Anand Giridharadas: Cuando los superricos simulan salvar el mundo

Chris Lehmann
The Baffler / CTXT
Anand Giridharadas, autor de ‘Los ganadores se lo llevan todo’, habla de un nuevo modelo de activismo filantrópico que impulsa panaceas neoliberales y tecnológicas para males sociales

El nuevo libro de Anand Giridharadas, Los ganadores se lo llevan todo (Winners Take All), es un estimulante relato sobre cómo las fuerzas del capital han convertido la reforma social en otro ejercicio de disrupción de mercado gestionado por la élite. Giridharadas narra la movilización de un nuevo modelo de activismo filantrópico que denomina “MundoMercado”: una red de patrocinadores con mucho dinero que se extiende de Davos a Aspen, pasando por Silicon Valley, y que impulsa panaceas neoliberales y tecnológicas para males sociales, como por ejemplo microcréditos y escuelas concertadas. Giridharadas conoce de primera mano la mentalidad y las convenciones sociales de “MundoMercado”, ya que es un antiguo analista de la consultora social McKinsey & Company, un antiguo miembro del Aspen Institute y un veterano del circuito de charlas TED. Hablé con él la semana pasada, tras una charla sobre el libro que distaba mucho del estilo TED y que ofreció en la librería Politics and Prose de Washington.

Chris Lehmann: Estaba pensando en el ejercicio de imaginar un mundo perfecto que propusiste anoche, en el que invitaste al público a imaginar a Mark Zuckerberg como si fuera un auténtico traidor de clase. En principio, el último gran traidor de clase fue Franklin Delano Roosevelt (FDR), autor de la infraestructura del New Deal que nuestra élite política lleva destruyendo los últimos cuarenta años. La mayor parte de sus biógrafos está de acuerdo en afirmar que traicionó a su clase porque contrajo la polio. Viajó a Georgia para someterse a un tratamiento con baños y allí entró por primera vez en contacto real con la pobreza rural, y lo hizo en un contexto en el que su enfermedad le dejó al mismo nivel de sufrimiento que los pacientes pobres de polio que se encontró. En cambio, actualmente tienes a Mark Zuckerberg, que el año pasado organizó un simulacro de campaña presidencial, durante el cual daba la impresión de estar totalmente perdido cuando acudió a una granja de vacas o a una cena en el campo de Iowa. En potencia, la traición de clase es una fuerza muy poderosa, pero ¿cómo se consigue sacar a los multimillonarios de hoy en día de sus burbujas autoimpuestas, sin que haga falta reintroducir el virus de la polio?

Anand Giridharadas: Yo no era consciente de ello cuando empecé a preparar el libro, pero ahora, cuando miro atrás y pienso en las distintas personas sobre las que he escrito, me doy cuenta de algo muy interesante: hay gente en el interior de estas ciudadelas de poder que por cuestiones de identidad personal han conocido el lado negativo de la ecuación de poder, ya sea porque son negros, gais, mujeres o por el motivo que sea, poseen una doble conciencia sobre el sistema. Darren Walker [director de la Ford Foundation] es un buen ejemplo. Está donde está porque cree a pies juntillas en lo que hace. En cierto modo, Darren piensa que si metes a Robert Rubin en una sala, que si metes a Roger Altman [banquero de inversión] en una sala, mejoras el mundo. Creo que lo piensa de verdad. Y también creo que piensa que las salas llenas de este tipo de gente están llenas de mierda y nunca cambian nada. Creo sinceramente que es capaz de pensar esas dos cosas al mismo tiempo, porque ha comprobado la veracidad de ambas situaciones. Y, en cierto modo, las dos son verdad.

CL: Sin embargo, sola una paga su sueldo.

AG: Sí, pero la otra es responsable de su existencia en la Tierra. Y Darren es una de esas personas, de las que hablo en el libro, que aún recibe mensajes de texto de sus primos encarcelados con el mono naranja. Por eso Darren nunca ha podido olvidar las pretensiones y las gilipolleces de la gente con la que comparte oficina cada día. Eso no es exactamente traición de clase, pero es uno de los puntos de los que podría partir, y si llegara a producirse una oleada (si se produjera el tipo de movimiento reformista que defiendo) haría falta un poco de eso. Puede que ni siquiera haga falta tanta gente. Quiero decir, unas pocas personas importantes lograrían marcar la diferencia. Creo que se debe buscar ese tipo de gente con doble conciencia. Por eso puede que no sea un hombre blanco, puede que no sea Zuck o Bezos, pero hay mujeres que han ganado mucho dinero en esa órbita, hay personas de color que han ganado mucho dinero en esa órbita, y creo que ese es un lugar donde se puede empezar a buscar. Por mencionar solo mi propia experiencia, yo he hablado con muchísimas personas en privado, y lo que te voy a decir no aparece en el libro, pero la persona más interesante de Facebook es la que se sienta en esa reunión cada día con otras siete personas que creen firmemente que Facebook está liberando a la humanidad, y es esa octava persona que no está tan segura, porque ha visto el poder que tienen estas herramientas para ayudar de verdad a las personas vulnerables y que piensa: “Dios mío, esta gente está loca”.

CL: Sí, pero ¿cómo abordar el control de algo como Facebook? Como dijiste en tu charla de anoche, los senadores no saben por dónde empezar la tarea de regularlo; se ha convertido en algo así como una versión monopolista de una ciudad-estado autónoma.

AG: Creo que la esperanza fundamental de mi libro, y solo me di cuenta de esto a medida que avanzaba con él, es que resulta mucho más fácil decir: “Esto es interesante”, que decir: “Oye jefe, creo que todo lo que rodea a nuestra organización es un fraude”. Para alguien de veinticinco años es difícil decir: “En esta empresa todo es una mierda”; sin embargo, es mucho más fácil decir: “Oye jefe, han publicado un artículo en el Times este fin de semana, no es que esté de acuerdo con todo lo que dice, pero es interesante. A lo mejor deberíamos reaccionar”. Y creo que un libro, o este tipo de intervenciones culturales, puede conseguir eso, enganchar a las personas que están en esas órbitas y hacer que cambien su forma de pensar sobre lo que hacen y conectarlas entre ellas.

CL: Sinceramente, veo un motivo para la esperanza (pese a que no soy muy optimista acerca del futuro) en la explosión de interés que estos temas han despertado entre las nuevas generaciones. También creo que dentro de la burbuja de Washington D.C. la gente no entiende el nivel de desencanto con Obama que existe entre los jóvenes reformistas. El movimiento de Sanders apeló a ese desencanto, haciendo de la desigualdad un tema central.

AG: Correcto, hablaba de todo lo que Obama no pudo solucionar a pesar de toda la esperanza y los cambios.

CL: Y lo más sorprendente es que en 2008 los demócratas consiguieron incluir al movimiento joven en sus filas, ya que comprendieron que les aportaba una enorme ola de votantes motivados que podrían elevarlos al podio, pero en 2016 se esforzaron de forma deliberada en expulsarlos.

AG: Sí, debo decirte que mi experiencia con este libro me ha sorprendido mucho a la hora de ver quién necesita una explicación de un minuto y quién necesita una explicación de siete segundos. Y ha sido un poco al revés de lo habitual, en mi experiencia. Cuando estoy en el este de Ohio y digo: “Esto va de gente rica fingiendo que salva el mundo”, me interrumpen y saltan: “Ah sí, Mark Zuckerberg”. Lo pillan porque están en el lado equivocado del falso cambio desde hace treinta o cuarenta años. Las personas de diecinueve o veinte años también tardan siete segundos en entenderlo. Pero las personas que viven en los barrios acomodados de Washington D.C. se sorprenden al escuchar que el dinero que manda a África su fondo de inversión no sirve para hacer que el mundo mejore.

CL: Así es; es verdad que los recién graduados están metidos en deudas aplastantes y que la marginada clase trabajadora del este de Ohio sabe que los han jodido, pero las instituciones permanecen en manos de las fuerzas que describes en tu libro como “MundoMercado”, gente que puede tener buenas intenciones, pero que en realidad están alimentando este mundo sin saberlo.

AG: Sí, pero volviendo al asunto de la traición de clase, podrían pasar un par de cosas, siendo optimistas. Chris Hughes [el cofundador de Facebook] es un ejemplo de alguien dentro del MundoMercado que posee una perspectiva interesante. Ya sabes, creo que Chris Hughes no tendría problemas en vivir en una sociedad que fuera más severa con personas como Chris Hughes. Una cuestión es, ¿podemos hacer que algunos de esos grandes donantes cambien su forma de donar? Por ejemplo, creo que Bill Gates, con todo el dinero que dona para educación (y lo podría hacer mañana por la mañana después de leer esta entrevista), podría donar algo así como mil millones de dólares… Hay un caso del Tribunal Supremo [San Antonio ISD contra Rodríguez] que dictó [en 1973] que la igualdad de financiación de las escuelas públicas no es un derecho, que la Constitución no prohíbe la discriminación de clase. El componente de la clase en todo esto no va a cambiar; si quieres darle la vuelta a esto tienes que hacerlo a través de la raza. Es difícil, pero probablemente haya pocas decisiones judiciales que sea tan importante revocar.

CL: Bueno, Citizens United…

AG: Sí, hay varias; pero esa [San Antonio contra Rodríguez] es una decisión en la que existe un evidente caso de bien y mal. No creo que ni siquiera los conservadores de derechas puedan defender sin saltarse sus principios que un niño de seis años reciba una educación de menor calidad a causa del valor de la casa que poseen mamá y papá.

CL: Sin embargo, sí lo hacen, y ese es el statu quo actual.

AG: Pero nunca lo defienden en voz alta. La defensa que se hace de Citizens United se basa en una convicción ardiente y sincera en que el gobierno no debería poner freno a la libertad de expresión. No estoy de acuerdo en lo que dicen, pero creo que lo defienden de manera sincera. Nunca he escuchado a un rico [afirmar] que un niño de seis años merece una educación peor por lo que vale su casa. La respuesta siempre es: “Bueno, es complicado, no es fácil…”.

CL: Pero sí que dicen: “Bueno, hay una patología familiar, una cultura de pobreza que genera esos resultados tan dispares, y ahí el Estado no puede intervenir de manera constructiva”.

AG: Pero aun así no es una defensa ruidosa, de principios fundamentales, que diga “este es el mejor mundo”. El New York Times publicó hace poco un artículo sobre algunas de las demandas judiciales atascadas en los tribunales que intentan revertir esa decisión judicial. Si dedicas mil millones de dólares a mover ese juicio en el Tribunal Supremo, es un ejercicio de poder probablemente excesivo para una sola persona, pero tendría que trabajar con demandantes de verdad, tendría que trabajar con el Estado de derecho, tendría que trabajar con un tribunal de verdad. Y si ganas ese caso, el sistema en Estados Unidos habrá cambiado, de la noche a la mañana.

CL: Cierto, pero mi lado cínico cree que eso no sucederá porque no alimenta la vanidad de Bill Gates. Eso, como tú sostienes, es lo que estimula a los grandes capitales que están detrás del movimiento de las escuelas concertadas, que es una reforma escolar sin ningún valor objetivo que no obstante imita el modelo con el cual esta nueva clase de donantes ha hecho fortuna: una disrupción o innovación que satisface las necesidades del mercado. Llegan a creer que el camino que siguieron para establecer un monopolio en el mercado no solo resulta eficaz para ellos, sino que es moralmente superior.

