprovecharán mejor los recursos del Estado para favorecer los propósitos del Estado, algo muy similar a la situación pre-pandemia».

Decidir a quiénes se deja morir y qué sectores de la economía se deben sostener, no es ni más ni menos que lo que estamos viendo ante nosotros. La pandemia permitió hacer más visible, o inocultable, este sistema de muerte que determina “quienes tienen la calidad de ciudadanos acreedores de derechos, quienes se convierten en refugiados merecedores de ayuda humanitaria, y quienes quedan como zombies, muertos vivientes, condenados a las formas más precarias de supervivencia o a morir en el olvido”.

El trabajo que comento y cito tiene otras virtudes sobre las que no puedo explayarme, como los derechos humanos durante la crisis en curso, que merecen comentarios más detallados. Por ahora basta con mostrar cómo el triage social conlleva un algoritmo, que permite a los Estados «justificar moral y técnicamente las consecuencias de decisiones éticas complejas» que hacen a la vida, la muerte y la supervivencia de las poblaciones.

Recomiendo la lectura de un trabajo que nace de la indignación militante, ética y política, y que busca desnudar los nuevos mecanismos de opresión y control de poblaciones y pueblos, parar mejor luchar contra ellos.

En América Latina, la acción paramilitar y el narco, que estos días despliega el terror desde Chiapas hasta el Cauca colombiano, la sostienen algoritmos que, en algún momento, debemos develar. Un trabajo al que Tamara y Eduardo, como otros adherentes de la Sexta, podrán contribuir.

¿El poscapitalismo ya está aquí?

Por Yanis Varoufakis

La pandemia ha reforzado aquello que ha venido minando los cimientos del capitalismo desde 2008: el vínculo entre ganancias y acumulación de capital. La crisis actual ha revelado una economía poscapitalista en la que los mercados de bienes y servicios reales ya no coordinan la toma de decisiones económicas, la tecnoestructura actual (que incluye a las grandes tecnológicas y a Wall Street) manipula el comportamiento en una escala industrial y el demos está excluido de nuestras democracias.

¿El poscapitalismo ya está aquí?

El 12 de agosto sucedió algo extraordinario. Se dio a conocer la noticia de que, en los primeros siete meses de 2020, la economía de Reino Unido había sufrido su mayor contracción en la historia (una caída del ingreso nacional superior al 20%). La Bolsa de Londres reaccionó con un alza en el FTSE 100 (su principal índice bursátil) de más del 2%. El mismo día, cuando Estados Unidos empezaba a parecerse a un estado fallido, no solamente a una economía en problemas, el indice S&P 500 alcanzó un pico sin precedentes.

Sin duda, los mercados financieros desde hace mucho tiempo han recompensado los resultados que aumentan la miseria. Las malas noticias para los trabajadores de una empresa –despidos planificados, por ejemplo– suelen ser una buena noticia para sus accionistas. Pero cuando las malas noticias afectaban a la mayoría de los trabajadores simultáneamente, los mercados bursátiles siempre caían, debido a la expectativa razonable de que, cuando la población se ajustara el cinturón, todo el ingreso, y por lo tanto las ganancias y dividendos promedio, se comprimirían. La lógica del capitalismo no era bonita, pero era comprensible.

Ya no más. No existe una lógica capitalista para los acontecimientos que culminaron el 12 de agosto. Por primera vez, una expectativa generalizada de menores ingresos y rentabilidad condujo a un frenesí de compra sostenido en Londres y Nueva York –o al menos no lo impidió-. Y esto no es porque los especuladores estén apostando a que las economías de Reino Unido y Estados Unidos hayan tocado fondo, haciendo que este sea un gran momento para comprar acciones. No, por primera vez en la historia, a los financistas no les importa en absoluto la economía real. Ven que el covid-19 ha colocado al capitalismo en una animación suspendida. Ven cómo desaparecen los márgenes de ganancias. Ven el tsunami de pobreza y sus efectos de largo plazo en la demanda agregada. Y ven cómo la pandemia revela y refuerza las profundas divisiones clasistas y raciales preexistentes.

Los especuladores ven todo esto, pero lo consideran irrelevante. Y no se equivocan. Desde que el covid-19 colisionó con la enorme burbuja que los gobiernos han venido utilizando para reflotar al sector financiero desde 2008, los mercados bursátiles en auge se volvieron compatibles con una implosión económica masiva. Fue un momento históricamente significativo, que marcó una transición sutil pero discernible del capitalismo a un tipo peculiar de poscapitalismo.

Pero comencemos por el principio.

Antes del capitalismo, la deuda aparecía al final del ciclo económico. En el feudalismo, lo primero era la producción. Los campesinos trabajaban los campos de los señores y la distribución venía luego de la cosecha, cuando el sheriff recolectaba la parte que le correspondía al señor. Parte de esta cuota luego se monetizaba cuando el señor la vendía. Recién entonces surgía la deuda, cuando el señor prestaba dinero a los prestatarios (muchas veces, inclusive, al rey).

El capitalismo revirtió el orden. Una vez que la mano de obra y la tierra se habían mercantilizado, la deuda era necesaria incluso antes de que comenzara la producción. Los capitalistas sin tierra tenían que endeudarse para rentar tierra, trabajadores y máquinas. Los términos de estos arriendos determinaban la distribución del ingreso. Recién ahí podía comenzar la producción, generando ingresos cuyo residual era la ganancia de los capitalistas. En consecuencia, la deuda alimentó la promesa temprana del capitalismo. Pero fue recién en la Segunda Revolución Industrial cuando el capitalismo pudo reformular el mundo a su imagen.

El electromagnetismo dio lugar a las primeras compañías en red, que producían de todo desde plantas de generación de energía y la grilla de electricidad hasta bombillas para cada habitación. Las colosales necesidades de financiamiento de estas empresas engendraron el megabanco, junto con una capacidad considerable para crear dinero de la nada. La aglomeración de megafirmas y megabancos creó una tecnoestructura que usurpó mercados, instituciones democráticas y medios de comunicación, lo que primero derivó en los «locos años 20» y luego en la crisis de 1929.

Desde 1933 hasta 1971, el capitalismo global estaba planificado centralmente bajo diferentes reproducciones del marco de gobernanza del New Deal, incluidos la economía en guerra y el sistema de Bretton Woods. Como ese marco fue arrasado a mediados de los años 1970, la tecnoestructura, disfrazada de neoliberalismo, recuperó sus poderes. Luego vino un aluvión de «exuberancia irracional» al estilo de los años 20, que culminó en la crisis financiera global de 2008.

Para reflotar el sistema financiero, los bancos centrales canalizaron olas de liquidez muy barata al sector financiero, a cambio de una austeridad fiscal universal que limitó el gasto de los hogares de bajos y medianos ingresos. Al no poder beneficiarse de los consumidores golpeados por la austeridad, los inversores pasaron a depender de las constantes inyecciones de liquidez de los bancos centrales, una adicción con efectos colaterales graves para el propio capitalismo.

Consideremos la siguiente reacción en cadena: el Banco Central Europeo otorga nueva liquidez al Deutsche Bank a un interés de casi cero. Para sacarle provecho, el Deutsche Bank debe prestar ese dinero, aunque no a la «pobre gente» cuyas circunstancias deterioradas han debilitado su capacidad de pago. Entonces, se la presta, por ejemplo, a Volkswagen, que ya está inundada de ahorros porque sus ejecutivos, por temor a una demanda insuficiente de nuevos autos eléctricos de alta calidad, pospusieron inversiones cruciales en nuevas tecnologías y empleos bien remunerados. Aunque los jefes de Volkswagen no necesitan el dinero extra, el Deutsche Bank les ofrece una tasa de interés tan baja que lo toman e inmediatamente lo usan para comprar acciones de Volkswagen. Naturalmente, el precio de la acción se dispara y, con él, los bonos de los ejecutivos de Volkswagen (que están asociados a la capitalización de mercado de la compañía).

De 2009 a 2020, estas prácticas ayudaron a desvincular los precios de las acciones de la economía real, lo que resultó en una «zombificación» corporativa generalizada. Así estaba el capitalismo cuando llegó el covid-19. Al afectar el consumo y la producción al mismo tiempo, la pandemia obligó a los gobiernos a reemplazar los ingresos en un momento en que la economía real tenía la menor capacidad para invertir en la generación de riqueza no financiera. Como resultado de ello, se llamó a los bancos centrales a estimular de manera aún más grandiosa la burbuja de deuda que ya había «zombificado» a las corporaciones.

