Silvia Federici: “Para realizar un cambio se debe colocar la vida en el centro”

Por Natalia Pravda

La pandemia de la Covid-19 ha provocado muchas reflexiones sobre las estrategias de salida a la crisis. Mientras que muchos abogan por un «retorno a la normalidad» y un regreso al crecimiento sin cuestionar los puntos ciegos del sistema económico dominante, ciertas perspectivas más radicales proponen salir del «capitalismo patriarcal».

La teórica y feminista marxista Silvia Federici compartió sus ideas sobre el actual momento en un seminario web correspondiente a un proyecto de investigación sobre sociedades de postcrecimiento, adscrito al Centro de Investigación sobre Innovaciones y Transformaciones Sociales de la Escuela de Innovación Social Elisabeth-Bruyere de la Universidad de Saint Paul, en Ottawa (Canadá). Colombia Informa publica una traducción al español editada de este seminario* que exploró formas de construir una sociedad más allá del crecimiento, del capitalismo, del colonialismo y del patriarcado.

La reproducción social, los bienes comunes, la relación con el cuerpo y el territorio fueron los diferentes temas abordados en este intercambio con una de las intelectuales críticas más relevantes de nuestro tiempo.

Silvia Federici es profesora emérita de la Universidad Hofstra en el Estado de Nueva York. Miembro fundador del Colectivo Internacional Feminista en la década de 1970. Fue una de las activistas detrás de la campaña Salario para el trabajo doméstico, que continúa alimentando las luchas contemporáneas contra la invisibilización del trabajo de las mujeres. Es autora de varios libros como Revolution at Point Zero, Tareas domésticas, reproducción y lucha feminista (2012), Calibán y la bruja (2014), Reencantar el mundo, Feminism and the Politics of the Commons (2018), Le capitalisme patriarcal (2019) y Beyond the Periphery of the Skin: Rethinking, Remaking, and Reclaiming the Body in Contemporary Capitalism (2020).

Escuela de Innovación Social: En sus últimos libros Reencantar el mundo y Más allá de la periferia de la piel ha hablado del tema del “postcapitalismo” bajo el lente de la visión de reproducción social. ¿Nos podría compartir qué significa postcapitalismo?

Silvia Federici: Creo que es importante poner en contexto la pregunta del tipo de transformación que necesitamos. Ojalá la crisis actual, esta pandemia, sea una oportunidad histórica, un momento fundamental de toma de conciencia. El sistema social actual, de manera sistemática, devalúa la vida humana y devalúa toda forma de vida en general. Nos lleva a un ciclo infinito de crisis. Esa crisis tiene una dimensión global que está afectando todas las esferas de la vida. Ojalá sea un punto de inflexión. Estamos en un punto que no permite el retorno a la normalidad en la cual estábamos. Es un momento crítico para todo las personas en este planeta. La Covid-19 ha puesto a la luz las crisis que ya estaban y eso es muy importante. Ha hecho que sea visible y que sea inevitable ver una cantidad de crisis que ya existían, incluyendo la crisis de la reproducción por ejemplo.

El hecho de que, sistemáticamente, en los últimos 30 años el sistema sanitario y de salud haya diferenciado poblaciones en distintos grados y en distintas maneras, ha tenido un impacto diferente en muchas partes del mundo. Pero en todas partes estamos ante unos sistemas totalmente desmantelados. Por ejemplo, en Estados Unidos las comunidades racializadas y negras han sido afectadas de manera desmedida por los impactos del desmantelamiento de la salud. El sistema sanitario a nivel global ha sido privatizado.

Paralelamente, hemos presenciado un ataque sistemático al sistema agrícola en los últimos 30 años con monocultivos y agroindustria que han ido en contra de la producción de la comida (la cual es esencial para la reproducción de la vida). La producción de la comida ha sido asimilada al mundo industrial con el uso de químicos y de semillas modificadas genéticamente. Todo eso tiene un impacto directo sobre nuestro sistema corporal, social, inmunitario. Incluso tiene un impacto sobre nuestra capacidad de reproducirnos como especie. Es importante porque tenemos que ver cómo esas crisis se conectan al trabajo.

Y esto nos permite entender la razón por la cual hay tanta gente desempleada que está siendo remplazada por máquinas. Mientras que otros tienen que trabajar más que nunca. Entonces, tenemos de un lado ese desempleo y del otro esa obligación de trabajar más y más. Esta tendencia afecta, especialmente, a las mujeres.

Las mujeres se quieren hoy emancipar a través del trabajo. Pero deben tener dos o tres trabajos para poder tener algún tipo de autonomía económica. Necesitan tener más de un empleo. Es una contradicción fundamental entre la reproducción de la familia y el trabajo. Por eso vemos a los niños y a las personas de la tercera edad en esta situación.

Pero, sin extenderme mucho en este punto porque pienso que muchos de los elementos de esta crisis ustedes los conocen muy bien, ustedes saben que a distintos grados hemos vivido estas consecuencias concretas. Entonces, ¿qué está pasando hoy?

Estamos tomando conciencia de que nuestras vidas están en peligro. Hay una necesidad de cambio estructural. Una necesidad de empezar un cambio social desde la reconstrucción del proceso de reproducción social, ya que la misma lógica del capitalismo está basada en devaluar la vida humana y subsumirla a la acumulación del capital.

Este sistema económico coloca la idea de crecimiento continuo como principio de la explotación de la vida humana. Para realizar un cambio se debe colocar la vida en el centro, lo cual es un lema importante para el movimiento feminista. Poner el “buen vivir” en el centro. Estamos hablando de una sociedad que permita a los individuos y a las colectividades prosperar y que no estén esclavizadas de manera perpetua, haciendo que la riqueza producida beneficie a todos y a todas.

Para eso todos los aspectos de las reproducciones se deben de transformar. Empezando, claramente, con esas actividades centrales al desarrollo de nuestras vidas: el trabajo doméstico, la crianza de los niños, el cuidado a las personas que no son autosuficientes. Pero no es suficiente, debemos de repensar la agricultura y alejarnos del modelo de agricultura actual, que es una producción de la muerte. Si lo pensamos, reproduce carencias y muerte porque se basa en el comercio y en el mercado. Solo beneficia a las personas que tienen los medios para adquirir esta comida y, al mismo tiempo, la producción de esta comida está contaminando el agua y acabando las semillas. Estos químicos están en la tierra, están en el aire y están en nuestros cuerpos.

Cuando compramos comida, no sabemos si nos estamos nutriendo o si nos estamos envenenando. Esta es la situación actual. Comprar comida hoy es un acto de ansiedad. Tenemos que proyectarnos a una transformación fundamental y cultural. Cultural en el sentido de que tenemos que tomar el camino hacia una sociedad que llegue a acabar con esta desconfianza entre nosotros. Una desconfianza que nos ha sido inculcada por todos los medios posibles. Tenemos una relación negativa con el otro. Esta relación es el centro de nuestras riquezas y de la sociedad, al igual que nuestra relación con los animales y con la naturaleza. Esto debe cambiar y tenemos que poner fin al tratamiento barbárico contra los animales.

En el Oeste de Estados Unidos, por ejemplo, son centenares de miles de animales maltratados que morirán porque no hay en este momento suficiente personal para procesar y venderlos en el mercado. A estos animales los van a matar. Es una barbaridad, como toda la industria de la alimentación. Esta industria se construye sobre el sufrimiento. En las fábricas hay hasta 5.000 puercos o pollos que se encuentran encerrados y son alimentados con medicamentos y patógenos. Es un problema bastante grave.

Existe una conexión básica de lo que pasa a nivel ecológico (como la contaminación de los mares) con la destrucción de la agricultura. Cabe resaltar que esa transformación de la agricultura tiene que ver con el desplazamiento forzado de millones de campesinos y campesinas. Olas gigantes de migración. Esta gente no abandona sus tierras o países sin ningún motivo. La gente abandona su país porque le toca, porque sus tierras han sido privatizadas y ese es el motivo fundamental de las olas de migración mundial. Son cambios gigantes y estructurales los que necesitamos plantear.

Uno de los momentos del seminario.

Debemos empezar a pensar en nuestro compromiso en dos niveles. Un nivel es inmediato. Hay necesidades inmediatas que se deben resolver con la ayuda mutua. Necesitamos proteger a la gente que está en peligro inmediato y que se encuentra marginalizada por esta crisis. En el otro nivel, debemos pensar a largo plazo porque una sociedad postcrecimiento, postcapitalista es una sociedad en la cual tenemos que empezar a construir el proceso de producción y reproducción en un sentido amplio. Desde la casa hasta la finca. Incluso hasta la relación con la naturaleza y los animales. Eso supone un esfuerzo colectivo muy fuerte.

Mi trabajo en los últimos años se ha enfocado de manera persistente en el tema de las políticas de los comunes. Entendiendo a los comunes como un principio cultural que se refiere a una sociedad en la cual colectivamente tenemos acceso a los medios de nuestra reproducción. En donde colectivamente tomamos decisiones sobre los medios de reproducción y podemos definir sobre los temas más importantes de nuestras vidas. No siendo unos recipientes pasivos que se encuentran alienados sobre decisiones que se toman arriba. Hemos visto y de hecho tenemos una historia de más de 500 años de actividad del capitalismo que nos dice que tenemos que comprometernos, no solamente como individuos sino como un colectivo que tiene como propósito la reconstrucción del proceso de reproducción social.

Debemos cambiar la relación con los recursos y con las riquezas que estamos produciendo hacia nuestro buen vivir. Poner en el centro de esta colectividad la reproducción. Tenemos que reconstruir la reproducción de una manera más cooperativa sin que nos aisle a cada uno en casa.

Sería bueno decir algo sobre el tema de crecimiento que está muy conectado al tema del consumismo. Existen muchas críticas a los individuos por ser consumistas. Incluso gente pobre que no tiene muchos recursos y que van a gastar lo poco que tienen en comprar cosas. Eso es consecuencia del empobrecimiento que hemos sufrido. El consumismo es la respuesta a ese empobrecimiento social. Las relaciones sociales son tan insatisfactorias que nos hacen sentir como perdedores todos los días. Así es que estas necesidades incumplidas se reflejan en el consumismo. Para sentir algún tipo de poder, se nos ofrece tener la capacidad de comprar cosas.

Si pensamos en una sociedad donde nuestras relaciones sociales con el conjunto de la sociedad fueran completas y nos llenaran, no tendríamos que comprar cinco pares de pantalones para poder rellenar esa falta que sentimos en nuestra relación con el mundo. La mercancía, la “commodity”, se vuelve la manera de rellenar esa falta que sentimos. Eso tiene que ver con el crecimiento, por eso es tan importante mencionarlo.

Se deben amplificar los procesos de reconstrucción de la sociedad junto con nuestra capacidad de cooperación. Obviamente, ya hay muchas personas trabajando y no es que estemos iniciando desde el punto cero. Hay movimientos muy importantes que están trabajando en este momento. Lo que debemos de hacer es conectar nuestras luchas y trabajar juntas. Eso es fundamental, porque esta unión de luchas nos puede dar la capacidad de encontrar nuevas posibilidades para hacer surgir las cosas que queremos.

No se puede afirmar que exista un solo modelo. Es importante citar a los zapatistas: “un no y muchos sí”. Tenemos que tener mucha claridad colectiva en qué es lo que no queremos ver en la sociedad que queremos construir. Una sociedad que no queremos que destruya el planeta y que no sea injusta. Tenemos que reconocer la existencia de muchas trayectorias históricas y muchas luchas.

El Buen Vivir, por ejemplo como lo dicen en América Latina, se puede actualizar de muchas maneras distintas en cada territorio. Ese es el trabajo más creativo. Ver cómo estas luchas y cómo esta reconstrucción colectiva es un trabajo creativo que incluye esa diversidad.

Si no queremos condenar a los niños a un futuro terrible, tenemos que poner atención en lo que está pasando ahora con esta pandemia. Es un signo de alarma que debemos escuchar y tenemos que transformar esta situación con una premisa importante: los que van a determinar la salida de esta pandemia no pueden ser los que nos llevaron a la destrucción de este planeta. No podemos encargarlos a ellos de encontrar las soluciones. Nosotras debemos ser participantes de estas soluciones a la salida de la crisis.

E.I.S.: ¿Cómo podemos aprovechar este contexto para dar pasos hacia una sociedad postcrecimiento sin que la salida de esta pandemia esté totalmente apropiada por la misma élite económica y política que nos llevó ahí?

S.F.: Como venía diciendo, esta pandemia visibiliza una crisis que ya habíamos anunciado. Su existencia es de conocimiento de todos. Por eso hemos visto que las áreas de la sociedad más afectada son las personas que cuidan a las personas de la tercera edad. Hace muchos años que mi trabajo se enfoca hacia el cuidado de este tipo de población. En muchas partes del mundo el tema del cuidado de las personas mayores es terrible. La gente ya se estaba muriendo. La crisis en esta área de la sociedad ya existía. El sistema capitalista se encarga de devaluar sistemáticamente la vida y lo aplica más a unas personas que a otras.

Los mayores de las clases trabajadoras ya no son productivos. Con el neoliberalismo se recortaron los presupuestos y los recursos, sobre todo a las familias trabajadoras. Son los adultos mayores las víctimas centrales de estas políticas. No es un accidente que haya un desastre con los mayores en medio esta crisis de la Covid-19.

