VENEZUELA: Los dialogantes y la rebelión que no fue

por Jeudiel Martínez

 

«El alma recusa a aquellos que quieren la guerra porque la confunden con la lucha, pero también a aquellos que renuncian a la lucha porque la confunden con la guerra». G. Deleuze

 

Hace poco vi un articulo de un intelectual venezolano muy respetable lamentándose por lo difícil que es dialogar con el gobierno, en realidad sobre lo difícil que hace el gobierno dialogar con él y cuán lamentable es eso. Lamentación por ese dialogo superior, tan civilizado e inteligente comparado con la barbarie y la violencia.

Es que, aunque no lo crean, en Venezuela un sector del antichavismo cree firmemente en «dialogar» con el gobierno, es decir, dialogar con el que los oprime. No solo eso, creen que esta idea da una especie de superioridad «intelectual y moral» frente a los bárbaros incultos que quieren la guerra, la gente culta y civilizada que no se rebaja a la violencia. Idea pueril que tiene su eco en los chavistas moderados que proponían un referendo revocatorio para preguntarle a la gente…si quería tener elecciones libres !!!!.

Pero diálogo, al margen de la forma oportunista en que el chavismo lo invoca, es una noción completamente vacía, moralista, que supone que las personas se reconozcan y respeten unas a otras. Pero eso no pasa siempre, es más bien algo propio de las relaciones de amistad -y solo en ciertas circunstancias- el diálogo, como principio universal, como ley de las relaciones humanas…es simplemente infantil y doblemente infantil la idea de que “estamos condenados a dialogar” en Venezuela. Es decir: propondríamos un diálogo de una mujer con el hombre que la viola, del torturador con el torturado?. La política de oposición en Venezuela es siempre desesperada y esa desesperación toma muchas formas.

Otra cosa sería una negociación, pero una negociación siempre es algo estratégico, es parte de una lucha, no resulado de “reconocer al otro” sino de comprender una situación: «suelta los rehenes y no te matamos»; «si me reducen la condena testificó contra X», «entrega las armas y te dejamos crear un partido», “dame el control de la empresa y te pago muy bien por tus acciones” se negocia porque conviene, para evitar un perjuicio u obtener un beneficio, porque otros actúan sobre nuestras acciones y nosotros sobre las de ellos, porque puede disminuir ciertos costos… por causas materiales, efectivas…negociar, que siempre expresa una lucha o relación estratégica, implica un cálculo basado en relaciones de fuerzas y no en reglas morales como ocurre con el diálogo que implica, de entrada, que para los otros siempre va a ser racional o preferible hablar y que los buenos seres humanos, siempre racionales, se reconocerán unos a los otros al final…pero no era perfectamente racionales el Lager, el Gulag y el campo de violación? No lo son las matanzas del FAES el CLAP y los racionamientos eléctricos?.

Ahora bien, cómo es que en Venezuela no se entiende esta diferencia tan básica?. En realidad la confusión entre negociación y diálogo es la contrapartida de otra, entre guerra y lucha. Yo creo que es una confusión creada tanto por el predominio de teorías y perspectivas anticuadas (un habermasianismo incurable, un liberalismo parlamentarista??) que ven en la política un cese del conflicto, una pacificación, el lugar de una palabra que es intercambio amable y pacífico y, en la democracia en sí, un un marco normativo. Esta perspectiva, me arriesgaría a decir, pesa tanto como por la polarización , el desastre, y sus circunstancias específicas.

Verán, en Venezuela el antichavismo tiene dos polos: uno que desea la destrucción total del chavismo y otro que busca entenderse con él, ambos tienen expresiones viles y honestas y ambos son congénitamente desesperados: no es casualidad que no existan estructuras o instancias permanentes de lucha en Venezuela pues dialogo y exterminación son vistos como momentos privilegiados, fugaces. Pero ambos excluyen la lucha política: unos porque piensan en términos de un golpe súbito, de UN DÍA mesiánico en que el chavismo será eliminado como los malos en las películas de acción y los otros porque esperan que en ese día la lucha termine y las personas racionales finalmente puedan entenderse. Así, pese a que hace un año había levantamientos contra el gobierno y rupturas en el ámbito militar la impresión general entre los antichavistas es que NO SE PUEDE LUCHAR contra el chavismo: o tenemos que ser liberados por una potencia extranjera, o por los militares o tenemos que entendernos con el chavismo en el poder como sujetos racionales para evitar la destrucción. En la teoría y en la práctica esto es muy complicado porque si se asume que hay alguien que no puede hacer nada, que no puede luchar, se postula una derrota absoluta y toda discusión sobre política pasa a ser banal como la estrategia de un boxeador que está en la lona sin poder despertarse.

Las consecuencias de que el antichavismo solo conciba la paz o la guerra son muy profundas pues la lucha política es, justamente, aquello que está más allá de la paz y de la guerra, conflicto pero sin destrucción o aniquilación: lo vemos en luchas como las de Chile y Hong Kong, deporte sangriento que tiene tanto en común con una batalla pero no lo es, y también en las elecciones y procesos judiciales que son “formas de lucha”, forma plena de la lucha política la democracia no se opone realmente a la tiranía o el despotismo: es una línea de fuga más allá de la paz y la guerra. Que esto sea tan difícil de concebir precisamente en un año lleno de todo tipo de luchas multitudinarias en todo tipo de países solo confirma lo profundo de la confusión en la oposición venezolana y el amplio sentimiento de derrota que cunde entre esta. Pero la gente común no se puede rendir: o lucha por sobrevivir, o tiene que protestar para tener servicios públicos o simplemente hace la fuga y el éxodo. Es que un estado de total obediencia, de total sometimiento es meramente teórico (esto no quiere decir que los seres vivos sean indomables: colaborar con el que les somete o suicidarse puede ser, en muchas circunstancias, la estrategia elegida, incluso la más “racional”)

En estas circunstancias uno entiende como hace algunos años se hablaba tanto de Desobediencia Civil, aunque de forma oportunista, por Maria Corina Machado y porque eso le dió prestigio delante de ciertos sectores. Creo que la legitimidad de ella se basó, no solo en su clase social -la ilusión de una burguesía no rentista y vagamente señorial en que cierta clase media proyecta sus aspiraciones- sino en que le dijo a los antichavistas algo cierto: que no había razón alguna para entenderse con un gobierno tiránico y que era utópico pretender dialogar con él…el problema es que Machado NUNCA CREYÓ realmente, no digamos en que los venezolanos pueden liberarse a sí mismos, sino que pueden jugar parte en esa liberación, por eso habló mucho de la desobediencia civil y en realidad la practico muy poco (no es difícil ver que los políticos que abrazan la desobediencia civil tienen un perfil muy diferente) . Su política siempre fue, en realidad, buscar una ruptura militar o una intervención extranjera la desobediencia civil nunca fue más que un detonante para la intervención de las fuerzas que, realmente, iban a DECIDIR la situación y, simplemente, habló de desobediencia en el periodo cuando ninguna de las dos cosas parecía posible. Sin embargo, su irredentismo, su denuncia de las ilusiones del diálogo y el intercambio racional sigue siendo el aspecto más fuerte de su imagen pública tal como el carácter esencialmente “antipolítico”, casi anti-estratégico, de su propuesta el más débil.

Entonces, tanto a la luz de la política reciente como de la historia, estos binarismos son desconcertantes: la lucha contra el apartheid no causó una guerra civil ni buscó exterminar a los blancos, solo abrió una salida que pasó por una negociación, la intifada palestina y la revuelta de Kashmir, con toda la violencia que tienen no son eventos militares, en el Chile de Pinochet no hubo una revolución pero sí se evitó que la dictadura se prolongara más, los haitianos y rumanos, sumidos en la miseria, derrocaron a sus tiranos…los ejemplos de movimientos democráticos breves y largos, que triunfaron con la insurrección o progresivamente mediante negociaciones, u obligando a los gobernantes a modificar sus cálculos y su modo de gobernar, o que simplemente persistieron en cualquier circunstancia podrían multiplicarse…lo que parece es que los antichavistas no pueden concebir es eso, la lucha política en sí, pues se les desdibuja muy fácil, se les pierde y sólo distinguen el acuerdo en que todos pueden ser amigos otra vez, reconciliados, o el momento del ajuste de cuentas: instantes privilegiados, casi milagrosos, más que una duración.

Sería fácil decir que la situación venezolana es la causa de esta visión desesperada y confusa, si no fuera porque, me parece, es parte de sus causas: se ha esperado ingenuamente que el chavismo entregue el poder en elecciones presidenciales, e incluso los antichavistas que se consideran más radicales, no tienen una visión estratégica de la destrucción del chavismo que quieren hacer y no pasan de esperar un momento privilegiado en que el chavismo terminará DE UN SOLO GOLPE en un momento privilegiado, en una fecha tope, y uno en una lucha más o menos prolongada (esa idea, hasta donde puede verse en las redes sociales, no solo es incomprensible para los antichavistas LES HORRORIZA) , es decir, parece que no es la crisis la que ha engendrado esta visión sino que esto es parte de las causas de la crisis y que la confusión se hace crónica en la medida en que esta se profundiza.

Qué es lo que el antichavismo, no solo como expresión hegemónica de la oposición venezolana, sino como una verdadera racionalidad, una subjetividad (una forma de actuar, de pensar, de percibir, etc) no puede concebir?. Pues un movimiento democrático no episódico sino continuo, que incluya desde las luchas cotidianas, las que son por concesiones y reformas como las que tienden a rupturas, que pueda preservarse en los momentos de repliegue y expandirse cuando el chavismo se debilita, que tenga agencia más allá de dirigencias políticas corruptas y gastadas o de las combinaciones de la “comunidad internacional” y sobre todo, no puede concebir uno que no dependa de una clase política tradicional que lo organiza todo desde arriba y establece las agendas…. Es cierto que la idea tras el llamado “frente amplio” fue corregir un poco eso y también la “operación libertad” tenía esa intención, pero desde el punto de vista de aparatos y burocracias fallidas incapaces de animar o coordinar luchas, y característicamente, luego de que la dirigencia política, en 2017 y 2019, saboteó ella misma la lucha, es decir, ex post factum y con arrepentimiento y mala conciencia. La operación libertad define tan claramente todo lo que Guaido no quiso hacer cuando desmovilizó a las grandes ciudades venezolanas ofreciéndoles que todo iba a ser resuelto con el poder de los EEUU o la enrevesada maniobra de la “ayuda humanitaria”.

Así, el Guaidocismo sintetizó ambas tendencias, reunió ambos polos: la fé en una salvadora comunidad internacional que eliminaría al chavismo y reconstruir a Venezuela o que haría finalmente posible el diálogo y la reconciliación. Pese a que las primeras semanas de 2019 vieron levantamientos sin precedentes y que 2018 fue un año de protestas y luchas sindicales, de que luego se producirían rupturas en lo más alto de la cúpula militar chavista, Guaidó personificó, en un año de levantamientos globales, la idea de que era IMPOSIBLE que los venezolanos tuvieran control o siquiera participación en su propio destino: el apagón, la nueva oleada de emigración, y el recrudecimiento de la crisis en el primer semestre de 2019 fueron más bien consecuencias que causas de la desmovilización que el antichavismo considera irreversible pues con las calles abandonadas, sin casi ningún tipo de desobediencia civil en juego, se vió lo limitados que eran los recursos y los planes tanto de la oposición como de aquella comunidad internacional que, se suponía, iba a resolver desde afuera y desde arriba los problemas de los venezolanos y como hacían falta fuerzas activas, físicas, en el terreno.

El fracaso de la enrevesada maniobra de la “ayuda internacional” y de los muchos diálogos y negociaciones (basadas en fuerzas que no eran las de los venezolanos) es el fracaso global del antichavismo, así como el triunfo del chavismo es imponer una lógica de guerra y hacer de la promesa del diálogo una especie de arma, de instrumento de confusión.

Así, el alfa y el omega del antichavismo queda bien definido: o el momento en que todos entran en razón, o el momento en que se acaba con el mal de un solo golpe, nunca el momento en que la lucha inicia para no acabar, la “hora 0” en que no se retrocede, en que se mantiene, aunque sea, el mínimo de lucha posible: desde el rechazo y la desobediencia hasta la rebelión abierta según lo que permitan las circunstancias. Lo terrible es que esta desmovilización es casi autopoietica y el antichavismo ve en la desmovilización que ha causado, la justificación para no luchar, la ratificación de lo imposible que es la lucha y de lo débiles y lastimosos que son los venezolanos y como requieren de la salvación o el entendimiento con sus opresores.

Y es cierto que, perdida la coyuntura abierta entre enero y marzo, multiplicada la emigración, tras el trauma de los apagones y con una represión creciente cualquier escalada en la luchas, sea para producir una ruptura, sea para presionar desde dentro a una negociación parece inviable. Pero aún así, la vida persiste: la rebelión o la movilización colectiva que no se dio, se ha convertido en millones de combates individuales, millones de fugas, de estrategias de sobrevivencia, que aunque insuficientes son lo que puede hacer la gente tras haber sido pulverizada no solo por el chavismo sino por una oposición que ya ha saboteado la lucha al menos dos veces, en 2017 y 2019. El chavismo ya estaba en un proceso de normalizarse, de consolidarse a la manera de Mugabe y Duvalier cuando su propio resentimiento, su propia desesperación le hizo dar un traspié al tratar de liquidar a una Asamblea Nacional que no tiene más relevancia que la que le da el ser reprimida.

En esas condiciones ya los venezolanos han buscado fugarse y rechazar al chavismo pero también los fracasos constantes del antichavismo, su cultura de la derrota. Ya en este momento, y ante un mundo cada vez más desastroso y confuso la pregunta que queda es si, en el futuro, la liberación de los venezolanos pasará, como ahora, por el éxodo y la fuga, o si en los años que viene la oposición venezolana superará el atavismo antichavista y, como en otros países del mundo, como ocurre desde hace casi 40 años, será la gente del común la que organice y protagonice la lucha por su propia libertad y no los espectadores de las peripecias de políticos “demócratas” que pierden incluso cuando van ganando.

