Raúl Zibechi: «La resistencia y los Mundos Otros se ubican en la periferia»

Por Jaime Quintana Guerrero

En el libro «Mundos Otros y pueblos en movimiento. Debates sobre anti-colonialismo y transición en América Latina», el periodista y escritor uruguayo Raúl Zibechi propone una mirada social a las experiencias y luchas de América Latina; el papel del Estado y sus alianzas; del pensamiento crítico, de los pueblos originarios y de las resistencias, e invita a pensar en las renovadas y e innovadoras lecturas de una realidad.

En entrevista con Desinformémonos, Raúl Zibechi explica que “los pueblos originarios y su lucha anticolonial, junto con las mujeres y su lucha antipatriarcal, son dos movimientos o sujetos colectivosque han hecho entrar en crisis al pensamiento crítico de cuña eurocéntrica, ya sea marxista, anarquista, cristiana. Son colectividades que han mostrado un mundo nuevo, que no se va a construir después de la toma del poder, sino que ya existen en retazos pequeños de mundos otros”.

Los movimientos que gestan esos mundos nuevos, la resistencia, la lucha y la esperanza, asegura Zibechi, “siempre se ubicaron en la periferia”. Esos mundos donde los sectores populares tienen una fuerza importante en sus propios territorios, pueblos originarios, pero también negros, campesinos y periferias urbanas, “ya no esperan al mañana, ya existen hoy”.

Desde hace más de 30 años, Raúl Zibechi ha recorrido la América Latina insumisa. Es un viajero que acompaña movimientos y procesos sociales, así como educador popular y periodista, que forma parte del equipo de trabajo en Desinformémonos y en otros medios de comunicación.

Zibechi explica que su formación en los años 60 y 70 comenzó cual ferviente seguidor del marxismo-leninismo, que defendía la revolución, la toma del poder, la organizacion jerarquizada, la dirección con centralismo democrático y la conquista del poder. En ese tiempo era la puerta que abría el tránsito de un mundo nuevo a un mundo poscapitalista, socialista “o como se le quiera llamar”, hasta que “esa forma de ver el mundo entró en crisis”.

Era una crisis ideológica, aclara el periodista. “En principio pensaba que había entrado en crisis por el fracaso del socialismo real, pero luego me doy cuenta de que, además de eso, la irrupción de dos fuerzas sociales muy importantes, que son los pueblos indígenas y las mujeres, que esos mundos otros están tejidos, no con la producción de mercancías o valores de cambio, sino por la producción de valores de uso. Son básicamente un mundo de los cuidados, del sostenimiento y la reproducción de la vida”.

En Mundos Otros, Raúl Zibechi escribe que “uno de los obstáculos a superar en este proceso anticolonial era el propio concepto de movimientos sociales y de movimiento anti-sistémico, conceptos creados en contextos determinados”. Más adelante, Zibechi emplea el término de “sociedad en movimiento” para ubicar territorios y organizaciones territoriales, pero argumenta que las experiencias zapatista, kurda y de pueblos originarios en Latinoamérica lo llevaron al concepto de “pueblos en movimiento”, al que se suma el ingrediente de la autodeterminación.

Esos mundos, señala el escritor, “los encontramos en comunidades indígenas, en palenques, en espacios donde los sectores populares organizados recuperan territorios y van construyendo su vida en esos espacios, esos mundos no hegemonizados por el capital ni por el Estado ni por relaciones sociales patriarcales y coloniales capitalistas”.

Estados que mutan

Sin olvidar el papel del Estado y su desarrollo, Raúl Zibechi explica que éstos “han mutado radicalmente. Aunque no hay una fecha concreta de esa mutación, sí hay un periodo que podría llamarse periodo neoliberal, en los años 80 y 90, cuando los Estados se transforman bajo la hegemonía del capital financiero, pues antes el capital era básicamente un capital productivo, industrial”.

Explica que el Estado, en el periodo anterior, “contribuía a la formación de ciudadanos, el Estado-Nación, que defendía la soberanía nacional”. México, señala, es un ejemplo de ello, pues desde el Cardenismo, la soberanía nacional y la construcción de ciudadanos “es a través de la escuela, de los símbolos patrios y del trabajo”.

Fue un periodo en el cual “una familia podía llegar del campo a la ciudad, existía una fuerte migración interna, y a lo largo de una o dos generaciones podían tener una desarrollo ascendente. Llegaban a la ciudad como albañiles o mujeres que trabajaban en la limpieza, y después de un tiempo podían enviar a sus hijos o hijas a la Universidad. Eso fue una realidad en todo el mundo, y también en América Latina”.

Hoy en día, expone Zibechi, “la situación se han invertido, pues hoy la ciudadanía no tiene ningún valor y la soberanía nacional tampoco. Los Estados-Nación han sido secuestrados por ese uno por ciento que representa el capital financiero. El Estado ya no sirve más para crear ciudadanos ni para proteger a través de la salud, de brindar educación, de alentar la vida y la reproducción de las familias; sino que son parte del sistema de acumulación por robo, de acumulación por desposesión, como lo menciona el Ejercito Zapatista de Liberación Nacional, en el texto La Cuarta Guerra Mundial”.

Las formas en las que se traduce la guerra de despojo contra los pueblos se observa, agrega el periodista y acompañante, en el desplazamiento de comunidades enteras para convertir la naturaleza en mercancías. Esa política de capital, explica, “es apoyada y avalada por el Estado, en un proceso donde sus instrumentos, desde las fuerzas armadas y policiales hasta la justicia y un andamiaje institucional, facilitan el despojo, mercantilizando todo lo que puedan. Ahí es donde se encuentran las resistencias”.

“Ya no importa tanto quién esté en el gobierno, si es de derecha, izquierda, centro o lo que sea, porque la política y las acciones concretas se deciden en otro lugar, en los organismos financieros internacionales como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional o el Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones, que es un tribunal internacional de arbitraje al servicio del capital”, enfatiza Zibechi.

El proceso de secuestro del Estado por el capital financiero, como lo llama el autor, ha sido muy rápido, se produjo en muy poco tiempo, en un par de décadas. “Ya no depende a considerar que hay sectores o personas buenas dentro de esas institucionalidades, porque eso no cambia”, sentencia.

La resistencia en la periferia

Una de las cosas que ayudó a definir las periferias, expone Raúl Zibechi, fue estudiar a fondo el proceso de trabajo y resistencia en las fábricas de Uruguay y de las causas y el desarrollo de las rebeliones contra el sistema de explotación de la división social del trabajo, en lo que se llamó Fordismo y Taylorismo.

En este sistema de trabajo, explica, participaron “los obreros no calificados, la periferia de los obreros, y los obreros más calificados o una parte de ellos. Pero inicialmente esta periferia de obreros no calificados estaba en las secciones más ruidosas, más contaminadas en pintura, en aquellas secciones que implicaban una maquinaria terriblemente ruidosa, con frío en invierno y calor en verano. Ellos son los que se rebelaban. Esas rebeliones obreras no pasaban por los sindicatos, sino que los sindicatos las bloqueaban o intentaron bloquearlas, aunque en algunos casos hicieron un puente y a veces acompañaron esas luchas”.

Insiste en que existe una lectura en el movimiento obrero sobre “que el sindicato fue el centro de la lucha. Ha habido sindicatos muy buenos, pero siempre fue la base obrera y sobre todo los no calificados (periferia) en la industria los que tomaron la iniciativa”.

Ahora, explica Zibechi, son los pueblos originarios, los pueblos negros, campesinos y las periferias urbanas los centros de los movimientos, pero esto tampoco quiere decir que son todos los que participan en las luchas.

“Si uno mira con la lupa”, detalla el viajero y acompañante, “ve lo que existe en las comunidades, que algunos jóvenes y jóvenas toman la inciciativa y en el mejor de los casos consiguen arrastrar a buena parte de la comunidad, o a muchas comunidades en algunos momentos. Después viene la represión y lo que queda es un núcleo reducido, pero con convicciones muy firmes”.

Añade que son grupos no jerarquizados, que no responden a un aparato que funciona en el centralismo democrático, sino una organización de carácter comunitaria, con compromiso militante. “No hace falta estar en una organización jerarquizada para tener un firme compromiso con la vida, con la lucha y la resistencia. Además ellos tienen un diálogo con sectores más amplios, que cuando pueden se expresan”. Eso, resalta Zibechi, es el corazón.

“Las cosas funcionan en la vida con base en dos momentos: la expansión y la contracción. Cuando la represión es muy fuerte aparece la contracción y los pueblos se protegen, pero cuando hay condiciones se expanden. Sucede así en el invierno o en el verano con las plantas, con los animales, con la vida y con las luchas”, aclara el periodista.

“La vida son ciclos”, dice. “Eso es lo que pasa en las Juntas de Buen Gobierno, en Cherán u otras experiencias. Cuando la situación se pone muy dura, parece que las cosas se reducen al mínimo, pero luego vuelven. Lo digo para no desesperar, porque las cosas en este momento están pasando por una sequía muy depredadora, y tiene muchas raíces esa sequía, algunas en institucionales, otras represivas y otras vivenciales”, remarca.

Economías legales e ilegales

“Yo quiero desarmar la idea de las economías legales e ilegales para pensar que todo el sistema funciona como un mecanismo aceitado legal o ilegal, pacífico y con violencia, y que en cada momento se utiliza lo que conviene. Las llamadas economías ilegales o el narco no podrían existir ni sobrevivir sin un apoyo explícito de las Fuerza Armadas y policiales, del aparato de justicia y por lo tanto del Estado”, recalca el periodista Raúl Zibechi.

El concepto de lo legal y de lo ilegal, considera, “habría que aparcarlo, estacionarlo a un costado”, porque “uno puede decir que la economía capitalista es legal, pero fue fundada en el despojo. Cuando los Españoles llegan a la América no había propiedad privada, pero entonces usurparon tierras y le pusieron el nombre de los hacendados a las tierras, y así todo”.

Si miramos a largo plazo y miramos esto ciclos, cuenta el escritor, “vemos que la economía llamada legal siempre estuvo fundada en lo ilegal, en las fuerzas brutas, y se reproduce en buena medida de la misma manera. Hoy existe todo un aparato publicitario queriendo convencer a la población de que la sociedad funciona bien, sólo que existen malos muy violentos llamados narcos. Pero el sistema hoy funciona con base en el despojo, y las llamadas economías ilegales o narcos son complementarias de esas economías supuestamente legales”.

Un ejemplo que explica a la economía legal son las patentes de las semillas, dice. “Hoy en día se patentan semillas que durante milenios cultivaron los campesinos, pero llega Monsanto u otras empresas y se apropian de ellas, y el campesino ya no la puede seguir usando. En Colombia hay gente presa o asesinada por usar y guardar sus mejores semillas, algo que siempre hicieron los campesinos, para usarlas en la próxima temporada. Las semillas patentadas semillas que se suicidan, que ya no sirven para un segundo cultivo”.

Esta es una práctica de muerte, asegura Zibechi. “Es una economía de muerte y los campesinos lógicamente la resisten”. “La diferencia entre la economía legal e ilegal es mínima, es una cuestión de formas. Toda la economía capitalista, y en este periodo del capitalismo particularmente, se basa en el despojo, la muerte, el desplazamiento forzado y el genocidio, y eso o lo entendemos o nos llevan a la tumba sonriendo, porque creemos que estamos en la legalidad”, considera.

El escritor y periodista se pregunta, “¿cuál es la legalidad de la Guerra contra las Drogas?” En relación con las “economías ilegales”, dice, “éstas contribuyen porque les ayudan a despejar en los lugares donde existe oposición, y no es ninguna casualidad que en Chiapas, Guerrero, Oaxaca y en buena parte de México, los narcos a quienes atacan no van contra el ejército ni el gobierno. Atacan a los pueblos que resisten. Sistémicamente son parte de lo mismo. Más que una alianza, diría que es un engranaje que funciona abarcando todas esas facetas”, concluye el periodista.

Frente a todo el engranaje sistémico de violencia y despojo contra la vida, sin embargo, Zibechi asegura que los movimientos y las luchas sociales, gestadas en la periferia, son el frente que no sólo resiste a las embestidas del Estado y el capital, sino que también, como parte de su resistencia, construyen y participan desde su cotidianidad los mundos otros, aquellos que abren paso a los nuevos mundos.

Rita Segato: «El ojo codicioso de las corporaciones nos dice que no somos más que una cantera»

Por Agencia Tierra Viva

La antropóloga feminista recibió el título Honoris Causa de la Universidad Nacional de Catamarca. Durante la entrega del reconocimiento denunció el vínculo entre esa casa de estudios y el extractivismo minero. Asimismo, detalló la relación entre la mirada patriarcal que agrede el cuerpo de las mujeres y la perspectiva del norte global que despoja territorios, culturas y saberes.

