Convertir la masa en clase

Por Eli Zaretsky

Los comentaristas liberales de ambos lados del Atlántico se han apresurado a culpar de los resultados de las elecciones generales del Reino Unido a que el laborismo se fuera demasiado a la izquierda. Los centristas del Partido Demócrata están preocupados por tener a raya a Bernie Sanders y, en menor medida, a Elizabeth Warren. Que los liberales aprovechen la oportunidad de reconvenir a la izquierda no resulta sorprendente. El antiizquierdismo desempeña el mismo papel que las herejías en la Edad Media y está animado por motivos parecidamente innobles. No obstante, la derrota del laborismo tiene implicaciones profundas para la izquierda. El Partido hubo de enfrentarse a un torbellino en forma de nacionalismo inglés, sobre todo, y de populismo derechista en general. La pregunta es a qué podría asemejarse una izquierda alternativa.

En el plano más inmediato, el fracaso a la hora de mostrar liderazgo en la cuestión del Brexit parece haber sido la causa principal de la derrota. Hubo dos planos en este fracaso. El primero tiene que ver con la relación del Partido Laborista con el pueblo británico. Después del referéndum, tanto Theresa May como Corbyn podían haber tratado de unir al país en torno a un Brexit ‘blando’ de compromiso. Por el contrario, May trató de conciliar a la extrema derecha del Partido Conservador, mientras que Corbyn prefirió sofisticar la cuestión del Brexit con la esperanza parcialmente errada de que al obrar así podría mantener unido al laborismo. El fracaso conjunto de ambos llevó a tres años de estancamiento, beligerancia y confusión. Esos años le proporcionaron a Johnson su oportunidad de cortar el nudo gordiano.

En el caso del laborismo, hubo un segundo y más profundo plano para ese fracaso. A la clásica manera de la vieja izquierda, Corbyn sugirió que el Brexit era una ‘contradicción secundaria’ y que la ‘verdadera’ cuestión era la de socialismo versus capitalismo. En efecto, esto perpetuó la idea de que el socialismo es simplemente un cambio en el sistema económico, más que una reorientación de los valores y el espíritu que guía a los diversos pueblos que componen Gran Bretaña.

A buen seguro, el referéndum fue desafortunado y, a largo plazo, es probable que la cuestión de si permanecer o no en la UE se demuestre secundaria. Pero el hecho sigue siendo que el referéndum abrió una crisis existencial relativa a la identidad de Gran Bretaña, sus divisiones internas, su relación con Europa y su lugar en el mundo, una crisis en la que las cuestiones del socialismo y el nacionalismo han estado  inextricablemente entrelazadas. La crisis, dicho de otro modo, no era ni es ‘cultural’ (es decir, nacionalismo versus cosmopolitismo) ni ‘económica’ (capitalismo versus socialismo), el menos no en el sentido antiguo de estos términos.

Corbyn tuvo la idea correcta al tratar de desplazar la cuestión de si dejar o no la UE hacia la meta del socialismo, pero es posible seguir construyendo sobre la naturaleza limitada de lo que logró considerando la fuerza populista que llevó a la victoria de Johnson. ¿Cómo puede responder la izquierda a una fuerza en buena medida irracional, emocional del género de la que dio impulso al  Brexit? Una respuesta, ofrecida por Chantal Mouffe, entre otros, es el ‘populismo de izquierdas’, a saber, un movimiento igualmente irracional encaminado  al socialismo, más a que los mercados sin trabas. Se puede atisbar una alternativa bastante mejor, sin embargo, volviendo a otro momento en que las fuerzas de la derecha estaban en ascenso: mediados de los años 30, cuando los izquierdistas tenían a su disposición una forma hoy olvidada de pensamiento: la psicología de masas.

‘La creciente proletarización del hombre moderno y la formación en aumento de las masas ’, escribió Walter Benjamin, ‘son dos aspectos del mismo proceso’. Las ‘masas’, explicó, pueden organizarse de dos maneras. Una, que llevó al fascismo en tiempos de Benjamin y es precursora del populismo derechista de hoy, se caracteriza por una psicología instintiva, reactiva, proclive a la xenofobia, a la demonización y al pensamiento mágico. La otra, a la que Benjamin llamó clase por oposición a la masa, se mantiene unida por la solidaridad, que hace posible la acción consciente y resuelta. El proyecto socialista, de acuerdo con Benjamin, consiste en convertir a la masa en clase. El socialismo, por lo tanto, en opinión de Benjamin, no constituye primordialmente una forma de organizar la economía per se; antes bien, se refiere al espíritu o la psicología que mantiene unidos a los individuos.

Si el proyecto de Benjamin resulta difícil de desentrañar hoy en día, podemos clarificarlo añadiendo un factor ausente en su análisis: la nación. Benjamin no lo pensaba a través de una base nacional para el socialismo porque la economía global se había hecho pedazos en 1914 y todavía no se había reconstituido: dio por hecho que la nación suministraría la base necesaria para el socialismo. Esa premisa también subyacía al enorme éxito del New Deal de Roosevelt, que convirtió a trabajadores inmigrantes desarraigados en la ‘clase media’ de hoy, construyó presas, escuelas, hospitales y una red de suministro de energía, apoyó a los sindicatos y creó un sistema de seguridad social, a la vez que redefinía lo que significaba ser norteamericano por medio de un arte, una literatura, cine y fotografía documental nuevas.

La creación por parte del gobierno de Attlee del moderno Estado de Bienestar se vio acompañada por el desmantelamiento del imperio británico y un intento de redefinición de la identidad o identidades nacionales de Gran Bretaña.

Por contraposición, el populismo derechista contemporáneo, caracterizado por lo que Richard Hofstadter llamó estilo paranoide – una ‘sensación de acalorada exageración, suspicacia y fantasía conspiratoria’ – es producto de la globalización de los 70. El problema a corto plazo de Corbyn, y el problema a largo plazo de la izquierda, consiste en hablar de la necesidad primordial de pertenencia al grupo que la globalización ha alterado, sin dar por hecho el marco nacional como premisa sobreentendida.

A buen seguro, se trata de algo muy difícil, que es la razón por la que muchos se han ido a la derecha, pero redefinir el socialismo en términos benjaminianos deja claro que disponemos de una gran ventaja. El liberalismo – representado en los EE.UU. por los Clinton y Obama, y en Gran Bretaña por Blair y Cameron – no puede encarar los problemas que ha creado el capitalismo global. Como escribió Raymond Aron: ‘todo orden social constituye una de las posibles soluciones a un problema que no es científico sino humano, el problema de la vida comunitaria’. El foco liberal sobre las libertades individuales sigue siendo indispensable para resolver este problema, pero debido a la honda convergencia con el implacable impulso del capitalismo dirigido a una redistribución hacia arriba y la irreprimible necesidad de convertirlo todo en economía, no puede ofrecer alternativa alguna a largo plazo.

La elección sigue siendo – como ha sucedido desde el siglo XVIII, y sobre todo desde el siglo pasado – la elección entre izquierda y derecha. Tal como escribió Benjamin: ‘el fascismo intenta organizar a las masas proletarias de nueva creación sin que afecte a la estructura de propiedad que las masas se esfuerzan por eliminar’. Le otorga a ‘estas masas no su derecho sino una oportunidad, por el contrario, de expresarse’. Cuánto puede durar una solución así es una cuestión abierta, pero Corbyn acierta al insistir que el socialismo sigue siendo la única solución al problema de la ‘vida comunitaria’: dicho de otro modo, de crear una base de grupo para una sociedad económica y tecnológicamente avanzada, fundada tanto en la libertad individual como en la solidaridad colectiva.

es profesor de Historia en la New School for Social Research de Nueva York. Entre sus libros se cuentan «Political Freud” y “Why America Needs a Left».

Fuente:

The London Review of Books, 22 de diciembre de 2019

Traducción:Lucas Antón

El uso de las víctimas

por Raúl Prada Alcoreza

En la historia de las sociedades humanas se ha dado lugar un diagrama de poder que tiene como objeto y materia a los cuerpos magullados; la arquitectura de este diagrama de poder hace visible las heridas de los cuerpos, incluso hasta llegar a la morbosidad. Requiere de la exaltación del dolor, sobre todo para justificar la función de los que apalian el dolor, los que atienden a las víctimas. Quizás uno de los nacimientos de la genealogía de este diagrama de poder de la conmiseración tenga que ver con la religión, que se convierte en una convocatoria el martirio. No nos vamos a detener aquí, aunque tengamos que hacer remembranzas de ciertos rasgos, características y modalidades repetitivas. Lo que nos interesa es atender a los desplazamientos y metamorfosis de este diagrama de poder en la modernidad. En la modernidad el diagrama de poder de la conmiseración reaparece en la convocatoria política. La ideología política exalta a las víctimas para convertirlas en el objetivo de sus discursos y acciones. El problema no radica en que atiende a las víctimas, incluso en que se preocupa por las víctimas, el problema es que las víctimas son usadas para erigir una forma de estructura de poder, que las tiene a las víctimas como justificación de la dominación que se erige, la de la casta de los salvadores, los justicieros, los hombres preocupados por los “pobres”. El otro problema, es que esta estructura de poder, al requerir de la existencia de las víctimas, las mantiene como son para justificar el ejercicio de poder que desenvuelve.

La víctima es incorporada al funcionamiento de la estructura de poder precisamente para activar el funcionamiento de una maquinaria que la tiene como referente, también como existencia dramática, en tanto que la máquina de poder funciona desplegando sus dominaciones. Antes, en la antigüedad, este diagrama de poder tenía en la cúspide a los sacerdotes, quienes eran los encargados de salvar las almas y atender los cuerpos magullados. En la modernidad son los políticos salvadores, justicieros, los que se encarga de labores parecidas. Se trata de una estructura piramidal, además estratificada y hasta petrificada, pues las víctimas no pueden dejar de existir, porque la estructura de poder de la conmiseración dejaría de funcionar.

A diferencia del discurso dedicado a las víctimas, el discurso guerrero convoca a la potencia social, a la potencia corporal, a la vitalidad cultural; convoca a la lucha y liberación, pone en claro que la liberación de los condenados de la tierra está en manos de ellos mismos, no en manos y en la cabeza de intermediarios. Esta diferencia es cualitativa, la víctima es el contenido del discurso paternalista, el guerrero o la guerrera es la potencia social, corporal, cultural, desencadenada. Esta diferencia permite identificar a los que usan a las víctimas para empoderarse, para entronarse, para hacerse del poder, como se dice vulgarmente; en contraste, a los y las activistas que buscan activar la potencia que anida en los cuerpos, en el tejido social, en las narrativas culturales.

La historia política de la modernidad tiene abundantes ejemplos de formas de gubernamentalidad que se han edificado sobre los cimientos de esas cavernas, donde se retiene y se exhibe a las víctimas. Mientras que la casta gobernante regía, ordenaba, gobernaba y se enriquecía. La crítica al capitalismo de Estado ha develado las estratificaciones sociales de los Estados del socialismo real; la crítica del populismo latinoamericano ha develado las estratificaciones perversas de regímenes demagogos y carismáticos. Por más que haya mejorado la situación de las víctimas, nunca han dejado de ser tales, pues el régimen las requiere, mucho menos han adquirido la capacidad de autogobierno; esto sería la muerte del régimen populista.

Las gestiones de gobierno de Evo Morales Ayma forman parte de esta genealogía del diagrama de poder de la conmiseración, transformado en diagrama de poder de la convocatoria carismática, la convocatoria del padre de los desposeídos, del patriarca-mesías que viene a salvar a las víctimas. El discurso populista latinoamericano, que es de por sí barroco, emite una convocatoria popular y nacionalista, de cohesión frente al imperialismo, incluso de profundización democrática, con fuertes tonalidades de reforma agraria. Pero, también, convoca al mesías político, heredero imaginario del mesías religioso; al hacerlo, convierte al caudillo en semi-Dios, por lo tanto, en dueño de la palabra y de la verdad, así como del destino del pueblo y la nación. Esta pretensión de verdad es la premisa ideológica-política de posiciones políticas conservadoras, sobre todo, vinculadas a la sumisión a las órdenes del patriarca. Si bien la tonalidad nacional-popular del discurso populista convoca al pueblo a luchar contra el imperialismo, en cambio la simbología religioso-política convierte al pueblo en una masa obediente, acrítica y ciega ante los pedidos del caudillo.

Entonces, el discurso populista es ambivalente, puede llegar a ser interpelador frente a la dependencia y el imperialismo, incluso cuando se trata de conquistas democráticas ser progresista. Empero, esta proyección se halla limitada por el prejuicio de raigambre patriarcal-religioso, lo que hace de substrato de actitudes, posiciones, prácticas, altamente conservadoras. Se puede hablar de un ascenso y descenso en la curvatura de la trayectoria política en el gobierno; en principio, de reformas y hasta de transformaciones en algunos ámbitos del Estado y la sociedad; sin embargo, cuando se llega a la cúspide de lo que puede el populismo, comienza el descenso, la regresión, incluso la restauración de lo anterior, aunque se lo haga por caminos sinuosos y demagógicos.

La etapa del descenso del ciclo populista es asombrosa por sus contradicciones; se sigue pretendiendo estar en el proceso ascendente cuando, en efecto, se esta en declive, en regresión, en decadencia. Incluso, en esta etapa, se aplican políticas y medidas regresivas que no se hubieran atrevido sus antecesores, liberales o neoliberales, según el caso y el momento histórico. El discurso estridente de “defensa del proceso de cambio” encubre estas regresiones y restauraciones. No es posible afirmar con certeza si los gobernantes se dan cuenta de estos desplazamientos políticos hacia la “derecha”, de acuerdo con los códigos del sentido común. Hay dos alternativas; que los gobernantes no se den cuenta, por estar encerrados en sus burbujas, en consecuencia, sean meras marionetas de los despliegues de las dinámicas de poder; que se den cuenta y actúen a sabiendas, asumiendo lo que hacen o pragmática u oportunistamente.