Fragmentos de Frantz Fanon (I): Sobre el intelectual colonizado y los saberes que nacen de la lucha

Lo que sigue a continuación es una selección de fragmentos de Frantz Fanon de su obra culmen Los condenados de la tierra. La obra fue editada en castellano por el Fondo de Cultura Económica de México por primera vez en el año 1962, una año después de su muerte. Frantz Fanon fue un pensador, psiquiatra y militante socialista caribeño, nacido en la isla de Martinica, bajo administración colonial francesa. Frantz Fanon viajó intensamente, fue un escritor prolífico y un pensador visionario. Trató de plasmar su visión sobre los procesos de descolonización, las luchas de liberación y los nacionalismos africanos en la obra que escribiría ya enfermo de cáncer a finales de los años cincuenta, Los condenados de la tierra, es una obra escrita con la angustia que trata de reflejar todos los debates, discusiones políticas y reflexiones en torno a la cuestión de la descolonización y los procesos políticos emancipadores en África pero en una mirada anti-colonial global en perspectiva con America Latina y Asia.

Lo que sigue a continuación es una selección de fragmentos de Frantz Fanon de su obra culmen Los condenados de la tierra. La obra fue editada en castellano por el Fondo de Cultura Económica de México por primera vez en el año 1962, una año después de su muerte. Frantz Fanon fue un pensador, psiquiatra y militante socialista caribeño, nacido en la isla de Martinica, bajo administración colonial francesa. Fue combatiente de la II Guerra Mundial contra el nazismo junto al ejército francés, del que más tarde sería degradado por ser un ciudadano de las coloniales. Tras la II Guerra mundial permaneció unos años en la Francia metropolitana, para estudiar medicina y psiquiatría, donde conocería a personalidades como Maurice Merleau-Ponty o Jean Paul Sartre con quien tendrá una importante y sincera amistad. En el año 1953 se traslada a Argelia para ejercer como psiquiatra en la ciudad de Bilda. Al año siguiente,en 1954, comienza la Guerra de liberación de Argelia y Fanon se une de forma clandestina al Frente de Liberación de Argelia, en el que ocupará altos cargos, además ser uno de sus intelectuales orgánicos más importantes. Fanon sería nombrado Embajador de la República Provisional de Argelia, en Ghana, país gobernado por el primer presidente anti-colonial y panafricano del continente Kwame Nkruma quien entre el 1957 y el 1961 había proclamado la independencia y estaban en procesos de constituir la República de Ghana. Frantz Fanon viajó intensamente, fue un escritor prolífico y un pensador visionario. Trató de plasmar su visión sobre los procesos de descolonización, las luchas de liberación y los nacionalismos africanos en la obra que escribiría ya enfermo de cáncer a finales de los años cincuenta, Los condenados de la tierra, es una obra escrita con la angustia que trata de reflejar todos los debates, discusiones políticas y reflexiones en torno a la cuestión de la descolonización y los procesos políticos emancipadores en África pero en una mirada anti-colonial global en perspectiva con America Latina y Asia. Los fragmentos que aquí recogemos son tres extractos de su obra Los condenados de la tierra, que hacen referencia al papel de los intelectuales, de los cuadros teóricos, escritores y sectores de la cultura en los procesos de de descolonización y en las luchas de liberación nacional. Los fragmentos han sido seleccionados todos de la misma obra y no han sido modificados en su estructura ni en su redacción, respetando la traducción al castellano de la tercera edición de la obra editada por el FCE de México, del año 1983.

El contexto colonial, hemos dicho, se caracteriza por la dicotomía que inflige al mundo. La descolonización unifica ese mundo, quitándole por una decisión radical su heterogeneidad, unificándolo sobre la base de la nación, a veces de la raza. Conocemos esa frase feroz de los patriotas senegaleses, al evocar las maniobras de su presidente Senghor: «Hemos pedido la africanización de los cuadros, y resulta que Senghor africaniza a los europeos.» Lo que quiere decir que el colonizado tiene la posibilidad de percibir en una inmediatez absoluta si la descolonización tiene lugar o no: el mínimo exigido es que los últimos sean los primeros. Pero el intelectual colonizado aporta variantes a esta demanda y, en realidad, las motivaciones no parecen faltarle: cuadros administrativos, cuadros técnicos, especialistas. Pero el colonizado interpreta esos salvoconductos ilegales como otras tantas .maniobras de sabotaje y no es raro oír a un colonizado declarar aquí y allá: «No valía la pena, entonces, ser independientes…».

En las regiones colonizadas donde se ha llevado a cabo una verdadera lucha de liberación, donde la sangre del pueblo ha corrido y donde la duración de la fase armada ha favorecido el reflujo de los intelectuales sobre bases populares, se asiste a una verdadera erradicación de la superestructura bebida por esos intelectuales en los medios burgueses colonialistas. En su monólogo narcisista, la burguesía colonialista, a través de sus universitarios, había arraigado profundamente, en efecto, en el espíritu del colonizado que las esencias son eternas a pesar de todos los errores imputables a los hombres. Las esencias occidentales, por supuesto. El colonizado aceptaba lo bien fundado de estas ideas y en un repliegue de su cerebro podía descubrirse un centinela vigilante encargado de defender el pedestal grecolatino. Pero, durante la lucha de liberación, cuando el colonizado vuelve a establecer contacto con su pueblo, ese centinela ficticio se pulveriza. Todos los valores mediterráneos, triunfo de la persona humana, de la claridad y de la Belleza, se convierten en adornos sin vida y sin color. Todos esos argumentos parecen ensambles de palabras muertas. Esos valores que parecían ennoblecer el alma se revelan inutilizables porque no se refieren al combate concreto que ha emprendido el pueblo.

Y, en primer lugar, el individualismo. El intelectual colonizado había aprendido de sus maestros que el individuo debe afirmarse. La burguesía colonialista había introducido a martillazos, en el espíritu del colonizado, la idea de una sociedad de individuos donde cada cual se encierra en su subjetividad, donde la riqueza es la del pensamiento. Pero el colonizado qué tenga la oportunidad de sumergirse en el pueblo durante la lucha de liberación va a descubrir la falsedad de esa teoría. Las formas de organización de la lucha van a proponerle ya un vocabulario inhabitual. El hermano, la hermana, el camarada son palabras proscritas por la burguesía colonialista porque, para ella, mi hermana es mi cartera, mi camarada mi compinche en la maniobra turbia. El intelectual colonizado asiste, en una especie de auto de fe, a la des-trucción de todos sus ídolos: el egoísmo, la recriminación orgullosa, la imbecilidad infantil del que siempre quiere decir la última palabra. Ese intelectual colonizado, atonizado por la cultura colonialista, descubrirá igualmente la consistencia de las asambleas de las aldeas, la densidad de las comisiones del pueblo, la extraordinaria fecundidad de las reuniones de barrio y de célula. Los asuntos de cada uno ya no dejarán jamás de ser asuntos de todos porque, concretamente, todos serán descubiertos por los legionarios y asesinados, o todos se salvarán. La indiferencia hacia los demás, esa forma atea de la salvación, está prohibida en este contexto.

Se habla mucho desde hace tiempo de la autocrítica: ¿se sabe acaso que fue primero una institución africana? Ya sea en los djemaas de África del Norte o en las reuniones de África Occidental, la tradición quiere que los conflictos que estallan en una aldea sean debatidos en público. Autocrítica en común, sin duda, con una nota de humor, sin embargo, porque todo el mundo se siente sin presiones, porque en última instancia todos queremos las mismas cosas. El cálculo, los silencios insólitos, las reservas, el espíritu subterráneo, el secreto, todo eso lo abandona el intelectual a medida que se sumerge en el pueblo. Y es verdad que entonces puede decirse que la comunidad triunfa ya en ese nivel, que segrega su propia luz, su propia razón.
Pero puede suceder que la descolonización se produzca en regiones que no han sido suficientemente sacudidas por la lucha de liberación y allí se encuentran esos mismos intelectuales hábiles, maliciosos, astutos. En ellos se encuentran intactas las formas de conducta y de pensamiento recogidas en el curso de su trato con la burguesía colonialista. Ayer niños mimados del colonialismo, hoy de la autoridad nacional, organizan el pillaje de los recursos nacionales. Despiadados, suben por combinaciones o por robos legales: importación-exportación, sociedades anónimas, juegos de bolsa, privilegios ilegales, sobre esa miseria actualmente nacional. Demandan con insistencia la nacionalización de las empresas comerciales, es decir, la reserva de los mercados y las buenas ocasiones sólo para los nacionales.
Doctrinalmente, proclaman la necesidad imperiosa de nacionalizar el robo de la nación. En esa aridez del periodo nacional, en, la fase llamada de austeridad, el éxito de sus rapiñas provoca rápidamente la cólera la violencia del pueblo. Ese pueblo miserable e independiente, en el contexto africano e internacional actual, adquiere la conciencia social a un ritmo acelerado. Las pequeñas individualidades no tardarán en comprenderlo. Para asimilar la cultura del opresor y aventurarse en ella, el colonizado ha tenido que dar garantías. Entre otras, ha tenido que hacer suyas las formas de pensamiento de la burguesía colonial. Esto se comprueba en la ineptitud del intelectual colonizado para dialogar. Porque no sabe hacerse inesencial frente al objeto o la idea. Por el contrario, cuando milita en el seno del pueblo se maravilla continuamente. Se ve literalmente desarmado por la buena fe y la honestidad del pueblo. El riesgo permanente que lo acecha entonces es hacer populismo. Se transforma en una especie de bendito-sí-sí, que asiente ante cada frase del pueblo, convertida por él en sentencia. Pero el fellah, el desempleado, el hambriento no pretende la verdad. No dice que él es la verdad, puesto que lo es en su ser mismo.

El intelectual se comporta objetivamente, en esta etapa, como un vulgar oportunista. Sus maniobras, en realidad, no han cesado. El pueblo no piensa en rechazarlo ni en acorralarlo. Lo que el pueblo exige es que todo se ponga en común. La inserción del intelectual colonizado en la marea popular va a demorarse por la existencia en él de un curioso culto por el detalle. No es que el pueblo sea rebelde, si se le analiza. Le gusta que le expliquen, le gusta comprender las articulaciones de un razonamiento, le gusta ver hacia dónde va. Pero el intelectual colonizado, al principio de su cohabitación con el pueblo, da mayor importancia al detalle y llega a olvidar la derrota del colonialismo, el objeto mismo de la lucha. Arrastrado en el movimiento multiforme de la lucha, tiene tendencia a fijarse en tareas locales, realizadas con ardor, pero casi siempre demasiado solemnizadas. No ve siempre la totalidad. Introduce la noción de disciplinas, especialidades, campos, en esa terrible máquina de mezclar y triturar que es una revolución popular. Dedicado a puntos precisos del frente, suele perder de vista la unidad del movimiento y, en caso de fracaso local, se deja llevar por la duda, la decepción. El pueblo, al contrario, adopta desde el principio posiciones globales. La tierra y el pan: ¿qué hacer para obtener la tierra y el pan? Y ese aspecto preciso, aparentemente limitado, restringido del pueblo es, en definitiva, el modelo operatorio más enriquecedor y más eficaz.

El problema de la verdad debe solicitar igualmente nuestra atención. En el seno del pueblo, desde siempre, la verdad sólo corresponde a los nacionales. Ninguna verdad absoluta, ningún argumento sobre la transparencia del alma puede destruir esa posición. A la mentira de la situación colonial, el colonizado responde con una mentira semejante. La conducta con los nacionales es abierta; crispada e ilegible con los colonos. La verdad es lo que precipita la dislocación del régimen colonial y pierde a los extranjeros. En el contexto colonial no existe una conducta regida por la verdad. Y el bien es simplemente lo que les hace mal a los otros.
Se advierte entonces que el maniqueísmo primario que regía la sociedad colonial se conserva intacto en el periodo de descolonización. Es que el colono no deja de ser nunca el enemigo, el antagonista, precisamente el hombre que hay que eliminar. El opresor, en su zona, hace existir el movimiento, movimiento de dominio, de explotación, de pillaje. En la otra zona, la cosa colonizada, arrollada, expoliada, alimenta como puede ese movimiento, que va sin cesar desde las márgenes del territorio a los palacios y los muelles de la «metrópoli». En esa zona fija, la superficie está quieta, la palmera se balancea frente a las nubes, las olas del mar rebotan sobre los guijarros, las materias primas van y vienen, legitimando la presencia del colono mientras que agachado, más muerto que vivo, el colonizado se eterniza en un sueño siempre igual. El colono hace la historia. Su vida es una epopeya, una odisea. Es el comienzo absoluto: «Esta tierra, nosotros la hemos hecho.» Es la causa permanente: «Si nos vamos, todo está perdido, esta tierra volverá a la Edad Media.» Frente a él, seres embotados, roídos desde dentro por las fiebres y las costumbres ancestrales, constituyen un marco casi mineral del dinamismo innovador del mercantilismo colonial.

El colono hace la historia y sabe que la hace. Y como se refiere constantemente a la historia de la metrópoli, indica claramente que está aquí como prolongación de esa metrópoli. La historia que escribe no es, pues, la historia del país al que despoja, sino la historia de su nación en tanto que ésta piratea, viola y hambrea. La inmovilidad a que está condenado el colonizado no puede ser impugnada sino cuando el colonizado decide poner término a la historia de la colonización, a la historia del pillaje, para hacer existir la historia de la nación, la historia de la descolonización (1).
Si quisiéramos encontrar a través de las obras de los escritores colonizados las diferentes fases que caracterizan esa evolución, veríamos perfilarse ante nuestros ojos un panorama en tres tiempos. En una primera fase, el intelectual colonizado prueba que ha asimilado la cultura del ocupante. Sus obras corresponden punto por punto a las de sus homólogos metropolitanos. La inspiración es europea y fácilmente pueden ligarse esas obras a una corriente bien definida de la literatura metropolitana. Es el periodo asimilacionista integral. Se encontrarán en esta literatura del colonizado parnasianos simbolistas y surrealistas.

En un segundo momento, el colonizado se estremece y decide recordar. Este periodo de creación corresponde aproximadamente a la re-inmersión que acabamos de describir. Pero como el colonizado no está inserto en su pueblo, como mantiene relaciones de exterioridad con su pueblo, se contenta con recordar. Viejos episodios de la infancia serán recogidos del fondo de la memoria; viejas leyendas serán reinterpretadas en función de una estética prestada y de una concepción del mundo descubierta bajo otros cielos. Algunas veces esa literatura previa al combate estará dominada por el buen humor y la alegoría. Periodo de angustia, de malestar, experiencia de la muerte, experiencia de la náusea. Se vomita, pero ya, por debajo, se prepara la risa.

