Una introducción a la vida no fascista; Foucault, Deleuze, Guattari

Con la actual agitación del patio, me acordé de este texto de Foucault comentando el Anti-Edipo de Deleuze y Guattari, que según explica, para él, antes que nada, suponía una introducción a la vida no fascista… Con lo que que no sólo se refería a los grandes autoritarismos, sino a los micro y “meso-fascismos” cotidianos, el “enamorarse del poder”, “las paranoias unificadoras y totalizadoras”… “el fascismo que existe en todos nosotros”… En fin, que veo muy oportuna su lectura, no ya sólo para los super-cataclismos políticos que se avecinan, sino sobre todo para la gestión y auto-organización de las fuerzas que pretenden (o pretendemos) luchar por otros mundos… como por ejemplo para el inminente Vistalegre2… :-O __ un arte de vivir, escribe Foucault…

Deleuze, Foucault y otros en unas protestas en París, en 1979. Falta en esta foto Guattari, – quizás, el más activista de los tres. Fotografía de Elie Kagan. Fuente: https://www.cla.purdue.edu/research/deleuze/

El Anti-Edipo: Una introducción a la vida no fascista

Michel Foucault (*)

Durante los años 1945-1965 (pienso en Europa), había una determinada manera correcta de pensar, un cierto estilo de discurso político, una cierta ética para intelectuales. Había que tutearse con Marx, no dejar que los sueños vagabundeasen demasiado lejos de Freud, y tratar los sistemas de signos – el significante –  con  el mayor respeto. Esas eran las tres condiciones que convertían en aceptable esta singular ocupación que consiste en escribir y enunciar una parte de verdad acerca de sí mismo y de su época.

Después vinieron cinco años breves, apasionados, cinco años de júbilo y de enigma. A las puertas de nuestro mundo, Vietnam, evidentemente, y el primer gran golpe asestado a los poderes constituidos. Pero aquí, dentro de nuestras murallas, ¿qué estaba ocurriendo, exactamente?¿ Una amalgama de política revolucionaria  anti-represiva?¿ Una guerra librada en dos frentes, el de la explotación social y la represión psíquica?¿Una escalada de la libido, modulada por el conflicto de clases? Es posible. De todos modos, es a partir de esta interpretación familiar y dualista que se ha pretendido explicar los acontecimientos de esos años. El sueño que, entre la Primera Guerra Mundial y el advenimiento del fascismo, mantuvo bajo su encanto a las fracciones más utópicas de Europa – la Alemania de Wilhem Reich y la Francia de los surrealistas – había regresado para arrebolar a la mismísima realidad: Marx y Freud iluminados por una sola incandescencia.

Pero, ¿fue realmente esto lo que ocurrió? ¿Fue realmente una recuperación del proyecto utópico de los años treinta, esta vez a la escala de la práctica histórica? ¿O bien, por el contrario, hubo un movimiento hacia luchas políticas que ya no se adecuaban al modelo prescrito por la tradición marxista?¿Hacia una  experiencia y una tecnología del deseo que habían dejado de ser freudianas? Es cierto que los viejos estandartes fueron enarbolados una vez más, pero el combate se desplazó y ganó nuevas zonas.

El Anti-Edipo muestra en primer lugar, la extensión del terreno cubierto. Pero es mucho más que eso. No derrocha su caudal en denigrar viejos ídolos, si bien es cierto que se divierte mucho con Freud. Y, sobre todo, nos incita a ir más lejos.

Sería un error leer el Anti-Edipo como la nueva referencia teórica, es decir, esa famosa teoría que tan a menudo nos ha sido anunciada: la que todo lo englobará, esa absolutamente totalizadora y tranquilizante; esa, se nos asegura, “que tanto necesitamos” en esta época de dispersión y de especialización, de donde “la esperanza” ha desaparecido. No hay que buscar una “filosofía” en esta extraordinaria profusión de nociones nuevas de conceptos-sorpresas. El Anti-Edipo no es un Hegel relumbroso.

Yo creo que la mejor manera de leer el Anti-Edipo, consiste en abordarlo como un “arte”, en el sentido en que se habla de “arte erótico”, por ejemplo. Apoyándose en las nociones, en apariencia abstractas, de multiplicidades, flujos, dispositivos y ramificaciones, el análisis de la relación del deseo con la realidad y con la “máquina” capitalista aporta respuestas a preguntas concretas. Preguntas que se preocupan menos del por qué de las cosas que de su cómo. ¿Cómo se introduce el deseo en el pensamiento, en el discurso, en la acción? ¿De qué manera el deseo puede y debe desplegar sus fuerzas en la esfera de lo político e intensificarse en el proceso de derrumbamiento del orden establecido? Ars erotica, ars theoretica, ars politica.

De allí los tres adversarios a los cuales el Anti-Edipo se halla confrontado: Tres adversarios que no poseen la misma fuerza, que representan grados diversos de amenaza, y que el libro combate con diferentes medios.

1. Los ascetas políticos, los militantes morosos, los terroristas de la teoría, aquellos que quisieran preservar el orden puro de la política y del discurso político. Los burócratas de la revolución y los funcionarios de la Verdad.

2. Los lamentables técnicos del deseo – los psicoanalistas y semiólogos – que registran cada signo y cada síntoma y que desearán reducir la organización múltiple del deseo a la ley binaria de la estructura y de la carencia.

3. Por último, el enemigo mayor, el adversario estratégico (ya que la oposición de el Anti-Edipo con sus otros enemigos constituye más bien un combate táctico): el fascismo. Y no solamente el fascismo histórico de Hitler y de Mussolini – que tan bien supo movilizar y utilizar el deseo de las masas- sino también el fascismo que existe en todos nosotros, que habita en nuestros espíritus y está presente en nuestra conducta cotidiana, el fascismo que nos hace amar el poder,  desear esa cosa misma que nos domina y nos explota.

Yo diría que el Anti-Edipo (ojalá que sus autores me perdonen) es un libro de ética, el primer libro de ética escrito en Francia desde hace mucho tiempo (y de ahí, tal vez, la razón por la cual su éxito que no se limita a un “lectorado” en particular: ser anti-Edipo se ha convertido en un estilo de vida, en un modo de pensar y de vivir).

¿Cómo hacer para no convertirse en fascista incluso cuando (sobre todo cuando) se cree ser un militante revolucionario? ¿Cómo hacer desaparecer de nuestro discurso y de nuestros actos, de nuestros corazones y placeres, ese  mismo?  ¿Cómo arrancar ese fascismo incrustado en nuestro comportamiento? Los moralistas cristianos buscaban las trazas de la carne que se habían introducido en los repliegues del alma. Deleuze y Guattari, en cambio, acechan las más ínfimas partículas del fascismo en el cuerpo.

Rindiendo un modesto homenaje a San Francisco de Sales (1) podría decirse que el Anti-Edipo es una introducción a la vida no fascista.

Este arte de vivir contrario a todas las formas de fascismo, ya estén instaladas o próximas de serlo, van acompañadas de un cierto número de principios esenciales, que yo resumiría como sigue si tuviera que convertir este gran libro en un manual o una guía de la vida cotidiana:

– Liberad la acción política de toda forma de paranoia unitaria y totalizadora.

– Incrementad  la acción, el pensamiento y los deseos mediante proliferación, yuxtaposición y disyunción, antes que por subdivisión y jerarquización piramidal.

– Liberaos de las viejas categorías de lo Negativo (la ley, el límite, la castración, la carencia, la laguna) que el pensamiento occidental ha sacralizado durante  tanto tiempo como forma de poder y modo de acceso a la realidad. Preferid aquello que es positivo y múltiple, la diferencia a la uniformidad, los flujos a las unidades, las disposiciones móviles a los sistemas. Considerad que lo que es productivo no es sedentario sino móvil.

– No imaginéis que haya que ser triste para ser militante, incluso si lo que se combate es abominable. Es el vínculo del deseo a la realidad (y no su fuga en las formas de la representación) el que posee una fuerza revolucionaria.

-No utilicéis el pensamiento para dar a una práctica política el valor de Verdad; ni la acción política para desacreditar un pensamiento, como si no fuera más que pura especulación. Utilizad la práctica política como un intensificador del pensamiento, y el análisis como un multiplicador de las formas y de los dominios de intervención de la acción política.

– No exijáis a la política que restablezca los “derechos” del individuo tal cual han sido definidos por el filosofo. El individuo es el producto del poder. Lo que hay que hacer es “desindividualizar” por la multiplicación y el desplazamiento, por la suma de combinaciones diferentes. El grupo no debe ser el vínculo orgánico que une a individuos jerarquizados, sino un constante generador de “desindividualización”.

– No os enamoréis del poder.

– Podría incluso decirse que Deleuze y Guattari aman tan poco el poder que trataron de neutralizar los efectos del poder vinculados a su propio discurso. De ahí los juegos y las trampas que encontramos un poco en todo el libro, y que convierten su traducción en un auténtico tour de force. Pero no se trata de las trampas familiares de la retórica, aquellas que tratan de seducir al lector sin que éste sea consciente de la manipulación, y que terminan por ganarlo para la causa de los autores, contra su voluntad. Las acechanzas de el Anti-Edipo son las del humor: otras tantas invitaciones a dejarse expulsar, a despedirse del texto dando un portazo. El libro hace a menudo pensar que no se trata de otra cosa que de humor y de juego, allí donde, sin embargo, ocurre algo esencial, algo tremendamente serio: el acoso de todas las formas del fascismo, desde aquellas, colosales, que nos rodean y nos aplastan, hasta las  formas más pequeñas que instauran la amarga tiranía de nuestras vidas cotidianas.
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(1) Hombre de Iglesia del S. XVII, que fue obispo de Ginebra. Es conocido por su Introducción a la vida devota.
(*) Este texto de Michel Foucault sirvió de prefacio a la edición estadounidense de Anti-Edipo. Capitalismo y esquizofrenia, , de Gilles Deleuze y Félix Guattari, publicada en 1977. Formará parte de Dits et écrits, antología de textos de Michel Foucault, que aparecerá en 1989 en Gallimard, ( tomado de “Magazine Littéraire”). Publicado en español en Cuadernos de Marcha, Montevideo; también en: M. Foucault (F. Álvarez Uría y J. Varela, editores), 2010, Foucault. Obras esenciales, Paidós, Barcelona, pp. 673-676.