La Universidad Nacional de Catamarca otorgó la distinción Honoris Causa a la antropóloga Rita Segato. En el marco del acto realizado el pasado 14 de septiembre, la pensadora feminista brindó un discurso en el que señaló el pacto entre la Universidad Nacional de Catamarca y la megaminería. Además, explicó la relación entre territorio, identidad y vida, y el vínculo entre las lógicas patriarcales y extractivistas en cuanto a la cosificación del paisaje vivo y las agresiones contra el cuerpo de las mujeres.

Segato indicó que el proyecto histórico del capital que desaloja a comunidades y daña el ambiente también se inscribe en lo que ella misma definió como la «pedagogía de la crueldad» para explicar la violencia de género. La antropóloga señaló que las lógicas de la Conquista continúan sumergiendo a los localidades próximas a los lugares en que se encuentran los minerales, el agua y los combustibles codiciados a una «conquistualidad permanente«, pero compartió que se abre la esperanza de un regreso al futuro: un retorno de los saberes, filosofías de vida y formas de relación con el paisaje que quedaron represados.

El discurso completo de Rita Segato al recibir el Honoris Causa de la Universidad Nacional de Catamarca:

Estimadas y estimados, vicegobernador Rubén Dusso, magnífico rector Oscar Arellano, decana de Humanidades Lila Exeni, intendente de Catamarca, Gustavo Saadi; decanas y decanos, vicedecanas y vicedecanos, consejeras y consejeros superiores y directivos, equipos de gestión del Rectorado y unidades académicas:

Me siento inmensamente agradecida a esta Universidad, a las autoridades y docentes por esta importantísima distinción que me ofrecen. No es fácil encontrar las palabras para expresar esa gratitud. Me emociona y sacude mis cimientos de una manera en que el mismo título que recibí por parte de la Universidad de Salamanca hace tres meses no pudo hacerlo.

Catamarca es uno de los perfiles preciosos de mi país. Mi país es lo que quiero y deseo para mí. Cada día, de los 44 años de ausencia en los que viví lejos del mismo, soñé con encontrar el camino de regreso. Pedí a la vida poder volver. Muy especialmente pienso y agradezco a la gente del vasto campo de las Humanidades, que es lo que me ha traído hasta aquí y adonde pertenezco. Nosotros y nosotras, los de “las humanas”, somos quienes nombramos —como dijo la profesora que resumió mi pensamiento hace un momento— los donadores de nombres, los nombradores, los que construimos la grilla conceptual, las palabras que dan contorno al mundo y organizan la forma en que lo vemos. Somos poderosas las Humanidades, aunque a veces no se ve. Por eso también nuestra tarea tiene un impacto fuerte en el curso de la Historia y del futuro.

No olvidemos eso: que nuestro trabajo es dar nombres y generar retóricas de valor para lo que debe ser protegido y cuidado. El norte geopolítico del mundo ha sabido muy bien crear retóricas de valor para lo que ha creado y protege: desarrollo, crecimiento, acumulación, mercado, consumo. Son sus nombres. Nosotras y nosotros tenemos pendiente todavía mostrar el valor de lo que tenemos: vincularidad, comunalidad, amistad y fiesta.

Al venir ayer por tierra desde un confín del país a otro confín, desde la Quebrada de Humahuaca hasta el Valle de Catamarca, me di cuenta de que estaba llegando para participar de una rara celebración académica, francamente federal, de un cosmopolitismo idiosincrático y raro como es el encuentro entre regiones no mediado ni por el eurocentrismo habitual y descarriado de nuestras universidades, ni por el epicentro capitalino, pequeño y limitado del Río de la Plata. Me fui dando cuenta al encontrar la ruta salpicada de nombres quechuas, que marcan y demarcan el camino anudando y uniendo nuestro precioso mundo andino.

El paisaje es un libro de lectura, el lugar en que se inscribe la historia, un ancla, una cuna y un espejo de nuestra vida. Sin él, cuando se borra, quedamos huérfanos de quienes somos. Arraigo significa saber quién somos, no desorientarnos y no dejarnos capturar. Arraigo significa saber quiénes somos y necesita de un sitio, de un espejo que tiene la forma, el color y el aire de un lugar. Si lo abolimos nos quedamos sin ombligo, sin centro de gravedad; nos perdemos, quedamos expuestos y vulnerables en nuestra identidad. Por eso muchos pueblos entierran el ombligo del recién nacido en el lugar donde nace: para que sepa quién es. Otros pueblos, como los de por aquí, entierran el chuscharruto: el primer mechón de pelo que se le corta al niño, su primera chuscha.

Si borramos el paisaje nos quedamos sin ombligo. Desorientados. No olvidemos que uno de los pocos universales que el ser humano conoce es que el ombligo es la cicatriz que ninguna persona en este mundo desea apagar. La razón de esto es que esa cicatriz es la marca de un arraigo y de un camino que prepara nuestra vida. Es lo que nos conduce para siempre a saber que existimos y quiénes somos. En un sentido individual: que venimos de un vientre materno; en un sentido colectivo, pachamámico: que venimos de una tierra, de un paisaje específico, particular e idiosincrático. Ese es el horizonte que nos da sentido y contra el cual tantas fuerzas mediáticas, económicas y políticas hoy conspiran de una forma muy poderosa.

El más importante obstáculo para la expansión del proyecto histórico del capital es el arraigo. Esas fuerzas conspiran contra nuestro arraigo por todos los medios que nos dicen que es feliz y venturoso irse. Qué absurdo. Y también por el ojo codicioso de las corporaciones que nos dicen que no somos más que una canteraNos ven como cosas. Nos dicen que somos cosas. Vida cosificada, sin arte, sin canción, sin lírica, sin nostalgia de lugar. Nos convencen de que es así para que nos desvinculemos del horizonte en el que aprendimos a vivir. Nos instalan una amnesia como modo de existencia y nos transforman en parias sin dignidad y sin derechos. Se trata de una conspiración existencial.

Rita Segato
Foto: Prensa UNCA

Borrar el paisaje nos desorienta, nos deja deshistoriados, sin historia. Nos lleva en la dirección que otros controlan. Nos dicen que solo así se encuentran los medios para sobrevivir. Pero si somos realmente inteligentes revisaremos esa tesis y le contrapondremos otra. Y no nos confundamos: si este discurso parece basado en una razón sentimental es porque los sentimientos nos revelan una razón existencial, política y también económica que los subyace. Los sentimientos nos alertan sobre un futuro que nos pierde, que nos extermina: un futuro robado. Si no, miremos Potosí. Por cinco décadas, la ciudad más rica del mundo entero, de la cual quedó sólo un puñado de monedas de oro en un museo. Potosí: la más lujosa por un tiempo y hoy, una ruina.

La más importante diferencia entre el mundo arraigado que estamos perdiendo y el mundo que nos está secuestrando es que este último no ve más allá de sus narices, es cortoplacista. El mundo que perdemos sabe, o sabía, pensar a largo plazo.

He visto el video “50 años de la Universidad Nacional de Catamarca”, hermoso video institucional. En él, la hija de su creador y fundador, el profesor Federico Pais, cuenta que su papá había recorrido todo el interior: “Se conocía todo el interior. Y eso es lo que a él lo conmovió. Él se conmovió con esa gente”. Otros testigos de la época también relatan ese proceso: “Se gritó en las calles ‘Catamarca reclama universidad. Se hablaba de desarrollo”. Pero en ese momento, hace 50 años, esa generación de ninguna forma podía imaginarse que “desarrollo” vendría a significar la entrega del paisaje que le dio razón de ser, la entrega de lo que Catamarca es para los catamarqueños y también para el país. Porque es así también como se ve desde lejos: esos valles, cuestas y montañas.

Escuchando los relatos de la fundación de esta querida Universidad y los sueños que la hicieron posible tuve la certeza de que ninguno de sus creadores imaginaron en aquel tiempo que la UNCA pactaría con quienes despoblarían sus paisajes, con quienes envenenarían sus ríos, aguadas, surgentes y ojitos de agua.

Que no se entienda que quien escribe estas líneas es purista o radical. Sé muy bien que el camino es anfibio, que algo hay que comerciar en el mercado global. Pero con límites muy precisos y sin robarles nada a las gentes y sus modos de vivir y transitar en el tiempo; a la continuidad de los pueblos que, en su pluralidad de historias, han recorrido y trazado su propio mapa en los paisajes de la provincia. Perder esa pluralidad de presencias, de modos de vivir y de pensar es empobrecerse. También ofrece el riesgo de que cuando los minerales vayan mermando, como ha sucedido en Potosí, ya no existan los saberes que hagan posible la vida en la región.

Cuando el mineral se acaba la gente queda con las manos vacías. Miremos Comodoro Rivadavia, en Chubut, donde una vez hubo petróleo y hoy queda un exceso de taxistas y de kiosqueros: los antiguos trabajadores del extractivismo. Miremos Zapla, en Jujuy: lo mismo. Una minoría de dueños y corporaciones de países extranjeros se han llevado todo, se han vuelto más ricos. La gente de por aquí perderá lo que tenía y no tendrá de nuevo: saberes y modos de existir en estos paisajes.

Tampoco imaginaron los creadores de esta Universidad hace 50 años, que ahora me llama para darme un premio tan precioso como su Honoris Causa, que veinte años más tarde un grupo de jóvenes de la elite política y económica de la provincia asaltarían sexualmente y matarían sin ningún grado de empatía a una jovencita, María Soledad, en una barbarie que asoló y asombró al país. Hoy sabemos bien que el abordaje extractivista que mira al paisaje como una cosa muerta y a nuestro libro de historia escrito en el paisaje como cantera, como pura mercancía, aprende a mirar de la misma manera el cuerpo de las mujeres. Cuerpo-cosa, cuerpo desechable, cuerpo usable, ausencia de empatía. Ambas miradas a la vida encarnada como cosa están profundamente emparentadas y los ejemplos que nos permiten afirmarlo ya se encuentran en las estadísticas. La afinidad y la congruencia entre el asalto al paisaje vivo y al cuerpo de las mujeres ya está mapeada.

La mirada insensible y no sintiente al paisaje que nos permite destruirlo se entrena y se programa en lo que he llamado la pedagogía de la crueldad, practicada en el uso y abuso del cuerpo de las mujeres. No hay minas sin prostitución y sin trata. Los muchos bolsones de extractivismo en el planeta lo comprueban.

¿Hay esperanza? Aníbal Quijano, el gran pensador peruano que formuló la perspectiva de la colonialidad del poder y del saber nos habla de un regreso del futuro. Y con esa idea concluyo este breve discurso de agradecimiento a la Universidad Nacional de Catamarca. Al hablar del regreso del futuro, Quijano nos dice que se están abriendo las compuertas del retorno de los saberes, filosofías de vida y formas de relación con el paisaje que quedaron represados por la intervención de los procesos constantes de conquista y colonización. Colonialidad permanente, según su categoría, y también conquistualidad permanente, digo yo, para nombrar la situación de quienes vivimos en localidades próximas a los lugares en que se encuentran los mineralesel agua y los combustibles codiciados.

Ese futuro interceptado por el orden colonial y conquistual va regresando y revela el valor y la potencia de la vida, lo que vale y lo que no vale. Lo que es indispensable respetar.

Publicado originalmente en Agencia Tierra Viva

Ian Buruma: “La defensa de Spinoza del pensamiento libre, la investigación científica y la libertad de expresión es tan importante ahora como en el siglo XVII”

“La defensa de Spinoza del pensamiento libre, la investigación científica y la libertad de expresión es tan importante ahora como en el siglo XVII.”

Por Daniel Gascón / Letras Libres

HA ESCRITO UN LIBRO SOBRE SPINOZA. Y HACE UNOS AÑOS PUBLICÓ ASESINATO EN ÁMSTERDAM, SOBRE UN CRIMEN EXTRAÑO Y TERRIBLE EN UNA SOCIEDAD TRADICIONALMENTE TOLERANTE. ¿CÓMO LE AFECTA LA HISTORIA DE SPINOZA A USTED COMO LIBERAL Y COMO HOLANDÉS?