A estas alturas de la historia política, después de una secuela de frustraciones y desencantos, debemos evaluar lo acontecido críticamente. Podemos comenzar con lo siguiente: las llamadas vanguardias han hecho apologías del referente de su convocatoria, el proletariado, el campesinado, incluso el indígena; estas apologías son de exaltación, convirtiendo al referente en el héroe y consciencia de la epopeya moderna. Algo que se puede entender en la lucha ideológica. Pero, cuando esta narrativa solo se queda en la exaltación y no evalúa críticamente la experiencia social, se puede convertir en el instrumento para mantener al referente en la condición de víctimas, substrato necesario en la reproducción de la estructura de poder clientelar.

En las sociedades de clases, de las formaciones sociales abigarradas modernas, donde, desde la perspectiva de la crítica de la economía política, solo hay dos clases, que responden a la estructura social del modo de producción capitalista; por un lado, la burguesía, propietaria de los medios de producción; por otro lado, el proletariado, la fuerza de trabajo, en su desnudez, expropiada de todo instrumento y medio de producción. Las otras “clases sociales”, en realidad, no son tales, sino resabios sociales de anteriores modos de producción, pre-capitalistas y no-capitalistas. Ahora bien, el proletariado se constituye como clase social en la lucha de clases, de clase en sí, pasa a clase para sí, en la medida que toma consciencia de clase. Los trabajadores, por el solo hecho de serlo no son exactamente proletariado, sino tan solo eso, fuerza de trabajo, convertida en mercancía. Para que la fuerza de trabajo conforme la composición asociada del proletariado requiere de una toma de consciencia, además de una toma de posición, en consecuencia, despliegue acciones y prácticas organizativas, correspondientes a la lucha de clases contra la burguesía, contra el capital y contra el Estado. En la historia política, no solamente de han plasmado las trayectorias del proletariado en la lucha de clases, sino también, algo distinto, las subsunciones políticas de los trabajadores a proyectos anti-proletarios; en este caso actúan, como dice Karl Marx en el 18 de brumario de Luis Bonaparte, como lumpen, es decir, como fuerza de choque de políticas conservadora o bonapartistas.

En las sociedades de la colonialidad moderna, herederas de las estructuras sociales coloniales, desde la perspectiva de la formación discursiva histórico-política, se da lo que Michel Foucault ha identificado la guerra de razas, entendiendo como raza el tejido consanguíneo, que sostiene la noción antigua de nación. Este concepto de guerra de razas no es racista, como el mismo Foucault lo ha hecho notar, sino se trata de una guerra de liberación contra la ocupación, una guerra de liberación que se opone a la guerra de conquista, que ha instaurado el Estado, las leyes en otra lengua, las instituciones que legitiman la conquista y la expropiación de tierras. El racismo como tal, se genera con la colonización global del mundo por parte de las conquistas europeas, cuando se establece lo que hemos denominado la economía política colonial, que se basa en la distinción entre el hombre blanco y el hombre de color, valorizando al hombre blanco, ideal de la civilización, y desvalorizando al hombre de color, calificado como bárbaro o salvaje. Después, en el contexto europeo, la ideología racista se sofistica en la formación discursiva nazista. Entonces, hay que diferenciar el concepto de la guerra de razas de la ideología racista.

Frantz Fanon nos enseña que el racismo, como mecanismo de dominación, asentado sobre procedimientos de discriminación, no es una cuestión de piel, aunque el racismo precisamente use esta señal para atacar, descalificar y marginar. El racismo responde a una estructura de poder colonial, que supone precisamente la economía política racial. En Máscaras blancas piel negra nos dice que no basta expulsar al colonizador, pues, mientras no se destruya la estructura de poder colonial persiste la dominación colonial, aunque lo haga en otros escenarios. Un “negro” que ocupa el lugar del “blanco es un “blanco”, cumple las funciones de la dominación, en la estructura de lo que se denomina el colonialismo interno. Este colonialismo puede adquirir distintas tonalidades; en Bolivia adquirió la forma de lo que René Zavaleta denominó la paradoja señorial. En consecuencia, podemos decir que un “indio” que ocupa el lugar del “blanco-mestizo” es un “blanco”, en tanto que no se ha destruido la estructura de dominación colonial. Como se sabe y se ha podido constatar la promulgación de la Constitución Plurinacional Comunitaria y Autonómica no bastó ni basta para que se destruya la estructura de dominación colonial; para que esto ocurra se requiere de la diseminación de las mallas institucionales que sostuvieron y sostienen al Estado-nación; esto es precisamente lo que no ha ocurrido en Bolivia, donde se ha restaurado el Estado-nación colonial, solo se le ha cambiado de nombre, como si este bautizo bastara para conformar el Estado Plurinacional Comunitario y Autonómico.

En consecuencia, cuando la lucha anticolonial no es recogida por el indio guerrero, en un proyecto radical anti-colonial y, más bien, se usa este denominativo para referirse a la víctima, la que muestra sus heridas pidiendo conmiseración, estamos ante la utilización simbólica de lo “indio”, también de lo indígena, para legitimar formas barrocas de dominación colonial. Esto es precisamente lo que ha ocurrido tanto en Bolivia como en Ecuador durante los llamados “gobiernos progresistas”.

Con el ánimo de desprender una interpretación de la coyuntura boliviana, caracterizada, ahora, como crisis constitucional, también crisis institucional, así como crisis relativa al fraude electoral. Vamos a sugerir una interpretación somera:

Los que apoyan el escandaloso fraude del gobierno clientelar y corrupto, además de pirómano y agente encubierto de las transnacionales extractivistas, apoyan la desnacionalización de los hidrocarburos con los Contratos de Operaciones, apoyan el ataque sistemático a las naciones y pueblos indígenas, cuyo síntoma más escabroso fue el conflicto del TIPNIS. Apoyan la tercera derrota de la guerra del Pacífico en la Haya, cuando el caudillo déspota confundió la demanda marítima con una campaña electoral. Apoyan la quema de 5,3 millones de hectáreas del Chaco y la Amazonia, que el gobierno efectuó veladamente, para entregar la tierra arrasada a la burguesía agroindustrial, a los ganaderos, a los traficantes y a los colonizadores. Estos que apoyan al caudillo déspota son cómplices de la traición a la patria. Por más populares que se reclamen son también traidores a la patria, en consecuencia, tienen que ser tratados como tales. Lo popular, el pueblo es un concepto ligado a la democracia y a la república, a los derechos conquistados y constitucionalizados; es el referente de la voluntad general. La clase proletaria, opuesta a la clase burguesa – pues solo hay dos clases, las demás son herencias de modos de producción anteriores al capitalismo -, es clase como tal, se constituye como tal, en la lucha de clases contra la burguesía, el capital y el Estado. Cuando los que se dicen “proletarios” y apoyan a un gobierno clientelar, al servicio del capitalismo dependiente, y operador político de la burguesía rentista que saquea a Bolivia, no lo son, no son clase proletaria, pues no se han constituido como tal, son lumpen al servicio de los amos que gobiernan – se trata de una impostura de la burguesía sindical. Lo “indio”, en la jerga indianista, corresponde a la lucha radical anticolonial, lo indígena, lo nativo, lo originario, lo comunitario, está íntimamente ligado a los entramados y tejidos de la Madre Tierra; cuando se usa los “indio” y lo “indígena” al servicio de un gobierno que responde al modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente, no es más que una máscara “india” o un antifaz “indígena” al servicio de una dominación de la colonialidad heredada y extendida por el gobierno clientelar, impostor y déspota. Esto es precisamente lo que ocurre en el conflicto de la crisis constitucional en Bolivia; el gobierno de Evo Morales monta escenarios grotescos políticos, usa el disfraz de “proletariado”, se pone máscara de “indio” y antifaz “indígena”, para perpetrar la destrucción de la Madre Tierra y para continuar con la explotación perversa de la mayoría del proletariado, que trabaja a destajo. Esta es la caracterización de la lucha actual; por un lado, un pueblo, cansado de la impostura, se levanta contra una dictadura a secas, impuesta por un fraude escandaloso y craso; por otro lado, la casta política gobernante, apoyado por la masa elocuente de llunk’us, serviles a un proyecto que ha destruido el proceso de cambio, abierto por el pueblo, que destruye la Madre Tierra, que destruye la Democracia, que saquea Bolivia.

La revolución de Silvia Federici – Apuntes sobre su último libro, publicado en Uruguay

Por Victoria Furtado/Mariana Menéndez

En estos años convulsionados de los feminismos en América Latina, las palabras de Silvia Federici resuenan en talleres y asambleas. Se han hilado con murales y cantos creados en calles desbordadas: “Somos las nietas de todas las brujas que nunca pudieron quemar” se teje con su investigación sobre la caza de brujas. “No es amor, es trabajo no pago” es una de las consignas en los paros internacionales del 8 de marzo. La revolución feminista inacabada. Mujeres, reproducción social y lucha por lo común, (1) publicado este año en Montevideo, reúne una serie de artículos que Federici escribió en la primera década del siglo XXI. Si su libro Calibán y la bruja nos permite una mirada larga sobre las luchas de las mujeres en la “transición” del feudalismo al capitalismo, ubicando la caza de brujas de los siglos XVI y XVII como suceso fundante y política de guerra contra ellas y las comunidades, esta compilación propone una lectura feminista sobre los problemas y los desafíos actuales para pensar la transformación desde la reproducción social.

Feminista comunera

En un artículo sobre la obra de Federici, Raquel Gutiérrez (2) la define como feminista comunera, poniendo de relieve una forma particular de entender las prácticas feministas. Federici comprende el feminismo como la lucha contra la opresión y la explotación desde la reproducción de la vida y los esfuerzos por “producir lo común”, concepto que refiere a las relaciones de cooperación que colocan la vida en el centro y no están plenamente subordinadas a las lógicas dominantes. Su pensamiento desordena las formas canónicas de comprender la transformación social, da pistas para recrear nuestros puntos de partida y nuestros anhelos. No se trata de una perspectiva abstracta, deslocalizada y descarnada que se desentiende de los procesos de lucha concretos; por el contrario, piensa desde las luchas.

Sus indagaciones sobre el trabajo doméstico –históricamente invisibilizado y considerado no trabajo– habilitaron una comprensión más amplia sobre la noción misma de trabajo y los rasgos de la división sexual del trabajo. Asimismo, permitieron comprender que el mundo reproductivo es clave en el sostenimiento de la esfera productiva, ya que allí se (re)produce la fuerza de trabajo. Por lo tanto, Federici plantea que “el reconocimiento del trabajo doméstico ha posibilitado la comprensión de que el capitalismo se sustenta en la producción de un tipo determinado de trabajadores –y, en consecuencia, de un determinado modelo de familia, sexualidad y procreación–, lo que ha conducido a redefinir la esfera privada como una esfera de relaciones de producción y como terreno para las luchas anticapitalistas”. La reproducción social, tema central de La revolución feminista inacabada, refiere a “los múltiples espacios donde se producen y reproducen los alimentos, donde se cuida, se capta y se usa el agua, donde se genera y gestiona la vida cotidiana, se crían las nuevas generaciones y se dota de sentido a la existencia”.

El debate sobre el trabajo reproductivo y su invisibilización es una de las críticas feministas centrales al pensamiento de Marx. Esta crítica es retomada en el libro. A partir del mundo reproductivo, la autora hace una lectura de la crisis actual de la reproducción social en la economía global y los desafíos que se abren para la lucha feminista en este escenario. Se plantea, entonces, un importante desplazamiento desde la producción de bienes y mercancías hasta la reproducción de la vida como centro, revolucionando así el modo de entender la transformación. No obstante, este desplazamiento no se desentiende de las viejas preguntas acerca de qué cambios sociales precisamos: las reordena a partir de otro punto de partida, en el que la pregunta fundamental es cómo nos reapropiamos y recreamos las condiciones para la reproducción de la vida. Esto conlleva un segundo desplazamiento, que es desbordar el binomio Estado‑mercado para visibilizar otro terreno: las relaciones sociales de cooperación o prácticas de producción de común. Federici insiste en que no hay común sin comunidad y recuerda que nadie está dispuesto a luchar sin una comunidad que le dé sustento. En su pensamiento lo común no se reduce a los bienes comunes, sino que se piensa como relaciones sociales de cooperación que se heredan o recrean, y nos permiten sostener la vida y desplegar luchas: “Lo que necesitamos es un resurgimiento y un nuevo impulso de las luchas colectivas sobre la reproducción, reclamar el control sobre las condiciones materiales de nuestra reproducción y crear nuevas formas de cooperación que escapen a la lógica del capital y del mercado. Esto no es una utopía, sino que se trata de un proceso ya en marcha en muchas partes del planeta y con posibilidades de expandirse”.

Una revolución inacabada

El libro se interesa también por las formas de resistencia de las mujeres y por cómo las luchas feministas hacen frente al despojo producido por la globalización. Federici recuerda que las mujeres protagonizan la resistencia ante el ataque sistemático a las condiciones materiales de la reproducción social. Por eso la globalización es, en esencia, una guerra contra ellas. La autora invita a hacer una lectura política de este proceso, como respuesta al ciclo de luchas que en los sesenta y los setenta cuestionó tanto la división internacional como la división sexual del trabajo, lo que causó una crisis histórica para la ganancia del capital y dio lugar a una revolución social y cultural. Las mujeres protagonizaron ese tiempo de revueltas, por lo que “no es accidental que todos los programas relacionados con la globalización hayan hecho de las mujeres su blanco principal”. El ajuste estructural ha destruido la subsistencia de las mujeres, que han sido desplazadas de la agricultura, el empleo público, los servicios sociales, al tiempo que han sido empujadas a trabajos esclavizantes y han pagado con su salud la mínima autonomía que logran conseguir al acceder a un salario. De este modo, los planes de ajuste recaen sobre las mismas mujeres que luego las políticas de las agencias internacionales y estatales pretenden salvar, colocándolas previamente en el lugar de víctimas, lo que posibilita la posterior cooptación política a través de programas en clave capitalista.

