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Jaume-Palasí: “Una dictadura del algoritmo es una dictadura humana escondida detrás de un velo tecnológico”

19oct-18
Publicada el 19 octubre, 201819 octubre, 2018
por admin

Por David Martínez Pradales

Lorena Jaume-Palasí es cofundadora y directora ejecutiva de la organización AlgorithmWatch, con sede en Berlín, que analiza la ética de la automatización y la digitalización en el uso de algoritmos con relevancia social. Especializada en filosofía del derecho, forma parte del grupo de sabios sobre inteligencia artificial y big data del Gobierno. Además, lidera el secretariado del Foro para la Gobernanza de Internet (IGF) en Alemania y forma parte de los 100 de COTEC. En resumen, ella de una de las personas que velan para que máquinas y algoritmos contribuyan al bienestar común con un uso justo de sus capacidades.

– ¿Ha afectado el cambio de gobierno a la redacción del Libro Blanco sobre la Inteligencia Artificial que se puso en marcha en la anterior legislatura? ¿Qué podemos esperar de este trabajo?

Ante el cambio de gobierno decidimos pausar durante el resto del verano y dar tiempo a la SESIAD para que pudiese reorganizarse. Ya hemos iniciado el diálogo con el secretario de estado, Francisco Polo, quien también se interesa mucho por la materia. Acabamos de retomar nuestro trabajo con mucha ilusión y ganas de continuar desarrollando y generando propuestas con el nuevo gobierno y salir con una publicación a más tardar a inicios del año que viene. El libro se centra en la integración de la inteligencia artificial en el ámbito social y económico. Si bien las culturas occidentales se caracterizan por su individualismo, la sociedad española es una cultura a caballo entre esas sociedades y las culturas más colectivistas. Por eso nos estamos concentrando en nuestra particularidad como puente entre Europa y Latinoamérica y elaborando correspondientes recomendaciones éticas, regulatorias y propuestas para una estrategia socio-económco.

– Hablando de lo público, parece que los mayores logros en IA se dan en empresas privadas y de origen estadounidense, ¿crees que Europa está haciendo los deberes para no quedarse en los márgenes de lo que será la sociedad del futuro?

No es inusual que la innovación se genere en el sector privado. El sector de las nuevas tecnologías ha pasado de la creación de productos de nicho para unos pocos a productos para el uso comercial por masas. Con ello el proceso de innovación tecnológica se ha vuelto más visible. El sector privado tiene menos restricciones y formalidades que el sector público o académico. Asimismo Estados Unidos es un país con más de trescientos millones de habitantes, mientras que Europa es un continente con más de cuarenta estados nacionales y jurisdicciones y diferentes estrategias económicas. Especialmente en la eurozona es un reto crear una estrategia de coordinación que sea adaptada e interpretada por todos los estados miembros de forma equiparable. Ahí tienen los Estados Unidos una ventaja ya que pueden lograr una mayor consistencia regulatoria y certeza legal.

Lorena Jaume-Palasí

Por otro lado la regulación en la eurozona tiene su lado positivo: las nuevas tecnologías no conocen fronteras geográficas y jurisdicciones, por ello tiene mucho sentido el pensar en regulación que va más allá de los límites nacionales. Eso explica que países de la zona nórdica hayan decidido elaborar una estrategia conjunta (si bien la mayoría ya ha elaborado o está elaborando una estrategia nacional). El hecho de que en la región de la UE hay una declaración de coordinación y la comisión europea haya publicado una estrategia regional y haya creado gremios con el mandato de desarrollar dicha estrategia es un paso importante. Y ya vemos que países como Japón están muy interesados en la adecuación de su leyes con la eurozona así como Latinoamérica, los EEUU mismos o Canadá. En otras palabras:

Si bien los EE.UU están a la cabeza en el exporte de tecnología y patentes, la UE es la que está exportando el modelo regulatorio. No es que no estemos haciendo los deberes, EE.UU y la Unión Europea están haciendo los deberes de forma diferente.

– El manifiesto de AlgorithmWatch empieza afirmando que las decisiones algorítmicas nunca son neutrales. Sin embargo, parece que el brillo de la tecnología deslumbra y somos mucho más laxos a la hora de aceptar estas herramientas que, en el peor de los casos, configuran nuevas formas de vigilancia y manipulación. ¿Nos encaminamos hacia una dictadura de los algoritmos?

Un algoritmo sólo puede dictar a terceros lo que sus creadores le dictan. En última instancia el uso de algoritmos es el resultado de la tendencia humana al pragmatismo; son el lenguaje con el que se automatizan procesos a fin de alcanzar un mayor grado de eficacia, consistencia y precisión. Una dictadura de los algoritmos es una dictadura humana escondida detrás de un velo tecnológico.

Pero esta tecnología es ambivalente: los sistemas algorítmicos son muy buenos detectando patrones de comportamiento, diferencias y puntos comunes. A través de ellos podemos aprender mucho sobre el ser humano y la sociedad: por ejemplo sobre patrones de discriminación humana que se escapan a la percepción, o patrones de comportamiento celular que nos ayuden a hallar soluciones contra infinidad de enfermedades. Tenemos el futuro en nuestras manos y no tiene por qué ser negro si aplicamos dichas tecnologías conscientes tanto de su potencial como de sus riesgos y con las previsiones debidas.

– Es curioso que, al mismo tiempo que se pide transparencia en todos los ámbitos, sobre todo en el político y empresarial, la información que surge de la misma discurre a través de plataformas cuyos algoritmos y, por tanto su intención, son opacos. ¿Debe ser la regulación la forma de superar esta contradicción?

La transparencia en sí es un medio, no un valor político en sí. No es suficiente con que un actor político o una compañía o una fórmula algorítmica sean transparentes y hagan abuso o corrupción visibles. A mi parecer se precisan autoridades independientes sectoriales, capaces de evaluar y sancionar usos en detrimento de la ciudadanía o sociedad y ello, efectivamente, precisa de una regulación clara y tecnológicamente neutral.

– ¿Cómo garantizar que esta tecnología se desarrolle teniendo en cuenta los aspectos éticos o sociales de su uso?

Se necesita un catálogo de múltiples medidas dependiendo del contexto de uso. En general, los códigos de ética en profesiones como la abogacía y la medicina deberían extenderse y adaptarse a todas las profesiones que diseñan, entrenan e implementan algoritmos: científicos del dato, desarrolladores, matemáticos, pero también managers y todo profesional que implemente procesos de automatización. A parte de ello necesitamos más expertos en filosofía, ética y ciencias sociales analizando el uso e interacción humana con dichas tecnologías. Las ciencias sociales acaban de hacer su entrada en el campo y aún quedan muchos problemas y dilemas por identificar antes de poder elaborar recomendaciones y principios de ética aplicada y legales. Asimismo también se necesita una conversación social en general que debe ser fomentada por la prensa y la política.

Lorena Jaume-Palasí

– Según AlgorithmWatch, la responsabilidad sobre el algoritmo es de su creador. ¿Cuál debe ser la responsabilidad de la ciudadanía afectada por las decisiones de dichos creadores de algoritmos?

Esas tecnologías conllevan una cadena de responsabilidades más compleja: hay diferentes formas de usar algoritmos y dependiendo de la tecnología usada, la ciudadanía también es parte creadora: un chatbot aprende su vocabulario del entorno que le rodea y refleja con ello los prejuicios de la sociedad en la que es integrado. Ahí la tecnología se convierte en reflejo de la sociedad y es nuestro deber y responsabilidad como sociedad confrontar esas imágenes y evaluar nuestras normas éticas y sociales.

En general en lo que respecta a la ciudadanía, al igual que con comestibles o el tráfico, debemos identificar qué tareas e informaciones de uso necesita la ciudadanía para interaccionar con esa tecnología y determinar en ese ámbito su responsabilidad: no necesitamos entender de química para poder comprar un yogurt o de ingeniería para poder subirnos a un avión o conducir. Nuestra responsabilidad en esos casos se limita a comprobar la fecha de caducidad del yogurt, seguir las reglas estipuladas como abrocharse el cinturón en el avión, o conocer las reglas de tráfico, el uso del volante, las marchas y el freno en el caso del coche.

– ¿Debemos resignarnos a la pérdida de privacidad y anonimato en aras de la comodidad y el  progreso?

No, el progreso puede crear tecnologías que fomentan la privacidad también. Pero debemos reflexionar más sobre qué significan la privacidad y anonimato y la gradualidad contextual de éstos, y entender que no son absolutos y deben equilibrarse con otros derechos humanos como la igualdad de trato, la libertad de expresión, la integridad personal, derechos laborales,  etc. que también pueden ser tanto perjudicados como fomentados por dichas tecnologías.

– Hablemos un poco de robotización. Su extensión creciente en múltiples sectores industriales y la sustitución de la fuerza humana de trabajo puede llevarnos a una sociedad del ocio, en el mejor de los casos, o una sociedad de agudas desigualdades, en el peor. ¿Cuál es tu pronóstico al respecto?

Ese tipo de dis- y utopías llegan de la mano de cada innovación tecnológica, sea el tren, el fax, la televisión, la calculadora o la inteligencia artificial. El nivel de automatización que estamos alcanzando y que se perfeccionará en los próximos años son modelos de asistencia. Éstos pueden asumir bajo supervisión parte de las tareas dentro de un determinado perfil laboral, pero no una sustitución completa. Los sistemas que se están desarrollando son procesos inductivos, sus resultados se basan en métodos estadísticos. Y ello tiene sus límites: los algoritmos no entienden, no pueden contextualizar y eso no va a cambiar en los próximos años de forma previsible. En todo trabajo se requieren tareas deductivas y lógicas que son difíciles de formular y transformar en dato.

Las compañías capaces de aplicar dichos sistemas de forma efectiva podrán reducir el número de trabajadores empleados. No obstante, esos sistemas conllevan a su vez nuevos perfiles laborales capaces de supervisar y hacer uso de esas tecnologías. Ello creará a su vez nuevos puestos de trabajo y la necesidad de una formación laboral continuada. Si algo nos ha enseñado la historia de la tecnología es que toda pérdida de trabajo va a su vez acompañada por la creación de nuevos perfiles laborales.

– Por último, hagamos un poco de ciencia ficción. Has dicho en repetidas ocasiones que la inteligencia artificial no es inteligente. ¿Llegará a serlo? De ser así, ¿podrían los robots entrenados para dar respuestas éticas similares a las humanas, pero con capacidad para tomar sus decisiones, ser considerados sujetos de derechos y deberes?

Eso de momento no me lo puedo imaginar a plazo corto o medio. El tipo de inteligencia artificial que estamos usando se basa en métodos estadísticos, es decir procesos inductivos. El pensar, contextualizar, el mentir y engañar, etc. son procesos que requieren procesos de deducción (basados en pocos datos), de la capacidad de ponerse en la situación de la otra persona a nivel lógico y emocional, que requieren consciencia individual, etc. Esos procesos no son programables con las matemáticas y métodos estadísticos que estamos usando. Por mucho que vistamos la estadística de seda, estadística se queda.

Imágenes de: Joi Ito

Fuente: https://www.nobbot.com/destacados/etica-algoritmos-lorena-jaume-palasi/

Varoufakis: «El euro fue un auténtico veneno para los griegos»

19oct-18
Publicada el 19 octubre, 201818 octubre, 2018
por admin

Por Esther S. Sieteiglesias

Durante los meses en los que Yanis Varoufakis (57 años) estuvo al frente del ministerio de Finanzas griego en 2015 lo aprendimos todo de él y de su cuestionamiento al capitalismo, a la UE y al “dictado” de Alemania. Ahora el polémico economista vuelve al pie del cañón, al frente del movimiento DiEM25, con las europeas de mayo en el punto de mira. Durante un debate junto a Jeremy Corbyn en verano sobre el “Resurgimiento del Socialismo”, atendió a las preguntas de LA RAZÓN por email.

