Peripecias del sur y autonomía

por Salvador Schavelzon

[…]

Desde el punto de vista de las luchas, estamos en un momento de reinvención y acumulación de experiencias. Cargamos en la espalda algunas derrotas, con un capitalismo que se reformula y avanza, y también con la resaca posterior a la reciente llegada al poder de políticos o partidos de izquierda que, después de un largo camino, optaron por gobernar sin enfrentar las lógicas del poder establecido. El resultado fue descubrir que no será por la vía estatal, conformando un gobierno, o en alianza con los viejos poderes que enfrentaremos al capitalismo y lograremos construir un mundo más justo.

La izquierda llegó al poder en buena parte de América Latina y primó la lógica de la conciliación que no cuestionó la precarización constante de la fuerza de trabajo, la reproducción de máquinas partidarias convertida en un fin en sí mismo, el no cuestionamiento del modelo de desarrollo predatorio, llegando también, en algunos casos, a aplicar recetas de ajuste de austeridad, reprimir movimientos sociales e indígenas, y dar espacio político a las derechas empresariales, políticas o de iglesias y fuerzas militares. Desde el gobierno no contribuyeron con el fortalecimiento de conflictos contra el capitalismo sino a su neutralización, convirtiéndose en piezas que permitieron su funcionamiento.

La derecha, aprovechando este fracaso, gobierna como comité de negocios privados y de representación de los intereses de las corporaciones, alimentando un modelo donde la pobreza se resuelve con armas y encarcelamiento, y ciudades colapsadas se entregan al consumo de antidepresivos, violencia paramilitar con vínculos con el Estado, y el abandono de los servicios sociales como salud y educación, garantizado apenas para minorías que pueden pagar. La visión que el poder difunde es la de un mundo sin lugar para diferencias, que interviene activamente contra ellas.

El desafío es difícil porque la crisis que recorre la izquierda nos deja sin respuestas sobre las formas de organización, programas, estrategias y líneas políticas para resistir y transformar el mundo. Las propias palabras y las formas organizativas con que se pensaba el futuro, la sociedad, la naturaleza, el Estado, son obsoletas y un canal para introducir las lógicas contra las que debemos organizarnos. Nos damos cuenta que vivíamos en ficciones de un mundo que ya estaba en descomposición, y carecemos de imágenes nítidas que nos muestren dónde estamos y hacia dónde vamos.

Sabemos, sí, que la lucha no puede volverse un nuevo poder de mando que separe los que deciden de los que trabajan, y que eso que entendemos por mundo es algo más complejo y menos centrado en lo humano de lo que occidente moderno pensaba, y también con la vida y el planeta siendo más amenazado de lo que sabíamos, con el problema de la viabilidad y existencia puesto hoy en día para todos.

Las crisis de los principios que organizaron y vida económica y social de la población en la era industrial se encuentra con la crisis de las instituciones liberales y de la forma de participación política. La expectativa de aparición de un sujeto revolucionario entendido de forma uniforme, organizada en sindicatos y partidos, además de “integrado” en una “sociedad”, se muestra ilusoria y no más conforme al mundo que vivimos.

Las respuestas frente al capitalismo de hoy parecen mostrar que se trata de conectar una masa no uniforme, volátil, efímera por sus formas de encuentro y trabajo, siempre en movimiento, sin derechos ni garantías. Esta fuerza, que a veces se advierte como posibilidad, ya no buscará tomar el poder sino construir una fuerza que en sí misma enfrente el mundo viejo, la explotación, los poderes establecidos y, en un brote de rebeldía, establezca nuevas formas de funcionamiento rompiendo con la imposición de realidades durísimas para cada vez más personas.

La autonomía aparece en este debate, no como principio superador a ser defendido dogmáticamente, sin conexión con los procesos políticos reales. A pesar de la caricatura que la izquierda de gobierno presenta en relación a la autonomía cuando debe “atropellar” algunas discusión y actuar sin consenso, la autonomía suele estar presente en todas las luchas como una dimensión en que son los movilizados, los de abajo, los que componen el movimiento y no sus cúpulas las que definen su curso potencia de acción.

La autonomía aparece entonces como lugar temido por el orden, y es desde allí que podemos pensar en cambios que se tornen irreversibles por la propia acción de quienes sin delegar, sin ser representados, sin ser suplantados por negociadores, respondan a la mercantilización, al encuadramiento, la burocratización de nuevas luchas, así como también las de siempre, por el territorio, por la vida, contra el trabajo y por disponer del propio tiempo.

Enfrentamos hoy una pandemia global, que sin embargo apenas nos permite ver con otros ojos la desigualdad, la naturalización de la muerte, la segregación que ya existía en la forma de capitalismo. El régimen epistémico que reproducimos como colonización y disciplinamiento en todas las esferas, del cuerpo al pensamiento; del trabajo a las formas en que imaginamos, se presenta como gran barrera para pensar los próximos pasos, que a veces sólo aparece como necesidad de destrucción de las instituciones del pasado.

La resistencia y el levantamiento muestran siempre respuestas que no imaginábamos posibles. Nosotros mismos nos vemos transformados cuando nos entregamos a la construcción colectiva de alternativas. Esa situación nueva producto de la organización y movilización política, esos cambios del curso de los acontecimientos, son las peripecias por las que nos interesamos en esta columna.

América Latina entera respondió en tiempo reciente con luchas de resistencia al avance del capitalismo en territorios y regiones enteras. Plantaciones que crean “desiertos verdes”, o dejan regiones sin agua o cobertura forestal, enfrentaron movimientos de poblaciones, pueblos indígenas o asambleas contra gobiernos progresistas o conservadores, inversiones norteamericanas o chinas. A todo avance del capitalismo y el poder estatal, fuerzas se organizan y muestran alternativas.

En 2019 vimos fuertes movilizaciones en Chile, Ecuador, Colombia… las calles son un elemento donde el poder muestra dificultades para sostener sus consensos, y la inestabilidad contagia nuevas derechas, progresismos que buscan renovación, o populismos de diferente tonalidad política.

La necesidad de pensar nuevas instituciones, no estatales, no cooptables, no manipulables por el mercado no tiene todavía en pie sus constructores. Avances como la creación de Estados Plurinacionales, Bolivarianos, incluso con autonomías o “participación social” hoy muestran su ruina y artificialidad, tanto como debates identitarios sin fin limitados a pequeños círculos, y la construcción de candidaturas en un juego político ensimismado sin conexión con el descrédito por la política de la gente común.

Se trata de pensar con qué herramientas contamos para pensar una lucha con autonomía, donde podamos impugnar el orden reinante, y no trabajar para su viabilización y administración más o menos progresista. América Latina se muestra despierta en la reorganización territorial autónoma de pueblos ancestrales, como los mapuche en Chile, los caracoles zapatistas, grupos de guardianes de la selva de distintas etnias en la amazonia, el cauca o regiones andinas. Búsquedas alternativas de territorios existenciales encuentran también aliados de la ciudad y el campo.

En formas de autonomía que se distancian de partidos, sindicatos y la patronal, vemos también trabajadores formales e informales que se organizan, como elemento central en la construcción de un levantamiento en las ciudades que interrumpe circuitos de mercadería e infraestructura ordenado por el capital, como vimos en los periódicos estallidos de ciudades latinoamericanas y del mundo. La necesaria organización internacional de la lucha por un mundo mejor también teje, en calles, selvas y redes, nuevos caminos. […]

 

Publicado originalmente en www.desinformemonos.org

(Los corchetes son del editor)

Guerras de capitales

Por Michael Roberts

Hemos abordado el debate de que el principal problema mundial en el siglo XXI es la creciente guerra comercial y tecnológica entre los EEUU y China. En su libro, Las guerras comerciales son guerras de clase, Klein y Pettis consideran que los desequilibrios comerciales son causados ​​por la desigualdad, el ingreso y el consumo en las dos potencias: China tiene un «exceso de ahorro» y Estados Unidos tiene un «exceso de consumo». He defendido que esta tesis no se sostiene en artículos anteriores.

Ahora tenemos el libro Capital Wars como una explicación alternativa de la rivalidad entre China y los Estados Unidos. La rivalidad entre Estados Unidos y China en la esfera económica se ha desarrollado hasta ahora en el comercio y la tecnología. La fricción en los mercados financieros no ha sido comparable. De hecho, a medida que se incorporan más acciones chinas en los índex globales, los inversores estadounidenses han estado invirtiendo capital en China a través de su inversión en fondos de inversión que siguen los índex.

Sin embargo, es poco probable que eso dure, según Michael Howell, ex director de investigación del banco de inversión Salomon Brothers, que ahora dirige su propia consultora. En Capital Wars, señala que las líneas de intercambio abiertas por la Reserva Federal de los EEUU a otros bancos centrales después de la crisis financiera de 2008, que se ha repetido con la crisis del coronavirus, se han extendido a naciones amigas, pero China ha sido excluida. Por lo tanto, el papel de la Reserva Federal como prestamista global de último recurso ha sido parcial y politizado.

Howell reconoce que la naturaleza de la relación entre estas dos potencias no es equilibrada. A pesar de la disminución de su participación en la producción mundial, Estados Unidos es el principal proveedor de la moneda de reserva dominante para los mercados mundiales. Pero su economía está marcada por un bajo crecimiento de la productividad junto con mercados financieros altamente desarrollados. China ha disfrutado de un alto crecimiento de la productividad a medida que se moderniza, pero ha subdesarrollado los mercados financieros. Sus persistentes excedentes comerciales han contribuido a una enorme acumulación de reservas de divisas: la mayoría en activos en dólares. Todo esto crea una interdependencia fragmentada.

El auge económico de China coincidió con un largo período de liberalización en los mercados financieros internacionales. Un tema central del libro de Howell es el aumento de la liquidez global: los grandes flujos de crédito, ahorro y capital internacional que facilitan la deuda, la inversión y los flujos de capital transfronterizos. En 2019, este flujo internacional de fondos se estimó en $ 130 billones, dos tercios más que el PIB mundial. La contribución de China era cercana a los $ 36 billones.

No hay nada nuevo en la visión de Howell. De hecho, varios autores, incluido yo, han señalado el enorme aumento de «liquidez», es decir, de la oferta de dinero, del crédito bancario, de la deuda (tanto pública como privada) y de los instrumentos de deuda como los derivados, particularmente desde principios de la década de 2000.

Lo nuevo es el énfasis de Howell en las nuevas formas que el sistema financiero ha encontrado para expandir lo que Marx llamó ‘capital ficticio’, es decir, activos financieros que supuestamente representan nuevos valores y ganancias futuras. Los bancos solían depender de los depósitos de los clientes para prestar y especular con ellos; ahora la principal fuente de fondos no son los depósitos, sino los acuerdos de recompra o ‘repos’, una forma de préstamo que debe ser respaldada por un ‘colateral’ en forma de activos “seguros” como bonos del gobierno.

Howell argumenta, como otros, que el sistema financiero ha superado el modelo de posguerra, cuando los bancos eran los principales facilitadores de préstamos. Tomaban prestado de sus depositantes minoristas y daban crédito a particulares y empresas. Hoy predominan los mercados mayoristas; y los principales proveedores de fondos son instituciones financieras y grandes empresas como Apple o Toyota. Los usuarios van desde compañías y bancos hasta fondos de cobertura y gobiernos: finanzas no bancarias o ‘banca en la sombra’.

El principal argumento de Howell es que la principal fuente de inestabilidad en el sistema financiero moderno ha sido la escasez de activos seguros para estos creadores de liquidez, ya que no se ha emitido suficiente deuda pública y el rendimiento era bajo de todos modos. De hecho, antes de la crisis financiera de 2008, los bancos de inversión intentaron inventar nuevos ‘activos seguros’, como las obligaciones hipotecarias garantizadas. Por supuesto, ahora sabemos que dichos activos no eran «seguros» en absoluto, solo un esquema de crédito Ponzi gigantesco que resultó ser muy «ficticio» cuando el colapso financiero global en 2007-2009.