AG: En líneas generales, eso es cierto, y por eso escribí el libro. Pero hay un puñado de personas que son tan ricas que pueden permitirse cambiar los últimos diez o veinte años de su vida y decir “que le den”. Y es gente rara, que cree que así es como fueron capaces de acumular esas fortunas. Quiero decir, el modelo de negocio de Amazon es muy raro y no ha dado beneficios hasta hace poco. Por eso, retomando el tema de “cómo revivir la experiencia de la polio”, lo que resulta antropológicamente interesante sobre estas personas es que les gusta disfrutar de esas experiencias raras. Sí, es cierto, tienen hermosas casas y esas cosas, pero son diferentes de la gente de finanzas. En mi experiencia, esa gente hace cosas raras. Organizan grandes eventos para artistas, y sí claro, la vanidad está presente, pero muchas de esas personas son coleccionistas de rarezas, de experiencias, y lo que quieren es que se les plantee un reto.

CL: Así que Bill Gates en persona hizo propaganda de tu libro, como descubrimos en la sesión de preguntas de anoche. ¿Ya has recibido reacciones de otras personas del círculo del Aspen Institute o del mundo de TED? Y de ser así, ¿de qué manera te han sorprendido esas reacciones?

AG: La sorpresa más grande ha sido la ausencia de una reacción severa. Me esperaba un muro defensivo.

CL: ¿Entonces no has perdido ningún amigo?

AG: Bueno, no lo sé. Solo diré un par de cosas: pensé que recibiría emails agresivos, pero no ha sido así. Hay emails sorprendentemente efusivos que dicen: “Estás haciendo que me mire a mí mismo de una forma que nunca pensé que lo haría”, y de esos he recibido un montón. Y luego hay bastante silencio y todavía no sé cómo interpretarlo. Creo que el libro ha alcanzado una cierta importancia, por lo que no conviene mandar ningún email agresivo ahora mismo. Por eso no sé, sinceramente, cuál es la opinión general. Lo que sí diré es que me ha impresionado la magnitud, es decir, recibo muchos, muchos mensajes al día de todo tipo de gente que me dice: “Queremos ser algo mejor”.

El espíritu de esto que te digo quedó plasmado en público. No sé si conoces la Stanford Social Innovation Review; bueno, pues pidieron a Mark Kramer, un inversor de capital riesgo que diseñó junto a Michael Porter el marco de valor compartido del que hablo en el libro, que escribiera una reseña sobre él. Cuando escuché que iba a escribir una crítica pensé: “me va a destrozar”, pero su texto es una reseña reflexiva y maravillosa. Estamos hablando de un tipo con canas que afirma: “Este libro me está obligando a considerar el trabajo de toda mi vida. ¿Ayudé de verdad a personas durante mi carrera profesional? ¿Soy la persona que creo que soy?” Me ha sorprendido muchísimo cómo la gente tiene la capacidad de preguntarse eso, no tengo tan claro que yo estuviera en disposición de hacerlo si un libro me interpelase así. Y eso me da ánimos, aunque no creo que haya sido por mí o por el libro. Creo que se debe sobre todo a Trump. He estado plenamente convencido de ello desde que ganó Trump. No creo que se pueda entender a Trump sin pensar que todos la hemos cagado.

CL: Es verdad, y por eso, sea cual sea el resultado de la investigación Mueller (no me cabe duda de que se produjo algún tipo de injerencia rusa, aunque no fuera una intervención con espionaje masivo) necesitamos reconsiderar cuáles son los fallos del neoliberalismo.

AG: Son dieciocho fallos de sistema paralelos y descoordinados que han tenido lugar al mismo tiempo.

CL: Sí, y por utilizar un grado sencillo de simbolismo político y regresar de nuevo a Franklin Delano Roosevelt: una de las primeras cosas que hizo fue convocar la comisión Pecora para elaborar un relato fidedigno del crac de 1929 y meter a los responsables en la cárcel. ¿Eric Holder procesó a cuántos, a un banquero tras el colapso de 2008? ¿Qué imagen de gobernanza democrática ofrece eso?

En mi ciudad natal de Iowa, que como Ohio del este forma parte del movimiento de votantes del alto medio oeste que elevó a Trump, la gente miraba ese fracaso y su propia decadencia (recordemos que esta era la capital mundial de fábricas de aperos de labranza que quedó arrasada después de la crisis agrícola de la década de 1980, que sufre la crisis de la metanfetamina y los opiáceos, etc.) y aunque la gente con la crecí no son racistas hasta la médula, llega este demagogo diciendo que tienen que culpar a los inmigrantes, a la gente de color, a cualquiera que no sean los banqueros y los monopolistas que se han beneficiado de su miseria.

AG: Y aunque solo estuvieran buscando un chivo expiatorio, esa reacción no explica cómo llegaron a ese punto. Y por eso es ridículo todo este debate sobre si la ansiedad económica o la búsqueda de un culpable son las responsables, lo peligroso es la interacción entre ambas. La gente racista con buenos trabajos es un poquito menos peligrosa para nosotros que la gente racista que pasa hambre. Y la gente que ha sido económicamente marginada y que es racista es todavía más peligrosa que la gente racista que no ha sido económicamente marginada. Hay que solucionar ambas cosas.

CL: Claramente, la lección que se puede aprender de Trump es que la gente rica que además es racista es extremadamente peligrosa.

AG: Pero lo más esperanzador de todo esto es que Trump te priva de la excusa; creo que Trump ha diluido una parte de la postura defensiva que me esperaba respecto a mi libro, porque algunas de estas personas piensan: “Vale, me estás diciendo que hice algo mal. Puedo entenderlo”. La presunción ahora está a favor de la culpabilidad en lugar de la inocencia.

CL: Estaba pensando a raíz de un comentario que hiciste anoche, sobre que Trump ha contribuido a empañar, si no a desprestigiar por completo, la credibilidad de los superricos que menosprecian la reforma social, y no estoy seguro de estar de acuerdo. En la cultura general, Zuckerberg y Bezos todavía son considerados amos del universo. Mira a Tom Steyer, el multimillonario que cogió 40 millones de dólares y en lugar de utilizarlos para cambiar los barrios, ha financiado una campaña publicitaria para apoyar el proceso de destitución de Trump, algo que se asemeja mucho a una versión concienciada del tipo de dinámica de mierda que describes.

AG: Así es, y mira el tipo de patrocinadores que los demócratas han cultivado: Oprah, Howard Schultz, Michael Bloomberg.

CL: Uno de los momentos en que pensé que posiblemente Hillary iba a perder fue cuando los demócratas organizaron esos mítines enormes con Springsteen en Filadelfia y con Beyoncé en Cleveland, lugares donde la pobreza y la desindustrialización se han prolongado de manera real, y va esta colección de ricos y famosos a representar al partido. En cambio, la psicodinámica del mitin de Trump te hacía sentir empoderado y parte de algo si eras viejo, blanco y estabas lleno de resentimiento. La sensación era: “Este es mi hombre, mi movimiento, este va a luchar contra la élite”.

AG: Esto que voy a decir es un poco tangencial, pero una de mis frustraciones con el partido demócrata es que creo que hay una fusión de tácticas y estrategias. Me encanta la idea del partido demócrata, su estrategia, su fondo, ser amable, generoso e inclusivo, ser para la gente y no malvado y enfadado, me encanta eso.

Pero en relación con la cuestión táctica, que en mi opinión necesita estar totalmente separada del fondo, si hablamos de un entorno político que contiene algo de rabia, miedo o culpabilización, además de esperanza, hay que señalar a los malos, hay que ir contra la gente que está causando los problemas, hay que señalar con el dedo. Luchar por una política inclusiva no significa que tu tono tenga que ser inclusivo siempre.

CL: De nuevo, no es por a mencionar a Franklin Delano Roosevelt, pero en su discurso de candidatura de 1936…

AG: Claro: “Bienvenido sea su odio”, pero hoy en día ¿qué demócrata diría eso?

CL: Ninguno, ¿estás de broma?

AG: Hoy en día, el partido demócrata es literalmente lo único que evita que varios grupos de personas en EE.UU. sean aniquilados, de una forma u otra, ya sea mediante políticas o deportaciones. Si tienes esa responsabilidad, y no estás dispuesto a levantar un poco la voz, no estás atendiendo de verdad a esas personas. Tienes que gritar y sabes que tampoco puede ser todo sobre Trump. El partido demócrata necesita ser un partido que esté dispuesto a ser agresivo en política para luego ser agradable en las políticas.

CL: El eslogan que ha utilizado el Comité demócrata para la campaña al Congreso en estas elecciones a mitad del mandato es “Para la gente”, pero el tema es que el partido necesita ser la gente.

AG: ¿Quién se siente representado en este partido de cuántos, 125 millones de personas? ¿Qué algoritmo nos ha colocado a Nancy Pelosi y Chuck Schumer como líderes?

CL: Te diré qué algoritmo: el de la recaudación de fondos en política.

AG: Correcto. Y por el contrario, ahí tienes a alguien como Tim Ryan, que conocí justo el otro día. Es una persona que sabe hablar, su corazón está en el lugar adecuado en todos los temas relacionados con la igualdad, la justicia y la inclusión. Y también sabe enfrentarse al tipo de gente a los que ganó Trump. Pero no va a darles absolutamente nada de cuartel en temas relacionados con la inmigración o los asuntos de la guerra cultural. Y luego tienes a gente como [Andrew] Gillum en Florida y [Alexandria] Ocasio-Cortez. Ningún algoritmo lo habría previsto tampoco. Yo creo que están pasando cosas. Y creo que, por poner un ejemplo, Cynthia Nixon está redefiniendo lo que podría ser la candidatura de alguien famoso. Ella también es una traidora de clase; es una manera de utilizar su fama para decir: “¿Ves?, puedo permitirme estar en contra de mi gente”, en lugar de utilizarla para decir: “¿Ves?, puedo permitirme presentarme a unas elecciones”.

CL: Y tú también, en menor medida, eres un traidor de clase: segunda generación de consultores en McKinsey, miembro del Aspen Institute y orador de charlas TED.

AG: Mis dos charlas TED fueron una especie de preparación previa de este libro. Una estaba basada en mi último libro, y terminó con esta lista de desafíos para oyentes privilegiados: “Si cobras un sueldo al año y no a la hora, si no conoces a nadie que haya estado enganchado a la metanfetamina, puede que no sepas lo que pasa de verdad en Estados Unidos”. Y la segunda fue justo después del Brexit, algo improvisado justo antes de Trump. Se titulaba Carta para todos los que han perdido en esta época. Fue un extraño recurso literario, porque era una carta, pero no de mí, era una carta escrita como si fuera en nombre de los plutócratas, para la gente que han dejado al margen durante los últimos treinta o cuarenta años. Y es una carta que pide al mismo tiempo perdón y que trata de expiar la culpa por desatender a la gente normal en esta época y que afirma pasionalmente que los autócratas demagogos y el racismo no son la respuesta al dolor legítimo que sienten como consecuencia de los cambios que se han producido.

Ese es el motivo, en parte, de que piense que una política agresiva, pero saludable, puede resultar muy útil en este preciso momento, a diferencia de una política de aspecto noble que pretenda sentar a los multimillonarios alrededor de una mesa. Lo que consigue eso es dejar un gran espacio disponible para que los malos lo exploten por los motivos equivocados.