Por último, en un tercer periodo, llamado de lucha, el colonizado —tras haber intentado perderse en el pueblo, perderse con el pueblo— va por el contrario a sacudir al pueblo. En vez de favorecer el letargo del pueblo se transforma en el que despierta al pueblo. Literatura de combate, literatura revolucionaria, literatura nacional. En el curso de esta fase un gran número de hombres y mujeres que antes no habían pensado jamás en hacer una obra literaria, ahora que se encuentran en situaciones excepcionales, en prisión, en la guerrilla o en víspera de ser ejecutados sienten la necesidad de expresar su nación, de componer la frase que exprese al pueblo, de convertirse en portavoces de una nueva realidad en acción. El intelectual colonizado se dará cuenta, sin embargo, más tarde o más temprano, de que no se prueba la nación con la cultura, sino que se manifiesta en la lucha que realiza el pueblo contra las fuerzas de ocupación. Ningún colonialismo recibe su legitimidad de la inexistencia cultural de los territorios que domina. Jamás se avergonzará al colonialismo desplegando ante su mirada tesoros culturales desconocidos. El intelectual colonizado, en el momento mismo en que se inquieta por hacer una obra cultural no se da cuenta de que utiliza técnicas y una lengua tomadas al ocupante. Se contenta con revestir esos instrumentos de un tono que pretende ser nacional, pero que recuerda extrañamente al exotismo. El intelectual colonizado que vuelve a su pueblo a través de las obras culturales se comporta de hecho como un extranjero. Algunas veces no vacilará en utilizar los dialectos para manifestar su voluntad de estar lo más cerca posible del pueblo, pero las ideas que expresa, las preocupaciones que lo invaden no tienen nada en común con la situación concreta que conocen los hombres y mujeres de su país. La cultura hacia la cual se inclina el intelectual no es con frecuencia sino un acervo de particularismos. Queriendo apegarse al pueblo, se apega al revestimiento visible. Pero ese revestimiento no es sino el reflejo de una vida subterránea, densa, en perpetua renovación. Esa objetividad, que salta a la vista y que parece caracterizar al pueblo no es, en realidad, sino el resultado inerte y ya negado de adaptaciones múltiples y no siempre coherentes de una sustancia más fundamental que está en plena renovación. El hombre de cultura, en vez de ir en busca de esa sustancia, va a dejarse hipnotizar por esos jirones momificados que, estabilizados, significan por el contrario la negación, la superación, la invención. La cultura no tiene jamás la traslucidez de la costumbre. La cultura evade eminentemente toda simplificación. En su esencia, se opone al hábito que es siempre un deterioro de la costumbre. Querer apegarse a la tradición o reactualizar las tradiciones abandonadas es no sólo ir contra la historia sino contra su pueblo. Cuando un pueblo sostiene una lucha armada o aun política contra un colonialismo implacable, la tradición cambia de significado. Lo que era técnica de resistencia pasiva puede ser radicalmente condenado en este periodo. En un país subdesarrollado en fase de lucha las tradiciones son fundamentalmente inestables y surcadas de corrientes centrifugas. Por eso el intelectual corre el riesgo, frecuentemente, de ir a contracorriente. Los pueblos que han luchado son cada vez más impermeable a la demagogia y si se trata de seguirlos demasiado se muestra uno como vulgar oportunista, como retardatario (2).

El hombre colonizado que escribe para su pueblo, cuando utiliza el pasado debe hacerlo con la intención de abrir el futuro, de invitar a la acción, de fundar la esperanza. Pero para asegurar la esperanza, para darle densidad, hay que participar en la acción, comprometerse en cuerpo y alma en la lucha nacional. Puede hablarse de todo, pero cuando se decide hablar de esa cosa única en la vida de un hombre que representa el hecho de abrir el horizonte, de llevar la luz a la propia tierra, de levantarse a sí mismo y a su pueblo, entonces hay que colaborar muscularmente (3).

No hay un combate cultural que se desarrolle paralelamente a la lucha popular. No hay que contentarse, pues, con rastrear en el pasado del pueblo para encontrar allí elementos de coherencia que enfrentar a las empresas falsificadoras y peyorativas del colonialismo. Hay que trabajar, luchar con el mismo ritmo que el pueblo para precisar el futuro, preparar el terreno donde ya crecen retoños vigorosos. La cultura nacional no es el folklore donde un populismo abstracto ha creído descubrir la verdad del pueblo. No es esa masa sedimentada de gestos puros, es decir, cada vez menos atribuibles a la realidad presente del pueblo. La cultura nacional es el conjunto de esfuerzos hechos por un pueblo en el plano del pensamiento para describir, justificar y cantar la acción a través de la cual el pueblo se ha constituido y mantenido. La cultura nacional, en los países subdesarrollados, debe situarse, pues, en el centro mismo de la lucha de liberación que realizan esos países (4).
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Notas
(1)FANON, Frantz. Los condenados de la tierra, Fonde de Cultura Económica, 1983, p. 22- 25.
(2)Ibíd, p. 110-111.
(3)Ibíd, p. 116.
(4)Ibíd, p. 117.

Killing Sulaimani – Como el carnicero del pueblo sirio se tornó un héroe anti-imperialista

 

por Hawzhin Azeez*

Vivimos en un mundo donde a menudo olvidamos que múltiples verdades pueden coexistir al mismo tiempo. En una era de conglomerados mediáticos que regurgitan los mismos eslóganes y titulares a favor de la guerra, y en un momento en que los fracasos de la izquierda son fuertes y vastos, la verdad a menudo se reduce a una perspectiva simplista y maniquea de blanco y negro. Estados Unidos / Irán: los antiimperialistas que han apoyado durante mucho tiempo la brutalidad del régimen de Assad en nombre de la praxis ideológica de izquierda están defendiendo con enojo a otro régimen brutal y violento, Irán, sin tener en cuenta los hechos y realidades históricas; sin tener en cuenta la realidad de las vidas de millones de iraníes aterrorizados, violados y oprimidos en silencio; sin considerar la realidad cotidiana de los oprimidos bajo una dictadura brutal que es solo la segunda detrás de China en la ejecución de disidentes, artistas, feministas y activistas de derechos humanos. Sin embargo, los imperialistas anti-estadounidenses convirtieron a Sulaimani en una figura heroica y estoica, llena de carisma y confianza en sí mismo, un héroe que luchó valientemente contra ISIS y salvó al pueblo iraní, en contraste directo con la vívida incoherencia e imprudencia de Trump. ¿Desde cuándo el antiimperialismo significaba ser ávidos partidarios de dictadores malvados en lugar de oprimidos y colonizados?

Aquí hay algunas verdades básicas sobre la situación actual entre Estados Unidos e Irán:

1.- Sulaimani era un carnicero y un instrumento de violencia indirecta iraní que aterrorizaba a millones de personas en Irán, Irak, Siria, Líbano, Yemen, etc. Una de sus funciones principales era suministrar a Hezbolá un caudal constante de misiles y cohetes, y desplegar silenciosamente a 50,000 militares iraníes en Siria en apoyo del brutal régimen de Assad. Jugó un papel decisivo en la tragedia en curso en Yemen, a pesar del apoyo directo de Irán a los houthis. Su papel para evitar que ISIS ingrese a Irán puede atribuirse en gran medida a la división chií-sunni (ISIS es sunni, Irán es un ávido régimen chií). Su papel en la lucha contra ISIS en Siria tuvo más que ver con el apoyo al régimen de Assad y la eliminación de un grupo sunni rival que se ocupó directamente de su propia hegemonía regional; en lugar de que Sulaimani se preocupe por la paz y la seguridad de la gente común. Al participar en estas medidas extranjeras, fue el líder de las notorias fuerzas Quds que aterrorizan, ejecutan, espían y secuestran a las fuerzas prodemocráticas, de derechos de las mujeres y de derechos humanos en Irán.

Cientos de miles murieron como resultado del papel de Sulaimani en el logro de los objetivos regionales de Irán. Su participación en estos países tuvo un impacto directo en las aspiraciones democráticas de los kurdos, sirios, iraníes y otras minorías oprimidas en la región.

2.- Irán es un régimen ruin. El único grupo de iraníes que realmente lamentan la ejecución de Sulaimani son los iraníes conservadores, aliados con los mullah que gobiernan el régimen. Sí, Sulaimani representaba el nacionalismo iraní, pero en un molde muy específico y estrecho que se ajustaba a la visión de Irán del ayatollah. La mayoría de los iraníes, iraquíes y sirios conmemoran en silencio, si no abiertamente (aunque con cansancio) la muerte de Sulaimani. También saben que matar a un jefe de figura simbólica, que ya es reemplazado por el general de brigada Ismail Ghanni, una figura aún más conservadora y notoria del régimen iraní, no pone fin a una política implementada y ampliamente propagada por el ayatollah.

3) Estados Unidos es un régimen ruin, con una memoria tristemente corta e incapaz de usar las lecciones aprendidas de casos pasados, comenzando guerras convencionales a través de intervenciones directas, invasiones o políticas imprudentes como el asesinato del segundo carnicero más brutal dentro de la notoria seguridad iraní.

Se reconoce que Irán es mucho más medido y contenido en su respuesta, no porque muestre un nivel mucho más alto de respeto por los terrores de la guerra y respete la vida de sus propios ciudadanos; sino que, en lugar de usar su poder blando a través de medios económicos, políticos o militares, implementa cuidadosamente sus políticas. Se mide. Es cuidadoso en utilizar a sus «abogados» para implementar clandestina y secretamente sus vastas aspiraciones y agendas regionales. Su única lealtad es mantener su única continuidad mientras consolida sus objetivos de establecer divisiones chií-sunni. Existe una unidad,  una coherencia con la política exterior iraní y su implementación del poder blando −especialmente en relación con la reciente inconsistencia en la política exterior de Estados Unidos bajo Trump. Es por eso que un informe reciente del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos indicó que Irán es la mayor influencia en la región. Es por eso que Irán aún no ha respondido de la misma manera imprudente que Trump al ejecutar a Sulaimani.

Finalmente, los ciudadanos comunes de Medio Oriente, especialmente de Irán e Irak, no quieren una guerra con los Estados Unidos. Quieren la eliminación del régimen de los ayatollah que continúa aterrorizándolos e influyendo en sus realidades diarias como su propia seguridad e intereses nacionales, pero no de la misma manera que Saddam fue removido en 2003. Esta fue una invasión que resultó en el fracaso de Irak como estado, el aumento de ISIS y el nivel incomprensible de violencia que se produjo como resultado, el genocidio de Yazidi, el aumento de las fuerzas de Hshed al-Shahbi respaldadas por Irán, y más. Ninguna persona sana quiere la guerra. Ninguna persona que ama la democracia quiere la guerra con Irán. Del mismo modo, las sanciones sólo ejercen más presión sobre el pueblo que ya sufre en Irán, que está experimentando una crisis económica. El cambio de régimen debe tener lugar internamente, orgánicamente y como resultado de las voces y acciones del pueblo de Irán. Cualquier otra cosa huele a intervencionismo e imperialismo− y nunca será visto como legítimo.

Aquí hay algunas verdades básicas finales: puedes estar entusiasmado con el final de Sulaimani y aun así estar en contra de la guerra. Puedes condenar la forma en que Sulaimani fue ejecutado, pero aún estás aliviado de que ya no esté para aterrorizar a la gente. Puedes ser anti anti-EUA y dictadura y brutalidad anti-iraní. Trump es un megalómano peligroso. Los ayatollah también son culpables, desangrando a millones en toda la región, financiando grupos terroristas y guerras de poder. Que Sulaimani muera como carnicero, con un final ilegal apropiado, lo mismo que distribuyó a miles, sin convertirlo en un héroe antiimperialista del pueblo, y, por extensión, justificando el régimen iraní. La única lealtad que debe tener debe ser con la gente común de Irán, Irak y la región. Es 2020 y es hora de que comencemos a ver estos problemas en todas sus complejidades.

 

*La Dra. Hawzhin Azeez es una académica kurda, activista, poeta y feminista interseccional del sur de Kurdistán (norte de Irak). Nacida durante la primera Guerra del Golfo entre Irán-Iraq (1980-1988), su identidad política estuvo fuertemente enmarcada por sus primeras experiencias de guerra, particularmente el terrorismo patrocinado por el estado contra los kurdos tanto bajo el régimen de Saddam como la recién emergida República Islámica de Irán.

 

Traducción: Santiago de Arcos−Halyburton

La Inmanencia: una vida…

Extraído de Philosophie. 47 (1-9-95). pp. 3-7

Por Gilles Deleuze

¿Qué es un campo trascendental? Se distingue de la experiencia en tanto que no remite a un objeto, ni pertenece a un sujeto (representación empírica). Además se presenta como pura corriente de conciencia a-subjetiva, conciencia prerreflexiva impersonal, duración cualitativa de la conciencia sin yo. Puede parecer curioso que lo trascendental se defina por unos datos inmediatos de ese tipo: se hablará de empirismo trascendental, por oposición a todo lo que forma al mundo del sujeto y del objeto. Hay algo salvaje y potente en un empirismo trascendental de ese tipo. No es ciertamente el elemento de la sensación (empirismo simple), puesto que la sensación no es más que un corte en la corriente de conciencia absoluta. Es más bien, por muy próximas que estén dos sensaciones, el paso de una a otra como devenir, como aumento o disminución de potencia (cualidad virtual). Entonces, ¿hay que definir el campo trascen­ dental por la pura conciencia inmediata sin objeto ni yo, en tanto que movi­miento que no comienza ni termina? (Incluso la concepción espinosista del paso o de la cantidad de potencia recurre a la conciencia).

Pero la relación del campo trascendental con la conciencia es sólo de dere­ cho. La conciencia sólo se convierte en un hecho si un sujeto es producido al mismo tiempo que su objeto, todos fuera del campo y apareciendo como «tras­cendentes». Al contrario, mientras la conciencia atraviese el campo trascenden­ tal a una velocidad infinita difundida por todas partes, no hay nada que pudiese revelarla. 23. Es por ello que el campo trascendental no puede ser definido por su conciencia, que sin embargo le es coextensiva, pero substraída a toda revelación.

