Por Peter Nolan
Es imposible leer hoy la correspondencia de un intendente del ancien régime, tanto a sus superiores como a sus subordinados, sin tener la fuerte sensación de que la similitud de las instituciones hace que los gestores de aquel tiempo se parezcan mucho a los de nuestros días. Parecen acercarse los unos a los otros a través del abismo de la Revolución que los separa […]. Más vale que dejemos de sorprendernos ante la pasmosa facilidad con que la centralización fue restablecida en Francia a comienzos de este siglo. Los hombres de 1789 habían dado la vuelta al edificio, pero sus cimientos se habían mantenido intactos en los mismos corazones de sus destructores. Sobre esas bases fueron capaces de reconstruirlo, dándole una solidez que nunca antes había tenido.
Alexis de Tocqueville, El Antiguo Régimen y la Revolución, 1856.
El colapso de la Unión Soviética tuvo un profundo impacto en el pensamiento chino sobre la ideología política, las ins- tituciones y el desarrollo1. Las desastrosas consecuencias que tuvo en Rusia la desaparición del PCUS en términos de bienestar social fue un factor que fortaleció la determinación por parte de Pekín de resistir la presión externa e interna para que evolucionara hacia la democracia parlamentaria. ¿Cuál fue el motivo de que el Partido Comunista de la Unión Soviética se desintegrase, mientras que el Partido Comunista de China (PCCH) fue capaz de sobrevivir y robustecer su posición? La espectacular divergencia en las trayectorias de las dos superpotencias comunistas ha tenido un significado incalculable para la economía política global del siglo XXI, con efectos que potencialmente se proyectarán en el futuro a largo plazo.
Ambos regímenes tenían un punto de partida común en el sistema económico político que se estableció en Rusia entre 1917 y 1921. Sus rasgos esenciales (el monopolio del control político en manos del Partido, la propiedad estatal de los medios de producción, el control estatal sobre el comercio y las finanzas) fueron concebidos durante los años de violencia extrema y de lucha por la supervivencia del emergente régimen bolchevique durante la Guerra Civil rusa. En el momento de su fundación en 1921 el Partido Comunista de China adoptó básicamente la misma estructura política y el mismo planteamiento en términos de organización económica que su homólogo soviético. Tal y como lo expresó Xi Jinping en 2017: «Las salvas de la Revolución de Octubre trajeron el marxismo-leninismo a China. En la verdad científica del marxismo-leninismo, los progresistas chinos vieron una solución a los problemas de China»2.
Tanto en la URSS como en China, la guerra civil y la lucha por la super- vivencia nacional contra una potencia invasora –respectivamente, la Alemania nazi y el Japón imperial– fortalecieron los aspectos centralistas y disciplinarios del Partido Comunista. En ambos países, el periodo de la Nueva Política Económica –a principios de la década de 1920, bajo la dirección de Lenin, y a principios de la década de 1950, bajo la dirección de Mao– modificó temporalmente el planteamiento de la estrategia económica, pero la filosofía de «la economía en su conjunto como una sola fábrica», incluyendo la organización de la población rural en granjas colectivas, fue rápidamente restablecida como el factor decisivo de la organización económica a ambos lados del río Amur. Este sistema económico «estalinista», unido al control político de carácter monolítico por parte del aparato del Partido, continuaron en vigor en China hasta la muerte de Mao en 1976, y en Rusia, hasta el ascenso de Gorbachov a la secretaría general del pcus en 1985.
La estructura política de los zares
Sin embargo, los rasgos comunes de los sistemas político-económicos de las dos potencias comunistas ocultaban diferencias profundas en cuanto a la naturaleza de sus regímenes previos a la revolución. En el caso del PCUS, el ancien régime no era otro que el Estado ruso establecido a partir del siglo XVII por el diminuto Principado de Moscú mediante una larga serie de conquistas militares. Esta estructura política expansionista estaba dirigida por un gobierno centralizado y autoritario equipado con un gran ejército, necesario antes que nada para mantener unido un territorio vasto, poco poblado y étnicamente diverso, con fuertes e inherentes tendencias separatistas, y que a continuación habría de ser puesto a prueba en feroces guerras con los países vecinos: la Gran Guerra del Norte contra el poderoso Estado sueco entre 1700 y 1721, la invasión napoleónica de 1812, la Guerra de Crimea contra Francia, Gran Bretaña y el Imperio otomano en la década de 1850 y la Guerra ruso-japonesa de 1904. La Primera Guerra Mundial fue el último y más devastador de una larga serie de conflictos entre la Rusia imperial y sus grandes potencias rivales.
