Democracia Biopolítica

por Bruno Cava Rodriguez

Cualquiera que haya seguido los últimos textos de Giorgio Agamben debe haber notado cómo inscribe las respuestas de los gobiernos a la pandemia como una intensificación del paradigma biopolítico totalitario. Siguiendo la línea de su investigación desde la trilogía «Homo sacer», el filósofo italiano diagnostica un avance del estado de excepción, es decir, un cambio en las formas de gobernar: lo que antes se entendía como una excepción se convierte en la nueva normalidad. El control sobre los cuerpos individuales y colectivos se generaliza y comienza a abarcar a toda la población dentro de una red de conocimiento médico, psicológico, policial criminal y laboral. De ahí sus últimos artículos que, frente a una epidemia «inventada», indican un conjunto de acciones «irracionales» y «desmotivadas» para reforzar la inversión del soberano en el poder de vida y muerte de la población.

De mis estudios en filosofía del derecho, noto cómo el trabajo agambeniano se presta a una verdadera cuarentena mental en manos de epígonos e intérpretes autorizados. Digo esto después de haber escrito un libro con Alexandre Mendes, en 2008, en el que incurrí en este tono catastrofista. Esto se debe principalmente a los artículos periodísticos de Agamben. Por ejemplo, introdujo el concepto schmittiano de «estado de excepción», con gran éxito público y crítico, para explicar la redirección estratégica de la geopolícia después de los ataques del 11 de septiembre de 2001, en la llamada «Guerra contra el Terror». Posteriormente, se habría producido un giro biopolítico en el que la excepción del superterrorismo fue capturada (forcluida, ex-capere) por el terrorismo de estado, que ahora se ha convertido en la norma.

El concepto de biopolítica, sin embargo, fue creado por Michel Foucault para describir una cartografía dinámica de estrategias y contraestrategias, conductas y contraconductas, en las que más que el avance del poder soberano totalitario, hay una mutación en la forma en que el poder se ejerce, circula y promueve nuevas relaciones. En el análisis del biopoder de Foucault, en la gran transformación de las sociedades de soberanía en sociedades biopolíticas, no hay una disminución en la libertad o el alcance para la acción, ni un aumento. De hecho, el problema de la libertad en su conjunto cambia sus coordenadas y su régimen operativo: lo que antes se presentaba como una relación externa entre soberanía y no soberanía, entre adentro y afuera, ahora vuelve a una relación interna, en la que las tecnologías de poder se involucran en la constitución de los sujetos. En lugar de prácticas de liberación en relación con un poder represivo, para Foucault, ahora tenemos prácticas de libertad que, en el campo estratégico de los umbrales, envían la libertad *al interior* del paradigma biopolítico.

Esta ambivalencia constitutiva del concepto de biopolítica se materializa cuando la excepción/captura del exterior (forclusión, ex-capere) se entiende agambenianamente como un nuevo totalitarismo, de hecho, una categoría que es muy poco utilizada por Foucault. Estrictamente hablando, el movimiento del concepto sufre un estancamiento y se pierde, dando lugar a una categoría escatológica que simplemente comienza a indicar signos del avance inexorable de una totalidad. Y como categoría, se prestará a detectar un lado bueno de un mal, con el aspecto agravante del lado malvado de vencer al bien, capturarlo, neutralizarlo. Así entendido, el estado de excepción no es más que metafísica dogmática, en el sentido negativo que Kant le da. Es por eso que el catastrofismo del estado de excepción tiende a encajar tan bien con las lecturas en que el neoliberalismo es un juego del gato y el ratón, en el que los mercados capitalistas siempre están capturando y totalizando una libertad preexistente mistificada, antes de la llegada del biopoder.

Digo esto porque, en medio de la pandemia, una serie de estrategias y multivalencias emergen del paradigma biopolítico que reelabora la vida en medio del miedo, las privaciones y el sufrimiento. Hay varias acciones vinculadas a la difusión de información, articulaciones de prevención locales y globales, y una difícil reorganización de la vida cotidiana metropolitana y laboral, con la cual las poblaciones, estratégicamente, se combinan con las tecnologías gubernamentales existentes. Es dentro de estos umbrales y áreas grises donde se juega el juego de la libertad: lo que mañana se considerará aceptable o no, vivible o no, los términos de lo que será normal.

Vale la pena señalar cómo dos medidas recientes también se incluyen en el panel de estas estrategias. Me refiero, en primer lugar, a la anticipación inmediata de los salarios de los pensionistas y, en segundo lugar, al reajuste del valor de los beneficios sociales para el próximo año. Dichas medidas, que podrían incluir anticipar el retiro del fondo de garantía y otros avances, no tienen precedentes y tienden a acompañar las calamidades, dirigidas a los grupos más afectados. En la pandemia actual, el grupo de mayor riesgo incluye ancianos, enfermos y personas con vulnerabilidad crónica. Pero podríamos agregar: personas más pobres, que tienden a habitar territorios más vulnerables al contagio, con menos condiciones para obtener activos biopolíticos (medicamentos, información, asistencia, etc.). Estas medidas de compensación salarial también son biopolíticas, ya que permiten el acoplamiento de contraconductas y estrategias para vivir mejor en la pandemia o sus consecuencias.

A lo largo del siglo XIX, los economistas hicieron un esfuerzo por eliminar el dinero como una variable real en las ecuaciones económicas. El dinero no sería más que una variable nominal, desconectada de los fundamentos sustantivos de la economía de facto, como la producción, el empleo y el consumo. La moneda neutral no sería más que aceite lubricante para intercambios, permaneciendo en el vestíbulo de lo que realmente generaría riqueza: el sector productivo. Esta tendencia clásica en el pensamiento monetario se vino abajo en la primera mitad del siglo XX, cuando las dos escuelas principales, la keynesiana y la monetarista, reinsertaron la moneda como un elemento esencial de la vida económica.

En el keynesianismo, por ejemplo, las variaciones monetarias absorben presiones sociales de diversos tipos: conflictos distributivos, relaciones de clase, dinámicas políticas y eventos extraordinarios, como guerras, revoluciones y catástrofes. El salario, en particular, se convierte en una variable rígida, es decir, directamente dependiente de situaciones extraeconómicas. Sin embargo, hay más que eso en el giro keynesiano. No es que estas presiones desequilibren una dinámica de mercado naturalmente equilibrada, perturbando las leyes económicas que determinan la formación de precios. En realidad, en el siglo XX, el desequilibrio es constitutivo, la formación de precios es irreductible para el modelo racional-mecanicista tributario de la Ilustración, y es esencial que el economista internalice en el «cálculo» una miríada de preguntas de los más diversos campos, comenzando por la historia.

En el siglo XX, la moneda ya no es una mediación de lo que serían los factores reales o productivos de la economía (o de la guerra), convirtiéndose en sí misma en el principal motivo de conductas y contraconductas. Existe toda una literatura supercrítica sobre las finanzas, como avance del totalitarismo neoliberal y, en particular, cómo se desarrolla el estado de excepción dentro de la financiarización de la vida. En el libro que Giuseppe Cocco y yo escribimos, aún en prensa, y continuando nuestro «Enigma do disforme» (2018), exponemos cómo estas teorías catastrófistas realmente nos ponen, epígonos e intérpretes, en cuarentena mental. Después de Foucault, tomamos la biopolítica en su polivalencia estratégica, para mostrar cómo la moneda también se convierte en el terreno de las prácticas de libertad y la reinvención de formas de gobierno. No se trata de dinero en la economía: el dinero es el problema económico por excelencia en el paradigma biopolítico. Es por eso que, en este libro, hablamos de la moneda en vivo, las biomonedas, que ya están entre nosotros, injertadas en el «cálculo».

