La fuga hacia adentro del capitalismo y la aceleración de la democracia

ENTREVISTA ESPECIAL A BRUNO CAVA

Por: Ricardo Machado/ IHU ON-LINE

Bruno Cava es un investigador asociado a la red Universidad Nómada. Profesor de Filosofía, ofrece cursos libres en instituciones culturales en Rio de Janeiro (Cinemateca de MAM, Casa de Rui Barbosa, Museo de la República). Es graduado en Ingeniería por el Instituto Tecnológico de Aeronáutica -ITA y en Derecho por la Universidad del Estado de Rio de Janeiro (UERJ), por la cual también es magister en Filosofía del Derecho. Autor de varios libros, en 2018 publicó New Neoliberalism and the Other – Biopower, antropophagy and living money (Labham: Lexington Books, 2018) con Giuseppe Cocco.

¿En qué medida la democracia, en su sentido moderno, esa que modeló las formas de la representación politica, viene mostrando señales de agotamiento?

La génesis de la democracia moderna esta entrelazada con la del capitalismo. Diferente de otros modos de control social, como la esclavitud o la servidumbre, el capitalismo implica una mediación, un momento articulador haciendo que la dominación se desarrolle de forma indirecta. En el capitalismo el trabajo debe ser libre, hay que reconocerles un margen de libertad a los productores. Se gobierna su ejercicio. El capitalismo es un régimen de subjetivacion que propicia la libertad en la misma medida en que la vigila y busca conducirla. El Estado democrático de derecho nace como articulación de esa libertad, al mismo tiempo necesaria y peligrosa. El proceso del capital precisa de un umbral democrático, necesita el fuego del trabajo vivo que, fuera de control, puede terminar consumiéndolo. Este es el problema de la democracia moderna.

En la primera mitad del siglo XX, la mediación asumió la forma de lo social. La democracia social implica regular el proceso del capital mediante el reconocimiento de una subjetivacion autónoma dada por la cooperación de los productores. El capital se organiza como colmena: ordenando espacios de cooperación donde el trabajo es explotado. Hago referencia a la sociedad-fábrica. Después del ciclo de luchas de 1968, la mediación fue reestructurada en la forma de la crisis. En lugar de una crisis estacional de descompensación de la economía pasamos a una economia de la crisis, una crisis permanente e interiorizada: el gobierno de los endeudados (Maurizio Lazzarato (1)). Es el viraje -abordado por Toni Negri (2), Yann Moulier-Boutang (3) y por otros- donde pasamos de una sociedad fabril a la fabrica social, de la colmena a las grandes aperturas de la polinización y del rizoma, una economía como ecología. Ahora estamos en un nueva nueva transformación, pasando de la economía de crisis a la crisis de la economía de crisis, es decir, la crisis del neoliberalismo y de la globalización neoliberal.

Existen filósofos como Slavoj Zizek (4) que entienden que se dio un divorcio entre capitalismo y democracia liberal, lo que abriría el camino para salidas trascendentes a la izquierda, como en los casos de la China de Xi Jinping (5), de la Rusia de Putin (6) o de la Venezuela de Maduro (7). Otros filósofos, como Éric Alliez (8) y Lazzarato, ven la crisis terminal del capitalismo como la regresión a su condición estructural, entonces su norte serían cosas como la guerra civil de Siria,  es decir, la tendencia a un mundo en conflagración. Una tercera tesis o visión -con la que me identifico- llevaría ver que lejos de existir un divorcio entre capitalismo y democracia, como si las clases dominantes estuvieran dispensando la democracia, lo que se da es una aceleración democrática. La democracia interna en la economia de crisis se tornó ingobernable, lo que las primaveras árabes expresaron bajo la demanda de “democracia real ya”.

Hay, por lo tanto, una aceleración de la democracia que se manifiesta en la fuga de los migrantes, en la fuga de los precarios, en la fuga de las ocupaciones y acampadas por distintas partes del mundo, en una fuga de los pobres ante el empeoramiento de las condiciones de vida. No es exactamente una huida hacia fuera del capitalismo, sino una huida del «fuera» del capitalismo, de lo ingobernable que es una democracia que ya no se puede contener. La respuesta a esto en los últimos años ha sido brutal: modulación violenta del éxodo poblacional (en el Mediterráneo, en los Balcanes, en Turquía), la guerra civil (Siria, Ucrania / Rusia, Venezuela), hacer que la aceleración se vuelva contra sí misma, en una línea de abolición suicida (Trump (9), Bolsonaro (10), Duterte (11)). A finales de la década de 2010, estamos en una «situación Anti-Edipo», haciendo referencia al libro de Deleuze (12) y Guattari (13), aunque aquel hubiese sido escrito en otras condiciones.

¿Ante el actual escenario político del Brasil, cual es la importancia de no transformar la derrota político-electoral en derrota subjetiva?

En la Critica de la Filosofía del Derecho de Hegel (14), Marx (15) denomina como critica vulgar aquella que asume ante la realidad empírica una actitud arrogante, altiva, pretenciosa, que expone las contradicciones de lo existente apenas para despreciarlas como pertenecientes a la masa. Es una crítica dogmática que lucha contra su objeto. La izquierda brasileña, desde 2013, se ha auto-segregado de las luchas en nombre de la defensa abstracta del ideal de la Izquierda, lo que en la práctica no es más que un atrincheramiento del PT y Lula. Esto se realizó en contra del movimiento de Junio 2013 (movilizaciones organizadas principalmente contra el aumento de los precios del transporte público y después por el gasto de la realización de la Copa FIFA de Confederaciones), la indignación popular frente a la corrupción y el desbordamiento social provocado por la huelga de los camioneros sobre todo por medio de WhatsApp.

La derecha al contrario, fue al encuentro del movimiento nuevo y se reorganizó dentro de este.

Para la Izquierda, peor que la derrota de hecho, me refiero a haber perdido la elección del pasado mes de octubre, es el hecho de que esta derrota se haya convertido en una derrota por derecho: no había como vencer, la derrota estaba dada irremediablemente. De no ser así, estaríamos ante algún Mefisto maligno de la ascensión global trumpista idealizada por Steve Bannon (16); de una nueva Guerra Fría (17) perversa; o ante la ascensión de un metafísico conservadurismo de fondo, fruto de las profundidades racistas y homofóbicas del pueblo brasileño que estarían emergiendo en la forma de una violencia fascista contra las minorías. Todo ello, bajo una mezcla en variadas proporciones de esos estilos propiciados por la crítica vulgar.

Sin embargo, el diagnóstico del fracaso se convierte en el fracaso del diagnóstico y las izquierdas continúan girando en falso en torno a una movilización de cuño moral y autorreferente que en la práctica significa seguir bajo la órbita del PT y de Lula durante los próximos años, aunque ahora bajo la consigna del antifascismo. Es ahí donde el diagnóstico del fracaso se convierte en el fracaso de los diagnósticos. Es preciso comprender esas condiciones de derecho a las que anteriormente hacía referencia. Esas con que la derrota ocurrió, lo que está relacionado directamente con el largo Junio de 2013, el ciclo de luchas anticorrupción y el movimiento de camioneros. De igual manera también, en términos globales, con la ascensión de la nueva derecha, lo cual está relacionado a su vez con la restauración del ciclo post primaveras árabes. Sin una nueva teoría, la práctica continuara centrípeta y autorreferente.

¿En qué medida la politización en Brasil se transformó en una especie de “moralización”?

La politica comienza cuando el orden de las representaciones no da cuenta de lo que se está realmente expresando. Su portador es la parte de los sin parte, los que tienen que abrir un disenso en la vigencia (Jacques Rancière (18)). Por ejemplo, en el movimiento del 15 de mayo -en el verano español de 2011- había un suplemento ingobernable que no cabía en la polarización política del país  instaurada por el régimen post-dictadura de 1978. En Brasil, las jornadas de junio de 2013 no colocaron sólo en cuestión ciertas pautas de la política convencionalmente establecida, sino a todo el pacto de la redemocratización nacional, motivo por el cual en el calor del momento Marcos Nobre (19) acertó en definir esta coyuntura como «shock de democracia». En algunos países como el nuestro, esa movilización de nuevo tipo se enredó con campañas electorales.

Difícil es, por ejemplo, separar de manera estanca el movimiento Occupy (20) y la campaña positiva «Yes We Can» que lo precedió y llevó a Obama (21) al poder. O bien las acampadas del 15-M y la propuesta originaria de Podemos de organizarse por medio de círculos autónomos. De igual manera las protestas de Gezi Park en Turquía, y la emergencia del Partido Democrático de los Pueblos (HDP, por sus siglas en turco) como una fuerza política significativa en el parlamento. En Brasil, sin embargo, los más politizados, aquellos que se autodefinen como militantes de izquierda se movieron en la dirección contraria al movimiento.

La política se reanuda  en el punto en que los valores existentes no dan cuenta de las expresiones sociales, es el momento en que es preciso crear. Para hacer politica es preciso tener una idea. Sin política se trata sólo de policía, lo que implica una actitud de llegar al problema con todas las ideas justas y correctas de antemano, con las que se pretende juzgar la realidad. Lo que se entiende por politización integral de la vida en Brasil, con la frase «lo personal es político», no fue política sino policía, una moralización integral de los comportamientos y actitudes, las cuáles se planteaban desde la perspectiva de que estas deben seguir un patrón. De manera diferente y a veces con una extraña resonancia, la ola conservadora en Brasil se rompió de los dos lados, sea como moralización izquierdista de lo políticamente correcto o ya sea como la moralización derechista de los ciudadanos de bien y mujeres honestas. Tanto de un lado como de otro con sus respectivos sacerdotes y policías cargados de ideas «correctas».

¿Cuál es la relación de ese proceso [de la moralización] con la emergencia, por ejemplo, de figuras como Bolsonaro?

En cierta medida, Bolsonaro es un soldado de las guerras culturales, como ya afirmó Pablo Ortellado (22). El antagonismo real de Junio fue desplazado, con la restauración del levantamiento, a una disputa de narrativas. Pero el trabajo del antagonismo continuó en los subterráneos de la política, tal y como si fuera un topo sonriente. El conflicto social creció a la misma velocidad que el aumento de la crisis, y las indignaciones siguieron creciendo en cámara lenta pero cada vez con mayor pujanza ante el colapso de la metrópoli, estrangulada por la sensación de inseguridad, el cuello de botella del transporte y la decadencia en la que está inmerso nuestro sistema de salud. Mientras la izquierda retrocedió y se atrincheró en sus espacios de seguridad (universidades, Facebook y circuito cultural establecido) multiplicando banderas, narrativas y simbologías; la derecha se ramificó por dentro y a través de los antagonismos reales, especialmente mediante el discurso anticorrupción de la ‘alt right‘ y las redes de solidaridad con el aliento de las iglesias protestantes de base.

Bolsonaro logró capitalizar electoralmente sobre dos procesos políticos: por un lado, la victoria en las guerras culturales sobre la izquierda; por otro, mediante la victoria en representar la indignación anti-sistémica de los más pobres (con excepción de la fortaleza lulista en el Nordeste, donde Lula sigue siendo el referente anti-sistema). Los dos procesos -cultural y socioeconómico- se complementan, sin primacía de uno sobre el otro. Bolsonaro fue visto como una respuesta política a una situación aparentemente sin salida, ya que el PT llegó a 2018 bastante desgastado como opción política. Buena parte de los electores brasileños tolera en estos momentos lo que entiende como excesos y arrebatos de Bolsonaro, todo ello en nombre de una lucha más grande por escapar de la crisis y revitalizar la democracia. En ese sentido, si la moralización implica siempre un miedo, miedo a un mal que todo puede contaminar, la candidatura de Bolsonaro logró consolidarse como la esperanza por días mejores y más protección a los pobres, aunque esta se de por la vía militar y represiva.

¿Cuál es la importancia de pensar los desafíos políticos más allá de una moralidad prêt-à-porter?

El principal desafío es reconectarse con las luchas. La izquierda cree que las luchas van a nacer de ella misma. Muchos artistas y productores culturales también piensan que la cultura de lucha es una tarea de ellos. Los análisis disponibles en el mercado académico son muy prescriptivos: debemos hacer esto, debemos hacer aquello. El «nosotros» implicado es más bien testimonial, en el sentido de un grupo que comparte valores -más que propiamente lo político- capaz de avanzar sobre nuevos terrenos de movilización. El gran desafío involucra un ajuste de la percepción, una evidencia que movimientos como Junio o la huelga de los camioneros sitúan encima de la mesa. Parar de mirarse a sí mismo como eje del mundo y desmontar el tribunal izquierdista, siempre dispuesto a condenar las luchas mediante pruebas de tornasol de las banderas e izquierdómetros discursivos.

Pero la respuesta no puede ser un genérico «trabajo de base», incluso porque la sociedad del siglo XXI no se organiza ya verticalmente, sino en un ecosistema más complejo, en red y con múltiples niveles de articulación. ¿Cuál es la reingeniería de redes, la lógica algorítmica de nube, los nuevos agenciamientos socio-técnicos que necesitaríamos? Estos ya están siendo creados en las franjas de la cooperación social, en el común productivo que mueve el capitalismo hoy. Estas son las nuevas tendencias que necesitamos.

Nada más lejos de esa actitud que moralizar, por ejemplo, el uso del Whatsapp mediante un discurso que se está convirtiendo en el más nuevo pánico moral: las fake news. Construir la democracia por venir exige, antes que nada, una actitud prospectiva con la propia democracia: ¿cómo ejercer un principio selectivo en el interior del grito de los indignados, cómo organizar los ritmos y tonos en un canto? Aquí llega la pregunta leninista por excelencia: ¿cómo organizar desde dentro del movimiento, de la potencia social, en la tendencia de las luchas, los desvíos clinámicos que pueden llevarnos a una realidad mejor?

¿Cual es el impacto de la polarización política en la democracia representativa?

Cuanto la democracia es más invocada como defensa de lo indefendible, la democracia más se vacía y se convierte en una palabra hueca. Si una candidatura que representa el pacto de inmunización o impunidad de la casta politica es exitosa en promoverse como expresión de la candidatura de la democracia, la mayoría puede comenzar a cuestionarse si queremos vivir en ese modelo de democracia. Si alguien que vive en condiciones de fascismo social, bajo la inseguridad, la vergüenza de la deuda, el chantaje permanente de grupos armados, el miedo a la miseria y entiende que eso es la democracia, puede ser que esa persona se cuestione también los fundamentos que hacen referencia a todo lo que la democracia pueda tener de malo. Pero a pesar de eso, la encuesta del Datafolha muestra que la democracia es defendida como valor por la gran mayoría brasileña y además en una tendencia de forma ascendente.