En términos sociales, los estratos superiores de los estamentos civil y militar zaristas estaban compuestos por la clase terrateniente, que dependía del soberano para la adjudicación y protección de sus posesiones. Esta franja de población, al igual que la mayor parte del clero, siguió siendo por lo general analfabeta durante todo el siglo XVII. Rusia tenía una tradición escrita bastante pobre, con muy poco espacio parael pensamiento ético o filosófico acerca del papel de la clase dirigente. La posición de la Iglesia ortodoxa se reducía a la de ser una rama subordinada del Estado, el cual designaba y pagaba a sus sacerdotes y altos cargos. La masa de campesinos, infantería para el ejército, se mantenía virtualmente en la esclavitud, e incluso después de la emancipación de 1861 siguieron siendo siervos. Aunque el país poseía un sistema de comercio interno altamente desarrollado, el control que se ejercía sobre la clase mercantil era estrecho. El régimen zarista estableció monopolios estatales para los mercaderes, impuso sistemáticos gravámenes fiscales sobre sus beneficios para mantener la hacienda pública y tomó medidas para evitar la formación de ciudades comerciales de consideración.
Si bien es cierto que una parte importante de la cultura rusa se deriva de la interacción con el Mediterráneo oriental y Asia central, a partir de Pedro el Grande los dirigentes del país se preocuparon sobre todo por absorber las tecnologías y la cultura de Europa Occidental. Este impulso quedó reflejado en la arquitectura de San Petersburgo, en la adopción de la lengua francesa por parte de las clases altas terratenientes y en la orientación de los estratos intelectuales que surgieron en el siglo XIX.
Esta intelectualidad asimiló con entusiasmo las ideas políticas de Europa Occidental y gran parte de su actividad política y literaria era crítica con el autoritarismo zarista. La tensión entre la intelectualidad y el Estado perduraría durante el periodo soviético. Si bien es cierto que la industria capitalista creció entre 1890 y 1914, se mantuvo circunscrita en su mayor parte al área de San Petersburgo, y su papel en el conjunto de la economía política del zarismo hasta la llegada al poder de los bolcheviques fue marginal. La preocupación principal de la clase dirigente pre-revolucionaria de terratenientes y oficiales militares fue la de mantener elcontrol sobre el imperio y sobre las masas campesinas. Su burocraciaera relativamente pequeña. Sabía poco acerca del funcionamiento de laeconomía de mercado y tenía un profundo complejo de inferioridad en relación con la cultura europea occidental.
La noción de una economía no de mercado basada en la propiedad común de los medios de producción era un aspecto central de la ideo- logía del Partido Comunista en la Unión Soviética. Se puso en práctica durante el periodo del comunismo de guerra, entre 1918 y 1921, y graciasa ello se logró levantar un enorme baluarte industrial que veinte años más tarde detendría el avance nazi en Eurasia3. Sin embargo, cuando la dirección del pcus perdió la fe en el comunismo perdió completamente el rumbo. Ante la disyuntiva de emprender una vía bajo condiciones nuevas, carecía de cualquier noción de lo que los chinos llaman «la otra orilla del río», es decir, la situación concreta que se pretende alcanzar. Los únicos recursos que la historia pre-revolucionaria de Moscú podía ofrecer eran visiones idealizadas de la política occidental y de la economía de libre mercado.
Recursos para el viaje
En esa misma coyuntura, el pcch podía recurrir a los abundantes recur- sos que sí ofrecía el ancien régime chino. En contraste con Moscovia –que antes del siglo xiv era poco más que una fortaleza de madera–, durante milenios el centro del Estado en el este de China, económicamente desarrollado y densamente poblado, ofreció una base firme durante largos periodos de gobierno político estable, incluso mientras el control sobre los territorios exteriores con asentamientos superficiales crecía y menguaba según el momento. El PCCH se vio asimismo fortalecido por la larga tradición político-filosófica de la burocracia china, a cuyos funcionarios-intelectuales se les inculcaba sistemáticamente el deber de «servir al pueblo», así como la obligación moral que Mencio imponía a aquellos que «primero alcanzan la comprensión»4.
