Cultura, política, arte y revolución en el diseño. La Bauhausu

Por Román Munguía Huato

“¿Qué tienen que ver con la Bauhaus unas escaleras mecánicas en Medellín, unos caracteres gráficos en Amán, unos muebles de Londres, una iniciativa de agricultura urbana en Detroit y unas viviendas sin paredes en Tokio?”, se preguntan en el documental Mundo Bauhaus que difundió la Deutsche Welle(DW) para conmemorar el centenario de su fundación este primero de abril ¿Qué tienen en común cientos de edificios y rascacielos del llamado “Estilo Internacional” erigidos en muchos países, con la Bauhaus? El diseño contemporáneo –arquitectónico, industrial, gráfico, tipográfico, de mobiliario, de cerámica, etcétera– hunde sus raíces profundas en la Bauhaus de 1919. Esta escuela se constituyó como una auténtica vanguardia artística y arquitectónica, la más importante en la historia del siglo XX, que trasciende hasta nuestros días.

Weimar, Gropius y la Bauhaus

Pocas semanas después de ser asesinados en Berlín el 15 de enero de 1919 los revolucionarios Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht se funda la Bauhaus en la ciudad de Weimar. Producto de una revolución proletaria en noviembre de 1918 y de la derrota de la insurrección de enero de la Liga Espartaquista –aplastada violentamente por el ala derecha de la socialdemocracia encabezada por Friedrich Ebert– la República de Weimar surge de una asamblea nacional el 11 de agosto. La derrota de Alemania significó una humillación para la naciente y poderosa burguesía germana que después emprendería, comandada por Hitler y sus huestes nazis, afanes imperialistas y nuevamente una guerra mundial. La abdicación del Káiser Guillermo II, el fin de la guerra y la desaparición del II Reich desembocaron en el nuevo régimen republicano. Con la derrota estalló una crisis económica, social y política, pero también una efervescente creatividad en las artes y las ciencias. Este régimen tuvo vigencia de 1919 a 1933, precisamente la vida de la Bauhaus. A partir de 1920, inicia un gran florecimiento cultural y artístico, como bien señala el historiador Eric Weitz: “El espíritu de la revolución creó la sensación de que se abría un nuevo futuro, de posibilidades ilimitadas, que podía desarrollarse de forma más humanitaria. Y ello explica a su vez gran parte de los movimientos innovadores durante la República… La elite conservadora impugnó a la República de Weimar en su totalidad. El trabajo de los artistas, pensadores y arquitectos… fue muy cuestionado por los conservadores. Se trataba de la derecha establecida: los aristócratas, altos funcionarios, oficiales de las fuerzas armadas, banqueros, gente de la iglesia, que no sólo eran antisocialistas y anticomunistas, sino también antidemocráticos. La revolución de 1918/19 dejó intacto su poder. Estableció una democracia política, pero no terminó con la posición social y el poder de la elite ultraconservadora. Esa elite conservadora desafió a la República en todo momento. Muchos de los conflictos se centraron no necesariamente en la esfera política, sino también en los ámbitos cultural y social. Existió por ejemplo la “guerra de los techos de Zehlendorf”, en la que arquitectos y políticos conservadores, incluidos los nazis, argumentaron que los techos planos de la arquitectura moderna no eran alemanes. Para los conservadores, los techos debían ser a dos aguas y puntiagudos. Incluso se tildó a los techos planos de judíos”. La lucha de clases fue muy intensa pero en la República ahora permanecía de manera latente y la oligarquía mantenía el poder dentro de un relativo equilibrio de fuerzas que se inclinó a su favor con la toma del poder por el Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán (Nazi) en 1933. El ascenso del fascismo fue la respuesta de la clase dominante alemana a los acontecimientos revolucionarios que siguieron a la Primera Guerra Mundial. “La llegada al poder de los ‘nacionalsocialistas’ significará sobre todo el exterminio de la flor y nata del proletariado alemán, la destrucción de sus organizaciones” (Trotsky). La política de los socialdemócratas y los estalinistas fue mantener dividido e indefenso al movimiento obrero frente a la amenaza nazi, y el fascismo alemán abrumó como una terrible pesadilla hasta 1945.

La posguerra generó una proliferación de variedades del radicalismo social –y como escribe Donald Drew Egbert en su libro El arte y la izquierda en Europa: de la Revolución Francesa a Mayo de 1968– haciendo “surgir asimismo una gran variedad de movimientos artísticamente radicales, que entendían ser una parte integral de la revolución… Los movimientos modernos en las diversas artes y que recibieron su expresión más  importante en la famosa escuela de la Bauhaus, no fueron –en términos políticos– específicamente socialistas o comunistas en su origen o en su desarrollo”. Tales movimientos artísticos subrayaban la importancia de una síntesis orgánica de las artes, sin formular distinción entre arte y artesano; síntesis propia del espíritu pedagógico de la Bauhaus.

La historia de la Bauhaus inicia cuando Walter Gropius, berlinés (1883–1969), une la Escuela de Bellas Artes con la Escuela de Artes Aplicadas o Escuela de Artes y Oficios en Weimar, tierra de Goethe y Schiller. Gropius fue su primer director y reunió a maestros de muy alto nivel y prestigio para la educación de las artes y el diseño. El nombre completo de la escuela fue Staatliche Bauhaus(Casa de la Construcción Estatal).

La Bauhaus como síntesis total del arte y el diseño modernos

La escuela tuvo tres periodos: de 1919 a 1925; de 1926 a 1930, y de este año a 1933. Hubo tres directores: Walter Gropius, de 1919 a 1928, Hannes Meyer, suizo (1889-1954), de 1928 a 1930, Ludwig Mies van der Rohe, Aquisgrán, Alemania (1886-1969), de 1930 a 1933. Weimar, Dessau y Berlín, fueron las ciudades que alojaron a la escuela.

Gropius escribió en abril de 1919 el Manifiesto de la Bauhaus: “¡El último fin de toda actividad plástica es la arquitectura! Decorar las edificaciones fue antaño la tarea mas distinguida de las artes plásticas, que constituían elementos inseparables de la gran arquitectura(…) ¡Arquitectos, escultores, pintores, todos debemos volver a la artesanía! No existe ninguna diferencia esencial entre el artista y el artesano ¡Formemos pues un nuevo gremio de artesanos sin las pretensiones clasistas que querían erigir una arrogante barrera entre artesanos y artistas!”

Nunca en tan poco tiempo y en el mismo lugar se reunieron tan grandes maestros del arte y la arquitectura moderna: Paul Klee, Vassily Kandisky; Gropius y Van der Rohe. Algunos profesores de la escuela también pertenecían al Novembergruppe –Grupo de Noviembre, por la revolución alemana de noviembre de 1918–, movimiento artístico ligado al expresionismo, fundado en Berlín el 3 de diciembre de 1918. Entre sus miembros figuraron pintores y escultores, entre otros, como Kandinski, Klee, Lyonel Feininger, y Käthe Kollwitz; arquitectos como Erich Mendelsohn y Van der Rohe; compositores como Alban Berg y Kurt Weill; y el dramaturgo Bertolt Brecht. Ese año, también bajo el influjo de la Revolución, siguiendo el ejemplo de las asambleas de trabajadores y de soldados, se formó el Arbeitsrat für Kunst (Consejo Obrero para el Arte), de cuya dirección formó parte Gropius. Muchas agrupaciones de todo tipo anhelaban el cambio social necesario para “crear una nueva humanidad, una nueva forma de vida del pueblo… entonces el pueblo volverá a participar en la construcción de las grandes obras de arte”, escribió Gropius.

 

 

La Bauhaus también fue consecuencia de grandes movimientos artísticos que le precedieron como Arts and Crafts (Artes y Oficios), encabezado por el inglés William Morris. El mismo Gropius reconoció la influencia de Morris y de John Ruskin. El Art Nouveau o Jugendstil igualmente influyó. También fue precursora la Deutscher Werkbund (DWB. Asociación Alemana del Trabajo), fundada en 1907 para fomentar la colaboración entre la industria y el diseño, Gropius fue destacado integrante de la DWB. Gropius siempre consideró que la separación entre bellas artes y oficios, ocurrida en la tradición académica, había causado un desastre sobre las artes. El dadaísmo, el cubismo, el suprematismo y el constructivismo rusos, De Stijl y la Secesión vienesa, fueron influencias contemporáneas sobre la Bauhaus.

La Bauhaus no solamente es el fruto de una época que se sentía revolucionaria sino también es producto esencial de los procesos políticos y económicos. De los primeros con relación a la luchas de clases y de los segundos con el desarrollo capitalista de una industrialización tardía pero muy poderosa. La Bauhaus se trasladó en 1925 a la progresista ciudad industrial de Dessau, debido a la caída del gobierno provincial de Weimar en 1923 por causa del supuesto radicalismo político de la escuela. En Dessau existía un gobierno socialdemócrata y facilitó la construcción del edificio diseñado por el propio Gropius. La Bauhaus siempre recibió el apoyo de los partidos de izquierda y siempre fue atacada por la derecha política.

En 1928 Gropius renuncia a la dirección de la escuela y ante la negativa de Van der Rohe propone a Hannes Meyer, quien era entonces director de la sección de arquitectura. Meyer se declaraba abiertamente comunista y permitió la extrema politización izquierdista de la escuela. Meyer consideraba que las reflexiones de Gropius acerca de la relación entre arte e industria eran superficiales y completamente dominadas por la estética. También era visiblemente simpatizante de la URSS, ya para entonces dominada por Stalin. En los años treinta y en adelante a Meyer podemos considerarlo un estalinista con una visión “marxista” de la arquitectura demasiada dogmática. El 1 de agosto de 1930, Meyer fue despedido por motivos políticos. Su sucesor fue Ludwig Mies van der Rohe.

Tom Wolfe escribió en 1975 un libro: ¿Quién teme al Bauhaus feroz? El 30 de enero de 1930 la Bauhaus es declarada por el nazismo como fuerza política subversiva, “nido de comunistas” y como la élite de “color rojo”; bolchevismo cultural, judía, y “arte degenerado”. En 1933, en Berlín se cierra la Bauhaus y el edificio en Dessau se convierte en sede de un cuerpo militar destinado a ejecutar a todo enemigo del nazismo. El contraste era muy claro, por un lado, el fascismo representa fielmente el totalitarismo de la barbarie social y, por otro, la Bauhaus la modernidad progresiva y una utopía social.

Es académico de la Universidad de Guadalajara (México) y militante de la Liga de Unidad Socialista.