En este sentido, las biomonedas acompañan las transformaciones de las tecnologías gubernamentales, especialmente en la gubernamentalidad neoliberal. Si los teóricos de la inspiración agambeniana no se cansaron de señalar en las políticas de expansión salarial de 1990-2000 (subsidio familiar, salario mínimo, BPC, crédito, etc.) un avance del estado de excepción, es decir, una intensificación del totalitarismo biopolítico, de ahí en adelante socializado a través de la inclusión, notamos cómo estas políticas salariales proporcionaron acoplamientos inmediatos para las prácticas de libertad, un nuevo paradigma de libertad que acompaña a las biomonedas. Vemos, por lo tanto, que la estabilización de la inflación, la transferencia de ingresos o, más tácticamente, las anticipaciones gubernamentales de ingresos son ajustes biopolíticos que son inmediatamente parte de la lucha por la democracia.

La propagación del coronavirus nos pandemiza a todos, exponiendo los supuestos que definen nuestra vida cotidiana. Nos obliga a pensar, fuera de las cuarentenas mentales y el aislamiento que causa el pánico. Si podemos ver claramente cómo dependemos de las condiciones biopolíticas para ser libres y vivir bien, quién sabe, podemos imaginar la reapropiación de estas condiciones para una democracia renovada.

 

Traducción del portugués: Santiago de Arcos-Halyburton

Manuel Sutherland: «Maduro se ha convertido en CAP II pero no lo dice públicamente»

Por muchos años, el gobierno de Hugo Chávez y luego el de Nicolás Maduro, negó la posibilidad de libre circulación de moneda extranjera mediante una Ley de Ilícitos Cambiarios, se lanzó a una política de estatizaciones, incluso de empresas y tierras productivas, y fustigó hasta la existencia de sitios de Internet que informaban el precio de la divisa estadounidense en las operaciones cambiarias en la frontera.

Pero desde 2019 vienen ocurriendo cambios en la administración de Nicolás Maduro, que aunque no se han producido de manera conjunta y no se han anunciado a grandes voces, constituyen un giro con respecto a los dogmas que venía manejando el Ejecutivo y que le hacen hablar de una supuesta recuperación económica por la circulación de dólares y el surgimiento de diversos comercios vendiendo mercancías importadas en dólares que están lejos del alcance de los sectores más desfavorecidos económicamente, cuyo salario se sigue pagando en un bolívar devaluado del que no quedó fortaleza alguna y mucho menos es soberano.

En medio de la grave situación que vive el país, con una producción petrolera sumamente disminuida, dificultades para comerciar el poco crudo que se explota y con prácticamente nulas capacidades para el financiamiento, EEUU anunció una nueva serie de sanciones, las denominadas como secundarias pues estarían dirigidas no solo a empresas y entidades venezolanas, sino a las extranjeras que comercien con ellas, lo que hace aparecer en el horizonte un panorama desolador para una economía que prácticamente se está limitando a las importaciones de productos que se venden en los llamados bodegones.

Para profundizar sobre estos aspectos de la nueva etapa económica que comienza en Venezuela, José Luis Carrillo de TalCual conversó con el economista Manuel Sutherland, director del Centro de Investigación y Formación Obrera (CIFO) y de la nueva firma Algoritmo Data Consulting, un investigador que lleva varios años desmontando el discurso  del supuesto socialismo del Gobierno y denunciando las tramas  financieras que se han aprovechado del boom petrolero que se registró entre los años 2006 a 2012 y que, en lugar de colocar a Venezuela entre las naciones emergentes la sumió en una de las peores crisis de su historia.

Impresión subjetiva

-El Gobierno habla de una recuperación económica, pero ¿se puede decir que hay un programa económico que el Gobierno haya implementado para lograr algo semejante?

-Lo que se dice que es una recuperación económica es una cuestión subjetiva. No hay un dato empírico que diga si la hay o no. El último PIB del que se tienen cifras, y que corresponde al primer trimestre de 2019, mostró una caída de -26,6 por ciento, y la inflación del año pasado fue 9.500% según el Banco Central de Venezuela (BCV), no hay un dato que diga que hubo recuperación, los números, al contrario, son catastróficos. De 2013 a 2019 el sector construcción, según la última data del BCV, cayó 97%, es decir, una desaparición casi total. Los servicios financieros cayeron 95%, la banca prácticamente desapareció, el sector fue tragado por la hiperinflación, que puede ser la segunda más importante en longitud de Latinoamérica, detrás de Nicaragua que duró cinco años.

«Lo que se llama recuperación es una impresión subjetiva de fenómenos que vemos en la calle que no quieren decir que haya una recuperación. Se representa primero, en la cantidad de dólares que están circulando; segundo, la cantidad de bodegones que están trayendo cosas pequeñas importadas, y tres por el auge de la construcción de torres en sitios financieros, oficinas de lujo, así como la remodelación de algunos locales. Uno ve eso y dice ‘hay una recuperación’, pero es la impresión subjetiva  de algo que no conocemos, no podemos asegurar que es así», expresó Manuel Sutherland.

-¿Es porque no está claro que ese dinero sea producto de la actividad económica del país?

-No. Es que podemos asegurar que, aunque (el dinero) fuera externo o lo sacaron de una cueva, eso aumenta la economía, pero no sabemos la magnitud de eso. El PIB lo componen todos los bienes y servicios que se hacen en el país en un año; un bodegón es algo muy pequeño y, además, la importación resta al PIB, así que, si todo es importado y no hay una contraparte de exportaciones, eso disminuye, es una economía portuaria por decirlo así. Da la impresión de que hay una gran cantidad de empresarios, y eso también es subjetivo, que quieren invertir en Venezuela, y en cuanto a las torres da la impresión de que personas que tenían grandes cantidades de divisas las están colocando en el mercado local pensando en una recuperación futura, aprovechándose de precios bajos pensando que los mismos van a subir.

Error y consecuencia

A juicio de Manuel Sutherland, el 20 de agosto de 2018 es una especie de «parteaguas» en la historia económica reciente de Venezuela. «Ese día, Nicolás Maduro aparece diciendo que cometieron errores en economía, que el dinero inorgánico sí es inflacionario, que el déficit fiscal es la base de la emisión de ese dinero que causa inflación y que iba a haber disciplina fiscal. Eso fue como a las 6, 7 pm. Pero a las 8pm decreta un aumento de 3.600%, hace lo opuesto de lo que dijo, ofrece bonos y dinero para todo el mundo, y evidentemente eso se pagó con los meses de hiperinflación más importantes de la historia económica, 240% mensual de inflación», indicó Manuel Sutherland.

Añadió que en 2019, el gobierno de Nicolás Maduro arrancó con un plan para abrir la economía y hacerlo suavemente, poco a poco, para tratar de no herir susceptibilidades ideológicas y tratar de mantener los negocios atados al Estado, «pero pasan tres sucesos, uno la inercia de la caída económica que alcanza la mitad del PIB que hace que la crisis se haga muy fuerte, dos la autoproclamación de Guaidó en la plaza que hace un cisma político importante, junto a la amenaza de intervención militar o guerra civil, y tres, la forma fenoménica de expresión de la destrucción del sistema eléctrico que fue el apagón, ocurrido en marzo de ese año».

En opinión de Manuel Sutherland, esos tres eventos empujaron a Nicolás Maduro a desechar la idea de los guerreros económicos, de los que dice nunca tuvieron una influencia importante en el Ejecutivo, pues eran más bien mediáticos, y servían para inventar excusas para defender al Gobierno. Personas, precisó, como Pascualina Curcio, Tony Boza, Luis Salas, Andrés Giuseppe y Juan Carlos Valdez, «todos esos deudos de la teoría de la guerra económica. El Gobierno no les paraba mucho, pero los utilizaba para defenderse, y entonces los desechó».