La pandemia ha reforzado aquello que ha venido minando los cimientos del capitalismo desde 2008: el vínculo entre ganancias y acumulación de capital. La crisis actual ha revelado una economía poscapitalista en la que los mercados de bienes y servicios reales ya no coordinan la toma de decisiones económicas, la tecnoestructura actual (que incluye a las grandes tecnológicas y a Wall Street) manipula el comportamiento en una escala industrial y el demos está excluido de nuestras democracias.

Fuente: Project Syndicate

Caracterización de las empresas multinacionales en el marco de los flujos financieros ilícitos

Por: Katiuska King Mantilla.

Este trabajo caracteriza en la economía mundial al principal generador de los flujos financieros ilícitos (FFI) que son las empresas multinacionales. Los FFI son movimientos transfronterizos de dinero, es decir, realizados de un país a otro, que han sido ilegalmente obtenidos, transferidos o usados (Kar y Cartwri-ght-Smith, 2008: i) y (TJN, 2015). Este artículo permite comprender la evolución histórica del comporta-miento de estas corporaciones, así como de elementos significativos relacionados con los FFI.

El crecimiento de estas empresas puede reflejarse en el poder de sus marcas más que en su dimensión. Las empresas multinacionales (EMN) al tener presencia en más de un país pueden tener estrategias de mercado específicas según el país de destino para ganar en volumen o en margen y administrar sus cuentas a conveniencia. Tal como menciona Vernon “en el mundo real, el tamaño del beneficio asignado a cada país por una empresa multinacional es comúnmente un artefacto que se determina en gran parte por precedente y por las habilidades de debate de los abogados y contadores” (Vernon, 1998: 40).

Gracias al hecho de tener distintos niveles de subsidiarias en diferentes países del mundo, algunas de estas empresas planifican las cuentas del conglomerado de tal forma de minimizar el pago de impuestos. Cuando el conglomerado funciona legalmente de forma independiente, el control para las autoridades de los países se torna más difícil. A esta ingeniería financiera, bien se la podría denominar “economías de escala fiscales”, ya que solo las empresas grandes que pueden pagar por estos servicios de asesoría financiera, tributaria y jurídica pueden beneficiarse de las ventajas normativas o los vacíos legales.

Además de la transcendencia política, las grandes empresas multinacionales utilizan entramados y prácti-cas comerciales para reducir su carga tributaria convirtiéndoles en los principales actores de mercado en el componente de evasión y elusión tributaria, pues son las EMN quienes realizan la inversión extranjera directa en los países periféricos. Robert Gilpin (1975) en su libro “US power and the multinational corpo-ration: the political economy of foreign direct investment” analiza la dominación de las relaciones interna-cionales y la economía mundial que en esos años asumían las corporaciones estadounidenses (1975) a través de inversiones extranjeras, a diferencia de las inversiones de portafolio de las empresas británicas un siglo atrás. Gilpin analizó las repercusiones de la IED en el declive industrial dentro de Estados Unidos, así como en la dominación de la economía mundial por enormes corporaciones estadounidenses.

La hipótesis de este artículo es que la significancia de las EMN, no solo estadounidenses, planteada por Gilpin (1975) desde los años setenta, adquiere con el tiempo más importancia, sutileza y poder haciéndo-se cada vez más difícil de controlar, reconocer y combatir.Este artículo realiza un estado del arte empírico y consolida información dispersa sobre las características de las EMN de interés para los FFI.

Además de la introducción, en la segunda parte se realiza una evo-lución histórica, y en la tercera se retrata el objeto de estudio en lo referente a su localización, estructura de filiales y de accionistas. La cuarta sección documenta algunas prácticas relacionadas con el manejo financiero de las EMN.

En la quinta parte se detalla la protección legal que las EMN buscan, y la sexta rea-liza una discusión del tipo de cambio en las valoraciones de costos. La séptima sección incluye un breve análisis del dumping social que generan las EMN y la octava describe una clasificación de los entramados de los FFI así como de la legitimidad de las EMN. En la última se esbozan algunas conclusiones.

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Eric Sadin alerta contra la «propagación de un antihumanismo radical»

El filósofo francés publicó el libro «La inteligencia artificial o el desafío del siglo»

El autor de «La silicolonización del mundo» señala, en su último trabajo, que el tecnoliberalismo está imponiendo en los hechos «un nuevo régimen de verdad”.

Por Fernando D´Addario

Como Eric Sadin sigue la tradición de los filósofos franceses del siglo XX, no le escapa al debate político-cultural pero, mucho menos, a las frases provocativas: “Francis Fukuyama se equivocó: el fin de la historia no habría advenido luego de la caída del Muro de Berlín en 1989 y del triunfo planetario del liberalismo político y económico, sino que se consumaría hoy en favor de la generalización del uso de la inteligencia artificial”, plantea en su último libro, La inteligencia artificial o el desafío del siglo, publicado recientemente en la Argentina por el sello Caja Negra.

A partir de trabajos como La humanidad aumentada y La silicolonización del mundo, Sadin ganó terreno entre los pensadores distópicos del siglo XXI, a la vez que puso en palabras y en tiempo presente, desde una perspectiva fenomenológica, lo que millones de televidentes apreciaron como una advertencia en la serie Black Mirror: el advenimiento de cambios radicales en el modo de construcción de «lo real». Estas modificaciones, señala el filósofo, son subsidiarias de transformaciones evidenciadas en el estatuto de las tecnologías digitales, que pasaron de ser «prótesis acumulativas» a erigirse en entidades capaces de «enunciar la verdad» a partir de la interpretación automatizada de situaciones. La tecnología se vuelve, así, «antropomórfica», concretando en el siglo XXI lo que Simone Weil, filósofa y activista del siglo XX había sabido ver en La condición obrera: “las cosas desempeñan el rol de los hombres y los hombres desempeñan el rol de las cosas; es la raíz del mal”.

Sadin entiende el poder de seducción que ejerce la inteligencia artificial. Analiza sus trucos y su herramienta coactiva más eficaz: a partir de los nuevos avances de la tecnología patentada en Silicon Valley, la IA es capaz de establecer diagnósticos (sobre las cuestiones más diversas, desde la ciencia médica hasta la intimidad del individuo) más precisos que la inteligencia humana, porque dispone de un manejo y de una correlación de datos imposible de igualar, en tiempo real, por el hombre de carne y hueso. En ese sentido, el filósofo francés denuncia «la propagación de un antihumanismo radical», cada vez que el tecno-liberalismo, a través de una neo-lengua gerencial, busca “reducir ciertos elementos de lo real a códigos binarios excluyendo una infinidad de dimensiones que nuestra sensibilidad sí puede capturar y que escapan al principio de una modelización matemática”.

El autor pone sobre el papel argumentos que linkean con el imaginario sartreano, aunque obviamente traducido a otro contexto: “De ahora en más, esperamos de los procesadores que nos gobiernen con maestría, que nos liberen del fardo que soportamos desde el alba de los tiempos y que sin embargo constituía hasta hace poco la sal de la vida y nuestra relación con el mundo: el hecho de tener que pronunciarnos a cada instante y generar un compromiso; en síntesis, el hecho de poner en juego nuestra responsabilidad”. Y sigue: “Lo que se juega es la negación de nuestra vulnerabilidad, esa fragilidad constitutiva de nuestra humanidad que le hace decir a Aristóteles que ‘una vida tan vulnerable, sin embargo, es la mejor’”.

En su genealogía de la verdad, Sadin cita a Nietzsche. Dice que el autor de El origen de la tragedia ya señalaba que la voluntad de «hacer sentido con todo» se derivaba de una negación de la complejidad irreductible que gobierna la vida. Nietzsche relacionaba esta negación con la locura. La relativización de esa noción de Verdad, que rastrea en Foucault, enDerrida («La verdad: es en su nombre maldito que nos hemos perdido”) y en Baudrillard (“la verdad es aquello de lo que hay que liberarse lo más pronto posible y pasarle el problema a otro”) encuentra hoy un nuevo cambio de paradigma, que le restituye la potestad perdida.

