La única manera de salvar la educación superior es hacerla gratuita

Por Claire Bond Potter

La universidad era ya un castillo de naipes. Y entonces, llegó el coronavirus

En enero del 2020, cuando estaba en New Hampshire haciendo campaña por Elizabeth Warren, un organizador de campaña me instó a explicar a los votantes por qué la apoyaba. Para mí, era una pregunta fácil. “Como profesor universitario –dije cuando alguien respondía a la puerta– creo que la educación superior es un castillo de naipes, porque los americanos no van a fijar impuestos para apoyarla”.

No era consciente de cuán acertado estaba, o de con qué rapidez se corroborarían mis palabras.

Dos meses más tarde, el Covid-19 cerró las universidades americanas, y los naipes se desmoronaron. Los millones de dólares reembolsados en concepto de alojamiento y alimentación crearon enormes brechas presupuestarias. Y la crisis no se ha acabado, sobre todo si los alumnos no vuelven en otoño. En los Estados Unidos, las tasas universitarias representan, de media, un cuarto del presupuesto de las universidades públicas, y sobre un 35% de las privadas. Para algunas, es mucho más.

Esta crisis pone en evidencia el injusto e insostenible hecho de que la educación superior sobrevive gracias a unas tasas de matrícula cada vez más altas, y en el futuro, lo más posible es que se apoyen incluso más en los estudiantes y sus familias para sobrevivir. La franca conversación que Bernie Sanders y la senadora Elizabett Warren pusieron sobre la mesa en las primarias se ha convertido, ahora, en una crisis. Necesitamos cambiar urgentemente la manera en que financiamos la universidad, y debemos partir eliminando la carga que suponen las tasas universitarias para las familias de clase trabajadora.

¿Será la universidad gratis bajo el mandato de un presidente demócrata? Seguramente no. Pero podemos reducir significativamente su precio, si consideramos la educación como parte de un New Deal económico. Eso implica más que el mero hecho de hacer la universidad gratis o más barata para la mayoría de estudiantes: significa reconsiderar el lugar que ocupa la educación superior en nuestra sociedad.

Financiar las tasas mediante impuestos funciona en otros países. En 2014, Alemania abolió las tasas universitarias para todos los estudiantes de la Unión Europea. Irlanda, Francia, Noruega, Suecia y Dinamarca no imponen tasas para los estudiantes de la Unión Europea, y ofrecen préstamos a bajo interés para cubrir otros gastos universitarios: en Suecia, a un interés de sólo 0,13%. En Australia y Reino Unido, las tasas públicas cuestan la mitad que lo que lo pagan los americanos, y en Israel, una décima parte. En Australia, los estudiantes devuelven los préstamos en base a un porcentaje de sus ingresos una vez alcanzan un umbral de ingresos digno.

Los Estados Unidos también financiaban la educación como un bien público. En 1888, el College of William & Mary, en Williamsburg, Virginia, empezó a anular las tasas a cambio de dos años de docencia en las escuelas públicas de Virginia. Las universidades land-grant [1] establecidas después de la Guerra Civil fueron gratuitas por décadas, y tuvieron un bajo coste hasta los años ochenta. La Universidad de la Ciudad de Nueva York fue gratuita hasta 1976. Stanford fue gratuita para los residentes de California durante 30 años, después de que abriera sus puertas en 1891.

Así pues, las tasas universitarias fueron una decisión política; una decisión política puesta en marcha por políticos a nivel local, estatal y federal a medida que los votantes insistían en la idea de reducir impuestos a lo largo de los años sesenta y setenta. California lideró el cambio. Como gobernador entre 1967 y 1975, Ronald Reagan acabó con la enseñanza gratuita en la Universidad de California, recortando la financiación de la educación superior en un 20% y declarando que los contribuyentes no tenían por qué “subvencionar la curiosidad intelectual”. Como presidente, Reagan impuso esta política a nivel nacional, liderando así el cambio hacia el modelo actual, basado en tasas y créditos estudiantiles.

Las universidades públicas fueron las más afectadas. Entre 1987 y 2012, la financiación pública cayó entre un 25 y un 30%. Y los recortes continúan: el año pasado, Alaska recortó su presupuesto de educación superior en 135 millones de dólares, más de lo que cuesta mantener tres campus.

A nivel nacional, las tasas subieron de 1980 a 2014 un 260%, más del doble que otros gastos de consumo. Al pasar a financiar los créditos estudiantiles, las políticas federales apoyaron un sistema de ingresos basado en las tasas; en 2013, los créditos sumaban ya más de la mitad de los 75 mil millones de dólares del presupuesto en educación superior. Menos de 3,8 mil millones de dólares fueron destinados a financiar infraestructura educativa, la mayoría de los cuales eran obligaciones federales hacia universidades históricamente afroamericanas y amerindias.

En 2009, la administración Obama expandió las becas Pell para los estudiantes más pobres, mitigando así los efectos de los recortes estatales. Pero dejó el modelo de tasas intacto y fracasó a la hora de convertir la educación superior en un objetivo de inversión en infraestructura, o en un bien público a la altura de la sanidad, el cuidado de niños, la seguridad social o la defensa nacional.

La universidad es, más que nunca, la puerta de entrada a la clase media. Por lo tanto, los americanos han seguido pagando por ella (haciendo uso de sus salarios, sus ahorros y de préstamos), hasta que han llegado al límite.

Los críticos señalan al despilfarro, al gasto en lujos o a la hipertrofia administrativa como el problema, sugiriendo por lo tanto que las universidades pueden, simplemente, reequilibrar sus presupuestos. Pero la verdad es más compleja. A medida que alimentamos la bestia de las tasas con dinero federal, los gobiernos estatales saquean los presupuestos en educación aún más, aumentan las tasas y recortan su apoyo a infraestructuras como bibliotecas o la tecnología. El siempre pospuesto mantenimiento de edificios, especialmente en las estructuras más antiguas, ha llegado a un punto crítico en muchos campus.

¿Y qué pasa con las dotaciones financieras de las universidades? De nuevo, no es tan sencillo. Tales fondos están reservados. Tal y como el presidente de Yale, Peter Salovey, lo expresa, estos fondos no están pensados para ser “ahorros para tiempos de necesidad”. Estos fondos mantienen los edificios abiertos, pagan la facultad y financian (lo has adivinado) las tasas. Cerca del 22% del presupuesto de una universidad privada proviene de ingresos relativos a estas dotaciones. Pero entre las escuelas mostradas en la clasificación de U.S. News & World Report, la dotación media es de 65,1 millones de dólares. Diez universidades tienen dotaciones de menos de 1 millón.

Incluso antes de que llegara el coronavirus, la educación superior estaba entrando en una crisis financiera. Las consultoras pueden decirte qué probabilidad hay de que cierta universidad sobreviva, o en su caso, de que se fusione con otra institución, antes de que tu hijo se gradúe. En 2019, hasta que intervino un grupo de abogados, una compañía planeaba publicar una lista de 946 instituciones rayando en la insolvencia. Antioch, Hampshire, Sweet Briar y Bennett evitaron por poco su desaparición, pero entre 2016 y 2020 más de 60 universidades no la han podido evitar. Cinco más se han rendido en los últimos tres meses.

La crisis del coronavirus, simplemente, acelerará la implosión de la educación superior. La Universidad de Maryland estima sus pérdidas en 80 millones de dólares, el sistema del Estado de California, en más de 337 millones, y la Universidad de Michigan en casi mil millones de dólares. Según ciertas estimaciones, los 14 mil millones dedicados a la educación superior mediante la CARES Act se quedan cortos (respecto a las necesidades reales de las universidades) en por lo menos 46,6 mil millones, y si se toman en cuenta las pérdidas estimadas en términos de menores ingresos por tasas en otoño, estaríamos hablando ya de cientos de miles de millones. Simultáneamente, los legisladores estatales están recortando de nuevo el gasto en educación por tal de reducir el creciente déficit estatal.

Los ingresos no provenientes de tasas –hospitales de investigación, contratos de televisión con la NCAA, institutos de verano, servicios de conferencias, campos de deporte– se han marchitado a lo largo de los últimos meses. Lo mismo ha sucedido con las tasas pagadas desde el extranjero. Los estudiantes extranjeros, ya intimidados por las políticas migratorias de la administración Trump, están aún más disuadidos por el Covid-19.

Y si las universidades están en apuros, los estudiantes y sus familias están aún peor. El modelo de tasas ha puesto de rodillas a los estudiantes de clase media y de familias menos privilegiadas mucho antes del Covid-19. Para la mayoría, es imposible ahorrar lo suficiente para la universidad, por lo que contratan préstamos; no pueden vivir  sólo con tales préstamos, por lo que trabajan. Hago clase a adolescentes que se duermen después de haber estado trabajando en el turno de noche en un trabajo con el sueldo mínimo. Un estudiante de grado que trabajaba en tres plataformas, a menudo estaba ausente y tenía hambre. “Nunca había trabajado tan duro siendo económicamente tan inseguro” dijo el estudiante, avergonzado y entre sollozos.

El modelo de tasas está quitando la  comida de la boca de los estudiantes. Cuando los estudiantes perdieron sus trabajos debido al Covid-19, las universidades devinieron organismos de socorro, pagando millones por comida y alquileres. Al tener que distribuir puntos de acceso wifi sin cable para permitir la educación a distancia, nos dimos cuenta de cuántos estudiantes no tenían tecnología suficiente, más allá de sus teléfonos móviles. Nos dimos cuenta que muchos de ellos no tenían dinero para ir a casa, y en algunos casos, no tenían casa.

La ironía es que sabemos cómo hacer todo esto porque la educación superior ya es un organismo de socorro. Bajo condiciones normales, casi la mitad de los estudiantes sufren inseguridad alimentaria, y un 22% están habitualmente hambrientos; un 64% sufren inseguridad respecto a la vivienda, y un 15% no tienen un hogar (casi un 20% en California). Mi propia universidad tiene un departamento llamado Apoyo al Estudiantado y Gestión de Crisis. La financiación de bancos de comida, de préstamos de emergencia para vivienda o el subsidio de atención médica y psiquiátrica son ahora, en muchos campus, partidas habituales a las que se destinan las tasas ingresadas.

Se insta a las familias a comparar sus opciones favoritas para la universidad. Pero desde 1970, cuando Elizabeth Warren pagó 50 dólares por su último semestre en una universidad pública, las tasas se han convertido en algo tan complicado como los seguros sanitarios o las tarjetas de crédito. Se hace difícil, incluso, saber cuánto cuesta. En 2018, un 84% de estudiantes de grado americanos en universidades públicas, y un 90% en universidades privadas, obtuvieron descuentos de tasas. Pero eso no permite a los estudiantes o a sus familias a planear nada: la ayuda financiera se vuelve a calcular cada año, a medida que las tasas aumentan y que las instituciones reevalúan la capacidad de pago de las familias.

Por lo tanto, contratan más préstamos. En 2019, los estudiantes, sus padres y sus abuelos debían ya más de 1,5 billones de dólares en préstamos.

Estos préstamos (tan fáciles de contratar pero tan difíciles de entender y de devolver) ocultan el hecho de que, más allá de cuánta ayuda financiera esté disponible, la mayoría de los estudiantes no pueden pagar las tasas. Casi la mitad de las universidades son sólo asequibles para familias cuyos ingresos superen los 160 mil dólares, un 35% para aquellos estudiantes cuyas familias ganan más de 100 mil dólares. Imaginad a una familia haciendo cuentas para eso mientras sufre económicamente lo que puede ser la mayor crisis financiera desde la Gran Depresión.

Así pues, ¿qué debería cambiar? Para empezar, las universidades públicas deberían ser realmente públicas, no deberían cobrar tasas: las privadas, un recurso crucial y de largo recorrido, deberían ser rebajadas por el coste de la educación pública. Los préstamos federales deberían ser generosos, sin intereses y perdonables a cambio, quizás, de servicio nacional. Parafraseando a mi amigo e historiador Jesse Lemisch, necesitamos un New Deal federal para la educación superior, apoyado por dinero proveniente de impuestos, que permita acabar con las asfixiantes tasas que tienen que soportar las familias americanas.