CL: Esa es la falacia del “Cuando ellos bajan, nosotros subimos”.

AG: Eso es, aunque también quiero decir que comprendo profundamente los motivos de que el primer presidente afroamericano, y más que nada su mujer, hablaran de los feos ataques que recibió su familia. Comprendo profundamente el imperativo personal que opera en este caso. Eso era lo correcto para ellos. Y todavía ni siquiera estábamos en la era Trump.

CL: Sí, pero también está el problema para Obama de que, al ser el primer presidente afroamericano, lo último que se podía permitir políticamente hablando es parecer un hombre negro furioso.

AG: Claro, pero creo que sabes que ya no estamos en esa era. Y si existe un cierto deseo entre la gente de que su rabia se vea reflejada en ellos mismos, de que sea elevada y canalizada para hacer cosas constructivas, ¿vas a dejar sin atender ese hambre de rabia, para que venga un papanatas malvado y demagogo y satisfaga ese deseo?

CL: Me interesa saber lo que piensas, ya que lo que se describe en el libro es una sigilosa adquisición por parte de los ricos no solo del sector filantrópico, sino del sector universitario, del ecosistema mediático…Sin embargo, creo que una poderosa institución que podría responder a todo esto es el movimiento sindical. A pesar de la baja representación sindical que existe hoy en día, si se habla de temas centrales de poder político, los sindicatos son una buena manera de que la gente viva la experiencia tanto de tomar el control de sus propias vidas como de observar los resultados inmediatos que eso produce.

AG: Y sobre ese tema yo pienso que tenemos que ser conscientes de dos cosas: una es que ha habido una guerra sin precedentes contra los sindicatos, organizada por el gran capital y consumada por la política; y también que es cierto que se ha fracasado a la hora de innovar y adaptar los sindicatos a la realidad de la vida actual.

CL: Sí, hay motivos para que en la mente popular, cuando se piense en los sindicatos, lo primero que se venga a la mente es un líder sindical blanco, viejo, gordo y corrupto.

AG: Cierto y, en cierto sentido, si eres una fuerza organizadora, tu trabajo es hacer que la gente te considere importante. Y no creo que hablen con los conductores de Uber, es decir, sí, hacen el esfuerzo, pero no creo que hablen a sus corazones. Y no creo que hayan hecho un gran trabajo a la hora de recrear entre la gente la sensación de comunidad que solían infundir. Creo que eran muy buenos hablando con gente en Flint, en mítines y en barbacoas, pero ese ya no es el mundo en el que vivimos. ¿Todavía no saben, sin ánimo de ser superficial, a qué juegan en las redes sociales? Tienen que adueñarse de memes, tienen que ser una fuerza cultural. Igual que hace cincuenta años cuando terminabas el instituto y estabas orgulloso de tener un trabajo sindicado, necesita ser algo atractivo. Tienen que entrar en el juego, conseguir el apoyo de famosos, etc.; entrar en el juego, pero utilizarlo con fines subversivos. Y hay gente que ya lo está haciendo, como elworkers Lab; tengo un amigo que trabaja ahí. En el SEIU están intentando averiguar qué aspecto tiene un sindicato en el siglo XXI. Creo que ese es otro lugar donde se puede encontrar un traidor de clase en búsqueda de una causa que apoyar, poner dinero para ayudar a que los sindicatos se reinventen es precisamente el tipo de causa en la que sabes que va a hacer falta dinero para conseguirlo. Pero resolver ese problema podría generar un cambio de sistema que otros programas no conseguirían.

CL: Eso sería una propuesta complicada para Jeff Bezos, que ha precarizado una gran cantidad de mano de obra con Task Rabbit.

AG: Quizá, o quizá sea lo mejor que le puede pasar. Imagínate a Jeff Bezos dedicando el resto de su vida a intentar averiguar cuál es el futuro de la protección laboral.

CL: En la vida real, lo que quiere es colonizar la Luna. Creo que tienes más oportunidades con Bill Gates, que básicamente amasó su fortuna a partir de un monopolio patentado, a diferencia de Bezos que se levanta cada mañana pensando: “¿cómo puedo obtener una mayor plusvalía de mis trabajadores?” Pero lo más importante sugiere que ya se está produciendo un movimiento orgánico hacia una mayor solidaridad entre trabajadores, por eso creo que la militancia del DSA –Socialistas Democráticos de América– se ha multiplicado más o menos por treinta en los últimos dos años.

AG: Cuando pienso en lo que está pasando con el DSA, o lo que está sucediendo con gente fuera del DSA, como Gillum, y francamente, incluso cuando miro a Trump y a la heterodoxia en el comercio, me doy cuenta de que hay una coalición emergente que aún no se ha fusionado. Representa un 60-65 % de la población de Estados Unidos, y mi enfoque personal a este respecto es que se trata de gente que siente que el futuro se burla de ellos. Existe un subgrupo de personas que siente que el futuro se burla de ellos en todos los aspectos: identidad, raza; claro, ser blanco ya no es lo que era. Hay gente que lo entiende porque no han tenido un trabajo desde hace años. Hay gente que llega hasta ese punto porque tienen deudas asfixiantes con 23 años; hay gente para los cuales todas estas cosas están pasando, hay gente para los cuales solo algunas de estas cosas están pasando. Están los que pertenecen a una minoría o son mujeres que sienten que el cambio no se está produciendo lo suficientemente rápido. Existe una gran coalición de personas que piensa “que le den por el culo al futuro” y “no siento que tenga uno”. Creo que hay espacio ahora mismo para que los políticos creativos aprendan una cosa de Trump: las coaliciones extrañas son posibles. Puedes alejarte bastante de la ortodoxia del partido y, en este sistema, el partido te seguirá la corriente. Vivimos en una época en la que la gente tiene sus propios seguidores y eso te da mucho poder. No estoy seguro a ciencia cierta, pero imagino que Trump tiene más seguidores en Twitter que el partido republicano, imagino que Barack Obama tiene más seguidores en Twitter que el partido demócrata. E imagino que eso será también verdad en el caso de los próximos candidatos. Por eso vivimos en una época en la que los individuos pueden permitirse alentar estas nuevas coaliciones.

CL: Sí, me dio la impresión de que la candidatura de Sanders también lo demostraba. Allá por la década de 1990, cuando yo trabajaba para la revista In These Times, Bernie Sanders escribía para nosotros, porque era por aquel entonces el único miembro socialista del Congreso, y elaboraba tristes reportajes sobre sus vanos esfuerzos por inclinar el gobierno de Clinton hacia la izquierda. Si me hubieran dicho por aquel entonces que un día sería un candidato creíble para la nominación presidencial del partido demócrata, no me lo hubiera creído ni en un millón de años.

AG: Y mira, si Bernie hubiera sido veinte años más joven, una persona de color, o (según me cuentan) un hombre más amable en el ámbito interpersonal, si hubiera tratado a sus trabajadores del mismo modo que sugerían sus políticas, creo que el resultado podría haber sido muy diferente. Eso demuestra que actualmente hay un terreno fértil para iniciar una época de reformas. Y no puedes mirar solo a la gente que está ahí ahora mismo. Creo que hay un montón de pruebas de que las semillas necesarias están esperando a ser recolectadas. Pero eso requiere esfuerzo.

CL: Claro, requiere tiempo y paciencia. Creo que acertaste en tu charla de anoche cuando sugeriste un periodo de cincuenta años hasta que surtan efecto las reformas significativas.

AG: Y eso son cincuenta años de trabajo.

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Chris Lehmann es redactor jefe de The Baffler y autor de Cosas de ricos. Su último libro El culto al dinero, está disponible en Melville House.

Traducción de Álvaro San José.

Este artículo se publicó en inglés en The Baffler.

Fuente: http://ctxt.es/es/20181121/Politica/22907/Anand-Giridharadas-Chris-Lehmann-activismo-filantropico-marc-zuckerberg-panaceas-neoliberales.htm

 

Jaron Lanier: «Las redes sociales y la cultura del odio»

Es considerado el padre de la realidad virtual, aunque en los últimos años se convirtió en un importante crítico en cuanto al uso que se le da a la tecnología digital. Es consultor de Microsoft, y esto le da la suficiente autoridad de conocimiento para generar opiniones acerca de los temas que crítica, puesto que conoce de las estrategia que se utilizan los productores de la tecnología digital para mantener a sus usuarios.

En una entrevista concedida a un medio digital, Jaron Lanier dice: “En realidad, conozco los algoritmos. No soy un extraño que mira y critica”, dice Lanier. “Hablo como científico informático, no como científico social o psicólogo. Desde esa perspectiva, puedo ver que el tiempo se está acabando. El mundo está cambiando rápidamente bajo nuestro mando, por lo que no hacer nada no es una opción”.

Y continúa:

“El algoritmo está tratando de captar los parámetros perfectos para manipular el cerebro, mientras que el cerebro, para hallar un significado más profundo, está cambiando en respuesta a los experimentos del algoritmo… Ya que el estímulo no significa nada para el algoritmo, pues es genuinamente aleatorio, el cerebro no está respondiendo a algo real, sino a una ficción. El proceso -de engancharse en un elusivo espejismo- es una adicción.” (Pijamasurf)

Explica que el condicionante del nuevo modelo de las empresas de datos fijado por los “algoritmos” creados, es el comportamiento de los usuarios: “el comportamiento de los usuarios es el producto”. Y como un objeto o producto, este comportamiento está siendo modificado todo el tiempo por el contenido de las redes, generando un ejército de esquizofrénicos, inconscientes de qué o quién interviene en sus mentes y accionar cotidiano, pero de una manera consciente de la manipulación y la influencia. Y si el término esquizofrénico fuere demasiado agresivo o “exagerado”, calza el ejército de histéricos o neuróticos, y solamente hay que abrir Facebook, y comprobarlo.

“Básicamente, lo que Lanier (quien se considera optimista) cree es que Internet puede ser salvado, pero es necesario abandonar las redes sociales y desbandar a los grandes monopolios que controlan las nubes de datos. Lanier utiliza la metáfora de una pintura que contiene plomo: cuando se descubrió que la pintura tenía plomo se creó una nueva pintura limpia, no se dejaron de pintar las casas.” (PS)

“En su libro acuña el acrónimo Bummer (slang para una decepción): “Behaviours of Users Modified, and Made into an Empire for Rent”. Se trata de una máquina estadística de manipulación de comportamiento.”

La manipulación del carácter del usuario tiene, a fin de cuentas, un objetivo constante para el capital, y es la rentabilidad, la riqueza de estas industrias. Pero las consecuencias de esta dinámica establece también una consecuencia en el comportamiento: enojo, negatividad, narcisismo, egolatría, mezquindad, histeria e indignación. “El odio se canaliza y dura más en línea”.

Según Lanier, las herramientas de estas plataformas funcionan mejor para las personas que buscan reproducir sentimientos negativos. “Por lo tanto, Isis tiene más éxito en las redes sociales que los activistas de la Primavera Árabe. Los racistas obtuvieron más impacto que Black Lives Matter, creando este aumento en el movimiento nacionalista racista en Estados Unidos de una manera que no hemos visto en generaciones”. (Pijamasurf)

 

Fuente: Pijamasurf

¿La Agonística o la agonía de la democracia?

