Traición a la representación «aún no se ha guillotinado al rey»: la crítica de Guattari, Deleuze y Foucault a la «democracia indirecta»

Los filósofos modernos fabricaron un concepto de «sujeto» y de «persona» totalmente atravesado por una cuadrícula de carácter jurídico-contractual (y moralizante), grilla que a su vez está replegada sobre el modelo de las relaciones de ‘intercambio’ fiduciario1 cuya fórmula canónica es: «do ut des» (te doy para que me des).

Toda esta economía inmanente de las relaciones humanas es de carácter falocrático-patriarcal1 porque su punto de partida (milenario) es la previa división de lxs seres humanxs según el binomio disyuntivo de activo/superior (mando1 dirección1gobierno) y pasivo/inferior (obediencia1 ejecución)¡ binomio que no es sino un producto deducido de una disimetría previa (ya pre- supuesta de antemano): el binomio hetero-cis normado y normalizante varón/mujer. Así1 para todos los filósofos modernos, la ecuación dogmática fundamental incuestionada es: varón/masculino = activo y mujer/femenino = pasivo. Este es el auténtico a priori patriarcal.

Conocemos las reflexiones de Hobbes en torno al concepto de «persona» tanto en el Capítulo XVI del Leviatán (1651) como en Capítulo XV del Tratado sobre el Hombre (1658). En el Leviatán afirma que «personificar es actuar o representar a sí mismo o a otro». El ‘actor’ es una ‘persona artificial’ porque personifica o representa a otro: habla o actúa «en nombre de» o «en el lugar de» otro¡ mientras que el ‘autor’ es una ‘persona natural’ porque cuando habla o actúa se personifica o se representa únicamente a sí mismo. La economía interna de relaciones (de poder) entre estos dos polos de la relación de ‘representación’ y ‘soberanía’ funciona así: el actor personifica o representa al autor, y cuando habla o actúa, lo hace siempre «por autoridad», es decir, por autorización (vía contrato) del autor2• Sin duda que todo esto no son más que convenciones y ficciones, pero «ficciones de este género no son menos necesarias para las relaciones y los contratos de los ausentes tanto en el Estado como en el teatro».

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