El presente texto procede de: http://www.psicologiagrupal.cl/documentos/articulos/antiedipo.html

Lo nuevo esta naciendo en las calles de Chile

por Santiago de Arcos-Halyburton

 

Vinieron con sus orgánicas burocráticas, sus banderas sindicales, su ansia de poder dirigir lo indirigible, intentaron llevar el copamiento de Plaza Italia (que es el centro neurálgico del tránsito de la ciudad, si lo bloqueas trastocas todo desplazamiento de vehículos) a una marcha por las calles y después enviarnos a las casas para que ellos, los burócratas de la CUT, del NO+AFP, etc…, toda esa mafia que lleva años enquistada en la direcciones sindicales, trato, digo TRATO, de vaciar la plaza, que es nuestra, que es nuestro campo de batalla, desde donde la potencia multitudinaria ha irradiado a todo Chile la revuelta. La multitud a mitad de camino entendió que su lugar no es una manifestación que recorra las calles sino que es el lugar del contrapoder constituido donde se agencian los todos, los muchos, aquí están las mil flores gestando el acontecimiento sin miedo, estableciendo este éxodo del poder y de la representación. Plaza Italia es nuestro Tahrir, nuestro Parque Gezi, nuestro Maidan, desde ahí combatimos y esparcimos las esporas de la revuelta hacia la ciudad, al país en su conjunto. Pero por qué citamos esos espacios de revuelta tan lejanos geográficamente unos de otros? Porque la globalidad de la revuelta se expresa desde 2011 hasta hoy, como si en una carrera de postas nos pasásemos el testigo de un huso horario al otro. Son millones en todo el mundo los que toman las calles, en un explosión de ira social que viene a cobrarse todas las cuentas de una sola vez, esas multitud se abraza en la inmanencia de una organización de otro tipo, una orgánica sin orgánica donde se constituyen nuevas formas de sociabilidad, de proposición de nuevas formas de vida.

Nos hemos auto convocado, porque esta revuelta no solo es contra el capitalismo financiarizado y sus consecuencias en nuestras vidas, sino que también es contra toda forma de representación o mediación, las redes sociales son nuestra prensa, nuestras orgánicas inmanentes son cibernéticas, digitales, imposibles de domeñar, indisciplinadas. En este crisol también aparecen los conflictos y contradicciones entre nosotros, las clases sociales, el deseo mirado desde distintos cristales, una óptica diferente entre cada colectivo que se manifiesta y revuelve contra el poder, pero también sucede que obviamos esas diferencias, como las barras bravas de los equipos de fútbol que dejan de lado sus rivalidades para agenciarse en la plaza bajo un solo deseo: LO QUEREMOS TODO, LO QUEREMOS AHORA. Ya las resolveremos en el camino, un camino de construcción de comunes.

Ellos aún siguen paralogizados, sin saber a dónde darse vuelta para saber que sucede con nosotros, qué es esta multitud insumisa, sudorosa, hedionda, violenta y cruel. Ellos, la clase política, el estado de los partidos, la prensa y sus corifeos aun no salen de su asombro, no saben si somos eso que ellos llaman vándalos, o la gente común y corriente que cacerolea pero que también saquea e incendia. Están perplejos, y como este contrapoder se afianza en la calle, han mudado su discurso: si no encendemos una barricada tenemos su simpatía por nuestro pacifismo civilizado y bien portado.

Más allá de ellos, los que reciben sus órdenes en las oficinas de los CEO’s de las grandes empresas, deben darse cuenta, tarde o temprano, que su mundo ya no existe, que el escenario es otro, que todo ha cambiado para siempre. Todos los consensos han caído. La élite se sentía segura, no había nubes negras en el horizonte, no fue sino hace una semana que Piñera anunció el oasis de paz que era Chile en medio de las convulsiones del continente…hoy el miedo les recorre el pescuezo porque temen por sus privilegios. Ya no tienen ninguna base de sustentación excepto el monopolio de las armas, incluso en sus barrios de clase alta se escuchan las cacerolas y se ven las manifestaciones y cortes de calle. Esta es la revuelta contra la ausencia de todo welfare, desde los más pobres a la clase media, supuestamente, acomodada. Chile había logrado sortear las crisis económicas, aumentado el nivel de vida de la población, pero a costa de endeudamientos, precariedad en salarios, empleos, salud y educación, donde todo es privado, hasta el agua y el mar (que fue entregado a 7 empresas para su explotación), y al mismo tiempo una economía que se contrae cada vez más en los niveles de producción y consumo de bienes, es el precio de la financiarización y la movilización productiva de los pobres a partir de una nueva composición social. Una subjetividad nueva surge de esa movilización productiva, se afianza e inicia un proceso de creación, la expansión del trabajo vive tiene lugar entonces, pero también nacen las frustraciones, la angustia, una lucha cotidiana por el éxito.

Entonces, que provoca este estallido? No es acaso la inclusión en el mercado del trabajo (durante los gobiernos de la Concertación) a grandes masas excluidas, mediante el acceso a la educación universitaria, por lo tanto a los bienes y al consumo, que se suma al miedo al fracaso del hombre endeudado. Toda la frustración sistémica, todo el odio acumulado en las horas rush en el transito; la imposibilidad de vivir sin deudas económicas con la banca; la violencia de unos contra otros, la delincuencia, etc., todo eso exploto hace 6 días, llevándose la “normalidad” por delante, detonando un proceso constituyente en el que cooperación y la inmanencia de la organización se transforma en la caballería de los hunos que arrasa con todo amalgamando todas las rabias, todas las demandas y exponenciándolas al nivel de que ya son 6 días de copamiento de los espacios de poder.

Ha estallado una potencia que no se derrota con estados de excepción, ni con tanques o balas, y menos con la tortura que ha reaparecido en las comisarías de la policía…SOMOS esa monstruosidad que no querían ver, somos los rostros descubiertos que van poniendo contra la pared al capitalismo financiarizado que nos agobia.

En Santiago de Chile, 6to día de revuelta

 

Amin Maalouf: “No evitaremos el naufragio de la humanidad”

El escritor libanés lamenta en su último ensayo el colapso al que se dirige un mundo marcado por el repliegue identitario

Por Antonio Pita

Últimamente, no hay un solo día en que a Amin Maalouf (Beirut, 70 años) no le venga la misma imagen a la cabeza: un moderno transatlántico, considerado insumergible, avanza inexorablemente hacia el naufragio. Y los pasajeros somos todos nosotros. Lo cuenta el escritor y Premio Príncipe de Asturias de las Letras de 2010 en su último ensayo, El naufragio de las civilizaciones (Alianza), en el que defiende que el fracaso de Levante —su región natal y cuna de las tres grandes religiones monoteístas— en articular un proyecto de coexistencia se sitúa, al menos parcialmente, detrás del violento repliegue identitario en el que se encuentra hoy inmerso el planeta.

«No sabemos de qué forma, pero el naufragio tendrá lugar», sentencia en una entrevista en la sede de Casa Árabe de Madrid, donde este miércoles mantendrá un encuentro con el periodista de EL PAÍS Guillermo Altares. Siguiendo con el símil marítimo, Maalouf lamenta la ausencia de un capitán que dé un golpe de timón a este Titanic («miro a los líderes del mundo y me inquieto», admite) y la diferente velocidad entre los avances científico-tecnológicos de las últimas décadas y la «evolución de las relaciones entre las comunidades humanas».

Pregunta. Comencemos por la actualidad. Las protestas de estos días en Líbano, ¿son justo una prueba del fracaso de ese modelo de país del que habla en el libro?

Respuesta: Es evidente. Es un fracaso que viene de lejos. La gente tiene el sentimiento de que han sido robados, expoliados, de que hay una clase política incompetente y corrupta que les utiliza. Y tienen razón. La cuestión es saber en qué va a desembocar. No lo sé. Espero que produzca dirigentes que vengan de todas las comunidades, con una visión diferente. Siempre es más difícil para un movimiento espontáneo producir un liderazgo que expresar la cólera.

«Las luces de Levante se apagaron. Luego las tinieblas se extendieron por el planeta. Y, desde mi punto de vista, no se trata de una simple coincidencia», dice en El naufragio de las civilizaciones. ¿Por qué esa centralidad de Levante?

Es una región altamente simbólica. Es el lugar de nacimiento de las grandes religiones monoteístas. La región a la que miran cristianos, judíos, musulmanes. Si hubiera un ejemplo de coexistencia entre las comunidades locales, habría difundido al mundo entero un sentimiento constructivo, positivo. Y el hecho de que el mundo entero mire a Levante y vea cómo esas comunidades se masacran, no pueden hablar unas con otras y se odian de forma permanente… eso difunde al mundo algo extremadamente negativo, destructor. La influencia de Levante en el resto del mundo va mucho más allá de su peso económico o estratégico.