Lo trascendente no es lo trascendental. A falta de conciencia, el campo trascendental se definiría como un puro plano de inmanencia, puesto que esca­ pa a toda trascendencia tanto del sujeto como del objeto 24. La inmanencia ab­soluta es en sí misma: ella no es en alguna cosa, no es inmanencia a alguna cosa, no depende de un objeto y no pertenece a un sujeto. En Spinoza, la inma­nencia no lo es a la substancia, sino que la substancia y los modos son en la inmanencia. Cuando el sujeto y el objeto, que caen fuera del plano de inma­nencia, son tomados como sujeto universal u objeto cualquiera a los que la inmanencia misma les es atribuida, resulta toda una desnaturalización de lo trascendental que no hace más que redoblar lo empírico (así en Kant), y una deformación de la inmanencia que se halla entonces incluida en lo trascenden­tal. La inmanencia no remite a un Algo como unidad superior a toda cosa, ni a un Sujeto como acto que opera la síntesis de las cosas: sólo cuando la inma­nencia no es ya inmanencia a otra cosa cualquiera, se puede hablar de un plano de inmanencia. Tan poco como el campo trascendental no se define por la conciencia, el plan de inmanencia no se define por un Sujeto o un Objeto capa­ces de contenerlo.

Se dirá de la pura inmanencia que es UNA VIDA, y ninguna otra cosa. No es inmanencia a la vida, pero lo inmanente que no es en nada es él mismo una vida. Una vida es la inmanencia de la inmanencia, la inmanencia absoluta: es potencia, beatitud completas. Sólo en la medida en que, en su última filosofía, supera las aporías del sujeto y del objeto, Fichte presenta el campo trascenden­ tal como una vidayque no depende de un Ser ni está sometida a un Acto: con­ ciencia inmediata absoluta cuya actividad ya no remite a un ser, pero no cesa de ponerse en una vida 25. El campo trascendental se convierte entonces en un auténtico plan de inmanencia que reintroduce el espinosismo en lo más pro­ fundo de la operación filosófica. ¿No es una aventura semejante la que le so­ brevino a Main de Biran, en su «última filosofía» (aquella que él estaba dema­ siado cansado para sacar adelante), cuando descubría bajo la trascendencia del esfuerzo una vida inmanente absoluta? El campo trascendental se define como un plano de inmanencia, y el plano de inmanencia como una vida.

¿Qué es la inmanencia? una vida… Nadie mejor que Dickens ha contado qué es una vida, teniendo en cuenta el artículo indefinido como indicio de lo trascendental. Un canalla, un mal sujeto despreciado por todos es llevado mo­ribundo, y he aquí que aquellos que lo curan manifiestan una suerte de aten­ ción, de respeto, de amor por el más pequeño signo de vida del moribundo. Todo el mundo se afana por salvarlo, hasta el punto que en lo más profundo de su coma el hombre villano siente él mismo algo dulce que le penetra. Pero a medida que vuelve a la vida, sus salvadores se vuelven más fríos, y él reencuentra toda su grosería, su mezquinidad. Entre su vida y su muerte, hay un momento que ya no es más que la vida jugando con la muerte 26. La vida del individuo hace sitio a una vida impersonal, y por consiguiente singular, que suelta un puro elemento liberado de los accidentes de la vida interior y exterior, es decir, de la subjetividad y de la objetividad de lo que sucede. Homo tantum al que todo el mundo compadece y que alcanza una especie de beatitud. Es unahaecceidady que ya no es individuación, sino singularización: una vida de pura inmanencia, neutra, más allá del bien y del mal, ya que sólo el sujeto que la encamaba en medio de las cosas la hacía mala o buena. La vida de esa indivi­ dualidad se borra en provecho de la vida singular inmanente a un hombre que ya no tiene nombre, aunque no se confunda con ningún otro. Esencia singular, una vida…

No debería ser incluida una vida en el simple momento en el que la vida individual afronta la universal muerte. Una vida está en todas partes, en todos los momentos que atraviesa este o aquel sujeto viviente y que miden ciertos objetos vividos: vida inmanente llevándose los acontecimientos o singularida­ des que no hacen más que actualizarse en los sujetos y los objetos. Esta vida indefinida no tiene ella misma momentos, aunque estén muy próximos, sino solamente entretiempos, entre-momentos. No sobreviene ni sucede, sino que presenta la inmensidad del tiempo vacío donde se ve el acontecimiento todavía por venir y ya llegado, en el absoluto de una conciencia inmediata. La obra novelesca de Lemet Holenia pone el acontecimiento en un entre-tiempo que puede engullir regimientos enteros. Las singularidades o los acontecimientos constitutivos de una vida coexisten con los accidentes de la vida correspon­ diente, pero no se agrupan ni se dividen de la misma manera. Se comunican entre ellos de una manera totalmente distinta a los individuos. Puede presentar­ se incluso que una vida singular prescinda de toda individualidad, o de cual­ quier otro concomitante que la individualice. Por ejemplo, los niños pequeños se parecen todos y no tienen individualidad alguna; pero ellos tienen singulari­ dades, una sonrisa, un gesto, una mueca, acontecimientos que no son caracte­ res subjetivos. Los niños pequeños están atravesados de una vida de inmanen­ cia que es pura potencia, e incluso beatitud a través de los sufrimientos y las debilidades. Los indefinidos de una vida pierden toda indeterminación en la medida en que rellenan un plano de inmanencia o, lo que estrictamente viene a ser lo mismo, constituyen los elementos de un campo trascendental (la vida individual, en cambio, permanece inseparable de las determinaciones empíricas). Lo indefinido como tal no marca una determinación empírica, sino una determinación de inmanencia o una determinabilidad trascendental. El artícu­lo indefinido no es la indeterminación de la persona sin ser la determinación de lo singular. El ‘Un’ no es el trascendente que puede incluso contener la inma­nencia, sino lo inmanente contenido en un campo trascendental. «Un» es siem­pre el indicio de una multiplicidad: un acontecimiento, una singularidad, una vida… Podemos siempre invocar un trascendente que caiga fuera del plano de inmanencia, o incluso que se lo atribuya, seguirá quedando que toda trascen­dencia se constituye únicamente en la corriente de conciencia inmanente pro­pia a ese plano 27. La trascendencia es siempre un producto de la inmanencia. Una vida no contiene más que virtuales. Está hecha de virtualidades, acon­tecimientos, singularidades. Lo que llamamos virtual no es algo que carece de realidad, sino que se implica en un proceso de actualización siguiendo el plano que le da su realidad propia. El acontecimiento inmanente se actualiza en un estado de cosas y en un estado vivido que hacen que llegue. El plan de inma­nencia mismo se actualiza en un Objeto y un Sujeto a los que se atribuye. Pero, por muy separables que sean de su actualización, el plano de inmanencia es él mismo virtual, tanto como los acontecimientos que lo pueblan son virtualidades.

Los acontecimientos o singularidades dan al plano toda las virtualidades pro­ pias de ellos, como el plan de inmanencia da a los acontecimientos virtuales una plena realidad. El acontecimiento considerado como no-actualizado (inde­finido) no carece de nada. Basta con ponerlo en relación con sus concomitan­ tes: un campo trascendental, una plano de inmanencia, una vida, unas singula­ ridades. Una herida se encama o se actualiza en un estado de cosas y en un vivido; pero es ella misma un puro virtual sobre el plano de inmanencia que nos arrastra en una vida. Mi herida existe antes que yo… 28 No una trascenden­ cia de la herida como actualidad superior, sino su inmanencia como virtualidad en el seno siempre de un medio (campo o plano). Hay una gran diferencia entre los virtuales que definen la inmanencia del campo trascendental, y las formas posibles que los actualizan y que los trasforman en algo trascendente.

Notas:

23 [H. Bergson. Matière et mémoire’, «como si reflejáramos sobre las superficies la luz que emana de ellas, luz que, propagándose siempre, no habría sido revelada nunca» Oeuvres. París: PUF, p. 186].

24 [Cf. J. P. Sartre, 1m trascendence de /*Ego. París: Vrin: Sartre presenta un campo tras­ cendental sin sujeto, que reenvía a una conciencia impersonal, absoluta, inmanente: en relación a ésta, el sujeto y el objeto son «trascendentes» (pp. 74-87). Sobre James, cf. el análisis de David Lapoujadc, «Le flux intensif de la conscience chez Williams James», Philosophie, 46 (junio 1995)].

25 [Ya en ia introducción a la Doctrina de la ciencia: «la intuición de la actividad pura que no es nada fijo, sino progreso, no un ser, sino una vida» Oeuvres choisies de philosophie première.París: Vrin, p. 274. Sobre la vida según Fichtc, c f Initiation à la vie bienheureuse. Aubier (y el comentario de Gueroull p. 9).

26 [C. Dickens, El amigo común, III, cap. 3].

27 [Incluso Husserl lo reconoce: «El ser del mundo es necesariamente trascendente a la conciencia, incluso en la evidencia originaria, y en ella permanece necesariamente trascendente. Pero esto no cambia nada al hecho que toda trascendencia se constituye únicamente en la vida de la conciencia, como inseparablemente ligada a esta vida…» Méditations cartésiennes. París: Vrin, p. 52. Éste será el punto de partida del texto de Sartrel.

28 [Cf. J. Bousquet, Les capitals, Le Cercle du livre].

Golpe y horda: Apuntes sociológicos sobre los conflictos post-electorales en Bolivia

Por Juan Pablo Neri Pereyra

Se vienen tiempos difíciles en Bolivia. Aunque pareciera que hemos retornado a una normalidad, es una normalidad ambigua, que no termina de acomodarse. Lo que prevalece es, en todo caso, una sensación de incertidumbre. Esto es porque todavía no caemos en cuenta sobre la magnitud, en términos simbólicos, de la caída de nuestro otrora “pequeño gran Otro”. Tampoco caemos en cuenta sobre los problemas por venir, sobre todo en lo que respecta a la economía. Y, a lo largo de esta coyuntura un tema que generó una sensación de angustia a más de uno es ¿Qué posición tomar? No sólo por el impulso espontáneo por hacerlo, sino por la presión social que provino desde distintos lugares (familia, pares, colegas, desconocidos). El espectro se redujo, penosamente, a dos parcialidades: 1.- Estar afavor de la “defensa de la democracia y en contra del “vandalismo” y del “narcoterrorismomasista”; 2.- Estar en contra del “golpe de Estado”, ya sea que se estuviera a favor o en contra del MAS.

Ambos relatos, digámosles a modo de provocar fantásticos, son un problema. Porque simplifican, hacen maniqueo el análisis y se alejan de la discusión sobre las problemáticas reales. Con una finalidad didáctica, a esta discusión la caracterizaré como la oposición entre el relato del Golpe y el de la Horda. Dos historias de terror que continúan atemorizando y que empujaron a la inmensa mayoría al razonamiento simplificado, característico de la manipulación y del pánico del que somos presas en los momentos de crisis. Entonces, ¿Cuál es el relato verdadero? La respuesta que propongo y que me parece la más radical: ninguno. ¿Por qué? Precisamente, para evitar la continuidad de temores infundados, la satanización del “otro” y el análisis circunstancial.

Para evitar reactivar una discusión, en el fondo fútil, el primer señalamiento que me interesa realizar es que, visto en retrospectiva, la afirmación de si hubo o no golpe debe entenderse como un ejercicio político coyuntural de toma de postura. Y, como señala OscarVega: “El recurso a buscar solamente en las causas emergentes y, ante todo, ocasionalescomo son el cómo y el porqué de un golpe de Estado, termina conduciendo a una reducción de los hechos, generando nebulosas convicciones para encubrir y eludir un curso de lascosas, o, como el polémico ensayista le gusta decir: ‘Así de ocasional sería la historia del país’” (2019:1). Mi propuesta es entonces, salir de la reflexión ocasional, de la que fuimos presas y, en todo caso, intentar revisar sociológicamente ambos relatos, con miras a situar la lucha de clases, que no tuvo lugar, en cada uno. Es decir, comprender la composición social, así como el contenido discursivo predominante, de las parcialidades o bloques que se movilizaron en los conflictos post-electorales de 2019.

Desde luego, este es un ejercicio de análisis que deberá ampliarse, considerando por ejemplo las particularidades regionales y grupales de cómo se vivieron los conflictos. En el presente análisis, si bien realizo apuntes generales, el propósito es postular que la composición de los bloques movilizados fue más heterogénea de lo que, por ejemplo, los medios de comunicación optaron por informar. Por supuesto, este texto es también una provocación, como otras, para convidar a ampliar la discusión, en lugar de cerrarla como han pretendido tantos otros análisis, desde ambos bandos.

El institucionalismo conservador

Para iniciar el desmontaje de estos relatos fantásticos (golpe y horda), arrancaré con una primera provocación: La defensa de la democracia no es, ni una revolución, ni una victoria popular que pueda ser apuntalada como hito histórico de transformación social. Lademocracia es el régimen y sistema que tenemos ahora. O sea, “es lo que hay”. No obstante,no es ninguna panacea para las contradicciones sociales estructurales, algunas, sobre las que elaboraré más adelante (dependencia, desigualdad, explotación, diferencia), ni mucho menos podría afirmarse que es un sistema político donde, efectivamente, el “pueblo”(concepto vacío y demostradamente prostituible) sea el que gobierna. Históricamente, la democracia moderna ha servido sobre todo para favorecer intereses de bloques, al interior de los cuales se gestan y se consolidan élites y relaciones de poder.

Considerando la afirmación precedente, sobre la cual he insistido bastante en otros escritos, un primer señalamiento político, a ser abordado sociológicamente, es: Ninguna de las voces de ambos bloques, en el conflicto que inicia en octubre, podría afirmarse más legítima que la otra. Lo cual no quiere decir que alguna de estas voces no lo fuera en cierta medida. En todo caso, la multiplicidad de voces que se movilizan desde el 20 de octubre poseyó una legitimidad feble, como se verá más adelante. No obstante, durante el transcurso de los eventos y su desenvolvimiento, todas estas voces asumieron, en algún punto, una posición triunfalista. Por otra parte, si bien en otros textos señalé que no tuvolugar una “lucha de clases” per se, en el sentido que no existió un horizonte transformador de las estructuras económicas y sociales, los acontecimientos estuvieron marcados por este antagonismo. Esto es lo que intentaré argumentar en adelante.

A partir del 22 de octubre, ante la sospecha del fraude electoral, se moviliza un primer bloque, por el desencanto frente a la arbitrariedad. A pesar de que los resultados electorales no le otorgaban una victoria a nadie, el punto central era: después de que se defraudara la confianza de una parte significativa del electorado, el 21 de febrero de 2016, se volvió a defraudar el último atisbo de confianza en la institucionalidad democrática que se tradujo en aceptar a regañadientes las elecciones de 2019, con Evo como candidato. A pesar de esto, y considerando las irregularidades durante el conteo de votos, La posición de Morales, haya habido fraude o no, era la de un goleador, cuando lo que en realidad hubo fue un “empate técnico” (utilizando el eufemismo de su vicepresidente, García Linera).