Fuente:

www.sinpermiso.info

Destronar el imperio de las narrativas

Por Bruno Cava, UniNômade

 

En una conferencia sobre Deleuze, hablaba de la filosofía de Duns Scoto y un auditor lanzó la siguiente pregunta: con tantas urgencias contemporáneas, cuál sería el sentido de perder tiempo con un filósofo medieval? No sería minimizar las preocupación como en la vieja escolástica, cuando se debatía sobre cuántos ángeles cabían en la punta de una aguja?

Yo respondí: No. En verdad, el concepto de univocidad de Duns Scoto es el antídoto para el carácter escolástico-medieval de las discusiones que es justamente el carácter predominante de nuestras discusiones contemporáneas.

Tome por ejemplo la oposición por la izquierda al nuevo gobierno brasileño. Lo que se lee en los muchos artículos académicos o de periódicos, en las redes sociales o en la mesa del bar, son incontables variaciones de la misma proposición: es el fascismo. Es un concurso de caballeros en el que cada competidor tiene 15 minutos para decir de su manera porque Bolsonaro, de hecho, fascistas. Usted puede ir multiplicando maneras de decir la misma cosa, en un ciclo interminable alrededor de lo mismo.

Otro ejemplo es el neoliberalismo. Fue un concepto relevante en la época de su formulación, en los años 70’s, pero no tardo en pasar por lo que Willard Quine llama ascesis semántica. El Neoliberalismo se transformó en una válvula de regulación, una categoría para clivar el ámbito del discurso. En su núcleo semántico esta siempre la misma cosa y los usos de ahí en adelante deben atreverse a nuevos modos de decir eso lo mismo, agregando contenidos e incidencias. Ahora, cuando “fascismo” se eleva a significante reinante, hay que conciliarlo con “neoliberalismo”, tarea capciosa, pues exige construir una diarquía de equivocidades.

El feminismo de la segunda generación, surgida en los EUA durante los años 60’s, que tienen por foco la violencia estructural contra las mujeres. Aquí, una de las palabras ascéticas es “violación”. Los clivajes dependen de la fijación del significante: toda manifestación machista involucra, en tanto emulación, el acto de la violación. De ahí se habla de cultura de la violación. La operación semántica consiste en ir agregándole referentes: el abuso sexual también se encuadra como violación, la violencia simbólica idem, y esto y aquello también y así para adelante. Hasta que el menor gesto de masculinidad performada, por ejemplo, una mirada, un comentario, hasta el mismo pensamiento íntimo, contiene el germen del significante maestro, esto es, una manifestación de una violación equivoca y omnipresente.

Para entender como el concepto de univocidad rompe ese ciclo del lenguaje es preciso antes comprender el juego de fuerzas en el siglo XIII. Aquel fue el siglo del Pequeño Renacimiento, un periodo de una efervescencia cultural en el interior de la Edad Media, relacionado a la intensificación de las interacciones con pueblos musulmanes y asiáticos, la traducción de obras clásicas del griego, y en la relativa prosperidad económica debido a las innovaciones técnicas y de paz que precedió al fin de la Guerra de los Cien Años.

El siglo XIII fue de un desarrollo extraordinario de las universidades y de la informal República de las letras que se extendía por toda la Europa cristiana. Si, por un lado, implicó un florecimiento de la teología y de la filosofía; por otro, suscitó riesgos para el monopolio intelectual mantenido por la Iglesia Católica. Como autoridad religiosa no tenía más como contener la producción y distribución del discurso, la solución encontrada fue desplazar el régimen de control hacia el interior de la propia proliferación de hablas y lenguajes. En eso, la obra de Tomás de Aquino (1225-74) —o tal vez cierta interpretación oficialista del tomismo— cayó como un guante.

El debate rondaba la cuestión de la relación metafísica entre Dios y el mundo, pero las consecuencias de él iban mucho más allá de la teología. Una concepción era la de que lo que se hablaba de Dios no se hablaba del mismo modo como se hablaba de las cosas. Si yo digo que Dios es bueno, eterno y perfecto, esto no es la misma cosa que hablar que Manuel es bueno, eterno y perfecto. Habría una equivocidad en Dios que confiere la autoridad religiosa un monopolio absoluto y dogmático. Pero esto se estaba volviendo insostenible, gracias al Pequeño Renacimiento.

La solución salomónica de Tomas de Aquino es la siguiente: lo que se dice de Dios, se dice análogamente de las cosas humanas y mundanas. Simplificando bastante: dijimos las mismas cosas de maneras diferentes. O sea, acojo la libertad de hablar de muchos modos, desde que se acepta la premisa de la Misma Cosa de que hablamos. Nuestros discursos son análogos alrededor del Mismo que ya estaría dado en primer lugar. Los ideólogos de la Iglesia, que no eran nada de tontos, homologaron esa doctrina y en consecuencia el tomismo consiguió una duradera fortuna crítica en el ámbito de las instituciones eclesiásticas de ahí en adelante. Esto contemplo un inmenso espectro de muchas discusiones (muchos modos de decir), pero los muchos modos de decir permanecen regulados desde dentro del discurso. El tomismo es una válvula interna de regulación, a partir de la que el ejercicio del poder de veto e interdicción se ejercerá, tanto en la Primera como en la Segunda Escolástica (contrarreformista)

El funcionamiento escolástico del tomismo es este: puedes hablar a voluntad y multiplicar los modos de decir, desde que no hay duda en la comunidad de los hablantes sobre la misma cosa de la que se dice: es fascismo, es golpe, es neoliberalismo, es violencia etc. La libertad y la buena conciencia de hablar en debajo del paraguas de la doctrina de las analogías es proporcional a la sensación de impotencia que viene con ella, porque los modos de decir no dejan de ratificar la misma cosa, que jamas cambia.

Duns Scoto (1265-1308), al contrario de la concepción análoga o equivoca, afirmaba la univocidad del ser. Es decir, lo que se dice de Dios y lo que se dice de las cosas finitas y mundanas, se dice del mismo modo. Solo existe un modo de decir las cosas. Lo que parece restringir la producción del discurso, en verdad provoca una mutación interna en su funcionamiento. Solo existe un modo de decir de las cosas, lo que cambia, justamente, son las cosas! Cae el imperialismo del significante, la narratocracia escolástica. Dejamos de disputar el significado de las mismas cosas en sus muchos modos de decir (ascesis semántica de Quine), para disputar las cosas mismas. No estamos tan preocupados con la narrativa sobre las cosas, sino con ellas mismas. El habla y el lugar del habla, los modos de decir lo mismo, importan menos que sobre lo que se habla en primer lugar.

Es toda una inversión. Cuando 250 años después de Nuns Scoto, el furiosamente herético Giordano Bruno afirma la pluralidad de mundos, él no está simplemente haciendo una tesis astronómica en la estela de Copérnico. Está diciendo que las otras Tierras, los otros planetas poblados, son efectivamente otros mundos, de pleno derecho, que no pueden ser reducidos a nuevas versiones de nosotros mismos, de la humanidad cristiana. El universo es populoso, sin embargo, más que eso, es populoso de diferencias, y no de un Mismo que se repite con variaciones de narrativa.

Es lo que Deleuze, finalmente, remata: monismo=pluralismo. El único modo de escapar de los círculos viciosos e imperialismos escolásticos (que él denomina como opinocracia) no consiste en cambiar y multiplicar los modos de decir, sino que en cambiar y multiplicar las propias cosas. Reconstruirlas nuevas. Si, para Scoto, todo lo que se dice, se dice del mismo modo; en Deleuze, el “todo lo que se dice” es la propia diferencia. El Mismo es la Diferencia.

 

Traducción del portugués al español: Santiago De Arcos-Halyburton

Causas y razones del apagón en Venezuela  (II): Derwick S.A.

Por Jeudiel Martínez

 “…hay un mecanismo de explotación de la sociedad, del que el sistema político corrupto es un aspecto cada vez visible… Una combinación de pandillas (deberíamos llamar facciones?) Operando de forma especializada con la lógica del pago de «protección». El botín es dividido por los dueños del poder que hacen eventuales, rarísimas y pequeñas concesiones para la sociedad. Este sistema usurpó el lugar de la política y vació su potencia como acción, prohibió de la vida pública la noción republicana de mandato como servicio…”

Marina Silva[1].

 

…resulta difícil creer que haya algo público en un gobierno en el que todo es de uno.

La Boetie.

 

Irresponsable.

Hay algo en los racionamientos de todo tipo  que es afín a la naturaleza chavismo. Esta afinidad no reposa en el mero acto de racionar sino en la arbitrariedad en cómo se ejecuta : hay un programa de racionamientos que fue anunciado pero no se cumple, al menos no exactamente, no solo los cortes de electricidad duran más de lo que deberían durar sino que es difícil saber cuándo se trata de una falla o cuando se trata de un racionamiento no anunciado.

Tal vez no sea la idea desde el principio pero inevitablemente tiene que serlo en algún momento porque es la única que corresponde con el modo de vida que el chavismo impone.

Los mismos empleados de Corpoelec saben tan poco como los usuarios: ellos mismos dicen que, como caídas del cielo, llegan a las subestaciones los anuncios y órdenes de cortar la electricidad. A veces la electricidad se va porque hubo una falla, a veces porque, debido  a algún problema, deciden “administrar” la carga eléctrica, otras, como parte del programa de racionamiento. Durante los primeros años de la crisis eléctrica los burócratas de Corpoelec insistían en que el racionamiento no podía ser  planificado debido a lo impredecible de las subidas y bajadas de la carga eléctrica. Luego vinieron, en años siguientes, racionamientos relativamente programados pero eso fue, básicamente, debido al descontento y la presión de la gente.

Pero ese es un descontento y una presión que no tienen canales regulares para manifestarse, casi no hay vías formales para presentar quejas: los teléfonos de contacto de entidades como Corpoelec, hidrocapital, etc. rara vez funcionan, es Twitter el que le ha aportado al gobierno una interface con los usuarios (y el Twitter de cualquier entidad pública está saturado de propaganda).  Sería ridículo presentar una demanda contra el estado en un tribunal.

Los usuarios tienen que pasar por la protesta e incluso por la rebelión, al menos por su posibilidad, para que el gobierno se preocupe por los servicios públicos. En la necrogestión se trata de cuanto se puede degradar el servicio público sin que el país colapse o la gente se rebele,  no se hace más que administrar un grado de descomposición limitando lo posible los perjuicios y sacándole el máximo provecho.

Es que el concepto de servicio público, en su estricto sentido, es muy difícil de entender para el chavismo que lo ve o como dadiva o como medio de control o logística para la vida cotidiana.  Servicio público supone que él que presta el servicio tiene que responder ante el usuario y lo que el chavismo ha hecho, al menos desde 2005 es eliminar –con una pequeña ayuda de la “oposición” – todas las formas de responsabilidad si entendemos por eso no solo una relación jurídica sino, ante todo, la relación de poder que esa relación jurídica expresa: ser responsable ante otro es tener que conducirse de determinada manera, que las fuerzas del otro se impongan a las nuestras, las limiten,   aunque sea momentáneamente, obedecer o cumplir.