Dos tercios de los votantes de Bolsonaro, según la estadística, también sostienen la relevancia de la democracia. Tal vez esa sea la gran paradoja, ¿cómo un candidato que elogió toda su vida a la dictadura, incluso sus peores prácticas de tortura, censura y eliminación de la oposición, puede ser elegido como representante de un movimiento que se ve como el despertar democrático? Esta paradoja no tiene cabida racional si no ponemos en el análisis factores como Lula y el PT, pues sólo en la polarización con ellos se entiende como la campaña de Bolsonaro acumuló al punto de conquistar la mayoría social brasileña. Pero hay una enorme contradicción en todo esto y eso abre, nuevamente, el terreno para la política por encima de la vehemencia moral de las condenas.

¿Es posible pensar una democracia post-representativa?

En realidad esta ya está siendo pensada desde hace tiempo, desde el giro del fordismo al post-fordismo, momento que esquematicé con anterioridad. La propia democracia representativa ya fue arrastrada por la post-representación, refuncionalizándose. En el texto «Post-scriptum sobre las sociedades de control» (1991), Deleuze plantea cómo las sociedades contemporáneas se organizan de una manera micropolítica. Ya no somos integrados en el mercado como individuos, sino como índices flotantes, tendencias y multiplicidad de elementos diferenciales. La macroeconomía de Keynes (23) se desarrolló en una psicología de las masas basada en propensiones, euforias y espirales depresivas conforme a las matemáticas de los grandes números. Hoy esa lógica se generalizó para la microeconomía.

Somos bitificados por los algoritmos, gamificados en diferentes nubes simultaneas de “grupos de control”, constantemente mapeados y remapeados por trackings en econometría del Big Data. Así funciona el mercado, como también el mercado político, el consumo de los productos electorales de la representación. João Santana (24) tal vez haya sido el último zar de una publicidad que se volvió tan multitudinaria como un bunker de propaganda que ya no da más de sí. La campaña de Bolsonaro ya rizomatizó de otra forma y, si toda espontaneidad es organizada, también hay mucha espontaneidad en lo que parece de antemano organizado que no lo es, pues la organización es un problema que también sufre mutaciones en sus términos. Ver, sobre eso, «The organisation of the organisationless» de Rodrigo Nunes.

No basta con decir que la victoria de Bolsonaro es la organización social que no queremos. Porque tiene puntos de contacto y de diferenciación en relación a la huelga de los camioneros y, un poco más lejos, también con Junio de 2013 y las Primaveras Árabes. En «Estado y revolución» y «Qué hacer«, textos pre-revolucionarios, Lenin dice que no cabe a las vanguardias inventar formas nuevas, que la materia política no carece de algo que venga de afuera para moldearlas. Las tendencias ya existen, como nuevos mundos en génesis real y estas deben ser escrutadas como multiplicidad intensiva. ¿De qué manera la ascensión de las nuevas derechas y el terreno de la restauración reabren a OrganisasionsFrage (pero también una nueva Organisation der Frage!)?, ¿Cómo funcionan y de qué manera obtienen eficacia más allá de las viejas estructuras?, ¿qué nos pueden enseñar? Sin retroceder a la formulación populista (sólo que de izquierda) muchas veces se trata de tan solo otro nombre para la confusión de nuestros esfuerzos por en la lucha por el concepto.

¿Qué significa que 42 millones de electores decidieran la elección del presidente en la segunda vuelta, ya sea como abstención, nulo o blanco?

Con una elección de voto obligatorio ante las dos candidaturas que pasaron a la segunda vuelta con un alto índice de rechazo, era previsible un aumento de los votos nulos, blancos y abstenciones. Cuando diferenciamos los índices de los tres grupos, se constata que las tasas de abstención y en blanco se mantuvieron en las medias históricas para segunda vuelta, mientras que los votos nulos crecieron un 60% con respecto a 2014, llegando al 7,4% del total. Un valor significativo si pensamos que las dos campañas defendieron el voto en los respectivos candidatos con una vehemencia inédita.

De un lado, la inducción a un pánico rojo, juntando argumentalmente PT, Venezuela, URSS y nazismo en la misma bolsa narrativa de rechazo al totalitarismo y la amoralidad. En el otro lado el pánico al fascismo, juntando a Bolsonaro, la dictadura de 1964, Mussolini y, de nuevo, el nazismo, como señal del peligro respecto a un totalitarismo de derecha. El problema de la inducción argumentativa al pánico es que se esfuman los matices y se fabrica una gran indiferencia, una especie de sombra oscura que funciona como la suma confusa de todos los miedos, una amenaza generalizada e intangible a su vez intratable desde el plano del análisis y de las estrategias. Que tantos electores hayan evitado esa presión de compresión de las subjetividades no deja de ser un dato interesante de los resultados de la segunda vuelta.

Notas:

(1) Maurizio Lazzarato: sociólogo y filósofo italiano que vive y trabaja en París, donde realiza investigaciones sobre la temática del trabajo inmaterial, la ontología del trabajo, el capitalismo cognitivo y los movimientos pos-socialistas. También escribe sobre el cine, el vídeo y las nuevas tecnologías de producción de imágenes. Es uno de los fundadores de la revista Multitudes. 

(2) Antonio Negri (1933): filósofo político y moral italiano. Durante la adolescencia, fue militante de la Juventud Italiana de Acción Católica, como Umberto Eco y otros intelectuales italianos. En 2000, publicó el libro-manifesto Imperio (Río de Janeiro: Record), con Michael Hardt. A continuación, publicó Multitud. La guerra y la democracia en la era del imperio (Río de Janeiro / São Paulo: Record), también con Michael Hardt.

(3) Yann Moulier-Boutang: economista, filósofo y escritor. Es profesor de economía en la Universidad de Bretagne du Sud, en Vannes. También es profesor de gestión y administración en el Institute of Political Science, en París y de análisis económico en la Universidad de Caen, en Normandía. Participa de investigaciones sobre las transformaciones en el sistema capitalista en el Laboratorio Matisse.

(4) Slavoj Zizek (Slavoj Žižek, 1949): filósofo y teórico crítico esloveno. Es profesor de la European Graduate School e investigador senior en el Instituto de Sociología de la Universidad de Liubliana. Es también profesor visitante en varias universidades estadounidenses, entre las que están la Universidad de Columbia, Princeton, la New School for Social Research, de Nueva York, y la Universidad de Michigan. Publicó recientemente Menos que nada. Hegel y la sombra del materialismo dialéctico (San Pablo: Boitempo, 2013). 

(5) Xi Jinping (1953): nacido en Pekín, presidente de la República Popular de China y secretario general del Partido Comunista de China. Tienen doctorado en Ingeniería Química y Ciencia Política. Es actualmente el principal miembro del Secretario del PCCh, el presidente de China, el director de la Escuela Central del Partido y el más importante miembro del Comité Permanente del Politburó, que es el órgano que controla el país. Hijo del político comunista Xi Zhongxun, Xi Jinping comenzó su carrera política en la provincia vecina de Zhejiang, luego promovido a la jefatura del partido de Sanghái tras la dimisión de Chen Liangyu. Conocido por sus posturas liberales, duro combate a la corrupción y una franqueza y apertura en cuanto a reformas políticas y económicas, es el destacado líder emergente de la quinta generación de líderes de la República Popular China. Asumió el cargo de presidente de China el 15 de marzo de 2013, sucediendo a Hu Jintao. Fue nombrado como una de las personas más influyentes del mundo en 2009, 2011 y 2012 por la revista Time. En 2017 fue elegido por The Economista el hombre más poderosos del mundo. En 2018 el parlamente chino aprobó el mandato vitalicio a Xi Jinping.

(6) Vladimir Putin (1952): presidente de Rusia. También es ex agente del KGB en el departamento exterior y jefe de los servicios secretos soviético y ruso, KGB y FSB, respectivamente. Putin ejerció la presidencia entre 2000 y 2008, además de haber sido primer ministro en dos oportunidades, la primera entre 1999 y 2000, y la segunda entre 2008 y 2012.

(7) Nicolás Maduro Moros (1962): es un político venezolano, actual presidente de la República Bolivariana de Venezuela. Después de, como vicepresidente constitucional, asumir el cargo con la muerte del presidente Hugo Chávez, fue elegido el 14 de abril de 2013 para mandato como 57º presidente de Venezuela.

(8) Éric Alliez (1957): es un filósofo francés que se dirigió de Gilles Deleuze y actualmente es un destacado profesor en la Universidad de París 8. Además es investigador del Centro de Investigaciones en Filosofía de la Kingston University.

(9) Donald Trump (1946): es un empresario, ex presentador de reality show y actual presidente de Estados Unidos.  En la elección de 2016, Trump fue elegido el 45º presidente norteamericano por el Partido Republicano, al derrotar a la candidata demócrata Hillary Clinton en el número de delegados del colegio electoral; sin embargo, perdió en el voto popular. Entre sus banderas están el proteccionismo norteamericano, por donde pasan cuestiones económicas y sociales, como la relación con inmigrantes en Estados Unidos. Trump es presidente del conglomerado The Trump Organization y fundador de Trump Entertainment Resorts. Su carrera, exposición de marcas, vida personal, riqueza y modo de pronunciarse contribuyeron a hacerle famoso.

(10) Jair Bolsonaro (1955): militar de la reserva y diputado federal nacido en Campinas (SP). De orientación política de extrema derecha, conservadora y nacionalista, cumple su séptima legislatura en la Cámara Federal. En enero de 2018, anunció su afiliación al Partido Social Liberal – PSL, el noveno partido político de su carrera. Fue el diputado más votado del estado de Río de Janeiro en las elecciones generales de 2014. Fue conocido por la lucha contra los derechos LGBT, por la defensa de la dictadura y la tortura. Sus embates contra los derechos humanos son constantes. Sus declaraciones controvertidas ya le rindieron cerca de 30 solicitudes de casación y tres condenas judiciales, desde que fue elegido diputado en 1989. Los documentos producidos por el Ejército Brasileño en la década de 1980 muestran que los superiores de Bolsonaro lo evaluaron como dueño de una «excesiva ambición en se realizará financieramente y económicamente «. Según el superior de Bolsonaro en la época, el coronel Carlos Alfredo Pellegrino, «[Bolsonaro] tenía permanentemente la intención de liderar a los oficiales subalternos, en lo que fue siempre repelido, tanto en razón del trato agresivo dispensado a sus camaradas, como por la falta de lógica , racionalidad y equilibrio en la presentación de sus argumentos. Es notorio su machismo, como evidencian las agresiones y ofensas dirigidas a sus colegas parlamentarios. Su falta de respeto a la condición femenina no ahorró ni la hija. En abril de 2017, en un discurso en el Club Hebraica, en Río de Janeiro, Bolsonaro hizo una mención a la menor, entonces con seis seis años: «Tengo cinco hijos. En una entrevista a la revista Playboy, en junio de 2011, su agresividad se dirigió a los gays: «Sería incapaz de amar a un hijo homosexual». en abril de 2017, durante un discurso en el Club Hebraica, en Río de Janeiro, afirmó que acabará con todas las tierras indígenas y comunidades quilombolas de Brasil, si es que se trata de un «accidente que aparezca con un bigodudo por ahí. electo presidente en 2018. También dijo que terminará con la financiación pública para ONGs: «Puede estar seguro de que si llego allí no va a tener dinero para las ONG. Si depender de mí, todo ciudadano va a tener un arma de fuego dentro de casa. «No va a tener un centímetro demarcado para reserva indígena o para quilombola.» Elegido el 28 de octubre de 2018, será el 38º Presidente de Brasil.

(11) Rodrigo «Digong» Roa Duterte (1945): es un político y abogado filipino, actual presidente de su país desde el 2016.El 30 de junio de 2016, fue elegido como el 16º presidente de Filipinas con el 39% de los votos válidos por el partido PDP, -Laban.

(12) Gilles Deleuze (1925-1995): filósofo francés. Así como Foucault, fue uno de los estudiosos de Kant, pero tiene en Bergson, Nietzsche y Espinosa, poderosas intersecciones. Profesor de la Universidad de París VIII, Vincennes, Deleuze actualizó ideas como las de devenir, acontecimientos y singularidades.

(13) Pierre-Félix Guattari (1930-1992): filósofo e militante revolucionário francês. Colaborou durante muitos anos com Gilles Deleuze, escrevendo com este, entre outros, os livros Anti-Édipo, Capitalismo e Esquizofrenia e O que é Filosofia?. Félix Guattari, dotado de um estilo literário incomparável, é, de longe, um dos maiores inventores conceituais do final do século XX. Esquizoanálise, transversalidade, ecosofia, caosmose, entre outros, são alguns dos conceitos criados e desenvolvidos pelo autor.

(14)  Georg Wilhelm Friedrich Hegel (1770-1831): filósofo alemán idealista. Como Aristóteles y Santo Tomás de Aquino, desarrolló un sistema filosófico en el que estuvieran integradas todas las contribuciones de sus principales predecesores. En Hegel, comprendo la edición 217 de la IHU On-Line, de 30-4-2007, titulada Fenomenología del espíritu, de (1807-2007), en conmemoración a los 200 años de lanzamiento de esta obra. Y en el caso de las mujeres, Un nuevo modo de leer Hegel; Hegel. La traducción de la historia por la razón, edición 430, y Hegel. Lógica y Metafísica, edición 482.

(15)  Karl Marx (1818-1883): filósofo, científico social, economista, historiador y revolucionario alemán, uno de los pensadores que ejercieron mayor influencia sobre el pensamiento social y sobre los destinos de la humanidad en el siglo XX. La edición 41 de los Cuadernos IHU ideas, la autoría de Leda Maria Paulani, tiene como título A (anti) filosofía de Karl Marx. También sobre el autor, la edición número 278 de la revista IHU On-Line, del 20-10-2008, se titula La financierización del mundo y su crisis. Una lectura a partir de Marx. La entrevista Marx: los hombres no son lo que piensan y desean, pero lo que hacen, concedida por Pedro de Alcântara Figueira, fue publicada en la edición 327 de la IHU On-Line, de 3-5-2010. La IHU On-Line preparó una edición especial sobre desigualdad inspirada en el libro de Thomas Piketty El Capital en el Siglo XXI, que retoma el argumento central de El Capital, obra de Marx. La revista IHU On-Line, edición 525, titulada Karl Marx, 200 años – Entre el ambiente fabril y el mundo neural de redes y conexiones, en celebración a los 200 años del nacimiento del pensador.