Reseña del libro Agonistics–Thinking the world politically de Chantal Mouffe

por Barbara Szaniecki / Universidad Nómada

El libro es de 2013, pero recién lo he leído ahora. Una cita del diseñador Carl di Salvo en su libro Adversarial Desing me instigó y Chiara del Gaudio me regaló esta obra. Aquí no pretendo hacer una reseña sino solamente trazar algunas reflexiones a partir de una lectura rápida, ni siquiera del libro entero, y también trazar alguna conexión con este momento post-electoral que vivimos en Brasil.

En Agonistics – thinking the world politically, Chantal Mouffe nos presenta de inmediato su enfoque agonístico. «La tarea central de las políticas democráticas es proveer a las instituciones que permitirán a los conflictos tomar una forma» agonística «donde los oponentes no son enemigos y sí oponentes con los que existe un consenso conflictivo.» Lo que pretende con su modelo agonístico es mostrar que, aun asumiendo la no irradicabilidad del antagonismo, es posible vislumbrar un orden democrático. La distinción entre enemigo y adversario, así como entre antagonista y agonístico y, por fin, el concepto de hegemonía, están en la base de esta propuesta. Antes de comenzar los puntos más relevantes de estas distinciones, traigo algunas líneas generales del libro. El primer capítulo presenta la pregunta instigadora «¿Qué es la política agonística?» Mientras que el segundo indaga «cuál sería la democracia adecuada para un mundo agonístico multipolar?» El tercer capítulo traza el enfoque agonista para el futuro de Europa y el cuarto profundiza su enfoque trayéndolo para debatir políticas radicales. Por último, el quinto capítulo traza relaciones entre este enfoque político y las prácticas artísticas y culturales.

Política agonística, que es lo que es? Para Mouffe, dos conceptos – antagonismo y hegemonía – permiten aprehender la naturaleza de lo político pues, juntos, ellos impiden la “totalización” de la sociedad y, al mismo tiempo, crean la posibilidad de una sociedad más allá de la división y del poder. La sociedad se forma y se transforma continuamente por medio de “practicas hegemónicas”, pero todo ese fenómeno se encierra (y no debería encerrarse) en una totalidad, o sea, en una homogeneidad absoluta. Lo político dice respecto a la capacidad de tomar decisiones en un medio muchas veces conflictivo pero siempre abierto al pluralismo.

Mouffe critica, sin embargo, el pluralismo elaborado en base al abordaje racionalista de los conflictos pues el consenso obtenido por medio de la razon no aprehende la dimensión necesariamente antagonista de lo político y es, en este punto ciego, que ella misma encuentra su primer limite. Lo político requiere antagonismo y deja de ser político cuando lo pierde, aun por medio de la argumentación racional. El segundo límite del abordaje racionalista se encuentra en su dimensión individualista: el pensamiento liberal es incapaz de comprender la formación de indentidades colectivas. Por su concepción de la identidad como esencia, el pensamiento liberal no aprehende aquella construida como diferencia entre “nosotros” y “ellos”. La autora subraya que la relacion nosotros/ellos no es necesariamente antagonista pero reconoce diferencias sin dejarse reducir a un conflicto amigo versus enemigo.

Es basada en una relacion que acoge el antagonismo, sin reducirse a él, que Mouffe presenta lo que llama como “modelo agonístico de democracia”. Antes de presentarlo, Mouffe critica el modelo agregador (donde las personas actúan por interés individual) y el modelo deliberativo (donde las personas actúan movidas por la razon y por la moral). La cuestion crucial es “como establecer una distinción nosotros/ellos, que es constitutiva de lo político en un modo compatible con el reconocimiento del pluralismo?” Es “la” cuestion! El conflicto es legítimo, pero la relacion nosotros/ellos requiere de un cuidado fundamental:
“para la perspectiva agonística, la categoría central de la politica democrática es la categoría de ‘adversario’, es, el oponente con quien se comparte una lealtad común a los principios democráticos de ‘libertad e igualdad para todos’, mientras se discrepa sobre su interpretación. Los adversarios luchan uno contra el otro porque quieren que su interpretación de los principios se torne hegemónica, pero no cuestionan la legitimidad del derecho de su oponente de luchar por la victoria de su posición. Esa confrontación entre adversarios es lo que constituye la ‘lucha agonística’ y que es la propia condicion de una democracia vibrante.”

La diferencia entre enemigo y adversario es importante pues, en caso de que no ocurra el conflicto democrático es substituido por el enfrentamiento entre dos valores morales no negociables o formas esencialistas de identificación, o sea, una lucha entre un “bien” y un “mal” absolutos encarnados por cada una de las partes que se enfrentan. La autora concluye este absoluto reafirmando que, mas alla de la propuesta liberal que procura superar el conflicto nosotros/ellos y alcanzar el consenso por medio de la razon en el espacio público, “el modelo agonístico” propone “sublimar tales pasiones movilizándolas en la dirección de diseños democráticos, por medio de la creación de formas colectivas de identificación en torno de objetivos democráticos.”

Agonismo y antagonismo están por lo tanto unidos en una estrecha relacion. El agonismo solo existe a partir de la aceptación del antagonismo y no de su eliminación. Para profundizar en su “modelo agonístico”, Mouffe procura distinguirlo de otros tres. Segun ella Hannah Arendt, de modo similar al del Jürgen Habermas, todavía busca un consenso a través de la exposicion racional de ideas en el espacio público. Bonnie Hering estimula a los ciudadanos a mantener políticas e ideas abiertas a la discusión y desafía cualquier intento de cerrar el debate. Y, finalmente, William Connoly intenta relacionar el concepto nietszchiano de «agón» con la democracia cuya «radicalización» conduce a los ciudadanos a entrar en una contestación que perturba cualquier intento de cierre y trae la noción de «respeto agonístico» como absolutamente necesario para un pluralismo profundo.

Mouffe llega entonces a un punto crucial, sea cual sea, la afirmacion de que el pluralismo debe tener un límite temporal. En su lucha contra cierres de las discusiones, los abordajes inspirados en Nietzsche y Arendt se tornan incapaces de aprehender la naturaleza de la lucha por la hegemonía: “Su celebración de una politica de perturbación ignora el otro lado de tal lucha: el establecimiento de una cadena de equivalencia entre demandas democráticas y la construcción de una hegemonía alternativa. No basta desestabilizar los procedimientos dominantes y romper los acuerdos existentes para radicalizar la democracia”. O sea, de modo muy claro, la autora crítica el pluralismo como mera valorización de la multiplicidad pero sin la realización de un cierre que es lo que constituye lo político. Mouffe elabora también una crítica a Alain Badiou para quien la politica no dice respecto de la expresion de opiniones y si en relacion de los sujetos de una verdad. O sea, para la autora, esa concepción está más próxima a una ética que a una politica. Reafirma su propuesta politica de un agonismo que asuma el antagonismo de la relacion nosotros/ellos sin que sea reducida y que sea capaz de decisión por medio de la formación de una hegemonía. Y aun subraya que cualquier configuración hegemónica estará siempre sujeta a la contestación, esto es, que ella nunca deberá ser tenida como la única legitima.

Sin entrar ahora en el análisis de nuestro momento presente, podemos dejar rápidamente dos reflexiones sobre el enfoque agonista y las reflexiones que nos vienen a la mente al leer el libro de Mouffe en este período post-electoral. En los últimos cuatro años y no sólo en el tiempo restringido de las elecciones, la relación «nosotros/ellos» se ha convertido en una guerra no sólo para distinguir un campo de izquierda de un campo de derecha o, en términos socioculturales, para distinguir modos de vida progresistas de los modos de vida conservadores y hasta reaccionarios, si no que también, se transformó en una insensata guerra por la hegemonía dentro del propio campo de la izquierda, cuando la designación y trato de «enemigo» a quien no concordaba con el partido hegemónico fragmentó y fragilizó muchas relaciones. Mouffe critica las tesis de Badiou por considerarlas poco «políticas» pero es un hecho que posturas más «éticas» podrían haber sido de gran ayuda en este contexto que se volvió más antagonista que agonístico. Como dije anteriormente, no voy a abordar los análisis del contexto europeo y aún menos el del contexto global, pero no puedo dejar de comentar el capítulo sobre políticas radicales porque, en él, Mouffe ataca el pensamiento y la praxis de la multiplicidad en la medida en que se exime de constituir hegemonía.

Políticas radicales: Mouffe presenta dos propuestas contemporáneas. La primera promueve una estrategia de «retirada de las instituciones» mientras que la segunda (que defiende) propone «un compromiso con las instituciones.» Según la autora, la «política radical» de «retirada de las instituciones» fue básicamente formulada por Antonio Negri y Michael Hardt en su trilogía Imperio, Multitud y Commonwealth y tendría como base cinco características: el propio «Imperio» entendido como nueva forma de la soberanía global y constituido por tres redes – monarquía, aristocracia y la democracia; las transformaciones en el modo capitalista de producción donde el trabajo fabril fue sustituido (o casi) por actividades cooperativas, comunicacionales y afectivas; el paso de una sociedad de disciplina (donde las relaciones son disciplinadas por instituciones tales como la fábrica entre otras) hacia una sociedad de control (donde las relaciones son controladas por dispositivos más difusos); el protagonismo del general intellect o «intelectualidad de masa» sea en las relaciones productivas como en las políticas; y, finalmente, en la medida en que ese productor político colectivo se vuelve cada vez más potente, la emergencia de la Multitud. La multitud es el nombre de esa potencia de emancipación de las redes de explotación y control que constituyen el Imperio contemporáneo.

En oposición a esa «crítica como salida de las instituciones», Mouffe presenta su «crítica como compromiso hegemónico con las instituciones». La cuestión que ella apunta como central a la diferencia teórico-política es el análisis del paso del fordismo al postfordismo. En aquellos que pasa a llamar «teóricos del éxodo», ella critica en primer lugar el protagonismo atribuido a las luchas de los trabajadores que coloca al capitalismo en una posición de mera reacción. Recurre entonces para reivindicar la relacion entre trabajo y capital como una “lucha por la hegemonía” en dos momentos: uno de ofensiva contra hegemónica a los modos de regulación capitalista y otro de rearticulación de todas las fuerzas progresista. «Tenemos varios ejemplos históricos de situaciones en las cuales la crisis del orden dominante llevó a soluciones de derecha»: y así aboga por esa estrategia de des-articulación seguida de re-articulación que excluye la estrategia del éxodo. En segundo lugar, retoma su crítica a la Multitud haciendo una distinción entre las concepciones de Hardt y Negri y las de Virno, pero apuntando su convergencia en la oposición al concepto de Pueblo. Mouffe discute el entendimiento de Pueblo como «unidad» cuando, en realidad, puede haber «una forma de unidad que respeta la diversidad y no apaga las diferencias» que ella denomina como chain of equivalence. Esta «cadena de equivalencias» requiere la construcción de un «nosotros» colectivo frente a la designación de un «ellos» adversario y una estrategia de acción sobre puntos nodales de poder que deben ser alcanzados para que una nueva hegemonía pueda ser producida. Una vez más, la insistencia en la fórmula desarticulación por medio de antagonismo seguida de re-articulación por medio de hegemonía.

