por Santiago De Arcos-Halyburton
El capitalismo cognitivo a partir de su éxodo financiarizado ha significado un sistema educativo en crisis dada su prescindencia de mano de obra calificada en grandes cantidades: la producción de bienes y servicios ha pasado a segundo plano en esta nueva acumulación primitiva, incluso podría pasar a un tercer plano en medio de la destrucción de millones de puestos de trabajo a partir del desarrollo de la IA. Empujando el deseo de saber cualitativo a una lucha contra esta precarización del saber profesionalizado y mercantilizado. Entre una ocupación y otra, entre una asamblea y otra se ha iniciado un ciclo de autoformación, todo hace creer que no son ejercicios pasajeros, sino que van conformando una inmanencia del común de saberes, una pedagogía otra que comparte, no solo saberes intelectuales, sino que afectos, una especie de sumak kawsay pedagógico. Cuando el capitalismo abandona, con recortes presupuestarios su materia prima de valorización y plusvalor, sólo produce puntos de fuga que devienen en un éxodo periférico multitudinario en la lucha de clases.
Nuestra fuga es la de multitud en lucha, que triza los muros de los centros educacionales planteando un afuera en el interior y exterior del dentro, que se nutre de la exterioridad del metropolitano, de la fábrica difusa, es así como, por ejemplo, la facultad de arquitectura de la UFMG se ha contagiado de las necesidades de las favelas y barrios pobres de la ciudad constituyendo un agenciamiento de realimentación entre tecnología y deseos de una vida mejor (app para tiempos de movilización, control de consumo eléctrico, planificación urbana autónoma), o las escuelas y bibliotecas libres de las poblaciones chilenas (muchas veces burocratizadas por insu, PC’s, Partido Igualdad, y cuanto ex militante existe)
Pero la autoformación siempre ha estado presente de un modo u otro en los movimientos sociales. La emancipación y sus prácticas, se constituyen a partir de la generación de un conocimiento otro que viene a chocar con la doxa, con el canon aceptado. Desde los anarco sindicalistas y sus ateneos, casas de la cultura para obreros y escuelas racionalistas fueron constituyendo un crisol que producía la subjetividad obrera y conformaba la clase, motivando la generación, constante, de contrapoderes reales. Y no será sino hasta los primeros años del siglo XXI que surgirá nuevamente la experimentación en torno a la autoformación de los comuneros.
A finales de los 90’s se produce una ofensiva global contra los centros de enseñanza, a través de nuevas leyes orgánicas de educación, el plan Bolonia, etc., en una nueva geometría de la hostilidad, el movimiento estudiantil logró agenciarse con el movimiento global de luchas.
Muchos años después, concretamente en la primera década del siglo XXI, emerge de nuevo la experimentación en el campo de la autoformación. Su genealogía reconoce dos momentos de apertura. Detenerse en ellos permite señalar tanto algunos de sus rastros como la explicitación de su conexión con los movimientos metropolitanos: desde la desterritorialización producida por la globalización se conecta con el exterior organizándose una serie de comunidades de saberes donde profesores, investigadores y estudiantes, en conjunto con el activismo se nuclean ante la emergencia de una soberanía imperial y alrededor de los movimientos y luchas que surgirán de esta transformación del capitalismo: las nueva pedagogías y la autoformación no se entienden, en su génesis, sin el ciclo abierto por las luchas. Es en esta fase de centros sociales, en la emergencia de un sindicalismo otro (ajeno a las burocracias), en la autorganización, la huida de la representación y en la politicidad de las nuevas figuras del trabajo vivo o cognitariado que se produce una aceleración del éxodo de saberes a pedagogías rizomáticas, aun acotadas a los centros sociales y más preocupadas de abordar el estudio de las nuevas dinámicas del capitalismo en su captura del trabajo vivo: post operaismo, post colonialismo y post estructuralismo son la fuente primaria de estos movimientos que buscan actualizar una teoría y la praxis orientada a la efectividad de las luchas.
Desde estos antecedentes genealógicos es que la autoformación hoy, en medio de tanto revival de conservadurismo, populismo de ex˗quierda o derecha, el surgimiento de una nuevo nacionalismo identitario: estatal o racial, se hace necesaria para enfrentar la crisis definitiva de los centros de educación formal; existe una ofensiva global contra los más mínimos derechos, es que el capital ya no tiene necesidad de cuadros directivos, mandos medios o trabajadores, ni siquiera precisa de consumidores y es en este tránsito que la vieja ex˗quierda está empantanada en la impotencia de vivir aferrada a su keynesianismo imposible, en su incapacidad de entender la profundidad de la crisis, ni vislumbra su alcance. De ahí que requerimos un proceso que se libere de esas viejas cadenas a partir de la generación de saberes comunes en la autoformación comunitaria.