– ¿Piensa que la aparente no postura de Corbyn en cuanto al Brexit le ayuda? ¿Por qué no es claro sobre si Reino Unido está mejor dentro o fuera de la UE?

– Jeremy y yo compartimos puntos de vista y experiencias. Una de esas experiencias es la brutal distorsión de nuestras ideas por parte de ciertos medios de comunicación. ¿Quién dice que Jeremy no tiene claro si el Reino Unido está mejor dentro o fuera de la Unión Europea? Es una acusación ridícula y sin base alguna. Jeremy y yo hicimos campaña en contra del Brexit desde antes del referéndum. La posición de DiEM25 fue muy clara: dentro de la UE, en contra de esta UE. Jeremy Corbyn y John McDonald adoptaron esa posición: una clara y sofisticada oposición al Brexit. Que Jeremy no se deshaga en cumplidos a la UE, ni la presente como el mejor invento desde el pan de molde, dice mucho de él. Jeremy demostró que no le interesa tratar al electorado como a niños, y presenta en su lugar una realidad con matices de gris. Y eso dice mucho de él.

Cuando perdimos, Jeremy y yo nos opusimos al intento de demonizar a aquellos que votaron a favor del Brexit, y nos negamos a buscar un segundo referéndum que hubiese intoxicado la democracia británica. En su lugar, nos centramos en buscar fórmulas que minimizaran el impacto del coste del Brexit. Véase, por ejemplo, la propuesta de DiEM25 de implementar una solución “Noruega+”.

– Y hablando de socialismo, ¿qué le parece el resurgimiento del socialismo en España? ¿Le alegró saber que Pedro Sánchez es nuestro nuevo presidente? ¿O es usted más fan de Podemos?

– Me alegró mucho la marcha del Sr. Rajoy y ver cómo el Sr. Sánchez se ha opuesto a la xenofobia y que ha comenzado a buscar alternativas a la austeridad. Sin embargo, no será hasta que el Gobierno español desarrolle una estrategia europea que revierta las políticas que nos trasladan desde Bruselas, Frankfurt y Berlín, que nuestras sociedades podrán respirar dentro de la UE. Mi temor es que ni el PSOE ni Podemos estén dedicando el tiempo suficiente a articular dicha estrategia. Espero que lo hagan, juntos, y quizás con la colaboración de DiEM25, pues hemos adelantado mucho en el desarrollo de un plan para reparar nuestra Unión.

– En su opinión, ¿está Grecia mejor fuera de la seguridad, del paraguas del euro?

– El euro nunca fue una red de seguridad o paraguas para los griegos, excepto para la oligarquía. Fue un auténtico veneno. Desde 2008, mi punto de vista ha sido, que Grecia debe de mantenerse dentro de la zona euro a condición de una profunda restructuración de su deuda, un enérgico programa de inversión, y reformas que socaven el afán rentista de la oligarquía. Asimismo, considero que debemos estar preparados para la posibilidad de que las autoridades europeas obstaculicen estas demandas y amenacen a Grecia con su expulsión del euro.

– Usted ha dicho que incluso si el crecimiento ha vuelto, el euro aún está en peligro, ¿por qué?

– Porque no ha habido un crecimiento sustancial sostenible. El euro se está fragmentando y es inviable en su configuración actual, y eso está alimentando fuerzas deflacionarias que sólo empoderan a la ultraderecha racista. Italia, por ejemplo, tiene una deuda de 2,5 trillones de euros y una banca que es insostenible en el actual sistema monetario. No es coincidencia que miembros del actual Gobierno italiano utilicen tácticas fascistas y promuevan el odio para consolidar su poder.

– Se está librando una guerra comercial en la actualidad, ¿es Donald Trump la principal amenaza para la economía mundial?

– Donald Trump es un síntoma de los fracasos del establishment liberal. La crisis de 2008 destruyó los pilares de la financiación corporativa y del capitalismo global. Es la forma del establishment de instaurar socialismo para los poderes financieros y austeridad para todos los demás lo que ha dado lugar a la emergencia del nacionalismo internacionalista que Trump lidera en EE UU.

Estamos viviendo nuevamente un periodo post-1929 en el que, al menos en Europa, una clase dirigente incompetente está alimentando el fascismo al trasladar las pérdidas de los poderes financieros a la población.

– Ahora lidera el movimiento paneuropeo DiEM25, ¿por qué quiere volver a Bruselas?

– No tengo el menor interés en volver a Bruselas. Pero como demócratas y europeístas comprometidos conscientes de que Europa está siendo destruida por racistas, desde DiEM25 consideramos que tenemos el deber de presentar alternativas. Por un lado, presentamos una alternativa a las fuerzas xenófobas que se aprovechan de la fragmentación de Europa para empujarnos a una versión postmoderna de los años 30, y por otro, presentamos una alternativa al establishment autoritario y neoliberal europeo.

– Antes pensaba que las medidas de austeridad y la economía en general iban a romper la UE. Ahora, creo que lo que más divide es la cuestión migratoria. ¿Está de acuerdo? ¿Cuáles son sus propuestas y soluciones desde DiEM25 para este asunto vital?

Es un error separar la austeridad del asunto de la migración. La austeridad ha causado una depresión permanente en países como Grecia, Italia, Portugal, Hungría y los países bálticos, y un entorno deflacionista en detrimento de los ahorros de las clases medias en lugares como Alemania, Austria y Países Bajos. El miedo y la inseguridad que esta realidad económica inspira, junto a la total pérdida de visión de unidad por parte de los políticos del establishment, es lo que abrió la puerta a los racistas para presentar a los migrantes como culpables de todos los problemas en Europa.

Tal y como sucedió en el periodo de entreguerras, el racismo se expandió como consecuencia de la Gran Depresión. Y ahora también, la xenofobia y la mal denominada “crisis migratoria” están destrozando y envenenando la integridad y el alma de Europa. La respuesta de DiEM25 a todo esto es nuestro New Deal para Europa, una agenda política paneuropea que propone un programa de 500 mil millones de euros anuales a ser invertidos en una transición hacia una economía verde –que generaría millones de empleos de buena calidad– con una política común sobre migración basada en el principio de “dejadlos entrar”.

– Cada vez que se menciona Yanis Varoufakis, el adjetivo «populista» lo precede o acompaña. ¿Le gusta estar en el mismo saco que, por ejemplo, Matteo Salvini?

– Ningún otro político en Europa ha luchado en contra del populismo tanto como yo. El hecho de que el establishment intente tildar de populista a cualquiera que se oponga a sus políticas no me quita el sueño. Pregúntese lo siguiente: ¿quién dio mayor impulso al Brexit? ¿Varoufakis, que hizo campaña en contra del Brexit? ¿O la antidemocrática, autoritaria política y retórica del Banco Central Europeo, la Comisión Europea, la señora Merkel y el Fondo Monetario Internacional? ¿Quién permitió el ascenso al poder del señor Salvini, a quien yo he calificado de fascista? ¿Varoufakis o Mario Monti, Mario Draghi y Matteo Renzi, cuyas políticas han recortado la renta per cápita italiana año tras año?

– Sabiendo ahora lo duro que fue, ¿si Alexis Tsipras le pidiera de nuevo ser ministro, lo aceptaría?

– ¿Por qué querría yo participar en un gobierno que fue elegido para eliminar las mismas políticas a las que luego se sometió por completo en 2015?

– Grecia finalizó en agosto su tercer rescate con los acreedores internacionales, ¿ha merecido la pena el sacrificio de los griegos?

– Es una pregunta dolorosa. ¿Por qué? Porque refleja cómo la propaganda de las oligarquías europea y griega han logrado fomentar la ilusión de que el “rescate” ha terminado. Y no es así. Lo único que ha ocurrido es que el dinero del tercer rescate se acabó y que entramos en un cuarto rescate -con un nombre distinto. La absurda política de austeridad continuada, por ejemplo, más recortes en las pensiones, el incremento de impuestos a los más pobres y la fiscalidad punitiva para las clases medias; todas medidas que entrarán en vigor en 2019. En consecuencia, mientras el estado de insolvencia del país se extenderá hasta 2060, los desahucios se acelerarán, los jóvenes seguirán abandonando el país, y las empresas seguirán quebrando o yéndose de Grecia.

La única diferencia entre el tercer y cuarto rescate es que, en lugar de ofrecer al Estado griego nuevos préstamos para continuar la farsa de que los antiguos préstamos están siendo pagados, se está ofreciendo diferir los pagos hasta después de 2032, con intereses.

– ¿Viven mejor los griegos ahora que en 2010, cuando el país fue rescatado por primera vez?

– Grecia nunca fue rescatada. Entre 2010 y 2015, fueron la banca francesa y alemana los rescatados a través de préstamos por importe de 326 mil millones de euros. De esta suma, el estado griego recibió solo el 5 por ciento. ¿Qué obtuvo el pueblo griego de este “rescate”?

He aquí un triste listado:

380.000 jóvenes abandonaron el país antes de 2015. Otros 200.000 lo hicieron después del verano de 2015. En este momento, 15.000 lo hacen cada mes; en una de cada dos familias no hay nadie con empleo, el 60% de los niños viven bajo el umbral de la pobreza de 2008 y un tercio de los trabajadores griegos se ve obligado a trabajar por 384 euros brutos. 700.000 trabajadores precarios se ven obligados a abonar sus impuestos con un año de antelación. Antes de 2015, las pensiones habían caído un 40%. Tras el verano de 2015, las pensiones se vieron reducidas otro 15-20%, y volverán a caer otro 18% en 2019. Las minúsculas aportaciones adicionales a los pensionistas más pobres fueron eliminadas, el copago farmacéutico y sanitario ha alcanzado el 50%. La dotación para calefacción para familias necesitadas se ha recortado en un 50%. Los desahucios se han acelerado y los impuestos directos e indirectos que afectan a familias pobres han aumentado. Los ferrocarriles del estado y los puertos del Pireo y Tesalónica, así como el antiguo aeropuerto de Atenas, han sido vendidos a oligarcas por cantidades miserables. 14 aeropuertos regionales fueron vendidos a una empresa pública alemana, con dinero griego. Ni un solo euro recibido por las privatizaciones será invertido en Grecia –todo irá a parar a manos de los acreedores-. La tasa de mortalidad griega aumenta tres veces más rápido que en el resto de Europa y los suicidios se han disparado en un 45%. La deuda sigue aumentando y la renta nacional sigue siendo un 25% inferior a 2008.

– ¿Se arrepiente de algo durante esos meses como ministro de Finanzas? ¿Qué me dice de la entrevista con fotografías en la terraza frente a la Acrópolis que se convirtieron en portada de diversos medios de comunicación en el mundo?

– Me arrepiento de haber sido demasiado complaciente con la troika, como cuando busqué una extensión de cuatro meses para nuestras negociaciones, pues asumí que ellos negociarían de buena fe. Simplemente nunca estuvieron interesados en negociar. En perspectiva, tendría que haber abandonado las negociaciones en febrero de 2015, haber procedido con el impago de nuestra deuda al Banco Central Europeo y haber activado nuestro propio sistema de pagos.

En cuanto a la foto de la que me habla, haga la siguiente reflexión: nuestro pueblo ha sido condenado por la oligarquía europea a otros 30 años de esclavitud de deuda y a emigrar, pero la atención está en una foto de mi esposa y yo cenando en nuestra terraza, ¡vaya crimen!