La aplicación de esta propuesta requiere «un compromiso agonista con las instituciones». Ella es movilizada por Mouffe para defender la importancia de los gobiernos progresistas de América Latina y, nuevamente, criticar la posición de los «teóricos del éxodo» así como movimientos tales como el de los Piqueteros en Argentina o el de los Indignados en España. Como el libro de Mouffe fue publicado en 2013 y, desde entonces, mucho ha cambiado −ya sea en la coyuntura mundial o en la posición de la «vanguardia del éxodo», volveremos sobre esta cuestión. Sin embargo, no podemos dejar de señalar que, aparentemente, ese «compromiso agonístico con las instituciones» a través de la representación política fue repetido incansablemente, sin abrir alternativas, hasta llevar a un perceptible agotamiento del ciclo progresista latinoamericano. Es que ese «compromiso con las instituciones» tal vez haya sido muy poco agonista por parte de sus principales movimientos a lo largo de gobiernos longevos. Seguimos…

Para profundizar sus tesis, Mouffe presenta las bases filosóficas de su enfoque a partir de una diferencia entre su «negatividad radical» y el «inmanentismo» de algunos autores. Los dos enfoques reconocen la importancia del antagonismo pero, según Mouffe, el antagonismo de autores como Hardt y Negri es mera contradicción dialéctica mientras que el suyo representaría la negatividad radical. La explicación es corta y poco convincente. En una comparación entre el post-operaismo de Hardt y Negri y el marxismo tradicional, afirma que la Multitud sólo sustituye al Proletariado como sujeto político privilegiado y que ambas teorías consideran al Estado «como aparato monolítico de dominación que no puede ser transformado”. Lo que aparece aquí es una curiosa operación en la que Mouffe por un lado cuestiona la concepción post-operaista de Multitud como heterogeneidad y, por otro, reconoce esa heterogeneidad en el Estado. Ahora bien, si es posible acoger su afirmación de que el Estado es heterogéneo, es imposible no extrañarse por su postura de ignorar la concepción post-operaista de Multitud como heterogeneidad y, por tanto, preñada de antagonismos. En todo caso, continuamos tratando de entender su intención de «re-articular una situación dada en una nueva configuración» −una intención, digamos de tránsito, llena de posibilidades para el diseño que según Herbert Simon, es la actividad que transforma situaciones existentes en situaciones preferentes.

Como re-articular una situación dada en una nueva configuración? También a Bruno Latour se le atribuye el rótulo de «imanentista» y, más específicamente, el de «composicionista». En este caso, Mouffe crítica el hecho de que Latour descarta la oposición entre «construido» y «no construido» (en otros términos, entre cultura y naturaleza) cuando la cuestión sería discutir si algo está bien o mal construido. En donde Latour insiste en composición, Mouffe insiste en articulación, o mejor dicho, en procesos de desarticulación y rearticulación de carácter político. Sin embargo, enseguida, afirma que el origen de su diferencia con Latour se debe a las diferentes ontologías movilizadas. Para completar, inesperadamente, junta el composicionismo de Latour con el éxodo de Hardt y Negri para afirmar que ambos enfoques imanentistas son «incapaces de reconocer la negatividad radical y la no irradicabilidad del antagonismo.» Y completa: «en ambos casos, lo que también está excluido es la posibilidad de visualizar una ‘guerra de posición’ buscando una profunda transformación de las relaciones de poder existentes. «Aquí, la probable referencia es la reflexión de Gramsci sobre el período después de la revolución de 1917 y sobre las diferencias del contexto occidental (en el caso, Italia) con respecto al oriental (en este caso, Rusia).

Más allá de la comparación reductora entre los autores mencionados, es difícil entender en que tales estrategias revolucionarias serían adecuadas a América Latina considerando las características de los movimientos y de las sociedades en sus relaciones con el Estado, y aún más en el seno de los gobiernos recientes. Mouffe cierra su capítulo criticando a los autores (que en nota de pie de página se mencionan, Costa Douzinas y Slavoj Zizek) que, en la contemporaneidad, todavía vislumbran el comunismo cuando deberían volverse al socialismo. Ahora bien, ¿cómo puede una política radical confinarse en un «ismo»?

Presentamos aquí la concepción política agonística de Mouffe –en base a los conceptos de antagonismo y de hegemonía– y algunos de sus fundamentos filosóficos. En este recorrido, encontramos en sus críticas puntos problemáticos como cuando ella dice que habría en Hardt y Negri una interpretación no muy fiel de Foucault y Deleuze (p.68) y, sobre todo, con la afirmación de que, en esos «teóricos del éxodo», sólo existe la posibilidad de la «retirada de las instituciones» y no algún tipo de «compromiso con». Esta crítica ignora o intenta ignorar los esfuerzos de creación de instituciones de lo común. La diferencia es que esas institucionalidades no tienen como modelo, forma u objetivo el Estado. Aprovechando la mención de la autora a los Piqueteros en Argentina ya los Indignados en España, mencionamos la multitud de Junio ​​de 2013 en Brasil. El acontecimiento movilizó el país entero y el ciclo se extendió a los años siguientes, con muchas contradicciones a ser problematizadas pero también evaluadas como oportunidades de transformación. ¿Y qué hicieron los «imanentistas»? ¡Abrazaron la trascendencia del ParTido!

Recuerden que Mouffe menciona como «imanentistas” tanto a Latour como a la dupla Hardt y Negri. Verificamos en la actual coyuntura que tenemos, por un lado, no sólo estudiosos de Latour como antropólogos que, aunque estudian sociedades sin Estado, continúan con el Estado en la cabeza cuando ponen los pies en el campo político. Por otro lado, nos encontramos con la opción paradojal de Hardt y Negri, por un «éxodo hacia dentro del Estado» al abrazar la defensa de la hegemonía partidista –en este caso, la del Partido de los Trabajadores− en detrimento de los muchos que se manifestaron multitudinariamente desde 2013. De este modo, desacreditaron no sólo sus propias teorías sino que, sobre todo, a los sujetos que procuraron constituir actuaciones más allá de la forma partido en el gobierno y de su hegemonía en el campo de la izquierda. Desacreditaron a la multitud mientras, paradójicamente, dieron crédito a las tesis de Mouffe.

Y ahora? Las elecciones de 2018 fueron una tragedia. Sin duda alguna la coyuntura internacional contribuyó al avance del conservadurismo social y de la «derechización» política de Brasil. Y, finalmente pero no menos importante, el factor tecnológico contribuyó a la prominencia de la comunicación agresiva a través de Whatsapp y la proliferación de fake news. En la cuenta de la tragedia, debe figurar un factor absolutamente interno. Una polarización fue construida y dos campos se enfrentaron de manera virulenta. Lo que podría ser el ejercicio potente de una democracia pujante se transformó en una tragedia no sólo por el número de violencias estimuladas y/o efectivamente cometidas como, sobre todo, por la posibilidad de la pérdida de la democracia como resultado. Ante esa posibilidad, ¿que se concluye sobre el antagonismo nosotros versus ellos como estrategia de construcción de identidades colectivas? ¿Y del agonismo como estrategia de desarticulación y rearticulación vía hegemonía?

Después de trece años de gobierno (y dos del PMDB, su socio en la gobernabilidad, en detrimento de la multiplicidad), el Partido de los Trabajadores parece haber perdido buena parte de su credibilidad en la sociedad. El golpe final a esa credibilidad fue dado al final de la segunda vuelta al no querer renunciar a su hegemonía en el campo progresista. Con una crisis terrible en la salud y la educación, con altas tasas de desempleo y la verdadera percepción de que «todo lo que está ahí» tiene que ver con la totalmente expuesta corrupción, millones de brasileños escogieron otro salvador de la patria, el que se presentó como novedad anti-sistema.

Ahora bien, para que el anti sistémico no amenace al propio régimen democrático es preciso sacar de esa tragedia alguna lección. La primera de ellas es que toda estrategia política -incluida la agonística –cuando es aplicada innumerables veces y sobre todo ciegamente− terminan con su eficacia reducida e incluso anulada. El «nosotros/ellos» desarticuló muchas relaciones e imposibilitó la rearticulación en un campo agotado por la hegemonía del ParTido. La segunda de ellas deriva de la inesperada convergencia entre Mouffe y la dupla Hardt y Negri. Si bien las bases filosóficas siguen siendo divergentes, el análisis político en lo que se refiere a los gobiernos progresistas latinoamericanos ha convergido en este fin de ciclo. Enterraron el Agón. Lo que nos lleva a concluir que, más que políticas radicales (tal como se abordan en el capítulo cuatro de Mouffe), necesitamos una radicalización de la democracia (tal como hemos intentado elaborar en la Universidade Nômade) a través de la profundización de la participación ciudadana en todos los procesos de decisión, por fuera y por dentro de las instituciones, sean ellos movimientos, partidos o instancias de gobierno. En la inmanencia de las luchas y de los afectos, entre humanos y no humanos.

PS: El último capítulo del libro de Mouffe trata de las políticas agonísticas en su relación con las prácticas artísticas. Ella había mencionado anteriormente, en passant, la «crítica artística» citando a Luc Boltanski y Eve Chiapello. Esas cuestiones me llevaron a leer Agonistics – Thinking the world politically pero se quedará para una segunda reseña del mismo libro!

Traducción del portugués: Santiago De Arcos-Halyburton

La deuda empresarial y las preocupaciones del FMI

Por Michael Roberts

El FMI no se ha andado con rodeos en su último mensaje en el blog FMI. Está realmente preocupado por los llamados ‘préstamos apalancados’, que están llegando a niveles peligrosos a nivel mundial. Estos préstamos, por lo general concedidos por un sindicato de bancos, se hacen a las empresas que están muy endeudadas o tienen calificaciones de crédito malas. Se les llama “apalancadas” debido a que la relación que hay entre la deuda del prestatario con sus activos o ingresos supera con creces las normas del mercado financiero. El volumen de estos préstamos a nivel mundial es ahora de $ 1.3 billones y concesión anual se esta acercando a la del año previo a la crisis de 2007.

“Con las tasas de interés extremadamente bajas durante años y con mucho dinero fluyendo a través del sistema financiero, los inversores hambrientos de  rentas están tolerando niveles cada vez más altos de riesgo y apostando por instrumentos financieros que, en tiempos menos especulativos, razonablemente deberían evitar”. Dice el FMI. Alrededor del 70% de estos créditos se encuentran en los EE.UU.; allí es donde existe es mayor riesgo de una crisis de crédito. Y más de la mitad del total de los créditos de este año implica dinero prestado para financiar fusiones y adquisiciones y compras apalancadas (LBO), pagar dividendos y recomprar acciones a los inversores: en otras palabras, asumir riesgos financieros en lugar de inversión productiva.

Y a pesar de que las ganancias corporativas en los EE.UU. han aumentado mucho en 2018, el porcentaje de empresas que han aumentado su deuda en relación con las ganancias hasta cinco veces ha llegado a superado el nivel de 2007.

Las nuevas ofertas de crédito también incluyen una menor protección para los inversores, en los conocidos como “pactos”, y una capacidad menor para absorber las pérdidas. Este año, los llamados préstamos con “pacto-lite” representan hasta el 80% de los nuevos créditos concedidos a prestamistas no bancarios (los llamados “inversores institucionales”), frente a alrededor de un 30% en 2007.

Con el aumento del apalancamiento, lo que debilita la protección de los inversores y erosiona los elementos de garantía de la deuda, las tasas de recuperación promedio de los préstamos en mora se ha reducido al 69%, desde un promedio anterior a la crisis del 82%. Por lo que cualquier bancarrota afectará considerablemente la economía ‘real’.