Pero solventar los costes de la universidad no se limita a reducir las tasas. También se trata de encontrar la manera de hacer la educación superior financieramente sostenible. Para ello, el primer paso es reconocer que los gastos educativos como la comida, la vivienda, los salarios, la atención sanitaria, la tecnología, las bibliotecas o las pensiones (así como la enseñanza), están estrechamente vinculados al conjunto de la economía.

Cada plan económico de la plataforma demócrata Joe Biden 2020 debería estar vinculado a políticas relativas a la educación superior, y tales propuestas de políticas públicas deberían ser evaluadas en base a su utilidad para rendir la educación superior más asequible para los estudiantes así como para las instituciones mismas. Un sistema sanitario nacional, una reforma robusta de la Seguridad Social, inversión en infraestructura, vivienda asequible o ingresos mínimos básicos pueden tener un impacto positivo en la carga que supone ahora mismo la educación superior para las familias de clase trabajadora. Tales medidas crean condiciones de vida dignas y sanas para los estudiantes. Liberan a las universidades de tener que pagar el coste de la atención sanitaria y de las pensiones de sus empleados. Y ayudan a crear trabajos a tiempo completo, y de buena calidad.

El Covid-19 nos ha puesto sobre la mesa una elección inesperada: aprovechar la crisis cómo oportunidad para llevar a cabo reformas realistas y multinivel. Por encima de todo, debemos restaurar la educación superior como derecho humano. Eso dependerá en mucho más que en hacer que la universidad sea gratuita: dependerá en recordarnos a nosotros mismos que necesitamos pagar impuestos para el bien público.

[1] Nota de Traducción: Las universidades land-grant (o land-grant universities) son instituciones de educación superior creadas por varios Estados americanos para recibir los beneficios de la Morrill Land-Grant Colleges Act (1862 y 1890), por la cual el gobierno federal se comprometía a donar terrenos de propiedad federal a los Estados si estos usaban tales terrenos para instituir instituciones de educación superior.

es profesor de historia en la New School y co-editor ejecutivo de Public Seminar. Su twitter es @TenuredRadical

Fuente:

https://www.nytimes.com/2020/06/05/opinion/sunday/free-college-tuition-coronavirus.html

Traducción:Oscar Planells / sinpermiso.info

Digitalización, política e inteligencia artificial

¿Qué futuro podemos esperar?

Por Enzo Giraldi

La digitalización, junto con la «etapa superior» de la inteligencia artificial, anticipa fuertes transformaciones en todas las dimensiones de las relaciones sociales, con impactos en la política que aún no podemos perfilar con precisión. No obstante, ya pueden verse algunos efectos de la «psicopolítica digital» y del control y procesamiento de enormes volúmenes de datos para anticipar el comportamiento humano, maximizar ganancias y perfeccionar la penetración y el control de los mercados, en el marco de una «razón tecnoliberal» en expansión.

Las revoluciones políticas más importantes se están produciendo en los laboratorios y las empresas tecnológicas. Allí se está decidiendo si el futuro va a estar en nuestras manos y de qué modo. Daniel Innerarity1

Introducción

¿Qué tipo de liderazgo demandará una realidad que se articula cada vez más por consensos que se establecen en las redes? ¿Cómo se construirá lo común, esa amalgama de prioridades, propósitos e intereses que hacen posible la sociedad, en la era de la individuación? ¿Cómo se tomarán decisiones en una realidad signada por la instantaneidad del touch en una pantalla? Las herramientas digitales se expandieron a todos los órdenes existenciales y crearon una cotidianeidad reticular en la que la comunicación fluye arrebatadamente. Los líderes políticos decidirán presionados por la inmediatez, abrumados por una sobreinformación saturada de un barullo que no da tregua para el ejercicio introspectivo.

La digitalización de la vida va a impactar en todas las dimensiones de las relaciones sociales. Solo a modo de ejemplo: ¿cuál será el futuro de la democracia o, de modo más simple, cómo ejerceremos nuestro elemental derecho a decidir libremente si, como se anuncia, la combinación de desarrollos de inteligencia artificial y de biotecnología no solo permitirá interpretar la información que surge de nuestra vida cotidiana, privada, sino también manipular nuestras emociones y comportamientos?

La era digital

La velocidad, extensión e intensidad que exhibe la dinámica de innovación tecnológica están modificando la naturaleza y los patrones que guían las relaciones sociales. Ese masivo proceso de digitalización de información sobre las personas devino en la construcción de una «infoesfera», imponente caja de resonancia que mezcla y reconfigura constantemente las ideas, las emociones y los impulsos emitidos por un número infinito de usuarios en la red.

A este proceso se están incorporando progresivamente desarrollos de inteligencia artificial que están llamados a profundizar y complejizar los cambios en marcha. Son herramientas que procesan información mediante algoritmos, en cantidades y a una velocidad que exceden la capacidad del cerebro humano. La inteligencia artificial lleva consigo la posibilidad del autoaprendizaje, es decir, la capacidad de los algoritmos de incorporar permanentemente nueva información y perfeccionar automáticamente sus recursos para analizarla, lo que permite a las máquinas generar su propio capital cognitivo. El concepto de singularidad, aplicado en el ámbito de la tecnología, hace referencia a este momento, que deviene en crucial instancia en la que las máquinas podrían alcanzar una inteligencia igual o superior a la del ser humano. Es decir, se trata de máquinas (computadoras, robots, softwares) capaces de aprender por sí solas y de mejorarse a sí mismas, susceptibles de inaugurar un inédito proceso de creación de inteligencia. La magnitud de este proceso ha motivado a Henry Kissinger, uno de los más importantes arquitectos del orden mundial del siglo pasado, a expresar lo siguiente:

La tecnología moderna plantea desafíos para el orden y la estabilidad mundial que carecen de todo precedente (…). Personalmente, creo que lo que trae aparejado la inteligencia artificial es crucial (…). Que nuestras propias creaciones posean una capacidad de análisis superior a la nuestra es un problema que deberemos resolver.2

La capacidad de autoaprendizaje aún no es conceptual, sino que se produce en términos de resultados matemáticos, mediante ajustes que van rediseñando los algoritmos. Estos, como representación matemática de la información, no reconocen el contexto ni la perspectiva histórica, de allí que sus resultados deriven de un procedimiento de procesamiento de datos que se concreta en función de los objetivos e intereses del programador.

Capitalismo y vigilancia

La sociedad en red hace que la comunicación fluya de manera incesante, diseminando las huellas de la vida de las personas por el tejido tecnológico. La exposición pública y la vida privada pueden ser grabadas y recopiladas como datos, que pueden ser interpretados y grabados para influir sobre los deseos, aspiraciones y necesidades. La manipulación de grandes volúmenes de datos (big data) pone en marcha una lógica de acumulación que tiene por finalidad la predicción del comportamiento humano para maximizar ganancias y perfeccionar la penetración y el control de los mercados. La información sobre y de las personas deviene en insumo estratégico para la creación de riqueza y de poder. La tecnología de poder que se deriva de esta nueva lógica de acumulación monetiza la intimidad y prioriza, por sobre la propiedad de los medios de producción, la de los medios de manipulación de comportamientos3. Así, cuanta más información sobre una persona se dispone, más posibilidades existen para influir sobre ella. Puntualiza Shoshana Zuboff:

El asalto sobre los datos acerca del comportamiento en el día a día de las personas es tan amplio que las dudas ya no se pueden circunscribir al concepto de privacidad y a sus efectos. Ahora estamos ante otro tipo de desafíos, que amenazan las bases mismas del orden liberal-moderno. Son retos que impactan sobre la integridad política de las sociedades y el futuro de la democracia.4Los algoritmos pueden identificar los miedos, deseos y necesidades, y esa información se puede utilizar en contra de los usuarios. El uso abusivo de estos dispositivos de vigilancia y manipulación podría hacer inviable la democracia representativa y crear una «dictadura informacional»5. En este sentido, Daniel Innerarity precisa:

Los tres elementos que modificarán la política de este siglo son los sistemas cada vez más inteligentes, una tecnología más integrada y una sociedad más cuantificada (…) La gran cuestión hoy es decidir si nuestras vidas deben estar controladas por poderosas máquinas digitales y en qué medida, cómo articular los beneficios de la robotización, automatización y digitalización con aquellos principios de autogobierno que constituyen el núcleo normativo de la organización democrática de las sociedades.6

¿Qué pasará cuando, en pocos años, el cruce entre herramientas de la inteligencia artificial y de la biotecnología abra las puertas a formas aún más novedosas, por lo intrusivas y sofisticadas, de control social? Yuval Harari advierte sobre esta distopía: «El auge de la inteligencia artificial podría eliminar el valor económico o político de la mayoría de los humanos. Al mismo tiempo, las mejoras en biotecnología tal vez posibiliten que la desigualdad económica se traduzca en desigualdad biológica»7.

Aplicar recursos de la inteligencia artificial producirá otro efecto llamado a generar reacciones sociales y políticas: el creciente desempleo por el reemplazo de la mano de obra tradicional. Estas tecnologías trastocarán la relación entre capital y trabajo en las economías de todo el mundo. Aun cuando generen nuevos empleos, se prevé que lo harán en una proporción mucho menor a la de los que destruirán.

Psicopolítica digital

La construcción tecnológica de la personalidad estandariza al ser humano, lo aleja de lo imprevisible, lo sistematiza y codifica, pautando las reacciones, reconfigurando las creencias y afectando el libre ejercicio del juicio personal, instancia germinal e indispensable para el acto político. El espacio de lo político se reduce y los márgenes para el ejercicio de liderazgo se comprimen. El ser digital funge, esencialmente, como un ser individual, protagonista de asociaciones fugaces e inestables. Es el sujeto de una dinámica de atomización social que desmonta el sentido abarcador de lo público. La organización reticular fragmenta el espacio de participación política y conspira contra la gestación de dinámicas de consenso sobre intereses colectivos. La segmentación del público favorece la asociación de voluntades en torno de objetivos parciales, de nicho. De esa manera, las prioridades se alejan de lo común y se sitúan en el plano de lo grupal, temporario y superficial.

El medio digital sumerge al líder político en una realidad sin privacidad, en la sociedad de la comunicación y de la visibilidad-transparencia. Lo expone, lo hace visible. La visibilidad es el resultado natural de las interacciones en la red y la búsqueda de transparencia es una premisa que el ciudadano digital ha interiorizado como fetiche pero que, en el extremo de un ideal absoluto, afecta la toma de decisiones. La excesiva exposición puede atrofiar u oprimir la voluntad del decisor, nublar sus convicciones y debilitar su predisposición a exponer sus creencias. Esta exposición pone en entredicho entonces al líder y al decisor, pone en cuestión la determinación del conductor, afectando una dimensión estratégica de la política. Como señala Byung-Chul Han: «El imperativo de la transparencia sirve sobre todo para desnudar a los políticos, para desenmascararlos, para convertirlos en objeto de escándalo. La reivindicación de la transparencia presupone un espectador que se escandaliza»8.