Spinoza tuvo un revival en los primeros años de este siglo cuando algunos veían en el islamismo radical la mayor amenaza a la civilización europea. El nombre de Spinoza se invocaba a menudo como parangón del pensamiento ilustrado europeo, que había que defender contra el oscurantismo del islam. La activista nacida en Somalia Ayaan Hirsi Ali, que sostenía que el islam, y no solo el islamismo, era una amenaza clara para Occidente, fue comparada con Spinoza por Jonathan Israel. Este debate siempre me ha parecido bastante histérico. En la actualidad, las amenazas a la libertad de expresión y de conciencia vienen de fuentes muy distintas. En primer lugar, está el populismo radical de derechas, que, en Estados Unidos, a menudo está vinculado a fanáticos protestantes evangélicos y al catolicismo reaccionario. Pero de la izquierda también surge un espíritu puritano e iliberal. El celo ideológico en torno a la raza, el género y la sexualidad es una forma de fanatismo religioso con disfraz laico. Cuando alguien está en desacuerdo con ciertas creencias dogmáticas recibe trato de hereje: ya no se les quema en la hoguera, pero pueden sufrir graves daños sociales y profesionales. Uno sabe que vivimos en una nueva era de intolerancia religiosa, donde lo que importa no es el debate razonado sino la pureza de la fe.

Por eso me interesaba escribir sobre Spinoza. Las fuerzas de la intolerancia en su época eran los rabinos sefardíes que lo expulsaron de la comunidad judía, y la Iglesia calvinista, que tenía una influencia poderosa en la República holandesa. Parte de su anticlericalismo puede parecer ahora anticuado, pero su defensa del pensamiento libre, la investigación científica y la libertad de expresión es tan importante ahora como en el siglo XVII.

¿QUÉ ASPECTOS DE SPINOZA SE HAN DESCUIDADO HISTÓRICAMENTE? ¿CREE QUE EL ÉNFASIS EN SU IMPORTANCIA COMO HEREJE JUDÍO HA ECLIPSADO LOS ASPECTOS JUDÍOS DE SPINOZA?

Spinoza estaba muy implicado en la política de la República holandesa, que estaba entonces tan polarizada como lo están Estados Unidos y otros países hoy. Un lado lo representaba la aristocrática Casa de Orange, los stadtholders, que apoyaban los calvinistas conservadores y era popular en las provincias más rurales de la República. Por el otro lado estaban los patricios urbanos, los llamados regentes, que eran más liberales y estaban interesados en hacer negocios en vez de la guerra, y eran relativamente tolerantes hacia las diferentes ideas religiosas e intelectuales. Las ideas de Spinoza eran más radicalmente democráticas que las de los regentes, pero sabía que era libre de filosofar bajo su protección. Su texto más olvidado es el que nunca terminó, el Tratado político. Estaba trabajando en sus ideas sobre la democracia cuando murió.

¿CÓMO AFECTARON LAS GUERRAS Y TENSIONES RELIGIOSAS EN LOS PAÍSES BAJOS DURANTE LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XVII EN EL PENSAMIENTO POLÍTICO DE SPINOZA?

Tuvieron una importancia vital. La idea más controvertida de Spinoza era que Dios no es el creador trascendente del mundo, sino que está inmanente en toda la naturaleza. Su otra idea polémica era que el alma no es inmortal. No creía que existiera. Desdeñaba la idea de los milagros y no creía en los ángeles. Y esto resultaba profundamente perturbador para los cristianos de su época, algunos de los cuales lo consideraban un discípulo de Satanás. Pero también para el clero judío. A los judíos, tradicionalmente, la vida después de la muerte les preocupaba menos que a los cristianos, pero en el tiempo de Spinoza creían en la inmortalidad del alma. Los judíos también debían tener cuidado de no ofender a los calvinistas porque su presencia era aceptada –en algunos casos recibida de buen grado– en la República holandesa mientras su religión no desafiara la ortodoxia cristiana. Eso puede explicar la vehemencia de la expulsión de Spinoza de la sinagoga. Era un peligro no solo para la autoridad de los rabinos, sino para el estatus de los judíos como residentes de la República holandesa. Los judíos eran sin duda tolerados en Holanda, lo que ya era una relativa bendición. Pero tuvieron que esperar hasta el final del siglo XVIII para gozar de los derechos civiles completos.

Expulsado por los judíos y considerado enemigo por los calvinistas ortodoxos, Spinoza encontró a sus mejores amigos entre disidentes librepensadores cristianos, como los menonitas, que compartían su desconfianza de las autoridades eclesiásticas y su repugnancia por la ortodoxia religiosa. Quizás eso explica por qué su crítica del oscurantismo judío era más áspera que la de la fe cristiana.

Spinoza nunca habría sido tan presuntuoso como para compararse con Jesucristo. Pero veía a Jesucristo como un gran profeta con una comprensión instintiva de los caminos de Dios. Y otros –como Heinrich Heine– vieron algo cercano a Cristo en la dedicación de Spinoza a un ideal cristiano.

¿CÓMO VALORA EL PAPEL DE SPINOZA EN EL LIBERALISMO CON RESPECTO A LA TRADICIÓN INGLESA Y LA INFLUENCIA DE AUTORES COMO LOCKE? ¿ERA, COMO HA ESCRITO JONATHAN ISRAEL, UNO DE LOS GRANDES PRECURSORES DEL LIBERALISMO?

Sí y no. Las ideas de Spinoza sobre la religión eran radicales y también lo fueron sus ideales políticos. Creía en cierto tipo de democracia: los hombres, aunque no las mujeres o los pobres, debían poder votar, según él. Pero no era radical en la práctica. Era profundamente ambivalente con respecto al papel de la gente común, por ejemplo. Por un lado, temía a la masa no educada, cuyas emociones podían agitar fácilmente violentos demagogos. Tenía cuidado de limitar sus ideas más peligrosas a un grupo pequeño de amigos y partidarios muy educados. Y, sin embargo, en su Tratado político defiende que la gente común debía también participar en la política. No tuvo tiempo de desarrollar cómo.

Su actitud hacia el gran estadista liberal y regente holandés Jan de Witt era típica de la política de Spinoza. No pensaba que De Witt fuera un demócrata del tipo que habría deseado, pero aun así apoyaba su gobierno sinceramente y quedó horrorizado cuando fue linchado por una muchedumbre furiosa en La Haya en 1672. Caute, cuidado, era el lema de Spinoza grabado en su anillo. Era un pensador radical, pero un hombre prudente. Jonathan Israel tiene razón cuando dice que las ideas de Spinoza influyeron en los jacobinos franceses, pero él mismo no era un protojacobino.

Y tampoco era un liberal en el sentido moderno. Como muchas personas del siglo XVII, Spinoza pensaba que el Estado debía tener autoridad total, hasta el punto de controlar las prácticas religiosas y romper sus propias leyes si era necesario. Un liberal moderno vería la Iglesia como parte de la sociedad civil, libre de la interferencia estatal. Spinoza no habría estado de acuerdo con eso.

La gran diferencia entre Spinoza y los filósofos de la Ilustración inglesa y escocesa reside en el grado de las concesiones que estaba dispuesto a hacer. Locke era un hombre religioso, cuya idea de la Ilustración incluía creencias cristianas tradicionales. Spinoza pensaba que una religión cívica –básicamente el cristianismo reducido a un llamamiento a la decencia común y el amor a los hombres– sería una manera útil de instalar un orden público y obediencia a la autoridad, pero estaba menos dispuesto que sus colegas ingleses a aceptar la religión organizada y la aristocracia.

PARECE QUE TAMBIÉN EL NUESTRO ES UN MUNDO DE INTOLERANCIA: EL MOVIMIENTO WOKE, EL FANATISMO DE LAS IDENTIDADES DE TODA ÍNDOLE (SEXUAL, NACIONAL, LINGÜÍSTICA, ÉTNICA) Y DESDE LUEGO EL NUEVO FANATISMO RELIGIOSO EN OCCIDENTE, SOBRE TODO EN ESTADOS UNIDOS. ¿QUÉ TIENE QUE DECIR SPINOZA AL MOMENTO ACTUAL? ¿CUÁL ES SU PERTINENCIA?

Una de las cuestiones contenciosas en tiempos de Spinoza era el conflicto en las universidades entre filósofos y teólogos. Los teólogos querían controlar la educación superior para que las ideas científicas no interfiriesen en las creencias sagradas. Ese problema no solo se producía en las universidades. Se deslizaba a la política –la autoridad de nombrar funcionarios públicos, la posición de la Iglesia en la sociedad, con respecto a las autoridades laicas, etcétera–. La respuesta de Spinoza a estos conflictos era separar por completo la filosofía de la teología. El conocimiento, especialmente del comportamiento ético, podía encontrarse en fuentes religiosas. Pero este tipo de conocimiento no debía confundirse con el científico, que solo puede obtenerse a través de la razón humana. La teología y la filosofía podían coexistir, pero solo si se mantenían en las esferas adecuadas.

El mismo principio podría aplicarse a algunos de los conflictos de nuestra época. La política del género y lo trans ofrece un ejemplo. Es indiscutible que hay diferencias biológicas entre hombres y mujeres. Las mujeres menstrúan, los hombres no. Las mujeres pueden parir hijos, los hombres no. Podemos aceptar que algunos hombres se identifican como mujeres, o que hay mujeres que se identifican como hombres, pese a las diferencias biológicas, y quieren ser reconocidos como tales. Deberían ser libres de seguir sus emociones. Pero esas emociones no pueden confundirse con la biología. La identidad sexual, como sensación subjetiva o estatus social, debería estar al margen de la clasificación biológica. Entonces, pueden respetarse tanto el argumento a favor de las identidades escogidas como el de las diferencias biológicas.

Por desgracia, la confusión entre la emoción privada y el conocimiento basado en la razón sigue siendo una amenaza para la libertad de pensamiento y expresión en la actualidad. Spinoza todavía tiene mucho que enseñarnos.

SPINOZA, DECÍA BORGES, ES CAPAZ DE DESPERTAR DEVOCIONES. PERO TAMBIÉN ODIOS. TODAVÍA OCURRE HOY. NADIE “ODIA” A DESCARTES O A KANT, PERO SÍ A SPINOZA. ¿A QUÉ LO ATRIBUYE?

La respuesta a esta pregunta está estrechamente unida a la anterior. La gente recurre al pensamiento mágico –milagros, coincidencias, portentos, etcétera– para consolarse. Vivimos en un estado de constante incertidumbre y mucha gente necesita alcanzar fuerzas más elevadas que ofrecen sentido, protección y seguridad. La religión organizada, con todas sus supersticiones y rituales, ofrece esos consuelos. Spinoza ha sido reverenciado como un hombre que nos enseñó a ser libres (a pesar de que no creía en el libre albedrío), pero se le ha detestado porque se llevó el atrezo que promete seguridad a la gente: Dios como el padre que todo lo ve y todo lo sabe, la vida después de la muerte, los ángeles que nos cuidan y mucho más. Muchos pensadores, en la política y en la religión, prometen a la gente un grado de esperanza. Spinoza solo ofrece la oportunidad de profundizar nuestro conocimiento. La mayor parte de la gente prefiere incluso la esperanza falsa al riguroso racionalismo de Spinoza.

ES UN AUTOR DIFÍCIL DE LEER, SOBRE TODO SU ÉTICA. ¿CÓMO ACONSEJA LEERLO? ¿QUÉ LIBROS SOBRE EL PENSAMIENTO Y LA VIDA DE SPINOZA RECOMIENDA?

Empezaría por el Tratado teológico-político y solo leería la Ética después. Ayuda conocer las ideas básicas de Spinoza antes de empezar la Ética. Y sus ideas están expuestas de manera más accesible en el Tratado.

Algunas de las mejores cosas que se han escrito sobre Spinoza están en libros que no tratan solo del gran filósofo. Uno de ellos es el maravilloso Sobre la historia de la religión y la filosofía en Alemania (1834). Dice cosas fascinantes sobre Spinoza, no todas ellas necesariamente ciertas, pero siempre llenas de una perspicacia singular. Otro autor que ha escrito muy bien sobre Spinoza en varios libros es Jonathan Israel. El mejor, quizá, es La ilustración radical (FCE, 2012). La mejor biografía de Spinoza escrita en inglés es la de Steven Nadler, Spinoza: Una vida (Akal, 2021). Su libro sobre el Tratado teológico-político, Un libro fraguado en el infierno (Trotta, 2022), también es muy bueno. Finalmente, quiero mencionar dos libros. Uno es Spinoza (1951), de Stuart Hampshire, y el otro (en holandés) Spinoza en zijn kring (1896), de Koenraad Oege Meinsma. ~

 

Guerra cultural en los Estados Unidos

Las constantes alusiones y críticas a la teoría crítica de la raza en el debate público parecen predecir que el uso político de la TCR tendrá un papel importante en las elecciones legislativas de este otoño de 2022

Por Ángel Loureiro 

La sede del Museo Nacional de Archivos de los Estados Unidos, un imponente edificio de estilo neogriego, ocupa una posición privilegiada en el borde norte del Mall de la ciudad de Washington. Erigido en el lugar en el que, en los años de la construcción de la Casa Blanca y el Capitolio a finales del siglo XVIII se ubicaba una taberna que servía también de mercado de esclavos, en ese museo se guardan copias de la Declaración de Independencia, la Constitución, la Proclamación de Emancipación y muchos otros documentos y artefactos culturales relacionados con la historia del país. En la ceremonia de su inauguración en 1931, el presidente Hoover lo describió como “un templo de nuestra historia”.