Y no es optimista…

No lo soy. Con el conflicto israelí-árabe ha habido momentos en que parecía que podíamos llegar a una solución, con los Acuerdos de Oslo [1993] y, lo más reciente, el discurso de Obama en El Cairo [2009], en el que expresó una visión de un Oriente próximo reconciliado que desgraciadamente no ha ido más lejos. Hoy tenemos la sensación de que no va a haber solución para la región. Los problemas van a seguir agravándose, así que es difícil ser optimista.

¿A qué se debe esa mirada diferente que se da hacia un país como Alemania y hacia el mundo árabe que menciona en el libro?

Muchos pueblos pasan por periodos en los que tienen comportamientos que van contra lo que han mostrado en otras épocas históricas. Para Alemania fue el periodo del nazismo. Desde el mundo árabe han emanado en las últimas décadas comportamientos que, a mis ojos, no son la emanación natural de su historia. Y espero —y aquí formulo más una esperanza que una predicción— que un día el mundo árabe pueda superar el periodo actual. En el mundo árabe hay una tradición de coexistencia que nunca ha sido perfecta, ni en Al Andalus ni en ningún sitio, pero comparado a lo que había en el resto del mundo en la misma época era completamente honorable. Mi familia, que es cristiana, ha podido vivir durante siglos en un mundo en su gran mayoría musulmán. Si hubiese sido un musulmán de Sicilia, no habría podido quedarme siglos en mi pueblo.

Desgraciadamente, ha habido un retroceso mientras se avanzaba paralelamente en el resto del mundo. Occidente, que no había tenido necesariamente una actitud de tolerancia evidente, se ha convertido en mucho más tolerante; y el mundo árabe, que era relativamente tolerante, lo ha sido cada vez menos. Y el diferencial se ha convertido en algo extremadamente chocante.

Cuando miramos desde Occidente lo que sucede en el mundo árabe o musulmán, se tiene la sensación de que siempre ha sido así. En los últimos años ha habido un endurecimiento, una evolución hacia más intolerancia y más fanatismo, pero si eso ha cambiado, puede volver a hacerlo. El péndulo puede ir en la otra dirección. Es absurda la idea de que es una fatalidad.

En su descripción, el mundo parece una especie de niño mimado que, justo cuando tiene todas las posibilidades técnicas para llegar a una edad de oro, se mueve hacia el lado contrario

R: El mundo se ha desarrollado científica y técnicamente a una velocidad acelerada. Y esta evolución tendría que haber ido acompañada de una evolución paralela de la manera de gestionar las relaciones entre las comunidades humanas, en lo que ha habido un estancamiento, un retraso. Es bastante comprensible, pero no era inevitable. Cuando la evolución va muy rápido, no siempre tenemos el tiempo de adaptarnos intelectual y socialmente. Hay factores que han retrasado la toma de conciencia y la adaptación al cambio. Lo que ha pasado en Levante ha desempeñado un papel. Pero también la caída del Muro [de Berlín] y el comportamiento de Estados Unidos, que no ha construido verdaderamente un nuevo orden que funcione.

 ¿Y por qué es ahora más pesimista, justo cuando venimos del siglo de las dos guerras mundiales, del Holocausto…?

Es verdad que hay mucha menos violencia en nuestro siglo que en el anterior. No lo dudo ni por un instante. Pero la diferencia es que en nuestro siglo hay una verdadera posibilidad de salir de una cierta manera de vivir la historia y construir algo diferente, porque la humanidad hoy tiene la necesidad de construir una visión diferente de sí misma. Soy más duro con este siglo porque tenemos posibilidades que no teníamos antes. Y es una pena malgastarlas. El mundo de hoy es completamente diferente y es normal que esperemos de él otra cosa que lo que nos pudo dar el siglo XX.

¿Por qué ve este periodo oscuro «destinado a durar», como señala en el libro?

Porque, cuando miro a mi alrededor, no tengo la impresión de que haya una verdadera toma de conciencia. Miro a los liderazgos en el mundo y me inquieto. En Estados Unidos, Inglaterra, India, Brasil, Turquía… Estamos en un mundo un poco inquietante, en el que no hay mecanismos para salir de las crisis. Nadie tiene autoridad moral. No hay ninguna gran figura, ideología común, gran país que ejerza verdaderamente una autoridad moral. Nadie. El mundo va mal y acabará por salir de este periodo de turbulencias, pero supondrá tiempo, esfuerzo y sufrimiento.

¿Quién podría ser el capitán del barco?

El capitán del paquebote de la humanidad estos últimos treinta años tendría que haber sido Estados Unidos. Y ha fracasado. El copiloto ideal habría sido Europa, y no se ha dado a sí misma los medios para ello. En realidad, no hay capitán. Mi sentimiento es que no evitaremos el naufragio. Tendrá lugar, no sabemos en qué forma. No hay una toma de conciencia que permita evitarlo. Por ejemplo, en la cuestión climática se habla, habla, habla, y se finge, pero en realidad no se hace nada que pueda realmente evitar la deriva que ha comenzado. Es un cambio cosmético, mediático, sin nada de profundidad.

¿A qué se refiere cuando habla de naufragio?

No sé qué forma puede tomar. Puede estar vinculado a las perturbaciones climáticas, puede haber cosas extremadamente graves. O a la carrera armamentística, que un día produzca efectos que den miedo a la gente. Puede ser también una gran crisis económica.

Fuente: https://elpais.com/cultura/2019/10/22/actualidad/1571756744_147595.html

La potencia del octubre chileno

 

por Santiago de Arcos-Halyburton

 

Es el quinto día de movilizaciones, en que la certeza de la muerte de una normalidad impuesta, la certeza de la destrucción de una servidumbre voluntaria que duró 30 años, ha abierto una brecha insalvable en el muro del poder: “vamos a tener que disminuir nuestros privilegios” dice la esposa del empresario especulador financiero que gobierna Chile hoy, esta frase refleja el terror que esta movilización, que este estallido de los de abajo que vienen a por los de arriba significa, lo dijo esta mañana una periodista de la gran prensa mercenaria: “la revolución ha estallado”.

Es el quinto día, y como la multitud es un monstruo de millones de cabezas, diferencias, deseos y afectos agenciados en una lucha de largo aliento por desarmar la desigualdad que el capitalismo financiero ha implementado, y continuará implementando en Chile, el gobierno, que ya no gobierna, ha llamado a la clase política para establecer un gran acuerdo nacional que les permita reconstituir su margen del poder y ordenar la casa para no perder definitivamente esos privilegios… pero la “revolución ha estallado”, sin dirección, porque es la autonomía, el deseo de los sujetos el que se expresa en esta revuelta. Lo saben, la única certeza del poder es que no tienen nadie con quien negociar, no hay vuelta atrás, o se impone la masacre o el rayado en el muro, que inspira este texto, se hace realidad (Tenemos razón, ahora tenemos la fuerza), porque es la potencia de los muchos la que se impone al toque de queda, a la prohibición de reunión pública, a las tanquetas y la munición de guerra que portan los militares en las calles, y que ya se cobra varios muertos.

Ha estallado durante cinco días un momento histórico que nos dejo, al principio, perplejos, un momento que no supimos leer y recién cuando nos sumergimos en él descubrimos que la revuelta desataba ese acontecimiento que siempre vivimos esperando, esta incertidumbre de que sucederá es el vértigo de la potencia constituyente de la multitud, una potencia que no reconoce direcciones, una potencia imposible de asir por la izquierda, por esa nefasta orgánica burocrática que al 5to día viene a sumarse con un llamado a Huelga General, pero condenando la violencia y el saqueo, la muy bien portada izquierda stalinista que viene a querer ejercer un liderazgo para enrielarnos en la institucionalidad y el disciplinamiento de las luchas en pos de sus intereses espurios.

Han fracasado una y otra vez, se han desprestigiado siendo gobierno neoliberal con la Bachelet; robándose los fondos de una universidad privada, de donde los ex guerrilleros, como Andrés Pascal Allende, salieron contando millones; esa vieja izquierda que defiende la dictadura de Maduro y babosea por sus ex militantes convertidos en miembros de bandas de secuestradores, como Hernández Norambuena; y a pesar de todo esto pretenden dirigir hoy. Recién, al 5to dia se han dado cuenta del polvorín social que ha estallado, la verdad es que esto no es casualidad, ellos ya no son la izquierda, nunca lo fueron, siempre, en su keynesianismo han sido el partido del orden, del recambio, han sido la otra governance del capital, mistificada de himnos y trapos rojos.

La parálisis no sólo aflige al gobierno, también enferma a esa ex˗quierda gobiernista, disciplinadora, del voto crítico o de las nuevas forma-partido que no son más que parte de la mitomanía de las organizaciones burocráticas, como el Frente Amplio, que también condena la violencia “venga de donde venga”, sin más norte que su caudal de votos, que también implican ingresos económicos, ellos no son más que el recambio de la elite gubernamental.