El ritmo de comunicación constante, espontáneo e inestable descompone las ideas en opiniones, lo que resta densidad a la elaboración ideológica. Debilita la necesidad de asociación y construye retraimiento. Desaparece la idea de conjunto. Éric Sadin lo resume del siguiente modo: «La innovación digital modifica y modela el universo cognitivo, con lo que debilita la posibilidad de la acción política, entendida esta como la implicación voluntaria y libre de los individuos en la construcción del bien común»9. La subjetividad que construye la sociabilidad en red es autorreferencial. La representación autorreferencial es representación de sí mismo, es autorrepresentación que debilita la idea de comunidad y los sentimientos de empatía, que paraliza el sentido de adhesión, la disposición a la lealtad, necesarios para articular la representación. La crisis de representación es otra de las dimensiones estratégicas de la política que se ponen en cuestión. Son precisos, nuevamente, los términos de Han:Nos dirigimos a la época de la psicopolítica digital. Avanza desde una vigilancia pasiva hacia un control activo. Nos precipita a una crisis de la libertad con mayor alcance, pues ahora afecta a la misma voluntad libre. El big data es un instrumento psicopolítico muy eficiente que permite adquirir un conocimiento integral de la dinámica inherente a la sociedad de la comunicación. Se trata de un conocimiento de dominación que permite intervenir en la psique y condicionarla a un nivel prerreflexivo.10

Pulsión tecnototalizadora

Cuarta Revolución Industrial, Revolución Informacional, Revolución Digital: distintas nominaciones para describir el creciente poder global de un orden corporativo concentrado, protagonizado por un grupo de megaempresas que han alcanzado un nivel de influencia sistémico y están cambiando la escala del modelo global de negocios.

Empresas como las estadounidenses Google, Amazon, Facebook, Apple, Microsoft, Amazon, Tesla, Netflix, Airbnb y Uber o las chinas Baidu, Alibaba y Tencent impulsan un cambio de paradigma en el capitalismo global. Participan de un exclusivo club de gigantes ambiciosos, líderes en innovación, que están protagonizando un acelerado y certero proceso de acumulación de poder político, económico, cultural y logístico para erigirse en los creadores de un inédito «modelo industrial-civilizatorio»11.

Siete de las diez mayores empresas globales por capitalización bursátil en el mundo son monopolios tecnológicos. Por ejemplo, el valor bursátil de Microsoft alcanzó este año el billón de dólares, un monto que compite con el pib de México, la decimoquinta economía mundial. Para entrever el grado de influencia que han alcanzado estas empresas, sirve tomar como ejemplo Twitter, un servicio de mensajería por internet que, se calcula, hace circular unos 500 millones de intercambios por día. Si partimos de la premisa de que cada tuit contiene unas 20 palabras promedio, el volumen de contenidos que se publican en Twitter en un solo día equivale al que, se estima, produjo un diario tradicional de una gran ciudad, por ejemplo The New York Times, en 182 años.

Las grandes corporaciones tecnológicas se expanden poniendo bajo control nuevas áreas de la economía y utilizando recursos tecnológicos que optimizan las condiciones de conectividad y la velocidad de los procesadores. Se estima que las velocidades de cálculo se duplican cada 18 meses y que la conectividad se duplica a un ritmo apenas más lento. Estas megaempresas interpretan y ejecutan, en los hechos, una ideología universalizadora tecnoliberal que les sirve como argumento de legitimación. Postulan la razón tecnocientífica que presenta a la tecnología como la herramienta definitiva, aquella que resolverá los problemas pendientes del ser humano. La ontología tecnolibertaria consiste en descalificar la acción humana en beneficio de un ser computacional, que se juzga superior. La inteligencia artificial representa la mayor potencia política de la historia, ya que se la convoca a personificar una forma de superyó dotado en una presunción de verdad que orienta nuestras acciones, individuales y colectivas, hacia el mejor de los mundos posibles12.

La razón tecnoliberal da rienda suelta a un capitalismo precarizador, extremo, que a la vez que entroniza una cotidianeidad actuada por individuos sin identidad ni vínculos consolidados, disgrega las formas de organización y convivencia inherentes a la comunidad humana, vaciando de sentido las estructuras de solidaridad comunitarias, desde la familia hasta los sindicatos, la escuela, la universidad y, por último, el Estado.

Conclusiones

Los excesos del imperio de la conectividad inhiben las posibilidades de reflexión, la inmediatez provoca inseguridad y sesga la introspección. El desarrollo del conflicto político comienza a articularse en el plano de la información, a medida que se aleja del espacio físico, lo que expone al decisor político a la tentación de una respuesta simple, emocional y efectista. Los consensos que surgen de la sociedad en red recrean valores, referencias y símbolos que nacen de la búsqueda de asentimiento antes que de la meditación. Son resultados que no han sido tamizados por la experiencia ni la perspectiva histórica.

Si desde siempre el ejercicio del liderazgo necesitó del contexto y de la historia, y del conocimiento por encima de la información, hoy y cada vez más deberá lidiar con prácticas que ponen en juego estrategias de marketing y eslóganes previstos para obtener la aprobación inmediata. La omnipresencia de lo digital está destruyendo los tejidos de confianza que mantuvieron unido al conjunto social, pero a una velocidad tal que instituciones y decisores no se pueden adaptar; así, es poco lo que pueden hacer para repararlos. Estas dinámicas nos conducen a un futuro que estará signado por un andamiaje tecnológico con capacidades potencialmente absolutas que es preciso humanizar. Se trata de prestaciones que ponen en cuestión el tipo de organización social que las cobijará y que aún demandan un anclaje ético y un conjunto de postulados filosóficos que las rijan.

Nota: este texto integra el volumen Futuros: miradas desde las humanidades, coordinado por Andrés Kozel, Martín Bergel y Valeria Llobet, de próxima aparición en la colección Futuros (FUNINTEC / UNSAM Edita). Foto: Mike MacKenzie

  • 1.Enzo Girardi: es docente de la Maestría en Estudios Latinoamericanos del Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad Nacional de San Martín (unsam) y coordinador del grupo Cibersociedad, Ciberdefensa, Ciberseguridad, Protección de Datos Personales (c3pd) en esa misma universidad.Palabras claves: digitalización, inteligencia artificial, psicopolítica digital, razón tecnoliberal.Nota: este texto integra el volumen Futuros: miradas desde las humanidades, coordinado por Andrés Kozel, Martín Bergel y Valeria Llobet, de próxima aparición en la colección Futuros (funintec / unsam Edita).. «Lo digital es lo político» en La Vanguardia, 11/3/2019.
  • 2.Ver Allan Dafoe: «The ai Revolution and International Politics» en YouTube, 17/7/2017, www.youtube.com/watch?v=zef-mIkjhak. Para conocer con mayor detalle el pensamiento del ex-secretario de Estado norteamericano sobre la emergencia de la inteligencia artificial, v. H. Kissinger: Orden mundial, Debate, Buenos Aires, 2016.
  • 3.S. Zuboff: «Big Other: Surveillance Capitalism and the Prospects of an Information Civilization» en Journal of Information Technology vol. 30, 2015.
  • 4.S. Zuboff: «The Secrets of Surveillance Capitalism» en Franfurter Allgemeine, 5/3/2016.
  • 5.Martin Hilbert: «La democracia no está preparada para la era digital y está siendo destruida» en La Nación, 10/4/2017.
  • 6.D. Innerarity: ob. cit.
  • 7.Y. Harari: «Why Technology Favors Tyranny» en The Atlantic, 10/2018, p. 98.
  • 8.B.-C. Han: Psicopolítica, Herder, Barcelona, 2014, p. 11.
  • 9.É. Sadin: La silicolonización del mundo, Caja Negra, Buenos Aires, 2018, p. 96.
  • 10.B.-C. Han: ob. cit., p. 39.
  • 11.É. Sadin: ob. cit.
  • 12.Ibíd., p. 109.

Franco “Bifo” Berardi: “Estamos entrando en la época de la extinción”

Uno de los astros de la filosofía que no ha pedido tiempo añadido para reflexionar sobre las consecuencias del covid -ha firmado artículos y dado charlas en ‘streaming’ como la organizada por el Palau Macaya de la Fundació La Caixa– es el italiano Franco (Bifo) Berardi (Bolonia, 1949), un rebeldón que germinó en mayo del 68 y que llevaba tiempo avisando de que vivíamos en el interior del “cadáver del capitalismo” y no nos dábamos cuenta.

-¿Esta era la vía de salida del “cadáver”? ¿Una pandemia?
-Sí. Ha venido de una dimensión biológica, ha circulado por la órbita mediática y se ha insertado en la esfera psíquica, cambiando la perspectiva. Pero salir del ‘cadáver’ no es suficiente.

-¿Toca hacer limpieza?

-Toca inventar formas de sobrevivir que privilegien lo útil por encima de la acumulación del (abstracto) valor monetario. Pienso que salimos de la época en que la expansión era posible y deseable para una parte de la sociedad, y estamos entrando en la época de la extinción.

-¡No más malas noticias, por favor!
-Para perseguir la expansión, el capitalismo empezó a destrozar masivamente los recursos físicos del planeta y las energías nerviosas de los humanos. Puso las bases de la extinción. Cuando la depresión produzca efectos políticos de agresividad, enemistad y miedo, la extinción es probable.

-¿No hay vuelta de hoja?
-No, si no logramos permanecer en el exterior del ‘cadáver’, si aceptamos volver a la normalidad del mercado, del capitalismo, de la aceleración psicótica. La condición pandémica -sumada al cambio climático- es el momento de redefinir el horizonte de la economía, de la relación social, de la intimidad misma.

-¿Por dónde pasará la felicidad fuera de la idea de crecimiento?
-‘Felicidad’ y ‘crecimiento’ son términos incompatibles. Propongo que olvidemos palabras complicadas como ‘felicidad’. ¿Me permite reformular la pregunta?

-Adelante.
-La pregunta es: ¿por dónde pasará la satisfacción de las necesidades básicas de la comunidad?

-¿Y la respuesta?

-En lo que ya existe: en nuestro saber, tecnología y potencia de producción, pero enfocados al interés de todos. En los próximos meses –y años– nos veremos obligados a elegir entre una miseria creciente y la redistribución de la riqueza existente. Si una minoría explotadora pretende mantener sus privilegios, vendrán años de guerra civil en todos los lugares de la Tierra. ¿La manera de evitarlo? ¡La igualdad!

-¿Qué entiende por ‘igualdad’?
-No me refiero a la renuncia, sino a una percepción frugal del gozo y de la riqueza. ‘Riqueza’ es el placer de las cosas y de los acontecimientos, y sobre todo es el tiempo para gozar de lo que tenemos. La reconquista del tiempo –que paradójicamente ha posibilitado el covid– es crucial. Debemos de ser capaces de conjugar seguridad y sensualidad.

-Usted solía invitar a “reconocer el placer en el cuerpo del otro”. Y ya ve.
-Cuando pienso en el futuro, lo más difícil de imaginar es cómo percibiremos el cuerpo del otro en la calle, en el café, en la cama. Es probable que salgamos del distanciamiento social con un miedo instintivo al cuerpo del otro, a sus labios.

“Puede que la dimensión ‘on line’ nos recuerde a una época angustiosa y volvamos a la sensualidad”

-Como ocurrió en los años 80, con el sida.
-Fue una bomba psíquica, sí. Pero ahora puede también que se manifieste un poderoso movimiento de acercamiento y de sensualidad, porque la dimensión ‘on line’ se volverá un recuerdo de una época angustiosa, como un síntoma de la enfermedad. Aquí veo el germen de un verdadero movimiento cultural, estético y social.

-Afectos, trabajo, escuela y ocio, de momento, pasan por las pantallas.
-La pantalla es el lugar de la seguridad, pero es también el lugar de la anestesia, de la ablación de la sensualidad. ¿Podemos imaginar una humanidad que se libere definitivamente de la ternura física, de la seducción de los ojos, de los labios, de las manos que se tocan delicadamente?

-¿Puede usted?
-Yo no lo puedo imaginar, y punto. Si lo imagino, es la peor distopía: un mundo eficiente, exacto, perfectamente compatible con la matemática financiera, pero muerto. Me hundiría.

‘Colomba e corvo’, un collage de Bifo Berardi realizado durante el confinamiento.

-Cuando está hundido, pinta. ¿Qué motivo se ha repetido estos meses?
-Hay una imagen que vuelve en mi cabeza y en mis collages: el papa Francisco lanza dos palomas blancas para simbolizar el amor, la paz, la alianza con Dios. Un cuervo negro se acerca a la paloma y la devora. Yo soy ateo, pero cada vez que pinto esta imagen me digo que la casualidad da pie a fantasías estéticas aterradoras.

