EL Kairós del octubre chileno

por Santiago de Arcos-Halyburton

Cuando nos declaran la guerra y nos criminalizan; cuando se intentan separar en buenos y malos, bien portados y vándalos; cuando se condena a los elementos más radicalizados del acontecimiento, no se entiende un carajo de lo que sucede, el centro de la cuestión se les hace ininteligible al gobierno, los partidos, la derecha, la izquierda y al sindicalismo en todas sus variantes (leía a un tal Stanton condenar los saqueos porque eran contrarios a la “democracia popular”, eso que el stalinismo entiende como verticalidad en el mando y dirigencia). Cuando se ataca monumentos, mobiliario urbano, bancos, al Metro y toda propiedad que ofende a la multitud como símbolo del poder, el abuso  y la explotación se hace con un sentido político, este momento especifico de lo político, el de la ruptura del orden y la incapacidad del arte de gobernar liberal de recomponer su normalidad hecha trizas. Esta lucha es una rebelión tumultuosa, el huracán social que barre toda certeza de governance, es la antesala de la conquista de los derechos reclamados, la destrucción del mito “país jaguar”, del exitismo como subjetividad cautiva, de ahí que el gobierno no pueda más que argüir una oscura y poderosa conspiración que intenta destruir sus certezas, demasiado sabemos de esas conspiraciones como para creérnoslas. Piñera, y toda la clase política, no entendió aun que en tiempos de Instagram la velocidad de diseminación es instantánea, que la multitud en sus agenciamientos autónomos  de los cuerpos sublevados no precisan dirección alguna.

Apagar los incendios con bencina, es decir provocar la ira de la multitud desafiándola con estado de perturbación de la paz, estado de emergencia y toque de queda es la peor estrategia que un gobierno puede seguir, cuando la correlación de fuerzas, cuando el monopolio del poder ha mudado de manos: la calle manda cobrarse todas la cuentas acumuladas en 30 años de silencio, 30 años en que la democracia solo significo carencias, jubilaciones de hambre (en Chile si jubilas a los 65 años, los hombres, o a los 60, las mujeres, se te rebaja tu salario hasta en un 80% y más encima te calculan cuantos años vivirás…después de eso la miseria aún más miserable); salarios mínimos que cada día alcanzan para menos; sistema de salud denigrante; educación de las peores; el país más desigual de la OCDE; endeudamiento de por vida (quizás dos o tres vidas) para estudiar, comprar un bien raíz habitacional o simplemente comer todos los días (se compra con plástico de las cadenas de supermercados a crédito la alimentación); u n sistema de transporte oprobioso, diseñado para que viajemos dos o tres horas, hacinados, con 10 grados de temperatura sobre la del exterior, una máquina de moler carne que impide la vida, la sociabilidad, el ocio…solo transportarse para dormir y volver al trabajo en las mañanas para ganar un salario miserable (menos de 250 dólares más o menos). Mientras tanto, ellos se enriquecen cada días más, las farmacias se coluden para engañarnos y esquilmar nuestros bolsillos; los productores de pollos, los productores de papel higiénico, los parlamentarios, los empresarios…todos nos esquilman, todo el modelo está diseñado para que los más ricos se hagan más ricos y nosotros pasemos a gozar de las bondades de la automatización en el paro, el hambre, la miseria absoluta (no por casualidad Wal Mart abrió su primera tienda, en todo el mundo, completamente automatizada en Chile), aquí, en el paraíso, no existe el mas mínimo welfare (por eso la “izquierda” frenteamplista, esos errejonistas pomposos e ineptos, viven ansiando poder ganar votos anunciando unos “gloriosos 30” imposibles, un keynesianismo en tiempos de financiarización del capitalismo). Ese desafío ha significado que los centros neurálgicos de las ciudades hayan sido copados: estableciendo en los hechos una especie de Huelga General, donde el transporte ha sido impedido de funcionar, donde la masa laboral se ha ausentado en un 70%, donde se han suspendido las clases para escolares y universitarios, los supermercados, bancos y shoppings center cerrados…donde casi nada funciona normalmente.