La pregunta que Howell sugiere es si la gran inyección de dinero crediticio por parte de la Reserva Federal y otros bancos centrales para rescatar a compañías y gobiernos en la crisis pandémica del COVID conducirá posteriormente a un «shock» financiero similar. La diferencia ahora es que es el estado el que está comprando estos ‘activos seguros’ directamente, en lugar del sistema bancario o la “banca en la sombra” como en 2008-9. Sin embargo, el tamaño de las compras de bonos corporativos e hipotecarios del banco central, así como el papel del gobierno, es tan grande que, si hubiera un tsunami de bancarrotas, el prestamista de último recurso (el banco central) – convertido en la actualidad en el primer comprador de capital ficticio-  puede terminar con enormes pérdidas que los gobiernos tendrían que absorber.

Un mérito del libro de Howell sobre otros del mismo tipo es que ofrece una explicación de por qué hubo este cambio drástico de la «banca tradicional» a la «financiarización» de los activos gubernamentales y corporativos. Howell sitúa la causa directamente en el colapso de la rentabilidad en los sectores productivos de la economía.

Howell reconoce que la caída de la rentabilidad del capital industrial condujo a una creciente ‘liquidez’ global y esto contribuyó a la caída de las tasas de interés de los activos de riesgo, lo que condujo a la búsqueda de activos financieros seguros, abandonando la deuda pública y buscando ‘repos’, en detrimento de la inversión productiva.

Sin embargo, Howell comprende a medias la historia de los últimos treinta años, el colapso financiero global y la Gran Recesión. Desafortunadamente, a pesar de referirse al análisis de Marx en ocasiones, Howell no lo usa. En cambio, recurre a las macro-identidades keynesianas habituales para explicar por qué ocurren las crisis. Como con todas las macro-identidades keynesianas, las ganancias desaparecen de la ecuación.

Howell parte de la identidad básica: ahorro = inversión y la revisa en su ecuación clave: liquidez = inversión fija más la adquisición neta de activos financieros. La liquidez es realmente ganancia más crédito en sus diversas formas. Sin embargo, para Howell, la fuerza impulsora del capitalismo moderno no es la parte lucrativa de la «liquidez», esa vieja conocida. Es la parte del crédito. Para él, los flujos financieros y la asunción de riesgos de los inversores impulsan la economía real y los precios de los activos, y no al revés. Más liquidez conduce a más compras de activos financieros. Y más compras de activos financieros requieren más liquidez. Así, pasamos de una visión del capitalismo como un modo de producción con fines de lucro, al capitalismo como un modo de especulación e inestabilidad financieras.   Esta teoría es similar al enfoque de Minsky y las modernas teorías de la «financiarización».

Para Howell, la próxima guerra entre EEUU y China se librará no tanto a través del comercio o la tecnología, sino de los flujos financieros y el control de las monedas internacionales a medida que las potencias rivales luchen por ofrecer los activos financieros «más seguros» al capital global: por ejemplo, ¿el dólar o el renminbi?

Claramente hay algo de verdad en esto. Si China pudiera ofrecer una moneda fuerte y con líquidez para reemplazar al dólar, el imperialismo estadounidense estaría en serios problemas. Pero una moneda fuerte no puede ser «creada» por los mercados financieros; proviene de la fuerza relativa de la productividad del trabajo y la creación de valor en una economía. Ahí es donde se centra la guerra económica; con el comercio, la tecnología y las finanzas como campos de batalla. El valor es lo decisivo, no el crédito.

es un reconocido economista marxista británico, que ha trabajado 30 años en la City londinense como analista económico y publica el blog The Next Recession.

Fuente:

https://thenextrecession.wordpress.com/2020/07/19/capital-wars/

Traducción:G. Buster

La lucha de los repartidores de aplicaciones contra los algoritmos

por Salvador Schavelzon

 

UBER, RAPPI, IFOOD, LOGGI Y OTRAS EJERCEN UN GERENCIAMIENTO ALGORÍTMICO OBSCURO, IMPONIENDO ARBITRARIEDADES EN LA DEFINICIÓN DEL RITMO Y VALOR DEL TRABAJO

 

En medio de la tristeza política que hoy asola al Brasil, y a contramarcha de ella, la lucha de los repartidores de aplicaciones ha surgido con una especial fuerza. Símbolo del capitalismo desregularizado, financiero y de servicios, de estructura leve y lucros abisales, las pocas empresas de aplicaciones que controlan ese mercado han encontrado resistencia por parte de los trabajadores auto organizados que se movilizan contras las condiciones precarias de trabajo.

Absorbiendo una gran cantidad de trabajadores recientemente desempleados, o que ya se encontraban en el sector informal, las empresas Uber, Rappi, Ifood, Loggi y otra menores, ejercen un gerenciamiento algorítmico obscuro y autoritario, imponiendo arbitrariedades en la definición del ritmo, área de desplazamiento, cantidad y valor del trabajo, sin reconocimiento de vinculo para negar derechos y posibilitar un empleo pago mediante tarifas, con pagos menores que el mismo salario mínimo.

Sin posibilidad real de que los repartidores puedan regular, de forma autónoma, el trabajo, como las empresas argumentan que sucede — porque si no se adecuan al ritmo impuesto de largas jornadas de trabajo, las perdidas y represalias de las aplicaciones tornan el trabajo no rentable—, la respuesta ha sido la organización de protestas. Una primera paralización de los repartidores el día 1 de julio, conocida como #BrequeDosApps, con bloqueo en los locales de salida de los pedidos, movilización en la ciudad, y una importante cantidad silenciosa de repartidores que ese día no se linkearon con la aplicación.

La segunda paralización nacional fue convocada para el sábado recién pasado, 25 de julio, extendiéndose a varias ciudades. En la primera edición hubo movilizaciones y boicot también en Argentina, México, Chile y Ecuador, configurando ya una articulación internacional que enfrenta condiciones de trabajo parecidas. En las dos paralizaciones, se involucraron los usuarios que boicotearon las aplicaciones con evaluaciones negativas que bajaron considerablemente su “nota” en las plataformas de download. Varios restaurantes operaron sin reenviar entregas a empresas de aplicaciones.

Las reivindicaciones de los repartidores buscan un aumento de las tasas mínimas y por kilómetro, además del fin de los bloqueos indebidos y la demanda de auxilios o licencias de salud, accidente y distribución de EPIs (Equipamientos de Protección Individual), que fue limitada. Con el foco en las tasa los repartidores apuntan a valorizar el propio trabajo, que tiende a disminuir con la alta demanda de esta forma de renta, al mismo tiempo que aumenta considerablemente el lucro de las aplicaciones. Frecuentes penalidades económicas, suspensión del registro o desvinculaciones sin justificación ni claridad, acompañan la falsa idea de socios, en la falacia de una economía colaborativa donde solo se comparte con los trabajadores los costos de su propio mantenimiento y del equipamiento necesario para realizar las entregas.

La fuerza autónoma detrás de la organización de las protestas se conoce como Entregadores do Breque, formada por Motoboys y Bikers que destacan el no mantener vínculo alguno con los partidos o sindicatos. Los sitios donde se aglomeran a esperar los pedidos, los grupos de Whatsapp donde se intercambia información sobre las condiciones de trabajo y de las calles, y la circulación en la ciudad con adhesivos y panfletos en las mochilas, que los repartidores mismos tienen pagar para trabajar, han funcionado como espacios de organización y modo de divulgar las protestas.

La forma de organización de las paralizaciones responde a las características determinadas por el modo de trabajo, como un flujo continuo de repartidores dispuestos a divulgar las demandas y perder un día de trabajo para oponerse a la lógica de explotación impuesta. Es el propio trabajo del llamado capitalismo de plataforma el que configura un enjambre de trabajadores siempre disponible como fuerza a disposición de las empresas de aplicaciones para substituir a los repartidores cuando estos no pueden trabajar, en una lógica perversa de ser descartable frente a las enfermedades y accidentes, vehículos mal preparados como para arriesgarse en un día de mal tiempo, mala conexión, negativa a trabajar cuando no tiene demanda, etc.

En el enorme gasto en publicidad, que en parte responde al Breque Dos Apps, las empresas se presentan como solidarias, preocupadas de los repartidores y dispuestas a oír sus demandas. En la realidad, se niegan a dar asistencia y cuidado, por ejemplo anulando la decisión del MPT (Ministerio Publico del Trabajo) que obligaba a Rappi y Ifood a entregar elementos de protección en la pandemia. Las propias reglas de cada aplicación muestran una lógica cruel. Rappi impone un sistema de puntuación que obliga a trabajar a determinado ritmo, días, zonas, bajo pena de discontinuar los pedidos o llamados en las mejores zonas. La empresa Ifood organiza a los repartidores en dos categorías: una más libre (“nuvem”) que es castigada con escasez de pedidos, otra de “operadores logísticos” (OL), en la cual para recibir pedidos es necesario cumplir horario y responder a la subordinación de jefatura.

Forzando el algoritmo de valores, registros y evaluaciones para crear condiciones de super explotación, especulando con la necesidad de los que necesitan trabajar incluso con un valor de tasa menor a R$1 por kilómetro recorrido, las empresas obligan a extensas jornadas para compensar el gasto de los desplazamientos y otros costos, compra y mantención del vehículo, etc., costeados por el repartidor. Uber Eats, exige trabajar a ciegas, sin saber a cuál lugar el repartidor será enviado. Impidiendo la decisión de aceptar un pedido, que en otras app´s es permitida, pero conlleva un castigo. Trabajar como repartidor hoy exige horas de intentos de hablar con el soporte, deudas y suspensiones impuestas por problemas de las aplicaciones, de los clientes y de los establecimientos comerciales.

A medida que se desarrollaba la lucha de los repartidores, la prensa, los partidos y las instituciones reaccionaron. La izquierda partidaria hizo movimientos para apropiársela como “su” lucha. El Colectivo de Entregadores Antifascista, que apoya al Breque, contribuyo en esta dirección, a partir de la presencia en las redes sociales y la realización de gran cantidad de entrevistas en vivo con los medios, investigadores y representantes políticos o candidatos de ese campo. El grupo fue formado cuando se popularizo en las redes sociales un meme en que las personas declaraban que sus profesiones y actividades eran “antifascistas”, en el momento que esta denominación surgió a tono con las protestas anti racistas y  contra la violencia policial en Estados Unidos y coincidiendo con las protestas “antifascistas” contra Bolsonaro de la izquierda de São Paulo, a comienzos de Junio.

Pero la identidad o afinidad con la izquierda partidaria está lejos de ser lo que prevalezca entre los repartidores que organizan las paralizaciones, así como la de los millares que se suman al movimiento o deslinkean la aplicación en los días de protesta, adhiriendo al Breque dos Apps. Por su forma auto-organizada y salvaje, la huelga de los repartidores recuerda en parte la movilización de los camioneros de 2018. También las jornadas de Junio de 2013, que paralizaron la ciudad contra el aumento de la tarifa de transporte público y abrieron un periodo político ambiguo.

En la lucha de los repartidores, entre la primera y la segunda huelga, se produjo la intervención de grupos de derecha que trabajan en las redes sociales. Sin embargo, en un contexto diferente al de antes de la llegada al Gobierno, la derecha se coloca fuera del movimiento, en oposición a la paralización de los repartidores. En una línea similar a la que las empresas de aplicaciones han utilizado como estrategia en otros países del mundo, la fuerte inversión en redes sociales presenta al Breque dos Apps como contrario a los intereses de los repartidores («Não Breca Meu Trampo»), que también busca asociar las protestas a la izquierda y al sindicato como una forma de debilitarlos.

En el centro de la discusión, aparece el debate sobre la posible formalización y regulación de la actividad. Después del primer Breque, diputados presentaron proyectos y el sindicato del sector (SINDIMOTO-UGT) presentó demandas en el Tribunal Laboral, con la perspectiva anunciada de buscar el reconocimiento dentro del marco CLT (Consolidación de las Leyes del Trabajo) para los repartidores de aplicaciones. Esta bandera, que también se utiliza para desmovilizar y es poco probable que se logre, suscita la sospecha entre los repartidores de que podría obstaculizar el acceso al trabajo y la pérdida de flexibilidad, sin aumentar los ingresos. Como es contraria a la lógica que organiza esta economía, una formalización probablemente solo alimente negociaciones eternas y carreras de intermediarios políticos que, como las aplicaciones, se muestran como una mediación indispensable, pero no conducen a nada o mantienen la misma explotación.