El 17 de septiembre de 2020, Día de la Constitución en los Estados Unidos, en recuerdo de la fecha en 1787 en la que se firmó ese documento fundacional, y en respuesta a las manifestaciones de la “turba de izquierdistas” que protestaban contra la violencia policial tras el homicidio de George Floyd en mayo de ese año a manos de un policía, y que exigían la retirada de monumentos de figuras históricas racistas en numerosas ciudades del país, Trump anunció la creación de la Comisión 1776, con vistas a fomentar una “educación patriótica” y estimular a los maestros a “enseñarle a nuestros niños el milagro de la historia americana”. Esos relatos escolares tendrían el objetivo de contrarrestar la enseñanza de la narrativa revisionista promovida por la teoría crítica de la raza, que describía a los Estados Unidos como “un país maligno y racista”, relato que, según Trump, había formado a los activistas “marxistas” que estaban causando los disturbios. Trump singularizó también el Proyecto 1619, aparecido en la revista dominical del New York Times en 2019 (y ampliado a libro en 2021), publicación que, en opinión del que pronto tendría que evacuar la Casa Blanca, “reescribe la historia americana para enseñarle a nuestros niños que fuimos fundados en el principio de la opresión, y no en el de la libertad”.

El informe de la Comisión 1776, nominada por el año de la independencia del país, fue criticado con dureza por incluir muchos políticos y activistas de derechas y ningún historiador. Fue elaborado en solo cuatro meses, y tuvo una corta vida. En uno de sus primeros actos oficiales como presidente, Biden canceló la comisión. Pero más que un acto de última hora de un presidente desesperado, la creación de la comisión apunta a la existencia de un malestar profundo entre los conservadores blancos americanos, que tiene sus orígenes últimos en la revisión radical de la historia del país comenzada con la aparición de la “historia desde abajo” en la década de 1960 (de la que el Proyecto 1619 es un nuevo capítulo, con un giro radical), y que ha tenido su proyección pública más reciente en las manifestaciones contra la violencia policial y el racismo, y en la crítica de la historia pública inscrita en los monumentos que conmemoran a líderes de la Confederación en numerosas ciudades del país, sobre todo en el sur.

Desde el comienzo de esta década la derecha, en una astuta maniobra, ha condensado las ideas que subyacen a las protestas antirracistas bajo el título de Critical race theory (“teoría crítica de la raza”, TCR, cuyas ideas centrales se explicarán un poco más adelante), convirtiendo en eslogan y en arma de combate electoral una oscura teoría de la que hasta entonces solo una minoría había oído hablar. En 2021, en elecciones estatales y locales en estados conservadores, se han invocado a menudo los efectos perniciosos de la TCR (sin comprender ni explicar las ideas sostenidas por esa teoría), para prohibir que las escuelas enseñen visiones críticas, relacionadas con la raza, de la historia de los Estados Unidos. En las elecciones a gobernador de Virginia en 2021 el candidato republicano convirtió las críticas a la TCR en un punto central de su estrategia y se alzó con la victoria en un estado que recientemente había votado demócrata. El uso continuado de esas críticas en elecciones locales y en debates entre padres y administradores de escuelas parece predecir que el uso político de la TCR tendrá un papel importante en las elecciones legislativas de este otoño de 2022, y probablemente también en las presidenciales del 2024. En realidad, los activistas conservadores que protestan contra la TCR tendrían dificultades en explicar que propone esa teoría y numerosos maestros se sorprenden de ser acusados de enseñarla cuando no han oído hablar de ella en su vida.

Los conservadores no sabrían explicar qué propone la TCR, pero sí han sabido qué hacer. Presionados por grupos de padres, activistas, e incluso fundaciones y centros de estudios (think tanks) conservadores, a lo largo de 2021 la mitad de los estados del país propusieron o aprobaron leyes para restringir la enseñanza de la TCR en las escuelas públicas. En el estado de Florida, cuyo gobernador Ron deSantis podría ser el mayor contrincante republicano de Trump en las primarias republicanas para las elecciones presidenciales del 2024, una ley reciente prohíbe la enseñanza de la TCR e impide a los maestros enseñar una historia americana que no sea la de “la creación de una nación nueva basada fundamentalmente en principios universales expresados en la Declaración de Independencia”. “El sistema educativo de Florida existe para crear oportunidades para nuestros niños. La TCR enseña a los niños a odiar nuestro país y odiarse entre ellos. Es una forma de racismo sancionada por el estado y no tiene lugar en las escuelas de Florida”, escribió en Twitter deSantis en octubre de 2021. Un sentimiento similar al expresado en pancartas esgrimidas por activistas en contra la TCR: “Educación, no adoctrinamiento”, “No a la TCR en las escuelas”, “Somos una raza”.

Entre la población blanca conservadora americana del sur y el centro del país, ha ido creciendo un malestar: el sentimiento de haberse convertido en una minoría oprimida por las élites culturales de las costas que les han impuesto unos valores, resumidos en términos como “políticamente correcto”, o más recientemente “woke” (concienciado), sobre todo en cuestiones de género (aborto, matrimonio gay, derechos de los transexuales) y de raza (existencia de un racismo estructural en el país), radicalmente opuestos a los valores conservadores tradicionales y a una visión patriótica de la nación centrada en grandes protagonistas blancos.

Trump supo interpretar y alimentar ese creciente malestar de la población blanca conservadora transformándolo en movilización política y en arma de guerra cultural en las elecciones presidenciales de 2016. Con un sabio manejo de medios de comunicación como Twitter, Trump dio visibilidad y aglutinó a grupos e individuos hasta entonces aislados entre ellos. Si la difusión de la prensa desde finales del siglo XVIII, según Benedict Anderson, fue vital para la creación de esa “comunidad imaginaria” que es toda nación, Trump se valió de Twitter y de cadenas conservadoras de televisión como Fox para dar visibilidad y revitalizar a un colectivo tradicional, en el que predomina una población blanca y masculina en disminución demográfica, que se siente amenazado por la creciente difusión en el país de valores muy diferentes a los suyos. En las elecciones de 2016, Trump supo aglutinar ese núcleo duro de nacionalistas tradicionales con un electorado desencantado del conocido como “cinturón de óxido” (la enorme zona industrial que abarca desde la costa del nordeste hasta los Grandes Lagos) que en el pasado solía votar demócrata pero que, asolado por la desindustrialización, la pérdida de trabajos que habían mantenido a sus familias durante varias generaciones y el decaimiento urbano de sus comunidades, votó por Trump en 2016 y en 2020. Trump creó ese paraguas populista bajo el que reunió a grupos muy dispares con un discurso electoral condensado en un astuto eslogan con sentidos plurales: “Make America Great Again” (MAGA). Para la clase obrera del cinturón de óxido ese eslogan significaba la promesa del retorno (imposible) de una industria manufacturera ligada para ellos a la grandeza del pasado del país; para los conservadores blancos del sur y de la enorme parte central agrícola del país, encerraba la promesa del retorno a la hegemonía de valores tradiciones nacionalistas y de una versión simple del pasado del país, puesta en peligro por movimientos sociales antirracistas. De modo similar a la función cumplida por el eslogan “MAGA”, la conversión de la TCR en arma de combate cultural es otra forma de dar expresión al sentimiento de acoso a sus valores que sufre la población blanca conservadora y de intentar hacer prevalecer esos valores en una guerra cultural con profundas implicaciones políticas. Pero si “MAGA” prometía una resurrección, y abría así un futuro en el que el país volvería a la grandeza del pasado, los ataques contra la TCR son reactivos: sus críticos sienten que sus valores personales, ligados a una visión tradicional de la historia del país, están bajo ataque. Para ellos la TCR sería equivalente a unos invasores extraterrestres: se sienten cercados por un enemigo cuya naturaleza no comprenden, pero saben que representa un peligro para su civilización.

La guerra cultural contra la TCR que llevó a Trump a la creación de la Comisión 1776 comenzó en el último año de su presidencia, y su impulsor como arma de combate político fue Christopher Rufo, un activista conservador que comprendió que la opacidad del significado de la TCR permitía convertirla en una metáfora bélica con la que combatir el contenido de los seminarios para empleados del gobierno y de algunas compañías privadas que tienen como fin concienciarlos acerca de los prejuicios raciales y del racismo enquistado en ideas y prácticas laborales. En una entrevista en septiembre del 2020 en Fox, la cadena televisiva de noticias de mayor audiencia en el país, propiedad de Rupert Murdoch, vocera de Trump y de sus ideas, y diseminadora diaria de falsedades contra toda idea progresista, Rufo denunció la “perversidad” de una teoría, la TCR, que se estaba infiltrando en las prácticas del gobierno federal y presentaba “una amenaza existencial a los Estados Unidos” de la que no se escapaba la burocracia que, incluso bajo Trump, con los entrenamientos de concienciación antirracista estaba “siendo convertida en un arma contra los valores americanos”. A la mañana siguiente Trump, seguidor obsesivo de Fox, convocó a Rufo a la Casa Blanca para pedirle que le ayudara a redactar una orden ejecutiva con la que se cancelarían, o se les impondrían condiciones estrictas, a los programas de entrenamiento de sensibilización racial del gobierno y de las empresas subcontratadas. Desde ese momento, las críticas a la TCR se han convertido en un arma de guerra cultural en elecciones estatales y locales y en las disputas sobre el currículo en muchas escuelas del país, y Rufo ha participado en la redacción de leyes, en varios estados, que limitan el modo en que los maestros de ciencias sociales pueden describir los eventos antirracistas del presente.

Para Rufo, la TCR es el “villano perfecto”. El objetivo de su empleo en la guerra cultural contra ideas progresistas, escribió en Twitter, “es lograr que la gente lea una locura en el periódico y piense automáticamente TCR”. Los ataques a la TCR, ha declarado, no tratan de “refutar sus argumentos”, sino de presentarla de una manera tan amplia y vaga que todo esfuerzo para vérselas contra las causas y el impacto del racismo sean demonizados y desestimados. Vaciada de sentido por su misma generalidad, y recodificada como arma abstracta de combate cultural, ha observado Rufo, la TCR adquiere connotaciones negativas: “hostil, académica, divisiva, obsesionada con la raza, venenosa, elitista, antiamericana”. Y la gran ventaja, señala, es que TCR no es un término peyorativo concebido por sus enemigos, sino que es un membrete acuñado por sus mismos partidarios. Los críticos de la TCR no han creado un insulto; han convertido en bumerán una idea de sus defensores.

La TCR se originó en la década de 1970 dentro de una rama de estudios jurídicos (Critical Legal Studies), en un intento de explicar por qué, a pesar de las leyes de derechos civiles aprobadas en la década de 1960, persistían en el país la desigualdad y la discriminación raciales. Dado que las leyes perpetúan las relaciones de poder, sostiene esa teoría, los prejuicios raciales del sistema legal americano afectan injusta y desproporcionadamente a una población negra que tiene unos índices de encarcelamiento muy superiores al resto de la población. En una derivación posterior a su desarrollo en los estudios jurídicos, la TCR pasa al campo de la pedagogía, enfocándose en poner al descubierto las desigualdades escolares y la relación entre las razas y la disparidad de sus logros académicos.

Prevalente en el campo de los Black Studies en general es la idea de que el concepto de raza, en contra de lo que suele pensarse, no tiene fundamentos en unos datos biológicos que justificarían la diferenciación entre grupos de seres humanos, sino que la raza es una construcción social: el racismo viene primero (es “el padre de la raza” en palabras de Ta-Nehisi Coates) y a partir de ese prejuicio se construye la idea de raza como un modo de clasificar, controlar y explotar a un grupo considerado inferior. Basándose en esas ideas, la TCR postula que, a pesar de todos los avances, el racismo estaría enquistado estructuralmente en el país. Naturalizado como práctica diaria, internalizado estructuralmente, el racismo sostendría la discriminación de un modo casi invisible. Por esa razón, la presunta neutralidad de la ley y de su “ceguera ante el color”, tan aducida en los Estados Unidos como prueba de neutralidad racial, es una presunción falsa que perpetúa el sufrimiento social de la comunidad negra. Pero como insisten sus partidarios, la TCR no se enfoca en los prejuicios individuales sino en la herencia estructural del racismo, con vistas a darle visibilidad y combatirla. Cuando Ted Cruz, candidato presidencial republicano ridiculizado por Trump en 2016, pero luego gran adulador del presidente, afirmó que la TCR acusaba al país de ser “irremediablemente racista… y busca el enfrentamiento entre nosotros” lo cegaba la mala fe y la resistencia, compartida por los blancos que se sienten bajo acoso, a enfrentarse a un legado del racismo que continúa en el presente.