Fuente: El Periodico

Capitalismo al filo de la navaja

Por Michel Husson

La experiencia de nuestra generación: el capitalismo no morirá de muerte natural. (Walter Benjamin) 1/

El futuro no tienes que preverlo, sino permitirlo. (Antoine de Saint-Exupéry) 2/

Esta contribución, cuyo título está tomado de la OCDE 3/, es en realidad (por seguir con la metáfora) una máquina de afeitar de múltiples cuchillas. Intentamos mostrar, en primer lugar, que una recuperación sincronizada está fuera de alcance, y que la forma que tomará es una cuestión eminentemente social 4/.

¿Estaba el virus en la fruta?

El coronavirus no ha venido a atacar a un cuerpo sano. Desde la crisis de 2008 el capitalismo funcionaba en un modo inestable que reproducía casi todo lo que condujo a la crisis anterior, a falta de un modelo alternativo. Las señales de advertencia de una nueva recesión se estaban acumulando, la globalización cesaba de progresar, las ganancias de productividad estaban en su punto más bajo y el endeudamiento de las empresas privadas en su punto más alto, etc. Todo esto es cierto y no volveremos sobre ello aquí.

¿Pero es posible decir que “el coronavirus precipita la crisis, no la causa” como dicen Frédéric Boccara y Alain Tournebise? Según ellos, se debería “distinguir el factor acelerador o precipitante (el virus) y la causa (sobreacumulación financiera) 5/”. Se encuentra casi la misma posición en Michael Roberts: “Estoy seguro de que cuando termine este desastre, la economía dominante y las autoridades alegarán que fue una crisis exógena que no tiene nada que ver con los defectos inherentes al modo de producción capitalista y a la estructura social de la sociedad: ¡es culpa del virus! (…) El Covid-19, como este colapso financiero, no es realmente un rayo: un llamado ‘choque’ que golpea a una economía capitalista cuyo crecimiento fue en sí mismo armonioso 6/”. Por su parte, Eric Toussaint ha dicho: “no, el coronavirus no es el responsable de la caída de los mercados de valores 7/”.

Estos autores, que se reclaman por otra parte del marxismo, probablemente habían escrito demasiado rápido (fue en marzo). Pero este reflejo es indicativo de la dificultad existente para tener en cuenta la especificidad de esta crisis. Ciertamente, la posibilidad misma de una pandemia reenvía a los efectos de la agricultura productivista en los ecosistemas 8/ y al intenso movimiento de personas y mercancías en todo el planeta. El hecho es que esta crisis no es una crisis clásica. Por lo tanto, no se puede analizarla como tal, ni imaginar escenarios para el después de la misma manera que lo podríamos hacer con la precedente crisis.

Su característica principal, sin precedentes, es la imbricación entre una crisis sanitaria y una crisis económica bajo el signo del confinamiento. Después de la Gran Depresión, este es el Great Lockdown (Gran Bloqueo), por retomar el término del FMI 9/, en otras palabras: el gran confinamiento. La clasificación cara a los economistas tradicionales entre choques de oferta y choques de demanda pierde todo su significado, si alguna vez tuvo uno. Esta distinción es válida solo si razonamos sobre el pequeño esquema clásico, que los estudiantes de economía conocen demasiado bien, en el que una curva de oferta se cruza con una curva de demanda. Esta representación estática no corresponde a la realidad del capitalismo, que es un proceso de reproducción del capital. Es bastante divertido observar cómo un premio Nobel en economía, Paul Krugman 10/, puede extasiarse ante un estudio 11/ que descubre las interacciones entre la oferta y la demanda.

Desincronización de la crisis… y de la recuperación

Una de las características esenciales de esta crisis es difractar la economía, en otras palabras, golpear a sus diferentes segmentos de manera desigual. Las medidas globales sobre la disminución del PIB son, de hecho, solo un promedio de desarrollos muy diferenciados. Ciertos sectores se ven directamente afectados por medidas de cierre puro y simple, especialmente en el comercio minorista no esencial, otros lo son menos. Los cálculos realizados por la OFCE 12/ establecen que, a nivel mundial, la pérdida de valor agregado oscilaría entre el 47% para la rama de alojamiento-restauración hasta el 7% para la industria alimentaria y el 3% para la administración pública. Otro estudio 13/ establece que son los sectores aguas arriba cuya actividad está disminuyendo más, en otras palabras, los sectores más alejados de la demanda final. Todo ocurre como si el virus remontaba las filiales pasando desde el río abajo (la demanda) a las aguas arriba (la oferta).

Por lo tanto, los daños no se han infligido de manera justa. Por ejemplo, los sectores de servicios más afectados generalmente emplean una gran mano de obra, a menudo a bajos salarios, con contratos precarios, para los cuales el trabajo a distancia a menudo es imposible. Según la OCDE, más de un tercio de las empresas se enfrentarían con problemas de tesorería después de tres meses de confinamiento 14/. De ahí las medidas de apoyo (demora en el pago de impuestos, atraso de las deudas, toma a cargo de una parte de la masa salarial). Pero otra pequeña música comienza a amanecer: ¿no sería la crisis una buena oportunidad para eliminar a las compañías zombies que no merecen sobrevivir? Tres economistas 15/ incluso han sugerido que correspondería a los bancos decidir su destino, lo que, según ellos, permitiría “una selección eficiente, preservando a las empresas socialmente viables, sin subvencionar a las empresas zombies”.

La misma heterogeneidad aparece entre países. El estudio ya citado de la OFCE muestra que la caída del PIB varía desde el 36% para España al 12% para Japón. Pero aquí es necesario tener en cuenta la transmisión a través de las cadenas de valor. Un estudio estima en alrededor de un tercio la caída del PIB resultante de los choques transmitidos por las cadenas de suministro mundiales. Como esta caída ha sido de media de un 31.5%, “un país que no habría impuesto ningún confinamiento, habría registrado una contracción media del 11% de su PIB debido a los confinamientos en los otros países 16/”. Por eso no se puede razonar país por país: la siguiente infografía es particularmente esclarecedora en este punto. Da el origen y el valor de los componentes extranjeros incorporados a la producción de vehículos ensamblados en Francia. Existe una fuerte interdependencia regional (más del 75% de los componentes se producen en Europa) que hace que la producción sea imposible en un contexto de confinamiento-desconfinamiento no sincronizado. La interrupción de la producción en un punto de la cadena paraliza el resto de la producción, tanto más rápidamente por que la industria opera con niveles de stocks muy bajos que no permiten absorber la menor desaceleración de la producción 17/.

El virus y las hambrunas golpean al sur

El número de casos ha disminuido en Europa, al igual que el número de muertes. Pero no es lo mismo a nivel mundial, donde otras regiones han tomado de alguna manera el relevo, especialmente América Latina y parte de Asia, como se muestra en el gráfico de abajo que da el número nuevos casos a nivel mundial 18/.

Esta extensión de la epidemia está afectando a muchos países que ya se enfrentan a dificultades económicas formidables, que se ven agravadas por la crisis actual: caída de los precios de las materias primas, fuga de capitales, hundimiento de los tipos de cambio, aumento de la deuda. Por poner solo un ejemplo, los países africanos gastan más en el servicio de la deuda que en salud pública. Además, hay una crisis alimentaria y social desencadenada por la interrupción de actividades y agravada por la ausencia de ingresos adicionales, particularmente en el sector informal. Como dice la ONG Grain, millones de personas se ven obligadas a elegir entre el hambre y la Covid-19 19/.

La ofensiva diferenciada del virus prohíbe considerar una recuperación equilibrada, en otras palabras, una recuperación en la que todos los sectores se reiniciarían al mismo tiempo y al mismo ritmo.

“No desperdiciar nunca una crisis grave”

No desperdiciar nunca una crisis grave” (Never Let a Seious Crisis Go to Waste), tal es el precepto establecido en 2008 por Rahm Emanuel, jefe de gabinete de Obama. Es, dijo, “una oportunidad para hacer cosas que antes creías que no podías hacer”. Y estaba en su mente por una buena causa: “lo que antes se consideraban problemas a largo plazo, ya sea en el campo de la salud, la energía, la educación, los impuestos, la reforma regulatoria, tantas cosas que habíamos aplazado demasiado tiempo ahora están en la agenda” 20/. Milton Friedman dijo más o menos lo mismo: “Solo una crisis, sea real o percibida como tal, conduce a un verdadero giro. Cuando se produce esta crisis, las medidas que se toman dependen de las ideas que están en sintonía con los tiempos 21/”.

De hecho, se ha asistido a un verdadero giro. Los Estados y las instituciones han arrojado todos sus principios a la toalla, e incluso se puede decir que su reacción ha estado a la altura de la crisis: han actuado como si nuestras vidas valieran más que sus ganancias. Medimos el riesgo que asumimos con esta declaración provocativa, y esperamos que no se cite independientemente de lo que sigue. Pero sigamos pegando ese clavo: una buena parte de la economía se ha parado, la mayoría de los ingresos se han mantenido y todas las reglas de la ortodoxia presupuestaria se han abandonado. Es cierto que estas declaraciones deben ponerse en perspectiva: numerosos asalariados y asalariadas se han visto más o menos obligados a ir a trabajar y los precarios, algunos autónomos y comerciantes, han visto caer sus ingresos. Sin embargo no es menos cierto que se han invertido sumas considerables para compensar los efectos de la crisis. No hace falta decir también que la gestión de la crisis ha revelado enormes disfunciones que deberán evaluarse y extraerse todas las consecuencias. Sin embargo, la observación es clara: el capitalismo ha aceptado secar temporalmente sus fuentes de plusvalía y las autoridades comerse sus discursos.

Pero esta adopción incongruente de políticas heterodoxas tiene su revés: se hará todo, a su debido tiempo, para llenar el vacío. Por eso se debe esperar una reacción, donde la violencia de las medidas tomadas será de un tamaño equivalente a los abandonos a los que el capitalismo tuvo que consentir. A riesgo de atribuirle una personalidad, se podría decir que va a querer vengarse de lo que se vio obligado a sufrir. De hecho, habrá una recuperación en forma de V, pero será más bien de las políticas neoliberales. Gilbert Achcar tiene toda la razón al invocar el próximo intento de los gobiernos neoliberales de “descargar en la clase trabajadora la enorme deuda que se está contrayendo actualmente, como ya hicieron tras la Gran Recesión, reduciendo el poder adquisitivo de la gente y su propensión al gasto, llevando de este modo el mundo a una mayor agravación del actual estancamiento secular 22/”.

Backlash

Achcar tiene especialmente razón al evocar las contradicciones inherentes a esta reacción violenta (backlash por usar el término utilizado por las feministas). Las políticas de retorno al business as usual corren el riesgo de autodestruirse y conducir a una trayectoria en zigzag de las economías. En efecto, no hay simetría garantizada entre las dos ramas de la recuperación en forma de V. Una vez más, la caída no ha tenido lugar de manera homotética: todos los sectores y zonas de la economía mundial no se han visto afectados y no se reiniciarán en las mismas proporciones. La reactivación de las políticas neoliberales no tendrá lugar de manera coordinada y sin duda desencadenará reacciones en cadena que conducirán a nuevas formas de recesión.

Un primer ejemplo lo da el mercado de trabajo. No hay que olvidar que los beneficios también se han visto afectados, como explica el economista Eric Heyer: “las empresas han sufrido pérdidas de 40 mil millones de euros. Esto significa que en ocho semanas, perdieron el equivalente del Crédito Fiscal para la Competitividad y el Empleo (CICE) establecido bajo François Hollande. Todo este esfuerzo económico, esta transferencia del Estado a las empresas, desapareció durante el confinamiento. Eso corresponde a una caída de 3 puntos en la tasa de margen de las empresas, es gigantesco 23/”.