Contó que triunfó entonces un ala empresarial bolivariana ligada a lobbys diferentes, «ligadas a áreas militares, a inversiones con dinero que proviene de negocios con el Estado y que con las sanciones se les hacía más difícil exportar ese dinero. Con las sanciones se corta bastante (la circulación de ese dinero en el exterior), hay una mayor persecución y hay una necesidad de meter ese dinero a Venezuela de alguna manera».

Bodegones y oficinas de lujo

-Esos capitales ¿provienen de aquellas empresas de maletín que se denunciaron cuando se verificó la drástica caída de las reservas internacionales en 2013 y se atribuyeron a irregularidades en la asignación de divisas?

-Son aquellos que tienen años trabajando con el Gobierno en la cuestión cambiaria. No solamente Cadivi, Sitme ni los 20 mil millones de Edmée Betgancourt (los que confirmó la entonces presidenta del BCV). Estamos hablando de una fuga de capitales que puede ser de $400 mil millones. Entre 1999 y 2015 al Gobierno le entra un millón de millones de dólares en exportaciones, principalmente de petróleo, es para construir 20 Venezuelas como nuevas, el equivalente a 10 planes Marshall. Con el seis por ciento de ese dinero, 60 mil millones de dólares, se está planteando por parte del FMI lo que se requiere para recuperar la economía. Esa gente se fue enriqueciendo con el negocio cambiario desde 2004, tenían industrias, comercios, vacunas, comisiones. Cuando ese negocio se rompe porque ya no hay divisas, 2017, 2018, surgen los CLAP como forma de apropiación de la renta, pero esos grupos acumulan buena cantidad de dinero en el extranjero, los comienzan a perseguir, tienen a testaferros aquí y allá, ocurren dificultades para salir del país, congelamiento de cuentas y la importación se viene al piso. Si el Gobierno no puede dar dinero, ellos tienen dinero acumulado que pueden traer acá.

«Se dan esos factores para que ellos comiencen a invertir aquí y surgen los bodegones, las torres de oficinas de lujo. Ese grupo que está emergiendo es el que le da una especie de programa económico al Gobierno. El Gobierno agarra ese programa en 2018, vienen economistas de China, ecuatorianos, le dicen que tiene que abrir la economía y luego de esas aperturas sugeridas, el Gobierno termina abriéndose en 2019, cuando ya la situación es desesperante y hacen algo que antes era sagrado, legalizar la puesta de precios en divisas y permitir que los supermercados cobren en divisas. Se da una especie de dolarización de facto con importaciones desreguladas, eliminación de aranceles y una serie de incentivos que permiten que esta subclase social emerja. A medida que van surgiendo van integrándose, comienzan a comprar empresas de envíos, financieras, bancos, abriendo nuevas oficinas inmobiliarias, y eso ayuda a la economía, pero no sabemos la magnitud», detalló el investigador Manuel Sutherland.

La dolarización sería peor

-Maduro expresó ‘gracias a dios que existe la dolarización’ y afirmó que eso serviría a la recuperación y despliegue de las fuerzas productivas

-Yo no estoy a favor de la dolarización. Creo que en un país como Venezuela, que tiene el problema del rentismo económico, la dolarización lo que hace es que puede profundizar algunos problemas que vienen de esa situación. Un sector petrolero que es grande, pero pequeño para el resto de la economía, produce muchas divisas que hacen pensar que la economía es tan productiva como el petróleo, hace que la moneda se sobrevalue y se importe mucho, y ya sabemos toda la historia. Dolarizar puede agudizar ese proceso. El Gobierno lo hace no por una convicción ideológica sino porque no tiene más remedio, no es lo que quiere, tiene 15 años hablando de dólar criminal. Ahora el dólar es una bendición, es hacer virtud de la desgracia. Ahora lo está empujando porque los capitales que están movilizando se lo exigen, el Gobierno la está acatando porque mucha gente en el Gobierno tienen empresas, ahora son empresarios.

«Los procesos de privatización están caminando. Privatizaron Abastos Bicentenario y nadie sabe en cuánto se vendió eso ni cómo. Eran activos importantes, cientos de locales comerciales, neveras, refrigeradoras, puertos, etc.  Se están dando procesos de privatización a la rusa y a la polaca donde pequeños capitales aliados al Gobierno pueden tener ventajas para apropiarse de activos valiosos por precios ridículos y de una manera muy oscura. Lo ideal es hacer una ley que regule más y de manera más formal las posibles privatizaciones que se estén haciendo, el problema es que hay rumores de que Pdvsa sea privatizada, no como holding, sino de las corporaciones que están bajo su paraguas, se podría privatizar hasta parte del subsuelo», advirtió Manuel Sutherland.

Resaltó Manuel Sutherland de igual manera que los bandos en disputa están viendo cómo se posicionan para estar en mejor condición y tomar comisiones y gestiones en esta serie de privatizaciones.

Maduro intentó seguir siendo CAP I

-El Gobierno ha dicho que el sector empresarial fue parasitario siempre porque lo que buscaban era captar la renta petrolera, pero ahora hay un grupo pequeño que lo tiene todo

-El grupito bodegoncístico y de oficinas de lujo hace peor (que en la llamada IV República), porque ni siquiera hace la mantequilla de maní acá sino que la trae de Miami. Es poco competitivo, tienen precios muy elevados, generan muy poco empleo y pagan muy pocos impuestos; esa no es la economía que necesita el país, es la expresión de una escala reducida en la producción y también de una crisis en el sector agroindustrial. En la IV República los empresarios, la mayoría, parasitaban el Estado, también hubo Recadi y formas de apropiarse del erario público, pero cuando la renta se exacerbó y se multiplicó por cinco, los problemas relacionados con el rentismo se multiplicaorn con cinco. Ahora es un maxi viernes negro multiplicado por el impacto de la renta. Lo que había que hacer era tener una moneda muy subvaluada y generar ahorros, era lo importante, no meter todo el dinero de la renta en la economía para no calentarla. Eso se sabía y en el año 1989 se hicieron propuestas y se creó el Fondo de Estabilización Macroeconómica (FEM, que Hugo Chávez eliminó). En Noruega se hizo, en Kasajastán y Arabia Saudita y los fondos son mil millonarios. Aquí no se hizo nada, se gastó y endeudó la nación, Si hubiéramos ahorrado cerca del 30% de la renta tuviéramos en las reservas internacionales $240, 250 mil millones.

-¿Podemos decir que las políticas de Chávez-Maduro estaban más cerca de Carlos Andrés Pérez (CAP) que de Karl Marx?

-No tiene nada de marxismo ni de socialismo porque ni Maduro y sobre todo Chávez sabían nada de socialismo, no eran socialistas ni militaban en la izquierda. Chávez era un militar nacionalista y los militares son de derecha, antiaborto, anti matrimonio homosexual, anti marihuana, no les importa el ambiente, quieren aumentar los gastos represivos, todo lo que la izquierda denomina como derecha y combate normalmente. El hecho que sea ultrapatriótico lo hace de derecha porque la izquierda es internacionalista. Alguien que grita ‘Alemania para los alemanes’ es de derecha, aquí se tiene como de izquierda, es una distorsión porque viene de la lucha colonial. El chavismo no tiene ninguna potencialidad de izquierda aunque mucha gente de la izquierda se haya pegado. Aunque esa adherencia estuvo confinada a cuestiones culturales, diplomáticas, de máscara ideológica, pero esto es un Gobierno fundamentalmente militar.