En este nuevo régimen de verdad, sostiene el filósofo, ya no sirven las categorías posmodernas impuestas en las últimas décadas del siglo XX.  “No se trata tanto de ‘control’ y recolección abusiva de ‘datos personales’ sino de una conformación bastante distinta cuyo objetivo no es vigilar sino influir sobre los comportamientos”, escribe.  A este «Leviatán algorítmico» no se lo puede enfrentar como a los viejos dispositivos de poder institucionales, ya que “nunca lo podemos tener frente a nosotros, a fin de que, con total lucidez, podamos saber de qué se trata, porque nunca nos muestra la totalidad de su rostro y huye indefinidamente, libre así de ejercer, al abrigo de cualquier forma de oposición consecuente, sus plenos poderes”.

Sadin alerta también contra la inminente instauración de un «Estado plataforma». Una institución política que operaría en retirada, según su visión, «para que todo funcione como un procesador que regularía la actividad pública». El nuevo ethoseconómico se legitima a través de una falsa idea de «eficacia» que permea sobre la administración automatizada de las conductas, a través de las aplicaciones. A todo esto la política se pega un tiro en el pie: “El designio consensuado social-liberal no hace sino satisfacer la ambición ultraliberal que ve en dicha automatización la oportunidad histórica de reducir las prerrogativas del Estado, percibido como un vector de perturbación del orden espontáneo del mercado”. El Estado que tiene más cerca es el que conduce Emmanuel Macron, líder que pretende instituir “una nación que piensa y actúa como si fuera una start-up”. La mayoría de los funcionarios actuales se desempeñan, dice, como «community managers».

El autor no es optimista, como puede apreciarse en estas líneas. Porque inclusive en las manifestaciones de descontento actuales percibe la reproducción de esa matriz filosófica: “todas estas comunidades no saben ver más allá de la idea fija de la protección de la vida privada tan emblemática del egoísmo generalizado de la época: jamás se preocupan por los modos de organización inducidos por los sistemas, por el utilitarismo creciente, por las lógicas de poder que se están implementando. No: están obnubiladas únicamente por la preocupación por la preservación de los datos personales. La libertad se restringe a una dimensión estrictamente individual, pero se defiende en el seno de una ‘causa común’”.

Aunque desencantado, Sadin vuelve a Foucault para exigir de la gente una «intolerancia activa» que enfrente, en este caso, la deshumanización radical producida por el tecno liberalismo. “Defender lo real se convierte en el nuevo nombre singular de la principal lucha política de nuestro tiempo”, concluye, tratando de contagiar a los lectores un entusiasmo que evidentemente no le sobra.

Fuente: https://www.pagina12.com.ar/290718-eric-sadin-alerta-contra-la-propagacion-de-un-antihumanismo-

La pérdida de un gigante (en honor a David Graeber)

Angelina Kussy

El miércoles, 2 de septiembre de 2020, murió inesperadamente a los 59 años David Graeber. Antropólogo económico estadounidense, profesor de London School of Economics and Political Science, activista por la justicia social, una de las caras del movimiento Occupy Wall Street, y uno de los intelectuales modernos más originales y provocadores que el mundo de hoy necesitaba tanto: “No había ningún mito que no cuestionara, ninguna hegemonía que no pudiera exponer. Vio a través de cada artimaña que tienen los poderosos” – escribió sobre él en Twitter otro antropólogo económico, su amigo, Jason Hickel. En una carta en la que expresaba su desacuerdo con la decisión de la Universidad de Yale de no prolongar a Graeber su contrato (por sus opiniones y compromiso políticos), Maurice Bloch lo llamó el antropólogo más eminente de su generación.

En su caso, la brillante carrera académica fue solo una herramienta más para luchar por la justicia social con la que estaba profundamente comprometido. Fue hijo de una judía y sindicalista de textil nacida en Polonia y de un miembro de las Brigadas Internacionales que luchó en la guerra civil española. Su padre, cuando no estaba en el frente en Benicassim, pasaba el tiempo en Barcelona. Al finalizar una conferencia sobre la revolución en Kurdistán en abril 2018, Graber me dijo que por eso sabía que el anarquismo es algo para todo el mundo: “siempre digo, ¿por qué hay tan pocos anarquistas? No es que la gente piense que el anarquismo es una mala idea, ¡piensan que es una locura! Que nunca funcionará. Que si dejas a las personas con sus propios dispositivos (leave the people to their own devices) se matarían entre ellas, habría crimen, caos, la gente no podría tomar decisiones. Pero yo no fuí educado de esa manera porque mi padre había sido testigo del anarquismo y funcionó bien. Y si lo ves como una oportunidad política viable, por qué no estarías por ella (why not you would be for it?)”. Creía en un mundo sin instituciones paternalistas y controladoras, en la inteligencia colectiva y la democracia directa, era profundamente libertario igual como lo fue, por ejemplo, Murray Bookchin. Pero no le gustaba llamarse ni que le llamen anarquista, consideraba que era algo que se hace, no un tema identitario.

Como crítico acérrimo de las instituciones financieras internacionales, Graeber estuvo muy involucrado con el movimiento Occupy Wall Street. Fue él quien dijo por primera vez (en las páginas de la revista Rolling Stone) que el movimiento de los indignados representa el 99 % de la sociedad que soporta los costos de las decisiones de unos pocos: representantes de la élite política y económica. «El 99 por ciento somos nosotros» (somos el 99%) es ahora el lema que utilizan los movimientos alterglobalistas de todo el mundo. Luchó también por la abolición de la deuda impuesta a los países del así llamado Tercer Mundo. Era un gran defensor del pueblo kurdo, de su revolución encabezada por las mujeres y su idea y práctica del Confederalismo Democrático. Su aversión a la burocracia, al afán de algunos por controlar a los demás, y su creencia en la imaginación humana, lo llevaron a defensar la Renta Básica Universal y explicaba por qué observamos tanta resistencia hacia esta política: “La clase dominante se ha dado cuenta de que una población feliz y productiva con tiempo libre en sus manos es un peligro mortal”.

Seguía la tradición libertaria de izquierdas. Quería ver un movimiento político no solo de trabajadores sino en contra del trabajo, lo que veía muy difícil en el mundo de hoy. Últimamente su atención y solidaridad estaba con la “clase cuidadora”: maestras, enfermeros, cuidadoras, médicos. Los que encabezan la lucha contra las políticas de austeridad y los que, según él, deben rebelarse todavía más. Se podría decir que este fue su sujeto revolucionario: las personas que cuidan. Y cuidar significaba para él contribuir a hacer al otro libre. Durante la pandemia global del coronavirus se involucró en la reflexión sobre los trabajos esenciales recordándonos que “no todos los trabajos son trabajos de mierda”. Hay una parte de la sociedad que mantiene a los demás, pero es la que menos reconocimiento recibe en una sociedad en la que creamos instituciones que fomentan la crueldad y en la que son los crueles que parece que hay que admirar. En un workshop reciente de Global Teach sobre un futuro post-COVID en el que participó con activistas de todo el mundo, expresó la idea de que necesitamos otra concepción de lo que es contribuir a la economía. Esta contribución, decía, debería ser el hecho de cuidar, ya que la mayoría de las tareas que se necesitan hacer para la reproducción de la vida tienen algo que ver con el mantenimiento, no la producción. Esperábamos su libro donde lo elaborase.

En antropología su gran inspiración fue Marcel Mauss, fue discípulo de Marshal Sahlins y experto en el legado de Bronisław Malinowski. Escribió numerosas publicaciones científicas de gran peso en su disciplina, en las que se ocupó, entre otras cosas, del anarquismo como inspiración para la ciencia antropológica y de los orígenes en diferentes culturas del mundo del anarquismo (Fragmentos de antropología anarquista), de la historia de la deuda como una herramienta de dominación política (En deuda: Una historia alternativa de la economía), de la teoría del valor (Hacia una teoría antropológica del valor), de la relación entre la magia y los restos del sistema esclavista en Madagascar (Lost People: Magic and the Legacy of Slavery in Madagascar), de La utopía de las normas: De la tecnología, la estupidez y los secretos placeres de la burocracia o, más recientemente, de la proliferación de trabajos sin sentido (aunque muy bien remunerados), producidos por el capitalismo (Bullshit jobs: a theory). Su artículo, Sobre el fenómeno de los trabajos de mierda, de 2013, circuló en múltiples idiomas por todo el mundo. Fue el mejor ejemplo de un académico público (public intellectual), que no estaba encerrado en su despacho y concentrado en su “carrera”, tomaba su tiempo para transmitir el conocimiento de la manera más accesible posible y al público más amplio posible.