Siempre han existido muchos errores en términos de accesos a la salud, a medicamentos. También muchos abusos de parte del personal que atiende a las personas mayores. Estos incurren en abusos. Los hospitales no estaban preparados porque se había tomado la decisión política de no tener los recursos en los hospitales. Por tal motivo faltaron las cosas más necesarias.

Es muy importante que la gente entienda ese elemento. La falta de preparación de la sociedad ante un desastre como esta pandemia tiene que ver con lo que estaba pasando antes. Esto es el resultado de decisiones que se tomaron y nos llevaron a esta situación. Decisiones como afirmar que el derecho a la salud no era tan importante. Entenderlo es lo que nos puede llevar a resolver esta pregunta.

El objetivo principal es dar un salto cualitativo a otro nivel. Si uno ve lo que ha pasado en África, en el Sur asiático, en América Latina en los últimos 30 años, podrá constatar que han existido muchas olas de epidemias. Una tras otra, como resultado de la pobreza económica, el sistema y los ajustes estructurales.

En todo el mundo colonial ha habido una reducción de la calidad de vida. La gente ha sido víctima de muchas epidemias como la meningitis, el cólera, el zika, el ébola. Pero ahora la pandemia es global. Si no entendemos esto, no vamos a estar dispuestos a crear el tipo de movimiento que necesitamos para transformar la vida cotidiana y comprometernos con ese cambio de una manera muy profunda.

¿De qué manera debemos actuar cuando este sistema se ha construido durante siglos y es un sistema que no se va a transformar de la noche a la mañana? En el activismo del presente podemos dar respuesta a las necesidades inmediatas pero es necesario incluir una perspectiva a largo plazo. Debemos incluir una perspectiva de reapropiación de las riquezas sociales, de reclamar y reapropiarse de la tierra, de retomar el control sobre la cadena de producción alimenticia. Y volver a conectar estas luchas. La lucha estudiantil se debe conectar a la lucha del sector salud y juntas se deben conectar con las luchas campesinas.

La destrucción del ecosistema es central. Hoy la lucha social no puede ignorar la destrucción del ecosistema. Cualquier lucha debe tener una dimensión ecológica, ya que es fundamental a la reproducción. Ese sería el primer punto.

El segundo punto es que desde el inicio debemos de empezar a cambiar la manera en la cual vivimos en este mundo. Personalmente, me ha impresionado y lo he escrito en Reencantar Al Mundo (mi último libro) y en otros de mis trabajos, todo lo que he aprendido de las mujeres de América Latina. Específicamente las mujeres que viven en zonas periféricas de las ciudades latinoamericanas como las favelas y todos estos territorios que quedan en los límites de las grandes ciudades. Estas personas han estado ahí desde hace mucho tiempo, enfrentándose a lo que hoy nos estamos enfrentando. Es gente que se desplazó porque les robaron la tierra y hace mucho tiempo se dieron cuenta de que el sistema no tenía nada para ofrecerles.

Claramente, su accionar podría ser entrar en desesperación. Pero no es así. Se organizan colectivamente y en unidad miran cómo seguir negándose a perder. Crean huertas comunitarias, cocinas comunitarias y medios para acceder a la comida. En ese proceso hay un nuevo tejido social que se construye. Esas nuevas relaciones afectivas y de solidaridad son una revolución. Porque ese nuevo poder de este nuevo tejido social le da habilidad a la gente de relacionarse de una nueva manera con el Estado. No como la última línea de la pirámide, sino desde una posición que obliga al Estado a soltar algún tipo de control. Hablemos de comida, de educación, de salud, de agricultura. Sobre todo esto tenemos algo que decir. Sobre lo que pasa en los hospitales tenemos algo que decir. Sobre qué tipo de sistema de salud queremos. Esos son los pasos que debemos dar. No son utopías. No son cosas extraordinarias. Son cosas que podemos hacer y que nos permitirán tener un tipo de control sobre nuestra forma de vivir cotidiana.

*Esta conferencia continúa en una segunda entrega.

CI SF/BJ y PC/16/07/2020/14:30

Fuente: https://www.colombiainforma.info/silvia-federici-para-realizar-un-cambio-se-debe-colocar-la-vida-en-el-centro/

El reto de enfrentar a Bolsonaro y el fascismo social brasileño. Entrevista especial a Giuseppe Cocco

Por: João Vitor Santos

 

IHU en línea: ¿cómo analiza el gobierno de Bolsonaro? ¿Cuál es el enfoque de su forma de hacer política?

Giuseppe Cocco – Hay una impresión bastante difusa de que Bolsonaro no está gobernando. Pero, incluso podemos pensar que el proyecto es el mismo: fragmentador y destructivo. Él continúa en las elecciones. Nunca dejó de alimentar el eje fundamental de su éxito electoral: las guerras culturales. Ahora, aunque son culturales por el momento, siguen siendo guerras y los gestos de los últimos meses van en esa dirección. Peor aún, sabemos que Brasil no necesita guerra, como ya lo ha hecho. Bolsonaro siempre ha sido así sociológicamente, ahora es realmente la expresión política de las facciones de esta guerra que bloquea la democracia brasileña. Está demostrando que está apostando al aumento general de la violencia y esto en una situación en la que ya está en un nivel insostenible: liberación de ventas de armas, municiones sin dejar rastro. Hasta la ya increíble violencia en el tránsito él quiere aumentar. Aumenta la violencia y quiere indiferencia hacia las víctimas, incluidas las decenas de miles de muertes por el covid que su administración está determinando: en la semana de publicación de esta entrevista, alcanzaremos 70,000 muertes y «triplicaremos la meta» (solo contando) notificación oficial y esperando que las medidas de los estados y municipios reduzcan la masacre que planea la meseta). En Francia e Italia (que promulgó bloqueos rígidos), los procedimientos judiciales ya están en marcha e involucran a esos gobiernos: ¿qué debería o deberá suceder aquí donde incluso el Ministerio de Salud fue destruido?

Hasta la pandemia, había un precario equilibrio entre este proyecto mortal y la agenda neoliberal de [Paulo] Guedes [Ministro de Economía]. El dispositivo de legitimación del gobierno fue doblemente alimentado por la herencia lulista: indirectamente, hubo una continua renovación de la polarización con Lula y el PT (la decisión sobre el arresto de segundo grado, el ‘vaza jato’, con The Intercept, etc.); directamente, hubo una actualización de la agenda de reforma neoliberal definida bajo el gobierno de Dilma y cuyo nombre es «puente hacia el futuro». Con la llegada de la pandemia, ese equilibrio se fue al espacio exterior. Bolsonaro no solo dejó de hacer lo poco que hizo antes, sino que el equipo económico estaba totalmente perdido, incapaz de integrar el cambio de paradigma que impone esta crisis de dimensiones bíblicas: todavía piensa en «ajustar» un mundo que ya no existe

En medio de esto, Bolsonaro comenzó a sabotear lo que, a pesar de él, algunos de sus ministros estaban haciendo, en particular [Luiz Henrique] Mandetta en Salud. Por lo tanto, Mandetta se convirtió en un problema no solo porque negó el negacionismo bolsonarista («es una pequeña gripe»), sino que porque simplemente no hay defensa de la vida como un derecho en esta forma de fascismo. Este gobierno es un gobierno de la muerte y, en nombre de la muerte, y no fue casualidad que sus pocos simpatizantes realizaran el baile del ataúd en la Avenida Paulista, frente a la Fiesp, que aparentemente no teme estar contaminado con este tipo de horribles actuaciones.

 

DERIVA AUTORITARIA

Recientemente, el ministro de la Secretaría de Gobierno, general activo [Luiz Augusto Ramos], hizo una declaración emblemática de la atmósfera de intimidación creada por Bolsonaro: excluyendo la posibilidad de intervención militar, dijo que «el otro lado no puede estirar la cuerda». El hecho es que la cuerda ya se ha roto, incluso debido a este tipo de chantaje. Hay una deriva autoritaria, algo de tipo venezolano, de este gobierno que estaba abierta ante los ojos de todo el mundo.

Dadas estas evidencias, tenemos algunos desarrollos en direcciones opuestas: el gobierno perdió algunos de sus pilares técnicos, el ministro Moro abandonó el barco e intentó revertir el error político colosal de haber participado en este esfuerzo autoritario, es decir, creando las mayores pérdidas políticas e incluso el poder judicial al gobierno. La partida de Mandetta tiene la misma dimensión: aunque su legitimidad ya estaba constituida dentro de la pandemia, el ex Ministro de Salud se fue claramente indicando, como en el caso de Moro, que un trabajo «bien hecho» no encajaba (y no encaja) ) bajo el gobierno de Bolsonaro: incluso [Nelson] Teich [el segundo ministro de salud], que había aceptado legitimar la partida de Mandetta y es orgánico para el bolsonarismo, no podía tomar el control de la opción mortal del presidente.

La segunda dirección es la desmoralización del llamado «ala militar». Más de tres meses de crisis política sobrepuesta a la aguda crisis de salud han demostrado que los miles de soldados que ocupan el gobierno federal no son solo un vector de racionalidad, sino que defienden a este gobierno mortal como suyo: intervención militar en el Ministerio de Salud. La salud es la culminación de esta deriva.

Incluso la partida del ministro, que es parte del intento actual de «moderar el tono», no podrá resolver mucho. El episodio de [Carlos] Decotelli [que fue anunciado como Ministro de Educación, pero ni siquiera asumió el cargo] muestra la dificultad que tiene el gobierno para encontrar alguna figura competente que le permita dar contenido a este cambio de «forma». Bolsonaro explicó muy bien en la reunión del 22 de abril que nunca tolerará un ministro exitoso en su mandato.

IHU en línea – Después del arresto de Fabrício Queiroz, ¿cómo debería Jair Bolsonaro permanecer y moverse políticamente? ¿Habrá un aumento en esta perspectiva de «Jair paz y amor», que algunos analistas señalan?

Giuseppe Cocco – Parece que activó el «modo de paz y amor», como lo hizo Lula en 2005. La captura de Queiroz es parte de las malas noticias que había predicho y quizás explica parte del comportamiento. Ahora, la modalidad (por la MP de Río) y el lugar de prisión (en la casa del abogado del clan que aparentemente frecuentaba ostensivamente Planalto) pueden haber escapado de sus esfuerzos de reducción de daños. Lo que en sí mismo habría sido un desgaste fue un desastre: nadie puede fingir ser estúpido y seguir ignorando la promiscuidad entre el clan y las redes de milicias en Río de Janeiro.

No creo que haya ningún retroceder y menos una transformación que no sean los ensayos tácticos de tomarse el tiempo o incluso buscar acuerdos de alto nivel: pero la esencia es la misma. No debe haber ilusión: alguien que en medio de una pandemia de proporciones históricas, con decenas de miles de muertes, cientos de miles de pacientes, vacía el Ministerio de Salud e intenta resolverlo manejando los datos, creo que no es digno de ninguna tipo de confianza

Así como no hay una posible transformación de Bolsonaro, sería un grave error que los actores institucionales que ahora están en la primera línea de la defensa de la democracia piensen que sería el momento de establecer un compromiso. Excluyendo aquí el debate sobre el hecho de que la aplicación de la ley no debería ser parte de ningún acuerdo, en términos políticos sería muy incorrecto. De la misma manera que cuando Lula logró sortear el escandalo del «mensalão», esta práctica comenzó a industrializarse (con consecuencias perjudiciales para la economía e incluso peores para la izquierda y el país). Si Bolsonaro y el partido invisible (que es un partido militarista) que lo apoya cambia las cosas, avanzarán aún más hacia el saltarse la democracia. La «venezualinizacion» de Brasil (lo que significaría el caos, es decir, la destrucción del país, a través de su fragmentación interminable, de tipo milicia corporativa) es una posibilidad concreta que todo el mundo debe tener en cuenta: en Venezuela , lo que queda es irse, emigrar.

IHU en línea: ¿cómo analiza las encuestas de evaluación recientes del gobierno de Bolsonaro?

Giuseppe Cocco – Creo que la resiliencia de Bolsonaro no es consistente. Por un lado, tenemos un núcleo duro y ese se compone de fascismo social y evangelismo. El fascismo social (o neo-esclavitud) es lo que vimos en el episodio del niño que murió en Recife, es el que dice: “¿Sientes pena? ¡Llévalo a casa! «. El fascismo social brasileño siempre ha estado presente. La novedad es que ahora tiene una cara ideológica, ya no vota PMDB ni a un partido del Centrão.

Sectores importantes de los evangélicos transforman la fe en política y producen altos niveles de irracionalidad. Pero el apoyo de la jerarquía evangélica debe ser alimentado por noticias falsas y tiene un alto costo. ¿Hasta cuándo la cloroquina milagrosa podrá combinar la fe en Cristo y la danza del ataúd de los bolsonaristas?

Por otro lado, lo que lo salva hasta ahora es, paradójicamente, la pandemia y esto de dos maneras: gracias a la pandemia, tuvo la oportunidad de poner su nombre en un subsidio para los más pobres que ni él ni su ministro pensaban. Economía; El respeto por el confinamiento hizo que con los gigantescos cacerolazos diarios (aún) no se transformasen (como pueden) en las movilizaciones callejeras que faltan para que el impeachment tome cuerpo.