A partir de este diagnóstico, Federici hace una lectura crítica de las expresiones del feminismo liberal que optan por la estrategia de la participación política y la incursión en las instituciones. Sostiene que la globalización es especialmente catastrófica para las mujeres, no porque sea dirigida por agencias con predominio masculino, sino por sus propios objetivos. Advierte que los intentos de mejorar la condición de las mujeres incorporando en los organismos una “perspectiva de género” tienen además un “efecto mistificador, al permitir a estas agencias cooptar las luchas que realizan las mujeres contra la agenda neoliberal”. Por lo tanto, es necesario luchar contra la globalización capitalista y las agencias y los organismos internacionales que la impulsan. Federici no se opone a exigir políticas de resarcimiento en lo inmediato, pero afirma que en el largo plazo las feministas tenemos que reconocer que no podemos esperar ninguna mejora sustantiva de nuestras condiciones de vida proveniente del capitalismo. Recuerda que “si la destrucción de nuestros medios de subsistencia es indispensable para la sobrevivencia de relaciones capitalistas, este debe ser nuestro terreno de lucha”, y agrega que “la liberación de las mujeres requiere de condiciones materiales específicas, empezando con el control sobre los medios básicos de producción y subsistencia”.

En el libro se abordan desafíos y problemas políticos que dialogan e iluminan nuestras prácticas de hoy. Pensar lo común como alternativa al binomio Estado‑mercado abre un horizonte de deseo nuevo, distinto para nuestras luchas. Nos invita a disponer de nuestra energía no sólo en la demanda, sino en la construcción aquí y ahora de esos otros mundos con los que soñamos. Ubicar la reproducción de la vida en el centro nos permite ver que nuestra capacidad de crear y cuidar es lo que sostiene el mundo, y si podemos sostenerlo, podemos transformarlo.

Notas

 1) Silvia Federici (2019). La revolución feminista inacabada. Mujeres, reproducción social y lucha por lo común. Montevideo: Minervas Ediciones.

2) Mexicana. Matemática, filósofa y socióloga. Fue parte del levantamiento popular‑comunitario conocido como “guerra del agua”, que aconteció en Cochabamba en 2000.

Publicado por Brecha, 8-11-2019: https://brecha.com.uy/

¿Está preparado el Ecuador para una fuga de datos masivos?

Por: Santiago Cadena.

La información es uno de los activos más importantes para los gobiernos tecnócratas  desde una perspectiva sociotécnica, caracterizada por el uso generalizado de las tecnologías de la información y el acceso a multitud de servicios, aplicaciones y plataformas de interacción virtual.

Las denuncias de cómo los Estados y sus funcionarios de diversos niveles técnico administrativos y utilizan, fugan, revenden, redistribuyen datos personales para fines muy diversos, comercializar productos, investigación de mercado, planificación, vigilancia, venta de seguros o simplemente para medir o direccionar decisiones políticas.

Hace poco la administración de Lenín Moreno ha tenido su propio Cambridge Analytica y no una vez, primero fueron los datos del Registro Civil, Banco del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (BIESS) y del parque automotor, luego el historial laboral del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS), seguro de vida y hasta se encontró 6,77 millones de datos de niños, niñas y adolescentes. Estas entradas contenían nombres, cédulas, lugares de nacimiento, domicilios y género (ver tabla de datos fugados). 20 millones de ecuatorianos han sido vulnerados de su derecho a la privacidad, aunque el país apenas tenga 17 millones de habitantes, La mayor fuga de datos en la historia del Ecuador, incuso en la región y sus secuelas las seguiremos viviendo en el futuro.

La reacción de las autoridades y de los medios de comunicación fue, que desde tiempo atrás nuestros datos ya estaban comercializándose en la red. Pero se debe marcar una diferencia, no es lo mismo una fuga de información, un hackeo, un robo de perfiles, que una entrega por parte del Estado de los datos de millones de usuarios ecuatorianos.
Sí, el Estado, de una manera “legal” entregó los datos a la compañía ecuatoriana Novaestrat* dedicada al marketing digital de datos y los poseía en un servidor en la ciudad de Miami.

Su servidor permitía hacer una recolección de información de ciudadanos ecuatorianos, hacer consultas a ficheros, extraer sus bases de datos, logs, y centralizar de esa manera información útil para lo que ellos denominaban en su slogan “toma las decisiones financieras con información actualizada de todo el Sistema Financiero Ecuatoriano”.

Novaestrat no era cualquier empresa, ellos constaban en el Registro Único de Proveedores del Estado ecuatoriano, entonces la deducción es simple, venían recopilando esa información privada, para mercantilizarla después sin ningún tipo de consentimiento de sus propietarios y sin ninguna capa de seguridad o protección al front-end.

El Ecuador posee un Código Orgánico de la Economía Social de los Conocimientos, Creatividad e Innovación, el que con todas las deficiencias mantiene en su artículo 146, sobre la localización de datos y dice lo siguiente: “Cuando las entidades del sector público contraten servicios de software u otros que impliquen la localización de datos, deberán hacerlo con proveedores que garanticen que los datos se encuentren localizados en centros de cómputo que cumplan con los estándares internacionales en seguridad y protección…” Una empresa de marketing como Novaestrat mostró a todas luces que la política de proteger los datos no fue ni quiso ser una prioridad; las consultas a las bases de datos de millones de ecuatorianos se las podía realizar sin problemas y sin restricciones desde cualquier celular.

Entonces podemos deducir que si a través de una llamada telefónica te venden un producto o servicio no solicitado ya sabemos por que es; por ejemplo con esa información de ingresos, lugar de residencia y vehículo de su propiedad, se puede determinar su capacidad de compra, hacer un perfil para vender a una empresa de mercadeo en el mejor de los casos, para fines delincuenciales en el peor de los casos; ejemplo con una llamada amenazante pueden decirte que tienen secuestrado a tu hijo/a (información que se filtró, con edad, sexo año de nacimiento) o para hacer un seguimiento desde tu vivienda hacia tus rutinas.

La ciudadanía debería exigir sanciones drásticas para los responsables de esta filtración, que se cumpla el Código Orgánico que en su artículo 628 en el literal 27 dice…Sin perjuicio de las excepciones previstas en la ley, el tratamiento de datos personales que incluya acciones tales como la recopilación, sistematización y almacenamiento de datos personales, requerirá la autorización previa e informada del titular.

Los datos son el nuevo petróleo

Definitivamente esto debió ocurrir para entender la importancia de disponer de un protocolo de buenas prácticas, para la información clasificada, confidencial, pública y sensible. Del mismo modo generar una cultura informativa para que el usuario valore su privacidad digital.

La información privada es cada vez más valiosa en los mercados, de ahí la importancia de protegerlos, anonimizar, usar firewalls, escanear con NMAP los puertos, hacer pruebas de penetración o solicitar que expertos lo hagan, tener un protocolo de SGSI (Sistema de Gestión de la Seguridad de la Información), curiosamente todo lo mencionado, son luchas que enarbolaba el sueco Ola Bini que fue detenido en Ecuador por un supuesto ataque a sistemas informáticos del gobierno. Ahora sabemos (como lo demostró Bini) que con unos simples clics, o con las palabras de búsqueda adecuadas en google se podía acceder a todos los datos expuestos sin seguridad (google hacking).

La solución no es acudir a las grandes corporaciones, los escándalos de abuso a la privacidad vienen de los gigantes como Facebook y Microsoft. Hoy Andrés Michelena ministro de Telecomunicaciones y de la Sociedad de la Información ha entablado un acuerdo de “asesoría” en temas de conectividad, ciberseguridad y protección de datos personales con la multinacional Microsoft, gracias a Snowden sabemos que estas corporaciones filtran la información a la Agencia Central de Inteligencia (CIA), a la Agencia de Seguridad Nacional (NSA).

Tampoco pasa por culpar al gobierno anterior como fue posicionada mediáticamente la respuesta. La empresa israelí vpnMentor manda un tweet que deja claro esto.

Resulta que la filtración de información que revelamos hace dos semanas es solo la punta del iceberg, y se descubre mucha más información, incluidos los salarios mensuales actualizados para agosto de 2019, el seguro de vida y una gran cantidad de datos superprivados por el gobierno que no deberían exponerse.

Informamos que la información probablemente fue pirateada a principios de 2019, y que el sistema en el que se encuentra está completamente abierto para cualquier persona con un navegador. Esta vez, no puedes culpar al gobierno anterior…

El régimen de Lenin Moreno, en su desesperación dejó claro que no se necesita un proyecto de Ley para lograr una política de uso de datos, esto lo demuestra el Acuerdo No. 012-2019, emitido por el Ministerio de Telecomunicaciones en el que emiten una normativa (luego de estros trágicos sucesos), para el tratamiento de datos personales y que la Agencia de Regulación y Control de Electricidad  (ARCONEL) y otras instituciones del Estado lo publican ya en sus portales web.


Algunas consideraciones finales

El Ecuador lo queramos o no,  ya es parte de los Estados que manejan nuestros datos privados. La pregunta que un usuario debe hacerse es como se los usa, o a manos de quien se delega estos datos, el Gobierno Nacional por ejemplo: para cualquier trámite hoy solicita una carta de servicio de luz, agua o teléfono, esto te lo piden para geolocalizar tu dirección, el Ministerio de Educación lo ha hecho ya para asignar cupos para acceder a la educación púbica. El Consejo Nacional Electoral cruza datos con el Registro Civil para tener el patrón de personas vivas y personas fallecidas, aunque sabemos que hay denuncias de que “los muertos votan”. El IESS y el Registro Civil para evitar contratación a menores de edad. Servicio de Rentas Internas (SRI) para evitar lavado de activos.

Cómo el Estado resguarda la información es la problemática, la ciudadanía debe saber por que motivos la empresa Novaestrat y otras más, tenían las bases de datos de todos los ecuatorianos y exigir que exista una política clara de protección de datos y anonimizar los mismos. La Superintendencia de Bancos exige normas de protección de datos, otra interrogante es si el BIESS cumplió esa normativa y de no ser así que sanciones habrá para los responsables.

Como usuarios debemos entender que cuidar la privacidad de nuestros datos es un derecho, ya que los puntos de información (ubicación geográfica, tendencia política, hábitos de consumo, dispositivo móvil…) pueden definir, incluso, una estrategia política para cambiar las reglas del juego y eso lo vimos ya con la elección de Trump. A esto se le denomina geomarketing o escucha social.

Es urgente generar nuevos mecanismos de control tanto ciudadanos como institucionales con la finalidad de monitorear y sancionar las malas prácticas de quienes controlan nuestra información, conocer los alcances de las tecnologías usadas en el nuevo espacio público virtual.

Notas:

*William Garcés Núñez de Novaestrat, fue gerente en la Secretaría Nacional de Comunicación entre 2012 y 2013 y gerente en el Banco Nacional de Fomento, entre 2014 y 2016.
Agustín Martínez Pástor de Novaestrat, fue programador y analista BanEcuador, Secretaría del Agua, hospital Carlos Andrade Marín, del IESS, Secretaría Nacional de Planificación y Desarrollo (Senplades), en esta última participó en la construcción del Sistema Nacional de Información, una plataforma encargada de hacer accesibles bases de datos relacionadas con el desarrollo y las finanzas públicas.

¿Colapso o actualidad del emprendimiento colonial?

por Ludmila Costhek Abílio

La uberización del trabajo consolida la transformación del trabajador en un autogestor subordinado. Nada está garantizado, ni siquiera la paga por día laboral. Un trabajador que está disponible para trabajar, pero que solo es usado y pagado en la medida en que produce, y ni siquiera su carga de trabajo está garantizada.

Bernice es una motogirl, que constituye la minoría de mujeres en una ocupación típicamente masculina. Ella era empleada doméstica y trabajaba en una clínica de tratamiento de drogadicción. Tiene 47 años y ha trabajado en el negocio de entregas durante veinte años. Para ella, la primera década de 2000 fue un tiempo de trabajo extendido, trabajo intensificado y mayores ingresos. En 2015, remodeló su casa y la de su madre, pagó la bicicleta y compró otra, que solo usó para los paseos de fin de semana. Ese año, ella evidenciaba la realidad del mundo laboral brasileño que los datos no muestran. Durante el día trabajaba para un contratista de reparto de motocicletas,, con cartera de entregas garantizada. Por la noche, era empleada informal en una pizzería de su vecindario. Su jornada iniciaba a las 7 de la mañana y terminaba después de la medianoche.

Mauricio hoy no puede pagar sus facturas ni la pensión de alimentos de su hija. A los 46 años, fue metalúrgico, reponedor de supermercado, asistente de Claro, electricista y muchas otras ocupaciones; es motoboy hace dieciocho años. Hace diez años se estableció como motoboy autónomo, es decir, logró eliminar la mediación de las empresas tercerizadas, teniendo su propia lista de clientes. Estos vienen decayendo en los últimos años y la posible alternativa es convertirse en lo que hace cinco años los motoboys consideraban una chapuza en su profesión de entrega: el delivery de comida, ahora por aplicación. Además de motoboy, Mauricio también es mensajero; durante varios años combinó entregas con la compra y venta de productos: zapatillas, bolsos, relojes de marca falsificados. En la actualidad, la retroalimentación entre una actividad y otra ya no es sostenible; la clientela de ambas actividades está disminuyendo, ya sea por la competencia establecida por las empresas de aplicaciones (1),  o por la quiebra de las empresas que son sus clientes o por la disminución del poder adquisitivo de los usuarios de relojes chinos, entre otros.