Esta filosofía se hallaba profundamente incrustada en el pensamiento de la burocracia tradicional, y estaba igualmente arraigada en la ideología del pcch. Yang Changji, el profesor de Mao Zedong en Changsha entre 1913 y 1919 que dejó una «fortísima impresión» en el futuro líder, creía fervientemente que los intelectuales tenían un deber especial a la hora de poner el destino del país por encima de sus deseos individuales5. «Servir al pueblo» –wei renmin fuwu– es una consigna central del Partido, cuyo eco se ha venido sintiendo, desde el discurso de Mao de septiembre de 1944, cinco años antes de la proclamación de la República Popular, hasta el grueso de los discursos de XI6. Casi sobra decir que a lo largo de la historia china fueron pocos los burócratas, si es que hubo alguno, que estuvieron a la altura de los altos estándares de abnegación, coraje y responsabilidad que se esperaban del funcionario público ideal. Entre 2012 y 2017, la Comisión central para la inspección disciplinaria del PCCH emprendió acciones contra 1,4 millones de miembros delPartido, con el fin de poner coto a la corrupción rampante que se había extendido dentro de la organización a la sombra del crecimiento de la «economía de mercado» (tal y como se la conoce en China), muy especialmente en el gigantesco sector inmobiliario.
La idea de una economía no de mercado, con una propiedad colectiva de los bienes, también tiene orígenes antiguos en China, que se remontan a las palabras atribuidas a Confucio en el Libro de los ritos, que es una compilación del siglo II a. C. de textos más tempranos. Resulta evidente que Confucio tenía en mente un mundo ideal, donde la benevolencia sería el principio rector. Sin embargo, la naturaleza de los derechos de propiedad en un mundo semejante es una cuestión objeto de debate7. De hecho, el pasaje clave en este sentido es ambiguo: da dao zhi xing ye, tian xia wei gong. Según el filósofo de la era republicana Feng Youlanesta frase debe interpretarse como: «En los tiempos en que se practi- caba el gran Tao, el mundo era común para todos»8. El erudito japonés Tsuchida Kyoson, contemporáneo suyo, la convirtió en: «Cuando el Gran Camino se realice, el mundo entero será poseído por todos».
Una generación anterior a la de Feng Youlan, el pensador utópico Kang Youwei, monárquico constitucional y líder del movimiento reformista de 1898, había propuesto ya una lectura similar de Confucio. En su Da Tong Shu [Libro de la gran armonía] Kang describió una sociedad en la que «toda la industria sería de control público» y «todo el comercio estaría bajo el control del ministerio de Comercio del gobierno». La planificación económica se llevaría a cabo a escala mundial, con el fin de«prevenir los males de la infraproducción y de la superproducción». En las zonas rurales, «toda la tierra será de propiedad y gestión públicas», al tiempo que la planificación se extendería a cada detalle, incluyendo las pautas laborales, que serían ejecutadas «como si fueran órdenes militares»9. Mao estaba absolutamente familiarizado con el Da Tong Shu y defendía que la única forma de lograr la «armonía universal» pasaba por una república popular dirigida por la clase obrera10. Muchos de los rasgos del Da Tong Shu son similares a las medidas que se implementaron bajo el liderazgo de Mao entre 1956 y 1976, en medio de una oposición feroz en el seno del PCCH. De hecho, las ideas del Antiguo Régimen en China, que se remontaban al mundo anterior a la dinastía Qin, aparecen con mucha más frecuencia que las ideas de Marx en los discursos y escritos de Mao. Es cierto que el Manifiesto Comunista dejó en él una profunda impronta, y que también se sirvió profusamente de los escritos de Marx sobre la Comuna de París y de su Crítica del Programa de Gotha. Pero más allá de ello, al parecer no llevó a cabo un estudio sistemático de la obra de Marx. Es posible que la implementación bajo el liderazgo de Mao de un sistema económico que virtualmente eliminaba el mercado se inspirara más en las corrientes radicales de la historia del pensamiento chino que en El capital.