(16) Steve Bannon (1953): es un asesor político estadounidense que sirvió como asistente del presidente y estratega jefe de la Casa Blanca en el gobierno Trump. Como tal, participó regularmente del Comité de Directores del Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos, entre el 28 de enero y el 5 de abril de 2017, cuando fue despedido. Antes de asumir tal posición de la Casa Blanca, Bannon fue director ejecutivo de la campaña presidencial de Donald Trump, en 2016

(17) Guerra Fría: nombre dado a un período histórico de disputas estratégicas y conflictos entre Estados Unidos y la Unión Soviética, que generó un clima de tensión que involucró a países de todo el mundo. Se extendió entre el final de la Segunda Guerra Mundial (1945) y la caída de la Unión Soviética (1991).

(18) Jacques Rancière (1940): filósofo argelino, profesor de la European Graduate School de Saas-Fee y profesor emérito de la Universidad Paris VIII (Vincennes-Saint-Denis). Su trabajo se concentra sobre todo en las áreas de estética y política. Piensa la historia, la sociedad, los movimientos políticos y el cine. En el caso de la legendaria revista Cahiers du Cinéma. Fue uno de los colaboradores del pensador Louis Althusser en el volumen Lire le Capital, de 1965, antes de romper con su antiguo profesor en la École normale supérieure. A finales de los años 1970, Rancière organiza, con otros jóvenes intelectuales, como Arlette Farge y Geneviève Fraisse, el colectivo Révoltes Logiques que, bajo la inspiración del poeta Rimbaud, cuestiona las representaciones tradicionales de lo social y publica la revista Les Révoltes logiques. Paralelamente, volvió su atención hacia la emancipación obrera y los utopistas del siglo XIX (especialmente Étienne Cabet), con una reflexión filosófica sobre educación y política. De ese trabajo nació su tesis de doctorado, publicada en 1981, bajo el título La Nuit des prolétaires. Archives du rêve ovrier, sobre los obreros santos-simonianos. Algunos de sus libros lanzados en Brasil son Nombres de la Historia. (San Pablo: Ed. 34, 2009), La noche de los proletarios: archivos del sueño obrero (São Paulo: Boitempo, 2014), El Inconsciente Estético (São Paulo: Ed. 34, 2009), La noche de los proletarios: archivos del sueño obrero (São Paulo: Boitempo, 2014) Y en el caso de las mujeres, en el caso de las mujeres, en el caso de las mujeres. En el 2005, cuando participó en el Congreso Internacional del Miedo, que tuvo lugar en São Paulo y en Río de Janeiro.

(19) Marcos Nobre (1965): graduado en Ciencias Sociales, maestro y doctor en Filosofía por la Universidad de São Paulo – USP. Es profesor de la Universidad de Campinas – Unicamp. En 1999 fundó, junto con Ricardo Terra, el Núcleo Derecho y Democracia, colectivo de investigación interdisciplinaria, en el Centro Brasileño de Análisis y Planificación – Cebrap desde 1990, como integrante del área de Filosofía y Política, habiéndose convertido en investigador de la casa en 1997. En 1999 fundó, junto a Ricardo Terra, orientado por la perspectiva de la Teoría Crítica, del cual fue el coordinador hasta 2012. De 2006 a 2011, fue profesor visitante de la Université d’Auvergne, Clermont-Ferrand, Francia. Fue investigador visitante en las universidades: de California (Berkeley), Johann Wolfgang Goethe (Frankfurt / Main), Chicago, París I (Sorbona), Leipzig, Humboldt (Berlín). Es autor de la tesis del «peemedebismo», como él bautizó la idea de la existencia de un bloque de fuerzas políticas que, al asociarse al gobierno, le da estabilidad y el blinda contra amenazas como el impeachment que el ex presidente Fernando Collor sufrió en 1992.

(20) Occupy: La serie de protestas mundiales iniciadas el 15 de octubre de 2011, a partir de la ocupación de Wall Street, en Estados Unidos, dio origen al movimiento Ocupado. El movimiento se extendió por varias ciudades del mundo, organizado por colectivos locales, organizaciones de barrio o movimientos sociales, los cuales proponían alternativas de desarrollo dirigidas a la preservación del planeta y al consumo consciente de productos, oponiéndose a la especulación financiera ya la ganancia económica .

(21) Barack Obama [Barack Hussein Obama II] (1961): abogado y político estadounidense. Fue el 44º presidente de Estados Unidos, habiendo gobernado el país entre 2009 y 2017. (22) Pablo Ortellado: filósofo, con doctorado en Filosofía por la Universidad de São Paulo – USP. Es profesor del curso Gestión de Políticas Públicas y orientador en el programa de postgrado en Estudios Culturales de la misma universidad. Es coordinador del Grupo de Investigación en Políticas Públicas para el Acceso a la Información – Gpopai.

(23) John Maynard Keynes (1883-1946): economista e financista britânico. Su Teoría general del Empleo (1936) es una de las obras más importantes de la economía.

(24) Juan Santana (1953): músico, periodista, escritor y publicitario brasileño, con actuación en el campo de campañas políticas. El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, anunció hoy que el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, Hugo Chávez / Nicolás Maduro (Venezuela, 2012).

(25) Lenin [Vladimir Ilyich Ulyanov] (1870-1924): revolucionario ruso, responsable en gran parte por la ejecución de la Revolución Rusa de 1917, líder del Partido Comunista y primer presidente del Consejo de Comisarios del Pueblo de la Unión Soviética. Influenció teóricamente los partidos comunistas de todo el mundo. Sus contribuciones resultaron en la creación de una corriente teórica denominada leninismo.

(26) Benito Mussolini (1883-1945): periodista y político italiano, gobernó Italia con poderes dictatoriales entre 1922 y 1943. Lideró el Partido Nacional Fascista y es considerado como una de las figuras clave en la creación del fascismo. Se convirtió en el primer ministro de Italia en 1922 y en 1925 comenzó a usar el título Il Duce, que significa «el conductor», en italiano. Después de 1936, su título oficial era Su Excelencia Benito Mussolini, Jefe de Gobierno, Duce del Fascismo y Fundador del Imperio. También creó y sostenía la patente militar suprema de Primer Mariscal del Imperio, junto con el rey Víctor Emanuel III de Italia, quien le dio el título, teniendo control supremo sobre las fuerzas armadas del país. Mussolini permaneció en el poder hasta ser sustituido en 1943. Fue uno de los fundadores del fascismo, que incluía elementos de nacionalismo, corporativismo, sindicalismo nacional, expansionismo, progreso social y anticomunismo, combinado con la censura de subversivos y propaganda del Estado. En los años siguientes a la creación de la ideología fascista, Mussolini conquistó la admiración de una gran variedad de figuras políticas. Entre sus realizaciones de 1924 a 1939, destacan sus programas de obras públicas como el drenaje de las áreas pantanosas de la región del Agro Pontino y el mejoramiento de las oportunidades de trabajo y transporte público. Mussolini también resolvió la cuestión romana al concluir el Tratado de Letrán entre el Reino de Italia y la Santa Sede. A él también se le acredita el éxito económico en las colonias italianas y dependencias comerciales. Aunque inicialmente favoreció el lado de Francia contra Alemania a principios de la década de 1930, Mussolini se convirtió en una de las figuras principales de las potencias del Eje y, el 10 de junio de 1940, introdujo Italia en la Segunda Guerra Mundial junto a los alemanes . Tres años después, fue depuesto por el Gran Consejo del Fascismo, motivado por la invasión aliada. Después de preso, Mussolini fue rescatado de la prisión en el Gran Sasso por fuerzas especiales alemanas. Después de su rescate, Mussolini encabezó la República Social Italiana en las partes de Italia que no habían sido ocupadas por fuerzas aliadas. A finales de abril de 1945, con la derrota total aparente, intentó huir a Suiza, pero fue rápidamente capturado y sumariamente ejecutado cerca del lago de Como por guerrilleros italianos. Su cuerpo fue entonces traído a Milán, donde fue colgado de cabeza abajo en una estación petrolera para exhibición pública y la confirmación de sumuerte.

Traducción del portugués: Santiago de Arcos-Halyburton

Rossana Rossanda: “Me acuerdo bien del fascismo, por eso me da miedo”

CONCETTO VECCHIO (LA REPUBBLICA)
“En julio decidí volver a Italia, apremiada por la necesidad de entender. Seguía a Salvini en la televisión desde París, donde vivía desde hace doce años, y sentía vergüenza por lo que veía».
«‘También es culpa mía, culpa de los nuestros’, me repetía a mí misma. Había pasado mi vida dedicándome a la política y consideraba mi lejanía como un abandono de la lucha».

«Mi marido murió hace tres años, no tenía a nadie en París, mis compañeros de Roma ya no están, Lucio Magri, Luigi Pintor, Valentino Parlato están todos muertos, y también yo soy ya muy vieja…”.

Rossana Rossanda, 94 años, periodista, escritora, partisana, “la muchacha del siglo pasado”, como tituló su famosa autobiografía, hojea los primeros números de la colección de Il Manifesto, el periódico fundado por ella en 1969. “Quiero volver a leer las crónicas de las luchas obreras de entonces, los trabajadores lucharon por sus derechos y ganaron”.

¿Qué Italia ha encontrado?

Un país irreconocible, sin espina dorsal. Me da miedo ver en qué se está convirtiendo.

¿Le da más miedo Salvini o Di Maio?

Salvini, porque sabe lo que quiere. Di Maio es el que está siempre ahí riéndose.

¿Qué le asusta de Salvini?

La prepotencia. He estudiado a fondo el decreto sobre Seguridad y no entiendo cómo Mattarella [el presidente de la República] ha podido firmarlo.

¿Le parece racista?

Lo es. Al migrante lo ve solamente como a un criminal potencial.

¿Qué tipo de poder tenemos en el Gobierno? 

Es la deriva racista del populismo. Di Maio y Salvini son los dos populistas, pero de forma distinta, porque en el Gobierno prevalecen las ideas del leghista. A los Cinco Estrellas no logro tomarlos en serio.

Han obtenido el 32%, de los votos ¿cómo puede decir que no hay que tomárselos en serio?

Quizá lo he expresado de forma equivocada. Lo que quiero decir es que no consigo entenderlos. Me dicen que mucha gente de izquierda les ha votado, pero los Cinquestelleno tienen nada de izquierdas.

Muchos exmiembros de la izquierda extraparlamentaria han votado al Movimiento 5 Estrellas. ¿Cómo lo explica? ¿Por una propuesta radical que la izquierda reformista ya no ofrecía?

Parece evidente. Han buscado un cambio de protesta, al ver que sus esperanzas fueron echadas por la borda.

¿Que nos dice esto de la izquierda italiana?

Millones de personas votaban a la izquierda porque en su ADN estaba la defensa de los más débiles. Esto ya no lo defiende nadie.

¿Cuándo tuvo lugar esa mutación?

Diría que comienza con el cambio de nombre decidido por Achille Occhetto [último secretario general del Partido Comunista italiano]. Cambiar de nombre significa cambiar de identidad. Desde entonces han cambiado de nombre tres o cuatro veces y, en cada cambio, iban alejándose un poco más de sus bases. Veltroni llegó a decir que nunca había sido comunista.

¿Usted sigue siendo comunista?

Yo sí.

Y hoy, ¿a quién votaría?

No lo sé. Mire los candidatos para liderar el PD: Zingaretti, Minniti, Martina, Boccia, Richetti. No los distingo. Me dicen que Delrio es capaz. No lo discuto. ¿Pero cuál es su visión del mundo? Cuando era joven, en Milán conocí bien a la izquierda democristiana, la de Marcora y Granelli: sus voces se distinguían netamente de las opiniones de las otras corrientes. Como la del democristiano Fiorentino Sullo, sus batallas contra la especulación inmobiliaria se recuerdan todavía.

¿Le sorprende que los obreros voten a la Lega?

Esto es otra historia, más vieja. Ocurría ya hace 15 años. Carné de la CGIL (sindicato comunista) y voto a la Liga.

¿Por qué sucedió?

La Liga ofrecía argumentos simples. ‘Si pierdes el trabajo, te lo ha quitado un inmigrante, o mejor uno del sur, el terun. No es culpa tuya. No es culpa del sistema’. Eso ofrece al mismo tiempo un enemigo y un consuelo.

¿Le preocupa la prima de riesgo?

No creo que sea una indicación de ruina en sí, me parece más grave hacer unos Presupuestos que no traigan crecimiento ni trabajo.

¿Está a favor de la renta ciudadana?

En principio sí, está bien mantener a los pobres pero luego, ¿qué nos quedará? Hay que crear trabajo. Y en esto estoy de acuerdo con ese proverbio chino que dice: dale un pez a un hombre y comerá hoy. Dale una caña y enséñale a pescar y comerá siempre.

¿Por quién se decantará en las europeas?

Votaré a favor de Europa, contra el peligro fascista que veo alrededor. Me acuerdo bien del fascismo, así que me da miedo.

¿Qué caminos le quedan a la izquierda acorralada entre el populismo y la austeridad?

A los que dicen que no hay alternativas les digo que miren a Sánchez y a Podemos en España o al pequeño Portugal: hagan como ellos.

¿Está sorprendida por la simplificación del debate político?

Estoy sorprendida por la vulgaridad. El otro día vi en la televisión  un programa donde todos decían “no me importa una mierda”; si yo le hubiese hablado así a mi padre, como mínimo me hubiera dado una bofetada.

¿Se arrepiente de no haber tenido hijos?

Sí. Ahora estaría menos sola y, sobre todo, tendría la percepción de haber dejado un legado.

¿Por qué no los tuvo?

Tenía muchas cosas que hacer.

¿Cómo fueron sus dos matrimonios?

Grandes amores. Eran los dos muy simpáticos. Siempre teníamos ganas de estar juntos, no hay nada más bonito que eso, ¿no cree?

¿Cómo mira al futuro?