«A pesar de que Maduro viene de la Liga Socialista nunca desarrolló nada sobre marxismo, ninguna vocación o escrito, y el Gobierno permaneció igual, al iniciar su mandato, en cuanto a su estructura, con Cadivi, dólar a Bs 10,  control de cambio, hasta que la renta se acabó y tuvo que ir de CAP I (1974-1979) a CAP II (1989-1992). De todo lo que era CAP I, que es Chávez hasta 2012, ese sauditismo de CAP I, Maduro lo trató de extender hasta que en 2016 dijo ‘no puedo’. En 2018 y 2019 no es suficiente recortar importaciones y tiene que ser CAP II y aplicar él mismo el paquetico, pero no lo puede expresar, lo que hace es hacer anuncios por Twiter. Es la negación de lo que estaba haciendo, créditos indexados, privatizaciones, el hotel Humboldt que era símbolo nacional, se privatizó», señaló Manuel Sutherland.

-Entre Chávez y Maduro se emitió mucho dinero inorgánico y lo justificaron diciendo que un país puede hacer esto para atender a las necesidades de circulante por parte del pueblo

-Chávez emitía dinero de más y había inflación. En 2011 teníamos la inflación más alta del mundo, era de 30-35%, anual, mientras la inflación mundial (en promedio) es de 3,5% anual. Nosotros no nos dábamos cuenta pero era muchísimo para lo que es la actualidad mundial. Maduro, en el afán de ser CAP I y extender lo que la gente llama «el legado», eso que en el año 2012 ocurría que la gente preguntaba «¿cuánto cuesta esa botella de vino? Dame la caja completa», empezó a emitir dinero inorgánico de manera salvaje.

-A EEUU no le pasa

-Porque tampoco emiten una cantidad excesiva. Todas las monedas son inorgánicas, el patrón oro murió en 1930 y lo que había era una referencia de cambiabilidad a oro permutable que no es patrón oro propiamente, se rompió en el 70 (1970), y todo el mundo emite dinero inorgánico. En Venezuela todo el dinero inorgánico se produce en exceso porque no hay límites.

«Todo dinero es inorgánico -prosiguió-, el problema es la cantidad que emitas. Si estás en una isla desierta y hay cocos y pescado y estás con 10 personas, puedes decir ‘voy a crear esta hoja de palmera que representa un coco o dos pescados’, la gente cambia una palmera y te dan un coco o dos pescados pero si tomas 10 millones de hojas de palmeras evidentemente un coco te va a valer cinco millones de palmeras, porque no hay cocos, no están, por más que crees palmeras no hay producción. Emiten cantidad de palmeras acorde a la cantidad de cocos y pescado que hay en la isla, si la economía baja emiten menos, para evitar que la economía suba o baje mucho. En las economías maduras se busca que haya una subida estable porque las subidas bruscas traen caídas bruscas. Para eso se utiliza el dinero, emiten más cuando cae y menos cuando sube, cuando emites dinero de más lo que haces es crear inflación. Si la economía cae en 50 % no puedes aumentar la base monetaria en 20.000%. En 2018 el Gobierno impulaó un crecimiento de la liquidez monetaria en 68.000% y los países normalmente la aumentan en 4-5%, sí tienen una política expansiva, pero no 68.000% y con la producción cayendo. Aquí el gobierno ya asumió que es CAP II».

Patadas a un moribundo

-El Gobierno dice que no hay medicinas ni alimentos por las sanciones. Ahora empieza una segunda etapa de las mismas ¿cómo se desmonta ese discurso de la crisis por las sanciones?

-Las primeras sanciones financieras comienzan en 2017; en ese año la economía ya había decrecido en un 30-32%. Puede ser uno de los 10 decrecimientos más importantes de América en la historia. La crisis era muy fuerte cuando las sanciones se imponen. Si no se hubieran aplicado las mismas, la crisis se hubiera  desarrollado más o menos igual. Las sanciones económicas más importantes arrancan en 2018 y las más duras, las petroleras, en 2019 cuando la economía había perdido la mitad de su PIB, las de 2017 no tenían por qué afectar brutalmente  la economía, Si la economía hubiera estado medianamente sana se hubiera pagado la deuda a los tenedores de bonos y no hubiera necesidad de renegociar la deuda, lo que EEU buscaba con las sanciones era impedir la renegociación de deduda, muchos bonos estaban en default y Venezuela estaba diciendo «te pago en dos o tres años» y el gobierno de EEUU mandó a parar.

-¿A qué nos enfrentamos con las sanciones secundarias?

-Las nuevas afectan profundamente a la economía, pero es como darle patadas a alguien que está en el suelo, sangrando con 10 cuchillos en el pecho; encarecen las importaciones, disminuyen su variedad, encarecen los posibles efectos de las exportaciones, los pagos y obligan a hacer triangulaciones comerciales cada vez más costosas que disminuyen los beneficios a la población y a empresas estatales y privadas, fomentan la corrupción y obligan a crear un manto, de comisiones, gestores, aparecen mafias.

«La mayoría de los estudios que abarcan el tema de las sanciones dicen que no sirven para promover la transición política. En mi opinión lo que se hizo con Cuba (durante la administración de Barack Obama), de reuniones, negociaciones, es preferible, es mejor negociar eso y se logran más cosas», sostuvo Manuel Sutherland.

Considera el director del CIFO, Manuel Sutherland, que, en la medida que la economía crezca y se recupere, la pobreza disminuye y hay más alternativas para luchar contra este tipo de régimen. «A este tipo de regímenes le sirve que más pobre sea la gente.  Si son más pobres son más dependientes del CLAP, del carnet, del Estado y más sirve el discurso de las sanciones como culpable de todo.  Pero si hay recuperacíon, aún con sanciones, puedes decir que estás abriendo la economía y ésta responde y la gente tiene más autonomía y mientras más autonomía económica tenga una persona, de eso se deriva más autonomía política».

Sostuvo Manuel Sutherland que, lamentablemente, el pensamiento de un mando central de la oposición es empeorar la situación «para que todos salgamos a la calle nos quitemos la camisa y enfrentemos a las FAES con una honda y una piedra. Lo ideal para mí es que la economía crezca y se recupere, eso sería el músculo importante para hacerle frente al chavismo».

Acotó Manuel Sutherland que el gobierno de Nicolás Maduro estimula la falta de transparencia. «No publica los informes de PDVSA por ejemplo, que tiene que hacerlo, ya que se supone que el Gobierno es el administrador que asignas para que administre algo que es tuyo. Cuando estás en un edificio y nombras una junta de condominio externa, lo que es un gobierno, la plata no es de la junta de condominio, te hacen una gestión y te cobran un salario, pero te tienen que rendir cuentas. Como el Estado no rinde cuentas, el privado menos. Hay mucho lavado, mucha fuente de corrupción, narcotráfico, contrabando de gasolina y de alimentos, minería ilegal y el ecocidio del Arco Minero».

Pelea de elefantes

-¿Estamos entre qué fuerzas, por una parte los que quieren que el pueblo salga a inmolarse y un Gobierno que no tiene un norte?

-Estamos entre un par de elefantes que pelean en la selva  y nosotros en el suelo,  mientras pelean y brincan ellos rompen todo, lo van haciendo pelota y al mismo tiempo evacúan. El Gobierno con 15% de aprobación popular quiere tener el 100% del poder y no le importa si la gente es más pobre, si tiene más hambre, tienen que aguantar porque ellos tienen que ser gobierno siempre, y el otro grupo tampoco le importa, agarran la ayuda humanitaria y no la distribuyen, el Hospital J. M de los Ríos necesita cosas por 5 mil dólares, que pueden salvar a 500 niños, vacunas y cosas que no valen nada, pero no les interesa y reciben millones de dólares, se apropian del dinero y les conviene que la situación esté peor y promueven sanciones para que la situación esté peor y promueven acciones como el TIAR y la guerra civil y el desorden.

economista venezolano y director del Centro de Investigación y Formación Obrera (CIFO).