Nuevos edificios, viejos cimientos
Desde mediados de la década de 1950 y hasta fines de la de 1970, elgrueso de la propiedad en China era, de una u otra forma, propiedad común. En diciembre de 1978, al comienzo del proceso de reforma, el PCCH tomó la decisión de abandonar «la orilla maoísta» del río –es decir, una economía controlada administrativamente, con la posesión común de la propiedad– y cruzar al otro lado. La naturaleza de ese otro ladoquedó en aquel momento por definir. Sin embargo, mientras China se embarcaba en ese viaje, el desarrollo gradual de la «economía de mercado» interactuó con la reintegración de la tradición más antigua del pensamiento político e ideológico chino.
La historia de China como Estado se remonta a la dinastía Qin en el siglo III a. C. Sus tradiciones filosóficas llegan mucho más atrás en el tiempo, hasta la dinastía Zhou (entre el siglo xi a. C. y el 221 a. C.). Los «cimientos» del ancien régime que inspiraron al PCCH incluyen la larga historia de la burocracia china, basada en una tradición literaria y filosófica sofisticada y codificada en el sistema de revisión imperial. Satisfacerlas necesidades de la mayoría de la población se entendía como unprincipio político filosófico y una tarea clave de la burocracia consistíaen estimular el mercado con vistas a lograr la prosperidad económica. Esta relación la formuló de forma célebre Guan Zhong (720-645 a. C.), el reputado canciller del Estado de la dinastía Qi, en el periodo de laPrimavera y el Otoño de la historia china (771-476 a. C.). En el texto que firma se argumenta que todo el mundo se beneficiaría de un mercadoque funcionara a pleno rendimiento; pero también, que «no se debería permitir que el mercado por sí solo decida sobre la abundancia o escasez de mercancías». Hay una «forma correcta» para hacer esto, que el Guan Zi denomina «gestionar el mercado»11.
Había otras escuelas de pensamiento, pero las que propugnaban puntos de vista como los expuestos en los «Discursos sobre la sal y el hierro» (81 a. C.), que defendían que China debía regresar a una edad de oro del trueque, «cuando la población vivía feliz y exigía poco», rara vez influyeron en la corriente principal de la política estatal. Lejos de eliminar el mercado, el Estado buscaba una y otra vez la manera de lograr que funcionara más eficazmente a través de una regulación pragmática e inteligente, sirviéndose para ello de un amplio abanico de obras públicas, que incluían la conservación del agua y la infraestructura de transportes; recurriendo a la estabilización de los precios de los productos básicos; optando por el desarrollo de programas para aliviar las hambrunas; u organizando el apoyo a la difusión del conocimiento a través de enciclopedias y otros textos escritos.
Bajo este sistema, durante dos milenios China fue un líder mundial en innovación promovida por el mercado. Entre sus invenciones se cuentan el arnés equino, el papel y la imprenta, la metalurgia avanzada mediante el empleo de altos hornos, la porcelana, las armas de metal tubulares, la pólvora para uso militar, la brújula marítima, el timón de popa, los compartimentos estancos para buques y las puertas de esclusa de canal. Los componentes clave del motor de vapor, el pistón de doble acción y la con- versión del movimiento rotatorio en movimiento rectilíneo –los avances primordiales de la revolución industrial británica– se desarrollaron de forma independiente en China12. La intelectualidad china constituía el núcleo del sistema burocrático; trabajar en su seno era perfectamente compatible con la crítica severa de la forma en que operaba el funciona- riado, si bien dicha crítica rara vez buscaba derribar el propio sistema. Durante esta larga historia, el objetivo del Estado era apoyar la economía haciéndose cargo de funciones clave que el mercado era incapaz de asumir; el mercado era siempre objeto de regulación por parte de un Estado guiado por principios filosóficos.
El planteamiento que siguieron los líderes chinos desde 1978 ha mante- nido una relación tangible con esta tradición. Desde el principio del proceso de reforma y de «apertura», Deng Xiaoping dejó claro que en adelante China debía seguir una vía pragmática y experimental en lo tocante a las relaciones entre el Estado y el mercado. No debía dejarse que el mercado actuara solo, sin directrices, pero el Estado no debía dejar de «buscar la verdad de los hechos» en relación con las contribuciones del mercado y del propio Estado al sistema económico. En los momentos inmediatamente posteriores al trauma del 4 de junio de 1989, Jiang Zemin reiteraba: «El grado, el método y el alcance de la combinación entre la economía planificada y la regulación a través del mercado deben ser constantemente ajustados y perfeccionados en función de la situación real»13. Dentro de la filosofía política del ancien régime, esta perspectiva pragmática sugiere que el camino correcto para regular el mercado implica una búsqueda no ideológica del equilibrio y la interacción entre el yin del Estado éticamente orientado y el yang de la competencia del mercado. El famoso pasaje del Libro de los ritos puede leerse como un fundamento filosófico de este enfoque. Tal y como sugería Wu Gouzheng, puede interpretarse en estos términos: «Cuando el gran principio predomina, el mundo entero se orienta hacia el bien común»14.