Al mismo tiempo, durante un buen período, logró que las falsas movilizaciones de sus seguidores (dispositivos pagados) ocuparan la Paulista y la Esplanada sin ninguna contestación. Pero el movimiento popular de barristas por la democracia en São Paulo y Brasilia, los antifascistas en Porto Alegre y Curitiba, así como el movimiento antirracista en Río de Janeiro mostraron que, a pesar del encierro, existe un gran potencial de movilización por la democracia. La movilización de los proveedores de plataformas también confirma el gran potencial para la movilización social y democrática. La resiliencia de Bolsonaro, por lo tanto, es más débil de lo que parecen indicar los números: ya no se moviliza.

 

IMITACIÓN DE LULISMO

Es curioso ver que Bolsonaro repite, en el peor de los casos, los mismos mecanismos que implementó el Lulismo: hubo un reemplazo de las clases medias por los pobres que no pueden darse el lujo de no apoyar a quienes transmiten el subsidio. Luego, las críticas a los «principales medios de comunicación» y Rede Globo. Sin embargo, el bolsonarismo no tiene la misma temporalidad y economía que a mediados de la década de 2000. Bolsonaro no resistiría la salida de Guedes del gobierno, y no muestra ninguna sensibilidad a la necesaria inflexión de la política económica. Esto aparece claramente en la terrible elección para economía y el trabajo de dejar que las micro y pequeñas empresas mueran por miles. Si las movilizaciones por el  «fuera de Bolsonaro» comienzan a generalizarse, esta base de aprobación que le queda no le proporciona ninguna capacidad de respuesta.

Finalmente, es curioso ver a todos estos militares en un gobierno que amenaza abiertamente la democracia y los principios mínimos de la ciencia médica en nombre del antipetismo hipócrita. La «culpa» que tiene el lulismo nunca fue la de amenazar la democracia, sino que la de haberse adherido a la corrupción sistémica, con la que estos militares ahora comparten sillones y salarios en los ministerios.

IHU On-Line – HU On-Line – Hoy, una derecha llamada ‘progresista y democrática’ parece separarse de Jair Bolsonaro y atacar. ¿Quiénes son y cómo analiza los movimientos de esta derecho?

Giuseppe Cocco – Grandes sectores de la derecha que habían apoyado a Bolsonaro en la segunda ronda o se mantuvieron neutrales ante la posibilidad de una quinta victoria del PT en 2018 están haciendo una oposición firme: cómo no pensar en Doria o la posición para el juicio político del partido Novo. Esto incluso involucra a sectores gubernamentales: Mandetta y Moro. Los dos son ahora pilares críticos del bolsonarismo. Tenemos una expansión del campo comprometido con la democracia y esto también se refiere a las posiciones de ciertas instituciones que han entrado en conflicto con la negación irresponsable de Bolsonaro: los gobernadores, los alcaldes, el STF, sectores del Congreso Nacional.

Este movimiento de sectores de la derecha contra el bolsonarismo no tiene un «centro» y participa en un movimiento de convergencia más general, en defensa de la democracia, que proviene de la conciencia de la violencia de la intimidación bolsonarista y el «ala militar» dejo que eso se afirmase. Al mismo tiempo, en esta movilización puede haber uno o más intentos de construir una fuerza de derecha democrática y viable: es fácil ver que uno de ellos puede gravitar hacia la figura de Moro y su eventual candidatura a la presidencia. Esta es una fortaleza y una debilidad de esta convergencia del 70% a través del juicio político, pues el Lulismo ya se está lanzando contra este movimiento.

IHU On-Line – ¿Cómo se mueven los petistas en la escena política? ¿Qué lees sobre la oposición del PT al gobierno?

Giuseppe Cocco – Inicialmente, el PT fue tímido y Lula hasta intentó sabotear las articulaciones de la construcción de convergencias antifascistas como «Juntos», «Somos 70%». Pero luego el PT entro de lleno en las movilizaciones por el Fuera Bolsonaro y él está muy presente en las calles, aunque menos que el PSOL. Sin embargo, las divisiones y los cálculos tácticos se están rehaciendo. El PT atraviesa algunas contradicciones objetivas en estas movilizaciones. Por ejemplo, un momento de gran debilidad para Bolsonaro fue y sigue siendo la partida de Moro. Como dijimos anteriormente, no hace falta mucho esfuerzo para ver que aquí el lulismo converge con el bolsonarismo en un intento de debilitar a Moro en todos los niveles: judicial y político.

Esto aparece claramente frente a la ofensiva contra Lava Jato llevada a cabo por el Fiscal General de la República: el lulismo y, en general, el campo legal que critica a Lava Jato esta con [Augusto] Aras quien, como todo indica, está trabajando para Bolsonaro contra Moro . La contradicción no se limita a eso, podríamos mencionar el apoyo de los partidos de izquierda a la dictadura de Maduro, fruto de un chavismo que es una de las tendencias del bolsonarismo. Bolsonaro tiene un programa de comunicación llamado «¡Alo Presidente!». Chávez tuvo un reality show con el mismo título. La otra contradicción se refiere al hecho de que el bolsonarismo ataca a los principales medios de comunicación de la misma manera que el Lulismo lo atacó durante el juicio político de Dilma y Lava Jato.

 

IHU en línea: los empresarios y los grandes grupos de medios también parecen haberse unido al discurso contra Bolsonaro. ¿Porque? ¿Cómo entender esta historia de alianzas y rupturas?

Giuseppe Cocco – La redacción es incorrecta: hay grupos en los principales medios de comunicación que han sido, desde antes de la crisis pandémica, protagonistas de la oposición al gobierno de Bolsonaro y la defensa de las instituciones democráticas. Me parece que los principales medios de comunicación más modernos (Globo en particular) están jugando un papel similar al de los grupos de medios liberales en los Estados Unidos (CNN) en la lucha contra las nuevas formas de fascismo.Aquí tenemos dos elementos importantes: el primero es que no es cierto, como dicen algunos, que el «capital» hoy está lejos de la democracia. Por el contrario, los sectores más importantes del capitalismo global actual defienden la democracia. Al contrario de lo que se dice, no estamos presenciando la deriva autoritaria del neoliberalismo, sino solo su crisis, y esta crisis también implica la crítica que viene de la izquierda, al otro lado del llamado «populismo».

En esta crisis, los liberales defienden firmemente la democracia representativa. El punto es que esta necesita encontrar la fuerza para resistir las amenazas que provienen del populismo de derecha (prefiero hablar de una nueva forma de fascismo, mientras que en Venezuela o Nicaragua el populismo autoritario tiene una retórica de izquierda, de la misma manera que el mexicano López Obrador, que niega el virus, también tiene retórica izquierdista). La dificultad radica en el hecho de que necesitamos defender la democracia representativa y al mismo tiempo ir más allá (y no quedarnos cortos). Este enigma estaba obstruyendo el horizonte político y solo comenzó a ser efectivamente atacado por el levantamiento antirracista estadounidense. Multitudes multiétnicas que afirman que “las vidas de los negros importan” rompieron el enigma (así como los negros “detonaron” la candidatura de Sanders para tener un candidato demócrata capaz de atraer sectores moderados del centro). El lulismo, desde 2014, al mismo tiempo está destruyendo las movilizaciones independientes en las calles y cualquier salida institucional moderada (recuerde la campaña electoral criminal contra la persona de Marina en 2014 y cómo Lula aplasto a Ciro en 2018).

 

NO ESTATAL, PERO QUIZÁS LO COMÚN

Hay un segundo elemento de reflexión que debemos hacer. Las críticas a los principales medios de comunicación en los años 90 y 2000 fueron correctas y erróneas al mismo tiempo. Hemos contribuido correctamente a su revisión (por ejemplo, la autocrítica de Globo sobre su proximidad a la dictadura militar en 2013 fue sincera); apoyamos erróneamente un «control» público que se habría convertido en un medio de propiedad estatal que hoy estaría en manos del fascismo bolsonarista (y antes de la carrera loca por la polarización buscada por el lulismo). Esto nos lleva al hecho de que tenemos que tomar en serio el tema de lo común.

Lo común no tiene nada que ver con el estado, como la izquierda hegemónica siempre afirma y hace: necesitamos ir más allá de la polarización entre el estado y el mercado, fuera de este desplazamiento no hay salvación. De todos modos, si hay sectores empresariales que se han unido y apoyaron el fascismo bolsonarista, aquellos que aparecen en investigaciones sobre noticias falsas y manifestaciones antidemocráticas, pero también en la cupula de la Fiesp, hay sectores de la gran comunidad empresarial que no se han unido y se oponen.

 

DETONANDO EL SOFT POWER

Incluso el agronegocio debe estar muy preocupado. Bolsonaro y su ministro de ganado son un gran problema de la misma manera que los panfletos ideológicos de Itamaraty son verdaderos ataques a los intereses nacionales. Cuanto más hablamos de la Patria, menos se defienden los intereses de los patriotas. Es curioso que los generales y los funcionarios de reserva se comprometan con un gobierno que destruye diligentemente una de lps capitales más valiosos de Brasil: su imagen, su soft power. Ese soft power no es nada abstracto e idealista; la carta de los administradores de los fondos de inversión más grandes del mundo ya ha insinuado cuánto vale, de la misma manera que Macron ya ha dicho que no habrá acuerdo con el Mercosur y el Congreso estadounidense excluye los acuerdos con Brasil.

 

Traducción del portugués: Santiago De Arcos-Halyburton

La Renta Universal, un nuevo tipo de salario, debe ser la matriz para el futuro de la organización de la sociedad -Entrevista especial a Bruno Cava.

 

por Patricia Fachin

Si la crisis pandémica está acelerando innumerables procesos que tomarían décadas en implementarse, por otro lado, las proyecciones sobre el aumento de la pobreza, las desigualdades y las transformaciones en el mundo del trabajo volvieron a poner sobre el tapete del debate público la urgencia de diseñar un programa de Renta Universal. Esta propuesta difiere de un programa de ingresos mínimos al asegurar una especie de salario para todos los ciudadanos, independientemente de las condicionalidades, pero, para que se lleve a cabo políticamente, se requiere un «cambio completo de mentalidad» para superar la sociedad salarial. “Hoy, inmersos en las crisis del siglo XXI, frente a los peligros autoritarios que plantean los neopopulistas, necesitamos tener la visión política para proponer una nueva configuración del salario. En lugar de reaccionar a una agenda negativa, necesitamos repensar, reformular y reconstruir. La Renta Universal  se inserta en este marco estratégico más amplio, como un punto focal para una agenda de política de constructivismo institucional. El quantum dependerá de las luchas, de la capacidad de construir contrapoderes sociales”, dice Bruno Cava en la siguiente entrevista, dada por correo electrónico a IHU On-Line.

IHU On-Line: ya  se habló de una renta básica, renta mínima y hoy hablamos de ingresos universales. ¿Cuáles son las diferencias sustanciales entre estas propuestas y quién es el beneficiario en cada una?

Bruno Cava – El ingreso mínimo está enfocado y tiene condicionalidades. Su alcance es reducir la pobreza y llevar a las personas beneficiadas a un empleo formal, por lo que determina ciertas actitudes y tareas de los beneficiarios, condicionalidades, y tiene un alcance limitado. La Renta Universal es incondicional y cubre a todas las personas, independientemente de los criterios. Es un derecho de nacimiento, como el derecho a la salud o la educación. El ingreso básico es una etapa intermedia e implica un giro importante en el concepto de ingreso mínimo: el objetivo no sería suplir una carencia dentro de la lógica de las necesidades, sino proporcionar una condición real para el ejercicio de la libertad. El ingreso básico no es simplemente asistencia, sino un punto de apoyo para que cada uno desarrolle su potencial, trabaje, estudie y / o emprenda más y mejor. El marco teórico más conocido a este respecto es el economista belga Philippe Van Parijs.

 

RENTA UNIVERSAL

La Renta Universal es la línea de llegada al final de la transformación e implica un cambio completo de mentalidad, que conduciría a la superación de la sociedad salarial. Al desvincular el derecho al ingreso del tiempo de trabajo, reconoce y remunera la dimensión productiva de la vida y el hecho de que en el capitalismo ya no hay una distinción entre la vida y el tiempo de trabajo. Es en esta dirección en la que la Renta Universal expresa una ruptura sistémica, ya sea en la dirección de un nuevo modo productivo basado en los bienes comunes, como en la obra del economista Yann Moulier-Boutang, o en la negativa del capitalismo, en filósofos marxistas como Toni Negri o Karl Widerquist.