Ya en 2007, la crisis de la deuda se agravó por el fenomenal crecimiento en derivados de crédito emitidos por entidades no bancarias, los llamados ‘bancos en la sombra’, que no están sujetos a los controles de los bancos centrales. Ahora, de nuevo, es en el área de los “banco en la sombra” donde amenaza una crisis de deuda. Estas instituciones tienen ahora alrededor de $ 1.1 billones de dólares en préstamos apalancados en los EE.UU., casi el doble del nivel previo a la crisis. Además de eso hay $ 1,2 billones de bonos de alto rendimiento, o bonos basura, por pagar. Las instituciones no bancarias incluyen fondos de préstamos mutuos, compañías de seguros, fondos de pensiones y obligaciones con garantía prendaria (OCE), que agrupan los préstamos en paquetes y luego los venden a otros inversores. Los CLO suponen más de la mitad de la emisión global de préstamos apalancados. Los fondos de inversión (que por lo general son comprados por los ahorradores típicos a través de sus bancos) que invierten en préstamos apalancados han crecido de aproximadamente $ 20 mil millones en activos en 2006 a aproximadamente $ 200 mil millones este año, lo que representa más del 20% de los préstamos pendientes.

El servicio de toda esta deuda es posible siempre y cuando las ganancias se invierten en las empresas y la tasa de interés de la deuda no se eleva demasiado. Las ganancias corporativas parecen ser fuertes, por lo menos en los EE.UU.. En el último trimestre de beneficios empresariales, que el 85-90% de las empresas han hecho público, las ganancias corporativas en Estados Unidos han subido casi un 27% respecto al mismo período del año anterior (si bien los ingresos por ventas son sólo el 8%). el crecimiento de los ingresos por ventas en Estados Unidos es aproximadamente 20% mayor que en Europa y Japón, pero el crecimiento de las ganancias es de dos a tres veces mayor. Eso indica que las ganancias en los Estados Unidos están infladas por los recortes excepcionales en los impuestos corporativos de Trump etc.

Además, son las ganancias en el sector de la energía y el petróleo los que han abierto el camino, ya que los precios del petróleo aumentaron durante el año pasado. Recientemente, el precio del petróleo ha tenido una caída grave cuando la oferta (la producción en los EE.UU.) se ha multiplicado. Lo que va a reducir la contribución del sector de energético, en un sentido amplio, al crecimiento de las ganancias.

De todos modos, los ingresos públicos de las empresas en sus cuentas son puro espejismo. El nivel real de las ganancias se manifiesta mejor en los datos más amplios recogidos en las cuentas nacionales oficiales. Y la discrepancia entre el aumento de las ganancias según lo registrado allí y los informes de resultados de las sociedades no ha sido nunca tan alta desde la crisis de  las dot.com de 2000, que anunció la depresión económica leve de 2001. Las ganancias corporativas por acción publicadas en Estados Unidos están aumentando rápidamente, pero las ganancias en ‘toda la economía’ son básicamente planas.

La otra variable es el coste de los préstamos. La década de bajas tasas de interés ha terminado en la medida en que la Reserva Federal de Estados Unidos continúa con su política de aumentó paulatino de su tasa política.

La política de la Fed establece el piso para todos los tipos de préstamo, no sólo en la economía de Estados Unidos, sino también en el extranjero siempre que el préstamo sea en dólares.

Como ya he explicado en una serie de notas, la política de aumentos paulatinos de la Fed hará más difícil  el servicio de la deuda de las empresas, en particular para aquellas empresas que han recurrido a préstamos apalancados y bonos basura. Está es la razón clave de la futura crisis.

Michael Roberts es un reconocido economista marxista británico, que ha trabajador 30 años en la City londinense como analista económico y publica el blog The Next Recession.

Fuente: https://thenextrecession.wordpress.com/2018/11/16/corporate-debt-the-imf-gets-worried/

Traducción: G. Buster/sinpermiso.info

Giorgio Agamben: «Lo que me interesa en un ser vivo es siempre su forma-de-vida»