Vías alternativas
En décadas recientes ha tenido lugar en China un encendido debate en torno a la naturaleza de la historia del país y de sus tradiciones intelectuales, consideradas en sí mismas y en su relación con las de Occidente. El carácter específico de esta discusión puede apreciarse en la disposición de los intelectuales chinos, y también en el seno del PCCH, para combinar reflexiones acerca de su propio pasado con investigaciones sobre la historia y la filosofía de Occidente, en un intento de discernir los contornos de «la otra orilla». En esto seguían los pasos de Mao, autor de esta célebre cita: «Usa el pasado para servir al presente, y usa lo extranjero para servir a China». El maestro de Mao, Yang Changji, fue pionero en el esfuerzo por establecer un vínculo estrecho con las tradiciones intelectuales occidentales. En la obra de Adam Smith, los líderes actuales de China apreciaron una preocupación similar con respecto a las relaciones entre Estado y mercado. Como es sabido, en La riqueza de las naciones Smith analizó la contribución de la mano invisible de la libre competencia mercantil al progreso social y económico de Occidente. Sin embargo, tanto en aquella obra como, sobre todo, en su Teoría de los sentimientos morales, Smith también explicaba que el mercado, abandonado a su suerte, produce resultados profundamente problemáticos que afectan a la desigualdad, al carácter del trabajo, a la búsqueda de la felicidad y a los fundamentos éticos de la sociedad.
Desde 1978 esta filosofía se ha incorporado a la visión de los dirigentes chinos, en su propósito de integrar la mano visible de la regulación pública y la mano invisible de la competencia mercantil al hilo de un proceso de experimentación continua, que parte del método consistente en combinar la «serpiente» de la regulación con el «erizo» de la libre competencia. Por el camino ha habido innumerables dificultades, y sinduda habrá más. Sin embargo, el balance logrado por China durante este periodo ha sido notable. Entre 1980 y 2018, su participación en el PIB mundial ha pasado del 2,3 al 18,5 por 100, mientras que durante ese mismo periodo la participación de la UE ha caído del 30,1 al 16,2 por 10015. China ha cultivado un formidable elenco de empresas de titularidad pública, así como de poderosas contrapartes privadas. Las principales empresas chinas van camino de convertirse en compañías globalmente competitivas, con tecnologías, marcas y reputaciones punteras a escala mundial. El crecimiento económico ha sido la base que ha sustentado el prodigioso avance logrado en China en términos de bienestar material y cultural de la población. La expansión de los sistemas de infraestructuras físicas y sociales del país –transportes, electricidad, telecomunicaciones, agua y alcantarillado– ha contribuido a mejorar enormemente las condiciones de vida del grueso de la población. Un gigantesco programa de construcción de viviendas ha ayudado a proporcionar hogares decentes y seguridad personal a los habitantes de las ciudades, cuyo número ha crecido exponencialmente. La ampliación de los servicios en materia de sanidad y educación ha supuesto una contribución vital al bienestar de las masas.
El «rejuvenecimiento nacional» de China está íntimamente ligado a una larga historia que pasa simultáneamente por regular y estimular el mercado. No es difícil ver por qué los dirigentes chinos creen que esta experiencia puede suponer una contribución relevante a una filosofía política que promueva la regulación inteligente y pragmática del sistema económico global en aras del interés común durante las próximas décadas e, incluso, durante los próximos siglos. El programa de reformas y apertura del PCCH hizo creer a muchos analistas occidentales que en el siglo XXI Occidente dominaría a China. Estas impresiones se afianzaron, cuando China se integró en la OMC en 2001, pero han resultado ser una ilusión. La forma en que China se relaciona con Occidente sigue siendo una cuestión abierta. Todavía está por decidirse hasta qué punto «absorberá al mundo exterior» [xishou wailai] en lugar de «integrarse en él» [ronghe wailai]. El resultado no dependerá únicamente de China, sino también de Occidente.