En la práctica, se producen superposiciones y sincretismos en la formulación de medidas reales. El mismo programa puede incluso evolucionar o retroceder en la línea entre mínimo y máximo. El Programa Bolsa Familia – PBF, resultante de la recolección de las subvenciones y beneficios más antiguos combinados con la extensión de la cobertura, se considera uno de los programas de ingresos mínimos más grandes y exitosos del mundo. Defensor de las políticas de transferencia directa durante tres décadas, Eduardo Suplicy lo vio como un punto de partida para la Renta Universal En este sentido, la Ley Básica de Ingresos de Ciudadanía (2005), propuesta por él, era la  evolución natural, pero el gobierno de Lula no la implementó y cayó en desuso. El entendimiento del gobierno del programa sufrió un retroceso con Dilma, quien, en 2008, declaró que el Programa de Aceleración del Crecimiento – PAC- debía ser la puerta de salida para el PBF. En otras palabras, el concepto rector que prevaleció fue un ingreso mínimo focalizado y transitorio, como un puente hacia el empleo formal. La discusión sobre el ingreso básico volvió a la máxima aceleración con la propuesta del actual ministro Paulo Guedes de reunir Bolsa Familia y ayuda de emergencia, en Renda Brasil. Más que los planes contables y de oficina, las luchas en torno a esta propuesta definirán el concepto, el diseño institucional y el valor. Estas son preguntas abiertas que marcan la diferencia.

IHU On-Line: ¿Cuál es el efecto del ingreso básico y el ingreso mínimo sobre las desigualdades y la redistribución del ingreso y cuál podría ser el efecto de un ingreso universal para enfrentar estos problemas?

Bruno Cava – Que la Bolsa Familia y el Benefício de Prestação Continuada – BPC- ha reducido la pobreza es un hecho probado por más de un estudio. Lo que no sucedió en paralelo fue una reducción en la desigualdad. La pirámide de distribución de ingresos se ha mantenido sin cambios en Brasil, a pesar de la transferencia de ingresos. En un país tan desigual, la Renta Universal debe ir acompañado de estrategias tributarias. Al declarar el impuesto sobre la renta, se puede definir una tasa de reembolso proporcional al ingreso total de la persona (incluido el beneficio). Cuanto mayor sea el ingreso total, mayor será la fracción del beneficio que debe reembolsarse. La gran mayoría en la base no necesitaría devolver nada, manteniendo el carácter prácticamente universal de la transferencia; mientras que en la parte superior de la pirámide, el reembolso sería del 100%; y las capas intermedias se distribuirían en rangos de retorno porcentual entre 0 y 100%.

¿Por qué, en lugar de corregir los impuestos como expliqué anteriormente, el beneficio no se divide en bandas que ya están en la concesión, distinguiendo los segmentos? Primero, porque se crearía una división a priori, antes de calcular el ingreso realmente ganado por la persona en el año fiscal. Segundo, porque segmentar a los beneficiarios puede causar resentimiento, incluso por parte de quienes lo reciben, como si estuvieran recibiendo una ayuda vergonzosa. Este argumento que moraliza la política social es un arma retórica de los populistas que, con la gramática de los privilegios, han podido movilizar a los no beneficiados (incluidos X excluidos). Y tercero, como vemos en la ayuda de emergencia, es mucho más simple operar el programa con un valor único para todos los que reciben el beneficio. Por estas razones, es mejor otorgar la misma cantidad universalmente y luego ajustar retroactivamente a través del impuesto sobre la renta.

IHU On-Line: debido a la pandemia, el debate sobre la Renta Universal ha vuelto a escena. Algunos sugieren la Renta Universal como una alternativa para enfrentar las consecuencias de la pandemia, como el aumento de la pobreza, el desempleo y la crisis económica, mientras que otros sostienen que permitiría la posibilidad de constituir una nueva ciudadanía. ¿Cómo ves esta discusión? ¿Por qué razones sería importante establecer un ingreso universal hoy y qué tipo de ciudadanía permitiría?

Bruno Cava – Uno de los principales argumentos en contra de que la ayuda se vuelva permanente es que desalienta la producción. La premisa es que habría un sector productivo que organiza la fuerza laboral, mientras que la difusión del ingreso promueve la entropía, manteniendo la economía desorganizada. Esta es una visión superada por las transformaciones en el mundo del trabajo. Hoy el valor se concentra en la economía del conocimiento, en lo afectivo, en la movilidad y flexibilidad de los procesos productivos. La fábrica ya no es una unidad en la que el capital tiene que agrupar a los trabajadores, como principio de disciplina de la fuerza laboral. La fábrica se derramó fuera de las paredes, como una institución de producción difusa. Tengo en mente la lectura del neoliberalismo de Michel Foucault en 1979: más una gubernamentalidad que un programa de proletarización disciplinaria.

Es necesario evitar una confusión que mixtura la crítica de la actividad en sí con la crítica de las condiciones a las que se somete. El país tiene un inmenso poder productivo en los servicios, en la economía informal, en la cultura (en un sentido amplio, procesal y no sectorizado) y en el trabajo autónomo. Estas son actividades que generan valor, pero el trabajador está mal pagado, generalmente sin cobertura laboral y social. El margen para el trabajo libre es amplio, particularmente en la economía del cuidado o la reproducción social, donde la actividad a menudo ni siquiera se reconoce como trabajo.

 

EL CAMBIO ESTRUCTURAL NO SIGNIFICA EL FIN DEL TRABAJO

El cambio estructural en el trabajo que estamos experimentando no produce un escenario de fin del trabajo, como si hubiera un sector productivo esencial (trabajo productivo) y todo lo demás sería un sector superfluo, estético u ocio (improductivo), de modo que el capitalismo pasaría prescindir de una buena parte de la población mundial. Esta comprensión conduciría al concepto de un ingreso mínimo basado en la hipótesis del fin del empleo, de un desempleo estructural inevitable y naturalizado, como en el trabajo de Jeremy Rifkin. El punto es que la optimización de la eficiencia a través de sistemas colaborativos e integrados, lo que Rifkin llama el «internet de las cosas», no está reduciendo a cero el costo marginal, ya que la vida útil no es una variable infinitamente elástica.

En cambio, la modernización, la automatización y la digitalización del sistema productivo en realidad multiplican las formas de trabajo y reconfiguran la cartografía de las relaciones entre el tiempo pagado y el tiempo libre. Para tomar lecciones del período de cuarentena, la ingeniería digital, el trabajo autónomo del personal de entrega y la uberización de los servicios fueron tan esenciales como la fabricación física de alimentos. Estrictamente hablando, incluso la producción de alimentos involucra una compleja red de biotecnologías, investigación, patentes, algoritmos logísticos, lo que a su vez implica no solo una multitud de técnicos, sino también hábitos y habilidades de colaboración difundidos por el tejido de la sociedad.

Es en este sentido, una vez más, que la Renta Básica o Universal opera como un ajuste salarial necesario frente a la nueva configuración del trabajo, cuando la producción se basa en la fuerza general del conocimiento social y científico, lo que Marx llamó «General Intellect«. La Renta Universal es una contrapartida de la fracción del iceberg que está por debajo de la línea de remuneración, sin derecho a un salario.

IHU On-Line: ¿Qué criterios deberían usarse para definir una Renta Universal y cuál debería ser el valor de esta renta?

Bruno Cava: El criterio posible que más abarque, incluso con inmigrantes y población carcelaria. En cuanto al valor, la cantidad es calidad y determina la diferencia entre los programas a corto plazo destinados a aliviar las crisis o compensar las distorsiones, y un programa estructural, hasta los cambios en las formas de vida. Varios grupos académicos están discutiendo formas de hacer viable el ingreso universal y esta es una discusión fundamental. Destaco el esfuerzo para cerrar la brecha entre la academia y la arena pública de Marcelo Medeiros y Mónica de Bolle.

Hay una pregunta preliminar para el debate más técnico que es política. Si le preguntamos a la mayoría de los economistas y especialistas en enero si una ayuda de emergencia de R $ 600 sería factible, con el alcance con el que se otorgó, dirían que la cuenta no se cierra. Que sería impensable dentro de la estructura fiscal del país. El hecho es que llegó la pandemia y la ayuda de emergencia se impuso de una manera inusualmente unánime. La asistencia de emergencia en nuestra situación, así como la Bolsa Familia al final del primer gobierno de Lula, en 2005-06, desempeñaron un papel de estabilización política

 

ECONOMÍA COMO CONTABILIDAD X ECONOMÍA COMO POLÍTICA

Y es aquí donde la economía se entiende como la contabilidad termina y comienza la economía política. El nivel de los salarios es una variable eminentemente política y encarna antagonismos poderosos. La base de la macroeconomía en Keynes, un liberal heterodoxo, se debió en gran medida a la rigidez de la variable salarial. Después de todo, no existe un punto natural de convergencia en el pacto entre empleados y empleadores que no esté dado por una relación subyacente de fuerzas, ya que no existe una justicia proporcional inscrita en el orden de las cosas (como le gustaría a Aristóteles).

En un período de crisis política y económica, con la quiebra de la Bolsa de Nueva York en 1929, ante el doble avance del fascismo y el stalinismo, la escuela keynesiana más política propuso reformar el sistema mediante la introducción del salario social. La cuestión del ingreso se convirtió en una variable de ajuste más política que económica. En otras palabras, un sistema de bienestar que se agrega al ingreso laboral a través de instituciones y servicios públicos. La conquista del bienestar fue producto de las luchas del efervescente sindicalismo estadounidense, que culminó en los diseños institucionales del New Deal de la década de 1930, con reformas fiscales y monetarias del sistema de protección social.

 

NUEVO AJUSTE SALARIAL

Hoy, inmersos en las crisis del siglo XXI, ante los peligros autoritarios que plantean los neopopulistas, necesitamos tener la visión política para proponer una nueva configuración del salario. En lugar de reaccionar a una agenda negativa, necesitamos repensar, reformular y reconstruir. La Renta Universal cae dentro de este marco estratégico más amplio, como un punto focal para una agenda de política de constructivismo institucional. El quantum dependerá de las luchas, de la capacidad de construir contrapoderes sociales.

Solo con las luchas se puede escapar de un diseño de ingresos que promete que todo debe cambiar para que todo permanezca como está, uno de los riesgos de esta posible captura de la agenda por parte de un gobierno populista. Para evitar esto, siempre debemos tener en cuenta que el ingreso futuro no debe ser el resultado del ajuste de las variables. Es la RENTA la que precisa ser afirmada políticamente como la variable de ajuste para el resto de la economía. Si partimos del principio de economía política (liberal o marxista) de que el trabajo es la primera condición en la generación de valor, entonces un nuevo tipo de salario debe ser la matriz para el futuro de la organización de la sociedad.

Para no dejar de ofrecer un panorama táctico: lo mejor sería una movilización para la perpetuación de la ayuda de emergencia, en la misma cantidad ya otorgada de R $ 600. En este primer momento, la ayuda coexistiría la escena con el PBF y el BPC, siempre que haya acumulación de beneficios. De ahí partirían las lineas evolutivas, posiblemente, como un refuerzo del valor orientado hacia los niños y adolescentes. Lo más importante es desencadenar un proceso de movilización social centrado en esta agenda emergente. Desde su interior, de la movilización, se constituirán los caminos hacia la Renta Universal.

IHU On-Line: ¿Qué tipo de implicaciones para el mundo del trabajo puede generar la institución de la Renta Universal para todos? ¿Podrían los trabajos ser necesariamente mejores y los trabajadores tendrían más poder de negociación o, por el contrario, podrían los trabajadores volverse aún más selectivos y aumentar las desigualdades de ingresos?

Bruno Cava – Uno de los argumentos contables contra la Renta Universal es que, al hacer que el precio de la mano de obra sea más caro, termina aumentando los costos a lo largo de toda la cadena de producción. En cierto sentido, esto es cierto. También es parte del efecto redistributivo o reorganizador de la Renta Universal, lo que implica alterar la composición de las hojas de cálculo de formación de precios desde adentro, a través de la variable salarial. Habrá procesos productivos que se beneficiarán y otros se verán perjudicados. El supuesto equilibrio anterior al programa se verá afectado. Es parte del proceso, porque en una crisis profunda, el reequilibrio no debe guiarse por la normalidad anterior, sino por una nueva normalidad.

Esto también significa que la lucha por la Renta Universal debe organizarse mundialmente, en una red transnacional de grupos, propuestas y programas. Cuando las clases trabajadoras fordistas del Norte desarrollado conquistaron instituciones de bienestar sólidas mediante una lucha activa, con sindicatos activos y derechos reconocidos, el contramovimiento de la reubicación productiva hacia el Tercer Mundo comenzó casi de inmediato. El fordismo keynesiano del primer mundo tuvo como telón de fondo el colonialismo y la explotación de los pueblos. Este desprecio por las minorías internas y externas fue la principal limitación de los programas similares al New Deal. En respuesta, las luchas antifordistas del ciclo de 1968 fueron luchas anticoloniales llevadas al punto más avanzado del sistema, al igual que hoy las grandes migraciones globales lo hacen reeditando las fracturas de la globalización neoliberal.

En el largo plazo, la Renta Universal debería ir extendiendose por varios países. De lo contrario, existe el riesgo de reensamblar cadenas de producción más productivas donde la deflación salarial es una ventaja competitiva. Esto sucedió, por ejemplo, con China después de las reformas económicas de Deng Xiaoping en la década de 1980, lo que desencadenó la larga marcha como fábrica mundial. Hoy, con la multitud de chinos constantemente inquietos y sublevados, con niveles insoportables de contaminación en las regiones más industrializadas, el gobierno chino ha diversificado su máquina de producción en el sudeste asiático y África oriental, que se han convertido en la «China de China».

IHU On-Line: ¿Cuáles son las diferencias y las consecuencias, para los trabajadores, de reclamar una Renta Universal para todas las personas y no un salario justo para todos?