Fuente:

https://talcualdigital.com/manuel-sutherland-nicolas-maduro-se-ha-convertido-en-cap-ii-pero-no-lo-dice-publicamente

Analizando la reproducción social

Por Cynthia Wright

La teoría feminista materialista y marxista está actualmente experimentando un cierto renacimiento. Un gran trabajo empírico y conceptual sobre la reproducción social es la mayor parte de esa innovación teórica.1 Asimismo, están también las recientes huelgas internacionales de mujeres, destacando asuntos clave como la violencia de género y los ataques a la autonomía reproductiva, o el abanico de trabajo social reproductivo no remunerado realizado usualmente por este género.

Como observa Cinzia Arruzza en la conclusión de su ensayo de Social Reproduction Theory, “la huelga de mujeres puede ser vista legítimamente como una translación política de la teoría de la reproducción social.”2

Estos desarrollos reflejan una búsqueda de alternativas al feminismo liberal dominante y a la profunda crisis y contradicciones de la vida diaria, así como la necesidad de un marco de trabajo teórico y una política antirracista, anticapitalista y antipatriarcal. Esta pudiera ser una de las más importantes contribuciones de una renovada teoría de la reproducción social: puede ayudarnos a entender “cómo todas las políticas se convierten en políticas reproductivas”3, como afirma Laura Briggs.

El libro Social Reproduction Theory: Remapping Class, Recentering Oppression, editado por la académica y activista Tithi Bhattacharya, forma parte de este trabajo renovado sobre la teoría de la reproducción social y la vida diaria en el contexto del capitalismo global.

Como siguiere el subtítulo, la colección apuesta por una comprensión más amplia de las relaciones de clase. También busca desarrollar las intuiciones de los análisis de la interseccionalidad feminista y antirracista, con vistas a crear una teoría y políticas anticapitalistas que pueda dar cuenta tanto del poder de clase como de la organización material del género y la raza en el contexto de un sistema unitario.

Pero para aquellos que no estén familiarizados con el concepto básico de reproducción social dentro de la teoría feminista marxista o necesitan refrescarlo, aquí va una breve descripción.

Expansión del feminismo marxista

La reproducción social es definida y conceptualizada de diferentes (aunque se superpongan) maneras y a diferentes escalas y lugares.4 A pesar de que en la introducción del libro la capitalización de la SRT (Social Reproduction Theory) pudiera sugerir una tradición teórica de feminismo singular, existen de hecho varias genealogías de teorizaciones en el terreno –así como debates productivos.5

Una consideración más, que la introducción también reconoce, es que gran parte del corpus literario teoriza lo que muchas marxistas feministas llaman reproducción social, usando diferentes términos conceptuales. Las teóricas marxistas feministas de la reproducción social difieren en algunas cosas, pero convergen todas en una comprensión más expandida del trabajo y de la jornada laboral y en una preocupación por la producción y reproducción de la fuerza de trabajo.

Sin embargo, este foco no se limita a una simple adición a la teoría marxista. Como Kathi Week la describe, la teoría de la reproducción “ha requerido de hecho una gran reconsideración de los conceptos y modelos [marxistas], sus análisis críticos y sus visiones utópicas” pues las feministas mapearon las posibilidades de una política expansiva en el lugar de “la contradicción entre acumulación de capital y reproducción social.”6

Así que mientras se mantienen debates políticos y teóricos productivos dentro de la SRT, y algunas preguntas permanecen sin respuesta, no hay duda de su capacidad para reflexiones teóricas excitantes y poderosas.

La reproducción social, como marco conceptual dentro del feminismo marxista y de la economía política feminista, no es nuevo. Un número de feministas marxistas, incluidas Meg Luxton y Silvia Federici, han publicado investigaciones teóricas y empíricas en esta área de manera consistente durante décadas.7

Tal trabajo teórico se remonta a finales de la década de 1960 al menos, y forma parte de una gran investigación y conjunto de debates relacionados con la cuestión de la opresión de la mujer en el contexto capitalista y la crítica de la economía política y sus categorías.8 Como parte de esa trayectoria teórica, los lectores de Against the Current quizá recuerden la clásica y muy citada definición de reproducción social de Barbara Laslett y Johanna Brenner. Escribiendo en la década de 1980, se refirieron a la reproducción social como:

“las actividades y actitudes, comportamientos y emociones, responsabilidades y relaciones directamente envueltas en el mantenimiento de la vida sobre su base diaria e intergeneracionalmente. Entre otras cosas, la reproducción social incluye cómo la comida, la ropa y el techo se proveen para el consumo inmediato, las maneras en que el cuidado y la socialización de los niños se proveen, el cuidado de los enfermos y los ancianos y la organización social de la sexualidad.”9

Sue Ferguson, quien ha contribuido al gran reto de renovar el proyecto de la SRT (y que ha participado en la colección con un importante capítulo sobre reproducción social, capitalismo y la formación de las subjetividades de los niños), profundiza sobre la reproducción en un ensayo reciente:

“Su más poderosa idea es que el proceso de acumulación de capital requiere fuerza de trabajo humana pero no la produce. Como no existe un mecanismo en la relación directa trabajo/capital para asegurar la renovación diaria y generacional del trabajo, encuentra maneras de organizar históricamente sujetos encarnados específicos –sujetos diferenciados por género y raza– en y a través de prácticas e instituciones estructuradas jerárquica y opresivamente, tales como los hogares privados, estados del bienestar, esclavitud y mercados de trabajo globales.”10

La conceptualización de Ferguson resulta de ayuda porque la reproducción social a menudo se combina popularmente con la familia, el trabajo doméstico y el hogar privado, los cuales son muy importantes en un contexto dado pero que no definen la reproducción social de todas las coyunturas históricas.

Alguna teoría de la reproducción social (especialmente algunas de las formulaciones más tempranas) asume demasiado fácilmente un marco nacional donde desaparecen cuestiones de migración, (falta de) ciudadanía y el carácter cada vez más global de las vidas de la clase trabajadora y del trabajo social reproductivo. Asimismo, los recientes estudios sobre trabajo, reproducción social y el sur global han cuestionado si el trabajo informal generalizado pudiera necesitar una reelaboración del concepto de reproducción social.11

Mientras el foco de la teoría de la reproducción social reside en gran medida en el contexto de los Estados Unidos/Canadá, con algunas referencias dispersas a luchas sobre la reproducción social en el sur global, algunos de esos puntos son asumidos por Carmen Teeple Hopkins, editora de un reciente número especial sobre geografías feministas de reproducción social y raza,12 en su interesante capítulo, “Mostly Work, Little Play: Social Reproduction, Migration and Paid Domestic Work in Montreal.”

En esta contribución, Teeple Hopkins se pregunta cómo las trabajadoras domésticas migrantes responden a sus propias necesidades sociales reproductivas en un contexto de interminables horas de trabajo remunerado y de falta de un lugar al que llamar hogar más allá del puesto de trabajo.

Basándose en herramientas teóricas de la geografía económica feminista, así como de diversas corrientes dentro de la SRT (incluyendo los enfoques del feminismo negro hacia la esclavitud transatlántica), Teeple Hopkins examina cómo las mujeres filipinas confían en espacios religiosos, y en las amistades conectadas con ellos, como fuentes de apoyo reproductivo.

Teoría y estrategia

En su introducción a la teoría de la reproducción social, Bhattacharya delinea las tres principales tareas de la antología: a) clarificar el foco teórico y el terreno de investigación de la teoría de la reproducción marxista-feminista; b) profundizar en la teoría marxista desde el punto de vista de la reproducción social, incluyendo la comprensión de la raza y el género tanto como la de la clase; y c) analizar las posibilidades estratégicas de una política de reproducción social dentro del contexto contemporáneo.