La naturaleza radicalmente diferente del ancien régime en China y en Rusia es uno de los factores clave que explican la supervivencia y la prosperidad del PCCH, por un lado, y la desintegración del PCUS, por otro.Esta diferencia se ha intensificado cada vez más, a medida que China abandonaba las políticas de la era maoísta. Durante el periodo transcurrido desde 1978, la naturaleza de «la otra orilla del río» se ha vuelto cada vez más clara. No coincide con la «doctrina de la propiedad común», ogongchan zhuyi. Por el contrario, el mercado juega un papel central a la hora de estimular la economía, al tiempo que una regulación pública pragmática, que tiene al pcch en su centro, intenta garantizar que el mercado sirva a las necesidades del conjunto de la población. Con independencia de si la propiedad es privada, estatal, cooperativa o mixta, dicha propiedad será objeto de regulación por el partido y por el gobierno en aras del interés común. Conforme a esta visión, «ir tanteando las piedras para cruzar el río» se ha revelado como una vía hacia la reforma en dirección a la otra orilla, una vía que podría describirse como una modalidad de da tong zhu yi, esto es, de «gran armonismo» o, tal vez, de gran «mancomunitarismo», basada en la antigua noción china de burocracia meritocrática, que regula el sistema económico en interés del conjunto de la población. China tiene aún un largo camino por recorrer y por delante grandes desafíos internos y externos. Sin embargo, los líderes de China y el pueblo chino han sido capaces de discernir cada vez con más claridad las grandes líneas de la «otra orilla» en su búsqueda colectiva de una «vía» en medio de un mundo convulso.
Notas:
1 Agradezco al Dr. Zhang Jin las largas conversaciones acerca de los asuntos planteados en este artículo.
2 Xi Jinping, «Speech at the 19th Congress of the Communist Party of China», 2017.
3 László Szamuely, First Models of the Socialist Economic System: Principles and Theories, Budapest, 1974.
4 El filósofo confucionista Mencio, o Meng Zi, que vivió en el siglo iv a. C., había planteado el problema en estos términos: «Entre las gentes del cielo yo soy de los primeros en despertar. He de despertar a este pueblo a través del Camino. Si no lo hago yo, ¿quién lo hará?», Mencius, trad. D. C. Lau, Londres, 1970, libro v, parte A, sección 7.
5 Yang Changji citaba los preceptos de Fan Zhongyan, ministro de un emperador Song del siglo xi: «Soporta las penurias y la amargura antes que los demás, disfruta del confort y de la felicidad después de los demás» [xian tian xia zhi you er you, hou tian xia zhi le er le].
6 Mao Zedong, «Serve the People» [8 de septiembre de 1944], Selected Readings from Mao Tse-tung, Pekín, 1971; Xi Jinping, The Governance of China, Pekín, 2014, p. 30; ed. cast.: Obras escogidas de Mas-Tse-Tung, Madrid, 1974.
7 L. G. Thompson, «Introduction», The One-World Philosophy of Kang Yu-wei, Londres, 1958, pp. 27-29.
8 Fung Yu-lan [Feng Youlan], A Short History of Chinese Philosophy, ed. Derk Bodde, Nueva York, 1948, p. 202.
9 El Da Tong Shu fue publicado en chino en forma abreviada en 1913 y en su versióncompleta en 1935, ocho años después de la muerte de Kang Youwei.
10 Mao Zedong, «On the People’s Democratic Dictatorship» [1949], en Selected Readings, 1971.
11 Guan Zhong, The Guan Zi, trad. por Zhai Jiangyue, 4 vols., Guangxi, 2005, capítulo 5, cheng ma.
12 Joseph Needham, «The Prenatal History of the Steam Engine», en Clerks and Craftsmen in China and the West, Cambridge, 1970.
13 Jiang Zemin, «Speech at the Meeting in Celebration of the 40th Anniversary of the Founding of the People’s Republic of China», 29 de septiembre de 1989,Departamento de Investigación de la literatura del Partido, Comité Central del Partido Comunista de China, Major Documents of the People’s Republic of China, Pekín, 1991.
14 Wu Kuo-cheng [Wu Guozheng], Ancient Chinese Political Thought, Shanghái, 1933, p. 299.
15 FMI, World Economic Outlook Database, base de datos, 2018.
Publicado en New Left Review 115 (Marzo-Abril 2019)