Bruno Cava – Ninguno. La lucha por el ingreso es la lucha por los salarios, es decir, por mejores condiciones de vida y trabajo. Cada vez más, las formas de trabajo son inmediatamente formas de vida. Hay muchas críticas al neoliberalismo, incluso desde la izquierda, que están completamente fuera de lugar. Como si el neoliberalismo fuera sinónimo de flexibilidad y movilidad, una libertad perversa. Ahora, como diría Foucault, el neoliberalismo es gubernamentalidad. Es efectivo y ha ganado precisamente porque combina bien con flexibilidad y movilidad y no porque sea su creador.

Un deseo late en el corazón del neoliberalismo, que es su fuerza impulsora. Al observar a las nuevas generaciones, veremos que son mucho más fluidas. En lugar de su propio automóvil, llamarán a un Uber, en lugar de su propio hogar, Airbnb, compartirán una casa, encontrarán otros arreglos. Incluso las relaciones y las amistades se han fractalizado, el género y la sexualidad se han convertido en sitios de construcción permanentes, más que un edificio rígido.

En la sociedad fordista, cuyo ápice era el sueño americano del segundo período de posguerra, se buscaba un empleo formal, una carrera estable, un automóvil, una casa y una familia estructurada. Todo ese imaginario de la casa tranquila en los suburbios, con el autobús amarillo buscando al niño en casa. Este sueño se derrumbó no porque surgiera una nueva ideología, sino porque el deseo se trasladó a otras formas de vida, formando otros márgenes de libertad, así como de explotación, nuevos regímenes laborales y métricas de productividad social. Si llevamos esta reflexión crítica del fordismo al Sur global emergente, veremos que en nuestra historia económica nunca hemos sido fordistas, con la excepción de focos localizados de industrialización intensiva en el sur-sureste. El poder de la economía radica en cambiar la precariedad, los arreglos flexibles, las familias ad hoc, el emprendimiento creativo, siempre en condiciones difíciles de subsistencia. No es la romantización, sino el reconocimiento de la paradoja. Nuestro problema es que no hemos desarrollado un sistema de protección social que pueda hacer frente a esta realidad. La palabra «informal» en sí misma puede sugerir que el patrón deseado sería el empleo formal, como si hubiera un déficit constitutivo en la autonomía y líneas flexibles.

La Renta Universal valoriza y reconoce una realidad que ya existe, pero que se deja desprotegida. En el sentido emancipatorio, la lucha por la Renta Universal busca desarmar al neoliberalismo desde su maquinaria, sin subestimarlo como una simple perversión.

IHU On-Line – ¿Debería combinarse la Renta Universal con otros programas, como la garantía en el empleo?

Bruno Cava – En este momento, es importante separar las propuestas, o se corre el riesgo de llenarlas con chucherias. La lucha por el ingreso tiene el potencial de reunir a personas de las preferencias políticas y estados de ánimo ideológicos más diferentes.

Esa pretensión del pleno empleo al servicio del desarrollo del país parte de la premisa de que las personas estarían ociosas, sin trabajo, esperando la oportunidad de trabajar en una industria o en un sitio de construcción. A las personas no les falta qué hacer, lo que les falta son ingresos para poder hacer lo que podrían.

En los Estados Unidos, ese debate se desbordó en las primarias del Partido Demócrata. Los líderes de la Nueva Izquierda Populista, como Alexandria Ocasio-Cortez y Bernie Sanders, defendieron un Programa de Garantía de Empleo (Job Guarantee). Los partidarios de la teoría monetaria moderna (MMT) también vinculan su ruptura del paradigma macroeconómico con el papel centralizador del gobierno en la organización de la producción y la estimulación del empleo. Otro candidato, Andrew Yang, fue en la otra dirección y construyó toda su campaña en torno a una renta básica de US $ 1,000 para todos los ciudadanos estadounidenses mayores de edad (Freedom Dividend).

Todavía es difícil evaluar cómo la MMT se adaptaría al escenario brasileño, pero esta directriz en particular parece reverberar con los programas económicos del fordismo-keynesianismo, que es necesario planificar y organizar la producción a partir de instancias estatales, como una dirección política. Sería la reanudación de la posición de Roberto Simonsen en la Controversia de Planificación, que necesitaría ser repensada para las condiciones actuales. O podemos terminar equipando el museo de las viejas novedades, como en los años de Dilma o en las caricaturas más recientes de un Plan Marshall a la brasileña, que, dentro del gobierno de Bolsonaro, ya se presenta como una línea alternativa a la ortodoxia chicaguista de Paulo Guedes.

IHU On-Line: ¿Puede explicar su propuesta sobre la necesidad de una evolución de los sistemas de protección social, que pasarían de un modelo basado en el empleo formal a un modelo de flexibilidad y movilidad de las redes productivas?

Bruno Cava – El punto máximo del imaginario de la vitalidad y la alegría de la clase trabajadora ocurrió, en la década de 1950, con el Partido Comunista Italiano – PCI, bajo el liderazgo de Palmiro Togliatti. El PCI era el grupo socialista más grande en un país capitalista y dio un gran impulso a la visión de un estado nacional-popular, basado en la organización básica de la clase trabajadora. El hechizo se rompió, poco después, con las revueltas obreras de Piazza Statuto (Turín), en 1962, iniciando la fase operaista de las luchas en Italia. Una generación de migrantes de las regiones del sur del país se unió a una lucha orientada a rechazar el trabajo en las fábricas, para romper la columna vertebral del pleno empleo durante el período fordista.

En Brasil, hubo un proceso similar, en otras coordenadas, cuando, a fines de la década de 1970, los inmigrantes del Nordeste ayudaron a impulsar las huelgas del ABC [región industrial de São Paulo]. Allí, había una oposición al sindicalismo tradicional que no elogiaba el uso del overol, la idea getulista de alabar al buen trabajador. Por el contrario, fue una lucha de rechazo del trabajo fordista y la proletarización fabril, que manifestaba el deseo del trabajador de desgarrar el overol. Esta contradicción permanece hasta hoy día; mientras que una parte de la izquierda tiene un fetiche por el overol, un uniforme de trabajo, los trabajadores buscan calidad de vida más allá de la fábrica o el sitio de construcción. Cuando Keynes escribió acerca de cómo construir pirámides o cavar y tapar agujeros actuaría como un estímulo para el pleno empleo, probablemente estaba lejos de un sitio de construcción real.

En el Brasil de la redemocratización de la década de 1980, se extendieron las luchas de nuevo tipo, en la búsqueda de la autonomía, que el sociólogo Éder Sader describió con tanta precisión en el clásico «Cuando nuevos personajes entran en escena: experiencias, discursos y luchas de los trabajadores en el Gran São Paulo, 1970-80 «(1988). La autoconstrucción de viviendas populares, los esfuerzos conjuntos, el movimiento de mujeres y de la salud, todo esto indicó una línea de reconstrucción de la protección social bastante diferente de la prevista por la planificación estatal, por ejemplo, en el marco de las reformas básicas.

La movilización por el ingreso universal puede entenderse como una extensión de la autovalorización de la multitud, más allá de los planes de los líderes productivistas del Gran Gobierno (Big Government). Si pensamos la propuesta de la Renta Universal como una transformación sistémica, entonces ella es el eje de una reorganización de las instituciones y los servicios sociales. Sí, y de hecho esta reorganización ya está en marcha, de manera implícita.

 

UBERIZACIÓN

Tomemos la uberización como ejemplo. Una crítica vulgar del neoliberalismo se limitaría a criticar los regímenes de explotación laboral modulada, que se da a través de la desregulación y la subcontratación. Es cierto, en lo que respecta a la compresión de los derechos efectivos. Pero esta crítica se vuelve lírica, solo para aclarar lo obvio, si no explica por qué preferimos tomar un Uber a tomar un taxi, por qué los programas para optimizar los circuitos de oferta y demanda funcionan con tanta fuerza productiva (Amazon, Airbnb, Rappi, Tinder ) Y por qué la uberización logró disolver de una vez por todas el sueño de tener un automóvil privado, el emblema del fordismo. ¿Por qué tomamos un Uber, aunque no entraríamos en autos privados conducidos por extraños? Porque Uber es un protocolo confiable. La empresa ofrece credibilidad al usuario. Lo curioso es que el usuario no solo paga por el servicio, sino que es él quien trabaja para Uber en la acreditación de sus empleados. Evaluamos los controladores y reportamos problemas. Uber es una empresa virtual, con una aplicación relativamente simple.

Otro ejemplo son los «entregadores» que, en la pandemia, demostraron ser tan esenciales. En el pasado, era normal que cada establecimiento mantuviera sus propios «entregadores». Llevaban uniformes y, a veces, las bicicletas también eran proporcionadas por el jefe. Al solicitar la entrega desde ese lugar, conocíamos a las personas de entrega por su nombre. El modelo de negocio uberizado: ahora hay un grupo de proveedores que hace que la oferta esté disponible y las aplicaciones simplemente usan un algoritmo de eficiencia de asignación para conectar los puntos, entre establecimientos y consumidores. Nuevamente, nosotros somos los que evaluamos la eficiencia y la seguridad de las operaciones, retroalimentando el algoritmo.

Aquí vienen dos preguntas. ¿Cómo se organizarán los «entregadores»? No será en un sindicato de estilo fordista, como una lucha de categoría, porque no tienen una clase de empleadores contra los que luchar. ¿Quién es el jefe del empleador? Será necesario luchar también. Los repartidores quieren aumentar sus ingresos reapropiándose del valor social difuso (General Intellect) en el que están involucrados: servicio esencial de la sociedad en su conjunto.

IHU On-Line: Existe la crítica de que programas sociales como Bolsa Familia, a pesar de su contribución social, han favorecido enormemente al sector financiero. ¿Lo mismo puede ocurrir en relacion a la Renta Universal? ¿Cómo evitar esa consecuencia?

Bruno Cava – Esa crítica parte del principio que dice que el dinero sería atesorado, permitiéndole al banco prestarlo con intereses, multiplicando las ganancias sin una actividad real detrás de él. Es una premisa errónea incluso desde el punto de vista de los bancos privados, que necesitan que el dinero prestado tenga un rendimiento financiero en aplicaciones productivas, bajo el riesgo de aumentar únicamente el incumplimiento. Simplemente relanzar la liquidez en el mercado crediticio, después de una ganancia a corto plazo que no es más que una burbuja especulativa, no interesa al mercado bancario.

Si hay un favorecimiento debido a la masificación de programas sociales como el PBF o el BPC, fue el que promovió el desarrollo diferenciado de las regiones más pobres o distantes de los grandes centros. Además, el aumento del consumo local y regional favoreció a las entidades municipales, que recaudan impuestos de los circuitos comerciales. Parte de las transferencias directas retornan mediante impuestos sobre el consumo. Parte de ellos se convertirá en papel moneda y circulará en la economía informal, con un retorno tributario. En este caso, sin embargo, no está mal que no regrese, ya que los impuestos ni siquiera deberían ser una carga para los más vulnerables ni perturbar los circuitos de ingresos y producción. También está la cuestión adicional del efecto multiplicador social de las transferencias, como ya se estudió en los casos de PBF y BPC. Al promover la movilización productiva de las personas, el nivel de oferta de bienes y servicios aumenta a lo largo de la variable de tiempo, proporcionando un equilibrio en relación con la afluencia original.Con más ingresos, las personas evolucionan como factores reales de producción. El salario es una variable híbrida, tanto financiera como real, ya que está vinculada a la capacidad de una persona para vivir, trabajar y producir. Este es un argumento productivista para el ingreso, ya que la Renta Universal es un nuevo tipo de salario.

 

RIESGO DE INFLACIÓN

El mayor riesgo es aumentar la inflación. En respuesta a la crisis global de 2008, las políticas de ‘Quantitative Easing‘  (facilitación monetaria o, en traducción libre, Dinero Fácil) en el primer mundo multiplicaron la base monetaria por 10, 20, 60 veces, y no dieron lugar a una explosión de inflación ni tasa de interés. El funcionamiento de la macroeconomía no se comportó según los modelos tradicionales que correlacionan la oferta monetaria y los niveles de precios. El economista André Lara Resende ha escrito artículos educativos sobre cómo la teoría macroeconómica ha evolucionado hacia una relación más matizada entre la emisión de dinero y los niveles de precios.

Según la interpretación heterodoxa, la inflación se genera cuando el exceso de demanda agregada ejerce presión sobre la capacidad de producción instalada, al no aumentar la producción. Esto provoca una rotación falsa de dinero, que puede desequilibrar los precios. En un país con baja productividad y un historial de inflación inercial, el equilibrio monetario es una variable delicada.

La gran pregunta aquí es cómo medir esta productividad. ¿Qué cuenta como capacidad instalada? ¿Cómo interpretar y cuál es la métrica de lo que sería una situación keynesiana de pleno empleo? Ahí tendríamos que componer explicaciones macroeconómicas con discusiones sobre sociología del trabajo, teoría de la globalización y microeconomía. ¿Cómo mediríamos, por ejemplo, la economía de la atención o la promoción de la salud mental? Estas preguntas deben desarrollarse con investigación y análisis.