«El mismo tipo que me maldice en el tráfico es el que se queja cuando la pizza se enfría», resume un microempresario de entregas motorizadas que se declaró en quiebra. Arlindo, de 55 años, ha sido motoboy durante 35 años. El trabajo de entrega se materializa en el caos organizado del espacio urbano; el motoboy se convierte en el vehículo para la circulación de información, documentos y ahorro de tiempo de otros trabajadores. La batalla tiempo-espacio reificada en las bocinas, golpes de retrovisor, 500 caballos de fuerza contra 125 desplazamientos, y los insultos recuperan su banal forma humana en una fractura abierta o en la muerte diaria que interrumpe el tráfico.

Sin embargo, aunque la locura del tráfico es también la locura de su trabajo, los motociclistas no son la mayoría de las víctimas fatales de accidentes de motocicleta en la ciudad de São Paulo. En 2009, el informe de la Traffic Engineering Company (CET) describió el perfil socioeconómico de las víctimas. La muerte por accidente de motocicleta tiene una clase, sexo y color bien definidos: «Trabajadores frontales, camareros, valet, conductores, porteros, guardias de seguridad, ayudantes generales, mecánicos, electricistas y albañiles». (2) Está formado por trabajadores que no son profesionales de las motocicletas, pero que decidieron usar un medio de transporte arriesgado como un medio para ahorrar tiempo de viaje. Trabajadores que cambian la violencia de las horas inmovilizados, en el autobús,  por los riesgos de desplazamiento en motocicleta.

En la década de 1970, el ahora perdido maestro Francisco de Oliveira se enfrentó a los mitos de la marginalidad, de la «expansión» del sector terciario urbano y el «atraso», destacando la especificidad del desarrollo capitalista periférico, que en su aparente caos y precariedad, en realidad es extremadamente exitoso en lograr medios para reducir el valor de la fuerza de trabajo.(3) La formación de centros urbanos e industriales no traerá consigo el desarrollo de los medios que garanticen la reproducción social de la clase obrera en formación. Los costos de la reproducción de la fuerza laboral se transfieren al trabajador mismo. El transporte, la vivienda, la distribución de bienes de consumo dependen de la gestión no remunerada de los trabajadores para garantizar su propia reproducción como trabajadores. (4) La precariedad, desde la perspectiva del autor, se politiza y se revela el espacio urbano colapsado desde el nacimiento. como un espacio para la materialización de los intereses de clase. La informalidad, el trabajo por cuenta propia poco calificado y de bajos ingresos, el giro (5) no se entiende como una excepción o margen, sino que se integra completamente en un modelo específico de desarrollo, en el que la industrialización se entrelaza con servicios que crecen horizontalmente, «la base competitiva casi única de la fuerza laboral y el talento organizacional de miles de pseudo-pequeños propietarios, quienes de hecho están vendiendo su fuerza laboral a las unidades principales del sistema, mediada por una propiedad falsa que consiste en una operación para aplazar costos internos de producción manufacturera, la porción correspondiente a los servicios.”(6)

De esta manera, la periferia se presenta y se perpetúa en los medios exitosos e invisibles de transferir costos y riesgos a los trabajadores y reducir el valor de su fuerza laboral mientras se mantienen altas tasas de explotación. Cuarenta años después, podemos ver el mundo riesgoso en el veloz crecimiento de las motocicletas de la clase trabajadora como expresión de esa autogestión.

Hoy, la autogestión está incrustada en una autogestión subordinada (7) que se extiende a través de relaciones laborales de arriba hacia abajo. El término perverso «emprendimiento» hoy expresa la transferencia efectiva de riesgos y costos laborales y la eliminación de protecciones, garantías y derechos, combinados con la autogestión permanente, sin la ausencia de subordinación o control sobre el trabajo. El emprendimiento pasa a componer el léxico de la gestión del desempleo, de las políticas públicas, de los discurso del mercado, de las reformas y de la celebración en torno a la eliminación de los derechos laborales.

Si seguimos la tesis de la crítica a la razón dualista, así como si observamos las trayectorias de los trabajadores en plena década de la gestión del Partido de los Trabajadores -que redujo el desempleo, aumentó el trabajo formal y logró el aumento real del salario mínimo – veremos que términos como «precariedad» tienen una dificultad explicativa, que, sin embargo, no los invalida, en vista de la realidad del mercado laboral, siempre costureada por la informalidad, la concentración de ingresos, una especie de acumulación primitiva permanente en el cuerpo de los trabajadores. Al igual que el término «flexibilización», en un mundo de trabajo tejido por lo que Francisco de Oliveira define como el «talento organizacional» de la clase trabajadora, que se traduce en un tránsito permanente entre diferentes ocupaciones, la participación en medios de generación de renta que mal pueden ser reconocidos como trabajo, una combinación de trabajo formal e informal con empresas familiares. A pesar de los importantes logros de la última década, estos elementos se han mantenido estructuralmente, pero esto no nos impide reconocer que desde el impeachment de Dilma Rousseff, una transformación profunda, aún difícil de definir pero al mismo tiempo evidente, está en marcha.

Implementada en noviembre de 2017, la Ley no. 13.467, más conocida como Reforma Laboral, realizó un cambio brutal en la legislación laboral. Hay un cambio en la forma en que el estado se presenta en la relación entre capital y trabajo: ahora se asume legalmente como un promotor de la informalización del trabajo formal, como un tractor en la demolición de garantías a los trabajadores, con sus armas directamente dirigidas a las fuerzas laborales, socavando el poder de la negociación colectiva, presentando la relación laboral contractual como una negociación libre entre las partes que se supone que están en igualdad de condiciones. La reforma es refinada y brutal a la vez; su rango de cambios es tan amplio y profundo que es difícil resumirlo o reducirlo a algunos objetivos. Es la instalación legal de mecanismos que rompen cualquier obstáculo para la explotación laboral. También es difícil explicar cómo se aprobó este proyecto sin más resistencias. Los refinamientos de crueldad impregnan lo que se ha convertido en esta gran ola de reformas y MP’s, que propagan la modernización, haciendo invisible la brutal realidad de la mayoría de la población brasileña.

Uno de los elementos centrales de la reforma laboral, también de la recientemente aprobada MP de libertad económica y futuros intentos de ataques que ya se dibujan en la insaciable fiesta -es la transformación del trabajador formalizado en trabajadores jus-in-time. Esta podría ser otra definición para la uberización del trabajo. Estamos presenciando una tendencia hacia la informalización de las relaciones laborales a nivel mundial, como la punta del iceberg de décadas de consolidación de la integración global de las cadenas de suministro, atacando los derechos laborales y las nuevas formas de organización y control laboral. La capacidad de dispersar la mano de obra sin perder el control sobre ella se ha vuelto reconocible en los innumerables nudos de las cadenas de suministro corporativas que externalizan su producción, distribución y comercialización, manteniendo el control sobre la mano de obra y la centralización de las ganancias. La dispersión controlada también se expresa en la figura de los trabajadores de oficina en el hogar, la eliminación del reloj de tiempo, las mesas de billar y los sofás coloridos de las empresas «cool». Trabajadores con objetivos, impulsados por bonos y participación en las ganancias, gerentes de su propio tiempo. Es una transferencia muy exitosa de la gestión del trabajo al propio trabajador subordinado, que también suele ser una transferencia de costos y riesgos. Es la eliminación cada vez mayor de las determinaciones de la jornada laboral, qué es y qué no es el tiempo de trabajo, qué es el pago por trabajo.

La uberización del trabajo consolida la transformación del trabajador en un autogestor subordinado. Nada está garantizado, ni siquiera la paga por día laboral. Un trabajador que está disponible para trabajar, pero que solo se utiliza y se le paga en la medida exacta de lo que produce, y ni siquiera se garantiza su carga de trabajo. Los conductores de Uber, los motociclistas de Loggi, los ciclistas de Ifood pasan largas horas disponibles para trabajar. Estar logueado todo el día -como se dice para los trabajadores conectados a plataformas digitales – todos los días de la semana no significa una garantía de compensación. La multitud de controladores, manicuristas, maestros en línea y ejecutantes de tareas de Amazon Mechanical Turk es controlada mediante la administración algorítmica, lo que significa que existe una gran posibilidad de extraer, procesar y administrar datos que se utilizarán para distribuir el trabajo, los modos de remuneración, los mecanismos informales para promover el compromiso y la productividad de los trabajadores.

La reforma laboral promovió la uberización dentro del trabajo formal. El trabajo intermitente reduce al trabajador a la condición de just-in-time: disponible para trabajar, es reclutado y utilizado en la medida exacta de la demanda del empleador. La autogestión se juega para el trabajador como una estrategia de supervivencia. La reforma consolida la igualación del tiempo de trabajo al tiempo de producción: caminar desde la puerta de la fábrica al lugar de trabajo y usar el uniforme ya no se considera parte del tiempo de trabajo. El refinamiento de los detalles muestra una victoria más amplia, que es el uso puro del trabajador como factor de producción.

La figura de los ciclistas jóvenes, negros y periféricos pareció romper momentáneamente la anestesia social ante la banalidad de la explotación laboral. Con una jornada laboral promedio de 12 horas por día, recibiendo alrededor de R $ 900 por mes, estos trabajadores recorren más de 50 km por día en medio del tráfico de São Paulo.(8) Reducidos a la fuerza física barata, deambulan por las calles y plazas de la ciudad a la espera de la próxima llamada. Trabajan con los poros del trabajo, se les paga estrictamente por lo que producen, aunque en promedio  están disponibles 12 horas para trabajar, siete días a la semana. La gran novedad de la uberización radica en la consolidación de esta reducción del trabajador a un trabajador just-in-time, pero también en este cierre productivo sobre una forma de vida típicamente periférica. La autogestión y la autogestión ahora se transforman en datos y se apropian de forma privada en el control y la subordinación del trabajo por parte de las empresas de aplicaciones.

Poco después de ser elegido, el actual presidente de la República declaró que el modelo para el mercado laboral es el de la informalidad. La declaración no es banal, expresa claramente el futuro inmediato que  se ha diseñado para el mundo laboral brasileño. Una población invisible y tomada como rehén de los supuestos imperativos de la crisis económica, y un estado que legalmente asume el papel de eliminar las barreras a la explotación. Quizás podamos recordar con el Maestro Chico la atención a los proyectos e intereses de la clase donde aparecen el caos y el colapso.

 

Ludmila Costhek Abílio es investigadora del Centro de Estudios Sindicales y Economía Laboral (Cesit / Unicamp) y miembro del grupo de estudio «Impactos de las nuevas morfologías del trabajo en la vida de los trabajadores», coordinado por el Prof. Dr. Rene Mendes, Instituto de Estudios Avanzados de la USP.

 

Traducción del portugués: Santiago de Arcos-Halyburton

 

NOTAS

1 Término acuñado en Ludmila C. Abílio, “Uberização: subsunção real da viração”, Passa Palavra, fev. 2017. También publicado en el Blog da Boitempo.

2 Heloísa Martins y Eduardo Biavati, Mortos e feridos sobre duas rodas: Estudo sobre a acidentalidade e o motociclista em São Paulo, CET, São Paulo, 2009.

3 Francisco de Oliveira, Crítica à razão dualista/O ornitorrinco, Boitempo, São Paulo, 2003.

4 Para una perspectiva de esta discusión a partir de los transportes, ver Leonardo Cordeiro, Em trânsito, Texto de calificación de maestria, FFLCH-USP, 2019, mimeo. Para una perspectiva de esta discusión a partir de la habitación y de los movimientos por la vivienda, ver Isadora Guerreiro, Habitação a contrapelo, Tesis de doctorado, FAU-USP, 2018.

5 Vera Telles, Mutações do trabalho e experiência urbana, Tempo social, 18(1), p.173-195, 2006.

6 Francisco de Oliveira, op. cit., p.68

7 Ludmila C. Abílio, “Uberização: do empreendedorismo para o autogerenciamento subordinado”, Revista Psicoperspectivas, v.18, n.3, 2019.

8 Aliança Bike, “Pesquisa de perfil de entregadores ciclistas de aplicativo”, São Paulo, 2019.

 

 

La teoría de las ondas largas y la tecnología contemporánea

En julio-agosto de 2007, con el cierre de filiales de fondos de alto riesgo de grandes bancos, comenzaba la crisis económica y financiera mundial de 2007-2009

Por François Chesnais

En julio-agosto de 2007, con el cierre, que pasó casi desapercibido, de filiales de fondos de alto riesgo de grandes bancos, comenzaba la crisis económica y financiera mundial de 2007-2009, llamada en EE UU y países anglófonos la Great Recession. Más de doce años después, la economía capitalista mundial no conoce todavía una recuperación de la acumulación, medida en líneas generales por el nivel del Producto Interior Bruto (PIB) mundial. A diferencia de la gran mayoría de las economías europeas y de Japón, EE UU ha conocido una breve alza cíclica que ha creado ilusión pero ya ha terminado. A este lado del Atlántico, la contracción del PIB alemán durante dos trimestres se considera como el signo anunciador de una recesión en la principal economía de la zona euro 1/. La proyección más reciente del FMI confirma un movimiento de descenso de la tasa de crecimiento del PIB para las economías del G7 que ya no es compensado por los países emergentes (China incluida). Los años 2012-2016, cuando estos últimos tiraban bien que mal del crecimiento mundial, ya no son más que un recuerdo.