Es el quinto día, y vemos como los medias mercenarios inician, timoratamente, un vuelco, mostrando la violencia represora del régimen, apoyando las movilizaciones, mostrando en vivo los disparos con munición de guerra que portan los militares e infantería de marina durante el día y las horas del toque de queda. Pero eso es parte de su negocio, les hemos enrostrado a todo momento su afán de mentira, de tergiversar los hechos, les hemos expulsado tanto de las movilizaciones confiando solamente en las redes sociales como medio informativo, que han decidido no perder audiencia, lo que implica perder auspiciadores…aunque continúan criminalizándonos, intentando dividir entre los buenos y bien portados manifestantes de batucada y los malvados saqueadores e incendiarios, pero para esas personas que ya empiezan a movilizarse en las zonas de mayores ingresos de la ciudad, los barrios de clase media alta que ayer fueron reprimidos y baleados tal como se hace en los suburbios pobres de Santiago de Chile, y la totalidad del territorio nacional han subjetivado que existe un solo culpable: Sebastián Piñera y su régimen

Es el quinto día y tenemos la certeza absoluta de que, en la voz temblorosa de Piñera, anunciando sus retrocesos ante cada embate de las manifestaciones, nada volverá a ser lo mismo, nada será como era el día jueves de la semana pasada, aunque nos derroten, aunque el poder logre costurear frágilmente las brechas abiertas por nosotros Chile DESPERTÓ de su sueño de 30 años…el día que la Concertación nos envió a la casa en 1989, después de que lucháramos en las barricadas contra la dictadura de Pinochet, jamás se imaginaron que nacería una generación sin miedo que se tomaría las calles y arrinconaría al poder entre la barricada y el abismo. Todo reclamo, toda reivindicación es un rugido de poder, de deseo del aquí y ahora, es la potencia transformadora que ya no se apagara más.

Se acerca el toque de queda y con él la certeza de que volveremos a desobedecerlo, que habrá más enfrentamientos con los milicos armados con armamento de guerra, pero el miedo ha cambiado de lado, a ellos les tiembla la barbilla a cada anuncio televisivo que no dice nada, y del otro lado está el poder constituyente de la multitud recorriendo todo el territorio nacional como un reguero de pólvora que consolida los comunes nacidos estos días como potencia acumulada.

El caos desatado es un orden nuevo que positiva la criatura que nace en cada paso que acerca a la manifestación, en cada acto de resistencia se construye una dignidad multitudinaria que agencia la vida en un proyecto de país, de ciudad, de barrio… es la vida que estalla para crearlo todo!!!

Santiago de Chile, 5to día de la rebelión de Octubre 2019.

EL Kairós del octubre chileno

por Santiago de Arcos-Halyburton

Cuando nos declaran la guerra y nos criminalizan; cuando se intentan separar en buenos y malos, bien portados y vándalos; cuando se condena a los elementos más radicalizados del acontecimiento, no se entiende un carajo de lo que sucede, el centro de la cuestión se les hace ininteligible al gobierno, los partidos, la derecha, la izquierda y al sindicalismo en todas sus variantes (leía a un tal Stanton condenar los saqueos porque eran contrarios a la “democracia popular”, eso que el stalinismo entiende como verticalidad en el mando y dirigencia). Cuando se ataca monumentos, mobiliario urbano, bancos, al Metro y toda propiedad que ofende a la multitud como símbolo del poder, el abuso  y la explotación se hace con un sentido político, este momento especifico de lo político, el de la ruptura del orden y la incapacidad del arte de gobernar liberal de recomponer su normalidad hecha trizas. Esta lucha es una rebelión tumultuosa, el huracán social que barre toda certeza de governance, es la antesala de la conquista de los derechos reclamados, la destrucción del mito “país jaguar”, del exitismo como subjetividad cautiva, de ahí que el gobierno no pueda más que argüir una oscura y poderosa conspiración que intenta destruir sus certezas, demasiado sabemos de esas conspiraciones como para creérnoslas. Piñera, y toda la clase política, no entendió aun que en tiempos de Instagram la velocidad de diseminación es instantánea, que la multitud en sus agenciamientos autónomos  de los cuerpos sublevados no precisan dirección alguna.

Apagar los incendios con bencina, es decir provocar la ira de la multitud desafiándola con estado de perturbación de la paz, estado de emergencia y toque de queda es la peor estrategia que un gobierno puede seguir, cuando la correlación de fuerzas, cuando el monopolio del poder ha mudado de manos: la calle manda cobrarse todas la cuentas acumuladas en 30 años de silencio, 30 años en que la democracia solo significo carencias, jubilaciones de hambre (en Chile si jubilas a los 65 años, los hombres, o a los 60, las mujeres, se te rebaja tu salario hasta en un 80% y más encima te calculan cuantos años vivirás…después de eso la miseria aún más miserable); salarios mínimos que cada día alcanzan para menos; sistema de salud denigrante; educación de las peores; el país más desigual de la OCDE; endeudamiento de por vida (quizás dos o tres vidas) para estudiar, comprar un bien raíz habitacional o simplemente comer todos los días (se compra con plástico de las cadenas de supermercados a crédito la alimentación); u n sistema de transporte oprobioso, diseñado para que viajemos dos o tres horas, hacinados, con 10 grados de temperatura sobre la del exterior, una máquina de moler carne que impide la vida, la sociabilidad, el ocio…solo transportarse para dormir y volver al trabajo en las mañanas para ganar un salario miserable (menos de 250 dólares más o menos). Mientras tanto, ellos se enriquecen cada días más, las farmacias se coluden para engañarnos y esquilmar nuestros bolsillos; los productores de pollos, los productores de papel higiénico, los parlamentarios, los empresarios…todos nos esquilman, todo el modelo está diseñado para que los más ricos se hagan más ricos y nosotros pasemos a gozar de las bondades de la automatización en el paro, el hambre, la miseria absoluta (no por casualidad Wal Mart abrió su primera tienda, en todo el mundo, completamente automatizada en Chile), aquí, en el paraíso, no existe el mas mínimo welfare (por eso la “izquierda” frenteamplista, esos errejonistas pomposos e ineptos, viven ansiando poder ganar votos anunciando unos “gloriosos 30” imposibles, un keynesianismo en tiempos de financiarización del capitalismo). Ese desafío ha significado que los centros neurálgicos de las ciudades hayan sido copados: estableciendo en los hechos una especie de Huelga General, donde el transporte ha sido impedido de funcionar, donde la masa laboral se ha ausentado en un 70%, donde se han suspendido las clases para escolares y universitarios, los supermercados, bancos y shoppings center cerrados…donde casi nada funciona normalmente.

Nuestra respuesta ha sido contundente, es hora de que en el terror que están sufriendo, en medio del miedo que les inunda, la vean, porque de lo contrario tendrán que salir a matar. Nuestra respuesta es la potencia multitudinaria, un poder que constituye una constructividad de subjetividad que no deja cuerpo sin contagiar, la biopolítica, los afectos se transforman en una autovalorización, un deseo expresado por dos trabajadores mientras caminaban de vuelta a sus hogares: “esto no puede parar, no puede, hasta que haya algo concreto”, que es ese “concreto” de la multitud, una autonomía, un deseo que lo quiere todo y ahora. Este agenciamiento de deseos, esta voluntad se ha instalado en la cúspide: todo o nada.

Señor Piñera, creame que si la multitud o esa “organización poderosa”, que solo usted ve en las sombras, desease destruir todo, lo habría hecho no dejando piedra sobre piedra de las ciudades y su orden se vería perdido para siempre o tendría que haber masacrado a este movimiento, y sus intentos de criminalizar y dividir solo se vuelven contra suya, son los miles en las filas para comprar lo necesario en los pequeños almacenes de barrio, ante el cierre de los grandes supermercados, solo le culpan a usted…y al Estado del capital, la banca y las finanzas. A pesar y contra la falta de veracidad de la prensa mercenaria, de esa puta del poder, que es, de modo creciente, expulsada de las manifestaciones por su afán de mentir y tergiversarlo todo, por eso deben cubrir las manifestaciones desde los pisos altos de algún edificio, por eso, hoy, los manifestantes gritaban “al 13, al 13” (Canal 13, propiedad de Andronico Luksic, el hombre más rico de Chile) o “a CNN, a CNN”, no con un afán de visita social, sino que con la clara intención de obligarles a decir la verdad. Tal vez mañana, la multitud decida visitar el palacio de gobierno, ya que exige su renuncia, me imagino su desesperación, los rostros de sus corifeos y epígonos, el miedo que recorre su cuello bajando por la espalda, sin respuestas a lo que no saben calibrar, preguntándose que es este movimiento, y creyendo que diciendo “he escuchado la voz del pueblo” nos iremos a la casa y abandonaremos las calles para que vuelvan a gobernar tranquilos. Que equivocado está el poder, y se equivoca aún más cuando ya no puede gobernar, y declara la guerra como un perro rabioso con la boca llena de espuma, sin saber que la historia está viva, no anquilosada en los anaqueles del palacio, la historia se constituye en cada manifestación a lo largo del país, es aceptada en la forma del movimiento incesante que ha escrito ya 4 días de sublevación, donde hemos poblado las calles con nuestras miles de reivindicaciones, nuestros miles de pliegos de petitorios, hemos participado de la alegría, el miedo, la rabia, el afecto bellísimo de las luchas, de la belleza infinita de ese caos que no lo es. Y a pesar de la brutalidad de la represión, esto es la posibilidad deleuziana.

Estamos creando un mundo nuevo, estamos pariendo una subjetividad otra, no sabemos cómo será, pero está en trabajo de parto, lo que no es poco porque esta lucha continuará día a día, potente, autónoma, alegre y afectuosa, donde nos convidamos limones y agua con bicarbonato para paliar los efectos de los gases lacrimógenos, donde nos abrazamos en cada pedrada o grito, pero precisamos multiplicar las redes y organizarnos de algún modo que no implique burocratizar el movimiento, debemos ir más allá y gestar una comunidad inmanente de resistencia y contrapoder.