En el horizonte no se vislumbra ningún momento innovativo en lo que ha distribución de la renta se refiere, es más, nuestros derechos se restringen cada vez más. Estamos en la situación precisa para el estallido del acontecimiento, la multitud generando potencia como si se tratara de placas tectónicas a punto de cataclismo, y este momento es el que nos impele, no solo, a producir nuevas metodologías de aprendizaje, cuáles son? No sabemos, podemos ensayar y cometer muchos errores, pero nuestras luchas siempre han estado sustentadas en esas premisas. Lo que sí tenemos claro es que saldrán de las luchas, de la constitución de comunes que la multitud vaya generando en ese camino. Tenemos ante nosotros un Muro de Berlín que derribar, desde la pedagogía del oprimido a las viejas soluciones basadas en Dalton o Montessori, que si bien servían para las políticas educativas del desarrollismo keynesiano, el welfare state, no son viables en el capitalismo cognitivo financiarizado. Solo nuestro éxodo, la lucha, la insurgencia multitudinaria (sin relación con ninguna vanguardia espuria) y por sobre todo la subjetivación que nace a partir de la potencia desatada por la multitud, su contrapoder.
A partir de estas premisas debemos aprender a producir y organizar las instituciones del común, más allá de la conquista de la autonomía, es que la “crisis implica siempre también una crisis de la representación política, el hecho de que estemos solos, sin otro” que sepa hablar por nosotros, [porque la educación es una política de la representación desarrollada por el capital] entonces debemos reafirmarnos en la autoformación como potencia, como constitución de comunes donde los saberes son propiedad de todos y todas, los que producimos y cuidamos de su desarrollo sinsentido, estableciendo una política de la postpolítica donde el significado esté puesto en la producción del otro, disidente, diferente, una multiplicidad en nosotros, es decir la constitución de una individualidad autorepresentada.
En ese autorepresentarse también establecemos unas nuevas disposiciones tácticas en la producción de alteridad cuyo método, repetimos, debe ser la producción de instituciones del común como un éxodo de las instituciones educacionales, el Estado, la nación y el mercado, estableciendo una “escuela” de comuneros.
La autoformación es una práctica de la posibilidad de la subversión, de la resistencia, es la centralidad de la producción de saberes en la lucha del cognitariado. Es la destrucción del saber como fetiche, como dominio de especialistas, por ende también constituye un desmantelamiento de la jerarquía y segmentación del saber, destruyendo el fetiche en que lo ha convertido la ex˗quierda y la Academia. La autoformación también es un ariete que libera el conocimiento de las trampas en que es puesto por el capital, transforma nuestra producción de saber en otro enfrentamiento más en la luchas de clases, tal y como nos la plantea el momento de la subsunción real del capital, en el capitalismo cognitivo.
La crisis de la representación también coloca a la autoformación en conflicto directo con esta forma del arte de gobernar liberal. Ella es la autonomía per se, un saber que se acumula, disidente, consensuado a partir de las disidencias, diferente siempre, ensayo y error infinito, una autonomía que crea y construye un agenciarse maquínico múltiple en la senda de constitución comunista de un saber otro que se enfrenta a la actual vinculación capital-trabajo, la actual forma de la governance de las diferencias es al mismo tiempo una inclusión graduada de los derechos híper segmentando las diferentes capas de población. Su gubernamentalidad está basada en una diferenciación que no enriquece, sino que es utilizada como elemento de separación. Ahí también nuestra autoformación debe enfrentarse como un modo de incluir esas diferencias como riqueza de saberes agenciados en una inmanencia del saber: derechos, saberes, cultura, dispositivos anti policiales, anti racistas, Queer. Establecer una alianza que implique desmontar las fronteras montadas por el arte de gobernar liberal. Lo singular entonces se hace conocido, el otro dispar.
Como máquina de lucha la autoformación debería abrirse, como si fuese un centro educativo nómade, a la producción de subjetividad que producen los éxodos: vendedores ambulantes, prostitutas, gente que hace cultura en las poblaciones, escuelas libres, los diferentes en capacidades motrices, etc., aprendiendo de estos procesos de cómo crear máquinas de lucha dentro de un proceso de subjetivación es que los procesos vivos se desatan a modo de dispositivos de organización abiertos, democráticos, rizomáticos. Devenir un laboratorio nómada donde el saber es solo un comunar que busca nuevas sendas como modo de vida viva. Es decir transformar el saber muerto que producen los centros educativos en posibilidad.
Es a partir de este derecho a la producción y reproducción del conocimiento que avanzamos, a ciegas y tropezones, hacia una definición de lo común dentro de las luchas que con su radicalidad ponen en cuestión toda certeza que el capitalismo ha querido construir, nuestro deber no es guiar, ni representar sino que acompañar esta constitución aprendiendo de ella. Actuamos en las metrópolis junto a la metrópolis, en las fronteras abiertas por el cognitariado porque el saber ya no se sitúa dentro de los muros de los establecimientos educacionales, sino que en un afuera pero dentro del devenir escuela o universidad de la metrópoli y viceversa, produciendo conocimientos múltiples.