“La persona más brillante que he conocido” escriben ahora tantos intelectuales y activistas que lo tenían cerca. David era un mentor, un sabio, y me atrevería a decir que especialmente importante para nuestra generación, los Millenials, la cual ha heredado de la generación anterior tantas creencias que no se ajustan a la realidad con la que hemos de lidiar. Graeber nos abría los ojos al funcionamiento del sistema y las convicciones morales que sostienen las desigualdades y la violencia cotidiana, pero bien encubierta. Nos daba herramientas para que podamos entender el mundo, defendernos y por lo tanto ser más libres, no solo como sujetos políticos, sino también en nuestras vidas privadas. Como hizo a través del mensaje principal de su libro sobre la deuda donde constató que «No hay mejor manera de justificar las relaciones basadas en la violencia, de hacer que esas relaciones parezcan morales, que reformulándolas en el lenguaje de la deuda, sobre todo, porque de inmediato parece que es la víctima la que está haciendo algo mal». En nuestra cultura cristiana entender que no le debíamos nada a nadie era liberador.

Visto por sus amigos, era un gigante no sólo del intelecto y compromiso político, sino también de carácter. Lo veían como una persona íntegra, con un extraordinario sentido del humor pero muy “serio sobre la solidaridad”, “incorruptible”. “Sin ego”, “inocente”, aunque no tenía pudor ninguno en dar expresión a una de sus características intrínsecas: la alergia que tenía al bullshit, dogmas que pretenden explicarse por sí solas. Sobre todo si venían por parte de aquellos con poder y estatus. “Como persona de clase trabajadora que detestaba, con cada fibra de su ser, cualquier atisbo de elitismo académico, la creación de redes y la charlatanería. Muy a su costo personal, rechazó estos extraños rituales sectarios de la vida académica” – escribió sobre él Andrej Grubačić, un disidente anarquista para quién Graeber fue el mejor amigo durante los últimos 20 años.

No hay duda que David ha marcado las vidas de muchas personas que militaban codo a codo con él, “ocupando cosas”, como él llamaba lo que hacía, igual que las que educó intelectualmente y políticamente a través de sus escritos. Hemos perdido un guía y un ejemplo y es una pérdida irrecuperable y difícil de procesar. Steve Keen, profesor de economía, otro de sus amigos, profesó al enterarse de su

fallecimiento: “Soy agnóstico, pero por primera vez, deseo que haya vida después de la muerte”. Como activistas, tenemos que seguirle en su postura anti-cínica, anti-dogmática, pero combativa y empoderadora. Las antropólogas nos agarramos a la preciosa frase de Hickel en Twitter con la que acaba su despedida: David es un antepasado ahora. Y los antepasados nos guían.

Fuente: www.sinpermiso.info,

Polarizar y comprender la centralidad del negacionismo, dos armas para derrotar el bolsonarismo

Entrevista especial a Patrícia Valim / por João Vitor Santos

Traducción: Decio Machado / Universidad Nómada del Sur

No es nuevo que muchos analistas señalen que la izquierda nacional sigue desorientada con el resultado de las elecciones de 2018. Mientras tanto, incluso con tropiezos y muchas controversias, el gobierno de Jair Bolsonaro sigue demostrando su resistencia y poder de reacción. Este dato se confirma por encuestas que muestran un aumento de su aprobación en el Nordeste, considerado uno de los bastiones petistas -en la primera mitad de agosto, DataFolha señaló una caída en el rechazo del Bolsonaro del 52% al 35%-. Para la historiadora Patrícia Valim, es muy reduccionista explicar esta adhesión de los nordestinos sólo considerando la concesión de ayuda de emergencia durante la pandemia. «Hay varias cosas, hay una profunda ignorancia de Brasil. Y ya podríamos estar en otra situación si hubiéramos tendido nuestra mirada hacía la Historia pública ampliamente difundida», señala.

Además problematizar la adhesión a Bolsonaro en el Nordeste y la falta de sensibilidad generalizada para entender lo local, en esta entrevista telefónica a IHU On-Line, Patrícia desarrolla dos tesis centrales. La primera es que, contrariamente a lo que se ha dicho, la izquierda necesita apostar por la polarización para enfrentar al bolsonarismo. «Nuestra salida es la polarización, porque de lo contrario se establecen relaciones de equivalencia y por lo tanto siempre gana lo nuevo. Y lo nuevo con ayuda de emergencia ganará aún más. Este escenario es la puerta de entrada», señala. «Somos diferentes y la población necesita entender cuál es la diferencia, necesitamos explicar a la gente quiénes somos, qué defendemos. No digo que seamos mejores o peores, pero somos diferentes y la población necesita entender, tener otra opción», explica.

Patrícia Valim es licenciada en Pedagogía e Historia por el Centro Universitario Fundação Santo André, en el estado de São Paulo. Tiene una maestría en Historia Social y un doctorado en Historia Económica, ambos de la Universidad de São Paulo (USP). Ha desarrollado una investigación postdoctoral en el Programa de Posgrado en Historia de la Universidad Federal de Bahía (UFBA). Actualmente es profesora adjunta de Historia Colonial Brasileña en el Departamento de Historia de la UFBA. Entre sus publicaciones, destacamos los libros Corporação dos enteados: tensão, contestação e negociação política na Conjuração Baiana de 1798(Salvador: EDUFBA, 2018) y Outras abordagens no Ensino de História (São Paulo: Editora Ática, 2012).

Entrevista.

La ayuda de emergencia y las incursiones a través del noreste de Brasil están en el horizonte del Presidente Jair Bolsonaro. ¿Vemos algún acercamiento a las estrategias lulistas?

Creo que sectores de la base de Bolsonaro, o por lo menos los más cercanos a él, ya se dieron cuenta que no podrían gobernar con tranquilidad, en el sentido de reformas a políticas anteriores  sin generar demasiada tensión en el Nordeste. Históricamente, el Noreste se considera que tiene un peso significativo en las elecciones y esta región se vuelve importante en el contexto general del resultado de las elecciones presidenciales. Bolsonaro considera entre las cuestiones más importantes de su política el proyecto de implementar a nivel nacional un estado “militarizado”, tal y como ya se ha experimentado de forma piloto en Río de Janeiro. En este sentido, el noreste es una región central hasta el día de hoy, dado que terminó formando lo que yo llamo el cinturón progresista en las elecciones de 2018.

Si tomamos la suma total de los votos, veremos que Jair Bolsonaro no obtuvo llegó al 18% en la región. Para que él implemente un proceso de militarización a nivel nacional, un estado en el que se tienen todas las directrices dirigidas al armamento y una lógica militar, necesita entrar hoy en el Noreste. Y con esta pandemia, y también con este acercamiento al Centrão (alianza política conservadora conformada por varios partidos políticos), Bolsonaro entendió que el Noreste es fundamental en este proyecto de poder. Es un proyecto que me parece dinástico, porque no tiene la intención de articular este proyecto con otros grupos. Está usando a Centrão para mantenerse en el poder y no verse atrapado bajo las diferentes peticiones de impeachment (destitución) sobre su persona. Esta estrategia adoptada no es sólo lulista, sino que es una estrategia históricamente construida que fue uno de los grandes buques insignia del lulismo. Esta estrategia ni comenzó ni termina con el lulismo.

Según los últimos datos de la encuesta realizada por DataFolha, Bolsonaro aumenta su aprobación en el Noreste. Pero tu señalas conceptos erróneos en el análisis de estos datos. Uno de ellas es la nacionalización de un proceso que ocurre en el eje Rio de Janeiro – São Paulo. ¿Cuál es este proceso y cuáles son los riesgos de mirar a Brasil como si fuera Rio y São Paulo?

Soy historiadora y profesora de la Universidad Federal de Bahía, mi maestría y doctorado es sobre un evento que trata sobre un crimen de lesa humanidad conocido en la historiografía como Conjuração Baiana. Por lo tanto, pensar en la región es una de mis principales preocupaciones como investigadora y profesora e incluso pensar en la polisemia del concepto de región.