Como dice mi compañero Bruno Cava, este: “No es más un sueño, es una criatura. La geografía afectiva de este mundo se escribe ahora mismo, en la coexistencia de la revuelta y el amor por la revolución. Yo no digo basta. Yo digo quiero más.“

Santiago de Chile, 21 de Octubre de 2019,  entre una pausa y otra de la revuelta

Táctica sin estrategia, estrategia sin teoría (apuntes sobre la izquierda popular en la argentina/2019)

Por Federico Manzone

El sentido común de la militancia popular, al menos el de aquella que no abandonó toda voluntad de transformación radical, busca oscilante el punto medio entre dos presiones: no alejarse tanto de las masas, no alejarse tanto del objetivo final. Si someterse a la primera lleva al reformismo, someterse a la segunda lleva a la marginalidad. Para quienes la vía de entrada a la política implica someterse al rigor de la primera presión, militar supone subsumir la teoría al movimiento, transigir ideas por eficacia práctica; para quienes hacer política implica someterse a la segunda presión, militar implica subsumir el movimiento a la teoría, resignar eficacia práctica a cambio de defender las ideas.

Así, pragmatismo y doctrinarismo aparecen como los dos síntomas más visibles de la crisis que aqueja a  todo el arco de la izquierda militante: la ausencia de cualquier tipo de anclaje estratégico de la militancia diaria. La falta de estrategia nos deja en una mano las ideas correctas, pero abstractas, y en la otra la militancia concreta, pero sin filo crítico ni revolucionario. Sin un anclaje estratégico la política diaria va a la rastra de los hechos, se vuelve imposible relacionar las tareas del momento con las tareas del período histórico, como también se vuelve imposible plantear el problema del poder y de la organización de un sujeto antagonista, la constitución “del proletariado en clase”, según la expresión del Manifiesto comunista. A su vez, la ausencia de anclaje estratégico es causa y consecuencia de la crisis del marxismo como teoría de la revolución, de su reducción a una ideología más, a un método de análisis del que no se deriva ninguna consecuencia práctica.

Sabemos que la recomposición del marxismo como teoría de la revolución implica, en última instancia, la emergencia de un sujeto antagonista al conjunto de la sociedad capitalista. Es decir, no hablamos de un problema simplemente teórico. Pero la emergencia de este sujeto probablemente sea imposible sin mediar una audaz reconstrucción estratégica que nos devuelva la posibilidad de pasar a la ofensiva, conscientemente, anticipadamente, organizadamente. Y la reconstrucción de una estrategia revolucionaria es a su vez imposible sin develar las necesidades teóricas de la lucha, sin la desideologización del punto de vista militante, sin el conocimiento científico de la sociedad que pretendemos revolucionar. El momento teórico de la estrategia es también una necesidad práctica, y ésta necesidad se revela como más urgente mientras más la militancia se resigna al abandono de todo ideal transformador, mientras más la militancia se asocia a la gestión de lo existente.

A razón de ello, se nos impuso la siguiente conclusión: si la realidad nos impone el materialismo vulgar, es momento de volver al idealismo serio. Si en la realidad se nos contrapone la teoría a la política en un juego de suma cero, en el que el avance de una categoría supone el retroceso de la otra, el desafío que se nos presenta es llegar a replantear, frente a las necesidades actuales de una militancia con pretensiones revolucionarias, la teoría como política.

Para esto, identificar los momentos en los que la ideología capitalista se cuela en el pensamiento de quienes militan para destruirla, es el punto de partida desde el que tiene que iniciarse nuestra investigación. Y desde ahí se vuelve necesario empezar a trazar un camino: de la crítica de la ideología al conocimiento de las contradicciones que anidan en el presente, y de las contradicciones del presente a las tendencias objetivas que atravesarán el próximo período. Sólo entonces estaremos en condiciones de plantear teóricamente el desafío de empezar reconstruir una perspectiva revolucionaria, capaz de darnos la autonomía ideológica suficiente como para empezar a dotar a nuestra propia práctica militante de un anclaje estratégico, capaz de proyectar objetivos de largo plazo que cuestionen al sistema desde su raíz.

Pero tengamos claro algo: ésta perspectiva puede servir, únicamente, como la puesta en circulación de un discurso que nos permita hablar en nuestra propia lengua, que nos permita empezar a nombrar a las cosas con palabras que no sean las de nuestros enemigos. Y si tenemos éxito en esta empresa, deberíamos, aún así, rechazar enérgicamente la comodidad de que otorga todo teoricismo. Tenemos que saber que la única forma de que éste discurso encuentre las vías de su progreso, dependen de echarlo a andar para ver si crece y se desarrolla,  si puede defenderse y golpear. Por ende, la única prueba de veracidad que una teoría revolucionaria, o mejor, que se pretende revolucionaria, es ser condición de nuevos pasos colectivos en la realidad, de nuevas experiencias de organización, de nuevas conquistas que en la práctica empiecen a acumular la forma de un recorrido común, de una experiencia de subversión colectiva.

Ante la total ausencia de perspectiva estratégica manifiesta en las ilusiones reformistas del presente, que inundan el cerebro de cientos, de miles de militantes, tenemos que repetirnos incansablemente, como mantra, una advertencia originalmente escrita en italiano: nunca más arrojarnos a la lucha sin armas teóricas, nunca más ponernos a desarrollar perspectivas teóricas lejos de los problemas de la militancia.

De la teoría como política habrá que llegar hasta una política teórica, a militar en el presente conscientes de las necesidades del porvenir, a darle a nuestras iniciativas tácticas el encadenamiento necesario para hacer de cada coyuntura, y de cada lucha, el eslabón de un recorrido estratégico, recorrido en cuyo fin no se encuentre la promesa de un ordenamiento distinto de la sociedad actual, al que rechazamos íntegramente, sino de una alternativa a la sociedad. Porque no hay verdadera vida social en una comunidad humana azotada por las compulsiones ciegas del capital, erigida sobre vínculos basados en la mercantilización de todo objeto material, natural e intelectual, dominada por formas políticas basadas en el poder del dinero y del estado.

Ya no nos alcanza con echarle la culpa al gobierno, al estado y a la clase capitalista, de las penurias que atraviesa la mayoría de la sociedad, para después seguir viviendo inconscientes como sujetos determinados por el valor, el dinero y el capital. Como el capital y su irreconciliable antagonismo estructura contradictoriamente cada una de nuestras vidas, nos declaramos enemigos hasta de nosotros mismos en tanto sujetos del capital. Y este es el punto de partida teórico que no estamos dispuestos a transigir con tal de dar un paso en la realidad.

 

***

 

En las distintas expresiones de la izquierda local ante las próximas elecciones encontramos una ocasión especial para poner a prueba nuestro discurso. Queremos evitar la interpretación personalista de nuestra crítica. No son problemas de “moral revolucionaria” los que queremos señalar, no son “traiciones”, ni “engaños”, ni “claudicaciones”. Discutimos contra las manifestaciones de la ideología capitalista que se expresan a través del discurso y la práctica militantes, manifestaciones que emanan directamente de las relaciones sociales que nos constituyen y nos determinan. Es contra éstas que batallamos y a las que nos vemos empujados con urgencia a poner en evidencia, para tomar consciencia crítica de ellas.

Partimos de ésta[1] nota de Martín Ogando, dirigente de Vamos y referente de la izquierda popular, hoy casi mayoritariamente alineada tras la candidatura de Alberto Fernández. Su argumento podría resumirse en las dos siguientes relaciones entre categorías:

1) Contraponer capitalismo a democracia. Tras el resultado de las PASO de agosto y la devaluación sucedida al día siguiente a las elecciones, lo que se observó fue la extorsión de “un poder corporativo, elegido por nadie y fundado en el poder del dinero”, que intentó “marcarle la cancha a Alberto Fernández y decirle qué cosas están permitidas y cuáles no”. El problema sería, si seguimos el argumento de Ogando, que “el capital tolera cada vez menos a la democracia”, ya que ésta se vería socavada porque “el poder real de las corporaciones asfixia cada vez más cualquier atisbo de democracia real en la conducción de los asuntos cotidianos del Estado”, y por la imposibilidad de la democracia “para dar respuesta a las necesidades populares”.

2) Yuxtaponer instituciones y calles. La conclusión política de éste diagnóstico sería que, “ante la extorsión del capital financiero” y “frente al vaciamiento democrático” que “imponen las corporaciones sobre el sistema político”, la defensa de la democracia se volvería una tarea imprescindible. Pero para ello, piensa Ogando, “consolidar el triunfo del Frente de Todes tal vez no alcance”, por lo que al “terrorismo financiero” habría que “oponer el músculo social, una sociedad en alerta”, que muestre “que el clamor popular expresado en las urnas pisa sobre terreno firme”. Así, la orientación política sería “volver a construir un triunfo popular el 27 de octubre” para “defender hoy el salario y el pan de nuestro pueblo”, de cara a “construir mañana un nuevo ciclo de conquistas populares”, cuyo verdadero desafío se juega en “construir una fuerza social y política que exprese las aspiraciones de un nuevo bloque popular”. Esto se lograría, por un lado, en las “instituciones de la democracia que tenemos”, y por otro lado, “en las calles para prefigurar la democracia que quisiéramos tener”.

Por lo que hace a la contraposición capitalismo/democracia tenemos que señalar tres cuestiones, una política, otra económica y otra conceptual.