Para poner los pies en la tierra, diría que, a la luz del pasado latinoamericano de hiperinflación, es importante vigilar la transferencia de ingresos y la otra sobre la inflación, con posibles recalibraciones de los programas en la medida de sus efectos macroeconómicos. De la misma manera que el Banco Central opera bajo el régimen de metas de inflación.

IHU On-Line: ¿Cuáles son las posibilidades de financiar una Renta Universal?

Bruno Cava – El primer obstáculo es jurídico, ya que el marco consolidado de finanzas públicas en el país está estructurado sobre la noción de equilibrio fiscal. Una solución en otras circunstancias histórico-políticas sería crear un presupuesto paralelo, anclado en un fondo soberano de riqueza, tratando el gasto público con la renta como emisión primaria de dinero. Sería aprovechar los elementos teóricos del MMT, pero en lugar de un programa de empleo pleno neokeynesiano más tradicional, en el antiguo manual de programas de modernización dirigidos al capital nacional, establecer un programa de ingresos universales con inversión directa en las personas.

El problema con este enfoque es que haría eco con nuestro pasado de desorganización financiera y económica. En el momento de la dictadura, el gobierno desarrollista llegó a operar con tres presupuestos separados (fiscal, monetario y Banco do Brasil) y aún mantenía una hoja de cálculo para gastos extra presupuestarios. Se gastó en «recursos por definir» y el dinero se emitió a través de la cornucopia de la «cuenta de movimiento», que existe en un limbo monetario entre el BC y el BB. Teniendo esto en cuenta, conjeturar presupuestos paralelos y adoptar la teoría funcional de las finanzas públicas de crear dinero a través del gasto público (los famosos «recursos por definir») enfrentarán una justa resistencia teórica y política. Agréguese a esto, la herencia anterior a Plan Real lo que Lara Resende llamó «stress postraumático» debido a los desfalcos, los escándalos y los desequilibrios más recientes de los años de neodesarrollismo del gobierno de Dilma.

El camino más factible parece ser una reforma fiscal asociada con una nueva gestión de los pasivos del gobierno consolidado, contando los ingresos como impuestos negativos, en los términos neoliberales de Milton Friedman. Considerando la división constitucional de funciones entre el Banco Central y el Tesoro, el primero con la gestión de los pasivos monetarios (reservas) y el segundo con los pasivos fiscales (bonos), será necesario coordinar las instituciones de manera democrática, sin recurrir al centralismo de los zares económicos. La idea no funcionará si tenemos un Delfim Netto da Renda Universal, según los neopopulismos nacionalistas. El programa debe ser plural e inclusivo, con horizontes ampliados en tiempo y espacio, y en sintonía con las nuevas luchas del trabajo contemporáneo.

IHU On-Line: ¿Quieres agregar algo?

Bruno Cava – Si la macroeconomía mundial se puso de cabeza, con las políticas de flexibilización monetaria después de la crisis de 2008 y, en el caso de 1929, con el New Deal y el keynesianismo, ¿por qué no tendríamos la imaginación para reinventarla en otro sentido? No debemos quedarnos empantanados en las categorías y conceptos del  pasado. Las teorías son herramientas, los autores de ellas nos acompañan, pero no debemos ser guiados por ellas. En una gran crisis, la inteligencia puesta en marcha por las luchas es la forma de reabrir la historia.

 

Traducción del portugués: Santiago de Arcos-Halyburton

 

Bruno Cava es graduado en Ingenieria por el Instituto Tecnológico de Aeronáutica – ITA y en Derecho por la Universidade do Estado do Rio de Janeiro – UERJ, por la cual tambien tiene una maestría en Filosofía del Derecho, ofrece cursos libres presenciales y online en el canal Horazul (Youtube). Autor de varios libros, como «A multidão foi ao deserto» (Annablume, 2013) y, con Alexandre Mendes, «A constituição do comum» (2017).  EL proximo semestre, en conjunto con Giuseppe Cocco, lanzará el libro «A vida da moeda; crédito, imagens, confiança«, por editorial Mauad.

 

La única manera de salvar la educación superior es hacerla gratuita

Por Claire Bond Potter

La universidad era ya un castillo de naipes. Y entonces, llegó el coronavirus

En enero del 2020, cuando estaba en New Hampshire haciendo campaña por Elizabeth Warren, un organizador de campaña me instó a explicar a los votantes por qué la apoyaba. Para mí, era una pregunta fácil. “Como profesor universitario –dije cuando alguien respondía a la puerta– creo que la educación superior es un castillo de naipes, porque los americanos no van a fijar impuestos para apoyarla”.

No era consciente de cuán acertado estaba, o de con qué rapidez se corroborarían mis palabras.

Dos meses más tarde, el Covid-19 cerró las universidades americanas, y los naipes se desmoronaron. Los millones de dólares reembolsados en concepto de alojamiento y alimentación crearon enormes brechas presupuestarias. Y la crisis no se ha acabado, sobre todo si los alumnos no vuelven en otoño. En los Estados Unidos, las tasas universitarias representan, de media, un cuarto del presupuesto de las universidades públicas, y sobre un 35% de las privadas. Para algunas, es mucho más.

Esta crisis pone en evidencia el injusto e insostenible hecho de que la educación superior sobrevive gracias a unas tasas de matrícula cada vez más altas, y en el futuro, lo más posible es que se apoyen incluso más en los estudiantes y sus familias para sobrevivir. La franca conversación que Bernie Sanders y la senadora Elizabett Warren pusieron sobre la mesa en las primarias se ha convertido, ahora, en una crisis. Necesitamos cambiar urgentemente la manera en que financiamos la universidad, y debemos partir eliminando la carga que suponen las tasas universitarias para las familias de clase trabajadora.

¿Será la universidad gratis bajo el mandato de un presidente demócrata? Seguramente no. Pero podemos reducir significativamente su precio, si consideramos la educación como parte de un New Deal económico. Eso implica más que el mero hecho de hacer la universidad gratis o más barata para la mayoría de estudiantes: significa reconsiderar el lugar que ocupa la educación superior en nuestra sociedad.

Financiar las tasas mediante impuestos funciona en otros países. En 2014, Alemania abolió las tasas universitarias para todos los estudiantes de la Unión Europea. Irlanda, Francia, Noruega, Suecia y Dinamarca no imponen tasas para los estudiantes de la Unión Europea, y ofrecen préstamos a bajo interés para cubrir otros gastos universitarios: en Suecia, a un interés de sólo 0,13%. En Australia y Reino Unido, las tasas públicas cuestan la mitad que lo que lo pagan los americanos, y en Israel, una décima parte. En Australia, los estudiantes devuelven los préstamos en base a un porcentaje de sus ingresos una vez alcanzan un umbral de ingresos digno.

Los Estados Unidos también financiaban la educación como un bien público. En 1888, el College of William & Mary, en Williamsburg, Virginia, empezó a anular las tasas a cambio de dos años de docencia en las escuelas públicas de Virginia. Las universidades land-grant [1] establecidas después de la Guerra Civil fueron gratuitas por décadas, y tuvieron un bajo coste hasta los años ochenta. La Universidad de la Ciudad de Nueva York fue gratuita hasta 1976. Stanford fue gratuita para los residentes de California durante 30 años, después de que abriera sus puertas en 1891.

Así pues, las tasas universitarias fueron una decisión política; una decisión política puesta en marcha por políticos a nivel local, estatal y federal a medida que los votantes insistían en la idea de reducir impuestos a lo largo de los años sesenta y setenta. California lideró el cambio. Como gobernador entre 1967 y 1975, Ronald Reagan acabó con la enseñanza gratuita en la Universidad de California, recortando la financiación de la educación superior en un 20% y declarando que los contribuyentes no tenían por qué “subvencionar la curiosidad intelectual”. Como presidente, Reagan impuso esta política a nivel nacional, liderando así el cambio hacia el modelo actual, basado en tasas y créditos estudiantiles.

Las universidades públicas fueron las más afectadas. Entre 1987 y 2012, la financiación pública cayó entre un 25 y un 30%. Y los recortes continúan: el año pasado, Alaska recortó su presupuesto de educación superior en 135 millones de dólares, más de lo que cuesta mantener tres campus.

A nivel nacional, las tasas subieron de 1980 a 2014 un 260%, más del doble que otros gastos de consumo. Al pasar a financiar los créditos estudiantiles, las políticas federales apoyaron un sistema de ingresos basado en las tasas; en 2013, los créditos sumaban ya más de la mitad de los 75 mil millones de dólares del presupuesto en educación superior. Menos de 3,8 mil millones de dólares fueron destinados a financiar infraestructura educativa, la mayoría de los cuales eran obligaciones federales hacia universidades históricamente afroamericanas y amerindias.

En 2009, la administración Obama expandió las becas Pell para los estudiantes más pobres, mitigando así los efectos de los recortes estatales. Pero dejó el modelo de tasas intacto y fracasó a la hora de convertir la educación superior en un objetivo de inversión en infraestructura, o en un bien público a la altura de la sanidad, el cuidado de niños, la seguridad social o la defensa nacional.

La universidad es, más que nunca, la puerta de entrada a la clase media. Por lo tanto, los americanos han seguido pagando por ella (haciendo uso de sus salarios, sus ahorros y de préstamos), hasta que han llegado al límite.

Los críticos señalan al despilfarro, al gasto en lujos o a la hipertrofia administrativa como el problema, sugiriendo por lo tanto que las universidades pueden, simplemente, reequilibrar sus presupuestos. Pero la verdad es más compleja. A medida que alimentamos la bestia de las tasas con dinero federal, los gobiernos estatales saquean los presupuestos en educación aún más, aumentan las tasas y recortan su apoyo a infraestructuras como bibliotecas o la tecnología. El siempre pospuesto mantenimiento de edificios, especialmente en las estructuras más antiguas, ha llegado a un punto crítico en muchos campus.

¿Y qué pasa con las dotaciones financieras de las universidades? De nuevo, no es tan sencillo. Tales fondos están reservados. Tal y como el presidente de Yale, Peter Salovey, lo expresa, estos fondos no están pensados para ser “ahorros para tiempos de necesidad”. Estos fondos mantienen los edificios abiertos, pagan la facultad y financian (lo has adivinado) las tasas. Cerca del 22% del presupuesto de una universidad privada proviene de ingresos relativos a estas dotaciones. Pero entre las escuelas mostradas en la clasificación de U.S. News & World Report, la dotación media es de 65,1 millones de dólares. Diez universidades tienen dotaciones de menos de 1 millón.

Incluso antes de que llegara el coronavirus, la educación superior estaba entrando en una crisis financiera. Las consultoras pueden decirte qué probabilidad hay de que cierta universidad sobreviva, o en su caso, de que se fusione con otra institución, antes de que tu hijo se gradúe. En 2019, hasta que intervino un grupo de abogados, una compañía planeaba publicar una lista de 946 instituciones rayando en la insolvencia. Antioch, Hampshire, Sweet Briar y Bennett evitaron por poco su desaparición, pero entre 2016 y 2020 más de 60 universidades no la han podido evitar. Cinco más se han rendido en los últimos tres meses.

La crisis del coronavirus, simplemente, acelerará la implosión de la educación superior. La Universidad de Maryland estima sus pérdidas en 80 millones de dólares, el sistema del Estado de California, en más de 337 millones, y la Universidad de Michigan en casi mil millones de dólares. Según ciertas estimaciones, los 14 mil millones dedicados a la educación superior mediante la CARES Act se quedan cortos (respecto a las necesidades reales de las universidades) en por lo menos 46,6 mil millones, y si se toman en cuenta las pérdidas estimadas en términos de menores ingresos por tasas en otoño, estaríamos hablando ya de cientos de miles de millones. Simultáneamente, los legisladores estatales están recortando de nuevo el gasto en educación por tal de reducir el creciente déficit estatal.

Los ingresos no provenientes de tasas –hospitales de investigación, contratos de televisión con la NCAA, institutos de verano, servicios de conferencias, campos de deporte– se han marchitado a lo largo de los últimos meses. Lo mismo ha sucedido con las tasas pagadas desde el extranjero. Los estudiantes extranjeros, ya intimidados por las políticas migratorias de la administración Trump, están aún más disuadidos por el Covid-19.

Y si las universidades están en apuros, los estudiantes y sus familias están aún peor. El modelo de tasas ha puesto de rodillas a los estudiantes de clase media y de familias menos privilegiadas mucho antes del Covid-19. Para la mayoría, es imposible ahorrar lo suficiente para la universidad, por lo que contratan préstamos; no pueden vivir  sólo con tales préstamos, por lo que trabajan. Hago clase a adolescentes que se duermen después de haber estado trabajando en el turno de noche en un trabajo con el sueldo mínimo. Un estudiante de grado que trabajaba en tres plataformas, a menudo estaba ausente y tenía hambre. “Nunca había trabajado tan duro siendo económicamente tan inseguro” dijo el estudiante, avergonzado y entre sollozos.

El modelo de tasas está quitando la  comida de la boca de los estudiantes. Cuando los estudiantes perdieron sus trabajos debido al Covid-19, las universidades devinieron organismos de socorro, pagando millones por comida y alquileres. Al tener que distribuir puntos de acceso wifi sin cable para permitir la educación a distancia, nos dimos cuenta de cuántos estudiantes no tenían tecnología suficiente, más allá de sus teléfonos móviles. Nos dimos cuenta que muchos de ellos no tenían dinero para ir a casa, y en algunos casos, no tenían casa.

