por Santiago de Arcos-Halyburton
Vinieron con sus orgánicas burocráticas, sus banderas sindicales, su ansia de poder dirigir lo indirigible, intentaron llevar el copamiento de Plaza Italia (que es el centro neurálgico del tránsito de la ciudad, si lo bloqueas trastocas todo desplazamiento de vehículos) a una marcha por las calles y después enviarnos a las casas para que ellos, los burócratas de la CUT, del NO+AFP, etc…, toda esa mafia que lleva años enquistada en la direcciones sindicales, trato, digo TRATO, de vaciar la plaza, que es nuestra, que es nuestro campo de batalla, desde donde la potencia multitudinaria ha irradiado a todo Chile la revuelta. La multitud a mitad de camino entendió que su lugar no es una manifestación que recorra las calles sino que es el lugar del contrapoder constituido donde se agencian los todos, los muchos, aquí están las mil flores gestando el acontecimiento sin miedo, estableciendo este éxodo del poder y de la representación. Plaza Italia es nuestro Tahrir, nuestro Parque Gezi, nuestro Maidan, desde ahí combatimos y esparcimos las esporas de la revuelta hacia la ciudad, al país en su conjunto. Pero por qué citamos esos espacios de revuelta tan lejanos geográficamente unos de otros? Porque la globalidad de la revuelta se expresa desde 2011 hasta hoy, como si en una carrera de postas nos pasásemos el testigo de un huso horario al otro. Son millones en todo el mundo los que toman las calles, en un explosión de ira social que viene a cobrarse todas las cuentas de una sola vez, esas multitud se abraza en la inmanencia de una organización de otro tipo, una orgánica sin orgánica donde se constituyen nuevas formas de sociabilidad, de proposición de nuevas formas de vida.
Nos hemos auto convocado, porque esta revuelta no solo es contra el capitalismo financiarizado y sus consecuencias en nuestras vidas, sino que también es contra toda forma de representación o mediación, las redes sociales son nuestra prensa, nuestras orgánicas inmanentes son cibernéticas, digitales, imposibles de domeñar, indisciplinadas. En este crisol también aparecen los conflictos y contradicciones entre nosotros, las clases sociales, el deseo mirado desde distintos cristales, una óptica diferente entre cada colectivo que se manifiesta y revuelve contra el poder, pero también sucede que obviamos esas diferencias, como las barras bravas de los equipos de fútbol que dejan de lado sus rivalidades para agenciarse en la plaza bajo un solo deseo: LO QUEREMOS TODO, LO QUEREMOS AHORA. Ya las resolveremos en el camino, un camino de construcción de comunes.
Ellos aún siguen paralogizados, sin saber a dónde darse vuelta para saber que sucede con nosotros, qué es esta multitud insumisa, sudorosa, hedionda, violenta y cruel. Ellos, la clase política, el estado de los partidos, la prensa y sus corifeos aun no salen de su asombro, no saben si somos eso que ellos llaman vándalos, o la gente común y corriente que cacerolea pero que también saquea e incendia. Están perplejos, y como este contrapoder se afianza en la calle, han mudado su discurso: si no encendemos una barricada tenemos su simpatía por nuestro pacifismo civilizado y bien portado.
Más allá de ellos, los que reciben sus órdenes en las oficinas de los CEO’s de las grandes empresas, deben darse cuenta, tarde o temprano, que su mundo ya no existe, que el escenario es otro, que todo ha cambiado para siempre. Todos los consensos han caído. La élite se sentía segura, no había nubes negras en el horizonte, no fue sino hace una semana que Piñera anunció el oasis de paz que era Chile en medio de las convulsiones del continente…hoy el miedo les recorre el pescuezo porque temen por sus privilegios. Ya no tienen ninguna base de sustentación excepto el monopolio de las armas, incluso en sus barrios de clase alta se escuchan las cacerolas y se ven las manifestaciones y cortes de calle. Esta es la revuelta contra la ausencia de todo welfare, desde los más pobres a la clase media, supuestamente, acomodada. Chile había logrado sortear las crisis económicas, aumentado el nivel de vida de la población, pero a costa de endeudamientos, precariedad en salarios, empleos, salud y educación, donde todo es privado, hasta el agua y el mar (que fue entregado a 7 empresas para su explotación), y al mismo tiempo una economía que se contrae cada vez más en los niveles de producción y consumo de bienes, es el precio de la financiarización y la movilización productiva de los pobres a partir de una nueva composición social. Una subjetividad nueva surge de esa movilización productiva, se afianza e inicia un proceso de creación, la expansión del trabajo vive tiene lugar entonces, pero también nacen las frustraciones, la angustia, una lucha cotidiana por el éxito.
Entonces, que provoca este estallido? No es acaso la inclusión en el mercado del trabajo (durante los gobiernos de la Concertación) a grandes masas excluidas, mediante el acceso a la educación universitaria, por lo tanto a los bienes y al consumo, que se suma al miedo al fracaso del hombre endeudado. Toda la frustración sistémica, todo el odio acumulado en las horas rush en el transito; la imposibilidad de vivir sin deudas económicas con la banca; la violencia de unos contra otros, la delincuencia, etc., todo eso exploto hace 6 días, llevándose la “normalidad” por delante, detonando un proceso constituyente en el que cooperación y la inmanencia de la organización se transforma en la caballería de los hunos que arrasa con todo amalgamando todas las rabias, todas las demandas y exponenciándolas al nivel de que ya son 6 días de copamiento de los espacios de poder.
Ha estallado una potencia que no se derrota con estados de excepción, ni con tanques o balas, y menos con la tortura que ha reaparecido en las comisarías de la policía…SOMOS esa monstruosidad que no querían ver, somos los rostros descubiertos que van poniendo contra la pared al capitalismo financiarizado que nos agobia.
En Santiago de Chile, 6to día de revuelta