Así, sea cual sea la forma que tome la república,  la idea de servicio público implica que el gobernante tenga que responder ante una ciudadanía y unas instituciones autónomas frente a él. Pero el chavismo tiene una idea arcaica –o neoarcaica- de la soberanía en que esto es inconcebible, de hecho aberrante: el soberano no responde ante nadie.   Por eso rara vez los jerarcas chavistas se someten a ruedas de prensa o entrevistas con periodistas extranjeros: responder la pregunta ya es problemático  como concepto pues el poder, como el chavismo lo entiende, es Uno, indivisible, y no responde ante nada  excepto al “pueblo”, es decir, ante su otra faceta pues el estado, creen ellos,  es el pueblo organizado, es decir, la forma que toma el pueblo.

Pero ¡¡ay¡¡ ese pueblo no decide sobre su propia forma, es organizado desde afuera, por eso del Palacio de Miraflores, y no de los barrios, salió la idea del  PSUV, del Consejo Comunal y la Comuna, por eso  las ordenes y consignas eran transmitidas desde allá, sin que se las cuestionase.

En segundo lugar el pueblo no es esta persona, aquella comunidad, este gremio o aquel consejo comunal que son solo  partes: no es lo mismo ser parte del pueblo que ser el pueblo. Pueblo es solo la totalidad  indivisible de los venezolanos y por eso, cuando a Hugo Chávez le reclamaban algo en público decía que esos reclamos eran individuales. En cambio él, Chávez,  si era el pueblo, siempre y en todo momento -o al menos eso se decía- pues  el caudillo  representaba, encarnaba,  la unidad del pueblo y no una  particularidad. Por eso decidía, sin ser cuestionado, sobre el todo y sobre la parte de cada quien.

Así, en el momento representativo, referéndum o elección, se obedecía al pueblo que en ese momento y solo en ese  existía más allá de Chávez mientras en que en el “participativo”, en la cotidianidad, se le dan órdenes y se le asigna sin consulta la parte de la que participa. Ante el gobierno el “chavismo popular” está hecho de partes que no pueden engarzar entre sí y es  como es como esos emperadores niños rehenes de los Shogunes.  Infantes muy bien portados que hablan cuando se le pregunta, hacen lo que se le ordena y  creen lo que se le dice.

El resultado es que no hay responsabilidad ni relación política entre gobernantes y gobernados sino simplemente, como dice la teoría de los funcionarios chavistas, una “interpelación”, es decir, solicitud, petitorio, rogativa, pero nunca realmente desacuerdo, debate,  lucha, protesta, diferencia: el chavismo es bravío solo ante aquellos que no son chavistas, ante los que no han aceptado la parte que les toca. Por eso en  el chavismo la política de las bases es una constante petición de audiencia, una interminable solicitud de recursos, de ayuda de atención: por favor atiéndeme.

En ese contexto el gobierno ha monopolizado los servicios públicos no para servir a nada fuera de sí mismo sino para controlar el medio ambiente y  garantizar sus propias operaciones. Esto es vital dado que toda la población no es chavista, no se enamoró del comandante, no se incorporó a él. Controlar unilateralmente los flujos de moneda, de electricidad, de agua, es esencial y el gobierno provee como y cuando le conviene sin realmente prestar un servicio: electricidad, gasolina  y agua, energía y materia,  forman parte del mismo flujo clientelar que los dólares baratos y la comida subsidiada.

La creencia de que el estado tenía recursos ilimitados para subsidiarlo todo engarzó perfectamente con la práctica de usar los subsidios a la energía y a materiales esenciales como el agua de manera clientelista. De ahí que la gasolina y la electricidad fueran básicamente gratuitas. Que esa gratuidad pudiera crear problemas de financiamiento que contribuyeran a la degradación de los sistemas y redes no fue nunca considerado porque la capacidad de las cosas de degradarse no entraba en la conciencia del chavismo que por un lado estaba obsesionado con controlar a la población, con obtener de todos la misma despreocupada obediencia que obtenía de sus seguidores,  y por el otro, se creía poseedor de una riqueza no potencial sino actual y no limitada sino infinita: si los recursos no tienen límites no existe el despilfarro.

Para esos fines el servicio público  operativamente  tenía que ser centralizado, políticamente tenía que estar en manos de leales, monopolizado por el gobierno central, y dirigido solo por él, es decir,  no solo había que estatizarlo sino quitárselo a las gobernaciones y alcaldías.    Jurídicamente tenía que ser un don, un regalo, la expresión, no de un derecho de la gente, sino de la generosidad del chavismo el poder en contraste con la mezquindad de sus enemigos que pedían a la gente que pagara por los servicios públicos.

La consigna “solo en revolución” dejaba claro eso: que no se pedía nada a cambio excepto lealtad, es decir, aceptar que el chavismo estuviera en el poder por tiempo ilimitado.  Era la viejísima  relación patrón-cliente llevada a los extremos más delirantes no como una forma de conseguir votos o de reclutar turbas sino como un modelo global para   gobernar a la vida. Como creencia y como hábito esto existía desde el periodo puntofijista en que la gratuidad de la energía y el agua era una manera fácil de favorecer a una población básicamente abandonada a la pobreza. Así que el material cultural, digámosle así,  del clientelismo chavista había sedimentado desde los setentas, incluso en la misma mente de Hugo Chávez.

Pero, ya en medio de la crisis, y en la medida en que el chavismo se adapta a  cierto nivel de protestas muy alto y a mantenerse con un apoyo muy bajo, la conveniencia de prestar y regalar esos servicios  disminuye y estos se hacen algo condicional: se hace completamente razonable dejar sin electricidad y agua a una ciudad como Maracaibo[2]en medio de una focalización extrema de los recursos y lo que ya es un régimen de  administración del desastre.

Estatizar para privatizar

Hay analistas que hablan, con razón, de un proceso de reversión de la democracia en Venezuela, de des-democratización, pero ese proceso es inseparable de otro que deshizo la república, que ha des-republicanizado un país en que   la república  siempre fue frágil.

La desrepublicanización se manifiesta en tres signos: la apropiación o dominio, el saqueo de los recursos y la degradación. Esto mismo es lo que habíamos determinado como las “causas de las causas” de la crisis eléctrica. Pero de hecho    esta triada es lo  común a la captura del estado por el chavismo, es decir, la encontramos en casi toda institución pública venezolana en algún grado.  Apropiación, saqueo y descomposición serian entonces la expresión de la Desrepublicanización cuyo el contenido es la captura del estado por el chavismo.

Lo que desde un punto de vista  llamamos Desrepublicanización desde otro podemos llamarlo corrupción. Corrupción en el sentido maquiaveliano e incluso Aristotélico del término: descomposición. Pero la descomposición en la vida humana, como en la naturaleza, es parte de la generación de cosas nuevas: un animal descompuesto libera materia y energía que se integran en el ambiente. En el caso del chavismo se trata de una descomposición continua, de una muerte en vida que no da pie a nada más que sí misma.

Pero estamos acá ante un proceso complejo de degradación, descomposición y entropía cuyas causalidades no son lineales. La tesis antichavista tradicional, de la clase media liberal,  es lineal: que el chavismo causó el desastre con políticas estatistas. Ya hemos visto que otros países con políticas estatistas –aunque diferentes- como China, tienen los mejores sistemas eléctricos del mundo pero solo porque han desmantelado la arquitectura monolítica de los servicios públicos.

Y así como es falso lo segundo es falso lo primero: en realidad solo en un país ya de entrada desrepublicanizado, corrompido y desastroso el chavismo pudo haberse apropiado del estado, esto explica la debilidad de las instituciones, la funcionalidad de la oposición y las dificultades de la emergencia de un movimiento democrático. Un Lava Jato habría sido imposible en Venezuela y no en balde ha sido el único país sin investigaciones serias sobre Odelbrecht.

En la extraordinaria obra de domingo Alberto Rangel y Pedro Duno encontramos los primeros análisis de unos mecanismos de poder que suponían ya la degradación de la vida: “los delitos y crímenes más vergonzosos adquieren características de hechos naturales” decían en 1978  Las luchas en torno a la figura de Carlos Andrés Perez en los setentas y noventas son testimonio de como en un estado ya colonizado por facciones,  era la lucha entre estas lo que  evitaba que uno solo de estos grupos capturara el estado y lo monopolizara.

El Puntofijismo, un acuerdo para alternarse en el poder, se expresó una poliarquía, una arquitectura de facciones independientes que reconocían las libertades básicas de la población pero se reservaban el derecho de usar la fuerza letal contra ella. 20 años de luchas democráticas continuas conquistaron no solo el voto secreto y universal sino la libertad de expresión  y manifestación.

Cada partido sabía que no podía monopolizar el estado (como había tratado de hacer AD tras 1945) no solo por la oposición de los demás sino porque la gente había rechazado la tiranía en las calles con tanta fuerza que no era posible hacerla regresar. Porque había divisiones entre “los de arriba” y cierta autonomía de los de abajo se  podía contener hasta cierto punto la corrupción: por eso Carlos Andrés Perez fue destituido: él, que puso a su amigo banquero de presidente del Banco Central, y planeaba entregarle la industria petrolera a sus asociados en un consorcio público-privado llamado Pentacom ya prefiguraba la privatización del estado que estaba en el horizonte.

El chavismo, que logró relegitimar el privilegio militar sobre la vida pública,  es una arquitectura monolítica, una monarquía, una maraña de facciones conectadas todas con un centro.  Liberó la corrupción de todo límite pues ya el gobierno central, esa entidad cuasidivina, no respondía ante nada y no admitía autonomía alguna.

La diferencia que hace la toma de poder de Chávez no es que volvamos al estado patrimonial como en el tiempo de las dictaduras militares, no es solo que ya nada limite la privatización del estado convertido primero en patrimonio del caudillo –al mejor estilo de Batista, Somoza o Trujillo- y luego en sociedad comanditaria de varios facciones  sino que evolucione hacia lo que Mbembe llama “gobierno privado indirecto”, es decir, se descomponga en un conjunto de medios de coacción y control para beneficio de facciones privadas:

El Gobierno Privado Indirecto es una forma inédita de estructuración social que caracteriza actualmente a los Estados africanos. Esta forma de gobierno surge en un contexto de gran desabastecimiento, desinstitucionalización, violencia generalizada y desterritorialización.

En este caso las facciones capturan un estado en descomposición como medio para un gobierno de la población, el territorio y sus recursos que ya no se da en el marco de un poder público sino de relaciones privadas: se cobra una tasa para hacer un trámite, el policía o el militar gravan o extorsionan a la población, se usa el poder del estado para asignar un territorio a un grupo armado.