Se que no me queda mucho, y en el fondo no me da pena. He tenido una vida muy afortunada, y he conocido a gente interesante.

¿Los personajes más importantes?

Mi suegro, el maestro Antonio Banfi, Sartre.

¿Cómo era Sartre?

Un raro caso de francés atento, abierto. Venía a Roma todos los años, amaba Italia, era curioso. De Beauvoir era más rígida.

¿Cuál es el último libro que ha leído?

Le assaggiatrici, de Rossella Postorino, interesante. Me gustaría leer Scurati sobre Mussolini.

¿Frecuenta las redes sociales?

Las detesto. Quiero pasar al otro mundo sin haber dado un solo euro a Zuckerberg.

Haciendo un balance de su vida, ¿tienen más peso los aciertos o los errores?

He intentado que prevalezcan los aciertos, pero he cometido grandes errores. Al fin y al cabo, ¿quién puede negar haberlos cometido?

¿Cuál fue el error más grande?

No se lo voy a decir. Me cuesta decírmelo incluso a mí misma.

————————————————————————

Traducción: Elisa Mora.

Este artículo se publicó originalmente en La Repubblica, que ha cedido a CTXT (ctxt.es) los derechos para la traducción al español.

AUTOR

  • Concetto Vecchio (LA REPUBBLICA)

César Rendueles: “Este capitalismo es incompatible con la vida humana”

César Rendueles se refiere al capitalismo “tal como lo conocemos” y lo explica así: “Es imposible que subsista porque es medioambientalmente incompatible con la vida humana”. Pero este doctor en Filosofía, profesor del departamento de Teoría Sociológica en la Universidad Complutense de Madrid, insiste en diferenciar el capitalismo del mercado, ese mercado al que tanto se ha nombrado y sobre el que tanto se ha discutido en el debate político y económico. “A veces los mercados tienen efectos democratizadores porque rompen lógicas clientelares. No creo que haya que despreciar esa forma de organización económica. Lo que creo es que hay que ser muy conscientes de sus efectos negativos”, aclara.

Por Luis Fernández Mosquera

¿Para qué sirve la filosofía? ¿Para qué sirven los filósofos? ¿Qué pasaría si desapareciera la filosofía? Todo esto se preguntaba César Rendueles (Girona, 1975) en un artículo de opinión que publicaba hace ahora dos años en El País. Y él mismo se respondía: “Servimos para leer. Escribimos raro. Bastante mal, en realidad. Somos pedantes y básicamente incomprensibles. Pero leyendo os meamos (…). Si Occidente consiguió sobrevivir a la desaparición de la flauta de nariz (…) seguramente también lo haga al fin de la filosofía académica. No lo tengo tan claro por lo que toca a los lectores de filosofía: somos caricaturas inofensivas de algo que tal vez sí sea importante. Que nadie vuelva a leer a Platón ni a soñar con el Tractatus me entristece. Que nadie vuelva a leer como se lee a Platón me aterra”. Empezamos por hablar con él de filosofía, pero también de relaciones sociales, organización económica, desempleo, internet, trastornos psíquicos… o sea, la vida misma.

Usted es filósofo de formación, pero se dedica a la sociología. ¿Qué relación hay entre filosofía y sociología?

Me formé como investigador en el campo de la epistemología de las ciencias sociales, así que estaba razonablemente familiarizado con al menos algunos debates relevantes en distintas ciencias sociales, como la sociología, la politología, la economía o la psicología. De hecho, mientras terminaba Filosofía empecé a estudiar Sociología. Pero mi formación fue filosófica y así me doctoré en Filosofía. Lo que pasa sencillamente es que no encontré trabajo en ninguna facultad de Filosofía, me busqué la vida en la empresa privada y cuando se me presentó la ocasión de dar clase como profesor asociado fue en una facultad de Sociología, en la Universidad Carlos III, de Madrid (España). Desde entonces, he seguido mi camino por esa vía y me he ido interesando cada vez más por la reflexión sociológica y dejando olvidada, a veces para mi desgracia, la filosofía, que me gusta mucho pero que, como cualquier disciplina necesita ejercicio, ¿no? Los músculos si no se ejercitan se atrofian y noto que mis músculos filosóficos van perdiendo tono.

¿Entonces no tiene demasiada aplicación en el campo de la sociología?

En realidad, sí. Hay amplias zonas de solapamiento entre las ciencias sociales y la filosofía. La teoría sociológica, la teoría política o algunas áreas de la economía están entreveradas de filosofía. Hay bastantes caminos de ida y vuelta. Hay muchos sociólogos que han hecho aportaciones importantes al campo de la epistemología y grandes sociólogos de formación filosófica, como Bourdieu. Wittgenstein es un filósofo que se utiliza muchísimo en sociología. No son campos separados estrictamente, la contaminación es constante.

"Sociofobia", de César Rendueles, publicado por Capitán Swing.
“Sociofobia. El cambio político en la era de la utopía digital”, de César Rendueles, publicado por Capitán Swing.

Usted escribió un libro titulado Sociofobia. ¿Qué significa ese concepto?

Bueno, usé ese término, que en realidad es un préstamo de la psicología, para describir cómo el proceso de fragilización de las relaciones sociales característico de nuestras sociedades posmodernas inducía cierta desconfianza respecto de la democracia. Sociofobia, tal y como yo usé el concepto, no es tanto el miedo a la sociedad como el miedo a la democracia. Quería transmitir la idea de que los procesos de democratización tienen condiciones sociológicas, no solo políticas, formales o económicas, y que en las sociedades muy fragmentadas es difícil que esos procesos prosperen.

¿Qué relación tiene esto con el capitalismo?

Los procesos de mercantilización característicos de las sociedades capitalistas tienden a inducir procesos de fragilización social, nos hacen más individualistas y atomizan las sociedades. No es el único contexto histórico en el que pasa esto, ha habido otras sociedades fragmentadas o individualistas, que finalmente han colapsado en su mayor parte, por cierto. Pero, desde luego, el capitalismo se caracteriza por hacer esto sistemáticamente. Sencillamente porque se basa en la competición a gran escala, y la competición es incompatible con tejidos sociales sólidos.

¿Qué otras sociedades han sufrido estos procesos?

Hay un libro terrible y muy divertido al mismo tiempo, Colapso, de Jared Diamond, que hace un recorrido por distintas sociedades que han colapsado a lo largo de la historia, casi siempre por motivos similares: agotamiento de los ecosistemas, sobrepoblación y dinámicas sociales competitivas. Un caso muy conocido es el de la Isla de Pascua, donde rituales competitivos extremos acabaron con las condiciones materiales para la vida humana. En general, las sociedades humanas son compatibles con niveles de competencia relativamente bajos. Por eso tradicionalmente las interacciones mercantiles tenían lugar no en el interior de las sociedades, con tus parientes o con tus vecinos, sino con extranjeros de los que se consideraba legítimo sacar ventaja.

Dice también que esta mercantilización no afecta solo a las relaciones sociales, sino también a la identidad personal…

La mercantilización extrema, el que buena parte de nuestra vida y de nuestras relaciones con los demás esté mediada por relaciones mercantiles, acaba afectando a nuestra subjetividad, a nuestra manera de ver el mundo y de vernos a nosotros mismos. Sobre todo, hace que nos resulte complicado establecer compromisos a largo plazo, porque tendemos a entendernos a nosotros mismos como entendemos las relaciones en el mercado. ¿Qué es lo característico de las relaciones en el mercado? Que están dominadas por la lógica de la preferencia. Los vínculos mercantiles están basados en una mecánica hedónica muy sencilla: basta con que desees comprar lo que vas a comprar. En principio, no se te exige ningún compromiso adicional. Si en un momento dado te deja de interesar la marca de champú que usabas, la dejas de comprar y no pasa nada. En muchas de nuestras relaciones sociales opera una lógica mucho más compleja que no se puede reducir solo al deseo, por eso no podemos revertir esas relaciones cuando queramos y de la forma en que queramos sin generar confusión, dolor y desorden a nuestro alrededor. Y, sin embargo, la mercantilización generalizada hace que lo veamos todo así: nuestras relaciones personales, incluso cómo nos relacionamos con nuestros propios compromisos…

¿Y qué tiene de malo no comprometerse o no vincularse?

Efectivamente, muchas veces no tiene nada de malo. Al revés, a veces desvincularse y saber romper con ciertos compromisos tóxicos es muy bueno. Hay, por ejemplo, familias terribles de las que hay que huir como de la peste. Pero también hay ámbitos de nuestra vida en los que esa lógica de la preferencia es catastrófica. Suelo poner siempre el mismo ejemplo porque es muy ilustrativo. Si cualquier padre o cualquier madre espera, cuando llora un bebé por la noche, a sentir que prefiere levantarse a darle el biberón o a cambiarle el pañal, probablemente ese bebé se muera de hambre. ¿Quién prefiere levantarse a las tres de la mañana a darle el biberón a un niño? Nadie prefiere cuidar de su padre con alzhéimer, incluso nadie prefiere sacar a pasear a su perro a las siete de la mañana lloviendo… Es otra lógica, no la de la preferencia, la que domina esos vínculos. Y son aspectos que la mayoría de la gente consideramos muy importantes en nuestras vidas. Sería terrible que todo en nuestra vida estuviera dominado por esos vínculos profundos. Está muy bien que haya espacios donde domine la preferencia, yo estoy encantado, por ejemplo, de dejar libros que no me están gustando. Pero cuando esas dinámicas basadas en la preferencia colonizan todo tipo de relaciones es igualmente terrible.

Siempre pienso al oír hablar de esto en el Principito y su rosa…

¿En qué sentido?

El Principito tiene una rosa en su planeta y hay un momento que dice que esa rosa, que él ha regado y ha protegido del viento, no es cualquier rosa que pueda encontrar en la Tierra, es su rosa, la que él ha cuidado.

Sí, efectivamente. Eso lo explicaba muy bien Santiago Alba Rico. No es verdad, decía él, que la vida sea sagrada, la vida se vuelve valiosa en la medida en que se usa. ¿Y cómo se usa? Cuidándola. Los hijos se vuelven valiosos en la medida en que “los usamos”, y los usamos cuidándolos. Santi contaba también que una vez le hizo una pregunta a una niña: “¿Para qué sirven los bebés?” Y la niña le dijo: “Para cuidarlos, claro”. Y curiosamente yo les he hecho esa pregunta a más niños y muchos responden eso, igual que si les preguntas para qué sirve una mascota. Una tortuga, ¿para qué sirve una tortuga?, ¿para qué sirve un perro?, ¿para qué lo quieres? “Para cuidarlo”, muchos niños responden así. Es una respuesta que se te va olvidando de adulto, pero que en realidad es muy intuitiva. Y yo creo que es muy importante. Hay cierta lógica del cuidado que te lleva a establecer compromisos diferentes de los que estableces en otros ámbitos donde prima la lógica del deseo más inmediato. Y está bien que sea así, ¿no? Por ejemplo, cuando uno aprende a tocar un instrumento musical, los primeros días es terrible: aquello no suena, es aburridísimo; pero cuanto más lo usas, cuanto más lo prácticas, más comprometido te sientes con esa práctica, y al final si no lo tocas tres o cuatro horas al día te sientes incompleto. Y en el mercado es justo lo contrario: en el mercado en cuanto compras la cosa ya está obsoleta.

Creo que en algún momento dice que renunciar o dejar de lado esta vinculación hace que nuestras personalidades sean más incoherentes, que tengan menos sentido.

Claro, si te das cuenta, desde el punto de vista de la lógica del deseo o de la preferencia (aunque quiero insistir: me parece muy necesario reservar espacios vitales y sociales para esa clase de dinámicas), la única perspectiva correcta es la del ahora. ¿Cuál es mi deseo correcto? El de ahora. Que hace una hora me apeteciera o no un cigarrillo no cuenta, lo que cuenta es que me apetece ahora, punto. Mi deseo de antes no me compromete ni me deja de comprometer. Pero, claro, desde ese punto de vista, toda mi identidad personal es una sucesión de fragmentos, una sucesión infinitesimal de momentos puntuales con deseos puntuales. Y, de nuevo, eso en parte es verdad, somos así en parte. Pero solo en parte. También tenemos una cierta coherencia: hacemos proyectos de vida, tenemos un pasado que nos orienta hacia el futuro, una cierta aspiración de completud. Cuando se imponen en exclusiva las infinitésimas del puro deseo, creo que eso choca contra alguna estructura antropológica profunda muy asentada en nosotros, porque somos animales que aspiran a tener esa cierta proyección hacia el futuro y que tienen capacidad para mirar hacia el pasado.

En cambio, pese a todo lo que está diciendo ahora, insiste en que el mercado, en sí mismo, no es malo.

Sí, soy muy pesado con esto: una cosa es el capitalismo y otra es el mercado. El capitalismo puede ser definido, al menos en parte, como un sistema mercantil, pero un sistema mercantil es algo diferente del mercado. Mercados ha habido en casi todas las sociedades que conocemos, pero en la mayor parte de ellas han sido muy limitados. Eran espacios sociales muy restringidos, en algunas ocasiones marginales, y que podían tener efectos sociales muy positivos. A veces hace falta competencia, hace falta que el deseo de ventaja individual rija algunos ámbitos de nuestra sociedad. A veces los mercados tienen efectos democratizadores porque rompen lógicas clientelares. Así que no creo que haya que despreciar esa forma de organización económica. Lo que creo es que hay que ser muy conscientes de sus efectos negativos, potencialmente catastróficos, para encapsularlos donde no hagan daño y por tanto sean beneficiosos.

A este respecto, dice en el libro algo así como que estamos inmersos en un experimento histórico delirante. ¿En qué sentido?

Porque la sociedad mercantil puede ser entendida como una auténtica excepción histórica, una sociedad muy exótica que rompe totalmente con lo que ha sido la normalidad antropológica hasta hace muy poco, un suspiro en término históricos. Probablemente vaya a ser un experimento fallido y breve, de apenas unos pocos siglos, frente a sociedades y modos de vida que han durado milenios porque se enfrenta a límites materiales infranqueables. El capitalismo tal y como lo conocemos es imposible que subsista porque es medioambientalmente incompatible con la vida humana.