– En 2015, recuerdo haber leído sobre usted cada día. ¿Le gusta estar en el foco?

– No, no disfruté nada estar en el centro de atención, sobre todo cuando se trataba sobre mi estilo de vida. Cada vez que los medios de comunicación se centraban en mi motocicleta o en mi esposa, yo era consciente que lo hacían para no tener que hablar de los que pasan hambre, de la gente necesitada, del desamparo y desesperación. En 2015, y hasta hoy, muchos medios de comunicación internacionales se empeñan en minar su propia credibilidad con una conducta impropia.

Fuente: https://www.larazon.es/internacional/varoufakis-el-euro-fue-un-autentico-veneno-para-los-griegos-GC19938086

Walter Benjamin y el capitalismo como religión

19oct-18
Publicada el 19 octubre, 201819 octubre, 2018
por admin

Por Giorgio Agamben

1. Hay signos de los tiempos que, aunque obvios, los hombres, que escrutan las señales en los cielos, no llegan a percibir. Cristalizan en eventos que anuncian y definen la época, es decir, eventos que pueden pasar inadvertidos y no alterar en nada, o casi nada, la realidad en la que encajan y que, sin embargo, y precisamente por esto tienen valor de signo, de indicio histórico: semeia ton kairon. Uno de estos eventos tuvo lugar el 15 de agosto de 1971, cuando el gobierno de EE.UU., bajo la presidencia de Richard Nixon declaró que la convertibilidad del dólar quedaba suspendida. Si bien esta afirmación ponía fin, de hecho, a un sistema que había vinculado durante mucho tiempo el valor de la moneda a una base áurea, la noticia, que saltó en plenas vacaciones de verano, provocó menos debate del que era razonable esperar.

Sin embargo, desde ese momento, la inscripción que todavía se puede leer en muchos billetes de banco (por ejemplo, en los de la libra esterlina o la rupia, pero no en los del euro): “Me comprometo a pagar al portador la suma de …” refrendada por el gobernador del banco central, perdió definitivamente su sentido. Esta frase pasó a significar que a partir de ese momento a cambio del billete el banco central correspondiente haría entrega a quien lo solicitara (si alguien era lo suficientemente tonto como para hacerlo) no una cierta cantidad de oro (para el dólar, 1/35 de onza) sino un billete exactamente igual. El dinero había quedado desprovisto de cualquier valor que no fuera el puramente autorreferencial. Tanto más sorprendente fue la facilidad con que fue aceptado el acto del soberano estadounidense, que equivalía a cancelar el patrimonio de oro del dueño del dinero. Y si, como se ha sugerido, el ejercicio de la soberanía monetaria de un Estado consiste en su capacidad para inducir a los participantes del mercado a emplear sus obligaciones como dinero, en ese momento las obligaciones perdieron toda consistencia real, se habían convertido en puro papel.

El proceso de desmaterialización de la moneda se había iniciado muchos siglos antes, cuando las necesidades del mercado llevaron a añadir a la moneda metálica, necesariamente escasa y engorrosa, letras de cambio, billetes bancarios, juros , goldsmith’s notes, etcétera. Todas estas monedas de papel son en realidad títulos de crédito, por cuya razón se conoce como moneda fiduciaria. La moneda metálica, en cambio, valía –o hubiera debido valer– su contenido de metales preciosos (cuestión, como se sabe, insegura: el caso extremo fue el de las monedas de plata acuñadas por Federico II, que apenas usadas dejaban a la vista el rojo de cobre). Sin embargo, Schumpeter (que vivió, es cierto, en un momento en el papel moneda había desbordado la moneda metálica), pudo afirmar no sin razón que, en última instancia, todo el dinero es sólo crédito. Después del 15 de agosto de 1971, habría que añadir que el dinero es un crédito basado sólo en sí mismo y que no refleja nada más que a sí mismo.

2. El capitalismo como religión es el título de uno de los más penetrantes fragmentos póstumos de Walter Benjamin.

Que el socialismo era algo parecido a una religión fue observado con frecuencia (entre otros por Schmitt: “El socialismo pretende dar vida a una nueva religión que para los hombres de los siglos XIX y XX tuvo el mismo significado que el cristianismo para los hombres de hace dos mil años”.). Según Benjamin, el capitalismo no es sólo, como afirma Weber, una secularización de la fe protestante, sino que él mismo es esencialmente un fenómeno religioso, que se desarrolla como parásito a partir del cristianismo. Como tal, como religión de la modernidad, se define por tres características:

Es una religión de culto, tal vez la más extrema y absoluta que ha existido jamás. Todo en ella tiene significado sólo con referencia al cumplimiento de un culto, no con un dogma o una idea;
Es un culto permanente, es “la celebración de un culto sans trève et sans merci [sin tregua y sin piedad]”. No es posible aquí distinguir entre días festivos y días laborables, sólo hay un único e ininterrumpido día de fiesta-trabajo en el que el trabajo coincide con la celebración del culto.
El culto capitalista no remite a la redención o la expiación de la culpa, sino a la culpa misma: “El capitalismo es quizás el único caso de un culto no expiatorio sino culpabilizador… Una monstruosa conciencia culpable que no conoce la redención se convierte en culto, no para expiar en éste su culpa sino para hacerla universal … y para atrapar al final a Dios mismo en la culpa… Dios no ha muerto, sino que se ha incorporado al destino del hombre”.
Precisamente porque tiende con todas sus fuerzas no a la redención sino a la culpa, no a la esperanza sino a la desesperación, el capitalismo como religión no tiende a la transformación del mundo sino a su destrucción. Y su dominio es en nuestro tiempo tan completo que los tres grandes profetas de la modernidad (Nietzsche, Marx y Freud) conspiran, según Benjamin, con él, son solidarios, de alguna manera, con la religión de la desesperanza. “Este paso del planeta hombre por la casa de la desesperación, en la soledad absoluta de su recorrido es el ethos que define Nietzsche. Este hombre es el superhombre, es decir el primer hombre que comienza a darse cuenta conscientemente de la religión capitalista”. Pero también la teoría freudiana pertenece al sacerdocio del culto capitalista: “Lo reprimido, la representación pecaminosa…es el capital, sobre el cual el infierno del inconsciente paga intereses”. Y, en Marx, el capitalismo “con los intereses simples y compuestos, que son función de la culpa…se transforma inmediatamente en socialismo”.

3. Vamos a tratar de tomar en serio y desarrollar la hipótesis de Benjamin. Si el capitalismo es una religión, ¿cómo podemos definirlo en términos de fe?, ¿en qué cree en el capitalismo? ¿qué implica, en lo que respecta a esta fe, la decisión de Nixon?

David Flüsser, gran estudioso de la ciencia de las religiones –hay también una disciplina con este extraño nombre– estaba trabajando sobre la palabra pistis , palabra griega que Jesús y los apóstoles utilizaban para “fe”. Un día se encontraba en una plaza de Atenas y en un momento dado, al levantar los ojos, vio escrito en grandes caracteres ante él Trapeza tes pisteos. Aturdido por la coincidencia, miró mejor y después de unos segundos se dio cuenta de que simplemente estaba ante un banco: trapeza tes pisteos significa en griego “banco de crédito”. He aquí el significado de la palabra pistis, que llevaba meses tratando de averiguar: pistis, “fe”, no es más que el crédito de que gozamos ante Dios y del que la palabra de Dios goza en nosotros desde el momento en que creemos en él. Por esta razón Pablo puede afirmar en una famosa definición que “la fe es la sustancia de las cosas esperadas”: es lo que da credibilidad a la realidad y a lo que no existe todavía, pero en lo que creemos y tenemos fe, en lo que hemos puesto en juego nuestro crédito y nuestra palabra. Creditum es el participio pasado del verbo latino credere: es aquello en lo que creemos, en lo que ponemos nuestra fe, cuando establecemos una relación de confianza con alguien tomándolo bajo nuestra protección o prestándoles dinero, confiándonos a su protección o tomando dinero prestado. En la pistis paulina pervive, es decir, la antiquísima institución indoeuropea que Benveniste ha reconstruido, la “fidelidad personal”: “El que detiene la fidespuesta en él por un hombre tiene en su poder a este hombre… En su forma primitiva, esta relación implica una reciprocidad: poner nuestra fides en alguien procuraba, a su vez, su garantía y su ayuda”.

Si esto es cierto, entonces la hipótesis de Benjamin de una estrecha relación entre capitalismo y cristianismo recibe una confirmación ulterior: el capitalismo es una religión basada enteramente en la fe, una religión cuyos seguidores viven sola fide (sólo por medio de la fe). Y como, según Benjamin, el capitalismo es una religión en la que el culto se ha emancipado de todo objeto y la culpa de todo pecado y, por lo tanto, de toda posible redención, así, desde el punto de vista de la fe, el capitalismo no tiene objeto: cree en el hecho puro de creer, en el puro crédito (believes in pure belief), es decir: en el dinero. El capitalismo es, por ello, una religión en la cual la fe –el crédito– ha sustituido a Dios. En otras palabras, en tanto que la forma pura del crédito es dinero, es una religión cuyo dios es el dinero.

Esto significa que el banco, que no es más que una máquina de fabricar y manejar crédito, ha tomado el lugar de la iglesia y, mediante la regulación del crédito, manipula y administra la fe –la escasa e incierta confianza– que nuestro tiempo todavía tiene en sí mismo.

4. ¿Qué ha significado para esta religión la decisión de suspender la convertibilidad en oro? Ciertamente, algo así como una aclaración de su propio contenido teológico, comparable a la destrucción mosaica del becerro de oro o al establecimiento de un dogma conciliar. En cualquier caso, un paso decisivo hacia la purificación y cristalización de su propia fe. Ésta –en forma de dinero y crédito–se emancipa ahora de todo referente externo, cancela su nexo de idolatría con el oro y se afirma en su carácter absoluto. El crédito es un ser puramente inmaterial, la parodia más perfecta de esa pistis , que no es sino “la sustancia de lo que se espera”. La fe –así rezaba la famosa definición de la Carta a los Hebreos– es sustancia – ousia , término técnico por excelencia de la ontología griega– de lo que se espera. Lo que Pablo quiso decir es que el que tiene fe, el que ha puesto su pistis en Cristo, toma la palabra de Cristo como si se tratara de la cosa, el ser, la sustancia. Pero es precisamente este “como si” lo que la parodia de la religión capitalista elimina. El dinero, el nuevo pistis , es ahora inmediatamente y sin residuos sustancia. El carácter destructivo de la religión capitalista, de la que hablaba Benjamin, aparece aquí en plena evidencia. La “cosa esperaba,” ya no existe, ha sido destruida, y tiene que serlo porque el dinero es la esencia misma de la cosa, su ousia en el sentido técnico. Y, de esta manera, se quita de en medio el último obstáculo a la creación de un mercado de la moneda, a la transformación integral del dinero en mercancía.