El presidente de la Cámara de Diputados, Rodrigo Maia (DEM), sostuvo una reunión con repartidores de todo el país invitados por el PSOL. La congresista Tábata Amaral (PDL) con el apoyo de Fernanda Melchionna (PSOL) presentó un proyecto que regulariza todas las actividades posibles «a pedido», buscando imponer obligaciones específicas a las empresas de plataforma, pero también llevando a la posible legalización de un trabajo mal remunerado. Condiciones de trabajo precarias en una falsa autonomía, o formalización del trabajo precario, con riesgo pagado por el trabajador, la fuerza de los repartidores ha sido encontrar formas de presión directa sobre la distribución de utilidades y la imagen de las empresas.

La auto organización y la lucha de los repartidores ha logrado visualizar el conflicto con las empresas que prefieren hacer que los trabajadores sean inviables en la promoción de una marca que se presenta como facilitadora del consumo directo entre los establecimientos comerciales de parte de los clientes, o que oculta la deuda del trabajo no remunerado en un discurso de ayuda para repartidores accidentados y oportunidad emprendedora. También en la transferencia del costo de la mano de obra a la propina de los clientes, que algunas compañías de aplicaciones aún no entregan completamente a los repartidores, apropiándose de parte de ella.

En el momento en que se declara la guerra entre los repartidores y las aplicaciones del capitalismo de plataforma, la amplia adhesión a la huelga se muestra como una mejor respuesta al trabajo precario que, con la complicidad del Estado, se impone más allá de cualquier legislación, debido a la capacidad tecnológica de gestionar millones de entregas con pocas compañías, estableciendo tasas en el límite de lo posible, siempre a la baja. Esta lógica es cuestionada por los repartidores que, en la posibilidad de detener la ciudad, construyen el camino para superar las imposiciones actuales, encontrando así un nuevo lugar desde donde posicionarse.

 

Salvador Schavelzon,  antropólogo, profesor de la Universidad Federal de São Paulo y autor de El Nacimiento del Estado Plurinacional de Bolivia, versión de su tesis doctoral.

 

Traducción del portugués Santiago De Arcos-Halyburton

Publicado originalmente en https://brasil.elpais.com/opiniao/2020-07-25/a-luta-dos-entregadores-de-aplicativo-contra-os-algoritmos-autoritarios.htm

Silvia Federici: “Para realizar un cambio se debe colocar la vida en el centro”

Por Natalia Pravda

La pandemia de la Covid-19 ha provocado muchas reflexiones sobre las estrategias de salida a la crisis. Mientras que muchos abogan por un «retorno a la normalidad» y un regreso al crecimiento sin cuestionar los puntos ciegos del sistema económico dominante, ciertas perspectivas más radicales proponen salir del «capitalismo patriarcal».

La teórica y feminista marxista Silvia Federici compartió sus ideas sobre el actual momento en un seminario web correspondiente a un proyecto de investigación sobre sociedades de postcrecimiento, adscrito al Centro de Investigación sobre Innovaciones y Transformaciones Sociales de la Escuela de Innovación Social Elisabeth-Bruyere de la Universidad de Saint Paul, en Ottawa (Canadá). Colombia Informa publica una traducción al español editada de este seminario* que exploró formas de construir una sociedad más allá del crecimiento, del capitalismo, del colonialismo y del patriarcado.

La reproducción social, los bienes comunes, la relación con el cuerpo y el territorio fueron los diferentes temas abordados en este intercambio con una de las intelectuales críticas más relevantes de nuestro tiempo.

Silvia Federici es profesora emérita de la Universidad Hofstra en el Estado de Nueva York. Miembro fundador del Colectivo Internacional Feminista en la década de 1970. Fue una de las activistas detrás de la campaña Salario para el trabajo doméstico, que continúa alimentando las luchas contemporáneas contra la invisibilización del trabajo de las mujeres. Es autora de varios libros como Revolution at Point Zero, Tareas domésticas, reproducción y lucha feminista (2012), Calibán y la bruja (2014), Reencantar el mundo, Feminism and the Politics of the Commons (2018), Le capitalisme patriarcal (2019) y Beyond the Periphery of the Skin: Rethinking, Remaking, and Reclaiming the Body in Contemporary Capitalism (2020).

Escuela de Innovación Social: En sus últimos libros Reencantar el mundo y Más allá de la periferia de la piel ha hablado del tema del “postcapitalismo” bajo el lente de la visión de reproducción social. ¿Nos podría compartir qué significa postcapitalismo?

Silvia Federici: Creo que es importante poner en contexto la pregunta del tipo de transformación que necesitamos. Ojalá la crisis actual, esta pandemia, sea una oportunidad histórica, un momento fundamental de toma de conciencia. El sistema social actual, de manera sistemática, devalúa la vida humana y devalúa toda forma de vida en general. Nos lleva a un ciclo infinito de crisis. Esa crisis tiene una dimensión global que está afectando todas las esferas de la vida. Ojalá sea un punto de inflexión. Estamos en un punto que no permite el retorno a la normalidad en la cual estábamos. Es un momento crítico para todo las personas en este planeta. La Covid-19 ha puesto a la luz las crisis que ya estaban y eso es muy importante. Ha hecho que sea visible y que sea inevitable ver una cantidad de crisis que ya existían, incluyendo la crisis de la reproducción por ejemplo.

El hecho de que, sistemáticamente, en los últimos 30 años el sistema sanitario y de salud haya diferenciado poblaciones en distintos grados y en distintas maneras, ha tenido un impacto diferente en muchas partes del mundo. Pero en todas partes estamos ante unos sistemas totalmente desmantelados. Por ejemplo, en Estados Unidos las comunidades racializadas y negras han sido afectadas de manera desmedida por los impactos del desmantelamiento de la salud. El sistema sanitario a nivel global ha sido privatizado.

Paralelamente, hemos presenciado un ataque sistemático al sistema agrícola en los últimos 30 años con monocultivos y agroindustria que han ido en contra de la producción de la comida (la cual es esencial para la reproducción de la vida). La producción de la comida ha sido asimilada al mundo industrial con el uso de químicos y de semillas modificadas genéticamente. Todo eso tiene un impacto directo sobre nuestro sistema corporal, social, inmunitario. Incluso tiene un impacto sobre nuestra capacidad de reproducirnos como especie. Es importante porque tenemos que ver cómo esas crisis se conectan al trabajo.

Y esto nos permite entender la razón por la cual hay tanta gente desempleada que está siendo remplazada por máquinas. Mientras que otros tienen que trabajar más que nunca. Entonces, tenemos de un lado ese desempleo y del otro esa obligación de trabajar más y más. Esta tendencia afecta, especialmente, a las mujeres.

Las mujeres se quieren hoy emancipar a través del trabajo. Pero deben tener dos o tres trabajos para poder tener algún tipo de autonomía económica. Necesitan tener más de un empleo. Es una contradicción fundamental entre la reproducción de la familia y el trabajo. Por eso vemos a los niños y a las personas de la tercera edad en esta situación.

Pero, sin extenderme mucho en este punto porque pienso que muchos de los elementos de esta crisis ustedes los conocen muy bien, ustedes saben que a distintos grados hemos vivido estas consecuencias concretas. Entonces, ¿qué está pasando hoy?

Estamos tomando conciencia de que nuestras vidas están en peligro. Hay una necesidad de cambio estructural. Una necesidad de empezar un cambio social desde la reconstrucción del proceso de reproducción social, ya que la misma lógica del capitalismo está basada en devaluar la vida humana y subsumirla a la acumulación del capital.

Este sistema económico coloca la idea de crecimiento continuo como principio de la explotación de la vida humana. Para realizar un cambio se debe colocar la vida en el centro, lo cual es un lema importante para el movimiento feminista. Poner el “buen vivir” en el centro. Estamos hablando de una sociedad que permita a los individuos y a las colectividades prosperar y que no estén esclavizadas de manera perpetua, haciendo que la riqueza producida beneficie a todos y a todas.

Para eso todos los aspectos de las reproducciones se deben de transformar. Empezando, claramente, con esas actividades centrales al desarrollo de nuestras vidas: el trabajo doméstico, la crianza de los niños, el cuidado a las personas que no son autosuficientes. Pero no es suficiente, debemos de repensar la agricultura y alejarnos del modelo de agricultura actual, que es una producción de la muerte. Si lo pensamos, reproduce carencias y muerte porque se basa en el comercio y en el mercado. Solo beneficia a las personas que tienen los medios para adquirir esta comida y, al mismo tiempo, la producción de esta comida está contaminando el agua y acabando las semillas. Estos químicos están en la tierra, están en el aire y están en nuestros cuerpos.

Cuando compramos comida, no sabemos si nos estamos nutriendo o si nos estamos envenenando. Esta es la situación actual. Comprar comida hoy es un acto de ansiedad. Tenemos que proyectarnos a una transformación fundamental y cultural. Cultural en el sentido de que tenemos que tomar el camino hacia una sociedad que llegue a acabar con esta desconfianza entre nosotros. Una desconfianza que nos ha sido inculcada por todos los medios posibles. Tenemos una relación negativa con el otro. Esta relación es el centro de nuestras riquezas y de la sociedad, al igual que nuestra relación con los animales y con la naturaleza. Esto debe cambiar y tenemos que poner fin al tratamiento barbárico contra los animales.

En el Oeste de Estados Unidos, por ejemplo, son centenares de miles de animales maltratados que morirán porque no hay en este momento suficiente personal para procesar y venderlos en el mercado. A estos animales los van a matar. Es una barbaridad, como toda la industria de la alimentación. Esta industria se construye sobre el sufrimiento. En las fábricas hay hasta 5.000 puercos o pollos que se encuentran encerrados y son alimentados con medicamentos y patógenos. Es un problema bastante grave.

Existe una conexión básica de lo que pasa a nivel ecológico (como la contaminación de los mares) con la destrucción de la agricultura. Cabe resaltar que esa transformación de la agricultura tiene que ver con el desplazamiento forzado de millones de campesinos y campesinas. Olas gigantes de migración. Esta gente no abandona sus tierras o países sin ningún motivo. La gente abandona su país porque le toca, porque sus tierras han sido privatizadas y ese es el motivo fundamental de las olas de migración mundial. Son cambios gigantes y estructurales los que necesitamos plantear.

Uno de los momentos del seminario.

Debemos empezar a pensar en nuestro compromiso en dos niveles. Un nivel es inmediato. Hay necesidades inmediatas que se deben resolver con la ayuda mutua. Necesitamos proteger a la gente que está en peligro inmediato y que se encuentra marginalizada por esta crisis. En el otro nivel, debemos pensar a largo plazo porque una sociedad postcrecimiento, postcapitalista es una sociedad en la cual tenemos que empezar a construir el proceso de producción y reproducción en un sentido amplio. Desde la casa hasta la finca. Incluso hasta la relación con la naturaleza y los animales. Eso supone un esfuerzo colectivo muy fuerte.

Mi trabajo en los últimos años se ha enfocado de manera persistente en el tema de las políticas de los comunes. Entendiendo a los comunes como un principio cultural que se refiere a una sociedad en la cual colectivamente tenemos acceso a los medios de nuestra reproducción. En donde colectivamente tomamos decisiones sobre los medios de reproducción y podemos definir sobre los temas más importantes de nuestras vidas. No siendo unos recipientes pasivos que se encuentran alienados sobre decisiones que se toman arriba. Hemos visto y de hecho tenemos una historia de más de 500 años de actividad del capitalismo que nos dice que tenemos que comprometernos, no solamente como individuos sino como un colectivo que tiene como propósito la reconstrucción del proceso de reproducción social.

Debemos cambiar la relación con los recursos y con las riquezas que estamos produciendo hacia nuestro buen vivir. Poner en el centro de esta colectividad la reproducción. Tenemos que reconstruir la reproducción de una manera más cooperativa sin que nos aisle a cada uno en casa.