En términos políticos y sociológicos, es un experimento que forma parte de las utopías del siglo XIX. El capitalismo en el fondo es un poco como si los partidarios de los falansterios hubiesen triunfado, como si aquellos experimentos tan locos de los saintsimonianos se hubieran impuesto. La diferencia es que, como ha triunfado, nos parece normal, pero es algo tan loco como eso. Los de los falansterios querían mandarnos a todos a vivir a comunas y los capitalistas quieren convertir el mundo en una especie de estadio deportivo donde estamos echando carreras de cien metros los unos contra los otros todo el tiempo. Es una auténtica locura, un delirio. Ninguna sociedad ha sido tan idiota como para hacer esto.

¿Qué ha pasado para que nuestra sociedad haya sido tan idiota?

Bueno, han pasado varias cosas. En el fondo nuestra sociedad no ha sido tan idiota, lo que pasa es que los que no eran tan idiotas fueron derrotados. Digamos que a principios del siglo XIX mucha gente tenía claro que había una cuenta pendiente entre la revolución democrática, la revolución burguesa heredera de la Ilustración que aspiraba a racionalizar el mundo social, y la revolución económica que se había puesto en marcha en Inglaterra y que no se había afectada por la democratización. Esa disputa se saldó con el triunfo de los que tenían el poder económico frente a quienes aspiraban a democratizar la política. Eso es lo que pasó. Y así pudieron imponer un proyecto utópico, utópico en el sentido de que es insostenible. Ha sido insostenible socialmente, pero también materialmente, algo que los ecologistas llevan diciendo mucho tiempo.

Dice también que es un delirio el desempleo. ¿Nunca ha habido desempleo más que en la sociedad capitalista?

Claro, a lo largo de la historia las sociedades humanas se han enfrentado a dos situaciones. Una era que no hubiera comida o recursos para alimentar a toda la población: entonces se producía una hambruna y la gente se moría de hambre. O dos: que por una crisis demográfica no hubiera suficientes brazos para aprovechar los recursos disponibles, para cultivar o cuidar el ganado. Pero las dos cosas a la vez es una especie de imposibilidad lógica. ¿Cómo puede ser que haya recursos de sobra pero que, al mismo tiempo, haya gente que no puede ganarse el sustento? O lo uno o lo otro, ¿no? Y de hecho, lo normal a lo largo de la historia es que la pobreza fuera compartida: algunas sociedades podían morirse de hambre, pero se morían de hambre a la vez, todos por igual.

El paro es una exoticidad, sería muy difícil explicarle a alguien del siglo XIII lo que es el paro. Y solo a alguien del siglo XIII. Hace años estuve en Cuba, justo al final del periodo especial, y me costaba mucho explicarles a los cubanos de aquel entonces lo que era el paro. Me decía uno: “Yo voy a ir a España a trabajar porque soy anestesista”. Y yo le contestaba: “Bueno, tú irás a España, pero otra cosa es que encuentres trabajo”. “No, no, que soy anestesista. Y soy bueno, además”. “Sí, sí, pero eso no significa que vayas a encontrar trabajo”. Era un diálogo de besugos, completamente absurdo. Él pensaba que yo no entendía que tenía estudios y yo no conseguía explicarle lo que era el paro, porque en la Cuba de entonces, si tenías estudios y eras anestesista y se te daba bien, tenías trabajo.

César Rendueles. Foto: Elvira Megía.
César Rendueles. Foto: Elvira Megía.

Usted trata por extenso en el libro la racionalidad instrumental y los recursos de uso común y los pone como ejemplo de la lógica capitalista.

Digamos que hay dos orientaciones en sociología y en otras ciencias sociales que se suelen contraponer de forma muy radical. Una entiende que nuestra estructura de racionalidad privilegiada es la racionalidad instrumental, que sencillamente rige nuestra conducta una lógica muy elemental que consiste en buscar los medios que consideramos idóneos para un conjunto de fines dados y que cualquier tipo de conducta se puede reducir a esa lógica. Y en cambio hay otra corriente que plantea exactamente lo contrario, que lo que rige nuestra vida social son las normas, las reglas que nos hemos dado, y que cualquier conducta puede ser reducida a esto, e incluso que la expansión de la conducta instrumental característica de nuestro tiempo puede ser entendida como el tipo de norma idiosincrásica que domina las sociedades occidentales capitalistas, pero que en el fondo sería un universo normativo más. A mí me parece que ambas posiciones son muy maximalistas y que exageran. En algunos momentos de nuestras vidas somos racionalistas instrumentales y en otros momentos somos kantianos, con normas muy rígidas y no reducibles a ningún fin.

Los recursos de uso común o bienes comunes han sido un espacio social muy importante históricamente en el que no nos comportamos como kantianos, porque rige una cierta instrumentalidad, ni tampoco como egoístas racionales, porque también se dan normas de reciprocidad. Si todos los demás se ponen a sacar partido como gorrones, seguramente nosotros también lo haremos, si nadie colabora nosotros tampoco. Pero si los demás colaboran y se comportan conforme a normas de generosidad y reciprocidad, nosotros no nos comportaremos como gorrones para sacar provecho como dicta la racionalidad instrumental, sino que adoptaremos ese espacio intermedio que en realidad es muy característico de muchas interacciones sociales (me atrevería a decir que de la mayoría) y que se ve muy bien en los recursos de uso común, que han sido muy estables en el tiempo y muy importantes en la subsistencia de muchas sociedades.

¿Tiene esto algo que ver con el dilema del prisionero? Porque me viene a la memoria una frase de Carlos Fernández Liria que dice algo así como que los sociólogos se dedicaron a estudiar el dilema del prisionero, que decía que “si todo el mundo se comporta como un miserable egoísta mentiroso, sorprendentemente el resultado no es siempre el mejor de los posibles”.

A ver, Carlos se pasa de vehemente a veces [risas]. El dilema del prisionero genera mucha risa entre algunos filósofos que lo miran como una idiotez propia de economistas y sociólogos, pero no es así para nada. El dilema del prisionero es muy importante. ¿Por qué? Porque es un experimento mental que permitió someter a examen una posibilidad que había que recorrer: la de intentar explicar la vida social conforme a un modelo de individualismo metodológico basado en la teoría de la elección racional. Y eso era muy atractivo porque es un marco teórico mucho más parsimonioso que las hipótesis colectivistas. Y dentro de ese proyecto, que insisto en que merecía la pena recorrer, el dilema del prisionero es muy interesante porque es un teorema de imposibilidad.

Lo que dice el dilema del prisionero es que hay al menos una situación en que ese proyecto individualista fracasa. Y es una situación muy común en nuestras relaciones sociales. Pero, claro, es importante saber si de verdad es un teorema de imposibilidad, y eso ha originado muchas respuestas diferentes, y por el camino hemos aprendido mucho, por ejemplo por qué no se da con tanta frecuencia, qué condiciones se tienen que cumplir para que se pueda dar el dilema del prisionero… Hemos aprendido mucho por el camino, entonces yo ese desprecio hacia la teoría de la elección racional la verdad es que no lo comparto.

¿En qué consiste el dilema del prisionero?

César Rendueles nos lo explica: “Es una situación estratégica en la que el punto de equilibrio es subóptimo. Se suele explicar con un experimento mental. Imagínate que la policía arresta a dos personas acusadas de un atraco. No hay pruebas suficientes para acusarlos, así que los separan, los incomunican y les ofrecen un trato. Si uno confiesa y su cómplice no, el cómplice será condenado a veinte años, y el que confiesa saldrá libre. Si ambos confiesan, los dos serán condenados a cinco años. Si ninguno confiesa, irán a la cárcel durante un año. El caso es que a los dos, desde el punto de vista de la racionalidad instrumental, les interesa delatar a su compañero, haga lo que haga el otro. Pero, si ambos se comportan racionalmente y hacen eso, estarán peor que si hubieran sido menos racionales. Esa es la gracia”.

Frente a la confianza en las posibilidades emancipatorias de Internet, usted es muy crítico y habla incluso de “ciberfetichismo”. ¿Por qué?

En los últimos veinte o treinta años, a medida que íbamos siendo más pesimistas con respecto a las posibilidades políticas de emancipación, sobre todo en un momento muy fuerte de despolitización de las sociedades occidentales a principios del siglo XXI, se fueron desplazando las esperanzas hacia la tecnología. Y a mí eso me resultaba muy sospechoso, la verdad. Me resultaba muy curioso que justo cuando se cerraban las posibilidades de cambio político apareciese como por arte de magia un deus ex machina, nunca mejor dicho, que las abría por otro sitio. Yo, como buen materialista, soy muy desconfiado de esas casualidades históricas. Me parece que las evoluciones históricas son mucho más lentas, más confusas y más conflictivas… Cuando las cosas están demasiado claras no me suelo fiar. Y me parece que eso es lo que ha pasado sistemáticamente, que se recurre a la tecnología digital a medida que desaparecen otras posibilidades. Cuando colapsan las posibilidades de crecimiento económico industrial, productivo y material, aparecen los polvos de hada de la economía del conocimiento. Cuando fracasa la economía financiera, aparece el Big Data y el bitcoin. Es una detrás de otra…

Lo que pasa es que Internet tiene características muy peculiares y no solo abría un ámbito de falsas esperanzas, sino que incidía en algo que hasta entonces había estado ajeno a otros procesos similares, que es el de la propia sociabilidad. Parece que en Internet se remediaba también esa fragilización de las relaciones sociales, que allí era posible construir nuevos vínculos sociales, nuevas formas de organización más intensas que las que existían en el mundo analógico y que esos déficits de organicidad y asociación que padecíamos en el mundo real allí quedaban mitigados. Y además quedaban mitigados no por lógicas organizativas nuevas, sino por la propia arquitectura digital. Como si la propia estructura de Internet llevara incorporada una muleta sociológica que generara sociabilidad como por arte de magia, sin ningún esfuerzo por nuestra parte.

Y no es así…

No, no es así.

¿Es justo al revés?

Diría que es más complejo. En general, no creo que la tecnología digital sea tan importante. Pienso que históricamente, al menos de momento, ha sido mucho más importante la televisión que Internet, sin comparación. En términos antropológicos, el cambio que introdujo la televisión me parece mucho más impactante, no creo que Internet haya provocado cambios tan profundos salvo en algunos aspectos muy concretos. Lo que sí ha hecho es acelerar procesos en marcha.

O sea, que en ese aspecto, más que ser un elemento democratizador, ¿sería solidario con el capitalismo?

A menudo las tecnologías digitales intensifican los procesos de individualización y despolitización en cursos. Pero no es algo consustancial a ellas. Cuando se dan dinámicas de repolitización y de organización emancipadora, también pueden servir de aceleradores. Lo cual, por cierto, tampoco es necesariamente bueno: hay algunos de esos procesos que no necesitan aceleración sino parsimonia.

"Capitalismo canalla. Una historia personal del capitalismo a través de la literatura", de César Rendueles, publicado por Seix Barral.
“Capitalismo canalla. Una historia personal del capitalismo a través de la literatura”, de César Rendueles, publicado por Seix Barral.

Ha publicado otro libro que se titula Capitalismo canalla. ¿Qué significa este sintagma?

Bueno, hace referencia a la idea de que, frente a ciertas historias del capitalismo muy edulcoradas, lo cierto es que el origen histórico del capitalismo es mucho más sórdido, es una historia de bajos fondos. Los primeros mercaderes eran buscavidas. El comercio, no solo la usura, estaba mal visto, en particular cuando se trataba de bienes de primera necesidad. Los mercaderes eran gente que vivía un poco en los límites de lo correcto y lo incorrecto, las ovejas descarriadas que abandonaban su modo de vida tradicional para buscarse la vida. Puede parecer que tiene un halo romántico, pero la verdad es que a menudo se buscaban la vida mediante el robo y la esclavitud. La distancia entre el pillaje, la piratería y el mercado era difusa. Se comerciaba cuando no se podía robar, más o menos.

En este libro explica la historia del capitalismo a través de textos literarios. ¿Sirve la literatura para entender los sistemas económicos? ¿En qué sentido?

Depende. Sirve de distintas maneras. Se puede hacer una historia literaria de los sistemas económicos, que es algo complicado, yo no lo he hecho ni lo sabría hacer. Esto sería ver qué información proporcionan los textos literarios sobre la época en que fueron escritos. Otra forma, que es lo que he hecho yo, es usarlo como ilustración, para arrojar luz sobre aspectos de la historia que en narraciones convencionales han quedado opacados. Son dos aproximaciones distintas que no tienen nada que ver entre sí. Yo lo utilizo de esta forma un poco benjaminiana, usar los textos literarios para crear iluminaciones, que decía Benjamin, usar esos instantes en los que aparece una nueva articulación histórica, una nueva forma de entender las cosas… Por ejemplo, la idea de que el capitalismo nació de los buscavidas: para eso es muy útil usar textos literarios, como puede ser Robinson Crusoe. Pero no buscando el rigor histórico, sino porque arroja como un flash, un rayo de luz sobre esa realidad.

En algún lugar ha dicho que el libro más importante de nuestra época es el DSM, el manual de diagnóstico de la Asociación Americana de Psiquiatría. ¿Por qué es tan importante y qué tiene que ver, si es que tiene algo que ver, con todo lo anterior?

Sí, tiene mucho que ver. Es una idea que se me ocurrió leyendo a Ballard, un novelista de ciencia ficción que me gusta mucho. Una vez le preguntaron qué libros leía, qué le influía. Y decía que él, literatura, leía poca, pero que leía mucha documentación técnica de empresas, publicidad, las páginas amarillas… y que aprendía muchísimo. Y yo me di cuenta de que es verdad, hay toda una literatura que normalmente no tenemos en cuenta pero que es extremadamente influyente, puede cambiar muchísimo las cosas. Y el DSM es un texto que ha transformado tremendamente nuestra sociedad. Piensa que hay trastornos psiquiátricos, como por ejemplo el trastorno bipolar, que en algunos países se supone que afecta a más del 20% de la población. Por supuesto, no son exactamente enfermedades, sino malestares difusos relacionados con problemas sociales, pero cuya catalogación como enfermedades tratadas farmacológicamente, el hecho de que haya profesionales que se dedican a ayudar a la gente que es etiquetada con esos nombres, es crucial para entender nuestro tiempo.