Todo este tipo de fenómenos se encuentran en Venezuela con los pasaportes y otras gestiones, con las exacciones y robos que policías y militares hacen en las carreteras con la asociación de las mafias mineras del sur del país y durante mucho tiempo en las cárceles que fueron privatizadas a grupos armados.  En el caso de África el gobierno privado indirecto es producto de la guerra y las privatizaciones, en el de Venezuela el proceso apenas inicia y su causa es, justamente, la disolución de la esfera pública debido a la corrupción.

La violencia también juega un papel, no solo el conflicto de los grupos por el control del estado, sino en una fragmentación severa del territorio que escanció el territorio nacional en distintos tipos de periferias (urbanas, suburbanas, interior) donde las condiciones de vida son mucho más degradadas y se fueron creando nuevos ensamblajes sociales basados en la violencia, primero las bandas armadas y luego los llamados pranatos en que la banda criminal muda en un dominio con control territorial, casi un feudo.

La fragmentación del estado en dominios de ciertos grupos o figuras corrió en paralelo con la del territorio y, desde al menos, 2001, empezaron a resonar una con la otra. Por eso es que, durante años, las cárceles venezolanas estuvieron privatizadas de facto: administradas por mafias que pagaban a autoridades militares y civiles un porcentaje de lo que ganaban mediante tributos cobrados a los prisioneros, venta de drogas o  secuestros y asesinatos planificados en la prisión.

La cárcel fue la vanguardia de la privatización del estado y no hubo mejor expresión de esta simpatía entre la descomposición del estado y la del territorio que la política de las Zonas de Paz en las que, deliberadamente, muchas zonas fueron dejadas bajo el poder de grupos armados haciendo funcionar el pranato, en espacios abiertos  mientras toda una “ideología” del malandreo, de la delincuencia violenta, promovida por televisoras como Ávila Tv en que las facciones culturales del chavismo hicieron del asesino a sangre fría el nuevo héroe del pueblo y de la izquierda.

Pero lo que el Pran es en los territorios fragmentados lo es el funcionario corrupto, el apoderado, en el estado fragmentado. Y esto es porque, bajo Chávez las facciones mutan en  verdaderas mafias intraestatales que, en el caso de los servicios públicos, serán devastadoras. La razón por la que el chavismo descompuso el estado –en el sentido mecánico y biológico del termino- es porque el chavismo no tiene partido en el sentido soviético o fascista:  es caudillista y para que el poder ejecutivo pudiera  controlar todo el aparato de estado hacía falta una red de alianzas y jerarquías definidas por la lealtad personal a nivel de la nueva clase dirigente la lealtad se paga con impunidad, cada facción, cada operador debe ser capaz de apropiarse de su dominio libremente siempre que permanezca leal al líder y, en general, cumpla con lo que se le pide.

Más cada hombre de confianza tiene los suyos propios y se forma así una suerte de fractal clientelista, una maraña, que tiene al estado como medio ambiente y fuente de materiales. El chavismo es un fin en sí mismo y nunca produce nada más que a sí mismo.

Esa parece ser la razón por la que no hay una sola investigación importante sobre la corrupción en el  gobierno de Chávez y testigos de primera mano cómo Héctor Navarro lo muestran, ante graves denuncias de corrupción, solo llevándose las manos a la cabeza sin decir nada[3]: la corrupción era parte necesaria del mundo de Hugo Chávez, un componente de ese ecosistema que es el estado, como el crimen violento lo era del barrio, y solo quedaba sacarle un beneficio táctico o hasta estratégico a ambos: no en balde Alejandro Andrade, guardaespaldas y entrañable amigo de Chávez, sin experiencia en finanzas, fue el tesorero nacional.

O Mecanismo

Las cifras de Transparencia Venezuela[4] y la Asamblea Nacional[5] coinciden: desde 2007 se habrían gastado caso 38.000 millones de dólares en el sistema eléctrico de los que entre  23.000 y 25.000 habrían sido malversados: “el costo pasó de 800 dólares por kilovatio a 2778 dólares por kilovatio, causándole a la nación un daño patrimonial de 25.381 millones de dólares. La mayoría de los proyectos se pagó con sobreprecio. Estamos ante un acto de corrupción masiva” dice el informe de la Asamblea Nacional.

Es que, como ha ocurrido en Brasil  “hay un mecanismo de explotación de la sociedad, del que el sistema político corrupto es un aspecto cada vez visible. Un sistema de esquemas. Una combinación de pandillas (deberíamos llamar facciones?) Operando de forma especializada” solo que allí, todavía eran posible responder de alguna forma a la captura del estado por la “combinación de pandillas” las protestas de junio de 2013 y luego el Lava Jato, pero no para la izquierda que nunca ha podido ver a la corrupción más que como un vicio personal sin darse cuenta que las propiedades saqueadoras del imperialismo yanqui y su capacidad de abrir las venas de América latina hace tiempo las ha contraído la clase política autóctona, incluida la de izquierda que, para estos fines, no se distingue de la derecha.

En La Pipa Rota, Duno y  Rangel denunciaban simultáneamente  la incomprensión  fundamental que la izquierda tenia por la democracia y la inmanencia de la burguesía venezolana con el flujo de la renta petrolera: mal podían imaginarse que, llegada al poder, esa izquierda habría de sacar de su incomprensión y desprecio de la democracia su propio método para encontrar “la llave que abra el cinturón de castidad de los recursos naturales”:

Las características que hacen del estado el beneficiario de la depredación contra la naturaleza otorgan al presupuesto las virtudes que los hebreos atribuyeron al jehová del Pentateuco que hizo al mundo de la nada… el estado podría crear, cuando los juzgue conveniente, nuevos grupos o estratos en la burguesía. Todo depende de la orientación del gasto público. Si los fondos fiscales van a la construcción de carreteras o viviendas cualquier modesto ingeniero podría convertirse en un emulo de Onassis[6]

La ironía, o el cinismo, en la toma del poder del chavismo es que por un lado redujeron a un cliché la denuncia de la “burguesía parasitaria” pero no solo crearon la propia –la burguesía bolivariana o Boliburguesia- sino que enriquecieron aún más a los grupos económicos ya establecidos. Las fronteras  políticas son desconocidas en las operaciones financieras  y  la “oligarquía del dinero” del Country Club y los parientes de los dirigentes de oposición serian de las principales beneficiarias de la Emergencia Eléctrica de Chávez.

Cadafe, la corporación eléctrica estatal ya era corrupta y clientelar pero esa corrupción no alteraba, o alteraba poco, la dimensión técnica de la empresa, se puede decir que la circulación de dinero y el de la energía eléctrica eran dos niveles separados.

Todo esto cambió cuando Nervis Villalobos, hoy preso en España, hizo su toma de poder al ser nombrado Ministro de Energía y Minas en 2002. Allí Villalobos habría hecho dos cosas que le diferenciaban de los ministros del periodo anterior: Purgó la empresa  y eliminó la distinción entre los cargos políticos y técnicos.

Primero aplicó una purga política a las empresas eléctricas usando la infame lista de Tascón, que contenía los nombres y datos de las personas que habían firmado solicitando el revocatorio de Hugo Chávez: “Despidieron a los mejores ingenieros que tuvimos en Enelven. Él personalmente dirigió el despido, y mi me pidió la renuncia; yo por supuesto no la acepté. Me jubilé en 2004”[7].

Es que, bajo el impacto del paro petrolero de 2002, Chávez se convenció de que los funcionarios tenían que ser, más que eficientes,  leales. El problema es que no tenía una estrategia de “alta policía”  para generar un cuerpo de técnicos nuevo en que pudiera confiar o mecanismos para prevenir eventos como el paro petrolero. Incapaz de una solución compleja, de alta policía, eligió una muy simple, clientelar, de baja policía: purgarlas y emplazar leales iniciando una degradación que nunca fue revertida.

Luego Villalobos, siendo ministro,  llegó a la presidencia de la Cadafe, la corporación eléctrica estatal, al  cambiar  los estatutos de la empresa que separaban al ministro del presidente: la dirección política del que decide como orientar un sistema técnico y la técnica del que opera ese sistema fueron confundidas desde entonces iniciando el proceso que llevaría a la presidencia de Corpoelec a figuras que no tenían familiaridad alguna con la industria eléctrica. Hombres de confianza, nodos en la red supraestatal.

Lo que parece es que el chavismo en sí no cree que la electricidad, el petróleo o la moneda sean una realidad con sus propias determinaciones. Así, por mucho tiempo se creyó que la inflación era ideología burguesa, que el bitumen era petróleo y podía venderse al mismo precio.

Privadas las cosas de su realidad, convertidas en expresión de alguna ideología, la técnica, el saber hacer,  fue progresivamente despachada como “tecnocracia”, ideología, formalismo burgués: hacen falta hombres leales y con voluntad y no conocedores de las cosas, no abrir caminos en lo real por la invención sino negar lo real: la vaca puede ser una mesa, la inflación especulación y la crisis obstétrica “parto humanizado” si dejamos de creer en la ideología burguesa.

Por eso el ensamble, la combinación entre una dirección política y una gestión técnica no era ya relevante. Todo esto  convirtió a la industria eléctrica en un dominio

Villalobos ya no era un ministro o un gerente más o menos eficiente o más o menos corrupto, era el apoderado de un dominio que no era su propiedad privada pero tampoco podía ya ser llamado público:  “Durante su presidencia, la estatal administró 643 millones de dólares que serían invertidos en 223 proyectos de transmisión (líneas y sub-estaciones). No obstante, tan solo 155 millones de dólares fueron invertidos en proyectos ejecutados[8].

Con la  Central Hidroeléctrica Fabricio Ojeda , llamada “La Vueltosa”, en el estado Táchira Villalobos fue pionero en la producción de ruinas prematuras: otorgó al consorcio Alstom Power Hidro  la contratación que habría de estar lista en un plazo de 37 meses  “La Vueltosa comenzó a operar una década más tarde, e inconclusa, en 2013. Aún en 2018 no trabaja a total capacidad” El retardo del costó poco  a Villalobos: la humillación  pública por Hugo Chávez sin que hubieran consecuencias o la obra se culminara.

El “humilde ingeniero” continuó su carrera ahora como operador financiero en PDVSA donde estuvo en condiciones de amasar una gigantesca fortuna que terminaría encendiendo las alarmas de autoridades Suizas: “En 2007, Alstom fue acusada de pagar a funcionarios del Ministerio de Energía y la estatal Cadafe millones de dólares en sobornos para ‘ganar’ el contrato de La Vueltosa”[9].

Émulos de Onassis.