El propio capítulo teórico de Bhattacharya, “How Not to Skip Class: Social Reproduction of Labor and the Global Working Class,” ofrece un enfoque para las tres, pero no todas las contribuciones necesariamente cumplen con los tres por igual.

A pesar de que muchas de las contribuciones ofrecen ejemplos interesantes de posibilidades estratégicas, el libro no discute en detalle iniciativas concretas de organización contemporáneas en el campo de la reproducción social. El ensayo de Cinzia Arruza sobre la huelga de mujeres concluye el libro, pero es la única contribución que es un puñado de páginas y no un capítulo íntegro.

Al mismo tiempo, muchos capítulos exponen propuestas teóricas y ejemplos históricos que pueden clarificar el contexto estructural general de luchas específicas. Por ejemplo, “Pensions and Social Reproduction”, de Serap Sartias Oran, ilumina por qué y cómo la cuestión de la reproducción social intergeneracional se ha convertido en un terreno principal de la lucha contra varios contextos sociales. De manera similar, “Crisis of Care? On the Social-Reproductive Contradictions of Contemporary Capitalism”, de Nancy Fraser, anatomiza las crisis de reproducción social y sus resultados a través de tres regímenes históricos.

En uno de los más interesantes y ambiciosos capítulos, “Without Reserves”, Salar Mohandesi y Emma Teitelman trabajan con el punto de vista de la reproducción social para revisar el barrido histórico del capitalismo estadounidense, la formación estatal y la composición de clase. El resultado es una rica contribución que se basa en importantes contribuciones de la historia laboral y de género de mujeres estadounidenses para entender la reproducción social.13

En “Body Politics: The Social Reproduction of Sexualities”, Alan Sears localiza la sexualidad dentro del contexto de las relaciones sociales de producción y reproducción en general, con una mirada puesta en teorizar por qué y cómo la heteronormatividad y el poder de género persisten. Como parte de este trabajo analítico, Sears vislumbra las posibilidades de una comprensión más amplia de la liberación sexual, la autonomía corporal y la libertad frente a la violencia sexual.

Los trabajos recientes en este campo profundizan en estos compromisos políticos y teóricos vitales. Por ejemplo, la cuestión de la producción y reproducción del género binario mismo dentro de la reproducción social está siendo de nuevo investigada y criticada, pues los académicos portan las lentes teóricas del transgénero a los intereses de la SRT.14

El problema profundo de la violencia generalizada contra la mujer y la gente con género no-normativo llama más la atención dentro de la teoría de la reproducción social. En una entrevista reciente, Silvia Federici habla sobre la relación entre esa violencia y –por nombrar solo algunas conexiones– la devaluación y coerción del trabajo de las mujeres; la negativa de las mujeres de realizar trabajos de reproducción social; y la desposesión de (a menudo indígenas y mayores) mujeres de las tierras comunales.15

Finalmente, la noción de Sears de una liberación erótica reconceptualizada desde los lentes de la reproducción social se hace eco del argumento de la académica en discapacidad Loree Erickson de que las personas con discapacidad se ven presentadas como sexualmente indeseables pues son leídas como cuerpos dependientes. Para ella, la expresión sexual plena para la gente con discapacidad no puede suceder sin una reconstrucción de las ideas y prácticas del cuidado y la dependencia.16

Clase, género y dinámicas raciales

En general, las teorías de la reproducción social han intentado eludir los problemas de la así llamada teoría de “sistemas dual”, esto es, el argumento de que patriarcado y capitalismo, género y clase, son dos estructuras autónomas, y han tratado, en cambio, de teorizar la opresión de las mujeres de una manera no reduccionista dentro de la dinámica del capitalismo.17

Gran parte de la SRT surgió en el contexto anglosajón (Gran Bretaña, EE. UU. y Canadá) pero al enfrentar el problema de las dinámicas de clase y género, a menudo tenía poco que decir sobre raza y capitalismo y la división racial del trabajo.

Como Sue Ferguson ha observado: “El trabajo teórico de explicar cómo y por qué la misma existencia del capitalismo conlleva racismo, y cómo y por qué el racismo toma su forma específica bajo el capitalismo –esto es, la teorización de un capitalismo patriarcal sistemáticamente racializado– está a la zaga.”18

Mientras que la cubierta trasera de Social Reproduction Theory afirma que el libro “presenta una alternativa a la interseccionalidad”, sería más exacto sugerir que aquellas contribuidoras que se ocupan de la teoría de la interseccionaldad, lo hacen de varias maneras. En otras palabras, la teorización de la reproducción social en el contexto del capitalismo patriarcal racializado constituye todavía un problema mayor que requiere de trabajo sistemático basado en diálogos críticos a través de diferentes estudios y orientaciones teóricas.

La introducción de Bhattacharya sugiere (con particular referencia al capítulo de David McNally, “Intersections and Dialectics: Critical Reconstructions in Social Reproduction Theory”) que la teoría de la reproducción social abre un camino de construcción de “perspectivas de interpretación” al tiempo que critica su enfoque metodológico a la raza y al género entendidos como sistemas discretos que se intersecan.

Dentro de la teoría de la interseccionalidad misma, existe ya una conversación interna general extendida en los campos de la epistemología y la metodología (que son de hecho diversos).19 Esto sugiere un espacio de diálogo crítico con la SRT.

Segundo, en un contexto en el que las teorías del capitalismo racial están experimentando también una renovación, existe un rico potencial para profundizar en conversaciones cruzadas entre las teorías de la reproducción social y aquellas del capitalismo racial.20 Encontramos importantes tradiciones teóricas entre las feministas marxistas y socialistas de color y feministas antirracistas, quienes han contribuido de manera significativa a teorías de la raza, el género, el capitalismo y la reproducción social.

En otras palabras, es importante no mezclar las teorizaciones de feministas de color con la teoría de la interseccionalidad. En esta conexión, el capítulo de McNally hace referencia correctamente al clásico de Angela Davis Women, Race and Class (1981). Al mismo tiempo, contextualizando el libro dentro de la larga tradición de teorización de mujeres negras comunistas de la que forma parte, produciría nuevas ideas importantes para la teoría de la reproducción social al tiempo que también identificaría algunos problemas teóricos no resueltos de esa tradición.21

Finalmente, existen importantes conversaciones cruzadas entre la producción teórica de las feministas estadounidenses de color y el feminismo internacional. Gran parte de esta literatura sugiere también visiones importantes dentro de los procesos de raza y reproducción social.

Como observa Lisa Duggan en un ensayo sobre reproducción social, “los nuevos estudios sobre la globalización de las cadenas de cuidado, adopción internacional y resistencia indígena a las políticas de ajuste estructural también analizan centralmente los procesos de reproducción social en el contexto de la economía política, aunque estos académicos no empleen generalmente el término como tal.”22

Releyendo la economía política

Las teorías de la reproducción social buscan no añadir otras categorías al análisis de la vida diaria sino releer la economía política, la política y la organización y estrategia anticapitalistas de nuevo desde el punto de vista de la reproducción social. Esto se ha convertido en un tema cada vez más urgente en los debates pues, como Nancy Fraser alertó en su contribución, “la crisis actual del cuidado […] no se resolverá jugueteando con la política social.”

Entonces está el problema de que, tal y como apuntó Rada Katsarova, “las infraestructuras de los accesos a los servicios sociales y a las necesidades de reproducción social han sido convertidas en instrumentos coercitivos de desposesión y racialización”, por no hablar de sus problemas con la gente transgénero.23

Una cosa que está clara, como hace notar, es la criminalización creciente de todos aquellos que tratar de experimentar sus formas de vida más allá del capital, más allá del estado.