Sería bueno decir algo sobre el tema de crecimiento que está muy conectado al tema del consumismo. Existen muchas críticas a los individuos por ser consumistas. Incluso gente pobre que no tiene muchos recursos y que van a gastar lo poco que tienen en comprar cosas. Eso es consecuencia del empobrecimiento que hemos sufrido. El consumismo es la respuesta a ese empobrecimiento social. Las relaciones sociales son tan insatisfactorias que nos hacen sentir como perdedores todos los días. Así es que estas necesidades incumplidas se reflejan en el consumismo. Para sentir algún tipo de poder, se nos ofrece tener la capacidad de comprar cosas.

Si pensamos en una sociedad donde nuestras relaciones sociales con el conjunto de la sociedad fueran completas y nos llenaran, no tendríamos que comprar cinco pares de pantalones para poder rellenar esa falta que sentimos en nuestra relación con el mundo. La mercancía, la “commodity”, se vuelve la manera de rellenar esa falta que sentimos. Eso tiene que ver con el crecimiento, por eso es tan importante mencionarlo.

Se deben amplificar los procesos de reconstrucción de la sociedad junto con nuestra capacidad de cooperación. Obviamente, ya hay muchas personas trabajando y no es que estemos iniciando desde el punto cero. Hay movimientos muy importantes que están trabajando en este momento. Lo que debemos de hacer es conectar nuestras luchas y trabajar juntas. Eso es fundamental, porque esta unión de luchas nos puede dar la capacidad de encontrar nuevas posibilidades para hacer surgir las cosas que queremos.

No se puede afirmar que exista un solo modelo. Es importante citar a los zapatistas: “un no y muchos sí”. Tenemos que tener mucha claridad colectiva en qué es lo que no queremos ver en la sociedad que queremos construir. Una sociedad que no queremos que destruya el planeta y que no sea injusta. Tenemos que reconocer la existencia de muchas trayectorias históricas y muchas luchas.

El Buen Vivir, por ejemplo como lo dicen en América Latina, se puede actualizar de muchas maneras distintas en cada territorio. Ese es el trabajo más creativo. Ver cómo estas luchas y cómo esta reconstrucción colectiva es un trabajo creativo que incluye esa diversidad.

Si no queremos condenar a los niños a un futuro terrible, tenemos que poner atención en lo que está pasando ahora con esta pandemia. Es un signo de alarma que debemos escuchar y tenemos que transformar esta situación con una premisa importante: los que van a determinar la salida de esta pandemia no pueden ser los que nos llevaron a la destrucción de este planeta. No podemos encargarlos a ellos de encontrar las soluciones. Nosotras debemos ser participantes de estas soluciones a la salida de la crisis.

E.I.S.: ¿Cómo podemos aprovechar este contexto para dar pasos hacia una sociedad postcrecimiento sin que la salida de esta pandemia esté totalmente apropiada por la misma élite económica y política que nos llevó ahí?

S.F.: Como venía diciendo, esta pandemia visibiliza una crisis que ya habíamos anunciado. Su existencia es de conocimiento de todos. Por eso hemos visto que las áreas de la sociedad más afectada son las personas que cuidan a las personas de la tercera edad. Hace muchos años que mi trabajo se enfoca hacia el cuidado de este tipo de población. En muchas partes del mundo el tema del cuidado de las personas mayores es terrible. La gente ya se estaba muriendo. La crisis en esta área de la sociedad ya existía. El sistema capitalista se encarga de devaluar sistemáticamente la vida y lo aplica más a unas personas que a otras.

Los mayores de las clases trabajadoras ya no son productivos. Con el neoliberalismo se recortaron los presupuestos y los recursos, sobre todo a las familias trabajadoras. Son los adultos mayores las víctimas centrales de estas políticas. No es un accidente que haya un desastre con los mayores en medio esta crisis de la Covid-19.

Siempre han existido muchos errores en términos de accesos a la salud, a medicamentos. También muchos abusos de parte del personal que atiende a las personas mayores. Estos incurren en abusos. Los hospitales no estaban preparados porque se había tomado la decisión política de no tener los recursos en los hospitales. Por tal motivo faltaron las cosas más necesarias.

Es muy importante que la gente entienda ese elemento. La falta de preparación de la sociedad ante un desastre como esta pandemia tiene que ver con lo que estaba pasando antes. Esto es el resultado de decisiones que se tomaron y nos llevaron a esta situación. Decisiones como afirmar que el derecho a la salud no era tan importante. Entenderlo es lo que nos puede llevar a resolver esta pregunta.

El objetivo principal es dar un salto cualitativo a otro nivel. Si uno ve lo que ha pasado en África, en el Sur asiático, en América Latina en los últimos 30 años, podrá constatar que han existido muchas olas de epidemias. Una tras otra, como resultado de la pobreza económica, el sistema y los ajustes estructurales.

En todo el mundo colonial ha habido una reducción de la calidad de vida. La gente ha sido víctima de muchas epidemias como la meningitis, el cólera, el zika, el ébola. Pero ahora la pandemia es global. Si no entendemos esto, no vamos a estar dispuestos a crear el tipo de movimiento que necesitamos para transformar la vida cotidiana y comprometernos con ese cambio de una manera muy profunda.

¿De qué manera debemos actuar cuando este sistema se ha construido durante siglos y es un sistema que no se va a transformar de la noche a la mañana? En el activismo del presente podemos dar respuesta a las necesidades inmediatas pero es necesario incluir una perspectiva a largo plazo. Debemos incluir una perspectiva de reapropiación de las riquezas sociales, de reclamar y reapropiarse de la tierra, de retomar el control sobre la cadena de producción alimenticia. Y volver a conectar estas luchas. La lucha estudiantil se debe conectar a la lucha del sector salud y juntas se deben conectar con las luchas campesinas.

La destrucción del ecosistema es central. Hoy la lucha social no puede ignorar la destrucción del ecosistema. Cualquier lucha debe tener una dimensión ecológica, ya que es fundamental a la reproducción. Ese sería el primer punto.

El segundo punto es que desde el inicio debemos de empezar a cambiar la manera en la cual vivimos en este mundo. Personalmente, me ha impresionado y lo he escrito en Reencantar Al Mundo (mi último libro) y en otros de mis trabajos, todo lo que he aprendido de las mujeres de América Latina. Específicamente las mujeres que viven en zonas periféricas de las ciudades latinoamericanas como las favelas y todos estos territorios que quedan en los límites de las grandes ciudades. Estas personas han estado ahí desde hace mucho tiempo, enfrentándose a lo que hoy nos estamos enfrentando. Es gente que se desplazó porque les robaron la tierra y hace mucho tiempo se dieron cuenta de que el sistema no tenía nada para ofrecerles.

Claramente, su accionar podría ser entrar en desesperación. Pero no es así. Se organizan colectivamente y en unidad miran cómo seguir negándose a perder. Crean huertas comunitarias, cocinas comunitarias y medios para acceder a la comida. En ese proceso hay un nuevo tejido social que se construye. Esas nuevas relaciones afectivas y de solidaridad son una revolución. Porque ese nuevo poder de este nuevo tejido social le da habilidad a la gente de relacionarse de una nueva manera con el Estado. No como la última línea de la pirámide, sino desde una posición que obliga al Estado a soltar algún tipo de control. Hablemos de comida, de educación, de salud, de agricultura. Sobre todo esto tenemos algo que decir. Sobre lo que pasa en los hospitales tenemos algo que decir. Sobre qué tipo de sistema de salud queremos. Esos son los pasos que debemos dar. No son utopías. No son cosas extraordinarias. Son cosas que podemos hacer y que nos permitirán tener un tipo de control sobre nuestra forma de vivir cotidiana.

*Esta conferencia continúa en una segunda entrega.

CI SF/BJ y PC/16/07/2020/14:30

Fuente: https://www.colombiainforma.info/silvia-federici-para-realizar-un-cambio-se-debe-colocar-la-vida-en-el-centro/

El reto de enfrentar a Bolsonaro y el fascismo social brasileño. Entrevista especial a Giuseppe Cocco

Por: João Vitor Santos

 

IHU en línea: ¿cómo analiza el gobierno de Bolsonaro? ¿Cuál es el enfoque de su forma de hacer política?

Giuseppe Cocco – Hay una impresión bastante difusa de que Bolsonaro no está gobernando. Pero, incluso podemos pensar que el proyecto es el mismo: fragmentador y destructivo. Él continúa en las elecciones. Nunca dejó de alimentar el eje fundamental de su éxito electoral: las guerras culturales. Ahora, aunque son culturales por el momento, siguen siendo guerras y los gestos de los últimos meses van en esa dirección. Peor aún, sabemos que Brasil no necesita guerra, como ya lo ha hecho. Bolsonaro siempre ha sido así sociológicamente, ahora es realmente la expresión política de las facciones de esta guerra que bloquea la democracia brasileña. Está demostrando que está apostando al aumento general de la violencia y esto en una situación en la que ya está en un nivel insostenible: liberación de ventas de armas, municiones sin dejar rastro. Hasta la ya increíble violencia en el tránsito él quiere aumentar. Aumenta la violencia y quiere indiferencia hacia las víctimas, incluidas las decenas de miles de muertes por el covid que su administración está determinando: en la semana de publicación de esta entrevista, alcanzaremos 70,000 muertes y «triplicaremos la meta» (solo contando) notificación oficial y esperando que las medidas de los estados y municipios reduzcan la masacre que planea la meseta). En Francia e Italia (que promulgó bloqueos rígidos), los procedimientos judiciales ya están en marcha e involucran a esos gobiernos: ¿qué debería o deberá suceder aquí donde incluso el Ministerio de Salud fue destruido?

Hasta la pandemia, había un precario equilibrio entre este proyecto mortal y la agenda neoliberal de [Paulo] Guedes [Ministro de Economía]. El dispositivo de legitimación del gobierno fue doblemente alimentado por la herencia lulista: indirectamente, hubo una continua renovación de la polarización con Lula y el PT (la decisión sobre el arresto de segundo grado, el ‘vaza jato’, con The Intercept, etc.); directamente, hubo una actualización de la agenda de reforma neoliberal definida bajo el gobierno de Dilma y cuyo nombre es «puente hacia el futuro». Con la llegada de la pandemia, ese equilibrio se fue al espacio exterior. Bolsonaro no solo dejó de hacer lo poco que hizo antes, sino que el equipo económico estaba totalmente perdido, incapaz de integrar el cambio de paradigma que impone esta crisis de dimensiones bíblicas: todavía piensa en «ajustar» un mundo que ya no existe

En medio de esto, Bolsonaro comenzó a sabotear lo que, a pesar de él, algunos de sus ministros estaban haciendo, en particular [Luiz Henrique] Mandetta en Salud. Por lo tanto, Mandetta se convirtió en un problema no solo porque negó el negacionismo bolsonarista («es una pequeña gripe»), sino que porque simplemente no hay defensa de la vida como un derecho en esta forma de fascismo. Este gobierno es un gobierno de la muerte y, en nombre de la muerte, y no fue casualidad que sus pocos simpatizantes realizaran el baile del ataúd en la Avenida Paulista, frente a la Fiesp, que aparentemente no teme estar contaminado con este tipo de horribles actuaciones.

 

DERIVA AUTORITARIA

Recientemente, el ministro de la Secretaría de Gobierno, general activo [Luiz Augusto Ramos], hizo una declaración emblemática de la atmósfera de intimidación creada por Bolsonaro: excluyendo la posibilidad de intervención militar, dijo que «el otro lado no puede estirar la cuerda». El hecho es que la cuerda ya se ha roto, incluso debido a este tipo de chantaje. Hay una deriva autoritaria, algo de tipo venezolano, de este gobierno que estaba abierta ante los ojos de todo el mundo.