A Conjuração Baiana, também chamada de Revolta dos Alfaiates, foi um movimento de caráter emancipacionista e popular que aconteceu no século XVIII, na Bahia

¿Qué quiero decir cuando hablo de región? Es una pregunta importante para mí, para mi entorno y también por el hecho de que soy miembro del Partido de los Trabajadores (PT). Desde las últimas elecciones he estado haciendo una encuesta para el Partido y para las principales candidaturas sobre el comportamiento del Noreste. Soy de São Paulo, pero he vivido en Salvador durante cinco años y me parece fundamental entender algunas cuestiones. Una de ellas es que, desde el punto de vista de la historia, lo que se publica en los libros de texto se hace, se escribe, se piensa y se produce en Río de Janeiro y São Paulo. Así, los contenidos de estos libros que son distribuidos por el Estado brasileño desde Oiapoque a Chuí fueron pensados desde el Centro-Sur, pero tienden a ganar una dimensión nacional en la escritura de estos contenidos por los historiadores de estas regiones. Hay obras que muestran esto, no es mi impresión.

Y esta perspectiva se extiende a la política, porque las sedes de los partidos con mayor proyección nacional están en el Centro-Sur. El PT, por ejemplo, tiene su sede en Vila Mariana, São Paulo, aunque el apoyo del Partido de los Trabajadores desde el punto de vista nacional está actualmente lejos del Centro-Sur; de hecho, está precisamente en el Nordeste. Por lo tanto, para que el PT continúe sobreviviendo bien en la escena política, es necesario que el Noreste sea muy combativo en relación al bolsonarismo.

Desde el pasado hasta el presente

Sucede que este mismo movimiento que vemos en la Historia, en la escritura de la Historia y en la elaboración de los libros de texto didácticos -y esto se da incluso durante los gobiernos petistas, ya que hay cinco empresas transnacionales que hacen esto y están todas en São Paulo y Rio de Janeiro-, hace que las innumerables luchas, desde la llegada de los primeros portugueses hasta las diversas luchas por la independencia de Brasil sean silenciadas y borradas a partir de estas asimetrías regionales. Esto tiene una implicación muy seria en la escena política históricamente.

Desde el punto de vista de la derecha, de un proyecto de país cuya riqueza está concentrada en manos de unos pocos, en un país con diferencias económicas, sociales y culturales, el hecho de tener una región subdesarrollada cerca de otra más desarrollada hace que esta región más desarrollada se beneficie además del subdesarrollo de la otra región. Si podemos hablar de colonización epistemológica cuando pensamos en la escritura de la historia, también podemos hablar de colonización política. Las propias reuniones nacionales del partido no tienen estos factores en cuenta.

Por ejemplo, en la última convención del PT, durante varias reuniones que tuvieron lugar en la región Noreste, fue gente del Centro-Sur la que vino a hablar aquí. Hasta que un día hice un post y lo publiqué en un sitio web preguntando: «¿No tienes ningún liderazgo político del PT en el Norte y Noreste? ¿Ni hombre ni mujer? Sólo el Centro-Sur hace política?’. El PT deja las elecciones de 2018 con casi 48 millones de votos, ¿para qué? Bueno, ¿por qué? Bueno, eso es una falta de respeto.

Concepto erróneo

Así que, incluso en el campo de la izquierda tienes este fenómeno que es increíble. Y esto genera una idea equivocada incluso en el origen de un entendimiento de Brasil, que es pensar que tenemos un Estado brasileño que surgió en 1930, con Getúlio Vargas. En realidad, es un estado que surgió cuando ya casi tenían cuatro siglos de otros estados, de otro Brasil, con esclavitud, con asimetrías, con latifundios, varios sistemas de trabajo obligatorio, varias unidades de producción, ritmos políticos distintos e historias completamente diferentes. Todo esto hace, por ejemplo, que una investigación nunca entienda al Brasil en su diversidad regional.

El desafío del Brasil profundo

Esto significa que las políticas públicas, elaboradas históricamente por los gobiernos que ocuparon las estructuras internas del Estado, no tengan corte regional; excepto el PT. Y mi argumento es exactamente ese, porque cuando se tiene la dimensión del Brasil profundo -y muestro estos datos en un artículo- y aún así hay una opción política de invertir en la región Centro-Sur, hay un fuerte problema allí. Tanto es así que el centro de elaboración y difusión mediática de la propaganda es el Centro-Sur. No por casualidad, Río y São Paulo.

Diferencias regionales

Y sobre la encuesta DataFolha, en relación con Bolsonaro, quien analiza los resultados está mirando a São Paulo. Es muy común ver a los pobres de la región Sudeste de la misma manera que a los pobres de la región Noreste. Y no es así. Aquí no se tienen dientes, tener la dentadura completa es raro; no hay agua, un millón de cisternas pueden resolver el problema más urgente de la escasez de agua, pero no se universaliza. Es otra realidad.

Por eso hay que mirar con cuidado, pensar con cuidado, caso contrario haces un pastiche y sigues patinando porque no sabes del lugar, porque no miras este Brasil con cuidado, con la calma que requiere la Historia.

¿Por qué se mira este Noreste de manera tan homogénea y cómo romper con esto, mirando hacia los diferentes estados y sus particularidades?

Tenemos esta reinvención del Nordeste -usando una expresión del historiador Durval Muniz-. Es la invención de un Noreste atrasado, incivilizado, estrecho de miras, servil y siempre sumiso al Centro-Sur. Además, el subdesarrollo del Noreste es una decisión política. No es algo natural que ocurre debido al mal tiempo, pero es un proyecto, una decisión política. Y así tenemos toda una historia que muestra a la gente siendo expulsada de sus regiones para ser sobreexplotada en el Centro-Sur bajo lógicas de subempleo.

Hay todo un Estado liberal, neoliberal que hace esta narrativa del Noreste, sobre todo para destacar el desarrollo del Centro-Sur con la idea de boba de ser la locomotora de la nación. Es una locura increíble. Y estos modelos e ideas, estos inventos, son retomados de tarde en tarde. Si tomamos las manifestaciones de la clase media movilizando el verde-amarillo, una vez más en la Historia, veremos que también está movilizando la idea de la locomotora de la nación. Esto implica darse cuenta de que cuando una región es la locomotora de la nación, la siguiente premisa es que la otra región está en la playa, es decir, algunos trabajan para que otros estén en la playa. Me canso de oír eso, cuando la pregunta obviamente es otra.

Turismo nas prais do Ceará- Foto: Cláudia Trivella/ Fotos Públicas

Que haya una derecha liberal que se beneficie de estas estructuras y de esta narrativa lo entendemos, porque son quienes han construido esto. Ahora bien, cuando la izquierda compra esa narrativa, como ocurrió ahora en el episodio del análisis de los datos de la investigación sobre la aprobación de Bolsonaro en el Nordeste, y se justifica diciendo que las personas del Nordeste no tienen acceso a la información y no están acostumbradas a reflexionar sobre ella, esto se convierte en algo que no se puede aceptar. ¿Qué es esto? No explicamos la entrada del Noreste por esta puerta, esto es tramposo, y acabamos reproduciendo lo que la derecha nos coloca en el tapete. No podemos hacer eso.

Barriendo estereotipos

Esta idea de baianidad es una perversión para subexplotar la región. Así que si vienes aquí, haces lo que quieres, sin importarte nada. En fin, hay varias implicaciones en esto. El hecho es que, ¿cómo podemos empezar a prohibir eso? Necesitamos tener una discusión muy fraternal, primero, en el campo histórico, para pensar en la Historia de Brasil, de São Paulo, del Centro-Sur y ver cuán lejos está uno de comprender estas diferencias.

Nordeste Brasileiro

En segundo lugar, debemos mirar a estas regiones entendiendo sus asimetrías como construcciones históricas y mirar a su población, su gente, con sus propios mecanismos. Cualquier proyecto de recuperación de la democracia, no en la forma que teníamos antes, muy mala, muy limitada y con muchas asimetrías, sino en la construcción de una nueva democracia radical, no se producirá si no hacemos un pacto para reducir las desigualdades regionales. Debemos pensar al país en la dimensión que nuestra gente lo necesita. O bien, pensarnos desde nuestras diversidades respetando dichas diversidades. Creo que la cosa va ahí.

Espacio de representación

También pasa por los espacios de representación. No sólo se trata de tener hombres y mujeres, sino también de cuidar a las personas que pueden construirse a sí mismas dentro de estas regiones. Porque están construyendo el territorio a diario, están construyendo la política pública, saben de lo que están hablando también. Si miras cuidadosamente y no eres arrogante entenderás que el Sureste no lo explica todo. De lo contrario, seguiremos perdiéndolos, no hay forma de pensar en un proyecto, sea cual sea, basado en el Brasil profundo históricamente sin plantear estas cuestiones. Ya no se puede tener una región próspera en detrimento de otras.