Todo apunta al hecho de que se avanza hacia sistemas que harán de la masa salarial una de las principales variables de ajuste que permita restaurar la rentabilidad de las empresas. Reducción del desempleo parcial, acuerdos de mantenimiento del empleo, aumento de la jornada de trabajo, automatización acelerada 24/: todas las señales ya están ahí. Ello significa que se tiende a una recuperación sin empleo, es decir, a relanzar la economía reduciendo al máximo los efectivos laborales. Pero el efecto de retorno es un freno a la reanudación del consumo: de hecho, no se puede congelar, o incluso disminuir, la masa salarial y al mismo tiempo impulsar el consumo. A menos que se cuente con una reconversión del ahorro forzoso de los hogares cuyos ingresos se hayan preservado un poco, mientras que su consumo estaba confinado.

Este círculo vicioso puede extenderse a toda la economía europea, incluso mundial. La desincronización de las economías plantea la cuestión de la coordinación de las respuestas. En términos de salud, está claro que la coordinación ha sido casi inexistente: cada país ha reaccionado a su manera, y como ha podido, a pesar de que el virus no parece conocer fronteras. Esta pregunta se planteará de nuevo de forma aguda cuando se disponga de una vacuna (o de vacunas) y hay que estar preocupado por ello, ya que la Unión Europea hasta ahora ha dependido de la investigación en partenariado con empresas privadas guiadas por criterios distintos del interés público 25/.

Con la recuperación económica, todos los países buscarán, con posibilidades muy desiguales de éxito, capturar la mayor fracción posible de la reanudación del comercio de mercancías. A corto plazo, la forma más adecuada es ganar competitividad reduciendo el coste salarial: ciertamente, la competitividad depende de muchos otros factores, pero sobre los que no se puede intervenir rápidamente. Entonces nos encontraríamos con una configuración, completamente clásica, donde todos o casi pierden en este pequeño juego: en el pasado reciente ya se han visto recesiones autoinfligidas por tales políticas.

Hay, por cierto, un correctivo poderoso a los progresos, ciertamente tímidos, en la coordinación de las políticas fiscales europeas. Los mismos países que, en el lado del patio, acuerdan, incluso arrastrando los pies, pedir prestado juntos para cubrir sus deudas, se enfrentarán, en el lado del jardín, a una competencia exacerbada por la conquista o la preservación de sus cuotas de mercado. Esta competencia bien podría combinarse con una tendencia al proteccionismo, invocando la necesidad de recuperar una soberanía socavada por la globalización. El tema de la reubicación, aunque legítimo, plantea importantes problemas, ya que puede utilizarse para recuperaciones soberanistas. Lo demuestra una encuesta reciente que muestra que una abrumadora mayoría de los encuestados está a favor de promover la autonomía agrícola de Francia, la reubicación de empresas industriales y la investigación y producción de laboratorios farmacéuticos en Francia 26/. Muchos países han tomado medidas proteccionistas, y el enfrentamiento de Trump contra China se intensificará. Independientemente de su legitimidad, e incluso de su viabilidad, tales medidas ejercerán una presión recesiva sobre la dinámica de la economía mundial, que también tendrá efectos muy diferenciados.

Esta combinación paradójica de competitividad ofensiva y proteccionismo defensivo es un factor duradero en la desorganización de la economía mundial. Pero en última instancia es bastante coherente con la mezcla de neoliberalismo y autoritarismo que caracteriza a la gobernanza de muchos países en la actualidad.

El boomerang de la consolidación financiera

Por el momento, los países europeos avanzan lentamente hacia la mutualización y la monetización de las deudas públicas, en cualquier caso de la deuda adicional vinculada a la crisis 27/. Pero se debe esperar el regreso de los argumentos ortodoxos. Dadas las tasas de interés muy bajas, incluso negativas, hoy tienen poca resonancia. Algunos han blandido el espantapájaros de la inflación sin mucha convicción. Dos economistas de la Banque de France (probablemente en servicios solicitados a instigación de su gobernador François Villeroy de Galhau) han tratado de hacer un trabajo educativo demostrando que no hay “dinero mágico” y advirtiendo del riesgo de una “espiral inflacionista” 28/. Este es el único argumento que queda para los defensores de la ortodoxia contra las políticas no convencionales.

No resistimos la tentación de reproducir el siguiente gráfico, que es suficiente para ridiculizar este argumento: se ve que, desde 2010, las previsiones sucesivas del BCE (línea punteada) anticipaban sistemáticamente una recuperación de la inflación (hacia su objetivo del 2%) y que todas han sido desmentidas.

Por el momento, los mercados financieros están jugando al juego comprando bonos de deuda pública que el BCE recompra inmediatamente. Pero estos mercados no son pura abstracción: están constituidos, como recuerda Adam Tooze, “de un grupo discreto de actores más o menos importantes, unidos por redes especializadas de información e intercambio 29/”. Y Tooze evoca en términos violentos sus intervenciones anteriores: “desempeñaron menos el papel de guardianes de la libre competencia que el de los escuadrones de la muerte paramilitares que actúan con la complicidad de las autoridades”. Las políticas no convencionales se toleran en el contexto actual, pero si se extendieran más allá de lo que los mercados aceptan hoy, se asistiría a la vuelta de la “disciplina de mercado” y los Estados deberían de nuevo someterse a lo que Wolfgang Streeck 30/ llama el “pueblo de los mercados” (Marktvolk).

Las distorsiones significativas hechas a la ortodoxia presupuestaria europea sin duda han dejado un sabor amargo entre sus defensores más convencidos. ¿Cuánto tiempo pasará antes de que se den cuenta de que han ido demasiado lejos y que es necesario, tan pronto como sea posible, volver a las políticas de consolidación, en otras palabras, de austeridad? Es una nueva espada de Damocles que pesa sobre la trayectoria económica por venir, incluso aunque se puede pensar que el retorno a la ortodoxia no será inmediato.

¿Corregir al capitalismo?

Todas las incertidumbres que se ciernen sobre el regreso a la normalidad conducen a volver a la idea de que la pandemia solo ha desencadenado una crisis que ya estaba en proceso. Si este análisis puede ser criticado, es cierto que la recuperación será aún más caótica, ya que debería hacerse desde un sistema que ya estaba en muy mal estado de salud. La crisis de 2008 podría ya analizarse como la crisis de respuestas a crisis anteriores. La crisis actual es, por lo tanto, una crisis al cuadrado.

¿Será una oportunidad para que el capitalismo se regenere? Según el historiador Walter Scheidel 31/, los episodios de reducción de las desigualdades se han desencadenado históricamente por un choque inicial que tomó cuatro formas: guerra, revolución, colapso de un Estado o… pandemia mortal. Son para él los “cuatro jinetes de la nivelación”, en resumen, los “Cuatro Jinetes del Apocalipsis” (para los ricos).

¿Estamos en este escenario con la pandemia actual? Tras la Segunda Guerra Mundial, el capitalismo se transformó, con una mayor regulación del mercado de trabajo y el establecimiento, en diversas formas, de un Estado del bienestar. Pero las circunstancias fueron particulares en varios puntos: parte del aparato productivo había sido destruido, los activos financieros se habían derrumbado, las ganancias potenciales de productividad eran significativas y una amenaza interna o externa se cernía sobre el orden social.

Hoy no están reunidos los ingredientes, al menos en esta fase inicial de consideración. Por ahora los dominantes tienen cierto interés en soltar el lastre, incluso desde su punto de vista. Además de eventuales consideraciones éticas (o la toma en consideración del grado de aceptabilidad social), no era posible enviar a todo el mundo al interruptor sin poner en peligro la reproducción general del sistema.

El hecho es que al abandonar los dogmas que rigen el funcionamiento de la economía, los gobiernos han socavado toda la ideología neoliberal. Signo de los tiempos, sin duda, Olivier Passet elige llamar “progresista” (sin las comillas) a este pensamiento. Pero señala la “bancarrota” del mismo: “todo lo que forjaba nuestra [sic] representación de una economía eficiente es derrotado: no, la abolición de las distancias, el alargamiento de las cadenas de valor, la división del trabajo cada vez mayor, no son el indiscutible Alfa y Omega de la eficiencia económica, etc. 32/”.

Quizás debería recordarse aquí que el capitalismo es un sistema económico pero también una relación social. Dicho de otra forma, es un sistema que funciona en beneficio de una capa social. Corregir su funcionamiento actual implicaría modificar los mecanismos económicos específicamente económicos, pero también atacar en última instancia los privilegios de las clases dominantes.

Por lo tanto, es fácil prever que el capitalismo resistirá. Resistencia a una revalorización de los salarios, a la regulación del mercado de trabajo y a las restricciones ambientales: porque es necesario restablecer la tasa de ganancia. Resistencia también a las relocalizaciones: porque el beneficio de las multinacionales depende de la explotación de la mano de obra de los países periféricos y de sus recursos naturales.

Pongámonos, por un momento, en el lugar de la burguesía frente a la pandemia. Ella descubre que necesita mano de obra en el trabajo pero que no puede (políticamente) enviar a la gente al rompehielos; que no ha previsto las mascarillas, los test y que ha suprimido demasiadas camas de hospital para ofrecer algo más que confinamiento. Por lo tanto, se ve obligada a renunciar parcialmente a sus reglas y tabúes para acompañar la situación.

Después de un tiempo, toma la medida del impacto en sus intereses y avanza sus peones para el día siguiente. El principio general es afirmar que las medidas excepcionales tomadas en la tormenta son provisionales. Además, se lanzan globos de prueba para decir que deberán tomarse medidas de recuperación.

La gran revelación

Una de las propiedades notables de esta crisis es haber generado efectos de revelación. Se ha descubierto, o redescubierto, que los trabajos esenciales para un mínimo de vida social y económica estaban ocupados por aquellos que Macron decía que no eran nada. Se ha descubierto, o redescubierto, que no había correspondencia entre los salarios otorgados a estas trabajadoras y trabajadores y su utilidad social. También se ha constatado que numerosos empleadores rapaces estaban dispuestos a exponer a sus asalariados al riesgo de la epidemia, mientras que algunos de ellos estaban inscritos en el desempleo parcial.

Una de las grandes contribuciones de Marx es su análisis del fetichismo de la mercancía de la cual Antoine Artous dio una definición sintética; es “el hecho de que una relación social entre hombres se presenta como una relación entre cosas; en este caso, el valor de los bienes, a través del cual se organiza el intercambio, se percibe socialmente como su atributo natural, mientras que es generado por relaciones de producción específicas 33/”.

Es en la Sección Primera del Libro Primero de El Capital donde Marx trata de “El fetichismo de la mercancía y su secreto” para mostrar que “es solo la determinada relación social de los hombres lo que aquí toma para ellos la forma fantasmagórica de una relación entre las cosas” (ver recuadro). Agrega un poco más adelante que el “movimiento social» de valores (las fluctuaciones económicas) “las relaciones de los productores, en las cuales se afirman caracteres sociales de sus trabajos adquieren la forma de una relación social entre los productos del trabajo”. Estos desarrollos, de los cuales se dan algunos extractos en el recuadro a continuación, son de actualidad. A pesar de su enunciado abstracto, arrojan luz sobre uno de los desafíos de la coyuntura abierta por la crisis. Esta última ha recordado que es el trabajo de las mujeres y de los hombres el verdadero motor de la vida social. También nos hemos dado cuenta de que, en su mayor parte, las actividades esenciales, vitales, no pueden hacerse por teletrabajo.

Pero hay más. La experiencia que se podría, al menos temporalmente, prescindir de ciertos consumos; la constatación de la vulnerabilidad de la organización globalizada de la producción; la puesta al desnudo de las desigualdades; la manera en que las leyes económicas han debido y podido ser violadas de forma arrogante, todo esto contribuye a plantear formidables interrogaciones sobre los beneficios del orden social existente y su carácter inmutable. En resumen, se ha levantado una esquina del velo y, para usar los términos de Marx, los seres humanos pueden querer recuperar el control sobre las cosas.

El carácter fetiche de las mercancías y su secreto (extractos 34/)

¿De dónde viene la naturaleza enigmática del producto del trabajo tan pronto como reviste la forma de una mercancía? Proviene, evidentemente de esta misma forma.