Unas lentes teóricas ancladas en la teoría de la reproducción social resultan enormemente productivas, pero la cuestión de la práctica política que tenemos por delante permanece: ¿Cómo sería aquello que Silvia Federici llama “la reclamación y puesta en común de los medios de producción”? ¿Y cómo sería este reordenamiento de la política feminista hoy en día?

Notas:

1 Algunos de estos trabajos se han tratado en números recientes de Against the Current. La intervención feminista y materialista de Verónica Schild sobre capitalismo, destrucción medioambiental y feminismos latinoamericanos contemporáneos constituye un gran aviso de que cualquier política feminista anticapitalista seria debe tomar en serio la cuestión de la ecología y la reproducción social. “Feminisms, the Enviroment and Capitalism: On the Necessary Ecological Dimension of a Critical Latin American Feminism.” Journal of International Women’s Studies 20, 6 (2019): 23-43.

2 Cinzia Arruzza, “From Social Reproduction Feminism to the Women’s Strike.” In Bhattacharya, ed., Social Reproduction Theory. Ver también el dosier sobre la teoría y práctica de la huelga feminista en South Atlantic Quaterly 117, 3 (Julio 2018), así como los artículos periodísticos que incluyen: Linda Martin Alcoff, Cinzia Arruzza, Tithi Battacharya, Nancy Fraser, Barbara Ransby, Keenanga-Yamahtta Taylor, Rasmea Yousef Odeh, and Angela Davis, “Women of America: We’re Going on Strike. Just So Trump Will See our Power.” 6 febrero 2017 The Guardian: https://www.theguardian.com/commentisfree/2017/feb/06/women-strike-trump-resistance-power y Linda Martin Alcoff et al, “We Need a Feminism for the 99%: That’s Why Women Will Strike This Year.” 27 enero 2018 The Guardian: https://www.theguardian.com/commentisfree/2018/jan/27/we-need-a-feminism-for-the-99-thats-why-women-will-strike-this-year.

3 Ver el excelente y de buena lectura How All Politics Became Reproductive Politics: From Welfare Reform to Foreclosure to Trump (Oakland: University of California Press, 2018).

4 Un añadido a esta complejidad es el hecho de que la reproducción social es una categoría importante en varias corrientes de la teoría marxista, como por ejemplo el marxismo autónomo italiano. Para profundizar, ver Rada Katsarova, “Repression and Resistance on the Terrain of Social Reproduction: Historical Trajectories, Contemporary Openings.” Viewpoint Magazine, 5 (2015): https://www.viewpointmag.com/2015/10/31/repression-and-resistance-on-the….

5 Silvia Federici, “Social Reproduction Theory: History, issues and present challenges.” Radical Philosophy 2.04 (Primavera 2019): 55-57: https://www.radicalphilosophy.com/article/social-reproduction-theory-2.

6 Kathi Weeks, The Problem with Work: Feminism, Marxism, Antiwork Politics, and Posrwork Imaginaries. (Durham: Duke University Press, 2011): 25-27.

7 Ver Kate Bezanson y Meg Luxton, eds., Social Reproduction: Feminist Political Economy Challenges Neo-Liberalism. (McGill-Queen’s University Press, 2006). Para Federici, ver Revolution at Point Zero: Housework, Reproduction and Feminist Struggle. (Oakland, CA: PM Press, 2012) y Federici y Peter Linebaugh, Re-enchanting the World: Feminism and the Politics of the Commons. (Oakland, CA: PM Press, 2018).

8 Para algunas visiones dentro de esta trayectoria histórica, ver la reciente edición de Monthly Review 71, 4 (Septiembre 2019) recordando el ensayo clásico de Margaret Benston de 1969, “The Political Economy of Women’s Liberation.” Ver también el ensayo de Dorothy Smith, “Feminist Reflections on Political Economy” en Writing the Social: Critique, Theory, and Investigations. (Toronto: University of Toronto Press, 1999).

9 Citado en Lisa Duggan, “(Re)Producing Social Justice After Neo-Liberalism.” Scholar and the Feminist Online 7, 3 (verano 2009): https://sfonline.barnard.edu/sexecon/duggan_01.htm.

10 Sue Ferguson, “A Response to Meg Luxton’s ‘Marxist Feminism and Anticapitalism’.” Studies in Political Economy (2014): 165.

11 Alessandra Mezzadri, “Informal labour, the majority world and the need for inclusive theories and politics.” Radical Philosophy 2.04 (primavera 2019): 33-41.

12 Women’s Studies International Forum 48 (enero 2015).

13 Para hacer una generalización amplia, uno debe afirmar que la teoría de la reproducción social ha sido una fuerte corriente teórica dentro de la teoría y sociología feminista en Canadá, mientras que en el contexto estadounidense ha producido una literatura histórica particularmente rica sobre reproducción social.

14 Este es uno de los temas del número especial de 2017 de Society and Space, “Beyond Binaries and Boundaries in ‘Social Reproduction’”: http://societyandspace.org/2017/10/31/intro-beyond-binaries-and-boundari…. Briggs también lucha con la cuestión de trans/género en la introducción a How All Politics Became Reproductive Politics.

15 La entrevista con Silvia Federici se incluye en Fiona Jeffries, Nothing To Lose But Out Fear (Toronto: Between the Lines, 2015).

16 Loree Erickson, “Out of Line: The Sexy Femmegimp Politics of Flauting It!” En Tristan Taormino et al, eds., The Feminist Porn Book: The Politics of Producing Pleasure (New York: Feminist Press, 2013).

17 A este respecto, el trabajo de Lise Vogel resulta una orientación teórica clave para algunas de las contribuidoras a la teoría de la reproducción social. Ver su Marxism and the Oppression of Women: Toward a Unitary Theory. (Chicago: Haymarket Books, 2013). Vogel también escribió el prólogo de la Social Reproduction Theory.

18 Sue Ferguson, “A Response to Meg Luxton’s ‘Marxist Feminism and Anticapitalism’.” Studies in Political Economy (2014): 161-168.

19 Ver también el libro más reciente de Collins, Intersectionality as Critical Social Theory (Durham: Duke University Press, 2019).

20 Ver, por ejemplo, el tomo especial de Boston Review sobre “Race Capitalism Justice” editado por Walter Johnson con Robin D. G. Kelley (invierno 2017).

21 Ver Carole Boyce-Davies, Left of Karl Marx: The Political Life od Black Communist Claudia Jones. (Duke University Press, 2008) como también algo de la reciente discusión académica por Alan Walk en “From ‘Triple Oppression’ to ‘Freedom Dreams’” en el ensayo en Against the Current.

22 Lisa Duggan, “(Re)Producing Social Justice After Neo-Liberalism.”

23 Katsarova, “Repression and Resistance on the Terrain of Social Reproduction”.

 

Es profesora de estudios de género en la Universidad de York, en Toronto.

El riesgo de decir la verdad

Por Bertolt Brecht

Parece hecho obvio que quien escribe, escriba la verdad, es decir, que no la sofoque o la calle, o no diga cosas falsas; que no se pliegue ante los poderosos ni engañe a los débiles. Cierto, es bastante difícil no plegarse ante los poderosos y bastante ventajoso engañar a los débiles. Desagradar a los poseedores, significa renunciar a la propiedad. Renunciar al pago por el trabajo hecho, puede querer decir renunciar al trabajo y rechazar la fama entre los potentados, significa a menudo rechazar toda fama. Hacerlo requiere valor.