5. Una sociedad cuya religión es el crédito, que sólo cree en el crédito, está condenada a vivir a crédito. Robert Kurz explicó la transformación del capitalismo del siglo XIX, todavía basado en la solvencia y la desconfianza respecto al crédito, en el capitalismo financiero contemporáneo. “Para el capital privado del siglo XIX, con sus propietarios personales y sus respectivos clanes familiares, eran todavía válidos los principios de honorabilidad y solvencia, a la luz de los cuales el incremento del uso del crédito era casi obsceno, como un comienzo del fin. Las novelas por entregas de la época están llenas de historias donde las familias numerosas se arruinan a causa de su dependencia; en algunos pasajes de Los Buddenbrook, Thomas Mann llegó a crear un tema de Premio Nobel. El capital productivo sujeto al pago de intereses era, por supuesto, esencial para el sistema desde el primer momento de su formación, pero todavía no tenía un papel decisivo en la reproducción capitalista global. Los negocios de capital “ficticio” se consideraban típicos de los ambientes de estafadores y personas deshonestas, al margen del capitalismo real … Incluso Henry Ford se negó durante mucho tiempo al uso del crédito bancario, obstinándose en su decisión de financiar sus inversiones sólo con su propio capital”. (R.Kurz, El fin de la política y la apoteosis de dinero , Roma, 1997; Die Himmelfahrt des Geldes , en “Krisis”, 1995).

Durante el siglo XIX, esta concepción patriarcal se disolvió completamente y el capital empresarial recurrió cada vez más al capital monetario, tomado del sistema bancario. Esto significa que las empresas, con el fin de seguir produciendo, deben, por así decirlo, hipotecar por anticipado cantidades crecientes de trabajo y de futura producción. El capital productor de mercancías se alimenta ficticiamente de su propio futuro. La religión capitalista, de acuerdo con la tesis de Benjamin, vive de un endeudamiento permanente, que no puede ni debe extinguirse. Pero no son sólo las empresas las que viven, en este sentido, sola fide , a crédito (o a débito). También los individuos y las familias, que recurren cada vez más al mismo, están análogamente tan implicados en este continuo y generalizado este acto de fe en el futuro. Y la Banca es el sumo sacerdote que administra a los fieles el único sacramento de la religión capitalista: el crédito-débito.

 

Fuente | “Walter Benjamin y el capitalismo como religión”, Giorgio Agamben | Rebelión

Traductor: S. Seguí

Entrevista a Christian Ferrer: “La maquinaria social está construida en torno de ambiciones al eros universal, que es el dinero”

19oct-18
Publicada el 19 octubre, 2018
por admin

“Las personas confían en que la técnica va a resolver el viejo problema del sufrimiento humano, no dándose cuenta de que lo que les cuesta vital y económicamente pagar por esas comodidades se paga en términos temporales, ya que se tiene que dedicar muchísimo tiempo a conseguir el dinero para pagar por esas comodidades. Y se paga en términos vitales en tanto y en cuanto ya la persona no puede imaginarse otras alternativas en donde pueda vivir más en paz o más suavemente”, dice Christian Ferrer, pensador que aborda con mirada crítica, ácida muchas veces, los modos en que nuestra sociedad nos forma como “consumidores”. Partiendo desde la educación que recibimos –“el saber desangelado, transmitido sin corazón, presuponiendo además que esos conocimientos explican oscuridades o misterios que siempre han preocupado a los seres humanos, es un error”–, en esta entrevista Ferrer volverá a las preguntas por el origen o los orígenes de los seres humanos: el dolor, el amor, la felicidad, la amistad, el deseo. Preguntas que abren cabezas. Preguntas para las que no tiene las respuestas. A veces, incluso –dice–, las soluciones empeoran los problemas.

–¿De dónde viene, Ferrer?

–Qué pregunta. Yo creo que soy una consecuencia de la escuela tradicional argentina en la cual estudiar era una obligación, no un gusto, no un despertar de la curiosidad. Lo que esa escuela ofrecía a los alumnos era un saber enciclopedista. Esa escuela probablemente haya desaparecido como ideal, pero a mí me parecía un modo, un tipo de alimento, típicamente moderno, por otra parte, que me convenía. Saber mucho de distintos campos posibles que tenían que ver con lo humano.

–¿Le gustaba ir a la escuela?

–No. A un niño, alguien que va a la escuela durante años, años y años, todos los meses, todas las semanas, todos los días, por horas y horas se le están restando distintas posibilidades vitales en función de saberes que le son transmitidos que no necesariamente le van a servir para la vida. Creo que soluciona más las necesidades de realización de los padres que otras cosas. Tampoco la idea de alfabetización de por sí me parece necesariamente buena. De hecho la mayor parte de las culturas que han existido en el mundo tuvieron transmisión de conocimiento de tipo oral y sin estos lugares, que son fábricas de títulos y de supuestas… personas aptas para seguir una especie de camino dentro de una máquina general a la cual la educación no le interesa, salvo en relación con los saberes de eficacia que pueden aplicarse en distintas industrias, en distintos servicios, en universidades. La alfabetización actual no implica formación del carácter de la persona sino sólo transmisión de conocimientos, además de las funciones que tienen que ver con la sociabilidad.

–Y en tanto padre, ¿cómo ve a la escuela?

–Como te decía, es transmisión de conocimiento camada tras camada, tras camada. No es lo que uno llamaría educación. Además las jornadas escolares se han alargado mucho. Hasta la década de 1960 no era habitual enviar a niños a jardines de infantes y hoy una persona puede pasar no sólo los años de formación escolar secundaria y universitaria en estas instituciones, sino que a veces está encerrado ahí hasta que se jubila como alumno. No necesariamente eso redunda en mayor sabiduría ni en mayor acumulación de saber ni en beneficios que puedan estar asociados a la formación de la conciencia. Por lo tanto, el problema del niño, que es tener aceptación y amor, como bases para su propia formación personal, no necesariamente está resuelto por las horas y horas y horas que pasa en una escuela. El saber desangelado, transmitido sin corazón, presuponiendo además que esos conocimientos explican oscuridades o misterios que siempre han preocupado a los seres humanos, es un error.

–La Iglesia ha intentado en sus colegios en la formación de carácter, pero muchas veces eso es un problema.

–¿Por qué?

–Porque no todos tienen por qué creer en los valores que transmite la Iglesia. Y el monopolio…

–Sería monopolio contra monopolio. El monopolio del Estado y el monopolio eclesiástico. Son dos monopolios.

–¿Ninguno es mejor?

–Me parece que lo que los padres esperan de la educación no es que los niños salgan mejor formados o que sean receptáculos de saber de los cuales puedan enorgullecerse. Lo que la sociedad espera de la educación es que los niños tengan el formateo suficiente como para poder ganarse el pan de ahí en adelante, es decir, ganarse la vida, como dice la metáfora tradicional, metáfora, por otra parte, que es espantosa en sí misma. Con lo cual, lo que se espera entonces es que la escuela los domestique lo suficiente y al mismo tiempo los vuelva lo suficientemente agresivos como para que cuando llegue el momento de ingresar a los campos de trabajo esa persona esté en disposición de aceptar las normas y obligaciones que eso trae aparejado, tanto en un rol de sometimiento como en un rol de agresión: jefes y empleados, eso es lo que se espera de la educación.

Por supuesto, de vez en cuando ocurren otras cosas que se cruzan con demandas generacionales, o bien por lo que ocurre en el aula misma. De repente alguna maestra, algún profesor, enseña en esa aula como si estuviera en una isla desierta, como si estuviera con unos pocos náufragos, niños. Y les da lo mejor, lo que él puede dar. Y entonces no hay muros ni hay aulas ni hay pizarrones ni hay notas ni hay títulos. Pero esas situaciones de naufragios son escasas.

–¿Y por qué da clases? Quienes han pasado por sus clases pueden sentir ese naufragio…

–En las clases se dialoga con los muertos y con los que todavía no han nacido.

–¿Cómo es eso?

–Se habla de autores, algunos antiguos o antiquísimos, con quienes uno puede sentirse más a gusto que con los contemporáneos. De manera tal que los autores antiguos pasan a ser contemporáneos. Y se habla sobre un mundo del cual nada sabemos todavía. No porque se lo pueda planificar, no porque pueda ser mejor con algún tipo de programa político supuestamente superador, no. Sino porque los niños van a seguir naciendo. Entonces, la clase ideal sería aquella que está en ese momento muerta y viva. Es decir, suspendida de todas sus obligaciones con respecto a la actualidad y sólo conectada con ese río perdido donde han ido a parar todos los muertos y al mismo tiempo conectada con el deseo de la especie de no perecer y por lo tanto de traer nuevos niños al mundo con la esperanza de que no hereden este mundo. Me parece que eso es lo que ocurre en la clase. A mí todos los discursos sobre la educación pública, el sistema pedagógico nacional y la modernización y la actualización no me dicen nada. A mí lo que me dice algo es lo que ocurre en una clase en especial. Lo que le pasó al alumno, lo que le pasó al profesor.

–Le interesan las biografías de personajes extravagantes o exóticos, ¿cómo surge la idea del libro Camafeos?

–Algunos de esos textos están escritos para que ciertas personas no sean olvidadas. Personas que yo conocí y que no quería que fueran olvidadas por mí y por todo aquel que por leer un pequeño esbozo de una vida pueda conectarse con esa historia y con sus avatares. Lo cual no quiere decir que todos los personajes me caigan simpáticos, por otra parte.

–Pero le interesó registrar algo de esas historias.

–Uno escribe por gusto, quiero decir, escribe por el simple gusto de hacerlo. En algunos casos fueron pedidos y me interesó responder a esos pedidos, tal es el caso de (Ignacio) Anzoátegui o de Marta Minujin. En otros casos no, son autores que me conmueven o me resultan imprescindibles a mí únicamente. Hay un hilo conductor. Por ejemplo, algunas figuras tienen que creer mucho en sí mismas para hacer lo que hacen: Minujín dice “yo soy una enviada”; Orélie Antoine se nombra “rey de la Araucanía”. Pero también al revés: “Soy una madriguera de complejos”, dice Ezequiel Martínez Estrada.

–¿Qué define a los excéntricos?

–No sé si hay algo que los vincule, pero sí podría decirte que hay autores que piensan por afirmación de sí mismos, que por otra parte son la mayoría. Es decir, gente que cree en lo que dice, gente que cree en lo que escribe. Gente que cree en la batalla de ideas y cómo en toda batalla cada cual se posiciona, cada cual saca su arsenal teórico o ideológico o analítico y lucha contra otros. Mientras que hay otros autores que, por el contrario, piensan y escriben en forma autodestructiva. (Héctor) Murena es un caso, Martínez Estrada es otro caso. Es decir, pensar significa autodestruir el objeto sobre el cual se piensa y al cual no se le concede ningún derecho a existir pero al mismo tiempo se autodestruye el autor, éstos son autores más raros. La mayor parte de las personas, sobre todo en el mundo intelectual y universitario, típico del intelectual que toma partido, cree que sabe y además cree que es bueno, necesariamente: si el otro es malo yo soy bueno. Es como una lógica infantil pero que funciona. Funciona en la política, en las empresas, en las universidades. Esa mezcla de supuesto saber y superioridad moral con respecto al contrincante. A mí me interesan mucho más los autores que, por el contrario, saben que pensar implica el riesgo de fundirse, de autodestruirse. Están en lucha también, pero es otro tipo de lucha, es una lucha demoníaca; la otra es de angelitos, no importa si esos angelitos a veces usan revólveres. Me parece a mí.

–Dice de Martínez Estrada que diagnostica, como un radiólogo, pero no cura.

–No todos los problemas tienen solución. Y por lo general, las soluciones agravan los problemas. Quiero decir, el hecho de que no haya solución a ciertos problemas no quiere decir que no sigan estando ahí los problemas. Y, por otro lado, las soluciones, me refiero a soluciones de índole política o técnica, por lo general son reajustes que permiten a una gran maquinaria seguir funcionando. De alguna forma, los peores defensores de un sistema defectuoso son aquellos que buscan solucionar sus aristas más impresentables pero dejando latente el funcionamiento de todo el sistema. Eso se hace notorio después de un cierto tiempo. Todo sistema social, toda máquina, necesita de un service. Pero las soluciones que sólo proceden por reajustes son falsas soluciones y tarde o temprano una época se ocupa de deshacerse de todas ellas para refundarse sobre otras bases. Justamente no porque no funcionara la anterior sino porque la acumulación de falsas soluciones tarde o temprano hace estallar todo el mecanismo.