No ganó Evo, porque sacar un 45% luego de una década de victorias electorales con más del 55% es perder catastróficamente. Pero tampoco ganaron los otros, «empataron» en bloque, y perdieron catastróficamente por separado. En términos de cantidad de votos, que es lo que en ese momento era lo central, estas proporciones tan sólo mostraron una indecisióngeneralizada, y el desencanto con relación a las diversas “propuestas”, si es que además selas podía considerar como tales. Como señalé en otro texto, tanto el voto oficialista, como los votos opositores, mostraban una inclinación más conservadora. Ambos votos buscaban preservar su versión de un status quo. Las elecciones marcan el inicio de la incertidumbre que todavía se siente en todos los sectores de la población.

Las movilizaciones del bloque defraudado por la arbitrariedad, inicialmente tenían una composición relativamente heterogénea. Es decir, se movilizan distintos sectores de la sociedad. Pero, rápidamente pasan a ser dominadas por las clases media y alta urbanas, diríamos, «tradicionales». Los hijos de la burguesía empresarial y de las familias «de bien», pronto fetichizados como «la generación del bicentenario” –sobra decir que, la mayoría de las veces, el recurso de definir una coyuntura en términos del grupo etario que la protagoniza, esconde un razonamiento conservador–. De manera paralela, inician movilizaciones en defensa del candidato Morales, cuya composición también fue heterogénea, pero se observa una mayor presencia poblacional de las clases subalternas. En términos de la proveniencia territorial de los grupos que contienden, es clara la oposición entre barrios de clases favorecidas y barrios populares y, posteriormente, entre lo urbano y lo rural, por ejemplo.

Esto se hace mucho más evidente, en los días posteriores, cuando las clases medias y altas sostenían sus bloqueos en sus bastiones o barrios, se activaban micro-conflictos entre sectores de las clases subalternas (comerciantes minoristas y transportistas que viven al día), no tanto por la cuestión política-electoral, sino por el perjuicio que les ocasionaba el bloqueo. Sin embargo, la simplificación (producto de la experiencia de clase diferenciada) ya había comenzado: los que querían desbloquear eran, sin más, “masistas violentos”. Este calificativo, al igual que otros, se extiende a lo largo de los conflictos y es consolidado por los medios de comunicación corporativos. La rápida popularización de estos calificativos, que contrastaba con la celebración del heroísmo de las movilizaciones en defensa de la institucionalidad democrática, demuestra que las mismas carecían de tenor más allá de la indignación coyuntural.

Efectivamente, en lo que respecta al fetiche etario, si bien las movilizaciones en contra del fraude estuvieron dominadas por jóvenes de clase media y alta de las urbes, la sola motivación de oponerse al fraude planteaba un problema de vacío de contenido político. En consecuencia, el contenido discursivo político de este bloque fue rápidamente provisto por“baby boomers” (para continuar con el fetiche etario) provenientes de las mismas clases dominantes “tradicionales” urbanas. En este caso, el recurso retórico para encubrir su desprecio por las clases subalternas fue la defensa a ultranza de la institucionalidad democrática. Recurso que, a partir de ese momento, se muestra absolutamente funcional, por su contenido relativamente legítimo y provisto por la propia coyuntura. La postura política de este sector fue, por lo tanto, la de un ‘institucionalismo-conservador’. Postura que fue asumida por los medios de comunicación corporativos, como ANF, Página Siete y El Deber, entre otros, que desde mucho antes habían tomado partido por los candidatos de la derecha no masista 1.

La movilización de este bloque resultó exitosa, culminando en la renuncia de Evo Morales. Aunque con el tiempo se sabrá si fue realmente un éxito «popular» o, más bien, se debió al cálculo político de la otrora élite en el poder. Esta situación, lógicamente, deriva en una narrativa triunfalista y activa un ethos de «ganadores» que, cómo señalo antes haciendo uso del eufemismo condescendiente del «empate técnico», no correspondía ni corresponde. El análisis institucionalista-conservador se enfoca en celebrar el triunfo de la “defensa de la democracia” y, con ello, de un “tejido social” aparente y localizado en la facción social urbana “de bien”. Algunas voces de este bloque incluso pasaron a utilizar conceptos que, en el sentido estricto, les causarían pavor, como “revolución” (de las pititas), por ejemplo.

Otra vez, la “parte maldita”

¿Qué ocurrió con la otra parte, la “parte maldita”? (Cf. Tapia, 2008) En octubre, ante los reclamos del bloque opositor, también se movilizaron organizaciones sociales en defensa del expresidente: mineros asalariados, cooperativistas mineros y comunidades campesinas, entre otros sectores. Estas movilizaciones, como las del primer bloque, también poseían una legitimidad relativa, aunque azuzada por la retórica triunfalista precoz del gobierno del MAS, que tampoco correspondía por la razones que ya he expresado. Sin embargo no se puede obviar el hecho que, aproximadamente, 4 de cada 10 bolivianos que participaron en las elecciones votaron por el MAS y por Evo Morales. Seguramente, no todos votaron por el candidato, sino por la sensación de certidumbre que les seguía produciendo la idea del“proceso de cambio” o la continuidad de aquella aparente estabilidad.

Por otra parte, en la votación por el MAS deben considerarse motivaciones, tanto individuales como corporativas. Lo cual no quiere decir que se trataran de motivaciones mejores o peores que las del primer bloque. De la misma manera, sería un error pensar que se trató de un bloque homogéneo. Las motivaciones para salir a manifestarse en defensa del candidato Evo Morales y, posteriormente, en contra del accidentado gobierno de transición, fueron, sin duda, tanto o más variadas que en el primer bloque2. También tuvieron lugar relaciones de poder inter-clase en estas movilizaciones, lideradas en parte por los intelectuales de la entonces élite en el poder, que ya tenían un bagaje establecido de manipulación de sectores corporativos. Esto conllevó a que, desde que iniciaron estas movilizaciones, la lectura realizada por los medios institucionalista-conservadores, señalados anteriormente, consistió en reducirlas a una simple manipulación financiera por parte del gobierno.

Nadie duda que hubiera pagos, en su mayoría miserables (desde 50 hasta 300 Bs), a los movilizados que, más que descalificarlos, probaba la miseria de algunos funcionarios masistas y su versión de desprecio por las clases subalternas. De hecho, si bien es imperativo condenar estas estrategias políticas prebéndales, tampoco podría obviarse, sobre todo para el análisis que ahora nos ocupa, la evidencia de la brecha socioeconómica que existe entre la mayoría de los movilizados del primer bloque descrito, con los del segundo. Para mucha gente que compuso el segundo bloque, esas dadivas miserables eran fundamentales para sostener la movilización. Por supuesto, eso no hace menos condenable el recurso de pagar propinas a los movilizados por parte del masismo. Pero este hecho no debería, de ninguna manera, conllevar a negar la agencia y capacidad de compromiso político de los movilizados del segundo bloque.

Por otra parte, desde luego que en las movilizaciones en defensa del MAS, se expresaron también intereses de élites sectoriales que le deben su auge económico a las políticas del MAS, durante los 13 años de gobierno. Los ejemplos más importante son el cooperativismo minero y las federaciones cocaleras del Chapare, entre otros sectores donde se consolidaron poderosas burguesías. Quizás el factor identitario –reducido por el sentido común al factor fenotípico–, promovido tanto por el gobierno del MAS, como por el racismo y el desprecio por las clases subalternas del “institucionalismo-conservador”, jugó un papel importante enla tendencia a homogeneizar a los sujetos movilizados del segundo bloque.

Ahora bien, en lo que respecta al contenido discursivo de este segundo bloque, fue trabajado sobre todo en ambientes intelectuales desconectados, por las circunstancias, de las manifestaciones. El hecho que, siguiendo el análisis de Devin Beaulieu, durante los 13años de ‘proceso de cambio’, “los actores claves [fueran] profesionales, académicos ypolíticos con la capacidad para “articular” a los subalternos”, concluyó en aquelladesarticulación insalvable entre octubre y noviembre de 2019. La consigna, desde luego, fue la del golpe de Estado. Consigna que inicia en el mismo circulo gubernamental, desde mucho antes de las elecciones3 y que luego, con la renuncia de Evo, se viraliza entre buena parte de las izquierdas latinoamericanas y globales. Pero los canales de conexión entre el trabajo de estos “intelectuales orgánicos” del masismo con las masas movilizadas –canal que ya era bastante endeble– se corta a partir de la salida de Evo del palacio y, posteriormente, del país.

En efecto, el trabajo comunicacional pro-Evo, crecientemente desarticulado de la población movilizada, es llevado a cabo sobre todo por las voces de las izquierdas latinoamericanas(decoloniales y ‘socialismo del siglo XXI’), prestas a afirmar que el golpe contra el gobiernoprogresista de Evo Morales fue un golpe a la izquierda global y que, por lo tanto, lo que correspondía era defender al “Jefe Indio del Sur” de conspiraciones imperialistas. Porsupuesto, al interior de este espectro existen varios matices, desde los análisis paupérrimos y teatrales de intelectuales como Atilio Borón o Ramón Grosfoguel, obsesionados con la geopolítica de la Guerra Fría; hasta posturas más prudentes, como la de Stefanoni, que más bien intentaban mantener una lectura equilibrada, entre la defensa del caudillo auto- exilado y la consideración relativa de las contradicciones de su gobierno. Sin embargo, en su mayoría, estas lecturas omiten problematizar sobre los errores, no sólo del gobierno deEvo, sino de todos los gobiernos de la denominada “marea rosa”, que en gran medida fueronculpables de sus propios fracasos. Estas lecturas, paradójicamente, contribuyen aconsolidar una imagen teatral de “la izquierda” que es rápidamente capitalizada por las propuestas de derecha. 4

El 10 de noviembre se produce la renuncia del presidente. Dos momentos de gran contenido simbólico marcan este acontecimiento: 1.- El presidente deja el palacio y vuela a refugiarse en el Chapare, su principal bastión político. Todavía, en Bolivia, no se cae en cuenta de la magnitud simbólica de este momento. La caída del líder, que para muchos sectores de la población ocupaba el sitial de la figura paternal y del gran líder. 2.- Luis Fernando Camacho, presidente de la organización ultra-derechista Comité Cívico Pro-Santa Cruz, junto con el cívico potosino Marco Pumari y el abogado Eduardo León, ingresa al palacio de gobierno con una biblia. Acto seguido, entre gritos de “¡si se pudo!”, los movilizados delprimer bloque, que escoltaron a Camacho y Pumari, procedieron a quemar la Wiphala, símbolo de las luchas campesinas e indígenas de la región andina que, a partir de 2009, pasó a ser un símbolo patrio establecido en la Constitución.

Con la renuncia de Evo Morales, se produce un giro en las movilizaciones que, hasta esemomento eran sobre todo “demostraciones” de indignación y de apoyo sostenidas, enambos bloques –quizás el momento más incierto y que quedó en la irresolución fueron los ataques con armas de alto calibre, en Challapata el 10 de noviembre, contra los mineros potosinos que se movilizaban en oposición a Evo Morales–.5 En la tarde de ese día, luego del anuncio de la renuncia, se produjo una celebración fugaz en las ciudades capitales. Sin embargo, unas horas más tarde se reactiva el conflicto, esta vez con un carácter más violento. Esa misma noche, en la ciudad de La Paz se desata una ola de violencia vandálica organizada y con objetivos claros: casas de particulares (el rector de la universidad y una periodista) y los buses del sistema municipal de transporte, entre otros.

Ahora bien, casar los hechos vandálicos con el resto de las movilizaciones del segundo bloque, que continuaron y se intensificaron en los días posteriores, es un error de simplificación. Las movilizaciones se intensifican, tanto en Cochabamba como en el Alto, dos bastiones del MAS, pero ya no únicamente en defensa del líder caído, sino para desagraviar la quema de sus símbolos 6. El agravio a la wiphala (símbolo que, además, fue deliberadamente omitido por las movilizaciones del primer bloque, cuyo uso de la tricolor responde a un discurso nacionalista y al institucionalista-conservador) y las consignas del“retorno de Cristo al palacio” no pueden ser reducidos a eventos inocuos, pues para una parte considerable de la población significaron mensajes expresos de exclusión social y de la política. Ante sus ojos, se cerraba de manera violenta un ciclo político que, más allá de las contradicciones del proceso, los había incluido, los había incorporado en la estructura estatal y en los planes gubernamentales. Ese hecho no es para nada menospreciable.

Horda: desigualdad y diferencia

Tanto en las conversaciones cotidianas, como en las movilizaciones y en los análisis llevados a cabo por medios de comunicación e intelectuales institucionalista- conservadores, se reactivan viejos temores, nociones diferenciadoras y discriminadoras.

Mientras tanto, en los mercados, el transporte público y en los barrios populares, se podía escuchar a la gente entre murmullos afirmando: “¿Cómo lo va a hacer así el Evo? Debía irsetranquilo”; “Otra vez me han dicho ‘vos eres india’, si pues soy india ¿por qué eso me va amolestar?”. Afirmaciones silentes que expresan el temor del retorno a políticas deexclusión, marginalización y precarización. Si bien, no puede afirmarse que durante los 13 años de gobierno del MAS se alcanzara una mayor igualdad, en el sentido común de una parte importantísima de la población boliviana, esto fue un logro real. 7

Es considerando este sentido común, o sea la idea de que en 13 años y con todas las contradicciones, se alcanzaron mayores niveles de dignidad e inclusión, que debe comprenderse la prosecución e intensificación de las movilizaciones del segundo bloque. Considerando estos temores, que se vieron confirmados con la salida del Ejército para“pacificar el país” (entiéndase, imponer por la fuerza un nuevo status quo), no resultan tandesorientados los gritos de “¡Ahora sí, Guerra civil!” 8. Posteriormente, en los pliegos petitorios de El Alto, por ejemplo, no se observaba pedidos a favor de Evo o del MAS, sino cuestiones bastante concretas de desagravio simbólico y político9. Después de todo, debido al abandono irresponsable de funciones por parte de la otrora élite en el poder, el gobierno acabo en manos de una facción ultraconservadora carente de toda legitimidad.