Además, tiene una historia interesantísima, absurda desde el punto de vista científico, porque el DSM se hizo por votación. Antes de que se impusiera el paradigma del DSM, Manual estadístico de diagnóstico en español, había distintas escuelas psiquiátricas, cada una con sus criterios diagnósticos, muchos de ellos contradictorios entre sí pero eso no generaba grandes problemas. La cosa se torció cuando, a principios de los años setenta, un profesor de Stanford, David Rosenhan, reclutó a ocho amigos y, cada uno por separado, se presentó en hospitales psiquiátricos de distintos puntos de Estados Unidos diciendo que oía voces. Todos ellos fueron ingresados inmediatamente. Desde el primer minuto de su internamiento se comportaron con normalidad e informaron a los médicos de que ya no oían voces. Sin embargo, nadie detectó que no padecían ninguna enfermedad. Rosenhan publicó un artículo que tuvo mucha difusión. El problema empezó cuando las aseguradoras estadounidenses dijeron que no pensaban seguir pagando medicación y tratamientos si los psiquiatras no eran capaces de distinguir a un enfermo de una persona sana. La asociación profesional norteamericana de psiquiatría respondió encargándole a un psiquiatra llamado Robert Spitzer que elaborara un catálogo diagnóstico exhaustivo y coherente de los trastornos mentales. Spitzer formó un grupo que trabajó durante años para catalogar más de trescientas enfermedades. ¿Cómo lo hicieron? No con criterios científicos, sino intentando contentar a todas las escuelas psiquiátricas, acordando criterios consensuales y muy inclusivos, sin discusiones causales. En cualquier caso, el DSM es un texto que ha redefinido completamente nuestra contemporaneidad. Interpretamos nuestros conflictos sociales en maneras que han quedado definidas en ese texto. Nuestros conflictos laborales los interpretamos como acoso, como mobbing, por ejemplo.

Estoy entendiendo que, según dice, sirve para individualizar e incluso patologizar relaciones sociales.

Sí, a mí me parece horrible, pero, aunque no te parezca malo, me parece importante pensar el modo en que esa consideración de muchas de nuestras relaciones sociales surgen de etiquetas que han quedado definidas en el DSM, un texto con una historia peculiar. Así que deberíamos cuestionarnos, por ejemplo, la epidemia actual de hiperactividad y trastorno de déficit de atención entre los niños… En mi opinión, un porcentaje altísimo se limita a redescribir lo que es la infancia. La infancia consiste en buena parte en tener hiperactividad y déficit de atención [risas]. Pero bueno, aceptamos esas etiquetas, ¿no? De ahí la idea de que es un libro tan importante.

Fuente: https://blogs.herdereditorial.com/filco/cesar-rendueles-capitalismo-incompatible-vida-humana/

La peligrosa legitimación del “fascismo social”

El triunfo de Jair Bolsonaro en Brasil evidenció las limitaciones de los gobiernos populistas latinoamericanos. Podría marcar el inicio de un ciclo social regresivo y un retroceso democrático.

Por Maristella Svampa *

Debates me consulta sobre cómo los gobiernos del Partido de los Trabajadores derivaron en un fenómeno como el de Bolsonaro en Brasil y las consecuencias de que este “agotamiento” de los progresismos latinoamericanos en la región derive en regímenes de extrema derecha.

Voy a hablar primero de la dimensión más política del fenómeno. Siempre digo que los populismos latinoamericanos, que suelen ser progresistas, estatalistas, nacionalistas, son muy ambivalentes . Por un lado, desarrollan políticas de inclusión para con los más desfavorecidos; por el otro, hacen un pacto con el gran capital.

En este marco, se desarrolla una retórica de guerra, avalada por la oposición. Este encasillamiento de la realidad en dos bandos opuestos implicó una tremenda polarización y simplificación del espacio político, que vivimos hasta hoy. Del lado de los progresismos, la polarización produjo una exacerbación de las hipótesis conspirativas: al final todo terminaba siendo culpa del “imperio”, de la derecha o de los grandes medios de comunicación. Toda crítica desde la izquierda ecologista, indígena o clasista era “funcional” a los sectores más concentrados. Lo peor es que no hubo posibilidad de que emergieran nuevas opciones en el campo de la centroizquierda, lo que se agravó con los años, al calor del proceso de concentración del poder en los líderes o lideresas progresistas.

Te puede interesar | Opinión: Te odio porque te amo

Desde el PT al kirchnerismo, nadie quería competencia en su espacio ideológico, y las nuevas opciones de centro izquierda fueron incapaces de derribar el muro. En el caso del kirchnerismo fue claro: Cristina Fernández eligió como opositor-estrella a Macri, cuando éste estaba lejos de tener chances electorales a nivel nacional. Tampoco hubo lugar para la autocrítica sobre el declive de los progresismos.

Desde los sectores de derecha observamos la demonización de las experiencias progresistas, que hacia el fin de ciclo fueron caracterizadas como “populismos irresponsables”, culpables de haber desperdiciado la bonanza económica asociada al boom de los commodities; y reducidos a una pura matriz de corrupción, frente a escándalos como el Lava Jato en Brasil y los que ya se filtraban en Argentina.

La peligrosa legitimación del “fascismo social”

La derecha se vio beneficiada por la polarización, porque con los años los oficialismos progresistas fueron revelando con claridad sus limitaciones, sus déficits y también sus perversiones. Al calor de la crisis económica, fueron licuando su capital político. Al calor de los hechos de corrupción, perdieron credibilidad. Se fueron convirtiendo en regímenes de dominación tradicional.

El fin de ciclo dejó al rey desnudo: al contrario de lo que se pensaba inicialmente, no era tan cierto que la región latinoamericana iba a contramano del resto del planeta. No era tan cierto que se hubieran reducido las desigualdades en América Latina, en realidad, más bien se redujo la pobreza, se aumentó el salario de los trabajadores en blanco, se amplió el consumo, pero todo esto siempre en forma aleatoria y volátil, dependiente de los ciclos económicos. Tampoco hubo reforma tributaria, no se tocaron los intereses de los más poderosos.

Dinámicas de democratización

Hubo, ciertamente, dinámicas de democratización específica. Por ejemplo, el PT impulsó el ingreso de los jóvenes negros y pobres a la universidad pública. Democratizó y “plebeyizó” el sistema universitario. El kirchnerismo amplió los derechos de las llamadas minorías sexuales, incrementó el presupuesto para la educación pública y amplió la jubilación, por ejemplo. Pero por otro lado, tanto el PT como el kirchnerismo pactaron con el gran capital extractivo y, en el caso del PT, también con el financiero. Nunca como antes los sectores concentrados hicieron negocios tan fabulosos. Al final del ciclo, se probaría que en realidad los pobres eran un poco menos pobres, pero los ricos se habían hecho aún más ricos.

Por otra parte, los hechos de corrupción revelaron una trama muy oscura de sobreprecios, de cuentas offshore, de enriquecimientos escandalosos, un sistema a gran escala.

La crisis del sistema democrático en Brasil, de la mano de las delaciones que implicó la caída de la clase política y empresarial, nos devuelve un escenario de descomposición. Aunque no esté probado que Lula se haya quedado con un departamento, y Dilma está lejos de estar implicada directamente en algún hecho de corrupción (ciertamente su desplazamiento fue un golpe de Estado parlamentario), ambos resultan responsables, en tanto máximos representantes del PT y ex jefes de Estado, de haber avalado un sistema de corrupción a gran escala, desde el “Mensalao” (causa por sobornos a parlamentarios a cambio de apoyo político en el Congreso) al Lava Jato (trama de sobreprecios y sobornos de contratistas del Estado a líderes políticos, en especial con fondos de la petrolera estatal Petrobras) junto con el resto de la clase política y empresarial. No se los puede eximir de responsabilidad. Y en eso los oficialismos de izquierda todavía no hicieron la autocrítica.

Temer y Macri se explican en ese escenario de desencanto, de decepción, que refleja una derecha refortalecida, con un lenguaje abiertamente neoempresarial y antipopulista. Una derecha a la que no le tiembla el pulso para reprimir ni para redoblar el ajuste neoliberal y el neoextractivismo en los territorios en disputa. Así, comenzamos a vivir otro clima de época. Los aires progresistas parecen estar cada vez más lejos. Términos que hasta hace poco tiempo parecían expulsados del lenguaje político volvieron a estar en el centro de la agenda. “Mercados, FMI, ajuste, sinceramiento, tarifazos…”.

Ahora bien, hasta ahí tenemos un escenario político más bien latinoamericano, que va diseñando un “consenso antipopulista”, en una lectura lineal, propia de la derecha, que asocia al populismo exclusivamente con la corrupción y el despilfarro.

Y, recordemos, los populismos latinoamericanos del siglo XXI –como dije al principio– no fueron una pura matriz de corrupción, también hubo una dinámica de democratización, ligada a un lenguaje de derechos.

En el plano social

Lo que ocurre con Jair Bolsonaro en Brasil nos pone en alerta, porque de algún modo resitúa a América Latina en el escenario político global, en consonanciacon lo que sucede en los Estados Unidos de Donald Trump, con el populismo de derecha, donde converge la xenofobia, el lenguaje antiderechos, con el nacionalismo de extrema derecha; o como es el caso de algunos países europeos, donde se expanden los partidos de extrema derecha.

Sobre lo social entonces.

Si bien es cierto que hay algo del orden de “lo impensable” en esta emergencia de la ultraderecha, que evidencia la fragilidad de los valores democráticos e instala un clima social regresivo, hay que decir que todo esto se nutre de un fascismo social preexistente. Todo esto no sucede de la noche a la mañana, pero una vez que coagulan ciertas dinámicas sociales regresivas puede verse con claridad que estamos frente a otro escenario, muy distinto al anterior. En este sentido, coincido con lo que afirma el ensayista Alejandro Katz, que aquello que antes no era permitido, que era mal visto, que no podía decirse porque era políticamente incorrecto, que era entendido como un gesto antidemocrático, lo que podemos llamar los peores sentimientos, los más arcaicos y primarios, ahora pueden ser dichos abierta e violentamente.

La honestidad brutal y los peores sentimientos priman por sobre los valores de la tolerancia y el reconocimiento del otro. Ese nuevo clima de época, regresivo y prefascista, está buscando una traducción política. En lo político, y más allá del sentimiento antipetista de las clases medias y altas, Bolsonaro expresa ese llamado social a restablecer los valores morales tradicionales y las jerarquías depuestas.

Esto se liga a la acción sostenida de determinados actores, como por ejemplo las iglesias evangelistas, promotores de una visión tradicional de la familia y las relaciones sexuales, que fueron cruciales para el triunfo de Bolsonaro. En Argentina, estas iglesias junto con los llamados sectores “provida”, fueron fundamentales en las movilizaciones contra la legalización del aborto. En Colombia promovieron el rechazo del acuerdo de paz entre el gobierno y las FARC hace dos años, porque decían que éste impulsaba la “ideología de género”. En Costa Rica hubo un candidato de ultraderecha evangelista y homofóbico que pasó a segunda vuelta, aunque felizmente no ganó.

Odio y desprecio

Este fascismo social manifiesta el odio y el desprecio hacia el/la que es diferente, oponiéndose a ciertas dinámicas de democratización, de ampliación de derechos. Desde abajo se expresa en la defensa de la familia tradicional y sus instituciones, en el apoyo a los discursos punitivistas en relación a la inseguridad (antigarantismo).

Desde arriba se combina el llamado de aquellos que defienden una concepción que bien podría entenderse como una actualización de la doctrina de seguridad nacional, con fuerte presencia de los militares, asociada en lo económico al neoliberalismo. Esa fue la fórmula de la dictadura militar brasileña, un capitalismo autoritario y de índole nacionalista. Esto último sin duda va a afectar aún más el mundo de los trabajadores, al cada vez más amplio universo de los pobres y excluidos, así como al de los movimientos que luchan contra el avance del capital extractivo en los territorios. La Amazonía ya es una frontera de muerte.

No se olviden que América Latina es la región del mundo donde se asesinan mayor cantidad de activistas ambientales, y Brasil es desde el 2015 el país que ha venido encabezando el ranking de asesinatos, precisamente en la frontera amazónica. Es de esperar que, con las declaraciones que hizo Bolsonaro –que lo acercan a Trump en su negacionismo en relación al cambio climático– la situación empeore notablemente. Los movimientos campesinos y socioambientales antiextractivistas, las ONG ambientalistas y los defensores de los derechos humanos están muy amenazados: serán abiertamente considerados como un obstáculo “criminal” que se opone al avance del capital.

Durante doce años vivimos la incomodidad de los populismos progresistas. Pero las conductas ligadas al fascismo social no estaban legitimadas. Hoy la situación es de un gran retroceso. No sabemos hasta dónde puede llegar Bolsonaro, pero no hay que olvidar que es un candidato apoyado por los militares, que buscan recuperar su lugar de poder en la sociedad brasileña. En un contexto marcado por nuevos conflictos sociales, mayor desigualdad, creciente desorganización social, discursos punitivos y crisis de los partidos políticos se va abriendo una peligrosa caja de Pandora que va instalando y legitimando conductas fascistizantes, que durante décadas creímos erradicadas. Así, son diferentes los elementos que van articulando este fascismo social con el neoliberalismo económico, en un escenario que parece anunciar los contornos de una posible guerra social destructiva, en donde se juegan las emociones y sentimientos más primarios de la sociedad. El “fascismo social difuso” –del cual nos hablaba ya años atrás Boaventura de Sousa Santos– comienza a encontrar una traducción política más estable. Muy probablemente éste no se manifieste de la misma forma en todas las sociedades, pero lo cierto es que se vienen tiempos de oscuridad.

 

*Socióloga, escritora, licenciada en Filosofía por la Universidad Nacional de Córdoba, doctora en Sociología por la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales (Ehess) de París, investigadora principal del Conicet y profesora titular de la Universidad Nacional de La Plata

Entrevista con Byung-Chul Han: Al capitalismo no le gusta el silencio

Byung-Chul Han, filósofo y profesor de Kulturwissenschaft en la UDK de Berlín, esboza con sus obras La sociedad del cansancio (2010), La sociedad de la transparencia (2012) y La agonía de Eros (2012) un análisis en tres partes de la sociedad contemporánea. En ellos describe de qué manera se está gestando en la actualidad un cambio de paradigma que pasa desapercibido: de una sociedad de la negatividad a una de la positividad, en la que todos tenemos demasiado, en la que todo se ajusta a todo. Han identifica a través de esto las causas del paisaje patológico de nuestro tiempo: depresión, déficit de falta de atención, desgaste profesional (burnout) y trastorno límite de personalidad (borderline). Una sociedad que es un «infierno de lo igual», puesto que todos se asemejan, es una sociedad sin Eros, y es que el Eros sólo puede valer frente al otro en una relación empática. Thomas Ostermeier y Florian Borchmeyer conversan aquí con Byung-Chul Han acerca de la crisis en los sentimientos en el teatro y en la sociedad.