A imagem do sertanejo como sofredor e miserável deve ser superada ao conhecer as formas de vida e de produção no nordeste (Foto: Centro Sabiá)

¿Y toda esta construcción que se está haciendo no es un profundo desconocimiento de Brasil? ¿Cómo podemos entender el hecho de que, en el Brasil colonial, las capitanías del Nordeste eran más codiciadas y con el tiempo esta región se vio más empobrecida?

Hay varias cosas, y además tienes razón, hay una profunda ignorancia sobre Brasil. Y ya era posible que hubiéramos avanzado a este respecto si hubiéramos extendido la mirada a la Historia ampliamente difundida, que es la Historia ampliamente consumida por diversos sectores. Es necesario mostrar la diversidad de este país, la historia de las regiones. Esto es muy importante, porque el Nordeste no es sólo la playa, ni la caña de azúcar para la exportación del período colonial. Tenía, y todavía tiene, todo a la vez.

Durante las manifestaciones de junio de 2013, hice un estudio de las portadas de las revistas de circulación nacional y me di cuenta de que Bahía apareció unas cuatro o cinco veces; era la portada de Valor, de Exame y de Isto É. Las portadas eran así: Bahía, la nueva China de Brasil. La cantidad de dinero, de inversiones chinas en Bahía -y en el Noreste hasta hoy- es increíble. Superó, con mucho, la inversión de China en el Sudeste. El número de estudiantes matriculados en las universidades públicas del Noreste durante este período superó al de los matriculados en el Sureste. Esto tiene una implicación histórica y todavía estamos cosechando los frutos. Esto incluye la construcción del cinturón progresista. Hay nuevos agentes, nuevas epistemologías, nuevas formas de existir y resistir en la esfera pública. Eso transforma al país.

El Noreste no está separado, es el Centro-Sur el que tiene este discurso. No podemos caer en esta cuestión. Conocer la historia de estas regiones, no sólo del Nordeste, sino de todas ellas, significa conocer la diversidad y respetarla. Pero también significa lo que falta en los gobiernos de centro-izquierda, que es la alfabetización política. Hay que enseñar qué es la diversidad, qué es el respeto; hay que enseñar los valores republicanos, enseñar qué es y cómo respetar una democracia, de lo contrario no sabrás lo que te falta, no tendrás la dimensión del golpe, de todo lo que te quitaron, de lo que podrías tener. Los americanos llaman a eso alfabetización política y eso es importante, es una salida fundamental y es una decisión política.

Colonización epistemológica

Y eso es algo muy difícil de convencer. Sólo para tener una idea, aquí en Bahia, por ejemplo, y en los otros estados gobernados por el PT, el libro de texto sobre el que se aprende nuestra Historia no está escrito ni hecho aquí. Como dije antes, el libro de texto está escrito y producido en el Centro-Sur. El conjunto de historias, hechos y eventos que conforman esta Historia que se narra en este libro de texto no tiene nada que ver con la Historia del Noreste. Es una colonización epistemológica pesada y profunda. Esto es intencionalmente construido.

Veamos otro ejemplo. Hubo una telenovela de la Rede Globo llamada Velho Chico, que fue muy comentada porque tenía como protagonista al río São Francisco. Es una cosa maravillosa, aunque el río era falso, porque el río utilizado en el rodaje fue el Paraguaçu, que pasa por Bahía hacia el cóncavo -uno de los actores murió, de hecho, tragado por el río São Francisco-. Nótese que estamos hablando de una telenovela que pasa en horario de máxima audiencia, de Oiapoque a Chuí, incluso fuera del país, teniendo un río bahiano que cruza el Noreste.

Pues bien, la casa del padre de la joven estaba en la región del cóncavo bahiano. Cuando miras, desde la primera escena hasta toda la telenovela, te das cuenta de que no hay una licuadora en la casa de esa persona. Toda la estructura de las escenas parece una imagen de Debret del siglo XIX, con una estructura arcaica, de un pesado y viejo noreste, erosionado por un pasado que se refleja en la ropa de los personajes que fueron el padre y la madrastra de la joven. Esto es algo increíble.

Reprodução da obra de Debret, em que reconstrói o nordeste do Brasil colônia, imagem que para muitos ainda é atual

Cuando empiezas a analizar las escenas, te das cuenta de cosas como, por ejemplo, una samba del cóncavo se transforma en algo impresionante. La joven llega de sus estudios en Europa, montada en un caballo blanco, a una fiesta donde se reparte cachaça -y esto es cierto, es muy común aquí- y la gente comienza a «convertirse en el santo» a partir del samba. Las escenas son como si la gente tuviera ataques epilépticos, se caen al suelo. Esta es una escena de “virar no santo», pero esto no existe en la samba del cóncavo.

Estos ejemplos son para pensar en una idea del Nordeste que está absolutamente atrasada y que justifica una narrativa de la derecha del Centro-Sur que dice que el Nordeste no quiere trabajar y que vive de la Bolsa Família y esta es la razón de su atraso. Sin embargo, esto no es cierto. Y cuando se hace una encuesta como la de DataFolha, cuando hay sociólogos que responden como lo hacen, no actúan de manera diferente, porque refuerzan esta lectura absurdamente equivocada y clasista. Pero esto no procede, ni siquiera desde el punto de vista estadístico. Hay muchas regiones en el Centro-Sur que reciben más recursos de bienestar que los estados del Noreste. La idea es que esta narrativa del Centro-Sur tiene que ser mediada todo el tiempo. Incluso las narrativas más bien intencionadas de los campos progresistas tienen la práctica de tomar fenómenos y datos del Centro-Sur y extenderlos al resto del Brasil. Esto es una perversión.

Los estados del noreste con las tasas más altas de recepción de ayuda de emergencia son Maranhão y Piauí. Sin embargo, los estados con las tasas más altas de aprobación del gobierno de Bolsonaro son Bahía y Ceará. ¿Cómo analizas este escenario?

La propuesta que hago para esta entrada de Bolsonaro -por cierto, la esbocé a principios de este año, casi sin saberlo, en un texto titulado «¿Por quién doblan las campanas a la izquierda petista?”- es que estábamos en ese momento, a principios de año, en un billar de carambolas y que Bolsonaro no encontraría resistencia si los pequeños gobiernos continuaban actuando muy en sintonía con su política económica y cultural. Y fue dicho y hecho. ¿Cómo se explica que en Maranhão y Piauí, aunque Piauí esté gobernado por el PT, el apoyo no haya crecido en la misma medida? Se explica por las políticas adoptadas, por ejemplo, en Bahía. Esto es parte de una tesis más grande, en la que Vladimir Safatle dice que la izquierda muere. ¿Pero cuándo muere el izquierda? Obviamente es una muerte simbólica, pero es cuando deja de polarizarse con la derecha. Es una tesis que va absolutamente en sentido contrario a la de los liberales cuando proponen que la polarización debe ser detenida. Nuestra salida es la polarización, porque de lo contrario se establecen relaciones de equivalencia y entonces lo nuevo siempre gana. Y lo nuevo con ayuda de emergencia ganarán aún más. Es como abrirle la puerta al asaltante, recibirlo con una alfombra roja y ofrecerle un té a las cinco de la tarde.

Tenemos aquí en Bahía, por ejemplo, la privatización del organismo regulador del agua -estoy hablando, nada más y nada menos, que del agua – tenemos la militarización de las escuelas estatales, tenemos una reforma de las pensiones que se hizo en ausencia de los funcionarios públicos, sin diálogo y con las tropas de choque en el seno de la Asamblea Legislativa – nunca he visto una cosa así, ni la derecha lo había hecho antes. También hay un gobernador que polemiza todo el tiempo con el Ministerio Público, cuando podría andar en sociedad con ellos, tiene políticas que no ponen dinero en la cultura y así sucesivamente. Finalmente, todo lo que Bolsonaro hace en la dimensión nacional se ha hecho aquí en la dimensión estatal. ¿El sujeto verá una diferencia dónde?

«¿Cómo salimos de esto?»