Dadas estas evidencias, tenemos algunos desarrollos en direcciones opuestas: el gobierno perdió algunos de sus pilares técnicos, el ministro Moro abandonó el barco e intentó revertir el error político colosal de haber participado en este esfuerzo autoritario, es decir, creando las mayores pérdidas políticas e incluso el poder judicial al gobierno. La partida de Mandetta tiene la misma dimensión: aunque su legitimidad ya estaba constituida dentro de la pandemia, el ex Ministro de Salud se fue claramente indicando, como en el caso de Moro, que un trabajo «bien hecho» no encajaba (y no encaja) ) bajo el gobierno de Bolsonaro: incluso [Nelson] Teich [el segundo ministro de salud], que había aceptado legitimar la partida de Mandetta y es orgánico para el bolsonarismo, no podía tomar el control de la opción mortal del presidente.

La segunda dirección es la desmoralización del llamado «ala militar». Más de tres meses de crisis política sobrepuesta a la aguda crisis de salud han demostrado que los miles de soldados que ocupan el gobierno federal no son solo un vector de racionalidad, sino que defienden a este gobierno mortal como suyo: intervención militar en el Ministerio de Salud. La salud es la culminación de esta deriva.

Incluso la partida del ministro, que es parte del intento actual de «moderar el tono», no podrá resolver mucho. El episodio de [Carlos] Decotelli [que fue anunciado como Ministro de Educación, pero ni siquiera asumió el cargo] muestra la dificultad que tiene el gobierno para encontrar alguna figura competente que le permita dar contenido a este cambio de «forma». Bolsonaro explicó muy bien en la reunión del 22 de abril que nunca tolerará un ministro exitoso en su mandato.

IHU en línea – Después del arresto de Fabrício Queiroz, ¿cómo debería Jair Bolsonaro permanecer y moverse políticamente? ¿Habrá un aumento en esta perspectiva de «Jair paz y amor», que algunos analistas señalan?

Giuseppe Cocco – Parece que activó el «modo de paz y amor», como lo hizo Lula en 2005. La captura de Queiroz es parte de las malas noticias que había predicho y quizás explica parte del comportamiento. Ahora, la modalidad (por la MP de Río) y el lugar de prisión (en la casa del abogado del clan que aparentemente frecuentaba ostensivamente Planalto) pueden haber escapado de sus esfuerzos de reducción de daños. Lo que en sí mismo habría sido un desgaste fue un desastre: nadie puede fingir ser estúpido y seguir ignorando la promiscuidad entre el clan y las redes de milicias en Río de Janeiro.

No creo que haya ningún retroceder y menos una transformación que no sean los ensayos tácticos de tomarse el tiempo o incluso buscar acuerdos de alto nivel: pero la esencia es la misma. No debe haber ilusión: alguien que en medio de una pandemia de proporciones históricas, con decenas de miles de muertes, cientos de miles de pacientes, vacía el Ministerio de Salud e intenta resolverlo manejando los datos, creo que no es digno de ninguna tipo de confianza

Así como no hay una posible transformación de Bolsonaro, sería un grave error que los actores institucionales que ahora están en la primera línea de la defensa de la democracia piensen que sería el momento de establecer un compromiso. Excluyendo aquí el debate sobre el hecho de que la aplicación de la ley no debería ser parte de ningún acuerdo, en términos políticos sería muy incorrecto. De la misma manera que cuando Lula logró sortear el escandalo del «mensalão», esta práctica comenzó a industrializarse (con consecuencias perjudiciales para la economía e incluso peores para la izquierda y el país). Si Bolsonaro y el partido invisible (que es un partido militarista) que lo apoya cambia las cosas, avanzarán aún más hacia el saltarse la democracia. La «venezualinizacion» de Brasil (lo que significaría el caos, es decir, la destrucción del país, a través de su fragmentación interminable, de tipo milicia corporativa) es una posibilidad concreta que todo el mundo debe tener en cuenta: en Venezuela , lo que queda es irse, emigrar.

IHU en línea: ¿cómo analiza las encuestas de evaluación recientes del gobierno de Bolsonaro?

Giuseppe Cocco – Creo que la resiliencia de Bolsonaro no es consistente. Por un lado, tenemos un núcleo duro y ese se compone de fascismo social y evangelismo. El fascismo social (o neo-esclavitud) es lo que vimos en el episodio del niño que murió en Recife, es el que dice: “¿Sientes pena? ¡Llévalo a casa! «. El fascismo social brasileño siempre ha estado presente. La novedad es que ahora tiene una cara ideológica, ya no vota PMDB ni a un partido del Centrão.

Sectores importantes de los evangélicos transforman la fe en política y producen altos niveles de irracionalidad. Pero el apoyo de la jerarquía evangélica debe ser alimentado por noticias falsas y tiene un alto costo. ¿Hasta cuándo la cloroquina milagrosa podrá combinar la fe en Cristo y la danza del ataúd de los bolsonaristas?

Por otro lado, lo que lo salva hasta ahora es, paradójicamente, la pandemia y esto de dos maneras: gracias a la pandemia, tuvo la oportunidad de poner su nombre en un subsidio para los más pobres que ni él ni su ministro pensaban. Economía; El respeto por el confinamiento hizo que con los gigantescos cacerolazos diarios (aún) no se transformasen (como pueden) en las movilizaciones callejeras que faltan para que el impeachment tome cuerpo.

Al mismo tiempo, durante un buen período, logró que las falsas movilizaciones de sus seguidores (dispositivos pagados) ocuparan la Paulista y la Esplanada sin ninguna contestación. Pero el movimiento popular de barristas por la democracia en São Paulo y Brasilia, los antifascistas en Porto Alegre y Curitiba, así como el movimiento antirracista en Río de Janeiro mostraron que, a pesar del encierro, existe un gran potencial de movilización por la democracia. La movilización de los proveedores de plataformas también confirma el gran potencial para la movilización social y democrática. La resiliencia de Bolsonaro, por lo tanto, es más débil de lo que parecen indicar los números: ya no se moviliza.

 

IMITACIÓN DE LULISMO

Es curioso ver que Bolsonaro repite, en el peor de los casos, los mismos mecanismos que implementó el Lulismo: hubo un reemplazo de las clases medias por los pobres que no pueden darse el lujo de no apoyar a quienes transmiten el subsidio. Luego, las críticas a los «principales medios de comunicación» y Rede Globo. Sin embargo, el bolsonarismo no tiene la misma temporalidad y economía que a mediados de la década de 2000. Bolsonaro no resistiría la salida de Guedes del gobierno, y no muestra ninguna sensibilidad a la necesaria inflexión de la política económica. Esto aparece claramente en la terrible elección para economía y el trabajo de dejar que las micro y pequeñas empresas mueran por miles. Si las movilizaciones por el  «fuera de Bolsonaro» comienzan a generalizarse, esta base de aprobación que le queda no le proporciona ninguna capacidad de respuesta.

Finalmente, es curioso ver a todos estos militares en un gobierno que amenaza abiertamente la democracia y los principios mínimos de la ciencia médica en nombre del antipetismo hipócrita. La «culpa» que tiene el lulismo nunca fue la de amenazar la democracia, sino que la de haberse adherido a la corrupción sistémica, con la que estos militares ahora comparten sillones y salarios en los ministerios.

IHU On-Line – HU On-Line – Hoy, una derecha llamada ‘progresista y democrática’ parece separarse de Jair Bolsonaro y atacar. ¿Quiénes son y cómo analiza los movimientos de esta derecho?

Giuseppe Cocco – Grandes sectores de la derecha que habían apoyado a Bolsonaro en la segunda ronda o se mantuvieron neutrales ante la posibilidad de una quinta victoria del PT en 2018 están haciendo una oposición firme: cómo no pensar en Doria o la posición para el juicio político del partido Novo. Esto incluso involucra a sectores gubernamentales: Mandetta y Moro. Los dos son ahora pilares críticos del bolsonarismo. Tenemos una expansión del campo comprometido con la democracia y esto también se refiere a las posiciones de ciertas instituciones que han entrado en conflicto con la negación irresponsable de Bolsonaro: los gobernadores, los alcaldes, el STF, sectores del Congreso Nacional.

Este movimiento de sectores de la derecha contra el bolsonarismo no tiene un «centro» y participa en un movimiento de convergencia más general, en defensa de la democracia, que proviene de la conciencia de la violencia de la intimidación bolsonarista y el «ala militar» dejo que eso se afirmase. Al mismo tiempo, en esta movilización puede haber uno o más intentos de construir una fuerza de derecha democrática y viable: es fácil ver que uno de ellos puede gravitar hacia la figura de Moro y su eventual candidatura a la presidencia. Esta es una fortaleza y una debilidad de esta convergencia del 70% a través del juicio político, pues el Lulismo ya se está lanzando contra este movimiento.

IHU On-Line – ¿Cómo se mueven los petistas en la escena política? ¿Qué lees sobre la oposición del PT al gobierno?

Giuseppe Cocco – Inicialmente, el PT fue tímido y Lula hasta intentó sabotear las articulaciones de la construcción de convergencias antifascistas como «Juntos», «Somos 70%». Pero luego el PT entro de lleno en las movilizaciones por el Fuera Bolsonaro y él está muy presente en las calles, aunque menos que el PSOL. Sin embargo, las divisiones y los cálculos tácticos se están rehaciendo. El PT atraviesa algunas contradicciones objetivas en estas movilizaciones. Por ejemplo, un momento de gran debilidad para Bolsonaro fue y sigue siendo la partida de Moro. Como dijimos anteriormente, no hace falta mucho esfuerzo para ver que aquí el lulismo converge con el bolsonarismo en un intento de debilitar a Moro en todos los niveles: judicial y político.

Esto aparece claramente frente a la ofensiva contra Lava Jato llevada a cabo por el Fiscal General de la República: el lulismo y, en general, el campo legal que critica a Lava Jato esta con [Augusto] Aras quien, como todo indica, está trabajando para Bolsonaro contra Moro . La contradicción no se limita a eso, podríamos mencionar el apoyo de los partidos de izquierda a la dictadura de Maduro, fruto de un chavismo que es una de las tendencias del bolsonarismo. Bolsonaro tiene un programa de comunicación llamado «¡Alo Presidente!». Chávez tuvo un reality show con el mismo título. La otra contradicción se refiere al hecho de que el bolsonarismo ataca a los principales medios de comunicación de la misma manera que el Lulismo lo atacó durante el juicio político de Dilma y Lava Jato.

 

IHU en línea: los empresarios y los grandes grupos de medios también parecen haberse unido al discurso contra Bolsonaro. ¿Porque? ¿Cómo entender esta historia de alianzas y rupturas?

Giuseppe Cocco – La redacción es incorrecta: hay grupos en los principales medios de comunicación que han sido, desde antes de la crisis pandémica, protagonistas de la oposición al gobierno de Bolsonaro y la defensa de las instituciones democráticas. Me parece que los principales medios de comunicación más modernos (Globo en particular) están jugando un papel similar al de los grupos de medios liberales en los Estados Unidos (CNN) en la lucha contra las nuevas formas de fascismo.Aquí tenemos dos elementos importantes: el primero es que no es cierto, como dicen algunos, que el «capital» hoy está lejos de la democracia. Por el contrario, los sectores más importantes del capitalismo global actual defienden la democracia. Al contrario de lo que se dice, no estamos presenciando la deriva autoritaria del neoliberalismo, sino solo su crisis, y esta crisis también implica la crítica que viene de la izquierda, al otro lado del llamado «populismo».

En esta crisis, los liberales defienden firmemente la democracia representativa. El punto es que esta necesita encontrar la fuerza para resistir las amenazas que provienen del populismo de derecha (prefiero hablar de una nueva forma de fascismo, mientras que en Venezuela o Nicaragua el populismo autoritario tiene una retórica de izquierda, de la misma manera que el mexicano López Obrador, que niega el virus, también tiene retórica izquierdista). La dificultad radica en el hecho de que necesitamos defender la democracia representativa y al mismo tiempo ir más allá (y no quedarnos cortos). Este enigma estaba obstruyendo el horizonte político y solo comenzó a ser efectivamente atacado por el levantamiento antirracista estadounidense. Multitudes multiétnicas que afirman que “las vidas de los negros importan” rompieron el enigma (así como los negros “detonaron” la candidatura de Sanders para tener un candidato demócrata capaz de atraer sectores moderados del centro). El lulismo, desde 2014, al mismo tiempo está destruyendo las movilizaciones independientes en las calles y cualquier salida institucional moderada (recuerde la campaña electoral criminal contra la persona de Marina en 2014 y cómo Lula aplasto a Ciro en 2018).