El carácter de igualdad de los trabajos humanos adquiere la forma de los productos del trabajo; la medida de los trabajos individuales según su duración, adquiere la forma de la magnitud del valor de los productos del trabajo; finalmente, las relaciones de los productores, en las cuales se afirman caracteres sociales de sus trabajos adquieren la forma de una relación social entre los productos del trabajo. He aquí por qué estos productos se convierten en mercancías, es decir, en objetos que se aprecian y no se aprecian con los sentidos, en objetos sociales.

Por lo tanto, lo que es misterioso en la forma mercantil consiste simplemente en que devuelve a los hombres la imagen de las características sociales de su propio trabajo como caracteres objetivos de los productos del trabajo, como cualidades sociales que estas cosas poseerían por naturaleza: así les devuelve la imagen de la relación social de los productores con el trabajo global, como una relación social que existe fuera de ellos, entre los objetos. Es este malentendido lo que hace que los productos del trabajo se conviertan en bienes, cosas sensibles que son suprasensibles, cosas sociales.

(…) La forma valor y la relación de valor de los productos del trabajo no tienen absolutamente nada que ver con su naturaleza física. Es solamente una relación social determinada de los hombres entre sí lo que reviste para ellos la forma fantasmagórica de una relación entre las cosas. (…) Esto da lugar a que… las relaciones entre sus trabajos privados aparezcan como lo que son; es decir, no como relaciones sociales inmediatas entre las personas en sus trabajos, sino más bien como relaciones sociales entre las cosas.

(…) De hecho, el carácter de valor de los productos laborales solo se pone de manifiesto cuando se determinan como cantidades de valor. Estas últimas cambian sin cesar, independientemente de la voluntad y las previsiones de los productores, a los ojos de los cuales su propio movimiento social toma, de este modo la forma de un movimiento de las cosas, movimiento que les controla y al que ellos no pueden dirigir.

¿Serán felices los próximos días?

El efecto de revelación debería conducir a una conciencia como esta: “mañana tendremos que aprender desde el momento en que estamos pasando, cuestionar el modelo de desarrollo en el que nuestro mundo se ha involucrado durante décadas y que revela sus fallas a plena luz del día, cuestionando las debilidades de nuestras democracias. (…) Lo que revela esta pandemia es que hay bienes y servicios que deben colocarse fuera de las leyes del mercado”. O también: “cierta idea de la globalización termina con el fin de un capitalismo financiero que había impuesto su lógica a toda la economía y había contribuido a pervertirla. La idea de la omnipotencia del mercado que no debería ser frustrada por ninguna regla, por ninguna intervención política, era una idea loca. La idea de que los mercados siempre tienen razón era una idea loca”.

Sin duda habremos reconocido la primera proclamación, que es de Macron 35/. ¿Pero se pensar seriamente que tendrá más efectos que la anterior, extraída del famoso discurso de Toulon pronunciado por Nicolas Sarkozy en 2008 36/? En realidad, los dominantes harán todo para garantizar que volvamos a los business as usual. Se hará todo lo posible para mostrar que el destino de los individuos está vinculado al del sistema, que la reanudación de la actividad como antes es, por lo tanto, la condición para la vuelta al empleo. Y si la convicción no es suficiente, el chantaje al empleo, ya iniciado, hará el resto 37/. Esta aspiración de volver a la normalidad también es compartida por muchos que desean olvidar los traumas relacionados con el confinamiento y/o que necesitan compensar sus ingresos perdidos, en resumen, de curar las heridas de todo tipo infligidas por la epidemia.

¿Qué se necesita para evitar que se caiga el velo? Primero, por supuesto, una perspectiva de transformación social, alimentada por las lecciones aprendidas de la crisis. Y no faltan propuestas: se ha escuchado la consigna del presidente Mao: “¡Que florezcan cien flores, que compitan cien escuelas!” A pesar de todo, es obligado constatar que este trabajo de elaboración se lleva a cabo en desorden, que está débilmente coordinado y que a menudo se atasca en controversias acerbas o muy técnicas. En lugar de entrar en estos debates, al menos aquí, nos gustaría enfatizar aquí en el enfoque emprendido en el plan para poner fin a la crisis 38/ propuesto por un arco de fuerzas relativamente nuevo. Esboza la formación de un bloque que reúne a sindicatos (CGT, Solidaires, Confederación Campesina, FSU), organizaciones medioambientales (Greenpeace, Oxfam, Amigos de la Tierra) o altermundialistas como Attac. Este es su primer interés, el de combinar objetivos sociales y ambientales: este es un punto esencial, ya que la crisis va a ser tomada como un pretexto para posponer las inversiones necesarias para la transición ecológica (el corte – presupuestario – está lleno) o para relajar las regulaciones, en nombre del empleo.

Pero este texto tiene otro interés, el de articular los diferentes pisos 39/ de un proyecto de transformación social: medidas inmediatas relacionadas con las modalidades de desconfinamiento, medidas sociales más estructurales (y los medios de financiarlas), todo lo cual forma parte de un proyecto de reconversión ecológica y social de las actividades.

Este llamamiento es ciertamente incompleto, a veces evasivo y sin duda insuficientemente radical, pero no se puede más que estar de acuerdo con su orientación general. En cualquier caso, hay que profundizar este tipo de elaboración. ¿Quizás habría que agregar propuestas fuertes y sintéticas como la de un “impuesto de emergencia covid-19” presentado por un colectivo europeo 40/? ¿Quizás deberíamos también hacer del tema de la condicionalidad un eje transversal? Mariana Mazzucato, una economista que hace campaña por la rehabilitación de la intervención pública, ha insistido acertadamente en este punto: esta vez, dice, “las medidas de rescate deben estar absolutamente acompañadas de condiciones. Dado que el Estado, una vez más, está desempeñando un papel principal, debe ser visto como un héroe en lugar de un ingenuo (patsy). Por lo tanto, se deben proporcionar soluciones inmediatas, pero diseñadas para servir al interés público a largo plazo. Por ejemplo (…) se debe pedir a las empresas que se benefician de un plan de rescate que mantengan a sus trabajadores y asegurarse de que, una vez que termine la crisis, inviertan en formación y en mejorar las condiciones de trabajo 41/”.

El gobierno francés ha gestionado la crisis evitando cuidadosamente cualquier forma de control democrático, parlamentario o institucional. Ha preferido la infantilización de los ciudadanos, junto con una represión muy característica del neoliberalismo autoritario de Macron. Pero las aspiraciones de cambio también podrían desconfinarse, y eso es lo que teme este gobierno. En este deseo de recuperar el control reside la posibilidad de ver un nuevo bloque social capaz de imponer transformaciones radicales.

Notas:

1/ Walter Benjamin, París, capital del siglo XIX, citado en Razmig Keucheyan, La nature est un champ de bataille, 2018.

2/ Antoine de Saint-Exupéry, Citadelle , 1948.

3/ OCDE, Economic Outlook , junio de 2020.

4/ Solo retomamos muy parcialmente los desarrollos propuestos en precedentes contribuciones“El caos de la economía mundial”, Viento Sur, nº 170, 2020; disponibles en la web de Viento Sur, “Repunte o caída”, 29 de abril de 2020; “Sobre la vacuidad de la ciencia económica oficial: el arbitraje entre actividad económica y riesgos para la salud”, 14 de abril de 2020; “Neoliberalismo contaminado”, 31 de marzo de 2020. Véase también “Une reprise économique en ‘V’, vraiment?”, Alternatives économiques, 3 de junio de 2020.

5/ Frédéric Boccara y Alain Tournebise, “¡Le coronavirus précipite la crise, ne la cause pas!”, Les économistes atterrés, marzo de 2020.

6/ Michael Roberts “It was the virus that did it”, 15 de marzo de 2020.

7/ Eric Toussaint, “No, el coronavirus no el responsable de la caída del precio de las acciones”, 4 de marzo de 2020.

8/ Sobre este punto, véase: Robert G. Wallace, Big Farms Make Big Flu: Dispatches on Infectious Disease, Agribusiness, and the Nature of Science, Monthly Review Press, New York, 2016; Sonia Shah, “Contre les pandémies, l’écologie”, Le Monde diplomatique, marzo de 2020.

9/ FMI, The Great Lockdown, World Economic Outlook, Abril de 2020.

10/ Paul Krugman, “https://twitter.com/paulkrugman/status/1246152855456755713… “, twitter, 3 de abril de 2020.

11/ Veronica Guerrieri, Guido Lorenzoni, Ludwig Straub, Iván Werning, “Macroeconomic Implications of COVID-19: Can Negative Supply Shocks Cause Demand Shortages?”, 2 de abril de 2020.

12/ OFCE, “Évaluation de l’impact économique de la pandémie sur l’économie mondiale en avril 2020”, 5 de junio de 2020.

13/ Jean-Noël Barrot, Basile Grassi, Julien Sauvagnat, “Sectoral effects of social distancing”, Marzo de 2020.

14/ Lilas Demmou et al., “Corporate sector vulnerabilities during the Covid-19 outbreak: assessment and policy responses”, OECD, 5 de mayo de 2020.

15/ Olivier Blanchard, Thomas Philippon, Jean Pisani-Ferry, “A New Policy Toolkit Is Needed as Countries Exit COVID-19 Lockdowns”, Peterson Institute for International Economics, Junio de 2020.

16/ Barthélémy Bonadio, Zhen Huo, Andrei Levchenko, Nitya Pandalai-Nayar, “The role of global supply chains in the COVID-19 pandemic and beyond”, voxeu, 25 de mayo de 2020.

17/ Elie Gerschel, Robin Lenoir, Isabelle Mejean, “Coordonner le déconfinement de l’Europe, un enjeu économique fort”, IPP, 5 de junio de 2020. La infografía está extraída de la web worldview. stratfor.com.

18/ Emma Reynolds and Henrik Pettersson, “Confirmed coronavirus cases are rising faster than ever”, CNN, 5 de junio de 2020.

19/ Grain, “Des millions de personnes forcées de choisir entre la faim ou le Covid-19”, 19 de mayo de 2020.

20/ Rahm Emanuel, “You never want a serious crisis to go to waste”, The Wall Street Journal, video, November 18, 2008. Esta fórmula ha sido retomada irónicamente por Philip Mirowski, como título de su notable obra, Never Let a Serious Crisis Go to Waste, 2013, cuyo subtítulo es elocuente: “Como el neoliberalismo ha sobrevivido al hundimiento financiero” (How Neoliberalism Survived the Financial Meltdown).

21/ Milton Friedman, Capitalisme et liberté, 1971 [en castellano Capitalismo y libertad, ed. Síntesis, 2012].

22/ Gilbert Achcar, “¿Autoextinción del neoliberalismo? ¡Ni lo sueñes!”, 30 de abril de 2020.

23/ Eric Heyer, “La crise sanitaire accélère la transition vers une croissance soutenable”, AOC, 22 de mayo de 2020.

24/ Patrick Artus, “Il va falloir soutenir la robotisation des entreprises françaises”, 22 de mayo de 2020.

25/ Global Health Advocates – Corporate Europe Observatory, “Au nom de l’innovation. L’industrie contrôle l’usage des fonds européens pour la recherche et néglige l’intérêt public”, mayo de 2020.

26/ Sondage Odoxa, “Coronavirus : les Français font des relocalisations la priorité de l’après-crise”, Les Echos, 13 de abril de 2020.

27/ Hemos abordado este punto en“El caos de la economía mundial”, Viento Sur, nº 170, 2020.

28/ Jean Barthélemy et Adrian Penalver, “La monnaie de banque centrale n’a rien de magique”, Bloc-notes Eco, Banque de France, 20 de mayo de 2020.

29/ Adam Tooze, “Time to expose the reality of ‘debt market discipline‘”, Social Europe, 25 de mayo de 2020.

30/ Wolfgang Streeck, Comprando tiempo. La crisis pospuesta del capitalismo democrático, Argentina, 2016.