Este artículo deja de lado las finanzas y la financiarización y trata de la teoría de las ondas largas, que se abordaron brevemente en un artículo anterior en A l’Encontre 2/, centrándose en el lugar que ocupa la tecnología. El objetivo es ver en qué sentido las características de las dominantes tecnologías contemporáneas de la informatización y la automatización (TIC) pueden ayudar a comprender el momento actual del sistema capitalista mundial. El artículo procede a una relectura de los dos principales autores que se han ocupado de la teoría de las ondas largas, Joseph Schumpeter y, en el marco marxista, Ernest Mandel. En su libro de 1980 Long Waves of Capitalist Development. A Marxist Interpretation Mandel se preguntaba por qué los marxistas, que habían estado en el origen de la teoría, se habían desinteresado después dejando el campo libre a los neo-schumpeterianos 3/. El escaso eco de la muy tardía publicación de este libro en francés, con el título Les ondes longues du capitalisme 4/, acompañado de un largo postfacio de Michel Husson 5/, no dio respuesta a su pregunta. Tal vez tenga relación con el desinterés de los economistas marxistas por la tecnología, expresada hoy en la casi ausencia de trabajos económicos sobre la informatización y la automatización. He encontrado un único artículo reciente en inglés 6/]. En 2015, en un artículo que rozaba el tema, Henri Wilno habló de la pertinencia potencial de los trabajos sobre las ondas largas y concluyó que estaba potencialmente abierto un vasto programa de investigación 7/. Las referencias a los libros de Mandel eran demasiado breves como para incitar a los lectores a profundizar en ellos. Citaremos aquí extensos pasajes, y también de aquellos investigadores-militantes que han comentado la gran edición francesa de SpätKapitalismus (en español: El capitalismo tardío, México, Era, 1979).

La teoría de las ondas largas

Comencemos por el origen marxista vigorosamente reivindicado por Mandel. No es seguro que la teoría marxista de las ondas largas hubiera nacido sin los comentarios que Trotsky hizo en 1923 a cuenta de los trabajos del historiador económico ruso N. D. Kondratieff (víctima más tarde del gran Terror estalinista) 8/. Según Kondratieff, el movimiento del capitalismo implicaba grandes ciclos (que señaló estadísticamente) de una cincuentena de años, en los que la fase de contracción resultante del agotamiento de las fuerzas que habían empujado la expansión precedente era seguida necesariamente de una recuperación, cuyo carácter era de alguna medida automático. La tesis de Kondratieff tenía implicaciones a la hora de apreciar la situación económica y por tanto política mundial de los años 1920, y por consiguiente para la estrategia de la III Internacional 9/. Siguiendo los trabajos de Parvus 10/, un militante ruso de la Segunda internacional, Trotsky acepta la idea de ciclos largos (que denomina ondas largas) con dos fases, una fase de expansión y una fase de contracción. Su aportación consiste en sostener que si las causas del fin de la expansión son endógenas al movimiento de acumulación del capital, el paso a una nueva larga fase expansiva sólo puede resultar de factores externos. En una carta de 1923, La curva del desarrollo capitalista, enumera tres: la adquisición de nuevos países y continentes, el descubrimiento de nuevos recursos naturales así como las guerras y las revoluciones:

“En lo que se refiere a los segmentos de la curva capitalista de desarrollo que el profesor Kondratiev propone designar también como ciclos, su carácter y su duración vienen determinados no por el juego interno de las fuerzas capitalistas, sino por las condiciones externas que encauzan su desarrollo. La adquisición de nuevos países y continentes, el descubrimiento de nuevos recursos naturales y, a su paso, los acontecimientos de orden superestructural tan importantes como son las guerras y las revoluciones, determinan el carácter y la sucesión de las fases de ascenso, estancamiento o declive del desarrollo capitalista. (…) En el momento actual es imposible prever hasta qué grado se iluminará tal o cual sección de la historia y cuáles serán sus primeras luces, por medio de una investigación materialista procedente de un estudio concreto de la curva capitalista y de la interrelación de esta última con todos los aspectos de la vida social” 11/.

La idea de que la adquisición de nuevos países y continentes sea externa al movimiento del capitalismo fue corregida por el propio Trotsky en el prólogo a la edición francesa de La revolución permanente. Allí insiste en la necesidad impuesta a los países capitalistas de orientarse hacia el mercado exterior: “La evolución del capitalismo (…) ha hecho del todo necesaria una extensión sistemática de su base. En el curso de su desarrollo y, por consiguiente, en el curso de la lucha contra sus propias contradicciones internas, cada capitalismo nacional se vuelve cada vez más hacia las reservas del mercado exterior, es decir, de la economía mundial”. Las presiones exteriores del siglo XIX fueron tanto transoceánicas (Inglaterra hacia India, Argentina, etc.) como continentales (la frontera estadounidense). Las guerras y las revoluciones se consideran externas. El caso más claro es la fase de expansión provocada por la Segunda Guerra mundial que se inició en los Estados Unidos en 1942 y en los otros países después de 1945-48. Por último, el descubrimiento de nuevos recursos naturales, que Mandel extendió con toda razón a las principales innovaciones tecnológicas, aunque no figuran en la lista de Trotsky.

En base a sus trabajos estadísticos, Kondratieff propuso una periodización del primer y segundo ciclo y de la fase ascendente del tercero que lleva su nombre. Fue aceptada con ligeras correcciones por Schumpeter en Business Cycles, así como por Ernest Mandel en Le troisième âge du capitalisme 12/ y después en Long Waves of Capitalism Development 13/. Francisco Louça propuso un término medio entre distintas periodizaciones en este cuadro:

Periodización de las cuatro ondas largas

Fase ascendente Fase descendente
Primera onda larga 1789-1816 1816-1847
Segunda onda larga 1848-1873 1873-1896
Tercera onda larga 1896-1919 1920-1939/45
Cuarta onda larga 1940/45-1967/73 1968/73-¿?

Fuente: Francisco Louça, Introducción a la edición francesa de Long Waves of Capitalist Development

El signo de interrogación de la parte baja de la columna de la derecha corresponde a la cuestión planteada por Mandel, a la que nos referiremos más adelante: “si se puede deducir de la teoría de las ondas largas que una nueva onda larga expansionista vaya a suceder a la actual larga depresión” 14/. Observando hoy día los factores externos enumerados por Trotsky, no se ve cuál podría estar en el origen de una quinta onda. En los años 1990 China ofreció de forma muy pasajera al capital una última frontera, antes de orientarse ella misma hacia el mercado exterior, en este caso un mercado mundial con muy débil crecimiento y concurrencia exacerbada. Pese a las grandes tensiones en Oriente Medio, no está a la orden del día una guerra y, de todas formas, salvo desliz, no tendría la amplitud destructiva para propulsar el inicio de una nueva onda larga. Queda la hipótesis explorada por Mandel de una revolución tecnológica que podría eventualmente llevar a una fase de expansión. El progreso de la automatización lleva a responder más que nunca de forma negativa. Hagamos antes un desvío por Marx y Schumpeter.

Marx: el maquinismo, de la ciencia y la tecnología a la formación de un sistema técnico que atraviesa todas las actividades

En la sección primera del célebre capítulo del libro primero de El Capital sobre el maquinismo y la gran industria se encuentra un análisis de la génesis y posterior toma de poder total de un sistema técnico que puede ayudar a comprender el de la informática durante los últimos ochenta años. Voy a comentar algunos extractos 15/.

Marx destaca ante todo el papel jugado por la ciencia y la tecnología:

«(….) los primeros elementos científicos y técnicos (de la gran industria) fueron desarrollados poco a poco durante la época de las manufacturas. Las hilaturas de telar continuo (throstle mills) de Arkwright, desde su origen, se movían con agua. Pero el empleo casi exclusivo de esta fuerza oponía dificultades cada vez mayores. Era imposible aumentarla a voluntad o suplir su insuficiencia. A veces fallaba y era de naturaleza puramente local. Sólo con la máquina a vapor de doble cilindro de Watt (double-acting steam-engine) se descubrió un primer motor capaz de engendrar por sí mismo su propia fuerza motriz consumiendo agua y carbón y cuya potencia estuviera enteramente regulada por el hombre. Móvil y medio de locomoción, urbana y no rústica como la rueda hidráulica, permitía concentrar la producción en las ciudades en lugar de diseminarla por el campo. En fin, es universal en su aplicación técnica y su uso depende relativamente poco de las circunstancias locales. El genio de Watt se muestra en los considerandos de la patente de 1784. No describía su máquina como una invención destinada a fines particulares, sino como el agente general de la gran industria. Presiente aplicaciones, como el martillo de vapor por ejemplo, que no fueron introducidas hasta medio siglo después. Aunque duda de que la máquina de vapor pueda ser aplicada a la navegación. Sus sucesores, Boulton y Watt, expusieron en el palacio de la industria de Londres, en 1851, una de las más colosales máquinas de vapor para la navegación marítima”.

El segundo tema es la autonomización de la máquina:

“Una vez transformadas las herramientas de instrumentos manuales del hombre en instrumentos del aparato mecánico, el motor adquiere por su parte una forma independiente, completamente emancipada de los límites de la fuerza humana. La máquina-herramienta aislada, tal como la habíamos estudiado hasta ahora, cae por ello mismo al rango de un simple órgano del mecanismo de operaciones. Un solo motor puede en adelante poner en movimiento varias máquinas-herramientas. Con el número creciente de máquinas-herramientas a las que se debe simultáneamente dar propulsión, el motor crece mientras la transmisión se metamorfosea en un cuerpo tan vasto como complicado (…).

El sistema de máquinas propiamente dicho sólo reemplaza a la máquina independiente cuando el objeto de trabajo ha recorrido sucesivamente una serie de distintos procesos graduados ejecutados por una cadena de máquinas-herramientas diferentes, aunque combinadas unas con otras. (…) Las herramientas especiales de los diferentes obreros en una manufactura de lana por ejemplo, las del batidor, el cardador, el doblador, el hilador, etc., se transforman en otras tantas máquinas-herramientas especiales donde cada una forma un órgano particular en el sistema del mecanismo combinado”.

Así emerge el gran autómata:

“Un sistema de maquinismo forma por sí mismo un gran autómata, desde que es puesto en movimiento por un primer motor que se mueve a sí mismo. El sistema de máquinas-herramientas automáticas recibe su movimiento por transmisión de un autómata central, es la forma más desarrollada del maquinismo productivo. La máquina aislada ha sido reemplazada por un monstruo mecánico cuyo gigantesco armazón llena edificios enteros. Su fuerza demoníaca, disimulada de entrada por el movimiento cadencioso y casi solemne de sus enormes miembros, estalla en la danza febril y vertiginosa de sus innumerables órganos de operación (…).

El sistema se vuelve objetivo, es decir emancipado de las facultades individuales del obrero; el proceso total es considerado en sí mismo, analizado en sus principios constituyentes y sus diferentes fases, y el problema que consiste en ejecutar cada proceso parcial y en conectar los diversos procesos parciales entre ellos, se resuelve por medio de la mecánica, de la química, etc., lo que no obsta desde luego para que la concepción teórica deba ser perfeccionada por una experiencia práctica acumulada a gran escala”.

La dependencia inicial de los capitalistas respecto a los obreros especializados:

“Las grandes invenciones de Vaucanson, de Arkwright, de Watt, etc., sólo podían ser aplicadas porque el período manufacturero había legado un número considerable de obreros mecánicos hábiles. (….) Aparte del alto precio de las máquinas fabricadas de esta manera –y éste es asunto del capitalista industrial–, el progreso de industrias ya basadas en el modo de producción mecánica y su introducción en nuevas ramas quedan sometidas a una única condición, el aumento de obreros especialistas, cuyo número, por la naturaleza casi artística del trabajo, sólo podía aumentar lentamente”.

Había que superarla:

“Las dimensiones crecientes del motor y de la transmisión, la variedad de máquinas-herramientas, su construcción cada vez más complicada, la regularidad matemática que exigían el número, la multiformidad y la delicadeza de sus elementos constitutivos a medida que se apartan del modelo proporcionado por el telar, ya incompatible con las formas prescritas por sus funciones puramente mecánicas, el progreso del sistema automático y el empleo de un material difícil de manejar, el hierro por ejemplo, en lugar de la madera –la solución a todos estos problemas, que las circunstancias hacían aparecer sucesivamente, tropezó sin cesar con los límites personales que el propio trabajador colectivo de la manufactura no sabía superar. Máquinas como la moderna prensa de impresión, el telar de vapor y la máquina cardadora, no habrían podido ser proporcionadas por la manufactura”.

También está el tema del proceso obligatorio de difusión:

“La transformación del modo de producción en una esfera industrial arrastra una transformación análoga en otra. Se percibe en primer lugar en las ramas industriales, que se entrelazan como fases de un proceso de conjunto, aunque la división social del trabajo las haya separado, y transformado sus productos en otras tantas mercancías independientes. Así la hilatura mecánica hizo necesario el tejido mecánico, y ambos llevaron la revolución mecánico-química a la lavandería, la imprenta y la tintorería. También la revolución en el hilado del algodón provocó la invención de la desmotadora para separar las fibras de esta planta de sus semillas, invención que hizo posible la producción de algodón a la inmensa escala que hoy día se ha vuelto indispensable (…).