Nuestra respuesta ha sido contundente, es hora de que en el terror que están sufriendo, en medio del miedo que les inunda, la vean, porque de lo contrario tendrán que salir a matar. Nuestra respuesta es la potencia multitudinaria, un poder que constituye una constructividad de subjetividad que no deja cuerpo sin contagiar, la biopolítica, los afectos se transforman en una autovalorización, un deseo expresado por dos trabajadores mientras caminaban de vuelta a sus hogares: “esto no puede parar, no puede, hasta que haya algo concreto”, que es ese “concreto” de la multitud, una autonomía, un deseo que lo quiere todo y ahora. Este agenciamiento de deseos, esta voluntad se ha instalado en la cúspide: todo o nada.

Señor Piñera, creame que si la multitud o esa “organización poderosa”, que solo usted ve en las sombras, desease destruir todo, lo habría hecho no dejando piedra sobre piedra de las ciudades y su orden se vería perdido para siempre o tendría que haber masacrado a este movimiento, y sus intentos de criminalizar y dividir solo se vuelven contra suya, son los miles en las filas para comprar lo necesario en los pequeños almacenes de barrio, ante el cierre de los grandes supermercados, solo le culpan a usted…y al Estado del capital, la banca y las finanzas. A pesar y contra la falta de veracidad de la prensa mercenaria, de esa puta del poder, que es, de modo creciente, expulsada de las manifestaciones por su afán de mentir y tergiversarlo todo, por eso deben cubrir las manifestaciones desde los pisos altos de algún edificio, por eso, hoy, los manifestantes gritaban “al 13, al 13” (Canal 13, propiedad de Andronico Luksic, el hombre más rico de Chile) o “a CNN, a CNN”, no con un afán de visita social, sino que con la clara intención de obligarles a decir la verdad. Tal vez mañana, la multitud decida visitar el palacio de gobierno, ya que exige su renuncia, me imagino su desesperación, los rostros de sus corifeos y epígonos, el miedo que recorre su cuello bajando por la espalda, sin respuestas a lo que no saben calibrar, preguntándose que es este movimiento, y creyendo que diciendo “he escuchado la voz del pueblo” nos iremos a la casa y abandonaremos las calles para que vuelvan a gobernar tranquilos. Que equivocado está el poder, y se equivoca aún más cuando ya no puede gobernar, y declara la guerra como un perro rabioso con la boca llena de espuma, sin saber que la historia está viva, no anquilosada en los anaqueles del palacio, la historia se constituye en cada manifestación a lo largo del país, es aceptada en la forma del movimiento incesante que ha escrito ya 4 días de sublevación, donde hemos poblado las calles con nuestras miles de reivindicaciones, nuestros miles de pliegos de petitorios, hemos participado de la alegría, el miedo, la rabia, el afecto bellísimo de las luchas, de la belleza infinita de ese caos que no lo es. Y a pesar de la brutalidad de la represión, esto es la posibilidad deleuziana.

Estamos creando un mundo nuevo, estamos pariendo una subjetividad otra, no sabemos cómo será, pero está en trabajo de parto, lo que no es poco porque esta lucha continuará día a día, potente, autónoma, alegre y afectuosa, donde nos convidamos limones y agua con bicarbonato para paliar los efectos de los gases lacrimógenos, donde nos abrazamos en cada pedrada o grito, pero precisamos multiplicar las redes y organizarnos de algún modo que no implique burocratizar el movimiento, debemos ir más allá y gestar una comunidad inmanente de resistencia y contrapoder.

Como dice mi compañero Bruno Cava, este: “No es más un sueño, es una criatura. La geografía afectiva de este mundo se escribe ahora mismo, en la coexistencia de la revuelta y el amor por la revolución. Yo no digo basta. Yo digo quiero más.“

Santiago de Chile, 21 de Octubre de 2019,  entre una pausa y otra de la revuelta

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