Thomas Ostermeier: ¿Podemos explicar el desencadenado mercado financiero con la codicia?

Byung-Chul Han: El capitalismo no se puede explicar sólo con codicia. Actualmente pienso que la pulsión de muerte también está en acto. Tal vez somos nosotros quienes nos empujamos hacia nuestro fin. Nos destruimos para generar ganancias. Ya no hay renovación. La renovación consiste en dejar que las cosas envejezcan lo más rápido posible. Una maquinaria de destrucción. Hoy todo nace muerto. La guerra surge cuando las fuerzas de producción, debido a la falta de mercados, estallan y se desahogan en formas no-naturales. La guerra destruye de formas no-naturales. El consumo, en cambio, destruye de formas naturales. Consumimos para la paz (risa). Y no únicamente la naturaleza, también nuestra salud mental.

to: …Y la destrucción personal. Lo que usted describe en la Sociedad del cansancio es también la destrucción de la psique del hombre…

b-ch: Sí, y por eso mismo lo digo, es la pulsión de muerte…

Florian Borchmeyer: Tal vez no sea únicamente codicia, sino también deseo. El capitalismo es un sistema que genera deseos que hasta ese momento no existían. Nuevas necesidades y anhelos hacia nuevos productos que antes nadie necesitaba.

b-ch: Eva Illouz vincula el capitalismo con el romanticismo, con un romanticismo consumista. Pero no sé, realmente, en qué medida el capitalismo puede ser romántico. El deseo se relaciona con lo imposible, lo inalcanzable. No es consumible. Al contrario, lo que tiene lugar es la supresión del deseo. ¿Quién anhela hoy amar? Incluso el amor surge de sentimientos consumibles. El capitalismo crea continuamente necesidades de consumo. No existe «un anhelo» por un smartphone. El internet no es tampoco un espacio de deseo.

to: Usted escribe en su libro que el capitalismo no es una religión, porque no garantiza ni perdón ni expiación.

b-ch: Sí, justamente planteo eso, sobre todo respecto a la teoría de Walter Benjamin. Él señala que el capitalismo es un culto, no de la expiación, sino, más bien, de la culpabilización.* Sin embargo, una religión implica esencialmente también el perdón y la expiación. Una religión sin salvación no es una religión. El capitalismo únicamente endeuda. Quizás el hombre se culpabiliza a sí mismo para no ser libre, se crea deudas. Porque quien es libre debe actuar. Generalmente nos referimos a nuestras deudas para no tener que actuar. Cierto, también es Max Weber quien vincula el capitalismo con la posibilidad de la salvación.

to: ¿En qué consistiría la salvación en el capitalismo?

b-ch: No todos se encuentran entre los llamados. E, incluso, no se puede saber si uno pertenece a los llamados; pero, si tengo éxito y acumulo capital, entonces pertenezco a los elegidos.

to: Un calvinismo… Pero el capitalismo no promete una salvación en el más allá, la promete precisamente en esta vida.

to: Pero no de la salvación.

b-ch: Del brillo de la salvación. Si poseo riquezas inconmensurables, surge la ilusión de la omnipotencia y de la inmortalidad. Riquezas: es una bella palabra. Una riqueza inagotable maximizaría el poder y eclipsaría mi propia finitud. ¿En qué consiste la salvación? Esta ilusión debe ser suficientemente fuerte. Y ahí hay una dimensión teológica que no tiene nada que ver con la codicia. En el capitalismo hay varias dimensiones de la pulsión de muerte en juego. ¿Cuánto somos capaces de destruir? Todos lo saben: todo nace muerto.

to: Entonces permitámonos hablar una vez más del amor. En el teatro nos encontramos en una gran crisis, porque ya no somos capaces de narrar sentimientos en el escenario.

b-ch: ¿Por qué son imprescindibles los sentimientos en el teatro?

to: Porque describen situaciones emocionales.

b-ch: Se describen situaciones, luego vienen las emociones, y finalmente surgen los sentimientos. Yo actúo una figura, sin emociones, entonces hago un gesto. Y eso puede conmover al público. Si creo una figura, un gesto, surge a través de ello una narración. Y la narración crea sentimientos. Si lo que le interesa es expresar sentimientos de manera inmediata, directa, entonces tenemos pornografía, como lo señalaría Botho Strauß. El teatro de hoy es pornográfico, le hace falta lo erótico. Los actores son todos psicópatas. Y esto habla de una degradación fundamental del teatro.

to: ¿Y entonces qué debería narrar el teatro?

b-ch: ¡Situaciones, actos!

to: Claro. Pero es una ocasión en la cual (retomemos aquí un viejo concepto, aquel de catarsis) se lleva al público a un momento en el que pueden purificarse emocionalmente, porque han tenido una experiencia emocional; todo a través del seguimiento de una historia.

b-ch: Los sentimientos están siempre codificados. Y el teatro era tal que —incluso en el siglo diecinueve— la sociedad confirmaba siempre los códigos. Y es que, por medio de estos códigos surgen también sentimientos. Los sentimientos son la confirmación de dichos códigos.

fb: Tal vez deberíamos no apegarnos tanto a la narración de sentimientos. Porque los sentimientos no son la temática de la trama, son los motores…

b-ch: ¡Pero es eso lo más interesante!

fb: Un sentimiento no representa en sí mismo una historia, si no estaríamos llegando directamente a la pornografía, por ejemplo, si alguien quisiera hacer una obra de teatro acerca de un sentimiento, una obra sobre el amor, que explicara o representara el amor. Lo que sí son, desde la época de las tragedias griegas, es la fuerza motora de toda historia. Incluso en Antígona los sentimientos no son el tema: son la fuerza motora.

to: El impulso hacia una acción es siempre distinto entre una figura que se desplaza, y, por ejemplo, aquel otro que gustosamente también se desplaza. Así es como una figura comienza a moverse.

fb: Y lo que es provocado, según Aristóteles, es miedo y compasión. Las cuales, nuevamente, son categorías emocionales.

b-ch: Señor Ostermeier, usted dijo: La crisis del teatro contemporáneo consiste en la dificultad que tiene para narrar. ¿Por qué es una crisis actual, antes solía ser distinto?

to: Antes no se excluían los sentimientos, porque existían palabras que les correspondían. Mientras que, para nosotros, como usted lo describe en su libro, el Eros se ha perdido a través de la pérdida del otro.

b-ch: ¿Hoy, entonces, se quedan fuera los sentimientos? ¿Cómo?

to: Al menos en el teatro, sentimientos como la compasión, la tristeza, la empatía, el apego, el compromiso, todos son excluidos, renegados.

fb: … al menos su representación ininterrumpida…

to: La emoción más común que normalmente experimento en una visita al teatro es la agresión. Una agresión frontal ante la cual siempre me pregunto: ¿Por qué me grita alguien de esa forma, así, constantemente? No le he hecho absolutamente nada.

b-ch: Ya, entiendo. Recientemente fui a ver una obra de teatro. Fue demasiado ruidoso. Me incomodó, me sentí acosado. Me fui en la pausa. Yo quisiera, me gustaría más bien un teatro del silencio, donde se susurre. ¿Por qué tanto ruido?

to: Lo mismo pregunto yo mismo constantemente. ¿No sería acaso una prueba, que ya no dispongamos más del entreacto? No porque el teatro esté en crisis, sino, más bien, porque el teatro puede ser tan bueno como la sociedad que refleja. Y una sociedad que es sólo ruido o silencio, obtiene un teatro que sólo es ruido, o bien, deja de existir simplemente. ¿Cómo sería una posible respuesta a esta interrogación en torno a la crisis de los sentimientos?

b-ch: Deberíamos comenzar con una aclaración conceptual. Un sentimiento es distinto a una emoción. Un sentimiento es también distinto a un afecto. En su interrogación, en este respecto, nos encontramos frente a una falta de claridad conceptual. Y necesitamos claridad conceptual para poder discutir. Podemos hablar así del sentimiento de la belleza. En cambio, no podemos hablar de «la emoción o del afecto de la belleza». Se vuelve muy clara la diferencia entre emoción y afecto, por ejemplo, a través de ciertas expresiones. Tener el toque de la pelota (Ballgefühl) en el futbol, por ejemplo. ¿Afecto hacia la pelota (Ballaffekt), emoción de la pelota (Ballemotion)? (Risas). O la sensibilidad lingüística. Un sentimiento es una condición o una capacidad, es algo estático. Y la emoción, en cambio, es siempre un conmover. También una emoción puede provocar una historia, un acto. Podemos, entonces, decir: nos encontramos dentro de una crisis de los sentimientos debido a una coyuntura de los afectos. ¿Me pregunta usted por qué grita la gente así en los escenarios? Porque actúan con afectos, y ya no con sentimientos. Los sentimientos son inter-subjetivos. Los sentimientos fundan una colectividad, la constituyen. Lo que significa que son algo social. Los afectos pueden, por su parte, ser algo asocial, algo alienador, excluyente.

to: ¿Es la ira un afecto o un sentimiento?

b-ch: Depende del contexto. Un afecto no se canta. Narrar sentimientos significa cantar. En el teatro se canta. Para el canto se requiere una estructura narrativa, un espacio narrativo. A esto quiero llegar cuando pregunto qué entendemos por ira. Tomemos menin, la primera palabra de la Iliada.

fb: La narración de la cólera. Canta, oh diosa, la cólera…

b-ch: La primera historia de la cultura europea inicia con la cólera. Menin. Cantar la cólera. Esta cólera cantable no es un mero afecto, sino más bien lo que suscita esta narración es algo que contiene también la dimensión de lo colectivo.

fb: Se cuenta de una cólera, pero de una que emana de la ira individual de Aquiles…

b-ch: ¡Claro!

fb: …la cual, a su vez, cuestiona el sistema social, y, a través de eso, también el mundo de los dioses. Porque la Iliada cuenta la historia de la guerra de Troya desde el inicio hasta el final. La historia comienza cuando la cólera de Aquiles surge. Y, cuando se sosiega la cólera, también termina la historia. De esta manera es la cólera un sentimiento narrativo.

b-ch: Esta cólera se canta, lo que significa: es narrable. En esta historia el problema no es: ¿cómo podemos narrar sentimientos? La historia consiste en la narración de un sentimiento de cólera. Sólo podremos entender la crisis de los sentimientos cuando distingamos los sentimientos de los afectos. Para crear sentimientos, en necesario primero abrir un espacio de resonancia. Los afectos no lo necesitan, son como disparos, se buscan una vía. No despliegan ninguna espacialidad, no construyen.

to: ¿Hay, basándose en su conocimiento de la historia del pensamiento, sentimientos determinados que están desapareciendo? ¿Y otros que se están propagando? O, tal vez, ¿podríamos decir que los sentimientos disminuyen y los afectos aumentan?

b-ch: Creo que los sentimientos son espacialidades que no se pueden consumir. Mientras que las emociones y los afectos pueden hacerse consumibles.

to: (Susurra) ¡Los sentimientos también!

b-ch: Los sentimientos no se pueden consumir. La tristeza no se puede consumir. No hacemos dinero de la tristeza. Hoy hay ciudadanos irritados y olas de indignación. ¿Es esta indignación cólera? La cólera se puede cantar. La indignación no se puede cantar: es ruido en las redes sociales. La indignación es algo subjetivo, alienante.

to: ¿Y qué pasa con los indignados en España?

b-ch: No sólo ellos, también el Occupy Movement terminó en nada.

to: ¿Por qué?

b-ch: Porque el sistema aliena. ¿Cómo puede surgir un «nosotros» en un sistema donde cada uno está para sí mismo? Todo es pasajero.

to: Pero, al mismo tiempo, siempre se dice cómo las empresas hoy intentan, asemejándose a familias, crear lazos. Se trata siempre de vincular emocionalmente a los empleados con la empresa, para que ellos mismos se vuelvan más explotables. Antes un obrero era consciente de que su patrón lo explotaba, pero no tenía otra opción porque tenía cinco hijos. Hoy ocurre un fenómeno completamente diferente, como usted describe en su libro La sociedad del cansancio: la auto-explotación. Y todo comienza cuando uno mismo dice: «Mi empresa, para la que trabajo, es mi familia, mi hogar, y es el lugar donde también he crecido emocionalmente».

b-ch: El capitalismo se ahorra los sentimientos. Si tomara la decisión de comprar algo de manera racional, no compraría mucho. Se necesita movilizar emociones para crear más necesidades.

fb: ¿Emociones, o sentimientos?
b-ch: ¡Emociones! La emoción es un movimiento que me propulsa a ocuparme de él. Las emociones son inestables, la razón es estable.