Entrevista Doppiozero

El 25 de octubre de 2018 se publicó en una sola edición en la editorial Quodlibet la obra en la que trabajó Giorgio Agamben por veinte años, es decir, el proyecto Homo sacer. En los volúmenes que forman parte de esta obra fueron introducidos y definidos en el debate filosófico conceptos que después se volverán un patrimonio común (también a la vez objeto de críticas) de la filosofía contemporánea: el de sacertas, de nuda vida, de campo, de forma-de-vida, la dicotomía bios/zoé, por nombrar sólo algunos. La entrevista que sigue, a cargo de Antonio Lucci y publicada el 29 de octubre en Doppiozero, es fruto de una reflexión sobre las cuestiones «arquitectónicas» de la obra agambeniana. El entrevistador también aprovecha para agradecer a su amigo Carlo Salzani «por las preciosas sugerencias que me han llevado a la formulación de algunas de las preguntas presentadas».
Giorgio Agamben,  en estos días aparecen, en Quodlibet, en una edición única, los nueves volúmenes de Homo sacer, un trabajo que te ocupó prácticamente viente años. Tú mismo, en el prefacio al último de los volúmenes de la serie, El uso de los cuerpos, sostenías que una obra «sólo puede ser abandonada», rechazando, en ese entonces, poner la palabra «fin» al proyecto. En esta edición completa, a tres años de distancia de la publicación del último volumen del proyecto, ¿ves un trabajo definitivamente cerrado, o algo todavía posible de integraciones?
En el pensamiento, como en la vida, no es fácil saber qué está definitivamente cerrado y qué está todavía abierto. Una genealogía de la política occidental como aquella que emprendí en Homo sacerpodría continuar sin fin. En este sentido, la obra acabada es siempre un fragmento. La apariencia de completud de una obra se debe más bien a razones, por así decirlo, arquitectónicas y estilísticas y es solamente porque el edificio me parecía haber alcanzado una forma coherente que pude abandonarlo. Una integración en sentido técnico es la nota larga de quince páginas sobre el concepto de guerra que agregué a Stasis en esta edición. Pero prefiero considerar otras investigaciones que publiqué y que podré eventualmente publicar en un futuro como obras autónomas. Por lo demás, cada uno de los nueve volúmenes aquí reunidos nació con una vida propia y su composición en un conjunto no sigue solamente criterios lógicos y conceptuales. Si el primer nivel de una composición filosófica es ciertamente conceptual, el último, como recordaba Benjamin, es de orden musical.
Una pregunta con respecto a la arquitectura general del proyecto, que toma el nombre general del volumen I: Homo sacer. El poder soberano y la nuda vida. Originalmente este volumen es el único en no estar numerado, lo que podría dar la idea de que el volumen habría sido pensado para ser autoconcluyente. Por lo demás, el cierre del mismo libro ya en la época abría a la posibilidad de una ampliación futura de las investigaciones ahí presentadas, como indica el pasaje final. «Si llamamos forma-de-vida a este ser que es sólo su nuda existencia, a esta vida que es su forma y se mantiene inseparable de ella, entonces veremos abrirse un campo de investigación que yace más allá del definido por la intersección de política y filosofía, ciencias médico-biológicas y jurisprudencia. Pero antes será necesario verificar cómo, en el interior de los confines de estas disciplinas, algo como una nuda vida ha podido ser pensado y de qué modo, en su desarrollo histórico, han terminado chocando con un límite más allá del cual no pueden continuar, si no es a riesgo de una catástrofe biopolítica sin precedentes» (Homo sacer. Il potere sovrano e la nuda vita, p. 211). Cuando pensaste y escribiste este primer texto, ¿tenías ya en mente no limitarte a un solo volumen, sino hacer de Homo sacer un proyecto?
A pesar de que sabía con certeza que había emprendido una investigación de largo aliento, no tenía todavía una idea precisa de su articulación. Empecé a entreverla con mayor claridad mientras trabajaba en Estado de excepción. Por tanto, comprendí que una investigación como la mía tenía necesariamente que incluir una serie de indagaciones arqueológicas, que son aquellas que pasaron a formar la segunda sección de la obra (además del estado de excepción, la guerra civil, el juramento, la economía, el oficio, y sobra decir que otras hubieran podido agregarse). En cuanto a la última sección, como su cita lo sugiere, fui consciente desde el inicio de que tenía que estar dedicada a una definición de la forma-de-vida .
Los primeros tres volúmenes publicados del proyecto, Homo sacer, Lo que resta de Auschwitz y Estado de excepción, se animan claramente por un interés político. En el primero son teorizadas dos de las categorías filosóficas que tendrán después más éxito en la segunda mitad de la década de 1990 y en el primer decenio del nuevo milenio: la de nuda vida y de campo. Se han servido de estas categorías filósofos, antropólogos, sociólogos, incluso geógrafos. Sin embargo, en los libros sucesivos el interés político explícito parece dejar el lugar al análisis arqueológico y los dos conceptos mencionados pierden un poco su centralidad, me parece. ¿Consideras que estos dos conceptos siguen siendo todavía centrales para tu filosofía?
No tiene sentido distinguir el análisis arqueológico de aquel político. Una investigación filosófica que no tiene la forma de una arqueología corre hoy el riesgo de acabar en la habladuría. Y no sólo porque la arqueología es la única vía de acceso a la comprensión del presente, sino porque el ser se da siempre como un pasado, necesita constitutivamente una arqueología. Los dos conceptos que has mencionado, tenían su lugar y su sentido en una investigación arqueológica sobre la estructura del poder y no pueden ser separados de ésta. Ciertamente, en su aparición a mitad de la década de 1990, estos dos conceptos suscitaron polémicas y escándalo, y me esforcé no poco para hacer comprender en qué sentido la producción de la nuda vida definía la operación fundamental del poder y por qué el campo y no la ciudad era el paradigma político de la modernidad. Hoy, en los espacios integralmente despolitizados de nuestras sociedades posdemocráticas, en las cuales el estado de excepción se ha vuelto la regla, esos conceptos se han vuelto casi banales. De cualquier modo se prefiere a menudo usarlos de modo genérico, por fuera del contexto en que habían sido creados y del cual son inseparables; algunos incluso han convertido simplemente la nuda vida y la biopolítica en categorías positivas, operación como mínimo descuidada.
Una pregunta todavía relativa a la primera parte del proyecto, en particular a los volúmenes I y II. Si se consideran el volumen de apertura del proyecto, Homo sacer, y aquellos presentes en la parte II, latinidad y grecidad parecen estar en perfecto equilibrio, desde los títulos de los textos, tres latinos (Homo sacer, Iustititium, Opus Dei) y tres griegos (Stasis, Horkos, Oikonomia). ¿Es deseada esta no insistencia tuya en no dar predominio ni a la tradición griega ni a la romana? O bien, a pesar del equilibrio entre los títulos, ¿a tu parecer en el proyecto Homo sacer una de las dos tradiciones es prioritaria con respecto a la otra?
No tengo ninguna preocupación de mantener el equilibrio entre las dos culturas clásicas y los títulos no deben inducir a error. Trabajo con textos latinos o griegos sin preconcepciones según las necesidades de la investigación y en cada una de mis indagaciones arqueológicas las dos tradiciones se entrecruzan continuamente. La enorme influencia que ha ejercido en Occidente el derecho romano a menudo me ha obligado a confrontarme con el mundo latino, pero Grecia, como más tarde la teología cristiana, está igualmente presente. En cambio, para mí es decisivo que la búsqueda arqueológica alcance en cada ocasión un punto en el cual entre el fenómeno histórico y las fuentes y los documentos que nos lo han transmitido hay un hiato y una no coincidencia. En este punto, que se podría definir como el punto de surgimiento del fenómeno o, como lo llamaba Overbeck, su prehistoria, las fuentes y las tradiciones caen y el pasado y el presente, la prehistoria y la poshistoria se enfrentan y parecen casi tocarse.
Otra pregunta sobre la importancia de las diferentes tradiciones filosóficas para tu proyecto. Después de la conclusión de Homo sacer, publicaste un texto —Karman. Breve tratado sobre la acción, la culpa y el gesto (2017)— en el cual abordas una genealogía del concepto de culpa y —por lo que puedo recordar, corrígeme si me equivoco— por primera vez de manera difusa con el pensamiento oriental. ¿Karman no habría podido, tal vez, formar parte también de la sección II de Homo sacer? ¿O acaso el pensamiento oriental está demasiado lejos del proyecto de una arqueología de la política occidental? Dicho de otro modo: de acuerdo contigo, las categorías filosóficas que subyacen a la estructura conceptual del mundo contemporáneo son principalmente aquellas que derivan del eje genealógico greco-romano-cristiano, o hay otras tradiciones que han influido de manera decisiva en nuestro presente?
Yo trabajo sólo en ámbitos de los cuales puedo controlar las fuentes de primera mano. Esto no significa que las tradiciones, como aquellas orientales, cuya lengua no conozco, no me interesen: significa sólo que no puedo pretender hablar seriamente de ellas. En Karman, el pensamiento indio no es objeto de una indagación arqueológica, sino que es citado únicamente por la analogía que según algunos estudiosos existe entre el término sánscrito karman y el latino crimen, que designan ambos la acción imputable a un sujeto y que está cargada de consecuencias.
Probablemente la parte II del proyecto es aquella que, usando una categoría que tú mismo introduces en Signatura rerum en 2008, procede mayormente por «paradigmas». Viendo la nueva disposición y nomenclatura de los textos que forman parte del proyecto, parece como si dos categorías pertenecientes al mundo romano, aquellas de Iustitium y Opus Dei, constituyen los paréntesis de apertura y de clausura entre los cuales se insertan tres categorías griegas, aquellas de Stasis, Horkos y Oikonomia. ¿Estos volúmenes de la segunda parte de Homo sacer, y su ordenamiento, tienen que entenderse como interconectados, leerse en continuidad uno con otro? ¿O hay que tomarlos, precisamente, como paradigmas que —te cito— se conservan en su dispersión (Signatura rerum, p. 81), a fin de darnos imágenes y Urszenen múltiples que condujeron hasta el corazón pulsante de nuestra época?
Una vez más, las conexiones están en las cosas y no en el arbitrio del autor. Más que «escenarios originales», yo busco alcanzar en cada ocasión aquello que Foucault llamaba un a priori histórico, que coincide para mí, como apenas dije, con el punto en el que aparecer una brecha entre el fenómeno en su surgividad y las fuentes y los documentos que nos lo han transmitido, entre la prehistoria y la historia. En este punto la investigación histórica y aquella arqueológico-filosófica se dividen.
El volumen III del proyecto lleva ahora el título Auschwitz, y no ya Lo que resta de Auschwitz. ¿Cómo fue que quisiste renunciar a la referencia al «resto», que es una categoría tan importante para toda la arquitectura de su volumen?
Cambiar un título no significa de ningún modo renunciar a un concepto. «Resto» es una categoría importante en mis investigaciones e incluso he terminado recientemente un ensayo que se titula precisamente «La lengua que resta».
En una entrevista de enero de 2001 con Hanna Leitgeb y Cornelia Vismann, publicada en la revista alemana Literaturen, definías Homo sacer III como «ein ethisches Korrelat, eine Theorie der Subjektivität», es decir, como «un correlato ético, una teoría de la subjetividad» para las teorías expuestas en el primer volumen de Homo sacer.  ¿Sigue siendo éste tu parecer, es decir, que Auschwitzcontiene tu «teoría de la subjetividad»?
La doctrina del sujeto como testigo realizada en el tercer capítulo del libro sobre Auschwitz sigue siendo fundamental para mí. Todavía estoy convencido de que verdaderamente humano es sólo aquel que testimonia lo no-humano y que el sujeto testimonia antes que nada una desubjetivación. Y hasta hoy me parece cierto, como me enseñó Primo Levi, que sujeto es aquel que lleva a la palabra una imposibilidad de hablar, de proferir palabras.
A menudo en sus trabajos, y desde el final del primer volumen de la serie Homo sacer, haces referencia a la forma-de-vida. El texto que parece aproximarse más a la descripción de aquello que, en la historia de la cultura occidental, ha sido una forma-de-vida, es Altísima pobreza. Aquí el monje franciscano, en la medida en que se vuelve puro «gesto», es decir, en que incorpora la regla monástica más allá de la propia individualidad, se vuelve —me parece entender— forma-de-vida. Al final de Homo sacer IV.2 defines el alma, de acuerdo con como es descrita en el mito platónico de Er, una forma-de-vida. Personalmente vi en el Pulcinella de Divertimento per li regazzi (2015), en el Majorana de Che cos’è reale?(2016) y en el Giorgio Agamben de Autorretrato en el estudio(2017) tres retratos paradigmáticos de tres formas-de-vida. ¿Nos podrías decir algo más sobre este concepto tan importante para tu filosofía? ¿La forma-de-vida tiene también una dimensión política? ¿Ella se puede, de algún modo, definir, o pertenece más bien a ese campo de objetos que no pueden ser descritos, sino sólo «mostrados»?
La forma-de-vida carece de una dimensión política, es un concepto intrínsecamente político. Con algunas aproximaciones, se podría decir que la forma-de-vida define la política que no está ya fundada en el aislamiento de la nuda vida, que no es ya, en este sentido una biopolítica. Uno de los resultados de mis indagaciones es que, contrariamente a lo que se podía esperar, en nuestra cultura la vida no es un concepto médico-científico, sino una categoría filosófico-política. En los 57 tratados del Corpus hippocraticum, que recopila los textos de la medicina griega, el término vida (zoé) casi no aparece, y en ningún caso en un significado técnico. Si se abre en cambio la Política de Aristóteles, el concepto «vida» asume aquí desde las primeras páginas una función fundamental. La vida (zoé) es aquello sobre cuya exclusión se funda la polis, o, más precisamente, aquello que es incluido en ella a través de su exclusión y, de esta manera, funge como fundamento negativo de la política. Esta ex-ceptio, esta toma-afuera o exclusión-inclusiva de la vida se encuentra en muchísimos aspectos de nuestra cultura, no solamente política. También el aislamiento de la vida vegetativa (también ésta de origen aristotélico, Aristóteles detestaba las plantas) que está a la base de la medicina moderna tiene una estructura muy similar. En cuanto a su alusión al libro sobre Pulcinella y al Autorretrato en el estudio, sobra decir que lo que me interesa en un ser vivo es siempre su forma-de-vida.
Una pregunta sobre referencias filosóficas de Homo sacer. Leyendo sus volúmenes en orden cronológico, se tiene la impresión de que, en los primeros textos, los autores de referencia son para ti, principalmente, Aristóteles entre los antiguos, Benjamin y Schmitt entre los contemporáneos. Si se mira en cambio a los últimos volúmenes del proyecto, parece que terminas «suavizando» a Aristóteles con Platón, por cuanto respecta a la grecidad, y que Foucault asume un papel cada vez más importante, en paralelo con una importancia cada vez menor concedida a Schmitt. En El uso de los cuerpos, además, vuelves de nuevo a Heidegger, después de que en los últimos volúmenes de Homo sacer parecía haber perdido importancia. ¿Se trata sólo de un uso de autores diferentes en función de diferentes contextos e intereses de indagaciones, o —efectivamente— en el curso de los últimos años tu interés filosófico se ha desplazado? ¿Cuáles autores considerarías que son tus principales interlocutores en el proyecto Homo sacer?
Si se dividen los filósofos, como ha sido a menudo sugerido, según una descendencia platónica y una aristotélica, es claro que yo me situaría entre los platónicos y no entre los aristotélicos. Igualmente evidente es que me siento más cercano a Benjamin que a Schmitt. Pero una investigación como la de Homo sacer no se realiza según descendencias y simpatías, sino, como en un campo de batalla, según necesidades de orden estratégico y táctico. Si hubiera seguido las simpatías, habría ciertamente podido evitar hojear el inmenso corpus de la teología medieval o aquel de la tradición jurídica, pero de esta manera me habría dejado derrotar por adversarios que espero en cambio haber conseguido neutralizar.
Me parece que muchos de los libros y ensayos que no forman «oficialmente» parte del proyecto Homo sacer son, sin embargo, muy importantes para su concepción y para su arquitectura. Me refiero, en particular a Profanaciones, ¿Qué es un dispositivo?, pero sobre todo a El tiempo que resta y Lo abierto. Este último (explícitamente, pero implícita e insistentemente también El tiempo que resta) es el texto que a menudo citas mayormente entre aquellos que has escrito (algo que casi nunca haces en tus obras), especialmente en El uso de los cuerpos. Otros textos, en cambio —por ejemplo Auschwitz— no vuelven nunca y no son nunca mencionados. ¿Nos puedes aclarar la relación entre éstos y otros de tus textos con aquellos incluidos en Homo sacer?
Tal vez das demasiada importancia a las distinciones formales. Sobra decir que todas las partes de la obra de un autor están entrelazadas una a otra, se llaman y se responden permanentemente. Y ciertamente Lo abierto, en cuanto contiene una reflexión sobre el concepto de vida y sobre la máquina antropológica que divide y al mismo tiempo une a lo animal y a lo humano, afecta de cerca la investigación de Homo sacer. Y una arqueología del mesianismo como aquella realizada en El tiempo que resta, no puede poner en cuestión toda la conceptualidad de nuestra cultura. En una indagación como la mía —pero tal vez así es siempre en el pensamiento— todo está íntimamente conectado.
Una última pregunta, si me lo permites. Escribes, en el prefacio a El uso de los cuerpos, que su investigación puede «eventualmente ser continuada por otros». Al investigador que quisiera seguir la pista indicada por Homo sacer, para buscar «continuar» ese género de investigación, ¿qué tienes que decir? Y, viceversa, ¿qué se auguraría ver indagado en un posible Homo sacer V?
Estoy convencido de que lo más precioso que hay en una obra de pensamiento es su capacidad de ser desarrollada y continuada por otros. No se trata solamente de un principio metodológico, sino también de un verdadero principio ético que siempre he buscado seguir. Si tuviera que hacer una recomendación a los jóvenes estudiosos, sería precisamente no buscar a toda costa la originalidad, sino aplicarse más bien a reunir y a continuar aquello que en los autores que aman permaneció incumplido o no dicho. Pero, para responder a tu pregunta, percibir con claridad aquello que en el pensamiento propio permaneció incumplido o no dicho es para un autor extremadamente difícil. Por eso es necesario que sea otro quien lo haga.