No se trata por lo tanto de combatir el racismo individual, sino de desvelar la pervivencia estructural del racismo, su presencia solapada, con el fin de explicar las desventajas heredadas a través de las generaciones por la población negra: deficiencias en acceso a educación; discriminación en empleo, préstamos y vivienda; trabajos sin perspectiva de mejora; servicios médicos deficientes; mortalidad infantil doble que la de la población blanca; mayor pobreza y menor esperanza de vida que los blancos; numerosos barrios cercanos a industrias contaminantes; delincuencia desproporcionada dentro de sus comunidades; violencia discriminatoria por parte de la policía; y tasas altísimas de encarcelamiento (un dato estremecedor: hay más jóvenes negros en las cárceles que en las universidades). La canción que es considerada como la primera delhiphop, The Message (1988), del grupo Grandmaster Flash and the Furious Five, resume de una manera inmediata, y con humor resignado y combativo al mismo tiempo, muchas de las circunstancias negativas que acosan a una persona negra en un barrio pobre: cristales rotos, orina en las escaleras, ruido, falta de dinero para mudarse a otro sitio, ratas y cucarachas en los cuartos, el coche embargado, una vieja loca comiendo basura, prostitutas, hermanos delincuentes que le roban la tele a la madre, cobradores que lo llaman todo el día, instrucción precaria en la escuela, violencia policial… Un relato de adversidades puntuado por el estribillo “No me provoques / porque estoy al borde del abismo / estoy tratando de no volverme loco / a veces es como una jungla y me pregunto / cómo no me vengo abajo” (“Cause I’m close to the edge / I’m tryin’ not to lose my head / It’s like a jungle sometimes it makes me wonder / How I keep from going under”), que culmina con la llegada de la policía que detiene, sin explicaciones, a los miembros del grupo mientras hablan en una acera, y se los lleva en un coche patrulla.

La canción, incluida en la sección de cultura del Museo de Historia y Cultura Afroamericanas de Washington no solo describe las calamidades que afligen a los barrios negros urbanos; al centrarse en los problemas y penurias de los habitantes de un barrio negro pobre, apunta también a una carencia endémica en muchos de los estudios de raza americanos: la invisibilidad en sus análisis de las diferencias de clase, una invisibilidad que es prevalente en el discurso público americano, en el que no se suele hablar de “clase trabajadora” (vocabulario que se suele reservar para perfiles biográficos, generalmente de personas que han ascendido de clase social en su vida), sino de clase media baja (y los situados más abajo son pobres que no tienen los medios para acceder a la vasta “clase media” del país). Cierta razón, pero mucha mala fe e ignorancia, tenía William Barr, el último fiscal general del país bajo Trump, cuando denunció que “la teoría crítica de la raza es esencialmente la filosofía materialista del marxismo, que sustituye el antagonismo de clase por un antagonismo racial”. Barr maneja los datos correctos, pero los entiende y usa mal; pero al menos introduce en el debate el concepto de clase social, casi siempre ausente cuando se habla, escribe o discute sobre cuestiones raciales en el país.

El Proyecto 1619 comparte muchos presupuestos con la TCR. Nombrado por el año en el que los primeros esclavos negros fueron traídos a lo que luego sería territorio de los Estados Unidos, un año antes del mitificado 1620 en el imaginario público americano como el de la fundación del país con la llegada de los primeros peregrinos, el Proyecto se asienta en la premisa fundamental, compartida por muchos intelectuales y activistas negros, de que la esclavitud antecede a la creación del país, fue la fuente fundamental de su riqueza en el siglo XIX y en ese proceso dejó una herencia racista en individuos e instituciones. La editora del proyecto, Nikole Hannah-Jones señala en la edición en libro en 2021, que las ideas y argumentos del Proyecto no son nuevos, sino que están basados en investigaciones que se remontan a la década de 1960: lo que provocó la ira de muchos de sus opositores, escribe, fue que “había tirado abajo la pared entre historia académica y comprensión popular del pasado”.

Además de ser uno de los incentivos para la creación de la infausta Comisión 1776, el Proyecto, al igual que la TCR, y muchas veces en conjunción con ella, provocó campañas para prohibir su inclusión en los currículos escolares. Pero no solo sus opositores de la derecha lo criticaron. Cuatro historiadores muy reputados (uno de ellos marxista, los otros tres liberales) escribieron una carta al editor de la revista, y dos de ellos escribieron largos artículos en revistas de amplia circulación, criticando las numerosas deficiencias y errores del Proyecto en cuanto a la historia del país y el papel de la esclavitud (como sucedió con la Comisión 1776, en la versión original del Proyecto 1619 publicado en la revista del New York Times, no colaboró ningún historiador profesional) y denunciaron que esas ideas, expuestas sobre todo en la introducción de la editora, Nikole Hannah-Jones, eran una síntesis guiada por una intencionalidad interesada. Otros historiadores muy conocidos declararon que se negaron a firmar la carta de sus cuatro colegas, por no parecerles un gesto oportuno en un momento político, con Trump de presidente, dominado por las protestas populares contra la violencia policial y exigiendo la retirada de monumentos a racistas sureños. Los errores e inexactitudes del Proyecto serían menos importantes que su intervención en la guerra cultural por controlar la memoria nacional: “Los americanos blancos desean liberarse de un pasado que no quieren recordar, mientras que los americanos negros permanecen ligados a un pasado que no pueden olvidar”, sintetizó con acierto la editora del proyecto. Pero uno de los firmantes de la carta de protesta, el historiador marxista James Oakes, no parece pensar que la intervención política del proyecto deba salvarlo de sus críticas, y en una entrevista y un artículo demoledor pasa revista a sus errores y exageraciones, aduce que el proyecto está ligado a una reclamación de reparaciones, y denuncia que es expresión de las ideas de un nacionalismo negro que, como todo nacionalismo, pone énfasis en continuidades y genealogías ininterrumpidas (en este caso la esclavitud y sus legados), contempla la historia del país exclusivamente desde el punto de vista de la raza (y del racismo como el pecado original americano) y borra las diferencias de clase dentro de una supuesta comunidad nacional negra unificada por compartir un pasado de opresión.

Esa negligencia de la clase social, y de las diferencias, prioridades y privilegios que establece dentro de la comunidad negra está en sintonía con los tiempos identitarios actuales, en los que se unifica bajo “raza” a una comunidad en la que hay grandes disparidades sociales y económicas. Sin embargo, ese olvido no estuvo siempre presente en las formulaciones de la TCR, en la que ha habido dos líneas dispares de análisis: la primera, más extendida y de más larga pervivencia, se centra en la raza y la ve como el factor dominante explicativo de los problemas de la comunidad negra. La segunda, común en la época temprana de la teoría, pero secundaria hoy en día, usa una perspectiva materialista y de clase para explicar los problemas del racismo estructural. Sin duda alguna, en el discurso público del presente la raza goza de hegemonía explicativa. Un caso, de los muchos que se podrían aducir, es el de Ta-Nehisi Coates, un intelectual negro muy conocido (y gran partidario de Obama), cuyos libros han sido grandes éxitos de crítica y de ventas en los Estados Unidos en años recientes. En Between the World and Me (Entre el mundo y yo, 2015), galardonado con el inusual doblete del Premio Nacional de Ensayo y el Premio Pulitzer, instruye a su hijo adolescente acerca de la violencia racista con la que se tendrá que enfrentar toda su vida, no por pertenecer a una ‘raza’ negra biológicamente inexistente, sino a un grupo vinculado por su padecimiento colectivo bajo el peso de la historia del país, fundado en la esclavitud, cuyas consecuencias continúan en el presente (Coates aboga por reparaciones por la esclavitud, un tema complicado, y disputado, pero esa es otra historia). Cornel West, intelectual y activista negro muy famoso de una generación anterior a la de Coates, resume con lucidez sarcástica el punto flaco de las exposiciones de Coates y buena parte de los que escriben sobre raza: “En el mundo de Ta-Nehisi Coates, los grupos raciales son homogéneos… Las clases no existen y tampoco los imperios”. Y, para rematar, lo acusa de neoliberal, como mostraría su veneración por Obama, “el primer líder negro del Imperio Americano”, a juicio de Cornel West.

Un gran acierto de Coates, y tal vez el aspecto más valioso y revelador de su libro, es su insistencia en el terror que la historia americana sigue imponiendo a los miembros de la comunidad negra, en una genealogía que enlaza la esclavitud y la era de Jim Crow con la violencia policial del presente, ejercida, para Coates, con el asentimiento del votante americano. Una violencia internalizada en el cuerpo negro como miedo físico permanente, materialización corporal del racismo estructural heredado de la historia, e ilustrado por el temor constante a ser objeto de violencia por parte de la policía, temor perenne, sentido aunque la policía no esté presente, que forma parte de la identidad negra. Miedo a perder la integridad de su cuerpo, repite Coates a su hijo, por la amenaza del dolor, porque en cualquier momento le podría suceder lo mismo que a un amigo que fue asesinado por la policía en una carretera, episodio que le sirvió de punto de partida para ese libro: el látigo de ayer es la bala o la pistola eléctrica de hoy.

Esa es la violencia que el hiphop documenta con honestidad desnuda en sus efectos corporales y en la respuesta visceral del que la sufre: como rabia, rencor, insulto, ironía. Toma expresión en grabaciones míticas como Fuck tha Police (1988) del grupo N. W. A., una canción que no ha perdido vigencia y que Coates y sus amigos escucharon en su juventud una y otra vez: como un ritual de resistencia, como un acto de creación de una comunidad afectiva unida por la rabia que encuentra expresión en la violencia simbólica de una canción repleta de amenazas contra la policía (el FBI le escribió una carta de queja al editor del disco): “A un joven negro le fue mal / porque soy de color marrón / y no del otro y por eso la policía cree /que tiene la autoridad para matar a una minoría / Mierda jodida, porque yo no soy quien / para que me dé de palos y me meta en la cárcel / un chulo hijo de puta con una chapa y un revólver” (“A Young nigga got it bad ‘cause I’m brown / And not the other color so police think / They have the authority to kill a minority / Fuck that shit, ‘cause I ain’t the one / For a punk motherfucker with a badge and a gun / To be beatin’ on, and thrown in jail”).

“Fuck tha police, fuck-, fuck- / fuck tha police, fuck-, fuck-” repite, como un conjuro ritual, el estribillo.

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Ángel Loureiro es licenciado en Filosofía por la Universidad de Barcelona. Ha sido docente en materias de literatura, cine y fotografía en varias universidades estadounidenses, entre ellas Princeton, institución en la que dirigió el Departamento de Español y Portugués.

La libertad en Castoriadis: ¿Qué es la autonomía?

Por Miguel Aponte

A ArmandoEpigrama

Introducción

¿Qué es la autonomía? ¿Cuál es el sentido de este término? La palabra expresa para Cornelius Castoriadis la forma que adopta en la praxis la idea de libertad. La idea de libertad humana es la más importante y más discutida, tanto cuando se la afirma como cuando se la niega u oculta o mistifica. Origen y justificación de las grandes cosmovisiones contemporáneas: liberalismo y marxismo; y de todas las religiones. Origen de la ética. Por tanto, variable en función de la cual gira la vida humana: es necesario elucidarla.

Castoriadis llevó a cabo esta elucidación muchas veces y, quizás, su vida y su obra toda es un esfuerzo consciente, deliberado y libre por discernir el problema de la libertad, una prueba de su propia filosofía y de su propia vida. Elucidación trabajada en sus dos dimensiones, individual y social, sin mistificaciones y sin regresos religiosos, rompiendo por fin el puño platónico: el atrapamiento racionalista. Alejándose de toda cosificación del problema, rompiendo con todo determinismo, sin caer en las modas postmodernas, modas despechadas del siglo XX, ni en falsos espiritualismos.

Está de moda santificar la realidad y el presente –es la salida fácil–, pero para Castoriadis la materialización de esta vida es el proyecto revolucionario o transformador. Sólo un ser histórico puede tener la experiencia de la historia, ese ser es el hombre, entonces sólo a él le corresponde crearla creándose a la vez en ella. La historia es el terreno de esa creación que es a la vez creación de sentido, cada vez. Sin embargo, éste mismo acto creador es y ha sido casi siempre ocultado y lo que es producto del hombre ha terminado siendo presentado como resultado de fuerzas extrañas a él: Dios, Razón, Leyes, Tradición, Herencia.