Alejandro Betancourt López  todavía no llega a los 40 años y es bisnieto de  Hermógenes López, 22ª Presidente de Venezuela tiene estudios de postgrado en la  Suffolk University de Massachusetts, una carrera en la industria energética y es todo lo que Chávez, en sus emocionados discursos, llamaba un oligarca.  Se hizo famoso en España por adquirir, a 22 millones de Euros, una finca de caza en Toledo a los pies de un castillo.

Entre los otros socios de Derwick están Francisco Convit Guruceaga,  Pedro José Trebbau López Francisco D’Agostino y  Luis Fernando Vuteff García. Ni siquiera en Venezuela estos nombres dicen mucho a la mayoría pero realmente cada uno es un signo: todo están vinculados o a prestigiosas familias del Este de Caracas, los antiguos “Amos del Valle”, o a figuras notorias de la oposición: D’Agostino  es el cuñado de Henri Ramos Allup, el presidente de la Asamblea Nacional “en desacato” que prometió sacar a Maduro del poder en seis meses y Vuteff García es el   yerno de Antonio Ledezma, otro prominente líder de oposición que huyó del país luego de un duro presidio.

A este grupo se les dio el nombre sin gracia de “Bolichicos” –por ser los juniors de la Boliburguesia. Podemos perdonar a la gente por abandonarse a los chismes sobre la amistad del hijo mayor de Hugo Chávez con la plana mayor de Derwick y las ruidosas fiestas con prostitutas, ¿Cuándo no ha fascinado a la gente común la corrupción de los poderosos?, pero más allá porque no todos los días ocurre que caigan en la cárcel, en la misma redada, el yerno de un dirigente de oposición “fugado” y un exministro de Chávez: Vuteff García, yerno de Ledezma fue detenido junto Nervis Villalobos en Madrid por la Brigada Central de Investigación de Blanqueo de Capitales de la Policía Nacional.

Los escándalos de Derwick y los Bolichicos tuvieron el mismo efecto develador de encender la luz en una orgia, una orgia financiera: las conexiones de Derwick revelaban que, lejos de haber una cesura, un corte insalvable entre los bandos, el dinero circulaba en una red continua que iniciaba en PDVSA y Corpoelec y terminaba en bancos de Suiza y Andorra pasando a través de todos los bandos: era la orgia de las facciones chavistas y antichavistas, políticas y empresariales unidas por el flujo de las finanzas y esa orgia parte de la arquitectura misma del capital financiero en un país donde no existían instituciones republicanas o controles democráticos que combatieran la corrupción y el compadre del Presidente de la República, nombrado Tesorero Nacional, ha confesado haber recibido 1000 millones de dólares en sobornos[10].

Desde entonces los masivos movimientos de capitales salidos de Venezuela han prendido todas las alarmas haya sido objeto de un intenso escrutinio por la prensa nacional e internacional y también de investigaciones por autoridades en varios países como Suiza y los EEUU debido a la sospecha de que Derwick realiza blanqueo de capitales a través de bancos Suizos[11].

Fue precisamente la “emergencia eléctrica” decretada por Chávez en 2009 la que selló el destino del sistema eléctrico venezolano por una década, igual que en los tiempos de Duno y Rangel: el estado podría crear, cuando los juzgue conveniente, nuevos grupos o estratos en la burguesía. Todo depende de la orientación del gasto público.

Es que la “emergencia eléctrica” parte de la teatralidad militar con la que Chávez fingía eficiencia con el pretexto de desburocratizar   acabó con los concursos e hizo posible las asignaciones directas de contratos y así desde Corpoelec se asignaban a dedo contratos de millardos de dólares.  Entre octubre de 2009 y diciembre de 2010 Derwick Associates obtuvo “12 contratos cifrados en 2.200 millones de dólares, por vender como nuevas turbinas usadas en Venezuela[12].

Como nadie en  Derwick sabía nada de electricidad la empresa  subcontrató a ProEnergy y junto a ella “logró la asignación…para la venta de 42 turbinas, 81% de segunda y tercera mano traídas de lugares tan disímiles como California, Misisipi, China, Qatar y Tanzania…. Todas eran reparadas para cobrar como nuevas, con el conocimiento de funcionarios de las instituciones venezolanas según demuestran papeles oficiales[13].

País Minado.

Derwick hubiera podido hacer una fortuna vendiendo equipos en buen estado. Tanto más porque el sobreprecio le estaba garantizado. Eligió sin embargo, vender la “chatarra eléctrica”, dar lo menos y sacar lo más posible dejando al país en medio de un desastre mucho más profundo.  El hecho es que tanto el chavismo como la facción empresarial de Alejandro Betancourt descompusieron el país para alimentarse: los primeros ganando un poder absoluto, los segundos una riqueza inmensa.

Las facciones, con sus “esquemas de esquemas” son lo que media entre ese poder absoluto, esa enorme riqueza y la ruina de ciudades como Maracaibo. País descompuesto por ser dominado, descompuesto por ser saqueado pero también dominado y saqueado porque estaba demasiado descompuesto. Dentro de esta lógica ni el dominio ni la riqueza pueden tener límites, por eso se mantienen jefes incompetentes aunque de confianza en sectores fundamentales, por eso el gobierno se aferra al poder, por eso Derwick decidió vender chatarra.

El hambre de las facciones es ilimitada, metafísica y les demanda convertir al país en una mina: una fuente de recursos, de materiales.

Dentro  esas condiciones no se trata solo de la toma de poder macroscópica, molar, que entre 2002 y 2005 hace de Chávez convertido casi en el propietario privado del estado sino de un movimiento microscópico, molecular, de apropiación que va desde el funcionario que se queda con el automóvil del ministerio a las más fantásticas estafas. Capturar al estado es lo que hace al chavismo a oficina por oficina, presupuesto por presupuesto; capturar un flujo de renta, de capitales, es una verdadera toma de poder dentro del estado por facciones pequeñas y grandes.

Pero capturar al estado es un fin en sí mismo y también parte del proceso de  capturar al país. El monolito con el que soñaba Hugo Chávez, en que toda Venezuela era la extensión de su cuerpo y de su alma, no era solo una agregación de personas sino de recursos naturales, maquinarias y recursos, una extensión “cibernética” de la persona del caudillo, de su sistema nervioso: cibernética clientelar, caudillismo mediático.

En ese sentido los pozos petroleros y la represa de Guri eran parte de Chávez y propiedad de Chávez que, sin embargo, tomaba control de ellos a través de personas de confianza. Todo el estado tomo, debido a eso, una cualidad feudal: territorio y estado se llenan de dominios cuasiprivados: sean cárceles privatizadas, “zonas de paz” cedidas en feudo a grupos criminales o instituciones entregadas a funcionarios que las manejan como les place.

En las apropiaciones hay dominios que son tomados por una facción: una cárcel por un pran, un ministerio por un funcionario. La Tesorería Nacional era el domino de Alejandro Andrade tal como la cárcel de Margarita era el dominio de “El Conejo”. El primero no tenía poder de vida y muerte sobre sus empleados pero no respondía ante nadie sino  Chávez y usaba los recursos a su discreción. El segundo tenía una suerte de concesión  por parte del gobierno nacional que hacía de esa cárcel una suerte de feudo.

Los dominios, los fragmentos, son limitados y por tanto disputados. Son dados a los leales aunque, durante varios años, Chávez permitió que la oposición ocupara gobernaciones y alcaldías que se convertían en dominio de verdaderas facciones delictivas como las de gobernadores como  Lapi o Rosales.

Pero el mientras la apropiación, el dominio,  es un ensamblaje que mira  hacia adentro el saqueo mira hacia afuera: el saqueo es la extracción de beneficios del dominio, de la apropiación. Así el chavismo ordene las facciones en “feudos”, clientelarmente, por subordinación, este no es un mundo feudal: de cada dominio son extraídos recursos financieros, dinero,  que al poder circular y multiplicarse hacen posibles acuerdos, conexiones y comunicaciones entre diferentes facciones a lo largo del espectro político: si la repartición de los dominios separa a las facciones el flujo de dinero las vincula.

La afinidad profunda de Chávez con la corrupción parece no solo ser consecuencia de que el dejar saquear era el pago por la lealtad, sino que el flujo de dinero integraba, unía a propios y extraños, creaba dependencias y alianzas: incluso la clase media más rabiosamente antichavista dependía del gobierno que prácticamente le regalaba dólares subsidiados.

El dominio mira hacia adentro, hacia minas, pozos petroleros, cárceles, ministerios, gobernaciones y el saqueo hacia afuera, hacia Suiza y Andorra se crean dos polos: uno de opulencia, de máxima riqueza, el mundo de Juan Planchard, con Castillos Andaluces y el mundo de los apagones, las cárceles sobrepobladas, los barrios entregados al crimen, la inflación y las fabricas cerradas: el país se deprimía y empobrecía mientras las facciones se enriquecían.

Durante muchos años las autoridades, especialmente las militares, extrajeron importantes recursos de las cárceles en que los presos, abandonados a la podredumbre, inventaron una forma de orden, de autogobierno: el pranato, un poder de vida y muerte que organiza la vida en la cárcel pero también extrae tributos de los presos (“la causa”) y de distintos negocios. En este esquema los militares “los verdes” recibían parte de la ganancia: el dominio extraía dinero circulante, incluso investigadores adictos al chavismo han señalado que aumentar  la población carcelaria terminó siendo un recurso para generar capital[14].

Pero, aunque el chavismo tuvo enorme tolerancia con el pranato y lo convirtió en un modelo para controlar el territorio con “las zonas de paz” era demasiado inestable y explosivo y, tras varios intentos fallidos de reclutar a los pranes y jefes de bandas cambió la política[15] mientras los pranes carcelarios empezaron a desaparecer empezaron a surgir los de las minas  en el sur del país que organizaron la extracción artesanal del oro en un régimen cuasi-feudal[16]: mientras la naturaleza queda destruida y la población dominada el oro, ahora la principal fuente de recursos del gobierno, fluye hasta Rusia y Turquía destruyendo los cauces del Caroní que impulsan las turbinas de Guri, única fuente de energía eléctrica y ahora  casi colapsada debido al abuso y al abandono.

El Caroní licuado, deshecho, convertido en barro y mugre por las minas, Guri al borde del colapso con mayoría de las ciclópeas turbinas paradas, la industria eléctrica descapitalizada y sin personal, toda esa maquinaria que engarzaba a los venezolanos con la naturaleza, al poder natural con el trabajo humano,  fue apropiada y saqueada: lo que queda lo reparte el racionamiento eléctrico.

Y en medio de la ruina de Guri y del Caroní, otra ruina distinta. La ruina prematura de Tocoma signo de todas las cosas que, gracias al saqueo, ni siquiera llegaron a ser….

 

[1]  Marina Silva Seremos Capazes De Desmontar O Mecanismo?