Fuente: https://artilleriainmanente.noblogs.org/post/2018/11/03/agamben-doppiozero/

Riesgos en la disputa por la hegemonía global

Por Decio Machado / Consultor político internacional, miembro de la Universidad Nómada del Sur y del Grupo de Estudios de Geopolítica Crítica de América Latina

 

Pese a que la República Popular China reivindique a través de su diplomacia que su huella militar en el exterior está muy por debajo de su rol económico global, ya comienza a causar preocupación en diferentes partes del planeta como se va configurando su nueva hegemonía mundial.

Más allá de que el gigante asiático en la actualidad tenga una población de casi 1.400 millones de habitantes entre los cuales destacan 56 grupos étnicos reconocidos y 300 lenguas vivas diferentes, todo parece indicar que mientras se sustente la capacidad de compatibilizar un régimen político de partido único, sin libertades democráticas, con una economía de mercado, su estabilidad interna -se estima que en 2030 su clase media ascenderá a 500 millones de habitantes- no debería generar grandes convulsiones en el exterior. Todo ello pese a que Beijing siga sin rendir cuentas ante foros internacionales sobre sus violaciones de derechos humanos en conflictos internos tales como la ocupación del Tíbet, la represión sobre el activismo disidente uigur (quienes procesan la religión musulmana, tienen una lengua de origen turquino y utilizan el alfabeto árabe) en la provincia de Xinjiang o las reivindicaciones autonomistas en la Mongolia Interior.

En un hecho que, pese a todo, el establishment burocrático chino está actuando con mucha inteligencia en el ámbito de la política exterior. Esto permite atisbar que el actual gobierno chino no cometerá el mismo error que cometió la dinastía Ming en los albores del siglo XV, cuando renunciaron a la política de expansión económica y militar que había iniciado el general Chen Ho entre 1405 y 1433. Nacido en una familia presumiblemente de origen árabe-mongol, en la provincia central de Yünnan, Cheng Ho fue un eunuco al servicio del emperador Ming Yung-lo que convertido en general dirigió siete expediciones a los mares del Sur y visitó no menos de 37 países, desde el antiguo reino de Champa -actual región vietnamita de Annam- hasta la costa oeste africana. Las expediciones de Cheng Ho, emprendidas casi un siglo antes que las de Cristobal Colón y Vasco da Gama, fortalecieron fuertemente la influencia de China sobre sus vecinos, pero fueron criticados y luego suspendidos por el conservadurismo de la burocracia confuciana bajo el argumento de ser inútiles y significar un dispendio de recursos.

Hoy, 600 años después, China demuestra que sí tiene definida una política claramente expansionista basada en buscar alianzas de cooperación estratégica con el resto de los países del planeta, especialmente con sus vecinos más próximos.

Gran parte de esta fuerte actividad diplomática y comercial se da en el llamado Mar de China Meridional, una extensión marítima con una superficie de 4.25 millones de kilómetros cuadrados que abarca desde la costa sur de China hasta Singapur, extendiendo sus aguas por todos los países de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN). La zona comprende países como Taiwán -reivindicado históricamente por China y sólo reconocido por 22 Estados, ninguno de ellos asiático- y la presencia de   países como Indonesia, Malasia, Tailandia o Vietnam -potencias medias en ascenso que en la próxima década podrían convertirse en los “nuevos BRICs”-, además de otras naciones como Myanmar (antigua Birmania, donde tiene lugar una fuerte represión militar en contra del grupo étnico musulmán rohinyá), Brunei, Camboya, Filipinas o Laos.

En el Mar de China Meridional los problemas de soberanía sobre sus más de 400 islas, arrecifes y bancos de arena, han sido una constante histórica desde mediados del siglo XX tras la segunda guerra mundial. El más importante de estos conflictos se da en las islas Spratly, donde hasta seis de estos países se disputan su soberanía y muchas de estas islas ya están ocupadas estratégicamente por diversos Estados a la espera de poder reclamar su soberanía respecto a todo el archipiélago. Estas reivindicaciones derivan de la posible existencia de importantes depósitos de hidrocarburos -hace cinco años atrás China y la petrolera Shell sellaron una alianza para explotar estos supuestos yacimientos- y por encontrarse en una zona de capital importancia para el comercio marítimo regional. El otro conflicto insular es el de las islas Paracelso -también llamadas Paracel-, al norte de las Spratly, donde también se vislumbra la posible existencia de petróleo y gas natural. En 1974 ya hubo enfrentamientos entre las fuerzas chinas y las de Vietnam del Sur en las islas Paracelso, el conflicto se reanudó entre ambos países en 1988, y se volvió a recrudecer en 1995 ya con la participación también de Filipinas ante la construcción de infraestructura por parte del gobierno chino en el atolón de Mischief Reef. En todos los casos, China logró reivindicar su control sobre los territorios en disputa.

Sin embargo y pese a que Vietnam ocupe 30 de estas islas y arrecifes, Malasia posea control sobre otros tres de estos y en una de ellas haya construido un hotel, y Filipinas también ejerza el control sobre una decena más, las políticas de ocupación y control implementadas por China en los últimos tiempos destacan por su ritmo y magnitud. La República Popular China ha ignorado sistemáticamente cualquier recomendación o resolución de los organismos internacionales al respecto.

El Mar de China Meridional tiene un valor geoestratégico fundamental para las economías que lindan con él, tanto por su valor en recursos naturales como por su centralidad como vía de comunicación.

Más allá de las reservas pesqueras que proveen de alimento a las poblaciones de la región, se estima que en el Mar de China Meridional existen 7 mil millones de barriles de reservas de petróleo y un estimado de 900 billones de pies cúbicos de gas natural.

La zona goza de 14 de los 20 puertos con mayor afluencia de contenedores del planeta: nueve chinos y cinco distribuidos entre Singapur, Taiwán, Corea de Sur y Malasia. El caso de Singapur es especialmente relevante, dado que desde hace cinco años permanece inamovible en la parte superior del Índice de Centro de Desarrollo Marítimo Internacional (ISCD, sigla en inglés), un indicador económico que cubre 43 de los puertos y ciudades más grandes del mundo y que está diseñado para dar claridad a los inversores y gobiernos sobre el rendimiento relativo de los centros de transporte de carga marítima en todo el planeta. Esto releva el potencial de la zona y el dinamismo comercial existente en la región respecto a la afluencia de grandes buques de carga y petroleros, lo que se cruza con numerosas consideraciones estratégicas, energéticas y económicas que se relacionan entre si con la necesidad de asegurar el abastecimiento de recursos naturales y por lo tanto obtener el control militar de la zona.

A todo lo anterior hay que sumar la singularidad geográfica de este territorio, ya que en no pocos lugares hay estrechos muy angostos pasos como el de Malaca entre Malasia e Indonesia y por donde transitan 150 buques diarios, el de Singapur o el sembrado de islas a lo largo de gran parte de la zona. A través de las rutas del Mar de China Meridional, Corea del Sur obtiene el 65 por ciento del petróleo que importa para el abastecimiento de su economía nacional, Japón y Taiwán el 60 por ciento y la propia China el 80 por ciento del total de su abastecimiento. Esto último explica por que el politburo del Partido Comunista Chino extiende su reclamo territorial al 90 por ciento de estas aguas.

Pese a que durante el mandato de Barack Obama el gobierno estadounidense se negara a tomar una posición en la disputa que involucra a China frente a otros países asiáticos, ya durante el año 2016 su entonces secretario de Estado, John Kerry, advirtió sobre “un aumento de la militarización, de un tipo o de otro” en la zona.

En estos últimos dos meses, ya bajo la Administración Trump, la Flota del Pacífico de Estados Unidos ha desarrollado una serie de ejercicios militares que buscan advertir a China de que Washington tiene intención de intensificar la tensión en la región.

Esto se da en el contexto de la actual guerra comercial impulsada por Donald Trump contra Beijing, donde más allá de las excentricidades del magnate norteamericano y de su actitud sumamente beligerante con gran parte del sistema mundo, es un hecho que los subsidios de China a ciertos sectores, el dumping en el extranjero por su exceso de productos siderúrgicos y la imposición de restricciones a las exportaciones de ciertas materias primas benefician a determinadas empresas y productores chinos frente a la histórico control de los mercados internacionales de las corporaciones transnacionales norteamericanas y el propio gobierno estadounidense.

Pero más allá del control de los mercados internacionales, el actual conflicto en el Mar de China Meridional viene a demostrar que la rivalidad entre las dos potencias -una emergente y otra en declive- no es sólo económico, sino que también goza de un trasfondo militar. Si Estados Unidos escala la tensión buscando que la República Popular China paralice las construcciones unilaterales que están realizando en islas, arrecifes y bancos de arena en la zona o su acceso a estas, dicho bloqueo podría desembocar en un conflicto a gran escala.

En estas condiciones y pese a las rivalidades enmarcadas en las pretensiones soberanía entre los países de la zona, los países miembros de la ASEAN -cuyo principal socio comercial, por cierto, es la República Popular China- comienzan a lanzar mensajes dirigidos a la Casa Blanca. En unas recientes declaraciones el presidente filipino Rodrigo Duterte indicó ante diversos medios de comunicación internacionales: “China ya está en posesión del Mar de China Meridional. Ahora está en sus manos. Entonces, ¿por qué tienen que generar fricciones (…) que desembocarán en una respuesta China? Es una realidad, y Estados Unidos y todos deberían darse cuenta de que China está ahí”.

La ASEAN busca inteligentemente habilitar soluciones de perfil diplomático frente a la cada vez más poderosa China, marco en el cual negocia en la actualidad un código de conducta con Beijing para asegurar la paz y estabilidad en ese mar, por el que transita más del 30 por ciento del comercio marítimo mundial. El primer borrador del texto se espera en 2019 y se estima que entrará en funcionamiento en 2021.

Sin embargo y en paralelo, el actual vicepresidente estadounidense Mike Pence insiste que el Mar de China Meridional no pertenece “a una única nación” y que Estados Unidos seguirá navegando y sobrevolando militarmente la zona. Las declaraciones de Pence son recriminadas también por otros mandatarios de la región, como el primer ministro de Malasia -Mahathir Mohamad- quien ha manifestado que los grandes barcos de guerra y los aviones militares no son necesarios en el Mar de China Meridional, pues estos pueden provocar incidentes que eleven la tensión en la zona.

Pese a las presiones chinas sobre los territorios en disputa, los países de la ASEAN coinciden en su mayoría en el hecho de que cualquier estrategia diplomática será bienvenida para solucionar el conflicto “siempre y cuando no incluya enviar a la Séptima Flota a la zona”.

Pero hablemos claro, como dijo Napoleón Bonaparte hace ya más de 200 años, “la política de los Estados reside en su geografía y capacidad de influencia”. El conflicto por el Mar de China Meridional comienza ha determinarse como un enfrentamiento entre poderes mundiales y su devenir comienza a ser incierto y muy preocupante. Es de prever que China continuará avanzando de hecho sobre el territorio -con o sin fallos adversos de los organismos internacionales-, sobre las bases de su cada vez mayor supremacía económica y militar en la región.

Dependerá de que tipo de reacción devenga del Despacho Oval y del Pentágono para que se establezca un nuevo modelo de gobernanza global coherente con el nuevo patrón de globalización en curso. Una nueva torpeza más del presidente Trump respecto a las estrategias estadounidenses en la zona podría suponer el inicio de un conflicto de consideraciones globales que ninguna nación del sistema mundo desea en la actual coyuntura de crisis sistémica internacional.