Creo que esa es la explicación y eso hace que la vida en la izquierda sea más complicada. No tiene sentido dar una explicación simple y rápida si no vas a señalar una salida. ¿Cómo salimos de esto? Creo que esa es la cuestión. Creo, y los datos lo demuestran, que la resistencia a Bolsonaro tiene que darse aquí. En Maranhão y Piauí hay duros focos de resistencia. Bolsonaro avanzó en relación a la aprobación que tenía aquí, que era muy baja, pero está lejos de tener hegemonía en el Noreste. Creo que todavía tenemos condiciones para revertir el curso de la partida aquí.

Tomada por el Noreste

El Noreste es cada vez más importante para el renacimiento de la democracia nacional. Pero no puede ser lo mismo de siempre, «el Noreste nos salva para que podamos seguir jodiéndolo después». Ya no puede seguir siendo así, tenemos que parar, hacer un gran pacto. Tenemos que entender que aquí en el Noreste, la dentadura completa es un privilegio. Y llamo privilegio a lo que no puede ser universalizado, todo lo que puede ser universalizado no es privilegio. Y tener la dentadura completa por aquí es un privilegio. ¿Alguna vez has visto algo así?

El tipo nace y no tiene la opción de plantar sus cultivos y criar sus cabritas. No quiere ser pobre en el Centro-Sur, no quiere recibir la Bolsa Familia. Si le preguntas, quiere quedarse en la orilla del río San Francisco, plantando sus pequeñas cosas. Su familia ha estado allí durante siglos, no tiene que le saquen de allí para construir Belo Monte, ponerlo en medio de la nada y darle Bolsa Familia. No puedes tomar la tierra de la gente y convertirlo en pobre.

Discurso de seguridad

Cuando un gobierno de izquierda hace un trato como ese, ¿a quién va a votar? A quien le promete seguridad, porque es un acuerdo entre partes. Es inútil pensar que Bolsonaro actúa en un solo frente. Tiene un gran proyecto para militarizar el país y esto implica vender una narrativa que da seguridad al pueblo, y esto no procede. Tenemos en el país un inmenso predominio de madres solteras que crían a sus hijos solas, un genocidio de la población negra, objetivo de los PM (Policía Militar). Mira cómo cerramos la ecuación. Si no tienes un gobierno de izquierda progresista que se polariza con el fascismo, igualas y pierdes el juego. Y aquí estamos hablando de fascismo, porque no es un liberal radical, sino un fascista. El sujeto es genocida; calcula, en su gobierno, una cierta cantidad de la población que puede morir y está operando en esta dimensión.

Los analistas señalan que la izquierda brasileña parece empapada de letargo mientras avanzan las alas de la derecha y la extrema derecha. Uno de los factores que llevaría a este escenario es que la izquierda habría perdido el contacto con la calle. ¿Está de acuerdo? ¿Y qué sería eso de «perder el contacto con la calle»?

Estoy de acuerdo y no estoy de acuerdo. No estoy de acuerdo porque es así: la izquierda del Centro-Sur se dirige hoy, desde que fue golpeada, por lo que yo llamo «los retornados». Son personas que regresan a sus localidades y están muy preocupados por garantizar algún espacio dentro de la burocracia del partido. Y aquí estoy hablando de la izquierda hegemónica, del petismo, porque no tiene sentido hablar de las formas que por sí solas no se acumulan, no se pueden cambiar, no se pueden proponer. Hay varios colectivos y partidos que están construyendo un camino, pero aún así desde el punto de vista histórico y cuantitativo hay un poder que es el Partido de los Trabajadores, un poder electoral extremadamente capilarizado, con más de dos millones de miembros.

Por ejemplo, en la Fundación Perseo Abramo hay una disputa fratricida. Soy asesora de la Perseo Abramo y se ha producido un desmantelamiento con políticas muy sofisticadas que provenían de la gestión de Marcio Pochmann. Ahora hay una clase allí que hace un negocio increíble. Son personas que han estado allí desde la fundación del PT y si vamos con ellos, vemos que día y noche, noche y día el boletín sale de lo que el presidente de la Fundación Perseo Abramo piensa del mundo. Amigo, no nos importa lo que piense.

Son personas que tienen dificultad para construir colectivamente, porque a estas alturas del partido están muy cansados, ya hay cierta acumulación histórica, como es el caso de José Dirceu, y tratan de sobrevivir dentro de esa lógica y esa burocracia partidaria. Eso está en el Centro-Sur. Aquí no, tenemos una izquierda que va mucho a la calle, que está muy en el sertão, apuesta mucho a la economía solidaria, está muy involucrada en los colectivos que se han construido. Por eso no creo que esta lógica de la calle se pueda encontrar en el Noreste.

El letargo en la izquierda

¿Hay un letargo de la izquierda en general? Creo que hay y tiene que ver con la escasa voluntad de estar en la calle, también es una dificultad para calificar y entender el bolsonarismo. Si no entiendes a lo que te vas a oponer, es difícil marcar una posición. Hay una dificultad en la comprensión del bolsonarismo y la realidad ha demostrado que no es un bloque, no es algo que está dado. Necropolítica es la palabra más dicha y menos comprendida en los últimos tiempos.

El bolsonarismo es algo que va más allá de Bolsonaro. Si Bolsonaro deja la escena, si se retira, seguiremos teniendo un gran problema porque es un modo de vida, es un proyecto económico, es un “paulo-guedismo», pero también es Damares dándonos la línea, es el negacionismo dándonos la línea del Estado. Es decir, tiene sus dimensiones. Y hay una dificultad para entender todas estas dimensiones.

Entonces, todavía hay una dificultad de análisis, porque se están analizando  fenómenos de manera equivocada. Creo que los instrumentos analíticos de la realidad deben ser cambiados, deben ser calibrados. Por ejemplo, el análisis de esta investigación de DataLeaf no se acumula políticamente, no muestra ningún camino. Sólo dice que Bolsonaro ha avanzado porque la población del Noreste es analfabeta, no tiene acceso a la información y eso es todo. ¿Pero eso qué significa? Supongamos que eso es verdad -no lo es- pero supongamos. ¿A qué conduce eso? Si hace qué con estos datos… Entonces terminas naturalizando algo que no es natural. Es una construcción, es un debate, esta tensionado y en disputa. Tenemos que calibrar los instrumentos analíticos a la realidad.

Gobernadores

La otra cosa es que tienes que llamar a tus gobernantes y ponerles en su sitio. No necesito ser o convertirme en evangélico para dialogar con los evangélicos que votaron por Bolsonaro. No puedo tener superioridad moral, no puedo tratar de convencer a un evangélico de que no sea evangélico. Entiendo que este es el camino de los gobernantes petistas de la izquierda. No tienes que operar en el bolsonarismo para ganar una elección. Al contrario, tienes que entenderlo. Pero se niegan a entender en absoluto.

¿Lo que intenta decir es que a la izquierda hegemónica le falta por enterrar algunos modelos analíticos y figuras del pasado para entender realmente este nuevo fenómeno?

Tampoco así, porque de esta manera me pones en una situación complicada. Verás, en relación a José Dirceu, yo suscribo todo lo que él habla. Pese a que él haya sido altamente criminalizado en la esfera pública, es alguien dentro del PT que está entendiendo todo lo que está pasando. Está muy atento a los temas y para él está muy claro, en cuanto a una parte del PT, que ya no da, porque hay premisas de ruptura, de golpe, que es necesario reformularse y cambiar. Y las políticas deben ser pensadas a partir de ahí, las estrategias deben ser elaboradas teniendo en cuenta que el golpe es un golpe. Es inútil que se denuncie el golpe y que siga pensando en la estrategia política como si el golpe no hubiera ocurrido.

Dos ejemplos prácticos: hay apoyo para un liderazgo bolsonarista en Belford Roxo, en Río de Janeiro. Mira dos pesos y medidas. Entonces Valter Pomar va allí y monta un relajo porque no puede mantener a un bolsonarista. No puede, ok. Pero si miras aquí en Bahía, ¿cuál es el candidato del PT para la ciudad de Salvador? Es un policía. ¿Y quién es el candidato a diputado de este policía? Un sargento. ¿Qué es eso? Esto es una locura. El bolsonarismo llega a esto, eso es, abres la puerta de tu casa, extiendes la alfombra roja, pides sentarte en tu salón y sirves el té en el mejor juego de porcelana. Entonces lo justificas diciendo que en Salvador hay alianzas y no sé qué… Pero no es así como funciona, ya no estamos bromeando. Esa candidatura es un error.