[2] Redacción El Pitazo La tragedia de Zulia: Sin luz, sin agua y sin soluciones. El Pitazo.

 

[3] “Personalmente le conté lo ocurrido al presidente Chávez, quien se llevó las manos a la cabeza sin hacerme a mí ningún comentario” cuenta Navarro que fue la reacción de Chávez al enterarse que el estado había gastado millones de dólares en turbinas usadas. Héctor Navarro Considera Que La Crisis En El Sistema Eléctrico Es Consecuencia De La Corrupción E Incapacidad Gerencial Punto de Corte.

[4] Tal Cual: Transparencia Venezuela dice que el 61% del dinero para sistema eléctrico fue desviado 8 noviembre de 2018.

[5] Maru Morales: $25.381 millones perdió la nación por mala gestión del sistema eléctrico 16 de febrero 2017.

[6] Domingo Alberto Rangel, Pedro Duno. La Pipa Rota p.p. 23

[7] Alexandra Sucre: Nervis Villalobos, el hombre de la fortuna “eléctrica” en Andorra El Estímulo.

 

[8] Ibíd.

[9] Maibort Petit: La Vueltosa: Un historial de irregularidades y corrupción

[10]Redacción BBC News Mundo Alejandro Andrade, el guardaespaldas de Hugo Chávez y extesorero de Venezuela que confesó el cobro de US$1.000 millones en sobornos BBC Mundo.

 

[11] Cesar Batiz, Marcos Garcia Rey. El Dinero de la crisis eléctrica se escondió en Suiza. Armandoinfo 06-05-18. Consultado el 16-05-18.

[12] Reina Carreño. 9 años de crisis: ¿Quién le “bajó los breques” a la electricidad en Venezuela? Tureporte.

[13] Ibíd.

[14] VANESSA MORENO LOSADA “Chaveiros” y “pranes”, paralelismos de las cárceles en Brasil y Venezuela

[15] Diario las Américas: Figura del «pran» en cárceles venezolanas comienza a desaparecer

[16] El libro Venezuela desde dentro tiene dos excelentes trabajos sobre el pranato minero.

La multitud sabe más y es más constante que un príncipe

Por Nicolás Maquiavelo

Nota de edición: Hoy [03.05] se cumplen 550 años del nacimiento de Maquiavelo en Florencia. Maquiavelo distinguía, analíticamente, la política de la ética. No en términos elitistas, sino a favor de los de abajo. De ahí su republicanismo, como muestra en este texto.

Nada hay tan móvil e inconstante como la multitud. Así lo afirman nuestro Tito Livio y todos los demás historiadores. Ocurre, en efecto, con frecuencia, al relatar los actos humanos, que la muchedumbre condena a alguno a muerte y, después de muerto, deplora grandemente su sentencia y echa de menos al castigado. Así sucedió al pueblo romano cuando condenó a muerte a Manlio Capitolino, y dice nuestro autor: Populumbrevi, posteaquam ab eo pericrulum nullum erat, desiderium eius tenuit. (Apenas el pueblo dejó de temerle, tuvo deseo de él.) Y en otro lugar, cuando refiere lo ocurrido en Siracusa a la muerte de Ilierónimo, sobrino de Hierón, añade: Hace natura multitudinis est: aut umiliter servil, aut superbe dontinatur. (Así es la naturaleza de la multitud: o sirve con humildad, o domina con insolencia.)

No sé si al defender algo que, según he dicho, todos los escritores censuran, acometo empresa tan difícil que necesite renunciar a ella avergonzado o seguirla, expuesto a un fracaso; pero sea como fuere creo y creeré siempre acertado mantener todas las opiniones cuando no se emplea para ello ni más autoridad ni más fuerza que la de la razón.

Digo, pues, que del mismo defecto que achacan los escritores a la multitud se puede acusar a todos los hombres individualmente y en particular, los príncipes, porque cuantos no necesiten ajustar su conducta a les leyes cometerán los mismos errores que la multitud sin freno. Esto se comprueba fácilmente porque de los muchísimos príncipes que ha habido, son muy pocos los buenos y los sabios. Me refiero a los que han podido romper el freno que contenía sus acciones, no a los que nacían en Egipto cuando en tan remota antigüedad se gobernaba aquel estado conforme a las leyes, ni a los nacidos en Esparta, ni a los que en nuestros tiempos nacen en Francia, que es el reino más ajustado a las leyes de cuantos ahora conocemos. Los reyes que gobiernan conforme a tales constituciones, no pueden figurar entre aquellos cuyo carácter y acciones sean objeto de estudio y comparación con los actos de la multitud. A ellos sólo pueden comparárseles los pueblos que también viven dentro de la observancia de las leyes, y se verá en éstos la misma bondad que en aquellos, sin que exista la soberbia en el mando ni la humillación en la obediencia.

Así era el pueblo romano mientras duró la república sin corromperse las costumbres; ni servía con bajeza ni dominaba orgulloso, y en sus relaciones con las autoridades y cuerpos del estado conservó honrosamente el puesto que le correspondía. Cuando la sublevación contra un poderoso era necesaria, se sublevaba, como lo hizo contra Manlio contra los decenviros y contra otros que trataron de oprimirlo, y cuando era preciso obedecer a los dictadores y a los cónsules, les obedecía. Y no es de admirar que, muerto Manlio Capitolino, le echara de menos el pueblo romano: porque deseaba sus virtudes, tan grandes, que su memoria inspiraba compasión a todos. El mismo efecto hubiera producido en un príncipe, pues, en opinión de todos los escritores, las virtudes se alaban y admiran aún en los enemigos. Si Manlio, tan sentido hubiese resucitado, el pueblo romano repitiera contra él la sentencia de muerte, sacándole de la prisión para matarle; como ha habido reyes tenidos por sabios que, después de ordenar la muerte de algunas personas, sintieron grandemente que murieran; como Alejandro deploró la de Clito y de otros amigos suyos, y Herodes la de Mariamna.

Pero en lo dicho por nuestro historiador sobre la índole de la multitud, no se refiere a la que vive con arreglo a las leyes, como vivía la romana, sino a la desenfrenada, como la de Siracusa, igual en sus errores a los hombres furiosos y sin freno, cual lo estaban Alejandro Magno y Herodes en los citados casos. No se debe, pues culpar a la multitud más que a los príncipes, porque todos cometen demasías cuando nada hay que las contenga. Además de los ejemplos referidos podría citar muchísimos de emperadores romanos y de otros tiranos y príncipes en quienes se observa tanta inconstancia y tantos cambios de vida, como puede encontrarse en cualquier multitud.

Afirmo, por tanto, y aseguro contra la común opinión que los pueblos cuando dominan, con ser veleidosos, inconstantes e ingratos, no son mayores sus faltas que las de los reyes. Quien censura por igual las de unos y otros dice la verdad, pero no si exceptúa a los reyes; porque el pueblo que ejerce el mando y tiene buenas leyes, será tan pacífico, prudente y agradecido como un rey, y aún mejor que un rey querido por sabio. Al contrario: un príncipe no refrenado por las leyes será más ingrato, inconstante e imprudente que un pueblo. Las variaciones de conducta en pueblos y reyes no nacen de diversidad de naturaleza, porque en todos es igual, y si alguna diferencia hubiese, sería en favor del pueblo, sino de tener más o menos respeto a las leyes bajo las cuales viven. Quien estudie al pueblo romano lo verá durante cuatrocientos años enemigo de la monarquía y amante del bien público y de la gloria de su patria, atestiguándolo muchísimos ejemplos. Si alguien alegase en contra su ingratitud con Escipión, responderé refiriéndome a lo dicho extensamente sobre esta materia para demostrar que los pueblos son menos ingratos que los príncipes.

Respecto a la prudencia y a la constancia, afirmo que un pueblo es más prudente y más constante que un príncipe. No sin razón se compara la voz del pueblo a la de Dios, porque los pronósticos de la opinión pública son a veces tan maravillosos, que parece dotada de oculta virtud para prever sus males y sus bienes. Respecto al juicio que de las cosas forma cuando oye a dos oradores de igual elocuencia defender encontradas opiniones, rarísima vez ocurre que no se decida por la opinión más acertada, y que no sea capaz de discernir la verdad en lo que oye. Y si respecto a empresas atrevidas o juzgadas útiles se equivoca algunas veces, muchas más lo hacen los príncipes impulsados por sus pasiones, mayores que las de los pueblos. Sus elecciones de magistrados también son mejores que las de los príncipes, pues jamás se persuadirá a un pueblo de que es bueno elevar a estas dignidades a hombres infames y de corrompidas costumbres, y por mil vías fácilmente se persuade a un príncipe.

Nótese que un pueblo, cuando empieza a cobrar aversión a una cosa, conserva este sentimiento durante siglos, lo cual no sucede a los príncipes. De ambas cosas ofrece el pueblo romano elocuentes ejemplos, pues, en tantos siglos y en tantas elecciones de cónsules y de tribunos no hubo más de cuatro de las que tuviera que arrepentirse, y su aversión a la dignidad real fue tan grande, que ninguna clase de servicios libró del merecido castigo a cuantos ciudadanos aspiraron a ella.

Nótese además que los estados donde el pueblo gobierna, en brevísimo tiempo hacen grandes progresos, mucho mayores que los que han sido siempre gobernados por príncipes; como sucedió en Roma después de la expulsión de los reyes, y en Atenas cuando se libró de Pisístrato.

Sucede así porque es mejor el gobierno popular que el real, y aunque contradiga esta opinión mía lo que nuestro historiador dice en el citado texto y en algunos otros, afirmaré que, comparando los desórdenes de los pueblos con los de los príncipes y la gloria de aquéllos con la de éstos, se verá la gran superioridad del pueblo en todo lo que es bueno y glorioso.

Si los príncipes son superiores a los pueblos en dar leyes y en formar nuestros códigos políticos y civiles, los pueblos les superan en conservar la legislación establecida, aumentando así la fama del legislador.

En suma, y para terminar esta materia, diré que tanto han durado las monarquías como las repúblicas; unas y otras han necesitado leyes a que ajustar su vida; porque el príncipe que pueda hacer lo que quiere es un insensato, y el pueblo que se encuentra en igual caso no es prudente. Comparados un pueblo y un príncipe, sujetos ambos a las leyes, se verá mayor virtud en el pueblo que en el príncipe; si ambos no tienen freno, menos errores que el príncipe cometerá el pueblo y los de éste tendrán mejor remedio; porque un hombre honrado y respetable puede hablar a un pueblo licencioso y desordenado y atraerlo fácilmente con su elocuencia a buena vía, y la maldad de un príncipe no se corrige con palabras, sino con la fuerza. Puede pues, conjeturarse la diferencia de enfermedad por lo distintas que son las medicinas; pues la de los pueblos se cura con palabras y la de los príncipes necesita hierro. Todos comprenderán que la mayor energía del remedio corresponde a mayores faltas. De un pueblo completamente desordenado no se temen las locuras que hace, no se teme el mal presente, sino el que pueda sobrevenir, pues de la confusión y la anarquía nacen los tiranos; pero con los príncipes sin freno sucede lo contrario: se teme el mal presente y se espera en lo porvenir, persuadiéndose los hombres de que a su mala vida pueda suceder alguna libertad. Notad, pues, la diferencia entre uno y otro para lo que es y para lo que ha de ser.