Por su parte, el trabajo de los medios de comunicación corporativos10 y de los intelectuales institucionalista-conservadores consistió en restarle cualquier contenido político legítimo y negar la racionalidad de estas movilizaciones. A partir de que inician las movilizaciones en las zonas periurbanas y los municipios rurales cercanos, se comienza a hablar de “hordas masistas” y de “grupos vandálicos” 11. No vale tanto la pena intentar rastrear dónde inicia esta generalización reaccionaria, sino identificar quiénes la adoptan y promueven posteriormente. Los medios de comunicación corporativos, como ANF, Página Siete y El Deber, entre otros, fueron los que asumieron este discurso y decidieron emplearlo a posteriori para describir las movilizaciones opuestas a la “defensa de la democracia” que tuvolugar días antes en las principales ciudades capitales.

Por supuesto, tampoco correspondería una lectura que busque ‘sanitizar’ por completo las movilizaciones de segundo bloque, considerando lo apuntado más arriba. Entre octubre y noviembre de 2019, el país fue testigo de excesos reaccionarios, como consecuencia de la crisis de un proceso hegemónico. Un proceso hegemónico que se caracterizó por la capitalización de la diferencia sociocultural y económica, por una élite en el poder cuyo objetivo, parafraseando a Devin Beaulieu, fue apropiarse del capital simbólico de demandas y aspiraciones populares legítimas, para construir hegemonía. La crisis de este proceso hegemónico fue tan aparatosa, debido a que no tuvo lugar un trabajo serio de desmontar narrativas reaccionarias, ni las estructuras de la desigualdad. El corolario: el exceso. Tanto la clases media y alta atrincheradas en sus urbanizaciones y edificios, prestas a defendersede las “hordas salvajes”; como los grupos de tipo paramilitar en Cochabamba (RJC) violentando a quienes consideraban masistas12; y como los gritos masivos de “Ahora síGuerra Civil” en el Alto y las comunidades rurales, fueron la manifestación de este exceso.

Dependencia y prejuicio

La última provocación que me interesa proponer es la siguiente: existe una relación entre elpersistente prejuicio con relación al “otro” (el trabajador, comerciante, transportista,campesino, cocalero, etc.) y la, también persistente, dependencia de la economía boliviana en los bienes primarios. Aunque parezcan temas bastante alejados, es necesario reflexionar sobre lo segundo, para comprender la brecha social, económica y cultural que, claramente, sigue operando entre sectores de la población boliviana. Por ejemplo, ¿Qué relación tiene el hecho que mucha gente de las élites urbanas está convencida con que en Bolivia se vivía en una dictadora narcoterrorista, con las estrategias de subsistencias de las familias campesinas y ex-proletarias de occidente del país? Para poder responder a una pregunta de esta naturaleza, que tienen un sentido hermenéutico, hace falta una mirada más amplia. Esto es, como he insistido desde el principio, salir del análisis meramente sincrónico o circunstancial, y situar los procesos que se viven en el presente en una línea de tiempo más amplia.

No se puede comprender muchas de las características sociológicas de Bolivia, vigentes hasta el presente (corporativismo, sectores económicos de mayor producción de riqueza, desigualdad, precariedad, entre otras), sino se considera la historia de la dependencia del país en los bienes primarios. Esta es una característica definitoria del país y de sus peripecias, así como de la diferenciación social y económica, ergo de las relaciones de poder en los distintos grupos de la sociedad.

Bolivia ha sido, históricamente un país dependiente de la producción y comercialización de bienes primarios. Desde que se reactiva la minería de la plata, hasta que la misma es sustituida por la del estaño, y con las políticas económicas que fueron llevadas a cabo para favorecer estas exportaciones, la economía del país orbitó en torno a sectores que, por su generación significativa de excedente, fueron privilegiados13. Lo mismo puede señalarse con el desarrollo de sectores extractivos en el oriente y las tierras bajas (quina, goma, castaña y petróleo, entre otros). La priorización y el favorecimiento de estos sectores, por encima de otros como la agricultura y la manufactura, tuvo tres consecuencias fundamentales: la fuga sostenida de capital hacia afuera; el desarrollo de una base productiva incipiente y siempre vulnerable; y la persistencia de unas clases subalternas precarizadas cuya articulación a la economía capitalista se dio a partir del despliegue una multiplicidad de estrategias de subsistencia, en un país donde nunca tuvo lugar un proceso de “proletarización” per se –más que en la minería del estaño–.

Este patrón se mantiene hasta el presente, donde predominan sectores extractivos (hidrocarburos, minería, recursos naturales renovables) y el agronegocio, como los principales sectores de la economía boliviana. Estos sectores se caracterizan por dos cosas: primero, generan un significativo excedente, segundo, no precisan de grandes contingentes de mano de obra. En términos macroeconómicos, la generación de excedente en ambos casos, da la impresión de una pujanza económica. Sin embargo, la pregunta es ¿Qué hace el resto de las y los bolivianos? Se emplean, principalmente, en actividades del sector terciario: comercio y servicios. Por lo tanto, la característica de la economía boliviana es la de una economía dependiente, cuya generación de excedente se traduce en una acumulación sectorial y en una fuga de capital sostenida, y en la que la mayoría de las y los bolivianos deben dedicarse a actividades que tampoco generan riqueza 14.

La discusión sobre la dependencia en los bienes primarios no es reciente. Fue inicialmente planteada por la CEPAL y los teóricos de la dependencia, a partir de los años 60 y, en el mismo periodo, tuvo su versión en la academia norteamericana con la teoría del Sistema Mundo. No obstante, en la actualidad habría que diferenciar estos debates de, por ejemplo,la crítica del ‘extractivismo’, que ahora está de moda en los debates académicos en Latinoamérica. A diferencia de la Teoría de la Dependencia, la crítica del extractivismo se centra en el impacto de la dependencia en los bienes primarios sobre el medio ambiente, entendido muchas veces de manera romantizada, así como sobre enclaves culturales nativos (pueblos indígenas) también romantizados. La crítica de la dependencia, por su parte, apuntaba sobre todo a pensar en cómo sustituir el modelo primario exportador, por un modelo que genere riqueza, siguiendo las premisas de la economía política clásica y de la crítica a la misma, desarrollada notablemente por el marxismo.

De manera simplificada, la premisa es la siguiente: un modelo económico que genere riqueza, como punto de partida para pensar en políticas de bienestar, debe desarrollar su base productiva y emplear a su población en estas actividades productivas. Por supuesto, para no caer en las simplificaciones de los economistas clásicos, habría que considerar las relaciones de poder, explotación y acumulación diferenciada de riqueza que caracterizan al sistema capitalista. Sin embargo, el punto más importante que quiero señalar ahora es que esta dependencia en nuestros bienes primarios ha sido fundamental para el devenir de la sociedad boliviana, hasta el presente: el no-desarrollo de una base productiva y, en consecuencia, la mayoría de la población ingresa en relaciones capitalistas en el marco de estrategias de subsistencia variadas.

El ejemplo más importante sobre esta relación es, quizás, la crisis de la minería estatal que culmina con el Decreto Supremo 21060, en 1985. Aproximadamente 30.000 mineros fueron‘relocalizados’, a saber se quedaron desocupados, como consecuencia del desmantelamientode la COMIBOL. Esta y otras políticas económicas subsecuentes fueron el resultado de la prosecución de la dependencia, que derivó en la imposición de políticas de ajuste estructural, por parte de las organizaciones financieras internacionales (FMI, BM). Políticas de ajuste estructural que no apuntaron a acabar con la dependencia, sino a transferirla al sector privado (nacional y transnacional). El problema con esta política de‘relocalización’ es que no existía un sector productivo en Bolivia que pudiera absorber la mano de obra liberada. Por lo tanto, todo este contingente de trabajadores, así como de otros sectores, tuvo que idearse estrategias de subsistencia, por ejemplo, a partir de migrar al Chapare para dedicarse a la producción de otra mercancía primaria de gran demanda global: la coca; o a partir de ingresar en el comercio informal. Actividades económicas redituables que, no obstante, no generan riqueza (a saber, para el país).

En gran medida, las actividades económicas donde se insertan las familias bolivianas, no son actividades productivas (comercio y servicios) o cuya capacidad productiva es bastante reducida (manufactura artesanal o de pequeña y mediana escala), así como actividades vinculadas al sector primario (agricultura de subsistencia, minería de pequeña y mediana escala cooperativista). Esto dio lugar al desarrollo de gremios y grupos corporativizados, cuyas actividades no solo no generan riqueza, por ejemplo, pagan muy poco o nada de impuestos, sino que afectan al desarrollo incipiente de la base productiva (a partir del contrabando, por ejemplo). Aunque si generan excedente que es acumulado/acaparado por estos sectores y cuyo uso no se traduce en reinversión productiva, sino y principalmente en consumo, lo cual deriva también en una fuga de capital. Además son grupos corporativos conservadores, con un bagaje de organización sindical que les permite defender a ultranza sus intereses gremiales (comerciantes minoristas y contrabandistas, cocaleros, mineros cooperativistas, transporte libre de las urbes, entre otros).

Durante los 13 años del denominado ‘proceso de cambio’, el gobierno del MAS se ocupó de favorecer los intereses de estos sectores, obviando la relación estructural con la dependencia que he descrito. En algunos casos, el favorecimiento consistió en, por ejemplo, facilitar el desarrollo de sus actividades, sin por ello propiciar cambios en las cadenas de valor, en el caso de la minería cooperativista y la coca por ejemplo. En otros, se trató sobre todo de alianzas políticas que suponían un compromiso tácito, por parte del gobierno, de no perjudicar las actividades sectoriales a cambio de un apoyo político electoral. Aunque estas son relaciones sobre las que habría que indagar mejor, corresponden con el señalamiento de Devin Beaulieu, sobre que “los gobiernos inspirados en la nueva izquierda [probaron] tener más estética que contenido”, en el sentido que su estrategia no buscócentralizar a las clases subalternas, sino capitalizarlas para su proyecto hegemónico,pensado sobre todo por “profesionales, académicos y políticos”.

No es casual que durante los conflictos de octubre y noviembre de 2019, estos sectores compusieran, de manera más significativa, las movilizaciones del segundo bloque. Como lo expresé en una sección anterior, esto sucedió por varias vías: La primera, el compromiso genuino de personas y grupos; la segunda, como manifestación de las alianzas con élites sectoriales o gremiales, cuyas posiciones de poder también coinciden con las organizaciones sociales; la tercera, por la vía de incentivos monetarios miserables. El hecho que, en términos de composición de clase, las movilizaciones del segundo bloque fueran más heterogéneas, hace más difícil esclarecer las relaciones de poder que operaron en las mismas, así como en qué medida, hubo apoyos genuinos y condicionados. Sin embargo, el error que he intentado exhibir con especial énfasis es el ejercicio reaccionario de homogeneización que llevaron a cabo, notablemente, los intelectuales y las plataformas institucionalista-conservadoras.

En efecto, los prejuicios de, por ejemplo, las “hordas vandálicas” o “masistas violentos”,sobre las voces que compusieron las protestas del segundo bloque, son corolario de la incomprensión y/u omisión deliberada de las contradicciones que he señalado. La única manera de evitar caer en relatos fantásticos, celebraciones precoces y estigmatizaciones, en el fondo, ignorantes, es considerar las contradicciones estructurales del país. El curso de los conflictos de octubre y noviembre, estuvo marcado por prejuicios, que demuestran brechas sociales irresueltas. Brechas que, por un lado, continúan siendo capitalizadas por la cúpula masista en su auto-exilio y, por otra parte, son reforzadas por las narrativas reaccionarias del institucionalismo-conservador.

                                                                                         *
A lo largo de este breve texto de análisis, he intentado desmontar dos relatos fantásticos que, de alguna manera, continúan determinando el debate sobre los acontecimientos en Bolivia, entre octubre y noviembre de 2019. Dos elementos me parecen claves para desmontar estos relatos: Primero, comprender sociológica e históricamente a los bloques que se movilizaron, advirtiendo, además, que ninguno fue más legítimo que el otro y que la composición social de ambos fue bastante heterogénea. Estos apuntes sirven para evitar caer en relatos triunfalistas o fatalistas que, además, se estacan en lo coyuntural u ocasional, siguiendo a Vega. Segundo, situar lo coyuntural en lo histórico-estructural, es decir, comprender cuáles son las determinaciones estructurales que dan lugar a los antagonismos aparentes que se manifestaron durante los conflictos. En este caso, como en anteriores escritos, me pareció importante enfatizar en la cuestión de nuestra dependencia, sobre todo porque la verdadera crisis, que está por venir, tendrá que ver directamente con esta característica perniciosa de nuestra economía, que seguimos arrastrando.

Por otra parte, algunas cuestiones adicionales que hay que considerar para terminar de desmontar el debate, que he denominado “golpe vs horda”, son: ¿A quiénes les sirve o para quiénes es útil la continuación de este debate? A los grupos de poder cuyo interés es insertar su agenda o mantenerla vigente, sobre todo con miras a convertirse o mantenerse en la clase política. Es decir, a la cúpula auto-exilada del MAS; el actual gobierno de transición, compuesto por algunos gorilas de la vieja derecha; a otros grupos de poder, también conservadores, que aspiran a posiciones de poder; finalmente, a grupos más pequeños que pretenden, mínimamente, introducir su agenda en la política partidista. Sin embargo, para pensar en la transformación real de las estructuras económica, social y política, el debate ocasional no solo es inútil, sino bastante perjudicial. Es el tipo de análisis que puede fácilmente ser capitalizado por partidos e individuos conservadores.

De hecho, un tercer elemento clave para desmontar estos y otros relatos fantásticos, será prestarle atención a cómo la política se ha convertido en un campo de entretenimiento, donde los bufones y los animadores son los más exitosos. Por la misma razón, los relatos fantásticos resultan entretenidos, movilizan rápidamente pasiones y apetitos banales, por ello es que les resultan tan útiles a los políticos, los actuales animadores. Durante los conflictos, como parte del proceso de construcción de los relatos fantásticos que he intentado desmontar, hemos sido testigos también de la emergencia y auge de los animadores. Otro problema que nos tocará seguir enfrentando –o no–. Por lo mismo, en el presente, la postura más radical es salir del entuerto de los relatos fantásticos, como los del Golpe y el de la Horda. ¿Cómo? Saliendo de la reflexión circunstancial y ponderando seriamente las contradicciones estructurales que continúan irresueltas.