Respecto a la cuestión política. Es un error considerar, como hace Ogando, que la devaluación post-paso significó un intento de “los mercados” de marcarle la cancha al próximo gobierno. Para refutar esto bastaría citar las declaraciones del propio Alberto Fernández al otro día de las elecciones, quién no tardó en salir a convalidar la corrida diciendo que “el dólar a $60 está en un valor razonable”[2]. Es decir que el eventual próximo presidente no sintió que le marcasen políticamente la cancha “los mercados”.

Ésta idea de que los especuladores, o en términos de Ogando, el poder de las corporaciones, asfixian a la democracia, termina desplazando el eje de la discusión política del antagonismo de clase entre el capital y el trabajo a una contradicción entre “pueblo” y “corporaciones”. Y este desplazamiento, consciente o inconscientemente, termina socavando la posibilidad de reconstruir una estrategia revolucionaria e induciendo a la adopción de una estrategia de tipo eurocomunista, basada al menos implícitamente en un conflicto distinto al de la oposición directa entre capital y trabajo, y en una fuerza movilizadora distinta de la lucha de clases, en la que el objetivo termina siendo aglutinar a las fuerzas ‘populares’ contra el poder de las corporaciones, buscando crear una alianza de masas lo más amplia posible, para luego establecer una “democracia avanzada” sobre la base de esta alianza popular[3].

Respecto a la cuestión económica. Esta noción que expresa Ogando, según la cual el capital tolera cada vez menos a la democracia, desde la que se caracteriza a la devaluación post-paso como un acto de “terrorismo financiero”, hace abstracción de las condiciones necesarias que motorizan el endeudamiento, la fuga del excedente y la tendencia la profundización de la crisis, para terminar explicando la corrida, un proceso que es resultado de un cúmulo de acciones individuales y descoordinadas, como el resultado de la acción premeditada de un sujeto social específico: las corporaciones o el capital financiero. Es sobre estas condiciones necesarias que el resultado electoral de agosto operó como condición suficiente para terminar gatillando la fuga al dólar y la corrida cambiaria.

Y referirnos a estas condiciones necesarias nos lleva a responder la pregunta acerca de por qué hoy el capitalismo argentino atraviesa una crisis.

En las explicaciones del progresismo y de la mayoría de la izquierda, dos factores suelen aparecer como causa de la crisis, a veces por separado, a veces en una combinación de ambos: uno, la política económica del gobierno de Macri que sobre-endeudó al país, llevó a una redistribución regresiva del ingreso que planchó el consumo e impuso una recesión; otro, el saqueo de “los especuladores”, el capital financiero y el FMI, que lleva a financiar con deuda la fuga de capitales, dilapidando el ahorro nacional que podría invertirse en salud y educación para enriquecer a una clase de banqueros ladrones. El problema de este tipo de caracterizaciones es que lleva a entender que la crisis es, o un problema de política económica, o un problema de carácter externo al propio país, lo que lleva a inferir como salidas políticas posibles de la crisis, o un cambio de esquema de política económica, o no pagar la deuda, caracterizaciones y soluciones, ambas, que también llevan a hacer abstracción del antagonismo de clase y de las posibilidades de crisis que anidan en la propia forma de la relación de producción capitalista.

En una caracterización para nada exhaustiva, podríamos decir que la crisis en nuestro país responde a problemas estructurales, que no se solucionarán ni cambiando el esquema macroeconómico ni dejando de pagar la deuda. Estos problemas estructurales se encuentran determinados, en primer lugar por los límites que la acumulación de capital en nuestro país le ponen al crecimiento económico, y por otro lado, por los límites que la relación de fuerzas entre el capital y el trabajo le imponen al relanzamiento de la acumulación[4]. A diferencia de las potencias capitalistas, en nuestro país las crisis en general, y en particular la crisis actual, no se manifiesta como una crisis de sobreacumulación de capital, sino que al contrario, la crisis tiene como base la debilidad de la acumulación. La causa de éste fenómeno se deriva de la falta de condiciones para la valorización del capital, que impiden la reinversión productiva del plusvalor. Ésta situación es la causa del estancamiento de la economía, lo que combinado con el proceso inflacionario que se arrastra y se agrava desde hace mínimo una década, genera las condiciones necesarias para que la clase dominante adopte la dolarización de las ganancias que no puede invertir como el único mecanismo posible para defender la forma valor de sus beneficios.

La asunción del gobierno de Macri responde en última instancia a esta situación de base, en la que la falta de condiciones de valorización y la profundización de la crisis impone la necesidad de apertura de la cuenta capital y el recurso al endeudamiento para defender la determinación fundamental de la relación capitalista: la forma valor. El fracaso del plan original del macrismo, el gradualismo, y el fracaso del intento de aplicar un ajuste con el apoyo del FMI, capaz de transformar la relación de fuerzas entre clases, lo suficiente como para relanzar el ciclo de acumulación, se manifestaron en el resultado electoral de las paso.

Lejos de significar éste una clara “victoria popular”, lo que se manifestó en éste es la reactualización de la relación de fuerzas “paradojal”[5] que abrió el 2001: lo suficientemente fuerte como para romper la tendencia al ajuste deflacionario que imponía la convertibilidad, pero insuficiente como para impedir la vía devaluatoria e inflacionaria de salida de la crisis, y más aún, para revertir la derrota estructural impuesta durante la primera mitad de los 90’s. Si tácticamente el resultado de las paso puede ser leído como un freno al proyecto macrista, estratégicamente representa la orientación de la mayoría de la clase trabajadora hacia la continuidad de un estado garante de la reproducción social, ilusión que más pronto que tarde chocará con los límites que las leyes del valor y la acumulación impondrán  a la voluntad política del próximo elenco gobernante. Y lo que no termine haciendo el gobierno en favor del capital, lo terminará de hacer el mecanismo de ajuste impersonal que regula la economía.

Si el recurso al endeudamiento al que apeló compulsivamente el gobierno de Macri tenía como objetivo económico financiar la dolarización de las ganancias de la clase dominante local ante la falta de condiciones de valorización, al mismo tiempo, tenía como objetivo político darle al gobierno la espalda necesaria para imponer un ajuste y una subordinación del trabajo al capital lo suficientemente fuerte como para transformar la relación de fuerzas heredada de 2001, que atravesó a los tres gobiernos kirchneristas y condicionó toda su política.

Desde esta perspectiva, la deuda representaba el apoyo político de los gestores del capital-dinero al plan del macrismo para recomponer las condiciones de valorización del capital. El resultado electoral de agosto evidenció el fracaso del macrismo en su intento por imponer aquel cambio en la relación de fuerzas entre clases, y ante la evidencia de que el gobierno de macrista era incapaz de ocultar su impotente final, la continuidad del espaldarazo financiero perdió toda función. Por ello, la derrota electoral terminó operando como condición suficiente para gatillar la fuga de los capitales que, esperanzados por la remota posibilidad de una re-elección del oficialismo, seguían apostando al diferencial de tasas de interés y tipo de cambio que ofrecía la inversión de activos financieros en el mercado local.

En resumen, la derrota política del gobierno transparentó la inviabilidad política de su estrategia de ofensiva contra el trabajo, lo que a su vez llevó a que el capital financiero retire el apoyo político a dicha estrategia, motorizando la fuga e imponiendo la devaluación del peso. El “terrorismo financiero” del que habla Ogando fue en realidad la respuesta espontánea de los gestores del capital-dinero ante esta situación.

Respecto a la cuestión conceptual. Si en realidad no puede atribuirse la devaluación del peso post-paso a la respuesta coordinada de una fracción de la clase capitalista para condicionar políticamente al gobierno próximo, ¿es sostenible la contraposición capitalismo/democracia? Pensamos que no, o que en todo caso, sólo es posible sostener aquella contraposición si se vacía de su contenido de clase al régimen democrático para inducir a una concepción de la democracia como un mecanismo neutro, que habilita a pensar la posibilidad de una transición sin “salto” ni ruptura revolucionaria entre la democracia capitalista y lo que podrían ser nuevas formas de democracia basadas en la generalización de experiencias de autodeterminación política de la clase trabajadora.

Es necesario partir de la idea de que la democracia capitalista es el régimen político que expresa por excelencia la separación entre economía y política, que es la forma en la que el capital como relación social existe en tanto relación de dominación política. Ésta separación, es necesario aclarar, no viene dada al nivel de la estructura del modo de producción, como podría postular un marxismo de corte estructuralista, sino que existe como posibilidad, como un proceso-de-separación[6] que el gobierno del estado capitalista debe lograr imponer en la lucha de clases. Desorganización por debajo de las demandas sindicales y sociales, vaciamiento de su potencial de unificación inmanente, integración fragmentada de las reivindicaciones de las distintas fracciones de la clase, derrota por la fuerza de las luchas resistentes a toda integración, imposición de la esfera estatal como único campo de universalización de intereses; de todo esto depende que el estado capitalista logre separar economía y política.

Desde esta perspectiva, la democracia no está contrapuesta al capitalismo, sino que en general, y en la coyuntura nacional actual en particular, la democracia opera como uno de los principales resortes para la canalización institucional del antagonismo de clase. La tendencia a la gestión de la movilización social por parte de la dirigencia de los movimientos sociales[7], y la pasividad de las dirigencias sindicales y políticas, que a lo largo de los últimos dos años del gobierno macrista “desensillaron” con el argumento de “esperar a octubre”, son la evidencia más clara de que en la actualidad democracia no se contrapone al capitalismo, sino que al contrario, opera como una de los resortes más importantes en favor de la canalización institucional de los antagonismos sociales, reproduciendo así la separación entre economía y política, y la dominación política de la clase capitalista.