La multitud se muestra cruel contra los que teme que atenten al bien común, y el príncipe contra quienes él sospeche que son enemigos de su interés personal. La preocupación contra los pueblos nace de que todo el mundo puede libremente y sin miedo hablar mal de ellos, aun en las épocas de su dominación, mientras de los príncipes se habla siempre con gran temor y grandísimas precauciones.

No creo fuera de propósito, ya que el asunto me invita a ello, tratar en el capítulo siguiente de si se puede confiar más en las alianzas con las repúblicas que en las hechas con los príncipes.


Fuente: https://www.elviejotopo.com/topoexpress/la-multitud-sabe-mas-y-es-mas-constante-que-un-principe/

Guillermo Rendueles: «Los psiquiatras que prometen curarnos son unos mentirosos»

Estar incómodo en este sistema, en principio, puede ser un indicio de normalidad más que de anormalidad
Por Víctor Lenore
Nacido en Gijón, en 1948, el doctor y ensayista Guillermo Rendueles es un testigo de excepción de los cambios en la psiquiatría española. Acaba de publicar un texto demoledor, titulado «Medicalización, psquiatrización, ¿despsiquiatrización?», incluido en el libro colectivo Contrapsicología: De las luchas antipsiquiátricas a la psicologización de la cultura (Dado Ediciones), que cuestiona los dogmas dominantes en el sector de la salud mental. Coordinando por Roberto Rodríguez, los distintos textos desvelan la tremenda influencia de nuestro sistema político en el tratamiento de disfunciones psíquicas. ¿A quién sirven los expertos en problemas psicológicos? ¿Es la psicoterapia un sustituto de las antiguas solidaridades cotidianas? ¿Estamos intentando resolver conflictos colectivos de manera privada? Rendueles responde entre paciente y paciente.
PREGUNTA. En el texto que aporta al libro rebate una falsa premisa que muchos asumimos de manera inconsciente: “Como vivimos en un mundo justo, bueno y equilibrado, si tengo algún problema psicológico debe de ser culpa mía”. ¿Tener desequilibrios mentales es normal en el capitalismo?

RESPUESTA. Las falsas necesidades que crea el capitalismo acaban produciendo incomodidad. Nos ponen delante fantasías que el mercado no satisface, sino que frustra. No somos como los animales, que cuando tienen las necesidades cubiertas se adaptan al medio. Los seres humanos siempre queremos más de lo que podemos. El capitalismo nos hace vivir en una ansiedad perpetua. Estar incómodo en este sistema, en principio, puede ser un indicio de normalidad más que de anormalidad.

P. También denuncia la debilidad del gremio psiquiátrico, demasiado dependiente del mecenazgo de la industria farmacéutica.

R. El sector psiquiátrico actual se basa en una falsa promesa: ya no queremos curar las patologías, sino ofrecer el máximo bienestar posible. Eso es una utopía. En realidad la psiquiatría es el coche-escoba que va recogiendo los malestares que no se atienden en ninguna otra disciplina. Prometemos ser capaces de curar la depresión, la ansiedad, el insomnio y últimamente hasta la anhedonia, que es la incapacidad para el hedonismo. Los psiquiatras son un gremio bastante mentiroso. Ojalá curar todas esas cosas estuviera en nuestras manos con unas pastillas y unos consejos de mentalidad positiva. Son promesas mentirosas, como tantas del mercado capitalista.

P. Su texto contiene una metáfora muy elocuente para explicar cómo se medicalizan casi todos los estados de ánimo. Dice que es algo parecido al juego de las siete y media, donde se considera enfermos a quienes no alcanzan el nivel óptimo de lo que sea (sueño, tranquilidad, equilibrio…), pero también a todos los que se pasan. La cantidad de los “saludables” es cada vez más pequeña.

R. Sí, parece que no exista forma humana de ser normal. Cuando no tienes anhedonia eres un maníaco, cuando no eres maníaco eres depresivo. La sala de espera de un psiquiátrico es un lugar curioso: hay gente con sufrimientos enormes, pero otros que están mejor que el psiquiatra y que buscan estar mejor todavía. No digo que sean unos quejicas, sino que tienen unas expectativas inducidas por las promesas del mercado capitalista. Con mis pastillas y mis consejos no puedo cubrir esas necesidades artificiales.

P. Otra de las líneas principales de sus textos es señalar que buscamos soluciones individuales a problemas colectivos. Por ejemplo, vamos al psicólogo por conflictos que debería resolver el comité de empresa o los sindicatos.

R. La mayoría de los problemas psiquiátricos ponen el “yo” en el primer plano y el ocultan el “nosotros”, que puede ser igual de útil o más. Ahora son muy frecuentes los cuadros de quemazón laboral o de acoso por parte de los jefes, que no se resuelven desde el plano individual. Los patrones no suelen ser perseguidores, sino explotadores que no tienen nada personal contra nosotros. Se dice que el problema de Trump es que es un narcisista. Mejor pensemos en por qué hay millones de estadounidenses tan aterrados como para votarle. Lo mismo con la islamofobia de Marine Le Pen, que no es una fobia, o al menos no comparable al pobre señor que tiene miedo a las alturas. No son problemas psiquiátricos, sino políticos y sociales.

P. Recientemente falleció el sociólogo Zygmunt Bauman. Como uno de los máximos expertos españoles en su obra, ¿cuál diría que fue su mejor aportación práctica?

R. Afinó la visión de nuestras biografías, que él llama líquidas y compara con los barcos. Antes vivíamos en tierra firme, ahora somos como los marineros que van de puerto en puerto, tienen amores líquidos, no se comprometen con nada ni con nadie. Vivimos una licuefacción de la vida social que lleva aparejada riesgos para la salud mental de los individuos. Pero, bueno, Bauman tiene muchos aportes. Otro muy importante es dar respuesta a la llamada Tercera Vía, representada por el laborismo británico. Es el antídoto de Anthony Giddens, el que desmonta todas las falsas promesas laboristas y socialdemócratas.

P. Su trayectoria es muy larga dentro de la psiquiatría. ¿Estos problemas que denuncia van a mejor, a peor o siguen más o menos igual?

R. Vamos a peor. Cuando yo empecé a ser psiquiatra, hace por lo menos cuarenta años, los laboratorios tenían un poder escaso y un nivel de ganancias muy modesto. Hoy los lobbies farmacéuticos tienen unos beneficios enormes. Los psicofármacos son la mercancía ideal, ya que no tienen porque demostrar ninguna mejoría. O al menos resulta complicado que se demuestren. El precio en la farmacia de estos productos es un disparate. Además no hay un congreso importante en el mundo donde los psiquiatras paguen por asistir. Todo corre a cargo de los laboratorios. Por eso los saberes están muy contaminados.

P. Aparte de contribuir a un libro colectivo, ¿qué líneas de resistencia nos quedan?

R. Hace tiempo que defiendo el modelo de psiquiatrizar de Alcohólicos Anónimos. Los dos padres fundadores se cansaron de recorrer consultas, ya que cada médico les decía una cosa: desde uno que opinaba que tenían un problema metabólico hasta otro que pensaba que eran homosexuales y que bebían tanto para darse un abrazo cuando cantaban “Asturias, patria querida”. Entonces deciden crear un grupo propio, basado en el apoyo mutuo y en la ausencia de expertos. Para mí ese es el modelo.

Fuente: https://www.elconfidencial.com/cultura/2017-04-01/psicologia-antipsiquiatria-guillermo-rendueles_1358973

Alternativas pospetroleras para Venezuela, necesarias, urgentes, posibles

Por Eduardo Gudynas

A medida que proliferan las ideas sobre las posibles alternativas para salir de la crisis en Venezuela, llamativamente hay una persistencia. Una y otra vez se parte del petróleo, esto no está en discusión y desde allí es que divergen distintas opciones sobre cómo aprovecharlo.Por momentos parecería que es casi imposible imaginar una alternativa que no dependa de los hidrocarburos. En cambio pasan a ser posibles las distintas opciones sobre la propiedad de los hidrocarburos, los papeles del Estado o el mercado, los esquemas tributarios y así sucesivamente (1). No sólo eso y hay quienes redoblan la apuesta reclamando profundizar todavía más el extractivismo petrolero como medio para obtener rápidamente ingresos económicos.

Por ejemplo, la cámara empresarial petrolera ya tiene un plan para aumentar la extracción en un millón de barriles (2), los sindicatos concuerdan en fortalecer ese sector (3) y hay voces académicas en el mismo sentido. Esa profundización petrolera es reclamada en todo el arco político, desde los conservadores a los progresistas (4). Solo difieren en los modos de hacerlo.

Asumir que toda opción de cambio implica la petrolización tiene muchas limitaciones. Es anticuado, no resuelve viejos problemas del desarrollo ni las nuevas exigencias del cambio climático. De alguna manera se renuncia a promover alternativas reales a la esencia del desarrollo venezolano: ser proveedora de hidrocarburos a la globalización. Aún en el mejor caso, sería aliviar la crisis actual para sembrar una crisis futura.

Las voces de alarma sobre la adicción petrolera se han repetido en Venezuela por lo menos desde la década de 1960. Posiblemente la advertencia más popular sea “el petróleo es el excremento del diablo”, de Juan Pablo Pérez Alfonzo hacia 1976 (5). Pero no han sido atendidas. En paralelo, se han sumado muchos análisis sobre lo que ha sucedido en distintos países petroleros que muestran importantes desarreglos productivos, comerciales y financieros, descalabros políticos como sociales (como derivas autoritarias o la penetración de la corrupción) y muy serios impactos ambientales (6). La metáfora lanzada en 1936 por A. Uslar Pietri, “sembrar el petróleo”, por ahora no se cristalizó en América Latina.

Cuando el rentismo es insuficiente

Como la condición petrolera es indiscutible, los debates pasan a estar enfocados en los modos de mantener ese extractivismo. Se considera, por ejemplo, si se debe nacionalizar o privatizar el sector, cuáles serían los roles de las empresas petroleras, si éstas deben ser estatales, privadas o mixtas, el nivel de tributación, cómo manejar la inversión extranjera, y así sucesivamente.