Notas:

1 En la presente reflexión insisto en el hecho que, en las elecciones de 2019, no existió ninguna propuesta propiamente de izquierda. Por otra parte, no es novedad que, Página Siete, por ejemplo, desde inicios del 2018 emprendió una campaña activa por la candidatura de Mesa.

2 Nuevamente, en el presente análisis propongo que la postura más radical es no caer en el binarismomaniqueo de ‘golpe vs. defensa de la democracia’. Por lo tanto, me parece más juicioso no perder de vista que el gobierno de Jeanine Áñez es un accidente o, en todo caso, un error. Es un gobierno que resulta de la crisis de la institucionalidad democrática y el vacío de poder propiciado por el mismo MAS. Además que Añez proviene del rincón menos representativo de la Asamblea Legislativa. Por lo mismo, es un gobierno carece de legitimidad, que resulta de una fragmentación política y social, es un accidente y un error.

3 En efecto, la narrativa del “golpe” no es algo novedoso. El gobierno de Morales la utilizó reiteradamente, a lolargo de sus gestiones. Sin embargo, la construcción de este relato, en la coyuntura electoral de 2019, inicia en el mes de agosto y es sostenida hasta el presente:
Ver: https://correodelsur.com/politica/20190824_evo-se-planeo-un-golpe-de-estado-el-21-de-agosto.html

Ver también: https://www.paginasiete.bo/nacional/2019/9/13/evo-denuncia-golpe-de-estado-despues-de- enfrentamientos-en-santa-cruz-230821.html

4 Siguiendo el comentario de Stasiek Czaplicki, es oportuno señalar que en la construcción del relato fantástico del golpe hay que distinguir dos omisiones deliberadas por quienes optaron por esta narrativa: 1.- Las omisiones al carácter derechista y funcional a la agenda neoliberal del gobierno de Evo Morales; 2.- Las omisiones a la violación, en distintos momentos, del orden constitucional por parte de este gobierno. La segunda, como señala Czaplicki, es moralmente irreconciliable con el relato del golpe. Cuando Evo violó el orden constitucional, en 2016 (21F) su recurso fue acudir al Tribunal Constitucional; el mismo tribunal que señaló que, con la partida de Evo y la transición accidentada, no se rompió el orden constitucional. Claro que redundar sobre esto nos devolvería al análisis circunstancial que, precisamente, intento desmontar en este texto.

5 De manera intencional, no incluí esta movilización como parte del primer bloque porque la misma correspondía a demandas corporativas y regionales particulares, que no podrían simplemente casarse con las movilizaciones urbanas de las clases media y alta de, por ejemplo, La Paz o Cochabamba. Lo que sí queda pendiente es esclarecer ¿Qué sucedió en ese ataque? ¿Quiénes lo perpetraron?

6 Por supuesto, estas movilizaciones no puede reducirse a un contenido simbólico. Como ya señalé antes, el desagravio a la wiphala tenía que ver con la posibilidad del retorno de políticas de exclusión, discriminación y oligarquización de la política boliviana, como sucedía hasta el primer quinquenio del siglo XXI.

7 En este caso, debe considerarse el hecho que esta narrativa de “si sale Evo será como antes”, fue sostenida ymantenida por el MAS durante los 13 años de gobierno, por ejemplo, de la mano de García Linera, Quintana y otros intelectuales de la cúpula gubernamental. Se trató de una narrativa que demuestra la decisión expresa de ese gobierno de capitalizar la diferencia y la desigualdad, en lugar de trabajar para resolverlas realmente.

8 Cabe señalar que este estribillo no es nuevo y, por lo tanto, no expresa una irracionalidad coyuntural de “los masistas”. La declaración de guerra civil, por parte de la población rural contra la urbana (considerando ladesigualdad de clase y la diferencia cultural), se remonta a los conflictos sociales que tuvieron lugar entre los años 2000 y 2003. Un análisis sobre el contenido político y sociológico de este estribillo lo realizó, en 2003, Pablo Mamani: https://www.rebelion.org/hemeroteca/bolivia/031002mamani.htm Agradezco por este comentario a Stasiek Czaplicki.

9 Entre los pedidos más importantes se puede señalar: 1.- Renuncia de la presidenta Jeanine Añez; 2.- Renuncia de la alcaldesa de El Alto Soledad Chapetón; 3.- Inmediata liberación de los detenidos en las movilizaciones a nivel nacional; 4.- Desconocimiento de FEJUVE EL ALTO, de parte de los 14 distritos; 5.- Repliegue inmediato de los militares a sus unidades; 6.- Que la policía se reivindique con su pueblo para La Paz; 7.- Expulsión de los señores Carlos Mesa, Luis Fernando Camacho, Marcos Pumari, Waldo Albarracin, Rafael Quispe por incitar a la violencia; 8.- Pedir a la Prensa que difunda la realidad de los saqueos.

10 Desde luego, lo que corresponde para aclarar mejor esta cuestión, es una investigación más detallada sobre el rol de los medios en las distintas fases del conflicto. En una investigación publicada en 2014, Raúl Peñaranda demostró el control que ejercía el gobierno sobre los medios corporativos, notablemente a partir de la publicidad. Esta relación de control continuó operando durante la primera parte de los conflictos, en las movilizaciones del primer bloque, que eran omitidas o recibían muy poca cobertura en la TV y las radios. Sin embargo, conforme se fue modificando el escenario, también se fue reacomodando la cobertura. En este sentido, siguiendo otro señalamiento de Stasiek Czaplicki, lo que corresponde es matizar el papel de los medios de comunicación, sobre todo ahora con un gobierno de transición de derecha.

11 La construcción de una imaginería de salvajismo e irracionalidad en torno a las movilizaciones y protestas de las clases subalternas y, particularmente, de las comunidades rurales tampoco es una novedad en la historia política boliviana. De hecho, esto se puede rastrear este ejercicio reaccionario, que corresponde con las elites tradicionales, hasta los tiempos de la colonia y a lo largo del periodo republicano. Sin embargo, los antecedentes más recientes son los conflictos sociales entre 2000 y 2005. Lo curioso de esta coyuntura, es el silencio de los medios frente a, por ejemplo, los atropellos que siguen cometiendo grupos reaccionarios comolos, tristemente famosos, “motoqueros”.

12 De hecho, otro tema que precisa ser problematizado es la composición de grupos de tipo paramilitar, como los denominados Resistencia Juvenil Cochala (RJC). Por un lado, se trata sobre todo de varones jóvenes de clase media y alta, cuyo modus operandi recuerda a pandillas en motocicleta como los famosos “marqueses”,que también cumplieron un rol paramilitar de apoyo a las dictaduras militares. Luego de que concluyeron losconflictos, RJC continuó operando impunemente, incluso recibiendo dadivas del Estado, hostigando a “los masistas” de manera violenta. Para este grupo, no obstante, no existió ni existe una condena mediática, como para con las movilizaciones del segundo bloque.

13 La razón de esto tiene que ver, principalmente, con que las élites económicas que controlaban estos sectores también tenían el control del poder político. Las políticas económicas que fundan la dependencia del país, estuvieron enfocadas en favorecer intereses de estas élites, en detrimento del resto de la población, considerados además ciudadanos de segunda clase.

14 Para evitar confusiones de sentido común, en este caso, con riqueza me refiero a la noción de ‘valor’. El valores la riqueza que resulta de la producción y el intercambio de bienes, y que se traduce en capital. Capital que es reinyectado en la economía nacional, vía el intercambio (bienes de consumo y de producción), así como en el sistema tributario, vía la recaudación del Estado. Desde luego, las formas en cómo tienen lugar la valorización, y cómo la misma se traduce en riqueza, son mucho más complejas, no obstante, lo que me interesa es aclarar el uso del concepto en el presente texto.

Referencias y lecturas sugeridas

Beaulieu, Devin (2019) “La bancarrota de la nueva izquierda”, en: Bolpress, disponible en https://www.bolpress.com/2019/11/10/la-bancarrota-de-la-nueva-izquierda/

Gutiérrez, Ráquel (2019) “Bolivia, Evo y desarmar la guerra”, en Zur pueblo de voces, disponible en: http://www.zur.org.uy/content/bolivia-evo-y-desarmar-la-guerra

Mamani, Pablo (2003) “Bolivia: Declaración de guerra civil indígena”, en Rebelión, disponible en https://www.rebelion.org/hemeroteca/bolivia/031002mamani.htm

Neri, Juan Pablo
(2019) “Bolivia: ¡Paren todo y piensen!”, en Zur pueblo de voces, disponible en: http://www.zur.org.uy/content/bolivia-%C2%A1paren-todo-y-piensen
(2018) “¿Qué pasó américa? De la “marea rosa” a la venganza de los fachos”, en Zur pueblo de voces, disponible en: http://www.zur.org.uy/content/%C2%BFqu%C3%A9-pas%C3%B3- am%C3%A9rica-de-la-%E2%80%9Cmarea-rosa%E2%80%9D-la-venganza-de-los-fachos(2018) “Lamento boliviano o breve ensayo sobre cómo criticar a un gobierno progresista”,en Zur pueblo de voces, disponible en: http://www.zur.org.uy/content/lamento-boliviano-o- breve-ensayo-sobre-c%C3%B3mo-criticar-un-gobierno-progresista

Peñaranda, Raúl (2009) Control remoto, La Paz: Edición a cargo del autor. Tapia, Luis (2008) Política Salvaje, La Paz: Muela del Diablo Editores.

Vega, Óscar (2019) “El desconcierto boliviano”, ensayo disponible en:https://lals.sas.upenn.edu/news/%E2%80%9Cel-desconcierto-boliviano%E2%80%9D- oscar-vega-camacho-shared-here

Natalie Fenton: “Internet crea guetos políticos entre quienes ya están bien informados”

Por Joan Pedro

Natalie Fenton, activista y profesora de Comunicación en Goldsmiths, University of London, reflexiona en esta entrevista sobre las relaciones entre los medios de comunicación—tanto los medios tradicionales como los nuevos medios digitales— y el sistema capitalista, el activismo social y la construcción de fuerzas políticas y culturales contrahegemónicas.  Fenton es Professor in Media and Communications y Codirectora del Departamento de Medios y Comunicación de Goldsmiths, University of London. Es Codirectora del Goldsmiths Leverhulme Media Research Centre y Codirectora del Goldsmiths Centre for the Study of Global Media and Democracy.

El título de su conferencia de apertura en el congreso que tuvo lugar en Saint Louis University–Madrid fue Esferas públicas mediadas: el problema de la política y el sueño de la democracia. ¿Podría empezar por proporcionar un breve resumen de las ideas clave?

Mi preocupación es que, como investigadores de los medios, tendemos a centrarnos en gran medida, y quizás es comprensible, en el lado de los medios de comunicación: la pluralidad de la propiedad de los medios y del contenido; cuán libre es la prensa; ¿cómo pueden los ciudadanos reclamar autonomía comunicativa? Sin embargo, rara vez se empareja este análisis con una valoración crítica de esta cosa llamada democracia —o peor aún, asumimos en nuestros escritos y marcos conceptuales que la democracia liberal ya está con nosotros.

Se nos dice que los medios de comunicación son el alma de la democracia. Entonces es muy fácil afirmar que la mejora de la democracia simplemente requiere una solución centrada en los medios: mayor pluralidad, menos concentración, mejor representación. Son reformas positivas en sí mismas, pero no podrán arreglar una democracia rota.

Tenemos que interrogar a la democracia liberal y abordar sus fracasos como proyecto y sistema político, junto con el papel de los medios, a fin de apreciar plenamente cómo es la relación entre los medios de comunicación y la democracia, y cómo debería ser. Si en lugar de empezar el análisis por los medios de comunicación, lo hacemos por el aumento de la desigualdad masiva en todo el mundo llegamos a un argumento muy diferente. Tenemos análisis de cómo la desigualdad daña nuestras sociedades, nuestras economías y nuestros sistemas democráticos. Los pobres no tienen influencia sobre las políticas y los políticos, y votan menos. La participación electoral aumenta conforme aumentan los ingresos, porque los más ricos tienen más probabilidades de ser escuchados.

La desigualdad no es una condición favorable para una política democrática sostenible. Así que yo diría que la desigualdad está estrechamente correlacionada con la degeneración de la democracia; y los medios de comunicación han hecho muy poco para contrarrestar los patrones de aumento constante de la concentración de la riqueza. De hecho, tenemos más medios que nunca antes, hemos tenido una explosión digital, hemos visto una expansión masiva del espacio en el que pueden circular los mensajes mediados y, sin embargo, hemos sufrido más y más desigualdad. Por lo tanto, la solución o los temas deben estar en una política más amplia.

Su análisis también lleva a cuestionar las conceptualizaciones predominantes de la esfera pública.

En su enfoque básico, una auténtica esfera pública debe incluir el libre flujo de información e ideas para todos los públicos. La esfera pública es un espacio donde todos los debates pueden ser transmitidos y los temas discutidos de manera deliberativa y racional, conduciendo a una visión de consenso que luego es respondida por los responsables políticos a través de formas de gobernanza. Por supuesto, la democracia realmente existente a menudo está muy lejos de este ideal, con las sociedades caracterizadas más por la desafección política que por una ciudadanía satisfecha que entiende todos los temas que está votando y cuyas opiniones son atendidas por sus representantes electos y los medios de comunicación. Pero al centrarnos en la esfera pública mediada nos dejamos atrapar por la idea de que solo con que los medios de comunicación fueran múltiples y plurales la esfera pública sería saludable. Así, el pluralismo informativo está conectado (a pesar de que rara vez se explica cómo) a una mayor deliberación, que luego nos da una mejor democracia.

Lo que echo de menos son los muchos factores que crecientemente delimitan, constriñen y socavan las esferas públicas en la época online. Vigilancia y malware, la censura y el bloqueo, la explotación y la dominación corporativa. Con la desigualdad y la pobreza masiva, la liberación a través de los medios de comunicación está solo al alcance de muy pocas personas. Sin embargo, de alguna manera, nos dejamos convencer por la idea de que ya que, en un mundo online, podemos enviar libremente mensajes a mucha gente, la libertad es nuestra. Y eso significa que terminamos aceptando la democracia tal como se presenta en el actual periodo.

Y mientras esto está sucediendo, mientras se celebra esta gloriosa abundancia comunicativa a nuestro alrededor, el capital global sigue adelante junto con las enormes desigualdades sociales y políticas que vienen con él.