La sociedad, por razones que Castoriadis indagó en profundidad, se va a encargar de esconder su alteridad, su propia trágica mortalidad, detrás de fuerzas extra-sociales a las que va a asignar un poder trascendente ¿Por qué? Porque ésta será siempre la manera de apostar a su propia inmortalidad, a su eternización histórica. Todas las sociedades históricas han estado, están y estarán sometidas a su propia finitud y todas sin excepción han trabajado y trabajan para ocultar y así intentar evitar su propia ruina. Ruina tantas veces inevitable como tantas veces ocultada. Hablamos de la sociedad heterónoma: enemigo jurado para siempre de la libertad. Contra la heteronomía como modo de ser alienado de la vida tenemos el punto de vista de la autonomía: Freud es uno de sus más grandes representantes y, obviamente, tenemos también a Castoriadis. En este papel vamos a ver cómo se engranan ambos puntos de vista, ambas reflexiones. El resultado es sorprendente. Veamos.

Individuo autónomo, Sociedad autónoma

Al contrario de la visión heterónoma, la verdad es que la transformación del individuo, la sociedad, la política, la institución y la historia no solamente son posibles sino que están en manos del ser humano como ser autónomo. La autonomía es un hecho constatable. De esto se trata y no solamente y nada más de filosofía y pensamiento. Es el rescate de la noción de praxis que para Castoriadis también es hacer pensante y acción lúcida que transforma la realidad. La teoría es parte de este hacer y no se entiende sin él. Pero dijimos que la elucidación va en dos planos: individual y colectivo. Así que las preguntas, para comenzar, son: ¿qué es un individuo autónomo? ¿qué es una sociedad autónoma? Esto es, no alienados. En este papel atenderemos la primera pregunta.

Individuo autónomo

Freud había dicho “Allí donde estaba el Ello, debo devenir yo”. La frase está en “Nuevas lecciones introductorias al psicoanálisis”, lección 31, y dice así:

“Su objeto (el del psicoanálisis) es reforzar el Yo, hacerlo más independiente del Súper-yo, ensanchar su campo de visión y extender su organización del tal manera que pueda apropiarse de nuevas zonas del Ello. Allí donde estaba el Ello, debo devenir yo. Es un trabajo de recuperación (…)”

Lacan tradujo la frase así: “Allí donde Ello fue, debo advenir Yo”; y añadía que el fin propuesto por Freud era el de la “reconciliación”. Castoriadis inicia su reflexión sugiriendo que, en principio, este Yo del que habla Freud es el “consciente en general” y el Ello es los “instintos” y las “pulsiones” o el “inconsciente en el sentido más amplio”. De modo que se trataría de que el Yo, el Consciente o la Voluntad tomen el lugar de los Instintos y las Pulsiones, “cuyas fuerzas oscuras” actúan por mí. Pero, atención, no se trata solo y nada más de instintos y pulsiones, líbido, eros o pulsión de vida y pulsión de muerte, que siempre están trabajando, siempre muy activas en el Inconsciente, sino que hay que incluir también entre esas fuerzas “oscuras” al Súper-yo que se forma y combina también en el Inconsciente.

Enseguida Castoriadis aclara que esa “toma de lugar” no puede querer decir desplazamiento, supresión o reabsorción del inconsciente por el consciente; y mucho menos eliminación. No es que el consciente tiene que sustituir al inconsciente o que debemos eliminar este inconsciente. Sino que se trata de “tomar su lugar en tanto que instancia de decisión”. Es decir, “la autonomía sería dominio del consciente sobre el inconsciente” en cuanto y en el momento en que en forma consciente se decide.

Castoriadis como filósofo reconoce el enorme aporte de Freud que con su análisis “revela” una nueva y profunda dimensión del problema; y recuerda que este asunto es tan importante como antiguo y ya venía discutiéndose durante siglos: es el programa de la “reflexión filosófica sobre el individuo” y la ética –Platón, estoicos, Spinoza o Kant. Cuando los griegos en Delfos ya afirmaban el “conócete a ti mismo” y antes quizá, están planteando el mismo problema: ¿quién o qué es “yo? ¿qué debe conocer? ¿qué debo decidir? Y, entonces, ¿quién decide?

Pero en Freud hay una enorme diferencia: el camino de Freud, su propuesta, es eficaz, mientras que los filósofos no pudieron descender de la abstracción. El problema estaba identificado, si se quiere, desde el “conócete a ti mismo”, pero el camino de Freud, su método, su vía, es una innovación que hace descender todo el asunto del trascendentalismo, se aleja no solo de la religión sino de todo racionalismo. Como podrá verse el camino de Freud no apunta al racionalismo platónico, sino a la praxis: saber que se hace en forma activa, hace y le hacen, saber que se produce en la relación de una libertad frente a otra libertad.

Si tomamos los términos del Yo del Consciente y el Ello del Inconsciente de Freud y los colocamos en paralelo a los términos de autonomía y la heteronomía de Castoriadis, la metáfora de Freud sugiere que el consciente es el Yo de la autonomía y el inconsciente es el Ello de la heteronomía. La autonomía es “mí” ley, mientras la heteronomía es la ley del “Otro”, es una ley otra. La ley de Otro que no soy Yo.

¿En qué sentido el inconsciente es la ley del Otro? ¿qué Otro es ese? No es Otro “desconocido”, aunque “no lo conozca”. Es Otro en mí. Lacan decía: “el inconsciente es el discurso del Otro”. Se trata de lo que dicen en el Yo los representantes de lo que no es él, es depósito de los puntos de vista y significaciones de quienes lo engendraron y criaron, e incluso desde antes de engendrarlo. Es la herencia atávica.

Dicho esto, entonces la autonomía sería que mi discurso tome el lugar del discurso del Otro: el Otro está en mí, me domina y no me deja ser. Habla por mí. No soy Yo. Se nota, dice enseguida Castoriadis, el componente social de todo el asunto. La dimensión social del problema. Empieza por los padres y termina con toda la sociedad y la historia. Se nota también, añadimos, que ese Yo que no existe desde el comienzo y que no es la herencia, eventualmente “aparece” y solicita su lugar. No es nada pero emerge. Aparece a partir del otro y, por lo tanto, a pesar y gracias al otro. Quizá habría que decir que existe y no existe. Es entelequia en el sentido de Aristóteles.

Entonces, ya vimos de qué Otro se trata. Ahora bien, es necesaria otra pregunta, ¿cuál es este discurso del Otro? ¿puede ser eliminado? ¿hasta qué punto? Castoriadis no se refiere a ser eliminado en su origen –pensemos que esto significaría eliminar el inconsciente y la sociedad, dos absurdos–, sino a que si podría ser eliminado o desplazado cualitativamente. Veamos.

El discurso que el sujeto tiene de sí no es suyo, sino del Otro. No habla él, no se dice, sino que es dicho por Otro. Se cree algo que no es. Es un disfraz que se le ha puesto. Es parte del Otro, de un mundo que no es suyo (y que a su vez está disfrazado, atención). Entonces, se trata de o es un discurso que, cuya cualidad es que es “imaginario”; esto, mientras a la vez es creído como “más real que lo real”. Es engaño vivido como real. Entonces, la característica del discurso del Otro es su relación con lo imaginario. El sujeto está dominado por ese discurso del Otro y “se toma por algo que no es”.

Ahora bien, continuemos: como el sujeto en principio no “sabe” que es así, que es el Otro quien domina, entonces, ese imaginario está “autonomizado”, alienado: define la realidad del sujeto y su deseo. Entonces, atención, la conclusión para Castoriadis es que la alienación individual no resulta

del conflicto entre pulsiones y realidad, sino que resulta del conflicto “que hay entre pulsiones y realidad por un lado y, por otro, la elaboración imaginaria en el seno del sujeto”.

Castoriadis afirma que si el conflicto “importante” fuera solamente entre “principio del placer” y “principio de realidad” y por tanto ésta fuera la causa única o definitiva de la alienación del sujeto, si todo el problema fuera la represión de los instintos y las pulsiones, “si este conflicto fuese suficiente causa patógena, jamás hubiese habido una sola resolución, incluso aproximadamente normal, del Complejo de Edipo, desde los orígenes de los tiempos, y jamás un hombre y una mujer habrían caminado sobre esta tierra”.

Lo anterior sugiere que el complejo de Edipo es un complejo histórico-social y humano, con un apuntalamiento natural, claro está, pero que es consustancial al carácter humano de la sociedad. Se produce porque es parte de la co-determinación hombre-sociedad y se resuelve o puede ser resuelto precisamente gracias a esa co-determinación. No estamos juzgando aquí que pueda no producirse, sino que es inherente: el complejo de Edipo, otra vez, es a pesar y gracias a la sociedad y somos a pesar y gracias a él simultáneamente.

Entonces, el problema es que el Ello, el inconsciente, inviste de realidad lo imaginario, lo autonomiza y le da poder de decisión, siendo que el contenido de este imaginario es el discurso del Otro; por tanto, repetición, y “repetición ampliada”. Añadimos, luego de la llegada del Yo, va a seguir siendo “imaginario”, solo que ya no será discurso del Otro. Pero, atención, lo que queremos decir es que imaginario siempre será. ¿O no?

Entonces, la tarea es que en este lugar del Otro, debo de venir Yo. Mi discurso. Mi discurso debe tomar el lugar del discurso del Otro. Pero entonces, atención, viene la pregunta obligada: ¿Qué es mi discurso? ¿Qué es un discurso que es mío?

El discurso es mío en cuanto lo asumo y para eso tengo que negarlo en tanto discurso del Otro, atención, no necesariamente negando el contenido del discurso del Otro, sino su condición de propietario, por decirlo así, del discurso: hago el discurso mío. En pocas palabras: hay que negar el discurso del Otro. Mi discurso toma el discurso del Otro. Asumo la causa del discurso o lo rechazo. Lo constituyo en verdad propia o lo elimino –hasta donde sea posible–.

Pero Castoriadis propone no tomar la frase de Freud en forma absoluta. Sería imposible que el Yo asuma completamente el discurso del Otro. Sería un objetivo inaccesible: “Jamás el discurso será íntegramente mío”. El sujeto ni siquiera podrá reasumir todo el discurso, evaluarlo completamente. Jamás revisará todo su inconsciente. Veamos la siguiente frase de Castoriadis:

“¿Cómo pensar en un sujeto que hubiese totalmente “reabsorbido” su función imaginaria?”

Estaríamos hablando de un sujeto que fue capaz de “agotar” todo su inconsciente, clarificándolo totalmente, un sujeto con un Yo pleno, completamente suyo, que solo es su propia voluntad y no se deja llevar por sus fantasmas porque ya no tiene inconsciente. Llegó a ser un Yo de una vez por todas. El tipo posee un discurso completamente suyo. Es siempre real y nunca fantasmático.

Desvela a sus fantasmas y los domina siempre. Un tipo cuya consciencia tomó el poder para siempre.

Hay que tener cuidado con esto, nos recuerda Castoriadis que allí residen los fantasmas más alienantes y las creaciones libres más verdaderas que la verdad y sugiere que sin el inconsciente “nada tendría fondo”; es la base de lo humano. Fuente de la imaginación radical, quiere decir. Remata entonces con esta afirmación que se va a conectar con el problema filosófico más hondo:

“La noción de verdad propia del sujeto es en sí misma más un problema que una solución.”

La filosofía tradicional y heredada busca “verdades” como claros en el Ser, pero esta posición reivindica la verdad más bien como una tensión permanente, como búsqueda y no como encuentro. Una aventura sin fin.

Entonces, claro, lo que propone es no mistificar la noción de Freud y darle otro sentido: “No se trata de un estado acabado, sino de una situación activa”. El hombre no podrá llegar nunca a ser totalmente consciente, totalmente autónomo, totalmente “hecho” de una vez por todas, no porque no sea “capaz” o como consecuencia de un “defecto” sino porque aspirar a eso no tiene sentido y es un error desearlo, alcanzar “eso” eliminaría lo humano. El ser humano es movimiento y actividad que se hace haciendo. Parte de ese hacer es pensar y la fuente de todo, el telón de fondo que permite todo, es precisamente el inconsciente, sin el cual no habría hombre y, por tanto, tampoco sociedad. A la vez, sin sociedad no habría ninguna posibilidad de que algún hombre exista. Una sociedad sin hombres con inconsciente no solamente es imposible, sino que no debemos desearla. Es un imposible y un absurdo a la vez. Castoriadis reivindica el inconsciente y el Ello y completa la frase de Freud de la siguiente manera: “Donde Yo soy, el Ello debe surgir”. Con lo cual, el postulado completo quedaría de la siguiente manera:

“Allí donde estaba el Ello, debo devenir Yo; y allí donde Yo soy, el Ello debe surgir”.