31/ Walter Scheidel, The Great Leveler. Violence and the History of Inequality from the Stone Age to the Twenty-First Century, 2017; ver también este resumen de su libro: Walter Scheidel, “What Tames Inequality? Violence and Mayhem The Chronicles of Higher Education”, febrero de 2017.

32/ Olivier Passet, “La faillite financière de la pensée progressiste”, Xerfi, 15 de abril de 2020.

33/ Antoine Artous, Le fétichisme chez Marx. Le marxisme comme théorie critique, Éditions Syllepse, 2006.

34/ Karl Marx, El Capital, E.D.A.F, Madrid, 1967, pp. 74-77.

35/ Emmanuel Macron, “Adresse aux Français”, 12 de marzo de 2020.

36/ Nicolas Sarkozy, “Discours de Toulon”, 25 de septiembre de 2008.

37/ Romaric Godin, “Le chantage à l’emploi s’impose comme politique économique”, Mediapart, 2 de junio de 2020.

38/ CGT, Attac et al., “Plan de sortie de crise”, 26 de mayo de 2020.

39/ Nos permitimos reenviar a un pequeño texto proveniente de un grupo de economistas franceses vinculados con el Front de Gauche en el que participamos: “Transformation sociale: une fusée à trois étages”, 28 de noviembre de 2011. Los tres “pisos” eran los siguientes: 1. Retomar el control: emprender la ruptura, asentar la legitimidad de la experiencia; 2. Bifurcar: enraizar el proceso de transformación; 3. Reestructurar: esbozar un nuevo modo de desarrollo.

40/ Colectivo, “Por una tasa Covid-19 en Europa”, 12 de junio de 2020 (Susan George, Miguel Urbán y 45 firmas más).

41/ Mariana Mazzucato, “Capitalism’s triple crisis”, Social Europe, 9 de abril de 2020.

Texto original: Le capitalisme sur le fil du rasoir

Traducción Viento Sur

Fuente: https://www.vientosur.info/spip.php?article16102

El modelo de producción antropogénetica y la sociedad del polen

por Giuseppe Cocco

 

El modelo antropogenético

Christian Marazzi (2008) habla de «la aparición de un modelo antropogenético». Para él, la producción de conocimiento a través del conocimiento es en realidad un modelo de «producción del hombre a través del hombre», en el que las posibilidades de crecimiento endógeno y acumulativo se refieren, sobre todo, al desarrollo del sector educativo (inversión en capital humano). ), el sector de la salud (cambio demográfico, biotecnologías) y la cultura (innovación, comunicación y creatividad). Es decir, los factores de crecimiento son directamente atribuibles a la actividad humana (…), es decir, a la producción de formas de vida y, por lo tanto, a la creación de valor agregado, que define la naturaleza de la actividad humana «(2008). También es cierto para la innovación, necesitamos indicadores que tengan en cuenta las innovaciones «humanas»: el marco que tenemos que abordar es el de una bioeconomía (Fumagalli, 2007).

En el modelo antropogenético, el conocimiento del que estamos hablando es en realidad el hombre mismo: formas de vida que producen formas de vida. La cuestión del significado y, en este sentido de innovación, se refiere a la relación entre cultura y naturaleza que conlleva el modelo antropogenético. Si la racionalidad instrumental típica de la modernidad occidental ya no funciona, ¿dónde encontraremos un patrón de valor e importancia para una relación entre cultura y naturaleza que se ha vuelto obsoleta? Es aquí donde tenemos los términos del tema ecológico y “ambiental” y la conexión que tienen con los desafíos de la innovación en el capitalismo o más allá del capitalismo cognitivo. La ecología no es un problema de límite externo (natural) para el desarrollo humano (cultura), sino de una relación inmanente y democrática entre el desarrollo (cultura) y el mundo (naturaleza): ¡la ecología es una cuestión de inmanencia y valor!

Las reflexiones sobre la Amazonia y sobre la inserción de Brasil en el mundo (Cocco, 2009) indican una de las líneas de conflicto nuevas y fundamentales que cruzan la bioeconomía (y el capitalismo cognitivo). Por un lado, tendremos un horizonte en el que la producción antropogénica se reduce a un nuevo tipo de antropocentrismo, reproduciendo la división occidental entre cultura y naturaleza, en una dinámica que hace imposible aprehender la inmanencia de nuestra condición terrenal. Aquí, la crisis de valor se presenta como una catástrofe: pérdida del mundo. Incluso cuando se habla de la protección de la naturaleza, se realiza de acuerdo con el mecanismo de trascendencia, de una cultura (protección) separada de la naturaleza (bosque).

Por esta razón, son los pueblos indígenas  – con su animismo–  los que mejor constituyen el horizonte para otra relación entre cultura y naturaleza. Y las reservas (especialmente cuando están demarcadas continuamente) adquieren una dimensión completamente diferente a la que le fue atribuida por la lógica estatal. Por otro lado, la propagación antropogenética puede considerarse como antropomorfismo animista, desde el perspectivismo amerindio (Viveiros de Castro 2002, Cocco 2009). Esto nos permite pensar en la hibridación de la cultura y la naturaleza, en términos de los colectivos que habitan en la antropología simétrica de Latour (1994); aquí la crisis de valor se abre a la construcción de un mundo como desafío  democrático de movilización de los híbridos de naturaleza y cultura, de humanos y no humanos. La antropología de la cosmología amerindia en Brasil renueva, en términos innovadores, el trabajo que la etnología ha desarrollado desde los años sesenta y ochenta para aprehender la pluralidad de formas de intercambio, contra la concepción de la economía política que afirma que el mercado es universal (Karpik: 2007, p.22).

Aquí, la innovación es brasileña, animista y antropófaga: el perspectivismo amerindio es radicalmente no antropocéntrico. La antropofagia define un antropomorfismo cuya propagación es puro cambio. El sistema de innovación que necesitamos es un «sistema de innovación antropofágica»: es el botín y el regalo, la relación de alteración que hace que el framing de la violación de patentes (en el caso de los medicamentos), del «muestreo» como base de las actividades, de crear tecnobrega (de Belém do Pará), funk de Río (como estaban en la base del tropicalismo). La noción de inmaterial se refiere a la dimensión relacional y lingüística del trabajo y a su tornarse praxis, más allá  de la dialéctica sujeto-objeto. Su modelo es, pues la creación artística que, a su vez, se parece cada vez más a «la creación científica que siempre ha trabajado en red, un trabajo que se trabaja por encima del otro, que requiere un complejo aparato institucional complejo de producción propiamente colectiva» (Viveiros de Castro, 2007).

En este contexto, hablar del trabajo inmaterial significa aprehender la recomposición materialisima de la mente y la mano, en la dirección opuesta a la «espiritualización» jerárquica del mundo. El trabajo inmaterial tiene como base tecnológica lo que Christian Marazzi, utilizando el «manifiesto cyborg» de Donna Haraway, llama «Máquina del cuerpo». En otras palabras, el disyuntivo que genera la desmaterialización del capital fijo y la transferencia de sus funciones productivas y organizativas en el cuerpo vivo de la fuerza laboral es lo que separa la creciente importancia del trabajo cognitivo que produce el conocimiento y las formas de vida como mecanismos. aspectos fundamentales de la producción de riqueza y, al mismo tiempo, su devaluación en términos de salarios y empleo. La disyuntiva está en el no reconocimiento político de la mutación (la subsunción de la vida como un todo) para permitir su control socioeconómico.

Decir que el trabajo se ha vuelto inmaterial significa afirmar que, en la posmodernidad, son las dimensiones relacionales del trabajo las que determinan las dimensiones objetivas (de la relación sujeto / objeto), típicas del proceso de trabajo industrial. La antropología permite una profundización de esta dimensión relacional, lingüística del trabajo, recuperando e incluyendo una nueva forma de entender la relación con la naturaleza, con la historia común que constituyen la sociedad y el medio ambiente. Una producción que es la producción de mundos dentro de un rango abierto de posibilidades, más allá del antropocentrismo .

Aquí debemos aprehender las innovaciones que se encuentran en las reservas indígenas, en los territorios de los quilombolas, en los Puntos de Cultura, en los asentamientos de reforma agraria, en las incubadoras de empresas solidarias, entre otros espacios. Es allí que la res nullius (la tierra vacante) se convierte en una común que incluye muestreo, mezcla y mestizaje antropofágico entre cultura y naturaleza, un devenir de innovación en el Amazonas. El world making que da sentido a la difusión del conocimiento tiene un nuevo horizonte en la Amazonía de Brasil y en el devenir Brasil del mundo, desde la perspectiva de la cual pensar en un nuevo tipo de indicadores.

 

La sociedad del polen y lo común como un nuevo estándar de valor

Del lado de los gobiernos, inmersos en la crisis, esto parece estar organizado en torno al discurso del «crecimiento ecológicamente sostenible», en términos del debate que tuvo lugar frente a la quiebra del grupo de fabricantes de automóviles norteamericanos: aquellos que sobrevivirán (gracias a la intervención estatal) se espera que se contraigan (con menos empleados) y produzcan autos sostenibles. Esto se refiere a la definición de un nuevo motor de crecimiento y, sobre todo, al intento de restablecer un criterio de valor para anclar una nueva dinámica de acumulación.

Estos desplazamientos están lejos de ser definidos, estables y cerrados. No dice que este replanteamiento puede ocurrir sin una redefinición radical de los fundamentos mismos del capitalismo, del régimen legal de la propiedad privada y estatal. Por definición, la búsqueda de una economía sostenible no garantiza en sí misma ningún objetivo: un patrón natural. El «respeto» de la naturaleza sigue siendo el producto de una razón tan instrumental como la que «ataca» a la naturaleza. En ambos casos, el modelo antropogenético reproduce el antropocentrismo occidental y su trascendencia. El «respeto» de la naturaleza «natural» termina oponiéndose a ella: políticas sociales. El humanismo se revela por lo que es: un anti-humanismo. La continuidad de las actividades depredadoras de la naturaleza reproduce el derecho a dominar todo lo que no es humano. Este fue el instrumento fundamental para el dominio de los hombres sobre aquellos animales antropomórficos que no tenían alma y cuyas vidas no merecían ser vividas: los indios, los negros, los gitanos, los judíos, los musulmanes, etc.

Necesitamos indicadores que puedan reconocer las dimensiones cualitativas y sociales de la actividad económica y desnaturalizar sus recursos para afirmarlos como artefactos, híbridos de cultura y naturaleza. Estos pasan a ser cruzados por criterios de valoración social – relacionales y de perspectiva – que ya no encajan en la simple contabilidad de «costos». De repente, la privatización del dominio público como un derecho irrestricto de usufructo de un bien necesita ser revisado a fondo. Para los bienes materiales, sucede exactamente lo que ya está sucediendo para los bienes inmateriales: a la propiedad privada le resulta difícil mantener económicamente las posiciones adquiridas (debido, por ejemplo, a la piratería) y se convierte (en forma de derechos de autor y patentes) en un obstáculo para las políticas públicas (como en el caso de la ruptura de patentes sobre medicamentos para combatir el SIDA) e incluso para la dinámica misma de la cooperación creativa (que encuentra nuevas formas de propiedad común: copyleft y software libre). Lo común es cultura y naturaleza al mismo tiempo: nuestra inmanencia terrestre.

Nuestra referencia debe ser el carácter doblemente artificial de la convención de propiedad del conocimiento (de bienes de conocimiento y obras artísticas). Por un lado, esta dimensión artificial es el hecho de que una convención humana no depende de ninguna necesidad natural, sino que se basa en una norma legal que debe ser aceptada, legitimada. Por otro lado, es artificial porque depende del artefacto humano y el grado de desarrollo técnico de una sociedad.