Por otro lado, es necesario tener presente que a nivel conceptual tampoco existe una contraposición entre capitalismo y democracia, ya que, como explica Hirsch[8], el momento de libertad e igualdad contenido en la forma de socialización propia de las relaciones sociales capitalistas, es decir, la producción y el intercambio mercantiles, sirve de  fundamento del carácter potencialmente democrático-burgués del estado capitalista, y se encuentran en la base de la relación histórica entre capitalismo y democracia. De ahí que el principal desafío de una estrategia revolucionaria se halle en la superación de la forma política propia del capitalismo.

Por lo que hace a la yuxtaposición instituciones/calles, nos limitamos a hacer un comentario breve para luego desarrollar algunos argumentos más en polémica con otro artículo. Como para Ogando la democracia está amenazada por las corporaciones, la tarea del momento es defender la democracia. Más arriba discutimos contra la noción de “terrorismo financiero” y el error político y conceptual de contraponer democracia a capitalismo. Pero el problema no termina ahí, porque para Ogando no habría sólo que defender ahora la democracia, sino que además habría que pelear por profundizar la democracia. Es decir que Ogando no sólo coloca equivocadamente a la democracia contra el capitalismo, sino que más allá del capitalismo lo que encuentra, o pretende encontrar, es más democracia.

Esto se lograría, según su planteo, construyendo “una fuerza social y política que exprese las aspiraciones de un nuevo bloque popular”. No sabemos qué intereses, grupos o clases integrarían aquel bloque. Lo que podemos inferir es que la pata social del supuesto bloque, presionará por abajo en las calles, mientras que la pata política accionará desde las instituciones para transformarlas en “la democracia que queremos”. La relación o la dinámica según la cual la presión de la movilización callejera podría llegar a transformar el carácter de clase del estado y de la democracia capitalistas tampoco se explicitan, por eso hablamos de yuxtaposición.

El punto problemático se encuentra en que asociar la democracia capitalista a amplios derechos económicos y sociales, equivale a abstraer de sus condiciones históricas ciertos momentos de la lucha de clases y de la relación entre ésta y la forma de estado, para fetichizarlos y volverlos el objetivo por el cual pelear. Ésta operación, además, desconoce la crítica real que la historia de nuestro país ya hizo sobre aquella asociación: el “con la democracia se come”, de Alfonsín, fue asesinado críticamente por la década del ’90, que mostró la absoluta compatibilidad de democracia y hambre, y fue enterrado por la insurrección popular de 2001. Permanecer encerrados en las ilusiones democráticas lleva al retroceso de la izquierda hacia el progresismo, incapaz de superar la autocrítica post-dictatorial que llevó a toda una generación militante a pensar que la democracia es un valor incuestionable. Hacia el futuro que se avecina, creemos que ésta es una mochila que tenemos que dejar de cargar: que los muertos entierren a sus propios muertos.

 

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Para continuar la polémica contra la yuxtaposición instituciones/calles como forma de pensar la relación entre luchas sociales y luchas políticas, nos parece interesante detenernos en un artículo de Martín Mosquera[9], militante de la agrupación Democracia Socialista, que dentro de una caracterización mucho más fina y consciente de las contradicciones que la de Ogando, no deja de expresar, de modo ambiguo y contradictorio, nociones equivocadas como la de “terrorismo financiero”, y el límite político, al igual que Ogando, de una orientación sin anclaje estratégico.

La ambigüedad del planteo de Mosquera se expresa en dos de sus argumentos. En primer lugar, al referirse a la devaluación post-paso dice que “es adecuada la definición generalizada de ‘terrorismo financiero’ para describir esta reacción”, que para él evidencia “el autoritarismo impersonal del capital, que siempre puso límites muy estrechos a la democracia política”. Pero inmediatamente luego de hablar del “autoritarismo impersonal del capital” dice que “a los grandes grupos capitalistas les disgustó el resultado electoral y se dispusieron a condicionar la transición en curso y al próximo gobierno”. ¿Es impersonal una decisión efectuada por “los grandes grupos capitalistas”? Si bien vuelca la explicación más hacia lo primero, ya que dice que “no significa que se trate de una acción concertada por el gobierno y el capital financiero”, su formulación no deja de ser ambigua, lo que permite habilitar la posibilidad de contraponer democracia/capitalismo, para desde acá justificar el apoyo táctico a la candidatura de Fernández.

En segundo lugar, el planteo de Mosquera se vuelve ambiguo al desarrollar, a nuestro entender, una caracterización correcta de la contradicción que se abre en la próxima coyuntura, pero sin sacar las conclusiones estratégicas necesarias de esta caracterización. Esto lo lleva a terminar proponiendo como orientación la estrategia de presión social y sindical que ya actualmente sostiene la mayoría de la clase trabajadora en nuestro país, y que en nuestra opinión es insuficiente para dar respuesta a la situación que el propio Mosquera reconoce que puede venirse.

Por un lado, Mosquera es consciente de la posibilidad de descontrol hiperinflacionario que anida en la coyuntura actual y de las consecuencias disciplinantes en términos sociales y políticos que un proceso de este tipo puede llegar a tener al nivel de la lucha de clases y de la relación de fuerzas entre el capital y el trabajo. En contrapunto, podríamos decir que más que en las pasadas elecciones, como apunta Mosquera, en un proceso de este tipo (o al contrario, en el despliegue espontáneo de un proceso de movilización de masas) se jugaría la posibilidad de una “redefinición de las relaciones de fuerza a nivel social”. También señala, aunque ahora en la dirección correcta, que en la coyuntura que se abre en nuestro país queda planteada “la contradicción entre las expectativas sociales que desata la derrota del macrismo y la política de contención social del peronismo”.

El problema es que, por otro lado, si bien es consciente del peligro hiperinflacionario[10], al momento de arriesgar una orientación se limita a señalar que es en “doblegar las tendencias a la pasivización social” donde “se libra la batalla central del momento político”, lo cual implica que la pelea estratégica, para Mosquera, se juega en pelear por no dejar de movilizar. Esto, en nuestra visión, implica replicar como salida lo que ya es la orientación actual de la mayoría de la clase trabajadora: una estrategia de presión sindical y social, apuntando a que ésta no disminuya cuantitativamente.

Si el nivel de movilización social ha bajado durante los últimos dos años del gobierno de Macri, esto se debe no sólo a la contención aplicada por las dirigencias sindicales y sociales, y al efecto del zarpazo devaluatorio “sin sujeto” que se vivió a partir del estallido de la crisis en 2018, como señala Mosquera, sino también al efecto disciplinante y quietista que impuso el calendario electoral y el apoyo, reproducido por gran parte de la militancia popular a la candidatura de Fernández, con todas las ilusiones de normalidad que esto despierta.

Es curioso que Mosquera cite el trabajo de Adrián Piva para referirse a los efectos de paralizantes y de disolución social que acarrean los procesos hiperinflacionarios, pero lo haga sin señalar que Piva también reconoce, haciendo referencia a la hiperinflación de 1989, que “la crisis de la estrategia sindical dominante centrada en la lucha salarial” fue impotente para hacer frente a la ofensiva aperturista y flexibilizadora que luego de la hiper terminó por imponer el menemismo. Para Piva “la clase obrera, ligada a través de sus sindicatos a un bloque sociopolítico que mostraba signos de disolución desde mediados de los 70, no pudo romper con la inercia de una estrategia de lucha centrada en el salario y orientada a la defensa del viejo patrón de acumulación”[11].

Ésta es una referencia importante para pensar los límites de la actual estrategia que se expresa en el apoyo de la mayoría de la clase trabajadora al eventual futuro gobierno del Frente de Todos, ya que señala el límite del que deben partir los intentos colectivos de construcción de una estrategia alternativa. Por más de que la clase trabajadora rompa con “las tendencias a la pasivización social” que señala Mosquera, el desarrollo de una estrategia revolucionaria necesita superar el fetichismo del dinero para tomar consciencia de los límites que una estrategia centrada en la forma salario pone a la defensa del valor de la fuerza de trabajo en contextos recesivos y de espiralización inflacionaria.

Limitarse a pelear contra las tendencias a la desmovilización implica dar una respuesta sólo táctica. La respuesta estratégica frente a la actual crisis no puede ser un aumento cuantitativo de la capacidad de movilización social sin apuntar a modificar las ideas que estructuran la actual organización espontánea de la acción de clase. La construcción de una perspectiva estratégica debería aprovechar la situación de crisis para marcar los límites insuperables que impone la propia relación capitalista, intentando abrir desde ahí la posibilidad de cuestionamiento no sólo del deterioro de las condiciones de vida, sino del carácter de mercancía de nuestra propia fuerza de trabajo, carácter que revestimos socialmente de forma inconsciente, que nos determina y se nos impone “independientemente de nuestra voluntad”.

Y con esto no queremos caer en un teoricismo abstracto, sino apuntalar la idea de que es frente a estos límites que nos impone la forma social capitalista que la teoría se vuelve una necesidad práctica, capaz de darnos la autonomía ideológica necesaria para dar nuevos pasos en la elaboración de una estrategia política. Sin generar conciencia respecto a la determinación que nos impone la forma social es imposible empezar a construir una estrategia revolucionaria. Y si no es en las coyunturas del ciclo capitalista en las que éste amenaza con una expropiación extraordinaria de ingresos por vía hiperinflacionaria, frente a la cual no hay ministerio, ni sindicato, ni convenio, ni aumento salarial que pueda revertir, ¿cuándo es el momento en el que agitamos y propagandizamos aquel cuestionamiento?