La revolución en la industria y la agricultura ha necesitado una revolución en las condiciones generales del proceso de producción social, es decir en los medios de comunicación y de transporte. [Éstos] eran completamente insuficientes para cubrir las necesidades de la producción manufacturera, con su división ampliada del trabajo social, su concentración de obreros y de medios de trabajo, sus mercados coloniales, por lo que hubo que transformarlos. (…) los medios de comunicación y de transporte legados por el período manufacturero se convirtieron en obstáculos insoportables para la gran industria con la febril velocidad de su producción centuplicada, su lanzamiento continuo de capitales y de trabajadores de una esfera de producción a otra y las nuevas condiciones del mercado universal que había creado. (…) el servicio de comunicación y de transporte fue poco a poco adaptado a las exigencias de la gran industria, por medio de un sistema de barcos de vapor, ferrocarriles y telégrafos. Las enormes masas de hierro que desde entonces hubo que forjar, soldar, cortar, perforar y modelar exigieron máquinas monstruosas cuya creación estaba vedada al trabajo manufacturero”

Con el nombre de revolución industrial, ésta fue la revolución tecnológica correspondiente al primer ciclo Kondratieff y a la primera onda del cuadro de Louça.

Schumpeter: la innovación y no la ciencia y la tecnología como fuerza motriz de los ciclos largos

La primera formulación de la relación entre tecnología y ciclos largos es de Schumpeter. En el grueso libro Business Cycles que publicó en 1939, hace de los ciclos largos un elemento central de su teoría del desarrollo del capitalismo en periodo largo o teoría de la evolución (título de su primer libro de 1912 16/). Busca el apoyo de Marx: “mantenemos (y en este sentido completamente de acuerdo con Marx) que el progreso tecnológico está en la esencia misma de la empresa capitalista y no puede ser separado de ella” 17/. A diferencia, casi cualitativa, de cómo Marx examinó el progreso técnico en relación con la producción de la plusvalía y vio en el maquinismo “la captura del conjunto de las ciencias al servicio del capital” 18/, Schumpeter introduce una importante distinción entre innovación e invención, llegando a escribir que “es absolutamente indiferente que una innovación implique o no una novedad científica. Aunque la mayor parte de las innovaciones puedan ser atribuidas a una determinada conquista en el ámbito de los conocimientos teóricos o prácticos, hay muchas en que no es así” 19/. Escrito en 1939, habría hecho falta sobre todo hablar de aquellas en las que sí era el caso. Era el momento en que la gran apertura científica de los años 1900-1910 (la relatividad general de Einstein y la física cuántica de Max Planck) encontraban su aplicación en Alemania y en EE UU en el ámbito militar, desembocando en la fisión nuclear.

La definición de innovación de Schumpeter es muy amplia, puesto que incluye “los cambios tecnológicos en la producción de productos ya utilizados (subrayado mío), la apertura de nuevos mercados o de nuevas fuentes de aprovisionamiento, la taylorización del trabajo, la mejora en el mantenimiento de los materiales, la creación de nuevas organizaciones comerciales como los grandes almacenes, en resumen, toda manera diferente de hacer en el ámbito de la vida económica” 20/. La relación de estas formas de cambio con los ciclos Kondratieff está en que no son acontecimientos aislados y no se reparten uniformemente en el tiempo. “Tienen tendencia a venir en racimos, en primer lugar porque algunas de las empresas, y después la mayoría, siguen la estela de las innovaciones exitosas; y también porque las innovaciones tienen tendencia a concentrarse en algunos sectores y en su proximidad» 21/. Las series estadísticas que le sirven para corroborarlo, corrigiendo un poco la periodización de Kondratieff, privilegian claramente a EE UU y lo mismo ocurre con las innovaciones estudiadas. Así, la construcción de ferrocarriles, que se extienden durante un ciclo y medio (o sea unos ochenta años) pierde su cualidad de innovación –en el sentido de novedad– para conservar la de vector de muy importantes inversiones que sirven de alguna medida de espina dorsal de la acumulación estadounidense en un larguísimo período. Así también, aunque en EE UU la introducción de la taylorización del trabajo data del tercer Kondratieff, hay que esperar a después de la Segunda Guerra Mundial, o sea, al cuarto, para que se adopte en Europa. Los efectos de racimo deben hacerse a una escala tal que “las perturbaciones sean grandes, en el sentido de que perturban el sistema existente, no pueden ser absorbidas suavemente y suponen un proceso específico de adaptación” 22/. Las perturbaciones a las que se ve forzada a adaptarse la sociedad son pilotadas por los industriales que se benefician de ellas: “el automóvil nunca habría adquirido su actual importancia y convertido en un reformador de la vida cotidiana si se hubiera quedado en lo que era hace treinta años y si no hubiera logrado modelar las condiciones ambientales —las carreteras, entre otras — necesarias para su propio desarrollo” 23/.

Destaquemos que Schumpeter, igual que Mandel más tarde, insiste en que “es de la mayor importancia dominar la historia económica de la época, del país o de la industria (….) antes de sacar una conclusión del comportamiento de las series cronológicas. La historia general (social, política y cultural), la historia económica, y más en particular la historia industrial no son sólo indispensables sino en realidad son los más importantes en contribuir a la comprensión de nuestro problema. Todos los demás materiales y métodos, estadísticos y teóricos, están sometidos a ellas y no sirven para nada sin ellas” 24/. Schumpeter designa al primer Kondratieff con el nombre de “burgués” porque “los intereses y las actitudes de las clases industriales y comerciales han controlado las políticas y todas las expresiones culturales más que en ningún otro período anterior o posterior” 25/. Utiliza la etiqueta neo-mercantilista para caracterizar el segundo Kondratieff en el que hay “dos tipos de cambios: uno representado por síntomas como el recrudecimiento de la protección (en EE UU la tarifa Dingley de 1897) y el aumento de los gastos de armamento; el otro por síntomas como el nuevo espíritu de la legislación fiscal y social (en Alemania los seguros sociales alcanzaron 1,1 billones de marcos en 1913), la creciente marea política del radicalismo y el socialismo, el crecimiento y la evolución de las actitudes del sindicalismo, etc.» 26/. Schumpeter no encontró nombre para el tercer Kondratieff (la tercera onda larga en el cuadro de Louça).

Las tecnologías portadoras de la segunda revolución industrial

Sin tomar posición sobre la teoría de Schumpeter, el economista historiador Robert Gordon trabajó en la misma dirección. En el caso de EE UU, estudió las tecnologías que nacieron en la fase de declive de la segunda onda del cuadro de Louça antes de desarrollarse a lo largo de la tercera. Publicó primero un rotundo estudio para el Nacional Bureau of Economic Research sobre el debilitamiento de la innovación estadounidense 27/, antes de convertirlo en libro 28/. Después sintetizó las conclusiones de sus investigaciones en un nuevo estudio en respuesta a las críticas recibidas 29/. Incluye una parte sobre la segunda revolución industrial y otra sobre la tercera y la actualmente en curso de las tecnologías de la informática y de la comunicación (TIC). Con algunas diferencias temporales y especificidades nacionales, su análisis vale también para los países de Europa occidental.

Para Gordon, “las tres tecnologías de uso general fundamentales de la segunda revolución industrial que dieron nacimiento a decenas de invenciones que cambiaron la vida” han sido la electricidad, el motor de combustión interna y la telegrafía sin hilos. Edison produjo la primera bombilla eléctrica en 1879 y distribuyó electricidad a clientes del bajo Manhattan en 1882, una revolución que hacía posible los ascensores, los edificios de gran altura, las herramientas eléctricas fijas y portátiles, los aparatos domésticos y también la climatización, transformando la vida y el trabajo de los americanos. Karl Benz produjo el primer motor fiable de combustión interna en Alemania, su primera patente data de 1886, la primera fábrica estadounidense Oldsmobile se abrió en 1896. En fin, la telegrafía sin hilos inventada en 1879 por un inglés de nombre Hughes, pero patentada por Marconi desde 1897, permitió a EE UU estar conectado con Europa en 1901.

En EE UU la electricidad tuvo poco impacto antes de 1900, salvo en los grandes almacenes. Pero después de 1900, la utilización de la electricidad despegó a tal velocidad que en 1929 prácticamente todas las viviendas urbanas estaban ya conectadas a la electricidad. El primer rascacielos (Woolworth) se terminó en 1913 y la mayor parte de Manhattan se volvió vertical en 1929. Entre 1890 y 1930, los hogares americanos se beneficiaron progresivamente de la electricidad, del gas, del teléfono, del agua corriente y de las conducciones de aguas residuales. El agua corriente y el alcantarillado contribuyeron a la primera fase de la liberación de las mujeres, y también permitieron el descenso de la mortalidad infantil en la primera mitad del siglo XX. En el caso del automóvil, hubo un periodo de gestación mientras las invenciones permitían combinar la potencia del motor de combustión interna con la frágil estructura inicial inspirada en los vehículos arrastrados por caballos, desarrollando las transmisiones, los frenos y otros componentes esenciales. Partiendo de cero en 1900, en 1929 la proporción de vehículos automóviles en los hogares americanos había alcanzado el 89 por ciento. Ese mismo año el 93% de los agricultores de Iowa poseía un vehículo de motor. No hay que olvidar el papel de la Segunda Guerra Mundial, en la que Gordon destaca los efectos “de aprendizaje de alta intensidad por la práctica” de los gastos militares. La Segunda Guerra Mundial dio a EE UU su primer avión a reacción (el Bell P-59), la penicilina producida industrialmente y la energía nuclear. Más importante aún, fábricas como los astilleros de Henry Kaiser enseñaron a gestores y a obreros cómo acelerar radicalmente la producción.

Según Gordon, hay tres aspectos a destacar en la segunda revolución industrial. El primero es su naturaleza multidimensional. Al contrario del carácter unidimensional de la revolución de los TIC (examinada más adelante), las innovaciones de la segunda revolución industrial se añadieron unas a otras: la electricidad y sus repercusiones; el agua corriente y el alcantarillado; los vehículos automóviles y sus invenciones complementarias como las autopistas, los desplazamientos personales y los supermercados; las diversiones del fonógrafo a la radio, la televisión y el cine; la salud pública y la reducción de la mortalidad; y una revolución en las condiciones de trabajo que eliminó el trabajo de los niños y cambió la vida laboral, de brutal y breve pasó a ser algo menos exigente físicamente, al menos en la forma. El segundo aspecto a destacar es que todo ocurrió a la vez. Todas estas transformaciones, que se superpusieron unas sobre otras, apenas existían en 1880 pero estaban casi terminadas en la América urbana en 1929. El tercer aspecto es que hasta 1972 el progreso económico consistió principalmente en la consolidación de los aspectos incompletos de la segunda revolución industrial por medio de numerosas invenciones subsidiarias y complementarias: difusión de aparatos domésticos en los años 1950, invención de la televisión para completar la radio y el cine, extensión de la climatización desde el marco comercial al residencial, construcción de la red de carreteras interestatal entre 1958 y 1972, y por último el desarrollo del transporte aéreo civil, de su minúscula área inicial en 1940 a su uso profesional y personal, acabando con el pleno equipamiento en aviones a reacción de la aviación civil que Gordon sitúa en 1972.

Las revoluciones tecnológicas en El capitalismo tardío

Mandel situó la estrecha asociación de las ondas largas con los grandes cambios tecnológicos en el marco teórico marxista. Al igual que Trotsky, endogenizó su fase de contracción y añadió a los factores de recuperación y de expansión los cambios científicos y tecnológicos. En el postfacio a su obra, Jesús Albarracín y Pedro Montes escribieron que su trabajo sobre las ondas largas puede ser considerado como la “principal aportación de Mandel al marxismo contemporáneo” 30/. La constatación de los cambios de periodo o de fase ya se encuentra en Engels, y más tarde en los grandes teóricos revolucionarios de los años 1910-1925: la de los años 1880-1890, de la que Engels comenta el importante papel jugado por las comunicaciones en la extensión del mercado mundial; el paso del capitalismo de libre competencia al de los monopolios, cuyos rasgos formuló Lenin en El Imperialismo, estadio superior del capitalismo. Según Albarracín y Montes la aportación de Mandel consiste en ofrecer una solución al siguiente problema teórico:

“En la literatura marxista tradicional, la dinámica del capitalismo venía definida por dos movimientos diferentes. Por un lado, el ciclo vital como régimen social, determinado por las leyes de desarrollo del modo de producción (crecimiento de la composición orgánica del capital, formación del ejército de reserva industrial, caída tendencial de la tasa de ganancia, progreso tecnológico). Por otro, los movimientos a corto plazo, determinados por las crisis periódicas. Para Marx, ambos movimientos no eran independientes y, sobre todo, no podían concebirse como fenómenos mecánicos. A largo plazo, la caída de la tasa de ganancia era inevitable, pero una serie de factores (el aumento de la tasa de explotación, el imperialismo, el aumento de la velocidad de rotación del capital, etc.) podía contrarrestar esta caída durante un cierto lapso de tiempo, de manera que las leyes de desarrollo capitalista no podían ser utilizadas como si fueran una piedra filosofal para comprender el capitalismo en cada periodo histórico. (….) No era posible por tanto formular una teoría general de las crisis industriales periódicas que sirviera tanto para el capitalismo de la primera mitad del siglo XIX, por ejemplo, como para el posterior a la Segunda Guerra mundial” 31/.

Al igual que Schumpeter, el análisis de Mandel parte del ciclo decenal con sus crisis bastante regulares atribuidas por Marx en parte a la duración de la vida media de las máquinas. El grado de severidad de estas crisis va a depender de la fase en que se producen dentro del movimiento más largo, el de largas ondas cuya fase de expansión se presenta como “un periodo de acumulación del capital bruscamente acelerado” que sigue a “un período de innovación técnica radical” 32/. Así, “la historia del capitalismo aparece no sólo como una sucesión de ciclos industriales de 7-10 años, sino también de periodos más largos de cincuenta años” cuya cronología se muestra en el cuadro de Louça. Cada uno corresponde a una revolución tecnológica: la revolución industrial caracterizada por la sustitución de la energía hidráulica por la máquina de vapor; la revolución tecnológica del motor de vapor producido mecánicamente (las máquinas-herramientas); la revolución tecnológica de la química, de la electricidad y del motor de explosión; en fin, la revolución tecnológica en curso en el momento en que escribe Mandel (que denomina la tercera) de la “control generalizado por medio de máquinas con equipo electrónico» 33/.