Hoy, una serie de innovaciones técnicas han desestabilizado los modelos económicos de remuneración (crisis de valor): el cambio que crea problemas es el carácter indivisible del buen conocimiento. En el modelo anterior, fueron los efectos de la escala (la multiplicación de lectores de un periódico, por ejemplo) lo que hizo rentables las inversiones. Hoy, el público se construye mediante procesos que asocian la comunidad y la singularización. El marketing se ve amenazado por las técnicas automatizadas de creación de perfiles de clientes, a través de la explotación de cookies (memorización de sitios web visitados por usuarios de Internet), por ejemplo. La singularización del consumidor permite pensar en los servicios vinculados a los productos: la fuerza de ventas debe convertirse en una capacidad de escucha de la vida singular. Es la minería de datos (la exploración en tiempo real de los datos acumulados sobre el uso de Internet) vinculada a otros mecanismos interactivos que promueven la efectividad de las redes comerciales a través de procesos ascendentes: relaciones de proximidad y propagación. Esta es la sociedad del polen. Si abandonamos las metáforas del trabajo humano como el de las hormigas, desarrollando el de la colmena, podemos ver que (además de la producción de miel excedente, inicialmente destinada al autoconsumo, la creación de reinas y futuras abejas, así como el beneficio del apicultor) La construcción de la red material de los compartimentos de la colmena en cera es la construcción de la red cognitiva del territorio, que sirve para recolectar polen de flor en flor. El análisis tradicional del valor (y la innovación) se limita a la producción de miel que puede comercializarse en el comercio y, por lo tanto, a una racionalidad instrumental dirigida a un fin (miel) apropiado en forma de derechos de propiedad pública o privada (propiedad del Estado). La desaparición de las abejas, debido al uso y abuso de pesticidas, ha demostrado que la polinización es esencial para la agricultura y también para los bosques «salvajes». Más que eso, incluso calculado en términos de producción agrícola, el valor creado por el trabajo indirecto, inmaterial y de polinización relacional es «n» veces más importante que la producción de miel material (directa).

La actividad de polinización aparece como una multitud de singularidades que cooperan entre sí sin dejar de serlo. Pero la polinización no es una evolución natural. Es algo artificial e incluso de naturaleza contraria: interespecífico. La polinización necesita instituciones que reconozcan el intercambio común de una red, la red como res nullius: que pertenece a todos y cada uno, ya sea la comunidad de Internet o la reserva indígena Raposa Serra do Sol en Roraima. Al mismo tiempo, la polinización es el hecho de que una actividad, ir de flor en flor, no termina donde la diversión (felicidad o amor como una forma superior de conocimiento) es un indicador de valor como una construcción de significado, construcción de un mundo.

Estamos en la perspectiva donde la producción en red  constituye una alternativa radical en la organización del trabajo. Lo común de la red aparece como una alternativa a lo público (estado: propiedad de todos y nadie) y al privado (mercado: derecho absoluto del particular). Por lo tanto, la innovación está del lado de las instituciones que reconocen la esfera de lo común y actualizan su potencial: en la transición de un esquema patentado basado en la separabilidad hacia uno que está incrustado en la indivisibilidad; a partir de una estructura en torno a la exclusividad y la rivalidad del uso para un uso no rival que participa en la producción por propagación (Moulier Boutang, 2007): la producción e innovación por propagación polinizadora es la del enjambre. Necesitamos instituciones enjambre, inversiones que reconozcan la dimensión productiva y propagadora de la polinización, políticas públicas que reconozcan la polinización y no dejen que se agote.

 

Conclusión provisional

La constitución de la nueva partitura, del intelecto público, está completamente abierta en alternativas que corresponden a la división del desempeño virtuoso entre las nuevas formas de actividad libre y los mecanismos de una servidumbre renovada. En otras palabras, por un lado, la puntuación del intelecto puede permitir que una esfera pública produzca y reproduzca (¡la circulación productiva!) Su dinámica libre y multitudinaria. En este punto, el intelecto público es parte de una esfera de lo común: es lo que encontramos en el movimiento de copyleft, software libre y pre-vestibular para negros y pobres. Aquí tenemos la producción de belleza, resistencia y creación, excedente de ser libre y productivo.

Por otro lado, la dimensión pública del intelecto puede ser capturada, por el mercado y por el Estado, a través de su reducción sistemática a una densa red de relaciones jerárquicas. En este segundo caso, la presencia indispensable de otros toma una doble forma perversa: dependencia personal y arbitrariedad jerárquica que transforman la actividad productiva de los virtuosos en un trabajo servil de un nuevo tipo. Aquí, la esfera pública está constituida y determina las condiciones de existencia del intelecto en general. El arte se captura y se reduce a la comunicación y al marketing: trabajo fragmentado y precario y una nueva esclavitud de los derechos de autor. Toda la vida es capturada dentro de un proceso de producción captura al ser en las mil formas de la segregación espacial y la fragmentación social (la exclusión como un horizonte que no puede ser excedido).

Aquí tenemos todos los elementos para comprender la importancia de las políticas que contribuyen a la constitución de una esfera pública de movilización democrática y productiva, además del trabajo asalariado. El primer gobierno de Lula, quizás incluso involuntariamente, fue el teatro de dos grandes innovaciones adecuadas para este desafío: el programa Bolsa Familia y el programa Puntos de Cultura.

La Bolsa Familia indica el camino hacia la construcción de un común (distribución del ingreso) que puede constituir la base para la acción de las singularidades. No se trata solo de la reducción necesaria y urgente de la desigualdad, sino que de pensar en la movilización productiva como algo que depende de la ciudadanía, reemplazando la ecuación que describió la integración social como dependiente del crecimiento económico. Aunque se basa en una escala de inversión que todavía es solo simbólica, los Puntos de Cultura profundizan esta tendencia, democratizando la política cultural y colocando la cultura como el núcleo potencial de la movilización productiva. Con los Puntos, MinC no solo le dio a las políticas culturales un sentido público, sino que las democratizó radicalmente, con el objetivo de reforzar (y no determinar) la dinámica de los movimientos culturales. En este encuentro entre políticas culturales y sociales, finalmente podemos pensar en la construcción de una partitura pública y radicalmente democrática para el virtuosismo brasileño del siglo XXI.

 

Traducción del portugués: Santiago De Arcos-Halyburton

[ Este texto es parte de Trabalho sem obra, obra sem autor: a constituição do comum escrito por Giuseppe Cocco y publicado originalmente en el libro Copyfight: Pirataria e Cultura Livre, editado por Adriano Belisário e Bruno Tarin (2012) ]

 

Biografía

 BOUTANG, Moulier Yann. Capitalisme Cognitif, Amsteradam, Paris: ECOREV, 2007.

______. “La sortie du capitalisme a bien commence”. Paris: ECOREV, 2009.

COCCO, Giuseppe. Mundobraz: O devir–Brasil do mundo e o devir–mundo do Brasil. Rio de Janeiro: Record, 2009.

______. e Silva Gerardo. Territórios Produttivos. Rio de Janeiro: DP&A, 2006.

FUMAGALLI, Andrea. Bioeconomia e Capitalismo cognitivo. Roma: Carrocci, 2007.

KARPIK, Lucien. L’économie des singularités. Paris: Gallimard, 2007.

MARAZZI, Christian. L’ammortanento–del–corpo–macchina. Disponível em: <http://multitudes.samizdat.net/> Acessado em 3 de outubro de 2008.

NEGRI, Antonio e LAZZARATO, Maurizio. Trabalho imaterial. Rio de Janeiro: DP&A, 2000.

______. e HARDT, Michael. Commonwealth. Cambridge: Harvard, 2009.

VIVEIROS DE CASTRO, Eduardo; Araweté: os deuses canibais. Rio de Janeiro: Jorge Zahar/Anpocs, 1986.

______. “Prefácio” a Arnt e Schwartzman, Amazônia: um artefacto natural.Rio de Janeiro: Rocco: 1992.

______. “Entrevista com Eduardo Viveiros de Castro”, Sexta–feira, n 4 São Paulo: Hedra. In: Viveiros de Castro, 1999.

______. A inconstância da alma selvagem. São Paulo: Cosac & Naify, 2002.

______. “‘Une figure humaine peut cacher une affection–‐jaguar’, réponse à une question de Didier Muguet”, Multitudes, n. 24, p. 41–‐52, Paris, 2006.

______. “Filiação intensiva e aliança demoníaca”, Novos Estudos, n 77. São Paulo, 2007.

______. Entrevista por Pedro Cesarino e Sérgio Cohn, Revista Azougue Saque/Dádiva, no 11. Rio de Janeiro: Programa Cultura e Pensamento, MinC, 2007.

______. Desenvolvimento econômico e reenvolvimento cosmopolítico: da necessidade à suficiência, palestra apresentada na Série de Colóquios: Cultura, Trabalho e Natureza na Globalização, Rede Universidade Nômade — Fundação Casa de Rui Barbosa, Rio de Janeiro, 19 de setembro de 2008.  Texto publicado originalmente no livro Copyfight: Pirataria e Cultura Livre, editado por Adriano Belisário e Bruno Tarin (2012)

Las arenas solitarias e interminables del tiempo

por Silvio Pedrosa

 

Somos sociedades intoxicadas por recuerdos e identidades hasta el punto de que creemos que las estatuas no pueden ser destruidas porque son construcciones de la memoria o de la historia, representaciones de identidades supuestamente más allá del alcance del presente. Es un poco lo que sucede con la ortografía: criticamos como arbitrariedad lo que cambia la ortografía tal como la conocemos porque la consideramos «natural», cuando, de hecho, es solo la naturalización social e histórica de otra arbitrariedad a la cual ya nos acostumbramos.

 

Vivimos al mismo tiempo el fetiche y la ilusión de la monumentalización del pasado, la posibilidad de que seamos capaces o de que sea necesario acumular representaciones del pasado simplemente porque son vectores de otra temporalidad. Derribar estatuas es un acto memoralístico tan significativo como erigirlas: la memoria no es una obra cerrada, sino que el trabajo incesante, work in progress, de reconocimiento y distanciamiento de los hombres y de las sociedades que buscan señalar sus propios caminos en el presente (fue lo que hicieron los romanos con aquello que denominaron damnatio memoriae, cuando destruían y vandalizaban las estatuas de los emperadores que habían caído para señalar el cambio de poder).

 

«Todo lo que existe merece perecer miserablemente» fue el emblema que Goethe colocó en la boca de Mephisto. A nosotros nos corresponde la tarea (esa a la que llamamos supervivencia y también vida) de resistir este proceso de perecer mientras decidimos, en cada momento, qué merece o no acompañarnos como símbolos de la experiencia humana. Lo que se está en discusión es si el homenaje a los hombres del pasado cuya notoriedad fue construida sobre la esclavitud y la muerte de africanos, indígenas, asiáticos y otros pueblos debe ser tolerada en el espacio público. No se trata de borrar el pasado, sino de recalificar lo que el pasado nos ha legado y la relación que las sociedades contemporáneas establecen con ellos, es decir, decidir si continuaremos conviviendo con tributos a los valores esclavistas, fascistas y autoritarios como si fuesen parte de los valores tolerables en el debate público de nuestro tiempo.

 

Muchas de las estatuas que existen hoy ya han borrado otras estatuas para que existir en su lugar (y en muchos casos la destrucción del pasado ha salvado la eliminación y la masacre de pueblos y etnias completas) o han derrotado otros proyectos de simbolización con los cuales disputaron la hegemonía de los valores de la sociedad de su tiempo. Cuando expira el momento de su proyección conmemorativa, pueden y deben dar paso a otras formas capaces de articular mejor el pasado, el presente y el futuro. Una foto o vídeo de una estatua caída es un documento de lo que fuimos, somos y deseamos para el futuro. Es un indicio tan importante como aquel del que la estatua en sí misma era un documento del tiempo en que fue creada y no pretende estar grabada en el mármol de los tiempos, ya que es una forma de expresión que acepta mejor la transitoriedad permanente del tiempo. «Las arenas solitarias e interminables» del tiempo, como dice el poema de Shelley, siempre nos están esperando.

 

Traducción del portugués: Santiago De Arcos-Halyburton

 

Silvio Pedrosa, profesor de historia en la red publica de enseñanza de Rio de Janeiro y activista de la red Universidade Nômade.