 

NO ESTATAL, PERO QUIZÁS LO COMÚN

Hay un segundo elemento de reflexión que debemos hacer. Las críticas a los principales medios de comunicación en los años 90 y 2000 fueron correctas y erróneas al mismo tiempo. Hemos contribuido correctamente a su revisión (por ejemplo, la autocrítica de Globo sobre su proximidad a la dictadura militar en 2013 fue sincera); apoyamos erróneamente un «control» público que se habría convertido en un medio de propiedad estatal que hoy estaría en manos del fascismo bolsonarista (y antes de la carrera loca por la polarización buscada por el lulismo). Esto nos lleva al hecho de que tenemos que tomar en serio el tema de lo común.

Lo común no tiene nada que ver con el estado, como la izquierda hegemónica siempre afirma y hace: necesitamos ir más allá de la polarización entre el estado y el mercado, fuera de este desplazamiento no hay salvación. De todos modos, si hay sectores empresariales que se han unido y apoyaron el fascismo bolsonarista, aquellos que aparecen en investigaciones sobre noticias falsas y manifestaciones antidemocráticas, pero también en la cupula de la Fiesp, hay sectores de la gran comunidad empresarial que no se han unido y se oponen.

 

DETONANDO EL SOFT POWER

Incluso el agronegocio debe estar muy preocupado. Bolsonaro y su ministro de ganado son un gran problema de la misma manera que los panfletos ideológicos de Itamaraty son verdaderos ataques a los intereses nacionales. Cuanto más hablamos de la Patria, menos se defienden los intereses de los patriotas. Es curioso que los generales y los funcionarios de reserva se comprometan con un gobierno que destruye diligentemente una de lps capitales más valiosos de Brasil: su imagen, su soft power. Ese soft power no es nada abstracto e idealista; la carta de los administradores de los fondos de inversión más grandes del mundo ya ha insinuado cuánto vale, de la misma manera que Macron ya ha dicho que no habrá acuerdo con el Mercosur y el Congreso estadounidense excluye los acuerdos con Brasil.

 

Traducción del portugués: Santiago De Arcos-Halyburton

La Renta Universal, un nuevo tipo de salario, debe ser la matriz para el futuro de la organización de la sociedad -Entrevista especial a Bruno Cava.

 

por Patricia Fachin

Si la crisis pandémica está acelerando innumerables procesos que tomarían décadas en implementarse, por otro lado, las proyecciones sobre el aumento de la pobreza, las desigualdades y las transformaciones en el mundo del trabajo volvieron a poner sobre el tapete del debate público la urgencia de diseñar un programa de Renta Universal. Esta propuesta difiere de un programa de ingresos mínimos al asegurar una especie de salario para todos los ciudadanos, independientemente de las condicionalidades, pero, para que se lleve a cabo políticamente, se requiere un «cambio completo de mentalidad» para superar la sociedad salarial. “Hoy, inmersos en las crisis del siglo XXI, frente a los peligros autoritarios que plantean los neopopulistas, necesitamos tener la visión política para proponer una nueva configuración del salario. En lugar de reaccionar a una agenda negativa, necesitamos repensar, reformular y reconstruir. La Renta Universal  se inserta en este marco estratégico más amplio, como un punto focal para una agenda de política de constructivismo institucional. El quantum dependerá de las luchas, de la capacidad de construir contrapoderes sociales”, dice Bruno Cava en la siguiente entrevista, dada por correo electrónico a IHU On-Line.

IHU On-Line: ya  se habló de una renta básica, renta mínima y hoy hablamos de ingresos universales. ¿Cuáles son las diferencias sustanciales entre estas propuestas y quién es el beneficiario en cada una?

Bruno Cava – El ingreso mínimo está enfocado y tiene condicionalidades. Su alcance es reducir la pobreza y llevar a las personas beneficiadas a un empleo formal, por lo que determina ciertas actitudes y tareas de los beneficiarios, condicionalidades, y tiene un alcance limitado. La Renta Universal es incondicional y cubre a todas las personas, independientemente de los criterios. Es un derecho de nacimiento, como el derecho a la salud o la educación. El ingreso básico es una etapa intermedia e implica un giro importante en el concepto de ingreso mínimo: el objetivo no sería suplir una carencia dentro de la lógica de las necesidades, sino proporcionar una condición real para el ejercicio de la libertad. El ingreso básico no es simplemente asistencia, sino un punto de apoyo para que cada uno desarrolle su potencial, trabaje, estudie y / o emprenda más y mejor. El marco teórico más conocido a este respecto es el economista belga Philippe Van Parijs.

 

RENTA UNIVERSAL

La Renta Universal es la línea de llegada al final de la transformación e implica un cambio completo de mentalidad, que conduciría a la superación de la sociedad salarial. Al desvincular el derecho al ingreso del tiempo de trabajo, reconoce y remunera la dimensión productiva de la vida y el hecho de que en el capitalismo ya no hay una distinción entre la vida y el tiempo de trabajo. Es en esta dirección en la que la Renta Universal expresa una ruptura sistémica, ya sea en la dirección de un nuevo modo productivo basado en los bienes comunes, como en la obra del economista Yann Moulier-Boutang, o en la negativa del capitalismo, en filósofos marxistas como Toni Negri o Karl Widerquist.

En la práctica, se producen superposiciones y sincretismos en la formulación de medidas reales. El mismo programa puede incluso evolucionar o retroceder en la línea entre mínimo y máximo. El Programa Bolsa Familia – PBF, resultante de la recolección de las subvenciones y beneficios más antiguos combinados con la extensión de la cobertura, se considera uno de los programas de ingresos mínimos más grandes y exitosos del mundo. Defensor de las políticas de transferencia directa durante tres décadas, Eduardo Suplicy lo vio como un punto de partida para la Renta Universal En este sentido, la Ley Básica de Ingresos de Ciudadanía (2005), propuesta por él, era la  evolución natural, pero el gobierno de Lula no la implementó y cayó en desuso. El entendimiento del gobierno del programa sufrió un retroceso con Dilma, quien, en 2008, declaró que el Programa de Aceleración del Crecimiento – PAC- debía ser la puerta de salida para el PBF. En otras palabras, el concepto rector que prevaleció fue un ingreso mínimo focalizado y transitorio, como un puente hacia el empleo formal. La discusión sobre el ingreso básico volvió a la máxima aceleración con la propuesta del actual ministro Paulo Guedes de reunir Bolsa Familia y ayuda de emergencia, en Renda Brasil. Más que los planes contables y de oficina, las luchas en torno a esta propuesta definirán el concepto, el diseño institucional y el valor. Estas son preguntas abiertas que marcan la diferencia.

IHU On-Line: ¿Cuál es el efecto del ingreso básico y el ingreso mínimo sobre las desigualdades y la redistribución del ingreso y cuál podría ser el efecto de un ingreso universal para enfrentar estos problemas?

Bruno Cava – Que la Bolsa Familia y el Benefício de Prestação Continuada – BPC- ha reducido la pobreza es un hecho probado por más de un estudio. Lo que no sucedió en paralelo fue una reducción en la desigualdad. La pirámide de distribución de ingresos se ha mantenido sin cambios en Brasil, a pesar de la transferencia de ingresos. En un país tan desigual, la Renta Universal debe ir acompañado de estrategias tributarias. Al declarar el impuesto sobre la renta, se puede definir una tasa de reembolso proporcional al ingreso total de la persona (incluido el beneficio). Cuanto mayor sea el ingreso total, mayor será la fracción del beneficio que debe reembolsarse. La gran mayoría en la base no necesitaría devolver nada, manteniendo el carácter prácticamente universal de la transferencia; mientras que en la parte superior de la pirámide, el reembolso sería del 100%; y las capas intermedias se distribuirían en rangos de retorno porcentual entre 0 y 100%.

¿Por qué, en lugar de corregir los impuestos como expliqué anteriormente, el beneficio no se divide en bandas que ya están en la concesión, distinguiendo los segmentos? Primero, porque se crearía una división a priori, antes de calcular el ingreso realmente ganado por la persona en el año fiscal. Segundo, porque segmentar a los beneficiarios puede causar resentimiento, incluso por parte de quienes lo reciben, como si estuvieran recibiendo una ayuda vergonzosa. Este argumento que moraliza la política social es un arma retórica de los populistas que, con la gramática de los privilegios, han podido movilizar a los no beneficiados (incluidos X excluidos). Y tercero, como vemos en la ayuda de emergencia, es mucho más simple operar el programa con un valor único para todos los que reciben el beneficio. Por estas razones, es mejor otorgar la misma cantidad universalmente y luego ajustar retroactivamente a través del impuesto sobre la renta.

IHU On-Line: debido a la pandemia, el debate sobre la Renta Universal ha vuelto a escena. Algunos sugieren la Renta Universal como una alternativa para enfrentar las consecuencias de la pandemia, como el aumento de la pobreza, el desempleo y la crisis económica, mientras que otros sostienen que permitiría la posibilidad de constituir una nueva ciudadanía. ¿Cómo ves esta discusión? ¿Por qué razones sería importante establecer un ingreso universal hoy y qué tipo de ciudadanía permitiría?

Bruno Cava – Uno de los principales argumentos en contra de que la ayuda se vuelva permanente es que desalienta la producción. La premisa es que habría un sector productivo que organiza la fuerza laboral, mientras que la difusión del ingreso promueve la entropía, manteniendo la economía desorganizada. Esta es una visión superada por las transformaciones en el mundo del trabajo. Hoy el valor se concentra en la economía del conocimiento, en lo afectivo, en la movilidad y flexibilidad de los procesos productivos. La fábrica ya no es una unidad en la que el capital tiene que agrupar a los trabajadores, como principio de disciplina de la fuerza laboral. La fábrica se derramó fuera de las paredes, como una institución de producción difusa. Tengo en mente la lectura del neoliberalismo de Michel Foucault en 1979: más una gubernamentalidad que un programa de proletarización disciplinaria.

Es necesario evitar una confusión que mixtura la crítica de la actividad en sí con la crítica de las condiciones a las que se somete. El país tiene un inmenso poder productivo en los servicios, en la economía informal, en la cultura (en un sentido amplio, procesal y no sectorizado) y en el trabajo autónomo. Estas son actividades que generan valor, pero el trabajador está mal pagado, generalmente sin cobertura laboral y social. El margen para el trabajo libre es amplio, particularmente en la economía del cuidado o la reproducción social, donde la actividad a menudo ni siquiera se reconoce como trabajo.

 

EL CAMBIO ESTRUCTURAL NO SIGNIFICA EL FIN DEL TRABAJO

El cambio estructural en el trabajo que estamos experimentando no produce un escenario de fin del trabajo, como si hubiera un sector productivo esencial (trabajo productivo) y todo lo demás sería un sector superfluo, estético u ocio (improductivo), de modo que el capitalismo pasaría prescindir de una buena parte de la población mundial. Esta comprensión conduciría al concepto de un ingreso mínimo basado en la hipótesis del fin del empleo, de un desempleo estructural inevitable y naturalizado, como en el trabajo de Jeremy Rifkin. El punto es que la optimización de la eficiencia a través de sistemas colaborativos e integrados, lo que Rifkin llama el «internet de las cosas», no está reduciendo a cero el costo marginal, ya que la vida útil no es una variable infinitamente elástica.

En cambio, la modernización, la automatización y la digitalización del sistema productivo en realidad multiplican las formas de trabajo y reconfiguran la cartografía de las relaciones entre el tiempo pagado y el tiempo libre. Para tomar lecciones del período de cuarentena, la ingeniería digital, el trabajo autónomo del personal de entrega y la uberización de los servicios fueron tan esenciales como la fabricación física de alimentos. Estrictamente hablando, incluso la producción de alimentos involucra una compleja red de biotecnologías, investigación, patentes, algoritmos logísticos, lo que a su vez implica no solo una multitud de técnicos, sino también hábitos y habilidades de colaboración difundidos por el tejido de la sociedad.