¿Qué nos está diciendo Castoriadis? Que el Yo no puede eliminar al Ello (ni a la sociedad) a menos que se elimine a sí mismo y esto no tiene sentido; y que, por tanto, debe permanentemente crear y recrear su relación con el Ello, pues el Ello también es Yo y debe manifestarse; por lo demás no puede no manifestarse. No se trata de no tener discurso del Otro, sino de no perder la consciencia de éste discurso y trabajarlo permanentemente. No dejarse alienar por él. Y, atención, esto incluye mis propias reelaboraciones, pues no debo permitir que se terminen transformando en Otras y me alienen.

Un sujeto así, nos dice Castoriadis, es un sujeto autónomo: uno que distingue entre “verdad” y “deseo”. Instaura otra relación entre el discurso del Otro y el suyo, discurso del sujeto. Un individuo que ve la realidad, sabe que no puede con algunas cosas, las identifica, pero no se conforma. Y como todo discurso es fantasma sabe no alienarse tampoco a su discurso, impidiendo que se transforme en discurso Otro, que se aliene y se vuelva Otro. Castoriadis va a dar los ejemplos de Platón y Freud: “jamás se detuvieron en este movimiento”. Jamás, por tanto, se alienaron ni siquiera a sí mismos.

Pero las preguntas continúan, entonces: ¿Qué sujeto es este? O, este sujeto ¿qué es? Respuesta: pues es actividad y no entidad. Es movimiento y no estado. Actividad y movimiento que trabaja sobre sí mismo y cuyo objeto es precisamente el discurso del Otro. No es ni puede ser actividad y movimiento sobre la nada. Y el algo sobre el que trabaja, que también lo constituye, no olvidar, es precisamente el Otro. Sin ese objeto que es el Otro en él, simplemente no es nada. No es. Es pues un sujeto co-determinado por su objeto.

Entonces tenemos para Castoriadis esta primera co-determinación: el sujeto es en la medida en que actúa sobre sí mismo, en un primer sí mismo que es el Otro. No es nada sobre la nada. No es entidad que actúa en un sin fondo.

Pero hay otro nivel de co-determinidad más complejo, advierte. Atención, esto es muy importante: Se trata de que en el sujeto está también el no-sujeto. El no-sujeto es el mundo, la exterioridad entera del mundo. Entonces, en el sujeto está también el mundo: “Está penetrado de parte a parte por el mundo y por lo demás”. Esta segunda co-determinidad implica que el Otro es ineliminable totalmente, porque ocurre que “el otro está presente cada vez en la actividad que lo elimina”.

Entonces, en el sujeto se encuentra la materia misma del Otro, del mundo y más; y todo lo demás, repetimos. Parafraseando a Castoriadis, la calle entra en el sujeto y lo hace su alcoba. El sujeto no es algo abstracto o que está más allá del cuerpo o la sociedad y los mira de lejos, como quiere el racionalismo; tampoco hay un Yo trascendental que contempla la naturaleza y la “existencia” desde arriba (ni desde abajo). Sino que en realidad el sujeto es “mirada y soporte de la mirada, pensamiento y soporte del pensamiento, es actividad y cuerpo que actúa –cuerpo material y cuerpo metafórico”. Citemos a Castoriadis:

“Una mirada en la cual ya no hay algo de lo mirado no puede ver nada; un pensamiento en el cual ya no hay algo de lo pensado no puede pensar nada”.

El soporte no es solo soporte biológico, contiene más, y sin ese contenido la actividad del sujeto es imposible. Pero es un contenido que ni es del sujeto ni es del Otro. Atención, “es la unión producida y productora de sí o del otro (o del mundo)”. “Con una sola palabra, incluso no pronunciada, el mundo se infiltra por todas partes”, dice Castoriadis. Y, remata, “no es sino por el mundo como puede pensarse el mundo” (…) “Lo pensado no es solo lo que está por pensarse, sino aquello por lo que es pensado”. Sólo porque el sujeto posee el mundo es por lo que puede llegar más allá de sus fantasmas. Casi terminando:

“Finalmente, no está sino en apariencia ajeno a nuestro tema el recordar que el soporte de esta unión del sujeto y del no-sujeto en el sujeto, el gozne de esta articulación de sí y del Otro, es el cuerpo, esa estructura “material” con un sentido virtual en su seno. El cuerpo, que no es alienación –eso no querría decir nada-, sino participación en el mundo y en el sentido, ligazón y movilidad, preconstitución de un universo de significaciones antes de cualquier pensamiento reflejo”. Entonces, ¿cómo pensar en un sujeto abstracto, ficticio, sin la realidad concreta de su cuerpo, de su historia y de su sociedad?

Terminemos con otra cita de Castoriadis:

“La verdad propia del sujeto es siempre participación en una verdad que le supera, que crea raíces y que lo arraiga finalmente en la sociedad y en la historia, incluso en el momento en el que el sujeto realiza su autonomía”.

 

Bibliografía:

Cornelius Castoriadis (2010), La institución imaginaria de la sociedad, Tusquets Editores, Buenos Aires, pp. 576, páginas 160-168

De la Convención Constitucionalista chilena a la revancha de la multitud

por Santiago Arcos-Halyburton

“(…) cabe al general intellect —el cerebro social productivo, cuya expropiación de la propia posibilidad comunicativa es el paradigma, al mismo tiempo, que el capitalismo contemporáneo y de su forma de dominación correspondiente —, la tarea de invención de otra política que camine por fuera de las instituciones, dándole combate en cada esquina y en cada nodo de las redes.” Silvio Pedrosa