–¿Las soluciones a los problemas técnicos son siempre técnicas?

–Ese es el ideal de la sociedad tecnocrática. Es un típico pensamiento. Por ejemplo, se extiende la frontera agrícola a lugares donde antes había bosques y esos bosques desaparecen, de manera tal que desaparecen las especies animales que allí también vivían. Entonces, la solución técnica es tomar muestras de ADN de los últimos ejemplares vivos para una eventual clonación en el futuro para que los niños escolares sigan viendo animales en el zoológico. Ante un problema creado por el ser humano se le busca una solución técnica. La cuestión aquí no es tanto elegir expansión agrícola o mantenimiento del paisaje, sino preguntarse si esa expansión agrícola contribuye a eliminar el hambre en el mundo o sólo a enriquecer las arcas de los propietarios y del Estado. Que yo sepa, no se ha eliminado el hambre en el mundo.

–¿Cómo se relaciona la técnica con el ideal actual de felicidad? Dice en el libro El entramado que hay una exigencia de felicidad en la sociedad actual.

–En nuestra época, donde hay vacunas, antibióticos, medicamentos que intiman con el dolor psíquico, afectivo; donde hay compañías de seguros, sistemas de intercomunicación y sincronización continua e instantánea; donde las distancias se han acortado; donde hay televisión, Internet, en fin, no es seguro que no se sufra más que antes. Es decir, todos esos artilugios técnicos a mí me parecen amortiguadores psicofísicos de la personalidad. Tienen funciones de amortiguación del dolor. Como si los seres humanos necesitaran de ellos inmunización, seguridad. Sin esa vida en una cápsula protegida –y de alguna forma el hogar burgués fue eso desde el siglo XIX en adelante: un estuche–, sin esa posibilidad de establecer aunque sea contactos mínimos por día a través de redes de comunicación, las personas se hundirían en la desesperación porque sus vidas reales son vidas que se juegan en el mundo del trabajo. Es decir, esto significa que el hombre ha sido construido como hombre económico; productor y consumidor a la vez. Por lo tanto se ve a sí mismo como trabajador. En la antigüedad un trabajador no era alguien bien considerado. Los que hacían el trabajo duro eran los esclavos. Sólo en la época moderna, cuando se decide que existe igualdad democrática entre todos, aparece el problema de quién va a trabajar. Si antes lo hacían los esclavos y ahora somos todos libres e iguales, quién trabaja. Es decir, quién hace la tarea que desde siempre ha sido considerada una condena. La única solución lógica era decir que el trabajo es algo muy lindo. Que el trabajador es alguien lindo. Y su salario tiene que ser más o menos lógico. Eso es todo.

–Hoy se soporta menos el dolor que antes.

–Si uno presta atención a la importancia que adquirió la farmacéutica, la evaluación médica constante, la cantidad de medicamentos que intiman con los estados de ánimo, desde los viejos barbitúricos, pasando por los ansiolíticos, hasta llegar hoy a los desactivadores de estados de pánico, y si uno atiende a la imaginación actual que espera de la técnica ya no una cura de enfermedades o dolores sino una cura de enfermedades emocionales: que se descubra el medicamento que al fin reduce la gordura en un instante, o que te implanta cinco tetas a la vez sin el menor riesgo… En otras palabras las personas confían en que la técnica va a resolver el viejo problema del sufrimiento humano, no dándose cuenta de lo que les cuesta vital y económicamente pagar por esas comodidades. Se paga en términos temporales, ya que se tiene que dedicar muchísimo tiempo a conseguir el dinero para pagar por esas comodidades. Y se paga en términos vitales en tanto y en cuanto ya la persona no puede imaginarse otras alternativas en donde pueda vivir más en paz o más suavemente. Y no las puede imaginar a esas alternativas, no porque no las conozca sino porque le parecen poco erógenas. En otras palabras, porque la maquinaria social está construida en torno de ambiciones, del eros universal que es el dinero y de pensar a la máquina como un principio de orden y de poder. Eso les satisface a todos. De manera tal que cualquier otra alternativa que suponga más mansedumbre y más felicidad les resulta problemática para sus propios instintos agresivos.

–¿Por qué el cuerpo de las mujeres es el más exigido?

–Es relativo, pero es bastante evidente una presión social que cae sobre el cuerpo femenino. Yo creo que en parte es un efecto impensado y no querido de la lucha por la liberación de la mujer de los últimos 100 años, y de los últimos 50 años en particular. Es decir, una vez que se produce la liberación del viejo harén patriarcal, o al menos de sus formas más rígidas, hay todo tipo de riesgos afectivos que vienen después. Estar emancipada no quiere decir estar a salvo. Esos riesgos afectivos no se resuelven con leyes, no se puede legislar sobre ellos. Por otra parte, creo que hay una conciencia cada vez mayor de que el cuerpo es un valor en sí mismo. Que la apariencia corporal permite o posibilita, en tanto eso supone diferencias sociales entre jóvenes y no jóvenes o apariencias destacables y no destacables. Me parece que hay una creciente conciencia de que el cuerpo como valor en sí mismo permite el ascenso social hacia el otro gran diferenciador social que es la riqueza, o bien los mercados de la vanidad. A eso hay que agregar que los llamados “mercados del deseo” –y toda sociedad tiene un mercado del deseo– se han ampliado considerablemente desde hace 50 años. Antes las personas, hombres y mujeres, establecían muy jóvenes un camino afectivo que los llevaba al matrimonio, a la consecución de una familia y no mucho más. Hoy en cambio el mercado del deseo se ha vuelto barroco. Hay todo tipo de personas de toda edad intentando posicionarse en ese mercado, lo cual hace que las angustias, los malestares en torno de la imperfección corporal se vuelvan mucho más intensos. Eso toca particularmente a las mujeres, pero a todos en realidad. Y la técnica se ofrece a compensar la posición desfavorecida de todos los que no den la talla o el aspecto más presentable posible.

–¿Cuál es el rol de la pornografía en la sociedad actual? Usted la compara con algunos programas de televisión como el de Tinelli. ¿Puede explicarlo?

–Es difícil saber cuál es la causa de la expansión rampante de esta industria, pero difícilmente esté asociada con una mayor “libertad de expresión”. Es decir, al fin de la censura. Es posible que la pornografía prospere allí donde falla la monogamia, porque el contrato implícito es el de la imaginación de harén, no el del hogar. Puede sumarse a ello la cruza entre el desenfado de los medios de comunicación y variados efectos inesperados o no queridos de la revolución sexual iniciada en la década de 1960. Lo cierto es que cuando los matrimonios languidecen en frialdad, las personas se ponen a soñar con lejanías de todo tipo. La cuestión es que por todos lados se promueven epifanías de la carne, pero la experiencia habitual es la de estar encorsetados. Además, la ampliación del “mercado del deseo” conlleva la necesidad de presentar al otro una imagen de cuerpo altamente sexualizada. Quizá la pornografía tanto como las telenovelas sean modos de sublimación de la alienación cotidiana. ¿El programa de Tinelli? No sé, su centro de gravedad es la humillación consentida, con algunos toques de sensualidad pornográfica socialmente aceptable, para toda la familia.

–En un artículo sobre donación de órganos dice que la obligación de donar por ley sanciona el fracaso emocional de una comunidad.

–Por lo general, cuando hay leyes es porque han fracasado las reglas de buena vecindad. La donación de órganos debería ser un gesto de desprendimiento amoroso, no una obligación. Es decir, un gesto de “amor anónimo”, una efusión de bondad y solidaridad hacia la comunidad, a todos y a nadie en particular. De otro modo se consumaría la posible paradoja de que un misántropo, o un egoísta en grado sumo, o una persona abrasada por el odio a la humanidad, sean “donantes presuntos”, tal como lo indica la ley. En fin, este tipo de cuestiones aparece cuando los “avances” técnicos son mucho más veloces que la capacidad de una sociedad para procesarlos, y entonces se establece un desarrollo desigual y combinado entre tecnología y ética.

–En un capítulo sobre la tecnología y la escritura plantea que es una falacia pensar que la tecnología ahorra tiempo, ¿por qué?

–Hasta donde sé, por más que las redes de computadora permitan mayor velocidad y prolijidad y sincronicidad e interconexión, nadie sale antes de cumplir el mismo horario de siempre ya estipulado en fábricas y oficinas. ¿A quiénes les ahorra tiempo entonces? A los dueños de las empresas, que ven de este modo multiplicada la productividad de los trabajadores sin que ello redunde necesariamente en aumento del salario. Las tecnologías ni son neutras ni son de por sí “benefactoras”, ingresan en instituciones que determinan sus usos y, que yo sepa, vivimos en una sociedad industrialista, productivista y con poderes y jerarquías bien conocidos. Por el mismo andarivel, lo mismo que permite la interconexión también lo hace con la vigilancia, y eso no se le escapa a nadie, como a nadie le está permitido escaparse de ese destino. La llave maestra de la “libertad” también lo es del control.

Fuente: http://anarquiacoronada.blogspot.com/2014/07/entrevista-christian-ferrer-la.html

La rebeldía de lo bello, lo lento, lo humano

19oct-18
Publicada el 19 octubre, 201819 octubre, 2018
por admin

Entrevista al investigador especializado en educación Carlos Skliar, autor de Pedagogías de las diferencias

Defiende la escuela como el último lugar posible del tiempo libre para chicas y chicos, la conversación como espacio de enseñanza y aprendizaje, la variación de las elecciones en “el mundo de verdad”. Frente a la uniformidad, el espíritu pragmático y el mandato de la productividad, el investigador advierte sobre la necesidad de liberar la infancia de las urgencias y las lógicas adultas.
Por Verónica Engler

En el último tiempo las ideas de Carlos Skliar en torno a la educación ganaron una popularidad que todavía para él resulta extraña. Su libro Pedagogías de las diferencias (Noveduc), publicado a comienzos del año pasado, ya va por su quinta reimpresión. Investigador principal del Conicet, reconocido internacionalmente por sus aportes pedagógicos y filosóficos al campo de la educación, algunos de sus planteos parecen atentar contra el estado de las cosas de esta época en el que impera la velocidad, la hiperconectividad, el pragmatismo. Propone la defensa de lo que considera virtudes olvidadas por la humanidad, entre otras la conversación como forma de transmitir conocimiento, y el silencio como imprescindible para indagar los desafíos vitales. Pero sus reflexiones no van dirigidas a una tribu de anacoretas sino a maestros y maestras del Sur del mundo. Porque es en las escuelas, dice, donde todavía se puede apostar por espacios de libertad, que se rebelen contra los mandatos productivistas, y que se permitan la posibilidad de mostrar otros mundos posibles. “Hay una generación de chicos agotados, que además están confundiendo saber con saber buscar”, afirma. De lo que se trata es de que niños y niñas puedan vivir la infancia sin las urgencias adultas. Cuenta que los chicos le preguntan todo el tiempo qué les puede enseñar que no esté en Youtube. “Y lo que pienso es que lo que no está ahí son los vínculos que se han tenido, que se han dado a lo largo de la historia, con una cosa llamada libro, con una cosa llamada canción, con una cosa llamada pintura”, reflexiona en diálogo con PáginaI12.