El éxodo implica un abandono de la rigidez y la jerarquización académica, desfragmentando los saberes de acuerdo a los deseos de los estudiantes agenciados, multiplicidad de disciplinas, áreas de interés y especialización, lo que sorteamos mediante la autoformación estableciendo el ejercicio de conocer como un seminario permanente, grupos de estudio donde lo que estudiamos no es una disciplina, sino que lo transformamos en una socialización, un dinamismo constituyente de nuestra subjetividad que destruye toda idea de curriculum académico por el interés por todo, por la libertad absoluta para conocer, expandiendo la potencia intelectual que no rinde pleitesía al académico sino que al conocimiento como una caja de herramientas para la transformación, una politica del cuerpo como vaso comunicante, del deseo pensar, de aprender, siempre preguntándonos con quien pensamos o aprendemos? Nosotros, comunistas, pensamos en y con las luchas, nos sumergimos en la cooperación social, con las mujeres, los niños, los barrios y su actuar autónomo, con lo LGTB, etc…no existe autoformación neutra, siempre está situada en una orilla de la lucha de clases, mientras exista.
No podemos obviar el hecho de que activamos, actuamos y participamos, sin pertenencia, en el movimiento social, que en su centralidad nos lleva a oponernos a la opresión del capital, a las hegemonías de todo tipo, incluso a eso que alguno ha llamado “comunes con medidas de seguridad” emulando el control de un especialista del arte de gobernar liberal. La autoformación se conforma a través de la creación, de la constitución de comunes, de los deseos de libertad, de singularidades subversivas, de una diferencia radical con los poderes, sean cuales sean.
Es una dinámica asociativa en la fábrica difusa, en la que nos toca vivir, la que nos constituye en clase, la multitud solo lo es al momento de agenciarse en las luchas y en ese camino entre lucha y lucha se produce cognición, una cognición afectiva, que lleva a la conformación de una subjetividad que precisa compartir sus saberes, autoformarse como sujeto activo y productivo libre que se autopiensa y actúa, no espera. A veces la autoformación, como el movimiento del migrante, las mujeres, los niños, jóvenes, inclusive el productor de subjetividad cuando mira tv, es mirada como no política, como individualidad, pero en realidad son el catalizador de los movimiento sociales.
Aclaremos que este análisis es hijo de una concepción del momento que vive el capitalismo y al que llamamos capitalismo cognitivo, y con el indicamos una permanencia del capitalismo y sus mutaciones, pero también esbozamos la nueva, pero vieja naturaleza del trabajo, las dinámicas de valorización y la estructura de propiedad y de explotación: trabajo inmaterial (pensamiento y lenguaje como herramienta. El saber, los afectos y conocimientos, la cooperación, el tejido de redes como principal fuerza productiva). El nuevo capital fijo son los afectos, los conocimientos, las capacidades comunicativas. En esta mutación también mutan las clases y por ende la lucha de clases y con ella la autoformación; en este escenario, que vivimos hoy emerge la multitud: la clase que unida aun a la lógica del capital, contiene en sí la potencia para crear un poder constituyente al margen de la lógica del capital. Nuestra autoformación tiene que construirse con la ética del software libre y el commonfare como horizonte para poder romper con la lógica del capital porque el capital ya no solo se apropia del trabajo, sino que de la vida en su totalidad transformando nuestra subjetividad en mercancía. Ante este biopoder es que surge la biopolítica, donde todo acto de cooperación, como la autoformación, se transforma en insubordinado, en rebelión…la fábrica difusa también ha constituido una lucha de clases difusa y por eso más potente, un horizonte de luchas inconmensurable.
El Junio de 2013 brasileño, los Gilets Jaunes, las revueltas en Argelia y Sudan, nos van mostrando un tejido sobre el que es posible una reapropiación a gran escala de lo público-estatal-privado transformándolo en común. Ahí es de donde nos planteamos: desde los movimientos, la conflictualidad que rompe con la vieja forma-partido, aunque se mistifique de nueva como el Frente Amplio, con el Estado, la nación, el trabajo asalariado, etc., y esto nos da la oportunidad de plantearnos la autoformación como una práctica política autónoma. Sin un proceso autoformante no puede haber innovación en el camino de la educación, sólo continuará la existencia repetitiva e improductiva en todos los términos de las viejas concepciones fordistas de educación y formación: desde la hegemónica de Freire hasta la supuestamente zapatista de Víctor Raúl Mejías, donde todas coinciden en la permanencia de una educación para el trabajo y el desarrollo desde el punto de vista de la relación entre capital y trabajo asalariado, sin romper con esa relación sino que perpetuándola a través de la relación que sostienen con el Estado gestor del capitalismo de estado.
Gilles Deleuze nos planteó que el punto de partida es la pregunta, una que nosotros fabricamos con elementos que zurcimos, como un patchwork, no una pregunta dada por otros porque esa no nos deja margen para hablar por nosotros mismos. Para autoformarnos debemos construir laboratorios más que escuelas, una especie de federación de saberes, donde los que participan se preguntan desde sus propios deseos y saberes construyendo sus comunes junto a otros saberes compartidos en el afecto que nace de las luchas.


Genial justo esto es lo que me faltaba para terminar mi trabajo, al fiiiiin T.T GRACIAS!