La ironía es que sabemos cómo hacer todo esto porque la educación superior ya es un organismo de socorro. Bajo condiciones normales, casi la mitad de los estudiantes sufren inseguridad alimentaria, y un 22% están habitualmente hambrientos; un 64% sufren inseguridad respecto a la vivienda, y un 15% no tienen un hogar (casi un 20% en California). Mi propia universidad tiene un departamento llamado Apoyo al Estudiantado y Gestión de Crisis. La financiación de bancos de comida, de préstamos de emergencia para vivienda o el subsidio de atención médica y psiquiátrica son ahora, en muchos campus, partidas habituales a las que se destinan las tasas ingresadas.

Se insta a las familias a comparar sus opciones favoritas para la universidad. Pero desde 1970, cuando Elizabeth Warren pagó 50 dólares por su último semestre en una universidad pública, las tasas se han convertido en algo tan complicado como los seguros sanitarios o las tarjetas de crédito. Se hace difícil, incluso, saber cuánto cuesta. En 2018, un 84% de estudiantes de grado americanos en universidades públicas, y un 90% en universidades privadas, obtuvieron descuentos de tasas. Pero eso no permite a los estudiantes o a sus familias a planear nada: la ayuda financiera se vuelve a calcular cada año, a medida que las tasas aumentan y que las instituciones reevalúan la capacidad de pago de las familias.

Por lo tanto, contratan más préstamos. En 2019, los estudiantes, sus padres y sus abuelos debían ya más de 1,5 billones de dólares en préstamos.

Estos préstamos (tan fáciles de contratar pero tan difíciles de entender y de devolver) ocultan el hecho de que, más allá de cuánta ayuda financiera esté disponible, la mayoría de los estudiantes no pueden pagar las tasas. Casi la mitad de las universidades son sólo asequibles para familias cuyos ingresos superen los 160 mil dólares, un 35% para aquellos estudiantes cuyas familias ganan más de 100 mil dólares. Imaginad a una familia haciendo cuentas para eso mientras sufre económicamente lo que puede ser la mayor crisis financiera desde la Gran Depresión.

Así pues, ¿qué debería cambiar? Para empezar, las universidades públicas deberían ser realmente públicas, no deberían cobrar tasas: las privadas, un recurso crucial y de largo recorrido, deberían ser rebajadas por el coste de la educación pública. Los préstamos federales deberían ser generosos, sin intereses y perdonables a cambio, quizás, de servicio nacional. Parafraseando a mi amigo e historiador Jesse Lemisch, necesitamos un New Deal federal para la educación superior, apoyado por dinero proveniente de impuestos, que permita acabar con las asfixiantes tasas que tienen que soportar las familias americanas.

Pero solventar los costes de la universidad no se limita a reducir las tasas. También se trata de encontrar la manera de hacer la educación superior financieramente sostenible. Para ello, el primer paso es reconocer que los gastos educativos como la comida, la vivienda, los salarios, la atención sanitaria, la tecnología, las bibliotecas o las pensiones (así como la enseñanza), están estrechamente vinculados al conjunto de la economía.

Cada plan económico de la plataforma demócrata Joe Biden 2020 debería estar vinculado a políticas relativas a la educación superior, y tales propuestas de políticas públicas deberían ser evaluadas en base a su utilidad para rendir la educación superior más asequible para los estudiantes así como para las instituciones mismas. Un sistema sanitario nacional, una reforma robusta de la Seguridad Social, inversión en infraestructura, vivienda asequible o ingresos mínimos básicos pueden tener un impacto positivo en la carga que supone ahora mismo la educación superior para las familias de clase trabajadora. Tales medidas crean condiciones de vida dignas y sanas para los estudiantes. Liberan a las universidades de tener que pagar el coste de la atención sanitaria y de las pensiones de sus empleados. Y ayudan a crear trabajos a tiempo completo, y de buena calidad.

El Covid-19 nos ha puesto sobre la mesa una elección inesperada: aprovechar la crisis cómo oportunidad para llevar a cabo reformas realistas y multinivel. Por encima de todo, debemos restaurar la educación superior como derecho humano. Eso dependerá en mucho más que en hacer que la universidad sea gratuita: dependerá en recordarnos a nosotros mismos que necesitamos pagar impuestos para el bien público.

[1] Nota de Traducción: Las universidades land-grant (o land-grant universities) son instituciones de educación superior creadas por varios Estados americanos para recibir los beneficios de la Morrill Land-Grant Colleges Act (1862 y 1890), por la cual el gobierno federal se comprometía a donar terrenos de propiedad federal a los Estados si estos usaban tales terrenos para instituir instituciones de educación superior.

es profesor de historia en la New School y co-editor ejecutivo de Public Seminar. Su twitter es @TenuredRadical

Fuente:

https://www.nytimes.com/2020/06/05/opinion/sunday/free-college-tuition-coronavirus.html

Traducción:Oscar Planells / sinpermiso.info

Digitalización, política e inteligencia artificial

¿Qué futuro podemos esperar?

Por Enzo Giraldi

La digitalización, junto con la «etapa superior» de la inteligencia artificial, anticipa fuertes transformaciones en todas las dimensiones de las relaciones sociales, con impactos en la política que aún no podemos perfilar con precisión. No obstante, ya pueden verse algunos efectos de la «psicopolítica digital» y del control y procesamiento de enormes volúmenes de datos para anticipar el comportamiento humano, maximizar ganancias y perfeccionar la penetración y el control de los mercados, en el marco de una «razón tecnoliberal» en expansión.

Las revoluciones políticas más importantes se están produciendo en los laboratorios y las empresas tecnológicas. Allí se está decidiendo si el futuro va a estar en nuestras manos y de qué modo. Daniel Innerarity1

Introducción

¿Qué tipo de liderazgo demandará una realidad que se articula cada vez más por consensos que se establecen en las redes? ¿Cómo se construirá lo común, esa amalgama de prioridades, propósitos e intereses que hacen posible la sociedad, en la era de la individuación? ¿Cómo se tomarán decisiones en una realidad signada por la instantaneidad del touch en una pantalla? Las herramientas digitales se expandieron a todos los órdenes existenciales y crearon una cotidianeidad reticular en la que la comunicación fluye arrebatadamente. Los líderes políticos decidirán presionados por la inmediatez, abrumados por una sobreinformación saturada de un barullo que no da tregua para el ejercicio introspectivo.

La digitalización de la vida va a impactar en todas las dimensiones de las relaciones sociales. Solo a modo de ejemplo: ¿cuál será el futuro de la democracia o, de modo más simple, cómo ejerceremos nuestro elemental derecho a decidir libremente si, como se anuncia, la combinación de desarrollos de inteligencia artificial y de biotecnología no solo permitirá interpretar la información que surge de nuestra vida cotidiana, privada, sino también manipular nuestras emociones y comportamientos?

La era digital

La velocidad, extensión e intensidad que exhibe la dinámica de innovación tecnológica están modificando la naturaleza y los patrones que guían las relaciones sociales. Ese masivo proceso de digitalización de información sobre las personas devino en la construcción de una «infoesfera», imponente caja de resonancia que mezcla y reconfigura constantemente las ideas, las emociones y los impulsos emitidos por un número infinito de usuarios en la red.

A este proceso se están incorporando progresivamente desarrollos de inteligencia artificial que están llamados a profundizar y complejizar los cambios en marcha. Son herramientas que procesan información mediante algoritmos, en cantidades y a una velocidad que exceden la capacidad del cerebro humano. La inteligencia artificial lleva consigo la posibilidad del autoaprendizaje, es decir, la capacidad de los algoritmos de incorporar permanentemente nueva información y perfeccionar automáticamente sus recursos para analizarla, lo que permite a las máquinas generar su propio capital cognitivo. El concepto de singularidad, aplicado en el ámbito de la tecnología, hace referencia a este momento, que deviene en crucial instancia en la que las máquinas podrían alcanzar una inteligencia igual o superior a la del ser humano. Es decir, se trata de máquinas (computadoras, robots, softwares) capaces de aprender por sí solas y de mejorarse a sí mismas, susceptibles de inaugurar un inédito proceso de creación de inteligencia. La magnitud de este proceso ha motivado a Henry Kissinger, uno de los más importantes arquitectos del orden mundial del siglo pasado, a expresar lo siguiente:

La tecnología moderna plantea desafíos para el orden y la estabilidad mundial que carecen de todo precedente (…). Personalmente, creo que lo que trae aparejado la inteligencia artificial es crucial (…). Que nuestras propias creaciones posean una capacidad de análisis superior a la nuestra es un problema que deberemos resolver.2

La capacidad de autoaprendizaje aún no es conceptual, sino que se produce en términos de resultados matemáticos, mediante ajustes que van rediseñando los algoritmos. Estos, como representación matemática de la información, no reconocen el contexto ni la perspectiva histórica, de allí que sus resultados deriven de un procedimiento de procesamiento de datos que se concreta en función de los objetivos e intereses del programador.

Capitalismo y vigilancia

La sociedad en red hace que la comunicación fluya de manera incesante, diseminando las huellas de la vida de las personas por el tejido tecnológico. La exposición pública y la vida privada pueden ser grabadas y recopiladas como datos, que pueden ser interpretados y grabados para influir sobre los deseos, aspiraciones y necesidades. La manipulación de grandes volúmenes de datos (big data) pone en marcha una lógica de acumulación que tiene por finalidad la predicción del comportamiento humano para maximizar ganancias y perfeccionar la penetración y el control de los mercados. La información sobre y de las personas deviene en insumo estratégico para la creación de riqueza y de poder. La tecnología de poder que se deriva de esta nueva lógica de acumulación monetiza la intimidad y prioriza, por sobre la propiedad de los medios de producción, la de los medios de manipulación de comportamientos3. Así, cuanta más información sobre una persona se dispone, más posibilidades existen para influir sobre ella. Puntualiza Shoshana Zuboff:

El asalto sobre los datos acerca del comportamiento en el día a día de las personas es tan amplio que las dudas ya no se pueden circunscribir al concepto de privacidad y a sus efectos. Ahora estamos ante otro tipo de desafíos, que amenazan las bases mismas del orden liberal-moderno. Son retos que impactan sobre la integridad política de las sociedades y el futuro de la democracia.4Los algoritmos pueden identificar los miedos, deseos y necesidades, y esa información se puede utilizar en contra de los usuarios. El uso abusivo de estos dispositivos de vigilancia y manipulación podría hacer inviable la democracia representativa y crear una «dictadura informacional»5. En este sentido, Daniel Innerarity precisa:

Los tres elementos que modificarán la política de este siglo son los sistemas cada vez más inteligentes, una tecnología más integrada y una sociedad más cuantificada (…) La gran cuestión hoy es decidir si nuestras vidas deben estar controladas por poderosas máquinas digitales y en qué medida, cómo articular los beneficios de la robotización, automatización y digitalización con aquellos principios de autogobierno que constituyen el núcleo normativo de la organización democrática de las sociedades.6

¿Qué pasará cuando, en pocos años, el cruce entre herramientas de la inteligencia artificial y de la biotecnología abra las puertas a formas aún más novedosas, por lo intrusivas y sofisticadas, de control social? Yuval Harari advierte sobre esta distopía: «El auge de la inteligencia artificial podría eliminar el valor económico o político de la mayoría de los humanos. Al mismo tiempo, las mejoras en biotecnología tal vez posibiliten que la desigualdad económica se traduzca en desigualdad biológica»7.

Aplicar recursos de la inteligencia artificial producirá otro efecto llamado a generar reacciones sociales y políticas: el creciente desempleo por el reemplazo de la mano de obra tradicional. Estas tecnologías trastocarán la relación entre capital y trabajo en las economías de todo el mundo. Aun cuando generen nuevos empleos, se prevé que lo harán en una proporción mucho menor a la de los que destruirán.

Psicopolítica digital

La construcción tecnológica de la personalidad estandariza al ser humano, lo aleja de lo imprevisible, lo sistematiza y codifica, pautando las reacciones, reconfigurando las creencias y afectando el libre ejercicio del juicio personal, instancia germinal e indispensable para el acto político. El espacio de lo político se reduce y los márgenes para el ejercicio de liderazgo se comprimen. El ser digital funge, esencialmente, como un ser individual, protagonista de asociaciones fugaces e inestables. Es el sujeto de una dinámica de atomización social que desmonta el sentido abarcador de lo público. La organización reticular fragmenta el espacio de participación política y conspira contra la gestación de dinámicas de consenso sobre intereses colectivos. La segmentación del público favorece la asociación de voluntades en torno de objetivos parciales, de nicho. De esa manera, las prioridades se alejan de lo común y se sitúan en el plano de lo grupal, temporario y superficial.