Muchos alertan de que Venezuela tiene una estructura “rentista”, de donde el problema central sería esa dependencia de la renta petrolera pero no la centralidad de esa explotación. Se dice, por ejemplo, que en “el futuro Venezuela seguirá siendo un país petrolero, pero no podrá ser en ningún caso un país rentista” (7). Dicho de otro modo, habría alternativas posrrentistas pero no asoman en el horizonte opciones pospetroleras.

Los abordajes basados en la renta son herederos de posturas económicas del siglo XIX (sean las de David Ricardo como las de Karl Marx). En sus aplicaciones prácticas actuales, la renta corresponde a la diferencia entre el valor económico de un recurso natural según lo determinan los mercados globales y los costos totales de la extracción, que denominan “producción”. Ese es el tipo de cálculo que por ejemplo realiza el Banco Mundial. El éxito o fracaso económico de un país petróleo se mide usualmente con indicadores como este.

Sin embargo esas ideas de la renta están repletas de problemas. Comencemos por precisar que no existe una “producción” de hidrocarburos, sino que en realidad es una pérdida irreversible de patrimonio. El vocablo “producción” oculta que son recursos finitos y agotables, y su dinámica es muy distinta a lo que ocurre, pongamos por caso, en la agricultura, que tiene potenciales de renovabilidad (en lo que podrían ser rentas agrícolas se pueden calcular costos de reposición de la fertilidad del suelo, pero eso es imposible para los combustibles fósiles).

Paralelamente, en los cálculos convencionales de la renta los “costos” son siempre incompletos, ya que no incorporan lo que se gasta o pierde por impactos sociales y ambientales. Dicho de modo esquemático, el precio del crudo no incluye componentes como los costos económicos de la contaminación o del daño de la salud de las comunidades locales. Ese gasto sin embargo existe, y lo que sucede es que son transferidos a la sociedad. Esta es una de las razones por las cuales al Banco Mundial, muchas corporaciones y unos cuantos académicos, les encanta ese tipo de cálculo de la renta, ya que legitima u oculta las enormes cargas en dinero y patrimonio que los extractivismos transfieren a la sociedad y el Estado.

Estos y otros componentes muestran que la categoría de rentismo y la evaluación de la renta pueden ser útiles para problemas específicos que sin duda deben ser rectificados, pero no deberían impedir abordar la cuestión de fondo que radica en la dependencia petrolera y los efectos que desencadena. Hay otros abordajes, como los que se basan en reformular el concepto de “excedente”, que permiten incorporar dimensiones sociales y ambientales que vienen siendo rutinariamente excluidas, y que sirven para acceder a alternativas más profundas (9).

Contradicciones internas y externas

En efecto, no existe una petrolización no rentista que sea social y ambientalmente benévola. Bajo cualquier organización institucional o económica, los pozos de petróleo contaminan, su expansión afecta a pueblos indígenas, y cuando sus derivados son quemados, alimentan el cambio climático. La dependencia global es inevitable por el simple hecho de tener que exportar el crudo; esas exportaciones implican sumergirse en las reglas del comercio global y de los flujos de capital. Las empresas, sean estatales, mixtas o privadas, siempre buscarán aumentar sus ganancias, y por ello externalizan todos los costos sociales y ambientales que puedan. Las comunidades protestarán, y rápidamente serán acusadas de entorpecer el “desarrollo”, y allí donde insistan se apelará a la violencia, sea estatal o no, para asegurar esas explotaciones. Todo eso resulta en violaciones a los derechos humanos, tal como se observa en los países latinoamericanos petroleros. En los momentos de altos precios globales estos impactos se disimulan, pero no se anulan.

Pero es todavía más impactante que la insistencia en seguir siendo petroleros luce anticuada porestar desacoplada de los problemas del siglo XXI. Hoy sabemos que no es posible seguir extrayendo petróleo porque no puede ser quemado si realmente se desea evitar el cambio climático. Para impedir ese desplome ecológico planetario se identificó un límite a las emisiones conocido como “presupuesto de carbono”. Simplificando al máximo el asunto, la comunidad científica entiende que las emisiones netas de CO2 deben caer a cero en los próximos años, si es que realmente se quiere evitar cruzar el umbral de un desastre climático que pondría en riesgo a la vida humana.

Ante esto, profundizar la extracción de petróleo venezolano, bajo cualquier tipo de arreglo institucional o económico, resultaría en alimentar el recalentamiento global, violaría acuerdos internacionales en esa cuestión, y contribuiría a un problema ambiental que como es planetarioregresa para golpear a los propios venezolanos y su naturaleza.

Alternativas posextractivistas

Este tipo de argumentos muestra que la condición petrolera también se debe poner en cuestión. Las reales alternativas están en abandonar la dependencia petrolera. Ya se han intentado todo tipo de arreglos políticos y económicos sin éxito; ya no hay tiempo para ensayar otras opciones ilusionadas con un extractivismo “bueno” porque ni la ecología planetaria ni la local, lo resisten.

Es más, insistir en la petrolización es también riesgoso. En la actual oposición hay planteos de buscar recursos financieros del exterior, por ejemplo el FMI, para enfrentar la crisis, pero buena parte de ellos irían a recapitalizar el sector petrolero en lugar de asegurar beneficios concretos a la población. Otra vez se caería en que el Estado termina subsidiando las actividades petroleras. O bien, está el otro riesgo de usar la excusa de la crisis para una privatización generalizada, lo que cambiaría un extractivismo estatal por uno más subordinado al capitalismo global (10).

Bajo esas y otras condiciones han surgido las propuestas y debates sobre las llamadas transiciones posextractivistas. Existen antecedentes en varios países que muestran que es posible pensar más allá del petróleo, que eso cuenta con respaldo de importantes sectores ciudadanos, y que incluso se expresan en planes de acción concretos (como ocurrió con la moratoria petrolera en la Amazonia de Ecuador). En Venezuela ya hay algunas voces (11).

El posextractivismos se plantea como un conjunto de transiciones, ya que se admite que no pueden imponerse de un día a otro. Pero a diferencia de otras posiciones, esas transiciones se expresan en medidas que sean concretas, efectivas, replicables y entendibles por la opinión pública. Su meta es una erradicación real de la pobreza, asegurar la calidad de vida de las personas y conservar la naturaleza.Apuntando a ese objetivo ya existe un marco conceptual para transiciones pospetroleras para las regiones andino-amazónicas (12) que pueden servir como un insumo para los debates.

Si son esas u otras las opciones transicionales a considerar, eso es parte de la discusión que debe profundizarse. A pesar de que se intenta evitar ese debate, una real alternativa está en imaginar futuros inmediatos que no sigan dependiendo de la petrolización. Esa es la verdadera y necesaria discusión sobre las alternativas. No existe ninguna imposibilidad de hacerlo y las ataduras que lo impiden deben ser rotas.

Notas:

(1) Ver por ejemplo, Industria petrolera: un mapa de propuestas, ProDavinci, Caracas, 2 abril 2019, https://prodavinci.com/industria-petrolera-en-venezuela-un-mapa-de-propuestas/

(2) Cámara Petrolera de Venezuela presenta plan para elevar producción en 1 millón de barriles, A. Rojas Jiménez, Petroguia, 25 abril 2019, Caracas, http://www.petroguia.com/pet/noticias/petr%C3%B3leo-gas-natural-petroqu%C3%ADmica/c%C3%A1mara-petrolera-de-venezuela-presenta-plan-para-elevar

(3) Trabajadores petroleros de Venezuela rechazan sanciones de EE.UU., Telesur, Caracas, 31 enero 2019, https://www.telesurtv.net/news/trabajadores-petroleros-defensa-pdvsa-sanciones-eeuu-20190131-0024.html

(4) ¿Cómo recuperar el bienestar de los venezolanos?; por Ricardo Hausmann y Miguel Ángel Santos, 25 de septiembre, 2017, Prodavinci, Caracas, http://historico.prodavinci.com/2017/09/25/actualidad/como-recuperar-el-bienestar-de-los-venezolanos-por-ricardo-hausmann-y-miguel-angel-santos/

Ministerio de Petróleo articula planes con PDVSA para potenciar producción en la FPO, Ministerio P.P. Petróleo, Caracas, 2018, http://www.minpet.gob.ve/index.php/es-es/comunicaciones/noticias-comunicaciones/29-noticias-2018/339-ministerio-de-petroleo-articula-planes-con-pdvsa-para-potenciar-produccion-en-la-fpo

(5) Hundiéndonos en el excremento del diablo, J.P. Pérez Alfonzo, El Perro y la Rana, Caracas, 2009.

(6) Un resumen con muchos ejemplos latinoamericanos en La maldición de la abundancia, A. Acosta, AbyaYala, Quito, 2009.

(7) Entrevista a M. Gerig en Revista Florencia, 22 marzo 2019, https://revistaflorencia.com/malfred-gerig-futuro-economia-venezolana/

(8) Cálculos disponibles en la base de indicadores del Banco Mundial, https://data.worldbank.org/indicator/NY.GDP.TOTL.RT.ZS

(9) El manejo del concepto de excedente de ese modo se explica en Extractivismos. Un modo de entender el desarrollo y la naturaleza, CEDIB y CLAES, La Paz, 2015.

(10) Por ejemplo, desde la política conservadora, el economista Ricardo Hausmann, que asesora a Juan Guaidó, concibe la salida de la crisis por medio de un préstamos masivo del FMI por unos US$ 60 mil millones, y que el sector energético requerirá enormes ayudas financieras. Ricardo Hausmann habla de su plan de recuperación para Venezuela, Gestión, Lima, 31 enero 2019, https://gestion.pe/mundo/ricardo-hausmann-habla-plan-recuperacion-venezuela-257347. En un razonamiento similar, Francisco Monaldo sostiene que para recuperar la extracción en 200 mil barriles/día por año, es necesaria una inyección de US$ 20 mil millones al año por una década, lo que sólo es posible con una reestructuración de las deudas del país, el apoyo del FMI y una reforma de todo el sector que permita atraer inversores. La implosión de la industria petrolera venezolana, F. Monaldo, Pro Davinci, Caracas, 15 agosto 2018, https://prodavinci.com/la-implosion-de-la-industria-petrolera-venezolana/  (11) Una biblioteca de recursos sobre transiciones posextractivistas en www.transiciones.org; debates para Venezuela en www.ecopoliticavenezuela.org

(12) Cambio climático y transiciones hacia el buen vivir en américa del sur, G. Honty y E. Gudynas, Passerelle, Paris, No 13, 2015, http://transiciones.org/transiciones-en-energia-y-cambio-climatico-en-los-andes-y-la-amazonia/

Eduardo Gudynas es analista en el Centro Latino Americano de Ecología Social (CLAES). Una primera versión de este artículo se publicó en ALAI (Quito). Contacto Twitter @EGudynas