Las nuevas tecnologías parecen tener una inmensa capacidad de fascinarnos en la idea de que nos traerán de manera casi mecánica un mundo mucho mejor. En este sentido, me parece muy valiosa la diferencia que establece entre los medios ricos en información y los medios ricos en comunicación. ¿Podría explicar esta diferencia?

No hay duda de que, en la era digital, hay muchos más medios de comunicación, vivimos en un mundo comunicativo. Pero eso, ante todo, es un medio de expresión más que una forma de información. Por ejemplo, las redes sociales: después de Google, Facebook es la plataforma online más popular. Millones y millones de personas la utilizan todos los días. No la usan necesariamente para fines informativos, la están utilizando para fines comunicativos que son en su mayoría expresivos. La comunicación, por supuesto, se superpone con las necesidades y deseos de información, pero en general no es lo más importante. La evidencia empírica señala que casi todos utilizamos Internet para fines de entretenimiento. Aquellas personas que lo utilizan principalmente para fines políticos o informativos pertenecen a grupos muy concretos de la clase media y altamente educada. Así, lejos de aumentar la participación política de todos, Internet crea guetos políticos de los que ya están bien informados; afianza las desigualdades que existen offline. Esto me sucedió durante las elecciones del Reino Unido, donde me dejé seducir por esta idea de que en la tuitesfera y en Facebook todo se sentía bien, había un montón de buenos debates, se sentía cómo la izquierda iba ganando terreno. Pero, por supuesto, todo lo que estaba haciendo era hablar con mis amigos. Había una comunidad muy cerrada—aunque bastante grande— que me creó la ilusión de que algo muy diferente estaba pasando ahí fuera. Al final, la elección general trajo otros cinco años de un Gobierno socialmente conservador y económicamente neoliberal. Este es el verdadero problema de los nuevos medios, son muy seductores. Es agradable y reconfortante expresarnos dentro de nuestras propias comunidades. Pero son comunidades cerradas y se están cerrando cada vez más.

Para aquellos de nosotros que tenemos comunidades grandes, de largo alcance, en las que nos implicamos intensamente con una élite altamente educada, eso podría estar bien. Pero aquellas personas que no están en esos círculos son privadas de sus derechos al ser informativamente empobrecidas. Eso es algo antidemocrático. Cualquier cosa que se mantiene exclusivamente online solo mantiene a unas pocas personas conectadas y afines entre sí, y se replicarán las viejas jerarquías y en última instancia no será inspirador. Terminamos con una carga completa de clicktivismo, una política que no nos lleva a ninguna parte. Conviene también reunirse y movilizarse en las calles y otros mundos offline.

Los estudios de comunicación y cambio social se centran en buena medida en los nuevos medios digitales, pero participar en televisión permite abrir el círculo de los que ya participan y llegar a un público más amplio. 

Exactamente, eso es absolutamente correcto. He tenido esta experiencia con la campaña Hacked Off. Una vez más, una gran cantidad de activismo se lleva a cabo en los espacios de redes sociales online, pero sabemos que cuando salimos en las noticias de televisión nos estamos comunicando con un público mucho más amplio y logrando un mayor apoyo. También sabemos que quienes dominan los espacios online son las grandes organizaciones de noticias, en particular las organizaciones de noticias de televisión. Está aumentando aún más el control monopólico de las organizaciones que ya son muy poderosas y grandes, los medios de comunicación corporativos. Esa noción de que de alguna manera Internet es este gran y maravilloso nirvana comunicativo está muy fuera de lugar.

¿Podría explicar qué es Hacked Off, qué lo inspiró, qué promueve, sus objetivos, las actividades que desempeña?

Claro. Soy vicepresidenta de la junta directiva de Hacked Off  y una de las fundadoras de la Media Reform Coalition (Coalición para la Reforma de los Medios). Ambas organizaciones están trabajando para la reforma de los medios, pero de diferentes maneras. Surgieron de un enfoque de tres vías que se inició con la crítica de los medios, luego progresó hacia la práctica mediática y después a las políticas de comunicación.

El proyecto surgió con un análisis, en esencia, atado al estado actual de las noticias, a las nociones de aumento masivo de la mercantilización, la globalización y la desregulación. Luego, junto a estos desarrollos, vino la expansión masiva de los medios digitales y las nuevas tecnologías y las nuevas plataformas para la prensa.

Recuerdo el día en que nos sentamos en la cafetería de la Universidad de Goldsmiths con James Curran y Des Freedman y acababa de saltar el escándalo de los pinchazos telefónicos. Los periodistas quedaron repentinamente expuestos por el hackeo telefónico de niños víctimas de asesinato, de la Familia Real, celebridades y miles y miles de personas comunes y corrientes. Nos pareció que teníamos la crítica de los medios que nos permitía explicar cómo podía haber ocurrido esto. En ese momento nos miramos y dijimos: “Sabes qué, no podemos no hacer algo al respecto. No podemos sentarnos aquí y no traducir nuestra crítica de los medios en alguna forma de práctica mediática” y que, en mi opinión, es lo que la teoría crítica es, si nos remontamos a la noción de Horkheimer de que la teoría crítica debe ser explicativa —la primera etapa: crítica de los medios–. Debe ser práctica —lo que estoy llamando aquí práctica mediática— y debería ser normativa. En otras palabras, debe arrojar luz sobre lo que es con un sentido claro de lo que debería ser y luego sugerir una manera de tender un puente sobre los dos, a fin impulsar el pensamiento y la práctica progresista. Para nosotros era una obviedad que teníamos que hacer algo. Estábamos en una posición perfecta para hacerlo. Así que creamos la Media Reform Coalition.

Hacked Off comenzó en 2011 como una campaña que era parte de otra organización de la sociedad civil, el Media Standards Trust, que ayudó a llevar a cabo la investigación Leveson de la cultura, las prácticas y la ética de la prensa. En el verano de 2012, se convirtió en un grupo activista separado con el mismo nombre y se dedicó a ayudar a las víctimas de abuso por parte de la prensa a contar sus historias, incluyendo el hackeo telefónico, el acoso y la intimidación que sufrieron durante su campaña para asegurar que se pusiesen en marcha mecanismos reguladores independientes y eficaces para hacer frente a tales transgresiones por parte de la prensa.

De modo que, mientras Hacked Offse concentraba en las normas periodísticas, los códigos y la ética y argumentaba a favor de un sistema de autorregulación independiente y eficaz para el periodismo, que fue el foco de la investigación Leveson, la Media Reform Coalition se centró en la pluralidad y la concentración de la propiedad. Ambos problemas están conectados (no se soluciona uno sin el otro). El periodismo como práctica ética no trasciende por arte de magia el mercado del que es parte. Lejos de ello, está envuelto en un sistema económico-político particular, por lo que se necesita abordar los problemas con ese sistema, así como el ejercicio del periodismo en su interior.

Hacked Off recibió lo que Herman y Chomsky llamaron flak(contramedidas disciplinarias) por parte de The Daily Telegraph. Esto plantea la cuestión de cómo responder a los ataques en términos estratégicos.

Responder al flak es una noción muy interesante. Creo que una vez apreciamos que a los medios nunca les van a gustar las propuestas de reforma mediática provenientes de cualquier persona que no sea de los propios medios de comunicación, entonces es más fácil no dejarse afectar. Por supuesto que no les va a gustar. Y cuanto más fuerte gritan o más te atacan, por lo general, es una señal de que estás haciendo algo bien. Así que te vas curtiendo y prevés en cierta medida los ataques.

Para ver la parte positiva del flak, podemos considerar las doce páginas en The Daily Mail con una cantidad ridícula de noticias en torno a la relación entre Hacked Off y el Media Standards Trust y otras personas clave. El Daily Mail decía que se trataba de una gran conspiración de izquierda para dominar el mundo. Nadie se lo creyó. Así que, en última instancia, sólo les desacredita a ellos y a su periodismo. Harold Evans, exeditor de The Times, dijo que se habían convertido en una caricatura de sí mismos. De lo que no podían darse cuenta es que estaban diciendo que Hacked Off estaba dañando la libertad de la prensa, cuando estaban tergiversando todos los argumentos sobre una autorregulación independiente de la prensa, que era el marco Leveson. El Daily Mail dijo que esto era el preludio del autoritarismo. Lo llamaban el regreso al Zimbabue de Robert Mugabe. Era completamente ridículo. Y cuanto más lo hacían, más ridículos parecían. Aunque en un principio es deprimente, cuando te das cuenta de que por supuesto no van a responder de ninguna otra forma, se aprende muy rápidamente a tratar con los ataques.

Lo más alentador de Hacked Off  y las campañas de Media Reform es que, aunque no han cambiado necesariamente la manera en la que la prensa opera en el Reino Unido, sí que han ayudado a que la gente se dé cuenta de que pueden hacer frente a estas corporaciones mediáticas increíblemente poderosas. Muchos de los comentariosonline de los usuarios en los tabloides son a menudo muy críticos y exigentes. Hubo un momento en que este no era el caso. No tengo evidencia empírica para respaldar esto, pero es una corazonada, parece como si hubiera un cambio en la forma de pensar que puede hacer frente al poder de los medios. Eso es un cambio cultural que ha ocurrido como resultado de la investigación Leveson y las campañas de reforma de los medios.

¿Cuál sería la principal aportación de Internet para contribuir a impulsar el cambio social?

Lo que el mundo online puede hacer bien es compartir ideas e inspirar. Compartir y difundir la solidaridad es muy importante. Como estudiosos de los medios, hay que tener en cuenta esto y tener cuidado de no reducir todo a la economía política. También tenemos que tener en cuenta la experiencia sentida de la protesta —la dimensión de lo político que inspira, frustra, entusiasma, enoja y moviliza–. En mi libro actual hablo de esto en términos del ser político y la política del ser. Tenemos que entender la política del ser, ¿cómo se agitan las emociones, la indignación ante la injusticia, la pasión por el cambio social y político? Pero también tenemos que entender lo que significa ser políticopara transformar las emociones en un proyecto político que provoque el cambio institucional material, una cierta forma de una verdadera transformación social y política. Con demasiada frecuencia en los estudios de los medios de comunicación se analizan los afectos de manera aislada. Pero cuando estamos hablando de la movilización política, tenemos que combinar este análisis con cuestiones estructurales de poder y desigualdad con el fin de concebir cómo lograr un cambio político.

Ambas tienen que ir de la mano, en los medios pero también en otras esferas de la vida.

Así es. La resocialización de lo político ha dado a la gente un poco de confianza de nuevo en la idea de que la política está ahí para ellos, que estos sistemas pueden ser reclamados por el pueblo. Se vuelve a conectar la política con la clase social y el ámbito social. Y creo que, en todo el mundo, la izquierda tiene que replantearse en estos términos, y en particular en el Reino Unido. Se trata de decir: “Está bien, la política no es algo para políticos profesionales que buscan ser reelegidos, se trata de satisfacer las necesidades sociales. Eso es a lo que me refiero con “resocializar de la política”.

La resocialización de la política por sí sola, por supuesto, no es suficiente para hacer frente a los problemas, porque te encuentras con la situación a la que los griegos se enfrentan a ahora, en un intento de conseguir el control de su economía. Todavía están cogidos por las élites financieras que les dicen lo que pueden y no pueden hacer con su economía. El control que la Troika (la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional) tiene sobre los países, los atrapa y les impide funcionar democrática y soberanamente. No pueden hacer lo que su país necesita o lo que su población quiere para conseguir salir de la situación en la que están. Sólo pueden hacer lo que los bancos les dicen que hagan.

La otra cara de la resocialización de lo político es la repolitización de la economía. Esto es absolutamente clave. También es más difícil porque es una lucha contra el capital global y será imposible a menos que se resocialice la política. Pero imagínense que esto sucediese en varios lugares de Europa. ¿Cómo respondería la Unión Europea si hubiese un verdadero cambio que nos alejase de la economía neoliberal? Sería un gran problema para ellos. Correrían el riesgo de desestabilizar el continente si les echan fuera de Europa. Así que tendrían que adaptarse a la nueva situación.

En Redes de indignación y esperanza, Manuel Castells habla de cómo la descentralización puede funcionar en niveles reducidos. Pero de lo que no habla es de cómo puede funcionar cuando se tienen más de doscientas mil personas. Así que tienes que tener un sistema político de mayor escala que sustente y supervise toda la producción de capital. Hay que construir esos andamios. Pero, al mismo tiempo, también puedes tener comunidades más pequeñas que guíen, hagan y tomen el control de sus propias vidas. Un sistema así no está más allá de las capacidades humanas.

Para mi próximo libro estoy jugando con la idea de un título como ¿Mirar a la izquierda? Medios digitales y política radical. Aunque sé que la palabra radical tiene diferentes significados según el país, no puedo pensar en una manera mejor de decirlo. El libro comienza con la premisa básica de que cuando pensamos en la política radical y los medios de comunicación, estamos interesados ​​en el cambio social progresista. Se plantea la pregunta de cómo podemos empezar a abordar los desafíos a los que se enfrenta la política democrática si no hablamos de política real como parte de nuestra investigación. Creo que el problema es tanto conceptual como práctico. Una política requiere una práctica. No podemos entender la naturaleza de la práctica sin entender su política; no podemos entender la política sin apreciar sus procesos y organización. Sin embargo, muchos estudios omiten estas relaciones. Yo sostengo que dejar de lado la política limita nuestra capacidad de impulsar el pensamiento y la acción progresista. Al ignorar la política real terminamos despolitizando la contrapolítica porque ofrecemos pocas sugerencias valiosas sobre cómo podemos hacer que la política sea más democrática (tanto a escala pequeña como grande). Sin una comprensión de cómo la izquierda política progresista puede desarrollarse, la política en sí seguirá siendo nebulosa y estará mal definida. Entonces, ¿qué podría significar poner en el centro de nuestro análisis el desarrollo de una contrapolítica? ¿Cuáles son las condiciones necesarias (incluyendo las condiciones comunicativas) para que las organizaciones y colectivos políticos radicales puedan perdurar, construir capacidades y lograr un cambio social?

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Esta entrevista forma parte del volumen Talking Back to Globalization: Texts and Practices (New York: Peter Lang, 2016), editado por Brian M. Goss, Mary R. Gould y Joan Pedro, quien conduce la entrevista.

Joan Pedro es doctor en Comunicación, Cambio Social y Desarrollo por la Universidad Complutense de Madrid y profesor en la Saint Louis University–Madrid Campus.