Puedo mantener mis convicciones, pero las emociones me agitan, y para generar ventas y necesidades el capitalismo necesita más que lo racional. Por eso el capitalismo busca suscitar emociones al nivel del consumo. La publicidad debe alentar emociones, porque sólo lo emocional puede llegar más lejos, más adentro; y así, entonces, uno se deja ser más explotado todavía. El sentimiento de libertad de «tú no trabajas para nadie, optimízate, proyéctate a ti mismo…» sigue la misma lógica de «formo parte de una familia, me desarrollo y me realizo a mí mismo»…

to: …«y me vuelvo responsable de un proyecto»…

b-ch: …O una iniciativa… desde mi parte más personal, interna. Esto, claro está, es mucho más eficiente que una suerte de explotación exterior. Con emociones se pueden colocar cadenas internas, las cuales son peores que las externas.

to: La coyuntura de los afectos a costa de los sentimientos. Me atrevería a lanzar la tesis, a la cual ya ha venido aludiendo: Si perdemos la colectividad, perdemos también los sentimientos.

b-ch: Botho Strauß escribe: «Como cuando escuchamos un sonido plateado, de gracia femenina, casi entonándose a sí mismo, así, tal cual, y, al instante siguiente, de repente, tras un breve intervalo, degenera en un ruido gutural, casi un berrido, algo verdaderamente ordinario. Esta brusca variación en el espectro musical no es un gesto de coloración, es, más bien, un diálogo forzado, violento: obligar a alguien a dejarse conocer». Para Botho Strauß el teatro es un espacio de diálogo, y sólo ahí puede existir el Eros —por medio de este esfuerzo, que no es sino aproximarse al otro—.

to: Ese ha sido mi tema principal en los ensayos los últimos dos años. Porque me topé con él a partir de una gran frustración experimentada frente a la actuación, cuando me dije a mí mismo: «Detente, deja de querer generar sentimientos únicamente desde ti mismo». Antes mirábamos alrededor de nosotros. No sé si antes realmente actuaban entre ellos, al menos se volteaban a ver y compartían una codificación estética. Porque se intentaban conocer entre los actores, entenderse para convencerse. La dirección contemporánea de teatro establece el acuerdo estético fundamental: «Salta-al-frente-y-grítale-al-público». Lo que alguna vez fue un acto revolucionario, hoy se ha convertido en un gesto vacuo, de estética banal, puesto que ya no tiene nada de revolucionario, sino más bien repite un patrón ordinario.

b-ch: Si queremos hablar de sentimientos, deberíamos primero aprender a actuar con los demás. Porque, cuando se actúa con alguien, hay una narración.

to: Precisamente eso busco en mis ensayos. Les digo a los actores: «Dejen de comportarse como trabajadores, ocupados con sus cosas, pensando: es esta la figura que tengo que pintar».

b-ch: El teatro se ha vuelto ruidoso. En un teatro japonés me siento muy bien: el teatro-Nô, el teatro-Kabuki, no me hacen sentir acosado. Me gusta ir al cine. En un teatro me siento acosado por los actores.

to: …Porque la gente que está actuando sólo tiene una intención: hostigarlo. Es una tontería. Un teatro ruidoso es la expresión de una sociedad que ha perdido, como fenómeno colectivo, los sentimientos, y como nosotros queremos suscitar sentimientos en el teatro, para poder provocarlos, recurrimos a los afectos.

b-ch: ¿Provocarlos?
to: Sí, nuestros afectos provocan emociones en la sala.

b-ch: De hecho, los afectos no crean emociones.

to: No, más bien contra-afectos. Los afectos provocan justo eso que usted acaba de mencionar: ¡Es puro ruido! Esa fue su reacción. Y, ¿qué es eso sino un afecto?

b-ch: No: «Fue ruidoso. No hubo nudo narrativo».

BO: ¿«Nudo narrativo»? Es desacreditable.
b-ch: Sólo los nudos narrativos crean sentimientos.

to: ¿Y cómo podría ser eso, en un ambiente teatral, en el cual el discurso dominante es posdramático?

b-ch: ¿Qué significa posdramático?

fb: Estados de ánimo en lugar de acciones…

to: Lo posdramático quiere decir: en un mundo en el cual lo narrativo ya no forma parte de él porque no se identifican más agentes, no me es posible construir eventos dramáticos. Mi experiencia del mundo no es más que una desorientación, y yo no sé quién es responsable de lo que ahí pasa. Y este es el mundo que intento reflejar, y sólo puedo hacerlo de forma posdramática.

b-ch: Pero podría hacerse también un proyecto alternativo.
to: Intento, lleno de dudas, con mi teatro, crear algo que pueda ser un proyecto alternativo.

b-ch: Pero deberíamos no repetir lo que ya hace tiempo se superó, más bien, en lugar de eso, inventar una nueva forma de lo narrativo.

to: Es lo dramático. Es el nudo de una narración lo que crea sentimientos. Para eso, empero, necesito un tratamiento teatral.

b-ch: No sé si la narración tenga que ser siempre teatral.

to: No, no necesariamente. Una novela también puede funcionar así.

fb: Correcto, aunque tal vez deberíamos ir aún más lejos de sólo lo teatral. Usted escribe en La agonía de Eros: «Hoy en día el amor es positivado como una forma más del placer: tiene que producir, ante todo, sentimientos positivos, ya no es un evento, una narración, ya no es más drama, sino, más bien, es emoción y excitación sin consecuencias». Hemos estado aproximándonos hasta ahora al teatro y, sin embargo, parece que es un espejo de lo que ya sucede en nuestra sociedad.

b-ch: El amor es también un acto, una historia. Hoy, sin embargo, el amor adquiere la forma de un cómodo arreglo de sentimientos consumibles. La lealtad no es una emoción, es una acción. Una determinación. La lealtad convierte a la casualidad en destino. Crea algo eterno.

to: La mayor parte de la gente piensa que el amor es un baño de espuma.

b-ch: Un baño cambiante de afectos. Por eso cambiamos todo el tiempo de parejas, porque estamos hambrientos de afectos, de nuevas experiencias afectivas. Así, el amor pierde su estabilidad.

to: ¿Cuál sería su respuesta a la pregunta de la satisfacción de afectos a través del constante cambio de pareja?

b-ch: Esto último nos indica que el amor no es ya ninguna acción. En una carta de Gorz para D., una carta de un filósofo francés a su esposa, se encuentra esta declaración de lealtad: «Aunque ya tienes ochenta y cinco años y te has encogido cinco centímetros, siempre seguirás siendo atractiva». Esta fidelidad es un acto. La fidelidad no surge nada más así como un sentimiento, se lleva a cabo.

to: Pero ahí vienen los afectos, entre todo esto: «¡Oh! ¿De dónde estar segura yo de que este hombre es el hombre a quien yo amo, y con quien consumaré el acto del amor y el acto de la lealtad, y no alguno los otros ocho, alguno de los cuales también podría ser?».

b-ch: Hoy vivimos en una sociedad en la cual los actos ya no son posibles. En una sociedad afectiva yo ya no puedo actuar. Tal vez es la poligamia o esta sociedad del «poli-amor» —una expresión penosa— algo que podría hallarse en el modelo de producción capitalista o neoliberal. La maximización de opciones. Y la maximización de afectos. El modelo de producción económico se refleja también en el ejercicio del amor.

fb: En La agonía de Eros usted escribe: «Hoy en día el otro desaparece». ¿A qué se refiere?

b-ch: En nombre de la libertad hemos suprimido al otro, su negatividad. En nombre de la libertad hemos también eliminado todos los significantes masculinos como Dios o el falo. Narro la historia de un artista japonés que se amputó el falo e hizo que un cocinero lo preparara; y, entonces, invitó por Twitter a todo mundo para que probaran el platillo que habían hecho con su pene. En dicha ocasión realizó un performance y los invitados probaron su falo. Él quería ser libre, independientemente de un género, adquirir otra identidad. Para una tal totalización de la libertad debemos pagar un precio: una ausencia de orientación, una ausencia de vínculos. No tenemos a nadie enfrente, ningún otro. Cada quien está solo frente a sí mismo.

to: Usted hablaba antes del problema de la lealtad. ¿Por qué piensa usted que tanta gente tiene un problema de lealtad en nuestra sociedad?

b-ch: La lealtad y la productividad se excluyen. La deslealtad es la que se preocupa del crecimiento y de la productividad. Pero quiero volver al teatro. Para usted el teatro del futuro es un espacio libre de presiones monetarias. Yo también tengo una idea del teatro del futuro. Sería un teatro del silencio. Y tal vez queremos decir lo mismo. Al capitalismo no le gusta el silencio. •

Traducción de David Luna

* En alemán, «deuda» y «culpa» son la misma palabra, schuld. (N. del E.)

 

Bolsonaro y sus repercusiones en la región

Por Decio Machado / Universidad Nómada Sur

Brasil, país emergente que ha sido referencia en el subcontinente, se ha convertido tras las elecciones del pasado 28 de octubre en el eje sobre el que pivota gran parte de la inestabilidad  política y económica regional.
La nación más grande de Suramérica, con una tasa de homicidios que supera el conjunto de Europa y también de Estados Unidos, decidió, en el marco de una fuerte deslegitimación social de su ecosistema político institucional, votar por el antipetismo plasmado en la figura de una nueva derecha que se manifiesta como alternativa pese a sus cánones sumamente conservadores en el sentido moral y neoliberales en lo referente a sus planteamientos económicos.
El fenómeno puede ser extensible a otros países de América Latina en la medida en que el subcontinente ostenta la nada envidiable distinción de ser la región más violenta del mundo, con 23,9 homicidios por cada 100.000 habitantes, comparado con 9,4 de África, 4,4 de América del Norte, 2,9 de Europa y 2,7 de Asia.
Hablamos de un territorio que concentra apenas el 8% de la población mundial pero el 37% de los homicidios que acontecen en el planeta, donde están ocho de los diez países más violentos a nivel global y 42 del ranking de las 50 ciudades más inseguras del globo terráqueo. En ese contexto, las expresiones políticas de “mano dura” contra la violencia, tal y como lo que representa Bolsonaro, pueden imponerse ante conceptos anteriormente aceptados respecto a la inviolabilidad de la integridad física y los derechos ciudadanos.
En paralelo, tres de cada cuatro ciudadanos latinoamericanos manifiesta -según diversos estudios de alcance regional- escasa o nula confianza en sus respectivos gobiernos y alrededor del 80 por ciento de la sociedad es consciente de que la corrupción esta extendida en las instituciones públicas de la región. El sistema de partidos políticos está actualmente altamente desprestigiado, las clases vulnerables -sectores recién salidos de la pobreza- y las clases medias más consolidadas no sienten que sus reclamos sean adecuadamente canalizados ni por sus gobiernos ni por las formaciones políticas de viejo cuño, a la par que la mayoría de la gente no tiene fe en el futuro. En resumen, la desconfianza ciudadana es cada vez mayor y está conllevando a una fuerte desconexión entre sociedad y la estructura del Estado, lo que pone en jaque la cohesión social y debilita el “hipotético” contrato social existente.
Así las cosas, el terreno esta abonado para la configuración de nuevas fuerzas políticas que se posicionen como antisistémicas frente a los partidos convencionales, incluyendo entre ellos a las candidaturas progresistas que durante el pasado ciclo político no pusieron en cuestión ni el modelo de acumulación heredado, ni al status quo existente al interior de nuestras sociedades, ni el modelo para la toma de decisiones al interior del Estado. En paralelo, se reposiciona socialmente -en sociedades asediadas por el crimen y la violencia- el imaginario de que para acabar con la delincuencia es necesario que haya “mano dura” por parte de las autoridades, reconfigurándose las tácticas militarizadas como las herramientas proclives para asegurar una gestión exitosa en la seguridad ciudadana.
Pero más allá de un posible “efecto contagio” en la región y contrario a las lógicas emanadas por líderes como Lula, Chávez o Correa, el actual presidente electo de Brasil no manifiesta inicialmente mayor pretensión respecto a convertirse en un figura de liderazgo regional.
Más allá de su confrontación ideológica con gobiernos como Cuba, Venezuela e incluso Bolivia, países a los que Bolsonaro considera que “no agregan valor económico y tecnológico a Brasil”, el futuro mandatario brasileño ha manifestado interés por acercarse a países desarrollados de fuera de la región con el fin de reimpulsar el comercio exterior del gigante suramericano. Dicha posición posiblemente termine de sepultar los ya semi-moribundos procesos de integración regional: Celac, Unasur e incluso el propio Mercosur. El primer destino que aparece en su agenda internacional es Chile, donde será recibido por Sebastián Piñera, y que parece indicar un cambio en la preferencia de sus alianzas comerciales en la región, antes priorizadas con Argentina que es el tercer país que más importa de Brasil; también visitará Estados Unidos con el fin de entrevistarse con Donald Trump, líder por el cual Bolsonaro ha manifestado “gran admiración”; y en tercer lugar Israel, país en el cual pretende trasladar su embajada desde Tel Aviv a la ciudad de Jerusalem, siguiendo las presiones internas recibidas desde sectores evangélicos y pentecostistas.
China, principal socio comercial de Brasil en estos últimos años -con un monto de 75.000 millones de dólares en comercio bilateral durante el ejercicio 2017 (20,3 por ciento del comercio exterior brasileño)- se mantiene a la expectativa respecto a los iniciales movimientos de Jair Bolsonaro, quien ha descrito al coloso asiático como «un depredador que busca dominar las áreas económicas clave de su país y la región”. Pese a ello, Beijing confía en que las relaciones comerciales con Brasil sigan siendo prósperas y en prueba de buena voluntad tituló al editorial del día después del triunfo de Bolsanaro en el China Daily, periódico controlado por el Partido Comunista Chino, “No hay razones para que el Trump tropical interrumpa las relaciones con China”. En dicho texto, la burocracia gubernamental asiática manifestaba: “apreciamos la sincera esperanza de que cuando asuma el liderazgo de la octava economía más grande del mundo, Bolsonaro mirará de manera objetiva y racional el estado de las relaciones China-Brasil”. En todo caso y más allá de su posible alineamiento geopolítico con los intereses de Estados Unidos a nivel global, preocupa sobre manera en Beijing -por su posible efecto cascada- que devendrá del viaje a Taiwan pre-programado por Bolsonaro para el mes de marzo.
Por otro lado, las continuas referencias neonacionalistas expresadas por Jair Bolsonaro durante la reciente campaña electoral vendrían a indicar una tendencia a la revisión de lo que han sido las políticas impulsadas desde Itamaraty durante las últimas décadas. Su lema “Brasil por encima de todo, Dios por encima de todos” se asemeja bastante al “America First” de Donald Trump, y pese a que la política exterior esta minimizada tanto en el discurso como en el programa electoral del actual presidente electo, Bolsonaro defiende en la práctica un cierre de fronteras respecto a políticas migratorias pero una mayor apertura comercial con base en la reducción de aranceles y barreras no arancelarias, así como la firma de acuerdos bilaterales de comercio país a país y no integrados al interior del Mercosur.
Según Luiz Philippe de Orléans e Brangaça, uno de los pocos nombres que aparecen como posibles titulares de la Cartera de Relaciones Exteriores en el futuro gabinete de ministros de Bolsonaro: “Brasil está abierto a los negocios pero cerrado a la influencia (…) Tenemos que cerrarnos a la influencia de Naciones Unidas, de China y de los grandes bloques negociadores de la Unión Europea que tienen a Brasil en sus agendas”.
Así las cosas, incluso en la Alianza del Pacífico, bloque de países de economías abiertas compuesto por países de clara tendencia conservadora, se manifiesta inquietud respecto al impacto en la región del “nuevo” Brasil que presidirá Bolsonaro a partir del 1 de enero del próximo año.
Fuente: Revista La Brecha / Uruguay