Los tiempos en que la opresión es grande son casi siempre tiempos en que se discurre mucho sobre cosas grandes y elevadas. Se necesita valor, en tales tiempos, para hablar de cosas pequeñas y mezquinas, como la alimentación y la vivienda de los trabajadores, mientras alrededor se dice que sólo el espíritu de sacrificio cuenta. Cuando se ensalza continuamente a los campesinos, es valeroso hablar de máquinas y forrajes a buen precio, capaces de facilitar aquel trabajo tan elogiado. Cuando todos los altoparlantes vociferan que es mejor el hombre sin conocimientos ni instrucción, que el instruido, se necesita valor para preguntar: ¿mejor para quién? Cuando se habla de razas perfectas e imperfectas, es valeroso preguntarse si el hambre, la ignorancia y la guerra no producen cierta deformidad.

Asimismo se necesita valor para decir la verdad sobre sí mismo, sobre nosotros mismos, los vencidos. Muchos que son perseguidos, pierden la facultad de reconocer los propios defectos. La persecución parece la más grave injusticia; los perseguidores, ya que persiguen, son los malvados; ellos, los perseguidos, son perseguidos por su bondad. Pero esta bondad fue golpeada, vencida, esposada; luego era bondad débil, defectuosa, insostenible, que no contaba, porque no es lícito admitir como propia de la bondad la debilidad, como se admite que la lluvia debe ser mojada. Decir que los buenos fueron vencidos, no por buenos, sino por débiles, requiere valor.

La verdad no puede escribirse sino en lucha contra la mentira ni puede expresarse de modo genérico, elevado, ambiguo. A tal especie, esto es, genérica, elevada, ambigua, pertenece exactamente la mentira. Hablar de alguien que dijo la verdad, implica que antes algunos, muchos, o uno solo, dijeron algo distinto, una mentira o cuestiones genéricas; él en cambio dijo la verdad, esto es, algo práctico, concreto, irrefutable, precisamente lo que se necesitaba.

Poco valor se necesita en cambio para lamentarse, en general, de la maldad del mundo, del triunfo de la brutalidad y para sacudir la amenaza que flota sobre el espíritu, cuando se vive en una parte del mundo en que eso aún se permite. Muchos se comportan entonces como si estuvieran bajo el tiro de los cañones, cuando sólo están bajo el tiro de los binóculos. Van gritando sus vagas reivindicaciones en el mundo amigo de la gente inocua; demandan, genéricamente, la justicia, pero nunca hicieron nada por tenerla y piden genéricamente la libertad, la de obtener parte de aquel botín antes largamente repartido con ellos. Encuentran verdadero sólo cuanto les suena bien. Si la verdad tiene que ver con cifras, con hechos, si es cuestión árida, cuyo hallazgo exige pena y estudio, entonces no les corresponde, nada tiene que los embriague. Sólo exteriormente se comportan como los que dicen la verdad. El mal que sufren es no saber la verdad.

*El texto pertenece a: Cinco dificultades para quien escribe la verdad

Frantz Fanon: el brillo del metal

Este dossier ofrece una brillante introducción a la vida y obra de Fanon, enfatizando la seducción política contemporánea de su humanismo radical

Por Instituto Tricontinental

Y señalando que su trabajo conlleva una «irreprimible apertura hacia lo universal» y un compromiso axiomático con el «reconocimiento de la dimensión abierta de toda conciencia». Examina, en particular, la contribución de Fanon como teórico de la praxis comprometido a ir más allá del orden ontológico y espacial de la opresión y emprender una forma de praxis insurgente y democrática en la que se desarrolla «una corriente de edificación y enriquecimiento recíproco» entre protagonistas de diferentes lugares sociales.

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La invención de una epidemia

Por Giorgio Agamben

Frente a las medidas de emergencia frenéticas, irracionales y completamente injustificadas para una supuesta epidemia debida al coronavirus, es necesario partir de las declaraciones de la CNR*, según las cuales no sólo “no hay ninguna epidemia de SARS-CoV2 en Italia”, sino que de todos modos “la infección, según los datos epidemiológicos disponibles hoy en día sobre decenas de miles de casos, provoca síntomas leves/moderados (una especie de gripe) en el 80-90% de los casos”. En el 10-15% de los casos, puede desarrollarse una neumonía, cuyo curso es, sin embargo, benigno en la mayoría de los casos. Se estima que sólo el 4% de los pacientes requieren hospitalización en cuidados intensivos”.

Si esta es la situación real, ¿por qué los medios de comunicación y las autoridades se esfuerzan por difundir un clima de pánico, provocando un verdadero estado de excepción, con graves limitaciones de los movimientos y una suspensión del funcionamiento normal de las condiciones de vida y de trabajo en regiones enteras?

Dos factores pueden ayudar a explicar este comportamiento desproporcionado. En primer lugar, hay una tendencia creciente a utilizar el estado de excepción como paradigma normal de gobierno. El decreto-ley aprobado inmediatamente por el gobierno “por razones de salud y seguridad pública” da lugar a una verdadera militarización “de los municipios y zonas en que se desconoce la fuente de transmisión de al menos una persona o en que hay un caso no atribuible a una persona de una zona ya infectada por el virus”. Una fórmula tan vaga e indeterminada permitirá extender rápidamente el estado de excepción en todas las regiones, ya que es casi imposible que otros casos no se produzcan en otras partes. Consideremos las graves restricciones a la libertad previstas en el decreto: a) prohibición de expulsión del municipio o zona en cuestión por parte de todos los individuos presentes en cualquier caso en el municipio o zona; b) prohibición de acceso al municipio o zona en cuestión; c) suspensión de eventos o iniciativas de cualquier tipo, actos y toda forma de reunión en un lugar público o privado, incluidos los de carácter cultural, recreativo, deportivo y religioso, aunque se celebren en lugares cerrados y abiertos al público; d) suspensión de los servicios de educación para niños y escuelas de todos los niveles y grados, así como de la asistencia a actividades escolares y de educación superior, excepto las actividades de educación a distancia; e) suspensión de los servicios de apertura al público de museos y otras instituciones y lugares culturales a que se refiere el artículo 101 del Código del Patrimonio Cultural y del Paisaje, según lo dispuesto en el Decreto Legislativo 22 de enero de 2004, n. 42, así como la eficacia de las disposiciones reglamentarias sobre el acceso libre e irrestricto a esas instituciones y lugares; f) suspensión de todos los viajes educativos, tanto en Italia como en el extranjero; g) suspensión de los procedimientos de quiebra y de las actividades de las oficinas públicas, sin perjuicio de la prestación de los servicios esenciales y de los servicios públicos; h) aplicación de la medida de cuarentena con vigilancia activa entre las personas que hayan estado en estrecho contacto con casos confirmados de enfermedades infecciosas generalizadas.

La desproporción frente a lo que según la CNR es una gripe normal, no muy diferente de las que se repiten cada año, es sorprendente. Parecería que, habiendo agotado el terrorismo como causa de las medidas excepcionales, la invención de una epidemia puede ofrecer el pretexto ideal para extenderlas más allá de todos los límites.

El otro factor, no menos inquietante, es el estado de miedo que evidentemente se ha extendido en los últimos años en las conciencias de los individuos y que se traduce en una necesidad real de estados de pánico colectivo, a los que la epidemia vuelve a ofrecer el pretexto ideal. Así, en un círculo vicioso perverso, la limitación de la libertad impuesta por los gobiernos es aceptada en nombre de un deseo de seguridad que ha sido inducido por los mismos gobiernos que ahora intervienen para satisfacerla.

26 de febrero de 2020

 

* CNR es la sigla de El Consiglio Nazionale delle Ricerche [Consejo Nacional de Investigación].
Imagen principal: Dex Hannon, Virus in the Bloodine , 2018