En cada periodo, la revolución tecnológica que comienza va a provocar un “alza brusca de la tasa de ganancia debida a cuatro causas en diversas combinaciones: descenso brusco de la composición orgánica media del capital; elevación brusca de la tasa de plusvalía subsiguiente a una derrota radical de la clase obrera; descenso brusco del precio de algunos elementos del capital constante; acortamiento brusco del ciclo de renovación del capital constante” 34/. El paso de la fase de expansión a la fase de contracción se produce en el momento en que el alza de la composición orgánica del capital conduce al descenso de la tasa media de ganancia, y después de la inversión. La sub-inversión que sigue tiene por consecuencia “la puesta en barbecho del capital”, al que se recurrirá cuando comience la siguiente revolución tecnológica. Mandel no contempla que el capital en barbecho sea captado por los bancos y que la acumulación financiera se alce contra la acumulación real. No mide las consecuencias del endeudamiento del Tercer Mundo a partir de 1978. Hay que esperar al postfacio de Albarracín y Montes en la edición de 1997 de su obra para que se aborde la “hipertrofia financiera” 35/.

En cambio, dedicar desde 1972 un capítulo entero a la penetración en la producción del “control generalizado por medio de máquinas con equipo electrónico”, de los “procesos de producción accionados sin intervención de la mano del hombre” 36/, o sea, la automatización en sus formas iniciales, era la demostración de que seguía muy de cerca la evolución de las tecnologías. Analizando los rasgos de la “tercera revolución tecnológica”, Mandel muestra que los procesos informatizados tienen su origen en el sector militar; por una parte, en el armamento nuclear donde “toman la forma de una necesidad fisiológica absoluta; por otra, en la defensa aérea que exige la acumulación de datos para poder sacar conclusiones casi instantáneas” 37/. En EE UU, y después en Europa y Japón, la aplicación industrial del “tratamiento electrónico de los datos” fue introducida en la industria química y después en un número creciente de industrias en las que la reducción de costes salariales directos por “eliminación radical del trabajo vivo del proceso de producción se ha convertido en un objetivo central para el capital”. General Motors comenzó a utilizar robots en sus fábricas a partir de 1961.

No es posible hablar aquí del conjunto de rasgos y consecuencias de la tercera revolución tecnológica descritas por Mandel. Estoy obligado a remitir a los lectores al libro. Pero hay una dimensión que le parece de tal importancia que habla de ella en 1981 en su prefacio a la edición inglesa del libro III de El Capital: “la extensión de la automatización más allá de un umbral conduce, inevitablemente, primero a un descenso del volumen total del valor producido, después a un descenso del volumen total de la plusvalía producida”. Saca de ahí conclusiones extremadamente pesimistas:

“La barbarie, como resultado posible del hundimiento del sistema, es hoy día una perspectiva mucho más concreta y precisa de lo que era en los años veinte y treinta. Los mismos horrores de Auschwitz y de Hiroshima parecerán ligeros en comparación con los horrores a los que una degradación continua del sistema confrontará a la humanidad. En estas circunstancias, la lucha por una salida socialista adquiere la importancia de una lucha por la supervivencia misma de la civilización humana y de la raza humana” 38/.

Las ondas largas del capitalismo: informatización, automatización, crecimiento y ganancia

En el libro con ese título (aparecido en francés en 2015) Mandel continúa el análisis de los efectos de la informatización y de la automatización (que denomina robotismo) planteando las cuestiones de manera menos dramática. Se pregunta si “a pesar del declive histórico del sistema capitalista, éste podría todavía repetir su milagro de 1940 (48) y, tras un largo período de limpieza durante los años 1970, 1980 y 1990, abrir un nuevo periodo de expansión acelerada comparable al del periodo 1893-1913, o incluso al del periodo 1948-1968”. O, por el contrario, “la explosión violenta (que Mandel sitúa en la crisis en dos tiempos de los años 1970) de las contradicciones internas del modo de producción capitalista después de un largo período en que fueron reprimidas implica que la nueva onda larga de estancamiento relativo o de débil crecimiento está ahí para quedarse por un periodo indeterminado” 39/. La respuesta es que sí: las cifras estadounidenses, cuya fiabilidad es superior a todas las demás, muestran que éste es el caso. La fase descendente de la cuarta onda del cuadro 1 comienza en 1978. El descenso del ritmo de acumulación expresado aproximadamente por la tasa de crecimiento se contrarrestó al principio por las medidas coordinadas por Paul Volker en 1980-1982 antes de que se instalase un ritmo del 5%, a pesar de los efectos de arrastre de las inversiones directas en el extranjero de los grupos industriales y comerciales estadounidenses en China, a pesar de las inversiones ligadas a la nueva economía, y a pesar del recurso masivo al endeudamiento que permitió retrasar la crisis hasta 2007-2008. Diez años después del fin de la Great Recession, la tasa de crecimiento tal como la define la contabilidad nacional estadounidense apenas supera el 4%.

Gráfico 2

Tasa de crecimiento del PIB de los Estados Unidos 1930-2017

Fuente: https://www.multpl.com/us-gdp-growth-rate

En la recapitulación teórica incluida al comienzo de su libro, Mandel escribe que una «verdadera revolución tecnológica implica una revisión radical de las técnicas de base en todos los ámbitos de la producción y de la distribución capitalistas, incluidos los transportes y las telecomunicaciones» 40/. Como ya se ha visto más arriba, esta revisión comenzó en los años 1940. Lo que comienza en 1995 es “un nuevo salto adelante cualitativo en la automatización (es decir, una transición masiva de la semi-automatización a la automatización)”, añadiendo que “también las técnicas de ingeniería genética pueden conducir a innovaciones radicales en la agricultura, la farmacéutica, el equipamiento científico, y en otra veintena de ramas industriales”. Su hipótesis es la siguiente:

“Una sustitución radical de máquinas por hombres (la nueva ola de automatización puede ser calificada de robotismo) implicaría de forma casi inevitable una reducción masiva del empleo productivo total. Dicha reducción radical del trabajo productivo implicaría muy probablemente un fuerte descenso de la masa de plusvalía, aun cuando un nuevo progreso de la productividad del trabajo y una tendencia al estancamiento o incluso al descenso de los salarios reales deberían hacer aumentar fuertemente el total de plusvalía relativa (la fracción de la semana de trabajo total durante la cual los trabajadores producen el equivalente a los bienes que compran con su salario). En estas condiciones, un aumento de la tasa de plusvalía sólo puede ser relativo, en ningún caso proporcional a los nuevos y enormes gastos necesarios para financiar el robotismo. La tasa de ganancia no experimentaría un gran aumento», pero para los trabajadores “el resultado global de un salto cualitativo hacia delante en la automatización (de hecho, la transición de la semi-automatización a la automatización) sería un aumento radical del desempleo permanente (…), la aplicación generalizada de los microprocesadores llevaría a la supresión radical de empleos en el trabajo de oficina, la administración, las telecomunicaciones e incluso la enseñanza. Profesiones enteras como contables, consultores informáticos y empleados bancarios serían devastadas si no completamente suprimidas” 41/.

Veamos primero el progreso de la automatización y la destrucción de empleos y después la evolución de la tasa de ganancia. Uno de los primeros estudios realizados por dos investigadores de la universidad de Oxford en 2013 42/ estimaba que el 47% de los oficios en EE UU podría ser ejercido por máquinas automatizadas. A este estudio le han seguido otros muchos. Las conclusiones difieren un tanto de uno a otro, pero todos van en el mismo sentido. El ritmo es más lento que “un salto adelante cualitativo”. El estudio publicado en 2017 por McKinsey estimaba que el 55% de los empleos japoneses, el 46% de los empleos estadounidenses y el 46% de los empleos de las cinco mayores economías europeas desaparecerán a causa de la informatización del trabajo antes de 2030 43/. El más reciente y más conservador es el publicado por la OCDE en abril de 2019, según el cual la informatización y la robotización harían desaparecer el 14% de los empleos de aquí a veinte años. La OCDE define los empleos con “alto riesgo de automatización” (en amarillo en la figura 4) como los que tienen al menos un 70% de posibilidades de ser robotizados. Los empleos que corren un riesgo de “cambio significativo” son los que tienen entre el 50% y el 70% de posibilidades de ser automatizados. Los principales sectores de empleo afectados son aquellos que la OCDE define como medianamente cualificados, “cuya naturaleza rutinaria hace bastante fácil la codificación en une serie de instrucciones que una máquina puede cumplir”. Dicho de otra manera, los obreros cualificados, operadores de máquinas, trabajadores en cadenas de montaje, o incluso los asalariados que realizan tareas de secretariado.

Gráfico 3

Efectos de la automatización de los empleos en los países de la OCDE

El estudio de la OCDE incluye también el siguiente gráfico sobre la producción (lo que significa también la utilización) de robots industriales. El crecimiento fue muy lento antes de acelerarse en 2011 y sobre todo a partir de 2014.

Gráfico 4

Número de robots industriales producidos anualmente, en millares de unidades (2000-2017)

La cuestión del ritmo del movimiento de robotización ha sido abordada por Moody 44/. La desarrollaré de forma más completa: la decisión de una empresa de recurrir a robots en sus fábricas o de introducir en los sectores de servicios técnicas informatizadas muy eficientes, y por tanto reducir el número de sus asalariados, depende de un conjunto de factores: el nivel salarial, la intensidad de la concurrencia, la rentabilidad prevista de la inversión. Estos factores vienen configurados por la mundialización del capital. Así, puede ser más ventajoso para una empresa deslocalizar una fábrica hacia un país con bajos salarios en vez de invertir en robots. Así mismo, la acentuación de la precarización del trabajo con sus efectos sobre los salarios puede ralentizar la informatización de algunos empleos de servicios.

Los efectos sobre la tasa de ganancia de haber recurrido a procesos informatizados y automatizados pueden ralentizar el progreso de su adopción. Volviendo al esquema teórico de Mandel, el progreso de la informatización y la automatización tiene como tendencia:

1) una elevación de la composición orgánica media del capital;

2) una elevación efectiva de la tasa de plusvalía como consecuencia de la mundialización del ejército de reserva industrial como consecuencia de la mundialización y desreglamentación del capital;

3) una reducción del precio de elementos del capital constante; y

4) un acortamiento del ciclo de su renovación. Puede ocurrir que los últimos no contrarresten a los otros tres en los efectos de la elevación de la composición orgánica.

Husson tiene su propia manera de medir la tasa de ganancia y de concluir en su alza 45/. En esto, como en Finance Capital Today, me pondré del lado de los economistas anglófonos, como Michael Roberts (severamente juzgado por Wilno en un artículo de 2015) de quien tomo el siguiente gráfico.

Gráfico 5

Movimiento de la tasa de ganancia en EE UU (conjunto de la economía 1949-2015)

Siguiendo el comentario de Roberts sobre este gráfico, “la tasa de ganancia corresponde a la fórmula de Marx s/c+v, o sea la plusvalía en relación al capital constante y al capital variable, midiendo el capital constante a precios históricos y a precios corrientes. El periodo tiene cuatro fases: la edad de oro tras la Segunda Guerra mundial que alcanza su cénit en 1965; la crisis de rentabilidad de los años 1970 que alcanza su punto más bajo en 1980-1982; después, el periodo neoliberal de recuperación y de estabilización de la rentabilidad; por último, el periodo todavía en curso de volatilidad y ligera baja”. El gran inconveniente de la tasa de ganancia media es que oculta el desfase abierto en la rentabilidad entre las empresas tomadas en su conjunto y los grupos cotizados en bolsa en Standard & Poor 500, que se benefician de estar a la vez en posición de mando en las cadenas de valor mundiales y de tener mejores condiciones para colocar ventajosamente en los mercados financieros las ganancias no reinvertidas. Estos grupos están a su vez jerarquizados. Así, en 1975 los cien primeros grupos cotizados en Standard & Poor 500 distribuían el 50,1% del total de dividendos y en 2015 el 68,7% 46/.

Roberts es el único en proponer una estimación del movimiento de la composición orgánica del capital. En el gráfico 6 aparecen las estimaciones para los dos últimos sub-períodos a comparar. Las estimaciones tienden a corroborar la posición de Mandel, a la que no hace referencia Roberts.

Gráfico 6

Movimiento de la composición orgánica en EE UU (1946-2015)

(OCC = composición orgánica del capital, ROSV = tasa de plusvalía, ROP = tasa de ganancia)

La tercera revolución industrial y la productividad

Es crucial distinguir entre la profundidad de la penetración de la informática en forma de recurso a programas cada vez más eficaces y el efecto que tiene sobre la reproducción ampliada y el crecimiento mundiales. Bajo el título “Dueños del mundo”, la edición del 5 de octubre de 2019 del semanario de la City The Economist se inquieta por el papel pronto preponderante de los programas informáticos en las decisiones de inversión financiera en un número creciente de mercados. Pero al mismo tiempo la tasa de crecimiento del PIB está apática. A finales de los años 1980, el muy conocido economista americano Robert Solow declaró que “se ven ordenadores por todas partes, salvo en los indicadores de productividad”, comentario conocido después con el nombre de paradoja de Solow. La aceleración del crecimiento durante la nueva economía de la segunda mitad de los años 1990 le aportó un desmentido provisional, pero después las cifras le han dado la razón. El gráfico 7 referido a cinco países muestra cómo el crecimiento cesa hacia 2004, salvo para Corea del Sur. Se suceden dos mesetas, la primera hasta 2007 para los cuatro “viejos países industriales, la segunda situada más abajo que la primera después de 2008 y para todos los países, incluida Corea.