La candidatura de São Paulo, la forma en que fue elegida, es una lástima, y ha sido señalada innumerables veces. José Dirceu, yo, y un grupo de gente ha señalado públicamente esto. Ahora, ¿qué pasó? Fue tan feo que un grupo fue obligado a manifestarse públicamente, un grupo de petistas históricos, contra el PT. Eso es lo que estamos consiguiendo. Así que tenemos que calibrar los mecanismos de análisis, y ahí refuerzo esta idea de que no están siendo capaces de entender lo que es el bolsonarismo, sin querer parecer arrogantes.

Una mirada diferente

También hay que mirar a Brasil de otra manera, hay que entender que la fundación del partido tiene como objetivo formular una política pública y no incitar a lo que el presidente piensa o ya no piensa, no fue nombrado para eso. Está allí temporalmente y tiene que producir, tiene que entender la realidad y no la está entendiendo. Eso es lo que tienes que hacer si quieres continuar como una fuerza hegemónica.

Una vez más: es necesario polarizar

Dentro de la izquierda creo que es un proyecto para construir la hegemonía. No es necesario construir una hegemonía tosca, se puede construir una hegemonía interesante, pero no de esa manera. Porque no es que el bolsonarismo vaya a avanzar, sino que va a hacer una política de tierra quemada. Es por eso que tenemos que frenar a Bolsonaro. Pero, ¿cómo se le bloquea? Polarizando. Tendrás que polarizar a la izquierda, centro-izquierda, no tendrás más remedio que polarizar. Somos diferentes y la población necesita entender cuál es la diferencia, necesitamos explicar a la población quiénes somos, qué representamos. No digo que seamos mejores o peores, pero somos diferentes y la población necesita entender, tener una opción. Cuando no se polariza, se merma la opción de la población, y entonces siempre aparece lo nuevo. Esto es así desde que el mundo es el mundo. Tenemos un problema al interior del partido.

El PSol, en este sentido, se pone de una manera mucho más atrevida -no me gusta este término, pero a falta de uno mejor…- porque mira, ve y oye, crece mucho en la política nacional con [Guilherme] Boulos. [Fernando] Haddad es maravilloso, tiene una comprensión muy interesante de la realidad, pero es masacrado dentro del PT todo el tiempo, lo están masacrando porque es liberal. Pero entonces, ¿qué significa eso? Cuando pones un gobernador como Rui Costa, ¿qué significa? ¿Es un revolucionario que salió de la Revolución Rusa?

¿Cuáles son los desafíos para la izquierda nacional en la construcción de caminos alternativos al bolsonarismo?

Hay una pregunta que he estado pensando con el colega Alexandre de Sá Avelar, profesor de la Universidad Federal de Uberlândia. Vamos a publicar un artículo que aparecerá en la Revista Cult en el que hemos desarrollado el argumento de que el bolsonarismo será derrotada cuando entendamos cuál es la línea central de su gobierno. ¿Qué ocupa el centro de la ideología bolsonarista, el centro de la política bolsonarista en el siglo XXI? Nuestro argumento es que es negacionismo.

El negacionismo no es sólo el acto de negación, sino que es el acto de negación en varias etapas y, al mismo tiempo, se niega y se construye todo un universo histórico, un universo simbólico. Cuando niegas una cosa, tienes que poner otra en su lugar. Y Bolsonaro está construyendo una idea de sociedad que ya está bastante naturalizada entre nosotros. Esto es parte de su entrada en el Noreste. Al no pensar en esta posibilidad, creo que perdemos…

Gracias a su negación, ha podido naturalizar el hecho de que hay más de 100.000 muertes por covid-19. Así que niega la gravedad de la enfermedad, niega los protocolos para evitar el contagio de la enfermedad, difunde noticias falsas, vende un medicamento, se convierte en el chico del cartel de un medicamento, la gente lo cree firmemente, sale y dice que se ha curado gracias a la cloroquina y la gente empieza a repetir esa frase.

Quando esteve com a Covid-19, Bolsonaro intensificou a campanha pelo uso de cloroquina (Foto: reprodução redes sociais do presidente)

El papel de la prensa

Y ahí la prensa tiene un papel clave porque no puede naturalizar estas líneas negacionistas. La prensa no puede llamar a un ministro como ese [Osmar] Terra para dar una entrevista, porque no tiene antecedentes, ni condición, lo que habla es una mentira. Cuando pones a alguien en una red nacional a decir una mentira, estás naturalizando el negacionismo.

Bolsonaro es elegido de eso, niega la dictadura cívico-militar y la llama revolución, viene al público en 2016 para elogiar a un torturador y no fue arrestado por eso, y lo naturalizaron, hicieron varios informes preguntando a la gente si esto era un problema. Al naturalizar estas mentiras, se establece un régimen histórico creíble.

Fenómeno de negación

Esto no es sólo un fenómeno brasileño. El negacionismo es la táctica central de la política de la extrema derecha en el siglo XXI. Y Bolsonaro está hecho de esto, es un desarrollo de esta forma de hacer política, esta forma de vida. Bruno Latour dio recientemente una entrevista diciendo que el negacionismo científico no sólo no niega sino que tiene la capacidad de crear otro tipo de relación entre el hombre y la Tierra, su territorio. Y esta es una idea de un país absurdamente conservador, sin conflicto, sin movilidad, sin diversidad.

El negacionismo no es algo que sea vocacionalmente de la extrema derecha. Tienes negacionismo en fases y tienes diferentes tipos de negacionismo. Hay un teórico del negacionismo, un psicólogo llamado Israel Charny, que teoriza lo que él llama negacionismo inocente: es el sujeto que termina movilizando la mentira, la negación, la materialidad de un acontecimiento en el almuerzo del domingo, no tiene la pretensión de establecer un nuevo régimen. Lo mismo ocurre cuando se niega que la situación climática es algo flagrante y que no es necesario establecer políticas y protocolos, para poner en el centro del debate. No habrá salida si el clima no se pone en otra relación humana con la naturaleza. Negar ese camino es negar la realidad misma, el presente.

Cuando el mundo entero ha estado discutiendo otros protocolos de enfoques de PM, Brasil no está tocando este tema. No es sólo Bolsonaro. En estos gobiernos de izquierda, incluso aquí en Bahía, donde el candidato es PM, se niega el genocidio de la población. Se silencia, la izquierda no toca el tema y la derecha lo niega. Estamos mal, muy mal.

Y, después de todo, ¿hay salidas?

Hay salidas y hay que articularlas. Tienen que empezar por explicar la negación. Hay que restaurar un régimen de verdadera historicidad, decir lo que no es, que somos diferentes, marcar posiciones y mirar y prestar atención en el mundo, a la acumulación política en el mismo campo. En todo el mundo, por ejemplo, la agenda antirracista es fundamental. Aquí en Brasil se coloca, por un sector de la izquierda, como una agenda de identidad. El mundo entero denuncia que Brasil es el país que más mata a la población LGBTQI+ y hay líderes de izquierda que consideran y llaman a esto una agenda de identidad. Se quedan en esa disputa sobre quién es más de izquierda, el tipo que piensa que la clase es más importante o que el género es más importante. Esa no es la discusión.

Tenemos que derrotar al bolsonarismo, pero tenemos que empezar a derrotar al bolsonarismo dentro de la izquierda. Tenemos que situarnos a la izquierda de lo que está sucediendo en el mundo. Eso es calibrar nuestros instrumentos de análisis de lo real para poder responder a preguntas a la altura del bolsonarismo. Después de todo, el bolsonarismo no es fruto de alguien que delira, es una política racional, muy bien pensada, tanto que nos está ganando a todos. Incluso cuando comete un error, gana.

No es sólo la agenda paulo-guedista. Es un régimen, una forma de estar en el mundo, es una respuesta de estos sectores al avance de las regiones, de los sectores de la sociedad al empoderamiento de las mujeres, de los negros, de la población LGBTQI+, todo esto es una respuesta. Y no es algo tangencial; la lucha antifascista, la lucha feminista están en el centro del debate. Mira lo que le hicieron a la niña de diez años que fue violada. Este campo de batalla es para mí una prueba de que lo que digo tiene sentido.

Fuente: http://www.ihu.unisinos.br/602354-polarizar-e-compreender-a-centralidade-do-negacionismo-duas-armas-para-derrotar-o-bolsonarismo-entrevista-especial-com-patricia-valim