–¿Qué significa educar hoy?

–Creo que hay una batalla muy terrible para dar, porque estamos en un mundo con apariencias engañosas, sobre qué quiere decir hoy un sujeto exitoso, un sujeto que aprende, un sujeto que se hiper adapta al mundo tal cual como se lo presentan, no como es.

–¿En qué términos se daría estaba batalla en la educación? 

–Una dimensión de esta batalla tiene que ver con la oposición que hoy veo entre mundo y vida. Me parece que hay que cuidar la vida de la infancia y no arrojarlos al mercado inmediatamente ni con todos los predecesores del mercado, el conocimiento lucrativo, la hipertecnología, sino cuidarlos de todo eso. El de la infancia es un tiempo único que hay que sostenerlo a rajatabla, y si la niñez no tiene tiempo de infancia, no hay futuro de humanidad. Hoy parece que educar es salir al mercado, ir a aprender a ganarse la vida. Yo tengo mucho dolor con eso, para mí es trágico, porque anuncia un fin de cierto humanismo. Yo creo que la educación no puede servir para eso, creo que puede reconstruirse en base a la idea de una educación para la vida y no tanto para ese mercado. Otra dimensión de esta problemática tiene que ver con el cambio crítico que se ha dado en el quién educa. A lo largo de la civilización empieza con los consejos de ancianos, que todavía uno lo ve en muchas tribus, en muchas escuelas indígenas, en muchas escuelas rurales, en donde la palabra anciana ocupa un lugar. Es un figura como la que retrata la relación abuelo-nieto como un tipo de relación que todavía puede ser narrativa, ética y estética, pero no moral. Pero frente a eso están las figuras más novedosas y pueriles que consisten en plantear, a mi modo de ver, un imposible, y es que con el esfuerzo personal se puede lograr, que todo depende de la auto capacitación o de la auto realización en un contrato privado. En esto se produce una agonía y una especie de agotamiento del individuo en nombre de todo el tiempo tener que auto capacitarse en una especie de carrera emblemática por quién se auto capacita mejor.

–Si la relación entre mundo y vida hoy está malversada, si la figura educadora se simplificó hasta convertirse en emocional y todo tiene que ver con asumir un desafío personal, ¿qué tipo de espacio es ese que llamamos escuela? 

–Mi gran pregunta hoy es si no será el caso de que las comunidades escolares se rebelen un poco frente a esa idea de mundo y frente a esa idea de niñez, frente a esa idea de líder educativo o voluntario educativo, y de coaching, para crear lo que yo llamo un espacio de libertad como lo buscaron a lo largo de la historia de la Humanidad permanentemente. Dado el agobio de lo real, ¿qué espacio de libertad se puede crear?

–¿Cómo le parece que se puede realizar esa búsqueda en una coyuntura en la que las escuelas explotan y mueren docentes y no docentes? 

–No hay metáfora en la muerte de las dos personas por la explosión de gas, es literal lo que el capitalismo hace con la gente. Pero también mata simbólicamente. Uno menciona la palabra libertad y en seguida piensa en una suerte de salvación burguesa. El lugar de los maestros ha cambiado desde una posición de pasión, tal vez mitológica, a una posición de empleo muy precaria, material y simbólicamente, donde por supuesto que hacer algunos planteos en abstracto, o que huelan a soluciones individuales, burguesas, suenan como una ofensa. Pero lo que estoy tratando es ver cómo desde una perspectiva pública, esa escuela pública se convierte. En vez de ser transparente con el mundo, con ese mundo horroroso, crear nuevas posibilidades. Yo pienso que la educación pública da una segunda oportunidad para otra vida. Que otra vida produzca otro mundo, sin dudas, y no al revés. Este mundo no va a producir mejores vidas, y ya lo sabemos.

–Entonces, ¿cómo piensa esos espacios de libertad?

–Que sean espacios públicos, que la escuela no se parezca a ningún espacio de los que están disponibles en este momento, sobre todo en esta falsa división entre la intemperie de la calle para los que han nacido con mala suerte, y los centros comerciales o el mundo privado para los que han nacido con buena suerte. Es disponer que las escuelas públicas sean esos espacios de libertad en el sentido de que formen no para el mercado, no para el trabajo con el sentido clásico de la palabra, sino otra vez para la lectura, el silencio, la soledad, el juego, el arte, la comunidad y la conversación. Para mí ésta es la plataforma que se opone los currículums que hoy están bajando en imágenes por todo el país y por toda la región, que sería entrenarlos en ventas, en oratoria, en felicidad, en innovación.  Yo creo que hoy vale más un maestro que esté apasionado con algo y que pueda transmitir ese vínculo de pasión, que cualquier otro carácter vocacional ambiguo como “querer a los niños”.

–¿Le parece que hoy se pueden dar experiencias de este tipo de escuela que usted propone?

–Uno está muy acostumbrado a tomar decisiones por las escuelas ciudadanas de las grandes capitales, y pierde de vista la enorme cantidad de experiencias que existen por todos lados, que cortan con la familia. Esto me parece importante decirlo: la escuela no es continuidad de familia, yo creo en ese corte, porque es la salida al mundo de verdad, pero no al mundo del mercado, el mundo de verdad quiere decir al encuentro con la inmensa variación de lo humano, con ver que hay miles de vidas disponibles, con ver que hay formas de estar en el mundo y de hacer el mundo completamente diferentes. Ese encuentro con el mundo es lo que quiero, y entonces necesariamente hay un corte con la familia, nunca puede ser la solución que cada familia eduque como quiera, porque ahí, en nuestro países, sería como decir “bueno, que la gente de buena suerte siga en el mundo de lo privado y que después gobierne lo público”, como está pasando ahora. Existen otro tipo de experiencias, como en las veintidós escuelas de arte del Uruguay, o en la escuela de música de Neuquén, o en la frontera entre Paraguay y Chaco. Cuando uno ve esas experiencias se queda fascinado: niños con infancia haciendo arte, conversando, sentándose, con la tecnología presente pero de costado, niños leyendo, niños solidarios, niños que conocen los ciclos de la tierra, niños que se vuelven a relacionar con su ciudad, con su lugar de vida, niños sin medicalización alrededor.

–Usted suele plantear la cuestión del tiempo libre como central para la educación de los más pequeños y dice que cuando los chicos van a la escuela parece que van al tiempo libre, pero finalmente terminan saliendo del trabajo. ¿Qué se pierde cuando no se deja lugar al tiempo libre?

–Por lo que escuchamos, por lo que recordamos de nosotros mismos, evidentemente no vamos a la escuela a trabajar, a agotarnos de tareas. Vamos al único momento y casi el último que habrá en la vida de tener tiempo libre. Y tiempo libre quiere decir tiempo liberado de la responsabilidad de la vida adulta, tiempo apartado, tiempo en suspenso, tiempo detenido, tiempo parado, un tiempo inútil. Es un tiempo que no tiene que ver con la productividad ni con el consumo, y que para la mayoría de los chicos sería la única oportunidad de conocerlo, de tenerlo, porque las familias ya están infectadas de ese tiempo de trabajo o de ese tiempo de falta de trabajo. Yo creo que este es un momento crucial para volver a instalar la polémica sobre si la escuela es aliada del tiempo libre o del tiempo de trabajo, y en esa alianza ver qué tipo de construcción o de destrucción se está produciendo en la niñez. De lo que se trata es de liberar a las escuelas de la responsabilidad del mundo adulto.

–¿En qué situación se encuentran los docentes hoy?

–Docente y alumno prácticamente han creado una fusión de identidad y de semejanza, porque prácticamente hacen lo mismo, de la misma manera y con la misma apariencia. Si todos somos iguales en cuanto a los medios que usamos, las tecnologías que disponemos, lo que hemos dejado de hacer, adultos, jóvenes y niños, ¿qué tenemos para ofrecer? Porque parece estar todo disponible, y todo lo que parece estar disponible es lo que nos ha convertido en sujetos idénticos.

–¿Se refiere al uso de las tecnologías de la comunicación?

–De todos los artificios. Si todos somos hijos de las series, si todos somos hijos de la comunicación eficaz y abreviada, si todos somos hijos de la rapidez y la velocidad con la que vivimos y la prisa en la que estamos, y la urgencia que tenemos, ¿quién educa? ¿Y para qué? ¿En qué habría sentido? ¿Dónde buscar un sentido más allá del aquí y el ahora? Porque ese es el triunfo de una época. La época está diciendo que el atributo es ser innovador, acelerado, comunicativo eficaz y pragmático. Es el triunfo de la época que subjetivamente se crea que hay que ser así. Y luego están las rebeliones. Está lleno de rebeliones. Hoy, sentarse a leer en una plaza sería una rebelión. Si eso se transforma en una escuela que se parece a una plaza para que lean, sería la mayor de las rebeliones. Si volvemos a embellecer el lenguaje, si volvemos a tener una materia que se llame “Embellecimiento del lenguaje”, yo creo que estaríamos haciendo rebelión. Si celebramos la lentitud, haríamos rebelión. Creo que está lleno de rebeliones para hacerse.

–¿Por qué reivindica el silencio y la soledad en la educación?

–Porque quizás no tenemos nada para decir, quizás esté todo tan saturado de palabras que haya que replegarse un poco y buscar en la intimidad cuál sería nuestra voz si llegara el caso de que quisiéramos decir algo, y además habría que multiplicar las formas de decirlo. No es cierto que sólo las redes tecnológicas permitan decir algo. Tal vez se puede volver al dibujo, por ejemplo. Me quedó una escena de Areguá, un pueblito a treinta kilómetros de Asunción (Paraguay), de una escuela que fui a ver hace unas semanas. Allí había un chico de escuela primaria que andaba con un atril y se pasó toda la mañana buscando un lugar donde sentarse con el atril y pintar algo. Prefiero esta imagen de humanidad a la de un pibe hiper conectado, nervioso. Tal vez la única respuesta a esta época sea no ser tan transparente y entregarse tan servilmente a lo que la época exige, porque la promesa de la época siempre es finalmente destructiva, lo dice el coreano Byung-Chul Han: te morís de cansancio y luego te morís de muerte, y para colmo te piden que pongas cara de felicidad. Ahora, ¿la escuela tiene que repetir exactamente esa voluntad? Si la escuela entra en ese juego y se vuelve totalmente transparente a la época, ya no habrá ningún espacio donde respirar, y todo será idéntico a esta idea de época. (Giorgio) Agamben dice que hay que tener cuidado con las sombras de la época, y que uno tiene que formarse también poniendo un ojo en lo sombrío que tiene. Y (Peter) Sloterdijk dirá que uno tiene que ser capaz de distancia, de suspensión, no todo es esta época, hay otras épocas, se puede uno salir. Entonces, yo creo que hay muchas alternativas. No es simplemente sí o no a la época. Hay zonas para trabajar.

–Usted trabaja en la Pedagogía de las Diferencias, un campo al que llega a partir de su trabajo en lo que se conoce como Educación Especial. ¿Cómo es esta pedagogía?