Gráfico 7

Un motor de crecimiento renqueante

Fuente: Noah Smith https://www.bloomberg.com/opinion/articles/2018-12-04/maybe-we-have-the-economic-growth-equación-backward

Patrick Artus ha expresado la perplejidad compartida por muchos: “No se comprende bien por qué, a pesar del desarrollo de lo digital y del esfuerzo de investigación y de innovación, los aumentos de productividad disminuyen y el crecimiento a largo plazo se vuelve débil, en resumen no se sabe ya analizar la situación a largo plazo de las economías” 47/. Precisemos que la tasa de productividad depende de la cantidad de trabajo empleado, de la cantidad invertida en máquinas y equipamientos informáticos, así como de un factor llamado residual resultante de la eficacia con que son empleados trabajo y capital físico combinados. Una vez más debemos a Roberts un gráfico que muestra esta descomposición para diferentes subperiodos en EE UU, el último de los cuales conoce una caída espectacular de la productividad.

Figure 8

EE UU contribución de los tres componentes a la producción, aparte de la agricultura

En su análisis de la tercera revolución industrial Gordon da una explicación para EE UU que resumo aquí 48/. El crecimiento de la productividad de la segunda mitad de los años 1990 ha sido un paréntesis debido a un descenso sin precedentes y nunca repetido del coste de la velocidad y de la capacidad de memoria de los ordenadores, así como a un aumento nunca igualado de la parte del PIB dedicada a la inversión en los TIC. Ésta disminuyó con el crack bursátil de 2000-2002, pero el crecimiento de la productividad continuó siendo fuerte hasta 2004 a causa del desfase entre la producción y la compra de equipos informáticos y la curva de aprendizaje que permite utilizarlos de manera eficaz y productiva 49/. El efecto Internet de los años 1996-2004 sólo dio un empujón temporal al crecimiento de la productividad. La crisis de 2007 abre el periodo de fuerte descenso calculado por Roberts. Las tecnologías introducidas –desde el salto adelante de la miniaturización (microprocesador) y de los volúmenes de cálculo y de transferencia de datos– durante los años 1980 del Capitalismo tardío se componen de: 1) el ordenador personal con sus múltiples posibilidades, 2) la digitalización de códigos de barras, 3) las ventanillas automáticas bancarias, 4) la televisión por cable y por satélite, 5) Internet, el correo electrónico, la comunicación en la Web, 6) el comercio electrónico (con sus efectos sobre múltiples sistemas de distribución), las diversas redes sociales, 7) los teléfonos móviles, los teléfonos inteligentes, 8) los diversos sistemas de reserva en línea, de gestión de cadenas de aprovisionamiento, las múltiples plataformas de interrelación (del taxi a la distribución de comidas pasando por áreas de la llamada administración pública, incluyendo los catálogos digitalizados de las bibliotecas).

Tecnologías con efectos macroeconómicos difíciles de superar. Las controversias sobre el impacto de los nuevos avances se refieren a los pequeños robots, la inteligencia artificial, la impresión 3D y los vehículos sin conductor. La aparición en el mercado de EE UU de un pequeño robot muy barato, 25.000 dólares, el Baxter, levantó una gran polvareda. La posición de Gordon sobre los robots es la misma que la de los estudios arriba citados. Será un proceso largo y gradual antes de que los robots, fuera de los sectores manufactureros (sin excluir de este sector en sentido amplio la relación entre la automatización de la genómica y la farmacéutica) y los almacenes de grupos como Amazon, sustituyan al empleo en los sectores de servicios o de la construcción.

La impresión 3D es una innovación que vale para operaciones puntuales, como la producción de una corona en un gabinete dental en lugar de tener que enviar un molde a un especialista externo. La impresión 3D responde a la producción personalizada más que a la producción masiva. Puede aumentar la productividad en los laboratorios de concepción que crean modelos de nuevos productos, pero no tendrá incidencia macroeconómica. En cuanto al Big Data la mayor parte de los usos son juegos de suma cero. La cantidad de datos electrónicos aumenta de manera exponencial desde hace décadas. Pero la ralentización del crecimiento de la productividad americana ha coincidido con la introducción de los smartphones y de los iPads que tratan enormes cantidades de datos.

El coche sin conductor ofrece ventajas realmente menores respecto a la invención del coche, o a las mejoras de la seguridad que han reducido por tres las muertes por mil vehículos desde 1950. Se puede distinguir entre los coches y los camiones. La gente utiliza el coche para ir de A a B. En relación con las posibilidades ya ofrecidas en telefonía, Internet y música, se podrá mirar una pantalla de ordenador y crear un e-mail. Los camiones sin conductor podrían aumentar la productividad respecto a la muy pequeña categoría de empleos de camioneros en los Estados (unos 3,5 millones). Sin embargo, conducir de un lugar a otro sólo es la mitad del trabajo de los camioneros. Los chóferes de UPS saltan del camión, buscan los paquetes y los entregan en las empresas y en las residencias, sabiendo si hay que dejar los paquetes en el porche delantero o en un escondite del porche trasero. Los camiones de mayoristas llegan a los supermercados y se detienen en los muelles de descarga. Los chóferes son responsables de cargar los palés. Y Gordon acaba señalando que a pesar de la revolución informática el almacenamiento de los productos en las estanterías se hace por humanos y no por robots.

Para concluir

En lo que me concierne, la respuesta a la pregunta de Mandel es que se ha instalado definitivamente una “nueva larga ola de estancamiento relativo o de débil crecimiento”. Roberts es más circunspecto: “Sigue en curso la fase descendente del ciclo capitalista mundial. Puede haber por tanto vida para el capitalismo mundial, aunque en este momento vaya a ritmo lento” 50/. Wilno concluía su artículo de 2015 diciendo que estaba potencialmente abierto un vasto programa de investigación. Habría que incluir ahí el intento de diseñar la configuración técnica, económica y geopolítica de la producción de la informática pero también de su utilización con fines de control social. La recogida y tratamiento masivo de datos proporcionan al capital y a los Estados una capacidad sin precedente de control político, y el Partido Comunista chino aparece claramente en cabeza. En fin, hoy en día la amenaza de barbarie que atormentaba a Mandel no viene del descenso del volumen total de la plusvalía producida. Está en el plano del cambio climático y del agotamiento de los recursos naturales vitales donde “la lucha por una salida socialista adquiere la importancia de una lucha por la supervivencia misma de la civilización humana y de la raza humana” 51/. Esta lucha comienza por el continuo combate teórico principista contra las fuerzas políticas que, aún bienintencionadas, no reconocen el fundamento capitalista del antropoceno y, por tanto, el necesario carácter radicalmente anticapitalista de la lucha en el terreno de las condiciones eco-esféricas de la reproducción social.

François Chesnais es economista y autor de varias obras sobre la mundialización y financiarización de la economía

http://alencontre.org/economie/la-theorie-des-ondes-longues-et-la-technologie-contemporaine-ii.html

http://alencontre.org/economie/la-theorie-des-ondes-longues-et-la-technologie-contemporaine-ii.html

Traducción: Javier Garitazelaia para viento sur

Notas

1/ www.lemonde.fr/economie/article/2019/08/14/le-pib-allemand-se-contracte-de-0-1-au-deuxieme-trimestre-conformement-aux-attentes_5499271_3234.html

2/ https://alencontre.org/economie/de-nouveau-sur-limpasse-económica-historique-du-capitalisme-mondial.html

3/ Ernest Mandel, Long Waves of Capitalist Development, A Marxist Interpretación, Verso, London, 1980, p.1 (edición en castellano: Las ondas largas del desarrollo capitalista, traducción de Javier Maestro, Madrid, Siglo XXI de España, 1986).

4/ Ernest Mandel, Les ondes longues du capitalisme, Editions Syllepse, Paris, 2014.

5/ www.contretemps.eu/a-lire-la-postface-de-les-ondes-longues-du-developpement-du-capitalisme-de-ernest-mandel/

6/ Kim Moody, High Tech, Low Growth: Robots and the Future of Workhttps://brill.com/view/journals/hima/26/4/article-p3_1.xml

7/ Es el caso del artículo de Henri Wilno de 2015, www.npa2009.org/idees/tenter-de-comprendre-la-phase-actuelle-du-capitalisme-un-retour-sur-les-ondes-longues

8/ Nicolai Dimitrievitch Kondratieff fue director en los años 1920 del Instituto de coyuntura de la URSS en Moscú. Fue detenido en 1930 bajo la acusación de introducir métodos burgueses en la planificación y de sabotear la agricultura. Pasó ocho años en campos de concentración antes de ser fusilado en 1938. Ver Nicolai Kondratieff, Les grands cycles de la conjoncture, edición organizada y presentada por Louis Fontvielle, Economica, París, 1992.

9/ Francisco Louça informa de este debate en su introducción al libro de Mandel en la segunda edición en inglés de 1995.

11/ Sobre Parvus, ver Mandel, Le troisième âge du capitalisme, traducción francesa de Spätkapitalismus (1972), Les Editions de la Passion, Paris, 1997, pp.101-102 y la introducción de Francisco Louça ya citada.

11/ https://www.marxists.org/francais/trotsky/oeuvres/1923/04/lt19230421.htm

12/ Ernest Mandel, Le troisième age du capitalisme, pp.107-109.

13/ Ernest Mandel, Long Waves of Capitalist Development, op. cit., p.82

14/ Ernest Mandel, Long Waves of Capitalist Development, op. cit., p.6.

15/ Extractos de la primera sección de El Capital, libro primero. El análisis minucioso de la organización de la explotación y la maximización del plusvalor producido y apropiado por el capital se hace en la sección III.

16/ Para la traducción francesa ver Joseph Schumpeter, La théorie de l’évolución économique, Dalloz, Paris, 1935 con una introducción de François Perroux.

17/ Joseph Schumpeter, Business Cycles, A Theoretical, Historical and Statistical Analysis of the Capitalist Process, 1939 en la versión abreviada con una introducción de Rendigs Fels, p.16. http://classiques.uqac.ca/classiques/Schumpeter_joseph/business_cycles/schumpeter_business_cycles.pdf

18/ “La invención se vuelve un oficio y la aplicación de la ciencia a la producción inmediata se convierte en sí misma en un punto determinante para la ciencia, que la solicita”. Marx, Manuscrits de 1857-58, los llamados Grundrisse, Editions Sociales, Paris, 2011, p. 660.

19/ Schumpeter, Business Cycles, p.82.

20/ Schumpeter, Business Cycles, p.82.

21/ Schumpeter, Business Cycles, p.98.

22/ Ibid.

23/ Schumpeter, Business Cycles, p.174.

24/ ] Schumpeter, Business Cycles, p.20.

25/ Schumpeter, Business Cycles, p.243.

26/ Schumpeter, Business Cycles, p.294.

27/ Robert J. Gordon “Is U. S. Economic Growth Over? Faltering Innovación Confronts the Six Headwinds,” NBER Working Paper 18315, Agosto 2012.

28/ Robert J. Gordon, The Rise and Fall of American Growth: The U.S. Standard of Living Since the Civil War. Princeton University Press. 2016.

29/ Robert J Gordon, “The Demise of U.S. Economic Growth: Restatement, Rebuttal, and Reflections”, NBER Working Paper No. 19895, Febrero 2014. https://www.nber.org/papers/w19895.pdf

30/ Jesús Albarracín y Pedro Montes, Postface de 1996, p .519 (versión en castellano en http://www.anticapitalistas.org/spip.php?article22116&id_syndic_article=2439

31/ Albarracín y Montes, Postface, p .516

32/ Le troisième âge du capitalisme, p .95.

33/ Le troisième âge du capitalisme, p .100.

34/ Le troisième âge du capitalisme, p .96.

35/ Albarracín y Montes, Postface, p.529.

36/ Le troisième âge du capitalisme, p.155.

37/ Ibid.

38/ Mandel, “Introducción al libro III de El Capital”, Penguin, Londres, 1981, pp. 87-89.

39/ Long Waves of Capitalist Development, A Marxist Interpretación, p.83. Todas las citas están traducidas de la edición inglesa disponible en PDF. https://libcom.org/files/ernest-mandel-long-waves-of-capitalist-development-a-marxist-interpretación.pdf

40/ Long Waves of Capitalist Development, A Marxist Interpretación, p.19.

41/ Long Waves of Capitalist Development, A Marxist Interpretación, p.83-85

42/ https://www.oxfordmartin.ox.ac.uk/downloads/academic/The_Future_of_Employment.pdf

43/ https://www.mckinsey.com/ /media/mckinsey/featured%20insights/Digital%20Disrupción/Harnessing%20automación%20for%20a%20future%20that%20works/MGI-A-future-that-works-Executive-summary.ashx

44/ Ver Kim Moody, High Tech, Low Growth.

45/ Ver su artículo de 2010 en Inprecor http://hussonet.free.fr/debaprof.pdf , así como su recensión de Finance Capital Today https://www.contretemps.eu/husson-chesnais-capital-financier-limites-capitalisme/

46/ Ver el interesante y poco citado artículo de Kathleen Kahle y René Stulz , “Is the US Public Corporation in Trouble?”, Journal of Economic Perspectives, Vol.31, N°3, 2017 //pubs.aeaweb.org/doi/pdfplus/10.1257/jep.31.3.67

47/ Citado por Michel Husson en su artículo de marzo de 2018 (https://www.vientosur.info/spip.php?article13626)

48/ Gordon, The Demise of U.S. Economic Growth, 2014 op.cit.

49/ Erik Brynjolfsson y Andrew McAfee, The Second Machine Age, New York, Norton, 2014.

50/ https://thenextrecession.wordpress.com/2016/02/14/robert-j-gordon-and-the-rise-and-fall-of-american-capitalism/

51/ Mandel, “Introducción a la edición inglesa del libro III de El Capital”, op.cit