Es en este sentido, una vez más, que la Renta Básica o Universal opera como un ajuste salarial necesario frente a la nueva configuración del trabajo, cuando la producción se basa en la fuerza general del conocimiento social y científico, lo que Marx llamó «General Intellect«. La Renta Universal es una contrapartida de la fracción del iceberg que está por debajo de la línea de remuneración, sin derecho a un salario.

IHU On-Line: ¿Qué criterios deberían usarse para definir una Renta Universal y cuál debería ser el valor de esta renta?

Bruno Cava: El criterio posible que más abarque, incluso con inmigrantes y población carcelaria. En cuanto al valor, la cantidad es calidad y determina la diferencia entre los programas a corto plazo destinados a aliviar las crisis o compensar las distorsiones, y un programa estructural, hasta los cambios en las formas de vida. Varios grupos académicos están discutiendo formas de hacer viable el ingreso universal y esta es una discusión fundamental. Destaco el esfuerzo para cerrar la brecha entre la academia y la arena pública de Marcelo Medeiros y Mónica de Bolle.

Hay una pregunta preliminar para el debate más técnico que es política. Si le preguntamos a la mayoría de los economistas y especialistas en enero si una ayuda de emergencia de R $ 600 sería factible, con el alcance con el que se otorgó, dirían que la cuenta no se cierra. Que sería impensable dentro de la estructura fiscal del país. El hecho es que llegó la pandemia y la ayuda de emergencia se impuso de una manera inusualmente unánime. La asistencia de emergencia en nuestra situación, así como la Bolsa Familia al final del primer gobierno de Lula, en 2005-06, desempeñaron un papel de estabilización política

 

ECONOMÍA COMO CONTABILIDAD X ECONOMÍA COMO POLÍTICA

Y es aquí donde la economía se entiende como la contabilidad termina y comienza la economía política. El nivel de los salarios es una variable eminentemente política y encarna antagonismos poderosos. La base de la macroeconomía en Keynes, un liberal heterodoxo, se debió en gran medida a la rigidez de la variable salarial. Después de todo, no existe un punto natural de convergencia en el pacto entre empleados y empleadores que no esté dado por una relación subyacente de fuerzas, ya que no existe una justicia proporcional inscrita en el orden de las cosas (como le gustaría a Aristóteles).

En un período de crisis política y económica, con la quiebra de la Bolsa de Nueva York en 1929, ante el doble avance del fascismo y el stalinismo, la escuela keynesiana más política propuso reformar el sistema mediante la introducción del salario social. La cuestión del ingreso se convirtió en una variable de ajuste más política que económica. En otras palabras, un sistema de bienestar que se agrega al ingreso laboral a través de instituciones y servicios públicos. La conquista del bienestar fue producto de las luchas del efervescente sindicalismo estadounidense, que culminó en los diseños institucionales del New Deal de la década de 1930, con reformas fiscales y monetarias del sistema de protección social.

 

NUEVO AJUSTE SALARIAL

Hoy, inmersos en las crisis del siglo XXI, ante los peligros autoritarios que plantean los neopopulistas, necesitamos tener la visión política para proponer una nueva configuración del salario. En lugar de reaccionar a una agenda negativa, necesitamos repensar, reformular y reconstruir. La Renta Universal cae dentro de este marco estratégico más amplio, como un punto focal para una agenda de política de constructivismo institucional. El quantum dependerá de las luchas, de la capacidad de construir contrapoderes sociales.

Solo con las luchas se puede escapar de un diseño de ingresos que promete que todo debe cambiar para que todo permanezca como está, uno de los riesgos de esta posible captura de la agenda por parte de un gobierno populista. Para evitar esto, siempre debemos tener en cuenta que el ingreso futuro no debe ser el resultado del ajuste de las variables. Es la RENTA la que precisa ser afirmada políticamente como la variable de ajuste para el resto de la economía. Si partimos del principio de economía política (liberal o marxista) de que el trabajo es la primera condición en la generación de valor, entonces un nuevo tipo de salario debe ser la matriz para el futuro de la organización de la sociedad.

Para no dejar de ofrecer un panorama táctico: lo mejor sería una movilización para la perpetuación de la ayuda de emergencia, en la misma cantidad ya otorgada de R $ 600. En este primer momento, la ayuda coexistiría la escena con el PBF y el BPC, siempre que haya acumulación de beneficios. De ahí partirían las lineas evolutivas, posiblemente, como un refuerzo del valor orientado hacia los niños y adolescentes. Lo más importante es desencadenar un proceso de movilización social centrado en esta agenda emergente. Desde su interior, de la movilización, se constituirán los caminos hacia la Renta Universal.

IHU On-Line: ¿Qué tipo de implicaciones para el mundo del trabajo puede generar la institución de la Renta Universal para todos? ¿Podrían los trabajos ser necesariamente mejores y los trabajadores tendrían más poder de negociación o, por el contrario, podrían los trabajadores volverse aún más selectivos y aumentar las desigualdades de ingresos?

Bruno Cava – Uno de los argumentos contables contra la Renta Universal es que, al hacer que el precio de la mano de obra sea más caro, termina aumentando los costos a lo largo de toda la cadena de producción. En cierto sentido, esto es cierto. También es parte del efecto redistributivo o reorganizador de la Renta Universal, lo que implica alterar la composición de las hojas de cálculo de formación de precios desde adentro, a través de la variable salarial. Habrá procesos productivos que se beneficiarán y otros se verán perjudicados. El supuesto equilibrio anterior al programa se verá afectado. Es parte del proceso, porque en una crisis profunda, el reequilibrio no debe guiarse por la normalidad anterior, sino por una nueva normalidad.

Esto también significa que la lucha por la Renta Universal debe organizarse mundialmente, en una red transnacional de grupos, propuestas y programas. Cuando las clases trabajadoras fordistas del Norte desarrollado conquistaron instituciones de bienestar sólidas mediante una lucha activa, con sindicatos activos y derechos reconocidos, el contramovimiento de la reubicación productiva hacia el Tercer Mundo comenzó casi de inmediato. El fordismo keynesiano del primer mundo tuvo como telón de fondo el colonialismo y la explotación de los pueblos. Este desprecio por las minorías internas y externas fue la principal limitación de los programas similares al New Deal. En respuesta, las luchas antifordistas del ciclo de 1968 fueron luchas anticoloniales llevadas al punto más avanzado del sistema, al igual que hoy las grandes migraciones globales lo hacen reeditando las fracturas de la globalización neoliberal.

En el largo plazo, la Renta Universal debería ir extendiendose por varios países. De lo contrario, existe el riesgo de reensamblar cadenas de producción más productivas donde la deflación salarial es una ventaja competitiva. Esto sucedió, por ejemplo, con China después de las reformas económicas de Deng Xiaoping en la década de 1980, lo que desencadenó la larga marcha como fábrica mundial. Hoy, con la multitud de chinos constantemente inquietos y sublevados, con niveles insoportables de contaminación en las regiones más industrializadas, el gobierno chino ha diversificado su máquina de producción en el sudeste asiático y África oriental, que se han convertido en la «China de China».

IHU On-Line: ¿Cuáles son las diferencias y las consecuencias, para los trabajadores, de reclamar una Renta Universal para todas las personas y no un salario justo para todos?

Bruno Cava – Ninguno. La lucha por el ingreso es la lucha por los salarios, es decir, por mejores condiciones de vida y trabajo. Cada vez más, las formas de trabajo son inmediatamente formas de vida. Hay muchas críticas al neoliberalismo, incluso desde la izquierda, que están completamente fuera de lugar. Como si el neoliberalismo fuera sinónimo de flexibilidad y movilidad, una libertad perversa. Ahora, como diría Foucault, el neoliberalismo es gubernamentalidad. Es efectivo y ha ganado precisamente porque combina bien con flexibilidad y movilidad y no porque sea su creador.

Un deseo late en el corazón del neoliberalismo, que es su fuerza impulsora. Al observar a las nuevas generaciones, veremos que son mucho más fluidas. En lugar de su propio automóvil, llamarán a un Uber, en lugar de su propio hogar, Airbnb, compartirán una casa, encontrarán otros arreglos. Incluso las relaciones y las amistades se han fractalizado, el género y la sexualidad se han convertido en sitios de construcción permanentes, más que un edificio rígido.

En la sociedad fordista, cuyo ápice era el sueño americano del segundo período de posguerra, se buscaba un empleo formal, una carrera estable, un automóvil, una casa y una familia estructurada. Todo ese imaginario de la casa tranquila en los suburbios, con el autobús amarillo buscando al niño en casa. Este sueño se derrumbó no porque surgiera una nueva ideología, sino porque el deseo se trasladó a otras formas de vida, formando otros márgenes de libertad, así como de explotación, nuevos regímenes laborales y métricas de productividad social. Si llevamos esta reflexión crítica del fordismo al Sur global emergente, veremos que en nuestra historia económica nunca hemos sido fordistas, con la excepción de focos localizados de industrialización intensiva en el sur-sureste. El poder de la economía radica en cambiar la precariedad, los arreglos flexibles, las familias ad hoc, el emprendimiento creativo, siempre en condiciones difíciles de subsistencia. No es la romantización, sino el reconocimiento de la paradoja. Nuestro problema es que no hemos desarrollado un sistema de protección social que pueda hacer frente a esta realidad. La palabra «informal» en sí misma puede sugerir que el patrón deseado sería el empleo formal, como si hubiera un déficit constitutivo en la autonomía y líneas flexibles.

La Renta Universal valoriza y reconoce una realidad que ya existe, pero que se deja desprotegida. En el sentido emancipatorio, la lucha por la Renta Universal busca desarmar al neoliberalismo desde su maquinaria, sin subestimarlo como una simple perversión.

IHU On-Line – ¿Debería combinarse la Renta Universal con otros programas, como la garantía en el empleo?

Bruno Cava – En este momento, es importante separar las propuestas, o se corre el riesgo de llenarlas con chucherias. La lucha por el ingreso tiene el potencial de reunir a personas de las preferencias políticas y estados de ánimo ideológicos más diferentes.

Esa pretensión del pleno empleo al servicio del desarrollo del país parte de la premisa de que las personas estarían ociosas, sin trabajo, esperando la oportunidad de trabajar en una industria o en un sitio de construcción. A las personas no les falta qué hacer, lo que les falta son ingresos para poder hacer lo que podrían.

En los Estados Unidos, ese debate se desbordó en las primarias del Partido Demócrata. Los líderes de la Nueva Izquierda Populista, como Alexandria Ocasio-Cortez y Bernie Sanders, defendieron un Programa de Garantía de Empleo (Job Guarantee). Los partidarios de la teoría monetaria moderna (MMT) también vinculan su ruptura del paradigma macroeconómico con el papel centralizador del gobierno en la organización de la producción y la estimulación del empleo. Otro candidato, Andrew Yang, fue en la otra dirección y construyó toda su campaña en torno a una renta básica de US $ 1,000 para todos los ciudadanos estadounidenses mayores de edad (Freedom Dividend).

Todavía es difícil evaluar cómo la MMT se adaptaría al escenario brasileño, pero esta directriz en particular parece reverberar con los programas económicos del fordismo-keynesianismo, que es necesario planificar y organizar la producción a partir de instancias estatales, como una dirección política. Sería la reanudación de la posición de Roberto Simonsen en la Controversia de Planificación, que necesitaría ser repensada para las condiciones actuales. O podemos terminar equipando el museo de las viejas novedades, como en los años de Dilma o en las caricaturas más recientes de un Plan Marshall a la brasileña, que, dentro del gobierno de Bolsonaro, ya se presenta como una línea alternativa a la ortodoxia chicaguista de Paulo Guedes.

IHU On-Line: ¿Puede explicar su propuesta sobre la necesidad de una evolución de los sistemas de protección social, que pasarían de un modelo basado en el empleo formal a un modelo de flexibilidad y movilidad de las redes productivas?