–Yo quise hacer el desplazamiento del sujeto marcado como discapacitado, como individuo que carga él mismo con su casa de caracol, quitarlo de ahí y ponerlo en el tema de las diferencias de lo humano en general. Y que en ese caso sería de una diferencia de cuerpo, por supuesto que con diferencias de padecimientos, de sufrimientos, y de todo lo que ya sabemos. Pero cada vez más me empezó a parecer un atributo de la propia pedagogía y no tanto del sujeto, por lo que deberíamos ser capaces de hacer muchas pedagogías. Se trata de encontrarle sentido a la pedagogía allí a donde está, donde se está elaborando, no tanto discutiendo qué es sino estudiando muy detalladamente cómo las formas de estar y de hacer cambian las pedagogías. En una escuela en donde los chicos se sientan en ronda en el piso se produce un hacer distinto a aquel que sucede en las escuelas en la que se sientan en pupitres ordenados o en mesas de ocho. Y por lo tanto planificar las formas del estar también es un modo ético y político de hacer educación. Al fin y al cabo, entre el estar y el hacer se jugará después el quiénes somos, y no al revés. No se puede ir por la identidad en educación. La identidad siempre se va a construir, siempre va a cambiar, es móvil, muta. Pero la escuela es un lugar para estar y para hacer, y no tanto para “ser alguien en la vida”.

–¿Cómo se imagina la escuela de los próximos años?

–Yo he visto las escuelas del futuro en el presente, porque ya están, son los lofts inteligentes, con niños solitos haciendo su tarea en las tablets, casi sin maestros, abonándose la idea de que no hacen falta los maestros porque ya está todo disponible adentro de la red. Esto también es una forma de estar y de hacer. Y la escuela del futuro ya gana la partida, porque están en funcionamiento en varios países de Europa. A mí me dejó helado la sensación de que vamos a una escuela sin maestros, donde la programación es exterior a la escuela, la deciden los técnicos que en este momento son tanto del Ministerio de Educación como del de Economía, parece lo mismo, porque ejecutan y sub ejecutan de la misma manera. Y frente a eso, me imagino que sigan floreciendo experiencias alternativas. Los proyectos, la vida de las instituciones, no son decisiones políticas solamente.

Fuente: https://www.pagina12.com.ar/144153-la-rebeldia-de-lo-bello-lo-lento-lo-humano

Repasando con Raúl Zibechi el estado de los movimientos sociales en América Latina

18oct-18
Publicada el 18 octubre, 201818 octubre, 2018
por admin

Entrevista de Enric Llopis

Raúl Zibechi sostiene que, tras la victoria electoral de Hugo Chávez (1998) seguida por otras como la de Evo Morales (2005), “la estabilización progresista permitió que los estados pusieran en pie políticas sociales que desintegraron, debilitaron o cooptaron a no pocos colectivos”.

Creo que en una primera fase de los movimientos, que incluye a los piqueteros argentinos, lo que interpretábamos del zapatismo -aunque ellos no lo planteaban así- y otros, la autonomía se formulaba como un discurso defensivo frente al Estado, los partidos políticos, las iglesias y los sindicatos. Actualmente se camina hacia una autonomía más integral, que implica contar con un territorio, una producción propia en lo posible sin utilización de agroquímicos y, en definitiva, una autonomía que abarque todos los aspectos de la vida.

El Movimiento de Trabajadores Sin Techo (MTST) de Brasil impulsó en Septiembre de 2017 la ocupación de Povo Sem Medo, en Sao Bernardo do Campo (Sao Paulo), que reivindicaba el derecho a la vivienda para familias con escasos recursos. El campamento se organizó con tiendas y barracas de plástico en los terrenos -60.000 metros cuadrados, abandonados desde hace cuatro décadas- de una constructora. Diversas fuentes calcularon la presencia de más de 30.000 personas en el asentamiento.
El periodista e investigador Raúl Zibechi (Montevideo, 1952) resalta esta ocupación como ejemplo del empuje popular en América Latina. Autor de una veintena de libros –Descolonizar la rebeldía, Latiendo resistencia o Cambiar el mundo desde arriba, entre otros- acaba de publicar en la editorial Zambra-Baladre Movimientos sociales en América Latina. El ‘mundo otro’ en movimiento. “He optado por editoriales pequeñas, con el fin de tejer una red de amigos y compañeros; escribo además para la gente común, no para las grandes editoriales”, afirma. Zibechi colabora actualmente en los periódicos La Jornada de México, Brecha de Uruguay, Gara y la agencia de noticias Sputnik.  En el prólogo de su último libro recuerda las 400 fábricas recuperadas en Argentina, los 12.000 acueductos comunitarios que funcionan en Colombia o los más de 2.000 “emprendimientos” sostenibles promovidos por colectivos populares en México, el doble que hace una década.

-Tu último libro revisa un texto publicado en 2003, “Los movimientos sociales latinoamericanos: tendencias y desafíos” (Observatorio Social de América Latina, CLACSO). Sostienes que, tras la victoria electoral de Hugo Chávez (1998) seguida por otras como la de Evo Morales (2005), “la estabilización progresista permitió que los estados pusieran en pie políticas sociales que desintegraron, debilitaron o cooptaron a no pocos colectivos”. ¿Nos hallamos ante una etapa nueva en la batalla de los movimientos sociales?

Me gustaría que se tratara de un nuevo ciclo de luchas; creo que lo es, aunque tal vez dentro de una década afirme que me equivoqué; la primera característica del ciclo es que nace bajo el modelo “extractivista”, con una enorme especulación inmobiliaria, una terrible acumulación por despojo, la presencia de los monocultivos de soja y la minería a cielo abierto. Después el modelo se estancó con la caída de los precios de las materias primas. Es además la etapa de los gobiernos “progresistas”, en gran medida porque estos mejoraron la situación de los pobres, pero no realizaron cambios estructurales. Un segundo rasgo es la gran participación de jóvenes de los sectores populares y de las mujeres. Por ejemplo, en Brasil es el Movimiento Pase Libre, por el transporte público gratuito, el que en junio de 2013 desencadena las luchas. En tercer lugar, comienzan a terciar sujetos colectivos que habían estado en una actitud más tranquila, como los negros y los sectores más sumergidos en el mundo del trabajo, las favelas, palenques y quilombos; sobre todo en Brasil, Colombia y el Caribe. En Brasil hubo, en marzo de 2014, una huelga de los recogedores de basura –negros, pobres y jóvenes- durante el carnaval de Río de Janeiro. Una cuarta característica es la profundización en la idea de autonomía.

– ¿Podría fijarse una fecha para esta nueva fase de las luchas sociales, por ejemplo en Perú, la resistencia popular contra el proyecto minero Conga en el departamento de Cajamarca, a partir de 2012?

En Brasil, a partir de las jornadas de junio de 2013 en plena Copa de Confederaciones de fútbol, se manifestaron 20 millones de personas en 353 ciudades; tras la represión, la izquierda se paraliza, la derecha aprovecha para subirse al “carro” de las movilizaciones y tomar la calle. Pero en Bolivia el punto de inicio se situaría en 2011, con la Marcha en defensa del Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro-Secure (TIPNIS), donde el Gobierno Nacional proyectaba construir una carretera que atravesara este espacio protegido. En Argentina el punto de partida es la ocupación del Parque Iberoamericano de Buenos Aires, en 2010, durante la presidencia de Cristina Kirchner; sectores populares urbanos se movilizaron en este enorme parque por el derecho a la vivienda y contra la insuficiencia de las políticas sociales.

-¿Prefieres la idea de “movimiento social” o el de “sociedades ‘otras’ en movimiento” para el caso específico de América Latina? Mencionas en el libro, entre otras, la población de Cherán (Michoacán de Ocampo, México), que volvió a sistemas de organización p’urhépechas cuando se levantó en 2011 contra las mafias que arrasaban los montes comunales.

El concepto de “movimiento social”, que es muy útil, surge en Europa y Norteamérica para explicar la emergencia en los años 60 del siglo XX de movimientos como el de mujeres, la lucha en Estados Unidos por los derechos civiles, contra la OTAN, por el pacifismo y el ecologismo; todos exigen a los estados ciertos derechos. Sin embargo, en América Latina los movimientos van arraigando en territorios, y esta “territorialización” es una seña de identidad muy diferenciadora. En todos estos espacios, el Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST) de Brasil, el zapatismo o los mapuches van creando nuevas sociedades, que incluyen producción, salud y en algunos casos órganos de poder no estatales, como las Juntas de Buen Gobierno del zapatismo, que es el caso más conocido y desarrollado; el ejemplo zapatista destaca por las centenares de comunidades agrupadas en más de 30 municipios en cinco regiones, con escuelas, clínicas y hasta cultivos sin agroquímicos; otro caso es el de los cabildos indígenas de la población nasa, en los resguardos del sur de Colombia. A una escala distinta, el MST ha recuperado cerca de 25 millones de hectáreas de los hacendados; ha impulsado 5.000 asentamientos, donde viven dos millones de personas, y donde hay 1.500 escuelas así como cooperativas de producción y distribución en ferias.

-¿Por qué subrayas que estas sociedades “otras” necesitan movilizarse e incluso cambiarse a sí mismas?, Así ocurrió con los pueblos de las tierras bajas de Bolivia, que tras un proceso de unificación en asambleas y reconstitución de sus territorios, iniciado en los años 80 del pasado siglo, acabaron participando decisivamente en la Marcha en Defensa del TIPNIS (2011).

Porque de lo contrario estos territorios, que son como islas, quedan cercados y terminan siendo ahogados y reprimidos por el Capital. Necesitan luchar y vincularse con otros, expandirse para sobrevivir. Un ejemplo es el levantamiento en junio de 2009 de los indígenas wampis y awajún en Baguá, en la selva amazónica peruana; ocho años después de los enfrentamientos con la policía armada, que terminaron con centenares de muertos, más de 80 comunidades wampis proclamaron su autogobierno para defender 1,3 millones de hectáreas de bosque de las multinacionales. Otro caso es el de los nasa, que tenían durante mucho tiempo un espacio consolidado en el departamento colombiano del Cauca; en octubre de 2008 unos 10.000 indígenas iniciaron la Minga Social y Comunitaria, que pasó por ciudades como Cali y terminó en Bogotá. Durante el recorrido se sumaron cortadores de caña, negros, estudiantes y otros colectivos urbanos; tras esta gran marcha, en 2010, se fundó el Congreso de los Pueblos, que reúne a numerosos movimientos populares.

-También te refieres a la Educación Popular “en movimiento”, con dos grandes modelos: el desarrollado por el EZLN zapatista y el del MST brasileño…

El MST parte de la educación popular de Paulo Freire. En los asentamientos de los “sin tierra” la profundizan y desarrollan hasta llegar a la “pedagogía de la tierra”, que básicamente podría definirse como “transformarse transformando”; así, tanto el movimiento como los sujetos del movimiento se transforman haciendo, y en las 1.500 escuelas aplican una pedagogía que busca enraizar al sujeto campesino en la tierra. A su vez trabajan la relación entre el docente y los alumnos, de modo que no sea tan vertical y sí más participativa. Esto se da sobre todo en la educación de adultos, donde se busca un método pedagógico en el que el papel del maestro sea más circular y todos se conviertan en sujetos evaluadores. También han desarrollado un concepto que para mí es muy importante: transformar el movimiento -en todos sus tiempos y espacios- en tiempos y espacios pedagógicos. Todo lo que se haga ha de tener un contenido y un resultado pedagógico; si participamos en una campaña de lucha o acciones, tiene que haber servido también para discutir la realidad y empoderar a la gente.

–En Movimientos sociales en América Latina citas otras experiencias como la Red Cecosesola, fundada hace 50 años en el estado venezolano de Lara. “Nuestro proceso educativo está presente en todo lo que hacemos”, afirman. En las cooperativas agrícolas, de salud, ahorro y préstamo o producción industrial en pequeña escala de Cecosesola participan 20.000 socios y más de 50 organizaciones populares.