El medio digital sumerge al líder político en una realidad sin privacidad, en la sociedad de la comunicación y de la visibilidad-transparencia. Lo expone, lo hace visible. La visibilidad es el resultado natural de las interacciones en la red y la búsqueda de transparencia es una premisa que el ciudadano digital ha interiorizado como fetiche pero que, en el extremo de un ideal absoluto, afecta la toma de decisiones. La excesiva exposición puede atrofiar u oprimir la voluntad del decisor, nublar sus convicciones y debilitar su predisposición a exponer sus creencias. Esta exposición pone en entredicho entonces al líder y al decisor, pone en cuestión la determinación del conductor, afectando una dimensión estratégica de la política. Como señala Byung-Chul Han: «El imperativo de la transparencia sirve sobre todo para desnudar a los políticos, para desenmascararlos, para convertirlos en objeto de escándalo. La reivindicación de la transparencia presupone un espectador que se escandaliza»8.

El ritmo de comunicación constante, espontáneo e inestable descompone las ideas en opiniones, lo que resta densidad a la elaboración ideológica. Debilita la necesidad de asociación y construye retraimiento. Desaparece la idea de conjunto. Éric Sadin lo resume del siguiente modo: «La innovación digital modifica y modela el universo cognitivo, con lo que debilita la posibilidad de la acción política, entendida esta como la implicación voluntaria y libre de los individuos en la construcción del bien común»9. La subjetividad que construye la sociabilidad en red es autorreferencial. La representación autorreferencial es representación de sí mismo, es autorrepresentación que debilita la idea de comunidad y los sentimientos de empatía, que paraliza el sentido de adhesión, la disposición a la lealtad, necesarios para articular la representación. La crisis de representación es otra de las dimensiones estratégicas de la política que se ponen en cuestión. Son precisos, nuevamente, los términos de Han:Nos dirigimos a la época de la psicopolítica digital. Avanza desde una vigilancia pasiva hacia un control activo. Nos precipita a una crisis de la libertad con mayor alcance, pues ahora afecta a la misma voluntad libre. El big data es un instrumento psicopolítico muy eficiente que permite adquirir un conocimiento integral de la dinámica inherente a la sociedad de la comunicación. Se trata de un conocimiento de dominación que permite intervenir en la psique y condicionarla a un nivel prerreflexivo.10

Pulsión tecnototalizadora

Cuarta Revolución Industrial, Revolución Informacional, Revolución Digital: distintas nominaciones para describir el creciente poder global de un orden corporativo concentrado, protagonizado por un grupo de megaempresas que han alcanzado un nivel de influencia sistémico y están cambiando la escala del modelo global de negocios.

Empresas como las estadounidenses Google, Amazon, Facebook, Apple, Microsoft, Amazon, Tesla, Netflix, Airbnb y Uber o las chinas Baidu, Alibaba y Tencent impulsan un cambio de paradigma en el capitalismo global. Participan de un exclusivo club de gigantes ambiciosos, líderes en innovación, que están protagonizando un acelerado y certero proceso de acumulación de poder político, económico, cultural y logístico para erigirse en los creadores de un inédito «modelo industrial-civilizatorio»11.

Siete de las diez mayores empresas globales por capitalización bursátil en el mundo son monopolios tecnológicos. Por ejemplo, el valor bursátil de Microsoft alcanzó este año el billón de dólares, un monto que compite con el pib de México, la decimoquinta economía mundial. Para entrever el grado de influencia que han alcanzado estas empresas, sirve tomar como ejemplo Twitter, un servicio de mensajería por internet que, se calcula, hace circular unos 500 millones de intercambios por día. Si partimos de la premisa de que cada tuit contiene unas 20 palabras promedio, el volumen de contenidos que se publican en Twitter en un solo día equivale al que, se estima, produjo un diario tradicional de una gran ciudad, por ejemplo The New York Times, en 182 años.

Las grandes corporaciones tecnológicas se expanden poniendo bajo control nuevas áreas de la economía y utilizando recursos tecnológicos que optimizan las condiciones de conectividad y la velocidad de los procesadores. Se estima que las velocidades de cálculo se duplican cada 18 meses y que la conectividad se duplica a un ritmo apenas más lento. Estas megaempresas interpretan y ejecutan, en los hechos, una ideología universalizadora tecnoliberal que les sirve como argumento de legitimación. Postulan la razón tecnocientífica que presenta a la tecnología como la herramienta definitiva, aquella que resolverá los problemas pendientes del ser humano. La ontología tecnolibertaria consiste en descalificar la acción humana en beneficio de un ser computacional, que se juzga superior. La inteligencia artificial representa la mayor potencia política de la historia, ya que se la convoca a personificar una forma de superyó dotado en una presunción de verdad que orienta nuestras acciones, individuales y colectivas, hacia el mejor de los mundos posibles12.

La razón tecnoliberal da rienda suelta a un capitalismo precarizador, extremo, que a la vez que entroniza una cotidianeidad actuada por individuos sin identidad ni vínculos consolidados, disgrega las formas de organización y convivencia inherentes a la comunidad humana, vaciando de sentido las estructuras de solidaridad comunitarias, desde la familia hasta los sindicatos, la escuela, la universidad y, por último, el Estado.

Conclusiones

Los excesos del imperio de la conectividad inhiben las posibilidades de reflexión, la inmediatez provoca inseguridad y sesga la introspección. El desarrollo del conflicto político comienza a articularse en el plano de la información, a medida que se aleja del espacio físico, lo que expone al decisor político a la tentación de una respuesta simple, emocional y efectista. Los consensos que surgen de la sociedad en red recrean valores, referencias y símbolos que nacen de la búsqueda de asentimiento antes que de la meditación. Son resultados que no han sido tamizados por la experiencia ni la perspectiva histórica.

Si desde siempre el ejercicio del liderazgo necesitó del contexto y de la historia, y del conocimiento por encima de la información, hoy y cada vez más deberá lidiar con prácticas que ponen en juego estrategias de marketing y eslóganes previstos para obtener la aprobación inmediata. La omnipresencia de lo digital está destruyendo los tejidos de confianza que mantuvieron unido al conjunto social, pero a una velocidad tal que instituciones y decisores no se pueden adaptar; así, es poco lo que pueden hacer para repararlos. Estas dinámicas nos conducen a un futuro que estará signado por un andamiaje tecnológico con capacidades potencialmente absolutas que es preciso humanizar. Se trata de prestaciones que ponen en cuestión el tipo de organización social que las cobijará y que aún demandan un anclaje ético y un conjunto de postulados filosóficos que las rijan.

Nota: este texto integra el volumen Futuros: miradas desde las humanidades, coordinado por Andrés Kozel, Martín Bergel y Valeria Llobet, de próxima aparición en la colección Futuros (FUNINTEC / UNSAM Edita). Foto: Mike MacKenzie

  • 1.Enzo Girardi: es docente de la Maestría en Estudios Latinoamericanos del Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad Nacional de San Martín (unsam) y coordinador del grupo Cibersociedad, Ciberdefensa, Ciberseguridad, Protección de Datos Personales (c3pd) en esa misma universidad.Palabras claves: digitalización, inteligencia artificial, psicopolítica digital, razón tecnoliberal.Nota: este texto integra el volumen Futuros: miradas desde las humanidades, coordinado por Andrés Kozel, Martín Bergel y Valeria Llobet, de próxima aparición en la colección Futuros (funintec / unsam Edita).. «Lo digital es lo político» en La Vanguardia, 11/3/2019.
  • 2.Ver Allan Dafoe: «The ai Revolution and International Politics» en YouTube, 17/7/2017, www.youtube.com/watch?v=zef-mIkjhak. Para conocer con mayor detalle el pensamiento del ex-secretario de Estado norteamericano sobre la emergencia de la inteligencia artificial, v. H. Kissinger: Orden mundial, Debate, Buenos Aires, 2016.
  • 3.S. Zuboff: «Big Other: Surveillance Capitalism and the Prospects of an Information Civilization» en Journal of Information Technology vol. 30, 2015.
  • 4.S. Zuboff: «The Secrets of Surveillance Capitalism» en Franfurter Allgemeine, 5/3/2016.
  • 5.Martin Hilbert: «La democracia no está preparada para la era digital y está siendo destruida» en La Nación, 10/4/2017.
  • 6.D. Innerarity: ob. cit.
  • 7.Y. Harari: «Why Technology Favors Tyranny» en The Atlantic, 10/2018, p. 98.
  • 8.B.-C. Han: Psicopolítica, Herder, Barcelona, 2014, p. 11.
  • 9.É. Sadin: La silicolonización del mundo, Caja Negra, Buenos Aires, 2018, p. 96.
  • 10.B.-C. Han: ob. cit., p. 39.
  • 11.É. Sadin: ob. cit.
  • 12.Ibíd., p. 109.

Franco “Bifo” Berardi: “Estamos entrando en la época de la extinción”

Uno de los astros de la filosofía que no ha pedido tiempo añadido para reflexionar sobre las consecuencias del covid -ha firmado artículos y dado charlas en ‘streaming’ como la organizada por el Palau Macaya de la Fundació La Caixa– es el italiano Franco (Bifo) Berardi (Bolonia, 1949), un rebeldón que germinó en mayo del 68 y que llevaba tiempo avisando de que vivíamos en el interior del “cadáver del capitalismo” y no nos dábamos cuenta.

-¿Esta era la vía de salida del “cadáver”? ¿Una pandemia?
-Sí. Ha venido de una dimensión biológica, ha circulado por la órbita mediática y se ha insertado en la esfera psíquica, cambiando la perspectiva. Pero salir del ‘cadáver’ no es suficiente.

-¿Toca hacer limpieza?

-Toca inventar formas de sobrevivir que privilegien lo útil por encima de la acumulación del (abstracto) valor monetario. Pienso que salimos de la época en que la expansión era posible y deseable para una parte de la sociedad, y estamos entrando en la época de la extinción.

-¡No más malas noticias, por favor!
-Para perseguir la expansión, el capitalismo empezó a destrozar masivamente los recursos físicos del planeta y las energías nerviosas de los humanos. Puso las bases de la extinción. Cuando la depresión produzca efectos políticos de agresividad, enemistad y miedo, la extinción es probable.

-¿No hay vuelta de hoja?
-No, si no logramos permanecer en el exterior del ‘cadáver’, si aceptamos volver a la normalidad del mercado, del capitalismo, de la aceleración psicótica. La condición pandémica -sumada al cambio climático- es el momento de redefinir el horizonte de la economía, de la relación social, de la intimidad misma.

-¿Por dónde pasará la felicidad fuera de la idea de crecimiento?
-‘Felicidad’ y ‘crecimiento’ son términos incompatibles. Propongo que olvidemos palabras complicadas como ‘felicidad’. ¿Me permite reformular la pregunta?

-Adelante.
-La pregunta es: ¿por dónde pasará la satisfacción de las necesidades básicas de la comunidad?

-¿Y la respuesta?

-En lo que ya existe: en nuestro saber, tecnología y potencia de producción, pero enfocados al interés de todos. En los próximos meses –y años– nos veremos obligados a elegir entre una miseria creciente y la redistribución de la riqueza existente. Si una minoría explotadora pretende mantener sus privilegios, vendrán años de guerra civil en todos los lugares de la Tierra. ¿La manera de evitarlo? ¡La igualdad!

-¿Qué entiende por ‘igualdad’?
-No me refiero a la renuncia, sino a una percepción frugal del gozo y de la riqueza. ‘Riqueza’ es el placer de las cosas y de los acontecimientos, y sobre todo es el tiempo para gozar de lo que tenemos. La reconquista del tiempo –que paradójicamente ha posibilitado el covid– es crucial. Debemos de ser capaces de conjugar seguridad y sensualidad.

-Usted solía invitar a “reconocer el placer en el cuerpo del otro”. Y ya ve.
-Cuando pienso en el futuro, lo más difícil de imaginar es cómo percibiremos el cuerpo del otro en la calle, en el café, en la cama. Es probable que salgamos del distanciamiento social con un miedo instintivo al cuerpo del otro, a sus labios.

“Puede que la dimensión ‘on line’ nos recuerde a una época angustiosa y volvamos a la sensualidad”

-Como ocurrió en los años 80, con el sida.
-Fue una bomba psíquica, sí. Pero ahora puede también que se manifieste un poderoso movimiento de acercamiento y de sensualidad, porque la dimensión ‘on line’ se volverá un recuerdo de una época angustiosa, como un síntoma de la enfermedad. Aquí veo el germen de un verdadero movimiento cultural, estético y social.

-Afectos, trabajo, escuela y ocio, de momento, pasan por las pantallas.
-La pantalla es el lugar de la seguridad, pero es también el lugar de la anestesia, de la ablación de la sensualidad. ¿Podemos imaginar una humanidad que se libere definitivamente de la ternura física, de la seducción de los ojos, de los labios, de las manos que se tocan delicadamente?

-¿Puede usted?
-Yo no lo puedo imaginar, y punto. Si lo imagino, es la peor distopía: un mundo eficiente, exacto, perfectamente compatible con la matemática financiera, pero muerto. Me hundiría.

‘Colomba e corvo’, un collage de Bifo Berardi realizado durante el confinamiento.

-Cuando está hundido, pinta. ¿Qué motivo se ha repetido estos meses?
-Hay una imagen que vuelve en mi cabeza y en mis collages: el papa Francisco lanza dos palomas blancas para simbolizar el amor, la paz, la alianza con Dios. Un cuervo negro se acerca a la paloma y la devora. Yo soy ateo, pero cada vez que pinto esta imagen me digo que la casualidad da pie a fantasías estéticas aterradoras.

Fuente: El Periodico