La Convención Constitucional chilena fracasó, tal como Dilma fracasa en imponer las políticas de ajuste en el Brasil post Junho 2013, en un sentido, pero tuvo éxito como momento expropiador de la potencia multitudinaria que estalló en Octubre de 2019, un éxito cimentado desde el Acuerdo por la Paz de noviembre de 2019 , donde toda la casta política acordó salvar el régimen para salvar al Estado de la banca y las finanzas del asedio al que estaba siendo sometido por la multitud sublevada. Boric y Cía. fueron la mediación que encauzo el caudal, múltiple y diverso, de los millones de reivindicaciones sociales, económicas, políticas y hasta culturales, que la rebelión significaba en cada jornada nacional de ocupación de los territorios, sin una unidad programática, y lejos de la política de Asamblea o Convención Constituyente o Constitucionalista, esos millones de voces fueron silenciadas y llevadas a un momento electoral institucionalizado para que la elite pudiese recuperar ese movimiento en el nuevo contrato social promesado: nueva Constitución. Momento que es apoyado por el 78,28% de los votantes (votó solamente el 50,95% del padrón electoral, es decir 7.569.082 votantes, contra 14.855.719 registrado para votar) en ocasión del plebiscito que legitimaba el cambio de escenarios: la calle por el hemiciclo parlamentario y constitucionalista. Lo que fue celebrado y entendido por la multitud como el momento en que debía abandonar la calle, las luchas, y trocarlas por una “política” que ella entendía como un mandato. La Convención misma es no representativa, aunque sus componentes vengan, mayoritariamente del mundo social, de las luchas, en el caso de los “montañeses” , o del mundo de la antigua Concertación por la Democracia, que había gobernado neoliberalmente durante 30 años, y la derecha, con una expresión mínima de convencionales, y fuesen elegidos por voto universal. No obstante, si revisamos la estadística, veremos que del padrón electoral compuesto de casi 15 millones, de inscritos, solo se expresó en las urnas el 41,51% del electorado, donde las orgánicas burocráticas se dividen paupérrimos resultados electorales, los que indican una bajísima representación en los hechos (hay convencionales que fueron elegidos con menos del 0,1% de los votos emitidos de su circunscripción, lo que implica un 0,04% del padrón electoral inscrito). Respecto de los escaños reservados estos fueron gestionados de modo que fuese elegida la intelligentsia de los pueblos originarios, ligada a las burocracias partidarias, pero lejanas a las organizaciones sociales de las etnias que decían representar (por ejemplo, Elisa Loncón representaba al mapuche urbano de perfil académico, pero con cero vinculaciones con las comunidades en territorio mapuche), por lo que, desde el principio, fueron interpelados por miembros de base como representantes no legítimos. La Convención se vio imposibilitada de vender su moneda falsa, esa que aggiorna el régimen para trasvestirlo con una serie de derechos que la población es incapaz de digerir, porque no reflejan la inmediatez de sus necesidades y anhelos, esos deseos que estallaron como una llamarada de multiplicidades deseantes el 18 de Octubre de 2019, cuando millones de personas salieron a las calles en pos de un mundo, que imaginaban desde sus propias e individuales reivindicaciones, agenciándolas con las de las mil flores que brotaban por doquier, reconociéndose en los otros que bajaban a la calle y se sumaban a las plazas. La espontaneidad del acontecimiento, salvaje, primitiva, violenta, una oposición a todo lo que nos oprimía y continua oprimiéndonos, la más difusa insatisfacción con la vida que llevamos bajo el capitalismo financiarizado, se expresó, finalmente, como las plazas que la precedieron, Tahrir, Gezi, Sol, Maidan, sí, Maidan, como una expresión de enfrentar el poder desde la comuna que, inmanente, se va conformando en las calles, entre asambleas barriales, territoriales, estudiantiles, (las que rápidamente son cooptadas por las burocracias de diferentes layas, introduciendo la política constitucionalista en ellas) y legisla, a modo de un contrapoder, aumentos de salarios, freno a las alzas programadas, etc., a partir de sus expresiones callejeras, concedidas por el poder constituido a modo de mediación, pero todo eso debía ser derrotado, encauzado, expropiado, finalmente por la casta política para salvar el régimen. Este acontecimiento chileno pudo abrir una brecha en el muro del poder, pudo hacer real la frase de Marx y Engels, “llamamos comunismo al movimiento que en el real destruye el orden actual de las cosas”, sin embargo, apenas, el movimiento, logra introducir una cuña en el muro la grieta es cerrada y costureada por Boric y Cía. en ese acuerdo por la paz.
El fracaso de la Convención Constitucionalista está centrado en esa imposibilidad de venderle su moneda falsa a la multitud que lucho en Octubre 2019 y que fue aplastada por las cuarentenas, la cesantía, el deseo de securitización que estas construyeron en los sujetos y que la inflación continúa. Un deseo de servidumbre voluntaria recorrerá a la multitud, por todo el orbe terrestre, el ansia de encierro y el control de las poblaciones será la moneda de cambio conque la multitud transara su potencia por un supuesto derecho a salvar la vida. La multitud de las luchas chilena no es ajena a esta subjetivación, llevada a cabo por el capital, en su tránsito a la smartworkerización y total reemplazo de la mano de obra por la IA, será esta subjetividad, securitizada, la que se aleje de una Convención, que, en los hechos, había huido del control multitudinario para adentrarse en el del poder constituido, pero no constituyente, pactando con él, los dos tercios (que extrañamente son votados por mayoría simple y a pesar de que la reforma constitucional que los preveía no podía ser cambiada), será, este el primer gesto venial y servil que venía a confirmar el gatopardismo de la Convención, adornar el contrato social con unos derechos, que si bien son sentidos y universales, viven más en los papers de la intelligentsia “progre” que en el corazón de las multitudes. Por ejemplo, la paridad de género, que solo beneficia a unos cuantos cientos o quizás un par de miles de mujeres que sirven en el aparato estatal, político, empresarial y académico, pero que no es sentida por la cajera de supermercado, la mucama o la barrendera, que no acceden a ese feminismo de la igualdad que ansía cuotas de poder, mistificándolas de antipatriarcales, la plurinacionalidad que no fue ni siquiera extraída del deseo de los pueblos originarios sino que del jacobinismo de unos cuantos militantes y activistas. El progresismo elabora y negocia con el poder constituido un programa que sustente en el tiempo la mantención del orden actual, a partir de una propuesta repleta de derechos, los que, entre paréntesis, serian motivo de ley, su aplicación, leyes que el Parlamento debería legislar, bajo el régimen de la representación. Los convencionales, como dice Raul Zibechi, terminaron siendo más constituidos que constitucionalistas, una vanguardia iluminada, que viene a decirle que hacer y cómo hacer a los sectores populares, a darles lecciones respecto de las vidas que a ellos les cuesta vivir y que deben administrar por sí mismos, sectores que ya no aceptan más tutelas, más representación, algo que la intelligentsia no acaba de aprender, de asimilar, es que la representación no va más sobre los movimientos sociales. A esto sumémosle un texto abstracto, no ahorraron adjetivos, con 388 artículos y 57 disposiciones transitorias, difíciles de leer para quien no maneja la babel de las jergas académicas, progres, ambientalistas, animalistas o feministas, un texto que nunca intermedio con la multitud, con los “subalternos” (así es como definen a las personas los “progres”), sin propuestas para la vida cotidiana de las personas comunes y corrientes, que no solo ansían dignidad en sus vidas, sino que, seguridad económica, salud y educación de calidad, pagada a precios accesibles o gratuita, trabajo no precario, seguridad espaciosa y física. Solo los profesionales de la política ansían las revueltas, algo que se aprendía yendo a las antiguas huelgas del obrero masa fordista, era el sufrimiento que implicaban para ellos y sus familias las luchas. Un texto equivoco ante las declaraciones de algunos convencionales: la no expropiación de los fondos de pensiones, negándose a normarlos, y cuando lo fueron un parlamentario de gobierno se encargo de aclarar que la norma solo regía para la actual constitución, de aprobarse la propuesta, dejaba de regir; el sistema de justicia nacional prevalecerá sobre el indígena, pero eso no lo escribiremos en el texto; etc., etc. Ni la Convención, ni los convencionales, ni el texto pudieron comunicarle nada a quienes deseaban una vida otra, porque no hablaba su lenguaje, hablaba un idioma extranjero, ininteligible para la multitud de las luchas. Al descontento social, a la desigualdad social, a la sensación de ser estafados cotidianamente por el capitalismo, a la falta de igualdad de oportunidades la Convención ofreció, no igualdad material, que era el elemento central de la propuesta de las luchas callejeras, sino que identidades, una igualdad cultural que solo existe en el horizonte y el Monte Caramelo de las militancias y el activismo de los “progres”, que vinieron a encumbrarse como una vanguardia política, a introducir unos conceptos que tienen cero anclajes en la realidad cotidiana de las personas. Los pobres, en todo el mundo, apoyan proyectos con una muy concreta expectativa de solución de sus necesidades materiales, no conceptos vagos, académicos, especializados que solo anclan en las clases medias. Amén de haberse simbolizado, en el imaginario popular, el voto Rechazo como un golpe a un gobierno que niega la ayuda económica universal cuando la inflación golpea duro el poder adquisitivo de los pobres y la focaliza en pequeños segmentos de la población, porque Boric ligo el éxito de su gobierno a la aprobación de la propuesta constitucional, mal negocio cuando el rechazo a la figura presidencial bordea el 60%. La Convención termino hablándole a sus correligionarios, desde su deseo burocrático, disociado de lo social en el real, con un prejuicio a priori (Errejón en un debate sobre Bolivia, hace unos años, planteaba que la gente, los indígenas, los proletarios debían ser dirigidos porque eran incapaces de pensar y pensarse como sujetos, ignorantes), incapaz de generar poder constituyente, excepto una mediación y la derrota, transformando su actividad en un acto autoritario per se, al definir desde sus propios intereses, como casta político-burocrática, el destino de las luchas para guiarlas al desguazadero, incluso a contramano de la multitud que las produce: sin políticas públicas, sin propuestas claras el trabajo de los convencionales y su texto terminaron transformándose en desesperanza, en rabia, en un rechazo multitudinario, que debemos leer como una expresión de clase. Son los pobres, donde el quintil más bajo voto Rechazo en 75,1% y el medio bajo en un 71,3%, superando incluso a los quintiles más ricos, que votaron Rechazo en un promedio del 60%, mientras que el apruebo tuvo su mejor performance en los quintiles medio, 34,8%, medio alto, con 35,6% y en el quintil alto, un 39,5%, queriendo decir que el proyecto le hacia sentido a activistas, militantes y a las clases medias y parte de la clase alta, dejando a los pobres, nuevamente, fuera del retrato. Punto aparte es la votación en zonas con mayoría mapuche, donde el promedio de población indígena, 70%, fue superado por un 75% de Rechazo al texto plurinacional, lo que implica que los convencionales plurinacionales no representaban en nada a esas comunidades o poco conocen de lo que realmente piensan o sienten respecto del país o de su pertenencia, incluso de hacia dónde se inclinan sus preferencias políticas, que generalmente son marcadamente de derechas, ser mapuche y de izquierda no necesariamente son sinónimos, solo los progres sueñan con esa narrativa fantasiosa.
Ante estos hechos la clase política, la oligarquía, la Confederación de la Producción, se han puesto manos a la obra para mediar nuevamente este descontento con una nueva Convención o Comisión de Expertos que elabore una nueva constitución a la brevedad, en ese escenario el gobierno “progre” se saca la mascara y suma a su ejercicio de la governance del capital a los antiguos administradores de la Concertación, tratando de ampliar su base política, pues carece de base social, derivando de un kerenkismo senil a unos visos bonapartistas, que aún son un esbozo, y de este modo continuar su tarea de gerenciar los ajustes necesarios a la relación entre trabajo vivo y capital en medio del proceso de smartworkerización acelerado que abrieron las cuarentenas.
Algunos, esos que aun sueñan con el Che Guevara y Allende, pretenden ver en las marginales (solo en Santiago de Chile existen 11.248 colegios primarios y secundarios, y son un grupo minoritario de 7 liceos secundarios los que se manifestan), pero ruidosas, manifestaciones estudiantiles, un revival o continuación de Octubre de 2019. Estos grupúsculos estudiantiles, SER (Secundarios en Rebeldía), Irreverencia Estudiantil y Estudiantes por la Causa Popular, orgánicas que se reclaman del MIR y del MJ Lautaro o del FPMR , que, en su deseo mesiánico, pretenden erigirse en adalides de una refundación a partir de sus consignas vacías, grupos de raigambre anarquista, eso creen ellos, en los que predomina lo identitario, donde todo nace y muere en ellos y con ellos, donde todo disenso es atacado físicamente, nuevos narodniki; un sector donde la desconfianza en la Convención Constitucionalista era total, pero que hoy se moviliza atacando a esa multitud que votó rechazo, en animo moralista, de castigo por la opción política asumida en el voto, con una violencia virulenta, que profana tumbas en los cementerios, al modo de los neonazis en los cementerios judíos, de ataques físicos a transeúntes (golpear a una mujer que los interpela en defensa de la democracia, o a un hombre de 65 años que intenta pasar entre ellos; acusar a un migrante de cobarde por huir del hambre y no quedarse a luchar en Venezuela porque les solicita poder ingresar al tren subterráneo para llegar a su trabajo; asaltar a los repartidores para quitarles sus envíos y repartírselos entre ellos, en una especie de modo expropiativo desquiciado), o insultar a una mujer de 60 años por vivir en un barrio de clase media, sin mediar provocación. Estos grupos que no sostienen diálogo alguno con sus comunidades estudiantiles y funcionan mediante la coerción física (amenazas de quemar a una profesora a la que previamente rocían con bencina), que atacan a los alumnos con becas alimentarias para sacarlos del comedor del colegio y usar el mobiliario como arma, totalmente disociados de lo social, son resistidos por la mayoría de sus comunidades estudiantiles, son agrupaciones cuyo accionar está más cerca del terrorismo individual que de la acción social organizativa, democrática; tal como la CAM es resistida por el resto de las comunidades mapuches, que intentan disociarse de su accionar. Unas orgánicas cuyo modus operandi ha comenzado a ser interpelada por la ciudadanía en las calles. Una vanguardia innecesaria, cuando la multitud ha asumido su papel de clase, cuando en sus flujos y reflujos, en sus repliegues, para rearmarse de potencia, es capaz de constituir comunes que estas nuevas burocracias, teñidas de fascismo rojo, son incapaces de comprender o vislumbrar. Estos segmentos duros de una política de la negación del otro, aparecen siempre en el momento en que la multitud está en compás de espera, al acecho, maltrecha y golpeada por las cuarentenas y la inflación, por la creciente precarización de su vida, tratando de reemplazarla. No hacen falta héroes o vanguardia alguna, bastante heroica es la vida cuando el sueldo no alcanza o se debe estudiar y trabajar, bastante heroico es abordar cualquier servicio de transporte público o asistir a las salas de esperas de la salud pública; nuestro discurso debe ser un discurso positivo, comunista, donde a partir de las necesidades del movimiento se constituyen los comunes, nos miramos y nos descubrimos singularidades, diferencias, que se agencian y se abrazan en las luchas, ahí es donde nace la posibilidad de establecer una dirección, sin lideres, ni identitarismos, ni familiaridades partidarias. Es el movimiento quien se da un liderazgo estratégico común, afín al modo de producción que ha impuesto el capitalismo cognitivo, en colaboración. Solo en el dialogo, los consensos y la continua confluencia de las diferencias y sus movimientos podremos construir un terreno estratégico, una perspectiva de lucha duradera, que supere el momento de la plaza para diseminarse por los territorios constituyendo el común, en la reconstrucción de un tejido social, destruido por la pandemia y las cuarentenas, por los estados de excepción, avanzando juntos, como un colectivo, un conjunto de singularidades que agencian sus lenguajes, sus afinidades y discuten para encontrar el consenso en las diferencias, pero siempre poniendo juntos todos estos elementos cognitivos, sociales que se expresan en el surgimiento de organizaciones autogestionadas, como la ONG Joane Florvil de la ciudad de San Fernando, en el Sur de Chile, donde, desde las necesidades que abre la crisis en el empleo durante la cuarentena, se crea una olla común que da 300 almuerzos diarios, una escuela libre, huerto comunitario, cine comunitario, un sistema de salud holística comunitaria y una escuela de artes y oficios, experimentando, de este modo, la construcción de una orgánica en común, desarrollando, en profundidad, capacidades de gestión del espacio, de producción de insumos y servicios vitales, una creación de redes de solidaridad, de programación cultural y de ámbitos de decisión democrática. Este paso de la defensa a la constitución del común constata de que esa forma de gestión es infinitamente más democrática que la usual forma productiva de los servicios públicos a través de la dicotomía público-privado, que se alterna entre el Estado como proveedor directo o los varios modelos de descentralización hacia el mercado. Este germen de comunismo, por el contrario, se reapropia de los servicios para volverlos, no estatales-públicos o privados, sino que comunes.
Ante la debacle, el progrerio no tiene más respuestas que sus expresiones de clase, su resentimiento con los pobres, con las mujeres populares, con los indígenas, las comunidades afectadas por la falta de agua en manos de unos pocos, por los presos (que por primera vez votaban en una elección), su máxima expresión fue el desprecio por esos “subalternos” a quienes deseaba deslumbrar con su iluminada propuesta constitucional: “fachos pobres”, “no vuelvo a luchar por gente que no lo merece”, “país culiao”, “somos el peor país de Chile”, una ex convencional llegó a decir que ella “no justificaba a las poblas que se creían condominios”, esta casta salida de los doctorandos, de los círculos del poder y de las burocracias progres tiene tanta afinidad con la multitud, que la rechazo como dirección o vocera en Octubre de 2019, como la derecha que la reprime, aunque hoy es Boric quien apresta sus rasgos bonapartistas para reprimir cualquier atisbo de rebelión, tal vez sea hora de citar a Bertolt Brecht y su poema La Solución, ante el progrerio devastado por la derrota que la multitud le propina:
Tras el levantamiento del 17 de junio, el
secretario de la Unión de Escritores
ordenó la distribución de folletos en la Stalinallée .
El pueblo, leemos, ha
perdido por su culpa la confianza del gobierno
y sólo redoblando sus esfuerzos
pueden recuperarla.
¿No sería
entonces más sencillo para el gobierno
disolver al pueblo
y elegir otro?

¿A dónde vamos? No lo sabemos, tal vez podamos vislumbrar un descontento creciente en la población, un ruido sordo que va tejiéndose por debajo de las capas telúricas que la multitud teje, pero también podemos vislumbrar un momento venezolano, sin salida, ante la creciente inflación, donde la energía y potencia de la multitud de las luchas esta puesta en la sobrevivencia diaria y la barbarie o el autoritarismo se transformen en el modo de vida cotidiano. Por de pronto, tras la experiencia de más de 20 años de progresismos latinoamericanos, sabemos que Boric y sus corifeos solo mixturaran algo de neo desarrollismo con el neoliberalismo de siempre, logrando, como único milagro, una nueva multiplicación de lo pobres.
No, no sabemos cuándo estalla el acontecimiento, pero si sabemos que una de las grandes fortalezas del movimiento y de los no-movimientos, es su deseo de no ser representados, su huida del poder, su horizontalidad y la inmanencia con que establecen sus instituciones a medida que las luchas avanzan y se desarrollan, pero también esa es la gran debilidad, la imposibilidad de cuajar en instituciones permanentes, tal pareciera que la multitud constituye, en sus luchas, al modo de las sociedades contra el Estado de las que Clastres nos hablará alguna vez. Mientras, continuamos en las luchas, en la constitución de comunes, en las comunidades donde nos insertamos, esperando a que el acontecimiento estalle nuevamente y lo que llamo momento Maidan se produzca, cuando la multitud en sus luchas se abre paso destituyendo al régimen y podemos vislumbrar, a partir de ese momento, materialmente un ir más allá, hacia la destrucción del orden actual de las cosas para constituir ese deseo de comunes que la multitud expresa en sus luchas.