Quisiera destacar también los Bachilleratos Populares de Argentina. Surgieron en la primera década de los años 2000 sobre los territorios y espacios del movimiento piquetero, y funcionan en fábricas recuperadas por los trabajadores, sindicatos y organizaciones territoriales de barrios populares. La gente, ya adulta, que no ha terminado la enseñanza secundaria acude a los bachilleratos y estudia el periodo que les falta; funcionan como espacios “en movimiento”, y hay ya más de un centenar en Argentina, sobre todo en las ciudades. Los bachilleratos organizan una gran asamblea inicial, donde colectivamente se empieza a trabajar la currícula, que no es la del Estado, sino la que definen los colectivos, docentes y estudiantes. A partir de esa currícula, comienzan los tres años de formación, que terminan con avances en el terreno pedagógico, la adquisición de conocimientos, logrando hablar en público y con estudiantes que son militantes e incluso líderes de los movimientos. Esta pedagogía tiene relación con la de Paulo Freire, echa raíces en la realidad concreta y está dirigida a hombres y mujeres de los barrios muy pobres.

-Has estado en diferentes ocasiones en Chiapas y conocido la “Escuelita” Zapatista. “Frente al modo occidental y académico, abstracto y general, los zapatistas de las bases de apoyo tienen la virtud de lo concreto y la sencillez de la exposición”, concluyes en el libro. Asimismo el pensamiento crítico del EZLN, que surge de la praxis cotidiana en las bases de apoyo, se reproduce en centenares de escuelas.

Los zapatistas tienen una particularidad. Es la comunidad en asamblea la que elige quiénes van a ser los docentes, y no porque alguien tenga mayor o menor capacidad, sino porque le toca. Además los docentes, que no perciben un salario, tienen que dedicarse por tiempo completo a sus alumnos y les sostiene la comunidad, que por ejemplo les cultiva la milpa. Hay una diferencia clara entre las escuelas del estado y las zapatistas. Es más, en algunas regiones, cuando el zapatismo empezó a instalar “secundarias” o “primarias”, el Estado también las implantó –cuando antes no las había- para contrarrestar las escuelas zapatistas. En éstas los padres colaboran, los alumnos y docentes limpian la escuela, de hecho la gestionan conjuntamente; mientras que en las escuelas estatales el docente es un mestizo o blanco llegado de la ciudad en coche, en las zapatistas son gente de la misma comunidad.

-Algunos de los pensadores recuperados son, entre otros muchos, el filósofo y psiquiatra de la isla de Martinica, Frantz Fanon, y el filósofo y antropólogo argentino Rodolfo Kusch. ¿Por qué propones una ruptura epistemológica frente al eurocentrismo y defiendes los pensamientos “propios” de los pueblos indios, negros y los sectores populares? ¿Hay en América Latina una dependencia de los patrones –de hacer y pensar- europeos y estadounidenses?

Sí, sobre todo en las academias y universidades. Los autores, la forma de trabajo y estudio, el papel de los estudiantes y universidades es muy eurocéntrico. Así, para el estudio de los movimientos sociales se apela a autores a los que aprecio mucho, como Marx, Foucault, Alain Touraine o Sidney Tarrow; ahí está, por tanto, la necesidad que tienen los movimientos de buscar en sus tradiciones otra pedagogía; ahí es donde hablo de una ruptura epistemológica. En el libro explico la experiencia de la Comunidad de Historia Mapuche. Nace en 2004 en Temuco, al sur de Chile. La mayoría de los 23 integrantes de la Comunidad provienen de La Universidad de La Frontera, en la ciudad de Temuco. Se trata de profesores universitarios y “secundarios”, trabajadores sociales, periodistas, artistas y escritores; algunos viven en comunidades y muchos se definen como activistas de las organizaciones mapuches. También acompañan procesos judiciales contra detenidos políticos, procesos de defensa territorial contra el extractivismo y forman parte de la lucha por la revitalización del mapudungun (lengua mapuche). Han sacado a la luz episodios que estaban en la oscuridad, como la muestra en 1883 de un grupo de 14 mapuches en un zoológico humano –el jardín de Aclimatación de París-, donde eran estudiados por su “rareza”; o las derrotas que las comunidades infligieron a los conquistadores españoles en el siglo XVI.

-Otra idea central es la “descolonización” de los métodos de investigación y oponerse a la hegemonía de los especialistas. En este punto destacan iniciativas como el Taller de Historia Oral Andina (THOA). ¿En qué consiste?

Es una experiencia dirigida por la antropóloga boliviana Silvia Rivera Cusicanqui, quien destaca la necesidad de “un ejercicio colectivo de desalienación” y, para ello, resulta determinante el papel de la Historia Oral y el de las comunidades. El taller fue creado en 1983, cuando Silvia Rivera era profesora de Sociología en la Universidad Mayor de San Andrés, en La Paz. La condición para formar parte del grupo era saber hablar aymara o quechua. El primer trabajo de los estudiantes consistía en contar la historia de su vida. Entonces se dieron cuenta de que sufrían, además de la represión externa, una autorrepresión muy fuerte respecto a su lengua, cultura y tradiciones, aunque en el proceso de introspección empezaron a liberarse. Se trata de estudiantes de las comunidades aymaras o urbanos –que provienen de las comunidades- ya alfabetizados y que van a la universidad.

Invitados por los ayllus (comunidades), los integrantes del THOA desarrollaron talleres y en las investigaciones se crearon equipos mixtos conducidos por los comuneros de base, con quienes se definieron las metas, tareas y formatos de investigación. La Historia Oral es lo que les permite descubrir, y que las personas subordinadas se conviertan en sujetos. Además son las comunidades en asambleas las que deciden cómo ha de ser la “devolución” de los estudios, en este caso en forma de teleteatros o radionovelas, que fueron escuchados por cientos de miles de personas en las radios del Altiplano. Esta metodología ha permitido difundir la historia de Túpac Katari, que lideró la rebelión aymara de 1781 simultánea a la de Túpac Amaru en lo que hoy es Perú; o la reconstrucción de la biografía de Santos Marka T’ula, cacique que luchó por la recuperación de las tierras comunales. Los talleres han influido en la formación del Consejo Nacional de Ayllus y Markas del Qullasuyu (CONAMAQ), una de las organizaciones indias más relevantes de Bolivia.

-Desde 1986 has recorrido América Latina, sobre todo la región andina, como periodista e investigador “militante”. ¿En qué prejuicios y vicios de perspectiva consideras que incurre el investigador del Norte cuando se acerca a las comunidades indígenas?

Creo que hay un error básico, que consiste en pensar que el investigador sabe y la comunidad no. El segundo es lo que denominamos el “extractivismo” académico, que consiste en ir a las comunidades, “chupar” conocimientos y utilizarlos para la propia carrera institucional o académica, sin devolver nada a la comunidad. La tercera, y me parece fundamental, es que hay que estar en la comunidad, tener vínculos y establecer afectos. No vale con ir de visita media hora con el grabador para sacar información: si no hay relaciones de confianza, nadie te va a contar las cuestiones de fondo, por lo que la información será siempre parcial e incompleta; ahí me parece que existe una reproducción del modelo colonial, que implanta una relación entre los que tienen poder y los que no lo tienen, y muy a menudo entre varones blancos y mujeres, niños y niñas indias, negras y mestizas. Además, te diría que las academias tradicionales tienden a reproducir el modelo colonial sujeto-objeto y a cosificar a los indígenas, los negros y los sectores populares.

-Sin embargo, las escuelas y facultades de periodismo hacen hincapié en la neutralidad, la separación entre información y opinión y la importancia del rigor. ¿Es esto compatible con la militancia?

Creo que hay que ser riguroso, contrastar y ser crítico con las fuentes. Tenemos ejemplos maravillosos de periodistas muy comprometidos que están del lado de los oprimidos, como Eliane Brum, una periodista y escritora brasileña que escribe notas largas en la edición brasileña de El País; o Marcela Turati, reportera de Proceso, en México, también absolutamente comprometida con los sectores populares sin por ello perder la rigurosidad.

-Por otra parte, en el artículo de 2003 afirmabas que comuneros, cocaleros, campesinos Sin Tierra y, cada vez más, desocupados urbanos y piqueteros argentinos trabajan en la construcción de la autonomía. ¿Cómo ha evolucionado, después de 15 años, la idea de “autonomía” en las organizaciones populares?

Creo que en una primera fase de los movimientos, que incluye a los piqueteros argentinos, lo que interpretábamos del zapatismo -aunque ellos no lo planteaban así- y otros, la autonomía se formulaba como un discurso defensivo frente al Estado, los partidos políticos, las iglesias y los sindicatos. Actualmente se camina hacia una autonomía más integral, que implica contar con un territorio, una producción propia en lo posible sin utilización de agroquímicos y, en definitiva, una autonomía que abarque todos los aspectos de la vida. Mientras campesinos e indígenas tienen una amplia experiencia en autonomía alimentaria y prácticas en salud, los sectores populares urbanos han sido despojados de estos saberes. De ahí la importancia de experiencias como, entre otras muchas, la de algunas comunas de Medellín, que consiguieron cierta autonomía en el suministro del agua, la Comunidad Habitacional Acapatzingo, en el Distrito Federal de México; o la experiencia en cultivos de quinua de los vecinos de Potosí, en Ciudad Bolívar (Bogotá). Una autonomía que disponga también de espacios para la resolución de conflictos –eso que llamamos poder o justicia- propios, para no tener que recurrir a la justicia del Estado.

-¿Qué ejemplos resaltarías?

Se tiende a ello en el caso mapuche, con los grupos de autodefensa no formales; y en Colombia, en el movimiento de los pueblos nasa y misak organizados en torno a la Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca (ACIN) y el Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC); además de sus instancias de justicia y escuelas de formación, los nasa-misak cuentan con una guardia indígena elegida por las comunidades. Cada comunidad nasa elige a diez guardias indígenas durante un año, de modo que son más de 3.000 guardias coordinados por cada resguardo, con mandos propios rotativos y armadas de bastones. Se trata de gente autoorganizada y bajo la vigilancia de los cabildos. Hacen pesar la masa –cantidad de personas- en sus acciones. Han conseguido detener a los paramilitares, al ejército, a las compañías mineras y a las FARC cuando secuestraban indígenas. Y esto porque consideraron que en su territorio no querían la guerra.

-¿Qué lecturas de medios independientes recomendarías a los ciudadanos europeos para informarse, de manera crítica, sobre la realidad latinoamericana?

Por salirnos de los grandes medios como Brecha o La Jornada, destacaría la página web Desinformémonos de México, que está muy vinculada a los movimientos y que dirige la periodista Gloria Muñoz Ramírez; se trata de un periodismo militante y que dispone de muy pocos recursos. Otro ejemplo es Mapuexpress, en relación con el pueblo mapuche. Pero el caso más increíble es el de Argentina. La Asociación de Revistas Culturales e Independientes de Argentina (AReCIA) tiene censadas cerca de 200 revistas culturales, independientes y autogestionadas, en formato papel o digital; estas publicaciones vinculadas al campo popular -por ejemplo Lavaca.org, Barcelona (Periodismo por otros medios), La Tinta (Periodismo hasta mancharse) o Campo Grupal- suman entre cinco y siete millones de visitas mensuales. En estas revistas, en su mayoría cooperativas, trabajan o colaboran a tiempo completo más de 1.500 personas. La comunicación en América Latina se ha multiplicado de manera notable. Muestra de ello son la Red de Educación Radiofónica de Bolivia (ERBOL), fundada en 1967, la tradición de las radios comunitarias en Ecuador o las 10-15 publicaciones del mundo mapuche. El proceso es muy rico, hay infinidad de experiencias que uno no sabía ni que existieran.

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