Bruno Cava – El punto máximo del imaginario de la vitalidad y la alegría de la clase trabajadora ocurrió, en la década de 1950, con el Partido Comunista Italiano – PCI, bajo el liderazgo de Palmiro Togliatti. El PCI era el grupo socialista más grande en un país capitalista y dio un gran impulso a la visión de un estado nacional-popular, basado en la organización básica de la clase trabajadora. El hechizo se rompió, poco después, con las revueltas obreras de Piazza Statuto (Turín), en 1962, iniciando la fase operaista de las luchas en Italia. Una generación de migrantes de las regiones del sur del país se unió a una lucha orientada a rechazar el trabajo en las fábricas, para romper la columna vertebral del pleno empleo durante el período fordista.

En Brasil, hubo un proceso similar, en otras coordenadas, cuando, a fines de la década de 1970, los inmigrantes del Nordeste ayudaron a impulsar las huelgas del ABC [región industrial de São Paulo]. Allí, había una oposición al sindicalismo tradicional que no elogiaba el uso del overol, la idea getulista de alabar al buen trabajador. Por el contrario, fue una lucha de rechazo del trabajo fordista y la proletarización fabril, que manifestaba el deseo del trabajador de desgarrar el overol. Esta contradicción permanece hasta hoy día; mientras que una parte de la izquierda tiene un fetiche por el overol, un uniforme de trabajo, los trabajadores buscan calidad de vida más allá de la fábrica o el sitio de construcción. Cuando Keynes escribió acerca de cómo construir pirámides o cavar y tapar agujeros actuaría como un estímulo para el pleno empleo, probablemente estaba lejos de un sitio de construcción real.

En el Brasil de la redemocratización de la década de 1980, se extendieron las luchas de nuevo tipo, en la búsqueda de la autonomía, que el sociólogo Éder Sader describió con tanta precisión en el clásico «Cuando nuevos personajes entran en escena: experiencias, discursos y luchas de los trabajadores en el Gran São Paulo, 1970-80 «(1988). La autoconstrucción de viviendas populares, los esfuerzos conjuntos, el movimiento de mujeres y de la salud, todo esto indicó una línea de reconstrucción de la protección social bastante diferente de la prevista por la planificación estatal, por ejemplo, en el marco de las reformas básicas.

La movilización por el ingreso universal puede entenderse como una extensión de la autovalorización de la multitud, más allá de los planes de los líderes productivistas del Gran Gobierno (Big Government). Si pensamos la propuesta de la Renta Universal como una transformación sistémica, entonces ella es el eje de una reorganización de las instituciones y los servicios sociales. Sí, y de hecho esta reorganización ya está en marcha, de manera implícita.

 

UBERIZACIÓN

Tomemos la uberización como ejemplo. Una crítica vulgar del neoliberalismo se limitaría a criticar los regímenes de explotación laboral modulada, que se da a través de la desregulación y la subcontratación. Es cierto, en lo que respecta a la compresión de los derechos efectivos. Pero esta crítica se vuelve lírica, solo para aclarar lo obvio, si no explica por qué preferimos tomar un Uber a tomar un taxi, por qué los programas para optimizar los circuitos de oferta y demanda funcionan con tanta fuerza productiva (Amazon, Airbnb, Rappi, Tinder ) Y por qué la uberización logró disolver de una vez por todas el sueño de tener un automóvil privado, el emblema del fordismo. ¿Por qué tomamos un Uber, aunque no entraríamos en autos privados conducidos por extraños? Porque Uber es un protocolo confiable. La empresa ofrece credibilidad al usuario. Lo curioso es que el usuario no solo paga por el servicio, sino que es él quien trabaja para Uber en la acreditación de sus empleados. Evaluamos los controladores y reportamos problemas. Uber es una empresa virtual, con una aplicación relativamente simple.

Otro ejemplo son los «entregadores» que, en la pandemia, demostraron ser tan esenciales. En el pasado, era normal que cada establecimiento mantuviera sus propios «entregadores». Llevaban uniformes y, a veces, las bicicletas también eran proporcionadas por el jefe. Al solicitar la entrega desde ese lugar, conocíamos a las personas de entrega por su nombre. El modelo de negocio uberizado: ahora hay un grupo de proveedores que hace que la oferta esté disponible y las aplicaciones simplemente usan un algoritmo de eficiencia de asignación para conectar los puntos, entre establecimientos y consumidores. Nuevamente, nosotros somos los que evaluamos la eficiencia y la seguridad de las operaciones, retroalimentando el algoritmo.

Aquí vienen dos preguntas. ¿Cómo se organizarán los «entregadores»? No será en un sindicato de estilo fordista, como una lucha de categoría, porque no tienen una clase de empleadores contra los que luchar. ¿Quién es el jefe del empleador? Será necesario luchar también. Los repartidores quieren aumentar sus ingresos reapropiándose del valor social difuso (General Intellect) en el que están involucrados: servicio esencial de la sociedad en su conjunto.

IHU On-Line: Existe la crítica de que programas sociales como Bolsa Familia, a pesar de su contribución social, han favorecido enormemente al sector financiero. ¿Lo mismo puede ocurrir en relacion a la Renta Universal? ¿Cómo evitar esa consecuencia?

Bruno Cava – Esa crítica parte del principio que dice que el dinero sería atesorado, permitiéndole al banco prestarlo con intereses, multiplicando las ganancias sin una actividad real detrás de él. Es una premisa errónea incluso desde el punto de vista de los bancos privados, que necesitan que el dinero prestado tenga un rendimiento financiero en aplicaciones productivas, bajo el riesgo de aumentar únicamente el incumplimiento. Simplemente relanzar la liquidez en el mercado crediticio, después de una ganancia a corto plazo que no es más que una burbuja especulativa, no interesa al mercado bancario.

Si hay un favorecimiento debido a la masificación de programas sociales como el PBF o el BPC, fue el que promovió el desarrollo diferenciado de las regiones más pobres o distantes de los grandes centros. Además, el aumento del consumo local y regional favoreció a las entidades municipales, que recaudan impuestos de los circuitos comerciales. Parte de las transferencias directas retornan mediante impuestos sobre el consumo. Parte de ellos se convertirá en papel moneda y circulará en la economía informal, con un retorno tributario. En este caso, sin embargo, no está mal que no regrese, ya que los impuestos ni siquiera deberían ser una carga para los más vulnerables ni perturbar los circuitos de ingresos y producción. También está la cuestión adicional del efecto multiplicador social de las transferencias, como ya se estudió en los casos de PBF y BPC. Al promover la movilización productiva de las personas, el nivel de oferta de bienes y servicios aumenta a lo largo de la variable de tiempo, proporcionando un equilibrio en relación con la afluencia original.Con más ingresos, las personas evolucionan como factores reales de producción. El salario es una variable híbrida, tanto financiera como real, ya que está vinculada a la capacidad de una persona para vivir, trabajar y producir. Este es un argumento productivista para el ingreso, ya que la Renta Universal es un nuevo tipo de salario.

 

RIESGO DE INFLACIÓN

El mayor riesgo es aumentar la inflación. En respuesta a la crisis global de 2008, las políticas de ‘Quantitative Easing‘  (facilitación monetaria o, en traducción libre, Dinero Fácil) en el primer mundo multiplicaron la base monetaria por 10, 20, 60 veces, y no dieron lugar a una explosión de inflación ni tasa de interés. El funcionamiento de la macroeconomía no se comportó según los modelos tradicionales que correlacionan la oferta monetaria y los niveles de precios. El economista André Lara Resende ha escrito artículos educativos sobre cómo la teoría macroeconómica ha evolucionado hacia una relación más matizada entre la emisión de dinero y los niveles de precios.

Según la interpretación heterodoxa, la inflación se genera cuando el exceso de demanda agregada ejerce presión sobre la capacidad de producción instalada, al no aumentar la producción. Esto provoca una rotación falsa de dinero, que puede desequilibrar los precios. En un país con baja productividad y un historial de inflación inercial, el equilibrio monetario es una variable delicada.

La gran pregunta aquí es cómo medir esta productividad. ¿Qué cuenta como capacidad instalada? ¿Cómo interpretar y cuál es la métrica de lo que sería una situación keynesiana de pleno empleo? Ahí tendríamos que componer explicaciones macroeconómicas con discusiones sobre sociología del trabajo, teoría de la globalización y microeconomía. ¿Cómo mediríamos, por ejemplo, la economía de la atención o la promoción de la salud mental? Estas preguntas deben desarrollarse con investigación y análisis.

Para poner los pies en la tierra, diría que, a la luz del pasado latinoamericano de hiperinflación, es importante vigilar la transferencia de ingresos y la otra sobre la inflación, con posibles recalibraciones de los programas en la medida de sus efectos macroeconómicos. De la misma manera que el Banco Central opera bajo el régimen de metas de inflación.

IHU On-Line: ¿Cuáles son las posibilidades de financiar una Renta Universal?

Bruno Cava – El primer obstáculo es jurídico, ya que el marco consolidado de finanzas públicas en el país está estructurado sobre la noción de equilibrio fiscal. Una solución en otras circunstancias histórico-políticas sería crear un presupuesto paralelo, anclado en un fondo soberano de riqueza, tratando el gasto público con la renta como emisión primaria de dinero. Sería aprovechar los elementos teóricos del MMT, pero en lugar de un programa de empleo pleno neokeynesiano más tradicional, en el antiguo manual de programas de modernización dirigidos al capital nacional, establecer un programa de ingresos universales con inversión directa en las personas.

El problema con este enfoque es que haría eco con nuestro pasado de desorganización financiera y económica. En el momento de la dictadura, el gobierno desarrollista llegó a operar con tres presupuestos separados (fiscal, monetario y Banco do Brasil) y aún mantenía una hoja de cálculo para gastos extra presupuestarios. Se gastó en «recursos por definir» y el dinero se emitió a través de la cornucopia de la «cuenta de movimiento», que existe en un limbo monetario entre el BC y el BB. Teniendo esto en cuenta, conjeturar presupuestos paralelos y adoptar la teoría funcional de las finanzas públicas de crear dinero a través del gasto público (los famosos «recursos por definir») enfrentarán una justa resistencia teórica y política. Agréguese a esto, la herencia anterior a Plan Real lo que Lara Resende llamó «stress postraumático» debido a los desfalcos, los escándalos y los desequilibrios más recientes de los años de neodesarrollismo del gobierno de Dilma.

El camino más factible parece ser una reforma fiscal asociada con una nueva gestión de los pasivos del gobierno consolidado, contando los ingresos como impuestos negativos, en los términos neoliberales de Milton Friedman. Considerando la división constitucional de funciones entre el Banco Central y el Tesoro, el primero con la gestión de los pasivos monetarios (reservas) y el segundo con los pasivos fiscales (bonos), será necesario coordinar las instituciones de manera democrática, sin recurrir al centralismo de los zares económicos. La idea no funcionará si tenemos un Delfim Netto da Renda Universal, según los neopopulismos nacionalistas. El programa debe ser plural e inclusivo, con horizontes ampliados en tiempo y espacio, y en sintonía con las nuevas luchas del trabajo contemporáneo.

IHU On-Line: ¿Quieres agregar algo?

Bruno Cava – Si la macroeconomía mundial se puso de cabeza, con las políticas de flexibilización monetaria después de la crisis de 2008 y, en el caso de 1929, con el New Deal y el keynesianismo, ¿por qué no tendríamos la imaginación para reinventarla en otro sentido? No debemos quedarnos empantanados en las categorías y conceptos del  pasado. Las teorías son herramientas, los autores de ellas nos acompañan, pero no debemos ser guiados por ellas. En una gran crisis, la inteligencia puesta en marcha por las luchas es la forma de reabrir la historia.

 

Traducción del portugués: Santiago de Arcos-Halyburton

 

Bruno Cava es graduado en Ingenieria por el Instituto Tecnológico de Aeronáutica – ITA y en Derecho por la Universidade do Estado do Rio de Janeiro – UERJ, por la cual tambien tiene una maestría en Filosofía del Derecho, ofrece cursos libres presenciales y online en el canal Horazul (Youtube). Autor de varios libros, como «A multidão foi ao deserto» (Annablume, 2013) y, con Alexandre Mendes, «A constituição do comum» (2017).  EL proximo semestre, en conjunto con Giuseppe Cocco, lanzará el libro «A vida da moeda; crédito, imagens, confiança«, por editorial Mauad.