Es en el límite que las relaciones de producción le imponen a la reproducción de la vida que se abre la brecha para la introducción de un discurso subversivo de aquellas mismas relaciones. Trabajar en esta perspectiva, desde la ciencia, desde el arte, desde la cultura, desde los medios, desde la academia, desde el trabajo, implica asumir el imperativo de que sólo el pesimismo de la razón, la desconfianza absoluta en las salidas que el sistema tiene para ofrecernos, la conciencia de su impotencia, es la vía para abrir el camino hacia optimismo de la voluntad, hacia una acción subjetiva libre de las determinaciones del capital. Y para esto es necesario que las salidas estratégicas que proyectamos estén fundadas en una teoría revolucionaria, en una concepción teórica que sea un vértice inaccesible para nuestro adversario.

De otro modo, la orientación política de la izquierda popular para el período que se abre termina quedando reducida a votar y luchar. Es en este punto que movilización y sindicatos, lucha reivindicativa y forma salario, o en suma: calles e instituciones, quedan yuxtapuestas. Y al no mediar un planteo claro de la relación entre táctica y estrategia, caracterizaciones más correctas como las de Mosquera terminan ofreciendo salidas para nada diferenciables a las propugnadas por Ogando, para quien también se trata de “volver a construir un triunfo popular el 27 de octubre” para “defender hoy el salario y el pan de nuestro pueblo”. El objetivo final queda reducido a la nada, mientras el movimiento real pasa a ser todo.

Ambos dos, Mosquera y Ogando, insisten en la noción de “victoria popular”, la cual no está exenta de ambigüedades. Mosquera reconoce esto último, al advertir que la supuesta victoria que se expresó en las elecciones “puede desdibujarse si no irrumpe pronto una intervención social de amplitud”; no así Ogando. Desde acá pensamos, en cambio, que interpretar como victoria popular el triunfo del Frente de Todos lleva a la pérdida de la autonomía política de cualquier posición de izquierda, porque más allá de las ilusiones que despierte en la clase trabajadora, la victoria de Alberto Fernández es también un paso adelante en el intento de contención de la crisis, y en cuanto tal, un paso adelante en el proyecto de compatibilizar ajuste con estabilidad política. Hacer “un triunfo popular” de este resultado, es colaborar también con que triunfe aquel proyecto.

Si bien mantener el nivel de movilización y lucha por la defensa del salario y las condiciones de vida es necesario para que el próximo gobierno no compatibilice ajuste con estabilidad, el primer paso para la reconstrucción de una perspectiva estratégica, de clase, que apunte a la constitución de un sujeto antagonista en un mediano-largo plazo, supone la lucha por autonomizar las luchas por la defensa de las condiciones de vida de su intento de canalización institucional por parte del gobierno futuro. Y esto implica una lucha por separar instituciones de calles, implica buscar las condiciones de unificación política que anidan en el conjunto de las luchas mismas, para pasar a organizarlas, para hacer de este punto de unión el soporte de una irreductibilidad del sistema, la constitución de un sujeto que el estado sea incapaz de integrar.

El “pacto social” que busca imponer Alberto Fernández apuesta a reconstituir a la política como una instancia autónoma, para reforzar la ilusión de que el estado capitalista puede ser un estado garante de la reproducción social –ilusión que late en el voto al Frente de Todos–, logrando así reproducir la separación entre economía y política característica de la forma de dominación capitalista. Para esto, el próximo gobierno se verá obligado a imponer no sólo la desmovilización social, sino también la moderación de las demandas salariales y sociales, y el reforzamiento del poder y la legitimidad de las “instituciones” políticas de mediación de los intereses entre capital y trabajo capaces de canalizar su antagonismo (centralmente el ministerio de trabajo y el ministerio de desarrollo social). Y desde esta perspectiva, sostener la lógica de “instituciones y calles” lleva a hacer abstracción del carácter de clase del estado capitalista y del papel histórico concreto que las distintas estructuras de su aparato jugarán en el período que se abre.

Esto anticipa la politización inmediata de las demandas salariales y sociales que apunten a cuestionar los límites entre economía y política que buscará instaurar el pacto social. Por ello, para el futuro gobierno, todas las luchas de hecho económicas que apunten recuperar lo perdido durante el macrismo se transformarán en luchas políticas, es decir, en impugnaciones de facto al programa del pacto social que las mayorías populares votaron en agosto y convalidarán en octubre, con la anuencia de las fuerzas de la izquierda con las que venimos polemizando.

Empezar a trabajar en la perspectiva estratégica de constitución de un sujeto antagonista, capaz de moverse con autonomía de los mandatos del capital, implica como primer paso la construcción de un discurso esclarecedor de las determinaciones que el capital impondrá a la política de conciliación que el próximo gobierno buscará ensayar para garantizar la dominación y autonomizar la esfera política, como medio para poder sobrellevar la crisis sin que tambalee la “gobernabilidad”.

Las necesidades financieras que Fernández se comprometió a cumplir y la tendencia a la agudización de la crisis, por distintas vías, llevarán al próximo gobierno a profundizar el ajuste fiscal, a aplicar reformas tendientes a recomponer las condiciones de valorización, para incentivar la inversión y presionar hacia un aumento de productividad global de la economía, intensificando los ritmos de trabajo y presionando al aumento de la desocupación. Sin esto el país no saldrá de la recesión.

Si en el mediano plazo el gobierno falla políticamente en imponer el ajuste fiscal, se lo cobrará la inflación por vía económica; si por otro lado, falla en lograr imponer un aumento de productividad, se lo cobrará una mayor devaluación. La tendencia a la agudización de la crisis impone este rumbo como necesario. Por lo tanto, en la intersección que las leyes del valor y la acumulación imponen a las ilusiones politicistas, tanto del gobierno como de las masas, se abre el espacio para la disputa por una política antagonista al conjunto del sistema en el próximo período.

Intervenir, al decir de Gramsci, con “espíritu de escisión”, desde cada lucha particular buscando englobar los intereses de la clase en general, resaltando los denominadores comunes que unifican inmanentemente las reivindicaciones de los diferentes sujetos sociales, es el camino para bloquear la ofensiva capitalista a la que induce silenciosamente el pacto social al que se pretende sumar a todo un sector de la militancia popular como rueda de auxilio.

Únicamente la constitución de un sujeto antagonista al conjunto del sistema puede evitar la imposición de una derrota de clase que nos quite la capacidad de acción ofensiva durante el próximo período. Esta posibilidad anida, latente, por un tiempo, en la crisis en desarrollo y en el gran estallido que se avecina. La conciencia con la que se llegue a ese momento marcará el punto del cual partirá el próximo ciclo de la lucha de clases. Necesitamos poner potentes cerebros a trabajar en la perspectiva de un rearme estratégico, para que la próxima crisis no nos encuentre, como ahora, disueltos entre nuestros enemigos de clase. Las ilusiones reformistas que habilitan esa disolución no sobrevivirán a la crisis. Que su destrucción dependa de nuestra actividad crítica, consciente, y no de la violenta imposición de una ley ciega, sería una primera prueba, el botón de muestra, de que una perspectiva revolucionaria puede empezar a desarrollarse.

[1] https://notasperiodismopopular.com.ar/2019/08/16/capitalismo-contra-democracia/

[2] https://www.lanacion.com.ar/politica/alberto-fernandez-el-dolar-60-esta-valor-nid2277730

[3] Estamos tomando el argumento desarrollado por Ellen Meiksins Wood en su discusión con el post-marxismo. Ver ¿Una política sin clases? El post-marxismo y su legado. Ed. RyR, Bs. As. 2013 p. 73

[4] Nuestra explicación se basa centralmente, aunque no sólo, en los desarrollos de Rolando Astarita. Ver en particular: https://rolandoastarita.blog/2018/10/06/crisis-fuga-del-excedente-y-deuda-externa/; y https://rolandoastarita.blog/2018/12/07/la-crisis-argentina-una-vision-de-largo-plazo-1/, https://rolandoastarita.blog/2018/12/13/la-crisis-argentina-una-vision-de-largo-plazo-2/,https://rolandoastarita.blog/2018/12/17/la-crisis-argentina-una-vision-de-largo-plazo-3/

[5] Tomamos la definición de Adián Piva, ver: https://www.youtube.com/watch?v=WGA755oE1rE&t=345s

[6] Ver el desarrollo de este concepto en el 2do capítulo del libro de Alberto Bonnet La hegemonía menemista, ed. Prometeo, Bs. As., 2008

[7] Ver las declaraciones “autocríticas” de Juan Grabois respecto a su negativa a movilizar contra el macrismo por miedo a desestabilizar, en:http://www.resumenlatinoamericano.org/2019/07/30/argentina-en-cuestion-juan-grabois-si-nos-roban-los-mitos-que-tenemos-nos-dejan-vulnerables/

[8] Ver el artículo de J. Hirsch, ¿Qué significa Estaado?, disponible en:http://www.redalyc.org/pdf/238/23802411.pdf

[9] https://www.intersecciones.com.ar/2019/08/19/argentina-ante-un-instante-de-peligro-derrota-de-macri-terrorismo-financiero-y-lucha-de-clases/

[10] Recientemente, Domingo Cavallo advirtió sobre el mismo peligro. Ver:https://www.clarin.com/economia/domingo-cavallo-posible-hiperinflacion-produce-noviembre-diciembre-seguira-riesgo-2021-_0_98vueYEA.html

[11] Ver el trabajo de Adrián Piva Acumulación y hegemonía en la argentina menemista, ed. Biblos 2012, p. 82 y p. 85